ΛΓ A?:’·- ·<■* BIBLIOTECA AUTORES CRISTIANOS interes ESTA COLECCIÔN SE PUBLICA BAJO LOS AUSPICIOS Y ALTA DIRECCIÔN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA LA COMISIÔN DE DICHA PONTIFI­ CIA UNIVERSIDAD ENCARGADA DE LA INMEDIATA REL-ACIÔN CON B. A. C., ESTA TNTEGRADA EN ANO 1959 POR LOS SENORES SIGUIENTES : » Y- '.· P RESIDENTE : Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Fr. Francisco Barbado Viejo, O. P., Obispo de Salamanca y Gran Concilier de la Pontificia Untversidad. vicepresidente : Ilrno. Sr. Dr. Lorenzo Turrado, Rector Magnifico. p Dr. Fr. Agapito Sobradillo, O. F. M. C., Decano de la Facultad de Teologîa; Μ. I. Sr. Dr. TomAs Garcîa Barberêna, Decano de la Facultad de Derecho; Μ. I. Sr. Dr. Ber­ nardo Rincôn. Decano de la Facultad de Filosofia; R. P. Dr. José Jiménez, C. M. F., Decano de la Facultad de Humanidades Clâsicas; R. P. Dr. Fr. Maximiliano Garcîa Cordero, O. P., Catcdrâtico de Sagrada Escritura; R. P. Dr. Bernardino Llorca, S. I., Catedrâtico de Historia Eclesiâstica. locales: r ·· » ·| secretario: Μ. I. Sr. Dr. Luis Sala B all st, Profesor LA EDITORIAL CATOLICA, S A AP. 466 MADRID · MCMLIX LA PALABRA DE CRISTO Repertorio organico de textos para el estudio de las homilias dominicales y festivas ELABORA DO POR UNA COMISIÔN DE AUTORES BAJO LA DIRECCIÔN DI Mons. Angel Herrera Oria Obispo de Malaga ΤΟΜΟ X BIBLIOTECA DE AUTORES C MADRID · MCML1X ^os * La Palabra de R1STO ESTA SERIE DE LA B. A. C. CONSTA DE LOS SIGV1ENTES VOLÛMENES: Adviento y Navidad. Epifania a Cuaresma. ni. Cuaresma y Tiempo de Pasion IV. Ciclo pascual. V. Pentecostes (i.°). VI. VII. VIII. IX. Fiestas (i.°). Fiestas (2.0). Indices generales ΤΟΜΟ X Fiestas de la Virgen.—Fiestas de los Santos.— Indice general de guiones — Indice general de materias. Han colaborado en este volumen: I D. Leis Vera Ordas (fiestas de la Virgen, fiestas de los Santos e indice general de materias). D. José Eguaras IriartE (novenario del Ininaculado Cora­ zon de Maria). D. Francisco Carrillo Rubio (fancgirico del Beato Avila). D. Alejandro Sierra de Côzar (indice general de guiones selectos). D. Luis Ortiz Munoz (miscelanea historica y literaria). D. José Luis Gutierrez Garcîa (ordenaciôn de materiales). ή » NIHIL OBSTAT Dr. Justo Novo de Vega Censor IMPRIMATUR Obispo de Malaga Madrid, 28 de mayo de 1959 Depôslto legal: Μ. 3.421-1960 Rivadeneyra, S. A.—Paseo Onésimo Redondo. 26.—Madrid. I SEGRETERIA DI STATO DI SUA SANTITA Num. 308.234 Vaticano, 2 de septiembre 1953. Excelentisimo y reverendisimo senor: EI Augusto Pontifice ha recibido el tomo primera de Ea Palabra de Cristo, serie de la benemérita Biblioteca de Autores Cristianos, y desea manif estar a vuestra excelencia la satisfaction con que ha acogido tan interesante obra. En estos dificiles tiempos, en los que la ignoranda religiosa ha hecho tanto dano a las almas, una publi­ cation como esta, dirigida a restaurar una predication auténticamente evangélica, es de exceptional impor­ tanda. El Padre Santo ha visto con viva complacenda que esta coleccion no es uno mas de los sermonarios existentes. Su variado y abundante acopio de materiales ofrece al orador sagrado los elementos necesarios para su mejor preparation, una serie de conocimientos que abarcan la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teôlogos, autores clasicos y, can gran oportunidad, las enseïianzas pontificias para que su predication esté sôlidamente fundada y la palabra de Dios pueda penetrar en los corazones de los hombres y dar frutos de vida eterna sin perderse en vanas rctôricas. Su Santidad quiere que llegxce a vuestra excelencia y a los doctos y diligentes miembros de la comisiôn que ha elaborado este hermoso trabajo el testimonio de su particular benevolentia y su paternal felititaciôn por la obra que han realizado, que sera de mucho provecho para todos los sacerdotes, en especial para los dedicados a la cura de almas, y muy a proposito para formar a los jovenes levitas en el verdadero sentido de la predication sagrada. El Augusto Pontifice pide al Seiior que les concéda liezar a cabo el plan que se han propuesto y los ilumine en su ejecuciôn, mientras que, en prenda de celestiales gracias, les da de todo corazôn la bendiciôn apostôlica. Reciba también de mi parte, excelcntisimo senor, mi expresiva graiitud por el ejemplar que me ha enviado, deseoso de que alcance cl mayor éxito y produzca los mas copiosos frutos. Al reiterarle el testimonio de mi màs distinguida consideration, quedo siempre de vuestra excelencia rcverendisima scguro sertidor. J. B. Montini, Prosecr. Mons. Angel Herrera, Obispo de Malaga. Pâgs. FIESTAS DE DA VIRGEN LA INMACULADA CONCEPCION SECCION I.—Textos sagrados .... I. Fartes variables de la misa IL Epistola .................................. III. Evangelio ............................... SECCION II.—Comentarios generales . I. Concepto del dogma ....... II. Prueba teolôgica ............. 10 SECCION III-V.—Autores varios San Bernardino de Sena . IL Bossuet ............................... III. Bourdaloue .......................... IV. Francisco José de Isla .... V. Beato Diego de Cadiz .... 15 15 16 24 26 SECCION VI.—Textos pontificios SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria L El lugar de la concepciôn II. La fiesta liturgica ............ III. La devociôn en Espana ., 31 38 38 38 39 SECCION VIII.—Guiones homiléticos La victoria de Cristo en Maria 2, Ha llenado de gozo al mundo Obra de Dios ............................ 4. Ungida desde la eternidad .... 50 50 52 56 LA NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA Λ i SECCION I.—Textos sagrados ................. I. Partes variables de la misa ......... II. Epistola .............................................. III. Evangelio ........................................... SECCION II.—Comentarios generales ..... I. Genealogia y lugar del nacimiento II. La natividad de Maria III. Alegria mariana 61 61 65 67 Indice general Pags. SECCION III.—Santos Padres I. San Juan Damasceno II. San Pedro Damiano SECCION IV.—Teôlogos .. I. San Alberto Magno II. San Buenaventura SECCION V.—Autores varios I. Santo Tomâs de Villanueva IL San Francisco de Sales ... III. Bossuet ............................ SECCION VI.—Textos pontificios Tres alegorias sobre la belleza de la Virgen SECCION Vil.—Miscelânea historica y literaria I. Circunstancias de la Natitidad ..... II. Nombre de Maria ............................ . III. La fiesta de la Natividad de Maria 68 68 70 73 73 76 80 80 84 88 88 91 91 92 93 SECCION VIII.—Guiones homiléticos ....... 1. La naturaleza de Maria, nudo de comunicaciôn entre Dios y el hombre ..................... 96 Nacimicnto del Rcy, del Redentor y de la Iglcsia ... Nacimiento dei sacerdotio catôlico 100 102 Primogénita de toda criatura ..... PRESENTACION DE LA VIRGEN SECCION I.—Textos sagrados __ I. Partes variables de la misa II. Epistola ............................... III. Evangelio ............................ SECCION II.—Comentarios generales I. Origen de la festividad . II. Signification del misterio SECCION III,—Santos Padres ... San Ambrosio .................. SECCION IV.—Teôlogos ..... Francisco Suarez .............. SECCION V.—Autores varios I. P. Pedro de Ribadcneira II. San Alfonso Maria de Ligorio SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria Ninez y adolescentia de Maria .............. SECCION VIH.—Guiones homiléticos ....... 1. El templo y su grandcza ........ . 2. Amar a Dios mâs que a los padres 107 107 108 108 109 109 109 112 112 114 114 116 116 118 121 121 123 123 123 Indice general xi Pâgs. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. Amor a Dios y a los deudos ............................................. Entregarse a la gloria de Dios ............. ”......................... La virtud de la religion ..................................................... Naturaleza y clases de la vocaciôn Modos de sentir la llamada ............................................. Medios para conocerla ....................................................... Su seguimiento ..................................................................... La vocaciôn de los hijos ..................................................... “Mater purissima” ............................................................... 123 124 124 124 124 125 125 126 126 LA ANUNCIACION DE MARIA SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... I. Partes variables de la misa .............................................. IL Epistola ................................................................................... III. Evangelio ................................................................................ 131 132 133 SECCION IL—Comentarios generales ......................................... I. Lugar, tiempo y personas ................................................. IL La Anunciaciôn .................................................................... III. La Encarnacion del Verbo ............................................... 135 I35 I35 140 SECCION III.—Santos Padres ....................................... I. Seleccion de textos ............................................................. IL San Gregorio Taumaturgo ................................................ III. San Pedro Damiano ............................................................ IV. San Bernardo ........................................... 141 141 145 147 I49 SECCION IV.—Teôlogos .......................... Santo Tomas .................................................................................... 153 153 SECCION V.—Autores varios ......................................................... I. Gerson ..................................................................................... II. San Bernardino de Sena .................................................. III. Bossuet .................................................................................... 156 156 158 161 165 165 166 167 168 168 170 172 174 SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria ...................... I. Un devoto del misterio de la Encarnacion ................... II. El “Ave Maria” ..................................................................... III. El “Angelus” .............. SECCION VIII.—Guiones homiléticos ......................................... 1. La oraciôn en la Anunciaciôn ........................ 2. Virginidad en la Anunciaciôn .......................................... 3. Humildad en la Anunciaciôn ...... 4. Meditaciôn para ejercicios espirituales .......................... LA VISITACION SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... I. Partes variables de la misa .................................... II. Epistola .................................................................................. III. Evangelio .............................................................................. 181 181 182 183 XII INDICE GENERAL rags. SECCION II.—Comentarios generales I. Historia evangélica II. Aplicacioncs .......... SECCION IV.—Teôlogos . Cornelio a Lapide ........ SECCION V.—Autores varios San Bernardino de Sena II. San Francisco de Sales . III. Bossuet IV. Massillon SECCION VIL—Miscelânea historica y literaria Ain Karim .. II. Isabel ........... III. El parentesco IV. El viaje ....... V. Elogio del “Magnificat VI. Miriam de Abellin .... SECCION VIII.—Guiones homiléticos Mi aima engrandece al Senor 2. “Y exulta de jùbilo mi espiritu en Dios mi Salvador”. “Porque ha mirado la humildad de su sierva” “Ha hecho en mi maravillas el Poderoso” ...... “Y su misericordia de generaciôn en generaciôn 6. “Desplegô el poder de su brazo” .......... “Derribô a los poderosos de sus tronos 8. “A los hambrientos llenô de bicnes “Acogiô a Israel, su siervo... 184 184 186 188 188 196 195 200 201 205 209 209 210 211 212 212 214 215 215 217 219 MATERNIDAD DE NU EST RA SENO RA SECCION I.—Textos sagrados __ I. Partes variables de la misa II. Epistola , III. Evangelio SECCION II.—Comentarios generales La matcrnidad de Maria ..... SECCION III.—Santos Padres I. San Cirilo de Alejandria II. San Agustin ...... SECCION IV.—Teôlogos I. Santo Tomâs .... II. P. J. B. Terrien SECCION V.—Autores varios P. Félix, S. I T 233 235 241 241 248 249 252 •tfVrl Indice general XIII Pigs. SECCION VI.—Textos pontificios ........................ Sobre el concilio de Efeso ...................... .......... SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria I. El concilio de Efeso .................................... II. La instituciôn de la fiesta .......................... 261 261 265 265 267 SECCION VIII.—Guiones homiléticos ................. “Mater Christi” ............................................ 2. “Mater divinae gratiae” ............................ Maria, madré de la fe ................................ Madré de la esperanza santa ................. Maria, Madré del Amor Hermoso ......... 6. Maria, madré de los hombres ................. 268 268 270 274 279 LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... I. Partes variables de la misa ............................................. II. Epistola ................................................................................... ΙΠ. Evangelio ................................................................................ SECCION II.—Comentarios generales ...................................... SECCION IV.—Teôlogos ............................................................ Gregorio Alastruey ........................................................................ SECCION VIL—Miscelânea historica y literaria .................. I. El lugar y la Dolorosa .................................................... II. Los dolores de Maria en la tradiciôn de la Iglesia SECCION VIII.—Guiones homiléticos ................................ ···♦··· 1. Los siete dolores de Maria Santisinia ..................... 2. “Regina martyrum” ......................................................... 3. Corno fueron los dolores de la Virgen. ................ 288 292 > 302 302 302 305 LA ASUNCION A LOS CIELOS SECCION I.—Textos sagrados ......... I. Partes variables de la misa ... II. Epistola ....................................... III. Evangelio .................................... SECCION II.—Comentarios generales SECCION III.—Santos Padres ........... San Agustin ................................ II. San Juan Damasceno .............. III. San Ildefonso ............................. IV. San Bernardo ............................. SECCION V.—Autores varios . I. San Francisco de Sales II. Bossuet ........................... 311 311 312 312 314 320 320 322 326 328 331 331 332 XIV Indice general SECCION VI.—Textos pontificios ........................................... SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria ..................... I. Lcycndas y tradicioncs ................................................. II. El misterio de Elche ..................................................... SECCION VIII.—Guiones homiléticos ....................................... 1. Dogma y csperanza ........................................................ 2. Méritos de Maria y bienes nuestros ............................ 3. La Asuncion, fiesta de Maria .................. .................... 4. La Asunciôn nuestra y la do Maria ............................ 337 1 11 344 346 349 349 350 352 354 EL INMACULADO CORAZON DE MARIA SECCION I.—Textos sagrados ................................................. I. Partes variables de la misa .......................................... II. Epistola ............................................................................. III. Evangelio ........................................................................... SECCION IL—Comentarios generales ....................................... I. Culto a Maria Santisima .............................................. II. El Inmaculado Corazon ................................................. III. La consagraciôn al Corazon de Maria .......................... SECCION V.—Autores varios ..................................................... San Luis Maria Grignon de Montfort ................................ SECCION VI.—Textos pontificios ............................................ SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria ..................... I. La fiesta del Corazon de Maria ................................... IL La vision de Santa Catalina Labouré ........................ III. Los Misioneros del Corazon de Maria ........................ SECCION VIII.—Guiones homiléticos ...................................... 1. Fundamento teolôgico de la dcvociôn al Corazon In­ maculado de Maria ...................................................... 2. El Corazôn de Maria pide optiinismo y confianza...... 3. El Corazôn de Maria pidc amor a Dios .................... 4. El Corazôn de Maria pidc amor a Cristo Jcsûs .......... 5. El Corazôn de Maria pide fortalcza ............................ 6. El Corazôn de Maria pide amor a todos los hombres. 7. El Corazôn de Maria pide misericordia para con el nccesitado ...................................................................... 8. El Corazôn de Maria exige la renovaciôn de la familia. 9. La consagraciôn al Corazôn Inmaculado de Maria ... 361 361 362 362 363 363 370 371 373 373 379 381 381 381 382 384 384 387 390 393 396 399 401 404 407 LA REALEZA DE MARIA SECCION I.—Textos sagrados ...................... 413 413 I. Partes variables de la misa ....................... 414 IL Epistola .......................................................... ΙΠ. Evangelio ............................................ 414 f NPI CF, GENERAL SECCION IL—Comentarios generales ......................................... SECCION V.—Autores varios ........................................................ I. Nieremberg ........................................................................... TI, Bossuet ................................................................................... III. Lacordairc ............................................................................... SECCION VI.—Textos pontificios ................................................. Sobre la rcaleza de Maria ........................................ ................ SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria ...................... La Virgen de los Reyes ............................................................. SECCION VIII.—Guiones homiléticos ................................... 1. Virtudes de la Reina (!.’): "Speculum iustitiae”: Espejo de justicia ............................................................ 2. Virtudes de la Reina (2.°): "Sedes sapientiae”: Trono de la sabiduria ........................ 3. “Regina angelorum” .......................... 4. “Regina patriarcharum” ...................................................... 5. “Regina prophetarum” .......................................................... 6. “Regina apostolorum” .......................................................... 7. "Regina confessorum” .......................................................... 8. “Regina Sanctorum omnium” ............................................. 9. “Regina pacis” ................................................................ XV 415 420 420 424 426 428 428 433 433 435 435 438 439 442 444 445 447 448 450 i NUESTRA SERORA DEL CARMEN SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... T. Partes variables de la misa ...................................... TL Epistola ................................................................................... III. Evangelio ..................................................... ,......................... 453 453 454 454 SECCION II.—Comentarios generales ......... SECCION VIL— Miscelânea historica y literaria ...................... La Estrella del Mar ................... SECCION VIII.—Guiones homiléticos' ...................................... ... 1. El cscapulario, prènda de salvaciôn ...... ,2. La Virgen del Mar ...... .............................. 3. "Virgo clem'eniMj-Mater misericordiae” ..... „........ 4. Maria-y el purgatorio ....................................... '........ 5. Las indtdgencias ......................................... 6. "lanua cadi”*: Pucrta del ciclo ..............‘........................... · · 455 459 459 461 451 463 466 469 471 471 NUESTRA SERORA DEL ROSARIO SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... 4/7 J. Partes variables de la misa ....................................... 477 Π. Epistola ....................................... 47« HI. Evangelio ..................................................................................... 478 XVI Indice general Pâgs. SECCION II.—Coxnentarios generale» SECCION V.—Autore» varïo» I. Bossuet ....... II. Houdry, S. I. 479 488 492 495 SECCION VI.—Textos pontificios 495 Los Papas y el Rosario ......... 508 SECCION VII.—Miscelânea historica y literaria 512 SECCION VIII.—Guiones homiléticos .................. 512 Misterios gozesos ....................................... 512 Primer misterio: La Anunciaciôn . 512 Segundo misterio: La Visitation .. 512 Tercer misterio: El nacimiento del Sefior ...... Tercer misterio: La adoraciôn de los pastores. 513 513 Tercer misterio: Lccciones del nacimiento... Cuarto misterio: Presentation del Sefior y pu­ 513 rification de Nuestra Seriora ..................... 513 Cuarto misterio: Bicnes de la tribulation ...... 514 8. Cuario misterio: Maria pobre ............................ 514 9. Cuarto misterio: Pureza de Maria ................. 10. Quinto misterio: El Nifio Jesûs, perdido y ha514 llado ................................................................. 11. Quinto misterio: Amar a Dios sobre todas las 514 cosas ................................................................ 12. Quinto misterio: Amor espiritual a los deudos 515 y familiares .................................................. 13. Quinto misterio: Jesûs, en cuanto hombre pu­ 515 blico, se despega de Maria ........................ 515 Misterios dolorosos ............................. 515 14. Primer misterio: La oraciôn en el hucrto ...... 516 Primer misterio: Hambre de padecer ............. 15. 16. Primer misterio: Causas de la tristeza del Sal­ 516 vador ............................. 516 17. Segundo misterio: La flagelaciôn .................... 517 18. Tercer misterio: La coronaciôn de espinas ...... 19. Cuarto misterio: El Sefior con la cruz a cues­ tas. Necesidad y modo de llevar la cruz ... 517 20. Cuarto misterio: Encuentro de Maria con su 517 Hijo ......................... ...................................... 21. Quinto misterio: Crucifixion y muerte del 517 Sefior ........................... ................................. 22. Quinto misterio: El despojo de las vestiduras. 518 23. Quinto misterio: Jesûs clavado en la cruz ...... 518 24. Quinto misterio: Jésus muere en la cruz 518 25. Quinto misterio: Maria al pie de la cruz 518 26. Quinto misterio: Maria al pie de la cruz 519 Misterios gloriosos ................................... III. 519 27. Primer misterio: La Resurrecciôn 519 28. Segundo misterio: La Ascension 519 INDICE GENERAL XVII Pigs. 29. Tercer misterio: La venida del Espiritu Santo. 30. Cuarto misterio: La Asunctôn ........................... 31. Quinto misterio: Coronaciôn de Nuestra Sefiora ......................................................................... 520 520 520 NUESTRA SENORA DEL PILAR NUESTRA SENORA DE GUADALUPE SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... I. Fiesta de Nuestra Senora del Pilar .............................. II. Fiesta de Nuestra Senora de Guadalupe ...................... 523 SECCION II.—Comentarîos generales ........................................ SECCION VI.—Textos pontificios ................................................. Piedad mariana en America ........................................................ 525 531 531 545 SECCION VIL—Miscelânea historica y literaria .................. 549 SECCION VIII.—Guiones homiléticos ......................................... 549 Vocaciôn de Espafia ............................................................. 550 2. Vocaciôn teolôgica de Espana ......................................... 550 El cristiano corriente en Espana ..................................... 551 El patriotisme ....................................................................... El imperialismo.—Imperialismo providcncial de Es­ 551 pana .............................. 551 El orden internacional ... 552 ΟΓΟ ........................................................... “Domus aurea” : Casa de 554 8. “Causa nostrae laetitiae”: Causa de nuestra alegria ... ψ NUESTRA SENORA DE LOURDES NUESTRA SENORA DE FATIMA SECCION I.—Textos sagrados ..................................................... I. Partes variables de la misa .............................................. II. Epistola ................................................................................... III. Evangelio ................................................................................. 559 559 560 560 SECCION IL—Comentarîos generales ......................................... A) Nuestra Senora de Lourdes ............................................... B) Nuestra Senora de Fâtima ................................................. 561 561 576 SECCION VI.—Textos pontificios ................................................. A) Nuestra Senora de Lourdes ............................................. B) Nuestra Senora de Fâtima ............................................ 585 585 587 SECCION VIII.—Guiones homiléticos ......................................... Penitencia ................................................................................ 2. Los predicadores de la penitencia ........................... . s apôstoles, amigos de Cristo ........................ Dureza c incredulidad de los apôstoles ............. Contraste entre Cristo y los apôstoles ............. Santiago Apôstol.—La verdadera y falsa ambiciôn ................................................. :............... 8. Santiago, Patron de Espana ............................... 9. Las ascensiones de Pedro ................................... 10. Gcncrosidad de Pedro en seguir cl Hamamiento. La caida de Pedro 11. 12. Las ncgaciones de Pedro La fe de Pedro 13. Fc viva 14. 15. La obcdicncia y piedad de Pedro ........ 16. F.1 Papa ................................................... 17. Poder directo e indirecto de los Papas 18. Estabilidad del Papado .... de Pablo 19. Los très 607 ......................... 607 ......................... 608 611 613 613 613 616 617 617 617 619 620 621 ......................... 622 625 631 631 631 632 632 633 633 634 635 638 639 639 ......................... 640 ......................... 640 ........................ 640 ........................ 641 641 642 642 642 Indice general XIX Pâge. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. Flaqueza y robustez de San Pablo Celo y tristeza de San Pablo ......... La alegria cristiana en San Pablo La ambiciôn de San Pablo ............. Santiago y San Juan ......................... El discipulo amatio ............................ San Juan y e! amor ......................... El amor del prôjimo ......................... San Juan y la pureza........................ San Juan y las riquezas ................. San Juan y la fraternidad universal la vocaciôn (I) San Juan la vocaciôn (II) San Juan la vocaciôn (III) San Juan San Juan cl apostolado .... GRUPO III.—Mârtirée a) Hagiograf ias de los mârtires varones ....... 1. San Sebastian .................................. 2. San Bias ............................................. 3. San Pancracio .................................. b) Hagiografias de las màrlires mujeres .... Santa Agueda ...................... 2. Santa A polonia ................................. Santa Cecilia ..................................... Santa Barbara .................................. Santa Lucia ...................................... Guiones homiléticos ..................................... La victoria del mârtir ................... 2. Tome su cruz ................................... El martirio en general .................. San Sebastian.—“Fides intrepida” A Dios antes que al César ........ Santa Agueda ................................ Santa Apolonia ............................. 8. Santa Barbara ................................ Santa Cecilia.—Las artes y Dios GRUPO IV.—Confeeoree ....................... A) Fundatiores .................................... a) Hagiografias .................., 1. San Antonio Abad 2. San Benito ............ San Bernardo ........ Santo Domingo de Guzman San Francisco de Asis . San Ignacio de Loyola b) Guiones homiléticos ................. 1. Monjes.—Huida dei inundo 2. El silencio 643 644 645 646 646 648 650 652 653 654 654 655 655 656 656 k.· 659 659 659 661 662 663 665 666 666 667 667 669 671 671 673 674 674 675 675 678 678 678 678 681 684 686 691 694 697 697 698 I £ 3 Indice general Pigs. 5. 6. 9. 10. 11. 12. 13. •t' 14. 15. 16. La soledad El trabajo Fundadores de Ordenes activas.—Victoria sobre el mundo ........................... El seguimiento de Cristo ........................ El estado religioso.—Tesoro escondido ... Dios escoge al religioso y el religioso le escoge a É1 ......................................... San Benito. — Retiro, obediencia y per­ fection .................. ·.-·■·:·,..................... San Bernardo o la imitation de Jesucristo .................................................... Las conquistas de Bernardo ..................... Santo Domingo .......................................... San Francisco de Asis.—Pobreza y humildad .................................................. Pobreza y riqueza .................................... Humildad .................................................... San Ignacio. — Fidelidad de Dios y de Ignacio ................................... San Ignacio y las dos banderas 17. B) Doctores .. a) Hagiografias 1. San Agustin 2. San Isidoro 3. Santo Tomâs de Aquino b) Guiones homiléticos ................ La verdad y la ciencia .. 2. Très fines santos de la ciencia San Agustin, sol de la Iglesia Los pecados de San Agustin El hombre en lo sobrenatural La gracia y el hombre ......... La Providentia en la historia 8. San Isidoro ......................... 9. Santo Tomâs ...................... 10. Los hombres providenciales C) Misticos ... a) Hagiografias .......................... 1. Santa Teresa de Jesûs 2. San Juan de la Cruz b) Guiones homiléticos .............. 1. El misticismo ............. 2. La ascension de los misticos D) Predicadores ........ a) Hagiografias 1. San Juan Crisôstomo . 2. San Antonio de Padua · *· . . 698 699 699 700 701 702 713 705 706 707 707 709 709 709 710 712 712 712 718 720 724 724 725 729 731 732 734 73ό 738 738 739 741 741 741 747 750 750 754 757 757 757 762 INDICE GENERAL XXI Pâgs. 3. San Vicente Ferrer ..................................... 4. El Beato Juan de Avila .............................. Guiones homiléticos ................................................... La palabra de Dios ...................................... 2. Los predicadores ........................................... La cooperaciôn del oyente .......................... Los predicadores de la penitencia .......... San Juan Crisôstomo ................................... 6. San Juan Crisôstomo, orador sagrado ... San Juan Crisôstomo segùn San Agustin. 8. San Antonio de Padua ............................... 9. San Vicente Ferrer ..................................... 10. Beato Juan de Avila ..................................... 764 768 769 769 770 771 771 772 772 774 776 777 777 Santos dedicados al apostolado jerârquico ................... a) Hagiografias ................................................................ 1. Santo Tomâs de Villanueva ...................... 2. San Francisco de Sales ............................... 3. Santo Toribio de Mogrovejo ...................... 4. San Juan Bautista Vianney, Cura de Ars. 784 790 791 b) E) Guiones homiléticos ......................................... 794 794 Los gobernantes ........................................... 2. Santo Tomâs de Villanueva: Naturaleza 795 y frutos, de la santidad .......................... 797 Santo Tomâs, limosnero .............................. 799 Espiritu de caridad ........................ .............. 800 San Francisco de Sales: Su dulzura ....... 801 La prensa ......................................................... 801 Espiritu de tolcrancia ................................... 8. Vigilarse e iluminar: Funciones del pâ801 rroco ......................................................... 803 9. Desprendimiento del pârroco .................... 806 10. Celo sin celos en el Cura de Ars ............... 807 11. El Cura de Ars y las cuestiones sociales. 807 12. Los pequenos y humildes .......................... 810 F) Misioneros 810 a) Hagiografias ........................... 810 1. San Francisco Javier .... 813 2. San Francisco Solano ..... 815 b) Guiones homiléticos .................. 815 1. Las misiones .................... 816 2. Propagaciôn de la Iglesia 816 3. San Francisco Javier ..... 818 G) Santos eucaristicos ................................... 818 a) Hagiografias ................................... 818 1. San Tarsicio .................... 818 2. Beata Imelda ................... 819 3. San Pascual Bailôn ........ b) *-*<·*>*- ÎNBICE GENERAL Hgs. V- b) Guiones homiléticos ................................................ 1. Como recibir al Senor .............................. 2. Dia feliz ....................................................... 3. Tarsicio e Imelda ........................................ H) Apostoles de la caridad .................................................. a) Hagiografias ............................................................ 1. San Juan de Dios ....................................... 2. San Vicente de Paul ................................. b) Guiones homiléticos ................................................ San Juan de Dios, cl cristianismo, la cruz y la misericordia ............................... 2. San Vicente de Paul: El amor activo... Pedagogos a) Hagiografias .......................... 1. San José de Calasanz 2. San Juan Bosco........ b) Guion es homiléticos ............. La educaciôn ............ 2. Juventud .................... Magisterio de Cristo . Virtudes del educador: La fortaleza La paciencia ........ San Juan Bosco ... Patronos de la juventud .......... a) Hagiografias .................... 1. San Luis Gonzaga 2. Santo Domingo Savio b) Guiones homiléticos ............. 1. El joven muerto ..... 2. El joven necesita a Cristo ... Los jôvenes invertebrados ... El joven y la gracia ............. El joven y la esperanza ...... Enfcrmedad moral del joven La impureza 8. La vocacion K) Varios .................. a) Hagiografias 1. San Juan Bautista . 2. San Isidro Labrador 3. San Fernando ........ 4. San Roque ............. 5. Beato Martin de Porres 6. Beato Gregorio Lopez b) Guiones homiléticos ....... San Juan Bautista 821 833 833 833 837 839 839 840 840 841 841 842 845 845 847 847 848 855 858 859 860 861 861 Indice general χχπι Pigs. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. Las fiestas popuiares y la santidad ........... 862 Santos casados ............................................... 863 Ambiciôn y santidad ................................... - 864 La humildad del santo .................................. 865 Santos reyes .................................................. 865 La fe de los santos ....................................... 866 El trabajo y la oraciôn de San Isidro ... 868 Valor ascético del trabajo ........................... 859 Laociosidad ....................................................... 870 GRUPOV.—Virgenes ...................................................................... a) Hagiografias ............................................................................... 1. Santa Catalina de Siena .......................................... 2. Santa Rosade Lima .................................................... 3. Santa Mariana de Quito .......................................... 4. Santa Teresa del Nino Jesus .................................. 5. Santa Gemma Galgani .............................................. b) Guiones homiléticos ................................................... 1. La virginidad ............................................................... 2. Virginidad fecunda ..................................................... 3. La vida de la fe ............................................... 4. El consejo a los grandes ......................................... 871 871 871 875 876 877 881 882 882 883 884 885 GRUPO VI.—Viudas ......................................................................... Santa Rita de Casia .................................................................... 888 888 Indice de guiones selectos ................................................................. Indice analîtico de la selecciôn de guiones .................................. Indice general de materias ................................................................. 893 1058 1066 i 9 LA lïiMACULADA CONCEPCION (8 de diciembre) SECCION I. TEXTOS SAGRADOS I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus.—Is. 61,10: Gaudens gaudebo in Domino, et exsulta­ bit anima mea in Deo meo: quia induit me vestimentis salutis, et mdumento iustitiae circum­ dedit me, quasi sponsam orna­ tam monilibus suis.—Ps. 29,2: Exaltabo te, Domine, quoniam suscepisti me: nec delectasti ini­ micos super me. Gloria Patri... Introito.—Mucho me gozaré en el Sefior y se regocijarâ mi alma en mi Dios; porque me vistiô el vestido de salad; y con manto de justicia me rodeo, como a esposa con sus joyeles.—Ps.: Te ensalzaré, Sefior, porque me has amparado y no has permitido triunfar mis enemigos sobre mi.—Gloria al Padre... Oratio.—Deus, qui per Imma­ culatam Virginis Conceptionem dignum Filio tuo habitaculum praeparasti: quaesumus ut qui ex morte eiusdem Filii tui prae­ visa, eam ab omni labe praeservasti, nos quoque mundos eius intercessione ad te pervenire concedas. Per eumdem Domi­ num. Oraciôn.—i Oh Dios, que por la Inmaculada Concepcion de la Virgen, preparaste digna morada a tu Hijol, ,te suplicamos, que asi como por la mu er te pre vista de este tu Hijo la preservaste de toda mancha, asi nos concedas por la intercesiôn de Maria llegar hasta ti. enteramente purificados. Por el mismo Jesucristo, nuestro Sefior. Graduai.—Bendita eres por el Grad. — ludith 13,23: Bene­ dicta es tu, Virgo Maria, a Do­ Sefior Dios excelso, tù, Virgen mino Deo excelso, prae omni­ Maria, sobre todas las mujeres de bus mulieribus super terram.— la tierra.—Tû eres la gloria de Ibid. 15,10: Tu gloria lerusa- Jerusalem tû la alegria de Israel, lem, tu laetitia Israel, tu ho­ tû la honra de nuestro pueblo. norificentia populi nostri... Alleluia, alleluia.—Cant. Tota pulchra es, Maria, et rnacula originalis non est in te. Alleluia. Aleluya, aleluya.—Toda Hermo­ sa eres, Maria, y mancha origi­ nal no hay en ti. Aleluya. Offert.—Le. 1,28: Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum: Benedicta tu in mulieribus. Al­ leluia. Ofertorio.—Dios te salve Ma­ ria, llena de gracia; el Sefior es contigo; bendita tù entre las mujeres, aleluya. Secreta.—Salutarem hostiam, quam in solemnitate Immacu- Secreta. — Recibe, Sefior, la Hostia de salvaciôn que te ofre- LA IN'MACULADA CONCEPCIÔN. 8 DÎCIEMBRE cemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepciôn de la Santisima Virgen Maria; y haz que asi como la confesamos limpia de ‘.oda mancha, por haberla tü prevenido con tu gracia, asi por tu intercesiôn seamos libres de toda culpa. Por nuestro Sefior Jesu­ cristo... latae Conceptionis beatae Vir­ ginis Mariae, tibi, Domine, offe­ rimus, suscipe et praesta, ut sicut illam tua gratia praeve­ niente ab omni labe immunem profitemur, ita eius interces­ sione a culpis omnibus libere­ mur. Per eundem... Prefacio·—En verdad es digno y Justo, equitativo y saludable, el darte gracias en todo tiempo y en todo lugar, Sefior Santo, Pa­ dre omnipotente, Dios ctemo. Y el alabarte, bendecirte y glorificarte en la Inmaculada Con­ cepciôn de la bienaventurada siempre Virgen Maria, que, habiendo concebido a tu ûnico Hijo por virtud del Espiritu Santo, dio a luz, conservando siempre la glo'ria de su virginidad, a. Ia Luz eterna, Jesucristo nuestro Sefior. Por quien los Angeles alaban a tu Majestad. las Dominaciones la adoran y las Potestades la temen. Los Cielos y las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines celebran juntos tu gloria, transportados de mutuo regocijo. Haz, Sefior, que unamos nuestras voces con las suyas, diciéndote con humilde confesion-j Santo... Praefatio. — Vere dignum et iustum est, aequum et salutare, nos tibi semper et ubique gra­ tias agere: Domine sancte, Pa­ ter omnipotens, aeterne Deus. Et te, in Conceptione Imma­ culata beatae Mariae semper Virginis collaudare, benedicere et praedicare. Quae et Unigeni­ tum tuum Sancti Spiritus obum­ bratione concepit: et virginitatis gloria permanente, lumen aeter­ num mundo effudit, lesum Christum Dominum nostrum. Per quem maiestatem tuam laudant Angeli, adorant Domi­ nationes, tremunt Potestates. Caeli, caelorumque Virtutes, ac beata Seraphim socia exsulta­ tione concelebrant. Cum quibus et nostras voces ut admitti iubeas deprecamur, supplici con­ fessione dicentes: Sanctus... Com union.—Cosas gloriosas se han dicho de ti, Maria: porque te ha hecho grande el que es poderoso. Communio. — Gloriosa dicta sunt de te, Maria: quia fecit tibi magna qui potens es. Poscomuniôn. — Los sacramentos que hemos recibido, oh Sefior Dios nuestro, reparen en nosotros las heridas de aquella culpa de la que por favor singular preservaste a la Inmaculada Concepciôn de la Santisima Virgen Maria. Por nuestro Sefior Jesucristo... Postcommunio. — Sacramenta quae sumpsimus, Domine Deus noster, illius in nobis culpae vulnera reparent, a qua Imma­ culatam beatae Mariae Concep­ tionem singulariter praeservasti. Per Dominum nostrum... SEC. 1. TEXTOS SAGRAOOS II. EPISTOLA (Prov. 8,22-35) 22 Dominus possedit me in initio viarum suarum, antequam quidquam faceret a principio. 23 Ab aeterno ordinata sum et ex antiquis, antequam terra fieret. 24 Nondum erant abyssi et ego iam concepta eram; necdum fontes aquarum eruperant, 25 necdum montes gravi mo­ le constiterant: ante colles ego parturiebar; 26 adhuc terram non fecerat, et flumina et cardines orbis ter­ rae. 27 Quando praeparabat cae­ los, aderam; quando certa lege et gyro vallabat abyssos; 28 quando aethera firmabat sursum, et librabat fontes aqua­ rum; 29 quando circumdabat mari terminum suum, et legem po­ nebat aquis, ne transirent fines suos; quando appendebat fun­ damenta terrae, 30 cum eo eram cuncta com­ ponens et delectabar per sin­ gulos dies, ludens coram eo om­ ni tempore, 31 ludens in orbe terrarum; et deliciae meae esse cum filiis hominum. 32 Nunc ergo, filii, audite me: Beati qui custodiunt vias meas. 33' Audite disciplinam et es­ tote sapientes, et nolite abiicere eam. 34 Beatus homo qui audit me, et qui vigilat ad fores meas quotidie, et observat ad postes ostii mei. 35 Qui me invenerit inveniet vitam, et hauriet salutem a Domino. 22 Ttivome Yahveh como principio de sus actos, ya antes de sus obras. 23Desde la eternidad fui constituida; desde los origenes, antes que la tierra fuese. 24 Antes que los abismos fui engendrada yo; antes que fuesen las fuentes de abundantes aguas; 25 Antes que los montes fue­ sen cimentados; antes que los coJlados fui yo concebida. 26 Antes que hiciese la tierra, ni los campos, ni el polvo primero de la tierra. 27 Cuando fundô los cielos, alii estaba yo; cuando puso una bôveda. sobre la faz del abismo. 28 Cuando daba consistencia al cielo en lo alto, cuando daba fuerza a las fuentes del abismo. 29Cuando fijô sus términos al mar, para que las aguas no traspasasen sus linderos; cuando echo los cimientos de la tierra, 30 estaba yo con É1 como arquitecto, siendo siempre su deli­ cia, solazândomc ante É1 en todo tiempo; 31 recreândome en el orbe de la tierra, siendo mis delicias los hijos de los hombres. 32 Oidme, pues, hijos mios; bienaventurado el que sigue mis caminos. 33Atendcd al consejo y sed sabios y no lo menospreciéis. me 34 Bienaventurado quien escucha y vela a mi puerta cada dia, y es asiduo en el timbrai de mis entradas. 35 Porque el que me halla a mi halla la vida y alcanzarâ el favor de Yahveh. : TNMACULADA CONCEPCION. 8 DICIEMBRE III. EVANGELIO (U. 1,26-28) 26 Fuê enviado el angel Ga­ briel. de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Naza­ reth, 27a una Virgen desposada con un varôn de nombre José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era Maria. 28 Entrando a ella, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Sefior es contigo, bendita tü entre las mujeres. 26 Missus est angelus Ga­ briel a Deo in civitatem Gali­ laeae, cui nomen Nazareth, 27 Ad Virginem desponsa­ tam viro, cui nomen erat Jo­ seph, de domo David, et nomen Virginis Maria. 28 Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: Benedicta tu in mulieribus. SECCION II. COMENTARIOS GENERALES I. CONCEPTO DEL DOGMA Es corriente en oomentarios y libros piadosos decir que el privi­ legio de la Inmaculada es el primcro y mâs grande de todos los de Maria. Si bien lo de que sea el mâs grande tiene algun sentido, pues supone la ausencia dei pecado, odioso para Dios, y la presencia de la gracia, que es lo que lo hace amable, sin embargo, lo de que fuera el primero résulta a todas luces inexacto. El privilegio concepcionista nace del cargo supercxcelente de Madré de Dios. Segûn el plan divino, Jesus ha de nacer de la misma familia de Adân. Necesita, pues, una madré. Y ocurre preguntar : i Si esta mujer es hija de Adân, heredarâ su pecado? êPertenecerâ siquiera por un momento a esa masa de ira, que constituimos todos los nacidos, y se verâ privada dei titulo de Hija de Dios? A) Palabras de la definition, El dogma nos da la respuesta: “La Beatisima Virgen Maria fué preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su Concepcion, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente y mediante los méritos previstos de Jesucristo”. Taies son las palabras de la definiciôn, contenidas en la Bula Ineffabilis Deus (8 diciembre 1854). Procuraremos explicar el dogma exponiendo estas mismas pala­ bras. a) Preservada inmune Frase esencial. Maria no fué liberada, ni curada de la enfermedad, sino preservada dei contagio. No llegô a contraer jamâs el pe­ cado. «jDebiera haberlo contraido? Esto es, êestuvo su jeta al débito del pecado? Los teôlogos contestan que si. Era hija de Adân y estaba sujeta a la ley del contagio. Pero fué exceptuada de él. b) De toda mancha 'de culpa original La frase es categôrica. La Santisima Virgen se vio libre de aquellas consecuencias del pecado de origen que mcrecen el nombre de "mancha de culpa”. Recordemos un poco la teologia. El pecado actual, una vez cometido, constituye al aima en un estado fisico de deformidad que consiste en la pérdida del ser de la gracia que la constituia en deiforme, hija de Dios y hercdera del LA 1NMACULADA CONCEPCION. 8 DICIEMBRE delo. Después del pecado de Adân, todos nacemos privados de esos dones, de que hubiéramos gozado, caso de no haber caido nuestro primer padre. Esa situaciôn aflictiva de carecer de la gracia, en cas­ tigo de la falta de Adân, es lo que const it uye la manclia del pecado original. Maria, pues, fué concebida en estado de gracia; en el mismo estado en que fueron formados nuestros primeros padres y en el que nos encontramos nosotros después del bautismo. Ahora bien, el pecado original tuvo otras consecuencias, que tienen razôn de castigo, pero no de mancha tales como la muerte, la concupiscenda, etc. Es permanente tradiciôn que la Santisima Virgen se vio sujeta a la muerte y al dolor, lo mismo que su Hijo. Pero, êqué decir de la concupiscenda? De suyo no es un pecado, aun cuando sea un defecto de nuestra naturaleza, que nos inclina a él. Maria Santisima no la padeciô y parece lôgico que esta ausencia dei “fomes” acompanase al privilegio de la Inmaculada; pero, al no constituir por si misma "mancha de culpa”, no cae dentro de la definiciôn pontificia. c) En EL PRIMER INSTANTE DE SU CONCEPCION En cl mismo instante en que el aima se uniera a su cucrpo. O mâs claro, fué crcada un aima a la que no le alcanzô el pecado, y fué infundida a un cuerpo. Otros santos, como San Juan, segun tradiciôn constante, fueron purificados antes de nacer. Maria fué concebida sin pecado. d) Gracia y privilegio singular Gracia, porque Dios no estaba obligado a ello como no fuera por su propio amor filial. Cuanto viene del amor y no de la justicia es gracia. Privilegio, porque exceptùa de una ley universal. Singular, porque este privilegio no le alcanzaba mâs que a ella. Si hubiese alguna otra persona concebida sin pecado, como San José, aun cuando no consta en parte alguna, habria de serlo en virtud de otro privile­ gio personal y distinto. 10 e) Mediante los méritos previstos de Jesucristo Cedamos la palabra a don Pedro Calderon: El poeta nos présenta al Placer disputando con la Culpa y el Fu­ ror, empeüados en injuriar a Maria. Llega el momento de discutir este dogma y la Culpa aduce la objeciôn conocida de que si Maria no tuvo pecado original, no fué redimida por Cristo: ... concebida en pecado ha de ser su madré mesma; o no ha de ser redimida con su sangre; considera cudl la puede estar mejor, o cudl es mas preeminencia. El Placer se queda solo y apesadumbrado, hasta que encuentra la soluciôn. Cava un hoyo en el suelo y lo disimula con rétama. Llega SEC, 2. COMENTARÎOS GENERALES el Furor y cae, y lo saca el Placer. Llega después la Culpa y es detenida por el mismo personaje para que no caiga. Enzârzanse entonces ambos en una discusiôn, y cuando convienen en que la Culpa es la que ha rccibido mayor favor, pues a ella no se le ha permitido caer, cl villano graoioso forma su argumento. ......................... Pues para hablar conmigo muy grande es vuestra simpleza; porque si llego a mirar que yo he podido tener un modo de socorrer, y otro aquî de preservar... ... Una atenciôth un cuidado me habéis costado los dos: vos, porque caisteis; vos, porque no os dejé caer. Pues si esto hace mi poder, iqué no hard el poder de Dios? ... Luego si para librar al que cayô en su pesar fué su sangre menester; para detener a quien va a caer, es bien se arguya que ptiso la sangre suya, que fué menester también. I (Cf. La Hidalga del Valle, en BAC, Teatro teolôgico espanol, 1.* ediciôn, p. 444). En efecto, a nadie aprovechô mâs que a Maria la redenciôn del Seüor. Que si a nosotros se nos aplicô después de nacidos, para que nos fuera perdonado el pecado, a Ella le fué aplicada antes de ser concebida, para que no lo contrajese. Y con esto queda resuelta la objeciôn que tanto preocupô a los antiinmaculistas. B) La proclamaciôn dogmâtica El ambiente estaba mâs que preparado y las declaraciones ponti­ ficias, prohibiendo que fuera atacado este dogma, se habian ido sucediendo. Pon fin, ilegô el momento providencial. Pio IX, después de su triste fuga nocturna, reside en Gaeta, perteneciente al reino de Nâpoles. Era a principios de 1849. El cardenal Lambruschini le dijo en cierta ocasiôn: “Padre Santo, Vuestra Santidad no curarâ al mundo, sino declarando el dogma de la Inmaculada Concepcion.” Unos dias después, el 2 de febrero, la enciclica Ubi prinvuni despertaba en el mundo una explosion mariana. El Papa pedia a los obispos, que como paso previo para la definiciôn, y como prueba de la fe existente en la Iglesia, le manifestasen el deseo y devociôn que sus pueblos tuvieran a este privilegio. La respuesta clamorosa del mundo la formaron diez grandes volumenes. El Papa ha vuelto a Roma [•211 y esta decidido. Pero son dificiles los LA INMACULADA CONCEPCIÔX. 8 DICTEMBRE 10 tiempos, y no cree oportuno convocar a todos los obispos, sino ùnicamente a un numero determinado de ellos, los cuales se reûnen, venidos de los mis distintos puntos, en la basilica de San Pedro el 8 de diciembre de 1854. A las once de la manana el cardenal Macchi, de­ cano del Sacro Colegio, de pie ante el Padre Santo y en nombre de todos los obispos de la Iglesia, dice: Santisimo Padre, dignaos levantar vuestra voz apostôlica en medio de la celebraciôn dei sacrificio incruento comenzado y pronunciar el decreto dogmatico de la Inmaculada Concepcion, que harâ nacer nuevo jûbilo en el cielo y llenarâ de alegria a todo el mundo. Su Santidad manda cantar el "Veni Creator”. Terminado el can­ tico, se pone en pie ante su trono, mientras los demis obispos se quitan reverentes sus mitras y el pueblo se arrodilla. La voz del Papa tiembla emodonada y lee las palabras definitorias que hemos trans­ erito arriba. Son las once y cuarto. El canon de Sant’Angelo retumba, el telégrafo enciende al mundo en fiestas marianas, y por la noche el mismo Papa inaugura en la Plaza de Espana y ante la Embajada de nuestra patria, un estilizado y bello monumento a Maria Inmaculada. En su discurso alude a la fe y ardor puesto por Espana en su defensa. II. A) PRUEBA TEOLOGICA Consentimiento y je universal de la Iglesia La mejor prucba la constituyen aquellos diez tomos, que contenian las respuestas de los obispos catôlicos. La Iglesia es tan infalible hoy como lo era en el siglo i. Si, pues, toda ella cree como dogma una verdad, es cierto que esta verdad pertenece al deposito de la revelaciôn. Mas aûn; la perennidad inmutable de la Iglesia nos garantiza que jamâs se ha creido lo contrario. B) La tradiciôn Ahora bien, la religion y teologia catôlicas contienen numerosos dogmas y verdades que era imposible fueran conocidos en toda su perfecciôn por los Cristianos de las primeras generaciones. êNo es absurdo exigir al cristiano primitivo, que apenas si es capaz de pensar en otra cosa que en su amor por un Cristo que acaba de redimirle, y en prepararse para morir él también, que tenga el mismo concepto sobre la ju.'tificaciôn que el que tuvieron los teôlogos del Tridentino, después de varios siglos de teologia, y en medio de la controversia protestante, que les obligo a agudizar el estudio de estas cuestiones? A ellos les bastaba con saber que, si se arrepentian, el bautismo de Cristo les salvaba. El dogma cristiano admite un estudio que le haga pasar de una verdad, creida sumariamente y como envuelta dentro de otras, al estado de verdad que se conoce explicitamente y se explica con analisis detenido. SEC. 2. COMENTARTOS GENERALES En nuestro caso la fe de la Iglesia fué pasando de unas afirmaciones generales a una crccncia positiva y a una exposiciôn cientifica. Sigamos esta evolution a través de los siglos. a) Siglos I al IV Es una época en que los dogmas se viven mâs que se explican. Se muere por ellos y se escribe muy poco sobre los mismos. La teologia comienza a balbucir en la cscuela alejandrina con dos escritores, Origenes y San Clemente. Tertuliano y San Cipriano escriben sobre cuestiones prâcticas de apologética, ascesis y preparation para el martirio. No se plantea la cuestiôn del pecado original. Por lo tanto, poca ocasiôn habia de tocar nuestro tema. Sin embargo, se repiten los principios en los cuales esta contenido. 1. Maria, por set Madre de Dios, es absolutamente 1 impia Esta limpieza absoluta excluye la mancha del pecado. Asi nos dice San Hipôlito (cf. Teodoret., Dial, Erasniles): “Que Cristo es un arca de madera..., recubierta de maderas incorruptibles, es decir, de Maria y del Espiritu Santo.” Es muy de notar que estos diversos textos aparecen, dichos como de paso, en libros en que no se trata de la Santisima Virgen, lo cual les confiere mucho mâs valor. Una excepciôn de esto ultimo la constituye el entusiasmo de San Efrén, que prorrumpe continuamcnte en frases como esta: “Ciertamente tù y tu Madré sois los ùnicos que habéis sido completamente hermosos; pues en ti, Senor, no hay defecto, ni en tu Madre mancha alguna” (cf. Carmina Nisibena). “Inmaculada, inviolada e incorrupta, totalmente pùdica, alejada de toda mancha de corrupciôn y de pecado” (cf. Orat, ad S. Dei Gen.) \ 2. Maria es la antitesis de Eva Padre tan antiguo como San Justino (cf. Dial, cuni Tryph.), completa ya el paralelismo de San Pablo entre Cristo y Adân (1 Cor 15,21.45; Rom 5,19), extendiéndolo a Maria y a Eva. Este paralelismo es de oposiciôn, en cuanto que Maria con su obediencia destruye la obra de la desobediencia primera, y mal podria destruirla con perfection, si ella misma hubîera caido en el.pecado. Pero ademâs es un paralelismo de semejanza, que consiste en afirmar que, del mismo modo que Eva fué creada inocente, Maria lo fué también, lo cual incluye explicitamente el privilegio de la Inmacula­ da. Oigamos otras vez a San Efrén: “Las dos inocentes, las dos sencillas, Maria y Eva habian sido creadas completamente iguales, pero después, la una fué causa de nuestra muerte, y la otra de nuestra vida” (cf. Serm. exeg. ad Gen., 3). 1 ÏI Dr. Kruger rechaza el valor de los textos efrenianos ( cf. Die Imma· culata Fragc... p. 10-27). 12 U INMACULADA COX’CEPCIÔN. 8 DICIEMBRE SEC. 2. b) SlGLOS IV AL XII En el Oriente, mas metafisico y aficionado a las "cuestiones bizantinas", surgen herejîas, como el monofisitismo y el nestorianismo, que obligan a estudiar la persona de Cristo y la maternidad de Maria. Er el Occidente, mâs practice, surgen cuestiones tan vitales como las del pecado original, la gracia y la predestinaciôn. Las distintas cuestiones estudiadas dan al Oriente una ocasiôn fâcil para que los teôlogos caigan en la cuenta, y estudien el dogma de la Inmaculada. San Cirilo de Alejandria, ya en cl siglo v, pronuncia frases tan brillantes como esta: “iQuién oyô nunca que el arquitecto, cuando edifica una casa para él mismo, céda primero a su enemigo la ocupaciôn y posesiôn de ella?” (Cf. In Cone. Ephes.). En el siglo vin, y probablemente en el vu, se celebraba la fiesta •I»? de la Inmaculada, y cuando llega la triste separaciôn, las iglesias orientales, no solo continuan en su fe, sino que en la edad de oro de su teologia, maestros como Nicolas de Cabanillas exponen larga y detenidamente el dogma (cf. Serin. tn Nativ. Deiparae). En Occidente, en cambio, la discusiôn con Pciagio, negador del pecado original, obligô a los teôlogos a defender la universalidad del mismo, A pesar de ello, San Agustin, cuando afirma que todos caemos en algûn pecado, porque todos hemos nacido en él, escribe estas palabras: “Exceptuada la Virgen Maria, de la cual, por el honor debido al Seûor, no quiere suscitar cuestiôn alguna, cuando se trata de pecados" (cf. De nat. et grat., c.36). En otra ocasiôn, Juliano le acusa de ser peor que Joviniano, pues si este negô la virginidad de Maria Agustin, en cambio, defendiendo el pecado original, la fuerza a ser pecadora. El Santo contesta que Nuestra Senora contrajo el débito del nacimiento, pero gozo dei privilegio de la preservaciôn (cf. Op. imperf. contr. Julian., IV). Poco a poco y hasta el siglo xn, sc va hablando cada vez con mâs precision, instituyendose la fiesta en Sicilia y Nâpoles en el siglo IX, en Irlanda en el x, en Inglaterra y Espana en el xi. Escritores, demasiado sutiles en su critica historica, andan averiguando si lo que se celebraba era la concepciôn pasiva de Ma­ ria o la activa de Santa Ana, pero nos parece un excesivo deseo de hilar delgado, sobre todo, sabiendo que en la Tglesia existe y existia ya entonces el principio reconocido por San Vicente de Beauvais (cf. Spéculum historiale, 1.5, c.65, 1789), de que no se celebre ni siquiera la natividad de quien nazea en pecado. Es muy de notar que la controversia inmaculista naciô precisamente pidiendo que fucra suprimida esta fiesta, por celebrar algo falso, y es de suponer que ellos estuvieran mâs enterados que nosotros sobre lo que se celebraba en su tiempo. c) SlGLOS XII AL XIV El carâcter de estos siglos en Occidente puede sintetizarse asi: “Creciente devociôn en el pueblo, y nacimiento de una disputa habida entre grandes teôlogos, que desearian concéder este privilegio a Maria, si acert^ran a çompaginarlo con otros dogmas y opiniones." COMENTARIOS GENERALES 13 Por lo tanto, los mismos teôlogos se nos convierten en testigos, en cuanto se desvanezean sus objeciones, como fueron desvaneciéndose con el tiempo. Ni que decir tiene que una disputa establecida en esta forma, que sôlo dura algûn tiempo, y que no llega a quebrantar la fc del pueblo, cuya devociôn va creciendo, no constituye objeciôn ninguna contra la posesiôn del dogma por la Iglesia. La cuestiôn tuvo su origen en la imprecision de conceptos sobre el modo de la transmisiôn del pecado original y dei momento de animaciôn dei nuevo ser humano, cuestiôn resuelta por completo en poco tiempo. La objeciôn principal se basô en la necesidad univer­ sal de la redenciôn que hemos visto dcsvanecida en la escena del teatro espanol. Verdad es, digamos para terminar, que San Bernardo, Santo Tomâs, y otros, negaron este dogma o dudaron de él, pero verdad es también que nos dejaron el principio firme de que a Maria hay que concederle cuantas gracias sean posibles. Con esto nos basta, aun cuando ellos no pudieran entender esta posibilidad. A partir de Scoto la cuestiôn adquiere precision teolôgica y la “piadosa sentencia" va ganando el campo. d) Siglos XIV al XIX Constituyen la apoteosis de la devociôn inmaculista. Las Universidades se obligan con voto a defender el privilegio, los reyes y parlamentos solicitan su definiciôn, el arte produce obras mag­ nificas, y regocijos populares celebran la festividad. C) Sagrada Escritura iEn que textos pudiéramos encontrar alguna alusiôn a esta verdad? La Bula de la definiciôn alude a dos: a) El Genesis (3,15) Satanâs lanza su grito de jvictoria! iContra el amor de Dios? Imposible. La redenciôn se anuncia. Ahora bien, la redenciôn se anuncia bajo la figura de una lucha entre la mujer y su hijo, por una parte, contra la serpiente, por otra. Esta mujer debe ser Maria, porque mujer e hijo, enemistades y victoria van tan unidas que es imposible referirlas a otra que no sea la Santisima Virgen. La enemistad contra Satanâs ha de consistir en la oposiciôn al pecado, y êcômo referir esta tenaz oposiciôn a Eva, a la mujer en general? La conclusion, por lo tanto, es que se refiere a Maria, y que si la oposiciôn al pecado es total, Ma­ ria no ha debido conocerlo. Por otra parte, la victoria es completa, y para que lo sea Maria no ha podido ser vencida, y vencida precisamente en la cuestiôn que se discute. 18 14 LA I NM AC U LADA CONCEPCION. 8 DICIEMBRE b) San Lucas (1,28) La llena de gracia por excelencia, esto es, la que tiene cuanta sc puede tener. êY no es cierto que la gracia puede librar incluso del pecado original? 4 No es cierto que los Angeles y Adân la tuvieron desde el primer instante? Luego la llena de gracia, ni puede ser mènes que éstos, ni verse privada de alguno de sus efectos mejores. D) --VA M • * ·V ·* · ri Rasôn teolôgica Dios, buen Hijo, libra a su Madré de todas las desgracias de que puede libraria y le concede cûantos dones pucda y sean convenientes. Es asi que pudo y convint) que le concediera este, luego lo hizo. Ill SECCION II1-V. AUTO RES VARIOS I. SAN BERNARDINO DE SENA (Cf. Sancti Bernardini Senensis, O. F. Μ., Sermones eximii IVenetiis 1745] t.5 p.162.) A) La Inmaculada Concepcion es la aurora de Maria 20 Solemos aplicarle las palabras del Cantar (Cant. 10): Quae est ista quae progreditur quasi aurora consurgens? La belleza de Maria en su conception es cuâdruple. B) Belleza de la santidad de Maria en su conception 1 i a) Dios comunica normalmente la santidad a los hombres por medio dei bautismo. Otro grado superior de comunicaciôn consiste en que el Espiritu Santo santifique directamente a un aima, elevândola a un grado de santidad superior al concedido por los sacramentos y confirmândola en gracia. En este grado podemos distinguir dos operaciones distintas: 1. Por la una conoce y santifica al privilegiado: Antes de que te formara en las maternas entrafias te conocî: antes que tù salieses dei seno materno te consagré (1er. 1,5). Aun cuando parece referirse a la consagraciôn como profeta, los autores antiguos lo tomaron en el mismo sentido que el Santo. De todos modos la doctrina es la misma. 2. Por la otra operaciôn, no solo se santifica, sino que se llena del Espiritu Santo, como aconteciô a Juan el Bautista, y a los Apôstoles el dia de Pentecostés, cuando quedaron confirmados en gracia y defendidos contra toda culpa grave, ya que no contra las veniales e imperfecciones. b) Por encima de esta gracia mas perfecta existe otra, la de preserver el aima de Maria, para que no conozca siquiera la sombra de pecado. c) Convenia que asi fuera en atenciôn a la dignidad necesaria, en la que habia de compartir con el Padre el derecho 1 En esta homilia rcfundimos en una las secciones dedicadas a Santos Padres, teôlogos y autorrs varios., 21 16 LA INMACUI.ADA CONCEPCION. 8 DICIEMBRE de llamar hijo a Cristo, a la que Éste habia de llamar Madré y a aquella en la que el Espiritu Santo habia de obrar el misterio de la Encarnacion. C) Bellesa del aima de Maria debida a las luces que la inundaron a) Maria desde su primer momento fué iluminada por Dios, de modo que en É1 mismo penetrô el misterio de las co­ sas y lo que era digno de amor y odio. Las luces de su aima fueron superiores a las de cualquier santo. b) Desde el primer momento gozo del libre albedrîo y cooperô con él a la santidad. Asi lo han creido los Santos Pa­ dres de San Juan. Mucho mâs ha de creerse de Maria. i.V D) Bellesa del aima de Maria por la caridad que la adornaba Correspondiente al conocimiento que tenia de Dios fué su amor. Aâli si que se verificô lo de amar a Dios con todo el corazôn, con toda el aima y con todo su espiritu. Esta caridad la hizo desear y pedir la redenciôn y encarnaciôn dei Verbo. Ella sola ejerciô mâs presiôn que todos los patriarcas y profetas. Sin embargo, nunca supuso que pudiera ser ella la Madré, porque a ninguna otra criatura se le diô, como a Ella, el conocer la nada de todo cuanto no sea Dios. E) ! Bellesa del aima de Maria por la sumisiôn de la carne Los justos dominan la concupiscencia en proporciôn a su union con Dios. En los casos de mayor union, como el éxtasis, es imposible que la sientan. Maria alcanzô la mâs plena union. Cristo no tuvo el "fomes peccati". Maria lo tuvo aherrojado por la gracia. Por ende, careciô incluso de aquellos pecados veniales que se introducen furtivamente por algùn movimiento desordenado. II. BOSSUET La Inmaculada, privilegio exclusivo Prescindimos del caracter polémico, que el autor da a su Ser­ mon, al pretender resolver las objeciones de los anticoncepcionistas (cf. Primer Sermon sobre la Inmaculada, ed. Firmin Didot, t.3, p.138 ss). **-*·*; 4 _____________ SEC. 3-5, A) AUTORUS VARIOS, BOSSUET________ 17 El pecado original 25 La desobediencia de Adân fué vengada por la desobediencia de la carne. Lo mâs triste es la gran parte que la concupis­ cenda desbordada toma en nuestro nacimiento, al que confiere un sello vergonzoso. La concupiscencia se encarga de transmitir al género humano el pecado original en la misma generaciôn. "El que nos engendra nos mata”. Este pecado es universal. jEn dônde hallaremos un refugio que salve a Maria? En los brazos de su Hijo. B) La excepciôn de la ley universal 26 San Pablo nos habia de una ley universal por la que todos nacemos en pecado. ^Cômo se compagina la Inmaculada Con­ cepcion de Maria? No hay corriente tan impetuosa que no pueda ser detenida por la omnipotencia. El sol sigue siempre su carrera, el Jordan fluye impetuoso al mar Muerto y el fuego quema siempre. Sin embargo, el sol se detuvo, el Jordân mostrô un camino seco, y el horno no quemô a los très jôvenes. iDejô por eso de ser universal la ley del sol, el rio y el fuego? La ley del pecado sigue siéndolo también, a pesar de la excepciôn concedida a Maria. C) i ; i Rasôn de lo exclusive de esta concepciôn He aqui un privilegio que no sienta precedente. a) Lo sentaria, si se hubiera concedido a una persona que no rebasara la mediania. Muchos iguales que ella lo hubieran podido pedir. Pero jquién igual a Maria? Ni la obediencia de los patriarcas, ni la fidelidad de los profetas, ni el celo de los apôstoles, ni la fortaleza de los mârtires, ni la perseverancia de los confesores... igualan el rango en que la ha colocado la matemidad divina. b) No sienta precedente, porque Maria estâ fuera del curso natural de las leyes. ^De cuântas ha sido exceptuada? Da a luz sin dolor, vive sin pecado venial, no siente rebeldia de la carne; tiene un esposo que es un guardian de su pureza, da a luz un hijo, siendo virgen; muere sin dolor ni pena. EI privilegio de la Inmaculada encaja normalmente en un orden privilegiado. 27 18 LA IKMACVLADA CONCEPCIÔN. 8 DlCIEMBRE D) Privilegio, el mâs parecido a la santidad del Hijo Cristo es el inocente por naturaleza. Maria por gracia. Cris­ to sobrepuja a su madré con distancia infinita. Maria sobrepuja también a todas las criaturas. Concedàmosle a Maria algo que sea singular, y que, sin em­ bargo, no roce la singularidad de su Hijo. Yo lo encuentro en esta gradaciôn. a) El Salvador esté por encima de toda corrupciôn. Ma­ ria ha sido preservada de ella. Los santos la han contraido y han sido liberados. b) Con la Inmaculada Conception Jesûs reporta la vic­ toria total. A los hombres los libera en el bautismo. Queda todavia el seno matemo, en donde reina el pecado. Y alii vence, liberando a otros como San Juan y Jeremias, a quienes santifica, antes de nacer. Pero aûn quedaba el momento de la conception para Sa­ tanas, que es finalmente ventido en la de Maria Santisima. E) Privilegio debido a la Madré de Dios Cuando veo al Seüor, nacido de Maria, recogido en sus brazos y alimentândose de su seno, digo: iDejaréis, Serior, que se manche ese templo? Haced que esa mujer saque algùn provecho de ser vuestra Madré. Para Dios Maria es Madré suya desde la eternidad. Yo le aplico a este amor del Hijo a su Madré las palabras de Tertuliano (cf. Adv. Marc., 1,2,27): "El Hijo de Dios se iba acostumbrando a los sentimientos humanos, y aprendiendo, por detirlo asi, a ser hombre. Se complatia en ejecutar desde el princi­ pio del mundo lo que habia de llevar a cabo en la plenitud de los tiempos”. Sintiendo, pues, este amor a su Madré desde la eternidad, desde ella misma decretô que no contrajera nunca pecado alguno. No tuvo que esperar que viviera para limpiarse de él. 30 F) Consecuencias prâcticas a) Aprecio del santo bautismo. b) El bautismo no nos hace impecables. La concupiscen­ da tentadora continûa. Sâlvame, Serior, pues, de lo contrario, pereceré. ■ SEC, 3-5. AUTORES VARIOS, BOSSUET 19 Π. Ln Inmaculada Concepcion, triple obra de Dios en Maria Este Sermon présenta el mismo argumento del anterior bajo forma de exposition distinta (cf. ibid.). A) La gran obra realizada en Maria Fecit mihi magna qui potens est (Le. 1,49). a,) Contra la ley, la dispensa; contra el contagio, la sepa­ ration; contra un mal natural, prévenir. b) Maria fué dispensada de la ley general del pecado; separada dei contagio y preservada por la gracia de la côlera divina. c) La ley es dispensada por la soberania; la separaciôn, ejecutada por la sabiduria, y la preseveraciôn, llevada a cabo por el amor. B) Dispensada por la soberania a) El soberano legisla. La mayor prueba de soberania con­ siste en obligar a ceder a la misma autoridad de la ley. Solo Dios puede obrar milagros. El poder se demuestra mejor llevando a cabo una acciôn extraordinaria que poniendo en prac­ tice lo que es norma universal, como legislar. Legislar y exceptuar pertenecen ambos a la soberania, a la cual toca dirigir lo universal y aplicarlo a lo particular. Asuero manda ejecutar a todos los judios y exceptùa a Esther. b) La dispensa se justifica por très razones: 1. Que se concéda a una persona preeminente. 2. Que esté fundamentada en ejemplos anteriores. 3. Que redunde en pro del soberano. Las très razones coinciden en Maria. 1. ° Maria ocupa un rango ûnico dentro de la humanidad por ser Madre de Dios. 2. ° El privilegio que se le concede esta fundamentado en la norma corriente de las gracias y privilégies. Cuando las gracias de un soberano comienzan a fluir en determinada direcciôn lo hacen con abundancia. Un favor atrae a otro. Habenti dabitur (Mt. 25,29). Maria esta dispensada de casi todas las leyes. Luego esta nueva dispensa entra dentro de lo normal. 3.° Hay ocasiones en las que los principes se enriquecen con sus propios donativos, porque su liberalidad les honra. El honor que Jesûs dé a su Madre, revierte en Él. ttt . 20 T. A INMACITADA CONCEPCÏÔN. 8 DÏCÏKMBRE Es fâcil comprobar este hecho. En efecto: s') La Inmaculada es la mejor victoria de Cristo. Este vino para dcrrotar el pecado. En unos lo derrota me­ diante fel bautismo; en otros, en el seno matemo; en Maria derrôtalo en la misma Concepcion. i/) Maria ha sido rescatada por la sangre de Cristo. Pero con una peculiaridad. Que esa sangre era suya. La Concep­ cion de Maria es el primer origen de la sangre redentora de Cristo. No nos hagas, pues, oh Seüor, dudar del poder de tu san­ are, sino que, por el contrario, cumpliendo lo mismo que las aguas que saltan en surtidor hasta la altura de su fuente, haz que llegue tu virtud redentora hasta la Concepcion de tu Madré. C) Separada por la sabiduria sabiduria divina es la que en la creaciôn produce la diversidad ordenada de los seres, seleccionando las diversas especies dentro de la masa. Esta misma sabiduria, dentro del orden sobrenatural, selecciona, conforme a la doctrina de San Pablo, a los predestinados a la fe y a la salvaciôn. b) Pero para Maria existe otra selection especial, fundamentada en la especialisima alianza entre ella y Cristo. Esta especial relation consiste en que, si bien Cristo es un bien universal, poseido por todo el mundo, en cambio, solo es hijo de Ella, de forma que lo que es tesoro de todos es bien suyo particular. c) De aqui se deduce la santificatiôn de la Concepcion de Maria. 1. La vida de Cristo santifica la nuestra. Su muerte consagra la mia; sus dolores hacen venerables los nuestros. Cada paso del Senor tiene una repercusiôn de santidad, reflejada en los nuestros. Por eso muriô Cristo y resucitô, para dominar sobre muertos y sobre vivos (Rom. 14,9). La razôn que da San Pablo es la de que Cristo es nuestro y nos da su vida, muerte y resurrection, portadoras de una santidad semejante a la suya. 2. Pues bien, la conception de Jesûs es propia y exclusiva de Maria. Justo es que este paso del Sefior santifique el correspondiente de Maria. 3. Existe, pues, una alianza entre Dios y los hombres, la alianza de los redimidos y el Redentor. Pero existe otra entre É1 y Maria Santisima, la del Hijo para con su Madré. En cuanto redimida, ya esta separada de la masa de condenaciôn. En cuanto Madré de un Dios impecable por naturaleza, la sabiduria divina supo hacerla impecable por gracia. SEC. 3-5. AUTORgS VARIOS. BOSSUET 21 » VJ D) Preservada por el amor Dios, que al encarnarse asumiô nuestras flaquezas, no pudo por menos de asumir algo tan bello como el amor a su Madré. a) Pero el Hijo de Maria tiene dos peculiaridades: 1. Que es el dispensador de la gracia. 2. Que existe antes que su Madré. Como dispensador de las gracias, es lôgico que las vuelque todas sobre su Madré. En cuanto preexistente a Ella, es lôgico también que no espere a verla nacida para entregârselas, sino que se las concéda desde el primer momento, exceptuândola de la ley del pecado. b) También a nosotros nos ha adelantado el amor de Dios, preservândonos de su côlera y haciéndonos hijos suyos adoptivos en el bautismo. Sepamos apreciar y conservât esa gracia. III. Fundamento y réglas de la devociôn a Maria Inmaculada Sermôn predicado ante la corte, es mas bien un tema general que un panegirico de la Inmaculada. A) a) Fundamento El fundamento es Cristo En cuanto al fundamento nadie puede poner otro sino el que esta puesto, que es Jesucristo (1 Cor. 3,11). 1. El fundamento de nuestra devociôn mariana es Cristo, de quien es Madré. Maria fué asociada a las obras de Dios no como un sim­ ple carnal, sino como persona dotada de voluntad que acepta su misiôn. Por eso recibe la visita de San Gabriel. 2. Ahora bien, los dones y la vocaciôn de Dios son irré­ vocables (Rom. 11,29). Habiendo, pues, recibido por medio de Maria el Principio de la gracia, por su medio también recibiremos todas las necesarias para nuestra vida. b) Operaciones de la gracia Las operaciones principales de la gracia son très: la voca­ tion, la justificaciôn y la perseverancia. La obra de Cristo es necesaria para todo ello. Maria esta asociada a Él. 1. La vocaciôn esta figurada por la santificaciôn de Juan Bautista. r- H 11 22 LA TNMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DICIEMBRE En el seno materno, ni ve, ni oye, ni conoce que Cristo se le acerca, y en medio de aquella noche natural, recibe la iluminaciôn dei Verbo. Buena figura del pecador. También a nosotros, pecadores, se nos acercô Dios, sin mérito alguno nuestro previo, y se nos acercô por medio de inspiraciones, etc. Jesûs iluminô a Juan, pero, llevado por Maria. Isabel dice: Asi que sonô la voz de tu salutation en mis oidos, exulté de gozo el nifio en mi seno (Le. 1,44). “Fué Maria la que levante a Juan encerrado todavia en el seno materno, y se alcgrô al oîrla" (cf. San Ambrosio, De inst. Virg. 13). “No es extrano —continûa el Santo (cf. c.13)—que perseverata 'en una integridad perfecta aquel a quien Maria ungiô con el ôleo de su presencia y el perfume de su pureza." 2. La justificaciôn esta representada por las bodas de Canâ. En ellas. segûn el Evangelio (lo. 2,11), los apôstoles comenzaron a creer, y sabido es que la fe es el principio de la justificaciôn. Alli esta Maria, consiguiendo el primer milagro. "Siendo esta virgen incomparable, Madré, segûn la carne, de nuestro jefe, debia serlo espiritualmente de todos sus miembros, cooperando con su caridad al nacimiento de los hijos de Dios" (cf. San Agustin, In Ioan. hom. 23). 3. La perseverancia la vemos representada en Juan. Fué el apôstol fiel, que en medio de la huida de todos los demâs, sigue a Jesûs hasta el Calvario. Pero le sigue acompanando a Maria, y mereciendo que la Virgen te sea encomendada. Maria, pues, esté présente en los misterios de nuestra vocaciôn, santificaciôn y perseverancia. Celebremos, por tanto, su Concepcion, y puesto que sus sentimientos no han cambian­ do, sino que se han acendrado al subir al cielo, pidâmosle y confiemos en que nos ha de otorgar la perseverancia. B) Normas a) La régla de oro de la devociôn a Maria es que debe terminât en Dios y referirse a nuestra salvaciôn. 1. La religion nos une a Dios, y todo culto que no termine en esto dejarâ de ser religioso para convertirse en civil y, por tanto, impropio de los santos y de Maria. 2. Los paganos dividieron los atributos y poder de Dios en multitud de diosecillos, que se repartian en lotes el mundo, hasta el punto de que San Agustin se reia de que mientras para guardar la casa era suficiente con un portero humano, los griegos necesitaran tres dioses (cf. De ver. Rehg. 113). V. SEC, 3-5. AÜTÔRES VARIOS, BOSSUET 23 3. Nosotros conservamos la unidad de Dios y honramos a los santos y a Maria, no con un culto de servidumbre y sujeciôn, pucsto que la religion sôlo nos sujeta a Dios, sino con caridad y sociedad fraterna (Honoramus eos charitate, non servitute. Cf. San Agustin, ibid., 110). Recibimos sus milagros y gracias como venidos de la mano de Dios. No tenemos mâs mediador universal y principal que a Cristo Redentor. b) Los dioses paganos eran viciosos y no se les podia imitar. 1. La norma cristiana es imitar lo que se adora. Sed san­ tos y misericordiosos, porque vutstro Padre celestial es santo y porque hace salir el sol sobre buenos y malos. Perdonad porque os perdona. 2. Cuando honramos a los santos, nuestra gloria no puede consistir en aumentar la que ellos disfrutan, sino de un modo externo, mediante la imitation de sus virtudes. 3. ^Celebramos a Maria? Imitemos sus virtudes, su dévo­ tion, su pureza. C) Devocion defectuosa Suele serlo la nuestra, porque hemos convertido la oraciôn en un remedio de necesidades temporales, y llegamos a cansar al cielo, porque nunca le pedimos otra cosa. No solo la oraciôn, sino incluso nuestra caridad, no aparece mâs que cuando somos nosotros los necesitados. Enfon­ ces nos acordamos de los santuarios y de los pobres. Pidamos, si, lo temporal, pero recordemos que en el “Padrenuestro" no ocupa mâs que una sola petition y estâ rodeada de otras' seis de carâcter espiritual. Dios satisface los deseos de los que le temen (Ps. 144,19). Pero es necesario temerle y respetarle en nuestro corazôn. La oraciôn es, segûn Santo Tomâs, “un levantar nuestra mente a Dios" (cf. Summa Theol. 2-2 q.183 a.l ad 2). Y nos­ otros, en vez de levantarnos a Dios, queremos rebajarle a É1 al piano de nuestras pequefias necesidades temporales. A muchos devotos de la Santisima Virgen debieran repetirsele las palabras del profeta: Dia iras dia me buscan, como si [uera un pueblo que ama la justicia, sin apartarse de la ley de Dios (Is. 58,1). No me traigàis mâs esas vanas ofrendas..., estoy cansado de soportarlas (Is. 1,19). 24 LA INMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DtCÎEMDRE III. A) BOURDALOUE El propio conocimiento Comparando la Concepcion Inmaculada de Maria con la nuestra aprendemos la mejor de las ciencias, el propio cono­ cimiento. B) 40 Lo que somos sin la gracia a) Maria en el momento de su Concepcion era ilustre por su prosapia davidica, perfecta como obra maestra de Dios, felix como destinada a ser su Madré. Todo ello la hacia glo­ riosa. Pero, no obstante, si hubiera tenido pecado, no hubiese sido segùn el corazôn de Dios, ni objeto de su amor. Dios la miro como Hija amada, porque estaba Uena de gracia. b) Nosotros, concebidos en pecado, estamos prontos a reconocerlo y admitir sus tristes secuelas de flaqueza, tentaciôn y concupiscencia. Pero eso no basta. Si queremos conocernos hemos de entender que, ademâs de ese fundamento de nuestra miseria, existe: 1. Un colmo de la miseria A pesar de nuestra humiliante miseria, no somos sobrios; a pesar de nuestra pobreza e ignorancia, estamos pagados de nosotros mismos. Maria, llena de gracia, era humilde; nosotros, fatuos. Dios dice: Mi alma odia al pobre soberbio (Eccli. 25,7). 2, Un cxceso Siendo nuestra situaciôn tan lastimosa, nosotros no nos tenemos lâstima. Los santos, San Pablo entre elles, gemian bajo el yugo de sus pasiones. Nosotros deploramos las preocupaciones que nos acarrean o el no poder satisfacerlas. Pero desde el punto de vista sobrenatural, jqué a gusto solemos vivir con ellas! 3. Un prodigio Llegamos a félicitâmes de nuestras culpas. El ambicioso se gloria de sus proyectos, el avaro de sus riquezas... San Pa­ blo se dolia, nosotros las convertîmes en idolos. Cuanto mayores son, tanto menos permitimos que se las roce. SEC. 3-5. AUTORES VARTOS. BOURDAÎ.OUE 25 4. Un abiiso David pedia a Dios que le sanase de su debilldad (Ps. 6,3), nosotros nos disculpamos con ella, y queremos que, puesto que Dios la conoce, nos tolere sin enmienda. 5. Verdadera malicia El pecado corrompe todos nuestros dones, incluso los na­ turales. Un ejemplo. Si Dios nos colma de bienes, en vez de agradecêrselos, las riquezas nos corrompen, los honoi’es nos hinchan, la salud nos despreocupa. Si, por el contrario, nos aflige para llamarnos, sus remedios se convierten en veneno de ira y desesperaciôn. 6. La abominaciôn No contentos con set hijos de la ira por naturaleza, pro­ curâmes serlo por libre elecciôn pecadora. Job queria que su dia se convirtiese en noche, porque fera el dia del sufrimiento y del pecado. Para el libertino los dias de maldad sin remordimiento son los mâs esplendorosos. Maria aprovecha la gracia que la santifica, y nosotros malogramos nuestro bautismo. Somos reos de nuevos pecados originales transmitidos a otros: los escândalos que damos. c) jOh Maria Inmaculada! Haz que conozcamos nuestras miserias de vivir sin gracia. C) Lo que somos por la gracia a) La Santisima Virgen en su primer instante se vio Uena de gracia y pudo decir: Gratia Dei sum id quod sum (1 Cor. 15,10). Gracia fecunda, que en ella no quedô inûtil (ibid.). Esta gracia se le diô: 1. Para santificarla y hacerla la mâs perfecta de las criaturas, como convenia a la Madré de Dios. 2. Para acrecentar sus méritos. El grano de mostaza llega a hacerse un ârbol, pero toda su fuerza le viene de las raices que reciben la humedad y alimento del suelo. Todas las acciones de Maria fueron altisimamente meritorias, pero su mérito provenia de la gracia, que les concedia ese valor. b) Nuestro bautismo nos concede la gracia. En virtud de ella: 1. Se ennoblece nuestra persona, convirtiéndonos en hijos de Dios. 2. La gracia concede el mérito sobrenatural a nuestras acciones, dignas por ella de un premio divino. 41 LA TXMACUT.ADA CONCEPCIÔX. 8 DICIEMBRE 26 D) Nuestra obligation para con la gracia a) Maria, fiel a la gracia, puso todos los medios para conservarla. Ann cuando el mundo no era peligroso para ella, huyô de él. Nosotros queremos ser mundanos, y que Dios nos salve por una especie de milagro. b) Maria, inocente, viviÔ en una austeridad pénitente. A nosotros nos encanta una vida dulce. c) Maria, llena de gracia, procurô crecer en virtud y me­ ritos. Nosotros, en quienes la gracia déjà tantos huecos, nos contentâmes con el menor acto de virtud. IV. P. FRANCISCO JOSE DE ISLA Es muy curioso saber cômo predicaba este debelador de malos predicadorcs. AI extractar el Sermon pronunciado en el Colepio de Santiago el aüo 1736, acomodamos a nuestros tiernpos alguno de los argumentes propuestos como solucion a las objeciones anticoncepcionistas. A) O Jesus mal Hijo, o Maria inmaculada a) “O de los diez mandamientos hay que borrar el cuarto, o el Hijo de la Virgen no fué buen hijo, o Maria Santisima fué concebida sin pecado original." El cuarto mandamiento impone el amor, respeto y obediencia a los padres. Sobre estos tres actos hay todavia la obligaciôn de honrarles, que es algo mâs y consiste en engrandecerles, ensalzarles y privilegiarles. "Si los hijos se hallaren en mayor autoridad y con mayor poder que los padres, empleen todo su poder y autoridad en hacer iguales en la fortuna a los que hizo superiores en naturaleza.” Cuando Asuero pregunta a Amân que debe hacer el rey para honrar a un vasallo, este ùltimo. queriendo tributar la mayor honra, dice que se le concedan honores reales (Esth. 6,6-9). Esto es honrar el rey a un vasallo: hacer todo lo posible para que el vasallo sea rey. îQué no deberâ hacer un hijo? Si, pues, Cristo no honrô a su Madré cuanto pudo, o fué un mal hijo, o fué un mal legislator, o nos engaüô al proponerse como modelo de cumplimiento de la ley. îQuién podrâ sufrir estas disyuntivas? b) Debiô, pues, concederle todas las gracias, y entre ellas la primera. SEC. 3-5. AUTOKES VARIOS. F. JOSÉ OF. TSf,A 27 c) Demuéstralo el mismo Evangelio de hoy (el que en­ fonces se leia). En la fiesta de la Inmaculada se nos lee la genealogia de Jesûs, para terminar con el nombre de Maria, al que se aüade: De qua natus est lesus (Mt. 1,16). “Esta dicha la razôn. Si Jesûs naciô de Maria...". Caminaba Sansôn con sus padres cuando apareciô un leôn (lud. 14,5). Sansôn adelantôse y lo matô. Cristo vio también a un leôn, Satanés, que podia herir a su Madrc, y, adelantândose, matôle e impidiô que le hiciera dafio alguno. B) El honor del Hijo lo exige a) De no concéder este privilegio a Maria, no solo no honraria a su Madré, sino que quedaria deshonrado Él. Los hijos son honra de sus padres (Prov. 17,6). Nacer con honra quiere; decir nacer de padres honrados, y nacer sin ella significa nacer de padres que no la tienen. De aqui deduce el Angélico "honor parentum redundat in filios, unde et per oppositum ignominia matris in filium redun­ daret". Precisamente nacemos manchados dei pecado, porque somos hijos de un padre pecador. b) Mirad que lucido hubiera quedado el Hijo de la Vir­ gen si hubiera nacido de madrc manchada. Y mâs traténdose de una mancha que nos hace enemigos de Dios y siervos dei demonio. C) Pülelo la gloria del Hijo a) Dios es celoso de su gloria. Soy yo, Yahveh es mi nombre, que no doy mi gloria a ningùn otro (Is. 42,8). Diô su celo a Elias, a Moisés su autoridad, a Maria su persona. Pero su gloria la quiere para Él, fin ùltimo. b) ‘‘Si no hubiera preservado a su Madré de pecado, hu­ biera cedido a otro su mayor gloria, y no como quiera a otro, sino al mismo Satanés.” c) Es opinion comûn de Santos Padres y expositores que la mayor gloria accidental de Cristo se la da Maria, como Madré suya. Mayor que la que le dan todos los santos y éngeles juntos. d) Ahora bien, Maria la acepta por Madré, cuando ella se proclama esclava de Dios. 4N0 hubiera sido compartir su gloria con Satanés permitir que este hubiera disfrutado antes de ella como de su propia esclava? jQué bueno hubiera sido que anduviera el demonio diciendo: Gloriase Él de tenerla por LA TNMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DIC1EMBRE Madré y yo la tuve por esclava; gloriase de que es su esposa primero fué sierva mia! . j --C·' ’ D) Desde la eternid a) El Hijo de Maria es eterno. Desde la eternidad conoce a su Madré. Luego desde la eternidad debe amarla y honrarla. iCômo va a amarla si la ve manchada por el pecado? Luego desde la eternidad decide que no lo contraiga. Si debe honrarla desde la eternidad, desde enfonces debe pronunciar el decreto. Luego. en cuanto comience a alentar Maria, se encuentra ya con el privilegio concedido por el amor y deseo de honrarla de su Hijo. b) Confirmase ello conociendo las dos Concepciones de Maria. Cristo fué concebido primero en la mente del Padre, que eternamente decidiô la encamaciôn dei Verbo. Después naciô en el seno de Maria. También esta Seâora fué concebida primero como Madré de Cristo en la mente de Dios. Mâs tarde en el seno de Santa Ana se realizô humanamente la Concepcion ideal de la mente de Dios. iEs posible pensar que Dios concibiera en su deseo y pro­ posito una Madré manchada? Luego, cuando fué concebida por Santa Ana, Maria lo fué, repitiendo el concepto del Padre, esto es, sin pecado. Por eso la Iglesia le aplica todas aquellas frases, en las que se nos muestra a la Sabiduria como existiendo antes que los montes y los abismos. E) La ley no la obliga iQue existe la ley universal del pecado de origen? También existia la pena de muerte para quienes visitasen a Asuero sin ser llamados. Pero cuando Ester se desmaya, el rey le dice: ^Qué es esto, Ester? Cobra ànimo, yo soy tu hermano. No, no morirâs, que mi mandato es para el comûn de las gentes (Esth. 15,12-13). Nôtese que la llama hermana. Como esposa podia serie in­ ferior, pero no teniendo la misma sangre. No temas, pues, Ma­ ria; eres de la misma sangre que Dios, o mejor dicho: Dios es de tu misma sangre. Pero aun cuando sôlo hubiese sido esposa del Espiritu San­ to, ino fuera monstruosidad ver al esposo arrastrando galas y la esposa llena de andrajos y esclava? sec. 3-5. autores varios. dieco dr F) Cadiz 29 Gloria a Marta 48 Asi, pues, Ioh Seriora!, bien podemos cantar: Tota pulchra es, et omni laude dignissima. Digno de alabanza es Pedro por su amor, pero no siempre por su fidelidad; Pablo por su celo, pero no siempre por sus persecuciones; digno el Bautista, pero no siempre, pues tuvo el pecado original. Dignos los continentes, pero quizâ sean soberbios; dignos... Solo tù, Senora, eres integramente digna de ala­ banza. V. BEATO DIEGO DE CADIZ Este Sermon es modelo y ejemplo de como los predicadores que arden en celo apostôlico saben, a la manera dei Beato, encontrar ocasiôn en cualquier misterio para dedicarse de lleno a la salvaciôn de las almas. Lo predict) el dia 15 de diciembre de, 1767, en la iglesia de los Capuchinos, de Cadiz, siendo todavia diacono. A) Maria Inrnaculada, ciudad de refugio 49 Fray Diego, en una primera parte, mâs breve, habla de Maria como la civitas gloriosa en su Inrnaculada Concepcion. Es, ademâs, ciudad de refugio para los cristianos. Esta parte esta bastante tocada dei mal gusto de la época. B) Aplicaciones de este misterio 50 a) Maria, en el primer instante de su s’er, conoce lo que recibe, y corresponde a la gracia sin pereza. Nosotros, llamados durante arios y aüos, nos hacemos los sordos. jQué cargo tan tremendo y que omisiôn tan peligrosa! iHabiendo despreciado la gracia, estâmes seguros de que el Senor no nos dira: Antes desechasteis todos mis consejos y no accedisteis a mis requerimientos. También yo me reiré de vuestra ruina y me burlaré cuando venga sobre vosotros el terror? (Prov. 1,26). Salgamos de nuestro engafto: 51 b) Aquella princesa en la que no se puede encontrar pe­ cado, no nacida todavia, conoce las ofensas de Dios y llora por ellas. Nosotros, tan cargados de culpas, las vamos amontonando a diario. c) Nuestro desatino no para ahi, sino que, diciéndolo o 52 sin decirlo, pensâmes: He pecado y ^qué me ha sucedido? Porque el Senor es paciente (Eccli. 5,5). 1. TNo es cosa triste lo que nos avisa el Senor por Jere- 30 LA ÏNMACULADA CONCEPCION. 8 DICIE.MBRE mias: Sabe y ve que te es malo y amargo haber dejado a tu Dios, al tiempo que te guiaba por el camino de la vida etcrna?" (1er. 2,19). iNo es cosa amarga lo que dice David: Mostrôse Yahveh, diô su juicio y quedô preso el impio en la obra misrna de sus manos? (Ps. 9,17). 4N0 es triste que. abandonado Dios, no le quede nada al pecador, sino que enfonces el Senor afilarâ su fuertc côlera, cual espada, y fodo el universo lucharâ con Êl contra los in­ sensatos? (Sap. 5,20). 2. ^No es cosa triste perder la filiacîôn adoptiva de Dios y de Maria, y el derecho al reino trocailo por la esclavitud del demonio? d) Lloremos. pues, todos. Los justos, porque, como dice Isaias (64,5), nuestras buenas obras se parccen al pano mâs inmundo. Los pecadores, porque sus delitos daman continuamente contra ellos. Los ninos, porque apenas tienen razôn, ya pecan. Los adultos, porque todos somos como ovejas que yerran su camino. e) Ya que somos pueblo escogido en Cristo antes de la 54 constituciôn dei mundo, para que fuésemos santos (Eph. 1,4), y puesto que durante algûn tiempo hemos entregado nuestros cuerpos a la iniquidad, ofrezcâmoslos ahora a la justicia para ser santificados (Rom. 6,19) y asemejarnos a Maria. f) Si queremos ser felices como Maria, imitêmosla a Ella, 55 que lo fué, segùn San Beda, San Agustin y San Buenaventura, “porque custodio eternamente y con amor sus palabras (las de Cristo)”. Esto es lo que nos enseüa y quita toda excusa: Felices mâs bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan (Le. 11,28). 56 g) Conoce, joh cristianol, tu dignidad y piensa que se te ha propuesto como modelo a la misma Madré de Dios. De ella nos vendra, ademâs, el auxilio, tanto mâs abundante, cuanto mayor fuera nuestra correspondencia. h) Si te vieres tentado, acude a Ella. Si padecieres tribu57 laciôn, bûscala. Si te turbase la multitud de tus delitos, mirala. 58 i) Y tu, Seriora, haz que queramos y obremos cuanto con­ duce al agrado de Dios. “Instrùyenos como Maestra, obliganos como Sefiora, mândanos como Reina, aliéntanos como Madré”. ■ ■•*’*t*· Ühf I SECCION VI. TEXTOS PONTIFICIOS Escogemos los principales textos de la definiciôn dogmatica expresados en la Constituciôn Ineffabilis Deus, de Pio IX, 8 de diciembre de 1854. Cf. BAC, Doctrina Pontificia, t.4, Documentas Ma­ rianos, ed. preparada por el P. Hîlario Marîn, S. J. Madrid 1954. ■ε A) Maria en los planes de Dios "El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduria alcanza de limite a limite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo previsto desde toda la cternidad la ruina lamentabilisima de todo el género humano, que babia de provenir de la transgresiôn de Adân, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar a cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavia mâs secreto, por medio de la encarnaciôn dei Verbo, para que no percciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabolica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adân fuese restaurado mâs felizmcnte en el segundo, eligiô y senalô des­ de el principio y antes de los tiempos, una Madré, para que su uni­ genito Hijo, hecho came de Ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amô por encima de todas las criaturas, que en solo Ella se complaciô con senaladisima benevolencia. Por lo cual, tan maravillosamente la colmô de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ângeles y santos, que en Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios. Y, por cierto, era convenientisimo que brillase siempre adomada de los resplandores de la perfectisima santidad y que reportase un total triunfo de la antigua serpiente, enteramente inmune aùn de la misrna mancha de la culpa original, tan venerable Madré, a quien Dios Padre dispuso dar a su unico Hijo, a quien ama como a si mismo, engendrado como ha sido igual a si de su corazôn, de tal manera que naturalmente fuese uno y el mismo Hijo comtin de Dios Padre y de la Virgen, y a la que el mismo Hijo en persona determino hacer sustancialmente su Madré y de la que el Espiritu Santo quiso e hizo que fuese concebido y naciese Aquel de quien él mismo procede” (cf. o.c., n.269-270 p.171-172). t:' !« ? s il S, K· r 2' .· ‘ h ’ ■ 4- ί • * · t.f ’ ; ■? >1 ia ï f'4 p ÎT I t Μ ' ' ’ LA TNMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DICÏEMRRE 32 B) 60 a) La fe de la Iglesia Probada en la prâctica La fe de los fieles esta demostrada por la festividad existente, las indulgencias concedidas, las ciudades, monasterios, etc., dedicados a este misterio, los que se decidieron a defenderlo con su voto, etc. Xucstros prcdeccsorcs explicaron cuâl era el sentido de la fiesta y poco a poco fueron prohibiendo cada vez con mâs rigor que se predicara en contra hasta llegar a las censuras impuestas por .Alejandro VII. El mismo concilio Tridentino, al promulgar su de­ creto sobre el pecado original, declarô solemnemente que no queria incluir a Maria. 61 b) Argumentos que emplearon los teôlogos “Y por cierto, los Padres y escritores de la Iglesia, adoctrinados por las divinas ensenanzas, no tuvieron tanto en el corazôn, en los libros compuestos para explicar las Escrituras, defender los dog­ mas y ensenar a los fieles, como el predicar y ensalzar de muchas y maravillosas marieras, y a porfia, la altïsima dignidad de la Vir­ gen, su dignidad y su inmunidad de toda mancha de pecado y su gloriosa victoria del terrible enemigo del humano linaje” (cf. ibid., n284 p.180). 62 1. El Proto-Evangdio “Por lo cual, al glosar las palabras con las que Dios, vaticinando en los principles del mundo los remedies de su piedad dispuestos para la reparaciôn de los mortales, aplastô la osadia de la engafiosa serpiente y levanto maravillosamente la esperanza de nuestro linaje, diciendo: Poudré enemistad entre ii y la inujer, entre tu des­ cendenda y la suya; enseûaron que, con este divino orâculo, fué de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor dei humano linaje, es decir, el unigenito Hijo de Dios, Cristo Jesus, y designada su Santisima Madré, la Virgcn Maria, y al mis­ mo tiempo brillantemente puestas de relieve las mismas enemistades de entrambos contra el diablo. Por lo cual, asi como Cristo mediador de Dios y de los hombres, asumida la naturaleza humana, borrando la escrkura dei decreto que nos era contrario, lo clavô triunfante en la cruz, asi la Santisima Virgen, unida a É1 con apretadisimo e indiscutible vinculo, hostigando con É1 y por É1 eternamente a la venenosa serpiente, y de la misma triunfando en toda la linea, trituro su cabcza con el pie inmaculado” (cf ibid., n.2S5 p.180-181). 63 2. Figuras biblicas “Este eximio y sin par triunfo de la Virgen, y excelcntisima inocencia. pureza, santidad y su integridad de toda mancha de pe­ cado e inefable abundancia y grandeza de todas las gracias, virtudes y privilegios, viéronla los mismos Padres ya en el area de Noé, que, ί 'Ç ‘J SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS providencialnicnte construida, saliô totalmente salva c incôlume del comun naufragio de todo el mundo; ya en aquella cscala que viô Jacob que llcgaba de la tierra al cielo y por cuyas gradas subian y bajaban los ângeles de Dios y en cuya cima se apoyaba el mismo Sefior; ya en la zarza aquella que contemplo Moises arder de todas partes y entre el chisporroteo de las llamas no se consumia o se gastaba lo nias minimo, sino que hermosamente reverdecia y florecia; ora en aquella torre inexpugnable al enemigo, de la cual cuelgan mil escudos y toda suerte de armas de los Inertes; ora en aquel huerto cercado que no logran violar ni abrir fraudes y trampas algunas; ora en aquella resplandecicnte ciudad de Dios, cuyos fun­ damentals se asientan en los montes santos; a veccs en aquel augustisimo templo de Dios que, aurcolado de resplandores divinos, esta lleno de la gloria de Dios; a veces en otras verdaderamente innumerables figuras de la misma clase, con las que los Padres ensefiaron que habia sido vaticinada claramente la excelsa dignidad de la Madré de Dios y su incontaminada inocencia y santidad, jamâs sujeta a mancha alguna” (cf. ibid., n.286 p.181-182). 3. Alusiones proféticas ■ I 1.1 1 5 : it I J 64 “Para describir como compendio de divinos dones la integridad original de la À'irgen, de la que naciô Jesûs, los mismos (Padres), sirviéndose de las palabras de los profetas, no festejaron a la misma augusta Virgen de otra manera que como a paloma pura, y a Jerusalén santa, y a trono excelso de Dios, y a area de santificaciôn, y a casa que se construyô la etema Sabiduria, y a la Reina aquella que, rebosando felicidad y apoyada en su Amado, saliô de la boca dei Altisimo absolutamente perfecta, hermosa y queridisima de Dios y siempre libre de toda mancha” (cf. ibid., n.267 p.182). 4. “Llena de gracia” “Mas atentamente considerando los mismos Padres y escritores de la Iglesia que la Santisima Virgen habia sido llamada llena de gracia por mandato y en nombre del mismo Dios, por el ângel Gabriel cuando este le anunciô la altisima dignidad de Madré de Dios, ensenaron que, con este singular y solemne saludo, jamâs oido, se manifestaba que la Madré de Dios era sede de todas las gracias divinas y que estaba adornada de todos los carismas del divino Espiritu; mâs aùn, que era como tesoro casi infinito de los mismos, y abismo inagotable, de suerte que, jamâs sujeta a la maldiciôn, y participe, juntamente con su Hijo, de la perpetua bendiciôn, mereciô oir de Isabel, inspirada por cl divino Espiritu: Bendita tu entre las mujeres y bendito cl fruto de tu vientre” (cf. ibid n.286 p.182-183). 5. El milagro cumbre de los milagros “De ahi se deriva su sentir no menos claro que unanime, segtin el cual la gloriosisima Virgen, en quien hiso cosas grandes el Poderoso, brillô con tal abundancia de todos los dones celestiales, con tal plenitud de gracia y con tal inocencia, que resulto como un inefable milagro de Dios; mâs aùn, como cl milagro cumbre de todos los milagros y digna Madré de Dios, y allegândose a Dios mismo, M: la talabra de C, 10 •li 1LJ 5 * î 11 M r 5Ί J I 34 LA INMACULADA CONCEPCIÔN, S DICIEMBRE segun se lo permitia la condiciôn de criatura, lo mâs cerca posible, fué superior a toda alabanza humana y angélica" (cf. ibid., n.289 p.183). 67 6. La scgunda Eva “Y, de consiguiente, para defender la original inocencia y santidad de la Madré de Dios, no solo la compararon muy frecuentemente con Eva todavia virgen, todavia inocente, todavia incorrupta y todavia no enganada por las mortiferas asechanzas de la insidiosisima serpiente, sino también la antepusieron a ella con maravillosa variedad de palabras y pensamientos. Pues Eva, miserablemente complaciente con la serpiente, cayô de la original inocencia y se convirtiô en su esclava; mas la Santisima Virgen, aumentando de continuo el don original, sin prestar jamâs atenciôn a la serpiente, arruinô hasta los cimientos su poderosa fuerza con la virtud recibida de lo alto" (cf. ibid., n290 p.183). r* 68 Ί. Limpia de toda mancha “Por lo cual, jamâs dejaron de llamar a la Madré de Dios o lirio entre espinas, o tîerra absolutamente intacta, virginal, sin man­ cha, inmaculada, siempre bendita, y libre de toda mancha de peca­ do, de la cual se formô el nuevo Adân; o paraiso intachable, vistosisimo, amenisimo de inocencia, de inmortalidad y de delicias, por Dios mismo plantado y defendido de toda intriga de la venenosa serpiente; o ârbol inmarchitable, que jamâs carcomiô el gusano del pecado ; o fuente siempre limpia y sellada por la virtud del Espiritu Santo, o divinisimo templo o tesoro de la inmortalidad, o la ùnica y sola hija, no de la muerte, sino de la vida, germen no de la ira, sino de la gracia, que por singular providenda de Dios floreciô siempre vigoroso, de una raiz corrompida y danada, fuera de las leyes comûnmente estableddas. Mas como si estas cosas, aunque muy gloriosas, no fuesen suficientes, declararon, con propias y pré­ cisas expresiones, que al tratar de pecados, no habia de hacer la mâs minima menciôn de la santa Virgen Maria, a la cual se concediô mâs gracia para triunfar totalmente del pecado; profesaron ademâs que la gloriosisima Virgen Maria fué reparadora de los padres, vivificadora de los descendientes, elegida desde la etemidad, preparada para si por el Altisimo, vaticinada por Dios cuando dijo a la ser­ piente: Pondre enemistad entre ti y la mujer, que ciertamente tritu­ ro la venenosa cabeza de la misma serpiente, y por eso afirmaron que la misma Santisima Virgen fué por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda macula de cuerpo, aima y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas sino en la luz, y, de consiguiente, que fué aptisima morada para Cristo, no por disposiciôn corporal, sino por la gracia original” (cf. ibid., n.291 p.184-185). 69 8. La naturaleza cediô su puesto a la gracia “A éstos hay que anadir los gloriosisimos dichos con los que, hablando de la concepciôn de la Virgen, atestiguaron que la natura­ leza cediô su puesto a la gracia, parôse trémula y no osé avanzar; pues la Virgen Madré de Dios no habia de ser concebida de Ana ». ·. SF.C. 6. TEXTOS PONTIFICIOS antes que la gracia dièse su fruto; porque convenia, a la verdad, que fuese concebida la primogenita de la que habia de ser concebido el primogenito de toda criatura" (cf. ibid., n.292 p.185). 9. Tabernaculo creado por el mismo Dios 70 “Atcstiguaron que la carne de la Virgen tomada de Adân no rccibiô las manchas de Adân, y, de consiguiente, que la Virgen San­ tisima es el tabernaculo creado por el mismo Dios, formado por el Espiritu Santo, y que es verdaderamente de purpura, que el nuevo Beseleel elaboro con variadas labores de oro, y que Ella es, y con razôn se la celebra, como la primera y exclusiva obra de Dios, y como la que saliô ilesa de los igniferos dardos dei maligno, y como la que hermosa por naturaleza y totalmente inocente, apareciô al mundo cual aura brillantisima en su Concepcion Inmaculada. Pues no caia bien que aquel objeto de elecciôn fuese atacado de la uni­ versal miseria, pues, diferenciândose inmensamente de los demâs, par­ ticipe de la naturaleza, no de la culpa ; mâs aun : muy mucho con­ venia que, como el Unigenito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santisimo, tuviese también en la tierra Madré que no hubiera jamâs sufrido mengua en el brillo de su santidad” (cf. ibid., n.292 p.186-187). C) Preparation de la definition “Mas queriendo extremar la prudencia, formamos una congre­ gation de NN. W. HH. los Cardenales de la S. R. !.. distinguidos por su piedad, don de consejo y de ciencia de las cosas divinas, y cscogimos a teôlogos eximios, tanto del clero secular como del re­ gular, para que considerasen escrupulosamente todo lo referente a la Inmaculada Concepcion de la Virgen y nos expusiesen su propio parecer. Mas aunque, a juzgar por las peticiones recibidas, nos era plenamente conocido el sentir decisivo de muchisimos Prelados acerca de la definiciôn de la Concepcion Inmaculada de la Virgen, sin embargo, escribimos el 2 de febrero de 1849 en Gaeta una Carta Encidica a todos los Venerables Hermanos del orbe catôlico, los Obispos, con el fin de que, después de orar a Dios, nos manifestasen también a Nos por escrito cuâl era la piedad y devociôn de sus fieles para con la Inmaculada Concepcion de la Madré de Dios, y que sentian mayormente los Obispos mismos acerca de la defini­ ciôn o qué deseaban para poder dar nuestro soberano fallo de la manera mâs solemne posible. No fué para N«s consuelo exiguo la llegada de las respuestas de los Venerables Hermanos. Pues los mismos, respondiéndonos con una increible complacencia, alegria y fervor, no solo reafirmaron la piedad y sentir propio y de su clero y pueblo respecto de la In­ maculada Concepcion de la Santisima Virgen, sino también todos a una ardientemente nos pidieron que definiésemos la Inmaculada Concepcion de la Virgen, con nuestro supremo y autoritario fallo. Y, entre tanto, no Nos sentimos ciertamente inundados de menor gozo, cuando nuestros Venerables Hermanos los Cardenales de la S. R. I. que formaban la mencionada congregaciôn especial, y los teôlogos dichos elegidos por Nos, después de un diligente examen 71 80S AX\î ■ 36 I SEC. 6. de la cuestiôn, Nos pidieron con igual entusiasta fervor la defini­ ciôn de la Inmaculada Concepcion de la Madré de Dios. Después de estas cosas. siguiendo las gloriosas huellas de nuestros Predecesores, y deseando procéder con omnimoda rcctitud, convocamos y célébrâmes consistorio, en el cual dirigimos la palabra a nuestros Vénérables Hermanos los Cardenales de la santa Romana Iglesia y con sumo consuelo de nuestra aima les oimos pedimos que tuviésemos a bien définir el dogma de la Inmaculada Concep­ cion de la Virgen Madré de Dios" (cf. ibid.. ibid., n29ô-297 η.29ύ-297 p.188-189). ρ.188-189). * y/·',< ίλSv? i /.· AVI 'X' I 72 Λ·. LA tNMACl’l.ADA CONCEPClÔN. 8 DÏCIEMBRE D) La definiciôn “Por lo cual, después de ofrecer sin interrupciôn a Dios Padre, per medio de su Hijo, con humildad y penitencia nuestras privadas oraciones, y las publicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espiritu Santo, e inspirândonoslo É1 mismo, para honra de la santa e individual Trini­ dad. para gloria y prez de la Virgen Madré de Dios, para cxaltaciôn de la fe catôlica y anmento de la cristiana religion, con la autoridad de Nuestro Senor Jesucristo, con la de los santos apôstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra, declaramos, aiirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y, de consiguiente, que debe ser creida firme y constantemcntc por todos los fieles la doctrina que sostiene que la Santisima Virgen Maria fué preservada inmune de toda man­ cha de culpa original, en el primer instante de su Concepcion, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atenciôn a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazôn contra lo que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan ademâs que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que, ade­ mâs, si osaran mani testar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazôn, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el Derecho. Nuestra boca esta llena de gozo y nuestra lengua de jùbilo, y damos humildisimas y grandisimas gracias a Nuestro Senor Jesu­ cristo, y siempre se las daremos, por habernos concedido, aun sin merecerlo, el singular beneficio de ofrendar y decretar este honor, esta gloria y alabanza a su Santisima Madré. Mas sentimos firmîsima esperanza y confianza absoluta de que la misma Santisima Vir­ gen, que toda hermosa e inmaculada trituré la venenosa cabeza de la cruelisima serpiente, y trajo la salud al mundo, y que gloria de los profetas y apôstoles, y honra de los mârtires, y alegria y corona de todos los santos, y que refugio segurisimo de todos los que .peligran. y fidelisima auxiliadora, y poderosisima mediadora y conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su Unigénito Hijo, y gloriosisima gloria y ornato de la Iglesia santa, y firmisimo baluarte destruyô siempre todas las hercjias, y librô siempre de las mayores calamidades de todas clases a los pueblos fieles y naciones, y a Nos mismo nos saeô de tantos amenazadorcs peligros; harâ con su valiosisimo patrocinio que la Santa Madré catôlica Iglesia, removidas todas las dificultades, y vencidos todos los errores, en todos los TEXTOS PONTIFICIOS 37 pueblos, en todas las partes, tenga vida cada vcz mâs florecicnte y vigorosa, y reine de mur a mar y de rio hasla los terminos de la tierra, y disfrutc de toda paz, tranquilidad y libertad, para que con­ signa los reos cl perdôn, los enfermes cl remedio, los pusilânimes la fuerza, los ailigidos el consuelo, los que peligran la ayuda oportuna, y despejada la obscuridad de la mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia los desviados, y se forme un solo redil y un solo pastor” (ci. ibid., n.299-300 p.190-192). MISCELANEA HISTORICA Y LITE R ARIA SECCION I. EL LUGAR DE LA CONCEPCION Desde el siglo vi el peregrino Teodosio localiza la vivienda de Joaquin y Ana en Jerusalén, en una casa donde entonces se alzaba una Iglesia dedicada a la Virgen Maria. El ilustre arqueôlogo do­ minico P. Vincent atribuyô la erecciôq de esta Iglesia a la época eudociana, esto es, a la que siguiô al concilio de Efeso, cuando el culto a la Virgen Maria adquiriô en Oriente un dcsarrollo conside­ rable. Concretamente hacia fines dei siglo v o principios dei vi. Ahora bien, a esta Iglesia bizantina dei siglo v o vi sucediô la restaurada dei siglo xii, que es poco mas o menos la que se ha conscrvado has­ ta el présenté, y que, donada a Francia por los turcos en agradecimiento de la valiosa ayuda prestada en la guerra de Crimea (1855), constituye la actual basilica national francesa de Santa Ana, restau­ rada por el famoso Cardenal Lavigerie, fundador de los Padres Blancos. Hoy, la iglesia, por su bellisima arquitectura, es la mâs noble y completa de Jerusalén y de Palestina, pero, sobre todo, alberga una cripta que fonnaba parte de la antigua casa de San Joaquin y Santa Ana y alli se conmemora el lugar donde ocurriô la Inmaculada Concepcion. La cripta esta aclualmente convertida en capilla y pre­ side el altar una estatua de la Inmaculada, a cuyos lados aparecen las efigies de San Joaquin y Santa Ana. Vense también a Adân y Eva, arrodillados, representation simbôlica segûn la liturgia bizan­ tina. Un privilegio especial permite a los sacerdotes decir todos los dias en este altar, cualquiera que sea la fecha litûrgica, la misa de la Inmaculada Concepcion (cf. N. Van der Vliet, de los Padres Blancos, Sainte Marie oû elle est née? [Paris 1938] p.92-97). IL LA FIESTA LITURGICA Desde los tiempos mâs remotos comcnzô a celcbrarse la fiesta de la Inmaculada en las Iglesias oriental y occidental, de suerte que puede con pleno derecho considerate como cl vehiculo popular de la tradition sobre el dogma. En Oriente todas las iglesias la celebraban el 9 de diciembre como fiesta de la conception activa de Santa Ana y pasiva de la bienaventurada Virgen Maria. En tl Tîpo de San Sabas (siglo v), el 9 de diciembre se senala con este titulo: Concepcion de Santa Ana. Que en el siglo vu se celebraba en la Iglesia griega consta por los SEC. 7. MJSCELÀXEA HTSTÔRTCA Y LITERARIA 39 cânones o inscripciones de San Andrés de Creta, en que se lee: Pia 9 de diciembre, Concepcion de la abuela de Dios Santa Ana. En el ix la elogia Jorge de Nicomedia, en el x, el cmperador Basilio II decreta la fiesta por ley civil y en el xri Manuel Commeno la hace précéder en dignidad a las otras solemnidadcs. Por lo que respecta a la Iglesia occidental, dicese que San IIdefonso, arzobispo de Toledo, estableciô el primero esta fiesta en Espana en el siglo vu. En el siglo ix era ya conocida en Sicilia y Nâpoles, que tenian frecuente comunicaciôn con el Oriente y bajo cuyo imperio se hallaba en parte la Italia meridional. En Irlanda también se celcbraba en cl siglo ix o por lo menos en el x. Hacia la mitad del xi comicnza en Inglaterra, como consta por el calen­ dario de la abadia de Oldminster y de Ncwminster y por el martiriologio y pontifical de la iglesia primada de Cantorbery, y aunque» cayô pronto en desuso, fué restablccida y propagada en el siglo xti por los trabajos del abad Anselmo, pariente de San Anselmo de Cantorbery. También se extendiô esta fiesta por otros paises dei Occidente, Alemania, Francia y Flandes. En Espana vuelve a aparecer en el siglo xi en el monasterio de los benedict inos de Irache (Navarra). Aunque se dice que San Bernardo reprendiô a los canônigos de Lyôn por haber introducido esta festividad en su Iglesia, y el obispo Mauricio la aboliô en la Iglesia particular de Paris, continuo extendiéndose por toda Francia, y ni en Inglaterra, Alemania, Espana, Sicilia y otros reinos dejô de celebrarse. En el siglo xiv ya se ce’ebraba en Roma. Sixto IV en el afio 1476 y en su constituciôn Cum prae excelsa la aprobô y enriqucciô con indu’gencias. Pio IV, en 1569. la incluÿô en el Breviario Romano. Clemente VIII, en 1598, la elevô al rito de doble mayor. Clemen­ te XI, en 1708, la extendiô a toda la Iglesia. Pio IX la elevô a rito doble de segunda clase con octava, y, finalmente, Leon XIII la le­ vanto a la categoria de fiesta de primera clase (cf. Gregorio Alastkuey, Tratado de la Virgen Santîsinia [BAC, 1952] 3.a ed. p.205-213). o Un '· » f ( ‘ î ♦ III. LA DEVOCION EN ESPAnA Espana ha sido en el mundo el heraldo de esta devociôn en el transcurso de los siglos, ccmo lo prueban multitud de hechos, que vamos a resonar brevcmente. A) Santos espanoles devotos de la Inmaculada El glorioso fundador de la Ordcn de Predicadores, Santo Do­ mingo, manifesto claramente la creencia en la Inmaculada Concep­ cion de Maria: “Asi como Adân fué formado de tierra virgcn y no maldita, asi era conveniente que cl segundo Adân, Cristo, naciera también de tierra nunca maldita, es decir, de la Virgen Madre, que nunca fué maldita”. Es tradiciôn constante que Santo Domingo comprobô con milagros esta su doctrina; pues cuando la defendia en Tolosa, disputando con los albigenses, fué arrojado al fuego el I * *ΜΓ· 40 Î.A INMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DICIEMBRE libro en que ella se contenta y quedô intacto e incôlume (cf. Gre­ gorio Alastruey, o.c., BAC, p218). “Santa Teresa de Jesùs, prodigio y gloria del mundo y de Es­ pana, mostrô siempre su devociôn a la Inmaculada. Describiçndo en el capitulo V de su Vida la conversion de una persona, dice de ella que la Santisima Virgen la ayudô, porque era devota’de su Con­ cepcion y celebraba su fiesta: “Nuestra Senora le debîa ayudar mucho, que era muy devota de su Concepcion y en aquel dia hacia gran fiesta" (cf. ibid„ p2!7). “San Ignacio fué defensor acerrimo de la Concepcion Inmacu­ lada, tanto de palabra como por escrito, segùn consta de un côdice suyo manuscrito, que se conserva en Roma, en el cual, después de ’ describir las singulares ilustraciones que recibiô de Dios durante aquellos cruentos dias en que estudiaba la manera de estableccr la pobreza en la casa de la Crmpaüia, manifiesta mâs de una vez su amor a la pura Cc-ncepciôn de Maria” (cf. ibid., p.22l). Otro santo espafiol, devotisimo de la Inmaculada. fué cl glorioso fundador de las Escuelas Pias, San José de Calasanz. Bastarâ re­ cordar, segùn un antiguo documento espaüol, que se remonta a la época del San'o mismo, la jaculatoria que a cada toque de campana hacia rezar a los alumnos: “Alâbcse el Santisimo Sacramento de la Eucaristia y la Inmaculada Concepciôn de la Santisima Virgen” (cf. BAC, San José de Calasanz, Su obra v escritos [Madrid 1956] p.545). Finalmcntc, muy devoto también de la Inmaculada Concepciôn fué San Antonio Maria Claret, fundador de los Misioneros del Co­ razon de Maria. Diccn sus biôgrafos (cf. Cristôbal Fernandez, C. M. F.. El Bcato Padre Antonio Maria Clarct [Madrid] t.2 p.753), que “la Virgen parecia la celestial protectora de todos sus escritos, los cuales solian honrarse en su primera pagina con la :magen de la Inmaculada, aun antes de que este misterio hubiera sido definido por la Iglesia”. B) É Los reyes y la piadosa creeneia Empezando por los reyes de Aragon, consta que el 8 de mayo de 1333 cl infante Don Pedro erige la Real Cofradia de la Inmaculada, y mâs tarde, subido ya al trono con el nombre de Pedro IV cl Ceremonioso. ordena, mejor dicho, invita a los miembros del Consejo de Ciento de Barcelona v a toda la n b’cza a ingrcsar en la Cofradia. Bien pronto se extiende a todo él reino y Juan I ordena la cclebraciôn de la fiesta en toda \'alencia, Aragon, Cataluüa, Roscllôn, Cerdeûa y Côrcega, y dice: “jPor qué maravillarse de que una Virgen tan singular haya sido conccbida sin pecado original?”. Asi, a los que en sermones y disputas pusicren en duda la inmunidad de Ma­ ria, les amenaza con pena de destierro y confiscaciôn de biencs. Juan II en 1451 y Martin cl Humano, Alfonso y la reina Maria dieron decretos semejantes. En Castilla, San Fernando, devotisimo de Nuestra Senora, fundô en Vbcda una capilla dedicada a la In­ maculada Concepciôn, como testimonio viviente del amor que prefesaba al misterio, y su hijo, Alfonso el Sabio, el coronado vate de las Cantigas canta a la Virgen en forma tan ingenua y candorosa, SEC. 7. : MISCEI.ANEA HISTORICA Y I.TTERARtA 41 en aquella dulce fabla galaico-portuguesa, como “rosa das rosas, flor dar frorcs", en que se presiente cl fervor concepcionista. Isabel la Catôlica profcsô mucho amor a este misterio, como alaba Inocencio VIII en su bula Inter munera de 1489: "La hija Isabel, dice, reina de Castilla y Leon e ilustre por su singular devociôn a la Concepciôn de la Virgen Maria”. La misma reina y su esposo Don Fernando hiciercn cn 1492 solemne voto de consagrar en Gra­ nada la mezquita a la Inmaculada Concepciôn, si la ciudad caia en su poder. Sc dice que el rcy llevaba siempre al cucllo la imagen de la Inmaculada y ambos principes fundaron cl Monasterio de los Jeronimos en la ciudad del Darro, precisamente dedicado a este misterio. Fray Francisco de Torres, uno de los biôgrafos de Carlos V, nos dice que el Empcrador “en él mismo, en sus armas y sobre su per­ sona” llevaba siempre la imagen de la Inmaculada. Felipe II ordena que en Ultramar se le erijan templos, da ôrdenes para que en Flandes se defienda y aclamc el misterio frente a los herejes, y en las Cortes de Monzôn proclama en voz alta la devociôn que el pueblo siente por la Inmaculada. Felipe III, en el afio 1618, envîô como legado al Romano Pontifice a Fr. Antonio de Trejo, obispo de Cartagena, y en 1619 al duque de Alburquerque, para que promovieran cerca del Papa la causa de la inmunidad de Maria y, mientras duré su reinado, no dejô de enviar legados a Roma para que insistentemente pidieran la dcfiniciôn de este misterio. Cuentan que en la Câmara regia dijo: “Si lo creycra necesario irià a Roma yo mismo a postrarme a los pies del Santisimo Padre .para rogarle diera esta suprema sentencia en favor de la justicia original de la Virgen", haciéndose por ello digno de estas laudatorias palabras del Papa Gregorio XV : “i Oh celo digno de un rey catôlico y gratisimo para el Vicario de Cristo !”. Su hijo Felipe IV hereda la misma devociôn ; manda nada mè­ nes que doce embajadas a Roma, solicitando la definiciôn. Las ges­ tiones y los ruegos de Felipe IV alcanzan de Alejandro λ'ΤΙ en 1654 la bendiciôn del proyecto de poner bajo el patronato de la Inmacu­ lada a los reinos espaûoles. El rey enfermizo Carlos II muere ro­ gando a los que le rodean que gestionen la definiciôn del dogma. Felipe V, cn las Cortes de Aragon y Castilla, pide en 1713 al Papa Clemente XI la ansiada definiciôn dogmatica. El propio Be­ nedicto XIV, de quien se dice que ténia hecho el borrador de la de­ finiciôn, escribe que todo cuanto se 'habia legislado en la Santa Sede anteriormente se debia a la devociôn y a las gestiones del pueblo espanol. Carlos III—dice el P. Legisima—(cf. Las Advocaciones de la Santisima Virgen [Editora Nacional, 1948] p.58), ese rcy un tanto paradôjico o un mucho paradôjico, profesaba una sincera devociôn al misterio de la Inmaculada. De todas las condecoracioncs, la mâs predada en Espana es la de Carlos III, creada precisamente en ho­ nor de la Madré de Dios. Todavia en San Francisco el Grande hay una imagen de la Purisima, que en los dias solemnes viste el manto de Carlos III para presidir las fiestas de su numerosa Archicofradia, y cn las pinturas de Casto de Plasencia, cl Monarca aparece a los pies de la Senora, instituyendo la Orden, en homenaje a este misterio. ·' £***<**■.4*^- - - LA ÎXMACULAÜA CONCEPCION. 8 DICIEMBRK 42 C) *r .£ Ordenes, Corporaciones y Co f radias Enumerar tan siquiera las ordenes, corporaciones, cofradias e instituciones publicas y privadas que hacen voto de defender el dogma o giorificar a la Inmaculada Concepcion en Espana seria tarea prolija y cast imposible. Recordemos tan sôlo las noticias de mayor interés. Un monumento vivo de la devociôn espanola concepcionista re­ présenta aquel en que la Reina Catôlica juntamente con el glorioso Cardenal Cisneros se pone al lado de la beata Bcatriz de Silva, hija de nobilisima familia castellana, emparentada con las casas reales de Espana y Portugal, y le cede los palacios de Galiana en Toledo, en les que se funda la famosa Orden de la Inmaculada Concepcion. Las religiosas visten hâbito blanco, manto azul, cordon franciscano y llevan la imagen concepcionista al cuello. Rezan desde entonces el cficio divino de la Inmaculada y el Papa Inocencio VIH aprueba sus Constituciones. En el mismo Toledo funda Carlos V la Cofradia de la Inmaculada, y requière a los Prelados para que inviten al pueblo a ingresar en ella. Adriano VI la aprueba en su bula Roma­ nus Pontifex. En tiempos de Felipe IV, institute el Papa Grego­ rio XV, a instancias del monarca, la Orden Militar de la Inmacu­ lada. El rey da su nombre a ella con toda la nobleza y mâs tarde es restaurada por Carlos III. Las Universidades espanolas se comprometen a defender la In­ maculada Concepcion de Maria. La primera que se obliga con ju­ ramento en 1530 es la de Valencia. En 1617 la de Granada hace voto de derramar su sangre en defensa de la Inmaculada Concep­ cion con estas palabras: “Prometo que defenderé siempre que Ma­ ria en su Concepcion fué preservada por Dios de toda culpa origi­ nal y solemnemente lo juro y lo prometo en manos del rector, mi senor, y por esta verdad piadosa, si fuere necesario, derramaré mi sangre y no rehusaré sufrir la muerte”. Iguales votos y juramentos hicieron las Universidades de Alcala, Santiago de Compostela, Tole­ do, Zaragoza y Barcelona en 1617, y las de Salamanca y Valladolid en 1618. En 1664 un decreto de Felipe IV dispone que nadie fuese admitido a los grades académicos en ias Universidades de Salaman­ ca, Alcala y Valladolid, si no hubiese suscrito el voto de defender la piadosa creencia concepcionista. Las Catedrales hicieron el mismo voto. La de Granada, en 1616; la de Sevilla, con su arzobispo y clero, en 1617 ; las de Barcelona y Zaragoza, en 1618; la de Santiago, un aüo después, y la de Vallado­ lid, en 1634. Voto y juramento profesaron asimismo las Ordenes Mi­ litares, la de Calatrava, en 1652, la de Santiago, el mismo afio, las de Alcantara y Montesa, en 1653. Ciudades enteras hacen también el vo­ to: Palencia, en 1615, Sevilla y Granada, en 1617, Valladolid. Sala­ manca y Barcelona, en 1618, Zaragoza, en 1619, Madrid y Segovia, en 1621, Avila, en 1622, Valencia, en 1624, y asi otras muchas. Finalmente, todas las Hermandadcs, Cofradîas y Asociaciones piadosas de Sevilla, desde el siglo xvn se consagran a la Inmacula­ da Acaso la mâs antigua fué la archicofradia sevillana de Nuestro Padre Jésus Nazareno y Maria Santisima de la Concepcion, cuyo voto y juramento de sangre datan de 1615. MISCELANEA HJSTÔRICA Y LITERARIA D) 43 El Ejército La Infanteria espafiola, desde la época gloriosa de los tercios de Flandes, mâs concrctamcnte desde Alejandro Farnesio, frente a Amberes, cuya ciudad ténia por Patrona a la Inmaculada y para cuya conquista hace voto de defender el misterio, ha venido celebrando el celestial patronato de la Purisima. Momento singular de la devo­ ciôn castrense a la Concepcion sin mancha de Maria fué la guerra de la Independencia. Recuérdase asi con emociôn la jornada dèl Bruch donde aquellos magnificos héroes del Somatén catalan de Manresa hicieron morder el polvo a las âguilas napoleônicas, tremolando el estandarte de la Cofradia de la Inmaculada Concepciôn. Desde entonces, como lo revela el himno de la Academia de Toledo, ha crecido el fervor de nuestra heroica Infanteria a la Virgen Jnmaculada, cuya imagen presidio la gesta heroica del Alcâzar en la gloriosa Cruzada de Liberaciôn de 1936. E) f J El pueblo Ha sido sobre todo el pueblo espanol el que ha mostrado mayor entusiasmo ep la defensa y difusiôn del misterio. Recojamos algunos hechos y anécdotas principales. a) La fiesta de "les claus’’ “La ciudad de Barcelona, desde el siglo xn, por su Consejo de Ciento, se obligo con perpetuo voto a celebrar las fiestas de “les claus” en honor de la Inmaculada. EUo ocurriô en las circunstancias y del modo siguiente: Eran tantas las calamidades que pesaban so­ bre Barcelona en 1651, con ocasiôn de la guerra, que como si no fuesen bastantes, se presentô una peste espantosa que amenazaba acabar con los habitantes de la ciudad. En este trance hizose el voto y en su virtud el Consejo acordô el 17 de julio que “en lo ofertori se entregase a Maria Santisima esta Ciutat y les claus del por­ tal de ella suplicant la vulla ser guarda, defensa y amparo de la mateixa”. En nuestros dias el Ayuntamiento de la Ciudad Condal, después del solemne oficio que se celebra en el templo metropolitano, va junto con el Obispo de la diôcesis a orar por Barcelona ante el altar de la Inmaculada, que esta situado entrando a mano derecha de la basilica, donde puede verse que la imagen de la Purisima lleva una Have en la mano (cf. Valeriano Serra, Costwnbres religiosas en Folklore y cosluntbres de Espaiïa [Barcelona 1946] t.3 p.573). b) Sevilla por la Inmaculada La ciudad dei Betis, que se honra en ser concepcionista por excelencia, como lo demuestra el monumento que exhibe en una de sus mas hermosas plazas a la Inmaculada Concepciôn, la ciudad donde naderon y vivieron el P. Pineda, Miguel del Cid, Murillo y 80 44 t.A IN’MACVLADA COXCEPCIÔX. 8 DICIKMnRK Martinez Montaûés. atesora un sin fin de recuerdos y anécdotas de su fe y devociôn a la Purisima Virgen. Ella fué, sobre tode en cl siglo xvii, escenario de la sorda lucha entre “maculistas" c “inmaculistas". Conocido es, en efecto, el curioso incidente de 1616, en que el pueblo en masa se levanto a protestar centra un orador maculista, cantando a voz en grito las populares estrofas de Miguel del Cid. Y hasta hubo quien no teniendo un centime para honrar a la Madré de Dios y dcsagraviarla por aquella ofensa, se vendié como esclavo. Todo esto suscité en el prelado hispalense D. Pedro de Castro y en el clvro la idea de tnviar una comisiôn a Felipe III para que enviase una embajada a Roma, solicitando del Santo Padre que cerrase la boca a los maculistas. instituyese la fiesta de la Inmaculada y definiese el dogma. Esta embajada la compusieron un ilustre bé­ nédictine, general que fué de su Orden, Fr. Placido de los Santos; el arcediano de Carmona Vâzquez de Leca y el canénigo de Sevilla Bernardo del Toro. Llegados a los pies de Paulo V con el mensaje real, en nombre de Espana, se reunieron los Cardenales inquisidores y el Pontifice diô un breve cl 12 de septiembre de 1617, imponiendo silencio a los “maculistas”. 81 c) El primer pueblo que venerô a la Inmaculada El pueblo valenciano de Ontenicnte se precia de haber sido el primero, no solo de Espana, sino dei mundo, en haber honrado a la Virgen en el misterio de su Inmaculada Concepcion. Era el 8 de agosto de 1275. Ontcniente gemia bajo el yugo musulman. Quiso entonces el ejército aragonés libraria, y en su empuje arrollador le­ vanto sus tiendas de campana. Mandâbalo el capitân Pelayo Pérez Conca, gran Maestre de la Orden de Santiago, y acudié también en su auxilio el rey D. Jaime el Conquistador. Al dar vista a Ontenicnte aùn no habia salido la luna. Bajé de su caballo, se tendié sobre un lecho de musgo y descansé hasta el alba. Entonces organize su ejército y marcando su frente con la senal de la cruz e impetrando el poderoso valimiento de la Virgen Inmaculada, arremetié contra el enemigo. La batalla fué dura, pero a la postre la Inmaculada le dié la victoria. De aquel tiempo data la devociôn y culto a la Purisima, como lo atestigua la cruz parroquial, obra de orfebreria de 1392, destruida por la impiedad en 1936. La cruz ostentaba en uno de sus csmaltes la mistica y profunda oraciôn de Joaquin y Ana, padres de Maria, como preludio de la Inmaculada Concepcion. El amor de Onteniente a la Madré de Dios se puso de manifiesto en 1615 con la adquisicién de su primera imagen de la Inmaculada que costô, en équivalente de hoy, unas 4.0CO pesetas, sufragadas cntcnccs por los Jurados del pueblo. A impulsos del amor los hijos de Onteniente eligieron a la Purisima por Patrona el 29 de marzo de 1642, y anos después, el 23 de enero de 1745, consiguieron que el Romano Pontifice Bene­ dicto XIV la declarara Patrona canônica de la villa (cf. Fidel de Bolinaga, Las Virgeiies de Levante [Valencia 1949] p.263-268). SEC. 7. MISCEI.ANEA HISTÔRICA Y LÏTERARTA F) 45 El arte y las lelras El arte espanol esta llcno de homenajes a la Purisima, tanto en la pintlira como en la imaginerîa. Desde 1 s primitivos hasta el Si­ glo de Oro, en todas las escuclas, en todas las variedades estilîsticas, en todas las épocas. a) La IL *I il » imaginerîa Ya la escultura espanola del Renacimiento afronta el tema con belleza extraordinaria. Pero donde resplandece mâs es en los ciclos imagineras, vallisoletano, andaluz y murciano del periodo Barroco. En el primer grupo sobresalen la gallarda y bellisima Inmaculada que esculpe Juni para el retablo de Medina de Rioseco y que constituye “sin disputa la mâs afortunada versiôn del tema en el quinientos espanol, y anuncio feliz de las interpretaciones excelsas que babïa de lograr tal tema en el siglo xvn, y la que Gregorio Her­ nandez modela con simplicidad y candor para San Esteban de Sa­ lamanca. En el ciclo andaluz la representaciôn de la Inmaculada alcanza su mâximo triunfo en las gubias de Montanés y Alonso Cano. Del primero se conservan varias imâgenes prodigiosas, como las de la Iglesia de la Universidad y el Convento de Santa Clara, de Sevilla. Pero el lugar de honor corresponde a la Concepcion chica, joya de la imaginerîa de la Catedral, a la que el pueblo, por su actitud modesta, con los ojos bajos, llama familiarmente "la Cieguecita”. “Solo un silencio de revercncial admiraciôn, dice Jimenez Placer (cf. Historia del Arte espanol, t.2 [Labor, 1955] p.622), y la atenciôn ahincadamente fija en la pureza de la forma, libre de prejuidos valorativos, puede depararnos la entrevisiôn de este milagro de belleza formado sobre la plasmaciôn escultôrica de las mâs ex­ quisitas ponderaciones. Montanés ha subrayado genialmente las contrapuestas categorias de dignificaciôn humana que comportaba la huella terrenal del misterio. El valor representative de la imagen, de alcance casï teologal, habîa de armonizar la inocencia y la soberanîa, hacer patente la limpidez del hontanar del aima, pero a la vez entretejer su dulzura con el gravitar casi doloroso de la predestina­ tion... Entre las manos del escultor “iba remansando el prodigio de la forma exquisita, saturada de espîritu. Era tal como la sonara y qtiisiera el imaginero; hermosa, pura, dulcîsima, estremecida del do­ lor impreciso de la predestinaciôn. ensiniismada y abrumada de gracia, pero firme, serenîsima y seberana para recibir y contener el misterio”. De Alonso Cano, a partir de la Inmaculada de la parroquia de San Julian de Sevilla, desgraciadamente desaparecida, sobresale la de la catedral de Granada. “Del exquisito primor de la Inmaculada Nina—dice el autor citado (cf. ibid., p.643)—efluye el trémolo de un complejo espiritual inefable. El plcgado del manto, entre tela y nube, desrealiza la imagen, desvinculândola de su terrenal apoyatura, y asi surge como una flor el busto, en el que cl rostro de interna concentration espiritual, materializa el misterio, en su humana proyecciôn de pensativa melancolia.” Por ultimo, en el ciclo murciano descuella la Inmaculada de Sal- i· · î! 1 11 · 46 -A'.-.’/rr LA INMACULADA CONCEPCIÔN. 8 DICIEMDRE zillo, desgraciadamente desaparecida en los avatares de la Rcpùblica, pero cuya deliciosa figura se recuerda como una de las efigies mâs caracteristicas dei devoto imaginero levant ino, que en picno siglo xvin supo estar por su espiritu de fe y por la precision y gaîlardia de su arte al nivel de los grandes imagineros barrocos castellanos y andaluces. b) El '· T arte pictôrico La pintura espanola del Renacimiento nos ha dejado espléndidas joyas concepcionistas, entre las que descuellan las Inmaculadas de Juan de Juanes, tanto la que pintô para la Sacristia de Sot y Fe­ rrer, de Castellon de la Plana, como la que se admira hoy dia en la iglesia de los Jesuitas de Valencia. Pero donde el tema alcanza inmortal categoria es en la pintura hispana dei Siglo de Oro. Ya Francisco de Pacheco plasmo Inmacu­ ladas en que siguiô la linea de las efigies montaüesinas, y otro tan­ to habria que decir de otros pintores béticos, como Roclas. Pero el tema alcanza la cima de su esplendor en los pinceles del Espanoleto, de Zurbarân, de Valdés y de Murillo. Solo cabe en estas paginas un brevisimo recuerdo para la admi­ rable, soberenamente bella y emotiva Inmaculada de las Agustinas de Salamanca “impresionante y afortunada sintesis de grandilocuencia italiana e hispânica espiritualidad, que ha de estimarse como la obra mâs lograda de Ribera entre sus cuadros de glori ficaciôn y una de las obras capitales del arte concepcionista espaôol" (cL o.c., ibid., p.697).Sôlo cabe también una alusiôn a la Inmaculada nina de Zurbarân que se conserva en el Museo de Budapest y otra a la de Valdés Leal, que ostenta el Museo hispalense. El pintor de las Concepciones por excelencia es Murillo, que hizo del tema la creaciôn capital en su repertorio de imâgenes, fraguando con blancos de nieve, célicos azules y âureos fondos de gloria la unanime y diversa hermosura de la Concebida sin mancha. “De empaque verdaderamente monumental es la Hamada Concepcion grande, actualmente en el Museo de Sevilla, en la que Murillo da una nota de grandeza extenor poco frecuente en su obra”. Pero las mâs exquisitas son, de Inmaculadas mujeres, la de los Venerables o “del mariscal Soult”, hoy ya devuelta y en el Museo del Prado, lienzo cuya belleza in­ solita hay que reivindicar de innumeras y fementidas reproducciones; la tan emotiva de la Sala Capitular de Sevilla, y la que fué de Santa Maria la Blanca, el medio punto del Louvre; estas dos estimadas por Tormo y con plena justicia “como las de modelo mâs hechicero y humano”. De las Inmaculadas ninas se llevan la palma la dei Museo de Leningrado, de una gracia de actitud insu­ perable; y a la zaga de ella la dei Museo de Sevilla y la de “San îldefonso", del Prado” (cf. o.c., ibid., p.756). c) Las letras No es posible intentar aqui una sintesis de nuestra literature concepcionista. La Inmaculada llena las letras hispanas desde la época mâs remota, iluminando la pluma de nuestro s ascetas, la voz de SEC. 7. MISCET,ÂNEA HI9TÔRICA V I.ITERARTA 47 nuestros prcdicadorcs, la lira de nuestros vates y las galas del arte dramâtico, Desde Gonzalo de Bercco, pasando por el picaresco Arcipreste de Hita, que al hablar de la Madré de Dios dice: “Fror non tennida” (no manchada), continuando por Alfonso el Sabio y siguiendo por Jorge Manrique, por Valdivielso, por Gôngora, por Calderôn y por Lope de Vega..., i donde no reluce un loor, una trova, un elogio, una îmagen de la Pureza de Maria? Ya mâs arriba insertamos un pcqueiïo fragmento del famoso auto mariano La hidalgo dei valle, del mâs grande de nuestros dramaturges. Reduzeamos ahora la alusiôn literaria a algunas letrillas en las que el pueblo cspanol ha sintetizado diversos aspectos de la Inmaculada. Véase, en primer lugar, la popularizada expresiôn dei famoso “po­ tuit, decuit, ergo fecit”, de Duns Scoto: i iQuiso y no pudo?, ;no es Dios! iPudo y no quiso?, jno es Hijo! Digan, pues, que pudo y quiso. En los viejos conventos franciscancs solia siempre levantarse la imagen da la Inmaculada y a sus pies no faltaba nunca el escudo de la Orden. Debajo de este, en el que aparecian los dos brazos cru­ zados del Redentor y de San Francisco, se mostraba la siguiente leyenda: Es mi pureza escogida de estos brazos apoyada; por el uno preservada por el otro defendida. < » • I tr 1· '< * IB .11 •<’ i lt i i Como corolario de la idea, cantaba el pueblo aquella estrofa tan en boga en los tiempos en que la “opinion pia” aùn no era dogma : A la religion sagrada de San Francisco debemos que en alta voz te cantemos el blason de Inmaculada. ) Sevilla, por boca de su poeta Miguel del Cid, popularize» en el siglo xvii, cuando eran mâs duras las controversias en la lucha por la definition dogmâtica, la célébré copia: Todo el mundo en general, a voces, Reina escogida, diga que sois concebida sin pecado original. En muchos pueblos de Andalucia la famosa jaculatoria: “Ave Maria Purisima", se suele escribir asi en cancelas y azulejos: iJésus! y que niai harîa el que en esta casa entrara y por- olvido dejara de decir: jAve Maria! Como también quien, oida palabra tan celestial no respondiera puntual: jSin pecado concebidal r ·) 4 LA ÎNMACÜLADA CONCEPCION. S DICÎEMBRÊ! 48 En Sevilla, en fin, la metropoli de la devociôn concepcionista, rcsnena todos los anos por boca de sus nifios cantores y danzarines, en el âmbito majestuoso de la Catedral nuis grande de Espana, la deliciosa estrofa: Virgen pura, Iinnaeulada, nuis que el ampo de la nieve, que Irüuras con pie levé la cabeza del dragon; desde siglos, Tû lo sabes, jué la gloria de Sevilla, aclatnarie sin tnancilla en fu Ptira Concepcion. 85 VV I 1 I G) La Inmaculada en el Nuevo Mundo Espana, desde la primera hora, lie va al Nuevo Mundo la piadosa creencia. la devociôn y cl culto a la Inmaculada Concepcion. Con este glorioso nombre empicza por titularse la segunda de las islas que Colon descubre A la Virgen Inmaculada se consagra la prime­ ra diôcesis de America y con tan bella onomâstica se titulan multitud de ciudades y pueblos como Concepcion de Valparaiso, de Pa­ raguay, de Vcragua, de Salaya y de Maracaibo. Reciben el nombre hasta los rios. A ella se dedican los santuarios, como el de Lujân, el del Milagro, cl de Itati, el de Guadalupe..., las catedrales, como las de Buenos Aires, Honduras, Habana, Maracaibo, Meri­ da... y algunas Universidades, desde su tundaciôn, como la de Tucumân. Aunque la Virgen estaba ya declarada especial Patrona de las Indias, se obtiene posteriormente de la Santidad de Clemente XIII, en 1760, que dicho Patronato se propague bajo la advocaciôn es­ pecial de la Concepcion Inmaculada de Maria. Por esas fechas la devociôn se ha extendido ya por toda America del Centro y del Sur. As: lo proclama la Virgen de Izamal en el Yucatan, traida de Guatemala en 1558. y esculptda para satisfacer expresamente la de­ vociôn que los indios sienten por la Inmaculada. Asi lo acredita el pueblo de Gûicân, cuyas casitas se apoyan en la ladera de la majestuosa Sierra de Nevada de Cocuy, tn Colombia, fundado bajo el Patronato de la Concepcion en 1756. Es en los pueblos mâs lejanos y desconocidos donde el culto se afianza y surgen las mâs ejemplares anéedotas de las que bastarâ reproducer algunas. En la ciudad colombiana de Ocafia, en 1711, un modesto campcsino llamado Cristôbal Melo hizo cortar un ârbol en cl monte de Torcoroma para fabricar un dornajo. Comeozo a desbastarlo en compafiia de sus hijos Felipe y José. Pero al llegar al interior del palo sc produjo un vivo rcsplandor y a su luz vieron que alii, en el corazon del tronco, habia una imagen de la Virgen Santisima. La imagen apareciô grabada en la madcra misma del ârbol en relieve, con las manos juntas camo Concepcion. Los Melo la conservaron en su estancia hasta que mâs adelante fué Jlevada a la iglesia para darie culto publico. En Argentina hay un escudo comunal en que campea la imagen de la Inmaculada y, tanto los documentes civiles como los eclesiâsticos del lugar van sellados con la efigie de Nuestra Seriora. ZJtAfCZ * SEC 7. M1SC6LANEA HÎSTÔRICA Y MTERARIA - .* * *·^ *· /*1 9- . . 49 Se irata 1 :> Patrona y Abogada de Espana Bajo el reinado de Carlos III, se reunieron en Madrid las Cor­ tes el 17 de julio de 1760 para prestar juramento al rey. Don Die­ go de Rojas y Contreras, goibernador del Conscjo y présidente de las Cortes, pidiô—por ac’amacion de éstas—al monarca “que se dignase proclamar como Patrona y Abogada de estos reinos y de las Indias y demâs anejos e incorporados a ello^ a la soberana Seiiora en cl misterio de su Concepcion, solicitando bula del Sumo Pontifice con aprobaciôn y confirmation de este patronato y con el rezo y culto que le corresponde”. Anadiendo que “a esta peticiôn le mueve la gran piedad y fervor que en estos reinos hay y hubo siempre hacia le Reina de los angelcs”. El 31 de agosto salia para Roma la peticiôn y el 8 de noviembre estaba ya fechada la bula Quantum ornamenti, que es una gracia singularisima, como dice el monarca, otorgada a Espana, por la cual la Inmaculada es Patro­ na de estos reinos. Consecuencia de todo ello es que en nuestro pais y desde entonccs puede rezarse la misa Ugredimini y el oficio Sicut lilium, asi como la invocation que rezamos en la letania: Ma­ ter immaculata. I) El'monumento en Roma > M ‘3 Λ>>\· * III i:'·' x. : 87 V ■.tyi ; ·. Si ’ ! En el bellisimo rincôn romano de la plaza de Espana en Roma, frente a la Embajada de nuestro pais, se alzô en las visperas de la definition dogmatica en 1854 un pretioso monumento a la Inmaculada Concepcion. El gran papa que definio el dogma, Pio IX, hizo cl honor a Espana de acudir a nuestra Embajada, o sea a la propia tierra espafiola, para bendecir el monumento. Su Santidad lo bendijo, ante una multitud impresionante, desde el balcon dei edi­ ticio. Entonces dijo al embajador D. Alejandro Mon estas pala­ bras: “Tengo la mayor complacentia en venir a la Embajada de Su Majestad Catôlica, por haber sido siempre Espana la nation mâs devota de la Virgen y la que mâs fervoraso culto ha tributado siempre a la Inmaculada Conception”. Πί â ·: 1 J I ?.’< 4 J .1 : ‘ I Λ ' I M ■ Hi ’r I f v}. < M w ■ÂC· ·j « 34' *.?î Γ. « ϊ SECCION VIII. GUIONES HOMILETICOS La victoria de Cristo es Maria I. Preludio.—San Juan Uoraba al ver que nadie era capaz de abrir el libro cerrado con siete sellos. El Cordero se acercô a él y un ângel hablô a San Juan; No llores, mira que ;ya venciô el Leên de la tribu de Judâ (Apoc. 5,5). El libro era el de la salvaciôn dei mundo. El vencedor era Cristo. En la campana de nuestra salvaciôn hoy conmemoramos la mâs exquisita y definitiva de las victorias: la Inmaculada Concepcion de Maria. 89 II. Comenzô la lucha con la création y elevation del hombre. A. Satanés envidiaba un orden sobrenatural y un cielo que él habia perdido por su culpa. El bien es difusivo, el mal fes envidioso e imita la expansividad del bien, procurando perder a los demâs. B. El campo de la batalla fué el paraiso. Eva cayô y cayô Adân. a) Satanas Ιαηζό un grito de Victoria!" b) Habia entrado el pecado en el mundo, y con él sus consecuencias de la ira de Dios y la servidumbre de Satanâs. III. Pero victoria, ^contra quién? ^Contra Dios omnipotente? ^Contra Dios, que es amor? El amor omnipotente no puede ser vencido. “Cantad al Sefior cântico nuevo, porque ha obrado maravillas" maravillas'’ (Ps. 97,11). Maravilloso fué que, valiéndose de los medios totalmente contrarios a los empleados por el demonio, y por completo opuestos a lo que el mundo juzga vic­ toria. la reporto Él completamente. Con su obediencia y dolor contrarresta la desobediencia, soberbia y deseo de placer del hombre. Con sus manos clavadas destroza el decreto de conde- J SEC. R. GUIONES HOMILÉTICOS 51 naciôn emanado de la justicia divina y lo déjà sujeto cn la cruz. C. El pecado ha sido borrado. La ira de Dios ha desaparecido, y los que éramos hijos de la misma, somos hoy los hijos de la adopciôn. D. Ha vencido el Leon de ]udd. Miliares de miliares, que decian a grandes voces: Digno es el Cordero que ha sido degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduria, la fortaleza, el honor, la gloria y la bendicion (Apoc. 5,11-12). IV. Consideremos, sin embargo, mâs atenfamente la victoria 91 de Cristo. A. ^Ha sido definitiva? Si. El pecado se perdona, la muerte desaparece, puesto que muerte que no dura eternamente, no es muerte, sino sueno. Mas dentro de los planes de Dios entrô el que esta victoria se aplicara como por etapas. Que la lucha se reprodujera en cada uno de nosotros. Nacemos a la vida de Cristo, pero primero nacemos con el pecado, y el bautismo ha de reflejar la lucha vencedora del Senor. Nos hemos visto liberados de la condenaciôn y de la ira, pero no de la concupiscen­ da y de la enfermedad... iPor que ha sido asi? Dificil es querer interpretar los designios de Dios. Quizâ quiere que en nuestra lucha personal podamos apreciar mejor la suya. Pero el hecho cierto es que por lo menos durante algùn tiempo—hasta el perdôn del pecado original— somos los vencidos de Satanâs. V. Y pio querré Cristo reporter una victoria completa que 92 haga morder al demonio el polvo de su derrota totalmente? ^No escogerà un campo en donde su victoria sea decisive desde el primer momento? Lo escogiô y fué su Madré. A. Su Madré fué el campo de la victoria completa. Antes de que la naturaleza imprimiera su mancha, Cristo habia interpuesto su sangre. Maria no tuvo el pecado. B. Y, mostrando el aima inmaculada de su Madré, pudo Cristo lanzar el grito de su victoria a Satanâs: He aqui un aima a la que he aplicado instantâneamente el fruto de mi redenciôn. C. Como Ella es ahora, asi serân todos mis hijos en la gloria, cuando también ellos hayan bebido hasta Uenar sus fauces en mi sangre. h ; It ♦ HI) i I • Λ 5 LA INMACULADA CONCEPCION. S DICIEMBRE 93 VI. Por eso Maria es la gloria. A. De Dies victorioso en su amor. De los hombres, que vemos en Ella la imagen de nuestro manana. De la creaciôn, que ha visto una criatura sin mancha. 94 VIL Por eso. Maria Inmaculada es tambiên nuestro ejemplo. Somos cristianos, hombres asociados a la lucha de Cristo. Maria nos ensena cuâl es su Victoria. La limpicza de todo pecado. Cristo puso su parte en la batalla. Ahora nos corresponde a nosotros poner la nuestra para vemos limpios. 95 VIL Muestra que eres mi Madré, le decimos. Muestra que eres mi hijo, nos dira ella. De buenos hijos es parecerse a sus padres en sus virtudes. La virtud de la Inmaculada es la ausencia de culpa. Ha llenado de gozo al mundo 1 * Immaculata Conceptio tua gaudium anuntiavit in universo mundo: “Tu Inmaculada Concepcion ha llenado d'e gozo al mun­ do entero". 95 I. Maravilla de la creaciôn. A. Cuando, antes de crearse los mundos, desfilaron ante los ojos de la Santisima Trinidad los hombres posibles, se dctuvïeron amorosos ante una doncella. B. El Padre le dijo: Tù seras mi Hija; el Hijo: Tû se­ ras mi Madré, y el Espiritu Santo: Tu serâs mi Esposa. Para engalanarla recogieron las bellezas de todo lo creado, y maravilla de lo selecto fueron su aima y su cuerpo. Por la gracia la llenô, y cuando la reina estaba asi vestida, la Santisima Trinidad colocô so­ bre sus sienes una corona. En su centro decia: In­ maculada. 97 II. Tres triunfos. En eiccto, la Inmaculada Concepcion de Maria fué el âpice de las perfecciones y représente» el triunfo de Cristo, el de Nuestra Séfiora y el de la Iglesia. i I SEC. 8. GUIONES HOMTIJÊTICOS A. El trlunfo de Cristo. No nos acusen los protestantes de que desplazamos a Cristo por honrar con exceso a Maria. Las alabanzas de la Madré redundan y tienen como origen a su Hijo. El privilegio de la Inmaculada tiene como ûltimo fin honrar a Cristo. a) Elevamos tan alto a Maria para no rebajar a Cristo. :| Jesucristo es Dios hecho hombre, y, por tanto, tan esencial le es la dizdnidad como la humanidad. Maria, pues, intervient en la formation de Cristo, lo mismo que Dios. La sangre que corre por sus venas es de Maria, y, por lo tanto, no pucde ser impura su fuente si no ha de redundar su impureza en Cristo. La vergüenza de la Madré lo séria del Hijo, y la madré del vencedor no puede haber sido vencida. b) Defendemos el privilegio de la Inmaculada porque defendemos la divinidad de Cristo. Hoy no hay quien no lo reconozca como sabio, hombre probo y santo. Lo que no quieren es confesar: Tû eres el Hijo de Dios vivo. Nosotros, porque le confesamos Dios, tenemos que reconocer que s,u Madré es pura. De ser un hombre eminente no nos importaria admitir el pecado original de su Madré. ! ■ B. El triuafo de Maria. El concilio de Éfeso fué un concilio triunfal para Nuestra Seüora. Como afirma el Crisôstomo, no se pudo decir cosa mayor que llamarla Madré de Dios, porque, s'egûn él, Dios pudo crear cielos, soles y tierras mâs hermosos, pero no pudo hacer nada mejor que un Hombre-Dios y una mujer Madré de Dios. Sin embargo, con la maternidad divina solo, la grandeza de Maria seria incompleta. a) En efecto, Dios puede comunicar a una criatura un h? grado de dignidad y otro de gracia. b) El de dignidad de la Madré de Dios no puede ser ma­ yor. Esta dignidad le comunica lo mas parecido a la propiedad personal del Padre, que es la de engendrar a Dios. c) Pero en el orden de la gracia Maria séria igual a San Juan y otros, que fueron sanlificados en el seno ma­ terno. Inferior a nuestros primeras padres, que no conocieron el pecado, sino la gracia desde el primer ins­ tante. d) Asi, pues, cuando Pio IX dice: El que no confiese que Maria ha sido concebida sin pecado, sea anatematizado, no hacc otra cosa sino rematar con gloria la decision de Éfeso: El que no confiese que Maria es Madré de Dios sea anatem at izado. ;i:y y (H >■w 4 s II ; K r? T Λ · M * I i V à* » i K: LA IXMACVLADA C0NCEPC10N. 8 DÏCIEMURE 100 C. El triunfo de la Iglesia. î0 Z.u Iglesia considéra a Maria como a su Reina y a su Madré. b) Le tributa todos los honores y la créé llena de todas las virtudcs. c) Pero la Iglesia sobrenatural no lieue mus que una rasoii de ser: dcstruir el pecado y llenar las aimas de gracia. d) Por lo tanto, su mayor gloria sera admirar que .tu Reina no haya tenido januis pecado alguno y se haya zisto llena siempre de la gracia santificante. De no ser asi, siempre hubiera tenido que deplorar una mancha en su Senora» y siempre hubiera podido dccir que no habîa ccnseguido en nadie su fin total, la limpiesa y la santificaciôn. Obra de Dios 101 I. "Obra de Dios es esta, admirable a nuestros ojos” (Ps. 117,23). Las obras de Dios se caracterizan o porque solo É1 las puede ejecutar, o por su grandeza maravillosa. La Inrnaculada Concepcion es obra exclusiva de Dios, porque reûne ambas condiciones. Solo É1 la puede ejecutar, porque solo É1 puede perdonar o librar del pecado. Pero ademâs es obra suya, porque lleva impreso el sello de su admirable belleza. II. El misterio de la Inrnaculada es bello. Porque représenta la victoria del bien sobre el mal, porque es la perla de la inocencia y porque todo ello se lleva a cabo en el aima de una doncella. Pero sobre todo es bello porque représenta un mis­ terio de santidad. Es como un anuncio de la concepciôn de Cristo Nuestro Senor, y también, salvadas las distancias, pudo decirsele a Santa Ana: El hijo engendrado sera santo (Le. 1,35). 103 III. Segun Santo Tomàs, la santidad tiene dos aspectos: uno negativo y otro positivo. . A. El negativo consiste en separar del pecado, mal su- P* f SEC. 8. Gt HONES HOMILETICOS ■ r El positivo es acercarnos a Dios, Sumo Bien. El aspecto negativo es necesario, pero no hace sino rtmover impedimentos. El positivo constituye la verdadera pcrfeccion. C. Ahora bien, en el orden sobrenatural en que vivimos, ambos efectos son conseguidos por la gracia santificante, que borra el pecado y nos sobrenaturaliza y asemeja a Dios. B. IV. Cristo Nuestro Senor fué el Santo de los santos, el subs- 104 tancialmente Santo. A. No solo no tuvo, sino que no pudo tener pecado. B. Su union con Dios fué tan intima que las dos naturalezas, humana y divina, constituyeron una sola persona en lazo tan anudado que ni la misma muerte pudo desatar. V. En el misterio de la Inrnaculada se da en una pura cria- 105 tura la mayor santidad que puede darse. A. Tan alejada del pecado, que ni llega a contraer el original. B. Tan unida a Dios, que serâ su Madré. Habrâ un momento en el cual para su Hijo y para Ella solo habrâ un corazôn, que es el de la Madré, vivificadora de ambos seres. C. Y, sin embargo, esta union fisica es lo de menos, si se la, compara con la union de la gracia que recibiô al ser concebida. ‘ D. Desde ese momento fué la llena de gracia, y, por lo tanto, la llena de santidad, la llena de hermosura divina, que hace palidecer a todas las creadas. I VI. Misterio, pues, de admiraciôn. ^Lo sera también de imi- 106 taciôn? A. No podemos aspirar a que nuestra vida pasada sea inrnaculada. jNos hemos tenido qu£ limpiar tantas veces el lodo de nuestra aima! Pero podemos aspirar a la limpieza futura, a ese alejamiento del pecado que Santo Tomâs llama “pureza”. Y a la union con Dios, que proporciona la santidad. VII. Ahora bien, para ambas cosas se necesita la gracia. 107 A. Maria, la que estuvo llena de la misma, ha recibido el privilegio de ser quien la reparta. B. En dia tan festivo para ella como hoy, podemos pedirle, confiados, i quien tiene corazôn de Madré. I u LA INMACULADA CONCEPCION. 8 DICIEMBRE Ungida desde la eternidad 108 Dominus possedit me ab initio viarum suarum... Diôme Yahveh e! ser como principio de sus caminos. Desde la eterni­ dad fui ungida: desde los origenes, antes de que la tierra fuese (Prov. 8,22-23). Estas frases relativas a la Sabiduria han sido aplicadas por la Iglesia, y con toda razôn, a la Santisima Virgen. 109 I. La posesiôn es perfecta cuando reûne las siguientes con­ diciones: A. B. C. D. 110 Perpetua en su origen. Total. Pacifica. La posesiôn de la Santisima Virgen, por parte de Dios. reuniô las très. IL Posesiôn desde el primer momento. A. Antes de la constituciôn dei mundo. Antes de que los montes se afirmaran sobre sus bases y los cielos llovieran sus aguas, Dios pensô en Maria y la eligiô. a) Es natural pensar en la reina antes que en su palacio. El palacio es el mundo, la reina Maria. Del mismo modo que Dios primero pensô en Cristo y después en el mundo para que reinara sobre él, y del mismo modo que cuando forjaba a Adân pensaba en Cristo, asî al former cl mundo pensô en Maria. b) No copia el azul de los mares para reflejarlo en sus ojos, sino que de la profundidad de su mirada copié la del Océano. Después, cuando el hombre hubo pecado, no tuvo sino que separarla de la masa de condenaciôn y elegirla coma Inmaculada. B. Poseyôla desde el primer instante de su ser fisico, pues no permitiô que fuera, como nosotros, ni un solo momento hija de la ira y sierva del demonio. Por eso la Iglesia, reconociendo todos los titulos por los que Maria es poseida, le aplica el primero, este de la posesiôn antiquisima: Ab initio viarum suarum. ,*«■ ; •· SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 57 III. Posesiôn total. A. Su entendimiento. 111 a) Solo pensô en Dios. El entendimiento se somete por la fe, y Maria fué bienavenlurada parque creyô. b) Después de la fe, Dios le infundiô una altisima con­ templation. jCômo no iba a cstar sumida en la con­ templation de Dios la persona que estuvo mâs cerca de la union hipostâtica? .I Su voluntad. a) Correspondia a la lucides del entendimiento, y permaneciô unida a Dios con la nitides de la inocencia no perdida. b) Voluntad, que, al unirse a Dios, reuniô los dos amo­ res, el natura! de madré y el sobrenatural del amor a Dios. Pena da cot'ejarnos con nosotros, que llevamos a me­ dio restanar las heridas del pecado original y del personal con la inconstancia de nuevo querer y la frialdad de nuestra fe. IV. Posesiôn pacifica. A. No perturbé esta posesiôn el demonio, què nada tuvo que haber con Nuestra Senora. No la perturbo la concupiscenda, pues no existiô en ella. Contribuyô a esta posesiôn pacifica el cuidado vi­ gilante de Maria. Y no contribuyô menos Dios mismo, celoso de su Madré. V ■ Ml· ί’ ! t • ■ · 5 h ; ? r**--r-J»flwi»ir.iinii«'*fi< r vr -<’r >S · ki; > *r< · -- J’ - KV SECCION I. TEXTOS SAGRADOS I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus. — Sedulio: Salve Sancta parens, enixa puerpera regem: qui caelum terramque regit in saecula saeculorum... Ps. 41,2: Eructavit cor meum verbum bonum: dico ego opera mea regi. Gloria Patri... Introito.—Dios te salve, santa Madré, que engendraste al Rey que rige cielos y tierra en los siglos de los siglos. Ps.: Ernitio mi corazon una palabra buena; digo: Mis obras son para el Rey, mi Dios. Gloria al Padre... Oremus.—Famulis tuis, quae­ sumus, Domine, caelestis gra­ tiae munus impertire : ut quibus beatae Virginis partus exstitit salutis exordium: Nativitatis eius votiva solemnitas, pacis tribuat incrementum. Per Do­ minum... Oracion.—Suplicâmoste, Senor, concedas a tus siervos el don de la gracia celestial, a fin de que la fiesta de la Natividad de la Santisima Virgen Maria traiga aumento de paz a aquellos para quienes su parto fué el principio de la salvaciôn. Por nuestro Se­ nor. .. Grad.—Benedicta et venerabi­ lis es, Virgo Maria: quae sine tactu pudoris inventa es mater Salvatoris.—Virgo Dei Genitrix quem totus non capit orbis, in tua se clausit viscera factus homo. Gradual.—Bendita y venerable eres, Virgen Maria, pues sin menoscabo de tu integridad virginal te hallaste Madré del Salvador.— jOh Virgen, Madré de Diosl, el que no cabe en todo el orbe, hecho hombre, se encerrô en tu seno. Alleluia, alleluia. — Felix es, sacra Virgo Maria, et omni lau­ de dignissima: quia ex te ortus est sol iustitiae Christus, Deus noster. Alleluia.v Aleluya, aleluya.—Feliz y dig­ na de toda alabanza eres, joh sacratisima Virgen Maria!, porque de ti nacio el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios. Aleluya. Ofertorio. — Bienaventurada Offert.—Beata es, Virgo Ma­ ria, quae omnium portasti Crea­ eres, Virgen Maria, que llevaste torem: genuisti qui te fecit, et al Creador de todos; engendras­ in aeternum permanes Virgo. te al que te hizo y eternamente permaneces virgen. Secreta,—Socôrranos. Senor. Ia Secreta.—Unigeniti tui, Do­ mine, nobis succurrat humani­ humanidad de tu Unigenito, a fin tas: ut qui natus de Virgine, de que, ya que nacido de una 113 62 XAT rv I PAD DE NUESTRA SENQRA, 8 SEPTIEMBRE virgen, no niennô la integridad | de su Madré, sino que la hizo mâs santa, despojândonos de nues- ■ iras culpas en la fiesta de su Na­ tividad, hâgate aceptable nuestra oblaciôn Jesucristo nuestro Sefior. Que contigo vive y reina... matris integritatem non minuit sed sacravit; in Nativitatis eius solemniis, nostris piaculis exuens, oblationem nostram tibi faciat acceptam lesus Christus Dominus noster. Qui tecum vi­ vit... Praefat.—(El mismo de la Inmaculada.) Comunion. — Bienaventuradas las entrafbs de la Virgen Maria, que llevaron ai Hijo dei Etemo Padre. ! Communio. — Beata viscera j Mariae Virginis quae portave­ runt aeterni Patris Filium. Poscomuniôn. —Habiendo reci- I bido. Sefior, los sacramentos en ; esta festividad anual, haz que nos alcancen los remedios para la vi- j da temporal y la etema. Por j nuestro Sefior Jesucristo... j 114 Postcommunio. — Sumpsimus, Domine, celebritatis annuae vo­ tiva sacramenta, praesta, quae­ sumus, ut et temporalis vitae nobis remedia praebeant et ae­ ternae. Per Dominum... II. EPISTOLA (La misma lecciôn que en la fiesta de la Inmaculada,) 115 HL EVANGELIO (Mt. 1,1-16) 1 Liber generationis lesu 1 Genealogia de Jesucristo. hijo de David, hijo de Abraham. Christi filii David, filii Abra­ ham. 2 Abraham engendré a Isaac, 2 Abraham genuit Isaac. Isaac a Jacob, Jacob a Judâ y a Isaac autem genuit lacob, lacob sus hermanos. autem genuit ludam, et fratres eius. 3 Judâ engendrô a Fares y a 3 ludas autem genuit Pha­ Zara en Tamar; Fares engendrô res, et Zaram de Thamar. Pha­ a Esrom, Esrom a Aram. res autem genuit Bsrom. Es­ rom autem genuit Aram. 4 Aram a Aminadab. Amina4 Aram autem genuit Ami­ dab a Naasôn, Naasôn a Salmon. nadab. Aminadab autem genuit Naason. Naason autem genuit Salmon. 5 Salmon a Booz en R?hab; 5 Salmon autem genuit Booz Booz engendrô a Obed en Rut. de Rahab. Booz autem genuit Obed engendrô a Jesé, Jesé en­ Obed ex Ruth. Obed autem ge­ gendrô al rey David. nuit lesse. lesse autem genuit David regem. 6 David a Salomon en la mu6 David autem rex genuit jer de Urias. Salomonem ex ea quae fuit I Uriae. il SEC. 1. TEXTOS SAGRADOS i 63 •II· I ;k4 I tri 7 Salomon autem genuit Ro­ boam. Roboam autem genuit Abiam. Abiam autem genuit Asa. 8 Asa autem genuit losaphat. losaphat autem genuit lo­ ram. loram autem genuit Oziam. 9 Ozias autem genuit loatam. loatham autem genuit Achaz. Achaz autem genuit Ezechiam. 10 Ezechias autem genuit Manassen. Manasses autem ge­ nuit Amon. Amon autem genuit losiam. 11 losias autem genuit lechoniam, et fratres eius in transmigratione Babylonis. 12 Et post transmigrationem Babylonis: lechonias genuit Salathiel. Salathiel autem genuit Zorobabel. 13 Zorobabel autem genuit Abiud. Abiud autem genuit Eliacim. Eliacim autem genuit Azor. 14Azor autem genuit Sa­ doc. Sadoc autem genuit Achim. Achim autem genuit Eliud. 15 Eliud autem genuit Elea­ zar. Eleazar autem genuit Matham. Matham autem genuit la­ cob. 16 lacob autem genuit Jo­ seph virum Mariae, de qua na­ tus est lesus, qui vocatur Christus. 7 Salomôn engendrô a Roboam, Roboam a Abias, Ablas a Asa. i ! 8 Asa a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozias, 9 Ozias a Joatân, Joatân a Acaz, Acaz a Ezequias, 1 10 Ezequias a Manasés, Manasés a Amôn, Amon a Josias, 11 Josias a Jeconias y a sus hermanos en la época de la cautividad de Babilonia. 12 Después de la cautividad de Babilonia Jeconias engendrô a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, 13 Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliacim, Eliacim a Azor, Γ4 Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, 15 Eliud a Eleazar, Eleazar a Matân, Matân a Jacob. 16 Y Jacob engendrô a José, el esposo de Maria, de la cual nacio Jesus, llamado Cristo. . A SECCION II. COMENTARIOS GENERALES GENEALOGIA Y LUGAR DEL NACIMIENTO 116 Pocos datos nos otrece el Evangelio sobre lo que nuestra devo­ ta curiosidad gustaria saber acerca de la Santisima Virgen. Las genealogias de San Matco y de San Lucas se refiercn a San José y no a Ella. Solo una cosa sabemos, y es la de que pertenecia a la familia de David, y aun esto porque las profecias y el Nuevo Tes­ tamento nos presentan siempre a Cristo como el Hijo, el descendiente de David. No parece que esta filiaciôn pueda sostenerse relacionandola ùnicamcnte con la aparcnte paternidad de San José, sino que se hacc necesario entroncar de modo natural a Jésus con aquel rey tan unido al mesianismo, tanto mâs cuanto que las afirmaciones son catcgôricas. Xaciô, segùn la carne, del linaje de David, nos dice dos veces San Pablo (Rom. 1,3-2; Rom. 2,8), cl que, aparté de la inspiraciôn de sus libros, como maestro que era de San Lucas, no podia por menas de cstar muy al tanto de la virginidad de la San­ tisima Virgen. 117 B) Los padres En cuanto a sus padres inmediatos y al lugar del nacimiento, bien poco es de lo que pcdemos estâr seguros. Una remctisima tra­ diciôn nos habia de San Joaquin y Santa Ana, naturales o residen­ tes en Séforis. la actual Seffuriyé, a siete kilometres de Nazaret, y que. trasladados después a Jenisalén, obtienen a fuerza de ruegos una hija, ya en su ancianidad. Pcro por desgracia esta tradiciôn arranca del apôcrifo Protoevangclio de Santiago el Menor, libro que, aparecido hacia fines dei siglo π. es harto novelesco, siquiera obtuviese gran di fusion en la Ig’.esia Oriental. El poco crédito que se le concède hoy, êquiere decir que ninguna de sus noticias merezea fe? Es dificil asegurarlo, pero por otra parte, ëcômo distinguir lo cierto de lo imaginario, si nos faltan datos? Confesemos que, cn realidad. no nos hacen falta. Respetuosos con la tradiciôn, que ticne ciertamente un gran valor, y mâs res­ petuosos y prudentes tedavia cuando hablemos al pueblo sencillo, êqué falta nos hace conocer el nombre de los padres de Maria? Que fueron santos hay que ponerlo fuera de duda. Santos sus primos Zacarias e Isabel, santo su sobrino, San Juan, <fBRE to, y todas sus festividades estan relacionadas de algûn modo con Él. De la de hoy podemos decir que Cristo comienza a nacer. No es un pensamicnto nuevo, pues el lector puede encontrarlo en los trozos de San Juan Damasceno, que traeremos después a colaciôn. 121 B) Maria, aurora de la Redenciôn Maria es la aurora de la Redenciôn. Como a tal debieron saludarla los ângeles en su cuna, y como a madré del Rcdentor la saludamos nosotros. Pero quisiéramos Uamar la atenciôn sobre un punto especial. Tertuliano nos dice que Dios labraba con carino el barro de Adân, porque cuando limus exprimebatur, Christus cogitabatur homo fu­ turus, ya pensaba en Cristo, que habia de nacer de ese barro. Sabemes, en efecto, como la escuela franciscana, en opinion hoy muy comûn, sostiene que el fin de la humanidad fué preparar la yenida de Cristo; pero, aunque prescindamos de esta hermosa doctrina, la realidad es que Dios supo al forjar el mundo que tendria que venir a encarnarse en él. Por lo tanto, desde la creaciôn Dios fué en sucesivas opcraciones labrando el barro del que habia de nacer Cristo. iCon qué carino no daria el ùltimo toque al formar a su Madré? Es un adagio latino el de que filii matrisant, los hijos se parecen a sus madrés. La expcriencia lo demuestra en la mayoria de los casos, y en especial en el de Jesûs, que no conociô padre humano. Es muy verosimil que hasta en lo fisico llevase los rasgos de Maria. Y êqué no decir en lo espiritual? Jesûs, pues, en cuanto hombre debiô ser la imagen de Maria, como lo era en cuanto Dios dei Pa­ dre. Celebramos, pues, hoy la fiesta no solo del nacimiento de Ma­ ria, sino de la apariciôn anticipada de Jesûs. J 122 t·? . · *. · - C) Santidad inicial Celebramos también la santidad inicial de esta Senora. Es doc­ trina corriente la de que tuvo mâs gracia que criatura alguna, y que la tuvo antes de nacer. Lo de que la tuvîera desde el primer momento de su concepciôn es lôgico, si sabemos que la gracia no es sino la manifestaciôn externa y el efecto creado del amor de Dios hacia una criaturx Si desde el principio amô a Maria como a Madré, es necesario que como a su Madré la Henara de gracia. i No habia de decir, mâs tarde, que verdaderamente bienaventurados eran aquellos que oian la palabra de Dios, esto es, los justos? Puen queriendo, como queria, a su Ma­ dré, necesario era que la justificara. Santo Tornas expone un principio universalmcnte admitido y na­ tural por otra parte: Dios concede a cada uno la gracia proporcionada a su misiôn (cf. Summa Theol, 3 q.27 a.5). Grande es la de los sacerdotes, mâs debiô ser la de los apôstoles; pero icuâl no le se­ ria necesarîa a la Madré de Dios para cumplir su misiôn? Saludamos, pues, hoy a la aurora de la gracia que se abre al mundo, dispuesta a crecer como el sol, cuando amanece, hasta llegar SEC. 2. CO.MENTARfOS GENERALES 67 al mediodia. Porque hoy comienzan las ascensiones de Maria. Es doctrina piadosamente admitida en la teologia la de que Maria Santisinia gozô de uso de razon desde su primer momento. Dejemos de averiguar cual seria este, y meditcmoslo hoy, dia de su natividad gloriosa. Ahora bien, este conocimiento lo ordenô siempre a mereccr, porque la gracia de Maria era capaz de aumento. Un alma puede ser siempre ensanchada por Dios para que en ella quepa mâs y mâs. Y Maria aprovechô esta capacidad obediencial para irla 11enando con su cooperaciôn y amor. III. ALEGRIA MARIANA Esta puede y debe ser la sintesis de la festividad de hoy. Gozo de la Santisima Trinidad viendo nacida esta Nina, por medio de la cual pensaba obrar taies maravillas; gozo de los ângeles, que saludarian a su Reina. “De aqui tengo que sacar otro motivo de gozo espiritual, ponderando que asi como el nacimiento de la Virgen causô alegria en el mundo, porque era senal de la venida del Salva­ dor a redimirle, asi también, cuando la devociôn de la Virgen nace en un aima, causa en ella un gran gozo, porque es prenda de que vendra Dios a ella y la salvarâ” (cf. La PtJENTE, p.2.“ med. 4). Nacemos muchas veces a la gracia al nacer en nosotros la de­ vociôn a Maria. <>Pero nos asemejamos a Ella en nuestro continuo crecimiento? Motivos tenemos, puesto que también somos cristôforos, templos vivos de Dios, cuya santidad nos eleva, pero de la que debemos mostrarnos dignos en la humilde medida de nuestra pequefiez. 123 SECCIOX III. SANTOS PADRES I. SAN JUAN DAMASCENO Procuraremos confeccionar un guiôn nuestro ut’.lizandc las ideas de dos sermones de San Juan Damasceno, el predicadqr mariano. I/imentamos no pcxler transcribir, por no tenor otra utilidad que la literaria, su maenifico lirismq, que ocupa la mayor parte de ambos discursos (cf. Senn. in Nativitate B. Μ. V. p.96.618ss). Alegria de la fiesta A) Llamada Venid, hombres de todo linaje, a celebrar la fiesta del nacimiento de la Madre de Dios y corredentora de la humanidad. Si se festeja la del natalicio de los hombres, icômo no celebraremos la de esta mujer que trocô en alegria la tristeza causada por nuestra madre Eva? A Eva se le dijo: Tu marido te dominara (Gen. 3,16). A Maria: El Serior es contigo (Le. 1,28). Por su mediaciôn elevô Dios la naturaleza humana, lazo entre lo visible e invi­ sible, al grado mâs alto, al divino (cf. Serm. 1,1). B ) Ofrenda ’ r 1' iQuién no traerà don’es a esta Nina? Trâiganle los jovenes su integridad, los casados su castidad, los que mandan su mansedumbre y justicia, los sacerdotes su santidad. jAlegraos, jovencitas, porque ha nacido la Virgen! jRegocijaos, madrés, porque lo sera también! jGôzate, David, porque es de tu propia sangre esta Reina del mundo entero! jY tû, Isaias, principe de los profetas, porque se ha cumplido tu vaticinio: Brotarà una vara del tronco de ]ese! (Is. 11,1) (cE. Serm. 2). II. A) Grandezas de Maria Maria, mundo nuero para Dios Alégrese el cielo. lloved. nubes, la justicia; âbrase la tierra y produzca el fruto de la salvaciôn (Is. 45.8), porque se ha sec. 3, paprks. damasc exo 69 manifestado el nuevo templo de Dios. /No llena Dios los cielos y la tierra? /No es aquél su trono y esta su escabel? Sin embargo, Maria es el templo vivo que lo encierra. Queriendo Dios fabricar habitaciôn digna del hombre, creô este mundo tan bello. El pecado lo despojô de todo, y llegô cl hombre a adorar a muchos dioses en vez de al ûnico monarca dei universo. ‘‘La misericordia de Dios, para no reducir a la nada al hombre, fabrica otra tierra, cielo y mar nuevos, en los que, para reformar con amoroso consejo al género hu­ mano, cupiese el que no cabe en parte alguna.” Este nuevo mundo es Maria. Es un cielo del que sale el Sol de justicia; una tierra que florece la espiga de su vida inmaculada y de su sangre; un mar que alumbra la perla preciosa de nuestra salvaciôn. El universo es admirable, pues fué creado entre las aclamadones de los astros matutinos y los aplausos^ de los ângeles (lob 38,7). Sin embargo, ni el cielo ni las estiellas carecen de nubes. Solo Maria es irreprensible y solo Ella mereciô ser tâlamo de Dios (cf. Serm. 2). B ) Escala viva Maria es una escala viva que une la tierra y el cielo y por la que baja Dios para conversar tranquilamente con los hombres. Fabricôla el fuerte brazo dei Altisimo. "Dios Padre, por medio del Espiritu Santo, establece con Ella pactos admirables, enviando su omnipotente virtud para producir a su Hijo.'' Solo por la fe podremos entender como el que engendro desde la eternidad al Hijo, realiza la segunda generaciôn en las entranas de Maria (cf. Serm. 1). C) Puerta preciosa de Oriente Puerta por la que entra y sale el glorioso pastor y puerta por la que entran también las ovejas cuando escuchan el silbo amoroso de Cristo. Concha que guarda la preciosa perla, el Senor, y que le suministra a ella manto de purpura que, velando su naturaleza divina, facilite el camino a los cautivos (cf. Serm. 1). D) Compendio de milagros Cuântos milagros, ph Nina!, se verifican en ti y de cuântas alianzas eres objeto. Fruto de la virginidad, fusion de lo humano y lo divino, de lo pasible. de la vida y la muerte. Y todo ; 1? " ‘ H h esto, ioh Dios!, ha sido hecho para mi remedio... Por lo cual reboso de alegria y me glorio y salto de entusiasmo para cantar el saludable natalicio de Maria” (cf. Serm. 1). “Ê1 era alimentado a los peclios de la Madrc como los hom­ bres, como Dios le daba vida a ella" (cf. Serm. 2). IIL A) 126 Madre dei Redentor Hoy comienza a obrarse la redenciôn "Hoy ha comenzado a operarse la redenciôn del mundo... En aquella casita nos ha nacido la Madre de Dios, de la cual ha de salir el Cordero que borra los pecados del mundo.” “Hoy el Verbo divino da a luz un nuevo libro salido del co­ razon del Padre y escrito por el Espiritu Santo” (cf. Serm. 1). B) La nueva Eva “Nueva Eva, que vienes al mundo para enmendar la culpa de la primera.” Eva nos trajo la muerte, Maria la inmortalidad (cf. Serm. 1). La serpiente engana a la una, el angel turba a la otra, pero le dice la verdad. La una escucha la sentencia, la otra el perdon (cf. Serm. 2). C) Fmlo de la demenda divina Contraria contrariis curantur. No puede decirse, en cam­ bio, que los contrarios nazean de sus contrarios, pero por lo menos hay que reconocer que toda cosa manifiesta mâs su propia naturaleza enfrente de algo que le sea contrario. O me­ jor dicho, las cosas contrarias se manifiestan mejor por el con­ traste. La bondad de Dios brilla mâs junto a nuestros pecados. Ubi abundavit delictum superabundavit gratia (Rom. 5,20). El pecado del hombre, la maldad del pueblo judio, la co­ rruption dei mundo, “hicieron preciso el nacimiento de una Virgen bendita, contraria a todos sus antepasados, que, unida a Dios con vinculos de esposa, abriera las puertas de la divina clementia” (cf. Serm. 1). IL SAN PEDRO DAMIANO Enérgico santo del siglo xi. y de cuyos sermones sobre la Nati­ vidad de Nuestra Scüora extractamos el segundo. omitiendo las excesivas alegorias del primero. ■\* < SUC. 3. SS. PADRES. S. PEDRO DAMÏANO 114 2 S 71 Dia deseado desde la eternidad h H ·. îllnU I ■ 127 · ■ ■ 11 i 1 1 A) La redenciôn I < a) Dios omnipotente previô, antes de que el hombre existicra, su caida, y decidiô antes de los siglos el consejo de la humana redenciôn. Y no solo decreto la redenciôn, sino el modo de la misma. Decidiô, pues, encarnarse en Maria. b) Hoy es el dia en que Dios comienza a poner en prâctica su plan eterno, pues era preciso que se labrara la casa antes de que bajara el Rey a hospedarse. c) Casa hermosa, pues si la Sabiduria se edificô una casa de siete labradas columnas, este palacio de Maria se apoya sobre los siete dones del Espiritu Santo. I’ il» h >h { »Λ î · Ï f X f * t t i f Ÿ c : J; h < £> J t I < ft ; r ? B) I tl Maria, templo de Dios I I ·ί a) Célébré Salomon de un modo solemnisimo la inaugu­ ration de un templo de piedra. iCômo no celebraremos el de Maria, templo de Dios encarnado? b) En aquel dia la gloria de Dios descendiô sobre el tem­ plo de Jerusalén en forma de nube, que lo oscureciô. Ha dicho Yahveh que habitaria en la oscuridad, hablô Salomôn en su oraciôn a Dios (3 Reg. 8,10-12). Este nuevo templo se verâ Ileno por el mismo Dios, que viene para ser luz de las gentes. A las tinieblas de la gentilidad y falta de fe judïa, presididas por el templo de Salomôn, sucede el dia esplendoroso en el templo de Maria. cj Justo es, pues, cantar este dia y a la que nace en él. Pero icômo celebrarlo dignamente? Podemos explicar las hazanas de un mârtir o las virtudes de un santo, porque son humanas. Pero ^cômo podrâ la palabra mortal y pasajera ensalzar a la que diô de si la Palabra que permanece? iCômo decir que el Creador nace de la criatura? Π. Maria nos proporciona el pan eucaristico A) "Considera cuân deudores somos de esta beatisima Madre de Dios." B) La fe catôlica profesa que nosotros comemos y bebemos el cuerpo y sangre del Senor. Pues bien, ese cuerpo y sangre son los mismos que formô Nuestra S'enora. C) El Senor dijo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirâ para siempre (Io. 6,51). Todo encomio es indigno de la que nos diô el pan de nuestras aimas. ': · ii I »|H1 'ih 1 Hl J t 128 Ml NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. S SEPTIE.MBRE 129 III. Nos proporciona el sacrificio redentor A) Cayô el hombre. Dios eligiô un pueblo para préparât su venida y le diô una ley y unos sacrificios. Pero estos sacrificios eran ineficaces. Ni los sacerdotes, pecadores ellos tam­ bién, podian santificar al pueblo, ni las victimas poseian valor alguno a los ojos de Dios. B) Fué menester un nuevo sacerdote inmaculado, pero de nuestro linaje. Maria nos lo proporciona. C) Pero falta aûn la victima. Maria le ofrenda el cuerpo, y asi este nuevo y eterno Sacerdote, al entrât en el mundo, gracias a Maria, podrâ decir: No quisiste sacrificios ni oblaciones. pero me has proporcionado un cuerpo...; enfonces yo dije: He aqui que vengo para hacer tu voluntad (Hebr. 10,5). 130 IV. Imitai! a Jesûs, como lo hizo Maria A) Habéis visto el camino de nuestra redenciôn; veamos el de la salvaciôn. Consiste en imitar a Cristo. Se entregô a la muerte por nosotros. Mortifiquémonos también en nuestra voluptuosidad. Su cruz nos abriô un camino. Cristo padeciô por nosotros y nos dejô un ejemplo para que sigamos sus pasos (1 Petr. 2,21). Padezcamos con Êl para con Él ser glorificados (Rom. 8,18). B) Ejemplo de ello nos da la Santisima Virgen. Profetizada, espléndida en su nacimiento, visitada por un ângel, “si no hubiera seguido la humildad de Cristo, nunca hubiese llegado a la excelsitud de Cristo; si hubiera quebrantado los mandamientos. no habria conseguido los premios prometidos”. Sabémoslo bien, porque cuando una mujer entusiasmada la bendijo, el Senor contesté): Antes bien, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan (Le. 11,28), y en otra ocasiôn. en que le anunciaron que allî estaba su Madré, extendiendo su mano sobre los discipulos dijo: He aqui mi ma­ dré y mis hermanos, porque quienquiera que hiciere la volun­ tad de mi Padre, que esta en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madré (Mt. 12,49). Lo que ha nacido de la carne es carne, y lo que nace del espiritu es espïritu. Por lo tanto, el parentesco de la gracia es mâs estrecho que el de la came y la sangre. Ese parentesco es el que màs ennobleciô a Maria. Nosotros podemos disfrutar de él, con tal de que vivamos como Ella. C) Por ûltimo, si sufrimos, miremos el pobre nacimiento y vida de Nuestra Seüora. I SECCION IV. TEOLOGOS I. SAN ALBERTO MAGNO Las alegorias que el santo présenta en este su primer sermon putden ser fâcilmcnte suprimidas o acomodadas al gusto actual por tl lector. Por eso no las évitâmes. Très alivios que proporciona Maria 131 La Iglesia acomoda a Maria las frases que pronuncia la Sabiduria: Yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza (Eccli. 24,24). En efecto, antes del nacimiento de Maria, el estado de pe­ cado y postraciôn de la humanidad necesitaba de très alivios que le presto Nuestra Sefiora. II. Primer alivio: carroza que nos lleva A) Las cuatro ruedas El carro que ofrece la Santisima Virgen tiene aquellas cua­ tro ruedas del amor hermoso, el temor, la ciencia y la esperanza santa. "La caridad nos ordena a Dios y al prôjimo. El temor vi­ gila la fe y los preceptos divinos; la fe es la tendencia de la razôn para conocer las cosas invisibles y tener de ellas santo deseo. Finalmente, la esperanza es la expectaciôn de la dicha futura.” Sin estas cuatro virtudes es imposible nuestra salvaciôn. B) El ejercicio de las virtudes Maria, Medianera de la gracia, nos facilita con esta el ejer­ cicio de taies virtudes. a) Maria facilita el amor, puesto que nada mas fâcil que amar a la madré. No solo al amarla a Ella amamos a Cristo con quien esta unida, sino que Ella misma, si nos olvidamos . · 9 I 132 *5* NATIVIDAD DK NUESTRA SENORA. 8 SEPTIEMBRE 74 de su Hijo. endcreza nuestro amor mariano hacia su debido término final. Lo harà porque nos ama a nosotros y porque ama a su Hijo, y quiere que se vean juntos estos dos amores. b) Maria nos facilita el temor filial. ^Quién no temerâ ofender a nuestra Madré? Cuanto mâs se aprecia un bien, mâs se terne perderlo. Este amor nos harâ celosos guardadores de la fe y de los preceptos, con cuya infracciôn pudiêramos perder nuestro bien. c) Maria facilita la fe. A toda madré le gusta que su hijo sea conocido y admirado. d) Maria es el âneora de nuestra esperanza, pues jamâs se ha oido decir que ninguno de los que han acudido a Ella haya sido abandonado. C) La carrosa del demonio Afiade que también el demonio ofrece otra carroza con sus cuatro ruedas. a) La DE LA LUJURIA Suave como la miel y el aceite, pero su [in es mâs amargo que el ajenjo, punzante como espada de dos filos (Prov. 5,3). b) La disoluciôn mundana. Pero el hombre habrâ de dar cuenta de todo el tiempo que haya perdido en vida disoluta. c) La voluntaria ceguera del entendimiento "Hasta tai punto obcecados, que ni ven con los ojos del alma la amarga pasiôn del Senor, ni sienten su clementisima paciencia, ni piensan en la severisima dificultad de su juicio y castigos, ni perciben la alegria del reino celestial.” d) La FALSA ESPERANZA Y LA DESESPERAC1ÔN De la primera dice el Espiritu Santo: Aun del pecado expiado no vivas sin temor y no anadas pecados a pecados. Y no 1 digas: Grande es su misericordia. Él perdonarâ mis machos pecados. Porque aunque es misericordioso. también castiga (Ecrit 5.5-7). 133 III. Segundo alivio: camino que nos guia A) En medio de nuestro viaje, Maria nos muestra el ca­ mino. Jesûs dijo: Ego sum via (lo. 14,6). Site. 4. TEÔLOGOS. S. ALBERTO MAGNO 75 B) A Maria se le apllca: Te ensefîo el camino de la sabiduria y te encamino por el recto sendero. Asi. cuando anduvieres. no se enredaràn tus pasos (Prov. 4.11). En mi estâ toda la gracia dei camino y de la verdad (Eccli. 24,25). “Yo llevé, nos dice, en mi seno a Aquel por el que se obtiene toda la gra­ cia y la verdad en el camino.” C) Camino que reûne varias condiciones: a) Fâcil Los caminos de Satanâs son aparentemente mucho mâs fâciles, pero una vez que se le ha servido se siente la amargura de sus cadenas. Maria los hace sencillos con su ejemplo, su amor y su gra­ cia. "Al principio quizâ te parezean dificiles, pero con el tiem­ po te acostumbrarâs y dejarân de serlo; un poco mâs y no los sentiras; continua todavia y te serân placenteros.” b) Recto Condujo al justo por caminos rectos y le mostrô el reino de Dios (Sap. 10,10). Maria nos ensena con su ejemplo y la doctrina de su Hijo el camino.recto. La senda de los justos es como luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno dia (Prov. 4,18). Hasta el momento fen que, cerrando los ojos car­ nales, ven directamente la claridad de Dios. En cambio, el ca­ mino del impio es tiniebla y no ve dônde tropieza (Prov. 4,19). c) Hermoso y pacifico Los caminos del pecador estân manchados de fealdad y de culpa, expuestos de continuo al asalto del enemigo. Los cami­ nos de Maria, limpios y santos, defendidos por Ella misma. IV. Tercer alivio: nos clevuelve la herencia “Por lo mismo que somos desterrados, tenemos necesidad de ser restituidos por mediaciôn de la Reina a la patria celes­ tial. Por esta causa Maria nos invita hoy a pasar de la concu­ piscenda de este mundo a la bienaventuranza diciéndonos: LIenaos de los bienes de Cristo”. Herencia sin incomodidades ni mudanzas. “Rogad, hermanos mios, al Senor qufe seamos conducidos en el vehiculo de las virtudes, en la carroza de Maria, y atravesando por los caminos de la verdad, tomemos posesiôn, siendo Ella nuestra dueûa y senora, de la eterna dicha. Amén. ;ι Κλ Và : •'“H 76 NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEPTIEMBRE II. SAN BUENAVENTURA Su secundo y terccr sermon, que extractamos sciçuiclamcnte, no esiàn destinados de un modo particular a ser predîcados en este dia, pero estân nauy de acuerdo con el tono que hemos dado a la présente fiesta, a saber, saiudar la santidad de Maria que nace. Saludo a Maria 135 Antigua es la costumbre “de saiudar a las personas que queremos. Tambiên el ângel enviado por Dios a la Virgen... la saluda al entrar en su morada. Y en esta salutaciôn anuncia dos cosas: el afecto que la profesa y la abundancia de dones de esta Senora. Lo primero, saludàndola reverentc; lo segundo, llamândola llena de gracia.. La saluda diciéndole Ave y da a conocer la plenitud de dones con las palabras gratia plena Repitamos hoy que la vemos entrar en este mundo el mismo saludo. 136 II. Maria, la criatura perfecta sobre todas A) Lo perfecto no admite adiciôn alguna. No se puede llamar perfecto a una cosa a la cual puede anadirse algo. ^Podrâ serlo una casa cuando le falta algo por ser construido? B) Las obras de Dios son perfectas; luego dentro de su especie tienen todo cuanto deben tener, y ni se les puede quitar ni aûadir nada. pues cambiarian de especie. Dios puso a sus criaturas una medida. y si la llenan, son perfectas en su orden. C) "La naturaleza racional es la màs perfecta de todas, porque dice orden a la bienaventuranza y porque todas las demâs fueron hechas para servirla." D) "Pero es de advertir que en cualquier género es pré­ cise que se distingan los individuos que lo forman, porque si todos fuesen iguales, no tendrian razen de ser. Si todos los astros y planetas tuvieran las mismas cualidades que el sol, no existiria el magnifico orden de las estrellas, la luna, etc. Si todos los hombres fuesen reyes, no existirian vasallos. o si todos fuesen iguales, no habria reyes. “Si todos los ôrganos del cuerpo fueran iguales, el cuerpo humano no gozaria de su pcrfecciôn actual, en la que cada uno cumple con su oficio." "Asi, es natural que se distingan entre si los individuos del género humano y que en ellos haya diversos grados, no solaniente en el orden de la naturaleza. sino en el de la gracia, de SEC. 4. TEOLOGOS, S. BUENAVENTURA 77 14 I modo que residan en alguno todos los que poseen los demâs.” E) "Siendo, pues, la Reina del mundo la persona mâs notable de la naturaleza humana, justo es que residan en Ella todos los dones de Dios que fueron distribuidos por partes entre las demâs criaturas. Asi... a todos los santos les fué dada la gracia en parte; a Maria en toda su plenitud...; y hubo en Ella tanta gracia y sabiduria, que no se puede concebir ma­ yor en criatura que no esté unida a la divinidad.” "iQué mâs pudo recibir la criatura que tener a Dios por Hijo que le estaba sujeto?.. No sé qué admirar mâs, si la benignisima dignaciôn del Hijo o la excelsa dignidad de la Ma­ dré... Que Dios obedezea a una mujer, es humildad sin ejemplo; que una mujer mande en Dios, es alteza sin igual.” Por eso los ângeles alaban a Maria, sentada en el trono de Dios. Con razôn, pues, la saludamos diciéndola gratia plena. III. A) 1 I ·. 11 I Cuatro gracias de Maria Estuvo llena de la gracia preveniente Trâtase de la gracia que, adelantândose a su animaciôn, la preservô del pecado original. En esto no podemos imitarla, pero si considerar que el que conservô tan limpia a su Madré, desea habitaciones lo mâs limpias posibles. Templo que no baya de decirnos que hemos convertido en cueva de ladrones lo que Él queria que fuese casa de oraciôn. B) 4 Estuvo llena de la gracia fecundante ♦ V La maternidad divina. “îHay algo mâs glorioso? jCuân cer­ ea estâs de Dios, que familiar le eres y cuânta gracia hallaste en su presencia! Tù permaneces en Él, y Él permanece en ti. Él es vestido por ti y tù eres vestida por Él. Tu le vistes con tu carne y Él te viste con su gloria.” Tampoco en este don podemos imitarla, pero si bendecirla e invocarla. . ‘ · . ·· C) Estuvo llena de la gracia decorativa Tota pulchra es... "Bellisima de rostro, purisima en los sentidos y santisima en el alma... Nada encontrarâs de virtud, de bdleza, de candor, ni de gloria que no lo encuentres en Ma­ ria... Tan bella era su vida, que del mismo modo que el imâq atrae al hierro, Ella atrajo al Verbo divino.” T, JJ II* * ’ ; i A* ►vàsfiae; ■ NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEPTIEMBRE “Aun cuando no podamos igualarla, debemos imitarla. Debemos trabajar para conscguir la castidad de aima y cuerpo, la docilidad de pensamicnto, amar a Dios y al prôjimo, paciencia en las adversidades y perseverancia.” “El que quiera que le ayude la Virgen, debe imitarla. Mas hay muchos que, como animales inmundos, prefieren el cieno a los lugares floridos." D) Estuvo Uena de la gracia de la consumacion “La gloria es el término de la gracia, o. en otras palabras, la gracia consumada... Del modo que supero a todos en gracia, asi los supera en gloria." Para conseguirla y vencer la tentaciôn acudamos a Maria. “Siendo Ella Madré de misericordia y no teniendo parte alguna en la justicia, nada puede negar a quien se lo pida. Segûn San Bernardo, rogada por el pecador, ensefia a su Hijo su seno, este ensena al Padre sus llagas, y el Padre, viendo tantas insignias de caridad, no puede por menos de accéder... Acudamos. pues, al trono de la gracia.” *7Cuânto no podrâ compadecerse la Madré de la omnipotencia? ^Por que terne la fragilidad humana acudir a Maria?" (cf. Serm. 1). 138 IV. La plenitud total Hay très clases de plenitud: A) Plenitud de sujiciencîa a) “No es otra cosa sino la gracia necesaria para la sal- J.· vaciôn, y es comûn a todos los hombres... Mas no todos la poseen en el mismo grado... Como no hay salvaciôn sin ella, debemos estudiamos para ver si la disfrutamos o no.” b) Las seüales son: firmeza en las tribulaciones y tentaciones. estimar mâs les dones interiores que los exteriores, aprovechamiento de los favores divinos, ausencia de la murmuraciôn, etc. c) Un vacio no puede llenarse con una cosa de menor volumen que su capacidad. El corazôn del hombre es infinito en sus aspiraciones. Si no lo llenamos con el infinito que es Dios, siempre quedarâ un vacio. y del mismo modo que el aire busca los vacios para llenarlos, asi la lascivia, soberbia, etc., Uenarân los que quedaron en nuestro corazôn. sec. 4, B) TEÔI.OGOS. S. BUENAVENTURA 79 Plenitud de supereminenda Por ella se sobresale entre todos, y ya hemos dicho anteriormente que Maria superexcede a todo lo creado. "No podemos imitarla, pero debemos trabajar para adquirir la parte que podamos, para no présentâmes ante Dios va­ dos de bienes espirituales." C) Plenitud de redundanda Tener la gracia en tal grado que se la derrame sobre cuantos son capaces de recibirla. Esta plenitud la tuvo, en primer lugar, Cristo. “Sin embar­ go, puede impetratoria y meritoriamente apropiârsele a Maria, pues es comparada a la luna, porque su luz es reflejada del sol. Lo mismo hace la raiz enviando savia a todas las ramas del ârbol... Asi dice San Bernardo: Reciban todos su plenitud: el enfermo la salud, el cautivo el rescate, el triste el consuelo, el pecador indulgencia, el ângel alegria, gloria la Santisima Tri­ nidad, y carne humana la persona del Hijo” (cf. Serm. 2). I l SECCION V. AUTORES VARIOS * I I. SANTO TOMAS DE VILLANUEVA Damns en forma de guiôn el tercer sermon sobre la Natividad de Maria (cf BAC. Obras de Santo Tomas de Villanueva [Madrid 19521 vers, de Fr. Santos Santamarta, O. S. A., p.201-2121. I. 139 Predestinada de Dios Ab aeterno ordinata sum (Prov. 8,23). Estas palabras no parecen encerrar ninguna alabanza especial para Maria, puesto que son aplicables a todas las criaturas. Cierto. Pero la pre­ destination. si bien es para todos igualmcnte eterna, hay, en cambio, grandes diferencias de dignidad. Dios eligiô a Maria predestinândola para Madre de Dios y para AbogacH de los hombres. Es, pues, la primera en dignidad. Π. 140 Predestinada para Madre de Dios A) a) v* w Diferencias La elecciôn entre la elecciôn divina y la humana 1. Segùn Aristoteles (cf. Eth. 3.2), la elecciôn humana procede de la prudentia y reflexion. Es una elecciôn premeditada en la que el entendimiento debe atenerse a réglas preexistentes. La elecciôn divina, razonable siempre, es en si misma ley. lustificata in semetipsa (Ps. 18,10). 2. La élection humana se basa en las cualidades del élegido. Dios, en cambio, capacita al que elige. 3. Siguese de aqui la falibilidad de nuestras elecciones y la infalibilidad de las de Dios. 4. Por idéntico motive las nuestras son mudables y las divinas no. b) Gracias y dignidad Considerando todo esto y sabiendo que Maria fué predes­ tinada para ser Madre de Dios, podremos colegir cuâles se- SEC. 5. AUTORES VARIOS. VH.I.ANUEVA ! ililllll 81 rian sus gracias y dignidad. Enmudezca la lengua ante tal asunto. Por eso, la Sagrada Escritura, que escribe un libro sobre los hechos de los apôstoles, nos dice, en cambio, tan poco de Ella. Créé haber hecho bastante esculpiendo aquella frase: De qua natus est lesits. Era la Madre de Jesûs. Con eso basta. 5 Pt î B) La realizaciôn Consideremos una doble realizaciôn de los efectos de la maternidad divina: a) Los hijos suelen parecerse a los padres, de quienes heredan condiciones fisicas y morales. Jesûs no tuvo por qué romper esta norma, tanto mâs cuanto que solo podia heredar de su Madre. Su rostro, pues, su voz y sobre todo sus virtudes eran como las de Maria. Humilde Ella como Él, mansos ambos, etc. b) Pero, a su vez, se diô otro fenômeno. Los santos imitan a Jesûs. Nadie lo imitô tan a la perfecciôn como Maria. Maria es, por ende, el boceto de Cristo. c) Dicho esto, no nos esforcemos en describir las virtudes de esta Sefiora. iCuâles no serian, si Jesûs las habia de here­ dar? îCômo no imitaria Ella las de quien era una reproducciôn fisica suya? Ella es de Jesûs y Jesûs es suyo. Λ I 5 !1 I î ·■ '41? i î n ΠΙ. Protectora de la humanidad < 141 f i ·Λ ·<■'-' .· 1 >·> A) I Unico asilo « WRRR 1 He aqui lo que nos acaba de nacer. Aparece como la aurora cuando se levanta, hermosa como la luna, selecta como el sol. jOh Virgen!, con vuestro nacimiento habéis iluminado al mun­ do, regocijado a los cielos y espantado al infierno; habéis devuelto la salud a los enfermes y la salvaciôn a los pecadores. Decidnos, sabios, decidnos, cielos: îquién es esta que nade? Tû, rey David, anûncianos quién es esta tu hija. Sera el cielo en la tierra, contesta; el [ruto de su seno sobrepasarâ el Libano [Ps, 71,16). Y tû, Isaias, dinos algo. El profeta responde: Habrâ protection sobre toda gloria..., refugio y abvigo contra el turbiôn y el aguacero (Is. 4,5). Esto es, serâ la guardiana de los justos y el refugio de los pecadores. Eso sois, Seriora, en las lluvias y turbiones de la desgracia; luere enfennedad, guerra o hambre, recurrimos a ti como a unico asilo. Como polluelos nos acogemos bajo tus alas. « ■ 3? 4 ri-*' ' * Ai/ \· 82 NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEPTIKMBRE En los peligros de la Iglesia B) Considera los peligros que envuelven a la Iglesia. Los tur­ eos, después de haber dominado todo el Oriente, amenazan el centro de Europa. Esperan el momento preciso para invadir Italia y dominar la Santa Sede. Sin embargo, sabemos que, aun cuando Satanés intente cribar a Pedro como si fuera trigo, las puertas del infiemo no han de prevalecer. C) Abogada ante Jesucristo Mas es necesario que acudamos a Maria. Abogado tenemos ante el Padre: Jesucristo (1 lo. 2,1). Pero necesitamos también un abogado que intercéda por nosotros ante Èl, porque nuestros pecados no ofenden ùnicamente al Padre, sino también al Hijo, cuya sangre pisotean. Como el Hijo interpela por nos­ otros ante el Padre, Maria lo hace ante el Hijo. El uno le muestra sus heridas, la otra su seno. Inocente, unida a Cristo y los hombres, llena de amor hacia ambos, Maria tiene todas las condiciones necesarias para ser nuestra poderosa defensora. Π. SAN FRANCISCO DE SALES a todos. •2H Sermon dedicado a religiosas, pero acomodable Maria viene a ser el modelo universal 142 A) Se ha asociado a Jesucristo “Casiano dice que el fundamento de la vida espiritual es la perfecta abnegaciôn de todas las voluntades. San Agustin, refiriéndose a los que consagran su vida a Dios, los compara a un ejército de soldados que, bajo las ôrdenes de Jesûs, marcha a pelear contra el mundo, la came y ellos mismos. Pero si Jesucristo es nuestro jefe, se ha asociado a Virgen Maria, que es tambiés nuestro guia y modelo, y sobre todo de las personas de su sexo.” B) i Modelo de todos "Ha estado sujeta a sus padres para dar a los hijos lecciones de respeto, sumisiôn y obediencia. a) Sec. 5. AUTORES VARIOS. SAN F. DE SALES 83 b) Consagrada a Dios a los tres anos, para ensenar a los padres como debcn educar a sus hijos en el temor y respeto de Dios. c) Ha pcrmanecido en el templo, para servir de modelo a las religiosas. d) Casada, para str ejemplo de esposas, viudas..." II. Modelo de religiosas Pero con razôn se dice que ha sido modelo de religiosas, porque les ha dado ejemplo de abnegaciôn venciendo al mun­ do, a la carne y a si misma. A) Renuncia al mundo a) Es muy dificil, porque nos unen a él los afectos y la2os naturales. Muchos creen haberlo hecho, pero siguen apegados a sus vanidades. No basta apartarse materialmente de él: hay que separar el corazôn. b) Los ângeles nos pueden testimoniar que las perfecciones de Maria superan las suyas. Maria, sin embargo, se siente humilde y aparece como otra cualquiera. c) Maria cjisfrutô dei uso de razôn desde su primer ins­ tante, pero lo ocultô al mundo. B) Renuncia a la carne a) Es mâs dificil, porque nos acompana siempre y trata de enganarnos. San Pablo es testigo. Para la continua mortifi­ cation se necesita alentarnos con el ejemplo de Cristo. b) Basta considerar a Maria dotada de uso de razôn y sujeta a todas las privaciones de la infancia para comprobar su mortificaciôn, iniciada en los primeros anos. C) Renuncia al propio yo a) ‘Renunciar a si mismo, esto es, a su propio juicio, a su propio espiritu y a su propia voluntad, es lo mâs dificil e importante. Cuesta mucho... renunciar sinceramente a las cosas que son buenas y que creémos mejores que las que nos ordenan y sujetarse en todo a la voluntad de otro. Los ejerdtios de esta renuncia deben ser continuos, y serân tanto mâs meritorios cuanto con mâs fervor los practiquemos. De este modo podremos decir con San Pablo (Gal. 2,29): Yo vivo. pero no soy yo, es Jesucristo quien vive en mi." NATIVIDAD DE NVESTRA SF.NORA. 8 SF.PTIEMBRE 84 "La Santisima Virgen hizo cxcelentemente esta renuncia el dia de su Natividad, no sirviéndose para nada de su Ubertad, aun cuando tenia uso de razon.” “Desde ese momento y a todo lo largo de su vida no vemos mâs que una completa renuncia a su propia voluntad, renuncia que llega a culminât aceptando la muette de su Hijo en una cruz.” c) “En esta cruz es donde el Sefior cumpliô con el mayor acto de abnegaciôn que jamâs ha sido visto. Al pie de la cruz han aprendido los santos la prâctica de sus renuncias. Sigamos a Maria al pie de la cruz. para aprenderlo nosotros tam­ bién.” b) III. BOSSUET Los très clones de Maria (Cf. primer sermon, ed. Firmin Didot, t3 p.164 ss.) A) Maria es esbozo de Dios Antes de un cuadro se pinta un boceto, y antes de construit, se dibuja el edificio. Dios pensaba en una obra tal que al realizarla habria de hacer temblar la tierra, los cielos y los mares (Ag. 2,7). Era la obra que los profetas llamaban opus tuum: Cristo. Antes de entregarse a ella. también fué dibujando bocetos. El mundo, la ley antigua, su sacerdocio, fueron, en frase repetida, rudimenta Christi. Pero cuando se aCércô el momento, hizo un ensayo con toda delicadeza, y ese ensayo fué Maria. b) Tertuliano (cf. De resurr. cam. 6) nos invita a que nos maravillemos ante Dios entregado a modelar cuidadosamente el hombre. îPor que? Porque “cuando modelaba el barro, pensaba en el hombre futuro, Cristo”. Si tal hizo con Adân, iqué no haria con Maria? c) Por eso, yo le aplico a Maria la frase del Apôstol: Paso la noche y ya se acerca el dia (Rom. 13,12). Aun cuando el sol no haya amanecido, vemos ya la aurora mariana. d) En efecto, Jesûs hubo de ser inocente, para podernos purificar de nuestros delitos; lleno de gracia, para enriquecernos, y abrasado en amor, para entregarse a nuestra curaciôn. Estes son los rayos que le convierten en sol de mediodia, pero que convierten a Maria en bellisima aurora. a) B) Maria, aurora de la inocencia de Cristo Tanto asombran las delicias de Cristo con los pecadorcs reconciliados, que nos entran deseos de repetir; ;Oh feliz a) I SEC. 5. AUTORES VARIOS, BOSSUET 85 culpa! Sin embargo, la inocencia ts mâs apreciada, y el mismo Cristo fué inocente por completo para poder set nuestro Pon­ tifice (Hebr. 7,26). b) Se aprecian mâs la salud y el buen tiempo después de la cnfermedad y la tormenta, pero no por eso son mejores. Dios mima mâs al recién converso, pero ama mâs a sus anti­ quos y fieles amigos. Cristo, en cuanto Dios, prefiere la ino­ cencia, pero asumiô también los sentimientos del hombre, y por eso se conmueve mâs con la oveja que retorna. c) Pero si Dios ama con predilecciôn a la inocencia, Ja encontrarâ en la tierra? ^No encontrarâ en toda la tierra un aima que pueda guardarse para si? Ved lo que hace. Nos esti­ ma a pesar de ser pecadores. Busca pecadores para que nos conviertan. Un Pedro infiel, el primer papa, Mateo publicano sera evangelista, Pablo perseguidor, apôstol. Los ha escogido para nosotros, pero se reserva a Maria para Él. Yo soy su Hijo y Ella es mi Madré, dice. Nosotros formâmes un mundo aparté. Para mi mi Madré, la inocente. Para el mundo lo ùtil, para Él lo agradable. C) Maria, aurora de la plenitud de gracia a) Me ha sido fâcil hablar de la inocencia, pues solo se trata de negar el pecado. Pero icômo abismarse en ese mar de gracias y dones? Para entender algo de él, conviene dejar sentado todo un principio, a saber: que todas las gracias fluyen de nuestra union con Cristo. O admirabile commercium!, que un Dios viniera a trocar todas nuestras miserias, que se lleva para Él, por sus riquezas, que nos d’eja a nosotros. Fuente infinita de bienes. Al contemplarla dice San Pablo que es imposible nos faite nada, pues si el Padre nos diô a su Hijo, iqué nos podrâ negar? ^Cômo no nos ha de dar con Él todas las cosas? b) Pues si Jesus enriquece dado como Salvador, iqué no harâ cuando se da como Hijo a una Madré que no solo lo concibe carnalmente, sino que primer© lo ha hecho nacer dentro de si por la fe? c) Jesûs no se da corporalmente a nadie—sean de ello testigos nuestros altares—sino para provocar una union espiritual. Los que comulgan mal “cometen violencia contra el cuerpo y sangre de Cristo", que desea perfeccionar espiritualmente su union (cf. San Cipriano, De lapsis). Podemos, pues, imaginar cual serâ la union espiritual habida entre Jesûs y su Madré. 146 86 ?.. NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEPTEMBRE Maria, aurora de la caridad para con los pecadores D) El ângel pide a Maria su consentimiento para la encarnaciôn. El mundo, suspenso, espera su respuesta. Dios ha­ bia decretado que la salvaciôn se verificase a través de Maria. Pero este decreto continûa, y cuanta gracia recibamos sera por su mediaciôn. b) En efecto, los principales movimientos de la gracia son très: la vocaciôn, la fe y la perseverancia. Ya en el mis­ mo Evangelio Maria interviene en todos ellos (cf. Tcrcer Ser­ mon de la Inmaculada. cn que desarrolla esta tercera parte). a) Grandeza y amor de Maria (Cf. segundo sermon, ibid·, p.172 ss.) A) Exordio Cuando nace la Santisima Virgen, preguntémonos, como los padres del Bautista: îQuién pensais que podrâ ser este niâo? Yo os contestaré: Es aquella de qua natus est lesus. De ella nos vendrâ la bendiciôn: Ella es la criatura mâs querida de Dios y la mâs liberal para con los hombres. b) Para que pueda atraemos los bénéficies del cielo es necesario que su grandeza la acerque a Dios, aunque su amor la aproxime a nosotros. Veâmoslo. a) I 1 ■ 149 B) Maria, am ad a de Dios como por un hijo Nuestro modo de concebir se imagina, y con razôn, a Dios como encerrando en el abismo de su unidad todas las perfecciones posibles. Pero es necesario que de ese abismo infinito se escurran algunos arroyuelos, porque de otro modo el mundo se hubiera quedado en la nada. îQuién les ha franqueado la salida? El amor. b) Todo el que da algo, lo hace, o por necesidad, obligado por otro superior, como acontece al sol, al que Dios puso esta ley, o por interés propio, como el négociante, o por bondad y amor, como los padres. Dios solo puede dar en esta tercera forma. c) Donde mejor se ve esto es en la Encarnacion. Jesûs sabe que ha sido enviado por amor al mundo y se lo dice a Nicodemo. Sic Deus dilexit mundum (lo. 3,16). Amô Dios al mundo desde la creaciôn, pero sin llegar a esos transportes. a) SEC. 5. AUTORES VARIOS. BOSSUET 87 r/ Por eso, Cristo arde también en amor, puesto que no hace sino lo que ve hacer a su Padre (lo. 5,19). d) Si, pues, Jesûs nos ama asi, jcômo no amarâ a su Ma­ dre? Ademâs, este su amor filial es una consecuencia de la economia de la Encarnaciôn, en la que, por un admirable comercio, Dios asumiô todas nuestras flaquezas, excepciôn hecha del pecado, para comunicarnos sus bienes. Si recibiô nuestras flaquezas, jno recibiria también ese amor tan natural y santo de los hijos a sus madrés? e) Mâs aûn: no tuvo ni siquiera que esperar su concep­ ciôn para amarla, pues desde el principio del mundo la consi­ dero como tai. f) También nosotros podemos participar de algûn modo de esa dignidad materna y del consiguiente amor filial de Cristo, puesto que É1 dijo que todos cuantos cumplieran sus mandatos serian su padre, sus hermanos y su madre (Mt. 12,50). Incluso Maria es nuestra. San Pablo lo dice refiriéndose a cuanto encierra la ley nueva: Omnia enim vestra sunt (1 Cor. 3,22). C) a) Hay una fecundidad por naturaleza y otra por caridad. Cuando se engendra un hijo, se verifica la primera; cuando se adopta, la segunda. Por eso se dice que la caridad es madré (cf. San Agustin, In Ep. Ioan.). b) Esta doble fecundidad existe en Dios, que tiene su Hijo natural, el Verbo, y sus hijos adoptivos, nosotros. Maria, a su vez, tiene como Hijo natural a Cristo, y como hijos de su amor y de adopciôn a los pecadores, a cuyo nacimiento a la justicia coopéra. I I 1 Maria ama a los pecadores como madre 13 i ij >1 I 150 SECCION VI. TEXTOS PONTIFICIOS Tres alegorias sobre la belleza de la λ irgen Insertamos aqui una selecciôn de los textos mas bellos del radiomensaje que dirigiô Pio XII a la Acciôn Catôlica itahana en la apertura del Aiio Mariano, 8 de diciembre de 19o3 (cf. BAC, Doctrina Pontificia, t.IV, Documentas mananos, cd. prep. por el Γ. Hilario Marin, S. I. (Madrid 1954] p.733 ss). 'Pulchra ut Zmhct’ 151 4 “Ante todo, queridos hijos e hijas, mirad a Maria, “hermosa como la luna” pulchra ut luna. Es esta una manera de expresar su excelsa belleza. iQué bella debe de ser una cara angelical, el encanto de la sonrisa de un ηίήο, la fascinaciôn de una mirada pura! Ciertamcnte en el rostro de su propia Madré, Dios ha recogido to­ dos los resplandores de su arte divino. ; La mirada de Maria! J La sonrisa de Maria! i La dulzura de Maria! j La majestad de Maria, Reina del cielo y de la tierra! Como brilla la luna en el cielo oscuro, asi la hermosura de Maria se distingue sobre todas las hermosuras, que parecen sombras junto a Ella. Maria es la mâs bella de todas las criaturas. Vosotros sabéis, queridos hijos e hijas, que fâcilmcnte una belleza humana, que es como la sombra de una flor, arrastra y exalta a un corazôn gentil; pues êqué cosas no haria este trente a la belleza de Maria si pudiese contemplarla cara a cara? Asi la vio el Alighieri en el Paraiso (cant.31 v.130-135), en medio de mâs de mil ângeles festives, reir a una belicza que era aleyria en los ojos de todos los demâs ângeles: i Maria! No es solo la belleza natural la que se refleja en aquel rostro. Dios ha revestido su aima con la plenitud de sus riquezas por un milagro de su omnipctencia y ha hecho pasar a la mirada de Maria algo de su dignidad sobrehumana y divina. Un rayo de la belleza de Dios brilla en los ojos de su Madré. êNo creéis que el rostro de Jésus, aquel rostro al que adoran los ângeles, deberia reprodu­ cer de algûn modo los pcrfiles dei rostro de Maria, ya que el ros­ tro de todo hijo refleja los ojos de la madré? Pulchra ut luna. iQué feliz el que pueda verte. Madré del Senor; el que pueda recrearse ante ti ! iOjalâ pudiéramos, joh Maria!, pcrmanecer contigo en tu casa para servirte siempre!" (cf. o.c., n.865 p.733-734). B) "Electa ut sol” • “Pero la Iglesia no compara a Maria tan solo a la luna; sirviéndose de la Sagrada Escritura (Cant. 6,10), pasa a una imagen mâs intensa y esclarecida: jTù eres, i oh Maria!, electa ut sol: elegida como el sol! ■ »■> - aj X w i I I I · ) ,. SEC. 6. 89 TEXTOS PONT I rl CIOS $ Tiene la luz del sol una gran diferencia con la de la luna: es luz que calienta y vivifica. Brilla la luna sobre los grandes glacia­ res del Polo, pero el glaciar pcrmanecc compacto e infecundo, como ptrnianccen las tinieblas y perdura cl hielo en las noches lunares del invierno. La luz de la luna no tienc calor, no lleva la vida. Fuente de luz y de calor y de vida es cl sol. Ahora bien, Maria, que tiene la belleza de la luna, brilla también como el sol e irradia un calor vivificante. Hablando de Ella, hablandole a Ella, no olvidemos que es verdadera Madré nuestra, porque a través de Ella hemos recibido la vida divina. Ella nos diô a Jésus, y con Jésus la fuente misma de la gracia. Maria es medianera y distribuidora de las gracias. Electa ut sol. Bajo la luz y el calor del sol florecen sobre la tierra y dan su fruto las plantas; bajo cl influjo y la ayuda de este sol que es Maria, fructifican en las aimas los buenos pensamientos. Quizâ, ya en este momento, estais inundados dei oncanto que mana de la Virgen Inmaculada, Madré de la divina gracia, medianera de las gracias, por ser Reina del mundo, j Oh si pudiésemos tener la voz de San Bernardo, que no se cansaba de alabar, de cantar, de admirar y de saltar de gozo delantc del trono de la Virgen ! j Oh si pudiésemos tener la lengua de los ângeles para poder decir la be­ lleza, la grandeza de su reino! Volved a recorrer, queridos hijos e hijas, la historia de vuestra vida. éNo veis un tejido de gracias de Dios? Entonces podréis pen­ sât: En estas gracias ha entrado Maria. Las flores han despuntado y los frntos han madurado en mi vida gracias al calor de esta Seüora, elegida como el sol. iHabéis rezado esta manana? La gracia que os ha invitado a un acto de tan exquisita piedad ha sido quizâ una gracia que llega a vuestra aima a través de la intervention de Maria, por la luz de aquel sol del cielo que es Maria. ; Espérais conseguir un dia el paraiso mediante la gracia de la perseverancia hasta el ultimo ins­ tante de la vida? (jTenéis confianza de morir en gracia de Dios? También esta gracia vendra a vosotros, devotos de Maria, a través de su sonrisa, como un rayo de aquel sol” (cf. ibid., n.866 p.734736). C) “Acies ordinata’ if 153 “Pero hay otra imagen, que toma la Iglesia de la Sagrada Escritura para aplicarla a la \zirgen. Maria es bella en si misma como la luna, da luz a su contorno como el sol ; pero contra el enemigo es fuerte, es terrible como un ejército ordenado en la batalla: Acies ordinata. En este dia de alcgria y jùbilo, Dios sabe cômo querriamos poder olvidar la aspereza de los tiempos que atravesamos. Pero son taies los peligros que pesan sobre el género humano, que Nos no ikbemos césar jamâs de lanzar, por decirlo asi, nuestro grito de alerta. Hay un enemigo que empuja a las puertas de la Iglesia, que amenaza a las aimas. Y he aqui otro aspecto—presentisimo—de su iuerza en el combate. Ya, desptiés de la misma caida de Adân, el primer anuncio de Maria, segûn la interpretation de no pocos Santos Padres y Doc- ><: 90 NATIVIDAD DE NUESTRA SEÎÎORA. 8 SEPTEMBRE tores, nos habla de enemistadcs entre Ella y la serpiente, enemiga de Dios y del hombre. Lo mismo que le es escncial el ser fiel a Dios, le es también el ser vencedora del demonio. Sin mancha al* guna, ha conculcado Maria la cabeza de la serpiente, tentadora y corruptora. Cuando sc acerca Maria, huye el demonio, lo mismo que desaparecen las tinieblas cuando despunta el sol. Donde esta Maria, no esta Satanas; donde esta el sol no esta el poder de las tinieblas” (cf. o.c., ibid., n.867 p.736-737). 154 D) Aplicacion “iQueridos hijos e hijas de la Acciôn Catôlica italiana! (Oh si estos très pregones de Maria se convirtiesen en luces vuestras! i Si las très imâgenes de la Escritura se aplicasen rcalmente a cada uno de vosotros y a toda la Asociaciôn ! Querriamos antes que nada que, como hijos e hijas de Maria, procuraseis reproducer en vuestra aima su bellcza sobrehumana. Tcned, pues, a imitaciôn de Ella, una union perpetua con Jesûs. Que Jésus esté con vosotros y que vosotros estéis con É1 hasta la fu­ sion de vuestra vida con la suya. Que los esplendores de la fe estén en vuestra mente, y que, como Ella, veais, juzguéis y razonéis segun Dios. Que vuestro corazôn aspire lo mâs posible a la integridad de su corazôn, que nada ha dividido con otros y ha conservado para Dios todo su calor, sus latidos y su vida. Con la vision espiritual, con los ardores del corazôn, cultivad la entrega absoluta a Dios. Como hijos e hijas de Maria, llevad en las facciones de vues­ tra aima el parecido de la Madre del cielo. Haced pasar, a través de un mundo sepultado y en las tinieblas y cubierto de fango, haces de luz y el perfume de una pureza incontaminada. Querriamos, en segundo lugar, que fueseis como el sol, que calienta y vivifica. Que el calor de vuestro amor caliente a las per­ sonas y las cosas que os rodean. Haced notar en cualquier sitio vuestra presencia por el fervor de vuestra caridad. El demonio ha invadido la tierra con el odio; haced que reviva prepotente el amor. Muchos son malos todavia porque no han sido aùn lo bastante amados. Vivificad todo cuanto caiga bajo el influjo de vuestros rayos. Esto es, sed, como Maria y con Maria, instrumentas de vida de las aimas que mueren hoy de frio y de hambre, y que podrian tornar a la casa paterna si vuestras palabras las moviesen y las arrastrase vuestro ejemplo. Aplicad, finalmente, a vosotros la tercera imagen de Maria: sed fuertes contra el enemigo. No se trata aqui tan solo del progrcso espiritual de cada uno de vosotros, sino de vuestra colaboraciôn para el bien de las aimas. Toda la Acciôn Catôlica, que en cada uno de sus miembros debe ser bella como la luna y vivificante como el sol, sepa ser, frente al enemigo, fuerte como un ejército en orden de batalla. Y he aqui cômo nuestra familiar reunion torna casi el aspecto de una Hamada a filas del principal entre los grupos seglares del gran ejército catôlico de Italia" (cf. o.c., ibid., n.868 p.737739). SECCION VII. MISCE LANE A HISTORICA V LITERARIA I. CIRCUNSTANCIAS DE LA NATIVIDAD A) Fecha 155 La tradiciôn ha supuesto que, al concebir la Virgen a su santisimo Hijo, tenia quince anos de edad y, por consiguiente, hacia el 22 antes de Cristo, ya que se supone en el ano 6 antes de nuestra era el nacimiento del Senor. Por lo que se refiere al mes, la tradiciôn eclesiâstica situa la natividad en el 8 de septiembre, es decir, nueve tneses justos despues de la conception. Ya en el Chronicon Pascha­ li, del siglo vu, se dice: “Mensis Septembris VIII, feria II, indictio­ ne XV, nata est Domina nostra Dei genitrix ex loachim et Anna”. B) Lugar » · J I II 156 VI El lugar del nacimiento de la Virgen ha sido muy discutido. San Juan Crisôstomo, basândose en el pasaje de San Lucas de que todos iban a empadronarse en su ciudad (Lc. 2,3), la supone nacida en Belen (cf. Hom. 31 in Le.), y al Crisôstomo sigue Teofilacto (cf. /»i Le. c2). Pero la tradition mâs firme la considera nacida en Je­ rusalén, en la que se llamô casa de Ana, esto es, junto a la piscina probatica. El primer documento que sostiene este lugar es el Protoevangelio de Santiago, que se remonta a la primera mitad dei si­ glo π. Que el hecho nace de este libro no ofrece duda, segun Abel y Vincent (cf. L’authenticité des Lieux Saints) y Beufays (cf. La Madone dans son cadre palestinien p.l). La tradiciôn se mantiene en los siglos m y iv, y sobrevive en el v con Sinesio y en el vi con Tcodosio, Ya en 529 Justiniano erige en Jerusalén la iglesia de Santa Maria la Nueva y los peregrinos ininterrumpidamente acreditan la autenticidad de la creencia de que la Virgen es jerosolimitana. Hoy el lugar se venera en la cripta de la mencionada basilica de Santa Ana, donde en la parte baja del altar hay una popularisima efigie de la Madre de Dios nifia, que se llama “la Bambina”. La Virgen era de la tribu de Judâ y de la familia de David. Asi lo confirman reiteradamente la Escritura, los Santos Padres y la liturgia. No hay inconveniente en admitir que, por consanguinea de •r 4 . .· .· * h ' : ; «*-\**,< 92 NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. S SEPTÏEMBRR Isabel, proviniese de la estirpe sacerdotal, cual afirman algunos Santos Padres, como San Agustin. Basta suporier que la tribu regia de Judâ y la sacerdotal de Levi se mezclaran por matrimonio, como de hecho ocurriô algunas veces. D) Padres Nada dicen los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los apôcrifos que retieren estes nombres son el Protoevangelio de San­ tiago, el llamado '‘Libro del nacimiento de la Virgen", otro con el mismo titulo, falsamente atribuido a San Mateo, y “El libro de­ là Natividad de Santa Maria", incluido con error entre las obras de San Jeronimo. La sentencia mâs comûn y mâs verdadera es la que les da los nombres de Joaquin y Ana. Asi los llama San Epifanio (cf. Haeres. 79), San Juan Damasceno (ci. De fide orthodox. 1.4, 15) y Mo­ desto, obispo de Jerusalén en los comienzos dei siglo vn (cf. Lauda­ tio in Mariae dormitionem). Benedicto XIV dijo que “no hay razôn alguna para ir contra esta sentencia" (cf. De festis B. M. Virg. 12 C.9). Su condicion era humilde y poseian pocos bienes y fueron insignes por la piedad y santidad de su vida. El culto a Santa Ana comienza en Oriente por lo menos en el siglo vi y cn Occidente en cl VIIL E) Nacimiento Se dice que Ana era estéril y fué fecunda naturalmente por es­ pecial prodigio de Dios, y que el hecho de la concepciôn de Maria le fué revelada a Joaquin y a Ana. Ambos milagros son antiquisima y constante persuasion de todos los fioles y consta por los escritos de algunos Padres y exégetas, como San Juan Damasceno, San Epifanio, San German, San Eutimio de Constantinopla y Nicéforo Calixto. Nada tiene, pues, de extrano uno y otro prodigio, ya que se dieron también en el natalicio de otras personas ilustres de la Escritura, como, por ejemplo, San Juan Bautista. Por ello, no merccc que se les rechace sin mâs ni mâs como apôcrifos. 157 SEC. /. MISCEI.ANEA Il ÎSTÔRICA V I.IVERARIA 93 frccuente es que se deriva del hebreo, Dcntro de esta lengua caben muchas interpretaciones. Asi sc estipulan las siguientes: Mar atitar(io y rebfliôn; gala del mar; S'enor de mi linaje; Estrella del mar; Esperanza; Excelsa υ sublime; iluminada; Pingiie, robusto; dinarjuta y Mirra. Entre tantas etîmologias resulta dificil juzgar cuâl es la preferida. Sin embargo, todas las enumeradas convienen a la Santisima Virgen y expresan de modo insigne sus prerrogativas (cf. /Xlastruey, o.c.: BAC, 3." ed., p.7-10). III. LA FIESTA DE LA NATIVIDAD DE MARIA 158 La fiesta de la Natividad de la Xrirgen es muy anterior a la de la Concepciôn. Baronio (cf. Annot. ad Martyrolog. Rom., VI Idus Sept.), asegura que sc empezô a celebrar en el pontificado de Ser­ gio I, que se inicia el afio 687, y quedô constituida oficialmente en­ fonces. San Ildefonso, arzobispo de Toledo, que floreciô en el si­ glo vn, afirma que “solo se celebraban très Natividades en el mun­ do: la de Cristo, la de su Madré y la de San Juan Bautista” (cf. Bibi. Patrum t.12 p.566). Otros autores hacen surgir esta festividad en el siglo vin, y entre ellos se encuentra San Bonifacio, obis­ po de Maguncia, y el Venerable Beda. La fiesta subsistiô en los siglos xn y xm, como acreditan los testimonies del emperador Manuel Commeno y de San Bernardo (cf. Epist. 174,3). Gregorio XI ordenô que tuviera oficio propio de misa. La iglesia de la reunion en esta fiesta, dice Pib Parsch (cf. El aiio litûrgico [Barcelona 1957] p.824), era la de San Adrian, an­ tigua sala senatorial, desde donde clero y pueblo, presididos por el Papa, se dirigian descalzos en una procesiônde antorchas a Santa Maria la Mayor, la iglesia estacional. Antes de llegar se cantaban las letanias, que estân representadas hoy oor el Introito y el Kyrie”. 1.1 » II. NOMBRE DE MARIA “Una sola mujer encontramos en el Antiguo Testamento que aparece con cl nombre de Maria, a saber, la licrmana de Moisés, Mirjam. Acaso por la vencraciôn que le tenia cl pueblo hebreo no se le impuso este nombre a ninguna otra mujer. Ya en tiempo de Cristo aparecen muchas mujeres con cl nombre de Maria. Los LXX interpretaron por Mariam o Maria el nombre Mirjain del hebreo, y asi prcvalcciô desde la edad cristiana para désignât a la Virgen Santisima. Las principales etîmologias, segûn Alastrucy, se reduéen a très clases: Ùnos derivan el nombre de la raiz mery, de la lengua egipcia, y significa muy amada. Otros dicen que proviene del siriaco, y significa senora. interpretaciôn de poca solidez. La sentencia mâs ci. ■ ’ -ώ·· • H 4 - -, ■ *· SECC/OiV VIII. GU1ONES HOMILETICOS naturaleza de Maria, nudo de comunicaciôn entre Dios y el hombre 1 159 I. Quien nace es la persona de Maria. A. Todas las acciones son inseparables de la persona pues esta es la que actûa y no su naturaleza. B. Pero parece que en la concepciôn y en el nacimiento hay un motivo especial para detenerse a consi­ dérât la naturaleza de la persona que es concebida o que nace. C. Ncsotros vamos hoy a meditar la obra de Maria, precisamente en cuanto que disfruta de la naturaleza humana, manifestada hoy a la luz. 160 II. La obra de Maria. La obra de Maria consiste en ofrecer a Dios la naturaleza humana, para después entregar la naturaleza divina a los hombres. 161 III. Maria y la humanidad. A. El mal es egoista. El bien tiende a expansionarse, a comunicarse. Psicolôgicamente lo podemos com­ probat hasta en la tristeza y la alegria. Aquélla se reconcentra, esta se expansiona. B. Dios, Sumo Bien, es sumamente difusivo de Si mis­ mo. Verdad es que dentro dei seno de la Santisima Trinidad se comunicô, agotando su infinita comunicabilidad. C. Pero aûn le quedô un amor libremente comunicable. Quiso que, fuera de Él, existiera una participacion de su bien y de su ser. Entonces decidiô crear al mundo, que por eso es bueno. El mundo refleja el elaborado sobre la introduco 1 Guiônon i al capitulo 9 de Jesucristo en sus _ ntisterios, de Columba Maxmion (.Barcelona, ΈΖ. Litûrg. 1941) p.146-148. SEC. 8. Gt HONES HOMÏf.ÉTTCOS 95 D. Quiso algo mâs. Quiso comunicar a un hombre determinado la misma divinidad. Para ello necesitaba recibir una naturaleza humana. Pudo crear un hom­ bre, como creô a Adân. Pero este hombre no hubiera sido de nuestra raza. No hubiéramos podido leer la lista genealôgica del Evangelio, que se remon­ ta hasta Abrahân y Adân. E. Dios quiso unirse a uno de nuestra estirpe para que la union no se llevara a cabo solo dentro de la especle humana, sino dentro de la misma familia, del hombre concreto. Nos pidiô, pues, nuestra hu­ manidad. Pero ia quién se la pidiô y quién se la diô? Maria. â IV. Dios no se comunica a Cristo si no es para darse por 162 medio de Ël a nosotros. A. Nos entrega a la persona de su Hijo. Y en esta entrega Maria toma parte de un modo que pudiéramos llamar fisico, puesto que Ella lo trae al mundo. B. Nos lo entrega también como Redentor, y Maria toma parte, aceptando ser la Madré de un Dios re­ dentor y cooperando con É1 a la redenciôn. C. La entrega de la divinidad al hombre no para ahi. Esta primera entrega no hubiese sido sino una comunicaciôn honorifica hecha a la naturaleza huma­ na en abstracto, puesto que en concreto Dios no se hubiera comunicado sino a Cristo. D. Pero Cristo merece nuestra deificaciôn. Consigue que seamos participes de la naturaleza divina. Ahora bien, esta deificaciôn nuestra se lleva a cabo imi­ tando y reproduciendo a su modo la deificaciôn de Cristo. Alli lo fué mediante la union hipostâtica; aqui, mediante la gracia. E. Pero siempre mediante Maria, que en esto no falla la imitaciôn del modelo, Cristo. V. Maria, pues, entregô la humanidad a Dios y nos entregô Dios a nosotros. 0 admirabile commercium! Saludemos hoy a esa naturaleza que hace y ha hecho posible tan maravillosa comunicaciôn. S»® % NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEPTIEMBRE Nacimiento del Rcy, del Redentor y de la iglesia "Tu natividad, joh Virgen Madre de Dios!, anunciô una gran alegria a todo el mundo" (cf. responsorio 6 de la Nati­ vidad). I. Alegria del mundo. 163 A. Nacimiento incoado de Cristo. Bastaria, para que el mundo se alegrase, conocer las virtudes de la nina recién nacida. Pcro como todos los pasos de su vida van unidos a los de Cristo, el principal regocijo del dia de hoy se cifra en la ce­ lebration del nacimiento incoado del Senor. Como en la aurora se recibe al sol y en la semilla a la espiga, asi hoy, al recibir a Maria, recibimos ya a Cristo. Participation de Maria. El motivo de este gozo no consiste ùnicamente en la prioridad en el tiempo. Esto es, no nos alegramos solo porque, conociendo el plan de Dios, la nativi­ dad de Maria indica que ya se acerca la hora de la venida del Senor, sino por la parte activa que esa persona que nace ha de tomar en los misterios de Cristo. Es mâs, en las actividades de una vida parece que se ve a la "persona" que vive, pero el na­ cimiento parece que se refiere principalmente a su "naturaleza humana". Vamos, pues, a ver la parte que toma la "naturaleza humana" de Maria en los misterios de Jesûs. Germen de la Redenciôn. • · I En efecto, San Pablo (Rom. 3,24) nos présenta a la humanidad y a la creation entera gimiendo hoy por que sea consumada la Redenciôn. ^Cuâl no seria el gemido y anhelo que tuviera antes de que esta se verificara? Apareciô la Santisima Virgen, y vio ya el mundo en germen cuanto necesitaba. II. La venida del Reg, del Redentor y de la Iglesia. Necesidad del Rey y del Redentor. El mundo habia sido creado para que fuera un trono de su Rey, Cristo (cf. Fr. Luis de Leon, Nombres * SEC. 8. GUIONES HOMTfcÉTTCOS 97 de Cristo: Pimpollo). Los hombres habîan de ser sus vasallos en un reino de paz, justicia y amor. Pero el mundo gemia en la servidumbre de la corrupciôn. Necesitaba la venida de su Rey. El pecado nos tenia aherrojados y ansiâbamos participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Necesitâbamos al Redentor. ii' B. Necesidad de la Iglesia. El mundo vivia en la dispersion babilônica de las ideas y las religiones, dividido por un muro que se-» peraba el judaismo de la gentilidad, y ansiaba el reino de Dios, que se transformase después en el reino del cielo. Necesitaba la Iglesia, prolongaciôn de Cristo. Al nacer Maria, el mundo saluda al Rey, al Re­ dentor y a la Iglesia que nacen. : III. Nacimiento de! Rey. 165 A. La condition de ser hombre. Maria no es solo la Reina Madre, en el sentido de que da a luz a quien después ha de ser Rey, sino también en cuanto qu’c Ella le proporciona lo que es condition indispensable para que pueda alcanzar ese puesto. efecto, nunca se ha oido ni en la teologia ni en :a liturgia que el titulo de rey de los hombres haya sido aplicado al PadrP o al Espiritu Santo. iPor que? Porque para ser rey de los hanibres es précise ser hombre. b) Seria un absurdo juridico que un extranjero fuera Coronado rey de un pais, sin adquirir la nacionalidad del mismo. Dios sera siempre el Senor de lo creado, pero para ser rey de los hombres ha de ser hombre. a) B. Maria, Reina Madre. Maria le otorga a Dios la carta de ciudadania del mundo. El Verbo se hace hombre gracias a nuestra Senora. Al verla nacer saludamos a esa naturaleza humana concreta que habrâ de prestar la suya a Dios. Maria es verdaderamente la Reina Madre. IV. Nacimiento del Redentor. 166 Hoy celebramos también el nacimiento incoado de Cristo en cuanto Redentor. A. Ser hombre. El primer motivo es idéntico al arriba expuesto. El Redentor, para ofrecer su redenciôn vicaria, nece- I r> 1 3 t t C5/j t » t»·. La (alabra de Ç, 10 NATIVIDAD DE NUESTRA SÊNORA. S SEPTIEMBRE sita poder representarnos, y para ello le es necesario estar unido especificamente con nosotros: ser hombre. B. Consentimiento. Nadie puede asumir la representation de un pais si este, de un modo u otro, no se la otorga. La mis­ ma Redenciôn supone que la humanidad acepta la representation de Cristo. Santo Tomâs dice (cf. Sum­ ma Theol. 3 q.30 a.l) que el ângel pidiô permise para qtte Cristo se encarnara, porque, ‘'debiendo existir un cierto matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana, en la Encarnacion se pide el consentimiento de la Virgen, que lo otorga en nombre de esta ultima”. El Esposo de la huma­ nidad podrâ redimirla. Maria serâ quien contraiga estas nuptias r edentor as. C. Cuerpo y sangre en semilla. La redenciôn se verificarâ ofreciendo un sacrificio, cuya victima ha de ser el cuerpo y la sangre de Cristo. Este mismo cuerpo y sangre nacen como en semilla hoy. La misma carne y sangre de Maria serân derramadas. 167 7. ’·: V. Nacimiento de la Iglesia. A. Semejanzas entre la Iglesia y Maria. La tradition patristica y la predication son muy abundantes en estâblecer semejanzas entre la Igle­ sia y Maria. Ambas son virgenes y madrés; ambas esposas del Espiritu Santo. De Maria nace Cristo; de la Iglesia, sus miembros. B. Maria, Madré de la Iglesia. Pero hay que dar un paso mâs y reconocer a Maria como Madre de la Iglesia. Esta misma se lo llama en la Salve. C. Madre de la Cabeza y de los miembros. Entiêndese esta matemidad al considerat al Cristo pleno, que esta constituido por la Cabeza, Cristo, y los miembros, formados por la Iglesia. Es un pensamiento capital en San Pablo y San Agustin. Maria, pues, Madre de la Cabeza, que es el Cristo personal, es Madre también de los miembros, que son la Iglesia. Da vida a la Iglesia. Madre es quien da la vida; la vida de la Iglesia es la gracia. Maria es la corredentora, y, por tanto, SEC. 8. GUIONKS HOMILÊTTCOS 99 quien ha merecido con Cristo esa gracia y la medianera que la reparte. Luego Maria es quien da la vida a la Iglesia. Es su Madre. E. Nace la Iglesia. La Iglesia naciô del costado abierto de Cristo. Junto a É1 estaba Maria. Mâs aùn: segûn interpretaciôn mistica antigua y hoy muy en boga, momentos antes, la Iglesia, personificada por San Juan, le habia sido entregada. F. La realization historica de la Iglesia signe los pasos de Maria. a) Es promulgada al recibir el Espiritu Santo junto a ella. iPor que es notnbrada Maria en esta ocasiôn unira después de la muerte de Cristo sino por lo que representaba en ese momento del alumbramiento oficial de la Iglesia? b) Desde los primeros siglos. Desde las primeras herejias de Cerinto y Marciôn hasta las ultimas convulsiones del protestantismo, Maria y Jesiis han sido atacados juntos. Divinidad y virginidad; concepto de la redenciôn y culto de Ma­ ria... c) En los tiempos modernos, Por eso la Iglesia ha recurrido a Ella en los momen­ tos mâs dificiles. En los ultimos tiempos citemos solo a Pio IX, definiendo el dogma de la Inmaculada, y a Pio XII, consagrando el mundo a su Inmaculado Co­ razon. VI. Gemia antes el mundo. Hoy signe gimiendo. A. Porque desea que este Rey de derecho que es Cristo reine de hecho en un mundo pacificado para siempre. Miremos a Maria y digâmosle: Dios te salve, Reina y Madre..., haz que llegue pronto el reinado de tu Hijo. B. Porque desea la perfecciôn de la redenciôn; que se vea la gloria de los hijos de Dios (cf. Rom. 8,20 ss) y que desaparezca la tentaciôn y la muerte. En me­ dio de esos peligros miremos a la Corredentora y digâmosle: Ea, pues, Seriora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. C. Porque ansiamos que la Iglesia militante, y, por tan­ to, en perpetua lucha, se trueque en triunfante. Por elîo pedimos: Y después de este destierro muéstranos a Jesûs. 168 NATIVIDAD DE NT ESTRA SENORA. 8 SEPTIEMBRE Nacimiento del sacerdocio catôlico 169 I. Alegria del mundo. "Tu natividad, joh Virgen Madré de Dios!, anunciô una gran alegria a todo el mundo.” Hoy nos regocijamos al considerar que nace quien ha de tomar parte tan esencial en la consagraciôn del sacer­ docio catôlico. 170 Π. Maria, Madré de Cristo Sacerdote. De las mismas entraüas de Maria. A. En el cuerpo y aima de Maria, que nace, vemos lo que pudiéramos llamar "materia" de la consagraciôn sacerdotal de Cristo. Su sacerdocio arranca de las mismas entraüas de Maria. Necesitaba hacerse hombre. •Ar- Dios no puede ser sacerdote, porque no es ministro de si mismo, sino término dei culto. Del mismo modo que a la humanidad de Cristo no se le puede ofrecer el sacrificio de la misa, porque ella es el ministro principal, tampoco la divinidad puede ser el sacer­ dote, porque es a quien se le ofrece. Dios necesita hacerse hombre para poder ser sacer­ dote y mediador de los hombres. San Pablo mismo dice que ofreciô el sacrificio in diebus carnis suae (Hebr. 5,7). Consagraciôn en el templo de Maria. Dios es el que unge con su presencia a Cristo como sacerdote. El cuerpo de Maria le suministra no solo el templo, en donde se verifica esta encarnaciôn, sino lo que pudiéramos llamar materia de la misma, a saber: la naturaleza o cuerpo humano del Senor. También el aima de Maria toma parte, pues este suministrar el cuerpo humano a Dios no se hace de un modo puramente pasivo, sino que antes Maria ha otorgado su libre consentimiento. . Ofrece su propio cuerpo. Una peculiaridad del sacerdocio de Cristo es que la victima que ofrece es su propio cuerpo. También Maria se lo suministra. SEC. 8. GUIGNES HOMII.ÉTICOS 101 E. La Madré del sacerdote. Maria, pues, no es solo la Madré de un sacerdote, esto es, la Madré de alguien que después sera sacer­ dote, sino la Madré dei sacerdote, en cuanto que coopéra de un modo activo en la consagraciôn y concesiôn dei sacerdote al verificarse, gracias a ella, las condiciones esenciales del mismo. F. Toda su razôn de ser. Aùn podemos decir mâs. Toda la razôn de ser de Maria es la de ser Madré del Redentor. Y como la redenciôn consiste en el sacrificio, y, por lo tanto, dentro del orden actual decidido por Dios el Reden­ tor ha de ser sacerdote, toda la razôn de ser de Ma­ ria consiste en ser Madré dei sacerdote. III. Maria, Madré del sacerdote catôlico. 171 A. Al ser Maria Madré dei Sacerdote divino, quedô constituida en Madré dei sacerdote catôlico, porque este no es sino una prolongaciôn y participaciôn del sacerdocio de Cristo. a) Carôcter sacramental. , El cardcter sacramental nos configura y hace parti­ cipes del sacerdocio de Cristo, en cuanto que nos ha­ bilita o para recibir o para administrar y entregar a otros lo perteneciente al culto divino, que se deriva del sacerdocio del Senor (cf. Santo TomAs, Summa Theol. 3 q.63 a.3), Por eso, el bautismo imprime ca­ rdcter, porque nos hace participes del sacerdocio de Cristo, al habilitarnos para recibir los sacramentos. jCudnta mayor y nids proxima participaciôn concéde­ ra el sacramento del orden, que confiere el poder de ofrecer de un modo activo el mismo sacrificio de Cristo ! b) El sacerdote hombre, instrumento. Insistiendo en este ultimo concepto, el ministro prin­ cipal del sacrificio de la Eucaristia es Cristo. El sacerdote hombre no es mâs que un instrumento, que recibe su eficacia principal dei Sumo Sacerdote. Todo su poder es no solo recibido de Cristo, sino participado del que Él tiene, como lo es siempre el de la causa instrumental. c) El Sumo Sacerdote y Mediador es unico. Los hombres sacerdotes son verdaderos sacerdotes. iCômo se salva esta antitesis? Del mismo o parecido modo que salvamos el que, siendo el sacrificio de la crue ûnico y definitivo, lo sea, sin embargo, también el de la santa Misa. Porque el sacerdocio de Cristo y el de los hombres es el mismo; aquél, el principal, y este, por participaciôn de poder y consagraciôn, lievada a cabo en el seno de Maria. 162 NATIVIDAD DE NUESTRA SENORA. 8 SEDTIEMBRE B. Por Marta, Cristo sera sacerdote. Por lo tanto, al saludar hoy el nacimiento de esc cuerpecito, gracias al cual Cristo sera sacerdote, saludamos también al que nos concede serio nosotros. IV. Maria, ayuda de las funciones sacerdotales. A. Oficios dei sacerdote. El sacerdote tiene como oficio: mediar entre Dios y los hombres, ofrecer el sacrificio mismo y orar. Partes también de su oficio, siquiera no sean esenciales, son predicar la fe y, como condiciôn lôgica, sacrificarse a si mismo. B. El auxilio de Maria. Maria, Medianera universal, Corredentora que ofrece junta a su Hijo el sacrificio de la crus:, orarà perpetuamente con nosotros al Padre ante cl trono de los cielos. b) Madré de la fe, nos ayudara a extenderla, como mu· jer que desee alaben a su Hijo. Madré de las gracias, Madré del sacerdote santo sustancialmïnte, nos santificarâ a todos nosotros. “Regina cleri. Ora pro nobis.” Primogénita de loda criatura 173 I. Antes que toda criatura. Ante omnem creaturam, dice la Vulgata que fué la Sabiduria (Eccli. 24,14). Y la liturgia se lo aplica a Maria. El nacimiento es lo que hace nobles a las personas, y cuanto mâs rancia sea la prosapia de los que vienen a la luz, mayor es su nobleza. La de Maria es anterior a toda criatura. 174 II. Los titulos de su antigüedad. A. Cristo. Rey dei mundo, inseparable de su Madré. Ya hemos dicho varias veces que el rey es anterior a su palacio. Cristo era el Rey dei mundo, y, por lo tanto, fué anterior en los designios de Dios a la con­ tinuation de este. Los mundos fueron creados, segùn sentencia de la escuela franciscana y hoy muy SEC. 8. Cî HONES HOMH.É'HCOS 103 comun, como fundamentada en San Pablo, para ser presididos por Cristo Rey. Ahora bien, Cristo es inseparable de su Madré, causa fisica de su presencia en este mundo. Por lo tanto, al scr predestinado Cristo antes de la constituciôn dei mundo, Maria lo fué también. Es, pues, Maria la primogénita de las puras criaturas. B. Comenzô a ser en et nacimiento de Maria. Aun prescindiendo de este orden intencional de Dios, podemos decir que en su nacimiento es también la primogénita. iQuién le negarâ este titulo a Cristo? Pues bien, Cristo comenzô a nacer en el nacimiento de Maria. III. Derechos de primogenitura. La primogenitura ha tenido siempre en todos los paises ciertos derechos, que no dependen solo de las leyes, sino del orden natural de la familia. A. El primogenito es el mâs querido. Durante algùn tiempo fué el ùnico querido. El menor puede ser el mâs mimado, pero los encargos que suponen amor y confianza se otorgan al mayor de los hijos. En ellos ven los padres el apoyo de su vejez. Maria fué la predilecta del Padre, que la eligiô desde la eternidad para asociarla a la obra Encarnacion. Lo fué del Hijo, que la distinguiô como a su Madré, y del Espiritu Santo, que vio en Ella a su Esposa. B. El disfrute de los bienes paternos. Donde existe el derecho de primogenitura, y no son pocos los paises que lo sostienen, el hijo mayor disfruta de una mayor parte de los bienes paternos. Maria disfrutô de los de la naturaleza y gracia en grado mucho mayor que otro alguno. I IV. Terminemos didendo: “Quae est ista quae progreditur?”·· jQuién es esta que se alza como la aurora? (Cant. 6,10). A. Es no solo la imagen y semejanza de Dios, sino la que después de Cristo la realiza mâs perfectamente, y como tal es admirada por la Iglesia militante y triunfante. B. Es la que verifica la esperanza de los profetas y patriarcas y comprueba la fidelidad de Dios a sus promes as. 175 176 T ;/ ιΛ* ·· ' ' \ NATIVIDAD DE NUEST RA SKN’ORA, 8 SEPTIEMHRE antiquos no llegaron negaron a Jesûs Jesus sino priComo> los antiguos mero yendo __ _ a„ ..Maria, nosotros habremos de seguir el mismo camino. C. Es la que en los tiempos preterites, con relacion a su nacimiento, ocupô la primera los pensamientos de Dios. En los actuales viviô llena de privilegios de naturaleza y gracia, y en los futuros es la Madré de misericordia y la Mcdianera universal, gracias a la cual un dia esperamos vernos en la gloria del cielo. LA PRESENT AC 1 ON DE LA VIRGEN ' F Ti It •i ; HL ■ ii* : •t? .\ r Λ r i •ü ■ :· f i|'< 1 ·’. h SECTION l. TEXTOS SAGRADOS I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus.—(El mismo que en la Natividad de Nuestra Senora.) Oremus. — Deus qui beatam Mariam semper Virginem, Spi­ ritus Sancti habitaculum ho­ dierna die in templo praesenta­ ri voluisti: praesta quaesumus; ut eius intercessione in templo gloriae tuae praesentari merea­ mur. Per Dominum... Oraciôn.—jOh Dios!, que quisiste que en este dia fuese presentada en el templo la Santisima Virgen Maria, morada del Espi­ ritu Santo: suplicâmoste, por su intercesiôn, nos concedas merecer ser presentados en el templo de tu gloria. Por nuestro Sefior... Grad.—(El mismo que en la Natividad.) Aleluya, aleluya.—Después del Alleluia, alleluia... — Post parturn Virgo inviolata permansis­ partq permaneciste virgen intac­ ti: Dei Genitrix, intercede pro ta; Madré de Dios, intercede por nosotros.—Aleluya. nobis. Alleluia. * *'* ’· * · Offert—Lc. 1,28-42: Ave Ma­ ria gratia plena: Dominus te­ cum: benedicta tu in mulieri­ bus, et benedictus fructus ven­ tris tui. Ofertorio.—Di os te salve, Ma­ ria, llena eres de gracia, el Se­ fior es contigo, bendita eres en­ tre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Secreta.—Tua, Domine, pro­ pitiatione, et beatae Mariae, semper Virginis intercessione, ad perpetuam atque praesentem haec oblatio nobis proficiat prosperitatem et pacem. Pen Dominum... I Secreta. — Aprovéchenos, Senor, esta oblaciôn, para que, por tu gracia y por la intercesiôn de la bienaventurada siempre Vir­ gen Maria, logremos la dicha y la paz en esta vida y en la eterna. Por nuestro Sefior... Praefatio.—(EI mismo de la Inmaculada.) Communio.—(La misma que en la Natividad.) Sumptis, Postcommunio. A/!! Domine, salutis nostrae subsi­ diis: da, quaesumus, beatae Ma­ riae semper Virginis patrociniis nos ubique protegi; in cuius ve- Poscomuniôn.—Habiendo recibido la prenda de nuestra salvaciôn, haz, Sefior, que merezcamos ser amparados en todo lugar y tiempo con la proteccion 108 PRESENTACTÔN DE LA VIRGEN. 21 NOVIEMBRE de la bienaventurada siempre neratione haec tuae obtulimus Virgen Maria, en cuya memoria maiestati. Per Dominum... hemos ofrecido este sacrificio a tu majestad. Por nuestro Sefior... 178 II. EPISTOLA (Ecdi. 24,14-16) 14 Desde el principio y antes de los slglos me creô, y hasta el fin no dejaré de ser. En el tabernâculo santo, delante de él mi­ nistre. 15 Y asi tuve en Siôn morada fija y estable, reposé en la ciudad de él amada, y en Jerusalén tuve la sedc de mi imperio. 16 Eché raices en el pueblo glorioso, en la porciôn del Sefior, en su heredad. 179 14 Ab initio, $t ante saecula creata sum, et usque ad futu­ rum saeculum non desinam, et in habitatione sancta coram ipso ministravi. 15 Et sic in Sion firmata sum et in civitate sanctificata similiter requievi, et in lerusalem potestas mea. 16Et radicavi in populo ho­ norificato, et in parte Dei mei haereditas illius, et in plenitu­ dine sanctorum detentio mea III. EVANGELIO (Lc. 11,27-28) 27 Mientras É1 decia estas cosas, levanto la voz una mujer de entre la muchedumbre y dijo: Dichoso el seno que te llevô y los pechos que mamaste. 28 Pero É1 dijo: Mas bien, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan. 27 Factum est autem cum haec diceret: extollens vocem quaedam mulier de turba dixit illi: Beatus venter qui te por­ tavit et ubera quae suxisti. 28 At ille dixit: Quinimmo beati qui audiunt verbum Dei, et custodiunt illud. 1’ r Λ SECCION II. COMENTARIOS GENERALES ik ! IF I. ORIGEN DE LA FESTIVIDAD t 180 Esta festividad, como casi todas las de la Santisima Virgen, naciô en Oriente. La Iglesia griega la celebra el 21 de noviembre. La fecha de su instituciôn, o por lo menos su antigüedad, puede colegirse de que se conservan très homilias de San Andres de Creta, que viviô hacia finales del siglo vu en Creta, Jerusalén y Constantinopla. Como quiera que no hay ningùn trozo evangélico que na­ rre tai episodio y que diera lugar a la explicaciôn, es de suponer que las homilias fueran pronunciadas al celebrarse la festividad. El dia debiôse probabilisimamente a una sustituciôn del aniversario de la consagraciôn de la iglesia de Santa Maria la Nueva por la fiesta de la Presentacion. ; *j ■ 4 * i > 1 Λ A » HI »4 II. SIGNIFICACION DEL MISTERIO A) 181 Sentido de la fiesta “Que ha de entenderse por el nombre y festividad de la Presen­ tacion de Maria en el templo, disienten los teologos. Serry (cf. Exercit. 19,7) y Billuart (cf. De mysteriis Christi d.l a.2) dicen que bajo el titulo de Presentacion se celebra aquel generosisimo acto de la bienaventurada Virgen por el cual se obligô en tan tiema edad con voto de virginidad y se consagro a Dios con profesiôn de vida mâs perfecta, lo cual se créé que fué hecho en el templo; pero a este parecer se opone la oraciôn que la Iglesia usa en el dia de la Presentacion, indicando que tai oblaciôn no fué hecha por la misma Virgen, sino por otros; pues dice que fué presentada, no que se presentase. Se ha de estimar como mâs verdadera la sentencia que afirma que en la fiesta de la Presentacion se celebra la oblaciôn he­ cha por los padres de la Santisima Virgen cn el templo a fin de que se dedicara al servicio del mismo y alli fuera convenientemente educada.” Tal es el sentir de Benedicto XIV (cf. De festis B. V. c.14,6), y de la misma opinion son muchos Padres y escritores eclesiâsticos tanto griegos como latinos, entre los que se encuentran San Juan Damasceno (cf. De fide orthodoxa 1.4 c.5), San Eutiquio (cf. JüGiÉ, Hotn. Marial. Byzant. t.19,3) y Dionisio el Car' tujano (cf, Dç fraecon, et dignit, Mariae l.l). ■ 110 182 PRESEXTACÏÔN PH LA VIRGEN. 21 NOVEMBRE B) La costumbre hebrea “No era ajeno a los hebreos consagrar a Dios las mujeres para que en el templo ejercieran los servicios convenientes a su sexo y debilidad. Asi en el Levitico (27,2 ss) se dice: El hombre que hiciere z'oto y promeHere a Dios su persona dard el premia segûn la tasa. Pero si el varon o la mujer habian sido totalmentc consagrados a Dios, no podian ser redimidos sino por la muerte; pues en los ver­ siculos 28 y 29 se anade: Todo lo que sea consagrado al Sen or, ya fucre hombre, animal o campo, no se venderd ni podrd ser redimido... Y toda consagraciôn que se ofrezca por el hombre no se redimird, sino que mori rd con muerte. Ya la Escritura insinua bastante que desde los mismos tiempos de Moises y de Aaron hubo mujeres adscritas al servicio del tem­ plo (Ex. 35,25): Y también las mujeres ingeniosas que habian hilado diercm jacinto, y purpura, y escarlata. y lino fino; y (38,8): Hico también un baüo de bronce con su basa de los espejos de las mujeres que hacian la centmela a la puerta dei tabernaculo. Que todas estas mujeres consagradas a Dios y dedicadas al mi­ nisterio del templo no solo lo frecuentaban asiduamente, sino que moraban en él, es suficiente prueba el que en el templo habîa habitaciones tanto para hombres como para mujeres, como consta de Samuel, que desde su mas tiema edad ministraba en el templo (1 Reg. 3,3); e igualmente de Josaba, hija del rey Joram y hermana del rey Ococias, que para librar a Joâs, hijo de su hermano, de las iras y furor de Atalia, lo condujo al templo juntamente con su nodriza, y alii permaneciô por espado de seis anos (4 Reg. 11,2-3); 2 Par. 22,12); y también de Ana la profetisa, que no se apartaba del templo, viviendo dia y noche con ayunos y oraciones (Lc. 2,37). Josefo (cf. Antiq. iud. 8,24), refiriéndose a estas hab'.taciones para mujeres en el templo, dice: “Edifice alrededor de treinta pequeüas casas, que por la parte exterior abarcaban todo el espacio del templo... Estaban sobrepuestas a estas otras y sobre estas otras iguales en numero y dimensiones”. Y Origenes (cf. In Mt. tract.26 c23) dice: “Ha llegado hasta nosotros cierta tradiciôn de que habîa algùn lugar en el templo donde era permitido a las virgenes permanecer y orar alii a Dios; a las casadas no se les permitia morar alii”. Conforme con esto Cornelio a Lapide (cf. In Er. c.38,2) escri­ be: “Habîa en Israel mujeres que, venerando al Senor y despreciando la vanidad dei mundo y tratando solo de agradar a Dios, sc consagraban a Él, y diariamente venian al atrio para orar y oîr los preceptos de Dios, cuya costumbre continuo después de fabricado este solemne tabernaculo, y principalmente despues d** edificado el templo, cuando se construyo cierta habitaciôn a ία puerta o en el atrio dei tabernaculo para piadosas mujeres dedicadas a la oraciôn, al ayuno y al servicio dei tabernaculo, como Ana la profetisa (Le. 2,36) ; y de ellas habla también la Escritura (1 Reg. 2,22 y 2 Mach. 3,20) ; entre éstas viviô y fué educada la bienaventurada Virgen desde que fué presentada en el templo a los tres anos de edad ; habîa alli como una comunidad religiosa de mujeres devotas de aquel tiempo, tipo y sombra de nuestras religiosas de ahora". T SEC. 2. C) COMENTARIOS GENERALES 111 El voto de sus padres 183 J f "Es vcrosimil que los padres de la bienaventurada Virgen se obligaron con voto de consagrar a Dios su prole, y de hecho lo cumpneron ofreciendo a Maria en el templo, imitando a la antigua Ana, cé'.ebre mujer de Elcana y madre de Samuel, la cual, siendo estéril, sc obligo con voto de ofrecer a Dios el hijo que le naciera. Expresamentc lo ensena San Juan Damasceno (cf. De fide or­ thodoxa 4,13) cuando dice: “De igual manera que aquella antigua Ana, padeciendo de esterilidad, hecho el voto, engendre» a Samuel, asi esta otra Ana, por sus ruegos y la promesa hccha a Dios, meredo recibir en su seno a la Madre de Dios” (cf. Alastruey, BAC, O.C., 3.‘ ed., p.26-29). ’ -_· 1 -· · ■ • SECCION 111. SANTOS PADRES I SAN AMBROSIO Insertamos el c.2 del libro 2 del tratado De virginibus, que el Santo dedicô a su hermana Marcelina (cf. Sobre las virgenes y la virginidad fed. Rialp, Madrid 1950] p.95-105). * <- 184 A) Imogen viva de la virginidad “Para qua vaya mejor fundado, comenzaré presentândoos la imagen viva de la virginidad, personificada en la Virgen Maria, espejo de ella y dechado de virtud, digna de que la toméis por norma de vida; porque la de Ella os ensena, como maestra divina de bondad, lo que habéis de corregir, lo que os conviene evitar y lo que debéis practicar. Pues si la virtud del maestro es el primero y principal estimulo que mueve al discipulo a prestarle fe y seguirle, jqué maestro aventajarâ en dignidad a la Madré de Dios? iQuién mâs esplendorosa que Ella, a quien cobija el mismo esplendor? (cf. San Agustîn, De docte, christ. 21). iQué maestro de castidad sera comparable a Ella, que concibe sin contacto carnal?” 185 I B) Virtudes que la adornan "Y iqué dire de las otras virtudes que la adornan? Es virgen en el cuerpo y virgen en el aima, limpia de afectos desordenados. Humilde de corazôn, prudente en el juicio, grave y mesurada en el hablar, recatada en el trato, amiga del trabajo. Despreciadora de riquezas vanas, espera mâs de la pobreza, a quien Dios oye, que no dei consejo humano, a menudo apasionado y falaz. A nadie ofende, a todos sirve; es respetuosa con los mayores y afable con los iguales. Enemiga de honras mundanas, regula sus acciones con el dictado de la razôn, moviéndose solo por el amor de la virtud. Jamâs diô enojo a sus padres ni con un leve gesto. Jamâs afligiô al humilde, ni menospreciô al débil, ni volviô la espalda al necesitado, ni tuvo trato con hombres, fuera del que pedia la misericordia y toleraba el pudor. Sus ojos no conocieron el fuego de la lujuria, ni en sus palabras sonaron acentos de procacidad, ni en su continente faltô nunca la decencia. Ni movimiento indecoroso, ni andar descompuesto, ni voz presumida viôse jamâs en Ella, fi SEC. 3. 113 SS. PADRES. S. AMBROSIO reflejando, en cambio, en su compostura la interior pureza del elma. . Su continenda en la comida era sobrehumana, y su ocupaciôn en obras manuales, continua; porque no tomaba mâs alimento que el necesario para conservât la vida y trabajaba sin descanso ni dar tregua a la ociosidad. Nunca usô manjar alguno para deleite del gusto, ni sueno para regalar la carne, sino que en el breve reposo que le concedia, mientras descansaba el cuerpo, vigilaba el espiritu... En el recogimiento llevaba la mejor defensa, decoro y mo­ destia, la cual resplandecia en sus movimientos y palabras con tal arte, que se granjeaba el respeto y veneraciôn de cuantos la veian alejada de las vanidades y entregada por entero a la virtud. De donde aprenderân las virgenes a ser vigilantes de si mismas y guardadoras de su recato, si desean que las gentes las respeten. Tomen por maestras a las virtudes y sabrân ser virtuosas practicândolas, y esta prâctica sera lecciôn viva y seductora ensefianza que arrastre las aimas hacia la santidad. Pero habréis de hacerlo con la humildad de Maria, que oye a todos como discipulo y aprendiz de virtudes, aunque sea doctora consumada en la dificil ciencia de ellas...” C) ExhortaciOn a las virgenes f • < II t > t i ; \ 4 I H i ! H s 1X Î II 1 ) I &î J * ' J» H I f » : >’ I I ■ ï il > ·] y > 186 1 “Pongan sus ojos en este acabado modelo y escuela viva de todas las virtudes, y a él sigan e imiten, si desean enderezar sus pasos por el camino de la gloria eterna. Como flores en ameno jardin brülan en el aima de Maria las virtudes: en su pudor muéstrase el recato; en su fe, la firmeza y el valor; en su devociôn, el amor obsequioso. Como virgen, ama el retiro de su casa y no sale de ella sin compafiia; como madré, acude al templo a ofrecer su Hijo a Dios. Escuchad su voz, joh virgenes! Os llama para estrecharos en su seno y llevaros de la mano a la presencia del Senor, y recomendaros a Él con estas palabras: “Éstas son el lecho de mi hijo; éstas las que defendieron con su honestidad el tâlamo nupcial dei divino Esposo”. Y comentando al mismo Cristo, aâadirâ por su cuenta: "Padre, os las encomiendo como mi Hijo os encomendaba a sus discipulos cuando os decia: Tuyos son y yo te los he guardado. Asi te digo yo de mis virgenes: Tuyas son y yo te las guardé; en el pecho de ellas reclinô el Hijo del hombre la divina cabeza buscando descanso, y lo encontre». Para ellas te pido que las coloques donde yo estoy, cerca de mi; y por que su alegria sea completa, extiendas el premio a sus padres y hermanos, que espiritualmente las acompaüan en estos desposorios divinos, que si el mundo no me conociô, ellas si me conocieron..." • I > -J 3 y • V] ri 4* j i; r- I’ I I □ 1 Γ· i I SECCION IV. TEOLOGOS *.re> 187 FRANCISCO SUAREZ Incluimos aqui brevisimamente el razonamiento de Suarez sobre el propôsito de Maria de guardar siempre virginidad (cf. Misterios de la vida de Cristo: BAC, t.l p215 ss). ; . A) La virginidad en deseo "Hay que decir que la bienaventurada Virgen, desde que tuvo uso de razôn, tuvo proposito absoluto y firme de guar­ dar perpetua virginidad. Esta conclusion la insinûa Santo Tomâs al decir que la bienaventurada Virgen tuvo siempre la virginidad en deseo; porque no habia de un deseo imperfecto, que suele llamarse veleidad (pues este acto no es suficiente para la perfecta virginidad. ya que de por si no excluye la voluntad contraria, ni hay por qué atribuirla a la Virgen con esta imperfection); luego se habia de una voluntad deliberada y de un amor eficaz a la castidad que existiô en la Virgen. El Maestro de las Sententias (In 4 dist.50) tnsena la misma doctrina, y al comentarlo sostienen lo mismo San Buena­ ventura, Escoto, Gabriel, Durando, Soto, Alberto Magno y Hugo de San Victor..." 188 irZtl· B) Argumentas de razon “Ahora uso argumentas de razôn. Primero, porque a la bienaventurada Virgen debe atribuirsele el grado mâs perfecto de la virtud de la castidad y virginidad, pues esto convenia a la Madré de Dios, como siente la Iglesia universal y sus san­ tos doctores; sobre todo porque, después de Cristo, Ella habia de ser el mâs perfecta ejemplo de castidad exterior e interior... Es asi que a esta perfection pertenece el proposito de guardar perpetua virginidad, luego... En segundo lugar, la bienaventurada Virgen fué movida desde la infantia por el Espiritu Santo a amar lo que fuera mejor y mâs agradable a Dios y a realizarlo en cuanto estaba de su parte... Ahora bien, la virginidad es mejor de por si y i*- SEC. 4. TF.ÔLOGOS. SUAREZ 115 mâs agradable a Dios, como atestigua San Pablo en su JBpistola a los Corintios (1 Cor. 7,34), donde trae razones que aptisimamente se realizan en la bienaventurada Virgen, a saber: que la que es virgen piensa siempre en las cosas que son del Senor: que esté toda dedicada a Dios en cuerpo y espiritu; que no tiene el corazôn dividido, etc. Luego debe creerse que, por la antedicha mociôn del Espiritu Santo, la Virgen amô et siempre este estado y tuvo proposito de r • 4 < :? b è <· I Li'S , -ΓΑ f.t-i » it?- ..L w.ô. SECCION V. ACTORES VARIOS I. P. PEDRO DE RIBADENEIRA La presentation (Cf. La Virqcn Maria, su vida y siis misterios fed. Apost. de la Prensa, Madrid 1954] p.73 ss.) 189 “Siendo ya, pues, de tres anos, la llevaron sus padres al templo de Jerusalên para ofrecerla y presentaria al Padre Eterno, Hija; al Hijo, Madre; al Espiritu Santo, Esposa; a los Angeles, Reina, y a los hombres, Abogada. Declararon a los sacerdotes su voto; rogâronles que tuviesen cuidado con su hija, como con cosa ya consagrada a Dios; y que la criasen entre las otras doncellas que le Servian en una casa pegada al templo y edificada para este efecto, donde las virgenes eran sustentadas con las renias del mismo templo, y podian entrât en él a hacer oraciôn y ocuparse en santos y loables tjercicios sin ruido y bullicio de gente. Y, cierto, asi convenia que aquella virgen que habia de ser Madre de Dios no dilatase el consagrar su aima y cuerpo al servicio de su Esposo, sino que, en dejando los pechos de su madre, le hiciese solemne sacrificio de si misma. Porque asi como la fruta temprana y fresca y recién cogida del ârbol y con su flor es mâs gustosa y agradable que la marchita, manoseada y sacada ya en la plaza, asi el servicio que se hace al Senor en los tiemos anos le es mâs agradable que fel que se le ofrece en la vejez. Aunque Dios es de tan buena condiciôn, que recibe los sacrificios tardios y paga con grande liberalidad y franqueza a los que van a trabajar a su vifia al poner del sol... Entregaron, pues, los santos padres Joaquin y Ana a la bienaventurada Nina en mano dei sacerdote, que con solo mirarla quedô admirado y suspenso de tan singular gracia y belleza. Tomad esta Nina, sacerdote de Dios, y no penséis que es como las otras ninas que hasta ahora habéis recibido y de· SEC. 5. AUTOKES VARIOS. RIBADENEIRA 117 dicado al Senor, sino como un templo vivo suyo, y mâs vene­ rable que el mismo templo en que se ofrece. Tomadla como un sagrario del Espiritu Santo, como a la veidadera area del Testamento, como a la urna del manâ con que se sustenta la tierra, como un sancta sanctorum a donde no es licito entrât sino al sumo sacerdote, segùn la orden de Melquisedec, por­ que es la puerta de Ezequiel, para todos cerrada sino para él, y jardin cercado y fuente sallada; la que con su presencia ha de ilustrar y ennoblecer mâs este segundo templo que lo fué el prïméro, edificado por el rey Salomon. Tomôla el sacerdote y pâsola, como algunos dicen, en la primera grada de una escalera que tenia quince escalones para subir al altar; y ella, con extremada gracia, ligereza y alegria, sin que nadie la ayudase y llevase de la mano, subiô por si hasta lo alto, no sin grande admiraciôn de todos los que estaban présentes, que se espantaban de ver la extremada belleza y gracia de la Nina, y mâs el contento y prontitud con que se despedia de sus padres y se dedicaba al Senor, sacando por aquellos pequefios indicios las obras maravillosas que habia de obrar en ella el que de tan tierna edad la habia escogido para que le sirviese en el templo." 1 · >< 1 I ’ ; B) Su tralo “Después que quedô la bendita Nina entre las sagradas virgenes, iqué lengua podrâ declarar la excelencia de su recogimiento y virtudes? De las cuales hablando San Jerônimo o el autor del tratado del nacimiento de la Virgen, que anda entre sus obras, dice asi: "Procuraba la Virgen ser en las vigilias la primera, en la ley de Dios la mâs ensenada, en la humildad la mâs humilde, en los cantores de David la mâs ele­ gante, en la caridad la mâs ferviente, en la pureza la mâs pura, y en toda virtud la mâs perfecta. Todas las palabras eran 11enas de gracia, porque siempre en su boca estaba Dios. Continuamente oraba, y como dice el profeta (Ps. 1,2), meditaba en la ley del Serior dia y noche. Tenia también cuidado de sus compaüeras que ninguna hablase palabra mal hablada, que no levantase su voz en la risa, que no dijese palabra injuriosa ni soberbia a su compaôera. Continuamente bendecia a Dios, y por que cuando la saludaban no cesase de feste oficio, en pago de la salutaciôn resoondia: Gracias a Dios... En el templo aprendiô muy perfectamente a hilar lana y lino, y seda y holanda, y coser y labrar las vestiduras sacerdo­ tales, y todo lo que para el culto del templo era menester, y para después servir y regalar a su precioso Hijo, y vestirle y hacerle la tûnica inconsûtil que al pie de la cruz jugaron los sayones por no diviçlirla· Aprendiô asimismo Llas letras hebreag 190 ' ■ ·5·3 ·' ‘ ! k J $ » t 118 PRESENTACIÔX Γ>Ε LA VIRGEN. 21 NOVIEMBRE y Itia a menudo y con gran atenciôn las diversas Escrituras, y las rumiaba y meditaba y entendia perfectamente, por su alto y delicado ingenio y por la luz soberana que el Senor le infundia. Ayunaba mucho, y con el recogimiento, soledad, silencio y quietud se disponia a la contemplation y union con Dios, en la cual estaba tan absorta y arrobada y era tan visitada y regalada del Senor y de los ângeles, que mâs parecia una nina venida del cielo que enviada aeâ en la tierra. Y autores gra­ ves (cf. San Greg. Nyss., Hom. de oblat. Virgin, in templo) escriben que los ângeles le traian lo que habia de corner todo el tiempo que viviô en el templo, para que, estando desembarazada y sin cuidado de su sustento, pudiese vacar mâs libremente a la contemplaciôn mâs suavisima de su dulce Esposo. Que, pues se concediô este privilegio tan largos afios a San Pablo, el primer ermitaho, no es maravilla que se haya concedido a la que tantas ventajas le hizo y fué escogida singularmente para tan alta dignidad.” II. SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO Vida de Maria en el templo (Cf. Glorias de Maria disc.3 pto.2: en BAC, Obras ascéticas de San Alfonso M. de Liqorio t.l p.775 ss.) A) ... * El resplandor de las virtudes "Consideremos cuân santa fué la vida que viviô Maria en el templo, donde, resplandeciente como la aurora (Cant. 6,9), adelantaba sfempre su perfecciôn, como va en aumento la luz de la aurora: y ^quién podrâ explicar como resplandecian en ella de dia en dia sus mâs excelsas virtudes: la caridad, la mo­ destia, la humildad, el silencio, la mortification, la mansedumbre? Es conducida a la casa del Senor, dice San Juan Damas­ ceno, y plantada cual poderoso olivo y regada por el Espiritu Santo, llegô a ser morada de todas las virtudes (cf. De fide orthodox. 1.4 c.14: PG 94.1159). en otro lugar (cf. In Nativ. B. Μ. V. Hom. 1,2: PG 94.1159) dice el mismo Santo: “Ma­ ria era modesta de rostro, humilde en las maneras, amable en sus palabras, como salidas de un exterior recogido”; y aun en otro continûa (cf. In Nativ. B. Μ. V. Hom. 1,11: PG 96, 678): “La Virgen aparté la mente de todas las cosas terrenas, se abrazô con todas las virtudes y, ejercitândosé en toda suerte de perfection, llegô en poco tiempo a tal altura, que mereciô ser digno santuario de la santidad’’. I SEC. 5. AUTORES VARIOS. IJCORIO 119 Hablando también San Anselmo de la vida de la Santisima Virgen en el templo dice que Maria era dôcil, hablaba poco, siempre se mantenia en la debida compostura y sin reir y sin turbarse. Dâbase con asiduidad a la oraciôn, a la lectura de la Sagrada Escritura, a los ayunos y a toda suerte de actos de virtud... B) Algiinas revelaciones "La propia Madré de Dios revelô a Santa Isabel, religiosa benedictina del monasterio de Schoenau, como refiere San Buenaventura, que, cuando sus padres la dejaron en el templo·, determino tener a Dios por Padre y siempre estaba inventando nuevas maneras de complacerle2. Determino ademâs consagrarle su virginidad, renunciar a todas las cosas dei mundo y conformat enteramente su voluntad con la de Dios. Dijole ademâs que entre todos los preceptos habia puesto particular empefio en cumplir el que manda amar a Dios con todo el corazôn, y que a media noche se levantaba a orar ante el altar del templo para pedir al Senor le concediese la gracia de ob­ servât los preceptos y de ver ya nacida a la Madré del Redentor, rogândole le conservata los ojos para verla, la lengua para alabarla, las manos y pies para servirla y las rodillas para adorar en su purisimo seno a su divino Hijo. Santa Isabel, al oir esto, exclamô: "Pero, Sefiora, £no estabais Vos llena de gracia y de virtudes?” A lo que Maria respondiô: "Sâbete que yo me conceptuaba como la mâs vil e indigna de la divina gracia; por eso no cesaba de pedir gracia y virtud”. Y, finalmente, para que nos convenzamos de la absoluta necesidad que tenemos de pedir a Dios las gracias que necesitamos, anadiô: "îPiensas que alcancé las gracias y virtudes sin trabajo? Pues has de saber que nunca tuve gracia alguna sin muchas fatigas, continua oraciôn, ardiente deseo y abundancia de lâgrimas y de penitencia". Dignas sobre todo de consideraciôn son las revelaciones hechas a Santa Brigida acerca de las virtudes y ejercicios que iracticô en su infancia la Santisima Virgen. He aqui sus paabras: "Desde su ninez estuvo Maria llena del Espiritu Santo, y conforme crecia en edad, crecia también en gracia. Desde entonces resolviô amar a Dios con todo su corazôn, de suerte que no le ofendiese ni en obras ni en palabras; menospreciaba todos los bienes terrenos y cuanto ténia se lo daba a los pobres. Era tan parca en el corner, que solo tomaba el necesario --------, JJ 1 No es de San Anselmo la cita, sino de un autor desconocido, que transcri­ be “grosso modo” lo que escribiô el monje de Jerusalén Epifanio en De Vita B. Virginis 4.5.6 p. 120-194. ’ Aun cuando San Alfonso atribuyô estas revelaciones como hechas a San­ ta Isabel, monja benedictina, hoy dia se créé fueron hechas a Santa. Isabel de ïïungria. 192 120 PRESENTATION DE LA VIRGEN. 21 NOVIEMRRE alimento para sostener la vida del cuerpo. Sabiendo por las Sagradas Escrituras que Dios habia de nacer de una virgen para redimir al mundo, se abrasaba su corazôn en tan encendidas llamas de amor, que todos sus pensamientos y todos sus deseos los tenia puestos en Dios; y como quiera que solo en Él hallaba su completa felicidad, evitaba el conversar hasta con sus padres para no perder el recuerdo d'e Dios. Y suspiraba con grande ahinco estar en el mundo a la venida del Mesias para podcr ser la sierva de la virgen venturosa que habia de merecer ser su Madré...’’3 *; · ··* C) La complacenda divina "En suma, Dios se complacia en ver a esta santa doncellita aspirando siempre a la mâs alta perfecciôn, cual columnita de humo rica en olores de todas las virtudes, como la describiô el Espiritu Santo en el Cantar de los Cantares (Cant. 3,6): ^Qué es eso que siibe del desierto como columna de humo sahumado de mirra e incienso y de toda clase de aromas del mercader? Era, en verdad, esta Nina, dice Sofronio (cf. Ad Paulam et Eustoch., De Assumpt. B. Μ. V. 9, inter Opera S. Hieronymi ep.9: PL 30,132), jardin de delicias del Senor y dfe todo género de perfumes de virtud. San Juan Crisôstomo asegura que Maria fué elegida por Dios para Madré suya en la tierra porque no hallo en el mundo virgen mâs santa ni mâs perfecta que Maria, ni lugar mâs digno para su morada que su seno sacrosanto, como afirma también San Bernardo. Y San Antonino afiade que la Santisima Virgen, antes de ser elegida y predestinada para Madré de Dios, fué menester que poseyera perfecciôn tan grande y consumada que aventajase a la per­ fecciôn de todas las demâs criaturas. Asi como la santa Nina se présenté en el templo y se ofreciô a Dios tan presto y enteramente, asi también nosotros presentémonos hoy a Maria sin tardanza y sin reserva, rogândole que nos ofrezca a Dios, quien no nos rechazarâ viéndonos ofrecidos por manos de la que fué templo vivo del Espiritu Santo, delicias de su Senor y elegida Madré dei Verbo eterno. Esperemos toda suerte de bienes de esta excelsa y agradecidïsima Senora, que recompensa con sobrado amor los obsequios que le tributan sus devotos...” 4 Cf. Revelat. ohm a Card. Turrecrîmata (Torquemada) recognitae [CoIoniae Agripinnae 1628] 1.1 c.lO p.13; 1.3 c.8 p.134, etc. k. Ι’’·ϊυ SECCION VU. MISCELANEA HISTORICA Y LITERARIA il· NlfiEZ Y ADOLESCENCIA DE MARIA ! r B A) Lo que cuentan los apôcrifos 194 “Segùn las narraciones de los libros apôcrifos, la presentaciôn de Maria en el templo no se hizo sin pompa; y tanto en su obla­ ciôn como durante su permanencia en él se realizaron algunas cosas maravillosas. a) Maria, segun la promesa hecha por sus padres, fué llevada a los tres anos de edad con gran acompanamiento de jôvenes he­ breas provistas de antorchas encendidas, concurriendo los primates de Jerusalén y cantando los ângeles. b) Habia a la subida del templo quince gradas o escalones, que Maria, tan nina, los subiô sola sin ayudarse de la mano del que la conducia. c) A la puerta aguardaban los sacerdotes y levitas asociados al sumo pontifice, que la recibiô y después de besarla la condujo hasta la tercera grada del altar. d) Cuentan los apôcrifos muchas maravillas de Maria durante su estancia en el templo, a saber, que no comia del alimento ordi­ nario, sino que era alimentada por los ângeles; que no tenia habitaciôn comùn en el templo, sino que su morada era el Sancta Sanc­ torum, donde solamente una vez en el ano le era permitido entrar al sumo pontifice, y asi otras varias cosas...” r !j l >· « f’4 > 4 *: · --- - -- — -- 1··^·!-- 5 . B ) Anâlisis critico a) “El acompanamiento de jôvenes hebreas con hachas encendidas no es sino una levi sima conjetura tomada dei uso que nos­ otros hacemos en las ceremonias sagradas. El sequito de primates de la ciudad, acompanantes de la Nina, no solo supone que Joaquin pertenecia a familia muy noble, lo que es fâcil concéder, sino que era también riquisimo, hasta el punto de figurar entre los principales de la ciudad, quicnes para honrarle quisieron hallarse .présentes en la oblaciôn de su hija en el templo; pero no consta que Joaquin fuera opulento, sino mâs bien pobre o de mediana condiciôn econômica. Del concierto y aplauso de los ângeles en la oblaciôn de Maria en el templo dice Trombelli (cf. Hist. Mariana sect.l d.9 c.3) : “Lo que aqui se dice de los ângeles, si lo tomamos çn el sentido de que 195 î 1 ■ ✓ - *. A*' '··.·.·*' Ί-* t 3^· ’✓· 122 PRESENTACIÔN PE LA VIRGEN, 21 NOVI EM R RE lo notorio y visible para los hombres fuese conocido, aplaudido y aun cantado por los ângeles. no veo por que pueda ser esto reprendido: de nuestras buenas acciones se alegran y aplauden y cantan en cierto sentido. ëPor ventura el género humano no reportô utilidad no pequeûa de la oblacion de Maria, cualquiera que ella fuese y en cualquier tiempo que ocurriese, cuando esta oblacion fué por si misma aceptisima a Dios y unie a Maria con Dios con un vincu­ lo mâs fuerte y la hizo mâs santa? Pero si quiere decir que los ân­ geles se hicieron visibles y sus cantos rcsonaron y fueron oidos por los hombres, daré fe a esta narraciôn cuando tenga muchos antiguos y graves valedores". b) Que el templo tuviera quince gradas, que la Santisima Vir­ gen subiô âgil y sin ayuda de nadie, aunque asi lo ensenaron San Antonino y San Bernardino de Bustis, sin embargo, no hay docu­ mentes antiguos de valor por los que podamos admitir esta narra­ ciôn sin desconfianza, principalmente porque también es incierto que el templo tuviera esos quince escalones o gradas. c) La narraciôn de la alimentaciôn de la Santisima Virgen de mano de ângeles no tiene ningûn fundamento; pues aun cuando algunos autores, como Gregorio de Nicomedia, Cedreno y Juan de Cartagena asi lo afirmen, sin embargo, no merecen fe por haber to­ rnado esa narraciôn de los libros apôcrifos. d) El ingreso de Maria en el Sancta Sanctorum, aunque asi lo afirman algunos autores movidos por celo de piedad, no puede admitirse como verosimil, puesto que el Apôstol (Hebr. 9.25) dice que a solo el pontifice le era permitido, y esto una vez al ano, entrar en el Sancta Sanctorum, cuya reservaciôn aûn estaba vigente entre los judios en tiempo de Filon, como él mismo lo atestigua en el libro De Legatione ad Caitim Imperatorem. No parece inverosimil que los sacerdotes y levitas admitieran y toleraran que entrara en él una nina cuya eximia virtud y pureza era manifiesta; pero no asi todavia la sublime dignidad a que Dios la habia destinado” (cf. Gregorio Alastruey, o.c., 3.* ed., p.29-31). ·? . · < SECCION VIII. GUI ONES HOMILETICOS Con ocasiôn de esta fcstividad puedc predicarse sobre multitud de temas recogidos en La Palabra ae Cristo. Como ej em.pl o de ello, seleccionamos algunos en brevisima sintesis y remitimos a los Ju­ gares en que aparece el guiôn desarrollado. El templo y su grandesa 196 V La grandeza dei templo judio no consistia en sus riquezas, sino en ser casa de Dios. Casa de gloria, de sacrificio y de plegaria. Jesucristo aumenta su gloria. El templo cristiano comparado con el dei Antiguo Testa­ mento. (Cf. t.2, Dom. 1 de Epifania, guiôn 5.) Amar a Dios mas que a los padres 197 Dejar a los padres por Dios. Sacrificio que supone. Conviene estar en las cosas del Padre. (Cf. ibid., guiôn 4.) Amor a Dios y a los deudos 198 La doctrina de Cristo y de los santos parece antinatural. Qave de interpretaciôn: el amor de Dios y el amor espiritual a os deudos. Doctrina de Santa Teresa. (Cf. ibid., guiôn 6.) V f w» al 124 199 PRESENTACÏÔN DE LA VÎRC.ËN. 21 NQVIEMORË Entregarse a la gloria de Bios Maria se consagra a Dios. La virtud sagra a todos. El fin del hombre es la se la dan las criaturas y cômo debemos (Cf. t.2, Dom. 1 de Epifania, guiôn 200 de la religion nos con­ gloria de Dios. Cômo dârsela nosotros. 8.) La virtud de la religion La Santisima Virgen cumple un acto de la virtud de la re­ ligion. Diferencias entre la religion natural y la sobrenaturai. Nuevos efectos y condiciones de la religion cristiana. (Cf. ibid., guiôn 9.) 201 Naluralesa y clases de la vocacion A. La vocacion puede ser natural y sobrenaturai. Ge­ neral y especial. (Cf. t.l, p.434, guiôn 14.) B. La vocacion a la perfection es comûn a todos. Sus caminos son muy diversos. Ejemplo de San José y de los apôstoles. (Cf. t.9, p.825, guiôn 1.) C. Los santos se sacrificaron mediante el cumplimiento de sus obligationes. (Cf. t.9, p.930, guiôn 7.) Modos de sentir la llamada A. Los mâs frecuentes son la palabra, el ejemplo, la enfermedad, la desgracia y la humiliation. (Cf. t.9, p.218, guiôn 7.) ■H -- ■ 1 ~ ~1 — - - —GUIONES - — m ~ ’ -r'1 - r -HOMILÊTUOS w - _■ ■ — - SEC. 8. M ,, - 125 B. La Providenda senala muchas veces la vocaciôn contrariando nuestros proyectos. (Cf. ibid., p.220.) C. Dios llama a la santidad en distintos momentos y de diversos modos. (Cf. t.2, p.925, guiôn 13, 2.* ed., n.1588.) D. A la verdad nos llama su misma fuerza. (Cf. t.5, p.883, guiôn 7, 2.’ ed., n.1283.) E. Nos llama por medio de los milagros y las tribulaciones. (Cf. t.5, p.686, guiôn 8, 2.* ed., n.1288.) Medios para conocerla 203 A. Tiempos ignacianos. Doctrina de Santa Teresa. Los Reyes Magos. (Cf. t.9, p.214, guiôn 6.) B. Segundo y tercer tiempo de elecciôn de San Ignacio. (Cf. t.l, p.437, guiôn 15.) C. Peligro naturalista en la elecciôn de vocaciôn. Ha de ser en Cristo y sus hermanos. (Cf. t.9, p.208, guiôn 4.) Su seguimiento Condiciones para seguirla: buena disposiciôn, prontitud, confianza, paciencia, constancia y generosidad. (Cf. t.9, p.203, guiôn 5.) B. Seguirla con prontitud, generosidad y amor. Ejemplos bîblicos. (Cf. t.9, p.211, guiôn 5.) Tres modos de seguirla. El escriba con mala voluntad; el joven rico sin generosidad. Pedro decididamente. (Cf. t.5, p.1045, guiôn 8, 2.a ed., n.2018.) ii Meatal* 126 PRESENTACION’ DE LA VIRGEN. 21 NOVIEMBRE 10 205 La vocaciôn de los hijos Conducta de los padres ante la vocaciôn de êstos. (Cf. t.2, p.137, guiôn 19, 2.* ed., n.212.) V 206 IQ I. Invocaciones de la letania. La Santisima Virgen, al ser presentada en el templo, consagra su virginidad a Dios. La letania recita cuatro invocaciones seguidas de un significado harto parecido: Mater purissima. Mater castissima. Mater inviolata. Ma­ ter intemerata. La primera invocation se refiere a la pureza total o limpieza de toda mancha; la segunda, a la castidad; la tercera, a la virginidad, y la cuarta, remachando mâs las ideas, excluye toda mancha, por pequeüa que fuere, en lo relativo a la pureza de los sentidos. 207 II. “Mater purissima'*. A. El hombre puede vivir sin pecar. a) .Pero le es imposible morabnente conseguirlo durante toda la vida sin la ayuda de la gracia. b) Y aun con esta no puede evifar caer en algûn pecado venial, sin un privilegio especialisimo, que no suele ser frecuente. Precisamente quien no se siente pecador, no es capas de entender ni el amor de Dios a los hombres, ni lo que son los hombres sus hermanos, a quiencs juzgarà con duresa, ni lo que él mismo es. 208 raîz de este edifitio es doble. Por una parte nuestra flaqueza. No somos solo espiritu, sino vn espiritu envuelto en una masa tal de car­ ne, que ha perdido su agilidad. Por otra, nuestros enemigos. 1. El mundo, que nos rodea con su ambiente y que no entiende a Cristo. SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 127 El demonio, a quien, si Dios no sujetara, nos derribaria, dado lo que conoce nuestro corazôn. C. Maria Santisima era incompatible con el pecado. 209 Ya lo hemos explicado suficientemente al hablar de la Inmaculada. El concilio de Trento, al définir la necesidad de un privilegio especial para verse libre del pecado original, afirma que la Iglesia ha creïdo siempre que Maria Santisima lo tuvo. Podemos, pues, llamarla Mater purissima. III. “Mater castissima”. 210 A. Cuando los herejes dicen que hay mandamientos imposiblts de guardar y cuando la misma Iglesia afirma que séria imposible guardarlos si no contâsemos con la ayuda de Dios, que lo facilita, todos piensan en lo mismo: en el pecado deshonesto. B. Es mâs dificil de evitar, porque llevamos dentro de nosotros mismos la tentaciôn. No es el mâs grave—el de soberbia le supera muy mucho, y la falta de misericordia también—; pero, sin embargo, es el pecado que, a mâs de lo que de­ grada, al animalizarnos, encierra peligros especiales, por lo fuerte de sus cadenas y de la costumbre que engendra râpidamente. Hablar de este pecado con relaciôn a Maria, aun cuando fuera para decir que no lo padeciô, es ofenderla. Se dice que San José no tuvo ni aun siquiera un pe­ cado venial por inadvertencia en esta materia, por­ que bastaba la proximidad a Maria para curar toda concupiscenda. IV. “Mater inviolata”. A. La virginidad anade algo a la castidad mâs pura. La entrega a Dios del cuerpo para que el aima pueda entregarse mâs libremente. B. Maria se entregô desde su infancia. Su entrega fué la mâs total. Es la Madré de las virgenes C. Cuando los Santos Padres defienden la virginidad, suelen hablar de Maria, y San Ambrosio establece que la primera virgen es la Santisima Trinidad, y la segunda Maria. V. /De que medios se valiô Maria? k. Hubo medios que los recibiô gratuitamente. Por ejemplo: Maria no sintiô jamâs la concupiscenda ■ PRESENTACIÔN ΠΕ LA VIRGEN. 21 NOVIEMURE rebelde. Era una de las consecuencias del pecado original, que no hubo de padecer. B. Pero aun estos medios hubieron de ser cultivados. como cultivô la gracia. C. Los medios utilizados por Maria fueron: a) Negativos. Huyô dei mundo, de las tentaciones de Satanas y de los incentivos exteriores. Su vida fué de recogintiento, silendo... b) Positivos. En primer lugar, la oraciôn. Es el medio princi­ pal de conseguir las gracias. En segundo lugar. en cuanto a nuestra exposiciôn, pero no en cuanto a su valor, la union con Cristo. El pecado separa de Cristo y enfria su amor. Cuanto mâs amemos a Cristo, mâs lejos estaremos de ofenderle. 2.® La castidad y la virginidad son, por una par­ te, un alejamiento del pecado, y por otra, un acercarnos a Dios. Quien viviere tan unido a Él como Maria, por fuerza ha de ser cas­ to y virgen. 213 t*·.· VI. Lecciôn. Êsta es la lecciôn de Maria en su presentation en e] templo, cuando se aparta de todo para entregarse a Dios. Êste es el motive de nuestra confianza cuando tenemos una Madré que de tal forma sobresaliô en virtudes que tanta falta nos hacen a nosotros. la an UN C I AC I 0 N DE MARIA I r* r Maha de C. 10 SECC10N I. TEXTOS SAGRADOS it' I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus.—Ps. 44,13.15 y 16: Vultum tuum deprecabuntur omnes divites plebis: adducen­ tur regi virgines post eam: pro­ ximae eius adducentur tibi in laetitia et exsultatione. — Ps. ibid. 2: Eructavit cor meum verbum bonum: dico ego ope­ ra mea Regi. Gloria Patri... Introito.—Implorarân tu bendiciôn todos los magnates del pue­ blo; serân conducidas al Rey virgenes (las aimas) en pos de Ella (Maria); sus compafieras serân traidas a ti (Senor) con alegrîa y exultaciôn.—Ps.: Eructo mi corazôn una palabra buena; dijo “mis obras son buenas para el Rey, mi Dios”. dre... Oratio.—Deus qui de beatae Mariae Virginis utero Verbum tuum, Angelo nuntiante, car­ nem suscipere voluisti; praesta supplicibus tuis; ut qui vere eam Genitricem Dei credimus, eius apud te intercessionibus adiuvemur. Per eumdem Domi­ num. Oraciôn.—jOh Dios, que quisiste que tu Verbo t ase carne en el seno de la Santisima Vir­ gen Maria, después de anunciârselo el Angel!, concede a nuestras humildes sûplicas que, pues la creemos verdadera Madré de Dios, seamos ayudados ante Ti con su intercesiôn. Por el mismo Jesucristo, nuestro Senor. Grad. — Ps. 44,3-5: Diffusa Gradual. — Derramada esta la est gratia in labiis tuis. Propter gracia en tus labios: por eso te veritatem et mansuetudinem et bendijo Dios para siempre. Reina iustitiam: et deducet te mirabi­ por la verdad, y la mansedumbre y la justicia; y tu diestra te 11eliter dextera tua. varâ a cosas maravillosas. Tractus.—Ps. 44,11-12: Audi filia, et vide, et inclina aurem tuam; quia concupivit rex spe­ ciem tuam. Ibid. 13 y 10: Vul­ tum tuum deprecabuntur omnes divites plebis: filiae regum in honore tuo. Ibid. 15-16: Addu­ centur regi virgines post eam: proximae eius afferentur tibi. Adducentur in laetitia, et exsul- Tracto.—Oye, hija, y mira e inclina tu oido; porque el Rey se ha prendado de tu hermosura. Venerarân tu rostro todos los poderosos del pueblo; las hijas de los reyes te prestarân honores. Serân presentadas al Rey las virgenes de tu séquito; ante ti serân traidas sus compaüeras. Conducidas serân con alegrîa y exulta- 214 132 ». . · * 1 LA ANUNCÏACXÔN DE ciôn; serân llevadas al templo del I Rey. Alcluya, aleluya.—Dios te sal- i ve. Maria, llena eres de gracia: el Senor es contigo: bendita eres | tü entre todas las mujeres. Ale­ luya. La vara de J esc ha flore- ' cido. la Virgen ha engendrado a : un Dios hombre; Dios ha devuelto la paz reconciliando en si lo bajo con lo mas alto. Aleluya. Ofertorio.—Dios te salve, Ma­ ria, llena eres de gracia; el Senor es contigo; bendita eres entre to­ das las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ■Ml Secreta.—Te suplicamos. Senor, arraigues en nuestras almas los misterios de la verdadera fe; pa­ ra que, confesando verdadero Dios y hombre al que fué concebido de una Virgen, merezcamos llegar a la etema felicidad por virtud de su saludable resurrecHt·’ Senor Jesu­ cion. Por el mismo cristo nuestro Senor. Comuniôn.—Una Virgen concebirà y parirâ un Hijo: y sera llamado Emmanuel. Poscomuniôn.—Te suplicamos. Serior, infundas tu gracia en nuestras almas; para que reconociendo y venerando la encarnaciôn de Jesucristo, tu Hijo, anunciada a Maria por el ângel. consigamos por su pasiôn y cruz, llegar a la gloria de la resurreccidn. Por el mismo Serior... 215 MARÎa. 25 MARZO tatione: adducentur in templum Regis. Alleluia, alleluia. — Lc. 1,28: Ave Maria, gratia plena, Domi­ nus tecum: benedicta tu in mu­ lieribus. Alleluia. — Num. 17,8: Virga lesse floruit: Virgo Deum et hominem genuit; pa­ cem Deus reddidit in se recon­ cilians ima summis. Alleluia. Offert.—Lc. 1,28-42: Ave Ma­ ria, gratia plena: Dominus te­ cum: benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui. Secreta.—In mentibus nostris quaesumus, Domine, verae fi­ dei sacramenta confirma: ut qui conceptum de Virgine Deum verum et hominem confitemur, per eius salutiferae resurrectio­ nis potentiam, ad aeternam me­ reamur pervenire laetitiam. Praefact.—(Igual que en la Inmaculada.) Communio. — Is. 7,14: Ecce virgo concipiet, et pariet fi­ lium et vocabitur nomen eius Emmanuel. Postcommunio. — Gratiam tuam, quaesumus, Domine men­ tibus nostris infunde: ut qui Angelo nuntiante Christi Filii tui incarnationem cognovimus: per passionem eius et crucem, ad resurrectionis gloriam per­ ducamur. Per eumdem Domi­ num... II. EPISTOLA (Is. 7,10-15) 10 Y dijo ademâs Isaias a 10 Locutus est Isaias ad Achaz dicens: Ajaz: 11 Pide a Yahveh, tu Dios, 11 Pete tibi signum a Domi­ una serial, o de abajo en lo pro­ no Deo tuo, in profundum in­ fundo, o de arriba en lo alto. ferni, sive in excelsum supra. e? s * SKC. I. TEXTOS SAGRADOS 12 Y contestô Ajaz: No la 12 Et dixit Achaz: Non pe­ tam et non tentabo Dominum. pediré, no quiero tentar a Yahveh. 13 Enfonces dijo Isaias: Oye. 13 Et dixit: Audite ergo, do­ mus David: Numquid parum pues, casa de David. iOs es poco vobis est, molestos esse homi­ todavia molestar a los hombres, nibus, quia molesti estis et Deo que molestais también a mi Dios? meo? 14 Propter hoc dabit Domi­ 14 El Senor mismo os darâ nus ipse vobis signum: Ecce por eso la serial:· He aqui que la virgo concipiet, et pariet filium, Virgen gràvida esta dando a luz et vocabitur nomen eius Em­ un hijo y le llamarâ Emmanuel. manuel. 15 Butyrum et mei comedet, 15 Y se alimentarâ de leche ut sciat reprobare malum et eli­ y de miel hasta que sepa desechar gere bonum. lo xnalo y elegir lo bueno. HI. EVANGELIO (Lc. 1,26-38) 26 In mense autem sexto, missus est Angelus Gabriel a Deo in civitatem Galileae, cui nomen Nazareth, 27 ad Virginem desponsatam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David, et nomen Virginis, Maria. 28 Et ingressus Angelus ad eam dixit: Ave, gratia plena: Dominus tecum: Benedicta tu m mulieribus. 29 Quae cum audisset, tur­ bata est in sermone eius, et cogitabat qualis esset ista salu­ tatio. 30 Et ait Angelus ei: Ne ti­ meas, Maria, invenisti enim gra­ tiam apud Deum: 31 ecce concipies in utero, et paries filium, et vocabis no­ men eius lesum, 32 hic erit magnus, et Filius Altissimi vocabitur, et dabit illi Dominus Deus sedem David pa­ tris eius: et regnabit in domo lacob in aeternum, 33 Et regni eius non erit fi- 26 En el mes sexto fué enviado el ângel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, 27 a una Virgen, desposada con un varôn de nombre José, de la casa de David: el nombre de la Virgen era Maria. 28Y entrando a ella dijo: Dios te salve llena de gracia, el Sefior es contigo. 29 Y ella se turbô al oir es­ tas palabras y discurria qué ροdria significar aquella salutacion. 30 Y el ângel le dijo: No te­ rnas Maria, porque has hallado gracia delante de Dios. 31 Y concebirâs en tu seno y darâs a luz un hijo, a quien pon­ dras por nombre Jesûs. 32 Sera grande y llamado Hi­ jo del Altisimo y le darâ el Se­ nor el trono de David, su padre, y reinarâ en la casa de Jacob por los siglos, 33 y su reino no tendra fin. 34 Y dijo Maria al ângel: 34 Dixit autem Maria ad Angelum: Quomodo fiet istud, èCômo podrâ ser esto, pues que quoniam virum non cognosco? yo no conozco varôn? ? 1 I I J 216 Iΐ Ί 3 I ■i ? S ■ 134 U anuUciaciôn de maria. 35 Y cl ângel le contesta El Espiritu Santo vendra sobre ti y la virtud del Altisimo te cubrira con su sombra, y por esto el hijo engendrado sera santo, sera Hi­ jo de Dios. 36 Isabel, tu pariente, también ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el mes sexto de la que era estéril, 2o marzo 35 Et respondens Angelus dixit ei: Spiritus Sanctus super' veniet in te, et virtus Altissimi j obumbrabit tibi. Ideoque et quod nascetur ex te Sanctum vocabitur Filius Dei. 36 Et ecce Elisabeth cogna­ ta tua, et ipsa concepit filium in senectute sua: et hic men­ sis sextus est illi, quae vocatur sterilis: 37 porque nada hay imposible 37 quia non erit impossibile para Dios. apud Deum omne verbum. 38 Y dijo Maria: He aqui a la 38 Dixit autem Maria: Ec­ sierva del Senor, hâgase en mi se- ce ancilla Domini, fiat mihi se­ cundum verbum tuum. SECCION II. COMENTA RIOS GENERALES I. LUGAR, TIEMPO Y PERSONAS Harta materia para tan corto espacio, que nos obligarâ a ser esquemâticos. A) 217 Nazaret Comencemos por hablar de Nazaret, entonces pequenisima aldea, no citada mâs que por los evangelistas, que nos refieren también la apostilla despectiva de Natanael. Humilde quiso ser el Senor en todo. Hasta en el lugar de su nacimiento. Nazaret esta situada en un repecho, cortado en forma de barranco y desde el que se otea una vista espléndida. En la aldea hoy harto crecida nos quedan dos lugares honrados ciertamente por la.presencia de Jesus y de Maria, a saber, el barranco por donde quisieron despenar al Senor (Lc. 4,29) y la fuente a la que tantas veces iria la Santisima Virgen con su cantaro. Ademâs de esto los arqueôlogos han descubierto numerosas cuevas de viviendas semitrogloditicas, las mejores de las cuales parcce que se utilizaron como habitaciones, mediante la construcciôn de una casa, que, colocada delante de la cueva, convertia a esta en una sala interior. Por lo tanto, resulta verosimil la antigua tradiciôn que nos muestra una de estas cuevas que, unida por diecisiete escalones con la “santa casa”, formaba un lugar de retiro y silencio muy oportuno para la Santisima Virgen. Hoy esta encerrada en una iglesia y es venerada como el lugar de la Anunciaciôn de Maria y Encarnacion del Verbo. B) Tiempo En cuanto al tiempo, sabemos que tuvo lugar seis meses después de la concepciôn de San Juan. Sobre el afiô no se ponen de acuerdo los autores. C) Personas Las personas son bien conocidas. Una virgen, Hamada Maria y desposada con un varôn, llamado José. Con piedad devota se han querido ver misterios de sua\ddad y amor en el nombre de Maria, cuando en realidad la humildad de Dios y de su Madré se limitaron a escoger el que era de uso ’ o’ 218 M ANUNCUCIÔN DE MARÎA. 25 MARZO : ■ muy trccuente en aqucllos tiempos. Parecc ser, como hemos dicho mâs arriba, que en su origen remoto de los tiempos mosaicos, significaba Amada de Dios, pero en los del Sefior habia sido olvidada la etimologia egipcia. Pertcnecia esta Seriora al linaje de David, muy oscurecido des· de siglos antes, y estaba desposada, esto es, vivra aquel intervalo poco mâs o menos de un ano, que solia transcurrir desde los csponsales, dotados con fuerza contractual de matrimonio, hasta la entrega de la esposa al esposo, que ya hemos deserito al hablar de las bodas de Canâ. Por lo tanto, la morada de Maria no era tod avi a la de José. La edad entre los catorce y dicciséis aiios, puesto que todo fué normal. r? > : ■ IL LA ANUNCIACION 220 A) Fué enviado el àngel Gabriel de parte de Dios San Ignacio, en los Ejercicios, nos présenta a la Santisima Tri­ nidad como celebrando un consejo para redimir al hombre, y dccidivndo la Encarnacion, Es una forma humana de concebir y me­ ditar las cosas, muy oportuna para que calemos el sentido de la embajada divina. Cielos y tierra estuvieron pendientes de ella El mensajero tué Gabriel. Poco sabemos de los ângeles, y lo que sabemos es mâs que otra cosa especulaciôn mistica de los teôlogos médiévales, pero entre ese poco aparecen en la Sagrada Escritura très nombres: San Gabriel, San Miguel y San Rafael. De admitir las explicaciones actuales de los escrituristas sobre cl carâcter puramente literario dei libro de Tobias, nos cncontrar.amos con que San Gabriel es el unico del que se conoccn intervenciones historicas realizadas en la tierra. Esta es la tcrccra vcz que se aparece y las très con mensajes relativos al Mesias. La primera a Daniel, con el anuncio de las cuarenta famosas semanas; la segunda prépara cl nacimiento de San Juan y la tcrccra vicne a visitât a Maria. Al contemplatio delantc de la Virgen, recordemcs como respeta Dios nuestra libertad, lo mismo para el bien que para el mal. El consentimiento libre es nccesario para el mérite y el premio justo. Recibamos como a ângeles de Dios las santas inspiraciones en que consiste la gracia actual. B) Enlrando a Ella La palabra “entrando” nos indica que Maria sc hallaba en algun lugar cerrado. Probablemente en oraciôn, ya que durante ella han ocurrido gran parte de las revelaciones del Antiguo y Nuevo Tes­ tamento. Soledad y oraciôn, ambiente propicio para las comunicaciones divinas. No nos hagamos ilusiones de moderno agotamiento ac­ tivo. I sec. 2. COMENTARtOS generai.es 137 C) Dios te salve, llena de gracia, el Senor es contigo El evangelists escribe en griego y emplea cl saludo corricnte de esta lengua: i.-llégratc! que los latinos traduccn por /4ve o salve, pero lo cicrto cs quo el angel pronunciaria el saludo arameo: La /> t SEC. 3. SS. I’APRKS. S. GREGORIO TAÜMATURCO 145 II. SAN GREGORIO TAUMATURGO Gozo de Maria y gozo del mundo , Entre las obras dudosas de este santo liguran tres sermones, cuyo estilo, desde luego, parece algo posterior, Elio no obsta para que scan de venerable antigüedad y de indiscutible valor intrinseco. En los très flota la misrna idea, el gozo del misterio. Seguiremos el orden del segundo scrmôn, el mas precioso de todos ellos, pero utilizando los materiales ofrecidos por los tres (cf. Opéra dubta, Hom.l, lu Annuntiatione B. V. Al., p.10.1151 ss). A) Dia de gozo a) El Senor prodiga el gozo. 1. Si quiere anunciar su pasiôn, dice: Vosotros ahora tenéis tristeza, pero de nuevo os veré, y se alegtarà vuestro corazôn y nadie sera capaz de quitaros vuestra aïegrîa (lo. 16,26). 2. Después de la resurrecciôn anuncia el gozo por medio de las santas mujeres. 3. San Pablo escribe esta frase en muchos lugares: Alegraos siempre en el Senor (2 Cor. 13,11; Phil. 2,18; 3,1; 4,4; 1 Thés. 2,16). 4. Ved, pues, como nos prodiga el gozo perdurable y por doquiera completo y del que tenemos hoy la mejor muestra. b) “Hoy llama Dios a sus hijos como a convidados, hoy se cumple el orâculo de David: Alégrese el cielo y regocîjese la tierra...; salte de jübilo el campo y cuanto hay en él, y salten juntamente los àrboles de la selva, ante la presencia del Senor (Ps. 95,11-13). 1. Hoy se nos descubre claramente el inefable misterio de los cristianos, que pusieron su esperanza en Cristo. Hoy Gabriel, que asiste a Dios, se présenta a la Santisima Virgen y le dice: Ave, gratia plena. 2. Si celebramos todos los misterios, debemos celebrar este especialmente, porque es el primer saludo que nos envia el Padre de las Luces, inaugurando los tesoros de salvaciôn y sabiduria del Nuevo Testamento.” B) Del gozo de Maria 243 ’t't a) La escena 1. El Senor habia a Gabriel y le dice: “Dispônte, joh ângeli, a ser ministro de un gran y oculto misterio. Estoy presto a descender a la tierra para reparar a Adân. Su pecado defor I· ■ f ■ 146 LA ANUNCIAC10N DE MARÎA. 25 MARZO mô lo que habia hecho a mi imagen... El lobo devora lo que yo alimenté... Ve, pues, a Maria Virgen..., presêntate en mi paraiso que esta discretamente defendido, presêntate en la Puerta Oriental, presêntate en la morada digna de mi Hijo... Hâblale al oido..., no ofendas ni conturbes lo mâs minimo el ânimo de la Virgen... anûnciale la primera palabra de gozo". 2. Quien se turba es el arcângel. “| Aquel que âlena de ru­ bor a los querubines, aquel que... promete asociarse a una joven, y lo que es mâs, le envia una embajada que se lo anuncia...! jEs posible que el que condenô a Eva glorifique de una manera tan cumplida a una de sus hijas?” 3. "iQué te conturba, Gabriel?” iNo has ido a corregir la esterilidad de Ana? îHay algo imposible para Dios? 4. “Corregir, joh Senor!, los errores de la naturaleza..., obra a la que estâ acostumbrada tu virtud... Pero si los cielos y la tierra no pueden abarcar vuestra inmensidad, £cômo podrâ hacerlo el seno de una virgen? 5. Obediente el ângel saluda a Maria. "Ave gratia plena: tus obras, en verdad. son dignas de gozo, porque estâs revestida de tûnica resplandeciente de continencia y honestidad... Ave gratia plena, porque por ti puede regocijarse la criatura humana que recobra su dignidad primitiva; Ave gratia plena, porque en ti se encerrarâ el Creador del mundo..." b) GOZO SIN TEMOR No terne Maria al ângel, pero toma sus precauciones para no ser enganada como su madré Eva. El ângel la tranquiliza. No temas, porque has encontrado gracia ante Dios. “Éste es el motivo y las jerarquias celestiales te saludamos. Tu aima supera a la nieve en candor. Olivo fecundo y fecundo por el Espiritu Santo, que nos llama a la filiaciôn divina; paraiso con el ârbol de la vida inmortal; baluarte de justicia que comunica la gracia a cuantas aman la virginidad...” r c) El gozo de Marla Nos lo expresa en el “Magnificat”. Fecit mihi magna... Me hace su Madré, me conserva Virgen, y en mi bendice al mundo entero. Fecit potentiam in brachio suo, venciendo a la muerte y al demonio, y rasgando el decreto de condenacion. Dispersit superbos, arrojando al demonio y a su idolos que senoreaban el mundo. Suscepit Israel puerum suum, al qu’a estaba esptrando, al que desearon Abraham y nuestros padres. ’· ·>»\ νί· SEC. 3. C) SS. PADRES. S. PEDRO DAMIANO 147 Gozo dei mundo 244 a) En estas ultimas palabras se compendian los misterios de la Redenciôn. Principio de todos los bicnes fué para nos­ otros la Anunciaciôn. b) La carne introdujo el pecado y la muerte. De la de Maria nos va a venir la salvaciôn. c) Evangelizanos, que viene el médico, que viene la gra­ cia del Salvador, porque cuanto hizo Dios, hizolo no para engrandecerse Él, sino por nuestro bien. D) J Π i■ • 1 A feet os "En verdad, jVirgen Santisimal, que tu alabanza supera toda alabanza, por haberse encarnado Dios en ti... Centelleas con los fulgores de la luz en los reinos, en donde es glorificado el Padre que no tiene principio, cuyo poder te cobija; donde es adorado el Hijo, a quien diste a luz; donde es alabado el Espiritu Santo, que obrô en tu seno. Por ti, joh llena de gracia!, es conocida en la tierra la Trinidad Beatisima. Dignate hacernos participes de tu gracia en Cristo Jesûs, a quien sea dada toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.” III. SAN PEDRO DAMIANO •2i I Lo alegôrico del marco, del que puede prescindirse, queda mâs que AU!npensado con la doctrina expuesta (cf. Servi. 44: PL 144,738 ss). A) La generaciôn eterna a) Salîa del Edén un rîo, que regaba el jardin, y de alli se partta en cuatro brazos, para regar toda la tierra (Gen. 2,10). El rîo es Jesûs, nacido de una doble fuente, del Padre y de Maria. Gloriosos ambos naciraientos, pero mucho mâs el primero. b) Generaciôn inénarrable. Dios habita una luz inaccesible (1 Tim. 10,16), por cuanto hasta las criaturas celestes quedan ofuscadas. El mismo Hijo protesta: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiere revelârselo (Mt. 8,27). El mismo San Pablo, arrebatado al cielo, confiesa que oyô palabras inefables. que el hombre no puede decir (2 Cor. 12,4). c) Nacido en un lugar de delicias. Dios no es un lugar, pero asi podemos imaginario, nosotros que no sabemos desprendernos de los sentidos. Lugar de delicias es el Padre, por- 246 •î ; 1 ·!♦’ 5 148 LA ANUNCIACIÔN DE MARÎA. 25 MARZO que en Êl. por Êl y para Êl son todas las cosas (Rom. 11,26). Todo buen don y toda dâdiva perfecta vienen de arriba, desciende del Padre de las luces. d) De estos bienes participa el Hijo. Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti ûnico Dios verdadero (lo. 17,3). La vida eterna esta en el conocimiento del Padre, porque Él es vida y futnte de toda vida. Pero, ademàs, se afiade: Y a tu enviado Jesucristo. Porque es engendrado del seno del Padre, Luz de Luz, Vida de Vida. En efecto, el Hijo: 1. Sale con igualdad de poder, porque lo que (el Padre) hace, lo hace asimismo el Hijo (Io. 5,19). 2. Sale del Padre, igualmcnte eterno como Él, pues aunque engendrado, en este caso, el Padre no existe antes que el Hijo, sino que Padre e Hijo son a la vez. 3. Sale en todo seme jante a Él, pues es el esplendor de su sustancia. imagen del Dios invisible (Hebr. 1,3). 4. Y a pesar de ello, sale del Padre, como persona dis­ tinta, y cuando dice: Mi Padre y yo somos una sola cosa (Io. 10,20), no un solo Senor, sino una sola cosa, con esta ùltima palabra designa la union de esencia y con el plural "so­ mos” la distincion de personas. e) Este rio salio del paraiso para regar la tierra entera. De Cristo han recibido ei ser de gracia los ângeles y los hom­ bres. Rio que se desborda en cuatro brazos: 1. De admiration, por la que toda criatura ’esta pasmada ante la gloria de Cristo y la forma de esa gloria. 2. De pureza, porque no se bebe del vaso de barro de la flaqueza humana, sino de las aguas de la fuente del Salvador (Is. 12,1). 3. De hartura, porque si bien deseamos mirarnos en El, el deseo no supone miseria, sino que deseamos para vemos siempre satisfechos con una satisfacciôn que produce mayor deseo. 4. De segucidad, porque, confiados en Él, esperamos cl advenimiento del gran Dios y el momento en que seamos un solo rebano dentro d’e un solo redil. 247 B) La generation materna a) Inexplicable también, porque îquién podrâ entender como se humana un Dios y persevera la distinciôn d’e naturalezas en la identidad de persona? b) Salida dulce y afectuosa para nosotros, porque produ­ ce lâgrimas de compunciôn en el pecador, y gozo en quien l*e ama. c) Lugar de delicias es también Maria, pues Dios reuniô en Ella cuantas pueden caber en una criatura. ^Acaso hallô SS. PADRES· S. BERNARDO «I i 149 Dios placer en los ângeles en quienes encontrô maldad? ^Acaso en las criaturas? No. Sôlo lo encontrô en el seno de Maria. d) También sale de Maria para regar toda la tierra, repartido en cuatro brazos, conforme a las palabras del Apôstol, que dice vino a ser sabiduria, j usticia, santificaciôn y redencion (1 Cor. 1,30). "Porque viniendo a los que estâbamos en la cârcfcl, disipô las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de la sabiduria; después, por la justicia que procede de la fe, desatô las ligaduras de nuestros pecados, santificândonos en su cucrpo y redimiéndonos con su pasiôn corporal." Rios, también, de paciencia con los pecadores, de miseri­ cordia con qu'e alienta a los caidos, de largueza con que ensalza a los adelantados, de fortaleza con que los hace perseverar. e) En la cruz este rio se abriô al mundo entero. "Dulce es ei Sefior, dulce la S'enora; porque Él es mi Dios, misericor-r dia mia; Ella mi Seüora, puerta de la misericordia. Dirijanos la Madré al Hijo, la Hija al Padre, la Esposa al Esposo, que es bendito por los siglos de los siglos.” ÎU‘ ' HH ' ( j-1 3 i i J IV. SAN BERNARDO Virginidad, humildad, maternidad y obediencia Si alguna vez ha merecido San Bernardo el titulo de Melifluo, fué, sin duda, en sus homilias sobre el “Missus est” compuestas mientras se hallaba “impedido por sus achaques". Elaborâmes un .euiôn siguiendo la linea de la homilia I e intercalando algùn pârrafo de las otras (cf. BAC, Obra selecta, p.519 ss). A) Argumento * a) “îQué Virgen es esta tan respetable para qu’e un ângel la salude?" b) iTan humilde que esta desposada con un artesano? c) Bella es la mezcla de virginidad y de humildad, y no poco agrada a Dios aquel aima, en quien la humildad engrandece a la virginidad y la virginidad adorna a la humildad. d) Mas ide cuânta veneraciôn te parece que sera digna Aquella cuya humildad engrandece a la fecundidad y cuyo parto consagra la virginidad?” (Hom. 1 n.5). B) Virginidad humilde 249 • . a) "Para que la que habia d'e concebir y dar a luz al Santo de los santos fuese santa en su cuerpo, recibiô el don de la virginidad; para que fuera también santa en la mente, recibiô V| *'***· 150 LA ANUNCIACIÔN DH MARÎA. 25 MARZO el de la humildad. Adomada con estas pfedras pretiosas, la vir­ gen regia atrajo las mîradas de su Dios" (Horn. 2 n.2). b) ‘Oyes hablar de una virgen, oyes hablar de una humilde. Si no puedes imitar la virginidad de la humilde, imita la humildad de la virgen. Loable virtud es la virginidad, pero mâs necesaria es la humildad. Aquélla se nos aconseja, esta se nos manda; te convidan a aquélla, a esta te obligan. De aquélla se dice: El que la pueda guardar, guârdela (Mt. 19,12 y 1 Cor. 7,25). De ésta se dice: Quien no se haga como este pequeüuelo, no entrara en el reino de los cielos (Mt. 18,4). Aquélla se premia como sacrificio voluntario; ésta se exige como servicio obligatorio." "En fin. puedes salvarte sin la virginidad, pero no sin la humildad. Puede agradar la humildad que llora la virginidad perdida; mas sin humildad, me atrevo a decirlo, ni aun la vir­ ginidad de Maria hubicra agradado a Dios... Ella dice porque ha mirado el Seûor la humildad de su esclava (Le. 1,48), mucho mâs que la virginidad. Y aunque por la virginidad agradô a Dios. pero concibiô por la humildad” (Hom. 1 n.5). c) “iQuc dices, virgen soberbio; Maria, olvidada de que es virgen, gloriase de la humildad, y tû, menospreciando la humildad, te glorias de tu virginidad?... iPor ventura eres tû mâs casto que Maria, o mâs devoto?" (Hom. 1 n.6). 250 C) Virginidad fecunda a) “Hay, sin embargo, en Maria algo mâs grande de que admirarse, que es fecundidad junta con virginidad. (Ύ si con­ sideras, ademâs, de quién es Madre? ;Adônde te llevarâ tu ad­ miration sobre tan admirable excelencia?... jNo es Maria la que confiadamente llama al Dios y Senor de los ângeles Hijo suyo?... îQuién de los ângeles se atreveria a esto?" (Hom. 1, n.2). b) "Corred, madrés; corred. hijas; corred todas las que después de Eva y por la culpa de Eva os acercâis al parto con tristeza y dais a luz con dolor. Id al tâlamo virginal, entrad, si podéis, en el casto aposento de vuestra hermana. Ea, ya envia Dios su nuncio a la Virgen; ea, ya habla el ângel, aplicad el oido" (Horn. 2 n.2). c) "Alégrate, padre Adân, y tû, madre Eva, salta de jûbilo; porque asi como fuistéis padres de todos, asi fuisteis de todos homicidas, y lo que es peor, antes homicidas que padres. Una mujer ha sustituido a otra, la prudente a la fatua, la hu­ milde a la soberbia. Por lo tanto, padre Adân, cambia tus palabras antiguas de acusaciôn y di: "La mujer que me diste SEC. 3. SS. PADRES. S. BERNARDO h 151 diôme del fruto del ârbol de la vida y comi; y ha sido mâs dulce que la miel para mi paladar, porque en él me has dado la vida” (ibid., n.3). 0) Obediencia •Γ San Bernardo no alude a la obediencia de Maria de la que también puede tomarse pie para hablar de esta virtud, sino que después de habernos dicho que Maria llamaba Hijo a Dios, afiade: a) "Dios no se desdena de ser llamado lo que Él quiso ser, pues poco después anade el evangelista: Y les estaba sujeto (Le. 2,51). ^Quién? quiénes? Dios a los hombres... Maravillate de ambas cosas y mira cuâl sea mâs admirable, si la benignisima dignaciôn del Hijo o la excelentisima dignidad de la Madré. Ambas pasman, ambas son prodigiosas: que Dios obedezea a una mujer, humildad es sin ejemplo, y que una mujer tenga autoridad para mandar a Dios, excelencia es sin igual. En alabanza de las virgenes cântase de ellas como algo singular que siguen al Cordero por doquiera que vaya. Pues iqué alabanza juzgarâs digna de Aquélla que le precede y detrâs de la cual marcha el Cordero?” (Hom. 1 n.l).' b) "Aprende, hombre, a obedecer; aprende, tierra, a sujetarte; aprende, polvo, a observar la voluntad del superior. De tu autor habla el evangelista y dice: Les estaba sujeto, a Maria y José, sin duda alguna. Avergüénzate, soberbia ceniza. iDios se humilia y tû te ensalzas? ^Dios se sujeta a los hom­ bres y tû, anhelando desafiarlos, te prefieres a tu autor? jOjalâ que si yo admitiese estos pensamientos, oyera al Senor decirme, como cuando reprendiô a San Pedro: Retïvate de mi, Satanâs..., porque no sientes las cosas que son de Dios (Mt. 16,23). Por donde, cuantas veces deseo mandar a los hombres, otras tantas pretendo ser de mejor condition que mi Dios” (Hom. 1 n.l). E) Récapitulation a) “Si te desdenas, hombre, de imitar el ejemplo de los hombres, no creo puedas reputar indecoroso seguir el de Dios. Si no puedes séguirle a todas partes donde quiera que fuere, siguele a lo menos con gusto a donde Él bajô por ti. Quiero decir: si no puedes subir a la altura de la virginidad, sigue siquiera a tu Dios por el camino segurisimo de la humildad.. Mâs saludable modo de seguirle eligiô el pecador humilde que el soberbio virgen, pues la humilde satisfaction de aquél pu­ rifica su inmundicia, y la soberbia de este mancha su castidad" (Hom. 1 n.l). ¥ X' .· ■ ■ J · f :■ . Jii 4 152 LA ANUNCIACIÔN de maria. 2o marzo SECCION IV. b) iDichosa Maria, que uniô virginidad, fecundidad y humildad! ’Ύ ’que maravilla que Dios, a quien leemos y vemos admirabile en sus santos. se haya mostrado maravilloso en su Madré? Venerad, pues, los casados la integridad y pureza de aquel cuerpo mortal; admirad, vosotras virgenes consagradas, la fecundidad de la Virgen; imitad. hombres todos, la humildad de la Madré de Dios: honrad. ângeles santos, a la Madré de vuestro Rey... a cuya dignidad sea dada..." (Hom. 1 n.9). TEOLOGOS SANTO TOMAS Vve Maria (Ci. Ofusc. 8. Dévot, expos, super Salut, anq.: Opera [Romae 1570] t.17 fol.75 ss.) * “Esta salutaciôn se compone de très partes. Una la compuso el ângel, al decir: Ave gratia plena. Dominus tecum, be­ nedicta tu in mulieribus (Le. 1,28). Otra Isabel, a saber: Be­ nedictus fructus ventris tui (Le. 1,42). La tercera la compuso la Iglesia, anadiendo: Maria, porque el ângel no lo dijo. A) Ave "En tiempos remotos, cuando los ângeles se aparecian ai los hombres, tenian por gran alabanza que éstos les reverenciasen. Asi Abraham... Y no se ha visto qu'e ningùn ângel reverenciase a los hombres, hasta que éste saludô a la bienaventurada Virgen Maria, diciéndole; Ave. a) Que el ângel no reverenciase al hombre, sino viceversa, tiene su razôn de ser, puesto que el ângel es mayor que el hombre por très motivos: 1. Primero, en cuanto a su naturaleza, porque la del ângel es espiritual. 2. Segundo, en cuanto a la amistad con Dios, puesto que el ângel es un criado suyo..., mi entras que el hombre es un ser alejado ÿ extrano de él por el pecado. 3. En tercer lugar, el ângel es superior, porque participa con abundancia de la claridad divina... Mas los hombres, aun cuando participen algo en ella mediante la gracia, sin embar­ go, es siempre en pequefia cantidad y como envuelta en cierta oscuridad. b) No era, pues, conveniente que los ângeles reverenciasen al hombre, mientras no existiera alguno que les aventajara en estas tres condiciones expuestas, y esta criatura fué la Virgen.” B) Gratia plena 14 En efecto, la bienaventurada Virgen Maria aventajô a los ângeles por la plenitud de gracia, que con mâs abundancia ■W i ■ 254 154 LA ANUNCIACION DE MARIA. 25 MARZO existe en Ella que en cualquier ângel. Para manifestario dijo Gabriel: Gratia plena, tsto es, yo te reverencio, porque me aventajas en abundancia de gracia. La Virgen Maria estâ llena de gracia: a) Primero, en cuanto al aima, que poseyô la plenitud, ya que Dios la reparte para dos fines, para obrar el bien y para evitar el mal. En cuanto al pecado, la Virgen los evitô todos y mucho mâs que cualquier santa, siendo en ello la pri­ mera después de Cristo, ya que naciô sin el original y se viô libre durante su vida del mortal y el venial, por lo que puede decirsele: Tota pulchra es, arnica mea, et macula non est in te (Cant. 4,7). En cuanto a las obras de virtud, la Santisima Virgen las practicô todas, mientras que los santos no practicaron sino algunas determinadas, pues uno fuê humilde, otro casto, otro misericordioso. Por lo cual cada uno de ellos es propuesto como modelo de una virtud distinta. Mas la Santisima Virgen nos da ejemplo de todas. b) Estâ llena de gracia, en segundo lugar, porque sobreabundô tanto en su aima que pudo llegar a santificar su cutrpo. Cosa grande es que los santos tengan la suficiente para santificar el aima... c) En tercet lugar, estâ llena de gracia, porque llegô a derramarla sobre todos los hombres. Es cosa admirable que un santo la tenga bastante para comunicar la salvaciôn a muchos; pero que salve a todos no se puede decir sino de Cristo y de Maria. En cualquier peligro puede obtenerse la gracia de Ella." C) l' k l K Dominus tecum “Maria es superior a los ângeles desde el punto de vista de la amistad divina, lo cual fué confirmado por el ângel cuan­ do dijo: Dominus tecum, como diciendo: te reverencio porque tû tienes mâs amistad con Dios que yo, ya que estâ contigo. En efecto, el Padre estâ con el Hijo... y el Hijo tiene su morada en el seno de Maria... Dios estâ con Maria como Hijo, y con el ângel como Senor. El Espiritu Santo estâ en Ella como en un templo... Asi, pues, la Santisima Virgen estâ mâs familiarizada con la Santisima Trinidad que ningùn ângel. Asi se canta de Ella: Totius Trinitatis nobile triclinium. Las pala­ bras Dominus tecum son las que le dan mâs gloria.” D) Benedicta tu... » “Aventaja a los ângeles por su pureza. Porque no lo era sôlo en si, sino que trabajô por la de los demâs. Fué purisima. en cuanto al pecado en cuanto al castigo, ya que no le al- SEC. 4. TEÔLOCOS. SANTO ÏOMÂS 155 canzo ninguna de las très maldiciones que fueron fulminadas despues del pecado, una contra los hombres, otra contra la mujer y otra contra ambos juntos... La de la mujer consistia en que concebiria en pecado y daria a luz con dolor, mientras que Ella concibiô sin pecado y did a luz al Salvador con alegria... La tercera, contra el hombre y la mujer, era la de que habian de volver al polvo, y sabido es que la Santisima Virgenj subiô al cielo en carne mortal, pues creemos que después de su muerte rtsucitô y fué llevada al reino de la bienaventuranza. Asi, pues, estuvo exenta de toda maldiciôn y, por lo tanto, fué bendita entre todas las mujeres, ùnica que no mereciô anatema, sino que, por el contrario, se hizo digna de toda bendiciôn, abriéndonos el paraiso.” E) Benedictus fructus ventris tui “Muchas veces el pecador busca en las cosas lo que no puede conseguir, mientras que el justo consigue lo que busca. Eva buscô el fruto y no hallô en él lo que deseaba. Maria en­ contre en su fruto lo que Eva anduvo buscando. Porque Eva deseaba hallar en él très cosas: a) La primera, el ser como los dioses, conocedores del bien y del mal, segûn le habîa prometido el demonio. A pesar de haber comido del fruto del ârbol, no se hizo semejante a Dios, sino muy diferente de Él, del cual el pecado la aparté. En cambio, Maria y todos los cristianos hallamos lo que Eva perdiô en el seno de la Santisima Virgen, pues gracias a Cristo nos unimos y asemejamos a Dios. Cum apparuerit, similes ei erimus, quoniam videbimus eum sicuti est (1 Io. 3,2). b) Lo segundo que buscaba Eva era el deleite, y no hallô otra cosa sino el dolor. En el fruto de la Virgen encontramos la dulzura y salvacién: El que corne mi carne, tiene la vida eterna (lo. 6,55). c) En tercet lugar, el fruto de Eva era hermoso de as­ pecto; pero mucho mâs’hermoso es el fruto de la Virgen, en quien desean mirarse los ângeles..., porque es el esplendor . de la gloria celestial. Fruto bendito de Dios, porque le llené de toda gracia para que la derramase sobre nosotros. Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Senor Jesucristo, que nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales en Cristo (Eph. 1,3). Bendito por los ângeles: jBendicién, gloria, sabiduria, acciôn de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios! (Àpoc. 7,12). Bendito tam­ bién por los hombres: Y toda lengua confiese que Jesucristo es Seüor para gloria de Dios Padre (Phil. 2,11).” “De esta forma fué bendita la Santisima Virgen y mâs todavia el fruto de su vientre.” P J J SEC. 5. SECCION r. AUTORES VARIOS GERSON Disposiciones que adornaban a Nuestra Senora (Cf. S'erm. De Anntmt.) A) Tres virtudes a) Mucho pudiéramos hablar de misterio tan alto, pero procuraremos cifrar nuestra atenciôn en las dispositiones que adornaban a nuestra Madré. En la esdena evangélica vemos a Maria ejertitando las très virtudes: la discreciôn o recta ver­ dad, la virginidad y la humildad. b) La primera le hizo meditar qué clase de saludo era el del ângel y preguntarle como podria cumplirse su anuncio. La segunda le mueve a pronunciar las palabras: Quoniam virum non cognosco, y la tercera a decir: Ecce ancilla. c) Actos son éstos que se derivan de la fe en el poder de Dios, del cual se créé podrâ ejecutar cuanto quiere; de la esperanza en su sabiduria, en la cual confia hallar el modo oportuno, y de la caridad, que se muestra obediente ante el amor desbordado de Dios. B) 260 Victoria sobre très vicios Contra estas très virtudes (el autor las ha presentado como a très doncellas enviadas por Dios, para alhajar el palacio vir­ ginal de Maria), el demonio prépara très vicios: la adulation mentirosa que ataca a la verdad; el placer voluptuoso contra la castidad, y la ambition contra la humildad. 261 a) Danos y remedios para la adulaciôn. "Cogitabat qualis erat...” 1. Llama bianco a lo que es negro, y viceversa. Mata la verdad. “El mâs inteligente es victima. Cuando se es alabado, nadie créé que haya cosa alguna que no pueda ejecutar, y esto ■ AUTORES VARIOS. GERSON 157 acaecc mucho mâs en los grandes y poderosos. A Jerjes le dedan qu’e no habia tierra para sus arqueros, a Roboam que era superior a su padre Salomôn.'' 2. El adulador lleva la candela de la ciencia, segün el gusto de sus senores, aunque sepa que se pierden; es un espejo que rie con los que rien... Testigo de ello tantas mujerfes... Los mensajés del ângel bueno suelen entristecer al princi­ pio y traen a la postre la alegria. Lo contrario es propiedad dei malo. 3. Es buen remedio amar a los que nos dicen la verdad, aun cuando nos sea desagradable. Si fruncimos el ceûo ante qufen nos censura algo, presto nos veremos rodeados ûnicamente de aduladores. Tai era la ensenanza que daba San Luis a su hijo. Recuérdese a Acab, quien, aconsejado por todos los falsos profetas, que le anunciaban la victoria, encarcelô a Miqueas, ùnico qu’e le predijo la verdad. 4. Pero tampoco debemos crédito a quien denuncia casos, sin estar dispuesto a sostener pûblicamente lo que dice, porque de lo contrario el inocente no podrâ defenderse. b) Danos y ·. E e remedios de la impureza 1. Convierte al aima, de esposa de Dios, en concubina de Satanés. El diluvio, la Pentapolis, Troya, Roma... Tantas Ii-:- H 2. El primer remedio es huit de la ociosidad, imitando a la Santisima Virgen, ocupada fen sus tareas domésticas y en la oration. Las mâs absurdas abominaciones se le ocurren al ocioso. 3. El segundo es la templanza. El mismo Juvenal dice que la mujer romana se corrompiô por la bebida, que le hizo olvidar castidad, lealtad y honor. 4. El tercero, evitar las dcasiones y companias peligrosas. Corrumpunt bonos mores eloquia prava (1 Cor. 15,33). 5. El cuarto, antes de pecar, tener presente qua Dios y su Madré ven todas nuestras acciones, y pedirles ayuda; después de haber pecado, una penitencia sincera, y pronta confesiôn. C) AmBICIÔN Y LUJO. D'iNOS y remedios Todo estado es bueno; pero cuando estado y ambition o soberbia se unen no hay lobo rapaz que se les asemeje. En lo edesiâstico nace la simonia, la hipocresia, la fiction. En lo mi­ litât y politico, la violencia, la rapina y la sédition. En lo civil, el fraude y la usura. 1. Como primer remedio, considérât el fin del hombre, Ciertos estados necesitan algùn decoro. Lo que reprendemos 1 •Ίι 158 U ÀNUNCIACÎÔ*î--------------------DE MARIA. 25 MARZO —--- ---------- es el abuso. Considéresc que todo es pasajero. De seguro que Maria Madré y Reina ténia como suyo lo que después formulô San Pablo: ATo tenemos aqui nuestra mansion propia, sino que vamoa en busca de la futura (Hebr. 13,14). 2. Considérai que los subditos mâs desgraciados son her­ manos nuestros en cuanto a la naturaleza y muy frecuentemente senores en el orden de la gracia. Desear que Dios se porte con nosotros como nosotros con ellos. 3. Dar limosnas. Acordarse de que el que ofrece sacrifi(ios de lo robado a los pobres es como quien inmola al hijo a la vista de sus padres (Eccli. 34,24). “Los excesos del senor dan origen a los de los subditos, pues aunque parezea servi! y rastrero. es, sin embargo, muy cierto que todo se ejecuta a imitation del que rige e impera." 4. Dignos son de reprensiôn los gobernantes que hacen gala de su soberbia. Son causa de la perdition de sus Estados. Buen remedio es considerat la pobreza de Maria. C) Invocacion iOh Reina y Virgen Maria!; pobres, pero hermanos tuyos en la naturaleza, te suplicamos por tu plenitud de gracia, poi tu bendita elecciôn entre todas las mujeres, nos otorgues la verdad, la castidad y la humildad. Aleja de nosotros el placer torpe, la vil adulaciôn y la ambition y orgullo. Concédenos que podamos saludarte con corazôn puro diciéndote: {Dios te salve, Marial... Amén. 265 IL SAN BERNARDINO DE SENA La Virgen, sol qu^ irradia sus ray os Segùn el plan indicado (cf. supra, La Inmaculada Concepciôn), vamos a .considérât a la Santisima Virgen como a sol que ha 11egado al mediodia e irradia en todo su esplendor sus rayas Son estos la superabundantia de gracias, su impecabilidad, su union con Dios y su final y segura perseverantia (cf. Sermones pro festivitatibus B. il. V., Senn.5 de Annunt.: Opera [Venetiis 174oj t.4 p.93 ss). 266 A) Superabundancia de gracias Al set fecundada pot el Espiritu Santo, Maria recibiô cu­ mulo tal de gracias como no puede recibirlo otra criatura en estado de via, sin la union hipostâtica. Su plenitud fué idéntica a la de Cristo, aunque de modo diverso. Cristo la tuvo como hombre deificado, como cabeza y Eu’ente; Maria, como templo dedicado de un modo especialisimo al Verbo, como SEC. 5. AUTORES VARIOS. S. BERNARDINO 159 cisterna, cucllo y garganta por la que se transmiten a todo el mundo. B) Esta I I Su impecabilidad cimentada sobre cinco virtudes 1. Amor encendido. Ante el silencio de sus potencias inferiores, Dios podia presentarse al entendimiento de Maria sin nube alguna, y Ella correspondia a tai vision con el amor que exige. 2. Mortification exquisita. Muy posible, dado el sometimiento de los sentidos. 3. Contemplation altîsima de Dios y de su uniôn con Ël, como Madré suya. Asi ponderô el favor recibido gustando y recreândose en ser Madré de tal Hijo, y considerando cuân obligada estaba a Él por su elecciôn. 4. Sometimiento a la voluntad divina. Siempre tuvo présente la voluntad divina para acomodarse a ella. Tengo siempre ante mi a Yahveh (Ps. 15,8). Parecia leerla en todos los acontecimientos. 5. Continuamente comparaba su pequeüez con la gran­ deza de Dios. b) Cinco armas exteriores junto a estas cinco virtudes interiores diôsele también a la Santisima Virgen otras cinco armas externas. 1. Protecciôn angélica. Incluso es de suponer que espantase a los demonios como una gran hoguera espanta a los insectos. 2. Auxilio de Dios. Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman (Rom. 8,28). Con mucha mâs razôn se cuidaria de que todo cuanto le ocurriera a la Santisima Virgen fuese enderezado a un perfecto ejercicio de la virtud. 3. Aborrecimiento del pecado. "Poseyô gran aborrecimiento a lo que fuese pecado, pues todas las cosas que nos apartan de Dios estaban lejos de Ella, ya que, sabiéndolas objeto de la ira divina, Ella procuraba con esmero adaptarse a la voluntad de Dios. 4. Inmensa luz divina. Para conocer el abismo del pecado mortal. 5. Desprecio de todo lo creado. Si no Uevaba el sello de Dios. H $ A - r/ 5 1 160 LA ANUNCIACIÔN DE MARÎA. 25 MARZO C) 268 Union con Dios Intima union, tanto en su vida contemplativa como en la activa. Heriste mi carazôn. hermana. esposa mîa; heriste mi corazôn en una de tus miradas (Cant. 4,9). Y la glosa lo aplica a Maria: "Tomé por tu amor carne y heriste con las primeras heridas mi corazôn en la cruz". Ciertamtnte que por amor a Ella, mâs que por amor a otra criatura, se verificô la reden­ ciôn. Admirable union de amor que ocurriô: a) -!Îr . En la vida contemplativa Si Maria viviô siempre en altisima contemplation, îcômo no acreceria esta al hacerse una con Cristo? Aplicando misticamente la escena de Marta y Maria diremos que Nuestra Sefiora gozo en la contemplation de cuatro cualidades. 1. De gran tranquilidad como Maria sedens, paz del estado virginal. 2. Paz derivada de la humildad, secus pedes Domini, postrada ante su Hijo y tomàndole por ûltimo fin. 3. De ambas condiciones siguiôst el gran aprovechamiento. Nadie como Ella audiebat verba illius, las guardaba en su corazôn y las entendia en secreto. 4. De aquï su elevation a la mâs grande y verdadera de las honras. Optimam partem elegit (Le. 10,42). n ·#. j·· b) En la vida activa Unidad perfecta de action entre la Madré y el Hijo. Hay quien viste al pobre; Ella vistiô al Omnipotente. Hay quien lo viste de ropas; Ella, de su propio cuerpo..., y asi con todas las obras de misericordia. Si Marta satagebat circa frequens ministerium (Le. 10,40), Maria siguiô al Sefior, sin impatientia, hasta la misma cruz. Si Marta st qucjô de que la dejaban sola, ahi tenemos la soltd ad de Maria. Parece que el Sefior le dice: Porro unum est necessarium (Le. 10,42), “que yo que soy tu Hijo muera, entre crueles y aeferbos dolores, y que tû, mi Madré, mueras en cierto modo conmigo, compenetrândote con rois penas”. D) Final y segura perseveranda Si el Sefior vino a anunciarle a San Pedro su salvation, pronosticândole su martirio, y a San Juan lo mismo con otras palabras, y a la misma Maria le dijo que habiendo elegido la SEC. 5, AUTORES VARIOS· BOSSUET 161 mejor parte, esta no It seria quitada, jcômo no iba a otorgar a su Madré la certeza de su salvaciôn y de que no habia de separarse en la eternidad de Ella? Meditemos este gozo dt su fe. III. BOSSUET Como quiera que hemos preferido enfocar el tema de la Anuna'aciôn desde el punto de vista mariano, pues la encarnaciôn del Verbo se toca en diversos lugares, no extractamos mâs que un ser­ mon de Bossuet, ya que los cuatro que tiene no se detienen tan­ to en Maria, como en el misterio de la Encarnaciôn (cf. Sermons de Bossuet [ed. Garnier, Paris 1889j t.4 p.178 ss). A) Exordio y proposition 270 San Atanasio (cf. Epist. in Decret. Nicôen. Synod. 1 ), comentando aquella frast de los judios en la que le echaban en cara al Sefior que siendo hombre se hiciera Dios (lo. 10,33), dice que mâs bien debieron preguntarle que como siendo Dios se hacia hombre. A lo cual l'es hubiéramos respondido: [Tanto amô Dios al mundo! Fué una obra del amor. Dios queria hacerse amar, y entendiendo nuestro corazôn tan frio para Él como ardiente para lo mundano, quiso vencerlo enviândonos a su Hijo. Sabiendo que aprendemos mucho m'ejor por medio de ejemplos, nos enviô a un Dios para que nos ensehase como se ama a Dios, y conociendo nuestra flaqueza, quiso socorrernos por medio de su Cristo. Atractivo poderoso, modelo perfecto, ayuda eficaz. Todo lo tenemos en Cristo. B) a) Amor que atrae Gobernar por el amor • < ·'Π V · ^Por que viene Dios al mundo y se aniquila hasta la muerte? Para hacerse amar. Pero [es esto cosa digna de Dios? Si; Dios es rey, y un rey legitimo no debe imperar por el terror, sino gobtmar mediante el amor de los subditos. b) Dicta leyes en el corazôn Dios, que lo es dei mundo entero, no consigue serio de cada hombre en particular si no es por el amor, porque el amor es el que reina y dicta leyts en el corazôn del hombre. Si Dios no es amado, reinan en él los idolos que usurpan su dominio. La pclabra de C. 10 I G • ·· Ι.Λ ANUNCIACIÔN IT. MARIA. 2θ MARZO 162 c) Manda que el hombre le ame El amor concede el seâorio del corazôn, y por eso Dios manda con tanta energia: Amarâs al Senor tu Dios con todo tu corazôn, con todo tu... Dios no neôesita ni quiere mâs que nuestro amor, porque el que nosotros exijamos algo mâs de la persona amada se debe a nuestra imperfeccicn. No es, pues, indigno de Dios desear ser amado. “El culto de Dios consiste en la piedad, y no se le da culto sino amândole" (cf. San Agustin, Epist. 140, 45). No es, pues, de extraâar que Dios, viendo nuestros corazones llenos de idolos, se sienta cteloso y venga al mundo, en la manera humilde que vino, para conquistar nuestro amor. d) Se adelanta a nuestro amor Bueno que nos ame y quiera ser amado; pero £es digno de Dios adelantarse a nuestro amor? 4N0 parece ordenado que primero le amemos nosotros y Él se rinda a nuestro amor? No; su soberania y grandeza exigen lo contrario. Él, que es el pri­ mero en el ser, dette serlo en el amar. San Agustin nos dice que el amor verdadero y, por lo tan­ to, generoso es tan grande, que no nace sino en los corazones soberanos. Corazôn soberano es aquel cuyos afectos son los mâs grandes. Y el mayor afecto es aquel "que baja, no el que sube; el que nace de la misericordia y no de la indigencia; el que se derrama en plenitud y no el que sale de si mismo impulsado por la necesidad”. Un corazôn tal tiene que adelan­ tarse a todos en amor. e) •·* Aparente rebajamiento al encarnarse Con esta doctrina puede entenderse el aparente rebaja­ miento de Dios al encarnarse. San Agustin, en frase genial, dice que vino al mundo llevado “por una bondad popular (cf. Contra acad. 123 n.12). Como los reyes que se despojan de todo su fausto, menos del respeto debido, para ser conocidos de sus subditos y hacerse amar. Reyes populares, en suma. Cuando los reyes son ofendidos se arrojan sobre el extranjero y lo someten por fuerza. Conquista gloriosa, pero, por desgracia, sangrienta. Otras veces ordenan a su pueblo con justicia severa y hacen que su fama conquiste a las demâs naciones. Hermosa conquista. Pero no todas deben ser sobre los extranjeros. La mâs gloriosa consiste en conquistar a su pro­ pio pueblo por amor. SEC, 5. C) AUTORES VARIOS. BOSSUET 163 Amor que es ejemplo a) La 272 caridad Si preguntâis cuâl es el espiritu de Cristo, os dire: la ca­ ridad. Un Dios no puede scr amado dignamente sino por Dios, y solo el amor de un Dios puede servirnos de modelo. A esto vino al mundo. b) Condiciones del amor Debe consistir en un adherirse sin limites a la voluntad del Padre. Yo hago siempre lo que a Él le place (lo. 8,29). Amor que es un verdadero placer: TVo busco mi voluntad, sino la de aquel que me enviô (lo. 5,30). Amar a Dios es su sostén: Mi aliento es cumplir la voluntad de aquel que me enviô (lo. 4,34). No pierde de vista la voluntad de Dios. En el mo­ mento mismo de su concepciôn ve la cruz y todos sus suplicios, veal corazôn del Padre, âvido de encontrar una victima, y dice: No quieces los sacrificios, of rendus y holocaustos por el pe­ cado... heme aqui que vengo... para hacer, /oh Dios!, tu voluntad (Hebr. 10,6-7) . En esto consiste la perfecciôn cristiana: en aceptar los deseos del Padre, sea que coronen, sea que hieran. La Iglesia que triunfa junto a Dios canta siempre un amén solemne y sumiso. La Iglesia que peregrina debe repetirlo. La lengua de los pla­ ceres, dice San Agustin, es una lengua extranjera. Hablemos la de la patria (cf. Enarrat, in Ps. 136, 17). c) Un cântico iNuevo Somos hombres nuevos creados por el Espiritu Santo. Cantemos un cântico nuevo. La perfecciôn de la creaciôn consiste en la vida bienaventurada, y puesto que nosotros constituimos las primicias de sus criaturas (lac. 1,18); debemos comenzar por aquel amén, que sera consumado en la patria celestial. D) Amor que ayuda &) Después de todo lo expuesto, ya no nos queda sino pronunciar una frase: Debemos amar en Jesucristo y por Él. b) Dios, para llevar todas las cosas a la unidad, hizo al hombre medianero de toda la creaciôn y a Cristo mtdianero del hombre, 1. La creaciôn quiere amar a Dios, y siéndole imposible, se nos présenta para que la conozcamos y demos a conocer a 273 164 t -G- ‘4 / LA ANÜNc’IACIÔN DE MARIA. 25 MARZO su autor (cf. San Agustîn, De civit. Dei 9,27,2). De esta ma­ riera tributa a Dios una gloria que, para que sea perfecta, re­ quière que nosotros hagamos de sacerdotes. 2. La naturaleea no podia amar y necesitaba como mediador al hombre. Ptro éste no puede amar dignamente y necesita como mediador a Cristo. He aqui al Mediador que nace hoy en las entraüas de Maria. Regocijate, joh humanidad! 3. Maria hoy se agota en amor, pero después de ofrecido el suyo, ofrtce el inmenso de su Hijo. Este es el ejemplo y la ayuda que recibimos en la encarnaciôn de Dios. SECC10N VU. MISCELANEA HISTORICA Y LITERARIA L*. < : I i I k 9 l, UN DEVOTO DEL MISTERIO DE LA ENCAR- 274 NACION “Los mas frecuentes arrobamientos se los daba el Sefior cuan­ do celebraba el misterio de la Encarnacion del Verbo; pues fué San Pedro Alcantara tan devoto y enamorado de él que en comenzando a hablar de las grandezas del Dios humanado, se relajaba en dulces transportes divinos. Con la fuerza de su amor daba voces, sin saber lo que hacia y necesitaba buscar el desahogo de su abrasado corazôn en los campos. Entre admirado y confuso saliase por los montes, diciendo a grandes voces estas y otras muy devotas aspiraciones de su amor: “dQue encarnô Dios? iQue Dios se hizo hombre?” Y a la fuerza de estas misteriosas preguntas se enardecia su alma hasta ir volando en una ocasiôn y llegar a la iglesia en la que se le vio inmôvil por muchas horas... Otra vez predicaba acerca de este misterio y con solo empezar a proponerle, a muy pocas palabras que hubo dicho, quedô elevado en el pulpito ante el auditorio que atônito le contemplaba. Haciendo una plâtica a sus religiosos, les decia: “Hijos mios, cuando oigâis leer o leâis los Santos Evangelios, juntad las ma­ nos ante el pecho y atended con suma reverencia y devociôn, por­ que en ellos esta escrito el soberano misterio de que Dios tomô nuestra carne y se hizo hombre por el amor de los hombres”. Y luego, como transportado y fuera de si, levantando la voz dijo: “cQue vino Dios a encarnar?" Y mâs alto aùn: “iQue encarnô Dios?” Y en fin, con mayor energia aun: “Que tomô Dios carne humana?” Y al acabar de hablar volé con la velocidad del rayo hasta su celda, donde quedô en dulcisimo éxtasis. Otra vez estaba un religioso ensayândose para cantar el evan­ gelic y tomô como tema de este dia el de San Juan: In principio erat Verbum. Hacia sus ensayos en la huerta, no lejos dei sitio donde San Pedro estaba retirado en oraciôn, y a las pocas veces que hubo entonado dichas palabras, fuése el Santo elevando de la tierra y sin tropezar en puertas ni ventanas, llegô hasta el altar mayor de la iglesia, donde permaneciô por mucho tiempo arrobado. Este santo varôn procuré que sus hijos y discipulos fueran muy amantes y devotos del misterio de la Encarnacion. De él aprendieron todos a repetir muchas veces las palabras del Evangelio en que se habia de la encarnaciôn del Hijo de Dios, viendo alguna vez confirmada esta devota costumbre con milagrosos efectos. ' i ; & 166 LA ANUNCIACION DE MARIA. 25 M\RZO Asi lo experimentaron dos religiosos que, haoiendo salido de Arenas en direcciôn al Convento del Rosario, distante unas tres léguas, a las mârgenes del rio Tiétar, se vieron sorprendidos en el camino por una horrorosa tempestad. Temian los religiosos de Arenas por la vida de los dos caminantes, pero el Santo Padre los tranquilizô diciendo: “No tengâis pena, que Fray Miguel lleva buen reparo y con él su compaüero. Ahora va diciendo el EvangeJio de San Juan: In principio erat Verbum, y donde con devociôn se pronuncian o se oven estas misteriosas palabras no puede haber dano ni riesgo alguno”. Y asi lo comprobaron les religiosos, pues ni aun les habia tocado una gota de la Iluvia que arrojô la tempestad” (cf. Vida de San Pedro Alcantara [Apost. de la Prensa, Madrid 1947] p.52 ss). IL EL “AVE MARIA La union del saludo del ângel, el de Isabel y la peticiôn : San“pues ya las liturgias ta Maria, en una sola fôrmula es antigua, _ r griegas de Santiago y San Marcos ofrecen el primer ejemplo”. De esto es fâcil suponer derivasen para el uso extralitûrgico del pue­ blo formulas anâlogas en honor de la Virgen. Dos ostraka griegas de los siglos vi-vn nos ofrecen tres tipos diversos e interesantes. En Occidente, en la época de San Gregorio Magno, la primera parte del Ave existîa como texto en el Ofertorio de la cuarta do­ minica de Adviento, pero no parece que el pueblo la usase como formula de devociôn. Es preciso llegar hasta después del afio 1050 para encontrar los primeros esbozos. San Damian (muerto en 1072), la llama versiculo angêlico o evangélico y la recomienda. Hubo entrado también en ciertos versiculos o responsorios y pequeno oficio o cursus de la Virgen Maria, nacido alrededor de aquel tiempo y muy difundido entre las familias monasticas. Algun tiempo después encontramos la mâs antigua prescripciôn relativa a la recitaciôn del Ave Maria. Es de Odôn de Soliac, arzobispo de Paris, en un concilio de 1196: Exhortentur populum semper presbyteri ad dicendum ora­ tionem dominicam et Credo in Deum et salutationem B. Virginis. En el siglo xit se cuentan numerosos sinodos de Francia, Italia e Inglaterra que mandan y recomiendan la salutaciôn angelica, a cuya di fusion contribuian ampliamente también los predicadores y la litetura ascético-legendaria. A principios dei siglo xm se puede decir que el Ave Maria (hasta las palabras... et benedictus fructus) entraba en el uso cotidiano del pueblo como el Pater o el Credo. La adiciôn lesus o lesus Christus, amen, es atribuida por algunos a Urbano XI (1261-1264), pero no esta lo suficientemente probado. De cierto no viene a ser comûn antes de 1400, porque San Anto­ nino, arzobispo de Florencia (muerto en 1459), que viviô casi cien anos después, no habia nunca de esta clâusula en su exposiciôn del Ave Maria (cf. Mario Righetti, Historia de la Liturgie: BAC, t.l p.202-203). U· V '· SEC. 7. MISCELÂ.N'Ea III. HfSTÔHICA Y MTERARÏA 167 EL "ANGELUS “Este piadoso saludo a la Virgen, llamado ordinariamente el “Angelus" por el incipit de algunos versiculos unidos posteriormente a las très avemarias primitivas, fué introducido en la Iglesia en épocas diversas. De la mâs antigua, la de la tarde, se en­ contre el primer testimonio en un decreto del capitulo general de los franciscanos celebrado en Pisa en el 1623 bajo la presidencia de San Buenaventura, en el que se estableciô que fratres in sermo­ nibus populum inducerent ut in completorio, pulsante campana, bea­ tam Mariam aliquibus vicibus salutarent, porque, se anadia, era sentencia de graves doctores que en aquella hora, la Senora, ia Virgen Santisima, recibiô el anuncio dei ângel. No hay duda de que la propaganda activa de los franciscanos contribuyô eficazmente a difundir por todas partes la piadosa prâctica. En el ano 1274 la encontramos establecida en Maguncia y Wurzburgo, en 1296 en Génova, y en la primera mitad dei siglo siguiente en casi todas las regiones de Europa. No son claros los antecedentes del Angelus vespertino. Algunos lo relacionan con el ignitegium o coprifuoco, que era una senal que se daba a los ciudadanos para cubrir con ceniza el fuego y para que no saliesen sin luz de las casas. Pero es extrano que una instituciôn esencialmente civil hubiera podido en breve adquirir un carâcter eminentemente religioso. El P. Thurston, sin embargo, opi­ na que la triple salutaciôn angélica de la tarde se deriva de un ejercicio de piedad llamado Las très oraciones (compuesto de salmos y responsorios y algunas plegarias, en las que probablemente estaba el Ave Maria), que se practicaba en muchas comunidades religiosas en los maitines primero, y después de completas, previo aviso de una campana. Insensiblemente el uso monâstico habria penetrado en el pueblo... La trina oratio antes citada explica también el origen dei Ange­ lus matutino. Como a la campana dei completorium, asi también a la de prima es fâcil que la piedad cristiana iniciase un saludo a la Virgen. Tal vemos que se hace en Parma en 1318, en Pavia en 1330, y fuera de Italia, algo mâs tarde. En 1360 no existe aùn en Baviera, porque Bonifacio IX exhortaba a aquel clero a introducirla, siguiendo el ejemplo de Roma y de muchos parses italianos. En Iglaterra no entrô antes de 1399. En cuanto al Angelus del mediodia el P. Thurston créé encontrar los origenes en aquella plegaria (très Pater y très Ave) que el papa Calixto III en 1456 man­ dé recitar a la cristiandad todos los dias al son de la campana, entre nona y visperas, para obtener la paz de la Iglesia contra el peligro de invasion de los turcos. De todos modos, es cierto que fué adoptado muy tarde, no antes dei siglo xvi. Se comenzô en Francia en 1472 con una orden de Luis XI, y de alli lentamente se extendiô al resto de Europa. Losytres versiculos Angelus Domi­ ni... Ecce ancilla... Et Verbum... unidos al triple Ave con la creacion Gratiam tuam... aparecen primero en el Exercitium quotidia­ num, pequeno manual de piedad, editado en Roma bajo Pio V imuerto en 1572) y la triple doxologia final, en el Manuale catho­ licorum de San Pedro Canisio (1588)" (cf. ο-c., ibid., p.206-207). 276 - ’* Ht t; ·- v ri '4 r *5 l Ί h • . II 1 . I i· · f i •1 i SECCION VIII. GUIGNES HOMILETICOS La oraciôn en la Anunciaciôn I 277 278 - 279 I. Comienza la historia de Maria a la vez que la dei Verbo encamado. A. La vida anterior de éste no fué historia que fluye, sino como océano infinito y quieto. B. Ahora ha comenzado a correr hasta el dia en que el Cristo total llegue a su edad definitiva y sea ofrecido al Padre cuando ya el tiempo no exista (Apoc. 10,6). II. Cuando la historia de Cristo en el mundo comienza, su Madré oraba recogida en el silencio. A. Orô durante toda su vida sine intermissione (1 Thés. 5,17). Fué un ejemplo de prâctica anticipada del nuevo orden de su Hijo, que no necesita de un lugar u otro para dirigirse al Padre. B. Pero, ademâs, tuvo sus momentos y lugares especiales de oraciôn. III. Es necesario orar. Reflexionando sobre este punto, reconozcamos primeio que es necesario orar. Cristo orô porque su estado na­ tural era el de union con Dios. Ademâs orô para darnos ejemplo. Maria orô porque, como criatura, lo necesitaba. Porque, como criatura la mâs perfecta, viviô en el es­ tado mâs perfecto, en el de continua union intelectual, volitiva y afectiva con Dios. Esta necesidad moral y casi fïsica de orar tiene sus fundamentos. A. Hay preceptos, como el de amar a Dios, que presuponen la oraciôn. Exigen que se 4e tribute el culto de latria y eucaristico que va anejo a la oraciôn. 1 Para ampliar este guiôn léase Stnora Nuestra, de CabodSvilla, cap.7 (BAC, 1957), en el que ha sido inspirado. l i I Sic. 8. GUIONKS HOMILÎTJCOS 169 B. Existe el precepto de conservât nuestra vida espiritual, que exige la oraciôn de peticiôn. a) La cualidad nids ontolôgica de la criatura es la indi­ w· r ml genda esencial. La cualidad nids esencial de la criatu­ ra consciente es la concienda de esa necesidad. b) Y a la vez que pedintos ser sostenidos en el orden natural y sobrenatural, practicamos el culto de latria y eucaristico que lleva implicita la peticiôn. ! IV. Esta peticiôn y oraciôn deben ser continuas. A. Para ello no es necesario forzar el entendimiento, ni format en él como dos compartimientos, uno de los cuales resuelva el problema que ilevamos entre manos y otro que se dedique a Dios, porque con esto el problema se quedaria quizâ sin resolver y a Dios no le habriamos entregado el corazôn entero. B. Se trata, decia San Francisco de Sales, de parecerse a un nifio que con una mano coge moras y con la otra va colgado de la de su padre. V. Pero esta oraciôn continuada. natural, porque supone la perfection suprema A. del hombre en esta vida. B. No es natural, por cuanto supone una presentia de Dios continua adquirida con esfuerzo no corriente. C. La oraciôn continua tiene .un peligro: el de quedarse toda en ilusiôn, en divagation estética. Si todo puede ser oraciôn, no orar, porque siempre se esta orando, cuando en realidad no se ora nunca. El crcerse perfecto, cuando no se ha emprendido el ca­ mino de la perfecciôn. D. Es necesario comenzar, y después no descuidar esa otra oraciôn distribuida “per certa intervalla hora­ rum et temporum" (cf. San Agustin, Epist. 130: PL 33,501). VI. À Maria Santisima en este misterio la contemplamos en- 282 cerrada en una habitaciôn a la que el àngel tiene que entrar. A. Asi ha de ser esta clase de oraciôn, que exige el recogerse. B. Como es humilde, acepta el estudio que sobre la misma han llevado a cabo los ascetas, con sus divi­ siones y subdivisiones, producto de un anâlisis de lo que debe hacerse no preocupada, pero si ordenadamente. S ! t Z ZJ > F" ’ I ‘ '1 ΛΓ ts » ! 170 U ANUNCIaCIÛN l»K MARIA, 25 ΜΑΜΙΟ VII. Este gênera de oraciôn tiene algo de molesto. En ella apareccmos tal y como somos. Alli no figu­ râmes como abogados, ni politicos, ni padres de fa­ milias, sino como unos pobres hombres en toda su miseria moral. Por eso preferimos continuar con los logaritmos, el apostolado o la politica. B. Y, sin embargo, este conocimiento propio es otro de los grandes biennes de la oraciôn. Por haberla hecho con tan gran frecuencia, Maria sabe dedr: Ecce ancilla Domini. Habia entendido la bajeza de la criatura. Λ\· ,Λ / 284 VIII. En la oraciôn comienza la historia de Maria y del Verbo encarnado. Durante toda su vida los veremos orar. Y cuando la historia se consume, seremos consumados en oraciôn. Carlos de Foucauld escribia el 22 de marzo de 1897: 'Mas de quince horas sin hacer otra cosa que miraros”. Esta oraciôn es un don del Espiritu Santo. Pero en el cielo la vision beati­ fica no sera otra cosa. Y entonces seremos completamente semejantes a Cristo y a su Madre. Virginidad en la Anunciacion virginidad. dogma. La virginidad de Maria es un dogma sentido fervorosamente por la cristiandad desde sus primeros tiempos. Comenzô siendo como un apellido, "Santa Maria, Virgen”, hasta convertirse en nombre propio: “La Virgen”. Apenas si uno que otro hereje, aun entre el mismo protestantisme, se ha atrevido a negarla, y generalmente por desprestigiar una virtud que no apetecian. II. Objeciones al àngel. Lo que Maria apreciara esta virtud se entiende fâcilmente viéndola como se atreve a poner objeciones al ângel. i para ampliar este guiôn puede consultarse a Santo To*îâs, La Palabre de Cristo t.6, p.8O5, y los guiones 3 y 4 de la p.453 y ss del t.7. i SEC. 8. GUIGNES JiOMIEÉTICOS 171 Lo que la apreciara Dios, al comprobar que desciende a dar explicaciones. Cualquier otra pregunta hubiera hecho a Maria indigna de ser Madre de Dios, pues hubiese supuesto alguna duda o desconfianza. Esta supuso el amor a una virtud que Dios apreciaba. III. Très personas. 287 En la Anunciaciôn intervienen très personas. Dios, purisimo. El ângel, virgen por naturaleza. Maria, virgen por elecciôn. IV. Elecciôn de la virginidad. 288 La elecciôn de la virginidad no supone algo puramente negativo. Ni el egoismo ni el temperamento tfenen nada que ver con esta virtud. A. Santo Tomâs da la razôn por la cual la virginidad es laudable: Los bienes del hombre son exteriores, como las riquezas, o intimos, como los de su pro­ pio cuerpo y los del aima. Los exteriores se ordenan a los del cuerpo y éstos, a los del aima. Y dentro de los del aima, los de la vida activa, a los de Ia contemplativa. B. Esta virginidad es una especie de inmolaciôn, pues sacrifica a toda la persona. a) No basta, dice Pio XII en la Sacra virginitas, el pro­ posito de renuntia, sino que se requière “una continua y vigilante lucha para huir de los atractivos dei mun­ do y superar los asaltos del dentonio”. b) Y esto no solo para conservarse limpio, sino para poder entregarse a Dios, al que excluyen quizà mâs los idolos del corazôn que las legitimas obligationes contraidas mediante un sacramento. iit ϊ· i 4 S (S IV 1 t r j’t* i I 4Mη V. La virginidad es fecunda en toda clase de bienes. 289 A. "Demuestra un amor tal a nuestro divino Redentor, que no es de maravillar que produzea abundantes frutos de santidad” (ci. Pio XII, ibid.). B. Virgenes han sido los grandes apôstoles. VI. Ejemplo de ello es Maria. A. Engendra a Dios hecho hombre. B. Recibe como hijos a todos los hombres. ■ 290 VII. Sacerdotes y religiosas tienen en Ella su ejemplo. 291 Puedcn ser los padres espirituales de la cristiandad, si comienzan ellos por entregarse a la virginidad del corazôn. 172 LA ANUNCIACIÔN l'E MARIA, 25 MAttZO Humildad en la Anunciaciôn 292 293 294 I. La mujer mâs digna de ser Madré de Dios. A. Maria Santisima no pudo merecer, como no lo podia criatura alguna, que Dios se encarnara. Pero es doc­ trina cierta que gracias a su cooperaciôn a la gra­ cia y a sus virtudes fué la mujer mâs digna de scr Madré de Dios. B. Es inûtil preguntar que virtud le mereciô esta honra, pues sobresaliô en todas, y, ademâs, no podemos en­ trar en los juicios de Dios. C. Pero lo cierto es que el Verbum caro factum est no se pronuncia hasta que Maria ha hecho la gran profesiôn de su humildad: Ecce ancilla Domini. Π. Valor de la humildad. La humildad es la primera y esencial disposition del hombre para redbir las comunicaciones divinas. A. En efecto, sabido es que para llenarse de Dios es necesario vaciarse de las criaturas, y sobre todo del amor de si mismo, pues el Senor no encuentra lugar en un corazôn que esté Ueno de amor propio. B. La humildad es la que produce este vacio misterioso apto para ser lleno de Dios. C. Si esto ocurre para ser lleno de gracia, reflejo de Dios, por muy directo que sea, £qué diremos para ser lleno de la misma persona del Verbo? D. El Verbo se hizo carne en Maria, porque fué la cria­ tura mâs humilde y vacia de si misma. III. La humildad de Dios. A. Pero el ratiocinio se hace mâs fuerte si considérâ­ mes que la Encarnacion supone el misterio de la humiliation de un Dios. B. Si la Madré de un Dios encarnado habia de tener una virtud especial que la asimilara a su Hijo, se necesitaba una Madré humilde para un Dios humillado. C. Si San Pablo recomendaba a los simples fieles, por el solo hecho de llevar el nombre de Cristo: Tened los mismos sentimientos que Cristo Jésus, quien existiendo en la forma de Dios... se anonadô a si, to- SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 173 mando la forma de siervo (Rom. 2,5-6), jqué no buscaria Dios en su Madré? IV. La humildad de Maria. El mundo en su creaciôn saliô de la nada. De la nada de un Dios que se aniquila voluntariamente saliô esa redenciôn que nos sacô de la nada de nuestra miseria. Y junto al aniquilamiento dei Verbo, figuro la humildad de Maria, revestida de caractères especiales. A. Maria uniô el estar llena de mérito y el ser humilde. 295 a) Gentes desprovistas de todo conocimiento, sin mérito alguno humano y sobrenalural, sencillas y humildes se encuentran. No tienen en que apoyar sst soberbia, aunque la naturaleza humana sea tan facil a encontrar falsos soportes. b) Lo maravilloso es que puedan unirse en una persona el “llena de gracia" del angel, y “la esclava del Se­ nor” de Maria. B. Maria uniô la plenitud de los honores a la maxima humildad. a) Gn àngel la saluda; sabe que todas las generationes la llamarân bienaventurada, y, sin embargo, sc llama sierra, y dice que Dios ha mirado su bajeza. b) Los honores sou lo que mâs ensoberbece a las gentes. Podemos encontrar casos a miliares en nuestra vida cotidiana. C. Maria uniô la plenitud del poder y la humildad. a) jSerà necesario explicar el poder que encierra el ser Madré de Dios? /Habrà que exporter como Maria se diô cuento de ello desde el primer momento? b) Con razôn podemos aplicar aqui aquellas palabras de que “un abismo llama a otro abismo" (Ps. 41,8). El abismo de la humildad de Maria atrajo al abismo de un Dios humillado. V. Nuestra humildad. Llegados a este punto, podemos cotejarnos con Cristo y con Maria, examinando nuestra humildad. A. Los gentiles debieron haber conocido racionalmente la humildad, estudiando naturalmente la injusticia, vanidad y extravagancia vergonzosa del orgullo y la soberbia. B. Los judios, con espiritu sobrenatural, supieron que sin humildad carecen de cimiento las demâs virtudes. C. Pero los Cristianos tenemos el ejemplo mâs fuerte y asequible de un misterio de humildad: Dios hecho û. nino en el seno de una Madré que se llama “sierva ’. 296 LA ANUNCIAClÔN DE MARIA. 25 MARZO 174 D. Querer ser cristiano, querer aprovecharse de la encarnaciôn y apeteccr las glorias que brinda la vanidad, es renegar del misterio de que nos queremos servir. 297 VI. Este misterio aiïade algo mâs. A. La posibilidad y gloria del poderoso humilde. B. Hay algo mayor que la maternidad divina y la mis­ ma divinidad. Y, sin embargo, fueron humildes el Verbo y Maria. Luego grandeza y humildad son compatibles. C. No se puede ser humilde y ambicionar o recrearse en las glorias del mundo, convirtiéndolas en fin. Pero se puede aceptar la grandeza en que nos ha colocado la ordenaciôn divina y emplearla conforme a sus disposiciones. 298 erosos. VII. Este es el privilegio de los A. Caso de haber sido unos mendigos invâlidos, quizà fueran humildes naturalmente, y su humildad no fuese otra cosa que flaqueza de ânimo. B. Pero si unen su grandeza con la sumisiôn a Dios, son los que mejor pueden parecerse a Dios y su Madré. Meditaciôn para ejercicios espirituales 299 r * * I. Fin de la meditaciôn. A. Es necesario conocerlo previamente, pues los me­ dios, en este caso los puntos y diversas consideraciones, deben ir ordenados al fin propuesto. El fin es "primus in ordine intentionis", aunque sea el ùltimo “in ordine executionis". En este caso San Ignacio nos lo indica en el preâmbulo tercero: “Conocimiento interno del Senor, que per mi se ha hecho hombre, para que mâs le ame y le siga". B. Por lo tanto, el fin es el amor y la imitation de Cristo. a) Para amar e imitar a una persona lo primero es co· nocerla, por lo cual San Ignacio indica pidamos a Dios que nos oiorgue “conocimiento interna del Senor”. No un simple conocimiento historico de los hechos, sino de los sentimienfos y virtudes, puesto que sue. 8. guignes homh.êticos 175 lo que hemos de conseguir es ilevar a la prdctica aquello de: “Tened los mismos sentimientos que luvo Cristo Jesus, quien existicndo en la forma de Dios... se anonadô...” (Eph. 2,5 ss). b) Como las personas se conocen y aman a través de s,us acetones, en esta ocasiôn habré de meditar en el Se­ nor “que por mi se hizo hombre". c) Es muy de subrayar la observation psicolôgica de San Ignacio, que no quiere diluyamos la redenciôn entre todo el género humano, sino que me la aplique a mi personalmente, como si se hubiera llevado a cabo por mi solo. En realidad, cuando los bénéficias son participados por muchos se aprecian menos, aun cuando sea con injustitia. Por otra parte, es opinion corriente que Dios estaba dispuesto a encarnarse por uno cualquiera de los hombres. d) Queda, pues, explicado el fin y punto de vista desde el que hay que enfocar las considerationes. 11. Punto primero. : ί i f ■ i ‘i 300 A. San Ignacio divide la meditaciôn en très puntos, a saber: en el primero da una ojeada al cielo y al mundo, contemplando cuantas personas intervienen en el misterio; tn el segundo escucha lo que dicen, y en el tercero mira lo que hacen. Comencemos por mirar al mundo y su situaciôn. a) Multitud de gentes y de razas. Felices o desgraciados. Pobres o triunfadorcs. iQué son? Una masa de ira. El pecado de origen los alejô de Dios. Los pecados colectivos los condenaron. Pudieron vivir los unos con la ley y los otros sin ella, cumpliendo naturalmentc los preceptos. b) Pero los judios corrompieron la ley y los gentiles pudiendo haber conocido al verdadcro Dios se entontecieron en sus vanos razonamientos... por esto los entregô Dios a los deseos de su corazôn, a la impureza... (Rom. 1,18 ss). Los pecados personales de aquel tiempo estân descritos con vigor que abochorna por San Pablo en el lugar citado. Los de hoy... lY los niios? En la segunda semana los examiné. En­ tre el humo de maldiciôn que subia al cielo como co­ lumna estaba mi propia pestilentia. Dios mira desde lo alto de los cielos a los hijos de los hombres, para ver si hay entre ellos alguno que busqué a Dios (Ps. 13,2). a) Dios no mira al pecado especulativamente, como solemos hacerlo nosotros, sino desde un punto de vista muy personal. El pecado es una ingratitud y una ofensa que le hace un ser microscôpicamente desprectable. L i 1 111 US ANUNCIACIÔN DE MARIA. 2S MARZO 176 b) avergoitsara otra vcs de haber creado al hombre, lo castigarà o a lo menos lo aband&narà, λαria yo? Λ D. Los caminos de Dios son muy distintos que los del hombre. Miremos a Nazarct y veamos a la Santi­ sima Virgen y al ângel. Eso es lo que hace Dios. Es lo que ha hecho por mi tantas veces, enviândome inspirationes, predicadores y ejemplos, cuan­ do mâs distraido y engolfado estaba. 301 III. Punto segundo. A. Ya sabemos lo que hablaban los hombres. Ya sabemos lo que hablan hoy. Ya sabemos lo que hablo yo. Oigamos lo que habia Dios. B. Parece que debe llegar la hora de la ira. Habacuc, en su himno, nos habia de los designios de Dios: Yo oï tu mensa je, yo oi, poh Dios.1, tus designios. Dalos a conocer..., manifiéstalos en medio de los tiempos. Ya ha llegado el momento. jCuales son estos desig­ nios? El projeta lo dice: En ia ira no te olvides de la misericordia (Hab. 3,2). Cuando debe castigar recuerda su misericordia. En ves de anegar el mundo con agua o fuego, lo anega de an: or. b) uAsi como un dia dijeron: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejansa, asi ahora diria: Remediemos al hombre que criamos, reparando la imagen y semejansa que le dimos. ;Oh, que gusto tendrian en esta plâtica! îQué alcgria de haber llegado a tiem­ po!... Alegria de un Dios porque ha llegado el mo­ mento de cncarnarse por jmi!” a) C. El Verbo de Dios. Recibe la orden de tomar la forma de siervo y de morir ;en muerte de crus! Tanto amô Dios al mundo que le diô a su Unigénito Hijo (lo. 3,16). b) El Verbo mira su gloria, pero mira la crus y me mira a mi y dice: Heme aqui que voy (Hebr. 10,7). “Dilexil me et tradidit semetipsum pro me!" (Gal. 2,20). c) îQué viste en mi, Senor? Nuda. Solo tu amor. iQuê me queda, sino sacar la conclusion que saca San Pa­ blo: Estoy crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que es Cnsto quien vive en mi? (ibid.). a) fe ■V 1:ί'Λί ΚΛ D. Maria y el ângel. En los materiales anteriores encontrarâ el lector ma­ teria mâs que suficiente sobre las virtudes de Maria y la conversation habida entre Ella y el ângel. SMC. 8. GUIONKS HOM1Î.KTICOS 177 IV. Punto tercero. 302 ^Qué es lo qut hacen? A. El mundo, ni se entera. Hoy vive como si enfonces no hubiera acaecido nada. Yo..., como si no se hubiera puesto en movimiento el cielo por mi. ângel y Maria. a) El ângel obedece y lleva un mensaje que pudo parecerle tan extraûo, y aun si queremos, tan humilian­ te para los àngeles. Era la voluntad de Dios. Asi aprcndiô a conocer lo que Este nos amaba. b) Maria se humilia: He aqui la esclava del Senor. En toda la gloria y sufrimientos que se le ofrecen no ve otra cosa sino la voluntad de Dios. Verbo. "Et caro factum est". a) El Padre se alegra de verlo encarnado porque ama a Cristo solo mucho mas que a todas las criaturas juntas (cf. Santo TomAs, Sum. Theol. 1 q.20 a.4 ad 1). b) El Espiritu de amor sacia su deseo amoroso al cumplir la mayor de sus obras. c) Y Cristo se abrasa a su santa humanidad, porque sabe que la ha recibido para amarme a mi. V. Propositos y coloquios. A. Amor al que baja del cfelo a la tierra para niorir por mi. Seguimiento del que se ha hecho hombre para ensenarme a andar por el mundo. Deseo de repetir la oraciôn que me ensefiô y que debo dirigirle ahora: Hâgase tu voluntad. il » . .................. .............................. SECCION I. TEXTOS SAGRADOS » Λ I it 1 I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus. — Salve, Sancta pa­ rens, enixa puerpera regem: qui caelum terramque regit in sae­ Ps. 44,2: cula saeculorum. Eructavit cor meum verbum bo­ num: dico ego opera mea regi. Gloria Patri... Introito.—Salve, Santa Madré, que pariste virginalmente al Rey que rige cielos y tierra en los siglos de los siglos.—Ps.: Eructé mi corazôn una palabra buena. Dijo: Mis obras son para el Rey. Gloria al Padre... Oratio.—Famulis tuis, quaesu­ mus, Domine, caelestis gratiae munus impertire: ut quibus beatae Virginis partus exstitit salutis exordium: Visitationis eius votiva solemnitas pacis tri­ buat incrementum. Per Domi­ num... Oracion, — Rogâmoste, Sefior, concedas a tus siervos el don de la gracia celestial, a fin de que lit· los que hemos recibido las primicia de la salvaciôn en el parto de la Virgen, alcancemos aumento de paz en la solemnidad de su Visitaciôn. Por nuestro Seffor... Grad.—Benedicta et venerabi­ lis es, Virgo Maria: quae sine tactu pudoris, inventa es Ma­ ter Salvatoris.—Virgo Dei Ge­ nitrix, quem totus non capit or­ bis, in tua se clausit yiscera factus homo. Gradual.—Bendita y venerable eres, Virgen Maria, pues sin el mâs leve menoscabo de tu integridad virginal te hallaste Madré del Salvador. Virgen Madré de Dios, el que no cabe en los cie­ los, hecho hombre se encerrô en tu seno. Alleluia, alleluia. — Felix es, sacra Virgo Maria, et omni lau­ de dignissima: quia ex te ortus est sol iustitiae Christus Deus noster. Alleluia. Aleluya, aleluya.—Feliz y dig­ na de toda alabanza eres, sagrada Virgen Maria, porque de ti naciô el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios. Aleluya. Offert.—Beata es, Virgo Ma­ ria, quae omnium portasti Crea­ torem: genuisti qui te fecit, et in aeternum permanes virgo. Ofertorio. — Bienaventurada eres, Virgen Maria, que engendraste a quien te créé y llevaste en tu seno al Creador de todas las cosas, permaneciendo siempre Virgen. Secreta.—Unigeniti tui, Do­ mine, nobis succurrat humani- Secreta.—Socôrranos, Sefior la humanidad de tu Unigénito, y asi 304 I P 5 r ï« f« • fl · ’ )1 & r i3= î r. 1 IE ih f k I I 182 LA VISÏTACIÔN. 2 IUI.IO o al nacer de la Virgen Ma­ dré no raermô su integridad. sino que la hizo mâs santa, asi, purificados de nuestras culpas en la solemnidad de su Visitaciôn, hâgate aceptable nuestra oblaciôn jesucristo, nuestro Seiior. Que contigo vive y reina... Lil tas: ut qui natus de Virgine, matris integritatem non minuit, sed sacravit; in Visitationis eius solemniis, nostris nos piaculis exuens, oblationem nostram tibi faciat acceptam lesus Christus Dominus noster, Qui tecum vivit... Praefat.—(Igual que en la Inmaculada.) Communio. — Beata viscera Comunion. — Bienaventuradas las entranas de la Virgen que lle- Mariae Virginis, quae portavevaron al Hijo del etemo Padre. runt aeterni Patris Filium. Poscomuniôn.—Habiendo recibido los sacramentos en la celebraciôn de esta fiesta anual, suplicâmoste, Senor, que nos sirvan de remedio para la vida présente y la futura. Por nuestro Senor Jesucristo... 305 II. Postcommunio.— Sumpsimus, Domine, celebritatis annuae votiva sacramenta: praesta, quaesumus: ut et temporalis vitae nobis remedia praebeant et aetemae. Per D ominum nostrum... EPISTOLA (Cant. 2,8-14) 8 ;La voz de mi amado! Vedle que llega saltando por los mon­ tes, triscando por los collados. 9 Es mi amado como la gacela o el cervatillo. Vedle que esta ya delante de nuestros muros, mi­ rando por las ventanas, atisbando por entre las celosias. 10 Oid que me dice: Levânta­ te ya, amada mia, y ven: 11 Que ya ha pasado el inviemo y han cesado las 11 uvi as. 12 Ya han brotado en la tierra las flores, ya es llegado el tiempo de los cantares y se deja oir en nuestra tierra el arrullo de la tôrtola. 13 Ya ha echado la higuera sus brotes, ya las vinas en flor esparcen su aroma. Levântate. amada mia, hermosa mia y ven. 14 Ven, paloma mia, que anidas en las hendiduras de las rocas, en las grietas de los muros 8 Ecce iste venit saliens in montibus, transiliens colles. 9 Similis est dilectus meus capreae, hinnuloque cervorum. En ipse stat post parietem nos­ trum respiciens per fenestras, prospiciens per cancellos. 10 En dilectus meus loqui­ tur mihi: Surge, propera, ami­ ca mea, columba mea, et veni. 11 lam enim hiems transiit, imber abiit et recessit. 12 Flores apparuerunt in ter­ ra nostra, tempus putationis ad­ venit, vox turturis audita est in terra nostra, 13 ficus protulit grossos suos: vineae florentes dederunt odorem suum. Surge, amica mea, speciosa mea, et veni. 14 Columba mea, in forami­ nibus petrae, in caverna mace­ riae, ostende mihi faciem tuam, ' TEXTOS SAGKAIXJS · ■ 183 sonet vox tua in auribus meis, escarpados. Dame a ver tu rosvox enim tua dulcis et facies tro, que tu voz es suave y es amable tu faz. tua decora. III. EVANGELIO (Le. 1,39-47) n · b) "Anima mea... 315 No sôlo los labios, sino el aima con todas sus potencias. La voluntad no amando sino a Él, el entendimiento no pen­ sando sino en Él, la palabra hablando de Él y predicândole, las manos y pies dedicândose a su culto y obras. Segûn Toledo (cf. Comm. in Le. 1, h.l), Maria dice "mi aima" con razôn, prim'ero, porque su alma era realmente suya, ya que la poseia por completo, mientras que la nuestra estâ dominada por la ira, soberbia y demas pasiones. En segundo lugar, porque todo lo de Cristo pertenecia a Maria, y al devolvérselo esta, revierten a Él todos sus dones. Finalmente, por­ que cuanto mâs amamos a Dios, mâs apreciamos y amamos nuestra aima. Dominum...” A 1 f i ,r j 316 ( Tû, Isabel, me alabas porque soy la Madre del Senor. Yo alabo a Dios mismo. Al Padre, que me ha asociado a su ge­ neration, proporcionândomfe que yo engendre como hombre al que Él engendre» en cuanto Dios. Al Hijo, que recibiendo de mi su cuerpo, se ha dignado ser hijo mio. Al Espiritu Santo, que llenô de santidad y me eligiô para obrar en mi misterio tan alto. B) ; ; “Et exultavit spiritus meus” Exulta vit... 1. La palabra grfega indica una admiration y gozo vehementisimos. En Maria se da como un eco que, nacido en Cris­ to, encerrado en Ella, llega a sus labios, prorrumpe en cânticos de emociôn y revierte otra vez al mismo Cristo, diciendo: Et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo. 2. Es un eco mil veces ampliado de la alegria del Antiguo Testamento, comenzando por Isaias cuando dice: Gaudens gaudebo... yo me gozaré en Yahveh y mi aima saltarâ de jùbilo en mi Dios (61,10). 3. San Agustin, cuando escribe sobre el "Magnificat”, nos dice que Maria nos ensena en este verso, "en primer lugar, a prédicat la grandeza y bondad del Senor, como ya lo hiciera en el precedente, y en segundo lugar, a derramar la alegria y suavidad de que su conception la habia llenado". También los ângeles admiran y contemplan la majestad de Dios y llenos de su bondad y alegria inefables le aman y se gozan. Ven su ma­ jestad y bondad. La majestad engendra temor y la bondad amor, para que el amor sin respeto no sea vano, o el respeto Mi βx T 317 cil 'TP 3 j ·?’ ·y Γ­ Η ‘J .'il— 190 LA VISITACIÔN. 2 JULIO sin amor digno de castigo. Admirando aman, y amando st admiran, de modo que la admiraciôn engendra un amor inex­ tinguible y la admiraciôn se consuma suavemente en el amor’’. 4. A mayor beneficio mayor gozo, y tal debiô ser el de Maria, que de no sostenerla Dios, hubiera desfallecido, como desfallecieron aquellos padres de la antigüedad clâsica ante la supervivenda o triunfo de sus hijos. Tito Livio habla de dos madrés que murieron al ver vivos a los que creian haber mutrto en la derrota de Trasimeno. Cicéron en las Tusculanas y Gelio en las Noches Aticas nos cuentan la muette de un padre que vio a sus très hijos vencedores y coronados en los juegos. ;Qué tienen que ver estas alegrias con las de nuestra Senora? 5. Fué un gozo suyo que la arrebatô y la absorbiô y trans­ formo en Cristo encamado, y no de un modo transitorio, sino habituai, como correspondia a su union permanente con Dios. De este modo pudo vivir mutrta al mundo, y tener su vida encerrada en Cristo. Vivo yo, podia dedr como el Apôstol, pero no soy yo la que vive, sino Cristo en mi. 318 b) "In Deo salutari meo...” 1. En Dios, mi Salvador. Es una repeticiôn de Habacuc (3,18) :,Yo siempre me alegraré en Yahveh y me gozaré en el Dios de mi saluaciôn, lo cual en hebreo es: "me gozaré en Dios, mi Jesûs”. 2. Mio. Podia decirlo Maria, porqut era Hijo suyo, y por­ que es Salvador suyo especialniente, en cuanto que no solo la preserve» de la caida, sino que la constituyô en Mediadora y Corredentora universal. 3. Alégrest, pues, la Santisima Virgen, 'alegria dei mun­ do", como la llamô San Cirilo en el concilio de Éfeso (cf. Horn. 6), “puerta del cielo, por la que Dios derramô la luz de los siglos; escala celestial, por la que bajô Dios para que nos­ otros pudiéramos subir a la gloria' (cf. San Fulgencio, De laudibus Mariae). C) “Quia respexit humilitatem...” La causa de su gozo es que Dios mirô, aprobô, amô y abrazô su humildad. “Me alegro de sus gracias y, por lo tanto, de lo suyo me gozo, y porque amo sus dones por ser suyos, me alegro en Êl" (cf. San Agustîn). 319 Respexit..." 1. Mirar graciosamente. Segùn San Agustin, consiste en visitai a los caidos o abandonados, devolviéndoles, amansado SEC. 4. ÎEÔLOGOS. A LAPIDE 191 ya por Ia mistricordia, los dones que se les habian arrebatado, para que asi ellos se vuelvan otra vez a Êl. Con razôn, pues, se dice que el Seflor mirô a Maria, puesto que la naturaleza humana recobrô en su humildad lo que habia perdido con la soberbia de los primeros padres, 2. "Mira a la tierra y ésta tiembla (Ps. 103,32). Mira a Maria y la llena de gracia” (cf. San Bernardo, Serm. 57, In Cantic.). b) “Humilitatem...” 1 I I S 320 1. En griego, pequenez, vileza, y no propiamente humil­ dad. La humildad es la ùnica virtud que no se conoce a si misma, pues en el momento en que se conociera dejaria de serlo. En este sentido Maria dice que el Altisimo se ha dignado mirar su pequenez y abyecciôn. 2. Pero también puede tomarse por la misma humildad, como lo hacen la version de los Setenta y numerosos Padres latinos. El humilde reconoce sus virtudes, y entre ellas la mis­ ma humildad, pero atribuyéndolas a Dios, dador de todo bfen. 3. "Existe una humildad fria y engendrada por la verdad. Existe otra formada e inflamada por la caridad. Aquélla reside en el entendimiento, y ésta en el afecto. Por la primera entendemos no saber nada, y nos lo ensefia nuestra propia d’ebilidad. Con la segunda pisoteamos la gloria del mundo. Su Maes­ tro es aquel que exinanivit semetipsum... que buscado para rey, huyô, y buscado para los oprobios y la cruz, se ofreciô espontâneamente" (cf. San Bernardo)·. La Santisima Virgen poseyô ambos grados excelentisimamente. c) "Ecce...” il I 11 · S'. 321 1. Particula que sirve para expresar la admiraciôn: iUna mujer, feliz sobre los hombres y ângeles, siendo asi que desdfe la madre Eva estaban sujetos a la servidumbre, el dolor y el trabajo! 2. Sirve también para llamarnos la atenciôn, uniendo con lo qut precede: Los que deseâis la felicidad, jaqui tenéis el camino de humildad que me ha llevado a mi! d) "Beatam..." 322 “Feliz, porque cceiste, segûn clama Isabel. Porque estâs llena de gracia, conforme te dice el ângel. Porque eres bendita tû, y bendito el fruto de tu vientre. Porque hizo contigo cosas grandes el Todopoderoso. Porque eres Madre del Senor. Por­ que lo eres, conservando el honor de la virginidad. Porque ni ha habido, ni habrâ otra igual a ti” (cf. Gerson, Super Magnif., tract 1, annot.l). (· 192 LA V1S1TACIÔN. e) 323 “Omnes 2 JULIO generationes../' Judios y gentiles, hombres y mujerts, ricos y pobres, hom­ bres y ângeles, porque todos reciben de Ella favores. Los hom­ bres la reconciliation, los ângeles la reparation. A Ella miran los bienaventurados para saciarse, los condenados al purgato­ rio, para 'obtener gracia, y los vivos para verse libres. Para todos engendre» la vida, la gracia y la gloria; para los muertos la vida, para los pecadores la gracia, para los desgratiados la gloria. Los ângeles, cuya ruina fué reparada, le cantan: Tu, gloria Jerusalem; los hombres, cuya tristeza alegrô, le dicen: Tu, laetitia Israel; las mujeres, cuya mancha borrô: Tu hono­ rificentia populi nostri; los muertos, cuya cautividad redimio: Quia fecisti viriliter (ludith 15,10). La historia de la devociôn mariana nos atestigua el cumplimiento de esta profecia. D) 324 “Quia fecit mihi magna.. a) “Quia fecit...” Grandes cosas o maravillas obrô Dios en Maria. 1. Santo Tomâs, exponiendo que Dios pudo crear un mun­ do mejor que este, exceptùa très cosas insuperables : la in­ carnation, la matemidad de Maria y la beatification del hom­ bre (cf. Sum. Theol. 1 q.25 a.l). 2. La encarnaciôn con la maternidad de Maria, insepara­ ble de la misma, son obra superior a la misma création. 3. Hugo de San Victor enumera las siguientes maravillas obradas en Nuestra Sefiora: su santificatiôn (la Inmaculada Concepcion), el saludo del ângel, la plenitud de gracia, la con­ ception del Hijo de Dios. la fecundidad de su virginidad, su honrada humildad. su pronta obediencia, la devociôn de su fe, su prudente pudor, su dominio sobre el cielo. 325 b) "Qui potens est..." 1. Nombre biblico de Dios: el Poderoso, el Omnipotente. El vocablo griego usado por San Lucas corresponde al que usarâ el ângel, al anunciar: Virtus Altissimi obumbrabit tibi. El poder del Altisimo. 2. Acudiendo al poder sin limites de Dios, Maria da la razôn de cômo han podido obrarse en ella taies y tantas ma­ ravillas, porque, como dice San Agustin: “La ùnica razôn de este hecho es el poder del que lo hace" (Epist. 3). 1 SEC. 4. “Et 193 TEÔLOGOS. A LAPIDE sanctum nomen eius... 1. Vient a decir: El nombre de Dios es “santo", esto es, purisimo, lleno de perfecciôn y, por lo tanto, honroso y merecedor de adoraciôn. Santo en sus obras, y especialmente en este misterio de la Encarnaciôn, por el cual santifica a Maria y a todo el genero humano. 2. Podemos interpretar este lugar atribuyendo al inciso un sentido causal y otro de efecto o consecuencia, ambos muy unidos. Porque Dios es santo, mâs afin, porque es la santidad increada, ha obrado tales maravillas de santidad y santificadôn, para acabar las trasgresiones y dar fin al pecado, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna (Dan. 9,24). Este seria el sentido causal. El final no es muy distinto: al contemplar las obras de su poder conozcan y alaben todos su santidad. 3. Sobre los motivos ordinarios de la santidad divina po­ demos contemplar la santidad especial de Cristo. Santidad ontologica de victima que nadie puede manchar, purificada con su propia sangre, y santidad que rebosa en su mansedumbre y humildad. 4. En cuanto a Maria, posible es atribuir al poder de Dios su matemidad divina, y a la Santidad increada la previa santificaciôn de Nuestra S'efiora, si bien es mejor atribuirlo todo a la Santidad omnipotente. 5. En cuanto a nosotros, debemos pensar que Dios, al hablar con Abraham, dijo llamarse Saddai, esto es, liberal. Al manifestarse a Moisés le revelo su nombre propio: Yahveh, el que es. Pero ahora Maria le llama Santo. Es que su santidad se ha hecho visible en Cristo, y esta santidad debe set el distintivo de los que al consagrarse a É1 reciben el nombre de Cristianos. Sea nuestra vida imagen de la de Cristo, para que cuantos nos vieren piensen en È1. E) “Et misericordia eius” i •r 1 Λ • I » 327 Comienza la Santisima Virgen a dar gracias a Dios por los bénéficies concedidos a Israel y a todos los fieles. Dios, poderoso y santo, extrema su misericordia con aqufeUos que al amarle temen ofenderle. F) “Fecit potentiam in brachio suo...” Alabada Ia misericordia del Sefior para con los buenos, pasa a ensalzar su justicia para con los malos. I U falabra de C. 10 ■ VJ . · · t 194 LA V1SITACIÙN. 2 JULIO "In brachio suo... Brazo, lo mismo que diestra y aun dedo, significa tel poder de Dios. Demostrôlo con los cnemigos de su pueblo, humilian­ do a Faraôn por medio de Moisês, a los cananeos con Josué... y, sobre todo, a Satanâs por medio de Cristo y de Maria. Por eso, algunos autores han llamado a Cristo ’'brazo ', esto tes, poder de Dios. E Isaias dice: quién fué revelado el brazo de Yahveh? (53,1). b) « J & "Dispersit superbos.. ” 1. El vocablo sui es referido por algunos a Dios. Asi San Agustin: “Con el pensamiento de su corazôn, con lo mâs pro­ fundo de sus dtecretos los disperso. Honda decision divina fué la de hacerse hombre por mi, la de que el inocente (innocens) . padeciera para redimir al malo (nocentem). Y esta decision no pudo ser prtevista por el demonio”. 2. Pero como la concordancia griega exige que el sui se refiera a los soberbios. otros entienden que el pârrafo significa que Dios se valiô de los misnios ptensamientos del soberbio para hundirlo, como hundiô al Faraôn, al querer aprehender a los hebreos. G) “Deposuit potentes.. a) Sustituye a los soberbios por los humildes, como sustituyô a Saûl por David y a Amân por Mardoqueo. b) Esta frase del “Magnificat" es una d’à las mâs repetidas en la literatura dei Antiguo Testamento, del que citaremos solo el cântico de Ana, la madré de Samuel: Humilia o exalta, levanta del polvo al pobre, de la basura saca al indigente, para hacer que se siente entre los principes (1 Reg. 2,7; cf. Ps. 11,6). c) También es igualmente repetido el pensamiento refe­ rente a los hambrientos. Los hartos pusiéronse a servir por la comida, y se holgaron los hambrientos (1 Reg. 2,5). Empobrecen los ricos y en la penuria pasan hambre, pero a los que buscan a Yahveh no les falta bien alguno (Ps. 33,11). d) No es de extrafiar esta repeticiôn de pensamientos, porque aparté de ser cosa corrientte dentro de los caminos de la Providencia, toda la historia de Israel constituye un proceso de principes depuestos, y de pobres mantenidos por Dios desde tel mismo pueblo en el desierto hasta Elias, pongamos por eiemplo. SEC. 4. II) TE0LOGOS. A UpIOE 195 “Suscepit Israel puerum suum..." a) Rccibir, acoger, significa en la Sagrada Escritura dar la mano, ayudar, protéger. "Protegiô, pues, y levanto el Senor a Israel su siervo, a través de todo el Antiguo Testamento, y novisimamente por medio dei Hijo de Maria, y en Israel a todo el mundo una vez que fueran derribados los muros de separa­ tion”. "Acogiô, pues, a Israel, no al Israel que encontrô, sino al que queria producir, como el médico al enfermo para curarlo, para redimir al cautivo, para justificar al impio y salvar al justo" (cf. San Agustin). b) Y la causa de que asi acogiera al pueblo judio y en él al mundo es su misericordia universal, que se decidiô al cabo de los siglos a llevar a cabo la redenciôn. ■ c) En este punto Maria abre un inciso, muy propio del hebreo: Segùn se lo habia prometido a nuestros padres... 330 ■ > ·<< AUTOKES VAR JOS. S. BERNARDINO SEC. 5. SECCIOX V. AUTORES VARIOS I I. SAN BERNARDINO DE SENA •i’-LV··. (Ci. Pro feslis B. il. V.: Opera (Veneriis 1745] t.4 p.112 ss.) Exordio 331 Dignare me laudare te. Virgo sacrata. "No desprecies el humilde servicio de tu siervo, que, como sabes bien, procura alabarte devotamentfe.” Inspirame. “^Habra alguien que sin el auxilio divino se atreva a hablar de ti? Palabras de Maria 332 • Dice el Senor: El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas (Mt. 12,25). Del Corazôn de Maria, £cuâl mejor?, sacô Ella sus palabras. A) Estas fueron siete: a) Con el ângtl dos: Quomodo fiet istud y Ecce ancilla Domini. b) Con Santa Isabel otras dos: una para saludar y otra el "Magnificat”. c) Con su Hijo otras dos: Fili, quid fecisti nobis sic? y Vinum non habent. d) Con los criados de Canâ: Quodcumque dixerit vobis, I vez que mâs se extendiô fué en el “Magnificat", para cantar las alabanzaS de Dios. En estas sietfc frases nos muestra ordenadamente siete actos y procesos de amor. C) “La primera, amor que separa y desune; la segunda. amor que transforma; la tercera, amor que se comunica; la cuarta, amor gozoso y festivo; la quinta, dulce y sabroso, la sexta, compasivo, y la séptima, amor final y perfecto.” 333 III. El amor que separa A) “La primera, de amor separador. Es propiedad del amor separarse de todo lo contrario a su amado. Y cuanto mayor sea...” 197 B) "Diet San Agustin que la bienaventurada Virgen Ma­ ria propuso en su corazôn permaneefer siempre virgen; pero sus labios no pronunciaron este voto. Sujetôse al divino bene­ placito, proponiéndose permanecer siempre virgen, si Dios no revelaba cosa distinta. Mas una vez que concibiô al Hijo de Dios, aquel voto que habia formulado en su corazôn fué exteriorizado por sus labios. Y lo mismo hizo San José.” C) "Contempla, pues, cômo se aleja esta Virgen de todo lo que contraria a su amado, pues no solo odiaba lo que era offensa para Él, sino hasta lo que era licito para una desposa da, sin ofensa de Dios." IV. El amor que transforma A) La segunda es un amor que transforma. Esta llama, raiz de las demâs, no se manifiesta, sin embargo, hasta que el hombre se ha ejercitado en apartarse de los obstâculos. B) La union con Dios debe ser, por parte del aima, humilde, sumisa, pronta y servicial. Por eso dice Maria: He aqui a vuestra esclava. Y porque debe ser temerosa, confiada, tierna y suplicantemente deseosa dime: Hàgase en mi segun tu pa­ labra. No me atreveria, significa, a pedirlo, pero no puedo desconfiar de tu palabra. a) Ecce: La obediencia; heme aqui, presta estoy. b) Ancilla Domini: Humildad. c) Fiat mihi: Caridad desprendida. d) Secundum verbum tuum: Fe viva. EI amor comunicativo A) Propio del amor es procurât despertar en otros el amor al amado. B) Tai revela Maria en la Visitaciôn y en sus primeras palabras. a) Marché presurosa, ansiosa de cpmunicar la gracia de su Hijo y de ejercer la caridad. b) Saludô a Isabel. c) Inmediatamente, segùn el Vvangelista, quedô santificado Juan, que, no pudiendo hablar, diô saltos de gozo, y Santa Isabel lienose de jùbilo y del Espiritu Santo. Estas son las comunicaciones de Maria. VI. El amor gozoso Hablemos ya del amor gozoso, que canta y alaba al amado. El "Magnificat". Da gracias, en primer lugar, por los beneficios suyos par- LA V1SITACIÔN. 2 JULIO 198 ticulares; después, por los generales, y en tcrcer lugar, por los singulares. /1 ) M λ Por los particulares Engrandece: Magnificat, y no mi lengua, sino mi aima. Hizo Dios cosas tan grandes conmigo, que Él mismo quiso ser hecho por mi. Hizome màs poderosa que los ângeles. Pero todo es obra suya. Nada es mio. 2. Maria conociô su magnificcncia, y refiriéndolo todo a Dios, se decidiô a engrandecerle con su aima, mâs perfectamente: que el mundo entero. b) Se regocija. De este ultimo hecho naciô en Ella gran regocijo. Exulta de jùbilo mi espiritu en Dios, a quien, porque siendo de todos es particularm'ente mio. llamaré mi Salvador. 2. Me alegro de sus preceptos, me alegro de su presencia, m'e alegro de poderle dar tanta gloria, me alegro de la salvaciôn que trae al mundo. 3. En la vision de Dios se contempla su majestad y su bondad. De lo primero surge el respeto y temor filial; de lo segundo. el amor encendido. Las palabras magnificat anima mea representan el respeto y alabanza a la Majestad. El exultavit in Deo, el amor. c) Se propone como modela. 1. Para ello nos muestra la virtud que moviô a Dios a que la eligiera como Madre. Quia respexit humilitatem. No se fija ni en su belleza ni en su linaje. Omite los grandes privilegios, como el de la Inmaculada, y nos indica la causa de su encumbramiento, tan asequible a todos: la pequefiez humilde. 2. Contempla el premio ofrecido a su humildad y exclama: Ecce enim beatam... E inmediatamente senala la causa: Quia fecit mihi magna qui potens est. A Él solo, pues, se debe la gloria. Inconcebibles maravillas ha verificado en beneficio de todos, pero hasta ésas redundan de un modo especial en mi. B) Da gracias también por los bénéficias generales a) Por su misericordia. Incoada en ella, ha de extenderse a todas las generationes : Et misericordia eius a progenie... b) Por su justicia. Enriquece a los buenos y castiga a los malos, a los que a veces los mismos dones concedidos a los justos sirven para endurecerles. Yo he venido al mundo para un juicio, para que los que no ven, vean. y los que ven, se vuelvan ciegos (lo. 9,39). Puesto esta mi Hijo, sabia Ella, para £ SEC. 5. ANTORES VARfOS. S. BERNARDINO caida de muchos (Lc. 2,34). De aqui que Maria, después de cantar las misericordias de Dios para con los Buenos, afiade: Fecit potentiam in brachio suo. Dispersit potentes de sede. Erazo poderoso fué su Hijo, que juzgô y juzgarâ a los malos. c) La Santisima Virgen ve como se conjugan en Dios la justicia y la misericordia, y la canta diciendo: Dispersit po­ tentes de sede et exaltavit humiles. Esurientes implevit bonis et divites dimisit inanes. Sacia el hambrfe temporal y, sobre todo, la espiritual. d) El soberbio dice: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad (Apoc. 3,17). Triple necesidad de su so­ berbia: se cree rico d'e dones y sabiduria, créé debérselo a si mismo y no necesitar nada. Pero Dios le contesta: No sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo (ibid., 18). Alardeando de sabios se hicieron necios (Rom. 1,22). A) Da gracias por los bénéficies singulares encerrados en el mâs singular de todos ellos, la encarnaciôn y redenciôn, a la que alude diciendo: Suscepit Israel... a) ...Recordatus misericordiae suae. No por nuestros mé­ rites. b) Fué para cumplir lo que su misericordia habîa prometido ad patres nostros. B) Al juzgar, pues de nuestro festado de perfection o de virtud, digamos: Unde hoc mihi...? VIÏ. Deseo de union de San Juan A) La perfection se detiene en el abajamiento ante la grandeza de Dios. a) Pero icômo puede ser razonable el deseo de unirnos a Él? Si su grandeza engendre» nuestra humildad, su bondad product este deseo. San Gregorio Nacianceno, el llamado teôlogo, dice: "Este Dios desea ser deseado. iPodréis creerlo? Tiene sed en su abundantia" (cf. Orat. 40): Sitit sitiri. ^Queréis forzarle a que os esté agradecido? Pedidlfe que os dé mo­ tives para que estéis agradecidos vosotros. b) Su gusto en dar es mucho mayor que el nuestro en recibir. Es una fuente limpia y fresca que festa deseando lim)iar y refrescar. Naturaleza inmensamente plena a la que solo e falta—permitidme la frase—que acudamos a saciarnos. El acercar nutstros labios es un favor que le hacemos. Tanto lo desea. No desearle es ofenderle. B) Por eso el Bautista, en cuanto lo siente présente, salta en dtseos de acercarse. a) Pidâmosle nos encienda en deseos de Cristo, puesto LA VISITACIOK 2 JULIO que esta fué su misiôn en la tierra. No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz (lo. 1,8). b) jGran maravilla! El sol es el que alumbra y, sin em­ bargo, entonces la luz estaba en medio de los hombres y éstos no la veian. Necesario fué que otro la mostrase, y este |no era la luz! c) "Tan flacos somos que necesitamos de una linterna para ver la luz" (cf. San Agustin. In lo. tract. 2,8). II. SAN FRANCISCO DE SALES Segûn se indica en la ediciôn de la B.AC, Obras selectas (t.l p.531), cl Santo hablô en este sepindo sermon, predicado en 1621, de tres uniones operadas eradasa en la ·Santisima % a Virgen. · « « Sua humildad w 9 < · . · · y caridad A Ί I* * resplandecen de modo especial en el misterio de la Visitaciôn. Aludiô también al efecto que produjo la visita en casa de Zacarias, hizo un comentario prâctico del evangelio y explano el poder de la interyenciôn de los santos y sobre todo de la Santisima Virgen, para terminât exponiendo como visita a sus siervos, con ejemplos sobre este punto (cf. MackKY, Sermonar, completo, Serm.2 sobre la Visitaciôn). 338 Très unidades admirables A) "Dios es uno, ama la unidad y la union. Le desagrada todo aquello en que no reina la unidad. B) Para demostrar cuânto ama la unidad, forme très uni­ dades admirables en Maria. a) La primera, la de la naturaleza humana con la divina, tan admirable y grandiosa que excede la capacidad de los entendimientos creados. El hombre ha sido h echo Dios, y Dios, sin dejar de serlo, ha sido hecho hombre. b) La segunda union fué la de la matemidad y virginidad. c) La forcera, la de una altisima caridad y una profunda humildad. La caridad eleva al aima, la humildad la hace des­ cender. Luego parece que no pudieran encontrarse... Gracias a Él, la caridad se hace humilde y la humildad caritativa, y no pueden existir estas dos virtudes separadas.’’ I 339 Humildad y caridad A) En la Encarnacion, Maria se humilia al confesarse es­ clava del Senor, e inmediatamente verifica un acto de entrega y, por ende. d1? caridad al aceptar que se cumpliera en EÜa segûn la palabra del ângel. B) Pero Maria no se detiene al humillarse ante Dios, por­ que sabe que caridad y humildad no son perfectas si no pasan de Dios al prôjimo. No es posible amar al Dios que no vemos, I • ✓fie SEC, 5. 20 î ACTORES VARIOS. BOSSUET C si no amamos a los hombres que vemos. Esta parte se cumple en la Visitaciôn. C) Maria, la Madré de Dios, emprende el camino para servir a Isabel. Saluda la primera. Es su humildad. Su visita llena dé bienes a aquella casa. Es la caridad. III. Efectos de la visita en casa de Isabel ri II 340 A) Maria endereza a Dios las alabanzas que recibe de su prima. El mundo se embriaga de alabanzas y adulaciôn. En cambio, es senal de adelantamiento espiritual que se rieciban eficazmente las gracias cuando estas humillan. B) Isabel poseia ya al Espiritu Santo, puesto que vivia en gracia, pero en aquel mom'ento "fué llena". Nunca es tanta la gracia que Dios no pueda anadir mâs. No digamos nunca: "Ya soy lo bastante virtuoso y no puedo ir mâs allâ”. Las gentes del mundo no dicen jamâs: Ya disfruto bastantes hono­ res, riquezas o placeres. C) La visita no fué empleada en vanas e inûtiles conver­ sationes, sino en glorificar a Dios. Isabel aprendiô del ejemplo de Maria y creciô en humildad, fortificôse en la fe y se entregô mâs perféctamente a Dios. D) Los favores que recibiô de Maria nos recuerdan la mediation universal. Dios quiso que toda la Iglesia triunfante, pero precisamente por Maria, acuda en auxilio de la militante. E) Pues tan provechosa es la visita de Maria, aprovechémosla. Entremos en su familia por medio de la comuniôn, y Maria nos visitarâ como patientes. III. BOSSUET Este sermon fué predicado dos veces. La primera ante una s re­ ligiosas y la segunda, en la que amplia lo que resumimos en el pârrafo IV, B, ante la reina de Inglaterra (cf. Firmin Didot, t.3 p.215 ss). La obra de Dios en las personas de la visitaciôn 341 A) Isabel se humilia: Unde hoc mihi? San Juan salta de gozo. Maria canta las munificencias de Dios. Solo Cristo calla. B) Cuando Dios, invisible como en este caso, mueve a las almas, generalmente por medio de sus inspiraciones, la predicatiôn y los sacramentos, suelen producirse très efectos: a) El primero es de humildad ante su grandeza, que impresiona a nuestra pequefiez. b) El segundo es un movimiento de acercamiento a Él. r : 1 ! J 4 : > - - -· 202 LA VÎSÎTACIÔN. 2 JULTO c) El terctero consiste en la cntrega total, que llena el aima de paz. Los très pensamientos o efectos estân significados por Isa­ bel. Juan y Maria en el 'Magnificat". La humildad de Santa Isabel A) El sentimiento de humildad aparece en San Pedro, cuando, estuptfacto ante el poder de Cristo, clama: Apàrtate de mi, que soy un hombre pecador (Le. 5,8), y en el centurion: Seâor, yo no soy digno (Mt. 8.8). B) Santa Isabel esta penetrada de la grandeza de Maria (Mater Domini!) y de su propia indignidad (Unde hoc mihi?). De ambos sentimientos surge su humildad. C) Para que la nuestra consista en algo mâs que en pa­ labras debemos considerar los mismos motivos que movieroa a Isabel. a) La grandeza de Dios 1. Los hombres respetan a una persona cuando comprueban en ella ciertas condiciones que por su prestancia y singularidad la separan del comûn, colocândola en un rango espe­ cial. Las de Dios son taies que, en frase de Tertuliano, es un ‘‘soberano que no tenifendo par, vive en la soledad de su per­ fection” (cf. Adversus Marc. 1.1,4). 2. Podemos anadir todavia que la grandeza de los hom­ bres no es nunca tanta que no padezea algûn punto flaco, con referencia al cual el hombre mâs grande no es igual o inferior. iQuién podrâ decir lo mismo de Dios? 3. Esta es la grandeza del Senor. jAy de los soberbios que marchan con la trente erguida delante de quien desarraiga; los cedros del Libano y cuando toca los montes mayores los hace humear! b) Nuestra pequenez 8 ♦ UR-r .· 7' ' . -r ·· r: F 1. iQuién es el hombre. Senor, para que te acuerdes de él? Nuestra pequenez no surge ünicamente de la comparaciôn de dimensiones, sino d'el dogma de que todo cuanto tenemos se debe a su gracia. i,Es verdad que cumplimos actos de virtud? Si; pero su gracia nos ha prevenido y sus crecimientos se deben a ella misma. 2. Piénsenlo los pecadores arrepentidos. piénsenlo las ai­ mas que viven en estado de perfection, y vean si no tienen motivos de humildad. Dios puso dentro de nosotros una fuente de agua que mana continuamente para la vida eterha, y segûn San Agustin: Ipsa gratia meretur augeri, ut aucta mereatur per­ fici (cf. Epist. 186,10). SEC. 5. AUTO RES VARIOS. BOSSUET 203 I III. El ansia de acercarse a Dios en San Juan 343 A) No basta solo la humildad. Es precise acercarse a Dios. iCômo atrevernos? Précise sera que después de haber hablado sobre su grandeza nos dediquemos a cantar su bondad. a) San Gregorio Nacianceno, gran teôlogo, nos présenta a Dios como una fuente pura y fresca que no tiene necesidad de crecimiento ni de limpieza, ni de que se la enfrie. Sin em­ bargo, necesita algo. ^Qué? Que beban de ella. Sitii sitiri (cf. Orat. 40). b) Podemos hacer que Dios nos quede agradecido simplemente con pedirle que nos deje obligados a Él, porque es mâs gustoso en dar que nosotros en recibir, continûa el mismo doctor. c) No desear, pues, esta bondad es injuriarle, y en San Juan, sus saltos y deseo de romper con la clausura que le sujeta, podemos ver este deseo. B) Este mismo San Juan debe ser el santo a quien acudamos para comenzar a desear a Cristo, puesto que tal fué su misiôn. No era él la luz, pero vino a dar testimonio de ella. Eran, y somos los hombres, incapaces de ver la luz, porque sus ojos estaban enfermes y necesitaron una luz mâs suave que les llevase al sol indeficiente de la Verdad eterna. Esa luz suave fué Juan. . C) Otro punto debe servirnos para estudiar el estado de nuestras aimas: el comparar el gozo del Bautista con nuestra, frialdad. jCuântas alegrias y consuelos nos perdemos! Gentes que estân lejos del Senor repiten las palabras de David: Quando veniam et apparebo ante faciem Dei? (Ps. 41,3). jY nosotros. tan proximos a Él, no nos preocupamos de acercarnos mâs, ni aun siquiera de aproximar nuestros labios a esa fuente de agua viva! I IV. La paz de Dios en el “Magnificat” Purificada el alma, se acerca a Dios. Una vez cerca, Dios se le entrega y colma de una paz que rebosa en los Versos del “Magnificat”. ’ En este cântico Maria nos muestra primero los favores que Dios derramô sobre Ella; después nos habla de la nada del mundo, de los poderosos abatidos, etc.; por fin, admira la fidelidad de Dios a sus promesas. Très partes muy entrelazadas, porque comienza animândonos con los prodigios de amor de Dios cuando mira a sus criaturas, lo cual es el principio de la santidad; pero como el mundo pudiera hacemos titubear, nos 344 LA V1S1TACÏ0N. 2 JVI.IO 204 ensena en seguida su gloria derrocada, para terminai confortândonos con la seguridad de las promesas divinas y la paz del cielo. 4) El principio de la pas a) Quia respexit. Porque Dios mirô. La mirada de Dios supone en el lenguaje biblico el favor, benevolencia y protec­ tion de Dios sobre los justos. Los ojos de Yahveh es/ân sobre los justos, y sus oidos atentos a sus clamores (Ps. 33,18). Es la mirada con sus favores. Los libro de todas sus angustias (ibid., 18). Es la protecciôn. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas le libra Yahveh (ibid., 20). iQuién puede desear mayor paz? b) Maria es un ejemplo supereminente de esta doble mi­ rada de favor y protection, pero también mis oyentes la ban experimentado. Todos podemos decir: Siempre fengo ante mi a Yahveh. Si Él estâ a mi diestra, nunca resbalaré (Ps. 15,8). La derrota dei mundo B) a) Esta paz que Cristo trae va acompanada de un gran triunfo sobre su en’emigo el mundo. Dios y el mundo parece como si sintieran una mutua emulation, que describiô Tertuliano en frase lapidaria:.Est aemulatio divinae rei et humanae (cf. Apol. 50). Dios y el mundo, quiere decir, son contrarios Dios favorece a los modestos, el mundo a los ambiciosos. Dios a los sencillos y sinceros; el mundo a los ladinos y aduladores. El mundo concede sus favores a los violentos; Dios a los mansos... b) En esta lucha el mundo ofrece también su paz, pacem peccatorum videns (Ps, 77,3), y Dios aquella otra que supera toda imagination (Phil. 4,7). Ambos partidos creen gozarla, porque ambos creen haber conseguido la victoria, y a que los unos la colocan en los bienes de la tierra y los otros en los del cielo. c) Pero he aqui que la Santisima Virgen nos muestra la Wrdad: Divites dimisit inanes, esurientes implevit bonis. op/ .i O’ C) Las promesas de Dios Podemos emprender la lucha confiados. Dios es fiel a lo que prometiera a nuestros padres y en ellos a nosotros. TJ » r. « ? '•i' I■ Λ SEC. 5. AUTORES VARÏOS. MASSILLON 205 IV. MASSILLON (Cf. Sermons de Massillon. Mystères, Senn. pour la fête de la Visitation (Paris 1762] p.46 ss). Exordio 345 San Ambrosio (cf. In Le. 2,19: PL 15,1560) sefiala que en este misterio y viaje de la Santisima Virgen no la detienen ni el decoro que encerraba a las doncellas en su casa y que suple tantas veces a la virtud, ni la dificultad y lo largo dei camino, sino que emprende los caminos por donde la dirige Dios. Tomando pie de ello vamos a comprobar que lo que nos impide secundar a la gracia suele ser un falso decoro o respeto mundano, que nos imposibilita seguir abfertamente a Cristo, y la dificultad dei camino, que nos acobarda. Ademâs, somos poco generosos cuando nos decidimos a seguirle. IL El respeto mundano A) Hoy no suele nadie gloriarse de determinados vicios, porque el mundo no es tan depravado como en tiempos de San Pablo, y el mismo siglo no puede por menos de condenar en pùblico lo que su corrupciôn aprueba en secreto. Pero, sin embargo, existen vicios odiosos, que parecen haber prescrit© contra el Evangelio, y que reteniendo su malicia no presentan a primera vista ninguna fealdad. Falsas virtudes que son verdaderos vicios. Esta es la raiz de muchos respetos humanos y de que ejecutemos muchas obras y no realicemos otras, porque no estân bien vistas. iCômo podemos ir contra las costumbres que han prevafecido? ^Podemos condenar a todo el mundo? Y la virtud se ve forzada a esconderse o a disimular. B) Maria, a pesar de los misterios que se le anuncian, a pesar de su dignidad de Madré de Dios, no terne ni a la hu­ miliation de servir a su prima, ni al ridiculo a que se expone por haber creido taies cosas. C) Las aimas, en cambio, se creen con fuerzas para llegar a la montana santa, pero no las tienen para seguir el camino. Un grande créé que la sujeciôn a las Ifeyes que ha inventado el capricho es razôn justa ante Dios. Una mujer os dirâ que ella desearia otra clase de vida, pero que no puede sentar plaza de ridicula y solitaria. Pero, Dios mio, £acaso tenéis una ley para los grandes y otra para el pueblo? ^Habrâ excepciones para el Evangelio? Y si el dano es universal, £quién podrâ salvarse sin singu- 346 »k .4-*. - % —. • L.1” 206 7 LA VISITACIÛN. 2 JULIO larizarse? ^Seguir el Evangelio sin ser notado? jAcaso no se significô Noé? ^San Pablo no dice que somos un espectâcuio para los ângeles y los hombres? La vida corriente no puede ser cristiana. D) Y asi entre pretextos se nos pasan todos los momentos de la gracia. A uno le sirve de excusa su juventud y a otro la flaqueza de su vejez. En la prosperidad, el embarazo de los negocios; en la adversidad aparecemos mâs cuidadosos de nuestras desgracias que de los delitos que las motivaron, y dilatamos la conversion para cuando llegue la calma. En la enfermedad, todos los cuidados son pocos y no podemos prestar atenciôn al remedio de nuestra conciencia. Sanos, no tenemos tiempo. E) En lo temporal somos muy agudos y sabemos que hay que aprovechar las coyunturas, puesto que por ello llegan los grandes a serlo. jNo es grande también la misericordia de Dios? îNo tendrâ también sus coyunturas? Los hijos dei siglo son mâs prudentes que los de la luz. F) Y îpor que hemos de guardar el respfeto humano sôlo para Dios? Cuando escandalizabas la ciudad, £te servia de algo la vergüenza? Tù. sacerdote, £te has abstenido de alguna di­ version por miedo a las murmuraciones pûblicas? Y esa mujer, novela del barrio y desesperacicn del marido, empobrecedora de su hoqar, îcorrige sus excesos por el buen parecer? 347 Dificultad de la santidad A) La Santisima Virgen no se asustô dei camino. Se marchô a la montana. 4Y a dônde podria ir sino alli. una vez llena de Dios?, comenta San Ambrosio (cf. In Le. 2,19: PL 15,1560). La gracia nos impulsa a los montes de la santidad. B) Los Cristianos suelen pensar de este modo. Yo bien quisiera ser perfecto, pero es necesario negarse a si mismo, tomar la cruz y seguir a Cristo. Bien sé que la vida cristiana es una penitencia pùblica y que asi es como podemos incorporarnos a Cristo y vivir crucificados con Él. Pero eso es précisamente lo que me hace desconfiar de poder ser cristiano. C) Ignorancia suprema. Dios sabe que sin Él no podemos nada, pero también nos asegura que con Él no bay nada im­ posable y nos dice: Venid a mi todos los que estais débiles y cansadod y yo os aliviaré (Mt. 11,28). D) Si fuera menester desafiar a los tiranos y a las fieras, aun habriamos de decir: Todo lo puedo en Aquel que me con­ forta (Phil. 4,13), pero si no se trata de renunciar a la familia ni a la fortuna, sino solo a los vicios... Si solo se nos pide un poco mâs de retiro y de frecuencia sincera de sacramentos... E) Por otra parte, no imaginais mâs que amarguras en la - SF.C. 5. AUTORES VARIOS. MASSILLON 207 virtud y olvidâis que Isabel di jo a la Santisima Virgen: Beata quae credidisti. La paz de la conciencia, las delicias de la gra­ cia, sin pensar en que no valen nada los sufrimientos de este siglo en comparaciôn de lo que Dios nos tiene rfcservado... iCuânto no hacen sufrir en el mismo mundo un matrimonio desgraciado, un negocio que arruina y, sobre todo, los mismos vicios? Solo expérimentâmes vivo deseo del deleite en el mo­ mento que le precede, porque el triste después es muy distinto. Y con todo amamos al mundo. jQué dlferiencia de este con la tranquila felicidad de la inocencia! Un ambicioso no terne humillarse ante los subalternos para conseguir sus fines, y por muy amador de diversiones que fue­ re, consume sus horas en enojosas antesalas. Suefio y salud le parecen poco. Al entregado a la amistad profana, todos los esfuerzos le resultan exiguos. Solo cuando se trata de Dios somos cobardes. F) Oigamos lo que la voz del cielo decia a Agustin co­ barde: jY tù no podrâs lo que pueden ésos y aquéllas? ^No sois Vos mi Dios como el suyo? 4N0 saliô mi aima de vuestras manos y fué redimida como la de ellos? ^Por que voy a tener menor esperanza? IV. Seguimiento generoso de la gracia A) Otros cristianos quieren persuadirse de que la salvaciôn no encierra dificultad alguna. Gentes pacificas no creen encontrar en el Evangelio nada que contradiga su amor propio. Forman un plan de virtud compatible con la ambicion, el lujo, la vanidad y otras pasiones mâs delicadas. Todo lo cifran en evitar el mal, pero sin practicar el bien. B) Maria nos ens’efia a emprender râpidamente el viaje a través de la montana para seguir el impulso divino. C) Un ejemplo: Una mujer vive evitando los excesos que la gente bien criada reprende. Si el confesor echase en cara algo, todavia no séria bien recibido. Ella es honesta, comulga los domingos, etc. Sin embargo, es delicadisima en puntillos de honra, gusta del fausto y lujo fexcesivo, desconoce la abne­ gation... Es de las personas que creen que cuesta mâs trabajo condenarse que salvarse. Pero digamos la verdad. O el Evan­ gelio se engafia o se engafia esta mujer. D) El mundo que se llama cristiano vive tranquilo, mientras el justo penitente repasa con amargura los dias de su vida y vive con temor y temblor. jHay ceguera mâs oscura?, pregunta tl Crisôstomo. ^Qué mâs ha podido decir Cristo para que entendamos que la cruz y los trabajos son tan necesarios como el bautismo? 46)> pueden H**!!* urse todos los guiones y materiales sobre la gloria de Dios y el fin de o ta. Pueden encontrarse en el indice sistemâtico en las palabras Dw, Ulona J fin del hombre. . ϊ ; - ·**,Z.' r- - i- ·■ 216 i'» ..--.«n * 1, , ·' - .1 n" » Cv J !>»?. J Λ ■ ÎLr 5· · 1»^ 359 :· B> U VISITAdÔN. 2 JULIO III. El conocimiento de Dios. Si, pues, nuestro fin consiste en alabar a Dios, dcbemos previamente conocerle. Mas aun: cl conocimiento de Dios importata necesariamente la alabanza, puesto que es el Sumo Bien, que no puede por menos de ser alabado. iCômo, enfonces, los hombres que conocen a Dios no le alaban? Por la imperfecciôn de su conoci­ miento. El conocimiento puede ser realmente teôrico y oscurecido por el amor a las criaturas. San Juan de la Cruz y Santa TVresa nos muestran la incompatibilidad entre los apetitos creados y Dios, entre el polvo y sabandijas de los terrenos y la luz divina. Conocer a Dios es algo mâs que saber teologia. Conocer a Dios es identificarse con sus perfecciones por medio de la contemplation. Por eso a Dios lo conocen mâs los santos que los teôlogos, y las viejetitas de buena voluntad que los hombres cultos y mundanos. Si a esto aûadimos que el conocimiento sobrenatural proviene de la gracia y de la fe, enfonces comprobaremos como los santos son los que mejor le conocen y glorifican. IV. Maria, pues, glorifica a Dios mejor que cualquier otra criatura. A. Conoce a Dios con el hâbito de la fe, que posee en grado mâs alto que ser alguno. B. Lo conoce como a Hijo. Dios, que da a cada uno el conocimiento necesario para desempefiar su funciôn, hubo de darle el conocimiento de Madré. Y iquién conoce mejor a los hijos que las madrés? C. Conotiô las obras de Dios. cifradas sobre todo en los misterios de la Redentiôn, en los que Ella mis­ ma tomaba parte. D. Conocia la Santisima Trinidad, cuyos limites casi alcanza, asociada a las tres divinas personas, como Hija, Madré y Esposa. E. Por eso comienza su himno con las palabras que comenzamos. V. Nuestro fin es glorificar a Dios. A. Con la alabanza del aima. B. Reproduciendo en nosotros sus perfecciones, por mtdio de la virtud. C. Pero como nuestras fuerzas son tan débiles, unâmonos a Maria, y nuestra quebradiza voz impôstese en aquel torrente de armonia glorificadora. SKC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS “Y exulta de jùbilo mi espiritu en Dios mi Salvador” 1 I. La alegria procédé del amor. 360 A. Santo Tomâs explica (cf. Sum. Theol. 2-2 q.28) que la alegria o gozo procede dvl amor. Es un efecto del amor, de la caridad e incluso cae bajo el precepto que nos manda amar. B. El amor produce fel gozo, o porque se posée al amado, o porque se ve el bien de que disfruta este. C. En efecto, el amante considera al amado como a si mismo, y por eso desea mantenerlo présente como se tiene a si. Por la misma razôn le desea toda clase de bienes. Cuando ve realizada una de ambas cosas surge en él la alegria o gozo. II. Su perfection. A. Si el gozo procede dei amor, tanto mâs perfecto serâ cuanto mâs perfecto sea el objeto amado. B. Su mayor perfection le perfeccionarâ a él, cuando lo posea, de donde surgirâ una mayor satisfaction o alegria. C. Esta misma perfection engendrarâ mayor amor, y por ende mayor deseo de que todo bien redunde en el amado, y mayor gozo cuando ve que posee estos bienes. D. La consecuencia lôgica es la de que el mayor qozo se dériva del amor de caridad, del amor de Dios. Los amores mundanos no pueden compararse con él, por su imperfection, caducidad y mezda de mal. 361 El gozo que se deriva de la posesiôn de Dios es per­ fecto en la otra vida. En esta depende de la presencia de Dios en nuestra aima. b) El gozo que se deriva de la contemplation de la felicidad de Dios es mâs asequible teôricamente en esta, pero ha de tenerse en citent a la dureza de nuestra aima y sentimiento. a) III. La imagen de Santa Teresa. Del gozo puede decirse lo que Santa Teresa explica de la oration y sus efectos. El agua puede salir de una no­ ria o pozo a fuerza de brazo. Pero puede surgir también 1 Sobre la alegria, véase el indice sistemâtico, y ademâs los materiales y docuinentos de la Dominiça 3.* después de Pascua (t.4). 362 LA VIS1TACIÔN. 2 JULTO de un pilon, de cuyo interior brota ella sola. El primer caso es el de los que se esfuerzan en la ascética, aplicando todas sus facultadts. El segundo es el de los misticos. A. El agua sacada a [tierce de brazo. a) En todos nosotros habita la Santisima Trinidad. To­ dos lenemos en nuestro interior a Dios. b) De aqui surge la veràadera alegria o gozo, pero a la mayoria de nosotros la fe nos exige en su oscuridad un gran csfuerzo para sentir a Dios présenté. Es el agua sacada a juerza de braze. que brota sola. a) En cambio, el santo contempla aqeiella lus que vive en el interior del casliüo y que présenté a todos, sin embargo, esta oscurecida para quienes tienen sus vidrios sudos de telaraüas y sabandijas. b) El mistico siente a Dios y vive alegre en medio de los mayores dolores y ientadones, que no enturbian su experienda de lo divino. IV. Aplicaciôn al “Magnificat". Dicho esto, podemos entender el verso del "Magnificat". À. El aima de Maria salta de gozo, pero de gozo en Dios su Salvador. La presencia de Dios en Ella era fisica. Sin embargo, esta presencia de por si no era bastante para hacerla sentir el gozo. También los judios tuvieron ante sus ojos a Cristo y no lo conocieron. Pero Maria fué quien mejor oyô la palabra de Dios. No ha habido mistico que haya llegado a la union con Dios de que disfrutô Maria. Y en los momentos en que pronuncia el “Magnificat", esta union vivia las efusiones de los primeros dias de la matemidad divina. Mâs adelante séria mâs pferfecta. Quizâ en la cruz, en medio de sus sufrimientos, la alegria interior era mayor. Seria la perfecta alegria de San Francisco. Sin embargo, en su gran perfection no necesitaba manifestarse en himnos. Vivia silenciosa como viviô en el Cenâculo el dia de Pentecostés. V. Nuestra alegria debe derivarse de la presencia de Dios2. ’ Sobre este ptmto, véase guiôn 16 de la Dom.3 de Pascua, t.4 p.710, 2.* ec., n.1204-1208. SEC. 8. GUIGNES HOMILÊTICOS 219 “Porque ha miratio la humildad de su sierra I. Me llamarân bienaventurada. No nos complace apoyarnos en este Versiculo para hablar del espiritu profético de Maria. No tenemos por que empefiarnos en adornarla con carismas que no contribuyen a la grandeza de la virtud de quien los pose*e. El versicu­ lo tappoco es profético, puesto que sabiendo como sabia que era la Madré del Mesias, le bastaba el simple con­ cepto mesiânico d'e los judios para entendez que habian de llamarla bienaventurada. En cambio, sus palabras nos manifiestan dos ideas. A. La llamarân bienaventurada porque Dios la ha colmado de favores, porque ha hecho maravillas en mi cl Poderoso (v.49). B. Estos favoies le han sido otorgados, porque Dios vio su humildad. 365 II. La adoraciôn a Maria a través de los siglos. El orador pued'e extenderse presentando a todo el mun­ do en adoraciôn a Maria, a través de los siglos. Puede hacer ver como su culto vuelve a introducirse entre los protestantes, paladinamente en los anglicanos, mâs o menos timidament’e en otras sectas. 366 III. Dios obrô grandes cosas, porque se fijô en su humildad. A. Quizâ el verdadero sentido sea éste: "Dios viô mi pequefiez e indignidad, y quiso manifestar su gloria obrando grandes cosas". En este caso la Santisima Virgen no presentaria sus dones como pr*emio a su humildad; pero, en cambio, estaba verificando un acto perfecto de esta virtud. B. También podemos dar por buena la exposiciôn mâs corriente: "Hizo grandes cosas en mi porque me viô humilde". 367 IV. (Por que prefiere Dios la humildad? Porque Dios es la verdad, y la humildad también lo es. A. La humildad puede ser un castigo y consiste enfon­ ces en un estado de abyecciôn, pobreza, etc., impuesto por Dios a los hombres. No es virtud en si 368 ‘Sobre este versiculo (Le. 1,48) vcase en el indice sistemâtico la palabra hvr,tided. 220 LA VISITACTON. 2 JULIO misma. Puede serlo por el espiritu con que se acepte. B. Puede ser una necesidad nacida del desconocimiento de si mismo. El error y la ignorancia no pueden ser virtud. C. Puede nacer pfecisamente del conocimiento de si mismo. Esta es la virtud (cf. Sam. Theol. 2-2 q.161 a.l ad 1). I? a) Este conocimiento de si mismo no importa la nega- ciôn de las virtudes propias (séria la mentada necedad), sino el entender que nosotros por nosotros mismos no tenemos nada de bueno. Que en el orden sobrenaturai todo viene de Dios. b) No tenemos nada de bueno, puesto que hasta lo que naturalmente podemos hacer viene de El por création o por impulso. Si algo ponemos nuestro son nuestros pecados. In­ cluso la Santisima Virgen, si tuvo alguno propio de su naturaleza, fué el débito de contraer el pecado ori­ ginal. En cambio, la gracia de Dios ha podido producir en nosotros maravillas, pero para eso ha sido necesario que Dios nos la concediera y que nos la otorgara en el momento oportuno, en que sabla ibamos a cooperar (esto segun la sententia mâs benévola con el hom­ bre). d) De aqui que la virtud de la humildad tenga como objeto sujetar el hombre a Dios (cf. Sum, Theol. 2-2 q.165 a.5), 369 370 V. El conocimiento propio es base de la humildad. A. El conocimiento de Dios la completa. “A mi parecer, jamâs nos acabamos de conocer, si no procurâ­ mes conocer a Dios... Este mirarnos a nosotros y mirar a Dios harâ resaltar lo negro en comparaciôn de lo bianco" (cf. Santa Teresa, Primeras Moradas c.2,9-10). B. Por eso, porque conocen mejor a Dios, los santos son mâs humildts. No es que tengan mâs razones para serlo. Es que las conocen mejor. VI. Nadie conocia a Dios mejor que Maria. Supuesta esta doctrina, iquién conocia mejor a Dios que Maria, y quién mejor que Ella podia apreciar su pequefîez de criatura? A. Véase como San Ambrosio aprecia mâs su humil­ dad que su virginidad. B. Conociô las maravillas que Dios obraba en Ella, pero supo de quién venian. Humildad y oscurecimiento en la vida pùblica del Senor. SEC. 8. GUlONES HOMILETÎCOS 221 VII. Cotejemos el mundo de hoy con la situaciôn espiritual de Maria. Es el rcinado de la sobtrbia que en los grandes ha anegado al mundo en sangre y en los sabios, aun cuando vaya pasando poco a poco de moda, les hizo levantar la torre de Babel de la negacion de Dios. En los inferiores produce la incomprensiôn y la lucha die clases. Mirame a mi tan pequefio y tan soberbio. VIII. Para que Dios obre en el mundo maravillas es preciso que el mundo se reconozca criatura y vuelva a ordenarse a Dios. Para qufe las obre en mi es necesario que me reconozca pecador; que reconozca que tengo muy poco y que ese poco es de Dios. Ί 1 5 3 H ♦ » »··< i ’ » “Ha hecho en mi maravillas el Poderoso” I. Las maravillas que el Seüor obrô en Maria. Son faciles de resumir. La primera es la de lelegirla para Madre suya. De ella se derivaron todos sus privilégies de Inmacu­ lada, etc. La segunda fué la de asociarla a su obra redentora, y por ende otorgarle el cargo de Medianera y distribuidora de las gracias. La tercera fueron los privilégies consécutives a la Redenciôn y Maternidad, taies como la Asuncion, Coronaciôn, Reinado, etc. Pero hoy vamos a comentar uno, cuya idea nos la sugiere la misma Santisima Virgen, cüando, al referirse a Dios, dice: Cuyo nombre es santo. La principal d'e las maravillas ©bradas en Maria es su santidad. H A. : 1 I II. Dios es sustancialmente santo. Esto es, su propia esencia excluye todo pecado y exige toda virtud. A. Este ts el mayor de sus atributos, pues gran cosa es la omnipotencia, mucho la sabiduria, cuando es infinita; pero de poco valdrian si, por un imposible, no fueran unidas a la santidad. ; J 373 ir 222 LA VÎSÎTACIÔX. 2 JVLIO B. En Dios, al identificarse los atributos, todos ellos se identifican con la santidad y todos son santos. Esto les da su altisimo valor. C. Por eso, lo mismo Isaias (c.6) que San Juan (Apoc. 4), cuando nos describen al modo oriental el trono y poder de Dios, finalmente nos prescntan a los serafines. Con el rostro cubierto por dos alas, lo que cantan a Dios en medio de toda aquclla majestad solo es: Santo, Santo, Sardo. 374 375 376 III. Entre todas las participationes posibles de Dios la mâs alta es la de participer de su santidad. A. Todas las criaturas participan de su ser y de otros atributos. pero solo el hombre adornado de la gra­ cia sobrenatural participa de la santidad propia de Dios. Cuando el Senor dijo que santo solo era Dios, bien podia referirse a esto. Los seres por naturaleza son vivientes, intelectuales, etc.; pero santos solo lo son por la participation sobrenatural de la gracia. Por eso muchos autores, como Ripalda, hacen con­ sistit la gracia en la participation de la santidad di­ vina, y no anda muy lejos de esta opinion Santo Tomâs (cf. Sum. Theol. 3 q.3 a.4 ad 3, y 2-2 q.110 a.2 ad 2). En efecto, la gracia nos hace participes de la vida divina, pero la vida divina consiste en entend’er y amar a Dios. La santidad no es otra cosa. Nuestra perfection final no consiste en el poder de obrar milagros, ni nada parecido, sino en la vision intuitiva y el amor correspondiente. IV. Fàcil es ponderar la santidad de Maria. A. Fâcil es entender que ni la matemidad, ni ninguno de sus privilegios, le hubieran servido de nada sin la santidad. El mismo Senor lo entendiô asi. B. La santidad consiste en prescindir de todo lo huma­ no y entregarse a Dios. Maria prescindiô de tal manera de todo lo creado, que fué capaz hasta de aceptar la muerte de Dios por acercarse a Dios. / V. Nuestro aprecio de la santidad. El cotejo del aprecio hecho por Maria de la gracia y de la santidad que trae aparejada consigo, con el que hacemos nosotros de la misma, no puede ser mâs triste para nosotros. A. Los unos no la estiman, s;no que prefieren cualquier donecillo de la tierra. J. Μ'. S£C. 8. GUIGNES L £11 HOMILÉTICOS B. Los otros la aprecian, pero, sin embargo, parece que esta escrita para ellos la parabola de los talentos. (Cuânta gracia enterrada, cuânta santidad perdidal «y su misericordia de generation en generation” 1 I. La misericordia de Dios se derrama de génération -n génération sobre los que le temen. A. Los atributos de Dios son todos santos e infinitos. Pero Dios s*e recrea en manifestar el de su mise­ ricordia. a) Se ha llamado al Antiguo Testamento el Testamen­ 377 to de la justitia y los casligos. No es asi. En todo él se ve a Dios que castiga como forzado y ascn asi para obtener bienes. b) El castigo mâs duro dei Antiguo Testamento fué la déportation a Babiloitia, Véanse, sin embargo, los esfuerzos hechos por Dios, y los profetas enviados para etitarlo. Durante la cautividad siguieron los profetas hasta conseguir mediante el castigo la vuelta a Dios. Es natural que asi sta. Misericordia viene de corazôn compasivo ante la miseria ajena. Un corazôn infinitamente santo, puesto ante la limitaciôn y mi­ seria humana, ha de ser infinitamente misericordioso. Pero la misericordia de Dios rayô en lo misterioso. Encarnacion, pasiôn, etc. Por eso es el atributo que mâs recordamos. Salinos hay que no hacen sino repetir siempre la misma idea: Quoniam in aeternum misericordia eius. misericordia y el amor. Segun Santo Tomâs, la misericordia nace dei amor (cf. Sum. Theol. 2-2 q.28 et passim); al deck que los ancianos suelen ser misericordiosos, indica que otra de sus fuentes es la ciencia (cf. ibid.). A. El amor hace que sintamos las desgracias de la per­ sona amada. a) Dios es amor. Nosotros criaturas suyas. b) Hemos sido—el pecado lo destruyô—hijos suyos. 1 Véase materia abundante en el indice sistcmatico sobre misericordia y lever de Dios, y en especial el guiôn 5 de la Dominica 1.· después de Fen· itcostcs (t.5) sobre el temor, el guiôn 2 de la Dominica de la Santisima Tri­ nidad 7 varios de la Dominica 1/, sobre la misericordia 378 HMH i I tl t * * Ili i LA VISITACIÔN. 2 JULIO c) Dios nos ama con un amor infinito que no nace de la dignidad del objeto, sino de la inmensidad del aman­ te. La ciencia hace que conozcamos: a) Que el pecador, la inmensa mayoria de las veces, no peca por maldad, sino por flaquesa, por circunstancias que le enz'olvieron, etc. b) Que hasta su maldad es m-enor, porque no sabe medirla o por ignorancia o porque la pasiôn le ciega. Lo que luego sera el pecador. En Dimas no ama Cristo al ladrôn, sino al futuro santo; en Magdale­ na al futuro apoyo de Maria, di Dios es ciencia infinita que nos supercomprende. 379 III. Por eso Dios se compadece y ama a los pecadores. No es un disparate teolcgico. Odia el pecado, que es obra del hombre; pero ama al hombre, que es obra suya. Lo demuestran sus esfuerzos por rescatarlo. Oveja perdida; pasiôn; Hamadas de la gracia. 380 IV. Si de esta mariera ama al pecador, ^qué no harâ con los que le temen con temor filial? Con sus hijos predilectos; hermanos de su Unigénito... V. Maria, que siente c6mo Dios es el Padre de misericordia. Solo la vemos hablar con su Hijo en la vida pùblica una vez, y es para pedir un favor para otros (Canâ). VI. {Nosotros? A. Pfecadores y duros con el pecado ajeno. B. Veamos el Evangelio. El Senor. s'e rodeaba de los malos. Los fariseos le censuraban. C. jEn qué bando estoy? î,En el de Maria y Jesûs, o en el farisaico? “Desplegô el poder de su braso” 381 I. El Dios de la justicia. Hemos presentado a Dios como recreândose en su mi­ sericordia. Pero también es el Dios die la justicia. La diferencia, segûn nuestro modo de entender a Dios. es que parece que su alegria es la misericordia, y a la jus­ ticia va como forzado por nosotros mismos. A. Asi podemos comprobar que el Evangelio es el des­ SEC. 8. 225 GUIGNES HOMICÉTICOS envolvimiento de un tema divino: la misericordia. Pero de vez en cuando aparece como disonancia exigida la justicia. El Senor es duro con los jefes del fariseismo. B. Esto es, el Senor tiene que str justiciero con los que, engriéndose en pensamientos de soberbia, endurecen su corazôn contra el hombre y contra Dios. Muy de notar es que la mayoria de los pecados que reprueba a los fariseos son pecados de falta de ca­ ridad. I c II. Dispersa los propôsitos de sus enemigos. 382 EI Antiguo Testamento es la historia de la providencia de Dios sobre el pu’eblo de Israel. Pero, si quisiéramos condensar en una nota el pensamiento dominante, séria quizâ el mismo que Maria ha expr*esado: Dios, que derrama sus bondades sobre su pueblo, cuando quiere ser bueno, dispersa los propôsitos de sus enemigos, que se empeüan en contrariar los plan‘es divinos. III. Hay un salmo que parece parafrasear las frases de Maria. 383 Es el salmo segundo: ^Por que se amotinan las gentes y trazan las naciones planes vanos? Se reûnen los reyes de la tierra y a una se confabulan los principes contra Yahueh y su Unigénito (Ps. 2,1). A. David quizâ pensaria en las naciones colindantes; pero el salmo es mesiânico y su realizaciôn ha tenido lugar en todo tiempo. B. iCuâl es el secreto d’e que siempre se hayan reunido los poderes de la tierra contra Dios y su Unigénito? Por algo llamô el Senor “principe de este mundo” a Satanâs. C. Hoy el mundo esta dividido en dos sectores. En el uno la rebeliôn de los principes politicos es clara. En el otro quizâ no lo sea tanto. Pero ^son los verdaderos principes? iNo lo serân los principes de los negocios, de las diversiones, de los distintos sectores de la vida social? ‘Y estâmes tan seguros de que esos principes no se confabulan contra Dios y la doctrina del Ungido? Pero sus planes son vanos. Veâmoslo. a) Hay dos closes de pecadores. El pecador que siente su pecado, sabe que hace mal. El teôlogo dira que no ama a Dios, y es cierto. Ho le ama con el amor de caridad de la gracia. Si le amara, no le ofenderia. jPero en el fonda no le queda algun amor? Si, por cierto. Y Dios sude soplar sobre esa chispita hasta convertirla en arrepentimiento. Es la paciencia de Dios, que llama a penitencia (Ron\ 2.4). La palabra de C. 10 8 τ~''ϊ'± · λ π ·/ - » > rr; TC i ! îi. ii « '·*ν * '■ >!ίί . . fi 5 'i L.-. v ? 4 LA VISITACïÔN. 2 JULIO 226 b) Otro pecador dcsafia a Dios. Este es de ordinario pecador poderoso, y sus pecados suelen ser sociales, en wio h otro orden de cosas. c) Quiere romper las ataduras del gobierno o de la cien­ da de Dios en nombre de una politica o una filosofia ο «na régla de vida. 384 IV. El que mora en los cielos se rie. Yahveh se burla de ellos. A. No se pueden romper las coyundas de Dios. - a) 0*1’ pueden reconocer o no reconocer. Se puede admi- tir o negar la fuersa de la graz-edad, pero no se puede uno sustraer a ella. b) Tampoco se puede uno sustraer a la ley de Dios. Es cuestiôn de tiempo caer bajo ella. La paciencia que llamaba a penitencia se convierte en otra cosa: “Atesoram'os ira para el dia de la ira” (Rom. 2,5). B. Por eso Dios se rie. Pero su risa es temible: Pot que os he llamado y no habéis escuchado..., antes desechasteis todos mis consejos...; también yo me reiré de vuestra ruina (Prov. 1,24-26). C. Y el Sefior nos dice quiénes son éstos: Los que ponen asechanzas a la vida ajena... y lazos contra el justo, porque dicen: Tendremos toda suerte de riquezas, henchiremos nuestras casas de despojos (Prov. 1,11-13). 385 V. A continuaciôn el salmo nos présenta a Dios mostrando a su Hijo. • X A. El Hijo que viene a salvar al mundo y buscar las ovejas perdidas; pero que en este caso rOgirà con vara de hierro y los quebrantarâ como a vaso de alfarero. B. iQué es lo que ha trocado asi al Jesûs de la mansedumbre? La dureza humana, empefiada en levantarse contra Dios. C. (Ύ en que ha consistido esta rvbeliôn? Por lo gene­ ral, en hacer dafio al hombre. En su aima o en su cuerpo, pero siempre con mala voluntad. 386 VI. Ahora, pues, joh reyesl, obrad con cordura, servid a Yahveh con temor. Esta es la lecciôn y ayuda que esperamos de Nuestra Sefiora. A. La cordura de nuestro entendimiento para conocer la ley y voluntad de Dios. B. El santo temor, que nos haga superar la tentaciôn dei mundo y los sentidos. ■ >> . SÊC. 8. GUIONÈS homîl6tîcü§ 227 C. El temor servi!, bueno y santo para por vias de justicia llegar al amor. D. El temor filial. |Quién pudiera haber conocido el ttmor filial de Maria para no ofender a su Hijo! Ese temor que es amor y que nos ensena la Madré del amor hermoso. “Derribô a los poderosos de sus tronos” 1 I. Los caminos de Dios y dei mundo son opuestos. A. Hasta que llega el momento de la verdad. En el mundo triunfan las riquezas y la soberbia, que suele nacer de ellas. a) b) 387 La riquezd, co-n la dureza de corazôn. La soberbia, con la intriga y la falsedad para ocupar los primeras puestos. Hasta que llega la hora de la verdad y Dios coloca a cada uno en su sitio, y entonces él epulôn pide limosna al pobre Lâzaro. humildad es la verdad y Dios la ama por eso. C A. La soberbia es la mentira, y por eso es odiada por Dios. La soberbia se apoya en virtudes que no suelen existir. La soberbia consiste en el error de supervalorarse sobre Dios y los demâs hombres y de atribuirse a si mismo lo que no es propio. Dios odia el error y la mentira, porque Él es la Verdad. 388 III. La Santisima Virgin se mira a si misma, tan ensalzada en su pequeüez, y dice: “Ensalzô a los humildes". A. Veia toda la historia de Israel y de los libros santos y aâadia: Derribô a los potentados de sits tronos. A Satanés en su primera rebeliôn. C. A Adân, que quiso ser como Dios. Al Faraôn, que desafiô los mandatos de Moisés. A los pueblos, que comenzaron riéndose de los judios en su peregrinaciôn. A Goliat, a Saùl y a tantos reyes perversos. 389 * Véase Indice analitico: Humildad y Soberbia, * 228 la visitation, j jut, io IV. La hora de la verdad y la de Dios no es esta vida. A. Cuando queremos juzgar del mal triunfante y de Dios que lo permite, tenemos que juzgar desde el punto de vista de Dios. B. Su punto de vista es la eternidad. A muchos humildes les conviene seguir no ya humildes, sino humillados en esta vida. Atesoran para la otra. C. El hombre es impaciente, porque su vida se mide por horas. Dios es paciente, porque la eternidad no tiene medida. Sabe que estamos destinados a la eternidad. Que. aunque no lo sepamos, la eternidad es nuestra medida. 390 391 V. En la hora de la verdad. en cl juicio. el poder no cuenta. A. Alli no cuentan mâs que las obras humanas. B. Pueden hacer tantas los poderosos... Ptro es tan dificil que las hagan... C. Son tantas las tentaciones a que estân sujetos... Endurece tan pronto el corazôn el tener satisfechas to­ das las necesidades y no ver de cerca a quienfes padecen, o el convencerse de que son demasiados para que puedan ser socorridos todos... 392 VI. Maria es un ejemplo. A. La humildad de una moza de aldea. La madré de un ajusticiado. A su lado los leprosos de Israel. Mâs allé, los po­ deres de Grecia. En Roma, los poderosos dei mundo. Miremos hoy al cielo. Deposuit potentes de sede... 393 VII. La historia de la Iglesia es otro ejemplo. Un Papa prisionero atravesando colgado en una ca­ milla los precipicios de los Alpes. Un emperador omnipotente, Napoléon. A los pocos meses cl Papa recorre triunfal el mismo camino. Es la vuelta. Napoléon lo recorre detrâs de él camino de su prisïôn: la isla de Elba. 394 VIII. iCuàl sera mi historia? A. (La de Maria? B. îLa de los santos? C. îQue no soy poderoso? Puedo serlo en mi corazôn. Puedo ser soberbio. am SEC. 8. CUiONES HO.MII.éTICOS Ic t 1 ; Ji VJ · ■? 1 < i ■ J “A los hambrientos llenô de bienes.. f I. Este versiculo es paralelo a los anteriores y desenvuelve la misma idea, aunque en otra forma. II. Para explicarlo pueden verse los numerosos textos y guiones sobre las riquezas y la limosna. III. También pueden ser considerados los ricos, desde un punto de vista espiritual, como soberbios, y como ham­ brientos, los humildes. IV. Ejemplos de como sacia Dios a los hambrientos los tenemos en el orden sobrenatural, con la abundancia de gracia para quienes la desean, la Eucaristia, etc. ·11ίΗΐ> i ' Η·Ι|! * Ή i i 1x r> I )■h T -I “Acogiô a Israel, su siervo...” Sobre la misericordia, véase lo dicho al exponer el versicu­ lo 30. Este puede dar ocasiôn a que se hable de la Providencia de Dios sobre los pueblos, lo mismo en su direcciôn que en sus premios y castigos. Véanse, entre otros, los siguientes guiones: Las procédas de! Anliguo Testamento. Breve sintesis. Valor apologetico y moral. Necesidad actual de profetas (cf. t.3, p.683, guiôn 4, 2.‘ ed., n.12011204). B. Profecîas sobre la Iglesia. San Juan Crisôstomo (cf. t.2, p.441, 2.* ed., n.717-719). Dios habia a los hombres por medio de la révéla­ tion natural y sobrenatural (cf. t.2, p.1065, guiôn 11, 2: ed., n.1854-1856). Castigos colectivos de los pecados de los pueblos (cf. t.3, p.l 112, guiôn 20, 2.n ed„ n.2016). I > c >· C.*' * i. Gf* .!i μL 1 maternidad de nuestra senora • I» ; « (ii de octubre) t : ri. I ■A»r*Àk SECTION I. TEXTOS SAGRADOS I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introito.—Sabed que una vir­ Introitus. — Is. 7,14: Ecce Virgo concipiet, et pariet fi­ gen concebirâ y parirâ un hijo, lium, et vocabitur nomen eius cuyo nombre sera Emmanuel.— Emmanuel...—Ps. 97,1: Cantate Salmo: Cantad al Senor un can­ Domino canticum novum, quia tico nuevo, porque ha obrado mirabilia fecit.—Gloria Patri... maravillas. — Gloria al Padre... Oraciôn.— jOh Dios!, que quiOratio.—Deus, qui de beatae Mariae Virginis utero Verbum siste que tu Verbo tomase nues­ tuum, Angelo nuntiante, car­ tra carne de las entranas de la nem suscipere voluisti: praesta bienaventurada Virgen Maria al supplicibus tuis; ut qui vere anunciarle el ângel el misterio: eam Genitricem Dei credimus, concede a tus siervos que, pues eius apud te intercessionibus la creemos verdadera Madré de adiuvemur. Per eumdem Domi­ Dios, seajnos ayudados ante Ti, por su intervenciôn.—Por el misnum nostrum... mo Jesucristo, nuestro Senor... Graduate. — Is. 11,1-2: Egre­ Graduai.—Brotarâ un tallo de dietur de radice lesse, et flos la raiz de Jesé y ascenderâ una de radice eius ascendet. Et re­ flor de su raiz. Y se posarâ so­ quiescet super eum Spiritus bre Él el Espiritu del Senor. Domini. Alleluia, alleluia.—Virgo Dei Genitrix, quem totus non capit orbis, in tua se clausit viscera factus homo. Alleluia. Aleluya, aleluya.—; Virgen Ma­ dré de Dios! El que todo el orbe no puede contener se ha encerrado en tus entranas hecho hom­ bre. Aleluya. Offertorium.—Mt. 1,18: Cum esset desponsata mater eius Ma­ ria loseph, inventa est in ute­ ro habens de Spiritu Sancto. Ofertorio.—-Estando desposada Maria, la Madré de Jesus, con José, se hallo haber concebido en su seno por obra del Espiritu Santo. Secreta.—Tua, Domine, pro­ Secreta.—Por tu propiciacion, pitiatione, et Beatae Mariae Senor, y por la intervenciôn de semper Virginis Unigeniti tui la Madré de tu LInigénito, la matris intercessione, ad perpe­ blenaventurada siempre Virgen tuam atque praesentem haec Maria, aprovéchenos esta obla­ oblatio nobis proficiat prospe- tion para conseguir la prosperidad 397 maternidad de nuestra senora. 11 OCTOBRE y paz presente y perdurable. Por ritatem et pacem. Per eumdem Dominum... el mismo Jesucristo... Dominum... Praefatio.—(El mismo de la Inrnaculada.) Com union. — Bienaventuradas Communio. — Beata viscera scan las entraôas de la Virgen Mariae Virginis quae portave­ Maria, que llevaron al Hijo del runt aeterni Patris Filium. Eterno Padre. Poscomuniôn. — Purifiquenos, Senor, esta comuniôn de toda mancha de pecado, y por intercesidn de la bienaventurada Vir­ gen y Madre de Dios, Maria, nos haga participantes dei remedio celestial. Por el mismo Jesucristo... 11 II. Postcommunio. — Haec nos communio, Domine, purget a crimine: et, intercedente beata Virgine Dei Genitrice Maria, caelestis remedii faciat esse consortes. Per eumdem Domi­ num... EPISTOLA (Eccli. 24,23-31) 23 Como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron magnificos y ricos frutos. 24 Yo soy la madre del amor puro, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. 25 En mi estâ toda la gracia dei camino y de la verdad; en mi toda esperanza de la vida y de la virtud. 26 Venid a mi cuantos me deseâis y saciaos de mis frutos. 27 Porque recordarme es mâs dulce que la miel, y poseerme, mâs que el panai de miel. 28 Perdurarâ mi me ria en la serie de los siglos. 29 Los que me comen tendrân mâs hambre de mi. y los que me bcben quedarân de mi sedientos. 30 El que me escucha jamâs serâ confundido y los que me sirven no pecarân. 31 Los que me honran tendrân la vida eterna. 23 Ego quasi vitis fructificavi suavitatem odoris: et flo­ res mei fructus honoris et ho­ nesti tatis. 24 Ego mater pulchrae di­ lectionis et timoris et agnitionis, et sanctae spei. omnis viae 25 In me gratia et veritatis: in me omnis spes vitae et virtutis. 26 Transite ad me omnes qui concupiscitis me et a gene­ rationibus meis implemini. 27 Spiritus enim meus su­ per mei dulcis, et haereditas mea super mei et favum. 28 Memoria mea in genera­ tiones saeculorum. 29 Qui edunt me, adhuc esu­ rient, et qui bibunt me, adhuc sitient. 30 Qui audit me, non con, fundetur, et qui operantur in j me non peccabunt. 31 Qui elucidant me vitam aeternam habebunt. % h SEC. 1. TEXTOS SAGRADOS 235 III. EVANGELIO 399 (U. 2,43-51) 43 Cum redirent, remansit puer lesus in Jerusalem, et non cognoverunt parentes eius. 44 Existimantes autem illum esse in comitatu, venerunt iter diei, et requirebant eum inter cognatos et notos. 45 Et non invenientes, re­ gressi sunt in Jerusalem, requi­ rentes eum. 46 Et factum est, post tri­ duum invenerunt illum in tem­ plo sedentem in medio docto­ rum, audientem illos, et inter­ rogantem eos. 47 Stupebant autem omnes qui eum audiebant, super pru­ dentia et responsis eius. 48 Et videntes admirati sunt. Et dixit mater eius ad illum: Fili, quid fecisti nobis sic? Ecce pater tuus et ego dolentes quaerebamus te. 43Al volverse, el Niflo Jesùs se quedô en Jerusalén sin que lo echaran de ver sus padres. 44 Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un dia. Buscâronle entre los parientes y conocidos, 45 y al no hallarlo, se volvieron a Jerusalén en busca su.ya. 46 Y aconteciô que, al cato de tres dias, le hallaron en el tem­ plo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntândo- 47 Y cuantos le oian se maravillaban de su inteligencîa y de sus respuestas. 48Cuando sus padres le vieron se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo, îpor qué lo has hecho asi con nosotros? Mira que tu padre y yo. apenados, te andâbamos buscando. 49 Et ait ad illos: Quid est 49 Y Él les dijo: 4Y por qué quod me quaerebatis? Nescieba­ me buscabais? jNo sabiais que tis quia in his quae Patris mei conviene que me ocupe de las co­ sunt, oportet me esse? sas de mi Padre? 50 Et ipsi non intellexerunt 50 Y ellos no entendieron lo verbum quod locutus est ad eos. que se les decia. a 51 Et descendit cum eis, et 51 Bajô con ellos y vino venit Nazareth: et erat subdi­ Nazaret y les estaba sujeto. tus illis. ! i : ς l 4 .· I > SECCION IE COMENTARIOS GENERALES LA MATERNIDAD DE MARIA No hay duda de que Maria es Madré de Cristo. No hay Cristiano que no la llame Madre de Dios y de los hombres. He aqui el ar­ gumento de lo que intercsa exponer, como comentario general, al presente misterio. A) 400 Maria, Madre de Dios Supuesto que Maria es Madre de Cristo, como de un modo con­ tinuo la Haman los Evangelios, lo unico que hcmos de cxplicar es que sentido puede otorgarse al nombre de Madre de Dios. Ni que decir tiene, aun cuando asi lo supusiera Nestorio, que esta denominaciôn no quiere indicar que Maria engendrase la naturaleza divina, ni que el Verbo haya procedido de ella como procediô del Padre. 401 a) Aclaraciôn con ejemplos vulgares Antes de exponer la doctrina teolôgica, un ejemplo vulgar ilustrarâ lo que hcmos de decir, ;Cuâl es la obra materna en el nacimiento de un nino? Engendrar el cuerpo y nada mâs que el cuerpo. El aima es creada directamcrrte por Dios. Ahora bien, jquién es el que llama a su madré “madre de su cuerpo” en lugar de llamarla “mi madre", esto es, madre de mi persona? Nadie. Todos considé­ râmes que nuestra madre lo es de toda nuestra persona, aun cuando en realidad su obra se haya limitado a la gestaciôn del cuerpo. Pues del mismo modo que mi persona se compone de aima y cuerpo, la de Cristo se componîa de la humanidad santisima y' ade­ mâs de la divinidad del Verbo. Maria no engendrô sino la parte humana, pero es considerada como madre de la persona que nace. Y écuâl es esta persona? La dei Verbo Dios; luego Maria es Madre dei Verbo Dios a pesar de no haber engendrado sino la naturaleza humana, lo mismo que la madre de Pedro es madre del citado Pe­ dro a pesar de no haber producido sino su cuerpo. 402 b) j La doctrina teolôgica “Ser concebido y nacer, dice Santo Tomâs, se atribuye a la per­ sona” (cf. Sum. Theol. 3 q.35 a.4), En términos filosôficos, diriamos que la naturaleza es lo que nos constituye dentro de la espede a que pertcnecemos y lo que es el prindpio radical de nuestras operacioncs especificas. El Icon es leôn y obra como tal porque dis- i j j SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 237 fruta de la naturaleza de Icon, y el hombre lo es y sus acciones son humanas porque posce csa naturaleza. Ahora bien, lo que realmente obra es la persona. Lo que nace, vive y muere es la persona, a la cual se atribuyen las acciones, i Cuando se ha oido decir: Ha muerto una naturaleza humana, en vez de decir: Ha muerto fulano de tal? I Cuando se ha quejado nadie de que su naturaleza humana esta sufriendo, en vez de decir: Yo sufro? Aplicando esto a Cristo, sabemos que en É1 existen dos naturalezas, la divina y la humana. Porque goza de la divina es Dios, porque posce la humana es hombre. Pero personas no hay alii mâs que una sola, la divina, la segunda de Ia Santisima Trinidad, la del Verbo. Esta persona es, pues, la que nace y la que muere, la que vive y la que es engendrada por Maria. Y como quiera que el nombre de esta persona es Dios, Âfadre de Dios es el nombre que damos a Nuestra Seüora (cf. Santo TomAs, Comp, Theol. c222). Las formulas, pues, de Madre de Cristo y Madre de Dios coinciden, puesto que Cristo y Dios son nombres de la misma persona. La evidencia de esta doctrina es tal, que en los no muy abun­ dantes escritores de los tres primeros siglos aparece clara, aun cuando no se cmplee ni cl apelativo latino de Mater Dei ni el griego de Theotokos. En cambio, cuando en el siglo iv comienza la li­ terature de los grandes Padres, surgen inmediatamente las dos denominaciones. J 9 La c) : herejia de Nestorio 403 Para no emplearlas era necesario, como Nestorio, reconocer en Cristo dos personas distintas, la una la del hombre y la otra la de Dios, unidas solo de un modo moral, como se une el que manda al que obedece, el timonel al barco. En ese caso, desde luego, desde el momento en que la persona humana es distinta de la divina. Ma­ ria solo scria madre de aquélla, y no podria llamarse Madre de Dios, sino de Jesûs, del hombre. El mismo Nestorio reconocia serie adversa la tradiciôn y lenguaje cristiano, cuando decîa: “Ya conozco la gran χ-eligiosidad y piedad del pueblo, pero también advierto que esta totalmente ayuno de la verdadera ciencia de Dios, y lo digo con vergüenza. Los doctores no se han dedicado a explicaros clara y decididamente estos dogmas” (cf. Nestorio, Serm. 2, Garnier, Praef. in sec. part. Opp. .Vari» Merc.: PL 48,363). Esta fué la razôn del mal recibimiento que encontrô la herejia nestoriana en gran parte del pueblo. Cuando ardia en Constantinopla la controversia provocada por el heresiarca, un nuevo obispo y antiguo predicador, Proclo, fué invitado a pronunciar un sermon, y contra toda la esperanza y deseos de Nestorio comenzô en voz alta y vibrante el anuncio de su sermon con estas palabras : “Homilia sobre Nuestra Seüora, la Madre de Dios”. Nestorio quedô chasqueado, pero el pueblo rompiô en aplausos (ci. PG 55,680). ■ î d) El concilio de Éfeso 404 El mismo concilio de Efeso fué un concilio de entusiasmos po­ pulares. Cedamos la palabra a San Cirilo, su présidente: “Después _... ·· ΐζ.ζ·*·: 238 MATERNTOAD BE NUESTRA SE&ORA. 11 OCTUTBRE de haber consumido el dia entero en aquel feliz santuario, hemos condenado a Nestorio, cuya vergüenza le impidiô asisttr a una reuniôn.de los Padres, y le hemos privado de su episcopado y sede me­ diante una sententia solemne, Eramos unos doscientos obispos poco mâs o menos. Todos los habitantes de la ciudad esperaban impatien­ tes desde por la manana la decision dei Concilio. Cuando se hubieron enterado de que el autor de tantas blasfemias habia sido despojado de su dignidad, comenzaron todos a una voz a bendecir al concilio y a glorificar la caida de los enemigos de la fe. A nos­ otros nos condujeron. cuando saliamos dei templo, a nuestras casas, rodeândonos de (internas y antorchas, porque era ya de noche. Todo era alegria y por todas partes ardia el fuego. Incluso marchaban dclante de nosotros mujeres llevando peroles llenos de incienso. De este modo probô el Senor su poder contra los que querian arrebatarle su gloria” (cf. Ep. 24: PG 77,137), Quedô desde el concilio de Efeso definido el dogma de la matemidad de Maria, pues suyas son estas palabras: “Si alguno no confiesa que Dios es verdaderamente “Emmanuel" y, por tanto, que la Santisima Virgen es Madré de Dios, pues diô a luz segûn la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema” (cf. DB 113). 405 B) La obra del Espiritu Santo “Es indudable que toda la Santisima Trinidad obrô en la concep­ tion del cuerpo de Cristo. Lo ensena asi el concilio Toledano XI, donde dice: “Ha de creerse que toda la Trinidad obrô en la concepciôn de este Hijo de Dios, porque las obras de la Santisima Tri­ nidad son inseparables. Solo el Hijo tomô la forma de siervo en la singularidad de su persona, es decir, en aq’ie'.lo que es propio del Hijo y no comûn a la Trinidad”... (cf. DU n.284). Porque asi como la esencia y virtud de la Santisima Trinidad es indivisa, asi también son indivisas sus obras ad extra. La conception de Cristo es obra ad extra. Luego de toda la Trinidad. Es cierto, sin embargo, que la conception de Cristo, obra verdaderamente comûn a toda la Trinidad segtin la profriedad. puede de algûn modo atribuirse a cada una de las tres divinas Personas; a saber: al Padre, la autoridad respecto al Hijo, que asumiô la na­ turaleza del hombre por su conception; al Hijo, la asunciôn misma de la carne, y al Espiritu Santo la formation del cuerpo asumido por el Hijo” (cf. Santo Tomas, Sum. Theol. 3 q.32 a.l). Mas con razôn se atribuye al Espiritu Santo especialmente la confection del cuerpo de Cristo, Dicelo asi el simbolo de la fe, lo expresa el Evangelio (Le. 1,35; Mt. 120), lo aseveran algunos Pa­ dres (cf. San Ignacio Martir, Ad. Ephes. 16) y existe una razôn teolôgica. Santo Tomâs (cf. Shim. Theol. 3 q.32 a.l) demuestra por triple motivo esta convenientia: Primero, porque asi convenia a la causa de la Encarnacion, considcrada por parte de Dios. El Espiritu Santo es amor del Padre y del Hijo. Del maximo amor de Dios provino que el Hijo de Dios tomara carne en el seno vir­ ginal ÇIo. 3,16); segundo, porque asi convino a la causa de la Encarnation por parte de la naturaleza asumida, con lo cual se da a entender que la naturaleza humana fué asumida por el Hijo de SEC. 2. COMKNTARIOS GENERALES 239 Dios en unidad de persona, no por razôn de mérito alguno, sino de sola gracia, la cual se atribuye al Espiritu Santo (1 Cor. 12,4) ; terccro, porque asi convenia al término de la Encarnacion para que el hombre aquel que se concebia fuera santo e Hijo de Dios. Ambas cosas se atribuyen al Espiritu Santo, porque por Él se hacen los hombres hijos de Dios (Gai. 4,6)... (cf. Gregorio Alastruey, Tratado de la Virgen Santisima: BAC, 3.* ed., c.3 a.2 p.89-91). Esta intervenciôn de la Santisima Trinidad y por apropiaciôn del Espiritu Santo, no es motive suficiente para que pueda decirse que la una o el otro son los padres de Cristo. Para ser padre no basta con dar el ser, sino que es necesario otorgar por gcneraciôn el mismo ser del padre. Los hijos de los leones han de ser leones, y los de los hombres hombres. Por eso el Verbo Dios es Hijo del Padre Dios, pero Cristo en cuanto hombre no es Hijo del Espiritu Santo ni de la Santisima Trinidad. Mâs aùn, lo es del Padre, pero no por su intervenciôn en la generaciôn humana, sino por la generacion eterna dei Verbo, que lo constituyô en Hijo de perfecta filiaciôn (cf. Santo Tomas, C. G., 4,45). ' «A C) Madre de los hombres 406 •: Desenvolver este titulo supone un libro, y no son pocos los existentes. Los o£icios de la maternidad se corresponden con los de la corredenciôn, la mediacién, etc. Limitémonos, ,pues, a subrayar unas ideas. a) SlGNIFICACIÔN DEL NOMBRE DE "MaDRE DE LOS HOMBRES 407 El nombre de -madré se aplica metafôricamente a toda mujer que por su valor y acciones nos haya salvado. Incluso se otorga a las personas respetables por su edad o posiciôn religiosa. Sin embar­ go, su verdadera significaciôn esta reservada para aquella mujer que nos ha dado la vida. El que hemos recibido la de la gracia por Maria, la cual contribuye ademâs a conservârnosla y perfeccionarla, es una verdad que pertenece al acervo dogmatico de la Iglesia. Sin ella la muerte sobrenatural reinaria en nosotros. Esto y no otra cosa significan las primeras expresiones de los Santos Padres cuando la Haman segunda Eva y comparan su éxito con el fracaso de la primera. Segun elles, Cristo es el reparador de nuestra naturaleza, autor de la vida, de la fe y de la salvaciôn. Maria, con relaciôn a Jesûs, es la primicia de la salvaciôn, puesto que fué quien la disfrutô mâs plenamente, pero con relaciôn a nosotros es llamada principio causa, y a Ella atribuyen la Redenciôn y la victoria, y el que Juez justo haya aplacado su ira. b) Razôn de esta participaciôn en la obra redentora No creemos necesario insistir en el segundo puesto, subordinado sitmpre a Cristo, que disfruta Maria en su maternidad para con los I •.it 408 ’ » 240 MATERNIDAD DE NUESTRA SKffORA. 11 OCTUBΛÊ hombres. Solo indicaremos cl punto de que arranca esta participaciôn general de Maria en las comunicaciones salvadoras de Cristo. Todo se basa y nace de su maternidad divina, y a Ella van a parar siempre los santos y los Padres. Maria es Madré de los vivos, porque nos ha dado al que es la Vida por excelencia. Quad Eva tristis abstulit, Tu reddis almo germine. Copiemos un pârrafo de Gucrrico, el abad amigo de San Ber­ nardo: “Eva no supo verificar su nomb-e y hubo de ser Maria la Madré que nos devolviera la vida... /No es Ella la Madré de la Vida, gracias a la cual vivimos?; y al engendrer a esta ùltima de su propia sustancia, êno ha engendrado también a todos los que vivimos por Ella? Mientras Ella engendraba a su Unico éramos todos regenerados, porque por ley de regenereciôn todos estâbamos contenidos en Él. Como estuvimos en Adân por razôn de la generaciôn carnal, asi hemos estado en Cristo Salvador por la semilla de la regeneraciôn" (cf. Senn. in Assumpt. 1,2: PL 175,188). Madré, pues, y, permitascncs la paradoja, Madré por razôn na­ tural dentro del orden sobrenatural, Maria, una vez que lo es por scrlo de Cristo, nos ama a todos en Él y de ahi provicne el que sea asociada también a la obre redentora y mediadora. Sin ella hubicra sido ya Madré nuestra por serlo de Cristo, pero median­ te este segundo titulo ha sido la Madré que nos ha alumbrado en medio de mil dolores, y que después nos sigue sosteniendo en la vida y reengendrando después del pecado. Segundo titulo de su maternidad, al que le llevô el ya existente amor maternai, derivado de su fecundidad divina. 409 c) Madré del cuerpo de Cristo La idea no es nueva, por mâs que se predique ahora abundantemente. A San Agustin le senaria a cosa predicada mil veces. Los Cristianos somos los miembros del cuerpo total de Cristo, constituiirfos su pleroma, sus dimensiones perfectas. Maria no es Madré solo de la cabcza, lo cual séria un absurdo, sino del cuerpo entero. Aqui en el orden mistico tienen perfecta aplicaciôn los cjemplos que hemos expuesto al comienzo de nuestro articulo. Por lo tanto, la existcncia del cuerpo mistico de Cristo es otro titulo de la maternidad de Maria para con las hombres. -J SUCCION Hi. SANTOS PADRES I. SAN CIRILO DE ALEJANDRIA (Cf. PG 76,77ss.) A) Saludo a los Padres y a Efeso "Honra muy sefialada es para mi llevar la voz ante tan ilustre asamblea de vénérables Padres. Mi ânimo, hondamente apenado por la impia blasfemia de Ncstorio, suspiraba por la celebration de este concilio, lleno de armonias y de encantos; concilio angélico, celestial. En él veo congregados a los maes­ tros de la piedad, a los que son columnas y antorchas de nues­ tra fe... jCuânto gozo viéndoos sentados en el hermoso y divino trono dei sumo sacerdote, derramando dulzura y suavidad, pregoneros espirituales del saber divino!... Confortados con vu’estras santas oraciones, demos a esta ciudad el parabién por tanta dicha. jSalve, ciudad de Éfeso, mâs herniosa que los mares, por­ que, en vez de los puertos de la tierra, se dieron cita en ti los que son puertos del cielo! jSalve, honor de esta region asiâtica, sembrada por doquiera de templos, a manera de preciosas joyas, y consagrada al présente por las benditas plantas de muclios Santos Padrés y patriarcas!... B) Canto a Maria jSalve, bienaventurado Juan, apôstol y evangelista, gloria de la virginidad, maestro de la honestidad, exterminador de todo fraude diabolico, destructor del templo de Diana, puerto y de­ fensa de Èfeso; valimiento de los pobres, refugio de los afligidos, refrigerio y descanso de la ciudad y de sus morador’es! jSalve, vaso purisimo ll'eno de templanza! A ti, virgen, te con­ fio, desde la cruz, Nuestro Sefior Jesucristo a la Madré de Dios, siempre virgen. Salve, joh Maria!, Madré de Dios, virgen y madré, lucero y vaso de election. Salve, Virgen Maria, madré y sierva: Vir­ gen en verdad por Aquel que naciô en ti virgen; madré, por 410 $ 242 maternidad de nuestra senora. 11 octobre virtud de Aquel que llevaste en panales y nutriste a tus pechos; sierva, por Aquel que en ti tomô de sfervo la forma. Como Rey, quiso entrar en tu ciudad, en tu seno, y saliô cuando le plugo, cerrando por siempre su puerta, porque concebiste sin obra de varôn y fué divino tu alumbramfento. Salv.e, Maria, templo donde mora Dios, templo santo, como lo Hama el profeta David cuando dice: Sanctum, est templum tuum, mirabile in equitate (Ps. 64,5). Salve, Maria, criatura la mâs preciosa de la creaciôn; salve, Maria, purisima paloma; salve, Maria, antorcha inextinguible; salve, porque de ti naciô el Sol de jus­ titia. Salve, Maria, morada de la inmensidad, que encerraste en tu seno al Dios inmenso, al Verbo unigenito, produciendo sin arado y sin semilla la espiga inmarcesible. Salve, Maria, Madre de Dios, aclamada por los profetas, bendecida por los pastores cuando con los ângeles cantaron el sublime himno de Belén: Gloria in altissimis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis (Lc. 2,14). Salve, Maria, Madre de Dios, alegria de los ângeles, jubilo de los arcângeles, que te glorifican en el cielo. Salve, Maria, Madre de Dios: por ti adoraron a Cristo los Magos guiados por la estrella de Oriente. Salve. Maria, Madre de Dios, honor y prez de los apostoles. Salve, Maria, Madre de Dios, por quien Juan el Bautista, desde el seno de su madre, salto de gozo, adorando como lucero a la luz perenne. Salve, Maria, Madre de Dios, que trajiste al mundo gracia inefable, de la cual dice San Pablo: Apparuit gratia Dei salutaris omni­ bus hominibus (Tit. 2,11). Salve. Maria, Madre de Dios, que hiciste brillar en el mundo al que es luz verdadera, a Nuestro Senor Jesucristo, al que dice en su Evangelio: Ego sum lux mundi (Io. 8,12). Salve, Maria, Madre de Dios, que alumbraste a cuantos estaban en tinieblas y sombras de muerte: Populus enim qui sedebat in tenebris, vidit lucem magnam (Is. 9,2); aquélla luz que no es otra sino Jesucristo nuestro Senor, luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Io. 1,9). Salve, Maria, Madre de Dios, Madre dei que los evangelios proclaman bendito: Benedictus qui venit in nomine Domini (Ps. 117,26). Salve, Maria, Madre de Dios, por quien se poblaron de iglesias nuestras ciudades ortodoxas. Salve, Ma­ ria, Madre de Dios, por quien vino al mundo el vencedor de la muerte y el destructor dei infierno. Salve, Maria, Madre de Dios, por quien vino al mundo el autor de la creation y el restaurador de las criaturas, el Rey de los cielos. Salve, Maria, Madre de Dios, por quien brillô y resplandeciô la gloria de la resurrection... 412 C) Nestorio La concurrencia de los Santos Padres ha inundado de paz este pais, perturbado por las revueltas de la herejia, como es­ taba escrito: Quam speciosi pedes evangelizantium pacem!... SEC. 3. SS. PADRES. S. CTRTÎ.O DR AT.EJAVDRÎA 243 (Rom. 10,25). La paz de Nuestro Serior Jesucristo, pregonero de la paz, segùn afirma en su Evangelio: Pacem meam do vo­ bis... (Ιο. 14,27). La paz que rechazô el blasfemo Nestorio, negando que el Verbo, Hijo de Dios, Nuestro Senor Jesucristo, naciô de Maria Virgen... jQuién jaraâs oyô cosas tan horrendas y terribles?... jCristo. Dios Verbo, anunciado por les profetas y predicado por los apôstoles, transformado aqui en puro hombre...!; jy llamar a la Madre de Dios Madre tan solo del hombre! No me habléis ya de la audacia de aquellos ingratos y nefan­ dos judios porque mataron a Cristo. ^Quién no ve que mâs criminal que aquel atentado es la blasfemia del que les excusa, diciendo: Vosotros habéis crucificado al que era solo hom­ bre?... Tu caida, joh Nestorio!, ha sido mâs grande que tu soberbia: tû, todo maldad, nacido de estirpe impura, has sido prteipitado en el abismo mâs profundo de la blasfemia, despreciando al gran Apôstol, vaso de elecciôn, voz de la Iglesia...; a aquel que, llevando cartas de presentaciôn..., aprendiô a escribirlas tan hermosas, confirmando con ellas al mundo en la fe de la Trinidad consustancial, de un solo Seüor, de un solo bautismo; un solo Padre, un solo Hijo, un solo Espiritu Santo; sustancia inseparable y simplicisima; divinidad incomprensible; Senor Dios de Dios, luz de luz, esplendor de la gloria, que naciô de Maria Virgen, conforme el anuncio del arcângel: Ave gratia plena, Dominus fecum... Spiritus sanctus superveniet in te. et virtus Altissimi obumbrabit tibi. Ideoque et quod nascetur ex tc Sanctum vocabitur Filius Dei (Lc. 1,28-35). No solo lo sabemos por el arcângel Gabriel... Ya el sapientisimo Isaias, hijo del profeta Amôs, profeta nacido de profeta, lo predijo: Ecce Virgo concipiet, et pariet Filium et vocabunt nomen eius Emmanuel, quod est interpretatum, nobiscum Deus (Is. 7,14). Si no quietes creer a los profetas, a los apôstoles, al ar­ cângel Gabriel, imita al menos a tus companeros de protervia, los demonios, que gritaron horrorizados: Quid nobis et tibi, lesu, Fili Dei? Venisti huc ante tempus torquere nos? (Mt. 8,29). Si entoncts el propio demonio dijo ante tempus, al présente, por fin. llegô en ti. Convenia que viniese el anticristo..., y en el lugar de este te presentaste tû, sin creer siquiera al mismo diablo que te ha engaüado, al que dijo: Sz' Filius Dei es, dic ut lapides isti panes fiant (Mt. 4,3). jCosa tremenda que llena de asombro! Los demonios, con su padre el diablo, llaman Hijo de Dios a aquel que naciô de Maria Virgen. Nestorio reduce a un mero hombre al Hijo de Dios... Nadie, empero, al oirnos decir estas cosas, juzgue que nos alegramos de tu desgracia, j miserable! Muy al contrario; cuan­ do caiste en lo hondo de tu blasfemia, te tendimos la mano por medio de nuestras epistolas; y si incurriste en contumacia, 244 MATERNTDAD DE NUESTRA SENORA. 11 OCTOBRE fué porque despreciaste nuestras advertendas. Testigo de la verdad de éstos hechos es Celestino, arzobispo santisimo de todo el orbe, padre y patriarca de la gran ciudad de Roma, el cual directamente te escribiô exhortândote a que desistieses d’e tu inconcebible blasfemia. Desobediente con él, te gloriaste y envaneciste de tu propia insensatez. Convertido en innovador dei mundo, turbaste la paz en las cuatro partes de la tierra; y por tu causa ha sido necesario que todos los santos se congregutn aqui a costa de mil fatigas. Dios te destituirâ, por fin, de tu sacerdocio y te privarâ de la sabiduria de los Padres, y seras proserito, primero de la ciudad imperial, y también de tu sede y pontificado.... del mismo que injustamente obtuviste. Idcirco videbunt iusti ac timebunt, et super te ridebunt, ac di­ cent: Ecce homo qui nos posuit Deum adiittorem suum, sed speravit in multitudine divitiarum suarum et praevaluit in va­ nitate sua (Ps. 57.9). Nosotros, en cambio, seguidores fieles de la verdad dei Evangelio. permanederemos, como dijo el profeta: Sicut oliva fructifera in domo Dei (Is. 51,10), glorificando al Padre, Dios omnipotente; al Hijo suyo unigénito, que nacio de Maria, y al vivificante Espiritu Santo, que comunica a to­ dos la vida; sumisos a los fidelisimos emperadofes, honrando a las reinas discretas, virgenes y santas, y pidiendo que la reina desposada tenga sucesiôn y persevere en su piedad para con Dios y én su amor a la fe ortodoxa de Cristo Jesûs Nuestro Senor, a quien se debe gloria por los siglos de los siglos. Amén”. II. SAN AGUSTIN (Cf. Sermon 25: BAC, Obras t.7 ρΛ47,3 ss.) 413 A) Dios antes que los padres Mira que tu madre y tus hermanos estân ahi fuera preguntando por ti. Pero Él, respondiendo al que se lo decîa, replied: tQuién es mi madre y quiénes mis hermanos? Y mostrando con la mano a sus discipulos: "Êstos—dijo—son mi madre y mis hermanos. Pues cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que esta en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre" (Mt. 12,46-50). "En esto hay muchos pliegues y nudos dificultosos: verbi gratia, como Nuestro Seiior Jesucristo menospreciô piadosamente a su Madre. no siendo Ella una madre cualquiera, sino una tal madre... Él la menospreciô para que no se mezclara el afecto materno con la obra que traia entre manos y la impidiese. iQué estaba Él haciendo? Estâbales hablando a los pueblos, destruyendo los hombres viejos, edificando los nue- SEC. 3. SS. PADRES. S. AGUSTÎN 245 vos, librando las aimas...; estaba, en fin, haciendo una cosa buena, y en ella ponia todo el calor de su obra y de su palabra. Estaba en esto cuando se le anunciô el afecto camal, y ya habéis oido su respuesta. jPara que repetirla? Oiganla las ma­ drés, para no estorbar con su afecto camal las buenas obras de sus hijos; porque si los estorban en ello y se entrometen en sus obras, serân menospreciadas por los hijos. Atrévome a de­ ar que no hacerles caso serâ en los hijos piedad. Si, ocupado el hijo en la buena obra, viene su madre a estorbârsela, Rendra razôn de iamentarse, casado o viuda que sea, habiéndolo sido la Virgen Maria? Pero me dira: ^Donde vas a comparar con Cristo al hijo mio? Ni le comparo a él con Cristo, ni a ti con Maria. No desaprobô Nuestro Sehor Jesucristo 'el afecto mater­ nai, pero nos diô un alto ejemplo de como se menosprecia a la madre cuando se atravi'esa en la obra de Dios. Era maestro cuando enseûaba y cuando despreciado despreciaba, y dignôse desdenar a la suya para ensenarnos el despego hacia los pa­ dres cuando se atraviesa por m'edio el servicio de Dios.” B) Por gué tomô madre. Amor a los padres a) Tomô madre, sin necesitarla, porqu'e lo creyô conve­ niente. Habîa pecado Adân y pecado Eva. Se hizo hombre como Adân y aceptô una madre como Eva. En nuestra fe ya no se distinguen los sexos. Los dos concurrieron a nuestra salvaciôn. b) Cristo ens’efiô a menospreciar a los padres, pero tam­ bién enseiiô a quererlos. Los amarâs ordenadamente si no los antepones a Dios. El que ama a su· padre o a su madre mâs que a mi, no es digno de mi. Son palabras del Senor (Mt. 10, 37). No prohibiô amar a los padres, lo cual hubi'era sido contradecir el mandamiento que promulgara antes por medio de Moïses, sino que la ley nueva lo confirma. Te ensenô el orden debido; no contradijo a la piedad... ‘‘Amalos, pero no mâs qu'e a mi. Dios es Dios, y el hombre, hombre. Quiere a tus padres, muéstrate sumiso a ellos, hônrales; pero si Dios te llama a algo mejor, en cuanto adviertas que 'el amor paterno puede convertirse en obstâculo, guarda el orden, no contradigas a la caridad.” C,) Maria, Madre de Cristo Los maniqueos se apoyaban en este texto para afirmar que Jesûs no tuvo madre. San Agustin explica al pueblo el Evangelio en un pârrafo de elocuciôn popular, anunciando que va a abrir el libro y que él mismo contestarâ. En efecto, el evan- - ·. * It 1;. 414 246 maTErntdad de nuestra sejïora. 11 «ktudre gelista es cl que dice que, mientras prtdicaba, su madré y sus hcrmanos andaban por allt. a frase del Senor preguntando: jQuién es mi madré?, no significa que no la tuviera. Es como si a un hombre situado en peligro inminente le dijéramos: “Tu padrt te librarâ", sabiendo que no puede hacerlo. No nos con­ testaria, a pesar de su mayor respeto hacia el padre y sin faltar a la verdad: jQuién es mi padre? Para lo que yo necesito ahora, ^de que me sirve? En lo que Cristo estaba haefendo..., jde que le servia su Madré?" 416 D) Bienaventuranza dp Maria port/ue oyô la palabra de Dios “Os ruego, hermanos..., paréis mientes sobre todo en lo dicho por el Senor... El que hiciere la voluntad de mi Padre, que me ha enuiado, ése es mi hermano y mi hcrmana y mi ma­ dré. jPor ventura no cumpliô la voluntad del Padre Maria, que creyô con ft (al ângel), concibiô por la fe, fué elegida para que naciese de Ella la salvaciôn de los hombres y fué creada por Cristo antes de que Cristo naciese de Ella? Cumpliô; cum­ pliô perfectamtnte la voluntad del Padre, y por eso es mucho mayor honra para Ella haber sido discipula de Cristo que Ma­ dré suya. ] Feliz Maria, porque antes de darle a luz llevô en su seno al Maestro! Ved si es verdad lo que os digo: Pasaba una vez el Senor acompanado de las turbas y obrando sus di­ vinos milagros, cuando una mujer dijo: /Feliz el seno que te llevô! ïQué contesté el Senor para ensenarnos a no buscar la felicidad en las cosas materiales? Mas felices aûn los que oyen la palabra de Dios y la observan. Por eso es Maria bienaventurada, porque oyô la palabra y la cumpliô. Porque guardô mâs celosa la verdad en el aima que el cuerpo en el seno. Cristo es la verdad y Cristo es el cuerpo. Cristo Verdad en tl aima de Maria y Cristo cuerpo en su seno. Mâs importante es lo que se lleva en el aima que lo que se lleva en el vientre..." 417 E) La Iglesia, superior a Maria “Maria es bienaventurada, ptro la Iglesia es de mejor condiciôn que Ella. ^Por qué? Porque Maria es parte de la Igle­ sia: es un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero solo un miembro de esa totalidad del cuer­ po. El Senor es la cabeza, y el cuerpo y la cabeza constituyen el Cristo completo. iQué diré? Tenemos una cabeza divina, tenemos por cabeza a Dios." Kl : Ui h i SKC. 3. F) SS. PADRES, S. AGUSTÎN 247 Nosotros podemos ser mad res de Cristo “Comprendo diga que podtmos ser hcrmanos y hermanas suyos, porque una es la herencia por la misericordia de Cristo, que, siendo ùnico, no quiso quedarse solo, antes le plugo fuéramos hertderos del Padre y coherederos suyos... Pero £cômo entender que seamos también madrés de Cristo? 4N0S atreveremos a recibir ese nombre?... No me atreveré a negar lo que Cristo dijo. Ea, pues, carisimos, entended como la Iglesia, que es cosa averiguada ser fesposa de Cristo, es también su madré, aun cuando parezca mâs dificil. Maria precediô figurativamente a la Iglesia. jPor que es Maria Madré de Cristo sino porque diô a luz a sus miembros? Pues vosotros, a quienes estoy hablando, sois también miem­ bros de Cristo. Y ^quién os diô a luz? Ya estoy oyendo la respuésta de vuestro corazôn. jLa madré Iglesia! Si, esa madré santa, llena de honores, semejante a Maria, que da a luz y es virgen también. Que da a luz, lo demostrâis vosotros, que nacisteis de ella. Engendra, pues, a Cristo, pues ha engendrado a sus miembros. ^Es virgen ademâs? No me abandonan, no me abandonan los testimonies sagrados. Ve, Pablo santo, y acércate al pueblo. Sé ttstigo de mis palabras. Abre tus labios y demuestra lo que he dicho: Os tengo desposados con estç ùnico esposo, Cristo, para presentaros a Él como una casta vir­ gen... (2 Cor. 11,2-3). iEn qué consiste esta virginidad y cuâl es la corruption que puede temerse? Os tengo desposados..., y temo—dice— que asi como la serpiente engaüô a Eva con su astucia, asi sean maleados vuestros espiritus y degeneren de la castidad que hay en Cristo (ibid.). Conservad la virginidad d’e la mente. Consiste en la integridad de la verdad catôlica. En donde fué corrompida Eva por la palabra de la serpiente, alli mismo debe ser virgen la Iglesia por don del Todopoderoso. Den, pues, a luz en sus mentes los miembros de Cristo, como Maria virgen diô a luz en su seno al Senor, y asi seréis madrés de Cristo. No os es dificil, ni sobrepuja vuestras fuerzas, ni es imposible. Fuisteis hijos; sed ahora madrés. Fuisteis hijos de una madré cuando al r'ecibir el bautismo nacisteis como miembros de Cristo. Llevad al lavado bautismal a cuantos podâis, y de es'e modo, lo mismo que fuisteis hijos al nacer, asi también seréis madrés de Cristo cuando conduzcâis a otros a ese mismo nacimiento." F 4 SECCION IV. TEOLOGOS I. A) 419 SANTO TOMAS El mérita de Maria y su malernidad divina Dicese que la Santisima Virgen mereciô llevar al Sefior de todas las cosas, no porque mertciese que Êl se encarnara (antes ha demostrado que la Encarnacion fué un don gratuito, no merecido por nadie), sino porque, cooperando a la gracia recibida, mereciô alcanzar aquel grado de pureza y santidad necesario para ser congruamente Madré de Dios" (cf. Sum. Theol. 3 q.2 a.ll ad 3). B) La Santisima Virgen debe ser llamada Madré de Dios “Hemos explicado antes (q.16 a.l) que los nombres que significan en concreto una naturaleza pueden ser aplicados a cualquiera de las hipôstasis que posean esa naturaleza. Ahora bien, como quiera que la union de la Encarnacion se verificô en la hipôstasis, resulta que el nombre Dios puede significar a la hipôstasis que posee la naturaleza divina y la humana, y, por lo tanto, todo lo que pertenezca a una de estas dos natuxalezas puede ser atribuido a esa persona, ya venga designada por un nombre que diga relation a la naturaleza divina, ya diga relation a la humana. El ser concebido y el nacer son cosas propias de la hipôs­ tasis o persona que nace o es concebida en determinada na­ turaleza. Teniendo, pues, en cuenta que la naturaleza humana fué asumida por la persona divina en el mismo momento de la con­ cepciôn, siguese que se puede decir con toda razôn que Dios ha sido concebido y ha nacido de la Virgen, pues las muj’eres se dicen madrés de aquel a quien han concebido y dan a luz. Puede, por lo tanto, la Santisima Virgen ser llamada Madré de Dios. Solo podria negarse 'esto en el caso de que la humanidad hubiese sido concebida o hubiera nacido antes de que aquel hombre hubiera sido Hijo de Dios, como quiso Fotino, o tam- ·Λ SKC. 4. · Satanâs Satanés se vanagloriaba no solo de sus ataques contra el honor de Dios, sino de tener a sus pies a la humanidad. El desquite de Dios queria que el vencido fuese vencedor. “Hizose hombre para que el vencido reportase la victoria. Ciertamente que Dios omnipotente no era tan débil que no hubiera podido con sus solas fuerzas arrancar al hombre del dominio de su tirano. Pero este tirano hubiera tenido cierto derecho a quejarse de que Dios le despojara de su imperio por esta intervenciôn de su poder. Por eso el Creador, en su bondad infinita hacia los hombres, se hizo hombre Él mismo, para que lo semejante fuera socorrido por un semejante” (cf. San Juan Da­ masceno, De fide octh. 1.3 c.18: PG 94,1072). Mucho antes habia expuesto este pensamiento San Ireneo (PG 7,937). A Maria debemos que el triunfo sobre Satanâs haya sido reportado por un hombre. Y aun podemos anadir con casi todos los Santos Padres que, si el género humano les debe a Jesûs y Maria la redenciôn, la mujer se la debe especialmente a Ella, puesto que Cristo quiso nacer de mujer para contrarrestar la derrota que comenzô por Eva (cf. Teodoto de An­ cra, enemigo de Nestorio, Hom. in S. Deip. 9: PG 77,1418). '!1 SECCION V. AUTORES VARIOS P. FELIX, S. I. La matemidad divina (Cf Obras t.9 p215 ss., Imprenta y Libreria Universal, Ma­ drid 1870.) A) La dignidad de Maria "La primera grandeza pùblica de Maria es su dignidad. La dignidad, en su sentido mâs amplio, significa el grado o pueôto que ocupa un ser en la jerarquia de los seres. Por su maternidad divina, la Santisima Virgen llega hasta donde pueda elevarse una criatura: con Dios, Ella produce a Jesucristo ; con Dios. "Ella manda a Jesucristo”; con Dios, “Ella es glorificada por Jesucristo”; tres grados de excelencia que van a conducirnos hasta una cumbre: la dignidad incomparable de nuestra Madré." a) Maria produce a Cristo La obra maestra de Dios Creador no es este mundo visi­ ble, cuyas armonias escucha desde el fondo de su eternidad; II la obra maestra de Dios no es el mundo espiritual, ni es el hombre, compendio maravilloso del mundo de los cuerpos y dei mundo de los espiritus; el hombre, que Dios encontre» tan bello, que después de haberle creado Él nismo, se admiré y se aplaudiô, pues era un reflejo de su propia belleza; la obra maes­ tra de Dios no es ni aun esta misma criatura. cuya grandeza cantamos en este momento, la Virgen Inmaculada... La obra maestra de Dios, voy a decirlo..., es Aquel cuyo nombre inclina nuestras cabezas en el respeto y el amor, es Nuestro Senor Jesucristo... Maria es admitida al honor de producir con Dios esta gran obra maestra. En efecto, separad la acciôn dte Dios generador eterno dei Verbo, y Jesucristo es un hombre; no es y a Dios. Separad la acciôn de Maria en la encarnaciôn dei Verbo: Je­ sucristo es Dios, pero no es ya hombre. De un lado como del otro, no es Él, no es Hombre-Dios. La divinidad derramada ■}i^z SIX. 5. AUTORES VARIOS. P. FELIX 253 en Jesucristo desde el seno de Dios, y la humanidad derramada en jesucristo desde el seno dte Maria... b) Maria manda en Cristo Lo que eleva mâs al hombre a sus ojos y a los ojos de los otros es el derecho de mandar. El mandato, en efecto, es tel acto de la superioridad, y la obediencia, la confesiôn y el acatamiento espontâneo de una supterioridad reconocida... El que nos obedece, nos eleva con su propia grandeza, puesto que, sometiéndose a nosotros, confiesa que nor.otros estamos, a lo menos bajo cierta rtelaciôn, mâs altos que él. Se puede, pues, considerat como un principio incontestable que la dignidad del que manda estâ en proporciôn de la grandeza del que obedece; y, desde lutego, vosotros podéis entender algo de la dignidad que da a Maria el honor de mandar a Jesucristo... Pero diréis: iCômo la criatura mandi al Creador; como Maria manda a Jesucristo? Nunca se debe retroceder ante las consecuencias nectesarias de los principios ciertos. Maria ante Jesucristo aparece como una madré ante su hijo. Con Dios, en rigor, Ella es autora de Jesucristo. Pero notad la filosofia de la palabra: cualquiera que es autor de una cosa tiente autoridad sobre lo que ha producido... De dos lados, decia San Bernardo, estâ el milagro, y vos­ otros no sabéis cuâl debéis admirar mâs aqui: o el milagro de humildad en el Hijo o tel milagro de la grandeza en la Madré... c) Maria glorificada por Cristo ... Todos los seres de la creaciôn son llamados a glorificar a Dios segûn la medida de su perfecciôn... Jesucristo es la obra maestra de Dios... Un solo movimiento de su corazôn, una sola palabra dte sus labios, tienen mâs poder para glorificar al Creador que el movimiento de todos los mundos y todos los conciertos de los cielos. Ahora bien, esta glorificaciôn la ré­ clama Dios como autor de esta humanidad que glorifica al Creador; y esta glorificaciôn la réclama también Maria como autora de esta humanidad, dte donde sube la gloria al Altisimo; porque Maria ha contribuido a format en Jesucristo el poder de glorificar a su Padre. Y, ciertamente, cuando esta augusta Madré se pone cara a cara con su Hijo, puede decirlte sin exa­ gération alguna: jOh Hijo mio! Tu eres la imagen de la sustancia divina, tû eres el esplendor del Padre y tû eites mi gloria también, porque el csplendor desciende de ti sobre el sem­ blante de tu Madré. Asi la Virgen es glorificada por Jesucristo. jQué digo! Las très personas de la Trinidad hacen recaer en Ella toda esta gloria que sube a Dios del gran misterio de la Encarnacion. |K f· K ; 5 f J4 - 14 U Γ ’Jf 429 f| MaTERKIdAD DE NÜÈSÏRA SENORA. 11 ÛCTUÜRE 254 —Hija mia, le dice el Padre Eterno, por Vos veo yo al Verbo arrodillado ante mi. Yo he visto a mi igual transformado en mi sùbdito. —Gloria a Vos, joh Madré mia!, le dice el Hijo. Hijo etemo del Padre, yo lo recibia todo de Él, yo no le daba nada, yo no podia darie nada. Por Vos le doy la gloria que no puede recibir de los mundos que pasan ante Él. —Gloria a Vos, ioh Esposa mia!, dice el Espiritu Santo; estéril en las profundidades de Dios, porque yo soy el término de la suprema fecundidad divina; por Vos y en Vos yo he encontrado la fecundidad que glorifica a Dios. jGloria a Vos!... 430 Grandesa de las funciones de Maria B) Toda dignidad réclama una funciôn que le corresponde; porque una dignidad sin funciones es una dignidad sin fin. 431 a) Asociada para la salvaciôn del mundo Siendo la Santisima Virgen elevada a la mâs alta dignidad, debia al mismo tiempo ser elevada a la mâs alta funciôn. Y asi es, en efecto. Asociada a Dios en la producciôn de su mâs grande obra, en la producciôn de Jesucristo, es asociada a Je­ sucristo mismo para'la salvaciôn dei mundo... Asociada por todas partes en la prcfecia del misterio, Maria es asociada en el cumplimiento. El cumplimiento del misterio, hermanos mios, es la Encarnacion y Redenciôn... 432 b) Asociada hasta el fin Pero, asociada al principio, debe estarlo hasta el fin. Esta carnt de Jesucristo, que sera la salvaciôn del mundo, debe serio por el sufrimiento; es preciso que esta carne sea triturada, inmolada, ensangrentada. Mirad al Calvario, hermanos mios; he ahi al Salvador. Era indispensable que fuera hecho asi para legitimar su nombre. He ahi el padre del siglo futuro; pero la madré, îdônde esta? He ahi el Reparador; pero la Reparadora, idônde esta? Mirad al pie del Calvario. ^Veis esa mujer que esta alii triste, afligida, desolada, como el ideal mismo del do­ lor? Es la madre del siglo futuro; alii esta... 433 c) Asociada en nuestra vida espiritual < Pero lo mismo que el papel de Jesucristo, el papel de Ma­ ria no acaba en el Calvario... Desde el misterio del Calvario, Maria continûa todavia asociada a su divino Hijo. Yo la veo, en efecto, por todas partes: en nuestros iacramentos, en nues- SEC. 5. AUTORES VARIOS. P. FÉLIX 255 tro apostolado y en nuestras fiestas, triple medio de perpetua generation. Maria esta en nuestros sacramentos. Cuando nosotros damos el bautismo, decimos: "En el nombre del Padre (Maria essu Hija), en el nombre del Hijo (Maiia es su Madré), en el nombre del Espiritu Santo (Maria es su Esposa)... Y vosotros mismos, cuando os aproximâis a la mesa de los ângeles y cuando vais a tocar esta carne de Jesucristo, no lo olvidéis, vosotros tocâis también la carne de Maria: porque esta dicho; Caro Christi, caro Mariae; "la carne de Cristo es la came de Maria". Y nosotros, ministros del altar, cuando tenemos a la victima en nuestras manos, jah!, nosotros perpétuâmes este gran misterio del Calvario, en el que Maiia, como su Hijo, fué a la vez victima y sacrificador. Maria estâ en nuestro apostolado como los apôstoles; Ma­ ria triunfa de las herejias como los apôstoles; Maria arroja el error como los apôstoles; Maria mata el pecado en las aimas y salva a los pecadores. jCuântas legiones apostôlicas hay adomadas con el nombre de Jesucristo!... La Iglesia catôlica tiene un sentimiento tan intimo de la asociaciôn de Maria al misterio de la Redenciôn, que por to­ das partes también la asocia a los misterios de su Hijo, estableciendo fiestas paralelas. Hay un dia en que honramos la divina conception de Jésûs y hay también un dia en que hon­ ramos la milagrosa conception de Maria... II. Maria, Madré de los hombres A) Exordio El pecador encuentra en la bondad y paternidad de Dios una suprema razôn para confiât siempre y esperar de Él el perdôn de sus pecados... Es el rostro de un Padre que nos permite decir cada dia lo que, en efecto, diariamente repetimos: “Padre nuestro, que estas en los cielos... Perdônanos nuestras deudas"... La paternidad requiere la maternidad. Donde hay un pa­ dre, hay una madré. Y Dios, al admitirnos en su familia, ha querido darnos una Madré en el cielo; de suerte que después de haber dicho "Padre nuestro, que estâs en los cielos”, podamos y debamos exclamar también: "Madré nuestra, que estâs en los cielos”... 434 256 435 B) Madre porque ha sido destinada a ello La Santisima Virgen es verdaderamente Madre de los hom­ bres, porque, como madre de la vida, habia entrado en el plan divino de la Redenciôn... Habia dado Dios, en el principio, al hombre y a la mujer, llamados a ser los propagadores de la raza humana, una doble vida: una vida divina y una vida humana, o, si querêis, una vida natural y una vida sobrenatural. Una vida natural y hu­ mana que les ponia en contacto con las cosas creadas; una vida sobrenatural y divina que les ponia en relaciôn directa e inmfediata con el mismo Dios... Entrô el pecado en el hombre y arrojô de él la vida divina; y la vida divina se volviô a los cielos, de donde habia bajado, se volviô a Dios; qu'edândole solo al hombre la vida humana, los elementos de la vida natural. De suerte que. en vcz de propagar a la vez la vida divina y la vida humana, nuestros primeros padres no pudieron propagar otra vida que la ùnica que les habia quedado, a saber: la vida puramente humana, la vida puramente natural. He aqui la revolution obrada por el pecado. Entonces fué cuando Dios tuvo la idea de restaurar todas las cosas... Adân y Eva, en lugar de ser propagadores de la vida divi­ na, se han convertido en propagadores d’e la muerte, pues yo voy a cambiarlo todo; voy a crear un nuevo Adân, una nueva Eva, un hombre Dios y una virgen purisima. Ved aqui el gran designio de Dios: Un prevaricador ha interrumpido la propa­ gation de la vida; un Hombre-Dios va a restaurarlo todo. Eva, que significa madre de los vivos, se ha convertido en la madre de los muertos; una nueva Eva sera Eva verdadera; sera la correction de la primera, como dice Tertuliano; serâ la madre de los verdaderos vivientts. Fué, por tanto, decretado en los designios de Dios que la Santisima Virgen entrase en el plan de la Redenciôn como la Madre de la vida, y nuestro divino Salvador como el Padre dei siglo futuro... N »··. · -·; •Jr ' * MATERNIDAD DE NUESTRA SENORA. 11 OCTUBRE ·X 436 C) La ejecuciôn de este destino La Virgen es verdaderamcnte la Madre de los hombres, porque ha cooperado de un modo positivo a la vida que nos da el ser que ten'emos; es decir, que nos hace hijos de Dios. Maria ha puesto en la formation de nuestra vida una triple cooperaciôn: la cooperaciôn de su amor, la cooperaciôn de su sangre, la cooperaciôn de su dolor. SEC. 5. AUÏOKF.S VARIOS 257 Ill a) Cooperaciôn del amor Del mismo modo que fel Padre del siglo futuro, nuestro di­ vino Salvador, habia de Hegar a serlo en virtud de aquel acto supremo, por el cual se entregaba todo entero a los hombres, era necesario también que la Madre se entregase sin reserva por un acto de amor... El ângel descendiô del cielo; vino a revelar a Maria los designios de Dios, y le revelô su porvenir: puso ante su vista, de un lado, su dignidad; sus doloifcs, de otro, o mejor, una y otros juntamente, ya que sus dolores iban a ser consecuencia de su dignidad misma. Debia hacerse como el reflejo personal de todos los dolores que aguardaban al divino Salvador... La Santisima Virgtn pronunciô aquella palabra verdaderamente creadora, aquella palabra que la constituia en Madre de los hombres: Fiat mihi secundum verbum tuum (Le. 1,38). Los Santos Padres han ensalzado esta palabra de la Santi­ sima Virgen, aquel fiat que era realmente la creaciôn de un nuevo mundo. San Bernardo no vacila en decir que desde el momento en que la Santisima Virgen diô su consentimtento definitivo, desde enfonces nos llevô en su seno, como lleva una madre a sus hijos. Y, en efecto, ibamos a ser sus hijos. He aqui la cooperaciôn de su amor. b) Cooperaciôn de su sangre El autor de la vida sobrenatural que nos hace cristianos e hijos de Dios, es el Verbo; pero es, notadlo bien, el Verba encamado... Tornando carne, pudo asimilarse, identificarse con nosotros mismos, hacerse verdaderamente nuestra vida; de modo que el apôstol San Pablo llegara a decir con verdad: “ j Cristo es nuestra vida!” Pero esta carne, en la cual el Verbo recibia la vida, se formé en el seno de la Santisima Virgen. Si, la san­ gre de la Virgen ha contribuido a la formaciôn de aquel cuerX) divino, tanto que, cuando recibiô en sus brazos al Nino esùs a su venida al mundo, pudo en verdad decir: ‘‘Sois hueso de mis huesos, carne de mi carne y sangre de mi sangre”... c) Cooperaciôn del dolor Cuando Dios hubo criado al hombre y contemplado su obra, se aplaudiô a si mismo y pronunciô, dice la Escritura, aquellas palabras: "No estâ bien que el hombre permanezea solo; hagâmosle una ayuda a imagen suya”. Y Dios crié a nuestra madre. Mas, ïde dônde la tomô? De nuestro mismo padre; el cuerpo de nuestra madre saliô del cuerpo de nuestro padre; Le palabra de C. 10 9 258 ΜΑΤΕΚΝΙΠΑΚ de NUKSÏHA SEN'OHA. Il rCTUURfi porque Dios queria Vstablecer la unidad. Algo anâlogo ha hecho Dios en la restauracion de la vida: por el dolor habîa de engendrarnos el Padre de la vida para el mundo sobrenatural; y sobre la cruz. en el Calvario, cuando el sufrimiento hubo invadido su ctferpo y anegado su aima, entonces, en tan dolo­ roso estado, fué cuando Jesucristo llegô a ser Padre de la vida. Pero al ver a su Hijo clavado en la cruz, exclamo Dios: He ahi el Angel del dolor, el Padre de la vida; démosle una criatura semtjante a Él”; e hizo una Madré. Ya ha aparecido el Padre; la Madré le sera semejante, serâ formada a imagen suya; y puesto que el Padre es el dolor personificado, la Ma­ dré ha de ser el reflejo de los mismos dolores... Y, en efecto. la Virgen Maria se ha acercado a la cruz; ha mirado a su Hijo divino, y con solo esta mirada ha quedado convertida en la imagen del Salvador, pudiendo decir: “jVedme, aqui estoy; scy la Madré cte los dolores! Mirad, Él es el Angel del dolor, el Padre de la raza futura; yo soy la Madré de los dolores, Madré también de la futura raza"... D) El ejercicio de la maternidad Las principales funciones de la bondad y del amor mater­ na! son: la nutriciôn, la preservaciôn, la consolaciôn y la reconciliaciôn. 440 a) Alimentar a LOS HIJOS El primer deber de una madré es el de alimentar a su hijo. Nacido el nino, es preciso que la madré continûe formândole con su propia sustancia... La madré, cuando ya no puede criar a su hijo con su pro­ pia sustancia, tiene aùn el deber de mantenerle. Porque en la familia, tal como Dios la ha constituido, corresponde al padre allegar los bienes necesarios para la subsistencia; a la madré, partir y distribuir el pan a sus hijos. Lo mismo es respecto de la Santisima Virgen y de nuestro divino Salvador. Éste, como Padre de la vida, nos ha alcanzado los tesoros del cielo con sus divinos sufrimfentos; pero ha dicho a su Madré: “Madré mia, Vos sois quien ha de dis­ tribuir estos tesoros entre los hijos”. La Santisima Virgen tie­ ne, por tanto, verdaderamente esta funciôn. Y iqué deduction prâctica se infiere de esto? La de que debemos conducimos para con la Virgen Santisima como hijos verdaderos. Ved, cuando un nino tiene hambre, cuando tiene sed, £qué hace sino decir a su madré: Tengo hambre, tengo sed? * AUTOKES VARÎOS. P. Ffcijx b) 259 Preservaciôn La madré no debe solamente mantener la vida de su hijo, sino también preservarla. Una de las mâs tiernas imâgenes de la maternidad es la ga­ llina, que reûne a sus hijuelos bajo sus alas... Dios ha dado alas a toda la maternidad; y mucho mâs poderosas las ha dado a la Virgen Santisima para protéger bajo ellas a la gran familia humana. Pero podiais decir: ^Para qué esta segunda protection? ^Por ventura no es Dios el protector supremo? Si sois madrés las que hacéis esta objeciôn, decidme: al ver que vuestro hijo, al borde de un precipicio, va a caer y a he­ rirse. ^os contentariais con decir: Dios le tienda su mano y le detenga en la pendiente del abismo? jOh!, no; porque sabéis que sois la protectora que Dios ha puesto al lado de ese nino. Pues para lo mismo ha enviado Dios a la Santisima Virgen a la tierra: para que extienda sus alas sobre nosotros y aparté los peligros de nuestro lado. El instinto catôlico de esta protecciôn es el que inspirô a San Bernardo estas hermosas palabras: "jOh!, cuando os sin­ tâis en peligro, cuando os veâis angustiados, mirad a Maria, invocadla. Cuando sintâis levantarse la tempestad en el hori­ zonte de vuestra aima y os parezca que el barco que os con­ duce va a estrellarse contra las penas de la tentation, llamad a Maria; Ella es poderosa y a Ella pertenece protegeros...” c) Conso laciôn Toda maternidad deb's ser consoladora; ipor qué? Oid la razôn. No obstante todas las precauciones que toma la mater­ nidad, el nino siempre llega a herirse alguna vez, y cuando viene herido busca un consuelo; pero ^dônde lo busca? Va dere­ cho a su madré... También la Santisima Virgen tiene un soplo maternai que cura todas nuestras llagas. Y asi, cuando sintâis dolores en el alma, no acudâis a los que nada pueden hacer para consolaros; acudid, desde luego, a vuestra Madré... d) Reconciliaciôn Por ultimo, hermanos mios, por encima de todas las funciones anteriores, la Santisima Virgen ejerce la funciôn de la reconciliaciôn. ’Sentis esos dolores de que solo vosotros mismos sois cau­ santes; habéis manchado con el pecado vuestra aima... de modo 443 260 MATERNlDAIi de NUESTRA SEÜURA. U OCTUURE que ya no os atrevéis a mirar al rostro del Senor y huis ante la cruz?... 2^ dônde irêis?... Es el rostro de vuestra Madre. Maria ha recibido de Dios, sobre todo, el ministerio de la reconciliaciôn. iQué se necesita para reconciliar a dos seres enemistados entre si? Es necesario tencr la amistad de uno y otro, y tener el poder de aproxirriarlos muruamente. La Santisima Virgen tiene este doble poder en grado eminente... Y icômo tiene el poder de atraer a si a su Hijo divino?... Tiene corazôn de ma­ dre, y el corazôn de una madre lo puede todo en el corazôn del hijo... Habia en Roma, en la êpoca de la Repûblica, un noble y valiente republican© que, después de haber hecho a su patria servicios eminentes, recibiô en pago la sentencia que le condenaba al destierro. Partiô, pero llevando en su corazôn el ansia de terribles represalias... Volviô, y fué grande el terror que se apoderô de la ciudad... De pronto corriô el rumor de que la côlera de Coriolano acababa de caer sùbitamente desarmada. iQuê habia sucedido? Una mujer habia aparecido en el campamento. Se llamaba Veturia. Era la madre de Coriolano, su­ premo y ùltimo recurso de la patria... Aquella mujer se aproximô; arrojândosfe a los pies de su hijo. le dijo lo que solo las madrés pueden sacar del corazôn para vencer la resistencia del hijo, y viô que Coriolano tendia su mano para levantarla, dicièndola: "jMadre mia, habéis vencido a Coriolano; Roma ha sido salvada, pero vuestro hijo esta perdido!" Asi era, fen efecto, porque al salvar a Roma, se entregaba él mismo a la venganza de sus soldados... Y ahora, si la Virgen Santisima se vuelve a vosotros, pecadores, îpermanecferéis insensibles a sus ruegos? iSerâ menos poderosa sobre vosotros que sobre el mismo Dios?... TEXTOS P ΟΧ TI Fi Cl OS SECTION 17. SOBRE EL CONCILIO DE EFESO Con motivo del XV Centenario del concilio de Efeso, Pio XI publico el 25 de diciembre de 1931 la enciclica Lux veritatis. La Erimera parte de este ilustre documento recuerda la brillante asamlea; la segunda explica el dogma de la unidad de persona en Cristo, y la tercera, de la que insertamos aqui los pârrafos mâs importantes, esta dedicada a la Maternidad divina de Maria (cf. BAC, Doctrina Pontificia, t.4, Documentas marianos [ed. preparada por el P. Hilario Marîn, S. I., Madrid 1954] p.478 ss). A) El dogma “Del dogma de la doctrina catélica que hemos estudiado, necesariamente se signe aquel otro de la divina maternidad que acerq de la Santisima Virgen Maria proclamamos, y que consiste, como dice San Cirilo, “no en que la naturaleza del Verbo y su divinidad hayan recibido el principio de su nacimiento de la Virgen, sino en que de esta naciese aquel sagrado cuerpo, dotado de aima racional, al cual se uniô hipostâticamente el Verbo de Dios, y por eso se dice que naciô segun la carne” (cf. Mansi, IV, 891). Y, en verdad, si el Hijo de Maria es Dios, evidentemente Ella, que le engendré, debe llamarse con toda justicia Madre de Dios. Si la persona de Jesucristo es una sola y divina, es indudable que a Maria debemos llamarla todos no solamente Madre de Cristo nombre, sino Deipara o Theotocos, esto es, Madre de Dios. AqueIla, pues, a quien Santa Isabel, su prima, saludo como Madre de mi Senor (Le. 1,43) ; aquella de quien San Ignacio, mârtir, dijo que pariô a Dios (Eph. 7,18-20), y de la cual confesô Tertuliano que habia nacido Dios (De earn. Chr. 17: PL 2,781), esta misma es a la que todos debemos venerar como Madre de Dios, a quien el Eter­ no confiriô la plenitud de su gracia y llevô a tanta dignidad. Esta verdad, transmitida hasta nosotros desde los primeros tiempos de la Iglesia, nadie puede rechazarla fundândose en que, si Maria engendré el cuerpo de Jesucristo, no engendré al Verbo del Padre; porque, como ya San Cirilo advirtié clara y acertadamente en su tiempo, “asi como todas las madrés, en cuyo seno se engen­ dra nuestro cuerpo, pero no el aima racional, se llaman y son verdaderamente madrés, asi también Maria, por la unidad de persona de su Hijo, es verdaderamente Madre de Dios" (cf. Mansi, IV, 599). (Cf. o.c., ibid., n,632 p.487). 444 MATERNIDAD de NUESTRA SENURA. 11 OCTUDRE 446 B) Grandesa consiguiente de Maria Con razôn, pues, el concilio de Efeso volviô a reprobar solemnemente el impio error de Nestorio, que el Romano Pontifice, movido por el Espiritu Santo, habia ya condenado un aûo antes. Y tanta era la devociôn del pueblo de Efeso a la Madre de Dios, tan encendidamente la amaba. que cuando supo el fallo pronunciado por los Padres del Concilio, los aclamô con explosiones de ale­ gria y en ingente muchedumbre los acompanô, con antorchas encendidas, hasta sus casas. Y. sin duda, la excelsa Madre de Dios, sonriendo amorosamente desde el cielo ante este maravilloso espectâculo, recompense con su maternai afecto y poderosisimo auxilio a los hijos de Efeso y a todos los fioles del orbe catôlico, perturbado por las insidias de la herejia nestoriana. De este dogma de la divina maternidad, como de surtidor de oculto manantial, proceden la gracia singularisima de Maria y su dignidad suprema después de Dios. Mâs aùn, como admirablemente escribe Santo Tomâs de Aquino, la “bienaventurada Virgen Maria, en cuanto es Madre de Dios, posee cicrta dignidad infinita, por ser Dies un bien infinito" (cf. Sum, Theol. 1 q.25 a.6). Lo cual ex­ plica y desarrolla mâs extensamente Cornelio a Lâpide con estas palabras: "La Santisima X'irgen es Madre de Dios: Luego posee una excelencia superior a la de todos los ângeles, aun de los serafines y querubines. Es Madre de Dios, luego es purisima y santisi­ ma, y tanto que después de Dios no puede imaginarse mayor pureza y santidad. Es Madre de Dios: Luego cualquier privilegio concedido a cualquier santo en el orden de la gracia santificante, lo po­ see Ella mejor que nadie" (cf. In Mt. 1,6). êPor qué, pues, los novadores y no pocos catôlicos ccnsuran tan acérrimamente nuestra devociôn a la Virgcn Madre de Dios, como si le tributâsemos un culto que solo a Dios es debido? ia de Cristo, tinica persona cuyos méritos eran infi­ nitos, ûnico sacerdote del sacrificio de la cruz. b) La segunda mediaciôn es de impetraciôn. Conseguir la gracia pidiéndola. a) B. En cuanto al primer titulo, a Maria se le sufele 11amar Corredentora, y en numerosos lugares hemos explicado el sentido. a) Maria ayudô en cuanto le fué posible a la Redenciôn. A esta ayuda le corresponde hoy una funciôn: la de canal por donde llegan todas las gracias. Cristo es el distribuidor supremo, pero las gracias pasan por mono de Maria en una amabilisima administraciôn. b) En la segunda. clasc de mediaciôn Maria tiene un papel importantisimo: 1. Dios se vale de las causas segundas. Podia dar las gracias sin mediaciôn humana alguna. Sin embar­ go, ha querido valerse de los saatos, de los justos y de su intercesiôn... A los amigos de Job los remitiô a este, para que intercediera p.r cllos (lob 42,B). Con esto honra a sus santos, y a nosotros nos ejercita en la virtud de la caridad, la humil­ dad, etc. Incluso nos favorece dândonos mediadores mâs cercanos a nosotros, y a quienes nos dirijimos mâs confiados como a hombres que han vivido nuestras necesidadcs. 2. La mediaciôn de Maria es inmensamente superior a la de los santos, porque en primer lugar es: l.° Universal. Esto es, no estâ restringida, ni aùn siquiera a los que le piden, pues Ella es Madré de to­ dos. Mâs de un Papa, entre los recientes, ha hecho notar la gran valia de la oraciôn hecha a Maria por el pecador que no piensa en convertirse, sin que ello deba serv’r para empecatar a nadie. ·. 272 MATERNIBAP DH NUESTRA SEMPRA, 11 OCTUÜUK · 2. Eficaz sobre la de cualquier santo. Maria no es solo el canal por donde vicnen las gracias, sino que es la que ayudô a Cristo a merecerlas y la Madré del que las mereciô y distribuye. Por eso, se la llama la omnipotencia suplicante (cf. Guiones, t.2, Domin. de las bodas de Canâ). Maria se présenta no pidiendo, sino man­ dando, no co «II· sierva, sino como Seüora. IV. Uno de los misterios de la gracia es su eficacia y su suavidad. A. La gracia consigue lo que quiere y sin violentar nuestra libertad, sino conociendo los secretos sua­ ves de nuestro corazôn, y moviéndolo conforme a su necesidad y modo de str. B. La gracia que para nosotros pide Maria es la eficaz. Maria nos salva. C. Y de la dulzura, iquién, después de Dios, puede conocer mejor los secretos del corazôn de un hijo que su madré? 459 V. Por eso recurrimos a Ella. A. Los justos, para que nos conserve. B. Los pecadores, para que nos salve. C. Y le rezamos la oraciôn de la confianza: "Acordaos, joh piadosisima Virgen Marial, que jamâs se ha oido decir que ninguno de los que han acudido..." 3 Maria, madré de la je 460 I. La fe se deriva principalmente de la maternidad divina. A. En la predicaciôn, libros ascéticos, etc., es frecuentisimo afirmar que el medio mâs râpido de llegar a la fe, de confirmarla y defenderla, es la devociôn a la Santisima Virgen. B. Nosotros vemos mâs. Vemos que esta union entre la fe y Maria se deriva principalmente de la mater­ nidad divina. 461 II. No debe extraüar. A. Las madrés desean que sus hijos sean conocidos y alabados por todos. c ?.··■·< SEC. 8. GUIONES HOMlI.ii'f'iCOS 273 Maria tiene todos los sentimientos rectos de una ma­ dré. b) Ahora bien, a su Hijo se le conoce por medio de la fe. a) I B. Si la maternidad divina deriva naturalmente en la maternidad de todos los hombres, y este nuevo na­ cer nuestro comienza por la fe, que es la primera simiente de la vida sobrenatural, es lôgico que la maternidad divina de Maria tienda por este nuevo titulo a comunicarnos la fe. C. Los mismos motivos la mueven a defendernos en caso de peligro. ht III. La [e de las naciones y la devociôn a Maria. A. Es también corriente subrayar como las naciones que han conservado su fe, libre de herejias, son aquellas que han conservado la devociôn a Maria. B. Los orientales no son una excepciôn. Cierto que rompieron la unidad de obediencia al Papa, pero también lo es que, junto a la devociôn mariana, han conservado los demâs dogmas, sacramentos, vida monâstica, etc. Esperemos de ellos. 462 IV. Un pârrafo de San Juan Damasceno. Finalmente, podemos glosai un pârrafo de San Juan Da­ masceno: "Para désignai a Maria empleamos con todo derecho el nombre de Madré de Dios, porque basta con este solo titulo para sentar en toda su integridad el mis­ terio dei Verbo hecho carne” (cf. De fide orthod. 1.3 c.12: PG 94,1029). En efecto, la maternidad divina, una vez admitida, demuestra todos los dogmas cristolôgicos de nuestra fe. Las herejias cristolôgicas se dividen en très grupos: A. El primer grupo negô la humanidad de Cristo, al que solo querian Dios, o por lo menos no lo querian hombre. 463 Los Santos Padres lucharon denodadaniente contra Marciôn y los agnôsticos, que predicaban de Cristo un cuerpo fantastico. De entre todos sus argumentas sobresale uno. Maria no pudo ser madré, sin tener un hijo, y no hubiera tenido un hijo, caso de ser este un puro fantasma. b) El mismo argumento d erro ta a Valentin, para quien el cuerpo de Cristo estaba formado por una sustancia celeste que no tuvo que recibir nada de ninguna mu­ jer. a) B. El segundo error fué mâs grave. Arrio negô la divinidad de Cristo. El Verbo no era consustancial al Padre. ;De donde, pues, el titulo que la Iglesia vie- B MATERNIdAD DE nuestra RENOUA. 11 ÛCTÜIIKK ne dando a Maria desde el principio de Madré de Dios? El tercer error fué el de Nestorio. a) En Cristo existian dos personas completamente scparadas la una de la otra; unidas solo moralmente como se .'jnen dos amigos, o el subdito y el jcfe. La una persona era Dios y la otra, hombre. h) Si esto fliera asi, Maria solo hetbiera sido Madré del hombre. Con razôn el pueblo y concilio de Efeso condenaron a Nestorio, repiiiendo ]a invocacion de “Ma­ dré de Dios”. Las herejias posteriores, monofisitismo, monotelismo, etcètera, no son dignas de menciôn. Todas ellas niegan que Jesûs fuera un hombre integro, y, por lo tanto, todas quedan rechazadas con los argumentos expuestos. Madré de la esperansa santa 464 T· ’· m, > .μ uirtud de la esperanza tiene un doble objeto. Primero, esperamos, como posibles, los bienes del orden sobrenatural y de la gloria. Segundo, sabiendo que estos bienes son inasequibles al hombre, confiâmes en que Dios sera fiel a sus promesas y nos asegurarâ la gracia y medios para conseguirlos. Consiguientemente a todo esto, también esperamos que Dios nos defienda en los peligros, nos perdone los pecados, etc. 465 II. A la Santisima Virgen se le da con frecuencia cl tïtulo de madré de la esperanza santa. Queremos cantar sus alabanzas desde este punto de vis­ ta y hacer ver como, aun prescindiendo de su asociaciôn con Cristo en la obra redentora, nos basta con el tïtulo de Madré de Dios para cimentar en Ella toda nuestra esperanza. 466 III. Comencemos por el objeto primario de nuestra esperanza. A. La adoption de hijos de Dios. a) j Pretender yo, criatura esclava, ser hijo adoptivo del Creador Infinito? ρΝο es absurdo y ridiculo que yo quiera llamar a Dios: “Padre”, v que El me conteste: “Hijo mio”? SEC. 8. GL1ONES HOMII.ÉI ICOS 275 Peru si veo a Maria con su Hijo en brazos me convenzo de que mi esperanza no es quimérica. “jNo es algo que deba llenarnos de estupor ver a Dios inefable e incomprensible, igual al Padre, nacer de una Virgen y tener por abuelos a Abrahan y David?... Pero eleva tus pensaniientos, no imagines nada bajo, admirate cuando sepas que se ha hecho hijo de Da­ vid para que tu seas hijo de Dios.., El rebajamiento de Dios te enseüa lo que has subido tû" (cf. San Juan Crisôstomo, In Mt., hom. 2,2: PG 72,28). B. La herencia de los hijos de Dios. a) El cielo. Ver a Dios cara a cara. Los ângeles no son capa­ ces. I/Os hombres si vieran a Dios moririan. 2. êDe dônde me viene la esperanza de tal felicidad? “De que Dios se haya hecho hombre, el hombre pudo concebir la esperanza de que le fuera prometida una felicidad propia de Dios. En modo alguno hubiera podido esperar la flaqueza humana conseguir una bienaventuranza de que los ângeles son incapaces, si por otra parte no comprobara que la dignidad de su naturaleza habia sido tenida por Dios en tal estima, que habia decidido hacerse hombre para salvarle. La union de la naturaleza divina a la suya en la unidad de per­ sona, es una prenda de aquella otra union que se consumarâ en la vision intuitiva y en la felicidad eterna" (cf. Santo Tomâs, Declarat, quorumdam, art. adv. graec., c.5). b) El cielo lleva aparejada la resurrection dç nuestras cuerpoS' El ver el cuerpo glorioso de Cristo, cuerpo formado de una mujer como mi madre, “cuerpo que pertenece a mi familia, el ver que reina una parte de mi sustancia, me da la conciencia de reinar con Él” (cf. San Mâximo de Turin, Serm. 29 in Pasch. 1 : PL 57,593). La esperanza supone certeza de que se me han de con­ céder los medios necesarios y suficientes para conseguir la gloria, esto es, la gracia. A. San Pablo nos présenta el deseo del Padre de somfeter a Cristo a todas las miserias humanas para que asi se hiciera Pontifice misericordioso (Hebr. • 2,17). B· Si hay algo que puede hacerle sentir mejor nuestra miseria y sentir misericordia por nosotros, es la identidad de origen y la comunidad de nuestro ser que le otorga el nacimitnto de Maria, 276 MATERNIDAD DE NUESTRA SENORA. 11 OCTOBRE Tomô lo nuestro, porque habiamos rechazado lo suyo... îQué hizo el Maestro misericordioso? Correr tras el fugitivo, ya que este no podia correr a Él. Ya se acerca. Pero no viene revestido de majestad; no obliga a los ângeles a que le precedan como guardia..., porque nos espantaria. ^Qué hace, pues? Revestirse en las entraüas de una virgen de una apariencia humilde y comûn, para con esta apariencia convertirse en familiar y amigo nuestro” (cf. Teodoto de Anoyr, Horn. 2 in Nativ. 2 y 3: PG 77, 1372). 469 V. Pero somos pecadores. A. Bueno que Dios se haya compadecido de la huma­ nidad, manchada por un pecado que cometiô su pri­ mer padre. Pero [se compadecerâ de mi, que le he ofendido personal y voluntariamente? He aqui otro obstâculo que tiene que vencer la esperanza. La maternidad de Maria lo supera. a) Un ertrano puede no sentir mis flaquezas y no cam­ pad eccrse de ellas. Pero un miembro de mi familia... b) “Mis pecados no pueden arrebatarme la esperanza, Porque mi Salvador me debe un cariiïo singular. Confieso que es Dios, pero por sus venas corre mi sangre. No puede ser tan inhumano que no ame su car­ ne, ruj miembros y sus entraüas... El privilegio de la sangre clama por nosotros y nuestra propia carne nos ama en Cristo" (cf. San MAxim o pe Turîn, ibid,). ·"*· Maria, Madré del Amor Hermoso 470 I. Los poetas han cantado siempre el amor. Pero hay que distinguit amores. El mâs hermoso de todos es el de amistad. En él no se busca mâs que el bien de la persona amada. Ademâs, debe ser mutuo. Αύη hay otro superior. Es el de la amistad sobrenaturalizada por la gracia. Y dentro Je este el âpice lo ocupa el amor de amis­ tad sobrenatural, cuyo objeto es el mâs alto y her­ moso: Dios. Es el amor de caridad. mejor estimulante de este amor, el mâs hermoso de todos, es la imaternidad divina de Maria y sus efectos. SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 277 A. El mejor medio de encender el amor es amar primero. "No puede imaginarse mejor prueba del amor de Dios hacia nosotros que el ver al Creador de todas las cosas convertirse en criatura, y al Sefior y Maes­ tro en hermano” (cf. Santo Tomâs, Exposit. symbol. Apost. c.5). B. El mejor modo de atraer es mostrar la gloria y bon­ ded de un igual amigo. "Es lo que nos puede inflamar en deseos de unirnos a Cristo. Suponed a un hombre cuyo hermano fuera el mejor y mâs glorioso de los reyes, pero que viviera lejos de él. ^No desaria apasionadamente acercarse y vivir con un tal hermano?... Por eso ansiaba el Apôstol que su cuerpo se disolviera para estar con Cristo. Exigencias del amor que nada desarrolla como la Encarnacion” (cf. Santo Tomâs, ibid.). En ambos motivos de amor coopéra directamente Maria. Concedamos la palabra a Santo Tomâs: "Queriendo Dios provocar nuestro amor, empfëô como medio mâs eficaz a su Verbo, que habiéndolo creado todo se desposô con nuestra naturaleza para repararla..." Nada mâs évidente que esta eficacia. "La demostraciôn palpable de su amor al hombre fué la alianza de parentesco que contrajo con él, y nada invita tanto al amor como la conciencia de sentirse amado” (cf. Santo Tomâs, Declar. quorumd. art. c. graec., c.5). Aùn aüade Santo Tomâs otra razôn: "El corazôn y entendimiento humanos se inclinan a lo corporal, siéndoles dificil elevarse por encima de si mismos... Por eso, para abrir un camino asequible a todos. Dios quiso hacerse hombre, de suerte que hasta los nifios puedan conocerle y amarle como a uno de los suyos” (cf. ibid.). III. Dos pârrafos de San Agustin. Son largos, pero no podemos rcsistir la tentaciôn de copiarlos. "4N0 vernos como hasta los que se consumen en amores culpables se esfuerzan por todos los medios para convencer de su pasiôn a aqucllos de quienes ansian ser amados?.... Tanto mâs arden cuanto mâs van compro­ bando que los corazones que aman van encendiéndose en el mismo fuego. Si, pues, hasta el corazôn mâs perezoso despierta de su languidez con el contacto de otro amor; si el corazôn que ya ama se enardece a medida que se siente mâs amado, queda fuera de duda que el estimulo te. MATERNlbAD I»E Nl’ESTRA SENORA. 11 0CÏÜBR1· mayor para despertar o aumencar el amor de quien todavia no nos quiere es el saber que somos amados, y para el que ya ama. la esperanza de que va a ser correspondido, o la certeza de que se le corresponde con un amor reciproco. Si esto ocurre hasta en los amores pecaminosos. îqué no ocurrirâ en la amistad? îQué es lo que procura evitar el amlgo con mâs cuidado, como no sea que su amigo sospeche que es menos querido de lo que quisiera él? Ademâs, debemos seüalar que es muy distinta la condiciôn del amor en los inferiores y en los superiores. Es­ tas ùltimos desean ser amados de los sûbditos, y se complacen en los testimonios de su deferencia respetuosa. y tanta mâs aman cuanto mâs se advierten amados. Sin embargo, el que ama con toda el aima es el inferior, cuando comprueba que se le tiene carino. En efecto, el amor es mâs agradable cuando su compania no es la miseria con las manos vacias, sino la abundancia que se derrama en favores, porque el primer amor nace de la necesidad, y el segundo de la misericordia. Suponed, pues, un inferior que no tenga esperanza alguna de sentirse amado por su superior y de repente se encuentra envuelto por el mâs abnegado de los amores; îcuâl no serâ su emociôn? Pues îquiên estâ mâs alto que Dios y quien en situation mâs desesperada que el hombre?... Por eso vino Cristo" (cf. De catech. nid. cA,7: PL 40, 214). IV. Marra allana los obstâculos. A. Son dos: el temor a Dios y nuestra sujeciôn a las cosas sensibles. a) Las religiones anteriores a Cristo nos tnueslran a los hombres levantando sus manos al cielo, pero nunca para llamar a Dios Padre, sino para apartar sus azotes. P.n el 'mismo Antiguo Testamento se ha­ bia de los castigos mâs de lo que estamos acoshunbrados los que viidmos er. el Nuevo. b) PA atractivo de las cosas sensibles citado antes por Santo Tomas es ya conocido. El entendimiento no cntiende sino a troués de los sentidos y de cllos provienen las impresiones mas fuerles. B. Maria, al traernos a Dios como Madre, al sensibilizar todos los misterios de Dios, nos acerca a É1, y, por lo tanto, mediante su conocimiento y mediante la confianza que despierta, nos acerca al amor. No temâis. se dice a los pastores. No temâis, se repite en el Evangelio infinidad de veces. Y apenas pronunciado el no temâis, la invitaciôn a acercarse. SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 279 La oyeron los pastores y los rtyes y corrieron con amor. Fueron las primicias de los hombres. Y iqué hallaron? A Jesûs con Maria. :r; Maria, madre de los hombres I. Division. 473 Dividiremos los motivos que hacen conveniente la maternidad de Maria para la hunianidad en: motivos por parte de Dios y motivos por parte de los hombres. II. Motivos por parte de Dios. A. Por parte del Padre. Dios no tiene mâs que un Hijo natural y ése se lo diô a Maria, en la Encarnacion. Pero tiene ademâs otras hijos de adoption. îNo es justo que complete su obra, hadéndola Madre también de est os y comunicândole la fecundidad de su amor? b) Tanto mâs cuanto que la participation de Maria en la maternidad divina tuvo como fin reintegrarnos a esta filiation adoptiva: Enviô Dios a su Hijo, nacido de mujer... para que recibiésemos la adopciôn (Gai. 4, c) Caso de que no participôramos en la matemidad de Maria se daria el caso de dos hermanos hijos del mis­ mo Padre, y uno de los cuales es cl unico que tiene derecho a apoyarse en el regazo de la madre. Por parte del Verbo. El Verbo sc hizo carne, asuiniô nueslras debilidades j· dolores para conseguir nuestro amor. j Quién no entiende que ha de ser un poderoso medio para alcanzar este fin el que nos céda a su misma Madre? b) Una segunda razon se deriva del cuerpo mistico. Nosotros constituimos las dimensiones totales de Cristo, que va credendo a medida que alimenta el nu­ mero de aimas en gracia (Eph. 4,11-12; Gai. 3,27). Si, pues, la Madre de Cristo no lo fuera nuestra, Cristo no séria el Hijo de Maria. "Honrado el naci­ miento del Salvador, honramos nuestra propia natividad, puesto que la generation de Cristo es el origen del pueblo cristiano y el nacimiento del jefe es el nacimiento de su cuerpo" (cf. San Leôn Magno, Serm. 26 in Nat. Dom. 6 c.2: PL 54,213). a) I MATERNIDAD pe nuestra senora. 11 OCTOBRE 280 c) La dunaciôn de Maria colma los doues de Cristo. Cristo nos lo ha entregado todo. Nos entrega su Padre, que desde enfonces es nuestro. Nos entrega su cuerpo en la cruz y la Eucaris- 3. C. y 474 III. Nos entrega al Espiritu Santo, que es suyo. Nos entrega sus misterios que se reproducen espiritualmente en nosotros desde el nacimiento hasta la resurrecciôn. êQueda algo? Si. Al pronunciar el "consummatum est" podriamos detenerle, y seiialarle a su Madré. Quedaba eso por entregarnos. Por parte del Espiritu Santo a) Al Espiritu Santo se airibuye la generaciôn de Cristo en el seno de Maria. b) El Espiritu Santo también le da a Dios otros hijos, los hijos de la gracia, adoptados a semejanza del Hijo natural. Esta aceptaciôn es como una prolongaciôn de la ge­ neraciôn dei Verbo hecho hombre. Es, pues, muy oportuno que Maria concurra a ella, como concurriô a la primera. d) Si Dios no se arrepiente de sus dones, jqué diria Ma­ ria al ver que quedaba apartada en esta segunda ma­ ternidad? Motivos por parte del hombre. A. La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. a) Ejemplos de ello: Dios pudo divinizarnos sin reba- jarse El. Pero siendo nosolros hombres, quiso El ha­ cerse hombre para que nuestra grandeza surgiera de otro hombre. b) He aqui naturaleza y gracia .unidas. Naturalmente somos sociables y necesitamos de lo sensible para llegar a lo espiritual. Por eso, Dios, uniendo naturaleza y gracia, funda la Iglesia y los sacramentos (cf. San Juan Crisôstomo, In Mt. hom. 84,4 : PG 88,743). Cristo Dios se pone en contacto con todos nuestros afectos naturales y los sobrenaturaliza. Quiere que le llamemos Padre y a Cristo hermano. iCômo, pues, iba a prescindir de nuestro afecto mâs entraûable y negarnos una Madré en el orden sobrenatural? No baslaba la Iglesia como madré, necesitâbamos una mujer real y fisica que desempeiiase el papel. d) Esta Madré habia de ser la de Cristo para que cumpliese en el orden sobrcnatural el oficio de las madrés naturales. Si no lo fsiera de El, ni podria desempeûar la funciôt: de engendrarnos a la vida desempenar SEC. 8. GUIONKS HOMILÉUCOS 281 de la gracia, ni nosotros serîamos hermanos de Cristo. Siéndolo Maria, recibimos la vida sobrenatural, eomo la natural, de un hombre y una mujer. B. |Cômo se facilita nuestro amor al tener la misma Madré que Cristo! Y |con qué confianza se acerca el perdôn! “Para podernos socorrer necesitaba dos cualidades: que su grandeza la acercara a Dios, que: su bondad la aproximara a nosotros. La grandeza es la mano que recoge, su bondad la mano que reparte (cf. Bossuet, Exordio del Serm. 2 sobre la Nativi­ dad de Nuestra Seriora). * SECCION l. TEXTOS SAGRADOS I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus.—Io. 19,25: Stabant iuxta crucem lesu mater eius et soror matris eius Maria Cleophae et Salome et Maria Mag­ dalene. — Ibid. 26-27: Mulier, ecce filius tuus: dixit lesus; ad discipulum autem: Ecce mater tua.—Gloria Patri... Introito.—Estaban junto a la Cruz de Jesûs su Madré y la hermana de ésta Maria de Cleofâs y Salomé y Maria Magdalena.— Mujer, ahi tienes a tu hijo, dijo Jesûs, y al discipulo: He aqui a tu madré.—Gloria al Padre... Oratio.—Deus, in cuius pas­ sione secundum Simeonis pro­ phetiam dulcissimam animam gloriosae Virginis et Matris Mariae doloris gladius pertransivit: concede propitius ut qui transfixionem eius et passionem venerando recolimus, gloriosis meritis et precibus omnium Sanctorum cruci fideliter as­ tantium intercedentibus, passio­ nis tuae effectum felices con­ sequamur: Qui vivis... Oracion.—jOh Dios! en cuya pasiôn fué traspasada de dolor el alma dulcisima de la gloriosa Virgen y Madré Maria, segûn las profecias de Simeon: concede propicio que después de venerar su transfixion y sus dolores, por los gloriosos méritos, sûplicas e intercesiôn de todos los santos fieles en acompafiarle junto a la cruz, consigamos el efecto feliz de tu Pasiôn. Que vives y rei­ nas... r < *S 1 Graduai.—Dolorosa y llorosa, Graduate.—Dolorosa et lacri­ mabilis es, Virgo Maria, stans joh Virgen Marial, estas al pie iuxta crucem Domini lesu Fi­ de la cruz del Seôor Jesûs, tu lii tui Redemptoris.—Virgo Dei Hijo Redentor.—iOh Virgen Ma­ Genitrix, quem totus non capit dré de Dios! Aquel a quien el orbis, hoc crucis fert supplicium mundo entero no pudo contener auctor vitae factus homo. siendo Autor de la vida hecho hombre sufre este suplicio de la cruz. Tractus.—Stabat sancta Maria, caeli Regina et mundi Domina, iuxta crucem Domini nostri lesu Christi dolorosa. Thren. 1,12: 0 vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte si est dolor sicut dolor meus. 475 Tracto.—Es tab a Santa Maria, la Reina del cielo y Sefiora del mundo, dolorosa al pie de la cruz de nuestro Sefior Jesucristo.—|Oh todos vosotros que pasâis por el camino, mirad y ved si hay do­ lor como el dolor mio! ■ 286 LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA Secuenda. Sequenti a, 1 Estaba la Madre de dolo­ 1 Stabat Mater dolorosa | res junto a la cruz Uorando mien- luxta crucem lacrymosa, | Dum tras su Hijo pendia. pendebat Filius. 2 Su aima llorosa. triste y do2 Cuius animam gementem, | lorida, fué traspasada por una es- Contristatam et dolentem | Perpada. transivit gladius. 3 jOh cuân triste y afligida 3O quam tristis et afflic­ estuvo aquella bendita Madre del ta i Fuit illa benedicta j Mater Unigénito! Unigeniti ! 4 Quae moerebat et dolebat, j 4 Estaba triste y dolorosa, co­ mo madre piadosa, al ver las pe- Pia Mater dum videbat | Ntti nas de su divino Hijo. poenas inclyti. 5 Quis est homo, qui non 5 iQuê hombre no lloraria si viese a la Madre de Cristo en tan fleret, | Matrem Christi si vi­ atroz suplicio? deret I In tanto supplicio? 6 Quis non posset contrista­ 6 iQuién no se contristaria al contemplar a la Madre de Cristo ri, Christi Matrem contemplari | Dolentem cum Filio? dolerse con su Hijo? 7 Pro peccatis suae gentis [ 7 Por los pecados de su pue­ blo, viô a Jesüs en los tormentos Vidit lesum in tormentis | Ei flagellis subditum. v sometido a los azotes. 8 Vidit suum dulcem natum j 8 Viô a su dulce Hijo morir abandonado. cuando entregô su Moriendo desolatum | Dum emi­ sit spiritum. espiritu. 9 Eia Mater, fons auioris, ■ 9 jEa Madre. fuente de amor! Haz que sienta yo la fuerza de tu Me sentire vim doloris | Fac ut tecum lugeam. dolor, para que contigo llore. 10 Fac ut ardeat cor meum | 10 Haz que arda mi corazôn en amor de Cristo mi Dios. para In amando Christum Deum | Ut sibi complaceam. que asi le agrade. 11 Sancta Mater, istud agas 11 jûh Santa Madre! Haz es­ to: graba las Hagas del Crucifi- Crucifixi fige plagas I Cordi cado en mi corazôn hondamente. meo valide. 12 Tui nati vulnerati | Tam 12 De tu Hijo lleno de heriPoenas das, que se dignô padecer tanto dignati pro me pati por mi, reparte conmigo las pe- mecum divide. nas. 13 Fac me tecum pit flere, 13 Haz que yo contigo piadosamente llore y que me condue- Crucifixo condolere 1 Donec ego la del Crucificado mientras yo vixero. viva. tecum sta14 luxta crucem H Haz que esté contigo junto Et me tibi sociare | In a la cruz. pues deseo asociarme re, planctu desidero. a ti en el liante. 15 Virgo virginum praecla­ 15 iOh Virgen la mâs ilustre de todas las virgenes!, no seas ra, j Mihi iam non sis amara: | ya dura para mi: haz que contigo Fac me tecum plangere. llore. 16 Fac ut portem Christi 16 Haz que lleve la muerte de Cristo; hazme socia de su Pasiôn mortem, Passionis fac consor­ tem, Et plagas recolere. y que venere sus llagas. 17 Fac me plagis vulnerari, 17 Haz que. herido con sus é TEXTOS S AG H A DOS Fac me cruce inebriari | Et cruore Filii. 18 Flammis ne urar succenjus. I Per te, Virgo, sim defen­ sus, , In die ludicii. 19 Christe, cum sit hinc exi­ re, I Da per Matrem me veni­ re I Ad palmam victoriae. 20 Quando corpus morietur | Fac ut animae donetur Para­ disi gloria. Arnen. 2Ά7 heridas, sea yo embriagado con la Cruz y con la Sangre de tu Hijo. 18 Para que no me que me y arda en las Hamas, por ti, |oh Virgen!, sea dcfendido en el dia dei julclo. 19i Oh Cristo! Cuando hubiere de salir de aqui, dame por tu Madre que llegue a la palma de la victoria. 20Cuando el cuerpo feneciere, haz que al alma se le dé la glo­ ria del Paraiso. Amén. Offertorium. — 1er. 19,20: Recordare Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Do­ mini, ut loquaris pro nobis bona et ut avertat indignationem suam a nobis. Ofertorio.—jOh Virgen, Madre de Dios!, acuérdate de nosotros cuando te halles en presencia dei Sefior, diciéndole cosas buenas para nosotros y que aparté de nosotros su indignaciôn. Secreta.—Offerimus tibi pre­ ces et hostias, Domine lesu Christe, humiliter supplicantes: ut qui transfixionem dulcissimi Spiritus beatae Mariae Matris tuae precibus recenserimus, suo suorumque sub cruce Sancto­ rum consortium multiplicato piissimo interventu, meritis mortis tuae, meritum cum bea­ tis habeamus: Qui vivis et reg­ nas cum Deo Patre in unitate... I Secreta.—Te ofrecemos, joh Je­ sucristo Sefior nuestro!, estas hos­ tias y oraciones suplicândote humildemente que, al recordar en nuestras oraciones la transfixiôn del dulcisimo espiritu de tu San­ tisima Madre Maria, consigamos la recompensa de los bienaventurados, por los méritos de tu muer­ te y por la piadosisima y multi­ ple intervenciôn de tu Madre y la de todos los Santos que al pie de la cruz le acompafiaron. Que vi­ ves y reinas... Praefatium.—(El mismo que en las anteriores fiestas. Communio. — Felices sensus Comuniôn.—'Felices los sentidos beatae Mariae Virginis, qui sine de la Santisima Virgen Maria, morte meruerunt martyrii pal­ que sin morir merecieron la pal­ mam sub cruce Domini. ma del martirio bajo la cruz del Sefior. Postcommunio. — Sacrificia quae sumpsimus, Domine lesu Christe, transfixionem Matris tuae et Virginis devote cele­ brantes: nobis impetrent apud dementiam tuam omnis boni sa­ faris effectum: Qui vivis... Poscomuniôn.—Haz, Sefior Je­ sucristo, que los sacramentos que acabamos de recibir celebrando devotamente la transfixiôn de tu Madre, la Virgen Maria, nos alcancen de tu bondad todo linaje de saludables efectos. Tu que vi­ ves y reinas... ■ in 11 288 476 LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA II. EPISTOLA (Judith 22 ... El Sefior ha derramado sobre ti sus bendiciones, comunlcândote su poder; pues por ti ha aniquilado a nuestros enemigos. 23 ... Bendita eres tû, hija dei Senor Dios excelso, sobre to­ das las mujeres de la tierra. 24 Bendito sea el Senor, Creador del delo y de la tierra... 25 pues ha hecho hoy tan célébré tu nombre que no cesarân jamâs de publicar tus alabanzas cuantos conservaren en los siglos venideros la memoria de los prodigios del Senor: pues no temiste exponer tu vida por tu pueblo, viendo las angustias y tribulaciôn de tu linaje, sino que remediaste su ruina a la vista de nuestro Dios. 477 III. 13.22,23-25) 22 Benedixit te Dominus in virtute sua, quia per te ad ni­ hilum redegit inimicos nostros. 23 ... Benedicta es tu, filia, a Domino Deo excelso prae om­ nibus super terram. 24 Benedictus Dominus qui creavit caelum et terram... 25 quia hodie nomen tuum ita magnificavit ut non recedat laus tua de ore hominum, qui memores fuerint virtutis Domi­ ni in aeternum, pro quibus non pepercisti animae tuae, propter angustias et tribulationem ge­ neris tui, sed subvenisti ruinae ante conspectum Dei nostri. EVANGELIO (lo. 19,25-27) 25 Y estaban junto a la cruz I de Jesûs su Madre, y la hermana de su Madre, Maria la de Cleofâs y Maria Magdalena. 26 Y Jesûs, viendo a su Ma­ dre y al discipulo a quien amaba, que estaba alli. dijo a la Madre: Mujer, ahi tienes a tu hijo. 27 Luego dijo al discipulo: He ahi a tu Madre. Y desde aquella hora el discipulo la tuvo en su casa. 25 Stabant autem iuxta cru­ cem lesu mater eius, et soror matris eius, Maria Cleophae, et Maria Magdalene. 26 Cum vidisset ergo lesus matrem, et discipulum stantem, quem diligebat, dicit matri suae: Mulier, ecce filius tuus. 27 Deinde dicit discipulo: Ecce mater tua. Et ex illa hora accepit eam discipulus in sua. SECCION II. COMENTARIOS GENERALES Nos limitaremos a exponer algunos puntos dogmaticos relati­ vos a los dolores de la Santisima Virgen. K A) Causa de los dolores de Maria 478 Comencemos explicando el porque de sus dolores. Maria debiô contraer el pecado original y con él todas las con­ secuencias, la mayoria de las cuales son naturales al hombre, pero en el orden actual tienen el carâcter de pena, puesto que los privilegios que nos libran de ellas nos fueron sustraidos como castigo del pecado original. Si, pues, Maria debiô contraer el pecado y padecer como persona humana sus consecuencias, Dios, al preservarla de aquél, pudo tam­ bién liberarla de todos los pcsares que traia anejos. O pudo no liberarla de ninguno. iQué criterio siguiô Dios? Dificil es tratar de reducir a normas los designios del Senor, pero, sin embargo, la teologia nos ensena algo. Dios Nuestro Senor liberô a Maria de todo aquello que supusiera alguna “fealdad moral”... Le concediô todos los privilegios que contribuyeron a hermosear su aima en el orden de su santidad. Permitiô que padeciera las consecuencias del pecado convenientes para su oficio de Corredentora. Asi, pues, no sintiô la concupiscencia, porque, aun cuando no sea pecado, inclina a él e incluye un cierto desorden y fealdad moral. La llenô de gracia, dones, etc., porque todos ellos santifican, pe­ ro no podemos estar seguros de si gozo mâs o menos de los carismas, puesto que destinados al bien ajeno, de suyo no hcrmosean el aima de quien los posee. En cuanto al dolor se vio su jeta a él como su Hijo, porque asi interesaba al plan divino de la redenciôn por el sufrimiento. B) Aplicaciôn y oferta de los dolores î » 479 Cristo y Maria sufrieron por nosotros. Nada mâs cierto, ni que nos conmueva mâs. Pero su primera intenciôn fué la de desagraviar a Dios y devolverle el honor robado por el hombre. No olvidemos que la Redenciôn se llevô a cabo en forma de sacrificio, cuyo valor expiatorio es el cuarto de los valores, y que la honra de Dios estâ muy por cncima de la salvaciôn de los hombres. Ahora bien, salvada esta distinciôn de cscuela, honor de Dios y La palabra de C. 10 it 10 290 LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA salvadôn humana anduvieron tan intimamente unidos que lo mismo podemos decir que “redimieron al hombre satisfaciendo a Dios y devolviéndcle su honor", que “honraron a Dios y asi redimieron al hombre”. Nada puede enorgullecerme y enamorarme mâs que ver asi unidos los interescs mios y de Dios. C) 480 La “compasion” Los principales dolores de Maria rcsultaron del sacrificio in­ terior que practicaba al consentir en la inmolaciôn de su Hijo. Atend:endo a que les padecimientos fisicos de ia pasiôn fueron propios de Cristo, los de Maria Santisima suelen ser llamados “Compasiôn”. Pero debe advertirse que el que se compadece, y mâs, si es en el grado de Maria, padece también y no solo en el orden psiquico, sino aun en el somâtico, tan unido y dependiente de él. D) La medida de los dolores de Maria a) NOS LA DA SU CAPACIDAD DE SUFRIR Se dériva de su capacidad de amar. Asi como el amante se goza de los biencs del amado. y tanto mâs se goza cuanto mâs ama, asi sufre también cuando su amado sufre. Aliora bien, la capacidad de amar de Maria se habia ensanchado maravillosamente por su matemidad divina. El sol y la luna ejercen su fuerza de atracciôn sobre las aguas del mar. El sol es mâs fuerte, pero estâ mâs lejos. La luna es débil, pero su proximidad causa las mareas. Tal suele acontecernos con el amor a un Dios lejano y a las criaturas présentes. Pero ocurre un dia que sol y luna coinciden en la misma linea, y entonces, al sumarse las dos fuerzas, las mareas “vivas” rebosan por la playa. Si el amor natural y sobrenatural coinciden, se ha llegado al heroismo en el amor. Vengamos a Maria. El amor de madré 1 mayor del mundo—coincide con el amor mayor en el orden sobrenatural, el amor a Dios sentido por su propia Madré. Mâs aùn. El amor a Dios depende de dos cosas, de lo vacio que se encuentra el corazôn de todo afecto a las criaturas y de la ma­ yor o menor gracia que lo posee. En ambos clementos del amor, Ma­ ria llegô al mâximo. Podemos incluso decir que Dios hubo de clcvarla en la capacidad de amar a un plano divino para que amase a un Hijo-Dios, como Éste necesitaba y requeria, esto es, con un amor pareddo al del Padre. b) El sentirse Ella misma causa de la pasiôn de su Hijo “Padece mâs aquel por quien Cristo sufriô mâs. Cristo sufriô mâs .por su Madré que por la redenciôn de los otros hombres... W no porque tuviera que satisfacer por Ella, puesto que no tuvo pecado, sino para preservarla del original en virtud de sus méritos en SEC. 2. COMSTAR IOS GENERALES 291 los que se apoyaban también los de Maria, “Tanto mâs padeciô Cristo por una persona, dice Dionisio el Cartujo (cf. In Cant, c.4 a.14,9), cuanto a mayor dignidad haya sido elevada esta.” c) Por el fin de sus dolores Es necesario distinguit entre la pena y la satisfacciôn. La pena—cârcel, azotes, muerte—pueden sufrirse coactivamente. La sa­ tisfacciôn, y mâs aun, la vicaria, supone un ofrccimiento voluntario. Oblatus est quia Ipse voluit (Is. 73,7). Maria quiso sufrir y en su querer influian el deseo de padecer lo suficiente para honrar infi­ nitamente al Padre, la obediencia a Él, que le mandaba snfrir, y el amor al hombre, cuya falta deseaba compensât. Dios satisfizo sus ansias de sufrir. Y no se diga que sufrimiento deseado es menor, porque habremos de recomendarle lea los suspiros y quejas de los misticos. Los dolores de Cristo fueron mayores porque todas las razones apuntadas cobran en Él un mayor vigor. Sin embargo, existe una diferencia en favor de Maria. La vision beatifica de Jesus preservô del sufrimiento un rincon de su aima, lo que los escolâsticos Ha­ man razôn superior, la que juzga lo eterno. Maria no gozaba de la vision beatifica. n SECCION IV. TEOLOGOS GREGORIO ALASTRUEY Maria Corredentora (Cf. Tratado de la Virgen Santisima p.3 c.2, BAC, p.527). En la dominica 2.* de después de la Epifania y en la Seccion de Teôlogos (Alastruey) figura expuesta la doctrina sobre la redencion objetiva u obra redentora de Cristo en la tierra, y la distribuciôn de las gracias censé guidas; amén de la participaciôn de Nuestra Sefiora en esta ultima. Ahora copiamos del mismo autor lo que estimamos mâs interesante sobre la “corredenciôn de Maria” o su participaciôn en la re­ dencion objetiva. Nos permitimos llamar la atcnciôn sobre la fuerza dei argumento de razôn teolôgica comprendido en la letra C, d. Para explicarnos utilizaremos un raciodnio del P. Lennerz, no del todo amigo de esta ttsis. Este benemérito maestro, muy aficionado a la teologia positiva, solia avenguar la fe de la Iglesia preguntando a pârrocos y sa­ cerdotes sobre lo que creia el pueblo. Asi, v.gr. : para saber si se podian impetrar gracias de las almas dei purgatorio investigo y saeô en conclusion que los fieles no solo pedian, sino que se escandalizarian si se les prcdicase que no se debian pedir gracias a las benditas aimas. Aplicando su método estamos seguros de que si se pregunta a los cristianos que por qué y para gué sufre Maria Santisima al pie de la cruz, contestarân sin excepciôn : “Por nosotros”. Es un modo popular y definitivo de exponer su fe en la corredenciôn. A) Redencion objetiva La redencion objetiva es la causa universal de la salvadon humana. Toda causa universal necfcsita ser aplicada en par­ ticular a cada uno para que participe del efecto de la causa universal. Por ello la redencion objetiva suele llamarse obra de saluaciôn, y la subjetiva, operation salvadora; la primera es como la fuente de donde brotan los bienes de la redencion, los tesoros de la gracia; la segunda, como el estado donde se dispensan estos bienes a todos y cada uno de los redimidos. La redencion objetiva puede estudiarse en dos sentidos: uno mas general y otro mâs especial. En el primero, la reden­ cion abarca todo lo que Cristo, viviendo en came mortal, rea- SEC. 4. TE0L0G0S. ALASTRUEY 293 lizô en la tierra para trasladar al género humano del estado de injustitia, en que le habia colocado la primera culpa, al estado de justitia y santidad de hijos de Dios, segûn 'el Apôstol en su carta a los Colosenses (1,13): Que nos librô del po­ der de las tinieblas y nos trasladô al reino de su Hijo muy amado; y San Juan, en su primera Epistola (3,13): Nosotros sabemos que hemos sido trasladados de muerte a vida... (cf. o.c., p.527). B) Cooperation de la Virgen Expuestas estas nociones, pasemos ya al estudio de la cooperation de la bienaventurada Virgen Maria a la obra de la redencion objetiva. No es necesario advertir que la necesidad absoluta de esta coopération mariana a la redencion queda excluida desde el principio, ya que pudo el Senor restaurar al género humano y reintegrarle a su amistad sin la intervention de la Virgen. De ahi que dijera Pio X: ‘‘^Acaso no hubiera podido Dios darnos al Redentor de los hombres y autor de la fe por otro camino que el de la Santisima Virgen?” (cf. Ad diem ilium., 2 de febrero de 1904). Por lo tanto, la cuestiôn de la coopération de Maria ha de plantearse suponiendo siempre el libre decreto de Dios, por el cual quiso que la Virgen concurriera y cooperase a la reden­ cion. Esta coopération es doble: una remota, por la cual Maria diô a Cristo, por action no solamente fisica, sino pl'enamente voluntaria, su carne, para que pudiera pagar en ella el precio de nuestra redencion; otra prôxima, es decir, cooperando a su modo, inmediatamente, con accion’es personales a dicha re­ dencion, consumada en la pasiôn y muerte de Cristo (cf. o.c.. p.531). C) Opiniones Aunque de diverso modo y en distinto grado, negaron la cooperation prôxima de Maria a la redencion Billot (cf. Introd. op. Maru Mère de Grâce, por De la "Broise y Bainvel), De la Taille (ci. La médiatrice de toutes les grâces: Greg. vol.7 fasc-3, septiembre 1926). Un de (cf. 1st Maria die Mittlerin aller Gnaden?), Riviè/ci. Sur la notion de Marie médiatrice : ETL. an.2 fasc.2, abril $25). Smith (cf. Mary’s part in our Redemption, c.9). LennER (cf. De doctrina B. V. Mediatricis: Greg. vol.19 fasc.3, 1938), Goossens (et. De cooperatione inmediata Matris Redemptoris ad redemptionem wiectivam), Philips (cf. De cooperatione inmediata Mariae Reiemptoris ad redemptionem obiectivam), etc., ya por la imaginada injunaencia de las razoncs que en su favor suclen alegarse, ya por ai grandes dificultades que, segûn ellos, se oponen a aquella coopé­ ration. 484 294 LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA Tesis: La bienaventurada Virgen Maria, con su materna compasiôn, cooperô prôxima e inmediatamente a la redenciôn del género humano Magisterio de Romanos Pontifices r> 1 i : “El magisterio de los Romanos Pontifices se pronuncia abiertamente en favor de esta cooperaciôn mariana. De Pio XI es esta ferviente oraciôn a la Santisima Virgen: "jOh Madré de piedad y de misericordia, que asististe como compaciente y corredentora a tu dulcisimo Hijo cuando, en el ara de la cruz, consumaba la redenciôn dei mundo..., te rogamos que conser­ ves y aumentes cada dia en nosotros los preciosos [rutos de la redenciôn y de tu compasiôn!" (cf. L’Osservatore Romano, 29 de abril de 1935). 9 a) b) los La Sagrada Escritura "Pondre enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linage; linaje; ella queorantara quebrantarâ ru tu cabeza cacxza y ru tû pondras ponaras asechanza asccnanzu a su calcanar" (Gen. 3,15). Aqui se anuncia que la mujer, con su descendenda, es decir, la Virgen Madra de Dios, con Cris­ to, su Hijo, y bajo su dependenda, habia de quebrantar la ca­ beza de la serpiente. Esto supone el consorcio de Maria con Cristo en la obra de la redenciôn, por la cual se conseguirâ sobre el diablo la mâs completa victoria, destruyendo el peca­ do, causa, para los hombres, de la muerte corporal y eterna. Ahora bien, este triunfo se consiguiô con la pasiôn y la muerte de Cristo... Luego hemos de dedr que también Maria, comparera de Cristo en la redendôn, tuvo que partidpar en la pasiôn y muer­ te redentora de su Hijo, ya que con Êl, padente y moribundo, padedô y casi muriô con Él" (cf. o.c., p.541-543). c) Santos Padres y escritores eclesiàsticos Los Padres de los primeros siglos, como Justino, Ireneo, Tertuliano, aunque no ensenen expresamente la doctrina de la cooperaciôn mariana en la pasiôn y muerte de Cristo, dejan, sin embargo, su semilla en el paralelismo que establecen entre Maria y Eva, vl cual puede, con razôn, extcnderse a la coope­ raciôn de la Santisima Virgen junto a la cruz (cf. Merkelbach, Mariologia p.3 a.2 n.179). Ciertamente que los Padres, en dicha cooperaciôn, se refieren de una manera inmediata a la obediencia de Maria en cl mensaje de la Encarnacion, poniéndola frente a la desobediencia de Eva; pero la idea general y el fin primario que los SEC. 4. TEÔl.OGOS. ALASTRUEY 295 Padres se proponen es el de ensenar que la obra de la reden­ ciôn se hizo a modo de recirculaciôn, es decir, por un orden parecido al que siguiô la caida del humano linaje. Esta recirculaciôn exige la cooperaciôn mariana junto a la cruz. desde la cual Cristo venciô y hundiô a Satanâs, llevando a término la redenciôn humana"... (cf. ibid., p.543). d) Razôn teolôgica "Maria, consorte de Cristo, participo desde el primer mo­ mento en la redenciôn del género humano. Pero como la redenciôn habia de tener su coronamiento en la pasiôn y muerte del Senor, fué conVenientisimo a la condiciôn de Maria, asociada a Cristo inseparablemente, que par­ ticipata en la redenciôn, tanto en sus principios como, principalinente, en su consumaciôn y coronamiento. De aqui que Pio X (cf. enc. Ad diem ilium, 2 febrerc 1904) dijera: "Jamâs hubo separation de vidas y trabajos entre la Madré y el Hijo, para que en los dos se cumplieran igualmentfe las palabras del salmista (Ps. 30,2): Con el dolor ha desfallecido mi vida, y mis afios con los gemidos". La bienaventurada Virgen hizo algo, o cumpliô algùn oficio estando en pie junto a la cruz, a la cual, no sin designio divino, estuvo présente, como ensenan los doctores de la Iglesia. La sola asistencia pasiva al cruel espectâculo de la cruz, donde su Hijo padecia una muerte ignominiosa y cruelisima, aunque consideremos la caridad heroica y sublime fortaleza d'e la Madré, el valor del ejemplo y otras razones de carâcter mistico que pudieran brotar de tal hecho, no explican pl'enamente la presencia de Maria junto a la cruz, si se excluye la activa cooperaciôn, por su parte, a la obra de reparation que alli se tealizaba (cf. p.3 c.4 a.3, en que se tré ta de la maternidad espiritual de la Santisima Virgen). Y asi dice Simon de Cassia: Nunca fué costumbre en las mujeres ir en pos del cadaver de sus hijos condenados a muerte, aunque solicitam'ente les asistan cuando muéren en sus casas y en sus propios lechos. Las madrés de la tierra evitan siempre la contemplation de los tormentos de sus hijos, y mucho mâs de su muerte, cuando les es fieramente causada por asesinos inhumanos, hasta fel punto de no poder toleratio sin morir ellas mismas' (cf. De gestis Domini Salvatoris 1.2 c.27). Y no puede detirse que esta cooperation mariana a la re­ denciôn objetiva reste algo o se oponga d'e algùn modo a la perfection, a la eficacia de la redenciôn, que, en realidad, es propia de solo Cristo. Pues no se afirma aqui que la cooperaciôn d'e la Virgen Madré sea paralela y perfectamente coordinada, sino subordi- 296 LOS DOLORES DE NUESTRA SESORA nada esencialmente a la obra redentora de Cristo, en la cual ste apoya, de la cual depende y de la que toma todo su valor... (cf. ibid., p.547-548). Ni se restringe la universalidad de la redenciôn por Cristo diciendo que, cooperando a ella, no pudo ser redimida la Vir­ gen; porque, aun siendo corredentora, no solo fué redimida, sino la primera de todos los redimidos, como afirma San Am­ brosio: "Habiendo de redimir al mundo, empezô el Sefior su obra por Maria, para que fuera la primera en sacar del Hijo la salud, ya que por ella se preparaba la redenciôn de todos" 491 Por otra parte, la coopération de Maria a la redenciôn no fué inûtil, ni le faltô verdadera eficacia. Es cierto que Cristo llevô a cabo la redenciôn plenisimamente, sin defecto, sin imperfection alguna, y, por lo tanto, la cooperation mariana nada pudo afiadir a la perfection intrin­ seca de la obra, ni pudo completarla, como si Cristo hubiera dejado algo por hacer en ella. Con todo, son muchos los que afirman la utilidad de la coopération de Maria en cuanto que afiade perfection acci­ dentai a la obra de Cristo, prestândola cierta armonia y hermosura; si bien no determinan con precision que es lo que, en realidad, le afiade esta cooperation mariana para que de ello le resuite a la redenciôn una mayor belleza y armonia. Esto hay que explicarlo de tal modo, que la belleza y ar­ monia que a la redenciôn afiade la coopération de la Santisima Virgen no sea meramente estâtica, en la que Maria nada ponga, nada obre. sino dinâmica, es detir, con algûn influjo suyo en la redenciôn de los hombres. Porque propio es del hombre que, en conformidad a su naturaleza racional y libre, nada pueda acaecerle en el orden moral, sin el consentimiento y la coopération de su propia voluntad. Lo cual, asi como se curnple con respecto a la gracia de la justification, dada, en particular, a cualquier hombre, produtiéndose entonces la justification formal, del mismo modo debe cumplirse, en lo posible, cuando se trata dei beneficio inmenso de la redenciôn. concedido, en general, a todos los hombres, y que es la justification virtual (cf. Bover, El pensamiento generador de la Teologia en San Pablo: Gregorianum vol. 19 fasc.2, 1938). Ahora bien, el hombre puede, absolutamente, ser justificado sin el consentimiento y la cooperation de la propia voluntad; pero de ley ordinaria, y segùn la ordenaciôn suavisima de Dios, no lo sera nunca sin la action de su libre albedrio, por la cual se prépara y coopéra y acepta el don divino de la gracia. Del mismo modo, aunque Cristo no necesitaba cooperation alguna para redimir al género humano, convenia, sin embargo, que los hombres, segûn la suave providencia d'e Dios, no fue- U SEC. 4. 297 TEÔLOCOS. ÂtASÏRÙEY ran redimidos sin su propia coopération a esta obra de recon­ ciliation, sin la ratification mutua de tan excelsa alianza y sin la aceptaciôn de tan alto beneficio. De aqui que Dios quisiera unir a Cristo, Redentor de todos. los hombrts, a la Virgen bienaventurada, como compafiera suya y como représentante de todo el género humano, en cuyo nombre diô su consentimiento a la encar.jaciôn del Redentor, y, haciendo sus veces, como verdadera mandataria del mismo género humano, uniôse a la pasiôn y muerte dei Senor cabe la cruz, donde la redenciôn fué consumada, no ya asistiendo de una manera pasiva, sino cooperando activamente con su ma­ terna compasiôn e inefable comparticipaciôn a los dolores de su Hijo... (cf. ibid., p.548-550). Ni hay inconveniente en que, de este modo, tenga aqui una doble representation el género humano; una, por Cristo, en la cruz, y otra, junto a la cruz, por Maria; porque la condition de uno y otra es totalmente distinta, ya que la representation por Cristo es juridica y necesaria a la condignidad dei pretio que se ofrece en rescate, mientras que la de Maria es de caridad y de pura convenientia; aquélla obra la redenciôn; ésta, la disposition a la misma de los que han de ser redimidos; aquélla représenta al género humano como en la cabeza juri­ dica qut ha de redimida; ésta, como en el miembro principalisimo y primero de todos los redimidos por Cristo, que coopéra a la obra redentora y acepta por todos el beneficio de la re­ denciôn... e) Se resuelve una objeciôn Por ùltimo, ofrécese aqui una dificultad no pequena que partce oponerse a la coopération mariana en la obra de la redendôn, y que suele proponerse de este modo: La bienaventurada Virgen Maria tuvo necesidad de ser re­ dimida y, en verdad, fué redimida por Cristo. Luégo si coopéré a la redenciôn objetiva, cooperô a su propia redenciôn y, en realidad, se redimiô a si misma. Pero para redimirse necesitaba la gracia de Cristo, qu’e brota precisamente como fruto de la redenciôn objetiva completada y consumada en la cruz” (cf. ibid, p.551-552). Teniendo en cuenta lo dicho, podenios afirmar: 1. ‘Hablando de la cooperation proxima de Maria a la redenciôn objetiva, de ninguna manera pu’ede admitirse que la Virgen se redimiera a si misma, pues para cooperar de este modo necesitaba las gracias que provienen de la misma reden­ ciôn y que suponen a la misma Virgen ya redimida. 2. Si se trata de la coopération remota por el libre consentimiento en la Encarnacion, como redentiva, tampoco pudo la Virgen redimirse a si misma, porque para prestar este con- V· J 2% T.OS DOLORES DE NÜKSTRA SENORA sentimiento fué prevenida por la gracia de Cristo y, por tanto, participo ya del fruto de la redenciôn. 3. Y, por ultimo, si solamcnte se trata de la cooperation remota de la bienaventurada Virgen a la redenciôn objetiva por su pura maternidad fisica, con abstraction completa de >V|| cualqutera otra gracia, tal como aparece en el primer decreto de la voluntad divina que se digna escogerla para aquel oficio, entonces puede muy bien decirse que Maria se redimio a si misma, porque did a Cristo los medios de redenciôn en favor de ella misma y de todo el genero humano, y en este sentido pueden aducirse las siguientes palabras de San Irenfeo (cf. Haer. 3): “Fué causa de salud para si misma y para todos los hombres” (cf. ibid., p.554). Ύ" · ς SECCION VII. MISCELANEA HISTORICA Y LITERARIA I. EL LUGAR Y LA DOLOROSA 493 Dcsde fecha remota la tradiciôn cristiana ha situado en la ca­ pilli del Calvario de Jerusalén el lugar donde estaba situada la Santisima Virgen cuando Jesûs la encomendô al discipulo amado y la declarô Madré de todos los hombres. Ya Burchardo de Monte Siôn en 1283 decia que el lugar se marcaba por una piedra emplazada no bajo el mismo brazo de la cruz hacia el norte, sino mâs bien de cara al propio rostro de Cristo crucificado, esto es, al Occidente, y hacia notar que dicha piedra era venerada por los fieles. En 1294 Ricardo de Monte Crucis senalô también la topografia aludiendo a un altar erigido en el propio sitio donde lloraba la Virgen. Tes­ timonies semejantes de viajeros y peregrinos de los siglos xiv y xv certifican que, al desarrollarse la devociôn dei Via Crucis, se de­ signo un lugar entre la capilla latina y la griega del Calvario, donde sc conmemoraba la escena dei “Stabat mater”, a la vez que la XIII Estaciôn del piadoso ejercicio. Eu el siglo xvi el rey de Por­ tugal Manuel I ofreciô donar a la Custodia de Tierra Santa una efigie de Nuestra Senora. Pero la ofrenda no se verificô hasta 1770, a través del P. Manuel, Comi sario de Tierra Santa en Portugal. La imagen, que responde al concepto imaginero hispânico de la época, esta profusamente alhajada y se venera hoy dia encerrada en una uma de cristal sobre el mismo sitio en que estuvo la Virgen. Debajo del pequeno altar y dentro de una vitrina se advierte en el suelo la roca firme del Calvario. El piadoso emplazamiento estâ a la derccha del hoyo de la cruz, junto al sitio en que estuvo crucifi­ cado el mal ladrôn, y a unos seis metros de donde debiô alzar.se el sagrado madero de jesûs. Π. LOS DOLORES DE MARIA EN LA TRADICION 494 DE LA IGLESIA “Marchesse, en su Diario de Maria, refiere una antigua tradiciôn, segùn la cual esta devociôn tuvo ya principio en los tiempos apostôlicos. Pocos anos después, dice, de la muerte de Maria, cuando San Juan Evangelista seguia llorândola, mâs anhelante, cada dia de ira rcunirse con Ella, plugo a Nuestro Senor manifestârsele en una vision, acompanado de su Santisima Madré. Naturalmente, los do­ lores de Maria y sus frecuentes visitas a los Santos Lugares de la < ί LOS DOLORES DE NUESTRA SENORA *· < Pasiôn, era pasto continuo AM/\SCENO 325 Todos ponian sus ojos en Maria con toda reverencia y temor filial.” c) ‘Adân y Eva exclamarian jubilosos: jBienaventurada tû, hija, que nos lias librado de las penas mferecidas por nos­ otros!... Certaines la puerta del cielo y tû nos has abierto el camino del ârbol de la vida." d) "Oid el coro de los santos: Tû cumplistfe nuestras profecias y nos trajiste el jûbilo que anhelâbamos. Y la muchedumbre de los santos circunstantes le rogaban: Quédate con nosotros, consuelo nuestro y ayuda nuestra. No nos desampares huérfanos, tû que feres la Madré del mâs misericordioso Senor. Sé el descanso en nuestras fatigas, el refugio en los trabajos. Si te alejas, llévanos contigo a los que somos tu pue­ blo y heredad.” e) "Y cuando el mismo Rey vino a rfecibir entre sus ma­ nos aquella aima santa e incontaminada de toda mancha, la Virgen le diria a su Hijo: En tus manos encomiendo mi espïritu. Recibe este aima, a quien amas y has preservado de toda corruption. A ti y no al sfepulcro entrego mi cuerpo. Guârdalo salvo, ya que te dignaste nacer de él. Traslâdame contigo, para que contigo viva, joh fruto de mi vientre! Consuela también a estos mis hijos y hermanos tuyos. Aumenta el valor de mi benditiôn con bendiciones tuyas... Y luego oyôsfe la respuesta: Ven a mi descanso, bendita Madré mïa, levântate, ven, amiga mia, la màs hermosa de las mujeres. Porque el invierno ha pasado y ha llegado el tiempo de la recompensa (Cant. 2,10)” (cf. n.4-10). [) El Santo describe el cuidado con que amortajarian a la Virgen, empleando aguas que, en vez de limpiar, quedaron ellas mâs puras, el cortejo funerario y el santo fentierro. III. A) La Asuncion La eonducciôn al paraiso ‘Colocado en el sepulcro, aquel cuerpo permanece alli très dias, al cabo de los cuales es conducido al paraiso, pues no convenia que quedase oculta en la tierra aquella divina habi­ tation. mina inagotable, no arado campo de pan celestial, nunca regada vifia de frutos inmortales, oliva emblemâtica de la compasiôn del Padre. Sino que del mismo modo que el cuerpo santo formado por la Virgen rfesucitô al tercer dia, era justo que esta Senora fuese sacada dei sepulcro y que la Madré fuëra a reunirse con el Hijo, y puesto que Él bajô hasta Maria, Ella fuera conducida hasta el cielo. 531 LA ASUXCIÙN A LOS CIELOS. 15 AÜOSTO 326 B) 532 Rœsones de la Asuncion "Comtnia... que si el Senor habia dicho que debia ocuparse en las cosas de su Padre (Le. 2,49), habitara la Madre en la casa real del Hijo... Convenia que fuera reservado incolume después de la muerte el cuerpo qu*e en el parto conservé inte­ gra su virginidad y que habitara en los eternos tabernâculos la que habia llevado en su seno al Creador, bajo el aspecto de infante. Convenia que habitara en las mansiones celestes la es­ posa prometida por el Padre. Convenia que la que habia visto (con sus ojos corporales) a su Hijo en la cruz, y cuyo pecho habia sido traspasado con la espada del dolor, le viera ahora sentado con su Padre. Convenia, finalmente, que la Madrfc de Dios poseyera lo que era propiedad de su Hijo y fuera adorada por todas las criaturas” (cf. n.13). IV. Invocation e imitaciôn de Maria "Ensalcemos este dia con cânticos sagrados... Honremos a Maria con visitas nocturnas. Agrademos con nuestra limpfeza de aima y cuerpo a Ella, la verdaderamente pura y limpia. Es natural que la semejanza alegre a los que son semejantes. Si ninguna cosa es mâs oportuna para dar culto a Dios que la misericordia, îpodremos negar que le agradarâ también a su bendita Madre? (cf. n.15). jOh sepulcro entre todos el mâs sagrado! iPor qué buscar en ti a la que ha sido elevada a los cielos?”... (cf. n.16 y 17). III. SAN ILDEFONSO Los numerosos sermones de San Ildefonso sobre la Asunciôn forman un florilegio lirico dedicado a la Santisima Virgen en este dia. Escogemos el segundo, porque se brinda mejor a que podamos seleccionar sus pensamientos capitales (cf. Serm. 2 de Assumptio­ ne B. Mariae: PL 96.251 ss). A) Gran fiesta Célébrâmes hoy, amados mios, como muy principal fiesta la insigne y gloriosa que nos recuerda como la bienaventurada Virgen fué gloriosamente transportada... Hâcenle corte milia­ res de ângeles y le asisten diez centenares de miliares, entre cuyas alabanzas es levantada de la tierra... Ésta es la solemnidad présenta antes de la constituciôn del SS. PADRE9. S. H.nEFON'SO SEC. 3. 327 mundo y cumplida hoy con jùbilo. Nosotros la celtbramos una vez al ano, pero los ângeles y moradores del cielo la celebran continuamente." B) Justo premio "Si Cristo Nuestro Serior, justo juez, reparte los premios, segùn el Apôstol, con arreglo a las obras de cada uno, justo es que Maria, su Madre, por lo incomparable de su obra, recibiera un don inefable, premio y gloria que excede a toda comparacion." Tal fué su cntrada corporal en el cfëlo, en donde colocôse a la diestra de Dios in vestitu deamato, circumdata varietate (Ps. 44,10). C) A la Madre de Dios "La bienaventurada Virgen se sienta con justicia en su pro­ pio trono por su gracia y por su privilegio de Madre de Dios." Doce son los tronos de los apôstoles, pero superior a todos ellos el de Maria, preparado desde la constituciôn dei mundo, para la que era a su vez "trono y tâlamo divino, en cuyo seno la Sabiduria del Padre se hizo hombre.” "Si el alma de todo justo es morada de la Sabiduria, ^como no lo seria desde su primer instante el alma llena del Espiritu Santo a la que el ângel hubo de saludar diciéndole: Dios te salve, llena de gracia, el Senor es contigo, bendita tû eres?... iQué no ocurriria después cuando se hospedô en Ella el Verbo divino?...” D) El alma de Maria “Pensad cual seria la excelencia dei alma de Maria, que fué digna de don tan excelso. Glorifiquemos al alma que engran­ dece al Serior." Alma bendita, por la cual entrô en el mundo el autor de la vida. Virgen en cuyo seno se refugia la Iglesia, unida a Dios con pacto sempiterno. Después de Cristo, que es cabeza y Dios de la Iglesia, bri­ lla la Virgen mâs que los ângeles y apôstoles, mâs aùn que los mârtires, pues si ellos sufrieron en su cuerpo, Ella vio atravesada su aima por una espada. "Mas que mârtir, porque fué herida por el gran amor a su Hijo y sostuvo en su ânimo un dolor superior a todo dolor." No pudiendo honrarla como de­ bemos, pidâmoslo al Espiritu Santo. Ya que somos incapaces de ensalzarla como merece, rindâmosle las alabanzas que le tributa San Gabriel cuando la visita todavia en carne mortal. 328 538 LA ASCNClÔS' Λ LOS CI&.OS. 10 AGOSTO E) Huniildad de Maria Aprendamos de Maria cuâl es el fundamento de las virtudes. Es una verdadera profetisa y aûn mejor diria evangelista. Oidla si no cuando dice: Ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes (Le. 1,48). ^Se ha cumplido la profecia? Evidentemente, y nuestra fiesta de hoy lo demuestra. Y îpor que sois feliz y por que celebramos esta fiesta? Quia respexit humilitatem ancillae suae (Le. 1,48). Admirable conocimiento de la virtud. Ved de lo ùnico que se alaba. No creyô de si nada grande. "Creemos que la Virgen reina con Cristo, porque se ha cumplido cuanto êste predijo. y palabras suyas son las de que Omnis qui se humiliat exaltabitur (Le. 14,11)”. IV. SAN BERNARDO La Asuncion de Maria (Cf. In Assumptione. B. M. V. serni.l: PL 183,415 ss.) 539 A) Alegria de la fiesta "Al subir hoy al cielo la Virgen gloriosa, colmô con copio­ sos aumentos el gozo de los ciudadanos celestiales... Si el aima de un pârvulo. no nacido aûn, se derritiô en castos afectos, luego que hablô Maria, icuâl pensamos que séria el gozo de los ejérciios celestiales, cuando merecieron oir su voz, ver su rostro y gozar de su dichosa presencia? Mas nosotros, carisimos, iqué ocasiôn de solemnidad tenemos en su Asuncion, que causa de alegria, que materia de gozo? Con la presencia de Maria se ilustraba todo el orbe, de suerte que aun la misma patria celestial brilla mâs lucidamente, iluminada con el resplandor de la antorcha virginal. Por eso resuenan con razôn en las alturas la acciôn de gracias y la voz de alabanza; pero para nosotros mâs parece materia de llanto que de aplauso. Porque ino es lôgico que cuanto se alegra el cielo de su piesencia. otro tanto este mundo inferior llore su ausencia? Cesen, sin embargo, nuestras quejas; porque tampoco nosotros tene­ mos aqui ciudad permanente, sino que buscamos la misma a la que llega hoy la bendita Maria. Y si estâmes senalados como ciudadanos suyos. es razôn. ciertaraente. aun en el destierro, aun a orillas del rio de Babilonia, acordarnos de Ella, tomar parte en sus gozos y participar de su alegria; especialmente de SEC 3. SS. PAPKES. S. BEKNAKDO 329 aqifôlla alegria que con impetu tan copioso bana hoy la ciudad de Dios, para que percibamos tarabicn las gotas que destilan sobre la tierra. Nos ha precedido nuestra Reina, y tan gloriosamente fué recibida, que los siervecillos siguen confiadamente a su Seriora, clamando: Trâenos en pos de ti; al olor de tus ungüentos correremos (Cant. 1,4). Nuestra peregrinaciôn "enviô delante a su abogada, que, como Madré del Juez y de miseri­ cordia, tratarâ devota y eficazmente los negocios d’e nuestra salvaciôn.” B) Bienes nuestros y gloria de Maria Hoy enviô nuestra tierra al cielo un precioso regalo, para que dando y recibiendo, se unan en trato feliz de amistades lo humano y lo divino, lo terreno y lo celestial, lo infimo y lo sumo. Porque alla subiô el fruto sublime de la tierra, de donde descienden las preciosisimas dâdivas y los dones perfectos. Subiendo, pues, a lo alto de la Virgen bienaventurada, Ella misma darâ también dones a los hombres. Y îcômo no? Ni le falta poder, ni voluntad. Reina de los cielos es, misericordiosa es, Madré es, en fin, dei unigenito Hijo d'e Dios... Y digo esto por nosotros, hermanos mios, sabiendo que es dificultoso que en pobreza tanta se pueda hallar aquella caridad perfecta que no busca la conveni’encia propia. Mas con todo, sin hablar ahora de los beneficios que conseguimos por su glorification, si la amamos, nos alegraremos sin duda, por­ que va al Hijo. La felicitaremos, a no ser que—lo que Dios r.o quiera—nos mostremos d'el todo ingratos a la inventera de la gracia. Hoy, al entrât en la santa ciudad, es recibida por aquel Serior a quien Ella recibiô primero, cuando entrô en el castillo de este mundo. Pero jcon cuanto honor, con cuânta gloria! Ni en la tierra hubo lugar mâs digno que el templo de su seno virginal, en el que Maria recibiô al Hijo de Dios, ni le hay en los cielos mâs digno que el solio real, al que sublimô hoy a Maria el Hijo de Maria. Felices uno y otro recibimiento; inefables el uno y el otro; porque uno y otro son superiores a nuestra inteligentia...” C) ■ Premio a la maternidad "iQuién podrâ pensar siquiera cuân gloriosa iria hoy la Rei­ na del mundo, y con cuânto afecto de devotion saldria a su encuentro toda la multitud de los ejércitos celestiales? ^Con que canticos seria acompafiada hasta el trono de la gloria; con que semblante tan plâcido; con que alegres abrazos séria recibida del Hijo y ensalzada sobre toda criatura..., con aquel 541 330 LA ASUNCION A LOS CÏKLOS. 15 AGOSTO amor que Madré tan grande merecia..., con aquella gloria que era digna de tan gran Hijo?... | Felices aquellos besos que imprimiria en sus labios cuando le alimentaba y cuando le acariciaba la Madré en su virginal regazo!... jQuién referirâ la generaciôn de Cristo y la Asuncion de Maria? Porque cuanta mayor gracia alcanzé en la tierra sobre todos los demâs. tanta mâs alcanza en los cielos en singular glo­ ria. Y si el ojo no viô, ni oyô el oido, ni cupo en el corazôn del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman, iquién contarâ lo que préparé para aquella que le engendré, y a quien. como es cierto para todos, amé mâs que a todos? Dichosa, pues, Maria y mil veces dichosa, ya recibiendo al Salvador, ya siendo por Él recibida. En lo uno y en lo otro es admirable la dignidad de la Virgen Madré; en lo uno y en lo otro es admirable la dignidad de la Majestad..." SECCION V. AUTO RES VARIOS I. SAN FRANCISCO DE SALES Muerte de amor Hi De los siete Sermones sobre la Asuncion de la Virgen que figuran en el Sermonario de San Francisco de Sales, el mas popular es el pronunciado en 1602. Lo recoge BAC, en Obras Selectas t.l p.471 ss. De él damos aqui un reducido extracto. Sabemos con qué magnificencia hizo introducit el rey Sa­ lomon el area de la alianza en el templo de Jerusalem Hoy el Hijo de Dios .introduce en el cielo a la verdadera area de la alianza, su Madré santisima, ante la cual los ângeles exclaman: Quae est ista quae ascendit?... (Cant. 8,8). A ) Dos luminarias Dios puso en el cielo dos luminarias: una, mâs grande, para presidir el dia; la otra, mâs pequeûa, para iluminar la noche. Del mismo modo, quiso Dios que hubiese dos luminarias en el cielo de su Iglesia: una mâs grande, que es Jesûs; otra mâs pequena y que recibe toda su luz de la primera: Maria. Durante treinta anos iluminô Jesucristo la tierra con el resplandor de su presencia...: aquél era el dia. Cuando volviô al cielo apareciô la noche, mâs tenebrosa todavia por las perse­ cutiones que sufrieron los apôstoles y los primeros fieles. Mas la luna iluminaba esta noche. Maria permaneciô en la tierra.: fué su luz y su consuelo. Pero Maria muriô, al fin, para ir a unirse a su divino Hijo en el paraiso celeste. La muerte de Maria no fué, como la nuestra, un castigo del pecado original, del que estaba exenta: muriô para ser en todo semejante a su Hijo. Pero icuâl fué su muerte? Maria muriô de la muerte de su Hijo. La muerte de Jesûs fué el punal que traspasô su aima. B) Tres espadas La Escritura nos habla de très espadas: la espada de la pa­ labra de Dios; la espada del dolor; la espada del amor. Con 544 II W®SR 332 i.a Asuncion \ (.os ciklos. 15 ac.osco 1 ' ■ 1 —------- - esta fué herida la Esposa de los Cânticos: Τύ has herido mi corazôn. hermana mia, esposa mia. Vulnerasti cor meum, soror mea, sponsa mea (Cant. 4,9). Las tres cspadastraspasaron cl corazôn de Maria a la muerte de su Hijo. Pero la causa prtncipal de su muerte fué la herida del amor. Sin embargo, la Virgen no muriô al momento de rVcibir 3 esta cruel herida. Rotas las alas y atravesado el pecho por la bala del cazador, el ave huye y va a morir lejos del lugar de .1 su quebranto. Asi Maria, herida Vn el Gôlgota, amaba su herida. deseaba morir de ella y muriô por fin. ; ' Mil tormentos sufriô Jesucristo en su pasicn, pero no se , · ':■:·'■ atreviô la muerte a acercârsele. Scio el amor le abriô la puterta y le entregô a Jésus. No muriô de sus heridas mil vcces mor; taies para cualquier otro que no futse Él: muriô de amor y porque Ê1 quiso: Oblatus est quia ipse voluit (Is. 43,7). Era Γ ?.■; justo que su Madré tuvicsc una muerte semejantc a la suya. EHerida con una llaga de amor, en cl monte Calvario, al ver ;·<<·· morir a su Hijo, no hacia mâs que languidecer dicicndo: "Sos!· . ■ tenedme con flores, fortificadme con frutos. porque languidezco de amor”: Fulcite me floribus, stipate me malis, quia' amore langueo (Cant. 2,5). ; Î ·. λ ■ . 1. .;·) 545 C) Consumida por el fuego dei amor Su tesoro estaba en el cielo: alii también estaba su corazôn. ' Alii estaba el cuerpo que tanto amaba, los huesos de sus huesos y la carne de su carne: y al cielo volô el âguila santa: Ubicumque fuerit corpus, ibi et congregabuntur aquilae (Mt. 24, 28). Por fin, el amor triunfô, y el alma de Maria fué separada de su cuerpo, pero solo por poco tiempo. Dicen que el fénix muere por tl fuego, sobre una pira de ύ madcras aromâticas que enciende el sol. Maria muere consuÿ mida por cl fuego del amor. El combustible de esta hogifera :es la cruz de Jesûs, la lanza, los clavos. Su continua meditaciôn anima cl fuego que la consume. Id. id, joh hcrmoso fénix, • ·'. ardientc y moribundo de amor, dormid sosegado Vn el lecho Γ v'' de la caridadl... [. L’.: ; I .■· j · Γ H !■æss K |f»y:. H. BOSSUET De los d por su piedad filial hacia Ella. Opinaban que la fuerza de taies argumentos reposa sobre la dignidad incomparable de la maternidad divina y sobre todas aquellas otras dotes que de ella se siguen : su insigne santidad, superior a la de todos los hombres y todos los ângeles; la intima union de Maria con su Hijo y aquel amor sumo que cl Hijo ténia hacia su dignisima Madré. Frecuentemente se encuentran después teôlogos y sagrados ora­ dores que, sobre las huellas de los Santos Padres (cf. lo. Damasc., Encomium tw Dormitionem Dei genitricis scmpcrq.ue Virginis Ma­ riae, hom.22.11; Encomium in Dormitionem, S’. Modesto Hierosol. attributum) para ilustrar su fe en la Asunciôn, se sirven con una cierta libertad de hcchos y dichos de la Sagrada Escritura. En estos primeros siglos entre los teôlogos que ven la Asunciôn de Maria en diversas figuras del Antiguo Testamento y la conocida del Apocalipsis de la Seriora, revestida dei sol, figuran San Amadeo de Lausana y San Antonio de Padua. Alcanzado el mayor csplendor de la Escolâstica defienden este dogma San Alberto Magno, Santo Tomâs y San Buenaventura. En la Escolâstica posterior, o sea del siglo xv, San Bernardino de Sena. “En tiempos mâs recientes las opiniones mencionadas de los San­ tos Padres y Doctores fueron de uso comûn”, sobresaliendo San Francisco de Sales, San Alfonso Ligorio, Belarmino, etc. “Alcanzado el objeto de esta fiesta no faltaron doctores que • ·* * · tT JVtWLB B.VV TEXTOS PONTIFICIOS 341 ms bien que ocuparse de las razones teolôgicas, de las que se demuestra la suina convenienda de la Asuncion corporal de la bieniventurada Virgen Maria al cielo, dirigieron su atenciôn a la fe de h Iglesia”, estudiando la que profesaba sobre este misterio. Sobrcsalen en ello San Pedro Canisio y Suarez. E) La razôn teolôgica 560 "Todas estas razoncs y consideracione^ de los Santos Padres y de los teôlogos tienen como ultimo fundamento la Sagrada Escritu­ ra, la cual nos présenta el aima de la Madré de Dios, unida estrechamente a su Hijo, y siempre participe de su muerte. De donde parece imposible imaginarse separada de Cristo, si no con el aima, a lo menos con el cuerpo, después de esta vida, a Aquella que lo concibiô, le diô a luz, lo nutriô con su leche, le llevô en sus brazos y lo aprctô a su pecho. Desde el momento que nuestro Redentor es Hijo de Maria, no podia, ciertamente, como observador perfeetîjimo de la divina Ley que era, menos de honrar, ademâs de al Eter­ no Padre, también a su amadisima Madré. Pudiendo, pues, dar a su Madré tanto honor al preservarla inmune de la corrupciôn del sepulcro, debe creerse que lo hizo realmente. Pero ya se ha recordado especialmcnte que desde el siglo n Ma­ ria Virgen es presentada por los Santos Padres como nueva Eva estrechamentc unida al nuevo Adân, si bien su jeta a Él, en aquella lucha contra el enemigo infernal, que, como fué pronunciado en el Protoevangelio (Gen. 3,15), habria terminado con la plenisima victoria sobre el pecado y sobre la muerte siempre unides en los escritos del Apôstol de las Gentes (Rom. c.5-6 ; 1 Cor. 15,21-26.54-57). Por lo cual, como la gloriosa resurrecciôn de Cristo fué parte esencial y signo final de esta victoria, asi también para Maria la comiin lucha debia concluir con la glorificaciôn de su cuerpo virginal ; por­ que como dice el mismo Apôstol, cuando... este cuerpo mortal sea reveslido de inmortalidad, entonces sucederâ lo que esta escrito: La muerte fué absorb ida en la victoria (1 Cor. 15,54). De tal modo, la augusta Madré dex Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la etemidad con un mismo decreto (cf. bula htffabilis Deus, l.c.599) de predestinaciôn, inmaculada en su concepciôn, virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa socia del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el peoado y sobre sus consecuencias, al fin, como supremo coronamiento de sus privilégies, fué preservada de la corrupciôn dei sepulcro, y vencida la muerte, como antes por su Hijo, fué elevada en aima y cuerpo a la gloria del cielo donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo, Rev inmorta! de los siglos (1 Tim. 1,17)” (cf. ibid., p.654656 n.809). F) El Papa se decide por la definition "Y como la Iglesia universal, en la que vive el Espiritu de Verdad, que la conduce infaliblemente al conocimiento de las verdades reveladas, en el curso de los siglos ha manifestado de muchos mo­ ; .kâSL. 561 Ft 342 LA ASUNCIÔN A LOS CIELOS. 15 AGOSTO dos su fe, y como los Obispos del orbe catôlico, con casi unanime consentimiento, piden que sea definido como dogma de fe divina y catôlica la verdad de la asunciôn corporal de la bienaventurada Virgen Maria al cielo—verdad fundada en la Sagrada Escritura, profundamente arraigada en el aima de los fieles, confirmada por el culto eclesiâstico desde tiempos remotisimos, sumamente en con­ sonanda con otras verdades reveladas, espléndidamente ilustrada y explicada por el estudio de la ciencia y sabiduria de los teôlogos—, creemos llegado el momento p reest able ci do por la providen­ da de Dios para proclamar solemnemente este privilegio de Maria . Virgen. Nos, que hemos puesto nuestro pontificado bajo el especial patrodnio de la Santisima Virgen, a la que nos hemos dirigido en tantas tristisimas ccntingendas ; Nos, que con rito pùblico hemos consagrado a todo el género humano a su Inmaculado Corazôn y he­ mos experimentado repetidamente su protecciôn valiosisima, tenemos firme confianza de que esta proclamation y definiciôn solemne de la Asuncion sera de gran provecho para la humanidad entera, por­ que darâ gloria a la Santisima Trinidad, a la que la Virgen Madré de Dios esta ligada por vinculos singulares. Es de esperar, en efec­ to, que todos los cristianos sean cstimulados a una mayor devotion hacia la Madré celestial, y que cl corazôn de todos aquellos que se glorian del nombre cristiano, se muevan a desear la union con el cuerpo mistico de Jesucristo y el aumento del propio amor hada Aquella que tiene entranas maternales para todos los miembros de aquel Cuerpo augusto. Es de esperar, ademâs, que todos aquellos que mediten los gloriosos ejemplos de Maria se persuadan cada vez mâs del valor de la vida humana, si esta entregada totalmente a la ejecuciôn de la voluntad del Padre celeste y al bien de los prôjimos; que, mientras el matérialisme y la corruption de las costumbres derivadas de él amenazan sumergir toda virtud y hacer estragos de vidas humanas, suscitando guerras, se ponga ante los ojos de todos, de modo luminosisimo a que excelso fin estân destinados los cuerpos y las aimas; que, en fin, la fe en la asunciôn corporal de Maria al cielo haga mâs firme y mâs activa la fe en nuestra resurrection. La coincidentia providential de este acontecimicnto solemne con el Afio Santo que se esta desarrollando, nos es particularmentc grata porque esto nos permite adornar la frente de la Virgen Ma­ dré de Dios con esta fûlgida perla, a la vez que se celebra cl mâximo jubileo y dejar un monumento perenne de nuestra ardiente piedad hacia la Madré de Dios” (cf. ibid., p.656-657 n.810-811). G) La definiciôn “Por tanto, después de elevar a Dios muchas y reiteradas pre­ ces e invocar la luz del Espiritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que entregô a la Virgen Maria su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrcditar la gloria de esta misma augusta Madré y para gozo y alegria de toda la Iglesia, con SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 343 la autoridad de Nuestro Senor Jesucristo, de los bienaventurados apôstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y définîmes ser dogma de rcvelaciôn divina que la Inmaculada Ma­ dré de Dios, siempre Virgen Maria, cumplido el curso de su vida terrena, fué asunta en cuerpo y aima a la gloria celestial. Por eso, si alguno, lo que Dios no qui era, osase negar o poner en duda voluntariamente lo que por Nos ha sido definido,^ sepa que ha naufragado en la fe divina y catôlica” (cf. ibid., p.657-658 n.812). SECCION VIL MISCE LANE A HISTORICA Y LITERARIA I. 563 LEYENDAS Y TRADICIONES La fantasia humana ha mezclado en el transcurso de los siglos, con algunos recuerdos tradicionales que pueden ser historicos, no pocos episodios imaginarios, en su mayoria pura leyenda o ficciones de diversa categoria literaria. Vale la pena, sin embargo, conocer estos escritos apôcrifos, porque el solo hecho de que se hayan tejido denota que existia cuando se escribieron la misma crecncia que ahora en el dogma actual de la Asuncion de Maria en cuerpo y alma a los cielos. Mas que un anâlisis de los diversos relatos, preferimos reproducir la sintesis del doctisimo exégeta e ilustre Prelado D. Jé­ sus Enciso, en la actualidad Obispo de Mallorca (cf. Por los si/ideros de la Biblia. Jesucristo [ed. Studium, 1957 p.134-137). 564 “El apôcrifo que refiere la muerte y asimciôn de la Virgen se titula “Transite de la Bienaventurada Virgen Maria”, y ha sido tratado mâs de una vez por diversas plumas, que le daban nuevos desarrollos parciales. Todos estos escritos convienen en afirmar que, cuando muriô la Virgen, estaba présenté San Juan, al que sc unieron los otros Apôstoles, y que en el momento en que entregô su espiritu fué recogida su aima por Jesucristo y llevada a la gloria. Mâs tarde el cuerpo mismo de Maria fué llevado por los ângeles al Paraiso. Estos hechos tuvieron lugar dos anos después de la As­ cension, segùn cl apôcrifo, mientras otros lo retrasan hasta once y quince anos. La escena se habia desarrollado en Jerusalem” A) 565 La pabna del Paraiso Uno de los rasgos pintorescos es el de la palma del Paraiso. Ya cuando la Sagrada Familia huia a Egipto, el apôcrifo llamado “Evangelio del Pseudo-Mateo" dice que el Nino· Jesûs concediô a la palmera que habia propordonado alimento a su Madré el privilegio de que un ângel tomase una de sus ramas y la trasplantase al Paraiso. Ahora, cuando faltaban tres dias para la muerte de Maria, el ângel del Senor habia traido una rama de la palma del Paraiso, que resplandccia con gran luminosidad. Con ella habia de entrar Maria en el cielo, cuando Jesucristo viniese a redbirla rodeado de todas las virtudes celcstiales. La Virgcn la entregô a San Juan y le pidiô que la hiciese llevar delante de su férctro cuando la condujesen al se­ pulcro. Por eso la iconografia distingue a veces a San Juan con V' A* X ‘I .*- SEC. 7. mischlAnka historica y literaria 345 una palma, y con clla le vemos salir al encucntro de -los otros Apôslolcs cuando acudian a prcscnciar la muerte de la Madré de Dios. B) El trânsito 566 Segûn estos mismos apôcrifos, todos los Apôstolcs fueron avisados por el Espiritu Santo, y sobre una nube luminosa fueron trasbdados a Jerusalén, donde rodearon el lecho de la Virgen. El escrito pone en labios de San Juan esta descripciôn refiriéndose a Maria: “Sus lâgrimas corrieron, y las enjugué con mi vestido, y yo iloraba y las très virgenes lloraban también muy afligidas. Y le dije: jPor qué ternes salir de este mundo, Τύ que has engendrado al Cristo? iQué harân, pues, los que estân en tu torno y que ignoran cuâl sera su suerte al dejar el mundo? Porque recibirâs de tu Hijo corona brillante y la pondras en las cabczas de los hombres justos, y un castigo eterno caerâ sobre los que lo hayan merecido. No te entregues, pues, a la tristeza y al dolor, ich bienaventurada Ma­ ria!, porque el Espiritu Santo me ha dicho en Efeso que los de­ mis companeros mios se reunirân a tu lado para solicitar tu bendiciôn, como ha dicho David.” Y, efectivamente, llegaron los Apôstoles sobre las nubes, y se acercaron a Maria y la saludaron, y Ella se regocijô. Y Juan los saiudaba, y sobre sus coronas se alzaba la magnifica aureola de Cristo. Maria se incorporé en su lecho y los bendijo y alabô a Dios didendo: "Confio en mi Senor, en que vendra del cielo para que Yo' lovea como os veo a vosotros”. C) La Asuncion El viernes por la manana, por disposiciôn del Espiritu Santo, 11eΜτοη a Maria a una caverna que habia en el camino de Getsemani, y alli quedaron en oraciôn en torno a su lecho. No son para contar aqui los innumerables prodigios y curaciones de que estos escritos rodean taies episodios. Por alli desfilaron todos los Patriarcas del Antiguo Testamento, empezando por Adân y Eva. Por ùltimo apareciô Jesucristo rodeado de majestad. Las artes plasticas los representan junto al lecho mortuorio de su Madré teniendo en sus bra205 una nina. Es cl aima de la Virgen. “El rostro de la bienaventurada Maria—escribe el apôcrifo—resplandeciô con una claridad maravillosa, y extendiendo las manos los bendijo a todos. Y el Senor tendiô su santa mano y tomô su aima para, que fué llevada a los tesoros del Padre. Y se produjo una luz y un aroma suave que en el mundo no se conocen, y he aqui que tma voz A'ino del cielo diciendo: “Yo te saludo, dichosa Maria, benéitay honrada eres entre todas las mujercs". Y Juan, discipulo, ex­ tends la mano de la Virgen, y Pedro cerrô sus ojos, y Pablo extendiô sus pies, y Nuestro Senor subiô a su reino eterno escoltado por los ângeles y en medio de alabanzas.” 'I 567 f ASUNCION A LOS CIELOS. 15 AGOSTO 346 568 D) El ceiiidor de Tomâs L«s Apôstoles cubrieron la entrada de la caverna con una gran piedra, y quedaron en oraciôn durante tres dias, en que estuvieron oyendo siempre el Cantar de los Cantares. Una gran hiz los envolviô de manera que no podîan ver nada, y entre tanto, la Virgin sin mancha fué llevada cn tri unio al Paraiso. Alli estaban los Apôstoles en oraciôn cuando llegô sobre una nube el apôst 1 Tomâs. Cuando venia, habia visto el cortejo de los ângeles que llevaban en hombros el cuerpo de la gloriosa Virgen Maria, y los mandô parar para obtener su bendiciôn. Al verle acercarse. Pedro le reconvino por no haber llegado a tiempo. Pero Tomâs se justifier) diciendo que, cuando recibiô el aviso, estaba bautizando a un sobrino del rey de la India. Ahora deseaba ver el cuerpo de la Virgen. Le dijeron que estaba encerrado en la caverna, pero él no lo queria crcer mientras no lo viese. En vano le recordaron su incrcdulidad del dia de la Rcsurrecciôn del Senor. Tomâs insistia, hasta que irritado Pedro, retiré» la piedra de la boca de la caverna ayudado por sus compafieros, y comprobô con sorpresa que la caverna estaba vacia. Tomâs les dijo: “No os aflijâis, hermanos, porque al venir yo de la India vi en una nube el santo cuerpo acompanado de multitud de ângeles con gran gloria, y pedi que me bendijese, y me diô este cenidor”. E) La entrada en el cielo La entrada de Maria en el cielo es uno de los ternas que mâs se prestan al ejercicio de la imagination. El rccibimiento que le dispensan los bienaventurados, su paso junto a los tesoros donde se guardan la nieve, el granizo, el rocio y el trueno, y otras cosas semejantes. el homenaje prestado por todos los ângeles y santos son otros tantos asuntos de innegable colorido. Fué pasando a través de doce puertas, y al pasar la duodécima encontrô a la Santisima Trinidad. Una vez alli, Maria no olvida que es la Madré de los pecadores, y se dedica a pedir por ellos. Con esto comienza una serie de milagros debidos a la intercesiôn de Maria”. 570 II. EL MISTERIO DE ELCHE (Cf. Festa d’Eliq., Elche. agosto 1950). Todos los afios, durante los dias 14 y 15 de agosto, la ciudad de Elche représenta su Misterio liturgico, en el que describe el Tran­ sito y la Asuncion de la Virgen Maria. Fué un 15 de agosto (el aüo 1265), cuando el rey Don Jaime cla­ vo su bandera en la Torre de Calahorra, y, al grito de i Santa Ma­ ria !, conquistô la antigua Elx para la Cristiandad. Segùn la tradi•îôn, un siglo después (el 29 de diciembre de 1370), el guardacostas SEC. 7. MISCEI.ÂNEA HI8TÔR1CA Y MTERARÎA 347 Francisco Cantô vio venir por cl mur un area. Congregado el pue­ blo junto al arca y abierta ésta, apareciô en su interior una imagen de la Virgen, y con ella, ci primer Cousue ta, o Director de lo que habia de representarse cada ano cn memoria del Transito y Asun­ cion de Nuestra Senora. Y desde esta fecha es tradicional que se représente en Elche el Misterio todos los afios, como unico draina litûrgico, que escape» a la prohibition del Concilio de Trento, por autorizaciôn de Urba­ no VII, en atcnciôn a que, cn sus rcprcscntacioncs, no concurrian bs abusos a que se habia llegado cn las rcpresentacioncs de los de­ mis Misterios. La primitiva musica monôdica semigregoriana y semipopular, de una belleza racial asombrosa, fué enriquecida con pasajes polifônicos durante los siglos xvi y xvn, principalmente en el transcurso dt la época de oro de la Escuela Valenciana. La lôgica del Cristianismo descubriô un gran Misterio en el fin de la rida mortal de Maria. La palabra con que hoy se designa ese fin, Asuncion, fué inventada por los espafiolcs dei siglo ix ; pero el Misterio era venerado desde los primeros tiempos de la Iglesia. Sin duda, Maria paso por la muerte, dice San /Xgustin, mas no se quedô en ella... ... Pero, dcômo sucediô el prodigio? iQué tircunstancias extraor­ dinarias acompafiaron el trânsito milagroso de Alaria? La tradition callaba y el hecho quedaba envuelto en sombras impénétrables, La piedad sencilia del pueblo pedia certidumbres y claridad. Y apareciô la version deseada y presentida; un relato delicado e ingenuo, una de las narrationes mâs bellas de leyenda dorada, una espetie de drama lleno de vida, que termina con un epilogo magnifico, una delicada historia, iluminada de estrellas y de ângeles, perfumada de brios y de inciensos, decorada de todas las pompas del Cielo y de tedas las bellezas de la tierra. Asi es el Misterio de Elche... Un ângel se aparece a la Virgen y le entrega una palma. “Ma· ria-le dice—, levântate. Te traigo esta palma para que, cuando mueras, la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anuntiarte que tu Hijo te aguarda”. Maria tomô la palma, que brillaba como el lucero matutino, y el ingel desapareciô. Tal fué el preludio del gran acontetimiento. Poco después los Apôstoles, que sembraban la semilla evangélica por to­ das partes dei mundo, sintiéronse arrastrados por una fuerza misteriosa hacia la habitation de la Virgen, que tendida sobre su le­ cho, aguardaba la venida de la muerte. Entre tanto, el aima de Maria se desprendiô del cuerpo y fué elevada mientras cantaban los ân­ geles... Los Apôstoles organizaron las exequias. Formôse el cortejo. San Juan cammaba delante llevando la palma ; los demâs Apôstoles can­ taban salmos. En esto aparece una muchedumbrc ainenazadora de judios. Quieren arrebatar el cuerpo virginal y quemarlo. Pero uno queda ciego repentinamente, recobrando la vista después de pronun•iar estas palabras: “Creo que Alaria es el Templo de Dios”. Por orden divina, los Apôstoles permanecieron velando junto al sepulcro de la Virgen, cuando sc abre el Cielo y desciende de lo alto il coro de ângeles. El cuerpo de Alaria se uniô a su aima. Los ân­ geles la rodearon, empujândola hacia las alturas. Ya iba a des- «l| 348 Ι.Λ ASUNCIÔN A I.0S CIELOS. 15 AÜOSTo aparecer, cuando Santo Tomas llegô desde la India. Kl emocionante drama termina con la coronaciôn de Maria, segun las palabras bîblicas: “Ven, seras coronada con corona de gracia". Tal es la version popular de la Asuncion. La Iglesia mozarabe la recogiô en su liturgia y nuestros antepasados de hace mâs de mil aiios aguardaban el dia en que iban a oir esos relatas... ... No se encontrarâ una sola de nuestras catedrales donde no aparezea alguno de esos episodios... Y, por encima de todo, el Mis­ terio de Elche, ese maravilloso drama sacro-lirico que pregona ante la faz del orbe la firme creencia de un pueblo en la Asuncion de la Virgen. • ; SECCION VIH. GUIONES IIOMILETICO Dogma y esperanza A. La definiciôn. 571 El dia 1 de noviembre de 1950 la plaza de San Pe­ dro, la aneja de Rusticuci y media avenida de la Conciliaciôn estaban abarrotadas. Centenares de obispos oyeron la palabra clara del Papa definien­ do el dogma. Después hubo salvas y bandadas de palomas, mientras repicaban las campanas de todo el orbe. Fué la gran fiesta de Maria. Los motivos. 572 La verdad estâ ya definida, y sus motivos son fa­ ciles de comprender. a) Por parte de Cristo. 1. El mcjor de los Hijos queria para su Madre lo mejor. Permitiô que sufricse sin limites, porque eso era lo mcjor. Penmaneccr, en cambio, en el sepulcro ya no podia anadir mérito alguno a su aima. Y Cristo no· permitiô esc mal. 2. Los hijos quieren a sus madrés siempre hernio­ sas. Cristo quiso asi a la suya y no consintiô la corruption del sepulcro. b) Por parte de Maria. 1. Una sola carne era la de Cristo y la de Maria, Si en aquél no hubo corruption, tampoco debia haberla en esta. “El tabernaculo de Cristo es dig­ no de estar en donde estâ Cristo” (cf. San Agus­ tin, De Assumpt. V. M.: PL 40,1146). 2. Por su virginidad (cf. supra BOSSUET). 3. Por su Inrnaculada Concepcion. Si no tiene pe­ cado original no tiene ipor qué sufrir esta pena. 4. 'Por su colaboraciôn a la Redenciôn. Si el Reden­ tor resutitô y subiô a los cielos, bien estâ que le ocurra lo mismo a la Corredentora. Asunciôn, fuente de esperanza. "Esperantos que esta fe en la asunciôn corporal de Maria al c.ielo ha a a también mas firme y viva la fe 573 350 LA ASUNCIÔN A LOS CIELOS. 15 AGOSTO en nuestra propta resurrection" (cf. bula de la de­ finie. Munificentissimus Deus: AÀS 24 [1950] 770). b) La resurrection del cuerpo se funda en la resurrec­ tion de Cristo y liene el anticipo mâs hermoso en la Asuncion de Maria. 1. El nuevo Adân hecho a nuestro cuerpo “espiritu vivificante" (1 Cor. 15,45). Naturalmente debiera terminar en polvo y ceniza, pero el cielo no estaria completo. Nuestro cuerpo saliô de las ma­ nos de Dios y esta bien que vuelva a ellas. 2. Para eso fué menester que Cristo nos arrebatara dei imperio de la muerte. 3. Ya lo consiguiô y la primera criatura que se ha visto libre es Maria. Nosotros la seguiremos. Pero adeniâs Maria es nuestra Madré. En el cielo esta deseosa de que nuestro cuerpo llegue a donde esta el suyo. 2. Y de Ella esperamos las gracias necesarias para conseguirlo. 1. Méritos de Maria y bienes nuestros 1 574 I. Misterio de nuestra esperanza. A. El misterio de la Asuncion es el misterio de la glo­ ria de Maria, pero debe serlo también de nuestra esperanza. B. Para ello debemos aprender: a) Cuôl fué el verdadero principio de la gloria de Maria. b) Ctial es la utilidad que nos reporta su Asuncion a los cielos. 575 II. El principio y causa de la gloria de Maria. A. La matemidad divina no es en si misma la causa de la glorification de Maria. a) La maternidad exige la santidad y las virtudes, pero rin estas no hubiera merecido nada. b) Mas otin, el hecho de la matemidad no es meritorio, sino por su aceptaciôn y las virtudes que inovieron a la Santisima Virgen a aceptarla. La causa de su mérito fué su virtud, y entre las virtudes: a) La obediencta y fidelidad a Dios. ... ’ Estc Kuiôn extrada un scrmôn famoso de Bourdaloue (cf. ed. Firmin θ'-tot, t.3 p.245 ss). SEC. 8. GIHONES HOMH.fcïICOS 351 1. Cuando le dijeron al Senor: Bendita sea la madre que te trajo al mundo y benditos... contesté que mas benditos aûn los que otan la palabra de Dios y la cum p Han (lx. 11,27). 2. Nadic mas obediente y fiel a la palabra del Sefior que la que se llamo a si misma su esclava. 3. Si, pues, esta obediencia le bastô para que .pudiera ser bienaventurada viviendo en la tierra, esa mis­ ma obediencia es la que le merece la gloria del cielo. b) S'u humildad. Quia respexit humilitatem ancillae suae (Le. 1,48)... Porque el Senor miro su humildad y pequenez, la bendiccn en el cielo y en la tierra (cf. supra Visitation, guiôn sobre este versiculo dei “Magnificat”). C. Cotejemos el premio dei Senor con el de Maria. Se anonadô a si mismo, se hizo obediente hasta la muerte y por eso Dios le concediô un nombre sobre todo nombre, ante el cual los cielos y la tierra deben doblar la rodiila (Phil. 2,7). Porque Maria fué obediente y se humillô, hoy es recibida en el cielo con un nombre también sobre todo nombre. III. Bienes que recibimos de la Asunciôn. iCuâl es su poder y voluntad de ayudarnos desdfe el cielo? A. Si en la tierra ya se la invocaba y su intercesiôn era poderosa, £cuâl no s'erâ en el cielo? a) AIH la caridad crece, porque la caridad depende de lo que se enlienda a Dios, y en el cielo la misma Santi­ sima Virgen lo entendiô mâs que n.un:a gracias a la vision intuitiva. Y al amar a Dios amaba también mâs a los hombres. b) Su poder es mayor, una vez coronada reina, y comenzado el ejercicio de su funciôn. c) Alli si que su Hijo no puede decirle que todazda no ha llcgado su hora. d) Alli conoce mejor nuestras necesidades. Todas y las de todos, B. Tenemos, pues, alli una abogada omnipotente, con una omnipotencia suplicante. C. Y una Madre de misericordia, sobrt todo para los pecadores. En realidad, ino le debe a los pecadofes su gloria? ^Qué fin tuvo en la Encarnacion y Redenciôn, sino salvarnos? Ι.Λ ASUNCION A LOS CIKLOS. 15 AGOSTO La Asuncion, fiesta de Maria 577 578 5 Y· I. La fiesta de Maria. Durante algûn tiempo a la fiesta de la Asuncion se la designaba simplemente con el nombre de fiesta de Ma­ ria, como si ella resumiera todas las glorias de Nuestra Senora. Asi es. II. La Asuncion de Maria es el complemento del amor de Maria. A. Cuâl fuera su amor debe cotegirse por el hecho de que en Ella se unieron los dos mâs fuertes de la naturaleza y de la gracia. De la naturaleza, el amor de madré, y de la gracia, el amor dfe Madré a su Hijo-Dios (cf. supra, Bossuet). Por eso Maria muriô de amor. puede morir con amor. Quien no muere con amor no se salva, puesto que el amor de Dios es necesario y la gracia santificante importa el amor de caridad. b) Se puede morir por amor como los mârtires. Es un grado mâs. Y se puede morir de amor, como Maria. En efeclo, el amor tiende a la union de los dos amantes. El amor de Maria, de tal manera la atrajo hacia su Hijo que fué disolviendo su cuerpo poco a poco. deseo de union. Este mismo principio del deseo de union nos hace ver como en el cielo recibiô su perfecciôn el amor de Maria. La vision beatifica supone la mâxima union del hombre con Dios. îCuâl no séria la de Nuestra Seüora? 579 IIL Es el complemento de la gracia de Maria. A. El ângel la saluda diciendo: “Ave, gratia plena”. a) La gracia es semilla de gloria. La gracia se conviertc en cielo. b) En cl merccer del cielo interzienen très elementos: la gracia y las virtudes, que componen el ôrgano de nueslras buenas obras sobrenaturalisadas. La gracia actual, que despierta su actividad, y nuestra voluntad, que coopéra y ejecuta la obra. Tal es el organismo sobrenatural dei merito v tal la economia de la gracia. SEC. 8. GUIGNES HOMILÉTÏCOS 353 c) Maria llena de gracia y de virtudes. La gracia actual fué en ella superabundantisima, puesto que debia acompasarse al grado de la habituai y sus virtudes. jQuién dudarâ de su coopération? d) Esta gracia se convierte en la gloria mâs alta que haya podido recibir criatura alguna. B. Pero la gloria debe serio por disposiciôn divina. a) Del hombre entero y no solo de su aima, como hubiera podido serlo, sin ofensa alguna para nosotros. b) Sin embargo, Dios la demora. Todos hemos vivido algiin tiempo sin gracia y todos se ven privados algûn tiempo de la vida celestial del cuerpo. c) Maria viviô siempre en gracia y tan abundante que su cuerpo mercciô subir con el aima al cielo. IV. La Asuncion, plenitud de la Redenciôn. De la Redenciôn no ha participado nadie todavia total­ mente mâs que Nuestra Seüora. A. La victoria de Satanâs introdujo en el mundo el pe­ cado, la ira de Dios, el castigo, la concupiscencia y flaquezas temporales y la muerte. La victoria de Cristo destruyô el pecado, amansô la ira de Dios, cerrô el infiemo, diô la gracia suficiente para domeüar a las pasiones, nos trajo la revelaciôn que compensera nuestra ignorancia y concediô a la especie humana el don de la resurrection de los cuerpos. Pero este ùltimo don no sfe disfruta hasta el dia del juicio. _ Maria, en cambio, disfruta totalmente de la Redenciôn y en forma mâs perfecta que ninguno. Iî 580 fl No llcga a contraer el pecado original. No padece ninguna de las consecuencias del pecado que puedan importar alguna deformidad o fealdad, como la concupiscenda. c) Sin embargo, es pasible y mortal para que mas se asemeje a su Hijo, y porque asi conviene al plan de la Redenciôn. d) Pero apenas muerta, si es que merece el nombre de muerte un breve sueîio, el cuerpo de Maria resucita y es llevada al cielo. En realidad, la cabeza de Sata­ nés ha q.uedado aplastada totalmente. a) b) V. Es el complemento del amor que cielos y tierra sienten por Maria. Hemos dicho que el amor siente el deseo de la union. A. Maria amaba a los hombres, pero los santos y los ângeles han amado todos a Maria. Este amor crece en el cielo como crecen alli todos los amores santos, y especialmente el de Dios y de quien le estâ tan intimamente unido. ta Palabra de C. 10 581 LA ASUNCION A LOS CIELOS. 15 AGOSTO 354 Los santos y ângeles ansiaban vivir con Maria. Pero con la Maria total, con la que habia dado a luz y amamantado a Cristo. El mismo Cristo lo deseaba. Y a la entrada en el cielo fué aclamada por el coro del amor. a) El Padre corono a su Hija. b) El Espiritu Santo abraso a su Esposa. c) El Hijo introdujo a su Madré. <0 Y los santos y ângeles aclamaron a su Reina. 582 VI. Es el resumen de nuestra espcranza. Nos basta con saber qut estaba en el cielo el aima de Maria. Pero nos cuesta tanto trabajo imaginar las almas... Nos hubiera parecido tan duro un juez que ni a su Madré le dispensaba el débito de la muerte. En el cielo esta Cristo, el adfclantado de los que resutitan, y esta Maria, la primicia de la resurrec­ tion de los que son simples criaturas. Uno y otra nos esperan a nosotros. La Asuncion nuestra y la de Maria 1 583 I. Nuestra ascensiôn. A. Como subir. a) “Felis el hombre que ha colocado en ti su apoyo, Por­ que ha sabido poner escalas en su corazôn en medio de este valle de lâgrimas, y en el lugar en que fijara su morada" (Ps. 83,6). Con estas palabras dei Salmo expondremos los pri­ meras pasos de las ascensiones del alma. b) El apoyo de Dios y su socorro. He aqui la fuente de todo bien. Nuestras obras nos pcrtenecen pero no por entero, puesto que vienen de la gracia. ujSe ensoberbece el hacha contra el que la maneja, la sierra contra el que la mueve?” (Is. 10,15), iLa pluma contra el que escribe? Si lo hacemos, robamos a Dios, de quien somos instrumentas, su gloria, c) jCômo aprovechar este apoyo? Disponiendo escalas en nuestro corazôn. Es verdad que las perfecciones invisibles de Dios se conocen a a Este guiôn estâ basado en el segundo Sermôn sobre la Asunciôn de Santo Tomâs de Villanueva. SEC. 8. GUIONES H0MII.ÉTIC0S 355 través de las criaturas (Rom. 1,20), pero la mejor de éstas es nuestra propia aima, imagen de Dios. El pri­ mer cambio y escalôn hacia Dios ha de partir de la reforma de nuestro propio corazôn, d) Podemos avanzar indefinidamente. No solo lo haremos mientras habitemos este valle de lâgrimas. Dentro de él cada uno vive en un estado determinado y ha de buscar la perfection sin hacerse ilusiones inutiles. 2. Ahora bien, dentro de él empléese con la mayor intensidad en subir. San Pablo decia: Hermanos, yo no creo haberla aûn alcanzado (la perfection), pero, dando al olvido lo que ya queda atrâs corro hacia la meta (Phil. 3,13-14). Si él pensaba asi... 3. Nosotros, en cambio, apenas si hemos comenzado a subir, cuando ya nos cansamos. B. Los grados de la ascension. Veamos cuâles son los grados de Vsta escala, leyendo el Evangelio de hoy: a) Jesûs entra en un castillo. El. primer paso debe consistir en que advirtamos la necesidad de que nuestra alma sea un lugar fuertemente construido y defendido. 2. En cuanto el Sefior entra en un aima, esta es atacada por dentro y por fuera. Hijo tnîo, si te das al servicio de Dios, prépara tu ànimo a la tentaciôn (Eccli. 2,1). Todos los que quicran virir con piedad en Jesucristo serân perseguidos (2 Tim. 3,12). 3. Esfuerzo y perseveranda son los cimientos de nuestra ciudadela. b) Marta saliô a recibirle, 1. El Sefior no entrarâ en nosotros, si el aima no sale a recibirle. No hace fuerza a nadie. Si el aima anda vagando de una parte a otra, É1 espera a que entre otra vez dentro de si misma. El recogimiento, he aqui el segundo grado de la escala. 2. El silencio es el culto de la justitia y el recogimiento es el principio de la virtud. El aima recogida podrâ permanecer un poco de tiempo estéril, pero no tardarâ mucho la gracia en hacerla fructificar. c) Salir a recibir al Sefior, esta es, ser generoso con alegria, 1. La Sagrada Escritura lo repite: Servid al Sefior con alegria (Ps. 99,2). 2. Sacrificios voluntarios (Ps. 53,8), etc. El religio­ so que estuviera dispuesto a cambiar su estado por un reino no encontrado todavia, el tesoro esI 584 k 585 586 587 356 588 LA ASUNCIÔN A LOS C1ELOS. 15 AGOSTO condido en la soledad. Este es el tercer escalon: la generosidad alegre. d) vida activa. “No fué Maria, sino Marta, la que se adelantô a recibir al Senor porque, segùn San Gregorio, todo el que quiera subir a las cumbrcs de la vida contemplativa debe primero ejercitarse en el trabajo de la llanura activa... 2. Una obra de caridad, lejos de rechazar a la contemplaciôn, la llama. Por cso, Marta llamô a su hermana Maria. Todos los santos reconocen que la Sabiduria di­ vina suele repartir sus rayes mâs vivos en medio de las obras de caridad... Un principe justo pre­ mia mejor el mérito que los honores y dignidades. No os agotéis en peticiones inutiles. Una obra ejecutada cuidadosamente os obtendrâ mejor el objeto deseado”. Este es el cuarto grado, y muy necesario, si no se quiere arruinar la obra. ·* jCômo debetnos ejecutar estas obras? Entregândonos celosamente a ellas como Marta No sera con cobardia y tibieza como cumplamos las obras de Dios. i Qué vergûenza debe darnos el celo de los hijos dei siglo en sus négocies! Ningûn hombre sube a cargos superiores sino des­ pués de haber cumplido exactamente en los infe­ riores. Por eso dice el Senor : Siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco... (Mt. 25,21). El celo verifica el quinto escalon. 590 El sexto consiste en la oraciôn. 1. Marta sabe recurrir al Senor. Los Apôstoles tambien: Senor, jno te das cuenta de que mi her ma­ na me déjà a mi sola? (Le. 10,40). jSâlvanos, Seüor, que perecentos! (Mt. 8,25). 2. i Ojalâ que tuviéramos nosotros por nosotros mismos una preocupaciôn tan celosa como la que tie­ ne Dios! Echad sobre El todos vuestros cuidados, puesto que tiene providenda de vosotros (1 Petr. 5,7). Una oraciôn que agrada al Senor es la que se hace en medio del trabajo pidiendo la contemplaciôn de lo celestial. Pureza, caridad, fervor, deseos y oraciôn para 11egar a estar sentado a los pies de Jesûs. Esa es la escala. fi % 591 g) Y una vez sentados a los pies de Jesus, seamos humildes. Estemos a sus pies, baiidndolos con las làgrimas de nuestra compunciôn. Y sobre todo escuchémosle. No es momento de que hablenios de nosotros, sino de que le oigamos a El. SEC. 8. CUIONES HO.MII.ÊTICOS 357 Π. La Asunciôn de Maria. A. Alegria que inunda el aima de la Virgen, cuando vuelve a recibir su cuerpo, cuando siente los brazos de su Hijo que la llevan al cielo. Cuando estâ alli, le da un beso mil veces mâs dulce que los que le daba cuando era un infante colgado de su pecho. Dignidad de Maria. A los santos los presentarân los ângeles. A Maria el mismo Dios. El Santo describe la entrada de Maria en el cielo, aclamada por los ângeles y todos los bienaventurados. ■ «9 * JA3 SECCION I. TEXTOS SAGHADOS 1. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus.—Hebr. 4,16: Adea­ mus cum fiducia ad thronum gratiae, ut misericordiam con­ sequamur, et gratiam invenia­ mus in auxilio opportuno. Ps. 44,2: Eructavit cor meum ver­ bum bonum: dico ego opera mea regi. Gloria Patri... Introito. — Llegémonos confiados al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el momento oportuno. Ps.: Eructé mi corazôn una palabra buena: digo yo:· Mis obras son para el Rey. Gloria al Padre... Oratio. — Omnipotens sempi­ terne Deus, qui in corde bea­ tae Mariae Virginis dignum Spi­ ritus Sancti habitaculum praepa­ rasti: concede propitius : ut eiusdem immaculati Cordis fes­ tivitatem devota mente reco­ lentes, secundum Cor tuum vive­ re valeamus. Per Dominum... in unitate eiusdem Spiritus Sancti... ' Oraciôn. — iOh Dios omnipotente y etemo, que preparaste en el Corazôn de la bienaventurada Virgen Maria una morada digna del Espiritu Santo: concédenos propicio que celebrando devotamente la fiesta de su Inmaculado Corazôn, podamos vivir segûn tu Corazôn. Por Nuestro Senor Je­ sucristo... en unidad del mismo Espiritu Santo. Graduale.—Ps. 12,6: Exsultabit cor meum in salutari tuo: cantabo Domino qui bona tri­ buit mihi: et psallam nomini Domini Altissimi. — Ps. 44,18: Memores erunt nominis tui in omni generatione et generatio­ nem: propterea populi confite­ buntur tibi in aeternum. Graduai. — Se regocijarâ mi corazôn en tu Salvador: cantaré al Senor por los bienes que me ha hecho y alabaré el nombre del Altisimo.—Recordarân tu nombre de generaciôn en generation: por lo cual, los pueblos te alabarân eternamente. Alleluia, alleluia.—Le. 1,46-47: Magnificat anima mea Domi­ num: et exsultavit spiritus meus in Deo salutari meo. Alleluia. Aleluya, aleluya.—Mi alma engrandece al Senor, y mi espiritu se regocijô en Dios mi Salvador. Aleluya. Offertorium.—Le. 1,46-49: Exultavit spiritus meus in Deo salutari meo; quia fecit mihi magna qui potens est et sanc­ tum nomen eius. Ofertorio.—Mi espiritu se re­ gocijô en Dios, mi Salvador, por­ que ha hecho en mi grandes cosas el que es poderoso: y su nom­ bre es santo. Μ EL INMACULADO CORAZÔN DE MARIA. 22 AGOSTO Secreta.—Al ofrecer, Setter, a tu divina majestad el Cordero inmaculado, te pedimos que infla­ me nuestro corazôn aquel divino amor que abrasô de un modo inefable el Corazôn de la Santi­ sima Virgen. Por el mismo Jesu­ cristo. .. Secreta.—Maiestati tuae, Do­ mine, Agnum immaculatum of­ ferentes, quaesumus: ut corda nostra ignis ille divinus accen­ dat, qui cor beatae Mariae Vir­ ginis ineffabiliter inflammavit. Per eumdem Dominum... Praefatio.—(El mismo de las festividades anteriores.) Comuniôn.—Jésus dijo a su Ma­ dré: Mujer, ahi tienes a tu hijo. Luego dijo al discipulo: Ahi tie­ nes a tu Madré. Y desde aquella hora recibiôla el discipulo en su Communio. — lo. 19,27: Dixit lesus Matri suae: Mulier, ecce filius tuus: deinde dixit disci­ pulo: Ecce Mater tua. Et ex illa hora accepit eam discipulus in sua. Poscomunion.—Confortados con tus divinos présentes te suplica11Ws, Senor, encarecidamente, que por la intercesiôn de la bienaven­ turada Virgen Maria, de cuyo inmaculado Corazôn hemos celebrado la festividad, nos libres de los peligros de la vida presente, para que consigamos los goces de la eterna. Por Nuestro Senor... Postcommunio. — Divinis re­ fecti muneribus te, Domine sup­ pliciter exoramus: ut beatae Mariae Virginis intercessione, cuius immaculati Cordis solemnia venerando egimus, a prae­ sentibus periculis liberati, ae­ ternae vitae gaudia consequa­ mur. Per Dominum nostrum lesum Christum... II. EPISTOLA (Eccli. 24,23-31) (Cf. supra, fiesta de la Ma ternidad de Maria.) III. EVANGELIO (lo. 19,25-27) (Cf. supra, Los Dolores de Nuestra Seüora). SECCION II. COMENTARIOS GENERALES Por decreto de mayo de 1944 (cf. AAS 28 febrero 1945), Ja Sagrada Congregation de Ritos extendia a todo el mundo la festividad dei Inmaculado Corazôn de Maria, asignândole el dia 22 de agosto, y con ello coronaba un amplio movimiento de varios siglos, acentuado en el ultimo. Aprovechando esta fiesta dividiremos nuestro articulo en tres partes: Culto a la Santisima Virgen; Culto al Inmaculado Cora­ zôn de Maria, y Consagraciôn al mismo. 594 I. CULTO A MARIA SANTISIMA A) Maria y los protestantes 595 El que los herejes hayan sido enemigos de Maria no cs cosa nueva. Nestorio ya decia: “No hagais de la Virgen una diosa” (cf. Loofs D. Nestoriana, Die fragmente des Nestorius [Halle 1905] p.337). Pero en estos ùltimos tiempos han sido1 los protestantes quienes han levantado la bandera contra el culto mariano. a) La NEGACIÔN 'DEL CULTO MARIANO 596 Es muy natural que quienes niegan a todos, incluso a Maria Santisima, la gracia, el merito y el valor de las obras, les nieguen también un culto, que al fin y al cabo no es sino el reconocimiento de esa excelencia sobrenatural. Como por otra parte no es posible negar la existencia no de un exceso de culto mariano, puesto que en ello no habrâ nunca exceso, ni podrâ quejarse un hijo del amor que tengamos a su madré por grande que este sea, sino que la superstition e ignorantia populares se han entremezclado en este punto alguna que otra vez, cofno se han entremezclado en todo lo humano, los novadores en vez de separar lo real y justo de lo superstitioso, generalizaron y atacaron a la Iglesia, y apoyândose en lo que estaba mal se levantaron contra lo que es muy deseable. b) Una frase de Lutero Lutero, en un magnifico comentario del “Magnificat", donde ensalza liricamente la dignidad de la Madré de Cristo, y advierte que no hemos de detenemos en Ella, sino que hay que llegar a 597 EL INMACULADO CORAZON DE MARIA. 22 AGOSTO 364 Cristo, puesto que Ella no hace, sino que es Dios quien lo hace todo, y Ella no es sino el laboratorio en donde É1 trabaja, frases admisibles todas en cierto sentido, termina finalmente por llamar loco al Papa “que olvida a Dies y pone a Maria en su lugar” (cf. Werke, 7,569). c) Calvino y la acusaqôn de mariô latras Calvino nos acusa de que otorgamos a Maria hasta un verdadero imperio sobre su Hijo. y de que repitiendo el grito de la mujer del Evangelio, nos callamos la reprensiôn de que fuera objeto (cf. Harm. Εν. in Le. 1.48 col.38 y bi Mc. 11,28 col.348). Desde entonces hasta aqui se ha venido repitiendo incesantemente contra los catôlicos la acusaciôn de mariôlatras. Actualmente es necesario distinguir. Los predicadores populares, por lo general pertenecientes a ramas calvinistas, siguen en sus ser­ mones y folletos repitiendo los mismos argumentes infantiles. d) El ambiente en Suiza En cambio, el ambiente general de los doctores no es el mismo. En la catedral de Berna existe una Piedad en mârmol, y si bien es cierto que a sus pies figura un cartel diciendo que es una obra de arte donada por su autor, también es cierto que en otros tiempos y en Suiza ni al autor se le hubiera ocurrido regalarla, ni los pastores se hubieran atrevido a colocarla en el suelo de la nave en que se encuentra. Otro doctor suizo y protestante. Karl Barth, disculpa a los catôlicos apoyândose en Santo Tomâs de la acusaciôn de divinizar a Maria. 600 Reacciôn en Inglaterra e) Pero donde el culto mariano se esta volviendo a introducir y hasta con ceremonias populares de intimo sabor catôlico es en In­ glaterra. No es raro hoy dia asistir muy devotamente a una procesiôn de la Santisima Virgen por el interior de un templo, aunque hicgo resuite anglicano. Como dato curioso hay que traer a cuento la respuesta del archimandrita griego Benedicto Tsenevakis, indignado contra las acu­ saciones protestantes. 601 f) La Iglesia ortodoxa “La Iglesia ortodoxa rechaza con indignaciôn los rumores y acusaciones de quienes la critican por la asi llamada mariolatria. Ella no adora a,Maria, sino solamente a Dios Uno y Trino. Lo que hace es engrandecer, glorificar, honrar y venerar a Maria como a Madré de Jésus segùn la carne, y la propone a los fieles como ejemplo y modelo de toda virtud. Sabe muy bien y enseûa que la Virgen Maria no es el Seûor, sino la esclava del Seûor ; no es el rey, sino el trono del rey; no es el sol resplandeciente con luz pro­ pia, sino la lima que refleja la luz del sol; no es la fuente, sino la boca de la fuente; no es la orilla, sino el puente que conduce a la 1 •T sec. 2. COMENTARIOS GENERALES 365 orilla; no es la redentora, sino la que ruega, intercede y suplica al Redentor, y por la gracia de este hace milagros en el mundc/’ (cf. Maria di Nazareth [Napoles] p.59). B) Razôn teolôgica del culto a Maria Culto significa honor tributado a un ser, cuya superioridad o excelencia se reconoce. Exige, pues, una cierta excelencia que es la causa y objeto dei culto y una cierta depcndencia u obligaciôn de reconocer y venerar esa excelencia. a) Culto civil y religioso Con sola esta definiciôn quedan rcsueltas todas las dificultades que puedan oponersc al culto mariano. Segùn que la excelencia sea de una u otra clase, asi sera el culto. Si esta superioridad honrada es puramente civil, v.gr. : los bénéficias prestados al bien comûn, el culto sera civil y si la excelencia consistiera en algo sobrenatural, el culto sera religioso. Latrîa b) y dulîa Dicho esto, aparece inmediatamente una primera y esencial di­ vision dei culto religioso. La excelencia de Dios es infinita, la de los hombres es siempre limitada. Debe, pues, darse una clase de honor y culto reservado para Dios, y que recibe el nombre de latrîa, cuyo acto principal es la adoraciôn, nombre que a veces se emplea en sentido amplio e impropio. Muy por debajo de la excelencia di­ vina esta la que la gracia confiere a los santos, a los cuales corres­ ponde otro honor inmensamente inferior y que se llama de dulîa. c) Hiperdulîa Pero entre los hombres santos nos encontramos con una persona que en el orden de la gracia aventaja a todos cuantitativamente y en grado extraordinariamente superior. Por otra parte, en el orden que pudiéramos llamar casi ontolôgico, o por lo menos de dignidad del cargo y oficio, el que disfruta de Madré de Dios la coloca a su vez por encima de toda criatura. Justo es, pues, que la distingamos con un culto especial que no sera nunca el de Dios, pero si muy su­ perior al de los santos. Ese culto recibe el nombre de hiperdulîa (cf. canon 1255). Queda, pues, claro que el objeto dei culto a la Santisima Vir­ gea es su propia persona, y el motivo u objeto formai, segun la terminologia escolâstica, su dignidad de Madré de Dios y la santidad eminente de que fué dotada. Dentro de estos motivos encajan perfectamente los derivados de sus funciones de Medianera de las gracias y de su cooperaciôn a la redenciôn, que fundamental! todos ellos actos de agradecimiento, respeto, sumisiôn, etc. 602 366 EI. INMACULADO CORAZON PE MARIA. 22 AGOSTO C) Actos dei culto mariano Son los seis siguientes: 603 a) Veneraqôn Diriamos que corresponde al acto de adoraciôn para con Dios, y consiste en reconocer y honrar las excelencias de Maria Santisima. Ya hemos dicho cuâles sean éstas. 604 1. Radonabilidad del acte La racionabilidad de este acto esta fuera de toda duda. Bien esta que honremos a los grandes hombres, pero, sin embargo, no estamos obligados a testimoniarles nuestro respeto a todos. Un gran musico puede pasar por toda una ciudad .sin tener derecho a que nadie le sahide. Para que exista esta obligaciôn es necesario que el que presta el homenaje tenga algun lazo de gratitud o dependenda para con el homenajeado. La excelsi tud de Maria es altisima y nuestros lazos evidentes. Nuestra dependenda de Dios nos fuerza a honrar a su Madré; la comunidad formada por todas los que perteneccmos al cuerpo mistico nos obliga a honrar a sus miembros principales, a los mejor dotados de gracia y de virtudes. Los benefidos recibidos de Maria aüaden una nueva dependencia. Para negarla es fuerza recurrir como Lutero y Calvino a una maternidad en la que Maria no torna sino una parte meramente fisica y pasiva, y atm con eso se requiere suponerla pecadora y llena de faltas que compensen o mejor dicho desacrediten la dignidad de su estado de Madré. No les calumniamos. Bourassé recoge textes de Lutero en los que a los que veneramos a Maria nos dice que somos igualcs a Ella, pobre, despreciable, afligida, desesperada, vil, infima (cf. Summa aurea 8.666). Calvino dice que no es bien­ aventurada, sino desgracîada y manchada de pecados (ibid. 4,1106). En cambio, cuando la Iglesia no solo venera a Maria, sino que lo ensena en mil documentes, no hace sino seguir lo que la misma Sagrada Escritura nos ensena. Basta con leerla sin prejuicios y aplicar a Maria el criterio que solemos aplicar normalmente a las ma­ drés, y aun a los hombres justos. Cuando los protestantes mâs acerrimos leen que Maria anunciô que séria llamada bienaventurada por todas las generaciones, i no se sienten ellos cxcluidos de esas generaciones? El ângel diciendo: Ave. gratia plena, nos da ejemplo de culte y nos indica uno de los motivos. Cuando una matrona anciana, San­ ta Isabel, se inclina y llama a Maria, bendita entre todas las mujeres, porque ha nncontrado gracia, etc, esta haciendo lo mismo que el ângel. iQue la Sagrada Escritura no nos manda honrar a Maria? iQué importa? iAcaso nos manda venerar la Eucaristia? Basta con que nos diga que honremos a Cristo para que quede preceptuado el culte SEC. 2. COMENTARIOS GENERAI,ES 367 al Santisimo Sacramento. Pues también nos basta con que nos diga que Maria es de qua natus est Christus. El ciego de nacimiento apenas hubo conocido al que le euro, le adorô de rodillas. Nosotros apenas sabemos cuâl es la Madré de Dios, nos sentimos obligados a veneraria, aun cuando no nos lo manden. “iQué rey no manda a sus subditos honrar a su madré o a su esposa? 4 Y que hombre pru­ dente terne ofender al rey honrando a la reina como se merece?" (cf. San Lorexzo de Brtndis, Mariale p.308). “El que dice honra a tu padre y a tu madré, no es de maravillar que honre a la suya y quiera que la honremos todos sus amigos” (cf. De Virg. incompara­ bili, citado por Bourasse, Summa aurea t.8 col.651). 3. Credmiento de la devociôn Por eso, la Iglesia ha honrado siempre a Maria. Ciertamente que la devociôn ha ido creciendo con los siglos, y aùn podriamos decir mejor que lo que ha ido creciendo son sus manifestaciones exte­ riores. En tiempos de los Padres apostôlicos, sobre quienes casi no sa­ bemos nada, no es de extrahar que apenas se hablase de otra cosa que de Cristo, cuya presencia se sentia aùn en la Iglesia. Pero ya en el siglo n comienzan a aparecer las figuras de Maria en las Catacumbas. Las Catacumbas de Priscila guardan como joya là primera imagen mariana: La Santisima Virgen con el Nino en su regazo y junto a elles una figura que se créé ser Isaias. “Se cuenta que un protestante de Oxford exclamo: Antiquae superstitionis tenebrae (antiguas tinieblas de las supersticiones). Decid mâs bien con San Cipriano, replico el celebre De Rossi, que le acompanaba: Tenebrae sole lucidiores (tinieblas mâs luminosas que el sol)” (cf. Roschini, La Madré de Dios p.3 c.2 a.l [Madrid] t.2 p301). Los protestantes, ante casos como este y el de los mil anillos, vidrios y objetos domésticos adornados con la imagen de Maria, han querido decir que se trata de escenas historicas en las que aparece la Santisima Virgen. Es un subterfugio inùtil. Hay innumerables esculturas y dibujos en que la Santisima Virgen aparece no corno formando parte de una escena, sino Ella sola con su Hijo. Son precisamente las mâs antiguas y aparecen no solo en todos esos objetos, a los que hemos hecho alusiôn y que revelan la piedad privada, sino en multitud de sarcôfagos, y lo que es mâs importante, en los lugares en que se solian colocar las imâgenes veneradas. En el centro de las bôvedas, cn los cubiculos, las criptas, los arcosolios y en la parte mâs noble de los sepulcros. La costumbre de colocar las imâgenes en el mismo altar es relativamente moderna y se debe mâs que a otra cosa a la profusion de altares, que apenas si déjà Jugar en los muros de la Iglesia, pero en los primeros tiempos la figura de Cristo solia colocarse, como todavia podemos comprobar en las basilicas romanas, en la pared del âbside y en las laterales del altar. Es frccuentisimo encontrar alli las imâgenes del Sefior alternadas con las de Maria. Asi, pues, creemos que los protestantes, en vez afirmar que el culto a Maria es posterior al concilio de Efeso, harian mejor en profesar la sinceridad del visitante de que hemos hecho menciôn y reconocer que la supersticiôn mariana es tan antigua como el mismo 606 368 EL INMACULADO CORAZÔN DE MARÎA. 22 AGOSTO cristianismo (cf. Armellïni, iVotàne storiche intorno alÎantichità del culto de Maria Ptrgine [Roma 1887] p.6). 607 4. Tradidôn y liturgîa En cuanto a la liturgîa y tradidôn no queremos extendernos. Indicaremos solo que en los simbolos bautismales procedentes del si­ glo i se exige al catecûmeno la profesiôn de fe sobre el nacimiento de Cristo de Maria Virgen, y que en el canon de la Misa de San Hipôlito Romano (ano 223), se lee: “Te damos gracias, Dios Pa­ dre, por medio del amado Hijo tuyo, que enviaste desde el delo al seno matemo de la Virgen, que fué llevado en el seno de Ella... muerto...” Poco a poco se fueron anadiendo santos mârtires y confesores de devodôn romana en nuestro canon, pero ya hemos podido ver como desde los primeros tiempos encabezaba a todos “in pri­ mis” Maria Santisima. Para terminar, traeremos a cuento el testimonio de los apôcrifos. Ya hemos dicho mâs de una vez que el que los tales evangelios no merezean fe historica, no quiere decir que no represent en el sentimiento y fe de su época, sino todo lo contrario, pues fueron escritos predsamente para satisfacer esa fe y sentimientos. Pues bien, el Protoe\-angelio de Santiago, el rey de los apôcrifos, llama a Maria “la ilustrisima Madré de Jesucristo”, y nos describe de modo aparatoso su prescntadôn en el templo, Hit y como los sacerdotes pidieron para Ella que su nombre fuera famoso en todas las generaciones, a lo que el pueblo respondiô: “Amen”. Fué escrito por un autor catôlico en el siglo π. 608 b) Amor El mejor modo de honrar es amar. Se ama lo que es amable, esto es, bueno. Lo bueno puede serlo en si mismo, y entonces es amado con amor de benevolencia o caridad, o en cuanto que nos aprovecha a nosotros, en cuyo caso el amor es de concupiscenda y forma parte de la virtud de la esperanza. A Maria la amamos porque es Madré de Dios y llena de gracia. Nuestro amor es de caridad. La amamcs agradecidos por los bienes de que nos ha colmado y todavia es de caridad. La amamos esperando nuevos bienes y gozar de su presencia en el cielo. Este amor puede ser de concupiscenda. Parécenos por completo inûtil traer testimonies de la tradiciôn de la Iglesia. Seria lo mismo que querer explicar lo que son todos los mares enseüando una gota de agua. Solo diremos que el amor se prueba evitando desagradarla y procurando agradarla, y para que nos entiendan los protestantes di­ remos que se la desagrada desagradando a su Hijo y se la agrada obededéndole. Recordemos solo la conodda anéedota del que saludaba a Maria repitiéndole : “Monstra te esse matrem”, hasta que oyô un dia la respuesta: “Y tû muestra que eres mi hijo”. SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES c) 369 Gratitud k> 609 Podemos decir que queda incluida en el numero anterior. La gratitud es una parte integrante de la justicia, por la que se da lo debido a nuestros bienhechores (cf. Santo Tomâs, Sum. Theol. 1-2 q.60 a.3). Sus actos consisten en reconocer el beneficio, agradecerlo y devolverlo (ibid. a2). d) Culto DE invocaciôn >ï 610 1. Una persona puede ser invocada cuando sabe nuestras necesidades y conoce nuestras oraciones, cuando puede socorrernos y quiere hacerlo. 2. Maria sabe nuestras necesidades. Es doctrina teolôgica que los santos en la vision intuitiva ven todo aquello, perteneciente a las criaturas, que de algùn modo se relaciona con cllos o les interesa. A Maria, Madré de los hombres, le interesan todas nuestras necesi­ dades. Y también es doctrina comùn que los santos conocen las uraciones que se les dirigen, lo cual esta implîcitamente contenido en el hecho de que la Iglesia eleve a ellos sus pieces. 3. Maria puede socorrernos. Es la administradora de las gra­ cias y la omnipotencia suplicante. 4. Maria quiere, porque es Madré. 5. No nos espantan, pues, las blasfemias de Lutero, el cual dice que el Papa, los monj es y las abuelitas son los ùnicos que creen tal cosa (cf. Amtage der IVerkundigung, 1534, IVerke, 53,672). Ya sabemos que Lutero hace poco caso de la tradiciôn (aun cuan­ do actualmente se haya convertido mâs de un protestante al comprobar que es mâs fâcil que el fautor de la reforma se equivoque que no que la Iglesia se corrompa en tan poco tiempo), pero ello, no obstante, diremos que San Ireneo, discipulo de San Pôlicarpo, que de nifio le habia contado sus conversaciones con San Juan Evange­ lista—tan proximo estaba a la fuente del Evangelio—, es el primero que llama abogada a la Santisima Virgen (cf. Ad Her. 19,1: PG 7, 1175). El "Sub tuum praesidium" procede en su forma actual del siglo nr, y figura en las liturgias romana, ambrosiana, bizantina y capta. Y si la tradiciôn no le convence, expliqucnos la intercesiôn de Maria en Canâ, forzando a su Hijo a que adelante la hora de los milagros. e) ClILTO DE IMTTACIÔN Quizâ sea ésta la forma mejor de dar culto, puesto que en ella se induyen implîcitamente todas las demâs. Sed imitadores mios, como yo lo soy de Cristo, decia San Pablo (1 Cor. 15,1). Por otra parte, es buen hijo quien se asemeja al padre en sus virtudes. Felipe, aun no lo sabes, dijo el Senor, el que nie vc a mi ve a mi Padre (lo. 14,9). j Ojalâ pueda decirse esto de nosotros! Claro esta que, aun cuando hayamos afirmado que quizâ sea la forma mâs perfecta de culto, esto no quiere decir que sea la prime­ ra El culto de invocaciôn puede precederle y normalmente le pre- 11 I! 611 370 EL INMACULADO CORAZÔN DE MARÎA. 22 AGOSTO cede. El pecador invoca a Maria, aun antes de imitarla, pero su invocadôn debe desembocar en la imitaciôn. Ademâs, dificil, por no decir imposible, sera imitarle, si no se le pide la gracia para conseguirlo. f) 612 CULTO DE E-SCLAVITUD Consiste en reconocer a Maria Santisima como Senora y consi­ derate como sùbdito leal y aun esclavo. Sobre este punto nos remi timos a San Luis M.* Grignon de Montfort (cf. infra). II. 613 A) EL INMACULADO CORAZON Naturaleza de la devociôn al Inmaculado Corazôn Pudiéramos repetir aqui cuanto se ha dicho en los comentarios generales a la festividad del Sagrado Corazôn de Jesûs (cf. t.9, n.1241 ss). Damos culto a la persona de Maria, que constituye el objeto mediato, puesto que, en realidad, quien recibe los honores es siempre la persona honrada. Pero de esa persona escogemos el co­ razôn para tributarie un honor especial, por lo que resulta que él es el objeto inmediato. Escogemos el corazôn, porque lo considé­ râmes simbolo del amor de Nuestra Senora, amor que viene a constituer cl motivo u objeto formal. Por Io tanto, con esta devo­ ciôn reverenciamos el corazôn fisico de Maria, como simbolo de su amor a Dios y a k>s hombres, o su amor simbolizado por el Co­ razôn. 614 B) Historia de la devociôn Seguir la historia del agradecimiento de los hombres al amor de Nuestra Senora séria lo mismo que seguir Ia historia de la literatura cristiana. Pero aqui tratamos de dar una pincelada que dibuje la trayectoria, no precisamente del recuerdo del amor de Maria, sino del amor simbolizado por el corazôn, para lo cual no nos bastarâ que los autores se refieran a esta parte nobilisima del cuerpo hu­ mano, sino que pretendan honrarla y darie culto. San Lucas nos habia de él en dos lugares (2,19-59), presentândolo como relicario donde guardaba las palabras y hechos ocurridos en torno a su Hijo. Mas si queremos ver ya un culto directo al Inmaculado Corazôn, hay que esperar a los tiempos de San Bernar­ do, en los que surgen unos escritos apôcrifos suyos donde se invo­ ca al Corazôn de Maria. En el siglo xiii aparcce por primera vez un libro de Ricardo de San Lorenzo, penitenciario de Ruân, donde se exponen sistemâticamcnte scis titulos y prerrogativas de este Corazôn Inmaculado, del que en el mismo siglo son muy devotas Santa Matilde y Santa Gertrudis, quienes confiesan haber adquirido esta devociôn, la pri­ mera por revelaciôn del Senor, y la segunda pur una vision en la que las tres divinas Personas dejaban cacr como tres torrentes so­ bre el Corazôn de Maria (cf, Libro de la gracia especial y Libro del Hcraldo del Divino Amor p.4 c.12). SEC. 2. COMHNTAKIOS GENERALES 371 La misma devociôn se da durante el siglo xiv en Santa Brigida, y mas intensa cada vez en cl xv, con San Lorenzo Justiniano y San Bernardino de Sena, y en cl xvi, con numerosos santos y escritores. Pero la verdadera floraciôn de devotos se produce en el si­ glo xvii con su gran apôstol San Juan Eudes, una de cuyas obras, El Corazôn Admirable de la S'acratisima Madre de Dios, terminada ocho dias antes de su muerte, consta de mâs de dos mil paginas en octavo grande. Fundô la Cofradia del Corazôn de Maria, mâs tarde elevada a Archicofradia, escribiô, predicô e instituyô la fiesta litûrgica con misa y oficio propios en la ciudad de Autun en 1648, quin­ ce anos antes que lo fuera la del Sagrado Corazôn. A partir de esta época la devociôn va credendo sin obstâculos, entre el fervor del pueblo catôlico y las cofradias. La mâs famosa de todas ellas es la que instituyô en Paris en la iglesia de Nuestra Seiiora de las Victorias en 1836 el abate Desgenettes. Fué una palanca que levantô el espiritu de aquella parroquia distinguida desde ese momento por lo abundante de las conversiones de los pecadores, y a la que se han ido agregando tantas otras cofradias repartidas por todo el mundo, que a prindpios de este siglo contaban dieciocho mil asociaciones y varios millones de archicofrades. Es imprescindible para un espanol citar al Santo Padre Antonio Maria Claret, fundador de la Congregation de Hijos del Corazôn de Maria. Por fin, en nuestros tiempos, las apariciones de Fâtima senalan un nuevo hito, pues la Santisima Virgen comunica a los pastorcillos que Dios quiere establecer esta devociôn y mediante ella salvar a muchas aimas. Y asi hasta que llegan los momentos mâs difidles de la historia contemporanea, y en ellos, S. S. Pio XII, de feliz memoria, consagra al mundo al Inmaculado Corazôn. F ni. LA CONSAGRACION AL CORAZON DE MARIA Nos limitâmes a extractar el articulo 8, capitulo 6, secciôn 2, par­ te 3.*, de la obra "La Madre de Dios”, de Roschini. A) Precedentes historicos Pio XII consagrô el mundo al Inmaculado Corazôn el dia 31 de octubre de 1942, consagraciôn que fué renovada solemnisimamente en la Basilica de San Pedro el 8 de diciembre y repetida en casi todas las diôcesis dei mundo. Esta consagraciôn habia sido preparada por una larguisima etapa de peticiones, iniciada por algunos devotos, a raiz de las aparidones de Maria Santisima a Santa Catalina Labouré en 1830. Ya en el concilio Vaticano fué presentada por numerosos obispos una peticiôn en este sentido, como lo fueron en 1900 varios millones de firmas francesas. 707.845 llevô a Roma el cardenal Richard en nom­ bre de la archicofradia de Nuestra Senora de las Victorias. Con el mismo interés se dirigieron a Leon XIII, Pio X y Pio XI nume- 615 372 EL INMACULADO CORAZÔN DE MARÎA. 22 AGOSTO rosos obispos, diôcesis y congresos. Merece subrayarse la actuaciôn del episcopado portugués, que después de consagrar en 1938 sus diô­ cesis al Corazon de Maria en Fâtima, para demostrar su agradecimiento a la Santisima Virgen por haberse visto libres del peligro comunista que les amenazaba desde Espana, elevaron sus deseos a la Santa Sede. “El Padre Santo creyô oportuno, mâs bien necesario—como tuvo a bien declararmelo a mi mismo—escuchar aquellas sùplicas y consagrar el mundo al Inmaculado Corazôn de Maria con ocasiôn de la clausura de las fiestas del XXV aniversario de las apariciones de Maria Santisima en Fâtima" (cf. t.2 p.748). 616 B) La consagraciôn considerada en si misma Consagrar es volver sagrada una persona o cosa entregândola a Dios. “Con la consagraciôn ofrecemos al Corazôn de Jesûs nues­ tras personas y cosas, reconociéndolas como recibidas de la eterna caridad de Dios" (cf. enc. Miserentissimus Redemptor, de Pio XI). No es un recibir, sino un dar y no en custodia, sino en propiedad y para siempre. El fundamento dogmâtico de la consagraciôn es el dominio y rcaleza de Jésus y de Maria voluntariamente reconocido por nos­ otros. A los titulos de dominio natural y adquirido aûadimos nos­ otros el de libre elecciôn (cf. Leôn XIII, enc. Annum Sacrum). La consagraciôn se termina y dirige a la persona de Maria, pero en cuanto es la Madré del amor, en el que confiamos. Supone, pues, la mâs amable y esperanzada de las dedicaciones. Pueden consagrarse a Maria individuos y colectividades. La con­ sagraciôn individual es mâs intima y eficaz, admitiendo multitud de grados segun la abnegaciôn y el fervor con que se haga. La mâs perfecta es la que iniciada por algunos escritores espanolts fué extendida después por los franceses dei siglo xvir y, especialmente, por San Luis M.* Grignon de Montfort. Las consagraciones colectivas deben ser hechas por el jefe de la sociedad consagrada. El fin es triple, como de costumbre: Honrar a la Santisima Virgen, movernos a la santificaciôn y granjearnos sus gracias. SECCION V. AUTORES VARIOS SAN LUIS MARIA GRIGNON DE MONTFORT La consagraciôn a la Virgen Extractamos las principales ideas sobre la consagraciôn a la Virgen, tomândolas del Tratado de la verdadera devociôn, en su c.4 il n.120 ss., ed. BAC, Obras de San Luis Maria G. de Montfort (Madrid 1954] p.5O5 ss. /1) En que consiste la perfecta consagraciôn a Jésus por Maria "Como quiera que nuestra perfecciôn consiste en estar con­ formes, unidos y consagrados a Jesucristo, la mâs perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna. la qu'a nos conforma, une y consagra mâs perfectamente a este acabado modelo de toda santidad; y pues que Maria es entre todas las criaturas la mâs conforme a Jesucristo, es consiguiente que entre todas las devociones la que consagra y forma mâs su aima a Nuestro Senor es la devociôn a la Santisima Virgen su Santa Madré, y cuanto mâs se consagre un aima a Maria, mâs se unirâ con Jesucristo, y, por tanto, la consagraciôn mâs perfecta a Jfesucristo es una perfecta y total consagraciôn de si mismo a la Santisima Virgen. Esta devociôn perfectisima se podria decir que era una renovaciôn de los votos y promesas del santo bautismo fen las manos de Maria. Consiste, pues, esta devociôn en entregarse enteramente a la Santisima Virgen para ser todo de Jesucristo por medio de Maria. Es mentster entregarle: a) Nuestro cuerpo con todos sus sentidos y sus miembros. b) Nuestra aima con todas sus potencias. c) Nuestros bienes exteriores, o sea nuestra fortuna pré­ sente y futura. d) Nuestros bfenes interiores y espirituales, o sea nues­ tros méritos, nuestras virtudes y nuestras buenas obras pasadas, présentes y futuras; en una palabra: todo lo que tenemos en el orden de la naturaleza y en el orden de la gracia... Y, ademâs, por toda la eternidad, sin pretender ni esperar ninguna 617 374 EL INMACULADO CORAZON PE MARÎA. 22 AGOSTO otra récompensa de nuestra ofrenda y de nuestros serviciosl que la honra de pertenecer a Jesucristo por Maria y en Maria, aun cuando esta amable Seüora no fuere, como lo es sfempre, la mâs liberal y reconocida de las criaturas. Es preciso notar aqui que en todas las buenas obras que hacemos hay dos cosas, a saber: la satisfacciôn y el mérito, o sea el valor satisfactorio o impvtratorio y el valor meritorio. El valor satisfactorio o impetratorio de una buena obra es una buena acdôn en tanto en cuanto satisface la pena debida al pecado, o que obtiene alguna nueva gracia; el valor merito­ rio, o fel mérito, es una buena acciôn en cuanto merece la gracia y la gloria eterna. Asi es que en esta consagraciôn de nosotros mismos a la Santisima Virgen le damos todo el valor satisfactorio, impe­ tratorio y meritorio, o sea las satisfacciones y los méritos de todas nuestras buenas obras; le damos nuestros méritos, nufestras gracias y nuestras virtudes, no para comunicarlas a otros (porque nuestros méritos, gracias y virtudes son, propiamente hablando, incomunicables, y no ha habido mâs que Jesucristo que, haciéndose nuestro fiador para con su Padre, nos haya podido comunicar sus mérites), sino para que nos las conserve, aumente y embfcllezca, como diremos mâs adelante; le damos nuestras satisfacdones para que las comunique a quien mâs sea de su agrado, y para la mayor gloria de Dios. De todo esto se deduce: 1. Por esta devociôn se da uno a Jesucristo de la manera mâs perfecta, y por lo mismo que se da por manos de Maria y entrega el aima a Maria, y todo lo que se puede dar, y mucho mâs que por las demâs devodones. por las que se le da, o una parte del tiempo, o una parte de sus buenas obras, o una parte de sus satisfacdones y mortificaciones... 2. Una persona que asi se consagra y sacrifica voluntariamente a Jesucristo por Maria no puede ya disposer del va­ lor de ninguna de sus buenas acciones. Todo lo que sufre, todo lo que piensa. dice y hace de bueno, pertenece a Maria, a fin de que de ello disponga Maria, segùn la voluntad de su Hijo y a su mayor gloria... 618 B) Molitos de esta perfecta consagraciôn a) Primer motivo Si no es posible concebir empleo mâs relevante en la tierra que el servido de Dios..., ^cuales no serân las riquezas, el po­ der y la dignidad del fiel y perfecto cristiano que se sacrifica al servicio de Dios enteramente y sin reserva en cuanto le es posible?... SEC. 5. AUTORES VARIOS. G. DR MONTFORT 375 Esta devociôn hace que el esclave fiel dé sin reserva a Je­ sûs y a Maria todos sus pensamientos, palabras, acciones y padecimientos de toda la vida; de modo que ya sea que vele o que duerma, ya sea que beba o coma, o que haga las accionvs mâs grandes o las mas pequenas, siempre se dira en verdad que lo que hace, aun sin pensar en ello, es para Jesûs y para Maria, en virtud de su ofrenda absoluta, a menos que no se haya expresamente retractado. jQué consutlo! No hay ninguna otra prâctica por la que se desprenda uno mâs fâcilmcnte de este espiritu de amor propio que se desliza en las mejores acciones imperceptiblemente, y nuestro buen Jesûs concede esta inmensa gracia en recompensa dei acto he­ roico y desinteresado que se ha llevado a efecto, entregândole, por medio de su Santisima Madré, todo el valor de las buenas obras. Si da el céntuplo en este mundo a los que por su amor dejan los bienes exteriores temporales y perecederos, iqué cén­ tuplo no darâ al que le sacrifique también sus bienes interiores y espirituales? Jesûs, nuestro gran amigo, se nos ha dado sin reserva, en cuerpo y aima, con sus virtudes, gracias y méritos. Se totum mihi comparavit, dice San Bernardo: Me ha ganado enteramente dândose enteramente a mi. ^No es, pues, acto de justicia y reconocimiento que nosotros le demos todo lo que podamos darie?... b) Segundo motivo Este buen Senor no ha querido, por mâs que pudiera hacerlo, darse directamente a los hombres, sino por medio de la Santisima Virgen... Esta sabiduria infinita, que ténia un deseo inmenso de glo­ rificat a Dios, su Padre, y de salvar a los hombres, no ha hallado medio mâs perfecto y mâs corto para hacerlo que someterse en todo a la Santisima Virgen... Teniendo a nuestra vista un modelo tan visible y tan conocido de todo el mundo, ^no seriamos unos insensatos en esperar hallar un medio mâs perfecto y mâs corto de glorificar a Dios que el de someternos a Maria, a imitaciôn de su Hijo?... El Padre no nos ha dado, ni nos da a su Hijo, sino por medio de Maria, ni adquiere hijos adoptivos sino por Maria, y no comunica sus gracias sino por Maria; Dios-Hijo no ha sido formado para todo el mundo en general sino por Ella, ni se forma diariamente ni nace en las aimas sino por Ella, en union del Espiritu Santo, ni comunica sus méritos y virtudes sino por ella; el Espiritu Santo no ha formado a Jesucristo sino por Maria, ni forma los miembros de su cuerpo mistico sino por Ella, y no dispone de sus dones y sus favores sino por su medio. Tras de tantos y de tan poderosos ejemplos de la Santisima 1 619 376 EL INMACULADO CORAZON DE MARIA· 22 AGOSTO Trinidad, /podriamos, sin una extensa ceguera, desviamos de Maria, y no consagrarnos a Ella, y no depender de Ella para ir a Dios y para sacrificarnos a Dios?... Viendo Dios que somos indignos de recibir sus gracias inmediatamente de su mano, dice San Bernardo, las da a Maria para que nosotros adquiramos por Ella todo lo que quiere darnos, y cifra también su gloria en recibir de manos de Maria el reconocimiento. cl respeto y el amor de que le somos deudores por sus beneficios. Es, pues, muy justo que imitemos esta conducta de Dios, para que, como dice el mismo San Bernardo, la gracia retorne a su Autor por el mismo canal que nos la ha transmitido... 620 c) Tercer motivo La Santisima Virgen, que es Madré de dulzura y de miseri­ cordia, y que en amor y liberalidad no se déjà nunca vencer por nadie, al ver que se da uno enteramente a Ella para honrarla y servirla. despojândose de todo lo que hay de mâs caro en la tierra, se da también toda entera y de una manera inefable a quien le hace entrega de todo... En fin, como tal persona esta consagrada a Maria, también Maria se consagra toda a ella; de manera que se puede decir de tal perfecto servidor e hijo de Maria lo que San Juan Evan­ gelista dice de si mismo, que habia tornado a la Santisima Virgen en lugar de todos los bienes: Accepit eam discipulus in sua (Ιο. 19,27). Esto es lo que produce en su aima, si se conserva fiel: un profundo menosprecio, una gran desconfianza y detestation de si mismo y una plena confianza y un perfecto abandon© en la Santisima Virgen, su Seüora. No pone, como antes, su apoyo en sus dispositiones, intentiones, méritos y buenas obras, porque habiéndose sacrificado enteramente a Jesucristo por esta buena Madré, no posee mâs que un tesoro en el cual ha tifrado todos sus bienes sin haberse reservado cosa alguna, y este tesoro es Maria. Lo cual es lo que anima a aproximarse al Senor sin temor servil ni escrupuloso, y a rogarle con mucha mâs confianza... Como por esta prâctica se entregan al Senor por medio de su Santa Madré todas las buenas obras, esta buena Seriora las purifica, las embellece y hace que su Hijo las acepte. 1. Las purifica de toda inmundicia de amor propio y de esc apego imperceptible a las criaturas que se desliza insensiblemente en las mejor es acciones... 2. Las embellece adornândolas con sus méritos y vit* tudes... Maria Santisima présenta estas buenas obras a esu- . Ιβ-ΖΛ SEC. 5. AUTORES VARIOS, g. UE MONTFORT 377 cristo, porque no guarda para si nada de lo que se le ofrece: todo lo llcva a Jesucristo. Si se le da algo, st le da necesariamente a Jesucristo; si se la alaba, si se la glorifica, inmedialamente Ella alaba y glorifica a Jesus. Ahora, como en aquella ocasiôn en que Santa Isabel la alabo, canta cuando se la tnsalza y bendice: Magnificat anima mea Dominum (Lc. 1,46). 4. Hace que Jesûs acepte estas buenas obras, por pequeho y pobre que sea tl don e indigno del Santo de los santos y Rey de los reyes. Cuando présenta uno alguna cosa a Jesus por si mismo y apoyado sobre la propia industria y disposition, Jesûs exami­ na el presente, y muchas veces lo rtchaza a causa de la mancha de amor propio de que adolece, como en otro tiempo rechazô los sacrificios de los judios por estar Uenos de su propia voluntad. Pero cuando st le présenta algo por las manos puras y virginales de su amadisima Madré, lo toma con sumo gusto, no considerando tanto lo que se le da, cuanto que se lo pré­ senta su buena Madré; no mirando la procedencia del don, sino que se lo pitsenta su Madré... d) Charto motivo Esta devociôn, fielmente practicada, es un excelente medio para que se enderece a la mayor gloria de Dios tl valor de nuestras buenas obras. Casi nadie obra con referencia a este noble fin, por mâs que a ello esta obligado, ya sta por ignorar dônde estâ esa mayor gloria, ya sea por no quererla alcanzar. Pero como quiera que la Santisima Virgen, a quien se ha cedido el valor y el mérito de las buenas obras, conoce perftctamente dônde esta la mayor gloria de Dios, un perfecto servidor de esta buena Seâora, que estâ enteramente consagrado a Ella, puedt afirmar seguramente que el valor de todas sus acciones, pensamientos y palabras se empltan en la mayor gloria de Dios... e) Quinto motivo Esta devociôn es un camino fâcil, perfecto y seguro para llegar a la union con Dios, que es la perfection cristiana. Es un camino fâcil, es un camino que Jesûs ha recorrido viniendo a nosotros, y tn que no se encuentra ningûn tropiezo para llegar a Él. Es verdad que es posible llegar a la union con Dios por otros caminos, pero serâ pasando por muchas mâs cruces y extrarios desfallecimientos y al través de muchas mâs dificultades, penosisimas de venctr... 378 623 O I ï'·:· EL IN.M ACI Π. ADO CORAZÔN DE MARIA. 22 AGOSTO f) Esta dévotion da a las personas que la practican fielmente una gran libertad interior, que es la libertad de los hijos de Dios. Porque como por Ella se hact uno esclavo de Jesucristo, y en este concepto se consagra todo a Él, este buen Senor, en compensaciôn de la amorosa cautividad en que uno se constituye: 1. Le quita dti aima todo escrûpulo y todo temor servil que pueda angustiarle, cautivarle y confundirle. 2. Le escuda el corazôn con una firme confianza en Dios, haciéndole mirar a Dios como su Padre. 3. Le inspira un amor tiemo y filial... g) W· *V · Sexto motivo Séptimo motivo Lo que puede empenarnos mâs todavia a abrazar esta dé­ votion son los grandes bienes que de ella ha de reportai nues­ tro prôjimo. Porque por esta prâctica se ejerce la caridad para con él dfe una manera eminente, toda vez que se le da por ma­ nos de Maria todo lo que se tiene de mâs caro, que es el valor satisfactorio e impetratorio de todas las buenas obras... h) Octavo motivo En fin. lo que nos induce mâs poderosamente, en cferto modo, a esta dévotion a la Santisima Virgen es el ser un medio admirable para perseverat en la virtud y ser stempre fiel a Dios. Porque [en que consiste que la conversion de la mayor parte de los pecadores no suele ser durable?... Esta desgracia procede de que, estando tan corrompido el hombre, y siendo por lo mismo tan débil y tan inconstante, se fia, sin embargo, de si mismo, se apoya en sus propias fuerzas y se créé capaz de guardar el tesoro de sus gracias, de sus virtudes y sus méritos. Por esta dévotion el cristiano confia a la Virgen todo lo que posee, y la hace depositaria universal de todos sus bienes de naturaleza y de gracia... Se la dice, como un buen hijo dice a su madre, y un fiel servidor a su dueüo: Depositum custodi...” SECTION VI. TEXTOS PONTIFICIOS .4) Consagraciôn al Inmaculado Corazôn de Maria El 19 de noviembrc de 1942 Ρίο XII consagrô la Iglesia univerpi al Inmaculado Corazôn de Maria. He aqui el texto del Reser, de ia Secret, de Est. de 17 de noviembre de aquel ano donde figura el texto de la consagraciôn (cf. BAC, Doctrina pontificia, t.4, Docuwenfpj ed. preparada por el P. Hilario Marin, S. J., [Madrid 19o4 J p.55o-557). Reina del Santisimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios. Suplicantes nos postramos ante vuestro trono, seguros de conseguir misericordia y de rccibir gracias y oportuno auxilio en las pré­ sentes calamidades, no por nuestros meritos, de los cuales no presumimos, sino ùnicamente por la inmensa bondad de vuestro maI temal Corazôn. A Vos, a vuestro Corazôn Inmaculado, en esta hora grave de la historia humana, nos confiâmes y nos consagramos, no solo con toda la sauta Iglesia, cuerpo mistico de vuestro Jesûs que sufre en tantas partes y de tantas maneras es atribulada y perseguida, sino también con todo el mundo destrozado por las discordias, agitado por el odio, victima de la propia iniquidad. Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias, tantas almas atormentadas, tantas que estân en peligro de perderse etemamente. Vos, j oh Madre de misericordia !, alcanzadnos de Dios la reconciliaciôn cristiana de los pueblos y, ante todas las cosas, alcanzadnos aquellas gracias que pueden en un instante convertir los corazones de los hombres, aquellas gra­ cias que preparan y aseguran esta suspirada paz ; rogad por nos­ otros y dad al mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle principalmente la paz de las aimas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el reino de Dios. Conce­ ded vuestra protecciôn a los infieles y a cuantos yacen en las som­ bras de la muerte; haced que surja para ellos cl sol de la verdad y puedan, juntamente con nosotros, ante el ùnico Salvador del mundo, repetir: Gloria a Dios en lo mâs alto de los cielos y pas tn la tierra a los hombres de buena voluntad. A los pueblos serparados por el error o por la discordia y senaladamente a los que os profesan singular devociôn, dadles la paz y volvedles al unico rcdil de Cristo, bajo el ùnico y verdadero pastor, Obtcned libertad comj pleta a la Iglesia Santa de Dios, defendcdla de sus enemigos ; parad el diluvio inundante de la inmoralidad ; resiidtad en los fieles el ' amor a la pureza, la prâctica de la vida cristiana y el celo apostolico para que el pueblo de los que sirven a Dios aumente en meI rites y nûmero. Finalmente, como al Corazôn de vuestro Jesus ' W Ώ L 380 EL INMACULADO CORAZÔN DE MArIa. 22 AGOSTO fueron consagrados la Iglesia y todo el género humano, para que, depositando en Él toda esperanza, Él fuera para ellos fuente in­ exhausta de victoria y de salvation ; asi, igualmente nos consagramos perpetuamente también a Vos, a vuestro Corazôn Inmacu­ lado, joh Madré nuestra y Reina del mundo!, para que vuestro amor y patrocinio apresuren el triunfo del reino de Dios, y todos los pueblos, paciticados con Dios y entre si, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos de un extremo a otro de la tierra el etemo “Magnificat" de gloria, amor y agradccimiento al Cora­ zôn de Jesûs, en el cual solo pueden encontrar La verdad, la vida y la paz.” B) El Papa recomienda la consagraciôn al Inmacula· do Corazôn “Hace algunos afios, como todos recordaran, mientras todavia ardia la ultima guerra mundial. Nos, viendo que los medios huma­ nos resultaban inciertos e insufitientes para extinguir aquel enorme conflicto, dirigimos nuestras fervientes plegarias al misericordiosisimo Redentor, interponiendo el poderoso patrocinio del Inmaculado Co­ razôn de Maria. Y asi como nucstro predecesor, de inmortal me­ moria, Leon XIII, en los albores del siglo xx, quiso consagrar a todo el género humano al Corazôn sacratisimo de Jesûs, asi igualmente Nos, casi en representaciôn de la familia humana por Él rcdimida, quisimos consagrarla al Corazôn Inmaculado de la Vir­ gen Maria. Por eso deseamos que, segûn lo permita la oportunidad, se haga esta consagraciôn, tanto en las diôcesis como en las parroquias y familias, y confiâmes que esta consagraciôn, publica y privada, sera fuente de abundantes bénéficies y favores celestiales. En auspicio de ello y como prenda de nuestra paternal benevo­ lentia, os damos con efusiôn, de corazôn, la bendiciôn apostôlica a cada uno de vosotros, venerables hermanos, y a todos aquellos que con buen ânimo correspondan a esta carta nuestra de exhor­ tation y de manera especial a los numerosos y apretados escuadrones de los amadisimes nifios” (ci. Pio XII, epist. encicl. Auspicia quaedam, 1 de mayo de 1948: ibid., p.620-521). SECCION VII. MISCELANEA HISTORICA Y LITERARIA I. LA FIESTA DEL CORAZON DE MARIA 628 Hasta principios del siglo xix no comienzan los Pontifices—en este caso Pio VII—a otorgar a algunos lugares dei mundo cristiano una fiesta en honor dei Purisimo Corazôn de Maria y a fijarla en el domingo después de la Octava de la Asuncion. Pio IX la dotô de una misa y de un oficio propios (Misa Omnis gloria). La fiesta se celebrô también en otras partes el domingo o (después de la reforma del Misai en 1920, conforme al espiritu de Pio X) el sâbado después de la fiesta del Sagrado Corazôn de Jesûs. Pio XII, que, como hemos dicho, consagrô el 8 de diciembre de 1942 el gé­ nero humano al Inmaculado Corazôn de Maria, extendiô a toda la Iglesia por virtud dei decreto de la Sagrada Congregaciôn de Ritos, del 4 de mayo de 1944, la fiesta del Inmaculado Corazôn como doble de segunda clase, asignândole el dia 22 de agosto, dia de la octava de la Asuncion, y concediéndole oficio propio. El amor del Corazôn de Maria (Epistola) se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesûs, pero se extiende también con solicitud maternai sobre todo el género humano que Jesucristo le encomendô al morir (Evangelio). Asi la alabamos por la santidad sublime de su Purisimo Corazôn (Graduai y Ofertorio), rogândole (Introito y Oraciones) que nos concéda “la paz de las naciones, la libertad de la Iglesia, la conversion de los pecadores, el amor de la pureza y la prâctica de las virtudes”. II. LA VISION DE SANTA CATALINA LABOURE 629 “En el ano 1830 una joven religiosa del Seminario de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paul, Santa Catalina Labouré, fué mensajera de la Reina de los Angeles. Habia nacido el 2 de mayo de 1806 en Fain-les-Montiers, pueblccito de la Costa de Oro (Francia), donde llevô desde nifia una profunda y piadosa vida caracterizada por una ferviente devociôn a la Virgen Santisima. En el ano 1830 entrô en el Seminario de Paris, del Noviciado de la calle de Bac. Durante la noche del 18 al 19 de julio del ano 1830, cerca de la media noche, hallândose en el dormitorio comûn, oyôse llamar por su nombre por très veces seguidas y vieron sus ojos un hermoso niûo vestido de blanco, cuyo resplandor iluminaba toda la estancia, quien, dirigiéndose a Catalina, le dijo graciosamente : “Ven, ven a la capilla, la Santisima Virgen te espera. No temas; son las 382 EL INMACULADO CORAZON DE MARIA. 22 AGOSTO once y media, todo el mundo esta en el primer suefio; yo te acompaüo\ Son Labouré, ya vestida, sigue al nifio y a su paso estân las luces encendidas y aumenta su asombro al ver abrirse la capilla solo al empuje de un dodo del pequeno infante. El interior esta todo iluminado como si fuera a celebrarse la misa de Navïdad. Alli Catalina hace fervorosa oraciôn, de rodillas, y al filo del nuevo dia el nifio celestial la avisa diciendo : “He aqui a la Santisima Virgen”. La hermosisima Sefiora estaba sentada en el presbiterio, y en este momento sintiô la dichosa novicia la mâs dulce emociôn de su vida. Después de haber escuchado la misiva de labios de la Madré de Dios, desapareciô de la vista de la hermanita, y entonces el nifio le dijo: “Ya se ha ido”. Y la condujo al lugar de donde la habia traido. “Creo—dice Catalina—que aquel nifio era el ângel de mi guarda, pues le habia pedido mucho que me obtuviera la gracia de ver a la Santisima Virgen. Y en la cama oi dar las dos y no pude volverme a dormir.” El 27 de noviembre del mismo afio, a las cinco y media de la tarde, haciendo oraciôn en profundo silencio, se le apareciô de nue­ vo la Reina del Cielo; tenia un globo terrâqueo bajo sus pies y sus divinas manos elevadas a la altura del pecho, como dirigiéndose a Nuestro Senor en gesto de sùplica. De repente se alhajaron sus dedos y de sus bellisimas manos se desprendian rayos de luz, que cxplicô a la hcrmanita diciéndole: “He aqui el simbolo de las gra­ cias que derramo sobre los que me las piden”. Alrededor de Nues­ tra Sefiora se formô entonces un marco ovalado sobre el que se leian escritas con letras de oro: “iOh Maria, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos !” De pronto las ma­ nos de Maria bajaban radiantes sobre el mundo y le decia a sor Labouré: “Haz aeufiar una medalla conforme al modelo ; las per­ sonas que la lleven recibirân muchas gracias, sobre todo llevândola al cuello; las gracias serân abundantes para las personas que tengan confianza". Al reverso de la estampa viô la feliz novicia una letra M coronada por una cruz y debajo del monograma dos corazones, cl primero coronado de espinas y el segundo traspasado por una espada. Todo estaba rodeado de doce brillantes estrellas. Dos afios después de estas apariciones fué aeufiada la medalla con la aprobaciôn de monsefior Quelen, arzobispo de Paris, y des­ de entonces su difusiôn maravillosa a través dei mundo fué acompafiada de incesantcs prodigios y conversiones, siendo la mâs por­ tentosa la acaccida en Roma el mismo afio de 1842, en la persona de don Alfonso de Ratisbona, de conocidisima firma comercial israelita y de confesiôn judia, que estaba a la sazôn en la Ciudad Eterna con motivo de negocios particulares y en visperas de contraer matrimonio con una distinguida doncella” (cf. Anuario Calôlico Es[>aiiol t2 p.384). 630 III. LOS MISIONEROS DEL CORAZON DE MARIA Una congregaciôn religiosa fundada por un ilustrc prelado espafiol, canonizado por S. S. Pio XII en el Ano Santo de 1950, San Antonio Maria Claret, lleva el glorioso nombre de Hijos del Inmaculado Corazôn de Maria. Desde la primera hora, desde que SBC. 7. miscfiAnea histôkica y mterahia 383 alentô la idea en el animo de su fundador, la congregaciôn claretiana fué inspirada por el Inmaculado Corazôn que figura en su glorioso titulo, Jlicese que predicando el Santo a la comunidad de Vich en 1863 con motivo de unos ejercicios espirituales, dirigiéndosc a la Santisima Virgen, dijo; "Vos la fundasteis, . Marc. 2,4), lo que constituyô una verdadera obra de amor hasta dejar estupefacto, fué la Redendôn. Sic Deus dilexit mundum ut Filium suum Unigenitum daret! (Ιο. 3,16). d) Pues si asi amô Dios al mundo y a los hombres, îcômo no amaria a su Madré? Su amor para nosotros es puramente gracioso. El que tiene a su Madré es una deuda. e)Procuremos pen'etrar los secretos divinos y nos encontraremos con que el amor de Dios por Maria tiene sus raices en la misma Encarnacion. 1. Dios tomô todas las flaquezas de nuestra naturaleza, excepto el pecado. Admirable comercio llama la Iglesia a este cambio en que, segùn San Agustin (cf. Enarrat. 2 in Ps. 30, n.3), un celestial traficante venido a tierra extrafia nos trajo los bienes de la suya, la gracia, la inmortalidad y la gloria, y se llevô los nuestros, el hambre, la sed, las lâgrimas. 2. îPor qué este trueque? Porque queria hacerse en todo semejante a nosotros. 3. Pues bien, si tomô nuestras debilidades, ^.cômo no iba a asumir el mâs justo y dulce de nuestros sentimientos, el amor filial? 4. Por lo tanto, este amor es el remate de la Encarnacion. C) Reina que quiere a) Si el amor de Dios a Maria le confiere el poder hacer favores y ser Reina y pod'erosa, su amor a nosotros es la causa de que nos los otorgue. b) Su amor se deriva de que también es Madré nuestra. 1. Es necesario distinguit dos clases de fecundidad: la na­ tural y la de la caridad. Los que adoptan hijos tienen la segunda. San Pablo decia que estaba dando a luz a sus oyentes, en quienes formaba a Cristo (Gal. 4,19). Por eso San Agustin dice que “la caridad es madré’’ (cf. In Ep. Ioann., tract.2,4). 426 Ι.Λ REAI.EZA DE MARIA. 31 MAYO 2. Esta doble fecundidad humana es un reflejo de la divi­ na. La naturaleza fecunda de Dios le da un Hijo natural concebido en la eternidad; la fecundidad de la caridad le da millones de hijos adoptivos que somos los horreres. c) Maria participa de la fecundidad natural de Dios y tiene a Cristo; participa de la fecundidad de la caridad y nos tiene a nosotros. 703 D) hnitemos a la Rpzna a) También nosotros podcmcs participar del podcr y ho­ nor de la Madré de Dios. 1. El que cumple la voluntad de mi Padre, que esta en los cielos, es mi madré y mis hermanos, dijo el Senor (Mt. 12,50). No hay, pues, otro parentesco mâs estrecho con Cristo que cumplir la voluntad del Padre. 2. Decia San Pablo: Omnia vestra sunt (1 Cor. 3,22), y tenia razôn. Maria es nuestra; todo es nuestro, puesto que Jesûs lo es. b) jQué ricos somos, que mal empleamos y que poco apreciamos nuestras riquezas' c) Para ser verdaderos hijos de Maria no debemos ser el cristiano feble y asustadizo. sino el que afronta el dolor con ânimo generoso. d) Nosotros pertenecemos a Maria porque Cristo nos la diô. îDônde? En el Calvario entre sangre. îPor que esperô a ese momento? Porque cuando una pasiôn nos domina, sus efec­ tos alcanzan a todos cuantos se nos acercan. Y si no probad a acercaros a alguien que esté dominado por la ira. Verêis como recibis algûn chispazo. Pues bien. Maria en aquellos momentos sentia como nunca el amor y la compasiôn mâs viva por su Hijo. Y éste nos la entrega para que tenga los mismos sentimientos por nosotros. e) iDudaremos. pues, de que sus verdaderos hijos son aquellos a quienes Maria encuentra al pie de la cruz, como a San Juan, crucificando su carne y sus pasiones? jPecadores, acercaos, ahi tenéis la Madré que os ensena! III. LACORDAIRE Origen de la realeza de Maria (Cf. Sermon predicado eu Xuestra Seûora de Paris, el 15 de agosto de 1850, fcstividad de la .Isuuciôu de la Pïrgen). En el Evangelio, la Iglesia es llamada reino de Dios; este reino tiene un Rcy, que es Dios. Tiene también una Reina, que ■Μ SBC. 5. AUTORES VARIOS. LACORDAIKE 427 es la Virgen Maria, de la que hoy celebramos la Asunciôn y la Corohaciôn. îPor que? iCômo la Virgen Maria ha merecido ser elevada por encima de todos los espiritus y de todos los santos? Très son los manantialés origen de sus méritos: el estado, la obra y la pasiôn. Porque Maria abrazô el mâs sublime de los estados, cumpliô la mâs sublime de las obras y padeciô la mâs sublime de las pasiones. El mas sublime de todos los estados A) 705 El estado es un conjunto de cosas permanentes que sacan a una persona de su aislamiento, de su soledad, para darle fun­ ciones, deberes y cierto poder. a) Necesidad de un estado. b) Division de los estados en dos grandes grupos: el mun­ do y Dios. c) La Santa Virgen se consagra a Dios, por su virginidad: grandeza y santidad de este estado. 1. Era aùn mâs grande en Maria. ^Por que? Abdicaba la esperanza de traer al mundo el Salvador dei mundo. 2 . Su pregunta al ângel ténia por objeto saber si su vir­ ginidad séria sacrificada. 3. Cuando supo que no, y solamente Entonces, consintiô en lo que le decia el enviado divino: Ecce ancilla Domini! Su virginidad era, pues, para Ella el mâs alto sacrificio posible. B) La mas sublime de las obras 706 a) Poner un aima en. el mundo, obra de la maternidad. b)Grandeza de esta obra: la Santa Virgen ha hecho mâs: ha puesto a Dios en el mundo; no hay obra mâs grande, salvo la que cumpliô Jesucristo, que fué el Salvador dei mundo C) La mas sublime de las pasiones a) La pasiôn de una madré esta en los sufrimientos, en la pasiôn de su hijo. b) Ya se sabe que la Pasiôn de Jesucristo, Hijo de Maria, ha sido la mas grande de todas. c) Por lo tanto, la pasiôn de la Santisima Virgin fué la mayor, después de la de su Hijo. Salve, Regina... Regina coeli Ixtare. 707 SECCION VI. TEXTOS PONTIFICIOS SOBRE LA REALEZA DE MARIA Reproducimos los principales textos de la epist. encicl. Ad caeli Reginam, de Pio XII. publicada el 11 de oçtubrc de 1954. Cf. BAC. Doctrina Pontificia, t.4, Documentas marianos, cd. prep. por el P. Hilario Marin. S. I.. p.789 ss. 708 A) Motivos de la Enciclica “Ante las ingentes calamidades que han destruido ciudades florecientes, villas y aldeas aun en nuestros dias, ante el doloroso espectâculo de tantos y tan grandes males morales que en ondas torrenciales avanzan peligrosamente, mientras vemos a veces vacilar las bases mismas de la justicia y triunfar la corrupciôn, Nos, ante tan incierto y espantoso estado de cosas, nos hallamos prcsa de sumo dolor; pero por eso mismo acudimos llenos de confianza a nuestra Reina Maria, manifestândole no solo nuestros sentimientos de devociôn, sino también los de todos los que se glorian con el nombre de cristianos... Por eso, como coronando todas estas muestras de nuestra piedad mariana, a las que el pueblo cristiano ha correspondido con tanto entusiasmo, para clausurar util y felizmente el Aüo Mariano, que ya toca a su término, y para satisfacer a las insistentes sùplicas que nos han venido de todos los pueblos, herrios decrctado instituir la fiesta litûrgica de la Santisima X^irgen Maria Reina”... (cf. o. c., n.899 p.790-792). 7C9 B) La je de la Iglesia El pueblo siempre ha creido que la Madré del Rey de Reyes y Seîior de los que dominari (Apoc, 19,16) merccia la prceminencia regia sobre todas las cosas. Los antiguos escritores de la Iglesia, apoyândose en las pala­ bras del ângel que predijo el reino cterno del Hijo de Maria, y en las de Santa Isabel, que se incliné ante la que ella llamaba Madré de mi Seiïor, expusieron la realeza de Maria. Asi lo hicieron San Efrên, San Gregorio Nacianceno, San Jeronimo, Epifanio de Constantinopla. San Andrés Cretense, San German, San Juan Damas­ ceno y San Ildcfonso de Toledo. Continuaron la tradiciôn los teôlogos y Papas con numerosos documentes. La liturgia célébra las alabanzas de la Reina, a tra­ vés de todas las udades, lo mismo en Oriente que en Occidente, SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 429 pues tenemos muestras de antifonas e himnos dei rito armenio, del bizantino, del ctiope y del latino. Finalmente el arte ha solido representar a Maria coronada, y los mismos Sutnos Pontifices han coronado pcrsonalmente o por medio de delegados a sus imâgenes. C) Fundanientos teolôgicos de la realeza de Maria 710 “Como hemos mencionado antes, Venerables Hermanos, el fun­ damento principal, documentado por la tradiciôn y la sagrada liturgia, en que se apoya la realeza de Maria, es indudablcmente su divina maternidad. Ya que se lee en la Sagrada Escritura del Hijo que una Virgen concebirâ, Hijo del Altisimo sera llamado y a Él le darà el Seiïor Dios la sede de David, su padre, y en la casa de Jacob reinarâ eternamente, y su reinado no tendra fin (Le. 1,32-33), y con esto Maria llâmase Mater Domini (ibid., 1,43), de donde iâcilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendré un Hijo, que en el mismo momento de su concepciôn, en virtud de la union hipostâtica de la humana naturaleza con el Verbo, era Rey, aun como hombre, y Seiïor de todas las cosas. Asi que ccn razôn pudo San Juan Damasceno escribir: “Verdaderamente fué Seiiora de toda criatura cuando fué Madré del Creador” (cf. S. Ioannes Damascenus, De fide orthodoxa 1.4 c.14: PG 94, 1158 s. B) ; y de igual modo pudo afirmarse que el primero que anunciô a Maria con palabras celestiales la regia prerrogativa fué el mismo arcângel San Gabriel. Con todo, debe ser Hamada Reina la Virgen Maria Beatisima no solo por razôn de su maternidad divina, sino también porque por voluntad divina tuvo parte excelentisima en la obra de nues­ tra eterna salvaciôn. Dice Pio XI (cf. Quas primas: AAS 17 [1925] p.599), predccesor nuestro de feliz memoria: “iQué cosa mâs hermosa y dulce puede acaecer que Jesucristo reine sobre nos­ otros no solo por derecho de su filiaciôn divina, sino también por el de Redentor?” Mediten los hombres, todo olvïdadizos, cuanto costamos a nuestro Salvador: No habéis sido redimidos con oro o plata, cosas corruptibles, sino con la sangre preciosa del Cor­ dero inmaculado e incontaminado, Cristo (1 Petr. 1,18-19). Ya no somos nuestros, porque Cristo nos comprô (1 Cor. 6,20) “a gran precio**, Ahora bien, en la realizaciôn de la obra redentora, la Beatisi­ ma Virgen Maria se asociô intimamente a Cristo, y con razôn can­ ta la liturgi a sagrada: “Estaba en pie, dolorosa, junto a la cruz de Nuestro Senor Jesucristo, Santa Maria, Reina del cielo y Senora dei mundo" (cf. Festum septem dolorum B. Mariae Virg. tractus). Asi pudo escribir en la Edad Media un piadosisimo discipulo de San Anselmo: “Asi como Dios, creando con su poder todas las cosas, es Padre y Senor de todo, asi Maria, reparando con sus mé­ rites todas las cosas, es Madré y Senora de todo : Dios es Senor de todas las casas porque las ha creado en su propia naturaleza con su imperio, y Maria es Senora de todas las cosas porque las ha elevado a su dignidad original con la gracia que ella mercciô” (cf. Eadmerus, De excellentia Virginis Mariae c.ll : PL 159,508 A B). En fin, “como Cristo, por titulo particular de la redencion, es '■· i 711 430 LA realeza de maria. 31 MAYO Seûor nuestro y Rey, asî la Bienaventurada Virgen (es Seiiora nuestra) por el singular concurso prestado a nuestra redenciôn, suministrando su sustancia y ofreciéndola vohintariamente por nos­ otros, deseando, pidiendo y procurando de una manera especial nuestra salvaciôn" (cf. F. SuArez, De mysteriis vitae Christi disp22 sect2 [cd. Vives] 19,327). De estas premisas se puede argüir asî: Si Maria fué asociada por voluntad de Dios a Cristo Jesûs, principio de la salud, en la obra de la salvaciôn espiritual, y lo fué en modo semejante a aquél con que Eva fué asociada a Adân, principio de muerte, asî se pue­ de afirmar que nuestra redenciôn se efectuô segùn una cierta “recapitulaciôn" (cf. S. Irenaeus, Adv. haer. V, 19,1 : PG 7,1175 B), por lo cual el género humano, sujeto a la muerte por causa de una virgen, se salva también por medio de una virgen ; si ademâs se puede decir que esta gloriosîsîma Senora fué escogida para Madré de Cristo principalmente “para ser asociada a la redenciôn del gé­ nero humano” (cf. Prus XI. epïst. Auspicatus profecto: AAS 25 [19331 n^O), v si realmente “fué Ella la que. libre de toda culpa personal y original, unida estrechamente a su Hijo, le ofreciô en el Gôlgota al Etemo Padre, sacrificando de consuno el amor v los derechos matemos, cual nueva Eva, para que toda la descendenda de Adân, manchada por su lamentable caîda” (cf. Prus XII. litt. enc. Mystici Corporis: AAS 35 [1943] p.247), se nodrâ legîtimamente concluir que como Cristo, nuevo Adân. es Rey nuestro no sôlo nor ser Hijo de Dios, sino también por ser Redentor nuestro. asî. con una cierta analogia, se puede igualmente afirmar nue la Bienaventurada Virgen Maria es Reina, no soin por ser Madré de Dios. sino también porque, como nueva Eva, fué asociada al nue­ vo Adân. Ciertamente, en sentido pleno, propio y absoluto, solamente Je712 sucristo. Dios y hombre, es Rey; con todo. también Maria, sea como Madré de Cristo Dios. sea como asociada a la obra del di­ vino Redentor. en la lucha rnn 1ns enemigos y en el triunfo obtenido sobre todos, participa Ella también de la dignidad real, aunnue en modo Hmitado y analôgico. Prerisamente de es*a union con Cristo Rey’ deriva en Ella tan esplendorosa stiblimidad. nue su­ pera la excelencia de todas las cosas creadas : de esta misma union con Cristo nace aquel poder regio, por el que Ella puede disoensar los tesoros del Reino dei divino Redentnr ; en fin. en la misma union cnn Cristo tiene origen la efiracia inagotable de su materna intercesiôn con su Hijo y con el Padre. 713 No hay, nor tanto, duda alguna nue Maria Santisima supere en dignidad a todo lo creado y tenga la nrimacîa sobre todo después de su Hijo. “Tti, en fin, canta San Snfronio. has, superado con mucho a toda criatura . ;Qué cosa nuede exist’r mâs sublime que esta gracia, que por divina voluntad te ha caido en suerte?” (cf. S. Sophronius, In Annuntiationem Beatae Mariae Virg.: PG 87, 3258 D 3242 A). Y va aun mâs alla en sus alabanzas San Germân: “Tu honorifica dignidad te coloca en puesto superior a todo lo creado; tu sublimidad te hace superior a los ângeles” (cf. S. Ger­ manus, Hom. 2 in Dormitionem Beatae Mariae Virginis: PG 98. 354 B). San juan Damasceno (cf. S. Ioannes Damascenus, Hom. 1 in Dormitionem Beatae Mariae Virginis: PG 96,715 A) llega a es- SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 431 cribir la siguientc expresiôn: “Es infinita la diferencia entre los siervos de Dios y su Madré” (cf. o.c., p.800-804). D) El ejercicio de la realeza de Maria 714 “Para facilitarnos la comprensiôn de la sublime dignidad que la Madré de Dios obtiene sobre todas las criaturas, podcmos pcnsar que la Virgen Santisima, desde el primer instante de su concepciôn, fué colmada de una abundancia de gracias superior a la de todos los santos; por lo que—como escribiô nuestro predecesor Pio IX, de feliz memoria, en una carta apostôlica—Dios inefable “ha enriquecido con tal munificencia a Maria con la abundancia de celestiales dones, sacados del tesoro de la divinidad, muy sobre los ângeles y santos todos, que Ella, completamente inmune de toda mancha de pecado, bellisima y perfectisima, tiene tal plenitud de inocencia y santidad cual no se puede concebir mâs grande des­ pués de Dios, y que fuera de Dios, nadie podrâ jamâs comprender” (cf. Pius IX, bulla Ineffabilis Deus: Acta Pii IX, I, p.597-598). Mâs aùn, la Bienaventurada Virgen no ha recibido solamente el supremo grado de excelencia y perfecciôn después de Cristo, sino también una participation de aquel influjo con que su Hijo y Re­ dentor nuestro dicese con justicia que reina en la mente y en la voluntad de los hombres. Si en verdad el Verbo obra los milagros e infunde la gracia 715 por medio de la humanidad que tomô, si se sirve de los sacramen tos y de sus santos como instrumentos para la salvaciôn de las ai­ mas, êpor qué no puede servirse de los oficios y de la action de su Madré Santisima en la distribution de los frutos de la reden­ ciôn? “Con ânimo verdaderamente materno, asî habla el mismo pre­ decesor nuestro Pio IX, de inmortal memoria, tratando el negocio de nuestra salvaciôn, Ella es solicita de todo el humano linaje, constituida por el Seûor Reina del cielo y de la tierra, exaltada sobre todos los coros de los ângeles y sobre todos los grados de los santos en el cielo, sentada a la diestra de su Unigénito Hijo, Jesucristo, Nuestro Seûor, y con sus maternales sùplicas obtiene cuanto pide, y su voz serâ siempre escuchada” (cf. ibid., p.628). A este proposito otro predecesor nuestro, de feliz recordation, Leon XIII, afirmô que “a la Santisima Virgen en el dispensar gra­ cias se le ha conccdido poder casi inmenso” (cf. Leôn XIII, litt. cnc. Adiutricem populi: AAS 28 [1805-1896] p.130); y San Pio X afiade que Maria desempeüa este oficio “como por derecho mater­ no" (ci. Pius X, litt. enc. Ad diem ilium: AAS 36 [1903-1904] P-4S5). . . . . Glorieuse, por tanto, todos los fieles cristianos de estar bajo el poder de la Madré de Dios, la cual goza de potestad regia al par que estâ animada de amor materno” (cf. o.c., p.8O4-805). E) Normas a los predicadores “En éstas y en otras cuestiones que se reheren a la Santisima Virgen, tengan cuidado los teôlogos y predicadores de la palabra divina de evitar ciertas desviaciones del recto camino, no sea que 711 452 LA REALSZA DE MARIA. 31 MAYO caigan en un doble error; guardense, por una parte, de cxponer opiniones carentes de fundamento y que con expresiones exagcradas exceden los limites de la verdad y, por otra parte, eviten la demasiada estrechez de pensamiento, al considerar la singularisima, sublime y casi divina dignidad de la Madre de Dios, que el Doctor Angélico nos enseiia a reconocer “por razôn del bien in­ finito, que es Dios” (cf, S. Thomas, Summa Tlwol. 1 q.25 a.6 ad 4). Por otra parte, en este, como en otros principios de la doctrina cristiana, “la norma proxima universal” para todos es el magisterio vivo de la Iglesia, que Cristo lia constituido “hasta para ilustrar y explicar las cosas que sôlo oscura e implicitamente se contienen en el depôsito de la fe" (cf. Pius XII, litt. enc. Humani generis: AAS 42 [1950] p.569) (cf. o.c.t p.805-S0o). SECCION VII. MISCELANEA HISTORICA Y LITERARIA LA VIRGEN DE LOS REYES Entre las imageries espanolas pocas sintetizan el concepto de la Virgen Reina como la Patrona de Sevilla y su archidiôcesis, Ha­ mada la Virgen de los Reyes. Tomanios de Sevilla en fiestas, de Luis Ortiz Munoz (Madrid 1948) (cf. p.259 ss) algunos datos y pinceladas sobre la tradition de esta venerable efigie. “tDônde vio San Fernando en suenos la imagen peregrina que habia luego de ser esculpida, como la mejor ofrenda de su acendrada devociôn mariana? Es dificil conciliar la historia y la tradiciôn legendaria. Cronistas hay que nos hablan de la triunfal entrada de la Virgen de los Reyes en la ciudad, prccisamente el 22 de diciembre de 1248, aniversario de la traslatiôn de las reliquias de San Isidoro a la capital leonesa. Iba la imagen de Santa Maria, que posteriormente se llamô de los Reyes, tirada por siete caballos blancos, porque queria el conquistador que fuera la Virgen quien tomara posesiôn de la perla del Guadalquivir. Por eso él, en aquella hora de triunfo, caminaba detrâs de la Senora con santa humildad, seguido de sus familiares y del ejército victorioso. La antiquisima tradition fué recogida y pintada por Lucas Valdés en los muros del convento de San Pablo. Supone, por tanto, esta referentia que la Virgen fué plasmada antes de la entrada en Sevilla y no des­ pués, como algunos poetas dramâticos han fantaseado, situando el lugar milagroso de la factura angélica de la efigie en el viejo Al­ cazar almohade y en la vetindad del actual Patio del Yeso. Una sintesis exacta de las diversas expresiones de la leyenda popular nos lleva a sistematizar los hechos milagrosos en el siguiente orden. Primero, el Santo Rey sufre, durante el asedio de Sevilla, el dolor y la angustia de una desoladora sequia que destroza las cosechas y los ganados. Dispuesto a aplacar la ira del cielo, con ayunos y penitentias, dedica tres dias al retiro y a la oraciôn. Entonces se le aparece la Virgen con el Nino en brazos y le promete la bienhechora lluvia. Hernandez Diaz, que ha agotado el tema en un magnifico trabajo reciente (cf. La Virgen de los Reyes fSevilla 1947] p.19 ss), aporta el dato de que esta vision de San Fernando pudo ocurrir “durante un viaje del Santo Rey desde Sevilla a Alcalâ de Guadaira y que la Senora le ofreciô su ayuda contra los musulmanes”. Pero volviendo a nuestra narration, coinciden las versiones en afirmar que Fernando III tuvo desde enton­ ces la obsesiôn de que fuera plasmada la imagen de la Aparecida y que varios personajes de su corte, entre ellos la reina, buscaron los artifices para tal empcüo. 717 434 718 U rEaeeza de maria. 31 mayo Tres intentos se hicieron, al parecer, que dicron por resultado otras tantas cfigies : la de las Aguas, hoy venerada en la iglesia dei Salvador, de Sevilla.; la de los Reyes, del convento de San Clemente, y la del mismo nombre, popularmente llamada de los Sastres, que se guarda en la parroquia sevillana de San Ildefonso. A ninguna de las très otorgô su aceptaciôn el monarca, Pero he aqui que de pronto surge el milagro. Tres peregrinos ignotos se presentan en el campamento y, conocedores de los deseos del rey, se ofrecen a modelar la soûada imagen. Se les recluyô en un lugar apartado—acaso la Torre de los Hebreros, en el término de Dos Hermanns (cf. o.c., p.20)—, y cuando pasado algûn tiempo se abriô el local, no se encontre a persona alguna y si, en cambio, la bellisima efigie de la Virgen de los Reyes. Luego los peregrinos eran ângeles—ha supuesto la fantasia popular—y la ima­ gen, un regalo del cielo al Santo Rey conquistador. Las letras hispanas, especialmente el teatro dei Siglo de Oro, difundieron la piadosa leyenda medieval. El dramaturgo Vergara, en una comedia titulada La Reina de los Reyes, que se atribuyô a Tirso de Molina, y el propio Calderon en su famoso auto sacra­ mental, propagaron especialmente el origen angélico de la Patrona de Sevilla. Asi cl pueblo, siempre propicio a las delicias de la fan­ tasia, ha sostenido con tenacidad la procedenda celeste de su mâs querida imagen, pese a las corrientes historicas que empezaron a cundir desde el siglo xvi, scgùn las cuales, la Virgen de los Re­ yes fué regalada a San Fernando durante el sitio de nuestra ciudad por el emperador de Alcmania Federico II o fué, al decir de otras versiones, espléndida donadôn de San Luis, rey de Francia, a su primo, el monarca castellano...” SECCAON VIII. GUIGNES HOMILETICOS VIRTUDES DE LA REINA (l.°) Spéculum iusliliae" : “Espejo de justicia" Virtud esencialisima de los reyes es la justicia. Maria reina es Hamada por la Letania espejo de justicia. φ B. Sentido de la justicia. La palabra justicia puede tomarse en el sentido de santidad, segûn el cual se Hama justos a todos los buenos, y en el sentido dfe una virtud especial que inclina a darle a cada uno su derecho. Hablamos de la justicia de Maria en este segundo sentido, el cual es muy propio de los reyes. a) Concepto. Santo Tomas, al hablar de la justicia (cf. Sum. Theol. 2-2 q.58), hace result ar que esta virtud se re- A. fiere siempre y tiene como objeto cl derecho ajeno o de otras personas. Estas personas pueden ser la misma colectividad, esta es, el Estado, la sociedad o los individuos, de donde se origina una doble justicia, la general, que tiene por objeto el bien comiin, y la particular, que se ordena a los individuos y a sus derechos. b) Vir tudes potenciales. Ademds de la virtud de la justicia, cxisten otras Hamadas potenciales, mediante las cuales aquélla dim­ ple todos sus fines, y que, sin embargo, no son propiamente justicia, sino partes potenciales suyas, por faltarles alguna de las condiciones para serlo. V.gr.: No podemos ser justos para con Dios, porque la jus­ ticia supone cierta igualdad entre el que rumple con cl derecho y el que lo tenia. Eero no puedc negarsc que si la justicia obliga a dar a cada uno lo suyo, también exige que se le dé a Dios lo que es de Dios. Segûn esto, son partes de la justicia las virtudes de la religion, la piedad para con los padres, la obediencia a los superiores, etc. ATM 719 720 > « LA REALL'ZA DE MARIA. 31 MAYO 436 C. La justicia de Maria. Al estudiar la virtud de la justicia en Maria no seguiremos este plan rigurosamente filosôfico, sino que lo expondremos de un modo popular, haciendo ver como diô unicuique suum. a) Maria diô a Dios lo que era de Dios. En otros lugares hemos hablado de como cumpliô con la virtud de la religion. Adoraciôn, acciôn de gracias, peticiôn y reparaciôn externa e interna son los principales actos, mediante los cuales damos a Dios lo suyo. Es innecesario insistir. Tero si queremo.s ver es­ tes cuatro actos ejecutados externa e internamente y del modo mâs solemne y perfecto, no es necesario sino que acudamos al Calvario, donde veremos a Maria y admiraremos la parte que toma en el sacrificio latréutico, eucaristico, propiciatorio y redentor, de la Santa Cruz. 723 b) Maria diô a los hombres lo que era suyo. Muchas cosas son las que hay que dar a los h ·'·» bres aparté del dinero o bienes terrenos que les pertenecen. Sin embargo, es en este punto en el que suele quebrarse mâs frecuentcmente la j us­ ticia. El amor a los bienes de la tierra es innato. En cuanto dirigido por la recta razôn hacia el ultimo fin es santo, y una fuentc de energia. Pero ninguna pasiôn como esta puede convcrtirsc en tal hervidero de gusanos. La rais de todos los males es la avaricia (1 Tim. 6,10). De la falta de justicia nace la guerra, sea de la clase que fuere. De la justicia, la paz. Se han dado el abraso la justicia y la pas (Ps. 88,11): Opus iuslitiae pax. Para saber que Maria fué justa para con los hombres, nos basta con recordar una frase de Santo Tomâs, que comenta otra de San Agustin. Dice este: "La justicia es el amor que solo sirvc a Dios" (cf. De mor ecclcs. 15). Y acota Santo Tomâs: “Porque del mismo modo que en cl amor de Dios se incluye el del prôjimo, asî también en su servicio sc incluye cl dar a cada uno lo que se le debe”. Dicho esto, y conocicndo cl amor que Maria ténia a Dios, Zserâ ncccsario insistir en como amaria a los hombres y procuraria no defraudarles nunca en su derecho? Toda su matemidad divina no ténia otro fin y motivo que cl amor al hombre. Es absurdo hablar de este aspecto de la jus­ ticia en Maria, puesto que fué mucho mâs >· - ■· Λ SEC, 8. GUIGNES HOMUéTICOS 437 alla. La obra de la redenciôn no es obra de justicia para con el hombre, Lo es para con Dios, que tenia derecho a exigir una reparaciôn, pero no lo es para con el hombre, que no tenia derecho a nada. Maria, pues, traspasô los timbrâtes y limites de la justicia para sobrepasar también les de la clemencia, magnanimidad, etc. c) No podemos extendernos en las olras partes potencia- 724 les de la justicia, como la piedad para con los padres, la gratitud, etc. Si su Hijo le estaba sujeto a Ella, jcômo no lo habrîa estado Ella a sus padres? En cuanto a su esposo, la unica vez que habia de él lo hace con toda de­ ferenda y anteponiendo su nombre. 725 d) En cambio, aludiremos a la obediencia de Maria. La obediencia inclina a cumplir la voluntad del que manda legitimamente (cf. Sum Theol. 2-2 q,104). La voluntad y no el mandato, pues la perfecciôn de la obediencia consiste en esa delicadeza. 2. Falsarios de la obediencia son los que practican la que se ejerce servilmente o por miedo ; los de la obediencia diplomâtica, movidos por el interés ; la burocrâtica, fria y sin aima. Por el contrario, la obediencia sobrenatural es pronta, simple y alegre. Pronta en el querer y ejecutar; sencilla, en el no discutir y analizar las razones dei mandato, y alegre, porque lo acepta con gusto, aun... cuan­ do no le guste. 3. Cuando Maria dice en Canâ: Haced lo que Él os diga, nos descubre, sin advertirlo, la norma de su vida. En efecto, si Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y por eso mereciô un nombre sobre tedo nombre, Maria, la asociada a su vida y gloria, fué también obediente hasta morir. Sigamos los pasos de su vida. 1 .° Obediente, se desposa con José, a pesar del problema que el matrimonio le presentaba. 2,° Obedece a Dios y pronuncia el fiat. Obedece al César y marcha a empadronarse. Obedece a la ley y acude a purificarse. o Obedece al ângel y huye a Egipto, pais ex­ traho. 6. ° Obedece y vuelve a Nazarct. 7. ° Se le hace ver que debe estar en el Gôlgota y alli acude. 8.° Se le hace entender que debe quedarse en la tierra para ser Madré de la Iglesia que nace, y alli se queda. ® LA REALEZA DE MARIA. 31 MAYO 438 VIRTUDES DE LA REINA "bedes sapientiae99: '‘Trono de la sabiduria 726 727 728 729 A. Virtud esencial de los reyes ha de ser la sabiduria. Yo. la sabiduria. tengo connügo la discretion, poseo la ciencia y la cordura...; por mi reinan los reyes y los jueces administran la justitia (Prov. 8,12-16). tQué significa la sabiduria? La palabra sabiduria tiene en la Sagrada Escritura très significados: la Sabiduria personal o el Verbo divino; la sabiduria excelsa, cualidad de los seres inteligentes, y la sabiduria, don del Espiritu Santo. Maria, trono de la Sabiduria increada. a) La Sabiduria, el Verbo, se hizo carne y habitô en Ma­ ria. A qui ri que se cumpliô lo de q.'te la Sabiduria se hizo una casa (Prov. 9,1). b) Trono maternai durante nueve nieses, trono delicado de sus brazos que lo sostuvieron de infante, trono perpetuo de su corazôn, en donde vive siempre rw Hijo. Si el bien es difusivo de si mismo, la Sabiduria in­ creada hubo de inundar a Maria. Maria, trono de la virtud de la sabiduria. Santo Tomâs trata de la sabiduria en la 2-2, q.45. a) La ciencia estudia las cosas y sus causas, pero se detiene en las causas naturales. La sabiduria se remon­ ta a la iiltima causa y encuentra ta razôn de todo en Dios. b) Por eso. la sabiduria es superior y enfoca mejor to­ dos los asuntos, puesto que los contempla desde la cima. Por eso, un San Francisco tiene que mandar collar hasta a las flores, que le aturdcn con sus gritos, can­ tando las glorias de Dios, y por eso. un rey sauto, como San Luis, resuelvc problcmas de forma que sus cortesanos, con otro punto de vista, no hubieran resuclto nunca. d) Maria reuniô las condiciones necesarias para ser la mâs dotada dei habito de la sabiduria. Entendimiento perfectisimo, porque si Dios la dotô de todas las perfcccioncs que eran necesa­ rias para cmbellecer a la Madré de su Hijo, SEC. 8. GUJONES HOMILÉTICOS 439 icômo no iba a darlc esta, la primera dentro del orden humano? 2. Alta contemplaciôn que la pusiera enfrente de la idtima causa. Maria la tuvo en el grado mâximo. 3. Correspondencia a las iluminaciones de la gracia. e) Λ/aria, trono del don de sabiduria. 730 1. Santo Tomâs (l.c.), dice que cl don de sabiduria se distingue de la misma sabiduria, porque con­ siste en un profupdo conocimiento de Dios y sus misterios, conocimiento encaminado mâs que a satisfacer la inteligencia, a alimentar y atraer con el amor a la voluntad. 2. De tal manera se sumerge en Dios, que todo lo que no sea Él se le convierte en enojoso, todo lo reputa estiércol (Phil. 3,8). Todo menos lo que lleve a Él, como el sufrimiento, el apostolado, el martirio... ê Quién mejor conoceria a Dios que su Madré, su Hija y su Esposa? Si el Senor mostrô a tres discipulos su gloria en el Tabor, i qué no ensenaria a su Madré en treinta anos en Nazaret? No tuvo que recurrir a la vision aparatosa, le bastô con el don del Espiritu Santo. Si abria sus secretes a las turbas en su predicaciôn y a los doce en sus explicaciones apartadas... Maria lo guardabu todo en su corazôn. sabiduria y vosotros. Santo Tomâs (l.c.), dice que la sabiduria especulativa estriba en el conocimiento del fin y la prâctica en dirigirse eficazmente a él. Por consiguiente, si el fin es bueno, la sabiduria es virtud; si es malo, no es sabidu­ ria, pero puede llamârscle sabiduria falsa y terrena. b) iCuâl es la nuestra? jCuâl fué la de un sanio sencillo como San Juan Bautista Vianney? c) El Angélico condensa los medios para adquirir la sa­ biduria en- esta frase: “Tardiloquum te esse iubeo; conscientiae puritatem amplectere ; orationi vacare ne desinas”. “Regina angelorum” A. Reina por maternidad divina. La realeza de Maria se deriva de su mat'ernidad o de la redenciôn. Los ângeles no fueron redimidos por Jesucristo. 14 731 J r L.A REALEZA DE MARIA. 31 MAYO 440 Luego la realeza de Maria ha de derivarse integramente de la maternidad divina. 733 B. Cristo, cabeza de los ângeles. Para entender, pues, como Maria es reina de los Angeles, hemos de ver como Cristo hombre es ca­ beza de los mismos. a) A’i que decir tiene que en cuanto Dios posee la suma potestad sobre los angeles, Pero debemos ir mâs alla. Cl Verbo humanado, aquel Hombre que se llamô Cristo, es también cabeza de los coros angelicos. b) Para ello debemos estudiar la concepciôn paulina de todo el mundo que, recogida por la escuela franciscana, m siendo cada z;ez mâs comûn entre los teôlogos que escriben sin prcjuicio de escuela. Dios Nuestro Seîior decidiô elevar al orden sobrcnatural y divmizar a toda criatura inteligente, queremos decir Angeles y hombres. 2. El pr ceso de esta divinizaciôn ftié cl siguiente: 1. Concibiô un modelo, Cristo, el Verbo hecho Hombre. Imogen de Dios invisible, primoge­ nito de toda criatura, porque en Él fueron crcadas todas las cosas... Todo fué crcado por Él y para Él (Col. 1,15-18). Todo fué crcado en Él, esto es, segùn Él, para que al copiar sus perfecciones todo cantara su gloria y fuera para Él. Después creô a los hombres y los destinô al orden sobrenatural, cl cual consiste en que con su naturaleza divinizada imitaran a Cristo: Nos prédestina a ser conformes con la iinagen de su Hijo, para que Éste sea cl primogenito entre muchos hermanos (Rom. 8,29). De esta forma Cristo hubiera venido al mun­ do en forma gloriosa a reinar en él, reunien- do todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra en Él, en quien hemos sido heredados por la predestinaciôn (Eph. 1,10-11). El hombre troeô los designios de Dios y derroeô cl orden sobrenatural y filiaciôn divina. Entonccs Cristo hubo de venir como Redentor. Aun cuando Cristo no hubiera venido como Re­ dentor, toda la gracia del orden sobrenatural se hubiera derivado de Él, lo mismo para los Angeles que para los hombres, y Él, segùn hemos visto, hubiera sido la cabeza de todo lo creado. Esta hipôtesis se verifica en cuanto a los Ange­ les, para los cuales no ha venido Cristo como Redentor. SEC. 8. GUIGNES homiî,6ticos 441 c) Por cso, Cristo Nuestro Senor es la cabeza de los angeles y ellos entran también a formar parte del cuerpo mistico. 1. San Pablo es taxativo en los mismos textos que hemos citado y ahora habremos de complétât. 2. En Col. 1,15-18, del hecho de que en Êl, es de­ cir, a su semejanza, fucran crcadas todas las co­ sas, entre las que se incluye a los principados, dominaciones, tronos, las visibles y las invisibles, deduce que tiene la primacia sobre todas ellas. Lo mismo afirma en Eph 1,20, y este es su pensamiento en esa rccapitulaciôn de Cristo, donde aparece como centro de todo. Y no hay duda de que en todos estos textos se refiere a Cristo Hombre, pues nos habia del que muriô y fué resucitado por el Padre. C. Los angeles y el cuerpo mistico. 734 Los angeles, pues, forman parte del cuerpo mistico, y Cristo es su cabeza. No importa, como hemos dicho en otro lugar, que su naturaleza sea distinta, pues por encima de ella estâ la gracia, a la que hay que atender y que es la que nos concede a todos Cristo, angeles y hombres. D. Aplicando esta doctrina a Maria debemos anotar: 735 a) /î«h cuando no hubiera habido pecado, Cristo Hom­ bre habria sido predestinado como cabeza y rey de los àngeles. Luego debemos suponer que junto a Cristo, hombre glorioso, habia sido predestinada una Madré gloriosa también, Sin una Madré, Cristo no hubiera sido de “los nuestros”. La unica diferencia actual esta constituida por los dolores de Maria, que de no existir el pecado, ho hubiera existido tampoco. Son nuestra obra. h) De hecho, y prescindiendo de toda teoria, San Pablo afirma que Cristo Hombre es cabeza y Rey de los angeles. Puesto que Cristo no se separa de su Madré, y la hace coparlicipe de todos sus titulos, Ella debe ser también la Reina. c) Aüadamos, finahnente, que aun cuando la redenciôn no haya tenido relacion alg una con los àngeles, si la ha tenido con Cristo, su autor, y en virtud de ella y como premio, el Padre lo ha constituida en cabeza. Con esta entenderéis... la podcrosa virtud que Él ejerciô en Cristo, resncitândolo de entre los m.uertos, y sentdndolo a su dieslra en los cielos por encima de todo principado, dominaciôn... (Eph. 1,19-21). Si la redenciôn ha mcrecido a Cristo ser cabeza de los angeles, a Maria se lo mereciô también en la proporciôn debida. •r. · ? ... , -T . • - ** Ι.Λ REALEZA de MARIA. 31 MAYÜ 736 Los ângeles. sfirvidores de Cristo y de su Madré. Debido a esta soberania de Cristo sobre los ângeles. cuando de nuevo introduce a su Primogenito en el mundo dice: Ad ô ren le todos los ângeles (Hebr. 1,6). a) Ademas dei tributo de adoration que les exige, los constituyô en servidorcs suyos. b) También los podemos ver sirviendo a Maria. San Ga­ briel la stiuda con todo respeto como a Senora. La histor:. de los milagros de Maria nos muestra como la sirven. c) La apoteosis de la pleitesia que le rinden ocurriô el dia de la Asuncion. Dos frases de la Escritura. Poctemos terminai, pues, cotejando dos frases de la Escritura. una en su sentido literal y otra como una aplicaciôn. a) .S'eu la primera: "Ecce ancilla Domini”. b) Sea la segunda: "Astitit regina a dextris tuis in vesti­ tu deaurato” (Ps. -14.10). Regina patriarcharum" 737 738 . ·■- Invocationes de la letania. a) La letania, al desgranar cl reinado de Maria, va liacicndo aparecer a la humanidad desde los patriarcat hasta las virgenes, para terminer resumiéndolo todo en el "Regina sanctorum omnium”, b) Pero es nviy de notar que cuantos sectores de la hu­ manidad son pues los al sèrvitio de la reina, todos giran alrededor de Cristo. Por eso giran todos cllos también en torno de la que fué saludada en la pri­ mera invocation de la letania como “Sancta Dei Ge­ nitrix”. Los patriarcat représenta» la csperanza en el Mestas, los profetas, su anuncio; los apôstoles, su prédication; los martircs, su fe; los confesores, la reproduction de su vida ascética; las virgenes, la consagraciôn al esposo. Los patriarcas. a) Lus patriarcat son las principales figuras del Anfiguo Testamento, desde Noé hasta Moites, aun cuando los principales entre elios scan los fundadores del pueblo de Israel: Abrahdn, Isaac y Jacob. b) Maria es la reina de los patriarcas, porque, ademtis de las razoncs generales por las que lo es de todo lo creado: SEC. 8. 443 GUIONES HOMILÉTICOS Fué el objeto de sus mâs ardientes descos. Supero sus virtudcs. Realize lo que elles hicicron o vieron ce figuras, el objeto de sus deseos. Elles no lo sabian. Pero la historia religio­ 739 sa de la humanidad es la de una fuente, la de los patriarcas, que se conviertc en rio, para desembocar en Maria y el Salvador. 7° Dios piensa elegir un pueblo y dentro de esc pueblo una Madré para su Hijo. Para ello comienza selcccionando una fami­ lia. Los padres de esa familia son Abrahân e Isaac. 4.u Esa familia se convierte en un pueblo con Jacob y su descendenda. X o El pueblo necesita una organizaciôn para convertirse en verdadera “ciudad”. Es la obra de Moi ses. Ademâs, requière un territorio y se lo da Josué. Desde entonces, el pueblo vive su historia hasta que llega Jesûs. 8.° Por lo tanto, los patriarcas no tuvieron otro fin que el de preparar la venida del Mesias. Fueron la scmilla. El tronco de donde brotô la flor fué Maria. Maria es, pues, el comple­ mento de la historia de los patriarcas. 9.° Quizâ no conocieron a Maria, ni su historia futura. Pero todos elios vivieron con la esperanza del “que habia de venir”. Cuando Abrahân es elegido padre del futuro pueblo, sabe que de su sangre nacerâ la bendidôn del mundo y que en él serân benditas las generaciones; que su descendencia sera mâs nu­ merosa que las estrellas del cielo. Todo ello y su esperanza se realiza gracias a Maria. 740 Superô sus virtudes, 1° Abrahân es el hombre de la fe. Créé que la salvaciôn vendrâ de su descendencia. Maria es la mujer de la fe. Bienaventurada porque creyô, la llama Santa Isabel. Ella sabe que su Hijo es la salvaciôn. 2.° Abrahân confirma su fe, dispuesto a inmolar a su hijo ûnico, a pesar de haber oido que de él saldrâ la generaciôn futura. Maria... Isaac inocente, Jacob constante cn pruebas duras, Moisés, que habia directamente a Dies c intercede continuamcnte por su pueblo, del que es guia, son sobrepujados por Maria en todos estos caractères. 741 6. Maria realiza lo que elios simbolizaban. l.° Noé se salva en el arca cn medio de una hu- y LA RKALEZA BE MARÎA. 31 MAYO manidad que naufraga. Maria es la unica que se salva del naufragio del pecado original y el area en que nos salvamos todos del peligro de naufragar eternamente. Abrahân estâ dispuesto a inmolar a su Hijo en el monte Moria. Maria inmola u ofrece cl suyo en el monte Calvario. Moisés dirige al pueblo hacia la tierra prometida. Maria es la est relia que nos guia ha­ cia la patria futura. Maria es Ella misma el mâs grande de los patriarcas. Los patriarcas tenian dos funciones: la de ser padres del pueblo futuro y la de gobernar sus familias. b) Maria es la Madre del gran pueblo de Cristo. c) Maria es la Reina que ejerce sus funciones por medio de la distribution de la gracia. a) 743 Esposa del Ultimo patriarca. En las lindes del N.ucvo y el Antiguo Testamento aparece el ultimo de los patriarcas: San José. b) Maria es su esposa. San José el ângel puesto por Dios para que velara por Ella. a) “Regina prophetarum” 745 Interpretes de la verdad de la revelaciôn. Los profetas constituyen una clase dentro del pueblo judio destinada a conservai e interpretar la verdad de la revelaciôn hecha a Israel. Equivalian al ma­ gisterio actual de los obispos y la Iglesia. Dentro de ellos, y éstos son los que hoy llamamos profetas, sobresalieron algunos que anunciaron el futuro, y especialmente la venida del Mesias, con lo que sostenian la fe del pueblo. Cômo fueron condensando sus vaticinios. a) Todos ellos giran en torno a Cristo. b) Cada uno tiene su cardcler especial. Dazdd canta con prefercncia al Rey futuro. d) Jeremias quiere apartar a su pueblo del pecado. Ezequicl levanta los animos decaidos y abrumados del pecador que ha recibido su castigo en el destierro de Babilonia. 0 Isaias, ademds de coincidir con Jeremias, anuncia al Varôn de dolores. SEC. 8. GUiONES HOMIl/.TlCOS 445 Los profetas y Maria. 746 a) Maria es su esperanza, puesto que todos ellos viven y picnsan en Cristo. b) Maria es anunciada por"ellos. 1. El primer profeta es Dios Nuestro Senor, cuan­ do en cl paraiso describe cl antagonismo entre el demonio y la mujer. La mujer era Maria. 2. Jacob anuncia que de la rama de Juda saldrâ el M estas. Maria era el ultimo retono de Judâ. 3. Isaias predice la maternidad de una virgen. 4. En muchas de las descripciones de David se adivina, bajo la figura de la reina, a la Reina del universo. El fin de los profetas era sostener la fe en Cristo. Ma­ ria es la Madre de la fe y la que nos lo trae. 1. Isaias y Jeremias quieren salvar al pueblo de la caida en cl pecado y el subsiguiente castigo de la cautividad. Maria desempena el mismo oficio. 2. Ezequiel levanta los animos de los caidos. Maria es la Madre de los pecadores. d) Maria profetisa. 1. El “Magnificat” es una profecia. 2. No importa que Maria tenga motivos para cono­ cer como cierto lo que anunciara. Para serlo, bas­ ta con que los demâs no lo puedan saber. IK 747 Esperanza y Reina de los profetas. Al proclamarse el dogma de la Inmaculada Concep­ cion el Papa Pio IX inaugurô una estatua en la pla­ za de Espana. En lo alto figura la Inmaculada sostenida por el fuste de una alta columna como tallo de azueena. En la base apareCen cuatro profetas. Maria es la esperanza y la Reina de los mismos. “Regina apostolorum’ Cenaculo. a) El dia de Pentecostes es el de la consagraciôn del apostoladO' El Espiritu Santo descicnde a consumar la obra de Cristo y los apostoles salen al mundo. Ma­ ria preside la escena. b) La Crus y el Cenaculo son los dos unicos momentos en los que Maria aparece en la vida publica de un modo que pudiéramos llamar oficial. Es que en arn- 748 446 LA REALEZA DE MARÎA. 31 MAYO bas ocasiones desempeûa sus dos oficios, el de Corredentora y el de Reina de los apôstoles. 749 Esencia del apostolado. El apôstol no es nuis que un hombre que inflamadu de amor a Cristo, quiere dario a conocer y completar su misiôn. San Pablo aüade a esta idea la de que el apôstol sufre por Cristo. Fâcil le serà al predicador ampliar estos pensamientos, b) Maria ama a Cristo nuis que nadie. Su amor debe, como todo amor a Cristo, impulsarle a proeurar que todo el mundo lo conozca. A completar su misiôn. A sufrir por El, como ya sufrio en el Calvario, como sufre ahora separada de El. jQuién sabe si se quedô en la tierra sufriendo esta separation solo para animer y conforlar a los apôstoles? a) 750 Apostolado activo. a) A’o sabemos que Maria se dedicara al apostolado ac­ tivo. Es lo mas probable que figurara entre las mujeres cristianas de primera fila. b) Pero sobre todo debiô figurar: Rugando por los apôstoles. Su oraciôn era eficacisima. i Cômo entenderia la necesidad de pedir por ellos para que fructiticaran sus trabajos y para que el Senor envitara operarios a su mies! 2. Sufriendo con ellos. Con la prisiôn de Pedro, con la muerte de Esteban. Sabia que eran la prolon­ gation de su Hijo, que morian por Él... 1. 751 Los apôstoles y Maria. No conocemos dato ninguno de lo que los apôstoles sintieran por Maria, pero ts fâcil imaginario. Es muy verosimil que San Juan sacrificase incluso su apostolado en los primeros anos para cuidarla, cumpliendo el testamento de Jésus, b) Las narrationes apôcnfas de la muerte de Nuestra Seiiora, rodeada de los apôstoles, son una prueba de cômo la cristiandad imagino que debian amarla. Es muy probable que no hicieran sino recoger el testimo­ nio de la tradiciôn sobre este punto. a) 752 Hoy existen también apôstoles. a) Los misioneros, porciôn escogidisima y, por lo tanto, muy amada de Maria. b) Los religiosos y sacerdotes. Los seglares que se dcdican a ello. d) Todos ellos cuentan con la intercesiôn de Maria pidiendo a su Hijo que fructifique sus trabajos, y con la protection especialisiina para su propia salvaciôn. SEC. 8. GUIOXES HOMIEETICOS 447 “Regina confessorum’'1 A. santidad normal. 753 a) En medio del heroismo sangrante de los mârtires y el lirio bianco de las virgenes, la Letania nos habia de la llama fria de los santos en su austeridad, b) Los confesorcs represenlan la santidad sin matices especiales. Confesor puede serlo un Papa, como Pio X, o un rey coronado como San Fernando. c) Es la santidad normal del varôn. B. La santidad consiste en el amor de caridad. a) La Sagrada Escritura lo afirma. 1. Cuando el Senor oye al doctor que resume la ley diciendo: Amaras al Senor tu Dios can iodo tu corazôn, con toda tu aima, con todas tus fuerzas y con todo lu entcndimicnto, y al prôfimo como a ti mismo, contesta: Idas esto y viviras (Le. 10, 25-29; Dent. 6,5-7). 2. Lo mismo dice San Pablo: Plenitudo legis dilectio (Rom. 13,10). 3. San Pablo, en el c.13 de la Epistola primera a los Corintios, entona un cântico a la caridad y demuestra que esta es la ûnica virtud que permanece en el cielo. La santidad consiste en vivir la vida de Dios. Aqui tenemos esa vida como en semilla; en el cielo alcanza su desarrollo total. Luego si lo que permanece alli, acrecido inmensamente es el amor, en el amor consiste la santidad. 4. La santidad consiste en participar de la vida y naturaleza divina. A santidad mâs perfecta, ma­ yor asimilaciôn a Dios. Dios es caridad, dice San Juan (1 lo. 4,8). b) La razôn lo denuiestra. La santidad une a Dios. 2. La virtud que purifica es el amor. Las demâs apartan obstâculos como la penitencia, o inician y sostienen en cl camino como la fc y la esperanza. Pero la caridad une, porque la union es un efecto escncial del amor. l.° La amistad asimila, porque amor invenit aid parit aequales. 2.° De la caridad brotan todas las demâs virtu­ des, porque todas cllas o apartan el pecado i ;λ 754 •c- ■ 448 U REALEZA DE MARÎA. 31 MAYO o tienden hacia Dios, y el amor supone lo primero y exige lo segundo. santidad exige sacrificio. 755 Si quis vult venire post me, abneget semetipsum... (Mt. 16,24). La rasôn es que necesitamos despojarnos del hom­ bre viejo v de sus actos y revestirnos del nuevo (Col. 3,9). b) 756 757 Pero este sacrificio requière alguien que nos attente y lo endulce. Lo que hizo Maria la Maria es la Maria es la la Maria Maria. que mâs amô. que mâs sufriô. mâs santa. La Reina de los conftsores. madré del amor. a) Si tiene dos hijos, jno es lôgico que desee que se amen ambos? b) Maria es la distribuidora de la gracia. La gracia ac­ tual nos lleva al amor; la habituai y la caridad se confunden. 758 Maria suaviza las asperezas de la ascética. Como Madré, conoce la debilidad de nuestro cora­ zôn; como distribuidora de las gracias, envia las oportunas, para sostenernos en las dificultades. b) Los santos han reaurrido a Ella en los momentos du­ ros. El “Acordaos" reza “que ninguno de los que han acudido... ha sido abandonedo de Vos". a) 759 760 Los santos han sido todos grandes devotos de Maria. Maria es la gran amiga de los santos. a) Porque son las imâgenes mâs fioles de su Hijo. b) Porque sus vidas son un holocausto inmolado en su honor. Y en el cielo aparecerà espléndida la maternidad de Nuestra Seüora sobre todos ellos. “Regina Sanctorum omnium" 761 762 Vocaciôn universal y obligatoriedad de la perfeo ciôn. (Cf. La Palabra de Cristo, t.9, guiôn 8, n.1656.) Maria es la que mejor ha seguido esa vocaciôn. a) Todos los santos pueden decir: “Ecce in iniquitatibus conceptus sum" (Ps, 50,7), menos Maria. 9 GUÏONES HOMILETICOS 449 b) El “septies in die cadit iustus” (Prov, 24,16), ha sido aplicado por los teôlogos para demostrar que los jus­ tos pecan. San Agustin expone del mismo modo, el dicho de San Juan de que, si dijéramos que no tenemos pecado, nos engaiiamos (1 Io. 1,8). Es doctrina de fe, definida en Trento, que para evitar el pecado ve­ nial se necesita un privilegio especial. El mismo Con­ cilio alude a la Santisima Virgen, y los teôlogos dudan que este privilegio se haya extendido. c) La cooperation a la gratia concediô a Maria una santidad superior, no solo en intcnsidad a la de los san­ tos, sino en universalidad, porque si cada uno de ellos sobresaliô en una virtud determinada, Ella las poseyo todas, Por eso Maria fué recompcnsada con una gloria su­ 763 perior a la de todos los santos. 764 Y con un poder superior al de todos. a) A su gracia debe corresponder una gloria pareja. b) La gloria de quienes proauraron la salvation ajena es aumentada en atenciôn a sus trabajos. iQué decir de Maria? No solo implora la gratia sobre nosotros, sino que es la medianera y distribuidora. d) Los santos suelen ser patronos de uh pueblo, de una close o de una necesidad especial. Maria lo es de todas las nationes, en las que sus santuarios son famosos; de todas las closes sociales y a Ella se recurre en todo peligro o necesidad. E. Pero Maria no sôlo es mâs santa que todos los san­ 765 tos, sino que: a) Nos invita y llama a la santidad. 1. Siendo su voluntad la de su Hijo, iqué va a hacer sino repetir el sancti eritis de San Pedro (1 Petr. 1,16), y el estote perfecti (Mt. 5,48) del Senor ? 2. Maria, en esta invitaciôn, une a los motivos que tuviera Cristo de la gloria de Dios, uno especial: el de unir a sus dos hijos, Cristo y los hombres. Es el deseo de toda madré. b) Nos brinda su ayuda para la santificaciôn. 1. Primero, como medianera de las gracias. De Ella vienen las que nos mueven a salir del pecado, las que nos impulsan al bien, las que nos hacen progresar en él. 2. Segundo, como modelo asequible. Es una mujer, es mi madré. San Ignacio, herido, decia: "Lo que han podido esos hombres, <on sus hijos. 2. De las almas dei purgatorio, porque son sus hi­ jos predilectos, ya que viven confirmados en gra­ cia y figuran en el nûmero de los elegidos. SEC. 8. CÜÎONES HOMH.éïICOS 469 3. De los pecadores, porque signe considerândolos como hijos suyos y continûan siendo el objeto de su amor, V. La mejor oraciôn de la confianza en la Madre clementi- 801 sima es la atribuida a San Bernardo: Acordaos, J oh piadosisima Virgen Maria!, que jamâs se ha oido..." iCômo ha podido ocurrir que una madre y poderosa deje de oir las sùplicas de sus hijos, si estâ pendiente de ellos, hasta cuando se olvidan de su ma­ dré?.,. "Aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados...” ^Cuândo te necesitaré, |oh Madre!, que quieres seguir siendo mia, aunque yo haya dejado de ser hijo tuyo por la desgracia? ^Cuando te necesitaré mâs que cuando me encuentro mâs desvalido y desgraciado? Desvalido, por­ que ni poseo la gracia santificante, ni tengo derecho alguno a las actuales que me impelan a la conversion. Des­ graciado, pues soy enemigo de mi Padre y convertido en objeto de ira... Maria y el purgatorio Extractamos, afladiendo una breve acomodaciôn, los guiones que hemos incluido sobre el purgatorio en la fiesta del dia de Difuntos (cf. t.9 n.1785 ss). I. Purgatorio y sufragios. (Cf. guiôn 1, n.1785-1786.)’ A. existencia dei purgatorio es exigida. a) Por la divina justicia, que exige el pago de toda culpa y la satisfaction de todas las penas. b) Por la santidad de Dios, que réclama ciudadanos limpios. c) Por la misericordia suya, que quiere darnos un medio para que podamos ver a Dios. Los sufragios son reclamados. a) Por Dios que desea que las aimas gocen de Él cuan­ to antes, pero mediante la debida satisfaction. b) Por las aimas en su desgracia, en su deseo de verse limpias y de estar con Dios, c) Por nuestro interés en tener abogados en el cielo. Maria réclama nuestros sufragios, como una madre que ve a un hijo poderoso y a otro necesitado. 470 NUESTRA SENORA DEL CARMEN. 16 JULIO a) Maria aplica su intercesiôn y meritos en auanto la economia de la otra vida lo permite, como la Reina para con sus subditos mâs necesitados, como la Madré para con su hijo cautivo, b) Maria protege a su devotos, como el corazôn nias agradccido a aquellos que le honraron. 803 II. El purgatorio segûn Santa Catalina de Génova. (Cf. guiôn 2, n. 1787-1788.) A. El purgatorio es una mezcla de sufrimiento y gozo. a) Los tormentos son indccibles. Sus penas son tan gran­ des como las del infierno. La mayor es el retraso del gozo pleno de su unico amor. b) Maria se c&tnpadece de las aimas sautas que sufren. B. Las almas dei purgatorio gozan de gran paz. a) Su amor propio muere y solo queda el de Dios y el querer estar en donde Este quiere que estén. El aima “alabando la misericordia divina se précipita por ri misma en el fuego purificado”. b) Maria comprende este amor, puesto que a Ella le llevô a la crue y a su solcdad. c) Maria compadece este sufrimiento pacifico, puesto que sabe lo que cuesta. 804 C. La paz dei purgatorio va creciendo a nïedida que Dios invade mâs las aimas. a) Porque desaparecen los obslâculos que impiden la comunicaciôn divina. Purificandose poco a poco se van transformando en Dios. b) Maria, Madré del cuerpo mistico, alienta a- las aimas en este transformarse en Cristo. III. La misa por los difuntos. (Cf. guiôn 3, n.1784-1791, y complètes^ con las siguientes ideas.) A. Maria Santisima asistiô al sacrificio de la cruz. a) Ella ofreciô en cuanto pudo la vida de su Hijo. b) Sicndo la santa misa una repetition de aquel sacrifi­ cio, es de suponer que Maria desempeüa en ella cl mismo papel, B. La misa es la mejor satisfacciôn. a) El valor de la ofrenda y los méritas dei sacerdote, Cristo, son infinitos. b) Su eficacia es limitada unicamente por la capacidad receptiva de açuel por quien se aplica y por la voluntad justa de Dios que la aplica. C. La misa se aplica por las almas dei purgatorio. SEC. 8. CUIONES HOMTLériCOS 471 Siendo, pues, el mejor sufragio, la Santisima Virgen desea lo apliquemos. D. La capacidad receptiva de estas es muy grande, pues ya no existe en ellas contumacia alguna en la mala voluntad y afecto al pecado que le limite. La voluntad de Dios puede ser inclinada por la Santisima Virgen. E. Al ofrecer. pues, misas por las almas dei purgatorio, le debemos pedir que intercéda a la vez por ellas para mejor aplicaciôn dei sacrificio. Las indulgencias Dogma, historia y prâctica (cf. t.9, guiones 4 y 5, n.1783-1798). 805 ''lanua caeli”: Puerta del cielo I. La Santisima Virgen es la puerta del cielo por donde 806 baja Dios y suben los hombres. 807 II. Puerta por donde baja Dios. A. El salmo 23 es un grito de la humanidad esperando a su Salvador. b) De Yahveh es la tierra y cuanto la llena. Esta grandeza, jQuién subirâ al monte de Yahveh? jQuién serà de acercârsele? Alzad, joh puertasl, vuestras frentes... que va trar el Rey de la gloria. es su capas ' a en- B. Ancha debe ser la puerta por donde Dios entre al mundo. La puerta fué Maria. a) Ella pareciô estrecharse con su humildad, pero Dios, que es poderoso, hizo en ella grandes cosas, 1. La primera debiô ser ensanchar la capacidad obediencial de su aima para que recibiera la gracia de que debia gozar la Madré de Dios. Con esta gracia vinieron todas las virtudes. 2. La segunda debiô consistir en ensanchar su cora- ζόη para que pudiera amar a un Hijo Dios y tantos hijos como somos nosotros. b) Maria es la puerta por donde baja el Creador, el Re- dentor, el pan eucarislico... 808 III. Maria es la puerta por donde sube el hombre. A. El Seiïor dijd en Jerusalcn: Yo soy la puerta; el que entrare por mi se salrarâ (lo. 10,9). a) No hay salvaciôn sino por Cristo, b) El es el Redentor y el Mediador, y de El hemos de recibir los medios para salvarnos, B. Maria puede repetir la misma frase. Ella también es la pvterta. a) Puerta que lleva a Cristo y mediante Él a la salva­ ciôn. b) Porque es la Corredentora, porque es la Medianera. c) Y porque también mediante Ella recibimos los medios para salvarnos. 809 IV. Entras por la puerta. A. iCuâles son estos medios, o, dicho de otro modo, como se entra por la puerta? San Gregorio Magno (cf. Epist. 49,7) dice que entra por la puerta aquel que por la gracia divina profesa las verdades de la fe, las guarda con caridad y las traduce en obras. Esto es, entra por la puerta mediante la fe verdadera en Cristo y el amor operative. B. Maria es la puerta de la fe y del amor. a) Maria es la puerta de la fe. La fe en Cristo es ne- cesaria para salvarse. Es el primera y necesario paso. Maria es la madré de la fe. 1. Maria no tiene por fin de su vida mâs que la glo­ ria de Dios y la de Cristo. La gloria consiste en el conocimiento y alabanza de aquel a quien se glorifica. Luego Maria quiere que todos conozcan a Dios y a Cristo. 2. Todas las madrés tienen el mismo deseo con res­ pecto a sus hijos. 3. La experienda de las conversiones. b) Maria es la madré de la caridad. 1. El amor de Dios se distingue dei amor humano en que este es casi por esencia egoista. Tiende a ser amor de concupiscenda, que desca “para si", y exduye a los demis en la poscsiôn del objeto amado. Esta exclusividad se debe en parte a la limitadôn del amado, que no puede satisfacer a varios amadores y en parte a que lo escaso de su bondad no puede atraer a tantos. SEC. 8. GUIONES HOMIl/.TICOS 473 El amor de Dios tiende a la expansion. Los santos quieren que todos amen a Dios. Colocan in­ cluso su felicidad en conseguirlo. iQué no le ocurrirâ, pues, a Maria, la criatura que mejor ha conocido y amado a Dios? si a esto anadimos que es madré, * - 484 .· NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OtTUBRE lebran el primer sâbado, en tanto que el resto la conmemora el 7 de octubre. Del origen y primeros pasos de la devociôn ya hemos hablado bastante. Su extension actual es de sobra conocida. Anadamos, pues, ùnicamente, que la primera Cofradia del Rosario, una de lâs muchas miles nacidas después, fué fundada en el siglo xv por Alano de la Roca con el nombre de Cofradia del Salterio. Mencionemos también la fundacion en el siglo xvii del Rosario perpetuo por Timoteo Ricci, y no olvidemos la cruzada del Rosario, que durante algunos afios dcsarrollan los Dominicos en Bélgica, Holanda, Francia, Italia y America del Sur. No poco han contribuido a la devociôn los dos ùltimos Papas, Pio XI, regalando rosarios a todos los recién casados que le visitaban en audiencia, y Pio XII, rezândolo univcrsalmente por la “radio”. En nuestros dias, el P. Peyton ha levantado al mundo con su Cruzada, uniendo rosario y familia bajo el lema: ‘‘La familia que reza unida permanece unida”. Para propia satisfaction, podemos subrayar que en la magnifica revista, editada por la Cruzada del Ro­ sario en la India y patrocinada por el cardenal Gracias, se indica que las grandes concentraciones marianas comenzaron en Espana y, eu concreto, primero en Malaga, y después en San Sebastian. No es de extrahar la abundancia de apôstoles de esta devociôn y su extension catôlica, cuando es la misma Santisima Virgen en Lourdes y Fâtima quien la ha recomcndado. B) Excelencias dei Rosario El Rosario es una oraciôn a la Santisima Virgen, y, por lo tanto, puede decirse de él cuanto se diga de la oraciôn y de la intercesiôn de Nuestra Seôora. Pero es, ademâs, una oraciôn que exige alguna consideration o recuerdo de los principales misterios de la reden­ ciôn, de donde se deduce que reûne los bénéficies de la meditaciôn hecha del modo mâs asequiblc al pueblo y de la jerarquia de valores de salvaciôn sintetizada en la frase “ad lesum per Alariam”. Ade­ mâs, en el Rosario se emplean las formulas de oraciôn del “padrenuestro" y del “avemaria”, dos formulas perfectas. De todos estos caractères deducimos las siguientes excelencias del Rosario. a) Oraciôn popular 826 No queremos decir con esto que no sea oraciôn propia de las aimas mâs elevadas, pues para ello bastaria con recordar el aprecio en que Santa Teresa tenia a la oraciôn vocal y lo muy aficionados que han sido los santos al Rosario. Muy equivocados y en peligro andan los que, llevados de una falsa espiritualidad, menosprecian la oraciôn vocal, ùnica de la que, por desgracia, somos capaces muchas veces. Dios haga que sea buena nuestra intenciôn, que Él se encargarâ de tomarla en cuenta, mientras que nuestros labios le alaban a Él y a su Madré, en tanto que nuestra imagination rebelde dcsobedece toda rienda. Hecha esta salvedad, scnalcmos las condiciones que hacen del Rosario la Biblia y oficio del pueblo. SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 485 1. Oraciôn sencilla 827 El pueblo neccsita formulas simples. Es incapaz de una meditaciôn larga y concentrada. El Rosario le proporciona las mejores formulas, con la oraciôn, que ademâs de pedagôgica, ha sido tan rccomendada en el Evangelio. El brève rccuerdo de los misterios le proporciona la méditation posible para él. Nadie le acusc de reiterativo en sus fôrmulas, porque la concre­ tion del pensamiento en formas claras y su martilleo incesante, constituyen, incluso en el orden comercial, el medic mâs a proposito para inculcar una idea que mâs o menos, a la larga, no podrâ dejar de traduci rse en una conducta. Quien pida cincuenta veces al dîa que Nuestra Senora se acuerde de él a la hora de la muerte termi­ nal por preocuparse de esa hora, Y eso solo desde el punto de vis­ ta puramente psicolôgico y sin subrayar que no hay madré que ré­ sista sin accéder a una peticiôn tan rational y repetida. 2. Oraciôn perfecta 828 Como alabanza mariana emplea las mismas palabras del ângel y de Santa Isabel. Nuestro pueblo, tan poco versado en la Sagrada Escritura, la vive, sin embargo, cuando recita el “padrenuestro” y el “avemaria”. Como peticiôn, y sin referirnos al “padrenuestro”, observemos primero los titulos en que apoyamos nuestra sûplica. Santa Maria “Madré de Dios” es una llamada a la omnipotencia misericordiosa. “Nosotros ipecadores” son casi las mismas palabras dei publicano. Junto a la omnipotencia amorosa la necesidad amada. Confiados en estos dos titulos de nuestra peticiôn podemos exponerla sencillamenle. iQué decimos? “Ruega por nosotros”. Maria es la medianera. ;En que momento ha de rogar? En dos, uno en el présente y otro en el capital de nuestra muerte, cuando todos la quisiéramos junto al Padre intercediendo por nosotros. 3. Oraciôn que es una sîntesis de la fe El Rosario es como un catccismo que mantiene vivas en el pue­ blo las verdades principales de la fe, a saber, los dogmas de la re­ denciôn. Viene a ser en este punto el Evangelio de los iletrados, pues junto con los misterios de la vida de Cristo y de la Asuncion y rcino medianero de Maria, no puede por menos de recordarse el pe­ cado del hornbre, etc., y todo ello con la fuerza ejemplar que supone ver los “pasos" de Cristo, los humildes, los terriblemente dolorosos y los de gloria, acompasados siempre a la misma peticiôn, “ruega por nosotros pecadores”. Es la vida del Seûor traida a nuestras ca­ sas, Mâs aùn, la costumbre ha aüadido un “gloria” en cada misterio, para que recordemos y adoremos a la Santisima Trinidad. b) El Rosario y los dogmas marianos Los dogmas marianos centrales son très: La maternidad divina, la corredenciôn y la médiation universal. Todos los demâs privilé­ gies son adomos superabundantes que Dios ha aûadido a estos très. Pues bien, el Rosario gira alrededor de ellos, y aun cuando sea algo 830 486 NUESTRA SENÛRA DEE ROSARIO. / OCTUURE arbitrario, pues en cada misterio se viven todos, sin embargo, tene­ mos algûn derecho a ver en los gozosos la maternidad de Maria, en los dolorosos, su corredenciôn, y en los gloriosos, la mediaciôn uni­ versal que ejerce con su Hijo sentado a la diestra del Padre. La Encarnacion constituée a Cristo medianero ontolôgico. En el Nacimiento comienza a hacerse visible su mediaciôn moral. Ma­ ria es en esos momentos la Madre del Mediador que lo trae al mundo. En la Visitation a su prima comienza a ejercer sus fun­ ciones de acercamos a Cristo y derramar su gracia, como lo hizo so­ bre San Juan, y en la Presentation, se asocia al ofrecimiento redentor de su Hijo. Asi, pues, en estos primerus misterios, la ma­ ternidad de Maria aparece preparando el camino a la mediaciôn. Ni que decir tiene que el drama de los misterios dolorosos es el desarrollo de su obra corredentora. En los gloriosos, después de haber comenzado a regocijarse con los primeros frutos de la reden­ ciôn, principio de los nuestros, como lo son la Resurrection y la Ascension, inicia su obra en la Iglesia presidiendo el Cenâculo el dia de Pentecostes, y la continûa en el cielo después de la Asunciôn. 831 c) Oraciôn de los tiempos difîciles Las recomendaciones de los Papas y la experientia de la Igle­ sia, nos muestran al pueblo recurriendo al santo Rosario en los momentos mâs difîciles, sobre todo, de persecution de la fe. No son uno, ni dos, los casos en que se han visto las cârceles abarrotadas rezando el santo Rosario. Pero no queremos referirnos solo a las dificultades de la guerra religiosa o la persecution, sino a las muy grandes que entrana la apostasia actual. El Rosario es un gran medio para conscguir que el hombre vuelva a Dios. En efecto, el mundo vive en pecado. El pecado no es otra cosa sino la aversio a Deo et conversio ad creaturas, el apartarse de Dios y dirigirse a las criaturas de modo desordenado. Ambas notas se combaten mediante la oraciôn que nos acerca a Dios y la penitencia que purifica nuestro excesivo apego a lo creado. Oraciôn y penitentia aplicadas por nuestros pecados o por los ajenos. iNo es muy frccuente la denominaciôn de “rosarios de penitentia”? Es que el Rosario une la penitentia y la oraciôn. Nada hemos de anadir al valor deprecativo del Rosario. En cuanto al que disfruta como penitentia, bâstenos recordar que se comienza generalmcnte con el acto de contrition, que suele imponerse como tal en el sacramento de la confesiôn, que sus misterios dolorosos impregnan naturalmente de compunciôn, y que incluso suele rezarse muchas veces de forma que suponga alguna mortifi­ cation corporal. No es pequeno para la gente sencilia dei mundo el solo hecho de suspender sus tareas o conversationes para dedicarse a la repetition de orationes durante un cuarto de hora. Y lo es mucho mâs cuando se reza a la alborada por las heladas ca­ lles decembrinas de nuestros pueblos. La misma Santisima Virgen en Fâtima y Lourdes ha unido el Rosario con el espiritu penitente. SEC. 2. d) COM KATA R IOS GENERALES Devociôn 487 social El Rosario gusta de ser rezado en compafiia. Parece como si exigera el dialogo. Es una devociôn social y a la vez intima. Por cso diriamos que es una devociôn familiar, que cncuentra dos hogares, la parroquia y la propia casa. En todas las parroquias suele rezarsc a diario y las aimas que mejor sicnten el espiritu de union parroquial acuden a él muchas veces junto a Jésus Sacramentado expucsto. De la parroquia salen los rosarios procesionales y cantados, y con él comicnzan todos los grandes cultos extralitûrgicos. Mas, sobre todo, es el propio hogar el ambiente mâs comûn. Bastard indicarle al predicador el lema de la Cruzada del Rcsario, 11evada a cabo en todo el mundo por el P. Peyton. En pueblos donde existe el divorcio, su lema es : "Ea familia que reza unida permancce unida". El homenaje prestado en comûn y serenamente a Dios y a su Madre contribuye psicolôgicamente a la unidad de esa familia. Y dejândonos de motivos naturales, siquiera sean bien poderosos, Dios se cuidarâ de protéger la union de quienes todos los dias se unieron para alabarle. 832 SEC. .n. SECCION Γ. AUTO R ES VARIOS BOSSUET Misterios gozosos y dolorosos Esta denomination no es de Bossuet, sino nuestra, por entender que se adapta pertectamente a las dos partes del sermon. La dispondrcmos en lo posible en forma de guiôn, y después anadiremos otro nuestro sohre los misterios gloriosos, para que el predicador pueda, uniendo las très partes, formar un solo sermon sobre el Ro­ sario. o desglosar las très y tener para un triduo. A) Dios nos entrega a su Madre Luciano, en sus Diâlogos, nos cuenta que Eudamidas de Corinto, al morir dejando su familia abandonada, se la encomendo a un amigo como prueba mayor de la confianza que en él ténia. Esta leyenda humana tuvo su realization exacta en la cari­ dad infinita de Dios, que en el Calvario nos entregô a Maria. En efecto, Jésus y Maria son el nuevo Adân y la nueva Eva que nos dan una nueva vida. Para ello era necesario que fuéramos adoptados y rescatados. Extrarios, necesitâbamos la adoption; pecadores, necesitâbamos la redenciôn. El amor del Padre nos adopta; la pasiôn del Hijo nos redime. ^Cuâl es la parte de Maria? Vamos a verlo. B) La maternidad de Maria o los misterios gozosos a) Cristo ansiaba unirse a nuestra naturaleza. Para eso se hace hombre, hijo de Adân, y recibiendo a nuestro padre, nos da el suyo. b) Esta misma liberalidad le mueve a darnos a su Madre, del mismo modo que nos entregô a su Padre, para que nos en­ gendré espiritualmente, ya que Ella lo engendré segûn la carne. Deseaba ser hermano nuestro. ‘‘Madre, segûn la carne, de nuestra cabeza; Madre, segûn el espiritu, de sus miembros, porque con su caridad cooperô 489 a que los hijos de Dios nacieran en la Iglesia" (cf. San Agustîn, De sancta virginitate 6). (Aqui Bossuet se extiende sobre la fecundidad natural y la del amor o caridad.) Dios mismo es el modelo de esta doble fecundidad. Su fe­ cundidad natural engendra al Verbo; la fecundidad de la cari­ dad engendra a los hijos de Dios. c) Maria participa de esta fecundidad de Dios. iDe dônde le viene ser Madre? ^De la naturaleza? No. Ella misma preguntarâ: quomodo fiet istud? (Le. 1,34). Ha renunciado generosa a la maternidad natural. La tiene quia fecit mihi magna qui potens est (Le. 1,49). Quia virtus Altissimi obumbravit tibi (Le. 1,35). d) Pero el Dios que la hizo participe de su fecundidad natural. Je negarâ los hijos de adoption? iNo completarâ su obra comunicândole su fecundidad de amor? e) Cosa es aqui de admirar el amor d’e Dios, que de modo muy distinto de lo que suelen hacer los humanos, no adopta hijos ajenos, cuando carece de los propios para remediar la propia necesidad, sino que nos adopta teniendo un Hijo Dios. Mâs aûn: le envia a la muerte para qu'e récupéré nuestra adopdôn perdida. f) Y ahora hablemos de Maria. En el Calvario nos la entrega por Madré. îQué cambio recibirnos a nosotros, cuan­ do su Hijo muere! Ese si que es un amor fecundo en Ella y en el Padre. g) Y iqué podremos hacer nosotros, sino devolverle algo de lo que piérde y ofrecernos en lugar del Hijo que muere? Pero îqué es lo que vamos a devolverle? ^Hombres morta­ les por un Dios, y pecadores en vez de Jesucristo? No; no es eso lo que quiere. Si pierde a Cristo, devolvedle otros Cristos. Haced que reviva en vuestras aimas el que muriô en el Calva­ rio. Imitad sus virtudes. C) 834 AUÏOKES VAMOS. BOSSUET Los dolores de la maternidad o los misterios dolorosos Mas para seguir hablando de la maternidad de Maria es necesario venir al Calvario. a) San Juan nos présenta en el Apocalipsis a una mujer que, revestida del sol y teniendo a la luna bajo sus pies, sin embargo, daba gritos y padecia dolores de parto (Apoc. 12,2). En esta mujer podemos contemplar a Maria. Diô a luz a su Hijo el sin pecado, y diô a luz a los pecadores. Una mater­ nidad fué sin dolor, la otra la padeciô entre tormentos y gemidos. La una en Belén, la otra en el Calvario. b) Hemos dicho que los hijos de Dios fuimos adoptados MMl «% ··♦ 490 NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTOBRE por cl amor d'el Padre y vueltos a adoptar o redimidos por los dolores del Hijo. Maria fuc unida no solo al amor del Padre en nuestra adopciôn, sino a los crueles suplicios por los que el Hijo nos vuelve a adoptar. c) La primera Eva gusto junto al ârbol y con su esposo desobediente la dulzura d'el fruto prohibido. La nueva Eva debe gustar con Cristo toda la amargura del ârbol de la cruz. d) La razôn de estos sufrimientos es que el Salvador ha­ bia decidido que toda su fecundidad radicase en el sufrimiento: Si el grano de trigo caido en tierra no se corrompe, no darâ fruto (lo. 12,24). En efecto, toda la vida del Senor es una perpetua caida. Cae del cielo a la tierra, del trono al pesebre, de la humildad de su nacimiento a todas las miserias hasta ll’egar a la cruz. De ésta al sepulcro. No se podia descender mâs abajo. Pero apenas llegado alli, comienzan sus triunfos y el reparto del fruto de la redenciôn. Era verdaderamente el fruto de su aniquilamiento y de sus dolores. Ven. pues, Maria, a hacerte participe del sufrimiento que regenera. e) Bossuet contenta los dolores de Maria, y siguiendo a San Basilio de Seleucia (cf. Orac. 2ΰ in Chan.), la compara con la cananea, cuando a los pies de Jesûs decia: Ten piedad de mi, porque mi hija sufre de! demonio (Mt. 15,22). El demonio la atormenta a ella y la naturaleza me hace sufrir a mi. En medio de estos dolores excesivos, Maria llega a ser la Madré de los hombres y oye a Jesûs que le dice: Ahi tienes a tu hijo. Madrte es de las que mueren para que sus hijos nazcan. Ahora que comparecemos ante ti, te pedimos recuerdes aquellas ûltimas palabras de Jesûs. f) Y nosotros, Cristianos, tengamos presences las palabras del Eclesiâstico: No olvides los dolores de tu madré (7,29). Cuando el mundo y las tentaciones violentas nos sacudan, acordémonos de aquellos dolores. Maria es nuestra Madré por el dolor. Sus verdaderos hijos son los hijos de la penitencia. ^Dônde encontre Ella a sus hijos? En la cruz. Alli debe encontrarnos a nosotros. jOh Maria! Esperamos que tus pl'egarias nos libren de la impenitencia y nos lleven a esta virtud, contraria al pecado. >Λ ·’· · 836 IL Misterios C"loriosos —/ A) El dolor es fecundo. Si el cristianismo admite y aun busca el dolor, no es por una especie de sadismo espiritual. Es porque el dolor cumple la doble misiôn de sostener y purificar mâs a los buenos y de perdonar a los malos. Es la SEC. 5. AUTORES VARIOS, BOSSUET 491 compensaciôn del pecado y la purificaciôn de las escorias que quedan en el aima limpia. B) La misma maternidad es dolorosa como castigo. El nifio nace con dolor porque nace en pecado original. Dt no existir éste, no padeceria la madré. C)Cristo muere. Pero apenas ha muerto comienzan sus mlsterios de gloria. Maria padece; pero apenas han terminado las agonias de su soledad cuando comienzan sus glorias. Comienzan con las de su Hijo y continûan con las nuestras. D) Cristo resucita, como fruto de su victoria sobre la muerte. a) Satanâs ve caer su ûltimo baluarte. Antes habian caido los que él ténia en mâs aprecio: tl pecado del hombre y su condenaciôn eterna. Cristo borrô todos los decretos contrarios a nosotros, clavândolos en la cruz. b) Quedaba por derrotar la muerte, que parecia victoriosa sobre el mismo Cristo, yacent’e en el sepulcro, y la muerte es derrotada el dia de la resurrecciôn. E) La resurrecciôn no basta. No es mâs que el primer 837 838 839 840 paso. La filiation divina que nos habia reconquistado y dé­ vuelto tient un solo fin: llevarnos a la herencia del Padre, que es el cielo. b) Cristo entra glorioso en él el dia de la Ascension. 841 F) Maria ha de recibir los mismos premios. Ella resucita también y sube gloriosa a los cielos. Lo conmemoramos en 'el cuarto misterio. b) Victoriosa sobre el pecado, ya que fué Inmaculada, lo es también sobre la muerte. G) Pero Cristo es el modelo de lo que después ha de ocu- 842 rrir en nosotros. a) Su pasiôn no tfene por fin redimirse a si mismo, sino redimir a los hombres. b) La segunda maternidad de Maria tiene como fin tarnbién devolvernos la vida del aima y la del cuerpo. c) Como Cristo y Maria subiremos nosotros triunfantes al cielo y seremos los hijos que viven junto a su Madré, en una vida que Ella coopéra a darles. H) Para ello tenemos que vivir previamente una vida de 843 lucha en esta tierra. a) Habrtmos de cultivar y desarrollar nuestra filiation divina. Para eso Cristo instituyô su Iglesia, en la que tenemos los medios necesarios. b) Esa Iqlesia nace el dia de Pentecostes. Maria esta alli a) NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTOBRE 492 844 + ! también. Su presencia demuvstra su maternidad sobre la misma Iglesia. I) Desde ese dia la Iglesia comienza a vivir y a distribuir la vida sobrenatural, la de Cristo y Maria entre nosotros. Hasta que llegue ese dia en que todos reinemos y veamos a Maria coronada como Reina en los cielos. II. HOLIDRY, S. I. La Bibliotheca Contionatorum de este autor puede ser muy ùtil a los predicadores, a pesar de lo vetusto de sus ediciones. Ordenada por materias tiene en cada una de ellas un largo capitulo dedicado a ahocetar planes de sermones, que se completa con los siguientes dedicados a la Sagrada Escritura, doctrina de autores varios, teologia, etc. Extractamos una serie de ideas del primero dedicada a los misterios del santo Rosario fcf. Mysteria Domini t.3 [A^enetiis 1872] p.150). A) 845 Saludad a Maria Comenzaremos acomodando unas palabras de San Pablo: Saludad a Maria, que soportô muchos trabajos por vosotros (Rom. 16,5). Lo que el Apôstol decia de una mujer que habia trabajado generosa por la Iglesia naciente, lo pod os decir con mucho mayor motivo de Maria Santisima. Saludémosla, pues, con el santo Rosario, oraciôn que le es gratisima, y digamos que condiciones ha de reunir para serlo tanto. 846 B) El Rosario, oraciôn grata a Nuestra Seriora Porque recuerda los titulos mâs gloriosos de Maria. Los Santos Padres en sus sermones, y muy especialmente San Gregorio Nacianceno, a veces no hacen otra cosa, estimando ser esto lo mejor, que reunir en larga letania de alabanza todos los titulos gloriosos de Nuestra Seriora. Ahora bien, el mayor de todos ellos es el de ser Madré de Dios. Pues bien; el Rosario no hace sino repetir una y otra vez las palabras con que le fué anunciada a la Virgen esta divina prerrogativa. îQuién negarâ que habrâ de recibirla como el mayor de los honores que podamos tributaria? Y nadie créa que la repeticiôn haya de engendrarle fasti­ dio, pues no otra cosa hacen los ângeles en el cielo sino repetir a Dios: Santo. Santo, Santo. Formamos, pues, al rezar el Ro­ sario el coro angélico que repite la mejor alabanza de Maria. b) Porque le recuerda su poder y grandeza. La maternidad divina sometiô a Maria todo lo que existe SEC. 5. 493 AÜTORES VARIOS. HOUDRY tn el mundo por debajo de Dios, y le recuerda su gran poder, santidad y todas las virtudes y privilégies de que fué dotada. De ahi nace también nuestra gran confianza en Ella, afianzada por la rcpeticiôn diaria del santo Rosario. C) Como debe ser rezado El Rosario debe ser of recido: a) Con la gran estimaciôn de la persona a que lo dirigimos, tstimaciôn nacida de su gran poder. b) Con un tierno afecto hacia la que consideramos como Madré nuestra. c) Para confirmât nuestra esperanza en Ella y pedirle seguros lo que necesitamos. d) Maria es el canal por dond’e nos Began las gracias de Cristo. Si para dirigimos a É1 exige San Pablo que consideremos su grandeza omnipotente, justo sera también que lo hagamos con Maria, en la proporciôn debida, teniendo présente su grandeza y su poder. e) Pero al respeto de su grandeza hay que afiadir el temor filial. Asi lo han querido Cristo y Ella misma. Cristo, que nos la entregô por Madré. Ella, qu’e se ha dado gozosa a sus funciones maternales para con nosotros. [) Ego diligentes me diligo, dice la Sabiduria (Prov. 8,6). Maria ama también de un modo especialisimo a quienes le dedican su amor. Si soy Madré por el amor, nos dice, îno deben amarme también mis hijos, y no con obras exteriores, sino con el corazôn? g) Y îqué cosa mas a proposito que los misterios del Ro­ sario para fecordarnos los titulos que Maria tiene a nuestro amor? Alii vemos lo que hizo por nosotros, lo que su Hijo le hizo a Ella, y acabamos de conocerla como remedio grato a todas nuestras necesidades. D) Lo que nos ensena el Rosario modo de orar. modo de vivir bien. b) El bien morir. d) La consideraciôn de los misterios de la vida de Cristo y de Nuestra Senora, unida a las dos oraciones vocales del Padrenuestro” y el Avemaria", nos ensefian a orar. Los ejemplos que nos proponen los misterios nos dan la lecciôn del bien vivir. La protecciôn que nos granjea de Maria y la multitud de indulgencias con que la Iglesia lo ha enriquecido nos ayudan a bien morir. T 848 494 849 xuestra senora PE(. ROSARIO. 7 octobre E) La Cojradia del Rosario Los Hechos de los Apôstoles nos describcn la primera ge­ neration cristiana con très caractères: a) Unidos por la caridad, tenian un solo corazôn y una sola alma. b) Perseveraban en la oraciôn, como se ve en diversos lugares. c) Edificaron al mundo con su piedad y virtudes. d) Esta seria la mejor description de lo que fueron y debieron ser las Cofradias del santo Rosario. 1. Unidos los cofrades en el amor a la Madré comûn, unidos no para coronarse de rosas ellos, sino para hacerlo con Maria. 2. Constantes en la oraciôn. repitiendo su rezo diario. 3. Pero de nada les serviria, si no fueran modelo de vir­ tudes. Afortunadamente, la misma Santisima Virgen se encarga de ello, y la experientia e historia nos cuentan las conversiones habidas por medio de su dévotion y rezo. *7·Ί· * < SECC1ON VL TEXTOS PONTIFICIOS À - LOS PAPAS Y EL ROSARIO Los documentes pontificios, especialmente Enciclicas de Leon XIII y discursos de Pio XI y Pio XII, son tantos y tantos, que nos vemos obligados a remitir al lector a la obra de la BAC, Doctrina ponti­ ficia, t.4, Documentas marianos. Seleccionaremos solo algunos de cllos, procurando que los titulares ordenen la materia en forma de jruiôn predicable. A) El Rosario como medio de santificacion iig • ' x" 850 Empezaremos con la Enciclica Fidentem piumque de Leon XIII, 20 de septiembre de 1896. (Cf. BAC, o.c., p. 315 ss.) “Con bastante frecuencia y claridad, durante el sumo pontificado, nos ha sido dado patentizar el confiado y piadoso afecto para con la Santisima Virgen, que, nutrido ya desde nuestros tiernos aiios, hemos procurado fomentar y aumentar por toda nuestra vida. Pues viviendo en unos tiempos tan calamitosos para el catolicismo como peligrosos para los pueblos mismos, hemos conocido por ex­ perienda cuân ùtil seria recomendar con el maximo calor aquella defensa que Dios, en su benignidad, quiso dar al linaje humano en la persona de su augusta Madré, e hizo gloriosa en la historia de los fastos de la Iglesia por una ininterrumpida serie de triunfos. A nuestras exhortaciones y deseos ha respondido el pueblo catôlico con numerosas y variadas iniciativas, mayormente movido con la prâctica del santisimo Rosario: ni han escaseado los opimos frutos. Nos, sin embargo, no nos podemos hartar de glorificar a la Madré divina, que verdaderamente es dignisima de toda alabanza, y de recomendar el encendido amor a la que es también Madré de los hombres, llena de misericordia, llena de gracias. Mâs afin ; cansado nuestro espiritu por las apostôlicas preocupaciones, cuanto mâs cerca se siente de la partida, con tanta mayor confianza dirige la mirada a Aquella de la que, como feliz aurora, salio el dia de la prosperidad y alegria que no fenece. Y si, Venerables Hermanos, es grato recordar que, con otras Enciclicas publicadas a inter­ vals, Nos hemos alabado la devociôn del Rosario, por ser de muclias maneras gratisima a los que debidamente la emplean, no es menos grato poder ahora insistir y corroborar la misma idea. Y con esto se nos ofrece espléndida ocasiôn de exhortaros paternalmente al fomento de la piedad y de avivar en vosotros la esperanza de los premios eternos. La forma de oraciôn de la que tratamos se llamô Rosario, como 851 • 496 NUESPRA SENORA DEI. ROSARIO. / OCTOBRE si imitase en su contextura la suavidad de las rosas y la hcrmosura de las guirnaldas. Y esto, por cierto, asi coino es aptisimo por tratarse de una dcvociôn encaminada a honrar a la Virgen, que es saludada con razôn Rosa mîstica del paraiso, y que en él brilla esplendorosa como Reina del universo cefiida de chispcante corona, parece también esbozar con su nombre mismo los gozos y coronas celestiales que time preparados a sus devotos” (cf. o.c., n.441-442 p.315-317). a) El Rosario como oraciôn Perseveranda y comunldad, condiciones de la oraciôn “Y esto aparece clarisimo, si uno considera la naturaleza del Rosario mariano. Nada hay, en efecto, que, ora las enseûanzas, ora los ejcmplos de Cristo Seûor nuestro y de los apôstoles, recomienden con tanta fuerza como el deber de invocar y de orar a Dios. Luego los Santos Padres y Doctores subrayaron, de comûn acuerdo, que era esto tan nccesario, que los hc-mbres en vano confian salvarse si descuidan la oraciôn. Mas aun cuando todos tengan la puerta abierta a la consecuciôn de las gracias, por la naturaleza de la oraciôn misma y por la promesa de Cristo, sin embargo, como todos sabéis, de dos condiciones principalmente depende la grandisima eficacia de la sûplica: de la perseverante asiduidad y de la comunidad o colectividad de la misma. Lo primero pônenlo de manifiesto las invitaciones de Cristo llenas de bondad: Pedid, buscad, llamad (Mt. 7,7); enteramente como un padre buenisimo, que quicrc condescendet con los deseos de los hijos, mas que goza en que se le ruegue mucho y como que se le fatigue con las sûplicas, para unirse asi sus corazones mâs apretadamente. Respecto de lo segundo, mas de una vez manifesto el Sefior su sentir: Si dos de vosolros se pusieren en comûn acuerdo y me pidieren cualquicr cosa, se la otorgarâ mi Padre, parque donde estait dos o 1res reunidos en mi nombre, alli estoy yo en medio de ellot (Mt. 18,18-19). De donde el vigoroso dicho de Tertuliano: “Nos reunimos en grupo y congregamos para tomar a Dios por asalto con nuestras oraciones” (cf. TertUL., Apolog. c.39); y ei fam^so dicho dei Aquinate (cf. Santo Tomas, In Evang, Mt. c.18) : “Es imposible que no sean escuchadas las oraciones de muchos, si de muchas oraciones se forma una sola”. 853 2. Verificanse en el Rosario “Ahora bien, entrambas condiciones se encuentran egregiamente unidas cn el Rosario. Pues en él, para no alargarnos mucho, pedimos con insistenda, por medio de la repeticiôn de las mismas ora­ ciones, el reino de la gracia y de la gloria al Padre celestial; y machaconamente suplicamos a la Virgen Madré que se digne socorrer a los que estâmes sujetos a la culpa, ya cn toda la vida, ya en la hora suprema, que es el paso para la eternidad. La formula del mis­ mo Rosario es también muy a proposito para orar en comûn ; por donde, no sin razôn, se le ha dado el nombre de Salterio mariano. Ahora bien ; hay que guardar o restaurât religiosamente una costumjbre que estuvo en vigor entre nuestros antcpasados, cuando en las l. SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 497 familias cristianas, lo mismo que en las ciudades y en los campos, sc tenia por inviolable, al cacr el dia, acudir de las fatigas del trabajo ante una imagen de la Virgen y pagarle alternativamente el tributo de la alabanza por medio del Rosario. Y Ella, complacida en extremo por este obsequio fiel y concorde, les asistia coasada en medio de trabajos y dolores grandisimos, que acaban con su vida; ya la gloriosa, que se manifiesta desde la resurrecciôn del triunfador liasta la eternidad del que estâ sentado a la diestra del Padre. Y, puesto que la fe, para que sea perfecta y digna, es menester que externamente se manifieste, pues en el corazôn se créé para la justificaciôn, y se profesa la fe con la boca para la salvaciôn (Rom. 10,10), por eso el Rosario nos ofrece ocasiôn muy propicia para esta profesiôn externa de la fe. Pues, por medio de las oraciones vocales de que estâ formado, podemos expresar y profesar la fe en Dios, Pa­ dre nuestro providentisimo, en la vida cterna, en el perdôn de los pecados; asimismo, en los mistcrios de la Trinidad augusta, el Ver­ bo encarnado, de la maternidad divina y en otros. Ahora bien, na- El Rosario y la penitencia El Rosario, medio de salvaciôn “De consiguiente, providcncialmente disponen los que con esfuerzo trabajan en conscguir su ultimo fin de la poderosa ayuda del Rosario, y la tienen tan a mano, y es tan fâcil, que no se puede pedir mâs. Pues quien esté aùn tan solo medianamente formado en religion, puede utilizarlo fâcil y fructuosamente ; y no exige tanto tiempo que pueda entorpecer los negodos de nadie. Los anales eclesiâsticos rebosan ejemplos interesantes y luminosos; es bastante conocido que ha habido siempre no pocos que, abrumados por los cargos o absorbidos por pesados cuidados, jamâs dejaron esta piadosa costumbre ni un solo dia” (cf. ibid., n.447 p.323). B) El Rosario y la confianza en Maria los principales pârrafos de la Epist. Sobre este punto incluimos 1... ..... ... Enc. de Leôn XIII, Jucunda semper, 8 de sept, de 1892. (Cf. BAC, o.c. n.409 p.284 ss.) “Nos saludamos siempre con jubilo y con un sentimiento de las mâs grandes esperanzas, la vuelta del mes de octubre desde que, conforme a nuestras exhortacioncs y prescripciones, se ha dedicado ese mes en todas partes a la Santisima Virgen. Desde hace muchos ar.os es verdaderamente hermoso y vivo el concorde floredmiento de obras de piedad con que se adorna en todas las naciones catôlicas la devociôn del Rosario. Muchas veces hemos declarado las razones por las que Nos hemos consagrado dicho mes a la devociôn del san­ to Rosario. Pues las tristes circunstancias en que se encuentra la Iglesia y la sociedad reclaman un auxilio divino particular y de cada instante, y Nos hemos creido que era preciso pedirlo a Dios por intercesion de su Madré y obtenerlo por la prâctica de una oraciôn y 860 NUESTRA SENORA BEL ROSARIO. 7 OCTOBRE una devociôn, cuya soberana virtud ha experimentado siempre el pue. blo cristiano desde el origen mismo del Rosario, ya defendiesc el ho­ nor de su fe contra los furiosos ataques de la herejia, ya quisiese levantar alrededor de esta misma fe su cortcjo de virtudes conmovidas y dehilitadas por la corruption dei siglo. Y mâs adelante cl pueblo cristiano no ha cesado un instante de comprobar esta feliz experienda, por una jamâs interrumpida serie de beneficios publicos o privados, cuyo recuerdo permanece en gran nûmero de institutos y monumentos. Y en nuestros dias, en esta época en que sufren tantos males, Nos experimentamos la satisfacciôn de contemplar también la hermosa cosecha de t'rutos de salud que esta devociôn proporciona. No obstante esto, examinando lo que pasa en derredor de vosotros, Venerables Hermanos, podéis juzgar por vrosotros mismos que la causa de nuestros males subsiste todavia y que algunos se han hecho mâs tcmiblcs. Por esta razon es prcciso en el présente ano excitar mâs aun, con todo el ardor de nuestras exhortaciones, a la grey que os esta confiada, para que ore con fervor a la Reina de los delos. Mientras mâs meditemos su naturaleza intima, mâs se descubre y brilla a nuestros ojos la excelencia del Rosario y sus beneficios, y mâs se fortifica, con nuestro desco de ver al Rosario florecer en todas partes, la esperanza de que nuestras exhortaciones tendrân este precioso resultado: mejor comprendida esta devociôn y mâs conocida y practicada, adquirirâ saludables desarrollos.” a) 861 La mediaciôn de Maria, base de la confianza “Sin recordar aqui lo que Nos hcmos sefialado en los anos pre­ cedentes y bajo diversas formas acerca de un asunto que nos es tan grato, Nos queremos considerar y hacer resaltar la providencia de Dios en la naturaleza de esta devccion, que exaltando la confianza en las almas que oran, dispone, por el hecho mismo, el corazôn ma­ ternal del alma virgen, a responder con una bondad y un socorro dignos de una madré a las oraciones que se le dirigen. La confianza del recurso que nosotros tenemos en Maria esta basada en la grandeza del oficio de Mediadora de la divina gracia que ejerce continuamente en nucstro favor dolante del trono de Dios, como gratisima que es por su dignidad y por sus méritos, y, por consccuencia, eminentemente superior en poder a todos los ângeles y a todos los santos. Y este oficio no esta en ninguna parte mejor expresado que en el Rosario, donde las fases diferentes del sublime papel de la Santisima Virgen en la salvaciôn del género humano se desarrollan con una fuerza de verdad casi dramâtica, con inmensa ventaja para nuestra piedad, bien sea que el aima contem­ ple esta sucesiôn de santos misterios, o ya la emociôn haga vibrar los labios siempre con la misma oraciôn” (cf. ibid., n.410 p.286). & 862 b) La mediaciôn de Maria en los misterios del Rosario “En primer término, se presentan los misterios gozosos. Pues el Hijo eterno de Dios se inclina ante los hombres, hecho hombre, pias con el asentimiento de Maria y concibiendo del Espiritu San- SEC. 6. TEXTOS PONTI PIC iOS 501 to. Juan entonccs es santificado, en el seno maternal, con un privi­ legio insigne y adornado de gracias de elccciôn para preparar los caminos del Senor; mas todos estos beneficios se deben a la salutacïôn de Maria cuando visitô a su prima por inspiraciôn del Es­ piritu divino. Viene, por· fin, a este mundo el Cristo, la esperanza de las naciones, mas dado a luz por la Virgen; alrcdedor de su pobre cuna acuden los pastores y los Magos, primicias de la fe, con santo apresuramiento, y encuentran al Nino con Maria, su Madré. Y bien pronto Él, queriendo por una ceremonia pùblica, ofrecerse como hostia a Bios, su Padrc, se hace conducir al templo, y alli, por ministerio de su Madré, es presentado al Senor. Y Maria, en el misterio de Jesiis, un instante perdido, aparecc ansiosa, busca por todas partes a su Hijo, y con que jubilo le encuentra” fcf. ibid., n.411 p .286-287). “El lenguaje de los misterios dolorosos es igualmente sublime. 863 En el huerto de Getsemani, donde Jcsùs tiene miedo, donde esta triste hasta la muerte, y en el Pretorio, donde es azotado, coronado de penetrantes espinas y condenado al ultimo supliçio, no se ve a Maria, pero desde hace mucho tiempo ya conoce y sufre esos do­ lores. Pues cuando delante de Dios se inclina como su sierva para levantarse Madré de su Hijo y cuando Ella se consagra toda ente­ ra con Jesiis en el templo, en ambas circunstancias se asocia, des­ de luego, a la dolorosa expiaciôn de los crimenes del género hu­ mano; es, pues, imposible no verla participando con toda la fuerza de su alma las agonias infinitas de su Hijo y todos sus dolores. Por lo demâs, en su presencia, ante sus ojos, debia cumplirse el divino sacrificio, cuya victima habia alimentado con su mâs pura sustancia. Éste es el espcctâculo mâs conmovedor de dichos mis­ terios: De pie, junto a la cruz de Jesiis, estaba Maria su Madré, penetrada hacia nosotros de un amor inmenso, que la hacia ser Madré de todos, ofreciendo Elia misma a su propio Hijo a la jus­ ticia de Dios y agonizando con su muerte en su alma, atravesada por una espada de dolor” (cf. ibid., n.412 p.287-288). “En fin, en los misterios gloriosos que siguen, la funcion con- 864 movedora de la sublime Virgen queda confirmada con mayor elocuencia todavia. De la gloria de su Hijo, vencedor de la muerte, goza Maria feliz, silenciosamente; sus miradas acompaiian con la exprcsiôn de su amor de Madré a Jesûs, que retorna a los cielos. Mas Elia, digna dei cielo, permanece sobre la tierra, porque quiere consolar y adoctrinar con su sabiduria a la Iglesia, que acaba de nacer, pues penetro el profundisimo abismo de la divina sabiduria mâs de lo que podemos imaginarnos (cf. San Bernardo, De las doce t>rerrogativas de la Virgen Santisima n.3). Mas porque el misterio de la redenciôn de los hombres no quedarâ perfectamente cumplido, sino cuando venga el Espiritu Santo que ha prometido Cristo, por eso también se présenta Maria a nuestra admiraciôn en medio del Cenâculo. Alli estâ rodeada de los apôstoles, rogando por ellos con indescriptible gemido de su aima, apresurando el advenimiento perfecto del Parâclito, don supremo de Cristo, tesoro y fuente preciosa que jamâs se agotarâ. Cumplido esto, Maria sc va dirigiendo hacia la eternidad para abogar por nuestra causa y llenar un ministerio que no cesarâ jamâs. Nosotros la vemos, en efecto, subir de este valle de lâgrimas hacia la Jerusalén santa, escoltada y llevada por los coros angélicos, y la sahidamos eleva- MH· 46®^"' 502 NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTUBRE sec. 6. da en la gloria d»? los santos, con la trente resplandecientc por el brillo de la diadema de estrellas que en Ella ha depositado su di­ vino Hijo, y cabe Él, sentada como Reina y Seiïora de todo cl universo. Estos misterios, Vénérables Hermanns, donde se descubrc el plan de Dios, plan de sabiduria y de misericordia (cf. San Ber­ nardo, Sermon de la .Vah'vtdud de la Santisima Virgen n.6), y donde resplandecen los misterios inmensos de la Virgen Maria, res­ pecto de nosotros, no pueden dejar insensible a ninguna aima; tan cierta es la esperanza que ellos han de obtener, por el ministerio de Maria, el beneficio de la clemencia v de la misericordia divinas" (cl. ibid., n.413 p28S-289). TEXTOS jeabe por adinirarse profundamente contemplando los designios de Dios rcalizados en la Santisima Virgen para la salvaciôn de todos los pueblos; y que, una vez convencido de la verdad de estas cosas, deje de entregarse confiado en sus brazos protectores, repitiendo las palabras de San Bernardo: “Acôrdaos, j oh piadosisima Virgen Marial, que jamâs se oyô decir que ninguno de cuantos han acudido a vuestra protecciôn, implorado vuestro socorro y pedido vuestros auxilios haya sido abandonado” (cf. ibid., n.414 p.289-291). d) Motivos PECULIARES QUE HACEN el 865 La mediaciôn de Maria en las oraciones del Rosario “A los mismos preciosos resultados conduce la oraciôn vocal, tan maravillosamente adaptada a los misterios. Comienza, desde luego, como es justo, por la oraciôn dominical, la sùplica a nuestro Padre, que esta en los cielos. Apenas le hemos invocado en su­ blimes acentos, cuando desde su trono descicnde nuestra oraciôn y se dirige suplicante hacia Maria. Todo, naturalmente, en virtud de esa ley de conciliaciôn y sûplica tan bien formulada por San Bernardino de Sena: “Toda gracia concedida a los hombres llega hasta ellos por tres grados perfectamente ordenados : Dios la comunica a Cristo, de Cristo pasa a la Santisima Virgen y desde las manos de Maria desciende hasta nosotros" (cf. Sermon 6, en las jestizidades de Maria: De la Anwiciaeiôn a.l c.2). Y por esto, en el rezo del Rosario, nosotros nos detenemos mâs voluntariamente, y en cierta manera con mayor satisfaction, en el tercero de estos grados, aunque tiene cada uno su propio carâcter, o sea con la salutaciôn angélica repetida por decenas, donde adquirimos fuerza y confianza para subir los otros dos grados a fin de llegar por Jesu­ cristo a Dios, su Padre. Esta misma salutaciôn la repetimos con tanta frecuencia a Maria para que nuestra pobre y débil oraciôn se pénétré y fortifique de la confianza neccsaria, suplicândole que ruegue a Dios por nosotros en nombre nuestro. Y' j que encanto y que poder anade a nuestros acentos, a los ojos de Dios, la recomendaciôn de la Santisima Virgen, a quien Él mismo invita a hablar en estos términos tan dulces y tiernos ! : Suene tu vos en mis oidos, pues tu vos es dulce (Cant. 2,14). Y por eso, repetimos con tanta frecuencia sus titulos mâs gloriosos para obtenerlo todo. En Ella saludamos a la que ha encontrado gracia a los ojos de Dios y especialmente a la que ha sido llena de gracia, para que la superabundancia de esta gracia se derrame sobre nosotros; a Aquella con quien esta el Seiior mâs intimamente unido que con ninguna otra criatura; a la bendita entre todas las mujeres; a la que borrô el anatema y trajo la bendiciôn (cf. Santo TomAs, Op. 8 sobre la salutaciôn angélica n.8), aquel fruto dichoso de su vientre, en quien serân benditas todas las naciones de la tierra. La invocamos, por ùltimo, como a Madré de Dios, y amparada con esta sublime dignidad, iqué no podrâ alcanzar Ella para nosotros, pobres pecadores, y qué no podemos esperar nosotros de sus ruegos en todas las circunstancias de nuestra vida y en la lucha suprema de la agonia? Es imposible que cl cristiano que con fe se aplique al rezo de estas nraciones y a la meditaciôn de estes altisimos misterios no 503 pontificios grato a Maria Rosario 1. El objeto de sus oraciones 866 “El Rosario, tan poderoso para excitar la confianza entre los que rezan, goza ademâs de una virtud igual para conmover en favor nuestro el corazôn de la Santisima Virgen ; pues fâcil es comprender cuânto ha de complacerla vernos y oimos tejer esta armoniosa corona de sus alabanzas. Rezando de este modo damos a Dios y le deseamos la gloria que le es debida; buscamos ûnicamente el cumplimiento de su voluntad ; celebramos su bondad y su munificencia dândole el nombre de Padre, y en nuestra indignidad, solicitamos de Él los mâs preciosos dones ; todo esto complace sobremanera a Maria, y verdaderamente, mediante nuestra piedad, Ella engrandece al Seiior. Pues nosotros dirigimos a Dios una oraciôn digna de Él al recitar la oraciôn dominical.” 867 2. Orar como Jesûs “Ademâs, a estas oraciones tan hermosas por su objeto y expresiôn, en las que pedimos beneficios tan conformes a la fe, a la esperanza y a la caridad, se anade para la Santisima Virgen un encanto particularmente grato a su corazôn. En nuestra voz dis­ tingue como el acento de Jesûs, su Hijo, pues esa formula de orar es su obra, y por su mandato nos servimos de ella; y vosotros ora­ riis asî (Mt. 6,9). Y al vernos, fieles a esta orden de su Hijo, re­ zando el santo Rosario, no dudemos que Maria llcnarâ con mâs ternura todavia su ministerio de bondad, y estemos seguros de la acogida sonriente y maternai que harâ a nuestras coronas y de las gracias abundantes con que pagarâ cada una de las rosas misticas de nuestro Rosario” (cf. ibid., n.415 p.291-292), 3. Su carâcter de oraciôn mental y vocal “El carâcter particular de esta devociôn, carâcter eminentemente propio para ayudarnos a bien orar, es por si solo un poderoso motivo para creer que seremos gustosisimamente escuchados. La fragilidad del espiritu es tal, que la cosa mâs insignificante basta, en el curso de la oraciôn, para distraer de Dios y del objeto de sus devociones el pen sam i en to del que reza; empero, cualquiera que se pénétre de la naturaleza del Rosario, apreciarâ en seguida como este modo de orar es eficaz para fijar el espiritu, para preservar el alma del embotamiento y, al mismo tiempo, para excitar en ella un dolor saludable de sus pecados y enderezarla y elevarla hacia el cielo. Consta, en efccto, como es conocidisimo, el Rosario de dos IMKJ 868 fe. 504 NUESTRA SKNORA UEl. ROSARIO. 7 OCTOBRE partes bien distintas entre si, pero intimamente unidas sin embargo: la meditaciôn de sus misterios y la oraciôn vocal. Este método de rezar exige, por parte del hombre, atenciôn especiah'sima ; no solamcnte exige que procure dirigir su espiritu hacia Dios, sino que se abisme en la meditaciôn de lo que contempla, de suerte que saque de ella normas de bien vivir y alimento de su piedad. Con­ templa, en efecto, lo que existe de mâs grande y admirable; es a saber, los misterios fundamentales del cristianismo, que son los que, merced a su luz clarisima y a su divina virtualidad, han sido parte a que la verdad, la paz y la justicia hayan establccido un nuevo orden de cosas sobre la tierra y producido, entre todas las gentes, frutos de bienandanza." 859 4. Su asequibilidad al pueblo “Al mismo fin concurre también la manera como se présentait estos misterios tan profundos a los que recitan cl Rosario, de tal suerte que se hallan al alcance de las inteligencias menos instruidas. Pues no son dogmas de fe y principios doctrinales los que el Rosario propone a la meditaciôn, sino mâs bien hcchos visibles que se graban en la memoria, y estos hcchos presentados en sus circunstancias de lugar, de tiempo y de personas, se imprimen doblemente en el ânimo y le mueven con mayor eficacia. Cuando desde la infancia el aima se halla bien penetrada de esos misterios, basta su enunciaciôn para que quien ore con algûn fervor pueda recordarlos sin csfuerzos por un movimiento natural del pensamiento y el corazôn, y recibir en abundancia, por el favor de Maria, el rocio de la gracia celestial" (cf. ibid., n.416 p.292-293). 870 5. La gratitud que nianifiesta “Otra razôn hace que estas guirnaldas de oraciones scan mâs agradables a Maria y mâs dignas de recompensa a sus ojos. Pues cuando recorremos piadosamentc la triple serie de los misterios, expresamos mâs vivamente nuestros sentimientos de gratitud hacia Ella, porque asi declaramos que nunca nos cansamos de recor­ dar los bénéficies por los cuales Ella ha tornado parte en nuestra salvaciôn con ternura sin limites. Y estos recuerdos tan grandes, repetidos tan frecuentemcnte en su presencia y celebrados con fer­ vor, apenas podemos vislumbrar como llenarân su aima bienaventu­ rada de alegria inexplicable en el lenguaje humano y de solicitud y caridad maternales. Por otra parte, estos mismos recuerdos dan a nuestra sûplica mayor ardor y mayor fuerza, porque cada mis­ terio que pasa es un nuevo motivo de deprecaciôn poderosisimo, que la Virgen Maria no podrâ menos de atender. Conviene, a sa­ ber: A vuestro amparo nos acogcmos, santa Madré de Dios; no abandones a los desgraciados hijos de Eva. Os imploramos, mediadora de nuestra salvaciôn, tan poderosa como clemente ; por las alcgrias venidas de vuestro Hijo Jésus, por vuestra comuniôn en sus inefables dolores, por el esplcndor de su gloria, os suplicamos con todas nuestras fuerzas, y. a pesar de nuestra indignidad, oidnos con benevolencia y atendednos” (cf. ibid., n.417 p.293-294). ■ U·* SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 505 C) Misterios del Rosario en la vida familiar Copiamos aqui el discurso de Pio XII a los recién casados del 16 de febrero de 1940, cf. BAC. o.c·, n.675 ss. p.525 ss. a) El matrimonio y los misterios gozosos 871 “De todo corazôn os damos la bienvenida, queridos recién casados, a quicnes parecc haber conducido a Nos la Virgen del Santisimo Rosario en este mes consagrado a Ella. Nos place mirarla con los ojos del espiritu—como la han visto algunos santos privilegiados—, inclinada hacia vosotros con una sonrisa (para ofreceros aquel simple y devoto objeto que, a través de una cadena de anillos flexibles y ligeros que no recuerdan sino una servidumbre de amor, reûne por decenas sus pequeiios granos, Uenos de un invisi­ ble jugo sobrenatural), mientras que en vuestro canto, arrodillados ante Ella, prometéis honrarla, ofreciéndole, con la .mayor frecuencia posible, en todas las vicisitudes de la vida familiar, el tributo de vuestra piedad. El Rosario, segûn la etimologia misma de la palabra, es una corona de rosas, cosa encantadora, que en todos los pueblos repré­ senta una ofrenda de amor y un simbolo de alegria. Pero estas ro­ sas no son aquellas con que se adornan con petulancia los impios, de los que habia la Sagrada Escritura (Sap. 2,8): Coronémonos de rosas—exclaman—antes de que se mar chit en. Las flores del Rosa­ rio no se marchitan ; su frescura es incesantemente renovada en las manos de los devotos de Maria ; y la diversidad de la edad, de los paises y de las lenguas, da a aquellas rosas vivaces la variedad de sus colores y de sus perfumes. En este Rosario universal y perenne habéis tornado parte desde vuestra infancia, Vuestras madrés os ensefiaron a hacer correr lentamente entre vuestros dedos infantiles las cuentas del Rosario y a pronunciar al mismo tiempo las sencillas y sublimes palabras de la oraciôn dominical y de la salutaciôn angélica. Un poco mâs tar­ de, con ocasiôn de vuestra primera" comuniôn, fuisteis consagrados a vuestra Madré celestial, recitando el Rosario, recibido en regalo como recuerdo de aquel gran dia, con un fervor ingenuamente aumentado por la delicada belleza de sus perlas, j Cuântas veces des­ pués habréis renovado vuestra doble ofrenda a Jesûs y a su divina Madré ante el tabernaculo eucaristico o en la Congregaciôn Ma­ riana! Y ahora, con el sacramento del matrimonio celebrado en este mes, dedicado a Maria, nos parece que toda vuestra vida por venir sera como una mata de rosas, un rosario cuyo rezo perseve­ rante y concorde comienza, cuando a los pies del altar habéis unido vuestros corazones, obligados asi por deberes nuevos y mâs gra­ ves, que con vuestro consentimiento nupcial bendecido por Dios ha­ béis libremente contraido matrimonio. Vuestro si sacramental tiene, en realidad, algo del Pater noster, por el compromiso que implica de santificar el nombre de Dios en la obediencia a sus leyes (santificetur nomen luum), de establecer su reino en vuestro hogar doméstico (adveniat regnum tuum), de perdonar todos los dias, el uno al otro, las mutuas ofcnsas o faltas (et dimitte nobis... sicut et nos dimittimus), de combatir las tentaciones (et ne nos inducas in tentationem), de huir del mal NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTUBRE 506 (sed libera nos a malo), y. sobre todo, el fiat resuelto y confiado ■> X' con que os présentais al encuentro de los misterios del porvenir. Aquel si es también como un reflejo de la salutaciôn angélica, por­ que os abre una nueva fuente de gracia, de la que Maria, gratia ple­ na, es la soberana dispensadora, y es que la habitation de Dios en vosotros (Dominus tecum) es una prenda especial de bendicioncs no solo para vosotros, sino también para los frutos de vuestra uniôn; un nuevo titulo de remisiôn de los pecados durante la vida y de asistencia materna en la hora suprema (nunc et in hora). Asi, pues, permaneciendo fieles a los deberes de vuestro estado, viviréis en el espiritu del santo Rosario, y vuestras jornadas se desenvolverân como una concatenaciôn de actos de fe y amor hacia Dios y hacia Maria a través de los afios, que os descamos numerosos y ricos de favores celestes” (cf. ibid., η.67.5 p.525-528). 872 b) Misterios dolorosos en la familia “Pero un Rosario, queridos hijos e hijas, significa también que los misterios de vuestro porvenir no serân siempre y ùnicamente hechos de alegrias; tendrân también acaso providenciales dolores. Es la ley de toda vida humana, como de todo ramo de rosas, que las flores estén mezcladas con las espinas. Vosotros vivis ahora los misterios gozosos, y os auguramos que gustéis largamente sa dulzura, porque la felicidad se ha prometido a quien terne al Senor y pone todas sus delicias en sus mandamientos (Ps. 111,1); estâ prometida a los mansos, a los misericordiosos, a los puros de cora­ zôn, a los pacificos (Mt. 5,4-9), y vosotros os esforzâis por ser todo esto. Sobre todo, vosotros esperâis que la Providencia, cuyos secretos designios os han traido el uno hacia la otra, derramarâ sobre vuestro hogar la bendiciôn prometida a los patriarcas, cantada por los profetas, exaltada por la Iglesia en la liturgia dei ma­ trimonio; la bendiciôn alegre de la fecundidad; matrem filiorum lae­ tantem (Ps. 112,9). De igual manera que habéis recibido y recibiréis las alegrias —las de hoy y las de manana—con igual reconocimiento y pruden­ te moderaciôn, acogeréis con espiritu de fe y sumisiôn los misterios dolorosos del porvenir, cuando llegue la hora. ; Misterios? Es el nombre que el hombre da con frecucncia al dolor, porque si no acostumbra buscar una significaciôn a sus gozos querria, en cam­ bio, con su corta vida, saber la razôn de sus desventuras, y sufre doblemente cuando no ve aqui abajo su porque. La Virgen del Rosario, que es también la dei Stabat en el Calvario, os ensenarâ a estar en pie bajo la cruz, por muy densa que pueda ser su som­ bra, porque comprenderéis, con el ejemplo de esta Mater dolorosa y Reina de los mârtires, que los designios de Dios superan infinitamente los pensamientos de los hombres, y que, aun cuando hieren al corazôn, estân inspirados por el mâs tierno amor de nuestras ai­ mas" (cf. ibid., n.676 p.528-529). 873 c) Misterios gloriosos “éPodréis esperar, deberéis descar que haya también en el rosario de vuestra vida misterios gloriosos? Si, si se trata aqui de la glo­ ria que solo la fe puede pcrcibir v gustar. Los hombres se paran * > SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS con frecuencia ante los rcsplandorcs sc dan o se disputan entre cllos con ncs. Scr alabados, ser célébrés: he cllos la gloria. “Gloria est frequens iscribia Cicerôn (ci, Dr inventione bres no sc cuidan con frecuencia de dar, y por eso, scgûn la palabra de /Corno cs Posible, decia el Redentor 507 humcantcs del renombre que altisonantes palabras o accioaqui en lo que consiste para de aliquo fama cum laude”, III 55,156). Pero los hom­ la gloria que solo Dios puede nuestro Senor, no tienen fe: a los judios, que credis, vos- olros que anddis tnendigando gloria los unos de los otros, y no tafidij la gloria que de solo Dios procede? (In. 40,6). La gloria del mundo se niarchita como las flores del campo, exclamaba Isaias (Is. 40,6); y por boca de este mismo profeta anunciaba el Dios de Israel que humillaria a los grandes de la tierra (Is. 45,2). êQué harâ, pues, el Dios encarnado, aquel Jesus que se decia humilde de corazôn (Mt. 11,29) y que no habia jamâs buscado su propia glo­ ria? (Io. 8,50). Elevad, pues, vuestra mirada mâs arriba, o, mejor aun, penetrad mâs profundamente con los ojos de la fe, y a la luz de las Sagradas Escrituras, en lo intimo de vuestras almas. Es una gran gloria, os dira el Espiritu Santo, seguir al Senor (Eccli. 23,38). En una familia donde Dios es honrado, corona de los ancianos son los hi~ ios e hijas, y gloria de los hijos son sics padres (Prov. 17,6). Cuan­ to mâs puros sean vuestros ojos, jôvenes madrés de mafiana, tan­ to mâs veréis en los queridos pequenines confiados a vuestros cuidados, almas destinadas a glorificae con vosotros el ùnico objeto digno de todo honor y de toda gloria. Entonces, en lugar de perderos, como tantas otras, en suefios ambiciosos sobre la cuna de un recién nacido, os inclinaréis con mente devota sobre el frâgil corazôn que comienza a palpitar, y pensaréis, sin vanas inquietu­ des, en los misterios de su porvenir, que confiaréis a la ternura —jmâs maternai todavia y cuânto mâs poderosa que la vuestra !— de la Virgen del Rosario. De este modo, el santo Rosario os ensena que la gloria del cristiano no tiene lugar en su peregrinaciôn terrestre, Interrogad la serie de los misterios : Gozosos y dolorosos, desde la anunciaciôn a la crucifixion, dibujan como en diez cuadros toda la vida del Sal­ vador; ios misterios gloriosos no comienzan sino el dîa de Pascua, y ya no cesan : Ni para Jesûs resucitado, que sube a la diestra del Padre y envia al Espiritu Santo a presidir, hasta el fin de los siglos, la propagaciôn de su reino; ni para Maria, que arrebatada al cielo sobre las alas ardientes de los ângeles, recibe allî de las ma­ nos del Padre celestial la corona eterna. De este mismo modo os ocurrirâ a vosotros, queridos hijos e hijas, si permanecéis fieles a las promesas hechas a Dios y a Ma­ ria y observâis lealmente las obligaciones que habéis adquirido el uno respecto de la otra. No os avergoncéis del Evangelio (cf. Rom. 1,16); y en un tiempo en que muchas aimas débiles y vacilantes se dejan vencer por el mal, no imitéis su extravio, sino triunfad del mal, segûn el consejo de San Pablo, haciendo el bien (cf. Rom. 12,21). Asi, el rosario de vuestra vida, continuado por una cadena de afios que os deseamos largos y benditos, tendrâ su término feliz cuando caiga para vosotros el vélo de los misterios en la glorificaciôn luminosa y eterna de la Santisima Trinidad: Gloria Patri, et Filio et Spiritui Sancto. Amen” (cf. ibid., n.677 p.529-531). * SECCION VU. MISCELANEA HISTORICA 1’ LITERARIA 874 1) El Rosario y la Marina espaâola “No podemos pasar por alto la batalla de Lepanto, Hamada por antonomasia entre nuestros escritores “la naval”. En los buques de la Armada iban imâgenes y pendones de la Virgen. Las Cofradias del Rosario de Roma hicîeron pùblicas rogativas por el éxito feliz de las armas cristianas. Mientras se daba la batalla, los fieles cantaban el Rosario por las calles y el Pontifice San Pio V lo recitaba en su oratorio y durante el rezo recibiô luz del cielo, por la que tuvo noticia del triunfo de la Cruz sobre la Media Luna. En conmemoraciôn de esta batalla se instituyô la fiesta de Nuestra Sefiora de las Victorias, que después cambiô de nombre en toda la cristiandad para llamarse fiesta de Nuestra Sefiora del Rosario”. “Y ya que de glorias navales hablamos, recordemos el patronato de la Virgen del Rosario sobre la Marina espafiola. Ahora no esta declarada oficialmcnte Patrona de la Marina, pero su patronato, por lo menos en algunos sectores, esta clara e histôricamente probado. La devociôn de la Armada a la Virgen del Rosario es anterior a la batalla de Lepanto. En 1562, el comcndador y glorioso capitân Luis de Requcséns consiguiô del Papa San Pio V, por mediaciôn de Don Juan de Austria, la instauraciôn de la Cofradia de la Armada, cuyo capcllân habia de ser el superior cclesiâstico or­ dinario de ella. La victoria de Lepanto no creô la devociôn y patronato espiritual de la Virgen del Rosario sobre la Marina, sino que lo aumentô. La Virgen del Rosario fué después Patrona de las rutas de Cadiz a Indias y Acapulco a Manila. Sus templos votivos fueron las iglesias de Santo Domingo, de Cadiz, y Santo Domin­ go, de Manila. En la capilla del Rosario de Cadiz se puede leer en dos sitios distintos la siguiente inscripciôn: "Esta capilla y bôveda (cripta) es del tercio de los galeones. Afio 1669”. El P. Labat, en sus Voyages en Espagne et en Italie, publicados en Paris en 1730, nos sefiala como costumbre la embarcaciôn de la Virgen del Ro­ sario en la nave del vicealmirante en el momento de emprender su ruta a las Indias. “El barco que lleva el pabellôn—nos dice—esta­ ba mandado por el sefior De la Rosa. Este barco tiene el privilegio de conducir la estatua de Nuestra Sefiora del Rosario, que se con­ serva con veneraciôn en la iglesia de nuestros Padres... Aunque no he sido testigo ocular de estas ceremonias, no dejaré de contarlas, segûn la relaciôn que de las mismas me han hecho personas fidedignas, asi como nuestros padres, que han visto muchas veces esta ceremonia”. Nosotros no nos detenemos a describirlas, sino ûnicamente diremos que consistian en la procesiôn pûblica por la SEC. 7. MÏSCELÂNEA HISTORICA Y I.ITERARÏA 509 j » que sc llevaba a la Virgen del Rosario acompanada por los cabildos secular y regular y todo el pueblo gaditano. La relaciôn del P, La­ bat corresponde al ano 1706, en que estaba de paso en Cadiz, conduida su misiôn en las Antillas. La Virgen del Rosario, Patrona de Cadiz, es Hamada la Galeona, recordando este nombre su patronato sobre la antigua Marina nacional. Las Cofradias del Rosario llenaron Espana. Estuvieron muy florecientes en tiempos pasados. Podemos asegurar con certeza casi plena que no hay pueblo de nuestra Patria que no haya tenido en siglos pasados instituïda la Cofradia. Se quiso hacer en 1910 una estadistica de las antiguas Cofradias del Rosario. No pocas diôcesis se vieron precisadas a responder que pensar en esa estadistica equivalia a enumerar todas o la mayor parte de sus parroquias.” B) El Rosario en America "La misma floraciôn espiritual cncontramos en los pueblos cristianizados o misionados por Espana. Eran nuestros gloriosos capitanes sus prepagadores y nuestros ardientes misioneros los que conservaban viva la llama de amor a la Virgen. Pedro Menéndez de Avalés, conquistador de la Florida, llevaba en su pendôn glorio­ so la Virgen del Rosario, y un siglo después, los capitanes Mendoza y Juan Fernandez, al salir contra los rebeldes chichas, llevaban en el anverso del suyo el Crucifijo, y en el reverso, la imagen de la Virgen del Rosario. Esta misma advocaciôn lucia en el estandarte de don Tomâs de la Torre, gobernador de Sonora, que llevaba tan cristianamente su ejército en la conquista'de Nayarit, que en los pasos dificiles rezaban las letanias, y al consejo de guerra que tuvieron los capitanes, ya frente al enemigo, precediô el rezo del santo Rosario y la confesiôn y- comuniôn de todos los soldados. La Virgen del Rosario de Lima es la misma que maiidô hacer Fran­ cisco Pizarro. Los vestigios de la devociôn al Rosario en América son muy gloriosos. No encontramos devociôn mariana que haya dado nom­ bre a tantos pueblos, villas y ciudades, como la Àrirgen del Rosario. Conocemos mâs de ciento treinta. Tan extendida estaba esta devo­ ciôn en América, que el erudito jesuita P. Bayle, en su libro Santa Maria de Indias, donde estudia" el amor a la Virgen en tierras americanas, nos dice: “Del Rosario no hay que hablar: era remate obligado de las tareas ordinarias, y aun el sacar esa devociôn por la calle, a veces, con motivo de pùblicas calamidades, a veces, como prictica corriente” (cf. p.212). Y el historiador del Ecuador, Gonza­ lez Suarez (cf. t.4 p.371) : “En aquella época habia en Quito la devota costumbre de rezar pûblicamente, por las tardes, el Rosario casi todos los dias de la semana, saliendo en procesiôn de los con­ ventos y de la catedral, y recorriendo las calles principales", Tal era la devociôn al Rosario en aquella América nuestra, que apenas se puede dar un paso en su historia eclesiâstica y civil, sin tener que referir algùn hecho glorioso conmemorado con donaciones en su favor, su rezo pùblico, o con otras manifestaciones. Asi ücurriô, por ejemplo, cuando se hallô el método de beneficiar la piata dei cerro Potosi en un veinte por ciento mâs que lo utilizado hasta entonces... 875 ill 510 876 NUESTRA SENOKA DEI. ROSARIO. 7 OCTUURE C) El Rosario en Oriente “Nuestros misioneros, con la Cruz, llevaron el Rosario por to­ dos los confines de la tierra En cl siglo xvi se fundô una gloriosisima provincia con el titulo de “El Santisimo Rosario”, para evangelizar Filipinas y el Extremo Oriente. El P. Murillo Velarde, hablando de la piedad en Filipinas, nos dice: En estas islas es grande la devociôn que se tiene a la Reina del Cielo, pues todos los dias le cantan los nifios y nifias la “Salve" y rezan el Rosario en la igle­ sia; y lo mismo sucede en las casas particulares, en las caracoas, rancherias y embarcaciones ; de suerte, que es continuamente alabada por mar y tierra esta soberana Seùora”. Con los misioneros. llegô al Japon la devociôn al santo Rosario. En los martirios sufridos por los cristianos en 1622, se pudo muy bien decir y hacense proverbial que “triunfô el Rosario", pues la mayor parte de los mârtires pertenecian a su cofradia. Los perseguidores sabîan que Cristiano era sinônimo de devoto del Rosario. No hace mucho tiempo he visto un grabado esculpido en cobre. Es una placa con la figura de la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo, y iras él, una multitud de fides japoneses arrodillados. La mandaron hacer los idolâtras perseguidores para que, juntamcnte con el Cruci fijo, fuera hollada por los quo desembarcaran en los puertos del Japon, y de ese modo demostraran no ser cristianos. El hecho es demasiado, significativo para que precise comentarios...” 877 D) Los santos y el Rosario “Podemos asegurar que, por lo menos, desde el siglo xvi, no ha habido santo que no haya utilizado este modo de orar que utilizaba Santo Domingo. San Carlos Borromeo dice que es “la devociôn mâs divina". San Alfonso Maria de Ligorio, que es “la mâs agradable a la Madre de Dios". Por cierto, es digno de recordarse un hecho muy significati­ vo de su vida. Casi centenario y achacoso, perdio casi por completo la memoria. Al poco tiempo de realizar una cosa, ya no se acordaba de ella. “Hijos mios—-decîa—, vamos a rezar nuestro Rosario cotidiano”. “Ya lo hemos rezado, ilustrisimo senor", le contestaban. Pasado un rato, les volvîa a hacer la misma Hamada, y le respondian: “Pero, ilustrisimo senor, ya le hemos dicho très veces que he­ mos rezado el Rosario”. “No os extranen, hijos mios—contestaba el Santo—, las pesadeccs de un anciano desmemoriado. Perdonâdmclas, considerando que en este cotidiano ejercicio tengo cifrada mi salvaciôn”. Palabras hermosas y consoladoras de un santo que amaba el rezo del Rosario. San Alfonso Rodriguez, hermano portero de la Compafiia de Jesûs, segûn su biôgrafo Nicolâs Martinez, ténia callos en los dedos pulgar e indice, de tanto pasar^ las cuentas del Rosario. El apôstol de la juventud en el siglo xix, San Juan Bosco, ténia la prâctica del Rosario en verdadera veneraciôn. El Senor le probo con la inminente desapariciôn de su obra del Oratorio Festivo, i Que «•I triste aquel Domingo de Ramos de 1846, en que habia de despedir a SEC. 7. MISCELANItA HISTORICA Y LITERARIA 511 sus amados ninos por falta de local ! Penso en que su despedida debîa realizarsc ante la imagen de la Virgen, de Nuestra Senora de la Campana. Fué un dia de romeria. El Rosario fué la oraciôn mâs prolija de aquella jornada. Los ninos jugaban en el prado, como de costumbre, sin advertir la trascendencia de la despedida. Era de las pocas veces que no jugaba y no alborotaba con ellos Don Bosco. En tristes mcditaciones se hallaba, cuando, impensadamente, aparece un caballero que le propone el arriendo de un local. Se entienden, y queda todo rcsuelto. Pocos momentos después decîa a sus niûos: “Aqui tenéis, hijos mios, aqui tenéis el éxito de nuestra ro­ meria de esta manana al santuario de la Santisima Virgen. Ahora, en acciôn de gracias, vamos a rezar otra vez cl Rosario”. Entre dos Rosarios vio Don Bosco renacer su mâs amada obra. San Luis Maria Grignon de Montfort, apôstol de Maria y su Ro­ sario, el que ha elevado tantas aimas a la mâs alta perfecciôn por medio de la entrega a Maria, esto es, la esclavitud mariana, no cesaba de reccmcndar el rezo del santo Rosario. Una obra suya se titula E/ secreto admirable del santisima Rosario para convertirse y salvarse. De este bienaventurado son las siguientes palabras: “...Aunquc fueseis un hcreje endurecido, obstinado como un demo­ nio..., tarde o temprano os convertiréis y salvaréis con tal que (lo repito, y notad las palabras y términos de mi consejo), con tal que rccéis devotaineqte el santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener contriciôn y perdôn de vuestros pecados" (cf. Fr. José Salvador y Conde, O. P., El Rosario, plegaria universal: “Las advocaciones de la Santisima Virgen” [Edit. Nacional, Madrid 1948] p.24-29). LOS MISTERIOS DEL ROSARIO Présentâmes quince Ruiones, uno para cada uno de los misterios. La mayoria no pasan de ser referendas, y quizâ alguna acomodaciôn de Ruiones ya existentes en nuestra obra. I. Misterios gozosos 1 878 Primer misterio: La Anunciaciôn (Véanse I03 materiales y guiones de este mismo tomo en esta festividad.) 2 879 Segundo misterio: La Visitaciôn (Véanse los materiales y guiones supra.) 3 880 Tercer misterio: El nacimiento del Senor (Cf. Navidad, guiôn 3> t.9, n. 143-148.) Méditation de las personas que intervienen. A. San José y sus virtudes. Su obediencia a la ley; cumplimiento de los deberes maritales. Comprende cuando debe desaparecer. B. Maria. Acata la voluntad de Dios manifestada por los profetas. La Virgen Madré. Su union a Cristo a partir de hoy. C. Jesûs. Nace. ^Quién? iCômo? iPara qué? D. Los hombres. Unos no se enteran. otros se fespantan, SEC, 8. guiones homiléticos 513 4 Tercer misterio: La ado radon de los pastores 881 A. Los pastores son nuestro modèle en la contemplaciôn de este misterio. B. El distintivo y mérito de su fe es que fué sencilla y obediente. C. También nosotros tenemos nuestro pesebre: la Eucaristia. 5 Tercer misterio: La adoracion de los pastores 882 (Cf. ibid., guiôn 10, n.176-178.) ’ A. El nacimiento del Senor nos ayuda a conocer a Dios, que encarna en un hombre visible sus atributos in­ visibles. Nos manifiesta también su ciencia. B. Nos ensena a amarle, porque nos quita el impedi­ mento dé nuestra ignorancia y de la desigualdad entre Dios y nosotros; porque nos manifiesta gran­ des motivos de amor. C. Nos facilita su imitaciôn al presentarnos un modelo humano. / 6 Quarto misterio: Presentacion del Senor y purificaciôn 883 de Nuestra Senora Anundo de los dolores de Maria. El problema del dolor solo se resuelve con la filosofia cristiana. El dolor es un bien restaurador, purificador. Es una prueba de amor. 7 Cuarto misterio: Bienes de la tribulacion (Cf, ibid., guiôn 12.) La perfecciôn consiste en hacer coincidir nuestros puntos de vista con los de Dios. Segùn éstos, la tribulacion es buena, I l> 1 En el mismo tomo y fugar puee’en cncontrarse varios guiones sobre los ternas de gloria a Dios, pas a los hombres y tl orden sobrenatural. ■ La palabra de C. 10 884 _· «-··< ·■ «K 514 SEC. 8. NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTOBRE porque es medicina que cura, préserva y fortaléce en la virtud. Viene de la mano del amor. 885 Cuarto misterio: Maria pobre Maria présenta la ofrenda de los pobres. Su pobreza era aceptada voluntariamente. Cinco razones que, segùn Santo Tomâs, hacen deseable la pobreza. 12 Quinto misterio: Amor espiritual a los deudos y familiares A. Palabras de San Ignacio y del Seüor. B. El amor de Dios eleva los demâs amores. Muerte del amor sensual. C. El amor espiritual en Santa Teresa y el P. Avila. 13 Cuarto misterio: Puresa de Maria (Cf. ibîd., guiôn 4.) A. Maria se purifica ante la ley y los hombres, pues no estaba sujeta a este precepto. La pureza corpo­ ral. Su dignidad. Maria sfe purifica ante Dios. Dos elementos de la pureza: la limpieza de la imperfection, cosa que no necesitaba Maria Inmaculada, y la mayor union a Dios, en la que fué cretiendo por dias. El santo santifiquese mâs. r* < t 515 (Cf. guiôn 6.) (Cf. ib;d., guiôn 3.) 886 GUIGNES HOMILÉÏICOS Quinto misterio: Jésus en cuanto hombre pùblico se despega de Maria 1 890 (Cf. ibid., guiôn 7.) A. Cuatro escenas fen que aparece esta conducta de Jesûs. Maria, honradisima por otra via. Su con­ ducta. B. Aplicaciôn a los hombres pûblicos. Λ< 10 887 Misterios dolorosos Quinto misterio: El l\iûo Jesùs9 perdido y hallado •Il Cf. Dorn. 1.· después de Epifania, t.2, guiôn 3.) Maria acude a los sacrificios dei templo. A. Notion y elemtntos dei sacrificio. El sacrificio in­ terior. El sacrificio agradable a Dios es exterior e interior o interior solo. B. Nuestro sacrificio: la santa Misa, la propia voluntad y la justitia. Quinto misterio: Amar a Dios sobre todas las cosas (Cf. ibid., guiôn 4.) A. El Nifio Jesûs, por cumplir la voluntad de Dios, déjà a sus padres; sin avisarles previamente. B. La lecciôn que nos dan sus palabras. 14 Primer misterio: La oraciôn en el huerto (Cf. San Buenaventura, t.9 n.547-550.) Las lecciones de Jesûs. A. Humildad, orando como si fuera solo hombre. Obediencia. Dicele al Padre: que le séria agradable no morir, p’ero que acepta su voluntad. Caridad. nor la ciue Caridad, por que acepta la muerte. Véanse otros guiones en la citada dominica. 891 & 516 NUESTRA SENORA DEL ROSARIO. 7 OCTOBRE 15 Primer misterio: Hantbre de padecer (Cf. Fbay Luis de Lxôn, ibid., n.S67-569.) A. Jesucristo tiene verdadera hambre de padecer. En. el huerto busca cuantas cosas y ocasiones pueder» hacer padecer a un hombre. B. Con todo, lo que le hizo sudar sangre fué el esfuerzo animoso con que resistiô y venciô. 16 Primer misterio: Causas de la tristesa del Salvador (Cf. La Fauca, ibid., n.632-639.) Su amor a Dios. El dolor se midiô por su amor. Su amor a Dios, por la intensidad de su vision beati­ fica. Entendiô como nadie la gravedad del pecado. Su amor a los hombres. Él solo sabe bien el dafio que reporta el pecado al hombre. El haber salido no solo fiador, sino haberse hecho culpado con nuestro pecados. Su humildad al interceder por ellos como si fueran suyos. Las persecuciones que habrian de sufrir los suyos en la Iglesia y que Él miraba como propias. Nuestra ingratitud le acongojô sobre todo. 17 Segundo misterio: La flagelacion 894 (Cf. ibid guiôn 15.) A. En la flagelacion se unen el dolor y la vergüenza. Una profecia de Isaias. Avergüénzale verse tratado como esclavo, desnudo y purgando nuestros pecados de sensualidad. Vergüenza buena y vergüenza mala. B. Dolores de la flagelacion. C. El lictncioso rehuye la mortificaciôn, se inclina al placer y no se avergüenza de ello. SEC. 8. GUIGNÉS HOMU.ÉllCOS 517 18 Tercer misterio: La coronaciôn de espinas (Cf. ibid., guiôn 16.) A. Cristo, coronado como rey de burlas. Cristo es el rey de la verdad. Cristo es el rey qu*e debe dirigir nuestras acciones. D. Los mismos enemigos lo rcconocen. Nuestra conducta con el rey de la verdad y del go­ biemo. 19 Cuarto misterio: El Senor con la crus a cuestas. Necesidad y modo de llevar la crus (Cf. t.9, guiôn 20, n.800-802.) A. Necesidad: Si esto se hace en el leno verde, en el seco ^qué sera? (Le. 23,31). Debemos llevar la cruz. Puesto que es inevitable, el llevarla con decision lo hace mâs IPevadero. Llevarla con Cristo es meritorio. El Cirineo. Llevarla con Cristo la hace agradable. 20 Cuarto misterio: Encuentro de Maria con su Hijo (Cf. t.3, Domingo de Ramos, guiôn 16.) A. Escenas de Maria en la pasiôn, segùn revelaciones particulares. El tncuentro. El dolor de Maria. Nuestra compania. 21 Quinto misterio: Crucifixion y muerte del Serior (Cf. t.9, guiôn 20, n.797-799.) A. Intervention general de la justicia de Dios en la pasiôn del Senor. Γ- 518 NUESTRA SENORA DEI, ROSARIO. 7 OCTUDRE Intervention en cada uno de los tormentos. Santo temor a la misma. C. Intervention de la misericordia. La pasiôn y sus tormentos, obra de la misericordia. B. 899 Quinto misterio: El despojo de las vestiduras (Cf. t.3, Domingo de Ramos, guiones 22 al 25.) A. 900 Jésus, despojado de sus vestiduras. El dolor del Se­ rior. Las exhibitiones impùdicas. El ambiente de hoy. El despojo espiritual de los hâbitos buenos. Quinto misterio: Jesûs clavado en la cruz (Cf. ibid.» guiôn 22.) La escena y sus dolores. La cruz, adorada en la Iglesia. Aceptemos y elevemos el dolor, tanto el producido por causas naturales como por los hombres. Busquémoslo. El ejemplo de San Pablo. 901 Quinto misterio: Jesus niuere en la cruz (Cf. ibid., guiôn 24.) La escena. Jesûs sufre como Cordero, ensena como Pastor, perdona como Juez y muere como R edentor. Glosa de las siete palabras. Quinto misterio: Maria al pie de la cruz (Cf, ibic.., guiôn 24.) B. Maria cumplia sus deberes. SEC. 8. GUIONES HOMtUETICOS 519 a) Para con el Padre Eterno, ofreciendo con espiritu sacerdotal la vida de su Hijo por el inundo. b) Para con el Hijo. Consolândole. Recogiendo sus pa­ labras para cuinplirlas. c) Para con los hombres, comenzando a ejercer su omnipotencia suplicante. Quinto misterio: Maria al pie de la cruz 903 (Cf. ibid., guiôn 25.) A. La mvdida del dolor es el amor. Maria, Madré y Madré sobrenatural. Su amor. El dolor se acrece con el sentimiento de injusticia. Aumenta con la soledad. Maternidad de los dolores de Maria *. Misterios gloriosos 27 Primer misterio: La Resurrecciôn 904 Son tantos los guiones existentes en la dominica correspondiente a esta fiesta (cf. t.4), que preferimos remitirnos a ellos. Segundo misterio: La Ascension 905 Nos vemos obligados a decir algo parecido remitiendo el n.966 'J ss. Solo extractaremos el guiôn 10, n.1009-1011. A. Cristo, modèle nuestro en todos los actos dfe su vida. En la Ascension nos ofrece una aplicaciôn de la meditaciôn iqnaciana dei Principio y Fundamento. El hilo conductor de los Ejercicios y de toda nues­ tra vida es la consideraciôn de donde vfcnimos y a donde vamos. 1 Cf. t.9, guiôn 20, n.800-302, S3 . ‘-kt’** ΛΑ-., 520 NUESTRA SKNORA DEL ROS.ARIO. 7 OCTUDRE San Ignacio dice que venimos de Dios y vamos a Dios. Jesûs dijo que venia del Padre e iba a Él. Entre esa ida y venida figura toda nuestra actividad terrena. Cristo ha glorificado al Padre en esta tierra y ahora se va a ser glorificado por Él. Nuestro papel es continuar su obra. 29 906 Tercer misterio: La venida del Espiritu Santo Dominica de Pentecostes, guiôn Si.) El Cenâculo es la primera escuela de apostolado. Condiciones que presentaban los apôstoles y que nos son indispensables. La acciôn sin la contemplation. La contemplation en la action1. 30 907 Cuarto misterio: La Asuncion Véanse materiales y guiones en este mismo tomo. 31 908 Quinto misterio: Coronation de Nuestra Seriora Véase materiales y guiones en este tomo: Realeza de Maria. 1 Véanse numerosos guiones en esta festividad. NUESTRA SENORA DEL PILAR (i2 de octubre) NUESTRA SENORA DE GUADALUPE *2 . 1 i SECC10N I. TEXTOS SAGRADOS I. FIESTA DE NUESTRA SEftORA DEL PILAR 909 Introitus. (Cf. supra, Presen taciôn de la Virgen.) Oratio.—Omnipotens sempi­ terne Deus, qui per gloriosissi­ mam Filii tui Matrem caeleste praesidium nobis mirabiliter praeparasti : concede propitius ut quam peculiari titulo de Co­ lumna pia devotione veneramur, eius perpetuo protegamur auxi­ lio. Per eumdem Dominum... Oraciôn.—Omnipotente y sem­ piterno Dios, que maravillosamente nos preparaste celestial defen­ sa en la gloriosisima Madré de tu Hijo: concédenos propicio que venerândola con piadosa devociôn con el especial titulo de Pilar, seamos protegidos con su perpe­ tuo auxilio. Por el mismo Senor... (Todo lo demas como la Presentacion de la Virgen, 21 de noviembre.) 1 FIESTA DE NUESTRA SENORA DE GUADALUPE A) Partes variables de la Misa i 910 Introitus. — (Como el de la Presentacion de la Virgen.) Oratio.—Deus qui sub beatis­ simae Virginis Mariae singula­ ri patrocinio constitutos, perpe­ tuis beneficiis nos cumulari vo­ luisti: praesta supplicibus tuis: ut cuius hodie commemoratio­ ne laetamur in terris, eius cons­ pectu perfruamur in caelis. Per Dominum... Oraciôn.—i Oh Dios, que quisiste colmamos de perpetuos be­ neficios a los que estamos constituidos bajo el patrocinio singu­ lar de la Santisima Virgen Ma­ ria! Concede a los que te suplican que, alegrândonos de su conmemoraciôn en la tierra, gocemos de su presencia en los cielos. Por .Nuestro Senor Jesucristo... Graduale. — Cant. 6,9: Quae est ista quae progreditur qua­ si aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol? Eccli. 50,8: Quasi arcus refulgens in- Gradual.—îQuién es esta que sube cual naciente aurora, Her­ mosa como la luna, escogida co­ mo el sol? Cual arco iris reful­ gente entre nubes de gloria y cual < λ i 524 VIRGEN PILAR. 12 OCTl'RRE.—VIRGEN GUADALUPE. 12 DICIEMBRE flor de rosa en los dias de prima­ ter nebulas gloriae, et quasi flos rosarum in diebus vernis. vera. Aleluya, aleluya. — Las flores Alleluia, alleluia.—Cant. 2,12. han aparecido en nuestra tierra: Flores apparuerunt in terra el tiempo de la poda ha llegado. nostra, tempus putationis adve­ nit. Alleluia. Aleluya. Ofertorio.—He elegido y santificado este lugar para que esté en él mi nombre y permanezean mis ojos y mi corazôn alli todos los dias. Offertorium. — 2 Par. 7,16: Elegi, et sanctificavi locum is­ tum, ut sit ibi nomen meum et permaneant oculi mei, et cor meum ibi cunctis diebus. . Secreta.—Àprovéchenos, Sehor, esta oblaciôn. para que por tu gloria y por la intercesiôn de la bîenaventurada siempre Virgen Maria, logremos la paz y prosperidad présenté y futura. Por Nues­ tro Senor Jesucristo... Secreta.—Tua, Domine, propi­ tiatione, et beatae Mariae sem­ per Virginis intercessione, ad perpetuam atque praesentem haec oblatio nobis proficiat prosperitatem et pacem. — Per Dominum... Communio. — Ps. 142,20: Non Comuniôn.—No has hecho otro tanto con las demâs naciones, ni fecit taliter omni nationi: et has manifestado a ellas sus jui- iudicia sua non manifestavit eis. cios. Poscomunion. —Habiendo reciJill bido la prenda de nuestra salvacion haz, Senor. que merezcamos ser amparados en todo lugar y tiempo, con la protecciôn de la bîenaventurada siempre Virgen Maria, en cuya veneraciôn he­ mos ofrecido este sacrificio a tu Majestad. Por Nuestro Seôor... 911 B) Postcommunio.—Sumptis, Do. mine, salutis nostrae subsidiis: da, quaesumus, beatae Mariae semper Virginis patrociniis nos ubique protegi ; in cuius veneneratione haec tuae obtulimus maiestati. Per Dominum Nos­ trum lesum Christum... Epistola (Eccli. 24,23-31) (Cf. supra, Matemidad.) 912 C.) Etangelio (Le. 1.39-47) (Cf. supra, Visitation.) SECCIUN II. COMENTARIOS GENERALES En la imposibilidad de dedicar un articulo a cada una de las 913 Patronas amcricanas, nos habremos de limitar a escoger a la San­ tisima Virgen del Pilar para Espana y a la de Guadalupe por las de América. Los que nos lean y, pertenezean a otras regiones, espanolas ο paises americanos tendrân a mano una bibliografia mâs abundante sobre sus respectivas Patronas que la que pudiéramos ofrecerles nosotros. En cuanto a materiales y guiones es muy fâcil que les sirvan los que hemos coleccionado a lo largo dei tomo y los que insertamos en este mismo articulo. A) a) La Virgen del Pilar Advertencia preliminar De tiempo atrâs viene siendo muy discutida la historia de la aparicion de la Santisima Virgen del Pilar. En asunto como éste nos concretamos a copiar lo que la Historia de la Iglesia publicada por la BAC nos dice. El predicador harâ mal, si escandaliza al pueblo; pero también harâ mal si se dedica a describir, como si lo hubiera visto, cosas que no figuran ni aun siquiera en la tradiciôn, sino que son manifiestos errores. Debe distinguir y no mezclar la venida de los Va­ rones Apostôlicos y la de Santiago, que son independientes. No debe convertir a Zaragoza en capital o poco menos dei Imperio romano en Espana. No debe explicar si los espanoles recibieron con facilidad o enemistad la primera predicaciôn cristiana, puesto que no tcnemos ningùn dato. Cosas sen ésras que se oyen frecuentemente y que en nada contribuyen a aumentar la fe del pueblo. En cambio, es cierta y muy cierta la devociôn espaîiola a la Santisima Virgen del Pilar, comprobados algunos de sus milagros y en especial el de Calanda ; cierta también la venerable antigüedad del santuario y muy seguro que el pueblo cspanol vio aumentada su devociôn a esta advocaciôn mariana en ocasiones de graves tribulaciones, como lo fueron la invasion napoleônica y la revoluciôn ùltima. Puede muy bien servir la fiesta de la Santisima Virgen del Pilar para robustecer la fe espanola, para exponer lo que podemos entender sea voluntad de Dios sobre Espana, para hablar de la vocaciôn de los pueblos, etc. >-.»· VIRGEN PEL PILAR. 12 OCT—VIRGEN DE GUADALUPE. 12 DIC. 526 . — - ■ ------- - b) 915 .I ■ ■ La -■■■ 1 “Rclacionada con la predicaciôn de Santiago en Espana esta la creencia de la apariciôn de la Virgen del Pilar de Zaragoza. Segûn ella, habiendo Santiago predicado el Evangelio en Galicia, mas hallândose deprimido por el poco fruto conseguido, se dirigiô a Aragon, y estando descansando a las orillas del Ebro, la Santisi­ ma Virgen Maria, que aun vivia en carne mortal, se le apareciô sobre un pilar, que luego dejô alli como recuerdo de su visita y como prueba de su protecciôn perpetua sobre Espana.” .· ti 916 1. Dificultades contra la traxüriôn La primera dificultad, la fundamental y la mâs grave contra la creencia en la apariciôn de la Virgen del Pilar, es el silencio per­ sistente de la documcntaciôn antigua y medieval. Asi sucede que el primer documento que nos habia de ella pertenece a fines del siglo χιπ, y se présenta en una forma que, criticamente, lo hace sospechoso, segûn se verâ después. Efectîvâmente, la documentaciôn antigua de la Espana romana, visigôtica y mozarâbiga cristiana calla por completo respecto de este acontecimiento. A esto suelen responder los defensores de la tra­ dition que, durante la persecution de Diocletiano, fueron destruidos los archives eclesiâsticos y gran parte de los escritos cristianos, entre los cuales, seguramente, perecieron muchos que pudieran interesamos. Sin embargo, no se quemô la literatura visigoda, que nos ha quedado rica y abundante, y asi, aun teniendo présente esta limitation, no hay duda que pesa mucho en la balanza de la cri­ tica historica un silencio tan prolongado, sobre todo tratândose de algunos escritores tan intimamente relacionados con Zaragoza o con el tema mariano. 9’7 Asi, Prudentio, aunque no fuera originario de Zaragoza, estuvo ciertamente alli, y en esta ciudad redacto aquel himno verdaderamente inspirado en honor de los dieciocho mârtires de Zara­ goza. La ocasiôn parece le brindaba a conmemorar la gloria bâsica de la ciudad, cuya fe ensalza con los colores poéticos mâs subidos. Pero no hace ninguna alusiôn a la tradition del Pilar. No menos sorprendente es la omisiôn de San Braulio, obispo de Zaragoza en­ tre 619-631. El reino visigôtîco se hallaba en su mâximo apogeo. Braulio, al lado de San Isidoro de Sevilla, era el exponente mâs significativo de aquella cultura, tan claramente reflejada en los ce­ lebres concilios de Toledo. Ambos trabajaron lo indecible para afianzar la gloria cristiana de la Peninsula. Pues en ninguna de sus cartas, en ninguno de sus tratados, sermones ni demâs escritos se halla mention alguna de este hecho, que debia ser uno de los mâs glo­ riosos de la historia nacional. Algo semejante se puede afirmar de otros hombres eminentes del tiempo. Asi, San Ildefonso de Toledo, quien no mucho después compuso su excelente tratado sobre la virginidad de la Santisima Virgen, en donde parece debia hacer alguna indication sobre la tradition espanola; pero no dice nada sobre ella. Tampoco dicen i Cf. BAC, Bernakdimo Llobca, S. I., Historia de la Iglesia catôlico p.l c.7 a.2 p.127-131. • S. COM ENTA RI OS GENERALES 527 ---------------------- —■■■■■ historia SEC. 2. nada los dos Eugenios, ni San Juliân de Toledo, ni San Leandro, ni San Isidoro de Sevilla, Beato de Liébana, Tajôn de Zaragoza, el Bidarcnse y Eulogio de Côrdoba. Mas lo que déjà la impresiôn mâs desfavorable es el silencio de la liturgia mozârabe, en la que se consignan de un modo especial los santos y las fiestas tipicamcntc espaüolas; pues ni en el oficio, ni en los calendarios, ni en ninguno de sus abundantes himnos se hace menciôn de esta festividad. Mas, como hemos indicado antes, a fines del siglo xm se pré­ senta un documento, conservado en el archivo del Pilar de Zara­ goza, en el cual se dan por vez primera todos los pormenores de la apariciôn. Y esto precisamente es una nueva dificultad, en vez de ser un argumento favorable a la creencia zaragozana. En efecto, desde el punto de vista historico y critico es sorprendente y aun sospechoso de fraude el hecho de que aparezea de repente una tradiciôn con tantos pormenores y menudencias. Mâs aun : todo el tono de la exposition recuerda el estilo de las narrationes legen­ darias, artificialmente compuestas para inculcar o convencer de un hecho, cargadas de fenômenos sobrenaturales y de tircunstancias inverosimiles. Ademâs, cuando en el siglo xvii se tratô de afianzar la creen­ cia en la apariciôn mariana, acudieron algunos al absurdo sistema de los falsos cronicones de Flavio Dextro y Marco Mâximo, con lo que no se obtuvo otra cosa sino desacreditarla ante las personas serias y eruditas. Por eso, cuando en 1678 se pidiô a Roma el ofi­ cio propio del Pilar se recibiô una rotunda negativa, que volviô a repetirse en 1704. Ni podia suceder otra cosa, yendo la sûplica fundamentada en los falsos cronicones.. 918 919 920 2. En favor de la creencia de la Virgen del Pilar Frente a este estado de la cuestiôn, E GUADALUPE. 12 DIC. Papa, concedia especiales indulgentias a los que contribuycran a la rcstauraciôn dei templo de la Virgen. Poco después tuvo lugar la reconquista de Zaragoza, y su obispo, Pedro Librana, habîa en una carta circular de la iglesia de la gloriosa Virgen Maria, que habîa estado tantos anos en poder de los sarracenos, iglesia, dice, “que goza de un antiguo nombre de santidad y dignidad”. Una vez reconquistada Zaragoza, se sucede una verdadera floraciôn de vida religiosa, a la que se junta y favorece especialmente cierta predilecciôn por parte de los Romanos Pontifices. Mas lo que conviene notar es que en multitud de bulas y en otra clase de docu­ mentes se conceden privilegios y se toma bajo una especial pro­ tection a dicha iglesia de Santa Maria. Tales son los Papas Ino­ cencio II (1130-43), Eugenio III (1145-53) y Alejandro III (1159-81). A estos documentes pontificios se afiade un numero extraordinario de donationes y privilegios conccdidos por los principes y reyes al santuario de Santa Maria de Zaragoza, tales como los de Ramôn Berenguer II, conde de Barcelona, en 1142; Alfonso II de Aragon, en 1194; Jaime I el Conquistador, en 1224. Asi, pues, queda probado con toda suficiencia que, al menos des­ de el siglo ix, existia en Zaragoza una iglesia particularmente venerada, dedicada a la Santisima Virgen. Ahora bien, los defensores de la creencia en la apariciôn de la Virgen del Pilar suponen que ése era precisamente el santuario de nuestra advocation. Comprenden la dificultad de explicar el largo si­ lentio de los documentes hasta fines dei siglo χιιι ; mas, por otra parte, insisten en que, de hecho, durante el siglo xrv y en los siguientes aparece ya enteramente definida la creencia, lo cual no se explica, segùn ellos, si no existia en realidad una tradition an­ terior. Fundados en esta creencia, los reyes espafioles, no obstante las negativas recibidas de Roma contra la concesiôn del oficio del Pilar, renovaron sus instanças y al fin obtuvieron en 1723 se les concediera el oficio definitivo, en el que se consigna la apariciôn de la Virgen del Pilar como antigua y piadosa creencia. En realidad, solo a partir dei siglo xvii se puede llamar nacional a esta creencia; pues, de hecho, aun durante los siglos xv y xvi, los mi­ sioneros y colonizadores en las Indias y America y los espanoles en Roma y en otros centros donde se agrupaban, conocian y propagaban la devociôn a la Virgen de Guadalupe, de Montserrat u otras advocationes semejantes, sin que apenas tengamos noticia de que conocieran la advocation del Pilar. Asi, pues, por muy enraizada que esté esta creencia en el pue­ blo espaüol durante los ùltimos siglos y en la actualidad, histôricamente solo puede seguirscla hasta fines dei siglo χιιι. 924 B) Nuestra Seriora de Guadalupe Virgen de tierras americanas, nada mâs fâcil para el espaüol que unirla con la Virgen de Extremadura, pais de colonizadores, y, sin embargo, no tiene nada que ver en cuanto al nombre la una con la otra. El de la Virgen de Guadalupe de Méjico proviene de una corruption espafiola de la palabra Quautlalapan con que se designaba el lugar de la apariciôn. COM ENTA RIOS GENERALES SEC. 2. a) La 529 apariciôn El Breviario define perfectamentc las fuentes historicas de la apariciôn mejicana, cuando dice que es conocida "por una tradiciôn larga y constante”. De hecho asi es, y a lo largo del tiempo la tra­ diciôn oral y cscrita han referido los mismos hechos y de un modo invariable. El 9 de diciembre de 1531, sâbado, cuenta esa tradiciôn, que cl indio ncôfito Juan Diego marchaba muy de prisa para oîr misa, cuando al pasar por Tcpeyac se le apareciô la Santisima Virgen y le ordenô presentarse al obispo, entonccs el franciscano P. Zumârraga, y le dijese que construyera alli un templo. Como era na­ tural, el obispo pidiô pruebas. Juan Diego pasô todo el lunes con un tio suyo enfermo, y a la manana siguiente, rayando el alba, saliô corriendo hacia el con­ vento de Santiago en busca de un confcsor. En su ingenuidad y para que la apariciôn no le detuviera, desviô su camino. Pero inûtilmente. Al pasar por el lugar, donde se levanta hoy la capilla Hamada del Pocito, la Santisima Virgen se le presentô otra vez. Dijole que no se preocupara por la salud de su tio ; que sanaria—asi ocurriô—y que, como prueba, le llevase al obispo unas rosas florecidas fuera por completo de la estaciôn. La misma Se­ nora arreglô las flores y las colocô en la “tilma” de Juan, el cual ni las toeô siquiera. Presentôse con cllas al obispo y al dejarlas caer, el prelado y sus acompafiantes se arrodillaron. En la “tilma” del indio aparecio pintada la Inmaculada Concepcion, tal y como hoy la conocemos bajo la advocaciôn de Nuestra Sefiora de Guadalupe. Colocôse el cuadro en la capilla del palacio episcopal, de donde se trasladô poco tiempo después a una capilla provisional. b) La devociôn Y EL CULTO La devociôn comenzô a erigir en seguida templos cada vez mayores, A la primera ermita sucediô en 1575 una capilla, que es la sacristia actual. En 1662 se construyô otro templo en el mismo solar que ocupa el de nuestros dias. En 1695, otro mayor, terminado en 1709 ; después de recibir varios titulos fué elevado a la dignidad de basilica en 1895. Cerca de él existe la llamada capilla del Pocito, lugar de la segunda apariciôn y el segundo templo de la naciôn mejicana, que fué construido con el trabajo manual de todas las clases sociales, e in­ cluso de algunas damas. Es notable la cxistencia de una construc­ tion en forma de vela de barco, levantada cerca de esta capilla y que sc debc probablemente al voto hecho en una tormenta por ciertos marineros del Cantâbrico. En la basilica y en medio de grandes riquezas figura el cuadro de Juan Diego. Ya hemos dicho que représenta a la Inmaculada en for­ ma de una jovcncita de unos quince anos. La tela es delgada y tosca, de fibra vegetal, probablemente de camagüey, y esta compuesta por dos tiras de 1,75 por 0,45, unidas verticalmente por una costura basta. Los técnicos no han entendido la composiciôn de la pintura 530 VIRCKN DKL PII.AR, 12 OCT. “VIHGKN DK GUADAlUPg. 12 DIC hccha sobre una tda sin préparai-, Sc maravillaron dc los colores, de los maticcs dtlicados y de las materias cmplcadaa para conscguirlo. La autenticidad de los hechos fué comprobada por una comision en la que declararon numerosos testigos. La coinision aceptô escritos antiguos referentes a Juan Diego y las pniebas de la existcncia de una carta del obispo Zumârraga, dcsaparecida, y cuyos dcstinatarios cran sus hennanos de religion de Espafia, a quiencs narraba lo micedido. Como datos para la historia de la apariciôn, se cucnta la menciôn incidental, que en 15û8, esto es, unes treinta afios después dc los succsos, hizo Bernal Diaz del Castillo sobre Guadalupe y sus frecuentcs milagros. En 1663-1666, 1723 y 1750 .se abrieron laborio­ sos y prolijos procesos civiles y religiosos para cnviarlos a Roma. Sobre la devociôn mejicana a la Virgen de Guadaluoc nada tenemos que decir, por ser harto conocida. Es cl centro religioso de Mc· jico y fué cl sostén de la fe en los dias tristes de la persecucion civil y sangrienta. Los documento· documcntos y discursos pontificio· pontificios lo rcconocen gcnerosamentc. SECCION VI. PIEDAD MARIANA EN AMERICA A) Argentina (Cf. radiomensajc de S. S. Ι’ίο XIJ. dc 12 dc octubre dc 1947, i los catôlicos argentines, reunidos en Lujân, para un Congrcso .Mariano, Cf. BAC. Doctrina pontificia, t.4. Documentas marianos n.760 p.608ss.) a) El Papa I TEXTOS PONTIFICIOS y Argentina ante la Virgen de Lujân “Vénérables hcrmanos y amados hijos, congrcsistas marianos de Lujân : Era cl dia 15 de octubrc dc 1934. Vibraban todavia en el aire los gritos de jùbilo y los cantos entusiastas de las imponentes solemnidades de la vispera. Latian inerte afin los corazoncs, acclcrados por el fervor; sc agolpaban en nuestra retina las rcccntisimas imâgenes de aquel XXXII Congrcso Eucarîstico Internacional, que el dia antes hàbfamos clausurado; cuando, dejando atrâs la encantadora metrôpoli, csccnario dc tantas maravillas, nos adentrâbamos muy dc mananita hacia e! interior del pais, extasiando la mirada con las vistas dc csa pampa vuestra, que, por lo majestuosa, lo so­ lemne y dilatada, puede evocar la grandeza imponente del mar. ^Adônde ibamos? Λ cumplir con un amablc deber, La magna asamblca habia sido un triunfo sin precedentes, y este éxito, que, como en todos los casos dc tan complcja organ izaciôn, podia dépen­ dre dc un detallc ctialquicra dc los que cscapan al hombre, se lo debia, después de a Dios, a la Patrona oficial del Congrcso, a la pura y limpia Concepcion del rio Lujan. Ante su imagen sc habia orado sin intcrrupciôn para que la patria, como alguicn dijo, cuya bandera tiene los colores dc su manto, fuera digna dc su tradiciôn. Y Ella misma, dos fcc h as antes, habia tenido la condescendenda de presidir d'Dia dc la Patria, que Nos prcscnciâbamos, admirando de qué modo los dos grandes amorcs dc toda aima noble, Dios y Patria, pueden fundirsc armoniosamente en cl ùnico culto verdadero. Ibamos i pagar a Maria Santisima su visita y a dark las gracias. Y micntrai ante nuestros ojos sc dcsarrollaba silenciosa la calma del paisajc, recordâbamos, primero todo lo que sobre vuestra Pa­ trona nos reficrc la piadosa tradiciôn, y luego la historia dc aquel lantuario, cuyas dos torres, como dos gritos dc triunfo que suben al cielo, nos saludaban ya desde cl horizonte. Fué Ella la que quiso quedarse alli, pero cl aima nacional argentina habia querido comprender que alli ténia su ccntro natural. 927 532 VIRGEN DEL PILAR. 12 OCT.—VIRGEN DE GUADALUPE. 12 DIC. Y al entrar en aquellas espaciosas naves, al ver las banderas que Belgrano ganô en Salta o la cspada que San Martin blandiô en el Peru ; al leer los mârmoles que recuerdan la solemnc coronaciôn de 1887—la primera en .America—o el reconocimiento de su patro­ cinio sobre las tierras del Plata, de 1930; al subir a aquel camarin, tan rico como devoto, entonces, solo entonces, nos pareciô que habiamos llegado al fondo-del alma grande del pueblo argentine. Por­ que el pueblo argentino, como todos los pueblos cristianos, sabe—y vuestro Congreso actual os lo ha repetido—, que el culto a la Ma­ dré de Dios, por Ella misma profetizado, cuando anunciô Beatam me dicent omnes generationes (Lc. 1.40), es un elemento fundamen­ tal en la vida cristiana.” 928 ■«.**· V— b) Frutos del Congreso y bendiciôn de Maria “Efectivamente, iquien de los que por este mundo pasamos cargados con el peso de tantas debilidades y expuestos a tantos peligros no tendrâ neccsidad de ayuda? Pues oid al Doctor Eximio, que os dice: “Tenemos a la Virgen, abogada universal para todo, porque es mâs poderosa en cualquier necesidad que los demâs santos en las particulares" (cf. Suarez, disp.23 sec.3.* n.5: ed. Paris, t.19 [1879] p·336)··· El pobre mundo, como si quisiera retroceder veinte siglos hasta las aberraciones de la décadente sociedad pagana, pone sobre sus altares los idolos de la lujuria, de la soberbia, de la codicia y, como consecuencia natural, del odio contra todo el que pueda disputarle su raciôn mezquina de placer, su miserable parcela de dominio o una gota que pueda apagar aquella que no es sed de agua, sino de metal. Vosotros, en cambio, queréis en este momento renovar vuestro vasallaje a la que es simbolo de toda pureza, Mater castissima, encarnaciôn de la mâs completa humildad, Ecce ancilla Domini, y personificaciôn del mâs total desprendimiento. Aquella que, como nadie, es Mater pulchrae dilectionis, ejcmplar perfecto de caridad y amor. Prometed a Maria que os dedicaréis con todas las fuerzas a conservar y favorecer la dignidad y santidad dei matrimonio Cristiano, la instrucciôn religiosa de la juventud en las escuelas y la aplicaciôn de las ensenanzas de la Iglesia en la ordenaciôn de las condiciones econômicas y en la soluciôn de la cuestiôn social. El ser fieles a la Iglesia en estos puntos fundamentales y a la civilizaciôn cristiana serâ hoy una prueba plenaria del verdadero y genuino amor a Ma­ ria y a su divino Hijo. Prometedle también, de acuerdo con el espiritu del Congreso, profundizar cada dia mâs en su devociôn, que, si es la que debe ser, no podrâ menos de conduciros a la aplicaciôn integral de los principios y de las normas de la vida cristiana, sin incurrir en el error de los que quieren visiblcmente pavonearse, dândoselas de cristianos, y, al mismo tiempo, sostener aquellas doctrinas que con el cristia­ nismo son incompatibles. Amadisimos congresistas del I Congreso Mariano Nacional ar­ gentino: Que el Dios de bondad y misericordia accpte vuestros pro­ positos v que esta nueva serie de asambleas marianas que ahora inaugurâis sea tan fecunda en frutos espirituales como la serie gemela de vuestras rcuniones eucaristicas ; que Maria Santisima, segùn continuadamentc la rezâis, “proteja vuestra villa de Lujân y vuestro pue- SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 533 blo argentine» en sus diversas provincias; concéda igual protection a los hermanos del Uruguay y del Paraguay; mantenga a todos en la fc catôlica, a pesar de las maquinaciones de los incrédulos; os dé sacerdotes celosos de vuestra salvaciôn, autondades honradas y cristianas e inspire a todos fe, abnegation y caridad" (cf. Oraciôn a Nuestra Senora de Lujan): que la que habéis invocado cantando: “i Oh, Santa Maria, — oh, nuncio de paz, — de Dios eres Madré, — al nnindo salvad 1", obtenga finalmente para el mundo una paz pro­ xima, estable y justa, y que en este momento solemne, que tanto consuelo ha procurado a nuestro atormentado corazôn de padre, las bendiciones mejores de lo alto desciendan sobre todos vosotros, so­ bre nuestro dignisimo Cardenal legado, sobre todo nuestros ce­ losos hermanos en el Episcopado con su clero y fieles, y con todos los paises que elios représentai! ; sobre las autoridades, que, con su coopération y presencia, han querido contribuir al mayor esplendor de estas solemnidades, y sobre todo el amadisimo pueblo argen­ tine, tan présente siempre cn nuestro recuerdo y en nuestro pater­ nal afecto” (cf, o.c., n.760-762 p.608-610). B) Brasil (Cf. radiomensaje Embora, de Pio XII. Scptiembre de 1954, en ox.t n.897 p.783-787.) a) Devociôn brasilena a la Inmaculada “Si el Brasil naciô a la sombra de la cruz, se organize, creciô y prospero, amparado siempre por la Madré Santisima, venerada tiernamente e invocada bajo numerosos titulos, a cual mâs bello y expresivo. Ya de las très carabelas de la armada que llevaban a las tierras de Santa Cruz el primer esbozo de su organization politica, dos quedaron cristalizadas en las dos grandes iglesias de la prime­ ra capital: Nuestra Seîiora de la Ayuda y Nuestra Seiiora de la Concepciôn de Praya, a cuya sombra se habian de combatir y vencer las grandes batallas que salvaron la integridad de la pa­ tria y la unidad de la fe. Y esas dos iglesias en estos cuatro siglos de historia, habrian de multiplicarse en cien catedrales y mâs de mil iglesias mayores, por no hablar de un sinnumero de modestas iglesias y capillas que tienen por titular a la Madré de Dios en alguno de sus misterios y constelan el territorio brasileno desde el Amazonas al Plata, desde el Atlântico a los Andes. Todas ellas, mâs que venerados monumentos, son pregones vivos y elocuentcs del amor y devociôn del catôlico pueblo brasileno a su augusta Soberana y de la carinosa protection con que Maria le ha asistido en todos los lances, prosperos o adversos de su existencia. Entre los titulos marianos prevalece el de la Inmaculada, que adorna, con otros muchos secundarios, mâs de 352 templos princi­ pales, Y era natural. Desde el principio, floreciô en tierras de Santa Cruz, la devociôn a la Inmaculada Concepciôn de Maria, establecida por los descubridorcs. Pero su culto se intensificô después que en 1646, a propuesta del monarca restaurador, que tuvo plena con­ firmation apostôlica de nuestro antecesor Clemente X, Nuestra Se­ nora de la Conception fué aclamada en Cortes “particular, unica y ί T Jj .Μ VIRGEN PEI. PILAR. 12 OCT.—-VIRGEN UE GUADALUPE. 12 DIC. 534 singular Patrona y protectors" de la metropoli y de todos sus dominios, con juramento de defender, aun a precio de la sangre y de la vida, su singular privilegio “en la certeza de que nos ampare y defienda de nuestros enemigos, con grandes acrecentamientos... para gloria de Cristo nuestro Dios, cxaltaciôn de nuestra santa fe catôlica romana, conservaciôn de las gentes y reducciôn de los hcrejes". Y para que la memoria de la solemne consagraciôn y juramento no se olvidase con el tiempo, quedaban para recordarlos las lapidas que en 1654, exactamente hace trescientos afios, un nuevo decreto soberano mandaba colocar en las entradas y puertas de todas las vi­ llas y dudades o en los pazos del Consejo, de las cuales todavia hoy el Brasil conserva preciosas reliquias...” 930 b) Nôbrega, Anchieta y las Congregaciones marianas “En este continuo florecer de devociôn mariana, no podia dejar de seüalarse la ciudad de San Pablo, que tiene por fundador al apostôlico Manuel de Nôbrega, primer panegirista de la Virgen medianera, de quien conserva explicito recuerdo la historia..., y entre los inmediatos colaboradores en la fundaciôn a Anchieta, el cantor inspirado de De Beata Virgine Dei Matre Maria, De hecho, entre los mâs eficaces y expresivos factores de la devodôn a la Madré de Dios, sobresalen las Congregaciones Marianas, verdaderos vergeles de piedad santificante y apostôlica, que en los pasados siglos, tanto como hoy, si no mâs todavia, florecieron en todo el Brasil. Ahora bien: a prindpios dei siglo χνιιτ, la Congregaciôn de la Inmaculada del Colegio de San Pablo, como consta de documentos historicos, era celebrada para modclar y hacer mejor no solo al Estado, sino al Brasil entero... Pre.’isamente por este tiempo aparecia la imagen de Nuestra Seδ< ra de la Concepcion en las aguas del rio Paraiba. Y, iquién podria entonces prever los torrentes de piedad para con la Virgen In­ maculada y los correspondientes hontanares de gracias celestes que la vetusta imagen haria brotar?” 931 c) Nuestra Senora Aparecida, Patrona del Brasil “Simboliza bien y atestigua el progresivo aumento de unas y otras la primitiva ennita, en pocos anos sustituida por espaciosa iglesia, y sucesivamente ampliada en grandiosa basilica, la cual, con su riquisimo tesoro de innumerables exvotos, ya parecc pequena a la credente piedad de los hijos y devotos de la Aparecida, que por eso ansîar. y trabajan por construir otra mâs amplia y magnifica, que sea residencia digna de la Reina y Patrona del Brasil. Lo atestiguô la preciosa corona de oro con que hace exactamen­ te cincuenta anos. por decreto del cabildo de la santa patriarcal ba­ silica Vaticana, fué coronada la milagrosa imagen “en una solemnidad sin precedentes en la vida catôlica del Brasil”, Lo atestiguô sobre todo, y con mejor elocuencia de hcchos y palabras, nuestro inmediato predeccsor, de inmortal memoria, cuan­ do hace veintidneo anos, al constituir Patrona prindpal del Brasil a Nuestra Sefiora Aparecida, venerada en su “vetusta y prodigiosa SEC 6. TEXTOS PONTIFICIOS 535 imagen”, declaraba que lo hacia accediendo a la peticiôn plcbiscitaria del Episcopado y del pueblo brasilefio, el cual, con fervor y pie­ dad constantes, desdc los anos del descubrimiento de las regiones brasileûas, hasta nuestros tiempos, ha venerado y venera a la Inmaculada Virgen Madré de Dios" (cf. Pio XI, Litt. Apost., 16 de julio de 1930: AAS vol.23 p.7). jVenerables hermanos y amados hijos! La simple invocaciôn de estos hechos, entre tantos que, como filigrana de oro, recaman los fastos religiosos del Brasil, conforta y llena de suave alegria al aima, la obliga a alabar y engrandecer al Senor, fuente de la que mana todo bien, y a la Virgen Inmaculada, medianera y dispensadora cariûosisima de sus gracias, puesto que “festejar sus merce­ des, reconocerlas como recibidas de la mano de Dios y darie infi­ nitas gracias por ellas, es la primera obligaciôn de la fe y la primera confesiôn del agradecimiento y son los primeros impulsos de la alegria cristiana y bien ordenada.” C) Canada (Cf. radiomensaje C'est avec une douce, de Pio XII, de 19 de junio de 1947 : en BAC, o.c., n.749-751 p.597-599.) a) Historia mariana “Con emociôn dulce y paternal, nos hacemos présente en espiritu en el Congreso Mariano de Ottawa, y, por medio de las ondas, os dirigimos, amados hijos, que estais reunidos ahi, en un impetu una­ nime de piedad hacia la Madré de Dios y Madré nuestra, la expresiôn de nuestras exhortaciones, felicitaciones y votos. Si es cierto, como ha dicho Bossuet, que, cuando Jésus entra en alguna parte, entra con su cruz (cf. Panegirico de San Juan pto.l), es igualmente cierto que jamâs entra sin Maria. El Canada, desde que recibiô la buena nueva, que, a precio de su sudor y de su sangre, le llevaban intrépidos misioneros, no podia ser una excepciôn en esta régla de oro de la economia divina. El dîa en que Santiago Cartier plantaba la cruz en la orilla del San Lorenzo, y en cada punto donde abordaba, mostrândola con la mano a los salvajes y alzando los ojos al cielo, el dîa en que, poniendo en un ârbol una imagen de la Virgen, le confiaba la salvaciôn de su cxpediciôn, puesta en peligro por la epidemia, Jesûs tomaba posesiôn de vuestra tierra con su cruz y con su Madré. iPodria parecer tpie era una entrada humilde? iVeâmoslo, pues! E GVADALUPE. 12 DIC. De naciôn a naciôn (cf. ibid., t.7, Dom. 12, guiôn 20), a) Nace una nueva era en las rclaciones internacionalts. Ideologia y concienda supranacionales. Magisterio de P to XII. d) Ayuda a las naciones atrasadas. Su fundamento doctrinal: la unidad del género hu­ mano. b) La fraternidad universal (cf. ibid., t.7, Dom. 14, guiôn 19). Las naciones se acercan hoy. b) Datos reales, c) El impulso y doctrina pontificios. d) Elemento negativo de las ideas que hay que arrancar y positivo de lo que hay que sembrar. Caridad y colaboraciôn fraterna. El orden internacional cristiano (cf. ibid., guiôn 20). Su estudio en el orden juridico, moral, social y religioso. 957 “Domus aurea’': Casa de oro La invocaciôn de la letania. La grandiosidad y hermosura dei templo donde honramos a la Virgen nos recuerdan la invocaciôn de la letania: Domus aurea, casa de oro. La “Domus Aurea” de Roma, era el soberbio palacio que Néron erigiô en el Palatino, pi agua sulfurosa era traida desde rnuchos kilomètres por acequias especiales; los jardines altcrnaban con el edificio, de modo que no se sabta dônde terminaba la conslrucciôn y dônde comenzaba la terraza, El oro abundô de tal forma, que mereciô ese nombre: Casa de Oro. b) La Iglesia aplica también a Maria numerosos textos biblicos, en los que se la présenta como descqnso y habitaciôn de Dios. En la letania se recuerda este ti­ tulo romano. Sin embargo, iqué difcrencia! jDe que le sirviô a Néron vivir en la casa de oro, si hoy eshtviese en h casa dc fuego? De aquella casa no quedan sino rui­ nas, indice de una soberbia que contrasta con la crus dei Vaticano, que se ve a lo lejos, desde lo alto de sus azote as. d) En cambio, quien vive en Maria, habita después en la casa del cielo, y Ella y la cruz de su Hijo perma­ ne ce n a SEC. 8. GUIONES HOMItéTICOS 553 La frase de los ProVerblos. 958 La oratoria cristiana ha aplicado frecuentisimamente a Maria la frase de los Proverbios (9,1): La Sabiduria se ha edificado una casa. a) En efecto, Maria es la- casa que la Sabiduria increada, cl Verbo, se prépara para si. 1. Casa donde habitô fisicamente durante nueve meses. 2. Casa donde habitô la Santisima Trinidad como en ningùn alma justa, porque la inhabitaciôn admite grados. Todo ello depende del amor, tanto mas unitivo cuanto mâs fuerte. No hubo otro amor como el de Maria y Dios. b) Casa que Dios, buen arquitecto, Jwbo de elegir, preparar y decorar con el cuidado nids exquisito. Maria, elegida para casa de Dios. a) Maria fué predestinada desde la eternidad. 1. Mil veces hemos expuesto la doctrina de la escuela franciscana, la mâs en boga hoy, y la mâs de acuerdo con las Epistolas de San Pablo. Dios creo el mundo pensando que fuera el trono de su Hijo, que, de no existir el pecado, hubiera venido a él, hecho hombre, como rey de paz. 2. En este caso no pensô primero en el mundo, y después en Cristo y su Madre, sino al rêvés, por­ que no son los reyes para los tronos, sino los tronos para los reyes. Por lo tanto, antes de que los mundos existieran pensô en Cristo Hombre y en su Madre. Al pensar en las bcllezas naturales de la creaciôn, pensaba que imitaran las de Maria; al crear las sobrenaturales de los coros angélicos, anunciaba las de Nuestra Sefiora. Cuando preparaba los cie­ los yo estaba alli (Prov. 8,27). 4. Desde el principio la imaginô como la Domus A,urca de su Hijo en medio de los jardines del mundo. b) Si Dios para crear a Adân parece como si se hubiera reunido en consejo, para crear a Maria debiô decir: Hagamos una mujer a nuestra imagen y semejanza. 1. Fabriquemos un cuerpo que, siendo asombro del mundo, no constituya sino la menor parte de las bcllezas de nuestra casa. 2. Creemos un aima a nuestra imagen, en la que parezea que hemos agotado el poder de Dios. Llenémosla dc la gracia y privilegios que la deifiquen, y para completar nuestra semejanza, démosle el dominio de todo lo creado, Reina de lo natural y de lo sobrenatural. Y la Casa de Dios surgiô inmaculada, sin fomes alguno de mal, llena de gracia y de dones. 959 SEC. 8. VIRGEN PEL PILAR. 12 OCT.—VIRGEN DE GUADALUPE. 12 DIC. 554 D. 960 Dios ejecutô su obra tal y como la habia concebido. En esta ocasiôn no permitiô que Satanâs le disputara su obra, La queria para si. b) Y Maria coopéré. Sus actos de amor, desde el que debiô hacer, ape­ nas recibiô la razôn, fueron los mâs encendidos que se conocen. 2. Pero eran actos vcrificados por Ella, en correspondencia y colaboraciôn a la gracia recibida. Su fe le mereciô el titulo de madré de esta virtud, pero su fe le costô retorcerse el corazôn en la noche oscura de su soledad. Y asi con todas las virtudes. No tuvo falta alguna, pero Ella supo evitarlas. Fué la aurora consurgens, creciendo en luz por segundos hasta llegar al cenit. Realmente: “Fecit mihi magna qui potens est" (Le. 1.49). Y “gratia Dei tnecunt” (1 Cor. 15,10). E. In domum Domini ibimus, repetian los judîos camino dvl templo. a) Payamos a la casa de Dios, que es Maria. Alli encontraremos a Jésus, alli encontraremos la gracia. b) Vayamos por la fe, por la oraciôn y por la imitaciôn. También la gracia—la misma en especie de Maria— puede herniosearnos a nosotros. d) Imitémosla para ser dignas casas de Dios que inhabi­ ta en nuestra aima. De Dios, que fisica y sacramentalmente se une a nosotros. 961 Causa nostrae laetitiae”: Causa de nuestra alegrîa1 Maria es la causa de nuestra alegrîa. Nos alegra ver d nuestra Madré tan honrada. b) Nos alegra tener nuestra esperanza fundamentada en el amor de una Madré. Pero vamos a buscar raices mâs hondas a nuestra alegria. 962 Existe una filosofia de la alegrîa. a) La alegrîa o gozo surge del estado satisfecho de las potencias. Y las potencias se ven satisfechas cuando se ejercitan en sus actos propios. El ojo es feli: cuando ve cosas agradables, el gusto cuando las saborea, etc. 1 Para dcsarrollar temas sobre la trûteza buena y mala y la alegrîa cris­ tiana. véase t.4, Dom. 3 después de Pascua. GUIONES HOMILETICOS 555 Tanto mayor es la alegrîa o gozo, cuanto mayor sea la dignidad de la potencia y el objeto que la satisfa­ ce, Los goces intelectuales son mâs elevados y duraderos que los del gusto, por ejemplo. c) Inlentar contrariar este modo de ser del hombre es antinatural y solo puede condeicir a la anormalidad psiquica. d) Pero lo que se puede hacer es stiblimar los placeres naturales sustituyéndolos por otros mas altos. Es el caso del asccta. La gracia no destruye la naturaleza. 1. En unos casos santifica el placer natural, elevândolo al piano sobrenatural, puesto que estos pla­ ceres no significan otra cosa sino el cumplimiento de una ley natural, como por ejemplo, la de la conservaciôn de la propia vida. 2. En otros sublima la renuncia motivândola con razones altisimas y con la experiencia actual de consuelos espirituales y la esperanza de otros fu­ turos. jCuâl es el papel de la Santisima Virgen can relaciôn a esta alegrîa? El de Medianera de la gracia. 1. La gracia es la que eleva lo natural y sublima la renuncia. Maria es la madré de la gracia. Ademâs, conoce nuestro corazôn y sabe que no puede vivir sin alegrîa. La que intercediô en Canâ en una fiesta en asuntos puramentos naturales, sabe que necesitamos de la alegrîa natural y no se olvida de dirigirla hacia el cielo sobrenaturalizândola con la gracia. 2. Maria conoce el esfuerzo y generosidad de la re­ nuncia y da la gracia para sublimarla con motivos y alegrias sobrenaturales. La oraciôn que se haga a Maria sobre este pun­ to goza de la infalibilidad de la oraciôn, pues reûne las condiciones debidas. Lo que se pide es santo y necesario. b) Existe una teologia de la alegrîa. Sus razones son 963 mâs hondas. a) La verdadera alegria nace de la presencia de Dios cn nosotros. b) El papel de Maria es traernos a Dios. Esta funciôn no es sino continuaciôn de la mater­ nidad divina, que consiste en traer a Dios al mundo. 2. Y es a la vez cumplimiento de su oficio de Ma­ dré de los hombres, puesto que su maternidad para con nosotros no tiene otro fin sino engendrarnos por la gracia. Uno de los efectos de la gracia es la union con Dios y la inhabitaciôn. ’ Véase esta idea anipliamente desarrollada en la citada dominica, guiôn 13, III. SECC1ON I. TEXTOS SAGRADOS I? I. PARTES VARIABLES DE LA MISA Introitus. — Apoc. 21,2: Vidi civitatem sanctam, lerusalem novam, descendentem de caelo a Deo, paratam sicut sponsam or­ natam viro suo... — Ps. 44,2: Eructavit cor meum verbum bo­ num, dico ego opera mea regi. Gloria Patri... Introito.—Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén (Maria), des­ cender del cielo, por la mano de Dios, compuesta como una esposa, engalanada para presentarse a su esposo.—Ps.: Eructo mi corazon una palabra buena; digo yo: Mis obras para el rey. Gloria al Padre... Oratio.—Deus, qui per imma­ culatam Virginis Conceptionem, dignum Filio tuo habitaculum praeparasti, supplices a te quae­ sumus, ut eiusdem Virginis Ap­ paritionem celebrantes, salutem mentis et corporis consequa­ mur. Per eumdem... Oraciôn.—jOh Dios, que por la Inmaculada Concepcion de la Vir­ gen preparaste a tu Hijo digna morada! Rogâmoste suplicantes que, celebrando la Apariciôn de la misma Virgen, consigamos la salud del alma y del cuerpo. Por el mismo Senor Nuestro Jesucristo... Gradual.—Las flores han aparecido en nuestra tierra, ha llegado el tiempo de la poda, la voz de la tôrtola se ha oido en nuestra tierra. Levântate, amiga mia, hermosa mia, y ven: Paloma mia, que anidas en los agujeros de la piedra, en las concavidades dei muro. Graduale. — Cant. 2,12: Flo­ res apparuerunt in terra nostra, tempus putationis advenit, vox turturis audita est in terra nos­ tra.—Ibid. 10-14: Surge, amica mea, speciosa mea, et veni : co­ lumba mea in foraminibus pe­ trae, in caverna maceriae. Aleluya, aleluya. — Muéstrame Alleluia, alleluia, — Ostende mihi faciem tuam, sonet vox tu rostro, suene tu voz en mis tua in auribus meis: vox enim oidos, porque tu voz es dulce y tua dulcis, et facies tua decora. tu rostro hermoso. Aleluya. Alleluia. Ofertorio.—jDios te salve, Πέ­ Offertorium.— Lc. 1,28: Ave gratia plena: Dominus tecum, η a de gracia! El Senor es contigo; bendita tû eres entre todas las benedicta tu in mulieribus. mujeres. Secreta. — La ofrenda de alaSecreta.—Hostia laudis, quam tibi, Domine, per merita glorio- banza que por los méritos de la 964 560 VIRGEN PE LOURDES. 11 FEBRE RO—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO gloriosa e inmaculada Virgen te ofrecemos, Secor, recibela en olor de suavidad, y a nosotros nos confiera la deseada salud de cuerpo y alma. Por Nuestro Seftor Jesucristo... sae et immaculatae Virginis of­ ferimus, sit tibi in odorem sua­ vitatis, et nobis optatam confe­ rat corporis et animae sanita­ tem. Per Dominum... Praefatium.—(El mismo de las fiestas de la Virgen.) Communio.—Ps. 64,10: Visi­ Comunion.—Visitaste la tierra y la regaste, colmândola de ri- tasti terram et inebriasti eam, multiplicasti locupletare eam. quezas. Poscomunion.—A los que has saciado, Sefior, con el celestial Alimento, ampârelos la diestra de tu inmaculada Madré; para que, con su auxilio, puedan arrihar a la patria eterna. Τύ, que vives y rein as... 965 Poscommunio.—Quos caelesti, Domine, alimento satiasti, sublevet dextera Genitricis tuae immaculatae: ut ad aeternam patriam, ipsa adiuvante, perve­ nire mereamur: Qui vivis... II. EPISTOLA (Apoc. 11,19; 12,1 10) 966 19 Abriôse el templo de Dios en el delo. y viôse el Arca de su Testamento en su templo, y sotrevinieron rayos, y voces, y terremotos, y grande granizada. 19 Et apertum est templum Dei in caelo: et visa est arca testamenti eius in templo eius, et facta sunt fulgura et voces, et terraemotus, et grando mag- 12,1 Y apareciô un gran pro­ digio en el cielo: Una mujer vestida dei sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza, una co­ rona de doce estrellas. 10 Y oi en el cielo una fuerte voz que decia: He aqui el tiempo de la salvaciôn. de la potencia y del reino de nuestro Dios, y del poder de su Cristo. 12,1 Et signum magnum ap­ paruit in caelo: mulier amicta sole et luna sub pedibus eius, et in capite eius corona stella­ rum duodecim. 10 Et audivi vocem magnam in caelo dicentem: Nunc facta est salus et virtus et regnum Dei nostri, et potestas Christi eius. III. EVANGELIO (Lc. 1,26-31) (Cf. supra, Anunciacion.) SECC10N Π. A) COMENTARIOS GENERALES Nuestra Senora de Lourdes 967 Esta festividad pudiera llamarse muy bien conmemoraciôn de las apariciones, porque, en realidad, estas, que fueron dieciocho, conienzaron el dia de hoy. A pesar de lo conocido de su historia, daremos un resumen de la misma, para que el lector no tenga que con­ sultar otras publicaciones. a) Las apariciones 968 Bernardita Soubirous, hoy santa, y cuya fiesla se celebra el 16 de abril, pertenetia a una familia .pobre, muy cristiana. Ténia catorce aflos, aunque la apariencia desmcdrada de su poca salud le hacia representar unos doce todo lo mâs. 1. El primer prodigio . 969 Acababa de regresar de Bartres, donde habia pasado en casa de su nodriza dieciocho meses, pensando en prepararse para la primera comuniôn, cuando un dia, el 11 de febrero de 1858, saliô de su casa acompaüada por su hcrmana Maria, de once afios, y su amiga Jua­ na Abadie, de doce, para recogcr lena. Estaban al pie de la cortadura de Massabielle, en la que se abre la gruta, hoy tan conocida, cuando vieron al otro lado de un pequeno canal, que procedente de un molino venia a dcsembocar en el Gave, un montôn de lena. El canalito apenas si llevaba agua, porque el molino estaba en reparation y la esclusa cérrada. Las dos niüas lo pasaron descalzas, mientras que Bernardita, que por su asma llevaba medias, comenzô a quitârselas. Temiendo al frio, pidiô que la pasaran a cuestas, a lo que su amiga se negô. La pobre Bernardita comenzô a arrojar pedruscos al cauce para ver de pasarlo a pie enjuto, cuando oyô un ruido como de vicnto o de tormenta del lado de la gruta. Mirô los ârboles. No se movian y se puso otra vez a descalzarsc. Nuevo ruido, y esta vez advierte que un rosal silvestre pendiente de la entrada de la gruta se mueve. Se fija, y en medio de un halo de luz aparece “una joven, no mâs alta que yo, vestida de blanco, y que me saluda con una ligera inclination de cabeza.” En otra ocasiôn dice Ber­ nardita: “Era joven y bella, bella sobre todo, como yo no habia visto a nadie. Me miraba, se sonreia, me hacia sehal de que me acercara sin miedo. En realidad, yo no lo tenia, pero me parecia que no sabia dônde estaba.” La nina cayô de rodillas e instintivamente saeô el rosario. La Se- 562 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRE RO.—VIRGEN DE FÂTIMA. 13 MAYO nora, vcstida de blanco y con una banda celeste, comenzô a pasar las cuentas del suyo entre los dedos, pero sin mover los labios. Solo al final de cada decena se unia a mi, para decir el “Gloria". Terminado el rosario, la vision se adentrô por la cueva y desaparecié. Bernardita hubiera querido guardar el secreto, pero ni ella misma 970 fué capaz y se lo conté a su hermana Maria, quien refiriôsclo inmvdiatamente a su madre, cuando esta, al ver emocionada a la niûa, le pregunté qué le pasaba. No se puede culpar de crédula a la madre de Bernardita, —“Te has equivocado... lias visto una piedra blanca. —No—contesté—, ténia un rostro hermoso.” Entonces la madre pensé que pudicra ser un alma del purgatorio y prohibié a su hija volver a aquel sitio. Tres dias después, el 14 de febrero, la madre, a ruegos de Maria y Juana, y pensando que si la niûa volvia a la gruta y no veia nada, desaparecerian sus aprensiones, les dié permiso. 971 2. La segunda apariciôn La segunda apariciôn estâ llena de gracia infantil. Acompafiaban a la vidente cinco o seis amiguitas de Maria con un frasco de agua bendita. Una vez llegadas, Bernardita se puso de rodillas, y, al poco tiempo : —“.AJu estâ—dije—, y pasando mi brazo en torno del cuello de una de ellas, sefialé a la muchacha de bianco, pero ella no vio nada.” Una de las nifias, Maria Hillot, le dié el agua bendita y la im­ pulsé: “De prisa. Echasela pronto.” Bernardita se acercô a la gruta, y arrojé el agua hacia la vision, que sonriéndose hizo la sefial de la cruz. —“Si vienes de parte de Dios, acércate un poco.” La Senora lo hizo. Mientras tanto, Bernardita caia en éxtasis y era rodeada por las demâs nifias asustadas. El molinero, Nicolau, su madre y hermana se acercaron. Pero ante el rostro de la nifia quedaron aténitos, y, ayudândola con gran esfuerzo, la llevaron en brazos al molino. Las amiguitas se encargaron de correr la voz. La senora Soubirous se présenté en el molino con una vara para zurrar a su hija, lo que fué impedido por la molinera, impresionada por el aspccto angelical de Bernardita en oraciôn. Ninguno de los amigos, ni aun las monjas que le ensefiaban el catecismo, la creyeron. 3. La apariciôn habia por primera vez La tercera apariciôn también es deliciosa. Madame Millet y una “hija de Maria” obtienen el permiso de la madre y acompafian a Bernardita a la gruta, llevando pluma y tinta, y una vela bendita. Es muy temprano, Bernardita se pone de rodillas y a poco dice: —“Àqui estâ.” Entonces se adelanta, ofrece a la vision papel, pluma y tinta, y le dice: —“Si vienes de parte de Dios, haz el favor de escribirme lo que quieres, y si no, vete.” La Senora sonrie. La nifia vuelve a decir: —“Haga el favor de anotar su nombre y lo que quiere. __________ SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 563 Entonces la apariciôn habia por primera vez: —“No es necesario que cscriba lo que tengo que decirte. Hazmc !i gracia de venir aqui durante quince dias.” La niûa lo promote y la apariciôn vuelve a hablar: —“No te prometo hacerte feliz en esta vida, sino en la otra." 4. Testimonio medico 973 La cuarta y quinta apariciôn, habidas los dias 19 y 20, no tienen nada especial que senalar, fuera de que Bernardita cayô en ambas en un éxtasis que vino a durar media hora y que en la segunda de ellas los espectadorcs subian a un centenar. El pueblo ardia en comentarios opuestos. El domingo 21 eran muchos mâs los asistentes, y entre ellos, se contaba al doctor Dozous, escéptico, que queria observarlo como un caso patolégico. Cedâmosle la palabra. ' “Bernardita, una vez ante la roca, se puso a rezar, pasando su I rosario. De pronto, se transformé su rostro. Mientras que iba pa­ sando las cuentas con la izquierda, en la derecha tenia una vela, cuya llama era apagada frecuentemente por el viento. Cada vez que ocurria esto, se la alargaba a la persona mâs prôxima para que la encendiera. Entonces qui se conocer el estado de su circulaciôn san­ guinea y de su respiraciôn. Le cogi el brazo y le puse mis dedos en la arteria radial. El pulso estaba tranquilo y regular, y la respira; cion era fâcil. No habia nada en la joven que indicara una sobreexcitacién nerviosa.” El doctor continûa narrando que Bernardita se entristeciô y que, preguntada después por la causa de sus lâgrimas, respondiô que la Senora, levantando su vista, y triste también, le habia dicho: “Reza I por los pobres pecadores y por el mundo tan turbado.” Bernardita, nos dice él mismo, se retiré tranquila, sin hacer caso alguno de la ovacién publica de que era objeto. Pasaremos por alto la intervenciôn infructuosa de las autoridades, prohibiendo a Bernardita que volviese a la gruta. El 22 tomô a ir en medio de una turba y dos policias. No hubo apariciôn. I El 23 asistia, entre otras doscientas personas, M. Estrade, ins­ pector de las contribuciones indirectas, e incrédulo. Viô y creyô. Nos describe a la vidente arrodillada, y acercândose a la gruta, cerca de la cual besô el suelo, regresando después al punto de partida. El éxtasis duré ccrca de una hora. Eran las seis de la manana. 5. La fuente El dia 25 ocurre la octava apariciôn, en la que Bernardita se vuelve a la gente, llorando y repitiendo lo que acababa de oir a Nuestra Senora: “Penitencia, penitencia, penitencia.” Los sucesos del dia 25 dejaron una impresiôn penosa en los espectadores, mâs de quinientos, muchos de los cuales volvieron a sus casas riéndose. La nina nos ha deserito la escena dicicndo que la apariciôn le ordenô que bebicra en la fuente. Al no ver ninguna en la roca dirigiôse hacia el rio, pero la apariciôn la detuvo y le senalô con el dedo hacia la izquierda el lugar, donde hoy se encuentra la fuente. Bernardita comenzô a hurgar en el suelo y a poco encontrô algo como barro que, al intentât beber, le manché toda la cara. 974 564 VIRGEN DE LOURDES. 11 FERRERO.—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO La risa de los espectadores durô poco. Al cabo de un rato el agua corria en un chorro del grosor de un dedo, y algunos dias des­ pues, como el brazo de un nino. Hoy produce la fuente 122000 li­ tres diarios. Los incredulos se callaron y los crcyentcs confirmaron su fe. El 27 recibc la orden de encargar a los sacerdotes que construyan una capilla. El 28 no ocurriô nada de nuevo en la vision. El 1 de inarzo asistieron 1.000 CO personas y se verificô la primera curaciôn no conocida hasta varios meses después. El 2 de marzo, los asistentes subian a 1.500. y, entre ellos, se contaba un sacerdote de fuera, pues los de Lourdes se negaban a asistir. El 3 de marzo, 4.000 personas se llamaron a engafio, pues no hubo apariciôn. El dia 4, y delante de unas 15.000 personas, se produjo la apariciôn, sin que ocurriera nada nuevo. Bernardita, a pesar de haber transcurrido los quince dias pedidos por la Santisima Virgen, afirmô que seguiria yendo, pues la Senora se habia sonreido sin decirle adiôs. 975 6. “Yo soy la Inmaculada Concepcion” En efecto, el 25 de marzo, cuando llegô la nifia a la gruta, de cuatro a cinco, se encontre, por primera vez, con que la apariciôn la esperaba con los pies sobre el rosal. Después de orar un largo rato, se le ocurriô preguntarle el nombre. La Senora sonreia, hasta que a la tercera vez “uniô sus manos”, las levantô hacia el pecho, mirô al ciclo, y, después, separândolas e inclinândose hacia mi, dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepcion.” La muchedumbre, al saberlo, repitiô a coro: “jOh Maria, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!” Algo mas aûadiô la Santisima Virgen, rcpitiéndole el encargo de que le erigieran alli una capilla. “Yo les dije en seguida lo que me habia pedido, pero quieren un milagro que pruebe el deseo de usted.” La Virgen se sonriô. Todavia hubo otras dos visiones, el 7 de abril y el 16 de julio, hasta completar el numéro de 18. En la primera de ellas, aquel in­ crédule del doctor Dozous atestigua que la llama de la vela estuvo quemando los dedos de la niüa, sin que ésta sutriera, no digamos dolor, sino quemadura o dano alguno. Después de! éxtasis lo notô en seguida. Este relato cierto, dada la calidad del testigo, no fué tenido en cuenta en el proceso. Tcrminadas las visiones, Bernardita vuelve a ser una figura oscura, que en los veinte afios que viviô después, ni vio, ni pretendiô tener vision alguna. Frecucntô la escuela de las monjas y fué admitida mâs tarde en un convento como enferma pobre. 976 b) La intervenciôn eclesiâstica No nos referimos a los distintos procesos, abiertos primero por los obispos de Tarbes, diôcesis a la que pertenece Lourdes, y de Nevers, en donde radicaba su convento, cuya scriedad es harto co­ nocida, sino a las primeras intervenciones de los sacerdotes inmediatos. Es importante conocerlas, porque con ello se excluye todo fraude por parte de la Iglesia y su prudçncia sirve, en cambio, de contras­ te de la veracidad de Bernardita, SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 565 Es muy de senalar que, a primeros de este siglo, un cscritor an­ ticlerical afirmô la existcncia de un documento en el que el procura­ tion del departamento avisaba al de Lourdes que se preparaban artiiicialmcnte ciertas apariciones. El ridiculo mâs espantoso cayô sobre tal falsario, que no pudo aducir documento alguno, y que, mâs aun, incurrio en notorias falsedades y errores. Muy al contra­ rio cl prefecto en cuestiôn, cuando da cuenta de los hechos al Gobierno, alaba la prudencia del clero, niega que “se haya fabricado ningùn milagro", y aunque llamando alucinada a la vidente—él era anticlerical—, reconoce su buena fe. 1. El pârroco de Lourdes 4 i,[· lt S 77 El pârroco de Lourdes, M. Peyramale, era un hombre recto y brusco. Cuando las apariciones comenzaron a sucederse, pruhibiô a'sus sacerdotes que acudicran a la gruta. Su primera entrevista con Bernardita ocurriô el 27 de febrero, después de la undécima apari­ ciôn, y fué la nina quien se le présenta para cumplir el encargo de pccîir que sc construyera una capilla. —“Ah, êtres tu? Ya he oido conîar unas historias muy raras sobre ti. Entra.” Ese fué el saludo. La conversaciôn como para descorazonar a cualquiera. Preguntaba si conocia a la Senora, si era de por alli, y como se llamaba, —i Que no sabes quién es y aceptas encargos suyos? êQue no te dice como se llama? êEs muda? Aunque ya en esta conversaciôn quedô impresionado por la sencillez de la muchacha—todos confiesan lo mismo—, sin embargo, domino su impresiôn y terminé el diâlogo diciendo : —“Contestarâs a esa Senora que te ha enviado, que el cura de Lourdes no acostumbra a tratar a gentes que no conoce, y que antes de nada exige que se le diga el nombre y que se le demuestre el derecho a usarlo. Si esta Senora tiene derecho a una capilla, ya me entenderâ. Y si no me entiendc, le dirâs que no se moleste en enviar mâs mensajes al cura.” En la segunda entrevista el pârroco llegô a dudar de Bernar­ dita, porque lo seguro de sus respuestas le hizo concebir la sospecha de que fuera una intrigante. Era cl momento en que ésta le dijo que la Senora queria que se fuese alli en proccsiôn. El pârroco le contesté que esa Senora, que se metia a organizar procesiones, entendia pcco de la jerarquia eclesiâstica. Dile—termine—, que haga florccer el rosal en este tiempo. 2. El prelado y los Pontifices No obstante, impresionado, acudiô al obispo, quien al principio se nego a creer, A quien tocaba dar pruebas era a la apariciôn. Pero las curacioncs comenzaron, y a finales de Julio ya se nombrô una comisiôn que empezô por separar tedas las curaciones que pudieran ser naturales, encomendando cl resto al doctor Vergez, profesor agregado de la LJniversidad de Montpellier, que volviô a eliminar otras cuantas. Hasta el 18 de enero de 1862 el obispo no decidiô nada. En ese dia promulgo el decreto afirmando “que las apariçiones revisten -·· Λ *· • lΛ· * 978 ’ " u· 566 ViRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO.—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO todos los caractères de ser ciertas, y que los fieles tienen motivos para creerlas verdadcras". Mâs adelante, los Papas han manifestado repetidas veccs su creencia personal, pero sin imponer ninguna definiciôn. Containos, por lo menés, con un breve de Pio IX (4 de septiembre de 1869), una carta de Leon XIII al obispo de Lieja (11 de febrero de 1899), la autorizaciôn del mismo Pontifice, aprobando un oficio y misa especial, amen de los numerosos discursos y legaciones pontificias a Lourdes, etc. San Pio X, extendiô la fiesta a la Iglesia universal, senalando el 11 de febrero para su celeb^ciôn. 979 c) Carâcter SOBREN’ATURAL DE LAS APARICIONES En Apologetica, al estudiar la coinprobaciôn Je los milagros, se exige de ellos que sean cognosciblcs y se pueda probar su verdad historica, filosôfica, teolôgica y relativa. Esto es, que los hechos son ciertos, que no pueden atribuirse a causas tisicas, que proceden de Dios, y que han sido verificados en apoyo de una doctrina determinada, a la que con firman con el sello de la intervenciôn di­ vina. Estos dos ùltimos caractères son mas faciles de probar, mientras que la mayor dificultad estriba en hacer patente la veracidad y sobrenaturalidad de los acontecimientos. Seguiremos este método. 980 1. Veracidad de los hechos Ya hemos dicho que a las apariciones asistiô un pùblico que, en cierta ocasiôn, sobrepasô las 15.000 personas. Ahora bien, a la Virgen Santisima no la viô mâs que Santa Maria Bcrnarda, com3 se la Hama hoy en el catâlogo de los santos. Quedan, pues, dos preguntas por hacer. êEra una importera, o creyô ver, en realidad, a la Santisima Virgen? i Era una histérica y sus visiones tuvieron una explicaciôn perfcctamente natural? Contestaremos a la primera pregunta en este pârrafo ; a la segunda en el siguiente. Santa Maria Bernarda no mintiô. Lo com pro baron hasta los mismos enemigos, y anteriormente hemos aludido a la acusaciôn, nacida a principles de este siglo, y caida en cl ridiculo. Su sencillez convenciô a todos de su veracidad. Incluso a los incrédules que la juzgaron alucinada. Rcsistiô miles y miles de in­ terrogatorios, en los que jamâs se contradijo. Durante los ocho anos que siguiô viviendo en Lourdes llegô a ser interrogada hasta veinte veces en un dia. Jamâs llegô a titubear siquiera. A la hora de su muerte se repitieron las preguntas ante los jueces de Lourdes, con tanto y tanto interrogatorio, que moribunda decia; “La he visto, la lie visto.” Como de los apôstolcs, podemos dear de ella que no ténia interés ninguno en mentir. No obtuvo beneficio alguno cconômico. Rehuyô la popularidad, hasta el punto de que en cierta ocasiôn en que las muchedumbrc-s se obstinaron en verîa y las religiosas del colegio accedieron a hacerla pasear en medio de ellas para que pudiera ser vista, se quejô de “que la ensenaran como a un bicho raro.” Humanamente, lo ùnico que saeô fué enccrrarsc en un conven- SEC. 2. COMENTAR1OS GENERALES 567 to y sufrir en él mil humillacioncs, que segun propia confesiôn, la hicieron sufrir mucho. El prefecto de Tarbes, M. Massy, cncargô a très médicos que la reconocieran e interrogaran, para tener un motive que permitiese alcjarla de Lourdes. Los tres deelararon que “la sinceridad (de Bcrnardita) no parecia dudosa.” 2. Sobrenaturalidad de los hechos 981 Si, pues, Bcrnardita creyô ver a la Santisima Virgen, no nos queda otra cosa que averiguar si estas visiones fueron producto de condiciones subjetivas—digâmoslo de una vez—, de histerismo, o constituyeron algo real y objetivo. El fenômeno histérico 982 Analicemos los caractères del fenômeno histérico. Requiérese, en primer lugar, un especial temperamento. Pues bien, el de Bernardita era normal por completo. No ténia ni rastros de enfermedad o desequilibrio nervioso. Cuando comenzô a hablarse de esto, el médico de su convento protestô indignado. Conocido es también el mccanismo de la historia. Generalmente, el histérico quiere conseguir algo, e inconscientemente, recurre a sus enfermedades imaginarias, visiones, etc. Bernardita llevaba una vida normal, sin complejos, ni deseos reprimidos, ni situacioncs aflictivas que quisiera superar... Mâs aûn, el histérico, una vez producido el fenômeno, que créé le hace interesante, lo repite y explota. Bernar­ dita obra en un sentido diametralmente opuesto. Ni vuelve a tener visiones, ni le gusta contarlas, ni se aprovecha, pues llcga incluso a huir de Lourdes, cuya gruta, como afirman todos, constituia su cielo. Y si del examen de la interesada pasamos al de los hechos, la evidencia es absoluta. La alucinaciôn requiere unas determinadas circunstancias. Las apariciones de Lourdes son de lo mâs variado. Unas a mediodia, otras por la tarde, otras de madrugada, Unas inesperadamente, como la primera, otras a fecha fija, otras tras lar­ gas interrupciones. Y en el caso de la alucinaciôn histérica, ésta, infaliblemente, se produce cuando el enfermo es colocado, o se coloca él mismo, en las circunstancias en que se espera ocurra el hecho. Colocado el histérico, cuando sufre sus crisis, en el lugar previsto y bajo el influjo determinado, es como si apretâramos un resorte mecânico. La alucinaciôn se produce. En cambio, Bernardita acude ilusionada y rodeada de cientos y aun de miles de personas, y la vision no comparece. Reza, espera, y sigue sin aparecer. ' 1. 2° La alucinaciôn no produce nada nuevo Scnalemos, en segundo lugar, que la alucinaciôn no produce nada nuevo. El histérico se limita a combinar sus experiencias an­ teriores. Bernardita, en cambio, ve un tipo de Virgen que en su vida habia visto, y oye palabras como las de “Yo soy la Inmaculada Con­ cepcion”, tan desconocidas para ella, que, durante todo el camino, las fué repitiendo para que no se le olvidaran, y preguntando por su sentido. 1 i 568 VIRGEX DE LOURDES. 11 FERRERO.—VIRGEN DE ΕΚΤΙΜΑ. 13 MAYO Pero lo que mejor nos indica la ausencia de histerismo en Ber* nardita son las consecuencias de sus visiones, comparadas con las del alucinado. El carâcter del histérico es irritable, insubordinado, egoista, variable. La alucinaciôn es una tara, que alcanza, incluso, la vida moral, y que no pocas veces lleva a la obsesiôn y a la locura. La inteligencia se va debilitando y las visiones se complican cada vez mâs, hasta format un tejido absurdo de suefios. En Bemardita ocurre todo lo contrario. Si hay algo tipico del histérico, es la inconstancia en sus actividades. No tenemos sino mirar a la Santa en su convento dedicada pacientemente a las labores mas oscuras y su fridas. 984 3.* Lat visiones oenrridas posterior mente en Lourdes Para terminar, sera curioso comparar las visiones de Bernardita, no con las muchïsimas que ha habido después en todo el mundo, sino con las que se sucedieron en Lourdes, casi inmediatamente. En el caso de Bernardita nada de contorsion es, ni de gritos, ni de extravagancias, ni de contagios a la muchcdumbre. Todo es screnidad, silencio y querer sustraerse a la curiosidad pùblica. Pero en cuanto terminaron las visiones de la Santa, hubo una verdadera explosion de visionarios y visionarias de todas clases, in­ cluso entre muchachas piadosas y recatadas. Todas estas nuevas visiones, y asi consta en los informes oficialcs de la autoridad civil, estaban mucho mas cerca de las poco agradables reunlones de convulsionarios e iluminados, que de Bernardita. Todos los campesinos parecian dispuestos a ver en sus retoiïos un inedio para comunicarse con cl cielo. Lo mismo la actitud de los pequeflos visionarios que la de los mayor es, la de las mujeres que la de los hombres, que de todo hubo, llevaban el sello de la imaginaciôn y del histerismo. Lo mismo que lo negro hace resaltar lo blanco, las falsas aparicioncs de enfonces y de después hacen resaltar la veracidad de las primeras. 985 3. Verdad teolôgica y relativa Si no era histerismo, era de Dios. Por sus frutos los conoceréis. Las confesiones, comuniones, el aumento de la fe y de la piedad, nos demuestran que d dedo de Dios esta alli. êQue para que lo hizo? êQué doctrina quiso apoyar? Todos cuantos milagros sc verifican dentro de la Iglesia le sirven de con­ firmation. A ella y a sus doctrinas. Pero si queremos aquilatar algo mâs y penetrar mejor las intentiones de la Santisima Virgen, Ella misma las manifesto. Aprobar un dogma: La Inmaculada Conception. Y una prâctica ascética: La penitcncia y oration por los pecadorcs. 986 d) Las curaciones milagrosas La mejor prueba de la verdad de las apariciones de Lourdes la constituycn las curaciones habidas ccntinuamcntc en la fuente que brotara al pie de la gruta. No parece sino que estos milagros fueron la respuesta que diera Dios y su Santisima Madré a la ingenua objetiôn racionalista de 2. COMENTARIOS GENERALES 569 que los milagros deberian ejecutarse dclante de una comisiôn de técnicos. Dios recogiô el gitan te de la insipienda humana. Solo fal­ lu que esta sea sincera y acuda alli. I. Lis curaciones No podemos presentar mas que una sintesis brevisima, toma­ cla del Dictionnaire Apologétique de D’A lès (art. Lourdes). Numero de curaciones 9g? La oficina médica de Lourdes registra, desde 1882 hasta 1913, mâs de cuatro mil cuatrocientas cuarcnta y cinco curaciones. Los numeros ban de tomarsc con cierta precauciôn. Por una parte, se refieren a curaciones y mejoras, por otra, solo se re­ gistra la decîaraciôn oral del enfermo, que sc créé curado, pudiendo, por lo tanto, tratarse de curaciones ilusorias. Hay que decir, sih embargo, que publicada la lista de nombres, domicîlios, médico que habia extendido el certificado, etc., y rogando en la publicaciôn que se rectificase lo que no fucra cicrto, solo se recibieron seis rectificaciones. En cambio, debe también saberse que el nûmero de los enfermos que presentan su decîaraciôn en las oficinas de Lourdes, no pasa de ser una tercera parte de los que han recibido algùn faver, puesto que la urgencia de marcharse con la peregrination, las molestias que impone, etc., impiden la presentation de muchos. A partir de primeros de siglo, la oficina médica no admite caso alguno de enfermedad nerviosa, y puede decirse que cada vez ha ido haciendo mâs dificil la anotaciôn de un caso. Tampoco es esta oficina quien emite el dictamen definitivo, sino los tribunales dioccsanos dei domicilio donde vive cl curado. 2° Naturalesa de las enfermedades Utilizando siempre la misma estadistica de D’Alès, aparecen mâs de doscicntas enfermedades sanadas. Ya esto es un sintoma de la sobrenaturalidad del hccho, pues, como haremos ver, supone una causa libre y no determinada a una enfermedad especial. No hay por qué empenarse en apartar la curation de las enfer­ medades nerviosas. Estas pueden fingir una mejoria o desapariciôn momentanea, pero si se trata de algo definitivo, habria que repetir la frase del doctor Grasset, de Montpellier: “Se dice que en Lourdes se cura el histerismo. Pues si curan el histerismo, obran el mayor de los milagros.” Aun asi y todo, de las 4.445 curaciones registradas, solo 285 pertenecian al sistema nervioso. En cambio, 892 se reparten entre la tuberculosis ôsea, pulmonar, intestinal, tumores blancos, mal de Pot, coxalgia, etc. Ciegos, 55; mudos, 24, y 32 sordos. Citaremos solo alguno de los casos mâs llamativos: 19 de septiembre de 1878.—Certificado del doctor Froidbise: Joaquina Dehant. En unos minutos se le tierra definitivamente una ùlccra que le cubria los dos tertios de la pierna. 1875.—Pedro Rudder, belga. Tiene la pierna rota. Le faltan très centimetros de hueso. Se cura repentinamente en Gante en una capilla de Nuestra Senora de Lourdes, sin que quede ni siquiera la 988 570 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO —VIRGEN DE FÂTIMA. 13 MAYO cojera que supondrian esos tres centimetros. Es uno de los casos mas estudiados. 1885.—Mme. Drossing. Cancer en el seno izquierdo con células degeneradas en la axila. Curacion repentina. Su médico, doctor Teuwen. dice: “No me hubiera extranado tanto si hubiera visto volver a salir una pierna.” 1891.—Lucia Renauld. Le faltan varios centimetros a nn pie para que alcance la misma altura que el otro. Banândose on la piscina 1c crece a ojos vistas. Al ano siguiente, su hermana, que padece parâlisis infanti), parte para Lourdes. El doctor Monnier le mide las piernas en el Hospital de San José de Paris. La una tiene 28 milimetros menos que la otra. Se igualan repentinamente. 1 de mayo de 1893.—Comunicacion a la Socicdad Oftalmolôgica francesa del doctor Vion-Dury, protestante. Curacion repentina de un desprendimiento de retina de siete anos de antiguedad. Terminaremos con otro hecho notable : Un choque de trenes reduce al ambulante de correos, Gabriel Gargam. al cstado de “pavesa humana”, segûn frase empleada por el Tribunal de Angulema y por el de apelaciôn de Burdcos, que condena a la Compania de Orleans al pago de una indemnizaciôn de 60.000 francos y una pension de 6.000. on La Compania acata la sentencia el 12 de agosto de 1901. El enfermo llevaba imposibilitado totalmente veinte meses. Pero a los ocho dias de la sentencia, en Lour­ des, y al paso del Santisimo Sacramento, desaparecen todas las lesiones. 990 2. Lo sobrenatural de las curaciones 1* La sinceridad de los hechos Al principio, los “espiritus fuertes” se reian. Ha cesado esa postura entre los inteligentes. El doctor Richet, de fama mundial, profesor de la Facultad de Medicina de Paris, e incredulo, dedica un nûmero entero de la revista Anales de las Cïencias Psiquicas (no­ vembre de 1907), al estudio de Lourdes, y conchiye: “La convicciôn de que los hechos son reales” (cf. p.824). No es necesario insistir en ello. Es évidente. 991 " 2. La coniprobaciôn ntédica En 1882 quedô constituido el gabinete médico, cuyo primer pré­ sidente fué el doctor Saint-Maclou. De 1890 a 1913, desfilaron por cl gabinete 6.983 médicos, de ellos, 1.693 extranjeros, quienes, con toda libertad, reconocian a los enfermos y estudiaban sus expedien­ tes y fichcros. En las peregrinaciones nacionalcs, cada enfermo lle­ vaba en la espalda el nûmero que correspondra a su ficha y expe­ diente. Cuando se presentaba un caso interesante, los médicos de Lour­ des abrian otra encuesta y expediente en el pais de origen y reco­ nocian al enfermo durante varios anos seguidos. Si después de todo esto, el caso ofrecia aûn senates de ser sobrenatural, pasaba al es­ tudio de un tribunal diocesano, cuyo rigor sucle ser conocido. En 1941 habian sido reconocidas por los tribunales cclesiâsticos, como milagrosas, treinta y cinco curaciones, lo cual supone un nûmero infinitamente mayor, de las que no se han sujetado a tanto expe- SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 571 dientc, o no han podido superar cl rigor de estos examenes, que, en aras de la mayor seguridad, cxcluyen muchisimos casos que son verdaderos milagros. 3* Las explicationes intentadas por los incredulos 992 La realidad les ha obligado a ir afinando sus objeciones. Expongamos algunas de ellas, segûn que hayan ido estando de moda. a) Eficacia del agna 993 Fué un golpe decisive contra esta camparia el anâlisis verificado por M. Filhol, especialista en Hidrologia del Pirineo, quien, cncargado por el prefects de Tarbes, emitiô el siguiente informe: “Esta agua no encierra sustancia alguna que pueda conferir propiedades terapéuticas”. El anâlisis quimico indicô que el agua era distinta de la del Gave, pero igual que la de la fuente del pueblo. Pronto cayô también la propaganda en torno a la hidroterapia con agua fria. Casi es un milagro que no se mueran muchos enfermos con aquella agua. Ademâs, no hay agua que pueda curar enfermedades tan diversas, muchas de ellas organicas. β) Radiaclividad 994 Se hablô también de los efectos radiactivos. Hoy, con los conocimientos actuales sobre esta materia, resulta ridiculo insinuar semejante cosa. y) Sugestiôn Hemos llegado al punto culminante. No perseguimos nosotros ningûn proposito técnico, por lo que hemos de limitarnos a trans­ cribe una frase de Bernheim (cf. Hipnotisme, sugestiôn, psycothcrapie...), que explica el mecanismo de la sugestiôn curativa: “Toda célula cerebral, accionada por una idea, acciona ella misma las fi­ bras nerviosas que deben ejecutarla”. Por lo tanto, la idea de que debe uno curarse, acciona los nervios para producir el movimiento que impulsa a créer en una curacion. Segûn el mismo doctor citado, jefe de la Escuela de Sugestiôn de Nancy—mucho mâs avanzada que la de Salpétrière, ya casi pasada de moda—, para entender los efectos de la sugestiôn hay que dividir las enfermedades en dos grupos. En el primero, figuran to­ das las orgânicas, esto es, aqucllas en que un ôrgano aparece daüado. Orgânica es, por ejemplo, una fractura, una litiasis renal, una estrechez mitral. El ôrgano esta enfermo, y, a veces, incluso falta parte de él. El segur.do grupo lo constituyen las enfermedades funcionales, en las que el ôrgano estâ sano, pero no funciona por algun impedimento. El mejor ejemplo séria el del rcloj, a una de cuyas piezas le faltase un dientc. Habria aqui una enfermedad orgânica. Si estuviera en perfecto cstado, pero una mota de polvo le impidiese su funcionamiento, habria entonces una enfermedad funcional, esto es, no podria ejerccr su funciôn. La sugestiôn no ticne nada que ver con las enfermedades orgâ­ nicas. Si las células sanas han sido sustituidas por otras cancerosas, si faltan tejidos, si un hueso estâ roto, la sugestiôn no interviene para nada. En las enfermedades funcionales, neurastenia en sus mil manifestaciones, epilepsia, corea, etc., la sugestiôn puede curar en 995 512 virgen de lourdes. 11 febrero.—virgen de fâtîma. 13 mayo algunos casos, aun cuando la mayor parte de las veces sea solo pasajeramente. Esta era la doctrina de Bernheim a principios de siglo. De cntonces a acâ, todavia se concede mucho menos campo a la sugestion. Advert ido esto, el lector no tiene sino volver a leer el brevisimo indice de curaciones que hemos anotado mâs arriba. 996 Causas naturales desconocidas Es la ùltima explicaciôn de los racionalistas en derrota. No conocemos todas las fuerzas naturales. La aviaciôn, la radio, cl teléfono, la television, etc, hubieran parecido milagrosos a nuestros antecesores. < Por qué no ha de ser natural y debido a fuerzas que no conocemos lo que ocurre en Lourdes? La respntsta es obvia y ya conocida. Ignorâmes hasta donde pue­ den llegar las fuerzas naturales, pero sabemos hasta donde no pue­ den llegar y conoccmos positivamente su modo de actuar. La naturaleza puede obrar maraviilas inexplicables para nos­ otros, pero esta sujeta a ley es deterministas y sin ninguna libertad. Si un agua médicinal cura una clase de enfermedades, las cura siempre que se den ciertas circunstancias. Si a un estômago, lleno de âcidos, le introducimos bicarbonato, se prodiicirâ en él una combinaciôn quimica y los âcidos desaparecerân. Pero todo el mundo reconoce que es imposible que el bicarbonato cure en un dia la acidez y al dia siguiente no la cure, y que sane, en cambio, una parâlisis o una encefalitis, para al otro curar un câncer. La disoluciôn de los âcidos obedece a una ley fija y es una ley quimica natural. Lo segundo supondria libertad en la elccciôn de las enfermedades que habian de curarse, fenômeno que es imposible. Tal ocurre en Lourdes. Los enfermes se curan unas veces delante de la gruta, otras en la piscina, otras en la procesiôn del Santisimo Sacramento, otras volviendo a sus casas, otras ante una ima­ gen de la Virgen de Lourdes a miles de kilômetros. En unos casos se cura una enfermedad, y, en otros, otra muy distinta. A veces, las curaciones se verifican en peregrinaciones que manifiestan gran fe, y en otras ocasiones, a pesar del gran entusiasmo, no ocurre nada. êQué ley fisica es esta, tan variable y caprichosa? Hay que reconocer que en Lourdes actua una fuerza libre, y la libertad no es propia de las fuerzas naturales. Sabemos. ademâs, lo que la naturaleza no puede hacer. No pro­ 997 cede por saltos, decian los antiguos. No puede crear repentinamente la materia. Aun rehuyendo explicaciones técnicas, impropias de estas lineas, no se nos oculta que en la naturaleza no hay fuer­ zas ni medios basiantes para producir instantâneamente la materia précisa que ha de restaurar un tejido dcsaparccido, ni calcio bastante para soldar un hueso de pronto, ni mucho menos, para rellenar aquellas tres centimetros que faltaban al pie de que antes hemos hablado. Todo esto puede cbrarlo la naturaleza, pero nccesita tiempo, porque lo que conoccmos con ccrtidumbre de ella, demuestra que es imposible que lo efectûe instantâneamente. No sabemos qué podrâ llegar a hacer, pero sabemos que eso no lo harâ. SEC. 2. e) COMENTAUlOS GENERALES 573 LOS SABIOS, ANTE LOS MILAGROS DE LOURDES 998 La fe es un don de Dios. Los judios vieron los milagros, pero hubo quien rechazô la fe. iSoluciôn? Los atribuyeron al demonio. jFucron culpables? Todos no. San Pablo los excusa de la misma crucifixion del Senor, No le conocian, y de habcrlc conocido, no le hubiesen crucificado. Salvando, pues, la responsabilidad interior, y dejando a Dios cl juicio de las aimas, podemos dividir a los cientificos en très grupos: 1, Creyentes, o que han llegado a serlo 999 En Bélgica, cien médicos examinai! el caso de Pedro Rudder y concluyen: “Esta curaciôn subita debe ser considerada como un hecho sobrcnatural, esto es, milagroso”. En Lyon, el ano 1906, y ante los ataqites que se dirigen contra Lourdes, cuarenta y cinco medicos firman otro documento en el que deelaran que las curaciones de Lourdes “no pueden explicarse racionalmente por fuerzas naturales”. Jorge Bertrin, autor dei articulo sobre Lourdes del Dictionnaire Apologétique, reûne personalmente quinientos certi ficados de mé­ dicos distintos sobre diversos milagros. 2. Médicos incredulos, pero sinceros 1000 Reconocen que alli hay algo que no es natural, pero no saben a qué atribuirlo. No quieren admitir el milagro. Entre ellos figuré, durante muchos anos, Alexis Carrel, cuyo caso analizamos mâs abajo con mayor extension. 1001 3. La mala fe Procede generalmente de campos alejados de la ciencia. Es muy conocido el caso de Zola. Emprende el viaje a Lourdes. Ve y comprueba la curaciôn de Clementina Trouvé, que entra en la piscina con una fistula incurable y sale caminando con facilidad y con el pie cicatrizado. Su enfermera, Mm. Lallier, que la banô, escribe: “Yo vi como en su lado derecho habia una larga cicatriz que se iba ccrrando ante mis ojos. La carne se unia y parecia que se iba cosiendo ella misma”. Pues bien, Zola escribe su novela Lourdes, y a Clementina la convierte en Sofia Couteau. Describe la curaciôn, pero... describe también la recaida y la muerte de la enferma. Ahora bien, Clementina estaba sana, se habia casado y tenia cuatro hijos. Se le hizo ver a Zola la falsedad de su esento y contestô : jQue él hacia lo que queria con los personajes de sus novelas ! f) El caso de Alexis Carrel Su exposiciôn sincera y cicntifica cientitica sobre lo que observara en Lourdes le acarreô talcs expulsiones de Academias, rechiflas por parte del laicismo francés entonccs duciio de la situaciôn, que hubo de cmigrar a los Estados Unidos, donde estaba cuando recibiô el premio Nobel. 1002 ■ » « H VI 574 En el mismo pais escribiô su libro La incognita del hombre, don­ de vuelve a referirse a Lourdes, Véase como, en realidad, reconoce que hay algo que ignora la ciencia, aunque no se atreve a apuntar a nada sobrenatural. Esto bastô para la excomuniôn de los laicos. La gracia, sin embargo, terminô por decidir su voluntad, y ados mâs tarde se convirtiô al catolicismo (cf. o.c., c.4 n.8 p.160 ss [Barcelona, Joaquin Gil, 4.* ediciôn, 1941]). 1003 SEC. 2. VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO,—VIRGEN DE FÀTIMA. 13 MAYO La ora don ‘La unificaciôn de las actividades de la conciencia conduce a la mayor armonia de las funciones orgânicas y mentales. En aquellas comunidades donde el sentido moral y la inteligencia se desarrollan simultâneamente, son poco frecuentes las enfcrmedadcs nerviosas y nutritives, la criminalidad y la locura. En cstos grupos, el individuo es mas feliz. Pero cuando las actividades psicolôgicas se hacen mâs intensas y especializadas, pueden acarrear ciertos trastornos en la salud. Aquellos que persiguen idéales cientificos, morales o religio­ sos, no buscan la seguridad fisiolôgica o la longevidad. Se sacrifican a estos idéales. También parece ser que ciertos estados de con­ ciencia determinan verdaderos cambios patolôgicos. La mayor parte de los grandes misticos han padecido sufrimientos fisiolôgicos y mentales, al menos durante una parte de sus Addas. Ademâs, la contemplaciôn puede ir acompafiada de fenômenos nerviosos parecidos a la histeria y la clarividencia. En la historia de los santos se leen descripdones de éxtasis, transmisiôn dei pensamiento, visiones de sucesos que tienen lugar a distancia, y hasta levitaciones. Segûn el testimonio de sus companeros, muchos de los misticos cristianos han manifestado este extrano fenômeno. El sujeto, absorto en su plegaria, totalmente inconsciente dei mundo exterior, se eleva suamente sobre la tierra. Pero hasta ahora no ha sido posible traer estos hechos extraordinarios al terreno de la observaciôn cientîfica. Ciertas actividades espiritualcs pueden causar modificaciones anatomicas, asi como funcionales, de los tejidos y los ôrganos. Estos fenômenos organicos se observan en diversas circunstancias, entre ellas en estado de oraciôn. Hay que entender por oraciôn no un recitado mecânico de formulas, sino una elevaciôn mistica, una absorciôn de la conciencia en la contemplaciôn de un principio inmamente y trascendente a la vez de nuestro mundo. Semcjante esta­ do psicolôgico no es intelectual. Es incomprensible e inaccesible para los sabios y los filôsofos. Pero el simple parece sentir a Dios con tanta facilidad como el calor del sol o la bondad de un amigo. La oraciôn que va seguida de efectos organicos es de naturaleza espe­ cial. En primer lugar, es totalmente desintercsada. El hombre se ofrece a Dios. Se coloca ante Él como el iienzo ante cl pintor o el mârmol ante el escultor. Al mismo tiempo solicita su gracia, expone sus neccsidades y las de sus hermanos en cl dolor. Gcneralmente, el pacientc que se cura no estâ rogando por él, sino por otro. Este tipo de oraciôn necesita la completa renunciaciôn, es decir, una for­ ma elevada de asettismo. El scncillo, el ignorante y el pobre son mâs capaces de este abandono que cl rico y cl intelectual. Cuando posée semejantes caracteristicas, la oraciôn puede hacer que se produzca un extrano fenômeno: el milagro.” 2. El milagro COMHNTARIOS CENTRAI,ES 575 1004 “En todos los paises, en todos los tiempos, la gente ha creîdo en la existencia de los milagros, en la curaciôn mas o menos râpida de los enfermos en los lugares de pcregrinaciôn, en ciertos santuarios1. Pero después del gran impulso de la ciencia durante el siglo xrx, esta creencia desapareciô por completo. Fué gcneralmente admitido que no solo no existian los milagros, sino que no podian existir. Lo mismo que las leyes de la Termodinâmica hacen imposible el movimiento continuo, las leyes fisiolôgicas se oponen a los mila­ gros. Todavia es esta la actitud de la mayor parte de los fisiôlogos y de los médicos. Sin embargo, en vista de los hechos observados durante los ul­ timos cincuenta anos, no puede sostenerse esta actitud. Los casos mâs importantes de curaciôn milagrosa se han registrado en la Ofi­ cina Médica de Lourdes. Nuestro concepto actual de la influencia de la oraciôn sobre las lesiones patolôgicas estâ basado en la obser­ vaciôn de pacientes que han sido curados casi instantâneamente de diversas afecciones, tales como tuberculosis peritoneal, abscesos frios, osteitis, heridas supurantes, lupus, cancer, etc. El proceso de la curaciôn varia poco de unos individuos a otros. A menudo, un dolor agudo. Luego, una sensaciôn instantânea de estar curados. En unos segundos, unos minutos, todo lo mâs unas horas, se cicatrizan las heridas, desaparecen los sintemas patolôgi­ cos, vuelve el apetito. Algunas veces los trastornos funcionales des­ aparecen antes de que las lesiones anatomicas queden reparadas. Las deformaciones ôseas del mal de Pot, los ganglios cancerosos, pueden persistir dos o tres dias después de la curaciôn de las prin­ cipales lesiones. El milagro se caracteriza principalmente por una extraordinaria aceleraciôn de los procesos de reparaciôn. No hay duda de que cl grado de cicatrizaciôn de los defectos anatomicos es mucho mâs râpido que el normal. La ùnica condicâôn indispen­ sable para que el fenômeno se produzca es la plegaria. Pero no es necesario que sea el mismo paciente el que rece, ni siquiera que tenga fe religiosa. Basta con que alguien a su airededor se halle en estado de oraciôn. Estos hechos son profundamente significati1 Las curacîoncs milagrosas tienen lugar rara vez. A pesar de su corto nu­ méro, demuestran la existencia ce procesos organicos que nos son desconocîdos y muestran ciertas estados misticos, que como el de la oraciôn, tienen efectos definidos. Son hechos innegabïes, irreducibles, que es preciso tener en cuenta. El autor sabe que los milagros se hallan tan lejos de la ortodoxia cientifica como el misticismo. El estudio de estos fenômenos es aim mas delicado que el de la telepatia y el de la clarividencia. Pero la ciencia tiene que explo­ rât todo cl dominio ce la realidad. El autor ha intentado estudiar las caracte­ risticas de este género de curaciôn, îgual que las de las demas curaciones. Empezô su estudio en 1902, en una época en que la documentaciôn era escasa, en que era dificil para un médico joven—y peligroso para su carrera futu­ ra—interesarse por semejante tema. Hoy dfa, cualquier médico puede observar a los enfermos llevados a Lourdes y examinar los archives conservados en la Oficina Medica. Lourdes es el centro ce una Asociaciôn Médica Internacional, compucsta de muchos miembros. Existe una literatura, que aumenta poco a poco, acerca de las curacîoncs milagrosas. Los medicos van interesândose por estos hechos extraordinarios. Muchos casos han sido sometidos a la Sociedad Médica de Burdeos por profesores de la Facultad de Medicina ce la Universidad y por otros médicos eminentes. El Comité de Medicina y Religion de la Academia Médica de Nucva York, presidida por el coctor Frederik Peterson, ha enviado a Lourdes recientcmente a uno de sus miembros, con el fin de emprender un estudio sobre este importante tema. ■KA 5· •-«-MK 576 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO.—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO vos. Muestran la realidad de ciertas relaciones, de naturaleza aùn dcsconocida, entre los procesos psicolôgicos y orgânicos. Prueban la importanda objetiva de las actîvidades espirituales, que los higienistas, los medicos, los cducadores y los sociologos han dejado de cstudiar casi siempre. Abren al hombre un mundo nuevo.” B) 1005 H**’*'. i.U '■ ·» .V a) Nuestra Seriora de Fatima Semejanza y diferencia con Lourdes Siendo dos apariciones paralelas, existen notables diferencias entre una y otra. Lourdes, en medio de lugares de “veraneo elegan­ te”, con su cinturon comercial airededor, se convierte en un santuario apenas franqueadas las puertas del recinto. Los enfermos, silenciosamente paseados en sus carritos, sin que asustcn ni abrume su numero; la gruta donde parcce que el peregrino ve a la misma “Sefiora que viera Bernadette”; el rio con las mismas aguas, y el ven­ dor del paisaje pirenaico, todo es hernioso. Para Hegar a Fâtima, bajo un sol casi andaluz y una vegetadôn caldeada, se atraviesan aldeas y poblados humildes en su limpieza. De sûbito, sin el aviso de hotcles, ri de negocios, con una simple pancarta indicadora del lugar, se présenta la gran cxplanada. No hay que buscar recuerdos que subyuguen, ni impresiones de turista. Un par de viejos sentados para ver a los que llegan, descalzos por costumbre mâs que por pobreza, con la cabeza tocada con una especie de barretina portugucsa oscura y mâs amplia que la catalana, un pivote de cemento en el lugar d^nde estuvo la carrasca de las apariciones y nada mâs. Lourdes y Fâtima son dos santuarios de la fe mariana. Lourdes es cl lugar de la fe a lo francés, una fe muy propia de la amable y “charmante” Santa Teresita, Fâtima, la fe sin adornos, la de San Juan de la Cruz. Existen también otras muchas diferencias accidentales. En Lour­ des la Santïsima Virgen habla poco. En Fâtima dialoga con frecucncia y revela secretes. En Lourdes la masa no ve mâs que a Bernardita. En Fâtima miliares y miliares de personas prcsencian algo del milagro y cl ultimo dia ven el girar del sol. Lourdes cs un lugar de donde la Santisima Virgen no sale. Hay que ir alii. Nuestra Seriora de Fâtima es una Virgen de la posguerra del 1940. La llamamos la “Virgen peregrina". Recorre el mundo en barco, en auto, en avion, como los grandes predicadores de hoy. Pero el fendo es el mismo: cl santo Rosario y la pcnitcncia por los pobres pecadores. Sigue la misma linea con un mensaje de ur­ genda. Los males que en Lourdes se preveian han llcgado. El laidsmo ha dado sus frutos y el libcralismo anticristiano ha producido su hijo, el comunismo. “Ya han ofendido bastante al Senor”, dirâ la Virgen. Los castigos sc sucedcn y la oraciôn y la pcnitencia son urgentes. Hay que apelar a fuertes motives, y el mensaje celestial, mensaje de concordia, habla del infierno. j Con qué razôn San Juan Crisôstomo decia que hasta cl infierno habia sido creado por la misericordia de Dios y para bien del hombre! Para que sabiendo que existe procuremos librarnos de él, y asi Ucgucmos al cielo 4-■ SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 577 (ci. La Palabra de Cristo, t.l, Dom. Infraoctava de Navidad, Sec.3, I, B, b, p.617). El mismo pensamiento aparece en San Ignacio: “Para que si el amor no me bastare, el temor me sujete”. b) LOS PROTAGONISTAS 1006 La Santisima Virgen buscô simplemente unos nifios sencillos y pobres, Lucia, de ocho anos, y sus primos, Francisco, de siete, y Jacinta, de apenas cinco. Clase pobre, formaciôn escolar nula, pues no habia cscuela por alii, y Lucia hubo de esperar para obedecer el mandato de la Santisima Virgen, que le ordenô aprendiera a leer, a que se fundara una. Piadosos ellos y sus familias. Desde muy pequeiios rezaban el Rosario mientras guardaban el ganado, si bien con la trampa infantil de decir sola y exclusivamente las siguientes palabras: “Dios te salve, Maria”, y “Santa Maria”. Lucia, inteligente y apacible. Francisco, el penùltimo de sus once hermanos, un tanto poeta y amigo de los animales. Jacinta, la ùltima, algo suspicaz peleoncilla, avara, amiga de bailar, sin que nin- , guno de estos defectos pasase de ser infantil. De manana cogia Lucia a sus ovejas, y acompafiada por sus pri­ mos salia al monte. Cuando un dia... c) El ÂNGEL PRECURSOR 1007 Las apariciones de Fâtima duraron mucho tiempo y fueron, a diferencia de las de Lourdes, saltcadas. Aljustrel es un pequeno barrio de Fâtima y cerca de él existe un llano dénominado la “Cuenca de Tria”, en portugués Cova da Iria. En 1915, sin que Lucia pueda precisar mâs la fecha, andaba por un lugar llamado el Cabezo, sito en los alrededores del barrio, cuando vieron en el aire como un hombre envuelto en una sâbana, blanco como la nieve y reflejando el sol. Fué la primera apariciôn. No sabemos si las amigas volverian. Lucia dice haberlo vuelto a ver dos veces al cabo de unas semanas. Su madré, enterada por las otras niüas, hizo poco caso. Llcçra la primavera del ano 1916. Portugal, que, arrastrado por sus aliados y por una politica laica, de un cerrilismo muy propio de los paises latinos, ha entrado en la guerra europea, ve abundar los lutos mâs de lo que quisiese. Lutos y laicismo. Parecen las con­ signas dei dia y de la Repûblica. Lucia estâ con sus primos en el campo, cuando vuelven a ver a “la estatua blanca”. Pero esta vcz se mueve y va hacia ellos. —No tengâis miedo. Soy el ângel de la paz. Orad conmigo. Se arrodillô, y tocando por très veces el suelo con la frente, dijo: “Dios mio, creo en ti, te adoro y te amo. Te pido perdôn por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”. Invitados por el ângel, los ninos repiten desde enfonces incesantemente la oraciôn. Desde el punto de vista homilético, es muy notable la confianza que tanto el ângel como la Santisima Â'irgen depositaban en la oraciôn de solo tres personas, y éstas, ninos. Y se trataba nada menos que de la paz dei mundo. jPoder de la oraciôn!... En verano estân junto al pozo jugando. Otra vez el ângel, y ahora al mensaje de oraciôn afiade el de penitencia. “Oraciones y Le palabra de C. 10 —— ■. './μ ■··' *3 etc, 2. 578 ■. _.·! * COMF.NTARIOS GENERALES 579 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO.—VIRGEN DE FÂTIMA. 13 MAYO 1010 sacrificios en reparaciôn de tantos pecados como se cometen. Tratad asi de traer la paz a vuestra patria."1 Dos o très meses después, y otra vez en el Cabezo, aparece el ângel con un câliz y una host:a que quedan maravillosamcnte suspendidos en el aire, mientras el ângel. de rodillas, reza una oraciôn a la Santisima Trinidad y a la Eucaristîa, hecho lo cual les da la sagrada comuniôn (si es que realmente lo era, como es de suponer) y desaparece. No se le volviô a ver mâs. d) 1008 Las apariciones de Llega por fin el primer dia trece. Es junio y fiesta de San An­ tonio, Patrono del lugar. Cincuenta personas prefieren seguir a los ninos a asistir a la funciôn y la feria. La vision, precedida también por un rayo de luz, fué breve. Se diô a los ninos el mandato de que volvieran al siguiente dia trece, y se les anunciô la revelation de un secreto, que, segùn manifesto después Lucia en 1927, se referîa a la prôxima muerte de sus dos primos. Ella no se quedaria sola. Tendria siempre a la Virgen. Nuestra Senora ténia en su mano derecha un corazôn rodeado de espinas, y los asistentes vieron que, a pesar de no haber aire, las hojas de la encina se movian en la direction a la que, segun Lutia, se habia vuelto la Virgen, como si las rozase algo. Nuestra Senora Los ninos no dijeron nada de lo que habïan visto, .pero se re­ concentraron en si mismos y comenzaron a frecuentar las oraciones y mortificaciones, Asi pasaron varios meses hasta la primavera de 1917. 1009 1. 3. La tercera apariciôn El 13 de julio, tercera apariciôn. A pesar de que ni ia familia ni el pârroco lo acaban de ver con agrado, asisten ya de dos a cua­ tro mil personas, câlculos dificiles pues fueron hechos por las gen­ tes del lugar. La Santisima Virgen vuelve a insistir sobre el argu­ mento de la oraciôn y la penitentia y recibe ya los primeros encargos de curar enfermos. Los asistentes vieron como una nubecilla blanca sobre la encina, acompaûada de una disminuciôn total de la luz solar. i·. En esta vision se les revelo el secreto “bueno para nosotros très y para los del pueblo, bueno para unos y malo para otros". Has­ ta 1941 no se han conocido las dos primeras partes. La primera fué una vision del inf ierno, que arrancô un j ay ! a Lucia, y la pe­ tition de que rezaran para que no fueran alli las aimas. La segunda anuncia la propaganda impia y la futura guerra. Si el mundo mejora, el azote serâ alejado; si no... “Finalmente triunfarâ mi Cora­ zôn Inmaculado. Esta devociôn debe extenderse.” Desde este momento los ninos aumentan sus oraciones y peni­ tencias. Apenas si saben hablar de otra cosa que del infierno y del deseo de que no vaya nadie a él. El primer prodigio En Cova da Iria, a très kilometres de Fâtima y algo menos de su barrio, poseian las padres de Lucia una pequena finca con carrascas y algùn olivo. Era el 13 de mayo, a mediodia, después de corner y rezar el Rosario. Estaban jugando, cuando un relâmpago les moviô a volversc a casa. El cielo, sin embargo, estaba despejado. Bajando ya, otro relâmpago les deslumbra y asusta de veras, Corren con su rebano, cuando al llegar a una carrasca como de un metro de altura se tienen que parar. Alli esta la Santisima Xrirgen, cuya descripciôn omitimos por ser conocida. —No tengâis miedo, no quiero haceros dafio. —iDe que pais es usted—pregunta Lucia, la mâs animosa siempre. —Mi pais es el cielo. A continuaciôn la peticiôn de que vuelvan todos los dias trece hasta octubre. Lucia vuelve a hablar. Puesto que la Senora viene del cielo, «jirân elios alli? Si, los très, pero Francisco tiene que rezar antes muchos Rosarios. i No parece un rasgo de humor de Nuestra Senora para invitarle a orar? Francisco, ejemplo de mortificaciôn, fué el primero que muriô. Lucia sigue preguntando por dos jovencitas muertas hace poco. La una esta en el cielo y la otra en el Purgatorio. Entonces es la Virgen la que pregunta. êQuerrân elios aceptar las penas que Dios les envia para alcanzar el perdôn de los pecadores y desagraviar al Senor y al Inmaculado Corazôn de Maria? Ante la contestaciôn afirmativa, como dice Lucia expresamente, se extendiô sobre elios una luz, salida de las manos abiertas de la apariciôn, “penctrândoles en el pecho hasta lo mâs intimo del alma, y haciéndoles ver a si mismos en Dios con mâs claridad de lo que nos vemos en un espejo”. Siempre se acordarân de este momento y dirân que el ângel era hermoso, la Virgen mâs, pero que no se podian comparar con Dios en aquella luz. La Santisima Virgen desapareciô, elevândose hacia el sol. Quisieron guardar silendo, pero Jacinta no pudo. Sus padres y los de Lucia se enfadaron, y asi paso un mes, rezando el Rosario entero, ahora ya con las “avemarias” completas y ofreciendo su merienda a los pobres. 1011 4. Graves tribulationes I A partir de este momento comienzan las graves tribulationes de los ninos. Graves con una gravedad que no puede medirse si no se tiene cn cuenta su edad y el miedo que debia infundirles verse en la cârcel y amenazados con que los quemaran vivos. No podemos extendernos. Solo recordaremos que ante la autoridad civil del partido mostraron la fe de los antiguos confesores, y que en la cârcel terminaron todos los presos rezando con elios el Rosario. Era el 13 de agosto. Los ninos detenidos. De quince a veinte mil personas en el llano de Cova. Todos vieron la luz y una nubecilla encima de la encina, pero nada mâs. En cambio, a los ninos se les apareciô la Santisima Virgen el dia 19. Durante el mes intermedio hasta el 13 de septiembre, los nifios comenzaron a vivir una vida cada dia mâs penosa. Persecuciones, periodistas, autoridades eclesiâsticas, devotos que les encomiendan intentiones y ademâs sus penitencias aumentadas dia por dia. 1012 580 1013 5. VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO.—VIRGEN DE fAtIMA. 13 MAYO Aparicioncs ante enormes multitudes 13 de septiembre. Nueva apariciôn ante veinte mil personas que ven un globo de fuego y reciben una lluvia de pétalos de rosa, como copos de nieve que se desvanecen al caer al suelo. Los nifios llevan dia y noche una soga de esparto anudada a la cintura. La Sefiora $e muestra contenta, pero se las manda quitar de noche. Cuando llegô el 13 de octubre, el ambiente se habia caldeado en todo Portugal. êCuâles no serian las amenazas, que la madre de Lucia, antes de acompafiar a su hija, se prépare para la muerte con una confesiôn? i Scsenta mil personas ! Han comenzado las grandes asamblcas de Fâtima. Cuando aparecen los nifios, Jacinta se echa a llorar ante las apreturas. Gran parte de la gente esta alli desde el dia anterior, bajo la abundante lluvia. Por fin, todos ven una nube blanca, como a unos cinco metros de altura. Maria Santisima esta alli. Es, dice, la Virgen del Rosario y quiere que le levanten una capilla y continûen rezândolo. La gente lo esta haciendo en ese momento. La Santisima Virgen repite y condensa su mensaje. Con voz y rostro triste dice: “No ofendan mâs a Dios Nuestro Senor. Ya le han ofendido bastante”. 1014 6. El gran milagro pùblico Y en este momento se verifica el gran milagro pùblico, El sol aparece por très veces entre las nubes y se pone a girar. Lo ven sesenta mil persenas, de todas las clascs sociales y de todas las ideas. Es muy dificil admitir una sugcstiôn colectiva en una masa tal de personas, a las que sin altavoces ni nada por el estilo, no puede hacérsele llcgar la misma impresiôn, cosa necesaria para que todos viesen lo mismo. Mientras tanto, los nifios veian otra cosa. La Virgen habia ido subiendo hacia el cielo. De pronto aparecieron a su izquierda San José y el Nifio Jesûs en actitud de bendecir al mundo. Desaparecida la vision, Lucia vio aùn a la Sefiora en la forma de la Virgen de los Dolores y del Carmen. 1015 e) La historia de los videntes Bemardita no volviô a ver a la Santisima Virgen. Estos nifios, que en el dia de la ùltima vision llegaron a ser molidos por la gente y con los vestidos rotos, siguieron con su vida humilde y pobre, pero recibiendo de vez en cuando la visita de Nuestra Sefiora. Francisco fué el primero en morir. Su vida superô en ascetismo y sacrificios a la de muchos santos mayores que él en edad. Poco antes de mo­ rir, vio a la Santisima Virgen, la cual le auunciô que lo elevaria pronto al cielo. A Jacinta le dijo que tendria que sufrir mucho en un hospital. El 4 de abril de 1919, con menos de once afios, moria Francisco. Jacinta se despidiô de él: “Saluda de mi parte a Nuestro Sefior y a la Virgen. Diles que estoy dispuesta a sufrir cuanto quieran”. Deliciosa intimidad con el Creador y su Madre. El 20 de febrero muere Jacinta. La santidad de esta nifia, de edad tan corta, es por si mismo un milagro moral. Visitada varias SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 581 veces por la Santisima Virgen, conducida a Lisboa, no hay quien cumpla la esperanza de hallar un hospcdajc fâcil y, por fin, des­ pués de ser operada, su enfermedad, una pulmonia purulenta, la lleva a la muerte, dc la que casi no se da cuenta nadie. En cambio, e! entierro fué un acontecimicnto. Copiâmes algunas dc las frases que pronunciara durante su eniermcdad y que recogiô cuidadosamcnte una religiosa. En verdad que no son propias de sus anos. “Los pecados que llevan mâs aimas al infierno son los impuros. Si los hombres supieran lo que es la eternidad, harian todo lo posible por cambiar de vida. Los sacerdotes debieran ocuparse solamente de la Iglesia y de las aimas. iQucrida madrina! (la religiosa que la acompanaba con frecuencia). Huyc de la suntuosidad, no busqués las riquezas y ama mucho la santa pobreza y el silencio; ten mucha caridad incluso con los malos; no digas mal de nadie y evita la compaüia de los que hablan mal del prôjimo. Ten mucha paciencia, porque la paciencia nos lleva al cielo. Los sacerdotes deben ser puros, muy puros. La desobediencia de los sacerdotes y religiosos a sus superiores y al Padre Santo desagrada mucho al Senor.” Antes de su muerte, Jacinta anunciô la de varias personas, entre ellas la de dos de los médicos y la de la hija de uno de ellos. Expuesto el cadâver de la nina durante très dias, fué visitado por gentes innumerables, que percibieron un olor como de flores. Trasladôse después ? Villanueva de Ourem, capital de la provincia donde radica Fâtima, y de alli, a los quince anos, a su pueblo natal. En este ultimo traslado, el 13 de septiembre de 1935, se comprobo que su rostro se conservaba perfectamente. Lucia vive. El 17 de mayo de 1921 ingresô en el Colegio Catôlico de Villar (Oporto). De alli paso al noviciado que el Instituto de la Beata Paula de Frassinctti tiene en Tùy, donde emitiô sus primeros votos el 3 de octubre de 1928, y los solemnes el 3 del mismo mes de 1934. Después fué trasladada a Pontevedra. En medio de la hurcildad y secreto en que vive, parecc que la Santisima Virgen sigue distinguiéndola con sus favores, y es de esperar que, aima escogida por Dios para rccibirlos, esté perfectamente persuadida de que no son estos favores exteriores y gracias “gratis dadas” las que santiiican, sino la oraciôn y penitencia que le pedia Nuestra Sefiora. f) LOS RESULT ADOS El argumento de Gamaliel sigue teniendo toda su fuerza. Las obras del demonio no pueden dar frutos buenos, y este es precisamente el criterio principal para conocer la verdad teolôgica de un milagro, esto es, para distinguir si procede de Dios o no. El histerismo jamâs produce tampoco frutos estables. Su caracteristica es la variabilidad y la irritabilidad. Los frutos de las apariciones de Fâtima han sido y continuai! siendo numerosos y santos. Ordenétnoslos de algun modo: 1016 i·. 582 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO,—VIRGEN DE FÂTIMA. 13 MAYO SEC. 2 1017 AV.V. * < 1. Portugal Puesto que el Padre Santo lo ha repetido en sus mensajes radiofônicos, también podemos decirlo nosotros. L,a situaciôn religiosa de Portugal era alarmante, porque si bien en el pueblo, y sobre todo en el campo, se conservaba la fe, en cambio, la masoncria habia organizado tan perfectamente la propaganda y habia copado tan por completo los cargos directivos, que se permitia anunciar, y no sin algûn fundamento, que en un par de generaciones habria conseguido que desapareciese la fe del pais. Estos anuncios son peligrosos. Dios suele recoger el guante, y los politicos Franceses que lo lanzaron también, no podian suponcr que actualmente los partidos Cristianos de su pais recojan millones de votos, y que los Présidentes de su Repûblica impongan el birrete eardenalicio a los que dentro de poco llegarân a ser Papas. En Portugal, fué Nuestra Senora la que saltô al palenque de la mise­ ricordia. La masoneria diô la voz de alerta inmediatamente. En plenas apariciones, el 13 de agosto, y mientras los nifios veian a la Santi­ sima Virgen, ellos celebraban en Fâtima una “asamblea de protesta contra las maniobras clericales". No podemos entrar en detalles. Voladuras repetidas de la capi11a que los aldeanos habian levantado y de la encina de las apari­ ciones; cordones de caballeria para impedir la afluencia de peregri­ nos, que pasaban un dia de los sesenta mil ; todos los medios se empîearon, sin desdeûar los indignos de celcbrar en la pacifica ciudad de Santarem una parodia de procesiôn nocturna, obscena y blasfema. Pero todo sirviô para poco, 1018 La autoridad eclesiâstica comenzô a estudiar el asunto, y el pri­ mer paso lo diô el obispo de Leiria comprando la finca de las antiguas apariciones. Lugar bien seco: jamâs diô agua alguna. Sin embargo, al intentar construir una cisterna que recogiera la de la lluvia, brotaron varios chorros que la gente considero milagrosos. Es el agua de la Virgen. El 13 de mayo de 1922 se abre el proceso canônico; unos meses después comienza a tirarse la revista La Foz de Fâtima, que, al cabo de unos afios, alcanza la cifra de varios centenares de miliares. El 13 de octubre de 1930 se lee en Cova da Iria, y ante cien mil ficles, el decreto de aprobaciôn, por el cual las apariciones se juzgan dignas de crédito. El 13 de mayo del ano siguiente se reûnen j 300.000 personas!... Para medir lo que significan tales reuniones hay que conocer Fâtima, hay que darse cuenta de que el unico descanso posible du­ rante la noche lo ofrece el suelo de los campos y una piedra para reclinar la cabeza, si se halla, y la ûnica defensa contra el sol es la que brinda el mismo cielo, si se nubla; que la unica comida es la que lleve el peregrino. Que alli el turista no tiene nada que hacer; que alli se va a orar y hacer penitencia. Hay que darse cuenta de que Fâtima to-davia no es muy conocida en el mundo; de que estâ en un rincôn de Europa; de que casi todos los peregrinos son portugueses; de que Portugal es una naciôn pequena y no muy rica. Hay que darse cuenta de muchas cosas que, conocidas, hacen exelamar : j La mano de Dios se ve aqui ! 1019 Portugal pasa por trances dificiles. Ya desapareciô el laicismo. COMENTARTOS GENERALES 583 El Papa, en sus mensajes, darâ gracias a la Santisima Virgen y a los hombres que lo llcvaron a cabo. Pero el comunismo estâ en las mismas fronteras. La Repûblica espanola, desde su proclamaciôn, ha apuntado a Portugal, y en 1936 el comunismo de expansion, sierapre internacional, pelca en la raya de Badajoz. Los obispos portu­ gueses apelan este mismo ano a Nuestra Senora de Fâtima y prometen renovar la consagraciôn de Portugal al Corazôn Inmaculado de Maria. El 13 de mayo de 1938 considérai! obtenida la gracia. El comu­ nismo se ha alejado de sus fronteras y marcha en derrota. Mientras la consagraciôn se repite en todas las parroquias de Portugal, en Fâtima asisten a ella 1500.000 aimas! Sin embargo, todo quedô oscurecido por el viaje de Nuestra Senora, camino de Lisboa, donde fué recibida por el Gobierno en pleno. Los tiempos de Pombal primero, y de la Repûblica laâca des­ pués, habian quedado atrâs. Nuestra Senora gobierna los corazones portugueses desde su trono sencillo y austero de Fâtima. 2. Los milagros î t 1020 En cuanto a la argumentaciôn apologética, es la misma exactamente que la que hemos aducido al hablar de Lourdes. Millarcs y miliares de enfermos desfilan por Fâtima. Citemos solo dos o très milagros, y busqué quien quiera una explicaciôn na­ tural a los mismos: Joaquin Duarte Oliveira, câncer. Maria José dos Santos, tumor en el cerebro. Emilia Texeira Lôpez, hecha una llaga, etc., etc. Los milagros no ocurren solo en Fâtima. Precisamente la de­ vociôn de Nuestra Senora se ha extendido por el mundo gracias a ellos, muchos de los cuales han sido conseguidos por la llamada agua de la Virgen. Sin anticiparnos al juicio de la Iglesia, queremos senalar que, contra lo que pudiera suponerse, la mayoria de los hechos que revisten caractères seriamente dignos de estudio, quedan en el mâs riguroso anônimo, unas veces por la modestia e igno­ randa de los pobres que reciben el favor, otras por la indolencia de quienes pudieran mover el asunto. Es norma observada que quienes mâs habian del favor recibido son precisamente los que menos motivos tienen para ello. Esto ha ocurrido y lo hemos palpado en numerosos casos. 3. La Virgen peregrina 1021 La Santisima Virgen comenzô a recorrer el mundo. Senalemos très prodigios que hemos vivido: Primero. Para nosotros supone, indiscutiblemente, un milagro 1022 moral de la gracia el que una ciudad que no se distingue precisamente por ser de las mâs fervorosas, en la que no se ha organizado una propaganda a fondo, sino que la autoridad eclesiâstica se ha limitado a dar la noticia, reciba una Virgencita que contrasta con los gustos fastuosos y lo que estâ acostumbrado a ver el pueblo, y que no haya hecho esta mâs que aparecer, y el pueblo entero se vuelque en masa. Cuando por los barrios, en los que las manifestacioncs religiosas han sido escasas, se vean las calles abarrotadas, y los jôvenes, que quizâ no han pisado la iglesia, puestos de rodillas, 584 VIRGEN DE LOURDES. 11 FERRERO.—VIRGEN DE FATIMA, 13 MAYO con las manos cruzadas, para ver pasar una imagen que era todn lo contrario de lo que les ha solido gustar a ellos. No parece propio de la seriedad de esta obra, pcro queremos re· coger la frase de un viejo e iletrado chôfer, que resume popularmente lo ocurrido con la visita de la Virgen: —Mire usted. Lo que aqui ha formado esta niujer, no se ha visto nunca. Con una nota muy de senalar, para qui en conozca las procesiones andaluzas, que en esta ocasiôn no se hizo mâs que rezar. Segundo. Las palomas. Somos testigos presenciales. Las palomas que se posaron alrededor de la Santisima Virgen procedian de palomares particulares y del mismo mercado donde se vendian para ser sacrificadas. Estas palomas resistieron tres o cuatro dias sin corner ni beber, con las plumas destrozadas por las personas, que para tocar medallas a la santa imagen tenian casi que aplastarlas. Y las palomas siguieron alli. Fuimos testigos excepcionales de très de ellas. Una arrojada a la llegada de la imagen por un amigo que la saeô de su palomar. Estuvo al pie de Maria Santisima hasta que, al marcharse Ella, regresô al palomar. Otras dos, compradas en el mercado por las presas de la cârcel, fueron derechas a la Virgen, y alli siguieron hasta que la imagen fué al aeropuerto. 1024 Tercero. Los milagros obrados al paso de la Virgen. No negaremos que el histerismo se mani fiesta en algunos, y aun si se quie­ re, en muchos casos. Pero lo cierto es que aqui se verifica lo del milagro desconocido. Tampoco queremos regatear a Nuestra Senora el testimonio per­ sonal de lo que hemos visto y palpado y que por primera vez sale a la luz. Una persona modesta, prepietaria de una tiendecita, padece en un dedo un papiloma, cancer benigno, sin importancia, pero del que tiene que ser operada al dia siguiente. La enfermedad es leve, mas alli existe una llaga, desapariciôn de materia, todos los carac­ tères de una enfermedad orgânica. Pasa la Santisima Virgen por su puerta, y ella le dice: jTan poco trabajo como te costaria curarme, y yo voy a tener que cerrar la tienda y perder un dial... Vuelve el médico, don Pedro Robles, y... al levantar la venda no existe herida, ni cicatriz, ni resto alguno del papiloma. êNo es una delicadeza de la Santisima Virgen? i En realidad, le costaba tan poco trabajo !... Por ùltimo, los confesores pueden dar razôn. Como la dan en Fâtima. SECCION VI. TEXTOS PONTIFICIOS It*?’ Nuestra Senora de Lourdes Λ) a) El templo del Rosario lit 1025 “Mas mientras nos dolemos de estos males y nos causa amarga pena la situaciôn critica de la Iglesia, providencialmente se présen­ ta a nuestro espiritu una senal clara de salvaciôn. Pues tenemos por auspicio bueno y fausto, que se digne Ia augusta Reina del cielo confirmar, el que, en el proximo mes de octubre, como hemos dicho, se hayan de consagrar, en el templo de Lourdes, tantos altares cuantos son los misterios dei santisimo Rosario. Y, ciertamente, no hay cosa que tenga tanta fuerza para conciliarnos y merecernos la benevolencia de Maria como el que tributemos a los misterios de nuestra redenciôn, a los cuales no solo asistiô, sino que intervino en ellos, los mayores honores que podamos, y pongamos delante de los ojos la sucesiôn ordenada de los hechos de una manera apta para reproducirlos en nuestro interior. Y por eso, Nos no tenemos la menor duda de que Ia misma Virgen Madré de Dios y piadosisima Madré nuestra querrâ atender benignamente a los deseos y suplicas que debidamente le presentarân las innumerables muchedumbres de cristianos que alii afluirân peregrinando, y que entremezclarâ y unira sus ruegos, a fin de que, confcderados en alguna manera los deseos, violenten al Dios rico en misericordia y le muevan a escucharnos. Asi la poderosisima Virgen Madré, que un dia “cooperô con su caridad para que los fieles naciesen en la Iglesia" (cf. San Agustîn, De sancta virgine c.6), asi también ahora, medianera y conciliadora de nuestra salvaciôn, quebrante, corte las multiples cabezas de la hidra impia que hace estragos por toda Europa, devuelva la paz a los espiritus angustiados y apresure, por fin, la vuelta privada y pùblica de los hombres a Jesucristo, que puede salvar para siempre a los que, por su medio, se aproximan a Dios (Hebr. 7,25). Entre tanto, Nos, dando publicas pruebas de nuestra benevolen­ cia a nuestro venerable hermano el obispo de Tarbes y al clero y pueblo de Lourdes, amados hijos nuestros, hemos querido, con esta nuestra epistola apostôlica, secundar todos y cada uno de sus de­ seos, que poco ha nos manifestarun, y hemos mandado rcmitir un ejemplar auténtico de la misma a todos nuestros Vénérables hermancs en el apostolado, Patriarcas, Arzobispos, Obispos y demas sagrados Prelados esparcidos por el orbe catôlico, para que también ellos sientan el mismo gozo y la misma alegria que embargan nues­ tro corazôn. : 586 VIRGEN DE LOURDES 1! FEBRERO.-—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO Por lo cual, con el desco de que todo redunde en bien, felicidad, prosperidad y mayor gloria de Dios, no menos que en provccho de la universal Iglesia, concedemos, con nuestra autoridad apostôlica y por esta nuestra epistola, que nuestro querido hijo Benito Maria Langénieux, cardenal de la S. R. I., pueda consagrar licitamente, en nuestro nombre y autoridad, el nuevo templo erigido en el pueblo de Lourdes, y consagrarlo a Dios en honor de la Santisima Virgen Madré del santisimo Rosario; que el mismo querido hijo nuestro use libremente el palio, en la misa soleninc, como si estuviese en su propia archidiôcesis ; y que, después de la misa solemne, pueda bendecir a los présentes, asimismo en nuestro nombre y autoridad, con las acostumbradas indulgencias. Asi lo concedemos, sin que obste nada en contrario” (cf. LeÔn XIII, epist. apost. Parta humano generi, S de septiembre de 1901 : BAC, Doctrina pontificia, t.4, Do­ cumentas marianos, cd. preparada por el P. Hïlario Marîn, S. J„ n.472-478 p.350-352). 1026 b) "El asiento de su inmensa benignidad” “De entre todas las partes que hasta el présente han sido escogidas para los annales Congresos de los catôlicos en honor de la santisima Eucaristia, ninguna parece mâs apta que aquella en la que se reunirân dentro de poco gentes de todas las naciones, junto al templo de Lourdes, en donde la Inmaculada Virgen Madré de Dios colocô hace ya tiempo como el asiento de su inmensa benignidad. Ya desde los albores de la cristiandad ha experimentado la Igle­ sia el continuo auxilio de la Madré de Dios, variado, por cierto, segûn la variedad de los tiempos, mas siempre oportunisimo y llcno de maravillcsa suavidad. Absoltitamentc nunca se ha despojado Ma­ ria de aquel afccto verdaderamente maternai con que, hasta su ûltimo aliento, educo con sumo cclo a la Esposa de su Hijo, rccientemente adquirida con su sangre divina ; diriase que su exelusiva ocupaciôn es cuidar del pueblo cristiano—cosa que palpablementc se mostrô varias voces en situacicnes desesperadas—, muy principalmente atrayendo las aimas de todos al amor ardiente de Jésus. Mas esto brillô maravillosamente en la gruta de Massabielle. Alli, compadecida Ella de esta humana sociedad que, sacudidos los vinculos de las leyes divinas, se précipita a la ruina, después de manifestarse y de invitar a los hombres a la penitencia, determino, por medio de frecucntcs y prodigiosas curaciones de les cuerpos, preparar el ca­ mino de la curaciôn de las heridas de las aimas. Enfonces, como quien ha desempefiado ya su oficio, parcciô que sefialaba con el dedo al enfermizo siglo el Médico celestial, ûnico que podia libraria de todos les males que le aquejaban. Pues es digno de notarse como alli, de resultas de la piedad hacia la Madré de Dios, floreciô un notable fervor piadoso para con Cristo Senor nuestro, pues los milagros de las curaciones, que antes solian realizarse casi siempre junto a la imagen de la Virgen, ahora se dan mâs frecuentementc en las proccsiones dei augusto Sacramento" (cf. San Pio X, epist. Ex omnibus locis, 12 de julio de 1914: BAC, oc., n.539 p.402-403). SEC. 6. 587 TEXTOS PONTIEICIOS La Madré ©el "Principe de la Paz c) 1027 “De toda esta abundanda de benefidos es obligation dar muchisimas gracias a la Santisima Virgen, a cuyo valimicnto ante Dios hay que atribuirlas; y en estos beneficios hay que contar el que, depucstas las armas, ha brillado para cl mundo la esperanza de la reconciliation, sicndo como es Ella Madré de Nuestro Senor Jesu­ cristo, Principe de la paz, y Madré benignisima dei género humano. Mas por eso mismo hay que insistar mâs ante la divina clementia para que se establezca la paz que los mejores aguardan, conviene a saber: la que consolide entre todos los pueblos los vinculos de la cristiana caridad, sin dejar a un lado la justicia y la cquidad. Ahora bien, prometiéndonos, como nos prometemos, esto de la favorabilisima ayuda y apoyo de Maria, vemos complacidos que las suplicas, poco ha ordenadas por Nos al mundo, se hagan muy particularmente en los celeberrimos santuarios marianos, entre los que Lourdes sobresale" (cf. Benedicto XV, epist. Cum annus, 20 de enero de 1919: BAC, o.c., n.558 p.421). d) Donde la Virgen confirmô el dogma de la Concepcion 1028 “Y parece como si la Virgen Santisima hubiera querido confirmar de una manera prodigiosa el dictamen que el Vicario de su divino Hijo en la tierra, con el aplauso de toda la Iglesia, habia pronunciado. Pues no habian pasado aùn cuatro arios cuando, cerca de un pueblo de Francia, en las estribaciones de los Pirineos, la Santisima Virgen, vestida de blanco, cubierta con cândido manto y cenida su cintura de faja azul, se apareciô con aspecto juvenil y afable en la cueva de Massabielle a una nina inocente y sencilla, a la que, como insistiera en saber el nombre de quien se le habia dignado aparecer, Ella, con una suave sonrisa y alzando los ojos al cielo, respondiô : “Yo soy la Inmaculada Concepcion”. Bien entendicron esto, como era natural, los fieles, que, en muchedumbres casi innumerables, acudieron de todas las partes en piadosas pcregrinaciones a la gruta de Lourdes, reavivaron su fe, estimularon su piedad y se esforzaron por ajustar su vida a los preceptos de Cristo, y alli también no raras veccs obtuvieron milagros que suscitaron la admiration de todos y confirmaron la religion catôlica como la ùnica verdadera dada por Dios. Y de un modo particular le comprendieron asi también los Ro­ manos Pontifices, que enriquecieron con gracias espirituales y favorecieron con su benevolentia aquel tcmplo admirable que en pocos anos habia levantado la piedad dei clero y de los fieles” (cf. Pio XII, epist. encicl. Fuigens corona, 8 de septiembre de 1953; BAC, o.c., n.849 p.705-70ô). B) a) i Nuestra Senora de Fâtima Protecciôn de Maria a Portugal “El pnmero y mayor deber del hombre es el de la gratitud » (cf. San Ambrosio: PL 11,1361). Nada hay mâs acepto a Dios como h U 1023 ? «a F ·* * « «r * « 588 VIRGEN DE LOURDES 11 FEBRERO.—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYO el aima reconocida por las gracias (cf. S. Ioan. Chrys.: PG 54,460) y por los beneficios recibidos; y vosotros tenéis una gran deuda para con la Virgen Senora y Patrona de vuestra patria. En una hora tragica de tinieblas y desvarios, cuando la nave del Estado portugués. perdido el rumbo de sus mâs gloriosas tradiciones, desgarrada por la tormenta anticristiana y antinacional, parecia correr a seguro naufragio, inconsciente de los peligros présentés y mâs inconsciente de los futuros, cuya gravedad, por otra parte, ninguna prudencia humana, por clarividente que fuese, podia entonces prever, el cielo previô e intervino piadoso, y de las tinieblas brillé la luz ; del caos surgiô el orden; la tempestad amainô en bonanza, y Portugal pudo encontrar y reanudar el hilo perdido de sus mâs be­ llas tradiciones de naciôn fidelisima, para continuar, como en los dias en que “en la pequena casa hisitana no faltaban cristianos atrevimientos para dilatar la ley de la vida eterna" (cf. Camoens, Os Luisiadas cant. 7 oct. 3 y 14), en su ruta de gloria de pueblo cruzado y misionero. Honor a los beneméritos que fueron el instrumento de la Pro­ videnda para tan grande empresa; pero antes, gloria, bendiciôn y acciôn de gracias a la Virgen Nuestra Senora Reina y Madré de su tierra, de Santa Maria, que la “ha salvado mil voces", siempre la socorriô en las horas tragicas y que en esta, acaso la mâs trâgica, lo hizo tan manifiestamente, que ya en 1934 nuestro predecesor Pio XI, de inmortal memoria, en la carta apostôlica Ex officiosis litteris, atestiguaba los beneficios extraordinarios con que la “Virgen Madré de Dios acababa de favorecer a vuestra patria” (cf. Ex offi­ ciosis litteris: AAS 26,628), y todavia en aquclla fecha no se pensaba en el vote de mayo de 1936 contra el peligro rojo, tan temerosamente proximo y tan inesperadamente conjurado. Todavia no era un hccho la maravillosa paz que, a pesar de todo y de todos, con­ tinua Portugal gozando, y que, con todos los sacrificios que exige, siempre es inmensamente menos ruinosa que esta guerra de exter­ minio que va asolando al mundo. Hoy, a tantos beneficios se han aumentado otros muchos, y cuan­ do la atmôsfera de milagro que envuelve a Portugal se resuelve en prodigios fisicos y mayores y mâs numerosos prodigios de gracias y conversiones y florece tn esta primavera perfumada de vida ca­ tôlica, prometedora de los mejores frutos, hoy, con mucha mâs ra­ zôn, debemos confesar que la Madré de Dios nos llenô de beneficios realmente extraordinarios, y a vosotros os incumbe el sagrado deber de rendirle infinitas gracias. Y habéis mostrado vuestro agradeci­ miento durante este ano, bien lo sabemos. Al cielo deben haber sido gratos ios homenajes oficiales; pero debe haberlo conmovido el sa­ crificio de los nifios, la oraciôn y penitencia sincera de los humildes" (cf. Pio XII, radiomensaje Benedicite Deum, 31 de octubre de 1942: BAC, n.705 p.547-549). 1030 b) Agradecimiento de Portugal a Maria “Vuestras obras estân consignadas en los libros de Dios. La apoteosis de la Virgen Nuestra Senora en su romeria desde el santuario de Fâtima hasta la capital dei imperio durante las mémora­ bles jomadas del 8 al 12 de abril pasado, tal vez la mayor demostra SEC. 6. 589 TENTOS PONTIFICIOS ciôn de fc de la historia, ocho veces secular, de vuestra patria; la percgrinaciôn nacional del 13 de mayo, jornada heroica de sacrificio, que, a pesar de frios, lluvias y enormes distancias, recorridas a pie, concentré en Fâtima a orar, dar gracias y desagraviar, a centenares de miles de peregrinos, entre los cualcs descuclla fulgurante de belleza renovadora el ejemplo de la briosa juventud catôlica; las pa­ radas infantiles de la Cruzada cucaristica, en que las criaturitas, tan mimadas de Jesûs, con la confianza filial de la inocencia, podian protestar a la Madré de Dios que “habian hecho todo cuanto Ella liabia pedido: oraciones, comuniones, sacrificios familiares, y por eso suplicaban: “Nuestra Senora de Fâtima, a Vos nos acogemos: decid a vuestro divino Hijo una sola palabra, y el mundo sera sal­ vo, y Portugal totalmentc libre del azote de la guerra” ; la preciosa corona, hecha de oro y pedreria, y aûn mâs: el purisimo amor y generosos sacrificios que el 13 del corricnte ofrecisteis en el santuario de Fâtima a vuestra augusta Patrona, domo simbolo y mo­ numento perenne de eterno reconocimiento. Estas y otras bellisimas demostraciones de piedad, de que, bajo la cclosa actuaciôn del Episcopado, ha sido fertil en todas las diôcesis y parroquias este ano jubilar muestran bien como el fiel pueblo portugués reconoce agradecido y quiere satisfacer su inmensa deuda para con su celestial Reina y Madré” (cf. ibid., p.549-550). c) Condiciones para obtener el favor ©e Maria “La gratitud por cl pasado es prenda de confianza para el futuro. Dios exige de nosotros que le demos gracias por los beneficios reci­ bidos, no porque necesite nuestro agradecimiento, sino para que este "le provoque a concedcrnos.beneficios todavia mayores” (cf. S. Ioan. Chrys.: PG 54,460). Por eso, es justo confesar que también la Madré de Dios, aceptando vuestra acciôn de gracias, no dejarâ in­ completa su obra, y continuarâ con vosotros indefectiblemente el patrocinio hasta hoy dispensado, preservândoos de mâs graves calamidades. Mas para que la confianza no sea presuntuosa, es pre­ cise que todos, conscientes de las propias responsabilidades, se esfuercen por no desmereccr cl singular favor de la Virgen Madré, antes, como buenos hijos agradecidos y amantes, concilien cada vez mâs su maternai carino. Es prcciso que, escuchando el consejo maternai que Ella daba en las bodas de Canâ, hagamos todo lo que Jesûs nos diga (lo. 2,5), y Él dice a todos que hagan penitencia—poenitentiam agite (Mt. 4, 17)—, que enmienden la vida y huyan del pecado, la causa principal de los grandes castigos con que la justicia del Eterno castiga al mundo; que en medio de este mundo materializado y paganizante, en que toda carne corrompiô sus caminos (Gen. 6,12), sea el sol y la luz que préserva e ilumina; que eultiven esmeradamente la pureza, que vuelvan en sus costumbrcs a la austeridad santa del Evangelio y que animosamente y a toda costa, como aseguraba la juventud catôlica en Fâtima, “vivan como catôlicos sinceros y convencidos cien por cicn" ; difundan en torno de si, a lo ancho y a lo largo, el perfume de Cristo, y con la oraciôn asidua, particularmente con el Rosario cotidiano y. con los sacrificios que el celo inspira, proCtiren a las aimas pecadoras la vida de la gracia y la vida eterna. 1··^· 1031 5Q0 VIRGEN DE LOURDES. 11 FEBRERO.—VIRGEN DE FÂTIMA. 13 MAYO Entonces invocaréis confiadamente al Seiior, y El os oirâ; ciamaréis a la Madre de Dios, y Ella responderâ: Heine aqui (Is. 58,9). Entonces no vigilarâ en vano el que defiende la ciudad, porque el Senor velarâ con él y lo defenderâ, y sera nias segura la casa construida sobre la base de un orden nuevo, porque el Senor la cimentarâ (Ps. 126,1). ; Feliz el pueblo cuyo Seiior es Dios, cuya Reina es la Madre de Dios! Ella intercédera, y Dios bendecirâ su pueblo con la paz, compendio de todos los bienes. Dominus benedicet populo suo in pace” (Ps. 2S.11) (cf. ibid., p.550-555). 1032 d) CORONACIÔN DE LA VlRGEN DE FÂTIMA “Bendito sea el Seiior, Dios y Padre de Nuestro Seiior Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolaciôn, que nos con­ sueta en todas nuestras tribulaciones (2 Cor. 1,3-4); y con el Senor . sea bendita Aquella que Ê1 constituyô Madre de misericordia, Reina y abogada nuestra amorosisima, medianera de sus gracias, dispensadora de sus tesoros. Cuando, hace cuatro anos, en la plena perturbaciôn de la mâs funesta guerra que recuerda la Historia, por primera vez subimos en espiritu con vosotros a ese santo monte para agradecer con vos­ otros a la Virgen Seriora de Fâtima los beneficios inmensos que recientemente os habia otorgado, al comûn Magnificat uniamos el grito de filial confianza, para que la inmaculada Reina y Patrona de Portugal completase lo que tan maravillosamente habia comenzado. Vuestra presencia hoy en ese santuario, en medio de sus mu­ chedumbres tan inmensas que nadie puede contar, estâ atestiguando que la Virgen Seriora, la inmaculada Reina, cuyo corazôn maternal y compasivo hizo el prodigio de Fâtima, ha oido de sobra nuestras sùplicas. El amor ardiente y agradecido os ha conducido ahi. Y vosotros quisisteis darle una expresion sensible condensândolo y simbolizândolo en esa corona preciosa, fruto de tanta generosidad y de tanto sacrificio, con que, por manos de nuestro Cardenal legado, acabamos de coronar a la imagen milagrosa” (cf. Pio XII, radiomensaje Benedito scia o Senhor. Senhor, 13 de mavo mayo de 1946: BAC, o.c., n.734 p .581-582). · . 'J\ I V. 1033 e) Realeza de Maria “Ademâs, vuestro mismo inmenso concurso, el fervor de vuestras oraciones, el cstruendo de vuestras aclamaciones, todo el santo entusiasmo que en vosotros vibra incoercible, y la sagrada ceremonia que acaba de realizarse en esta hora de incomparable triunfo de la Madre santisima, evocan en nuestro espiritu otras muchedumbres mucho mâs incontables, otras aclamaciones mucho mâs fervorosas, otros triunfos mucho mâs divinos, otra hora—eternamente solemne— en el dia sin ocaso de la eternidad: cuando la Virgen gloriosa, entrando triunfante en la patria celestial, fué, a traves de las jerarquias bienaventuradas y de los cores angelicos, subii mada hasta el trono de la Trinidad beatisima, que, cinéndole las sienes de triple diadema de gloria, la présente a la corte celestial, sentada a la dicstra del alieî· i -tal de los siglos< y coronaria Reina del universo. P? Λ ' # AEC. 6. TÎXTO3 PONTIFICIOS 591 Y cl empireo vio que Ella era realmente digna de rccibir la honra, la gloria y el imperio, porque mâs llena de gracia, mâs santa, mâs herniosa, mâs endosiada, mâs sin comparaciôn que los mayores santos y los ângelcs mâs excelsos, individual o conjuntamente conside­ ndos; porque misteriosamente emparentada, en el orden de la union hipostâtica, con toda la Trinidad bcatisima, con el ùnico que es por excelcncia la Majcstad infinita, Rey de los reyes y Senor de los sefiorcs, como Hijo primogenito del Padre y madre ternisima del Verbo y Esposa predilecta del Espiritu Santo; porque Madre del Rey divino, de Aquel a quien, desde el seno materno, diô el Seiior Dios el trono de David y la realeza eterna en la casa de Jacob (Le. 1,32-33), y que de si mismo dijo haberle sido dado todo poder en los cielos y en la tierra (Mt. 28,18) : Él, el Hijo de Dios, refleja sobre la celestial Madre la gloria, la majestad, el imperio de su realeza; porque asociada, como Madre y ministro, al Rey de los mârtires en la obra inefable de la humana redenciôn, le queda para siempre asociada, con un poder casi inmenso, en la distribuciôn de las gracias que se derivan de la redenciôn (cf. Leôn XIII, Adiutricem populi, 5 de septiembre de 1895: AL 15,303). Jesûs es Rey de los siglos eternos por naturaleza y por conquista; por Él, con Él, subordinada a Él, Maria es Reina por gracia, por partntesco divino, por conquista, por singular elecciôn. Y su reino es inmenso, como el de su Hijo y Dios, pues que de su dominio nada queda excluido. Por eso la Iglesia la saluda Senora y Reina de los ângeles y de 1034 los santos, de los mârtires y de los proletas, de los apôstoles y de los mârtires, de los confesores y de las virgenes; por eso la aclama Reina de los cielos y de la tierra, gloriosa, dignisima, Renna del universo: Regina caelorum (cf. Brev. Rom., 2* antif. fin. B. B. V.); gloriosa Regina Mundi (cf. Ofic. parvo B. Μ. V., antif. al Magnificat, durante el ano); Regina mundi dignissima (cf. Misai Rom., Cornuniôn en la Conmem, de la B. V. M. dei Carmen); y nos| exhorta a invocarla dia y noche entre gemidos y lâgrimas de que esta, lleno este destierro: “Salve, Reina, Madre de misericordia; vida, dulzura, esperanza nuestra”. Esta su realeza es esencialmente maternai, exclusivamente bene­ fica. 592 VIRGEN HE LOURDES. 11 FERRERO.—VIRGEN DE FATIMA. 13 MAYU f) OblIGACIONES DE LOS SUBDITOS: DEFENDER SU REINO 1035 “Y asi aquella corona, simbolo de amor y gratitud por el pasa-i do, de fe y de vasallaje en el présente, truécase, para lo porvenir, en corona de lealtad y de esperanza. Vosotros, al coronar la imagen de Nuestra Seüora, habéis firmado, con el testimonio de fe en su realeza, el de una sumisiôn leal a su autoridad, de una correspondent filial y constante a su amor. Habéis hecho todavia mâs: os habéis alistado como cruzados para conquistar o reccnquistar su reino, que es el reino de Dios. Que vale tanto como decir: os habéis obligado a trabajar para que Ella sea amada, venerada, servida en torno vuestro, en la familia, en la sociedad, en el mundo. En esta hora decisiva de la Historia, como e! reino del mal, con infernal estrategia, emplea todos los medios y pone todas las fuer­ zas en destruir la fe, la moral, el reino de Dios, asi los hijos de la luz e hijos de Dios han de poner en juego todas las cosas y dedicarse todos a defcnderlo, si no quieren ver unas ruinas materiales acumuladas por la guerra. En esta lucha no podemos ser neutrales ni indecisos. Précisa un catolidsmo iluminado, convencido, audaz, de fe y de mandamientos, de sentimientos y de obras, privado y pùblico. El lema que hace cuatro anos proclamaba en Fâtima la briosa juventud catôlica: “Catôlicos cien por cien” (cf. ibid., n.738 p.587-5S8). g) La Virgen peregrina 1036 "Hace un afio, en la hora nostâlgicamcnte solemne en que en la basilica del Principe de los Apôstoles cerrâbamos la Puerta Santa, parccianos ver al ângel del Scfior que, saliendo por ella doce meses antes, se fuera por todo el mundo a invitar a las aimas de buena voluntad para que procurasen conseguir la paz y renovar la vida sobrcnatural en 1a saludable piscina del jubilco, preparada en el co­ razôn de la Ciudad Eterna. Después de aquella invitaciôn, en que se manifestaba el espiritu. del Seüor, Nos vimos meses despucs las calles y templos de esta aima ciudad inundados de multitudes incontables, cuales nunca se vieron en precedentes jubileos, provenientes de todas las nacionalidades y razas, formadas por todas las clases y categorias sociales, reunidas en la misma fe, palpitantes en el mismo amor, animadas de la misma piedad, como hermanos en Jesucristo e hijos del mismo Padre que esta en los cielos, para invocar y cantar en todas las lenguas dei mundo las divinas misericordias. i Magnifico y deslumbrante espectâculo de la unidad y catolicidad de la Iglesia, que tan profundo surco impriniiô en su vida! Hoy, que esta prôximo a concluir cl jubileo extendido a todo el orbe, volviendo sobre él la mirada restrospectiva, otra vision no menos consoladora prende en nuestro espiritu. No es ya, o no es solo, el ângel de! Senor: es la Reina de los ângeles, que, en saliendo en sus imâgenes miiagrosas de los mâs célébrés santuarios de la cristiandad, y especialmente de esc santuario de Fâtima, donde el cielo nos concediô coronar a la Regina mundi, recorre en visita jubilar todos sus SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 593 dominies. Y a su paso por América, como por Europa, Africa e India, Indonesia y Australia, Hueven las bendidones del cielo, multiplicanse las maravillas de la gracia, de tal forma que apenas podemos creer lo que ven los ojos. No son solo los hijos de la Iglesia obedientes y buenos los que vibran de fervor ; son los prodigos, que vencidos de la nostalgia de earinos maternos, vuelven a la casa pa­ terna, y son, ademâs—jquién podrâ imaginario!—, en paises donde apenas comenzô a brillar la luz dei Evangelio, tantos otros envueltos en las tinieblas del error, quienes casi a porfia con los fieles de Cristo aguardan su visita, y la acogcn y aclaman delirantemente, y la vencran y la invocan y de ella obtienen gradas senaladas. Bajo la materna mirada de la celestial Peregrina no hay antagonismo de nacionalidades o razas que dividan, no hay diversidad de fronteras que separ en, no hay contraste de intereses que siembren desavenencias. Todos, por momentos, se consideran felices de sentirse her­ manos. Espectâculo singular y singularmente impresionante, que hace concebir las mâs risuenas esperanzas” (cf. Pio XII, radiomensaje Magnificat anima al Congreso Mariano de Lisboa, 12 de octubre de 1951 : BAC, o.c., n.831-832 p.679-681). h) Maria, Reina de la paz tue 1037 “îY no querrâ con ello la benignisima Regina mundi indicarnos que toma este Ano Santo bajo su especial protecciôn? Por lo cual Nos, aceptando gustosamente presidir en espiritu esas solemnidades, entendemos con confianza casi sensible que nuestras acciones de gracias, pasando por su Corazôn Inmaculado, serân mâs aceptables al Senor, y los frutos saludables del jubileo en sus ma­ nos benditas, lejos de desvanecerse râpidaniente, serân por ellas conservados, bendecidos, multiplicados. En la solemne indicciôn del jubileo senalâbamos como uno de sus fines principales la paz, tanto interna como externa, en las fami­ lias, en la sociedad, entre las naciones. El mundo suspira por la paz, y, a pesar de lo mucho que se ha hecho, continûa todavia suspirando trepidante en la angustia de verla desaparecer de nuevo. La Virgen Nuestra Senora, en su mensaje que, peregrina, estâ repitiendo al mundo, nos indica el seguro camino de la paz y los medios para obtenerla del cielo, dado que tan pcco se puede confiar en los medios humanos. Cuando con particular insistenda inculca cl Rosario en familia, parece decirnos que en la imitaciôn de la Sagrada Familia estâ el secreto de la paz en el hogar. Cuando exhorta a preocuparse del prôjimo como de los propios intereses, hasta el punto de orar y sacrificarnos por su bien espiritual y temporal, indica el medio verdaderamente eficaz de restablecer la concordia entre las clases sodales. Y cuando con voz maternalmente dolida e insinuante pide un retorno general ÿ sincero a una vida mâs cristiana, alor de la enfermedad, la lleva pri­ mera con resignaciôn, después con alegria, segun raya subiendo en grados de sanlidad, hasta llegar al de San Pablo (2 Cor, 13,9). C. 1049 Maria mitiga la tristeza de la enfermedad material. a) La Santisima Virgen es Madré. jCudl es el papel de las madrés junto al lecho de los enfermas? En casos excepcionales recurre al milagro para curarlos. Vistos los santuarios de Maria y los exvotos que cuelgan de sus paredes, no parece sino que el Senor le ha cedido la virtud curativa que É1 empleara en vida. 2. En otros muchisimos casos, en los que la curaciôn ha llegado por vias naturales, E FÂTIMA. 13 MAYO I “Consolatrix afflictorum” 1053 1054 En Lourdes y Fâtima se da un fenômeno constante. Los enfermos van ansiosos de un milagro. No se curan. A veces incluso presencian alguna curaciôn. Vuelven con la misma enfermedad y, sin embargo, vuelven consolados. Maria, la “Consolatrix afflicto­ rum”, lo ha hecho. El mundo y la vida estân llenos de aflicciones. Sus causas pueden ser externas o internas: a) Las externas, como, por ejemplo, la muerte de los seres queridos, la pérdida de los bicnes temporales, las insidias a nuestra reputaciôn, etc. b) Las internas son la enfermedad, las diversas angus­ tias, la tentaciôn, incluso el pecado y su rcauerdo. 1055 Maria sabe consolar al triste. Porque conocio el dolor como nadie lo ha conocido, y se compadece de los que padccen. b) Porque es Madré. c) Porque en premio de sus dolores ha recibido, como formando parte de su oficio de Medianera, el de consolar a los que sufren. a) 1056 iCômo lo hace? A veces, mitigando el sufrimiento de un modo di­ recto (cf. guiôn anterior). b) La mayoria de las veces, haciendo que sepamos aprovechar la tribulaciôn y el sufrimiento. I. Cuando Dios, que es Padre, permite el dolor, es porque del dolor podemos sacar algûn bien. 1.· Nosotros no lo entendemos, porque no sabemos abarcar la vida de una sola ojeada en todo su conjunto y fines. El marino encerrado en su câmara de artilleria o de mo­ tores, puede recibir una orden que le parezca disparatada. Pero es el capitân el que ve la marcha de la batalla y sabe lo que conviene. 2. ° Para entender la vida hay que acudir al punto de vista de Dios y hacer que coïncida con el nuestro. Calderon, en La z'ida es, sueiio, da la clave del problema: Actidamos a lo eterno... Este es el punto de vista de un Dios que lo ve todo sub ratione aeternitatis SEC. 8· 2. E. F. CUIONES HOMILÊTICOS 603 Pongamos un ejemplo, aplicando este criterio. l.° Se trata de un pecador. Sobrcvienen sobre él grandes calamidades. Nabucodonosor, aquejado de una enfermedad que le asemeja a los brutos. iHay mal mâs terrible? /Xcudamos a lo eterno. La c-nfcrmedad abre los ojos del rey y se convierte. El dolor ha sido un bien. 2° Se trata de un pecador ya arrepentido. Pero sufre las consecucncias del pecado, deshonra, pérdida de bienes o de salud, disgustos, etc. Quisiera que Dios le librara. ^No es ya amigo suyo? Acudamos a lo eterno. Ese pe­ cador esta redimiendo sus penas temporales debidas en esta o la otra vida. Esta redbiendo un escarmiento para que consiga un temor, que quizâ su escaso amor de Dios no logra infundirle. finalmente, el dolor es beneficioso, porque sa­ tisface, préserva y merece (cf. La Palabra de Cristo t.l, Dom. infraoctava de Navidad, guiones 11 y 12). Maria consuela al enfermo ensefiândole todo esto. 1057 Consolar al triste. 1058 He aqui una obra de misericordia que nos asemefa a Maria. b) Las obras de misericordia son tanto mâs meritorias cuanto mayor bien hacen, y el bien es tanto mayor cuanto mas se necesita. El desgraciado, camo el en­ fermo, son los mas necesitados. Si la desgracia ha sobrevenido culpablemente, no acongojemos al que sufre. Séria aûadir afliccion al afligidO' d) Nunca f.usguemos los designios de Dios y atribuyamos a castigo suyo lo que no sabemos que lo sea. iQuién sabe si es un favor que salva, en ves de una fena impuesta por la ira? Ama ■ x'tl INTRODUCCION j il I. SANTORAL Daremos unas ligeras indicaciones que faciliten al lector el uso y conocimiento de nuestro trabajo. A)· Criterio de selecciôn 1059 Nuestra obra persigue un fin esencialmente utilltailo, pues escribimos para facilitar la predication. Hemos escogido, por tanto, aquellos santos de los que suele predicarsfc por lo me-< nos en alguna region espanola. No debe, pues, extranar que, habiendo omitido grandes Doctores de la Iglesia, dediquemos, en cambio, un lugar a Santa Agueda, ya que es celebrada en casi todos los pueblos de Castilla. Sin embargo, nos ha preocupado desde el principio que, ya qufe no podemos dar la biografia de todos los santos, por lo menos ofrezcamos un material de guiones que sirva para cualquiera. Para ello hemos agrupado a los distintos santos en diversas secciones, al frente de cada una de las cuales van unos guiones de tipo general, ùtiles a todos cuantos coinciden en haberse distinguido por las caracteristicas especificas de ese sector o grupo, v.gr., Mârtires, Predicadores, Doctores, etc. B) Criterio de 1060 ordenamiento Parecia logico seguir el orcfen del calendario, pues con ello se facilita la bûsqueda del santo. Pero aceptar este orden nos impedia la mentada agrupaciôn por caractères comunes y nos obligaba a multiplicat y repetir guiones, con un aumento exagerado de paginas, o a hacer "^ciaS°a venUjl SSa’det pudiese ^ncontrarste materia para uno de - — — A los que no figuran er' ^“^^‘^" ruparlos en secciones Asi, pues, nos nemos deciaioo a y e divino v indicadas por el mismo comun de san os tanto arbidentro de este orden hemos formado su grup , j tocja (ratios quizâ, pues algunos de los biograiiados desbordan toda • * ■v ■ ■V 608 INTRODUCCION FIESTAS DE LOS SANTOS clasificaciôn, pero que de todos modos facilitan nuestro propôsito. Hemos procurado evitar la dificultad de encontrar un santo determinado, presentando un calendario donde cada uno de los resfcüados figura con la fecha de su festividad, y en el cual se indica el grupo a que pertenece y el numéro de orden que ocupa en él. De presentarse alguna dificultad, bùsquese el santo en el indice general de la obra, incluido al final de este volumen. 1061 C) Fuentes Nuestra obra no es una obra critica. Hvmos tornado los textos tal y como nos los facilitan los maestros. También en la hagiografia podemos decir lo mismo. Ahora bien, en la elecciôn de estos maestros hemos procurado ser escrupulosos. Nuestras fuentes en este caso han sido las comunes de la hagiografia, completadas y verificadas mediante el uso de dos obras modernas de gran env^rgadura, a saber: la Vies de Saints et des Bienhereux. de los Btnedictinos de Paris (Paris Editions Letouzey et Ané [1950] 12 tomos), y sobre todo la inglesa del Butler s lives of the saints, publicada en Londres entre el 1756 y el 1759, cuya ùltima revision, llevada a fondo con gran sentido critico por Herbert Thurston, S. I., y Donal Attwater, ha sido publicada en 1938, después de veinticinco afios de trabajo. Una segunda ediciôn que manejamos apareciô en 1956 con no pocas mejoras (Burn δ Oates [1956] 4 tomos). de San Juan de la Cruz. Esto no obsta para que figure su relertmcia también entre las virgenes. A) Grupo primf.ro: Angeles San Miguel. 2. San Rafael. B) Grupo SEGUNDO : ApôstolEs Santiago. San Pedro, San Pablo. San Juan Evangelista. 2. C) Grupo tercero: Mârtires a) Varones. 1. San Sebastian. 2. San Bias, 3. San Pancracio. 4. San Tarsicio (véase en Santos eucaristicos), b) Mujcres. Santa Agucda. 2. Santa Apolonia. Santa Cecilia. Santa Barbara. Santa Lucia. D) Grupo cuarto: Confesores a) Fundadores. 1. 2. San Antonio Abad. San Benito. San Bernardo. Santo Domingo de Guzman. San Francisco de Asîs. 6. San Ignacio de Loyola. San Juan de Dios (véase en A postales de la caridad). San José de Calasanz (id. en Pedagogos). San Juan Bosco (id., id.). II. INDICE DE LOS DISTINTOS GRUPOS Dadas las distintas actividades de los santos, es imposible encuadrarlos en una clasificaciôn rigurosa. Nos hemos fijado en la cualidad que estimamos sobresalfente. Aun asi, habrâ muchos que aparezcan en distintos grupos, si bien advertimos en cuâl de ellos debe encontrarse su biografia. En el calendario indicamos también los grupos de clasifica­ ciôn, para que el lector pueda formarse idea de los guiones existentes en los mismos. Figura en caractères cursivos el gru­ po en que se encuentra la biografia y los guiones especiales del santo, caso de haberlos. Aun cuando hayamos procurado encuadrar la clasificaciôn en el orden comûn del Oficio divino, de suerte que los guiones puedan servir* para cualquier santo de los no incluidos en nues­ tra lista, sin embargo, hemos creido conveniente hacer alguna excepciôn, colocando a las virgenes mârtires entre los mârtires, y a Santa Teresa entre los confesores, para que sea el paralelo b) Doctores. ' San Juan Crisôstomo (véase en Predicadores). 1. San Agustin. 2. San Isidoro. Santo Tomâs de Aquino. San Juan de la Cruz (véase en Misticos). San Francisco de Sales (véase en Santos dedicados al apostolado jerdrquico). c) Misticos. 1. 2. d) Santa Teresa de Jesûs. San Juan de la Cruz. Predicadores. 1. San Juan Crisôstomo. San Agustin (véase en Doctores). La palabra de C. J0 K3 609 20 FIESTAS I’E I.OS SANTOS 6Ι0_ 2. San Antonio de Padua. 3. San Vicente Ferrer. Santo Tomas de Villanueva (véase en Santos dcdicadoi al apostolado jerdrquico). 4. Beato Juan de Avila. e) Sanios dedicados al apostolado jerdrquico (obispos, pârrocos, etc). 1. Santo Tomas de Villanueva. 2. San Francisco de Sales. 3. Santo Toribio de Mogrovejo. 4. San Juan Bautista Vianney. f) Misioneros. 1. San Francisco Javier. 2. San Francisco Solano. g) Santos eucaristicos. 1. San Tarsicio. 2. Beata Inielda. 3. San Pascual Bailon. h) A postales de la caridad. 1. San Juan de Dios. 2. San Vicente de Paùl. San José de Calasanz (véase en Pedagogos). San Juan Bosco (véase en Pedagogos). i) Pedagogos. 1. San José de Calasanz. 2. San Juan Bosco. j) Patronos de la juventud. 1. San Luis Gonzaga. 2. Santo Domingo Savio. k) Varios. 1. San Juan Bautista. 2. San Isidro Labrador. 3. San Fernando. 4. San Roque. 5. Beato Porres. 6. Beato Gregorio Lopez. E) Grupo quinto: A’îrcknes a) Mdrtires. Santa ApoIonia (véase en Mdrtires, Mujeres). Santa Cecilia (idem, id.). Santa Barbara (idem, id.). b) Misticas. Santa Teresa (véase en Mlstieos). c) Varias. Beata Imelda (véase en Santos eucaristicos). 1. Santa Catalina de Siena. 2. Santa Rosa de Lima. «T· ÎNTKOOÜCCIÔX Santa Santa Santa F) Gbupo sexto : Santa 611 Mariana de Quito. Teresa del Nino Jesus. Gemma Galgani. V1UDA Rita do Casia. III. CALENDARIO DE SANTOS Detrâs de cada santo indicamos el grupo o grupos a que puede pertenecer y en cuyos guiones pueden tomarse ideas, De poder pertenecer a varios grupos, la biografia figura en el que va en cursiva. El numero senala el que le correspon­ de dentro del grupo. V.gr.: San Agustin, 1 Doctores, Predicadores, Apostolado jcrârquico, quiere decir que su biografia figura con el nûmero 1 en el grt po de los Doctores. 17 enero 20 II 27 II 29 II 3 febrero 5 II II a II 0 R marzo 7 •1 8 II 9 If 21 4 abril 11 II 27 II 30 •I H mayo 12 H 13 IIII 15 17 II y) H 26 IF 30 II 13 junio 21 H 24 ·> 29 II 29 II 13 julio 19 n 20 25 31 H 4 agosto H 9 15 16 20 27 San Francisco de Sales San Juan B sco II 31 San Antonio Abad San Sebastian San Juan Crisôstomo II H I» •I San Bias Santa Agueda San Vicente Ferrer Santa Apolonia Santo Tomâs de Annino San Juan de D.os Santo Domingo S. viu San Benito Abad San Isidoro de Sevilla Sania Gemma Galgani Santo Toribio de Mogrovejo ~ Santa Catalina de Siena Beato Juan de Avila San Pancracio Beata Imelda San Isidro Labrador San Pascual Bai.on Santa Rita de Ca»ia Santa Mariana de Quito San Fernando San Antonio de Pacuu Luis Gonzaga San Juan Bautista San Pedro San Pablo San Francisco Solano San Vicentc de Paul Fundadores, 1. Màrtires, 1. Apostolado Predicadores, 1. Doctores; jcrârquico; Apostolado jcrârquico, 2; Predica­ dores, Fundadores. Fundadores; Apostolado de la caridad: Pedagogos, 2. Predicadores, 3. Virgenes; Màrtires, Mujeres, 1. Virgenes, 5. Virgenes; Màrtires, Mujeres, 2. Doctores, 4. Fundadores; Apôstolcs de la cari· dad, 1. Patronos de la juventud, 2. Fundadores, 2. Doctores, 2; Apostolado jerârquico. Mart ires, 2. Apostolado jcrârquico, 3. Virgenes, 1. Doctores; Predicadores 4. Màrtires, 3. Santos eucaristicos, 2. Varios, 2. Santos eucaristicos, 3. Viu da. Virgenes, 2. Varios, 3. Predicadores, 2; Doctores. Patronos de la juventud, 1. Varios, 1. A pôst oies, 2. Apôstolcs, 3; Predicadores. Misioneros, 2. Fundadores; Apôstolcs de la dad, 2. Varios, 6. Beato Gregorio Lôpez Apôstolcs, 1, Santiago Fundadores, 6. San Ignacio de Loyola Santo Domingo de Guzman Precicadores; Fundadores, 4. San Juan Bautista Vianney Apostolado jcrârquico, 4. Mârtires; Santos eucaristicos San Tarsicio Varios, 4. San Roque Doctores; Fundadores, 3. San Bernardo Fundadores; Pedagogos, 1. San Jcsé de Calasanz rciri- '· *4 . *· FIESTAS DE LOS SANTOS 612 28 ft San Agustin r» 30 12 scptietnbr Santa Rosa de Lima Santo Tonus de \ illanue- San Miguel 2Q Santa Teresita del Nino 3 octubre Jesus r> San Francisco de Asis 4 ft Santa Teresa de Jesûs 15 ia San Rafael 24 5 noviembre Beato Martin de Porres n ?·> Santa Cecilia r> 24 San Juan de la Cruz San Francisco Javier 3 dicicmbre >· 4 Santa BArbara O 27 San Juan Evangelista n * ··* Doctores, 1 ; Predicadores, Aposto· lado jerArquico. 2. Predicadores; Apostolado jerdrqui. co, 1. Angeles, 1. Virgenes, 4. Fundadores, 5. Virgen es; Misticos, 1, Angeles, 2. Varios, 5. Virgenes; Mdrtires: Mujtres, 3. Mistieos, 2; Doctores. Misioncros, 1. Mart ires: Mujercs 4; Vfrgcnes. Apôstolcs, 4. A) (ïlillPO PPΙΜΕΡΟ: ANGELES Γ. ·. <0 HAGIOGRAF1AS 1. SAN MIGUEL (29 de septembre) l.° San Miguel en la Sagrada Escritura 1064 San Miguel aparece por primera vez en el libro dt Daniel, como protector del pueblo judio: Nadie me ayuda contra ellos (persas y griegos) si no es Miguel, vuestro principe (10,21 San Judas, rtfiriéndose a los herejes e incredulos y a sus castigos, dice: El arcângel San Miguel, cuando altercaba con el diablo, contendiendo sobre el cueipo de Moisés, no se atreviô a proferir un juicio de blasfemia, sino que dijo; Que el Sefior te reprenda (ludae 9). El Apocalipsis (12,7-9) nos présenta a Miguel como jefe de los ârgeles: Hubo una lucha en el cielo: Miguel y sus ângeles peleaban con el dragon, y peleô el dragon y sus ângeles y no pudieron triunfar. A estos datos biblicos podemos anadir la referencia indi­ recta del libro de Tobias, en donde San Rafael diet ser uno de los siete que estân ante el trono dei Serior (Tob. 12,15). La misma alusiôn a estos siete figura en "el Apocalipsis (8,2). Conociendo el nombre de très arcângeles, Gabriel, Rafael y Miguel, los apôcrifos imaginaron, sin fundamento alguno, el de los otros cuatro. Tenemos, puts, como dato escriturario el que Miguel es presentado como jefe de los ângeles y protector del pueblo de Israel, lo que a este le debiô parectr muy natural. No nos debe extrafiar que figure al frente de los ângeles 1065 perteneciendo solo a la octava jerarquia, porque de hecho es muy ligero el fundamento para clasificar a estos espifitus. En realidad, no tenemos sino una serie de nombres, que aparecen a través de la Sagrada Escritura, y muchos de los cuales, tspecialmente los dt San Pablo, pueden ser sinônimos, y desde luego estân escritos sin intentar ninguna division angelica, sino mâs bien utilizando nombres popularts, relativos sobre todo a su poder. Eue Dionisio el Areopagita quien introdujo las nueve :J 614 FIESTAS DE LOS SANTOS jerarquias, y después los escolâsticos, con su prurito racional de clasificar, los que las explicaron y dejaron como definitivas. 1066 2.* San Miguel en los apôcrifos El hombre gusta de conocer la Historia detalladamente, y los apôcrifos se volcaron sobre San Miguel para cumplir esta funciôn. Es muy probable que incluso Judas y el Apocalipsis dependan de ellos. No es cosa de escandalizarse, pues Judas no hace sino poner un ejemplo tornado de lo que el pueblo narraba, sin comprometerse en la veracidad del hecho, como nos ocurre a nosotros con tantos ejemplos historicos. La inspiraciôn no va mâs allâ de dirigirle en la aplicaciôn y election del ejemplo, pero sin respaldarlo. La historia de San Miguel es popular entre los escritos apôcrifos anteriores a Cristo, y de ahi pasa a serlo entre los judios y la primera generaciôn cristiana. El libro de Henoc, el mâs extendido e influyente dei Antiguo Testamento, présenta a Miguel como jefe de los ângeles, como el que explica los misteriosos juicios de Dios, el que présenta a Henoc ante el Senor y el que arroja a Satanâs y a los suyos al infierno. En el Testamento de los Doce Patriarcas y en la Ascension de Isaias représenta papeles semejantes e intercede por la raza humana. Este ùltimo, segûn Origenes, que nos refiere lo deserito en una ultima parte, perdida hoy, es el que da lugar a la cita de San Judas, segûn el mismo autor reconoce. Satanâs pleiteaba por llevarse el cuerpo de Moisés, acusando a este de ser un asesino de los egipcios. San Miguel profiriô contra él la frase traida por Judas. La tradiciôn pasa a la primera generaciôn cristiana, y el Pastor Hermas nos habia de San Miguel como protector del pueblo creyente y lo hace intervenir en una de las alegorias. El Testamento de Abrahân, libro contemporaneo del Pas­ tor y mâs extendido que él, va mâs allâ, y nos dice que San Miguel tiene poder incluso para rescatar a las almas del infierno, ya que Abrahân, dolido de su dureza para con los pecadores, a quienes diô muerte. y mandô asi al infierno, le invoca para que los saque de alli. El espiritu critico cristiano, aunque muy benévolo, tamiza estos datos, acomodândolos a las réglas de su fe. De este modo aparece San Miguel en el ofertorio de difuntos salvando a las aimas de las fauces del leôn, pero no librândolas del infierno. En el mismo ofertorio se une a San Miguel con Abrahân. Hoy ha pasado al pueblo el contraponer a Satanâs, jefe de los demonios, con San Miguel, jefe de los ângeles y su vencedor, dândose como significado de su nombre: /Quién contra ANGELES Dios?, palabras que se dicen pronunciadas como arenga ange­ lica contra la soberbia rebelde de Satân. 3.‘ San Miguel en la liturgi a 1067 Aparece desde muy antiguo. En la bendiciôn solemne del incienso en la santa misa se le pide que intercéda, ya que estâ a la derecha del altar del incienso. Réalmente, hasta el si­ glo xii sq menciona a San Gabriel, pero después fué sustituido el nombre, quizâ pensando en el ângel innominado, pero que se ha creido fuera Miguel, colocado por el Apocalipsis (7,3-4 ) al lado del altar con un incensario de oro. En el Confiteor, inmediatamente después de la Santisima Virgen, como en las Letanias, parece representar a todos los ângeles. El Senor nos dice que los ângeles transportaron el aima del pobre Lâzaro. Trâtase de una tradiciôn judïa, que el Seüot respeta, y que los cristianos continûan, con la ùnica salvedad de que las aimas privilegiadas como la Santisima Virgen son llevadas por el mismo jefe, San Miguel. Los artistas, quizâ por reminiscencias egipcias, al principio lo dibujan o escu.lpen pesando las almas, tema frecuentisimo en los timpanos de las catedrales medievales. Junto a él, el diablo suele intentar falsear la balanza. Esta union de San Miguel con las almas de los muertos st ha traducido a la liturgia funeral y a las preces por los agonizantes. Siendo las tradiciones sobre San Miguel tan antiguas. no es de extrafiar que lo sea también su culto. El de los ângeles comenzô pronto, pero mal entendido, lo que motivô que San Pablo reprendiera a los gâlatas (1,8) y orientara a los hebreos. En Oriente comenzaron las fiestas (generalmente en el aniversario de la dedication de alguna iglesia) en los si­ glos i y ni. En tiempo de Constantino existia ya una iglesia dedicada a San Miguel en Constantinopla. De alli pasô su culto al Oc­ cidente. El templo mâs antiguo fué el de Roma, en la milia sexta de la Via Salaria, cuya dedication se conmemora en este dia. De la creencia y la invocation a la fe en apariciones extenores no hay tanta distancia. Nârranse tres pertenecientes a la antigüedad: la habida en el castillo de Sant’Angelo al papa Gregorio Magno; la del pastor Gârgano, que diô origen a un templo famoso en la provincia de Nâpoles, y las rela­ tivas al obispo de Avranches, de donde saliô la fundaciôn del monasterio mâs célébré todavia de Saint Michel en Francia, lugar de peregrination, castillo militar y hoy centro turistico, por su original situation de islote en marea alta y de peninsu­ la en la baja. Las très apariciones son muy dudosas. San Miguel, debido a este ùltimo santuario, llegô a ser 61ό Γ1 ESTAS Γ>Ε I.OS SAMOS considerado Patrono de Francia, y fué él quien se apareciô y diô cl encaxgo guerrero a Santa Juana de Arco. 2. SAN RAFAEL (24 ce octubre) 1068 1.’ La fiesta y la historia El carâcter universal de su fiesta es bien reciente, pues fué Benedicta XV quien la decretô el 26 de octubre de 1921, escogiendo para su célébration el 24 del mismo mes, dia én que se festejaba en Espana. En otros paîses se celebraba en fechas muy distintas. La historia es harto conocida. El libro de Tobias narra el viaje que hizo este joven para recabar el pago de una deuda y como fué guiado por otro joven, que le hizo guardar el hi· gado de un pez, le caso con Sara, después de haberle indicado el modo de vencer al demonio y de darle santos consejos ma­ trimoniales, y trajo finalmente a los dos esposos a la casa pa­ terna, donde se diô a conocer como uno de los siete que rodean el trono de Dios. Dado el género literario dei libro de Tobias y que, segûn los exegetas, no es un libro histôrico, de toda esta narration podemos dedutir que el pueblo judio tenia la creencia en los ângeles, y que entre ellos veneraba a Rafael. Esta fe es recogida y aprovechada por un libro inspirado. 1069 2.’ Extension de la devociôn El sinaxario etiôpico nos describe y adorna con mil detalles maravillosos y legendarios la dedication hecha a San Ra­ fael de una iglesia que le fué consagrada a principios dei si­ glo v en una isla vecina a Alejandria (cf. Pair. Or. 9,440). Los concilies de Soissons—744—y Roma—745—ordenan que en el culto no se nombre a otros ângeles sino a San Ra­ fael, San Miguel y San Gabriel, ûnicos que aparecen en la Sagrada Escritura. En el siglo xv se extiende la devociôn al arcângel, como Patrono de los viajeros. Fué también honrado por los médicos, como lo venera hoy la Orden de los Hospitalarios y de San Juan de Dios. En los siglos xvi y xvn, como reaction contra los protes­ tantes, extendiôse sobremanera la devociôn a los ângeles, y entre ellos la de San Rafael. Es Patrono de numerosos centros de poblaciôn, entre ellos Côrdoba. ANGELES b) GL1IONES HOMILET1COS Naturaleza angélica 1070 A. Dificultad de hablar de los ângeles. a) No tenemos mâs punto de referenda que nuestra propia aima. b) Método que debe stguirse, B. Description del entendinùento y voluntad angélicos. C. Cualidades de los ângeles. a) Comparationes de la Sagrada Escritura. b) Su fuerza, poder y belleza. D. Los ângeles, puestos a nuestro servicio. El dogma. b) Motivos por los que nos aman. Es necesario elegir entre los ângeles o el demonio. Los ângeles custodios 1701 A. Por que Dios destina a ciertos ângeles para que nos custodien (cf. Santo Tomâs, Palabra de Cristo t.3 p.84, 2.* ed., n.96-103). Es norma de un gobierno sabio que los seres superiores dirijan a los inferiores. 1. En nuestro mismo conocimiento, de principios gene­ rales llamados primeras, deducimos otros principias y conclusiones. 2. El hombre es un ser inferior y expuesto a errar. El libre albedrto esta sujeto a mil equivocaciones, al aplicar los principios universales. Por eso Dios nos dirige por medio de los ângeles. b) Los ângeles obran sobre el entendimiento humano, printipalmente ilustrândole para que conozca la verdad y esta mueva la voluntad. 1 Cf. guiôn 17 de Ia dominica primera de Cuaresma, t.3 p.181, 2.· ed n.313-317. J 618 FIESTAS UE LOS SANIOS Para ello, su actuation unas veces es indirecta, ya que evitan que sea propucsto el error, y otras veces, directa, pues procuran que resaite tu verdad, 2. La voluntad del hombre es niovida por la gracia, la cual es infundida direclamenle por Dios, pero también los ângeles lienen su parte, pues pueden influir en el apetilo sensitivo, favoretiendo los movimientos con­ cordes con el bien, 1. Universalidad de la asistencia angelica (cf. Santo Tomas. ibid.). a) Ni los rêprobos ni los infieles son privados del auxilio interior. Tampoco lo son del exterior de la ayuda an­ gélica. b) Hasta aquellos que se condenan han recibido algùn bien de su ângel de la guarda, pues sin él hubiesen sido peores y habrian hecho mâs dano al prôjimo. 1073 C. Bondad de Dios en enviac a sus ângeles como custodies (cf. San Bernardo en La Palabra de Cristo t.3 p.51, 2.* ed.. n.69-74). ' { a) No contento el Padre con enviarnos a su Unigénito, y para que no quedase nada en el cielo que no hubiese puesto a nuestro servicio, nos enviô a sus ân­ geles. b) Para mejor ponderarlo consideremos quién, a quién y para qué los mandô. 1074 θ Cômo debemos corresponderles (cf. San Bernardo, ibid.). a) Con reverencia continua, pues nos acompafian siempre. b) Con devociôn y amor, muy compatibles con el de Dios y muy justos con quien tanto nos sirve. c) Con confianza que nos debe librar del miedo a la tentaciôn, apoyados en su poder, puesto por Dios a nuestro servicio. 1075 E. El amor que nos tienen los ângeles. Extractamos el sermôn sobre San Miguel de Santo Tomâs de Villanueva: a) Su amor es tan grande que incluso dan por bien empleados sus trabajos con aquellos que se condenan. La Sagrada Escritura estâ llena de casos en que los ângeles han demostrado su protecciôn sobre el pueblo de Dios. Nosotros sornos los hijos de Dios. b) Su amor nace de très fuentes. 1072 B 1. De Dios. 1.· Que les enviô para que sirvieran a los que deben recibir la herencia de la salud (Hebr. 1,14). No se desdefian de servir a aquellos a quienes su Senor vino a servir. 2. ° En nuestra forma humana ven la de Cristo y no 619 ANGELES la desprecian desde que su Dios sc hizo hombre. En nuestras aimas honran a Dios, que inhabita en ellas y del que son cursores. De elios mismos. La ciudad angélica fué arruinada con la condenaciôn de los demonios y son los hombres quienes, llenando las sedes que dejaron vacias, ban de restaurarlas. 2.° Los ângeles nos cuidan como a piedras vivas de su ciudad perfecta. Por nosotros. 1. ° Ven nuestros peligros, nos ven colocados entre el cielo y el infierno, se compadecen de nosotros y desean ayudarnos en nuestra salvaciôn. 2. ° Por otra parte, ven a los demonios empeïiados en perdernos y sienten que en nosotros se prolonga la lucha primera. 3. ° Comprenden la maldad de los demonios y les da gran lâstima que pudiéramos ser sus victimas. San Miguel.—Lucha contra el demonio en el bautismo 1 1076 À. B. San Miguel es presentado como contrincante del demonio. a) Segùn una tradiciôn, a los ângeles se les propuso el misterio de Cristo, Dios hecho Hombre, y los malos se negaron a adorarle. San Miguel dijo: “îQuién contra Dios?" b) Desde entonces quedan deslindados los campos: Cristo o Satanâs. Cristo y Satanâs son dos personajes reales y antagônicos. 1077 El cristiano es el hombre que ha elegido a Cristo. Toda la liturgîa del bautismo gira alrededor de là renun­ 1978 cia a Satanâs para alistarse en las banderas de Cristo. En esta liturgîa el candidato pide primero la fe, e inmtdiatamente se expulsa de él al demonio. Como la primera obra del demonio es la ceguera del entendimiento, se siguen unas oraciones, pidiendo al Padre que dé conocimfento y abra todos los sentidos del catecûmeno, y se termina con la imposiciôn de la sal de la sabiduria. b) Inmediatamente se siguen los exorcismos, repetidos por très veces en tono mâs enérgico cada una de ellas. 1 Cf. La Palabra de Crû/o, dom, de Pasiôn, guiôn 10, t.3, p.900, ed., n,1590-1595, I* ’;*>>· Îui λ/ ANGELES 621 FIESTAS nF. I.os SAXIOS 620 Por ultimo, se verifica cl trânsito de siervo del demonio a micmbro de Cristo. D. La liturgia bautismal nos demuestra la incompatibilidad completa entre el servicio de Cristo y el denionio. Nos alistamos en las banderas de Miguel. Dcspués el demonio procurara recobrar lo perdidc b) Nuestras armas deben ser la cruz, la doctrina de Cris­ to y la pres*encia de la Santisima Trinidad, que son las que nos entregaron en el bautismo. La protecciôn de San Miguel sera eficaz en esta lucha. c) 1079 1080 San Miguel.—La lucha contra Satanas 1 ♦ Hemos dicho que San Miguel représenta al enemigo de Satanâs en la lucha de este contra Dios y Cristo. En aquella lucha la sublevaciôn corriô a cargo de la soberbia; la victoria correspondiô a la humildad. La meditaciôn de las dos banderas nos présenta esta mis* ma lucha para que conozcamos bien en que milicia cornbatimos. Estar con Cristo no consiste en pelear las grandes batallas aparatosas de la organizaciôn externa, sino en seguir su llamamiento. Ofrece el ideal mâs alto para aquellos que mâs se quieran afectar. b) La eficacia de nuestras armas depende de nuestra hu­ mildad, para que muriendo a nosotros mismos, nos revistamos de Cristo y de su fortaleza. Lo interesante es conocer los ardides de que se vale Satanâs para arrastrarnos a su bandera, y contraponerlos con los lemas de Cristo. Riqueza, honor, soberbia, vicios, contra pobreza espiritual, pobreza actual, deseos de oprobios. Para conocer la orden dei dia del Capitân Cristo, tenemos las réglas de eleccion. Ofrenda generosa final. 1 Cf. G.C., 3 Horn. de Cuaresma, guiôn n. 925-931. 13, t.3, p.527, 2.· cd., San Rafael1 A. via jar es un placer del espiritu. Iu81 Hay un viajar por puro placer material. Entonces se viaja y no se ve. Huéspedes de hoteles y casinos pudieran no moverse de sus ciudades. b) Hay otro viajar que ilustra el entendimiento y abre nuevos horizontes a la vida. Caen los tabiques pueblerinos del aislamiento. Se aprende a conocer a los hombres y amarlos a todos. Se ve que las diferencias que nos separan son accidentales. B. 1082 El viajar también es peligroso. El espiritu se disipa, porque tiene menos tiempo para recogerse. Es un adagio antiguo: “Qui multum pere­ grinantur, paucum sanctificantur”. b) El peligro de que el mal deslumbre, porque se pré­ sente hermoso y con la novedad de lo extranjero. Se puede confundir extranjero con progreso. d) San Rafael, que supo conducir a Tobias por caminos peligrosos hasta llevarlo a la felicidad temporal y espiritual, guie vuestros pasos. Todo puede servirnos de figura y recuerdo de algo mâs importante. a) Lo esencial en los viajes es la meta. El camino puede ser o no agradable. jOjalâ lo seal Pero lo interesante es llegar al final. b) Somos caminantes de otro viaje y de otra meta defi­ nitiva: Non habemus hic manentem civitatem (Hebr. 13,14). Lo interesante es la meta, el cielo. Los peregrinos, después de cada etapa, enrollan sus tiendas de campana y emprenden otra vez el viaje. d) No nos entusiasmemos demasiado con el campamento y nos olvidemos de que hay que llegar... a Dios, al cielo. 1 Boceto de plâtica ocasional para peregrinos o excursionistas. ίΊ B) GRUPO SEGUNDO: APOSTOLES a) H AGIOGRAFI AS 1. 1084 SANTIAGO (25 de julio) Llâmasele el Mayor para distinguirlo del otro, a quien se désigna con el nombre del ■hermano’’ del Senor. Los Sinôpticos (Mt. 4,21-22; Me. 1.19-20; Lc. 5,10-11) refferen su vocaciôn apostôlica. Estaban él y su hermano Juan con su padre, Zebedeo. en la barca, remendando las redes, cuando el Senor, que pasaba. los llamo a les dos. Lo dejaron todo y le siguieron. 1085 1.· Su CARÂCTER Su impetuosidad—mucho debiô cambiar de carâcter Juan, si nos fijamos en sus escritos. y es muy probable que la impe­ tuosidad fuera de su hermano—les mereciô el apodo de Hijos del Trueno (Me. 3.17). Lo demostraron cuando pidieron al Se­ nor que bajara fuego del cielo sobre el pueblo de Samaria, que no quiso recibirles (Lc. 9.54). Es muy posible que el sobrenombre naciese de este episodio. La respuesta del Senor es conocida: No sabéis cual es vuestro espiritu. El Hijo del Hom­ bre no ha venido a perder las almas, sino a salvar (Lc. 9,56). Subiendo a Jerusalén la madre de ambos hermanos, pidiô para ellos los primeros puestos (Mt. 20,20-23; Me. 10,35-40). El Senor les preguntô si eran capaces de beber el câliz, esto es, de padecer lo que Él habîa de padecer. Contestaron decididos que si. Lo beberéis. contestô el Senor. Santiago figura en las listas de los apôstoles en lugar preferente. siempre el segundo o el tercero (Mt. 10.3; Mc. 3,17; Lc. 6,14), y tanto él como San Juan fueron escogidos para presenciar ciertos hechos de los que eran apartados o no seleccionados los otros apôstoles. Tal ocurriô en la curaciôn de la suegra de San Pedro (Mt. 8,14-15; Mc. 1,29-31; Lc. 4,38-39), la resurrecciôn de la hija de Jairo (Mt. 9,23-26; Mc. 5,37; Lc. 8,51), la trans figuraciôn (Mt. 17,1; Mc. 9,1; Lc. 9.28) y la oraciôn del huerto (Mt. 26,37; Mc. 14,33). fi JA · *·* · APÔSTOLES ° 2. Martirio 623 y predicaciôn 1086 Movido por el Espiritu Santo, Santiago viene con San Pe­ dro a la Pascua de Jerusalén, cuando Agripa lo detiene y le hace degollar. Es el primer apôstol mârtir (Act. 12,21). Cle­ mente jde Alejandria cuenta que su acusador, al contemplar su serenidad durante el juicio, se convirtiô y fué condenado a muerte también. Camino del martirio pidiô perdôn al Apôstol, que, besàndohe, le dijo: "La paz sea contigo". De su predicaciôn poco se sabe. Sobre si vino a Espana o no, si su cuerpo fué trasladado o no a Compostela, y si las reliquias alli existentes son las suyas, se disiente mucho. La venida de los siete varones apostôlicos es independiente de la de Santiago y no conviene repetir leyendas y unir ambas cosas. Cuéntase que se apareciô en la batalla de Clavijo, jinete en un caballo blanco, el 834. Lo rigurosamente cierto es el movimiento europeo que, comenzado hacia el siglo x, convirtiô durante el xn los caminos de Compostela en una procesiôn. Todavia estâ llena Europa de los apellidos que en una u otra lengua repiten el nombre de "rey", procedentes la mayoria de ellos dei titulo ganado por el peregrino que conseguia ser el primero en ver Compostela. Y ll’enos estân los caminos de Santiago de los monumentos que recuerdan aquellas jornadas. Sobre la venida de la Santisima Virgen a Zaragoza, ya he­ mos hablado en su fiesta. SAN PEDRO (29 de junio) 1.’ Historia . evangélica La historia evangélica de San Pedro es familiar al lector, por lo que no haremos sino indicarla sumariamtnte. Galileo, de Betsaida, casado, pescador y hermano de San Andrés. Su nombre es Simon, cambiado después por el de Kefas, piedra, de donde vino el de Petrus. Sabido es también su papel entre todos los apôstoles, encabezando sus listas, emitiendo él la profesiôn de fe, cuya respuesta fué la promesa del Primado, escogido siempre con San­ tiago y Juan, objeto de una promesa de oradon especial por parte del Senor, etc. Conocido es su carâcter impetuoso, como lo prueba que fuetfe el primero en hablar: el que insistiera en que no negaria jamâs al Senor: el que ofreciese dos espadas al entrar en el huerto, y el que, viendo a Jesûs de lejos, no tuviera paciencia y se arrojase al mar para llegar antes a nado. 1087 624 FIESTAS DE LOS SANTOS Emociôn la de aquel drama en tres actos, el primero de los cualts comprende las afirmaciones un tanto temerarias del Apôstol, el anuncio de su caida y la oraciôn del Senor por él, mientras el segundo se desarrolla en las negaciones y el liante, para terminai el tercero con la triple profesiôn dt amor, coronada con la triple confirmaciôn del poder papal. 1088 2.° A PARTIR DE LA ASCENSION DEL SENOR A partir de la Ascensiôn, Pedro lleva siempre la palabra, hasta el punto de que los protestantes nunca lo niegan. Lo que niegan es que la promesa del priraado se extienda a sus sucesores. Sus dos primeros sermones conmocicnan a Jerusalén, y las gentes corren preguntândole: "îQué hemos de hacer?' A poco, cura en la puerta dei templo a un paralitico, termi­ nando el milagro y su discurso consiguiente con otro que pronuncia—jcosa inaudita para tl Senor!—ante los principes y sacerdotes, presididos por Anâs y Caifâs. Sobrevitne la primera persecution con la muerte de San Esteban, y mientras la comunidad se dispersa, permanece en Jerusalén, hasta que tient noticia de que el Evangelio es bien retibido en Samaria, a donde marcha. Alli se encuentra con Simon el Mago. Simon es un perscnaje legendario en la vida de San Pedro. Algo debiô haber, cuando ya San Ireneo llamaba a Simon pa­ dre de las herejias, y San Justino, aunque sin gran autoridad en este punto, lo présenta en Roma recibiendo honores divinos. La literatura apôcrifa, llamada “Clementina”, nos dice que fué siguiendo y oponiéndose a San Pedro en su viaje desde Siria a Roma, y las Actas de San Pedro, apôcrifas también, son las que cuentan el conocido suceso de los milagros y mutrte de Simon en Roma, derrotado por la oraciôn de Pedro, cuan­ do para ganar el favor de Néron practicaba fenômenos de le­ vitation. Otra cuestiôn, largamente estudiada y no a proposito para ser traida a colaciôn en este lugar, es 1a prâctica de los ritos judaicos. San Pedro es el que inaugura la predication a los gentiles en la persona de Cornelio y quien preside el concilio de Jerusalén en que se toman los acuerdos en este sentido. Sin embargo, en cierta ocasiôn—y no st sabe muy bien si antes o después dei Concilio—es reprendido por San Pablo. No se trataba de una cuestiôn teôrico-dogmâtica, sino de prudencia prâctica. El mismo Pablo hizo circuncidar después a sus ami­ gos. Hacia el ano 43 se agrava la persecution promovida por Agripa. Santiago es degollado y Pedro recluido tn 1a cârcel. Un ângel lo libera. APÔSTOLES Los 625 1089 ÙLTIMOS ANOS A partir dei concilio de Jerusalén todo es oscuro. No sabcmos si Pedro fué o no obispo de Antioquia, ni cuando, ni cômo llegô a Roma. Su permanenda en esta ciudad es hoy indiscutible, asi como también su martirio en tiempo de Néron. La hermosa historia del Quo Vadis? aparece narrada por pri­ mera vez en un sermon de San Ambrosio contra Auxencio. La Cârcel Mamertina es seüalada como lugar de su prisiôn, sin que exista prueba alguna de ello. El lugar de su muerte debiô ser el jardin de Nerôn, escenario de tanto martirio. Sobre cômo muriô, contamos con el testimonio de Tertuliano, quien dice que fué crucificado, y el de Eusebio, que cita a Origines, asegurando que fué cabeza abajo, y a peticiôn propia. 3. SAN PABLO (30 de junîo) 1.· “Conquistador de un mundo nuevo” 1090 Si lo sublime estâ cerca de lo ridiculo, puede comprenderse cômo dudamos al querer sintetizar la vida del Apôstol en unas lineas. Comienzan los benedictinos franceses por llamarle "conquistador (sic) d'un nouveau monde pour le Christ": conquistador de un mundo nuevo para Cristo. Pero esto es solo una faefeta. Queda el condensador de los dogmas en fra­ ses lapidarias, el autor de la teologia cristocéntrica, el de las aplicaciones ascéticas. En fin, resulta difïcil hasta la enumera­ tion de los distintos puntos de vista, desde los que puede ser estudiado y meditado San Pablo. Por ello huiremos de toda pretension, remitiendo al lector a las numerosas biografias pauinas existentes, y nos limitaremos a unos cuantos datos. 2.’ Ninez y juventud Debiô nacer del ano 5 al 10 de nuestra era—la cronologia es un poco dudosa—, en Tarso, grande y culta ciudad de Ci­ licia. El mismo nos describe su juventud: "Circuncidado al octavo dia, de la raza de Israel, de la tribu de Benjamin, hebreo, hijo de hebreos, y segûn la ley fariseo, y por ctlo de ella perseguidor de la Iglesia; segûn la justicia de la ley irreprensible. Pero cuanto tuve por vtntaja lo reputo por dano por amor a Cristo" (Phil. 3,5). San Pablo no pierde nunca sus caracteristicas raciales. Lo que hace es ponerlas al servicio de Cristo. Por eso resulta tan inverosirail que haya sido propuesto como fundador de una nutva religion—la cristiana—, sincretismo de otras muchas 1091 'K 626 APÔSTOLES FIESTAS DE EOS SANTOS existentes. Es un fariseo que no innovarâ nada, sino lo que Cristo haya innovado, y que lo ûnico que tiene para las demâs religiones es compasiôn, y para las Vsotéricas probablemente desprecio, si es que las conocia. Su nombre es el de Saul (Deseado). Aunque discipulo del suave Gamaliel, resulta violento en su celo. Recuérdese cômu guarda las ropas mientras apedrean a Esteban. ? >_ r * 3. CONVERSIÔN En la alegria de las hipôtesis "esenianas" en que vivimos, andan comenzando a imaginar que Saulo fué camino de Da­ masco para perseguir a no sé que fraction esenia, que era mâs o menos helenista, aunqut quizâ solo buscaba a los cristianos que pensaban como los de esa fracciôn, y que residian en Damasco, donde aiios antes existieron los esenios, Por lo tanto, es posible que hubiesen vuelto a existir y hasta que participaran de las ideas de los perseguidos. Una cosa cierta hay: que San Pablo perseguia a Cristo. Andar cazando palabras sueltas para ilustrar la historia con detalles nuevos no es cientifico. Pedîmos que lo mismo que no nos dejan construit a nosotros ningün edificio basândolo en una sola frase de la Escritura, tampoco lo construyan ellos, y mucho mâs si lo tienen que apoyar a su vez en otras hipôtesis histôricamente mâs o menos probadas. Pablo cae en el camino de Damasco. Visita a Ananias; comienza a dar testimonio de Cristo—"Soy apôstol, aunque abortivo”, dirâ siempre, y "he visto a Cristo”—y se ve obligado a huit ante la vendetta judia. Pasa tiempo en el destierro, vuelve a Damasco, tiene que fugarse descolgado en un cesto pou las almenas, y marcha a Jerusalén, donde es recibido con antipatia por los cristianos y con odio por los judios. ° 4. VlAJES APOSTÔLICOS Camina hacia Tarso y predica por Cilicia. El 43 se asocia con Bernabé, y ambos marchan a Antioquia, la primera me­ tropoli cristiana no judia, donde obtiene un gran éxito. En este tiempo, hacia el 44, sube en éxtasis al cielo y oye palabras ar­ canas. Alli recibiô aquella carga de amor que le duré toda la vida. Es encargado de llevar una colecta a Jerusalén, que padecia hambre. probablemente nacida de los entusiasmos caritativos de los primeros dias, en los que la comunidad se quedô sin bienes. Es probable que le recibieran mejor. Alli, una reve­ lation habida durante los oficios litûrgicos destina a Pablo y Bernabé a la misiôn entre los gentiles, emprendiendo el primero y mâs corto viaje. Fué entre el 45 y el 49. Recorrieron I 627 Chipre y parte del Asia Menor. Résulté notable la conversion del proconsul Sergio Pablo. Dicese que desde entonces, y segûn costumbre de vencedores, cambiô su nombre por el del "conquistado”. El 49 esta otra vez en Antioquia, donde se plantca la cuestiôn de la observantia judaica resuelta en el concilio de Jeru­ salén. Entre el 49 y 53 comienza el segundo viaje, acompafiado por Silas, pues la discusiôn con Bernabé habia sido violenta. Otra nueva vision le encomienda la evangelization de Mace­ donia, y un dia feliz las playas de Nâpoles de Tracia ven arribar una vela que trae a Cristo. San Pablo viene en la nave. En nuestra obra, cada vez que aparecia por vez primera algùn trozo de una epistola de San Pablo, hemos solido ex­ plicat el motivo de la misma. En estes trozos, por lo tanto, puedé verse su carino a los de Tesalônica, su primera cristiandad, su preocupaciôn por los de Corinto, etc. En efecto, visitô todas estas ciudades, amén de Atenas, alternando los triunfos con las persecuciones, promovidas siempre por los judios y un tanto también por los cristianos judaizantes. Por fin, vuelve a Antioquia, acompafiado de un matrimonio ejemplar, Aquila y su mujtr, Pristila. Del 53 al 58, otro nuevo viaje, el tercero de los conocidos con detalle. Éfeso, con una estancia de dos aiios, que termina con un motin dfe los plateros, porque habian dejado de vender estatuas de Diana. Grecia, Macedonia, el Ilirico brevemente, y otra vez Corinto. En este viaje escribe sus epistolas mâs fa­ mosas, tales como la de los Gâlatas, y sobre todo las dt Co­ rinto y la destinada a los Romanos. De vuelta a Jerusalén, en Troas resutita a un joven que, dormido durante un sermôn suyo, se habia caido y matado, y, ya en la ciudad judia, es preso y conducido a Roma, a donde llega después del incidente de Malta. Bien recibido, en prisiôn suave, predica en su casa desde el 61 al 63. Entonces devuelve a su dueüo a Filemcn, en carta conmovedoramente cristiana, tratândose de un ^sclavo de los tiempos de Néron. Nuevos viajes, esta vez desconocidos, le llevan a Espaiia, Cre­ ta y los Balcanes 5.’ 1094 PRISIÔN Y MUERTE Por fin, aparece en Roma preso y muerto. Con certeza no sabemos otra cosa. Una tradiciôn, nada inverosimil y antiquisima, indica que fué degollado—cosa muy probable en un ciudadano de Roma—, hacia la Puerta y Via de Ostia, en un lugar no demasiado prôximo, llamado "Ad aquas salvias", hoy ‘Tre fontane". Es puramente Itgendario lo de las très fuentes pacidas, una en cada salto, de su cabeza cortada. Çonsery^mos, en cambio, su adiôs a la vida terrena, escri r.r * X. .. - 628 FIESTAS DE LOS SANTOS to en la prisiôn en carta dirigida a Timoteo: Cuanto a mi, estoy a punto de derramarme en libaciôn, siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido cl buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la [e. Ya me esta preparada la corona de la justicia que me otorgarâ aquel dia el Serior, justo Juez (2 Tim. 4,6-8). Y un poco mûs adelante, sin metâforas ya deportivas. sino como quien da los ûltimos encargos a su hijo: Alejandro el hcr ter o me ha hecho mue ho mal... Tù, guârdate de él... En mi primera defensa nadie me asistiô. antes me desampararon todos. No les sea tornado en cuenta... El Senor me librard de todo mal y me guardarâ para su reino ce­ lestial (ibid., 14.18). 4. SAN JUAN EVANGELISTA (27 de diciembre) 1095 1.· Las fuentes bîblicas Llamado por los griegos el teôlogo, denominaciôn muy repetida entre los sajones, es un pescador, hijo del Zebedeo. Suelen los artistas representarlo en forma de un jovencito delicado, lo cual no parece concordar ni con su oficio de pesca­ dor ni con su carâcter violento, como lo demuestra el episodio en que él y su hermano Santiago piden que baje fuego del cielo sobre un pueblo de Samaria, ni su apelativo de Hijo del Trueno, si es que en realidad se refiere a su energia, lo cual no esta dei todo claro. Merece leerse en su propio evangelio la escena donde ve a Jtsùs por primera vez. Le impresiona tanto la entrevista que, nonagenario ya, se acuerda todavia de la hora en que ocurriera. Es. pues, uno de los primerisimos escogidos por el Maestro. Se le llama comûnmente el discipulo amado, o, quizâ mejor dicho, mimado por el Senor. quien lo lleva con Pedro y San­ tiago a la resurrecciôn de la hija de Jairo, a la transfiguraciôn y a la oraciôn del huerto. Ténia, pues, su madré algûn motivo cuando se atreviô a pedir a Cristo que colocara a sus dos hijos. Juan y Santiago, a la derecha e izquierda en su reino. Tam­ bién en ese instante se revela la impetuosidad de ambos hijos del Zebedeo y su rapidez en contestar: Possumus! Fué elegido con San Pedro para preparar el lugar de la ultima Cena. Alli, reclinado sobre el pecho de Jesûs, le pregunta quién es el traidor. Parece ser cl quien abre las puertas de la casa de Caifàs, donde Pedro niega al Maestro. En el Calvario acompana y recibe a Maria como Madré. Recibida la noticia que lleva Magdalena de que el sepul­ cro esta abierto, Juan y Pedro corren a él. Juan se adelanta y espera la llegada de su jefe. Ambos ven çl sepulcro con los 4>' apôstot.es .rS» 629 I sudarios plegados y creen. Tras las apariciones del Cenâculo, Juan tstâ también en la barca cuando distingue de lejos a Je­ sûs paseando en Id playa, y él es el que grita: /Es el Senor! Conocida es la escena en la que el Maestro no quiere mani­ festat la fecha y modo de su mu’erte. Este misterio, unido a sus largos aüos, diô origen a la leyenda de su inmortalidad. Siglos mâs tarde la leyenda renace, y los Hechos de San Juan nos lo describen arrebatado al cielo. A algo de esto debe referirse también el martirologio jeronimiano (hacia el 600), que narra "la asunciôn de San Juan Evangelista en Éfeso". Después de la Ascension de Jésus, cura con San Pedro al paralitico que pedia limosna a la cntrada dei templo, y es encarcelado con el mismo Principe de los Apôstoles, recibiendo la orden de no predicar. Pero la desacata, pues prefiere obedecer a Dios antes que a los hombres. Enfonces marcha a Samaria a confirmar a los bautizados por el diâcono Felipe. Junto con Pedro y Santiago, constituye uno de los pilares en que se apoya la Iglesia primitiva jerosolimitana, y a ellos recurre San Pablo cuando quiere confrontât su predicaciôn con la de los apôstoles. También Juan asiste al concilio de Jerusalén. ° 2. 1 Fuentes extrabîblicas I I 1096 No hay duda de que asistiô al trânsito de Nuestra Senora, ya fuese en Jerusalén o en Éfeso. San Ireneo, bien informado, pues lo conociô a través de las narraciones que le hiciera en su infancia San Policarpo, discipulo inmediato del apôstol, nos dice que Juan marchô a Éfeso, después de la muerte de San Pedro y de San Pablo, pero sin precisar la fecha. Una tradiciôn derivada de los Hechos de San Juan, libro apôcrifo, que no merece f’e completa ni mucho menos, por mâs que sea muy antiguo, nos cuenta que en el reinado de Domiciano, dado lo conocido que era en todo el Oriente, fué llevado a Roma para sufrir martirio. Condtnado a ser sumergido en aceite hirviendo, Dios repitiô el milagro de los très jôvenes, y San Juan, mârtir por la aceptaciôn de su muerte, saliô, sin em­ bargo, ileso. El emperador, muy supersticioso y amigo de la magia, impresionado por tal hecho, conmutô la sentencia por el exilio a la isla de Patmos, donde Juan escribiô el Apocalipsis. Pero Nerva lo dejô en libertad y pudo regresar a Éfeso. 3.· SU MUERTE. AnÉCDOTAS De su muerte, lo ùnico que sabemos es que no fué mârtir. Disfrutô de un gran prestigio en su tiempo, por ser el ùnico apôstol superviviente. A él se refieren los Padres apostôlicos cuando hablan de el Anciano y aun de el Teôlogo, a pesar de 1097 630 FIESTAS DK LOS SANTOS que hubiera otro Juan con el mismo titulo. Por ellos conocemos numerosas anécdotas suyas. San Ireneo nos refiere haber sido gran enemigo de los herejes, y que en cfcrta ocasiôn, al ver a Cerinto en los baûos, no quiso entrar en ellos, por miedo a que se hundieran para aplastar a un enfemigo de la verdad. Clemente de Alejandria nos cuenta que en cierta ocasiôn recomendô mucho a un obispo que cuidara de un joven que le habia llamado la atenciôn. Los cuidados se prodigaron, pero el joven llegô a convertirse en un bandido. Sabedor de ello el anciano, corre al monte, se déjà aprisionar por los bandoleros, hasta que topa con el joven ladrôn, que pretende esconderse avergonzado. “Hijo—le dice—, ipor que te escondes de un viejo inerme? Es tiempo de penitencia. Yo respondere por ti ante Cristo. Estoy dispuesto a entregar mi vida por ti. Cristo me envia." Realmente el episodio no es sino la puesta en prâctica de su propio evangelio. Entre las virtudes que adornaban su aima sobresalia la caridad. 4N0 habia dicho él que Dios es caridad? 4N0 procuraba imitar a Cristo Dios? Cuenta San Jeronimo que, muy avanzado en anos, era conducido a las asambleas cristianas, en las que, no pudiendo predicar, repetia como una muletilla: "Hijitos, amaos los unos a los otros”. Preguntado por el motivo de esta repeticiôn, contester “Porque esta fué la predicaciôn del Senor, y si la observâmes, nos basta". San Juan debiô morir hacia el tercer ano del gobierno de Trajano, esto es, el aüo 100, cuando contaba noventa y cuatro anos de edad, segûn San Epifanio. Muchos creen que escribiô su evangelio el 96, al regresar a Éfeso. Quien quiera leer una sintesis del mismo, no ha de hacer otra cosa sino hojear sus dos primeras epistolas. En cambio, es muy dudoso que el Apocalipsis saliera de su pluma. Desde los primeros tiempos de la Iglesia ha habido Doctores que no lo han creido suyo, y, en realidad, el estilo es completamente distinto, sin semejanza al­ guna ni con las epistolas ni con el evangelio. Desde luego que no pudo haber aparecido durante su exilio en Patmos, puesto que se alude a Néron como contemporaneo y perseguidor. Hoy los autores se inclinan a atribuirlo a aquel Juan el Teôlogo de que nos habia Papias. Claro esta que el testimonio contrario de San Ireneo también debe pesar mucho. El mejor comentario del evangelio y de las epistolas de San Juan lo hizo San Agustin. Un âguila siguiendo a otra âguila. en frase de Bossuet. APÔSÏOI.ES b) 631 GUIONES HOMILETICOS Misiôn de los apostole» 1098 (Cf. La Palabra de Cristo, Dom. l.a después de Resurrecciôn, guiôn 8, t.4 p.334. 2.· ©g. n.582-586.) À. Los apôstolcs no son unos simples amigos del Senor, sino que reciben la rnisiôn de perpetuarie en la tierra. En la ùltima Cena aparece la identidad de la mis i cm de Cristo y la de los apôstolts. b) Ni la palabra, ni la pasiôn, ni los méritos de Cristo habian de pasar. El domingo después de la resurrecciôn, Its confiere la misiôn. Les comunica su misma autoridad. Les confiere sus mismos poderes, que son triples: a) El de régir su reino. b) El de ensenar. c) El de santificar. Les senala el mismo fin: implantar el reino de Dios en las aimas. Prolongation de estos ministerios en el sacerdote. Escogidos porque han estado con Cristo (Cf. ibid. Dom. infr. de la Ascension, guiôn 4. t.4 p.1192, n.2023-2026.) A._ El Seflor envia a sus apôstoles y los escoge como taies, "porque desde el principio habéis estado conmigo" (lo. 15,27). Esta afirmaclôn tiene un valor dogmûtico referida a los apôstoles, y otro ascético con relaciôn a la vida de apostolado. Para comprender la vinculaciôn de los apôstoles con Cristo es necesario abarcar toda la actuaciôn de Jesûs. Los escoge. les explica su doctrina, hace testigos de su 1099 FIESTAS DE LOS SANTOS vida, confier e sus poderes y convier te en ôrganos ûltimos y definitivos de la revelaciôn. De esta convivenda con Cristo deducen los apôstoles su a) La exigen para elegir un nuevo apôstol. b) Les sirvfc de argumento ante el pueblo. c) Se atreven, gracias a ella, a presentarse al mundo. En el juicio final los volveremos a ver vinculados a Cristo, sentados con Èl como jtieces. Esta misma uniôn con Crisfo es necesaria para nuestro apostolado. Union que debe ilevarse a cabo por la fe, la santidad. la gracia y la oraciôn. Los apôstoles, testigos de Cristo (Cf. ibid*» guiôn 6, t.4 p.1198, 2.*ed., n. 2031-2036.) El Senor dijo en su ultima Cena a sus apôstoles que serian testigos suyos. En efecto, fueron testigos de su vida y doc­ trina, que es el ûnico ejemplo y el ûnico camino. Son testigos de su palabra. Para ello les envia principalmente Cristo. y como tales se presentan ellos. El Espiritu de la Verdad baja para asistirles. y es tan importante esta misiôn, que San Pablo exigia un honor especial para los predicadores. Testigos del ejemplo de Cristo. que ellos repiten en sus vidas. Testigos con sus milagros, y testigos con su sangre. Su testimonio es tan valido, que es comparado por ellos y por Cristo con el que da el Espiritu Santo. Los apôstoles, amigos de Cristo f. ibid., Juevea y Viernes Santo, guiôn 7, t.9 n.746-749.) Jesûs proclama amigos a sus apôstoles, e intercala una su­ blime doctrina sobre la amistad. Su exposiciôn. Jesûs prueba su amistad con los apôstoles. a) Da la vida de un modo especial por ellos. b) Les da a conocer su doctrina. '-μ î rt · Z '«’Wl % F*. f · f · · aaa;awvH*·. r<-PsWό.'.Z*1 apôstoles c) d) C. Les aj b) ________ 633 Los ha elegido Él mismo. Los destina a que vayan y les promete pide su correspondent. La amistad con Dios qutdo rota por el non serviam. La verdadera amistad queda sintetizada por San Pabio con una sola palabra: Siervo de Cristo. Duresa e incredùlidad de los apôstoles (Cf. ibid., La Ascensiôn, guiôn 8, t.9 1102 n.999-1003.) A. Los cuarenta dias que mediaron entre la Resurrecciôn y la Ascension deben dividirse en dos etapas. a) En la primera, fel Senor reprende la incredùlidad y dureza de los apôstoles. b) En la segunda, cesan las dudas. La fe es el principio de la vida sobrenatural, y la caridad, su plenitud. Contraste entre Cristo y los apôstoles 1 (Cf. ibid., Dom. 6 después de Epifania, guiôn 14, t.2 p.793, 2.a ed., u.1337-1338.) Una de las notas mâs bellas del Evangelio es el contraste entre la sabiduria y caridad de Cristo y la pobreza espi­ ritual de sus discipulos. Los defectos de los apôstoles: Inconstancia, indiscreciôn. b) Incapacidad de comprender al Senor. Fe vacilante, flaqueza, jactancia, terquedad. d) Ambiciôn, imprudencia, temeridad, cobardia, deslealtad, egoismo. B. Conducta admirable del Senor como formador de minorias. a) Reprende y alienta. b) Ternura paternal. c) Magnanimidad con los rudos e ignorantes. d) El caso de Judas. A. 1 Ademôs de los guiones indicatos, existen en nuestra obra numerosos trabajos sobre la propagaciôn y estabilidad de la Iglesia, apropiados para predicarse en fiestas de Apôstoles y que pueden verse en el indice sistcmatico de este mismo tomo. Véanse sobre todo las dominicas cuarta de Epifania, sobre las persecuciones, y sexta, sobre la propagaciôn de la Iglesia. Ambas en çl tomo 2, 1103 FIESTAS 1>E LOS SANIOS 634 Santiago A postal.—La verdadera y la falta ambiciôn 1104 A. Très escenas. La madré de Santiago se acerca al Seftor para pedirle que coloque a sus hijos a la derecha y la izquierda. Es la ambiciôn dei poder humano. b) El Senor se aleja cuando quieren coronario rey. "Cuando Cristo brama, es que se indigna de nuestros pecados; cuando se turba, es que se emociona con nuestros males; cuando huye temeroso, lo hace por nuestros peligros" (cf. San Agustin, Tract, in lo., 49,19). El Serior pregunta a los hijos del Zebedeo si son ca­ paces de beber el câliz que Él pensaba beber. La frase beber un câliz supone en hebreo padecer algo bien amargo. Jesûs, pues, les habla de otra ambiciôn muy dis­ tinta. 1105 B. falsa ambiciôn. La ambiciôn del poder es falsa. a) Porque el poder es versâtil. 1. En nuestros ticmpos. Recordemos la emociôn dei mun­ do ante las jornadas de Munich, Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini. iQué ha sido de ellos? 2. Lease cl capitulo 21 de Ezeqitiel. Asur se ensoberbece con su altura y Dios decide cortarle con un tajo que despierte los ecos dei mundo. b) Porque somos peregrinos en la tierra. 1. Necio séria desear el gobierno de la tienda de campaüa del viaje y despreciar la autoridad de la ciudad final del mismo. 2. Si decimos “venga a nos el tu reino...”, no pretendamos el poder antes de que llegue el reino del Padre. Porque el poder es ilusorio. 1. Incluso el mâs tirânico se apoya en los hombres. Esta 2 d) suele ser la razôn de que en torno a los tiranos medren los logreros, a quienes ha de tener contentos. “Τύ, que debes reprimir tus deseos, te ves obhgado a satisfacer los ajenos” (cf, San Agustîn, Epiât. 220 ad Boni/., 6). Porque suele alcanzarse por medios injustos. 1. i Que dificil es que la virtud sôlida sobresalga entre tanta intriga premeditada! 2. “El hombre bucno carecc de la flcxibilidad necesarta’’ 635 APOSTOLES (cf. Bossuet, Sermon 2' del Domingo 4.* de Cuarcsma, en La Palabra de Cristo, Dom. 14 de Pente­ costes, t.7 p.423). 3. jOh admirable caf>acidad hasla de los grandes virtuo­ sos de recibir por lo menos la adulation disimulada! Porque favorece el vicio. 1. Porque facilita los medios. Para curar lo voluntad, es necesario reprimir el poder (cf. San Agustîn, Epiât. 153,16). 2. La indcpendcncia que concede quita los remordimientos. Los aduladorcs que rodean al pudtroso le justifican sus vicios y defectos. verdadera ambiciôn. 1106 Segùn San Agustîn (cf. Libro 13 sobre la felicidad, 17), ésta consiste en poder lo que se quiere y querer lo que se debe. 1. Querer lo que se puede depende de la voluntad. 2. Poder lo que se quiere no siempre depende de nosotros. 3. Si falta este segundo elemento, no somos felices por­ que se nos impide la ejecuciôn. 4. Si falta el primero es que somos malos, y tampoco es posible la felicidad. b) iQuerfer lo que no se puede? Nescitis quidquam pe­ tatis (Mt. 20,22). Dios ha determinado: 1. Que en esta vida debemos querer solo lo que debemos. 2. Para en el cielo poder todo lo que queremos. Esa es la verdadera ambiciôn. D. Ejemplo de Santiago después de retibido el Espiritu Santo. 1107 b) Quiere lo que debe y bebe el câliz de la pasiôn. Su sepulcro después es glorioso. iQué no serâ él en el cielo?1 Santiago, Patron de Espana Las relationes entre Santiago y Espana estân envueltas 1108 en brumas de discusiôn. Pero tenemos dos hechos cierto». a) Que Espafia le considera como Patrôn. b) Y que el mundo entero asociô a Espana con Santiago. ^Por que? No conviene incurrir en exageraciones ingeniosas,. pero 1109 lo cierto es que en muchas ocasiones existe cierta relation ι Cf. Boseurr en F 1 La Palabra dr Cristo, Doin.14, t.7 J • 4. 636 11 iü 1111 FJESÏAS DJ· LOS SANTÔS de semejanza entre los Patronos y sus pueblos. Veamos las existentes entre Santiago y Espana. C. Impetuoso, enêrgico, amigo de la fuerza; en resunien: Hijo del Trueno”. Pregunta si se ha de enviai fuego del cielo sobj^ el pueblo de Samaria. b) Espana y sus hijos son harto amigos de emplear una energia extemporânea. Poco amigos de la contemporizaciôn. En Inglaterra podrâ existir un Hyde Park, donde se expongan tranquilamente todas las ideas, porque a la casi totalidad de los oyentes no le importa ninguna de ellas. En Espana la lôgica lleva a la violencia. La Inquisiciôn es algo universal, pero, a despecho de Ifeyendas negras, nuestro pueblo la deseô. D. Esa impetuosidad estâ en Santiago al servicio de causas justas. a) En el pueblo espaûol también, por lo menos subjetivamente. No es capaz de conocer la linea ondulada. 2. De haber sabido ser calculador y olvidar la lealtad, otra hubiera sido la historia de nuestras relaciones internacionales en tiempos modernos y contemporaneos. 1. 1113 b) Mas la impetuosidad lleva consigo el cansancio ra­ pido. El no gustar la labor lenta y oscura. E. Los hijos del Zebedeo son audaces. ”/Podemos!”, contestan a la pregunta del Senor sobre si serian capaces de be­ ber su câliz. a) Pero la audacia suele ser individualista o de pequenos grupos. b) Sin entrar en la cuestiôn de si nuestro individualismo es una caracteristica racial o se debe a la educaciôn, lo cierto es que nuestra historia es un tejido de auda­ cias individuales y de pequenos grupos. F. Junto a estas cualidades, que tienen mucho de defectos aprovechables, Santiago tiene otras de gran valor humano y sobr enaturalizable. que le merecieron el aprecio de Cristo. Es generoso. Signe al Senor. Después de la huida colectiva del huerto, es casi seguro que estaba en el Calvario con su madre alrededor de Maria Santisima. b) Esto motiva que su suerte vaya unida con la de Cristo y figure entre los primeros mârtires. Recibido el Espiritu Santo, su audacia se convierte en apostolado tcuménico. El mundo se le agota. APÔSTOI.F.S 637 Espana es yenerosa también. a) En su historia ha seguido siempre a Cristo. b) Con todos los fallos humanos, la linea de su fe se ha conscrvado siempre. Por eso se da el caso inverosimil de la perpetua le­ yenda negra. Catôlica fué Austria. Catôlica y mucho lo es Irlanda. ^Por que Espana sigue siendo el blanco de contradicciôn? iEl simbolo del catolicismo? iPor que cuando se qufere acusar a este se desfiguran les hechos espaîioles? 1114 H. Pero sobre todo digamos que Espana, como Santiago, ha 1115 tenido siempre una misiôn ecuménica, y ésta se ha realizado bajo el signo del Apôstol. a) En la Edad Media. Représentâmes el muro de contenciun de las invasiones musulmanas. 2. Papas hubo que prohibicron a los caballeros espaûoles participar en las Cruzadas de Palestina. En esta época fuimos el cenfro de un movimiento de unidad europea, que tuvo como eje Santiago de Com­ postela. El pueblo espanol en aquella hora, inconscientemente quizâ, représenté) su papel universal, y siempre invo­ cando a Santiago. b) En la Edad Moderna. Fallan los intentos de unidad cristiana de Carlos I. 2. Pero representamos el valladar contra los musulmanes y el protestantismo. En Flandes, la linea divisoria entre catôlicos y reformados marca la ultima posiciôn de las tropas espanolas. 3. Représentâmes sobre todo la gran idea de la misiôn universal. Mucho se habia de America, pero nunca con exagération. Es un monumento levantado a Espana y formado por un continente. El nombre de Santiago preside America. 1. Y hoy? Espiritus apocados se encierran en nuestra pequenez y pobreza. A una bravuconeria de creernos los mejores y mâs ricos, ha sucedido el sentimiento contrario. En la Edad Media représentâmes un papel. Y, sin embargo, en las letras, Univérsidades y armas estâbamos por bajo de muebos parses europeos. Careciamos hasta de unidad politica. b) En la Edad Moderna los medios econômicos Eueron siempre escasos. 1. SV habia demasiado dei oro amcricano. Pero lo cierto es que nuestros ejércitos no podian cobrar y que 1116 638 FIESTAS DE LOS SANTOS nu esira corte no era, ni con mucho, la de los Luises de Francia. 2. Incluso enando quiso serio, s e hubo de contentar con Aranjuez y La Granja. 3. îQui teniamos? Fe en un ideal. / c) Si despertamos hoy este ideal... 1. SÏ ponemos niiestra audacia a su servicio... 2. Si sabemos valorar en la practice—no en cantos Uri­ cos—lo mucho de bueno que queda en nucstro pueblo, familia, iglesia... 3. jPor que no hemos de representar otra vez la funciôn de bandera que présenta al mundo la soluciôn cristiana T d) ^Queréis un ejemplo? 1. iQué es nias fâcil, reformar o cotislruir de nuevoî 2. jEspaùa comienza a dar los primeras pasos de indus­ trializa cio n ! 3. jPor que no ha de poder proponer al inundo el ideal Cristiano de la industrial 1117 J· Es la hora de volver a decir: “/Santiago y devra Espana!" Esto es. de lanzarse contra los problemas, apoyados en nuestra fe. a) Es la hora de repetir confiados en la gracia: "jPossumus!” b) De lo contrario, habrâ que resignarse a que los nuevos almohades y benimerines eolonieen a Espana. 9 1118 Las ascensiones de Pedro (Cf. La Palabra de Cristo, Dom. 4 despues «ce Pentecostés, guiôn 8, t.5, p.1050, 2.a ed., n.2031-2033.) A. La naturalezal y la gracia no proceden por saltos, sino que todo se encamina a la perfecciôn gradualmente. a) La gracia procede por sucesivas iluminaciones y mociones. b) La caida de Pedro no fué probablemente un paso atrâs, sino que représenté una de las caidas posibles dentro de una ascension progresiva. B. Los pasos de Pedro fueron los siguientes: a) Primero tuvo una gran fe que le moviô a la confesiôn de Cesarea de Filipo. Lo habia dejado todo, decia. Pero 4 era cferto? No. Por eso Jésus le habia de su Pasïôn y San Pedro se escandaliza y ofende. apostoles 639 Otro defecto le queda todavia y otro paso que dar. Ya ha aceptado la Paslon, pero su vanidad y amor propio le hacen creer que es capaz de seguir al Sefior. La caida es otra iluminaciôn que le ensefia. c) El tercer paso lo dan la penitencia y el Espiritu Santo. Pedro ya se ha purificado. El Sefior, después de su triplei manifestaciôn de amor, le dice: Sigueme. ^A dônde? A la cruz, y le anuncia su muerte. Era ya la mayor altura. C. Examinemos las distintas iluminacione^ de Pedro y su cooperaciôn a cada una de ellas. b) 10 Generosidad de Pedro en seguir el llamamiento 1119 (C. ibic., guiôn 6, t.S, p.1045, 2.· ed., Π.201&-2024.) À. B. Très tipos de seguimiento de Cristo. a) El escriba que busca su medro. b) El joven que busca a Cristo, pero sin generosidad. c) San Pedro. La generosidad de Pedro. a) Descripciôn de la escena de su llamamiento. La gente aprieta al Sefior. Éste se sube en la barca. Duc in altum. La pesca milagrosa. jApàrtate de mi, que soy un pecador! Déjà sus redes y le sigue. b) El aima de Pedro aparece en su frase de: Apârtate... No busca lucro ni honores. Es su humildad lo que contrasta... Otras vir tudes de Pedro. b) Hospitalidad... El Ultimo fruto de la generosidad de Pedro aparece en la cuarta vez que es llamado, a saber: cuando se le confiere el Primado. La caida de Pedro (Cf. ibid,, Dom. de Ramos, guiôn 8, t.4, 2.· ed., n.1965-1970.) A. Si los hombres hubiésemos podido elegir Papa, nunca hubiësemos elegido a San Pedro. jQué distintos son nuestros juicios de los de Dios! 1120 640 FIESTAS PE LOS SANTOS B. Antecedentes de la caida. a) Defectos de Pedro que la hacen posible, revelados en su hablar durante la ûltinia Cena. b) Preparaciôn inmediata de su caida. C. El llanto y el segundo Pedro. 12 1121 Las negaciones de Pedro (Cf. ibid.. Jueves y Viernes Santo, guiôn 14, t.9, n.778-780.) A. Las negaciones de Pedro, reproducidas por las nuestras. Muchos Cristianos reniegan de la vida, ejemplo, muerte y normas morales de Cristo. Se reniega de Êl en sus sacramentos y discipulos. B. La negation de Pedro fué mâs dolorosa para Cristo por procéder de quien procedia. 13 1122 La fe de Pedro (Cf. ibid., Dom. 4 de Pentecostés, guiôn 3, t.5 p.1033, 2.a ed., n.1993-1995.) A. Pedro, en la pesca milagrosa, al echar la red contra toda esperanza, solo porque lo manda ]esùs, muestra su fe. Tam­ bién tuvo fe en su misiôn, conociendo sobradamente la des­ proportion de sus medios. Esta fe capaz de trasladar monraüas cantô victoria. B. Ademâs de los motivos generales de la fe, existen otros para el que se encuentra en circunstancias dificiles, y sobre todo para el apôstol, a saber: la election de Cristo, que lleva aparejados los medios: su promesa y oration por la Iglesia. El mismo bautismo es un titulo infalible. 14 1123 Fe viva (Cf. ibid.» guiôn 3, t.5 p.1038, 2.* ed., n.1996-1997.) A. Especial trato del Sefior con San Pedro. a) Mâs importantes aùn las palabras que le dirige euando le habla. b) Exposiciôn de las diversas conv^rsaciones con Pedro. APÔSTOLES 641 fe de Pedro. La demuestra echando la red bajo la palabra del Sefior. b) Êste corresponde con su llamamiento al apostolado. La vuelve a demostrar en Cesarea profesando la divinidad de Cristo y escucha la promesa del Primado. d) En un momento de desilusiôn y abandono por parte de los amigos de Jesûs, Pedro encuentra su fe viva y pronta diciendo: dônde iremos sino a Ti? 15 La obediencia y piedad de Pedro 1 1124 (Cf. ibid, guiôn 4, t.S, p.1038, 2* ed,, n.1998-2002.) La obediencia esta relacionada estrechisimamente con la piedad. Hay quien confunde esta virtud con un conjunto de devociones, siendo asi que comprende fel conocimiento de la voluntad de Dios, el amor y la ejecuciôn. b) Sin obediencia no puede existir. obediencia es el camino mâs seguro para la santidad. B. Encierra las otras virtudes y es un homenaje de sumisiôn a Dios. b) Sin embargo, es una virtud dificil. Pedro, modelo de obediencia cuando en la pesca milagrosa arroja las redes contra toda esperanza humana. Λ 16 El Papa (Cf. ibid. Dom. 2 después de Resurrecciôn, guiôn 12, t.4, p.S18, 2.a or.'., n.888-894.) A. La basilica y ceremonias de San Pedro, recuerdo de la unidad del Papado. Sobre todos los Papas se cine la inscripciôn de la cùpula: “Tu es Petrus”. B. El Papa es el buen pastor, esto es, el Padre y el Rey. a) Es fâcil reconocer al Papa como Padre. b) Lo es menos reconocerle como Rey y Juez. c) Pedro ejercitô su autoridad de Juez supremo. Casos. 1 Puede completarse este guiôn con el siguiente de la rnisma comlnica, que consiste en un estudio de Ta obediencia, su naturalera, grados, etc. Δλ palabra de C. 10 1125 FIESTAS PE LOS SANTOS Papa es el sucesor de San Pedro. Exposition de las condiciones y cualidades de su ju­ risdiction y de sus manifestaciones en la historia. b) El poder dt magisterio y la influencia vivificadora de la Iglesia. c) Honor, obediencia y respeto debidos al Papa. 17 Poder directo e indirecto de los Papas 1126 (Cf. ibid. Dom. de la Santisima Trinidad, guiones 18-20, t.5, p.37O y ss, 2.· ed., n.699 y ss.) Z·-*·'*· VAf.V· .V · 18 Estabilidad del P a pad o 1127 (Puede predicarse también sobre la propagation y estabilidad ce la Iglesia y del Papado. Bûsquese en el indice sistematico la palabra ïglesia. Hay material abundante en la dominica de Sexagesima, t.2.) APÔSTOLES y Damasco. Cuando ve una ciudad idôlatra se emociona su alma (Act. 17,16). La predica desnuda de todo ornamento humano. d) La predica con independencia tal, que no quiere ni deber el alimento a nadie, y por eso se lo gana con sus manos. Para decir la verdad hay que tener cora­ zôn de rey. Si no en cuanto al poder y mando, por lo menos én cuanto a la independencia. San Pablo es independiente de toda consideration hu­ mana. Corripientes omnem hominem... opportune et importune (2 Tim. 4,2). C. Pablo amaba la cruz para conformarse a Cristo y promo­ 1130 ver su reino. Sus padécimientos abren por doquiera la puerta al Evangelio. b) Los instantes de sufrimiento son preciosos, porque en otras ocasiones lo ùnico que alaba a Dios son los labios, en tanto que al sufrir le alaba todo el cuerpo: el corazôn que sufre, la voluntad que acepta, la fe que da valor... 1131 D. Su amor por la ïglesia nos lo demuestra. El apresuramiento de su caridad para con los her­ manos. b) La ternura que ténia para cada uno de elios. La universalidad de su amor por cuantos componian la ïglesia. d) San Juan Crisôstomo dice que era no solo el corazôn de la ïglesia, sino que de tal manera sentia los dolo­ res y alegrias de todos y cada uno, que parecia ser él mismo la ïglesia. ri- ->·. 19 Los tres amores de Pablo (Boceto de Sermon de BossuXT. Cf. ed. Firmin Didot, t.3 p.459 ss.) 1128 1129 B. 643 'Charitas Christi urget nos": El amor y caridad de Cristo nos empuja (2 Cor. 5,14). Cristo muerto nos apresura a que le entreguemos nuestra vida y la de cuantos nos rodean. b) Vivir para Cristo es amar lo que Él amaba. Cristo amô la verdad y por eso vino a prédicat. Amô la cruz, porque habia venido a redimimos, y amô a la ïglesia, porque nos queria santificar. d) Pablo amô la verdad y fué el gran predicador de la ïglesia, a la que hizo objeto de sus delicias y de todos sus trabajos. 20 Flaqueza y robustes de San Pablo (Cf. Sermon de Bossuet, ampEamente extractado en La Palabra de Cristo, LS p.999.) A. Jesûs amô la verdad. a) Procede como Verbo y es la Verdad Increada. Junto con el Padre, da origen al Espiritu de Verdad. b) Pablo arde en deseos de comunicarla. Apenas convertido, y antes de ver a los apôstoles, predica en Arabia ?4 * r-ïi “Me complazco en las enfermedades..., pues cuando pa- Π32 rezeo mâs débit entonces es cuando mâs fuerte estoy" (2 Cor. 12,10). a) San Pablo ve el mundo de la creation, ve ese otro mundo de la redenciôn y de la gracia, examina su misiôn, y éntonces pronuncia las palabras anteriores. Su fuerza radica en su flaqueza. b) En efecto, era como todos los apôstoles: flaco en su 7* FIESTAS DE EOS SANTOS 1133 1134 $ palabra, débil en medio de las persecuciones y manso en la funciôn de gobernar. Flaqueza en la palabra. Sin presencia gallarda, con verdades que repugnaban al oyente, sin clocuencia. La razôn de esta pequenez de la palabra empleada para convertir al mundo es que enseiïamos una sabiduria divina, misteriosa, escondida (1 Cor. 2,7). Esta Sabiduria es el Verbo, que primero se encarnô humildemente en Belén y después se encarna en la predi­ caciôn, que debe ser tan humilde como lo fué en su cuerpo mortal. b) Pero dentro de la sencillez externa lleva la fuerza de Dios. La fuerza de Cristo radico mâs que en su palabra en su sangre, porque antes de hablar al mundo hubo de hablac al Padre. a) Por eso los apôstoles hubieron de sufrir tanto, y San Pablo entendia que con su martirio suplia lo que faltaba a la pasiôn de Cristo (Col. 1,24). b) San Pablo escribe a los de Tesalônica diciendo que espera que su apostolado en esta ciudad baya sido muy provechoso. iPor qué? Pues porque habîa llegado alli después de sufrir mucho y soportar muchas afrenias en Filipos (1 Thés. 2,1). Nunca un vencedor se ha erguido sobre la gloria de sus triunfos como San Pablo sobre sus padecimientos. Gobierno suave. Los apôstoles gobemaban. pero su ley era la caridad. En ésta debe apoyarse el gobierno eclesiâstico. ^Quién enferma y no enfermo yo? jQuién se escandaliza y yo no ardo? (2 Cor. 11,29). b) Pablo, en sus persecuciones, no llevô sobre si mâs que su propia debilidad. En su gobierno llevô la de todos los cristianos. Cuanto mâs débil, mâs fuerte. 21 1135 Celo y tristeza de San Pablo 1 (Cf. ibid., Dont. 3 despué» ce Pentecostes, guiôn 18, t.S, p.889, 2.* «1·» ■ .1692-1698.)· A. Estudio de los lugares en que San Pablo habla de su tris^ teza. 1 Véanse los mismos pensamientos en c? guiôn 11 del Jueves y Vie mes Santo, t-9, n.763-766: El gozo de San Pablo. BEI? · M------------- MMI APÔSTOLES 645 Las causas fueron espirituales, como la perdiciôn de sus hermanos judios. b) Fisicas y morales, como las producidas por sus p'ersecuciones. Y de muy diversas naturalezas, como sus prisiones, soledad, etc. Sin embargo, la reacciôn de San Pablo fué de gozo, "como tristes, pero enriqueciendc a muchos” (2 Cor. 7,4). Exposition de la alegrîa de Pablo en la Epistola a los Filipenses. Esta alegrîa en la tristeza tiene una causa. Teolôgica, que consiste en alegrarse de nuestra fla­ queza porque es tl triunfo del poder y de la gloria de Cristo. b) Tiene otra causa mistica, explicada por Santa Teresa, en su ejemplo del pilon de agua que le viene por arcaduces y del pilon que se hincha de su propio manantial. a) B. » 1. El primero représenta la alegrîa que viene de causas externas. Estas pueden fallar y producirse la tristeza en la parte inferior, mientras que el aima tiene un gozo interior, nacido de la presencia de Dios en su espiritu. 2. La séptima Morada ve desdoblarse a las almas en me­ dio de los dolores en la vida activa y el gozo de su interior. D. consecuencia ha de ser que no descuidemos los medios de adquirir y conservar el gozo interno, como lo son la oraciôn, el silencio, el retiro... Buenos son los consuelos exteriores, como los que proporcionaban a San Pablo Tito y Epafrodito, pero siempre que no impidan la comunicaciôn con Dios, fuente del verdadero gozo. La alegrîa cristiana en San Pablo 1136 (Cf. ibid., Dom. 3 de Adviento, guiôn 2, t.l p.412.) B. San Pablo, preso en Roma, escribe la Epistola de la ale­ grîa a los Filipenses. (Véase comentario en el guiôn an­ terior, que se lee en la Dominica “Gaudete".) En cambio, Ovidio, desterrado, escribe los famosos libros Tristia . Representan dos tipos de la humanidad. Los filôsofos estoicos quisieron proponer como remedio del dolor la sabidurîa. Es insuficiente. Los cristianos propusieron a Cristo. ;U 646 alegria de Pablo tiene un doble motivo. El primero es la esperanza dc la prôxima vtnida dc Cristo, en cuya cxpectaciôn viviô la primera genera­ tion cristiana. También nosotros debemos esperar esa venida gloriosa, anticipada hoy por su venida eucaristica. El Segundo motivo es la esperanza conSada en Dios y su providencia. 1. El ser hombre de oraciôn y de acciôn de gracias y petitioner, 2. Esta aletjria es el giganterco secreto del cristiano y la resultante normal de una vida espirilual en firoyreso. 3. La alegria, dice Bergson, anuncia siempre la vida que ha triunfado. La ambiciôn de San Pablo 1137 (Cf. ibid. Dom· 1 de· Cuareoina, guiôn 12, t.3, p.166, 2.· ed., n.2S7-291.) A. La persona de Pablo aclara las ideas sobre la humildad, la ambiciôn santa y la pecaminosa. Un estudio de diversos pasajes de sus epistolas nos lo muestra considerândose su­ perior a los falsos apôstoles, y a los auténticos, con un ministerio superior al de Moisés. Lo ambiciona todo. Sin embargo, la verdadera gloria de San Pablo consiste primero en someter toda inteligencia a Cristo y en reconocer su propia debilidad. honrando solo a Cristo, y a éste crucificado. Por eso la ambiciôn de Pablo se viô cobnada. porque procedia de Cristo y terminaba en Cristo. Pablo es un modelo de jôvenes de grandes ernpresas, y de magnanimidad y humildad verdadera. 24 Santiago y San Juan (Boceto de sermôn dedicado a Santiago por Bossuet. Cf. cd. Firmin Di· dot, t.3 p.480. Sirve para sermones sobre cualquiera de los cos hermanos.) 1138 A t "Ai . apôstoles FIESTAS DE LOS SANTOS 1res lectiones. En el Evangelio vemos que el Senor: Reprime su soberbia: No sabéis lo que pedis (Mt. 20,22). b) Ilustra su ignorantia: ^Podéis beber el caliz que yo tengo que beber? c) Profetiza su fidelidad: Beberéis mi câliz. 647 Corrige la soberbia. 1139 Es frecuente que los hombres no sepan lo que piden, porque sus deseos, o son deseos de enfermos inspirados por la fiebre de las pasiones, o deseos infantiles de la imprudentia. b) La petition de los dos hermanos no parece ser de esta categoria, puesto que piden estar junto al Senor, y Cristo des'ea que reinemos con Él. Sin embargo, para conocer su error conviene que sepamos que puede consistir: o en desear un bien que no lo es, o en desear un verdadero bien, pero sjn entender en que consiste, o cuâles son los medios que debieran emplearse. d) Los dos apôstoles deseaban un verdadero bien: estar junto al Senor, pero con una prisa demasiado humana, precipitada por su ambiciôn. Deseaban los dos lados del trono, no por estar junto a Dios, sino por la apariencia humana de ese estado de triunfo que imaginaban temporal. {Se puede buscar a Cristo por môviles humanos? Hay que buscar a un Cristo desnudo y no solo glorioso. Los apôstoles, que lo habian dejado todo por Cristo, sin embargo, no buscaban a Cristo solo. Este es el error que el Senor les descubre. A veces el Senor no contesta directamente, porque quiere 1140 que busquemos la soluciôn en lo mâs hondo de sus palabras. a) Asi, cuando los apôstoles disputan sobre quién de ellos sera el mayor, Jésus les contesta indirectamente, diciéndoles que si no se hacen como nifios no entraràn en el reino de los cielos (Mt. 18,4). b) En esta ocasiôn le piden gloria, y Él, yendo al fondo del error, contesta hablando de ignominia. Los dos hermanos creian merecer mâs de Jesûs por ser consan­ guineos suyos. Mas el Senor les hace ver que asi como los reyes granjean su corona por la sangre real de sus venas, Él la conquista con su muerte. Su nacimiento era real, pero Él es Rey por la cruz, y hasta ese momento no confiesa su real’eza en pùblico. d) Todos cuantos adquieran este mismo tïtulo reinarân con Cristo. D. Los apôstoles contestan sin temeridad: “Podemos”. a) Admiremos la gracia que les concede y sostiene en el martirio. El uno sera el primer apôstol mârtir, el segundo sufrirâ el largo martirio de la perseveranda, 1141 KI ESTAS DE U»S SANTOS qucdando solo en vl mundo en medio de las persecuciones de la Iglesia. Aprendamos a beber no el câliz de nuestra predilecciôn, sino el que Dios nos en vit. b) El discipulo amado (Extractamos cf. cd. apôstol, discipulo 1142 1143 franc., de un t.3 serniôn p.S4 evangelists, y de de SS. Santo San vîrgen, Tomas Juan, prefierc de que Villanueva pudo darse y sobre atnbuirse es el conocido San Juan, 'titulo por el de de amado.) Dignidad del amor de Dios al hombre. Ni la criatura puede tener honra mayor que la de agradar a Dios, ni el Crea­ tor concederle otra mas excelsa que su aprobaciôn y amor. Si Dios lo diera todo menos su amor, no habria dado nada. Ese es el objeto de todos nuestros esfuerzos. Del amor de Dios nacen todas las gracias, la predes­ tination, la justification, la glorification... 1. El que es amado del rey, manda en xu corazôn, y mien- tras los nobles esperan permiso para franquear la Puer­ to, todas se abren ante el favorito. Cuando Dios nos ama, cielos y tierra nos obedecen. i. Por eso, a los santos les rodcan tantos prodigios. 1144 b) Nuestro amor es causado por la bondad de los seres. 1. El de Dios produce esta bondad. Amam os lo bueno. Dios produce la bondad amando, porque su voluntad es el bien primero que lo bonifica todo. 2. Solo Dios es sustanciaimente bueno, y las demds criaturas participamos de su bondad. Nuestra bondad con­ siste en conformarse con la divina. Por tanto, todo aquel que es amado de Dios puede decirse “a priori” que es justo y santo. Su amor le santifica. 3. Aun cuando algwen poscycra todas las perfccciones, si no fuera amado de Dios, no seria bueno. jCômo puede serlo qui en no es conforme a la Bondad Supre­ ma y régla de jusiieia? Nosotros obramos el bien des­ pues de seguir el dictamen de la razon, En Dios la razon prâctica consulta a la voluntad, que es esencialmente buena. 1145 Maravillas de la libtrtad divina, que puede amar cuanto quiere, puesto que su amor causa el bien. Los amados de Dios. a) El ser amado de Dios es el mejor timbre de San Juan. b) Nosotros podemos serlo. . 1 A’ APÔSTOLES 649 /xj gracia divina lo consigne. Lo misnto para el igno­ rante que para el gran pecador. Muchos de est os llegaron a scr grandes santos. 2. San Gregorio dice que Dios se parece al general, el citai aprecia mas al soldado que despues de un primer momento de pânico y fuga reacciona con heroismo, que no al otro que pelea desmazaladamente durante toda la guerra (cf. Moral. 1.28 c.26). 1. c) Animémonos, pecadores. 1. Dios ama al pecador esperando y proclamando que se convierta. Dios ama al justo. Considerémoslo como un padre que tiene dos hijos. El primero es un perdido. El padre tiene paciencia, todo lo disculpa, todo lo achaca al fuego de la juventud. ;Cuântos, dice, se han hecho honrados y formales con los aiios! En cambio, en cuanto su otro hijo, verdadero modelo, comete una falta, el padre se indigna y quisicra morir. Son dos efectos distintos del mismo amor a sus hijos. La paciencia y la correcciôn. 2. Dios alterna su paciencia con los reproches y castigos. Tremendas son las amenzas que se leen en la Sagrada Escritura. 1146 z razôn del amor de Dios. 1147 Dios no encuentra nada amable fuera de Él. Los mismos querubines son criaturas pâlidas a su lado. b) Esto nos demuestra la existencia de un primer objeto amado, en el que son amadas todas las criaturas, puesto que en ellas no existe la razôn del amor. Esta razôn de amor saliendo del Padre se posa en el Verbo como en su objeto propio y adecuado. c) Si Dios ama infinitamente, el Verbo es infinitamente amable. En Él ha puesto todas sus complacendas, esto es, todas las criaturas le placen en Él, porque Él es el ejemplar primero y perfecto. d) Concuerdan con este raciocinio las palabras de San Pablo: Bendito Dios y Padre de Nuestro Senor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendiciôn espiritual en los cielos; por cuanto que en Él nos eli~ giô antes de la constituciôn dei rnundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él... Por esto nos hizo gratos en su amado, en quien tenemos la redenciôn... (Eph. 1,3-7). En Jesucristo somos, pues, benditos, elegidos y predestinados y amados. Del mismo modo que el que ama a una persona ama todas sus cosas, asi nos ama el Padre. Nos ama porque somos criaturas suyas, pero la bondad que ama en nosotres es que hemos sido constitirdos conforme al ejemplar del Amado, esto es, dfel Verbo. .L 650 1148 FIESTAS IMS LOS SANIOS He aqui, por lo tanto, la grandeza de Juan. Es el “Amado del Bien Amado". El amor se conoce en cuatro cosas: 1. En que no guarda secretos. En que constituye al amado en el deposito de sus bienés mâs preciosos. En los favores que otorga. En la tierna familiaridud que concede. b Cristo revela sus màs intimos secretos a Juan. Reclinado sobre su pecho, de tal manera capta los latidos del corazôn de un Dios, que puede comenzar ru Evangelio didendo: “En el principio era el Verbo..." Es el Evangelio teolôgico de Cristo y de su amor. 2. Le otorga su mâs preciado tesoro, a saber, su Madré. Le colma de bienes. Es virgen, profeta, apôstol, evangelista, mârtir y confesor. En cuanto a la delicadeza de su familiaridad es el apôstol mimado. Muéstrase este amor en la muerte d'el Senor. Quiere que su discipulo esté junto a Él. Por eso, mientras a Pedro le molestan y preguntan, Juan entra y sale por los palacios, y va al Calvario sin que nadie le diga nada. d) Muéstrase también en la preciosa muerte del Apôstol. San Juan y el amor 1149 Hay santos a quienes el arte y la literatura han mixtificado su figura y caràcter. a) San Juan corre el peligro de que ocurra con él algo b) 1150 parecido. Su figura juvenil; su postura delicadaménte mimosa en la ultima Cena; su conversaciôn constante acerca dei amor, pueden imaginar una figura blandengue, muy distante de lo recio de caràcter que supone el Apocalipsis. Ciertamente que San Juan es el apôstol del amor, no por­ que hable sobre este punto mâs que San Pablo, sino por lo tiernamente que se referia a él. Pero es necesario ver como lo entitnde. b) Adelantemos, de momento, que la lecciôn que recibimos nos la darâ como uno que pudo decir: He aqui que nosotros lo hemos dejado todo, y que acompaüô a Jesûs en el Cal vario. *· ** >7? A stocks 651 Para San Juan el mensaje de Cristo es el amor. 1151 a) "Porque éste es el mensaje que, hemos oido desde el principio" (1 Io. 3,11). "No os escribo un mandamiento nuevo, sino un mandato antiguo que tenéis desde el principio” (de la predicaciôn cristiana) (1 lo. 2,1). b) "El que no ama permanece en la muerte" (1 lo. 3,14). Pero el amor es activo. El amor hace que el amante con- 1152 sidere al amado como a si mismo. y que, por ende, pro­ cure por todos los medios: a) La union con el amado. b) Evitarle los males y desearle los bienes que se desearia a si mismo. E. San Juan define el amor como buscando la presencia del 1153 amado. Para ello: a) Aleja de nosotros cuanto puede impedir la presencia del amado. 1. ‘‘Dios es luz y en Él no hay tiniebla alguna. Si dij'é2 ramos que viviwws en comuniôn con Êl y andamos en iinieblas, mentiriamos” (1 lo. 1,5). “Las tinieblas pasan v aparece ya la lue verdadera” (1 lo. 2,8). “No aincis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no esta en él la caridad del Padre" (1 Ιο. 2,15). “El mundo pasa, y también sus concupiscendas” (1 b) lo. 2,17). Propone como meta la asimilaciôn perfecta a Dios. 1 “Hijilos, permaneced en Él” (1 lo. 2,28). 2. “Dios permanece en nosotros y su amor es en nosotros perfecto. Conocemos que permanecemos en Êl y Él en nosotros en que nos diô su Espiritu” (1 lo. 4,13). 3. “Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando aparezea seremos semejantes a Él” (1 lo. 3,2). Pero la union no basta. Son necesarias las obras de amor. 1154 por las que évitâmes el mal del amado y le procuramos el bien. Asi obrô el Senor: "En eso esta la caridad, no en que nosotros hayamos amado a Dios. sino en que Él nos amo y envio a su Hijo, victima expiatoria de nuestros pecados” (1 lo. 4,10). Por eso, en correspondencia, nos­ otros: a) Debemos évitât el mal de Dios, esto es, el pecado. 1. “Quien ha nacido de Dios no peca” (1' lo. 3,9). “Todo el que tiene en Él esta esperanza (la de la filiaciôn divina perfeccionada en el cielo) se santifica, como santo es Él. El que çoniçtç peçado traspasa la ■ APOSTOLES FIESTAS DE LOS SANTOS |< 653 :. • ·; que le amarnos. Al prôjimo, si". Y porque "creo yo que segûn es malo nuestro natural, que si no es haciendo de raiz el amor de Dios, qu'c no llegaremos a tener con perfecciôn fel del prôjimo” (cf. Santa Te­ resa, Moradas quintas c.3). c) Amar a Dios totum, es amar a los hombres. ley... Sabéis que apareciô para destruir el pecado, y que en Él no hay pecado" (1 lo. 3,3-6). b) Debemos procurarle el bien posible, que no es otro sino cumplir sus deseos e imitarle. Su deseo principal es el amor mutuo entre los hombres. 1. “Carisimos, si de esta manera nos amô Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 lo. 4,11 2, “Amemos a Dios, porque El nos amô primera. Si algemo dijese: uAnio a Dios”, perc aborrece a jm hermono, miente” (1 lo. 4,20). Resumen. Podrîamos sintetizar la teologia de San Juan sobre el amor en dos ideas. El amor nace entre iguales o iguala a los amantes: La perfection del amor en nosotros se muestra en que tengamos confianza en el dia del juicio, porque, como es Él, asi somos nosotros en este mundo (1 lo. 4,17). b) No amemos de palabra ni de lengua, sino de obras y de verdad (l lo. 3,18). Esta es la caridad, que caminemos segûn sus preceptos 1155 1. Amar a Dios “totaliter” es amarlc sobre todas las cosas. 2. Amar a Dios “totum” es amar a Dios y a todo lo que sc ha asociado en unidad, esto es, la Santa Humanidad en la Union Hipostàtica, y todos los hombres en el Cuerpo Mistico. “iPor que me persigues?”, dice el Senor a Saulo enan­ do éste busca a los cristianos. C. Por el amor de los hombres se va a Dios. a) En el actual orden divino los hombres son un nredio para obtener la gracia y llegar a Dios. Olvidamos con frecuencia que vivimos una economia social. b) Es serial cierta, porque "si amarnos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender 1 Para el desarrollo ce este guiôn véase Columba Mabmiôn en La Palabra de Cristo, Dom. 17 de Pentecostés, sec.5, t.7, p.948. Lo mismo ocurre en la caridad. îQueréis amar a Dios? Amad a los hombres. 2. Incluso Dios signe el mismo orden. “Perdonarâ si perdonareis; serd misericordioso si lo sois vosotros” (Le. 1. Condiciones del amor. 1159 a) Fuerte y generoso. El amor de Dios es super omnia, porque su motivo, la Bondad Divina, es infinito. 1. Amando a los prôjimos, no por si mismos, sino por Dios, también su amor debe ser fuerte y generoso. 2. Sin embargo, es mas dificil, por los obstâculos que se presentan de anlipatias e inlcreses encontrados... 1156 A. 1. Es la unica scüal para conoccr λ somos discipulos suyos (lo. 13,35). 2. En el juicio se servira de la misma scüal. 1 ment os. Asi amô San Juan. Primero siguiô al Sefior, luego fué fiel en el Calvario, y constante en el martirio y en el destierro. San Juan es el apôstol del amor al prôjimo, al que designa como serial de amor de Dios. Es conocida la anéedota de que, al no oirle hablar de otra cosa, creyeron ser indicio de flaqueza senil. a lo que hubo de contestar que predicaba siempre el amor porque era lo que mâs les habia inculcado el Maestro. 1157 B. El amor al prôjimo es el mismo amor de Dios. a) El Senor hace de él un mandamiento, ûltima voluntad suya (lo. 13,34 y 15,12). 1158 1. Recibimos la doctrina por medio del Magisterio. 2. La gracia, por medio de los ministros de los sacra- b) El amor del prôjimo 1 liî b) Universal. A todos alcanza el motivo del amor: Dios. Practice. El amor platônico es una mentira. San Juan y la pureza San Juan, discipulo virgen y predilecto del Senor. La castidad virginal, juvenil y conyugal regula los apetitos sensuales. La lujuria, desorden en el placer, aunque no 1 Véase amplio desarrollo de este guiôn en La Palabra de Cristo, Dom. 14 de Pentecostés, guiôn 13, t.7, p.448-453. Pueden leerse a continuaciôn otro^ dos sobre la virginidad. 1160 9 J FIESTAS DE !<0S SANTOS sea el mayor de los pecados capitales, es el mas grave en sus consecuendas. La pureza puede ser una virtud natural. Pero dista como la tierra del cielo de la verdadera pureza sobrenatural. Como fruto del Espiritu Santo tiene: Un valor negativo que nos aparta del mal. b) Otro positivo, que consiste en la plenitud del ^spi­ ritu; en una manera propia de caminar ante Dios. Los medios para conservarla son: La oraciôn. b) La vigilancia. El pudor. San Juan y las riquezas 1 1161 Y dejando las redes al oir la Hamada del Serior, le siguiô inmediatamente. ^Dejô poco? Cuarto ténia. Las riquezas no se miran por la cantidad, sino por el ajecto. Las riquezas ;son buenas o malas? En si mismas no son malas. a) Los bienes terrenos son obra de Dios. b) Dios los da a veces como premio. c) Han existido numerosos santos ricos. Pero son peligrosas. El Senor lo dice. b) Impulsan al pecado con tal de adquirirlas. Una vez conseguidas apegan el corazôn. d) Haccn faciles los pecados. solution consiste en servir a Dios. Se le sirve mâs fâcilmentc en la pobreza. b) Pero el rico que le sirve tiene un gran mérito. 30 San Juan y la fralernidad universal 2 1162 San Juan, apôstol del amor entre los hombres (véase guiôn San Juan y el amor). Véase amplio desarrollo de este guiôn en La palabra de Crista, Dont. 14 de Pentecostes, guiôn 14. t.7. p.4.S7. ? Véase ibid, Dom, 14 dcspyçs de Pentecostes, guiôn 19, t.7, p.5O3, APÔSTOLÎS 655 • ' fl Hoy se acercan las naciones, pero por espiritu de conve­ nienda. Los catôlicos deben hablar y predicar de ello so­ bre todo ante pùblicos selectos. Labor pontificia en este sentido. Actuaciôn de Pio XII. 31 San Juan y la vocaciôn (I) 1 A. Después de la pesca milagrosa. el Sefior llamô a cuatro apôstoles, entre los cuales estaba Juan, quienes. luego de oido el llamamiento, dejândolo todo le siguieron (Le. 5,10) (véase Dom. 4 de Pentecostes, Comentarios generales). En el Evangelio nos encontramos con très tipos de voca­ ciôn, que se diferencian en la generosidad para con Cristo. Primer tipo: el escriba (Mt. 8,20). aj Busca los honores del taumaturgo. Jesûs le contesta ofreciéndole la pobreza. b) Purifiquemos nuestra intenciôn, no sea que sigamos a Cristo, dando nuestro nombre a asociaciortes y cofradias, por buscar algo humano. Segundo tipo: el joven rice (Mt. 8,20; Lc. 18,18-27, y Me. 10,17-27). Bueno y generoso. b) Cristo le invita a la perfecciôn. Su generosidad no llegô a tanto. d) [Como se repite en nuestra historia! Tercer tipo: San Juan. a) Escena evangélica. b) Amor al trabajo. Obediencia. d) Humildad. Rapidez al secundar la llamada. f) Abandono de todo. San Juan y la vocaciôn (Π) 2 A. 1163 Llamada y vocaciôn de Juan en el Jordàn y después de la pesca milagrosa. 1 Véase el desarrollo ce este guiôn en La flalabra de Cristo, Dom. 4 de Pentecostes, guiôn 6, t.4, p.1045. La ùltima parte refcrida a San Pedro puede aplicarse toda ella a San Juan. . 1 Para el desarrollo de este guiôn véase La Palabra de Cnsto, Dom. 17 después de Pentccostés, guiôn 2, t.4, p.980. 1164 656 FIESTAS DE EOS SANIOS Todos tenemos ana vocaciôn dcfinida; la de Cristianos, qu? equivale a la de santos. Relacionado el sermôn de la montana y el discurso y ora­ ciôn del Serior en la ùltima Cena, se concluye que la santidad se encierra en el amor de Dios. El amor de Dios incluye tres exigendas: a) Evitar todo lo que le sea contrario. b) Hacerlo todo y amarlo todo por Dios. Emplcarse en actos positivos de amor. E. 1165 perfecciôn del amor se encuentra en el cielo. La santidad consiste en ir reaiizando los actos del amor de un modo cada vez mâs perfecto. La caridad se aumenta con actos intimos de caridad. San Juan crece en caridad. a) Primero sigue a Cristo temporalmente en el Jordan. b) Después lo déjà todo por É1. c) Mas tarde le sigue al Calvario. d) Recoge y se entrega al cuidado die su Madré. Llega al martirio. San Juan y la vocaciôn (HI) Sobre la prontitud y obediencia cn en «cguir la vocaciôn apostôlica pueden verse numerosos guiones de Ia Dominica 4 de Pentccostés (cf. La PaJabra dr Cristo, t.4) y cn especial los 4 y 5: La obediencia. 7: El verdadero abandono. 10: Cualidadcs de la obediencia. 12: Tres binarios. 14 y 15: Dcsprendimiento sacerdotal. 34 1166 San Juan y el apostolado A. San Juan es el patrono de la juventud de Acciôn Catôlica. Cuanto nos describe el evangelio de la escena de la pesca milagrosa, puede aplicarse a San Juan, que no solo asistiô y siguiô al Senor, sino que se solidarizaria con todas las decisiones de San Pedro (véase La Palabra de Cristo, Dom. 4 de Pentecostés, Comentarios generales, t.4 p.917). ·<. AFOSTOLES 657 San Juan, pescador, es dispuesto a la vocaciôn por un mi- 1167 lagro previo: el de la pesca milagrosa. a) Dios llama a cada uno de un modo apropiado. A 2. A 3. A 4. A 1. b) los pastores hebreos por medio de los ângeles. los Magos astrologos por una eslrella. la Samaritana junto a un pozo hablândole del agua. los apôstoles en una pesca. iCômo me llamô a mi al apostolado? li San Juan queda constituido en "pescador de hombres”. 1168 Poscar hombres ti’ene una dificultad: la libertad hu­ mana. b) Y una gran ventaja: la sed de verdad y de bien. Y un gran motivo: los hombres son los peces de Dios que quiere que vivan. El pescador de hombres ha de procéder como procedieron en aquella ocasiôn los cuatro arnigos. 1169 Prepararon las redes. El apôstol es una causa instrumental. Dios es la prin­ cipal. La obra se atribuye a la causa principal, pero la instrumental también aporta su propia eficacia. 2. En manos del mismo violinista no suena igual un insfrumento cualquiera que un “stradivarius”. 1. b) d) Cierto que Dios puede suplir las deficiencias del instrumento, y d’e hecho lo hace muchas veces con las puramente naturales, pero de providencia ordinaria re­ quière por lo menos estas. Por eso prépara a los apôstoles en ambos ôrdenes du­ rante su vida pùblica. Les d'edica especialisima atenciôn en las advertencias de la ùltima Cena. Consagra, después de resucitado cuarenta dias a hablarles del reino de Dios, y finalmente les envia el Espiritu Santo. El apôstol debe perfeccionar sus cualidades natura­ les, adquiriendo conocimientos de tccnica pedagôgica, etc., Pero, sobre todo, se fundamentarâ en lo so­ brenatural. F. Lanzarlos al mar. a) Trabajar. No basta la oraciôn y la perfecciôn propia para ser apôstol. b) Hay estados de vida contemplativa. Dios los quiere. Pero su cooperaciôn al apostolado consiste en alcanzar gracias para que Dios acompane con ellas el trabajo del apôstol. r 'M J <■& 658 Pl ESTAS DE EOS SANIOS C) c) Aplicaciôn a los métodos propios de cada ambiente. d) Pereza esterilizadora del apôstol. “In nomine tuo". Si Dios es la causa primera, en ella hay que confiai y a Él hay que pedir. b) El Senor lo expresô en la parâbola de la vid y los sarmicntos: El que permancce en mi y yo en él, ése da mucho fvuto (lo. 5,5). He aqui un plan apostôlico aprendido de San Juan. a) GRUPO TERCERO·. MARTIRES HAGIOGRAFIAS DE LOS MARTIRES ' VARONES SAN SEBASTIAN (20 de enero) El nombre y la fiesta 1170 Es San Sebastian uno de los santos que han despertado mâs simpatia en la devociôn antigua y mâs ha sido aprovechado por el arte, el cual, en muchos casos, ha querido présentât el desnudo cristiano de un joven gallardo y militât. Su nom­ bre figura ya en el Calendario filocaliano en el 354 y San Am­ brosio predicô de él, como de un mârtir célébré. En el siglo iv ténia una basilica en Roma, en la que San Gregorio predicô su homilia 37, de la que se leen algunos trozos en el tercet noc­ turno del comûn de un mârtir. Su fiesta se ha celebrado siem­ pre el 20 de enero, unida a la de San Fabiân, debido a que las reliquias de éste reposaban también en la basilica de San Es­ teban. La vida del Santo es conocida por las Actas de su martirio o Passio Sebastiani, que durante algûn tiempo fué atribuida a San Ambrosio, aunque, en realidad, es una de las mejores composiciones dei siglo v o vi (cf. PL 17,121). ° 2. Datos biogràficos Segûn éstas, San Sebastiân vive en la corte imperial de Carino y Diocleciano. Nacido en Narbona y educado en Mi­ lan, o milanés él, mientras su padre era de Narbona, le repugnaba la carrera militât, que abrazô hacia el 283, para asi proté­ ger mejor a los cristianos p'erseguidos. Su primera acciôn guerrera en las milicias de Cristo fué la siguiente: dos hermanos, Marcos y Marcelo, habian sido condenados a muerte, pero sus ancianos padres, Tranquilino y Marcia, que habian conseguido ser depositados durante tres dias en la casa de un tal Nicôstrato, jefe de los carceleros de Roma, esperaban quebrantar su constancia. Enterado Sebastiân del peligro, se présenta alli, y su elocuencia y el milagro verificado con Zoe, espos^ de Ni- * < 1171 660 côstrato, a la que devuelve el habia, signândole los labios, convierten a los padres, a los carceleros y a dieciséis presos mâs. Todos ellos se bautizan y en el bautismo desaparece la gota de Tranquilino. Enterado el gobernador de Roma de esta curaciôn, pidc igual favor para él, lo obtiene y es bautizado a la vez que su hijo. Todos los presos quedan libres y cl asunto enterrado. Era el aâo 284 y Sebastian habia ganado una gran batalla. Pero el 285 el emperador Carino es derrotado por Diocleciano y la perse­ cution se recrudece. El nuevo augusto no conoce la religion de Sebastian. Solo sabe de su postura y fidelidad en cl ser­ vicio, por lo que le nombra capitân de la guardia pretoriana. Casi todos los convertidos de Sébastian y otros muchos mâs caen en la persecution, y al lado de ellos, para animarles, estâ siempre el nuevo pretoriano. Por fin. es denunciado, ante el estupor del emperador. que le reprocha su ingratitud para con él y su impiedad para con los dioses. 3/ El MARTIRES FIESTAS 1*E I.OS SANTOS doble martirio La defensa de San Sebastiân es la de un cristiano, la que después harâ constar San Agustin, refiriéndose a los que eran soldados en tiempos de Juliano el Apostata. He sido fiel al Im­ perio y pido a Dios por él. La sententia de muerte es la propia de un militât. Morirâ asaeteado por los flecheros africanos. Sebastiân no muere. Cuando Irene, viuda de Câstulo, mârtir, cuya fiesta se celebra el 26 de marzo, acude a recoger el cadâver, se cncuentra con que vive todavia y puede curarlo en su casa. Los cristianos le instan para que se esconda. Pero Sebastiân no es militât que huye, sino que pelea. Colôcase en una cscalera por donde ha de pasar Diocleciano y se enfrenta con él, echândole en cara la sangre inocente que estâ derramando. La sentencia de muerte se reitera, pero esta vez morirâ el 20 de enero del 288, a bastonazos. y su cuerpo serâ arrojado a una cloaca, de donde la matrona Lucina, avisada por el mismo Santo sobre el lugar en que se halla su cuerpo, lo recoge y en­ verra en las Catacumbas. Sobre la autenticidad de taies noticias, el Butler s lives di­ ce: “Esta historia se considera generalmente por los estudiosos como una piadosa fâbula, escrita quizâ hacia finales del siglo v. Lo ûnico que puede afirmarse con certeza sobre San Sebasitân es que fué un mârtir romano, en cierta conexiôn con Milân. donde se le veneraba ya en tiempos de San Ambrosio, y que fué enterrado en la via Apia, probablemente cerca de su basilica, en el cementerio Ilamado "Ad Catacumbas". Aun cuan­ do al final de la Edad Media y en el Renacimiento haya sido nresentado por nor cl el artc arte atravesado de fléchas, o por lo menos presentado 661 llevando una, sin embargo estos atributos son bastante tardios. Como se ve fâcilmente, el argumento artistlco es harto flojo, pues aun cuando anterlormente no figurara en el arte con las fléchas, figuraba en la literatura cristiana, como lo atestigua el martirio que hemos extractado. 1° Modelo de fe intrepida Γ r' 1173 Se considera a San Sebastiân en muchos paises como patrono contra la peste, lo que escritores mâs o menos folkloristas han atribuido al simbolismo pagano de las fléchas. Lo mâs verosimil es que esta devociôn naciese en el 826, del hecho de que una peste cesase en Roma al ser sacadas procesionalmente sus reliquias. El hecho figura en un mosaico antiguo. Butler's, citando al P. Delahaye (cf. Encyclopedia britânica), llama a esta desapariciôn de la peste ‘‘accidental". Un poco dificil resulta juzgar a la divina Providencia a tantos siglos de distancia. En cuanto a la prédication, San Sebastiân suele propornerse como modelo de fe intrépida, d’e apostolado entre los que dudan, de consuelo a los perseguidos, de valor ante el tirano y los superiores, etc. 2. SAN BLAS (3 de febrero) l.° PoPULARTDAD Y CULTO . H?4 Santo de gran devociôn popular en Francia y Alemania y en no pocos pueblos de Espafia, de los que es patron, y en cuya fiesta abundan las bendiciones populares. Su culto se extendiô en gran manera en Oriente y Occidente, sin que se pueda préci­ sât la fecha. No debe ser de gran antigüedad, porque los Pa­ dres capadocios, tan diligentes en honrar la memoria de los santos de su tierra, no lo nombran para nada. En Oriente se celebra su fiesta el 11 de febrero y en Occi­ dente. el 3. De su devociôn baste advertir que solo en Roma tiene cinco iglesias. Sus reliquias han abundado tanto que ha surgido la hipôtesis de que la celebridad de su devociôn hizo que se trajeran las de otros mârtires del mismo nombre. Asimismo se le han atribuido tantos milagros que es patron de un sinnûmero de necesidades. Sin embargo, los datos mâs antiguos sobre su vida provienen dei siglo vin y, segûn ellos, lo ûnico que sabemos es que fué mârtir en la persecution de Licinio y bajo el poder de Agricola y delegado en Armenia, de cuya ciudad de Sebaste era obispo. K·:· 662 ° 2. FIESTAS HE LOS SANTOS La historia legendaria a historia, sacada de actas legendarias, es la siguiente: hijo de padres nobles, y obispo desde muy joven. al Hegar la persecution se escondiô en una gruta, donde le alimentaban las fieras. En cierta ocasiôn en que unos cazadores iban buscândolas para los juegos dei circo, encontraron a Bias, y, aunque espantados de verle entre fieras, se lo llevaron preso. En el camino, al saber que un lobo habia arrebatado un cerdo, propiedad de un pobre hombre, mandô a la bestia que lo devolviese sano, como lo hizo. Mâs alla curô a un nino, a punto de morir por una espina clavada en la garganta. Preso, sin luz, ni comida, la madré del nino curado llevôle luz. y él le recomendô que ofreciera un cirio en la iglesia y contaria con su protecciôn, asi como cuantos hiciesen lo mismo. Fué torturado con garfios que le desgarraron los pies y, por fin, se le condenô a ser decapitado. Π76 3.° Sus DISTINTOS PATRONATOS De taies noticias se han derivado sus tan distintos patronatos. De su amistad con las fieras, el ser patrono de los ani­ males feroces; de la recuperation del cerdo, numerosas cere­ monias espetiales, sobre todo en Alemania, donde figura entre los famosos catorce santos, agrupados por la ayuda que prestan en distintas necesidades y cuya fiesta se celebra en las orillas dei Rhin el 8 de agosto. La curation del nino le hizo abogado contra las enfermedades de la garganta. Los garfios de su tormento le nombraron patrono de los cardadores de lana y de los tallistas de piedra. También se le invoca y se bendicen panes y frutos con formulas de rituales antiguos, para cu­ rai los dolores de muelas, si bien en Espana, aun cuando existe esta ceremonia, no sabemos que tenga tal fin. La tradition de la vela, recomendada a la mujer, ha introducido la ceremonia de la bendiciôn de una candela, que el sacerdote toca a la garganta, y que en Alemania se présenta en dos cirios cruzados. Existe también un agua que, bendecida en su honor, se da a los animales enfermos. 1177 3. SAN PANCRACIO (12 de mayo) Desconocemos el motivo por el que esta devotion se ha hecho popular. Es una de las muchas que conviene orientar debidamente. Lo que se sabe de este mârtir se debe a las Actas, muy posteriores a su muerte, llenas de anacronismos y no merecedoras de fe absoluta. mArtirES 663 Nacido, segùn ellas, en Siria o Frigia, huérfano de padres, fuc llevado a Roma por un tio suyo, y alli se convirtiô al cristianismo. Fué degollado a los catorce anos, en la persecuciôn de Diocleciano. Hasta aqui llegan las noticias que sobre Pancracio se poseen. Sin embargo, de muy antiguo tuvo este santo mârtir gran devociôn en Inglaterra, adonde fué llevada por San Agustin, que le dedicô una iglesia en Canterbury y a cuyo rey, Oswy, de Northumberland, el papa San Vitaliano le remitiô reliquias. Introducida la devociôn en Inglaterra, se llegô a construir un cementerio bajo su advocaciôn, que es el que diô nombre al barrio y hoy a la estaciôn de St. Paneras. Parece ser que el hecho de consagrarle San Agustin la primera iglesia se debiô a que este Santo habia vivido en el monasterio benedictino construido por San Gregorio Magno y dedicado también a San Pancracio. San Gregorio de Tours le llama “vengador de los perjurios” y dice que Dios, por un perpetuo milagro, castiga violentamente los juramentos falsos hechos delante de sus re­ liquias. b) HAGIOGRAFIAS DE LAS MARTIRES MUJERES 1. SANTA AGUEDA (S de febrero) l.° Antigüedad de su culto Consta la antigüedad de su culto, pues no solo figura en el calendario de Cartago (siglo v), sino en el canon de la misa. Hubo en Roma desde el siglo vi dos iglesias dedicadas en su honor. Hoy es festejada en los pueblos de Castilla, donde se la considera patrona de las mujeres casadas, probablemente por el tormento que sufriô. Es también patrona de los fundidores de campanas, sin que se sepa la razôn; y quizâ por haber confundido con dos panes los dos senos sostenidos por un plato, con que el arte la representaba, existe en algunos lugares la costumbre de bendecir panes el dia de su festividad. Ésta quedô fijada el 5 de febrero, probablemente por el incremento que tuvo su devociôn cuando el pueblo de Sicilia la invoeô en una terrible erupciôn del Etna, que cesô el quinto dia de rogativas, coincidiendo con una de las fechas en que se celebraba su festividad. Su historia, en cambio, es bastante nebulosa, ya que las Actas latina y griega de su martirio careeen de valor. 1178 FIESTAS 1>K I.OS SANTOS 664 1179 2.° La vida y el martirio Rica e ilustre y consagrada a Dios, habia enccndido la pasiôn del consul Quintiano, quien aprovechôse de la perse­ cution de Decio para conquistarla. Sabiéndola cristiana, la encarcelô en Catania, encargando de su custodia a una mujer de mala vida, llamada Afrodisia, cuya misiôn era pervertirla con halagos y amenazas. Vencedora la Santa con la oraciôn y las lâgrimas, sufriô después horribles tormentos, uno de los cuales fué el de que le arrancasen ambos senos. ‘‘^No te avergüenzas—dijo al perseguidor—de mutilar asi a una mujer de aquello mismo con que te alimentaron a ti de nino?" Se suceden los tormentos, entre ellos el hierro y el fuego. Pero curada milagrosamente por Cristo, Quintiano no se conmueve y la manda arrastrar desnuda por un lecho de cristales rotos y otro de fuego. Entonces un gran terremoto amedrenta a los jueces, y mientras la Santa pide al Sefior que, después de haberla liberado de tantos peligros y amenazas, se sirva, por fin. retibirla en el cielo, expira dando un gran grito. Quintiano muriô a poco. Un ano después, el mismo dia del martirio, una eruption del Etna amenazô destruir a Cata­ nia. pero los propios paganos corrieron a su sepulcro y con el vélo que la cubria detuvieron la lava, hecho que se repitiô varias veces. En el siglo x se compuso su oficio, tomândolo de las citadas Actas. 1180 2. SANTA APOLONIA (9 c’c febrrro) Patrona de los dentistas y de los dolores de muelas. En Boston existe una revista odontologica Hamada “ApoIonia". To­ do lo que conocemos de ella consta en una carta del obispo de Alejandria, Dionisio, dirigida por Fabiano de Antioquia, en la que, al describir los numerosos martirios promovidos por lo.' motines populares de la primera ciudad en el ûltimo ano del reinado de Filipo, y la magnânima resistencia de los fieles, nos dice lo siguiente: "Los perseguidores se apoderaron también de ApoIonia, virgen muy digna de admiration, y le arrancaron los dientes a golpes. Después, levantada una pira en las afueras de la villa, la amenazaron con arrojarla viva si no se unia a sus impias palabras. Ella, después de negarse bravamente, se ofreciô en sacrificio y se arrojô râpidamente al fuego, que la consumiô.” Parece que ocurriô su muerte el ano 249 y no se sabe si el dia 9 o en otra fecha. También se discute si es ella la celebrada en el martirologio jeronimiano este dia con el nombre de "Apol- 665 mârïlres Ionia", Ciertamente que San Agustin habia de esta Santa y ex­ plica, atribuyéndolo a inspiraciôn del Espiritu Santo, que se arrojase a las llamas. SANTA CECILIA (22 de noviembre) l.“ Patrona de los 1181 müsicos Desde hace mâs de un milenio Santa Cecilia es una de las màrtires mâs veneradas, y hoy se la considera como patrona de los mûsicos, Las Actas de su martirio dicen que en su boda, mientras los mûsicos tocaban, ella cantaba al Senor en su corazôn. La historia es popular y data dei siglo v, pero, desgraciadamente, las Actas no merecen mucho crédito, o por lo menos no podemos decir que estén fundadas en auténticos materiales. De Valeriano y Tiburcio, su marido y hermano, solo sabemos que fueron màrtires, que se les enterrô en el cementerio de Pretextato, y que su conmemoraciôn se celebra el 14 de abril. En el periodo subsiguiente a las persecutiones no se hace mention alguna de mârtir que llevara este nombre, y ni San Dâmaso ni Prudentio la citan, como parece debieron hacerlo con mârtir de su importantia y simpatia. Dicese que Maderna visitô su sepultura y encontrando el cadâver fresco todavia lo reprodujo en mârmol en la forma tan conocida de una joven reclinada de medio lado, con una herida en el cuello y en la mano un dedo abierto, mientras la otra enseiîa tres. Pero hasta esto mismo resulta dudoso para los criticos. Al parecer, la confusion nace de que existiô un titulo de Cecilia, esto es, una iglesia construida por una matrona asi llamada, de donde se originô el culto a la Santa, o sea, una igle­ sia a ella dedicada. 2.° La historia referida por las Actas La historia referida por las Actas es muy conocida. Ceci­ lia, virgin de Cristo, prometida a Valeriano, el dia de sus bodas le dice que no se acerque, porque la protege un ângel. Acepta este hacerse cristiano para poder ver al ângel, como, en efecto, lo consigue. Son coronados ambos de rosas y acto seguido convencen al hermano de Valeriano, Tiburcio. Con tan­ to celo se dedican a enterrar a los màrtires, que ellos mismos son condenados a muerte y la aceptan con valentia. Santa Cecilia recoge sus cuerpos y pronto le toca a ella el turno. Siendo imposible convencerla, ordena el juez que sea sofocada en el baüo. Pero aunque encienden un fuego seis veces mayor de lo acostumbrado, permanece veinticuatro horas sin padecer dano alguno. Enfonces la degüellan. 1182 FIESTAS ΠΕ I.OS SANTOS 666 1183 4. SANTA BARBARA (13 de dicicmbre) Hay muy serias dudas sobre la existencia misma de la Santa. Su vida no aparece hasta el siglo vil y su culto hasta el ix. No hay martirologio antiguo que la cite, y su misma patria va desde Toscana y Roma hasta Nicomedia. Sin embargo, ha sido una de las santas mâs populares en el Medievo, y hoy es la patrona de la Artilleria. de los arquitectos y dc los mineros, si bien Santa Juana de Areo le disputa un tanto el patronato militar y con alguna razôn, puesto que la doncella de Orleans fué una buena técnica en la colocaciôn de las piezas. La leyenda nos refiere que era hija de un potentado 11amado Diôscoro, el cual. para defender su belleza, la encerrô en una torre que contaba ùnicamente con dos ventanas. Alli se hizo cristiana y se bautizô. Al regresar su padre, irritado por el desprecio que hizo de los dioses, quiso matarla. Huyô entonces la doncella y a su paso las rocas se abrieron. Un pastor denunciô su escondite y las ovejas se le volvieron escarabajos. El juez ordenô que fuese paseada desnuda por los campos, pero ella invoeô al Dios que viste los cielos de nubes, y el Senor le proporcionô un vestido. Tras mil suplicios, fué decapitada, y en el mismo momento de su muerte un rayo matô a su padre y delator. El rayo la hizo patrona, primero de los arcabuceros, y después de la artilleria y mineria. El castillo, de los arquitectos. 1184 5. SANTA LUCIA (4 de diciembre) Es indudable la union existente entre Siracusa y Santa Lucia, asi como su culto, que es uno de los mâs antiguos. En Roma se veneraba su memoria en el siglo vi como la de una de las principales mârtires. y su nombre se insertô en el canon. En Siracusa se ha descubierto con su nombre un sepulcro que tiene muchas probabilidades de ser el suyo. Es casi seguro que fué su onomâstico lo que hizo que se la invocase en la Edad Media por los que padecïan algo de la vista, y de ahi naciese la leyenda de que el tirano, o bien ella misma, para librarse de un pretendiente, se arrancô los ojos, que le fueron milagrosamente restituïdos. Las Actas de su martirio no merecen gran fe. Segûn ellas, era una joven rica de Sicilia. Su madre. Eutiquia, conociendo su voto, la comprometiô en matrimonio con un pagano. Esta Eutiquia padecia una hemorragia y fué llevada por su hija a Catania, al sepulcro de Santa Agueda. ante el que fué cura- MART 1RES 667 da. Agradecida, accediô a los deseos de su hija, que le mani­ festo alli su proposito de virginidad. Indignado su pretendiente, la denunciô al gobernador en plena persecucion de Diocleciano. Para deshonrarla, se la intentô llevar a un burdel, pero no consiguieron moverla. El fuego no le hizo dano y enton­ ces fuc degcxllada. c) GUIONES HOMI LETI COS La victoria del nidrtir 1185 (Extracto del primer ............ ...sermôn ---- ..... de — _. Bossuet ------ - -----sobre San ---- Gorgonin, cuyas ideas ipueden servir para cualquier piârtir. Cf. ed. Firmin Didot, t.402 ss.) El cristianismo, vida de lucha. El Apôstol nos previene que vivamos armados (Eph. 6,11), puesto que nuestra vida es guerra continua. a) El bautismo nos habia de eternidad y grandes empresas, pero estas hallan siempre obstâculos. Hl mundo se levanta en contra de nosotros y primero intenta deslumbramps con promesas de felicidad; des­ pués, asustarnos con amcnazas de tormentos. 2. Es necesario vivir sin esperanza ni temor terrenos. 1. b) De estas dos baterias, temor y complacencia, la mâs terrible es la segunda. San Agustin lo explica (cf. Sermon 179 n.10). El te­ mor turba, pero no cambia los sentimientos. Si un ladrôn me ve dispuesto a resistir eficazmenlc, hnye o se acerca con disimulo, pero signe deseando robar. En cambio, el amor trueca los afectos. 2. Par eso, es mas dificil vencer un falso amor que un temor pernicioso, y cl mundo ha hecho mas conquistas con la seducciân que con la amenuza. 1. Doble victoria de los màrtires. Los màrtires triunfan sobre ambos ataques. No les gustô el mundo y lo despreciaron; entonces ellos disgustaron al mundo y este les persiguiô. Y se cumpliô la frase del Se­ nor: ‘‘No he venido a traer la paz, sino la espada” (Mt. 10,34). a) El orador muestra los honores y riquezas que reportaba el favor imperial. El predicador puede hacer lo mismo, si se trata de santos como San Sebastian, San­ ta Cecilia, etc., a los que se supone pertenecen al pa- 1186 FIESTAS UE LOS SANTOS 668 triciado. De lo contrario, puede hablar de la vida cômoda y familiar, etc. b) Enfrente de estos honores el cristianismo ofrece un desprecio universal: Tanquam purgamenta huius mun­ di (1 Cor. 4.13). Prisiones, calumnias, comparados a los infanticidas, etc. 2. Si alguien queria defenderles de taies acttsaciones, lo hacia tildândoles de locos. 1. c) 1187 G. El choque de harâ entender vivido por los de su primera lo que se déjà con lo que se abraza como Cristo es signo de contradicciôn, mârtires. El martirio era obra o efecto victoria sobre el amor mundano. Comparémonos con los mârtires. a) La cobardia en resistir las seducciones dei mundo y nuestra pereza en servir a Dios son indicios de que nosotros hubiéramos ahorrado a los tiranos el trabajo de perseguirnos. b) Nuestra vida distinta de la de los mârtires hace prever un fin diverso. c) Nuestra vocaciôn es la misma que la de ellos. Diga­ mos, pues, a San Pablo: “Yo os conjuro, hermanos, por las entranas de la misericordia de Dios, a que os comportéis de una manera conveniente a vuestra vo­ caciôn” (Eph. 4,1). 1188 D. Sentimientos intimos del mârtir. En medio de aquellos tormentos en los que, segùn [rase de San Cipriano, rota y a la union de las entrafias, no atormentaban a los miembros sino a las heridas", ^qué pensaban los mârtires? ^Cuâl era la causa de su consuelo? a) "Sabedores de que la tribulaciôn produce la paciencia: la paciencia la virtud probada, y la virtud probada la esperanza. y la esperanza no quedarâ confundida" (Rom. 5,4). Conociendo este texto, sabian que si Dios prueba a alguien, es que desea servirse de él. Esperaban, pues, que Dios les reseruara algo grande. 2. Nosotros, en cambio, nos creemos abandonad-os de Dios a la menor tribulaciôn. 1. San Cipriano, en su Exhortaciôn al martirio, aduce, como argumento, que Dios Nuestro Senor ha anunciado a los suyos que serân perseguidos, pero que des­ pués obtendrân un consuelo eterno. Dios—continûa— no es menos fiel en los bienes con que premia, que en los males que anuncia. c) Pero la mâs alta consideraciôn que les encendia en deseos de sufrir, era la de saber que nuestra aima. b) MARTIRES 669 aun siendo imagen de Dios, vive sepultada en una masa de carne de pecado y de impureza. A cada trozo de cuerpo que les destrozaban, veian mâs hermoseada el alma. Tanquam aurum in fornace (Sap, 3,6). Es­ tos eran los deseos que les hacïan desear la muer­ te y repetir el cupio dissolvi et esse cum Christo (Phil. 1,23). E. El testimonio de hoy. U8g a) Mârtir quiere decir testigo. Ellos atestiguaban la di• vinidad de Cristo, en el que creian. b) îQué podemos atestiguar nosotros? Hombres de fe, sabemos que el bien y el mal es manejado por la providencia de nuestro Padre. c) Aceptar el uno y el otro con paciencia y amor es ates­ tiguar esta verdad. d) Vivimos en unos tiempos y en una ciudad (Metz) que Jleva sufriendo veinte aüos el paso de la guena. He aqui una ocasiôn para dar este testimonio. Torne su crus (Extracto de un sermon de Santo Tomas de Villanueva sobre un mârtir. Cf. ed. francesa, t.3 p,123ss.) A. El que quiera venir en pos de mi” (Mt. 16,24). a) No hay sino querer para conseguir la vida eterna. No ocurre lo mismo con los bienes de este mundo, por­ que son frivolos e inutiles. 2. Dios, en cambio, ha puesto a nuestra disposition los grandes bienes, Quien los pierda no podrà quejarse de Él. 3. En cuanto a ellos, todos, ricos y pobres, reyes y vasallos, blancos y negros, tenemos el mismo derecho y facilidad. iConsuelo para los pobres y advertentia para los ricos! 1. b) c) El que quiera, si alguno quiere. Dios no fuerza a nadie. 'Niéguese a si mismo, tome su cruz y sigamfe..." îQué salario y premio da el Senor a sus obreros y fin­ ies? Lo acabamos de oir. No engaüa a nadie con fingidas felicidadcs. 2. Renunciar a si mismo, dejar de ser lo que je es, para merecer ser lo que no se es, con los bienes présentés comprar los prometidos a la esperanza. ;Dificil cosa! 3. Pero iquién no escuchard al Senor? Oigamos la respuesta de los mârtires: “Rehusando la liberation por 1. 1190 MAKÏf.RES 670 FIESTAS de LOS SANTOS 671 alcanzar una resurrectiôn mejor; otros soportaron irri­ siones y azotes...” (Hebr. 11,35-39). 1191 B. Tampoco a los cristianos nos basta con renunciar a nosotros mismos. a) Es necesario aceptar la cruz, sea cual fuere, y que puede llegar hasta la persecuciôn y el martirio. Es la bandera de Cristo: la cruz. b) Tome su cruz, dice el Senor, porque la mia (la de Jesûs) séria demasiado pesada para vosotros. 1. jVo os pido sangre, ni espinas..., solo os pido penitencia 2. 3. 4. •J 5. 6. 1192 C. por vuestros pecados. jOs quejaréis de su peso, siendo asi que tengo derecho a imponeros mi propia cruz, ya que me debéis la vida? Habiendo Il evado yo el peso de mi cruz para librarte de tus pecados, useras capaz tû de entregarte a la ale­ gria y a las risas? “Busco quien me consuele y no lo encuentro” (Is. 73,3). Pisé yo solo la uva en el lagar y me bastô para redimirte, pero la justitia exige que nadie se salve a pesar suyo, ni sea coronado un indigno. Llevad, pues, vuestra cruz quienes no sois indiferentes a la mia. El Senor se cargo él mismo la cruz (lo. 19,17), sin esperar que los soldados se la echaran encima. Sé tû animoso como El. ;Dônde encontraré la cruz? Di mejor: jEn donde no la encontraré? El solo hecho de crucificar la carne, con sus vicias y concupiscendas, es ya cruz suficiente (Gai. 5,24). Los davos que han de sujetamos a la cruz han de ser el amor, la esperanza y el santo temor. Si el amor no basta, esperemos los premios y temamos el castigo. “Sigame a) No basta renunciarlo todo. También los filôsofos renunciaron. Es necesario seguir a Cristo por sus cami­ nos de inocencia, santidad, pureza, humildad y amor. Él es el camino. Otros no llevan a la meta. Si alguien nos anuncia otro evangelio, no le hagamos caso, aun cuando sea un ângel (Gai. 1,9). b) Lucifer cayô, no por no haber conocido la verdad, sino por no haber permanecido en ella. Quiso guiar a otros en vez de seguir a su Senor. Hay quienes tam­ bién se empenan en guiar a la misma Iglesia y su pensamiento. Se parecen a San Pedro, cuando quiso corregir al Senor, que anunciaba su pasiôn. Recordemos que Jesûs le llamô Satanâs (Mt. 16,22). El martirio en general Recomendamos los siguientes guiones: A. “El martirio como prueba apologética” (cf. La Palabra de Cristo, t.4, p.1201, 2.‘ ed., n.2037-2040). B. “El martirio como bautismo de sangre” (cf. ibid., p.1204, 2.‘ ed., n.2041-2044). “Los mârtires, testigos de Cristo" (cf. ibid., p.1232, 2.* ed., n.2077-2082). Y sobre las persecuciones de la Iglesia y su triunfo, véase en el indice sistemâtico “Iglesia, Persecuciones y Propa­ gation”. Recomendamos la lectura de San Cipriano y San ]uan Crisôstomo en la dominica infraoctava de la Ascen­ sion, t.4. Véase, ademàs, sobre la historia de la Iglesia: “El parto continuado de la Iglesia” (Dom. 3 después de Pascua, guiôn 89, t.4, p.720, 2.* ed„ n.1220-1223). San Sebastiân.—“Fides intrepida" 1 1193 A. La figura de San Sebastian es frecuentisima en el arte cris­ tiano. a) No solo porque ha prestado ocasiôn al artista para dibujar o esculpir un desnudo casto, sino porque une las ideas de juventud y fe intrépida que le llevan a afrontar la muerte. b) Digase lo mismo de la devociôn tan extendida de este Santo, patrono de ciudades, templos, seminarios, etc. B. Todos los mârtires pueden tener como lema “fides intre­ 1194 pida”, pero mucho mas éste, segùn consta por la simple lectura de su vida. El temor es una pasiôn dei apetito sensitivo que se con- 1195 mueve ante un mal futuro, dificil, y que se juzga imposible de evitar. a) El temor estâ intimamente ligado con el amor (cf. Sum. Theol. 2-2 q.41 a.2). Se ama un bien, por ejemplo, la vida. La pérdida de la vida se estima, por tanto, un mal. Si se ve que esta peligra, surge el miedo. 1 Este guiôn es fâcilmente acomodable a cualquier mârtir, con sôlo quitar lo que se refiere a San Sebastiân. 672 FIESTAS DR EOS SANTOS Dépende también de la intcligencia, que es quien nos dicta lo que es bueno y digno de ser amado y lo que es malo y digno de ser temido. Siendo una pasiôn. no esta por completo sujeta a la libertael del hombre. Aun cuando ta parte intelectua! y elevada de éste decidan afrontar serenamente el peligro, sin em­ bargo. la parte irascible puede sentir el niiedo. Es el caso del temor que el Senor sintiô en Getsernani. Sin embargo, el hombre domina el miedo y en este dominio tiene gran parte cl entendimiento, cl cual pré­ senta un ideal superior a los obstâculos que se presentan y aconseja afrontarlos. b) 1196 D El hombre de eiencia se expone en sus investigationes. El militar desafia a la muerte. Pero hay algo mâs alto y que robustcce mâs que la p.ura racôn, y es la fe. Los grandes mârtires y héroes han nacido siempre dei campo de la fe. La rasôn es sencilla. La fe prafone otra vida y oiros premios muy superiores al bien mâs preciado de esta mundo, que es la vida. "Pita mutatur non solvitur." Nos habia de otro Senor mueho nuis grande y noble que los que nos antenasan en esta tierra. La fe es "sperandarum substantia rerum" (Hebr. 11,1). Es lo que da consistenda a los bienes futuros que se esperan. Y estas bienes, al ser considerados como su­ periores, animan a que se menosprecien los inferiores. El hombre de fe p.uede sentir cl temblor de su cucrfo, pero su voluntad va dccidida. A pesar de cllo diremos que la fe sola no basta. Esos objetos futuros y felices se presentan remotos, mientras que el mal que amenasa esta présenté. La misma fe nos habia de la posibilidad del perdon. Por eso, tantos y tantus buenos Cristianos pecan por otra parte. 2. Es necesaria la fe que obra por medio de la caridad. Es neccsario cl amor. El amor nos présenta a Dios y su gloria como présentes. Son ya nuestro sumo bien. El verdadero temor sera el de perderlos. Porque el mayor temor es siempre cl de perder y ofender a quien se ama. El amor es paciente, lo sufre todo, incluso los ataques exteriores. Por eso, la fe intrépida es la fe que se une a la ca­ ridad. El mârtir verifica el mayor acto de caridad, que es el de entregar la vida por su amigo. 2. En el caso de San Sébastian, diriamos incluso que la entrega por los amigos de su Amigo. 1. 1197 E. y nosotros ^seriarnos capaces de tal acto de fe intrépida por el amor? MARTI R ES a) b) 673 Si |uzg«»ramos nuestra vida diriamos que no (cf. Bos­ suet). Pero téngase en cucnta que el amor, como todas las virtudes, dependen de la gracia de Dios. Cuando llega cl momento del martirio, sorprende el heroismo de crislianos de vida media y hasta tibia. 2. lis que cl honor de Dios esta en juego y suple con la gracia nuestras deficiendas. La historia contemporanea lo ha demvslrado, 1. Sin embargo, en el momento présente tenemos mil ocasiones para ejercitar la intrepidez de nuestra fe. Los ados son dif idles, o por lo heroicos, si son mo­ mentaneos, como aceptar la muerte, o por lo continuanuados, si son ados corrientes. Pueden en uno y otro caso llcgar hasta el imposible moral, que no se vence si no es con una ayuda extraordinaria de la gracia. 2. Nuestra vida no exige esa ayuda milagrosa, pero en lo continuo de nuestro batallar para c.umplir el deber natural *v sobrenatural nccesitamos robustecer nuestra fe, ensanchar nuestra caridad y pedir insistentemente la ayuda de la gracia. 1. A Dios antes que al César 2 Toda autoridad viene de Dios. 1198 a) La autoridad ha de ser obedecida. Al sùbdito no le compete averiguar si las leyes son o no convenientes para el bien comûn, y obedecerlas en caso afirmativo, pues enfonces séria imposible el gobierno de la socledad. Dios no le ha encomendado a él sino la ejecuciôn cuidadosa de los medios que ordena el gobernante. b) Pero existen dos autoridades: la humana y la divina. Si hubiera oposiciôn clara y terminante entre ambas debe ser obedecida la autoridad superior, en aquel punto en que surge el conflicto, continuando la auto­ ridad humana con derecho a ser obedecida en el res­ to de sus disposiciones. recibieron la orden dada por los sacerdo- 1199 B. Los japôstoles . tes de no continuar predicando a Cristo. Sin embargo, ellos dijeron: "Es preciso obedecer a Dios antes que a los hom­ bres" (Act. 5,29). a) Estos mismos apôstoles (en este caso San Pablo), refiriéndose a emperadores perseguidores, a pesar de A. 2 Para dcsarrollar este guiôn en su primer numéro, véanse lo3 guioncs de la dominica 22 de Pentecostés, y cspccialmcntc et guiôn 18, t.8 p.773. La palabra de C, 10 22 $ 674 FIESTAS DE LOS SANTOS MARTIRES que estaban dispuestos a morir por no obedecer su orden de sacrificar a los idolos, decian que vivan sumisos a los principes y autoridades (Tit. 3,1). b) San Agustin, refiriéndose a los soldados de Juliano el Apostata, escribe: “Los soldados cristianos que Ser­ vian a un emperador infiel, cuando se trataba de algo relacionado con Cristo, no reconocian a Aquel que esta en los cielos". Santa Barbara 1201 Santa Cecilia.—La artes y Dios Esto es fàcilmente aplicable a la historia de San Sebastiàn. a) Lucha por el imperio. b) Defenderia celoso la vida del emperador. c) Pero obedece a Cristo y prefiere morir. Todavia podemos ver en él algo mâs dificil que desafiar la muerte, a saber: reprender al emperador. No es licita la rebeliôn. b) Tampoco lo es la murmuraciôn, ni mucho menos la calumnia. Puede ser gran virtud y mâs que dificil llamar la atenciôn de los grandes. La belleza se ha definido por los autores clâsicos como el 1206 esplendor del orden. a) En primer lugar, la belleza requiere el orden. 1. El orden consiste en reducir diversos elementos a la unidad. Los elementos han de ser armônicos. Los colores han de ser complcmcntarios los unos de los otros y entonar todos entre si. 2.° Las notas musicales deben ser acordes. Solo se admite el color o la nota discordante para hacer resaltar las otras. Pero todos estos colores o notas han de confluir en una unidad, que se llama armonia. El escolâstico dira que es la disposition de cosas dis- 1207 pares hacia un mismo fin. La unidad de los acordes, o de los colores y fi­ guras, la confiere la obra total, esto es, el fin perseguido con la pintura o mùsica. 2.° Lo que sobre o estorbe a ese fin sera feo. Es, pues, el fin lo escncial del orden y, por lo tanto, de la b elle sa. Santa Agueda (Sobre el matrimonio cristiano y los deberes ce la esposa, véansc en La Palabra de Cristo las Dom. de la Sagrada Famiha y de las Bodas de Ccnà, t.2.) 1203 1205 No hay nada de bueno o de bello en el mundo que no tenga relaciôn con Dios. Todo puede y debe llevar a Él. Por eso, la Iglesia ha utilizado las artes con un fin pragmâtico en sus templos. El arte en el templo no se cultiva por el mismo arte, sino porque lleva a Dios. b) Por eso, es mayor la responsabilidad del artista que, torciendo los fines de su arte, lo prostituye y pone al servicio del mal. Este tal es reo de leso arte, aun cuando quizâ créa lo contrario y proclame que el ar­ tista esta por encima de toda norma. 1. Quien lo haga por supervalo ration de sus criterios es un sobcrbio y probablemente un desobediente. 2. Quien lo haga por amor a la autoridad es un héroe. 1202 1204 Para sermones a militares, véanse los guiones: A. La milicia, servicio a la religion y a la sociedad (cf. La Pa­ labra de Cristo, t.2, p.398, 2.* ed., n.661-663). El militar, hombre de fe (cf. ibid., p.401, 2.* ed., n.664-665). Si les mandaba adorar a los idolos o incensarles, preferian obedecer a Dios que al emperador. 2. Ahora bien, cuando les tnandaba,: Ordenaos para la batalla e id contra aquellas gentes, obedecian inniediatamente. Distinguian al Senor elerno del temporal, Y por el primera eran subditos del segundo (cf. Enarrat, in Ps. 124: en “La Palabra de Cristo” t.8 p.639). 1200 675 Santa A polonia (Para sennones a clases sanitarias, véase infra guiôn en la festividad de San Juan de Dios.) gL·· < ΓΑ* MÂkTIRES 676__________________ 1208 b) FIESTAS PE LOS SANTOS El segundo elemento lo constituye el esplendor o perspicuidad. 1. Potted una cosa bella que se pierda en nieblas que la hagan imperceptible ; recLucidla a lo minimo, que pueda verse, y nadie la llamarâ bella. Le falta la lus que la ilumine y la haga resplandecer. 2. Bello es lo que llama la atenciôn y, por ende, agrada. 1209 c) De este anâlisis resulta la importanda que dentro del concepto de lo bello tiene el fin. 1. jHay algo menos bello que el dolor y la muerte? Sin embargo, hay un adagio italiano que dice: uUn bel morir che tuita la vita onora". Un morir hermoso. Cuando la muerte tiene como fin algo bueno y grande, la muerte es hermoso. 2. Santa Catalina degollada no afea su hermostira, La livida palidez de su muerte por un fin noble la embellece mas. 1210 C. Por eso lo bueno es hermoso (cf. Santo Tomâs, Sum. Theol. 2-2 q.H5) y agrada. pot que estâ armônicamente dispuesto para conseguir un buen fin. Pero ;y lo malo puede ser hermoso? a) Puede parecerlo. La belleza, dice Santo Tomâs en el lugar dtado (a.2 ad 1), se manifiesta al ser aprehendida. 1. Mas este primer golpe de vista, aüadimos nosotros, puede no ser profundo. Puede detenerse en la superficie y encontrar alli también belleza. 2. San Agustin confiesa encontrarla en todo placer. Pero si se aguza la vista y de la forma se posa al fondo, aparece el desorden y, por ende, el mal y, por lo tanto, lo feo. b) 677 Una manifestaciôn de lo bello de un objeto malo, en su totalidad, no puede ser bella. Al que la aprecie co­ mo tal, le falta perspectiva. No ve la unidad del todo, vidada por fin desordenado. En cambio, la belleza termina en Dios. aj Porque Dios es el sumo y ultimo fin. Cuanto esté rectamente ordenado, ha de procurât, primero. no rom­ per esta direcciôn a lo divino. Si la rompe, desaparece el orden, desaparece la belleza. b) Y si el orden de lo humano se termina en Dios, entonces la belleza es suprema porque el fin lo es también. c) Podrâ no entenderlo asi el hombre. No importa. Tam­ bién reconocemos que los hombres menos cultos son incapaces de aprender las bellezas de las grandes com- posiciones. Reconozcâmonos nosotros incultos cuando se trata de alcanzar las bellezas mâximas del santo, del mistico, del mârtir. Santo Tomâs afirma que la maxima belleza se da en la vida contemplativa. E. Y dicho esto, admiremos la belleza de la uida de nuestra 1212 Santa. a) Conjuga los mâs diversos elementos. Juventud, belleza fisica, posiciôn social, aprecio pùblico, dotes del aima. Son los elementos que compondrân el acorde. b) Lo ordena todo a Dios y surge la sinfonia de una vida, la cual se cierra en un "crescendo” brioso que termina en Él. D) GRUPO CUARTO: COXPESO R ES A) FUNDADORES a) * 1. HAGIOGRAFIAS SAN ANTONIO ABAD (17 de enero) 1213 l.° Su vocaciôn San Antonio el Grande, San Antonio Abad o simplemente San Anton, como se le llama en Espafia, ha sido y es santo de devociôn extendida que hoy perdura en los pueblos. Duran­ te la Edad Media su culto se difundiô por Oriente y Occidente. Para su vida contamos con la que escribiô San Atanasio, de autenticidad indudable, y de la que suelen tomarse los datos que transcribimos. Naciô el ano 251, en una aldea situada al sur de Menfis, en el Alto Egipto, de familia cristiana, pero totalmente iletrada. Asimismo iletrado fué nuestro Santo, que aùn no llegado a los veinte anos de edad heredô una gran fortuna y el cuidado de otra hermana. Un dia, en la iglesia, oyô leer aquellas palabras de: Ve, vende cuanto tienes, dâselo a los pobres y ten­ dras un tesoro en los cielos (Mt. 19,21) y las puso en practice, reservândose solamente lo necesario para la manutenciôn. Poco después volviô a oir aquello otro de: No os preocupéis por el dia de manana (Mt. 6,34), y terminando de vender lo que aùn poseia, colocô a su hermana en una casa de mujeres, primer indicio existente de un convento femenino, y se retirô a vivir en un paraje, cercano a su pueblo, lugar del Alto Egipto, para vivir al estilo de otro anciano eremita. 1214 2.· Las tentaciones Su ocupaciôn consistia en la oraciôn y el trabajo manual. Entonces ocurrieron sus famosas tentaciones, que describe San Atanasio (cf. La Palabra de Cristo, t.3, Dom. primera de Cuaresma, Sec. 3.‘, San Atanasio). El demonio le atacô primero con tentaciones de desesperaciôn e imposibilidad de con­ tinuar en tal género de vida, para proseguir después con abun- CONFESORES: FUNDADORES 679 dantes y obscenas imaginaciones, hasta que finalmente se Je apareciô cl mismo en forma de mujer seductora y de negro amenazador. La oraciôn, la mortificaciôn y una vigilancia exquisita de los sentidos dieron al Santo la victoria. Conseguida esta, rctirôse todavia mâs al interior del desierto, donde un amigo le llevaba pan de vez en cuando. El . demonio tornô de nuevo al ataque, ahora con gran aparato de ruidos, recurriendo también a su presencia visible y dândole en una ocasiôn taies golpes, que su amigo lo encontrô sin sentido. Al recobrarse. clamô al Sefior: "|Dios mio!, ^dônde has estado este tiempo?” El Senor le contesté: "Siempre junto a ti" 3.” Vida penitente 1215 En esta forma, desde el afio 272 hasta el 285, observé una vida penitente, pero al estilo de lo que venia llamândose ascé­ tisme desde mucho tiempo atrâs, esto es, una vida retirada, aunque no por completo solitaria, sino en las proximidades de la ciudad y aun dentro de ella. Sin embargo, en este afio San An­ tonio inaugura la vida completa de soledad, cruzando el brazo oriental dei Nilo y refugiândose, no como antes, en las cercanias de Koman, sino en lo alto de un monte, en el que pasô cerca de treinta afios, sin ver mâs que a un hombre que le lle­ vaba pan una vez cada seis meses. Comia seis onzas de pan mojadas en agua y algunos dâtiles, una vez al dia, al ponerse el sol, y fueron frecuentes las veces en que pasô très y cuatro dias sin probar bocado y a pesar de su continencia, tan fuerte y saludable que mâs de un extranjero le conociô entre sus dis­ cipulos por la alegria dei rostro. i ° 4. Discipulos y monasterios Acabamos de aludir a sus discipulos. En efecto, las muchas solicitudes que le llovian obligâronle el ano 305 a fundar va­ rios monasterios, casi todos constituidos por celdas independientes, y a los que tuvo que visitât de vez en cuando, lo que le ocasionô no pocos escrûpulos de conciencia por romper la soledad. Cuéntase que para ello ténia que atravesar, y lo hacia tranquilamente, el canal de Arsinoitio, infestado de cocodrilos. Puede imaginarse el lector cuâl séria la formaciôn ascética y mortificada que daria a sus monjes. Sin embargo, insistia en que la perfecciôn no consiste en la penitencia, sino en el amor. Recalcâbales el pensamiento de la muerte, haciéndoles imaginar que no terminarian el dia o la noche, y les educaba en el ma­ yor desprecio al demonio. “Es un ser—les decia—que terne la oraciôn, el ayuno y las buenas obras. No es capaz ni siquiera de detenerme cuando hablo mal de él." En el 311 Antonio se presentô nada menos que en la ciudad de Alejandria. Maximiano habia recrudecido su persecuciôn, y 1216 680 FlEbTAS HE LOS SANTOS el Santo, sin quitarse su tunica de pieles blancas, bajô a consolar a los posibles mârtires. En cuanto renaciô la paz. volviô ôl a su monasterio, de donde saliô para fundar el de Pispir, cerca dei Nilo, si bien siguiô viviendo en su montana. Alli conti­ nué alternando cl trabajo manual con la oraciôn, hasta que el arrianismo le sacô otra vez de su Tebaida y le llevô a Alcjandria, donde sus sermones y milagros convirtieron a muchos. Cuenta San Jerônimo que durante su cstancia se encontrô con el famoso filôsofo cristiano Didimo el Ciego, al que con­ solé diciendo que debia apreciar mâs la luz de Dios y de su amor que la de los ojos. la cual nos era comûn hasta con los gusanos. Lo mismo San Jerônimo que San Atanasio nos rcfieren sus disputas con los filésofos paganos, a algunos de los cualcs respondié que no nccesitaba de libros en su retiro. tcniendo como tenia el de la naturalcza, y a otros, que intentaban reirse de su falta de letras. les pregunté que era mâs interesante, si los libros o el buen sentido que los inspiraba. "El buen sentido”. le dijeron. "Pues ese lo tengo yo." San Jerônimo mcnciona varias cartas del Santo dirigidas a sus monjes. En ellas les recomienda como necesario para cada escalôn de la pcrfecciôn el conocimiento de si mismo. San Ata­ nasio nos ha conscrvado aquella que contesté a Constantino el Grande y sus dos hijos recoracndândolcs que no se olvidarar del juicio. "No os maraville—decia a sus monjes—que el emperador haya escrito a un hombre como yo. Maravilleos el que Dios nos haya hablado por medio de su Hijo.” Cuéntase que cuando los suyos se asombraron del nûmero de vocaciones religiosas, cl les anunciô con lâgrimas en los ojos que llegarîa el dia en que los monjes habitarian en buenos edificios, levantados en las ciudades, comerian en bien abastecidas mesas, y no se diferenciarian de los seglares mâs que en el vestido. 1217 5.” b-xe ίχ?;”.Ί I it** 1 Su MUERTE Y SU PATRONATO Por fin, a los ciento cinco aüos, conocicndo su fin prôximo, repartiô su herencia, enviando una tûnica de piel de cordero a San Atanasio, como simbolo de la unidad de su fe con el campcôn de la Santisima Trinidad, y otra al obispo Serapiôn, y despidiéndose de sus discipulos muriô dulcemente, el aûo 356, y con toda probabilidad el 17 de enero. La historia de los patronatos de San Antôn es muy variada y curiosa. Solia representârsele con un bâculo en forma de T, o de cruz, probablemente por su dignidad abacial, o como recuerdo dei signo que usô tanto para rechazar al demonio, o con una campanilla, un cerdo o un libro, y en algunas ocasiones con unas Hamas. El simbolismo del libro es fâcil de comprender. porque, o se reficre al de la naturalcza que decia leer, o con CONPESORES: FUNDADORKS 681 mayor probabilldad a las réglas de los monjes, aun cuando no escribiera ninguna. En cambio, el cerdo ha dado lugar a una evolucion curiosa. Al principio, rcpresentaba, sin duda alguna, al demonio, y las tentaciones impuras con las que le acometiô, pero hacia el siglo xn comenzô a considerârsele como animal especialmcntc rclacionado con el Santo, y a alimcntar gratuitamente a los ccrdos que, vendidos, Servian para dar limosnas a los pobres. Λ estos ccrdos se les ponia un cascabel en la nariz, y asi se llcgô en seguida a la protecciôn sobre los animales. Invocâbasele especialmente contra la enfermedad llamada "fuego sagrado”, y después "fuego de San Antonio”, de lo que también se originô el representarle con las Hamas. A San Antonio Abad se le cita en el canon de las liturgias bizantina, copta y armenia. 2. SAN BENITO 1218 (21 de marzo) Suele considerarse, y con razôn, si no el fundador, a lo me­ nos el codificador y ordenador de la vida monâstica en Occi­ dente. Su gran importancia ha inducido a que se escriba su biografia multitud de veces, a pesar de lo cual hemos de confesar que no contamos con mâs datos que los milagros descritos por su admirador San Gregorio Magno, que los narra en la obra Dialogos. Dicho se esta que no observa rnétodo alguno cronolôgico, ni tiene tampoco criterio para distinguir lo rigurosamente cierto de lo que la devociôn primera haya afiadido. l.° Nacimiento y juventud Naciô de padres libres, segûn San Gregorio, en Nursia, ciu­ dad de los Sabinos, siendo gemelo de Santa Escolâstica. Fué enviado a Roma, acompaüado por una especie de ama de casa, para que alli comenzara sus estudios. Debia andar entre los catorce y veinte anos. Malos eran los tiempos. La decadencia dei Imperio, la in­ vasion de las costumbres paganas en los cristianos, tibios o pervertidos, al conscguir el poder politico, la herejia, la invasion de los barbaros... Robos, rapina, en fin, se ha dicho que no habia entonces un hombre importante que no fuera ateo, pa­ gano o hcreje. La juventud no era muy distinta y Benito dejô Roma y marchô a Enfida, lugar situado a unas treinta millas de la capital. Debia tener unos veinte anos. No le bastô preservarse de la ciudad. Buscaba la soledad completa y abandonando a su ama de casa marchô solo a la actual Subiaco, donde un sacerdote llamado Romano, que vivia en un monasterio, lo llevô a una roca separada de todo comercio por un precipicio. 1219 —a Λ * k .· *·' u·» Vae·* 682 FIESTAS DE 1.0S SANTOS Nadie sabta de cl, a excepciôn dei sacerdote que le llevaba pan para su comida. eoloeândolo en el extremo de una cuerda que dcscolgaba cl Santo, hasta que un dia de Pascua un sacer­ dote, que estaba comiendo al pie de la cueva, oyô una voz que le decia: "Tû cornes manjares delicados y mi siervo Be­ nito pasa hambre." Subiô el sacerdote a la cueva y le hizo saber—él habia perdido la nociôn del tiempo—que era Domin­ go de Resurrecciôn, y que no estaba bien ayunar en tan gran dia. Poco después lo descubrieron unos cazadores y comenzô a correrse la fama de su santidad. Sin embargo, habia de pasar por la tentaciôn. San Grego­ rio nos habia primero de un pâjaro negro, que le rozaba el rostro y que se desvaneciô a la senal de la cruz, y después del rccuerdo de una mujer que habia conocido en Roma. A punto de sucumbir, la gracia le ayudô, y él venciô la tentaciôn, revolcandose desnudo en una zarza. Andando el tiempo, San Fran­ cisco de Asis, que habia hecho algo parecido, visitô la zarza y planté un rosal. 1220 2." El • I ' abad y la obra monacal En Vicovaro, cerca de Subiaco, existia un monasterio, y sus raonjes importunaron tanto a San Benito para que aceptase la abadia, que finalmente hubo de transigir, no sin advertirles que séria dificil se llevaran bien. Tuvo razôn. Las reformas del Santo cayeron tan mal, que un dia le envenenaron el vino. Pero al presentârselo para que lo bendijese, la vasija se rompiô. Conociô el abad lo ocurrido y les dijo que elios mismos le habian llamado y él acudido, advirtiéndoles lo que iba a ocurrir. Con estas palabras les abandonô, retirândose otra vez a Su­ biaco. Entonces es cuando comenzô su gran obra monacal, reuniendo como en un rebafio multitud de monjes dispersos por la region. Llegô a fundar doce conventos, cada uno de los cuales tenia otros doce monjes, que él présidia y visitaba. Acudieron a él gentes de la mâs diversa condiciôn, taies como los no­ bles Mauro y Placido, dos verdaderos ninos, llevados por sus padres, y un rudo y legendario godo. No tuvo ninguno de elios régla alguna escrita. La ûnica regia era el ejemplo del Santo. A esta época pertenece gran nûmero de los milagros narrados por San Gregorio, como el tan simpâtico y conocido de la azada dei famoso godo que en su ansia de trabajar daba tan fuertes golpes que el hierro se cayô al lago. Lloraba el pobre hombre, cuando San Benito, cogiendo el mango, lo tirô al cen­ tro del lago y a poco surgiô del fondo el hierro y, eoloeândose en su sitio, navegô tranquilo hacia la orilla. Precisamente este punto del trabajo y de su ennoblecimiento es uno de los mé­ rites mayores del santo abad. I CONI r.SOHES : PUNIMOORP.S · 3. 683 Monte Casino Pero el demonio trabajaba contra él. Un sacerdote de la iglesia prôxima tuvo taies celos, que recurriô a medios inaudi­ tos. Primero a la calumnia, que résulté inûtil. Después, al ve­ neno, descubierto milagrosamente por el Santo, y finalmente, a lo que mâs podia dolerle, a la seducciôn de sus discipulos, pues enviô cinco mujeres a que bailasen desnudas delante de elios. San Benito, sabiendo que desaparecido él cesaria la persecuciôn, marchô a Monte Casino. Nadie suene con el Monte Casino de hoy. Lugar devastado por los bârbaros, con pocos habitantes, y éstos paganos, que honraban a Venus en un bosque, fué nuevo teatro de acciôn para el fundador, que entonces contaba cuarenta y nueve aüos. Se calcula que debiô ser el 529. Paso por el monte de Venus, en el que orô de rodillas, subiô a la fortaleza, donde derribô los altares dedicados a Apolo y Jùpiter, levantando un ora­ torio en cada uno, y comenzô a predicar. Asi iniciô su vida el monasterio mâs famoso del mundo. Pronto surgieron las conversiones de los vecinos y pronto empezaron a Hegar nuevos monjes, que esta vez agrupô en un solo monasterio, bajo su direcciôn. Por entonces dicté su régla, que, aunque dedicada inmediatamente a Monte Casino, parece ser que fué escrita a ruegos del papa Hormisdas y para todos los monjes dei mundo. Esta dirigida a los que renunciando a su propia voluntad "toman las fuertes y brillantes armas de la obediencia para luchar bajo las érdenes de Nuestro Senor jesucristo, el verdadero Rey". La esencia de este género de vida consiste en la oraciôn litûrgica, el estudio o lecturas sagradas, el trabajo manual y la vida en comûn bajo la direcciôn de un padre. No amaba las penitencias extravagantes, ordinarias en aquellos tiempos. Una vez se encontre a un monje que ha­ bia ligado con una cadena sus pies a una roca y le aconsejé: "Si eres verdadero siervo de Dios, no te amarres con cadenas de hierro, sino con la cadena de Cristo." Por lo general, los monjes eran laicos y del mismo San Benito no se sabe que fue­ se sacerdote. Quizâ llegé a ser diâcono. ο Ultimos anos y muerte Su obra no se encerrô en los muros del convento, sino que su caridad se extendié por toda la Campania, a la que socorriô en épocas de escasez hasta reservar solo cinco panes para los suyos. Por cierto, que al dia siguiente un desconocido dejé en la puerta dei monasterio una gran cantidad de harina. Cuando el rey godo Totila avanzaba por Italia, conocedor del don profético del Santo, quiso ponerlo a prueba, y le en­ viô a su escudero Riggo vestido con las armas reales. San Be- 1221 1Γ 'V ic FIESTAS DE EOS SANTOS 684 nito lo descubriô en el acto, y enfonces se presentô el rcy en persona, al que anunciô que conquistaria Italia, atravcsaria el mar y reinaria después durante nueve afios. Todo sucediô asi. También profetizô su propia muerte seis dias antes de en­ fermât. Por fin, sostenido de pie por sus discipulos y con los brazos en alto, entregô su alma al Sefior, y fué cnterrado junto con Santa Escolâstica, donde antiguamente se levantaba el al­ tar de Apolo. Venerado como santo, en cuanto muriô creciô su fama extraordinariamente. El ano 580 fué saqueado su monasterio por los lombardes, tai y como estaba anunciado en una carta suya. Esto diô ocasiôn a que San Gregorio Magno lo glorificase Sin embargo, no figuro en el santoral hasta que en el siglo vu sus reliquias se trasladaron. el afio 703, dei derruido monas­ terio de Monte Casino al francés de Fleury sur Loire. Su fiesta se ha celebrado en diversos dias, segùn se tratase de aludir a su muerte o al traslado de sus reliquias, prevaleciendo finalmente la del 21 de marzo. 3. 1223 SAN BERNARDO (20 de agosto) Otro de los santos que desbordan la historia. ^Cômo no desbordarâ las posibilidades de las exiguas pâginas que le po­ demos dedicar aqui? 1224 1* Ninez y vocaciôn Su vida es una contradicciôn consigo mismo. Elige la contem­ plativa del mâs absoluto retiro y resulta un campeôn de la cristiandad en su vida activa. |Las malditas ocupaciones!—escri­ be al papa Eugenio—. Timido, que apenas si se atreve a hablar, es el orador de su época que arrastra multitudes. Enfermo siempre, recorre Europa sin parar. Abandona el trato de las gentes, y su epistolario es inmenso. San Bernard© nace el 1090, en Fontaines, lugar prôximo a Dijon, y de sus siete hermanos varones, cuatro son beatos y él santo. Enviado para su educaciôn a un colegio de canônigos seculares, sus profesores han de procurât corregir su timidez. En cambio, demuestra un talento extraordinario y una correspondencia a la gracia mayor todavia. Cuando tenia quince afios muere su madré, y después de dias de gran tristeza, aquel muchacho de aspecto tan agradable, buenas dotes y mejor posiciôn, corre el peligro de extraviarse, hasta que comienza a pensar en las vanidades dei mundo y a mi' rar hacia la Cartuja cisterciense de Citeaux, casi recién fundada. La familia se opone reciamente. ;E1 resultado? Que se mar- — ■ ■ ■ confesores: fundaoores 685 cha con cuatro de sus hermanos y un tio suyo. Pero no se crea que son seis los que se van. En un mes ha conquistado otros muchos y de golpe entran en la Cartuja treinta y un nobles. Es el primer éxito del cartujo que arrastra las masas. En la Pascua de 1112 ingresan todos en la abadia, que llevaba varios anos sin conocer un novicio, y en la que durante très, el noble Bernardo divide su tiempo, dedicando, segùn la estaciôn, cuatro o siete horas al trabajo manual (después de mucho esfuerzo por la debilidad de su salud, llegô a ser el campeôn de los segadores). de dos a cinco a la lectura de las Sagradas Letras, y seis al oficio divino. A los très aôos su abad le envia para que funde otra casa filial de la suya, y hacia ella. situada en un valle de la Cham­ pagne, se encamina en procesiôn cantando salmos con doce hermanos. La hija resulta al poco tiempo madré de otras muchas—de sesenta y ocho—y ella misma, que ha cambiado con su trabajo aquel valle insalubre, pobre y pantanoso, de tal for­ ma que recibe el nombre de Claraval. cuenta con ciento treinta monies. En 1117 se le presentan pidiendo el hâbito su padre y el benjamin de sus hermanos. No todo es dulzura en San Bernardo. En los comienzos hubo de aprenderla. porque sus exigencias de austeridad, la dureza de sus reprensiones en los capitules eran taies, que advirtiô que sus monjes se desanimaban. Cambiô, pero en su correspondencia y en el libro que dedicara al papa Eugenio todavia asoma, a veces, su primitivo genio en forma de acerada pluma. 2.d Milagros I y predicaciôn Los milagros le acompanaron y van desde la restituciôn del habia a un potentado, para que pudiese confesarse antes de morir y satisfacer sus numerosas iniusticias, hasta la excomuniôn de las moscas. que ha venido a ser proverbial en Francia. Dicese, en efecto. oue con una censura hizo que muriesen todas las que infestaban la iqlesia de Foigny. Todo ello lo realizaba en medio de enferme lades con­ tinuas. sobre todo de vômitos tan frecuentes. que hubo de tra­ cer un aqujero en el suelo del coro, y, finalmente, retirarse a una celda y vivir aislado. Sin embargo, un dia la corriente europea catôlica le arrastra. Los principes quieren que resuelva sus pleitos. los obisnos le piden conseio. los papas le encargan la predicaciôn de las Cruzadas y las hereiias reclaman su intervenciôn. El Santo lleoa a todo. Se irrita contra el lujo de los frailes, cuyos abades no saben viajar sin enviar por delante hasta la ropa de su cama. con lujo que hace desmerecer el de los nobles; confunde a la dialectica, nada débil, de Abelardo; preside concilies. Para todo tiene tiempo, incluso para i ! h cscribir no pocas obras, entre las que dcscuella la Apologia. donde discute con su amigo Pedro el Venerable, que représenta la directrix de Cluny contra el Cister, el Tratado de! Amor de Dios, su obra maestra, y cl Libro de la Consideraciôn, dedicado a su discipulo, el papa Eugenio. No sôlo tiene que intervenir en cismas de la Iglesia uni­ versal sosteniendo la autoridad legitima de Inocencio II, sino hasta en pleitos surgidos en la diôcesis de York. Y mientras tanto, predica a sus monjes los sermones sobre el Cantar de los Cantares, y, por primera vez en pùblico, a los estudiantes de Paris, de los que consigne numerosas conversiones. Tam­ bién hubo de acudir al sur de Francia para predlcar contra los albigenses. Su oratoria y sus milagros detuvieron la herejia, aunque lo corto de su estancia, por cierto entre muchos pcli* gros, hizo que el fruto no durasc mucho tiempo. A los treinta y cinco afios los albigenses rctonaron con mâs fuerza y apareciô Santo Domingo. En 1144 recorre Alemania y Francia predicando una cruzada. El éxito es abundante, pero los componentes de esta segunda cruzada distan mucho, no solo de la virtud de un guerrero de Cristo, sino de la honradez minima de un militât. El fracaso vuelve la gente contra Bernardo, como si él hubiese asegurado el triunfo. El Santo se defiende, afirmando que aseguraba el triunfo al poder de Dios, pero no a los pecados de los hombres. En 1153 todavia tiene que levantarse de su lecho de muerte. llamado por el obispo de Tréveris, para acu­ dir a Lorena, donde los odios de ciudades y nobles presagian una matanza. Pacificadas las gentes, vuelve a su celda, y el 20 de agosto de 1153 muere, a los sesenta y ocho anos. Se le canoniza el 18 de enero de 1174, y el 23 de julio de 1830 es declarado doctor de la Iglesia. 1226 4. SANTO DOMINGO DE GUZMAN (4 de agosto) En la vida de las Ordenes religiosas masculinas se pueden scnalar cuatro momentos esenciales, en los que aparecen las nuevas orientaciones acomodadas a los tiempos. Cada uno de estos movimientos introduce algo nuevo, que no se limita a poner en marcha una nueva Orden, sino que, mâs o menos a la larga, influye en las ya existentes, las que, sin perder su tônica antigua, participarân del nuevo espiritu, exigido por los nuevos tiempos. La primera figura es San Benito, codificador del monacato que introduce el trabajo manual y el ermitaôismo colectivo. El segundo movimiento lo représenta Cluny y los cistercienses. Gran figura la de San Bernardo. El tercero pcrtenece a las CONFESORES; PtJNÜADORES 687 Ordenes de gran vida activa, de oraclôn y de pobreza. Sus dos figuras son San Francisco, popular y todo corazôn, y Santo Domingo, organizaciôn y estudio. Mâs adelante la Edad Mo­ derna obligarâ a una mayor libertad de acciôn y aparecerâ San Ignacio. Hoy nos toca exponer la vida de Santo Domingo. Como quicra que la biografia de un fundador suele confundirse con la de los primeros pasos de la Orden y éstos interesan menos al predicador, restringiremos todo lo posible la historia de la Orden, hecha excepciôn de su primera idea y fundaciôn. l.° La formaciôn del Santo Santo Domingo no es un santo precoz, sino un varôn vir­ tuoso, que, poco a poco, crece en perfecciôn, hasta que, maduro ya, a la edad de treinta y cuatro anos, se lanza al mundo a iniciar su misiôn. Nace hacia el 1170, en Caleruega, provincia de Burgos, cer­ ea de Silos, y es hijo de don Félix Guzman y dona Juana de Aza, cuyo culto popular ha sido sancionado por la Santa Sede en 1830. A pesar de la abundancia bibliogrâfica sobre el Santo, existen muchas lagunas en su vida, debido a que to­ dos sus biôgrafos dependen casi literalmente de uno solo, y a que después las revelaciones dei dominico breton Alano de la Roche, en el siglo xv, vinieron a complicar el estudio del San­ to, anadiéndole numerosos datos incomprobables histôricamente. Entre éstos figuran los milagros que rodean el nacimiento de Santo Domingo. Dicese que su madré, cuando oraba para conseguir su deseo de tener otro hijo, vio a Santo Domingo de Silos, que se lo prometiô, anunciândole que seria una antorcha de luz en el mundo. Todavia se conserva la devociôn de pedir ayuda a Santo Domingo de Silos en los partos que se prevén dificiles. En otra visiôn vio un perro con una antorcha, simbolo usado después por la Orden, y de lo que, segun se dice, surgiô el nombre de Domini canes, los perros del Se­ fior. Otros muchos milagros de su infancia son mâs dudosos. Parece cierto que pertenecia a una familia venerable. De los cuatro hermanos, Antonio fué canônigo en Santiago, y repartiô sus bienes entre los pobres, el Beato Mannes ingresô en la Orden de Predicadores y una hermana diô dos hijos a la misma Orden. En total, la madré beata, un hijo santo, otro beato y tres religiosas. La vida de Santo Domingo es, al principio, silenciosa. Alum­ no a los siete anos de su tio, el arcipreste de Gumile, a los catorce vive en Palencia, donde estudia el trivium y el qua­ drivium y, sobre todo, teologia, y donde en una gran hambre vende sus libros para practicar la caridad. El obispo de Osma, buen reformador, lo nombra, esta 1227 Is lis· Ft 688 FIKSTAK DK 1.03 SANTOS diante todavia, canônlgo regular del observante capitulo de su diôcesis, que sigue la régla île San Agustin y a donde marcha cl Santo, una vez ordenado, en 1194. Su vida es de estudio y oraciôn, frecuentando largas horas la iglesia, donde llori» los pecados ajenos y lee y practica las Colucîones de Casiano, Muerto el obispo y nombrado para Osma cl que era prior del cabildo. le sucede en ci cargo Santo Domingo. Dc este nombramiento de obispo y prior saldrô la futura Orden de los Predicadores. 1228 2.* La Orden de Predicadores Triste era la situaciôn del sur de Francia. No ya una hcrcjfe, sino una nueva religion dualists, la de los albigenses, dominaba la regiôn del Languedoc, con buenas ramificaciones por la Provcnza. Las doctrinas dualistas, oponiendo hasta en su origen la carne y cl espiritu, propenden a uno de dos extremos, o a dar Hbertad a la carne, despreocupôndosc dc ella, o a practicar un ascctismo antihurnano. Los albigenses se inc.linaban a esta segunda vertiente, predicando la pobreza absoluta, la abs­ tinenda e incluso cl suicidio, y si bien es verdad que en la masa nunca pueden arraigar ensenanzas tan extremas, también lo es que el pueblo no podia ser convertido por predicadores acompafiados de criados en bien avituallados mulos... A esto hay que afiadir la fantasia y sangrc callente del Midi, de la que participaban herejes y catôlicos, y que llcvô a una despiadada guerre civil. En este ambiente vamos a cncontrar a Santo Domingo. Le ocurrirâ algo parecido a lo de San Francisco de Sales. Mientras hugonotes y catôlicos se matan, cl Obispo de Ginebra predica la dulzura. 1229 El medio de que se valiô la Providenda fué el dc que cl rcy de Castilla, Alfonso IX, enviara al nuevo obispo de Osma, Diego de Acevedo, con la misiôn de visitar a una princesa nôrdica, probablemente danesa, para invitarla a ser su esposa. El obispo asociô a su prior, y ambos, al llegar a aquel pais, atravesaron la regiôn albigense. Ya en el camino Santo Domin­ go convirtiô a uno de sus huéspedes. De vuelta del viaje sc encaminaron los dos a pedir al papa Inocencio 111 permiso para marchai a la comarca de Cumans, en las orillas del Vol­ ga, pais pagano. El Papa les indicé lo prôximo que tcnlan el sur de Francia. Nuestros dos misioneros se encuentran en Montpellier con dos rnonjcs dc Citeaux, encargados de la predicaciôn contra los albigenses y con lus dos delcgados pontificios a los que exponen la necesidad dc vivir pobremente para des­ pués de haber ensefiado con el ejcmplo, poder predicar. Algo consiguen con los sacerdotes y con los albigenses de ultima fila, pero no mucho. Sin embargo, cuando Diego ha de volverse a su diôcesis, la idea ha sido sembrada. CONFKSORltB ; iHJNDADORKS El primer paso consiste en la fundaclôn de un doblc con vento dc majores, adosado a lo que hoy llamarlamos una resldencla dc sacerdotes, destinado a la predicaciôn y a la formadôn de aquellos muchachas. La flnalidad de este primer con­ vento fcmenlno sc debiô al deseo de contrarrcstar la gran in­ fluenda de la mujer en la propagaciôn dc la herejia. Lo cornpusleron al principio naeve conversas. Por entonces cstallô la gaerra civil. Santo Domingo fué 1230 opuesto a las medldas de fuerza, no tuvo parte alguna en las ejeciicioncs, ni aunque sc diga lo contrario, en el establcclmlcnto de la Inquisiclôn. Los historiadorcs mâs inmediatos no hablan dc otras armas, sino de la oraciôn y la predicaciôn. Mâs aim: cuando reciblcron la orden de cncargarsc de la Inquisiclôn, lo hlcieron contra su voluntad, y ya en 1243 pldlcron ser relevados del cargo. En la misma Espafta sôlo ha habldo dos grandes inquisidores dominicanos, uno de los cualcs fué Torquemadn. Fulk, obispo de Tolosa, protector de Santo Domingo, fué a visltarle en cierta ocasiôn rodeado de hombres de armas y cl Santo le dijo: "No serâ con esc atuendo como venceréls a los enemigos de la fe. Armaos con la oraciôn, mejor que con la espada, y con la humildad, mejor que con ricos vestidos." Dicz aflos continué Santo Domingo predicando. Rodcâbanle algunos sacerdotes, nûcleo dc su Orden, y todos ellos vestian y Vivian como regulares dc San Agustin. Pero en la mente del Santo bullia la necesidad de una nueva Orden que no fuera puramente contemplativa, sino que unicra al espiritu de las antiguas una nota especifica: el oficio de predicar basado en la oraciôn y cl estudio. El obispo Fulk le aprueba su nacicnte congregaciôn y parte con él al Concilio de Letrân. El papa Inocencio III le oyc, siente las mismas ideas, qat 1231 traduce en cl canon diez dei Concilio, obligando a la predi­ caciôn y a que scan escogldos para pastores dc la Iglesia hombres bien dotados en palabras y obras. Parcce ser que dudô en aprobar la Orden y que un suefto en el que viô a la iglesia de San Juan de Letrân sostenlda por cl Santo le deckliô a nutorizarlc a que reunlera a los suyos, y ellgicra una de las réglas ya aprobadas. Asi lo hace en Prouille, lugar donde exlstia cl convento citado y sus dicciséis compafieros, ocho franccscs, sictc cspaAolcs y un inglés, optan por la dc San Agustin, aâadiéndolc algo del espiritu y llturgia de los Premonstratrenscs, pero dando mucha mâs libertad para la dispen­ sas de coro, etc., toda vez que los suyos han de dedicarsc a la predicaciôn. Era agosto de 1216, En octubre parte otra vez para Roma, donde 1 lonorlo III confirma la régla. Trata entonces al futuro Gregorio IX y a San Francisco. Conoclda es la historia de que en una vision Santo Domingo viô cl mun­ do amenazado por la ira de Dios, y salvado por la intcrccsiôn I ( I : 689 690 FIESTAS DE LOS SANTOS de Nuestra Seüora. que mostraba su Hijo a dos hombres. En uno de ellos, Santo Domingo sc reconociô a si mismo; del otro no pudo decir quién era. Pero al dia siguiente vio entrar en la iglesia donde oraba a un mendigo que no conociô inmediatamente. El mendigo era Francisco de Asis, y su figura, la misma de la vision. Abrazâronse y desde entonccs franciscanos y dominicos se reûncn dos veces al ano para cantar una misa y comer juntos en la iglesia y convento de cada comunidad. Ya no seguiremos los pasos de la Orden. Congrega a los 1232 frailes en el mes de agosto de 1217, en Prouille, para darles lo que hoy llamariamos un curso de formaciôn, y, ante la sorpresa general, el dia de la Ascension, los reparte por el mundo. Habîa .Uegado la hora. Él marcha a Roma con su idea fija de evangelizar a los târtaros, pero el Pontifice le encomienda otras misiones. Una de ellas era la de agrupar las distintas y pequenas congregaciones de mujeres, que mâs fuertes que el Papa, habian hecho fracasar a su antecesor. Domingo lo con­ signe. Funda un convento en Santa Sabina, enseiia teologia, predica en San Pedro y se dice que resucita al joven Napoléon, sobrino del cardenal Esteban. Mientras los dominicos van introduciéndose en las universidades, él recorre, en 1218-1219, Espana, Francia e Italia, hasta fijar su residencia definitiva junto a la Univcrsidad de Bolonia. 1233 3.° Espiritu y muerte de Santo Domingo "Con los Predicadores comienza la intensa contribuciôn de las milicias religiosas al servicio de la Iglesia. El monasterio pasa dei valle a las colinas y a los grandes centros sociales, de la sociedad al ruido de la vida pùblica. El trabajo manual es sustituido por la labor intensa del espiritu, la predicaciôn y la ensenanza. El monje iletrado se trueca en dérigo, no tan ligado ya al servicio de su abadia, sino ciudadano de la cristiandad. A la riqueza agricola se oponen la pobreza volun­ taria y la mendicidad. Y el régimen feudal es sustituido por el régimen electivo y la autoridad de corta duraciôn, tal y como los practican los ayuntamientos y las universidades” (cfP. Mandonnet. 5. Dominique t.l p.29). Del Butler's Lives, obra segura y critica, pero que por ca­ recer de toda cita omite hasta las escriturarias, tomamos las siguientes notas, relativas a Santo Domingo: El oficio de los Padres Predicadores consiste “en entregar a otros los frutos de su contemplaciôn”. “El hombre que gobierna sus pasiones es dueno dei mundo. O las gobernamos nosotros, o nos gobiernan ellas”... "No hay otro libro—para pré­ dicat sermones—que el amor”... "Estas son las mandas que os dejo como a hijos mios, mis muy queridos: Tened caridad entre vosotros; sed humildes, guardad celosamente la pobreza”... I· CONPESORES : FUN DADO RES 691 r■ Tan amante fué de esta ûltima virtud, que para morir tuvieron que prestarle un hâbito, porque no ténia para cambiarse. Y caminando hacia Bolonia, en 1220, suspendio las obras de un convento por parecerle demasiado lujoso. De su tipo fisico escribe sor Cecilia, monja de las que él reuniera en Roma: "Talla mediana, cuerpo delgado y ojos bellos. De su frente y cejas salia una especie de luz, que provocaba afecto y reve­ renda general. Siempre sonriente y alegre, a no ser que le emocionara la compasiôn por las desgracias del prôjimo. Ténia unas manos alargadas y hermosas, una voz potente, bella y timbrada. Jamâs fué calvo, y su corona, siempre completa, estaba surcada por alguna que otra hebra blanca." En Pentecostés de 1220 asistiô al capitulo general que diô cl ultimo toque a las Constituciones. Existian ya sesenta con­ ventos, repartidos desde Palestina y Polonia hasta Londres, Oxford y Cambridge. Nuestro Santo evangelizô después la Lombardia hasta Venecia, regresô a Bolonia y a poco fallecia, el 6 de agosto de 1221. Su amigo, el papa Gregorio IX, lo canonizo el 13 de julio de 1234, senalando su fiesta el dia de su muerte, del que fué desplazado por la de Nuestra Seriora de las Nieves. 5. SAN FRANCISCO DE ASIS (4 de octubre) Dicese de San Francisco que ha sido canonizado por todas las generaciones y por todos los pueblos. Es cierto, pues no hay santo mâs admirado por los catôlicos, protestantes, infieles y hasta descreidos. Sin embargo, hay que confesar que muchos de éstos admiran ùnicamente lo bello de su vida sim­ ple, y aun de las leyendas que le circundan, la poesia de su pobreza y el amor a los animales. Esto es quedarse ante la puerta, sin pisar los umbrales del franciscanismo. 1.’ El franciscanismo - La esencia de este es sencilla: repetir en estos siglos la vida de Cristo, tal y cual la conocemos en el Evangelic, sin glosa alguna. El Serafin de Asis représenta el mismo movimiento que Santo Domingo. Desde un punto de vista y desde el otro parece que toman direcciones opuestas, pero mâs que opuestas son puramente complementarias. Uno y otro cambian el ideal religioso del antiguo monje de pobreza individual, aunque no colectiva, pues posera bienes agricolas, a veces harto abundantes, y se dedicaba a una vida puramente contempla­ tiva, por otros monies de verdadera pobreza actual, individual Κ· i Sir 1234 692 FI ESTAS L'E LOS SANTOS y colectiva. Ordenes mendicantes, en suma, que, rompiendo la solcdad de los claustros. se lanzan a vivir en el mundo. Ahora bien, las diferencias son notables. Santo Domingo es llamado "el primer ministro de Instrucciôn Publica dei mun­ los sisuyos copan inmediatado”. El mismo ensena teologia y ios mente las universidades. La predicaciônI se prépara con el estudio. San Francisco es un santo del pueblo. Recluta masas —hoy mismo su Orden es infinitamente superior a todas las demâs, en nûmero—; no se aficiona al estudio. ni mucho me­ nos. aun cuando ya en los primeros ticmpos la Orden va admi­ ttendo los centros de formaciôn cientifica para los suyos. A San Antonio le escribe San Francisco una carta con motivo de su nombramiento de maestro. La predicaciôn es instintiva con el instinto del amor. Ademâs. Santo Domingo es un organizador y su obra permanece hasta hoy en bloque unido. San Francisco, no. Es el demôcrata de las Ordenes religiosas, y efecto de esta libertad, que hace asistan a los capitulos todos los frailes, hospedados en tiendas de campana. es la division, que comienza a brotar en su propia vida y después fragmenta la colectividad en va­ rias ramas. 1236 2.· La vida del Santo Tenemos que hacer un verdadero sacrificio de anécdotas y leyendas muy hermosas y predicables, parte de las cuales figuran ya en nuestra "Miscelânea" y pueden buscarse en el indi­ ce sistemâtico. bajo el titulo de San Francisco, mientras remitimos para las demâs a cualquiera de las vidas del Santo, y muy especialmente a las Florecillas. San Francisco nace en Asis, en la LImbria, el 1181 ô 1182, como hijo de Pedro Bernardone, acaudalado comerciante en lienzos. Le bautizaron con el nombre de Juan, que cambia por el apodo de Francesco (francesillo), porque su padre viajaba mucho por Francia y él mismo hablaba perfectamente la lengua francesa, internacional entonces. Ayuda al comercio. pero sale mâs propicio para gastar en diversiones y limosnas que para ahorrar en los negocios, ya que resulta espléndido y de gran generosidad. Preso en una guerra civil, la desgracia le detiene en su camino de francachela y durante una noche. pasada en pleno campo, cavila y se convierte. Dicen que estuvo parte de ella en un ârbol, y se imaginô entre el cielo y el in­ fierno. teniendo que elegir. Vuelto a su pueblo natal, los amigos quieren coronarie rey de los "locos”, pero al ver su seriedad le preguntan si va a casarse. “Si—responde—. Con la mâs hermosa de las damas, la pobreza.” Su vida ya es otra. Viste sencillamente y se dedica a los CONFF.SORKS : FUNDADORES 693 pobres. Un dia, jinete por los campos, se encuentra con un leproso. Instintivamente se echa hacia atrâs, pero reacciona, descabalga, da limosna al impuro y le besa la mano repugnan­ te. En 1206, orando en la iglesia semiderruida de San Da­ mian, oye una voz que le dice: “Restaura mi Iglesia en ruinas.” El lo refiere a aquella capilla y lleva dinero al capellân, quien no quiere oir nada de visiones, y rechaza la limosna. Temeroso de su padre, que juzgarâ dilapidaciôn el empleo del dine­ ro, se esconde en el campo, y cuando regresa, su estado es tal que los ninos lo corean llamândole loco. Su padre créé llegado el momento de intervenir. Mas ante lo inûtil de sus gestiones recurre a los magistrados para que lo expulsen de la ciudad. Francisco se defiende diciendo que pertenece a la Iglesia, y el pleito termina ante el obispo. El padre permanece irréductible. El obispo no quiere que la Igle­ sia se bénéficié de riquezas mal adquiridas, y San Francisco ter­ mina la discusiôn entregando a su padre el dinero y la capa, diciéndole: “Contento estoy. Desde ahora no podré decir: Pa­ dre mio Bernardone, sino Padre mio, que estas en los cielos.” Ténia veinticinco anos. La Iglesia la reconstruirâ él con su trabajo personal. El 24 de julio de 1209 entiende que el Evangelio del dia en­ verra el programa de su vida: “El reino de Dios esta cerca..., dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. No os procuréis oro ni plata... ni alforjas para el camino, ni dos tûnicas, ni calzado, ni bastôn” (Mt. 10,15). Pronto se le reûnen los primeros discipulos que aceptan el vestir del pueblo bajo, y no por acercarse a él, sino por imitar a Cristo, y que viven en tiendas de campana o chozas, cerca de la ciudad. Se Ha­ inan los “penitentes de Asis". Preséntanse al Papa, quien, a pesar del parecido que pudiesen tener con otras doctrinas, como las de los câtaros y valdenses, sabe distinguit y aprueba sus réglas, en 1209 ό 1210. En 1212 conoce a Santa Clara, que funda el primer convento femenino. ° 3. Ansia misional y de martirio No podia faltar el ansia misional y de martirio. Francisco sale para Jerusalén y fracasa en su primer viaje, desembarcando en las costas balcânicas del Adriâtico. Vuelve a intentât ir a Marruecos y no puede pasar de Espana. Por fin. llega a Tierra Santa, donde es oido respetuosamente por el propio sul­ tan. Al mismo tiempo, y con gozo del Santo, son martirizados los cinco primeros franciscanos, que muercn por insultar a Mahoma en Marruecos. Mientras Francisco anda por Oriente, su Orden sufre una crisis. Habia crecido mucho. Su influenda en la mejora del pais 694 FIESTAS DE LOS SANTOS era grande, pero cuando la masa se présenta, hay que rebajar algo de la primera idea. Un capitulo estâ a punto de desvirtuar una parte por lo menos del pensamicnto del Fundador, que tampoco se atreve a imponer otro. Es elegido vicario general Pedro de Catania, uno de los primeros compaüeros suyos. En las Navidades de 1223 inaugura San Francisco el pri­ mer "Belén". Hace que se celebre una misa—él, por su humil­ dad, no habia querido pasar de diâcono—en una gruta donde, ademâs del altar, habia colocado un pesebre con un Nino Jé­ sus, un buey y una mula. Tomâs de Celano, en su Vida, cuenta que un testigo le viô acercarse al Nino Jesûs y que este le sonreia. La estigmatizaciôn y la muerte En 1224, retirado al monte Auvernia, a quince léguas de Asis, ocurre su estigmatizaciôn. En las manos y los pies no solo aparecen las llagas, sino la carne ennegrecida toma la forma de los clavos. En el costado tiene otra llaga. Entonces ardiendo de amor, entona el himno al sol, una de las primeras obras en italiano. Al acercarse su muerte, escribe su testamento espiritual. Después de enviar una carta a Santa Clara, muere el 3 de octubre el santo que mejor habia reproducido la vida del Senor. De su predicaciôn constante, de palabra unas veces y otras con el ejemplo silencioso de su vida en la iglesia de la Porciûncula, pequena capilla, como lo indica su nombre, prôxima a Asis, de su resistencia a la tentaciones—llegô a revolcarse desnudo sobre la nieve—, solo podemos hacer brevisima menciôn. Conocidisimo es su amor a los animales. Quienes le vieron contaban hechos, como el de hacer callar a las golondrinas que no le dejaban prédicat, diciéndoles: "Hermanas golondri­ nas, ahora me toca a mi. Bastante habéis hablado vosotras.” O como el del conejo, que no le dejô a lo largo de su viaje por las orillas del lago Trasimeno. El episodio dei hermano lobo es para unos real y para otros simbôlico. San Francisco fué canonizado en 1228 por Gregorio IX. 1238 4.° 6. SAN IGNACIO DE LOYOLA 1239 I* Los PRIMEROS PASOS San Ignacio nace probablemente en 1491. en el castillo de Loyola, como hijo de don Beltrân, senor de Ofiaz y de Loyola, y de doüa Marina Sâenz de Licona y Malda, de cuyo matrimo­ nio han nacido antes très hijas y siete varones. CONFESORF.S : PUNl>AIK)kF,S 695 Ifiigo sigue la carrera militar y es herido en Pamplona peleando contra Francia. Los cirujanos le curan la pierna, pero se la tienen que volver a romper, a lo que se sigue, ademâs de la cojera que le durô siempre, una fiebre tan grave, que se desesperô de su vida. El dia de San Pedro se iniciô el alivio. Durante su larga convalecencia, al no encontrar libros de caballeria, lee vidas de santos, y en su aima se entabla una lucha. Por una parte el deseo de imitar a estos hombres, que eran de la misma carne que él, y, por otra, la pasiôn de la glo­ ria y la inclination a cierta seüora de alto rango. Nota, y esto le servira después para sus Ejercicios, que los pensamientos de santidad le dejan tranquila el aima, mientras que los mundanos le producen un deleite sensible, pero en el fonde queda siempre algo de amargura. Entonces se decide por completo y comienza a entregarse a la penitencia y al llanto por sus pecados. Aparécesele la Santisima Virgen con el Nino Jesûs, y ya se entrega de lleno a la vida dei espiritu, emprendiendo el ca­ mino de Montserrat, durante el cual su formation es todavia tan deficiente que oyendo blasfemar de Maria a un moro, duda si matarlo o no, y no lo lleva a cabo porque lo déjà a la suerte, 1240 que libra al infiel. Enfrente de Montserrat, en Manresa, se detiene un aüo, y vive gran parte de él en la cueva famosa. Alli padece toda dase de escrûpulos, en cuyo trabajo se forma el gran director de aimas. Entonces surgen muchas de las anotaciones de sus Ejercicios, que comienza a escribir alli. Mâs tarde dira a Lainez que en Manresa aprendia sobre los misterios divinos en una hora de oraciôn mâs de lo que le hubiesen podido enseüar todos sus maestros. En febrero de 1523 emprende su peregrination a Tierra Santa, de la que regresa por mandato del superior de los franciscanos, que le veia en peligro, por su afân de convertir mu­ sulmanes. En 1524 comienza a estudiar Gramâtica en Barce­ lona, soportando con paciencia las burlas, algo pesadas, de sus compaüeros de corta edad, y lo âspero que se le hace el estudio. No ha concretado su vocation, sino en "el servir a las aimas", y a veces solo el verbo “amar” le hace pasar horas enteras diciendo: "Yo amo a Dios.” Tenia treinta y très anos y vivia de la caridad, principalmente de la de dofia Isabel Ro­ sen A los dos aüos pasa a Alcalâ, a estudiar Lôgica, Ciencias Fisicas y Teologia, formândose un verdadero embroilo. Vive en el hospital, come de limosna, catequiza a los niüos y lleva un hâbito algo raro, lo cual mueve al obispo a detenerlo y exami­ natio. Aunque lo reconoce inocente, le prohibe llevar hâbito y enseüar. Marcha entonces a Salamanca, donde le ocurre algo parecido, y de alli sale para Paris a pie, en pleno invierno, para llegar en febrero de 1528. ** >4 FIESTAS DE LOS SANTOS 696 1241 2.q ^42 La Companîa de Jesûs En Paris cursa otros dos anos de latin y tiene que recorrer durante el verano Flandes e Inglaterra para visitar a espafioles que le socorran. Ya en este tiempo reûne un grupo de alumnos que se asocian con él para ejercicios espirituales, y terminan haciendo votos de castidad, de pobreza y de ir a evangelizar Palestine y, caso de no conseguirlo, de ofrecerse al Papa. Son los espafioles Francisco Javier, Lainez, Salmeron y Nicolas de Bobadilla, el portugués Simon Rodriguez y el saboyano Pedro Fabro. Todos pronuncian sus votos en una ca­ pilla de Montmartre el dia de la Asuncion de 1534. Una enfermedad obliga a Ignacio a retirarse a Guipiizcoa el afio siguiente, y no queriendo hospedarse en su castillo, lo hace en una pobre casa de Azpeitia. A los dos anos se encuentran todos en Venecia. Pero es imposible embarcar para Tierra Santa. La guerra lo impide. Enfonces se presentan en Roma y obtienen de Su Santidad permiso para ordenarse sacer­ dotes. Mientras sus compafieros celebran su primera misa cuanto antes, Ignacio emplea en preparaciones casi un afio entero. Todo este tiempo lo pasaron en Vicenza. Mas en vista de que seguia siendo imposible ir a Tierra Santa, Ignacio cambia de pensamiento y tornando a Lainez y a Fabro camina hacia Roma para presentarse al Papa y aceptar el trabajo que les encomiende. “Si alguien nos pregunta quiénes somos, diremos que la Companîa de Jesûs, pues estamos dispuestos a pelear bajo sus banderas.” En el camino se aparece el Sefior a Ignacio y le dice: “Ego vobis Romae propitius ero.” Y, en efecto, Paulo III encarga a Fabro que ensefie Teologia en la “Sapienza”, a Lainez, Sagrada Escritura. e Ignacio se entrega a la catequesis y a los Ejercicios espirituales. Ya ha llegado la hora de dar estabilidad a la naciente Orden. A los dos votos que hab;an emitido, afiaden el de obediencia y sujeciôn a la Santa Sede, que les obligarâ a ir a donde el Papa les mandare. Después de unas ligeras vacilaciones de la Comisiôn cardenalicia, la Orden es aprobada el 27 de septiembre de 1540. Ignacio es elegido gene­ ral, y todos ellos formulan sus votos el dia de Pascua de 1541, en la iglesia de San Pablo Extraniuros. La ascension es vertiginosa. San Ignacio une al estudio de los asuntos, la organizaciôn concienzuda y la ejecuciôn râpida. Funda una casa para que los judios conversos vivan, mientras son instruidos, y otra para mujeres de mal vivir arrepentidas. Y el mundo resulta pequefio para la Compafiia que acaba de nacer. Javier sale para Oriente; Gonzalez y Nûfies Barreto, para Marruecos; cuatro para el Congo, otros para Etiopia, otros para el Brasil, Lainez y Salmerôn para ser brillantes teô- logos en el Concilio de Trento. En Roma se funda el Colegio Romano, con fondes facilitados por San Francisco de Borja. San Pedro Canisio es el campeon del antiprotestantismo en sus mismas regiones, y todo ello comienza en 1540. En 1542 ya hay jesuitas en Irlanda. Al terminar los quince afios que dura para Ignacio el cargo de superior general existen repartidos por todo el mundo mil Padres de la Compafiia. 3.° 1243 VlRTUDES CARACTERÎSTICAS Las virtudes caracteristicas de San Ignacio eran la prudencia y la caridad. Afectuoso con sus inferiores, sobre todo con los enfermos, se doblegaba ante los humildes, siempre que no padeciese la autoridad. Se aconsejaba mucho de ellos y en sus conversaciones procuraba ser moderado y evitar los superla­ tivos. Soportaba los reproches, y aunque no aficionado a reprender, lo hacia cuando era conveniente, sobre todo con aqueUos a quienes envanecia la ciencia. En cambio, a pesar de no ser hombre de grandes letras, se esforzô en que se dedicaran los jesuitas a toda clase de estudios. Analizaba los talentos de cada uno para ver a que se debian destinar, y el fin de todos sus trabajos era “Ad maiorem Dei gloriam”. Muriô tan râpidamente, la madrugada del 31 de julio de 1536, que no pudo siquiera recibir los Santos Sacramentos. Fué canonizadô en 1622, y Pio XI lo declaro Patrono de los ejerci­ cios y retiros espirituales. b) GUIONES HOMILETICOS 1 Monjes.—Iluida dei mundo A. Los placeres del mundo son vanos, porque provienen de las riquezas, de los honores, del poder y de la soberbia o de la carne. a) Son amargos con la amargura dei veneno agradable al paladar. b) Son peligrosos y culpables para el cuerpo, el aima y la sociedad. c) Esclavizan. O Dios o el mundo (cf. La Palabra de Cristo, Dom. 3 después de Pascua, t.4, p.707, guiôn 15 2: ed., n.1198-1203). B. El mundo hecho por Dios y pervertido por el hombre. a) Por mundo se entiende un criterio y un espiritu, pero con manifestaciones sociales y externas. 1244 CONFESOkES: PUNDADORES FIESTAS DE LOS SANTOS Γ45 1246 E. B. 1248 t A-.VV?.· b) Ejemplos de los santos. ecesidad especial para quienes se dedican al apostocj Necesidacl lado (cf. ibid. Dom. 1.* de Cuaresma, guiôn 4, t.3. p.137, 2.* ed., n.233-235). B. Bienes que se derivan de la soledad, escuela del espiritu. 1249 a) Remueve los obstâculos de la santidad, apartândonos del peligro del mundo, y de la guerra triple de la vis­ ta, el oido y la lengua. b) Nos acerca positivamente a Dios. Doctrina de la Imitaciôn de Cristo (cf. ibid, guiôn 4, p.139, 2.* ed., n.236-238). El trabajo El silendo y la vida espiritual (cf. ibid, t.6, p.1217; 1220). El silendo y la vida activa (cf. ibid, p.1223) La soledad 1 El Espiritu que Uevo al Senor al desierto lleva también a sus santos. a) Es una necesidad del orden sobrenatural, pues el Es­ piritu nos aparta de las criaturas para acercarnos al Creador. 1 Véanse en el indice sîStemâtico las palabras Soledad, Rccogiiniento, Con· templaciôn, etc. 1250 Su valor ascético (cf. ibid, t.2, p.210). Fundadores de Ordenes activas.—Victoria sobre el mundo 2 A. El sïlencio 1247 7AV b) Elementos individuals y sociales, y su correspondcncia en el concepto de mundo. Ejemplo de San Pedro influyendo como mundo y siendo influido por él. d) El mundo, enemigo de la palabra de Dios. El remedio del retiro (cf. ibid, guiôn 15, p.875, 2.* ed., n.15001505). El mundo en el evangelio de San Juan. Doctrina universal, pero mâs a proposito para personas espirituales, sin excluir a sacerdotes y religiosos (cf. ibid., guiôn 16, p.879, 2.* ed., n. 1506-1511 ). El mundo en los ambientes contrarios a él. El mundo dentro de los conventos. b) El mundo en los ambientes propicios: la corte, la po­ litica, los négocies, los espectâculos, la Universidad (cf. ibid, guiôn 18, p.887, 2.* ed., n.1516-1519). Los peligros y males dei mundo, inadvertidos para muchos cristianos. Mâximas, métodos y armas dei mundo. b) Remedio: Ia huida. Asalto actual del mundo al claustro y del claustro al mundo. d) Armas contra el mundo: Despojarse de las obras de las tinieblas y combatirlo con el ejemplo. 699 B. 1251 El mundo, enemigo de Cristo y dei sacerdote. Asi lo considera el Senor en la ùltima Cena. b) En que consiste el mundo. Su aspecto social y armas. d) Enemigo de la Santisima Trinidad. Triunfa dei mundo el que muere a él (cf. ibid. Jueves y Viernes Santos, guiôn 9, t.9, n.153-755). victoria contra el mundo desde el mundo en San Pablo. 1252 Contraposiciôn de San Pablo entre las tinieblas y la luz. b) Sabiduria y Verdad de Dios contra necedad y menti­ ra dei mundo. Los discipulos han de vivir en el mundo, pero para defenderse deben renovarse en justicia y santidad de verdad. d) Guerra al mundo. 1. Muriendo a él. 2. Llevândole la palabra y el ejemplo (cf. ibid. Dom. 4 de Pentecostés, guiôn 17, t.4, p.883, 2.“ ed., n.1512-1515). ’ Véanse en el indice sistemâtico las palabras Vocaciôn, Apostolado, Po- breza, Obediencia. V* 700 1253 FIESTAS DE I.OS SANTOS Los sacerdotes en el mundo. a) Sus peligros graves. b) El mundo de la codicia, de los espectâculos, de la politica, de la vanidad académica. c) Ejemplo practice de los santos (cf. ibid, guiôn 20. p.895, 2.* ed., n.1529-1530). Cristiano en el mundo. 4 Cômo debe preservarse y vivir cristianamente en él (cf. ibid. Dom. 3 después de Pentecostes, guiôn 4, p.675, 2.* ed.. n.l 147-1149). El seguimiento de Cristo 1254 1255 1256 1257 1258 Decision en seguir su llamamiento. Tres maneras de seguir a Cristo: El escriba, como los romanos de que habla San Pablo, buscando lo que es suyo, esto es, su medro propio. b) El joven rico, sin generosidad. San Pedro con generosidad y humildad. d) A nosotros nos falta el espiritu de verdad y nos engaüamos a nosotros mismos (cf. ibid. Dom. 4 de Pen­ tecostes,’guiôn 6, t.5, p.1406, 2.* ed., n.2018-2024). Exposition relacionada del llamamiento del rey temporal, las dos banderas y los tres binarios de San Ignacio (cf. ibid. Dom. 3 de Cuaresma, guiôn 13, t.3, p.527, 2.* ed., n.925931). Nos gusta seguir a un Cristo a nuestro modo. Porque queremos que nos salve, pero no de nuestros pecados. y sin que nos cueste nada y siguiendo nuestras doctri­ nas (cf. ibid. Navidad, guiôn 9, t.9, n.l73-175). Queremos seguir a un Cristo sin cruz y sin misericordia. Cuando los apôstoles oyen hablar al Senor de la cruz no le entienden; poco después mandan callar a un ciego que pide su curaciôn. b) La historia repite este no entender el Evangelio. Cristianismo a la moda, piedad defectuosa. d) La cruz y la misericordia (cf. ibid. Dom. de Quincuagesima, guiôn 13, t.2, p.1227, 2.* ed., n.2133-2135). E. Cômo seguir a Cristo. a) Jesûs vino a enseüarnos el camino. b) Se le sigue con la admiraciôn, el deseo, el despego de las cosas terrenas, la esperanza y la confianza, el temor y la inocencia de vida (cf. ibid. La Ascension, guiôn 6, t.9, n.987-993). CONFESORES: FUNDADORES 701 El estado religioso.—Tesoro escondido (Este guiôn estA redactado sobre la base de un sormôn de Bourdaloux, ed. Firmin Didot, t.3 p.l ssj A. B. "Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondi­ 1259 do en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de aleyrîa va, vende cuanto tiene y compra aquel campo” (Mt. 13,44). El tesoro, segùn el Senor, es el reino de los cielos, esto es, el cristianismo perfecto. Decimos que quienes abrazan el estado religioso Encuentran este tesoro. b) Lo ocultan en la soledad para mejor conservarlo. Lo compran a fuerza de renunciar a todo. Lo encuentra. 1260 a) El cristiano perfecto no se encuentra en el mundo. Al ingresar en religion se topa uno con una serie de ai­ mas preocupadas por practicarlo, aimas inocentes que no viven segùn el mundo, sino que han crucificado al mundo y se han crucificado elias. Todo esto puede parecer heroico, pero es lo que constituye el cristiano perfecto. b) En el mundo este tesoro es dificilisimo de encontrar, y si se torna el mundo en el sentido evangélico es imposible de hallar, porque el mundo es la concupiscen­ da de la carne, de los ojos y de la soberbia de la vida. En efecto, el perfecto cristianismo consiste en la glo­ ria de la humildad, la felicidad de la pobreza y el gusto de la austeridad. En el mundo vemos pobres que reniegan de su pobreza, humildes que abominan de su humillaciôn y gentes que sufren desesperadas. Lo oculta. 1261 a) El retiro préserva del atractivo, gusto, disipaciôn y leyes dei mundo. Este lo inficiona todo, la religion lo santifica todo. b) Préserva dei respeto humano, que esteriliza tanto bien. Préserva de la vana complacencia. Si un mundano hiciese una minima parte de lo que hace el religioso, le querria canonizar. D. Vende cuanto tiene. 1262 querer a) En el mundo todo son palabras hermosas • f»,î 1 : « ΊΜ. FIESTAS DE LOS SANTOS seguir a un Cristo a nuestro gusto, sin reformai ni renunciar a nada. b) El religioso ha de renunciar a todo. c) Gran parte de las virtudes de los mundanos son vir­ tudes paganas. 8 Dios escoge al religioso y el religioso le escoge a Él (Inspirado también en un sermôn de Bourdaloue, cf. ibid, p.ll ss.) 1263 A. 1264 θ 1265 C. “Memento Israel et ne obliviscaris: Dominum elegisti hodie. ut sit tibi Deus: et Dominus hodie elegit te. ut sis ei popu­ lus peculiaris" (Deut. 23.17). Se elige a Dios. a) Eleccion gloriosa para Dios, puesto que con ella se reconoce su soberania, ya que no hay nadie mâs que É1 por quien se pueda dejarlo todo. Homenaje debido al Senor de todo y que se lo brinda el religioso. b) Eleccion feliz para el hombre que tiene asî la seguridad de haber alcanzado el amor perfecto, dei cual es inseparable la gracia. c) Eleccion que pone en Ia feliz necesidad de buscar a Dios, pues si después de haber renunciado a todo, fuera infiel, ^donde podria hallar la felicidad? d) Eleccion que satisface. Los mundanos, aunque lo posean todo. estân siempre insatisfechos. e) Eleccion que da un nuevo titulo a Dios para serio dei religioso. Porque ha sustituido para este a todas las cosas. Porque si lo es dei universo, por la exigencia de su ser, lo es dei religioso por su propia eleccion. El alma elige a Dios, porque Él previamente la ha elegido y buscado. jPara que? a) Para que sea santa. Dios, Santo de los santos, quiere ser servido por una corte de santos. ^No deben figu­ rai en primera fila entre éstos los religiosos? b) Para que sea irreprensible. En el claustro una santidad vulgar no sirve. Dios se merece otra cosa y el mundo no ha de poder censurai nada. c) Para ser modelo de los fiel es. CONl'ESORES : EUNDADORRS 703 San Benito.—Retira, obediencia y perfecciô (Este guiôn sirve para cualquier monje o asccta. Estâ tornado de Bossuft cf. Finnin Didot, t.3 p.429.) ' ' A. Sal (Gen. 12,1). 1266 Esta palabra condensa la vida evangélica y monasti­ ca. En momentos en que algo mundano nos entretiene, una voz celeste nos dice: Sal. Y nos ordena caminar. b) En nuestro viaje hacia lo infinito solemos detenernos en el placer de los sentidos, en la satisfaccicn de nues­ tro propio espiritu y libertad, o en la consideraciôn de nuestra propia perfecciôn. Porque el aima se detiene o por bajo de si misma, cuando los placeres la distraen, o si oye la voz de jSall, cuando su amor propio y apego a su voluntad la detienen en si misma, o si llega a la perfecciôn, cuan­ do se entusiasma con lo conseguido, y se da por satisfecha, y se detiene en algo que estâ por encima de ella. d) San Benito no se detuvo en ninguno de estos estados. B. aima ocùrrele lo que al hijo prôdigo, cuando se fué 1267 a una region lejana. a) El quV estaba destinado a “que incluso su cuerpo fuera espiritual" llega a conseguir que "su misma mente se haga carnal" (cf. San Agustin, De civit. Dei 1.14 c.15). b) Entonces una voz le repite al oido: “Evitese el deleite, al cual no debe entregarse el espiritu para que lo enerve” (cf. San Agustîn, Confes. 1.10 c.33). Tus fuerzas son para Dios y para tu felicidad eterna. San Benito, en medio de su juventud alegre, oyô esta voz. Y se refugiô en el silencio de las rocas solitarias. Se olvidô de su cuerpo y lo alimento con el ayuno. d) En aquella soledad meditô sus réglas, que quitan a la naturaleza lo superfluo, y para que no se recree en lo necesario, la acompana de la lectura y meditaciôn, de forma que "parecia salir de un ejercicio espiritual, y no de una cena” (cf. Tertuliano, Apol. 39). Esta huida dei mundo la practice el Santo ejecutando lo que aconsejaba ya San Gregorio de Nysa (cf. De fuga fornicat.): huyendo. Es una batalla que ha de ganarse asî, porque los disparos del enemigo hieren todos en la vista y de ella llegan al corazôn. « FIESTAS DE UOS SANTOS Si después de la huida sivnte todavîa la tentaciôn, recuire a la mortificadôn mâs âspera, convirtiendo cl placer en dolor (cf. San Gregorio Magno, Dial. 1.3 c.2). San Agustin nos enseüa que el hombre, al quebrarse en el pecado. cayô primero sobre si mismo, pero sus deseos. que debieron encerrarse solo en Dios, tampoco se contuvieron en el hombre, sino que hechos pedazos se desparramaron hasta derramarse en las cosas exteriores. Pero la primera caida fué de soberbia y no de sensualidad (cf. De Civit. Dei l.H c.18). El camino de nuestra liberaciôn sigue un orden inver­ so. Nos libramos de los placeres de los sentidos, pero estamos muy expucstos a entregarnos a la soberbia y a la vanidad espiritual. b) San Benito lo remedia mediante la obediencia que en sus réglas es exquisita y quiere que sea perfecta, pues basta reservarse una pequena parte de nuestro espiritu para que este reconquiste el dominio total. Para el Santo debe dejarse por obediencia cualquier otro acto de virtud. “Obedeciendo a mi voluntad—decia San Agustin—, llegué a donde no hubiera querido Hegar" (cf. Confes. 8,5). Sigamos el camino contrario. Como practice San Benito Abad la obediencia: f) 1268 1. Aceptando primera el mando, cosa que no deseaba. 2. Segundo, mandando, pues los seüores dei mundo dominan. Los verdaderos seüores eclesiâsticos son los siervos de sus subditos. 1269 El aima suele creerse perfecta en cuanto se ve en camino de perfecciôn. San Benito, después de hacer que se practique su ré­ gla, dice: "Practicad esta régla, como un simple comienzo de la vida monastica, y asi podréis llegar a co­ sas mayores" (Régla c.73). b) La primera razôn que le moviô a ello es la de que el hombre, en cuanto créé haber hecho algùn adelanto, se duerme, juzgândose en la meta. Se caïman algùn tanto los vientos de la tentaciôn, y ya relaja su vigi­ landa. jPobre de él!... El segundo motivo es el peligro de vanidad, tan con­ trario al espiritu evangélico de humildad y sencillez. Mirémonos a nosotros mismos y en cualquiera de estas très etapas oigamos la voz que nos dice: /Sal! ■Ά CONFESORF.S : FUNDADORES 705 10 San Bernardo o la imitaciôn de Jegucristo Cll|U VIA VA · 1 OV A ·! · W A A VM 4 j O CX Ο Γ H l O j »· — - --- ··—- -—(Inspirado en un scrmôn VÀV de Bossuet , CUy cuyo exordio, ζκνν extraordinariamer.»1.1 rgo, es aplicabfe a cualquier santo; cf. ed. Firmin Didot, t,3 p.4îl es.) imitaciôn de Cristo. Jesucristo es la verdad y la doctrina. Para ello recordemos que el Hijo ha sido engendrado por el entendimiento del Padre y que Él mismo es el Verbo, idea o sabiduria del Padre. b) Por eso Dios, que obra siempre sabiamente, lo hizo todo por medio del Hijo: Omnia per ipsum facta sunt. No contento con haber dirigido la creaciôn, quiso encarnarse para ser nuestro Salvador y Maestro. Desde entonces la santa Humanidad estâ dirigida por el Verbo, lo mismo que las partes inferiores de nuestra hu­ manidad estân dirigidas por la mâs noble que es el entendimiento. Todas las acciones del Cristo Hom­ bre estân llenas de la sabiduria del Hijo de Dios. d) Esto supuesto, podemos entender las palabras de San Pablo que no queria saber nada mâs que a Cristo y a este crucificado (1 Cor. 2,2,). 1270 S i. 1. No es ya solo la union hipostâtica por si misma la que produce este efecto, sino el honor de Dios el que exige que la sauta Humanidad, que le toca tan de cerca, se acomode en toda su conducta a su sabiduria infinita. 2. Por lo tanto, nuestro mejor maestro es Cristo Hombre. AJiora bien, entendiendo que el mejor modo de enseiiar es practical- lo que se quiere sea aprendido, Cristo eligiô ese método. Nos hubiese sido mu-y dificil beber de mil fuentes para encontrar toda la verdad, y Dios resumiô en Cristo todos los tesoros de sabiduria y cien­ cia escondida (Col. 2,3). De toda la vida del Senor, el lugar en que diô su lec­ ciôn suprema fué la cruz. Como el mayor impedimento para que conozcamos la verdad es nuestro apego a lo sensible, Cristo nos diô aq.uella sangrienta lecciôn. Por eso San Pablo no quiere aprender sino del Maestro, y en su mejor lecciôn. e) Es lo que hizo San Bernardo en su celda y en su vida pùblica. B. San Bernardo en el claustro. a) Si Jesucristo, delicia del Padre, pende de una cruz y es a los ojos humanos el mâs desdichado de los hom­ bres, £cômo no entender el poco valor de lo que a los La Palabra de C. 10 23 -- 1271 706 fiestas ηε los santos hombres suelc gustar? Por eso San Pablo repetia: Christo confixus sum cruci (Gal. 2,19). b) Sentiraient© verdaderamente cristiano, pero duro para nosotros. Por eso el Sefior, que se complace en predicarnos cosas que repugnan a nuestro natural, nos pone a los santos como ejemplo que nos anime. Uno de alios es San Bernardo. 1. Joven, rico, noble. p Quien no conoce el ardor de la sangre a los vejnte aiios, edad en ta que “da vergiiensa no ser desvergonzado" f (cf. San Agustîn, Confes. 3,9). .Vo es lo mismo serlo a una edad madura que abaudonar el mundo en la plenitud de una juventud fdcil. Aiiadamos, ademds, la esperanza de podcr serlo todo. .4 esa edad los suenos parecen realidades. 2. Bernardo piensa en la cadtuidad de las riquesas y de la vida. “;Oh Dios eterno que presides los siglosI”.·. Y Bernardo se pone a cstudiar su libro: Cristo crucificado. Se inflanta y twsca el claustro. 3. Bossuet describe su ingreso en él. Continua con su vida penitente, para terminar con las palabras de San Pablo: “Mihi mundus crucifixus est et ego mundo” (Gal. 6,14). 4. Sin embargo, San Bernardo aprende todavia otra cosa en la cruz: la humildad confiada. Temblaba pensando en el juicio cuando entendiô que Cristo habia merecido la gloria por su naturaleza y por sus trabajos. “Tu, Sefior, le quedas, decia, con el primer titulo y me dejas a 9mi ·>tus trabajos, que son los que hacen meritorios los mios. c) No es fâcil que nosotros imitemos a San Bernardo en su vida penitente, que Ilevô sin interrupciôn hasta la ancianidad, pero sepamos, por lo menos, que entre los discipulos de Cristo debe existir alguna semejanza y que no es posible que alcancemos la misma meta por caminos diametralmente opuestos. 1272 Los conquistas de Bernardo A. San Bernardo predica la misma cruz a la que él se ha abrazado. B. Bossuet describe la entrada en el convento de toda su familia, incluso de la hermana frivola, a quien reprendiô cuan­ do vino a visitarle en el convento. C. Extiéndese después sobre sus predicaciones, la direcciôn de los monjes y los consejos al Papa. D. Termina proponiéndole a él y a su predicaciôn como ejem­ plo, pues las llamas del infierno siguen siendo tan vivas como antes. 707 CONFKSOKES: PUNDADORES 12 Santo Domingo 1273 Las mùltiples facetas de su vida, como fundador de Orden mendicante, Patrono de las ciencias y las letras, por lo que ha merecido que se le llame el primer ministro europeo de Ins­ truction Publica, profesor y predicador, hacen aplicables a él todos los materiales recogidos sobre la pobreza, abandono del mundo y austeridad de los santos fundadores, a mâs de los que expondremos sobre los doctores y predicadores. 13 San Francisco de Asîs.—Pobreza y humildad (Extractamos un largo scrniôn de Cf. ed. Firmin Didot, t.3 p.S03 ss.) A. BossuXT, util para muchos santos. La locura de Cristo. a) La presencia y doctrina de un Mesias humilde y pobre fué un escândalo para los judios. 1. Su vida pobre y su muerte eu una cruz fué un escàn^ data para los filôsofos gentiles. Los primeras herejes, gnôsticos y maniqueos, quisierou quitar de la doctrina de Cristo lo que ofendia a unos y otros. 2. Pero los cristianos no quisierou creer a médias, ni avergonzarse de su Seüor. Hicieran que estallase por el mundo la locura de la cruz, y tan grande fué el milagro de su triunfo que Tertuliano decia: “Es creible porque era imposible"... (cf. De carne Christi 3). La locura se ha hecho necesaria. Si quis videtur inter vos sapiens in hoc saeculo, stultus fiat ut sit sapiens (1 Cor. 3,18). c) Enfrente de esto nos encontramos con la necia sabiduria dei mundo. Verdad que Dios le mostrô sus limites llenando la naturaleza de misterios, pero no ha hecho el hombre sino levantar un poco alguno de los vélos, cuando ya se créé duefio y serior de todo. El orgullo se alimenta de si mismo. Continuando su fingido sefiorio llegô a crearse dioses a la moda y a adorar sus propias imaginaciones. Dicentes se esse sa­ pientes. stulti facti (Rom 1,22). d) En vista de esto, Dios, para confundir la sabiduria humana, decidiôse a presentarle nuevos planes. b) 1274 708 À. FIESTAS DE LOS SANTOS 1. ?· ** En cl primera, cl hombre, al ver la fabrica del mundo, creyà entenderla. En el segundo, al ver a Cristo crucificado, tiene que confesar que su sabiduria no enitende nada. Es el argumento de San Pablo: "Par cuanto no co­ no ciô a Dios el mundo por la humana sabiduria, plugo a Dios salvar a los creyentes por la locura de la pre­ dicaciôn” (1 Cor. 1,21). seguimos el Evangelio, el mundo nos llamarâ lo­ cos. Es necesario que nos volvamos locos para ser sabios. f ) Este es el resumen de la vida de San Francisco. Con­ trariât la filosofia dei mundo. Este aconseja grandes riquezas, dulzura de la vida, honores. Francisco elige el camino contrario. 1275 pobreza. En vez de hablar de la renuncia que hizo Francisco a los placeres y honores, aludamos a su pobreza, que resume todas estas renuncias. La pobreza, en efecto, es considerada como el peor de los males, no solo por su cortejo de hambre y enfermedades, sino porque rebaja en la estimation de los hombres. b) Comenta la pobreza voluntaria de San Francisco y como se mezclô, tan conocido como era, con los mi­ sérables en la iglesia de San Pedro y de San Pablo. Después se dirige a los ricos, diciéndoles que no desprecien a los pobres, pues éstos tienen el mismo dere­ cho que los ricos a las riquezas de que disfrutan. Ex­ pone la doctrina, segûn la cual los bienes estân destinados al bien comûn y sus propietarios son los administradores. 1276 Vida euangelica de Francisco. El mundo no conoce las respuestas de Francisco. iPor que te vistes asi? Porque si el pecado vistiô de hojas de ârbol al hombre caido, justo es que yo vista de penitencia al redimido. b) iPor que tantas mortificationes? Porque per multas angustias et tribulationes, oportet pervenire ad regnum Dei (Act. 14,21). iPor que tanto sufrir? "^Es que acaso no podremos vivir sin placeres, los que hemos de morir con placer?" (ci. Tertuliano, De spect. 29). d) Donde brilla mâs la locura evangélica es en el deseo de morir por Cristo. Es ei rasgo mas alto del amor. 2. Es la ventaja que llevamos a los àngeles. *Λ· CONl'ESORES : funuadores 3. 709 Francisco, ri que médita siempre las Hagas del Seüor, arde en descos de martirio. No podemos seguir cantando las glorias de Francis­ co. Propongamos alguna de sus virtudes como ejemplo. Sea el desprecio de las riquezas. San Pablo encomienda que se ensene a los ricos de este siglo que no sean soberbios y no confien en la incertidumbre de las riquezas (1 Tim. 6,17). f) Expone la doctrina conocida sobre los peligros de las riquezas y los bienes de la limosna; doctrina que puede verse ampliamente expuesta en este libro. e) 14 Pobreza y riquezas 1277 (Véanse en el Inêice sistemitico los numerosos fuiones existantes sobre ambas materias.) 15 Humildad 1278 (Vcase el indice sistemâtico y en el primer tomo la Dom. 3.· de Advient©.} 16 San Ignacio.—Fidelidad de Dios y de Ignacio (Inspirado en un sermûn de BourdaloüE, ci. ed. Firmin Didot, t.2 p.710.) À. B "Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a participât 1279 con Jesucristo su Flijo" (1 Cor. 1,9). La fidelidad de Dios. a) Para con su Iglesia. 1280 1. En los tiempos difidles de la herejia Dios suscita a Ignacio para que la combata. Esto es lo que hiso tan odiosos a sus hijos. 2. La rais de los males era la ignoranda religiosa, e Ig­ nacio funda una Ordcn que se dedica a enseüar sobre todo a la fuventud. b) Para con Ignacio. 1. Placiéndolo capas y ddndolc las gracias necesarias para tal empresa. PI ombre sin lelras, fué iluminado en su retiro. Fué iluminado por Dios para ser conductor de otros. Resultado, el libro de los “Ejercicios". fiestas ιέ los santos 710 Peregrino, pobrc y desconocido, ayc la promesa de que sera asistido en Roma, y lo es. 3. Sufre persecution, y de ella résulta» triunfos y aumento del amor de Dios, 1281 Fidelidad de Ignacio a su_yocaciôn. Sin esta, la [idelidad de Dios hubiera sido desperdiciada. a) Ignacio se esfuerza en adquirir las disposiciones necesarias. 1. Mortification de Manrcsa. 2. Atisiencia a las escudos con niiios y jovencitos. 3. Mendigo su subsistenda. b) Celo por la gloria de Dios. Fué el fin de su vida. 1. Demostrô su cela en la fundaciôn de la Compafiia. 2. Todos los santos y sabios de esta son fruto de su celo. 17 San Ignacio y las dos banderas San Ignacio nos brinda su propio panegirico en la meditaciôn de las dos banderas. Ya en la del llamamiento del rey temporal nos ha des­ erito como los sùbditos que se sientan mâs afectados serân quienes hagan mayores ofrecimientos. No hay duda de que él los hizo. Dejô su vida brillante para poner en prâctica la que conocemos. b) El fin de las dos banderas es que examinemos nues­ tro espiritu y el enfoque que vamos dando a nuestra reforma durante los Ejercicios, para ver si prédomina el espiritu de Cristo o el de Satanâs. Ignacio, al describir la bandera de Cristo, se describe a si mismo. 1283 1284 El demonio suele acometer a los ya iniciados, comenzando por la codicia de riquezas, para Que mâs fâcilmente vengan al deseo de honores y de soberbia. y de ahi a todos los demas vicios. Sabe las flaquezas humanas y cuâles han de ser los escalones de perdition para aquel que, si fuera tentado groseramente al principio, no caeria. Enfrente de esto, Cristo predica la pobreza contra la riqueza, los oprobios contra el honor mundano, y la humil­ dad contra la soberbia. Es fâcil ver cômo San Ignacio renuncia a la riqueza de su position acomodada y de su profesiôn de militar. a) Cômo déjà los honores de esta carrera y de su posi­ tion de hijodalgo y cômo se humilia en todo. CONFESORES : FUNOADORES b) 711 No sôlo déjà, sino que avanza en estas virtudes. La pobreza le convierte en mendigo que pide para poder estudiar. Êl, a quien tan fâcil hubiese sido encontrar medios econômicos. 2. Peregrina a pie, vive como pobre. 1. Se humilia en la escuela aprendiendo con torpeza en­ tre ninos. Hace de la humildad base de formaciôn de los suyos y de sus "Ejercicios”. à) Rechaza los honores para si y para su Compaftia. La renuncia a la propia personalidad en la formaciôn de los suyos es base de la doctrina ignaciana. .·<> A'·· > B) DOCTORES 1 SAN AGUSTIN (2$ de acosto) Piélago inmenso, mar sin fondo, diremos, repitiendo una de las frases de que San Agustin suele servirse al comenzar la ex* plicaciôn de alguna sentencia de la Sagrada Escritura. Huelga senalar los aspectos en que sobresaliô. Si, exceptuado Cristo, conservâramos solo las obras de San Pablo, San Agustin y Santo Tomâs. habriamos salvado la cultura cristiana y aun la civilization de Occidente. Escribe un libro y le pone por titulo De Trinitate: escribe otro y se llamarâ De Musica: un tercero, De Magistro. Abordarâ la filosofia en un latin tallado, hablarâ a los pescadores de Hipona con el lenguaje mâs familiar. Llevarâ vida de monje en contemplation retirada y sera obispo de vida activa. Si Agustin es en la ciencia la enciclopedia del cristianismo, es también en su vida el compendio de toda la humanidad. Pecador, converso, santo. Al morir, si no hubiese tenido otras frases mâs cristianas que profërir, hubiera podido recitar la de uno de los clâsicos: "Homo sum. Humani nihil a me alienum puto”. Desde el pecado hasta la santidad. 1286 1.· El NINO Y EL ESTUDIANTE San Agustin nace en Tagaste (hoy departamento argelino de Constantina), de familia acomodada, aunque no rica, el 13 de noviembre del 354. Su padre, pagano y violento, es convertido al fin de sus dias por la piadosa Monica. Tiene por lo menos dos hermanos. Navigio, que le signio en la conversion, y una hermana, que muriô religiosa en Hipona. En la escuela, cuyos maestros solo pensaban en las riquezas y en la gloria, fué un nino revoltoso, mal estudiante, que recibiô mâs de un vapuleo. "Me pegaban por jugar, como si no fueran juegos los negocios a que se dedicaban ellos.” “Juegos de mayores”, dirâ con gracia. En la escuela, ya superior, de la vecina Madaura, se le atraganta el griego, que nunca llego a dominar, pero se entusiasma con los poetas latinos. Después. en su obra. los citarâ frecuentemente. CONFESORES: OOCTOXES 713 En el 370, al cumplir los diecisiete anos, llega a Cartago para aplicarse al ùltimo grado de su instiucciôn. "A mi alrededor bullia por todas partes la sartcn (sartago juega con la pa­ labra Cartago) de los vergonzosos amores.” Agustin, hombre sensual, se dejô veneer pronto por ellos, uniéndose de un modo estable con una mujer a la que permaneciô ligado hasta Milan, y de la que tuvo a su hijo Âdeodato. Debiô conocer todos los placeres en que era tan abundante la ciudad. También conociô e intimo con Alipio, el futuro obispo de Tagaste. Ya es magnifico escolar. La Biblia le repele por su lenguaje bârbaro. En cambio, Cicéron le ha inclinado a la filosofia y aparece ya en su aima aquella inquietud y afân de buscar la verdad que le llevarâ a Cristo. Esta ambiciôn le mueve a estudiar a los maniqueos, quienes, con sus promesas de dar la ùltima explication de todo, le deslumbran. Pero no hay cosa peor qufe el escaparate, cuando la mercancia esta averiada, y su encuentro con Fausto, maestro de la secta, le desilusiona. Pala­ bras vacias. El encuentro ocurriô cuando ya Agustin tenia su propia escuela de retôrica en Cartago, después de haberla tenido ci Tagaste en total nueve aüos. Monica, durante todos ellos. n ? habia cesado de orar por su conversion. ° 2. El maestro y el converso Desenganado por Fausto y harto de lo que hoy llamariamos, y séria la mejor traduction del lenguaje de Agustin, “gamberrismo sensual” de los estudiantes de Cartago, se marcha a Roma sin avisar a su madré. Bien se dolerâ después. Ella le sigue en cuanto puede. En Roma abre câtedra, pero los alum­ nos no pagan, y el maestro se marcha a Milân, pensando abrirse camino hasta alcanzar los mâs brillantes pu’estos de la Ad­ ministration. Alli saluda por cortesia a San Ambrosio y escucha sus ser­ mones por curiosidad retôrica. Eso créé él. pero poco a poco van haciéndole mella y la inquietud de su aima se convierte en volcan. Estâ inquieto por hallar la verdad que venza su pré­ sente escepticismo, inquieto por encontrar la virtud que acabe con sus vicios. La razôn va encontrando la senda. "Platon me ensefiô a Dios, y Cristo el camino para llegar a él.” Pero las pasiones tascan el freno. Monica consigue que abandone a su amiga, pensando en que contraiga un matrimonio digno, y Agustin obedece. Mas... en seguida encuentra otra. Ya ama la castidad, pero repite una oraciôn muy curiosa: "Dame castidad, aunque no todavia; porque tenia miedo de que me oyese demasiado pronto y me curase de una enfermedad que yo preferia desapareciese por saciedad y no por extinciôn”. k* 714 1288 EIKSTAS UK I.OS .SANTOS Al oir el caso dv dos cmpleados de la Administration ρύblica que, leyendo la vida de San Antonio, habian decidido ser monjes, mientras sus novias entraban también en un monasterio, Agustin decia a su amigo Alipio: “jPor que vamos a dejar cobardemente que nos artebaten ellos el cielo con vigor?" Angustiado con esta lucha. rcfugiôse en el jardin de su ami­ go, repitiendo una vez y otra: "jCuando, Dios mio, cuando?" Y entonces oyô la voz del nino que cantaba: "Toma y lee, toma y lee". Piensa que juego puede ser este, no lo recuerda, y por si acaso fuese una inspiration del ci’elo, coge la Sagrada Escritura. la abre y se topa con aquellas palabras de no fi­ dendo en comilonas y borracheras, no on arnancebamicnto y libertinaje, ni en querellas y envidias. sino vestios dei Serior Jesucristo y no os deis a la carne para satisfacer sus concupis­ cendas (Rom. 13,13). San Agustin se decide. Corre y se lo comunica a su madre, que salta de gozo. Por fin ste habia cumplido lo que le dijera un oscuro obispo africano y no San Ambrosio, como suele repetirse: Un hijo de tantas lâgrimas no puede perderse". Agustin habia tornado la senda de la santidad. Lo que en su conversion mâs nos anima y énseüa es loi hu­ mano de sus caminos. En ellos hubo una etapa de perversion, otra dc convencimiento y lucha, y finalmente otra de gran de­ cision. Pero nadie créa que una vez convertido San Agustin dejô de ser siempre humano. El presentar a los santos como hombres que desconocen lo agradable del mal, puede desanimar a quien se sienta atraido por él, o merecer la acusaciôn de ignorancia e incapacidad psicolôgica para servir de maestros o modelos. No. San Agustin, ya obispo y santo, predica: “jOh vida dulce1, porque dulce es la voluptuosidad del pecado, y si no lo fuese los hombres no lo buscarian. Dulces son para el deseo, dulces por completo y deleitables, el teatro, los espectâculos, las mâs torpes canciones. pero no como tu ley, Senor” (cf. Serm. 153.10). Éste es el verdadero motivo psicolôgico de su conversiôn. Él nos dirâ la conocida frase: "Amor meus pondus m'eum, eo feror quocumque feror". Por amor s’e mueve el hombre. Sustitùyase el amor terreno por el divino y encontrarâ placeres mayores. En las Confesiones lo ha explicado: "También los cuerpos hermosos tien'en su bclleza, como la tiene el oro, la plata y todos los demâs metales; y en el contacto carnal alcanza gran parte la armonia y cada uno de los sentidos disfruta de cierta proportion con sus objetos. Tiene su decoro el honor temporal y el deseo de mandar y sobresalir en poder... Cierto que también estos bicnes intimos poseen sus deleites, pero no como los de Dios, porque en Él se deleita el justo” (cf. Confe­ siones 2,6.12: BAC, p.379). La belleza de lo creado y aun de lo prohibido le sujetaba: CONPF.SORES: DOCTORES 715 Retenianmc bagatelas de bagatelas y vanidades de vanidades, antiguas amigas mias, y tirâbanme del vtstido de la carne y decianme en voz baja: ^Nos dejas? jDesde este momento ya no cstaremos mâs contigo? ^Desde este momento nunca te sera licito esto o aqucllo?" (cf. ibid., 8,2,27; BAC, p.643). Por fin, aquel joven para quien la castidad parecia tan imposible que llegô a despertar la curiosidad del frio Alipio, desdenador de los viciosos, sintiô la llama del amor de Dios, "por­ que de tal modo me convertiste a Ti que ya no apetecia esposa ni abrigaba fesperanza alguna en este mundo” (cf. ibid., 5). “jOh, que dulce fué para mi carecer de repente de las dulzuras dc aquellas bagatelas, que cuanto mâs temia perder entonces, mâs gustaba dejar ahora!" (cf. ibid., 9,2,1 : BAC, p.659). Mas no st créa que este gusto dominante, porque habia co- 1289 nocido a Dios, no siguio chocando durante su etapa de santi­ dad con la atracciôn de la otra vida “dulce”, y que no conociô en la prâctica personal lo que tantas veces ensehô en su doc­ trina, a saber: que la ayuda de la gracia es indispensable para no pccar. Veamos lo que nos dice al escribir las Confesiones, ya es­ caladas las cumbres de la virtud, sobre las tentaciones que padecia. Hâcelo cuando criticamente las afirmaciones son mâs veraces, o sea cuando no se habia precisamente de la materia, y a proposito de ella escribe: “Pero aùn viven en mi memoria, de la qu’e he hablado mucho, las imâgenes de aquello que mi costumbre fijô en ella. Sâlenme al encuentro durante el dia sin fuerzas para veneer. Mas durante el sueno son suficientes no solo para producir deleites, sino incluso el consentimiento y hechos en todo semejantes a la realidad" (cf. ibid., 10.30,41 : BAC, p.753). iEl remedio? Conteste en el mismo lugar el Doctor de la gracia: "Toda mi esperanza estriba ûnicamente en tu muy grande misericordia. Da lo que mandas y manda lo que quieras. Nos mandas que seamos continentes... jOh amor mio, que siempre ardes y nunca te txtingues! Caridad, Dios mio, enciéndeme. ^Mandas la contin’encia? Da lo que mandas y manda lo que quieras" (cf. ibid., 30,29,40). Se nos podria echar en cara que hemos cifrado la conver­ sion de San Agustin en la ruptura de los lazos carnales. Es que lo estimamos asi. A nuestro juicio, el Santo intelectualmente no fué nunca un pecador. Fué un hombre que buscô la verdad con todo el impetu de su razôn lanzada hacia ella. En este punto no hubo grandes luchas. En cuanto la viô, la abrazô. Pero en lo tocante a todo eso que San Pablo llama carne, y que no sc cine ni mucho menos a los placeres sensuales, sino a cuanto importa en el hombre de terreno y pasional, como opuesto a la vida en Cristo, Agustin hubo de convcrtirsc, por- V- * FIESTAS DE LOS SANTOS 716 que en él tuvicron perfecta aplicaciôn los versos clâsicos: 'Video meliora, proboque, deteriora sequor”. 1291 3.· ·» **/ : 1292 El santo y el sabio El resto de la vida de Agustin tiene ya menos valor de ejemplo. porque se convierte casi de repente en el âguila genial. Resenemos algunos datos hagiogrâficos. Agustin habia dado el paso decisivo en septembre del 386, e inmediatamente comenzô a vivir una temporada de retiro ascético con cinco amigos y familiares que se le unieron, ademâs de su madré y su hijo Adeodato. Renunciô a su câtedra. dejando de ser "un vendedor de palabras” no siempre verdaderas. pues habia pronunciado y escrito numerosos discursos en alabanza de quienes tenian harto poco que alabar, y abriô unas reuniones de las que salieron sus libros Contra los académicos. los Soliloquios, Meditationes del propio Santo y De vita beata. Tenia treinta y dos anos. Santa Monica deseaba reqresar al Africa, en cuyo camino muriô. Son quizâ lo mâs bello de sus obras las pâginas que Agustin dedico al trânsito de su madré. Al llegar a Tagaste, en septembre del 388, vende sus bienes. los distribuye entre los pobres, e inicia una especie de enciclopedia. cuyos primeros libros son De musica y De magistro. Le ayudaba su hijo, que a poco muere. Parece como si Dios quisiera romper todos los hilos que pudiesen sujetar al âguila. Ambos libros son indice de una civilization crepuscular y de un genio que escribe a través de la decadencia. San Agustin, que habia sido bautizado ocho meses después de su conversion, no sonaba con el sacerdocio, pero en un viaje hecho a Hipona, para salvar un aima, el anciano obispo de aquella urbe lo propone al pueblo como coadjutor suyo. Se ordena a fines del 395, y sucede al obispo propio en 396. Su episcopado habia de durar treinta y cinco anos. Ttnia enton­ ces cuarenta y dos. Vive en comunidad con un grupo de sacerdotes y "seminaristas”, del que saldrân numerosos obispos, y en los primeros tiempos escribe las Confesiones. En el afio 400 redacta su mâs simple opusculo: De catechizundis rudibus, e inicia sus estudios sobre la gracia. Durante diez anos le tienen ocupado los donatistas, pequena secta africana, pero origen de grandes tur­ bulentias y aun de asesinatos. Al principio todo fueron confe­ rendas y dulzura, pero llegados los herejes al extremo, San Agustin reconociô los buenos frutos de la saludable energia que empleô con ellos la autoridad romana. Los buenos pudieron practicar libremente, y ello sin la coacciôn de los suyos y con la prédication, oida mâs o menos gustosamente al principio, se convirtieron sinceramente mâs tarde. 717 CONFESOKES: UOCTOHES I lkE I.ÛS SANTOS se brindô a repasarle las leccioncs. Claro que la labor del rtpetidor terminé el dia en que Santo Tomâs diô una lecciôn sobre un punto dificil que el maestrito no acababa de entVnder. El mismo alumno llevô a San Alberto unos apuntes de Tomâs, que le dieron ocasiôn de proferir la conocida frase: "Le Ha­ rnais el buey mudo. pero yo os aseguro que sus mugidos se oirân por toda la tierra". En 1252 lo encontramos ya en Paris ensefiando como bachiller, para que mediante la ensefianza, y segun el mêtodo de la época, alcanzase el titulo de maestro o doctor. Escribiô entonces sus comentarios al libro de las Sentencias, a Isaias y al evangelio de San Mateo. A los cuatro aôos era doctor y escribia la Suma contra los gentiles. De 1259 a 1268 acompafia al papa por Italia, alternando sus sermon'es con la docencia. En este ûltimo ano comenzô la Suma Teolôgica. En 1269 vuelve otra vez a Paris, donde reina Luis IX el Santo, que lo retiene por consejero. Es 'enfonces cuando en un banqueté estaba tan abstraido que diô un punetazo en la mesa, exclamando: "Actum est de manichaeis!": "jEsto acaba con los maniqueos!" Por aquellos dias la Universidad le encargô que estudiara una cuestiôn que agriaba los ânimos, a saber: si los accidentes eucaristicos son reales o solo aparentes. Tomâs estudiô d asunto después de grandes oraciones, escribiô un fo­ lleto y lo deposito encima del altar. Su doctrina fué aceptada por la Universidad primero y después por la Iglesia. Se cuenta que en esta ocasiôn oyô de labios del Senor la siguiente frase: "Bien bas escrito sobre el sacramento de mi cuerpo”. Mâs adelante, dicese también que un crucifijo le hablô para decide: "Bien has escrito sobre mi. iQué premio quieres?” "A nadie sino a Ti mismo, Senor”, respondiô el Santo. En 1272, y en medio de no exiguas turbulencias habidas en la Universidad, fué enviado a Nâpoles, donde terminaron sus estudios teolôgicos. Al ano siguiente, celebrando misa el dia de San Nicolas, tuvo tal vision que dejô de escribir y de explicar. quedando inconclusa la Suma Teolôgica. “Ha llegado el fin de mis trabajos—dijo—. Todo lo que he escrito no pasa de ser paja en comparaciôn con lo que me ha sido revelado." Sin embargo, no lo dejô del todo, porque, enfermo como esta­ ba, fué enviado por Gregorio X al concilio de Lyon, donde se trataba de la union de las Iglesias latina y griega, y alli partiô llevando su libro Contra los errores de los griegos. No llegô al concilio. Enfermo en la abadia cisterci'ense de Fossa Nova, hospedado en la misma habitaciôn del prior, pagô su hospitalidad a los religiosos explicândoles el Cantar de los Cantares, que no pudo terminar. Después de recibir el viâtico, pronunciô aquellas palabras: "Te he recibido, joh precio de la redenciôn de mi aima! Todos mis estudios, vigilias y trabajos han sido por tu amor. He en- .*· K •* ’·■ 723 CONFESORES: DOCTORES senado mucho y he escrito mucho sobre el sagrado cuerpo de Jesus. He ensefiado y escrito mucho sobre la fe de Nuestro Senor Jesucristo y de la Iglesia romana, a cuyo juicio lo someto todo”. Dos dias después, en las primeras horas del 7 de marzo de 1274, y a los cincuenta anos de edad, entregaba su aima al Senor. En Colonia, San Alberto Magno dirigiôsfe a la comunidad, y con lâgrimas en los ojos le dijo: "El hermano Tomâs de Aquino, mi hijo en Cristo, luz de la Iglesia, ha muerto. EHos me lo ha revelado". * ° 3. Sus obras No hemos de insertar aqui un juicio sobre sus obras. Abarcan toda la filosofia y la teologia y hacen no pocas referen­ das a las ciencias de su titmpo. La Suma Teolôgica es un monum'entp historico, que figurô en el concilio de Trento, junto con la Biblia y los decretos pontificios. A esta distancia re­ sulta imposible apreciar su ingente contribucicn al adelanto de los estudios teolôgicos y filosôficos. El estilo conciso y sistemâtico de la Suma no es el de todas sus obras, como puede apreciarse en la Contra gentiles, que constituye un libro verdaderamente delicioso. Prueba de sus condiciones pedagcgicas y de su modo d'e entender la ensefianza, la tenemos en el ser­ mon sobre el Nino Jesûs perdido y hallado en el templo, que figura en nuestra obra en la dominica infraoctava de la Circuncisiôn (cf. t.l sec.4.*,I). Fué también poeta, porque recibiô encargo del papa Urba­ no IV de componer el oficio del Corpus Christi, y escribiô los himnos que son hoy todavia populares, hermosos sin duda alguna, aunque desde luego escritos por un teôlogo. Su ciencia no debe oscurecer su virtud. Oraba horas ente­ ras dia y noche; su rostro se transfiguraba en la consagraciôn de la santa misa y, cosa no frecuente en los sabios, fué un ejemplo de humildad. Fué canonizado a los cuarenta y nueve afios de su muerte, esto es, en 1328. Su cuerpo reposa en la catedral de Toulouse. San Pio V le nombrô doctor, y Leon XIII, Patrono de todas las universidades y fescuelas. 1301 724 b) GUIONES HOMILETICOS El doctor es hombre de ciencia. El doctor santo ha vivido su verdadera ciencia. A estas doe facetas de la ciencia de Dios, conocida y vivida, se ordenan los présentés guiones. El predicador no tuncrâ sino que anadir loa datos biograficos d«I santo que Te interese. , La verdud y la ciencia A. 1332 La falsa y la verdadera ciencia. Dios desea la ciencia. b) Necesaria en el orden natural y en el sobrenatural. La mal entendida es arma muy peligrosa, por procé­ der de la actividad mâs noble. 1. Separa de Dios y de los how.bres. 2. Se convicrte en castigo. d) 1303 B- CONPESORES: DOCTORES FIESTAS DE LOS SANTOS La verdadera viene de Dios, se ordena al bien de los hombres y es humilde. Oraciôn pidiendo ciencia (cf. Dom. 3 de Epifania, guiôn 2, p.376, 2." ed., n.626-629). Cristo es la verdad. Es una afirmaciôn repetida del Evangelio. b) La verdad lôgica consiste en que el entendimiento reproduzca exactamente el objeto entendido; la ontolôgica. en que las cosas reproduzean la idea que Dios se forjô de ellas. El Verbo es la verdad en si mismo, porque es la Idea mâs perfecta. En El radica la verdad de las cosas y la verdad sobre­ natural de los hombres, porque su filiaciôn divina es el modelo. 2. Por eso mismo, en Él esta la verdad de nuestras obras, que lo serân si se acomodan al plan que Dios concibiera sobre nosotros. 3. El modelo de Cristo (ci. ibid., Dom. de Pasiôn, guiôn 12, 725 c) Cômo cumpliô Crista el suyo. d) En qué consiste "hacer la verdad”. e) Las obras hechas en Cristo. f) Vivir nuestra vida (cf. ibid., Dom. 19 de Pentecostes, guiôn'2, t.8, p. 141 ). D. Las armas de la verdad. a) El padre de la mentira lucha contra Dios. b) Las armas de la verdad, en el orden lôgico, consisten en conocer la realidad sobre Dios, el hombre y nos­ otros. c) En el ontolôgico, en acomodarnos a la idea divina (cf. ibid., Dorn. 21 de Pentecostes, guiôn 3. t.8, p.555). Iglesia, maestra. a) El mundo religioso se halla dividido en dos sectores: el que ensefia y el que aprende. b) La humanidad sufre la incapacidad moral de conocer convenientemente las verdades religiosas, aun natura­ les, incapacidad que fué remediada mediante la revelaciôn. Pero la revelaciôn necesitaba un magisterio que la conservase y explicase. 1305 1306 Frutos de él han sido la verdad y la unidad. 2. Postura del fiel: la sumisiôn (cf. ibid., Dom. de la 1. » Santisima Trinidad, guiôn 8, t.5, p.338). d) l S· ' Complétese el guiôn haciendo ver que dentro dei ma­ gisterio ordinario de la Iglesia los doctores tienen gran importancia, y cuando son lumbreras, basta el consentimiento de algunos de ellos para demostrar la fe de la Iglesia. 1. t.3, p.906, 2.* ed., n. 1602-1611). Complétese el guiôn haciendo ver como los santos penetraron la verdad lôgica de las cosas y rcalisaron la verdad ontolôgica de su vida, acomodândola a Cristo. 1304 C. La verdad de nuestra vida. a) Verdad moral, verdad de la justicia, de Dios y de la vida. b) Dios ha trazado un plan de nuestras vidas. Très fines santos de la ciencia Extractamos un panegfrico de BossvXT, predicado en honor de Santa Catalina. Suprimimos I03 pArrafos destinados a la Santa, que el lector suplirâ con otros dedicados al santo cuyas glorias exponga. La doctrina es tan abun­ dante que da materia para varios panegiricos. A. Très peligros de la ciencia. a) El enemigo, segûn San Agustin (cf. Enarrat, in Ps. 39,1), unas veces se présenta como tirano y otras como doctor, pero siempre para perseguir. Por eso Dios suscita unas veces mârtires y otras maestros. b) La ciencia reporta grandes bienes, luz del enfëndimiento, alimento de la virtud...; pero el hombre es capaz de corromper hasta la misma ciencia. 1307 - coNFKSonfts: 726 . Kasonaria del modo siguiente: lie recibido la palabra del Hijo de Dios y la he puesto como cimiento de mi vida. . Pero quien pone un cimiento debe constr.uir encima. La fe no es mâs que el comienza, pero un comienzo tan hcrmoso y sôlido que requière que yo construya sobre ella un magnifico edificio. San Bernardo (cf. In Cant. Serm. 36, 3) diet que: l 'nos estudian por euriosîdad : “Quidam scire volunt, ut sciant; et turpis curiositas est". 2. Otros no quieren sino darse a conocer a si mismos: "quidam scire volunt ut sciantur ipsi;'et turpis vani­ tas est”, 3. Otros, en fin, por garnir dinero: “Quidam scire volunt ut scientiam suam vendant; et turpis quaestus est”, 1. d) La ciencia, en cambio, no se nos ha dado para regalamos, sino para dirigit nuestras vidas: no para con­ vertirla en trofeo de alabanza, sino para hacer triunfar la verdad; no para enriquecernos, en trâfico indig­ no, sino/ para comprar las almas. Es lo que hizo nues­ tro Santo. I- Ciencia que dirige nuestras vidas. c) Pase que las ciencias humanas sirvan de distraction; pero que haya quien convierta la doctrina de Cristo tn motivo de sutiles disquisitiones o meditaciones agradables y con ello crea haber ganado el reino, no puede tolerarse. a) 1. Cristo es lus que ilumina a quienes le siguen: “Qui se­ quitur me non ambulat in tenebris” (Io. 8,12). 2. El que ve, pero no sigue a Cristo, continua en tinieblas: “Qui dicit se nosse Deum, et mandata eius non custodit mendax est” (1 Io. 2,4). 3. ;Por que no le conoces? Porque no le conoces como es. Conôcele como verdad. pero no como camino, y Él lo dijo: “Ego sum veritas et via' (Io. 4,6). 4. La ciencia cristiana ilumina para caienlar. b) Compruébase esto sabiendo que su fundamento es la fe. Γ w fc1 X* 1. Las Escrituras nos lo diecn. 1. ° San Pedro cs cimiento después que demuestra su fe. ’ ‘ 2. ° San Pablo nos dice que ir. fide fundati nos constituimos stabiles et immobiles a spe cvangelii (Col. 1,23). Eundamcnlum non apparentium llama a esta virtud (Hcbr. 11,1), 3. ° La misma doctrina cstablece cl concilio de Trento, que seüala a la fe como principio y ratz de la jus­ tification (scs.6 c.8). » 2. Pues bien, cl fin de la fe no es brillar, sino que sobre ella se construye nuestra vida. /Cômo va a estar destinada a brillar si es de por si oscura y escondida como los cimientos? 1309 c) k« 727 FIESTAS DE !.t>S SANTOS ~W|- _ 13os doctores Nuestro Santo, que conociô todas las ciencias huma­ nas, edificô su vida sobre la fe. En cambio, nosotros somos el hombre que comenzô a edificar y no terminô su obra (Lc. 14,30). Pusimos el fundamento sperandarum substantia rerum, y jcuântos esfu’erzos costo a Cristo y a la Iglesia poderlo clavar en la arena movediza de nuestra alma! jCuânta so­ berbia, tozudez, inestabilidad... hubo que veneer! Y después de tantos esfuerzos de Dios, nosotros abandonamos la obra. (iQuc debemos construit? Algo proporcionado a los 1310 cimientos. Oigamos a San Pablo: “t7 sapiens architectus fundam en tu m posui". Sabio arquitecto guiado por Dios, "secundum gratiam quae data est mihi” (1 Cor. 3,11). 2. Este cimiento, continua didendo, es “Christus lesAis". /Que hemos de hacer? Scguirle oyendo: “Unusquisque videat quomodo superaedificet” (ibici., 10). 1. Es lo que hace nuestro Santo. Mi cimiento, Cristo, fué humilde, yo también. i Virgen? Yo puro. ^Condenado por los tribunales? Yo acepto la persecution. g) También a nosotros se nos puso tn el bautismo el mismo cimiento. Pero jqué modo tan distinto de edi­ ficar sobre él! jCuanto habrà de ser consumido y arderâ como paja! ^Seremos cristianos ad contumeliam Christi? (1 Cor. 3,10). Dificil obra se nos encomienda, pero iquién vacilarâ apoyado en tal cimiento? f) No para que brille el sabio, sino Cristo. 1311 a) La ciencia es un bien comûn. "El querer apropiarse lo que estâ destinado a todos, bien merece caer de lo que era comûn en lo qu'e es suyo propio, esto es, de la verdad en la mentira" (cf. San Agustîn, Confesiones 12,25). Sin embargo, como el ensenar bien reporta el aprecio pûblico, el sabio estâ muy expuesto a la vanidad. b) Nu'estro Santo, en cambio, sabe perfectamente que la ciencia no es suya, por dos razones: Primero. porque, como todas las gracias, viene de arriba. 2. En segundo lugar, porque es una gracia “gratis data”, cuyo fin no es santificar y glorificar al que la posce, sino bcncficiar a los demas. dénias. Convertirla en beneficio 1. L I t 728 CONFESORES: DOCTORES FIESTAS DE LOS SANTOS pero necesila o quiere nuestras almas. Emprendamos ese ncgocio. fropio es robor sacrileginnente a Dios y a nuestros hermanos. d) El fin de la cicncia no es brillar ella misma. slno hacer brillar a Cristo. No es sino el espejo de las perfecciones de Cristo. Por eso decia San Pablo que no nos predicamos a nosotres mismos, sino a Cristo, esto es, mostramos el espejo, para que se vea el rostro en él. Verdad es que ipse illuxit in cordibus nostris (2 Cor. 4.6), pero ad illuminationem scientiae clari­ tatis Dei in facie Christi lesu. d) Nuestro Santo ve la ciencia en Él, esto es, ve a Cristo y lo saca a la luz pûblica, pero procurando poner en primer lugar a sus pies la filosofia humana. Comicnca desarmdndola y convenciéndola de sus erro­ res (recuérdese que Bossuet predica sobre Santa Ca­ talina). 2. Después la cristianiza, porque también los filôsofos paganos, “veritatis fores puisant”, Hainan alguna vez a los umbralcs de la verdad (ci. Tertul., De testim. an.I) y, “en medio de la tormenta, los cielos y mares revueltos los llevan por un feliz error al Puerto” (ibid.).’ En efecto, San Pablo explica a los romanos que conocicron lo suficiente para llegar a Dios, pero por culpa suya retuvieron cautiva la verdad. Nuestro Santo la libera, y cristianiza aquella filosofia que entreveia le verdad y no la conseguia. 729 Y iqué premio recibirâ vl doctor? Qui docti fuerunt, fulgebunt quasi splendor firmamenti, et qui ad iustitiam erudiunt multos, quasi stellae in perpetuas aeter­ nitates (Dan. 12,3). 1. Este es el premio de nuestro Santo. 2. Este serà cl nuestro, porque todos los cristianos samos llamados a hablar con sal de gracia y saber como hemos de responder a quienes nos pregunten o contradigan (Coi. 4,6). Campo tenemos en nuestros familiares y vecinos para hacerlo. 1. Imitémosle nosotros dando un triple testimonio de la verdad. El de la palabra, el de la vida y el de la sangre, si Dios nos la pidiera. 1312 D zVo por lucro propio, sino para bien de las aimas. No nos corresponde a nosotros lamentar el espectâculo dado por qui’enes lloran que su ciencia no les sea pagada suficientemente, cuando esta ciencia es pro­ fana. Pero seria un oprobio para Dios que ocurriese lo mismo con la divina. b) La ciencia de nuestro Santo pudo hacerle brillar en el siglo. Él la puso al servicio de las aimas, ciencia no es nuestra. Cuius est imago ? La imagen que lleva nuestra ciencia es la del Verbo. Luego es suya. Cambiarla por bienes mercenarios seria simonia, y la simonia mâs crasa, la de dar lo espiritual por lo terreno. Eslos taies terminan por corromper la ciencia y predicar otra acomodaticia, que ya no es la de Cristo. 2. Pero, ademâs, este Seüor dijo: ‘‘Negotiamini donec venio” (Le. 19,13). 3. ’ iQué négocia quiere P Él no necesita nu estr os bienes, San Agustin, sol de la Iglesia Esquematizamos el primero de los panegiricos agustinianos de Santo Tomas de Villanueva (cf. ox., [Paris 4867] t.4 p.192), k. Los santos, comparados con el sol. 1313 a) La liturgia apropia a los santos las palabras del Eclesiâstico (50,7) como el sol radiante sobre el templo del Altisimo. Es figura corriente en la Sagrada Escritura. b) El sol, por su mayor importanda en el firmamento, por su funciôn directora, vivificadora e iluminadora représenta a Dios. Pero también los santos, gracias a la divinizaciôn de su naturaleza, se parecen a Él. 1. El sol liene luz propia. 1. ° Los santos brillan por la gracia y virtud que poseen, sin necesidad de ningûn oropel externo, de linajes, cargos, riquezas, etc. 2. ° Que cada uno examine sus obras y entonces tendra de qué gloriarse en si y no en otro (Gai. 6,4). La luz del sol es perfecta y sin sombras. La virtud de los malos esta rodeada de ellas. Tal es casto, pero soberbio. Aquél es humilde, pero avaro o impuro. 2.° Los santos, aunque sobresalgan en una virtud, han de poscerlas todas en grado heroico. l.° luz del sol es permanente. Los santos son constantes, en tanto que ‘‘el necio muda como la luna" (Eccli. 21.12). 1314 B. El sol de Agustin. H· a) La luz de San Agustin no sôlo fué propia, sino que desde su apariciôn los demâs santos doctores han brillado recibiendo la de él. b) Fué tan permanente, que hoy le admiramos como santo y le estudiamos como sabio. c) Pero San Agustin sobresale sobre todo por lo com­ pleto de sus dones. 1. l\'o podemos jusgar su santidad, porque “Dios es quien pesa las aknas” (Prov. 16,2) y eJ odioso e imposable comparer a los tantos. Jussgamos solo de las dotes y efectos exteriores de la santidad. 2. San Agustin rewiiô los cuatro brillas que suelen repartirse entre diversos santos: la fe que. luce en los marlires, la ciencia de los doctores, la puresa de vida de los confesores y las dotes de gobierno de los pontifices. 1315 d) 1316 1317 e) [) La fe de San Agustin. 1. Es nias meritorio defender la fe derrarnando ta sangre que enseûando, pero es nids ûtil cnseüar q,ue morir. 2. San Agustin fué el campeon de la fe, que preservô y conservo en ella no solo a su pueblo, sino a muchas generaciones. 3. Adenuis, no fué Agustin quien fallô al martirio, pues bien se expuso con los donatistas, sino el martirio a Agustin, porque Dios le queria como maestro. 4. No peleo con las fieras dei circo, sino con las de la herefia. La ciencia de Agustin. 1. Ag.’istin, "fenômeno de la naturaleza por la altura de su intcligencia, por la penctraciôn de s:i genio, por lo fuerte de su logica, por la facilidad de su invenciôn, por la sutileca de sus raciocinios”. 2. La Sagrada Escritura y la filusofia moral fueron sus armas. 1. ’ La Sagrada Escritura, porque nada hay mâs peligroso que el mal uso de la razôn. La voluntad y las pasioncs no pueden por menos de darse cuenta cuando caen. La razôn, no. Por eso, Agustin tiene como norma a la Sagrada Escritura. 2. · Su filosofia moral, iluminada por la Sagrada Escritura, dirige la ïglesia entera. Escribe libros para todos, para las virgenes, las viudas, los casados, los monjes, los clérigos... 3. Expositor sistemâtico de la tcologia, cuyas cuesfioncs sistemattea. Si hoy tenemos ideas claras y exfresiones exactas, se lo debemos a él. Verdadero poligrafo in· igualable. La santidad de Agustin. Predicô cuanto ensenô. El elegante de Milan entre los Pescadores de Hipona. conpesores: i «το ices 731 l.camos sus obras. Los labias hablan de lo que et corasôn abunda, La fundacion de un convento glorifica a veces a un santo, Agustin es uno de los primeras en dar una régla a los hermanos reunidos, y después de él innumerables fundadores la han tornado como modelo. g) El gobernante. Il·' 1. Su prelado, Yalerio, vivo todavia, hace que lo elijan ubispo, no fuera que se lo arrebatasen otras sedes. 2. Gobiernu la diôcesis, Intervient cerca de Bonifacio en los usant os de Africa, predica, ara sin césar, y aûn le le sobra tiempo para escribir su ingente obra. Pidamos a este sol que, después de iluminarnos con su ciencia, nos proteja con sus oraciones. r Los pecados de San Agustin San Grerorio Magno, escribiendo sobre Job, dice que si 1318 le parece grande en vir tudes, le asombra en sus pecados. Admiren otros la pureza de su castidad, la integridad de su justicia o sus en tranas de caridad. Yo admiro la pro­ funda humildad de la confesiôn de sus pecados (cf. Moral. 1.22 c.15 n.34). 1319 Lo mismo podemos decir de Agustin. a) Fué un gran Doctor de la Ïglesia, y para serlo prac­ tice el orden debido. 1. Observor los mandamientos. 2. Conoccr la doctrina. 3. Enseüarla. b) El conocimicnto de sus faltas le moviô al cumplimiento de los mandamientos y le iluminô no poco en el estudio de la doctrina. 1. Centro de su obra tcolôgica es la necesidad de la gra­ cia. iDonde experimento Agustin mejor esta necesidad que cn aquella clapa que media entre su conocimiento de Dios en Milan y su enlrega total cn Africa? 2. El hombre, aun viviendo de la gracia, a pesar de ella, cae siempre en pecados veniales. jDônde lo aprende me­ jor sino cn sus continuos csfuerzos? 3. Corolario de ambos punlos es la humildad, cimiento de todas las virtudes, segùn Agustin. - ... CÛNFESORES : DOCTORES 732 1320 FIESTAS DE LOS SANTOS Dios no ha querido hacer en mi un hombre y un dios. sino un hombre qut sea hijo de Dios. cj La gracia es una fuerza divina que al infundirse en la naturaleza humana la infiltra toda ella y la eleva al piano de la divinizaciôn. Por eso el hombre elevado al orden sobrenatural sigue sfendo un hombre con sus actos, obligaciones y derechos, si bien todos ellos hayan adquirido una jerarquia divina. d) Dedûcese de aqui que toda pedagogia ascética que quiere prescindir o d'estruir lo natural, no sera nunca verdaderamente sobrenatural. C. De esta humildad se sigue la confesiôn de sus pecados. Nada nids natural que ocultar las propias [altas. a) A Agustin, con tal de que resplandezca la verdad, que para él consiste en que se atribuya todo a la gra­ cia divina, lo natural le parece rcvclarlas no sôlo a todos los de su gtneracicn, sino aun a las futuras. En lus “Confesiones” no oculta ni u,un lo nuis vergonsoso. 2. El celo y galon liras que otrus emplean en celebrar sus hazaûas, Agustin lo empira en coutar sus pecados. 1. b) Agustin es ya santo. /Se reconoce bueno? Enfonces iria en contra de su doctrina constante. I. /Donde encontrar fallas? La delicadeza de su concien­ da le hace ver defectos que nosotros·no sospechanios que puedan serlo. 2 En Agustin quizd lo scrtan, porque su espiritu no ténia nada de mogigato para entretenerse él y aburrirnos a nosotros con sus escrûpulos. Lo probable es que la gracia le hubiera llevado a tan alla presencia de Dios que lo que nos cuenla constituyeron en realidad infidelidades. 3. Pero jqué infidelidades! Eeâmoslas. Γ En algunas comidas lo hizo con demasiado gusto; en ciertas ocasiones le dcleitô mas la mùsica que el sentido de los himnos religiosos; en otra se detuvo a ver un perro que perseguia una liebre, y una araûa en medio de su tela. 2* Xo pudo nunca prescindir del placer de contem­ plar un dia luminoso, siendo asi que Tobias, ciego, se entregaba totalmcnte a las obras de misericordia (cf, Confes. 1.10 c.31). (3 Lo que puede ocurrir es que el hombre alejado de Dios y de la gracia equivoque la direction de sus fuerzas na­ turales; en tanto que una vez que conoce él al Sefior se encamina todo él a la meta debida. En estas ocasiones parece como si el hombre [uera otro, siendo asi que es el mismo, pero con la orientation y jerarquia sobrenatural. San Agustin es el prototipo del hombre que humanamente reûne las condiciones del genio, y que al convertirse las sobrenaturaliza todas ellas, sin necesidad de hacerlas desaparecer. Su entendimiento. Inûtil insistir en el ’ genio" de Agustin. Domina las letras o “retôrica”. 2. Es .un filôsofo de primer orden, capaz de abarcar desde los tratados magistrales hasta las obras de la mâs sencilla vulgarization, como el “De calechizandis rudibus”, pasando por los “ensayos", como el “De musica”. Es un orador que arrebala y conmueve. Es un ingenio de la agudcza y la paradoja. Y todo ello en ese grado de altura necesario para conseguir que su obra sea de actualidad permanente a través de los siglos. /Qué contraste con los mundanos que se creen buenosl /Qué distante de los virtuosos que no se encuentran faltas! /Que poco tendra que juzgar Dios en quien se juzgô él mismo tan rigurosamente! Su voluntad conoce el amor al bien. Lo busca. Una gran etapa de su juventud se consume en el tormento del que busca un bien indeficiente que no encuentra. Sus pasiones. Son vigorosas. Diriamos que hasta ordenadas, si bien habremos de decir algo de sus caidas. Se entusiasma con la belleza, la bondad, etc. d) Es capaz de caldear sus ideas en tl corazôn de su voluntad y convertirlas en ideal, poniendo a su servicio a las pasiones. El ideal de la verdad le hace saltar de secta en secta. Pero San Agustin no consigue encontrar esa verdad que coordine armônicamente todas sus potencias. Es un hombre disperso. b) El hombre en lo sobrenatural 1321 733 gracia no destruye a la naturaleza. El orden sobrenatural no se opone a la naturaleza humana. Ello supondria un desorden en Dios, sapientisimo autor del uno y de la otra. No es algo paralelo y sin relaciôn con la naturaleza humana. No hay por que introducir un nestorianisme de la gracia, dividiendo lo natural de lo sobrenatural f. .- 3 734 FIESTAS DE LOS SANTOS CONFESORES : DOCTORES Jutelectualmenle, todas las doctrinas le defraudan. Créé entrever a Dios y no se decide a seguirle, 2. Voluntad y pasiones se descarrian en amores de un aüo. El genio corre peligro de agostarse hasta Junianamente hablando, 1324 D. Pero ese dia admite la gracia. a) Siente tan fuerte su impulso que en adelante sera su doctor. Mâs aun: en su obra literaria prescindirâ casi por completo de la naturaleza humana para insistir en la obra y ntcesidad de la gracia. b) Sus facultades siguen siendo las mismas, pero con una nueva direction que le convierte en gigante. . El entcndùnicnto recibe una nueva lus. “Creo para en· tender", repetira una y otra vez. La fe le seüalô el camino que sin titubeos le lleva a la Verdad, “siempre antigua y siempre nueva”. 2.° La encuentra en los abismos del misterio y escribe el De Trinitate; en las profundidades psicolôgicas del orden sobrenatural, y aparecen los tratados so­ bre la gracia; en los Pescadores sencillos y sus costumbres de Hipona, y pronuncia sus Sermones. Conoce otro amor. ; Para que seguir? Los trosos de sus comentarios al evangelio y epistolas de San Juan, aparecidos en nuestra obra son suficientes. No reniega del santo amor humano. La muerte y recuerdo de su madré, los cuidados y formaciôn de su hijo constituyen paginas deliciosas de un amor natural que la gracia divinizô. No aplastô sus pasiones. Las domino y guiô. Es el mismo fuego, el mismo cstilo, la misma iro­ nia, el mismo amor. 2.° Lo ûnico ocurrido es que mientras sus antiguos idéales se cifraban en el mundo, la came y una ver­ dad que no acababa de concretar, ahora tiene uno claro y definido: El mundo· y yo para Ti, Senor, Verdad y Bien indeficientes. La gracia y el hombre 1325 A. Las très figuras de la gracia. El Senor, en su discurso de la ùltima Cena; San Pablo y San Agustin. Solo con ellos tenemos integra la doctrina reuelada sobre la gracia. a) El Senor que, como vid, habla a sus sarmientos. El perseguidor convertido en el apôstol, que escruta dentro de si mismo la obra de la gracia. 735 I c) El teôlogo que, contra Pelagio, da forma a la doc­ trina. Cômo predica Agustin. 1326 a) San Agustin, al escribir y hablar sobre la gracia, tiene siempre la mira puesta en la soberbia pelagiana, contra la que predica la humildad del sarmiento, que no puede hacer nada sin la vid. b) No es que no fexija y explique la necesidad de la coopération humana, pero en vez de insistir en la ex­ position teôrica, suele hacerlo de dos formas impli­ citas : 1. Remachando y exigiendo el esfuerso y lucha del crisliano, lo cual stipone un ado propio de cooperaciôn. 2. Con su propia vida, que es un desenvolvimienlo prdctico de la frase lapidaria de San Pablo: “La gracia de Dios y yo" (1 Cor. 15,10). 1327 obra de la gracia. muy dificil entender la obra de la gracia, porque a) no conocemos el modo de obrar divino. En Dios vivimos, nos movemos y somos, pero no sabemos en qué consiste este vivir y moverse en Dios. 2. Ignorâmes como puede llegar a lo intimo de nuestras conciendas, y respetando nuestra libcrtad, movemos. b) Solo sabemos dos cosas1. Que sin la elevaciôn de la gracia no podemos ni aun siquiera pronunciar el nombre de Jésus, de modo que tenga algûn valor sobrenatural y, por lo tanto, merito­ rio para la vida eterna. 2. Que sin el impulso divino no podemos ni comenzar, ni obrar, ni proseguir en la obra. Que sin la cooperaciôn humana, la gracia no consigne su intento y que de la conjugation de ambas fuerzas de la gracia de Dios y la libcrtad del hombre surge la obra sobrenatural. Todo hombre justo es un ejemplo de esta cooperaciôn. 1328 a) Todo hombre justo es un ejemplo de cômo ha tenido que esforzarse para vencer las resistendas que las partes bajas de nuestro natural (carne o espiritu) oponen a la gracia. b) Los santos son un ejemplo heroico de ambas cosas. Pero San Agustin nos ha dejado un ejemplo que pal­ pita vivo en sus obras. Ejemplo de resistencia, de lucha y de victoria. d) Para su desarrollo nos remitimos a los apuntes biogrâficos y a las Conjesiones del Santo. » ·* 736 1329 E. 1330 F. G. FIESTAS OF. LOS SANTOS Resistenda a la gracia. a) "jQué tarde te conocf!”... Es una frase clâsica de Agustin. Sin embargo, la gracia le llamaba desde nifio. Ê1 oia su voz, voz del ejemplo de su madre, de los toques interiores, de la insatisfacciôn de los placeres y la filosofia, y Agustin no escuchaba. b) La lucha se enconâ. Del no oir se pasa al rechazar. Son anos enteros de resistencia. Agustin, uencido por la gracia. Alipio y él conocen el camino. “Toma y lee", repite la canciôn infantil. Agustin esta decidido. b) Amores mundanos le retienen todavia. Hasta que al fin se decide. d) ^Fué la gracia sola? No: fueron la gracia y Agustin. El viento de la gracia soplaba desde el principio. Es Agustin quien se decide a extender las velas en la direcciôn debida. No fué su juventud inerte la que se déjà llevar, sino su voluntad que coopéra. f) Del Agustin de Milan al que se alegra de las buenas disposiciones de su madre ante la muerte, hay un lar­ go recorrido de cooperaciôn a la gracia. San Agustin corre con la grada. jQuién conoce a aquel Agustin que, convertido ya. es incapaz de romper con los lazos carnales, en este otro que dialoga con su madre y su hijo en las veladas de Hipona? b) iQuién conoce al “retôrico” que ambiciona triunfos, en el predicador de Pescadores de Hipona? iQuién conoce ai filôsofo que bucea en el maniqueismo con el “gran Agustin”? La gracia y él forjaron al santo y al gran genio del cristianismo. Después de él apenas si podrâ alzarse un sesudo y metôdico Santo Tomâs. La Providenda en la historia Entre el ateîsmo y el concepto cristiano de Dios existe el teismo. a) Dios crea el mundo y el hombre, y después hace el mismo caso de él que un castillo roquero de las olas que van a morir a sus pies. • · ·· ' ? CONFESOltES: IXJCTOKES b) 737 El tvista imagina un Dios demasiado trascendente para rebajarse a gobernar el mundo. Como si no hubiese salvado tal trascendencia para crearlo. No es de sabios y poderosos el desentenderse de sus obras. 1332 El sabio debe senalarles un fin y conocer los medios para conseguirlo. b) El poderoso debe tener fuerza suficiente para que fesos medios se pongan en prâctica y el fin sea conseguido. Esta es la razôn por la que Dios es providente y gobierna a los hombres. d) Ahora bien, de sabios es gobernar a cada uno segûn su modo de ser. Un motor se rige y maneja segûn las teyes de la mecânica y electricidad; un instrumento mûsico... El hombre libre debe, pues, ser dirigido sin menoscabo de su libertad. Séria un error crasîsimo concebir al mundo como una co- 1333 lecciôn desconexa de individuos sueltos. Formamos y vivimos en socfedad. La sociedad influye en nosotros, etc. b) Esta sociedad procede de Dios, tiene graves obligaciones para con Él y dentro de ella deben los hombres conseguir su fin. Por lo tanto, si Dios, sabio y omnipotente, no puede desentenderse de los hombres, como individuos, tampoco puede despreocuparse de la sociedad y su vida. d) El descubrir el kilo de la Providencia a través de la marana de los hechos historicos, y ver cômo dirige Dios a las naciones sin menoscabo de la libertad de sus componentes, constituye la filosofia cristiana de la historia. San Agustin fué el genio que introdujo en los libros la filo­ 1334 sofia de la historia y naturalmente bajo el signo cristiano. En su tiempo los supervivientes dei paganismo, al ver hundirse al Imperio romano, culparon de ello al cristianismo recientfcmente liberado. Los dioses de Roma estaban ofendidos. b) San Agustin encuentra la interpretaciôn cristiana de la historia desde los principles del pueblo judio hasta aquel momento. Si hubiese vivido hoy, Agustin nos hubiese dado una lecciôn magistral, ante el peligro contemporaneo, que en su forma mâs llamativa nos viene también de Oriente. La palabra de C. 10 24 738 F. FIESTAS DE LOS SANTOS Pero lo que San Agustin no advirtiô es que êl mismo era una figura providencial en la historia. a) Dios gobierna a las nacioncs por medios realmente sencillos y connaturalts a su modo de ser. Uno de ellos es suscitando grandes hombres que las dirigen en momentos oportunos. La historia de Israel es un ejemplo de ello. b) Pues bien, uno de tstos hombres es San Agustin. La Iglesia de la sangre habia cerrado su cielo heroico Se abrian las etaflas de la organdaciôn y la ciencia. 2. San Agustin obispo, ejemplo de pastores, inicia, ademas, en Occidente la vida monacal, uniendo las tarcas apostôlicas y de gobierno con la vida religiosa, San Agustin no inicia, sino que de un solo golpe colo­ ra las dencias eclesiasticas a la altura de los maestros. La Iglesia y sus hombres tendrân en adelante donde estudiar y afilar sus armas contra la nueva lucha de la herejia. Dentro de un momento vendrân los bar­ baros. Ya no se podrâ construir en mucho tiempo. San Agustin déjà la obra terminada. San Agustin, y esta es esencialisimo, es uno de los que inician la nueva close de santos que necesita ahora la Iglesia. Después de los mârtires, los confesores. San Isidoro A. Por el origen del Santo y su influenda en Espafia. pueden utilizarse los siguientes guiones: a) “La vocaciôn y el sentido teolôgico de Espana” (cf. La Palabra de Cristo, t.2, p.1240, 2.* ed., n.2089-2096). b) "Vocaciôn de Espafia en la historia universal" (cf. ibid., t.l p.561). B. Por su importanda historica en la civilization de los bâc­ hâtes. puede ouede utilizarse: "El continuo parto de la Iglesia" baros. (cf. ibid., t.4. p.720, 2/ ed., n.1220-1223), insistiendo en la obra de la Igtesia y del Santo en su siglo y momento. Sanlo Tomâs (Sirven para Santo Tornas todos Los gui ones que hemos C’edicado para los doctores en general, sobre todo el extractado de Bossuet. Anadimos uno mas en forma de boceto que debe scr estudiado y ampliado.) CONFESORF.S: DOCTORES 739 10 Los hombres providentielles A. 1337 Necesidad de los hombres de ciencia. a) La fe es racional. Dios no contradice sus obras. Por eso la Iglesia necesita hombres de ciencia, que la explican y la hacen progresar. b) El demonio la ataca también y muy recientementfe desde el campo del entendimiento, Otro motivo que demuestra la misma necesidad. Hombres que la defiendan. Ademâs, en la historia hay momentos cruciales. En ellos suele necesitarse el hombre que encauce los ca­ minos del mundo. La cristiandad los ha tenido, suscitados por Dios. 1338 Très hitos de la ciencia cristiana. a) El cristianismo nace. Es necesario recoger todo el deposito revelado y format un cuerpo. Es necesario dar forma y espiritu a las cristiandades que surgen. Dios envia a San Pablo. La cristiandad vivirâ de él. b) Durante très siglos la cristiandad puede tener por lema el de “Fides tenenda". No se necesitan grandes sabios. Basta con morir por la fe. Pero llega la paz. Surgen las grandes herejias. Es ne­ cesario que nazea la ciencia cristiana. Es el momVnto de acarrear todos los materiales. Aparecen los gran­ des Padres de la Iglesia, y entre ellos Dios envia a uno: San Agustin. La Edad Media vive de él. d) Pero se acerca la lucha de la ciencia contra Dios. 1. Primero, cl protestantisme sacudirâ a la Iglesia. 2. Después, el racionalismo atacarâ al mismo Dios y la idea de religion. Es necesario codificar la ciencia cristiana, darle método, formar un cuerpo de doctrina inatacable, tener un muro en que apoyarse. Enfonces hace Dios una seüal y aparece Santo Tomâs de Aquino. tCuàl es el caràcter de estos hombres providenciales? Pa­ 1339 rece como si el genio debiera ir acompanado de un no sé qué grande y fastuoso en su misma vida. Pero estos genios son genios de Cristo. Su lema es no conocer otra cosa sino a Cristo, y a este crucificado. Esto es, el trabajo, la humildad. 5 I Ht A 740 FIESTAS DE LOS SANTOS C) MISTICOS Para mejor hactr resaltar su carâcter puede comparârseles con otros hombres que también marcan hitos en la historia anticristiana. a) 1. En tiempos de San Agustin, Arrio y Pelagio connue- ven el Occidente y el Oriente. El uno mâs hondatnenh y con mayor duration que el otro. 2. En tiempos nuis cercanos y como hombres contra quienes Tomâs preparό providendalmente su obra: Lutero y la Encielopedia. 3. Todos éstos tienen un denominador cbmün: La soberbia. Soberbia en su preparation, que les falta, acometiendo empresas religiosas sin el debido estudio previo debido. 2.° Levantândose contra Dios mismo o rechazando to­ do magisterio anterior a ellos. b) Tomâs es hombre de ciencia, pero humilde como Cristo. En su preparation, silentiosa y lenta. Constitue en el si­ lendo cuantos anos necesita. 2. En su trabajo, silentioso también. 3. En el juido de su obra, termina no queriendo escnbir mâs, por juzgar vacio cuanto habia produddo has­ ta enfonces cotnparado con la reahdad divina. 1. c) Sobre la soberbia construyô el error. El primer soberbio fué el padre de la mentira. Sobre la humildad construyô la verdad. Cristo, el Siervo de Dios, es la Verdad. a) 1. HAGIOGRAFIAS SANTA TERESA DE JESUS 134C (15 de octubre) El Butler’s Lives, obra inglesa, dedica once folios de apretada literatura a la Santa, que llama “la mâs atractiva y univtrsalmente apreciada de las mujeres que el mundo ha conocido". Es la vida que desarrolla mâs ampliamente, lo cual indica la dificultad en que nos hallamos de sintentizarla en pocas pâginas, aunque nos sirva también de excusa la facilidad con que nuestros lectores pueden encontrar amplias biografias, comfenzando por la que escribiera la propia Santa. No acometeremos un estudio de las vias misticas explicadas por Santa Teresa, ni de sus métodos de oraciôn, qufe viene a ser casi lo mismo, ni la historia y cronologia de sus fundaciones, lo cual nos llevaria demasiado lejos o convertiria nues­ tras pâginas en un amazacotado amcntonamiento de fechas. Nos limitâmes, pues, a centrai la vida de la Santa ’en algunos puntos. l.° Hacia la santtdad 11- lit ; il 1341 La ejemplaridad de Santa Teresa en los primeros anos de su vida consiste en entender como pasô de un estado de pfedad rutinaria a otro de oraciôn perfecta. Santa Teresa nunca fué pecadora—ella misma asegura que nunca quiso oir hablar de pecados mortal’es—, pero si represent© el tipo tan abundante en las personas piadosas que se refugian en una vida inûtil, ni mundana ni aprovechada para Dios, capaces como somos de llevar a cabo las mâs grandes renuncias y encerrarnos en un convento, para después, por la pereza o la contemporizaciôn con pequefias vanidades, esterilizar todos aquellos abandonos. Sus padres fueron muy buenos cristianos, y tanto ella como su hermano Rodrigo, piadosos desde su infancia. Impresionados con el pensamiento de la eternidad, sonaron aventuras de martirio, como la vez que se escaparon de casa buscando mo­ ros que los “descabezaran”, o vida de eremitas, aun cuando fuese en su mismo jardin. En esta ocasiôn ya se viô en la Santa su inclinaciôn a la Γ* U X < ra ,9 r 4 ■i r i .i.· i /h 742 ■ . vida recogida. Mas no se créa que esta inclinaciôn era tan fuerte y natural que no debicra ser cultivada. Todo lo contra­ rio: otras inclinacionts prevalecian, y fué la lectura de nove­ las la que domino, hasta convertira en una muchacha de quince abriles, tan vanidosa, atildada y aficionada a las modas y modales de sus heroinas, que su propio padre hubo de preocuparse y enviarla al internado de las Agustinas, en donde st educaban muchas jôvencs de su edad. Su estancia en el convento représenta para Santa Tertsa el primer paso hacia la perfecciôn todavia lejana. En el colegio primero y en su casa después, comienza a practicar la oraciôn, aun cuando sin gran aprovtchamiento, por falta de maestros, y siente la vocation religiosa. Ingresa en las Carmelitas a escondidas. Tampoco hay que suponer una entrada llena de alegrias. La carne muestra repugnancias. Siente los fervores primeros, pero el amor de Dios no es tan grande comol para ven­ eer al de los padres y parientes, de modo que "me parece que cada hueso se me apartaba de mi (cf. Vida c.4). Ténia veinte anos. Las enfermedades se ceban tn la Santa, y los clinicos la empeoran a fuerza de purgas. Por cierto que durante algùn tiempo estuvo de moda en el campo hefërodoxo tratar a Santa Teresa como un caso de histerismo, apoyândose, entre otras cosas. en el hecho de que fué naturalmenfe curada de él por medio de la malaria. Hoy la moda pasô de moda y las teorias de la Salpétrière no disfrutan de consideration. Lo ocurridoi fué todo lo contrario. Santa Teresa no se curô de ataque alguno nervioso mediante el paludismo, sino que padeciô una malaria de carâcter pernicioso, cuyas resultas fueron las coirientes de quedarse tullidos, etc. La Santa aprovechô bien sus sufrimientos. Sana ya, y aun­ que siempre una buena religiosa, segûn testimonio de Bânez en el proceso de beatification, pasô por una crisis que ella exagéra, pero que es alectionadora. Fué religiosa ejemplar, y aun admirada. Se apartaba a rezar y le daban una libertad grande, porque, como ella reffere, “tenian gçan seguridad de mi: porque tomar yo libertad, ni hacer cosa sin licencia, digo por agujeros o paredes o de noche, nunca me parece lo pudiera acabar conmigo" (cf. Vida c.7). Sin embargo, se le colô dentro dei monasterio un pequeiïo mundo que durante algûn tiempo le hizo abandonar la oraciôn mental "y rezar lo que estaba obligada y vocalmente (cf. Vida ibid.). La causa fué, segûn ella escribe, y confirma la declaration de Bânez, que "por su buena gracia y donaire... era visitada de muchas per­ sonas de diferentes estados, lo cual ella llorô toda la vida, después que Dios hizo merced de dalle mâs luz" (cf. Ed. Agui­ lar, nota p.20). 743 CONFESORES : MÎSTICOS FIESTAS DE LOS SANTOS /444^2x4^ Venciô la mundanidad, aconstjada por un religioso domi­ nico, pero quedô todavia en un estado en el cual, si bien deseaba la perfecciôn, queria todavia compaginarla con el mundo. Tenia larga oraciôn, "pero ningùn caso hacia de pecados ve­ niales... Cuando estaba en los contentos del mundo en acordarme lo que debia a Dios era con pena; cuando estaba con Dios, las afecciones dei mundo me desasosegaban” (cf. Vida c.8). Y en este estado de querer y no qu’erer, de andar en vias de perfecciôn y no decidirse se le fueron casi veinte anos. Verdad es que cuando los santos escriben sus vidas no suele aparecer la santidad como lluvia milagrosa, sino como obra dura de la gracia y el propio esfuerzo. il· I B 2.° La 1342 SANTA mîstica Una vez que rompiô con aquellas ligeras ataduras dei mun­ do, suficientes, sin embargo, para sujetar su vuelo de âguila, ya que, como diria San Juan de la Cruz, lo mismo ata un pelo que una cadena, mientras no s'e rompa, la Santa comenzô a volar (cf. Subida al Monte Carmelo 1 c.11,4). Su temor a ser engafiada por el demonio o la ilusiôn, caso frecuente entre las mujeres de entonces y algunas de hoy, le hizo consultar a unos y otros. El doctor Daza no estuvo muy afortunado que digamos, y la Santa—cosa notable—, guiada por un seglar, Francisco Salcedo, senalado por su virtud, terminô arribando a las playas de los jesuitas, que la confirmaron en la santidad de su género de oraciôn. El P. Baltasar Alvarez fué su direc­ tor y le encomendô s'e dejase conducir directamente por Dios, si bien es necesario confesar que no la supo defender suficientemente cuando la fama de su oraciôn promoviô persecutiones y burlas de la santa milagrera. En 1557 San Pedro Alcântara aprueba su espiritu. Es la época de los raptos, de las visiones, de la transverberaciôn de su corazôn, que ella describe por obediencia y con un cuidado especial de no exagerar ni de trocar la verdad, paralelo al minucioso examen introspectivo de sus experientias. ° 3. La reformadora ■l 1343 Nos limitaremos a indicar los primeros pasos. El convento de la Encarnacion era desmesurado. Ciento cuarenta mujeres son imposibles de manejar, y el recogimiento de la vida soli­ taria resulta incompatible con el amontonamiento de monjas. Santa Teresa, que lleva ya veinticinco anos de claustro y goza de alta oraciôn, lo entiende asi y d’ecide fundar un pequeûo palomarcito. « 744 fiestas nr·: i.os santos Dona Guiomar de Ulloa le promete su ayuda economica; San Pedro Alcantara, San Luis Beltrân, el obispo de Avila y el dominico Bânez lo aprueban. Pero es tai la tormenta qut se levanta entre las monjas. los Caballeros avileses y hasta en­ tre los magistrados y el pueblo, que el provincial rectifica el permiso concedido. La Santa no ceja, y el nuevo monasterio se construye haciendo creer que es una casa destinada a su hermana dona Juana de Ahumada. Por cierto que un muro se derrumbô sobre uno de los hijos de esta senora. que, llevado agonizante a San­ ta Teresa, fué curado milagrosamente por ella, segùn se demostrô en el proceso de canonization. Mâs adelante el nino, hombre ya, exigia a la Santa que rezase mucho por su salva­ tion, puesto que le habia privado de éstar en el cielo. En 1562, el dia de San Bartolomé, se inaugura el nuevo monasterio de San José con cuatro novicias, una de las cuales es la sobrina de la Santa. Fué un estallido. El temor de iluminismos, la influentia de las ciento cuarenta monjas de la Encarnation amotinan la ciudad. El alcalde quiere demoler el convento. El provincial y la superiora de la Encarnacion mandan traer a Santa Teresa, y asi transcurren cuatro meses de persecution, al cabo de los cuales el clamor pûblico va amainando—nunca resiste mucho tiempo—y el criterio de los sabios, como Bânez, se impone. Santa Teresa vuelve a su palomar con cuatro monjas mâs, procedentes de la Encarnacion. La régla es severisima. Clausura total, silentio casi absoluto, vestido pauperrimo, abstinentia continua, jnada de rentas! El numero de las monjas, trece. En 1567 el monasterio recibe la visita dei superior general, P. Rubeo (Rossi), quien, a pesar de haber sido fundado sin su autorizacion, queda tan maravillado de la obra que otorga a la Santa permiso, no solo para emprender nuevas fundaciones de conventos de mujeres, sino para estabtecer dos de hombres en Castilla. 1344 Habian transcurrido los cinco anos mâs apacibles de la vida de Tvresa, que en ese mismo afio emprenderâ, en agosto, lo que un nuncio, poco conocedor de la realidad, llamô vida inquieta y andariega. Marcha a Medina del Campo para fundar. Teresa camina. Medina del Campo, Malagon, Va­ lladolid, Toledo, Pastrana—las penosas aventuras de la Éboli—, Segovia y Salamanca, del 1567 al 1570. En Medina ha conocido a Antonio de Jesûs y a Juan de Yepes, el futuro San Juan de la Cruz, con los que funda los conventos masculi­ nos de Duruelo en 1568 y de Pastrana en 1569, abandonando dtspués en manos de San Juan la fundaciôn de los monasterios de la rama de hombres. En 1570 surge el die Salamanca, con su gratioso miedo a las bromas que pudieran darle los enfadados estudiantes en la noche de las animas, primera que pa- CONFESORES : MÏSTICOS 745 sara en el convento. Por entonces recibe Santa Teresa un nue­ vo encargo. /.Quién lo preveria unos anos antes? Pio V ha dispuesto una visita reformadora de la provincia carmelitana de Castilla, que verifica el dominico Pedro Fernandez. El resultado es que se nombre a Santa Teresa superiora del convento de la Encarnacion. Fâcil es de suponer cômo la recibieron. Pero la Santa les asegura que si gobernô descalzas, también sabrâ gobernar calzadas, y poco a poco restablece suavemente el espiritu monâstico del numeroso convento, con no pequeno desagrado de los visitantes, entre los que se contaba algùn noble Caballero. Sigue la fundacion de Beas, el encuentro con el P. Graciân, 1345 visitador de las Descalzas, que convence a la Santa para que funde en Sevilla, donde pasa mil calamidades y es incluso denunciada como iluminada por una novicia. Santa Teresa sale bien de todo. Mas de repente se trueca el mâs hermoso de los colores. Los carmelitas calzados de Italia temen que la reforma espahola llegue a ellos. En Espana encuentran eco, y todos llegan a convencer al P. Rubeo, general de la Orden, y al nuncio de Espana, Sega. Un capitulo cel'ebrado en Pia­ cenza frena la reforma; el P. Graciân es destituido; San Juan de la Cruz, encerrado en prisiôn, y a Santa Teresa no se le permite salir de uno de sus conventos. Ella pone en prâctica lo de “a Dios rogando y con el mazo dando”, y consigue que se produzca una de aquellas intervenciones cesaristas de Felipe II, que, aunque juridicamente hablando, llegan a ser irritantes, sin embargo, en algunas ocasiones procuraron tanto bien a la reforma en Espana. La Santa llega a él por medio de sus amigos, y el rey, informado, llama al nuncio, le ordena que cese la persecuciôn, y obtiene de Roma, el ano 1580, un decreto por el que son separados los calzados de los descalzos, teniendo desde entonces cada uno sus propios superiores. “Ya vivimos todos en paz y no nos molestamos unes a otros en el servicio de Dios”, comenta la Santa. Por este tiempo Teresa tenia sesenta y cinco anos y su salud habia quedado muy quebrantada. Todavia funda dos con­ ventos mâs, entre ellos el de Burgos, pensando siempre que con su obra compensaba a Dios la destrucciôn del monacato realizada por el protestantismo inglés y alemân. Y para que no todo sean consuelos—las fundaciones eran también muy duras por la escasez de medios, inclemencia de los viajes y dificultades humanas—, Santa Teresa se ve envuelta en un pleito familiar con su sobrina, la priora de Valladolid, que llega a echarla dei convento de que era fundadora. "No pidâis a Dios que viva”, escribe a sus monjas. Esta ya cansada. Parece que Dios la oye. Volviendo, en julio de 1582, de la fundacion de Burgos, se 346 r ! •r < - il * ...» FIESTAS 1>E LOS SANTOS dirige a Alba de Tormes para visitât a la duquesa Maria Hen­ riquez. y en un camino en el que un dia no tuvo sino unos higos para corner, temen que muera. Llega a Alba y ha de meterse en el lecho. Recibe el santo Viâtico, pronunciando es­ tas palabras: *‘jOh mi Seiior, ya ha llegado tl tiempo de que nos veamos el uno al otro! Asî muere el 4 de octubre, dia que, con la reforma gregoriana dei calendario, pasô a computarse como 15 del mismo mes, fecha actual de su fiesta. 1347 4.° Carâcter y escritos de la Santa Hemos citado a Bâfiez, a proposito de que el carâcter de la monja de la Encarnacion atraia numerosas visitas. En efecto, Santa Teresa estaba dotada de magnificas condiciones na­ turales. Temperamento dulce, afectuoso, imagination viva, ta­ lento claro y, sobre todo, buen juicio. Su continua pondération la coloca en el extremo opuesto dei histerismo patologico. Re­ sulta hasta gratiosa cuando habia de las monjas necias y pide a Dios que la preserve de tales hijas. En esto no tiene nada de sentimental y lo demuestra magnificamente en la selection de las novicias. Una necia, dice, puede adquirir la virtud y la piedad, pero no la inteligencia per la que viene a entender el buen sentido. Humildisima con todos los santos, sabe enfrentarse con les grandes. No solo con la princesa de Éboli, sino con las mismas autoridades eclesiâsticas. Teresa es gratiosa, de respuestas ra­ pidas y agudas. A un indiscreto que alabô la belleza de su pie d’esnudo le dijo: "Mirelo bien, porque no lo va a volver a ver” (cf. Butler s Lives). Criticando un escrito de su amigo Francis­ co Salcedo, le advierte que si después de haberlo llenado de las frases: "Dice el Espiritu Santo", "Dice San Pablo”, termina conf'esando no haber escrito sino tonterias, habrâ de denunciarlo a la Inquisition. En cuanto a sus escritos, rebosan tal sinceridad que no pueden por menos de ser testigos vâlidos de sus experientias misticas. Explica, a fuerza de imagines y de rodéos que salen espontâneamente de su pluma, los mâs arduos asuntos misticos, para los que el lenguaje carece de palabras, por no ser objeto de la experiencia comûn. Todo ello con tal altura que ha merecido se le otorgue popularmente el titulo de doctora, a pesar de ser una mujer sin letras, que escribe con él estilo un tanto âspero del pueblo de Castilla. Sus obras salen de la pluma a través de sus innumerables viajes. Su Vida se debe a un mandato y es producto de la obe­ diencia: "El Camino de la perfecciôn estâ destinado a la direc­ tion de sus monjas; las Fundaciones, para edificarlas y ani- confesorhs: MÎSTICOS marias; pero Las Moradas parecen haber sido escritas para instruit a la Iglesia. En ella es un doctor de la vida espiritual” (cf. Butler's Lives). 2. SAN JUAN DE LA CRUZ (24 de noviembre) Comenzamos la vida de Santa Teresa trasladando un elo- 1348 gio del Ano Santo inglés, tantas veces citado. Al referirnos a San Juan de la Cruz, queremos traducir unas lineas con que las Vies de saints cierra el capitulo dedicado al Santo: “jFeliz Espana y feliz la Iglesia catôlica, que han produtido un genio tal!” Y a buen seguro que nadie lo diria, ni al ver la pobre in­ fantia de Juan de Yepes, ni al ver al desmedradillo “medio fraile” de los pueblos de Castilla. l.° El carmelita calzado 1349 Hijo de Gonzalo de Yepes, hombre honrado y de buenaj familia, pero desheredado por esta, en castigo de su matrimo­ nio desigual, quedôse pronto huérfano y conociô una vida de privationes y de viajes en busca de trabajo y de patientes que le protegieran a él, a sus hermanos y a su madre. Nacido, pues, en Fontiveros (Avila), en 1542, recorre sucesivamente Medina del Campo, Arévalo y Toledo. El oficio de su madre es el de tejedora, y él se coloca de aprendiz de carpintero, tallista y pintor. En Medina del Cam­ po asiste a la escuela, donde es conocido por el administrador del hospital, adonde lo traslada, y alterna su trabajo d'e recadero con el estudio en un colegio de jesuitas y sus austeridades, que comienzan pronto. A los Veintiùn aôos ingresa en la Orden de los carmelitas, cuya primera régla ha caidç en desuso, mitigada por una bula de 1431. Juan de San Matias, que asî se llama, no acaba de estai contento. Dcsea ser cartujo y no lo consigue; pide permiso para vivir segûn la antigua observancia y continûa sus tstudios hasta 1567, en que se ordena de sacerdote. En 1567 encuentra a Santa Teresa, y ambos deciden emprender la fundaciôn de los conventos de carmelitas descalzos. Santa Teresa tenia cincucnta y dos anos y él veinticinco. ° 2. El carmelita descalzo Si el tema de las obras de Juan de la Cruz, nombre que toma en este momento, consiste en la propia negation, hay que reconocer que bien lo puso en prâctica, tanto en sus mortifi­ cationes voluntarias como en las que el Senor le hizo pasar a 1350 748 J) Λ.5ΕΓ.· FIESTAS PE l.OS SANTOS través de sus noches oscuras y en las persecuciones que los hombres movieron contra él. El primer domingo de Advicnto de 1568 cambia su nom­ bre. y con otros dos compantros funda el primer convento de Duruelo. Cuâl fuera su austeridad, lo demuestra el hecho de que, habiendo un dia anticipado la colaciôn, sintiô tales escrûpulos que después se discipline) en el pequvno refectorio hasta caer desfallecido. En 1570, es decir, en dos anos, ya se habian fundado otros tres conventos: el de Pastrana, cl de Mancera y el de Alcalâ. Mientras funda conventos, siente toda clase de tentaciones contra la fe, de escriipulos, y aquellas otras tan penosas que nos describe en la Noche oscura. También padeet otras tenta­ ciones, como la de aquella devota que se le acerca con nada buenos fines y a la que comienza a hablar hasta moverla a penitencia, y la de aquella fierecilla a la que llamaban Roberto el Diablo. En 1571 Santa Teresa se lo lleva de director espiritual para que la ayude en la reforma dei convento de la Encarnacion, y poco después se inicia la persecuciôn contra los descalzos que ya hemos deserito al hablar de la Santa. Anadamos ahora que no siempre los descalzos habian sido prudentes, y que, por otra parte, al no estar separadas las dos obediencias, no resultaba fâcil la concordia. Los calzados aplican a San Juan dt la Cruz la ley dictada contra los fugitivos y apostatas y lo redueen a la mâs dura prisiôn en Toledo. Un calabozo de très metros por dos, con un tragaluz tan pequeno y alto que ha de subirse en una ban­ queta para rezar el oficio divino. Por no citar las disciplinas que los frailes le proporcionaban pùblicam'ente, referiremos tan solo aquel triste hecho ocurrido la vispera del dia de la Asun­ cion. cuando el P. Maldonado entra en su celda y, al encontrârselo postrado en el suelo, lo levanta de un puntapié. —Estabais muy absorto. ;En qué pensabais? —En que mafiana es la fiesta de Nuestra Seâora y en lo feliz que séria si pudiera decir misa. —No en mis dias. Pfero Nuestra Seriora habia pensado otra cosa, y no hubieron de terminarse los dias del prior. A la noche siguiente apareciôsele anunciândole el pronto fin de sus penas, y unos dias después. haciéndole ver un postigo, por el qu'c el Santo se descolgô con una cuerda fabricada con ropa de cama y sujeta por un gancho de su lâmpara, y sin despertar a los frailes que dormian al pie del ventanuco. En el proceso d*e beatificaciôn se considera aquella fuga, que termine» con un gran salto, pues la cuerda era mâs reducida que el precipicio sobre tl Tajo, como milagrosa. Mientras los frailes calzados le buscan, como a una fiera, CONFESORES : MÎSTICOS 749 él, escondido en un convento de monjas carmelitas, se dedica a tnsalzar su amabilidad y virtudes. Transcurren unos anos de paz, en los que habita en Béas, en Monte Calvario, en Los Màrtires, cerca de Granada, monasterio del que es elegido prior, y comienza a escribir las obras que te merecerân el titulo de doctor de la Iglesia, 3.° Nuevas persecuciones 1351 La muerte de Santa Teresa en 1582 inicia nuevas persecu­ ciones, nacidas esta vez de sus propios hermanos, que prefiercn al extremista P. Nicolas Doria sobre el moderado y antiguo superior general, Jeronimo Graciân, San Juan de la Cruz, amigo de este, cae en disgracia. La medida que toma el nuevo provincial Doria, de dividir la ùnica provincia en otras seis y presidirlas él todas, disgusta al P. Graciân, a las religiosas, que acuden a Roma, y al mismo San Juan de la Cruz, que las defiende. Doria le destituye de su cargo de visitador de Andalucia y lo envia de simple fraile al convento de La Penuela. Ocupando todavia el cargo aludido, se habia visto obligado a corregir la excesiva aficiôn que padecian algunos frailes de salir a prédicat fuera de sus conventos. Entre estos frailes figuraban un tai Diego y otro Francisco. El citado Diego se fiende. Doria le destituye de su cargo de visitador de Andaya los sufictentes para expulsarle de la Orden. No lo consiguiô. Pero el Santo, que estaba enfermo, habia de salir de La Pefiuela, y como le dieran a elegir entre el convento de Baeza, cuyo prior era amigo, y el de LIbeda, donde gobernaba su otro enemigo, aquel Francisco dado a los s'ermones, escogiô este ültimo. Alli sufriô su postrero y duro purgatorio, gracias a la poca caridad del superior para con el cofundador de la Orden. Llegô hasta tal extremo su actitud que, noticioso de ello el pro­ vincial, hubo de acudir a poner remedio, aunque tardio, porque en diciembre de 1591 morîa cl Santo. Su cuerpo fué trasladado a Segovia, de cuyo convento habia sido superior. Canonizado en 1726, fué nombrado doctor de la Iglesia en 1926. De sus obras no nos atrevemos a decir nada. Dccir mucho estaria fuera de lugar; decir poco resulta inûtil y ridiculo. t:· · Il 750 FIESTAS DE LOS SANTOS b) GUIONES IlOMILETICOS El misticismo Sin entrar en un estudio im propio de este lugar, darcmos unas ideas que puedan ser utiles para algxin sermon o conferenda. 1352 A. Nociôn del estado mistico. Por diversos que parezean los estados misticos, todos ellos tienen una nota comûn: la posesiôn de Dios me­ diante un conocimiento experimental. b) Sabido es que la gloria consiste en la posesiôn de Dios mediante el conocimiento de la vision beatifica. Dios, en efecto, espiritu como es, no puede ser poseido de otra forma, ni los espiritus tienen otro modo de poseer. De esta pcsesiôn se sigue el amor y Vl gozo. En la tierra poseemos a Dios por el conocimiento de la fe. Los estados misticos elevan esta posesiôn a un grado que solo pueden describir los que lo han experimentado. Si es solo fe o supera la fe, es cuestiôn en la que no entrâmes. Desde luego que en los misti­ cos se da la fe en su mâs alto grado. d) Santa Teresa nos lo dice claramente: “Acaeciame... venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podia dudar que estaba dentro de mi. o yo toda engolfada en Él. Esto no era manera de vision; creo lo llaman mistica teologia" (cf. Vida c.10, ed. Aguilar, p.33). El mismo Sefior le explicô: El aima, "como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo... Aqui faltan todas las potencias y se suspenden de manera que en ninguna manera se puede, como he dicho, se entienden que obran .. el entendimiento si entiende, no se entiende como entiende... Acaecicme a mi una ignorancia al principio; que no sabia que estaba Dios en todas las cosas, y. como me parecia estar tan pré­ sente. pareciame imposible. Dejar de creer que esta­ ba alii no podia, por parccerme casi claro habia entendido estar alli su misma presencia” (cf. ibid., c.18 p.67). Véase una amplia explicaciôn de la Santa en Las Moradas (mor.5 cl). Lo mismo dice San Juan de la Cruz con lenguaje mas teolôgico en la Subida al Monte Carmelo (cf. 1.2 c.26). CONFESOKES : MÎSTICOS e) 751 Aun cuando los estados misticos no son cosa fija, pues 1353 cl Espiritu Santo no esta sujeto a normas establecidas, sin embargo, aparecen siempre como unas etapas de las cuales la primera es como si préparera para la segunda y ésta desenvolviese la anterior, pudiéndose seguir esta linea progresiva de penetraciôn en Dios a través de todos los misticos que nos han dejado escritas sus experiencias. 1. 2. 3. 4. El primer y rado de union incoada o conlemplaciôn imperfecta se caractérisa por una union con Dios conseguida mediante una simple mirada amorosa, en la que las potencies intervienen ya con una espontaneidad muy reducida. El alma gusta de la quietud que embargo todas sus facultades y de la embriaguez que la derrama en alabanzas a Dios. Por encima de este primer grado figura el de la contemplaciôn perfecta o union plena, en la que el aima se une a Dios en la suspension de todas sus potencies, abismândose y transformândose en Él y conversando con Él sin necesidad de palabras ni de imâgenes. Mas arriba todavia, se llcga a la union extâtica. Los sentidos pierden su actividad, absorbida toda el aima por Dios, y cl conocimiento, ccgado por la Intensidad de la luz divina, padcce la noche oscura. Por fin, se alcanza la union consumada o matrimonio espiritual, en el que, desaparecidas las tinieblas, el aima vive en la luz de Dios y los sentidos recobran su actividad, sin que seau suficientes para apartar al entendimiento de su union intima y ya permanente. El hom­ bre camina por la tierra, parece embargado por mil ocupaciones, y, sin embargo, vive en el delo. B. Falsas nociones. 1354 a) La etimologia de la palabra no indica necesariamente lo que acabamos de describir, aun cuando se adapta perfectamente. Mistico indica siempre algo oscuro y secreto, por donde el término pudo y fué usado por los cultos esotéricos. También fué empleado por los Santos Padres en el sentido de simbolo, por donde se hablô de los sacramentos como de cosas misticas. b) En nuestros ùltimosi tiempos, y a partir de M. Cousin, que introdujo este sentido (cf. Histoire de la Philoso­ phie moderne t.2 lec.9), se ha venido aplicando la palabra mistico a todo lo que significa sentimiento, en oposiciôn a rational. Incluso, segùn este filôsofo, el cristianismo era una religion mistica y sonadora, incompatible con la verdadera religion natural. c) También la palabra mistica ha sido empleada en otro sentido impropio, a saber: en el de todo impulso, sen- 752 CONFESORES : MÎST1C0S FIESTAS DE LOS SANTOS timiento o idea elevada. La mistica del arte, de la po­ litica, etc., suelen decir los literatos. d) Finalmente, y ya en otro terreno, muchos, aun los que se han rtferido seria pero ignorantemente a estos asuntos, han confudido la mistica con el éxtasis, que es una de sus manifestaciones, no necesarias y desde luego imperfectas. C. Explicationes patolôgicas. Ha existido siempre un verdadero interês por encontrar una explication patolôgica de los fenômenos misticos, y hay que reconocer que, aunque contados, tambicn ha habido en nuestro campo quien se ha dejado sedutir con exceso por la psiquiatria, para desvanecer la action de Dios. a) Histeria. Opinion muy en boga durante algùn tiempo y que defendiô Charcot con sus discipulos. Ya hemos aludido a ella en la vida de Santa Teresa. Esta opi­ nion esté hoy desacreditada. No déjà de ser curioso que habiendo convocado el obispo de Salamanca un concurso para celebrar el tercer centenario de la muer­ te de Santa Teresa, un jesuita belga, el P. Harn, bio­ logo, escribiera un libro, en el que, siguiendo a Char­ cot, atribuyera la vida de la Santa a una histeria epi­ leptica, que por una derogaciôn especial de las leyes fisicas, no llegô a influir en su mente. Quiso salvar a la Santa, pero no salvô a su obra de ser colocada en el Indice. En realidad, el carâcter inconstante y simulador de los histéricos no tiene nada que ver con la seriedad y actividad ordenada e infatigablemente constante de los misticos, cuya emotividad no solo no es desordenada, sino que se dirige a los mâs gran­ des objetos, como Dios, y la humanidad, en cuyo bien se entregan generosos y racionales, fuertes en sus de­ cisiones y prudentes en sus medios. Hoy la cuestiôn de Santa Teresa esta completamente dilucidada. No se da en ella ningûn carâcter histérico, y lo mâs pro­ bable es que su estado de salud se deba a una intoxicaciôn palûdica con fiebres intermitentes y accesos graves. b) Neuropatias y sonambulismos. Puede un mistico ha­ ber sufrido accidentes nerviosos. Lo que estos estados suponen de esfuerzo fisico y mental, sus mismas maceraciones, pueden en un momento dado producir una crisis o accidente. Lo que estâ fuera de duda es que su modo de obrar y de vivir es incompatible con un estado permanente de enfermedad nerviosa. El llamado sonambulismo y otras enfermedades semejantes significan un desdoblamiento de la personalidad, c) 753 que en determinadas ocasionts hace que el paciente, en un estado de mayor o menor conciencia, sienta otras impresiones e ideas completamente distintas de las de su vida normal. El mistico no es uno de esos enfermos, que durante su oraciôn o arrebato desdobla su personalidad. Contrariamente a los enfermos, no solo lo recuerda todo, sino que, salido incluso de su éxtasis, su vida forma una unidad perfecta, y las acciones corrientes responden y son dirigidas por lo que experimentara en sus momentos de oraciôn mâs alta. Todo él, en unos y otros momentos, camina al mismo fin. No hay segunda vida, sino una sola. Psicastenia. El enfermo débil pasa bruscamente y sin motivo, de la confianza al abatimiento, de la alegria a la tristeza, de la embriaguez a la angustia. Necesita urgentemente un guia. Los misticos demuestran ser todo lo contrario. Nunca se abandonan, sino que reaccionan ante el abatimiento y la dificultad. Pueden dudar y padecer ante la incertidumbre de los medios que emplean, pero una vez decididos no titubean mâs, mientras la experiencia o la autoridad no les imponen otra cosa. D. Conclusiones y materias predicates. a) Segûn la doctrina catôlica, segùn las descripciones que nos dan los misticos, hombres de temperamentos tan diversos como Santa Teresa, San Ignacio y Santo Tomâs de Aquino, el misticismo consiste en la union mâs intima que el hombre puede alcanzar con Dios. b) Para esta union es necesario despegarse de las criatu­ ras, clasificando entre ellas no solo los gustos sensi­ bles de la devociôn, sino la misma revelaciôn, para quedarse solo con Dios, que es quien revela. c) Esta union conseguida por la fe, acendrada por la caridad y disfrutada por el gozo, compatible con los padecimientos externos, da lugar a que el predicador escoja en sus panegiricos multitud de temas. d) El abandono de las criaturas, la alegria y el gozo, la union con Dios, la fe y la caridad, son materias sobre las cuales encontrarâ material mâs que abundante en nuestro indice sistemâtico. CONPESOKES: MÎSTICOS 754 FIESTAS DE EOS SANTOS d) La ascension de los misticos Ex trac tamos un svnnôn de Boxsuêï, predicado una vez delante de la reina y rcpetido después ante el rey (cf. ed. Firnun Didot, t.3 p.510). Puede ser­ vir para cualquier mistico. er* r-ή 1359 A. La ascension de la caridad. El amor de Dios es tan liberal que parece como si se tuviera que hacer fuerza para reprimir sus dones. A pesar de ello, su munificencia a veces desbordarâ las presas. Teniendo nuestra vida y felicidad en el cielo, no solo nos ha dado Dios aqui un anticipo, sino que en ocasiones derrama sobre algunas almas taies dones que parece cumplirse la frase de San Pablo: "Nostra conversatio in coelis est" (Phil. 3,20). Es lo que ocurriô con Santa Teresa, que parecia vivir en el cielo. a) La Iglesia triunfante y la militante estân unidas por la caridad. La una goza y la otra espera, pero ambas aman a Cristo, que es su vida. Por eso todos vivimos en el cielo. El Espiritu Santo, al enviarla a la tiferra, diôle alas que nos remontan a todos hacia arriba. b) El movimiento ascensional de la caridad se compone de la esperanza, que la hace pasar de largo por entrfe los bienes perecederos. Spem incidentem usque ad in­ teriora velaminis (Hfebr. 6,19); de deseos ardientes que superan las ataduras corporales. Cupio dissolvi et esse cum Christo (Phil. 1,19). E irritada con todo ello muévese en contra con un deseo de sufrimiento. 1360 B. Santa Teresa y la esperanza. La esperanza mundana es un suefio agradable (cf. San Basilio, Ep. 14,1). Todo le parece posible; pero cuan­ do surgen las dificultades, cuando falta la vida o llega el fracaso, se encufentra sin nada, como fuente infinita de cuidados inutiles y de locas pretensiones. b) En cambio: Bonum est confidere in Domino, quam confidere in homine (Ps. 117,8). La esperanza en Dios nos adelanta la posfesiôn y el goce de lo esperado. Asi los profitas anuncian como présente lo que no ha llegado todavia: Paec enim natus est nobis (Is. 9,6). Tal le ocurria a Santa Teresa. Sintiéndose Hamada a reformar el Carmelo, lo da por hecho. Maravilla advertir cômo una mujer, enfrentândosfe con toda clase de dificultades por parte de los hombres y de los me­ dios econômicos, funda tanto monasterio. In spem contra spem (Rom. 4,13). La esperanza de Dios con­ tra la de los hombres. La razôn de esto es la inmutabilidad de Dios: Soy Dios y no cambio jamas (Mt. 3,6); mientras que la de los hombres se basa en la mutabilidad humana. Por esto, pues, porque Dios ha llegado a firmar sus promesas con juramento (Hebr. 6,13 y 17), habitamos nosotros fen los cielos, y por eso no podréis turbar a Teresa, ni con la pobreza, ni con la calumnia, ni con la denuncia a la Inquisicion. Las tormentas no la tur­ ban. Ni las siente. Aprendamos el ejemplo en nuestras preocupaciones. 1. Santa Teresa lo practica en su aprecio a la santa po­ breza, que tanto reconiiencla a sus monjas, 2. Pero en donde mejor se ve su esperanza es en la cannon: “Vivo sin vivir en mi y tan alta vida espero que muero porque no muero." > \ I ·· 1361 C. Deseo ardiente de Teresa. a) Es ley de la Providencia que el goce suceda a los demâs deseos, y que no se llegue al cielo sin habfernos sentido antes peregrinos y desterrados. "Qui non ge­ mit peregrinus, non gaudet civis" (cf. San Agustîn, Enarrat, in Ps. 143,4). b) El aima gime por dos motivos: por el rfecuerdo de la Siôn de paz, y por la turbulencia de los rios de Babilonia. A Santa Teresa le ocurre lo que a San Pa­ blo, que la caridad les urge de tal manera que tascan el freno y dicen: Quis me liberabit de corpore mortis huius? (Rom. 7,24). Estos deseos del cielo y este sujetarse a la tierra constituyeron un verdadero martirio, e incluso hubieran acabado con la vida de la Santa, si Dios no la hubiese rfetenido para que aumentase sus méritos. El Espiritu Santo guarda este secreto de la ansiedad y paz simultâneas de las aimas que repiten: Quotidie morior (1 Cor. 15,31). d) Por este motivo, no pudiendo acabar con su cuerpo, acaban con todos sus deseos, mediantfe la mortificaciôn. D. Deseo de sufrir. La ansiedad de Teresa no puede apaciguarse si no es con el sufrimiento, y la pena de vivir no tient otro consuelo que el de pedirselo al Senor. "O sufrir o morir." b) Esta frase compendia todo el cristianismo. En efecto, la primera inclinaciôn natural es la dfe vivir, y conse- a) 1362 Γ f >J I là? • I V . I FIESTAS DE LOS SANTOS 1363 cuentemente la de los placeres que hacen agradable la vida. c) El espiritu cristiano trueca todos estos sentimientos. A Teresa le ayudan a vivir todas las penas que amargarian la vida de cualquiera. Es cl vivir de la gracia. d) El mismo Senor, que nace para morir por nosotros, quiere primero y durante toda la vida “saciarse de paciencia" (cf. Tertul.. De paenit. 3), como si su ali­ mento fueran los tormentos y el dolor. Su muerte era suficiente para redimirle, pero no para saciar su hambre de padecer. Aprendamos de Teresa que a Jesûs no se le encuéntra sino en la cruz. D) £·· a) HAGIOGRAFIAS SAN JUAN CRISOSTOMO Cuando ella dice: “O sufrir o morir”, quiere significor: Mi deseo es estar can Jesus, o en el cielo, o en cl su­ frimiento, que es en los dos lugares donde puedo hallarle. 2. Pero vosotros, afortunados del mundo, jqué sufrunientos hallaréis? j Cuando se termine zniestra vida? ^An­ tes? No me atrevo a deciros que renunciéis a z'tieslra posiciôn, pero quiero indicaros un medio fâcil de su­ frir: compadeceos de los pobres. 1Culto 1364 Su culto comenzô el mismo dia de su muerte, pues los mon­ jes de los alrededores de Comano vinieron en masa a venerarie y lo enterraron junto a San Basilico. Treinta y un anos des­ pués, esto es, en el 438, ya se c'elebraba su fiesta en Constantinopla, donde habian gobernado sus enemigos. El mismo aûo se trasladaron alli sus restos, el dia Ti de enero, fecha que se réservé para él en el futuro, si bien la ïglesia oriental le dedi­ ca otros muchos dias, en recuerdo de su muerte y de la vuelta de su primer destierro. 2.° Su FIGURA El Crisôstomo y San Agustin son las figuras cumbres de la patristica y de la oratoria cristiana. Figuras paralelas y, sin embargo, muy distintas. San Agustin vive en su rincôn de Hipona, en medio de pescadores; San Juan Crisôstomo ocupa las sedes mâs brillantes y extiende su actividad a todos los ramos y a toda el Asia. San Agustin es el genio de todas las ciencias; San Juan Crisôstomo ttene el don de la exposiciôn, pero no se sale de los temas apostôlicamente practices, y si se siente teôlogo es para discutir con ’el hereje vecino. San Agustin, en su oratoria, procede por pârrafos breves, muchas veces con ideas completamente distintas para cada uno de elios, pero que son verdaderos relâmpagos del gfenio y de la frase. San Juan Cri­ sôstomo représenta la oratoria caudalosa y lenta. Emplea toda una cuaresma para descnvolver un asunto. El entusiasmo de San Agustin se condensa en una linea; el del Crisôstomo, en un pârrafo de largo aliento que arranca aplausos al final. San Agustin puede leerse mediante un indice sistemâtico, por lo menos, si nos referimos a sus Sermones, y esto le hace mâs prâctico para una obra como la muestra, en la que a la fuerza hemos de ser breves y recurrir al extracto. A San Juan Crisôs­ tomo hay que leerle por entero, y entonces llega a apasionar. Pueden servir como modelo y prueba de lo dicho las homilias R - S 1365 •κ.· . 758 FIESTAS PE I.OS SANTOS de las estatuas. Constituyen una Cuaresma entera, y en ellas, basândosfe en el Genesis, no se tocan mâs que cuatro asuntos: la creaciôn, la providenda de Dios sobre los males y el pânico de Antioquia y los juramcntos. Sin embargo, llegan a captar al lector que sigue la exposiciôn de los argumentos y la con­ version de la dudad, hasta terminar con pârrafos tmocionados cuando reconstruye la escena en que el obispo antioqueno pide perdôn al emperador. Su VIDA a) I Del nacimiento al sacerdocio San Juan Crisôstomo nace hacia el 344, en Antioquia, de padres cristianos. Su madré, Anthusa, viuda a los vtinte anos, y tan virtuosa que arranca de uno de los maestros paganos de su hijo la conocida frase: "jQué maravillosas mujeres se encuentran entre los cristianos!”, cuida celosa de su education. Libanio, el mâs famoso orador de la época, es su maestro. Cuando muera y le pregunten por su sucesor contestarâ: “Yo hubiera elegido a Juan, si no nos lo hubieran robado los cris­ tianos”. En efecto, très maestros mejores que él le fensefiaron mejores ciendas. El obispo Melecio, que lo bautizô, segûn la costumbre, a los veinte anos, y de quien dëbiô asimilar el espiritu de acciôn: Diodoro, después obispo de Tarso y maestro en la exégesis dei sentido historico, muy propia también de nuestro Santo: y, finalmente, Carterio, aficionado a format ascéticamfente a la juventud. San Juan nos da ejemplo de como debe reflexionarse para elegir vocacion. Le atraia la vida solitaria de los monjes, tanto como a su amigo Basilio. Pero su madré era viuda y estaba sola. Quedô de acuerdo con ella en que esperaria a su muerte y recibiô la orden de lector, ingresando en el clero secular y permaneciendo en el hogar de su madré. Unos cuatro anos después, hacia tl 374, su madrej ha muerto, y él sigue lo que creia su vocacion, retirândose con los ermitanos de las colinas cercanas. Quien quiera conocer esta etapa de su vida, puede leer la descripciôn que hace en las homilias 68-69 y 72-73 sobre San Mateo, o la tan vivida que expone en las de las estatuas, cuando nos pinta su bajada de los montes para arrancar a los reos de manos del Verdugo. TDônde estân ahora los retôricos y los filôsofos?, pregunta. Pero su vocacion no era ésa. Su salud resentida le obliga a volver a los seis anos y se ordena de diâcono, jerarquia en­ tonces importante, pues debia ayudar al obispo en la adminis­ tration de la diôcesis. En este interregno habia ocurrido la graciosa burla hecha a San Basilio, poco antes de su rVtirada CONFESORES : PRRU1CAD0R8S 759 a la vida eremitica. Pretendieron elegirles obispos a ambos, y San Basilio se empeüô en huit con su amigo. Juan pensô que Basilio debia ocupar el cargo y be engaüô, diciéndole que no habia peligro. Él se escondiô. En seguida se apoderaron de Basilio y le convencieron de que el Crisôstomo habia aceptado la mitra, ante lo cual cediô él, enterândose, una vez consagrado, que su amigo habia rehuido la consagraciôn. El mismo Cri­ sôstomo se acusa de fraude, pero esta aventura nos diô sus libros sobre el Sacerdocio, en los cuales se justifica de la huida. Durante la etapa de monacato escribiô varios libros ascéticos y apologéticos, a mâs de las dos sentidisimas cartas a su amigo Teodoro de Mopsuestia, que se habia marchado con una tal Hermiona, y al que redujo al buen camino (cf. La Palabra de Cristo, t.2 p.314 2.* ed. n.496-497). El aüo 386 le ordenô sacerdote el obispo Flaviano. β) Del sacerdocio al episcopado II· 4’ • t- H. 1367 Ordenado sacerdote y nombrado predicador, el anciano obispo descarga sobre sus hombros gran parte de las tareas. Juan cuida de los pobres, trabaja en la conversion de los paga­ nos, organiza y sobre todo, predica. Los sâbados y domingos, y durante la Cuaresma, todos los dias. En estos doce anos surge gran parte de las homilias, en las que recurre casi siempre a los mismos temas: el lujo y ras costumbres corrompidas, que nos sirven para ieconstruir el am­ biente de la época, los espectâculcs y, sobre todo, la necesidad de la limosna. Podemos asegurar que de cada cuatro homi­ lias, una termina hablando de lo mismo. El propio Crisôstomo se sonrie. "Me diréis que hablo siempre de lo mismo. Pues es porque os hade falta”, contesta unas veces. ‘ Dad todo lo que debéis y no hablaré mâs.” “Que hablo de lo mismo”, dice otras; “pues es porque os gusta oirme sobre ello y dar después.” Al ano de su ordenaciôn sacerdotal ocurriô un hecho que orienté decisivamente su vida y en el que la brillantez de su palabra le diô a conocer en Antioquia y fuera de ella. Fueron las treinta y dos homilias de las estatuas predicadas para sostener el ânimo de los antioquenos, mientras su obispo corria a Constantinopla para arrancar a T'eodosio el perdôn de la ciudad, que, irritada por un nuevo tributo, habia derribado las efigies del emperador. En éstas, como en todas las demâs ho­ milias, a diferencia de San Agustin, que suel'e glosar pârrafo por pârrafo, sin preocuparse del resumen final, el Crisôstomo explica el Génesis y sac a una conclusion, apropiada al tema de la homilia. La ûnica diferencia entre éstas y las restantes del Santo consiste en que la situaciôn dei momento exigia mu- Λ 760 cha mayor amplitud a la aplicaciôn, que en otras ocasiones suele ser breve, y dte las que damos numerosos ejemplos en nuestra obra. 1368 y) Del cpiscopado a la persecuciôn. Muerto Ncctario, obispo de Constantinopla, un eunuco, Eutropio, propone el nombre de Juan, entre los aplausos de la asamblea, y es aceptado por tel emperador. Llevado a la capi­ tal del Imperio, poco menos que con engano, a lo menos en >yn su salida de Antioquia, comicnza su gobierno, en el que descuellan, entrte otras cosas, su austeridad, su incesante Hamada a la limosna, su predication, a veces excesivamente dura, la reforma del clero, la organization de las virgenes, e incluso detalles revteladores de una aguda vision del mando, como la creation de clero indigena para los numerosos godos existentes en su demarcation. Nadie créa que el gobierno era facil. Los obispos circunvtecinos y parte del clero de la ciudad estaban envidiosos del forastero. Los fieles se habian dividido en torno a los eclesiâsticos, hasta el punto de Hegar mâs tarde a un verdadero cisma. Habia herejes como los novacianos, y las costumbres aparecian degteneradas, sobre todo por el fausto de aquella corte, corrompida en la que brillaba una mujer, Eudoxia, intrigante y dominadora. Mientras el Crisôstomo extendia su action a Palestina, Per­ sia y el pais de los escitas, sus enemigos zapaban el terreno. Eutropio, que no tencuentra al obispo dôcil, quiere que desaparezca el derecho de asilo. Esta actitud provoca una rebe­ lion, y el propio favorito. perseguido por la plebe, tiene que usar entonces de lo mismo qute habia intentado abolir. El Cri­ sôstomo le salva y pronuntia dos discursos que ofenden a los venctedores, los cuales saquean las iglesias. Las cuestiones graves se suceden y, sin embargo, la gota de agua es muy femenina. Andaban las mujeres de la corte irritadas contra el Santo por su prédication contra el lujo y las libertades, cuando un Viternes Santo asiste el pueblo, y naturalmente ellas, a las carreras y el sâbado a los juegos. El sermon dei domingo Heva por titulo: "Contra los juegos y funciones del teatro y el circo . Muchos, y entre ellos Eudoxia, ste dan por aludidos. Y ella no perdona. La furiosa hembra hace venir al obispo de Alexandria, ri­ val de la sede antioquena y âvido de manejar la imperial, a la vez que envidioso del Crisôstomo. Se maquina con otros prelados la convocatoria de un concüio, que se llamô de La Encina. por el nombre de la casa donde se reunieron. Alli citaron al Crisôstomo para juzgarle de delitos tan falsos e infantiles como los siguientes: que habia depuesto a un diacono por ha- 761 CONFESORES : PREDICADORES FIESTAS DE LOS SANTOS ber golpteado a un siervo; que nadie conocia sus rentas; que comia solo... (lo hacia para evitar banquetes). δ) La persecuciôn y la muerte 1369 El resultado de la conjura es el destierro del Crisôstomo. Antes de salir para el exilio pronuntia un valtentisimo discurso (cf. algûn trozo en La Palabra de Cristo, t.l, Dom. 4, p.444, 2.* ed., n.723 ss). Su oratoria triunfa una vez mâs por su briilantez y valor persuasivo, y han de sacarle sin que el pueblo amotinado se dé cuenta. Pero el destierro es efimero, porque la misma Eudoxia se asusta ante un terremoto. Cuando desembarca el Santo, el recibimiento es apoteôsico, y pronuncia otro discurso de maravillosa resonancia. Mas si poco durô el texilio, menos perdura la paz. Eudoxia se erige a si misma una estatua de plata enfrente de la basilica de Santa Sofia, y las fiestas profanas perturban el ambiente sagrado dei templo. El Crisôstomo, para quien taies homenajes ray an casi en la idolatria, pronuncia otro brillante discurso. Con eso basta. Ahora el destierro es definitivo. La diôcesis se declara vacante y se provee, a ptesar de la intervention del papa. Son martirizados dos amigos, y el Crisôstomo, enfermo y no siempre bien tratado, emprende un viaje de setenta dias hacia Cucusa, ciudad armenia. Para Hegar alli hay que atravesar regiones devastadas por los bandoleros. Después le sacan, entre tratos peores, para trasladarlo a Comano. No obstante la dureza de la persecuciôn, en el mismo viajte organiza el Crisôstomo empresas en Oriente y escribe cartas a Olimpiades, la dirtectora de la vida ascética femenina de Cons­ tantinopla, sobre la resignation y sus propios sufrimientos. Al fin, el 14 de septiembre del 407 muere en el exilio, diciendo: "Gloria a Dios sobre todas las cosas”. Se dice que fué visitado por un mârtir llamado Juan, quien le dijo: “Ânimo, manana estarâs conmigo”. De la sana de Eudoxia puede dar una idea el hecho de que el papa enviase cinco delegados para que reunieran un concilio que restableciese a San Juan Crisôstomo en su sede. La emperatriz los encarcelô y anunciô que, si el concilio se celebraba, serian condenados a muerte. c) Triunfo del Crisôstomo i· ; »» ** I 1 It 1er •V φ < 1370 Cuando aüos mâs tarde su cuerpo fué traido a Constanti­ nopla, figuraban en la procesiôn el emperador Teodosio II y su hermana Santa Pulqueria, piditendo perdôn por sus antecesores. El Crisôstomo es uno de los très grandes doctores de la Iglesia oriental, juntamente con San Basilio y San Gregorio Nacianceno, a los cuales la Iglesia occidental anade a San Àtanasio. t - ♦’ t · I · »a I »■ ♦ i3‘ . , XI' .y? x - < λ: k ' ■· >JÙ fWBÎr· El ESTAS IU-: LOS SANTOS 762 2 1371 SAN ANTONIO DE PADLIA (13 (!·< junto) La abundantisima literatura sobre San Antonio depende, en cuanto a sus fuentes, dc una narraciôn anônima llamada "Assidua y en cuanto a su predicaciôn en Francia, de la vida escrita en 1294 por el franciscano lemosin Juan Rigauld. Poseemos pocos detalles, y es muy discutido si obrô o no milagros en vida. Desde luego pueden catalogarse como legendarios to­ dos aquellos tan hermosos como el de los peces que acuden a oir su predicaciôn, las columnas del templo que sc inclinan, la apariciôn en Lisboa, donde hace hablar a un cadaver para jus­ tificat a su padre, etc. De todos modos, no ocurre lo mismo con los prodigios verificados después de su muerte, que le han merecido el titulo dt "taumaturgo" y han hechç> de él uno dc los santos mâs populares. ‘ 1372 L* La vocaciôn San Antonio naciô en Lisboa hacia el ano 1195, y recibiô el nombre de Fernando, que cambiô, al entrar en religion, para honrar a San Antonio Abad. Alumno primero de la escutla de la catedral, fué después canônigo regular en Lisboa, Al asistir en la capital portuguesa a la llegada de los cadâveres de va­ rios franciscanos martirizados, ingresô en la Orden del Serafin de Asis; recibiô el nombre de Antonio de Olivares, y consi­ guiô ser destinado a Africa, de donde hubo de salir en seguida por su salud. El barco, zarandeado por el temporal, tuvo que recalar en Sicilia. Alli ocurre un encuentro que le impresiona. San Francisco habia, en su humilde sencillez, organizado la Orden de modo tan democrâtico, que no tarde mucho en producirse la escisiôn. AJ principio, asistian al capitulo todos los frailes. y a uno de estos capitules, el ûltimo de esta clase, asistiô San Antonio, quien quedô impresionado al ver que pfesidia el hermano Elias y San Francisco estaba sentado como un cualquiera a sus pies. La vida del Santo se deslizaba silenciosa, hasta que hubo de improvisar un discurso, saludando a las ccmunidades de domi­ nicos y franciscanos reunidos en su convento de Forli. Revelôse entonces el orador y pronto fué lanzado a predicar, a la vez que se le nombraba profesor de teologia, con una carta de San Francisco en la que le advierte que lo ve gustoso, "con tal de que el estudio no disminuya el espiritu de santa oraciôn y devociôn, segûn nuestra régla". Ί(Α CONPESOkES : PkflinCAbOkRe 2.· El 1373 predicador San Antonio alterna desde entonces la câtedra con su ver­ dadera vocaciôn, que es el pûlpito, para el que estaba especial mente dotado. Era alto y fuerte, corpulento, de voz poderosa y bien timbrada y gran poder dc convicciôn. Las masas sc agolpaban hasta convertir en insuficientes los templos; los Pes­ cadores caian de rodillas y decian que todo su rostro reflejaba santidad. Imponiéndose cada vez mâs esta vocaciôn, consiguiô del papa Gregorio IX que le relevase del oficio de ensfeftar. Le ha­ bia envlado cl Pontifice al capitulo general de 1226 para que resolviera la cuestiôn d'e las posibles innovaciones en la Orden, y le llamô "Area del Nuevo Testamento" por su dominio de las Sagradas Escrituras. Circunscrito a la predicaciôn, lo ve­ mos el mismo ano, en octubre, recorrer como misionero las riberas del Loira y del Garona en Francia, y fundar un con­ vento en Brive-la-Gaillarde. Alli se conserva una cueva donde dicen que habitô. Mas su sede y punto de partida misional fué desde entonces Padua. Ya no se limitô a congrcgar multitudes, sino que intervino en la reforma de las costumbres, en la represiôn de la usura y de la tirania de los poderosos, especialmente de Eccelino, de quien consiguiô ser oido con respeto. ° 3. Muerte 1374 y glori ficaciôn En 1231 se sintiô tan agotado por la infensa predicaciôn, que se acogié a la calma de un retire boscoso en Camposampiero, de donde, sintiéndose morir, salie para su amada Padua. No pasô de sus alrededores, pues le sorprendiô la muerte el 13 de junio, en la habitaciôn del capellân de las Clarisas de Ar­ cella. Tenia treinta y seis ânes. Su ’entierro constituyé un acontecimiento, y los paduanos conservan como un tesoro su se­ pulcro, ante el que se postran gentes de todos los parses. Es costumbre en la comarca fezar con. una mano puesta sobre el sarcôfago. Dentro del ano de su muerte lo canonize Gregorio IX, que ya entonô la antifona de los doctores, aun cuando no ha sido nombrado hasta 1946. Se conserva una serie de bocetos de sus sfermoncs, que suelen decepcionar, como los de todos los grandes misioneros, pues no era la letra del guiôn y sus numerosas citas, sino el fufcgo de la elocuencia y santidad, lo que movia a las gentes. Hiciera o no milagros en vida, los hizo abundantisimos después de su muerte, y de ahi provino su universal fama de taumaturgo. A partir dei siglo xvii, y no antes, se le suele représentât con el Nifio Jésus en brazos, segûn la leyenda tardia que refiere que un huésped suyo, mirando indiscreto por una ventana, - · ι*Α<Τ r*. · *.cfm •r r- 764 FIESTAS DE LOS SANTOS CONFESORES ; PREDICADORES lo sorprendiô jugando en esa forma. Los primeros monumentos iconogrâficos lo presentan con un libro, que significa su conocimiento de las cicncias escriturarias, o con un lirio. También han solido pintade con una mula, en recuerdo de otra leyenda, don­ de aparece convenciendo a unos htrejes sobre la prcsencia real de Cristo en el Santisimo Sacramento, ante el que milagrosamente consiguiô que se arrodillara aquclla bestia, a pesar de que llevaba mucho tiempo sin corner. Nuestro Santo es, en fin, patrono de los pobres, y en todo el mundo se coltctan limosnas para el llamado “pan de San Antonio”. En cambio, nadie sabe de donde procede la creencia de su patronato sobre los objetos perdidos. Es posible que tenga alguna relaciôn con el suctso narrado en la Chronica XXIV Generalium, η.21. Se refiere alli que un novicio se fugô, llevândose el libro de horas, que el Santo ténia en gran aprecio. Rogô éste por su dévolution, y una apariciôn temerosa hizo regresar al novicio con su libro. 3. SAN VICENTE FERRER (5 de abril) 1375 He aqui otro de los santos cuya vida es imposible compendiar en pocas paginas. De gran devociôn en la costa levantina espaüola y en otras regiones europeas, su figura gigantesca llenô un siglo y todo el occidente de Europa. Resulta dificil distinguir en su historia lo legendario de lo real. Su primer historiador, Pedro Razzano, que escribiô treinta y seis anos después de la muerte del Santo, no fué precisamente un modelo de espiritu critico. Ciertos son los viajes y las actuaciones pùblicas. La leyenda se entromete a vfeces en los milagros —aunque no en todos—, y desde luego en el modo de describirlos. También es fàcil que se deba a influjo legendario la fama que alcanzô la predication apocaliptica de San Vicente. 1376 l.° Los PRIMEROS ANOS Naciô en 1350; ingresô en la Orden domlnicana en Valen­ cia, en 1367, y antes de los veintiùn anos enseâaba filosofia en Lérida. Siendo diâcono, y padeciendo Barcelona gran hambre, anunciô en un sermon que los barcos cargados de grano llegarian antes del oscurecer. Asi ocurriô, y el entusiasmo popular obligo a sus superiores a enviarlo a Toulouse. Al volver, un afio después. a Valencia, sufriô una dura prueba. Sobresalia alli no solo por su elocuencia, unas vtces arrolladora y otras suave, sino por las cualidades de su aspecto, que arrastraron en pos de él a cierto nûmero de damas, mâs o menos frivolas, las cuales, después de ponerle cerco en vano, se vengaron calumniândole. Curtido asi para la lucha, comenzô su prédication. 765 Para ordenar de modo sistemâtico su biografia, lo présentamos, primeramente, como gran misionero de las conversiones y de la penitencia; después, como hâbil diplomâtico en asuntos religiosos y civiles. 2.· El gran misionero El gran misionero comienza con notables éxitos en Espaiia, donde convierte a miles de judios—éstos le llamaron e/ Demoledor—, entre los cuales se cuenta el rabino Pablo de Burgos, que muriô siendo obispo de Cartagena. Marcha después a Avignon, y de alli, desenganado de las intrigas de la corte y avisado en una vision, emprende su vida misional, enfervorizando a toda la Provenza. Le sigufen masas de gente, que ter­ mina organizando como ayudantes de la misiôn. De 1401 a 1403 recorre todo el Delfinado, Saboya y los valles alpinos, penetra en Suiza, predicando, como siempre, penitencia—falta hacia en aquel siglo de vicios y cismas, padre del protestantismo, inmediato ya—, en Lucerna, Lausana, Turin y Grenoble. En 1405 lo vernos en Liguria y Génova, donde embarca para Flandes, pais que llena de milagros. Se dice, aunque sin prue­ ba alguna, que misionô también Inglaterra, Escocia e Irlanda. Lo cierto es que predicô 'en todos los idiomas y no sabla mâs que el suyo propio y los clâsicos. Ténia el don de lenguas, y en mâs de una ocasiôn sus sermones se oyeron a varios kilômetros. En 1407 vuelve a Espaiia y la tecorre toda de punta a punta. Son muchas las ciudades, como Segovia, Salamanca y Sevilla, donde todavia se conservan los pùlpitos o lugares des­ de los que dirigia la palabra a multitudes que no cabian en los templos. En Toledo convierte a cuatro mil judios, y en Tortosa, a catorce rabinos. Hay autores serios, como el del Butler’s Lives, que afirman que convirtiô en Granada, mora todavia, a ocho mil mahometanos, lo que nos parece un tanto fabuloso, dadas las leyes ârabes, que castigaban siempre con la muerte la conversion de un musulmân y a quien interviniese en ella. Aun cuando los tiempos fuesen otros y no existiera el rigor de la época de los mârtires cordobeses, no creemos que hubieran cambiado tanto como para hacer posible esta misiôn y conversion en masa. Éste es el periodo en que abundan mâs las informationes sobre la predication apocaliptica de San Vicente. En ella hay que distinguir lo cierto de lo discutible. Lo cierto es que predicaba la penitencia y que las gentes se convertian a miliares. Se llamaba a sus prosélitos “los penitentes del maestro Vi­ cente”. Cierto también que su prédication se basada en los novisimos y en el juicio final, y que los anunciaba con elo­ cuencia propitia al dolor y al arrepentimiento. Ahora bien, ihas- i I 1377 FIESTAS DE LOS SANTOS CONFESORES : PREDICADORES ta donde llega la historicidad de los milagros y profecias que confirmaban esta predicaciôn del juicio como inminentt, y hasta que punto estaba convencido de ello el propio predicador? Por lo pronto, nada se opone a su santidad y don de profecia que él creyese proximo el fin dei mundo. Sermones tenemos de muchos grandes santos, entre ellos de San Gregorio Magno (cf. La Palabra de Cristo, Dom. 1 de Adviento), que pensaban lo mismo. Sus profecias, aun cuando el fin dei mun­ do no se haya seguido, no suponen falsedad en el hecho de sus comunicaciones divinas, pues màs de una vez los profetas han errado al interpretar el pensamiento de Dios sobre el fu­ turo y dado como inminente lo que se anunciaba lejano o condicionado. Tal es el caso de Jonâs. Se cuenta que en Salamanca San Vicente se presento como el enviado de Dios para preparar el juicio, y que, ante la duda o molestia de algunos, hizo que un cadâver, que por alli llevaban camino del cementerio, confirmase sus palabras Ί. Los très ùltimos anos de su vida los consumiô predicando en Normandia. A los setenta anos era llevado casi en volandas al pùlpito, donde se transfiguraba. 1378 3.° El gran diplo.mâtico Tuvo trato frecuente con diversos reyes y magnates de la Iglesia. Mas por brevedad nos referiremos ûnicamente a sus dos mâs importantes interventiones, a saber: con el antipapa Luna y en el compromiso de Caspe. Espana, por lo general, se inclinaba al papa de Avignon, Clemente VII, quien enviô a Valencia, como legado suyo, al famoso Luna. Éste, en cuanto conociô a Vicente, lo uniô a su compania, y después de un recorrido por nuestro pais, que el Santo aprovechô para predicar, se lo llevô consigo a Avignon. Alli, elegido ya pontifice, lo tuvo como su confesor. San Vi­ cente reconocia la obediencia de Avignon, y en su defensa es­ cribio el libro Tratado sobre el papa, pero se le impuso la realidad y entendiô la necesidad dei sacrificio y de que Luna renuntiara en aras de la paz. Tanto y tan en vano trabajo por ello que hubo de enfermar gravemente. En esta enfermedad se detidiô su vocation de gran viajero apostôlico, pues fué el mismo Senor quien se lo aconsejô acariciândole la mejilla. Cuando pudo conseguir el permiso, saliô de Avignon, en 1399, para la gran campaha europea. Pero el cisma se fué enconando, y su misma gravedad imponia la solution. Ya apenas si quedaba otra cosa que la ter1 Sobre los juicios poco edificantes del menos etiificante libro que el P. Staehlin escribio contra toda clase de visiones—excepto Lourdes—y que se detiene especial men te en este punto de la vida del Santo, véase^ en Cûncia Torrtista un articulo del F*. Bandera, O. P. (cf. n.267, ano 1958). quedad de Luna, obstinado en no renunciar a la tiara pontificia. San Vicente marcha a Avignon, habia y predica sermones durisimos, como el que comienza:"Ossa arida, audite verbum Do­ mini”, palabras que, aplicadas al que habia venerado y veneraban sus reyes como papa, suponen una santa libertad. Acomseja a los monarcas espanoles que retiren su obediencia, como lo hacen, y él mismo promulga el acta en un sermon de Epifania, comparando a los reyes de Aragon, Castilla y Navarra con los Magos que vienen a ofrecer a Dios la ofrenda de la unidad y de la paz (6 de enero de 1416). Benedicto XIII se retira entonces a Peniscola, y Gerson escribe al Santo diciéndole que sin él no se hubiera conseguido la paz. En efecto, antes de su intervenciôn habia fracasado personalmente el em­ perador Segismundo, y fué la actitud de los reyes espanoles la que d’ecidiô la cuestiôn. El P. Staehlin, que acusa a San Vicente de visionario y de haberse dejado enganar por falsas revelaciones (tiene un sabroso capitulo titulado Errores de los santos.), debi'era saber que San Vicente, taumaturgo como fué, distinguia perfectamente los falsos milagros de los verdaderos, y que en esta cues­ tiôn escribio las siguienfes palabras: “De ningùn modo hay que juzgar al Papado segûn los profetas modernos, ni tampoco segûn los milagros aparentes y las falsas visiones. Esto se evidencia por très motivos”. El primero que da el Santo es que la Provid'encia ha instituido la Iglesia, la cual tiene sus leyes, y segûn ellas deben juzgarse estas cuestiones. El segundo, lo dificil de distinguir una revelaciôn segura de una supuesta, por lo que el verdadero criferio es someterlas a la autoridad eclesiâstica. “Por lo tanto, a los que piden profecias, milagros o visiones para determinarse a creer en el verdad’ero papa hay que recordarl’es la respuesta de Cristo... Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen (Le. 16,29), esto es, ya tienen a las Sagradas Escrituras y los Estatutos de los Sumos Pon­ tifices y los cardenales: que los escuchen” (cf. Tratado del cisma moderno p.2 c.5: Ciencia tomista, ibid.). Éxito brillante de San Vicente Ferrer fué también el del compromiso de Casp’e. Muerto el rey Martin, cinco pretendientes se disputaban la corona de Aragon y la situaciôn se hizo muy dificil. Dando una prueba de buen sentido, Cataluha, Valencia y Aragon se comprometieron a aceptar la decision de nueve ârbitros reunidos en Caspe. Entre ellos figuraba San Vicente, quien pronunciô un sermon sobre el tema: Unum ovile et unus pastor, y propuso en las discusiones a Fernando, el de Antequera. Cinco compromisarios se adhirieron al voto e in­ tention del maestro Vicente. El sermon en que promulgo la solution dei conflicto es una pieza oratoria en la que primero procura caldear los ânimos en su favor, y, una vez conseguido, B» e;-.'· -^7- ’■ ■'(■· ■ - · · w· 1379 1380 768 FIESTAS DE LOS lanza el nombre dei electo, que arranca grandes aplausos. La espinosa cuestiôn catalano-aragonesa se habia resuelto definitivamtnte. 1381 Canonizaciôn y culto Nuestro Santo muriô, como hemos dicho, en Vannes, al noroeste de Francia, el 5 de abril de 1419, y fué enterrado en la catedral. Su muerte constituyô una explosion de culto que Sé manifesto espontânea y popularmente. Fué canonizado cuarenta afios después, cuando ya se le honraba en casi todos los lugares donde habia predicado. La Comisiôn informadora recogiô 313 testimonios, y Roma aceptô, como taies, 873 milagros. La bula de su canonizaciôn fué redactada por el ponti­ fier hispano Calixto III y promulgada a su muerte por Pio II, el 1 de octubre. Las reliquias continûan en Vannes, a pesar de los esfuerzos de la Orden dominicana y de la ciudad de Va­ lentia. 4. CONFESORES : SANTOS EL BEATO JUAN DE AVILA PREDICADORES 769 —^Quc hay que hacer para prédicat bien?—le preguntô un sacerdote joven. —Amar a Dios—contestô. Su actividad Ife produjo enemigos que lo denunciaron a la Inquisiciôn, de donde saliô probada su inocencia, en medio de una ovaciôn popular. Llena Andalucia de su predicaciôn, mar­ ché) a Madrid y otros lugares de Castilla. La Compania de Jesûs lo ha contado siempre entre sus ami­ gos, y suele ponerse como ejemplo de su humildad el hecho de que, habiendo concebido la idea de fundar una Orden de sacerdotes, al conocer la de San Ignacio renunciô a hacerlo, porque lo creyô ya innecesario. S'e dice también que deseaba* ingresar en la Compaâia, de lo que le asustô el carâcter y dureza del superior, P. Bustamante. El Beato Avila fué beatificado en 1894, y su cuerpo yace en la iglesia de los jesuitas de Montilla (Cordoba). Su obra literaria es fâcilmente asequible a todos. Sobresalen en ella él libro Audi Filia y el Epistolario. Los sermones tienen mâs fuego que unidad, y su obra entera, firnïe de doctrina y pura de léxico, estâ llena de unciôn. t (11 de mayo) 1382 Patrono del clero secular espanol, su vida carece de inci­ dentes llamativos y es, por lo tanto, fâcil de resumir. Sobre su santidad personal y discretion de espiritu, baste decir que tuvo gran carino a San Ignacio de Loyola y su obra, y que dirigiô espiritualménte o resolviô en algunas ocasiones sus dudas a Santa Teresa. San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcantara y Fr. Luis de Granada, su biôgrafo y admirador. Naciô en Castilla, en Almodovar del Campo, de padres ricos, que lo enviaron a estudiar derecho a Salamanca. No gustândole esta carrera, regresô a su casa, en la que viviô très afios dedicado a ejercicios de piedad, para salir después hatia Alcalâ de Henares a estudiar filosofia y teologia. Mientras estudiaba alli murieron sus padres, y él heredô sus bienés, que, al ordenarse a poco de presbitero, repartie entre los pobres. Su principal actividad fué la predication, para la que estaba éxcepcionalmente dotado. El P. Granada, después de oirle, le llamô "red barredera", porque no se le escapaba nada en los sermones. Pensô irse a misionar a Méjico, pero el arzobispo de Sevilla le obligô a permanécer en su diôcesis, momento desde el cual Andalucia fué el campo mâs importante de su apostolado. Dedicôse a la predicaciôn en las igiesias y en los campos y a la direction espiritual, de la que son muestras sus cartas, sin abandonar el estudio y la oraciôn, con que preparaba sus sermones. b) GUIONES HOMILETICOS1 La palabra de Dios 1383 Su importanda. Su importantia natural como arma de propaganda. b) Su importantia como instrumento de apostolado. La fe, la édification y la difusiôn del Evangelio por la palabra. d) Los seglares en los tiempos modernos (cf. La Palabra de Cristo, Dom. de Sexagésima, guiôn 3, t.2, p.1051, 2* ed., n.1817-1818). 1384 1. La palabra de Dios en el Evangelio. a) Su naturaleza, virtud y efectos. b ) Vivifica y transforma el aima. 1. Alma y espiritu. 2. El hombre làmpara (cf. ibid., guiôn 4, p.1053, 2Λ ed., n.1819-1826). 1 A lo largo ce nuestra obra hemos tratado, como materia predilecta, el tema de la predicaciôn y la palabra divina. Remitiendo al indice ôistemâtico, nos limitamos aqui a scleccionar algunos guiones tornados del tomo segundo y casi todos ellos de la Dominica de Sexagésima (parâbola del sembrador), Véase también Dom. de la Santisima Trinidad. Λο palabra de C. 10 3S 770 1385 1386 FIESTAS DE LOS SANTOS Principio de la fe y de la bienavcnturanza. Cimiento de la santidad y alimento del alma. Garanfia de la oraciôn, seûal distintiva y remedio del temor. Juez de nuestra conducta y fuente de vida etern> (of. ibid., guiôn 5, p.1056, 2.* ed., n. 1827-1836). Los predicadores 1387 Alto ministerio. a) En si mismo. b) Por quienes lo desempenaron. Mision de predicar a Cristo. El Bautista y los apôstoles. d) Aprecio que San Pablo hacia de la predicaciôn. El Crisôstomo y San Agustin. Doctrina de Santo To­ mas y del Beato Avila (cf. ibid., guiôn 16, p.1075, * ed., n.1870-1873). 2. 1388 Condiciones del predicador. a) Doctrina pontificia sobre la misma. b) Causas que la inutilizan. debidas al predicador. Falta de misiôn, de condiciones debidas, de pureza de intention. d) El pùlpito no es sitio para agradar ni para lucrarse (cf. ibid., guiôn 15, p.1073, 2.’ ed., n.1868-1869). 1389 1390 CüNF'ESORES Preparaciôn doctrinal. Normas y consejos (cf. ibid., guiôn 17, p.1078, 2.* ed., n.1874-1878). La formation espiritual. El predicador es un dispensador de los misterios de Dios y padre de los fieles. b) Prâctica y doctrina de San Pablo. Rectitud de voluntad y pureza de espiritu en el pre' dicador y el oyente. d) Raciocinio de Santo Tomâs. Debe predicar el maestro interior. f) La norma sabia es el amor que pide oraciôn y contemplaciôn (cf. ibid., guiôn 18, p.1081, 2.* ed., n.18791884). PRF.OÎCAIjORES Ti\ La cooperation del oyente h. La palabra de Dios es eficaz y crece automâticamente, 1391 pero siendo la fe un hâbito intelectual, tanto mâs penetra la palabra cuanto mejor es la disposition del oyente. a) Doctrina de San Juan die la Cruz y Santa Teresa. b) La palabra crece, aun sin que lo advirtamos, a medida que crece la caridad. Doctrina de los misticos, de Santo Tomâs, San Agus­ tin y San Pablo (cf. ibid., Dom. 6 después de Pente costés, guiôn 7, p.775, 2.‘ ’ed., n.1313-1314). 1392 Necesidad de la cooperaciôn humana. a) Explica el hecho de que siendo hoy mayor la ensenanza sea menor la fe. b) Obstâculos: por parte del entendimiento, die la vo­ luntad y del corazôn (cf. ibid., Dom. de Sexagesima, guiôn 20, p.1068, 2." ed n.1088-1892. Los predicadores de la penitencio Todos los predicadores lo han sido, y muy especialmente los que hemos biografiado. Puede, pues, hablarse de la penitencia, tratada en muy diversos lugares, y mâs abundantemente en la Dominica 4 de Adviento. De ella tomamos el siguiente guiôn. En los momentos mâs dificiles, politica y militarmente, del pueblo judio, la solution propuesta por Dios por medio de los profetas fué siempre la penitencia, a) Ejemplos varios. b) Lo mismo ocurre en los tiempos actuales. 1. 2. San Vicente Ferrer. El Beato Avila. Es que la historia esta manejada por Dios, quien se ofende con el pecado y se aplaca por la penitencia. Lourdes y Fâtima, mensajcs de penitencia (cf. ibid., Dom. 4 de Adviento, guiôn 9, t.l, p.572). 772 FIESTAS DK LOS SANTOS CONFESOKES: HREDICADORES dicador era el Crisôstomo, acudiô a Constantinopla para pedir al emperador perdôn por la ciudad, pronunciô un discurso, escrito por el Santo. Al terminât, Teodosio y el obispo lloraron. Pero lo mejor sera conocer a Crisôstomo orador por lo que cl mismo ensena sobre oratoria sagrada en los libros 4 y 5 sobre el sacerdocio (cf. PG 26,665 ss y La Palabra de Cristo, Dom. de la Santisima Tri­ nidad, t.5, p.217). San Juan Crisôstomo Puede enfocarse su vida desde infinitos puntos de vista, para cuyo estudio contamos con sus mismas obras, segûn apareccn en La Palabra de Cristo, Asi, por ejemplo: 1395 A. El Crisôstomo, sacerdote. (Véanse sus libros sobre el sacerdocio en las Dominicas “in albis” y 2.· después de Pascua [el buen pastor], utiüzando si se quiere los guiones cxUtentes en esta ûltima. Cf. 1396 B. El Crisôstomo. ante los reyes. Dos casos en la vida del Crisôstomo. Cuando el pueblo comete un delito, lo reco­ noce, lo mantiene en la esperanza e influye para conseguit perdôn imperial. Pronuntia entonces las homilias de las estatuas. Cuando la emperatriz ofende a Dios, el Crisôstomo sc enfrenta con ella y sufre el destierro (cf. Vida y dos pârrafos del Crisôstomo sobre sus persecuciones tn La Palabra de Cristo, Dom. 4 después de Epifania, t.2, p.444, 2.* ed., n.723-725). ambition del predicador: ayudar a Dios. 1399 El pueblo es necio, y si buscamos su aplauso, o nos desanimaremos al no hallarlo, o abandonaremos la doctrina en pos de la pseudo retôrica. b) El pueblo busca el recreo dfe los sentidos. Si amonesta el superior, se aburre. Si parla el orador de moda, se entusiasma. "Son cosas qufc bastan para apagar todo entusiasmo... si no estâ uno muy desprendido de las pasiones humanas.” Ensefïar no sôlo con obras, sino con palabras. Es necesario ensefïar. (Sobre este punto puede emplearse el guiôn 14 de la Dom. 2.a después de Pascua: EI silendo del mercenario. Es la huida que mas dano ha hecho a la Iglesia. Cuando es pecaminosa y mâs culpable. Los prelados y Santa Teresa. Mal de hoy y sus danos (cf. ibid., t.4 p.528 2.· ed., n.902-909), los guioncs b) D. El Crisôstomo, predicador de la limosna. “Para todo este eûmulo de males no tenemos otro re­ medio sino la palabra.” 1. (Véanse sermones suyos en e! primer tomo, especialmente el que figura en el segundo Domingo de Advunto, p.166, con su hermoso final en p.173.) 2 San Juan Crisôstomo, orador sagrado 1398 A. San Juan Crisôstomo, orador. La definition clâsica del orador “vit bonus, peritus dicendi” tiene una version sobrenatural: "Vir Dei, peritus dicendi”. San Juan Crisôstomo reuniô ambas conditiones en grado sumo. Conocemos su oratoria no sôlo por lo que nos queda de sus obras y por los aplausos que las interrumpian y que nos demuestran cuân vivas eran, sino por el éxito obtenido por sus discursos pufestos en labios ajenjs. Cuando el arzobispo de Antioquia, cuyo pre- 1400 1. Los apôstolcs abandonaron en los diâconos hasta el ministerio dê la caridad para entregarse libres al de la palabra. 2. La Iglesia es atacada hoy por la herejia e incluso por el inmoderado afdn de discutir de los fieles, 1397 C. El Crisôstomo, perseguido. (Véanse los pârrafos anterionnente citados. Complétense con sobre la tribulaciôn, existences en la misma Dominica.) 773 c) “En la edificaciôn de las aimas tienen su parte las obras, y la suya las palabras, y para que sea cabal esta edificaciôn, las obras necesitan de las palabras, y las palabras de las obras.” Si se tratase solo de mover a la guarda de los mandamientos, quizà bastase el ejemplo, pero cuando se tra­ in de enseiïarle doctrina... Asi lo inculca San Pablo. 1. “Los presbiteros, que presiden bien, scan tenidos en to­ do honor, sobre todo los que se ocupan en la predica­ ciôn y la enseüansa" (1 Tim. 5,17). 2. También el Senor: “El que hiciese y enseiiare ése sera llamado grande” (Mt. 5,19). D. Necesidad de la ciencia para ensefïar. 1401 a) “jQué cantidad de fuego eterno acumula sobre su cabeza fel desgraciado que es causa de la ruina..." de las aimas por falta de ciencia! b) El predicador, segûn San Pablo, debe conocer muy CONPESORES: PREDICADORES 775 FIESTAS DK LOS SANTOS c) 1402 E. 1403 F. bien la palabra y doctrina, de suertc que pueda ex* hortar con doctrina sana y argüir a los contradictores (Tit. 1,9). Éstos cxistcn. Si cl prfedicador es un ignorante, acha> carân su flaqueza a la propia doctrina, y los mismos fieles quedarân indecisos. Necesidad de la elocuencia. La mayor parte de los que oyen "toman la actitud de espfectadores..., gente que acostumbra a oir no para aprovecharse, sino para divertirse”. b) EI sacerdote ha de contar con este hecho, y sin condescender con el "gusto desordenado y dafioso del vulgo”, debe adquirir la elocuencia. si quiere llegar a él. "Dcsprecio de las alabanzas y facilidad en el hablar. Una cualquiera que faite invalida a la otra." d) De lo contrario, "los que se sientan molestos por la reprensiôn..., le cargarân de burlas por su ignoranda". Necesidad del trabajo para conservar la elocuencia. a) El orador se hace. “La elocuencia es obra de estudio y no la da la naturaleza por si misma, aun cuando uno hubiese llegado a la curobre de ella, sino la cul­ tiva y ejercita con mucho empefio y sin interruption." b) El mejor orador necesita mâs trabajo, pues si sfe fia de si mismo perderâ su facilidad. "A los imperitos en el hablar nadie les echa ya en cara que no digan algo que valga la pena; mas a los oradores famosos, si no ofreefen algo que supere la opinion que se tiene de elles, todo el mundo se créé con derecho a acusarlos. ' Esta era la doctrina del hombre que no se preocupô jamâs de honores humanos, hasta el punto de huir por negarse a ser obispo. y que escalô las mayores cambres de la ora­ toria. 1404 San Juan Crisôstomo segun San Agustin 1405 A. Oigamos las condiciones que exige San Agustin al predi­ cador cristiano y veamos como se cumplen en San Juan Crisôstomo (cf. La Palabra de Cristo, Dom. de Sexagesi­ ma. San Agustin, t.2 p.986 ss). Responsabilidad del predicador. "Quienes nos dirigimos al pueblo tenemos dos cosm. cristianos para nuestro bien; jefes para el vufestro.. nos vemos obligados a dar cuenta de vuestra admi H nistraclôn. Os pongo por delante esta dificultad nues­ tra para que, compadeciéndonos, oréis por nosotros" (cf. Serm. 46 sobre Ez. 34,1-6: PL 38,270). El Crisôstomo terne fel oficio y huye para no ser elefjido sacerdote, prefiriendo el monacato primitivo de os desiertos. 1406 No busqué el medro material. Procurense los predicadores "lo que Ifes sea necesario para vivir, pero no miren exclusivamente a esto, ni lo hagan motivo de los trabajos que trae consigo la pre­ dicaciôn" (cf. De opera monachorum 26: PL 40,526). b) "No lo busqué por propia comodidad, como si anunciase fel Evangelio para satisfacer sus necesidades.. nunca espere el premio sino de donde espera el oyente la salvaciôn..." (cf. Serm. 46 sobre Ez. n.2). Con leer los numerosos pârrafos del Crisôstomo con­ tra las riquezas basta para cotfejar su doctrina con la de Agustin. 1407 Ni los honores. Predique sin temor. "Buscan honores y alabanzas y descuidan por eso el reprender. ^Os imaginais a San Pablo diciendo: iQue me importa, obre cada uno como quiera y atienda yo a salvar mi vida y mi honor? Todo lo contrario: reprendiô, rajô, azoté y pudo decir (Gai. 4,16): Me he hecho, pues, enemigo vuestro, por deciros la verdad" (cf. ibid., 5). b) El Crisôstomo, destcrrado, a punto de morir dfe hambre y frio, por predicar la verdad a la emperatriz (véanse los valientes discursos inmediatos a su partida y regreso en La Palabra de Cristo, Dom. 4, t.2, p.445). Robustezca a los débiles. 1408 Achaque dfe predicadores contemporaneos, que se dicen amigos del pueblo, es confundit el amor con la adulaciôn de sus instintos malos o la exacerbaciôn de sus quejas justas. Agustin, al predicador que no se atreve a confortar al débil hablândole de la verdad, Ife dice que cimenta sobre arena. "No se puede animar a nadie con una falsa esperanza." Hay que exhortar al trabajo y la dificultad de la virtud (cf. ibid., 5,12). El Crisôstomo no rehuye nunca hablar a contrapfelo del oyente. En su famosa Cuaresma de las estatuas Icvanta los ânimos de quienes espcraban la muerte; pero por si acaso les prépara para fella, y reprende bl ·. > li\ lÎH 776 —■ ■ ■ « ■ I 1 ■ » —— FIESTAS DE LOS SANTOS - ■■ ■■■■■» i w, i — ■ ■ .- · ■ —" —I ■ ■■ I*· —*■ · . -. _|K con energia todos sus vicios. A lo ùnico que no inci­ ta es a la sediciôn. 1409 F· Escuche su propia predicaciôn. a) “Escûchatc a ti mismo, y si prétendes que tus oyentes te atiendan, sé tû tu prim'er oyente" (cf. Enarrat in Ps. 49,23: PL 36,580). b) El Crisôstomo es un santo. Aduciremos el dato de la limosna. Siempre predica sobre ella. Obispo de Constantinopla, con rentas mâs que pingües, hay dias en que lo ha repartido todo. 1410 G. Inasequible al desaliento. a) ‘‘Cuando ve cômo nada adelanta, a pesar de sus esfuerzos, trabajos y predicaciones, corre el peligro de debilitar su vida y caer en la esterilidad mâs grande de todas" (cf. Enarrat. in Ps. 30,6: PL 36,241). b) îEncontrarâ obstâculos y fracasos el Crisôstomo? Sin embargo, lo ingente de su obra nos habla de su constancia. Vuelve de su destierro y comienza a predicar de nuevo. (Véase La Palabra de Cristo, ut supra.) 8 es necesario se corresponda con un eco de caridad en tl oyente. C. San Antonio y la limosna. 1413 (Véanse numerosos guiones y materiales en el indice sistemâtico.) 9 • San Vicente Ferrer A. Predicador, y predicador de penitencia (cf. supra. Hagio- 1414 grafia). B Predicador del juicio. a) Conveniencia de esta predicaciôn. Hoy es el dia del silencio de Dios, que después vendra dispuesto a hablar reciamente y acusarnos. b) Conveniencia de que hablemos nosotros antes que Él (cf. Dom. 1 de Adviento, guiôn 12, p.129). C. Predicador del infierno. a) Necesidad de predicarlo. b) Su predicaciôn en los apôstoles del amor. En San Pablo, San Juan, el Senor (cf. ibid., guiôn 21, p.183) 4.' San Antonio de Padua A. Predicador. (Véase lo expuesto anteriormente sobre pre­ dicadores.) 1412 B. Taumaturgo. a) Aun descontando los introducidos por la leyenda, San Antonio obré milagros en vida, y muchos mâs des­ pués de muerto. b) El fin del milagro es apoyar la predicaciôn y demostrar que la doctrina es de Dios (cf. ibid., t.l, p.274). c) Sin embargo, no hay que fiar la éficacia de la predi­ caciôn a un medio extraordinario que Dios no pro­ diga. Los mismos apôstoles convirtieron el mundo, no con milagros, sino con su santidad (cf. Crisôstomo desarrollando esta idea, en La Palabra de Cristo, Dom. 6 después de Epifania, t.2, p.702, 2." ed., n.1181). d) El gran milagro dé San Antonio fué su caridad y celo, motores de su predicaciôn incansable. e) Pero tampoco basta el celo del predicador, sino que 1411 777 CONFgaOEBS : i’IlBUICADORM U»^UIL— 10 Beato Juan de Avila - ' I. Escogido de Dios pæra Espana. A. Juan de Avila naciô el 6 de enero de 1500. Abre y pre­ side nuestro gran siglo de espiritualidad. B. Estudios. a) Leyes en Salamanca de 1514 a 1518. b) Artes o Filosofia y Teologia en Alcalâ a partir de 1521. C. “Escondido· con Cristo en Dios", asi dice el breve de béa­ tification al referirse a los très anos de 1518 al 1521 en Almodovar del Campo. He aqui lo que dice el P. Gra­ nada: a) “Le hizo nuestro Senor merced de llamarle con un muy particular llamamiento. Y dejado el estudio de las leyes, volviô a casa de sus padres, y como per­ sona ya tocada de Dios les pidiô que l’e dejasen estar en el aposento apartado de la casa..., comenzô 1415 CONTESORES : PREDICADORES 77S \v. 779 1 HIESTAS »R LOS SANTOS a hacer penitencia y vida muy âspera. Su cama era sobre unos sarmientos, y la comida era de mucha penitencia, afiadiendo a esto cilicios y disciplinas. b) Persevero en este modo de vida casi très aüos. Confesâbasc muy a menudo, y su devociôn comenzô por él Santisimo Sacramento, y asi estaba muchas ho­ ras delante dél; y de ver esto, y la reverencia con que comulgaba, fueron muy edificados asi los dérigos como la gente del lugar. c) Pasando por alli un religioso de la Orden de San Francisco, y maravillado de tanta virtud vn tal edad, aconsejô a él y a sus padres que le enviasen a estudiar a Alcalâ, porque con sus letras pudiese servir mejor a nuestro Senor en su ïglesia, y asi se hizo." Primera misa. Dos circunstancias destaca el P. Granada acerca de la primera misa del Maestro: a) Honor a sus difuntos padres: "Se ordenô de misa; la cual, por honrar los huesos de sus padres, quiso decir en su lugar”. b) Honor a la santa misa: "Y por honra de la misa, en lugar de los banquetas y fi'estas que en estos casos se suelen hacer, como persona que tenia ya mâs al­ tos pensamientos, diô de comer a doce pobres y les sirviô a la mesa, y vistiô e hizo con éllos otras obras de piedad”. Escogido para Espana. Celebrada la primera misa, encendido en deseos apostôlicos. marcha a Sevilla para emprender viaje a las Indias. El arzobispo de Sevilla calibra su valor, le manda quedarse en sus reinos; asi el que pudo ser "Apôstol de las Indias pasarâ a la Historia como "Apôstol de Andalucia". Su vocaciôn era Espana. Imitador de San Pablo. En su vida. Reparte cuanto posee a los pobres. b) Como Pablo, su libro de estudio es Jesucristo: "Fué el Maestro Juan de Avila continuo estudiante del amor; alcanzô en esta gran facultad profundos conocimientos; pénétré lo mâs acendrado de esta cien­ cia; el libro fué de dos hojas: una la divinidad, otra la humanidad de Cristo nuestro Senor, Dios hechohombre. El Verbo humanado fué el libro y juntamente el Maestro” (Lie. Munoz, Vida del Maestro). Un sacerdote le pide medios de predicar con fruto; le contesta que el mâs eficaz es amar mucho a nues­ tro Senor". B. En su predicaciôn. Sabe de memoria las epistolas. Sus escritos estân empedrados de textos paulinos, en tal abundancia qué algunas epistolas se hallan integras diseminadas en sus obras. b) En Côrdoba predicô lecciones sacras sobre San Pa­ blo; sôlo se conservan las que diô sobre San Juan en Zafra. El clero de Côrdoba ve con escândalo que se explique la subida doctrina de San Pablo al puéblo sencillo; los dominicos no lo aprueban; uno de elios acude una noche a la explicaciôn dei Beato; cuando vuelve al convento sintetiza su juicio diden­ do: "Vengo de oir a San Pablo explicar a San Pa­ blo" (Lie. Munoz, o.cj. Fray Alonso Carrillo, dominico, maestro de Teologia, afirmaba que de dos personas que hubiesen de entender a San Pablo, una era el Beato Avila y otra no habia nacido todavia. d) El nervio de toda la prédicaciôn y espiritualidad avilista es cristocéntrico y paulino: la doctrina del Cuer­ po mistico. III. El maestro de Espana. A. I 1416 Guia en todos los caminos. Ejerce un magisterio uni­ versal en su siglo. Menéndez Pelayo le llama "Padre de la nueva escuela ascética espaüola". Dona Sancha Carrillo y la noble condesa de Feria presiden el grupo numeroso de aimas que, convertidas y dirigidas por el Beato, se santificaron en el siglo. Discipulos suyos viven vida eremitica en el desierto del Tardôn en Côrdoba. Otros reciben el martirio en las Alpujarras. De las religiosas que dirige quedan como bello testimonio gran parte de sus carias. Para los gobernantes escribiô el inestimable documento dirigido al gobernador de Sevilla, y Felipe II se preciaba de tenerlo por maestro. También ejerce su magisterio en Trento mediante los me­ moriales que a él lleva el arzobispo de Granada. Sobre todo, la pléyade de sacerdotes que forma en gran austeridad de vida, solidez de estudios y ardiente minis­ terio de la palabra. Fundo hasta quince colegios o semi­ narios para sacerdotes: reccrdemos los de Granada, Côr­ doba, Priego, Cadiz, Sevilla, Marchena, Ecija, Baeza, Ubeda, Alcalâ, etc. En elios—decia grâficamente el Maes­ tro—se aprendia no tanto a gastar los ojos en el estudio cuanto a encallecer las rodillas en la oraciôn. . I 780 FIESTAS PE LOS SANTOS CONFESORES : PREDICADORES Santos que le son deudores: San Juan de Dios. convertido y dirigido por el Beato; San Ignacio de Loyola, Santa Te­ resa, San Francisco de Borja. "Cuantas personas de grande espiritu hubo en aquel tiem­ po en estos reinos se pueden poncr en el nûmero de sus discipulos" (Lie. Munoz, o.c.). IV. Influjo en las grandes escuelas de Santa Teresa de Jesûs llega por fin a conseguir paz y sosiego sobre su vida de oraciôn, cuando recibe carta del Beato, fechada en Montilla el 12 de septiembre de 1568, en la cual aprueba e ilustra a la Mistica Doctora en su camino espiritual. c) La Santa, al tener noticia de la muerte del P. Maes­ tro, Hora desconsolada y habia asi a sus monjas sorprendidas: "Por su destino no temo: lo qu’a siento es que la Iglesia ha perdido una gran columna y las aimas un gran arrimo que en él tenian" (Lie. Mu­ noz, o.c.). b) espiritualidad. En la Compafiia de Jesûs: El Bvato envia sus discipulos predilectos a la Compaiiia. Hasta treinta de ellos. El cardenal Toledo fué llevado a estudiar y costeado en todo por el Beato. b) San Ignacio llevaba siempre consigo, anotado de su puno y letra, un ejemplar del Audi filia. El fundador de la Compaiiîa recurre al Beato en ocasiôn memorable: Melchor Cano capitanea un grupo de dominicos que impugnan con dureza a la Compa­ fiia: el Santo agota los medios de prudencia para reducirlos a la comprensiôn de la verdad; no consiguiendo nada, esgrime dos armas decisivas en su defensa: una carta del general de los dominicos para tnviarla a Espafia; y escribe al Maestro Avila "para tenerlo de su parte y oponer su respetable autoridad a la autoridad de Melchor Cano” (Astràin, Monum. Hist. Soc. lesu II 159). Fué de gran resultado. Mâs tarde se levanta tempestad en Espafia contra el Libro de los Ejercicios. Los jesuitas se defienden, consiguiendo la aprobaciôn dei Libro por la Universidad de Coimbra, libre de partidismo; y una carta en favor del Libro de los Ejercicios escrita por el Beato Avila (o.c., I. 377). Con razôn San Ignacio afirmaba que recibiria gozoso al P. Maestro Avila en la Compafiia, sin tener en cuenta sus achaques y vejez, aunque no fuese nada mâs para Uevarlo en hombros como arca dei Testa­ mento. la reforma carmelitana: A través de sus discipulos: Fueron muy numerosos los que en Baeza pasaron de la Llniversidad dei Bea­ to al convento que alli fundô San Juan de la Cruz. El P. Buck, S. I., autor francés muy desinteresado .y conocedor de la espiritualidad espafiola del xvi, afirma que "la influencia indirecta del Apôstol de Andalucia en la reforma carmelitana mediante sus discipulos es mâs profunda de lo que a primera vista pudiera creerse”. 781 V. Patrono A. I del clero secular espanol. Pio XII. en julio de 1946, accede a la petition formulada por el concilio provincial de Granada de 1944. y nombra al B. M. Avila Patrono dei clero secular espanol. La declaration se basa en la ejemplaridad de vida sacer­ dotal y en su espiritualidad profunda, misionera, sacerdo­ tal y universalista. El P. Granada acudia "como un doctrino” y se sentaba en las escalerillas del pùlpito donde predicaba el Maestro. Acudamos asi a él: a su intercesiôn. al ejemplo de su vida, a sus escritos jugosos y sôlidos, para que el clero espaüol. hoy ejemplar en calidad y nûmero, imite a su Patrono en la vida y doctrina, a fin de conseguir cristiandades cada dia mâs perfectas y llenas de espiritu evangélico. ; 1 Iit I w ' *A » * i'· CONMSORES: DEDI CADOS Ab APpSÏObADO SANTOS DEDICADOS AL APOSTOLADO JERARQUICO a) 1417 f 1. mi posiciôn y dignidad no dependen de ellos, sino que consis­ ter! en tener cuidado de las almas." Como quiera que le regalasen y obligaran a ponerse alguna vez un traje de seda, ensenaba, riendo, el sombrero y decia: "Aqui tenéis mi dignidad." Se dedico plenamente a la reforma dei clero y de la diôcesis y le costô un trabajo especial la de su propio cabildo. Sus oraciones eran interminables, pero tenia dada orden de que si alguno acudia a él, le interrumpiesen para que nadie tuviera que esperar. HAG1OGRAFIAS 3° El SANTO TOMAS DE VILLANUEVA (22 de scptittnbre) A pesar de que como hijo de su época no se libra de la interprt para k: i •jK αΛ··^>· - x.à ί- K-'V· •· •r >■ V^*A l Ih 5 c PP ///Λ Λ** > 788 CONFKSORKS: DEDICADOS AL APOSTOLADO FIESTAS DE LOS SANTOS consolarse—se conservan mâs que los tempranos." Prcdicaba en las iglesias y la gente no acudia. Entonces comenzô a editar unas hojitas que, coleccionadas después, formaron el L/bro de las controversias. Hasta los siete meses no comenzaron las conversiones. Mas a los dos anos el obispo asistia, cn Thonon, a las cuarenta horas, y administraba la confirmaciôn, cosa inaudita antes. Con el mismo Beza, anciano ya, fautor y sostenedor de la herejia, tuvo tres largas reuniones, estas sin fruto, por lo menos en cuanto a la voluntad de convertirse. Des­ pués, obispo ya en Ginebra, su obra fué parecida. Siempre se caracterizô por la dulzura y la perseverancia. 1428 4° El obispo Predicador notable, consultado por Enrique IV de Francia, mediador entre la Santa Sede y el rey de Espana en asuntos del clero del Franco-Condado, ocupado en mil negocios, no olvidô que lo primero que ha de atender un obispo es el gobierno de su diôcesis. Las catequesis del prelado, dadas personalmente por él a los ninos, se hicieron famosas. Una régla dirigia su vida y su casa. Fuera de ella implantô las reformas de Trento y, en general, gobernô de tal manera a los suyos, que pudo decir de él Mgr. Camus; "No creo que en toda Francia haya otra diôcesis mejor dirigida y con mejores pastores." Cuando Enrique IV quiso llevârselo a Paris, contestô: ''Se­ iior, me he desposado con una mujer muy pobre y no la voy a cambiar por una mâs rica.” Su predicaciôn fué inagotable. Consumiô en ella cuaresmas enteras dentro y fuera de su diôcesis. En cierta ocasiôn en que se habia comprometido, como acostumbraba a hacerlo, a prédicat cuatro veces en un dia, le advirtieron que debia negarse. “Es dificil—contestô—, porque tendria que tomar para ello un secretario, Yo no sé decir que no.” Su oratoria nada tenia de brillante, porque no sôlo buscaba la sencillez—mérito en el orador sagrado—, sino que era mâs bien premiosa. San Francisco pertenecia a ese grupo de oradores que parece que van desgranando las palabras. Sin em­ bargo, cautivaba de tal modo a los oyentes, que llegô a format escuela. Cuéntase, y no hemos podido comprobar la historicidad del hecho, que Mgr. Camus, su muy devoto obispo auxi­ liar y escritor después dei libro El espiritu de San Francisco de Sales, quiso imitarle. “Todos—le explicô el Santo—han aplaudido su sermon menos una persona." “îQuién?” “Yo.” “Ca­ da uno debe prédicat segûn su modo personal y el de usted es fogoso, mientras que el mio es lento. No me imite usted." ° 6. 1429 5.° L Otras actividades y su muerte 1430 De su santidad poco hemos de decir, porque supone el ejercicio heroico de todas las virtudes, y ademâs puede estudiarse fâcilmente en sus escritos y cartas de direcciôn espiri­ tual. Ahora bien, cada santo suele dar a su heroismo un determinado matiz y el de San Francisco de Sales fué la cari­ dad con los moral o humanamente desgraciados y la suavidad en el trato de gentes. Cuando se habia de santos que han dirigido a personas de mundo y se alaba en ellos su amabilidad, suele tenderse a creer que practicaban virtudes fâciles alejadas de la mortificaciôn fisica. No se suponga nada de esto cn nuestro Santo. Véase como recomienda a Caballeros "de mundo” que duerman una vez por semana en el suelo. El no sôlo practicô la mortifica­ ciôn corporal, sino otra, harto mâs dificil, como es buscar la humillaciôn. Invitado a predicar en Paris, en la iglesia del Ora­ torio, un sermon sobre San Martin, se limitô de intento a con­ tât la vida del Santo. Los comentarios fueron muy desfavo­ rables y él contestô: “De un ârbol de la montaria no se pueden esperar mâs que frutos salvajes.” San Vicente de Paûl, su ami­ go, quedô edificado. Su dulzura real no era fruto de su carâcter, indinado a la violencia, sino de la mortificaciôn interior. Dirigiô espiritualmente a multitud de personas. Se pueden in­ dicar como pruebas de su discreciôn de espiritu la prudencia de su trato con sor Angélica, la famosa jansenista, a la que no admitiô en la Visitaciôn, porque no “estaba hecha para obedecer", y la sabiduria que demostrô con Santa Juana Fran- I ’· 789 Predicador y escritor No pretendemos insertar aqui un juicio critico ni una sintesis de sus obras, mâs que conocidas. Distinguense por su carâcter esencialmente prâctico y por el conocimiento que su­ ponen del hombre y de las circunstancias en que puede hallarse. Las dos obras maestras son La vida devota y el Tratado sobre el amor de Dios, cuyo lema es: La medida del amor es amar sin medida”. La primera y mâs famosa estâ formada por una serie de instrucciones remitidas a su prima politica, Mme. de Chamoisy—San Francisco fué el director espiritual de toda su familia, incluido su padre—, y a las que cuando le fueron presentadas les diô un ligero retoque. Aparecieron en 1608 y estân destinadas a las personas que, viviendo en el mundo, se preocupan de su perfecciôn. Cuando el P. General de los Cartujos hubo leido este libro, le aconseiô que no escribiera otros. para no desmerecer, pero andando el tiempo, y cuando apareciô el Tratado sobre el amor de Dios, fruto de sus meditaciones y predicaciôn de veinticuatro anos, retirô el consejo. λ 790 FIESTAS DE LOS SANTOS cisca Fremiot de Chantal, con la que fundô la Orden de la Visitaciôn, destinada “a los débiles menesterosos, a visitar a loi pobres y a cuidar de los enfermos”. Por fin. llegô el momento de practicar cuanto habia escri­ to: ‘‘Debemos morir entre dos almohadas—decia—. La confesiôn humilde de que no merecemos mâs que cl infierno y una confianza plena en que la misericordia de Dios nos llevarâ al cielo.” Después de un ataque de apoplejia se sintiô morir. El P. Fourier, su antiguo director espiritual, le animé a repetir la oraciôn de San Martin: "Senor, si todavia soy necesario a tu pueblo, no rechazo el trabajo." "ΐ,Ύο necesario? De ninguna manera. Yo no soy mâs que un siervo inûtil." Y repitiô por très veces la palabra "inûtil ”. Por fin, al leerle la recomendaciôn del aima, cuando en las letanias repitieron très veces, por ser la fiesta de aquella jornada, la invocaciôn Om­ nes Sancti Innocentes”, aquel Santo de tan gran inocencia, a pesar de que se confesaba diariamente antes de celebrar la misa, entregô su aima al Senor. 3. SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO (27 de abril) 1431 L* Informaciôn incompleta Es lâstima que hasta autores tan ponderados como el de la Butlers Lives no den nunca una completa vision cuando se trata de la historia de los espaholes en America. La referida obra dice, hablando de Santo Toribio: ‘‘Su diôcesis se extendia 400 millas a lo largo de la costa, en las estribaciones de los Andes, la region mâs dificil de atravesar. Sin embargo, las dificultades mayores no eran las fisicas, sino las creadas por la actitud de los conquistadores espaholes con relaciôn a los indigenas. Sal­ vo raras excepciones, los oficiales y los colonizadores habian ido alii para hacer fortuna, y obligaban a los indios a que les sirviesen con toda clase de extorsiones y titanias. La comunicaciôn con el poder central era inverosimilmente lenta. (Habia que dar casi la vuelta al mundo, comentamos nos­ otros.) Los abusos mâs flagrantes podian durar anos y anos, pues estando los espanoles divididos entre si, y enviando a la metropoli informes contradictorios, le era frecuentemente imposible al Consejo de Indias saber a quién dar fe. Resultaba lo peor que se habia perdido por completo el sentido de la religion y el ejemplo que se daba a los indios era el de la mâs universal rapacidad y egoismo. Los mismos clérigos figuraban entre los mayores pecadores. " Dando por bueno gran parte de lo dicho, debia reconocer el autor la otra mitad: que no estaba tan abandonada America cuando el poder central envia, segùn afirma el autor, a Santo ••NFKSORF.S BF.DICADOS AL APOSTOLADO 791 Toribio para remediar los males, ni debian ser éstos tan incu­ rables y tan escasas las personas de recta intencion, cuando tantos éxitos tuvo con sôlo armas espirituales. Alguno mâs habria alii, aparté de los oficiales rapaces. Siquiera los mismos santos y misioneros que cita el autor. ° 2. Apôstol del Peru Nuestro Santo se llamaba Toribio Alfonso, y habia nacido el ano 1538, en Mayorga. Niûo piadoso, estudiante aprovechado en Salamanca, ae cuya Universidad fué profesor de Dere­ cho y, siendo seglar, présidente del Tribunal de la Inquisiciôn en Granada, por nombramiento de Felipe II. Al fallecer el obispo de Lima, el prestigio de su actuaciôn en Granada hizo que se fijaran en él y le designasen para el cargo. En vano réclama diciendo que es seglar. Se le fuerza a la aceptaciôn, se le ordena de sacerdote y se le consagra obispo. Después sale inmediatamente para el Perû, con el encargo de velar por el pais, y llega al territorio en 1581. El Perû no es sôlo una mina de oro, sino un jardin de santos, los primeros santos americanos. Santo Toribio admi­ nistra el sacramento de la confirmaciôn a Santa Rosa de Lima, al Beato Martin de Portes y al Beato Juan Massias, y tiene como ayudante en su predicaciôn a San Francisco Solano. Uniô Toribio la caridad mâs extremada con la severidad y la justicia. Con los pobres, no sôlo indios, sino espanoles vergonzantes, fué tan caritativo, que, al morir, les dejô lo poco que ténia, e hizo que recibiesen la ayuda sin saber su procedencia. Restableciô severamente la disciplina edesiâstica, fundô iglesias y hospitales y erigiô, en 1591, el primer semi­ nario del Nuevo Mundo. Cuando se le oponian las costumbres existentes, replicaba: ‘‘Cristo dijo: Yo soy la luz”, y no: "Yo soy la costumbre." Aprendiô los dialectos indios para po­ der prédicat y primero él, después acompanado por San Fran­ cisco Solano, recorriô varias veces su diôcesis por los cami­ nos mâs inverosimiles, a pesar de su edad avanzada. Todos los dias se confesaba con su capellân, antes de celebrar. Muriô en 1606 y fué canonizado en 1726. 4. SAN JUAN BAUTISTA VIANNEY, CURA DE ARS (9 de agosto) Patrono de los pârrocos, y con razôn. Es un modelo. Si qui- 1433 tâsemos de su vida lo accidental, a saber, los milagros que obrô Dios y los tormentos que le diô el diablo, solo queda una cosa: un hombre de medianas luces que se esfuerza en trabajar. Ni oratoria brillante, ni medios aparatosos. La oraciôn, la predi- CON’PESORF.S : DEDICADOS Al, APOSTOLADO 792 FIESTAS DK LUS SANTOS caciôn sencilla, la caridad, el confcsonario, en siima, la vida de cualquicr pârroco, pero bien llevada hasta el heroismo, has­ ta el "impendar et superimpendar pro animabus". 1434 l.° LOS PR1MER0S ESTLÏD1OS Nace y recibe el bautismo el 8 de mayo de 1786, en Dardilly, cerca de Lyon. Su familia es muy cristiana y le educa piadosamente, a lo que el nino responde. La etapa de la revoluciôn. durante la que asiste a la santa misa que los sacerdotes proscritos celebran en los bosques, le enfervoriza mâs. La escasez de sacerdotes cuando el Directorio permite el culto, decide su vocaciôn. A los quince anos comienza a ir a la escuela presbiterial y el estudio tan tardiamente comenzado se le hace muy duro. Cuando cumple los veinte, le ocurre un episodio dificil de explicar, sobre todo si no se entiende la mentalidad francesa, agotada ya por las campaüas napoleônicas. Se le alista para la guerra contra Espafia y como esta enfermo, queda rezagado en el camino. Sin saber que se trataba de un desertor, se déjà conducir por un soldado, que le esconde. Alli conoce las vejaciones a que es sometida su familia, mientras él no aparezca, pero de hecho no lo hace hasta la amnistia de 1810. En realidad, hombre de conciencia tan extrema, nunca juzgô haber pecado en aque.Ua aventura. Cursa estudios en el seminario menor. Del mayor es despedido por insuficiencia y, por fin, sc le readmite y se le ordena, a los veintinueve afios, pero sin obtener licencias para confesar. jEl mejor confesor de su siglo! • 'r · . s À;··> 1435 2.° El pârroco Coadjutor en Ecully desde 1815 al 1818, repasa la teologia y se le confiere la parroquia de Ars. Iba a vivir en ella cuarenta y dos afios. No saldrîa a subir en el mundo, pero el mundo iria a Ars, para subir al cielo por su pârroco. Ars era un pueblo—no parroquia todavia—eminentemente frio. En cinco afios cambia. Ya no se trabaja los domingos, apenas si existe la borrachera, la blasfemia, ni el baile. ^Què ha hecho su pârroco? Practicar, ante todo, la oraciôn y el ayuno. Mucho antes de amanecer estaba ante el Sagrario; comia patatas mal sazonadas y algunos dias unas galletas de tal calidad que las llamaban “matahambres”. No escaseaban las disciplinas sangrientas y el dormir en el suelo o sobre sarmientos... El éxito, aunque sea espiritual, atrae enemigos, y los del Cura de Ars procedieron de dos sectores: del clero, que no veia bien el reproche que suponian su celo y vida penitente, y que incluso bien intencionado lo consideraba lefia que daba demasiado fuego, y del demonio. El clero callô casi del todo ante 4:* ·*. 793 la intervcnciôn del obispo. El demonio le mareô toda su vida de un modo visible, con ruidos y molestias que, a veces, no le dejaban dormir. Especialmente esta actitud satânica ocurria la vispera de alguna conversiôn, y fueron muchos los que lo comprobaron. El célébré pârroco construyô varias capillas, una de eâlas a su amiga Santa Filoména, a la que atribuye todos sus mila­ gros. En cierta ocasiôn le pide que no los haga cerca de él, para que no crean ser suyos. En defecto, los milagros se suceden desde entonces a una distancia de treinta kilomètres por lo menos, mas con una condiciôn: la de que fuesen impetrados poniendo por intercesor... al Cura de Ars. Su prestigio crece y quieren llevarlo a otra parroquia, pero 1436 renuncia. En cambio, en su pueblo funda un orfelinato. Su fa­ ma rebasa la aldea. Ya va viniendo gente de toda Francia a consultar y a confesarse con aquel pobre hombre que no tenia la ciencia necesaria para confesar. Esto le obliga a observar un apretadisimo horario. Se levanta a la una de la noche y acude a la iglesia a orar. Confesiones de mujeres antes de la aurora. Santa misa, a las seis en verano, y a las siete en invierno. Hasta la diez atiende a los peregrinos, que le piden confesiôn o consejo, y se ocupa de curar a los enfermos. A las diez, horas menores y confesonario. A las once, su fa­ moso catecismo. Al mediodia, la comida frugal, y después, otra vez con los peregrinos, visita a los enfermos, visperas y com­ pletas y confesiones hasta altas horas de la noche. Y ya no podemos decir mâs. Este bendito Santo se limitô a predicar y a confesar pecadores. Dios le habia dado una penetraciôn especial para conocerlos y mâs de una vez los llamô él mismo de entre la masa de peregrinos. En vida tan agitada el santo Cura sentia el deseo de la soledad. Por una parte, se juzgaba insuficiente, y por otra, creia necesitar mâs oraciôn. Quiso huir en varias ocasiones. En una de ellas tocaron a rebato y le detuvieron sus feligreses. Otra. en la que consiguiô llegar a casa de su hermano, en otro pue­ blo, se vio sorprendido, porque los peregrinos comenzaron a acudir alli. Los mismos obispos decidieron enviarle ayuda, man­ dando religiosas para su hospital y un coadjutor joven, que, icosa admirable!, creyô poder aislar y sustituir al cura. Otros le fueron mâs provechosos. El 4 de agosto de 1859, a la edad de setenta y très afios, 1437 raorîa, diciendo: "jQué agradable es morir, cuando se ha vivi­ do en la cruz!” Su vida se dividiô en dos etapas, la de la ora­ ciôn tranquila y recogida; la segunda, la de la oraciôn en inti­ ma union con Dios en medio de un fârrago continuo de ocupaciones apostôlicas. Pobre cura de aldea, fué nombrado canônigo y obtuvo la condecoraciôn de la Legion de Honor, aunque renunciô siempre a todo. Ars se convirtiô pronto en un centro FIESTAS DE LOS SANTOS de peregrinaciôn. Lo habia sido ya en su vida. Fué beatificado por Pio X. el 8 de febrero de 1905. y canonizado por Pkj XI, d 31 de mayo de 1925. b) CONFESORES: DHD1CADOS AL APOSTOLADO 2. Ejemplo de Cristo. 3. Doctrina de Benedicto XII y dei Beato /Ivila (cf. guiôn 7, Dom. 1 después de Epifania, t.2 p.106 2.* ed. n.167-169). GUIONES HOMILET1COS Santo Tomâs de Villanueva: Naturaleza y frulos de la sanlidad Los gobernantes N’os limitamos λ indicar una serie ce gtiioncs que figuran todos ellos ei la Dominica del Buen Pastor (cf. La Palabra d»· Cristo, t.4, p.4PS, 2.· «d., P.497). Cualidades generales. a) La infidelidad de los pastores de Israel en Ezequiel. 1438 A. 1. Profecia del B h en Pastor. 2. Doctrina aplicable a cualquier gobierno (cf. guiôn 5). b) El mercenario. 1. Triple diferencia entre este y el bueno. 2. Triple peligro. 3. Un cuarto ministerio: defender el rebaiio de la ira diznna. 4. Modos de huir, ejeniplares y rcprobados. 5. La huida del que no ora y del que calla. 6. Utilidad dei mercenario (cf. guiôn 13). 1439 B. Virtudes especiales. a) La caridad. 1. £7 apostolado es caridad. Esta serena el alma, e in­ funde las virtudes. 2. Los dones. Esta tal influenda no solo se da en los santos, sino en muchos hombres de acciân. 3. Comprobaciôn escrituraria. El ejemplo de Cristo (cf. guiôn 19). b) La prudencia. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. c) La virtud y sus partes. Es esencial al gobernante. Necesario para edificar, combatir, cmprender. Normas ignacianas, Dos extremos: la precipitaciôn y la irresoluciôn. La pereea inteleclual. Ejemplo de los pueblos fuertes (cf. guiôn 20). Desprendimiento del hombre publico. 1. El hombre publico debe desprenderse de todo las· fa­ miliar. Acomodado del segundo sermôn del Santo sobre San Nicolas (cf. o.c. [Pa­ rk 18671 t.4 p.323). A. Definicîôn de la santidad. 1440 a) Toda ensenanza debe apoyarse en una definicîôn. El salmista define la santidad de esta forma: Bienaventurado el varôn que no anda en consejo de im­ pios, ni camina por la senda de leis maldades, ni se sienta en compafiia de los malvados; antes tiene en la ley de Yahveh su complacenda, y a ella dia y noche atiende. Sera como el arbol que se planta a la vera del arroyo, que a su tiempo da su fruto, cuyas hojas no se marchitan. Cuanto emprenda tendrà buen éxito (Ps. 1,1-3). b) En esta definiciôn se incluyen todos los elementos de la santidad, que ademâs brillaron en nuestro Santo. B. Huye la senda del mal y compafiia de los malvados. 1441 a) En el mundo no hay nada que pueda agradar a Dios, puesto que Él mismo le desagrada. El primer paso necesario es evitar el pecado mortal. b) Para evitarlo es preciso huir dei ambiente y compaûias que llevan a él. Compafiias y ambiente, primfero; menor estima de la ley, después; pecado, pronto. Es­ tos son los grados. c) Esta doctrina no tiene nada que ver con nuestro San­ to. Aun cumpliéndola, no pasa de ser lo necesario para un simple cristiano. C. Tiene en la ley de Yahveh su complacenda. 1442 a) El cumplimiento de los mandatos basta para salvarse (Mt. 19,17). Pero para el que obra por temor, la ley es un peso. b) Cuando se progresa en la virtud, se llega a amarla. El Santo se convierte en su propia ley, y aunque el pecado fuera permitido, le repugnaria, porque la gra­ cia y cooperaciôn han formado en él otro ser nuevo. e) Santo Tomâs de Villanueva amô la ley. No hay sino ver qué encendidamente la predica y qué exactamente la cumple. CONFESORES : DEDICADOS AI, A FO S T OI .ADO FIESTAS DE I.OS SANTOS 796 1443 D. A ella dia y noche attende. La médita continuamente. Porque la médita llega a amarla. Porque la ama, la médita mâs. El conocimiento engendra amor; el amor aumenta el deseo de conocer. b) Santo Tomas, hombre de oraciôn y estudio. Sus mismos sermones eran precedidos de una consideration detenida (véase Miscelànea de la Dominica (El sembrador) en La Palabra de Cristo, t.2). Oigamos cômo predica sobre este punto. Un santo meditarâ la ley su vida entera. "jOh mé­ ditation dulce y agradable para los que saborean en su interior lo que aprendieron por de fuera; a los que la llevan escrita no en una hoja frâgil de papel, sino en su corazôn!” Leed, continûa, los libros santos, "manâ de dulzura escondida, alimento mistico con que Dios sostiene en el desierto, en espera dei momento en que sea posible coger los frutos de la tierra prometida. Para descuidarte es necesario no haberte probado nunca”. 1444 E. Da sus frutos y a su debido tiempo. En el tiempo debido. Hay àrboles précoces, hipôcritas, que antes de haberse formado a si mistnos quieren ya gobernar la Iglesia. 2. Arboles tardios que creen cumplir con unas mandas testamentarias, o una edad inutil. Hay que entregarse a Dios desde el primer momento, y entonces 1. b) Dar el fruto oportuno de cada edad y estado. Frutos que no son propios de los religiosos, el abandonar la soledad de su estado para corretear en mil asuntos que llaman piadosos y serian Buenos en otros; los de los sacerdotes y obispos que se implican en negocios del gobierno secular; de los casados que se entregan a largas e inûtiles peregrinationes, descuidando... Cada miembro tiene su funciôn y cada ârbol de santidad su propio fruto. El fruto mâs perfecto, todo el que de palabra o con su ejemplo ensefia a los demâs. El que practicare y ensefiare, este sera grande en el reino de los cielos (Mt. 5,19). Parece como si Santo Tomâs hubiese hecho su autobiografia. Su poco apetito de mundo, su gobierno, su predicaciôn, etc. 797 Sus hojas permanecieron. Sembrado junto a las aguas 1445 fr escas. a) El Santo no es el inconstante aquel que recibe la semilla en tierra somera y sentimental. b) Las aguas de la gracia de que no se aparta, y a las que hay que atribuir su lozania, le hacen producir frutos perennes. Santo Tornas, limosnero Como lo représenta el arte. El arte suele representar a Santo Tomàs de Villanueva (véase el cuadro de Murillo dei Museo de Sevilla) vestido de obispo y dando limosnas. Fué una de sus virtudes caracteristicas (cf. La Palabra de Cristo, t.5, Miscelànea, p.663. Utilizamos en su panegirico el primero que figura entre los que predicô sobre San Martin. Cf. o.c. [Paris 1867] t.4 p.290). 1447 Excelencia de la limosna. aj Miqueas busca con que satisfacer a Dios .^Hecatorabes de animales? iQué es eso para Dios? ^Mi primo­ genito? Dios no quiere tal crueldad. Por fin conoce lo que Dios quiere: Hacer justicia, amar la misericor­ dia y humillarse en la presencia de tu Dios (Mich. 6,8). b) Hacer justicia y humillarse équivale a reconocerse pe­ cador y cumplir el proposito de enmienda. Practicar la misericordia es el medio mâs seguro para conseguirla. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaràn misericordia (Mt. 5,7). "Nunca hubiera creido que nuestras pobres limosnas alcanzasen tal eficacia y mérito ante Dios. Lo confieso sinceramente." Aduce una larga serie de textos. V. gr.: Eccli. 3,33; 1 Petr. 4,8; Le. 18,9; Os. 6,6 y Hebr. 13,16 (véase La Palabra de Cristo, t.l, Dom. 3 y 4 de Advient©). d) Después de la tremenda invectiva del Senor contra los escribas y fariseos, a pesar de sus crimenes y de las terribles amenazas que fulmina, acaba diciendo: Sin embargo, dad limosnas segûn vuestras facultades y todo sera puro para vosotros (Le. 11,41). Es que la limosna no es el ùnico, pero si el mâs fâcil camino para obtener el perdôn. Es necesaria la penitencia, la restitution, etc. Pero I COXI-ESORES : DEIIICADOS AL APOSTOLADO 798 FIESTAS DE LOS SANTOS para obtener de la misericordia divina esos medios inmediatos, lo mâs fâcil es practicar la limosna. 1. “JL? lo brindamos a los ricos de hoy, incapaces de en­ Kspîrîtu de caridad tregarse a la mortificaciôn y la oraciôn.” 2. Sufoned un rico vendido por esclavo a poco precio, pero que su esposa e hijos no quieren pagar para redimirle. Asi de cruel eres contigo mismo, esclavo del infierno, redimible con la limosna. Formas de la caridad. a) Nihil novum sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol. 1450 Creemos hoy ver formas nuevas y organizadas de la caridad, cuando realmente no son otra cosa sino for­ mas de la caridad. 2. Esta que es faciente, e ingeniosa, que todo lo acomete y por nada se deticnc, encuentra las soluciones que ca­ da problema exige. 3. Si nosotros no las hemos encontrado, no echemos la culpa a nadie, sino a nuestra poca caridad. 1. . Modo de hacer limosnas. San Jeronimo (cf. Contra Vigilando) dice que la limosna para agradar a Dios debe ser hecha con inteligencia. Debemos ver: a) Lo que damos. 1. ;La vida, como los mârtires? /Todo como los anaco- b) retas? /Un poquito de lo que nos sobra? Oid al Seiior: “Si vosotros no sois fieles con las riquezas injustas, /quién os confiard las verdaderas? Si en lo ajeno no sois fieles, /quién os darâ lo ~cucstro?” (Le. 16,11). 2. Los consuetos y ayudas espirituales valen mâs y estân al alcance de los pobres. /Quién se ocupa de esta li­ mosna ? b) »»/·*·· Lo que nos falta. 1451 a) Nos maravilla la organizaciôn extranjera catôlica cuan­ do se trata, por ejemplo, de colegios técnicos, en los que se forman todos los oficiales, maestros e ingenieros dei pais. La diôcesis de Brujas, con un millôn de habitantes, sostiene once colegios magnificos, con mil alumnos cada uno. Y esto se viene haciendo desde hace treinta afios. b) ^Qué nos falta a nosotros? ^Dinero? Lo hemos tenido para otras empresas. Quizâ nos haya faltado la ca­ ridad que se convierte en apostolado. En el siglo xvn, sin necesidad de haber leido revistas americanas o belgas, Santo Tomâs de Villanueva A quién se da la limosna. 2. No es al pobre ingrato a quien se da, sino a Cristo. A pesar de ello, debemos observar el orden de la ca­ ridad y socorrer a un cristiano fiel, antes que a un infiel. Hay quien niega lo nccesario al humilde y da lo su­ perfluo al org.'illoso e inoportuno. iCuânto dais? 1. La limosna de los ricos no es un consejo, sino un pre- cepto, cuyo incumplimiento acarrea la condenaciôn. Recuérdese la escena del juicio. 2. La ley divina permite el tuyo y el mio, ‘‘en atenciôn a la paz comûn, y con tal de que cl rico provea a las necesidades del pobre”. Pero la ley no autorisa que tû lo tengas todo y otros nada. 3. En resumen, /cuànto debo dar? “El que tiene dos tu­ nicas, que dé una al que no tiene" (Le. 3,11). 4. iPero es que no me sobra nada! Si consultas lus gus­ tos, no te sobrarâ, aunque poscas el mundo entero. d) fPor que debo dar? 1. Por amor. Si no, no te servira de nada (1 Cor. 13,3). Lo contrario es de paganos. 2. Huid de la ostentaciôn. Que nadie os vea. Dad per Dios. 1449 limosna en el juicio (véanse en La Palabra de Cristo, guiones 1? Dom. de Adviento). Santo Tomâs de Villanueva es un ejemplo de los frutos de la caridad. 2. Organizô y fomento los talleres de hilados de lana y, sobre todo, de seda. Organizô también la prestaciôn econômica para que los tejedores no tuvieran que vender barato en época de crisis. C. Santo Tomâs evitô la miseria procurando al joven los me- 1452 dios para que se formase. a ) Colegios donde se educaran los varones pobres que permitian esperar de ellos fuesen ùtiles para la Igle­ sia o el pais. b) Dotes para las jôvenes, cuyo estado econômico las colocase en peligro. La mujer no tenia entonces otro medio de vida que el matrimonio. D. A pesar de todos los esfuerzos, siempre hay y habrâ ca- 1453 sos de pobreza. La enfermedad, el vicio ajeno, etc., la pro- r· 800 FIESTAS l»E LOS SANTOS CONFESORE5 : DEDICADOS AI, APOSTOLADO ducen. Santo Tornas continuo en su organizaciôn hasta llegar a la limosna. a ) Para los niiïos abandonados buscô nodrizas. Se preocu· paba de ellos y no les perdia ya nunca de vista. Tanto estimô esta obra, que al morir dejô una cantidad suficiente para que pudiera proseguirse. b) Organizô lo que hoy llamamos ‘secretariados de caridad". 1. Dos médicos, un cirujano y un farmacéutico compo- nian el equipo sanitaria. 2. thus lista de pobres que debian socorrerse a domiti Ho era el fichcro. 3. F, por ultimo, aquello a que sont os mâs aficionados y que constituée la caridad menas “caritativa" y efectiva: los comedores para los necesitados. 1454 E. Un Ultimo detalle. La verdadera caridad se sacrifica. a) En aquellos tiempos de pompa y séquitos, Santo Tomâs llega a Valencia con solo dos criados. b) Caridad y lujo. jDificiles de hermanar! F. Examinemos las necesidades de nuestros pueblos. Veamos como las han solucionado otros. êQué nos falta? ^Medios? caridad para buscarlos? 801 Sepamos que si queremos corregir al prôjimo henios de ser dulces con él. 2. Guardemos la severidad para con nosotros mismos. 1. B. Restablece la piedad en la Iglesia con la misma suavidad. La piedad se habia quedado escondida en los claustros, y nuestro Santo acude a sacarla de alli y presentaria al mun­ do. Es su gran obra como director de aimas. Lo consiguiô. a) Con la dulzura de su doctrina. No es que su piedad sea suave o acomodatida, sino mâs bien severa, 2. Pero la unciôn suave de su predicaciôn, de sus carias y de su conversation la hacia aniable. 1. b) La dulzura de su gobierno. La dulzura de sus ejemplos. La Providenda le colocô en un género de vida fadi­ mente imitable, y él limita su santidad al cumplimiento exacto de sus obligationes, que es en lo que reabnente consiste. 2. Sin embargo, ni es nada fâcil, ni es pequeûa victoria conseguirlo. 1. La prensa San Francisco de Sales: Su dulzura (Cf. sermon de Botrdaloue, ed. Firmin Didot, t.2 A. p.706.) Triunfo de la herejia por medio de su dulzura. Description de la situation de Ginebra y la Saboya calvinistas. Triunfo su dulzura porque era: Patiente. Sufriô insultos, revueltas, atentados, pero perdonaba tan de corason, que atrajo a sus eneinigos. 2. Emprendcdora y activa. Λ. La prensa. Su cavâctec de instituciôn semipùblica. Relationes con la Iglesia y el gobierno del Estado. Errores extremos. Normas (cf. ibid., Dom. 22 después de Pentecostes, guiôn 27 t.8 p.806). Espiritu de tolerancia 1. Parecia Elias en la corte. Otreciéronle sedes mucho mâs importantes. Llegô a estar considerado como el prelado francés mâs célébré, y uno de los mâs ilustres de la Iglesia. Nunca quiso aceptar otra cosa, sino ayuda para convertir a su diôcesis. .° Trabajos, predicaciôn. esfuerzos, pero todo cnvuelto en suavidad. .° b) Saquemos de aqui un gran aprecio de la virtud de la fe. que es la que diô fuerzas a San Francisco para sus trabajos de caridad. < 1458 materias religiosas y la tolerancia del (Sobre el espïritu de tolerancia en _ __._ r Estado, véanse en la Dora. 5 de Epifania, t.2, los guiones de actualidad social, a saber, cel 15 al 20.) Vigilarse e iluminar: Funciones del pàrroco N El evangelio de la misa del santo Cura de Ars dice: “Ve- 1459 nid cenidos vuestros lomos y encendidas las làmparas” (Le. 12,25). En estas dos frases vemos dos recomendacionés esenciales a los pârrocos. L· l’· fl 1457 palabra de C. 10 26 802 FIESTAS DE LOS SANTOS a) La vigilancia sobre si mismos. b) La obligaciôn y oficio de iluminar. 1460 La pieza esencial de la ïglesia es la que estâ expuesta a mayores peligros. · M| a ) Esencial. 1. Porque en la ïglesia lo es el obisfio, que retine los tres poderes de orden, jurisdiction y magisterio. 2. Pero no puede hacer que ninguno de elios llegue normalmente a los fieles, sino por medio del pârroco, que es El que administra los sacramentos. que da a conocer y hace cumplir las leyes. que ensefia directamcnte al pueblo. ° 3. 3. Los dénias organismos de la ïglesia estân destinados A preparar los futuros pârrocos, como el seminario, 2.’ A asesorar al prelado, como los cabildos. A ayudarle en sus funciones de gobierno, como las curias. Pero si el prelado nccesita de los pârrocos para ponerse en contacto con los fieles, mucho mâs lo necesitarân estos ôrganos que le rodean. 1461 b) Svl· 1463 b Estos peligros no tienen sino un rejnedio: la vigilancia de a) La oraciôn. b) La mortificaciôn. hoy harto olvidada, por jôvenes que son capaces de llegar a grados muy altos en su afân de acercarse exteriormente al obrero, pero que quizâ no fuesen capaces de mucho menores mortificaciones en su vida ascética. En la vida del Cura de Ars tenemos sobrados ejemplos de su oraciôn, previsiôn y austeridad. ' 803 E. Luz que ilumina a los pueblos. jCon qué? Con su palabra 1464 y con su ejemplo. Son los dos ùnicos e inseparables medios a) La palabra. 1465 1. Su necesidad y lo imprescindible de que sea prudentemente preparada (véansc guiones y doctrina de la Do­ minica de Sexagesima, t.2, y los que figuran mas arriba en la fiesta de San Juan Crisôstomo). 2. El Cura de Ars predicaba incesantemenle. Pero, diréis, su ciencia era escasa y su preparation inmediala, nula. 1. ° Lo escaso de sus talentos se ha exagerado, y de que su preparation inmediata fuera nula, nadie nos lo ha dicho. 2. ° De todos modos, contestemos lo que el Crisôsto­ mo a quienes le oponian esto mismo, refiriéndose a San Pablo: “Trabajad tanto como él para que no os quede un momento libre; haced los milagros que él hacia; sed lo santo que él era, y en­ tonces os dispensaremos de que habitis mejor.” b) El ejemplo. 1466 1. Eficaz en todas partes. 2. Esencial en los pueblos. Porque las gentes malitiosas identifican la doctrina su maestro para desprestigiar aquella. Y las gentes sencillas la identifican ingenuamente, y la aprecian si ven que quien la enseûa la practica. Estâ expuesta a los mayores peligros. 1. La soledad en que suele encontrarse, por falta de otros sacerdotes que le rodean. 1? Enfria su piedad, porque el sacerdote también es un hombre social, que necesita el apoyo de otros hombres. 2.° Hace dificil el estudio, al carecer de un aliciente inmediato y de una comunicaciôn de ideas. Le inclina a la pereza y rutina, 2. El ambiente que le rodea suele ser: 1.° De un nivel intelectual pobre, que le hace correr t el peligro del adocenamiento. 2. ’ De un nivel moral mâs bien mundano, que puede contagiarle. 3. Sus esfuerzos por dirigir las aimas y el presligio de su juventud virtuoso pueden atraerle simpattas también peligrosas, como ya notaba San Juan Crisôstomo. 1462 CONFRSORES: DEDICADOS AL APOSTOLADO La caridad. 1467 1. Es la virtud que mas aprecia el pueblo. 2. Su falta es el vicia que menas perdona. ° l. Porque le priva del socorro esperado. 2.° Porque le hace ver justipreciados en metal los sa­ cramentos. Porque entiende con acierto faltar la virtud esen­ cial: la caridad • d) Y junto a esta caridad en el sentido de limosna, la ver- 1468 dadera caridad del amor a sus feligreses y, segùn el orden cristiano, primero a los mâs necesitados. Ejemplos del Santo. Desprendimiento del pârroco A. Por ser el desprendimiento cualidad esencial del pârroco y que brilla sobvemanerd en el santo Cura de Ars, uamos a meditarla. a) En los apôstoles. b) En los pârrocos. c) En su santo Patrono. 804 1470 B. FIESTAS DE LOS SANTOS Desprendimiento en los apôstoles. a) Fueron adoctrinados en cl por su Maestro. 1. De un modo indirecto cuando en sus parabolas les in· dicaba que las riquezas son las espinas que ahogan la semilla (Mt. 4,9) v que nadie puede servir a dos seiio· res (Mt. 6,24). Sï el apôstol ha de entregarse a su obra de santificaciôn propia y ajena, debe, pues, conservar desprendido en deseos y realidades su corazôn. 2. Directam en te dandoles normas para sus zdajes apostôlicos: “No llevéis plata, ni cobre en vuestros cintos, ni alforja para el camino, ni dos tunicas..." (Mt. 10, 9-10). Encomendândoles se entreguen a la Providenda, y que, sin preocuparse del dia de maiiana, busquen el reino de Dios, pues lo demâs se les dard como de pro­ pina (Mt, 6.33). 3. Con su ejemplo: “Las raposas tienen cuevos..., pero el Hijo del hombre no tiene donde redinar ru cabeza” (Mt. 8^0). b) Asi lo practicaron. 1. Desde el prutcipio renunciaron a todo. Si bien en los camienzos la intension pudo no ser todavia p-ura del todo, lo fué después de recibido el Es­ piritu Santo. 2. San Pedro y los demâs apôstoles llevaban consigo unas mujeres que les cuidaban y vivian al dia de las limosnas de los fieles. Pero todo ello en verdadera pobreza. 3. San Pablo no quiso ni aun eso, y viviô del trabajo de sus manos. uEs la tercera vez que me dispongo a ir a veros y tampoco os causaré gravamen, porque a vosotros busco yo, no a zmestros bienes" (2 Cor. 12,14). 1471 C. Desprendimiento en el pârroco. un Cristo colocado en medio del pueblo. Es otro apôstol en su parroquia. 2. Debe, pues, emplear los medios de Cristo y los apôs­ toles. De lo contrario, fracasard y hara dano. b) El pueblo se fija mâs de lo que creemos en los moti­ ves posibles de nuestra prédication. 1. Quizâ sea ésta ya una de las razones del escasisimo fruto de los sermones bien retribuidos, y del mucho mayor de las misiones, pldticas, homilias, etc. 2. Si nos ve interesados tiende a opinar consciente o inconscientemente que el motivo es cl bienestar propio. CONFESORES : DEDICADOS al apostolado 805 1. Solo hay un sacerdote menos apostôlico que el que vive preocupado de sus fincas. El que se dedica a leer—y hemos conocido el caso—las cotizaciones de la Boisa. 2. Ni que decir tiene que estas preocupaciones econômicas repercuten en la limosna, aranceles, etc. d) El pobre se aleja instintivamente del que es mâs 4ustrado que él y del rico. 1. La difercncia de cultura—deseable, desde luego—es fdcil de salvar con la caridad. Muchos médicos son un ejemplo. 2. La difercncia econômica... eso si que aleja, sin un gra­ do extraordinario de caridad. El sacerdote debe cuidar hasta de evitar el lujo en su despacho y casa... D. Desprendimiento confiado en la Providenda. 1472 a) No nos Peferimos ya a su vida personal. iSe ha visto pasar necesidades a un sacerdote celoso aun en tiempos de persecution? b) Nos referimos a su vida apostôlica. 1. El modo mejor de conseguir que Dios deje de ser nues­ tro tesorero, es preocupamos nosotros excesivamente del tesoro. jCudntas Ordenes vivieron con apuros, mien­ tras se dedicaron por completo al pobre? Y jcuântas no se vieron obligadas a cerrar sus escudos o dispensarios gratuitos en cuanto comenzaron a simultanearlos con el cuidado de los pudientes! 2. En los mismos medios destinados a recaudar el mate­ rial humano necesario para las obras: l.° Rehùyase lo excesivamente mercantil. No son nuestras armas. 2.° Hâblese menos del dinero necesario y mâs de lo grande de la obra que hay que emprender, y de la gloria que daria a Dios. Temamos la cuestaciôn violenta y obligatoria. Si la emplean en alguna ocasiôn con éxito los gobernantes y politicos, sepamos dos cosas : «) Que a ellos no les interesa el carino y devociôn de los que dan. β) Que la gracia de Dios no va unida a tales coac­ tiones. La vida del santo Cura de Ars abunda en ejemplos de un 1473 desprendimiento total, y de una ayuda constante y genero­ sa de la Providenda. Es el Patrono y, por ende, modelo de los pârrocos. El bienestar material empereza con comodidades; y causa preocupaciones, pues las necesidades artificiales crecen en proportion con los medios econômicos. ■ ·· ·· 806 FIESTAS DE LOS SANTOS 10 Celo sin celos en el Cura de Ars 1474 1475 El Cura de Ars tuvo un coadjutor y numerosos ayudantes seglares. a) Del coadjutor podemos decir que en cierta ocasiôn vi­ sito a su obispo para pedirle que ordenase al pârroco que trabajase menos, pues de lo contrario durarîa po­ co. El obispo se sonriô, porque poco antes el pârroco le habia dicho lo mismo de su coadjutor. bJ Admirable ejemplo de falta de celos, tan conveniente en todas las épocas y lugares. El celo y los celos. El amor nos mueve a buscar lo que apetecemos y rec/iazar cuanto se opone a ello. Este amor puede ser de benevolencia. Amor a una co­ sa porque es buena. Entonces nos entregamos a ella. La madré es capaz de morir por su hijo. 2. No nos importa que los dénias la amen. La madré de· sea que todos quieran a su hijo. b) Puede ser también de concupiscencia. Desear para nos­ otros una cosa porque nos conviene. 1. En este caso es necesario distinguir el gran amor de los amores pequeüos. 1? El que ama algo grande no le importa que otros lo busquen también, porque entiende ser suficiente para todos. ° 2. Con mucha mâs razon el que desea poseer a Dios, no solo no le importa, sino que desea lo posean todos. 2. En cambio, el que pone su corazôn en un bien mezquino lo quiere para si solo, porque no lo créé suficiente para ser dividido, v. gr.: el aprecio pûblico de una persona. El deseo de que todos amen y posean a Dios es el celo. La envidia y temor de que posean un bien que yo apetezco, son los celos. 1476 C. Un ejemplo de celos, los fariseos. Otro. lo que, por desgracia, padecemos en nuestra vida parroquial. asociaciones piadosas. etc. D. Examen de concienda y cotejo con el Cura de Ars. 3 Véase el desarrollo de este guiôn en La Palabra dr Cristo, Dora. 3 de Pentecostes, La oveja perdida, guiones 14 y 15. • r . CONFESORES : DEDICADOS ΛΤ, APOSTOI.ADO 807 El Cura de Ars y las cuestiones sociales ' A. Tres errores graves. Ante la apostasia de las masas el 1477 sacerdote puede adoptar très postures, a cuâl mâs perni­ ciosas. a) Separarse elegantemente. b) Dedicarse a encender los ânimos, haciéndose eco de anéedotas no siempre ciertas, etc. c) Creer que no puede hacer nada, pues no es el indidicado para constituir sindicatos, etc. B. Hay que ir al pueblo. a) No al modo laico, sino al cristiano. b) Ir al pueblo es amarle. C. El sacerdote tiene siempre a mano los medios esenciales 1479 de la predicaciôn, sacramentos, visita, caridad, etc. La época del Cura de Ars inmediata a la revolution y eta- 1480 pa napoleônica no era nada fâcil. Veamos qué medios empleô. D. 1478 12 Los pequenos y humildes A. {Quién duda que el Cura de Ars, hombre sin letras, pârro­ 1481 co de aldea, no fué pequeüo a los ojos del mundo? (Ύ a los ojos de ese mismo mundo, no suelen juzgarse "pequenos” los cargos parroquiales? b) En realidad, £no son los soldados de infanteria sobre quienes gravita el peso del dia y de las armas, y cuyo nombre muchas veces es conocido de solo Dios? B. A ti, pârroco de aldea... 1482 A ti, pârroco de aldea mâs fria que sus sierras y mâs dura que sus peüascos; a ti, que siembras, para que otro (Dios sabe cuando y donde) recoja... A ti, pârroco de gran suburbio, agobiado por las necesidades de los pobres—imposibles de socorrer—y de la diôcesis, que recurre y te pide... A ti, pârroco, que terminas sin aliento el dia y parece que no has hecho nada... 1 Vôase cl dcsarrollo de los cuatro primeros puntos de este guiôn en La Palabra de Crito, Don. 3 de Pentccostés, guiôn 7 t.S p.859. fiestas ηε los santos 808 1483 Volvian los apôstoles, agobiados, de sit primer viaje apostôlico. y el Senor, tomândoles aparté, les dijo "Yo te alabo. Padre, Senor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequefiuelos" (Mt. 11,25). En este discurso del Senor vemos unidas dos virtudes que parecen antitêticas y que, sin embargo, son necesarias al sacerdote y brillaron juntas en el santo Cura de Ars. 1. Magnanimidad: la evangelizaciôn. Dios les revela sus secretos. 2. Humildad: los pequefiuelos. 1484 b) magnanimidad. “Extensio animi ad magna”. Decidir cl aima a grandes cosas (cf. Santo Tomas, Sum. theol. 2-2 q.119 a.l). 1. ® Grande es todo lo de Dios. 2.® Grande es la conquista de un aima. 3. ® Tanto mâs grande cuanto mâs esfuerzos requiera. Tanto menos grande cuanto mâs se mezcle con idéales pequenos, como el ser visto, apreciado de los hombres, etc. Esta virtud tiene su raiz en la confianza intrepida en Dios. humildad. 1. De lo tiltimo que acabamos de decir se deriva que la humildad es la rais de la magnanimidad. 2. La humildad consiste en la actitud del hombre ante la grandeza de Dios (cf. Sum. theol. 2-2 q.161 a.l ad 5). Cuanto mâs pequenos seamos, mâs brillarâ el poder de Dios. 2.® Cuanto mâs nos vaciemos de nosotros mismos, mâs nos llenaremos de Dios. Por tanto, cuanto mâs contentos estemos en el rincôn mâs humilde, mejores instrumentes seremos de Dios. Seremos los pequefiuelos que reciben los secretes divinos. 1486 Pero no nos engaüemos con una falsa humildad. Lo mismo que hay ricos de espiritu en medio de una gran miseria ma­ terial, puede haber soberbios reales en una humildad fingida. a) La humildad del resentido, del que se créé fracasado. No es humildad, es hipocondria y envidia. Se traduce en falsas posturas exteriores. En criticas acerbas. En holgazaneria. Y de vez en cuando en mentira y adulation para salir de su estado. CON PESO R ES£ DEMENDOS AL APOSTOLADO b) 809 La humildad con los grandes y soberbia con los pe­ quenos. 1. En una aldehucla el cura puede creerse el jefe de todo, dc lo divino y humano. 2. Todos los honores son pocos para él. Todos los asuntos, incluso civiles, somctidos a su in­ terven cion. Busquemos en nuestros paestos la verdadera humildad. a) Cuide Dios de buscarnos el puesto que quiera. b) Si le parece, curas de Ars. Si quiere, San Juan Crisostomo. d) Pero en Ars o en Bizancio, siempre pequenos. 1487 I i*? k F) MISIONEROS a) 1. HAGIOGRAFIAS SAN FRANCISCO JAVIER (3 de diciembre) 1488 Cuando los dos abultados tomos de la Monumenta Xavierana parecian haber agotado la materia, el P. Schurhammer ha encontrado numerosos documentes ineditos en Lisboa y en el apôn. Por todos ellos es bien conocida la gigantesca obra de avier, admirada por catôlicos y no catôlicos, entre los que sobresale Walter Scott. Los mâs rigidos protestantes y los mâs indiferentes filôsofos han tenido que rendirse ante el esfuerzo del mârtir y el buen sentido y rapidez dei mejor de los embajadores. No es necesario recurrir a los milagros que el P. Astrâin califica de miticos en su mayor parte. Falso es también el que pudiera hablar y discutir con los japoneses fen su propia lengua. 1489 L° El jesuîta Nuestro Santo nace en Javier, en 1506. Su lengua es la vas­ ca, que hablarâ al morir. A los dieciocho afios acude a la Sorbona y en 1528 obtiene la licenciatura. Alli encuentra a San Ignacio y, aunque tarde en plegarse a su influjo, figura entre los siete primeros jesuitas, que se consagran a Dios en Mont­ martre, en 1534. Très afios después, en Venecia, se ordena sacerdote, y en 1540 le envia San Ignacio a Lisboa, para de alli partir con rumbo a las Indias. En Lisboa él y su compafiero, el P. Simon Rodriguez, conquistan de tal forma a la ciudad que corren el peligro de que el rey los detenga, para que no se marchen. Por fin embarca San Francisco, nombrado nuncio apostôlico de la India, aun­ que renuncia a todos los honores, y después de una larguisima travesia de trece meses, en la que vive siempre entre los presos, esdavos y enfermos, llega a Goa el 6 de mayo de 1542. Tenia treinta y seis afios y le acompafiaban dos jesuitas, uno italiano y otro portugués. Conocidas son las hipérboles de los narradores sobre la crueldad hispano-portuguesa, entre las cuales no dudamos referir la tan repetida anéedota dei colono que azota a sus negros, CONFESORES: MISIONBROS 811 contando los golpes con las cuentas del rosario. Los tales negreros nunca han solido llevar el rosario en el bolsillo. De todos modos la vida cn una ciudad, fundada treinta y dos anos antes, centro comercial y colonizador, no suele ser ejemplar. ° 2. Misionero en la India 1490 Francisco Javier se convirtiô desde el primer momento en el apôstol de los enfermes, de los leprosos y de los esclaves, a los que convocaba por las tardes a toque de Campanilla. Compuso canciones que se hicieron populares y que explica£>an la doctrina. Asimismo demostré gran habilidad en la lucha contra el concubinato entre blancos e indigenas. Después de cinco meses de estancia y enterado de que en las costas de las Perlas existia el pueblo de los paravas, enfrente de Ceilân, y de que, para granjearse la protecciôn portuguesa, se habia bautizado, sin instrucciôn alguna, emprende hacia alla el primero de sus quince viajes por aquel pais abrasador. Con gran esfuerzo aprende la lengua nativa, y bautiza a tantos, que los brazos se le cansan. Su éxito entre los parias no cotre parejas con el que tiene entre los brahmanes. En doce meses convierte sôlo a uno de éstos. En esta época ocurren bastantes milagros. comprobados legitimamente. El misionero, durante todo este tiempo, habia vivido como un indigena mâs, y luchado lo indecible para crue no fuese introducida la esclavitud. Después de dejar al P. Mancilla, su compafiero, y a otros Padres para que continuastn su obra, se dirige a la region de Travancor. Los diversos poblados le reciben con alegria y algunos le llaman para que organice su te­ rritorio. Javier acude presuroso y a veces ha de defender, crucifijo en mano, a los nuevos conversos contra las “razzias” de los paises vecinos, que actûan bajo la protecciôn del propio comandante portugués. Que la obra no era tan fâcil lo prueba el hecho de que un gobernador de Ceilân matô en una isla suya a seiscientos cristianos. San Francisco no sôlo predica a los infieles, sino que con­ vierte a numerosos cristianos v sostiene una utilisima e informadora corresüondencia con el Pey de Portugal y con San Ig­ nacio. En 1545 aparece el misionero en Malaca, ciudad nueva, progresiva y licenciosa, donde reside durante cuatro meses. De los dieciocho sigufentes apenas si hay informaciôn, pues se dedicô a recorrer el pais desconocido de las Molucas, donde, segùn escribe él mismo a San Ignacio, sus padecimientos se salieron de lo corriente. Vuelto a Malaca para otros cuatro meses oye hablar por primera vez del Japon a los comerciantes portugueses y al japonés fugitivo Anjiro. Enfonces retoma a la India y se dedica 812 FIESTAS PE EOS SANTOS durante quince meses a recorrer todo el pais anteriormente evangelizado. Es notable la fundacion del Colegio Internacional de Goa. 1491 3.° En el Japon Mientras tanto, Javier ha preparado su viaje al Japon. Antes de partir, escribe una carta a Juan III. Se lamenta de que el monarca no posea poder suficiente para llevar a la India la fe de Cristo, y Io tenga, en cambio, para adueûarse de sus riquezas. Ha llegado la hora de iniciar otra misiôn. Acompanado de un jesuita. un lego, Anjiro, y dos japoneses conversos, sale en abril de 1549 y desembarca el dia de la Asuncion en el puerto de Kagoshima. Se abre a sus ojos el horizonte de una mies abundante que cosechar: el pais mâs sugestivo dei Extremo Oriente. Javier comienza a estudiar el japonés. Su escasa facilidad para las lenguas—los vascos no han solido ser buenos oradores—le impide conseguir resultados râpidos. Al cabo de un ano ha convertido solo cien catecûmenos, lo cual basta para que surjan sospechas y se le prohiba prédicat. Dejando a Anjiro al cuidado de los conversos, sale para Hirado, al norte de Nagasaki. En el camino se detiene en un castillo, donde convierte a la baronesa y a sus criados, que quince anos mâs tarde, al llegar nuevos misioneros, forman todavia un islote de cristianos fervorosos. En Hirado consigue en unas semanas mâs éxitos que en Kagoshima durante un ano. Déjà alli al P. Torres y marcha a Honshu, donde el fruto es exiguo. Asi continûa por el Japon. No consigue ver al Mikado y advierte que en este pais no sirve vivir la pobreza evangélica como en la India. Él se hace todo para todos. Viste con elegan­ da, saca sus credenciales de embajador de Portugal, reparte regalos y los "daymios" llegan entonces a offecerle monasterios budistas vacios como residencia. Mucho padeciô de las gentes y de los caminos. Pero Javier reconoce al Japon como el pais mâs cortés entre los infieles. 1492 4.* La muerte en China Αύη queda, sin embargo, la China, con fama de naciôn influyente sobre todas por su mayor cultura. Javier decide visi­ taria, para lo cual se encamina a Malaca. Después de veneer las dificultades que pone a sus planes Ataide, hijo de Vasco de Gama, consigue embarcar con un joven chino, que juzga ha de servirle de interprete. Al fin el misionero ha podido salir para China, a la que pretende arribar en secreto. La ultima semana de agosto de 1552 llega a la isla desierta de Sanciân. Alli mismo se puso enfermo. El movimiento del barco le mareaba de tal modo, que hubo de desembarcar, y empeorando ΛΕΡΑ CONFESORBS: 813 MISIONF.ROS por dias, amaneciô el sâbado 3 de diciembre, en que, rodeado de sus acompafiantes, el chino Antonio, de un portugués y de dos esclavos, rindiô su. aima al Seiior. Tenia una vela en la niano y el nombre de Jesûs en sus labios. Frisaba los cuarenta y cinco afios y habia pasado once en el Oriente. Su cuerpo, incorrupto todavia, fué trasladado, diez semanas después, a Malaca, y un ano mâs tarde, a Goa. Javier fué canonizado en 1662, con San Ignacio, Santa Teresa y San Fe­ lipe Neri. 2. SAN FRANCISCO SOLANO (13 de julio) Este Santo es el Cabeza de Vaca de la colonizaciôn cris­ 1493 tiana. Si el famoso descubridor anduvo desde la Florida hasta la costa del Pacifico, San Francisco Solano recorriô toda la America del Sur. i fi l.° La 1494 vocaciôn '* k Naciô en la soleada campina de Montilla, en 1549, estudiô en un colegio de jesuitas y a los veinte afios ingresô en los franciscanos de la Observancia. Alli se ordenô sacerdote, en 1576. Aficionado al retiro y a la predicaciôn, se distinguiô en la peste que padeciô Granada en 1583 y de la que enfermo él mismo. No pudo lograr ir al Africa, pero, en cambio, cuando Felipe II pidiô franciscanos para el Perù, se le eligiô para evangelizar aquellas tierras lejanas. Entonces comienza la vida exteriormente heroica de nuestro Santo, de la que poseemos in­ formes fidedignos, pues aparté de las biografias que se han es­ crito en inglés, francés y alemân, contamos con la que fray Diego de Cordoba redacto veinte anos después de su muerte, cuando vivia la mayor parte de cuantos le habian conocido. 2.° El viaje a 1495 Lima El viaje a Lima fué el que hacian los navios en aquella época. Se desembarcaba en Panama, para cruzar el istmo, y se tornaba a navegar de norte a sur. Lo que habia sido el viaje de fâcil hasta ese momento, lo tuvo desde .entonces de peligroso, porque una tormenta arrojô la nave contra un banco de arena, en el que encallô. El capitân embarcô a la tripulaciôn en el ûnico esquife que le restaba y dejô en el navio un buen nûme­ ro de esclavos negros, con los que se quedô San Francisco, que los estaba catequizando. En medio de la tempestad los ani­ mé de tal forma, que todos recibieron el bautismo y hasta entonaban cânticos con el misionero, sin preocuparles la furia de la borrasca. El peligro era tan real, que no sôlo no pudo volver el esquife a recoger a los que habian permanecido en ··*·· ■ ft. ϊΚ·5: 814 FIESTAS DE EOS SANTOS el barco, sino que este se partio. Algunos negros fueron arrastrados por las aguas y perecieron ahogados. Otros, con el (rai­ ls, subsistieron sobre el casco encallado on cl banco de arena. Al cabo de los dias el esquife pudo rescatarlos a todos y llevarlos a una playa desierta, donde vivieron dos meses. Se dice que gracias al Santo frutos no digestibles o venenosos se convirtieron en sanos y que hasta los peces se dejaron capturai para que se alimentaran los naufragos. Por haber ocurrido el percance en un sitio desértico y mucho tiempo antes de que fuese escrita la biografia de San Francisco, quizâ intervino al­ go la imaginaciôn. Por fin, un navio transporto a todos los viajeros a Lima. 1496 3.“ La misiôn Ya esta nuestro misionero en la tierra de su apostolado. Ahora tiene que recorrerla. Por lo pronto lo destinan a Tucumân. El viaje es de 3.000 kilomètres, bordeando las crestas de los Andes, desde el Peru hasta el norte de la Argentina. Es fâcil imaginar lo que suponia un viaje de esta indole en aquellos tiempos. aunque no fuese desusado en los medios espanoles. El Santo lo emprende sin titubear y, a la vez. va convirtiendo infiel es y aprendiendo los dialectos. De Tucumân va al Para­ guay. atravesando el Chaco, del Paraguay a Chile y de Chile a Lima. Total, auince afios de misiôn en un continente. Una vez en Lima se hace amiqo de Santo Toribio de Mogrovejo y abre una vtapa de predicaciôn apocaliptica. Sin neces’dad de recurrir a la leyenda negra. sino a la historia de cualquier ciudad colonial de nuestros tiempos, podemos comprobar que la vida fâcil del funcionario y la turbulenta del aventurero no crean el clima mâs propicio para la virtud. Alli, sin embargo, abundan los santos, pues en aquellos tiempos vi­ vieron, ademâs de Santo Toribio y San Francisco Solano, el Beato Porres y Santa Rosa de Lima. A pesar de todo habia motivo suficiente para que uno de ellos. acostumbrado a vivir entre indigenas, enfrentase su celo con las costumbres de los cristianos. Sus sermones aterrorizaron a la ciudad, que, amenazada por el predicador con padecer grandes castigos, esperaba un terremoto. Los ânimos se habian preocupado de tal forma, que el virrey hubo de visitar al arzobispo y éste ordenar al Santo que explicase que los castigos con que amenazaba eran los de la condenaciôn de las aimas, hartô peores que la destruction de la ciudad. 1497 4.° Su MUERTE Y GLORIFICACIÔN No se créa, a pesar de esto, que San Francisco Solano era hombre de ceno duro. Por el contrario, su devotion gozaba de CONPESORES ; MISIONEROS 815 scncillez y alegria y cantaba a la Santisima Virgen, acompanândose de un laûd. Se dice también que disfrutaba del don de lenguas y sus milagros abundaron, de forma que se le 11amô el taumaturgo del Nuevo Mundo. El 14 de julio de 1610 niui-iô en Lima, mientras consagraban en la misa conventual. Sus ùltimas palabras fueron: ‘‘Glorificado sea Dios." Los milagros se multiplicaron alrededor de su tumba y dieciocho afios mâs tarde comenzaron las ciudades a considerat­ io como Patrono. Lima, en 1626; La Plata, Panama y Cartage­ na, en 1631; Santiago de Chile, en 1633. Mâs adelante fueron las naciones de Argentina, Perù y Uruguay, las cuales celebraron grandes fiestas en 1910. En Montilla se le erigiô un templo, en Sevilla se venera una_celda suya y sus reliquias se I reparten entre Lima, “ Roma y Buenos Aires. ' El proceso de beatificaciôn se abriô en 1625 y fué canonizado en 1626. b) GUI ONES HOMILETICOS Las misiones La Iglesia misionera. Catolicidad de la Iglesia. b) Una afirmaciôn equivocada: las misiones las tenemos aqui. Otro error: si ayudamos a las misiones se debilita el apostolado entre los nuestros. d) El mejor medio para aumentar las vocaciones en casa es enviar misioneros a los infieles (cf. La Palabra de Cristo, Dom. de Pentecostés, guiôn 9 t.5 p.161 * vd. n.306-309). 2. Complétese este guiôn con el ejemplo del Santo. Ja­ vier, v. gr., es enviado a la India, a pesar del reducido nûmero de jesuitas existentes enfonces. El rey de Portugal hubiese preferido conservatio en Lisboa. 1498 El mandato misional. a) El mandato de Cristo y su sentido literal. 1499 >·· 1. Unos deben recibirlo personahnente. 2. Todos para que cooperemos de una forma u otra. Nos obliga a todos como miembros de la Iglesia y del Cuerpo mistico. X 1 Véansc otros guiones y materiales en el indice sistemâtico en las pala­ bras Misiones e Infielcs. * 816 FIESTAS DE LOS SANTOS Cooperemos por la oraciôn y la limosna (cf. ibid., . de la Santisima Trinidad, guiôn 9 t.5 p.341 * ed. n.651-653). 2. Complétese el guiôn haciendo ver que San Ignacio, en el Uamamiento del rey temporal, supone que todos los que fueren buenos caballeros, habrân de seguir al Rey, pero aquellos que se quisieren afectar mâs, harân ofrecimientos mâs generosos. Dentro del seguimiento de Cristo los santos misioneros han sido mâs generosos que nosotros. d) Pero también en la retaguardia funcionan servicios de aprovisionamiento que son imprescindibles. Nuestra oraciôn y limosna pueden desempefiarlos. b) Propagation de la Iglesia 1 1500 aJ La Iglesia es el grano de mostaza. 1. Su propagaciôn comenzando por pequeüos principias (cf. ibid. Dom. 6 después de Epifania, guiôn 6 t.2 p.772 2.* ed. n.1310-1312). 2. Es un hecho que se repite en los grandes misioneros. b) Milagro moral de la expansion de la Iglesia (cf. ibid., p.784 2.* ed. n.1320). Es otro hecho que se sigue repitiendo. 3 San Francisco Javier (Cf. sermon de BoürdaloüE, en ed. Firmin Didot, t.2 1501 A. 1502 B. p.702.) La vida de San Francisco Javier es un milagro que demuestra cômo el brazo de Dios no ha cejado en su ayuda a la Iglesia, cuando encuentra instrumentos aptos. Sus esfuerzos misioneros y el éxito de su predicaciôn constituyen un milagro moral. Javier realize una obra que supera las fuerzas humanas. a) Convierte todo un mundo. Cierto que por entonces Lutero y los corifeos del protestantismo arrastraban también a las masas, pero es necesario confesar sinceramente que lo hacian predicando una religion de mayor amplitud y libcrtad, mientras que la de Javier contrastaba con los sentimientos indigenas. i Sobre este tema, véase en el indice sistemâtico Iglesia: propagaciôn. CONFESORES: MISIONEROS b) 817 I ii Gran gloria la de este Santo, cuando el dia del juicio pueda poner delante del Senor su predicaciôn y los resultados conseguidos. Gran vergiienza la nuestra de haber desaprovechado tanta predicaciôn oida. Los medios empleados por Javier no tuvieron nada que ver 1503 con la prudencia y sabiduria humanas. Son, pues, naturalmente desproporcionados. Se dispone renunciando a todas las ventajas que le pudiera concéder su posiciôn social. 1. Se prépara en los hospitales venciéndose ante enfermos que le repugnan. Rara preparation para emprender grandes viajes y dedicarse a la predicaciôn. Desde en­ tonces se hace insensible para todo lo que no sea ca­ ridad. 2. Cârceles y hospitales son su morada en pais civilizado. En los infieles, su conducta con los enfermos y desgraciados termina por atraer el corazôn de los paga­ nos y abrir las puer tas a la fe. ''2- ■ Medios econômicos: la pobreza. Con ella atrae a las gentes, demostrando su desinterés humano y haciendo ver la fuerza sobrenatural que le movia y apartaba de todo lo terrestre. Cômo entrô en el Japon. Por los caminos de la humildad, como criado, ensefiando a los ninos, etc. I I I Renuncia, pobreza, humildad. Estos no son medios na­ turales. 2. jRecibiô honores? Si, pero milagro es que los recibiera de los reyes paganos quien asi se presentaba. jHizo milagros? Pero eso 'no demuestra sino que el brazo de Dios estaba con él. He aquî un modela para los predicadores. Q 1504 SANTOS EUCARISTICOS HAGIOGRAFIAS a) 1505 1. SAN TARSICIO (15 de agosto) San Tarsicio es patrono titular de asociaciones eucaristicas como la rama infantil de la Adoraciôn Nocturna. Su his­ toria es la siguiente: unos Versos de San Dâmaso nos dicen que Uevando el Santisimo, prefiriô morir apedreado, como San Esteban, antes que entregar el cuerpo celestial a los perros. •De donde y a donde lo Uevaba? Quizâ después de una misa pontifical trasladaba un trozo d^ Ia sagrada hostia a las diver­ sas iglesias de Roma, segûn era costumbre. Mas ^era diâcono, como solian serlo los que cumplian tal misiôn? ^La alusiôn a San Esteban se reduce solo a la muerte a pedradas, o se ha traido por asociaciôn de ideas para indicar que Tarsicio era diâco­ no como el primer mârtir? Repârese que en tiempos de perse­ cution no hacia falta ser diâcono para llevar el Santisimo. Poco a poco la tradition ha ido plasmando la historia. En el siglo vi se nos habia de un nino acôlito, que muriô al llevar el Santisimo a los presos de la persecution de Valeriano. Tal es la version que recoge el martirologio. 1506 2. BEATA IMELDA (13 ce mayo) Es la patrona de las primeras comuniones. Los Bolandistas dicen que se la considera como Beata con culto muy antiguo. Sin embargo, la confirmation oficial no ocurriô hasta 1826. Imelda era hija de una antigua familia bolofiesa, e ingresô como alumna en un convento. Precoz en sus deseos de santidad, ansiaba recibir la primera comuniôn y preguntaba: "iPuede uno recibir a Jesûs en su corazôn y no morir?” El dia de la Ascension comulgô toda la comunidad, con exception de la niûa. Cuando las monjas estaban a punto de marcharse. una religiosa viô lo que parecia ser la sagrada for­ ma, detenida en el aire, delante de Imelda, arrodillada ante el Sagrano. En vista del milagro, un sacerdote procediô a darle la CONFESORES: SANTOS EUCARISTICOS 819 comuniôn. Pero la nifia no pudo resistir la emociôn de recibirla y cayô muerta al suelo. Ténia once anos y era el de 1333. Tal es su vida, segûn los Bolandistas. 3. SAN PASCUAL BAILON 1507 (17 de mayo) San Pascual Bailôn figura como patrono de las asociacio­ nes eucaristicas y lo venera la Adoraciôn Nocturna. El Butler’s Lives subraya el hecho de qu’e un lego, que durante su vida fué apenas conocido en un rincôn de Espana, présida desde el cie­ lo las magnificas reuniones de los congresos eucaristicos, de los que también es patrono. l.° Pastor hasta los veinticuatro anos 1508 Naciô en Torre Hermosa, en los limites de Castilla y Ara­ gon. Hijo de Martin Bailôn y de Isabel Jubera, se le llamô Pascual, por haber nacido el dia de Pascua. Desde los siete hasta los veinticuatro anos se dedicô al oficio de pastor, y es cierto que en este tiempo aprendiô él solo a leer para poder rccitar las horas de la Santisima Virgen, devociôn muy extendida entre los seglares. Cierto también que llevaba una vida de penitencia y aue voluntariamente caminaba descalzo en me­ dio de grandes frios y con largas oraciones. Como no podia asistir diariamente a la santa misa pasaba largas horas de rodillas, mirando hacia el santuario de Nuestra Seüora de la Sierra, donde se ofrecia el santo sacrificio. Demostraba también un alto espiritu de justicia pretendiendo que se indemnizase a los propietarios de las vinas y campos los periuicios que pudieran hacer sus animales, e incluso pagândolos él de su soldada. Cincuenta anos mâs tarde un anciano pastor declaro que mientras oraba los ângeles le llevaron mâs de una vez el San­ tisimo Sacramento para que lo adorase. Se dice también que se le aparecieron San Francisco y Santa Clara para indicarle que ingresase en la Orden de los Frailes Menores. A los dieciocho o diecinueve anos pretendiô entrar en el convento franciscano de Loreto, situado a unos trescientos ki­ lomètres. pero los frailes, que vivian la austeridad y el espiritu de San Pedro de Alcântara, no se decidieron a admitirle, como lo hicieron unos anos mâs tarde. 2.” Carâcter y virtudes 1509 Butler’s Lives dice que sus virtudes fueron, mâs o menos, todas iguales. si bien se distinguiô en la caridad para con los hermanos dei convento y, sobre todo, para con los pobres y eufermos. Nunca reia, pero estaba siempre sonriente. Jiménez, ***'*■*' 820 FIESTAS DE LOS SANTOS provincial de los alcantarinos y biôgrafo del Santo, afirma no haberle sorprendido en una sola falta, a pesar de haber convivido con él en varias casas y haber realizado juntos dos largos viajes, "ocasiôn en la que el hombre, vencido por el cansancio y la monotonia, suele concederse alguna indulgencia”. Tan escrupuloso era, cuando creia que el asunto tocaba a la conciencia, que en cierta ocasiôn, siendo portero, se negé a de­ cir que el superior estaba fuera, porque faltaba a la verdad. Su devociôn eucaristica no tiene nada de aparatosa y, sin embargo, fué tan grande, que desde el momento de su muerte se le comenzô a llamar el “Santo del Santisimo Sacramento". En cuanto podia se escapaba a acompanarlo y las horas que pasaba de rodillas y en cruz, de dia o de noche, enfervorizaban a sus hermanos en religiôn. Tenia unos cartapacios de oraciones, que, segun parece, estaban compuestas por él, y de los que se conserva uno de elios. Algunos de estos papeles y reflexiones llegô a manos del Beato Ribera, en Valencia, y, maravillado de lo que leia, pidiô al citado Jiménez una reliquia de San Pascual. Hablando con él, el Beato Ribera comentô: “P. Provincial, îqué vamos a tener que hacer? Estas aimas sencillas nos estân robando el cielo. No nos queda sino quemar nuestros libros.” El provin­ cial respondiô: “Excelencia, lo malo no son nuestros libros, sino nuestro orgullo. Quemémosle.” 1510 3.° A PUNTO DE SUFRIR EL MARTIRIO El pobre Pascual, lego de Castilla, estuvo a punto de sufrir el martirio en Francia, adonde, no se sabe como, fué enviado en calidad de mensajero cerca del superior general, Cristobal de Ceffontaines. Andaba aquel pais en continuas turbulencias religiosas e infestado por las crueles bandas calvinistas, cuando hubo de cruzarlo un fraile que no sabia francés ni conocia las comarcas, y llevaba bien visible el hâbito. Fué torna­ do por espia dos veces y otras dos apedreado, con lo que se le produjo una llaga en las espaldas que le durô toda la vida. Se dice que, iletrado como era, sostuvo una discusiôn con los hugonotes sobre la pfesencia de Cristo en la Eucaristia, de la que saliô vencedor. 1511 4.’ Muerte y glori ficaciôn Muriô, como habia vivido, a la sombra del Santisimo Sacra­ mento. Avisado por Dios de la proximidad de su ôbito, se pré­ paré con alegrîa, y cayô al punto enfermo. El 17 de mayo de 1592, mientras la campana de la iglesia daba la sefial de la consagraciôn, él pronunciando el nombre de Jesûs se marché para verle sin vélos a la gloria. El extraordinario nûmero de curaciones milagrosas que cq» CONi’F.SORF.S : SANTOS EUCARISTICOS 821 menzô a obrar el Santo imprimiô una prisa desusada a su b'atificaciôn, que ocurriô en 1618, antes que la de San Pedro Alcântara, el reformador de la Orden a que pcrtenecia, y santo de mucha influencia social, a lo menos aparentemente. San Pascual fué canonizado en 1690. Uno de los hechos que mâs se coraentaron y mâs han des­ erito sus biôgrafos, son los golpes que se oian resonar en su sepulcro, anunciando siempre sucesos de importancia y, por lo general, desgraciados, y que continuaron produciéndose durante un par de siglos. Aûn hoy existe entre el pueblo la creencia de que el Santo avisa a sus devotos su prôxima muerte mediante unos golpes de origen desconocido. El 28 de noviembre de 1897 fué nombrado patrono de los congresos eucaristicos. b) GUIONES HOMILETICOS t 1512 Sobre la Eucaristia y su relaciôn con la santificaciôn e incluso con algunas virtudes especiales, puede verse La Palabra de Cristo, en la fiesta c'cl Corpus, donde se encuentran numerosos guiones y se remite a los que fJguran en otras partes de la obra. For eso ahora nos limitamos a traer algùn esbozo de plâticas ocasionales. Como recibir al Seiior 1513 Dia feliz. a) Los trajes, adornos de la iglesia, fiesta y presencia fa­ miliar lo indican. b) Lo era siempre el dia en que llegaba el Senor a algùn sitio, porque iba repartiendo bienes. Por eso las gen­ tes se agolpaban a recibirle. B. Pero al Senor se le puede recibir de dos nianeras. Como los 1514 de Gerasa y como Zaqueo. Hoy estais muy alegres, pero debéis oir estos dos ejemplos. a) Los gerasenos. Llegô el Senor e inmediatamente hizo el bien. Curô a un endemoniado. Mas los de Gerasa tuvieron miedo y le pidieron que se marchase. 2. Muchas veces los hombres comulgan, pero tienen mie­ do al Senor y Él tiene que marcharse. iEn que consiste el miedo al Seiior? Es el temor a ser bueno, a cumplir sus mandamientos. Estos asustan, o da Pereza cumplirlos, y entonces, como no basta comulgar, sino que hay que ser amigo del Seiior a quien se recibe, Él, viendo el pecado mortal, se marcha. Tal es la historia de tantos v tantos hombres. 1. ·«* - a FIESTAS DE LOS SANTOS 1515 b) 1. Zaquco, en cambio, titvo grandes deseos de ver al Se. rior. Es la primera condiciôn. 2. No le diô vergüensa, a pesar de ser hombre principal, de pasar por encima de todo respeto humano y subir· se a un arbol para ver al Senor. 3. Vosotros, cuando llegue la hora de comulgar, no pre· cisamente hoy, que es fiesta agradable para vosotros, sino cualquier otro dia, debéis pasar por encima de la peresa y de las pequeüas dificultades que se os pre· senten. 4. Jesûs, en cuanto tio la buena voluntad de Zaqueo, le anunciô que iria a su casa. El Senor nunca se queda corto, 5. En cuanto el Senor estuvo en casa de Zaqueo—jcômo le arreglarîa este la casa y la mesa!—, cl publicano le anunciô sus buenos propositos de dar limosnas y devolver lo que habîa robado. El Senor contesta que habîa entrado enfonces la salvaciôn en aquella casa. 6. Asi se debe comulgar. Acercandose a Jesûs y prometiéndole ctnnplir todos sus mandamientos. Enfonces, al comulgar, entra la salvaciôn en casa del que comulga. i;*·. c) 7·\ . · Zaqueo. Ahora, al comulgar, pedidle por vuestros padres..,, pe­ ro sobre todo por una cosa, por qu'c Jesûs os haga buenos Cristianos y cumplâis siempre sus mandamien­ tos... Por que no tengâis nunca miedo al Senor... Dia feliz > TW < 1516 Hoy es para vosotros. niâos, un dia feliz. a) Todo lo que os rodea estâ destinado a que os deis cuenta de la importancia de lo que vais a recibir. b) Pero para que esta misma alegrîa exterior no os distraiga, os voy a hablar de la verdadera felicidad de este dia. 1517 Imaginaos la felicidad a) De los pastorcitos, cuando recibieron la noticia de que habîa nacido el Nifio Jesûs y fueron a verlo al pesebre. b) De los Reyes Magos, cuando después de un viaje tan largo llegaron y la Santisima Virgen les ensefiô a su Hijo. De todos los que vieron al Senor; de los enfermos que recibian de Él la salud... CONFESOKBS : SANTOS EUCARÎSTICOS 823 :; Vuestra felicidad es mayor, 1518 a) Porque aunque no veâis a Jesûs, como ellos, Él entra dentro de vosotros. b) Y no solo Él, sino el Espiritu Santo. Cuando comulguéis, los ângeles estarân a vuestro alrededor adorando a Dios. Tened cuidado con vosotros mismos, que sois un sagrario donde estâ el Senor. D. Sin embargo, hay que reconocer que nuestra felicidad no 1519 es completa. Os gustaria ver al Senor. a) Llegarâ un dia en que le veamos a Él, y a la Santisima Virgen, y todos juntos seamos dei todo felices y para siempre. b) Pues bien, hoy recibis la garantia mejor de que ese otro dia, feliz por completo, llegarâ. îPor que? Por­ que el Senor ha venido a vosotros como un amigo y no estâ dispuesto a marcharse. Es que no quiere dejaros y seguirâ con vosotros hasta que os lleve al cielo. Lo ûnico que tenéis que hacer es seguir siendo ami­ gos suyos. d) Hoy ha venido a vuestra casa. Es un amigo que todo lo puede. Pedidle todo. Pero hoy pedidle especialmente qu'e ni ahora, ni cuan­ do seâis mayores, dejéis nunca de ser amigos suyos, pa­ ra que asi llegue el dia verdaderamente feliz, en el que en vez de venir Él a nuestra casa, nos lleve a todcs a la suya. Tarsicio e Imelda 1520 Para prepararse debidamente a comulgar, lo primero que hace falta es tener un gran deseo de hacerlo. Se desean las cosas que se sabe son buenas. Vosotros sabéis que el Senor es bueno. b) Es bueno porque a Él se lo debemos todo: vida, ali­ mento, salud, padres, salvaciôn... Por eso lo mismo que el nifio ausente desea estar con su madre, a la que quiere, el nifio que tiene fe y que sabe lo bueno que es el Senor y que estâ en la Eucaristia, desea recibirle. d) En cierta ocasiôn hubo una nifia que nos diô ejemplo de este deseo. Nârrese la vida de la Beata Imelda. Pero no basta desear una cosa. Es necesario hacer todo lo 1521 que fuere necesario para llegar a conseguirla y conservaria. 'ri 1 ■< v -·. c t- 824 FIESTAS UH LOS SANTOS a) Al Sefior se le puede recibir y después se le puede perder. Cuéntese el episodio de San Tarsicio. b) Lo mismo que cl santo nifio, hay muchos enemigos que quieren arrebatarnos al Sefior. Son aquellos que pretenden haceros pecar. A medida que crezcâis irân apareciendo enemigos mayores y mâs fuertes. c) Si deseâis rccibir y conservât al Sefior como Imelda, debéis estar dispuestos a defenderle como Tarsicio. H) APOSTOLES DE LA CARIDAD a) 1. HAGIOGRAFIAS SAN JUAN DE DIOS (8 de marzo) Su vida nos es conocida por la biografia que escribiô sobre 1522 él, a los veinte anos de su muerte, Francisco de Castro, rector del hospital fundado por el Santo en Granada. En cuanto a lo sustancial, merece perfecto crédite. l.° JuVENTLID AZAROSA 1523 Naciô en Montemayor el Nuevo, diôcesis portuguesa de Evora, el 8 de marzo de 1495, o sea en los dias en que comenzaba la grandeza de Espana, a cuyas figuras principales pertenece. Ténia ocho anos cuando pasô por su humilde hogar un sacerdote espanol, que le hablô de las obras de caridad que se practicaban en nuestro pais. El nifio se escapô de su casa para reunirse con el sacerdote y con él siguiô hasta Oropesa, donde este, al verlo tan desfallecido, lo dejô al cuidado de un mayoral de ganado. Mientras tanto, moria su madré y su pa­ dre ingresaba en una Orden religiosa. El mayoral se cuidô de educarle, ensenândole a leer y a escribir y quiso casario con su hija, para que llevase la hacien­ da. Pero Juan de Dios, muy devoto de la Santisima Virgen e indinado ya a la vida religiosa, tomô, para huir dei matrimo­ nio, el camino mâs extraho, a saber: el de alistarse en el ejército que marchaba a pelear en Fuenterrabia contra Francisco I. Muchas desventuras le acaecieron alli. La primera de todas, que su devociôn se enfriô. La segunda, que cayô herido y estuvo en peligro de que le hiciesen prisionero, apuro del que saliô invocando a la Santisima Virgen. La peor de todas consis­ ts en verse acusado de robo y condenado a la horca. La intervenciôn de un oficial le salvô de la muerte, pero no de que lo expulsaran del ejército. Retornô entonces a casa del mayoral, quien lo recibiô con 1524 alegria. Alli comenzô a pensar que estân mucho mejor tratados algunos animales que los enfermos pobres. Cuando el mayoral intento de nuevo casarie con su hija, volviô a alistarse en el ejército, del que se licenciô después, para emprender su vida de Ι|'Γ· I ** I 11 ;·>. : · T 826 FIESTAS DE LOS SANTOS santificaciôn, que se inlcia con una peregrinaciôn a Compos­ tela y un viaje a su ticrra, en la que no halla a ninguno de los suyos. Desde este momento y aun antes, como hemos visto, la vida de San Juan es la andariega de un descubridor americano. que en vez de indagar imperios o tesoros busca aimas para Cristo. Era el carâcter inquieto de aquella época de hegcmonia ibérica. En Portugal. Juan de Dios concibe la idea de ir a Marruecos y socorrer a los cautivos cristianos, e inmediatamente emprende el camino, atendiendo durante él a los enfermos de los hos­ pitales. Asi, cerca de Gibraltar, y en Ceuta, se dedica a cuidar gratuitamente a un noble portugués alli desterrado. No hay que dudar que su juventud es la de un aventurero a lo divino. En Marruecos abundan los renegados, gentes de mala calafia por lo comûn y a cuya conversion quiso dedicarse buscando el martirio. Un franciscano le hizo entender lo presuntuoso de su deseo y le animô a volver a Espana y a estudiar su vocaciôn. Otra vez en nuestro pais, hizo una confesiôn general y se de­ dico a vender estampas con el proposito de que se le presentasen mâs ocasiones de conversar sobre Dios. De esta suerte, andando por los caminos, se topo un dia con un muchachito descalzo, al que cargo sobre sus espaldas. En un momento de reposo. el niôo le mostrô una granada abierta con una cruz en el centro, y le dijo: “Granada sera tu cruz.” Era el Nifio Dios. 1525 2.° El santo Marchô, pues, a Granada, donde la Providenda le hizo encontrarse con el P. Juan de Avila. Habia Juan de Dios oido uno de los sermones del Beato y comenzô a gritar por las ca­ lles: ‘;Misericordia, Senor, misericordia!’’ El P. Avila aprobô su espiritu. pero no su afân de buscar persecuciones, que hizo lo tomaran por loco y le encerrasen en un manicomio, sometido a la nada suave terapéutica psiquiâtrica de aquellos tiempos. Con gran sorpresa de los enfermeros, la locura de Juan cesô tan pronto como le hablô y aconsejô el Beato y asi saliô del hospital el dia de Santa Ursula de 1539. Antes de comenzar su obra visitô el santuario de Guadalu­ pe, donde Nuestra Senora deposito en sus brazos al Nifio Je­ sûs. para que lo vistiera con pafiales, con lo que él entendiô que su misiôn debia ser la de vestir y atender a Cristo en los pobres. Pûsola en prâctica en Granada, dirigido por el Beato, para lo que comenzô por alquilar una casa, llenarla de enfermos, cuidarlos y sacar tiempo para recoger y vender lefia, con cuyos ingresos sostenia su obra. No le durô mucho este trabajo, porque la caridad pûblica acudiô en su socorro. Una de las anécdotas mâs curiosas fué la del marqués de Tarifa. El ilustre prôcer se présenté disfrazado ante Juan de CONFESORES: APOSTOLES DE LA CARIDAD 827 Dios pidiéndole ayuda, y recibiô de él todo su caudal, veinticinco ducados. El marqués le devolviô ciento cincuenta coro­ nas de oro y abasteciô el hospital durante su permanenda en Granada. En otra ocasiôn llevaba sobre sus hombros a un enfcrmo, lleno de heridas, y cuando se las estaba lavando advirtiô en los pies y las manos los estigmas de la pasiôn. Era cl propio Cristo que alababa su caridad y que inundô de luz la estancia, de tal forma que los enfermos del hospital pensaron en un incendio. El obispo de Tùy, présidente del Consejo real en Granada, 1526 obligô a nuestro Santo a llamarse Juan de Dios, puesto que asi se lo habia dicho el Nino Jesûs cuando le enviô a la ciudad andaluza y le vistiô del hâbito que hoy Jlevan los Hospitalarios. No se reducia la obra del Santo solamente al hospital. Seguia trabajando para allegar medios, pero sobre toda extendia su actividad a las casas de los pobres, a las muchachas en peligro de perderse por la escasez de medios de vida, y consagraba gran parte de su tiempo a apagar discordias. Una de estas diô ocasiôn a que reclutase sus primeros discipulos. An­ ton Martin acusaba a Pedro Velasco de haber dado muerte a su hermano y habia conseguido encarcelarlo, en tanto que ponia todos los medios para que fuese condenado a muerte. Sin embargo, Anton Martin era cristiano y daba abundantes limosnas para el hospital. Un dia, Juan de Dios, después de encomendarse a la Virgen, marcha a la casa del que no perdonaba, lo encuentra en la plaza, le présenta un crucifijo y le dice: “La sangre de tu hermano pide venganza, pero la de Cris­ to clama misericordia. Perdona a Velasco, para que Dios te perdone a ti.” Martin se emociona. “No solo le perdono—res­ ponde, conmovido—, sino que quiero ser amigo suyo. Vamos a la cârcel a ponerlo en libertad, pero después me habréis de admitir en el hospital, para que, bajo vuestra direcciôn, me dedique al servicio de Dios y de los hombres." Corrieron a la cârcel, libertaron al asombrado preso, que, a su vez, marché también al hospital. Fueron los dos primeros hermanos de San Juan de Dios. Después de un viaje a Valladolid, para obtener de la corte un nuevo hospital, y de trece anos de trabajo inagotable, sobrevino a nuestro Santo su ûltima enfermedad. Agravô su estado de salud el hecho de que, para allegar recursos, se dedicô, en companîa de un muchacho, a sacar las maderas que arrastraba el Genii en una inundaciôn, y mâs aûn el haberse arrojado al agua para salvar al muchacho, que se habia caido al rio. No obstante la gravedad de su dolencia, como le llamase el obispo, no dudô en levantarse del lecho. Su postrera salida resulto emocionante. Dona Ana Osorio le obligô, con un man­ dato episcopal, a ir a su palacio, donde seria mejor atendido. La salida comenzô por un motin de los enfermos y se continue « <■.:> .·*? £1«. -Uj-r Ô2Ô FIESTAS DE LOS SANÏOS por una verdadera manifestaciôn de los granadinos a su paso por las calles. Todavia saliô otra vez. Habia sabido, por revelaciôn divina, que un desgraciado, ante la miseria de su casa, habia salido de ella para ahorcarse. El Santo, a escondidas, abandonô el lecho, lo salvô y tornô, sin ser advertido, al palacic de dofia Ana. Poco antes de morir le interrogo el prelado de la ciudad so­ bre sus preocupaciones. Dijo que eran très: “1.‘ Haber recibido muchas gracias de Nuestro Sefior, no habérselas agradecido suficientemente y haberle devuelto muy pequenos servicios”: 2? "Que temia que hubiesen de padecer las mujeres retiradas del vicio y los pobres vergonzantes socorridos por él”, y 3.* “Que no se pagasen las deudas que habia contraido para sostener a los pobres." Por fin, el 8 de marzo de 1550, vestido con el hâbito de la Orden, de rodillas y abrazando un crucifijo, pronunciô sus ùltimas palabras: "Sefior, entrego mi aima en tus manos.” Dicho esto, expirô. Los Hermanos de San Juan de Dios El Santo, en su humildad, no pensô ser fundador, pero ya aquel converso, Anton Martin, su sucesor, comenzo a extender la Orden, que sin réglas, primero, termino por adoptar las Ha­ madas de San Agustin. Fué aprobada por San Pio V y confirmada por Gregorio XIII, en 1576. Sixto V, en 1586, unific0 la Orden y le diô el titulo de Hermanos de San Juan de Dios. Abierto el proceso de canonizaciôn en 1623, beatifico a Juan de Dios Urbano VIII, en 1630, y lo canonizo Alejan­ dro VII en 1690. Leôn XIII le nombre patrono de los hospita­ les. Su nombre figura en las oraciones por los agonizantes. 2. SAN VICENTE DE PAUL (19 de julio) 1529 La enorme bibliografia (244 obras solo en francés) y la fértil vida de San Vicente, nos fuerzan a tocar tan solo algunos puntos que entendemos mâs curiosos o importantes. 1530 l.° El que no nace santo La santidad excesivamente precoz suele ser obra de los biôgrafos y no del Espiritu Santo, y en los casos que ha existido, creemos que la virtud del cielo se redujo a anticipar las Ju­ chas y esfuerzos a una edad temprana, pero sin suprimirlos, todo lo mâs acomodândolos a los problemas y sentimientos de la infancia, minimos para nosotros, pero no para el nifio. Tanto . ·* < · CONUSOR ES : APOSTOLES VE LA CARiDAD 829 csfuerzo le cuesta a él renunciar a sus juegos, como a nosotros renunciar al mundo. San Vicente no naciô santo, sino que su juventud fué la del joven pobre que créé hallar su porvenir en la carrera eclesiàstica, en la que podia encontrar, en frase suya, "une honnête rctirade", un decoroso retiro, ]a los veinte anos! Naciô este gran Santo en las proximidades de nuestro pais, en Las Landas, region hoy poblada de pinares, pero entonces misérrimo arenal, como su nombre indica. Dedicôse primero al pastoreo, pero su padre quiso abrirle camino, y lo ingresô en el colegio de los franciscanos de Dax. De alli paso a Toulou­ se, a estudiar filosofia y teologia, para lo cual hubo de colocarse de preceptor. Una vez que se ordenô sacerdote y huérfano ya, mientras continuaba sus estudios y pleiteaba continuamente por obtener “una buena parroquia”, abriô una pension para estudiantes. De sus no muchos escrûpulos de por aquel entonces, es buena muestra la oscuridad en que se envuelven dos anos de su vida. En una carta, fechada en Avignon el 24 de julio de 1607, escribe que ha heredado a una anciana mujer de Toulouse, pero que ha de salir para Marsella, persiguiendo a “un mal comerciante” que le debe trescientos escudos, para lo cual ha alquilado un caballo, que, ante la escasez de dinero, vende en el camino, sin permiso del dueno. En MarseJla mete en la cârcel al deudor, hasta que le paga, y con el dinero se embarca para Narbona (para algùn puerto cercano, sin duda), siendo apresado por unos piratas, que lo conducen a Tûnez, donde permanece cautivo dos anos. Al cabo de ellos, y habiendo convertido a su dueno, un renegado francés, se escapa con éste en un 'esquife y llega, el 28 de junio, a Aguas Muertas, lugar de mil recuerdos franceses de las Cruzadas de San Luis. De alli parte para Avignon, donde présenta a su colega ante el vicelegado, quien, después de reconciliarle, le envia a Ro­ ma, a un convento de Hermanos de San Juan de Dios, y a nues­ tro Vicente le promete “un buen beneficio". En carta que escribe a este legado le dice que "no se deje cscandalizar por los acreedores que le acusan, porque si no les paga con el dinero que le darâ nuestro penitente , es porque quiere llevar algo en su viaje a Roma, y que a la vuelta el escàndalo se convertirâ en bien." Esta parte de la vida del Santo, resenada toda conforme a sus cartas de aquel tiempo, es sumamente nebulosa. Autores muy serios han escrito "que no pudiendo justificar una tan larlar­ ga ausencia, que constituia un verdadero hueco dentro de su qa vida, el joven Vicente invento un cuento de turcos,~imposible P. Grandchamp, La France en Tunisie au de sostenerse ’ (cf. i XVII siècle, VI, prôlogo, obra en la que analiza los datos inverosimiles y contradictorios de la historia del Santo en este punto). Otros autores, muy serios también, niegan que haya » & ! 830 FIESTAS DE LOS SANTOS pruebas para admitir el iraude, pero todos estân de acuerdo con la frasé de los benedictinos franceses de La vie des saints: "No es santo, ni siquiera en germen, sino un muchacho neccsitado, ambicioso, sin escrûpulos excesivos en materia de di­ nero..., ni demasiado preocupado en pagar sus deudas." 1531 2? El santo Desconocemos cuândo Vicente cambiô de vida. Pero nos cncontramos con un detalle muy significativo, que demuestra un espiritu opuesto al que le moviô a salir a una de caballo para encarcelar a su deudor. Vivia en Paris desde el 17 de febrero de 1610, con un mo­ desto cargo de limosnero, compartiendo su habitaciôn con un camarada, cuando fué acusado falsamente de haber robado a su amigo. Vicente callo y no quiso defenderse. Pensô que el verdadero ladrôn apareceria mâs tarde. Pero, en realidad, era ya otro hombre. Entonces un tal Bérulle, sacerdote oratoriano, le conoce y dirige. Incluso le coloca, eh 1613, en la casa aristocrâtica de los Grondi, donde, impulsado por la marquesa, que ve ya en él condiciones para hacerlo su director espiritual, va apareciendo poco a poco el Vicente de Paûl que conocemos. Ya es "monsieur Vincent’’. 1532 3.° Las misiones Doce anos viviô de preceptor con esta familia. En uno de ellos, el 1616, se manifiesta una de las vocaciones del Santo. Ha confesado a un moribundo, el cual pregona muy alegre que se ha salvado gracias a la confesiôn general. La marquesa comprende la necesidad de que una misiôn dada por aquellos campos arranque a los hombres muchas confesiones generales. No pueden darla varias Ordenes religiosas y ha de encargarse de ella Vicente. La marquesa dota entonces una fundaciôn que se encargue de renovar cada cinco anos el mismo trabajo apostôlico y repitiéndose Ia negativa de las Ordenes religiosas vuelve a dar el encargo a su capellân. Puede decirse que el 25 de enero de 1617 habia nacido la Congregaciôn de la Misiôn. 1533 4.° Las Hermanas de la Caridad Pero Vicente créé que su vocaciôn se ha de desarrollar con mâs eficacia en una parroquia. Abandona asi la casa de los Grondi y toma posesiôn de la de Chatillon-sur-Chalaronne, don­ de, entre otras cosas, revela sus cualidades de organizador. El mismo lo ofrece (cf. Saint Vincent de Paul t.9 p.243). Caminaba a visitar a una familia enferma y en la miseria cuando por el camino se encontrô con una verdadera procesiôn de mujeres CONFESORES: APOSTOLES DE LA CARIDAD 831 que iban y vcnian a socorrerla. "Les propuse—dice—que cotizasen cada una lo suficiente para poner el puchero un dia, y csto no solo en este caso, sino para los que se presentaran des­ pues.” Aquello represent© el nacimiento de las Cofradias de Damas de la Caridad, de donde saldrân las Hijas de la Caridad. C ·> Duc IN ALTUM 1534 A fuerza de sùplicas, Vicente se despide de Chatillon y regresa a la casa de los Grondi, donde no reproduce ni de lejos la figura, mâs o menos desacreditada, del capellân de nobles. Vicente es ya un santo. Hombre de oraciôn y de penitencias interiores y exteriores, él mismo nos habia de como pedia a Dios que reformase su caràcter melancôlico y seco y se lo trocara por otro benigno. "Con algo de atenciôn—dice—y la gra­ cia divina, lo voy consiguiendo" (cf. o.c., t.l p.138). Su posiciôn le brinda la oportunidad de desarrollar sus actividades, primero entre los ocho mil colonos de los seriores, para los que funda las Cofradias de .Caridad; después, entre gente de alto rango espiritual, pues se trata con San Francis­ co de Sales y con la madré Chantal, que le encarga la vigilan­ da de sus conventos. Finalmente, llega a ser muy conocido en­ tre los galeotes, pues siendo Felipe M. Grondi general de las galeras del rey, comienza a cuidarse de ellos y visita sus cârceles y hospitales, hasta que se le nombra capellân general de las galeras, y las recorre una a una, sobre todo en Burdeos. Entonces es cuando se dice que sustituyô a un remero que desfallecia, dato que la historia no parece confirmât. En estas visitas llegô hasta su tierra, prôxima a la ciudad, y a pesar de la impresiôn que recibiô al ver la situaciôn de su familia y de que la tentaciôn le durô très meses, renunciô a dedicarse a mejorarla, porque "aunque tuviera cofres de oro, to­ do lo que tiene un eclesiâstico es de los pobr*es" (cf. o.c., t.2 p.148). Por fin, San Vicente comienza a navegar. La marquesa y él 1535 tienen la misma preocupaciôn: las misiones rurales. Ella desearia que "Monsieur Vincent” se dedicase a este trabajo, pero tampoco quiere vers’e privada de él. Consigue un término medio, a saber: que se funde una asociaciôn de sacerdotes, aprobada por su hermano, el arzobispo de Paris, y dirigida por San Vi­ cente, el cual tampoco la abandonarâ a ella mientras viva. La casa se abre en abril de 1625. Muerta entonces la senora, su marido ingresa en el Oratorio y San Vicente se reûne con los suyos, que en 1633 pasan a la casa de San Lâzaro, de donde reciben. en Francia, el nombre comûn de lazaristas. Al morir cl Santo existian treinta y cinco casas, repartidas por toda Europa e incluso por Madagascar. Los Paûles son, pues, sacerdotes seculares que se obligan : μ y; 832 FIESTAS D« LOS SANTOS con votos de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad, y estân destinados principalmente a las misiones y al cuidado de los seminarios. Pero San Vicente no olvida la caridad. Aquella asociaciôn de Chatillon se funda también en Paris, aunque con poco éxito, hasta que interviene dona Luisa de Marillac, no­ ble y nieta de nobles. Pronto crece el numéro de asociaciones y de asociadas, pero dejan mucho que desear. El Hospital de Dios (el principal de Paris) es horroroso, y las sehoras, unas no pueden entregarse de lleno a la obra, otras envian a sus criadas. Entonces San Vicente comienza a admitir gente humilde—la primera es una campesina—y sin saber como, poco a poco se encuentra con una Congregacion formada. Son las Hijas de la Caridad, que representan un avance extraordinario en la Iglesia, pues hasta entonces todas las religiosas eran de clausura. Son unas religiosas, dira él. "que tienen por celda el dormito­ rio del hospital, por capilla la parroquia y por pasillos las calles.” 1536 La vida del Santo se confunde ya con sus obras. Él, que de joven viô fallar todos sus esfuerzos humanos por abrirse camino en el mundo, ve que ahora el mundo le resulta pequeno. Han triunfado su inteligencia clara y prâctica, poco dada a la especulaciôn, su vida de union con Dios y su entrega a la Pro.videncia. Ni que decir tiene que sus relaciones con el mundo religioso y civil son muy frecuentes. En el asunto de los jansenistas viô pronto y sin necesidad de estudio la verdad, por­ que dédicô a la cuestiôn de la gracia "... très meses de oraciôn, y sali convencido de que Dios muriô por todos y quiere que todos se salven.” Hombre de buena salud, viô cômo se le resquebrajaba en los postreros afios de su vida. Sintiéndose morir, aùn trabajô de lleno desde su habitation en dar los ùltimos toques a su obra de las Hijas de la Caridad. El 18 de septiembre de 1660 perdiô el conocimiento con intervalos de lucidez y el 27 expire dulcemente, a las cuatro de la maüana. Lo beatifico Benedicto XII el 13 de agosto de 1729, y fué canonizado el 16 de junio de 1737. La fiesta no se seüalô en el dia de su muerte, sino en el 19 de julio. CONFESORESI APÔSTOI.l’.S DE LA CARIDAD b) 833 GUIONES HOM1LET1COS Siendo tan abundante en nuestra obra la materia predicablc sobre los santos que han hecho brillar en su vida esta faceta del amor puesto al scrvicio de los inenc.sterosob, nos limitâmes a ru.nitir al indice sistematico, recomendando los materiales du Santos Padres rccog’dos en las dominicas de Adviento. Sôlo insertamos, a titulo de ejemplo, dos guiones, uno sobre San Juan de Dios y otro sobre San Vicente de Paul. San Juan de Dios, el cristianismo, la cruz y la misericordia 1537 A. is vida de San Juan de Dios es una vida de cruz y de ca­ ridad para con los pobres. B. La esencia del cristianismo consiste en estas dos virtudes. Muchos, a ejemplo de los apôstoles, no lo entendieron (véa­ se ibid., Dom. de Quincuagésima, guiôn 13 t.2 resurnido en Confesores, Fundadores: "Seguir a Cristo"). Linos seguiran este camino en grado heroico, como Sun Juan de Dios, pero en uno u otro grado es necesario que lo sigamos todos. De lo contrario, Cristo, al no verse re­ producido en nosotros, nos tendra que decir: "No os ço­ nozco". San Vicente de Paul: El amor activo B. Los primeros pasos de la vida de santificaciôn de San Vi cente son, como en todos los santos, aquellos que le acercan a Dios. La virtud y santidad consisten en la caridad, esto es, en el amor. b) Del amor a Dios se sigue naturalmente la caridad para con el prôjimo y la bencficencia, porque la caridad es activa. El amor tiene, como primer efecto, la unidad entre el aman­ te y el amado, cosa fàcil para el cristiano dentro del cuerpo mi stic o. Esta union hace que consideremos al amado como a nosotros mismos, le evitemos cuanto a nosotros nos doleria y le procuremos cuantos bienes nos satisfarian a nosotros. b) Amor de benevolencia y de concordia (cf. ibid., Dom. 4 después de Epifania, guiôn 1 t.2 p.511 2.* ed. n.847851). La f*aJabra de C, JO •di. 1538 I) PEDAGOGOS a) 1. HAGIOGRAFIAS SAN JOSE DE CALASANZ (27 de agosto) 1539 San José de Calasanz es fundador de los Escolapios y pa­ trono del Magisterio espafiol de primera ensefianza. Al conmemorar su fiesta, ha de ser explicada su vida a todos los nifios. Daremos unos breves datos biogrâficos. 1540 1Primeros apostolados El mâs joven de los cinco hijos de Pedro Calasanz y Maria Gaston nace en el castillo de su padre, cerca de Peralta, en 1556. Estudia humanidades en Estadilla, y trueca la voluntad de su padre, que lo queria milita^·, profesiôn a la que él, de nifio, también demostrô aficiôn, consiguiendo ir a la Universidad de Lérida y después a la de Valencia, de donde se mar­ chô huyendo de una senora noble y joven, que le sometiô a una tentation parecida a la del patriarca José. Doctor en derecho por Lérida continuo estudiando teologia en Al cal à y se ordenô sacerdote a los veintiocho afios. Lia môle entonces el obispo de Urgel, que le nombrô vicario gene ral de Tremp, desde donde visitô y reformo el clero de An­ dorra y ocupô después el cargo de vicario general de toda la diôcesis. 1541 2° Fundador de escuelas Calasanz sintiô desde su edad madura una constante Hama­ da hacia otros apostolados. Por fin, oyô la mâs insistente y marchô, en 1595, a Roma, donde le protegiô la familia de los Colonnas. En una peste desencadenada en 1595 rivalizô con San Camilo de Lelis. Pero su principal vocation era la de ensefiar a los nifios, por lo que desde el principio diô su nombre a la Asociaciôn de la Doctrina Cristiana, que abria sus clases de catecismo los dias festivos. El Santo comprendiô lo insuficiente de aquellas catequesis y comprobo, ademâs, el estado de abandono de los nifios pobres de la ciudad, ya que todas las escuelas eran de pago. Decidido a afrontar el problema, fracasô en su intento CONFESORES : PEUAGOGOS 835 de que las escuelas parroquiales admitiesen ninos gratuitos, porque los maestros pedian aumento de salario, fracasô igualmente al rogârselo a los jesuitas y dominicos, y entonces se resolviô a abrir él una escuela para recoger a los ninos necesitados. Asi nacieron en la historia de la pedagogia moderna las escuelas gratuitas libres. Calasanz comenzô en una habitaciôn de la parroquia de Santa Dorotea, en 1597. A la semana tenia cien alumnos. Dos afios después se despedia de los Colonnas y fundaba un Colegio Mayor. En 1602 surgia otro mâs grande aûn en San Andrea della Valle. Mas no tardaron en surgir las contradicciones. Sus mil alumnos y los maestros de que se rodeo, que viven con él en comunidad, despiertan los celos del Magisterio oficial, que le denuncia y promueve una inspeccion pontificia. Ejércela el cardenal Baronio, pero termina convirtiendo al papa en protector de la obra. Lo mismo ocurre, en 1606, con Paulo V. Este comienzo de persecucion no desanima a Calasanz. Al rêvés, compra un palacio para colegio, y en 1621 sus maestros y él son reconocidos como nueva Orden religiosa, cuyas casas se extienden por toda Italia en poco menos de diez anos. 3.° El persegxudo La santidad no suele cambiar las condiciones naturales de las personas. Ha habido santos de vida extraordinaria, a los que el divino Espiritu ha comunicado con sus don'es nuevas luces. Pero esto no es lo corriente. La santidad no reside en el entendimiento, sino en la voluntad, de modo que el que carece de inteligencia, o de dotes de mando antes de su santificaciôn, suele seguir careciendo de ellas después. Se corrigen los defec­ tos morales, pero no se adquieren milagrosamente condiciones naturales, como no sean las que se pueden alcanzar con el pro­ pio esfuerzo. Los milagros son algo extraordinario hasta en los mismos santos. Pues bien, hay que confesar que San José de Calasanz no se distinguiô por sus dotes de gobernante, pero precisamente a mueste defecto natural hizo brillar mâs su santidad. Como ~ chos iniciadores de movimientos, su obra le llegô a desbordar. Aquella floraciôn de escuelas le obligô a admitir un profesorado sin la formaciôn espiritual debida. Hubo después que echar mano para la ensefianza de los mismos legos, que se ensoberbecieron y fueron exigiendo cada vez mâs, desde el uso de la sotana y tonsura, sin previos estudios, hasta vivir en un estado de continuo alboroto contra los sacerdotes y contra el mismo fundador. Un hermano intenté asî asesinarle, otros le insultaron y llamaron inûtil, pidiéndole su dimisiôn delante de toda la comunidad. San José sufriô las injurias personales, pero rΓ 1 * 836 1!ESTAS DE l.OS ci, que habia sido tan benevolo, diô ya ordenes mâs rigurosas para la admisiôn de nuevos elementos y quiso que se fatilitase la salida voluntaria de los antiguos. Sin embargo, la gran persecuciôn provino de los propios je­ fes de la Congregaciôn recicn fundada. En 1630 habia sido admitido en Nâpol es un tal Mario Sozzi, que durante varios aiios perjudicô e hizo mucho dano a sus hermanos. Su habilidad le habia granjeado amistades en el Santo Oficio, que le protegieron e hicieron subir al puesto de provincial. Desde este cargo comenzô, con malas artes, a desprestigiar a San José y procurar sucederle. Finalmente, le denunciô al Santo Oficio, el cual prendiô a nuestro Santo ÿ lo llevô conducido por las ca­ lles de Roma. Su sonrisa y paciencia admirô a cuântos le vieron. Una râpida intervencicn del cardenal protector Cesarini consiguiô que lo pusiesen en libertad el mismo dia. No disminuyô, empero, el influjo de Sozzi, sino que, a voz en grito, proclamo la inutilidad del viejo superior, hasta que consiguiô que lo destituyesen y desconfiasen de él. 1543 4° “El varôn CONEESORES : t’EDAGÔCOS SANTOS mâs parecido al santo 837 La Orden, que no desapareciô nunca del todo, renaciô oficialmente en 1656 y San José fué canonizado en 1767. 2. SAN JUAN BOSCO (31 de cncro) Su Santidad Pio XL hablando de Don Bosco, dijoz "En su 1544 vida lo sobrenatural llega a ser natural y lo extraordinario, or­ dinario." En realidad, su vida es una de las mâs complejas e imposibles de resumir. Vive en el Piamonte, region de contradicciones politicas, donde una familia real, piadosa, es la enemiga principal de los papas, y unos ministros laicos protegen a los santos. Son los dias dificiles de la unificaciôn italiana y Don Bosco, que rehuye la politica, tiene que intervenir con los gobernantes y con la casa real. Don Bosco, un hombre humilde, cscoge un trabajo oscuro, pero sus milagros lo hacen celebérrimo y le obligan a viajar a Roma y a Paris. Inicia sus cons­ tructiones en casas humildisimas, pero lo llaman los papas para que edifique grandes templos en Roma. Job" Lo que sufriô Calasanz fué inaudito. Se le condenaba a es­ tât de rodillas delante de la comunidad, se le imponian las mâs severas penitencias y se le dirigian los mâs recios insultos, haciéndole responsable del crimen de que una gran parte de los escolapios deploraran lo que ocurria. El Santo, sin embargo, cuidô con gran caridad a su perseguidor cuando cayô enfermo. A la muerte de Sozzi, le sucediô un tal Cherubini, continuador de la misma politica. La indisciplina de la Orden era gene­ ral. El Santo insistia en que se obedeciera a Cherubini, pero las cosas llegaron a tal punto, que una inspecciôn de cardenales, practicada en 1645, restaurô en el generalato a San José. Si el hecho suscitô la alegria de muchos, produjo en los demâs tal estado de rebeliôn, que Inocencio X hubo de disolver la Orden en 1646. San José, al ver derruida su obra, se limitô a decir: "Dios me la diô, Dios me la ha quitado... Bendito sea su nombre." Roma encargô entonces al P. Cherubini la redacciôn de unos nuevos estatutes. Pero el Padre cayô en desgracia. El Tribunal de la Rota habia descubierto la mala administraciôn del colegio que dirigia. Al afio siguiente muriô Cherubini, reconciliado con Calasanz y consolado por él, y pocos meses mâs tarde fallecia el propio fundador (25 de agosto de 1648), a la edad de noventa y dos aiios. San Alfonso Maria de Ligorio, cuya historia es muy parecida, se consolaba meditando la vida de Calasanz, a quien Be­ nedicto XIV llamô "fel varôn mâs parecido al santo Job". l.° JUVENTUD Y VOCACIÔN Naciô en 1815, de padres pobres, de los cuales el marido muriô, dejando a "mamâ Margarita” como ûnico apoyo del Santo. No ténia mâs que cinco anos cuando sonô por primera vez—los sueüos y visiones se repiten mucho en su vida—y el sueno fué un anuncio de su vocaciôn. Intentaba en vano paci­ ficar a un grupo de ninos peleones y blasfemos, cuando viô a una sefiora que le aconsejaba suavidad para vencerlos. Los ninos se amansaron inmediatamente. E inmediatamente tam­ bién comenzô a poner en prâctica la indicaciôn de su sueno, valiéndose de sus habilidades de titiritero y prestidigitador, que le Servian para atraerse a los rapaces, cuyas diversiones terminaban en la iglesia. Mucho hubo de sufrir y trabajar como criado, y muchas caminatas hubo de dar a la casa de sus preceptores para conseguir la ilustraciôn suficiente con que poder ingresar, a los dieciséis afios, vestido de limosna, en el seminario de Chieri y pasar después al teologado de Turin, donde ya durante los domingos comenzô a reunir y catequizar golfillos. Turin era entonces tierra de santos y Don Bosco encontrô uno que le animô y orientô en su vocaciôn. José Cafasso le introdujo en los barrios y en las cârceles. Pero nunca ha sido fâcil encontrar locales para reunir a los muchachos y menos si éstos pertenecen a cierta clase social, mal educada por carencia de recursos. Don Bosco lo recorriô todo, desde los patios de los cementerios hasta la casa de una marquesa, de donde también hubo de salir. 1545 1 I • I I 838 ° 1546 2. FIESTAS DE LOS SANTOS La primera casa Repuesto de una pneumonia, alquilô su primera casa, si pue­ de recibir este nombre, y eoloeô al frente de la administration a “mamâ Margarita". Un centro, cuatro centres, una residencia para aprendices. que, durmiendo con él en Valdesoco, salen de alli para su trabajo, y en 1853 ya tiene dos talleres propios. uno de zapateria y otro de sastreria. En 1856 contaba con ciento cincuenta internos, diez que estudiaban latin, preparândose para ser los futuros ayudantes del fundador, y quinientos niüos del Oratorio. Sus métodos pedagôgicos se reducian al amor, la predicaciôn y el confesonario, lugar donde manifesté repetidas veces su poder milagroso de leer en las conciencias. Los castigos corporales se suprimieron por completo, con lo que se adelantô en muchos anos a la pedagogia general. Mientras tanto, llenaba no solo Turin, sino toda Italia, de “lecturas populares”, hojas y folletos apologéticos, dogmaticos y morales. Pero Don Bosco necesitaba una ayuda permanente y pensô organizarla. Los tiempos eran malos. El laicismo rugia y habia expulsado a varias Ordenes religiosas. Ya hemos aludido, sin embargo, a la contradictoria actuation de aquellos ministros piamonteses. Rattazi. el autor de la législation mâs sectaria, fué el que repitiô mâs veces a Don Bosco la necesidad de format una congrégation de personas "que no fuesen frailes y que vistieran como los hombres y trabajaran como todos". Asi surgieron los Salesianos. 1547 3.” Los Salesianos Nuestro Santo tenia ya un grupo de grandes colaboradores, Cagliero, Artiglia, Roccheti y Rua. Con ellos comenzô, en 1850. Seis aüos después contaba con 32 e inicia la aprobaciôn de sus Réglas, que no llegaron a ser definitivas hasta pasados tres quinquenios, y eso después de llenar la corte pontificia de pro­ digies. Cuando muere Don Bosco, los Salesianos—nombre en honor de San Francisco de Sales, la gran devociôn de Don Bosco, después de Maria Auxiliadora—eran 768, distribuidos entre las treinta y ocho casas de Europa y la veintiséis de America. Los milagros le seguian por doquiera. Las persecutiones, también. Y fué milagroso el modo con que en alguna ocasiôn se librô de ellas. En su vida aparece un misterioso perro, “el Gris", que salia en los momentos de peligro y se desvanecia después de defenderle. CONFESOKES : PEDAGOGOS El 839 1548 milagro mayor Pero cl milagro mayor fué el de su confianza en la divina Providenda y el de la manera con que Dios solia acudir en su socorro. El gran constructor de iglesias comenzô la suya en Turin, con una lira. Las demâs vinieron seguidas, y si en ocasiones fué necesario curar milagrosamente a una persona, no muy dispuesta a dar, se la curô en el momento para que pudiese salir al banco. En 1872 ya existia también un colegio de ITermanas de Maria Auxiliadora, destinadas a desarrollar con las ninas una obra paralela a la de los Salesianos. Por fin, después de visitar Francia y Espana y de ver extendida su obra por el mundo, el dia 31 de enero de 1888 moria el Santo fundador de los Salesianos. Su cadâver fué visitado por unas cuarenta mil personas. Se le canonizo en 1934. A su beatificaciôn asistieron unas sesenta mil personas y puede decirse que esta abriô la etapa de las grandes aglomeraciones de masas en San Pedro. La frase acostumbrada en Roma era: "San Pedro no se puede llenar.” Aquel dia se llenô. b) GUI ONES HOM1LETICOS La education 1549 Recomendamos los siguientes guiones: A. El fin de la education cristiana es la formation del carac­ ier (cf. La Palabra de Cristo t.l p.289). B. Debe tender a reproducir a Cristo en los hijos (cf. ibid, t.l p.726 y 750). Necesidad de vigilar para evitar los peligros (cf. ibid, t.2 p.654). D. Deber y dignidad de los padres educadores (cf. ibid, t.2 p.120). A quién corresponde educar (cf. ibid, t.2 p.810). Derechos y extralimitaciones del Estado (cf. ibid, t.8 p.817). Derechos y deberes de la familia (cf. ibid, t.8 p.817). ■ FIESTAS DE LOS SANTOS 1550 Juvent ud (Véase (naice de guioncs do santos jovencs.) 1551 Magisterio de Cristo El magisterio de Dios, necesario para los hombres (cf ibid t.6 p.131). Cristo, Maestro natural y necesario (cf. ibid. p. 131 y 138). La pedagogia de Cristo (cf. ibid, p.135). 1552 Virtudes del educador: La fortaleza Todos los santos han sido dotados de esta virtud, no sôlo en sus mortificationes, sino ante las mil dificultades que se les presentaron en su vida. a) San José de Calasanz bubo menester de ella para re­ sistit la persecuciôn. b) San Juan Bosco para sus mil empresas erizadas de di­ ficultades humanas. San Juan de Dios para pasar por loco y soportar el sacrificio de sus hospitales, jlos hospitales de aquel tiempo! fortaleza, virtud pedida por San Pablo para los fieles, es requisito previo de toda virtud. a) Dispone la voluntad para vencer toda clase de temores. b) Sus dos actos son atacar y résistif. Mucho mâs difi­ cil este ùltimo. Doctrina de Santo Tomâs. Necesidad actual de hombres de temple (ci. La Palabra de Cristo, Dom. 16 de Pentecostes, guiôn 3 t.7 p.809). CONFESOHES : l’EDAGOCOS 841 id F ·’ ΓV La paciencia Virtud necesaria a todos los santos. a) Muy necesaria a los que se entregan a la educaciôn de la juventud. b) No solo en el sentido vulgar de tolerancia de trabajos pesados, sino para soportar los frutos que se malogran, por la ingratitud de los educandos, etc., lo cual constituye un verdadero sufrimiento para cualquier pedagogo santo. La paciencia no es una cualidad temperamental, ni una indiferencia de animo puramente natural. Es una virtud moral, cuyo objeto es combatir la tristeza y apartarla del hombre animoso. Anâlisis de la paciencia segûn Santo Tomâs. La paciencia ensena. a) La jerarquia de los valores. b) La condiciôn de las criaturas. La tenacidad para conseguir el objetivo. paciencia exige una gran vida interior y las très virtu­ des teologales (cf. La Palabra de Cristo, Dom. 17 después de Pentecostes, guicn 3 t.9 p.983). 1 I San Juan Bosco λ. La alegria. (Véanse numerosos trabajos y guiones sobre la alegria y la tristeza en La Palabra de Cristo, 3Λ Dom. después de Pascua de Resurrecciôn, t.4.) B. Los oratorios festivos. (Véanse numerosos guiones sobre el dovningo conio dia festivo» en ibid, Dom. 16 después ce Pentecostes, y espccialniente cl n.7, dcdicado al empleo alegTc de la tarde del dorningo.) 1554 PATRONOS DE LA JUVENTUD a) 1. HAGIOGRAFIAS SAN LUIS GONZAGA (21 de junio) 1555 San Luis es Patrono de la juventud catôlica, y santo cuyas dotes civiles conviene que haga resaltar el predicador. Para ello pueden servirle su educaciôn cortesana, sus aficiones cas­ trenses, el esfuerzo que le hubo de costar la renuncia a su familia, amén de su ascétisme y caridad, sin aludir a datos que, a mâs de ignorar su certeza, por lo menos no son ejemplares en el mundo de hoy, como lo de que no mirô nunca a su ma­ dre, para conservar la pureza. 1556 l.° Aficiôn a las armas Pertenecia Luis a aquel stetor de la nobleza italiana que estuvo al servicio de Espana. Habîa nacido en la Italia ro­ busta de la Lombardia, el 9 de marzo de 1568, como primo­ genito de Ferrante, marqués de Castiglione, y de Marta Santena, dama de honor de la mujer de Felipe IL Su padre le inclinaba a la carrera de las armas, a las que de pequéno mostrô gran aficiôn, manejando caüoncitos y morteros de juguete. Cuando su padre organizaba un ejército de très mil hombres para la expediciôn a Tûnez, el nino pasô va­ rios meses entusiasmado en el campamento, vestido de una armadura infantil y conviviendo con los soldados. Esto ocasionô el famoso disparo de canon, que estuvo a punto de costarle la vida, y que causé verdadera alarma en las tropas. Fué, en verdad, una desobediVncia. También ocurriô enfonces que aprendiô el lenguaje de la milicia y hubo de amonestarle su preceptor, quien le hizo saber que habîa proferido verdaderas blasfemias, lo que le peso durante toda su vida. En 1577 fué enviado a Florencia para comenzar los estudios de latin e italiano. Por entendes diô muestras ya de una virtud sôlida, aun cuando no conocia la oraciôn mental ni te­ nia edad para ello. San Roberto Belarmino y dos de sus confesores declaran que jamâs cometiô pecado mortal alguno. Delante de la Virgen de la Anunciaciôn, y en la iglesia de los Servitas, hizo voto de castidad..Vote precoz, pero no extemporâneo en aquella época de matrimonios tan prematuros. CONFESORES: PATRONOS DE LA JUVENTUD 2.· Castidad 843 Y MORTI FICACIÔN Transcribimos del Butler’s Lives: "Para salvaguardar su castidad de posibles tentaciones, se sometiô a una rigida disci­ plina, copiada, quizâ, de los Padres del desierto, que fera lo que se le podia ocurrir a un nifio de nueve afios. Se nos dice asi que se empefiaba en tfener siempre los ojos bajos delante de las mujeres, y que no permitiô ni a su ayuda de câmara que le viese desnudo mâs que el pie”. Con gran sfentido hace notar este autor que lo que delicadisimos escritores nos pre­ sentan como virtud heroica era pura infantilidad dfe un nifio que se empefiaba en ser santo. He aqui lo imitable: el empefio. Tenia cerca de once afios cuando fué enviado a Mantua para prosfeguir sus estudios. Alli comenzô aquel mal de piedra que tanto habîa de hacerle sufrir, y del que por entonces se euro. Alli también conociô a los jesuitas y frecuentô el trato de diversos religiosos. Alli comenzô su austeridad, nada femfenina, pues ayunaba tres dias a pan y agua y se disciplinaba con las cadenas de los perros. No consintiô tener jamâs calefacciôn alguna. En 1581, al ser nombrado su padre gran canciller del rfey don Felipe, fué también él designado paje del principe don Diego. Ya conocia la oraciôn mental, que le costaba a veces hasta tres horas de preparation para, finalmfente, hacerla sin distracciones. Es lo que recomendaba el P. Granada, de quien Luis era asiduo lector. En cambio, desobedecia a su padre y faltaba a las clases de esgrima y dfe danza. Los benedictinos franceses, autores de la Vie des Saints, dicen a este respecto: “No parece que la obediencia fuese su virtud dominante”. 3.’ La lucha por la vocaciôn La muerte del principe de Asturias afirmôle mâs en el desprecio dei mundo y se decidiô a ingrfesar en la Compafiia de jesûs. Su lucha por la vocaciôn fué durisima. La madre Con­ sentia, pero el padre no, y llegô a acusarle de jugador, llenô de deudas. Cuando la familia volviô a kalia, después de una estancia dfe dos afios en Espafia, la oposiciôn no solo del pa­ dre, sino de los nobles y clérigos que le rodeaban, fué total. El conde le encargô distintas comisiones seculares, y hasta tuvo esperanza de que conociese fel vicio. Todo fué inûtil. Al fin, hubo de ceder, y Luis entrô en el noviciado de la Compafiia en la casa romana de San Andrés. A los très meses muriô santamentfe su padre. La vida de Luis en el noviciado comenzô a distinguirse por el repudio de cuanto recordaba lo noble de su origen. Gustaba de conversar con los legos, de pedir limosna con un saco y llevar tan vifejos los hâbitos que hubieron de avisarle cômo 1558 X < L FIESTAS DE LOS SANTOS 844 también eso podia ser soberbia. Entonces escribiô sus medita­ tiones, Hamadas Tratado de los ângeles. 1559 4.° En la Compara Alumno aventajado del Colegio Romano, hoy Universidad Gregoriana. hizo sus primeros votos el 25 de novi'embre de 1587, y recibiô las ôrdenes menorcs en febrcro y marzo de 1588. Un ano después vol vio a la corte de sus padres, enviado por el P. General. Grande debia ser el prestigio del estudiante, cuando su misien consistio en pacificar las discor­ dias existentes entre su hermano Rodolfo y el duque de Man­ tua, a proposito de un castillo. También ccnsiguiô regularizar la situation de su hermano mediante un matrimonio desigual que logrô ac’eptasen todos sus familiares. Al volver de la corte diô una plâtica a los alumnos de Siena y otra a los obispos en Roma, en la que les hablô de sus obligaciones espirituales. Hay que suponer en el santo jo­ ven la ciencia debida y la virtud suficiente ante Dios. Cuidando a los apestados contrajo la enfermedad el 3 de marzo, y muriô el 20 de junio de 1591. Copiemos algunas de sus fras'es y comprobaremos su carâcter entero: "No conviene que nos sintamos grandes por nuestro nacimiento, porque, en fin de cuentas, los principes son tan cenizas como los pobres. Quizâ de péor olor. Eso es todo’’... “El que no peca en palabras es un hombre perfecto”... “Estaria alegre si pudiese sufrir algo por Dios". Fué canonizado por Benedicto XIII, el 26 de abril de 1726. El 21 de junio anterior habia sido nombrado Patrono de la juventud. 1560 2. SANTO DOMINGO SAVIO (9 de marzo) Es el santo confesor mâs joven del martirologio Cristiano, ya que muriô a la edad de quince anos. Esta juventud fué un obstaculo en el proceso de canonization, pero el papa estimô que, léjos de serlo, debia mâs bien favorecer su elevation a los altares. Hijo de campesinos. naciô en Riva del Piamonte, en 1842. Cuando Don Bosco comenzô a reunir jôvenes que tuviesen vo­ cation sacerdotal y quisieran dedicarse con cl a la education de la juventud. el pârroco de Domingo se lo presentô, y tien anos justos antes de su canonization, ingresô en el oratorio de Turin. Ténia doce. Distinguiôse inmediatamente por el trabajo y el estudio. Pero formô, ademâs. una Congrégation llamada “la Compania de la Inmaculada , de la que todos los miembros, excepto él, CONEESORES: PATRONOS DE LA JUVENTUD —■ ■ ■ ■ - 845 ------------------------ ------- -—i-------------------- que acababa de morir, constituyeron los primer os Salesianos. Su carâcter era en extremo alegre y dicharachero. Sin em­ bargo, fué tan aficionado a la mortificaciôn, que Don Bqsco hubo de reprimirle ordenândole poner la atenciôn en las pequeüas obligaciones e incluso en los juegos. "La religion—le decia—nos es tan necesaria como el aire, pero no podemos sobrecargar a nuestros muchachos de devociones." Una noche dei frio invierno de Turin encontre» al joven sin ropa en la cama. "No seas asi—le dijo—; vas a coger una pulmonia.” Domingo conteste»; ‘^Acaso la cogiô el Nino Jesûs en el pesebre?" En su oraciôn abundaron los raptos que él llamaba distrac­ tiones. Tenia verdadero miedo de que le sorprendieran en el recreo e hiciese o dijese algo por donde los demâs se ecbas'en a reir. Su salud delicada—padecia de los pulmones—obligô a trasladarle a la casa de Mondonio, donde fall'eciô en 1857. Fué canonizado en 1950. b) • ·* £ GUIONES HOMILETICOS Fara los panegiricos o sermones a proposito de los santos llamados pa­ tronos de la juventud ofrecemos unos cuantos de los guiones que sobre estos motivos figuran en La Palabra de Cr'sto. El predicador podrâ fâcilmente encajar en ell»os el santo de que hable, poniéndolo como modelo o contraponiéndolo a los defectos que se haÿan ce corregir. Recomencamos especiahnente los guiones que figuran en el tomo 7, en la homiïa sobre la resurrecciôn del hijo dë la viuda de Nairn, de los que damos a continuacion un breve extracto, siguiendo el· mismo orden en que se insertaron. El jo ven muer to 1561 Cristo en forma de la gracia y dei sacramento de la Eucaristia, en forma dei sacerdote, de la lectura y de otros jovenes, pasa continuamente junto a los jôvenes muertos, que solo en Él encontrarân la vida. Llora por elios la madré iglesia. Causas de su muerte (cf. o.c., t.7 guicn 9 p.645). El joven necesita a Cristo La juventud, etapa fisiolôgica, de la que depende muchas veces toda la vida. Por eso necesita a Cristo, ùnico ideal que permanece. 1562 -C _ >'I1STAS Γ>Ε LOS SANTOS 846 C. Motivos por los que la juventud necesita ideates. D. Su formaciôn: escuela, maestro, adolescenda (cf. o.c., ibid., guiôn 15 p.665). F■ 3 Los jôvenes in vertebratios 1563 Λ. Les falta la columna vertebral del entendimiento formado. la voluntad y un ideal. B. Educaciôn necesaria: fisica, intelectual, profesional, mo­ ral, religiosa (cf. o.c., ibid., guiôn 16 p.669). 4 El joven y lu gracia 1564 La libertad de la verdad. El cuerpo de muerte ha sido sentido también por los santos: San Pablo. C. La vida de la gracia: nueva potencia y energias. D. Desconfia de ti (cf. o.c., ibid., guiôn 17 p.673). A. B. El joven y la esperanza 1565 A. Necesidad de la esperanza. B. La de los santos y la situaciôn de quienes carecen de ella. C. La vida es esperanza. la esperanza es gozo y union. D. Exposition de la vida de esperanza en San Pablo (cf. o.c., ibid., guiôn 18 p.677). 6 Enfermedad moral del joven 1566 A. B. C. D. E. Edad peligrosa. Las pasiones. Si dominan, el joven esta enfermo. Peligros dei mundo moderno. Remedies de la educaciôn vigilante (cf. o.c., ibid., t.8 Dom. 20 de Penteçostés, guiôn 16 p,369), * CONFESORES: PATRONOS DE LA JUVENTUD 847 La irnpureza (Rccomcndamos el articulo del P. F£lix sobre este vicio en el' joven, sus daflos, los falsos remedios “y Cristo, el -· Junico - -· · · *** o.c. -·verdadero, Cf. ibid. p.294.) La vocation. Los santos fueron fidelisimos al seguir la suya. Sobre esta materia véase en el indice general la palabra Vocaciôn 1567 COXFESORES: VARIOS K ) VARIOS a) 1. HAGIOGRAFIAS SAN JUAN BAUTISTA (24 de junio) 1568 Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Vino a dar testimonio de la luz para testificar de ella y que todos creyesen por él. No era él la luz, sino que vino a dar testimo­ nio de la luz (lo. 1.6-8). 1569 1.· Juan a) Enviado de Dios: legado divino. β) Para testificar la luz. Los antiguos le atribuyeron dudas: los modernos, opiniones extranas de los esenios sobre el Mesias. Mal se compaginan estos errores con la misiôn divina de conseguir que creyeran en la luz por él. y) No era él la luz. Lo anterior supone la grandeza de Juan: esta frase cimenta su humildad. No era la luz del sol, sino la linterna: no era el rey, sino el pregonero. 1570 2.° Nagmiento Un ângel se aparece a Zacarias, sacerdote, que cumplia su turno en J’erusalén y habia llegado a edad avanzada sin tener hijos. Dijole el ângel: No temas, Zacarias, porque tu plegaria ha sido escuchada, e Isabel, tu mujer, te darâ a luz un hijo, al que pondras por nombre Juan. Sera para ti gozo y regocijo, y todos se alegrarân en su nacimiento, porque sera grande en la presencia del Senor. No beberà vino ni licorcs, y desde el seno de su madré sera lleno del Espiritu Santo, y a muchos de los hijos de Israel los con­ vertira al Senor su Dios, y caminarâ delantô del Senor en el espiritu y el poder de Elias para reducir los corazones de los padres a los hijos y los rebeldes a los sentimientos de los jus­ tos, a fin de preparar al Senor un pueblo bien dispuesto (Le. 1,5-25). El ângel concreta la misiôn del hijo de la oraciôn. Este hombre grande en la presencia de Dios y lleno del Espiritu, adelantado del Mesias, no tendra la grandeza de los Maca- 849 beos, ni la de David o Salomon. Contradiciendo la expecta­ tion judia, la venida del Mesias se prépara de modo harto sencillo: haciendo que los padres obvdezean a sus hijos... Cuando aparezea predicarâ penitencia como el Sefior, esto es, cambio de mentalidad, y sus consejos serân naturales: cumplir su obligaciôn. Lleno del Espiritu desde el seno de su madré, équivale a una presencia dinâmica y santificadora del poder de Dios. La tradicion ha visto también el perdôn del pecado original, motivo, segûn San Agustin, de que se celebre su natividad y no su muerte. Espiritu profético, ascético y de celo, poder de convicciôn de Elias. Los mismos judios le preguntaron si era éste proftta. El que lo anuncia es Gabriel, y como milagro probatorio causa la mudez de Zacarias. Vuelto a su casa, concibiô Isa­ bel, su mujer, que se ocultô durante cinco meses. A losi seis, enterada Maria por el ângel, visita a su prima, que le dice: Asi que sono la voz de tu salutaciôn en mis oidos, exultô de gozo el nifio en mi seno (Le. 1,-44). Es considerado como el mo­ mento de la santificaciôn del nifio impaciente ante su Sefior. Y pasados très meses mâs, le llegô a Isabel el tiempo de dar a luz y pariô un hijo. Discûtese el nombre. Isabel pide el de Juan, que ’es confirmado por escrito por Zacarias, a quien se le devuelve el uso de la palabra. Se apoderô el temor de todos los vecinos y en toda la montana de Judea se contaban todas estas cosas. Zacarias, cosa corriente en el hebreo, donde ademâs el verso era harto fâcil, pues solo consistia en la exposiciôn paralela de las ideas, tomadas generalménte de la Biblia, entona el “Benedictus”, cuyas son estas frases: “Y tû, niiio, seras llamado profetu del Altîsimo, pues iràs delante del Senor para preparar sus caminos, para dar la ciencia de la salud a su pueblo, con la remisiôn de sus pecados par las entraüas misericordiosas de nuestro Dios” (Le. 2,57-58). (Sobre la historicid&c de estos hechos, y particularmente del htmno, véase lo que hemos dicho al hablar de la Visitation.) ° 3. 1571 Formaciôn de Juan a) Y el nifio créera y se fortalecia en espiritu y moraba en los desiertos hasta el dia de su manifestaciôn a Israel. Esto es todo cuanto sabemos, y mayores descripciones se­ rân siempre hipotéticas. Los actuales descubrimientos sobre los esenios han producido una euforia un tanto exagferada. ,β) Lo que podemos dar por cierto es lo siguiente: Juan vive en los desiertos, esto es, en la parte del Jor- Λ 1 ■··. > Γ .. .s 850 FIESTAS DE LOS SANTOS dân comprendida entre Jericô y el Mar Muerto. Por aquella region estaban los monasteries esenios. 2) Juen era virgen y un asceta de vestido y comida mâs que sobrios. En esto coincidia y superaba a los esenios, como coincide y supera a las anacoretas cristianos y a los ptnizentes dei Antiguo Testamento. 1 3) Lo mismo puede decirse de algunas frases de su predicaciôn. 4) Es muy posible que simpatizara con los esenios, como parte mâs piadosa de Israël. Sujetarle a su disciplina, hacerle participe de todas sus ideas, es pura hipôtesis, que necesita fundamentos. 1572 4." Presentaciôn a Israel a) Este trozo evangélico se lee en la cuarta dominica de Adviento, en la cual quedô comentado. Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturôn de cuero a la cintura y se alimentaba de langostas y miel silvestre (Mt. 3.4). En el mismo lugar hemos explicado la region y el alimento de Juan. β) El objeto de su predicaciôn es; Arrepentîos, porque el reino de los cielos esta cerca. ... Detrâs de mi viene otro mas [uerie que yo, a quien no soy digno de desatar las sandalias; Él os bautizarà en el Espi­ ritu y en el [uego. Tiene y a el bieldo en su mano y limpiarà su era y recogerà su trigo en el granero, pero quemarâ la paja en el fuego inextinguible (Mt. 3.11-12). Ya esta puesta el hacha a la raîz de los àr boles, y todo ârbol que no dé fruto sera cortado (Mt. 3,10). y) Juan, pues, anuncia al Mesias. Un concepto corriente y exacto de los judios era el de concebir al Mesias como juez; pero un error de perspectiva, al aplicar las profecias, les hacia creer que ejerceria su misiôn judicial durante su vida en este mundo. Este era el pensamiento de los apôstoles, y por eso preguntan por la destrucciôn de Jerusalén, y el juicio, uniendo am­ bas cosas. δ) El Senor, que contesta taxativamente sobre la ruina de la ciudad, déjà siempre en sombra el “dia y la hora" final. Rehuye la cuesticn del tiempo y establece decididamente su papel de juzgador. En esta oscuridad y en la expectation del juicio proximo viviô también la primera generation cristiana. £) La idea del juicio—ya lo hemos expuesto varias veces— fué corrompida y acomodada a su gusto por los fariseos, quienes imaginaban un mundo dividido por el Mesias, a cuyo reino de Dios pertenteian ellos como seriores, y fuera de él gemian los pecadores como siervos. Contra este concepto se levantô >A'y Λ1’* CONPKSORKS: VARIOS 851 el Senor con sus parabolas sobre el reino de Dios, como compuesto de butnos y malos. ζ) [Ύ San Juan? Ciertamente que tuvo el concepto exacto dei Mesias, pues seria absurdo no lo tuviera el Precursor, ni tenemos un solo dato en contra. Probabilisimamtnte no conociô lo que solo saben el Padré y su Hijo, y pensaba en el juicio como proximo. Tampoco errô en ello, ya que la reparation definitiva comienza con la proposition de la doctrina del Sefior, piedra de choque para ruina y resurrection de muchos (Lc. 2,34). η) Confirman esta probabilidad, ademâs de las frases trans­ crites, las que dirige a los fariseos: Raza de vïboras, ^quién os ensena a huir de la ira que os amenaza? (Lc. 3,7). ° 5. Predicaciôn dei. Bautista 1573 œ) Para poder presentarse al juicio confiadamente se pro­ pone la formula: Haced frutos dignos de penitencia, esto es, frutos de penitencia dignos, vâlidos (Mt. 3,8). β) Como rep’etidas veces hemos indicado, la penitencia, que esencialmente es un dolor del pecado cometido, lleva como parte integrante el proposito de otra vida, o sea el cambio de mentalidad. Por eso San Juan Bautista lo explica y a cada uno le senala el cumplimiento de su obligation: Vinieron también los publicanos a baufizarse y le decian: Maestro, ^qué hemos de hacer? Y les respondia: No exijâis nada fuera de lo que esta tasado. Le preguntaban también los soldados: Y nosotros, £qué hemos de hacer? Y les respondia: No hagâis extorsion a nadie, ni denunciéis falsamente y contentaos con vuestra paga. y) Y sobre todo, la norma comûn. Comûn a él, a la Sagrada Escritura y a los Santos Padres: Las muchedumbres—nôtese siempre la aglomeraciôn de gen­ te en torno del Bautista—le preguntaban: Pues ^qué hemos de hacer? Él respondiô: El que tiene dos tunicas, dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo. δ) En realidad, San Juan entendia poco de tantos por cientos sobre lo superfluo. Menos que los moralistas. Y los Santos Padres tampoco. (Sobre la limosna como penitencia, cf. ibid., t.l, Dom. de Àdviento, San Agustîn y el Crisôstomo.) ° 6. Bautismo de Jesûs Aconteciô, pues, cuando todo el pueblo se bautizaba, que, bautizado Jesûs y orando, se abriô cl cielo y descendiô el Es­ piritu Santo, en forma corporal como de paloma, sobre el Hijo y se dejô oir una voz: Tû eres mi Hijo muy amado, en Ti me çomplazco. 1574 852 HESTAS DE LOS SANTOS CONEKSORKS: VARIOS En esta ocasiôn conociô Juan al Senor, segûn nos dira él mismo. 1575 7.“ Los très testimonios de Jlian a) Este es el testimonio de Juan cuando los judîos, desde Jerusalén. le cnviaron sacerdotes y levitas para preguntarle. No sabemos el tiempo que duré la predicaciôn de Juan, pero no debiô ser mucho, porque ni lo consiente la cronologia de los jtrarcas senalados como gobernantes cuando iniciô su predicaciôn. ni el pasaje que comenzamos a transcribit. Los judîos de la Jerusalén vecina vivian ojo avizor sobre todo maes­ tro que arrastrasc a la plebe, bien para unirlo a ellos, bien para eliminarlo. Cuando ‘envian la embajada a Juan, es de su­ poner que este ya habia provocado el movimiento a que el Evangelio alude varias veces, pero tampoco debia llevar tanto tiempo en su misiôn. R) Tû, jquién eres? Este evangelio figura suficientemente comentado en nues­ tra obra (cf. t.l, Dom. 3 de Adviento). y) Al dia siguiente viô venir a Jesûs y dijo: He aqui el Cordero de Dios. que quita el pecado dei mundo (Ιο. 1,20). San Juan no solo conoce la obra de su anunciado, sino que ha visto a la Santisima Trinidad y al Espiritu Santo descender sobre Él. Mâs aùn: El que me enviô a bautizar me dijo: Sobre quien vieres descender el Espiritu Santo y posarse sobre él, ése es el que bautiza en el Espiritu Santo (lo. 1;23). 8) En cuanto a esta teofania, no es aplicable la explicaciôn del espiritu de Dios. En este caso aparecen tan claras y distintas las tr^s divinas personas, que no hay otro remedio sino admitir al Espiritu Santo como una d’e ellas. · e) Al dia siguiente. otra vez haliandose Juan con dos dis­ cipulos, [ijô la vista en Jesûs, que pasaba, y dijo: He aqui el Cordero de Dios. Y los discipulos que le oyeron, siguieron a Jesûs (lo. 1.35). Dificil cosa es, hasta entre santos, fencaminar los propios discipulos hacia otro maestro; pero Juan nos va a dar la razôn de por que lo hace. Era el primer ano de la vida püblica del Senor y Juan bautizaba en Ainôn, "pues aûn no habia sido metido en la cârcel". Los discipulos sienten unos ôelos que no padece el Maestro. Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordan y de quien diste testimonio, esta ahora bautizando y todos se van con él. Juan les respondiô diciendo: No debe el hombre tomarse nada si no le fuere dado del cielo (se refiere a misiones especiales, aunque la doctrina sea general). Vosotros mismos sois testimonio de que dije: Yo no soy el Mesias, sino que he sido enviado delante de Él. El que tiene esposa es espoSO. so. El amigo del esposo que le acorapaüa y le oye, se alegra ! 853 grandemenfe de oir la voz del esposo. Pues asi este mi gozo es cumplido. Preciso es que Él et ezea y que yo mengüe. El que viene de artiba esta sobre todos. El que procede de la tierra es terreno y habia de la tierra; el que viene del cielo da testi­ monio de lo que ha visto y oido (lo. 3,23-36). 8.“ La embajada de if a: 157g Juan (Mt. 11,1 ss) Parece ser, aunque no son cosas dei todo evidentes, que los esenios esperaban dos Mesias, uno que viniera pacificamente y otro que fuese el juez. Segûn esto, algunos opinan que San Juan Bautista, que tenia la misma opinion, al ver que Jesûs conservaba su mansedumbre, llegô a suponer que no era Él cl definitivo Mesias. Esto es—vienen a decir—, Juan fué conociendo poco a poco la mesianidad auténtica de Cristo. El Evangelio no solo no da pie para ello, sino que supone lo contrario. Remitimos al lector a la dominica tercera de Ad­ viento, para que vea la burla que hace el Crisôstomo de los que afirmaban que San Juan habia podido dudar o ’equivocarse. Lea también nuestros Comentarios generales. Es absurdo que el mâs que profeta tuviese conocimientos tan enrevesados. Ab­ surdo también que el que habia anunciado tan claramente al Mesias, no supi'ese si era o no el definitivo. îCômo, después de afirmar que habia bajado del cielo, va a preguntar ahora si es Él o hay que esperar a otro que venga a juzgar? Por otra parte, la pregunta no déjà lugar a dudas. Alli se inquiere no sobre un sfegundo Mesias, sino sobre el ûnico personaje. Y se pregunta si es Él o no. El Senor contesta senalando los milagros que hace. Pues bien, supongamos que Juan creia en la venida dc los dos M’esias. En ese caso la respuesta hubiera sido inûtil. îQuién dice que el primero no habia de ha­ cer milagros y evangelizar a los pobres? Juan pregunta por ‘el que ha de venir", y J'esûs contesta que ya ha venido. Y nada mâs. iDudô Juan? ^Dudaron solo sus discipulos? De este solo episodio deduciriamos la duda de Juan; pero leidas sus ante­ riores, definitivas e iluminadas afirmaciones, basadas en el mis­ mo testimonio de Dios, que le habia dado como prueba la teofania, la duda de Juan resulta inverosimil. Mejor es que nos Senor y nos conatengamos a la apologia que hace de él el Sefior tentemos con ella, sin negarla. 9.° Prisiôn 1577 y martirio La esc'ena es tan conocida que nos ahorramos repetirla. Juan rcprochaba a Herodes su incesto y otros delitos (Le. 3, 19-20; Mc. 6,17-20). Herodes lo encierra en la prisiôn, pero le tiene respeto y escucha con gusto (Mc. 6,20). Desde la cârcel, ‘' c. · ’·. •t‘-1 ** 854 I FIESTAS DE I.OS SANTOS Juan envia a sus discipulos con la embajada antcriorracnte descrita. En un banqueté, Salomé, la hijastra de Herodes, le agrada tanto al bailar que recibe como premlo lo que por Instigaciôn de su madré ha pedido: la cabeza de Juan (Mc. 6,14 ss). San Jeronimo cuenta que Herodias atravesô con un alfilcr la lengua del Precursor; pero nos parece bastantt semejante a lo que hicieron otras mujeres de la antigüedad clâsica con otros oradores. para que résulte cierto. 1578 10. Reliquias y culto La historia de las reliquias de San Juan Bautista, enterrado por sus discipulos (Mc. 6,29), es mâs que confusa. Quemadas y dispersas las cenizas por Juliano el Apostata, se salvaron algunas que andan demasiado repartidas por el mundo. La ca­ beza corriô otra suerte, pero hoy nos encontramos con très, dos dt las cuales deben ser de otros mârtires llamados también Juan, y la tercera, la de Amiens, no tiene prueba alguna de autenticidad. El culto se remonta al siglo n. La basilica de San Juan de Letrân es la primera y mâs suntuosa que le ha sido dtdicada en el mundo latino. La fiesta se celebra el 24 en Occidente y el 25 en Oriente, pues unos y otros la han querido colocar seis meses justos antes del nacimitnto del Senor. La diferencia de un dia se debe a haber hecho el cômputo de calenda a calenda, segûn los romanos, o de 25 a 25, segûn los orientales. San Agustîn, en la serie de serments sobre el Santo, tiene uno muy gracioso, en el que se queja de las hogueras encendldas durante la noche, las cuales le han obligado a pasàrsela tosiendo. "Es una costumbrt pagana—dice—. Ya sê que la habéis cristianizado, pero el humo sigue siendo pagano.” 2. SAN ISIDRO LABRADOR (15 de maya) Los primeros datos que poseemos sobre San Isidro pertenecen a la vida escrita por Juan el Diâcono, probablemente él franciscano Juan Egidio de Zamora, aparecida en el siglo xill, o sea cien anos después de morir el Santo. Por eso resulta dificil aplicar una critica stvera que distinga los hechos totalmente reales de los desfigurados por la tradiciôn. Isidro era pobre y labrador a jornal, al servicio de Juan de Vargas. Estaba casado con Maria, tan pobre como él, y con ella, después de tener un hijo, conviviô en castidad ptrfecta. Ambos representan la santidad del hombre que vive en el mun- · CONFESORES! VARIOS 855 do. Sus virtudes son la caridad, el trabajo y la piedad, asi como la oraciôn, vtrificada durante el trabajo. El domingo, dedicado a visitar iglesias. 1. ° Anécdotas y mïlagros Sus compafieros acusan a San Isidro de que llega mâs tar­ de al trabajo, porque va a misa. Vargas lo vigila y comprueba que, en tfecto, se retrasa. Pero renuncia atônito a decirle nada, porque ve que detrâs de él, y compensando el tiempo perdido, va un arado que arrastran dos bueyes blancos y guia un desconocido, los cuales, cuando concluyen una labor determinada, désaparecen. Como ejemplo de su eximia caridad se recuerda que una vez llegô tarde a una comida a la que le habian invitado, y vino rodeado de pobres. Le ofrecieron su raciôn, que le habia sido reservada, pero advirtiéndole que no habia comida para tanta gente como te acompafiaba, el Santo comenzô a repartir de su plato y alcanzô para todos. ‘‘Para mi y para los pobres de Cristo”, dijo. Era caritativo y gtneroso hasta con los animales. En un invierno nevado se enterneciô ante un ârbol lleno de pajarillos que no tenian qué corner, y vaciô gran parte del costal de trigo que acarreaba, para alimentarios. No pudieron teprenderle, porque al llegar a casa resultô que llevaba la misma cantidad, y ésta produjo en el molino el doble de harina. Muriô el 15 de mayo de 1160, y su mujer, algunos dias des­ pués. St la llama Santa Maria de la Cabeza porque la suya solia sacarse en procesiôn de rogativas. 1580 Devociôn x CULTO La devociôn al humilde criado debiô extenderse râpidamente, pues a los cuarenta afios de su ôbito ya se trasladaban sus restos a una mucho mâs honrosa sepultura. San Isidro ts Pa­ trono de Madrid. Felipe III le atribuyô su curaciôn. En efecto, estaba desahuciado de los médicos, cuando pidiô que le llevasen las reliquias del Santo, y no habia salido todavia de Ma­ drid, camino de Casarrubios d'el Monte, cuando sanô el rey. Puso entonces la familia real gran empefio en su canonizaciôn, que se celebrô a la vez que las de San Ignacio, San Francisco Javier, Santa Teresa y San Felipe dt Neri. 2. ° 3. SAN FERNANDO (30 de mayo) Hemos de ser brevisimos en la biografia de un santo que llena una etapa de la historia espaüola y da un carâcter religioso a la Rtconquista, de la que fué principal campeôn. Su 1581 1582 856 FIESTAS DE LOS SANTOS historia nos ha sido comunicada por su mismo hijo, Alfonso el Sabio, en su Historia general de Espana. Resumiremos la vida de San Fernando en algunos puntos concretos. 1583 1·° Virtudes familiares San Fernando perteneciô a una familia notable, en la que sobrcsalieron por sus virtudes su madre, doiia Berenguela; su tia. dona Blanca de Castilla, y su primo, San Luis, rey de Francia. Distinguiose ante todo por su piedad filial. Hijo de Alfon­ so IX de Leon y de Berenguela de Castilla, hubo de vivir al­ ternando entre los valles de Galicia y la corte castellana, por­ que el matrimonio de sus padres habia sido declarado nulo por el papa. El heredero de Castilla, Enrique I, muriô en un accidente. Entonces se demostrô la prudencia de Berenguela, a quien correspondia la herencia del trono. Antes de que los condes se levantasen en banderias, o su antiguo marido pretendiese terigirse en regente, se proclamo reina, y quitândose la corona, la eoloeô sobre las sienes de su hijo Fernando. El joven monarca no sôlo respetô a su madre, sino que la utilize como gobernadora del interior de sus reinos, mientras él se dedicaba a la guerra. Pero su amor natural cediô ante el respeto, no corriente en aquellos tiempos, para con su padre, que quiso invadir su territorio. ‘Senor padre, rey de Leon, don Alfonso, mi senor". le escribe. '^De donde os viene esa safia?... Bien semeja que os pesa el bien mio y mucho os habria de pla­ cer por haber un fijo rey de Castilla, y que siempre sera a vuestra honra. ca de Castilla non vos vendra dano ni guerra en los mios dias. Aunque lo que vos facedes vcdarlo podria muy crudanï&nte a todo rey dei mundo, mas non lo puedo a vos y conviéneme de vos sufrir hasta que entendades lo que facedes.” Fernando contrajo matrimonio dos Veces y tuvo ocho hijos. 1584 2.” Virtudes reales Lin rey ha de vivir en el mundo, y en el mundo vivia él. Entendia de torneos, de mùsica, poesia y juegos de tablas, pero nunca considero a nada de esto dândole mâs valor d’el verdadero. Fué felicisimo en perdonar las ofensas personalmente recibidas, aunque siempre severo en hacer justicia. "Mas femo la maldiciôn de una pobre vieja—a quien no se hubiese hecho justicia—que a todos los ejércitos de moros.” A veces volvia de la guerra para administrarla él mismo, y entonces abria sus puertas a toda cJase de personas. No obstante su austeridad, CONFF.SORES: VARIOS 857 era magnificcnte de espiritu. Créé la Universidad de Sala­ manca y construyô las catedrales Espanolas de Leon, Burgos, Toledo, Palencia y Osma... · 3. El GUERRERO 1585 San Fernando unie para siempre los reinos de Leon y de Castilla, sin que mediara ninguna guerra, y gracias a la prudencia de su madre, que comprô la renuncia del derecho de las infantas, a quienes Alfonso, poco amigo de San Fernando, ha­ bia nombrado herederas de la corona, con perjuicio de su hijo. De este modo nuestro santo rey nunca hubo de peléar mâs que con el infiel, y su campaha, meditada y continua, constituyô el golpe casi definitivo para el dominio musulman en la Peninsula. Comenzô atacando Jaén, donde la victoria apuradisima se atribuyô a una especial intervention del apôstol San­ tiago. Siguiô la conquista de Côrdoba, cuya mezquita dedicô al culto cristiano. Asimismo hizo vasallo leal al emir de Gra­ nada, y por fin, tras larguisimo asedio de veintiséis meses, entrô triunfante en Sevilla. Entre tanto meria piadosamente dona Berenguela, modelo de madrés y de reinas, en noviembre de 1248. Las conquistas de San Fernando no son, al estilo de otras anteriores, una aventura guerrera, sino que representan incor­ porationes territoriales definitivas. Sehalan hasta los tiempos de los Reyes Catôlicos la fecha cumbre del reino cristiano. De entonces proviene la denomination “de la Frontera” qu’a llevan muchos pueblos de Andalucia, y que los separa de otros vecinos con nombre completamente arabe. Religiosisimo el santo rey en el gobierno y ordenaciôn del ejército, fué, sin embargo, muy tolerante con la religion de los vencidos, a quienes jamâs forze a abjurar de sus creencias. ° 4. Su muerte Preparaba San Fernando la invasion de Marruecos cuando le sorprendiô la muerte. Su hijo Alfonso nos describe la llegada del Santo Viâtico y como el rey salta del lecho, se arrodilla en tierra, se pone una soga al cuello y besa la santa cruz, fe­ riendo en los sus pechos muy grandes feridas, llorando muy fuerte de los ojos y culpândose de sus muchos p’ecados . Antes de expirai l'ecomienda al futuro Alfonso el Sabio que “trabaje por ser bueno y facer el bien”, y a poco exhala el postier aliento, el 30 de mayo de 1252. San Fernando fué canonizado el 4 de febrero de 1671 por Clemente X. 1586 858 FIESTAS DE EOS SANTOS 4. SAN ROQUE (16 de mayo) 1587 La devociôn y fiesta de San Roque se halla muy extçndida por los pueblos de Francia, Italia y Espana, muchos de los cuales lo consideran como Patrono. 1588 l.e Lo QUE SE SABE DE SU VIDA Segun el Butler’s Lives, lo ilnico que se sabe de San Roque es que naciô en Montpellier y que cuidô enfermos durante una peste en Italia. Lo demâs constituye una colecciôn de leyendas que pueden responder a hechos ciertos, pero no hay medio de comprobatio. Una biografia del Santo, editada por el veneciano Fran­ cisco Diedo, en 1748, asegura que Roque era hijo del gobernador de Montpellier. Huérfano a los veinte anos, abandonô el lujo de la Provenza para ir en peregrinaciôn a Roma. Italia estaba asolada por la peste, y él se dedicô a cuidar enfermos por todas las ciudades, a muchos de los cuales sanô imponiéndoles la serial de la cruz. En Piacenza cayô enfermo, y no queriendo dar trabajo en los hospitales, se marché a un bos­ que a morir. Descubriôle prodigiosamente un perro, cuyo dueno lo cuidô hasta curarlo. Apenas convaleciô de la enfermedad, regresô a Piacenza, donde sanô milagrosamente a muchas personas y a sus ganados. Vuelto a Montpellier, su tio no solo no lo reconociô, sino que lo encerrô en una prisiôn, donde permaneciô durante cinco anos hasta su muerte. Al amortajarlo, una seûal en forma de cruz, que llevaba en el pecho desde su nacimiento, descubriô su personalidad, y fué enterrado con todos los honores. Su muerte ocurriô en 1378, y su culto comenzô en el siglo xv. Hasta aqui el Butler’s Lives. 1589 2.° Leyendas y tradiciones La leyenda o tradiciôn completa nos dice que mientras estuvo en el bosque, pensando morir, Dios hizo brotar una fuente, donde pudiera beber y lavarse la llaga que le habia salido en una pierna, y que el perro le llevaba un pan todos los dias. Segûn otra tradiciôn, el culto comenzô en el concilio de Constanza, que en 1414 le invocô contra la peste. De Constanza paso a Montpellier, y de esta ciudad a todo el mundo, pues en toda Europa se le ha invocado como Patrono contra la peste. Los dominicos y San Vicente Ferrer fueron grandes propagandistas de su devociôn, lo que ha hecho presumir que fuçra terciario dominico y no franciscano como dicen otros, CONFESORÈS ! VARIOS 4—M * 859 si bien no hay motivos para afirmar absolutamente nada sobre este punto. Urbano VII confirmo su culto en dos decretos emanados el 16 de julio y el 26 de noviembre de 1629. 5. BEATO MARTIN DE PORRES 1590 (5 de noviembre) Se han editado muchas vidas populares de este Beato en Norteamérica, donde se le considera Patrono de las obras de armonia y justicia internacional. En Espana los dominicos han cxtendido popularmente su devociôn durante los ùltimos afios. Conviene explicar al pueblo que las escobitas que se reparten no son amuletos protectores, sino un simple recuerdo, pues la protecciôn de los santos solo se consigne mediante la oraciôn. l.° Mulato y barbero : I-'· « 1591 » Martin de Portes viviô en Lima én la época de los santos. Naciô en 1579 y era mulato, hijo natural y reconocido del Ca­ ballero espanol Juan Portes (o Portas) y una negra cristiana libre, procedente de Panamâ y Hamada Ana. Al padre no le hizo mucha gracia que su hijo sacasfe las facciones y el color de la madré, a cuyo cuidado quedô el nino. A los doce afios era aprendiz de barbero-cirujano, y como quiera que anduviese siempre por la porteria dei convento de los dominicos de Lima, terminô por entrar en la Orden y profesar como lego. Alli hizo de todo, siempre con prodigiosa humildad. Desde sajar granos, sacar muelas y poner sangrias, hasta de guardarropa y enfermer©. Su coetâneo el hermano Fernando Aragonés dice que desempeüaba el trabajo de va­ rios hombres y en forma tal que se veia claramente la inspira­ ciôn de la gracia de Dios. A pesar de ser un pobre lego extendiô su obra fuera del convento. Intervino asi como causa instrumental en la Eundaciôn de un orfelinato y un hospital. Distribuia asimismo comida a los pobres, y en mâs de una ocasiôn la multiplicaba milagrosamente. Ni que decir tiene que en armonia con su raza se preocupô de atender a los pobres negros qufe llegaban como esclavos al Perù, traidos generalmente en barcos ingleses. 2’ Virtudes y anécdotas Como no pudo conseguir el martirio, se dedicô a martirizar su propio cuerpo en continuo milagro de penitencia. Se ha he­ cho popular también su carino por los animales. “No matéis a los ratones”, decia. "Si los pobres perjudican, es porque no les damos de comtr." Asi procuraba alejar a los gatos y perros para que no los cazasen. <■■■ I î 1 •. I fl Ô6Ô FIESTAS DE LOS SANTOS De su increible actividad se cucntan prodigios. Lo mismo administraba cuidadosamcnte cl dinero o las mercancias que recogia para sus limosnas, que recaudaba en tries dias lo nece­ sario para la dote de una sobrina suya. Enscfiaba a su protegido Juan Vâzquez Parra a sembrar manzanilla en los bien abonados corrales del ganado, o compraba un negro para que trabajase en el lavadero, ya que se cuidada de aquellos a quie­ nes faltaba ropa. Un juriste, limeno, don Baltasar Carrasco, le era tan afi­ cionado que quiso en broma ser adoptado como hijo suyo y le llamaba “Padre". —iCômo quiere usted tencr a un mulato por padre? Eso no esta bien. —jPor que no? Lo que dira la gente es que usted ha tenido un hijo espaôol. / 'z· Otra vez que el prior estaba a punto de ser demandado por deudas, Martin le dijo: —Véndame a mi. Yo soy un pobre mulato, propiedad de la Orden. El Beato Portes fué gran amigo de Santa Rosa de Lima y de otro lego dominicano, el Beato Juan Massias. Muriô el 3 de noviembre de 1629 y llevaron su féretro prelados y nobles. Se le beatifico en 1837. 6. 1593 BEATO GREGORIO LOPEZ (20 de julio) Se ha llamado “el solitario de Méjico" a este Santo, humanamente muy amable. en quien se da la peculiaridad de que es casi por completo desconocido en Espana, mientras que, ademâs dei culto que se le tributa en Méjico, ha sido objeto de admiraciôn por parte de personas tan distinguidas como Bos­ suet, John Wesley, los quietistas y los pietistas alemanes. Su vida fué traducida al inglés ya en 1675. 1594 1.” De Madrid a Méjico Naciô en Madrid; fué paje en la corte de Felipe II, y en 1562, al visitar el santuario de Nuestra Sefiora de Guada­ lupe, concibiô el proposito de conocer su homônimo de Mé­ jico. Llegado a Veracruz, repartiô su dinero entre los pobres y se estableciô para hacer vida de ermitano en un valle que distaba cincuenta y cinco kilômetros de la iglesia mâs proxi­ ma. Para évitât el escândalo de que morara voluntariamente en un lugar donde no podia oir misa con regularidad, hubo de trasladarse a terreno habitado. hasta que después del terremoto de 1566 regresô a su soledad. Allî peimaneciô cinco aiios, al Fl<*e .< i J CONl'ESORES: VARIOS è6l cabo de los cuales cediô a las invitaciones de los dominicos, e ingresô en la Orden. Pronto advirtiô que no le convenia aque11a vida, por lo que abandonô la ciudad de Méjico y tornô a ser el solitario de antario en Guestaca y otros parajes. Denunciado al obispo de Méjico, mereciô que el prelado aprobase su género de vida. Esta aprobaciôn le diô tal fama que hubo de refugiarse, buscando el aislamiento, en el santuario de “Los Remedies", donde escribiô, para uso de los enfermeros, un tratado de Farmacia, en el que emplea los conocimientos botânicos adquiridos en el desierto. En 1589 se uniô a él Francisco Losa, quien después escri­ biô una biografia de Gregorio que merece entero crédito. Am­ bos se establecieron como eremitas en Michoacân. 1595 2.° Vida eremitica La vida que llevan no "es la âspera del ermitaüo montaraz y sucio. Por el contrario, se cuidan escrupulosamente de la limpieza de su cuerpo y vestido, y en lugar de prescindir de todo, usan con esmero de cuanto es indispensable. Ambos estudian las Sagradas Escrituras, en cuyo conocimiento sobresale el Beato, al que consultan varios sacerdotes. Sobre todo, practica la alta oraciôn. Es frase de Gregorio que los que viven en union tranquila con Dios "son aimas santas y siguen un buen camino; pero la perfecciôn y el mérito no consisten en actos que produzean gozo, sino en el esfuerzo del aima, que emplea todas sus fuerzas en amar a Dios de modo mâs perfecto y con los actos mâs eficaces de que es capaz. Esto es mâs hacer que disfrutar, mientras que lo otro es mâs disfrutar que hacer. El aima que ama a Dios perfectamente es la que da todo lo que puede. En esto consisten la ley y los profetas, y Dios no pide mâs”. El Beato Gregorio Lôpez muriô el 20 de julio de 1596, a los cincuenta y cuatro anos. Muchos de sus prodigios estân probados perfectamente. Su culto es popular en Méjico, aun cuando su proceso de canonizaciôn estâ detenido desde 1752. b) ♦ ’ GUIGNES HOMILETICOS i San Juan Bautista El lector puede ver guiones muy abundantes y sobre todos los puntos de la vida de San Juan Bautista en las dominicas 2, 3 y 4 de Adviento en cl primer tomo de La Palabta de Crislo. 1596 662 Μι.λΤλμ DR l.tH bANTOK < Ο.’.Ί'Γ, ΌΜΙΛ b) VAW1OX «63 Lo profano. No es un acto de oraciôn. Pero es una diver ιίόη de cristianos con m olivo de una fiesta religiosa. 2. Por ser de cri-.tianos ha de resjetar la ley de Dios 3. Por el motiva que lo origina debe ser nuit cuidadosa en es/ο y procurar éviter no ya sôlo lo malo, sino lo que desdiga. 1. /.ai 1597 A. Celebremos las fiestas del sunto Patrono. a) Unas veces la alegria es sana y sencilla. b) Otras. populachera, ordinaria y quién sabe si no iCômo deben ser estas fiestas? c) 1598 3. fiesta» populares y lu santidad ' Digamos, en primer lugar. que la alegria es cristiana. a) Lus invitat iones a la alegria son numerosas en la Santos casados Sa­ grada Escritura y la liturgla. La alegria es rl producta de un equilibria y bienetlar fisico y moral. 2. Pur lo lanio, es un fruto lôf/ico de la santidad. 1. b) No hay que confundir la alegria con el bulllcio. Los paires nuit alegres no son los que mds alborolan, como tampoco ton los que iloran mucho quicncs nuis st en ten la desgracia. P.n lo segundo hay mucho de desahogo, y m lo primera, de quercr alurdirse, 2. La alegria verdadero es mas serena, J. Pero tiendo el hombre sociable es natural que sea exfansivo, y mucho mds natural si se sabe que el bien es definitivo. t 1. De aqui que lus fiestas religiosas se hayun asociado de muy antiguo con manifestationes populares de alegria. que la misma Iglesia ha patrocinado. Los colegios de religiosos, incluso dirigldos por santos, lo han praclicado. 1600 D Pero hay que procuror distingué cuidadosumente dos ele­ mentos.· el religioso y el profano. a) El religioso. 1599 A. Λ Sun Isidro se /e ha presentado siempre cusado con San­ 1601 ta Maria de la Cabezû. lil matrimonio sude presentarsc muchas veces como esta· do poco menos que incompatible con la perfecciôn. En la Edad Media algunos tcôlogos no querlan que fuese sacra­ mento por esto mismo. Hoy ofende a muchos una frase no dei todo exacta, pero que ha circulado bustunte: los casadot constituyen los cristianos "de tropa". fis un modo [also de enfocar la cuestiôn. a) Lo que fnteresa no es la perfecciôn del estado, que de­ h) C, // los actos religiosos, aunque scan proresioncs, no se va a divertirse. 2. /I divisible el arts, /.a lilurgia lo empira en sus esctnificac tones y mutica, pero con tal de que "ta habilidad no cause perjuteto", /idmisible la riqueza, pero no D prodigaüdad inûtil. 3. lin lo religioso todo lo que inmediala o mrdiahimcnlr no sea orar esta muy cerca, por lo menos, del pecado venial de irreverencta, 4. Por eso debe lelarte Celoststmamcnle por csa série de actos mixtos, como las rom crias, en que de tal forma se merda lo religioso con lo profano, que casi es imposible clasificarlo y estdn bordeando siempre la pro­ fanation. 1. — « III· ·*· ' Punie wmpjrtar-r r»tr guiôn «on h* ex pue* fu i rn ri n · 7 de m. 16 de»pue* d<- Pcnl«to»t« («l l.t> Palabra dr Crùto t.7 u.HZl.i I» c) pende de eu mayor ordenaciôn objetiva a Dios. Sino la perfecciôn dei individuo que vive dentro de esc estado y que dépende de su fidelidad a la vocaclôn y a la gracia. Todo sacramento tiene como fin la santificaciôn. ] Cierlamente que cl matrimonio impone cargas y preocupa- 1602 ciones que al agobiar al hombre hueen mùs dificil la san­ tidad. a) Pero también se la haeen mâs meritoria. b) Y cl sacramento da la gracia para vencer aquella di­ ficultad. 0. Vc/imos los caminos de santidad dei matrimonio. a) Como b) Luego, si se establece que el matrimonio tiene fin primero los hijos, y como fin segundo la ayuda, hay que completur la idea diciendo que es tener hijos santos y ayudarse en la propla 1603 todo lo de Dios, y espedalmcnte los sacramen­ to». no puede tener sino un fin principal: la santidad. como mutua su fin santi­ ficaciôn. 1. 2 P.n estos ultimos tiempos hemos visto paires que dc.can aumentar la natalidad, pero solo para contar con mâs soldadvs u obreros. Pso es puru malerialismo cslatal. Sepamos en cambia que Dios quiso llenar el cielo de CONFESORES: VARIOS FIESTAS DE EOS SANTOS santos, y en de crearlos Él, asociô a los hombres o esta tarea, para la cual instituyô el contrat o y sacra­ mento del matrimonio. 3. Incluso escritores catôlicos, al hablar de la ayuda mu­ tua, insiste» demas iado en la que se preslan los esposos desde tin punto de vista natural. Eso es Poco. Los esposos son algo mas que un “honrado trabajaLr” y una “hacendosa cocincra"... 4. Los esposos deben mirarse el uno al otro como a la persona que Dios eligiii desde la eternidad para que se ayuden a ser santos. 1604 1605 Podemos, pues, decir que en la Iglesia existen dos sacramentos y estados destinados a santificar a los demâs. a) El sacerdocio destinado a santificar a todos los fieles. b) El matrimonio destinado a santificar al otro cônyuge y a los hijos. Exposition de lo que debiô ser la vida matrimonial de San Isidro. a) El santo matrimonio en el cielo. b) El ejemplo de los demâs. Ambiciôn y santidad 1606 Nuestro Santo pertenece a una de las clases sociales mâs humildes. a) No creemos que hiciera nada para salir de ella. b) Jesucristo, por su parte, invita a que ocupemos los ùltimos puestos y a que seamos humildes. 1607 ;No es antinatural esta filosofia o ascetismo? El honor es natural; es el motor humano mâs univer­ sal, y hasta necesario, sobre todo en los jôvenes a quienes se estimula con él. b) Existe una virtud cristiana que se llama "magnanimidad” y que se define como la virtud de los grandes honores. 1608 {Como resolver la antinomia? a) En primer lugar recordemos que si el Sefior invita a ocupar los ùltimos puestos es para que después nos hagan subir (Le. 14,10) y que es frase corriente que el que se humilia serâ ensalzado. 1 Véase un ampfio desarrollo del apartado C de este guiôn en el n. 19 de h Dom. 16 después de Pentecostes (cf. La Palabra de Cristo t.7 p.858). 865 [Se trata, pues, de un câlculo hipôcrita? Tampoco. Es una valoraciôn exacta de los honores. c) Los grandes honores son eternos. 1. Todo lo temporal es un medio. 2. Asi se humilia Cristo y mercce que ante su nombre sc doblcii todas las rodillas. Ante estos honores los santos son grandes ambitiosos. b) D. fe La humildad del santo 1 A. B. Nuestra plàtica no pretende resignar en la pobreza y es- 1609 casa consideration social, sino ensenar el método de la hu­ mildad, compatible incluso con los grandes puestos, y tesoro de los peqiiefios. La humildad llevô necesariamente consigo el merecer el ma- 1610 yor honor. Porque nos lo dice el Sefior. b) Porque es la verdad de nuestro conocimiento. Porque es fruto de la caridad. d) Porque la prâctica dice que es la dama que da jaque al rey, Dios (cf. Santa Teresa). verdadera razon teolôgica consiste en que al vaciarnos de nosotros mismos, nos dispone para que inmediatamente seamos llenos de Dios. Ejemplo del Sefior y de los santos, como San Isidro. Santos reyes Extracto de un sermôn de Bourdalouî sobre San Luis rey de Francia (cf. ed. Firmin Didot, t.2, p.711). A. San Luis puso su dignidad al servitio de su santidad y su santidad al servicio de su dignidad. B. Puso su realeza al servicio de su santidad. a) Considerândose criatura, elevada por Dios a un rango destinado a servir a los demâs, y del que debia dar estrecha cuenta. 1 Véase amplio dcsarrollo de este guiôn en la Dom. 16 de Pentecostes (cf. La Palabra de Cristo t.7 p.860). palabra de C. 10 28 B FIESTAS UK EOS SANTOS 866 CONFESORES : VARIOS Su dignidad sirviô para hacerle mâs humilde, y con mayor merito en humildad dificil, como es la de un rey. Utilizô los medios de su poder para hacer mâs poderosa su caridad. d) A mayor dignidad, mayor obligaciôn de amor y mayores efectos del mismo. 1. " El entendimiento accpta lo que no entîende. La razôn pura y la fe se asemejan al senor y criado que recorrcn un camino juntos, pero, al llegar al palacio, el senor entra y el criado queda en la puer­ ta. Razôn y fc recorren juntas las verdades natu­ rales, admitiendo de acuerdo la creation, Provi­ denda, etc., pero al llegar a los misterios y lo sobre­ natural la razôn se queda fuera. 2. ° El entendimiento asiente a las verdades que no ve con mayor firmeza que a las que ve. i Quién es capaz de morir por una verdad visible como los mârtires por otra oscura? La razôn es porque el motivo de la fe es firmisimo, a saber, la autoridad divina. b) ■Ά • · C. Paso su santidad al servicio de su realeza. La primera obligaciôn fué la de cumplir los deberes del propio estado. Tal era la voluntad de Dios. El Santo entendiô que toda su virtud debia ordenarse a esto. b) Asi, pues, fué grande en las guerras y en la paz. Ni amô la paz para vivir ocioso, ni la guerra por am­ bition. En ésta su valor se debiô al celo por la gloria divina. Grande en la adversidad (San Luis cautivo). d) Grande en la prosperidad de sus reinos (San Luis y San Fernando consiguieron gobernar y engrandecer sus Estados). Grandes en el gobierno, los reyes santos se hicieron obedecer, respetar y amar. La fe de los santos Acomodaciôn de un panegirico sobre San Jldefonso predicado por Santo Tomâs de Villanueva (cf. o.c. [Paris 1867] t.4 p.236). 1612 A. La "Es la fe la firme seguridad de lo que esperamos, la conviction de lo que no vemos” (Hebr. 11,1). "Seguridad de lo que esperamos." Quitad la fe y se derrumba la esperanza. 2. "Convicciôn de lo que no vemos.” Représenta para lo invisible lo que las pruebas para lo visible. b) fe de tal manera mueve al entendimiento a obedecer a la verdad divina que lo eleva a la region de lo sobrenatural. Par eso dice San Bernardo que él admira 1res uniones estrechisimas: la de Dios y cl hombre en Cristo, la ma­ ternidad y la virginidad en Maria y el entendimiento y la fe en el cristiano (cf. Serm. 3 de la vigilia de Navi­ dad n.8). 2. En efccto, gracias a la fe: 867 B. Mérito de la fe. 1613 Este sujetar el entendimiento a la autoridad divina es lo que confiere a la fe mérito tan grande. a) Abrahân creyô lo que humanamente parecia imposible y su fe le fué imputada para justificarle (Rom. 4,18). b) Es que la fe humilia ante Dios lo mâs noble e independiente del hombre. Necesidad de la fe. 1614 a) Para poder sufrir las penalidades de este siglo. b) Para poder conseguir la gloria. La victoria es el triunfo de nuestra fe (1 lo. 5,4). ^Quién despreciaria el mundo y sus riquezas sin la fe en otras mayores? îQuién afrontaria la pobreza y el destierro sin otra patria? ^Quién la castidad y austeridad? La fe formada. a) Sin embargo, Santiago recurre al mismo pasaje biblico y atribuye la justification de Abrahân no a la fe, si­ no a las obras, al hecho de que ofreciera a su hijo (lac. 2,22). b) No son dos liras desacordes tocadas por la misma mano del Espiritu Santo. Se trata de la fe viva que se traduce en obras, de la fe formada por la caridad. d) Ni pelagianismo interpretando mal a Santiago, ni luteranismo haciéndolo con San Pablo. Dios paga a cada uno segùn sus obras (Rom. 2,6), pero la fe cooperaba con las obras y por las obras se hizo perfecta la fe (lac. 222). Es harto fâcil hablar sobre la fe del santo. 6115 a) Fe personal que mueve a entrar en religion, vivir pobremente, etc. CONEESORES*. VARIOS 868 FIESTAS DE EOS SANTOS Lo esencial de la oraciôn es la comunicaciôn de la mente, y eso ya hemos dicho que puede consistir en el trabajo ofrecido. Para la peticiôn basta con que anadamos esa intenciôn determinada. Fe ilustrada con el estudio y conocimientos que demuestra. Fe alerta contra la herejîa. En todas sus obras, in­ cluso en este mismo panegrico, se advierte la preocupaciôn antiprotestante. d) Fe que se traduce en las obras de toda su vida. b) c) En la vida de San Isidro es dificil distinguir la historia de la leyenda. Cuêntase de él que los ângeles araban mien­ tras él rezaba. Este milagro puede ser objeto de una interpretaciôn erronea y dos posibles. a) La erronea seria creer que los ângeles premiaban que San Isidro dedicara a la oraciôn el tiempo que tenia obligaciôn de trabajar. 1. Dios ha encerrado en la tierra cuanto nos es necesario para la vida. 1. ° Pero sc necesita que el trabajo descubra y haga ùtiles esos tesoros. 2. · El cooperar a esa ordenaciôn divina puede ser un acto muy meritorio. 2. Nuestros campos no pueden hoy sostener la muchedumbre de gentes que vive-n en elios. 1. ° Pero pueden producir mucho mâs con un cultivo inteligentcmente cuidadoso y nuevo. 2. ° He ahi una santa labor para el propietario que quiera acometerla no por fines de lucro, sino de coope­ ration al bien comûn. Digase lo mismo de la industria. En ambos casos el trabajo séria oraciôn por caridad. 1. Este séria un casa de aplicar el adagio: Antes es la obligaciôn que la devociôn. 2. Las obhgaciones particulares estân todas incluidas en uno u otro mandamiento de la ley de Dios. b) El milagro solo puede entenderse, 1. O porque el dueno de San Isidro le obligase a trabajar tantas horas que no le dejaban tiempo para orar. 2. 0 porque fuese arrebatado en éxtasis en mcdio de una oraciôn que no le impidiera el trabajo. < 1617 Mâs tier to y seguro es aprender como San Isidro conver­ tie su trabajo en oraciôn. a) El primer modo de convertir el trabajo en oraciôn es repetir durante el mismo actos frecuentes de presencia de Dios. b) Otro modo mâs perfecto es: 1. Reconocer que la voluntad de Dios es que trabajenios desde el momento en que nuestra necesidad cconômica lo exige y nuestro estado particular impone esa obli­ gaciôn. 2. Y que trabajamos precisamente en el asunto que nos ocupa, porque la Proz’idencia se vale de las causas segundas para manifestar sus decisiones. Como la santidad no consiste sino en nuestra union con Dios y el modo mejor de unirse es haciendo coincidir nuestra voluntad con la suya, de ahi que aceptar y ofreccr el trabajo es un medio de santificaciôn. Mas aun: de oraciôn. Porque la oraciôn consiste en la comunicaciôn con Dios v la peticiôn. D. Quiera San Isidro, que segô los campos con su trabajo, ensenar a los de abajo y a los de arriba a orar de esta manera. Valor ascético del trabajo San Isidro, obrero manual, como San José y el Senor. 1619 a) Hasta el cristianismo, el trabajo manual se calificaba como indigno de hombres libres. 1 Véase el cesarrollo de este» guiôn en al n.5 de la Dom. de Septuagéeixua (•f. La Palabra de Crista t.2 p.910). •Λ» ,·>.> .C _______ Pi kfe Si todos los cristianos lo entendiesen asi, el mundo del trabajo seria un templo. Pero aûn podemos dar un paso mâs. 1618 a) El raciocinio anterior se dirige a aquellos que tienen obligaciôn de trabajar. Pero aun aquellos que no tie­ nen obligaciôn alguna pueden hacer del trabajo un ac­ to sumamente meritorio. b) San Pablo recomendaba que se trabajase para dar limosnas. He ahi otro modo de convertir el trabajo en oraciôn. Los ûltimos pontifices insisten en la necesidad de producir para aumentar los bienes de consumo y el bienestar de todos. En efecto, El trabajo y la oraciôn de San Isidro 1616 869 ; r i X I*w i 870 FIESTAS DE LOS SANTOS b) Tampoco hay que incurrit en el error clasista de jU2 gar como trabajo ûnicamente al manual. GRUPO QUINTO: VIRGENES 1620 B. Debemos trabajar: Para ejercitar nuestras facultades humanas. b) Para satisfacer por el pecado. Para prevenirnos de las caidas. d) Para convertirlo en oraciôn. Para cooperar al bien comûn. a) 10 La ociosidad ’ 1621 A. 5e acusa a la religion, en especial al catolicismo, de adormecer al pueblo y privarle de iniciativas terrenas con tanto mirar para el cielo. Incluso se compara la prosperidad ma­ terial de los paîses catôlicos con la de los protestantes, a) Esta comparaciôn es necia, pues la riqueza material se debe a multitud de factores. b) Y en cuanto a que se favorezca la ociosidad es no entender ni el abecé de la doctrina. B El Antiguo y el Nuevo Testamento proscriben la ociosidad e imponen el trabajo, Segûn San Pablo y la doctrina catôlica, para que una sociedad sea ordenada, ha de ser trabajadora. b) El fruto de la ociosidad es la pobreza, ignorancia y envidia. El ocioso esta en peligro prôximo de caer en toda dase de tentaciones y vicios. 1 Véase este guiôn desarrolbdo en los n.10 y 11 de la Dom. de Septua­ gesima (cf. La Palabra de Cristo t.2 p.QlP y 922). 1. HAGIOGRAFIAS SANTA CATALINA DE SIENA (30 de abril) La biografia de esta Santa es tan abundante como lo exige su vida. Siendo imposible en un libro, como el nuestro, verificar un trabajo de investigaciôn, que ya otros han llevado a cabo, nos limitamos a emplear y recomendar très obras. Por su rigor cientifico, desde el punto de vista historico, psicolôgico y hagiogrâfico, merece tenerse muy en cuenta el prologo del excelentisimo Dr. Fr. Francisco Barbado, y la introduction de don Angel Morta al libro de BAC, Obras... El Diàlogo. Sabiamente critica la del Butler s Lives y elogiosa, por Io clara y or­ denada, la Vies des saints par le R. P. Bénédictins (Paris 1946, t.3 p.759), cuyo orden vamos a seguir. Comienza el P. Barbado haciendo notât que la mayor parte de los escritos modernos sobre la Santa son periféricos y se limitan a sus obras exteriores, sin pénétrât en lo hondo de su aima, como tampoco suelen pen’etrar en la de San Pablo. Hasta las manifestationes exteriores de su vida mistica son algo pasajero y simbôlico. "El trueque de corazones con Jesûs, las frecuentes apariciones y conversationes con Él, hasta alter­ nat el rezo de los Salmos y al llegar al "Gloria Patri", inclinat la Santa su cabeza y proseguir “et Tibi et Spiritui Sancto’ , nos llena de veneration, y quienes no aciertan a pasar de ahi, adquieren de la Santa un concepto de veneration y reverencia que la coloca en regiones inasequibles e inimitables”» Sin em­ bargo, su santidad fué conseguida a fuerza de martillo, y en lo esencial es perfectamente imitable, como lo era la de San Pablo. Modernos criticos que no han dejado piedra sin demoler, impugnan toda la historia de Catalina y muy especialmente han intentado mostrar discrepancias entre sus escritos y el libro de su confesor y primer biôgrafo. Naturalmente, el libro de la Santa nos exhibe el interior de su espiritu y el otro se detiene mâs en su actividad exterior y milagros. Pero de la conjunciôn del uno y de los otros (sôlo de cartas hay unas cuatrodentas), surge la fisonomia total. 1622 872 FIESTAS DE LOS SANTOS Aspectos fundamentales de Santa Catalina de la vida Catalina naciô el 25 de marzo de 1347, de Santiago Renincasa, tintorcro, y de Lapa. Eran veinticuatro los hijos de aquel matrimonio, en el que si él se distinguia por su dulzura y piedad, la madré estaba dotada de singular energia. Hubo, ademâs, un hijo adoptivo, Tomâs de la Fuente, que, como aspi­ rante a dominico, contribuyô mucho a la primera educaciôn de Catalina. A los cinco afios ve nuestra futura Santa al Sefior, que la invita a seguirle. Mas no nos imaginemos ya a la nifia mila­ grosa. Recordemos la infantilidad y esfuerzos de los pastorcitos de Fâtima para santificarse. Estas intervenciones especiales de la gracia, lo ùnico que hacen es adelantar su obra en algunos afios, pero no disminuyen ni la necesidad del esfuerzo propio ni el carâcter infantil de la santidad que comienza a adquirirse. Los padres de Catalina se empefiaron en casarla a los doce afios. Ella misma dice que se enfriô, pues aun cuando nunca pensase en agradar a los hombres, por lo menos si que lo hizo por complacer a su hermana casada. Asistiô asi a algunos bailes y aceptô el refinado arreglo de la mujer de su época. Sin em­ bargo, la muerte de su hermana volviô a recoger y concentrât su espiritu. Al fin. después de grandes luchas en el seno del hogar y siguiendo los consejos de su hermano adoptivo, que era ya religioso, se decidiô a ingresar en la Congregaciôn de las Terciarias Dominicas Hamadas de las "mantellatas”, cuyo ha­ bito le habia sido mostrado por el propio Santo Domingo de Guzmân. Su madré fué mâs obstinada y el demonio el mâs fuerte enemigo. Por este tiempo ocurriô aquella tentaciôn deshonesta, al cabo de la cual la Santa se dirigiô al Sefior, quejândose de su abandono. "No—dijo el Sefior—, yo estaba en medio de tu corazôn, porque sôlo abandono a los que me abandonan a mi.” ‘^Cômo. Sefior, tû en medio de aquellas visiones im­ puras?" “Pero dime, jte gustaban o te causaban disgusto?" " jOh!, les tenia horror." "Ÿ £por qué crees que te ocurria eso? Piensas que si yo no hubiese estado en tu aima y le hubiera cerrado todas las puertas y ventanas, esas imâgenes no habrian en­ trado dentro?" Cuando ingresô en la Orden, sus visiones fueron continuas, hasta que culminaron en el matrimonio espiritual. El Sefior delante de su Madré, de San Juan Evangelista, de San Pablo y de David, le puso un anillo en el dedo, visible siempre para ella e invisible para sus semejantes. VIRGENES 2.” 873 Su obra en Italia Esta fué la serial para comenzar su obra pûblica, que se cifrô a través de toda su vida, pero especialmente durante los primeros anos en la caridad. El Senor la habia dicho: "Deseo unirme estrechamente a ti mediante la caridad para con tus prôjimos". Y la caridad se hizo en ella cada vez mâs ferviente, Mientras Cristo se le manifestaba continuamente en éxtasis, vi­ siones y diâlogos, ella se entregaba a la asistencia de los en­ fermes y menesterosos. Una cancerosa y una leprosa llamada Teca aceptan sus cu­ ras, pero lo toman como una obligaciôn de ella, la vituperan y por detrâs la injurian. Catalina lo sufre todo y termina convirtiéndolas (cf. La Palabra de Cristo t.7 p.263). Poco a poco la pobre terciaria se ve rodeada de discipulos que la Haman “mamma". Muchos de ellos son sacerdotes, reli­ giosos y hombres de ciencia, otros nobles y aun artistas, como el Vanci, que después pintô sus primeros cuadros. Pero surgen también los enemigos que la zahieren y la motejan de campesina y de bruja. Ella lee los pensamientos de unos y otros y di­ rige a sus amigos. Tai ambiente se formô, que los dominicos la llamaron al capitulo de Florencia, para examinar su espiritu y valorar las acusaciones proferidas contra ella. Todas las ca­ lumnias quedaron desvanecidas y se le nombrô como confesor al Beato Raimundo de Capua, quien después fué su biôgrafo. Al volver Catalina a Siena se encuentra con una horrorosa peste, en la que se multiplica su actividad apostôlica, y llega a enterrar con su propia mano los cadâveres. Enfonces es condenado a la ùltima pena, por motives politicos, el joven Nico­ las di Toldo, que se présenta impénitente. La propia Catalina, que le sostenia la cabeza mientras moria degollado, refiere de­ liciosa y emocionadamente la conversion del infeliz mancebo. Conocidas son las disensiones de la Italia del “trescientos”. Catalina, a la que llamaban ya la “Santa popolana", interviene tan repetida y acertadamente en buscar y conseguir la paz, que llega a ser una figura pûblica en la comarca. Hubo de tener tres confesores fijos, dedicados a confesar la gente que ella con­ vertie, y ocupô, ademâs, a varios secretaries. Como medio de pacificar los espiritus se le ocurriô una cruzada y en este sen­ tido escribiô al papa Gregorio XI. Este fué su primer contacto con el Sumo Pontifice. En febrero de 1375 la llamaron a Pisa, donde llegô en me­ dio de un gran entusiasmo. Alli recibiô nuevos favores del cie­ lo, especialmente el de su estigmatizaciôn. Los estigmas los con­ servé invisibles toda su vida y visibles después de su muerte. Estaba aûn en Pisa cuando supo que se habia formado una liga contra el Papa, en la que habian ingresado Florencia, Perusa, Bolonia y otras ciudades vecinas. El Papa lanzô su in- 1624 874 - FIESTAS DE LOS SANTOS ttrdicto contra Florencia y la ciudad recurriô a Catalina, que ya habia tratado inûtilmente de reducir a los florentines, para que sirviese de intermediaria. Nuestra Santa marché) a Avignon, donde residia la corte pontificia. Mas el viaje resulto inûtil, porque los florentines la desautorizaron y las condiciones pa­ pales eran excesivamente rigurosas. Con anterioridad a su 11egada ya habia escrito al Pontifice seis cartas en tono intole­ rable, aunque dulcificado por sus manifestaciones de perfecta deferencia cristiana. Esto nos da ocasiôn para referirnos a lo que ha dado en denominarse el "io voglio”, "yo quiero", de Santa Catalina, y que tanto llama la atenciôn. Incluso se ha escrito, comparândolo con la humildad y temor de errar de San Francisco, y diciendo que el Serafin de Asis fundô una Orden desunida y San­ ta Catalina consiguiô, en cambio, sus propositos (cf. BAC, o.c., Introduction). La realidad nos parece harto sencilla. Los san­ tos tienen, como todos los hombres, su propia psicologia y aun sus defectos naturales. Santa Catalina tenia este modo de hablar. Ademâs procedia siempre o inspirada por Dios o por lo menos creyendo que hablaba en su nombre. Por eso adoptaba ese tono incluso dirigiéndose a reyes. "Perdonadme—escribia a Gregorio XI—. No digo esto con intenciôn de daros lecciones, sino constreüida por la Suprema Verdad” (cf. Carta 209). 1625 3·0 Su OBRA PARA CON LA IGLESIA Cuando Catalina saliô para Avignon llevaba otras miras, ademâs de la de solucionar el conflicto florentino. En 1372 ha­ bia escrito una carta al cardenal D Estaing, proponiéndole un programa que comprendia la reforma de la simonia, del lujo y los escândalos dei clero, regreso a Roma dei Pontifice y organizaciôn de una cruzada. Al nuncio de Toscana, que le ha­ bia pedido cierto consejo, le contesté) que debia reformat su excesivo cariüo a la familia y la exagerada dulzura de su caràcter, que era mâs bien debilidad. Habia intervenido tam­ bién la Santa en sosegar a un tai Visconti, medio noble y me­ dio forajido, a quien el Papa habia excomulgado y al que redujo ella misma para que participase en la cruzada que promovia. La preocupaciôn de la época la constituia la residencia de los Papas en Avignon, prolongada ya durante setenta y cuatro afios. La Santa, que habia escrito reiteradamente al Pontifice, persuadiéndole de su vuelta, se dedicô de lleno al asunto, una vez que se vio ella misma en Avignon. En tanto que sus austeridades molestaban a la corte y especialmente a las senoras, escribia al rey de Francia y animaba al Papa, acobardado por una curia totalmente francesa. Un dia el Pontifice, a quien, por otra parte, habia conminado seriamente Santa Brigida, le pre- 875 VÎRCKNKS guntô cual séria la voluntad de Dios. La Santa diô esta respuesta: ‘^Quién va a conocer la voluntad de Dios mejor que Su Santidad? jNo ha hecho el voto de regresar a Roma?” Por fin volviô el Papa y la Santa hubo de alentarle varias veces en el camino. Ella se quedô en Florencia, entre asesinatos, de los que no anduvo muy lejos de ser victima, y escândalos de toda clase, hasta que consiguiô reconciliar a la ciudad con la Santa Sede. Enferma ya y llena de dolores, pero siempre sonriente, regrcsô a Siena, donde compuso su famoso libro El Dialogo. Maravilloso fué que una mujer sin letras sostuviese aqui y en Aviôôn discusiones victoriosas con los teôlogos. Entonces sobrevino la gran calamidad de la Iglesia, el cisma de Occidente. Santa Catalina tomô partido por el Papa de Roma, escribiô a todas las cortes europeas y se trasladô a la ciudad santa con numerosa compania, ofreciendo a Dios su vida por la paz. El Serior aceptô el sacrificio y muriô poco después, paralitica. Tenia solo treinta y tres anos y era el 29 de abril de 1380. Pio II la canonizo en 1461 y Pio IX la nombrô segunda patrona de Roma. 2. ». 1 Γ 1626 SANTA ROSA DE LIMA (30 de agofeto) Santa Rosa es una flor del Perû, no cristianizado todavia. Hija de los espafioles Gaspar de Flores y Maria Oliva, nace en Lima, en 1586, y es la primera santa nacida en America. En el bautismo recibe el nombre de Isabel y en la confirma­ tion el de Rosa. 1.’ Santa ! 1627 precoz Bien sea porque los biôgrafos no nos hayan deserito su santificaciôn progresiva, o porque en realidad el divino Espi­ ritu obrara asi, esta virgen limefia constituye un ejemplo de santidad precoz. Qe nina le colocan un dia una corona de rosas y ella se clava una espina en la frente, con tal fuerza que resulta dificil sacârsela. Admiran el cutis de su rostro y procura desfiqurârselo con pimienta. Elogian sus manos y sus unas, y una lima se encarga de dejarlas inûtiles por un mes. Mucho mâs aùn actùa contra su amor propio, a la vez que se revela obediente hasta el extremo con sus padres. Cuando se arruinô su tamilia, ella se dedicô a trabajar de dia en el jardin y de noche con la aguja, y hubiese seguido esta vida si no se hubieran empenado en casarla. Para impe­ ditio, ingresô en el convento de la Tercera Orden de Santo •< -· Μ - 376 Domingo, en cuyo jardin se habilité una choza, donde vivia. Llevaba una corona de plata, pero con puntas de alambre, y su amor a Dios se le transparentaba en las palabras y en lo reful­ gente de su rostro cuando hablaba de Él. 2.° Persecuciones y sufrimientos Durante quince anos sufriô gran persecuciôn por parte de sus familiares y del demonio, que la atormentaba visiblemente. Por lo demâs. su vida se desarrollaba en un ambiente de maravi’.la. Las flores de su jardin se inclinaban a su paso y bordoneaban notas musicales, y se asociaban a este gozo los pajarillos y hasta los cinifes, mientras la Santa cogia el arpa y llevaba la voz cantante. Tales prodigios llegaron a oidos de la autoridad eclesiastica, que abriô un proceso, en el cual quedô bien claro el estado mistico de Rosa y sus grandes padecimientos de la purificacicn pasiva. En cuanto a que la intervenciôn del demonio y de Dios se declarase sobrenatural, Butler s Lives diet: No obstante, nos es permitido creer que algunos de estos hechos, si se nos han transmitido fielmente, se debieron a causas fisicas y psicolôgicas.” El mismo autor anade que en las practices de austeridad de la Santa no debemos buscar otra cosa, sino el espiritu de santidad que las animaba, espiritu heroico que se encuentra en todos los santos. Los très ûltimos anos de su vida transcurrieron en la casa del gobernador. Alli dice la Santa: ‘‘Dios ha aumentado mis sufrimientos y con ellos mi amor.” Muriô el 24 de agosto de 1617. A su entierro asistieron el Cabiido y el Senado en corporaciôn. Fué canonizada por Clemente X, en 1671. 3. 1629 SANTA MARIANA DE QUITO (26 de mayo) Mariana Paredes de Flores es una de las bienaventuradas a las que podemos calificar de santas de extraordinaria vida, bien por sus penitencias o por las manifestaciones exteriores del influjo interior de Dios. En 1618 la capital del Ecuador pertenecia al virreinato del Perù y alli naciô la .Uamada “lirio de Quito”, hija de espafiolcs nobles, que al morir la dejaron. nifia todavia, al cuidado de una hermana casada y de su marido, quienes la educaron cual si fuese hija suya. 1630 l.° ▼ÎRGEN'ES FIESTAS DE LOS SANTOS Santa desde la ni nez Precoz debiô ser en el desarrollo de sus cualidades mora­ les, cuando se le permitiô hacer la primera comuniôn a los siete anos. A proposito de este adelantado progrès© espiritual se dice también que reunia a sus sobrinas, tan ninas como ella, para rezar el rosario y el via crucis, y hasta se fabricô, para su uso personal y oculto, unas disciplinas de zarzas. A los doce anos mostrô un rasgo idéntico al de Santa Teresa. Reumô a sus sobrinas y se marchô con ellas al Japon, para ser martirizada. Claro que no pudieron ir muy lejos, y entonces, cam­ biando de plan, intentaron ser anacoretas en un monte vecino. Por dos veces lo tuvo todo preparado para entrar en un convento y ambas se viô impedida por sucesos que se estimaron providenciales, en vista de lo cual, y aconsejada por un jesuita, su confesor, se decidiô a hacer vida, casi de anacoreta, en la misma casa de su cunado, de la que no saliô ya mâs, sino para ir a la iglesia. IÆ: 2.“ Las atroces penitencias 1631 Entonces comenzaron aquellas penitencias que imprimieron carâcter extraordinario a su vida. La noche del viernes la pasaba en un ataûd, que en otras ocasiones contenia algo parecido a un cadâver, para mejor recordar la muerte. Llevaba ca­ denas en las piernas y brazos, un cilicio de alambre y una camisa de pelo hirsuto. Los viernes se ponia dos coronas, una de espinas y otra de puntas de alambre, y ejercitaba otras mil penitencias que espantan. Se dice que nunca durmiô mâs de tres horas y que destinaba el resto del tiempo a la oraciôn, segûn el minucioso reglamento, que se encontre a su muerte. Poco a poco redujo su alimento, hasta bastarle con un poco de pan al dia, y en cuanto al agua, durante los anos ûltimos la suprimiô por completo. Cuando llegaban los calurosos dias del estio ecuatoriano, acercaba a sus labios un vaso de agua y lo retiraba sin probaria, para acordarse de la sed que sufriô Je­ sucristo. También se refieren de ella innumerables visiones y milagros. En 1645 sacudiô la ciudad de Quito un fuerte terremoto, al que siguiô una epidemia. Mariana se ofreciô el cuarto domingo de Cuaresma, como victima por los pecados de su pueblo, para que cesasen los castigos divinos, y, en efecto, la epide­ mia cesô, pero ella muriô el 26 de mayo, a la edad de veintiséis anos. El pais la considero desde aquel mismo momento como su salvadora. Mariana fué canonizada en 1950, noventa y seis anos des­ pués de su beatificaciôn. 4. SANTA TERESA DEL ΝΙΝΌ JESUS (3 de octubre) Sin duda alguna "Santa Teresita" es la Santa cuya devo­ ciôn se ha extendido mâs durante el présente siglo por todo el mundo cristiano, incluido el protestante. La sencillez y be- 1632 e 878 FIESTAS DE LOS SANTOS lleza de su autobiografia, sus numerosisimos milagros y las dos gucrras mundialcs, especialmente la primera, constituyeron tal explosion de amor hacia la Santa, que la Iglesia dispenso, por primera vez, el periodo de cincuenta anos establecido como in­ terregno entre el inicio del proceso y la canonizaciôn de un santo. , Pio XI, tan devoto de “Santa Teresita", la beatifica en 1923, la canoniza en 1925 y la declara Patrona universal de las misiones, junto con San Francisco Javier, encomcndândole, ademâs, todos los trabajos por la salvaciôn de Rusia. Con Santa Juana de Arco, es Copatrona secundaria de Francia. Esta misma popularidad nos excusa de ser mâs extensos en los datos biogrâficos. En cambio, las exageraciones sobre lo fâcil de su santidad—aquella senda que nos describe—y lo acaramelado de sus estampas, muy distintas de la serena belleza de las fotografias, nos inclinan a detcnernos algo mâs en los caractères de su santidad. 1633 1* Biografîa Teresa es la ûltima de cinco hermanos y nace en Alençon, el 2 de enero de 1873. Sus padres, piadosisimos, él relojero y ella encajera, ambos dos vocaciones religiosas frustradas, que pasan sus diez primeros meses de matrimonio imitando al de San José y Maria, piden después al Senor que les concéda mu­ chos y santos hijos. La madre, cancerosa ya, al nacer Teresa muere a renglôn seguido. El padre cierra sus négocies y se traslada a Lisieux, para que una hermana suya le ayude a edu­ car a sus hijos. La education es tan religiosa, que de noche se lee en comûn la obra litûrgica de dom Gueranguer. Teresita, caprichosa hasta los cuatro afios, obedientisima después, es una nifia piadosa y sentimental, que toma pie de las ballezas naturales, para aplicarlas a las mâximas religiosas que va aprendiendo. En 1882, su hermana Paulina, que después serâ su priora, ingresa en el Carmelo. Entre tanto, Teresita en­ ferma de un mal nervioso. Al encomendarse a Nuestra Sefiora de las Victorias, créé ver a su imagen, que le sonne. Es la ûnica vision, si es que lo fué, de que tenemos noticias, y que a su vez fué fuente de molestias y escrûpulos, que se curaron visitando el santuario de Nuestra Sefiora. En 1886, Maria, su hermana mayor y madrina, ingresa en el mismo convento. En 1887, Teresa prueba su confianza en Dios, encomendândole al asesino Oranzini, que iba a ser ajusticiado impénitente, y obtiene su inesperado arfepentimiento. El mismo afio pide su ingreso en la Orden. Mas su poca edad représenta un obstâculo. En noviembre verifica una peregri­ nation a Roma y le pide al papa permita su entrada en el convento, a pesar de sus catorce afios. Su Santidad lo déjà en VÎRGENES 879 mano de las autoridades, a quienes corresponde, las cuales deciden afirmativamente y puede asi ingresar, en abril de 1888. El frio dei convento, la dureza de la vida religiosa y su delicada salud, aparté de las mortificaciones que le proporcionaron otras monjas, intransigentes con "esa nina que no vale para nada”, a mâs de las que no daban demasiados buenos ejemplos, le hicieron sufrir mucho, tanto mâs cuanto que su dcbil naturalcza aumentaba por si el sufrimiento. En julio de 1874 muere su padre y en septiembre ingresa en la Orden su hermana Celina. Poco después fallece Paulina, a los nueve afios de vida religiosa. Teresa es nombrada en­ tonces maestra de novicias y forma espiritualmente a su propia hermana Celina. El 9 de junio de 1895 se ofrece a padecer por el amor misericordioso de Jesûs y comienzan los sufrimientos de la noche oscura, en los que siente algo parecido a los dolores de la transverberaciôn de Santa Teresa. El 8 de julio de 1897, su salud, siempre débil y enfermiza, se resiente con gravedad y después de grandes dolores, muere el 30 de septiembre, a las siete de la tarde. 2.° La senda de la santidad Santa Teresita nos ha comunicado ella misma el mensaje de su Pequeâo camino. Resumiéndolo en pocas palabras, esta via de santificaciôn consiste en la confianza en Nuestro Se­ nor, en no pretender nada extraordinario, refiriéndose a obras portentosas, sino refugiândose en la humildad y en los pe­ quenos sacrificios que se presentan a diario, y sobre todo en el cumplimiento estricto y minucioso del deber. Tal medio de santificaciôn puede parecer, a primera vista, sencillo, pero ejercido tal y como lo practicô ella, es heroico, pues la continuidad en lo pequeno resulta harto mâs penoso que los actos dificilisimos, pero aislados y no frecuentes. Santa Teresa no tuvo en su vida nada de extraordinario, si nos referimos a prodigios. Tampoco lo tuvo en sus penitendas corporales, pues su salud no se las permitiô, y asî una vez que se puso un cilicio cayô enferma. Pero su senda no es fâcil mâs que aparentemente y si ella parece como si la disminuyera, advirtamos que la que escribe es una santa humildisima y que relata su vida y experiendas. Por de pronto sefialemos su ansia de santidad. La propia Santa refiere que, siendo muy nina, le ofrecieron a una her­ mana suya y a ella elegir entre varios juguetes. Ella contestô: "Los quiero todos." Después continûa: "Toda mi vida puede resumirse en aquel incidente. Mâs tarde... yo gritaba: "jDios mio, yo lo escojo todo! jNo quiero ser santa a medias!" En el camino de esta santidad padeciô terribles sufrimien- 1634 VIRGENF.S 881 ·· ; tos. Ya hemos indicado el del frio del norte de Francia, sin calefacciôn alguna y confesado por ella misma durante su ul­ tima enfermedad. “Me costô mucho—dice—someterme a las penitencias de la regia, pero no me dejé veneer por tsta repugnancia, porque me parecia que aquella imagen de Cristo crucificado me miraba pidiéndome estos sacrificios." Asimismo practicaba las pequerias mortificaciones. "Duran­ te la meditation, una de las hermanas rezaba el rosario bisbiseando." Al principio se irritaron los nervios de Teresa. Des­ pués, en lugar de procurar no oir, se empenô en dejarse acompanar por aquella mùsica. "No era precisamente una oraciôn de quietud la mia, sino que consumia el tiempo de la medi­ tacion en ofrecer aquella mùsica al Senor." Ella misma se llama "pequena victima de amor", pero no tan pequena, por­ que, segûn la declaration que hizo en el tribunal de beatifica­ tion el P. Pichôn, S. I., que le habia dado unos ejercicios, quedô admirado no solo por la inmediata direction del Espiri­ tu Santo, con la que era favorecida aquella alma, sino por las continuas pruebas a que Dios la sometia. Ya hemos dicho que conotiô la noche oscura y sabido es por San Juan de la Cruz que no hay sufrimientos mayores. Sus dudas sobre la fe la acongojaron sobremanera. Tenemos otra noticia de sus sufrimientos. Las très herma­ nas religiosas eran cariüosisimas. El que su padre enfermera de parâlisis y hubiera de ser conducido solo a un hospital, donde permaneciô très aiios, constituyô para las pobres nifias, privadas de cuidarle, un verdadero suplicio. Santa Teresa escribiô: “Los très aiios del martirio de mi padre me parece que fueron los mâs duros y fructiferos de nuestra vida. No los cambiaria por los mâs sublimes éxtasis.” Todos estos sufrimientos, mâs los de sus ûltimas y dolo­ rosas enfermedades, los ofrecia por très clases de personas: primero, por los pecadores en general, y, a vtees, por alguno especialmente, como, por ejemplo, un sacerdote apostata. En segundo término, por los sacerdotes. La falta de santidad de algunos de ellos le impresionô vivisimamente en su peregrina­ tion a Roma. Finalmente, por las misiones, cuyos paises divi­ dia en un mapa, para orar por los infieles. Sus lecturas eran selectas y fueron las preferidas: la Sagrada Escritura, la Imitaciôn de Cristo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. 1635 3." Las rosas de Santa Teresa Santa Teresita ofreciô que su cielo consistiria en hacer Ho­ ver rosas sobre la tierra. y lo ha conseguido. Sus gracias son tan numerosas que es dificil encontrar un pueblo en una de cuyas iglesias no exista alguna imagen de la Santa, ante la que acudcn los fieles. Existe otra creencia y es que cuando concede un favor notable, lo acompafia, haciendo que a su devoto le llegue de un modo u otro alguna rosa. La seriedad de nuestra obra impide, desde luego, dar como cierta la universalidad de este hecho, ni mucho menos atribuirlo a milagro. Pero lo repetidamente comprobado que ha sido en muchas ocasiones merece también que se le tenga en consideration, por lo menos como un gesto carinoso y poético de la Santa. 5. SANTA GEMMA GALGANI (11 de abril) La dévotion de esta Santa, cada vez mâs popular en nues­ tro pais, nos obliga a insertar una pequena biografia suya. Contemporânea de Santa Teresa del Nino Jesûs, es casi su antitesis dentro de los caminos de Dios. En ésta todo es ordinario, menos la santidad; en Santa Gemma se tropieza lo maravilloso a cada paso de su vida. El predicador ha de cuidar de dos cosas, la primera de orientar debidamente la dévotion, demasiado inclinada a concéder a la Santa diversos patronatos, muchos de ellos con poco fundamento; la segunda, de distinguir la santidad de Gemma Galgani de los milagros y revelaaones que la rodearon. La santidad es indiscutable. Lo maravilloso de su vida constituyô un serio obatâculo en su canonization y fué. y eo hoy muy discutido. La Congrégation de Ritos, al declarat he­ roicas sus virtudes, se negô a emitir juicio alguno sobre el ca­ râcter preternatural de los fenômenos que se registraron en su vida. "Este es un asunto—dijo—sobre el cual no se ha detidido nada.” Gemma Galgani naciô en Camigliano, en 1878, y muriô en Luca, a los veinticinco aiios. Era hija de un farmacéutico, cu­ yos medios no debian ser abundantes, pues tuvo ocho hijos. La Santa quedô huérfana a los ocho aiios. Ya en el colegio, y desde los cinco, se habia distinguido, porque, segûn su maestra, "a pesar de tener un temperamento ardiente, siempre se conservo serena, lo mismo ante las censuras que ante las alabanzas.” En esa edad, y como queriendo aprovechar el tiem­ po, quien habia de morir tan joven, rezaba el Oficio parvo. A los ocho aiios, cosa rara entonces, se le permitiô hacer la primera comuniôn, para la que se preparô con un retiro de diez dias y en la que formulô el proposito de mantenerse siem­ pre en la presencia de Dios. Durante su etapa de internado en el colegio fué tal su modestia que jamâs se dejô auscultar por el médico. A los diecisiete aiios, terminada su education, volviô a casa de su madré, pero arruinado poco después su hogar hablaba contihubo de reintegrarse a Luca. Ya por u de adivinar habilidosamente el penSamiento del grande, ni aun siquiera de guardar silendo obsequioso o medroso, S* el grande es mundano, soberbio, el consejo es peligrosisimo, y en aquellos tiempos podia llevar a la muer­ te. No hay pasiôn mejor dispuesta para barrer obstâculos que la soberbia. Testigos de ello, muchos projetas, v, gr.: Elias y Jercmias. Si es bueno, el grande corre siempre un peligro, el de confundir la autoridad que ejerce en nombre de Dios con las luces propias de su entendimiento. Advertirle sus errores le parece muchas veces indisciplina. Las opi­ niones distintas son calificadas de ineptas. Por otra par­ te, nuestros gustos y aficiones son habilidosisimos para buscar justificaciones teôricas, que, por lo tanto, juzgardn de errôneo el consejo opueslo. La pereza suele disfrazarse de prudencia; la irresoluciôn y cobardia, de bondad; la vanidad, de respeto merecido; la actividad inconsecuente y desorientada, de espiritu renovador. Hasta los santos tienen que luchar siempre con su amor propio, que en ricos, sabios y poderosos se exacerba. De aqui la propension de los grandes a dejarse rodear de gentes jôvenes que obedezcan y de personas maduras cuya habilidad sabe disfrazar el deseo de medro propio. Santa Catalina tropezô con el grande soberbio y fué perseguida. En Florenda la salvo Dios casi milagrosamentc. Se dirigiô a grandes piadosos como el papa, de cuvox cortesanos decia que apeslaban, y le aconsejô decidida. Otra gran dificultad del consejo a los grandes, nace en el mismo consejero. a) Unas veces procede de su amor propio despechado. b) Otras, de un verdadero espiritu de rebeldia. c) Otras, sin procéder del despecho ni buscar el medro propio, pero se déjà llevar de un espiritu de soberbia, que le convierte primero en imprudente, después en rebelde y, por fin, en revolucionario. vi RG ENES 887 1. El eslado de la Iglesia y de Italia en tiempos de Santa Catalina y de Savonarola eran muy semejantes. Una y otro procedieron con buena intenciôn, pero véanse los distintos medios empleados y el distinto fin conseguido. 2. La rebeliôn, el niotin, la muerte: Savonarola. 3. El consejo, la vuelta a Roma, principios de reforma: Santa Catalina. D. La razôn estriba en que el consejo a los grandes debe proceder ùnica y exclusivamente del amor a Dios y a sus mandamientos. Si el que aconseja o advierte lo hace sôlo o sin enganarse por amor de Dios, a) No correrâ el peligro de soberbia, porque la caridad no se hincha. b) Ni el no observar el modo y mansedumbre debidos, porque la caridad no se irrita. c) Obtendrâ fruto, porque el mejor medio de mover es el amor, y por lo menos lo obtendrâ para si mismo en aumento de gracia y gloria. 1649 GRUPO SEXTO: VIUDAS SANTA RITA DE CASIA 1650 (22 de mayo) Esta Santa, cuya devociôn, muy cultivada por los PP. Agustinos. ha adquirido la categoria de popular, debe servir de modelo de religiosas, de hijas, de esposas y viudas. Se trata de una vida completa. 1651 l.e ESPOSA Y MADRE CRISTIANA Naciô en una aldea dei centro de los Apeninos, de fami­ lia pobre. Piadosa desde su ninez, contrajo el matrimonio a que sus padres la destinaran, a pesar de su deseo de ingresar en las Agustinas de Casia. Su matrimonio no pudo ser mâs infeliz du­ rante los dieciocho afîos que durô. El marido, hombre de carâcter brutal y vicioso, la abrumô de infidelidades y malos tratos, y lo que mâs le dolia, corrompiô a sus dos hijos. Nueva Monica, Rita consiguiô la conversion de todos. Pero la desgra­ cia la perseguîa en su vida matrimonial. Cuando comenzaba una etapa feliz, abierta por la conversion del marido, sus excesos anteriores produjeron el fruto natural y fué asesinado por dos enemigos. · . ■ v; Un terrible problema se planteô a la Santa y hubo de resolverlo con nuevo y grande sacrificio. Sus dos hijos habian jurado venganza por la muerte del padre. Rita pidiô entonces al cie­ lo que les quitase la vida antes de cometer tal delito. Dios oyô sus sùplicas y ambos hijos murieron, perdonando. 1652 2.° VlUDA Y RELIGIOSA Libre ya de cuanto pudiera atarla a un mundo en el que tanto habia sufrido y tanto se habia santîficado, Rita intento ingresar en el convento. Mas por très veces la rechazaron. No querian viudas. Pero. segùn se cuenta, se produjo un milagro. Un dia San Juan Bautista, San Agustin y San Nicolâs de To­ lentino, llevaron a Rita por caminos ocultos y la introdujeron en el convento sin abrir las puertas. Ante tales introductores, las monjas hubieron de admitirla. Sea cuento o no el prodi­ gio, el caso es que la Santa recibiô el hâbito de las Agustinas de Casia, el ano de 1413. ■mb ·· VIUDAS 889 Alli comenzô una vida de oraciôn. Dedicôse a contemplar la Pasiôn de Cristo, de la que era devotisima, desde la media noche hasta el amanecer. Practice la caridad, cuidando a sus hermanas, y consiguiô, mediante la oraciôn, que se convirtiesen muchos pecadores, y lo que es mâs dificil para quien ingresa ya con cierta edad en religion: ejercitô intensamente la obediencia. Se cita como ejemplo curioso que la superiora le mandô regar una vid seca y Rita obedeciô sin titubear y la cuidô durante mucho tiempo. En 1441, después de oir a Santiago de la Marca un sermôn sobre la coronaciôn de espinas, ocurriô, mientras estaba en éxtasis, lo que los autorcs suelen llamar milagro, y el Butler’s Lives "reacciôn fisica extraâa”. Sintiô asi un dolor como de es­ pinas en las sienes, mientras que en la frente se le abria una llaga, que por su continua fetidez la mortifico grandemente du­ rante su vida y la obligo a recluirse casi por completo en su celda. Solo cesô en 1450, para que pudiese ir a Roma en la peregrination del Afio Santo. 3.° Muerte. milagros y glorificaciôn 1653 La curation de un nifïo por intercesiôn suya y otros mila­ gros difundieron su fama fuera de los muros del convento. Por fin, después de cuatro anos de enfermedad, en la que no mi­ tigo la aspereza de su vida, entregô su aima al Senor, el 22 de mayo de 1417. Su muerte fué un acontecimiento, y ante su cadâver se curô el brazo seco de un familiar suyo. Los prodi­ gies verificados en su tumba la hicieron tan popular, que antes de su canonization contaba con una iglesia en Roma y era llamada vulgarmente "Santa Rita”. Beatificôla Urbano VIII el 16 de julio de 1627, y la canonizo Leon XIII, el 24 de mayo de 1903. Los agustinos sutlen bendecir rosas el dia de su fiesta. El origen de esta costumbre radica en el hecho de que estando enferma Santa Rita pidiô a un visitante de su mismo pueblo que le trajese una rosa del jardin. Creyendo que se trataba de un capricho de enferma, pues la estaciôn no era propicia para hallar taies flores, se fué al jardin, donde, con gran sorpresa, encontrô una rosa en un arbusto. Lo mismo se repitiô con dos higos, que aparecieron en un ârbol sin hojas. Hay que reconocer, sin embargo, que los datos criticos severamente fidedignos sobre la vida de la Santa, son escasos, puesto que su primera biografia aparece en 1600, o sea ciento cuarenta y très ahos después de su muerte, y sin darnos noticia alguna de las fuentes utilizadas. Hay, pues, que suponer que la mayoria de los informes llegaron al autor por pura tradiciôn 1. 1 Pueden aplicarse a esta Santa algunos de los guiones sobre las Virgenes o de las cocnprendidos bajo el epigrafe de Varios. 'K-5s Λ·' S? in’ * INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS » r. · En esta section ofrecemos una selecciôn de los guiones que hemos juzgado mâs utiles para la prédication ordinaria. A fin de que el lector pueda formarse fâcilmente una idea de los mismos, los presentamos en forma esquemâtica. Los guiones estân agrupados segûn los tiempos litûrgicos y siguiendo el orden de las respectivas dominicas, conforme aparecen en La Palabra de Cristo. Después del titzdo de ca­ da guiôn aparece el nûmero que le corresponde dentro de los guiones homiléticos de cada dominica. Al pie de algunos guiones se indican otros lugares de la obra en que se trata del mismo tema. En estas citas, el numé­ ro romano remite a los diversos volûmenes de la obra, y el nûmero arâbigo, a la pagina correspondiente de la primera edition. Cuando, ademâs, aparece un nûmero arâbigo entre parentesis, la referentia se hace a la numeration marginal de los volûmenes de la segunda edition. El tomo IX aparece siem­ pre citado por paginas. I. ADVIENTO Y NAVIDAD 1. DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO El cristiano en el Adviento (g.2). Adviento: Preparation para el nacimiento mistico, pero real, de Cristo. B. Figuras imitables: a) Isaias: “rorate caeli”. Pidamos la venida de Cristo. b) Juan Bautista: “parate viam”: austeridad y penitencia. c) Maria: "gratia plena”. Inmaculada. Vida de gracia y virtudes. Cristo en Belén y Cristo Juet: Retibâmosle ahora, para que El nos retiba después. Tiniebla* y luz (g.4-5). A. "Dcspojémonos de las tinieblas”. a) Tinieblas y pecado. El que anda en tinieblas no recibe la luz, Cristo, “Et tenebrae eam non comprehenderunt” (Ιο. 1,5). b) Tinieblas y caridad : “El que aborrece a su hermano esta en tinieblas” (1 lo. 2,11). I- 894 Indice general de guiones selectos B. “Fistamos las armas de la lus”. a) Luz équivale a verdad. b) Luz équivale a caridad. C. Por medio de la verdad y la caridad, vayamos a la Luz que a Cristo. Juicio final (g.8-9). Juicio de los justos: esperanza, consuelo. a) Premio sobreabundante : “Non sunt condignae passiones huius saeculi" (Rom. 8,18). b) También el cuerpo: Dotes del cuerpo glorioso. Triunfo social : “ Hi sunt quos habuimus aliquando in derisum" (Sap. 5,3). d) Triunfo con Cristo: Apoteosis final. Centro de la creaciôn. Recapitulaciôn de todas las cosas en Él (Eph, 1,10). Juicio del pecador: Temor ante el castigo. a) Juez: sabio, justo, irritado, sin misericordia, Dispucsto a hablar después de su silencio (San Agustin). b) Juicio publico, solemne. Sobre acciones y omisiones. c) Sentencia: inapelable, eterna. Desesperaciôn. Despertemos: uEcce nunc tempus acceptable”.—Cf. I, 119; 128, 130, 131, 139.—VHI, 733, 1276, 1281, 1285, 1291, 1313.-IX, 554. sentencia (g.14). “Apartaos de Mi, maldit os” (Mt. 25,41). Condenados por falta de caridad. Pecados de omisiôn. Sorpresa de muchos cristianos el dia del juicio: No conocieron a Cristo en cl pobre (San Agustin). Cristo nos previene: Très parabolas. a) El Buen Samaritano: condenaciôn de la piedad sin mise­ ricordia. b) Los talentos: condena al que no los emplea en beneficio de los demâs. c) El rey y sus criados : Hay que perdonar para ser perdonados. El Ezangelio es misericordia. Un cristianismo sin ella es falso. Cristo ayer, hoy y siempre (g.17). A. Cristo, ûnica Lus para iltiminar al hombre. B. Unica vida. Muere quien no està unido a El. La vid y los sarmientos. C. Unica verdad. Fucra de El todo es mentira que pasard. Toda la verdad esta concenlrada en El. Lo que Cristo es “ab aeterno” lo continua siendo y lo serâ. A pesar de su ocultaciôn. Pivamos con El para triunfar con El: bautizados en Cristo, muertos y sepultados con Cristo, conresucitados y coherederos eternamente con Cristo. Despertemos socialmente (g.I8). A. Temor colectivo ante el pavoroso problema social y politico: Inestabilidad, subversiones, dcsquiciamienlo psicolôgico. 895 DOM. 2.· DE ADV1ENÏO B. Los pontifices denuncîan su· causa: Se lui dcstenado a Dios de la vida privada, familiar y social. La sociedad esta injustamente conslituida. Debe desaparecer el présenté orden anlicrisliano. C. La Iglesia no terne. Sale fortalecida de la lucha. Tiene esperanza. D. Los cristianos: La crisis debe conducir a la renovaciôn (Jonâs y Ninive). Es inaceptable la inactividad, la negligencia. No la­ mentas, sino acciôn. Justicia social. Abnegaciôn, sacrificio y heroismo. E. Cristo, unico fundamento de la reforma. Justicia y caridad.— Cf. I, 294.—VIII, 980. Carâcter social del cristianismo (g.20). A. Egoismo e individualismo en nuestra vida cristiana. B. La esencia del cristianismo es social: El “mandamiento nuevo”, sintesis de todos. Criterio para el juicio final: acciones y omisiones respecto al prôjimo. Sociabilidad humana y Cuerpo mistico. Aplicaciones. a) Funciôn social de los bienes: Administraciôn en beneficio de todos. b) El bien comiin exige distribution equitativa de los bienes. No es posible sin caridad: aceptar al prôjimo como hermano; ver en él a Cristo. La justicia, presupuesto bâsico : La justa retribution del trabajo es antes que la limosna. D. El cristianismo, a la luz del juicio, pide un orden social basado en la justicia y en la caridad, que suple e informa internamente a la justicia. a) b) Ikv. :: 2. DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENT O Juan Bautista (g.2-3). A. Figura: Unica en la Historia (Tertuliano). Singularizado por Dios; anunciado por profetas y ângeles; justificado antes de nacer; heraldo de Cristo. b) Prestigio : ante el pueblo, Herodes, los fariseos. c) Elogios de Cristo. B. Virtudes: Soledad, Penitencia. Humildad. Celo. Fortaleza. Amor a la verdad. Abnegaciôn y olvido de si: “Que El crezca".— Cf. I, 258, 421. a) Ambiciôn (g.5). -, . A. Universahdad: desde nifios nos domina. Conduce al menosprecio del prôjimo, Frecuente incluso en aimas cspiritualcs y apostôlicas. B. Ambiciôn colectiva: buscar la glorificaciôn de nuestra grupo, instituciôn. Lleva a la soberbia, envidia coleclivas. Ejemplo del Bautista: projeta prestigioso, se déjà ocultar y mû­ rir para que triunfe Cristo: “Me autem minui”. 9 E” c X c fciDÏCE GENERAL DE GUIONES SELECTOS 896 D. hnitemos a cuantos hacen el bien con olvido de si mismos, Renunciar a la publicidad, al agradecimiento humano, Dios nor premiard.—Ct. Ill, 159 (273), 164 (281), 166 (287), 185 (318), 191 (328).—VI, 1097.—VII, 855. 10 Envidia. (g.6-7). De los discipulos del Bautista ante el triunfo de Cristo. B. Pasion de todos. El pecado mas universal y comûn (Belarmino, Bossuet). c. Naturaleza: “Tristeza del bien ajeno considerado como mal pro­ pio" (Santo Tomâs). Libremente admitida es pecado, frecuenlemente grave: Cain, Satanas. Envidia, celo y sana emulation. Efectcs: a) Envilece. El envidioso es mczquino y despreciable. b) Contraria al espiritu cristiano, al Cuerpo mistico unido por la caridad. c) Conduce al odio, calumnia, murmuraciôn... E. Dios castiga al envidioso, que carece de pas y es despreciado.— Ci. Il, 924 (1585). 11 Divinidad de Cristo (g.ll). SV declara Dios en diversos momentos ; de modo solemne ante el Sanedrin. Y es condenado por eso, B. Lo demuestra con milagros. C. No es un impostor: nadie hoy lo sostiene. Ni es un loco: per­ fecto equilibria de sus facultades, a) Entendimiento : profundo, âgil, universal. b) Voluntad: fuerte, racionalmente disciplinada. c) Imagination equilibrada. Pasiones humanas (tristeza, ira, miedo) sometidas a la razon. d) Perfecta vida de relation. "Dominus est". “Regem venturum Dominum, venite adoremus".— Cf. III, 910 (1612).—IV, 320 (556), 328 (572).—VII, 998. 12 Iglesia, milagro moral (g.13). Milagros en el orden moral. Humanamente es inexplicable la historia de la Iglesia: es obra de Dios. a) Doce Pescadores convierten al Imperio romano. b) Las mâs poderosas institutiones humanas han pasado; imperios, doctrinas. c) Cuando la presente civilization haya desaparecido la Iglesia vivirâ (Macaulay). La Iglesia es mâs fuerte que nunca: a) Dogma: Unidad. Fortaleza. b) Disciplina: bajo el magisterio fecundo del Papa y obispos. El derecho: adaptation juridica a variadisimas circunstancias sin perder unidad. d) Santidad: ordenes religiosas, canonizaciones, vida de piedad. e) Catohcidad : misiones, clero indigena. f) Apostolitidad : union de todos con la Cabeza. •A **. DOM. 2.° DE ADVIENTO 897 D. Solo Cristo ha fundado un imperio cterno basado en el amor (Napoleôn).—Cf. II, 672 (1136).—IV, 720 (1220).—VI, 492, 498. Hacer el bien (g.14). 13 Caractcristica inconfundible de Crist-o. En los cuerpos y en las almas. B. Misiôn de la iglesia. Con ella nace la preocupaciôn por el necesitado.: colectas de San Pablo; diaconos; dispositiones conciliares. Croce y se organisa inccsantemcnte : Ordenes religiosas para edu­ cation y beneficentia. C. Distintivo dei cristiano. Para asemc/arse a Cristo. La misericor­ dia, criteria para valorar la piedad. Hacer el bien: a) Sin limitaciôn, a todos y siempre. b) Atendiendo a los humildes, al pueblo. La bencficcncia, arma apostôlica. Aun a los enemigos (Rom. 12,20). d) Con sacrificio y contacto personal. “Evangelizarse pauperibus” (g.15). 14 A. Misiôn de Cristo (Mt. 11,5; Le. 4,18). B. Como la cumpliô: naciô pobre; viviô pobre; pobres sus discipu­ los; predicô a los pobres; muriô pobre. Elogio la pobteza y condenô a los ricos. C. Correspondcncia del pueblo: amor; le sigaie; le proclama rey; goza con sus triunfos; se arrepiente de su muerte, D. Imitemos a Cristo: Amar al pueblo. Vivir con él. Comprender sus necesidades. Hacerle /usticia, a) Obrar asi es sintoma del espiritu de Cristo. b) La aversion del pueblo indica que no seguimos el Evangelio. Cristo y los ricos (g.16). 15 · Iί ,·:■ Les ama y évangélisa: Magos; Bartolomé y Mateo; Zaqueo; La­ zaro; Arimatca y Nicodemo; parabolas: hijo prodigo, viûa, ban­ queté de bedas. Dios no candena las riquezas: a) El rico, administrador con misiôn de la Providencia. b) Pero riquezas injustas, peligrosas, impiden a muchos la sal­ vaciôn. Pobrcza de espiritu; .utilizando las riquezas para los demâs: a) Limosna “prompte, abundanter, hilariter” (Santo Tomâs). b) Cubicrtas las necesidades hay que dar el resto (Leon XIII). D. Ser rico cristianamente es arte dificil.—Cf. II, 1061 (1845).— V, 676 (1272).—VI, 705, 733.—VII, 487. Fortaleza (g.17). A. Naturaleza: impulsa a realizar lo debido a pesar de los obstâculos (Santo Tomâs). Supone Humiliation del entendimiento y decision en la voluntad. a) No se confunda con Ia audacia, que es impetuosa e incons­ tante. b) La ira dominada por la razôn le presta vigor. c) Sus actos son acometer y resistir. Lîu palabra de C. ”6 ’ ■ ■ 1'· ύ 16 •V ■ w* V 898 ÏNDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS DOM. 3.” DE ADV1F.NTO B. Fortalesa del Bautista: Acohiete su dificil mision, Resiste a los fariseos, a Herodes, a sus discipulos. Sabe airarse santameute. C. La fortalesa, virtud del hombre de caracter. Juan es un caracter: claridad de mente, rectitud de voluntad. Imitémosle.—Cf ΙΠ 531 (932), 533 (937).—VII, S09,—IX, 668. C. Nuestra preparaciôn para Navidad. a) Penitencia, caracter general del Adviento. b) Alegria interior, acompafiando a la morti ficaciôn. c) Piedad litûrgica.—Cf. III, 675 (1186). Hombre de caracter y sociedad actual (g.18-19). Alegria cristiana (g.2). Cristianismo y paganismo, dos filosofias de la vida. San Pablo, preso, exhorta a la alegria. Ovidio, desterrado, muere de amargura. B. Cristo, fundamento de la alegria. a) El problema del dolor, insoluble sin Cristo. b) Quien esta con Cristo encuentra alegria en el sufrir. c) Pablo se alegra porque confia en la Providenda, ora, tiene paz interior. d) La alegria es el “gigantesco secreto dei cristiano" (Ches­ terton). Resultante e indicio de su vida espiritual. “Dominus prope est". a) En Navidad: alegria popular y sincera. b) En la Eucaristia: consuelo dei afligido. c) En los oobres: el gozo de hacer el bien.—Cf. I, 440.—II, 242 (377), 245 (380), 786 (1304).—IV, 704 (1192), 707 (1198). Formar el caracter, fin de la education. a) Rectitud constante del entendimiento. b) Cohcrencia y constancia de la voluntad. c) No basta la tenacidad del tcrco sin principios. d) Sc necesita la base de la fe como norma. Efemplos de caracter: a) Jesucristo: su vida; su gracia, que hace al cristiano hombre fuerte. b) Juan Bautista. c) Los santos, imitadores de Cristo. La sociedad necesita caractères. a) El hombre moderno esta interiormente vacio. “Fantasmas de hombres" (Pio XII). Graves consecuencias. b) Necesidad de minorias sociales; cruzados de un mundo mejor. c) Con la fortaleza v virtudes del hombre de caracter: idéales elevados; dispuestos a la acciôn; fe; esperanza; confianza; amor v sacrificio; vida interior; vencimiento propio; des* precio del mundo.—Cf. I, 287.—II, 1216 (2112).—Ill, 1094 (1986).—VII, 682, 686. ' rX,4-> 899 A. La predicaciôn (g.8). Juan Bautista, modelo del predicador. Excelencia : Cristo. Los Apôstoles. San Pablo. Recomendaciôn de los pontifices. C. Eficacia: ‘‘ut evellas et destruas... et aedifices et plantes” (1er. 1,10). . D. Contenido: El Evangelio. Jesucristo. Dogma y moral. Ascética y mistica. El predicador: constancia, claridad, santa libertad. Fuentes: Biblia. Santos Padres. Teôlogos. Comentaristas clàsicos y modernos. Doctrina pontificia, Alma de la predicaciôn: amor, austeridad, mortification, oraciôn.—Ci. I, 879.—II, 796 (1339), 1051 (1817), 1058 (1837), 1059 (1842), 1061 (1845), 1073 (1868), 1075 (1870), 1078 (1875), 1081 (1879), 1088 (1888).—III, 524 (920).—VI, 354. 18 Redenciôn de la sociedad (g.20). Anhelo de redenciôn en el orden sobrenatural y temporal. El problema social moderno pide un redentor. Hay concientia de pecado. Falsos redentores pretenden calmar este anhelo del pueblo: a) Liberalismo, comunismo... : halagan con falsas promesas. b) El pueblo, desenganado, busca a Cristo. Cristo, Redentor de la sociedad. a) Su programa es inigualable. b) Pero actùa a través de los cristianos, que frecuentemente le traicionan. c) Responsabilidad de quienes por temor, egoismo..., impiden la redenciôn y apartan al pueblo de la Iglesia.—Cf. I, 135, 442, 898.—VIII, 980. El propio conocimiento (g.10). Necesidad: Punto de arranque de la vida espiritual. B. Necesario para: la penitencia; evitar muchos pecados; mejor conocer a Dios por contraste a nuestra miseria; evitar presunciôn y desaliento; buen uso de la autoridad. Medios para alcanzarlo: a) Examen de los pecados y sus causas. b) Meditar lo que somos por naturaleza, por vocaciôn, por profesiôn. Cômo obramos y cômo deberianios obrar.—Cf. I, 418, 419, 426,—V, 535 (1000), 1062 (2057).—VI, 1064. ffil 3. DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO 19 El domingo ‘'Gaudete”. Alegria en las formulas liturgicas y ornato externo. Su sentido en medio de la austeridad. ‘‘Dominus prope est.” Alegrémonos ante la inminente venida de Cristo. '·■/£ • · IL· ’ , * g_ 4 ’· · · · ”3 M· 1 ■fe: 900 Humildad (g.11-12). A. B. C. D. E. DOM. 4.° DE ADVIENTO INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS Virtud desconocida hasta la venida de Cristo. Practicada y predicada por Él, por Juan Bautista. La humildad es la verdad (Santa Teresa). Por eso la aprecia Dios. a) Es conocerse a si mismo como pecaaor. b) Aceptar todo lo bueno como recibido de Dios. Bienes: confianza. Paz. A umento de gracia. Impulsa a la acciôn en lugar de llevar al apocamiento e inactividad. Los tres grados ignacianos como très etapas de cnérgica actiHdad espiritual. A prendam os de Cristo, manso v humilde de corazôn.—Ct. V 1062 (2057).—VI, 1048, 1054, 1058, 1061, 1064, 1066, 1070, 1089. 1091, 1094,—VII, 858.—VIII, 364.—IX, 407. 24 Vocacîôn (g.14-15). A. Cada hombre tiene la suya: natural y sobrenalural. Dios da las cualidades y gracias necesarias. B. En el orden sobrenatural hay una vocacîôn gencrica (a la gracia y la gloria) y otra individual (a una funciôn concreta en el Cuer­ po mistico)< Doble relation nuestra con Cristo y el prôjimo. C. Conozcamos nuestra vocacîôn para poderla realizar con amor. iCômoÎ a) Considerar nuestro fin : para que hemos sido creados. »· Via mistica: “ experienda de consolaciones y desolaciones b) (San Ignacio). c) Raciocinio con ayuda de la gracia (doctrina de San nacio). D. Prevention contra la ligereza al decidir. Oraciôn antes de haccrlo y luego fortaleza para realizar lo acordado.—Cf. II, 137 (213), 925 (1588).—IV, 503 (867).—V, 683 (1284), 686 (1288), 1045 (2018), 1060 (2052).—VII, 980.—IX, 205, 208, 211, 214, 218 , 825. 901 Sinceridad (g.19). Modèles,: a) Juan Bautista “confesô y no negô”. No vacila en decir la verdad dura a Herodes, los fariseos... b) Cristo: "Vine para dar testimonio de la verdad”. c) La Iglesia: deficnde la verdad por encima de toda consideraciôn. Virtud olvidada en lo social y politico. a) En la formaciôn de la opinion pùblica. b) Falta de fidelidad a la palabra empenada. Doctrina y actuaciôn de la Iglesia: a) Defensa de la verdad con caridad y condenaciôn del error. b) Fidelidad a lo pactado. Sôlo en ella se funda un orden social estable. c) Sin fe no hay garantia de una responsabilidad sincera 4. DOMINGO CVARTO DE ADVIENTO La Providencia (g.2). Fundamento. a) Las criaturas necesitan el apoyo continu > de Dios. b) Dios no se despreocupa de sus obras. Naturalcza: a) Dios sostiene y gobierna las criaturas. b) Dirigiéndolas a su fin. c) Suave y fuertemente. En la Sagrada Escritura: Historia de Israel. Tobias. Moisés y el Faraôn. A suero y Ester. Consecuencias : Confianza. Aceptaciôn. Docilidad.—Cf. IL 255 (400), 263 (410).—VII, 460 , 463 , 474 , 477 , 493, 1183. vocacîôn de Espana (g.4). Reinado de Cristo en la sociedad (g.17). A. La sociedad moderna se acerca a Cristo: Procurarlo es misiôn de la civilizaciôn cristiana. b) Sc estâ consiguiendo. A pesar de los retrocesos parciales. Es évidente el avance de la Iglesia. Aun en el orden tem­ poral y social. No confundamos civilizaciôn cristiana con occidental. Esta tiene muchos elementos inaceptables. Y hay base cristiana en otras civilizaciones 9 e d) Existe un patrimonio de valorcs morales de inspiraciôn enstiana que, junto a los fracasos de sistemas erroneos, nos lleva a una sociedad mâs justa. Podemos acelerar este proceso,: no por revolution sangrienta, sino por implantaciôn de justicia y caridad.—Cf I, 135 , 294.— Vlll, 980. La patria espanola. a) Espana, Estado y patria. Ciudadania, patriotismo y piedad (Santo Tomâs). b) Caracteristicas : Vocacîôn nacional movida por la religion y capacidad organizadora. Caida y resurgiviiento. a) Caida general por agotamiento (siglo xvn). b) Renacimiento biologico. Desorden politico (siglo χιχ). c) Madurez creciente (siglo xx). Deber de Espana. a) Lucha actual de dos civilizaciones: Oriente y Occidente. b) Espana, potencia espiritual contra el comunismo. Accion positiva, Mastica cristiana. Espana al servicio de la civiiizaciôn y la Iglesia.—Cf. IV, 1240 (2089). î Indice general de ,902 guignes selectos Historicidad del Evangelîo (g.5). 29 A. PGM. 4.· DE AnvTENTO 903 ------- ·—------ - ------------------------ —----------------------------------------- —---------- Necesidad: todos necesitan cambiar, mejorando de vida. a) Los jtistos: que también pecan y tienen que resistir a la C. Obra rigurosamente histôrica. Sms detractores se eontradicfH mutuam en te. . ‘ ,· J a) Enciclopedistas. Voltaire: Cristo y los apôstoïes cran linos falsarios. b) Naturalistas. Paulus: No falsarios, sino ignorantes. Los milagros, obra de la naturalisa. c) Strauss: No ignorantes ni falsarios. Cristo, un mito. Los Evangelios, leyenda, d) Baur. Renan: No hubo tiempo para crear cl mito. c) Harnack, Loisy: Conceden Irstoricidad. Evangelios cscritos inmediatamente después de b muerte de Cristo. tcntaciôn, b) 1,05 pecadorcs: para salir del pccado, mal de Dios y del hombre, que se relxda voluntariamente. c) Nccesaria a los desesperados : Dios a6n los recibe. Y a los presuntuosos: el castigo llegarâ si no cambian.—Cf. 1 571, 575, 577, 580, 582, 584.—Ill, 176 (304), 179 (309).-VIII, 589. Penitencia corpora) y etpiritual (g.l 1-12). Ncccsidad penitencia corporal: para todos; especia'.mente, aimas espiril.ualcs. a) Por semejanza a Cristo-Cabcza, que sufre. b) Para satisfacciôn pecados y moviraiento propio. A. B. Aceptemas humildemente el mensaje. Recibamos a la Lus. Pernicioso olvido de esto. c) 30 El sacerdote (g.l y 6). A. Ministro de Cristo y dispensador de sus mislerios. a) Continuador de la obra de Cristo. Hacc sus voces. Es “otro Cristo”. b) Dispensador de la palabra, el alimento, el perdôn, la gracia.· Dignidad: Participa de la de Crtslo. Se le confiere su altisiino oficio. C. Consecuencias para el sacerdote y los fioles. a) Humildad en la dignidad. Conciencia de pecador. b) Sea camino hacia Dios: fidelidad, austeridad, predique a B. Cristo. c) Veneraciôn y respeto. Oraciôn. Comprensiôn de sus faiios — Cf. III, 688' (1207), 886 (1557).—IV, 509 (876), 528 (902), 894 (1526).—V, 884 (16S2), 1063 (2060), 1066 (2064), 1071 (2076).—VI, 339, 717.—VII, 329 , 333, 1031. 31 Austeridad (g.7). A. Figura austera de Juan Bautista. - 1 B. Su ausencia en la vida moderna. a) Vivir para el lujo. Superior a la capacidad cconômica. b) Busqueda desenfrenada de comodidad. Peligrosa para vida cspiritual. O Dios o las riquezas. C. Remedio: desprendimiento. Limosna. Rcnunciemos a! htjo, con­ trario a Cristo. Penitencia (g.10 y 13). 32 Predicaciôn del Bautista. De los projetas. De Cristo y los afôstoles. B. Finalidad: Llevar a Jesucrislo. a) En si misma es antinatural. Pero obliene cl perdôn y el A. . amor a Cristo. b) Camino ordinario de vida cspiritual. Abrazada con Amor en­ gendra gozo. Los santos lu confirman. 33 B. Modos y normas: aceptaciôu sufrimientos inevitables ; guarda préceptes pcniteuciales de la Iglesia; bûsqueda voluntaria, cuidando de no perjudicar salud, no imfedir cumplimiento deber; consultar previamente. C. Naluralesa penitencia interior: compunciôn; cumplimiento deber. D. Dificullad y trascendencii ~ a) Es dificil cumplir deber: oposiciôn pasiones. b) Pocos lo hacen perfectamente: cumplimiento a medias; cuan­ do agrada; sin perfecciôn. Causa: normalmentc falta dominio interior. c) E. “No hay virtud mas eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer" (Peinât*).—Cf. citas del guiôn anterior. Penitencia y caridad (g.14-15). 34 Penitencia subordinada a la caridad. a) Santidad cquivale a caridad con Dios y cl prôjimo. b) Penitencia sin caridad nada vale (Is. 58,5 ss.). c) Si estorba a la caridad, es desordenada. d) Ideal: la caridad, norma para la penitencia (San Agustin). B. La limosna como penitencia. a) Recomendaciôu Sagrada Escritura y Padres (San Juan Cri­ A. b) sôstomo). La limosna impetra el perdôn (Eccl. 29.15; Act. 10,4). Sa­ tisface por los pecados (Dan. 4,24) ; préserva caidas futu­ ras.—Cf. citas del guiôn anterior. La limosna y los pontificet (g.19). Concepto: entrega caritativa de toda clase de biencs. Fundamento: el poseedor, depositario en beneficio de todos. Motivos para darlo: a) Media de penitencia y satisfacciôn individual y colectiva. b) Para cumplir el precepto de amor al prôjimo. c) Exigenda de la justicia social (justicia y caridad). D. Cuanlia: Lo que sobra, salisfcc ha la propia nccesidad y decoro A. B. C. (Lcôn Χ1Π).—Cf. I, 584 . 585, 587.-V, 533 (995), 546 (1020).VU, 128, 139, 294. 35 904 INDICE GENERAL 1»E GUIONES SELECTOS 5. DOMINGO INFRAOCTAΙΛ-/ DE NAVIDAD Educaciôn (g.6 y 17). La pateniidad: asociaciôn a la obra creadora de Dios para formur a Cristo en los hijos. B. Realization: la obra condensa en cl bautismo, continua en la educaciôn. Obra personal de los padres, que no puede confiarse totabnente a manos ajenas. Aunque suponga el sacrificio de vigilar, co. rregir y servir de ejemplo, Misiôn digntsima, semejante a la de José y Maria. E. La esperanza y la fe les guiarân y sostendrun como a Simeon hasta el fin de su vida: “nunc dimittis...”.—Cf. I, 289.- II, 120 (183), 654 (1096).—VIII, 810, 811, 814, 817. Esperanza (g.7). A usen cia en cl mundo moderno (Leon XIII, Pio XII). E. Tres filosofias de la vida. , Epicureos: Busqueda del placer. b) Estoicos: Pcsimismo derivado de la soberbia. c) Cristianos: “Nuestra vida es ahora esperanza, después se convertira en gloria” (San Agustin). Su necesidad para iluminar, alegrar, elevar y dignificar la vida. Su fundamento es la fe en nuestra resurrecciôn. La esperanza, fttente de alegria y de pas. Alimentémosla per la palabra divina, ία oraciôn y sacramentos.— Ci. I, 730. 733.—III, 362 (628), 370 (640).—IV, 714 (1029).— V. 1029 (1986).—VII, 643, 677, 1193.—VIII, 176,971, 1313. El problema del dolor (g.11-12). * s T Insoluble fucra del cristianismo. Por que lo permite Dios (San Juan Crisôstomo, Ribadeiieira). C. Bienes para cl cristiano. Restaura del pecado por su valor penitcncial y expiatorio. b) Purifica del apego a las criaturas (Santo Tomâs) y nos hace mirar a Dios. c) Préserva del pecado y fortalece en la virtud. d) Su aceptaciôn es la prueba de nuestro amor a Dios. D. El dolor, camino de santificaciôn: Cristo, Maria, los santos.— Cf. III, 370 (640).—VII, 141, 1193. Obediencia a la ley civil (g.16). A. Ejemplo de Cristo y de Maria. B. Por que obedecer: la ley . Garantiza el bien comun al ser concrcciôn de la ley natural. b) El legislador participa de la autoridad de Dios. Obedecerle es obedecer a Dios, cuya voluntad aplica. c) Garantiza la paz y orden social, proyecciôn dei orden divino. Zi.r'X: » IMAI. DESK. DE l,\ CIRCONCISION C. 905 Consecuencias prticlicas. a) La ley, superior y anterior al legislator. b) La Icy natural, superior a la positiva. Aplicadones. c) La no obediencia solo sc justifica en casos de oposiciôn a la natural y de injustitia patente.—Cf. T, 717. Paternalismo (g.18-19). Doctrina poulina: la tutela, sobre cl meror de edad. Paralelismo en la vida social: tutela de la autoridad sobre sociedades poco desarrolladas. B. Paternalismo de Listado; doctrina pontificia. a) Campo de intervenciôn exclusiva del Estado. b) Funciôn supletoria: dirigir, vigiiar, urgir, castigar (Pio XI). c) Provisionalidad de la intervenciôn. d) Obligation de la sociedad y sus dirigentes de capacitarse para resolver sus propios problemas. C. Paternalismo de empresa,: a) Hecho moderno y arraigado entre patronos catôlicos. b) Justificado en su origen por los abusos del liberaJismo. c) Provisionalidad de la tutela cmpresarial sobre los obreros que deben poder bastarse a si mismos y defenderse. d) Es reprobable un paternalismo que da por caridad lo que debe por justitia (Pio XI).—Cf. II, 408 (673), 410 (676). A. 6. DOMINGO DESPUES DE LA CIRCONCISION Jésus, Salvador (g.2). A. Salvador de todos los hombres. Estrecha concepciôn judia del Mesias. Frente a ella, San Pablo,: “No hay ya judîo o griego...j todos sois uno en Crislo Jésus” (Gai. 3,28; Eph. 2,11-21). B. Nos salvô de todos los males: a) Del pccado en la cruz. b) De la muerte con su resurrecciôn. C. Nos salvô definitivamente al vencer para siempre al pecado y sus efectos.—Ci. I, 887, 891, 893.—III, 173 (299), 892 (1570).— IX, 842. Los nombres de Cristo (g.5-6). Verbo. Imogen. Idea del Padre. a) Reflejo perfecto, personal, de las perfectiones del Padre. b) Compendio de la perfection creada. B. Hijo. Engcndrado eternamente por el Padre. Igual en todo a El. C. Jesiis, Salvador. a) Nombre que compendia y explica su misiôn en la tierra. b) Le compete solo a Él, ùnico que nos salvô. D. Procuremos asemejarnos al Verbo, imitar al Ilijo, amar y agradecer al Salvador, Jesûs. A. ■a* »·_ 906 INDICE GENERAL DE GOÛNKS SELECTOS Jesus, nuevo Adan (g.9). Exacto paralelismo antitélico: a) Por Adân “entrô el pecado en cl mnndo, y por el pecado, la muerte" (Rom, 5,14). Por cl nuevo Adân entrô la vida sobreabundantemente (Rom. 5,20). >1» pecamos, asi en Uno todos somos b) Lo misrno que en uno todos salvos. c) Adân, desobedeciendo, nos hizo a todos pecadores; Cristo,’ sometiéndose, nos troeô en justos (Rom. 5,19). iNuestra incorporaciôn a Cristo: a) Mas fuerte que la άηϊόη con Adân. b) Por medio de la gracia. c) Vivamos en Cristo y por Cristo para ser coherederos con Êl, Jésus, Salvador de la muerte (g. 13). Por el pecado entrô la muerte (Rom. 5,12). Por Cristo recibimos la vida sobreabundantemente: a) Vida de la gracia. Amistad y paz con Dios. Filiaciôn divina. Herencia del cielo. b) Vida del ertendimiento y voluntad; clari clad y fuerza para conocer la ley de Dios y scgtûrh (Tit. 3,3-5). Vida del misrno cuerpo con la resurrecciôn. C. Es necesaria nnestra colaboraciôn para g-osar de ta vida que Cristo nos ganô.—Cf. III, 680 (1.196). Jésus, Salvador de la sociedad (g.14). La sociedad, crcada por Dios y s&mehda a sus leyes. B Cuando se apart a de El, el orden social se der rumba: a) La mente humana queda privada de la garantia de la ley divina, inimitable. b) La voluntad, desprovista dei auxilio de la gracia. c) Consecucncias: error y mala vohmtad. C. Cristo, Salvador de la sociedad. a) Como Cabcza de la sociedad sobrenatural, la Iglesia, tan intimamente rtlacionada con lo civil (îdentidad de miembros, interdependéneia de fines...), b) Como fundamento de la dignidad humana, base del orden social.—Cf. I, 135, 294, 442, 898.—VIII, 980. Jesus, Salvador del trabajo (g.15). Falsos redentores a) Liberalismo. déjà indefenso al ohrero y le hacc esclave) en nombre de la libertad. b) Comunismo, degrada su dignidad poaiéndolo al servido de! Estado con vanas esperanzas. Jesûs, ùnico Salvador que eleva y dignifico ol Irabajo. a) Convirtiéndolo en medio de perfecciôn natural y sobrena· tural, de consegmr el bienestar, de cumplir la voluntad de Dios. DOM. 1? DE EPIFANÎA Destacando su calidad de acciôn colaboradora de la obra creadora de Dios. c) Uniendo al trabajador por la gracia con Cristo-Obrero. C. El irabajo constituido en valor supremo como instrumento redentor y santificador. b) II. EPIFANIA A CUARESMA 1. PRIMER DOMINGO DE EPIFANIA: LA SAGRADA FAMILIA La familia moderna (g.l). A. Frucaso de la familia: mal gravîsimo, especialmente fliera del catolicismo. Los papas hablan de: ' a) Manifestaciones: Divorcio creciente, favorecido a veces por las leyes. Neumaltusianismo. Hijos ilegitimos. Legislaciôn· que olvida los principios cristianos. b) Causas: laicismo, que prescinde de Dios en la vida familiar.. Materialismo, que destruye espiritu sacrificio. B. Redcnciôn: Implan taciôn de los principios de la Iglesia. Imitatciôn de la familia de Nazaret. Vida religiosa de la familia (g.2, 10 y 20). A. El hogar, como un templo. a) El sacerdote es el padre, representaciôn de Cristo. b) Doble predicadôn: palabra y ejemplo. c) Sacrificio por la prâclica de las \nrtudes. d) Mediante esto, la caridad y la paz. B. Oraciôn de la familia: Obligatoriedad de este culto colectivo a Dios: la familia, sociedad creada por El. Concretamente: a) Santificaciôn fiestas: “Dia del Senor” ; sacramentos, actividades parroquiales... “Dia del hogar”: intensificaciôn vida comûn. b) Oraciôn colectiva: a imitaciôn de Nazaret. Ejemplo y edificaciôn mutua y para los demâs. 2. Convenienda y necesidad para pedir y agradecer a Dios. Eficacia (Mt. 18,19). “Familia que reza unida, permanece unida.” Rezo dei rosario. Oraciones manana y noche. Evangelio (Pio XII). La religion, virtud natural y sobrenatural (g.8-9). A. Virliid cnraizada en la naturaleza. a) De nucstra dependencia de Dios como criaturas nacc la obligatoriedad de practicar la religion. b) Estamos ligados (religion: re-ligare) con Dios como a nuestro principio y fin ûltimo. Tenemos que darle gloria. c) Los seres irracionales lo haeen de modo inconsciente. d) El hombre de modo formai: conocimiento y amor. e) Formula perfecta: “Alabar, hacer reverenda y servir a Dios (San Ignacio). j 908 rXiilCE GENERAL DK GUIONES SELECTOS f) El hombre ha sido siempre religioso: sacrificio y oraciôn. g) Esto dernuestra que la religion no es un sentimentalisme historico, sino virtud propia del ser racional. B. Virtud sobrenatural y cristiana. a) Nace de nuestra elevation por la gracia. b) Al conocimiento racional se une el de la fe (Revelaciôn). c) La felicidad natural es superada por la vision beatifica. d) Al amor a Dios y al prôjimo se da nuevo fundamento: Cuerpo mistico. e) Se origina nueva oraciôn: Padrenuestro Nuevo sacrificio: la misa.—Cf. IX, 95. 59 El marido: autoridad y amer (g.15-16). A. “Amad a vuestros mujeres” (Col. 3,19). a) Lo mismo que Cristo-Cabeza ama a su Iglesia (Eph. 5,25). b) Amor como a si mismo, pues son una misma carne (Eph. 5,28). c) Amor abnegado, sobrenatural, “para santilicarja” (Eph. 5,26). d) Para guardar la unidad y paz y llenar la apetencia de carino de la mujer. e) Practicamente : muestras de carino, apreciaciôn de su labor, ejemplo de integridad y laboriosidad, consideraciôn y res­ peto (Pio XII). B. “El marido es cabeza de la mujer” (Eph. 5,22). a) Ni “la mujer esclava del hombre”. Ni “la mujer totalmen­ te igual al hombre”. bj Feminismo cristiano: igualdad escncial y desigualdad de funciones. c) El marido tiene la autoridad, pero limitada por los dere­ chos bâsicos de la mujer. d) El marido, responsable organization familiar: trabajo, edu­ cation... 51 La mujer en la familia (g.17-18). A. De ella depende la dicha del hogar (Pio XII). B. Sus virtudes: amor, prudencia, houestidad. Sea “mujer de su casa”, bondadosa, agradable al marido... (Tit, 2,3-5). C. Sumisiôn al marido. Preccpto de San Pablo (Eph. 5,24; Col. 3,18). a) Porque cl marido représenta a Dios, que le da su autoridad. b) Condenaciôn de la emancipadôn fisiolôgica, econômica y social (Pio XI). c) La sumisiôn honra a la mujer y la dignifica, d) Es especialmente necesaria en la education y gobierno del hogar. 52 Vocaciôn religiosa de los hijos (g.19). A. B. La familia, semillero de vocacioncs Pio XI). Postura de los padres: a) Muchos la aceptan como serial <: predilection divina, b) Otros se oponen por i temor, amor mal dir DOM. 2? DE ΕΙ'ΙΓΑΧίΑ 909 C. La Iglesia dice: No pueden oponerse irracionalmente, aunque deben cerciorarse de la autenlicidad de la vocaciôn. D. Los hijos ante la oposiciôn de los padres: a) Supucsto el real llamamiento de Dios, hay que obedccerle. b) Prudencia antes de decidirse. Esperar. Oraciôn y sacri­ ficio. E. Los padres- teman oponerse a Dios; la vocaciôn es un benefi­ cio; garantie de salvaciôn y fuente de consuetos aun humanos. 2. SEGUNDO DOMINGO DE EPI FA NIA Maria en Canâ, espejo de virtudes (g.4). 53 A. Caridad: discreta, previsora, cficac. B. Confianaa en Cristo. Fe en su poder sobrenatural, Pide con in­ sistenda. C. Modestia v discretion: al pedir, al aceptar la negativa de Jesûs. D. Aprendamos de Ella. A codâmes a su intercesiôn. Maria, omnipotencia suplicantç (g-5-6-7). 54 A. Maria ora por nosotros:. a) Lo afirman la Iglesia, los Padres, la Teologia. Porque cono­ ce nuestras necesidades y es madre nuestra y de Dios. b) Ora exponiendo ante el Padre sus méritos (oraciôn interpretativa) y prcscntândole nuestras necesidades y peticiones (oraciôn explicita). B. Excclencia de su oraciôn. a) Mayor que la de los santos, por sus mayorcs méritos y union con Dios. b) Mayor que la de todos los santos reunidos (Suarez). C. Eficacia: Omnipotencia suplicantc, a) No fisica, que solo compete a Dios, sino moral, de impetraciôn. b) Basada en su maternidad, que le une de modo especial a las tres divinas Personas. c) Y en su corredenciôn · mercciô "de congruo” cuanto Cristo “de condigno”. D. Por quiénes ora Maria. h a) Por los santos que se salvaron por Ella como medianera. b) Por las almas del purgatorio. Fundamento y modos de esta oraciôn. c) l’or los viadorcs, justos y pecadores. Espccialmcntc por sus devotos. La verdadera devociôn a Maria (g.9). A, Falsos dcvolos, a) Devotos criticos: orguîlosos; rcchazan prâcticas scncillas; condenan devociôn exterior ; “espiritus fuertes". b) Escrupulosos : temen desairar al Hijo acudiendo a la Madre. c) Exteriores: prâcticas externas sin espiritu ni enmienda. Ru­ tina. 55 • DOM. 3.° DE EI’Il’ANIA 910 911 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS d) e) B. * La a) b) c) C. Continenda periodica: a) Base cientifica. b) Aspecto moral: aceptablc por grave necesidad médica, eugénica, econômica, religiosa (Pio XII). Presimtuosos : esperan que Maria los salve sin su colaboraciôn. Inconstantes; interesados: devotos a intervalos, cuando necesitan algo. verdadera devociôn. Interior: nace del conocimiento y amor. Santa: procura vivir en gracia c imitar virtudes de Maria. Constante y desinteresada : en todas circunstancias y por honrar a Maria. Fecundaciôn artificial (g.21). A. Dos closes: impropia: artificialmeiite se ayuda- al ado matrimo­ nial; propia: se prescinde de la via natural iotalmcnle. B. Doctrina de la Iglesia: a) La impropia es admisible con las dcbidas cautelas. b) La propia, dentro o fuera dei matrimonio, es inmoral. c) Es peligrosa para la cstabilidad y fidclidad en el matrimonio (Pio XII). Matrimonio: naturaleza y fines (g. 10 y 18). Institution natural Establecido por Dios para desarrollar su obra creadora. b) Reconocido como bueno y sagrado por todos los pueblos (Leon XIII). c) Elcvado por Cristo a sacramento sin cambiar su cscncia natural. d) La Iglesia no puede modificarlo sustancialmente. Fines y propiedades inipuestos por la naturaleza. a) Fin principal: la procreaciôn y educaciôn de los hijos. b) Secundarios: mutua ayuda, remedio concupiscencia. c) El matrimonio como "comunidad de amor”. d) La unidad e indisolubilidad, exigidas por derecho natural secundario. (g.22). 60 A. Naturaleza: destruction de un ser antes de su nacimiento. a) Espontâneo: rcalizado por la naturaleza sin intcrvcnciôn humana. b) Provocado directa o indirectamente. B. Moralidad: a) Provocado directamente por cualquicr causa es un homicidio. b) Provocado indirectamente puede ser licito segùn las réglas sobre moralidad de acciones de doble efecto. C. Remedios: a) Divulgaciôn de sus terribles efectos en la madré. b) Castigo penal por la autoridad. c) Formaciôn moral de padres y médicos. Aborto Matrimonio y gracia (g.ll y 13). Sacramento que confiere la gracia: a) La union de los esposos queda divinizada, a scmejanza de la union de Cristo con la Iglesia. b) A los esposos se exige colaborar con la gracia durante toda su vida. El matrimonio, camino de santidad. a) Via ordinaria para alcanzarla, aunque mcnos perfecta en si que el estado religioso. b) Escuela de virtudes cristianas: fe, sacrificio, castidad... c) Comunidad de vida espiritual : piedad eucarïstica, oraciôn en TERCÈR DOMINGO DE EPIFJNIA lepra del pecado (g.5). La B. El a) b) c) C. El a) b) Neomaltusianismo y oginoismo (g.19 y 23). A. Malthus y los neomaltusianos. a) Principio: crecimiento de la poblaciôn en progresiôn geome­ trica, y de los recursos en progresiôn aritmética. b) Limitcmos la natalidad: por cl celibato y la abstincncia (Malthus) ; por medios anticoncepcionalcs (neomaltusianos). c) Consecuencias individualcs y sociales: pcligro para la ma­ dré y la prole dei uso de anticoncepcionalcs ; disminucion alarmante poblaciôn. B. Doctrina de la Iglesia. Ninguna razôn justifica lo intrinsccamente malo. Concepcion espiritualista de la vida v confianza en la Providencia, ùnicos remedios. lepra del çuerpo y sus consecuencias. pecado, lepra del aima. Enfermedad: Cruel: destruye la vida sobrenatural y el mérito. Agota valores humanos: intcligencia, voluntad, salud, fama... Separa del Cuerpo mistico y de su Cabeza. pecador y el leproso del Evangelio. Acudir al ùnico Medico, Cristo. Con las debidas disposiciones : fe, confianza, humildad, pie­ dad.—Cf. VII, 310.—VIII, 560; 1278. El pecado, desprecio de Dios (g.6). Ni intrinseca ni extrinsccamente puede quitar nada a Dios, infinitamente perfecto. Pero supone un desprecio de Dios, a) Como legislador a quien no se obedece. b) Como fin ultimo pospuesto a una criatura. Como Creador a quien se afrenta. ■ DOM. 4.° DE EPIFANIA 912 INDICE GENERAI. DE GUIONES SEI.ECTOS Como Dueûo contra el que nos rebelamos. Como Redentor cuya obra inutilizamos. Como Juez a quien no se terne. Como amigo y Padre misericordioso a quien somos in­ gratos. C. A peser de todo, acudamos como el leproso y nos perdonarâ.— Cf. VIII, 557. d) e) f) g) 63 La fe (g.9-10). A. Naturaleza teolôgica. a) Aceptar una verdad sobrenatural por la autoridad de Dios que la revela. b) Aceptaciôn libre, firme, constante, sobrenatural. B. Don de Dios (San Agustin, Santo Tomâs). a) No puede conseguirse por simple ratiocinio. b) Hay que pedirla y mcreccrla con humildad. C. Su neeesidad en la vida cristiana, a) Exigida por la Sagrada Escriturà (Hebr. 11,7; Le. 8,50). b) Principio y raiz de la justification ; del perdôn. c) Imprescindible en las tribulaciones.—Cf. VIII, 357. g4 Dignidad de la persona (g.17). A. B. C. D. E. 65 Problema bâsico de la sociologia y politica modernas. Dignidad natural. a) Derivada de sus facultades superiores y libertad. b) Exige el desarrollo y perfecciôn de las mismas. Dignidad sobrenatural. a) Nace de la elevation por la gracia y sus efectos sobrenaturales. b) Perfecciona la naturaleza y potencias del hombre. c) Llega a la pleniiud y dignidad suma en la vida eterna. Dignidad social, a) Proviene de la naturaleza esencialmente social del hombre. b) Exige que la sociedad le ofrezca los medios de actuaciôn y perfecciôn de sus facultades. Dignidad politica. sj I-'undada en cl hecho le la organizada conviventia humana. b) Que imponc al individuo limitaciones a su libertad. c) Pero exige que no se la coarte mâs de lo necesario al bien comûn.—Cf. II, 493 (1613).—VII, 682. Redenciôn del proletariado (g.18-19). A. Esclavitud del proletariado moderno. Nace del capitalismo liberal, que suprime la libertad y dig­ nidad del obrero. b) Condenaciôn reiterada de los Pontifices: Lcôn XIII, Pio XL a) 1 913 p. Redenciôn neccsaria y urgente. a) Exigida por los obreros, que son ciudadanos y productorcs. b) Reclamada por la Iglesia, que pide: un minimo de biencstar, acceso a los bienes del espiritu, intervention en la vida publica... La corporation como formula: organization vertical. o) Inconvenientes de la agrupaciôn horizontal clasista. b) La corporaciôn : mâs connatural ; eficaz ; evita centraliza­ tion ; promueve progreso; mejora servicios asistencialcs ; salva la unidad de empresa; base de representaciôn politica.—Cf. VI. 539; 543. 4- CUARTO DOMINGO DE EPIFANIA Tribulaciones: causa y razôn de ser (g.6, 8-9). A. Patrimonio universal heredado de Adàn. B. Dios las envia y permite. a) De Él dependen las criaturas y los acontecimientos, pros­ peros y adversos. b) Las utiliza para afligirnos cuando lo estima conveniente. c) Distintos modos de este concurso de Dios y criaturas. C. Por que nos atribula Dios: a) A causa del pecado: original y actual. b) Porque nos ama. La falta de aflicciones, senal de su enojo. c) Porque es Padre que castiga a sus hijos para corregirlos. d) Obra como medico que cura y préviens causando dolor. e) Para aumentar nuestros méritos.—Cf. VII, 1193. Tribulaciones: frutos (g.7 y 10). A. Corrige: a veces es castigo de Padre que busca la enmienda. B. Prueba de Dios a sus seguidores: Job, Tobias. C. Nos enseüa a conocer a los hombres, a Dios, a nosotros mismosD. Purifica del pecado; de sus imperfectiones a los justos. Glorifica: por el dolor présente conseguiremos la gloria (2 Cor. 4,17). F. Ilumina sobre la realidad de la vida, el pecado, la caridad... Perfecciona al librar al aima de las criaturas y volverlas a Dios. Postura ante la tribulaciôn (g.11). A. Actilud frecuente: rebeldia contra Dios. Intentar ncutralizarla. B. El cristiano debe accptarla pensando que: o) La merece por sus pecados y es fruto natural de su humanidad. b) Viene de Dios como instrumento para mayorcs fines. c) Dios estâ con el atribulado para ofrecerle el consuclo. d) Es escucla de virtudes: humildad, misericordia. e) Cristo utilizô el dolor para redimirnos. f) No es nada comparado con la gloria que nos merccen (Rom. 8,18).—Cf. II, 1224 (1223).—III, 370 (640).—VI, 1202. FL 914 ÎNDICE GENERAL BE GUIONES SELECTOS ' / Tempestades en la vida espiritual (g.4 y 12). A. La desolacion, tempested espiritual. Sequedad, consaucio. a) Es camino ordinario de la santidad, b) Causada por uegligencia humana, el demonio, o Dies para probarnos. c) Actitud del aima: accptaciôn humildc. Paciencia y confianza. B. Especiales tribulaciones de las contemplativos (Santa Teresa). a) Pruebas externas: oposiciôn dei mundo; incomprcnsiôn de confésores y directores; enfermedades. b) Pruebas interiores: sequedad; tribulacion interior; sensaciôn de abandono de Dios; cielo y tierra contra elios. c) A pesar de esto, desean padeccr para asemejarse a Cristo. Y reciben el fruto cn aumento de amor a Dios y al prôiimo.-Cf. II, 541 (S92), 542 (894). Tribulaciones colectivas (g.13). Los pecados colectivos engendran castigos colectivos: guerres, revoluciones... mÉH B. La justicia colectiva de Dios castiga. a) Incluso a las naciones escogidas (Ps. 88,31-33). b) Con sutrimientos para culpablcs e inocentes. Porque aun éstos son responsables en parte por su cobardia y amor desordenado a lo temporal. c) Responsables son también los prclados (dirigentes) que no vigilan, ni reprenden, ni castigan como deben. C. La penitencia colectiva es el remedio: Ninive se salvô por ella· Roma no la hizo y pcreciô. Aprendamos las lecciones de la his­ toria. A. Las persecuciones de la Ïglesia (g.18-19). A. La ïglesia es la barca en la tempeslad. Las persecuciones son la herencia dejada por Crislo, y d.urarân hasia el fin dei mundo. B. Persecuciones modernas. a) Masoneria y comunismo: Temibles. Organizados. Violencia y acciôn solapada. b) Enemigos interiores: malos cristianos; errores doctrinales en su mismo seno: libéralisme, modernismo... C. La “ïglesia dei silendo", tipo modetnno de persecuciôn. a) Siempre existiô y es bueno que exista: senal de vitalidad. b) Nuestra obligaciôn: conocimicnto ; ayuda espiritual y tem­ poral; imitaciôn. D. Frutos que obtiene la ïglesia de la persecuciôn (Santo Tomâs). a) Espiritualizaciôn y consuelo interior. b) Mas y mejores fieles: la sangre de mârtires, semilla de cristianos. c) Ejercicio de virtudes: paciencia, caridad, benevolencia... E. Los catolicos y la defensa de la ïglesia: Ni cobardia, ni temeridad, sino prudente valentia. I DOM. 5.° DE EPÎFAN’ÎA 915 ' 5. -I il QUINTO DOMINGO DE EPI FAN IA Murmuraciôn (g.2). Naturaleza y moralidad. a) Consiste cn perjudicar la fama de otro. Opuesto a la caridad. b) Vicio universal que inficiona aun a aimas espirituales. c) Daüos: quita la fama, bien mâs estimable que los mate­ riales; incita a pecar al que oye; perjudica al mismo mur­ murador. d) Malicia: venial por parvedad de materia. Pero, a veces, grave. B. Doctrina de la Sagrada Escritura: Condenaciôn, Terribles cas­ tigos del murmurador: la lepra de Maria (Nüm. 12,10). Coré, Datan y Abirôn (Num. 16,31). C. Rcmcdios y consejes: Huir y reprender al murmurador. Hacerlo con prudencia, pero con claridad cuando es un superior.— Cf. VI, 876; 881. A. Vigilancia en la vida espiritual (g.5-6). 73 Por falta de vigilancia, el enemigo sembrô cizana en el trigo. B. Mundo, demonio y carne acechan para daüarnos si nos descuidamos. C. Dios nos ayuda, pero exige nuestra colaboraciôn: la vigilancia. a) Es parte de la prudencia, virtud rectora de la vida humana. b) Doble: interior, para conocerse a si mismo y la pasiôn do­ minante ; exterior, para prévenir las ocasiones y peligros. D. Por que debemos vigilar: porque a) Los enemigos se ocultan bajo buenas apariencias (Mt. 7,15; 2 Cor. 11,14). b) Dios nos pedirâ cuenta cuando menos lo esperemos (Mt. 24,42). c) Somos fragiles y estâmes expuestos a la caida (1 Cor. 10,12). d) Es mejor prévenir que curar. A. Dios y la permisiôn del mal (g.10 y 14). A. Convivenda en este mundo de buenos y malos: trigo y cizana. a) La existcncia de estos malos no es obra de Dios, sine del demonio y cl pecado. b) Unos y otros perteneeen al Reino (la ïglesia), que no consta solo de predestinados. c) Solo en la etapa gloriosa del Reino estarân separados. B· Por que Dios permite esto y no castiga a los malos (Santo Tomâs). a) Los malos santifican a los buenos: humildad, paciencia, ca­ ridad, oraciôn. b) Dios les da la posibilidad para que sc conviertan. c) Muchos parecen malos y no lo son. Falsos juicios guiados por apariencias. d) Al castigar a los malos sufririan juntamente los buenos. 74 './t’ 916 Indice general de Postura del cristiano: celo indiscreto. a) Muchos, movidos por el cclo, piden un castigo inniediato. b) Cristo nos ensena a esperar la conversion: Pablo, Magda­ c) lena... r S Dejemos cl juicio a Dios y no condenemos, antes disculpemos a todos. --w 75 El Estado y la toleranda de cultos (g.15). Λ. Problema inevitable; fâcil en tesisp prdcticamcnte complicado. Principios sobre el Estado catôlico. a) Todo Estado, como tal, debe rendir culto a Dios (Leon XIII), b) La organizaciôn del bien temporal no debe impedir cl csc) piritual. El Estado debe reconoccr, respetar y protéger a la Iglesia catôlica Orientationes para la solution prâctica. a) No se puede tratar igual a la religion verdadera y a la falsa. b) Pucden tolerarse cultos diversos para evitat males mayores. c) A nadie puede obligarse a aceptar cl catolicismo forzosa- mente. d) La decision prâctica corresponde a la autoridad civil como gerente del bien comun y conocedora de las circunstancias internas y extemas. 0 Entre estas: numero de disidentes, factores psicolôgicos, his­ toricos, politicos... f) Distincion entre tolerar un culto y permitir toda clase de propaganda de religion y moral contrarios al sentir de la mayoria. u) Organizaciones politicas hostiles se ocultan bajo capa religiosa. h) Hay que tener en cuenta las cxigencias del orden internacional. D. Conclusiones: la verdad es intolérante. Pero misericordia con las personas (cf. guiôn 16). El peligro de un celo indiscreto. Obediencia a las leyes.—Cf. VIII, 795, 76 Comunidad de Estados y tolerancia religiosa (g.18). A. La comunidad international. a) Hecho moderno, necesario y de urgente realizaciôn. b) Impulsado por la necesidad de prévenir conflictos, colaboc) DOM. 6.” DE EPIFANÎA guiones selectos raciôn econômica y en cl fondo por la ley natural de la sociabilidad humana. Su ordenamiento juridico debe basarse en la comprensiôn mutua, colaboraciôn y transigenda frecuente en beneficio de la union. B. El problema religioso: inevitable por la convivenda de naciones catôlicas y acalôlicas. Pide una regulation definida. Doctrina pon­ tificia. a) Dentro dc cada nadôn-micmbro la autoridad regularâ el problema. Sc permiti râ a todos las prâcticas religiosas que no violen las levés. * 917 A ningiin Estado es licito mandar o auVorizar positivamente la cnseûanza o prâctica del error rcligi.so o moral. Ni aun Dios podria hacerlo. e) Circunstancialmcntc se puede no impedir cl error y la desviaciôn moral. d) El juicio prâctico corresponde al estadista comparando ventajas y pcrjuicios, b) C. El bien comun international, determinante de la politica a seguir. 6. SEXTO DOMINGO DE EPI EJ NI A El buen ejemplo (g.3). Es un mandato: Cristo,: “sic luceat lux vestra" (Mt. 15,13). San Pablo: “Sed irreprensibles" (Phil. 2,14). Los santos... El plan divino del ejemplo,: a) El Padre, imitado hasta la identidad por el Hijo. b) Cristo, presentândosc como modelo: “Aprended de Mi" (Mt. c) d) Su a) b) c) 11,29). Los santos, imitadores perfectos de Cristo. Todos los cristianos, invitados a servirsc de ejemplo mutuo. eficacia. Dcmuestra la posibilidad de la virtud. Influye y forma el ambiente. Atrae la gracia de Dios. Evangelio., grano de mostaza (g.6 y 8). Semilla pequeûa como la mostaza. a) Por su fundador, humilde carpintero. b) Por su forma, lejos de la elegancia literaria. c) Por sus seguidores: apôstoles Pescadores y conversos es­ claves. Su propagation pué milagrosa. a) Por las adversas circunstancias de lugar y personas que la rcalizaron, b) Por la dureza de su doctrina y la indiferencia dei ambiente. Continua credendo horizontal *v verticalmente. a) Aumenta el numero de fieles y el area de su predicaciôn. A pesar de las dificultades, mayores que nunca, hay base para grandes esperanzas. b) Vcrticalmentc penetra cada vez mâs en la sociedad religiosa y civil, mâs cristiana que nunca. En la vida pûblica y po­ litica. En un orden social... Triunfo constante. La piedra pequeûa que destruye la estatua en la vision de Daniel y sc convierte en monte (Dan. 2,31-45). 1 1 ; Iglesia, grano de mostaza (g.9-10). La Iglesia catôlica, Iglesia de Cristo. a) Por su ininterrumpida succsiôn jerârquica (via de la romanidad). k- 918 b) B. El a) b) c) Por ser la unica que tiene las propiedadcs esencialcs establecidas por Cristo: unidad, santidad, catolicidad, apostolicidad (via de las notas). milagro moral de su expansion. Su vida y extension en los primvros siglos supera las fuerzas naturales. Porque los obstâculos eran humanamente insuperables: re­ ligion extrada y judia; universalista ; exclusiva; dogmatica; austera ; perseguida, Por la desproporciôn de los medios utilizados.—Cf. I, 275.— IV, 720 (1220).—VI, 492 , 498. 80 Vida de gracia, crecimiento y transformation (g.11-12). Crecimiento en la "vida de gracia. a) En el bautismo recibimos el germen de la santidad y vir­ tudes. b) Su desarrollo es lento, pero si cooperamos, espontaneo y seguro. D. Transformation wie opera. a) “La gracia no destruye la naturaleza, sino la perfeccionx" b) Λ medida que crece la transforma: sanando sus debilidades; robusteciéndola ; elcvândola y dando mérito sobrenatural a sus obras. C) Pero respetando los di ferentes temperamentos y valores hu­ manos. Medios para progresar en ella, a) No podemos producirla, ni aun merecerla, pero si facilitar su acciôn. b) Su desarrollo es de Dios, pero depende de las obras del hombre. c) Los medios son: sacramentcs y ejercicios de virtudes. Los santos, modelo de coopération con la gracia. A. 81 El Evangelio, levadura (g.16). A. Tiene poder para fermentar toda la masa. a) No en el sentido de que todos los hombres queden de hecho transformados : parabolas sobre elegidos y réprobos: la red, çizafia. bodas... 3 b) Sino que su virtud es suficiente para cambiar a todos los hombres y a todo el hombre. Y esta es la voluntad de Dios. E. Es para todos los hombres. a) De todas las regiones y épocas. Testimonio de la historia. b) De toda mentalidad, condition y cultura. C. Capas para transformor a todo el hombre. a) Las doctrinas filosôficas son aptas para un aspecto de la vida. b) El Evangelio cambia la vida entera: cntendimiento y vo­ luntad; actividad... El caso de Pablo v Javier. 919 DOM. DE SEPTUAGESIMA INDICE GENERAL DE GUIGNES SELECTOS La* minorias como levadura (g.19). A. Orientationes pontificias (Pio X, Ι’ίο XI: Q. anno): a) Modernamente, la di fusion del livangclio cs obra de mi­ norias. b) La Historia enscfia que todas las minorias auténticas triunfarân. c) Hoy nos da ejemplo el comunismo (Div. Red. 15). B. La formation de estas minorias. a) Prudente elecciôn de las personas a ejemplo de Cristo. b) Conveniente educaciôn y formaciôn, que no se improvisa. c) Todo bajo la dirccciôn de la jerarquia eclesiâstica. La minoria sacerdotal: la primera y mas importante. Exige: *) Selccciôn cuidadosa para su “delicado oficio”. b) Formaciôn : “Estudio profundo de la cuestiôn social” : en el mismo seminario ; especializada para otres, a base de sociologia, economia, derecho, etc. c) Virtudes: sentido de justicia; constancia; prudencia. d) Sobre todo, caridad de Cristo, unica que puede cambiar el corazôn.—Cf. I, 291. 7. DOMINGO DE SEPTUAGESIMA Septuagesima (g.l). K. La antecuaresma, preparation para el rigor cuaresmal. B. Ideas fundamentales en la liturgia. a) Somos pecadores: introito; colccta: “justamente somos afligidos". b) Anuncio de la redcnciôn y de la necesidad de que coopercmos (epistola). c) Invitaciôn al trabajo, recompensado con el denario de la vida cterna. En todas las edades y condiciones (Evangelio). C. San Pablo, modelo: “castigo mi cuerpo y lo esclaviso” (1 Cor 9,26). Religion y vida (g.2). A. Un cristianismo que no trasciendc a la vida. a) Porque apenas influye en la conducta, sobre todo social. b) Disconformidad entre pensamiento y acciôn debida a falta de ideas. B. Religion y vida. a) La religiôn es una norma de vida que abarca a todo el hombre. b) Es un conjunto de ideas y creencias, pero es también acciôn. c) Esta acciôn no puede limitarse al culto, esencial por otra parie. Quedan todavia otras muchas obligaciones de obediencia a Dios y j usticia con el prôjimo. La verdadera vida cristiana. a) Vida de esfuerzo: perseverando en la esperanza; absteniéndose de lo nocivo; tornando la cruz de cada dia (Mt. 16,24). ... · t >0 920 INDICE GENERAI. DE GUIONES SEVECTOS b) Con la vista en el fin : el cielo, Cristo. c) Con decision para luchar con los enemigos interiores y ex­ teriores.—Cf. IV, 681 (1156).—VI, 148, 1042. Obligatoriedad del trabajo (g.5). evangelio de hoy, invitation a trabajar para gloria de Dios. trabajo es obligatorio. Por ser hombres y exigi rio la misma naturaleza. Por ser pecadores: “con el sudor de tu trente corneras el pan" (Gen. 3,19). Porque nos defiende del mundo, demonio y carne. d) Porque es tuente de gracia, oraciôn e imitation de Cristo obrero. e) Por vivir en sociedad, esta tiene derccho al fruto de nuestras aptitudes. Funciôn social de todos los biencs. f) Como cristianos, para ejemplo, sc nos exige un trabajo per­ fecto. El El a) b) ociosidad (g.10-11). La Iglesia y el ocio. a) Se le acusa de fomentarlo al poner el fin y la esperanza del hombre en la vida futura. Asi, se dice, ha matado el estimulo para trabajar. b) Esto es calumnioso. La Iglesia condena el ocio y prédira el trabajo. Doctrina de la Sagrada Escrituja. a) Antiguo Testamento: Canto al trabajo, persomficado en la “mujer fuerte” (Prov. 31,10). b) Nuevo Testamento: Cristo, los apôstolcs, eran obreros. San Pablo condena al ocioso: “él que no trabaje, que no coma". Se gloria de sustentarse de su trabajo (2 Thés. 3,8). Perjuicios de la ociosidad. a) Es contra cl mandato de la fe y la razôn. b) Ocasiôn de frecuentes tentaciones. c) El trabajo es necesario para ganar cl tick. d) Vicio grave y madre de vicios: dcscuido del deber; Injuria; injustitia, impide el espiritu de caridad y la paz. salario (g.15). Evolution en la doctrina de los pontifices. Pcnsamiento de Lcéni XIII (“Rerum novarum”). a) El régimen de salariado no es en si injusto. Puede ser reformado y sustituido por otro mâs perfecto. b) El salario es algo personal y necesario al obrero, que no puede renunciar a él ni aceptarlo inferior al minimo vital. c) Sometido a la ley de oferta y demanda, lleva a la explotaciôn del débil. a Jg d) La soluciôn dei problema es la redistribution de la propiedad y el ahorro, que supone un salario suficiente. DOM. DE SEXAGÉSIMA 921 C. Doctrina de Pto XI ("Q. anno”, “Casti connubii”). a) Establece la obligation en justitia del salario familiar. b) Hay que constituir un régimen economic©-social que lo permita, c) Todos ticncn derccho al trabajo y a vivir de él. Refôrmese la sociedad para que este derccho se haga efectivo. D. Avances de Pio XII (Mensajc Navidad 1942). a) Exige el salario suficiente para el obrero y su familia. b) Que permita, ademâs, acceso a la cultura y propiedad.—Cf. II, 932 (1602). Asociaciôn profesional (g.18). 88 A. El derccho de asociaciôn, derecho natural. a) Basado en la impotentia del hombre aislado y en su ten­ dentia natural a la sociabilidad para diversos fines. b) En consccucncia, cl Estado no puede prohibir las asociaciones privadas no contrarias al bien comûn, aunque si moderarlas y protegerlas. B. La asociaciôn profesional: el sindicato. a) Surge de la necesidad de autodefensa de los obreros. b) No debe convertirse en instrumento de lucha politica. Su fin es social : defender a los obreros en el contrato de trabajo. d) Unidad y pluralidad sindical son aceptables a la Iglesia. C. La asociaciôn profesional: la corporation. a) Mâs perfecta que el sindicato al climinar la lucha de clases. b) Suponc la coopération orgânica de los factores de production. Es la formula ideal propuesta por Pio XI. 8. DOMINGO DE SEXAGESIMA “Verbum Dei” ig.4). A. La palabra de Dios ch sentido estricto: revelation divina, de naturaleza, excelencia y eficacia superiores a toda palabra huma­ na. Testimonio de la Escritura. E La palabra en el Evangelio. Se nos dice de ella: a) Naturaleza: doctrina nueva; procede del Padre; es verdad, paz, espiritu, caridad, alimento, luz, vida eterna, reino de Dios. b) Virtualidad: rcsucita, unifica, purifica, ilumina, pacifica, diviniza. C. Actilud del hombre frente a la palabra: Incomprensiôn, contra­ diction, desprccio, escândalo, temor, tristeza, admiration, adhe­ sion, alabanza, gozo... D. La palabra achiando ch el hombre que la recibc. a) \;'ivifica su aima, siendo su alimento (Mt. 4,4). b) Lo transforma, cspiritualizândolo, y lo hace luz para los demâs. c) Le lleva a la vida eterna (lo. 5,24; 8,51).—Cf. Il, 775 (1313), 796 (1339). 89 * U &:··· : ; ·. jt 922 Indice suerte de la semilla (g.6-9). 90 Parte cayô junto al camino, fué pisoteada y comida por las ave:, a) Imagen de almas disipadas, perezosas, indi ferentes, endurecidas por su vida de espaldas a Dios, insensibles a la pa­ labra. b) Terribles efectos: El peor, esa misma indiferencia que impide un esfuerzo serio. 0 Remedios: compunciôn, vigilantia, oraciôn, sacrarr.entos, de­ vociôn a Maria. Parte cayô en el pedregal y se secô. a) Imagen de aimas inconstantes, que cumplen sôlo exteriormente. Vatias por dentro. Faltas de humildad, perseveran­ tia, firmes propositos. b) Remedios : vida interior, fe Honda, caridad, conocimiento de Cristo Parte entre espinas, que la sofocaron. a) Imagen de personas preocupadas inmoderadamcnte por las riquezas y placeres. Pierden la paz, ahogan la eftcacia sobre­ natural de la palabra. b) Remedios: prudente despreocupatiôn ; confianza. Providen­ da; mortification. D. Parte en buena tierra y diô fruto: Son quienes la oyen; la reciben en su corazôn lleno de fe y gracia; la guardan; dan fruto perseverante. ’ -'M H ' 91 Como nos habia Dios (g.ll). A. 92 Los caminos de la palabra de Dios. Revelation natural : la creation y la razôn nos hablan de Él. b) Revelation sobrenatural: la Sagrada Escritura y la Tra­ dition. El magisterio ordinario de la Iglesia, instituido por Cristo para conservar, explicar y defender cl depôsito de la re­ velation. d) Concxiôn directa con el alma por medio del ângel de la guarda ; inspirationes y gracias ; tribulationes ; en la oraciôn, etcetera. Para que fructifiq.ue hay que recibirla con corazôn puro y lirnpic. Sagrada Escritura, libro de la palabra (g.4). La Sagrada Escritura es el conjunto de libros que, inspirados por Dios y, por consiguiente, sin errer posible, conticnen su men­ saje a los hombres. Utilidad para el hombre: fuente de verdad, de justicia; instru­ mento de perfecciôn: le enscüa con sus mandatos, consejos y ejemplos el camino del ciclo. Su puesto en la vida del cristiano: Los pontifices recomiendan vivamente su lectura, para alimento espiritual y sustento de la fe. Difusiôn, lectura e imitaciôn. 923 DOM. DE QUINCUZGÉSÎMA general de guionhs selectos cooperation del hombre a la palabra (g.l2 y 20). 93 A. La semilla necesita de buena tierra para fructificor. La falta de disposiciones en el hombre explica el poco fruto oblenido a pesar de la ingente siembra espiritual. B. Obstâculos que se oponen a su crecimienlo. a) Soberbia y autosuficicncia en el entendimiento. b) Debilidad y pasioncs desordenadas en la voluntad y el co­ razôn. Disposiciones indispensables. a) Deseo de rctibirla y preparation mediante la oraciôn, b) Atcnciôn al oirla y conservation cuidadosa en la memoria. c) Meditation continua y aplicaciôn a la vida.—Cf. V 165 (313). 9. DOMINGO DE QU IN CUAG ESIMA Quincuagésima (g.l). Ideas fundamentales de la liturgia en esta dominica: a) Convencimiento de nuestros pecados (introito y colecta). b) Invitation a la caridad en su doble direction, Dios y prô­ jimo. Es fundamental para el cristiano (epistola). Exhortation al sacrificio y la cruz siguiendo a Cristo. A pesar de la resistenda de la naturaleza y la incomprensiôn de muchos (Evangelio). d) Salgamos de la ceguera espiritual pidiendo a Cristo luz y fuerza para ver su camino de cruz y acompaüarle. r Cuaresma (g.2-3-4). A. Tiempo de perdôn. a) Idea frecuente en las formulas litûrgicas. b) Corroborada por las prâcticas penitenciales antiguas. c) “Ecce tempus acceptabile...”. Arrepentimiento y enmienda. B. Tiempo de oraciôn. a) Exhortation de los Santos Padres. Ejemplo de los primeros cristiancs. b) Pero oraciôn acompanada de virtudes: humildad y caridad. c) Prâcticas recomendables : Misa, Via Crucis, oraciôn por los pecadores. Tiempo de mortificaciôn. a) Porque es el tiempo que nos prépara al sacrificio de Cristo. b) Se concreta en la ley sobre el ayuno y la abstinentia. A ejemplo de Cristo y los santos. Siguiendo la recomendatiôn de los Santos Padres. c) Pero ayuno interior, que consiste en la prâctica de las vir­ tudes. d) Sobre todo de la caridad, la mejor mortificaciôn.—Cf. II» 1214 (2110).—III, 130 (222), 675 (1186). M· 924 INDICE GENERAL DE GUIGNES SELECTOS El cristiano ante la cruz (g.10). DOM. 1.” DE CUARESMA 925 “Non quaerit quae sua sunt” (g.19). Cristo an un cia a los apôstoïes su pasiôn y no le entiendeu. Actitxdes humanas ante el misterio de la crus. Incomprensiôn : la cruz parece una locura. b) Temor, fuga y tristeza (Le. 9,45; Mt. 16,22). Attitudes naturales que nacen de la sensualidad, el amor propio y <1 apego a los bienes materiales. Pero que son in­ dignas del cristiano. El cristiano ante la crus, a) Meditation y asimilaciôn dei misterio duro a la naturaleza. b) Imitation de los santos que han buscado este camino. Convencimiento prâctico de que en la cruz esta el gozo, la gloria, la sabiduna, la perfection, la salud de todos los hombres.—Cf. II, 1224 (2123).—III, 365 (631), 1104 (2006).— VIII, 1297. 97 Modos de seguir a Cristo (g.ll). La doctrina del cristianismo. a) Principios sublimes de San Pablo (epistola de hoy: I Cor. 13.1). b) Pueden sintetizarse en la frasc: "vivir para los demâs". c) San Pablo, fiel a su doctrina. d) Maria se olvida de si para atender a los demâs: visita­ tion, Canâ. e) Cristo “nos amô y se entregô por nosotros” (Eph. 5,2). B. La prâctica de los cristianos. a) Vivimos una época dominada por la avaritia. b) Con graves consecuencias: inquietud individual y colectiva; fraude y engano; violencia; deslealtad y traiciôn. c) · Al poner nuestro fin en los bienes temporales se déjà sin la base espiritual necesaria a la sociedad humana. A. III. CUARESMA Y TIEMPO DE PASION Muchos acompaiiaron a Cristo en su vida mortal. Pero no todos supieron aprovecharse de este seguimiento. a) En el caso de la hemorroisa todos le apretujaban, pero sôlo ella le “toeô”. b) Sube a padecer rodeado de muchos, pero espiritualmente solo. Le acompana unicamente su Madré con identidad de espiritu. B. Muchos siguen hoy a Cristo, pero no todos estan unidos a ÉL· a) Porque se han fabricado un Evangelic sin cruz ni miseri­ cordia. b) Un cristianismo a la moda: razonable, elegante, humano. c) Una piedad defcctuosa, cômcda, no caritativa. C. Para seguir a Cristo: “Pende lo q.ue tienes”, “Toma tu crus’. La imagen del pecador. a) El ciego: por el pecado ha perdido la luz natural y sobre­ natural. b) Sentado, inmôvil : al carccer de gracia no puede avanzar. c) Mendigando: despreciô los bienes de Dios y mendiga las criaturas. Causas de la ceguera: 1 a) Triple concupi seen cia no dominada: seberbia, Injuria, avaricia. b) La actuaciôn del denionio. Efectos: la muerte de la fe y vida divina; lleva al enduredmiento; atrae la cèlera de Dios y la condenaciôn eterna. Remedies: como el ciego: volverse a Cristo; levantarse, pedir y seguirle una ves curados. 7- - Ly S-Λ 1. DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA El cristiano en la Cuaresma (g.l). 100 A. Invitaciôn de la liturgia a ir con Cristo al desierto: oraciôn y ayuno. Caractcristicas de nuestra vida en Cuaresma. a) Arrepentimitnto (formulas litûrgicas del Miércoles de Ceniza). b) Austeridad con Cristo. Ayuno (himno de Maitines). Caridad. Sin ella de nada sirve la austeridad y ayuno (Is. 58,3 ss). C. Programa cuaresmal de San Pablo (epistola): Conversion inte­ rior y buen ejemplo por nuestra austeridad, caridad y puresa de vida, D. Seremos tentados como Cristo (evangelio). Pero venceremos con Él.—Ci. II, 1206 (2095), 1207 (2098), 1208 (2101), 1214 (2110). Ill, 675 (1186). Tentaciones (g.7). A. Tentaciôn y pecado. a) La tentaciôn lleva al pecado, pero no es pecado en si. b) Très momentos: Sugestiôn o proposition del mal. Delec­ tation espontânea e involuntaria. Consentimiento o aceptaciôn consciente: en esto estâ el .pecado. c) Sentir la tentation no es malo, pues falta voluntariedad. Aunque engendre indelibcradamcnte cierta delectation en los sentidos y aun en la voluntad. d) La sugestiôn puede ser pccado si se la busca voluntariamente sin causa justificada. Es ponerse en peligro de pecar. B. Senales de no consentimiento: lucha; ausencia habitual de pe­ cado; vida piadosa; abstenerse del acto externo cuando fdcilmente se pudo realizar. 101 Γ·.·ι 926 Indice general de · guiones selectos C. Obligaciôn de luchar contra las tenlaciones. a) Hay que resistir positivamente desde el principio. b) M< dos de resistencia: renuncia formai; oraciôn; actos de amor a Dios: apartar la mente a otras cosas; pensar en la Pasiôn v postrimerias.—Cf. III, 144 (242), 151 (258).—IV 1052 (1787).—VI, 885. 102 Teologia de la tentaciôn (g.9). Dios y las tenlaciones: a) “Dios no tienta a nadie" (lac. 1,13), aunque lo permite. b) La tentaciôn, como criatura, puede servîmes de provecho. c) Dios no aband ena al que esta tentado. Le da su gracia. Provecho de las tenlaciones: Nos prueban; expian las culpas; aumentan cl merito; enseûan la humildad, vigilanda y oraciôn; fortalecen las virtud es. fV C. Postura ante ellas: a) Es temerario y pecaminoso buscarlas voluntariamente sin causa. b) Aceptarlas cuando vienen y luchar con ânimo.—Cf. citas en el guiôn precedente. 103 La ambiciôn (g.10). Concepto: Etimolôgicamente, “ambire”, abrazar, rodcar, supone extension del uyon. Ideas de superioridad y dominio. Ambiciôn de riquezas: codicia. a) Grado infimo de la ambiciôn por razôn. de los bienes codiciados. H b) Menos grave que otras fermas, pero peligrosa: entra insensiblcmente; a veces, bajo apariencia de bien, perjudica al prôjimo; conduce a pecados mayores. Ambiciôn de poder. a) Sometcr a otros a nuestro dominio, atraidos por el deseo de que nos obedezean, y por los honores y riquezas que el ejercicio de autoridad supone. b) Puede perjudicar peligrosamente al aima sin preparaciôn. Ambiciôn de honores: sentido propio y estricto de la ambiciôn. a) Es desordenada cuando se apetecc honor desproporcionado a los méritos; no se refiere a Dios, de quien procede toda excelcncia; no se utiliza en beneficio del prôjimo. b) El honor, como reconocimiento de nuestra excelencia, no es malo en si. Es legitimo premio a la virtud y los demas deben prestar acatamiento. Ambiciôn diabolica: a) Es exigîr el pleno sometimiento de los demas, la adoraciôn. La entrega del entendimiento, voluntad y el mismo cuerpo. b) Es lo que exigiô el demonio a Cristo a cambio de todos los bienes. Remedio contra la ambiciôn: La fe, que nos enseiïa nuestra subordinaciôn a Dios. La humildad. Conocimienlo propio. Ora­ ciôn.—Ci. I, 259,—III, 164 (381), 166 (287), 185 (318), 191 (328). VI, 1907.—VII, 855. DOM. 1. DE CUARESMA 927 Valor del alma (g.13). 104 A. Satanâs ofrece todo a Cristo por un pecado. B. Negaciôn del aima. .i Para el matérialisme tcôrico solo existe materia perfeccionada que llcga a realizar operaciônes cspiritualcs. Solo es real lo perceptible por los sentidos. b) Muchos materialistas practices viven como si no tuviesen aima. Palor natural del aima: mâs que todos los seres materiales. a) FJ principio espiritual es el que vivifica y valoriza d la ma­ teria. b) El aima es inmortal, el mundo pasa. c) Crear cl mundo costô a Dios una palabra; salvar un aima, la vida. d) Cristo no se arrodilla ante Satanâs; si ante Judas por su aima. Grandeza sobrenaiural: cl aima divinizada por la gracia (“di­ vinae consortes naturae’') y redimida a costa de la sangre de Cristo. “Salva tu aima. » a) Los santos, unicos que supicron apreciar su valor y exce­ lencia. b) Tildados de locos, lo dejaron todo para salvarla: Francisco de Asis, Javier. “êQué te aprovecha ganar todo el mundo?” (Mt. 16,26). c) Cristo nos invita a la salvaciôn. La Cuaresma, “tempus acceptabile”. d) Mortificaciôn, necesidad (g.15-16). ejemplo de Cristo haciendo penitencia en el desierto. necesaria por las consecuencias del pecado original. El bautismo lo borra, pero quedan sus efectos. Queda el “hombre viejo", que hemos de vencer por la mor­ tificaciôn. C. Por razôn de los pccados personales, que engendrai! habitos malos imposibles de extirpar sin mortificaciôn. D. Por la lucha contra nuestros enemigos interiores y exteriores. Por nuestra vocation sobrenaiural. a) Siendo un fin desproporcionado a nuestras fuerzas natura­ les, tenemos que superarnos y espiritualizarnos por la morti­ ficaciôn. b) Para ser perfectos como el Padre, hay que morir a los instintos desordenados. c) Hay que anteponer las exigencias de la vida eterna a las terrenas. Por imitar a Jesucristo. a) “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo (Le. 9,23). ;« y Iras 105 El B. Es a) b) X5" 928 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS DOM. 2.· DE CUARESMA Para rcsucitar y ser glorificados con Cristo hay que padecer con Êl. Para el crecimiento de la Iglesia: Col. 1,24.—Cf. VI, 305.—VII 812.—IX, 664. b) 2. DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA 1C6 Transformaciôn en Cristo (g.l). Cristo. transfigurado, nos invita a consideror nuestra transfermadon en El. Transformaciôn durante esta vida. a) Es voluntad de Dios: “Nuestra santificaciôn” (1 Thés. 4,3). b) Mediante el conocimiento e imitaciôn de Cristo: “ipsum audite”. c) Es obra de Dios por medio de la gracia. d) Exige la cooperaciôn humana, que en la liturgia de hoy consiste en : humillaciôn (graduai) ; peticiôn confiada (tractocolecta) ; amor. Transformaciôn gloriosa: la présenté es un anticipo (cf. guiôn 9). Cf. III. 339 (590).—IV, 125 (240), 128 (243), 130 (248).—VI, 316.' VIII, 139, 143, 1113. 107 transfiguraciôn: El hecho y su finalidad (g.4). Relato evangeF.co. La claridad propia del cuerpo glorioso se manifesto en Cristo como cualidad no permanente, sino transevnte. F.ué un auténtico milagro (Santo Tomâs). Tabor y Getsemani: contraste y paralelismo. a) En ambas ocasiones: Cristo se aparta de la muchedumbre; ora; hay una vision sobrenatural; la majestad de Dios hu­ milia a los hombres. b) En el Tabor Cristo manifiestasu gloria como Dios; se eleva. En Getsemani muestra su flaqueza de hombre; se abate por tierra. Finalidad de la transfiguraciôn. a) Cristo quiso: robustecer la fe de los apôstoles; confirmarlos en la esperanza del cielo; prcpararlos para la Pasiôn y sus propi os sufrimientos. b) La Iglesia intenta infundimos cl espiritu de Cuaresma. D. Frutos practices: austeridad, caridad, vida piadosa, meditaciôn de la Pasiôn.—Ci. III, 319 (562), 320 (564), 326 (572). 198 El cielo y la actividad humana (g.10). La esperanza en el cielo jenerva la actividad humana? a) La Iglesia huye igualmcnte de un quietismo inopérante y de una actividad desbordada sin base sobrenatural. b) La ccuaciôn exacta es cl dcsarrollo de la actividad bajo el control de la gracia e impulsada por la esperanza del cielo. c) El evangelio de hoy nos demuestra el fin activo de la trans­ figuraciôn: preparar a los discipulos para cl sufrimiento y la persccucion. 929 B. Doctrina de San Pablo: “Vivamos sobria, justa v piadosamente... con la esperanza en la venida del gran Dios” (Tit. 2,13). a) “Con la esperanza”: el deseo del premio, motor de actividad, b) “Vivamos” : desarrollcmos nuestras facultades para Dios. c) “Sobria y justamente”: por inedio de actos que beneficien al prôjimo. C. Conclusiones: a) La religion no proscribe el esfuerzo por mejoras terrenas. b) El recto orden de la actividad: Trabaja porque Dios lo manda; no busqués solo tu propio bien, sino el de todos. Asi alcanzarâs el cielo. c) El pensamiento del cielo fortalece y purifica la actividad. ;t · 109 El gozo del cielo (g.12-13). A. Naturaleza del gozo. a) Resultante de la posesiôn del objeto deseado. Placer y descanso. Su intensidad depende de la calidad del objeto poseîdo y del modo mâs o menos perfecto de poseerlo. c) Su duraciôn depende de la bondad del objeto. La de los bienes temporales es esencialmente limitada, y asi es tam­ bién el gozo dimanante. B. El gozo esencial en el cielo. a) Intensidad inefable, pues inefable es Dios, su objeto, y perfectisima la .posesiôn por el entendimiento y voluntad. b) Duraciôn infinita: Dios es infinitamente bueno. Gozos secundarios en el cielo. a) Para el entendimiento : conocimiento de cuanto Dios contiene ; de las bellezas creadas ; de todo cuanto rodea a Dios : ângeles, santos. b) Para la voluntad : amor a todas las criaturas buenas ; especialmente a Maria y a los santos ; también a nuestros fa­ miliares y amigos. D. El cielo, “conjuHto de todos los bienes sin mezcla de mal”.— Cf. III, 345 (599).—VIII, 1211, 1305. 110 Cristo, fundamento de nuestra esperanza (g.17). A. La esperanza tiene por objeto la consecuciôn de la bienavenlu- ranza y los medios para alcanzarla. B. Cristo, nuestra esperanza, porque: a) Sufriô a semejanza nuestra (Hebr. 4,14-16) para abrirnos el cielo. b) Nos ha hecho miembros de su Cuerpo mistico para que, luchando con Él, merezeamos triunfar con Él. Prendas de esperanza que nos ha dejado: Su Espiritu, su Iglesia, su Cruz; su Eucaristia (“prenda de futura gloria"); su Madré (“spes nostra, Salve").—Ci. VII, 1183,—VIII, 971. La palabra de C. dO 30 ÏE'· Indice general de guiones selectos 111 La tranefiguraciôri por la cruz (g.18). A. Union intima entre la transfiguraciôn y la pasiôn. Cristo habla de su pasiôn con Moisés y Elias. b) Se transfigura para preparar a los apôstoles para la pasiôn. c) La liturgia nos habla de la transfiguraciôn en la Cuaresma d) “Es necesario entrar en el reino por los padecimientos” (Le. 14,26). . · . | crus en la vida de Cristo; encamaciôn; nacimiento; predica­ ciôn: pasiôn y muerte; la Eucaristia como sacrificio; el juicio final presidido por la crus. La crus en la vida cristiana. Sintesis de la ascética del cristianismo. b) Dolor e ignominia necesarios para el gozo y la gloria. c) Muerte que engendra vida verdadera (lo. 12,25). La crus en la vida de la Iglesia. a) En toda su historia se transfigura y purifica por la cruz. b) En el apostolado para fructificar hav que morir antes.— Cf. II, 1Z21 (2120), 1224 (2124).—III, 1096 (1941), 1105 (2006). 3. DOM IN G O TERCERO DE CUARESMA 112 La avaricia (g.5). A. Naturalesa: apefito desordenado de bienes temporales. a) Que son solo un medio para conscguir la suficiencia de vida. b) El desorden puede estar en la excesiva posesiôn con perjuicio del prôjimo, o en el excesivo apego, que va contra Dios. B. Malicia: pecado capital, rais de otros. Una especie de idolâtrie. C. Danos que causa esta adoraciôn del dinero (I Tim. 6,9). a) Ciega al hombre, qup no ve su perjuicio y miseria. b) Exige mayores trabajos y sufrimientos que la caridad. c) Vuelve al avaro injusto y rapaz; ingrato v envidioso— Cf. II, 1087 (1886), 1243 (2156).—VI, 1074. 113 Limpieza en las palabras (g.6-7). A. Las palabras groseras y torpes (“stultiloquium”). a) Desdicen del cristiano, pucs^guardan relaciôn con la lujuria. b) Pueden ser pecado por razon del peligro, del fin o del cscândalo. c) En el hecho de oirlas no hay pecado si se hace por respeto humano o curiosidad, excluido el deleite malo en ellas y el escândalo. B. La charlataneria (“scurrilitas”). a) Normalmente no tiene relaciôn directa con cl pecado. b) En el orden ascético impide el avance cspiritual. c) Conduce a la murmuraciôn, obstaculiza cl rcoogimiento. d) El silcncio, en cambio, es factor exeelente de perfecciôn — Cf. II, 636 (1066).—VI, 116, 121, 125, 876. ••% DOM. 3.° DE CUARESMA Cristo, capitân (g.10). A. La curaciôn del sordomudo y comentarios de los fariseos. B. El reino de Cristo y el reino de Satanas. a) Satanas ha dominado cl mundo desde cl pecado original. b) Pero ha llcgado otro reino y Cristo es su capitân. c) Ambos reinos estân en continua lucha. Cristo vencerâ. Los principios sobre la lucha (cf. guiôn 11). La paz que ha gozado el mundo cspiritual es falsa. Faltaba orden, aunque hubiese tranquilidad. Cristo viene a destruirla: “Vine a traer la guerra”. b) Todos tienen que escoger bandera. No exLsten neutrales. Ni cabe una actitud diplomâtica, de contemporizaciôn. La victoria no es definitiva hasta el fin de los tiempos. D. CristOj “principe de la pas" (Is. 9,6). a) Cristo declara la guerra para conseguir la auténtica paz. b) Es su ûnico deseo : en su nacimiento : “Paz en la tierra” (Le. 2,14). En su testamento: “Mi paz os dejo” (lo. 14,27); en su resurrecciôn : “Pax vobis" (Le. 24,36). Luchemos con Él para gozar de su paz.—Cf. III, 522 (914), 527 (925).—VIII, 1106, 1129, 1132. “Dichoso el seno que te llevô” (g,19). A. El hecho,: exclamaciôn provocado por el entusiasmo popular. Cristo ad mite la alabansa y la extiende a cuantos le siguen. B. Sentido recto de la frase. a) Jesûs no intenta oscurecer la excelencia de su Madré. b) Antepone la union con Él .por la gracia a la producida por la maternidad puramente natural. c) Aprovecha el incidente para ensalzar la bienaventuranza que corresponderâ a quienes oyen su palabra y la practican. Doble bienaventuransa de Maria. a) En razôn de su maternidad divina, que no queda negada, sino incluida y supuesta en las palabras de Cristo. b) En razôn a su fidelidad a la^palabra, mayor que la de todos. D. Los titulos para la bienaventuransa de la Virgen. Iglesia, “acies ordinata” (g.20). A. Cristo déjà a su Iglesia la inisiôn de luchar por la verdad. B. Todos los cristianos tienen que colaborar en esta India. a) La Iglesia los neccsita, nias aûn en nuestros dias. b) Es deber necesario para la salvaciôn : obligatoriedad del apostolado seglar organizado. La Acciôn Catôlica. c) El arma para esta lucha es la Palabra, “gladius spiritus”. Organisaciôn para la lucha: “acies ordinata”. a) Para la eficacia se impone la union de fuerzas. b) Consiguientemcnte, la obediencia perlecta, no solo a los dogmas, sino al magisterio ordinario y a las consignas jerârquicas. Æ'1 ï ■ ■ 932 Indice DOM. 4.° DE CUARESMA general de guignes selectos Pan que da vida; como el pan material, sustenta la vida, la alimenta, delcita y repara las fuerzas perdidas (Santo To­ mas). Alimento que transforma. a) En esto difiere del pan material, que es asimilado por el que lo come. Cristo transforma en É1 a quien le recibe. b) El que comulga debe rcproducir en su conducta las virtudes de Cristo [), Aclitud reprobable de ntuchos crislianos. a) No se acercan por desconocimiento o menosprccio. b) O llegan sin las debidas disposiciones, por rutina. c) O quieren compaginar Eucaristia v vida mundana.—Cf. III, 533 (937).—IV, 322 (561), 333 (578), 336 (582).—IX, 568, 661 ; 668. b) c) Ya que la prudencia dei subdito consiste en la obediencia a la vision superior de la autoridad. d) Es reprobable “la cobardia y discordia de los catôlicos en­ tre si” (Leon XIII), que ha causado tantos males en el pasado. D. El resultado de la lucha. a) Los enemigos de la Iglesia serân castigados. b) La Iglesia triunfarâ porque Dios no la abandona. c) La comprobaciôn historica es évidente.—Cf. IV, 720 (1220). VIII, 976. 4. DOMINGO CUARTO DE CUARESMA 117 Alegria en la Cuaresma (g.l). A. La dominica “Gaudete" formulas litûrgicas de alegria; alegria en el aspecto externo: ornamentos, flores, miisica. B. Los motivos de esta alegria: a) La epistola nos habla de filiacion y libertad. b) El evangelio, de la Eucaristia, prenda de resurrecciôn. c) La Pascua esta prôxima. Se acerca el triunfo de Cristo. C. La alegria de hoy nos estimula a Hegar con Cristo hasta el fin por la via del sufrimiento, confortados con la Eucarislia. 118 La verdadera libertad interior (g2). A. Dos concepciones opuestas: a) Cristiana: liberaciôn del pecado y la sujeciôn a Dios. b) Pagana: independencia de Dios y sumisiôn al vicio. B. Estructura de la libertad humana: a) Es el poder de la voluntad de hacer u omitir y de elegir. b) Tiene su perfecciôn en seguir los dictâmenes de la recta razôn. c) No incluye la facultad de pecar, que es contra la razôn. C. Libertad y pasiones. a) Libertad no es dejarse llevar de las pasioncs. Al contrario: estas pcrturban al entendimiento y quitan independencia a la voluntad. b) Asi, pues, obrar conforme a la pasiôn, contra la razôn es esclavîtud. La libertad se demuestra obrando segùn razôn contra inclinaciones torcidas. La libertad verdadcra: a) La que se sometc a la ley reconociendo su dependencia. b) La de los hijos de Dios que le obedeccn por amor. c) Esta es la libertad que Cristo nos trajo.—Cf. III, 680 (1196). 119 Eucaristia, pan de vida (g.10). Analogia entre la doble vida del hombre, corporal y espiritual. La Eucaristia, alimento del espiritu. a) El cuerpo de Cristo es pan (lo. 6). Simbolizado en cl Antiguo Testamento. 933 frecuencia de comuniôn (g.11). I 120 A. Contraste entre la frecuencia de comuniôn y el abandono de muchos. La comuniôn a través de los siglos. a) Siempre se ha admitido su necesidad. La frecuencia ha variado. b) En los primeros tiempos comulgaban todos los asistentes a misa. En la Iglesia medieval se pierde la comuniôn diaria. d) Intentos de su restauraciôn i'racasan a causa del jansenismo. e) Desde San Pio X se ha intensificado la frecuencia. comuniôn necesaria, preceptiva. a) Comuniôn pascual prescrita por la Iglesia “sub gravi”. b) El Viâtico, igualmente prescrito para asegurar la salvaciôn. D. La comuniôn frecuente. a) Se recomienda a todos por sus excelentes frutos. b) A nadie se rechaza si acude con recta intenciôn. Basta hallarse en gracia, pero se recomienda la diligente preparaciôn. La Eucaristia y la vida: la comuniôn influyendo en todos sus momentos. La Eucaristia y el pecado (g.12). Eucaristia y pecado mortal. a) Son incompatibles. Comulgar en pecado es sacrilegio. La gracia, necesaria para recibir a Cristo, no mora en quien es reo de culpa grave. b) Se necesita la confesion .previa. No basta la contriciôn. c) La Eucaristia, antidoto para el pecado mortal al aumentar la caridad, disminuir la concupiscenda y fortalecer al aima. B. Eucaristia y pecado venial. a) No son incompatibles, porque este pecado no quita la gracia. b) Conviene confesarlos antes para aumentar el provecho. c) La comuniôn, medicina del pecado venial. »· 121 ! ί y 934 ÎNDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS ■- DOM. DE PASIÔN .. C. Eucaristia y limpieca de aima, a) Equivocadamente, muchos no comulgan porque no se juzgan perfectos. b) La comunion no es premio a la perfecciôn, sino una medi­ cina para la enfermedad espiritual. Un alimento. c) Dios lo ûnico que exige es humildad y generosidad.—Cf. IX, 658 , 601. 935 Recto sentido del sacerdocio de los seglares. a) Todo bautizado participa en un sentido real, no figurado, en el sacerdocio de Cristo. Sacerdocio litûrgiço y con un poder y funciôn en orden al sacrificio. b) Testimonio de la Escritura: “Vosotros sois... sacerdocio real” (1 Petr. 2,9). c) De los Padres: “Llamamos a todos los cristianos.,. sacer­ dotes porque son miembros de un Sacerdote...” (San Agus­ tin). d) De los teôlogos y Pontifices (Santo Tomâs; Pio XII: Me­ diator Dei). funciôn sacerdotal del seglar. a) No les compete el ser mediadores, propio del sacerdocio je­ rârquico. b) Si participan de la funciôn sacrificial: Ofreciendo a Dios. c) Solo hay un sacrificio agradable a Dios, cl de Cristo: su inmolaciôn compete solo al sacerdote jerârquico; en la obla­ tion deben participar los fieles. D. La misa de los seglares. a) Consecuentes con su sacerdocio, deben asistir activamente. b) Unirse internamente con el celebrante, coofreciendo la Vic­ tima. Ofrecerse a si mismos a Dios con Cristo. DOMINGO DE PASION Tiempo de recuerdo del sufrimiento y muerte de Cristo, a) Manifestado en la sobriedad externa del culto. b) En las formulas litûrgicas: la cruz en primer piano. c) Atestiguado por la tradiciôn patristica y litûrgica. Tiempo de gracias especiales por eslar consagrado a la crue, fuente de zdda. C. Nuestras disposiciones para recibir taies gracias: a) Méditation de la Pasiôn. Oir la palabra divina. b) Oraciôn de gratitud. Eucaristia. c) Arrepentimiento y mortification. Cristo, sacerdote (g.3). Cristo, mediador (g.7). A. El sacerdote en San Pablo (Hebr. 5,1). a) “Tornado de entre los hombres, en favor de los hombres’. Représentante de la humanidad, embajador ante Dios. b) “Ninguno se toma por si este honor”: ha de ser llaniado para esa representation. Dios mismo llama por medio de su ïglesia. “Para las cosas que miran a Dius” : es donde el sacerdote tiene misiôn y competentia. Especialmente “para otrecer ofrendas y sacrificios por los pecados”. Cristo, sacerdote: en Él se cumplen los requisitos. a) Escogido entre los hombres. Se encarnô para ser sacerdote y mediador. b) Instituido por Dios: fué el Padre quien le enviô al mundo. c) Para el sacrificio: Cristo ofreciô uno de valor infinito. Cristo, ûnico sacerdote: Por su excelencia. Por el valor del sa­ crificio de su vida. Porque de Él reciben la virtualidad los demàs sacerdotes, instrumentas suyas. El sacerdocio de los cristianos:^ los fieles, oferentes con el sacerdote, participan del sacerdocio de Cristo (cf. guiôn sigui ente).—Cf. III, 877 (1514).—IX, 415. 125 A. Mediador, como Sacerdote, a) Doctrina de San Pablo: “Uno es el Mediador... Cristo Je­ sûs” (1 Tim. 2,5). b) Al mediador le compete unificar los extremos entre los que se interpone. Cristo nos une y reconcilia con Dios. c) Ejerce su oficio de Mediador por su sacerdocio en la cruz. B. Mediador por ser Cabeza. a) Cristo es “medio” entre Dios y los hombres por participar de ambas naturalezas en la union hipostâtica. b) Es mediador, unificador, porque satisface e impetra por el hombre en cuanto Cabeza del Cuerpo mistico. Funciones de su. mediacion : a) Santificadora en cuanto produce, merece y comunica la gra­ cia por los sacramentos. b) Ora e intercede por nosotros: en su vida terrena y actualmente en el cielo : “Siempre vivo para intercéder por nos­ otros” (Hebr. 7,20-25).—Cf. I, 893 , 895. Los fariseos y Cristo (g.19-20). A. Los fariseos contra Cristo. a) Oposiciôn constante, desde el principio. Oposiciôn incluso al Bautista. b) Acusan rcitcradamcntc a Cristo: le imputan faltas graves contra la religion y contra la autoridad civil. c) Le persiguen y ordenan finahnente su detention. 4» sacerdocio de los fieles (g.6). Sacerdocio jerârquico y sacerdocio de los fieles. a) Son distintos. Su identification es herética segùn cl Tridentino. b) Falso concepto protestante de “democracia sacerdotal". c ■· < ■ - ■Çfrt 126 K DOM. DE KAMOS 936 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS d) Le condenan a muerte (lo. 11,50; Mt. 14,64). e) Persevcran en su odio y en su temor después de muerto Cristo. Triunfo de los fariseos: el Viornes Santo consiguen su deseo después de embriagar al pueblo y acobardar a Pilatos. Triunfo fugas. Cristo contra los fariseos: condona duramentc sus pecados. a) Su pecado fundamental contra la verdad. Hipocresia (Mt. 23). b) Su presunciôn y falsa ostentaciôn religiosa (Mt. 6). c) Su falta de misericordia: el buen samaritano. Triunfo da Cristo. a) Muchas veces los confundiô ante el pueblo. b) Pero en su resurrection triunfô definitivamente de ellos y un dia vendra a juzgarles lo mismo que a sus perseguidores.—Cf. VI, 145.—VU, 994. 127 Fariseîsmo moderno (g.21). Lucha y condenatiôn de Cristo a los fariseos de su tiempo. El fariseîsmo, pecado de todos los tiempos. En nuestro cristianismo de hoy existe el fermento farisaico; manifestacioncs: a) Religiosidad ostentosa y exterior : prâcticas exteriores de relumbrôn y olvido de las dispositiones internas. b) Deformation de conciencia, que da importantia a lo que no la tiene y prescinde de obligationes graves. Despretio del prôjimo en la dureza del juicio y el apartamiento sistemâtico del pueblo pobre, ignorante, atribulado. d) Ocultaciôn de la falta de misericordia bajo capa de reli­ gion. Fariseîsmo colectivo: los mismos sîntomas de la conducta indi­ vidual se dan en la actitud religiosa de determinados grupos y nationes. Remedio contra el fariseîsmo: uno solo, la imitation de Cristo. 6. DOMINGO DE RAMOS cruz y la liturgia (g.l). El triunfo por la cruz. a) En la liturgia estas dos ideas van ordinariamente juntas. Aun en el Domingo de Resurrection se alude a la cruz. b) En la procesiôn de Ramos precede la cruz ; a continuation vienen las palmas, el jûbilo. Es la cruz la que abre las puertas dei templo. cruz en la vida litûrgico. a) Desde los tiempos apostôlicos la cruz preside las ceremonias. b) Preside igualmente todas las manifestacioncs de la vida cristiana. 937 La cruz, patrimonio del crisliano. a) No es solo un motivo, una seûal exterior. Es algo esencial al cristiano, seguidor fiel de Cristo. b) En este Domingo de Ramos la Iglesia nos invita a abrazarnos con ella, prometiéndonos la salvaciôn y el triunfo. La procesiôn de Ramos (g.2)« Entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. a) La procesiôn. descrita en el evangelio es un triunfo de Cristo en el pueblo que sinceramente le aclamaba. b) Pero solo unos dias después el mismo pueblo pide> su muer­ te. Fecundas ensenanzas de esta volubilidad humana. Procesiones litûrgicas antiguas: description de la peregrina Etcrta. Simbolismo de los ramos. a) Participation en el triunfo de Cristo, pero también en su Pasiôn. Expresiones litûrgicas de los ritos del dia. b) Las palmas y ramos simbolizan a la vez lucha y victoria. Al acompaiiar a Cristo triunfante significamos nuestra dis­ position de dar testimonio de Él incluso con el martirio. En esto consiste el homenaje litûrgico de hoy a Cristo. “Se humilio a si mismo..., obediente hasta la muerte” (g.3-4). 130 humiliation de Cristo. a) La humildad, actitud de verdad ante Dios que rechaza al soberbio. b) Cristo, humilde durante toda su vida: infancia, vida pùblica, pasiôn sobre todo. “Se anonadô tornando la forma de siervo” (Phil. 2,6). El motivo de éste fué el amor. Amor y humildad son inse­ parables en Cristo: Encarnacion, Pasiôn, Eucaristia. Tam­ bién el cristiano, para amar a Dios y al prôjimo, tiene que humillarse. B. La obediencia de Cristo. a) Va unida con la humildad, que le sirve de base. b) Es la obediencia humilde la que le lleva a aceptar su encarnaciôn y lo abyecto de la cruz. I La obediencia se manifiesta en toda su vida: “Heme aqui que vengo para hacer tu voluntad” (Hebr. 10,7). “Les esta­ ba sujeto” (Le. 2,51). “Mi alimento es hacer la voluntad del que me enviô” (lo. 4,34). d) Pero especialmente en la Pasiôn. Contra las protestas de su humanidad (“que pase de mi este câliz”) llega hasta cl el “consummatum est”. C. Lectiones actualîsimas de esta poshira de Cristo. Judas o la avaricia (g.7) ’. A. Judas ambiciona el dinero. En él tiene su corazôn. Tal vez se acercô a Cristo con la esperanza de provecho econômico. 1 Ponemos a continuaciôn una serie de breves guiones propios de Scmana Santa, que podrian agruparse bajo la rùbrica: Figuras de la Pasiôn. 131 938 Indice general de guiônes selectos B. Proceso de su caida: comiensa siendo administrador de Cristo. Luego le roba. En todo ve la posibilidad de enriquecerse (lo. 12,6). Esto le lleva u la munnuraciôn y la hipocresia. Por fin a la traicion. Consecuencias. a) Endurecimiento : Cristo intenta salvarlo, sin éxito, en la Cena (Mt. 26,24-25) y en el Huerto (Mt. 27,50). b) Desesperaciôn y condenaciôn. El pago dei avaro: despretiado, odiado, .sin poder gozar de Jw dinero. 132 Pilato o el egoista indeciso (g.10). A. El carâcter de Pilato. a) Debilidad ante las presiones extemas. Indecision y cobardia. b) Escéptico: “êQué es la verdad?" Supcrsticioso. c) Contemporizaciôn con la injusticia: reconoce la inocencia de Cristo; sin embargo, le azota y, por fin, le condena. B. Egoismo, a) Es el verdadero môvil de Pilato: por no ser acusado ante el César crucifica al inoccnte. b) Pero recibe su merecido: es depuesto y desterrado, Nuestra conducta: muchas veces iniitamos perfectamente a Pi­ lato. 133 Herodes o la lujuria (g.ll). La figura de Herodes: Adultero e incestuoso. Sin voluntad (muerte del Bautista). Sin mâs finalidad que el placer, le t»iportan poco la justicia y los derechos de los demâs. Herodes y Cristo. a) Se propone divertirse a costa de Jesûs. Al no conseguirlo lo desprecia y le trata de loco (Le. 23,11). b) Jesûs ni siquiera le mira. A todos respondiô, pero no al lujurioso Herodes. Le repugna la sensualidad. C. Ejemplo del pecador: si prelende mofarse de Dios no conseguirà que Jesûs le mire. Si acude humilde y arrepentido conseguirà el perdon. Mujeres en la Pasiôn (g.12). A. Distinto procéder de hombres y mujeres can Cristo en su Pa­ siôn: Hombres son todos sus adversatios. Varias mujeres salen en su defensa. La mujer de Pilato. a) Pagana y romana, opuesta naturalmente a los judios. Uni­ co defensor en el proceso de Cristo. Le proclama justo e intenta convencer a su esposo. ’ . 1 b) Merecia la gracia de la fe. La Iglesia griega la tiene-por santa. C. Las mujeres de Jerusalén (Le. 23,27 ss). a) Mientras los hombres callan, ellas se conduelen con Cristo. b) Jesûs les habia y las compadece ante el castigo futuro. dom. de resurreccion D. 939 Las mujeres del Calvario: modelo de fidelidad, de valor en el peligro, de apôstoles que defienden a Cristo abandonado de todos.—Cf. IV, 160 (290). IV. CICLO PASCUAL 1. DOMINGO DE RESURRECCION Significado de la fiesta (g.l). 135 A. La fiesta de hoy, recuerdo y actualidad. a) Recuerdo de la victoria de Cristo sobre la muerte; del triun­ fo de su cruz, de su Evangelio, de su vida (secuencia). b) Actualidad : a ella, como a todas, van vinculadas especiales gracias. B. Triple gracia en la résurrection del Senor: a) Resurreccion, fiesta de esperanza: si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos. “Surrexit Christus spes mea" (secuencia). b) Fiesta de renovaciôn moral : “Si consurrexistis cum Christo quae sursum sunt quaerite" (Col. 3,1) (epistola de la vigi­ lia pascual). “Alejad la vieja levadura para ser masa nue­ va...”) (1 Cor. 5,7) (epistola). Dia de la caridad fraterna: el espiritu de caridad, parte esencial de dicha renovaciôn moral (poscomuniôn). C. Hemos resucitado: alegria y coopération—Cf. IV, 136 (256). Muertos y resucitados en Cristo (g.3). 136 A. Nuestra participation en la muerte y résurrection de Cristo. a) Cristo vive, muere y resucita como Cabeza del Cuerpo mistico ; con Él lo hemos hecho todos los miembros. b) De un modo mâs personal y directo hemos muerto en el bautismo y resucitado a la vida de la gracia (Rom. 6,4-5). También el cuerpo resucitarâ. B. Morir y resucitar continuos. a) Para mantener la vida que nos diô el bautismo necesitamos morir continuamente a las reliquias del pecado. b) Igualmcnte, desarrollar esa vida por el ejercicio de virtudes. perfection final: el dia de la résurrection universal.— Cf. IV, 144 (266). Cristo, vencedor de sus enemigos (g.9). A. Victoria sobre el mundo. a) Triunfa de quienes le llcvaron a la cruz sin causarios dano alguno< b) Triunfa de la incredulidad dei mundo que no le recibiô. c) Los cristianos, incorporados al Cuerpo mistico, perpetuarân su victoria. Él sigue vcnciendo al mundo en nosotros. B. Victoria sobre el demonio. a) Iniciada en el dcsierto, continuada en su vida, consumada en la cruz. 137 ί Indice générai, de guignes selectos 940 En adelante el demonio sera como perro atado (San Agus­ tin), y sus tentaciones serân ocasiôn de nuestro triunfo sobre él. C. Victoria sobre el pecado. a) Después de la cruz, y resurrecciôn no hay mâs que vida. b) Y por medio de Cristo y su gracia también nosotros le vcn­ cemos. D. Victoria sobre la muerte. a) La muerte triunfô en el Calvario; quedô vencida en la re­ surrecciôn. b) Y nosotros participâmes en la victoria por la esperanza en nuestra futura resurrecciôn y vida eterna.—Cf. IV, 134 (253). b) 138 Cristo resucitado; causa de nuestra resurrecciôn (g.10). A. 139 Valor redentor de la resurrecciôn. a) Misterio clave en la economia de la redenciôn (1 Cor. 15). b) Como la muerte del pecado afectô al aima y al cuerpo, asi también la redenciôn: justificaciôn y resurrecciôn corporal. resurrecciôn de Cristo y la justificaciôn del aima. a) Es su causa ejemplar: Cristo es nuestro modelo en todo. b) También eficiente, instrumental, en cuanto que engendra cl nacimiento a una nueva vida en la gracia. La resurrecciôn de Cristo y la del cuerpo. a) Es también causa de la resurrecciôn de nuestro cuerpo, pues por ella Cristo-Hombre es constituido instrumento eficaz para resucitar a los hombres a la vida eterna. b) Esta virtud eficiente se extiendc a todos, aunque su ejemplaridad afectara solo a los justos, ùnicos que merecïeron ser conformados a Cristo glorioso. Per sanctam resurrectionem tuam, libera nos, Domine.—Cf. IV, 125 (240), 148 (273). El bautismo, misterio de resurrecciôn (g.13). El bautismo y la liturgia pascual: los recicn bautizados en la zdgilia pascual, botin glorioso de Cristo resucitado. El bautismo nos incorpora a Cristo. a) Por el nacimiento carnal quedamos unidos a Adân y su pccado. b) Por el renacimiento bautismal nos incorporâmes a Cristo (Gai. 13,27). El bautismo, muerte y victoria. a) Morimos al hombre viejo y gozamos de nueva vida en Cristo. b) Vcncemos con Cristo a los enemigos que Él venciô en su resurrecciôn: demonio, mundo, carne, muerte... El bautismo exige vida de rcsucitados, como ciudadanos del cielo; con frulos que Cristo pueda reco-nocer como suxos.— Cf. VL 302 . 312. DOM, IN ALBIS 941 Cuerpo mistico (g.20). 140 A. Cristo, Cabeza de la Iglesia: a) En cuanto Dios, como fuente de toda gracia y fin ultimo. b) En cuanto hombre por su dignidad ; igualdad de naturaleza con nosotros; porque dirige a la Iglesia y la informa interiormente. c) A semejanza de la cabeza en el cuerpo natural, Cristo pre­ cede a los miembros: por dignidad; como principio de ac­ ciôn ; porque los dirige a todos en sus actos. Cristo, Cabeza de los ângeles: a) Λ1 serlo de la Iglesia, dentro de la cual estân los ângeles. b) Menos perfectamente que de los hombres, porque no tiene igual naturaleza que los ângeles ni es igual su influjo como Redentor. Cristo, Cabeza de los hombres: a) Cuerpo mîstico, imagen del natural: unidad de naturaleza; con un solo principio vital y unificador (la fe y la gracia) ; un elemento que los perfecciona (el aima, el Espiritu Santo). b) Distintos modos como Cristo es Cabeza: de los bienaventurados; de los justos; de los creyentes en pecado; de los que algûn dia creerân en Él; de todos los demis. Doble influjo que ejerce: interior, en el aima por la gracia; exterior, de gobierno, por medio de la Iglesia jerârquica.— Cf. I, 419.—II, 118 (180).—V, 145 (280).—VI, 176, 1036, 1039.—VII, 990.—VIII, 990. 2. DOMINGO "IN ALBIS" 141 "Quasi modo geniti infantes” (g.l). A. Haceos como niiios. 9 a) Recomendaciôn de la liturgia a los bautizados en Pascua. b) Fundada en el Evangelio: Si no os hacéis como ninos, no entraréis en el Reino (Mt. 18,3-4). B. La infanda espiritual. a) La doctrina y el ejemplo de Santa Teresa del Nino Jesûs. b) Para ella fué medio rapido y eficaz de santidad. C. Caracteristicas: a) Amor al Padre: amor espontâneo y desinteresado; efectivo y sacrificado constantemente. b) Confianza en Él : abandono absoluto en Dios. Humildad: sin atribuirse los méritos, ni abatirse por las faltas; buscando alegrîa y optimismo en la debilidad. D. Camino de dureza y equilibria espiritual, a pesar de su aparien~ cia. Exige virilidad, lucha y renuncia. . > A. Jesûs muestra sus llagas a los apôstoles. Tomâs exigt iocorlos para convencerse de la resurrecciôn. DOM. 2.° DE PASCUA 942_ Indice 943 general de guiones sixectos Propôsito y ocasiones proximas: el proposito debe inchiir la decision de apartarse de cilas, a no ser que se trate de ocasiones necesarias. C. Falta de dolor y propôsito: causa frecuente de confesiones ma­ las o nulas. Provocan ta negation de la absolution. Necesidad de insistir a los fieles en esta doctrina.—Cf. IV, 342 (596), 345 (600), 347 (605).—VII, 312 , 654, 1161, 1163, 1167. d) j3, Trofeo de victoria: son hcridas gloriosas, efecto de la dura bitalla. Timbre de gloria (Beda, San .Agustîn). C. Confirmation de nuestra fe. a) Prueba de que Cristo es Dios y Hombre, b) Argumento de su resurrecciôn y esperanza de la nuestra. D. Memorial eterno. a) Ante el Padre, para aplacrr su ira y atraer su perdôn, b) .Ante el mismo Cristo, para que no nos olvide. c) Ante nosotros, para recordarnos cl amor de Cristo y nues­ tros pecados. apostolado seglar (g.9-10). Obligatoriedad. a) Ha existido desde los primeros tiempos del cristianismo. b) Es un precepto de la Iglesia : Padres, teôlogos, pontifices. c) Sin embargo, es prâcticamente olvidado por muchos. d) Se fundamenta en exigencias del amor a Dios que pide que el mayor nûmero posiblc de hombres le amc y sirva. e) De la caridad hacia Cristo, para que todos participen de su Redenciôn. Y el agradecimiento a los biencs que nos ha granjeado. B. «Sm necesidad en los tiemfos actuales. a) Por la calidad de los adversarios: laicismo, comunismo... b) Por la enorme descristianizaciôn existente. necesitan auxiliares.__ , c) Por la escasez r de sacerdotes,. que _ d) Porque es la ùnica soluciôn para acercar determinados am­ bientes a la Iglesia y a Cristo.—Cf. II, 916 (1566).—III, 547 (958).—IV, 544 (932).—V, 1078 (2090).—VT, 1199.—VII, 1034. VIII, 382 , 990, 1143. A. 144 Sacramento de la penitencia: Contriciôn y propôsito (g.14-15). contriciôn. a) Naturaleza: detestaciôn del pccado con propôsito de no volver a él. , b) Necesidad: imprescindible para cl perdôn. El pccado supone apartarse de Dios; hay que dcsterrarlo para acercarse a Él. Rccibir el sacramento sin ninguna contriciôn es sacrilegio. c) Clases: Perfecta: basada en el amor a Dios. Imperfecta: derivada del temor al castigo. Ambas son buenas y suficientes para la confesiôn. Pero sôlo la perfecta perdona por si misma. d) Cualidades : interna, sobrenatural, universal, suma. B. El propôsito. a) Naturaleza : firme decision de no volver a pecar. b) Cualidades: sobrenatural e interno, universal, firme, eficaz. c) Proposito y reincidencia : son compatibles, sobre todo tratândose de pecados veniales. La reincidencia en mortales, sin resistir, hace presurn.ir la falta de proposito firme y eficaz. Virtudes del apôstol (g.19). 145 A. Fidelidad al maestro. a) El apôstol es embajador: debe transmitir el mensaje inte­ gro y fiel. b) Con fidelidad a la letra, sin adulterarla, y al espiritu. B. Virtudes pasivas: a) Humildad, a la vista de su flaqueza y su debilidad para tan alta misiôn. Lleva el tesoro “contenido en vasos de barro" (2 Cor. 4,7). b) Pacicncia y fortaleza ante las dificultades. c) Temor filial y esperanza que engendra gozo. d) Fe y caridad. El ejcmplo de San Pablo (1 Cor 4,9 ss; 2 Cor. 11,21 ss).— Cf. II, 791 (1333).—IV, 1195 (2027).—V, 884 (1682), 887 (1688), 889 (1692), 893 (1699).—VII, 333. 1 3’ DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA Cristo, buen pastor (g.6). 146 A. Pastor por excelencia. No es uno mas. Constituye categoria unica Pastor por naturaleza: a) Naciô para serio. O mejor, escogiô el oficio antes de nacer. b) Todos los demâs son pastores por elecciôn posterior. C. Pastor que muere por sus ovejas. a) Cumple literalmente la condiciôn del Evangelio: dar la vida. b) Y lo hace con un valor y unos efectos unicos, c) Los demâs pastores no pueden morir por las ovejas. Pastor y comida a un tiempo: las apacienta con su cuerpo. Pastor eternamente. a) Los demâs tienen un ministerio temporal. b) Cristo desde la eternidad: antes de encarnarse; en su existencia humana; después de ascender a los cielos.—Cf. IV, 483 (831), 491 (847), 494 (850), 497 (857), 500 (863) , 669 (1136).—V, 862 (1641), 868 (1651). Maria, divina pastora (g.9). A. Madré del Buen Pastor, Cristo. a) Prefigurada en Eva: esta fué crcada para ser ayuda de Adân ; Maria lo fué para ayuda y complemento de Cristo. b) En la Encarnacion diô su asentimiento a esta misiôn. fe 147 Indice c) Durante la infancia de Cristo es Maria quien le suple: b présenta a los pastores y reyes, lo ofrece al Padre. d) En la cruz, sostiene y acompaûa al Buen Pastor en su sa­ crificio. B. Madre de los apôstoles, a) Por encargo de Cristo recibe por hijo a San Juan, y con él a los demâs apôstoles. b) Los reûne en el Cenâculo después de su cobardia y les pré­ para para la venida del Espiritu Santo. c) En los apôstoles, Maria cuidaba de todos los que iban a sucederles en el apacentar el rebaûo de Cristo. 148 El pârroco, buen pastor (g.10). Continuador de Jesucristo: al subir al cielo déjà el rebaûo encomendado a los apôstoles y sus sucesores: Papa, obispo, pârroco. El pârroco conoce a sus ovejas. a) Conocimiento intimo derivado de que las ve nacer a la gra­ cia; las alimenta con la predicaciôn y la Eucaristia; les cura las heridas en la penitencia. b) Las conoce “nominatim”, las ama y se preôcupa por ellas. (jConocen las ovejas a su pastor?: sus cuidados, sus desvelos... Muchos le huyen, no le comprenden, le critican. Da la vida por ellas:· la ofrece en su ordenaciôn y la za entregando un poco cada dia: a) Con su oradôn: mientras los fieles se preocupan de sus negodos, el pastor ora por elios y les alcanza la ayuda di­ vina. b) Con su trabajo: estudio, predicaciôn, visitas, caridad, preocupadôn por los necesitados... Todo por sus ovejas. Con su sacrifido: ofreciendo la misa y al mismo tiempo ofredéndose él, victima por los demâs. La vida dei sacer­ dote es de martirio lento, escondido. Gratitud de las ovejas: es la consecuencia natural. Debe demostrarse orando por él, obedeciéndole, defendicndole.—Cf. IV, 539 (921).—V, 872 (1660), 8S4 (1682).—VI, 344, 350. 149 DOM. 2.° DE PASCUA general de guignes selectos El obispo, buen pastor (g.ll). Sucesor de los apôstoles y con su misma misiôn, concretada te­ rritorial men te en la diôcesis. Pastor en union con el Papa. Los poderes de gobierno del obispo: pastorear es gobernar. a) Potestad de orden: plenitud dei sacerdocio; poderes mâs amplios y exclusives a veces: confirmaciôn, orden, etc. b) Potestad de magisterio: maestros natos de los fieles ; con infalibilidad reunidos en concilio con cl Papa; con obligaciôn gravisima de enseüar y predicar. c) Potestad de jurisdicciôn : para legislar, juzgar, castigar en su diôcesis segûn lo exija el recto gobierno. Perfecciôn del obispo: se halla constituido en estado de per­ fecciôn (Santo Tomâs) en cuanto que se entrega al servicio de Dios y se obliga a ser perfecto para enseüar a los demâs 945 El obispo y sus ovejas,: a) Ha de sufrir todas las tribulaciones que el oficio le im.ponga. b) Incluso perder los propios bienes y la vida si fuese necesario. c) En la visita pastoral periôdica manifiesta su vigilanda y deseo de estar en contacto con sus fields. d) Cuinple su misiôn de mediador por la oraciôn y el sacrifido, y de apôstol, por la palabra y el ejemplo. e) Muchas veces sacrifica su propio contento espiritual para atender a quienes le necesitan. Los fieles y su obispo. a) Su propia presencia debe recordarles lo excelso de su oficio. b) Sumisiôn y oraciôn : obediencia a sus consignas, plegaria por él, asistencia y apredo de las funciones episcopales.—C. II, 1075 (1870).—VI, 350. El Papa, buen pastor (g.12). 150 Pedro fué constituido por Cristo “pastor ovium”. En el Papa se hace realidad la frase evangélica: “Tu es Petrus...” El Papa, pastor: como padre y como rey con poder soberano. Pedro, juez supremo,: San Pedro recibiô la misiôn, que se trans­ mite a sus sucesores: “Te daré las Hâves...” “Sobre esta piedra..." “Apacienta mis ovejas”. En la Iglesia no hay mâs que una autoridad suprema: Pedro. D. El Papa, sucesor de Pedro; Pedro se perpetua en los papas, por­ que la Iglesia es perpetua. “Ubi Petrus, ibi Ecclesia”. Sucesiôn reconocida por todos desde siempre. Ensalsada por los Santos Padres. Jurisdicciôn de los papas; verdadera, universal, plena, episcopal, suprema, independiente del poder civil. Propiedades que se han manifestado en la Historia segûn lo pedian los acontecimientos. Supremo magisterio. a) El Papa posee la autoridad doctrinal suprema. Infalibilidad. b) Este magisterio informa y vivifica la actividad de la Iglesia. c) También marca el camino sano a la razôn humana. Honor, obediencia, amor al Papa; es la respuesta de los fieles. parroquia (g.15). El domingo del Buen Pastor, dia de la parroquia. Iglesia es una gran familia. a) Juridicamente es como una monarquia: parroquias son las cclulas primarias, bajo el pârroco. l'or su adscripciôn a una parroquia, y mediante ella a una diôcesis, pertenccen los fieles oficialmente a la Iglesia. b) Pero vitalmente es una familia unida por el amor. Parroquia, familia con todos sus elementos. a) Comunidad de sangre, de vida sobrenatural en Cristo. b) Hogar comûn donde nacen (bautismo), se casan, mueren Kl (viâtico y entierro) ; al que debcn sostener econômicamente. 151 ACT feroiCK GKNKHA!. DK CUIONP.S Sitt.KCTOS 946 DOM. 3.“ DE PASCUA Una autoridad: pârroco, con todos los derechos y obligadones. I). Conrcfurnciux /’ara los fides, a) Deben amarse entre si y amar al pàrroco. b) Colaborar al bien comûn, organizândose. c) Asistir a las hindoues liturgicas y a la predicaciôn, d) Descuido y anarquia en esto, proverbiales en Espafla Cf. IV, 536 (916), 539 (921).—VI, 344.-VII, 821. 947 c) 4. DOMINGO TERCERO DE PASCUA 152 El crïttiano en el mundo (g.4). Peregrinos; Como laies viviendo en un pais de cuyo influjo no Pueden aislarse y siendo exlraûos a la ves. Réglas: No contaminarse dei mundo. a) “Totus mundus in maligno positus est.” b) Hay que abstenerse de todo lo que combatc al aima. Vivir erislianamenle en d mundo. a) No abstraersc dei mundo, sino del mal que hay en él. b) Santificar cl orden social cumpliendo cada uno su deber. D. Ser ejemplo para d mundo.· -Ci. IV, 317 (552), 667 (1131), 891 (1520). 153 “Voy al Padre” (g.6). La vida del crishano, un ir hacia el Padre. a) Camino que comicnza en el bautismo. b) Cuando se interpone el pecado, cl arrepentimiento y el perdôn impulsan de nuevo a seguir subiendo, c) Ascensiôn hacia la perfecciôn, que no termina hasta la muerte. Pocaciôn universal. a) Dios nos invita a todos, aunque no todos accptan. b) En todo caso, cl accrcamiento al Padre es obra del Espiritu Santo con la colaboracion humana. Requisita esencial: alejarse dei mundo. a) El mundo es caduco. Es irracional poncr en 61 nuestra» aspiraciones, sin pensar en lo eterno. b) Este alejamiento no es fisico, sino de critcrios y afcctos. Imprescindiblc para cl verdadero progrcso cspiritual. Sobre todo en personas que se dedican al apostolado. I). Imitando a Crisio: todo para d Padre y su gloria.—Cf. VI, -188. Vil, 446. 154 “Bienaventuredo» lo» que Iloran” (g.8). A. El llanlo, patrimonio del hombre. Dolor y esperanza como consecuencia del pecado original y la redenciôn de Crisio, .. I El mundo y Crisio: dos postures ante d problema. a) El mundo: aprovechemos la vida para gozar. b) Cristo: Eelices los que Iloran, ”|Ay de vosotros \ DOM. 2.° DE PENTECOSTES 962 ÎNDICB GENERAL DE GUIONES SELECTOS Equilibrio de los santos: lo han utilizado como resortc de vida espiritual (Santa Teresa, San Ignacio) sin olvidarse del amor. El temor y la justificaciân. Principio de la sabiduria, sc. de la conversion. “Disposi­ tion util para la justification" lo llama el Tridentino. b) Confirmado por la predicaciôn de Cristo y la Iglesia. c) Pero nunca temor sin esperanza, pues se complementan. Del temor hay que pasar a la confianza en la misericordia. El temor y la caridad. a) Conviven en el justo, que ahora no terne indignar al Jucz, sino ofender al Padre, perderlo, separarse de Él. b) No desaparece el temor al castigo, que es racional y bueno, pero es sustituido poco a poco por la esperanza del premio. c) La caridad expulsa el temor “serviliter servilis” (solo al castigo y no a la culpa) y aumenta el temor filial. Temamos, esperemos, amemos. “Ama v has lo que quieras" (San Agustin).—Cf. I, 725.—VI, 694, 698, 701.—VIII, 179. b) misericordia con el prôjimo (g.7). Necesidad de la misericordia. a) No es un consejo, sino un mandato de Cristo (Le. 6,36). b) Va incluîdo también en el deber de amar al prôjimo.. c) Mas agradable a Dios que el sacrificio (Mt. 12,7). Naturaleza: misericordia, compasiôn de la miseria ajena. a) El misericordioso se da cuenta de la necesidad ajena. b) La considera como propia, la siente y se duele. c) En consecuencia, la remedia con todas sus fuerzas. Brota del amor. a) En Dios, en quien no caben pasiones) ni, por tanto, la com­ pasiôn. Dios tiene misericordia porque nos ama como algo suyo. b) En el hombre, porque es el amor el que le hace considerarse ligado al prôjimo y sentir su mal como propio. uSed misericordiosos" (Le. 6,37). “Sed perfectos" (Mt. 5,48). Ecuaciôn entre misericordia v perfecciôn cristiana.—Cf. I, 130.— V, 884 (1682).—VII, 136.—VIII, 1292. 193 Juicio misericordioso (g.9). A. “No juzguéis y no seréis juzgados" (Le. 6,37). a) Propension natural a juzgar a los demâs. b) La prohibition no se refiere a los actos abiertamente malos. c) Sino a aquellos cuya bondad o malitia depende de la inten­ ciôn de quien los hace, desconocida para nosotros. B. Por que debemos abstenernos de juzgar. a) El ejemplo de Dios : Cristo vino a salvar, no a condenar. b) No nos compete el juzgar. Es obra de Dios al fin de la . · vida. c) Con la medida que midamos nos medirâ Dios (Le. 6,38). 963 d) Desconoccmos la intention y motivos del prôjimo. c) Nos exponemos a equivocarnos, movidos por las pasiones. C. Juzguemos con misericordia: veamos las buenas cualidades an­ tes que las malas. Disculpemos para enconlrar disculpa.—Cf. V, 512 (955), 517 (966), 520 (971) 524 (980), 529 (987), 535 (1000).— VIII, 1292. Correction fraterna, (g.18). 194 A. El precepto. a) Integrado en la caridad, que obliga a procurar el mayor bien del prôjimo. Su fin es la enmienda. b) Obliga siempre que sea posible conseguir este objetivo. c) A veces su omisiôn nace de la caridad, para evitar mayores males. d) Otras, el omitirla es pecado grave, porque por motivos hu­ manos no se corre un mal que puede y debe ser corregido. Con frecuencia puede ser pecado leve por temor o negligencia. B. Cômo debe hacerse. a) Con santidad, celo, suavidad y justicia. b) En las debidas circunstancias de tiempo y lugar. c) Siguiendo el proceso ordenado por Cristo (cf. guiôn 19). d) Previendo las consecuencias buenas o malas.—Cf. V, 538 (1004), 543 (1016).—VII, 630 , 844.—VIII, 594. 4. DOMINGO SEGUNDO DE PENTECOSTES 195 El cristiano y los pobres (g.4). Nuestra conducta: * a) Acentuada division clasista de la sociedad cristiana: pobres y ricos tienen distintos sitios para vivir, distintos ambien­ tes sociales, distinta piedad, distinta iglesia y hasta, quizâ, distinto Dios. b) Los pobres estorban : son ineducados, poco higiénicos, molestan... Procéder de Cristo: a) En el evangelio de hoy los llama a su mesa. b) Durante su vida se rodeô de ellos: “come con los publi­ canos...”. c) Fueron la base de las primeras cristiandades. Pivir con el pobre: que consiste en: a) No creerse superior a él; la distinta posiciôn econômica no es base para una superioridad jerârquica. b) Sentirse hermano suyo y sentir como propios sus problemas. c) Dar pensando que el pobre tiene derecho a lo que recibe: los bienes son para todos. Dar con carino, acercândose d) Convivir con él; sentirse a gusto con su compania. e) Ver en él a Cristo.—Cf. I, 282, 445. ■M * ■ v 964 1S6 El desprecio de la gracia (g.5). La conducta de los judios y la nuestra. a) Los invitados desprecian la llamada de Dios. Son castigados. b) Toda la historia de Israël es un compendio de gracias de Dios, desprecio de ellos y castigos divinos. c) Nuestra propia historia: llamamicntos de Dios (predicaciôn, ejcmplos, mociones...) y nuestra negativa o dilaciôn. Las gracias rechasadas. Dios llama, pero no fuerza. Pide colaboraciôn libre. b) De la fidelidad a cada gracia depende la ayuda futura. c) El despreciar la gracia es para Dios motivo de tristeza, de ira y justicia inexorable, razôn para condcnarnos. d) La gracia de hoy puede ser decisiva; su desprecio, irrepa­ rable. C. Conclusion: Dios dard su gracia a otros mâs dociles.—Cf. VI, 894.-VIII, 172. 197 Uso de las criaturas (g.6). A. El problema: nuestra vida rodeada de criaturas. a) No podemos prcscindir de ellas. Pero i como usarlas? b) En el evangelio de hoy, el uso de criaturas de suyo bucnas (riquezas, matrimonio) trajo consigo la condcnaciôn. B. Principios de soluciôn: fines y medios. a) Hay criaturas que son fines apctecibles en si mismos, en cuya consecuciôn el hombre descansa y sc goza: v.gr., la salud. b) Otros tienen razôn de mcdio: v.gr., la medicina. c) Pero entre los distintos fines existe una subordinaciôn por razôn de su valor y existe un fin ùltimo que los domina a todos. Las criaturas y el fin ultimo del hombre. a) No son el fin ultimo, que es Dios y la salvaciôn del aima, b) Por tanto, tienen que subordinarse como medios a su con­ secuciôn. c) Réglas prâcticas: usar aqucllas que necesariamente nos 11evan al fin; no utilizar las que nos lo impidan; usar o no las indiferentes en tanto en cuanto lleven al fin o lo impi­ dan.—Cf. VI, 1238.—VII, 481, 484, 491. 198 DOM. 2,e DE PENTECOSTES INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS cena es el reino de Dios (g.10). reino, tema constante del Evangelio y sus parâbolas. rcino en el Antiguo y Nuevo Testamento. Es anunciado y se exhorta a la esperanza en él. En cl Nuevo continua anunciândose (Anunciaciôn, “Magni­ ficat", “Benedictus”, Simeon, el Bautista); Cristo cn su pre­ dicaciôn declara: “Ha llcgado a vosotros el reino de Dios”. Naturalcza del reino. a) Para los protestantes, el rcino que fundô Cristo es solo rcino moral, politico-social o cscatolôgico. El B. El a) b) 965 Para los catôlicos, el reino tiene très significados en el Evangelio: la gracia, la Iglesia, la gloria (cf. guioncs 11, 12, 13). c) Podemos sintetizar diciendo que cl reino es Jesucristo. D. Aplicaciôn de la parabola. a) Dios nos invita a la vida de la gracia, vida divina. b) A vivir esta vida en cl seno de su Iglesia, su Cuerpo mistico. c) A conscguir por su medio la gloria etcrna. d) No imitemos a quienes por amor a las riquczas, honores y placeres despreciaron la invitaciôn y fueron condenados.— Cf. III, 527 (925).—V, 696 (1904), 700 (1311), 705 (1320).— VII, 446 , 471.—VIII, 1098, 1106, 1129, 1132. b) misa, sacrificio de Cristo (g.14 y 16). A 199 A. El nuevo sacrifido. a) El sacerdocio dei zôntiguo Testamento y sus sacrificios fue­ ron una introducciôn y semejanza imperfecta (Hcbr. 7,19). b) Les sucediô y perfeccionô el sacerdocio de Cristo y un nue­ vo sacrificio eterno: su inmolaciôn en la cruz. misa, reproducciôn del sacrifido del Calvario. B. a) La ultima Cena, la cruz y la misa, son el mismo sacrificio con idénticos sacerdote, victima y fines. b) Las difcrcncias son accidentales, pues que en la misa Cristo actua por los sacerdotes, y en vez de operar la Redenciôn la aplica. Valor y f rut os de la misa. a) Infinitos, porque los tiene el sacerdote y la Victima. b) Valor y fruto impetraiorio, por ser Cristo el que pide, por ser el sacrificio oficial de la Iglesia. Propiciatorio, porque aplaca a Dios y alcanza el perdôn. d) Satisfactorio, como Cristo satisfizo en la cruz por el pecado. e) Meritorio, mâs que toda otra obra buena y dependientc del mayor o menor grado de caridad del que asiste. misa, la mejor devociôn. Imprescindible al cristiano, que debe oirla unicndose a la oblaciôn de Cristo.—Cf. V, 711 (1332), 715 (1343), 718 (1350), 723 (1361).—VI, 113, 299, 873.—VII, 101; 620. misa del seglar (g.19). ’•XV 200 A. El cristiano, participe del saeerdocio de Cristo, de modo real, liturgico, en orden al sacrifido (cf. Dom. de Pasiôn, guiôn 6). B. Tiene que ofrecer su sacrifido al asisiir a misa. a) Ofertorio: hacer la oblaciôn, junto con cl sacerdote, de sus trabajos, sufrimientos, de su vida entera para Dios. Las gotas de agua en el câliz simbolizan la oblaciôn del pueblo. b) Consagraciôn : nuestras cosas, nuestra vida, adquieren va­ lor infinito unidas y santificadas con Cristo-Victima. c) Inmolaciôn : reproducicndo el cristiano cn si nusmo los sen- S'JJ&i lit- 966 INDICE GENERAI. DE GUIONES SELECTOS DOM. 3.° DE PENTECOSTES timientos de Cristo: surnisiôn de espiritu, adoraciôn, alaban­ za y gratitud a Dios. Y las condiciones de victima: abnega* ciôn, penitencia, expiaciôn. Morir misticamçnte con Cristo (Gâl. 2,19). C. Cada toio debe “decir" su misa, Hacer de ella cl centra de rw zdda. 5- DOMINGO TERCERO DE PENTECOSTES 201 Misericordia de Dios (g.2). Concepto de misericordia: tres nolas. a) Existencia de la miseria espiritual o material. b) Inclinarse hacia ella para remediarla. c) Sin que haya ninguna obligaciôn de hacerlo. B. La misericordia en el Antiguo Testamento. a) En general, prédomina el temor en la religion mosaica. b) Hay manitestacioncs de misericordia: promesa del Reden­ tor; predicaciôn profetas; toda la historia de Israël. El testamento de la misericordia. a) El Evangelio comienza con la Encarnacion y acaba con la muerte de Cristo, que pide perdôn por sus verdugos. b) Frente al espiritu farisaico de durez», Cristo la prcdica y da ejcmplo de ella: parabolas, samaritana, Magdalena, Pedro... El sacramento de la misericordia: la confesiôn. a) A través de él continûa Cristo perdonando a todos. b) No es al sacerdote, sino a Cristo a quicn acudc cl pccador. Confianza del pecador: no desaliento. Cristo le espera—Ci. V, 321 (616), 485 (903), 506 (944), 520 (971), 869 (1654).-VI, 327. VIII, 1315.—IX, 439; 752. 202 El pecador, oveja perdida (g.6). El pecador se aleja. a) De Dios, que no puede convivir con cl pccado. Es cl hom­ bre quicn rompe la comunicaciôn ; Dios respeta su libertad. b) De la Iglesia, en diverso grado, segûn el pccado. Causas de esta huida: a) Ignoranda de lo que supone estar con Dios y gozar de Él. b) Dcbilidad para obcdcccr las leyes divinas. c) Prcferencia de la comodidad, y libertad de las pasioncs consentidas al sacrificio que Dios pide. Perjuicios que recibe: a) Picrdc la gracia con su cortcjo de virtudes y dones. b) Sus potcncias naturales se débilitai! y esclavizan. c) Sufre inquietud, abatimiento, remordimientos...—Cf. Il, 334 (639).—VII, 310.—VIII, 560, 1278. 967 oveja perdida; el pueblo (g.7). ■ El gran cscdndalo de nuestros tiempos. a) La apostasia de las masas obreras en distinto grado. b) Scfialada por la ignoranda y despreocupaciôn religiosa y la perdida mayor o menor del sentido moral. B. Diversas postures ante el pueblo: a) Comodidad elegante burgucsa, despreocupada. Anticristiana. b) Ir al pucblo para incendiario predicando odios; demagogia. c) Ir para buscar su bien: no de un modo laico—un bien puramente material sin Dios—, sino de modo cristiano: infundiendo caridad y ordenando al fin ûltimo todas las conquistas materiales qup para cl consigamos, Ir al pueblo es amarle^ a) Sentir con él, captar su mentalidad, vivir con él. b) Rcalizar obras grandes o pcqucnas en su favor, pero siem­ pre con espiritu de caridad. Hacerse todo para todos. D. Nuestra conducta de cristianos—apôstolcs—a la luz de estas verdades.—Cf. V, 896 (1705).—VII, 1158.—VIII, 186.—IX, 759. 203 correspondencia do la oveja encontrada (g.9). I 204 A. Todos hemos sido ovejas perdidas por el pccado y salvadas por Cristo. Esto exige una sincera correspondencia sintelizada en: Amorosa entrega a Cristo. a) Significa un deseo intimo de que El sea conocido y amado. b) Un doble dolor ante todo pccado que le ofendc. c) Confiar en Él, revclarle nuestras dificultadcs, llorar nues­ tros pecados. d) Imitaciôn de todas sus virtudes y vida de rcnuncia. e) Poncr, en fin, nuestra voluntad al servicio de la suya. Digna reparation. a) Quicn ama a Cristo sufre con Él las ofensas que le haccn. b) El deseo de reparar conduce a evitar mâs las propias faltas, cxcitar mâs el amor, mayor rcnuncia, mayor union con Él. conversion del pecador (g.13). Alegria en el cielo: motivada por cl amor de los bienaventurados a Cristo y al pecador. Se rcgocijan con su bien. B. Glorifica al Padre. a) El pccado desbaratô sus planes con respecto al hombre. l>) En la justificaciôn cl pccador realiza lo que Dios quiere do él : la union con Cristo y la salvaciôn a través de Él. Glorifica al Hijo. a) La Encarnaciôn sôlo tiene un fin: rcdimir. Cristo realiza su obra, pero es necesario que cl hombre la aceptc. b) Por el pccado la rechaza: Cristo ha fracasado. Λ1 convcrtirsc es Cristo cl que triunfa al ver su sangre aprovcchada. 205 968 Indice general de guiones selectos D. Glorifica al Espiritu Santo. a) En cuanto supone aprecio a la gracia que É1 infunde. b) El pecador convertido es un nuevo campo para su acciôn santificadora. E. El pecador vuelve a ser hijo de Dios v heredero de la gloria — Cf. IX, 754. 206 Celo misericordioso del apôstol (g.16). El celo condenable. a) El farisaico, duro, amargo, sin misericordia, orgulloso. Aparentemente busca la gloria de Dios, pero se busca a si mismo. b) El celo impetuoso, apasionado, turbulento (Mt. 13,28; Le. 9,54). El celo bueno y laudable: el celo misericordioso. a) La misericordia es un amor activo que socorre la miseria. b) Impulsado porque reconoce a Dios en el nccesitado. Esta constituida por la humildad, magnanimidad y union a Cristo. d) Es el celo de Cristo: parabolas, Magdalena, Pedro, adul­ tera... Las tres condiciones del celo. a) Actua por Dios, amandole a É1 en el prôjimo. b) Sobrelleva con paciencia las miserias y defectos ajenos. Su finalidad es llevar al prôjimo a Dios.—Cf. Il, 655 (llOO).-V, 877 (1669), 881 (1678), 887 (1688), 889 (1692), Cl 893 (1699).—VI, 918. 6- DOMINGO CUARTO DE PENTECOSTES 207 Victoria de la fe (g.2). El ejemplo de Pedro y los apôstoles. a) En la pesca milagrosa ccha las redes cuando no habia posibilidad humana de pescar, porque Cristo lo dice. b) Ante la ingente misiôn de Cabeza de la Iglesia, Pedro se lanza al trabajo confiado en la promesa de asistencia de Cristo. c) Los apôstoles no se desaniman por su ignoranda o las dificultades de la obra a realizar. Y conquistan todo el mundo. El ejemplo de Maria Sanlisima: no ve como compagmar inr· ginidad can maternidad, pero créé y su fe es fecunda. Motivos para nuestra fe. a) Todo el que rccibe una misiôn recibe las gracias necesarias. b) Cristo ayuda especialmente a los que tienen misiôn apostôlica. Los sacramentos nos confieren un titulo para recibir las gracias que vayamos ncccsitando para cumplir fielmente. 969 DOM. 4.° DE PENTECOSTÉS L P ilObediencia y piedad (g.4). * 208 Obediencia de Pedro: "Porque tû lo dices echaré las redes”. B. Piedad y voluntad de Dios. a) Confusion de piedad con actos piadosos, fervor, sentimiento... b) La piedad consiste en la voluntad de hacer lo que Dios quiere. c) Comprende: conocimiento de la voluntad divina; jamor!; ejecuciôn. C. Sin obediencia no puede haber piedad. a) La obediencia nos lleva a ejecutar lo que Dios manda. b) Hasta que la voluntad no se rinda a Dios no hay piedad. D. Los bienes de la obediencia. a) El camino mâs seguro—mejor, el ùnico—para la santidad’. b) Encierra todas las otras virtudes. c) Es homenaje de sumisiôn perfecta y total a Dios. virtud dificil, pues exige renuncia. Pidâmosla a Dios. Cf. sobre la obediencia en general: I, 717.—III, 1078 (1951).— V, 1041 (2010), 1053 (2034), 1055 (2040), 1057 (2047).—IX, 837. A. Cualidades de la obediencia (g.10). Pronta: la obediencia tardia supone reconocimiento débil de la auloridad de Dios. Implica un usufructo injusto de sus bienes. B. Sencilla: sin examiner ni discutir raoones. Suniisa. Perseverante : hasta completar la obra. El mérito està en eso. Alegre: con la alegria de quien sirve a Dios, aunque cueste. Animosa: con entusiasmo y fortaleza porque Dios ayuda. Universal: en todo lo que Dios quiera; aun en el sacrificio. Y endo mâs alla de lo estrictamente exigible. Modos de seguir a Cristo (g.12). Los faltos de, generosidad. a) Escenas evangélicas del escriba y el joven rico que quieren seguir a Cristo (Mt. 8,19; 19,16). b) Uno y otro sienten la Hamada de Cristo y quisieran seguirle. Pero la comodidad atô al escriba, las riquezas al joven. d) Hoy también las mismas causas dificultan a muchos la salvaciôn, o al menos la perfecciôn que Dios quiere. Los apegados a las criaturas. a) Otros dos se acercan a Cristo condicionalmente : “Déjame enterrar a mi padre”. “Necesito ordenar mis negocios” (Le. 9,59). b) Cristo no los acepta. No han rcnunciado a las criaturas. Los que lo dejan todo por Cristo. a) Pedro y los apôstoles, abandonândolo todo, le siguieron. b) Lo hicieron inmediatamente, sin regateos, generosamente. c) Su premio fué el apostolado, la union con Cristo, la gloria. 210 970 211 INDICE GENERAI. DE GUIONES SELECTOS Una formula de apostolado (g,16). El apôstol “pescador de hombres’’ que trabaja en nombre de C risto. “In verbo tuo" : la union con Cristo. Pedro, que no ha cogido nada trabajando solo, consigne una gran pesca cuando lo hace obedeciendo a Cristo. b) Si el apôstol quiere conseguir fruto, trabaje unido a Cristo. Es un instrumento que recibe la fuerza de la causa prin­ cipal. c) El fruto aparece en el sarmiento, pero es la vid quien lo produce. “Rete": los instrumentas humanos. a) Siendo el apôstol causa intrumental, su efecto sera tanto mejor cuanto mâs perfecto sea dicho instrumento. b) Cristo quiere realizar su empresa con medios humanos. c) Importancia de la perfecciôn humana del apôstol. “Laxabo”: el trabajo duro y constante. a) No basta con fiarse de la ayuda de Cristo y de la preparaciôn del apôstol. Este tiene que trabajar. b) Trabajo que consiste en aplicar sus cualidades de conquista dondequiera que haya aimas que ganar para Cristo. 212 “Duc in altum” (g.19). A. El hombre de acciôn, el apôstol moderno, debe aceptar la invitaciôn a realizar grandes obras: “A alla mar”. a) En el orden cientifico : apôstoles que lleven la teologia a las ciencias; que dirijan el pensamiento nacional; que satisfagan las necesidades religiosas de los intelectuales; que conquisten la universidad. b) En el orden politico: que sean capaces de crear un nuevo orden mâs conforme con Cristo ; de revisar las ideas politicas. c) En el orden social y econômico : la redenciôn del proletariado ; nueva organizaciôn de la cmpresa; reforma de la propiedad... d) Utilizando las mejores técnicas e instituciones ; el progreso. e) Abarcando âmbitos nacionales e internacionales. B. Condiciones y cualidades para estas empresas. a) Virtudes individuales : humildad, obcdiencia, audacia... b) Union de fuerzas superando los particularismes. VI. PENTECOSTES (2.°) 1. DOMINGO QUINTO DE PENTECOSTES 213 Los pecados de la lengua (g.2). A. Pecado universal: lo demuestra la experienda. B. Pecado de los virtuosos. a) Quienes se preocupan de progresar espiritualmente se perjudican notablemente por el vicio de hablar mucho. 971 DOM. 5.° DE PENTECOSTES La conversaciôn es un medio necesario de cultura, expan­ sion humana· y aun de caridad. c) Pero debe mantenerse dentro de justos limites o conducirâ a la disipaciôn interior, vanidad y faltas de caridad. C. Pecado del despreocupado. a) Con enorme irresponsabilidad se cae en el turpiloquio, la murmuraciôn y se quita la fama al prôjimo. b) Graves consecuencias para el individuo, familia, sociedad. D. Remedios: a) El ejemplo de Cristo en sus silencios y conversaciones. b) La palabra, vehiculo de verdad. alabanza y caridad.— Cf. Il, 636 (1066).—VI, 121, 125, 876, 881, 1220. b) Santidad falsa (g.ll). 214 • «Ml A. La falsa justicia del farisetsmo, condenada por Cristo. santidad exclusivamente exterior: a) Su norma es hacer u omitir lo que puede ser visto. b) Puede satisfacer a los hombres, pero no a Dios, que mira al interior. Es una injuria a la verdad. santidad exclusivamente interior: a) Prescinde de las obras externas de culto a Dios y al prô­ jimo. b) Cristo la condena: sus discipulos se distinguirân por sus obras (Mt. 5,16). c) También de razôn : la obra externa es manifestaciôn y sostén del espiritu interior. Todos los pueblos lo entendieron asi. D . Cristo nos exige obras para con Dios y el prôjimo, vivificadas por- el amor—Cf. IX, 936. Aspecto moral de la ira (g.13). ’ 215 A. La ira como hâbito. Moralidad. a) La ira puede ser virtuosa si lo es en su objeto y modo. b) Criterio : la antecedente al dictado de la razôn es siempre condenable; la consecucnte es buena si se acomoda a él. Si es movida por el amor propio, es mala; buena, si por el de Dios. Aplicaciôn : la defensa de la propia dignidad. B. Naturaleza del pecado de ira. a) Mortal “ex genere suo” al ir contra la caridad y la justicia. b) Frecuentemcnte es venial por la materia o imperfecciôn dei acto. C. Hijas de la ira. a) Interiores: indignaciôn, obcecaciôn de la mente, b) Exteriores: pecados de lengua; rinas, guerras. D. Pecado antisocial: sépara, destruye las relaciones sociales. E. Consecuencias perniciosas en los padres y educadores^—Cf, VI, 151. • · e , ’'Λ • ’•I··· 972 ■· INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS 216 Perdôn de las injurias (g.14). Carae teris tico dei cristianismo. Desconocido por el paganismo, El mandamiento ntievo (Mt. 5). a) Promulgado por Cristo en el Sermon de la Montana como la di ferentia mâs radical entre Evangelio y ley mosaica. b) Su sentido recto es una disposition de espiritu benevolente hacia el ofensor, a quien hay que perdonar y amar. Cualidades del precepto: a) No es consejo que puede ser aceptado o rechazado. b) Es precepto que urge bajo pena de condonation. c) Universal: basado en la caridad que recibe y ama a todos. El ejemplo de Cristo y los santos: doctrina practica.—Cf. II, 379 (630).—III, 1138 (2045).—IV. 1049 (1782).—V, 668 (1258).VI, 164.-VIII, 579 , 581, 582 , 584. desgracia de quien no perdona (g.15). El que no perdona vive en tinieblas (1 lo. 2,10). a) Tinieblas de la razôn, que exige el perdôn. b) Apartado de la luz de la fe y el Evangelio, que nos piden imitar el perdôn de Dios y el ejemplo de Cristo. Quien no perdona es homicida (1 lo. 3,15). a) Mata al hermano en su corazôn mediante cl odio. b) Mata en si mismo el amor de Dios y su vida de gracia. El que no perdona rechaza la misericordia de Dios: “Si no perdonôis..., tampoco vueslro Padre os perdonarâ...” (Mt. 6,14). Se condena a si mismo: “Perdônanos..., como perdonamos" (Padrenuestro). Muestra su debilidad humana y espiritual. a) Es vencido por la ofensa; pierdc la paz buscando venganza. b) Vencido por el ofensor, que con el perdôn queda desarmado. c) Vencido por el demonio y por los hombres, testigos de su cobardia.—Cf. citas en el guiôn anterior. 218 Antes de ofrecer la ofrenda (g.17). El principal de los mandamientos: a) En el doble amor se encierra toda la ley (Mt. 22,37). b) Caracteristica del Evangelio es el precepto de caridad. B. Sacrificio (misa, actos de culto...) sin caridad. a) Frente al ritualismo judio, Cristo proclama la superioridad de la caridad y del perdôn sobre el sacrificio. b) No es grata la ofrenda a Dios si hay odio en el corazôn. c) Podrâ diferirse la reconciliation externa hasta ocasiôn mâs propitia, pero nunca el perdôn sincero interior. Oraciôn sin caridad. a) Muchas prâcticas piadosas, orationes, etc., son inûtiles. Dios no las acepta, ni las agradece. Les falta la caridad. b) Insistamos en esta condition de la oraciôn: sintonia entre lo que oramos, lo que pensamos y lo que hacemos. DOM. 6.° DE PENTECOSTÉS 973 DOMINGO SEXTO DE PENTECOSTES Misa, comuniôn y vida cristiana (g.l). A. 219 Eucaristia y vida cristiana. a) Alimento: hoy con su cuerpo, como en el Evangelio con los panes, alimenta Cristo a la humanidad entera. b) Complemento del bautismo: da fuerzas para los combates que exige el bautismo; renueva la transformation en Cristo que en él se opéré; pcrfecciona la vida espiritual. La comuniôn y la misa. a) Comulgar es participar en el sacrificio de Cristo. b) Su mejor preparation es presentarse en union con CristoVictima, en estado de oblation por Dios y el prôjimo. c) Sin esta disposition se comulga con fruto, pero no el mayor. Comulgar en la misa. a) Era la unica forma de hacerlo en los primeros tiempos. b) Sin ccnsurar la comuniôn fuera de la misa, es conveniente volvcr a la prâctica primitiva, mâs litûrgica. c) Si no hay razôn suficiente debe comulgarse en la misa. d) El participar en la misa es la mejor preparation. El espiritu de compunciôn (g.4). Naturaleza. a) Por el bautismo morimos para siempre al pecado, a ejem­ plo de Cristo (Rom. 6,3 ss). b) Esta muerte se hace realidad por la compunciôn, disposiciôn que implica la rcnuncia habituai al pecado. c) Debe abarcar cuanto se opone a la union con Dios: pecado mortal, venial e imperfecciones voluntarias. Su eficacia y frutos. a) Hace que vivamos y crezcamos habitualmentc en gracia. b) Hace al alma diligente, fervorosa, confiada. La consuela. Medios para adquirirlo. a) La oraciôn: las lagrimas por cl pecado son don divino. b) Meditation de la Pasiôn de Cristo por nuestros pecados.— Cf. I, 571.—IV, 350 (610).—VIII, 589. “Vivos para Dios en Cristo Jesus” (g.7). A. Nuestra vida en Cristo. a) Participamos de su vida como el sarmiento de la vid. b) Tcncmos su misma vida al ser micmbros de su Cuerpo mistico. Dicha participaciôn la recibimos en el bautismo por la gracia. vida de Cristo en nosotros. a) Cristo nos engendra, dcsarrolla, alimenta, ilumina... b) Cristo actùa en nosotros: sufre, ora, lucha con nosotros. .· ·.; 974 DOM. 7.° DE PENTECOSTES INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS Eucaristia, pan de vida (g.13). C. Union mistica con Cristo. a) Esta identificaciôn de Cristo y el aima en gracia no es una pura union moral o juridica. b) Es union sobrenatural, mistica: somos realmente "otro Cristo”. Cabeza y miembros formando un solo cuerpo. D. Nuestra santificacion en Cristo. a) La santidad no es mâs que el desarrollo de esta vida de Cristo en nosotros, desarrollo que opera el mismo Cristo. b) Nuestros esfuerzos al imitar en todos sus aspectos la vida de Cristo, remueven los obstâculos para su acciôn.—Cf. II, 381 (633).—III, 317 (559), 339 (590).—VI, 322.—VIII. 139, 143, 966, 1113. Movido de compasiôn” (g.ll), Grandeza de la misericordia divina. a) Teolôgicamente, todos los atributos de Dios son iguales, b) En sus relaciones con el hombre en esta vida se manifiesta mâs la misericordia y excede a los demâs atributos. Misericordia y justicia. a) Precede a la justicia: Dios no castiga sino después de ofrecer muchas oportunidades de conversion (Mt. 13,1 ss). b) La acompana: aun al castigar es misericordioso. c) La sigue: castiga para bien del pecador (Ez. 18,23). Misericordia y omnipotentia. a) Dios no utiliza su poder para dominar despôticamente. b) Mâs aûn: es misericordioso por ser omnipotente (Sap. 11,24). c) Manifiesta su poder creando, restaurando y perdonando. Manifestationes de la misericordia divina. a) El Antiguo Testamento, historia de la pugna entre el hom­ bre empenado en ofender a Dios y Él en perdonarlo. b) En el Nuevo, la misericordia se resume en “Jesucristo”. 223 Cristo, salud del pecador (g.12). hambre de la muchedumbre en el Evangelio. hambre del pecador, El hijo prodigo, hambriento e impotente, imagen perfecta. En cl orden sobrenatural ha perdido todos sus bienes. En el natural, sufre quebranto, incluso econômico. Vive “en soledad” e inquietud interior. Ejemplo de San Agustin. Jésus, ûnico capaz de saciarlo. a) Sacia a la muchedumbre mediante un milagro. b) Sacia al pecador ofreciéndole el alimento de su palabra, su ley, su gracia, su mismo cuerpo. La respuesta del hombre: “Tû solo tienes palabras de vida" (Ιο. 6,68).—Cf.. I, 887, 891, 895—III, 680 (1190).—IV, 331 (577).—V, 869 (1654). El El a) b) c) d) 975 c. La Eucaristia y el sacrificio, a) La participaciôn en el sacrificio por la manducaciôn de la victima, elemento de todos los cultos como modo de union con Dios. b) Para los cristianos esta union es real; transmite vida di­ vina por una especialisima comunicaciôn de la gracia. Eucaristia, alimento. a) Sustenta la vida sobrenatural en su desgaste normal. b) Restaura las debilidades producidas por la lucha continua. c) Desarrolla la vida que naciô en el bautismo. d) Alegra y engendra gozo derivado de la union con Dios. Dispositiones necesarias: lo mismo que el alimento corporal, la Eucaristia exige unas condiciones para ser asimilada.—Cf. III, 533 (1937); 698 (1223).—VI, 322; 336.—IX, 658; 668. 3. DOMINGO SEPTIMO DE PENTECOSTES Castigo y premio (g.4). A. Don y soldada (Rom. 6,23). Para San Pablo: a) El infierno se debe al pecado en justicia absoluta. b) El cielo es un don otorgado por Dios al justo. B. El infierno, soldada del pecado. a) Siendo ofensa infinita, merece castigo infinito: eternidad. b) Esto aun antes de la elevaciôn al orden sobrenatural. Siempre el castigo eterno fué fruto natural del pecado. c. gloria, don de Dios. a) Jamâs el hombre, con sus solas fuerzas, podia merecerla, por ser de orden distinto ; es la felicidad propia de Dios. b) Tal felicidad es adecuada a Dios, pero nunca al hombre. c) Si el hombre la posee, es por concesiôn gratuita de Dios. La gloria y el mérito del hombre. a) Dios no la, da a quien quiere, sino a quien la merece. b) Para que el hombre la pueda merecer, Dios eleva gratuitamente sus fuerzas, da a sus obras valor infinito por los méritos de Cristo. c) Asi la gloria, sin dejar de ser don, es premio al esfuerzo.— Cf. II, 912 (1556).—VIII, 181. CrisÜanismo y santidad (g.6). A. “Tenéis por fruto la santificacion". a) Solo el que hace la voluntad de Dios se salva (Evangelio). b) En su cumplimiento perfecto consiste la santidad. c) Es un programa para todo cristiano (Eph. 1,4). B. Nuestra vocation a la santidad. a) Es inherente a la condiciôn de bautizado. No un conscjo. b) El bautismo nos da la gracia, pero hay que desarrollarla. c) Lo mismo que el recién nacido posee en germen las facultades y perfecciones humanas, pero tiene que desarrollarlas. •% \ 976 INDICE GENERAL DE GEIGNES SELECTOS C. Grados en la santidad. Ausencia de pecado mortal es el grado minimo. b) Pero el ideal— obligatorio—es la perfection del amor. c) El criterio para medir el grado de dicha perfection es el desprendimiento, afectivo y efectivo, de lo terreno por Dios. D. El cristiano, ejemplo dei mundo por su santidad.—Cf. VII, 446.—IX, 930. •|g' 227 “Los que dicen: Senor, Senor” (g.12). Cristo condena a los que tienen palabras sin obras. Quienes son: B. Los herejes, especialmente los protestantes, que afirtnan la suficiencia de la je sin obras. Cristo nos salva si lucJiamos. C. Los malos cristianos. a) Quienes confiesan a Dios con los labios y lo niegan con sus obras. b) Son como la higuera maldita: con hojas y sin fruto. Los que se contentan con buenos deseus. a) Estân dispuestos a obedeccr a Dios, a convertirse. b) Pero lo difieren. Quiercn poner plazos a la gracia. E. Los que se contentan con obras externas. a) Obras buenas, sin duda, pero con olvido del interior. b) Son reos del fariseismo y de la condenaciôn de Cristo.— CL VI, 148, 1042,—VII, 471.—IX, 936. verdadera piedad (g.13). uPor sus frutos los conoceréis" (Mt. 7,16) : Criteria para distinguir en los demâs y en nosotros mismos la autenticidad de la piedad. Piedad y voluntad de Dios. a) Cumplir la voluntad de Dios, sello auténtico de piedad. b) Esta voluntad se manifiesta en los mandamientos, fuente de obligation para todos, sean de Dios o de la Iglesia. c) En los consejos de perfection que no son para todos. d) En los deberes de estado que precisan y concretan los mandamientos. Conocer, amar y ejecutar fiebnente el deber. a) El deber es la manifestaciôn de la voluntad de Dios. b) Hay que conocerlo no sôlo en la letra, sino en su espiritu. c) Hay que amarlo y accptarlo, por duro que sea. d) Hay que ejecutarlo con exactitud y generosidad. El espiritu de piedad: ver en todo la voluntad de Dios, adherirse a ella y ejecutarla como homenaje de devociôn. Piedad falsa (g.15). piedad moderna. a) Flotation de actos de piedad y devotiones. b) Adejamiento simultanée de Dios y pérdida de caridad. DOM. 8.° DE PENTECOSTES 977 B. Defectos de la piedad moderna: a) Falta de arrepentimiento y excesiva mundanidad. Contemporizar con Dios y el pecado. Unir cristianismo y placeres del mundo. b) Superficialidad que impide la action interior de la gracia. Sentimentalismo : piedad por temporadas. Buscando mâs la propia satisfaction que la voluntad de Dios. C. Frutos de la verdadera piedad: a) Crecimiento en gracia y virtudes; elimination de vicios. b) Cumplimiento fiel del deber en todas partes.—Cf. VI, 520. Cristo, modelo de obediencia al Padre (g.19). 230 Cumplc la voluntad del Padre. Lo afirma: a) Vino a hacer la voluntad de su Padre (lo. 6,38). b) No hace mâs que io que ve hacer al Padre (lo. 5,19). c) Transmite la doctrina recibida del Padre (Ιο. 12,49). La cumple con sus obras. a) Toda su vida es un ejecutar los planes de Dios. b) Hasta su muerte es un acto de obediencia (lo. 10.18). c) Asi puede pronunciar el “Consummatum est" como colofôn de su tarea, siguiendo la voluntad del Padre. El hombre y el cumplimiento de la voluntad de Dios. a) Nunca puede aspirar a una realization tan perfecta. b) Los santos son quienes mâs se acercaron al modelo. c) Sôlo Maria Santisima supo copiarlo ficlmente. D. Este cumplimiento, base de la perfection.—Cf. II, 1219 (2116).— III, 1078 (1951). ! 4. DOMINGO OCTAVO DE PENTECOSTES Paternidad de Dios (g.2). 231 A. Dios, nuestro Padre. a) Porque nos crcô a su imagen y nos cuida. b) Porque nos adoptô y nos hizo herederos (Epistola). c) Consiguientemente, nos ama de modo infinito y eterno. d) Y nos colma de bénéficies de orden natural y sobrenatural. B. Actitud del cristiano ante Dios Padre. a) Honor y alabanza. Sacrificio de adoration. b) Imitation de su amor y misericordia. c) Obediencia reconociendo su dominio e imitando a Cristo. d) Sumisiôn a sus pruebas y castigos. Formula perfecta: "Alabar, hacer reverentia y servir a Dios". D. Y todo por amor de hijos traducido en obras.—Cf. VII, 806. El temor filial (g.5). A. Oposiciôn entre la filiation y el temor servii (Epistola). B. El temor filial a Dios. a) Es temor a la culpa, no al castigo; temor a ofender. 232 978 Indicé general de guignes selectos b) Va unido al amor dei cual procede y con el cual crece. Solo quien ama terne poder ofender al amado. Necesidad del temor filial. a) Para no cacr en pecado mortal. Aun para los perfectos. b) Para no perder la perfecciôn alcanzada: nunca estamos seguros de perseverar; el temor nos hace vigilantes. c) Para no admitir la falsa paz, cngafio del demonio. Perfecciôn del temor filial: el don de temor. El espiritu de hijos: el amor y confiansa sin limites unido COH el temor que debemos cultivar v pedir.—Cf. I, 725.—V, 494 (923).—VI, 698; 701. pobreza (g.9). pobresa temida. a) El administrador de la parabola no terne la ira del senor ni se arrepiente de la injustitia; sôlo terne la pobreza. b) También nosotros la tememos. Y es natural, porque supone la carentia de cosas necesarias para la vida. Sentido cristiano de la pobresa. a) No nos referimos a la miseria, que imposibilita la virtud. b) Sino a la falta de comodidades y a la estrechez econômica, apenas suficiente tras penoso trabajo. c) No afirmamos que sea una situation justa ni que el pobre deba contentarse y aceptarla como definitiva. d) Si resaltar los beneficios que de ella se derivan. Estos son: C. El aprecio de Dios. a) Es claro el testimonio de la Sagrada Escritura b) El ejemplo de Cristo desde que nace hasta que muere. c) El pobre es el représentante de Cristo. Pentajas de la pobreza. a) Vida de mâs paz interior y menos inquietudes. b) Ayuda a la santidad, imposible en los extremos de miseria y abundantia de riquezas. Evita los peligros de pecado, so­ bre todo de soberbia, lujuria y avaritia. c) Confirmation de esto: el voto de pobreza en los religiosos, d) Hace que el hombre se asemeje a Cristo.—Cf. I, 445.— V, 1049 (2026). 234 Administradores de los dones de Dios (g.10 y 11). A. Todos somos administradores de Dios. Hemos de rendir cuenta. Bienes espirituales: a) De orden sobrenatural : la gracia y las virtudes. Es un ca­ pital rccibido y que disipamcs por el pecado y la indolen­ tia en desarrollarlo mediante la vida espiritual. b) De orden natural: entendimiento y voluntad. Deben fructificar para la verdad y el bien. Modos de dilapidar estos bienes. La recta administration y la fama. Bienes del cuerpo. a) La vida y la salud, que deben ser conservadas y ordenadas al fin ùltimo. Casos de mal uso. DOM. 8.” DE PENTECOSTES 979 b) Los sentidos, al servicio de la vida racional y que se ad­ ministrai! mal cuando sirven a las pasiones. c) La belleza fisica, reflejo de la de Dios. Debe ser administrada para el bien y no para el pecado. Ejemplos. Necesidad de la prudencia (g.14). A. Para la santificacion personal. a) Para evitar el pecado : la .prudencia nos descubre sus causas, ensena los medios de evitar las ocasiones; la estrategia a seguir en las tentaciones para vencerlas y merecer. b) Para la practica de las virtudes: “auriga virtutum”; de­ termina su justo medio; sciiala el tiempo oportuno y las circunstancias apropiadas para su ejercicio; ensefia el modo de conciliar virtudes aparentemente contradictorias. B. Para el apostolado, a) Azirtud propia de gobernantes, de gulas de hombres. b) Ensena los medios de apostolado y el modo de aplicarlos. c) Prâcticamente : imprescindible al predicar; en el confesoriario; en la administration de los bienes temporales, etc. d) Lo mismo se diga dei apôstol seglar.—Cf. IV, 551 (141), 1189 (2020).—VI, 720, 725, 728, 745, 748, 1214. “Mammona iniquitatis” g.17). A. "Riquezas de iniquidad”. a) No se refiere a las injustas, .producto del robo. Esas nunca pueden ser utilizadas para ganar el cielo. b) Quizâ podrâ afirmarse que casi todas las riquezas poseidas en gran abundancia merecen ser calificadas de inicuas. B. Causas de iniquidad: a) Riquezas heredadas de turbio origen. i Como se amasaron? b) Adquiridas por medios ilicitos, si no contra la justicia conmutativa, si contra la social. Ejemplos de la vida econômica. c) Adquiridas mediante Jos “grupos de poder” contra el bien comûn. d) Por injusto reparto de bénéficies que no da al trabajo lo que le debe o exige precios injustos. e) Por la evasion fiscal contra la justicia social., f) Por el uso ilicito de los bienes: lujo, gastos superfluos “Haceos amigos con las riquezas”. a) Mediante la limosna, que es por otra .parte deber grave. b) Dando “prompte, abundanter, hilariter” (Santo Tornas). c) Procurando la pobreza de espiritu: es dificil que se salve el rico. Situar los fondes en el cielo entregândolos a los pobres, banqueros de Cristo.—Cf. I, 284.—II, 1061 (1845). VI, 705.—VII, 117, 120, 128, 487. 980 ÎNDICE GENERAL DE GUIGNES SELECTOS 5. DOMINGO N OVEN O DE PENTECOSTES 237 L® detraccion: “No murmuréis” (g.2). A. B. C) D. E. 238 La castidad en los jôvenes (g.5). A. B. C. D. E. 239 Naturaleza y modos. a) Consiste en privar de la fama al prôjimo descubriendo algùn hecho oculto. Si el hecho es falso se da la calumnia b) Directamente se comete refiriendo el pecado que difama. c) Indirectamente, insinuândolo maliciosamente. Moralidad. a) Pecado mortal “ex genere suo”, pues lesiona la j usticia conmutativa (todos tienen derecho estricto a la fama) ; la justicia legal (daûa al bien pùblico) ; la caridad. b) Para apreciar la gravedad en casos concretos hay que atender al defecto que se descubre; la dignidad del difamado; quien difama y ante quien. Responsabilidad de los que coopérait. a) Quien induce a ella peca como los detractores. . b) Quien se alegra peca contra la caridad y la justicia . c) Quien no la impide, pudiendo, peca de igual modo. d) Obligaciôn de impedirla: requisitos para su gravedad. Obligaciôn de reparar la fama. Casos en que pueden descubrirse defectos del prôjimo: por mo­ tivas de religion, justicia o caridad. Cautelas necesarias.—Cf. II, 636 (1066).—VI, 116, 121, 125 , 881. Cast idad juvenil. a) Virtud que inclina a abstenerse del placer carnal. b) Placer totalmente prohibido fuera dei matrimonio. Gravedad y consecuencias de la impureza. a) No son los pecados mâs graves en si. Mayor culpa revisten los pecados espirituales contra la fe, esperanza y caridad. b) Pero son muy graves por sus consecuencias: ceguedad de la mente e inconstancia en la voluntad ; hâbito insaciable que engendran; tristeza y amargura; influjo en la herencia. Dificultad de la castidad juvenil: derivada del desarrollo fisiolôgico y psiquico, la concupiscenda, las ocasiones exteriores. Bienes de la castidad. a) Fomenta la fortaleza por el esfuerzo que exige. b) Base de alegrîa y felicidad présente y futura. Medios para conservarla: oraciôn y lucha.—Cf. II, 271 (423). El llanto de Cristo (g.8). A. Dios llorando. a) Cristo era hombre perfecto con pasiones, pero ordenadas. Unas veces se llena de ira; otras, llora ante la desgracia. b) La santidad es compatible con las pasiones dirigidas a un, fin bueno y moderadas por la razôn. DOM. 9.* DK PENTECOSTES 981 β, Motivas del lianto de Cristo: a) Llora ante el dolor de los amigos: Lâzaro. b) Llora por los males de la patria: ante la destrucciôn de Jerusalén y el castigo de Israel, pueblo escogido. La reli­ gion no destruye el patriotism©, lo eleva. c) Llora por los pecados y su castigo. Es el motivo mâs fuerte: la malicia, ingratitud, desprecio de sus gracias. C. Nuestro llanto. a) Licito y natural por las desgracias nuestras y del prôjimo. b) Pero la tristeza debe ser mayor al considerar nuestros pecados, la mayor de todas las desgracias.—Cf. VI, 892. 240 Jerusalén y el pecador (g.10), A. El pecado dei' cristiano y el de Jerusalén. a) Pecado de perfidia: los judios, escogidos por Dios, se rebelaron contra É1 : el cristiano “linaje escogido” (1 Petr. 2.9), y ademâs redimido, vuelve a rebelarse. b) Pecado de ingratitud: favores de Dios al pueblo judio y favores a los cristianos. Correspondencia : el pecado. c) Pecado de crueldad : los judios, hasta darie muerte de cruz. Nosotros despreciamos esa misma muerte. B. El castigo de Israel y el dei pecador. a) Ceguera: viendo a Cristo no le recibieron. El pecador lo ve, lo oye y no se da cuenta de su estado ni dei castigo. b) Endurecimiento : el peor castigo dei pecado de unos y otros. c) Impenitencia final: ruina de Jerusalén; dispersion del pue­ blo. Muerte del alma; condenaciôn eterna. 241 La Iglesia se desarrolla (g.14). A. Vision dogmdtica de la Iglesia, frente a la vision apologética. Olvidada, pero necesaria (cf. guiôn 12). B. Iglesia de todos los tiempos. a) Cristo la funda en sustituciôn y perfecciôn de la Sinagoga. b) Esencialmente no puede cambiar, pero se desarrolla. Iglesia en desarrollo. a) No existe un desarrollo dogmatico objetivo. La revelaciôn quedô completa con los apôstoles. b) Pero es como una semilla que crece y produce los frutos que ya potencialmente llevaba dentro. D. Cambios operados: a) En la doctrina: hoy mejor explicada y entendida. b) En el gobierno: mucho mâs perfecto y técnico. c) Nuevos elementos perfcctivos en la liturgia. Factores que influyen a) El ideal debe irse realizando poco a poco b) La Iglesia debe acomodarse a los tiempos. 7 * ,Λ»·...· . - » 982 ÎNDICE GENERAL DE GUIGNES SELECTOS paz social (g.17 y 18) (Pio JII. Mensaje de Navidad 1^42). La pas “tranquillitas ordinis”, a) Este orden “es la realization... de una unidad interior". Pero “la humanidad se debate angustiosa en el desorden”. b) Tampoco goza de tranquilidad : carece, pues, de paz. Postulados para volverla a cncontrar: Respeto a la dignidad y derechos de la persona humana. Base del problema social moderno. Conculcados por las tendencias totalitarias présentés. b) Defensa de la unidad social y de la familia: pide organi­ zation unitaria interna de la sociedad y un programa de restauration econômica, social, cultural, politica y religiosa de la familia, célula bâsica. c) Respeto a la dignidad y prerrogativas del trabajo. Concesiôn al obrero de los bénéficies de la sociedad. Un orden social que évité la actual lucha de clases. d) Reintegration del orden juridico, hoy dominado por el po­ sitivisme y el utilitarismo. Recristianizaciôn. c) Organization del Estado segûn el espiritu cristiano: al ser­ vitio de la sociedad y respetando a la persona.—Cf. V, 173 (326); 176 (331).—VI, 931. 6. DOMINGO DECIMO DE PENTECOSTES 243 Unidad fisica del Cuerpo mistico (g.2). Concepto: a) No se trata de una unidad juridica, ni final, ni moral con Cristo (cf. guiôn 1). b) Sino de unidad ontolôgica, de un vinculo real y fisico que unifica a los miembros del Cuerpo mistico. c) Vinculo de efectos semejantes a los dei alma humana. gracia como elemento wiificador. Nos hace a todos participar de la misma vida. b) Su oficio es constituirnos en miembros distintos de un cuerpo. Su unidad no basta: cada uno tiene su gracia propia. Cristo-Cabesa, como vinculo. a) Él hace derivar la vida a cada uno de los miembros. b) Pero actua “desde fuera”, como la cabeza humana. El Espirit.u Santo, alma del Cuerpo mistico. a) El mismo efecto que Cristo lo produce el Espiritu Santo “desde dentro” por la inhabitation en el alma dei justo. b) Y este es el vinculo realmente unificador: sin dejar de ser distintos los miembros poseen fisicamente a la misma dh vinidad.—Cf. I, 419,—II, 118 (180).—IV, 176 (316).—V, 145 (280).—VI, 176, 1036.—VU, 990.—VIII, 584, 990. * DOM. 10 DE PENTECOSTES El orgullo (g.7). 244 A. Manifcstaciones: a) Vana complacencia en si mismo, centro de la creaciôn. b) Jactancia y superioridad en el juicio. c) Terqucdad y aferramiento a la opinion propia. d) Biîsqueda de la alabanza y deseo de dominio. B. Efectos del orgullo, Vicias que engendra. a) Hipocrcsia y fariseismo, fingimiento de lo que no tiene. b) Dcsobediencia, critica, suspicacia frente a la autoridad. c) Envidia y fomento de discordias. d) Desprecio e ingratitud con el prôjimo. Culpabilidad: contra Dios; contra el prôjimo. D. Danos que sufre el orgulloso: a) Incalculables en su aima y vida espiritual. b) Aun humanamente vive intranquilo, es menospreciado por sus iguales y odiado por los inferiores. Remedios —Cf. II, 1049 (1813).—III, 912 (1617).—VI, 1045, 1070, 1074, 1097.—VII, 622, 626, 686, 865. •T Necesidad de la humildad (g.8). Condition indispensable para seguir a Cristo. a) Asi lo dijo Él: “Aprended de mi...” (Mt. 11,29). b) Asi lo practicô: toda su vida desde la encarnaciôn a la muerte es un acto de humildad obediente al Padre. Es el camino de todos los santos: Maria, Juan Bautista... d) El Evangelio nos muestra como Cristo se complace en el humilde: el publicano, el centurion, la Magdalena... B. Necesaria en toda la vida espiritual. n) Camino que lleva a la verdad, al propio conocimiento. b) Origen de muchas virtudes, fundamento de todas. d Necesaria para cualquier acto meritorio y para conseguir el cielo: “Haceos como ninos”, “Sin Mi nada podéis...”. d) Necesaria en las mâs altas cumbres de la santidad.—Cf. I, 429, 431.—V, 1062 (2057).—VI, 1048, 1054, 1058, 1064, 1066, 1070, 1089, 1091, 1094.—VII, 858.—VIII, 364.—IX, 407. A, Humildad y personalidad (g.10). Personalidad. 246 a) Consiste en el desarrollo de las cualidades de la persona. b) En la bùsqueda de la perfecciôn ideal del hombre, que to­ dos tienen en potencia, pero hay que desarroilar. c) Este realizar la propia perfecciôn es ley humana y moral. B. Cristianismo y personalidad. ' a) El cristianismo no la destruye, antes la fomenta y la facilita elevando al hombre y fortaleciéndole interiormente. b) El cristiano, mâs aun, debe desarroilar su pcrsonalidad, conservando y pcrfeccionando sus cualidades humanas. Hasta el punto de ser ejemplo de los demâs. A. sS'·.·:·· 984 Indice general de guignes selectos C. Pcrsonalidad y humildad. Quienes oponen estos términos falsean la humildad. b) Humildad no es autonihilismo, ni servilismo, ni el humilde es un carâcter negativo que lo soporta todo. El humilde posee el mejor fundamento de la personalidad: reconoce los dones recibidos de Dios; reconoce su propia vocacîôn; es magnânimo. d) Los santos umeron perfectamente humildad y personalidad. 247 Presunciôn, pusilanimidad y desesperaciôn (g.13). A. Presunciôn. a) Es la inmoderada esperanza: por confiar demasiado en las propias fuerzas o presumir de la misericordia de Dios. b) La causa de una es la vanagloria; la de la otra, la soberbia. B. Presunciôn y maffnanimidad. a) El magnânimo aspira a un fin mâs alto que el presuntuoso, pero no superior a sus fuerzas. b) La presunciôn surge con la desproporciôn entre el fin a que se aspira y los medios de que se dispone. C. Pusilanimidad. a) Es el reverso de la presunciôn: por temor se rehusa conseguir un fin proporcionado a las facultades. b) Puede ser un pecado muy grave: Cristo condena al siervo que enterrô el talento y no lo hizo fructificar. c) Muchas veces tiene su origen en la soberbia. Desesperaciôn. a) Es pérdida de la esperanza de alcanzar la vida eterna. b) Procede del apego a los placeres terrenos o de la cxcesiva tristeza pesimista que abate las fuerzas. Consecuencias de esta doctrina, a) Es bâsica para la formaciôn del carâcter; del hombre de acciôn, que no debe ser cobarde ni temerario. b) De actualidad, porque presunciôn y descsperaciôn son en­ fermedades de la juventud modema: hay que hacer de la esperanza una fuente de optimismo y acciôn. c) La mejor lecciôn de pedagogia para la juventud: humildad, confianza en Dios, esoiritu magnânimo.—Cf. I, 416, 433.— VII, 855. 248 oraciôn del fariseo (g.14). Peca al exponer sus buenas obras. a) Lo hace con mal fin: el de justificarse vanamente. b) Se atribuye el valor de sus obras y las exagéra. c) Cubre su jactancia bajo capa de religion. B. Peca porque no se arrepiente. a) Nada reprensible cncuentra en su vida; todo son virtudes. b) Sin embargo, solo el que se acusa recibirâ el perdôn. Peca comparôndose con el publicano. a) Lo juzga temerariamente y lo acusa, junto con los demâs hombres, de toda clase de crimenes. « DOM. 11 DE PENTECOSTÉS 985 b) Imita al demonio, convirtiéndose en acusador del prôjimo. c) No so parcce al justo que ora por los pccadores, se humi­ lia y pide perdôn para sus propias ofensas. El fariseo y el publicano (g.19). 249 "Se quedô alla lejos": micntras el fariseo se coloca a la vista de todos, él se siente indigno de acercarse al altar. B. “No se alrevia a levantar los ojos": avergonzado de su propia miseria; sin atreverse a mirar a Dios ni a los hombres. “Sé propicio a mi, pecador" : el fariseo ora lleno de jactanda; el publicano, de humildad. D. “Heria su pecho" : micntras el fariseo se compara con los de­ mâs, despreciùndolos y condenândolos, el publicano a nadie acusa, se reconoce ûnico culpable. “Soy pecador" : el fariseo no encuentra en su vida mas que buenas obras. El publicano no expone sus aedones laudables, sôlo sus pecados, y merece el perdôn. 7. DOMINGO UNDECIMO DE PENTECOSTES Lecciones del milagro (g.4). 250 A. Conducta de Jesûs: a) Hace todo el bien que puede a toda clase de personas. b) Nos cnsena a acudir a Dios y vivir en su presencia. c) A buscar siempre la gloria de Dios, obligaciôn de todo hombre. Hacerlo todo por Ê1 (Col. 3,17). B. Conducta del pueblo: a) Deseo de socorrer al prôjimo, manifestaciôn del amor. b) Oraciôn por él. Es obligatorio orar por los demâs. Dar gracias a Dios. Es una derivaciôn de la obligaciôn de glorificarle y de la gratitud natural por sus favores. Sordos espirituales (g.5). Λ. Sordera del aima: a) La vida espiritual se cifra en oir a Dios y obedeccrle. b) Muchos no quieren oirle y, en consecuencia, le olvidan y no ajustan la vida a su voluntad. B. Modos divinos de hablarnos: a) Por medio de la naturalcza, reflejo de sus perfecciones. El sordo espiritual no ve en ella mâs que un medio de placer. b) Por su providencia, que dirige los acontecimicntos. El sor­ do no oye la voz divina en los castigos y tribulaciones. c) Por medio de la Iglesia y sus instituciones y ejcmplos. El sordo no atiende a su doctrina ni la aplica a su vida. d) Por medio de las inspiracioncs y mociones de la gracia. Causas de la sordera: a) La falta de oraciôn. El que es mudo también estâ sordo. b) La demasiada atenciôn a las ensenanzas dei mundo, al lenguaje agradable de los sentidos. 251 XL’ .···■.’ '.Z, 986 Indicé general de guiones selectos D. Remédias: separation del mundo; pcdir y dejar obrar a la gra~ cia; contemplaadn de la verdad v la vanidad.-~Cf. Cf. II, Π, 106ς 1065 (1854). 252 Modos para dar testimonio de Dios (g.7). obligation de glorificar a Dios. a) Como criaturas y como cristianos. b) Porque Dios tiene derecho a ser conocido y honrado. Falsa prudencia: por no exacerber al mundo, por temor a sus burlas, no da testimonio de Dios. a) Deshonra a Dios, cuyos intercses y derechos pospone. b) Es una traidôn condenable aun por el mundo. c) Escandaliza a quiencs conocen lo que es un cristiano. d) Coopéra al triunfo del mal que no encuentra oposiciôn. Cobardia vergonzosa y perjudicial: otra causa de mudes. a) Nos priva del honor de defender los intercses de Dios. b) Merece el despredo de los hombres, buenos y malos. c) Supone una reprobable contradicciôn en nuestra vida. d) Nos priva de la gracia y ulterior ayuda de Dios. verdadera prudencia. Sepamos unir celo y discretion. hombre interior (g.ll). Cristo, al separar al mud o de la turba para curarle, simbôlicamente nos recomienda la soledad y recogimiento. Un doblc retira: a) Interior: apartar el espiritu de los negocios temporales. b) Exterior, del cuerpo: apartarse fisicamente del mundo. El exterior no vale sino como medio para cl interior. Caracteristicas del recogimiento interior: a) Acallar la mente y la imaginaciôn agitada. b) No dejarse absorber por actividades exteriores. c) Concentrarse en Dios: es el fin perseguido. Necesitamos el recogimiento: a) Para llegar a Dios y glorificarle como criaturas. b) Para mantener la vigilanda y avanzar espiritualmente. c) Necesario también para quiencs viven en el mundo: sin abandonar sus ocupaciones, no dejarse dominar por ellas. Cômo conseguirlo: utilizûndo el recogimiento exterior: ejercicios espirituales, dias de retira, etc.—Cf. III, 137 (233), 139 (236).—VI, 1202, 1217, 1220, 1223. 1240. 254 Los sacramentos (g.13). Seriales de vida. a) El milagro de hoy lo realiza Cristo mediante unas senales exteriores que significan la virtud divina. b) Lo mismo continua haciendo para dar la gracia : los sacramentos son seriales que la simbolizan y confiercn. c) Dios se sirve de ritos externos para significar lo interior. DOM. 12 DE PENTECOSTES B. Triple efecto de los sacramentos. a) La gracia santificante : la comunican o la aumcntan. b) . La gracia sacramental : afiade el derecho a recibir la ayuda nccesaria para alcanzar el fin dei sacramento. c) El carâcter, propio del bautismo, confirmaciôn y orden. d) Estos frutos se producen "ex opere operato”. C. Frecuencia de sacramentos. a) Por desgracia, muchos los olvidan. jNo los conocen! b) El recibirlos es muestra de agradecimiento a Cristo. c) Y necesario para sostener la vida sobrenatural.—Cf. VIII, 165, 168. Contemplaciôn y vida activa (g.16). A. Doble siffnificado de ïdda interior: a) Natural: quedarse a solas consigo mismo; reflexionar... b) Sobrenatural: prescindir de lo externo para comunicarse con Dios en lo intimo del alma. B. Que es la contemplaciôn. a) No es lo mismo que meditaciôn, o reflexion sobre Dios. Esta prépara y conduce a la contemplaciôn. b) Es una forma de intuiciôn intelectual de la verdad divina seguida de gozo y dulzura en el efecto. Cotnparaciôn entre ambas vidas. a) La contemplativa es de suyo mâs meritoria que la activa. b) Se complementan mutuamente : la contemplaciôn ordena y vivifica a la vidai activa; esta ayuda y dispone al aima para aquélla. c) Para sacar conclusiones prâcticas, ténganse en cuenta los temperamentos mejor dispuestos para uno o la otra. d) La acciôn sirve de comprobaciôn para la calidad de la con­ templaciôn, y esta modera y define la acciôn. e) Los grandes santos han sabido hermanar ambas vidas, logrando vivir en una mistica activa perfecta.—Cf. I, 746.— III, 356 (618).—IV, 363 (629), 547 (936), 1195 (2027).— V, 148 (286).—VI, 1223, 1245. VIL PENTECOSTES (3.°) 1. DOMINGO DUODECIMO DE PENTECOSTES comuniôn de los santos (g.2). A. Introdticciôn: la oraciôn de Moïses aplaca a Dios (ofertorio). B. Poder de intercesiôn de los santos. a) Ellos no pueden pedir para si porque nada les falta. b) Pero piden por nosotros como efecto de su caridad. c) De aqui la necesidad y el consuelo de acudir a ellos. La oraciôn de un os por otros. a) La solidaridad debe impulsâmes a pedir por los demâs. b) Porque el amor nos lleva a desearles los bienes mayores. El ejemplo de San Pablo (Col. 1,9; 4,12, etc.). !”·· 988 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS D. El Cuerpo mistico, base de la eficacia de esta oraciôn. a) Por medio de él la oraciôn de unos beneficia a otros. b) En Cristo se unen las Iglesias triunfante, purgante y mili­ tante, creândose un flujo vital entre sus miembros. c) Los santos presentan sus méritas en favor nuestro. d) Cada acto de amor, cada oraciôn, en la tierra o en el cielo aprovecha a los viadores en gracia. Individualisme» y cristianismo: nada km contrario al cristianis­ mo como encerrarse en el propio yo y prescindir de las necesidades ajenas. 257 F* y obras en torno a la justificaciôn (g.3-4). Doctrina protestante: somos esencialmente malos. Todo lo qiee hagamos es pecado. Pero Cristo nos amal y nos salvara, a pesar de nuestros pecados, que nunca desaparecen, por la confiansa en Él. Todo el que créa en Él puede estar seguro de la prédes­ tina ciôn. Concepto catôlico de justificaciôn: no es solo el perdôn del pe­ cado, sino la santificaciôn y renovaciôn interior del hombre. La concede Dios por los meritos de Cristo, que, aplicados a nuestras obras por la gracia, las hacen sobrenaturales y dignas del premio eterno. Fe y obras al mismo tiempo. a) Hemos de confiar en Cristo, perc colaborando con Êl. b) Esta colaboraciôn es el cumplimiento de los mandamientos, del que nadie esta exento por mucha fe que posea. Para gozar con Cristo hay que compadecer con Él e imitarle en el ccumplimiento de la voluntad del Padre. Es posible realizar las obras. a) El pecado original nos debilito, pero Cristo nos restaura. b) Dios no manda cosas imposibles. Pidamos su ayuda. c) La perseverancia es fâcil: Dios no nos abandona. Confiansa v temor hasta que consigamos la gloria.—Cf. IV, 1017 (1738).—V, 351 (666). parabola y sus personas (g.6). El hombre herido. . a) Un viajero. Somos viajeros en el mundo en ruta al cielo. b) Le robaron los ladrones. También a nosotros pueden robarnos: bienes temporales, bienes espirituales, la fe y bue­ nas costumbres. Vigilemos. No seamos ladrones de nues­ tros hermanos. I» Los que pasan de largo. a) Quiénes mâs obligados estaban a ayudarle. Aplicaciones. b) No le hacen caso, sumidos en sus propios asuntos. Si alguna vez le atienden, es bajo la amenaza de los caidos. d Por qué no le ayudan : orgullo que les hace considerarse otra clase superior; avaricia que no se priva de un capricho para salvar una vida (funciôn social de los bienes) ; les repugna la miseria, la enfermedad... DOM. 12 DE PENTECOSTES 989 C. El samaritano. a) Atiende a un enemigo suyo. Ayudemos, aunque nos odien. b) Pagà los gastos de su curaciôn. Caridad cficaz, personal, generosa. El cristiano reparatlor (g.11). 259 A. Cristo, buen samaritano, cargo con nuestras heridas. B. El cristiano, reparador con Cristo. a) Reproduzca en su vida los sentimientos reparadores de Cristo. b) Asi debe cargar con los pecados de los demâs, por amor. c) Es la postura cristiana frente a la critica y la censura. d) Es considerarlos como propios y satisfacer por ellos. Necesidad de reparar. a) Siempre que haya quien peque y no repare la deuda. b) Lo pide el Cuerpo mistico : como en el fisico unos miembros sufren por otros y se ayudan mutuamente. D. Reparar es participar en la redenciôn. a) Cristo ha querido perpetuaria en sus discipulos. b) Crucificândose con Él se demuestra el amor y se consigne la aplicaciôn de su sangre a los demâs. E. El sacrificio por los pecadores.—Cf. VII, 304.—IX, 763. iCaridad?... Justicia (g.17). A. El caido: "Homo quidam..." “Hispanus quidam". a) El herido no es un hombre cualquiera. Es un compatriota que pide trabajo o necesita tu ayuda. b) Hay una relaciôn mâs estrecha entre él y nosotros: pertenecemos a la misma patria, a la que el desvalido también sirve con su persona, sus hijos y sus bienes. c) Ha servido a la sociedad y esta no le ha pagado. Tiene to­ das las obligaciones, pero nadie le da sus derechos. Hay una clara violaciôn de la justicia social. Deberes de justicia quebranlados. a) Posiblemente de justicia conmutativa, porque no se retribuyô, o solo insuficientemente, su trabajo. b) De justicia legal o social, que exige para todos un minimo de bienestar. El pobre, por ser hombre y ciudadano, tiene derecho a que la sociedad se lo proporcione. c) Y nunca puede tolerarse que convivan, unos en un “lujo afrentoso” (Pio XI), y otros pereciendo de necesidad. Esta flagrante y gravisima injusticia debe ser remediada por la autoridad. Puesto de la caridad. a) Siempre puede llegar mâs lejos que la justicia. b) Impulsa a trabajar por una reorganizaciôn mâs justa de la sociedad; a urgir sus deberes a la autoridad; a colaborar con ella cumplicndo las cargas tributarias. Conclusion: prâctica de la doctrina social pontificia.—Cf. IV, 1014 (1734), 1055 (1790). 260 é ri 0 indice general de guiones selectos 261 El buen samarïtano: aplicaciôn individual (g.18). El caido y jim heridas. a) Cualquiera que se relaciona con nosotros—parentesco, amistad, trabajo—puede estar caido a nuestro lado. b) Sus heridas pueden ser morales y espirituales. Causadas por la enfermedad, la necesidad, la injusticia, la tristeza... Campos de actuacion del buen samarïtano: la familia. Marido y mujer. Con frecuencia alguno de ellos esta herido por la inconsideraciôn, el olvido, el egoismo del otro. b) Los hijos: a veces son ladrones de la alegria de sus pa­ dres: desatenciôn, frio egoismo, desdén, ingratitud... Amos y criados : muchos olvidan que sus criados son per­ sonas con problemas y necesidad de carino y atenciôn. Comunidadcs religiosas o de otro tipo: en todas hace falta el compaiiero que atienda, consuele y levante el espiritu. Conven­ tos, prisiones, hospitales. Compaûeros de juego y de estudios. El ejemplo de Pablo y Maria Santisima: aunque vayamos cargados, procuremos ayudar a los demâs.—Cf. II, 1240 (2153).— III, 1109 (2011).—VII, 120, 128, 159, 162. 2. DOMINGO DECIMOTERCERO DE PENTECOSTES 262 Lîturgia y virtudes teologales (g.l). A. Lîturgia y vida espiritual. a) Liturgia no es un conjunto de rubricas o de movimientos. Ni mucho menos algo opuesto a la piedad y recogimiento. b) Es fuente de vida: sacrificio, sacramentos y oraciôn de la Iglesia. B. Vida espiritual y virtudes teologales. a) El progreso espiritual supone el cultivo de taies virtudes. b) Es desorientado esforzarse por conseguir las virtudes mo­ rales y olvidarse de las teologales. Se complementan mutuamente. c) La mâs excelente de todas es la caridad, esencia de la santidad. C. Las virtudes teologales y la oraciôn liturgica. a) Son infusas. Las da el bautismo y aumentan con la gracia. b) Debemos pedirlas a Dios. Todos las necesitamos. c) La Iglesia nos da ejemplo: con frecuencia la oraciôn litùrgica tiene por objeto pedirlas: la “colecta” de hoy. 263 A. Palor apologetico de las profecias: a) Son el anuncio de un hecho futuro contingente que solo Dios conoce. b) Si se hicieron de Cristo y se cumplicron, prueban su mesianidad. DOM. 13 DE PENTECOSTES 991 B. Cristo profetisado: desenvolvitnicnto graduai de las profecias. a) En una primera etapa, desde Adân a Moisés, Cristo es anunciado como vencedor del pecado (Gen. 3,15), descendiente de Abrahân (Gen. 22,17), profeta como Moisés (Deut. 18,18). b) Posteriormente concrctan: cantan la bendiciôn y liberation que tracrâ Cristo (Is. 35,1-10). Su rcaleza (Ps. 71,8). Su santidad (Is. 11,1-10). Precisando mâs, anuncian su sacer­ dotio (Mal. 1,10), nacimicnto virginal (Is. 7,14) en Belén (Mich. 5,1), etc. Isaias y David le describen como "varôn de dolores", profetizando minuciosamente su pasiôn y su triunfo eterno (Ps. 21 ; Is. 42 y 53). C. En Cristo se cumplen las profecias. a) Él mismo apela a ellas y se las aplica (lo. 5,39; Le. 24,27). b) Los evangelistas van subrayando su cumplimiento. Acciôn de gracias (g.4). 264 A. El evangelio de hoy nos invita a dar gracias a Dios. Cristo se queja de la falta de agradecimiento de los leprosos. B. Por los bénéficias generales. a) Los comunes a todos los hombres: la vida, la familia, el medio social, la civilization, etc., son bienes que Dios nos diô gratuitamente, sin mérito por nuestra parte. b) Los particulares a los cristianos : la fe, los sacramentos, la formation del espiritu. Son un privilegio de Dios. Por los bénéficias individuates. a) Cada uno ha recibido especialcs bénéficies, senates del amor divino: materiales y espirituales. Cada uno los conoce. b) Agradezcamos estas predilecciones. D. La gratitud dispo'ne para bénéficias futuros. a) Aun humanamente el agradecido merece nuevos favores. b) En cambio, la ingratitud les cierra la puerta. c) El agradecer es serial de humildad agradable a Dios.— Cf. VII, 280, 284, 290, 294, 297, 1018. Lecciones de los leprosos (g.6). A. Antes del milagro. a) Reconocimiento de su enfermedad. Primer paso necesario al pecador para su conversion. b) Su oraciôn humilde, ferviente, de petition. Es lo que puede salvar al pecador: pedir con humildad, poniendo todo el interés en salvarse, pidiendo, sin exigir, el perdôn. c) Su fe : crcen y obedecen. Confianza en Cristo y prâctica de sus mandamientos, comenzando ahora mismo. B. Después de la curaciôn. a) Uno volviô a dar gracias. Mayores motivos que él tenemos nosotros para agradecer a Dios que nos ha curado el aima. b) Los restantes se olvidaron. Jesus se quejô. No caigamos en su falta. Apreciemos la gracia recibida. 265 DOM. 14 DE PENTECOSTES 992 266 993 INDICE G ENER.XL DE GVIONES SELECTOS Convenienda de la confesiôn (g.16). A. En cl mandato de Jésus a los leprosos “Id y mostraos a los sacerdotes" ven los Santos Padres la convenienda de la con­ fesiôn. B. Es conveniente porque Dios es cl ofendido. a) Es un acto de culto en cuanto es manifestaciôn de sentimientos de reparaciôn por la ofensa. b) AI ser uno su propio acusador, reconoce su injusticia y la justicia divina a la que pide clemencia. Manifestaciôn de la impotencia humana y de Ia omnipotencia y misericordia divina capaz de perdonar. C. Porque honra a Cristo: a) Nos confesamos culpables de su muerte. b) Le damos gloria haciendo fructificar su redenciôn. c) Demostramos nuestro amor al pedirle perdôn. Conveniente para el mismo penitente. a) Queda seguro de que Dios le ha perdonado. b) Es humillaciôn fecunda que merece gracia. c) Es fuente de alivio psicolôgico v gozo interior.—Cf. IV, 342 (596), 345 (600), 347 (605), 350 (610), 353 (617).—VII, 651, 654, 1161, 1163, 1167. 267 Direcdôn espiritual (g.17). A. Introduction. a) En la vida espiritual, como en el evangelio de hoy, hay que mostrarse al sacerdote para que oriente y dirija. b) La direccion es hoy una moda ascética de la que se pre­ sume, pero que no da frutos como debiera. i Por qué? B. Falsa conception de la piedad. a) Quienes la conciben confinada a la iglesia, sin trascendencia en su vida familiar, profesional y social. b) Quienes la quieren compaginar con el mundo. c) Quienes se mueven solo por el sentimiento, el fervor. d) Para todos éstos, la direccion espiritual es'â de mâs, a no ser que quieran realmente cambiar de conducta. Personas que son capaces de direccion y la necesitan: a) Cofno norma general, todo el que busqué de verdad la san­ tidad: la direccion es un medio ordinario. b) Quienes empiezan el camino de perfecciôn, para no desalentarse, tener luz e ir ordenadamente. Los adelantados, para aumentar y afianzar las virtudes. d) Los perfectos, para descubrir los enganos dei enemigo. Recto concepto de direccion. a) No es esclavitud que aniquile la personalidad. b) Es distinta de la confesiôn. Su materia no son los pecados, sino la oraciôn, inspiraciones, tentaciones, etc.—Cf. IV, 702 (1187).—VII, 320, 325. 3. DOMINGO DEC1M0CUART0 DE PENTECOSTES t ta La castidad (g2). A. Castidad y Injuria,. a) La castidad regula el apetito sensual sometiéndolo a la ra­ zôn para que cumpla el fin puesto por Dios. b) La lujuria es el desorden en este apetito. B. La castidad como virtud y fruto del Espiritu Santo. a) Virtud natural : hâbito que se aparta de lo impuro como exigencia de una ética natural. b) Virtud sobrenatural : mâs excelente, como nacida de la gra­ cia, y fuente de otras muchas virtudes. c) Fruto : y en cuanto tal, producido con tierta facilidad y de­ lectation bajo la acciôn del Espiritu Santo. Doble aspecto: positivo y negativo. a) El negativo es la huida de todo lo que suponga placer prohibido, por ser pecado contra la razôn y Dios. b) El positivo es la bùsqueda de una plenitud de espiritu, limpieza absoluta y amor de Dios. D. Medios para conservarla: oraciôn, vigilantia, pudor.—Cf. II, 271 (423).—Ill, 509 (890).—VI, 888.—VII, 453, 456, 815.—VIII, 349, 352, 355. ί : I L I ί· I virginidad (g.3-4). 269 A. Caracteristicas: a) Integridad corporal y ausencia de pecado impuro. b) La consagraciôn del cuerpo a Dios; nota distintiva, su finalidad y razôn primordial. c) Esta consagraciôn se afirma mediante el voto libre y per­ petuo. d) Exige, ademâs, la renuncia a lo terreno, a Io corporal. e) Necesita fundarse en el amor a Dios, que es su aima. B. Excelencia y frutos: a) Ejemplos de literatura patristica en su alabanza. b) La virginidad es fecunda espiritualmente, superando a la paternidad fisica dei matrimonio. disposition para la contemplation. d) Facilita la entrega al servitio del prôjimo. e) Es corona y hermosura de la Iglesia. C. Medios para conservarla: siendo una perpetua inmolaciôn y un don de Dios, necesita la oraciôn, vigilantia, mortification.—■ Cf. citas en el guiôn anterior sobre la castidad en general. S I 270 Confianza en Ia Providenda (g.5-6). A. Jesucristo habla del excesivo cuidado de las cosas materiales. Nos exhorta a confiar en el Padre: sus argument os : B. P orgue nos ha dado la zdda y el cuerpo: a) También nos darâ los medios para sustentarlos y desarrollarlos. La palabra de C. 10 32 994 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS b) Tanto en el orden natural como en cl sobrenatural. c) Aprendamos a jerarquizar nuestras preocupaciones. Si alimenta a las aves y viste a las flores, jno· cuidarâ al hom­ bre, rey y beneficiario de la creacionf Porque es inûtil un cuidado e.vcesivo. a) Nadie preocupândose puede alargar su vida ο su cstatura. b) Aunque los malos prosperen, todo lo perderân. c) Tal cuidado excesivo es propio de quienes no crecn cn bie­ nes superiores ni en el premio y castigo eternos. d) Si obra asi, el cristiano vive contra su fe y es motivo de escândalo para los paganos. Porque Dios es nuestro Padre: “El que no perdonô a su propio no nos ha de dar con El todas las cosas?” (Rom. Hijo..., jcomo ( if. I. 559.—II, 255 (400), 663 (1118).—VII, 474, 477, 8,32).—Cf 493, 1183. 271 Solicitud de los bienes temporales (g.8). Solicitud laudable. a) Cuando se subordina a los bienes espirituales. b) Cuando estâ ordenada por la razôn y tiene por objeto satisfacer las necesidades que Dios ha puesto en el hombre. Cuando es reposada, confiada en la Providencia. d) No solo es laudable, sino necesaria, la preocupaciôn por sostener la vida individual y familiar. Lo contrario es tentar a Dios y una pereza condenable. B. Inquietud viciosa. a) Cuando se da preferencia a lo material. Se atiende al alma en cuanto no perjudique a los negocios. b) Es mâs grave si dicha preferencia lleva al pecado. c) Cuando se utilizan medios ilicitos para prosperar. d) Cuando el cuidado, aun el licito, estâ Ueno de anhelo y temor, pues supone excesivo apcgo material y falta de fe.— Cf. I, 414.—IX, 850. A. Uso de las riquezas fg.14). Las riquesas son peligrosas. Es dificil que se salve un rico (Le. 18,25). b) Porque proporciona todo lo agradable dei mundo. c) Cuando se buscan no hay obstâculo que detenga: explotaciôn del prôjimo, deshonestidad, infidelidad... d) Una vez conseguidas, son ocasiôn de tentaciones. e) Y todo de modo suave, insinuante, cegando al aima. Las riquezas no son malas en si mismas. a) Son obra de Dios y a veces premio suyo a la virtud. b) Muchos se han santificado en medio de ellas. La Sagrada Escritura condena al avaro y alaba a quien sabe disfrutar honestamente de sus bienes. El equilibria estâ en poncrlas al servicio de Dios. a) Él es nuestro fin; sirvâmcsle teôrica y prâcticamcnte. dom. 15 de pé\Wost£s Las riquezas pueden considerarse como un privilegio: es mâs meritoria la renuncia; es posible emprender grandes obras; el administrador fiel sera premiado. c) Suprimcn la preocupaciôn por la necesidad y liberan para dedicarse al aima y practicar la caridad.—Cf. I, 284.—II, 1061 (18-15).—VI, 705, 733. b) fraternidad universal (g.19). L 273 Palernidad divina y fraternidad. a) Siendo todos hijos de un mismo Padre providente, somos hermanos. Sintamos y vivamos como hermanos. b) Hoy mâs que nunca es necesaria esta doctrina cuando las clases sociales se oponen y las naciones luchan. Reacciôn moderna: la acciôn social y los organismos internacionales buscan la concordia netamentc cristiana. d) Los catôlicos tienen aqui una gran misiôn. B. Doctrina de los Pontifices: Pio XII. a) En un aspecto negativo, la concordia exige supcrar el odio, la desconfianza, el utilitarismo y la fuerza como base del derecho, las diferencias profundas en la economia, el frio egoismo. b) En el aspecto positivo : la caridad entre los hombres que supere a un patriotisme mal entendido. c) Y, como consecuencia, la fraterna colaboraciôn : respeto mutuo, lealtad, benevolencia hacia todos los pueblos considerados como hermanos, comprensiôn y ayuda. d) Teniendo por bandera el bien comûn internacional.— Cf. VII, 507. A. DOMINGO DECIMOQUINTO DE PENTECOSTES vanidad (g.3). 274 Malicia: Rara vez sera mortal. Siempre es peligrosa. B. Obras hechas por vanidad: Principios sobre su moralidad segûn el grado de influjo de la vanidad en ellas. La vanidad como fin, motivo o acompaûante de los actos humanos. Ejemplos. Vicios engendrados por la vanidad: a) Jactancia, individual o colectiva, que busca la alabanza hablando de las obras propias. bj Ostentaciôn, hipocresia, etc. D. Rcmedios: a) Hay que ponerlos si se quiere avanzar en la vida espiri­ tual: la vanidad es sutil y difîcil de corregir. b) Se senalan la paciencia, oraciôn, mortificaciôn interior.— Cf. II, 1049 (1813).—III, 912 (1612).—VII, 922. 275 Consuelo en la muerte (g.18). A. Es crisliano Uorar a los muertos. a) Es légitima expansion natural ante la desgracia. b) El mismo Cristo llorô ante la tumba de Lâzaro. Me.· ■ î 996 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS B. Llanto con esperansa. Motivos. a) Sabemos que es Dios quien envia la muerte. b) La muerte es solo un trânsito al gozo de la patria y no un mal que engendre desesperaciôn. c) Un dia nos reuniremos con los seres queridos, que nos han precedido, en una felicidad sin fin. C. Consuelo por lo que han dejado. a) Dejaron el cuerpo, lo transitorio, la “tienda de campana" (2 Cor. 5,4), para habitar las eternas moradas. b) Dejaron el mundo con sus iniquidades y peligros. c) Los bienes de la tierra, lazos y dificultades para el aima. d) Las miserias todas de la vida. D. Consuelo por su memoria, después de una vida demplar: “Vir­ tute vixit, memoria vivit, gloria vivet".—Cf. VII, 648.—VIII, 276 Resucitar a la vida de la gracia (g. 11). En Nairn un joven vuelze a la vida natural. En la confesion, Cristo nos devuelve la sobrenatural. B. El pecado y su perdôn. a) El alma en pecado esta muerta. Culpa y pena. b) El perdôn nos incorpora a Cristo, morimos al pecado como Él, por la participation de sus méritos. Al mismo tiempo comunica valor satisfactorio a nuestra vida, que queda convertida en sacrificio expiatorio. Aumentà de gracia por la confesion. Con el perdôn, la vida sobrenatural llena nuestra aima. b) Esta vida debe crecer por el ejercicio de las virtudes. c) Y los actos de esfuerzo por conservarla y acrecentarla retiben valor meritorio ademâs del expiatorio. d) De este modo la confesion convierte en fruto de vida eter­ na todas nuestras penalidades. . VII, 654. 277 Resurrection de la juventud: orden natural (g.16). A muchos jôvenes puede decir Jesûs: “Levantate”. Incluso humanamente estân desalcntados, derrotados, caidos. El verdadero hombre: su fuerza radica en el entendimiento, ihiminado por la verdad y dirigiendo a la voluntad, dueiia de la imaginaciôn y de las pasiones. C. Presupuestos para una integridad humana: a) Ideal de vida al servicio de la verdad, del fin ùltimo. b) Educaciôn fisica que mantenga al cuerpo en condiciones de servir a las actividades superiores. Es un deber. C) Educaciôn intelectual : una filosofia sana, de ideas bâsicas que influyan en la vida. Alirnentada por la lectura. d) Actuation profesional: de primera linea, ordenada, renovada. e) En el orden moral; guarda de los principios de la dignidad, el honor bien entendido, la justicia. Pero sin detenerse ahi, hay que practicar la moral cristiana. ·< 9 Λ f DOM. 15 DF. PENTF.COSTÉS 997 27g Resurreccion de la juventud: vida de gracia (g.17). A. "La verdad os hard libres" (lo. 8,32). La fe liberta de la esclavitud interior, unifica la vida, engendra hombres cabales. B. La impotencia humana. a) No es fâcil seguir las exigcncias de la Verdad. El enten­ dimiento se siente atraido por ella, la voluntad quiere vivirla, pero la ley de la concupiscenda se opone. b) Para esa lucha continua el hombre necesita la gracia. C. La vida de la gracia, a) La gracia es una energia que fortalece al entendimiento y a la potencia natural de la voluntad. b) No los destruye, sino los eleva y perfecciona, haciendo que sus actos adquieran valor y mérito eternos. c) Al mismo tiempo engendra la confianza en uno mismo, el espiritu de lucha, el afân de triunfo. D. Corre al combate y desafia a los enemigos, fortalecido con la confianza en Cristo y la esperanza en el premio. • VII, 677. Los enemigos de la fortaleza (g. 19-20). > VtV 279 A. El hombre de cardcter: de entendimiento unido a ta verdad y de voluntad duena de las pasiones, tiene enemigos que atentan a su dignidad. B. La inconsistencia espiritual. a) La engendran los enemigos de la verdad interior, de la vida intelectual limpia, de la voluntad fuerte : el desorden de la fantasia, de la concupiscencia... b) Enfermedad frecuente hoy que las imâgenes han derrotado a las ideas como rectoras de la actividad humana. c) Su fruto son los “fantasmas de hombres”, deplorados por Pio XII. Interiormente vados, sin interés por el espiritu. d) Gran parte de culpa la tienen los medios de difusiôn : cine, radio, mùsica ligera, que avasallan y enervan. Arruinan la personalidad y le imponen sus criterios. C. La Injuria y la soberbia. a) Son los peores enemigos. Si la inconsistencia es compara­ ble a una anarquia espiritual, estos dos vicios traen consigo una auténtica tirania indigna de la persona. b) Por la lujuria el hombre se déjà dominar por su pasiôn mâs baja, que ciega su mente y destruye su voluntad. c) La soberbia es mâs grave porque engana con apariencias de personalidad. Pero su eje es la mentira, la propia exaltaciôn frente a Dios. Créa su propia verdad, su propia ley, su propia moral y religion.—Cf. I, 287, 289, 291.—II, 1216 (2112).—III, 531 (932), 533 (937).—VII, 809.—IX, 668. « DOM. 16 DK PENTECOSTES 998 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS 999 Cristo, modelo del hombre 5. DOMINGO DECIMOSEXTO DE PENTECOSTES 280 El dia del Senor (g.l). El domingo, "dies Domini", sucesor del sdbado judio. Doble recuerdo: a) La resurreccîôn de Cristo. Para esto fué instituido. b) Nuestro bautismo; nuestro nacimiento con Cristo resucitado. C. Dos finalidades y dos preceptos: a) Culto a Dios, obligaciôn continua del hombre que tiene su tiempo mâs adecuado en el dia de la Redenciôn, b) Renovaciôn interior por la oraciôn y la palabra de Dios. c) Para ayudarnos la Iglesia prescribe la misa y el dcscanso. El domingo en la vida cris tian a: dia de saniificaciôn, vida y action parroquia!.—Cf. VII, 818, 821, 824, 829. Modestia (g.3). Su fundamento segùn San Pablo: a) Tenemos que dar ejemplo a los demâs (Phil. 4,5). b) Somos miembros de Cristo y tcmplos del Espiritu Santo. B. Campos de actuation y exigendas: a) Compostura exterior que ordena al hombre y edifica al prôjimo. Se le oponen la poca seriedad y la afectaciôn. b) Compostura interior del entendimiento y voluntad: modera y evita la curiosidad intelectual, la inconstancia en la acciôn y la pereza de espiritu. c) Modestia en las palabras: contra la locuacidad, la rusticidad; conduce a la debida ponderaciôn. d) Modestia en el vestido: exige la limpieza y cuidado y pro­ hibe la indecencia y culto excesivo. A. Descanso festivo (g.S). A. Crista quiere ser observado. a) Recomienda a los apôstoles que sigan su ejemplo (lo. 13,15). b) No quiere que se le observe como los fariseos: buscando ocasiôn de escândalo (Lc. 41,1), sino con la intenciôn sencilla de imitarle. B. El Padre quiere que le imitemos. a) En la transfiguraciôn nos lo encarga (Mt. 3,17). b) Es cl modelo por el que podemos asemejarnos a Él. C. Ctialidades de nuestro modelo: a) Perfecto: limpio de toda mancha (lo. 8,46); llenô de amor a Dios y al prôjimo; de abnegaciôn. b) Imitable: se hizo semejante a nosotros hasta en el trabajo y el dolor para ser asequible a todos. c) Llenô de atractivos : arrastra hasta la locura de la cruz. d) Sus ejemplos son eficaces: junto con ellos nos da su gracia.—Cf. IX, 208, 434, 557. Las personas de la escena evangélica (g.20). 284 A. El enferma: represenlando a cuantos no pueden vivir por si mis m os; espcran la salud de otros. B. Los fariseos: modelo de quienes se creen de clase distinta, soberbios, convencidos de su ciencia, dominio o virtud; envidio. sos; mentirosos en sus relationes sociales; despreocupados de la necesidad ajena. Jesûs: modelo que debe imitar el poderoso en la sociedad: bus­ cando el bien comûn; atendiendo al necesitado; sin temor de ofender a los grandes; aeluando cficasmente en favor de los débiles. " D. Los apôstoles: son los que han de aprender de Cristo para luego predicarlo. A la clase alta, can caridad e independentia. A los pobres, con sincerid-ad, equilibria y prudencia. è* < 1 Un hecho lamentable: cl trabajo en las fiestas por los cristia­ nos, aun en contra de la legislation civil. Santidad del domingo. a) Ha sustituido al sâbado judio que. por prccepto de Dios, era dia de descanso absoluto (Ex. 20,8-11). b) La Iglesia prohibe los trabajos serviles. Expücaciôn. El domingo, para el hombre. a) Para bien del cuerpo, que necesita reparar fuerzas. b) Para el bien del aima, que exige tiempo y atenciôn. c) Para la familia, que el domingo debe unirse y expansionarse legitimamente. No el hombre para el domingo. a) Por eso cl prccepto cesa en casos de necesidad propia O ajena; por caridad; por costumbrc, etc. b) En casos dudosos, pidase dispensa al pârroco. El ideal cristiano: respclar el domingo sin buscar fàcilmcnte la dispensa.—Cf. VII, 838, 841. r-M· '.5 Λ» El orgullo, vicio antisocial (g.21). 285 A. Esencia antisocial: a) Por su naturaleza: el orguiloso. al amarse desordenadamente a si mismo, se pone en desacuerdo con los demâs. b) En su origen : la caida de Satanâs provoeô la de Adân. El orguiloso arrastra en su ruina a otros. Por sus consecuencias: al apartarse de Dios no reconoce freno en sus relacioncs con los hombres, Se hace centro del mundo y olvida toda idea de servicio al prôjimo. B. Ruina de todos los elementos sociales: a) La ciencia, que debe someterse a Dios y reconocer sus propias limitaciones cn vez de endiosarse. b) Las artes: el arte del orguiloso es egoista; como no admite régla ni defectos, se aleja de la perfectibilidad. c) La autoridad: donde todos se consideran superiores es imposible gobernar. No hay obediencia, sino rebeldia. d) El progrcso : cuando es orguiloso se devora a si mismo; lleva al horror de la catâstrofe. 6. DOMINGO DECIMOSEPTIMO DE PENTECOSTES 286 La paciencia (g3). A. Lo que no es la paciencia: a) Una cualidad temperamental sin valor moral. b) Una indifcrcncia de ânimo proveniente de una disciplina puramente natural: estoicismo y nihilisme». B. La paciencia es «ma virtud. a) Habito moral que hace soportar los males con igualdad de animo sin la pcrturbaciôn de la tristeza. b) Psicolôgicamente suponc: jerarquizaciôn de valorcs; con­ cienda de la limitaciôn humana; tenacidad en la acciôn. C. Paciencia y vida interior. a) El pacicnte nccesita, para mantenerse, profunda uniôn con Dios. b) Nccesita la humildad para aceptar el fracaso sin rcbcldîa. c) Sobre todo la fe, esperanza y caridad.—Cf. VII, 987. 287 La unidad en el espiritu (g.5). La vocaciôn del cristiano. a) Es la santificaciôn personal, pero realizada no aisladamcntc, sino conjuntamcnte en el Cuerpo mistico. b) De aqui la necesidad de que “todos sean uno”. B. Disensiôn y unidad, a) Es un hecho doloroso la division dentro del Cuerpo mistico. b) Es un pecado que abunda entre personas buenas, a cuya concicncia mal formada cscapa su malicia. c) Nada tan contrario al ideal de unidad activa de colaboraciôn exigida por San Pablo (epistola de hoy). C. Medios que facilitan la union: a) La humildad que engendra amor y comprcnsiôn. b) La mansedumbre y paciencia hacen que soportemos los de­ fectos ajenos que nos molestan. D. Amor y union en el Espiritu. a) El Espiritu hace de aima que unifica en el Cuerpo mistico. b) Es amor, y donde hay amor existe la unidad.—Cf. VI, H 3» 1036.—VII, 1034. A. I 288 El primer mandamiento (g.9). Jesus cnsetïa que el primero es el del amor a Dios. Razones: B. Por scr base de todos los demâs, a) Todos se reducen al doble precepto de amar, y al prôjimo sc le ama prccisamcnte porque représenta a Dios. b) Este amor es base de toda virtud y escncia de la pcrfecciôn. C. Por ser el mâs necesario: ninguna obra vale nada si no e^tà vivificada por la caridad, dice San Pablo (1 Cor. 13). A. DOM. 17 DF, I'HNTHCOSTES D. Porque la caridad es mâs cxcelente que las demâs virtudes. a) Mâs que la fe y la esperanza, que dcsaparcccrân en cl ciclo. b) Les da vida y valor sobrenatural a todas. E, Porque lo que Dios nos pidti es amor. a) Exige que cl hombre le atnc y so le entregue por entero, b) Él no puede rcnunciar a que las criaturas le sirvan con todo lo que de Él han recibido.—Cf. VII, 1005, Amor al prôjimo (g.12). 289 A. Mandamiento semejante al primero, I.o dice Cristo. No existen separados los dos amores. Prccisamente de esta semejanza brota su cxcclcncia*. al prô­ jimo hay que amarlc por Dios. Es una sola virtud la que envuelve a Dios y al hermano. B. Molivos de amor al prôjimo. a) Tcnemos la misma naturaleza humana. b) Somos hijos de Dios; constituimos su familia. c) Disfrutamos de la misma Rcdenciôn y hemos sido incorporados a un solo Cuerpo mistico. d) Tencmos el mismo destino natural y sobrenatural. e) Cristo lo manda y nos da ejemplo sublime (Ιο. 15,12). C. La medida del amor al prôjimo: a) “Como a nosotros mismos": amarlc para su propio bien con un amor semejante en calidad al que nos tenemos. b) Amor que comprcndc: no haccrle mal, haccrle bien, perdonar sus faltas, soportar sus defectos.—Cf. II, 99 (150), 103 (158), 514 (852), 516 (855), 1240 (2153),—V, 489 (912), 546 (1020).—VI, 167, 169, 173.—VII, 120, 128, 1002, 1005, 1008.—VIII, 730.—IX, 402. a) b) Cualidades del amor a Dios (g.17). Para aprender a amar imilemos a Cristo, Modelo: B, Amor sobrenat/wral. a) Por su objeto, Dios Crcador y Padre; por ser infundido en cl aima por cl Espiritu Santo (Rom. b) Cristo en todo momento ama al Padrc y se ofrccc a É1. Puro, no interesado: a imitaciôn de Cristo, que sôlo buscô la i/loria del Padrc. D. Sumo, sobre todas las cosas. a) Cristo amô hasta la muerte de cruz. b) Λ nosotros se nos pidc la rcnuncia a todo por amor. Activo: consistente en cl cumplimiento de la voluntad del Pa­ dre como Jesûs la cumpliô. F. Perseverante. A a) Jésus no se desalentô por el fracaso, la traiciôn... b) Nuestro amor, si es verdadero, permanecerâ.—Cf. sobre amor a Dios: II, 99 (150), 103 (158), 908 (1550) HI, 345 (599), 504 (880).—V, 494 (923), 865 (1645).—VI, 173, 528.— VII, 1008, 1014, 1018, 1020, 1023, 1028.—VIII, 179, 357.— IX, 756). A. '/■ 290 Indice 291 general de guiones selectos Frutos del amor a Dios (g.18). A. Borra los pecados. a) El acto de amor a Dios produce la gracia santificante. b) Aunque sea un acto interne, realizado por el mayor pe­ cador. c) Aunque el que lo hace no esté siquiera bautizado. B. Nos une a Dios. a) El amor deifica; hace al hombre uno con Dios (lo. 17,11). b) Después de esta union las acciones ya tienen valor divino. c) Y la union se perfecciona con el mismo aumento del amor. C. .Voj hace imitarle: consecuencia logica de la divinizaciôn de nuestras obras por la union con El. D. Nos hace vivir en Cristo. a) Cristo es nuestra vida, por Él la créa, es su modelo, a Él se ordena, de Él la rccibimos. b) Y esta union con Cristo se opera por el amor, la caridad. Nos hace amarnos verdaderamente a 'nosotros mismos. Une a los hombres entre si. a) Quien ama a Dios neccsariamente ama al prôjimo. b) Al desterrar el egoismo quita la causa de la désunion.— Cf. citas en el guiôn anterior. 7. DOMINGO DECIMOCTAVO DE PENTECOSTES 292 El milagro y sus personas (g-3). El paralitico. a) Su cuerpo inmôvil nos habla del pecado, enfermedad del aima y causa del dolor y la muerte. b) Alegôricamente représenta al pecador: sin fuerza; incapaz de obrar bien; insensible; necesitado del poder de Dios. Los porieadores. a) Modelo de caridad efcct’va, ingeniosa, perseverante. b) De fe viva en Cristo; de intercesiôn por el prôjimo. Los escribas y fariseos. a) Representan la malevolencia; decididos a juzgar mal a Cris­ to al dictado de su envidia y soberbia. b) El juicio temerario que condena sin conocimiento, ofendiendo a Dios, al prôjimo y provocando malos efectos. Jesus. a) Se muestra Dios al conocer los pensamientos, petdonar los pecados y curar al paralitico. b) Se muestra hombre carinoso con el enfermo, amable aun cuando reprende, buscando la correcciôn. muchedumbre : alaba a Cristo por el milagro, pero es lambién capaz de condenarlo arrastrada por el ejemplo. 01 ··' DOM. 18 DK PENTECOSTES 1003 La alabanza de Dios (g.4). 293 A. Lccciôn de la turba. a) Distinta actitud del pueblo y de los fariseos. b) En toda la vida de Cristo, el pueblo le alabô y diô gracias. B. La obligaciôn de alabar a Dios. a) La tiene el hombre como criatura y rey dei universo. b) Dios merece toda alabanza como Creador y Dueno. Como se alaba a Dios. a) Con el pensamiento, que reconoce sus infinitas perfecciones y su constante misericordia con nosotros. b) Con la palabra, que también es don de Dios. Con ella expresamos el sentimiento y damos ejemplo. Con las obras, de modo que la conducta sea una invitaciôn a los demâs a que glorifiquen a Dios (Mt. 5,16). D. En alabar a Dios esta nuestra gloria. a) En esta vida: Dios no necesita nuestra alabanza, pero nos premia por ella; el provecho es para nosotros. b) En la otra, que sera un eterno glorificar al Padre. La blasfemia (g.5-6). 294 Los fariseos acusan a Cristo de blasfemo. Eran ellos los que blasfcmaban, como haeen hoy muchos cristianos. B. Naturaleza y closes. Blasfemia es toda palabra injuriosa a Dios. b) No obstante, hay blasfemias, en sentido menos estricto, que consisten en pensamientos u obras injuriosas. Unas veces consiste en atribuir a Dios algo indigno o malo; otras, en negarle una perfecciôn; otras, en injuriarle directa o indirectamente injuriando a los santos. Malicia y gravedad. a) Su malicia intrinseca consiste en negar a Dios el honor debido. b) Es preciso contra la caridad, la fe, la religion... c) Es injuria directa a Dios Creador, a nuestro supremo bienhechor, a nuestro Redentor. d) Es pecado propio de los condenados en el infierno. Su gravedad se deduce de la infinita dignidad del ofendido; de los castigos divinos y humanos que merece. D. Medios para evitarla: la consideration de su maldad; evitar las ocasiones (embriaguez, pendendas); oraciôn. i Confesiôn frecuente (g.9). A. Aimas paraliticas. a) Son frecuentes las personas limpias de pecado mortal, pero llenas de veniales, de infidelidades e imperfecciones. b) Un rcmcdio eficaz lo tienen en la confesiôn frecuente. B. Eficacia de la confesiôn por su valor sobrenatural. a) Confiere la gracia, o mejor, la robustece, si no habia pe­ cados mortales. Excita al amor mediante la contriciôn. 4 ÎNDICE GENERAL DE GUIGNES SELECTOS Da la gracia sacramental, que ayuda a salir del estado de enervaciôn y disminuye la concupiscenda. c) La penitencia satisface por las penas temporales. Su valor psicologico: en cuanto que ayuda a ejercitarse en ae­ tos de memoria, arrepentimiento y proposito, y esto conduce a fortalecer la voluntad. Ayuda a la practice del bien mediante: mayor entrega a Dios, dominio sobre las pasiones, espiritu de expiaciôn, aceptaciôn de las pruebas de Dios...—Cf. VII, 1167.—Sobre la confesiôn en general, cf. IV, 342 (596), 345 (600), 347 (605), 350 (610), 353 (617).—VII, 312, 651, 654, 1161. b) tibieza (g.12). Una paràlisis espiritual que impide el avance, déjà sin fuerzas al aima y la lleva a la muerte. El tibio. Se encuentra en estadio intermedio entre la perfecciôn y el pecado, del cual no se preocupa en salir. b) No lo es el que, aunque caiga, lucha por avanzar. c) Alguna vez ha sido fervoroso, pero ha decaido. Y ahora lo volveria a ser si no costase esfuerzo. Caraeteristicas de la tibieza: a) No tomar en serio el pecado venial. b) Negligenda duradera tn el deber y servicio de Dios. c) Debilidad de voluntad, apatia e indolencia y, lo que es peor, justificadôn de esa falta de esfuerzo sincero. d) Abandono paulatino de la oraciôn y vida de piedad. Por la tibieza, al pecado mortal. a) Efecto de la debilidad de voluntad y la autojustificaciôn. b) Lo demuestra la experienda: del fervor al pecado no se baja de golpe, sino gradualmente por la tibieza. c) Es lôgico al disminuir las defensas espirituales y aumentar correlativamente las pasionesjAv de los tibios! Acudan a Cristo como el paralîiico.—Cf. VII, 497, 500, 1171. 297 E1 pecado venial (g. 13). Pecado universal. a) Solo Maria Santisima ha estado exenta de toda mancha de pecado. Los demâs pecamos. b) Consiste en una ofensa leve a Dios, fâcilmente perdonable y que no priva de la gracia santificante. Sus efectos en el aima: a) Es error lamentable creer que es algo inofensivo, sin im­ portanda. Es una transgresiôn de la ley, una ofensa cons­ ciente, una ingratitud y desobedienda a Dios. b) Disminuye el amort y nos priva de futuras gradas. Dificulta el ejercido de las virtudes y, en consecuencia, hace al aima apâtica y enduredda. d) Lleva gradualmente a la tibieza y al pecado mortal. DOM. 19 DE PENTECOSTES Pecado contra la comunidad. a) Todo pecado tiene una rcpercusiôn social en la Iglesia. No sôlo ofende a Dios: causa dafio a la comunidad. b) Este dano es en forma de mancha sobre la Iglesia e impe­ dimento para la circulaciôn de la vida divina. D. Actitud de Dios frente a él: la existencia dei purgatorio y de los castigos temporales nos ensenan su aborrecirniento. confianza en la sociedad moderna (g.18). A. Los trastornos modernos de la humanidad la han llevado al desaliento. Han fallado sus idolos. La con fiança en los valores humanos. a) Muchos buscaron la paz en las cosas dei mundo. b) Hoy se abaten en la duda y la depresiôn de espiritu. c) No supieron mirar a la eternidad. La confianza en el progreso. a) El optimismo de fines del xix se ha vuelto decepciôn. b) Al progreso técnico no acompanô el moral, y los efectos han sido las guerras encendidas por el egoismo. D. confianza en la economia. a) Buscaron en ella el lazo de union entre los pueblos, el bienestar perfecto para toda la humanidad. b) Pero una economia sin moral ha llevado a la explotaciôn de la persona, a la lucha social. La confianza en la ciencia, que ha quedado convertida en esclava de la politica contra la misma verdad. La confianza en el trabajo: hoy este ha perdido su caràcter per­ sonal y su capacidad de satisfacer al aima. La soluciôn: la confianza en Dios y su providenda.—Cf. VIII, 983, 986. VIII. PENTECOSTES (4.°) DOMINGO DECIMONONO DE PENTECOSTES Verdad y mentira (g.4). Verdad: hace que “el hombre, en su vida, en sus hechos y en sus dichos, se muestre tal cual es” (Santo Tomâs). B. Por que decir verdad: a) Precepto natural : la palabra es para expresar los pensamientos. b) Deber de fraternidad: la verdad, manifestaciôn de lealtad. Por ser miembros de Cristo: la comunidad de vida da el derecho mutuo a exigir a los demâs la verdad (epistola). El reino de la mentira: el mundo. a) En sentido vital, porque vive alejado de Dios (Eph. 4,17-18). b) En sentido moral: porque la ambiciôn, la politica, los negocios, la vida internacional, utilizan y casi imponen la mentira. A. •_ > 1006 D. El a) b) c) INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS DOM. 19 DE PENTECOSTES culto j la verdad. Debe ser uno de los fines de la education. Es virtud tipica del hombre de honor socialmente respetado. Pero sobre todo del cristiano, miembro c imitador de Cris­ to.—Cf. I, 120, 80t.—Ill, 900 (1602), 922 (1639).-!V, 528 (902).—V, 683 (1284), 686 (1288).—VI, 319.—VIII, 141, 555, 733, 1281. 300 Divinizaciôn por la gracia (g.7). “Participes de la divina naturalcza" (2 Petr. 1,4). a) Misterio tan incomprcnsible como grande y bello. b) Obra complctamente sobrenatural de Dios, superior a la creaciôn. c) Procede de su infinito amor y benevolencia. Naturaleza de esta participation : Es una elevaciôn de la criatura que le hace semejante a Dios y capaz de realizar actos de vida divina. b) Lo que en Dios es esencial lo tiene el aima como cualidad participada. c) Esta divinizaciôn no destruye la naturalcza ni sus perfecciones. d) San Basilio la compara al hierro incandescente, que conti­ nua siendo hierro, pero, ademâs, con las propiedades del fuego. ?. Consecuencias: Recrmoce tu dignidad. No te degrades por el pecado.—Sobre la gracia en general. cf. II, 7%7 (1324), 789 (1328).—IV, 125 (240). 130 (248), 837 (1439), 846 (1452).—V, 696 (1304), 679 (1276).—VI. 316, 691, 894.—VII, 144, 651, 654, 673.— VIII, 151, 153, 155, 158, 160, 163, 165, 168, 172, 966, 1113.IX, 106, 109, 114. 301 Amigos de Dios (g.9). A. Hijos y amigos de Dios por la gracia. a) La gracia nos hace hijos. Por tanto, nos hace también amigos. b) La amistad se distingue de la filiaciôn : ambas se fundan en el amor, pero la amistad implica intimidad, sencillez en las relaciones, igualdad. c) A pesar de la infinita distancia entre Dios y el hombre, esta amistad es posible porque el nombre ha sido divinizado, y Dios, por su parte, ha tornado naturaleza humana. B. Amistad humana y amistad divina. a) La humana se funda en lo exterior y es inconstante. A ve­ ces encierra puro egoismo. Falta la compenctraciôn. b) La divina se basa en cl amor desinteresado de Dios. C. Exigendas de la amistad de Dios: gratitud, amor, confianza,— Cf. citas ut supra. 302 Gracia y virtude» (g.10). A. Gracia y virtudes teologales. a) La gracia es una vida que lôgicamente entrana operaciôn. Las potencias de esta operaciôn son las virtudes infusas. 1007 Acompaîian a la gracia, y lo mismo que esta perfccciona a la naturaleza, ellas lo hacen a las facultades naturales. c) Por las virtudes teologales participamos de la actividad de Dios, como por la gracia participamos de su naturaleza, d) Fe, esperanza y caridad nos une» con Dios directamcntc y Él solo puede in fundi rlas. mayor de las virtudes: la caridad. B. a) Supera y perfccciona a la fe y a la esperanza, que pueden existir sin la gracia y desaparecen en la vida eterna. b) Engendra todas las demâs virtudes (1 Cor. 13,4-9). Vida de gracia y virtudes: El ejercicio en las virtudes fortalcce la union con Dios, b) Es exigido por la gracia misma, que pide actividad y renovaciôn constante por medio de las virtudes morales. Asî, vivir la gracia no es mâs que ejcrcitar las virtudes.— Cf. citas ut supra. b) La gracia actual (g.14). B. C. D. E. • 303 La caida y la restauration. a) El pecado original despojô al hombre de la vida sobrena­ tural y ademâs le dejô hcrido en sus fuerzas naturales. b) La redenciôn de Cristo nos devolviô la vida, la gracia. La gracia actual. a) Cuando el hombre estâ en pecado, al careccr de gracia santificante séria incapaz de obrar con valor sobrenatural. b) Sin embargo, necesita hacerlo para poderse arrepentir: lo consigue por una ayuda que Dios le da no permanente, sino para cada uno de los actos: es la gracia actual. Su necesidad. a) Es de fe su necesidad para quien vive en pecado. b) De doctrina comûn, que la necesitamos, hallândonos en gracia habituai, para cada uno de los actos meritorios. c) Dios la da cuando y como quiere y a quien quiere; pero conficmos: Él muriô por todos y desea su salvaciôn. Como la da Dios: utilizando cualquier circunstancia: una lectu­ ra piadosa, un sermon, un aconlecimiento, etc. Motivo de confianza y de responsabilidad.—Cf. citas ut supra. Jutticia de Dio» (g.17). A. Dios, juez inapelable: a nadie ha de rendir cuCnlas ni admite quejas de descontentos. Es el Seiior de todos y nadid esta por encima de Él. B. Dios, juez justo: a) No hay temor a la tiranîa ni a la indefensién del humildc. b) Todo el poder estâ en manos de un ser no sôlo justo, sino principio y modelo de toda justicia. C. Dios, juez benigno, a) A la justicia anade Dios su misericordia, también infinita y motivo de confianza. • Λ 3(M Indice Il· general de guiones selectos b) Pero que esto no nos lleve a la presunciôn. Cuando se agota la medida de paciencia actùa la justicia. D. Conclusion: No nos preocupe el castigo dei mal. Llegara antes o después. Dios es inflexible en su justicia.—Cf. IV, 842 (1949). IX, 439. 305 EI infiemo (g-20). A. Su existencia. a) Atestiguada en el Evangelio: “Tinieblas exteriores”. b) Exigida por la razôn. el bien y el mal deben recibir su merecido y no lo reciben en esta vida. B. Castigo eterno. a) La fe es taxativa: “Id, malditos, al fuego eterno” (Mt. 25,41). b) La razôn lo acepta: como exigencia dei odio infinito de Dios al pecado; de la gravedad infinita de la ofensa; de la misma misericordia divina despreciada. C. La pena de daiio. a) No consiste simplemente en no poseer a Dios y la felici­ dad, sino en ser privado de Él cuando todas las fuerzas del hombre exigen su posesiôn. b) Quien eligiô libremente separarse de Dios tiene ahora que sufrirlo por toda la eternidad. D. La pena de sentido. a) Corresponde al mal uso de las criaturas por el pecado. b) Consiste en indecibles tormentos del cuerpo y el aima, acompaôados, ademâs, de desesperaciôn y remordimiento.— Cf. VIII, 179, 183. 2. DOMINGO VIGESIMO DE PENTECOSTES Aprovechamiento del tiempo (g.3). 306 A. uEl tiempo es malo” (Eph. 5,16). a) Porque es mudable: “vanidad de vanidades” (EccL 1,2). b) Porque pasa râpido: es camino hacia la muerte inesperada. c) Porque es triste: lleno de miserias, enganador, peligroso. B. Hay que redimir el tiempo: aprovechar la vida. Es el talento que Dios nos ha dado para que negociemos. «a b) Sus miserias y peligros nos ayudan a vivir para Dios. e) Su valor nos lo demuestran los santos y los condenados: unos lo usaron bien, otros mal con resultados etemos. C. El uso que hacemos del tiempo. a) En el orden temporal se desperdicia lo indecible con graves perjuicios para todos. Bienes que dejan de producirse. b) En el sobrenatural perdemos la oportunidad de santificarnos, de ser apôstoles.—Cf. I, 122. ■- DOM. 20 DE PKNTECOSTés embriaguez (g.5-6). 307 Moralidad y malicia. a) Condenada durisimamcnte en la Escritura (1 Cor. 6,10). b) Es pecado grave porque ataca lo esencial de la naturaleza humana al perturbar el uso de la razôn y la voluntad. Grave por sus consecucncias en. el cuerpo y el aima, en la familia, en la paz, en el honor, etc. d) Sôlo Ja excusai! la inadvertencia o necesidad superior. B. Lacra individual y social, a) Como efectos inmediatos se senalan: perturbation faculta­ des, debilidad de juicio, falso optimismo, obnubilation de la concientia, pérdida memoria, aumento de sensualidad... b) A largo plazo aparecen perturbationes psiquicas: abulia, irritabilidad, pereza, sugestionabilidad, deficiente comportamiento familiar; y fisicas: atrofias, enfermedades digestivas, cardiacas, renales, hepaticas, etc. c) Plaga social que lleva a la delincuencia, mortalidad infantil y enfermedades hereditarias, miseria. Remedios. a) Represiôn por la autoridad: “ley seca”; fuertes impuestos; propaganda y education antialcohôlica, que es mas eficaz. b) Medios sobrenaturales, ayudando a los humanos.—Cf. VIII, 347. Malicia de la lujuria (g.7). 308 A. La razôn intrinseca de su maldad. a) Es pecado obrar contra razôn, es decir, contra el fin na­ tural de k>s actos. Asi es malo obrar contra la conservation dei individuo o de la especie. b) En consecuencia, todo acto sexual que perjudica e incluso que no se ordena como a su fin natural a la légitima pro­ création y education de los hijos es malo en si mismo. c) En los animales es el instinto quien regula la actividad. sexual ; en el hombre es la razôn iluminada por la fc la que establece el matrimonio como su ùnico • cauce. 9 B. Aplicaciones. a) En el matrimonio serâ pecado todo lo que no se ordene a la procréation y education de los hijos. b) Fuera dei matrimonio serâ malo todo acto sexual volunta­ rio; mayor aùn si es contra la misma naturaleza. c) Esta malicia se extiende también al pensamiento y el de­ seo que impulsan a la ejecuciôn.—Cf. III, 509 (890), 1096 (1991),—VIII, 347, 352, 355. Efecto* de la lujuria (g.8-9) A. En el entendimiento : a) Siendo el hombre una unidad, sus actos tienen repercusionés en todas sus facultades. Asi la excitaciôn de las potencias inferiores, violenta e intensa, perturba las superiores. 309 1010 DOM. 21 DE PENTECOSTés ÎNDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS b) c) d) B. En b) c) d) El entendimiento distingue cl bien del mal. La Injuria impide esta distinciôn y subvierte los valores. Piensa el fin de las obras y el modo de realizarlas. La In­ juria impide la reflexion y acepta cualquier medio que le dé la satisfaction, sin ver las consccucncias. La razôn impera lo que debe hacerse. La Injuria la oscurece para que no impere con claridad y fuerza. No solo perturba al entendimiento, priva prâcticamente al hombre de él aseme jândolo al animal. la z’oluntad. No solo la debilita, como hace todo habito malo, sino que la desvia de sus funciones esenciales en el hombre. La desvia en la elecciôn del fin: Nuestro fin es Dios; la lujuria la Neva a elegir como fin la delectaciôn. En la elecciôn de los medios: no valora mâs que lo que engendra placer, y desprecia todo lo espiritual. Hace que se corrompa el gusto por los valores superiores al cuerpo; destruye el vigor interno.—Cf. citas guiôn pre­ cedente, fe del régulo (g.12). La desgracia liera a la fe: frecuentes casos en el Evangelio: la cananea, el lunâtico, Jairo, el régulo, etc. B. La fe del régulo. a) En un principio se muestra muy imperfecta : No creia en la divinidad de Cristo, dudaba de su poder, le apremia para que vaya personalmente a su casa. b) Pero tiene buenas disposiciones : va a buscar a Cristo, ρύblicamente, con gran respeto y veneraciôn, le suplica humildemente, le obedece. c) El resultado : creyô él y toda su casa. C. Aplicaciones. a) Existen muchos que sôlo muestran su fe en una desgracia; se acercan a Cristo en secreto, temiendo el comentario ad­ verso si lo hacen pùblicamente. b) Deben mantener y avivar esa fe que puede significar la sal­ vation: lecturas, oraciôn, buenas amistades... 311 Amos y criados (g.19-20). A. La doctrina de San Pablo: Sin pretender dire clament e la re­ forma de la sociedad, San Pablo establece los principios que lo consignent El fundamento de tales principios no es otro que Cristo. Ley de igualdad: Todos somos iguales en Cristo. b) Ley de libertad: Cristo nos librô y nos hizo hijos de Dios. c) Ley de sujeciôn: Someteos unos a otros por Cristo (Eph. 5,21). d) En esta concepciôn San Pablo basa las relaciones amoscriados: Ambos son iguales, ambos tienen que dar cuenta a Cristo: el amo de su conducta (Col, 4,1), cl criado de su obediencia “como quien sirve al Senor” (Eph. 6,5-8). ■Y- 1011 B. Ideas de Pio XII : a) En la familia cristiana debe existir “una compenetraciôn intima de sentimientos entre amos y criados”: que las ventajas y los sufrimientos scan comunes; un solo hogar. b) Este ideal va desapareciendo en una sociedad mecanizada. c) La situation actual de los criados hay que mejorarla: mâs dcrecho (retribution, vacationes, seguridad social...) y mâs 3. DOMINGO VIGESIMOPRIMERO DE PENTECOSTES Lecciones de la liturgia (g.l). 312 Cristo Juez (Evangelio). a) Inflexible y exigiendo severamente “hasta el ultimo cuadrante”, o misericordioso perdonando al ofensor. b) De nosotros depende: si perdonamos alcanzaremos miseri­ cordia; si exigimos al prôjimo, Dios nos exigirâ también. B. Paciencia en las tribulaciones (Ofertorio). a) Job sufriendo. «iQuién no sufre en la vida de algun modo? b) Todo sufrimiento tiene su finalidad: castigo, ocasiôn de mérito o avisos para nuestra conversion. Combate contra las tentaciones (Epistola). a) La vida es lucha contra Satanâs y sus aliados. b) Cristo nos librô de su cautiverio, pero continûa la tentaciôn. c) Abracemos las armas del Apôstol: fe, verdad, justicia... El demonio, rey del mundo (g.2). A. Los titulos: San Pablo le llama "dios de este mundo". Cristo le habia llamado "principe de este mundo”. B. Cômo consigne este reinado: a) Por su soberbia y ambiciôn : lo que le llevô al pccado le lleva ahora a procurar la perdiciôn del hombre, a pervertir a Dios sus obras, a dominarlas. b) Por la permisiôn divina que consiente sus actos para perfecciôn del hombre y aumento de su mérito. c) Por la elecciôn dei mundo: el demonio nunca hubiera podido torcer la libertad humana. Es el hombre quien se entrega. fuerza. a) Confiemos : El demonio es fuerte mientras le ayudemos. Débil para quienes se le enfrentan con decision. b) No nos enganarâ si oramos y somos vigilantes (1 Petr. 5,8). Y, sobre todo, “fiel es Dios que no permitirâ que seais tentados sobre vuestras fuerzas” (1 Cor. 10,13).—Cf. I, 891.— III, 141 (239), 151 (258), 173 (299), 496 (864), 527 (925), 900 (1590).—VIII, 173, 555, 1132. 313 1012 314 DOM. 22 DK PENTECOSTES INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS Del odio al amor del enemigo (g.12). Tres grados o etafas: odio, perdôn, amor al enemigo. El que odia vive en pecado, Todos tienen que perdonar, pero Dios pide algo mas: amor. El precepto del amor. a) Se basa en la ley natural de amor a los hombres y es con· secuencia de nuestra igualdad natural y sobrenatural. Los enemigos también son imâgenes e hijos de Dios. b) Exige desearles bienes naturales y sobrenaturales. Y ayudarles en sus necesidades graves, espirituales o tem­ porales. Es el amor efectivo, perfecciôn del amor: ya exige algo mas: el heroismo de la entrega a imitaciôn de Cristo, que muere por quienes lo crucifican.—Cf. II, 379 (630).—III, 1138 (2045).—IV, 1049 (1782).V, 668 (1258).—VI, 158, 161, 164,—VIII, 579, 581, 584. 315 El perdôn y el Cuerpo mistico (g.13), El motivo social natural del perdôn: el bien comûn. a) La sociedad necesita y exige la union de los ciudadanos. b) El bien comûn nos obliga a renunciar a nuestros derechos indivïduales en beneficio de la armonia social. El motivo social sobrenatural: El Cuerpo mistico. a) En él todos los miembros deben unirse y colaborar. b) Todos tienen que cooperar a su crecimiento, que se realiza reproduciendo a Dios en nosotros por la caridad a imitaciôn de Cristo. c) Ahora bien, ïcômo compaginar la union con el odio? iCômo vivir enemistados con los propios miembros? iCômo realizar la obra comûn si falta la caridad y la imitaciôn de Cristo? d) Por tanto, la union y el crecimiento del Cuerpo mistico exige una caridad que necesariamente implica el perdôn. Es el motivo que nos hace ir mâs alla de nciestros derechos, El egoismo, la propia defensa, ceden ante la caridad cristiana. Cf. citas guiôn precedente. 316 Las indulgencias (g.16-17). A. El dogma. a) Al pecado corresponde doble pena: eterna por ser “aversio a Deo" ; temporal por suponer “conversio ad creaturas”. b) La absoluciôn perdona la pena eterna, pero no toda la tem­ poral por la deficiente disposition del penitente. c) Tai pena se paga o con penitencia en esta vida y purga­ torio en la otra, o tornando los méritos del tesoro de la Iglesia. d) Ella es depositaria y administradora de los infinitos méri­ tos de Cristo, los de Maria y los santos. Los aplica por medio de las indulgencias, es decir, concediendo a determinadas obras la remisiôn de determinada pena. 1013 B. Diversas cuestiones prâcticas: a) Quién las concede: El Papa y quienes tengan su delegaciôn. b) A quienes: a los bautizados, que vivan en gracia. A las almas dei purgatorio para acelerar su entrada en el cielo. c) Como se lucran : hacicndo la obra prescrita con la intenciôn, al mcnos habituai, de ganarlas. d) Indulgencia plenaria y parcial : indican remisiôn total o parcial de la pena temporal debida. Pecados colectivos (g.19-20-21). 317 Hay pccados indivïduales y colectivos. Estos son los cometidos por gran parte de la sociedad con consecuencias en la vida pu­ blica, o por los dirigentes de la sociedad como taies, de modo oficial y formai. Ejemplos en la vida moderna: B. El odio a Dios: el ateismo como programa. a) Es el pecado mâs grave de cuantos pueden existir. b) Ha cristalizado en el comunismo, condenado por los Papas como incompatible con el cristianismo e intrinsecamente perverso, no en sus relaciones sociales, politicas o econômicas, sino en su doctrina materialista y atea, Es deber de los catôlicos luchar organizados contra él. El deismo y el laicismo: ateismo prdctico. a) No niegan a Dios, pero prescinden de Él en la sociedad. b) Sus efectos : al quitar el fundamento divino a la autoridad engendran la anarquia o el totalitarisme ; al dejar al derccho sin base moral llevan al utilitarismo, la lucha de clases, la economia sin freno, la explotaciôn de la persona. D. El nacionalismo radical o panteismo de Estado. a) Deificaciôn del Estado o de la raza, que adultéra el significado de los conceptos cristianos: revelaciôn, confianza, inmortalidad, gracia. b) Las virtudes teologales dicen relaciôn al nuevo “dios”. c) La humildad y virtudes pasivas son despreciadas. d) La moral universal queda suplantada por la que se funda en las conveniencias del Estado o la raza. e) Se niega el derecho natural. f) Se convierten en valores absolutos los que no son sino re­ lativos, contingentes e historicos: Estado, naciôn, patria, raza. 4. DOMINGO VIGESIMOSEGUNDO DE PENTECOSTES Piedad y lîturgia (g.2). A. La pied ad. El hombre se debe a Dios, de quien ha recibido cuanto posee. Debe tributarie culto y glorificarle. b) Este culto y homenaje de gloria y gratitud es la piedad. La piedad no puede reducirse a un egocentrismo de exâmenes y virtudes morales; es adoraciôn, alabanza, gra­ titud. 318 1014 ÎNDICE GENERAL DE CUIONE3 SELECTO3 B. La liturgia. a) Es cl culto oficial y pàblico de Cristo al Padre por medio de la Iglesia y de esta en cuanto sociedad. b) No se opone a la piedad privada, ni esta puede prcscindir de la esencia de la liturgia: misa y sacramentos. C. La liturgia, fuente exeelente de piedad priz’ada. a) No deben desterrarsc los actos de piedad, las dcvocioncs. b) Pero si se les debe alimentar de las formulas liturgicas. c) Y enseûar a los fioles a apreciar las funciones de la litur­ gia.—Cf. V, 140 (271). La hipocresia (g-5). A. Cristo y los fariseos: Veracidad frente a hipocresia. B. La hipocresia como pecado. a) Aparentar lo que no se es. Ostentar una virtud falsa. b) Puede ser pecado grave cuando se utiliza como medio para obrar contra Dios o el prôjimo. Ejcmplos: c) Es pecado contra la verdad y contra la scncillez. d) Procede de la soberbia que, buscando el honor y alabanza debidos a la virtud. no temen aparentarla. C. Cuando no existe hipocresia. a) Cuando hay deseo sincero de perfecciôn y santidad. b) Cuando no sc prétende enganar con lo que no se tiene. c) Aunque, por debilidad, cl interior no responda al exterior. D. La hipocresia de hoy. a) Abundan quienes pretenden ser cristianos piadosos, pero sin aceptar las consecuencias que esto exige. b) Quienes no cumplen el deber, compaginan con la injusticia o con el lujo y las diversioncs escandalosas. c) Las condcnaciones de Cristo siguen teniendo actualidad.— Cf. III, 922 (1639), 932 (1664).—VI, 145. 320 La acepciôn de personas (g.8). A. Cristo no es aceptador de personas: recibe a t„dos, reprende al que lo merece, trata por igual a pobres y ricos. B. La acepciôn de personas. a) Consiste en atender a las personas no segun la igualdad de la justicia y el mérito, sino scgùn otras condiciones. b) Casos tipicos sc dan en los juicios y distribuciôn de cargos y honores. C. Moralidad. a) Condenada duramente por la Sagrada Escritura (lac. 2,1-9). b) Pecado, a veces mortal, contra la justicia distributiva. c) También contra la conmutativa si sc viola el derecho de otro. d) Dcsorden perjudicial a la vida publica. Ejcmplos. D. La misiôn de los que gobiernan. a) Obligaciôn de dar los cargos a los dignos y capaces, eli­ minando razoncs de partido, nepotismo o favoritismo. DOM. 22 DE PENTECOSTES 1015 b) En su actuaciôn publica deben atender solo a que son re­ présentantes de Dios para procurar el bien comûn, E. Aplicaciôn: las recoinendaciones.—Cf. VH T, 750. Doi «ociedade· soberana·: Eetado e Iglesia (g.ll).—Cf. Leôn XIII, 321 bntnorlale Dei. La sociedad civil, a) Subordinada al hombre con cl fin de proporcionarle lo ncccsario para cl perfecto dcsarrollo de la vida temporal. b) Esencial en ella es la autoridad que procede de Dios. Dios es su causa eficiente, final y cjcmplar. d) Ix>s subditos ticnen cl deber de obedccer a la autoridad. B. La sociedad religiosa. a) Su finalidad es la salvaciôn cterna de los hombres, b) Su origen es divino, como fundada por Jcsucristo. c) Su autoridad reside en el Papa y los obispos. sociedad sobrenatural, completa, juridicamcnte perfecd) ta, con potestad soberana y plena autoridad libre. Rclaciones y comparaciôn entre ambos. a) Ambas son distintas, independientes, supremas en su género. b) Actùan sobre los mismos sûbditos bajo diferente aspecto. c) Asi a la Iglesia corresponde cuanto tenga razôn de sagrado y sc relacione de algùn modo con Dios y las aimas. d) Al Estado todo lo demâs de carâcter civil o politico. e) Para las materias mixtas se impone la concordia entre ambos. D. Vcntajas y consecuencias de esta doctrina.—Cf. II, 666 (1121), 674 (1138).—V, 376 (708), 371 (719).—VIII, 753, 793, 795. A. Obediencia al poder civil (g.18).—Doctrina de Leôn XIII, A. Introducciôn: Leôn XIII, por su preparaciôn, es autoridad ex­ cepcional en la materia. Recoge y amplia las doctrinas de sus predecesores. La historia ha confirmado sus profectas (cf. g.17). B. Sumisiôn al poder ("Diuturnum illud"). a) El ejemplo de Cristo, Apôstoles y Padres de la Iglesia. b) El poder es sagrado: “es cierta comunicaciôn de la potes­ tad divina” y cl que sc resiste “resiste a la divina voluntad”. C. Dcsobediencia legitima ("Diuturnum illud”). a) Solo “cuando se pide algo que répugna abiertamente al de­ recho natural o divino” (positivo o eclcsiastico). b) La formula “es legitima la desobcdicncia cuando la autori­ dad manda algo contrario al bien comûn”, es inadmisible, porque el sûbdito no esta en condiciones de juzgar dei bien comûn. La doctrina catôlica se basa en que en caso de conflicto hay que obedecer a la autoridad superior. Rebeliân y sediciôn ("Immortale Dei”). a) Son un “crimen de lésa majestad” humana y divina. b) Es deber de justicia el no rebelarse contra la autoridad. 1016 INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS c) El derecho a la rebeliôn “es contrario a la razôn humana”. d) Otros textos en documentes dirigidos a varias naciones.— Cf. VIII, 766 ss. Los gobiernos de hecho (g.19).—Leôn XIII, A. B. C. D. Au milieu des solli­ citudes. Formas de gobierno: Todas son buenas, con tal que puedan conseguir el bien comun. b) Cada pueblo elija la suya de acuerdo con su carâcter, costumbres e historia. Pero, sea cual fuere, hay que obedecer a la autoridad. Acatamiento a los poderes de hecho. a) Ninguna forma politica es definitiva; son inestables. b) El cambio de una a otra se hace a veces mediante la revoludôn sangrienta que impone una nueva autoridad. El bien social exige y justifica los gobiernos de hecho, que aunque sean ilegitimos en su origen, poseen la autoridad. d) Por eso es necesario obedecerlos mientras lo pida el bien comûn. Régimen y legislaciôn. a) Son distintos. Un régimen perfecto puede tener una legis­ lation perversa y al contrario. b) La obedienda debida al régimen, de hecho o de derccho, no se debe también a la legisladôn. Asi, pues, habria que acatar al régimen, pero combatir las leyes injustas. Los derechos de los poderes derrocados. a) De momento quedan en suspenso, no abolidos. b) El bien comun dirâ con el tiempo si deben ser restaurados o mâs bien su aboliciôn es definitiva. 324 “jEs licito pagar tributo...?” (g.25). Las leyes tributarias justas obligan en conciencia. a) El ejemplo y la doctrina de Cristo (Mt. 17,23; 21,27). b) Doctrina de los Apôstoles (Rom. 13,5) : Hay que pagar no solo por temor a la pena, sino por conciencia. Y porque los gobemantes “son ministros de Dios”. deber de justicia social. a) El bien comun exige que el Estado provea de costosos servicios, seguridad social, educaciôn, etc., etc. b) Es un deber grave colaborar a levantar estas cargas. c) Si los que tienen mâs practican la evasion fiscal siendo ellos los mâs favoreddos, la carga cae sobre los débiles. d) Los impuestos pueden ser un medio para dar al trabajo su participaciôn en los bénéficies de la comunidad que no ha recibido ni incluido en su salario, ni en el piano de la empresa. Son igualmente medio de redistribuciôn de la renta. Conclusiones. a) Es principio cristiano 'la moderaciôn de los impuestos y la equidad en su reparte. DOM. 22 DE PENTECOSTES 1017 I' b) Los subditos deben intervenir en las leyes tributarias. c) Igualmente exigi r al Estado rendiciôn de cuentas. d) No pertenece a los contribuyentes, en cuanto taies, juzgar de la justicia de las leyes o de su equidad.—Cf. VIII, 803. La Iglesia y la educaciôn (g.29). 325 A. Los derechos de la Iglesia. a) La Iglesia sociedad docente por mandato divino y por su calidad de madre espiritual. b) En el ejercicio de esta misiôn es independiente de cualquier otro poder. Es sociedad perfecta y el fin que persigue su­ perior a todos los demas. c) Por derecho propio y exclusivo le pertenece la ensenanza de todo lo relacionado con el dogma y la moral. d) Con derecho no exclusivo ensena cualquier ciencia. B. Arm onia entre la Iglesia y el Estado, a) La misiôn de ambos se complementa y fortalece. b) Deben, pues, marchar de acuerdo. Misiôn educativa de la familia (g.3Q). 326 A. El derecho de los padres. a) Es de ley natural comunicado directamente por Dios. b) Inalienable e inviolable. Anterior al derecho del Estado: antes de ser ciudadano el nino es hombre y, por tanto, de sus padres. d) Este derecho importa una gravisima obligaciôn correlativa. B. Liniitaciones a .este derecho. a) No es despotic©, sino sometido a la ley divina y natural. b) Sometido igualmente al bien comûn y a la autoridad. Derechos de la familia y la Iglesid: a) La Iglesia siempre defendiô la familia. b) Y en su prâctica no bautiza ni pretende educar cristianamente a los ninos contra la voluntad patema.—Cf. I, 126, 750.—II, 120 (183). El Estado y la ensenanza (g.31). estatismo ni negaciôn de los derechos del Estado. Fenômeno universal de la intervenciôn del Estado. Esta ha producido enormes beneficios a la sociedad. Otras veces ha sido instrumento de descristianizadôn. La doctrina catôlica sigue la via media. B. doctrina recta. a) Principio fundamental : El Estado tiene el derecho y el de­ ber de intervenir en la educaciôn. b) Hay un campo reservado al Estado: determinadas escuelas preparatorias para sus cargos y la milicia. c) El bien comûn pide su intervenciôn para preparar a los ciudadanos a ser instrumentos aptos en la vida econômica, social y politica. Ni a) b) c) d) 327 1018 Indice general de guiones selectos d) Debe crear escuelas propias, pero mâs aûn estimular la ac­ tion educadora de sodedadcs inferiores y de la ïglesia. e) Montât centros que puedan ser modelo de los demas. f) Inspeccionar debidamente la ensenanza, C. Errores: a) La ïglesia condena todo tipo de monopolio escolar. b) Es peügrosa la tendenda a exigir una educaciôn militât que responda a idéales de partido y no del bien comûn. c) Es de alabar, en cambio, la educaciôn civica y patriotica. D. El reparto proporcional escolar: El Estado debe ayndar economicamente a qtiienes educan. Y en paises de pluralidad reli­ giosa deben las familias poder escoger csceielas confesionales y al Estado compete subvencionarlas, E. Armenia entre la ïglesia y el Estado en paises de mayoria catôlica. Actitud y colaboraciôn de los ciudadanos. 5. DOMINGO VIGESIMOTERCERO DE PENTECOSTES 328 Sentido cristiano de la muerte (g.5). A. Dos achtudes ante la muerte. a) El criterio pagano: la muerte es el fin: Desesperaciôn, b) El criterio cristiano: la muerte, descanso: Esperanza. B. La muerte, dormiciôn. a) Nuestra esperanza se funda en la resurrecciôn de Cristo. b) La muerte es un sueno: en la Sagrada Escritura; en la prâctica de los primeros cristianos (catacumbas). c) Cementerio, dormitorio: con sobriedad y esperanza. Desterremos el sentido pagano de tumbas y epitafios. C. Liant os y flores. a) La tristeza y las lâgrimas son fruto dei carino. Pero de­ ben ser resignadas ante la separation. b) Las flores: serial de delicadeza, pero “mâs para consuelode vivos que para fruto de difuntos” (San Agustin).— Cf. sobre la muerte: I. 895.—VI, 907.—VII, 640, 643, 648. VIII, 947, 994, 954, 958, 1315. 329 Temor y deseo de la muerte (g.6). A. Temor a la muerte. a) La muerte es tcmible: es paso dccisivo para la eternidad; repugna a la naturaleza; es un castigo. b) Es lôgico que sea temida aun por los santos. c) Este temor es obra de la gracia y ayuda a la perfecciôn. B. Deseo de la muerte. a) Es ilicito cl que procede de la desesperaciôn. b) Es licito por descansar de los trabajos de la vida; por no ofender mâs a Dios; por no ver como le ofenden otros. c) Es santo desear la muerte por ver a Dios. Actitud lôgica de almas perfectas; Santa Teresa, San Pablo. DOM. 23 DK PKN'TECOSTES 1019 C. La sauta indifercncia del cristiano. a) Temor y deseo pueden ser buenos, objeto de nuestras sùplicas y seûal de perfecciôn, b) Pero la mejor seûal de buen espiritu es la indifercncia: que sea lo que Dios quicra. Pesimismo (g.10). 330 Los pesimistas de la escena cvangélica: los criados de Jairo; los flautistas y plaûidcras; los que se burlaban de Cristo. B. Pesimismo y optimismo como fenômenos sociales. a) Afectan lo mismo a los individuos que a los pueblos. b) La humanidad era infantilmente optimista a fines del xix; hoy le invade el pesimismo. Naturaleza del pesimismo. a) Es un dcfccto intelectual que aumcnta el mal presente, exagéra cl futuro y disminuye las esperanzas, b) Se relaciona con la tristeza que impide el movimiento vital y debilita si no destruye las energias. c) Es un mal contagioso, sobre todo en la vida pùblica. D. Causas del pesimismo. a) Fisicas: enfermedad, debilidad, cansancio. b) Psicolôgicas: la melancolia de graves danos. c) Espiritualcs : la cxcesiva confianza en si mismo seguida del fracaso y la falta de confianza en Dios. E. Consecucncias desastrosas en el orden social. a) Pecado contra la verdad. El pesimista la ve a medias. b) Quita la esperanza y puede llevar a la desesperaciôn. c) Engendra la division, la critica exacerbada. d) Conduce a la inaniciôn y a la pereza. El remedio: huir de los pesimistas. Para el que tiene fe nada hay definitivamente perdido. Confianza.—Cf. I, 433.—VIII, 986. A. extremaunciôn (g.ll). La ïglesia, como Cristo, attende a sus hijos en todos los momentos. Cuando llega la muerte les ofrece su consuelo. B. Los elementos de la extremaunciôn (lac. 5,14-15). a) “Si enferma alguno de vosotros”: enfermedad grave. b) “Haga llamar a los presbiteros" : la visita dei sacerdote mâs necesaria que la del médico o el notario. RespoiLsabilidad grave de los familiares. “Oren sobre él” ; ore el sacerdote y el enfermo disponiéndose interiormente para el sacramento. d) “Ungiéndole con ôleo” : significa salud y fortaleza. e) “Salvarâ al enfermo y el Senor le aliviarâ" : son los efectos: la gracia que robustcce y quita las reliquias del pe­ cado y la salud corporal si convicne. La extremaunciôn en tiempo oportuno. a) Si el enfermo la recibe perdidois los sentidos el sacramen­ to no puede ser eficaz. b) Debe recibirse en toda enfermedad grave.—Cf. VIII, 936. A. Il M 331 1020 INDICE GENERAI. DE GUIONES SELECTOS La confianza (g.13). A. Naturalisa. a) Mâs que una virtud es una condiciôn de la esperanza que nos da seguridad en el auxilio ofrecido (Santo Tomâs). b) La confianza en nosotros mismos: es utilisima en el orden natural, pues eleva la potencia de las facultades; en el sobrenatural puede ser fecunda mediante el reconodmiento de las propias miserias. confianza en Cristo: Jairo y la hemorroisa. a) Su condiciôn esencial es la humildad que reconoce la propia miseria y la insufidencia de los medios. b) Se basa en que Cristo no exige nada que no podamos dar y en cambio lo da todo por nosotros. c) Sus efectos: nos concede lo que pedimos si nos conviene; ayuda a los demâs si se lo pedimos.—Cf. I, 728, 730, 733.— III, 362 (628).—IV, 1017 (1738).—V, 351 (666), 1033 (1993).VII, 107, 111, 460, 463, 466, 1183, 1186, 1196.—VIII, 934, 936, 967, 969, 971, 973, 976, 1313, 1315.—IX, 850. 333 Optimisme y acciôn (g.21). A. Optimismo del cristiano. a) Frente a los graves males présentes el cristiano no debe deprimirse. Pelea con certeza del triunfo. b) No es optimismo vano. Confia en las fuerzas de Cristo. c) Como miembro del Cuerpo mistico se dispone a la acciôn, cada uno en su campo especifico (Rom. 12,4-8). B. El programa de acciôn de San Pablo (Rom. 12,11-12). a) “Sollicitudine non pigri”: diligencia, trabajo organizado. b) “Spiritu ferventes”: la caridad que anima el interior. “Domino servientes” : el cristiano no sirve a una empresa, clase, sindicato o Estado; solo a Dios. d) “Spe gaudentes”: derramando alegrîa; firmes en la espe­ ranza en el cielo, en la Iglesia, en la reforma cristiana. e) “In tribulatione patientes” : defensa de la esperanza. ί) “Orationi instantes" : la fuente de energias para realizar el programa, para reponer las fuerzas.—Cf. I, 123, 135.—IV, 172 (310).—V, 1078 (2090).—VI, 1245.—VU, 1034.—VIII, 986. 6. CRISTO REY 334 Las dos etapas del reino (g.2). Contraste en la liturgia. Ideas de triunfo apoteôsico en el introito. b) Escenas de la Pasiôn en el Evangelio. etafa terrena del Reino de Cristo. Contrario al mundo: de pobreza, no de ostentaciôn. b) Humillaciôn y fracaso: se proclama Rey en la Pasiôn. c) Obediencia, caridad, cruz: “regnavit a ligno Deus”. ■ / ·. . *; y CRISTO REY 1021 r r C. La etapa gloriosa: el fracaso y la humillaciôn, la cruz, se convierten en triunfo, alabanza y gozo eterno. D. Relaciôn entre ambas etapas. a) Para acompanar a Cristo en la gloriosa, hay que seguirle ahora en la humildad, caridad y cruz. b) El mundo no comprende a Cristo, ni a sus seguidores. O con Cristo para sufrir y gozar o contra Él.—Cf. sobre Cristo Rey: I, 442, 589.—III, 141 (239), 518 (907), 522 (914), 524 (920), 527 (925), 900 (1590), 1072 (1943), 1129 (2036).— IV, 1044 (1774).—V, 689 (1293), 691 (1297), 696 (1304), 700 (1311), 705 (1320).—VIII, 1095, 1101, 1104, 1106, 1108, 1111, 1113, 116, 1119, 1121, 1124, 1126, 1129, 1132, 1133, 1136, 1137, 1143.—IX, 432, 533. Los titulos de Cristo Rey (g.3). 335 Porque es Dios. a) La union hipostâtica hace a Cristo Dios verdadero. b) Como Dios es Creadof, Dueno, Rey de cuanto existe. B. Porque es Hijo de Dios: Es un titulo de herencia. El Padre le entregô el dominio cuando lo engendré (Hebr. 1,2-5). Porque es el Hombre-Dios. a) Para ser rey propio de los hombres se requiere ser hombre. b) Cristo es el hombre perfecto y, ademâs, cabeza y jefe na­ tural de todos por su divinidad y plenitud de gracia. D. Porque es el Redentor. a) Nos librô de la opresiôn del pecado y la muerte. b) Nos comprô con su sangre y nos conquistô (1 Cor. 6,20). c) Tiene, pues, el derecho de conquista sobre nosotros. Rey por aclamaciôn: elegido Rey por Dios, los santos del cie­ lo, los hombres en la tierra.—Cf. citas ut supra. Las caracteristicas del reino (g.5). Reino de la verdad. a) Los rdnos terrenos se basan sobre la fuerza, la caduddad humana, la mentira. Pronto se destruyen. b) El de Cristo es eterno, basado solo en la verdad de su palabra y el conocimiento del valor de las cosas. B. Reino de la vida. a) Los dei mundo llevan a la muerte; se cimentan en ella. b) Cristo vino a traer la vida en la tierra y en el cielo. C. Reino de la santidad y de la gracia, a) En el mundo no se entiende la santidad, triunfa el vido. b) Cristo nos ofrece la gracia y con ella la liberaciôn del pecado. D. Reino de justicia, de amor y de paz. a) La justicia es desconocida en el mundo que presdnde de Dios. Consecuencia inevitable es el odio y la guerra. 336 1022 Indice general de ôuîones selectos b) Cristo es Rey de paz interior, basada en el amor y la jus­ ticia.—Cf. VIII, 1108, 1111, 1113, 1116 y otras citas u/ supra. 337 ^ey (g-12-13). A. Cristo es Rey porque redime y enseûa la verdad. B. Cristo, Rey de la familia. a) La redime dignificando el matrimonio, al que da su gracia, induce a todos sus miembros a vivir santamente. b) Es su Maestro: con su ejemplo viviendo como hijo fiel, atendiendo a sus padres, mitigando sus dolores; con su doc­ trina personal y a través de su Iglesia. C. Condiciones para su reinado efectivo. a) En la sociedad conyugal: la gracia al contracr matrimonio y la santidad al utilizarlo y vivirlo. b) En la sociedad paterno-filial : procreaciôn de los hijos que Dios quiera; su bautismo; educadôn cristiana. c) En la sociedad heril : fidelidad, competencia y afecto por parte de los criados; y justicia estriçta revestida de cari­ dad por parte de los sefiores. 22g La Acciôn Catôlica, ejército del Rey (g.19). A. La misiôn de Cristo, Rey de la verdad: ensenarla a todos. Pa­ ra hacerlo necesita la colaboraciôn de los fieles. B. La A. C., instrumento de difusiôn de la Pa.abra. a) El magisterio es esencial en la Iglesia. b) Y obligaciôn de todo cristiano que no puede oir pasivamente la Palabra, tiene que propagarla. C. Medios para difundir la verdad. a) La escuela: obra religiosa, no politica, indispensable. La Acciôn Catôlica procure crear escuelas y perfeccionarlas. b) La catequesis: “entre las primerisimas preocupaciones de la A. C.” (Pio XI). Medio eficaz de apostolado. c) La prensa: técnica y cristianamente perfecta. d) La radio: eficacia y atractivo de este medio. Utilizarlo. e) Television: para presentar ante todos las manifestaciones de la catolicidad y santidad de la Iglesia. f) El cine: debe ser conquistado para la verdad y el bien.— Cf. IV, 372 (646), 1199 (2031).—V, 1078 (2090).—VIII, 392, 990. 339 La Iglesia, nuestra patria (g20). A. La piedad: virtud por la cual tributamos culto reverente a aquellos de quienes proccdemos: Dios, padres, patria. B. Piedad para con la patria, a) Le debemos no el ser, pero si la formaciôn, los hâbitos, costumbres, tradiciôn, ideaies colectivos, lenguaje, etc., etc. b) Hay un sentimiento natural de filiaciôn para con ella. c) Y unos deberes: defensa material y espiritual. DOM. 24 DE PENTECOSTES 1023 C, La Iglesia como patria, a) Todos los bienes enumerados los recibimos también de la Iglesia como sociedad juridica; pero, ademâs, nos da la vida sobrenatural : es nuestra auténtica Madré. b) Por medio de Ella rccibe el alma el influjo directo del go­ bierno del Espiritu Santo por las virtudes y dones. P, Deberes de piedad filial para con la Iglesia, a) Tiene derecho eminente a ellos por su excelencia porque es principio de ser y de gobierno espirituales. b) Hay, pues, que defender su honor y su doctrina. Extender su dominio a todas las aimas. d) Hacer triunfar su verdad sobre el error. E. Conclusion: Todos apôstoles por obligaciôn de piedad. 7. DOMINGO VIGESIMOCUARTO DE PENTECOSTES Fin del ano litûrgico (g.l). 340 A. Dia de examen. a) Gracias recibidas: extraordinarias y ordinarias. b) Infidelidades : correspondencia a tantas gracias. B. Hora de misericordia. a) Aunque hemos sido infieles, aun estamos a tiempo. b) Acudamos a Dios dando gracias, pidiendo perdôn, prometiendo mâs esfuerzo y cooperaciôn en adelante. C. Programa de vida cristiana (Epistola). a) Mayor fidelidad a la gracia (colecta). b) Comenzando ahora mismo: este ano puede ser la ùltima oportunidad de Dios antes de juzgarnos. Hagamos digna la historia de nuestra vida, que un dia sera leida a todos. Afio nuevo, vida nueva. El triunfo de Cristo (g.3). i A. Los designios del Padre. 341 a) Cristo, heredero de todo. Rey de la creaciôn. b) El pecado quebrô los designios. Fué el fracaso. c) Cristo, Salvador: tuvo que redimirnos para poder ser Rey de amor y Jucz de los hombres los enemigos. B. Reinado eterno de Cristo. a) iCuando? Hoy Cristo continua siendo paciente, despreciado. El dia del juicio dominarâ a sus enemigos. b) Como actos prevics a la apoteosis final: vencer a la muer­ te (resurrecciôn) y hacer justicia (juicio final). Luego Cristo se présenta triunfante al Padre, acompanado de los miembros fieles de su Cuerpo mistico. d) Ha cumplido la misiôn encomendada. Y comienza su rei­ nado eterno Esperemos y luchemos.—Cf. III, 917 (1630).— IV, 133 (252), 720 (1220).—VII, 976, 996.—VIII, 1291.—IX, 533, 536. 1024 NAVTDAD INDICE GENERAL RE GUIONES SELECTOS Grados en su perfecciôn : desde la compasiôn interior hasta la entrega de los bienes y la misma vida del prôjimo. Modelas a imitar: Cristo, la Virgen, los santos. Motivos de nuestra misericordia: a) También nosotros la necesitamos de Dios y del prôjimo. b) Es camino necesario para nuestra salvaciôn.—Cf. V, 546 (1020).—VII, 139.—Cf. ademâs: I, 130.—V, 503 (940), 884 (1682).—VII, 136.—VIII, 1292. necesidad del juicio universal (g.7). Juicio particular y universal. a) Todos seremos juzgados al morir. b) La sentencia es definitiva. En el juicio final no se trata de revisarla, sino de confirmarla solemnemente. Razones que justificati el juicio universal: a) Lo exige la naturaleza social del hombre, cuyas acciones in­ fluyen en las demis, y éstos deben conocer su sanciôn. b) Para que el triunfo de Cristo sea completo, proclamado pùblicamente, y sus enemigos castigados. Es la exaltation de la sabiduria y providenda de Dios, de su justicia, que da a cada uno su merecido. d) Para juzgar al hombre de sus acciones y sus consecuen­ cias en el ticmpo: para juzgar también al cuerpo. Preocupémonos del juicio, Desconocemos su hora.—Cf. sobre el juicio: I, 85, 87, 119, 128, 130, 131, 139.—VIII, 733, 1276, 1281, 1282, 1291, 1313.—IX, 554. 343 Juicio particular (g.8). Tras la muerte, el juicio: inmediatamente Cristo viene a juzgar. Sin aparato solemne, pero con justicia. Jesucristo, Juez: Como Dios, que todo lo conoce. Como Hom­ bre, por ser nuestra Cdbeza y Redentor. Nos juzgarâ segùn el côdigo de su ejemplo de vida. Ni acusador ni testigos. No es necesario que nadie acuse ni testifique. Cristo y el aima conocen a la perfecciôn la verdad. b) Ni hace falta examen : en un momento se descubrirâ todo, aun lo mâs secreto, hasta los pensamientos. La niateria del juicio: a) Las gracias recibidas y la correspondencia a ellas. b) Los pecados, todo lo que de algùn modo ofendiô a Dios. c) Enfonces se vcrâ el verdadero valor de las obras, del tiempo. Momento de lamentacioncs ineficaces. A un es la hora de la misericordia. Aprovechémosla. 344 Son. el programa de examen para el juicio. Excelencias de la misericordia., a) Atributo de Dios constantcmcnte manifestado. b) La mâs bella exteriorizaciôn de su amor. c) Dios la prefiere a otras virtudes (Mt. 9,13). Ejcrcicios de nuestra misericordia. a) Con los vivos: obras corporales y espirituales del catecismo. b) Con los difuntos: homenaje a su cuerpo, oraciôn por su aima. 1025 bienaventuranza (g.16-17). Doctrina de Santo Tomâs: 1-2, q.2 345 qué consiste: en ningûn bien creado, pues éstos admit en mezde mal, no satisfacen, causan daüo... No en las riquezas: que no son fin ùltimo, ni saciam No en el honor o gloria: bienes externos, inestables. No en el poder: que es potencia, no acto, e imperfecto. d) No en el placer: efecto de la bienaventuranza y no su esencia. e) No en la ciencia: que depende de los sentidos y es limitada. B. En qué consisté: a) En un acto inmanente: la potencia es imperfecta. b) No de los sentidos: que solo actùan sobre lo material. c) Sino del entendimiento especulativo, que conoce la verdad. d) Y esa verdad conocida es la misma esencia divina en la cual contempla todo lo cognoscible y engendra una saciedad perfecta de gozo en la voluntad.—Cf. II, 912 (1556), 1211 (2107).—III, 347 (602), 350 (607).—VI, 482.—VIII, 1305:' En cla a) b) ni i IX. FIESTAS (l.°) NAVIDAD 346 Las personas de Belén (g.3). San José. " ' a) Modelo de obediencia a la ley: prontitud, entrega... b) Celoso en sus deberes maritales. c) Humilde: dcsaparece cuando los intereses de Dios lo exigen. B. Maria. a) Sumisa a Dios: cumple su voluntad a pesar de las dificultades. b) Virgen Madré: ensena el aprecio a la virginidad y ma­ ternidad. c) Unida a Cristo: desde ahora estâ siempre colaborando con El. Jesus: Quien se hace hombre. Como. Para qué. D. Los hombres. a) Muchos no conocen a Jesûs. Enfonces como ahora. b) Otros, como Herodes, le temen o le desprecian. c) Unos pocos oycn el anuncio y vienen a adorarle A. La palabra de C. 10 * ·'V · * 4 1026 347 Gloria a Dio» (g.5). Glorificor a Dios, digno fin del hombre: “Vere dignum”. En ello consiste la dignidad de la criatura. b) Implica sumisiôn a Él, base de la perfecciôn y felicidad. B. Es obligaciôn de justicia: “lustwn”. a) Todo el hombre y lo que le pertenece es de Dios. b) Su ocupaciôn esencial, su gloria y felicidad es cumplir la voluntad divina. C. Decoroso: “Aequum". a) Es razonable reconocer el dominio y grandeza de Dios. b) Mâs aun hoy, que se intenta relegarle y exaltar al hombre. Sahidable para nosotros: “Et salutare”, Se encamina a la consecuciôn de nuestra felicidad, que solo en Dios podemos encontrar. b) Quien se busca a si mismo prescindiendo de Dios no encontrarâ la satisfaction a pesar de todos los goces aparentes.-Cf. Il, 109 (167).—III, 915 (1623).—VI, 1214.—VII, 1151.—IX, 97. Paz en la tierra (g.7). A. Los ângeles pregonan el lema de Cristo, Principe de la Pas. B. Los elementos de la pas: a) Es “la tranquilidad del orden” (San Agustin). Doble ele­ mento. b) Supone un triple orden: para con Dios, entre los hombres, dentro de nosotros mismos. c) Estos très ordenes estân intrinsecamente unidos. Roto uno, los demâs no se sostienen: prescindiendo de nuestra sumisiôn a Dios, no hay otro motivo de acciôn que el egoismo y la fuerza. C. Cristo restable cio la pa en esos très ôrdenes: a) Nos reconcilio con Dios salvândonos del pecado por su muerte. b) Nos ensefiô a amar a los hermanos y a sacri ficarnos por ellos. c) Nos ordenô interiormente, ensenândonos a sometemos a Dios, nuestro fin ultimo, lo cual exige el dominio de las pasiones.—Cf. III, 518 (909).—IV, 322 (561).—V. 176 (331), 179 (337), 182 (342).—VI, 921. 349 NAVIDAD INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS “No temâis” (g.8). La religion engendra naturalmente un sentimiento de temor unido a la alegria. Porque Dios ed justo y al mismo tiempo misericordioso. Pero algunos solo temen. Los hombres tenien la humildad del Niiio Jésus. a) Muchos tropiezan con la pobreza de su nacimiento. Les parecc una locura. No cstân dispucstos a reuuntiar a sus comodidades. * · 1027 Otros, aspirando a gloria vana, temen la humildad de su cuna. c) Y Dios, que viene a salvar a los soberbios, se anonadô a Si mismo. C. Los hombres temen la verdad del Niiio Jesûs. a) Los pecadores, que no quieren reconocer su estado ni someterse a la verdad de la medicina. b) Los fariseos y sus imitadores, cuando se les impone la ver­ dad de su predicaciôn y conducta, deciden darle muerte. c) Este rechazar la verdad procede de la soberbia y concupis­ centia. D. Los hombres temen la santidad del Nino Jesûs. a) Les cuesta imitarla, porque supone dureza. b) Abusan de ella y pecan porque Él es misericordioso.— Cf. sobre el temor a Dios: I, 725.—V, 494 (923).—VI, 694, 698, 701. b) La elevation al orden sobrenatural (g.l 1). 350 A. En Navidad comiensa el misterio de la Redenciôn: esta supone el perdôn del pecado y la reintegraciôn al orden sobrenatural. Meditemos nuestra asimilaciôn a Dios cuando El se asemeja al hombre. B. El orden natural. a) Natural es cuanto constituye, sc deriva o es exigido por nuestra naturaleza. b) Asî tenemos un cuerpo y un aima con sus potencias y las conditiones y fuerzas necesarias al cuerpo y al aima. c) Con las buenas acciones merecemos un premio proporcionado: puramente humano. d) Por el hecho de ser hombres, no somos hijos de Dios, sino simples criaturas, ni podemos merecer el cielo. C. La elevaciôn. a) Dios, gratuitamente, quiso que el hombre participase de su misma naturaleza divina, sin dejar de ser hombre. b) Esto lo hizo por medio de la gracia santificante. c) Las consecuencias : no es simple criatura, sino un ser divi­ nizado ; hijo de Dios, semejante a Él en naturaleza; con fuerzas divinas capaces de merecer un premio divino. La filiation adoptiva (g.12-13). A. Hijos de Dios a imitaciôn de Cristo. a) Dios créé el mundo tornando al Verbo como modelo imi­ table. b) Y para reflejar su filiation hizo hijos suyos a los hom­ bres, para que glorifiquen al que “es primogenito entre mu­ chos hermanos" (Rom. 8,9), y mediante Él al Padre. c) En Navidad Cristo viene a reinar entre los que participan y reflejan su filiaciôn divina y a llevarlos a Dios. B. El dogma de la filiaciôn. a) No son exageraciones piadosas, sino dogma del Tridentino. b) Nervio de la predicaciôn de Jésus y los apôstoles. 351 1028 INDICÉ GÉNÉRAI. DE GU ION ES SEl.ECTOH c) Ni se trata de una alegoria: los textos hablan de una filiaciôn que confiere vcrdadcros derechos (Roui. 8,17). C. La adoption divina. aj Seria blasfemu considcrarnos hijos exactamcnte igual que Cristo. Él lo es por naturaleza; nosotros, por adopciôn. b) Esta adopciôn es algo maravilloso por la infinita distancia entre Dios y el hombre y por sus consccuencias. C) La adopciôn humana supone : la aceptaciôn de un extraho a la familia, gratuitamentc, con derecho a la herencia. d) La adopciôn divina: Dios no solo nos acepta pur hijos: nos hace hijos; sin mcrecerlo y buscando sôlo nuestro bien; para eso nos aina y muere por nosotros; nos da cl cielo, su misma felicidad. D. Kespondamos con Las obras a la dignidad que se nos confiere.— Cf. VI, 689.—VIII, 155. 2. &>! FANIA “Hemo» vi*to au eatrella” (g.l). A. Simbolistno lilürgico de la estrella. a) La Eucaristia (“Communio”). b) La Iglesia: cstrclla que conduce al hombre a Cristo. B. Fiesta de la manifestation de la Lus. a) Sc manifesto Cristo. Grandeza, triunfo y dominio (introito). b) Hoy se manifiesta el brilio de la Iglesia, que durante toda su historia ha tenido cl fulgor divino de Cristo (epistola). C. Fiesta de apostolado. a) Como la cstrella guiô a los Magos, la Iglesia conduce a las gentes al reino de Dios. Es la unica cstrella. b) Pero aun hay tinicblas en gran parte de la humanidad : se ncccsitan apôstoles con las armas de la acciôn y la oraciôn. c) Donde la Iglesia brilla no todos rccibcn su luz: sc la igno­ ra y se la desprccia. Es misiôn y obligaciôn de todos los cristianos el ser “luz del mundo" por medio de una con­ ducta intachable. Vivir para los demas. Iluminar con el Evangelio todos los aspectos de la vida de la sociedad. 353 Scguir la vocaciôn (g.5). A. Conocer la votation. a) La vocaciôn de cada uno esta senalada por Dios "ab aeterno". b) Debe ser preocupaciôn fundamental cl conocerla, siguiendo para elle las normas de la ascctica (cf. guiôn 6). c) Y una vez conocida hay que scguirla, a ejemplo de los Magos. B. Seguir la vocaciôn. a) Con prontitud: sin aplazamicntos dictados por la comodidad o el amor propio. Como los santos: Abraham, Samuel, San Pedro, San Pablo, Maria Santisima: "eccc ancilla... fiat mihi”. JUKVKS Y VIEWNES SANTO 1029 b) Con generosidad: “relictis omnibus"; sin condiciones; cou entrega total; sin volvcr la vista atrâs. c) Con amor y alcgria; el amor vence las dificultade» y en­ gendra gozo; hace abrazarsc a la cruz, a pesar del dolor. d) Con perseveranda : pidiendoia a Dios, que no la niega a los de buena voluntad. Exige una renovaciôn diaria. C. Seamus dignos de la vocaciôn a que hemos sido llamados.— Cf. sobre la vocaciôn: I, 43*1, 437, 437.—.H, 137 (212), 925 (1588).— IV, 503 (867).—V, 683 (1284), 686 (1288), 1045 (2018), 1060 (2052).—VII, 980.—IX, 205, 208, 214, 218, 825. Lo» camino· de Dio· (g,7). A. Dios llama al hombre de muchos modos. A los Magos les enviô una estrella. A nosotros nos manifiesla su voluntad de otras formas. B. Caminos ordinarios: La palabra: es el mâs frccuente. Predicaciôn, lecturas, meditaciôn, retiros y ejercicios espiritualcs, etc. b) El ejemplo: la buena conducta de los demâs es una muda invitacion a seguirlcs en la santidad. c) La enfermedad: fué tiempo propicio de conversiôn para muchos que luego llegaron a santos. Es un don de Dios. d) La desgracia y la adversidad bajo diversas formas. Ejemplos. Caminos providenciales: son frecuentes en la hagiografia: San Juan de Dios, San Antonio de Padua, Santa Teresa, San Igna­ cio, etc. Ven clara su vocaciôn a la santidad en acontecimientos triviales sin aparente conexiôn con ella. D. Conclusiôn. a) Quien de verdad busca a Dios cncucntra una “cstrella". b) Una vez vista, hay que imitar a los Magos: scguirla. 3. JUEVES Y VIENNES SANTO Eucaristia, don de amor (g.l). A. Dar y darse es esencial al amor: recibe cuanto viene del amado y se entrega a él totalmente por una necesidad intrinseca. B. Es la ley por la que se rige Dios, Amor por csencia: En su vida intima: la Santisima Trinidad, misterio de amor. b) En su actuaciôn exterior: la creaciôn, la elevaciôn, la re­ denciôn no son mâs que un darse Dios a las criaturas. El dan de la Eucaristia: reswmen de las donaciones de Dios. a) Se nos da en ella Cristo, del modo mâs intimo, transformândonos en Él y comunicândonos sus bienes. b) Recuerdo de su Pasiôn : la instituye en la noche de su cntrega; la misma Eucaristia es la repcticiôn del Calvario. c) Llena al aima de gracia. d) Es prenda de gloria futura: es una anticipaciôn de la donaciôn de Dios definitiva y eterna que obtendreinos en cl cielo. 354 1030 ÎNDICK GENERAI. DE GUIGNES SELECTOS JUEVES Y VI ER NES SANTO D. Condiciones de este don. a) Don universal: Jésus se da todo y a todos sin distinciôn. b) Don total: nos da no sôlo la gracia, sino a su Autor. Don perpetuo: en él pcrmanece Jésus con nosotros hasta el fin, a pesar de las profanationes o los desprecios.—Cf. sobre la Eucaristia: III, 533 (937), 695 (1219), 698 (1223), 702 (1227).—VI, 299, 322, 333, 336.—IX. 653, 658, 059, 661, 670, 672. 663, 664, 665, 667, cia de Dios (1 Cor. 15,10; Phil. 4,13).—Cf. II, 1221 (2120) 1224 (2123). 1227 (2133).—III, 365 (631), 1069 (1941), 110 (2006).—VIII, 1297. 357 La calle de la Amargura (g.18). A. Necesidad de llevar la cruz. a) Si Cristo, nuestro Modelo, la llevô, también nosotros. b) Él la llevô porque quiso ; nosotros no podemos evitarla. O Llevémosla como Él: si es inevitable, no la llevemos con desgana o desesperaciôn : abracémosla para obtener mérito. d) Y el deseo de acompanar a Cristo con la cruz se traduzca en arrepentimiento, penitencia, dominio de las pasiones. B. Eacilidad de llevar la cruz: Cristo la hace agradable. a) Vamos en pos de nuestro Capitân, que nos da fuerzas. b) El yugo de Cristo es mâs soportable que el que imponen las pasiones : “ Tomad mi yugo... y hailaréis descanso” (Mt. 11,29). c) La dificultad no se mide por el peso de la carga, sino por las fuerzas de quien la lleva. Y nosotros tenemos la gra- ) ■: ,xS ’-S? - if*' Siete palabras ’. Λ. 356 Sermon dei mandato (g.4). Ceremonia de caridad: El lavatorio de los pies, simbolo de co­ rtdad. La Iglesia le une los textos sobre el “mandamiento _» nuevo". El mandamiento nuevo: a) En el Antiguo Testamento ya existia el precepto del amor; era, sin embargo, imperfecto. Cristo lo engrandecc. b) Antes no era universal; Cristo lo extiende a todos. c) Se referia a un amor natural ; el predicado por Cristo se funda en el amor a Dios, cuya imagen es el prôjimo. d) Mandaba amar al prôjimo como a nosotros mismos; Cristo ordena amarle “como Él nos amô" : hasta la muerte. El espiritu del mandamiento de amor. No exige realizar actos de amor, sino una postura cons­ tante, un hâbito, consecuencia de nuestra fe. b) Este amor al prôjimo es una sola cosa con el amor a Dios. c) Pide verse reali?ado en obras concretas de misericordia, comprensiôn y ayuda efectiva al prôjimo. Vivir para los demâs: es el resumen del mandamiento nuevo. Tenemos que conseg-uirlo a base de oraciôn y sacramentos.—· Cf. lavatorio de los pies: III, 1082 (1955).—Sobre el amor al prôjimo, cf. II, 99 (150), 514 (852), 516 (854), 1240 (2153).— V, 489 (912), 546 (1020).—VI, 167, 169, 173.—VII, 120, 128, 1002, 1005, 1008, 1012.—VIII, 730. 1031 B. D. E. F. G. Pcrdônalos, porque no saben lo que hacen” (Le. 23,34). a) El perdôn en cl Antiguo Testamento: imperfectiones. b) El perdôn en el Nuevo: doctrina y ejemplo de Cristo so­ bre el perdôn al pecador y al enemigo. c) El perdôn de los cristianos: con frecuentia admiten el odio, o al menos el resentiiniento : personas, familias, naciones... d) Viornes Santo, dia de perdôn, como homenaje a Cristo. Hoy estaras conmigo en el paraiso” (Le. 23,43). a) El amor de Cristo es generoso: no sôlo perdona al ladrôn, sino que le promete el cielo. Lo mismo hace con el pecador. b) Nos ensena lo que hemos de hacer con el prôjimo:' no bas­ ta perdonar: hay que olvidar la ofensa y hacerle el bien. Otra lecciôn : es el sufrimiento, el cual lleva al ladrôn a su conversion. Aprovechemos las cruces de nuestra vida. “He ahi a tu Hijo. He ahi a tu Madré” (lo. 19,26). a) Cristo se entrega totalmente? nos da lo unico que le queda. b) Maria es nuestra Madré y nos ama como amô a Cristo. Siendo todos hijos suyos, amémonos mutuamente como hermanos. c) Debemos imitar a Maria: invocaciôn y vida de virtudes. ipor que me has dbandonado?” (Mc. 15,34). “Dios mio. a) Abandono fisico y espiritual de Cristo en la cruz. b) A veces Dios se nos oculta y parece abandonarnos : hay que recibir la tribulaciôn con espiritu de fe, como Cristo. c) Ayudemos a los demâs a llevar sus pruebas: el sufrimiento, la injusticia, la desgracîa, la miseria. Es un modo de con­ solar a Cristo, representado en quienes sufren. U Tengo sed" (lo. 19,28). a) Cristo tenia sed material, consecuencia de los tormentos. b) Pero hablaba también en nombre de sus miembros, que padecen la falta de lo mâs imprescindible para la vida. Nosotros podemos satisfacer la sed de Cristo remediando la del prôjimo: justicia ante todo, y caridad que la vivifica. U Todo esta acabado” (lo. 19,30). a) Es el grito de triunfo de Cristo, que ha cumplido su misiôn. b) Nosotros podremos pronunciarlo si hemos sabido cumplir el deber que es la manifestaciôn de la voluntad de Dios. c) Y si en su cumplimiento hemos huido de la tibieza. de la entrega a medias. Imitemos a Cristo, que se diô del todo. “Padre, en tus manos entrego mi espiritu” (Le. 23,46). a) Cristo muere tranquilo, confiado en el Padre. J - J- - -- — 44 358 44 359 1 Presentamoa muy esquematicam ente los guiones 21 al 27 de esta ho mi­ 1k. Otra série paralela sobre Tas Sicte Palabras puede encontrarse en cl tomo III, Domingo de Ramos. 360 361 362 363 364 >>>>.>· 1032 JÜEVES Y VIERNES SANTO INDICE GENERAL DE GUIONES SELECTOS 1033 ·» b) Imagen de lo que es la muerte del auténtico cristiano: descanso en el dolor, dulzura por la esperanza del premio cercano, alegria por el triunfo final. c) Para morir como Cristo hay que imitar su vida de entrega al prôjimo: vivir para los demas como Él. Conclusiôn: Cristo ha muerto. Aprovechemos la lecciôn de sus ûitL mas palabras: el precepto del amor como Él nos amô.—Cf. III, 1127 (2035), 1138 (2045) ss. Santo Via Crucîs \ “Jesûs condenado a muerte”. Le condenô Judas por codicia. b) Le condenaron los fariseos por odio y envidia. c) Pilato, por ambiciôn, cgoismo y debilidad. d) Le entregô el Padre celestial por amor a los hombres. Se entregô Él mismo por obedicncia y para salvarnos. 366 B. “Jesus cargo con la cruz”. a) La cruz, espada que divide a la humanidad eternamente. b) La cruz, signo de contradiction : salvaciôn y locura. c) Cristo ante la cruz: amor, decision, entrega total. d) El cristiano ante la cruz: aceptémosla, agradecidos. “Jesûs cae por primera vez”. 367 a) Significa nuestra caida en el pecado. b) Gracias a la caida de Cristo estamos nosotros de pie: agradecimiento amoroso; proposito firme. “Jesus encuentro a su Madre”. 368 a) Juan acompana a Maria durante todo el proceso. b) Consideremos su dolor en el encuentro. Somos los cau­ santes. Acompanémosla arrepentidos. Portémonos como hijos y pidâmosle que se compadezca de nosotros como Madre. “El Cirineo ayuda a llevar la cruz”. 369 a) Seamos cirineos para Cristo ayudândole en el prôjimo. b) Sin esperar el encuentro casual con el necesitado. Hay que salir en su busca, sin pensar en nosotros mismos. “La Veronica lintpia el rostro del Senor”. 370 a) Personification del espiritu de delicadeza de la mujer. b) Hoy también se necesitan Veronicas que lleven el consuelo. c) Y que lo hagan con fortalcza, venciendo el respeto humano. d) Cristo lo pagarâ imprimiendo su imagen en el alma. “Jesus cae por segunda vez”. 371 a) Imagen de nuestras rccaidas en el pecado: por abandono de la vida espiritual; volver a las ocasiones; falta de di­ rection para el espiritu... b) “Surgam", confiando, y misericordioso con el hermano caido. c) El que esta en pie, vea no caiga por su presuntiôn. 365 1 Kesumen de los guiones 13 al 27 de la homilia correspond!ente al Do­ mingo de Ramos, en el ton» III de La Palabra de Crista. H. “Jesûs consuela a las santas mujeres”. a) Jesûs se olvida de su dolor para consolar al prôjimo. b) Jesûs llora varias veces el castigo proximo de Israel. Tam­ bién hoy tendria que llorar la infidclidad de la sociedad: no quiere oir a los Pontifices e insiste en la injustitia. c) Los pecados sociales provocati castigos colectivos. “Jesûs cae por tercera vez”. * Veamos representados los pecados que causa el escândalo. b) Escândalos de la mujer: que por seguir los dictados de una moda deshonesta condenan a Jesûs por cobardia, como Pilato. c) Escândalos del hombre: en el hogar y en la vida pûblica. d) Escândalos sociales: provocados por la codicia, han quitado la fe al pueblo y han desprestigiado a la Iglesia. “Jesûs, despojado de sus vestiduras”. a) Cristo quedô desnudo ante los curiosos, los amigos, los ene­ migos... b) Su causa fueron las exhibitiones impùdicas modernas, el ambiente de lujuria, que exige la action punitiva de la auto­ ridad. ■p c) Otras veces es el alma quien queda desnuda dei habito de las virtudes, de la tûnica de la gracia, por nuestra culpa. << Jesûs, clavado en la cruz”. a) Cristo crutificado, centro de atractiôn dei mundo. b) Nos ensefîa a aceptar el dolor, incluso a ir a su encuentro por la mortification voluntaria. El dolor redime. “Jesûs muere en la cruz”. a) Meditemos su testamento: las siete palabras. b) Maria al pie de la cruz: cumpliendo su deber de corredentora para con el Padre; de Madre solicita, para con su Hijo; ejercita su omnipotentia suplicante para con los hom­ bres. N. “Jesûs en brazos de Maria”. a) Imaginemos la escena: somos nosotros los que desclavamos el cuerpo de Cristo y io entregamos a Maria. b) Asi podremos comprender su dolor, su soledad y desamparo. c) Jesûs nos la diô por Madre: ecadores 426; salud de los en­ fermos 427 ; la verdadera dev» ciôn a Maria 55; la consagraeiôn a su Corazôn 420; fundamento de la devoriôn a su Corazôn 419: el “Magnificat” 410-412; el escapylario del Carmen 121 ; la Virgen del Mar 422. Mârtires: la victoria del mârtlr 434; A.Uria, Reina de los mârtires 416. Matrimonio: naturaleza y fines 56; matrimonio y gracia santificantt 57; el marido: autoridad y amor 50; funciôn de la mujor 51 ; el aborto 60; la fecundaeiôn artificlal 59; neamaltusfanfarno y oginoïsmo 58. Cf. Familia, Mentira : verdad y mentira 299. Milagro : la Ighsia milagro moral Ml norias: su cflcacin 82. Mina: sacrificio de Cristo: valor y frutos 199: la misa de 108 fit·· les 200; misa, comuniôn y vida cristiana 219; la misa por los dL funtos 399. ■M V .<*·-. 1063 Misericordia: obras de miseri­ cordia 344; cômo ser "buen su maritano” con el prôjimo 261; juiclu miserlcordioso 193. Cf. Amor, Caridad, Limosna. .'lislones: mandato de Cristo y nuestra cooperaciôn 185. Mistica: el misticismo 437. Cf. Con. teniplaciôn, Aida espiritual, Modestia: fundamento y exigendas 281. Cf. Castidad, Virginidad. Mortitlcaciôn : necesidad 105. Cf. Austeridad, Penitencia. Muerte: su sentido cristiano 328; Cristo nos salvô de la muerte 44 ; temor y deseo de la muerte 329; consuelo y llanto por los muertos 275: sepultnr a los muer, tos 460. Cf. Difuntos. Mujcr: su misiôn en la familia 51; mujeres en la Pasiôn de Cristo 134. Mundo: reino del demonio 313; Cristo y el mundo en San Juan 162; el cristiano y el mundo 152 163. Murmuraciôn : naturaleza, morali­ dad, remcdlos 72. Nacioncs: postulados para alcanzar la Navidad: “(Horia tierra” paz 242. las personas de Be!én 346; n Dios” 347; “paz en la «34S; “no temâis” 349. Obediencia: sus cualidades 209; a la ley civil 39 322; obediencia y piedad 20S; Cristo. modelo 130 230; el ejemplo de San José 392. Obispo: buen pastor 149. Obras: fe, obras y justificaclôn 257; ccmdenaciôn de una religion sin obras 227. Obrrros: Cristo. Salvador del tra­ bajo 46; la apostasia de las masas 203 ; redenciôn del projetariado 65; asoclaciôn profesional SS; el salario 87; paternallsmo de Estado y de empresa 40. Cf. Trabajo. Ociosidad: condenaeiôn y perjuiclos S6. Oginofsmo: princlpios y moralidad «Opthnismo: optimisme y acciôn del cristiano «333. Oraciôn: vocal y mental 166; necesidad 165; eficacia 167; condi­ ciones 169; pedir en nombre de Cristo 168; la oraciôn lltûrgica [Oraeiônl 161; oraciôn y mortIflenclôn en la Cuaresma 95; oraciôn de ht familin 48; la oraciôn del fariseo y cl publicano 248-249; Ma­ ria, omnipotencln supllcnnte 5J; poder intercesor de los santos 395; la comuniôn de les santos 256. Cf. C’ontcmplaclôn. OrRulio: manifestnclones. efectos 244; vldo antisocial 285. Padcnclu: naturaleza 286. Ptulree: su misiôn educadora 36 326; actitud ante la vocaciôn re... liglosa de sus hijos 52. Cf. Faînillla. Palabra de Dios: naturaleza, virtualidad. efectos 89; cômo nos habla Dios 91 354; Ia Sagrada Escritura, libro de la Palabra 92; cooperaciôn del hombre 93; su fruto segûn la reciba el hombre 90; sordos para la palabra de Dios 251; siete palabras de Cris­ to en la cruz 358-364. Cf. Evan. gello, Predicaciôn. Palabra: limpieza en los palabras 113; pecados de lengua 213 237. Pârroco: buen pastor 148. Cf. Apostolado. Parroquin: la parroquia, familia 151. Pasiôn: el tiempo litürgico de Pa­ siôn 122; mujeres en la Pasiôn 134; figuras de la Pasiôn: Judas, Pilato, Herodes 131-133. Cf. Semana Santa. Pasiones: pasiones y libcrtad interior 118. Paternal!mio: del Estado y de empresa 40. Paz: la paz interior 1S2; Cristo, paeificador 348; postulados para que el mundo la cc-nsiga 242. Pecado: tentaciôn y pecado 10.1 ; desprecio de Dios 62; lepra del alma 61; el pecado venial 297; castigo y premia 225; pecados de omlsiôn y el juicio final 4; pecados colectivos de la socie­ dad actual 317; castigo de los pecados colectivos 70; pecado y Dncaristfa 121 ; la caridad cubre los pecados 170; el deber de reparar 259; el p"cado de Israel y el de· los cristianos 240. Pecadores: Cristo, salud del pe­ cador 223; Maria es su refugio 426; el pecador, oveja perdlflà 202; gozo en el cielo- por su con­ version 205; su correspondencia cunndo son perdonades 204 ; su resurrecclôn en la conféslôn 276; clegos del aima 98; su juicio y el de los justos 3. Penitencia: interior y exterior 33; finalidad y necesidad 32; peniten. cia y caridad 34; carâcter penitencial de la Cuaresma 95. Cf. Confesiôn. Mortit’icaciôn. J’enteœKtÔM: H-cib rdo y nctnnliflad 177. Cf. Enpiritn Santo. Perdôn: «I enemJgo 314-315: el precopto de perdonar 21 d; la deagracia de quien no perdona 217. Cf. EnemlgoH. PorKecucIonee: In Iglesia RÎemprp pergeguJda 71. Cf. Trlbulaclones. Persona: su dignidad 64. Porsonalidad: humildad y personaiidad 246. Peslmismo: naturaleza, causas, efectos 330. Piedad: consiste en cumplir. la vo­ luntad de Dios 22fi: es Jnûtil sin caridad 218: piedad y liturgia 318; obediencia y piedad 208: fal­ sa piedad moderna 229; condenaciôn de una piedad sin obras 227; deberes que Lmpone para cou la Iglesia 339 Cf. Vida espirituol. Pobres: su evangellzaciôn, misiôn de Cristo 14; el cristiano y los pobres 105. Cf. Limosna. Pobreza: sentido cristiano: ventajas 233. Porter: la ambiclôn de riquezas, poder y honores 103. Pontifices: pastores supremos de la Iglesia 150; su magisterio 188; su doctrina sobre la paz 242; so­ bre el salario 87; sobre la limosna 35; actitud ante la tolerancia religiosa 75-76. Cf. Iglesia, eficacia, Predicaciôn: excel'ncia, contenido, el predicador, fuentes 21. Cf. Palabra de Dios. Presunciôn: presunciôn, pusilanimidad y desesperaciôn 247. Profccias: las profecias y Cristo 263. Prôjimo: motivos y medida del amor a él 289: el precepto del perdôn 216; la desgracia de quien no perdona 217 ; la correcciôn fraterna 194. Cf. Amor, Miseri­ cordia. Proposito: propôsito y contriciôn en la eonfesiôn 144. Provldencia: fundamento; naturale­ za; consecuencias 27; la contlanza en ella 270; la permisiôn del mat 74. Prudencia: virtud natural y sobrenatural 171; necesidad en hi vida espiritual 235. Pueblo: oveja jierdlda para Cristo 203. Purezn: en las palabras 113 Cf. Castidad, Virginidad. Purgatorio: el purgatorio y los su. fragios 398; valor satlsfaetorio de la misa 399. Cf. Indulgcnciiis. Pusilanimidad : pusilauimidad, pre sunclôn.y desesperaciôn 247. V uincuagésimu: 94, ideas litÛrgicUS ! 1064 Indice analîtico de la selecciôn de Rccogimlento: necesidad en la vi­ da espiritual 253. Redenciôn: cf. Cristo. Reino. caractères del reino de Cris­ to 198. Cf. Cristo-Rey. Religiôn: virtud natural y sobre­ natural 49; religiôn y vida 84; toleranda de cultos 75. Reparnciôn: el cristiano reparador 259; al Corazôn de Jesûs 390. Resurrecciôn: la de, Cristo, causa de la nuestra 138; la Eucaristia, prends de resurrecciôn 385; el bautismo, misterio de resurrecciôn 139; muerte y resurrecciôn en Cristo 136; signlficado de la fles­ Rlcos: Cristo y los rleos 15. Riquezas: doctrina sobre ellas 15; su recto uso 272: las “riquezas de iniquidad” 336; la amblciôn de riquezas, poder y honores 103. Cf. Avaricia, Ltmosna. Sabiduria: el don de sabiduria 173. Sacerdocio: Cristo Sacerdote 123; sacerdocio de los fieles 124. Sacerdote: ministro de Cristo: dig­ nidad 30. Cf. Apostolado, Pâ­ rroco. Sacramentos: naturaleza teolôglca SaJario: doctrina de los Pontifices Salvaciôn: valor y salvaciôn del ai­ ma 104; Jesûs, Salvador del hom­ bre 41. Cf. Cristo. Santidad: consiste en cumplir la voluntad de Dios 228; vocaciôn del cristiano 226; falsa santidad 214; necesidad de la prudencia para la santidad y el apostola­ do 235; el matrimonio camino de santidad 57. Cf. Piedad, Vida esplritual. Santos: el culto a los santos 394 ; modelos nuestros 396; 93 su poder intercesor >;· santos en el proplo estado 397. Satisfacciôn: valor satlsfactorio de la misa 399. Seglares: el sacerdocio de los fie­ les 124; la misa del seglar 200; el apostolado seglar 143. Scrnana Santa: “Se humilié... obediente hasta la muerte’’ 130 mujeres en la Pasiôn 134; sermôn dei mandato 356; Judas o la ava­ ricia 131; Pilato o el egoista in­ décise 132; Herodes o la Injuria 133; la calle de la Amargura 357; Via Cruels 365-378; siete pala­ bras 358-364; soledad de Maria 379. Cf. Pasiôn. Septuagôslma: carâcter litûrg’ico Sincerldad: modelos : el ejemplo de U ïglesia 36, Indice cüiones Slndicato: doctrina de la ïglesia 88; slndicato y redenciôn del pro. letarlado 65. Social, problema: causas y soluclôn dei problema social 6; redenciôn del proletar indo 65; dignidad de la persona 64 ; eficacia de las minorias eu la acciôn social Sî; ca­ ridad y justicia social 260; el orgullo, vlclo antisocial 2S5; carûcter social del cristianismo 7. Soclcdad: reinado de Cristo en ella 25; falsos redentores; Cristo redentor verdadero 18; Cristo es su Salvador 45; Cristo es la soluciôn de sus problemas 6; pecados colectivos y su castigo 70; pecados colectivos de la sociedad actual 317 ; postulados para alcanzar la paz 242; falta de es­ peranza 37; el fracaso de su conflanza 298; necesita hombres de caràcter 17. Solicitud: la preocupaciôn por los bienes temporales 271. Sufrimiento: “Bienaventurados 108 que lloran” 154. Cf. Dolor, Tribula clones. Temor de Dios: temor y amor a Dios 191; el temor filial 232; mo­ tives ilegitimos de temor 349. Tentaciones: teologia de la tenta­ ciôn 102; tentaciôn y pecado 101. Tibieza: caracteristicas y consecuencias 296; el remedio de la cnnfesiôn frecuente 295. Tiempo: su aprovechamiento 306. Toleraivcia: el Estado y la tôle· rancia religiosa 75. Trabajo: obllgatoriedad 85; condenaciôn de la ociosidad SG; el sa­ lario 87; Cristo su Salvador 46: el descanso festivo 282; el ejem­ plo de San José 393; lecciôn de trabajo en la Ascensiôn 383. Cf. Obreros. Transfiguraciôn de Cristo: el bêché y su finalidad 107. Tribulaciones : causa y razôn de ser 66; sus frutos 67; actitud ante ellas 68; tribulaciones espirituales 69; tribulaciones colectivas 70. Cf. Cruz, Dolor. Tributos: obligaciôn de pagarlos 324. Trinjdad Santisima: su devociôn en la liturgîa 183; obligaciones del cristiano con la Santisima Trinidad 186. Trîsteza: causas, efectos, remedies 155. Uniôn entre los cristianos uniôn de las iglesias 179. 287; anidad: mallcia, frutos, Temçdios 374, *.·-*? analîtico de la selecciôn de ûuiones Verdad: el precepto de la verdad 299. Via Cruels: esquema de las estaelo' nés 365-378. Vida: cristiana: es un constante ir hacia el Padre alejûndose del mundo 153; dar testimonio· de Cristo 172; es lucha con Crlsto frente al demonio 114; el Espiri­ tu Santo en ella 158; misa, coniunlôn y vida cristiana 219; la transfiguraciôn por la cruz 111; necesidad del temor filial a Dios 232; necesidad de la fe 63; falta de austpridad y su remedio 31; el fariseismo moderno 127 ; el cristiano en Cuaresma 100; vida religiosa de la familia 48; voca­ ciôn religiosa de los hijos 52. Cf. Cristianos, Vida espiritual. —espiritual: Cristo, nuestro mode­ lo 283; conteraplaclôn y vida ac­ tiva 255; el mistieismo 437; liturgia, vida espiritual y virtudes teologales 262; tinieblas y luz 2; falsa pledad moderna 229; el pe­ cado venial 297 ; la tibieza 2Ô6 ; el desprecio de la gracia 196; el uso de las criaturas 197 ; la ver­ dadera libertad interior 118; el camino de la infancia espiritual 141; la verdadera paz del aima 182; el Espiritu Santo, fuente de consuelo 160; la devociôn a la Santisima Trinidad 183, 186; la verdadera devociôn a Maria 55; la confesiôn frecuente 295; obe­ diencia y pledad 208; la Eucaris­ tia, pan de vida 119, 224 ; las vi­ sitas al Santisimo 387; tribulacio­ nes espirituales 69; los ciegos del aima 98; modos para glorificat a Dios 252 ; sordos espirituales 251 ; modos de seguir a Oristo 210; ‘‘el que quiera venir en pos de Mi...” 435; necesidad de la hu­ mildad 245; la modestia 281; ne­ cesidad de la prudencia 235; el recogimiento 253 ; necesidad de la 1065 [Vida] mortlflcaclôn 105; la direcciôn es­ piritual 267; necesidad de la vi­ gilancia 73; necesidad y eficacia del buen ejemplo 77; reparaciôn al Corazôn de Jesûs 390; temor y deseo de la muerte 329; cômo seguir la vocaciôn 353; nuestra correspondencla cuando Dios nos perdona 204. Cf. Pledad, Santi­ dad, Vida cristiana. —sobrenatural: divinlzaciôn por la gracia 300; transformaciôn en Cristo 106; crecimiento y trans­ formaciôn en la gracia 80; elevaciôn al orden sobrenatural 350; filiaclôn adoptiva 351 ; regenera­ tion por el bautismo 184; vida y uniôn con Cristo 221; amistad con Dios 301; el bautismo, mis­ terio de resurrecciôn 139; muerte y resurrecciôn en Cristo 136; la resurrecciôn de Cristo causa de la nuestra 138; resurrecciôn que opera la confesiôn 276; dones del Espiritu Santo 180; frutos del Espiritu Santo 181; la comuniôn de los santos 256. Cf. Gracia, Vida espiritual. Vigilancia: necesidad en la vida espiritual 73. Virginidad: naturaleza, excelencia y frutos 269; de Mtaria en la Anunciaclôn 408. Cf. Castldad. Virtudes: Gracia y virtudes 302; dones y virtudes ISO; liturgîa, vida espiritual, virtudes teologales 262. Vocaciôn: natural y sobrenatural; modo de conocerla 24; cômo lla­ ma Dios 354; cômo conseguirla 353; vocaciôn religiosa de los hi­ jos 52; la vocaciôn de Espafia 28. Voluntad: efectos de la Injuria en ella 309. Voluntad do Dios: en su cumplimiento consiste la santidad 228; cômo Cristo la cumpliô 230. Indice /.VDICE GENERAL DE MATERIAS Al confeccionar este "Indice general de materias" de los die: volûmenes de La Palabra de Cristo, hemos procurado cifar solo aquellos lugares que, o bien tratan exprofeso y extensamente una materia, o bien se distinguen por la brillantez y la autoridad del pensamiento. Hemos procurado al mismo tiempo que el lector p::eda formarse fâcilmente una idea sobre el carâcter del texto al que se le remite. Para ello. encabezamos la cita con una sigla entre paréntesis, que indica la secciôn a que corresponde el concepto citado. Las siglas utilizadas son las siguientes: (TB) = Textos biblicos. (CG) = Comentarios generales. Santos Padres. (PP) Teôlogos. -TT) (A) Autores varios. (TP) = Textos pontificios. (M) — Miscelânea historica y literaria. (G) = Guiones homiléticos. (H) = Hagiografia (solo apare­ ce en el tomo X), La estructura de las citas sigue este orden: 1. ° La sigla, y a expli cada. indicadora de la secciôn en que se encuentra el pasaje referido. 2. ° Lin nûmero romano, que remite al tomo respective. 3’ Nùmeros arâbigos, que senalan la pagina de la primera ediciôn o los nùmeros marginales de los tomos IX y X en que se halla el texto citado. 4. ° Letras o numéros, segùn el caso, que sitûan el lugar exacto de la cita dentro de cada pagina. 5. ° Los nùmeros arâbigos, indicados entre paréntesis, remiten a los nùmeros marginales de la segunda ediciôn de los volûmenes II, III. IV, V. VI y VII. Un ejemplo para facilitar la explication: cn la palabra feli­ cidad leemos: “felicidad: definiciôn de Santo Tomâs; esencia y condiciones (T) III. 249. a-d (428-432)“. Debe interpretarse: secciôn de Teôlogos: tomo tercero; pâgina 249, apartado a-d de la primera ediciôn; numéros marginales 428-432 de la se­ gunda ediciôn. Otro ejemplo: en la palabra fe se lee: “obras sin fe y fe sin obras; su valor (G) V, 351, 13 (666-669) . Se trata de un guiôn que figura en el volumen V, pâgina 351 de la primera ediciôn, con el nûmero 13, y en la segunda ediciôn ocupa los nùmeros marginales 666 a 6691. 1 Hemos de advertir que los tomos I y VIII tienen la misma numeraciôn de paginas en sus dos ediciones. general de materias Aborto: mot Ivos de su gravedad (TP) II. 22(1, 9 10 (353-351); con­ trario al lin primario; crimen grave (G) II. 2,84,22 (449-153). Abnegaciôn: fundamento evangéü co y grados; abtmdonnr lo malo, el afecto y las cosas (Λ) II. nos. B (2027-2032) ; del propio Juicio; defectos de éste y con­ veniencia dè someterlo ni 4 apostolado (TP) II, 751, F (1283-1286) ; al servicio de Cris­ to Rey ((J) VIII. 1143, 19; y la confirmaclôn (G) V, 153, V (291) ; con responsabilidad propia en la acciôn. pero sometida a la jerarquia (TP) III, 473, D (831836). —Formaciôn : formaciôn de la per­ sonalidad del apôstol (G) II. 810 C (1358, C) ; de las minorias de 1067 [Acciôn Catôlica] jôvenes y hombres (G) II, 809. 20 (1350-1358); segùn Pio XI, for­ maciôn y acciôn propia.s unldas a Cristo por la oraciôn (G) V, 1070, V (2074). —Unidad: man tonga firme la con­ cordia cn unidad con los· obis­ pos (TP) VII, 958, a-c (13931394) ; ;,qué no séria con uni­ dad? (TP) VIII, 1085, 2. —Actividades : apôstoles en al pro­ pio ambiente (TP) II, 749, E (1276-1282) ; debe aspirar en to­ dos los ôrdenes a grandes empresas (G) V, 1078. 19 (20902097) ; debe superar el particula­ risme· dei siglo XIX ; medios de difusiôn de la verdad : escuela, catequesis, prensa, radio, cina (G) VIII. 1144, IV; debe enseilar a los catôlicos a que superen sus antiguos errores politicos y so­ ciales (G) VI, 548, VI (848) ; dé espiritu cristiano a los· sindicatos (TP) II, 890, m-fï (157159) ; su puesto en la lucha con­ tra el comunismo (TP) VI, 457, e (721); su primer campo: el hogar ; Lydia (G) VIII, 383, 21 ; debe comenzar en casa y con los criados (G) VIII, 368. V; se estâ organizando en el orden interuacional (G) VII, 504, III (754) ; su relaciôn con las congregaciones marianas on la “Bis sa?culari" (G) IV, 374, 21 (646654). Véase Apostolado y Aposto­ lado seglar. Acopciôn de personas: textos bibli­ cos VIII, 610, B ; estudio de Santo Tomâs; pecado contra la justi­ cia ; judicialmente y en concien­ cia ; el bien comûn ; nepotismo (T) VIII, 645-650; en Santiago y Santo Tomâs ; desorden en el gobierno; normas para este (G) VIII, 745, 8; ejemplos de Isabel la Catôlica; de Cisneros con su hermano; de Pio X (Μ) VIII, 712, II. Acidia: estudio de Santo Tomâs; es tristeza del bien espiritual ; especie moral; sus hijas (T) IV, 781, B (1312-1320). Administradores: lo soinos de Dios (PP) VI, 60-1, c (929-932). Véase Bienes y Riquezas. Adulaciôn: intenciôn y tnaldad; oyente propicio; remedio? por parte de éste (G) VIII. 739, 6; engafia y corrompe (xA) IV, 804, D (1371-1372) ; daîlos y remedies (A) X, 261. Adviento: historia y liturgia (CG) I, 17, I; sus très figuras: Isaias, San Juan y Maria (G) I, 116, 2; y las très venidas de Cristo (PP) I, 50-54; y la esperanza (G) I, 253, 1. Agradecimiento; doctrina de Santo y. J. & 1068 INDICE GENERAL DE MATERIAS [ A g rad eclml en to ] TomAs (T) VII, 210, A (304-30S). Véase Gratltud. —a Dios: doctrina de la Sagrada Escritura y de Santo TomAs ; me amô a mf (A) VII, 72, IV (336339) ; los impios no agradecen, los Justos si (PP) VII, 203 (29&£99) : por las di?z gracias que concede Dios antes de que se le pidan (A) IV. 968, R (1637-1639) ; sea humilde y confiese los pecados (PP) VI. 958, B (1369-1373) ; el medio mejor es la limosna (PP) VII. 204, 2 (299). Véase Dios, Gratltud. Agricultores: amos ; sus pecados segûn el Crlsôstomo (PP) VIII. 421. 3; terratenientes ; Labor al Trente de las reformas saludables (G) III, 728, VU, (1272); estrechez econômica de los obreros (TP) I, 541, e. Véase Obreros agricolas. Agueda, Sta.: antigüedad de su culto; biografia (H) X, 117S-1179; Agustin, S«: biografia (H) X. 1285. 12D4 ; paralelo con el Crisôstomo (H) X, 1365; ejemplo de cômo la gracia es reslstida, cômo lucha y vence; la cooperaciôn (G> X. 1325-1330; sus pecados le llevan al conocimiento de la gracia y de su necesidad; humildad de su confesiôn (G) X, 131S-1320; convertido ya, perduraron en él las ten tadornes (H) X, 1289; es un ejemplo de cômo la gracia no destruye las condiciones naturales, sino que las eleva (G) X, 13211324; sol de la Iglesia; con luz propia, sin sombras y perma­ nente (G) X. 1313-1317; la Pro­ videnda en la Historia; San Agus­ tin y la teologia de la historia; San Agustin figura providencial (G) X, 1331-1335. Aislacionismo: el cristiano no pue­ de tenerk> en cuestlôn social (TP) VIII, 1081, F. Alabanza humana: moviô a muchos grandes, y aunque puede ser buena debe referlrse a Dios (PP) III. 96$. a-e (1723-1725) ; la virtud debe ser alabada, pero es peligroso para el virtuoso (PP) III, 970. C (1726-1727). Véase Adulaclôn y Vanagloria. .Albis, Domingo In: idea lltûrglca (CG) IV, 189 (329) ; coinentarlos al evangelio (CG) IV. 192. B (335-352). Alegria: la vida, mezcla de ale­ gria» y penas; normas (PP) III. 202, B (310-312); (PP) VI. 203. b (311-312) ; sus relaciones con la tristeza; véase Tristezn; mode· rarla acordAndose de los males (PP) III, 973, B (1733-1736); en la arquitectura (Μ) IV. 664. XI (1128-1129). —Dos alegria*:. benetidosa y dafïi- [Alegria] na (TP) II. 1186, ff (2055); del mundo y de Dios; motivos de San Pablo (CG) I. 309-311 (308) ; dei mundo y la tristeza y ver­ dadera alegria del cristiano (CG) IV. 574, 5 (972-974); sentenclns de santos (Μ) IV, 662, X (11251127). —La perniciosa: alegria dei malo y tristeza del bueno ; motivos (A) IV ; 626, VI (1059-1069) ; sensual ; dafios para la perfecciôn (A) IV, 611, A (1038-1039); sensibles; frutos espirituales de su negnciôn en San Juan de la Cr.uz (A) IV, 613, B (1040-1044); crlstinna y tristeza calvinista (G) II, 242, 2 (377-379). —La santa: textos biblicos: ale­ gria honesta ; no la dei impio ; la del justo ; en el Espiritu San­ to ; de la salud eterna ; en la persecuciôn, IV 560, III (951-956); la verdadera y que debemoe ppdir es la espiritual (A) IV, 967. d (1636) : debe buscarse en el interior (PP) VI, 222. 1-2; com­ patible con la .santidad (CG) II, 163. 5 (245) ; filosofia y teologia de la misma ; parte de -Maria (G) X, 961-963; Dios la prodiga (PP) X, 242; procede del amor, y su perfecciôn depend? de la de éste; gozo ascético y misti co ; el de Maria en el “Magnificat” (G) X, 360-364 ; la esperanza sobrena­ tural produce una mezcla de ale­ gria y tristeza (G) VII, 1190, c; 1191, IV (1675, C-1677) ; el cristiano goza de una alegria no oscur scida por la fatiga, basada en el triunfo de Cristo, serena en las angustias (TP) IV, 809, C (1383-1392) ; nada mundano la da ; la dei justo no se perturba por nada (PP) IV, 576 a (975977) ; motivos sobrenaturales : las promesas; el cielo. adonde nos pr?ced:6 Cristo (TP) IV, 812. D (1393-1398); fuente de tristeza: el pecado ; su consecuencia. el inflerno; alegre la redenciôn y asc?nsiôn (G) IX, 984 ; la producen el dolor, la libertad, amor y esperanza engendrados por el Espiritu Santo (A) V, 105 VIII (207-213) ; fruto del cristianisino. porque lo es de la buena con­ cienda (A) IV. 635, D (10741078) ; en la tribulaciôn présente, los hijos libres d? Dios, confian alegres en el Padre (TP) III, 662, E (1168-1173) ; gocémonos de lo que Dios quiere y no de lo que la carne apetece; ejemplo de la ascansiôn (A) IX, 911-912; santificaciôn de la alegria del hogar (G) II, 245. 3 (380-383) ; de la Santisima Trinidad por la conversiôn del pecador (G) V, 874, 13 (1664-1668) ; de Maria en el ÎNDICE general de materias [Alegria] "Magnificat” (A) X, 318; de San Pablo en la epistola a los flllpenses (CG) I, 308-311 (307) ; <13 San Pablo, preso ; fundamen­ to de la cristiana : Crlsto (G) I, 412, 2 ; popular en San Felipe Neri (xM) I, 400, XII; de San Francisco de Asis y San Felipe Neri (Μ) IV, 053. 1 IV (11121120) ; en la liturgia de la domi­ nica “Gaudete” (G) I, 410, 1. Véase Optimisme y Tristeza. Alejandro Magno: reclbe el ofreçlmlento de Corinto (Μ) I, 400, Alma: —Naturaleza: imagen analôgica ; de Dios y dî la Santisima Trinidad por su memoria, entendimiento y voluntad (PP) V, 223, b (437441) ; qué suele entenderse por aima y espiritu ; el espiritu movimiente superior (G) VII, 1000, III-IV (1797-1798). —Valor; a) por su eternidad y fin. Crlsto lo ensefia (A) VII, 1112 d (1541) ; grand^za sobrenatural y salvaciôn eterna (G) III, 109, 13 (292-298) ; ahora luchan en ella Cristo y el demonio ; en la gloria se descubrirA lo que el ai­ ma encierra (A) IX, 895-890; San Francisco Javier las estima més que a su vida (Μ) V, 837. B (1000) ; Santa Margarita Ma­ ria de Alacoque se ofr?ce por salvar las almas (Μ) V, 838, VI (1601-1602). b) Por la inhabilitadôn divina. Templo de Dios; apréciale (A) VI. 819 (1152) ; la inhabitaeiôn ; el alma dei sacerdote (A) VI, 818, I (1151-1156) ; cômo viene el Verbo a ella ; experlencias de San Bernardo (PP) VI, 1139, III; movida por Dios misticamente para que renunciando a lo sensi­ ble le encuentre dentro de ella (A) V, 801, B (1524) ; Dios in­ habita inAs o menos en ella. segùn esté d’sasida de la naturaleza ; San Juan de la Cruz (A) IV, 1140, II (1938-1944) ; véase Orden sobrenatural. —Santificaciôn : obra de Dios; reclbimos el Espiritu Santo para ser santificados en la verdad y transformados en Cristo (G) IV, 852, III-IV (1402-1464) ; Cristo es su vida (G) VIII. 965, 12; su transformaciôn en Crlsto en la li­ turgia (G) III, 317, 1 (559-561); transflguraciôn de la gracia y de la gloria (CG) III, 216 C (370) ; se inclina naturalmente a amar a Dios (A) VII. 924. 3 (1352) ; crecimiento de la santi­ dad ; debe ser paralelo al del cuerpo (T) II, 35, c (42); aoomodaciôn de la paràbola de la viGa 1069 [Alma] (A) II, 863, I (1447-1453) ; (G) II, 914,7 (1560-1565); trabajos que neceslta al estilo de las vlfias (A) II, 865, D (1450). —Enfermedad y muerte: enferme­ dad; Crlsto médico; la enferme­ dad de nuestra vista nos Impide ver a Dios (PP) VII, 719, 1-2 (1063-1064) ; cômo muere poco a poco (CG) VII, 531 C (794) ; su muerte es la ùnica temlble (PP) III, 793, d (1372-1373) ; très muer, tes del aima: pecados interiores; exteriores y de cost.umbre; Cris­ to sana los tres (PP) VII, 545, III (811-816) ; aima en pecado es aima maierta que da vida al cuerpo (PP) VIII, 858, b; en pe­ cado mortal : descripciôn de San. ta Teresa (A) VIII, 464-466; tem­ plo de Dios arruinado por el pe­ cado; reparaciôn (T) I, 643, I; Crlsto Hora por sus pecados (G) VI, 002, V (1269). Véase Pecado. —Varios: su matrimonio con Cris­ to en la gloria segûn el Crisôs­ tomo (PP) VIII, 22, A; testimo­ nio interior del Espiritu Santo en contra y en favor nuestro (G) IV, 1210, III (2050) ; llmpieza de sus ojos para ver a Dios (PP) VII, 719, 1 c (1063-1064) ; trans­ formaciôn mediante la palabra que alcanza hasta la divisiôn del aima y espiritu (G) II, 1054, III (1821-1825) ; cautelas de San Juan de la Cruz (A) VIII, 252-257; recomendaciôn del aima; signifleaciôn lltûrgica (G) VIII, 930,2; celo por ellas. Véase Celo. Altar: datos histôricos sobre su devociôn (CG) IX, 324. Amblciôn: deflniciôn; motor del inundo; cotejo con la magnanlmidad; el camino del verdadero honor es la humildad (G) VII, 855,18 (1258-1261); noeiôn r'cami. nos (T) VII (1089-1090) ; pasiôn universal ; su ausencla en San Juan de la Cr.uz y los santos (G) I, 259,5; tentaciôn de espirltuales; daiïos y remedios (A) V, 633, A (1182-1187); (A) X, 263; nos engafia con suefios de gran­ des apostolados (A) II, 741, IV (1254) ; recurre a toda clase de intrigas para dominar (A) VII, 422, c (607-610); aleja a Dios; dificultad de arrepentirse en la hora de la muerte (A) VIII, 84, B; la mundana es falsa porque es versAtil ; porque somos pere­ grinos; porque suele ser injusta; la verdadera consiste en querer lo que se debe (G) X, 1104-1107; la fortuna no es nada ni cuando da ni cuando quita (A) VII, 418, VII (602-611) ; de riquezas, po­ der, honores y diabôlica (G) III 159.10 (273-280); politic»: sus peligros (G) III, 185, 18 (318 327); /î* 1070 INDICE GENERAL DE MATERIAS [Amblclôn] ambiciônese el poder en el cam­ po de la caridad (Λ) III. 017, b (1129) ; de prebendas contra la voluntad d" Dios; daflo grave de la Iglesia (PP) V, 956, a (18131815); la de los santos (G) III. 164.11 (281-286); de San Pablo (G) III. 166,12 (287-291). Ambrosio, S.: ejemplo de carAeter (Μ) I. 249. VIII. America: hereda de Espafia la de­ vociôn mariana (TP) X. 935; 942; advocaciones: (TP) X, 927-945; la Inmaculada en América (M) X, 85; santos amerlcanos: Véase cada uno. Amigos: consuclo que da su compasiôn (T) IV. 775 (1310); (T) VII (833) ; nos venden por interés; nos pierden con «mgaflo; nos abandonna por debilidad ; nns socorren a su gusto (A) IX, 698. Amistad: detlnlciôn: amor mutuo (T) IV, 062. 2.0 (1631) ; elog-io del Crisôstomo (PP) IV, 746 b-c (.1256-1207) ; excelencia y peligros de las verdaderas y falsas; renie dios de las malas (A) VI, 435, IV (670-673). Amor: considera al amado como a su propia persona, deseândole lo que se desea a uno mismo (G) II. 511, 1 (847-851); (G) X. 11491155; exige presencia del amado segùn San Juan de la Cruz (A) III, 278. c (483); su fuerza (PP) III, 215, a (331); engendra amor; pârrafo de San Agustin (G) X, 472; el amor sépara, transforma, se comunica; es gozoso, sabroso, compasivo y perfecto; todo ello aparece en las palabras de Ma­ ria (A) X, 332-337; el de amistad y el grande engendran el celo; el de concupiscencia y el pequeflo. los celos (G) V. 877. 14 (16691677) ; concepto cristiano y pa­ gano: Dios es amor; el cristianismo y la Iglesia son amor (A) VII (1376-1384) ; hace bir-no o malo al hombre (PP) VI. 422, b-c (665-666). Amor de Dios al hombre: El he­ cho: textos biblicos sobre el d? Dios para el mundo; los judios. los justos; Cristo, caridad de Cristo II, 1097-1104 (1897-1903) : Dios es amor: pensamientos agus. tinianos (PP) V. 412. a (768-769) ; cômo ha de entenderse (A) VII (1377-1378) ; v'inica cosa en que cae en exceso (A) VII, 929. II, 2 (1361); Dios obra por amor: en la ereaciôn dei mundo; del hom­ bre; de Maria (A) X. 701; en su vida interna y actuaclôn exterior se rige por la ley del amor que da (G) IX. 722 724; goblerna por amor y sôlo reInn en quien le ama (A) X. 271; Dios se ama a el mismo en uoaotroa (PP) IX, d’ [Amor de DiosJ 482; Dios no eneuentra nada nmable fuera de Él ; en las criaturas neceslta un objeto divino digno de su amor: Cristo (G) X, 11411147: la mayor honra para el hombre; causa de la prédestinaciôn, justitlcnclôn. etc.; produce ntr'stra bondad, partielpaciôn de la suya; Dios nma su bondad en nosotros: s· diales (G) X, 11421147; ama lo feo para ombellecerlo (PP) V, -121, 1 (787) : con­ siderat quién ama para no deses, perar; a quién ama para no envanecernos (PP) III, 804, 1 (1395). - -Efectot; ereaciôn. elevaciôn y reparnciôn (G) IX, 728-730; Dios es caridad que créa y eleva al or­ den sobrenatural, eoncedléndonos su paternidad y eucaristia (TI’) V, 460. A (859-864) ; procurô Igualar los hombres con Él ; sus manlfestaciones : la encarnaciôn y el orden sobrenatural en su ele­ mento negativo y positivo (G) V. 491. 4 (918-922) ; bénéficiés (A) VII, 220, II; la uniôn eucaristica (A) V, 624, d (1.162-1163) ; la encarnaciôn y la eucaristia (A) VI, 267. b; el amor es difusivo; Dios se comnnica a Cristo para darse a nosotros; obra de .'.Uria (G) X. 161-162: el amor de Dio-s es misericordia para con el hombre (G) V. 485. 1 (903-907); (A) IX. 1299-1301 ; desdefiado se convierte en ira (A) VI. 813. B (11721176) ; y en justicia (A) I, 74-75. Véase Cristo; Corazôn de Jcsùs. —De Crin to: al Padre y a los hom­ bres es un verdadero afecto hu­ mano (TP) IX, 1309-1312; borra distancias; procura bienes, padeciendo desinteresadnmente (A) IX. 1285-1287; los dones que recibiô del Padre le fuerzan a amarnos (A) IX, 1302-1305; su amor a Dios j’ a los hombres causa de su tristeza : (A) IX, 632-639. Véase Cristo; Corazôn de Jésus. Amor «ici honibro a Dios: —Naturaleza: pensamientos de San Juan: amor y conocimiento de Dios; la caridad procede de Él; sus manifestaciones (CG) V, 397, b (737-747) ; cinco pensamientos centrales del Santo (CG) VI. 397, 1 (735) ; cualidades y efectos (G) VII, 1026, 17 (1807-1808) ; cuatro actos: buscar a Dios; hallarle, unlrse y gozarle; cômo ejecutarlos; siempre renovados (A) VII, 940. IV ; dobe ser amado sobre todas las cosas (TB) VI. 873, IV (1278) ; primera lecclôn dada ya por el niflo Jesrts en el templo (G) II. 99.4 (150-151); efecto de la gracia; sobre todas las coeas; con toda el alma (A) VII, 935, A; ίNTtïCE GENERAL DE MATERIAS 1071 [Amor del hombre] [Amor del hombre] 470-473; cômo llegar a él medi­ Intenslvo y npreciatlvo ; ojemplos tando en el infh-rno (G) " VIII. 179. naturales; medio de eonsegulr19; eontemplaciôn para alcanzar lo : recordar los bénéficies de amor: estudio de la meditaclôn Dios (G) VII, 1023,16 (1803Ignaciana (G) VII, 1014, 14 (18161806); cômo se ama nfectlva y 1820). efectlvamente (G) IX. 1344; modo; —Y la perfecciôn: en él consiste sin medida; tres modos de amarla perfecciôn (T) II, II. 714, A lo; cômo- llegar al amor (Λ) VII, (1202-1205) ; segiin Santa Teresa, 928, d (1360-1365) ; cuatro grados la perfecciôn no consiste en la de amor; de amarnos a nosotros Indiferencia ante Io natural, sino hasta amarle a Él (A) VII, 926, a en el amor a Dios, cuya sefïal es (1355-1357) ; de concupiscenda y el amor al prôjimo (A) V, 441, b de benevol“ncia ; motlvos de am­ (823-825) ; y el cumpllmlento de bos (G) VII, 1020,15 (1800-1802); la ley (CG) II. 432, b y 434 San Juan lo entiende como .un (702 y 705) ; cômo reûne todas amor activo que buscando la las virtudes enderezândolas al unlôn con el amado le evita d fin que las valora ; jerarquia de mal y procura el bien (G) X, fines ; el amor de Dios fin su­ 1149-1155. premo (A) VII. 944. V (1368—El mayor (mandant iCitto: pregun1378) ; es vocaciôn del cristiano ; ta del fariseo (CG) VII, 885. b exige no contrariar a Dios ; amar. (1289-1297); primer inandamienle sôlo a Él; emplearse en el to: por ser base de los otros y amor; la santidad consiste en de las virtudes; el mâs necesa­ realizarlo perfectamente ; amor y rio y excelente; por su fin; por­ santidad son paralelos (G) VII, que Dios lo pide (G) VII, 1002,9 980, 2 (1363-1368) ; la piedad con­ (1788-1794) ; primer mandamiensiste en el amor de conformidad to; cômo lo entendian los judios con Dios; qué es vivlr en cari­ (CG) VII, SS5, 2 (129.1) ; (Μ) VII. dad (G) VI, 513,14 (800-804); 966, A (1350); el mayor precepto; piedad sensiblera; el verdadero primeros principio>s y ûltimo fin: amor (G) VI, 521, C (812) ; borra con toda la mente (G) VII, 1005, los pecados: une y hace imitar 10 (1795-1799) ; mandamiento dul­ a Dios y vivir en Cristo; amar ce, razonable, nuevo, premiado, a Dios es amarse a si mismo y que honra (A) VII, 920, I (1341a los hombres (G) VII, 1028, 18 1348) ; amor incomparable, pues (1809-1815), Dios mismo lo forma (A) IX, —Y ios medics de perfecciôn: en1294-1295; supone cumplir la ley ciende en deseos de la otra vida (G) II, 516, 3 ( 854-857) compendia y hace penosa ésta (A) IV, 618, la ley; consigue el fin del hombre III (1049-1052) ; ama y haz lo (PP) VII, 902, C (1213-1216). que quieras (PP) 413, 3 (722) ; —Motlvos: Dios lo desea ; nos ayu­ valora nuestras obras (A) VIII, da a ello con su gracia escasa 73, A; causa del temor; puede cooperaciôn 984, VI nacer accidentalmente de éste (1672-1676); porque es digno de (T) IV, 603, I.® (1022); el amor, ello; centro del aima, inelinada el temor servi! y el filial en a su amor ; el misino bien, que San Agustin (PP) V, 419 (783nos lo pide (A) VII, 923. II. B 786) ; disminuye el temor servil (1349-1358) porque es el Sefior; y lo va transformando en filial porque es nuestro (A) VII 927, (G) V, 496, A-C (926-928) ; hace b-c (1358-1359) ; Dios. nos amô laudable la fe (PP) VIII, 31, f; primero ; consecuencias; amor a “la obra de la fe es el amor" Dic-s en Cristo; amor al prôjimo (PP) VII, 897, a (1307) ; ayuda(G) V. 487,2 (908-911); ejemplo do por la pobreza de espiritu (xi) y ayuda del nuestro (A) X, 272VII (613) ; sobrenaturaliza el tra­ 273; la co r res po nd en cia al amor bajo (G). II. 90S. 4 (1550-1553); de Dios exige la entrega; en qué los grados de gloria dependen consiste ésta (G) IX, 1355-1357; del amor que informa el trabajo Dios lo pide para poder darnos; (G) II, 912,6 (1556-1558); en el nos da lo que tenemos de bueno; cielo es perfecto y beatificante hace que nos encontremos a nos­ (G) III, 315, 11 (599-601) : es disotros mismos (A) VII, 932, II; minuido por el pecado venial (G) el nacimiento de Jesûs nos enseVU, 1180, II. B (1658, B). fia y facilita su amor (G) IX, —Varies: el de Dios y el amor pro­ 177; su paciencla con los pecadopio, ârboles bueno y malo (G) res nos ob’iga a amarle (A) V, VI, 528, 18 (820-S24) ; el amor en 796, IV (1514-1517) ; el mâs herel sacrificio, como culto (G) III, moso el de ainistad ; la materni­ 504,4 (880-884); el dei mundo y dad de Maria y sus efectos son el de Dios; compatibilldad e inel mejor incentivo; ademâs Ma­ compatibilidad ; amar lo tempo ria allana las distancias (G) X, 1072 ÎXDÎCE GENERAI, DE MaTERIAS [Amor del hombre] ral y pasar con el tiempo; no araarlo y vivir eternamente (PP) IX. 1253-1257; es necesario dejar de amarse a si mismo (PP) VI. 216, b (324-327) ; cartas de San Francisco Javier (Μ) VII, 973, III (1354) ; de San Pablo de la Cruz (Μ) II, 1197, A (2085). Véase Caridad. —A Cristo: sus misterios son de r; correspondence afectiva y efectiva; ejemplo de San Pablo (G) IX, 1335-1336; motivos: encarnaclôn, vida y redenciôn (A) IX, 12SO-12S7; discurso de San Agustin sobre los motivos de amarle (G) IX, 1249-1251; en correspondencia al suyo; creaclôn y redenciôn (PP) IX 1258-1260; primer grado: a su humanidad redentora; segundo: a su divinidad (PP) IX. 1264-1267; dificll por lo que hay que dejar y por sus cualldades (A) IX, 12971298; sôlo el de Cristo puede re­ mediar el egolsmo dei mundo (G) I, 885,7; la mejor prueba pastorear sus ovejas (PP) IV, 396, a (674). —A Maria: Véase Maria. Amor al prôjimo: —Mandamiento nuevo: en qué sen­ tido lo es (G) II. 514, 2 (S52-S53) ; (TP) V, 46S, b (S79) ; cômo debemos reconstruir el amor evangéllco (G) IX, 734-738; al. prôjimo (TB) VII, 5, III (3-5) ; nuevo porque nos reviste del hombre nuevo; consiste en amar a todos con amor en Cristo; fuerte como la muerte, porque morimos a nos­ otros (PP) IX, 480-483, —Amor de caridad (TB) VII, 5, III (3-5) ; natural y sobrenatural ; nuevos motivos y mayor valoraciôn de los naturales (G) V, 489,3 ( 912-917); cômo coincide con el de Dios (PP) IX, 482; amor natural, segùn la carne y segùn Cristo (G) VIII, 730,3; Dios su ùnico fundamento posible y necesario (A) VU. 72, IV (97-103) ; teolôglcamente insepa­ rable del amor a Dios; confirmaciôn escrituristica y mistlca (G) VI, 169, IS (268-271) ; amor a Dios y al prôjimo; dos preceptos del mismo (PP) VIII, 39, c; el que ama al Padre ama al Hijo; los hijos de Dios son el cuerpo de Cristo; mandato divino (PP) VII. 899, B (1309-1312) : cômo lo aprecia Cristo·; consecuencia de amar a Dios "totaliter’* y “totum" ; Importanda; nuestra santificaclôn se desarrolla soclalmente; amor fuerte. generoso y univer­ sal (A) VII. 948. VI (1376-1382); natural; el sobrenatural en Cris­ to ; es môs fuerte que la muerte; signo de los discipulos (PP) [Amor al prôjimo] IX. 480-483; segfin San Juan, es el mismo amor a Dios, fuerte, ge, neroso. universal, prActleo; nos encainina a Dios (G) X, 11561159; como Cristo nos amô (PP) IX, 4S6-487 ; el ainor a Dios, a los familiares y a los hombres (G) II, 103,6 (158-160). —Cualidades, motivos.· tîxtos pon­ tificios: distlntivo del cristianis­ mo y dei sacerdote; imposible amar al Redentor sin él; sobre todo al desgraciado ; no es debi­ lidad, aunque lo crean algunos, incluso catôlicos (TP) V, 464, a-g (868-873) ; slgno y efecto de vivir en gracia segùn San Juan (CG) V. 563,2 (1042); motivos: tene­ mos el mismo Padre, redenciôn y destino; el mandato y ejemplo de Cristo; medida del amor (G) VII, 1012, 17 (1432-1434) ; cômo ha de entenderse lo de “como a nosotros mismos’’ ; el amor pro­ pio ; hay que triunfar de él (G) VII, 1008, 16 (1425-1431) ; grades de perfecciôn segùn la extensiôn, la intensidad y los efectos (T) II, 718, e-h (1212-1215) ; su intensidad se mide por los bienes que se desprecian (T) II, 719, g (1214) ; a todos, desinteresadamente; por Dios, con esfuerzo; motivos y consejos de Santa Te­ resa (A) VII, 53, I (91-96) ; la unidad de amante y amado supone un amor activo (G) II, 511, 1 (847-851) ; a mayor uniôn con el prôjimo, mayor uniôn con Dios (TP) V, 463, g (S65) ; el verdadero no es blandura condescendiente, sino amistad benévola con los mismos enemigos, segùn Cristo (PP) V, 414. c (773-776) ; sus oblignciones: deuda que no se paga; exigir nos pidan el pago; si no se rinden, orar (G) VII, 1011, VII (1431). —A los enemigos: véase Enemigos. —A la perfecciôn: es el medio mejoT para alcanzarla (A) IX, 15841588. .Amor conyugal: amor y respeto en el matrimonio (PP) II. 170, G (255) ; el marido ame a su esposa con amor de sacrificio como Cristo a su Iglesia; no por su belleza; como a su propio cuer­ po (PP) II. 167. C-E (251-253); base de la familia (PP) II, 166, B (250 ss.) ; normas de San Pa­ blo (G) II, 125, 5 (191-195); nor­ mas prôcticas de Pio XII (G) II, 126. V (195). Amor propio: es necesario dejarlo para seguir a Cristo (PP) III, 216. b (333-335) ; es Imposible amar al prôjimo como a nosotros mismos sin vencerlo (G) VII, 1009, III-IV (1427-1428). ÎNDICE GÉNÉRAL DÉ MAÏÉRÎAS Amos: deben ser los pastores de sus criados (A) IV, 438, V (750755). Véase Patronos. Ana: la profetisa; la mujer (G) I, 740,13. Aniis: quién era y su influenda; por qué fué llevado- Crlsto a él ; juicio (G) IX, 767-771; escenas del juicio en San Agaistin (PP) IX, 491-493. Ancianos: en el bogar familiar (TP) II, 71, g (104) ; normas de San Pablo para las anclanas (TB) II, 11,3 (13). Angeles: naturaleza; cualidades; a nuestro serviclo (G) III, 181,17 (313-318) ; extracto de guiôn so­ bre su naturaleza (G) X, 1070; en qué son superiores al hombre (T) X, 254; Cristo es su cabeza (CG) VIII, 1011, 4.o; (T) IX, 1545; por qué fueron elevados segùn su modelo Cristo (G) X, 733734; incertidumbre acerca de sus jerarqufas (CG) VIII, 1011, 4.<»; sus ministerios y jerarqufas ; vida angélica de los hombres (PP) V, 772, B (1460-1462) ; servidores de Cristo y de Maria (G) X, 736; Maria, su reina, por ser madré de Cristo, y como premio a sus dolores (G) X, 732-736; interceden por nceotros; nuestra ora­ ciôn a los mismos (G) IX, 1640; abominaciôn de su pecado (A) VIII, 1233, a. Angeles custodies : doctrina teolôgica (T) III 64, c (96-103) ; Dios nos los envia; nuestro trato (PP) III, 51, VI (69-74) ; bondad de Dios en enviarlos; servicio que nos prestan ; nuestra correspon­ dents (PP) III, 51. VI (69-74) ; porqué de su destino; universalidad de su asistencia ; bondad de Dios; correspondents (G) X, 1071-1074; nos aman por Dios, por interés propio y nuestro (G) X. 1075, .Anglicanisme: persecuciones II, 464, f (757). Animales: el hombre y los animales ; ni sensibleria ni crueldad ; son obra de Dios; evitese el mal fisico inûtil (G) VII, 852 (12461249). Antecuaresma: idea litûrgica (CG) II. 821, I (1367-1369). Antonio Abad, S.: biografia, obra y patronazgos (H) X, 1213-1217; antes abad en el desierto que Antonio en la corte (A) III, 651, C (1134-1136) ; tentaciones descritas por San Atanasio (PP) III. 20. I (31-32) ; humildad (.VI) VI, 1031. n (1487). Antonio de Padua, S.: vida (H) X, 1371-1374; extractos de guio­ 1411-1413. nes (G) Aflo: fin del afio ; dia de examen; hora de misericordia ; nuevo aQo, nuevo remedio (G) VIII, 1270, 1. 1073 Apetitos: oscurecen y envician el alma; doctrina de San Juan de la Cruz (A) VII, 405, III (502598). Apolonia, Sta.: biografia (H) X, 1180; indice de guiones (G) X, 1203. Apostasia de las masas: el hecho y sus causas (G) IX, 1358-1359; los obreros engafiados se apartan creyendo que la Iglesia no se preocupa de ellos (TP) III, 654 a-g (1142-1148) ; el capitalisme lalco préparé el ambiente (TP) VI, 449, b (698) ; la conducta y afân de lucro de ciertos catôlicos apartô a los obreros (TP) VI, 92, f-g (140-141) ; (TP) I, 683, a-c; sus causas en Dspafia (G) VIII, 187, VI; existencia; re­ medies; cômo ir al pueblo; erro­ res; los remedies sencillos y sobrenaturales (G) V, 859, 7 (16351640) ; el pôrroco- no se dedique a un grupito piadoso; saïga por Lis ovejas perdidas (G) V, 832, 12 (1660-1663) ; en el salmo 2 : la rebeldia contra Dios; la respuesta de Dios (G) VIII. 1121, 11. Apostolado : —Naturaleza y necesidad: su natu­ raleza y gloria, en San Pablo (G) IV, 369, 20 (639-644); laïcis­ me y paganismo actuales ; escasez de clero ; necesidad de organizaciôn (A) IV, 1156, VI (19691973) ; el Papa invita a “ir” a los desgraciados, a los jôvenes. a los adultos, y a los pobres (TP) V, 826, D (1579-1584) ; obligaciôn estricta de procurar la salvaciôn ajena (PP) VIII, 221, a ; la apos­ tasia actual obliga (TP) I, S43, a; deber de amor para el prôji­ mo y la Iglesia, dimanante de los sacramentos recibidos (G) IV, 544, 18 (932-935) ; obligatoriedad derivada del precepto del amor; del bautismo y confirmaciôn ; de la gratitud a Cristo (A) IV, 1159, B (1973-1976) ; necesi­ dad de estar con Cristo por la fe, la santidad y la oraciôn (G) IV, 1195, 5 (2027-2030) ; aunque nos expongamos a “mancharnos los pies”, es necesario trabajar (PP) IX. 470-173; M'arfa, reina por su amor a Cristo ; su ora­ ciôn y sufrimientos por los apôs­ toles (G) X, 748-752. —Formaciôn y virtudes: el apôs­ tol, llamado por Dios de un mo­ do apropiado, es causa instru­ mental y debe prepararse. orar y trabajar para aplicar su pro­ pia eficacia (G) X, 1166-1169; sus ocupaciones impiden a San Bernardo la vida interior (PP) V, 954. 1 (1811) ; no sôlo técnica, sino CenAculo (G) II, 804, 18 (1349-1351) ; lo que ee con COU- 1074 f.NDlCE GENERAL DE MATERIAS [Apostolado] tomplaclôn y sin elln (Ο) V. 14S, 5 (288-280) : herejia (1p la» obras ; debe ser obra de amor como el de Cristo (G) III, 3βίΓ, 18 (620035) : necesidad previa de la vida interior (TP) IV. 80S, B (13791382) ; para Hegar al pueblo ne· cpsita acercarse a Dios (G) III, 356. 15 (018-829) ; la vida interior con sus virtudes y dones ordenan el apostolado en el orden sobrenat tirai (G) IV, 547, 19 (930. (MO); la vida interior natural ordena el ano tolado; normas ignacianas (G) IV. 651, 20 (941918) ; no busqué su gloria, sino la do Dios (CG) III, 70S, 5 (1328); los apôstoles hombres de oraciôn ; Santa Teresa, el mayor enemigo del protestantismo (TP) IV. 999. D (1705-1710); sin Cris­ to es agitaciôn natural; con Él. fuerza divina por la gracia ; con­ fie en ella (TP) V. 1007, a (19431946) : necesita la mortiflcaciôn (G) III, 1077. 5 (1951-1954); vir­ tudes del apôstol: fidelidad, hu­ mildad. fortaleza. paciencia* te­ mor. fe, esperanza y caridad (G) IV, 366. 19 (636-638) ; fenômeno caracterfstico: el desaliento; re’ medio: la paciencia; el fruto vie­ ne cuando y como Dios quiere (G) VU, 987. 4 (1772-1776). —Medio*: no es el numero, sino la caridad (TP) II, 745, d (1263) ; se necesita el trabajo propio, en uniôn a Cristo (G) V. 1068. 16 (2069-2075) ; niedioe prâcticos del Sefior en la conversaciôn con la Samaritana (G) V, 869. 11 (16541659) ; los apôstoles pequefio fer­ mento que transforma el mundo (G) II. 791. 13 (1333-1336); medios com unes: oraciôn, ejemplo, ayuda a los mâs prôxlmos; medio sa­ cerdotal: el celo nacido de la COntemplaciÔh (A) V, 993. B-C (1914-1915) ; impedido por el respeto humano y la comodidad (A) IV. 1150. IV (1955 1964); partes de la prudencla (G) VI. 724, III (1104); para ser bendecido ne­ cesita recta intenciôn y obed len­ ds (TP) V. 1010. a (1919) ; nociôn del apostolado; Maria reina de los apôstoles por su amor a Cristo; su oraciôn y sufrimientos por los nilsmos; apôstoles de hoy (G) X. 748-752. Apostolado sacerdotal: todo el del sacerdote se basa en la caridad inagnânhna y operante (A) IV, 441. VI (756-768). Véase Sacer­ dotes· ApowtoLudo scglar: on el propio ambiente; necesidad (TP) VIII. 1082, H; apostolado horizontal; ejemplos evangélïcos (G) VI. 1199, 2 (1737-1739) ; su obligatoriednd ; expoelclôn teolôgiea (G) IV. 337, I Apostolado «eglarj 9 (5S7-591) ; motlvos actuales (G) IV. 337, 10 ( 592 - 595); obllgnciôn de los fieles de defender la fe (TP) VIII, 315. t-u; en toda parroquia hay un territorio de misiôn que exige que el pârroco elija y forme apôstoles seg lares (TP) IV. 453. C (780-789). Véase Acciôn Catôlicu, Apostolado social: abstendôn; ir al pueblo al modo laleo o al mo­ do cristiano; no sôlo técnica, sino medios sobrenaturales (G) V, 859, 7 (1635-1G40) ; sobrenaturalldad; toda vocaciôn ha de ser en Oristo (G) IX, 355-357; el cristiano que conoce cl espiritu de Cristo e historia de su Iglesia no puede alslarse (TP) V. 828. f (1581) ; (TP) VIII. 1081. F; normas bre­ ves del cardenal Mercier a los pârrocos (TP) IV, 443, d (759); de los obreros; véase Obreros, Ml norias selectas. —De la oraciôn (TP) VI. 1022. E (1472-1474). Apôstoles : —Llamamiento y formaciùn: su clase social; no misérables (CG) V, 919, 2 (1737) ; diverso llamamlento segûn su estado espiritual (CG) V, 924, 1 (1752); también ellos tuvleron pecados (PP) I. 329-330 (328) ; su igmorancla nos enseüa la necesidad de un ojo sano para ver la luz (A) II. 1177, A (2036) ; contraposiciôn de sus defectos con las virtudes del Sefior (G) II, 794. 14 (1337-1339) ; cômo y por qué les reprocha Cristo su incredulidad y dureza de corazôn ; necesidad de la fe (G) IX, 999-1004; Cristo les in­ culca el desprendimiento (G) X, 1470. —Misiôn y apostolado: Cristo les comunlca su misma misiôn y po­ deres (G) IV. 334, 8 (582-586); fundamenta su misiôn diciendo: porque habéls estado conmlgo (G) IV, 1192, 4 ( 2023-2026); cô­ mo los convirtiô el Espiritu San­ to en testigos (PP) IV. 1118. c (1889-1891); lugares en que afirman ser testigos de Cristo (G) IV, 1227. Il (2073) ; lo fueron con su palabra, ejeinplo, milagros y sangre (C) IV, 1198, 6 (20312036) ; no siervos. sino amigos del Sefior (G) IX, 746-749; lugnres en Que predicaron (T) V. 970. III (1851-1855); siendo ignoran­ tes y flacos, vencieron a los sa­ bios y poderosos; milagro moral (PP) IV, 1105, II (1867-1870); flaqueza humana, debilidad en las persecuclones y fuerza divi­ na (A) V. 999, VII (1927-1936): extracto de guiones sobre los apôstoles: X, 1098-1103. Arbol: slmbolismo de la hlguera, ÎNDiCI· GENERAL DE MATERIAS [Arbol] el ollvo y In vid (A) VI, 42.3. P; el malo dn frutoH mains; inter· pretiiciôn (CÔ) VI, 3S2, .3-4 6589002); Id. do San Agufltin (PP) VI. 307, B (018-025) ; Arbol ma o del pecado y la concupiscenda (G) VI. 501. 10 (781-784). ArcAngeles: cuÆles son (CG) X, 220. Argentina y la Virgen de LujAn (TP) X, 027-928. Aristocrncia: sentido filos6fico-feolôglco; de la propledad, la social, la politica y la nueva : su mi­ siôn (G) III, 720, 10 (1250-1205); doctrina de Balines (G) III, 725. 17 (1208-1273); deben gobernar los mejores (PP) III, 38. I) (47); su papel en las democracias (TP) VI, 284, 1 (4.37) ; deben darlo el tono (TP) VI, 285, j-k (438-439) ; necesidad; misiôn familiar, poli­ tica y social ; eolaboraciôn con el poder segûn Pio XII (G) III, 727, 18 (1274-1281); debe estar siempre al lado del obrero (TP) V. 823. a (1572) ; 825, e-f (15701577) ; la roman» y la inglesa, Bonchninps (M) III, 072. XIIXIII (1184-1185), Armas : —Dc Dios: deseritas por San Pa­ blo (CG) VIII, 410-412; contra el poder de la mentira la ver­ dad en el orden ontolôgico y 16gico (G) VIII, 555, 3. —Do la lus: los mandamientos (G) I. 120, 5. Arquitectura: alegria del platerosco y sequedad herreriana (Μ) IV, G61, XI (1128-1129). Arrepenti mi en to : gran ûniino e| levantarse tras caer (PP) II, 312, b (492); en qué consiste; su fal­ ta, causa del poco adelantar de las almas (A) VI (14-11-1149) ; aprovechad la ocasiôn (A) I, 80, d; no lo deniores (PP) I, 42, d; no esperar a la muerte; testimo­ nio de los Padres y cuatro rnzoncs que lo perstiaden (A) VIII, 889-893; motivos de los que lo difieren; exbortnclôn (PP) I, 497499. Véase Penitencia. Arte: todo lo bello dice relaclôn a Dios; la belleza es el esplendor del orden; anûllsis; el mal y la belleza; la belleza termina en Dios (G) X, 1205-1212; el arte espafiol y la Inmaculada (Μ) X, 82-85. Artesano: oficio y dignidad; no basta el técnlco, se necesita el hombre de espiritu (G) VI, 1245, 17 (1807-1812). Articulos de la fe: segûn San Buenaventura (T) IV, 247, C (428). Arrianisnw : persecuclones del (T) II. 462, c (751). Ascétlca y mfstica forman una sola via; valor de esta doctrina (G) V, 190, 20 ( 359 301); el III, 39, IV (48-50) ; utilidad; pe. HgTo de vanagloria y cxcesos (PP) VI (1319-1321); sin caridad y con detracciôn (PP) VI, 956 A (1365-1368) ; ostentaclôn hlnôcrlta (TB) VI, 370, b (577); coin, pénsese su atenuaciôn actual (TP) III, 1.15, b (204-209); ejemplos: San N'icolâs de Flile, Simôn Estillta, San Bernardo, San Fran­ cisco de Asis, San Felipe NVri (A3) III, 115, I-V (210-215). Banderas, dos: texto ignaciano (A) VIII, 1051, B; sintesis de la meditaciôn (G) III, 528, III (927); falsa humildad y confusiôn, sefial del demonio (A) III, 445, A (761-762) ; dos ciudades de San Agustîn (PP) III, 720, 723 (421, B) ; en San Agustîn la de Cris­ to: humillaciones, perdôn de ofensas, renuncia y caridad (PP) V, 943, B (1791-1795); en San Gregorio Niseno (PP) VIII, 1021, H. Véase Discreciôn de espiritus. Banquetes: costumbres de los judios (Μ) VII, 794, IV (1182) ; su magnificencia en Oriente (M) VIII, 127, IV-V. Barbara, Santa: biografia (H) X, 1183; extractos de guiones X, 1204. Barca: la Sinagoga y la Iglesia, barcas de Cristo (PP) V, 1934, II (1775-1779). —De San Pedro: primsras realizaciones plâsticas (Μ) II, 503, II (839). Bautismo: instrucciôn dogmâtica: instituciôn y efectos (G) V, 328, 5 ( 630-634) ; instrucciôn moral: sujeto, materia, forma, padrinos, fecha (G) V, 332, 6 (635-640) ; doc­ trina de Santo Tomâs sobre su necesidad. simbolismo y efectos (T) VI, 240, I; estudio teolôgico de sus efectos (G) VI, 302, 2 (468. 476) ; la salvaciôn es un resurgir del pecado a la gracia (TP) VI, 277, a-c (414-416) ; muerte y resurrecciôn misticas; doctrina de San Pablo (CG) VI, 192, Il (293301); incorporaciôn a Cristo; efectos (CG) III, 192, A (29334JL1 ) ; muerte y resurrecciôn de Cristo. que deben continuar perfeccionândose hasta el cielo (G) IV, 125,3 (240-242); (G) IV, 154, 3 (2S3-2S6) incorporaciôn a Oris­ to; infuslôn de la gracia y vir­ tudes (G) VI, 312,5 (491-496); sin caridad no hace hijos de Dios (PP) III, 800, 1 (1387); carâcter; exposiciôn dogmâtica (G) V, 335.7 ( 641-645); sus ceremonlns, sîmbolo de sus obligaciones (T) V. 250. II (476-481) ; sus slmbolismos en San Pablo (A) V, 282. ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Bautismo] VI (543-552) ; fôrmula trlnltarla en su instituciôn, prueba de la trlnldad en la unidad dlvina (CG) V, 215, C (404-400); renun­ cia y cxpulsiôn de Satanés en la llturgla bautlsmal (G) III 900,10 (1500 -1595) ; ceremonias del "epheta" (Ai') VI, 1190, IV; fruto (G) VI. 1229, 12 (1782-1785) ; el "epheta" (AI) VI, 1190, IV ; fruto de su renovaclôn, reavivando su gracia y recordando su llturgla (G) IV, 121,2 (236-239). —De sank/re: su eficacia (G) IV, 1204,8 (2011-2044). —De Juan: eleinentos, efectos, fin, instituciôn (T) I, 509, IV. Belén: San Jerônimo en Belén (Μ) IX, 128. Véase Cristo; Naèlmiento. Belleza: dice relaciôn a Dios; es el esplendor del orden ; anâlisls de la definiciôn ; el mal 5’ la be­ lleza; lo· bello termina en Dios (G) X, 1205-1212. Beneflcencia: orden y principios de preferencia (G) VII, 139,13 (201-206). Beneficios: participaciôn en ellos. Véase Trabajo; Salario. Bonito, San: vida y obra monacal (H) X, 1218-1222; retiro, obe­ diencia y perfectibilidad en su vida (G) X, 1267-1269, Bernardo, San: biografia (H) X, 1223-1225; escenas de su vida (Μ) IX, 1618-1619; modelo de imitaciôn a Cristo ; por qué imitarle (G) X, 1270-1271; las co-nquistas de Bernardo (G) X, 1272. Bien comûn: de la sociedad tem­ poral: la justicia distributiva ; de la Iglesia, la gracia; subor dinaciôn de bienes (G) V, 726,21 (1367-1375) ; su utilidad, primera condiciôn al repartir cargos pûblicos (T) VIII, 649, 5-6. Véase Estado; Gobernnntes. Bienavcnturanzas : explicadas por San Agustîn (PP) IX( 1532-1541; explicaciôn de Cornelio a Lapi­ de (A) IX, 1562-15S2. Véase Fe­ licidad; Cielo. Bienes temporales : —En general: naturales y sobrena­ turales; cômo los disipamos (G) VI, 712, 10 (10S5-1088) ; corpora­ les; quiénes y cômo los administramos mal (G) VI, 715, 11 (10891093) ; no son el fin ; su desprecio; el mejor uso (A) V, 632, E-F (1179-1180) ; vanidad de lo huma­ no, inclnîda la sabiduria (A) IX, 1731-1733; Cristo en la pasiôn los desprecia todos para comprar las almas (A) IX, 690-693; causas filosôficas por las que su delelte o gozo es menor que el de la posegiôn de Dios (A) V, 625, B (11641171) ; poseedlos, pero no os dejéia poseer por ellos (PP) V, 1077 [Bienes temporales] 596 G (1107-1110) ; ûsense como vladores que somos ; los eternos gôcense como morado-res (PP) V, 587, 1 (1089) ; nuestra vida es un camino; llevemos lo que nos pertenece para siempre v no pesa (PP) V, 926, b (1755-1757) ; valor de los amigos y virtudes huma­ nas; ejeniplo de la pasiôn (A) IX, 698-699; cômo pueden ayudarnos a la salvaciôn y ser perdidos (G) IV, 1075, III-IV (1820-1821). —Los neoesarios: Dios vela sôlo por lo necesario, y ûnicamente por el de los justos, a quienes no promete infaliblemente sino lo esencial : el cielo (A) III, 641, B (1116-1123); su peticiôn a Dios; véase Oraciôn; preocupaciôn razonable y afân excesivo (CG) VII, 357, 2 (512) ; solicitud loable, obligatoria y perniciosa (G) VII, 469, 8 ( 7S9-791) ; no buscar afanosos lo necesario; no disipar lo superfluo; no ambicionar lo ex­ traordinario (A) III, 640, V (llllll^), —Los materiales externos: la Igle­ sia, mirando al fin eterno, se preocupa de los bienes terrenos (TP) III, 6S0, D (1162-1166); de derecho primario estân destinados a servir a todos; propiedad privada ; no o-lvide el derecho primario; propiedad y uso (TP) VII, 428. B (436-446) ; somos administradores en beneficio ajeno (TP) I, 530, a-b; los que abundan miren el bien comûn (TP) I, 533,1. —Superfluos: son de los pobres : segûn el Evangelio, lo necesario es poco (A) III, 836, a (1108); mientras Cristo predica sobriedad, la concupiscenda es insaciable y caprichosa (A) III, 645, C (1124-1127). Véase Limosna. Binarios tres: texto de San Igna­ cio (A) V, 990, B (1891-1894) ; sintesis de la meditaciôn (G) III, 528 (929) ; meditaciôn ; ejemplos evangélicos (G) V, 1060, 12 (20522055) ; tres modos de seguir a Cristo: el escriba; el joven rico; San Pedro (G) V, 1015, 6 (20182024). · Bismarck: un caso de obediencia de los catôlicos al poder indirecto de la Iglesia (G) V, 382, II (720). Bias, San: popularidad de su cul­ to, biografia y patro-natos (H) X, 1174-1176. Blnsfemia: sus cl a ses ; malicla, castigos (G) VII, 1156, 6 (1617-1620) ; pecado contra la confesiôn de la fe; injuria a Dios; pecado mor­ tal ; la falta de advertenda ; en el infierno se blasfema (T) VII, 1082, A (1510-1516) ; injuria de Dios; gravedad ; medios de correcciôn (G) VII, 1154,5 (1612- 1078 INDICE CF.NERAI, DE MATERIAS [Blasfemia] 1615) ; ofende a un Dies, que es nuestro sostén; i quién ofende?; escàndalo causado: castigos (A) VII, 1093 (1550 1557). —Contra el Espiritu Sunto,· (CG) III, 390,2 ( 662); atrlbuir al de­ monio la obra de Dios, la impenltencin. el pecado de ma licia en la elecciôn del mal ; criterlo de espedtlcaciôn ; por qué se dice irremedlabl, (T) VII. 10S4. B C (1517-1521); por qué no os la im penitencia; estudio de San Agus tin (PP) III. 413. b-c (763-713). Bolsena: el milagro de Bolsena (G) IX. 1026. Bridl y la devociôn mariana (TP) X. 929-931. Burla: doctrina moral (G) VI, 127. Ill (199). Véaso Charlataneria. Palabra y Longua. Burocracia; m> ahogue la cura de almas (TP) IV. 463, b (806). Buen ladrôn: comentarios y afeetos del P. La Palma (A) IX, 652655; palabra del Sefior en la cruz (G) III. 1137 (2045). Véaso Cris­ to ; Paslôn. Ciaballrro cristiano: sus cualida des. segûn Donoso Cortés (M) VIII. 537. D. Cafarntiùm: descripciôn (CG) II. 1305. b, I (479): topografia c his. toria (Μ) VII. 1133, I (1590); ciudad de Cristo; pero ciudad maldita (G) VII, 1116, 2 (16001602). Caif&s*. quién era; el Sanhedrin; el juicio (G) IX. 773-776. Calumnia: cnAndo debemos defendernos de ella y cuAndo no (Λ) III, 818, E (1474) : la Igl-sia no la terne; ora por log calumniadon-s (TP) III. 857, j-h (15021503), Caivinistas y la ncg-aciôn de la libertad; estudlo tlôglco (T) II. 992. II (1709-1713). Canâ: liodas de: slmbolismo litûrgico (CG) II. 157, B (234): comentario historico moral (CG) II. 160. B (242-248). Cumula: historia mariana y sus frutos sociales (TP) X. 932-933, Canonizaciones: su orlgen: infnlibiiidad de la Iglesia (A) IX, 1635 1636; en las Iglesias rusa y anglicans (A) IX. 1637. Canosa: Enrique IV en (Μ) VIII. Capitalisme: caractères, or i gen, dafios funestos, reacciôn comunista; ûnicos remedies (G) II, 1243,20 (2156-2159) ; dafios de la ambiciôn de riquezas; obreros y campesinos precipltados al peca­ do (TP) I, 380. c-f; su injusta organizaiciôn del trabajo degrada la persona (TP) I, 237; dos no- Ht· 9. >’· I Capitalisme | tas dei moderno y su condennciôn (G) VIH, 149, IV: n-cliaza· do por su concepto falso de la propiedad (TP) VII, 428, K (634); con su laicismo pn-pnrô <•1 ambiente comunista (TP) VI, 449, b (696). Véase Obreros; Per­ sona hiunana; Trabnjo. —Del Estado: es el peor (TP) II. 361 e (599). Cartcter: descripclôn de Balmee (A) I. 224-226; (in de la educadon (G) I, 289. 18; lo posée fl hombre sobrenatural (TP) VIII, 105, g; carActor y fortaleza (G) I. 2S7.17; ejemplo de San Am­ brosio (Μ) I, 249, VIII; el mun­ do actual necesita hombres de caràcter (G) I, 291,19; anurrgo: permanenda de su ira (T) VI, 60, 2. Cariicter sacramental: naturaleza y efectos (T) VI, 1149, c (1665); exposlciôn dogmAtica de su na­ tu raleza y f undo nés (G) V, 335. 7 (641-645). Carcstfa: dureza del rico en ella; acaparamiento (PP) II, 981, e (1673). Cargos publicos: Jos catôiicos obligados a ocuparlos (TP) VIII. 910, X. Véase Gebernantes ; Autorldad. Ilecomendaciones ; estudio moral (G) VIII, 750,9. Caridad : —Naturaleza: no es sôlo amor de benevolencia, sino de amistad (T) IV, 962, 2.0 (1631); amistad con Dios ; su objeto primario, Dios. y secundario, el prôjimo (T) II. 1146, A (1979-1982) ; no es el Espiritu Santo, sino un lifibito infundido a la voluntad por Él (T) II, 1152, a-b (1993-1996): es amor a Dios sin inedida; al prôjimo por Dios como a ti misrno (PP) VIII, 39, c; dlstinguese de la filantropia en que es una réplica del amor de Cristo al hombre (TP) V, 470, f-g (8$fl8.87) ; condiciones segûn San Pa­ blo (CG) II, 158. 2 (237-241); cualidades sobrenaturales, pnro sobre todo, activo, perseverante; efectos (G) VII, 1026, 17 (1807· J80S), —Propiedades: es universal ; Cristo vive en todos (PP) VII, 906, a (1317-1319); se extiende n los ήηgeles, santos y hombres (A) VII, 952. I) (1382) : activa, segûn San Pablo (CG) II. 111,2 (1914); no busca su propio bien ; la avaricia, si (G) II, 1240.19 ( 2153-2155); rnagnônima y operante, es la base de todo apostolado sacer­ dotal (A) IV. 441, VI (756-768); disimula los pecados del prôji­ mo y los nuestros (G) IV, 1187,2 (2017-2019) ; disculpando y nyu- ÎNDICE CENEkAt DE MATERIAS [Curldud] dando la flaqueza comûn; moti­ ves (CG) VII, 524 (774-779). —Rrlaciôn con las virtudes: virtud especial, que rlge y supera en ex. celeneln n las dcmAs (T) II, 1154, e-d (1997-199,8); la mAs perfecta de las virtudes y carlsmas segûn San Pablo (CG) (1012-1016) ; porque nos llevn con mAs perfecciôn a Dios (G) II, 1210, 5 (2104-2106) ; porque las comprende a todas (PP) IX. 485; (A) VII, Π, V (.104-107); VIH. 76-83; raiz, madré y forma de las virtudes (T) II. 1155. e (1999) ; vinculo de todas (CG) II, 15,3 (21); sin ella no exlsten virtudes morales sobrenaturales (T) II, 1156. 5. 2.° (2000, 2) ; ade­ mâs las avalora III, 802,3 (1389) ; superior a las restantes teologalos por su mayor uniôn a Dios (T) II, 1156, f (2001-2002) ; cari­ dad, temor servil y filial en San Agustin (PP) V, 419 ( 783-786). —T Ια perfecciôn: en ella consis­ te la perfecciôn (T) II, 714, A (1202-1205) ; primeramente en la caridad afectiva para con Dios; secundarinmente en la efectiva y en la ordenada al prôjimo (A) IX, 1599-1608; la perfecciôn, segùn Santa Teresa, es amor a Dios y al prôjimo; todo lo demAs son medios; celo indiscreto (A) V. 439, d (820) ; nos acerca a Dios, restaurando en nosotros su seme. janza (PP) IV, 587, A (992-993) ; superior a los sacramentos y vir­ tudes, distingue al santo (PP) VIII, 28. c-d; embellece el aima (PP) V, 421, 2 (7S8) ; es el aima de la penitencia (G) I, 582,14, —Infusiôn: infundida por Dios en el grado que le place (PP) II, 1148, d-e (1987-1988) ; el bautismo sin ella no hace hijos de Dios (PP) III, 800.1 (1387); os la gra. cia sacramental de la Eucarlstia (T) V, 60S, c-e (1.137-1138) ; per­ fecciôn que puede alcanzar en esta vida (T) II 216, e (12061208) ; que depende de su grado actual (T) II, 855, 3 (1431) : al producirse la presencia de Dios causa el gozo (T) IV, 596, A (1010-1011). —Aumento: aumenta indefinidamente, y todo acto suyo dlspo-ne para ello (T) II. 1149, f (1988-1990) ; con cualquier acto, segûn San Francisco de Sales (A) II, 739, B (1250-1253) ; sôlo con los actos mAs intensos, segûn Santo Tomâs; consfcuencias (A) VII, 938, D (1366-1367); enfervorlznse con la consideraciôn de Cristo rioso (G) III, 521. B (566); no­ ccsita la pnclencla para perseve­ ror (PP) VI, 35. D (39-40); sus sefiales; las deficientes o enga- il, nos, 1079 f Caridad J fiosas; las mAs segurae; las elertas (G) VI, 524. 17 (815 819) ; admlslble en la tierra por el pe­ cado mortal, pero no en el mé­ lo (T) II, 1151. g-h (1991-1992). Véase Amor a Bios. —Caridad con los hombres: e.s la misma caridad teolôgica ; distintivo de los hijos de Dios quo no pe­ can contra ella (PP) III, 7D8. c (1382-1386) ; 801. 2 (1388) ; vlvlr en caridad con Dios exige tenerla con el prôjimo (G) VI, 513, 14 (800-804) ; consiste en ainar el amor (PP) V, 422, 1 (789); servir a los hombres es s?rvir a Cristo (PP) III, 965, c (1714-1716) ; con. truste de la sobrenatural con la que obra por vanagloria ; sôlo la tiene el que obra por amor ; doc­ trina de San Juan y de San Pablo (PP) VII. 908, E (1321-1324) ; el amor de Cristo modelo ; grados de caridad (G) III, 500,3 (874-879) ; eompafiera de la fe y superior a la paternidad de la ^angre (l’P) II, 1138, V (1946-1949). —Obligatoriedad: cuA] es de precep­ to y cuûl de consejo (T) II. 717. d (1209-1211); motivos : Cristo no busca su complacenda ; nos agogiô a todos (CG) I, 157, e; con traba­ jo por los pobres (San Pablo) (CG) II, 694,3 (1164); el cris­ tiano, convencido del espiritu de Cristo y de la historia de su Igl?sia, no puede ser aislacionfeta (TP) V. 828, f (1584) ; équivale al sacrificio (T) II, 63; le.es su­ perior (PP) VI, 28. c (49) ; ejeinplos, de San Vicente de Paûl, Santo Tomâs de Villanueva, San Ignacio. Santa Juana Delanoue (Μ) VII, 94. A-E (151-154) ; ejem. plos de la de San Dositeo; Kempis, Cottolengo, Viannêy, NI· Sa­ cramento, P. Claret. Santa Micaela, Pio X (Μ) V, 472, I-XI (889-902). —Sus obras y orden: sin obras, cristianisino de sôlo nombre (PP) III, 802,3 (1392); para llegar a su perfecciôn, el primer paso as la llmosna (PP) 802, 2 (13901392) ; no consiste en levan tar templos, sino en la llmosna (PP) VI (321) ; bien ordenada coniienza por uno mismo; cômo ha de entenders-e (G) V. 546, 20 (10201025) ; debe comanzar en casa y con los criados (G) VIII, 368. V; orden en la beneflcencia (G) VII, 139, 13 ( 204 - 206); principio s para resolver casos concretos so­ bre el socorro al nrôjlmo (G) V, 546, 20 (1020-1025) ; debe regu­ lar con sus propiedades el juicio iobre al prôjimo (G) V, 535.16 (1000-1003) ; los anôstoles no la entienden en la multi pi icaciôu de panes; Cristo, si (G) III, 717, g η 1080 *3 A Y INDICE GENERAL DE MAÏËRIAS [Caridad] (1252); pecados: véase Muxmuraciôn; Burlas; Odio, etc. —Aspecto social: es obligatoria, no sustituye a la justicia : puede practicarse dando trabajo (TP) VIII, 118, D; precepto funda­ mental; aSadida a la justicia. salvarfa al mundo (TP) VI, 101, D (163-172) ; sus Madones con la justicia para restablecer el orden social (TP) I, 95, a ; 555, r-j ; caridad v justicia en lo social (G) VII,'151. 17 (225-232); no lo es sin justicia; salario justo, no pequeflas dAdivas (TP) VI. 454. LI (712) ; se confiaron a la caridad los deberes de justicia en el si­ glo XIX; doctrina pontificia; caridad social (TP) VI. 668 C (1020-102S) ; sin justicia no pue­ de contener al comunismo (TP) VIII, 519, d; ante la necesidad extrema no de individuos, sino de clases (G) V. 549. IV (1025) ; destruirfa el prejulcio de que la Iglesia es enemiga del obrero (TP) I, 96. d. —Santos dedicados a la caridad: biograffas y guiones, X, 1520. Véase Amor al prôjimo. Carismas: definidôn y explicaciôn (CG) VI. 947, A (1340-1349) : descripciôn y fin de cada uno (CG) II. 1108, b (1909-1911) : in­ feriores a la caridad y posibl“s sin ella (CG) II, 1110,1 (1913); modo de usarlos (CG) II, 158,1 (236). Carmelo, Monte: Wstoria (CG) X, 776. Carmen, Virgen del: véase Maria: Advocaciones. Came: cautelas dei religioso contra la sensualidad en cosas de espiritu (A) VIII, 256, d. Castidad: es virtud especial (T) VI, 804, B ; castidad y Injuria ; virtud natural y sobrenatural; fruto del Espiritu Santo ; aspecto negativo y positivo; medios (G) VII, 448, 2 (673-678); soberbia. disipaciôn y desobediencia, cau­ sas de deshon°stidad : Cristo, su remedio (A) II. 466 (761-763) ; en los jôvenes; estragos de la impureza; dificultad, bienes y medios de su castidad (G) VI. 888, V (1245-1250) ; a las jôvenes no les basta serio; no han de poner en peligro a los demâs (PP) VII. (523); humilde; la santidad del casto se puede perder por el adulterio, pero también por la so­ berbia (PP) I. ISO. 1; educaciôn de la castidad (PP) II. 28, c (34) : labor de padres y colegios en su educaciôn (A) VIII. 295-299; de Raimundo Lulio: de Santo To­ mas (Μ) VIII. 326, I. II. —de Maria: véase Maria: Virtudes. Castigo: compatible con el perdôn (PP) VIII, 433-435: colectivo de los pecados (G) III, 1Π2, 20 (2016). Catalina de Alejandrfa, Santa: panegirico do Bossuet (A) VIII, Catalina Labouré, Sta.: (Μ) X, 629. Catalina de Siena, Santa: biografia (H) X, 1622-1625; mujer que vive de la fe (G) X, 1640-1641; consejera de los poderosos ; dificul­ tad de este cousejo (G) X, 16461649. Catolicidad : milagro moral (PP) II, 70S D (1.193). Véase ïglesia. Catôlicos : —actividad social: deben organizarse, obedeciendo a la ïglesia (G) III, 549, V (926) ; forman un grupo unido en un mundo desunido (TP) IX. 326; deben unirse por encima de divisiones politi­ cas contra los enemigos de la fe, bajo un mando comûn para un triunfo seguro (TP) VII, A-B (1383-1392) ; no deben ser egoistamente aislacionistas, sino tra­ bajar unidos en la vida pûblica (TP) VII, 960 d-e (1340-1341); la buena voluntad del papa tropezô con la inercia o· mala vo­ luntad de los catôlicos explotadores (TP) I, 99, b-c; en esta hora: fe, justicia, amor (TP) VIII, 1082, I; uniôn, si; uniformidad, no (G) IV, 374, VI (651); negativos cuya ironia hay que veneer (TP) VIII, 914, A; que no se acuerdan de la justicia y caridad condenados por el pa­ pa (PP) III 655, c-d (J144-1146) ; obligaciôn de ocupar puestos de autoridad y defender la verdad (TP) VIII, 910, M-R; deben asumir el poder del Estado, para que no lo hagan otros (TP) VII, 783, a-b (1153-1154) ; en el poder no aprueben lo malo, sino busquen el bien pùblico como los priineros cristianos, que asi favorecleron su expansiôn (TP) VII, 783 c-e (1155-1157) ; en la poli­ tica apoven a los hombres pro­ bos (TP) VII, 784, (1158); de­ ben tomar parte en las actividades de su pais; incluso las mu jeres ; formen una selecciôn para la legislatura (TP) VII, 7S6, a-e (1163-1166) ; lleven sus principios de la vida privada a la pûblica como las abejas (TP) VU, 788, g-h (1169-1170). Cautelas: de San Juan de la Cruz. contra el mundo, demonio y car­ ne (A) VIII, 252-257; (G) VIII, 33S. 2. Véase Prudencia. Cecilia. Santa: biografia (H) X, 1181-1182; las artes y Dios (G) X. 1205-1212. ί ND ICE GENERAL DE MATERIAS Ceguera: véase Clogo. Cell ba to eclesl&stloo: véase Sacer­ dotes. Celo: —Naturaleza y cualidades: celo. emulaciôn, envldia (G) I, 263, V ; malo y bueno ; éste es misericor­ dioso;’ sus fuentes (G) V, 884, 16 (1682-1687) ; a veces padece tristeza; Elias; causa y remedies (G) V, 887, 17 (1688-1691) ; el mismo case en San Pablo ; ex­ plicaciôn de su tristeza y sus reacciones (G) V, 389, 18 (1692169S); id. en Cristo (G) V, 893, 19 (1699-1704); cualidades: airaΉ£ do, blando, prudente (TB) V, 740, C (1393-139-1) ; necesita ser prudente y évitât la côlera (A) V, 80S, b (1538-1540) ; desasosegado; imperfecclôn de principian. tes (A) VI, 72, C (103) ; mâs aprovecha la caridad que no el celo indiscreto, a veces muy daiiino. segùn Santa Teresa (A) V, 439, d (820) ; el indiscreto de los hom­ bres comparado con el de Dios (G) II. 655, 10 (1100-1103). —De Dios: cualidades : exigente ; de amistad, no de concupiscencia ; quiere nuestro bien, nuestro corazôu y obras (A) V. 804, b (1528-1532) ; celoso de nuestro amor; celo terrible; la redenciôn, obra del celo (TB) V, 737, A (1383-1386) ; celo, ira y lâgriinas en Cristo (G) VI, 918, 15 (13991403) ; por su misiôn redentora ; por los gentiles, los pecadores; hasta la muerte (TB) V, 742, D (1392-1398) ; su llanto y la expulslôn de los mercaderes, dos for­ mas de celo (G) VI, 918, 15 (12991303). —Nuestro por Dios: celo sin envidias; motivos de ello; odia el mal y vigila el bien (A) V, 806, B (1533-1537) ; de combatir los enemigos de Dios; por las ai­ mas; por los mâs prôximos (TB) V, 739, V (1388-1394) ; lo impide el respeto humano o la comodidad (A) IV, 1150, IV (1955-19G4) ; debe ser elemento de .unidad en la diversidad de réglas (A) I, 195197. —Por las aimas: corresponde al amor de Dios; San Pedro (PP) IX, 535; ocho motivos dei celo ; sus actos principales; propio de los perfectos (A) V, 793, III (1507. 1513) ; San Francisco Javier ainaba mâs las aimas que su vida (Ml V. S37, B (1600); de Javier, que desea mover a todos los estudiosos (Μ) V. 836, V (1599) ; de Don Bosco y el P. Damlân (Χή V, 839. VII-VIII (1603-1604). Véa. ge Alma. —y loft celo#: el celo, los celos, la envidia; anôllsis psicolôglco de San Francisco de Sales (A) V, 1081 [Celo] 802 (1525-1527); sin celos ; el Cu­ ra de Ars, ejemplo (G) X, 14741476; el amor de concupiscenda y el de amistad engendra los celos 0 el celo ; divlsiôn en las asoclaciones religiosas (G) V, 877. 14 (1669-1677) ; el amor grande engendra el celo, el pequefio los celos (G) V, 881, 15 (1678-1681); entre religiosos ; carta de Pedro el Venerable (A) I, 194-199; en la ïglesia (G) I, 267, 8; entre Evodia y Sintique (CG) VIII, 842, b. Cena: Parâbola (CG) VIII, 16; apostillas de Origenes (PP) VIII, 20; id. del Crisôstomo (PP) VIII, 22; id, de San Agustin (PP) VIII, 27; id. de San Gregorio N. (PP) VIII, 37 ; acomodaciôn a la eucaristia (G) V, 570, 7 (1058); lec­ ciôn social : los ricos, los pobres, los casados (G) V, 673, 3 (12681271): su magnificencia en Orien­ te (Μ) VIII, 127, IV-V. Véase Banquetes. —Ultima cena: sermôn. Temas : separaciôn; mundo; consuelo (G) V, 677, 5 (1151-1155) ; cumbre de la revelaclôn; parangôn con el de la Montafia, su desconocimiento (G) IV, 717. 18 (1214-1218) ; conwntario exegético-moral dei texto (CG) IV, 570, B (965-974) ; ser­ môn de San Agustin (PP) IX, 4S0-4SS; Cristo en él es padre que se despide, y consuela; fuentes del consuelo (G) IX, 739-741; maestro que ensefia la humildad, santidad y caridad (G) IX. 742745; sacerdote (G) IX, 753-762; nuevas manifestaciones del amor (G) IX, 733; no siervos, sino ami­ gos (G) IX. 746-749; que todos sean uno (G) IX, 750-752; mandamiento nuevo (PP) IX, 480482. Cenôculo: escenas después de la resurrecciôn (G) IV, 356, 16 (623624), Centurlôn: su humildad y oraciôn (CG) II, 307, 3 (482) ; comentarios del Crisôstomo (PP) II, 311, B (489-491) : curaciôn del criado (CG) II, 305, b (479-481). Véase Mill tares. Ceremonias : —De la misa: Explicaciôn de Santo Tomâs (T) V, 604, F (1125-1133). —Del bautismo: Explicaciôn de San R. Belarmino (T) V, 250, II (476481), Véase Bautismo. César: el tributo al César, dom. 22 de Pent. VIII, 607 ss. Ciego: ceguera material fâcil de curar y ceguera del aima dificil (CG) II, 1116, c (1926) ; ceguera espiritual; remedio: volver a Cris, to (G) II. 1234, 17 (2147-2149) ; la ceguera del pecador inmôvll a la gracia (G) II 1232, 15 (2139-2142) ; ceguera del pecador y dei mundo; 1( • K·· - jc®3 9 Λ -* —' Z : 1082 INDICE GENERAL DE MATERIAS INDICE GENERAI, DE MATERIAS 1083 · » . .f? ■ -, i.'A [Ci ego] causas (G) II. 1234, 16 (21442146) ; la humanldad ciega sentada en el camino distraida con las creaturas que pasan por él (A) II. 1163 ( 2010); Jesûs pasa de muchas formas junto a la humanidad ciega (A) II, 1163, C-D (2010-2020). —De nacimiento: curaciôn de los ojos y del espiritu; el sûbado y el Seiler del sûbado (G) VII, S35, 11 (1242-1245). Cielo : —Fin del hombre: fin de las obras de Dios (A) IX, 1590-1502; el reino de Dios es finalmente el cielo segûn los slnôpticos, el sormôn de la Cena y el Apocallpsis (G) V, 705, 13 (1320-1325): es el remate de las obras y comunicaciones divinas; el mayor de los milagros ;herencia de Dios! (A) IX, 15S9-159S: perfecciona nues­ tra adopciôn, boy imperfecta (A) VIII, 109, A; participaciôn de la fellcidad de Dios (G) II. 1211. G (2107-2109) : estudio de su felici dad por San Agustin (PP) III, y • ·’ rj —FUîJib beatifica: descripciôn de San Pablo (CG) II, 1112, 4 (1916) ; nociôn; el “lumen gloriae” (A) VIII. 101-103; posible: sin esjæcies; sobrenatural: “lumen glo­ riae”; nos asemeja a Dios (T) III, 251. E (433-438); explicaciôn de Santo TomAs (T) IX, 1548; la mayor de las uniones es la de la visiôn beatifica (A) III 260 (46S-469) ; _ Dios 1_ incomprens’ îble aun para los bienaventurados (T) III 253. f (438-439): objetos se­ cundarios (G) III, 351. III (60S) ; al ver a Dios no se ven todas las cosas; se conoce lo que ocurre en la tierra, sin sufrimiento alguno (T) IX, 1550-1554; la fe enciende en deseos de visiôn (A) VIII. 264-266. —Amor i/ gozo: banqueté que satisface; su manjar es ver y aniar a Dios (A) III 626. A-C (10881091); el amor en el cielo es per­ fecto y beatificante (G) III 345. II (599-601); su guzo Infinito, por el mayor conocimiento. posesiôn y uniôn con el mayor bien (A) III, 264. A (458-469) : el gozo, no. ciôn, existencla, intensidad (G) III 357. 12 (602-606), —Impecabilidad de los santos: I. 826. 1-2; razôn de la misma (T) IX. 1549. —FcHcidad igual. pero con grados: gloria y felicidad de los santos (TB) III. 202. E-II (342-347) : canto del Crisôstomo ; su gozo hvrmosea el aima (PP). III, 218, I (372-378) : lugar de paz com­ pléta (G) VIII. 1306. 15: magniflcencia deducida de la gloria de pt .< '*· [Cielo] Dios, de su amor a los santos y dei precio que le costô (A) 111 260 I (453-457) : su felicidad exi­ ge sea eterno (Ι’Γ) III, 235, I (401-403) : igualdad esencïal para todos (PP) II, S40. a (1103): fellcidad completa, pero eon grados (T) III, 255, g (440-443); igualdad del obj do y diversidad en la posesiôn, segûn los grados de ca­ ridad (T) II. 854, b (1430-1431); sus gTados dependen del mérito (T) III. 256, 2 (445): y del -lu­ men gloriae" (T) III, 252, 2 (4-13): don de Dios y mérito del hombre (G) VI. 483.’ III-IV (757-758): igual esencialinente para todos.no depende del trabajo realizado, sino del amor (G) II, 912, c (1556155S). —Gloria accidentai: gozos secunda­ rios del λ-er y amar (G) III, 350. 13 ( 607-610) : gloria accidentai: dificultades y soluciones (A) III, 2S0, A (487-490) ; compafiia de los santos (A) III, 282. B (491-496): las aureolas (‘T) IX, 1555-1556. —Su deseo: hace fûcil los trabajos y el deber (PP) IV, 1112. a (1S79) ; trae el de morir; San Juan de la Cruz (A) III, 277. B (482) ; estimulado por la nscensiôn de Cristo (PP) IX. S55-S56: no es el opio dei mundo, sino que pide vida activa (G) III, 342. 10 (595-596) ; su dilaciôn. tormen­ to del purgatorio (A) IX. 1753 1754 ; aliento para la vida cris­ tiana (CG) III, 216. c (369): de seado por Santa Teresita (M) III, 307 ( 567) ; por San Agustin v Santa Mônica (PP) IX. 16971698. — itedios para conseguirlo: meditar el plan, arrepentimiento. oraciôn y limosna (PP) III, 239, C (411 414) ; exige esfuerzo y renuncia (PP) III, 237. A-C (406-410): el arrepentimiento, confesiôn, repa­ raciôn. limosna y perdonar (A) III, 62-8, D (1092-1094) ; a la glo­ ria por la cruz (PP) III, 964, b (1711-1713). —Varios: descripciôn del Dante (M) VIII. 1266, VII: tres descriptio­ nes proféticas (A) IX, 901 ; de­ seamos subir a él como subiô el Sefior; afectos de Santo Tomis de Villanueva (A) IX, SS2-883. Ciencia: es una virtud. pero custodiada por la humildad (PP) I. 336, b ; no conocer los astres, sino a si mismo (PP) III. 803. a (1393) : debe dirigir la vida y no ser pura curiosidad; ilumina para caldear: no para que brille el sabio, sino Cristo: en bien de las aimas (G) X, 1306-1312; insuficiencia sin Dios; discurso de un miembro de la C. de energia atômica (Μ) I, 251, X; necesaria a IClenchi | la Iglesia; très étapes en su historia: carActer de los subies provldeneiales (G) X, 1337-1338: medios para su crechn lente (T) II, 36, c (44) ; unos nstudian por curiosldad: otros por vanidnd; otros por luero; debe en cambio dirigir nuestras vidas (G) X, 1306-1307; tres modos perniciosos dp desearla : ejemplo contrario (A) VIII, 287, 290; la ciencia so­ berbia y la verdadera (G) II. 376.2 (626-629) ; contra Dios (TP) II. SU (805, D). —Don·: véase Espiritu Santo: Donés. Cin.?; su influenda en la juventud y niflez (G) VII, 683, IV-V (1010. 1011) ; atrae con su técniea a la juventud y les présenta en imAg?nes una vida errônea (ΤΙ1) VII, 597, b-c (875-876) ; debe servir para el bien (TP) II, IL 616. c (1025-102S) ; no debe ténor liber­ tad incondicionada (ΤΙ*) II, 620. b (1039) ; véase Escândalo. Cipriano, San: actas de su martirio (Μ) IV, 1179, III (2011). Cirineo: encuentra una cruz en que no pensaba (G) II, 1108, 17 (2006-2007). Cisma: causas morales (G) II, 657, 11 (1104-1108) ; causas de la permisiôn divina (G) II, G62, 13 (1112-1117). Ciudades, Dos: origen y lucha de las dos (PP) III, 421, B (720723). Ciudadano: motivos cristianos para serlo buenos, segûn San Pedro (CG) IV, 56S, H (961-964). Civilizaciôn: no tanto perfeccionar la técnica cuanto el hombre (A) VIII, 293, c; puede perecer la ci­ vilizaciôn cristiana; la Iglesia, noy(G) VIII, 9S9, III. Cizana (Parabola de la) ; comentario general II, 564 ss. (928 ss.) ; guiôn exegético-moral (G) II, 639, 3 (1069-1076) ; descripciôn de la planta (Μ) II, 624, I (1049). Clases sociales: desigualdad social querida por Dios (TP) VII, 84, d (130) ; la Iglesia no promete la igualdad absoluta sino en la dignidad humana (TP) I, 543, 1; la sociedad estA dividida en una clase poderpsisima y egoista y nna muchedumbre pobre, pronta a amotinarse (TP) I, 539, a, d; la lucha econômica se ha exten­ dido a los estados (TP) I, 541, g; acercamiento ; error de creerlo imposible; causas del error obrero ; consejos a los directores (TP) VII, 83, B (127-136) ; la eucaiistia evitaria su disgreg’aciôn (TP) V, 657, in (1239) ; IX, 1137-1143. Closes humildes: pueden nacer mu- f Clases bumikles] cho; levftntiite y anda (G) VU, 1173, c (1647) < Claudel, Paul: converaiôn (Μ) II, 1201, IV (2090). Claudia. Fr6cu-la: en el Evangelio (Μ) IX, 715. CJemencla: equhjad, man sed umbra, misericordia y piedad ; efectos sociales : viclos opuestos (G) VIII. 506,14; clemencia, mansedumbre, justicia e ira en Dios y los bombres ; cômo se relacionan (G) IV, 824. 4 (1449-1451) ; virtud de principes (Μ) VIII, 550. Véase Misericordia. Clero indigena: (G) II, 1070, III (1862), Véase Sacerdotes. Coadjutores: el pârroco no los anule con su exceso de actividad (G) IV. 555. VII-VIII (947-948). Cobardes: terrien ser tachados de hipôcritas en la virtud (A) VI, 443, C. Cobardîa: ante el problema de la apostasia de las masas (G) V. 859.7 (1635-1639); (G) V. 872,12 (1600-1663) ; no es hora de cobardias, sino de ocupar los puestos publicos y luchar (TP) VIII, 910, M-RR. Ccdicia: raiz de males; relaciones con la soberbia (G) VI, 1074, 12 (1560-1566) ; senor que tiraniza (PP) VII (525). Cofradia dei Rosario: véase Ro­ sario. Cogestiôn: y copopriedad son deseables (TP) II, 8S5, h-i (15023503). Colombia: devociôn mariana (TP) X, 934-935. Compaiïfa do Jésus: origen (H) X, 1241-1242. j Compaîiias : —Malas: daüo que hicieron a San­ ta Teresa (Μ) II (365-368); (A) ! IV, 433, B-C (740-741). Véase Escandalo. Companion: sus relaciones con la misericordia en Dios y en nosotros (G) V, 500, III (933); de las necesidades temporales y espirituales (G) VI. 314, b (496498). Véase Misericordia. —De Marin: véase Maria: Dolores. Compunciôn: compunciôn y peni­ tencia; eficacia; frutos; medios (G) VI, 309,4 (485-491). Véase Penitencia como sacramento. Comuniôn: véase Eucaristîa: Coinuniôn. Comuniôn de los santos: interce­ .‘siôn inutua y de los santos (G) VII, 103,2 (161-165) ; formâmes con el cielo la “commonwealth”, segûn San Pablo (CG) VIII, SU, 4 ; cômo pueden aprovechar a otros los actos propios (T) IX, 1711-1715; su relaciôn con la co­ muniôn sacramental (TP) IX, ;< Iï 5 ! ·? 2.· |084 INDICE GENERAL DE MATERIAS [Comuniôn de los santos] 1142-1143. Véase Cristo: Cabeza; Iglesia. Comunismo: doctrina; extensiôn y tActica ; necesidad de un progra­ ma contrario; actuaclôn de po­ bres y ricos; quiénes deben colabonir; enciclica “Divini Re­ demptoris" (TP) VI, 446 (691728) ; materiallsmo dialéctieo e histôrico; odio a Dios; crisis econômlcas; es intrinsecamente inalo (TP) VIII, 522, 1-6 ; y la dignidad humana y paz social (TP), I, 864, a-h; degrada el tra. bajo (TP) VIII, 117, s; pecado colectivo de odio a Dios; el enemigo militât y el espiritual; deber de los catôlicos (G) VIII, 596,19; comunismo, masoneria y libéralisme. falsos profetas (G) VI, 539, 21 (835-842) ; reacciôn materialista contra capitalisme materialista (G) II. 1243, 20 (21562159) ; consecuencias de la descrlstianizaciôn obrera (TP) I, 239, d; aprovecha la penuria para la lucha religiosa (TP) II, 498, f-g (S18-S19) ; ante la catâstrofe que amenaza: caridad y justicia (A) VIII, 518, B ; no se amilane el sacerdote y luche; el ejemplo (TP) VII, 247, c-e (358-360) ; con. denaciôn en la “Divini Redemp­ toris” y por el Santo Oficio (TP) VI, 459. E (727-737) ; texto de su condenaciôn por el Santo Oficio (TP) VIII, 524, 7. Conciencia: su testimonio da glo­ ria mâs verdadera que el ajeno, pero el ùnico suficlente es el de Dios (PP) III. 811.5 (1405-1409); duplicidad (TP) VI. 93, h (142); desdoblamiento en el campo sen­ sual, econômico y politico (G) VIII. 982, VI. Concordia: textes biblicos VI, 7, D (9) ; en las epistolas de San Pedro y San Pablo (CG) VI, 9. b (12-17); y la paz; diferencia (T) IV. 236, f (406) ; mirese la rectitud de intenciôn, no las dis­ tintas costumbres (A) I, 195-197. Concupiscenda: concepto natural y obras de la carne (G) II. G50, 7 (1085-10S8) ; su existencia, peligros, ayuda, etc. (CG) VII, 344, c (509); ârbol malo: el amor do Dios. el bueno (G) VI, 528. 1ς (820-824) ; ârbol malo. segùn San Agustîn ; su universalldad y per­ manenda en el justo; lucha de San Pablo-; no es pecado; re­ medio de la gracia (PP) VI. 401, b (629-643) ; origen ; triple clase; su enlace con el mundo y demonio (G) III. 153. IV-VI (261. 264) ; noctôn ; relacién con el pe­ cado; doctrina protestante v ca­ tôlica (G) VI. 501, 10 ( 781-784) ; elemento material del pecado ori. [Concupiscenda] ginal (T) VII, 44, b (79); dlsmlnuida, pero no muerta por el bautismo (T) VI, 245, c; permanece en el justo, pero venclda por la gracia (A) II, 346, b (562-566); vive en mi, pero no reina porque Cristo me ha hecho libre (P?) I, 779, f; no vivantes segùn la car­ ne, sino (όπιο hijos de Dios (CG) VI. 562, Il (865-870) ; remedies: temor, huida, oraciôn, mortificaclôn, conilanza (G) II, 1089-1095; en qué sentldo pis amansada por la Eucaristia (T) V, 610, B (11391143). Véase Pasiones. —De hijos: desprecia lo necesario y retina sus caprichos (A) III, 645. b-c (1125-1126). Confesiôn: confesemos nuestros pe. cados humilde, sencilla y esperanzadamente (PP) I, 310-341 (339). Véase Penltencla· como sa­ cramento. Confesor: véase Sacerdotes. Conflanza: como virtud (T) VIII, S67, A; doctrina protestante; id. de Trento (G) VII. 107, 3 (166167) ; doctrina catôlica (G) VII, 4 111. (168-172); la cristiana; con­ diciones (G) VIII, 967, 13; es ale. gre; necesaria para pedir y para cumplir la ley (PP) VIII, 847. I: pensamiento de Santa Teresa (A) VIII, 875, I; en los salmos; la in­ dividual (G) VIII, 973, 16; la colectiva (G) VIII, 976, 17; en la 11. turgia (G) VIII, 934. I ; en la del domingo XXIII (CG) VIII, 839, A ; doctrina pontificia ; confiât en Dios y en los valores humanos; decepciôn de la confianza en el progreso, economfa, ciencia, tra­ bajo y goces (G) VII, 1196, 18 (16S6-1691) ; fundamentos; la con. fianza en los santos (G) I, 730,8. —Votivos: no radican ni en nos­ otros. ni en las criaturas; tampo. co debemos ser pasivos ; el mo­ tivo: Dios con nosotros (G) VII, 1186, 15 (1669-1673) ; se apoya en el conocimiento de nuestra mise­ ria y en el de la misericordia de Dios (A) VIII, 899-901; porque Dios es buen pastor segùn el salmo 22 (G) IV, 669, 2 (11361142) : porque es juez justo; ami­ go, limosnero, padre nuestro y de Cristo nuestro hermano (A) VIII, 893-896; Cristo motivo de la nuestra (G) VIII, 971, 15: Cristo nos conoce amorosamente; lo puede y sabe todo, inclu­ so frente a sus enemigos (G) VU. 1183, 14 (1663-1668); la re­ denciôn de Cristo es su firmeza a pesar de nosotros mismos (A) VIII, 901-903; siete motivos por los que Cristo es su causa (A) VIII, 8S6, IV ; sus enemigos (G) VIII, >5 1085 ÎNDÎCF. GENERAI, DE MATWAS Contlrinaciôn : est.udlo teolôglco; conflrinaclôn y apostolado (G) V, 151, 6 ( 200-291) ; materia, for­ ma y efectos (T) V, 55, R (108111) ; sacramento de fortaleza y plenitud del Espiritu Santo (G) III, 531, 14 ( 932-936) ; y Eucaristia; ésta nos· fortalece con relaciôn a nosotros mlsmos; aquélla, para la defensa de la fe (G) III, 533, 15 (937-940). Congregaciones Marianas: su espi­ ritu y coordinaciôn con la Ac­ ciôn Catôlica en la “Bis saecu­ lari” (G) IV, 374, 21 (646-654). Conocimiento propio: camino para conocer a Dios y juzgar bien al prôjimo (A) 365, B; es la humil­ dad; su fundamento (G) VI, 1061, 9 (1546-15-18) ; base de la humildad (T) VI, 974, c; seis motivos de su necesidad (G) I. 428, 10; necesario; San Bernardo al papa ’Eugenio (PP) I, 338341; necesario para la perfecciôn; objeto : nuestros pecados de negllgencia, la concupiscenda y vicios; requiere recogimiento (T) VI, 9S1, II (1407-1412) ; mAs ne­ cesario que las devociones ; exa­ men; remedio de la soberbia, desagradecimiento y pereza; hu­ mildad en las obras buenas (A) VI, 63. I; causa de un orgullo laudable (A) VII, 744, d (1100) ; el desconoclmi°nto, causa del or­ gullo (A) VII, 742, a (1098) ; quién eres por naturaleza, religiôn y posiciôn social (A) I, 353-358. Consagraciôn : al Corazôn de Je­ sûs o de Maria; naturaleza (CG) X, 616. —Colectiva: buena, pero defectuosa la mayoria de las veces (G) IV, 1058, IV (1793). Consejo: a los poderosos; dificultad por parte del que lo recibe y del que lo da (G) X, 1G46-1649. —Don: ejemplos de San Francisco de Sales y San Vicente Ferrer (Μ·) IV. 820, C (1412-1413)). Véase Espiritu Santo: Dones. Consejos evangélicos: son cuestiôn de fidelidad (A) VI (129-130). Véase Pobreza, Castidad; Obedicncia. Consolationes : discreciôn de espi­ ritu y normas ignacinnas para obrar en ellas (À) III, 84, 3.°; 86, 10.°; S7, B (133, 136, 137-142). Consuelo: su fllosofia y teologia (G) IV, 679, IV-V (1154-1155) ; consiste segùn Santo Tomôs en el amigo y en la verdad; el Es­ piritu Santo es ambas cosas (G) IV, 858. 9 (1470-1475) ; en medio del dolor nos nlegran la libertad, amor y esperanza producidos por el Espiritu Santo (A) V, 105, VIII (207-213); del pur- [Consuelo] gntorlo (A) IX, 1702-1768. Véase Trlbulaciones, Contemplnciôn: la acciôn con ella y sin ella (G) V, 148, 5 (286-289) : la ülosôflca, la Ignaclana y la de San Juan de la Cruz (G) VII, 1016, III-IV (1818-1819). Continenda periôdica: véase Nat alidad: limitaclôn no pecaminosa. Contriclôn: véase Penltencia como sacramento; Arrepentimiento. Contumelia: véase Injuria. Conventos: peligro de que el mun­ do entre en ellos, sobre todo en los colegios (G) IV, 886, 18 (15161519) ; peligro dei convento mun­ dano (A) VI (667-668) ; vivimos un asalto dei mundo al claustro y viceversa (G) IV, 893, 1525); deseo de honras en ellos (A) VII, 749, D (1141); cautelas contra los enemigos del aima en la vida de convento (A) VIII, 252-257. Conversiôn: grave peligro de dejarla para la muerte; ambiciôn, alejamiento, placeres, la imposibilitaron (A) VIII, 84-89; es penosa, pero la gracia ayuda (A) VI. 840 (1165-1166) ; la hecha a medias da un culto sôlo externo v déjà las costuinbres sin corregir (A) VII, 778, d (1143) ; de San Agustîn y Clodoveo (Μ) V, 833, I-II (1595-1596) ; de la nove­ lists americana F. Parkinson (Μ) V, S41, X (1606). Véase Arrepentimiento, Penitencia. Copropiedad y la cogestiôn son deseables en las empresas (TP) II, 885, h-i (1502-1503). Corazôn de Jesûs: véase Cristo: Corazôn de Jesûs. Corazôn do Maria: véase Maria. Corazôn, lAmpios do: verAn a Dios (PP) II 32, II (39) ; (PP) III, 225, D (381-387) ; (PP) VII, 719, 1-2 (1063-1064); limpieza de la fe, dones intelectuales y recta inten­ ciôn para ver a Dios (G) II, 1237, 18 (2150-2152) ; el don de sabiduria concede a los humildes apreciar el valor de las co­ sas; por las cosas, a Dios; San Francisco de Asis (G) VII, 490 (739-742). Corea: mArtires antes que misio­ neros (T) II, 465, i (759). Corporativismo: fôrinula mAs per­ fecta que el sindicato horizontal (G) II, 419, 19 (6S6-6S7) ; puede unir a los hombres (TP) I, 230, i-j. Corpus: sltuaciôn litûrgica (CG) IX. 1019-1029; origen hlstôrico (CG) IX, 1021-1031. —Procesiôn: triunfo legitimo y eflcaz de Cristo (A) IX. 1105-1112; manifestaclones externas y senti- .... ** *- ,1 1086 t■ Indice general de materias [Corpus] mientos interiores (G) IX, 117711S1; en Madrid, en Valencia: los seises en Sevilla (XI) IX, 11701173. Correction: obligaciôn de caridad para con Dios y para con mi hermano; normas (Λ) V. 442. II (826. 833) ; compatible con el perdôn (PP) VIII, 433-435; dificultnd; sin violencia. atendiendo a las clrounstancias (PP) IV. 400, 1 (679· 681); debemos corregir amando: no por el dnilo que me cansaron. sino por el de quien me ofendio —Maestros duros: la presencia y serenidad de Dios y la impacienela e Internperancia del hombre; sôlo Dios debe jnzgar (PP) VU. 1075. B (1501-1505). Véase Reprensiôn. —De los hijos: en la Sagrada Em­ eritura (TB) VIII, 203. —Fraterna: textos biblicos. VI IL 402. 22; precepto afirmativo; ex rusas; es caridad (T) VII, 564. B; obligatoriedad; omisiôn me­ ritoria y pecamlnosa; condiciones (G) V. 541, 18 (1010-1005); es un aspecto de la caridad; correcclôn y Cuerpo mistico; doctrina del Sefior y de San Pablo; con­ diciones que debe reunir (G) VII, 630, 4 (923-929); quién corrige; el superior, el hermano, el sub­ dito. el pecador: normas de San­ to Tomés (G) V, 538. 17 (10OL 1009) ; cômo débe hacerse y realizarse (G) VU. S44, 17 (12551257); proceso: en privado; ante testigos: cômo procéder en cada caso (G) V, 543, 19 (1016-1019): obligaciôn de denunciar al supe­ rior (G) VIII, 594, 18; normas de San Ignacio y comentnrio del P. A. Rodriguez (A) VIII. 4854S9; normas pr&cticas de Santa Teresa (A) V, 437; (A) (818-822). Costumbres: pueden ser Arbol bueno o malo (PP) VI (617). Creaciôn: obra del amor (G) IX. 729; su hermosura y bondad alaban a Dios (A) VI. 1155, A, a (1673) ; desenvuelve en el mundo las perfeccionos de Dios (G) III. 496. I (869) : paciencia de Dios en ella (A) VI (1183) ; perturbado su orden por el pecado anhe­ la la manifestaciôn de los hijos de Dios (CG) V. 615. 1.* (1729); Dios. bondad infinita, crea y co­ rona su obra con *4 hombre (TP) IV. 806, A (1373 137$); Dios créa a los hombres cada uno con su tin (G) IV. 503. II (868-860). Creaturas: Fin: en San Ignacio: principio y fundamento; contemplaciôn para alcanzar amor (G) VII. 481. 12 (695 699) ; destinadas a ayudar al hombre en la con- [Creatu ras] secueiôn de su lin (G) VII 481 13 (700-702) ; son buenas ontolôg ica y teolôgicamente; por las creaturas a Dios; modos (G) VI 1238, 15 (1795-1798); nos mues· tran a Dios y pueden apartarnos de Él (A) II. 1163. C I) (20192020). Véase Dios; Gloria. —F so: rendiciôn de cuentas; cuanto tenemos es don de Dios; sus closes (A) VI. 622, I (949-956); somos adininistradores de Dios (CG) VI. 570, d; fines y medios; las creaturas pueden ser impedimentos, medios seguros o indiferentes (G) V, 681,6 (1280-1283) ; sôlo una cosa es necesaria (A) III. 644, 3 (1123) ; el mundo pasa, sôlo Dios queda (PP) I, 48-50; nos asimos imitilmente a elles como el nAufrago a cualquier cosa (PP) I. 1S3. A; somos pe­ regrinos entre ellas; busca el fin; "asfos al amor y estad tranquilos” (PP) VII. 904, 1-2· (13141315) ; ni las riquezas, ni el ho­ nor nos dan la felicidad; estudlo tcolôgico (G) VIII, 1308. 16; el cristiano menosprecia linajes, edad, belleza, salud, riquezas y persecuciôn (PP) VII, 712, I (1050-1060) ; el desprendimiento, consecuencia de nuestro fin; es­ piritu y letra del Evangelio; con. tlanza (G) VII, 466, 7 (703-708); diferencia entre cuidados e inquietud (PP) VII, 357, 2 (512); (A) VII, 411. V (599-600); Dios y las creaturas, términos contra­ rios; dafio de los apetitos (A) I, 515-517; elecciôn desordenada de los clérigos que estudian para obtener bénéficies, segùn San Francisco Javier (Μ) V, 836. A (1599). Véase Bienes temporales. Criados: form an parte de la fami­ lia (TP) II. 71. f (103) ; su obe­ diencia (TB) V, 907, F (1719); amos v criados (’TP) II. 363. c; 364. b (605-608) ; cômo^deben ser trntados por las senoras (A) VIII. 267, IV; el sefior debe ser su pastor (A) IV. 438. V (750755); très principios paulinos: lib rtad. igualdad y sujeciôn (G) VIII, 377, 19; doctrina pontificia sobre los criados en el hogar (TP) VIII, 317-325; en el Evangelk); cl ejemplo del hogar (G) pfo XII: el dere367, cho y el amor cornpaginados en el hogar (G) VIII, 3ernAculo. sacerdo­ aflrman; por el Espiritu Santo, te y hostia (C) III, 333, 7 (581properando a los apôstoles, a los 584) : estudio de Santo TomAs so­ fieles y obrando en la Iglesia (G) bre el sacerdocio de Cristo (T) IV, 1227. 15 ( 2072-2076) ; sus po­ III, 815. I (1411 1421) : en la Epis­ deres eternos de euseflar, gobertola de los Hebreos (CG) III nar y sacerdotal ; cuândo los re­ 761. b (1316-1321) : porque ha si­ cibiô y los manifiesta (G) V, 323, do elegldo; de entre los hombres; 3 (621-623) ; poder supremo ma­ para ofrecer sacrificios; en forma gisterial, sacerdotal, pastoral y ûnlca (G) III 880, 3 (1540-1550); 35 La palabra de C. 10 ·· 1090 INDICE GENERAL DE MaTERIaS ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Cristo] judicial, eu A les transmite (G) V. 360. 16 (680-6SS) ; lo peculiar de su ley es que ayuda a cumplirla; es pecado original; la ley de man. damientos y la ley de gracia (.A) VI. 73, III (104-110> ; cumple y completa la ley antigua (PP) VI, 21, c (46) ; eplsodio del ciego de nacimiento ; modo de entender el sAbado; el Sefior del sAbado (G) VII, S35, II (1242-1245) ; motivos por los que curaba en sAbado (G) VII, 832, 10 (1230 1232) ; reformador divino en el concebir, resolver y ejecutar (A) VI, S5, V (120-125) ; los falsos y los verdaderos reformadores ; Cristo (G) VI. 142, 9 ( 223-227). —Cabeza: habirAculo de la plenitud (CG) VIII. 1012. 2.’; tesoro del ser; de la sabiduria: de la gracia; de la gloria (T) IX, 1090. 1094; cabeza de los Angeles (CG) VIII, 1011. 4.°; centro, fin de la creaciôn (A) VIII, 1219-1222; por ser el modelo del orden sobre­ natural y como premio a su redenciôn (G) X, 733-734; causa ejemplar de la vocaciôn y predestinaclôn ; consecuencias ( G ) IX. 355-357; fundador y cabeza del Cuerpo mistico CT P) V, 119, E-F (244-251); explicaciôn; los miembros (G) IV. 176. 20 (316322) ; Cabeza. autor de nuestra resurrecciôn (PP) I. 43, b; su gracia capital: nociôn (G) VIII, 1114, IV ; nuestra solidaridad con Él; Adân y Cristo (G) I. 889, 9; cabeza de la Iglesia (CG) VIII, 1012, 3; Dios oye nuestras oraciones porque son de Cristo y porque Él las présenta en el cie­ lo (A) IV, 970. II (1640-1643) ; de la Iglesia; de todos los hom- i bres; de los Angeles; explicaciôn de Santo TomAs (T) IX. 1542- I 1547 ; unas veces ora en nombre propio· y otras como nuestra ca­ beza (PP) IV, 941, B-C (1599- i 1604). Véase Cuerpo mistico. | —Vida oculta: nacimiento: ida a Belén y nacimiento; historia (CG) IX, 8-14; Beién, situaciôn, nombre, grata, pesebre (Μ) IX, 113-118; afio, mes, dia y hora (Μ) IX. 119-122: en los apôcrifos (Μ) IX, 123-120: dirigido y preparado por ia Provi­ denda (G) IX. 130-142; dos naclmientos (T) IX, 46-47; por qué nace en Belén (T) IX, 54-58; viene para que podamos imitarle; preparaciôn (PP) I, 51, B; el pe­ sebre, cétedra de humildad, de pobreza y de amor (A) IX. 274276; nos ensefia los atributos de Dios; nos ensefia a amarle y fa­ cilita su imitaciôn (G) IX, 176178; su nacimiento y la adopciôn [Cristo] nuestra ; consecuencias: conoce, hombre, tu dignidad _ __(PP) _ IX, i 39-44; meditaciôn sobre las per­ sonas de Belén (A) IX, 143-148; no debiô comunicarse a todos, i sino a algunos; comunfcase de modo diverso a pastores y reI yes, segûn su modo de ser (T) IX. 254-258; adoraciôn al Nifio Jesûs; historia (CG) IX, 13-14; fe ardlente de los pastores y reyes (G) IX, 149-152.—Circunci· siôn: Cristo comienza en ella la salvaciôn; la circunclsiôn del co­ razôn; luz salvadora (A) I, 832. Véase Cristo: nombres; Jé­ sus. — Epifania: resumen histôrlco-literario de los Magos, nom­ bre, dones, etc. (CG) IX, 208-215: (Μ) IX, 331-340; la sabiduria fiel de los Magos y la falsa de Herodes (A) IX. 305-311; fe, esperanza. magnanimidad y fortaleza de los Magos (A) IX, 281-283.— Huida a Effipto: a feet os del P. Granada (PP) IX, 277.— Afatanza de los Jnocontes: afectos del P. Granada (A) IX, 278Perdido y hallado en el templo: II, 3 ss. (1 ss.) : consideraciones ascéticas (A) II, 42, A-B (6465) ; aplicaciones de Bossuet (A) II. 53. III (69) ; dolor de Maria (A) II, 62, VI (84-88). — Crecimiento: (CG) II, 21-23, e (26-28); explicaciôn de Santo TomAs (T) II, 34, A (41-44) ; aplicaciones (A) II, 51, C (66) ; modelo de adolescentes (T) II, 34, A (41-44). —Vida publica: Ayuno·: historia (CG) III, 20, 1 (22-26) ; estudio teolôgico de SuArez (T) III, 70, B (107-108).—'Tentaciones: histo­ ria (CG) III, 22. 2 (27-3Ό) ; quién tienta, a quién, cômo, con qué permiso ; cômo es vencido (G) III, 144, 6 (242-248); fin: experimentarlas y darnos aliento (A) III 90, a-b (145-146) ; es tentada v vence la cabeza del cuerpo mis­ tico (PP) III. 41, 1 (51); vence a Satanés en el mismo campo que éste venciera (A) III, 82. III (127-130). Véase Tentaciones; Cristo: ofleios, nombres y varios milagros; Parabolas en partlcii lar. —Pasiôn: causas y efectos: pro­ fectas inesiAnicas (Μ) IX, 711713; aunque Dios pudo perdonar al hombre sin la pasiôn fué me­ dio conveniente (T) III 982, A (1750-1757) ; entregado por cinco voluntades distintas (G) III, 1096. 13 (1991-1996) ; meditaciôn sobre ellas (A) IV, 271, b (469); ïd. sobre très voluntades que le entregan (PP) IX, 521; cômo lo aceptan su voluntad y apetitos (T) I, 645, B; entregado por [Cristo] su Padre; manifesté su justicia y bondad ; mereciô nuestra salvaclôn y satisfizo por el pecado, con un verdadero sacrificio (T) IX, 536-510; eficacia de su san­ gre; Dios trocado, desea perdo­ nar (PP) IX, 418-419; en ella desprecia el mundo y compra las almas (A) IX, 690-693; efectos: perdôn, liberaciôn y remedio con. tra el demonio (T) IX, 542-543 ; su testamento ; validez, bienes que déjà; obligaciôn que impone (A) IX, 694-700.—Dolores: cinco cau­ sas de que sus dolores fueran los majores dei inundo (A) IX, 5725S0; padeelmiento general, continuado y proporcionado a nuestras culpas (A) IX, 578-5S0; padeciô tristeza, temor y mayores dolo­ res fisicos que cualquier otro (T) III, 984, 2 (1760-176S) ; ingratitud, miseria después de prosperidad ; abandono, traiciones ; alternati­ ves en su causa (A) IX, 563-566; atormeutado por su conciencia, por las creaturas, por el Padre (A) IX, 6S0-6S9; paciencia del Siervo de Yavé (CG) IV, 390, A (662-870) ; breve, antologia litera­ ria (Μ) III, 1045, E (1913-1925) ; la sauta sAbana de Turin (Ml) III, 1038, I (1899-1904) ; la pasiôn en las revelaciones de la Beata Agreda y C. Emmerich (Μ) III, 1055, IV (1926-1930) ; en los éxta­ sis y estig-mas (Μ) III, 1060, V (1931-1936) ; personajes que intervienen; veanse sus nombres propios ; del mancebo de la sAbana; Claudia Prôcula; el Cirineo (A) IX, 714-716; considero tus obras y me espanto ; sermôn de San Cipriano (PP) IX, 405419.—Afectos: en el P. Granada (A) IX, 57'2-611 ; sermones del Crisôstomo (PP) IX, 432-461; eomentarios del P, La Palma (A) IX, 629-662; del P, La Puente (A) IX, 663-679 ; motivo de confianza, visiôn de Santa Teresa (A) VIII, 876, e ; debemos compadecernos de él conociendo, compadeciendo y padaciendo; obstAculos (T) III, 940, a (17761782). —Misterios de la pasiôn: Cena·: turbado: la turbaciôn es natural ante la muerte; temamos perecer para Cristo (PP) IX, 477-479; se turba por caridad hacia nosotros (PP) III, 966, d (1717-1720) ; sus tristezas (G) V, 895, IV (17031704) ; triste, para enseîiarnos moderaciôn (PP) IV, 585, D (989990).—Lavat orio: sermôn de San Agustin (PP) IX, 462-471; comentarios del P. Granada (A) IX, 585-588; guiôn (G) III. 1080, 6 (1955-1958) ; tanta es la utili- 1091 [Cristo] dad de la humildad humana que quiso encomendarla con su ejem­ plo la sublimidad divina (PP) IX, 464-405. Véase Cena, ùltima. —Oraciôn del huerto: tormento de su propia concienda cargada con los pecados dei mundo (A) IX, 680-683; causas de su tristeza: su amor; reo· juridico de los pe­ cados; nuestra ingratitud; los padecimientos escogldos (A) IX, 632-639; temor natural ante la muerte; nuestro temor ante el juicio (PP) IX, 405-406 ; su temor es por mi ; mientras tanto los apôstoles y yo descuidamos la salvaciôn (A) IX, 580-500; el temor de Cristo y el de sus persegaiidores; motivos (PP) IX, 405-408; hambre y codicia de padecer; no fué el temor, sino el valor, la causa del sudor de sangre (A) IX, 567-569; lecciôn de humildad, obediencia, caridad y misericordia (T) IX, 547-550.— Pristôn: cayeron por tierra. iQué no pasarA cuando venga como juez? (PP) IX, 490; pensamientos del P. La Puente; el "Yo soy" dicho a buenos y malos (A) IX, 663-664.—Ante los sacer­ dotes: juicio de AnAs y Caifâs (G) IX, 767-777; historia de un proceso judio (Μ) IX, 717; burlado por los soldados de AnAs; comentario del Crisôstomo (PP) IX, 437 ; Cristo ante el Sanhedrin ; Crisôstomo (PP) IX, 432-436; abofeteado; pensamlentos de San Agustin (PP) IX, 502; negaciones; cuatro causas por las que fueron permitidas (A) IX, 6-12; muchos cristianos reniegan ; do­ lor de Cristo (G) IX, 778-780. Véase San Pedro.—Ante Pilatos: sermones del Crisôstomo (PP) IX, 446-451 : de San Agustin (PP) IX, 494-506; icuAndo podremos sufrir los dolores e in­ jurias de Cristo?; su paciencia (PP) IX, 452-455; acusado de rebeliôn ante Pilatos (CG) VIII, 1013, a; es rey y es la verdad (A) IX, 665-666; BarrabAs; cris­ tiano, ia quién eliges? (A) IX, 667.—La flagclaoiôn: en la sAbana de Turin (Μ) III, 1039, B (1900) ; une el dolor a la vergüenza ; modelo de penitentes (G) IX. 781-784.—Ooronaciôn de espinas: la realeza de Cristo ; burla que hacemos de ella (G) IX. 785-789; el juegO del rey en Roma (M') VIII, 1086, I; reliquias, segûn Fleury (Μ) III, 10-12. B (1906) ; “Ecce Homo” ; localizaciôn (Μ) III, 1913 (1907); id. de la Torre An­ tonia (Μ) IX, 718; Cristo realiza el tipo de hombre querido por Dios; su ejemplaridad (G) IX, * L\· · j «Λ *1 1092 ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Crlsto] 791-793; eomparaclôn del hombre Cristo y el hombre pecador (A) I. 821. V; afectos del P. La Pal­ 643-644; id. del ma P. La Puente (A) IX, 667-671; id. del P. Granada; nuestro intercesor (A) IX, 593 597. — La sentenda: se llegô a ella desde principios pequefios, como ocurre siempre con las pasiones (PP) IX, 446-451.—Via Crucis.· locallzaciôn ; cruz a cuestas ; madera, forma, dimensiones, etc. (Μ') III, 1045, E (1909-1916) ; pensamiento de San Agustin (PP) IX, 507; necesidad y facilidad de llevar la cruz en pos de Cristo (G) IX, 794-796; calle de la Amargura ; encuentra a su madré; afectos del P. La Palma (A) IX, 645647; catorce guiones para las catorce estaclones (G) III, 1096 (1991-2041).—En la cruz: simbolismo agustinlano de su altura, anchura y profundidad (PP) IX, 509-510; la cruz Hena su vida (G) III, 365, 18 ( 631-633); en ella publica la carta del perdôn (PP) IX, 412-413; llagas; son mi firmeza, confianza, mérito y refuunidad de persona; cruz de mi­ sericordia y de triunfo (PP) II, 1140, VI (1975-1978); la Justicia y la misericordia ; su abnegaciôn (G) IX, 797-799; ensefianzas y virtudes de Jesûs en la cruz (A) IX, 648-651; sus leeciones (A) IX, 674-679; zaherian su poder; su reino»; su confianza en Dios y su filiaciôn (A) IX, 672-673; comentarios de San Buenaventu­ ra (T) IX, 554-556; centro de dogmas y dei mundo (PP) II, 1145, d (1978) : lo que nos ensefia (A) IX, 581-582; misericordia y oraciôn de Cristo en ella (PP) II. 1144, c (1977) ; por la cruz al triunfo; de instrumento de supllcio a gloria del cristiano (G) III, 1065, I (1937-1940) ; gloria de) cristiano; su poder (PP) II, 1124, B (1940-1942) ; el porqué de su apariclôn en el juicio (CG) I, 25; dividlrA al mundo en el juicio; dos posturas ante ella; aceptarla, buscarla (G) VIII, 1297, 12; simbolo de nuestros deberes ; sefial de salud (TP) II. 1189, a-b (2066-2067); devociôn; Calderôn de la Barca (Μ) II. 1200 (2088). Véa­ se Cruz. Segunda palabra: co­ mentarios y afectos del P. La Palma (A) IX. 652-655; tercera palabra: pensamientos de San Agustin ; solicito con la Madré, a la que negaste una entrevista hace poco (PP) IX. 416: los hi­ jos adoptivos recqrdamos a Ma­ ria su lu to (A) 709 ; cuarta INDICE GENERAL DE MATERIAS [Cristo] palabra: el desamparo que nos am para (PP) IX, 414-415; quin­ ta palabra : pensamiento de San Agustin (PP) IX, 512; consuma sus oficlos de redentor y maes­ tro; paz ?ntre el clelo y la tie· rra (A) IX, 650-662 ; la tabla del “Inri" (Μ) VIII, 1087, II; guiones para las siete palabras III, IX, 1134 ( 2042-2072) ; 8O3-827.-Jlfuerto y scpudtura: anunciada por Él profétlcamente (GG) II, 1114, 2 (1920) ; cfnco motlvos de su muerte (T) IX, 546; muere por los malos; mueran ellos por Él sufriendo la adversidad (PP) I. 786, D-E; las tinieblas, simbolo de la civilizaciôn actual, perdido Oristo (A) I, 845, f-g.—Lanzada: posiciôn, caractères, la sangre y agna en la sAbana de Turin (ΜΊ IX, 1326-1330; pensamientos de San Agustin (PP) IX, 513; id. del P. Granada (A) IX, 600-602. Sepulcro: sentimlentos ante él (G) III, 1132, 27 (2040)-2041) : ?xhortaciôn a la limosna (PP) IX, 456-461 ; compasiôn de Maria y Hanto sobre su hijo muerto; (A) IX, 59S-C0S, P. Granada Véase Maria: dolores.—Bajada α los infiemos: descripciôn de San Jerônimo (PP) IV, 35, A (58-60), —Resurrecclôn: el hecho: textos biblicos sobre su anuncio en el Antiguo y Nuevo Testamento; testimonio de San Pablo (TB) (5-9) ; argumento de la nuestra (TB) IV, 10, f (10); escenas en el cenAculo (G) IV, 356. 16 ( 623-624) ; concordia de los evangelios (CG) IV, 17, B (28-39) ; apariciones del primer y segundo do-mingo (CG) IV, 192, B (335-352) ; fueron diez (.VI) IV, 114, A (225) ; a M'arfa Santisima (Μ) IV, 115, B (226) ; breve comentarlo de Santo TomAs (T) IV, 59, d (104-108) ; su porqué; a San Pablo (PP) VI, 1119, A (1625-1G28) ; a las mujeres; su conducta; juicio de los hombres y de Dios (G) IV, 157, 14 (287289) ; testimonio de San Pablo (CG) VI. 1112 (1608-1615); valor de su testimonio (G) VI, 1196, I (1733-1736)); resucita la misma persona en el mismo cuerpo; y condiciones morales (G) IV, 139, 8 ( 260 261) ; cualidades gloriosas de su cuerpo resucitado (T) IV, 56, c (98-103). Véase Cnerpos gloriosos. —Valor apoloyético: exposiciôn de los sistemas racionalistas (CG) IV. 29, c (40-48) ; demostraciôn de su verdad (CG) IV, 31. b (49-53) ; verdad histôrica, filosôfica y relativa, expuesta por Pe­ dro al Sanhédrin (CG) I, 769; la [Cristo] misma fe actual en ella es un milagro (PP) VI, 1135, A (1655) ; prueba de nuestra fe (G) IV, 359, 17 ( 625-628) ; vence con su paciencla en la cruz, con sus mi­ lagros en la resurrecclôn (PP) IV. 51, V (89-93) ; es lo que ani(mô a los apôstoles a predicar (PP) IV, 1110, d (1875-1878) ; tlempo de paz, comenzado por la resurrecclôn ; allento de nuestra fe; resurrecclôn predlcada al mundo por los apôstoles (TP) IV, 93, A (174-181). —Valor redentor: victoria real des­ pués de derrota aparente (G) IV, 133, 6 (252-255) ; valor redentor y causas de la de nuestra aima y cuerpo (PP) I, 32, 2; (G) IV, 145, 10 (268-272) ; (G) IV, 188, 11 (273-277) ; (PP) VII, 544, II (810) ; esperanza de nuestra resurrecciôn y gloria; porque resucita en un cuerpo tornado de nosotros (PP) IV, 43, C (73-76) ; por la uniôn de Cristo con nosotros; de su asimilaciôn depende que la nuestra sea gloriosa o no (A) IV, 89, VIII (160-173) ; el mis­ mo Espiritu que resucita a Cris­ to vive en nosotros y nos resucitarA, segfin San Pablo (G) IV, 128, 4 (243-247) ; su causalidad respecto a la justificaciôn (GG) IV, 33, D (54-57); (G) IV, 145, 10 (268-270) ; estudio de Santo» TomAs (T) IV, 64, b (118122) ; por el bautismo somos incorporados a su muerte y resurrecclôn, que debemos perfeccionar toda la vida (G) IV, 125, 3 (240-242) ; la fe y la eucaristia acrecen la gracia pascual (A) IV, 88, c (164-165). —Valor ascético: recuerdo y actualidad en la liturgüa del dia (G) IV, 119, 1 (232-235) ; fines de la resurrecclôn (T) IV, 55, A (9496) ; vivamos vida del clelo, dejando los deseos carnales como nuevas creaturas (PP) IV, 48, A (84-88) ; (PP) IV, 62, 2-4 (70-72) ; luz para Maria, los apôstoles, discipulos, Iglesia y mundo (G) IV, 136, 7 (256-259) ; alegria de los patriarcas; del cuerpo del Sefior (A) IV, 68, I (129-131); y de Maria (A) IV, 116. c (228); (A) IV, 73, III (137-143); llagas; por qué las conserva (CG) IV, 195, 14 (341) ; la resurrecclôn es santa en Cristo y en su reproducciôn en nosotros, porque im­ porta el alejamiento del pecado y la uniôn con Dios (A) IV, 85, VII (161-167) ; fundamento de las virtudes teologales (G) IV, 151, —Ascensiôn, triunfo de Cristo : triunfo de Crwto y nuestro: to- 1093 [Crlsto] pografia del lugar (Μ) IX, 959961 ; en qué conslstiô la nube (Μ) IX, 958; convenienda de los cuarenta dias para confirmât la fe; en la ascensiôn se nos da a conocer mejor y est! mu la los de­ seos del cielo (PP) IX, 849-856; conveniencia de la ascensiôn ; gloria accidental de Cristo; aumenta las virtudes teologales; subiô con el poder de su aima; con Él penetramos en el cielo (T) IX, 863-874 ; quiénes siguen a Cristo, glo-rificAndoIe en su entrada al cielo (G) IX, 972; gloria de Cristo en el hecho, el modo y sus efectos (A3) IX, 969-973; glorificado por ser Hijo de Dios y por su humillaclôn (A) IX, 921-925; triunfo de Cristo y nues, tro (G) IX, 966-968; para Oristo es la respuesta que da a las pregnintas de Pilatos y burla del pueblo·; para nosotros, principio de nuestra ascensiôn (G) IX, 982. 9S6; premio de todo el cuerpo mistico (A) IX, 926-933; subamos con Cristo al mismo cielo de don­ de bajô para humillarse; sube con humildad y pureza (A) IX, S3 ; nuestra ascensiôn por el deseo, desprecio de lo terreno, esperanza y temor (G) IX, 987993; subamos al cielo por las vir­ tudes teologales (TP) IX, 934937 ; robustece las très virtudes teologales (G) IX, 974-978; robusteciô la fe de los apôstoles (PP) VIII, 1190, A-B; su alegria y la del juicio final ; no estéls oclosos; negociad los talentos (G) IX, 1005-1008; alegria y op­ timisme crlstianos; en la ascen­ siôn se ve el fruto» de la cruz (G) IX, 1013-1014; ascensiones de Henoc y Elias (Μ) IX. 955-957 ; sermôn de San Agustin; subiô para protegernos (PP) IX, 838846; de San Leôn (PP) IX, 857862 ; descripciôn del P, Granada ; entrada del Sefior en el cielo (A) IX, 902-903; apostillas al evange­ lio por Santo TomAs de Villa­ nueva (A) IX, 875-883; afectos de Santo TomAs de Villanueva (A) IX, 891-893; meditaclôn del P. La Puente (A) IX, 907-915; sermôn de Pio XII a los obreros, notejando el aviso de los An­ geles y los errores marxistas (A) IX, 945-954 ; San Ignacio en el monte Olivete (Μ) IX, 963; vi­ siones de Santa Gertrudis y de la Bta. Agreda (Μ) IX, 962-964; oda de Fr. Luis de Leôn (Μ) IX, 965. —Sentado a la dicstra: significado y titulos de Crlsto (T) IX, 871874; después de su pasiôn demuestra estar a la diestra del 1094 ÎNDICE GENERAI. DE MATERIAS [Cristo] Padre; conseeuenela : mlrad al cielo (PP) VIII, 1189-1192; co­ mienza su ofleio de abogado (A) IX, 916-920; sacerdote; abogado; dlspensador de dones (G) IX, 979-981 ; vlsiôn de Santa Teresa ; afectos (A) III, 273, III (474-477). —Cristo, la Iglesia y la misiôn del Espiritu Santo: manda a prédicat la Iglesia ; comentario al “id y enseflad...” (CG) V, 211. B (394403) ; causa ejemplar de la Igle­ sia (G) V. 157, S (300-305). Véase Iglesia. Envia al Espiritu Santo a su Iglesia después de redimirla (G) IV, 863, II (1462) ; da el Espiritu Santo como Dios, lo reclbe como hombre (PP) V, 41, f (71-72). Véase Espiritu Santo. —Las très fCnidas: (G) I, 133, 16; la venida gloriosa (PP) VIII, 1177, A; trinnfo en ella (PP) I. 34, 4-5; seilales; purifieaclôn del mundo por el fuego (T) VIII, 1205, c; llegada del rey; prelimlnares, cortejo, actos (A) VIII, 1236-1238 ; motivos por los que es juez en su naturaleza humana y su forma gloriosa; triple Juicio (T) VIII, 119S-1200; se hizo hombre; reo; muerto; el Padre lo hace maestro; juez y vida (A) IX, 887; sus dos venidas; para ser juzgado y para juzgar (PP) I, 37, a; acompaflado de los jnstos en vida, en el Calvario. en el jui­ cio (G) VIII, 1291, 8; la fe en Crlsto, juez, profesada por San Ireneo (PP) VIII, 1171, I; Santa Teresa y la mirada airada de Cristo (A) VIII, 1217. c. Véase Juicio final. Lo recapitularA todo en el ûltimo dia (CG) VIII, 1168, C; heredero de todo; los designios del Padre antes y después del pecado; su realizaciôn total (G) VIII, 1276, 3; presentaciôn al Pa­ dre (A) I, 87. —Crlsto Key: la Jestividad: instituciôn, signlficado, difusiôn (CG) VIII. 1007. C: (G) VIII. 1097, 3; signlflcaciôn histôrica; males de la sociedad; laicismo; errores fundamentales; Cristo Rey (G) VIII, 1137. 18; (TP) VIII, 1076, T; en la liturgla (CG) VIII. 1005, I; (G) VIII. 1098, 2; Key. sacer­ dote y juez; incorporémonos a Él ; pensamiento de la liturgla del dom. 17 (G) VII, 976, I (13571362). —Titulos y cualidades del Rey: enciclica “Quas primas"; selecciôn; naturaleza y titulos del reino (TP) VIII. 1068, A-J ; sôlo lo es el Hijo ; Rey invisible y eterno de las naciones en cuanto hom­ bre; su victoria actual prenda de la futura (PP) VIII, 1024-1029; titulos de su relnado (CG) VIII, [Cristo] 1013, 4: titulos: Dios; Hijo; Hombre-Dios ; Redentor; aclamado (G) VIII, 1101, 3; por eu na­ turaleza, por ser la Cabeza, por la plenitud de gracia, por con· quista (G) VIII, 1101. 3; por na­ turaleza, por ser la Cabeza, por ser el ereador, conservador, tin ùltimo, redentor; acntémosle (A) VIH, 1057-1000; reino mAs excelente que los deniAs; rey desde su nacimiento; Isaias (T) VIII, .1037-1040; cualldades del Rey; idem de los subditos; modo de su gobierno (A) VIII, 1040-1050; Igualdad de derechos de sus sùbdltos; robusteee la autoridad; sûlditos y sociedad (TP) VIII, 1073, 5J-T; en los salmos; en los libros proféticos y sapienciahs ; en el Evangelio; en los libros apostôlicos (TB) VHÏ, 090, III; en la coronaciôn de espinas; burla que hacemos de su realeza (G) IX, 7S5-7S9; el juego del rey en Roma y el Lltôstrotos; la tablilla (AI) VIII, 10SO, I-II; la oraciôn del buen ladrôn (AI) VIII. 1090, V ; cuatro cualidades del buen rev que se dan en Cristo (T) III, 988, b (1721) ; otras cua­ tro cualidades y cuatro bienes que se siguen de su reinado (T) III, 992, b (1783-1790) ; en su pasiôn ; los reyes deben experhnentar trabajos; los de Cristo; mo­ rales y tisicos (A) IX, 557-571; “como rey lucha por nosotros, como sacerdote se ofrece" (PP) I, 628, d; un pArrafo de Santa Teresa (Μ) VIII, 1088, III; una pAgina de Quevedo (AJ) VIII, 1089, IV. —Caràcter y extensiôn de su po­ der: reino espiritual ; triple po­ der; espiritual; temporal (G) VIII, 110-1, 4; no temporal judaico, sino espiritual. triunfando de SatanAs (G) III, 710, 13 (12401242) ; poder supremo magisterial, sacerdotal, pastoral y judicial: cuAles transmite (G) V, 3G0, 16 (680-688) ; diferente dei munda­ no; justo y no gravoso; tributo que le debemos (T) III, 995, II (1792-1800) ; los reinos mundanos y el de Cristo, reino de verdad, vida, gracia y paz (G) VIII. 1105, 5; comentarios de Santo Tomâs; C. a Lapide y Dehaut sobre su relnado (CG) VIII, 1015, b; no dice ml reino no estA en este mundo, sino no es de aqui; venid al de la fe (PP) IX, 497-498; rei­ no de justicia, amor y paz (G) VIII, 1116. 9; de santidad y gra­ cia (G) VIII, 1113, 8; de paz con el cielo y la tierra (PP) VIII, 1018. B ; de vida eterna y libertad de pecado (G) VIII, 1117, 7; Indice general de materias [Crlsto] de la verdad en la que unlflca (G) VIII, 1108, 6; reino de mi­ sericordia y amor (A) VIII, 10601061; reino universal; absoluto; transforma individuos y sociedad ; a todos los Ambitos; de paz y amor (TP) VIII, 1072, K-0 ; de los infieles; aspecto misional de la fiesta (G) VIII, 1133, 16; se acerca su relnado en la sociedad (G) I, 442, 17; profetizado; ti­ tulos; rey de Individuos; fami­ lia y sociedad ; obligaciôn de éstos (A) VIII, 1064, VI; de la familia, como su Salvador y maestro (G) VIII, 1124, 12; en la sociedad matrimonial, paternofilial y heril (G) VIII, 1126, 13; reino universal, interior, de ver­ dad, santidad y gracia (T) VIII, 1034-1037 ; las dos etapas del rei­ no; gracias necesarias para entrar en él : Vautismal, penitencial y final (T) VIII, 1041-1045 ; soldados que no le siguen ; su ban­ dera es la cruz (G) VIII, 1136, 17; en el salmo 2; la rebeldïa; la respuesta (G) VIII, 1121, 11; su imperio, profesado por el bau­ tismo y trocado por el de Sa­ tanAs, motivo de ira (A) I, 7677; sus mArtires (AT) VIII, 1092, VII-VIII ; la etapa terrena y la gloriosa (G) VIII, 1098, 2; en el aima reina hoy en estado de lu­ cha; en la gloria serA un rei­ nado de paz (A) IX, 895-896 ; dos estados de su reino ; el actual de lucha y triunfos y el definitivo de gloria (A) IX, 897-901; rey de reyes; su triunfo final (G) VIII, 1121, 10. —Nombres: admirable; consejero; Dios fuerte ; padre del siglo futuro ; principe de la paz (A) IX, 296-300. — Amado: antes y des­ pués da su venida por innumerable-s amadores con amor incom­ parable forraado por Él mismo (A) IX, 1288-1298 ; su amor se cono­ ce por el amor al prôjimo (PP) III, 800, 3 (1386).—Camino: ùnico para la verdad, que no alcanzaron los gentiles (PP) I, 773, A; para la fe y para Dios (PP) I, 775, b-c; llano, seguro, uni­ versal, tranquilo que lleva al cie­ lo (A) IV, 977, IV (1652-1660). Cordero: su mansedumbre (A) VIII, 472-474.—Esposo: se apacienta de nuestras virtudes, apacentAndonos de ellas; unldo al ai­ ma como el Hijo al Padre (PP) III. 606, IV (1047-1051).—Jesûs: etimologia ; iinposiciôn milagrosa del nombre; significaciôn (T) I, 795. c; (CG) I, 770, B; belleza y caractères; verdaderamente pro­ pio (G) I, 881, 5; quién y por qué lo impone; provechos del 1095 [Crlsto] nombre (A) I, 820, IV ; el nom­ bre y la circuncisiôn ; todos los nombres convergen en éste (PP) I, 790-793 ; explicaciôn de San Roberto Belarmino (T) I, 797, II ; el nombre da Dios, el de Jesûs, signlficado, excelencia. eficacia (A) I, 799-816; nombre propio; cifra de todos; escogido por amor ; en qué consiste la salud ; Cristo lo es de todo (A) I, 806811; remedio de la humanidad en lo religioso, moral y social (G) VU, 147, 16 (222-225). Véase Oficios.—Lus verdadera, que a veces ceg'amos (PP) II, 1126, b (1944) ; luz que debe pedir la humanidad ciega (PP) II, 1135, A (1963-1969). Maestro e Hijo en la transfiguraciôn (G) III, 326, 5 (572-573) ; natural por sus dos entendimientos (G) VI, 138, 8 (211-216); su autoridad se deriva de sus milagros ; de la autoridad con que hablaba ; de la rectitud de .su vi­ da y su poder de persuadir (G) VI, 136, IV (220) ; excelencia de s,u doctrina y virtudes (A) VI, 1164, III; su doctrina; creci­ miento y excelencia (T) Π, 713, f (1199-1201) ; maestro infalible de doctrina y moral (A) III, 284, VI (497-547) ; modelo de formadores de hombres (G) II, 793, 14 (1337-1338) ; modelo de fermadores de minorias (G) II, 793, 14 (1337-1338) ; (G) II, 801, 17 (1346-1348) ; condiciones de su pedagogia y oratoria (G) VI, 135, 7 (217-222) ; (T) II, 710 a-e (1195-1198) ; (G) II, 135, 8 (217222) ; escenas evangélicas en que discute y vence ; conoce los corazones (G) VII, 994, 6 (17831784) ; su doctrina repugna al pecador (A) I, 669, D ; modelo de predlcador, reconocido por los fariseos (CG) VIII, 631, 3.—Me­ dico (CG) VII, 185 I (265) ; (A) VIII, 250, C ; médico divino ; dejémonos curar (PP) VU, 196, c (284-280) ; en cuanto hombre; re­ denciôn (A) VII (1103-1106) ; contacto Salvador ; con su humanidad, con sus sacramentos, con su fe (A) VI (1698-1701); sana cuerpos para curar las aimas ; la fe (PP) VU, 718, a (1061-1062) ; solo su fe puede curar (G) III, 352, 14 (611-610).—Pastor: véase El buen pastor. Principe de la paz, de la que es autor (G) IV, 320, 4 (501-566) ; la paz consiste en la tranquilidad de un triple or­ den rsstaurado por Cristo (G) IX, 163-160; paz: con Dios, cou los hombres, con nosotros mismos, conseguida en Cristo (G) IV’ 320, 4 (561-566); efecto de la adopciôu divina y nacimiento del Se- C λ z 1096 Indice ίND ICE [Cristo] fior (PP) IX. 44: Cristo viene ft traerla ; la consuma en la resu­ rrection, al otorgar el poder de p?rdonar los pecados (G) IV, 320, 4 (561-566) : para conseguir la verdadera mueve guerra a la fal­ sa (G) III, 518, 10 (907-913) ; trafda por Cristo, se goza apartândose del mundo; los apôstoles, sus mensajeros (A) IV, 269, V (467-472); sus principios: la protecciôn y promesa de Dios ; la derrota del mundo (A) X, 344; profetizada; la de Cristo (TB) IV, 184, 4 (327-328) ; Augusto dedi­ ca el “ara pads" ; Cristo la trae (TP) I, 235, b. Véase Paz.—Vcrdad: en su naturaleza como ejemplar de nuestra filiaciôn y santldad ; en sus obras como ejemplo moral : en su doctrina como maes­ tro (T) III, 828. III (1438-1440) ; es la verdad que nos concède la libertad perfecta ; esclavitud del pecado (PP) I. 777-780; Cristo, verdad sustanclal del Padre, en el que se halla la verdad ontolôgica del orden natural y sobre­ natural y la de nuestras obras (G) III, 906. 2 (1602-1611); li­ bro vivo donde aprender la cien­ da espiritual (G) VI, 319, 8 (506509) ; Vçrbo e Hijo en la gene­ ration eterna, creaciôn y elevadôn ; Salvador en la restauraciôn (G) I, 882, 6; el acrôstico “pez" (Μ) I, 866, I; los nombres de Cristo en San Dâmaso (Μ) I, 866, Π ; en la muerte de Juana de Arco ; en la predicaciôn de San Bernardino ; nombre de los jesuitas ; en la muerte de Pizarro (Μ) I, 867, III-VIII. —Cristo y las aimas: nuestra santificaciôn e incorporaciôn a Cristo: causa ejemplar y eflciente de santificaciôn; eucaristia (G) VI, 322. 9 (510-513) ; nuestra vi­ da en Cristo ; nuestra santiflcaclôn en Él (G) VI. 316. 7 (499505) ; nuestra uniôn ton Él nos hace capaces d? buenas obras (A) VIII, 74, b ; lo nuestro : nacer, padacer, morir ; lo de Cristo, renacer, resucitar, reinar ; nos da sus bienes quien padedô nuestros males (PP) IX, 1249; vida del aima (G) VIII. 965, 12; cômo somos injertados ’n Cristo (CG) VI, 192, II (293-301) ; el bautis­ mo nos incorpora a Él; la gra­ cia y virtudes (G) VI, 312, 5 (492-496): revestirse de Cristo: qué es (CG) I, 21. 3 ; revestirse de Él en la liturgia (G) I. 115, I; formarlo aqui en nosotros y en los demâs : encontrârnoslo después de la mu’rte es el objeto de la esperanza (G) I. 733, 9. —Seffuiiniento: llamamiento del rey [Cristo] eternal ; la humildad, seflal del seguidor (G) III, 527, I-II, (925926); (G) III. 530, VI-VII (930931) ; en el mundo actual hay que estar con Él o contra Él (TP) III, 468, B (810-815) ; con Crlcto o contra Él ; exclusivisme propio sô­ lo de Cristo ; intransigencla sau­ ta (G) III, 522, 11 (914-919); aliento del premio ; sufrlmientos breves ; el ejemplo de Cristo ; to­ dos podemos seguirle; cômo (PP) V, 941, e-B (1788-1796) ; nadie puede seguir a las creaturas des­ pués de haberle visto (A) II, 1166, F (2022) ; los que no lo conocen, o no creen o no le siguen (A) I, 834, C; no lo· aceptamos como es, sino a nuestro gusto (G) IX, 173-175; modos de seguirle ; el escriba, con mala voluntad ; el joven rico, sin ge­ nerosidad ; San Pedro, generosamenta (G) V, 1045, 6 (20182024) ; dlficultad ; necesidad de la gracia ; dificultades en la desolaciôn y consolaciôn ; lo q,ue encontramos en Él (PP) VI, 235, V ; seguirle : con el deseo, el desprecio del mundo, la esperanza, el temor y la inocencia (G) IX, 987993 ; si le busco con fe viva, su providencia me guiarâ como a los Magos (A) IX, 281 ; supone renunciar a las personas (PP) I, 636, B ; es necesario amarle y dejar de amarnos (CG) VI, 215, A (322-336) ; supone el amor. sa­ lir de nosotros. la humildad, la persecuciôn (PP) III, 215, A (326344) ; la humildad y persecuciôn (PP) VI, 217, c (328-330) ; seguimiento corporal o espiritual con la cruz y la misericordia (G) II, 1227, 13 (2133-2135) ; se le encuentra confesando los pecados y practicando el Evangelio (T) IX. 266; buscarle; Cristo gusta del desierto ; cômo merecer que nos busqué y cômo conserverie (PP) VII, 1066, II (1491-1495); cômo buscarle y hallarle (A) IX, 293-304; tocarle : el mundo se ha alejado (G) VIII, 980, 18; seguldo mejor por los pobres que por los ricos como el dia de Ramos (PP) III, 977, III (1743-1745). Véase Cristo, Varios. —Imitaciân: quiere sar observed©; el Padre lo desea ; es perfecto, imitable, atractivo, de ejemplo eficaz (G) VII, 850, 16 (12521254) ; modelo de la santificaciôn, porque es la Sabidurfa del Padre conforme a la que se ha hecho todo ; modelo de la crea­ ciôn y santifieaciôn (G) X (12701271). Véase Cristo, Verdad. —Virtudes de Cristo: —Amor al Padre: ama con sus dos general de materias [Cristo] voluntades al Padre (A) IX, 82. amor al hombre; véase Corazôn do Jesûs.—Celo de ira y mansedumb re: trlsteza en su celo (G) V, 893, 19 (1699-1704) ; celo por su misiôn redentora ; per los genti­ les ; por los pecadores ; hasta la muerte (TB) V, 742, D (13921398) ; trabajos que pasô buscando sus ovejas (A) V, 786, A (1494-1495) ; el ejemplo con San­ to Tomâs (G) IV, 331, 7 (577581); cansado dei camino para fortalecernos (PP) V, 764, a (1439-1440). — Desprendimiento: Ejemplo y doctrina ; en particu­ lar a sus apôstoles (G) V, 1064, 14 (2060-2063).—Humildad: humilde y manso (A) VIII, 1046, B; maestro de humildad: su doc­ trina y ejemplo (PP) I, 325-326 (324) ; “siendo Dios... se aniquilo”; explicaciôn dei texto (CG) III, 953, b, 1687-1693; tres humillaciones : al hacerse hombre ; pasible y pobre (A) IX, 91-95; en su vida y sumlsiôn al Padre; su humildad y amor (G) III, 1071, 3 (1943-1946) ; se terne su humildad, su verdad y su santidad (G) IX, 167-172. — Mansedumbre: en su trato e ira ; man­ so porque es caritativo y grande (A) VIII, 472-474,—Misericordia: bondad misericordiosa (TB) III 189, F (291) ; porque es nuestro pastor; dlcha de ser ovejas; aûn no es juez ; preparémonos (PP) VH, 1071, A (1496-1500) ; se compadece eficazmente del pue­ blo (CG) VI, 198, 2 (305) ; su nurada hacia las miserias dal hombre y el poder de Dios (G) III 693, 8 (1214-1218). Véase Dios: misericordia y Cristo: Co­ razôn de Jesûs; su compasiôn en la multiplicaciôn de los panes (CG) III, 190, 2 (305).—Obedien­ cia: (A) II, 52, c (68) ; (TB) V, 912, K (1724) ; su vida y pa­ siôn ; obediencia que redime y ensefia, sobre todo hoy (G) III, 1077 4 (1947-1950). — Pobreza: pobre y rico (PP) III, 44 (56) ; pide limosna en los pobres (PP) I, 174, 4; Cristo y los pobres. Véase Pobres. —Culto: a la hwmc.7vidad: objeto de culto de latria ; el de sus imâganes (T) IX, 1269-1272; su importancia en la eficacia de la ora­ ciôn (G) IV. 1029, III-V (17541756) ; prescindir de su consideraciôn es soberbia y perjudiea en la vida espiritual (A) IV, 973, III (1645-1651). —Al Corazôn de Jésus: el culto: fundamento dogmâtico e historia de la devociôn (CG) IX, 12411248 ; dos motivos de su culto 1097 [Cristo] de latrfa (TP) IX, 1308; “Haurie­ tis aquae” ; selecciôn de textos de 1306la encfclica (TP) 1326; sîmbolo de su amor (TP) IX, 1314; 1322-1323; las cuatro revelaciones a Santa M. Mar­ garita (Μ) IX, 1335-1338; litur­ gie del dia (CG) IX, 1238-1240; en la liturgia (G) V, 842. I (1607-1609); guiôn Îitûrgfco: mensaje de misericordia ; nuestros sentimlantos (G) IX, 1335-1338; el orgullo y depresiôn moral ac­ tuales exigen su culto para glo­ ria de Dios y salvaciôn de los pecadores (TP) V, 829, d (1588) ; la reparaciôn en la consagraciôn al Corazôn de Jesûs ; doctrina de Pio XI (G) IX, 1362-1363; carâcter social de su culto (CG) IX, 1247; devociôn no femenina, sino remedio del presente (TP) IX, 1306-1307 ; qué supone el entregarnos a Él (G) V, 864, 9 (1645-1648) ; primeros viernes ; sentido de la promesa (G) IX, 1248.—Amor y manseduonbre: to­ dos sus misterios son de amor ; nuestra correspondencia; hoy fal­ ta amor (G) V, 848, 3 (16151619) ; su amor ; sus cualidades (PP) IX, 1260-1263; la encarnaciôn y toda su vida obra del amor ; manifestaciones nuevas en la ûltima cena (G) IX, 731-733; demostrô su mayor amor en la eucaristia (PP) IX, 1051 1052; su amor de generosidad y maerte modelo del nuestro al prôjimo (PP) IX, 486-487; las medidas de su amor: sus obras por la humanidad y por mi (G) V, S51, 4 (1620-1624) ; su amor al hombre en simbolos de San Buenaventura ; pide correspondencia (T) IX, 1273-1279 ; su amor en la encarnaciôn, eucaristia e Iglesia; Nazaret y vida pûblica (TP) IX, 1315-1319 ; las dimensiones manifestada-s por su misericordia (G) IX, 1347-1350 ; gozos del Co­ razôn de Jesûs ; por la conversiôn del pecador ; gozo que se comunica (G) V, 854, 5 (16251351-1354; es 1629); (G) fuente de justicia, caridad, naz y celo : exige amor y reparaciôn (TP) V, 828, a-c (1585-1587) ; modelo de humildad y mansedumbre (G) IX, 1365-1367. Véase Amor de Dios al hombre, Misericordia, etc. —Gloria de Cristo: es distinta de la humana (PP) III, 792, III (1371) ; especialmente en la cruz (PP) II, 1124, b y 1.127, c (1940y 1945) ; glorificado por el Padre en el Jordân y Tabor; por los milagros; en la pasiôn y en la Igle­ sia (G) III, 919, 16 (1630-1031) ; .· if 1098 INDICE GENERAL DE MATERIAS INDICE GENERAL DE MATERIAS [Cristo] es el fin de la Iglesia militante v triunfante (G) V, 154, 7 (295299) ; ni los herejes ni los paga­ nos, sino la Iglesia, le da verda­ dera gloria (PP) IV, 763, G (1289-1293) : los hombres le glo­ rificas padeciendo por Él (PP) III, 967. 3 (1719) : no consisto, sôlo en la resurrecclôn, sino en ver que somos capaces de padecer por Él (PP) III, 967, 3 (1719) ; glorificado en la histo­ ria: ayer, hoy y siempre (O) I, 133, 17 ; -omnia et in omnibus" (G) II. 906, 3 (1544-1549) ; ârbitro del pasado y fut.nro; permanece; sin qn? su espiritu pierda fuerza (TP) III, S58 a-c (1504-1506) : esperado por la his­ toria (A) I, 836, A; centro de ella (G) I. 560, 3; base de la sociedad nueva (A) I, 851, A ; buscado hoy. falsos redentores (G) I, 294. 20; todos los sistemas quieren hacerlo suyo (M) VIII. 932, X; glorificaciôn : véa­ se Cristo: las très venidas y Jui­ cio final. —Varios: viajes desde la primera multiplicaciôn (CG) III. 196, a (302) ; episodios y sentldo de su ûltima subida a Jerusalén (G) II, 1216, 8 (2112-2115) ; transfiguraciones: encarnaciôn, cruz, eucaristfa, resurrecciôn (G) III, 358, 16 (622-627) : acusa y vence a los fariseos (G) III, 928, 20 (1656-1663) ; (G) III, 932, 21 (1664-1666) ; la victoria del amor ; tri.unfo completo ; nuastro triunfo (G) I, 891, 10; siante él e impone en su madre y santos desprecio, odio y paciencia con el mundo (A) V, 997. A-B (19201924). Véase Mundo el demonio y Él, dos capitanes (G) III. 141, 5 ( 239-241). Véase Demonio; su­ perior al demonio, puesto que le expulsa (G) III, 515, 9 (903906) ; las dos ciudades agustinianas (PP) III 421, B (720-723) ; su omnipotencia pide fe. esperan­ za, honor, temor y obediencia (G) V, 325, 4 (624-629) : bajado del cielo a la tierra. a la eucaristia y al cristiano (G) II 381, 4 (633638) ; caractères de sus milagros : la misericordia an ellos (A) VIII. 391, XI: su obra, traer la vida, se compléta en el cielo (A) T, 8486; verdad. justicia. imperio; va­ lor social (A) I. 840-842; fun­ damento de nuestra esperanza; motivos (G) III 362. 17 (628630) ; mi apoyo poderoso (FP) IX, 1252; buen samaritano (G) VIT. 125, 14 (210-216) : ayuda y defensa nuestra (PP) III. 42, 34 (53-54) : motivo de nuestra confianza (G) VIII, 971, 15; siete [Cristo] causas por las que es fundamento de nuestra coiiflnnza (Λ) VIII, 886, IV; y nuestra oraciôn: véase Oraciôn; pedlr en nombre su­ yo; diversas interpretaeiones ; la verdadera : nuestra vida en Cris­ to (G) IV, 1064, 17 (1803-1808): domina nuestras pasiones como el auriga a los caballos (PP) VIII, 861, II: remedio da las tentaclones (PP) II. -148, B (729-734); lleva a la penitencia y la peni­ tencia a él (G) I, 573, 10; perdona los pecados (TB) VII, 1046, B-C (1455-1450) ; cômo es concebldo en el aima con las insplraciones y cômo nace con la ejecuciôn del propteito (T) IX, 0469; alimento (G) VI, 330, 11 (519-524) ; es el pan de la vida; perpetuado nor los sacerdotes (G) III, 6S8. 6 (1207-1210) ; présente siempre on nosotros corporal, espiritual, jer:irq,uiea, moral y virtualménte (G) V, 357, 15 (675679) ; ocho modos de su presencia (G) V, 363 VI (687) ; pré­ senté : en la misa, la Iglesia, el sacerdote (G) IX, 994-998; en­ tre nosotros : en los superiores, en los pobres, en la eacaristia y por su omniprasencia (T) I, 348, c; llamarle consiste en obrar el bien (PP) VII, 720, I (1065); seilal de contradicciôn (CG) I, 613, 19-20 ; por su humildad, doc­ trina y bondad (A) I, 667-670; Jesûs se considera Senor de la vi­ da ; es esencialmente vida; lucha con la muerte y la vance muriendo (A) VII, (863-865) ; opone su vida a nuestros vicios (PP) I, 636, B ; la vida en Cristo su­ pera a la natural, a la del ân­ gel ; es eterna ; Dios fuente de vida, perdida en Adân, recuperada en Cristo (A) VI, 426, II; y los nifios: véase Nifios; y la juventud : véase Juvéntud; modèle de nuestro amor segûn San Pa­ blo ; grados de caridad (G) III, 500, 3 (874-879) ; modelo de los poderosos (G) VII, 863, IV (1269) : modelo de gobernantes en 21 desasimiento de su familia (G) II, 106, 7 (161-166) ; Cristo y el hombre de la calle (G) VIII. 186, 22 : impresiôn que causaba a las turbas; temor, incomprensiôn, atracciôn (G) VII, 1158, 7 (16211626) ; le observaban unos con malicia. otros para aprender (G) VII, 847, 15 (1250-1251) ; reme­ dio del pesimismo contemporâneo (G) VIII. 983, 19; signe vanciendo en sus justos (A) I, 815, C; 818; ama a su madre; la pospone cuando se atraviesa en la obra de Dios (PP) X, 413-414; locura de su predicaciôn y po- 1099 [Cuerpo] [Crbrto] breza; San Francisco de Ahîb (G) (2-13-247); templo de Dios; modo X, 1274-1276; basta con servir a de consagrarlo; no te perjudinuestros hermanos (PP) III, 965, ques mancillândolo (PP) VI, 792, b (1210-1213). Véase Resurrecclôn c (1714-1716), do los ,muerte», Cruz: Cristo signe vendendo en los Cuerpo glorioso: de Cristo: cualijustos que se abrazan a eu cruz dades (T) IV, 56. c (98-103); ti­ (Λ) I, 815, C, 818; primer medio tulos del de Cristo y nuestro de santlfleaciôn (TP) II, 191 (271(CG) III, 216, c (369); dotes: 279); motives para tomarla: es descripciôn y causas (T) III, 258, inevitable; sus frutos; Kempls II (446-451). (Λ) II. 1.174, B (20(15-2011) ; son pocos los que la aman; Kempls Cuerpo mistico: constitûyenlo to­ (A) II, 1172, a-b (2003-2004) ; nedos lc« cristianos sin excepciôn ; gaciôn de si mismo ; morir para Cristo vive en todos (PP) VII, vlvir (PP) II, 118, b-c (1928906. a (1317-1319); estudio teolô1931) ; necesidad y facilidad de gico sobre su unidad; unidad; llevarla en pos de Cristo (G), IX, juridica y moral de fe y amor 794-796; la de Cristo, y las nues­ (T) IV, 957, 3 (1624-1631) ; (G) tras, camino de la gloria (PP) VI, 1036, I (1494-1497) ; su expoIII, 964, b (1711-1713); Pizarro siciôn en San Agustin (G) VI, la dibuja con su sangre al morir 176, 20 (278-282) ; su unidad fisi(Μ) I, 872, VIII. Véase Sufrlca; la gracia; Cristo cabeza ; inmientos, Tribulaciôn, Cristo: Pnhabitaciôn de la Santisima Tri­ siôn. nidad (G) VI, 1039, 2 (1499-1503) ; Cuaresma: espiritu litûrgico (G) Cristo cabeza; los miembros (G) II. 902, I (1539-1540) ; idea litûrIV, 176, 20 ( 316-322) ; Cristo re­ gica de la Antecuaresma (CG) II, parte la gracia a través de él, 821 (1367-1369) ; origen, historia organizade- y jerârquico de miem­ y espiritu de la Cuaresma (CG) bros diversos, cuya cabeza es III, 12 (10-13) ; nuestra converCristo, que necesita de ellos (TP) siôn y programa cuaresmal en V, 119, E-F (244-251) ; estudio teolôgico del Espiritu Santo como San Pablo (G) III, 130, I (225226) ; tiempo de ob tener perdôn alma del cuerpo mistico y de la Iglesia (T) V, 62, IV (124-135); (G) II 1206, 2 (2096-2097) ; tiem­ (TP) V, 109. e-h (218-221) ; conpo de oraciôn (G)’ II, 1207, 3 secuencia de recibir sus bénéfi­ (2098-2100) ; tiempo de mortificaciés; precisamente por la Ascenciôn; el ayuno (G) II, 1208, 4 siôn (G) IX, 996; amarle en la (2101-2103) ; tiempo de oraciôn y Iglesia (TP) III, 292, g-h (517penitencia (TP) III, 114, D (200519) ; el que ama a la cabeza debe 209) ; virtudes que deben practiamar al cuerpo, que son los hicarse, segûn San Agustin: peni­ jo-s de Dios (PP) VII, 900, b-c tencia, santidad. ayuno, humil­ (1310-1311); la santidad y el dad, perdôn. limosna (PP) II, amor al prôjimo sôlo pueden 1128, III (11150-1962) ; tiempo opordesenvolverse en él como en or­ tuno para la caridad (PP) II, ganismo social (A) VII (1191142, d (1974) ; unir a la cruz de 120) ; requiere obras externas y Cristo la de sufrir al mundo, espiritu interior (TB) VII, 695, demonio y carne (PP) II, 1940, III (1023-1025) ; podemos ser ma­ A (1971-1973) ; la subida de Cris­ drés de Cristo, engendrûndole to a Jerusalén, ejemplo de nues­ miembros (PP) X, 417; exige el tra Cuaresma (G) II, 1214, 7 (2110. perdôn de los enemigos (G) VIII. 2111) ; el rosario puede sustltuir 584, 13; la Eucaristia y su fe nos ayunos (TP) X, 858; temas que incorporan a Él (PP) V, 580, 2 deben predicarse y modo (TP) (1076). Véase Iglesia: cuerpo III, 104, A-C (172-179) ; desperdimistico. ciada; evangelios cuaresmales no Cuerpos resucitados : cualidades aprovechados (A) III, 1019, VI de los gloriosos y los condena(1845-1849). dos (T) IV. 61. 4.°-5.° (111-117). Cuerpo: textos biblieos (TB) III, Cuestiôn social: urgencia ; clamo­ 202, D (343) ; cômo consagrarlo res del papa (TP) I, 393, C: de­ templo de Dios; no mancillarlo recho y deber de la Iglesia a (PP) VI, 793, c-d (1110-1113) ; intervenir (TP) III, 296, i (529) ; descripciôn de San Gregorio Nalas verdades eternas y Cristo cianceno de la dualidad de aima son elementos esenciales de su y cuerpo, a pesar de todo comsoluciôn (G) VIII, 190, 23; grapafieros (PP) III. 586. b-c (1011visima injusticia; actitudes po1012) ; templo de Dios, que lo re. sibles; capitalistas, profesionales, sucitarâ; sujeto hoy a la vida y clero : labor de éste ; clero so­ a la muerte; no hacerlo instru­ cial (G) VI, 358, 19 (563-569) ; el mento del pecado (G) IV, 128, 4 I' < U —■ » Indice general de materias ÎNDICE GENERAI, DE MATERIAS [Cuestlôn social] mundo dividldo en dos campos (TP) VIII. 522, 6; dificll dar la medida justa de los derechos y peligrosa la contienda con hom­ bres maliciosos (TP) I, 393, d. Véase Obreros, Salario. Culto: el externo sôlo es inûtil, perjudicial e injusto, pues se fal­ ta a las obligaciones (A) VII, B (1138-1145) ; el externo, necesario como eficto del pecado original, no es inûtil, ni simpleza de rudos, ni censurable por los abu­ sas habidos (A) VII 767, B (1130-1137). Véase Sacrificio; Templo, Familia; cultos falsos; toleranda y prohibiciôn (G) II, 666. 15 (1121-1129) ; culto a 108 santos: véase Santos; culto a las reliquias: véase Reliquias; a las imùgenes: véase Santos; a la humanidad y Corazôn de Jesûs: véase Cristo: culto; a Maria: véa­ se Maria; culto. Cultura ffsica: la resurrecciôn de los cuerpos. idea mAs fecunda que la “cultura fisica” (TP) IV, 100, e (195). Cll arlataneria: qué es y qué no es; peligros (G) VI, 1*X»O IV (1771) ; frecuente en personas pia. dosas, desdice moral y ascéticamente del cristiano (G) III, 511, 7 (894-897) ; ni taciturnldad ni charlataneria (G) VI. 117, III (186) ; ejemplos de Atenas, Zenôn, Agatôn, San Romualdo, San Benito (M) III, 4S0. IV (S40-S16). Checoslovaqnla: textos pontificios sobre su situaclôn (TP) IV, 1171, b (2001-2004). Chile: devociôn mariana (TP) X, 936-937. Ueber: su sentiraient© no es pro­ fundo, si no se enrafza en Dios (TP) V, 1006, d (1940) ; ir a su encuentro con fortaleza. reacclonando contra orgullo y egoismo (TP) V, 1005. a (1937-1942); la piedad se cifra en el cumpllmiento del deber (G) VI, 510, 13, III (798) ; su cumplimiento la mejor penitencia; diflcultades ; mensaje de FAtima (G) I. 577, 12. Véase Mandamicntos, Dey. Defensa activa violenta: su licitud y condiciones en casos extremos (TP) VIII, Delaciôn: obligaciôn de denunciar al superior (G) VIII, 594, 18. Deleite: definiciôn ; causas; los sentidos producen delito menor; el mayor consiste en la posesiôn de Dios (A) V, 625. 13 (11641171) ; su esencla y causas ; reallzaciôn perfecta en la visiôn beatifica (A) III, 264, A (458- [ Deleite] 469) ; los corporales, Inferiores a los del entendimlento (A) III 266, 2 ; 267, 2 (462-465). Véase Cielo. Demagogla y democracla cristia­ na (G) III, 737, VII (1268). Domocracla: Politica: razones en pro y en contra ; verdadera nociôn y tesls catôllca (G) III, 739, 20 (1293-1302) ; supone un grupo de selectos que den el tono (TP) VI, 2S5, j-k (438-439); triste espectAculo del Estado demôcrata entregado a la masa (A) I, 850, g. —Cristian'a: exposlciôn de la doc­ trina de Leôn XIII (G) III, 784, 19 (1281-1292) ; la democracla social contrapuesta a la democracia cristiana (G) III, 736, V (1286). Demonio: Naturaleza y caida: estutudlo de Santo TomAs sobre su naturaleza, pecado, obstinaclôn, poder sobre el hombre y reme­ dios (T) III, 425. I (724-748); su naturaleza, perfecciôn, malicia y ciencia en San Agustin (PP) III, 46, B (60-68) ; bueno en cuanto a su naturaleza (T) III, 426, 1 (724) ; su pecado (T) III, 428, 2-3 ( 725-726); y caida (A) III, 82, III (127-130) ; su obcecaciôn (T) III, 427, c (731-732); padre de la envidia (PP) III. 775, b, B (1339-1341); y de la mentira (PP) III, 789, 3 (1365); mentiro■so intelectualmente en palabra y obras, procura engendrât quie­ nes lo sean (G) III, 897, 9 (15841589); 920, 17 (1639-1644); se odian, pero se unen para el mal (CG) III, 393, 3.0 (668) ; en Mil­ ton (Μ) III, 123, IX (218). —El demanda y Cristo: principe del mundo, enemigo del mismo; derrlbado por Cristo; destruido finalmente su poder (TB) III, 379, IV (649-653) ; poder que pjerclô antes de la pasiôn ; llberados por ésta (T) IX, 544-545; es engafiado y darrotado por la humanidad de Cristo (G) IX, 838; Cristo y él, dos capitanes enemigos (G) III, 141, 5 ( 239-241) ; Cristo lo vence en el mismo campo de su pri­ mera victoria (A) III, 82, III (127-131); vencido por Cristo, al ser expulsado del ciego y mudo (G) III, 515, 9 (903-906); su debilidad actual (PP) III, 30, E (35). —Enemigo del hombre: su poder sobre el hombre; modo y limites (T) III, 430, a-g (735-739); a él se deben directa o indirectamente los pecados (T) III, 433, h (742) ; su papel en las tentaciones (PP) III, 37, a-b (45) ; causa principal de las mismas; usa al mundo y carne como instrumen- 1101 [Desolaciôn] [Demonio] (1033 1037) ; fines; acudlr a Cris­ tos (G) III, 151, 8 (258-265); nos to y a sus ministros (G) II, 543, combate de mil modos, todos 15 (894-896); remedios (A) IV, mentlrosos e hlpôcrltns (A) III, 625. B (105R). Véase Tentaciones; 90. C (147-150) ; tentaciones en la Tribulacione·. vida espiritual; San Juan de la Cruz (A) III, 78, B (123) ; très Detracclôn: naturaleza; modos; titulos que le dan e) reinado so­ gravedad : restituciôn (G) VI, bre el mundo (G) VIII, 553, 2; 876, 2 (1327-1333). ataque contemporAneo y total Devociôn: concepto teolôgico; dicontra la Iglesia (TP) II, 464, A vlsiôn; sefiales de la verdadera; (798-809) ; como molesté a varios devociones; las falsas (A) VT santos (Μ') II, 485, VII-IX (849(685-690) ; descrlpciôn ; causas y 856) ; al P. Claret (Μ) VIII, 533,1. efectos; estudlo de S into TomAs —Su derrota: expulsado y renun(T) VI, 413, A (614-650) ; no- con­ ciado en el bautismo; explicaciôn siste en el goce de los sentidos, incapaces de conocer a Dios (A) de su lîturgia (G) III, 900, 10 IV, 613, B (1045-1047) ; impedi(1590-1595); sus sefiales: falsa humildad y confusiôn (A) III, mentos, ayudas y remedios para 445, A (761-762) ; sefiales teresialas tpntnciones (A) IV, 621, IV (1053-1056). nas para conocerle y modos de vencerle (A) III, 441, I (761-768) ; Difamaciôn.: evitese ; su castigo discreclôn de espirltus y modo (TB) VI, 5, B (6) ; el chisme, la de vencerle; réglas ignacianas burla y chanza ; doctrina moral (A) III, 84, IV (132-142) ; reme­ (G) VI, 125 (199). Véase Juicio. dies ineficacee: leer, hablar; efiDifuntos: nos preceden; esperan­ caces: Cristo, fe y humildad (A) za en Cristo; llegada de la inIII, 446. C (764-767) ; progra­ mortalidad ; no Bores; desearla ms paulino de lucha contra él (PP) VII, 540, H (805-809) ; la (CG) VIII, 407-412; remedios: la mejor satisfacciôn, el sacrificio pasiôn y gracia (T) III. 436, a-b de la misa (G) V, 718, 18 (1350(746-747) ; cautelas del religioso 1354) ; historia y sîgnificado del contra él (A) VIII, 255, c. Véase “memento” (G) VII, 620, 1 (911Endemoniados. 914); doctrina sobre el llanto Déporté: no es un fin, sino un me­ como consuelo (G) VII, 643, 8 dio de lograr la educaciôn per­ (947-950) ; San Agustin y la rafecta (TP) VII, 782, g (1152). cionabilidad de las honras fùnebres (PP) IX, 1690-1694; id. en Desaliento: ante el poco fruto ; re­ Santo TomAs (T) IX, 1729; trismedios (PP) II, 990, e (1680). Desarme: mutuamente consentido, teza y pompas fûnebres son na­ turales segûn San Agustin (PP) es necesarlo para la paz (TP) IV, VIII, 859, c; lloremos con mode293, b (517). raciôn y oremos (PP) VIII, 854, Deses peraciôn : nociôn ; enfermeb-c; fostividad VIII, 1682 ss. Véa­ dad moderna misiôn del educase Muerte. dor (G) VI, 10S0, VII (1673). Dignidad: casos y formas en que Véase Esperanza. debe defenderse; San Pablo (G) Desgracia: cômo se opone a la feVI, 155, III (244); la humildad licidad y cômo contraria el dees compatible con ella, como lo seo (G) X, 797. Véase Trlbulafué en Cristo y los santos (G) ciones, Persecuciones. III, 920, 17 (1635-1638). Derecho internacional : exige la Dignidad de la persona humana: fidelidad en los convenios (TP) véase Hombre: dignidad. I, 390, j-11. Dinero: véase Riquezas. Derecho nuevo: concepciôn del Es­ Dios: conocimiento: dificultad de tado contraria a la cristiana (G) conocerle, facllitada por la reve. VIII, 759, 12. Véase Estado. laciôn (A) V, 262, b (504-505); Descos: camales: no son ûnicahabia a los hombres por la remonte los sensuales; por qué de­ velaclôn natural y sobrenatural bemos temerlos (T) IV, 606, II (G) II, 1065, 11 (1854-1856) ; luz (1029-1031). Véase Apetitos, Paque nos ilumina y a la vez nos slones, deslumbra, oculta su brillo en la Desolaciôn: esencia, causas, bienes encarnaciôn para hacerse mAs vi­ (G) II, 517, 4 ( 854-862) ; très cau­ sible (A) IX, 312-314; el mundo sas: la tibieza, el probarnos y el no nos permite verlo en nosmostrarnos que todo consuelo otro-s; veAmoslo en los santos viene de Dios (A) III, 85, 9.° (PP) V. 47, 3 (88) ; reflejado (136) ; réglas ignacianas de discomo fuente del ser y en su man. creciôn de espiritus (A) III, 84, sedumbre por la humanidad de 4-9 (133) ; Dios se esconde por Cristo (A) IV, 252, A (436-442); poco tiempo para que le busqueel hombre le ternia; Cristo oculmos sin orgullo- (A) IV, 60S, A-E 6 1102 ΓΛ C .*, Indice general de materias [Dios] ta su grandeza y Justicia (A) IX, 92 93; el nombre de Dios (A) I, 799; qué se entiende por Él ; su santlflcaciôn (G) IV, 1042, 10 (ln0-1773); falso uso hecho de Él por el Estado panteista (TP) Vin, 525. 1-2; (G) VIII, 601, 21. —.1 tributo.·.'.· donde mejor se conocen, en Belén (G) IX, 176; simplicidad: ciencia v esencia se identifican (PP) IV, 763, F (12851286); belleza trascendente (PP) III, 222, A-C (379-383): (A) III, 267, I.» (404); omnipresencia : présente por esencia, gracia y aflciôn (A) III, 277, A (4S0-4S1) ; deseo vano de ocultarse: nos ve en vida y en muerte (G) VIII, 173, 16; presencia natural y de la gracia; en la mente y en el corazôn; medios (G) IV. 710, 16 (1204-120S) ; présente en el aima pecadora, segùn Santa Teresa (A) VIII, 57, c; pero sin producir sus efectos (A) VIII, 465; entre nosotros, en los superiores; los pobres y la Eucaristia (A) I. 348, C; omnipotentia: en qué consiste; la fe en ella. funda­ mento de virtudes morales (G) II. 545, 16 (897-899) ; poder. conocimiento y misericordia (T) II. 454, A (741-744) ; su patien­ tia. como atributo ; en la crea­ ciôn ; con el hombre; con el pe­ cado; conmigo (A) VI (128112S6) ; aûn no ha vengado a su Hijo (PP) VI, 38, c (45); generosidad: por mucho que le des. Él siempre da màs (PP) III, 591, a (1018); bondad, textos bi­ blicos III. 185. IV (2.87-291); VI. 185, IV (287-289) ; probada en la encarnaciôn (PP) VII, 202, d (296-297) ; es la misma bondad ; sôlo Él es bueno (PP) VII, 200, c (292-295); su santidad: causa y fin de la encarnaciôn (Λ) X, 326: misericordia: es atributo intinito; sus manifestaciones; nace de su amor y ciencia infi­ nitos: por eso ama al pecador (A) X, 377-381 ; misericordioso por su omnipotentia, su natura­ leza y experienda (A) VI, 256, A (389-392) : de dônde nos saeô, dônde nos eoloeô: sigue siendo no menos liberal (PP) VII, 205. A; es misericordioso cuando nos aflige (A) IV, 628. C-D (10641069) ; confiar en Él como Padre (PP) VII, 369, E (534); nuestra gratitud por sus misericordias; enfiles son éstas (A) VIII (489493) ; sus tres grados : el de la redenciôn v el de la Eucaristia (A) VIII, 489-493; segùn Santa Teresita. Dios es ciego y no sabe matemfiticas para sumar los pe­ cado» (Μ) V, 8W, IX (1605) ; tex- [Dios] tos biblicos VI. 188, E-F (290291); misericordia en el Antlguo y Nuevo Testamento (G) VI, 329, IV (526) ; canto a su misericor­ dia en el salmo 117 (G) VIII, 1315, 19; “serti alabada para siempre vuestra misericordia cuando se sepa mi inaldad" (A) VIII, 1218, e; misericordia y jus­ ticia: véase Justicia; si no fuese Dios, no· seria justo (A) VI, 257, b (391); y sus enemigos: parâfrasis dei salmo "Quare tremue­ runt" (G) X, 382-3S6; (G) X, 3S7. 393; justicia: sobre el pecador; falsa esperanza ; castigo de los pecados (A) VI, 822, II; su hora de callar y su hora de hablar (PP) I, 37-40; (G) I, 129,’12; cômo se manifiesta en el perdôn, exigiendo penitencia (A) V, 814, C (1549-1550) ; le atribufmos la ira metafôrlcamente (T) VI. 61, i ; el poder despreciado, la bondad enojada y la soberania violada son sus g’randes motivos (A) I, 72-77; motivada por el amor desdefiado (A) VI, 843, B (1272-1276) ; justicia y misericor­ dia: relationes mutuas; la mise­ ricordia llama y ayuda a peni­ tencia (A) VI, 837, A (1260-1266); no es el primero en abandonar; sigue esperando; te ama a ti y odia tu pecado (PP) I, 490492; castiga para perdonarnos (PP) V. 754, b (1418-1420); en la encarnaciôn vemos una “jus­ ticia o lo divino” (A) IX, 73; compatible con la misericordia, junto a la que brilla en todas sus obras; justicia y misericor­ dia con justos y pecadores (T) V, 777, B (147S-1484) ; en la re­ denciôn (G) IX, 797-799; cômo se compagina con la mansedumbre en Dios y los hombres (G) IV, 842, 4 (1449-1451); es sin ira y castiga para perdonarnos (PP) V, 754, b (1418-1420) ; la justicia y Ia misericordia medios eficaces para despertar las almas (A) V, 450, c (840). —Entendimiento: verdad inconmutable que nos muestra la ver­ dad (PP) III, 804, 2-C (1394(13911397); luz increada; que ilumina nuestra fealdad y nos mueve a abandonar las tinieblas; luz y pecado (PP) III, 794, a-c (13751380) ; luz y vida (PP) I, 32, 1; sabiduria: comunica su espiritu; nos hace apôstoles de la pala­ bra; sus deleites y dones; la tlbieza (A) VI. 833, V; partitipada por el don de la sabiduria (G) IV, 1213, B (2054). —Voluntad: autor de la vocaciôn y predestinaciôn : véase Vocaciôn, Predestinatiôn; voluntad abso- INDICE GENERAL DE MATERIAS 1103 [Dios] [Dios] mejor (G) V, 1053, III (2036luta y deseo; consiste en nues­ 2037) ; en qué consiste la entretra santiilcadôn ; Crlsto, ejemplo ga; el medio mejor, la obedlende su cumpllmiento (G) IV, 1045, da (A) V, 977, E (1866-1868); su III (1776) ; hfigase en nuestro alejamiento del alma por culpa cuerpo y aima su voluntad, que nuestra (G) II, 541. 14 (892-894) ; consiste en nuestra santlilcaclôn, Él y las criaturas términos con­ como la hizo Crlsto (PP) IV, trarios; dafios de los apetitos 924, E (1566-1569) ; decretos con(A) I, 515-517; su servicio, in­ dlcionados segùn San Juan de la compatible con el de las rique­ Cruz (A) II, 206, II (305-310); zas (CG) VII, 356, 1 (511); sus decretos condiclonados y nuestra très venidas: nacimiento, inhaactitud (G) II, 255, 8 (400-403) ; bitaciôn y juicio (PP) I, 50-54. su voluntad es la norma de Crls­ —Y la sociedad: cômo pedimos y to (G) II, 1219, 9 (2116-2119); en qué consiste la venida de voluntad salvifica; antecedente y su reino (G) IV, 10-14, 11 (1074consecuente (T) II, 856, d (14351075) ; pasa de muchos modos 1437) ; ilumina a todos los hom­ junto a la humanidad ciega (A) bres algaina vez (A) IX, 316; II, 1164, D (2020) ; fundamento llama al pecador con los favores, de la ley ; su olvido actual, ruina predicaciôn, castigos e inspira­ de la autoridad y causa de la tiones (A) I, 512-515; llama a guerra (A) I, 845, g; pecado de todos mediante los hombres ; res. hoy; el odio a Dios; consecuenponsabilidad del apôstol (G) II, cias: soberbia, Injuria, codicia 916, 8 (1566-1569); ipor que no se salvan todos? (G) II, 927, 14 (TP) VIII, 1244, d-i; dafios pro(1591-1597); amor: véase Amor ducidos en la sociedad, la ley y la familia por el alejamiento de de Dios; Providencia: véase Pro­ videnda. Dios (TP) I, 845, g-n; prescindiendo de Él en la sociedad, des. —Bùsquelo el hombre: objeto de la aparecen la autoridad y el orden felicidad humana ; estudio de San y nace la revoluciôn (TP) VIII, Agustin (PP) III, 227, A-G (384528, 1-11. Véase Cristo, Salvador 39S) ; inclinaciôn subrenatural a de la sociedad; Familia, etc. Él (PP) III, 282, F (397) ; cau­ —Agradecimiento: reconocer sus do­ sas filosôficas por las que en su nes; Santa Teresa (A) VII, 218, posesiôn se da el mayor deleite B (322-323) ; sus bénéficies, moti­ (A) V, 625, B (1164-1171) ; no nos ve de agradecimiento ; los géné­ necesita; nosotros a Él si (PP) rales y los particulares (G) VII, V, 416, 3 ( 779) ; el deseo de verle, 1018, 15 (1821-1824) ; comunica al encendido por el amor, hace pehombre sus bienes: la naturale­ nosa esta vida (A) IV, 618, III za, la gracia, la uniôn personal (1949-1052) ; bùsquenle los peca­ (A) VIII, 1219, B; motivos de dores; por medio de la fe y amor agradecimiento : porque nos de(PP) II, 29, A-30, C (29-3S) ; le vuelve bien por mal y nos rohallan los limpios (PP) II, 33, b bustece; Cristo, salud ; gracias (39) ; se esconde por poco tiem­ ipor la perseverantia.; porque es po para que le busquemos sin orla misma bondad ; porque vino a gullo (A) IV, 60S, A-E (1033nosotros (PP) VII, 292, II (2771037) ; acercarse a Él ; côn>o ; paz 300); por el cuidado y bénéficies que produce (A) X, 343-344; ca­ para con nuestro cuerpo y aima; mino para ir a Él ; rectitud de creaciôn, redenciôn, amor (A) intenciôn ; ni presunciôn, ni de­ VII, 220, II ; por las maravillas sesperaciôn; cruz de cada uno de la justificaciôn, que a pesar (A) I, 506-509; su imitaciôn consde ello es don ordinario (A) VII, tituye el plan creador; cômo se224, III (328-335) ; nuestra ingraguirle (G) III, 498, 2 (S69-892) ; titud (PP) VIII, 419-421; dones: cufindo y cômo nos visita (G) véase Agradecimiento, Orden so­ VI, 904, C (1371); grados de brenatural. amistad segùn Santa Teresa : no —Gloria de Dios: textos biblicos pecar mortalmente, no querer III, 200, A-C (340-341) ; santifipecar en nada, mortificaciôn (A) caciôn de su nombre (G) IV, V, 84, D (164-169) ; se acerca .uno 1042, 10 (1770-1773) ; su gloria, fin a Él restaurando en nosotros su de las obras de Dios; el nuestrb semejanza por medio de la cari­ es alabarle, conociéndole ; Maria dad (PP) IV, 587, A (992-993); glorifica a Dios mejor que ninencontrarlo en el centro del alma guna criatura (G) X, 355-359; es por via mistica (A) V, 801, b el fin de la Providenda (A) VII (1524) ; uniôn por la fe y amor (621-622); darie gloria es justo, (A) III, 279, D-E (4S4-4S5) ; susdigno, equitativo y saludable (G) pirado por el amor (A) III, 278, 153-158; no es arrogante c (483) ; la obediencia, el medio 1104 Indice general de [Dios] cuando se llama sefior y nues­ tro, sino que nos hace el favor de darse a conocer (PP) IX. 474; quiere ser alabado para que te aproveches tù (PP) VII, 194, c (280); obligaciôn; alabémosle con èl pensaniiento. palabras, obras ; es nuestra gloria (G) VII, 1151. 4 (1608-1611); obligaciôn de darla; impedimentos : falsa prudencia y cohardia (G) VI, 1214. 7 (18571862) ; alâbenle nuestra vida y aima; alabe al Creador la crea­ ciôn; alabe el hombre a su Re­ dentor (PP) VII, 379. B (544552); creados para imltar a Dios; cômo conseguirlo (G) III, 498. 2 (869-872) ; su gloria brilla con la * converslôn del pecador, donde se subrayan misericordia y justicia (A) V. 810, VII (1541-1550); robada por el honor mundano (A) III, 1016, d (1839-1840); es el fin de Cristo y de la rellgiôn (A) IX, 96-97; Cristo se la diô en toda su vida (G) IX, 1009 1011; ultimas palabras del Crisôstomo (Μ) I, 55d, IV. Véase Fin del hombre. Direcclôn espiritual: necesidad; el director sea virtuoso y no joven (PP) VII (273 275) ; sus cualidades; enemiga del demonio (PP) V, 930, 2 (1764-1765) ; normas del Reato Avila al director (G) IV, 702, 13 (1187-1191); directores co. bardes que impiden la perfecciôn (T) IX, 66-67. Véase Penitencia cwno sacramento. Discordia: véase Divteiôn, Celoo, Catôlicos y L’niôn. Dlscreciôn de espiritus: reg'as de San Ignacio (A) III, 84, IV (132142) ; modo de conocer la ten­ taciôn ; ruido contra la paz (PP) III. 29, B (34) ; falsa humildad y confusiôn, sefiales de Satanâs (A) III, 445, A (761-762). Véase Èlecciôn. Diversiones: beneficiosas y dafiinas (TP) II. 1186, g (2055) ; fruto del agotamiento y falta de alegria (A) IV. 634. C (1073); cômo· acabô el Cura de Ars con las mundanas (Μ) IV, 831, F (1432); en la tarde del domingo; necesidad; normas de organiza ciôn parroquial (G) VII, 821, 7 (1216 1220). Divlsiôn: causada entre los catôlicos por la politica (G) II, 678, 9 (1143-1148); las actuaies se dé­ rivai) de la falta de paz interior (G) V. 1S5, 18 (348-351); entre religiosos: carta de Pedro el Ve­ nerable (A) I, 194-199. Véase Ce­ lo, Catôlicos y Uniôn. Doctores santos: extracto de guio­ nes sobre la verdad y la ciencia materias [Doctorcs santos] (G) X 1302-1305; très fines ssntos de la mlsmn (G) X, 1306. Doctrina pontificia: sobre politi, ca : necesidad de predlearla. eonocerla y practicarla (Ο) VIII, 753, 10. Véase cada materia en particular. Doctrina eoclnl: es necesario enseîlarla y practicarla (TP) I, 227. A; que no s“an fuertes las concepciones y débil la acciôn (TP) VI, 92, e (139). Véase cada materia en particular. Dogmas: vaése Fe. Dolor: su fin no se explica naturalmente (TP) II, 1191, a-b (2071-2072). Véase Sufrimlento», Persecuciones, Tribulaciôn. Dolores de Maria: véase Maria: dolores. Domingo: origen de su festlvidad (Μ) VII, 769. VI (1184) ; de su descanso ( > I) VII, 797. VII (1185): dia de Dios ; ley positiva que se lo dedica; dia del hombre: de su aima y cuerpo (G) VII, 829, 9 (1228 1229) ; recuerdo de la resu rrecciôn y del bautismo; fines; doble prevpto ; en la vida cristiana (G) VII, 802, 1 (1187-1192); el espiritu del sàbado en San Agustîn (G) VII. 838, 12 (1233 1236) ; significado e importancia; modo de santificarlo ; bénéficies,· modo de profanatio (G) VII, 818, 6 (1220-1225) ; cômo debe ser la misa parroquial (CG) VII, 710. C (1049) ; dia de limosnas (PP) I, 168; el descanso; la actuaciôn del S· fior el sébado : doctrina mo. rai; dispensas: excusas (G) VU, 824, 8 (1221-1227) ; estudio moral del precepto (G) VII, 841, 13 (1237 1241) ; cômo hay que inter­ pretar su descanso segùn expo siciôn del S“fior (G) VII, 832. 10 (1230-1232) ; normas pontificias; no sôlo diversiones v déporté (TP) VII, ISO, A (1146 1152); descanso y oraciôn (TP) VI, 1024, d-e (1578-1579) ; cômo organizar la tarde de) domingo (CG) VII, 710, e (1049) ; (G) Vil. 821, 7 (1216 1220) ; obligaciôn de pré­ dicat su santificaciôn (TP) VI, 255. e-f (376-377). Domingo de Guzmân, Santo: vida y f.undaciôn (H) X, 1226-1233; indice de guiones (G), X, 1273. Domingo Suvlo, Santo: biografia (H) X, 1560. Dominicos: historia de su fundaciôn (Π) X. 1228-1232. Donat istas: persecuciones de los (T) II. 462. b (753). Dones: naturales de Dios (PP) II. 321, 2 (507); sobrenaturales: véase Orden so b renatural, Dios, Agradeclmlento. INDICE GENERAL DE MATERIAS Dones del Espiritu Santo: véase Espiritu Santo, Draoma: coïnentnrio a la parabola (CG) V, 751. 3 (1415); comentarlo de Taulero (A) V, 800, e (1523-1524). Et'onomia: debe atender también al fin ûltirno del hombre (TP) IX, 950; el cual es rnùs Impor­ tante que ella (TP) VI, 280, e-g (426-428) ; inseparable de la mo­ ral (TP) I, 229. d; desengafio an. te el fraenso de unn économie sin moral (TP) 1, 834, c-d; sôlo conseguirû su fin cuando proven a todos de lo necesario (TP) I, 533, 11; distribuciôn injusta; enderécese al bien comûn ; evoluciôn unilateral industrial; el cam. po ; ordenaciôn de te producciôn y del mereado mundial (TP) VI, 286, D (440-450) ; no hay ley eco­ nômica que obligue a te pobreza del obrero (TP) I, 685, d-c; la sed de riqueza embota la concien­ da; las leyes dieron ocasiôn. y la economia se distancié de la moral (TP) VII, 424, a-d (62562S) ; pobreza producida por la guerra y el egoismo (TP) VIII, 1250, 22, 2. Educaciôn : la educactôrk: fin, sujeto y educadores (G) VIII, 810, 28; su obra esencial es educar no el técnico, sino el hombre, y sus concupiscendas (A) VIII, 292, A; su fin format el carâcter (G) I, 289, 18; obra del amor inteligente y cristiano ; vigilanda y reprensiôn (A) VIII, 300-394; la Ira dei educador; defecto grave (G) VI, 157, VII (248) ; incansable, a pesar de las taras del nifïo ; carifio sin excesos exterio­ res (TP) III, 1033, d-g (18861889) ; necesita la gracia (TP) VIII, 121, e-h; del entendimiento· y voluntad mirando el fin ûltlmo y la ley (TP) III, 1032, a-c (1885) ; la cristiana se basa en la obediencia a Dios y los hombres; la rousseauniana en 1a negaciôn de la autoridad (A) II, 59, B-C (78 79) ; mucha cultura y poca formaciôn d'· la juventud (A) VII, 500. B (857-860) ; pdigros de te juventud; su educaciôn mediante la vigilanda y el ideal (G) V1H, 369, 16. Véase Juventud. —Los educadores: dereebo de la Iglesia; de te familia y del Es­ tado; coordlnaciôu (TP) VIII, 704 711; de la familia principalmente; deberes de los padres (TP) III, 1034 E (1S90-1895); co­ rresponde a los padres; mire al fin sobrenatural; abarca toda la vida (TP) I. 700, f-p; formen a Cristo en su hijo (G) II. 122. 14 1105 [Educaclôn] (187-189); con el ejemplo y amor (G) II, 120. 13 (183-185); fe y esperanza activas, virtudes de la educaclôn paterna; alta misiôn (G) I, 750, 17; vigilanda de los padres sobre los nifios (G) II, 651, 9 (1006-1099) ; y sobre sus compatîtes (Μ) II, 150 A (365368); en la ley mosaica; en To­ bias (TB) VIII, 200; el Estado tiene derecho a vigilar (G) VIII, 820, 4; obligaciôn de protéger los derechos de familia e Iglesia; de­ recho de educar sin monopolio; educaclôn civica; relaciones con la Iglesia (TP) VIII, 707-711; consideraclones producto de la observaciôn y de la filosôfica; principles y aplicadones; extralimitaciones ; reparto proporcional (G) VIII, 817, 31; el Estado tiene derecho a que la educaciôn familiar se oriente al bien comûn (G) VIII, 81β, II; la educaciôn civica le pertenece (TP) VIII, 709, 8-10; todo el que se dirige al pueblo, periôdicos, cies responsable de su ne, etc educaciôn (TP) V, 824, b (1573). —Errores: naturalismo y coeducaciôn (TP) III, 1031, e-i (18781882) ; libertad illmitada en vez de cooperaciôn del nifio; moral sin Dios; naturalismo sexual; coeducaciôn (TP) III, 1029, C (1874-1882) ; falsa pédagogie de la audacia en la acciôn (G) IV, 169, 18 (302-309) ; abusos de la ordenaciôn militar de la educaclôn fisica (G) VIII, 821, a. Véase Cristo, Maestro y Enseilanza. Efeso, Concilio de: historia (CG) X, 404; (Λ3) X, 449; discurso de San Cirilo (TP) X, 410-412; encicllca dei centenario “Lux veri­ tatis” (TP) X, 445-448. Egofsmo: el dei mundo; sôlo el amor de Cristo puede remediarlo (G) 1, 885, 7. I Ejemplo: mandato; plan divino de ejeraplaridad ; eficacia y modo (G) II, 763, 3 (1301-1303); apos­ tolado fûcil para todos y mâs obligatorio para los grandes (A) II. 741, IV (1254-1256) ; necesidad de que lo den los catôlicos, segûn San Pedro (CG) VI, 9, a (H) . Ejercicios espirituales : medio de format la conciencia social (TP) III, 811, D (1358); su necesidad; método tradicional; en silencio (TP) VI, 1.1S0, A-D (1802-1824) ; retiro interior y exterior en los ejercicios segùn San Ignacio (G) VI, 1226, 11 (1877-1881); sus as­ pectos misticos (G) V, 192, 21 362-367). Véase cada una de sus meditaclones. Elecciôn: primer tiempo de elec- ri - r *τ. f •· I r·' - <Λ> Μ 1106 ,’A ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Ensefianza] eu la socledad; la teologia (G) V, 365, 17 (680-697) ; Crlsto es la verdad ; excclencia de la enseüan. za libre y obligatoria ; de mise­ ricordia; apostolado- (G) VII, 634, 5 (930-034) ; no debe permitlrse euseilar el error (TP) VIII, 109, d. Véase EducaciônEntendkmiento: superioridad de sus goces (T) III, 250, 1 (431); 266, 2 (461-462); luz del aima; iluminado ροτ Dios debe régir al hombre (PP) V, 766, d (14461449) ; consigne la paz mediante la fe (A) IV, 273, VI (473-479) ; efectos de la lujuria en él (G) VIII, 352, 8; don: véase Espiritu Santo, Dones. Entrega: en qué consiste (G) IX, 1356; su medio- mejor la obedien­ cia (A) V, 977 (1866-1868). Envidia: qué es; ejemplos bfbllcos (TB) I. 147, IV; estudio ge­ neral (G) I, 262, 6; definiciôn y gravedad (T) I. 188-190; defini­ ciôn agustiniana; hijas de la en­ vidia, remedios (PP) I, 179-182; definiciôn, divisiôn, maldad, re­ medios en MDlchor Cano (T) II, 861, II (1445-1446) ; universalidad. dafios y remedios (G) II, 924, 12 (15S5--15S7) ; efectos (G) I, 265, 7; el envidioso es triste y pernicio­ so (PP) II, 836. A-D (1397-1400) ; remedio : considera lo vano de es­ te mundo (PP) II, 839, E (1401) ; mal sin co-nsuelo y que no suele juzgarse pecado (PP) III. 396, A (675-677) ; enfermedad oculta que acongoja y perjudica al aima y cuerpo (PP) III, 776, C (13421343) ; descripciôn de Bossuet (A) III, 1012, 1 (1827) ; el demonio es su padre en el comienzo del mundo y en su historia (PP) III, 775 (1339-1341) ; obra de las tiniebras, incompatible con la caridad y el Espiritu Santo (PP) III, 778, D (1346-1347) ; en­ vidia de los malos al bueno; fâcil remedio (PP) I, ISO, e; entre lo-s eclesiâsticos (CG) III, 398, d (678) ; en el apostolado y asociaciones religiosas : véase Celo y Celos; su castigo en el Dante (M) I. 243; una anécdota de San Vicente Ferrer (Μ) I, 244, II. Epifania: IX, 202 ss. ; vaticinios sobre los Reyes Magos (TB) IX, 202-204 ; situaciôn litûrgica 205206; coinentario a la epistc-la 207; al evangelio 208-215; exposiciôn del Crisôstomo· (PP) IX, 216-218; sermones de San Agus­ tin (PP) IX, 228-237; sermones de San Gregorio Magno (PP) IX, 243-254; medltaclom*s del P. La Puente (A) IX, 280-292; significado original de la fiesta (CG) II, 156, A (233); cotejo de la fe de [Enemigos] [Elecciôn] ristia sacramento del perdôn (G) ciôn y tres binarios de San Ig­ III. 695. 10 (1210-1222) ; el que les nacio (A) V. 986. IV (1883-1894) ; odiemos, ùnico daflo que puede tiempos de San Ignacio; doctrina causarnos la persecuclôn (PP) VI, de Santa Teresa (G) IX. 364-369; 41, 3 (61-62) ; al odiarlos perdeejemplo de cada uno: P. Ginhac; mos lo mejor : la caridad (PP) Santa M. M.« de Alacoque; Santa V. 424, b (792). Teresa de Jesüs (Μ) I, 401. II: —Su amor: grados entre el odio normas misticns de San Ignacio y el amor ; la perfecciôn (G) VIII. (G) VI, 1248. IS (1913-191S) ; idem 582, 12; el precepto de su amor de prudencla (G) VI. 746. IV y la perfecciôn; motlvos; cômo (1239) ; elecclôn desordenada de ha de entenderse (A) VIII, 474estudios y beneficios, segôn San 477; no es mandato totalmente Francisco Javier (TP) V, 836, A nuevo (CG) II. 434, 5 (704); es (1599). la prueba de la mejor caridad Emaùs: escena evangélica de la (PP) V, 424, b (792); amar no apariciôn (CG) IV, 19. 4 (26) ; sus su pecado, sino su futura santilecciones (G) IV, 157, 14 (2S7dad (PP) V. 415, 3-4 (775-776); 289). ejemplos y sentencias bfblicas; Embriaguez: como pecado; estu­ David, Eliseo; Cristo (TB) VIII, dio moral (G) VIII. 342, 4; co­ 394. A-J; Santa Micaela del S. S. mo lacra fisica y social ; reme­ (.Vf) V, 4SI, C (900) ; el ejemplo de dios naturales y sobrenatu raies San J. Gualberto (Μ) VIII. 511, (G) VIII, 344, 5; y la lujuria; V ; una frase de San Edmundo causas naturales y sobrenatura(Μ) VIII, 543, VI; de enemigos les de su relaciôn (G) VIII, 347, mortales a compaileros de reli6; en San Pablo (CG) VIII, giôn gracias a San Juan de Dios 219. 4. (Μ) VIII, 544, VII; repugnancîa —Bmbriaffuez cspiritual: del cielo, natural y perdôn dei homicida de sufrir, de la misericordia de por Santa Juana Chantal (M) Dios (PP) VIII, 225, a-d; en los VIII, 545, VIII; una escena de misticos: sus dos momentos (G) ‘‘Los novios ” (Μ) VIII, 547, IX; VIII. 357. 10. creem os que son enemigos quieEmigraclôn: facilitarla en vez de nés nos dicen la verdad (A) VIII, sostener prôfugos con limosnas (TP) I, 543, m. Enemigos dei alma: mundo y carEmpresa: la moderna ha trafdo ne causas intrumentales del de­ bienes, pero fra introducido la lu­ monio (G) III, 151, 8 (258-265). cha de clases; todo lo cual hace necesaria su organizaeiôn justa, Enfermedades: deben cuidarse; son cuya estatificaciôn, admlsible en el peor de los males; no se de­ ciértoe limites, no debe ser nor­ be desear morir; paciencia; no mal (TP) II, S91, D (1520-1530); nervosidad (PP) VII, 1061, A intentos de reforma y doctrina (14SO-14S6) ; su teologia ; son tris­ pontificia (G) IL 940. 19 (1611tes, pero fuente de méritos; Ma­ (1612). Véase Beneficios, Coproria mitiga su tristeza; la hace piedad. aprovechar; visita a los enferEmulariôn: celo, emulaciôn. envi­ mos (G) X, 1047-1052; cinco cau­ dia (G) I. 263. V. sas por las que Dios las envia Enciclicas: véase Papas. (A) VIII, 249, A; medio de sanEndemoniados: su estudio (T) III, tificaciôn y vocaciôn (G) IX, 371, 436. II (749-754). D ; oraciôn de Pascal en su en­ Enemigos: efectos dei odio: pe- . fermedad (Μ) I, 712, VI ; Santa dir su castigo, malquerencia. ren- I Liduvina (Μ) I, 713, VII. Véase cor externo. la acciôn judicial ; Tribulaciones. actftud del cristiano y del perfec­ Enfermos: representan a Crlsto; to (A) VIII, 477-480; venganza y medio de santificaciôn (G) VII, amor (G) II, 379. 3 (630-632). 141, 14 (207-209) ; visftense aun —Su perdôn: estudio teolôgico del con cierto peligro de contagio mismo (G) VIII, 579. 10; su per­ (PP) III, 593, F-G (1023-1024); dôn y el cuerpo mistico (G) VIII, frutos de su visita (G) II, 392, 584, 13: su perdôn, necesidad so­ S (652-654) ; caridad de Santa Mi­ cial y bien propio (A) VIII, 513, caela del S. S. (Μ) V, 479, A B; condiciona el nuestro; insis­ n A.fcirla (G) IX, 12131217; triple relaciôn con el E. S. (G) IX, 1223-1227; Jesûs sacramentado. peregrino en un mundo qne Je ofende (A) I, 71, D; en el juicio final se verû quiénes socorrieron a Cristo peregrino y hambrlento en ella; no redblrle sefial [Eucarlstta] de reprobaclôn (A) I, 68-72; pri­ mera comuniôn; dos plâticas (G) X. 1513-1521. —Curiosidadee hixtôricae ; el nom­ bre, representaclones ; S. Tarsicio, Prudencia ; Sto. Tomûs poeta ; San Bernardo y el duque ; viajando con la eucarlstia (Μ) IX, 1159-1166; reliquias; la mesa y el cûllz (M) IX, 1155-1158; corporales de Daroca, formas de El Escortai y Alcalâ (Μ) IX. 1167-1169; su sagrario ; origen (G) IX, 1229; su devoclôn a través de la historia (CG) IX, 1021-1031; y el arte (Μ) IX, 1176. Eugonesla: la reprobada y la admitlda (G) II, 281, 20 (442-445). Véase Natalidad. Evangello: errores sobre su hlstoricldad (G) I, 565, 5; sinôpticos; sus fuentes; la dlvinidad de Cris­ to en ellas (G) VII. 998, 8 (14351439) ; destinado a todos los hom. bres y a todo el ho-mbre (G) H, 799, 16 (1342-1345) ; hoy no es letra muerta, y como las naciones ban perdldo la estimaciôn de los valores, es necesario volver a fun. dar sobre Cristo, cuyas palabras no pasan (TP) III, 859, d-m (1507-1517). Excusas: para rehulr el llamamlento segûn la parâbola de la Cena (CG) V. 569, 5 (1056) ; para se­ guir el llamamiento a la santidad (A) V, 633, V (1182-1192) ; segûn San Gregorio- AS. (PP) V, 591. C (1096-1099). Extasis: casos de santos (AI) III, 307, V (548-557). Extremaunclôn : exposiclôn teolôgica (G) VIII, 963, 11. Ftunilla: obra maravillosa de Dios (TP) II, 66, A (89-91); comparada con el cuerpo mistico (G) II, 118, 12 (180-182) ; uno de los fundamentos de la paz (TP) IX, 106; su amor, subordlnado al de Dios (G) II, 103, 6 (158-160) ; amor de la familia sacrificado por Dios; madré de los Macabeos, Santa Juana F. Chantal, San Nlcolâs de Flüe, Santa Teresa (A.i) II, 126129; anterior al Estado que debe protegerla (TP) II. 77, G (120125) ; no debe impedir a los gobernantes (G) II, 106, 7 (161-166); su derecho a la educaclôn (TP) VIII, 706, b ; anterior e inaliena­ ble; llmitaciones, Iglesia, Estado (G) VIII, 814, 30; verdadera es­ cuela de la educaclôn; oblig’aciones de los padres (TP) III, 1034. E (1890-1895) ; educaclôn de los hijos; normas (PP) II, 24, A-B (29 34) ; anlquilada por el cornunlsmo (TP) VI. 447, d (694). —Organizaciôn del hogar: (TP) II, 1113 [Famllla] 67, a-b (92-93) ; el esposo y la mujer en él (TP) II, 67. c-f (9-197) ; sen alogre el hogar (G) III, 245, 3 (380-383) ; los crlados en él (TP) VIII. 317-325; el trabajo de la mujer (TP) II, 75-F (115119); necesita una vivlenda sufidente (TP) II. 78. e-f (124-125); el cumplir el deber puede exigir el heroismo (TP) II, 75, a (115) ; deben olvldarse las pequefias ofensas y contrastes (TP) VI, 100, i (161 ) ; obedecer a los pa­ dres es el modo mejor de negar la propia voluntad y cumplir la de Dios (A) V, 978. II (18691875) ; cumplimiento familiar de deberes religiosos en Nazaret (G) II. 113, 10 (172-173); el hogar templo de oraciôn y formaclôn (G) II, 94, 2 (141-143) ; oraciôn comûn y fellcidad familiar (TP) II, 73, a-g, 74, E (108-114); ro­ sario en familia (TP) II, 74, c (114) ; santificaciôn de las fiestas y oraciôn familiar (G) II, 141, 20 (218-220) ; padres e hijos de­ ben orar para que éstos sean bien edncados (G) VIII, 374, 18; Cristo· su rey como Salvador y maestro (G) VIII, 1124, 12; rey de la sociedad matrimonial, paterno-fillal y heril (G) VIII, 1126, 13; Santa Juana de Chantal enseflô a rezar a sus hijos (Μ) IV. 1009, XI (1726) ; madrés y esposas que convierten a sus hijos y maridos; Santa Alônica y Santa Clotilde (Μ) V, 832, I II (15951596) ; desintegraciôn, causas y remedio (G) II, 91, 1 (136-140); la parâbola del samaritano aplicada a la familia (G) VII, 155 11 (243). Véase Hijos, Padres, Ksposos, Matrimonio. Familia Sagrada: festivldad; instituciôn y liturgia (CG) II, 13, A (16-17) ; modelo del cumpli­ miento de deberes riligiosos fa­ miliares (G) II. 113, 10 (172-173). Véase Cristo, San José y Maria. Fariseo: parûbola del farlseo y el publicano: domingo X de Pentecostés, VI, 937 ss. (1421 ss.). Farîseos: origen, doctrina, costumbres y pecados (CG) VI, II, a (18-20) ; Pablo, Samuel, Hillel (AD III. 862, I (1518-1524) ; costumbre de ocupar los primeros puestos (Μ) VII, 796, V (1181) ; contrapuestos a Cristo, bablan de lo suyo, buscan su gloria, blasfeman dei E. S. (G) III, 924, V (1615-1648) ; luchan contra Cris­ to; lanzan contra Él acusaciones religiosas; desfiguran sus pala­ bras; persecuclôn; muerte (G) III, 926, 19 (1619-1655) ; invecti­ vas de Cristo (TB) VI. 371, d (577. c) ; contra su avaricla, hi. ■ 1114 Indice générai, de ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [ Fariseos] poeresia, religloeidad aparente y ruin; faltos de misericordia; Cristo venee deflnitivamente (G) III, 028, 20 (1656-1663); 932. 21 (1664-1666) ; hijos del padre de la mentira, pecan contra la verdad ontolôgica, lôgica y moral (G) III. 920. 17 (1639-1644); S97, 9 (15S4-15S9) ; pervivenda de los caractères farisaicos en los Cris­ tianos: fariseismo colectivo (G) III. 932, 21 (1664-1674); sfmbolo del tipo social soberbio. envidioso. mentiroso y despreocupado de la necesidad ajena (G) VII, 862, III (1268) ; sus pecados en Santo TomAs; fariseismo econômlco hoy (G) VI. 145, 10 (228231); entre los catôlicos; cnsos (CG) VI, 15, 1 (22); tlpos fari­ seos de la historia: Juliano el Apôstata. Calvino, Robespierre; metodismo (M) III, 6SS, 2 (15251532). Fâtima: la Santisima Virgen predlcô penitencia como remedio a los males de hoy (G) I. 573. V; (G) I. 577, III ; consiste en el cumplimlento del deber (G) I, 57’, 12. Véase Maria: advocaciones. Fe: naturaleza y propiedades: doc­ trina de Santo TomAs: deflniciôn; fe informe y formada : la primera virtud, su objeto, necesidad y· progreso (T) II, 326 (521-540) ; definiciôn, grados y necesidad (G) II. 396, 10 (657-660) ; diferencia entre visiôn, ciencia y fe (G) II, 394. I, II (655-656) ; acto del entendimiento y voluntad ; don de Dios y libertad (A) IV, 277, VII (280) ; partes de cada potencia (A) IV, 277, VII (480483) ; Dios motivo supremo (PP) VI, 1132. g (1749-1754) ; proceso intelectual y volitivo en sus preâmbulos (CG) VIII, 218, D; estudio teolôgico de su racionabilidad; criterios internos y ex­ ternos de revelaciôn (T) VIII. 242-248; fe y razôn segôn San Agustin (PP) II. 322 (508) ; (PP) IV. 214, 8 (372-378) ; religiones de sola fe v de sola razôn: razôn y fe (A) IV, 276, c (478-479); oscurldad ilumlnadora de la fe (A) VIII, 258, 1-2; obscuridad en la via mïstica segûn San Juan de la Cruz (A) IV. 256, II (443452); libertad (CG) IV. 197. 2 (347-348) ; los motivos de credibi. lidad; la evidencia y la libertad en la fe (T) IV. 248, III (430435) ; partes de la gracia y de )a autoridad (T) IV, 246, B (426427) ; se necesita miis gracia para creer que para cualquler virtud por dura que fuere (A) VI. 269, b (507) ; atracciôn suave de la gracia ; es necesaria para creer [Fe] (PP) VIII, 32, a-b; flrmeza. racionabilidad, medios do perfecclonar la fe viva (Λ) I, 204-208; la gracia y la firmeza de la fe (A) IV, 261, B (256-257); don de Dios (PP) II, 319. 1 ; 321, 2 (502-507); (PP) VIII, 234, F; (G) II, 391, 9 (655-656) ; por su ori­ gin, la revelaciôn y la gracia (T) II, 336. L· (513); su vocaciôn debida a la humildad (PP) II, 317, A (499-500) ; fruto de la oraclôn ajena y principio de la propia (PP) II. 319. 4 (503-505); cuatro motivos de su obllgatorie. dad : Dios, los milngros, la vo­ luntad y la gracia en la fe (T) VIII, 241, B; concepto, necesidad y mérito en la fe (G) X, 16121615: unico camino de la salud en el A. y N. T. (PP) I, 784, A; necesaria para poder eumpllr los mandamientos (A) III, 287, c (502-505) : para entender lo revelado (PP) VI, 1129, e (174217-44) ; demuestran su necesidad las reprensiones del Sefior a sus apôstoles (A) IX, 999-1004; tex­ tos pontificios sobre su natura­ leza, necesidad. libertad, don de Dios, que debe cultivarse; la eu­ caristia como medio (TP) VIII, 30S, a-k. —La fe y la justificaciôn (A) Π, 339. (54S-550) ; principio de la misma : creer en Cristo y a Cris­ to (PP) IV. 757. a (1271); la fe incoada y mezclada con dudas es el primer paso ; la oraciôn da el segundo (A) IV, 280, c (483) ; necesidad de las obras ; doctrina protestante; idem catôlica apoyada en la Epistola de Santiago (G) IV, 1017, 3 (1738-1740); los pro­ testantes, los malos cristianos, los que se contentan con deseos; doctrina evangélica (G) VI, 507, 12 (790-795) ; vivir la fe segùn Santiago (CG) IV, 916. b (1553); doctrina de San Agustin: fe de los cristianos y de los demonios; fe con esperanza y ainor; fe que justifica (PP) VIII, 230, b-g; la fe sin obras no salva; la obra de la fe es el amor (PP) VII, S97. a (1307) : requiere obras (A) IV, 265. E (449) ; sin obras (PP) IX. 858; qbras sin fe y fe sin obras; su valor (G) V, 351. 13 ( 666-669) ; fe y obras, unidad vital (A) VI (126); fe laudable: la fe con amor (PP) VIII, 31, f: la fe y la caridad (PP) II, 318, B, 1-2 (501) ; informada por el amor no huye del mundo, sino que’ lo transforma (G) IV, 317, 2 (552555). —Fe y vida cristiana: fundamento de la vlda espiritual (T) (541) ; no es cono- materias [Fe] creer lo alto y lo bajo de Dios clraiïnto curioso, sino comienzo (A) IV, 2G2, B (454-455) ; ilumina do santldad (A) VIII, 288, B; I algunn vez en la vida a todos los vivir segùn la carne, la razôn o hombres; nuestra llamada a la la fe; Santa Catalina de Slena Iglesia (A) IX, 316-317; la eu­ (G) X, 1640-1644; eu imperfecciôn caristia pan de fe; la exige y y modo de hacer que triante; la alimenta (G) VI. 336. 14 (530N’icodemo (G) VIII, 362, 13; im­ 533) ; motivos especificos para perfecta; su crecirniento confor­ circunstancias dificiles y para el me al ejemplo del régulo (G) sacerdote (G) V, 1034, II (1997VIII, 360. 12; su aumento y gra­ dos, segiin el objeto y particlpa1998) ; Maria, madre de la fe, maternidad tocompendia en clôn (G) VIII, 358, 11; medios de dos los misterios (G) X, 459-463; robustecerla : pedirla, ejercitarse seremos acusados y juzgados por en ella y en buenas obras (A) nuestra fe (A) I, 82-83. VIII, 284, A; medlos de practiFe humana: necesidad individual carla (A) VIII, 285, B; enclerra y social de la fe humana (PP) un deseo de visiôn (A) VIII, 264266; nuestra poca fe en el cielo VIII, 227-230. y en las promesas para la vida Fecundaciôn artificial: doctrina actual (PP) VIII, 236-239; puri­ pontificia (TP) II. 223. f (345fica, proponiendo verdades puri346); (G) II, 283, 21 (446-448). ficadoras (T) I, 649, a-b; su paFelicidad: definiciôn de Santo To­ pel en la nocire del aima (A) mAs; esencia y condiciones (T) VIII, 257-266; sus relaciones con III, 249, a-d (428-432) ; objeto, la esperanza segûn San Juan de condiciones ; en ella reside la per­ la Cruz (A) VIII, 261, d ; prin­ fecciôn del aima; deseo innato cipio del temor de Dios (T) IV, (PP) III, 227, A-D (384-392); 603, 2.0 (1023) ; la fe humilde de consiste en un acto del entendila samaritana, contrapuesta con miento (G) VIII, 1311, 17; segiin la del sabio Nicodemo (G) VIII, San Agustin: en conocer la ver­ 364. 14; la de los pastores y redad y a Dios (PP) III, 227, A-G yes fué obediencia ; la nuestra en (384-396) ; la del hombre en la la eucaristia (G) IX, 149-152; la visiôn beatifica (G) II, 1211, 6 de los Magos; en su principio, (2107-2109) ; en poder hacer el pronta; en su progreso, constan­ bien que se desea (G) III, 165, te; en su perfecciôn, humilde (A) V (285) ; se le opone la desgra­ IX, 305-307; es intrépida, porque cia; ésta consiste en contradecir el objeto que propone domina el el deseo (G) X, 797; la perfecta temor (G) X, 1195-1196; dafios exige eternidad (PP) III, 235, que causa el espiritu del mundo ; b (402) ; géneros insatisfactorios fe que contemporiza con el mal (PP) III, 230, a (393) ; insatisfe(A) VI, 652, D (987-990) ; San clia en este mundo (PP) III, 233, Pedro modelo de fe viva (G) V, G (39S); (PP) IV, 576, a (975); 1036. 3 (1999-2003). no se halla en esta vida; si en —Su propagaciôn: probada por la la eterna; trabajemos (PP) VII, resurrecciôn (G) IV, 359, 17 (625550, B (817-820) ; no consiste en 628) ; demostrada por el testimo­ el poder; cuAl es el verdadero nio de los mArtires, de los san­ (A) VII, 419, B (602-606) ; rique­ tos, de la unidad, y de su eficazas, honores, etc., no pueden cia en nosotros (A) VIII, 275constituirla ; razones de Santo 284; fué el arma que diô la vic­ TomAs (G) VIII, 1308, 16; la es­ toria a les apôstoles (G) V, 1033, peranza en. lo ultraterreno- no 2 (1993-199S) ; demostrada por el enerva ests vida, sino que la hamilagro de haber sido admitida ce activa (G) III. 342, 10 (595(PP)' II, 70S, D (1193); la mis­ 598) ; de los malos ; razones por ma Iglesia en cuanto profetizada las que la permite Dios (A) IV, y por su expansiôn es motivo 627, B (1060-.1063). Véase Cielo, de credibilidad (PP) IV, 219, C Criaturas, Dcleite y Gozo. (379-385) ; los fieles, obligados a Fernando, S.: (H) X. 1582-15S6; propagarla; empléense en ella prudencia (Μ) VI, G79 (1040). ciencias y artes (TP) VIII, 315, Fidelidad: en los pacto-s, necesaria t-x ; debe comunicarse a los depara el derecho internaclonal mAs (A) VIII, 289, C; combatida (TP) 1, 390, j-ll. hoy con abundanda de medios; Fiestas: santificaciôn : véase Do­ las pasiones; efectos sociales de mingo. su pérdida; necesidad de propa­ Fiestas patronales: fiestas populai­ garla (TP) VIII. 311, k-s. res en dias de patronos (G), X, —Varias: unidad de fe en San Ire1597-1600. neo (PP) II. 699. A-C (1175-1177); Filiàciôn; de Cristo: véase Cristo; articulos (T) IV, 247, E (428) ; [Fe] - kC INDICE GENERAL DE MaTERIaS 1116 1117 INDICE GENERAL DE MATERIAS [Fillaclôn] adoptiva : véase Orden sobrena­ tural: filiaclôn divina. Filipensee: sus relaciones con San Pablo y cariflo de éste; argumen. to de Ia Epistola (CG) VIII, 625, a; alegria de que rebosa (CG) I, 308-311 (307) ; el amor de San Pablo a los flilipenses, modelo de amor en Cristo (G) VIII, 730, 3. Fin: dos nociones; Cristo fin que perfecciona (PP) VI, 39, l.° (56). Fin del hombre: importancia de conocerlo ; Dios fin del hombre (A ) V, 629, IV (1172-1181) : hasta las tentaciones lo buscan (G) III, 156, III (S6S) ; el hombre ba sido creado para Dios (G) I, 418, 5; para alabar al Creador (G) II, 107, 7 (167-169) ; alabar al Crea­ dor del orden sobrenatural (G) II, 109. 8 (170) ; sôlo una cosa es necesaria, salvarse (A) III, 644, 3 (1123) ; somos peregrinos que sôlo deben mirar la patria, absteniéndose de deseos carnales (T) IV, 606, II (1029-1032) ; riquezas, honores, etc., y la felici­ dad segûn Sto. Tomâs (G) VIII, 1308, 16; su consideraciôn contribuye a la prosperidad mate­ rial (TP) IX, 952; cômo debe buscarse en todo con recta intenciôn (A) I, 507, B. Véase Cie­ lo, Criaturas, Dios, Felicidad. Formas de gobierno: desde un pun­ to de vista absoluto, relativo e histôrlco; inestabilidad (G) VIII, 779, II. Fortaleza: comprende dos actos: re. sistir y emprender ; (G) VII, 809, 3 (1198-1202) ; la paciencia par­ te de esta virtud (T) VII, 915, 1 (1334-1336) ; necesidad de hom­ bres fuertes en emprender y resistir ; ejemplo de Cristo ; decisiôn y magnificencia : paciencia y per­ severanda ; necesidad de fortaleza en la filosofia. ciencia y orden econômico-social ; pero no sôlo eso (G) VII. 1200, 19 (1692-1698) ; fortaleza y carâcter (G) I, 287, 17 ; su necesidad : la eucaristîa fuente (G) IX. 1218-1222; la pre­ sencia de Cristo fortalece a los apôstoles y a las aimas (G) V, 354, 14, (670-674) ; don del Es­ piritu Santo: véase Espiritu San­ to: dones. Franciscanismo : en qué consiste su espiritu (H) X, 1235. Francisco de Asis, 8.: biografia (H) X, 1234-1238; en qué consis­ te su espiritu (H) X. 1235; prac­ tice la locura de Cristo; predicaciôn y pobreza (G) X, 1274-1276; indice de guiones (G) X, 12771278; caridad con unos ladrones (Μ) VI. 294. V (456). Francisco Javier, 8.: biografia (H) X, 1488-1492; su vida fué un mi- [ Francisco Javier] lagro (G) X, 1501 1503; cartas so. bre el amor a Dios y al prôjimo (Μ) VII, 973, III (1354-1355); humildad (Μ) VI, 1034 (1591). Francisco do Sales. S.: vida (H) X, 1422-1430; su dulzura ronce a la herejia y reforma la Iglesia (G) X, 1455-1456; extractos de guio­ nes sobre la prensa y toleranda (G) X. 1457-1458. Francisco Solano, S.: biografia (H) X. 1493-1497. Fraternidad : fundamento social, segûn S. Pedro (G) IV, 674, B (1144, B). Véase Amor al hom­ bre. Foucauld, Vizconde: vida (Μ) III, 122, VIII (217). G abrlel, S. : sus très apariciones (CG) X, 220. GÀlatas, Epistola a los: sintesis de su argnimento (CG) I. 606, A; (CG) III. 571, a (982) ; (CG) VII, 180, A (257). Gal lean ismo : doctrina e historia. (T) VIII. 656-660. Gemma GaJganl, Sta.: biografia (H) X, 1636. Gentiles: representados en los po­ bres invïtados a la cena; Cristo deshace sus falsas ideas (G) V, 689, 9 (1293-1296) ; su vocaclôn estudiada en la venida de los Ma. gos (A) IX, 312-318. Véase Infielee. Gloria: es propio del racional el buscarla ; pero no la humana, si­ no la de la conciencia y el Espi­ ritu Santo (PP) III. 811, 5 (14051409) ; la verdadera ; bûsquese la de Dios (TB) II. 948, C-D (16811682) ; cuândo es vanagloria y pe­ cado (T) I. 342-343; vana y rec­ ta ; la vanagloria pecado capital, especialmente peligroso (G) ΙΠ, 912, 14 (1615-1622); dei mundo; de Cristo y nuestra en Cristo; origen, medlos y fin de cada una (G) I. 873. 1 : la mundana es vo­ luble, egoista, engafiosa y frâgü (A) ΙΠ. 1002, I (1809-1813) ; de Dios: véase Dios; Glo-ria, gloria de los bombres: véase Cielo. Gnosis: la verdadera segûn S. Pa­ blo (CG) VIII, 1162, II. Gobernnntes: su fin ûltimo, la sal­ vaciôn de los sûbditos (A) IV, 439. B (751) ; su fin primero no es el bien econômico, sino el mo­ ral (A) VIII, 666. c; procuren unificar en todos los ôrdenes (G) VIII, 1109. B; participan del po­ der divino de hacer el bien a to­ dos (A) VIII, 1061, B; ordenados exclusivamente al bien ajeno : ejemplo de S. Agustin (A) III, 647, a (1128) ; no busquen el bien prlvado, pues son hombres pûbllcos (A) VIII, 665, B ; Cristo mo- [Gobcrnantos] delo en presclndlr de lazos fami­ liares (G) II, 106, 7 (161-166); no se llnilten a impedlr por jus­ tifia lo vedado, lleguen a la ca­ ridad (A) VIII, 667, E; obllgaclonos (TB) vTHI, 615, c; obediencla d”bida (TB) VIII, 018. B; en el Bto. Avlla (A) VIII. 644-068; consejos del Bto. Avila ; desasimiento ; no sôlo econoinia, sino virtudes; no sôlo castigar, prevenir ; amplltud de miras (A) VI (382-388) ; consejos del Bto. Avi­ la; necesidad de la prudencia ; medlos naturales y sobrenaturales para conseguirla ; impedimentos ; normas (A) VI (957-960) ; nor­ mas de S. Pedro (G) IV. 674, III (1145) ; (G) IV, 676, III (1149) ; grave desorden de la acepciôn de personas; normas (G) VIII, 745 ; deben gobernar los mejores (PP) III, 38, D (47) ; judicialmente no puede impugnarse la elecciôn de! bu eno ; en concien­ cia hay que elegir al mejor para el bien comûn (T) VIII. 649, 45 ; vocaciôn y formaciôn de los gobernantes (G) III. 188, VII-X, (324-327) ; no siempre el mâs santo· y sabio. sino el mâs ûtil (T) VIII, 649. 5-6 ; aceptaciôn de car­ gos de gobierno (G) III, 189, VIII-X (325-327) ; peligros para la santidad personal (G) III, 187, IV-VI (321-324) ; cuanto menos santos. mâs deseosos de gobernar (A) I, 211, C; engâfianse con su deseo de honores (A) VII 747, B (1108) ; son honrados por su car­ go, no por su virtud (T) VIII, 650, b ; su mâs necesario adorno la humildad ; ejercitense en toda clase de trabajos (A) IX, 557559 : su relaciôn con Cristo, rey de reyes (G) VIII. 1119, 10; colaboraciôn con el poder constituido (G) III. 735. V (1280). Véase Autoridad, Estado. Gozo: definicîôn: causas; el de los sentidos es menor ; el mayor, la posesiôn de Dios (A) V, 625, B (1164-1171); interno; incompleto en la tierra ; perfecto en el cie­ lo (G) I, 440, 16 ; nace de la presencia de Dios causada por la caridad ; sus grados en Dios, los santos y los justos (T) IV, 596, A (1010-1015) ; el de Dios, in­ compatible con la tristeza, el del justo no (T) IV, 599, f (1015) ; el ascético y el mistico en los dos pilones de Sta. Teresa (Μ) I, 407, X ; causado por la presencia del Espiritu Santo ; el gozo mistico (G) IV, 684 , 7 (1161-1165) : la tristeza es inevitable ; Cristo causa dp gozo al final en el juicio, v ahora con la fe (G) IV, 704, 14 (1192-1196). Véase Alegria, De­ le! te. Gracia: nec&’idad: pelagianismo y semipelagianlsmo ; nociones ; rechazados en la Epistola de San­ tiago (G) IV, 837, 7 (1439-1443) ; da el querer creer (PP) V, 949, 2 (1803-1804) ; es mâs necesaria para creer que para entrar en el claustro (A) V, 264, b (507) ; necesaria para cumplir el precepto y deseo divino de que le amemos (A) IV, 984, VI (16721676) ; pidase; peligro de la presunciôn (A) IX, 612-616 ; necesa­ ria para la perseveranda (PT) VIII, 33, c-d ; no se concede por méritos anteriores, porque no se­ ria gracia ; S. Agustin (PP) IX, 499 ; Dios premia sus propios do­ nes (PP) VII, 197, 1 (288). —habituai: su papel en la elevaciôn al orden sobrenatural (G) IX, 182 ; transforma progresivamente al aima ontolôgica y moralmente (G) III, 339, 9 (590-594) ; del no ser del pecado al ser perfec­ to de Dios (A) IV, 71, II (132136) ; actual, habituai; efectos de ésta ; la gracia y la gloria y la santidad (A) VIII, 65, b-f ; la gracia con amor de Dios ; inter­ na ; el mayor don ; incompatible con el pecado ; estudio de Sto. To­ mâs (T) VIII, 43, A ; vida sobre­ natural compuesta por la gracia v las virtudes ; la caridad (G) VIII. 160. 10; (G) VIII. 163, 11 ; coordina y eleva la naturale­ za v la razôn (G) IV, 846, 5 (1452-1456) ; al justificar no sôlo limpia de pecados, sino justifica internamente y es fuente de mé­ rito (A) VIII, 49, a-d ; es la fuen­ te del mérito (G) VIII, 163, 11 ; crece y transforma el aima (G) II, 787, 11 (1324-1327) ; no po­ demos producir la gracia, pero si hacerla crecer (G) II, 789, 12 (1328-1332) ; llanto por su pérdida (A) VIII, 64. a; perdida por el pecado: véase Pecado, Justiflcaclôn y Orden sobrenatural. —actual: concepto y necesidad (G) VIII, 169, 14; obra progresiva­ mente por medio de ilustraciones y mociones ; ejemplo de S. Pedro (G) V, 1050, 8 (2029-2033) ; no destruye la naturaleza ; consecuencia pedagôgica (G) X, 13211322 ; en las tentaciones volunta­ rias puede faltar ; en las involun­ tarias no, si queremos combatir (A) III, 100, VII (168-171); ejemplo de actuaciôn suave en Zoli (Μ) II, 1047, C (1808) ; descripciôn y naturaleza de la que Dios suele enviar para convertir al pecador (A) V, 787, B-D (14961498) ; atrae suavemente a la fe S. Agustin (PP) VIII, 32. a-b ; le da su firmeza (Δ) IV, 264, B (256-257) ; estudio agustiniano so­ bre la libertad y su coexlstencia » R* il 1118 ÎNDICE GENERAL DE MATE RIAS (Gracia] con la gracia (PP) VI, 7S5, B (1201-1204); S. Agustin, ejemplo de cômo se resiste a la gracia, cômo lucha y vence ésta : coopera­ ciôn (G) X. 1325-1330; nos iinpiden secundaria el respeto mun­ dano, la dificultad de la santidad. el querer acomodarla a nuestro gusto (Λ) X, 345-34S ; la gracia y la cooperaciôn, ambas necesarias ; Pedro el deseo sin gracia ; Judas la gracia sin deseo (PP) IX. 425; qué es su desprecio (G) VIII, 172, 15; los udfos y yo ; clnco consecuenclas de su desprecio (G) V, 679, 5 (1276-1279) ; pellgro de despreciarlas ante el ejemplo judfo (G) V, 672, IV (1267) ; motivo de la justicia di­ vina (G) VI. 894. 7 (1355-1358) ; se eonvierte en ira (A) VI, 843, B (1272-1276) ; terribles sustitudones a que dan lugar (A) VI, 845. VII (1277-1280) ; motivos de la infidelidad; Maria, ejemplo de obediencia (A) I, 664-666: no fal­ ta nunca ni al justo ni ni pecador endurecido (T) VI. 809, II (12311244) ; medicina del pecado ori­ ginal : sanante y ayudante (G) VII. 144. 15 (217-221) : textos biblicos del A. y N. T. (TB) VIH, 4-10. —Varios: en ella y en las virtudes consiste el reino anunciado por Cristo (G) V, 696. 11 (13041310) ; superior a todo bien creado (G) VIII. 151, 6: el medio de apreciarla es conocerla (A) VIII, 65, b : très fuentes para estudiarla: el Sefior en la ûltima cena, el apôstol perseguidor y Agustin el convertido docto (G) X, 1325; carecemos de ella y sin embargo somos soberbios y basta nos felicitamos de nuestras culpas (A) X. 39 ; Maria madre de la gracia por su plenitud y su meditaciôn (G) X, 455-458 ; dispensada por Maria ; estudio teolôgico (T) II. 194, II (289-296) ; movimientos diversos de la naturaleza y gra­ cia : Keinpis (A) VI, 432, III (656-659) ; la jerarquia que in­ troduce en los hombres es per­ fecta (G) IX. 1645, B ; es necesaria para vivir en este mundo de vanagloria sin aficionarse a ella (PP) III. 968, B (1721-1725) ; no debe aprovecharse para medrar humanamente (CG) VI, 951. c (1449) ; el amor al prôjimo. efec­ to y signo de la gracia habituai, segûn S. Juan (CG) V, 563, 2 (1042) ; en la liturgia del domingo XIX de Pentecostés (CG) VIII, 11 ; su amor a Dios convence a Sta. Teresa de «pie estâ en gra­ cia (A) VIII. 56. b; necesarla para la educaciôn (TP) VIII, 121, e-h. Gracia sacramental : concepto (G) VIII, 167, III; (G) VIII, 169, V; conferida por los sacramentos ; (G) VIH, 165, 12: slgniflcada efi. cazmente por los sacramentos; (G) VIII. 168, 13. Gnititud: la misa acciôn de gra­ cias (PP) II, 309, A (484-487); darlas a Dios; cômo; el orgullo en la acciôn de gracias (A) VI, 1005, c (1528). Véase Dios, acradecimlento; acciôn de gracias, convenleneia, motives. Gregorio Lôpez, Beato: biografia (H) X, 1593-1595. Guerras: no se concêbirfan entre los asiduos comensales de la eu. caristia (TP) V, 655, g (1233); los pecados de la retagmardia y las derrotas (A) VIII, 1055, c; larga descrlpelôn de los daiios morales v econômicos de la ûltima (TP) VIII, 1247, m-z; no traen un orden nuevo, sino nuevas violencias (TP) IV 644, d-e (1096-1097) ; cômo- pueden ser mûrtires los que mueren en ellas (G) IV, 1236, 17 (2082-2088). Gula: estudio moral (T) VIII. S68, B ; pecado capital, modos, hljas, efectos (G) VIII. 940, 3; sus dafi os en el Crisôstomo (PP) I, 482, B ; en los espirituales segûn San Juan de la Cruz (G) VIII, 577, 6. Hebreos: Epistola a los: ocasiôn y argumento (CG) III, 760, A (1314). Véase Judios, Judaîsmo y Ley judaica. Hemorroisa: comentario al evange­ lio (CG) VIII, 843 ss. ; apostillas del Crisôstomo (PP) VIII. S49. b: id. de S. Ambrosio (PP) VIII, S61, IV. Herejias: criterios agustinianos para conocerlas: falta de caridad, la Escritura y la Iglesia (PP) VI. 393. A (618-625) ; los inge­ nuos se dejan engafiar por la hipocresia del hereje (A) VI, 444. I) (683-684) ; son las persecncîones actuales (PP) I, 635, e; criterio; lo son si destrtfyen la caridad (PP) VII, 911, F (1325-1326) ; carecen de unidad y catolicidad (PP) V. 760, c (1431-1133); ovejas perdidas ; sarmientos fuera de la unidad y catolicidad; hay que buscarlos (PP) V, 759, A (1429-1435) ; poseen la Escritura, pero es parte de la Iglesia y no de ellos (PP) V. 759. b (1430); causas morales de su existencla (G) II. 657, 11 (1104-1108) ; causas de la permisiôn divina (G) II 662, 13 (1112-1117); sus causas, la curiosidad ; su remedio, oir a la Iglesia (A) IV, 1147, C (19501951) ; convienen para que se INDTCE GENERAI, DR MATERIAS --------------------- ,---------------------------[Hcrejlas] aparten los malos (PP) HI, 406, c (692) ; la herejia <·β mala en su naciinlento y en sus frutos; los lierejes pueden salvarse (G) VI, 504, 11 (785-789) ; dlferencla en­ tre el autor de herejia y qulenes le slguen (G) VI. 1125, a (1735) ; vestidos de oveja ; medios para discernlrloa ; el predicador peca­ dor y el hereje ; separaclôn en el juicio (PP) VI, 386, I ; lepra con­ tagiosa (G) II, 390, 7 (648-649) ; precauciôn necesarla porque slmulan el bien (PP) VI, 387, a; fal­ so abandono y pobreza (G) V, 1050, 7 (2026-2028) ; vigilanda de obispos y predicadores (PP) II, 571, 1 (937-940) ; normas de trato ; son malos; no escandalizarse de que surjan ; atraerlos (PP) III, 409, F (697-699) ; doc­ trina de S. Agustin sobre su persecuciôn, mala para la herejfa y buena para el hereje (PP) VIII, 640-644 ; lista de las principales (T) III, 465. B (760) ; breve biografia de F'elagio, Arrio, Prisciliano, beguardos y beguinas, Jan­ sens (Μ) VI (733-735) ; herejia prûctica del desdoblamiento de la concienda en lo sensual, econôrnico y politico (G) VIII, 982, VI. Herodes Antipas: la lujuria embotada se rie de Cristo (G) III, 1902, U (19S1); preso por la lujuria es menos libre que S. Juan en la cûrcel (CG) I, 160, 1; muer­ te en Espaüa (Μ) III, 1042, A (1095). Herodes el Grande: recibe a los Magos (CG) IX, 212-213; su falsa sabiduria y la fiel de los àlagos (A) IX, 305-311. Hidrôpico: curaciôn milagrosa (CG) VII, 705 ss. (1079 ss.) ; el enfermo, los fariseos, Jesûs, los apôstoles, simbolo de clases so­ ciales (G) VII, 861, 20 (1266); diagnôstico de su enfermedad ÇMI) VII, 794, III (1181). Hijos: tenerlos y educarlos, fin pri­ mario del matrimonio (TP) II, 222, A (340-344) ; su educaciôn. dereclro inalienable de los padres (TP) II. 71. e (102); consiste en aflrmar a Cristo en ellos (G) I, 726, 6; (G) II, 122, 14 (187189) ; su educaciôn, obra del amor inteligente y cristiano; vigilanda y reprensiôn (A) VIII, 300-304; cômo deben ser educados por los padres (PP) II. 24, A-B (2934) ; normas prûctieas de su edu­ caciôn en el hogar (TP) II, 69, C (98-101) ; labor de los padres (A) VIII, 295-299; su educaciôn en la ley mosaica; Tobias (TB) VIII, 200; su correcciôn en la Sda. Escritura (TB) VIII, 203; obediencia, necesarla para 1« edu- [ Bijou] caclôn (G) II, 115, 1.1 (174-179) ; su nômero no debe retraer, sino anlmar a dar llmosnas (PP) VI, 579, c (891-892) ; para educarlos con poco dinero, dad llmosnas (PP) I, 171, 4; pellgros de su juventud; educaciôn medianto la vigilanda y el Ideal (G) VIII, 369, 16; peligros: debilidad y au­ tonomie; culpabilldad de los pa­ dres (G) VIII, 372, 17; vigilanda de los padres (G) II, 654, 9 (1096-1099) ; cuiden los padres de que sus hijos no pongan en peligro a las sirvientas (TP) VIII, 318. g1; hijo ganado por las oraciones de la madre, Sta. M'ônica (Mt) I, 709, IV ; consuelos en la muerte de los hijos (PP) VIII, 851, d; vocaciôn de los hijos; mu. tua conducta de padres a hijos ante ella (G) II. 137, 19 (212-217) ; no to-rcerla (A) II, 57, B (74-75) ; encauzarla (A) I, 58, C (76) ; (PP) II, 26, a (31) ; el amor a Bios superior a] de los hijos: la madre de los Macabeos (Mt) II. 127; Sta. Juana F. Chantal (M) II, 128; textos biblicos del A. T., del Evangelio y de S. Pablo so­ bre los deberes para con los pa­ dres (TB) II, 12, C (14); (TB) VIII, 196-200. nijos espirituales: trabajos y do­ lor que dan (G) IV, 702, 13 (11871191). Hijo prôdigo : su hambre y la del pecador; Cristo la sacta (G) VI, 330, 12, (519-524) ; cotejo de la conducta y juicios del padre y el hijo mayor (G) V, 520, 12 (971979). Hipocresia: estudio teolôgico de Sto. Tomûs (T) VIII, 651-653; fermento farisaico; estudio moral (G) VIII, 735, 5; efecto del apartarse de la luz; castigos (PP) VI, 399, 3 (628) ; co>ndenada por Dios ; su maldad; en los evangelios; in­ vectivas de Cristo (TB), VI, 368, IV (574-578) ; nos esforzamos en engafiarnos a nosotros mismos (M) II, 873, III (1533) ; todos lo so­ mos algo ; no- es lo mismo ocultar los defectos que fingir (A) VI, 419, A (660-661) ; la piedad hipôerita es criminal ante Dlo-s, odio­ sa a los hombres y perjudicial (A) VI. 82, D (115) ; el libertino acusa de hipocresia al bueno ; el cobarde se retrae por no parecer hipôcrlta; el ingenuo es engafiado (A) VI, 439. V (G74-6S4) ; su maldad (A) VI, 994, III ; en el trato con los sacerdotes (PP) VII, 191 (272); la actual : vida pladosa sin justicia y sin cari­ dad (G) VIII, 738. VIII; su cas­ tigo en la “Divina Comedia" (M) VI, 462, I (732) ; textos llternrios 1120 ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Hlpocresia] (Μ) VIII. 126, III. Véase Farlseos. Hlsteria: caractères del fenômeno histérico relacionado con las vi­ siones mllagTOisas (CG) X. 982984; y las curaciones (CG) X. 995; y la mistlca (G) X, 1356. Historia: interpretaclôn providenclalista ; el cristlanismo en la his. toria; se acomoda a las diversas etapas: bistorla sagrada y pro­ fana: interpretaclôn biblica de la historia (A) VI (1187-1191); la Providenda en ella; S. Agustin y la teologia de la historia (G) X, 1331-13.33; Cristo es su centro (G) I. 560, 3. Hombre: crea do a imagen de Dios (TB) VIII. 609, A ; de Dios y para Dios (G) I. 41S, 5; administrador suyo (CG) VI, 570, d (880) ; qué es por naturaleza; su cuerpo y alma (A) I, 354, B; unidad de origen, de pecado y de regeneraciôn (PP) VIII, 30, e; sus dotes en el orden sobrenatural : véase Orden sobrenatural; es un miembro vivo o muerto de Cristo (G) I. 420, 6; vida animal, humana y divina (G) I. 9; pecado origiginal y sus consecuencias ; Cris­ to acude a salvarnos (G) V, 867, 10 (1649-1653) ; igualdad esenclal y dosigualdad jerârquica (TP) I, 93. d; es él y no la técnica el centro de la sociedad (A) VIII, 293, c; enemigos de su dignidad; la lujuria y soberbia (G) VII, 686. 20; el hombre de la calle: tipo medio del hombre; sus vir­ tudes y reacciones; el espafiol; necesidad de ir a la calle (G) VIII, 186. 22; dignidad: véase Persona humana, dignidad; hom­ bre viejo: cômo muere en el bantismo (CG) VI, 194, b (295); el viejo y el nuevo en la Epistola a los Efr-slos (CG) VIII, 13, b; triple sentido de la nueva vida (G) VIII, 139, 1; fin del hombre: véase Fin del hombre. Honores: deseo de honores, incom­ patible con la perfecciôn; en las autoridades, en los espirituales, en los conventos, con Cristo o sin El (A) VU, 746. II (11071118) ; “provecho del aima y eso que Hama el mundo honra, nunca pueden estar juntos" (A) VIII, 469, b; dafios que acarrean (A) I, 208, IV; cômo los da el mun­ do; su poco valor (A) V, 82, b (161-162) ; (TB) III, 945, A (1679) ; cubre la falta de verdadera gran. deza; honor en el mal, falso ho­ nor en el bien (A) I, 367-370; el mundo honra lo vano, lo ma­ lo y también lo bueno. pero mal (A) VU. 758, IV (1120-1128); de­ seo licito; pellgros (A) I, 210- [Honorée] 212; el honor recto (TR) III, 047, B (1680) ; la verdadera honra no es mentirosa y ti'’ne en algo lo que es algo ; luego la del mundo no es verdadera (A) VII, 747, A (1107) ; se tributnn a' car­ go, no a la virtud del que lo disfruta (T) VIII, 050. b. Honrudez: en los negoclos: exigi· da por San Pablo (CG) III, 210, 5 (355). Huolga: licltnd e ilicltud (G) II, 635, 7 (1605 1607). Humanisme : el falso>, que derrlba los valores morales (TP) VIII, Humildad: nociôn: conocimiento propio y humildad! excelencia, grados, efecto-s y caractères, buinildad y magmanimldad (T) VI, 297. I (1494-1506); concepto; con­ signe el mayor honor; es la ver­ dad; humildad y caridad; esencia de esta virtud; magnanimidad (G) VII, S5S, 19 (1262-1265); basada en el conocimiento pro­ pio; San Bernardo al papa Euge. nio (PP) I. 338-341; (A) I, 3«366; (G) III. 1071, 1 (1943) ; este conocimiento es base de confian­ za (A) VIII, 899-901; la humil­ dad es la verdad ; conocerse a si y a Dios y los dones recibidos; discreciôn de la humildad (A) I, 358-361; su elemento positivo; nace del conocimiento de la creaciôn y la gracia (G) VI, 1064, 9 (1646-1648); es la verdad; fundamentos; con relaciôn a Dios. al prôjimo y a si mismo; su prâc­ tica (G) VI, 1054. 6 (1631-1635); es la verdad ; bienes que reporta (G) I, 429, 11; humildad, pobre­ za de espiritu y santidad (G) VI, 104S, 5 (1625-1630); humildad y personalidad; estudio de ambas; sus relaciones (G) VI, 1066, 10 (1649-1654); no es virtud apocada, sino activa (G) I, 431, 1; no es vileza, ni embotamiento men­ tal, sino que se compagina con la seguridad de si mismo (TP) V, 1015. a (1962) ; (TP) VII, 791, g-h (1177-1178) ; debe unirse a la dignidad cristiana ; ejemplo de Cristo y los apôstoles (G) III, 920. 17 (1635-163S) ; el compararnos con Dios nos da una humil­ dad valiente (G) V, 1062,13 ( 20572059). —Sue actos: arrepentirse del peca­ do propio, atrlbuir el bien a Dios, no compararse con nadle (PP) I, 327 ( 328-334); nueve ac­ tos, segûn San Pablo (CG) II, 160, 13 ( 24J ) ; exige confesar las faltas con send liez y esperan­ za (PP) I. 340-341 (339); los tres grados de San Ignacio, très grados de actividad (G/ I, 431, 12; la del pecador consiste en fN DICE GENERAL DE MATERIAS 1121 I Humildad] [Humildad] 803, a ( iô93) ; cotejo del humilde atrlbulrse los pecndos; la de! Justo en atribulr a Dios lo bue y el soberblo (G) VI. 1070, 11 (1655-1659) ; caractères y efectos no (A) VI. 66. E. en las parâbolas del farlseo v el —Necesidad: porque sin ella do publicano (A) VI, 1009. C (1536 hay santidad ni verdad; huini1510) ; (G) VI, 1015. 4 (1605 1607) ; llaclôn y oraciôn, medios de conde Pio X (Μ) VI, 1035, A (1592) ; seguirla (G) IX, 712-745; condlde San Antonio Abad, Fr. N.tateo, clôn para pertenecer a Cristo; San Felipe Neri. San Pedro Alnecesidad para la vida espiritual cântara, San Francisco Invior (G) VI. 1061, 8 (1613-1646); su I (Μ) VI, 1031, B (1587-1592); senparte en las dlsposlciones para teneins de clâsicos (Μ) VI, 1031. la justificaciôn (G) VI, 1091. 18 A (1586); Cisneros, elegido car(1079-1683): ùnico camino para denal (Μ) VII. 798, VIII (1186); llegar a Dios y a la verdad (PP) en los personajes biblicos, en los II (510-517) : para obtenir el per­ libros del Antiguo Testamento, dôn se requiero la humildad proen el Evangelio y los apôstoles pla y no despreclar al prôjimo (TB) I, 300-307; de San Norberto (ΓΡ) VI, 962, A (1474-1479) ; prin­ (Μ) I. 405, VI ; de un organista cipal medio de los principiantes (Μ) I, 405, VII; de San Pedro segûn San Juan de la Cruz (A) Celestino (Μ) I, 406, VIII; creerVI, 71. d-f (99-101); “tened los se virtuosos, o que no se mcaemismos sentimientos que tuvo râ, es muy pellgroso (A) III 74, Cristo Jesûs, que siendo Dios... b; 75, a; 76, d (116-117 y 119); la se anonadô" ; comentario dtl tex­ falsa sofial diabôlica (A) III. 445, to (CG) III, 953, b (1687-1693) ; A (761-762) ; la del resentido, la invitaciôn de Cristo a los pecadel que sôlo lo es ante los gran­ dores y a los piadosos (ΓΡ) I. des (G) X, I486. 332-333 (331) ; la santidad del casto se puede perder por el Idéales: <4 hombre de acciôn debe adulterio, pero también por la soberbia (PP) I, ISO, 1. ser hombre de idéales (G) I. 292, —Varios.· virtud ignorada por los V ; necesidad ; por qué faltan paganos; Cristo maestro de hu­ hombres de idéales; su forja (G) mildad en doctrina y ejemplo V, 196. 22 (368-374). (PP) I. 325-326 (324) ; contraria Iglesia: caractères esenciales: esnuestros instintos (A) VI. 990, tudiar no sôlo su concepto apoII; en su tiempo répugné la de logético, sino dogmâtico de Igle­ Cristo; nos repugna la humildad sia viva (G) VI. 910, 12 (1386(A) I, 668. C; importanda y me­ 13SS) ; reino universal, externo, dios de conseguirla (T) I. 345, de dignos e indig’nos ; presentaA; la humildad virginal mAs be­ da en San Juan coino esposa y lla que la virginidad; si no eres en San Pablo como cuerpo orgiïnico; crecimiento y ministros virgen, sé humilde (PP) X. 249250; la de Dios, la de Maria la (G) V, 700. 12 (1311-1319): o* la nuestra ; poder del humilde (G) del Padre, del Hijo y del Espi­ X, 291-298; los poderosos triunritu Santo (G) VI, 912. 13 (13&9fan en este mundo; los humildes 1394) ; Cristo su causa ejemplar en la Irora de la verdad; ej°mplo (G) V, 157. S (300-305) ; personade Maria y de la Iglesia (G) X, lizaciôn de Cristo; o con ella o 387-393; por qué la pretiere Dios; contra ella (TP) I, 696. B; la nace del conocimiento de Dios y gloria de Cristo es su fin en las del propio; la de Maria y su glo­ etapas militante y triunfante (G) V. 154, 7 ( 295-299) : aparece visi­ ria (G) X, 365-371; grandeza de ble organizada socialmentè el dfa Dios y pequefiez nuestra en la de Pentecostés (T) V, 60, III (119. Visitaciôn (A) X, 312; la que es necesaria en nosotros, en Dios 123) ; ni es invisible ni escatolôgica (T) II. 599, B (9S6-991); no séria mentira (PP) IX, 474; desea el buen nombre de una vir­ sô’o visible, ni sôlo invisible; orden de valores (TP) V. 293, B tud sencilla, porque es litil (A) (565-570) ; refutaciôn del protes­ III, 8S6, B (1468-1469); en el eotantisme; los malos forman par­ razôn, no en los hiblos; remedio te de la Iglesia (T) II, 396, A de la ira (A) VIII. 499, A; la (980-985) ; id. del modernismo que desasosiega es tentaciôn (A) (T) II. 599, B (9S6 991); comIII, 25, b (118); en la ciencia y puesta de buenos y mulos hasta virtud (PP) I. 336, B; cualidad el juicio (A) II, 579. b (950-953) ; dei sabio; reconocer los dones de no se compone sôlo de santos. Dios; la falsa humildad: el jus­ sino de quien tlene que lavarse to medio (A) VI, 997, IV (1519los pies, como San Pedro (PP) 1524); conocer nuestra (laqueza IX, 468; hoy de buenos y malos; es la verdadera ciencia (PP) III. 36 La falabro de C. 10 (· ’ 1 9 ·.< 1122 Indice general de materias Prie· la] J después del Juiclo, sôlo de buenoe; slmholismo de Iss dos pes­ ca* milagrosa* (PP) V, 939. b-c (1783-1786): no hnva escândalo por la mexcla de buenos y ma­ los: eonortémoslos ; convlértanse (PP) IV. 38, b (61-66); (TP) ITT. 294, j (520) : obligatoriedad : tue­ ra de ella no hay snlvaelôn (A) V. 287. VIT (553-55.8); nave do Cristo, area de snlvaelôn (PP) V, 935, b-c (1778-1779); el Espiri­ tu Santo sôlo perdona los pecadoe en la Iglesia (l'P) III, 419. d (714-717) : mandato de predicarla; comontario ni "id v ensAfiad...” (CG) V. 211. R (304-403). —Su» poderes; tres poderes transmltldos por Cristo; magisterial, sacerdotal y pastoral; en cierto modo el judicial (G) V. 360. 16 (ft8n.RS8) ; Cristo la gohlernn in­ visiblement? y mediante cl pana y obispos (TP) V. 293. n d (565567) ; ohedecerla (TB) V. 90S. Il (1721); dehe ser obedecidn inter­ na y extornamente (TP) III, 290. B (511-518). —Magi«terio: représenta al de Cris­ to (TP) HT. 299. A (506-510) ; ohllgnclôn dp olrle (TP) III. 240. B (511-520); magisterio de los soglares en ella?; necesidad de misiôn y vigllancin sobre los envlados (TP) V. 296. C (571-581); remedia la imposibllidnd moral de conocer toda la verdad. dp transmitir la revelnciôn sin cnrrupciôn: fnitns; ohedioncia (G) V. 338, 8 (616-650) : el hombre necesita ser ensedndo (A) II. 1022. V (1746-1752); lo ejerce por la predicaciôn dp los sacerdotes (TP) II. 1031. c (1771); infnllbilldad y nnivprsalidnd (T) ITT. 252 (482.492): naturaleza. snletn. objeto; asentlmiento debido; 1ns encîclicas (G) V. 370. 18 (698707) ; Infalibilidad <·η las canonizaclones (A) IX. 1636. —Nota»: Escritura. sacramento-· v papa (A) III. 449. B-D (770778).—ünidad d°linpada y podîdn al Padre por Cristo ; unidad de hecho y d? derecho (G) III. 537, 16 (941-943) ; sello de Dios; impuesta a la Iglesia : la unidad de fe y régimen es unidad de amor (G) IX. 750-752; la unidad de inteligencias y amor refleja la utddad de in Trinidad (A) V. 278, V (536-542); nrldnd en San Ci­ priano (PP) II. 709. 4 (1178): (PP) III. 402, A (685-700) ; uni­ dad de fe y d? rég men en San Iren-o (PP) II. 699; A-C (11751177) ; son muclios pastores unidos por el amor a Cristo (PP) V. 762, 2 (1437) ; unidad de pasto­ res bajo Pedro y Cristo (PP) V, [Irlcala] 762. f (1436-1438) ; la unidifl y •atftbilldnd de la Telesia lo exb gen (T) III. 440. III (755-760); “Vbt Petrus ibl Reel." (A) Π1 448. TT (769-77R) ; la exlatenrla de horoies no Imp'de la unidad (PP) III. 412. 2 (702) : ha de wr una v catôlica; la romnna |n ei (PP) V. 760. 2-3 (1432-1433); unldad y uniddad (TP) V. 301, D? (583-590) : hoy hayon ?llama­ yor unlôn que nnnea (TP) I. 375, A : (G) VIT. 1035. D (1446, D). Santidad: su bien comûn es la gracia: sus très estudios (G) V, 726, 21 (1367-1372) : escândaios en ella : carta do San Agustîn (PP) VT. 408. C (619-623) ; ma­ los on In Iglesia : toléranse por misericordia y falta d? prnebns (PP) IT. 5S2 (954-955).—Cntolieidad: nota de la Iglesia en San Agustîn (l'P) II. 705. B (11851192); catôiico : nombre propio de la Iglesia en Snn Agustîn (PP) II. 707. b (1192); profetiza­ da y realizada segûn Snn Agus­ tin (PP) II. 704 (1182-1190); hfTodora de las promesas de Abraham en la Epistola a los GAlatas (CG) VIT, 180, A (256262) : unlversal’dad de lenguas en Pentecostés y hoy (PP) V. 31. b (58-60) ; suprnnacionalidad o im­ périalisme legitimo que eleva (G) III, 192, IV (331); madré de to­ dos por igunl, no se enfeuda con ningûn grupo: influye en la unldnd del mundo; su actitud ante los impérialismes (TP) IX (319326).—Apoxtolicidad: fundada por los apôstol?s. c.uya misiôn s··' trans­ mite a sus sucosores (TP) V, 303. o-h (587-590). —Propayacidn· y perpetuidad: el hecho: no habrâ Iglesias del E. S. ; la catôlica lo es de la Santisima Trinidad; relacionns con ésta (G) V. 348. 12 (663-665) ; puede pîrecer la civilizaciôn cristiana: la Iglesia. no (G) VIII. 989, III; perpetuidad (TP) V. 304, E (591594) ; Cristo esté présente en ella corporal, espiritual. jerârqulca, moral y v’rtualmente (G) V. 357, 15 (675-679) : la promesa de Cris­ to consuela, fortalece y exige (G) V, 354, 14 (670-674); .«e désarroi]’) continua men te su doctrina como una semilla ; fa ctores que inrervienen (G) VI. 915. 14 (1395-1398) ; estnbllidnd en Ma­ caulay (Μ) II. 758. III il 291) ; véase Cristianismo, — El m ilagro moral: divinidad de la Iglesia probnda por 1» via dp la romanldad, de las notas v por el rnllacro moral (G) II, 7S2. 9 (13151316) : pruebns de su divinidad en San Agustîn (PP) II, 707, b Indice general de materias 1123 [Iglesia] [Iglesia] clones, pero da a todos la misma (1192); milagro ino-ral de ht Igle­ v.da U’i') IV, S3, C (61-62). Véa­ sia (G) 1, 275, 13; estudio de su se C’Uerpo rnistico. propagaciôn como milugro moral (T) II, 720, 11 (1210-1234); —Derccho pâblico ecle»i(i«tico: es sociedad perlecta con fines unl(G) II, 784, II (1320-1323); en vernuics, no politicos (TP) VIII, cuanto profetizada y pur su expansiôu es un motivo de credlbi681, B ; si se dedica a lo terreno, olvida su misiôn ; los obispos no lidud (PP) IV, 219, C (379 385); propagaciôn en Roma del ano 42 deben cuitlar tincas (PP) IX. 442al 1950 (M) II, 752, A-B (1287444; unos quieren unirla a su po­ litica, cosa que hlere la eseucia 1288) ; extendlôse no por los milagros, sino por la santidad de de la Iglesia; otros verla neutral los apôstoles (PP) II, 700, A-B en asuntos morales (TP) IX, 327330 ; Iglesia y Estado : son dos (1179-1181); (PP) II, 708, D potestades supremas y aruiônicas (1193) ; pocos contra muchos y (TP) VIII, 078, A ; sus relaciocontra lus pasiones, vencieron ne-s (G) 1, 899, IV; (G) VIII, muriendo (A) II, 735. D-E (1243755, 11 ; tests e hlpôtesîs (A) 1247) ; propagaciôn en medio de VIII, 076, a-b; (G) VIII, 795, la persecuciôn (l'P) II, 442, c 24 ; deberes del Estado, desqui(G71) ; propagaciôn por los milaciados por el derecho nuevo (TP) gros y persecuciones (A) H, 472, VIII, 085, C-D; deberes de la b-c (767-768) ; milugro moral de Iglesia para ocn el Estado (TP) la estabilldad ; hechos y causas VIH, 081, B ; poder indirecto so­ (A) 11. 482, VU (782-792); id. bre lo temporal ; doctrinas errôen Macaulay (G) I, 275, 13; Cris­ neas y verdad catôlica (G) V, to navega en la barca de la Igle­ 376, 19 (708-718) ; hechos y encisia (PP) II, 4-16, a; 450, c; 451, j clicas conteniporàneas aclaran la (726, 730, 734). doctrina (G) V, 381, 20 (719—Persecuciones: sinopsis, frutos y 724) ; materias mixtas; autoridad deberes en ellas (G) II, 549, 18 (901 907); la perjudican los pede la Iglesia (G) V, 379, F. cadores y las herejias (Pl>) V, (714) ; Canosa, Tomâs Becket, To­ mâs Moro, Pio VII (Μ) VIII, 938, 1-2, (1784-1785) ; las perse­ cuciones y la tormenta segûn el 717, VI-1X; Iglesia y educaciôn, su derecho y misiôn de educar Crisôlogo (PP) II, 452 (738-740) (TP) VIII, 704, a; la educaciôn la Iglesia sufre por los que caen, debe ser vigilada por la Iglesia pero segura del triunfo (TP) II, (TP) II, 617, D (1029-1031). 501, f-k; 502, II (830-837); avaVéase Educaciôn. ricia y desuniôn causas de la per­ secuciôn, segûn S. Cipriano· (PP) —La lylesla y la vida piiblica: su II, 452, III (714-715) ; très perse­ misiôn es hacer el bien (G) I, cuciones y sus causas: la san279, 14 ; debe dirigir la batalla grienta, la herejia, su propia cocontra d mal (TP) III, 473, D rrupciôn (A) IV, 1144. Ill (1945(827-836) ; su obra a través de to­ 1954) ; a pesar de la santidad de das las clvilizaciones, engendrando con dolor (G) IV, 724, 19 Pedro, la barca zozobra por los (1220-1223) ; unos la observan pecados de Judas (Pl’) V, 936, C con maiicia para criticar, otros (1780-1781) ; persecuciones princi­ rectameute para uprender (G) VII, pales (T) II, 455 (752-759) ; Feli­ 847, 15 (1250-1251) ; propagaciôn pe el Hermoso en el siglo XIV actual horizontal y vertical en la (Μ’) II, 507. V (843); contempo­ vida pûblica (G) II, 778, 8 (1315raneas: Méjico, Alemania, Espa1316) ; indiferente a las formas fia (TP) II, 497, F (S1S-822) ; Po­ politicas (TP) I, 855, C; su prelonia etc. (TP) II. 499, G (825ocupaciôu por los males de la so­ 828) ; las sectas en tiempo de Gre­ ciedad (Tl') I, 856. a-j ; la pregorio XVI, el libéralisme con sentan como enemlga del pobre Pio XI (TP) II, 493, B-F (800(TP) I. 230, A ; madré de todos y 824) ; la Iglesia dei silendo· (G) prlnc palmente de los obreros (TP) II, 552. 19 (908-910) ; persecuciôn III. 658, C. (1153-1161) ; busca del descrédito (TP) II, 492, Il-a primero former al hombre y des­ (800). —Cucrpo mistico: Cristo su cabeza pués fundamental; sobre él la or(CG) VIII, 1012, 3; estudio teoganizaclôn social ; el Impérialisme lôglco del Espiritu Santo como busca primero las cosas y energia· aima de la Iglesia (T) V, 62, (TP) IX, 324 ; consciente del deIV (124-135); parulelismo entre eeo natural de felicidad en esta la obra del aima en el cuerpo y tlerra, se preocupa del bien ma­ del Espiritu Santo en la Iglesia terial de los obreros (TP) III, (G) IV, 145, 4 (280-285) ; el Es­ 653, A-B (1137-1152) ; se prepiritu Santo, como el aima o los ocupa de é-tos, pero orientando el miembros, distribuye div’rsas funrecto orden hacia el cielo, no como A· SX • I • H ■·· ' ·ΛΗ< 1124 INDICE GENERAL DE MATERIAS [ïglesia] el marxismo (TP) IX, 945-949 ; tiene un programa social claro, admltldo universalmente. que re­ quiero estudio (TP) 111. 294, C (521-529); v sAr obedeeido (TP) HI. 298. e-j (536-539); véase Pa­ pas. —Fartos; predicha en las profecias (PP) II. 441. b (717-719) ; su primer deber el de la verdad con la caridad ; realiznciôn (TP) 1, 387, B; es amor : sus ley es y autoridad en el amor (A) Vil (1380-1383) ; don del corazôn de Jesus (TP) IX. 1.319: como la estrella de los Alagoe es luz que liera a Cristo (G) IX, 341-344; los obispos suelen ser neviamen­ te envidiados (PP) III. 398. <1 (678) : Maria su madré (G) X. 167; la ïglesia ofrece la misa, que se ofrece por toda ella (G) V. 715, 17 (1343-1354);·la Eucaristia su mayor gloria 638. VI (1193-1199) : se distingue de la herejia por su ningûn mie­ do a ser oida por los herejes (PP) V. 763. g (H3S); cômo la perjudican los sacerdotes que ambicionan prebendas y los inconti­ nentes (PP) V. 95G, B (18131818); liante de Santa Catalina de Siena sobre sus males (A) VI (1145-1150). Iglesia dei silendo: textos pon­ tificios sobre su persecuciôn ; el papa sufre y pide oraciones por ella ; Polonia, Checoslovaqula otros païses (TP) IV. 1162, A-C (1977-2008). Ignacio de Antioquia. S.: actas de su martirio (Μ) IV, (2009). Ignacio de Loyola, S.: biografia (H) X. 1239-1244; dice su primera misa en Navidad (Μ) IX. 132: caridad con el prôjimo (Μ) VII. 96. B (152) ; protegido por la Providencia (Μ) VI., 441, V (666) ; S. Ignacio y la mistica : normas para las elecciones (G) VI. 1248. 18 (1913-191S) ; fidelidad de Dios a Ignacio y de Ig­ nacio a Dios (G) X. 1279-1281; «η panegfrlco en la meditaciôn de las dos banderas (G) X (1282usb. Ignoranda: religiosa: dafîos, ex tensiôn. remedios (G) II. 391, III (650-651) : la actual (TF) III 104, A (172-174). Imelda, Bta. : biografia < H 1506; modelo de primeras comuniones (G) X. 1520-1521. Impaciencia : el ûnico <μΐι· hace te­ rrible el castigo (A) VIH. 93, b; la soldada del pecado (G) VI. 482. 11 (755-759); cômo lo predlcaban los apôstoles del ftjiior, San Juan. San Pablo y Cristo (G) VIH. 183, 21; “al temor la pi)na que nos amenaza aprendemos a amar el promlo qup se nos ofre­ ce” (PP) VIII, 1186. a; su vista enciende ol celo de Santa Tere­ sa (A) VIII, 60, 6; ereado para nuestro bien; nos fuerza a salvarnos (PP) I, 617, b; cômo meditarlo para llegar al amor (G) VIII. 179, 19; déscrlpeiôn del Dan­ te (AI) VIII. 130, N. Ingratîtud: (TB), VIII, 175, F (252); «‘studio de Santo Tomâs (T) VII. 213, B; del hombre a Dios; quojas do éste a Santa Ca­ talina (A) VI (1148 1149); hace ineficaz la oraciôn. débilita el in. terior, detienp la perfecciôn (PP) VH. 207. c (303) ; cômo suelen serlo segïin San Buenaventura los sûbditos para con los superiores (T) V, S73, d (1490) ; no nos detenga de hacer bien al pobre; Luis Vives (A) VII (324-327). Injuria: doctrina moral (G) VI. 121, 3 (190-196) ; todas se reducén al menosprecio (T) VI (85) ; su perdôn, mandainiento riguroso ; Cristo y los santos (G) VI, 158, 14 (249-253); en el N. T. (TB) VIII, 402, L; el Padre y el juez lo imponen (A) ATII, 503-505: Santa Teresa (A) VIII, 469-471; qué olvido requiero y cuAl no (G) VIII, 581, 11 ; vencida por d per­ dôn (G) VI. 1G6, b (204); el afAn de honores lo impidc (A) VIII, 469, b. Véase Juicîo, Ira, Perdôn. Injusticia: suele anidar en los po(lerosos (A) VI, 272. B (104). Véase Justicia. Intelectuales: posiciôn prééminen­ te en la direcciôn de la sociedad (G) V, 365. II (693-695) ; cluse dirigente cuyo ejemplo es mâs eficaz que el dei sacerdote (TP) V, 824, d (1575) ; peligro de so­ berbia y curiosidad (G) IV. 989. IV (1519). A’éase Ciencia, Verdad. Intenciôn recta: en el sermon de la Montada; elemento de la per­ fecciôn (CG) VI, 16, 2.0-3.0 (2425); debe dirigir nuestras obras (A) I. 507, 13; en medio de las diversas réglas y austeridad de los religiosos (A) I, 195-197. de materias______________1125 J nternnrlonaliHTno : necesidad y romplelidad de la regulaclôn de las relfleionos Internnclonaleg (TP) II. 020, F (1041-1045). VéaS’· Sociedad internacinnaL Iii^plraclones: las hay buenas y mains ; itit»T”sa saber a cuâles se conslénte (PP) IX, 462. Véase (rracla actual. invcstldiiras: resumen histôrleo (T) VIII. 054 056, ira: dados que acarrea; hay que cedor ante el iracundo; la ira di­ vina (TB) III. 751, A-D (13061309) : su anâlisis como pasiôn ; cualidades; en Cristo (G) VI. 151, 12 (238-24.1); como hâbito; aspec­ to moral: ira justa; pecado anti­ social (G) VI, 154, 13 (242-248); ira: razôn p imaginaclôn; apetece la venganza como bien y que el eastigo sea conocido; su medida, causas y efectos (T) AT (80-86); efectos: cierta deleitaiiôn. gran perturbaciôn sensible o intelectual (T) VI (87-88); su especie moral (T) VI (89-92) : diferente de la indignaciôn (PP) III, 787, d (1359); y monos mala que el odiô (PP) AT, 44. b (6869) ; gobernada por la razôn es util, desgobernada ps locura (PP) III, 785, C (1358-1359); su permanoncia on los caractères amargos (T) VI. 60, 2; sus relaciones con la justicia. mansedumbre y clemencia en Dios y en los hom­ bres (G) IV, 842, 4 (1449-1451); en Dios es metafôrica ; en Cristo real (T) AT. 61. i: juicios que se fulmlnan bajo ella (G) V, 51S. II (967-968) ; lo que ofende a Dios deducido de lo que ofende a los hombres (PP) IV, 934, C (15S5) ; en el sermôn de la Alontafia ; comentario del Crisôstomo (PP) AT. 26, B (47) ; sus casti­ gos en e) mismo sermôn (CG) AT, 1S. 3 (27) : tentaciôn de ira : causas y remedios (G) II, 520. II (S64-S66) ; contra la ira que enfurpee. énloquece y asemeja al poseso, la mansedumbre, basada en la verdad y el ejemplo de Cris­ to (PP) HI. 780. A-B (1348-1356); pensamientos de humildad y mortificaciôn; pehsar en sus casti­ gos v en el ejemplo de Cristo (PP) IH. 7S3. b (1353-1356); mâs fâcil no onfadarse que hacerlo moderadamente: orar. prevenirse y reparnr inmediatamente (A) ATII. 501, a-d; imperfecciôn en los principiantes segùn San Juan de la Cruz (A) VI. 72, C (102103): (G) VIII. 576. V: gravisi mo mal en los educadores (G) AT. 157. 7 (248) ; no es ella la vencedora, sino la paciencia (PP) IX. 431-435; ira. mansedumbre y humildad en San Francisco de • f. . ( ÎNDÎCE GENERAL DE MATERIAS 1126 ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS lira] Sait* (A) VIII, 400*802; conducta do San Bernardo eon un ir.i eundo (.VI VI. 111. Vil ; Rontencias de auferes profanos (Μ*) VI, 112, VIII. t Mabel, Santa; biogrnfia > 351. Isabel de liungrin. Santa: esepna dei leproso (Μ) II. 1191. A (2080). Jflfdoro, San; biografia (H) X, 1295-1208; su doctrina polit Ira te la de mayor Infill Jo pii la Edad Media (G) III, 741. V (1297) ; ex­ tracto de guiones (G) X. 1376. fftidro Labrador, Ban: biogrnfia (II) X, 1579-3581; modelo de san­ tos casados (<*) X. 1601*1005; y las clases humilde» (G) X, 1606· Kill ; el trabajo convertldo en oraciôn (G) X, 1616-1618. Jnrtnncla: definiciôn, mallcla, ene- ?'Ί miga dé la perfecciôn (G) IV, 840, 3 (1144-1448). Jrrarqnhi: obediencia, fundamento social segùn San Pedro (G) IV. 674. C (1144, C) ; sometêrse, no querer someterla (TP) III, 293. i (519) ; la d»· la gracia es perfecta (G) IX. 1645. B; en p! comunlsmo existe sôlo la econômica (TP) VI, 448, e (695), Véase Iglenla. Jprônlmo, San: en Belén (M) J28. JeriiMdrii; Itanto sobre ella y predicclôn de su ruina (CG) VI, 770, n (1176 1179); (G) VI. 901, IIIIV (1376 1378); (CG) VIII. 1165· 1167; predlcclones de su ruina; Iok castigo» colectlvos (G) III. 1112 (2016); su deatrncclôn; historia (A) VI. 818, VIII (1214-1216); descrlpclôn de Schuster - Holza. mer (M) VIII, 1259; (CG) VI, 772. b (1180); su destrucciôn, expuesta por el Crisôstomo (PP) VI, 776. A (1187-lliKJ ; llegada de los cruzados (Μ) II. 1196. II (2083). Véase Templo. Jesiiitfis: fundaclôn. Véase San Ig. naclo. Jesûs: nombre; domingo Jnfraoc* tn\a de la Clrcuncislôn, I. 761 ss. Véase Cristo: Nombres. José, San: datos bîogrôflcos: pa­ tria, oficio. edad (Μ) IX. 11411143; relatos literarios: desposorio, camino de Belén. naclmlento, muerte (Μ) IX. 1444-1448; su desposorio con Maria; costmnbres Judîas (CG) IX, 1378-1382; doctrina dogmâtica sobre la va­ lidez de su matrimonio (A) IX, 1413-1420; reunlô las tres condi­ ciones de contrato, de amor y de bijOB < IX. 1 IO7 I IOS; pro I’ “ virginal d·· Mtirfn, perpleJWad del Patriarca; historia (CG) IX, 1371-1375; sus dudas [Joné, Htin] sobre M'arin (CG) IX, 11601475: depositario secreto de lo vlrglnldad de Maria y del Hijo de Dloi (A) IX, 1405 1412; doctrina dogmdtica sobre su pnternldad adop. tlva ; fué ndoptndo como padre (A) IX, 1421-1140; pntr-rrildnd reconoclda por Cristo y Moria; vcrdadero esposo de ésta (PP) IX, 1383-1396; Dios le diô cuanto pertenece a In paternldfld sin ht·· rir la vlrginidnd; su corazôn de padre (G) IX, 1404-1468; paternidnd, amor y uniôn con .Vbrla (G) IX, 1510-1510; depositario de Maria, del Nifio, dei secreto del Padre, supone pureza, tlddidad, humildad (G) IX, 1450 1459; su santidad; vida activa y contem­ plativa; su oficio comparndo con el de los apôstoles (G) IX, 1472; su vocaciôn a la perfecciôn es distinta en el modo de la de los apôstoles (G) IX, 1453-1455; con­ fianza en Dios y sollcltud vir­ tuoso en ios bienes terrenos (0) IX, 1500-1505; su dolor por el pecado y alegrîa ar/o la salvaciôn universal (G) IX, 1481-1400; modelo de obediencia a la lejr relig'losa y civil (G) IX, 1470-1483; obediencia y trabajo (G) IX, 1506-1515; los dolores y gozos en fiiete guiones (G) IX, 1409-1519; su muerte (G) IX, J408-1490; pa­ trocinio sobre la Iglesia, la familia, ios pobres, los moribundos (Μ) IX. 1449-1452; origen de bu culto (Μ) IX, 1449; titulos de su devociôn y rnotivos de confianza en él (A) IX, 1399-1104; bienes que reporté a Santa Teresa su devociôn (A) IX, 1307-1308. Josô de Cabuuinz, 8an: biografis (II) X, 1530-1543. Jôvenes: el papa invita a trabajar con ellos (TP) V, 820, a (1580); Cristo su modelo (T) II, 34, A (41-44). Véase Educaclôn, Eaaillia, IIlJos; Juventud. Jôvcnes Mintos: blograflas (H) X. 1555; extracto de guiones (0) X. 1561-1562. Juan Bantista. San: vida (II) X. 1568-1577; intcrrogado por lo» sacerdotes, I, 297 ss,; comentario ni evangello (CG) I, 311 (310) ; apostillas de San Agus­ tin (PP) I, 323, A (322, A); apostillas de San Roberto Belarmino (T) I. 310 349 (345); biogrnfia (II) X, 1568-1578; profetlzado, precursor, santidad y virtudes (T) I, 319 352; su mislôn unida a la de Cristo (G) I, 258, 4; su grandeza en su vida y en la his­ toria (G) I, 255, 2; descrlpclôn del Crisôstomo- (PP) I, 481, b; suprema perfecciôn de su estado (G) I. 421, 7; sus dones y vlrtu- [Juan BailtJMa, Ran] doe (G) I, 256, 3; cunlldndn»: tr·». tlgo Incorruptible, nustero, An gel ; ejemplo de todos (T) I, 190.103; ejemplo rtnlco de fnltn de amblclôn (G) I. 259, 5; y el cnrActi-r (G) I, 287, 17; su conoci­ miento profétlco (CG) I, 159, 1-3; su hnutlRino ; olomento», lin, In»tltuclôn (T) I, 509, IV : su» tros primero» testimonio» (CG) I, 311, a (310, 9) ; preso en Maqueronte es mAs libre quo Herode» (CG) I, 100, 1; envia »u» discipulos n que pregunti-n ni Seflor (CG) I, 159-104; conoce in meslan dad de Cristo (CG) I, 105, A; voz que dama en el deelerto (CG) I, 313, 0 (314, 0) ; modelo de predlcndores (CG) I, 315, 0 (314, 0) ; con»l. derneiones sobre su predicaciôn (A) I. 523, V ; sîntesis de la mlsma (PP) I. 334, A; precnr»or de una reforma social crlstlana (G) I, 589, 18. Junn Bnutluta Vianney. Ran: blografîa (II) X, 1433-1437; modelo de pArrocon que fie vigllan e ilumlnan (G) X, 1458-1468; modelo de pArrocos desprendidos (G) X, 1409-1173; celo sin celo» (G) X, 1474-1470; y las cuestlones Koclales (G) X, 1477-1480; modelo de pArrocos mngnAnlmos y huinildes (G) X, 1481-1487. Juan Bosco, San: biogrnfia (Μ) X, 1544-1518; confianza en la Provi­ denda (Μ) VI, 4-13, VII (008) ; extracto de guiones (G) X, 1551. Juan Crisôstomo, San: vida (II) X, 1305-1370; paralelo con San Agustîn (H) X, 1365; como sacer­ dote; ante lo» reyes; perseguldo; extracto de gulonofi (G) X, 13951397 ; verlilca su propla doctrina sobre el predicador (G) X, 139R1461; y la de San Agnistin (G) X, 1405-1410; nu destlerro (XI) I. 551, VI ; cartas desde el mismo sobre la paciencia (PP) VII, 1001, I (1480-1490). Junn de Avita, Beato: vida (II) X, 1382; pnnegirlco (G) X, 14154416. Jnnn do la Cruz, San; biogrnfia (II) X, 1348-1351; “lo que quiero es pndecer por vos" (Μ') II, 1J09, iD (2087). Véase Mfstlca. Juan do Dlo», Sun: biogrnfia (II) 1523-1528; muerte (Μ) III. 478, B (839); extracto de guiones (G) - Junn Evangcllutn. San: biografia EU/IÏI) X,# 1005-1097; Cristo corrige eu soberbia, llnstra su ignoran­ da y profetlza su fldelldnd (G) X, 1138-1141; amado de Dios; na. turaleza dei amor divino que produce la bondad: cuntro seria­ les del amor verlflcndas en San Juan (G) X, 1142-1148; entlende cl amor al prôjimo como el mls- 1127 (Juan EtnngrliMn] mo amor n Dios, fwrte, genero­ so, universal y prActlco (G) X, 1156-1158; no ventlinentnlmcnte, sino corno el d<- quien busca la uniôn con cl amado, y evitAndole ol mal lo procura el bien (G) X. 1149 1155; extracto de guiones sobre la pureza, riquezas, fratornidad universal y vocaciôn (G) X. 1100-1.165; Juan, llamado como todos de un modo aproplado a él. fué preparndo, trabajô y orô, como causa Instrumental que ha de porfecclonar su oflcacla para el apostolado (G) X. 1100-1109; nnéedota de la perdlz (AJ) VI. 678, e (1138). Juan Guallu-rto, San: perdona al asesino de su hermano (Μ) VIII, 51.1, V. Jtidafamo: perspectiva hlstôrlca desde Abraham a José (G) X, 739; el judaismo y Edlpo; dis­ curso de Donoso (Λ) I. 218-223; barca de Cristo que tiene que abandonne (PP) V. 934, B (1777). Véase Judio» y Ley Judaica. Judas: la gracia sin el deseo: Pe­ dro-; el deseo sin la gracia, Ju­ das (PP) IX, 425: la nvarlcin y sus ca i d a h escn Ιο π a <1 a h, segù n San Pablo (G) III, 1083, 7 (19591901) ; comienza por poco; vlgllemos las pasiones (PP) IX, 420424; nuevo Cain: por qué fué elegldo (PP) IX. 515-510; coopéré a la Providenda sin saberlo (PP) IX. 403; λί-omulgô? (M) VIII. 133, VIII; el beso; afeetos del P. La Palma (Λ) IX, 610; su pecado, descrito por Giovanni Paplnl (Μ) VI, 871. VII (1321): desesperaclôn y muerte: el Crisôstomo(PP) IX. 438-411; comentnrios de San Buenaventura (T) IX, 551552; de San Agustîn (PP) IX. 514 523. Judio»: y el Mesias en ol Antiguo y Nuevo Testamento (G) I, 270, 10; Cristo deshace las falsas opiniones Judfa» y gentiles y lo» llama n todos (G) V, 089, 9 (12931290); su vocaciôn representnda por in lilja de Jalro (PP) VIII, 855, A; su llnmnmiento y reprobaclôn temporal (G) V. 070, 2 (1262-1207) : su conversion final en la liturgia (CG) VIII. 839, B; cotcjo de su incredulldad con la fe de los Magos (PP) IX, 232234; bljos de Dios por naturalezn y gracia ; y del demonio por cl pecado (PP) III, 700. d (13001308); sus pecado»; revel acl ones a Santa Margarita Maria de Alacoque (Μ) VI, 870. VI; fin triste (PI’) III, 339, B (679-680) ; unldos con los gentiles contra Cristo (CG) I, 158, D; cost umbro de consagrar las mujeres a Dios k Ir i r * ! 1128 Αν INDICE GENERAL DE MATERIAS (Ju dios] (CG) X. 182; las casas jurtfas; descripciôn (M‘) VIL 1134. Il (1591): sus banquetas (Μ) VU. 794. IV (1182) : costumbres femenlnas (Μ) VIL I (907). Véase Ley mosaica. Jerusalem Jueves Santo: IX, 229 ss. Juicio Anal: sms actos: discurso del Spfior anunciândolo (CG) T, 2227; (CG) VIII, 1165-1168: en qué sentido ignora Cristo el dia (PP) VIII, 11S0. A: dia Incierto, seflales, su descripdôn biblica (TB) I. 6, IV; preliminares: se finies de la ira de Dios y del triunfo de Crlsto: justicia dd que era amable (A) VIII. 1226-1232; la “abomlnaciôn”. sfmbolo dd pecado ‘ (G) ~ VIII, 1278. 4; por qué aparecerâ la cruz (CG) I. 25: sus tres actos y circunstancias ; cômo juzgarân los santos (T) VIII, 1201. f-h; dia de Cristo que manifiesta su verdad y la nuestra (G) VIII, 733. 4; dia de gloria para Dios. Cristo y los justos (G) I, IfS, 11; dfa hermoso /loi triunfo dj Cristo (PP) I. 34. 4-5; se recapitularâ todo en Cristo (CG) VIII, 1168. Véase Cristo. Resurrecciôn de los cuerpos. —au convenienda: motivos de ésta y de la resurrecciôn (PP) VIH. 1178. B; de su universalidad (T) I. 58. R; de que sea un aeto so­ cial (A) I, 66. B; (G) VIII, 1285. 7; prueba del carâcter social del crlstianismo (G) I. 139. 20; res­ taura el desequllibrio entre buenos y malos; por qué existen éstos (PP) VIII, 1180-1184; res­ taura el orden quebrantado por el triunfo actual de los ma'os (TP) III. 109. g (188) ; necesario por la llbertad del hombre y para la perfecciôn y orden dei mundo (A) I, 64-65; d^scubre la verdad que es Cristo (G) VIII. 1281. 5. —Ju'cio y sentenda: Cristo juez: motivos y cualidades (T) I, 5457; manifestaciones y motivos de la terribilidad del juicio (G) VIII, 12S2. 6; pensamientos de Santa Teresa sobre su exactitud y la mirada de Cristo (A) VIII. 1216. A; sin misericordia de los reprôbos; motivos (G) VIII. 1292. 10; (A) VIII, 1222-1225; acusadores: Dios y el demonio (A) VIII. 1222-1225; los bénéficies de Dios (PP) VIII. 1183. B; la fe y la razôn (A) I, 82-84; el porter despreciado. la bondad enojada y la soberania vio’ada. son très gran­ des motivos de ira (A) L 72-77; los pecados de omisiôn en »1 jui­ cio (G) I, 131. 14; "atadles de pies y manos”; exposiciôn (,PP) VIII. 39. D; horror que sentia San Jerônimo (Μ) VIII. 1263, IV. (Juicio finit!] —Misericordia y limosna en el Juic o: las obras de misericordia se· gün San Agustin (PP) I. 40-42; la llmosna super'or a otras virtu­ des en el Juicio ; Dios pregona sus (tandis (PP) I. 321, 4-5 (320, 4-5). Véase Limosna, Misericor­ dia y l'ohrrs. —Co n s ecu en ci as : a su luz conocemos el valor del tlempo (G) II. 122. G; el mundo pasa» sôlo Dios permanece (PP) I, 48-50; en él se verâ quiénps no socorrleron a Cristo peregrino y hambriento en la Encaristia; no reclbirla. sefial de reprobaciôn (A) I. 68-72; pre­ mio del cuerpo y alma, discernido y coin parti do con Cristo (G) I. 124. S; temor y gozo inclufdos en su anuncîo (CG) I, 23, c; 27, C; (CG) VIII. 1159-1162; alionto y vigilancia (CG) I. 27, C; espe­ ranza y temor; alegria de la As­ cension; negociad los talentos (G) IX, J005-100S. _ · —Varios: el valle de Josafat (Μ) VIII, 1263. III : poesfa de San Efrén (PP) VIII. 1194, C; (MJ I. 111. VIII; la sibila en el art? (M) T’ n3· IX; el “Juicio final” de Miguel Angel (Μ) I. 109. VI. Juicio particular: el juicio de Dios es triple: de gobierno de los hombres, particular y universal (T) VIII, 1199. c; particular: el juez. Cristo; ni acusadores ni testigos ; el obieto. gracias y pe­ cados (G) VIII. .1288, S; dei pe* cador (G) I. 126, 9; su severidad en San Buenaventura (T) VIII. 1213, B; consecuencia : conviértete pronto (PP) I. 42, d; nuestra misericordia nos defenderâ (A) III, 634. 4 (1101) ; Dios PStâ escribfendo nuestra sentancia; ya la conocemos; preparémonos (PP) VIL 1073. c (1498-1500); jùzgate tû, para que Dios no te juzgue; un delito no se juzga dos veces (G) IX, 410-414; confiar en él sefial de caridad perfecta (PP) V. 417, e (780-781). Véase Juicio final. Juicios humanos: normas genera, tes: del hombre: “suum cuique”; del inundo: de ira, soberbia y envidia: de Dios: misericordia que templa la justicia (G) V. 524. 13 (9S0-9S6) ; el de Dios y el de los hombres en el caso de la Magdalena (PP) V. 427. B (79S802) ; condiciones para su rpctitud: competenda en el juez. prudencla en el procedim lento, justicia en la sentancia; no juzgar al hombre, sino el pecado (G) V. 512. 10 (955-961); es legi­ timo. si es conforme a razôn. ley de Dios y derecho del prôjimo (TP) VII. 426. e-f (629-630); ac- Indice general [Juicios humanos] clones evidentes y aceiones dudosas; motivos evaugélicos para no juzgar éstas (G) V, 509, 9 (950954); sobre las obras flpnrentemente buenas (A) VIII. 1229, 1). —Sobre el prôjimo: sôlo debe juz­ gar Dios; juicio sobre materias dudosas; pensomos en que seromos juzgados (A) V, 447, III (834-840) ; normas y razonamientos de San Pablo en Bomanos 14 (G) V, 529. 14 (9S7-994); comen­ tarlo al “no juzguéis y no seréis juzgados” (CG) V. 402, b (749752); id. del Crisôstoino (PP) V, 404, I (756-762) ; id. de San Agus­ tin (ΓΡ) V. 409, II (763-767) ; normas de Santa Teresa (A) V, 437, a (S17) ; no juzguemos a los demAs, pues son siervos de Dios (PP) V, 407 (761-702); nuestro juicio puede procéder de la so­ berbia o de la caridad; precédale el conocimiento propio (G) V, 535, 16 (1000-1003) ; jùzgate a ti que te conoces y no a los demâs (PP) V, 409. A (763-767) ; no juzguéis ni al pecador pûblico; puede convertirse en santo (G) V, 515. V (961); sobre lo evidentemente ma’o; sobre el futuro de las personas (A) VI, 420. B (662663) ; juicio amargo del hermano del prôdigo; nos représenta (G) V, 521, III-V (974-979) ; dêbemos juzgar segûn Dios: como Él, sin usurpar su papel, no mâs allâ que Él ; juicio iracundo contra­ rio a estas normas (G) V, 517, 12 (966-970). Juicio temerario: ejemplos, no juz­ gar sin conocimiento de causa, la opiniôn humana suele ser errônea (TB) V. 392, V (729-731) ; doctrina teolôgica de Santo To­ mâs; naturaleza. clases, causas, malicla, consejos (T) V. 433. B (SOS-816) ; (»s un juicio formulado sin autoridad. sin ciencia y sin imparcialidad (A) V, 456, V (851S5S) ; remedios acomodados a los diversos caractères; ante motivos serins dûdese, pero sin juzgar (A) V, 452, IA’ (S41-S50) ; de qué vicios nacen; remedios; la duda; quién debe juzgar (A) VII, 1100. III (1545-1549) ; ejemplo de Crls­ to en el pretorio; procuremos evitarlos ; despreciémoslos (PP) IX, 454-455; ejemplos de Casia­ no, San Francisco de Asis (M) V. 473. III-IV (891-S92): defectos; sometimiento al de Dios (A) IL 1171, C (2033-2035). Juramento: cuândo os pecado gra­ ve; modo de ovitarlo (PP) VI. 1123, b (1731-1731). Justicia: virtud especial ; virtudes potenciales ; la justicia en Maria (G) X, 719-725; la justicia y la de materias 1129 ( J usticia J verdad (G) VIII, 141, 2; (G) VIII, 1116. I; cômo se compagina con la mansedumbre (G) IV, 842, 4 (1419-1451); véase Dios: atributos; falsedad de la piedad sin justicia (G) IV. 1014. 2 (17341737) ; su sentido en d sermôn de la Montaila; véase Perfecciôn; Justicia divina; Dios, atributos y Juicio. —Social: la moral social en mate­ ria de justicia esta por hacer (G) VI, 146. III (230) ; fundamento de la organizaclôn social (PP) VI, 230, c (352-356) ; sus relaciones con la caridad para restablecer d orden social (TP) I. 545, t-y; (G) VII, 151, 17 (225-232); no sôlo caridad (A) I, 95, a; véase Ca­ ridad; es la ùnica que puede con. tener al comunismo (TP) VIII, 519, d-e; debe protegerse al obrero con una caridad que no parezea protecciôn (TP) I, 682, AB ; obliga a patronos y obreros (TP) VI, 455, j (713) ; no existiré micntras no dispongan todos de lo necesario para sus funciones sociales (A) I. 100, d; (arisefsïno en materias de justicia (G) VI. 146, III (230). —Distributiva: necesaria en la distribuciôn de cargas y bienes I (TP) I. 53S, b. Véase Guber­ nantes. ! Justificacîôn.: causalidad de la resurrecciôn de Cristo (CG) IV, 33, D (54-57); (G) IV, 145, 10 (26S270) ; estudio de Santo TomAs i (T) IV, 64. b (118-122); disposi­ ciones; la humildad en ellas (G) [ VL 1091, IS (1679-16S3) ; perdôn del pecado· y resurrecciôn a la vida de la gracia; exposiciôn; aumento de esta vida; cômo; elicacia de la confesiôn (G) VI, 651, 11 (964-968) ; obra mayor que la creaciôn ; conservarla y aumenI tàrla; inayor que la glorificaciôn ; I fin de la encarnaciôn; a pesar de todo ello es un don universal (A) ! VIL 224, III (32S-335) ; milagro , ignorado, de amor. posible sôlo a Dios: la inayor de sus obras I (G) VII, 654. 12 (969-972); la inayor obra de Dios y de Cristo en cuanto Dios y hombre (T) VII (843-844). Véase Gracia ha­ bituai. Justo: descripclôn del hombre jusI to; Simeôn (G) I. 723, 4; nunca le falta la gracia suficiente (T) VI, 809. II (1231-1244) ; providenI cia especial sobre ellos (T) VII (570) ; acompaftan a Cristo en vida en el Calvario y en el jui­ cio (G) VIII, 1291. 8; la impaciencia infantil de los justos por ver restaurado el orden (PP) VIII, 1183, g; las tribulacionee I? é 1130 INDICE GENERAL DE MATERIAS INDICE GENERM. DE MATERIAS i Ixo* J [Justo] les purlflcan y ayudan (Λ) II, Véase Gracia 475. habitual y Orden sobrenatural. Juventud: no pertenece totalmente al Estado; monopolio injusto de su oducadôn (TP) VIH, 70S, 6-8; edad de desequilibrio ; su educa­ ciôn medianto la vigilanda e Idéales (G) VIII. 360, 16; edûquese ffsica, Intelectual y moralmen. te (TP) VU, 60S. e (901) ; en el orden natural necesita: ideal de rida, educaciôn fisica e intelectunl; orden técnico, moral v re­ ligioso (G) VI. 669, 16 (9S3); arruinada por la Injuria; vaciedad d·· las soluclones laicas (A) VIII, 295-299; peligros: debllidad y autonomia de su voluntad ; culpabilidad paterna (G) VIII, 372. 17; su crisis de fe; causas (G) VIII, 177, II; edad peligrosa por la Injuria; vanidad de las soluclones no crlstianas (A) VIII, 295-299; estragos de la impureza; dificultad, bienes y medios de la castldad (G) VI. SS8, 5 (13451350) ; educaciôn de la castidad ; vida de la gracia; confia en ti; desafia a la vida (G) VII, 673, 17 (991-998) ; su muerte moral representada en Naim (G) VII, 645, 9 (954-9581 ; necesario hoy y siem­ pre llevarla a Cristo; situaciôn actual hija del liberalismo y la situaciôn econômica; remedios (G) VH. 665. 15 ( 977-982); hacen falta hombres y también nifios; mucha cultura y poca formaciôn ; valor de la religiôn; precocldad sexual (A) VII, 5««. VI (856-862) ; su moralidad estâ hoy en baja; el cine contribuye; aceptan doc­ trinas nntlcatôllcas (TP) VII, 598. A (874-878) ; la fe lângulda de la juventud de hoy requière fe fuerte en los padres, ejemplo, educaciôn de la sencillez, pureza 7 obediencla (TP) VII, 603. D (890-895) ; la actual, debido a lo que viô en sus primeros afios, desconfia de todo; compréndasela sin transigir en todo (TP) VII, 602, C (885-889) ; necesitamos una juventud creyente, viva, santa, humilde, pnra (TP) VII, 606. a-c (897-899) ; extracto de guiones santos jôvenes (H) X. 1510 ss juventud femenina: pel (gros de q u lenes se rreen imnunlxadas. experimentadas y pindosns. .v râcumben cuan­ do no lo psper:m (TP) VII, 599, B (S8O-XS4). Véase Educaciôn. % K-ulturkitinpf y Pfo IX (G) VIII. 768. 16. dominica ; sentido (CG) III, 569, A (979) ; la misericordia Γ ["Lactaro"] de este evangelic» nlegre la Cnarésina (A) III, 623, a (1084); fl. linclôn dlvinn, eucaristîa y P«eue, mot 1 vos de alegria (TP) III, 675, 1 (1180-1190). Lalcismo: errores, frutos (0) VIII, 1139, III ; la tlesta de Cristo Rey, instituida contra él (TP) VIII, 1076, T. Lecturas: escandalosas (TP) II, 613, b (1014-1017) ; dafios que hicieron a Santa Teresa (A) IV, 432. A (739). Lengua: disereciôn en el hablar; cireunstnncias necesarlas pan hablar bien (A) VI, 1168, IV (1785-1791); pecado universal aun entre virtuosos; despreocupaciôn sobre este punto; remedies (G) VI. 116, 2 (184-1S9); guardêmonos de la mala; normas para ri uso de la palabra (TB) VI, 1106, III (1701-1705); hablar de Dios; conversaclones deshonestas (A) VI, 1176 (1795-1797); sus peesdos; gravedad y abundanda; los juramentos (PP) VI. 1022, B (1729-1734) ; chisme, hurla y chanza ; doctrina moral (G) VI, 125.4 (197-200); hablar deshonesto; da­ fios que causa al prôjimo y al que habia (A) VI, 1172, V (1791· 1794) ; conversaclones obscenas; anéedotas (Λ.Ι) VI. 1194, VII (17301731). Véase Injurias, Murmuraciôn; Detracclôn. Leôn XIII: profeta de la désolaciôn en medio de un mundo op­ timism (G) VIII, 772, III; doc­ trina sobre la autoridad, gobier­ nos de hecho, rebellôn, etc. (G) VIII, 770, 17-19; textos en que predice los dafios futuros (TP) VIII, 905, A-C; cômo ejerdtô el poder directo e indirecto de la Iglesia (G) V, 382, II (720-723). Leproso: curaciôn milagrosa (CG) II. 302 ss. (474 ss.) ; modelo de oraciôn (CG) II. 302, 4 (476) ; comentarlo de Bossuet (A) II, 343 (559); diez curados; domingo 13 de Pentecostés VII, 166 (249) ; en O (612); la Bdad Media (Μ) II, 396 los santos y los leprosos: San Luis, rey ; San Francisco de Asia; el P. Damlân (Μ) II, 368-3® (613-616) ; Santa Isabel de Hon­ grie (Μ) II. 1194, A (2080); San Juan de Dios (Μ) II, 1195, B (2081). Leta nias: historia lltûrglca dei triduo de la Ascenslôn (CG) IV. 915, B (1550). Véase Maria, Oraciones. Ley: propia del ser racional; derlvada de la dlvlna y natural; normas para el leglslador; la obediencla; orden juridico (TP) I. 091. a-11; orden juridico; nociôn ; conexiôn con la ley natu­ ral ; positivism© juridico (TP) I, 1 691, ll-p; contenldo teo-lôglco de bu obediencla, consecuenclas ; la ley superior al legislador y al precepto; desobedlencla Justa (G) I, 747, 16; très motivos que nos obllgan a obedecerla (A) I. 671674; la ley dlvinn (PP) VIII, 639, a; (TP) VIII, 691, B-G; diferen­ cia entre el poder constituido y su legislaclôn (TP) VIII, 697, k; Jesûs y Maria, ejemplo de cum­ plimiento (G) I, 717, J; las leyes generalmente incltan a la obe­ diencla; las de Cristo ayudan a su cumplimiento (A) VI, 73, III (104-110). Véase Autoridad, Es­ tado j Gobcrnantes. Loy do Dios: consuelo de perfec­ tos; maestra de proficientes; azo­ te de endurecldos (G) III. 903, 11 (1596-1601). Véase Dios y Mandamlentos. Ley mosaica: su relaclôn y la del cristianismo con las promesas de Abraham (CG) VII, 180, A (256262) ; es una minoria de edad (CG) I, 607, c; su bondad (PP) VI, 24, e (46) ; der&gada el dia de Pentecostés en lo ceremonial, judicial y moral ; obligatoriedad anterior; illcitud posterior (T) V, 57, II (112-118) ; comparada oon la de gracia (A) V, 96, A (186-199); id. por San Pablo (CG) III, 570, A (982-989) ; en el Crisôstomo (PP) VI, 20, A (4649) ; sermôn de la Montafla sobre ella y la justicia cristiana (CG) VI, 15, b (22-28) ; del pecado, de los mandamientos, de la gracia ; exposiciôn de los dos ûltimos (PP) VI, 406, 4 (639). Libéralisme: definicîôn y divislôn ; critica (G) II, 673, II (1137) ; estudio de Sardâ y Salvany; el liberalismo catôlico prescinde de las formas po-lftlcas (A) VIII, 669-677; a qué se deben sus prejuiclos sobre el poder directo e Indirecto de la Iglesia (G) V, 380, D (718) ; primero él, buscan. do una cultura laica, y después el to-talltarlsmo, sepultaron la li­ bertad humana (TP) IX, 322; descristlanlzando al obrero trajo el comunismo (TP) I, 239, d; ll­ berallsmo, comunismo y masoneria, falsos profetas (G) VI, 539, 21 (835-842) ; neolibernllsmo ac­ tual; descripciôn pontificia (G) VI, 515, IV (846) : el econôinlco degrada el trabajo, considerândolo mercancia ; estudio de sus leyes (A) I, 862, J-n. Libertad: psicolàffica: no es excluida por la Providenda; estudio teolôglco (T) VU (572) ; en qué consiste; fundamento social, segûn San Pedro (G) IV, 673, Il (1144) · la voluntad es tanto mâs 1131 [Libertad] libre para seguir el dlctamen del entendimiento, cuanto menos esclava do las pasiones (G) III, 677. 2 (1191-1195). —Teolâgica: bajo la gracia ; estu­ dio teolôglco (T) II, 992. II (1709,1713) ; estudio agustiniano (PP) VI. 785, B (1201-1201); la de los hijos de Dloe, la de los rebeldes y la animal (G) III, 677, 2 (11&41195) ; libertad del pecado, ira. demonio y paslones, trafda por Cristo (G) III, 680, 3 (1196-1200); la libertad en Cristo segûn San Pablo; libertad del pecado (CG) VI. 376. II (581-585) ; por la verdad y Cristo; esclavitud del pecado (PP) I, 777-780; libertad y no servidnmbre de los hijos de Dios (CG) VI. 564. 3 (86S) : en qué consiste (T) IV, 60S, D (1032). —Politica: se exagéra su cxtensiôn (TP) VIII, 522. 5; no puede 11amarsc- asi la propaganda desenfrenada de los errores (TP) VIII, 900, C; no debe haberla para ensefiar el error (A) VIII, 109, d-e; ni para escogerlo ; intoleranda doctrinal (G) II, G72, 17, B (1136) ; la libertad sana fué asesinada por el liberalism© y totalitaris­ me (TP) IX, 322; aniqullada por el comunismo (TP) VI, 447, c (693) ; de perdiclôn que aparta ids pueblos de Dios y del bien (TP) VIII, 907. c-h. Véase Per­ sona humana. Dignidad. Limosna: obligatoriedad: es de precepto, no de consejo (PP) III, 594, b (1025); (Λ) VI, 642. d (973975) ; trascendencia social y mo­ tives de su obligatoriedad en los papas; normas de su euantia (G) I, 59-1, 19; (A) I, 530, a-i; ni el predicador ni el oyente deben cansarse de hablar de ella (PP) IX, 459-461; tanto mâs necesaria cuanto peores sean los tiempos (l’P) III, 604, d (1015); San Pa­ blo (1 Cor. 16) explicado por el Crisôstomo (PP) I. 166-174; la décima parte de lo superfluo le parece poco a San Agustin (PP) V, 588, 2 (1090) ; necesidad ex­ trema, no de individuos, sino de clases (G) V. 510, IV (1025); po­ sible hasta a los pobres, que pue­ den ayudar en algo; lo que im­ porta es la voluntad (PP) III. 603, c (1011-1042) ; très excusas falsae: no nos llega; los tiempos son dlficiles; los polires son inuchos (A) III, 635, B (1107 1109) ; obligatoriedad (TB) I, 150, B. —V lux riguesus: triple error d?l rico sobre la riqueza, la propiednd y su uso·; rendiciôn de cuentas; la limosna y el pecado (G) VI. 705, 8 (1177-1180) ; valor real * s i S? 1132 INDICE: GENERAI. DE MATERIAS [Limosna] de la rïquezn: uso prudente: la muerte: los pobres nos reclbirfin en el cielo (PP) VI. 592. III (010035) ; niedio de santlficur las ri­ quezas en la parûbola del mayordomo infiel (CG) VI. 560. 2 (819) ; Dios te lo diô todo: iqué le de· vtielves? (PP) I. 173, 3; (PP) III, 591, D (101S-1019). —Atcsora para el cielo: los ricos. banqueros de Dios; locciones del pobre; obligatoriedad: el negoeio de los negoclos (TP) VI. 664. e-n (1008-1010) ; es atesorar en el ban­ co celestial para recibir el dia del juicio (PP) I. 40, 1-2; hagamos una transferenda de nuestras riquezas al cielo (PP) I, 317, b (316. b); (PP) V. 537. 4 y 7 (10SS-10S9); tesoro del banco de Dios, que asegura el resto de tu dinero (PP) I, 169, 4: "alabâis al mercader que cambia el plomo por oro... da tu dinero y compta la santidad...” (PP) I, 469. a; la iimosna reproductive ; ejemplo de Masona. obispo de Mérida (Μ) I, —Perdona el pecado: segùn la ro­ velaciôn es penitencia para obtener el perdôn y satlsfacer (G) I, 584, 15: (TB) I. 150, B; a quién darla, qué y cuûnto (G) X. 1446 1449: comprar la gracia por un vaso de agua; préstamo hecho a Dios. que sale fiador (PP) I, 319. 1 (318, 1) ; la Iimosna y el per­ dôn de los pecados; doctrina evangélica; falsas excusas; rendiciôn de cuentas (PP) VI. 572. fis I (881-895); perdona los pecados mejor que el agua bendita (PP) I, 171, 3; como penitencia en el Crisôstomo y San Agustin (PP) I. 486-490; arrojemos la mercancia cara con tal de salvar la na­ re (PP) V. 927, c (1758). —En el juicio: (G) I, 130. 13: lquién me defenderû si no socorro a Cristo? (PP) I. 318. 12 (317, 1-2) ; superior a las demâs virtudes en el juicio (PP) I. 321. 4 (320. 4) ; socorre a Cristo en los pobres; obrero ores de Dios; si-mbra ahora (PP) VII. 721, 2.° (1072). Véase Juicio final. —Diversos bienes: fuente de bienes para el pobre y el rico (PP) I. 170, 1; (A) VI. 639. IV (969980) ; nos asemeja a Dios en el hecho y el modo y nos trace mi­ nistros suyos; quien la recibe lo es también (G) V. 533, 15 (995999) ; es el primer paso para 11·?gar a la perfecciôn d·· la caridad (PP) Ill, S02. d (1390 1392): es hacer con Cristo lo «in? José y Nlcodemo (PP) IX. 456-458. —Ejemplos: los Magos dieron oro a Jesûs; dûselo tû a los pobres * .·· [Limosna] (PP) IX. 225; pero acompaDado de virtudes (PP) IX, 236: como Jesûs en la multiplication: en la so'edad: a todos por igual, amable y espontdneamente (A) 111. 639 (1110 1113); viudn de Sa­ repta, Santa Casilda, Santa Cla­ ra (Μ) III. 605, I 111, VI (19731975. 1979) : San Francisco do Asie, Santo Domingo, Santo Tunids de Villanueva; San Ignacio (M‘) Y, 667 (1216-1251) : Cottolengo. Vianney, M. Sacramento, P. Clnrct, Santa Micaela y Pio X (Μ) Y, 475. VI XI (894-902); Santo Tomüs de Villanueva (Μ) I. 248, VI; cômo la organize'» Sto. Toinds de Villanueva (G) X, 1450-1454. I'ari·'··*·, la pobreza de espiritu peilida por Cristo consiste en el buen uso de las riquezas; la li­ mosna (PP) VII, (51S-520) ; si no se hace por Dios. no es un sacri­ ficio ( PP) III. 602, b (1040); es el medio mejor do agradecer s Dios (PP) VII, 204. 2 ( 299): sin osrentaeiûn ni hipocresia (TB) VI, 370, b (577) ; “para que puedas rezar y ayunar con verdad tienes que dar Iimosna" (PP) I, 490, e: para pedir a Dios hay que dar al pobre, que représenta a Cristo; ejemplo de éste; riquezas ef (nieras (PP) VI. 1113, b-d (1SS01883): sola no liasta ; primeroes nec -sario diîrsela a nuestra aima (PP) VI, 52. c (54); sus premios individuals en la revelaciôn (G) I, 585. 16: la mejor preparaciôn para las fiestas de Navidad: la comida de ose din y los potires (PP) I. 501, B; lo contraproduvente; valor social de la Iimosna cristiana (G) I. 587, 17; no la impida la ingratitud del pobre; suele deberse a nuestra culpa; doctrina de Séneca y d'd Evan­ gelio (A) VII (324-327); la evan. gélica ni ensoberln-ce al uno ni humilia al otro (TP) VI. 670, h (1027); Iimosna de la oraciôn por <•1 pecador en Santa Teresa (M) I, 248, VII; la Iimosna del ladrôn es dinero que devuelve Judas (PP) IX. 440-441 ; dos closes: dar v perdonar (I’P) II, 1133, a-c (1959-1961): premio, exhortaciôn; en los apôstoles (TB) I, 150, B. Liturgia: oraciôn liftirgica: su 2Xcelencia : el Breviario; la· de los fieles (G) IV. 1011, 1 (1729-1733); véase en cada sacramento; cuidado que debe ponerse al cele­ brat los misterios ante el pue­ blo (TP) IV. 457. 1» (791): sltuaciôn litûrgica de cada domi­ nica: véase el η.® 1 de “Contentarios generales” «le cada una. Longanimldnd: refiérese mâs a la magatanlmidad. pero conviene tam. ÎN1JICE GENERAI, DE MATERIAS 1133 [Lingas santas] [Longanimldnd] za del bombre (G) IV, 325, 5 blén con In pneienclu (T) VII, (568-571); visiones de Santa Te­ 910. 1 (1337-1338). resa: Santa Catalina de Slena : Lourdes: véase Maria: advocacio­ Santa M’argiirita Maria de Alanes. coque y Santa Gemma (Μι) IV, Luc In. Sta.: biografia (II) X, 1184. 308, III (538-542). Luis Gonzaga, San: biogtafia (11) X, 1555-1559. I Uamamiento del rey temporal y eterno: en San Basilio (PP) V, Lujo: consecuencla del espiritu ma932, C (1768-1772) ; en San Agus­ terialista (TP) II. 1185, b (2050); tin; el ejemplo de Cristo; el (lesprecla lo necesarlo e inventa allento del premio; Uamamiento caprlchos (A) III, (J45, b-c (1125universal: cômo seguirle (PP) 1126) ; pensamlentos del Crisôs­ V. 941 (17.88-1796) ; meditaciôn igtomo (PP) 1, 483, 2; contraste nnciana (G) VIII, 1129, 14. Véase con la miseria (TP) I, 95, b; el Cristo y Vocaciôn. de hoy; la austeridad (G) I, 569, 7; deplorado por el papa (TP) Lianto: llanto y pasiones; Jesûs llora por sus amigos, por au pa­ I. 94. e. Lujuria: estudio de Santo TomAs tria y por los pecados; nuestro (T) VI, 801, A; mallcia intrinse llanto (G) VI. 897 (1359-1364): el ca; matrimonial, extramatrimo­ llanto consuela (T) VII (834) ; cinco cluses de llanto santo (G) nial; interna; remedios (G) VIII, IV, 689, V (1170); bienaventura349, 7 ; su gravedad menor que dos los que lloran (G) IV, 687, la del pecado espiritual (T) VIII. 454, m-n; daflos (G) VI. S8S, III S (1166-1171); llanto por ansiar (1347) ; daflos y remedios preven­ el cielo, por los pecados propios tives (A) VIII. 269-275; efectos y los ajenos (PP) VI, 7S1, A en el entendimiento (G), VIII, (1194-1200): sobre los pecadores; 352, 8; en la voluntad (G) VIII, motivos (PP) VI. 778, B (1191355, 9; su relaeiôn con la em­ 1193); (Μ) I, 709, IV; por los bringuez (G) VIII, 347, 6; arruina muertos; d»· penitencia, reconcila juventud; vanidail de las soliaciôn, compaslôn y gozo; el luciones no religiosas (A) VIII llanto v la oraciôn; y el consue­ (295 299) ; hambre del injurioso lo (TB) VI. 759. B (.1156-1164); (G) VI, 327. IV (5iS) ; ejemplo llorar por los difuntos es cris­ puesto por San Francisco de Asis tiano (G) IX (1801-1804). Véase sobre la moderaciôn de la vista Muerte; llanto de Jesûs; motivos (Μ) VI. 868. A: luchas de San (CG) VI, 773, 1 (1171-1182); de Bernardo (Μ) VI, 868. B; venCristo sobre el pecador (A) VI, cida por Itaimundo Lulio y San­ 825, III. Véase Cristo. to TomAs (.Μ) VIII, 326, l-II; en J os espiritu.'îles, segûn San Macaulay: testimonio sobre la Igle­ Juan de la Cruz (G) VIII, 576, sia catôlica (G) I. 726, IV. IV. Véase Castidad. Martres: cont raposieiôn entre la “Lumen gloriae”: (T) III, 253, 5 conducta de la de los hijos del (436). Véase Cielo: visiôn, Zeb'-deo y la de Maria (G) II, Luz: Dios lo es (TB) III, 201, C (312) ; Dios es la luz lhereuda que 1230, 14 (2136-2138); sentiinientos iluinina nuestra fealdad y nos y oraciôn de San Agustin en la innove a abandonar las tinleblas; muerte de su madré (PP) IX. luz y pecado (PP) III, 794, a-c 1699-1707; amor de San Agustin (1375-1380) ; su primer acto es el a la suya (Μ) II. 131-133; id. de humildad reconociendo cl pe­ de San Pio X (AJ) II, 86, VI cado; el segundo el amor que lo (131): iil. de San Juan Bosco borra (PP) III. 797, 3-4 (1380(Μ) II, 135; fd. de Trajano (M) 1381 ) ; la fe y los doues inteb’cII. 82, H. Véase Educaciôn, Estuales. luz para ver a Dios (G) posn. Familia, Hijos, Matrimonio. II. 1237, 1S (2150-2152); el Verbo, Maestros: apôstoles natos (TP) II. luz del Padre, de la humankind, 750, e (1280); Cristo modelo de dpi aima (PP) II, 1119, B (1932formadorcs de hombres (G) II, 1931); Cristo luz verdrfuora que a 793. Il (1337-1338). Véase Eduvoces cegamos (PP) H. 1126, b cnclôn, Enscflanza. (1941): la humanidad sin luz debe Magda’ena: dureza de los hombres p-dir la luz de Cristo (PP) II. y misericordia de Dios al juz1135 A (1963-1969): somos hijos garla (PP) V. 427, B (798-802); de la luz (G) III, 496. 1 (864-868). reajusta su vida afectiva, usa rectamente de las cosas; repara Llagas suntas: Cristo las conserva el escûndalo; en vez del amor y paslôn mundanos, recibe el de como trofeo; para confirmât la fe y como memoria ante la justicia de Dios. el ntnor y confian- Kfeâii· ■ Z H34 ♦ - ' Eôà.'î · ÎNDICE GENERAI, DE MATERIAS [Ma nd am I e n t os ] Mauleterlo: de la Iglesia: véase poRihilldad de cumpllrlos; doeIglesia· trlna dogmôtlca (G) VII, 4 (168Magna nlmlriad : noclôn : Crlsto lla­ 172) ; necesarlOB para ser amadoi ma a cita (G) T. 416. 4: se repor cl Pndre (Λ) VIII, 52. 3; flere a los prandes honores; Im­ la fe necesarlft para cumpllrlos putas a grandes obras; como (A) III, 287 (502-505); ta penl· virtud; relaciôn con otras virtu­ toncla consiste en cumpllrlos; des; obras del mngnônlmo: vi­ dificultad en ello; mensaje de cies opnestos (G) VII. 734 (1081Eôtlma (G) I. 572. 12. Véase Ley. 1088) ; para los paennog la pri­ Mnnsednmbre; textos bibllcos III, mera virtud: la crlstiana; la hu­ 758. F (1311); definiciôn: gra­ mildad. camino del honor (G) dos. premio (A) IX, 1570-1573; VII, 856 ΠΙ·IV (1260-1261); exi­ naep do la grandeza y caridad; ge humildad (T) VI. 9S0. e; el mansodumbre de Crlsto (A) VIII, apôstol de hoy debe aspirar a 472-474; cômo se compagina con grandes ompresas (G) V, 1078, la justicia on Dios y en los hom­ 19 (2090-2097). bres (G) IV, 842. 4 (1449-1451); **Magni float”: véase Maria» Orarionecesarla al gobernante (A) VI, nes. (960). Véase Misericordia, PaclenMagos: véase Epifania. cin, Mal: estudio teolôgico; noclôn; Marcelo de Tônger, San: actas de mal de culpa y penn; Dios cau­ su martirio (Μ) IV, 1182, IV sa dei ffslco. la creatura del (2012). moral; el mal y la Providenda; Margarita Maria de Alacoque, San­ promlos y castigos (T) II. 585 ss. ta: las cuatro rovelaclones del (961. 983); aunque se dlsfrace de bello es malo (G) III. 513. 8 Corazôn de Jesfls (Μ) IX, 13351338; ejemplo del segundo tiem(898-902); su origin en San pn de elecciôn (Μ) I. 402, B. Agustin (PP) VI. 397. B (626.MAKIA: Grandezas: un pôrrafo de 628) ; Dins no es su autor. sino San Basilio (PP) X, 231; canto el hombre (PP) VI. 219, d-e (331dp San Juan Damasceno (A) X, 334) ; su coordlnaciôn con la 123 126; canto dp San Cirilo en el Providenda; origen: Dins snca bien del mal (T) VII. (573 577); concilio de Efeso (PP) X. 410; Dios obra βόΐο por amor; en la los males dirigidos por Dios pa­ ereaciôn dei mundo; del hombre; ra nuestro bien (PP) VII. 384. de Maria (A) X. 701; predestina2 (551); honor qu* se le da al da en la eternidad; para madré mal (A) VII. 762. C (1125). Véa­ se Persecuciones, Tribulaclones. de Dios y protectora de In huMalos: su rabeza es el demonîo manidad (A) X. 139-141; grande­ (T) III. 433. 1 (743); razôn psiza; primogénita de toda criatu­ colôglca de por qué persignen a ra; titulos y derechos (G) X, los buenos (CG) V. 563, 1 (1041); 173-176; maravillas que Dios obrô abruman n los buenos: el Jnlcîo en ella; la principal su santi­ restaura pJ orden (PP) VIH. dad; la santidad, perfecciôn la 1180-1184; por qué permite Dios môs nobjp d<· Dios; su imitaciôn su extatpncia (G) II. 663. 14 (G) X, 372-376; creatura la mâs (1118-1120) ; razones de su coexta. pprfoeta ; llona de gracia prove­ tencla con los buenos (PP) II. nante, fecundante, décorative y 575. A (945 948) ; no hnyri vscùnconsumnda (A) X. 135-138; Ha­ dalo por ello: soportémosloe; mada bienaventurada por Cristc convlértanse antes del juicio (G) III. 545, 19 ( 953-958) ; gran(PP) IV. 38. b (61-66) ; razôn doza dorivada de sus funclones; de su fdiddad en la ti^rra (A) nsociada n la salvaciôn dei mun­ IV. 627. B (1060-1063): impado. a nuestra vida cspiritual (A) cipncia infantil de los buenos al X, 430-433: por sor madré, engen. verlos florecientes (PP) VIII, dra. manda en Cristo y es glori­ 1183. g: no debnn odlarse: mofica da por Él (A) X, 426-429; a gu st I n la nos (PP) VI, 40, (TP) X. 446; templo de Dios ele2.° (57) : normas para su trato gido y pr· pnrado por Él mismo a imitaciôn del que Dins tlene (G) X, 957-960; la mejor recon elles (A) II, 606. III (998dimida (CG) X. 513; su partici1007) ; pueden servirons para snnpaclôn en sncordocio dp Crls­ tifiearnos (A) II. 609. D (1001); to; el sacramental y el de los fio­ Véase Juicio, Juicio humano, les (G) X. 1»j1-4î>I. Pecadores. —Inmiculada: iîitroducciôn de fies­ Mandxinientos: textos bibllcoR so­ ta litürgica (Μ) X. 73: el lugar bre su obediencia. V. 905. A dp 1a concepciôn (Μ) X, 72. (1717) ; su cumplimicnto sefial —El decima: ?xposiciôn cIp! dogma de amor a Dios (PP) V. 422. 1 segÙD la definiciôn (CG) X, 4-10; (789) ; son lo esendal en la pie­ Maria se viô libre del pecado ori­ dad (A) VI, 79, B-C (112-114) ; ginal y de todo· aquellos ras ÎNDICE GENERAI. DE MATKMÎA» a*- . ,4 * 1135 [Maria] [Maria] su conocimiento y segulmlento castigos que Jmpllcan niancha (G) X, 190-203. (CG) VI, 7: su défi III ci ôn dogiuâ—Natividad: origen de la fiesta tica, breve historia (CG) X 11; (Μ) X, 158; fecha, lugar, naciprepiiraciôn y definiciôn (TP) X, jniento (.Μ) X, 150; llnaje; pa­ 69-71 ; texto de In "Ineffabilis dres (CG) X, 110-117; nombre; Deus" (TP) X. 59-71 ; en la Sagracla Escritura (TP) X, 62-65 ; slgnifieado (Μ) X, 157; (CG) X, (CG) X, 18-20; en la tradlclôn ; 219; dia deseado desde la etarnidad (A) X, 127-130; alegria dïsde el siglo I al XIX (CG) X, porque comlenza a nacer el rey, 12-17 ; frases usada< en la trael Redentor y la Iglesia (G) X, diclôn (TP) X, 06-68; la razôn 103-167; nace la per ona de Ma­ teolôgica (CG) X, 18-21; mâs reria, nudo de comunicaciôn entre diniida i>or Crlsto que los demâs Dios y el hombre (G) X, 159-162; hombres; "La Ilidalga del Valle" punto de vista homllético : auro­ (CG) X, 10; el privilegio fué una I ra de la redenclôn ; su santidad exigencia del deber de hijo, ho­ iniclal (CG) X, 119-122; sermôn nor y gloria de su Hijo (A) X, de San Juan Damasceno (A) X, 43-45. 123-126; revelaciôn de Santa Bri—Grandeza de este jtrivilegio: pri­ gida (Μ) X, 155. vilegio exclusive, el mâs pareci—Anunciaciôn: Nazaret; afio, per­ do a la santidad del Hijo-, debido sonas, escena, comentario (CG) a la madré de Dios (A) X, 25-30; X, 217-229; ipidiô el ângel su triple obra de Dios: de su sobeconsentimento? (CG) X, 226; rania, de su sabiduria y d» .-u cômo descendiô sobre ella el Es­ anior (A) X, 31-34 ; victoria de piritu Santo en la anunciaciôn Cristo contra la q,ue obtuvo Sa­ (PP) X, 233 ; comentada en tex­ tanâs (G) X, .88-95 ; muravilla tos de los Santos Padres (PP) X, dei mundo, porque cifra el triun­ 232-241; meditaciôu ignaciana fo de Dios, de Maria y de la Igle­ (G) X, 299-303; mlsterio de unisia (G) X, 86-100; privilegio condad ; en ella se unen Dios y el cedido en la eternidad, pues des­ hombre, maternidad y virgini­ de ella amô al Hijo a su Madré dad ; caridad y humildad (A) X, (A) X, 46 ; poseida por Dios 338-340; la fe de Maria en la desde la eternidad ; total y paciescena de la anunciaciôn (PP) X, fleamente (G) X, 108-112; belle241 ; verdad, virgin.dad y humil­ za de su concepciôu por su san­ dad contra adulaciôn, linpureza y tidad ; por las luces y caridad ambiciôn (Λ) X, 259-263; valor que la inundaron y por la caren­ de la humildad ; la de Dios, de da de concupiscenda (A) X, 20Maria v la nuestra; grandeza del 24 ; mlsterio da belleza, porque es humilde (G) X, 291-298; Maria misterio de santidad ; elemento bella por la castidad, mâs bella negativo y positivo (G) X, 101107. por la humildad (PP) X, 248 ; la vida pùbliea de Maria comienza —Consecuencias: cooperemos a la con su oraciôn en este dia (G) X, gracia; lloremos el pecado (A) 277-284 ; la virginidad de Maria X, 49-58 ; nos ensefia por antitesis lo que somos sin gracia y con en las palabras de la anunciaciôn (PP) X, 237 ; lecciôn de ella (A) X, 39. obediencia (PP) X, 251. —Dci'ociôn: en Espafia : santos, reyes, pueblo, diversas artes: pri—Visitaciôn: el vlaje de Maria (U) X, 352; su inspiraclôn, saludos maros pueblos en celebrar su fies­ y alabanzas (CG) X, 309-313; lu­ ta (Μ) X, 74-87; Ontcnleute, gar probable (AJ) X. 349; parenprimer lugar dei mundo que la tesco con Santa Isabel (Μ) X, celebra (Μ) X, S0; en América 351; Isabel se humilia; Juan sal­ ta de gozo; M’aria glorifica a —Presentaciôn en el templo: ori­ Dios ; Crlsto calla (A) X, 341. gen y slgniflcaciôn ; costumbres —“.l/apni/icat”.· jfué pronunciado hebreas (CG) X, 180-182; pre­ por Maria? (CG) X, 307-308; elo­ sentaciôn y vida en el templo; gio (Μ) X, 353; exposlclôn de consideraciones (A) X, 189-190; Cornelio a Lâplde (A) X, 314-325) ; voto de consagrarla hecho por expllcado en nueve guiones (G) sus padres (CG) X 183; en el tem­ X, 355-395; la alegria procede del plo ; su vida y virtudes (A) X, amor, y su perfecciôn depende de 191-193; revelaclones sobre su la de éste; gozo ascético y mis­ vida en el templo (A) X, 192; tico: el de Maria en el “&3igni. extracto de guiones predlcables ficat" (G) X, 300-364; los cântien esta fiesta : el templo ; amor cos de Miriam de Abellin y el a Dios sobre todas las cosas ; la “Magnificat” (Μ) X, 354. virtud de lareliglôn; la vocaciôn; ?Λ! y VlïA' I l r ÎN1HCE GENERAI, UE MATERIAS l-ALiriul «Maternldad: Instituciôn de la fiésta (Μ) X, 450. —Madré de Dios: explicaciôn teolôgica (CG) X, 31)0-405; razoïvs teolôglcas expuestas en la enciclica "Lux veritatis* (TP) X. 445-44G ; razôn : la unidad de persona (T) X, 410; Madré de Cristo y de Dios, sin perder la virginidad (T) IX, 48-50; nctivldad como tal (G) IV, 509, 9 (376) : la obra del Espiritu San­ to (CG) X, 405; armonia : con­ venta a la redenciôn; al sacrifi­ cio; a la salud de la humankind y al desquite de Dios (A) X, 421425; fuente de la grandeza de Maria; véase Grandeza; Madré de Cristo que muere: no del tnumaturgo (PP) II. 175. c (262) ; ma­ dré del Cuerpo mistico (PP) II, 180, c (271); podemos ser ma­ drés de Cristo engendrando a sus miembros (PP) X, 417. —Madré de los hombres: significaciôn y razones teolôglcas (CG) X 406-409; destinada a serlo; lo es porque coopéra con Cristo con el amor, la sangre y el dolor (A) X. 434-439; en la enciclica "Lux veritatis” (TP) X, 44S; motivos por parte de las tres divinas personas y por parte de los hom­ bres (G) X 472-474; madré co­ mûn; nuevo motlvo de amor al prôjimo (G) IX, 809-hll; madré del hombre, por el dolor (A) I, 678-681; funciones: alimenta, pré­ serva, consuela y reconcilia (A) X, 440-443; madré de la gracia, porque est llena; porque es xnedlanera eflcaz y universal (G) X, 455-458; madré de la fe; la maternldad de Maria compendia todos los mlsterios; la inclina a darnos la fe (G) X, 459-463; JVtidre de la esperanza ; la mnternidad de M’a rai nos hace ver posible el doble objeto de la es­ peranza; madré did amor hernio­ so (G) X, 470-473; los bienes sobrenaturales y los medios para conseguirlos (G) X, 464-469; Ma­ dré de la Iglesia (G) X. 167; Madré de los sacerdotes (G) IV, 510. II (S77); (G) X, 169-172; amada de Dios como por un hijo, ama a los pecadores como ma­ dré (A) X, 148-150. —Mlsterios varios: su amoryuniôn a San José (G) IX, 1518-1519; vaése San José: matrimonio; en el nacimiento de Jésus: véase Cristo; purificaclôn I, 595 ss. ; apostillas de Beda (A) I. 633, IV: id. de Santo TomAs (T) I, 644, A; id. de San Roberto Be­ larmino (T) I. 648. Ill: id. de Santo TomAs de Villanueva (A) I, 651, I; id. de Fr· Luis de IMnriiiJ Granada (Λ) I, 653, III; id. de San Francisco de Sales (A) I, 660: personas, virtudes, etc.. San José (G) IX. 1401Ί497; su dolor en este mlsterlo por cl P. Faber (A) I. 675-678; sacrificio en Cris­ to. fidelidad en Maria (A) I. 662· 6S6; adoraviôn dq los rayes: véase Cristo; Epifunfn; el nlflo per­ ditio (A) II. 50, B (65). Véase Cristo. —-Virtudes de su vida: boceto de la inocencia, plenitud de gracia y caridad de Cristo (A) X, 144-147; llena de gracia (CG) X, 18; (TP) X, 65; exposlciôn do Santo TomAs (T) X. 255: de San Ber­ nardino (A) X, 266; de Maldo­ nado (CG) X, IS; (TP) X, 65; (CG) X, 223; santidad, InicJada en su nacimiento. cornienza a urecer desde ese momento (CG) X, 122; impecabllidad; motivos que la exigieron (G) X, 208-209. Véase Inmaculada.—Sabiduria: trono de la Sabiduria increada, dp la virtud y del don (G) X, 726 731 ; amor espiritual contrapuesto al carnal de la madré de los Zobedeos (G) II. 1230, 14 (2136-2138) ; su caridad. confia»· za y discreciôn en CanA (G) IL 246. 4 (384-387).—J usticia: diô lo suyo a Dios y a los hombres; virtudes potenciales: la obedien­ cia de Maria (G) X, 719-725.— Obedit ncia: virtud potencial de la justicia: oljedleneia de Maria (G) X. 724-725: tierra que mejor recibiô la palabra de Dios (G) II. lOfrL 10 (1850-1853); feliz porque obedecia la palabra de Cristo (PI*) X, 41 G.—Humildad: la glo­ ria de Maria premio de su humildad; por qué profiere Dios esta virtud y en qué consiste: la do Maria es hi mayor (G) X, 365-371 ; "Magnificat”, canto de la humildad (G) VI. 1053. VI (1630). Virginidad: modelo de vïrgenes: virtudes que la adornan (PP) X. 184-186; su pureza; grados (G) I, 718, 2; su voto supone conrunlcaclones divinas (CG) X, 227 ; yttria la tuvo siempre on de­ seo : razones teolôgjcns (T) X, 87-188; 1. la virginidad y su âprecio (G) X, 285-291 : en su diAlogo cnn el Angvl (CG) X, 227; me­ rere la inmortalidad (A) X, 551552; bella por la virginidad; niAs bella por su virginidad huinildo (PP) X. 248-250; medlos de quo se valiô para conservarla (G) X. 212. Véase litanias: Pla­ ter Castissima".— Pobreza: moti. vos (G) I. 721, 3.—Misericordia: en qué consiste la desgracia ; la misericordia nuce de la unlôn con el desgraciado; Marin (G) X, 790. [Maria] , _ 301 _ inior a los pecadores: 1^‘s ama y protege; les sirve de refuirio en el abandono, extravio y castigo (G) X, 1043-1046.—Alefjria: véase Letanius: “Ceu»a nos­ trae laetitiae··.—Ihllcza: “pulchra ut sol; electa ut Inna ; acies or­ dinata" (T) X, 151-154. Putores de Maria: lugar dei "Sta­ bat M’ater" (Μ) X, 493; el dolor en Marin; Itiones del dolor (G) I, 73(1, 11; autre durante toda su vida, ejemplo nuestro (A) I. 677, B; In devoclôn en la tradlclôn de la Ig' csia (Μ) X, 494; su cau­ sa, apllcaclôn y ofrecimiento; su medlda la da la capacidad de nmar; el sentirse causa de la pa­ siôn y el fin de sus dolores (CG) X, 477-480; su intimidad provien­ ne del conoclmiento del pecado; de su maternldad natural; de la perfecciôn de su gracia; de la maternldad divina (G) X, 501503; la medlda del dolor es el ninor; maternldad de sus dolores (G) IX. 800-801; se mlde por la medida nuestra, la suva y la de Dios (G) III, 1160, ’il (2074) ; causas de que los suyos fueran verdadero martirio (G) X, 496500; oraciôn [tor su llijo el Jueves Santo (T) IX, 553: se- despide del Sefior; afectos del P. La Palma (A) IX, 629-631; encueutro en la calle de la Amargnra ; Vin Crucis (G) III, 1103, 16 (2003-2005) ; afectos del P. La Palma (A) IX, 645-647; al pie de la cruz cumple eu deber con el Padrc, con su Hijo. con los hombres (G) III, 1127, 25 (20352036); su compasiôn; llanto so­ bre su Hijo muerto (A) IX, 1598-160S; su soledad; dolores que la componen (G) III, 1159. 35 (2073-2076) ; guiones para ca­ da uno de sus doiores (G) X, 495; apareciôsele el Sefior resucitado ; su gozo (M) IV, 115, B (226-229). —muerte: ;,estaba su jeta a ella? (CG) X, 514; muere de amor (A) X, 541-544; (G) X. 578; su muer­ te de amor coinlenza ni morir Cristo; su amor se dériva de lo que tiene de comûn con la generaciôn del Padre (A) X. 516550. —Asunciôn: cl dopnta: A su h ciôn e Inmaculada, dogmas conexos (TP) X, 555: estudio teolôgico (CG) X, 511-521; la definielôn dogmética (CG) X, 516-517: “Mu­ nificentissimus Deus", const ituclôn apostôlica (TP) X, 554-562; texto de la definielôn (TP) X. 562; la tradlclôn (CG) X, 519: (TP) X. 556-559: la Sagrada Escrltura (CG) X, 520; razôn teo- 1137 [M*.iriu| lôgica (CG) X, 521; (TP) X, 560; es la part ici pacfôn plena de la redenciôn (G) X, 580; consecttencla de earecor de pecado origi­ nal (CG) X, 511-514; premto a 1a madré de Dios; el aima de Ma­ ria (PP) X, 535 537; motivos del dogma por parte de Cristo y de Maria; fuente de esperanza (G) X, 571-573; motivos; honores trlbntados a Maria en su muerte (PP) X, 527-530; motivos; ser­ môn dei Damasceno (PP) X, 531-533. —Grandeza de la fiesta: grancleza del dia ; sermôn dei Damasceno (PP) X, 524-526; Dice prodigy siempre el gozo; dia de gozo pa­ ra Maria y el inundo (PP) X. 242-245; sermôn y loa de San Agustin (PP) X. 522-523; bien de A.tarla; complemento de su amor ; de su gracia ; plenitud de su redenciôn ; y del amor del cielo por ella; bien de nuestra esperanza (G) X, 377-582: bienes nuestros y gloria de Marin en esta alegre fiesta (PP) X, 538540; mérlto de Xtiria por su obe diencia y humildad ; bien nues­ tro por el acrecimiento de poder y caridad de nuestra inadre (G) X. 574-576. —Varios: el amor la hace morir ; la virginidad )a reviste de in­ mortalidad y la humildad la co­ rona (A) X, 5-14-553; cômo debe­ mos ascender nosotros ; comencemos ascendiendo en perfecciôn ; grados (G) X, 5-83-590; muerte, ascensiôn, etc., en los apôcrlfos (Μ) X, 562-569. el misterio de Riche (Μ) X, 570. —Corrcdenciôn y mediaciôn: Corredencidn.—Redenciôn objetiva : cooperaciôn de Maria; opiniones; doctrina teolôgica (T) X, 481492; su obra no resta perfecciôn a la de Cristo, que no necesita ayuda; sin embargo, es dlnAmica y tiene alguna eficacla propia; en qué sentido se redlmiô a si misma (G) X, 488-492; explica­ ciôn en la enciclica “Ad caelum reginam” (TP) X. 711-712; Eva y Maria en San Ambrosio (PP) I, 783, B-D; no asoeiada n Dios en Cané; asoeiada al hombre en la cruz (PP) IX. 511. -Atcdiaciôn: estudio teolôgico (T) II. 184, II (281-296) ; mediaciôn ontolôgica y moral (T) II. 199. B (295) ; medianera para con e) Mediador (A) II, 204 (321); por su corrcdenciôn, impetraciôn y distribuclôn de las gracias (G) X. 457-458; acueducto. segûn San Bernardo (PP) II, 181, III (272276): base de in conflanza ; practlcada y excltada por el rosario 1138 J Indice general de materias [Marin) (TP) X, 854, S60; nos proporclona: el redentor, el pan eucaristlco (Λ) X, 127-129; sine de canal comunieativo del amor de Dios al hombre por medio de Crlsto (G) X. 160161; puerta por donde bajn Dios y suben los hombres; puerta ancha de la fe y caridad ; facilita los esfuerzos (G) X, 806810; nos proporclona el amor, temor, ciencia y esperanza contra la lujurla, desolaciôn, ceguera y falsa esperanza; es el camino y nos devuelve la herencla (A) X, 131-134; true la alegria a un mun. do que gime por la redenciôn (G) X, 168; consuela a los enfermes, mitigando sus dolores y ordenéndolos a la santlflcaclôn ; Maria y el pecador enfermo (G) X, 1047, 1052. —Jntercesiôn: su valor teolôglco (T) II. 198 d y 200. b (294 y 296) extenslôn universal de su oraciôn (G) II, 253, 7 (395-399) ; poderes y misericordia (A) II, 215, V (316 317) ; omnipocenela suplican. te (T) II, 200, b (296); el hecho; oraciôn Interpretative y explicita ; la mAs excelente; por qulénes ora (G) II. 248. 5 (387-389); valor de su oraciôn (G) II. 253, 5-7 ( 3923M) ; oraciôn omnipotente de Ma­ ria y sus modos (G) II, 248, 7 (389-391) ; titulos que exhibe ante Crlsto para pedir por nosotros ; ventura nuestra (A) X, 697-699; “Mira a la estrella”, San Bernar­ do (PP) II. 184, E (276); acomodaclôn de cuatro gulones so­ bre los sufraglos; tormento y paz dei purgatorio; la misa e indulgenclas e Intorvenclôn de Maria (G) X, 802-805. —Murin, ICeina: titulo y ejerclclo en la cncicllea “Ad caelum regina” de Pio XII (TP) X. 708; con­ cepto rnetafôrieo y real; dérivas© de la realeza de Crlsto ; sus ti­ tulos paralelos a los de éste; por maternidad, por conqulsta y por elecclôn (CG) X. 684-692; (TP) X, 710-713; su coopernelôn al ti­ tulo de Crlsto Rey (G) X. 165; por haber abrazado el mAs subli­ me de log estados, de las obras y de los sufrlmlentos (A) X, 704-707; realeza universal y plena en el orden sobr'-natural ; sus funclones en el reino de la mi­ sericordia y del premlo (CG) X, 693 694; ejerclclo: la plenitud de su gracia y la mediaclôn (TP) X, 714-715; reina que puede y quiere; imitémosla (Λ) X, 700703.—Virtudes reales: la Justicla ; Maria diô la euya a Dios y a los hombres ; virtudes potenclales ; obedienda de Maria (G) X, 719- [M«rfa] 725 ; sablduria : Maria trono de la Sablduria incréadu, de la virtud y del don d© sabldurfa (Ο) χ 720-731. —Iteina uni vertal: de Ion ângeles por ser madré de Crlsto, cabeza suyn, y como preinlo a sua do­ lores (G) X, 732-730; de los patrlnrcas, porque realize sus de. seos, supera eue virtudes y reallza sus profecias y figuras; M'aria la mayor de los patriarcal (<ï) X, 737-742; de los profetas, objeto de su esperanza y vatici­ nios (G) X, 743-747 ; de los apôs­ toles; por su amor a Crlsto, su oraciôn y sufrimlentos por los apôstoles (G) X, 748-752; de los mârtlres; sus dolores fueron un verdadero martirio (G) X, 496500; de los confesores; porque la santidad consiste en el amor a Dios y es dificil ; Maria procura arnemos a Dios y suaviza la aunteridad (G) X, 753-760; de las vfrgenes: véase Virtudes: virglnldad; de los santos, por su mayor santidad, porque nos Invita y ayuda a ella (G) X, 761-765; de la paz (G) X, 766-768; realm de Maria y obligaciones de los subditos (TP) X, 1034-1035. —Culto: rnzôn teolôgica ; culto ci­ vil; de latria, dulia e hlperdulia (CG) X, 602; en la Iglesia ortodoxa (CG) X, 601; negaciôn antigua y prActica actual de los protestantes (CG) X, 594-600; los protestantes se van acercando a ella (TP) X, 447. —Actos de su culto: veneraclôn; raclonabllldad de la misma demostrada por la tradlciôn. llturgia y teologfa (CG) X, 603-609; amor; gratitud ; invocaclôn e Imltaciôn (CG) X, 610-612; amor a Maria: cômo desea Dios que le amemos ; motivos que nos da; celo de Maria por nqsotros (A) X, 695-609 ; invocaclôn : la Invocamos, porque sabe, puede y quie­ re (CG) X, 611; devociôn: fundamentos : mediante ella reclblmos de Crlsto la vocaciôn, la Justiflcaclôn y la perseveranda (A) X, 35-36 ; verdades fundamentales de su devociôn (A) If. 216, VI (318-322); normns: debe ordenarse a Cristo (Λ) II. 318; terminar en Dios y referirse a nues­ tra salvaciôn (A) X, 37-38; fal­ sa y verdadera devociôn (A) II. 254. 9 (358) ; falsas devociones: devociôn critica, escrupulosa. ex­ terior, presuntuosa, inconstante e hlpôcrita (A) II, 216 (324); II. 258, 9 (404-405) ; la verdadera es santa. tierna, constante y desIntoresada (A) II, 217 (325); Hevada a Amérlca por los espafioles (TP) X, 935-942, INDICE GENERAL DF. MATERIAS [Maria] —Consagraciôn a Jesûs por Ma­ ria: en qué consiste, motivos «egûn Sun L. M. Grignon (A) X, 017-625. —C'uito al Ininaculado Corazôn de Alaria: historia de la fi2Sta (M) X, 628; naturaleza e historia (CG) X. 013-611; novenario en gulones (G) X, (531-632; 1.® motivos de su culto : se honni la persona, slmbollzando en el corazôn su amor; devociôn actual (G) X, 631-637 ; 2.° M'aria pide optimis­ me y confianza a Justos y pecadores (G) X, 638-643; 3.° El co­ razôn de Maria y el amor a Dios (G) X, 644-649; 4.° y <4 amor a Crlsto Jesûs (G) X, 650-655 ; 5.« y la fortaleza (G) X, 656-660; 6.® y el arno-r a todos los hom­ bres (G) X, 601-667 ; 7.® y la mi­ sericordia para con el necesitado (G) X, 008-673; 8.® y la renovaclôn de la familia (G) X, 074-075; 9.® la consagraciôn al Inmaculado Corazôn de Maria (G) X, 077-081 ; su maternidad divlna exlglô que Dios ensanchara su corazôn (A) IX, 702-705; consagraciôn; Wstoria y natura­ leza (CG) X, 015-010; fôrmula leida por Pio XII (TP) X, 020; recoinendada por el papa (TP) X, 027 ; Maria inspira la fundaciôn de los Misioneros del Inmaculado- Corazôn de Maria (5.1) X. 030. —Oraciones: Av< TM). Véase Escapulario. - ih· :n«i Pa^tora (G) iv, 509, 0 (876-877). —Fdtima: historia de las apariclonvs y los videntes (CG) X, 10051015; aprubaciôn canônica: efec­ tos de las mismas en Portugal (CG) X. 1016-1019; milagros de Fâtima y de las virgenes peregri­ nas (CG) X. 1020-1024; discursos pontificios (TP) X. 1029-1037 : indice de guiones sobre la peni­ tencia (G) X, 1032-1042. —Lourde*: historia da las aparicio. nes ; intervenciûn eclesiùstica ; es­ tudio del caràcter sobrenatural de las mismas: rechâzase la alucinaciôn (CG) X. 967-985; curacionea -noero, naturaleza: explicaciones heterodoxas : los sabios en Lourdes: Alexis Carrel (CG) X, 986-1004; (Μ) I. 245. III: la Santisima Virgen predica peniiencia como remedio a los males de hoy iG) I. 573, 9; discursos pon­ tificios (TP) X. 1025-1028: indi­ ct- de guiones sobre la penitencia (G) X, 1038-1012. —Pilar: historia y leyendas (M) X. 946-949; estudio histôrico (G) X. 914-924. —Firoen de los Reyes: Historia (M) X. 717-718. —Virgen del Rosario: institue! δη de la fiesta (CG) X, 824; anti­ gua patrona de la marina espaflola; Koger de Laurla. Lepanto; ruta «le América (Μ) X, 874; en América (Μ) X, 875; en Oriente (Μ) X, 876. Véase Oraciones: ro­ sario. Varios: normas para los predicadon s: ni exagerar ni regtitear ho­ nores y prerrogativas a Maria (TP) X. 716; alegria de Maria por los bénéficies particulares y generales (A) X. 33G ; hablô siete veces. manifestando siete actividades del amor (A) X. 331-337: unida a Dios en la vida activa y contemplativa (A) X. 267; milagros de AUria; San Juan de la Cruz. San Felipe Neri. San Anto­ nio Maria Claret (AJ) Il (370373) ; predicadora de la penitenela en estos tiernpos (G) I, 571, 9: modelo universal; de las reHgiosas (A) X. 142-143: su relaciôn con la eucaristia (G) IX, 1213-1217. Mariana d? Quito. Santa: Biograffa (H) X. 1631. Marina: y la Virgen del Carmen (Μ) X. 777-778: (G) X. 785-789; y la Virgen del Rosario; su an- . tiguo patrona to sobre la espafiola (Μ) X, 874. Martin de Porre», Beato: Biogra· fia Hl) X, 1590 1592. .Martin de Tours, San: pauegirico por Santo Tonirts de Villanueva (G) X, 1446-1449. Màrtires: no es el que sufre por secuciôn, “sino «d que la soporta por defender la Justicia’* (PP) VIII. 641, c; son testigos de Cris­ to. sostenidoa por este mismo (PP) IV, 1120. B (1893-1890); màrtires de religiones falsas; vir­ tudes del màrtir (G) IV, 1232, 10 (2077-2082) ; en qué sentldo lu sou los que mueren en una guerra santa (G) IV, 1230. 17 (20822088) ; formait un cuerpo con Cristo (PP) I, 633. b; carta Je San Cipriano preparando a sus fieles para el martirio (PP) IV. 1095, A (1851-1858) ; esqueinas de predicaciôn para el mismo fin (PF) IV, 1099, B (1859-1866); alienta con el pensamlento de la innwrtalidad (PP) VIII. 11711175 ; en la Sagrada Escritura ; Eleazar ; los Macabeos ; el Bautis­ ta ; San Esteban y Santiago el Alenor (TB) IV, 1085, B (1832ÏK34) ; actas dé los martirios de San Ignacio de Antioquia, San Policarpo, San Cipriano y San Alarcelo de Tanger (Μ) IV, 1175 (2009-2012) : dan origen al cul­ to de 3os santos (G) IX, 1635. Véase Cristianismo, Iglesia, Pcr»e£ u ci ones. Martirio: no hace falta padecer, basta con estar dispuesto (PP) VIII, 1176; su valor apologético como milagro moral (G) IV, 1201, 7 (2037-2040) ; fuera de la Igle­ sia es inûtil (PP) III, 408, c (695) ; punto de vista apologé­ tico y teolôgico : su causa es el amor; Maria rcûne en el mayor grado todas las condiciones (G) X, 49G-500 ; el temor, pasiôn que se domina por la fe, que promete bienes mayores y por el amor: nuestra posiciôn en caso de mar­ tirio y en la vida ordinaria (G) X, 1193-1197; buna : el que quiera venir en pos de mi (no hay sino querer) niéguese a si mismo (renuncia), tome su cruz (peni­ tencia por los pecados) y sigame (perfecciôn) : los màrtires (G) X. 1190-1192; el cristianismo lucha contra la falsa felicidad y ainenazas dei mundo : victoria del màrtir contra ambos; la esperanza les sostenia : el testimonio de hoy (G) X. 1185-1189; cômo perdona toda la culpa y pena del pecado (G) IV, 1204. 8 (2041-2044); el nuestro es la tentaciôn (PP) I, 633. c. Véase Màrtîres. INDICE GENERAL DE MATERIAS H4I [Matrimonio] Μη»»»: la técnlca absorbé a Ion TomAs (T) II, 190. c y 191, G Individuo» en la masa, qultftndo(285) ; fid.ildad; cualidad necesa. les vida y libertad (TP) VI, 282, rla falseada hoy y que requiere a-f (121· 431) ; apostasia: examen amor (TP) II, 226, B (355-358); del hecho y de su» causa ; abanInfideiidad; eau as y remedios dono espiritual y material por (G) II. 274, 17 (432-434). parte nuestra (Ü) V, 3MJ, 20 (1705. —// santidad: son compatibles (PP) 1712). Véase Apostasia, Obrero», II, 179 f (269); realeza de CrisMahonerlu: nmsoneria, coniunismo to en él (G) VIII. 1127, II; los y liberalismo, fiileos profetas de hoy (G) VI, 539, 21 (830-842); esposo» se santifican cumpllendo con su estado (A) II, 202. A II sus actividades deserit as por (297-299) ; fines de la oraciôn de Pio IX y Leôn XIII (TP) VIII, los casados: el cumplir sus c-bli· 510, A. gaclones (A) II, 204, C (300); im­ Matrimonio: como instituciôn natu­ posable la convivencia feliz sin ral (G) II, 260, 10 (400-409) ; caridad sobrenatural (TP) V. 466. es natura', perb no obligatorio i (870) ; el Evangelio y sus man­ (T) II, 1S7, C (280-281) ; matri­ datos obligan también a los ca­ monio y continencia, ambos buesados, que viven entrî peligros nos (PP) II, 179 (20$); el con(PP) V, 928. a (1759-1702); la vi­ sentimiento expreso es esenclal da matrimonial en lus misterios (T) II, 186, B (278-279) ; doc­ dei rosario (ΤΙ*) X, 870-873. trina sobre sus elemento» y esen—Varios: el matrimonio en la An­ cia (A) IX. 1414-1415; doctrina tigua Ley y en la Nueva ; doc­ de Santo Tomés (T) II, 186, I trina evangélica y paulina ; el es­ (277) : fin principal (G) II, 226, tado de virginidad ; obediencia y 18 (435-437) ; segûn San Agus­ amor; doctrina de San F'edro tin (PP) II, 176, B (263-268) ; (TB) II, 148 ss. (150 ss.) ; con­ su fin es la procreaciôn necesaria ducta de los esposos pobres (PP) para la especie; el sabio desciende II, 172, b (257) ; historia de su a lo material por obligaciôn ; doc­ liturgia (G) IL 238. 1 (374-376) : trina de San Agustin (PP) IX, ceremonial judio (CG) II, 160, B. 1391-1394; fines en Santo Tomés : a (242) ; (CG) IX. 1376-1377. generaciôn, educaciôn, ayuda y remedio (T) II, 189. E (284) ; Matrimonio espiritual: doctrina de su validez y el propôsito de liSan Juan de la Cruz y de Santa mitar la natalidad (TP) II. 225, Teresa (Μ) VIII, 130-132. 8 (352): véase Hijos, Natalidad; Medalla M.: visiôn de Santa Catasu fin y la santidad, San Isidro lina Labouré (31) X, 629. modelo (G) X, 1601-1605; no se Mediaciôn: de Cristo: véase Crisbasa en la sensualidad, sino en to mediador; de Maria: véase el amor (PP) IX. 1390; el Esta­ Maria medianera. do no puede impedirlo· ni a los Meditaeiôn: concepto, carâcter, con­ ehfermos (TP) II. 221, D (337venienda y cautelas (G) IV, 1026. 338). Véase Esposo, Esposa, No­ II-V (1749-1751) ; consiste en vios. unir el entendimiento y voluntad a Dios; diferencia entre oraciôn —Sacramento: elevado por Cristo y sus métodos (G) IV, 1036. IIa la categoria de tal (TP) II. III (1763-1764) ; prescindir de la 218, 1 (326-330) ; significado por conteinplaclôn de la humanidad la union de Cristo y la Iglesia de Cristo es soberbia que causa (PP) II, 167. C; 170. G y 171, a un gran dano (Λ) IV, 973, III (251-255 y 261); contrato y sa­ (1645 1651). Véase Oraciôn. cramento inseparables (TP) II, 218, I (326-330) ; su significaMéjico y la Virgen de Guadalupe: ciôn sobrenatural y la fslic’dad véase Maria: advocaclones ameconyugal (G) II, 264, 12 (414ricanas. 416) ; medio de santificaciôn (G) Mentira: el mundo os el reino de II. 266, 13 (417-410) ; el matri­ la mentira ontolôgica y moral (G) monio y la gracia (G) II, 262, VIII, 146, IV ; el demonio es menIl (410-413) ; preparaciôn remo­ tiroso, porque lo es en sus ideas, palabras y obras ; padre de la ta y prôxima (TP) II. 220. II (334-336) ; nobleza. fines y prepamentira, porque engendra mentirosos como él (G) III, 897, 9 raclôn en San Carlos Borromeo (15S4-1589) ; el espiritu de los (Λ) II. 210. C (313-315). —ciialidatles: unidad y poligamia ; apôstoles y la mentira (CG) VIII, ]a poligamia en la Antigua Ley 14, 5; norma actual para forjar la opiniôn pûblica (TP) I. 391, m. (T). Π. 192, II (286-288): indiMérlto: su fuente >*s la gracia (A) solubilidad ; de derecho divino en VIII, 51, d; “El merecer... no todo v?rdadero matrimonio (TP) estâ sino en obras. en padecer y II, 227, C (359-361); necesaria en amor...” (N») I. 715, IX; la para la educaciôn de los hijos gloria y sus grados son objeto (TP) II, 229, f (364) ; en Sunto 1142 I\1 INDICE GENERAL DE MATERIAS {.ΜInoria» selecta»] [Mérito] cultive de masas y formaclôn de suyo (T) III, 256, b (444-445) ; minorias (G) IL SOL 17 (1346qué se puede merecer con la ora1348) ; selecta y técnica es poslciôn (G) III. 36S, 19 (637-639) ; ble y necesaria para llegar a la obras muertas, mortificadas y remasa (G) IV, 536. 10 (910-920); eucitadas (T) VI (653-655) ; de no sôlo técnica, sino cenâeulo (G) la obediencia (T) V. 962, C (1827II, SOL 18 (1340-1351); socia­ 1831. Vaése Gracia habituai. les: necesidad (G) II, 800, 10 Mesfas: diferenda entre Mesfas pro. (1352-1354); sociales; plan de feta e Hijo de Dios (CG) VU. 530. Pio XI para los pueblos retrasa9 (793); idea rabinofarisaica (T) dos socialiuente (G) V, 899, 11 III. 998. Ill (1801-1S05) ; rechn(1710); sacerdotal, social; su pa­ zada por Cristo (T) III, 101, IV pe! entre los obreros (G) IX, (1806-180S) ; la panibola de la 1360, B; en los cuerpos legislati­ cens v la vocaciôn mesidniea juves se neceslta una nilnorla se­ dia y gentil (G) V. 670, 2 (1262lecta (PP) II. 745, g (1200); ejem. 1267). Véase Cristo. plos: Bernardo en los Alpes, Ja­ .Miguel, San: en la Sagrada Esvier en la India, Fr. Junipero, critura; en los apôcrlfos: en la Cruzadas, San Ignacio (Μ) II. liturgia (H) X. 1065-1067 ; sim756, B-D (1288-1293). bolo de la lucha entre Cristo y Misa: sacrificio nuevo, reproducSatanâs (G) X. 1076-1079; id. en la meditaciôn de las dos ban­ ciôn del de la cruz, de valor in­ finito ; la mejor devociôn (G) V, deras (G) X, 1080. 70S. 14 (1326-1331) ; (T) V, 602, .Milagros: su fin y valor apoloE (1121-1124) : sacrificio ofreclgéticos (G) I, 274, 12; (T) VIII, do en nombre de la Iglesia y por 246, C; valor continuado en la toda la Iglesia, inclufdos los peIglesia (G) V. 687. B (1290); el cadores (G) V, 715, 17 (1343demonio puede producir efectos 1354) ; el sacerdocio de los fie­ maraviilosos (T) III, 431. c (737les y modo de ejercerlo en la mi­ 738) ; criterios para conocer si sa (G) V. 720, 19 (1355-1300); son de Dios (G) VI, 485, 5 ( 760universalidad de su ofrecimiento 762) ; curaciones milagrosas y la (G) V, 717, III (1346-1348) ; va­ histeria ; véase Hlstcria, Mfstica; lor redentor, redenciôn de nuesno son mâs maraviilosos que la tras infidelidades ; nuestra colabocreaciôn (PP) II. 174. a (230); raciôn (G) VI. 873, 1 (1322para convertir requieren la gra­ 1326) ; la parâbola del samaritacia; en el Evangelio se convirno en acciôn (G) VII, 100, 1 tleron los que vieron menos mi­ (156-160) ; fruto impetratorio, lagros (CG) VIII. 212, a; el hom­ propiciatorio y meritorio (G) V, bre no debe exigir, sino estudiar 713, 16 (1337-1342) ; sufragio por lo que Dios haga (G) III, 392. los difuntos; en los primeros slJ.® (666); los verificados por el glos y boy (G) V, 718, 18 (1350pecador no le sirven a él (PP) 1354) ; el mejor sufragio, histo­ III, 40.8. d (696). ria (G) IX, 1789-1792; su valor —de Cristo: superiores a los de como tal en Santa Teresa (Μ) IX, los santos (T) II. 461. i (7501784 ; valores teolôgico, ascétlco 751) ; su fin. fuerza probativa y y humano (G) V, 711, 15 (1322excelencia (T) II, 460, g-h (7481336) ; explicaciôn de sus ceremo­ 759) ; demuestran su omnipotennias segûn Santo Tomâs (T) V, cia (G) II. 516. 17 (900-902); 604. F (1125-1133); su espiritu. véase Cristo, Cristianismo e Iglelîturgia y el perdôn de los herma­ sl»; presenciados por San Agus­ nos (G) VI. 113, 1 (178-183): tin (PP) VI. 11.35, B (1756-1757; cômo la oian San Ignacio- e Isabel 1825-1826) ; de Fatima: véase Ala­ la Catôllca (Μ) V, 667 VIII-IX ria: advocaclones. (1251-1257); ipredlcar en ella?; .Militares: la milicia, profesiôn de la misa parroquial (CG) VII, 710, fe e Idéales, necesidad actual (G) c (1049); el precepto de oirla; II. 398, 11 (661-663) ; virtudes explicaciôn (G) V, 723, 20 (1361del militar (G) II, 401, 12 (6641366). Véase Domingo. 665) ; humildad, fe y caridad del —del gallo: origen (Μ) IX, 12 . centuriôn (G) II. 403. 13 (666.Misericordia: cotno virtud en ge­ 669) ; sus pecados segûn el Crineral: virtud sobrenatural; dîscosôstoino (PP) VIII, 421, 1 nocida por los paganos ; no choMinorias selectas: y el apostolaca con la administraciôn de la do. doctrina pontificia (TP) II, justicia; de ella depende cômo se­ 743 (1257-1286) ; cômo deben forreines juzgados (TP) V, 468, C marse; jôvenes. hombres; perso­ (881-884) ; compasiôn de la niinalidad (G) II. 809. 20 (13561358) ; Cristo modelo de formadoserla ajena. que considera como propia ; quiénes son y quiénes no res de minorias (G) II, 793-14 (1331-1338) ; Cristo modelo de son misericordiosos ; es virtud mo- ÎNDICE GENERAI, DE materias [.Misericordia! I rai ; su relaciôn con la caridad (T) V, 775. a (1163-1477); na- I turaleza, importanda ; misericor­ dia y compasiôn; frutos; su estudlo en Dios y en d hombre (G) V. 498, 6 (929-937) ; brota de in caridad; sintesls del cristianismo (G) V, 504, 7 (940-943) ; es la compasiôn de la desgracia natu­ ral, del pecado o de su castigo ; sus motlvos : la uniôn con el desgraciado (G) X, 797-799; “Es la compasiôn de las miserias ajenas que nos impulsa a socorrerlas", San Agustin (PP) III, 595, 1 (1026); su objeto es la miseria | ajena; compasiôn y remedio; inensaje evangélico (G) VII, 136, 12 (199-203) ; uno- de sus aspectos es la reparaciôn del pecado najeno (G) VII, 132, 10 (194-198) ; caracterfstica del buen celo ; se com­ pone de humildad, magnanimidad y vida en Cristo (G) V, 885, IV (1685-1686) ; obras, excelencia, enumeraciôn, grados en la perfec­ ciôn ; Cristo modelo (G) VIII, 1294, 11; ante las desgracias del cuerpo ; gran precepto basado en que somos una sola cosa en el Sefior (PP) III, 586, A (10101012) ; con pobres y enfermos ; discurso de San Gregorio Nacianceno (PP) II. 5S6. II (10101025) ; era un defecto para Séneca (51) I. 246, IV ; en la li­ turgia del domingo 1 de Pentecostés (CG) V, 395, I (732-733). Véase Caridad, Limosna, Per­ dôn. —Misericordia de Dios: en el Antiguo Testamento y en el Evan­ gelio·, cualidades (TB) III. 560, A-C (971-976) ; estudio agustiniano sobre el concepto analôgico de la misericordia divina ; su grandeza y coordinaciôn con la justi­ cia (PP) III, 595. III (1026-1037) ; Dios la ejerce libremente (PP) III, 600, d (1036-1037) : Dios es misericordia ; su misericordia es amor al hombre; su misericordia conmigo (G) V, 485, I (903-907) ; comentarios de San Agustin a fra­ ses de los Salinos (G) V. 506. 8 (944-949) ; misericordia de Dios y dureza de los hombres al juzgar a la Magdalena (PF) V, 427, B (798-802) ; très motives de la divina (A) VI, 256, A-C (389394) ; perfecciôn compatible con la justicia, junto a la que brilla en todas sus obras; con justos y pecadores (T) V. 777. B (14781484) ; misericordia, justicia y omnipotencia ; sus nmnifestaciones •(G) VI. 327. 11 (519-523) ; mise­ ricordia y justicia en la redenciôn (G) IX. 797-799; hoy es tiempo de perdôn. después vendrâ el de justicia (PP) III, 597, b (1030- I 1143 Misericordia] 1031); ella y la justicia medios eficaces para despertar las aimas (A) V, 450, c (840) ; atrlbuto infinito de Dios ; nace de! amor y ciencia ; por eso ama Dios a los pecadores (G) X, 377-384; sus medidas : las obras de Cristo por la humanidad y por mi (G) V, 851, 4 (1620-1624); midese por las manifesta clones de su encarnaciôn, eucaristia, etc. (G) II, 381, 4 (633-638) : (G) IX, 13471350 ; con nosotros ; nuestra correspondencia (G) V, 621. 2 (616620) ; proporclonada al pecado (PP) TU. 591. c (1033-1035); en el Antiguo Testamento ; en la predicaciôn, obras y sacramentos del Nuevo ; confianza del pecador (G) V, 845, 2 (1610-1614) ; en el perdôn del pecador hace brillar su gloria (Λ) V. 810, VII (15411550) ; alegria de la Santisima Trinidad por su conversiôn (G) V, 874. 13 (1664-1668) ; dos clases : preservando y levantando del pecado (Λ) III, 624. b (1085); la fiesta del Sagrado Corazôn. fiesta de misericordia (G) IX, 1335-1338; canto de Santo Tomâs de Villanueva a la que tuvo con él (A) III. 624, B (1086-1087) ; en la liturgia del Dom. 3 de Pen. tecostés (CG) V, 745, I (13991400). —Misericordia para con el prôjimo: (TB) III. 567, D (977) ; cuatro inotivos de la nuestra (A) VI, 256 A-C (389-394); nos hace semejantes a Dios, amigos de los hombres, nos consigne la miseri­ cordia divina, el perdôn, méritos. socorros en la tribulaciôn y eficacia en la oraciôn (A) III, 630, III (1096-1104) ; es un don de Dios (PF) III, 601, a (10381039) ; referida a Dios es un verdadero sacrificio, de lo contrario no (PP) III. 602. b (1040) ; obtiene el perdôn de nuestros peca­ dos (PP) IV, 933, B (1583-1585) ; nos defender^ en el juicio (A) III, 634, 4 (1104) : es el modo mejor de veneer a Dios (PF) III. 601, 1 (1038); posible a todos: lo que importa es la buena voluntad ; hasta el pohre puede prestar favores (PP) III. 603, c 1011-1012) ; en el mundo actual, que huve la cruz y la miseri­ cordia (TP) II, 11.83, ss. (2044 ss.) ; cristianismo cômodo sin cruz ni misericordia (G) II. 1227, 13 (2133-2135) ; visitar a los enfer­ mos; frutos para el enferino, la Iglesia y el visitante (G) II. 392, 8 (652-654) ; prlmero es necesario dârsela a nuestra aima (PP) VI. 52. e (54); ejemplos varios: San Francisco de Asis. San Luis Key, Manjôn (Μ) VI, 294, IV-VII • ■ INDICE GENERAL DE MATERIAS [Misericordia] (456-458) : las muehedumbres en tiempo de San Antonio de Ihdua (Μ) VI, 293. Ill (454). —con los pecadores; diversas actitndi-s d> las aimas; la misericor­ dia signo do los buenos ministros de Dios (G) V. 680, V (16761677) ; tenetlla con los que padeeen el mismo naufragio que vos­ otros tPP) IV, 211, 2 (367-36S); incluso los seglares deben busearles como Cristo (PP) V. 755, B (1421-1424); panibola del hijo prôdigo·; conducta del padre y del hijo mayor ; la de Dios v la nuestra (G) V, 520. 12 (971-979) ; juicio misericordioso : propio de los padres y santos. edifica y ele­ va soclalmente (G) V. 526 III 984-085) ; comentario al “no juzguéis y no serais juzgados" (CG) V, 402, b (749-752) ; id. por el Crisôstomo (PF) V, 404, I (75G762): id. por San Agustîn (PP) V, 409, II (763-767). Mlsioneros santos: extracto de guiones (G) X. 1498-1500; no se sirven de los indios, sino que los sirven (A) IV, 477. c (748). Véase San Francisco Javier y San Francisco Solano. Misiones: aspecto misions! de la fiesta de Cristo Rey (G) VIII. 1133, 16; misioneros ; misiôn, nûinero, actividades; cïero indigvna (G) II. 1068. 13 (1860-1863) : objeciones desvanecidas (G) λ’, 161, 9 (306-309) : mandato divino ; obligatoriedad en el fiel: oraciôn. limosna (G) V, 341. 9 (G51-653). Véase Infieles. Mistica: estudio· sobre el misticismo y sus falsas nociones; pseudoexplicaciones patolôgicas (G) X. 1352-1359; descripciôn; la mîstica en San Ignacio (G) VI, 1248, 18 (1913-1918) ; su carôcter es la actividad (G) VI. 1244. B (1905. B ) ; aspectos misticos en los “Ejercicios” de San Ignacio (G) V. 192, 21 (362-367) : forma una sola via con la ascética; valor de esta doctrina: los misticos hoy (G) V. 190, 20 ( 359-361). Modas: véase EscAndalo, Mujer. Modernisme: la Iglesia no es in­ visible ni eseatolôgica (T> II. 599. B (976-981). Modestia: revela al hombre inte­ rior: clases: interior; en la pa­ labra y vestido (G) VII. 816, 5 (1207-1209). Monacato: cuatro momentos histo­ ricos: San Benito. San Bernardo, ôrdenes mendicantes y San Ig­ nacio (CG) X, 1226: santos fun­ dadores (H) X. 1213 ss.; indice de guiones sobre la huida del mundo: el silencio ; la soledad y el trabajo (G) X, 1214-1250. Monjas: de clausura; su vida con. templativa; necesidad (G) 1,746, 15. Véase Religiosos. Montecasino: origen del monaste Moral: la desapnriciôn de la nor­ ma moral, ruina individual, social e internacional (A) I, 844, d; peligTos de hoy : neo paganismo, afûn de novedades, autonomie del hombre, falso humanismo que excusa (TP) VIII, 1240-1244; no cambia: lo malo es siempre ma­ lo (G) III, 513, S (S9S-902); la doctrina moral social en. materias de justicla esté. por haeer (G) VI. 146, III (230). Mortlficaclôn: necesidad y grados exigida por la oraciôn (A) II, 1166, A (2023-2026) ; necesaria pa­ ra la santificaciôn ; consecuencia de vivir en Cristo·; normas (G) VI, 305, 3 (478-484) ; el orden so­ brenatural y la identificnciôn con Cristo exigen la anulaciôn de gustos terrenos (G) III, 179, 16 (309-312); ùnico camino para la perfecta inhabitaciôn de Dios (G) III, 331, III-V (57S-580) ; necesa­ rio para veneer las secuelas del pecado original y de los perso­ nales (G) III. 176, 15 (304-308); pedida por Cristo y San Pablo (G) II. 905. B (1543); (G), III, 176 I II (304-305) ; (G) III, ISO, III (311); Cristo puso su gloria en la cruz; la mortiflcaciôn ne­ cesaria para salvarse y para el apostolado (G) III, 1077, 5 (19511954) : facilitada por la esperan­ za (G) III, 321, A (565) ; oraciôn sin mortifîcaciôn (A) VI (669): comuniôn sin ella (G) IX, 12091212; pretextos para abandonarla; motivos que la abonan (G) VI. 521, II (811); ejemplos: Ve­ nerable C. Cardona, San Pedro de Aleüntara, Foucnuld (M) III. 120, VI-VIII (215-217). Muerte; cualidades: efecto del pecado original (T) VII, 50, f (8182); es péna dei pecado; princi­ pio de la felicidad; puede ser meritoria (T) VII (835-S38, 841); es un castigo; padecimientos morales; tentaciones; el pecador (G) VIII. 950, 7; entrô por el peca­ do: amarga o dulce; cierta e in­ cierta ; la prematura puede ser castigO o beneficio; la dei justo; lianto por difuntos (TB) VIII, 831, IV ; dirigida por la Provi­ denda (PP) VII, 386, 4 (553); cierta e incierta; sus leccioncs (G) VIII, 958, 9; inevitable: la vida es rùplda; pârrafo de Bos­ suet (Λ) VII. 586, V (852-855); segura, incierta v unira; consecurncias (A) VII (848-851); lo que ocurre al cuerpo y al aima; consecuencias (A) VII, 567, I; Indice general de materias 1145 [Muerte] [ .Muerte] VII, 533, I (795-809) ; gracias y cierta; insegura, hora de justigoces especlabs (G) VIII, 950, 7 ; cia; proparémonos; ensefia el varecomendaciôn del aima ; signifilor de las cosas (G) VII. 527 , 2 cado y liturgia (G) VIII, 936. 2; (786); Igua’a todo lo humano (A) muerte de Nicolao V (Μ) I, 107, IX, 1731-1739; oraciôn fûnebre de IV ; la muerte prôxima ; la de los Bossuet (A) IX, 1730-1739; remalos (A) VIII. 896-899; (A) VI cuerdos que vienen en ella (PP) 829, IV (1156-1158); (A) VII, 111, 205, c (313) ; la del cuerpo 571, A ; convertirse antes de ella ; y très clases de muerte del ai­ peligro de salvaciôn en el dejar ma; todos resueltan por Cristo la conversiôn para esa hora (A) (PP) VU. 545, III (811-816); por IX, 626-628; peligro causado por qué nos queda después de la re­ la ambiciôn, olvido de Dios y pla­ denciôn; cinco motivos (G) VII, ceres (A) VIII, 84-89; de Dan640, 7 (940-946). tôn (Μ) VIII, 930. VIII. —Senti mien tos ante ella: sentido —Cristo vencedor de la muerte: pagano y cristiano (G) VIII, 944, Cristo es esencialmente vida ; lu­ 5; su temor ensefianza de Cris­ cha con la inu?rte y la vence mu­ to; Cristo refugio (PP) VI, 798, riendo (A) VII (863-865) ; (PP) E (1219-1221); temor; motivos I, 32-34 ; Cristo Salvador de la ciertos y santos de desearla; inmuerte del aima, de la inteligendiferencia cristiana (G) VIII, cia y de la voluntad (G) I. 895. 947, 6; motivos para no temerla 13 ; la muerte muriô al morir la y santificarnos; pensamientos de vida (A) I, 812, A; su dulzura Santa Teresa (A) VIII, 878, B; después de la de Cristo (G) IX, lo que consuela y turba en ella 824-827, Véase Cristo: resurrec­ (PP) VI, 205, c (313) ; motivos ciôn. de consuelo en la propia, en la Mujer: fuerte y hacendosa (TB) de los hijos y esposos (PP) II, 8 (9, b) ; en el Evangelio, la VIII, 851, B; la resurrecciôn ale­ Iglesia y el mundo (G) I, 740, 13; gria en la muerte de los ami­ normas de San Pablo (TB) II, 10, gos (PP) I, 34, b; no se terna d (11) ; su dignidad como perso­ la del cuerpo, sino la del aima na humana y sus peligros de hoy (PP) 793, d (1372-1373) ; “sea(TP) IV, 105, 1-fi (207-211) ; debe mos ante ella lo que creemos" actuar en la vida pûblica (TP) (PP) VII, 542, a (80S) ; es nece­ VII, 787, c-d (1165-1166) ; véase sario: creer que es un nuevo naEsposa; su salario, en igualdad cer, una nueva orientaciôn. y de circunstancias, igual al del que nos asocia a la redenciôn ; (hombre (TP) II. 8S2, j (1490) ; hacerla fecunda pensando y vivolverîa a su hogar con el sala­ viendo lôgicamente y prevenidos rio familiar (TP) II, SS1, i (A) VII (S66-S74) ; morir como (1SS9) ; necesidad y pe’igros del hombres o como hijos de Dios trabajo de la esposa (TP) II, 75, (PP) VIII, 11S5, b; deseada para F (115-119) ; asociaciones femeniir al cielo (A) III, 277, B (482) ; nas que presnrvan la virtud de deseo de la muerte o soledad las obreras (TP) IV, 106, fi (211) ; para descansar de los pelig’ros escûndalos de sus modas; repredel aima (PP) VI, 43. 5 (64-67) ; sentadas por Pilatos (G) III, vivir con paciencia y morir con 1114, 21 (2017-2021); exhibiciôn alegria (PP) V. 418, 2 (781); iinpûdica; intervenciôn de la po^sia de San Efrén (PP) VIII, Iglesia y el Estado (G) III, 1192, VII ; es natural y cristiano 1118, B (2023); en la Pasiôn (G) llorar a los muertos; consuelo III, 1094, 12 (1986-1990) ; conso(G) IX, 1S01-1805; doctrina cris­ ladas por Jesûs en la calle de la tiana sobre las honras fûnebres Amargura (G) III, 1114, 20 (2015. y sepulturas (G) VII, 648, 10 2017) ; en la resurrecciôn ; su con. (D51-953) ; enterrar a los muertos ducta, el juicio de los hombres y obra de misericordia (T) VU el de Dios (G) IV, 160, 15 (290 (832) ; lianto de San Agustîn por 294). Multiplicaciôn : de panes: juna o 8anta Mônica (PP) IX, 1697-1707; o dos? (CG) III, 197, b (303); de San Luis Rey por su madré I (Xi) VIII, 924, IV; la profecia de dom. 4 de Cuaresma III, 555 ss. Dzequiel (Μ) IX, 1775. Véase Di(990 ss.); comentario exegéticoinoral (CG) 111. 574, B (990 1001); funtos. —Del pecador y dei justo: visiones lugav's y personas (G) III. 6S3, 4 (1205 1206) ; sermôn exegéticode Santa Teresa (A) VIII, 879, moral (G) III, 690. 7 (1211-1214); d-e ; morir ?n el Sefior (Λ) VII, aplicaciôn social (G) III. 714, 15 572 A (845-846) ; alegria del (1246-1255); dom. G después de justo ; paz definitiva ; el cristiano Pentecostés VI, 181 ss. (284 ss.); ante las desgracias; quiénes la 1ns necesidades que remedia Cristemen : motivos de alegria (PP) 1146 INDICE GENERAL DE MATERIAS [Multiplicaciôn] to (G) VI, 314, « (496-498) ; multlplicaciôn de la Iglesia en su creclmlento (PP) VI, 224, c; multlpllcaciones malas: de bienes terrenos, preoi upaciones, etc. ; buenas: de santidad (PP) VI, 220, B; ejemplos de comidas providenclales: Eliseo, San Benito, San Francisco de Asis. San Juan de la Cruz. Cura de Ars. Cottolengo (Μ) III, 665, I-XI (11741183). Mundo: Jo* conceptos: creado para el hombre (PP) I, 617 a; ordenado y dirigido por Dios (PP) VII, 384, 2 (551); el redimldo y el reconcillado con Dios ; amar en el mundo lo que el mis­ mo mundo odia (PP) IV, 1117, 3-4 (1886-1887) ; es bueno; el amor de los hombres lo ha he­ cho malo (PP) VI, 219, d-e (331334) ; el creado por Dios y el he­ cho por SatanAs, que es su prin­ cipe; con Cristo lo vencemos (PP) IV, 760, D (1281-1283) ; teologïa de San Juan; el mundo enemlgo de Cristo y do la San­ tisima Trinidad (G) IV, 879, 16 (1506 1511) ; en un concepto pe- ι yorativo es un criterio individual concupiscente que se proyecta en lo social (G) IV, 875, 15 (15001505) ; su concepto en San Pa­ blo: no dejarse influir por él,, sino renovarse luchando y ven- | ciéndolo y salvândolo (G) IV, 883, 17 (1512-1515). —Su nialdad v vanidad: Cristo sien- 1 te por él desprecio. odio y pacien­ cia (A) V, 997. VI (1920-1926) ; Arbol malo : muerte del aima (PP) VI (60S); no conoce a Dios; su sabiduria es loca ; seductor y fal­ so ; considera locura la virtud : el cristiano en él (A) IV, 793. III (1350-1359) : dos clases de mun- | do ; su pecado de ayer y hoy su infidelidad argüfda por el Espiritu Santo· (G) IV. 860. 13 (14891495); argüido de justicia, jui. cio y pecado por el Espiritu Santo : véase Espiritu Sunto; es el reino de la mentira ontolôgïca y moral (G) VIII, 148, IV; inestabilidad de lo temporal: mudanzas del rnundo y del hombre (A) III. 1908. Ill (1821-1824); ceguera y causas (G) II, 1231. 16 (21442146) ; el demonio reina sobre él por très motivos (G) VIII, 553, 2; sus placeres son vanos, ainnrgos, breves y esclavizan (G) IV, 707, 15 (1198-1203); vanidad demostrada por el ejemplo de Cris­ to: lo grande ante los hombres, abominable ante Dios (PP) VII. 728, III; pensamiento de Santa Teresa sobre su vanidad, falsa paz. respetos, etc., (Μ) IV. 825. B (1421-1428) ; falsedad do su [Mundo] honor (A) I. 367-370; que co­ rrompe la virtud; disfraza de ella al vicio, roba la gloria de Dios (A) 111, 113, B (1820 1840); bu gloria. voluble, engafioaa, egoists (A) III, 1002, I (1809-1813) ; orlgen, fin, medlos y vanidad de la misma (G) I 873, II : sus aplatisos ; pensiimientos del Crisôstomo (CG) I. 473, 2; sus preocupacionés alejan de Dios ; en la hora de la muerte (A) VIII, 86. C; su alegria: véase Alegria; nueve cla­ ses de falsa paz mundana, segûn Santa Teresa (G) V, 187, 19 (352358) ; sus juicios provienen de la ira, la soberbia y la onvldia; con. traposicMn a los de Dios (G) V, 524. 13 (9S0-98G). —El ataque dei mundo: cuiil es el bueno y cuAl es el perseguidor (PP) III, 219, d (341-344) ; combate halagando con falsas felicidades y amenazando ; la victo­ ria del mdrtir modelo de reslstencia a ambas amenazas; la es­ peranza del mArtir (G) X, 11S51189; cômo nos induce y cômo debemos desaprender lo suyo ; la p-nitencia lo exige (A) I, 525528 ; su respeto nos impide practiear la santidad (A) X, 346; condescendiente con los suyos, durisimo con el virtuoso (A) III, 94. A (157) ; comienza a perseguirnos en cuanto comenzamos a obrar el bien (PP) VII, 721, 2 (1066) ; la paciencia le vence (PP) VII. 722, 2 (1068) ; razôn psicolôgica de por qué persigue al bueno (CG) V, 563, 1 (1041); consejos que da y burlas que hace del virtuoso (Μ) IV, 830, E (1431); quién es y cômo goza mientras sufren los 'de Cristo (CG) IV, 572, 4 (969); sus alegrias comparadas con las trlstezas de] cristiano (CG) IV, 574, 5 (972-974) ; enemigo dei sacerdo­ te: su aspecto social y armas; quién lo merece (G) IX, 753-757; cômo contemporizan cc-n él algu­ nos sacerdotes actuales (G) VI, 523, III (814) ; peligro de la po­ litica, de los espectAculos, etc., para cl sacerdote; normas de vida (G) IV. 894. 20 (1526-1530); las mismas personas son religio­ sas y mundanas alternativamente (G) IV, 877, c-v (1503-1504); hoy vivimos un asalto dei mun­ do al claustro y viceversa (G) IV. 893, V (1524-1525) ; estA en todas partes: en los conventos, en la politica, negocios, en la universidad. etc. (G) IV, 886, 18 (1516-1519) ; tentaciôn de las pri­ meras mo radas (A) II, 1003, I (1714-1717): tentaciones en la vida espiritual segûn San Juan de la Cruz (A) III, 78, B (123). Indice general de (Mundo] -1« (juerra contra cl mundo: condiclôn mundana del hombre; pe­ ligros; Cristo y el rnundo; cuAl debe ser nuestra conducta (TB) IV, 731, III (1232-1234) ; el mun­ do pasa, sôlo Dios queda (PP) I, 48-50; Insensate?, de roposar en él; imposibllita para perciblr el influjo del Espiritu Santo (G) IV, 682, IV (1159); iqué aprovecha ganarlo?; San Ignacio a San Francisco Javier (Μ) IV. 828, C (1429) ; dejarlo para ir al Padre (A) IV, 798, A (1360-1362) ; su amor y el de Dios; compatibilidad e Incompatibilidad ; ainar lo temporal y pasar: ainar lo eterno y durât (PP) IX, 1253-1257; nos animan a sufrir sus persecuciones: el amor. el ejemplo de Cris­ to y el Espiritu Santo (PP) IV. 1116, A (1885-1892) ; mûximas, métodos, remedios ; el asalto· al rnundo (G) IV, 891, 19 (15201525) ; el cristiano, peregrino en él, no debe dejarse contaminer, sino santificarlo (G) IV. 675, 4 (1147-1149) ; la fe y el amor no lo aniquilan, sino que lo transforman (G) IV. 317, 2 (552-555) ; cômo comportarse en él ; ejemplos de los santos y de Cristo (G) IV, 897, IV (1529-1530) ; viviendo en medio de él llamemos a Cristo (PP) VII, 721, 1 (1067) ; cautelas contra él en los conven­ tos (A) VIII, 253, b. Mundo mejor: se ve venir un or­ den nuevo ; no afAn de novedades, sino de justicia; apoyado en el derecho natural y la revelaciôn (TP) IV, 639, A (1079-1085) ; la Iglesia, que vive en el mundo, debe preparar a los hombres para cuando este orden venga (TP) IV, G40,i B (10S6-1091) ; faHarAn las tentativas si no se basan en el amor de Dios y prudencia sobrenatural; no se impondrA por las armas; coc-peraciôn de Iglesia y Estado (ΤΓ) IV, 643, C (1093-1103) ; se basarA en la victoria sobre el odio y la desconfianza internacional, la fuerza, los excesos de la écono­ mie y el egoismo (TP) IV, 650, E (1109-1111). Murmuraciôn : cômo es castignda ; buena y mala lengua ; evitese (TB) II, 561, B (918 ss.) ; su frecuencia; estudio moral; murmu­ rar de los superiores (G) VI, 881, 3 (1334-1339); doctrina moral so­ bre el chlsme, la burla y la cbanza (G) VI, 125, 4 (197-200); con­ tra los sacerdotes (PP) VII, 189, E (269); dafios; en la Sagrada Escritura; remedios (G) II, 636, 2 (1066-1068); sentencias de San Pedro AlcAntara (Ml) VI, 109, V ; materias 1147 [Murnmraciôn] de Cervantes (Μ) II, 628, IV (1052-1053). Mn hh] ma nex: persecuclones (T) II, 463, d (755). Nairn: topogrnfia (CG) VII, 526. R (782-794) ; i a escena ( CG ) VII, 527 se, (782 ss.); e) milagro y sus personas (G) VII, 657, 13 (0.35-939). Natalidnd: Jimitnciôn; doctrina catôlica y consccuencias (G) II. 278, 19 (438-441); onnnistica; diversos motives, ninguno de los cnales justifica (TP) II. 224, 3-5 (347-349); no pecaminosa: con­ diciones (TP) II, 230 (350-352) ; (G) II, 225, 6-8 (454-456) ; oglnoismo (G) II. 286, 23 (454-456). Naturaleza: cômo ven los santos en ella a Dios (G) VII, 491, III (741-742); concepto de lo natural (G) IX, 179-181 ; inovimientos de la naturaleza y la gracia : Kempis (A) VI, 432, III (656-659) ; su elevaciôn : véase Orden sobre­ natural. Naturalisme : y racionalismo cris­ tianos; el justo medio (G) IV, 846, 5 (1452-1456). Navidad: I, 1 ss. ; sermôn de San Agustin (PP) IX, 23-32; sermôn de San Leôn (PP) IX, 33-36; ser­ môn de Santo TomAs de Villa­ nueva (A) IX, 72-76; alegria de este dia (PP) IX. 37; anticipo de la eterna (TP) I, 235, e; preparémonos con limpieza de conciencia y caridad (PP) I, 500-501; sermôn del Crisôstomo (PP) IX, 15-19; su actualidad; Cristo al nacer contempla la desolaciôn de entonces y de hoy (G) IX, 135138; exhortaciôn preparatoria del Beato Avila (A) I. 520-523; misa de gallo; origen (Μ) IX, 129; los primeros nacimientos ; el de San Francisco de Asis (Μ) IX, 130131; primera misa de San Igna­ cio (Μ) IX. 132; poesia espafiola de Navidad (Μ) IX, 134. Nazaret: topograffa ; la casa de Maria (CG) X. 217. Népotisme: cuAndo es pecado y cuAndo no (T) VIII. 650, 7. Nestorio: su herejfa (CG) X. 403; refutado por San Cirilo en Efeso (PP) X, 412. Véase Efeso. Nicodemo: su fe poco humilde; el triunfo de la fe (G) VIII, 362, 13. Nifios: amados por Jesucristo y la Iglesia (TP) III, 1024, A (I860. 1S63) ; constituyen una preocupaciôn para el papa (TP) IV, 1036, F (1896-1S97) ; edûquense, pues lo que aprendan durarA de por vida (TP) III, 1026, a-b (1864-1865) ; su catequesis, preparaciôn para la comuniôn y vocaciôn (TP) IV, 459, E (795-798) ; qué es lo que ■ St y-*? ' * Indice 1148 INDICE GENERAL DE MATERIAS [NiftOB] debemos imitar en ellos (PP) IX. 253; para que sean buenos ciuda­ danos Ineulqueseles la fe (TP) III. 1029. h (1871): que los hijos de las tinivhlns no se nos adelanten en su educaciôn (TP) VI. 682, j (1102); hoy ncechados por la enfermedad y viclo (TP) III, 1027, d-g (1S87-W9); buscados por el socialisme (TP) III. 1029. i (1872): los aduUos deben con­ servat las virtUib's infantiles (TP) III. 1027. c (1866), Véase Educaciôn, Jôvrnes. Noche oscura: por qué del nom­ bre; la fe deslumbra (A) IV. 256, II (443-452) ; obra de la fe en ella (A) VIII. 257 2Ç6. Nombres: deben responder a las propiedades de las cosas (T) I. 791, A. Novios: normas de elecciôn (G) II. 727. 16 (427-431); preparaciôn para el matrimonio (G) II, 268, 14 (420 422); puma (G) II. 211. 17 (423 126). Novîsinios: pensamientos de San Bernardo sobre el purgatorio, intierno y cielo (PP) VIII, 1195. VIII. Véase Muerte» Juicio, Inflerno, Cielo. Obediencia: naturaleza: estudio teo. lôgico de Santo Tomâs; la ohediencia como virtud: su mérito; cômo obedecer a Dios y cômo a los hombres (T) V. 960. I (18201843) ; virtud potencial de la jus­ ticia; la de Maria (G) X. 724725; naturaleza. grados; del entendimiento y de la voluntad; virtudes que peligran sin ella; sus imperfecciones (G) V, 1041, 5 (2010-2017); obediencia natural; motivos naturales, âmbito y li­ mit aclones de la obediencia (G) V. 1057, Il (2047-2051); obedien­ cia sobrenatural: necesaria para el apostolado. estirnula la ener­ gia ; es el peso de los inertes; necesaria a todo cristiano para no pecar (TP) V, 1010, c (19491953); cualidades: pronta. sencilia, perseverante, alegre, animo­ sa. universal (G) V, 1055, 10 (2040-204G) : interna : doctrina dp San Ignacio sobre cômo someter la voluntad y el entendimiento (A) V (1898-1005) ; del entendi­ miento ; practicada naturalmente por los ciudadanos mâs cuit os; ma vores motivos sobrena tu raies (G) V, 1043, IV (2014-2015). —Obediencia y vida espiritual: doc­ trina de Santa Teresa: obedien­ cia antes que inortificaciÔn y que los gustos; por ella nos guia Dios; ejimplos; es la surna de la perfecciôn (A) V. 9<\ III (1876-1882) ; “entre los pucheros • itt· i Obediencia] nndn el Seflor” (A) V, 984, b (ISSO) ; doctrina cie San Ignacio en la “earui sobre la obediencia'*; bienes ; principio fundamental; grados y medios de adqnirirla (Ai V (1893’1011); consiste en la salvaciôn; tiene cQino modelo a Crlsto en su vida y pasiôn (G) III. 1077. 4 (1947-1050); camino seguro île santidad. compendio de las virtudes. honienaje n Dios (G) V. 1040. IV (2007-2008); la piedad consiste en la obediencia a Dios, no en las devociones (G) V. 1038, 4 (2001-2009) ; comiénce se por ella para nogar la vnluiitad (A) V. 978. II (1809-1875); virtud sacerdotal (G) V, 1070, IV (20SG) ; a Dios: debida al Créador y a su plan; el mejor medio de abnogacién y uniôn a Dios; la virtud unis fâcll (G) V, 1053. grados; 9 (2034-2039); cuatro normas de discreciôn en lo obii. gatorio y en io de consejo (A) V. 972. I (1<>6-1SG<). —Virtud social: ennoblece, educa y da libertad (A) II. 00. D-G (8083) ; educa la voluntad (A) II. 59, V (78-83) ; necesaria para la educaciôn dft los hijos (G) II. 115. 11 (174-179): a Dios. la Igle­ sia. autoridad civil, al ésposo y padres; ejemplo de Cristo (TP) V. 1012. C (1954-1958): a la Jey divina; très motivos (A) I. 671074; a la Iglesia. interna y externamente (TP) III, 290. B (5U51S) ; a la jerarquia, fundamento social segïin San Pedro (G) IV. 674. C 11144); virtud arquitectônica que edifica el cuerpo mistico (G) V. 1074, 18 (20S2-2083) ; a toda autoridad; prudencia en el obedecer; grados; de hecho, de voluntad. de entendimiento, de amor (G) IX. 1478-14SI; del subdito como obrero, al gobernante como arquitectô (G) III, 550. VIII (965) : Cristo modelo (A) II, 52, c (68) (PP) X. 251. —Varios: la obediencia a Dios» al Evangelio. a la autoridad. a los padres, a los sonores, al marido, a la Iglesia: premlos y castigos: ejemplos; Cristo (TB) V, 905. IV (1717-1724); salmo 118; canto a la obediencia (G) III. 535. 20 (833) : Abraham. San Pablo. San Nicolàs de Fliie. Santa Teresa. A Uria (G) V, 1078, V (2087-2089); de Simeôn Estilita. San Benito, San Francisco de Asis. Santa Te­ resa y San Ignacio (Μ) V, 1022. III-VIII (1977-1982). Obispos: potestad triple; son el buen pastor; su perfecciôn; sus ovejas (G) IV, 514, 11 (883-887) ; la predicaciôn. su principal mi­ nisterio (G) II, 1078, IV (1873); obligaciôn de predicar (TP) II. general UE MATERIAS 1149 [Obreros] [Obediencia) (PP) VIII, 421, 2; su apostasia; 1026. b (1751); y dp volar por los el héchb y sus causas (C) IX. prHliendoros (TP) Π. 1028. B I 1358-1359; por su pobreza estôn (1758-1702) ; ru silenelo. pecado mâs expuestos a la seducclôn dei mercenario (G) IV, 528. 11 · malvada; protéjftseles con nsocia(902 909); debe ser perfecto; oil- , jase no el mâs perfecto, sino al ' ciones (TP) V. <825, c (1.578) ; la mâs idôueo; vida activa y con- 1 Iglesia madre dp todos y especlalmente. do ellos (TP) III, 658. templativa: burn paslor (T) IV. C (1153-1161); Pio XI llama a los 420, B (715-721); virtud propin mâs alejados (TP) V. 832, j suya es la pacieucin, por sus tra- i (1594) ; el Papa exhorta a los bnjos. poco fruto p inquietudes; sacerdotes a que reserven para eviten la imnacioncia (T) V, 782. este apostolado su mejor tiempo. II (14S5-1I93); dailos que causa pues aunque se haya hecho mnsu impacioneia (T) V. 784, B cho no es sufleiente (TP) V. SIS. (1491) : nbedccprles en el apostoA (1558-1561); id a ellos; esppIndo (TP) VIII. 1084. O-P; uved cialmvnte los pArrocos (TP) VIII, cômo exponpn su salvaciôn por 122, B; bùsquelos el sacerdote; nosotros” (A) I, 356. b. hallarâ una correspondencia inObras: dnl esnfrltu y no dp la car­ esperadn (TP) V. 819. d (1561) ; ne (CG) VII, 352. b (501-507) ; (TP) VII. 247» A (356-357) ; el (G) VU. 813, II (1204). mâs eficaz apostolado obrero con­ —sobrenaturales: su verdad ponde siste en la vida pobre y desintede que se prodiguen las del Hijo resada (TP) V, 810. e (1562); ir reeonociende y glorificando al al obrero mediante el obrero Padre (G) III, 906. 2 (1608-1611); (TP) II. 749, b (1277); (TP) son valoradas por la gracia y 821. h (1565). uniôn con Cristo (A) VIII. 73, —agricolas: condiciôn miserable ; A; véase Gracia y Orden sobrede quién es la responsabilidad ; natural; muertas, mortiticadns y pecado social (G) VIII. 3S4, 22. resucitftdas (T) VI (653-655) ; Véase Apostasia dp las masas, puntos psenciales del protestan­ Capitalismo·, Producciôn, Salario. tisme sobre la fe sin obras. coinOcasiones de pecar: véase Pecado, paradas con la doctrina catôlica Tcntaciôn. (G) IV, 1017. 3 (1738-1740) : reOciosidad: textos bîblicos II. S21, queridas por la fe (A) IV, 265» E E (1366) ; constituye una rebeliôn (459): obras y fe, unidad, vital contra Dios; sus males (A) II, (A) VI (126) ; obras sin fe y fe 874, IV (1470-14S0) ; inexcusable; sin obras; valor (G) V. 351. 13 vicio. madre de vicios (G) II. (666-669). Véase Fe. 922. 11 ( 1579 -1584 ) ; condenada Obreros: el liberalismo dice estar por el Antiguo y Nuevo Testa­ condenados a pobreza perpetua mento (G) II. 919. 10 (1575-1578) : (A) I, 863. 11 ; pecado de oxigiraviso de los ângeles en la a seenles trabajos excesivos (TP) I. siôn ; no sôlo oraciôn cômoda (G) 237. d; no pueden quedar conde­ IX, 1006; extracto de guiôn (G) nados a esclavitüd econômica, X, 1621. fueren cuales fueren las normas Ocupaclones exteriores: a San Ber­ de propiedad (TP) VII, 427, j nardo le distraen de su vida in­ (633) ; su pobreza fuonte dp gra­ terior (PP) V. 954, 1 (1S11-1S12). ves dados (TP) I, 104, b; “la ri· Odio: hijo de la ira y poor que queza de los pueblos no la hace ella (PP) VI, 44. b (68-69); el sino el trabajo de los obreros” desagrado, el interês y la vani(TP) I. 535. 4; interesa al Estadad (A) VIII. SOS 510; es un ho­ do no sean desgTaciados y partimicidio. una prisiôn y un co­ cipen de lo que producen (TP) rruptor (PP) VI. 47, 1-3 (72-74): I, 535, s; su dignidad; no basta odio al malo; ira; perdôn (PP) al obrero ni el técnico; se neeesita el hombre del espiritu (G) VI, 39-51 (56-59) ; motivos agustinianos para no odiar a los ma­ VI, 1245, 17; precipitados por el los (PP) VI, 40. 2 (58-60) ; cou capitalisme (TP) I, 381, e-f; su la gracia de Dios odla al pecado desainparo y gemidos (TP) I, 540. a-d; très principios pauliy ora por el hombre (PP) VI. nos ; igualdad. libertad y sujeciôn 49. 2.o-3.° (76-77) ; es el ûnico (G) VIII, 377. 19; obligaciôn de daüo que pueden causarnos las trabajar (TP) II, 363, F, a (607) ; persecuciones (PP) VI. 41, 3 (61exiian lo justo v sin spdiciones 62) ; odio prohibido a los enemi(TP) II. 363, F. a y d (607-610) ; gos; amistad que hay que conla oraciôn resolverfa muchos de cederles ; cuestionos morales (G) sus probhunas (TP) IV. 997, f-i V. 668, 1 (1258-1259); véase Ene(1701-170-1); también deben mo­ mlgos y Perdôn; nunca mayores derar sus gastos (TP) I. 92, b; odios que los de hoy ; exhortaclôn sus pecados segûn el Crisôstomo pontificia (TP) VI, 96, e-h (149- 1150 M Indice general de materias lOdlo] 152); entre hermanos; ejemplos biblicos (Μ) VI. 100. III (175177) ; el caso de Florencio contra San Benlto (Μ') VI. 110, VI. Oginoismo: véase Natalldad. Opinlôn pûblica: debe ser tnanlfestada de alguna forma, no ser puro nombre (TP) VIII, 701, A-C; a los periodistas, o por su mala voluntad, o por insuflciencia, o por hnposibilldad. o por preslôn, les es muy dificil manifestaria (TP) VIII, 702, D; la mentira, norma actual para formaria (TP) I, 301, m. Optimisme: cristiano (G) I. 123, 7; sels normas de San Pablo (G) VIII, 990. 21; en la Ascenslôn se ve el fruto de la cruz (G) IX, 1013-1017; ni el infundado dei si­ glo XIX, ni el pesimismo depri­ mente (G) VIII, 9Sd. 20. Oraciôn: nociôn, ejrcelencia: Dios oye a los que oran. ejemplo en Israel (TB) IV, 004. A (15341538) ; cualidades (CG) IV. 008, P (1539-1545) ; cl deber de orar y por quiénes (CG) IV. 909, C (1515-15-19) ; principio de la vida Interio-r, arma de la victoria, engrandece al hombre; prûctlcas exteriores (TP) IV. 989, A (16771084) ; estudio de Santo Tomâs sobre su convenienda ; partes, espede teolôgica, eficacia, quién, a quién y por quién se ha de pedir (T) IV, M5. I (1005-1013) ; comunicaciôn con Dios; acclôn del Espiritu con la ïglesia (G) VI, 6S3, 1 (1144-1147) ; nos une al Padre y le glorifica (A) IV, 080. B-C (1062 1603) ; frutos; aten. dôn y duraclôn (T) IV. 951. D (1014-1617); infalibllidad ; efectos , que alcanza infallblemente; por qué no se consigne siempre lo que se ptde (G) IV. 1031, 7 (17581761); por qué algainos no son oidos, segùn Santo Tomûs; por qué se ditiere el oirles (Ο) IV, 1060, 10 (1794-1797) ; nuestra oraclôn es corregida y reforzada por la de los santos (G) IX, 16461618; del pecador; es oida; con­ diciones que ha de réunir (G) VI. 1086, 10 (1617-1020) ; qué pue­ den mererer el pecador y el jus­ to con ella (G) III, 308, 1 (637639). —Necesidad: d1 med'o y precepto. porque dependemos de Dios y somos hijos suyos (G) IV, 1019, 4 (1741-1745) ; doctrina de Santo Tomûs sobre su convenienda (T) IV, 945. b (1006); debemos pedir; motivos; cômo y qué (A) IV. 965, I (1632-1630); motivos de su ne­ cesidad; debe s r continua; cosa dificil (G) X, 279 281; nuestra salvaciôn estâ en nuestras ma­ nos (A) II, 1191, E (2021); ne- [OraclAn] césar la para alcanzar la fe (A) IV, 280. c (4.83); deflende de la tentaciôn y alcanza el perdôn de culpa y pena (A) IV. 983, G (1607. 1071); necesaria a los varones; prediquese; sea continua; al comenzar el dia (TP) VI, 1013, A (1548-1556) ; necesaria a los pa­ dres para la educaciôn de los hijos; fomentarla en éstoe (G) VIII. 374, 18; en los males de hoy, mûs que obras, oraciôn, especialmente de obreros y patronos (TP) IV, 996. C (1690-1704); oraciôn y apostolado; cl medlo mejo-r; Santa Teresa, el mayor ad. versario del pro-testantlsmo (TP) IV. 999, D (1705-1710); apostolado de la oraciôn; alabanzas (TP) IV, 1022, E (1572-1574) ; es hora de una cruzada de oraciôn; qui­ ta el afûn de riquezas y trae la paz (TP) I, 382, C; visiones de San Bernardo y San Benlto sobre el interés del demonio por Impedirla (Μ) IV, 1004, III (17101717). —Qué debemos pedir: textos pon­ tificios sobre por qué con impaciencia y perplejidad de muchos Dios retrasa el oirnos; somos nifios, que no sabemos qué hay que pedir; Dios promote oirnos como Padre; no hacernos felices (TP) IV, 991, B (1685-1095) ; petlciones. modelo en el Nuevo Testa­ mento (G) IV, 1062, VI-IX (17991802) ; diez gracias que concede Dios antes de que se le pidan (A) IV. 968, B (1637-1639) ; oraciôn no oida porque pedimos lo que no debemos (PP) II, 324, B-C (519-520) ; (PP) IV, 939, g-h (1595-1596) ; pedir “en nombre" de Cristo es pedir lo referente a la salvaciôn (PP) IV, 939, 4 (1596) ; peticiôn de gracias terrenas y espirituales; perseveranda, piedad, confianza (TP) VI, 1015, B (1557-1561) ; pidamos los dones que Dios reserva para los buenos, no los que da hasta a los malos (PP) III, 598, 1 (1032) ; es li­ cito pedir bienes temporales; fôrinulas perfectas de Suûrez y Santo Tomûs ; perfectfsima de San Ig­ nacio (G) IV, 1074, 20 (18181824) ; por la ïglesia y el papa (TP) VI. 1020, D (1567-1570); por quién orar ; por todos ; por los gobernantes; por las mislonea (TP) VI. 1018, C (1562-1566) ; por el prôjimo; éste puede ope­ ner obstâculos; pero oremos conflados a la Misericordia (TP) VI, 1019, c-d (1564-1565) : por el pe­ cador, gran limosna segùn Santa Teresa (Μ) I, 248, VII; confe­ siôn de sus propios éxitos por Santa Teresita (Μ) IV, 1008, IX (1724) ; de Santa Mônica (Μ) IV, Indice general de [Oraciôn] 1008, X (1725) ; oraciôn por los Infleles: véase Infieles y Mislones. ^-Condiciones : condiciones de la petldôn, expuestas en el sermôn de la ûltlma cena : pedid nlgo ; por Crlsto; con amor al Padre; ejem­ plo de la oraciôn sacerdotal (G) IV. 1070, 11 (1813-.1817) ; segùn San Pablo debe ser : oraciôn, acciôn de gracias, peticiôn y obsecraclôn (CG) I. 310, 6 (309, 6) ; segùn San Cipriano : uniôn comùn y con Crlsto, con atenclôn y limosna (PF) IV. 930, I (15781580) ; exposlclôn de las siete con­ diciones aducidas por Santo To­ mûs (G) IV, 1067, 18 (1809-1812); cinco condiciones de Santo Tomûs: segura, recta, ordenada, de. vota, humilde; verlficadas en el “Padre nuestro" (G) IV, 1039, IV (1769) ; pedir como hombre, no como nifio ; como cristiano y no las pasiones ; como hijo de Dios y hermano de los hombres ; la limosna (G) IV, 1055. I-III (1790-1791); cuatro condiciones a ejemplo de Simeôn el Justo (A) I, 661, C.—Atenclôn: mansedum­ bre (PP) IV, 932, II (1581-1588).— Humildad, confianza y perseve­ ra rucia: alguno de sus efectos infalibles segtin Alexis Carrel ; por qué no se consigne todo lo que se pide (G) IV, 1031, 7 (17581761) ; la pasiôn de Cristo gran motivo ; vlsiôn de Santa Têresa (A) VIII, 876, e; confianza. hu­ mildad y deseo (PP) II, 323, A (518) : la humildad en ella (G) VI. 1089, 17 (1621-1624) ; somos mendigos de Dios (PP) VI, 226, c (339) ; humilde y soberbia en el publicano y el fariseo (G) VI, 1054, 4 (1604-1607) ; ejemplo de la pecadora Tais (Μ) IV. 1000, V (1720); constante; modos, es­ piritu y tiempo de oraciôn ; la nocturna (G) I, 743, 14; debe ser perseverante y colectiva, lo cual verlffcase en el rosario (TP) X, 852-853 ; ejemplos de Casiano y San Francisco de Sales (Μ) IV, 1007 (1721-1722). —Orar cn Cristo: Cristo ora en nombre propio y como cabeza nuestra (PP) IV, 941. B-C (15991604) ; en qué consiste el orar unidos a Cristo y a su humanidad : a mûs uniôn, mayor efleacia (G) IV. 1028. 6 (1752-1757) ; la oraciôn hecha en Crlsto serA oida por el Padre : sermôn de la ùltima cena (CG) IV, 018, 2 (1556) ; Dios la oye porque nues­ tra oraciôn es de Cristo, que la présenta en el cielo (Λ) IV, 970, II (1640-1643). Véase Crlsto: sacer­ dote y Mediador. —cn èomûn: valor de la prlvafin da ·; orar no solamento al Padro materias 1151 (Oraciôn] (TP) VI, 1023, F (1575-1579) : (CG) IV, 918. 2 ss. (1556 ss.) ; Dios la oye porque nuestra ora­ ciôn es de Crlsto y porque El la présenta en el cielo (A) IV, 970, II (1640-1643); la dN leproso ce modelo (CG) II. 476. 4 (302), Véase Crlsto sacerdote e Intcrpelaclôn. —modos de oraciôn: oraciôn mistica y ascética ; vocal y mental ; condiciones de cada una : normas (G) IV, 1023, 5 (1747-1751 ); breve exposlclôn de la necesidad de la vocal (G) IV, 1038, IV (1765) ; lltûrgica : su excelencla ; la de los fieles; el breviario (G) IV. 1011, 1 (1729-1733); su es­ piritu en San Pablo (CG) VIII, 210, 6; de adoraclôn en la litur­ gie (CG) II. 431 (700) ; el tra­ bajo convertido en oraciôn (G) X, 1616-1618). —oraciôn falsa: reprobnble ; lo que la malogra (G) VI. 1084, 15 (1613. 1616) ; sus defectos; en la parûbola del fariseo y dei publicano (G) VI. 1081, 14 (1610-1612) ; sin caridad ; la verdadera engendra caridad (G) VII. 128. II-III (189190); sin mortiflcaciôn segùn Santa Teresa (A) VI (669) ; la obediencia y caridad pref?rlble a la oraciôn y sus regalos (A) V, 982. a (1876) ; sin caridad ni jus­ ticia en Isaias (G) TV. 1057, C (1792) ; del fariseo (CG) VI, 953, 4 (1454). —a los santos: doctrina teolôgica sobre su intercesiôn ; conocen nuestras oraciones (T) IX, 15581561; (G) IX. 1038-1643. Véase Santo. —De Crlsto: véase Crlsto. —De Maria: véase Maria. Orden: elemento de la paz: véase Paz. Orden internaeional: doctrine de Pio XII (G) VI, 934, IV (1417) : aspecto juridico; orden moral; el patrlotlsmo; orden social; aspec­ to religioso (G) VII, 507, 20 (759763); la era internaeional; naciones decaidas; doctrina cntôlica (G) VII, 162. 20 (242-247); las naclones se acercan ; Acclôn Catôlica internaeional; impulso pon­ tificio; su aspecto negativo; colaboraclôn fraterna (G) VIT, 503, 19 (752-758). Orden Juridico: m-cesarlo para la paz (TP) IX, 108; su relntegraciôn es esencial para la paz; puntos csenclales (G) VI, 929, III (1410). Véase Ley. Orden sobrenatural: nociôn: orden natural y sobrenatural; puntos esenciales y su coinparaciôn, la gracin (G) IX. 179-183; la delrlcaclôn de nuestra naturaleza y la fillaclôn adoptiva so ordermn 1152 ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [•Orden sobrenaturalJ a la gloria (A) IX. 1592-1595; son efeeto y fundamento del amor de Dios (G) IX. 729, C; obra del amor de Dios en su elemen­ to negativo y positivo; en su na­ turaleza y organismo (G) V, 492, I1I-IV (920-922); la amistad; amistad con Dios; sus exigendas (G) VIII, 158. 9; Cristo. el baurismo y la Iglesia restauran el orden sobrenatural (PP) VIII. 35. e-g; exige la mortiflcadôn (G) III, 179. I-II (309-310). —Blementoe: dei/icaciôn del hom­ bre: el hecho; su explicaciôn (G) IX. 192-196; imagen natural y so­ brenatural de Dios : consecuencias ascéticas (Λ) VIII, (161-664; gran­ deza y hermosura de este favor (G) VIII, 153, 7; Dios. amor sustancial, nos hace participes de su naturaleza mediant·· la gracia; paternidad divina (TP) V, 850. A (859-864) : participaclôn natural de los atriburos de Dios y sobre­ natural de su vida (G) IX. 195196; la vida divina; en qné con­ siste : se perfecciona en el cielo (A) I. 85-86; el Verbo tiene la vida en si mismo, nosotros en Cristo (PP) VII. 555. 2 (825S26) : triple sentido de la nueva vida; nueva naturaleza, operaciones y fin (G) VIII, 139. 1 : sus grados : la justificaciôn, los doues, el conocimiento experimen­ tal (G) VI. 691. 4 (1155-1159). Véase Gracia. —Filiaciôn divitia: el hecho; comparaclones (G) VIII, 155. 8; Dios Padre nuestro. por creaciôn, go­ bierno y adopciôn ; su amor y nuestros deberes (G) VII. 806, 2 (1193-1197) ; somos hijos amados por nuestra incorporaciôn a Cris­ to (A) III. 270. P. (479 473); su filiaciôn reflejada en el hombre elevado; nuestros sentimientos (G) IX. 184-186; requisitos y fines (G) ΠΙ. 336. S (585) ; en qué consiste nuestra adopciôn y diferencias con la humana (G) IX, 189-191 : la adopciôn actual es imperfecta ; perfecclônase en la gloria (A) VIII. 100, A; (A) III. 272, c (473) : vivamos con la es­ peranza de que se manifieste plenamente; gozo de ser hijos (PP) III. 234. a (399) : Dios, padre por creaciôn. gobierno y adopciôn ; su amor eterno; nuestra correspondencia (G) VII. 806. 2 (11931197) ; Dios es nuestro padre; ac­ titud del cristiano ante Él ; alabarle y reverenclarle (G) VI. 686. 2 (1148-1152); filiaciôn divina; doctrina de San Pab’o; el espi­ ritu de Cristo y el de servidtnnbre (CG) VI. 5G3. b (866-870) ; obras de los hijos de Dios ; su verdad pende de que reproduzca- [Orden sobrenatural] mos las del Hijo natural; todo viene del Padre y se endereza n su gloria (G) III, 006. 2 (1C0S1611); el amor dlstlntlvo de los hijos de Dios (PP) m, goj, 2 (1388) ; somos hijos y heredem· no vivamos segùn la carne (CG) VI. 563, b (866-870) ; los hijos de Dios no pecan contra la ca­ ridad fraterna (PP) III, 798, C (1.382-1386); conoce, hombre, tu dignidad; consecuencias: honor, renuncia a la carne, deseo del reino. paz (PP) IX. 39-44; hijos de Dios por naturaleza y del de­ monio por el pecado (PP) III, 792, 2 (1337). - hihtib'-taciôn: breve exposielôu teolôglca sobre los modo-s diver­ sos de la presencla de Dios en e) aima (CG) V, 14, 2 (22); estudio de San Juan de la Cruz sobre la inhabitaciôn sobrenatural y sus grados, que dependen del desasimiento de las creaturas (A) IV. 1140, II (1936-1914) ; preparaciôn por una triple justicia (PP) I. 52, C: el amor ensanchar.4 nuestras aimas para que en tre Dios (PP) VI. 792, b (12101213). Véase Dios, Espiritu San­ to, Alma. Orden social: doctrina pontificia sobre la soeiedad, économie y moral (TP) I, 228, B; orden so­ cial nuevo; aspiraciôn comûn (TP) I, 90, B; su renovaciôn de­ be comenzar por el interior del hombre, sin egOïsmos, realizândola en comûn. conforme a la razôn y n la moral; obra de la Iglesia (TP) VIII, 106, h-n; re­ quiero virtud; abnegaciôn, moderaciôn en las aimas y en to­ dos (TP) I. 91, C-D; buen ejemplo, caridad y verdad para restaurarlo (TP) I, 238, B; exige hombres y gobernantes de gran­ deza de ûnimo (TP) I, 103, c-d; un pueblo que tenga fe en la justicia del poder; la fe en Dios es necesaria (A) VIII, 92, 3.°; sus institnciones serûn firmes si gozan de unidad (TP) VII, 963, F (1345-1350); la dependenda de Dios base de la cooperaclôn comûn (TP) I. 231. C; cinco con­ diciones; victoria sobre el odio, sobre la desconfianza, sobre la utilidnd como fuente de derecho, sobre la lucha econômica y el egofsmo (TP) IX. 98-103; exige la realizaciôn de la doctrina de la Iglesia (TP) VIII. 1256, l-j ; hay que mirar a la tierra, pero ordenûndola al cielo y no creyéndola el paraiso : también la economfa tiene este fin, que ele­ va la dignidad humana (TP) IX, 945-951; imposable sin caridad sobrenatural (TP) V, 466, g-j INDICE GENERAL DE MATERIAS [Orden social] (874-877) ; debe comenzar por los salarios (TP) VIII, 113, g; catôlicos que déformai: la concien­ cia; clases (G) VI, 5-15, III (815). Orgullo: deflnlclôn y divisiôn; castlgOs; maldad, arralgo y pollgros (Λ) VI. 987, I (1513-1518); clases. manifestacioncs, hijas, dafios; la humildad (G) VI, 1058, 7 (1036-1642) ; causado por el amor y desconocimiento proplo; vanidad y univorsalidad ; dafios; remedies (A) VII 742, I (10971102) ; vicio esoncial e hlstôrlcamente antisocial; consecuencias religiosas y sociales (G) VII, 865, 2 (1271-1273) ; sus caractères, efec­ tos y grados en la parâbola del fariseo y el publicano (A) VI, 1003 (1526-152S) ; dureza del or­ guiloso al juzgar a los deiuûs (A) VI 1006, d (1530-1532) ; orgullo sutil de los piadosos (A) VI, 1661, 2 (1527) ; sentencias de clûsicos (Μ) VI, 1026, A (1581). Oriente, Iglesias de: por qué deseamos su uniôn (G) V, 163, 10 (310-312) ; su persecudôn (TP) IV, 1174, d (2007-2008). Ovejas: cômo conoccn y son conocidas por Cristo (Gj IV, 500, 7 (SG3-SGG). —Perdidas: dom. 3 de Pentecostés V. 733 ss. (1388 ss.) ; comentario a la parâbola (CG) V, 748, B (1408-1416) ; perdi dos por el pe­ cado original; cômo nos busca Cristo (G) V, SC7. J0 (1649-1653). Véase Pecador, Pastor. P ablo San: biografia (H) X, 1090-1094 ; psicologfa de su conversiôn (G) VI, 119S, III (1735); preparaciôn y modo de predicar (TP) II, 1037, F (17S9-1793) ; tor­ menta y naufragio en Malta (M) II, 504, III (840-S42) ; cômo- y por qué trabajaba (PP) II, 844, b-c (1410-1412) ; autodefensa (CG) II. 966. B (1644-1648) ; sus trabajos y visiones; estudio de su moral (A) VI (131-134) ; sus virtudes caracteristicas descritas por él mismo (CG) III, 16, A (14-16) ; su doctrina y prûctica de la esperanza; fnndamentos; teologia de la tribulaciôn y la esperanza; gloria de éstas (G) VII, 1193, 17 (1670-1685) ; sus très amores : Cristo, la verdad y la cruz (G) X, 1128-1130; su ambiciôn (G) III, 166. 12 (287-291); tristezas que padeciô en su celo; causas y reacciôn (G) V. SS9, 18 (1692-1698) ; en sus tribulnciones, gozo que nace de la caridad v esperanza (G) IX, 763-766. Paciencia: textos biblicos: la de Dios, en las tribulaclones (TB) III, 753, C-E (1308-1310); como La Palabra de C. 10 1153 [Paciencia] virtud y como fruto; estudio teolôglco (T) VII, 913, A (1327133«) ; (G) IV. 486, 2 (836-840) ; bien y premlo de la misma (PP) II, 985, D-E (1693-1694) ; concep­ tos errôneos; es una virtud; la longaniinidad ; anûlisls; paciencia y vida interior (G) VII. 983. 3 (1367-1371) ; extracto dei libro de San Cipriano sobre la pacien­ cia (PP) VI, 31. II (33-45) ; ne­ cesidad; la de Dios y de Cristo (PP) VI, 31, A-C (33-38); pacien­ cia y longanlmidad en la vida crlstiana. segùn San Pablo (CG) VIII, 116-1, h; ensefia a sufrir las injurias; impide la venganza; evita el pecado (PP) VI (2932) ; necesaria para que la cari­ dad persevere (PP) VI, 35, D (39-40) ; ejemplo del Siervo de Yavé; exhortaciôn de San Pedro (CG) IV. 390, A (602-670); el ejemplo de Cristo en los sufrlmientos e injurias del pretorio (PP) IX, 452-455; se cutnple no con ostentaelôn externa, sino en el corazôn, como Cristo en casa de Anûs (PP) IX, 493; unos vi­ ven con paciencia ; otros mueren con paciencia (PP) V, 418, 2 (781); en las enfermedades ; véa­ se Enfermedades; contra el desaliento en el apostolado- y vida interior la paciencia ;· el fruto vendrâ cuando y como Dios quie­ ra (G) VII, 987. 4 (1772-1776) ; de Sôerates (Μ) VI, 109, IV ; de Dios: véase Dios. Pacificos: grados; premios (A) IX, Pactos: internacionales : fidelidad necesaria (TP) I, 390, j-11. Padre: ir al Padre; en ello con­ siste la vida crlstiana; vocavi ôn de todos (G) IV, 6S1. 6 (1156115S) ; imitar al Padre con la caridad de Cristo (G) III, 498, 2 (S69-872). Véase Dios, Orden sobrenatural, Filiaciôn y Santisi­ ma Trinidad. Padre nuestro: su excolenda derivada de su autor, contenido y las cinco condiciones que véri­ fia (G) IV. 1038, 9 (1766-1769) ; exposiclôn de San Cipriano (PP) IV, 921, I (1559-1576) ; id. del P. La Puente (A) IV, 980, V (1661-1671) ; sus slete peticiones en cinco guiones (G) IV, 1042, 9-13 (1770-17S9). Padres: son el principio y provi­ denda de los hijos (T) VIII, 240, A; obligaciôn y necesidad de edu­ car a los liijos ; procûrenles el delo como les procurai: la tie­ rra (PP) VIII, 222, b-d; sus de­ beres enseflados por Maria al pie de la cruz (G) III, 1144, IV (2053) ; fe y esperanza activas, virtudes de los padres ; eduquen ellos 37 ÎÎ54 ÎNDfCK GENERAL DE MATER IAS INDICE GENERAL DE MATERIAS fPadrea] mlsrnns; misiôn efevadn (G) I. 750. 17: educaciôn de fes hijos (PP) II. 24. A-B (29-34) : con el ejemplo v el amor (G) II. 120, 23 (183-185) : su labor en la educaciôn de los hijos (A) VTTT. 295. 299; los llevan a espectâoulo.s inmorales (TP) II. 613. 7 (1013): culden las lecturas y compntlfas de sus hijos: el caso de Santa Teresa (A) IV. 432, III (739-741); oren por sus hijos y denies ejem­ plo (G) VIII. 374. 18; conducta ante la vocaciôn de sus hijos (G) II. 137. 19 (212 217) : stiffen combatlrla, lo coal es fuente de 1Agrimas (TP) V, 1018, h-c (19721973) ; sn Juicio de amor modolo de gobcrnantes (G) V, 526. III (984-985): eiemplos de 1ns dp San Fernando. San T.nis v Santa Te­ resa (Μ) VIII. 330. IV-VI; amarfes con amor suhordinado al de Dios: ejemplo de Cristo (PP) X. 413: cl cuidado que se les dobe y la vocaciôn religiosa (T) II. 54 (67). Véase Fsposos, Hijos, Juventud. Matrimonio. Palabra: el hablar es necesario y basta caritativo; ni taciturno ni charlatân: fin de la palabra (G) VI. 116, 2 (184-189); b’xtos bfbllcns sobre su naturaleza (TB) II, 955. A (1619-1626) : virtud de la palabra (TB) II. 959. B (16271631): efectos (TB) II. 961. C (1632-1642) : palabras de doble sentido rechazadas en San Pablo (CG) III. 659 ( 389). Véase Lenjua. Palabra de Dios: crecimiento; eficacia. excefencia : debpr de predlcarla, de oirla, misiôn (TB) II. 687. IV (1155-1160) : comparada con la mostaza, peqnmlez y propagaclôn (G) II, 772, 6 (13101312) ; crecimiento espontâneo en el aima (G) II. 775. 7 (13131314) ; crecimiento actual horizon­ tal y vertical en la vida publica (G) II. 778. 8 (1315-1316): destinada a todos los hombres y to­ do el hombre (G) II. 799, 16 (1342-1345) ; su fuerza criterio di­ vino· segûn San Pablo (CG) II. 695, 7 (1166). Véase Predicaciôn. Palabras, siete: breve sintesls de cada una (G) III, 1123. 24 (20272034); siete guiones (G) III, 1134. 28 ss. (2042-2055); (G) Pan: slmbolismo biblico (Μ) VI. 292, II (452-453) ; la eucaristia. la predicaciôn y el pan corporal (PP) VI. 224, C (335-311); el pan material; cômo debe pedirse; »4 sacramental; el de la palabra (G) IV. 1047. 12 (1777-1779); su fabricaclôn y uso en Palestine (M) VI. 291. I (451). Pancracio, San: vida (Π) X, 1177. Pantelante: estatnl; errores sobre Dios. la revelaciôn. cnncpptns sngrndos v derecho natnrnl (TP) VIII, 525, 1-11; (G) VIII. 601. 21. Papa: sucesor do Pedro; jurlsdlcciôn v ninglsterln: bnen pastor (G) IV. 518. 12 (888-804): “Nnn do In que Pedro ps niloto" (PP) V. 936 b (1778) : “UH Potrns Ihl Ecclesia" (A) ITT, 448. II (76977R); contre dp In un*dnd segân San Ciprlnnn (PP) TU. 403. B (687) : oxigidos por In unidad y estabiUdnd de la Iglesia (T) ITT. 440. ITT (755-760) ; pnder directo e indirecto: su rolaclôn con el civil (G) V. 376. 19 (708-718) ; aclArose la doctrina con hpchos v enciclicas co-ntomporânons (G) V 381. 20 (719-724): sn nflcfe P3 defender la verdnd (TP) VIII, 111. 1: no cnmpadpce de 1a situnciôn de los pohrpa (TP) VI. 279. a-c (422-424) ; autoridad dp las encfclicns; necesidad dp conoeer1ns. prpdicarlns v exponor la doc­ trina ha«ândo I Γ-xL ί*Χν indice general de materias (Pa-tor, el buen] naslo, Crisôstomo. San Gregorio Nacianeeno, Santo TomAs de Vi­ llanueva. Bossuet. Santo TomAs de Canterbury, Cura de Ars (M) IV, 468, II (S12-S26). Véase Pârrocos. - -Dios y Cristo: Dies y su provi­ denda en el salmo ' 22 (G) IV, 669. 2 (1136 .1142); Dios en la ereaciôn, predestinaciôn y go­ bierno conoee a sus ovejas "nominatim” (G) IV. 503. S (867-874) : alegria de la Santisima Trinidad por la conversion de! pecador (G) V, 874, 13 (1664-1668) ; condiclones; Cristo lo es; estudio de Santo TomAs (T) IV. 41S, H (711-714) ; Pastor, nombre de Cristo ; cualidades, soledad, amor, buen gobierno; su cumplimiento en Cristo (A) IV. 428, II (730728); (G) IV, 491. 4 (S47-849} ; iTB) IV, 386. DE (660-661) : lo es por naturaleza como ninguno; motivos (G) IV, 494, 6 (857-862) ; cômo conoce y es conocido· por sus ovejas (G) IV, 500, 7 (883-866) : su vida destinada a la oveja perdida; trabajos; silbidos; el hallazgo; sobre los hombros (A) V. 7s6. I (1494-1500); (G) V, 862. 8 (1641-1644); gozo del Corazôn de Jesûs por el hallazgo de la ove­ ja (G) IX. 1351-1354; sus carac­ tères y nuestra correspondencia de gratitud, fidelidad y entrega en la liturgia (G) IV, 483, 1 (831835) ; deflende a los pobres con­ tra los rlcos (A) IV, 413, B y 434, IV (704, 742-749) : en la iconografia (Μ') IV. 465. I (809-811): en la poesia (Μ) IV, 481, VII (826-830). —Domingo del: 2 después de Pas­ cua; situaciôn litûrgica (CG) IV, 389. I (662) ; comentario del evan. gelio (CG) IV. 393, B (671); apostillas de San Agustin (PP) IV. 407. A (603-696); id. de San Gregorio Magno (PP) IV. 412, III (703-706) ; id. de Santo TomAs de Villanueva (A) IV, 424, I (722729). Paternal i smo social: hecho real; justificado antes; debe concluir (G) I, 756, W; concepto y nece­ sidad del verdadero (G) II, 408. 15 (673-673) ; el inadmisible y el deseable (G) II, 410, 16 (676-678); paternalismo estataf: en qué debe y en qué no debe intervenir el Estado; dejadez ciudadana (G) Paternldacl: natural; adoptiva; pnternidad legal, putativa, nutri­ cia. adoptiva, aplicaciôn en San José (A) IX, 1422-1431; de Dios: véase Orden sobrenatural. Patrla: Jesûs llora sobre ella: religiôn y patria (G) VI. 898, III (1361); su ainor es cristiano; no [ Pat rhi] lo seria en el caso de oponerse al do la eterna ; falso patriotis­ me (TP) VI, S54 a-f (1192 1107) ; su parvenir radica en los estudiantea (TP) VI, 857, h-1 (11991200), Véase Patrlotismo. Patrhircn.n: su fin; Maria reina (G) X, 737 742. Patriotisme : v ciudadnnfn; con­ ceptos (G) VIII. 1146, III; dos extremos: negarlo y exacerbarlo (G) VII, 509, III (761); déformaclones: soberbia cojectiva mo­ derna ; dafios en la formaciôn in­ dividual : séparatismes; doctrina pontificia (G) VI, 1097, 20 (16911697) ; extracto de guiôn (G) X, 955. Patronos: deberes: respetar la dig­ nidad, pagar lo justo, promover el bien (TP) II. 362, b-d (602604); paternalismo; hecho real, justificado antes; no caridad, sino justicia; debe concluir (G) I, 756. 19; culpable de la apostasia obre. ra (TP) II, 362, a (601). Véase Capitalisme, Obreros, Orden so­ cial, Salario, Trabajo. Paz: en general: tranquilidad en el orden; elementos esenciales; por qué la ha perdido el mundo (G) V. 173, 14 (326-330) ; definiciôn, divisiôn ; la paz y la caridad, la . gracia, la perfecciôn del gOzo, la concordia (T) IV, 232. A (400407); la paz y la concordia; di­ ferencias (T) IV, 236, f (406); definielôn agustiniana explicada por Pio XII (G) VI, 926. I-II (140-1-1405); ideas agustinianas; la paz bien universal; la paz de Jerusalén (G) VI, 921, 16 (13S01385) ; paz, justicia, caridad, con­ cordia; concordia externa y odio interno (G) V, 182·, 17 (342-347); verdadera y aparente; perfecta e imperfecta (T) IV, 274, c (402); la perfecta debe ser con Dios; consigo mismo y con los hom­ bres (PP) IX, 20-22; (G) V, 173, 16 (326-330) ; Dios, los ôngeles. la ereaciôn, modelo de paz; se funda en Dios (PP) IV, 207, II (360-3^5) ; por qué no existe en un mundo cristiano; es la tran­ quilidad en un triple orden ; Cris­ to Ia trae (G) IX, 163-166; no es completa en esta vida; lo seré en la resurrecciôn (PP) I. 46-47. saludo hebrao ; en la liturgia y arqueologia (Μ) IV, 299. A-D (531-533) ; condiciones (T) II. 36, d (43) ; es una consecuencia del sometlmlento de la voluntad a Dios; mortificaciôn y oraciôn (TP) IV, 2S6, B (495501); sobrepuja todo- entendimiento (CG) I. 311. 7 (310, 7); la falsa paz dei mundo, de las rlquezas, de las honras, del cuer­ po; paz del no pecar y despre- Indice general de materias [Paz] dar el mundo (A) V, 80, III (157169) ; del entendirniento por me­ dio de la fe (A) IV, 273, VI (473479) ; sôlo la encontramos en tor­ no a la eucaristia (TP) V, 653, a (1227); nueve clases de falsa paz segûn Santa Teresa (G) V, 187, 19 ( 352-358) ; falsa de los justos en e) despreclo de lo- pequeflo : las riquezas, la honra y regains (G) III, 342, 18 ( 947-950) ; falsa del pecado procurado por Sata­ nés (G) III. 539, 17 (944-940) ; Maria rcina de la paz (G) X, (706-768) ; fruto del Espiritu San. to: cômo se adquiere (G) V, 179, 16 (337-341). —social: relaciôn entre la paz y la discordia interiores y exteriores ; consecuencias sociales; obra de la Iglesia (G) V, 185, 18 ( 348-351) : siguese de la observancia pûblica y privada de los precepto® de Cristo (TP) I, 378, d; obra de Cristo y de la Iglesia (TP) IV, 284, A (489-494) ; postulados; dig­ nidad humana; familia, trabajo respetado, orden juridico basado en Dios (TP) IV, 294, E (520 529); cinco condiciones: dignidad de la persona humana; unidad social; dignidad del trabajo: or­ den juridico-; concepto cristiano del Estado (TP) IX, 194-109; condiciones en un mensaje de Pio XII (TP) IX, 110-112; no puede haberla sin trabajo honrado, justicia y caridad (TP) IV, 291. f-K (510-515). —internacional: se desea, pero se olvidan sus princlpios; consiste en el incremento de la prosperidad de todas las naclones; Cris­ to; fraternidad y uniones internacionales (TP) VI, 860, C (12091213) ; no existe po-rque los gobernantes, alejados de Cristo. la buscan en la fuerza (TP) IV, 2S9, C (505-509) ; por qué segûn el papa le falta al mundo la paz internacional, nacional, familiar e individual (G) V. 176, 15 (331336) ; presupone cinco puntos segûn Pio XII (G) VI. 925, 17-19 (.1304-1313) : (G) VI, 931, 19 (14141419) ; postulados: independencia, mutuo y libre desarme, instituciones juridicas nuevas. minorias (TP) IV. 293, D (516-519) ; Pio X v Pio XII ofrecen su vida por ella (M) 301. E (534-535). Pecado: contra Dios. contra si mismo y contra el prôjimo; de corazôn, lengua y obra: carnales y espirituales; mortal y venial (T) VIII, 443, a, 447, h; espiri­ tuales y carnales; su gravedad comparada (T) VIII, 454; de omislôn; exlstencia y gravedad (A) IV, 1155, B (1965-1966); de omisiôn; estudio de Santo· Tomâs 1157 [ Pecado 1 (T) VII (83-86) ; en el Evange­ lic». San Pablo y el juicio (G) VIII, 572. 8; colectivos y castigO comûn (G) III, 1112 (2016) ; rogar por ellos gran limosna segûn Santa Teresa (Μ) I, 248 VII; caridad de Santa Micaela del Santisimo Sacramento con elles (Μ) V, 480, B (899) ; su confesiôn en la Sagrada Bscritura (TB) VII, 1045, A (1455) ; confesémoslos humllde, sencilla y esperanzadamente (PP) I, 340-341 (339) ; vivimos en continuo peligro (PP) I, 495, 5.«; cuatro clases: los car­ nales groseros; los hlpôcritas; los tibios, los que se acercan a Dios (A) V, 799, V (1518-1522); se llega a los mayores pecados desde principles pequenos; $aûl, Judas, los judios, Pilatos (PP) IX, 446-451; recafdas; nuestra inclinaciôn a ello (A) I, S25, 1; —clases: 'mortal: no se opone a la fe ni a la esperanza, sino a la caridad (T) II, 1157, 5 (2002); por qué lo permite Dios (A) VI, 1157, c (1677) ; no procede de Dios, sino del hombre (PP) VI, 788, b (1205-1207) ; no sôlo bas­ ta para destruir la caridad (T) II, 1152, h (1992) ; tentaciôn, deleite, consentimiento ; cuAndo hay pecado en los dos primeros (A) III, 95 B (158-1G1) ; no es inevi­ table (A) II, 348, a (566) ; en el justo permanece la inclinaciôn, pero vencida fAcilmente (A) II, 346, b (562-565).—Venial: doctri­ na de Santo Tomâs (T) VIII, 448, 1-4; imposibilidad de evitarlos todos (G) X, 208; su universalidad ; dlsmlnuye el amor ; su cul­ pa, pena ; tibieza ; repercuslôn so­ cial ; los santos ante él ; el peca­ do venial ante Dios (G) VII, 1179, 13 (1657-1662) ; no podemos vernos libres de él ; el cristiano “necesita lavarse los pies" (PP) IX, 467-469 ; nadie vive sin él ; ni los apôstoles (PP) I, 329-330 (328); ni los sacerdotes; mucho menos los seglares ; causas de la caida diaria (PP) I, 494-495; perdonado por la eucaristia, pero si es actual disminuye su fruto (T) III, 618. 5-1 (1074-1075); inevitable ; cûrase con la limosna (PP) I, 490, c. —univcrsalidad: todos los somos ; pelaglanismo ; con la gracia po­ demos vivir sin pecar, pero no lo hacemos ; perfecciôn progresiva ; por qué queremos pecar (PP) VI. 965, B (1479-1485) ; pecados pûblicos: deismo y laicismo (G) VIII, 600, 20: pantefsmo del Es­ tado (G) VIII, 601. 21; el odio a Dios del comunismo ; situaciôn rusa; el deber catôlico (G) VIII, 596, 19 ; su universalidad demos- 1158 •û · c INDICE GÉNÉRAL DE MATERIAS [Pecado] trada en el Padrenuestro (PP) VIII, 424-427. —pravedad del mortal: motives in­ trinsecos : llôrense los ajenos y propios (PP) VI, 778, B (11911193); (PP) VI, 7SI. a (11941200) ; su desorden y maldad in­ trinseca (A) II, 349. c-e (568-569) ; quién contra quién ; cômo ; ingratitud y penas (A) II 351 (551554) ; triple desorden ; penitencia que restaura (A) VIII, 1235, b; medida de su gravedad por el fin, virtudes, etc. (T) VIII, 450. j ; 455, n ; un pArrafo de Donoso Cortés (Μ) VIII, 540. III. —es un mal de Dioe: dcsprecio de Dios (G) II. 387, G (643-647); doctrina de Santo TomAs : se opone a Dios y al hombre (T) VIII. 440-443; deflniciôn ; niega a Dios creidor, coaservador y padre : gravedad infinita (G) VIII. 557, 4; contrario a Dios y al hombre; razôn de sus consecuencias eternas (A) I. 823-S25 ; segûn Santa Teresa (A) VIII, 462-466; ofen-a de Dios ; dolor que causa en los santos y Cristo (G) IX, 14841487 : la octava espada del cora­ zôn de Maria (Μ) I, 714. VIII ; el haberse hecho cargo de los nuestros. causa de la tristeza de Jésus (A) IX. G35-G37. —bienes de que priva al hombre: sus causas y bienes que se pierden (G) V, 856. 6 (1630-1634) ; nos separa de Dios; inhabitaciôn perdida ; Dios signe esperando (PP) I, 490-492 : bermosura del aima destruida (PP) II, 314 (494495) ; arrebata al aima las cuatro condiciones de la belljza (A) VIII, 54, B ; la inutiliza y afea ; pensamientos de Santa Teresa (A) VII, 216 A (318-320); el aima ârbol plantado en agua negrisima ; Santa'Teresa (A) VIII, 56, c: comparado con la lepra (G) II, 384, 5 (641-642) ; abominaciôn de la desolaciôn del aima sauta (G) VIII, 1278, 4; opônes? a la dignidad del hijo de Dios ; mata el aima, corrompe el bien natu­ ral, atrae la ira de Dios (G) VIII, 560. V ; Arbol malo ; cômo mata la vida sobrenatural (G) VI. 501. II (762) ; destruye el mérito de las virtudes (A) VIII, 82. b; in­ compatible con la gracia (PP) VIII, 45. e: y con los miembros d» Cristo, y con el amor del Pa­ dre (A) VIII, 51. 1-3; esclavitud del pecado v libertad cristiana en San Pablo (CG) VI, 376. II (581585) ; esclavitud verdadi-ra. de la que nos libera Cristo, que es la verdad (PP) I. 777-780: rneditaciôn ignaciana ; proceso. cautividad y redenciôn dî los pecados propios (G) VI, 479, 3 (751-754) ; [Pecado] comentario de Rossignol! (A) VIII, 480-484 ; desarrollo de la medltaciôn (G) VIII, 569, 7; hanibre que producen los distintos peca­ dos (G) VI, 330, 11 (519-524). —castigos que acarrea: gravedad conocida por sus castigos (T) II, 337 (544) ; su malicia exige un castigo eterno (A) VIII, 94, b; el ejemplo en Crlsto ; sufrimientof) que le infligieron su concien­ da en el huerto ; las creaturas con los tormentos; el Padre con su abandono (A) IX, G80-6S9; meditaciôn ignaciana sobre el· pe­ cado aj-’no, reacciôn de Dios ante ellos (G) VI. 476. 2 (746-750); (G) VIII, 564. 6; (A) VI, 822, I ; de los Angeles ; su desorden (A) VIII, 1233, a; el pecado y castigo de Jerusalén y el del cris­ tiano ’(G) VI. 905, 10 (13721374) ; pan de muerte: Crlsto pan de vida (PP) IX. 1070. —prevenirlo: no pecar mortalmente. no querer pecar en nada, mortificaciôn ; tres grados de amistad en Dios (A) V, 84. D (164169) ; considerar la inhabitaciôn del Espiritu Santo para evitarlo (A) V, 79. E (154-156) ; evitar las ocasiones (PP) II, 573, B (941-943) : ocasiones; normas (G) IV. 354, IV (620-621 ) ; la oraciôn préserva de él y obtiene el per­ dôn de culpa y pena (A) IV. 9S3, G (1667-1G71) ; actuaciôn de la virtud de la prudencia para evi­ tarlo (G) VI. 723. II (1103). —su perdôn: la liturgia no es pesimista ante él (CG) VIII, 406, D : misericordia de Dios pn él (A) VII. 244, B-C (350-351); el pe­ cado es mio. el perdôn de Dios (PP) VI. 193. b (279) : gran obra de Dios en la eternidad y los sigios ; gran obra de Cristo ; exclusiva de la omnlpotencia (A) VIT. 1110. D (1541-1543) ; su per­ dôn, segûn San Pablo, es del Pa­ dre en Cristo y por el Espiritu Santo (A) VI (130-134): Cristo nos salvô de él, perdonAndolo. ayudando a no pecar. llevando al cie­ lo. donde no se peca (A) I. 822829 ; satisfocho por el amor de Cristo (A) II. 352. C (572-573) : cômo y por qué se perdona por la pasîôn de Cristo (T) IX. 542543; (TB) VII. 1044, B-C (14551456) ; su perdôn obra del Espi­ ritu Santo (PP) III, 414. 2 (705713) ; (T) V. 249, 7 (472) ; très perdones: el bautismo, el de la IImosna y el sacramento (PP) VII, 723. B (1070-1076) ; primero la humildad. que reco-noce: después la caridad. que lo perdona (PP) III. 797, 3-4 (1380-1381) ; perdôn simbolizado en las acciones del leproso (G) II, 386, IV (642) ; INDICE GENERAL DE MATTHIAS [Pecado] todos pueden ser perdonados (T) IV, 239, b (411-413) ; la facllldad del perdôn no los multiplica (PP) VII, 727, c (1075-1077); per­ dôn dificultado- por las recaidas (A) 111, 463, b (796). —Varios ; los pecadores forrnan par­ te de la Iglesia (T) II, 396, A (980-985); (T) II, 599, B (986991) ; el pecado convertido en servidor del bien por el Justo (A) II, 346, b (562-565) ; debo considerarlos como ofensas bêchas a mi (A) V, 443, 1 (827) ; sentimientos del mistico ante los pe­ cados propios y ajenos (A) VIII, 466, c; gran peligro en dejar la conversiôn para la hora de la muerte (A) IX, 626-628; véase Muerte ; pecado dei justo ; cua­ tro causas por las que Dios perinitiô las negaciones de Pedro (A) IX, 642 ; hecho universal ; pecados do los militares, obreros y agri­ cultores (PP) VIII, 420, 1-3 (421); su abundancia no es criterio para juzgar la fe de un indi­ viduo, pero si la de una colectividad (CG) VI, 383, 4 (591) ; dei mundo : la infidelidad de ayer y hoy argüida por el Espiritu San­ to (G) IV, 869, 13 (1489-1495) ; el bautismo no perdona la pena temporal de esta vida (T) I 244, 2-4 ; ninguno es superior a la limc-sna (TP) I. 4S7. c; ayuno. ora­ ciôn y limosna, obras satisfactorias (G) VI, 708, B (1180, B). Pecado original: existencia; esencia; efectos; estudio de Santo- To­ mAs (T) VII, 43, I (73-S2) ; or­ den sobrenatural, caida, frutos y vuelta al bien (PP) VI (612616) ; doctrina protestante sobre él y sus consecuencias en el hom­ bre comparada con la catôlica (G) IV, 1017, 3 (1738-1740); causa de la muerte y sufrimlentos (T) VII (835-841) ; sus secuelas exi­ gea la mortificaciôn (G) III, 177, III (306) ; caida. efectos y curaciôn por el samaritano y la Igle­ sia (PP) VIII, 35, e-g; cômo dejô a la humanidad y cômo acudiô Cristo a socorrerla (G) 867, 10 (16-19-1653) ; victoria de Cristo y sus efectos; total en Maria (G) X, 88-95; AdAn nos humilia, Cristo nos levante (A) II, 341, II (556-558) ; la gracia es su medicina (G) VII, 144. 15 (217-221) ; morir al pecado por la vida divina del bautismo II, 314, B (560-562). Pecador: triste estado: el Seilor llora por él : “Si conocieras... Te cercarAn. ” (PP) VI, 795. A (12141216) ; (A) VI, 825. III; llanto del Crisôstomo sobre él (PP) III, 314, C (494-497); quejas de Dios a Santa Catalina; ingratos 1159 [Pecador] (A) VI (124.8-1249) ; hijo de Dios por naturaleza y del demonio por el pecado (PP) III, 792, 2 (1337); la oveja perdida; se aleja, por qué; pastos que pierde; cae en poder del demonio (G) V, 856, 6 (1630-1631) ; su cabeza es el de­ monio (T) III, 433, i (743); ciego inmôvil a la gracia (G) II, 1232, 15 (2139-2142) ; causas de su ceguera (G) II, 1234, 16 (21442146) ; sordomudo que no alaba al Creador (A) VI, 1155, A (10731674) ; vive en la Iglesia, pero separado de su corazôn (A) V, 811. b (1544-1548) ; su paz es falsa y procurada por SatanAs (G) III, 539, 17 (944-946) ; no posee la verdadera prudencia (T) VI, 620, b (945-948) ; su muerte (A) VI, 829, IV (1256-1258) ; y la destrucciôn de Jerusalén (G) VI, 907, 11 (1375-1379); su juicio; acusadores; sentencia (G) I, 126, 9; Dios tiene una hora de silencio y otra para hablar (PP) I, 3740; no huya de Dios inûtilmente (PP) II. 30, b (36). —el endurecido: concepto (CG) VI, 724, 2 (11S3) ; célébré descripciôn de San Bernardo (A) VI, (12221223) ; comentario a la misma (A) III, 455, B (7S3-7SS) ; estudio teolôgico; no se le niega la gra­ cia (T) VI, 814, B (1240-1244); no endurece Dios, sino el mismo pecador (PP) VI, 789, c (12061207) ; es el mayor castigo (A) I, 78-79; descripciôn; castigo; re­ medies (G) II, 1058, 6 (18371841). —Su perdôn: el pecador debe confiar (G) V, 848, V (1614) ; la es­ peranza puede salvarle (PP) II, 315 (496) ; motivos de la misma (PP) V, 753, A (1417-1420) ; la misericordia de Dios con él en el Antiguo y Nuevo Testamento ; confianza del pecador (G) V, 845, 2 (1610-1614) ; Dios ama en él su propia bondad, como el médico ama la salud del enfermo (PP) IX, 4S2; Maria le ama; le prote­ ge, le sirve de triple refugio (G) X, 1043-1045; cômo suele atraerlo Dios (G) VI, 1202, 3 (1739-1744) ; cômo le busca Cristo ; cômo se resiste él y cômo le trata al hablarlo (G) V, S62, 8 (16411644) ; llamado por la voz de los favores, predicaciôn, castigos e inspiraciones (A) I. 512-515; la misericordia obtiene su perdôn (PP) IV, 933, B (1583-1585) ; en su perdôn brilla la gloria de Dios (A) V. 810. VII (1541-1550); su conversiôn es gloria de las très personas de la Santisima Trini­ dad (G) V, 874, 13 (1664-1668) ; gozo del eorazôu de Jesûs por su conversiôn (G) 1351-1354. ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS [Pecador] Véase Dios. Misericordia, Justifi. caclôn, Poster bueno, Penitencia. —nuestra conducta con el pecador: odia al pecado. obra del hombre, v no al pecador, obra de Dios (PP) V. 411, 3 (767); (PP) VI. 49, 2.O-3.O (76-77) ; no desesperemos de ninguno (PP) HI, 410, 4 ( 709) ; ni aun del mayor enemigo de Dios: valor de la ora­ ciôn (TP) V, 829. f-g (1590-1591) ; ni dlvulpir sus faltas nl curios.-nrlas, sino correglrlas (PP) V, 578. C (1426-1428); (PP) VI. 957, c (1468) ; no juzgar mal; pueden convertirse (G) V. 515, V (061 ) ; obligaciôn de procurar convertirlos (A) II, 610. b (1005 1007); el buscarlos mlsericordlosamente como el Sefior es obligatorio in­ cluso a los seglares (PP) V, 755, B (1421-1425); llevarlos a josùs como llevaban los enfermos (G) VI. 1201, III (173S). —oraciôn·: es oida ; condiciones que ha de reunir (G) VI, 10S6, 16 (1517-1520) ; qué consigue con la oraciôn (G) III, 368. 19, I (637) : en qué sentido es lilial su oraciôn (G) IV. 1035, C (1762, C) ; en qué forma puede corregir a otro (G) V. 510 (1008-1009). Pcdagogos santos: biografias (II) X, 1539 ss.; extracto de guiones (G) X, 1549-1554. Pedro, San: biografia (H) X, 10871089; cuidados especiales de Cris­ to para con él (G) V, 1036, 3 (1999-2000) ; cuatro momentos de su vocaciôn (G) V. 1048, VII (2024) ; ejemplo de generosldad en seguir la vocaciôn; sus vir­ tudes (G) V, 1047, IV-VII (20212024) ; côino se purifica y progresa gradualmente en santidad (G) V, 1050. 8 ( 2029 2033) : modelo de fe (G) V, 1036. 3 (1999-2003): la fe que da la victoria (G) V, 1033. I (1993-1995) ; el cotnpararse con Cristo le da una humilde volun­ tad (G) V, 1062. 13 (2057-2059); en el lavatorio de pies; aposti­ llas de San Agustin (PP) IX. 466-471: su pecado: antecedentes, la caida, cl Ilanto (G) III, 1086, 8 (1965-1970); la mlrada de Jesûs; la vuelta de Pedro, sincera, pron. ta. activa (G) III. 1089, 9 (19711974) ; ejemplo del que cae con buen deseo, pero sin gracia; Ju­ das la gracia sin el deseo (PP) IX. 425; cuatro causas de la permisiôn de su caida (A) IX, 642; presunciôn enemiga de la persecuclôu; remedio: la oraciôn pidiéndola; caida de la flaqueza contiada; la conversion (A) IX, 612-621 ; negaciones de muchos cristianos; el dolor de Cristo (G) IX, 778-780; pensamiento de San 1 * (Pedro, San| Agustin (PP) IX, 492; negadonés; su triple amor; comentarlo» de San Agustin (PP) IX, 524. 535; negador por presuntuoso; pastor amante (PP) IX, 526-527, 534-535; très grados en el testifi­ car a Crlsto ; San Pedro sube por los tres (PP) IX, 529-530; juzgado por el Sanhedrin (CG) I, 768: extrados de guiones (G) X, 111S-1128; dominica de préparaciôn para su fiesta (CG) V, 912, A (1725). Véase Papa. Pedro AlcAntnra, San : sentencias sobre la murmuraciôn (Μ) VI, 109, V. Pedro Claver, San: caridad con los negros (X?) II. 1195, C (20S2). Pelagianismo : nociôn ; rechazado en la Epistola de Santiago (G) IV. S37. 7 (1439-1443). Penitencia: como virtud: nociôn: textos biblicos dei Antiguo Tes­ tamento ; la penitencia evangélica y la apoetôlica (TB) I, 459469; es un movimiento contra el pecado con odio y detestaciôn; explicaciôn (T) VIII, 459, A; su objeto: el pecado en cuanto ofensa de Dios (T) VIII, 460-462; res­ taura el triple desorden del pe­ cado (A) VIII, 1235, b; très motivos: temor, caridad, misericor­ dia (T) I, 504, A : perdona, pu­ rifica y santifica (TP) II. 1189, e (2065) ; satisface a la justicia di­ vina (A) V, 814, C (1549-1550); la falsa; caractères de la bueua; dolor y propôsito (A) I, 517-520. —necesidad: demostraciôn escrituraria y teolôgica (T) VIII, 457459; obligatoriedad (T) VIII, 459. 461 ; por qué es necesaria para el perdôn del pecado mortal 0 ve­ nial (T) I, 503, A; la misericor­ dia de Dios llama de muchas mè­ neras; sin césar; espéra con paciencia misericordioea (A) VII, 242, VI (349-351) : necesaria a los pecadores; motives ; excusas va­ rias (PP) I. 495. 2; necesaria a Justos y pecadores (G) I, 580, 13; necesaria a los buenos, a los sacerdotes, a los seglares; moti­ ves (PP) I, 492-494; la falta de dolor de los pecados causa del poco adelanto en la perfecciôn (Λ) VI (1441-1448); Dios tiene sefialada la medida a pueblos e individuos (A) VIII, 498-499; 11eva a Cristo y Crlsto a ella (G) I, 573, 10; preparaciôn para el reino de Dios; San Juan Bau­ tista (CG) I, 477, d; necesidad especialmente actual (TP) II. 1188, D (2061-2065) ; remedio en las eatâstrofes dei mundo; sus predicadores (G) I. 571, 9; predicada clamorosamente por San Vicente Ferrer: Santa Maria Egipciaca (Μ) I, 548, I-II; San Pio V [Penitencia] v San Felipe Neri (Μ) I, 553, VI-VII; de Santo Tomâs de Vi­ llanueva (Μ) I, 552, V. -actos y condiciones: la queremos < sin cainblnr de vida y sin sacri­ ficio (G) IX, 173-175; hay que volver al cielo como los Magos por distinto camino que el que trajimos (PP) IX, 241; la Mag­ dalena reajusta sus afectos; usa rectamente de las cosas; repara el escândalo; en vez del amor y pasiôn mundanos recibe el de Cristo (A) V, 815, VII (1551-1557) ; requiere humildad propia y no despreciar al prôjimo (PP) VI, 962, A (1474-1479) ; la humildad medio de perdôn (PP) VI, 960, C (1470-1472) ; subordinada a la caridad (G) I, 582, 14; consiste en el cumplimiento del deber; virgen de Fâtima; dificultad; motivo-s (G) I, 577, 12; siempre retira dei gran mundo; recoglmiento interior (A) I, 525-528; requerida para la perfecciôn y para ir al Padre (A) IV, 798, IV (1359-1365); la exterior; necesi­ dad; motivos; olvido; normas (G) I, 575, 11; normas de San Ignacio en las “Adiciones” (A) VIII, 882, II ; la Ilmosna como penitencia en el Crisôstomo y San Agustin (PP) I, 486-490; ne­ cesaria para obtener perdôn y satisfacer (G) I, 548, 15. Véase Penitencia como sacramento: ac­ tos. —como sacramento: instituciôn y efectos: Cristo comunica a sus apôstoles el poder judicial de perdonar los pecados (GG) IV, 195, 2 y 198, d (342-344, 350-352) ; perdona el pecado y resucita la gracia ; eficacia en el aumento de ésta (G) VII, 651, II (964-968) ; transfigura el alma (A) IV, 282, G (486-488) ; borra el pecado ; grandeza y bondad de Dios; no es penosa; excita a contriciôn ; sirve de satisfacciôn y pre. viene el pecado (A) VII, 235. V (340-34S) ; perdona todos los pe­ cados (T) IV. 239, b (411-413); lo cual no hace aumentar su nùmero (PP) VII. 727, c (1075-1077) ; su perdôn por Dios y la Iglesia (A) II, 351, a-b (570-571) ; no puede ser instituida mâs que por Dios (A) IV, 281, A-B (484-485) ; doctrina dogmâtica de Santo Tomâs (T) IV. 237, B (409-424); causalidad dei sacramento; no· importa la santidad dei sacerdo­ te; jurisdicciôn, excepto en caso de muerte; obligatoriedad (T) VII (312-317) : en San Agustin (PP) VII, 726, d (1074); gran poder de Crlsto; al encuentro suyo; su représentante el sacer­ dote représenta también a la 1161 [Penitencia] Iglesia, anticipo del juicio (G) VII, 1142, 1 (1504-1599); es ley de misericordia nacida de la grandeza y bondad de Dios (A) VII, 236, b (342). —actos dei penitente: doctrina dog­ mâtica sobre las disposlcioncs necesarias (T) IV. 240, c (414424); sus cinco partes (G) VIII, 589, 15; contriciôn; necesidad; condiciones (G) IV, 350, 14 (610616) ; véase Penitencia, virtud ; doctrina de Santo Tomâs (T) IV, 240, 1 (414-415) ; propôsito de enmlenda; necesidad: cualidades (G) IV, 353, 15 (617-022) ; con­ fesiôn oral ; necesidad y condi­ ciones (G) IV, 342. 11 (596-599) ; naturaleza y condiciones (T) IV, 241, 2 (416-420) ; nobleza (TP) V, 831, 4 (1592) ; la confesiôn oral ; convenienda; no es un pasatieinpo; no es inûtil (A) VII, 1117, V (1558-1559) ; utilidad de la vergüenza (A) VII, 238, 1 (344-345) ; confesiôn general; necesidad; uti. lidad (G) IV. 345, 12 ( 600-604); confesiôn general de Santa .Vtargarlta (Μ) VII, 1136, IV (1592); primera de Santa Teresita (M’) VII, 1137, C (1593); satisfacciôn. parte dei sacramento (T) IV, 244, 3 (-121-424) ; en la disciplina an­ tigua y moderna; necesidad (G) IV, 347, 13 ( 605-609) ; confesiôn frecuente, remedio de débiles; valor sobrenatural y psicolôgico; palabras del Papa (G) VII, 1163, 9 (1631-1636) ; disposiciones para que no sea inûtil; causas de que 10 sea (G) VII, 1167, 10 (16371642). —conjcsor, su dignidad: poder ex­ clusive de Dios ; la redenciôn y la confesiôn; admirémonos (G) VII, 1161. 8 (1627-1630) ; dignidad dei sacerdote y de sus poderes; el confesor bueno y el malo ; per­ donar los pecados, gran obra de Dios y de Cristo (A) VII, 1105, IV (1531-1544) ; asociado a la obra de la Santisima Trinidad ; el con­ fesor y Cristo (A) IV, 265, IV (460-460) ; caridad exigida al con. fesor; no es lo mismo el pûlpito que el confesonario ; el pecador es un enferme (A) VII, 1115, G (1543-1544) ; oficio honroso, pero dificil (PP) IV. 224, d (390). Pontecostés, dominso de: aposti­ llas al evangelio y epistola por San Gregorio Magno (PP) V, 41, IV (77-88) ; id. de Santo Tomâs de Villanueva (A) V, 69, I (136143) ; id. de Fr. Luis de Gra­ nada (A) V. 87, IV (170-170); SU ceiebraciôn deseri t a por Santa Elena (M> V, 126, II (256-260); preparaciôn en la liturgia del domingo 4 después de Pascua (G) IV, 833, 1 (1433-1438) ; seuti- 1162 Indice ornerai, de [Pentccostés] mtentos de la llturgla: recuerdo, gratltud. nctuallzaclôn (G) V. 140, 1 (271-274); en este dia ques.BMMHÎjÂMM··· y acreedores del hermano (PP) VIII, 427. B; mdefinidas veces (PP) VIII. 430433; compatible con la correcciôn y castigo (PP) VIII, 433-435; de las injurias en el Nuevo Testamento (TB) VIII. 402. L; mandamlento nuevo; ejemplo de Cristo y de los santos (G) VI, 158, 14 (249-253) ; proporclonn en un dia mayor mérito que (liez afios de trabajo (Λ) VIII, 471, f; debe pedlrlo el ofensor (PP) VI. 46, 2.° (71); de las injurias: véase Injurias, Misericordi», Odio. Perez»-, de las almas; de los profesionales; de los humildes; de los sacerdotes, de las religiosas, del mundo; levAntate y anda (G) VU, 1171, Il (1643-1650); Impidiô n los Judios y nos implde a nosotros el seguir a Cristo (PP) IX, 220-221. Perfecciôn: son llnmndos lo misnio los casados que los religiosos (Pi’) V. 928, B (1759-1763); tituIob y grados de su obllgatorledad 1652-1662; obligatoria materias [Pcrfecclôn] aun mituralniente ; consejos evnngéllcos; son cuestiôn de fldelldtul (A) VI (127 130) ; cuAl es de precepto v cuAl es de consejo (T) II, 717. <1 (1209-1211); obllgnclôn de crecer en ella segûn San Francisco de Sales (A) II, 737, Λ (1248-1249); paralelo entre la de Dios y la nuestra (CG) VI, 10, 2.° 4,° (24-20) ; dfrada en la ca­ ridad segûn San Pablo (CG) II, 15, 3 (21); consiste prlmarinmen. te en su acto para con Dios y en 'lo afectlvo; secundarlamente en sus actos para con el prôjimo en lo efectivo (A) IX, 15991608; la absoluta consiste on la caridad ; la relativa en otras vir­ tudes (T) II. 714. A (1202 1 205) ; por quô s<· ntribuye con todos sus element os al Espiritu Santo (T) V, 217. b (460-175); segûn Santa Teresa no consiste en la indiferencia ante las penas na­ turales, sino en ainar a Dios, cuya sellai es el amor al prôjimo (Λ) V, 441. B (823-825); el que qulera venir (libertad; no hay sino querer) nléguese (renuncia), tome su cruz (penitencia por los pecados) y sigame (intentiôn) (G) X (1100-1191); el pri­ mer medio para conseguirla es desearln (A) IX, (1583-1588) ; in­ compatible con el deseo de hono­ res (A) VII. 748. C (1109-1110); contra el desaliento la paciencia; el fruto viene como y cuando Dios quiere (G) VII, 987, 4 (17721776); en la vida ordinaria; perfecclôn sin peligros ; en la vida social (G) VI, 1235, 14 (18911894) ; es progresiva Irasta la re­ denciôn total ; tenemos sôlo las prlinlcias de la flliaciôn; vivlmos en la esperanza (PP) VI, 968, c (1486-1490); es progreso que no excluye el pecado ; hijos dei si­ glo y de Dios (PP) VI, 968, c-d (1486-1492); alimenta con cualquier obra de amor segûn San Francisco de Sales (A) II, 739, B (1250-1253) ; grados segtin Santa Teresa: no pecar mortalmente; no querer pecar en nada; mortlflcaciôn (A) IV, .84, D (164-169) ; las ascensiones habidas en ella prépara» la nuestra al cielo: gra­ dos y medios (G) X, 583-589; dejar el mundo por la penitencia e ir al Padre, credendo continuamente en amor (A) IV, 798, A (1360-1362) ; causas insuflcientes del poco adelanto; la real: poco dolor; en qué consiste éste; dos tristezas (A) VI (1441-1448); im­ perfectiones de los principiantes en cuanto a la soberbia e ira en San Juan de la Cruz (A) VI, 68, II (94-103); los principiantes; la humildad medlo de que se Indice générai, de materias 1163 [Persona] [Pcrfecclôn] natural; en el sobrenatural; obli­ perfecclonen segûn San Juan de gationes de los poderes pûbllcos; la Cruz (Λ) VI. 71, d-f (90-101) ; triste sltiiaclôn creada por la es proplo de loa perfectos el celo economfa sin Dios (TP) IV, 101, por las almas; actos y motivo» F (196-206) ; natural, sobrenatu­ dei celo (A) V, 793, III (1507 ral ; semejanza, flliaciôn y unlôn 1513). dlvlna: vocaciôn on la sociedad Persecuclôn: Dios la permite para (TP) I, 384, A; el hombre, descorreglrno», nyudarno», purlflcartinado para Dios, corona la creanos, glorlflcnrnos y miment ar clôn (TP) IV, 806, Λ (1373-1378) ; nuestros méritos (TB) IV, 1082, enemigos de su dignidad: la InA (1828-1831): a veces vlenen de conslstontia espiritual; pellgro de los mismos luenos; cuAl es e) la difusiôn de propaganda; demundo perseguldor (PP) III, formuciôn de la juventud (G) VII, 218, 3, 219, d (339-344) ; no siem­ 682, 19 (1007-1013) ; degradada por pre el perseguidor obra de mala la Injusta organization capitalisfe; los judfos (CG) IV, 1094 , 7 ta del trabajo (TP) I, 237; su (1850) ; motivo de que se llame dignidad exige la propiodad prlblenaventurndos a los perseguivada de todos (TP) VU. 427. j dos; premio (A) IX, 1580-1582; (633). Véase Hombre, Obreros, motivo sobrenatural de nuestra Paz. social. paciencia en ellns (CG) VI, 10, 5 Parsonalidad: escasez actual y ne­ (17) ; nctitud del Crisôstomo (PP) cesidad (TP) II. 743, (1257II. 444, B (723-725); carta dd 1250) ; véase CarActer; la perso­ Crisôstomo sobre las siiyas; la nalldad, el cristianismo y in hupaciencia : el fracaso del perse­ mildtid (G) VI, 1066, 10 (1549guidor (PP) VII, 1064. B (14871490); en la persecution, morir; 1554) ; forniaciôn de la del apôstoi (G) II, 810, c (1358, c). en la paz, refrenar los deseos Pom·» milagros»: slmbolisinos va­ (PP) I, 636-640; caridad con los rios (CG) V. 923, 2 (1751); la pri­ perseguidos; deberes de los rieos mera slmbollza la Iglesia de hoy, en este caso (A) Π. 471, 4 (763compuesta de bnenos y malos; 770). Véase Tribulationes. la segunda a la militante, de sôlo —-de la Iplciria: très clases y sus peces bnenos (PP) II. 579, 2 (951causas: la sangrlenta, la herejfa 953); (PP) V, 939. b-c (1783y su propia corrupclôn (A) IV, ! 1786) ; métodos palcstinenses (M) 1144, III (1945-1954) ; afios de per­ V, 1021, Il (1976). secuciôn ; descripclôn de los tor- I Pescadores: el mejor simil del mentos (Μ) I, 710, del siapôstol (G) V. 1071, 17 ( 2076gio XVIII al XX (G) I, 734. 10; 2081); y la devociôn a Maria: carta de San Cipriano preparan- I véase Maria: advocationes, Car­ do a sus fioles para el martirio; men. gloria de los mûrtires; el cris­ tiano no terne; el mejor de los j l’oslmlsmo: no entlende el valor sobrenatural del dolor (G) IV, cultos (PP) IV, 1095, A (1851687. 8 (1168-1171) : mal de épocas ; 1858); las de hoy: tentacloncs, dafios; causas (G) VIII, 960, 10; herejias y adulation (PP) I, 632- I el contomporAneo ; su remedio 635, Véase Cristianismo e Iglesia. (G) VIII, 983. 19. Perseverantia: virtud; volitlva y Piedad: descripclôn; don del Es­ final; secundaria de la fortaleza; piritu Santo 'T) VI. 416. B (651perseveranda y constanda (T) 652); don; ejemplo de Santa Te­ VII, 917, B (1339-1343) ; gran peresita (Μ) IV. 820, c (1411); véa­ ligro de la presunciôn ; pidase la se Espiritu Santo: Dones; la pie. perseveranda, que ea pura gracia dad — temor, esperanza, amor — (A) IX, 612-616; se deb<> a Dios; depende de la idea que tengamos agradeclmlento- (PP) Vil, 199. b de El (G) V. 813, I (1607); (291); requière la gracia (PP) consiste en el amor a Dios; vlvir VIII. 33. c-d; un ejemplo de per­ en caridad; en qué consiste (G) severanda final deblda a la gra­ VI, 513, 14 (800 804); no consis­ cia (Μ) VIII. 134, IX; necesarla te en sôlo devotiones, sino en para que fructifique la palabra conocer, amar y ejecutar la vo­ (PP) II. 983, B (1691). luntad de Dios; sin obediencia Persona: diffilldad: punto» pontifi­ no existe (G) V, 1038, 4 (2004cios fundamentales (G) VI, 927, 2009); ha de dar frutos; la vo­ C-D (1307) ; fundamento de la luntad de Dios; mandamlentos, paz (TP) IX, 105; dignidad de consejos, deberes de estado; cumla persona humana en las civlpllnilento del deber (G) VI. 510, lizaciones procrlstiana y erlstia13 ( 796-799) ; para la Iglesia na ; textos de Platôn (A) VII como patria v como cuerpo mis­ (108-113) ; dignidad humana, sotico (G) VIII, .1145. 20; lu ver­ brenntiiral, social y politica (G) dadera y la llturgla (G) VIII, II, 413, 17 (679-682); en el orden 1 * u*'-» 1164 ÎPSîM -ΊΛ- INDICE GENERAL DE MATERIAS (Piedad] 727, 2; la cual concilie a Dios como Padre y sus sentimlentos son de confianza (G) V. 843. I (1007): très caractères de la fal­ sa: hipôcrita en su asunto, viciosa en su fin y defectuosa on su forma (A) VI, 78. IV (1.11119); falsedad de In piedad sin jUSticla (G) IV. 1014, 2 (17341737); la moderna ; defectos ; poco arrepentimlento y mundnnidad, superficlalidad, sentimentalisme (G) VI. 517. 15 (805-809) ; natu­ ralisme en la piedad ; caractères : comodidad en los gustos, la mor. tificaclôn, trato eon Dios y la oraciôn; contemporizaciôn con el mundo (G) VI. 520, 16 (810-816). Pilatos: el egoismo indeclso (G) III, 1090. 10 (1975-1980); sus dos esposas (Μ) IX, 715. Pio X, San: doctrina sobre la obediencla a la autoridad civil (G) VIII, 7S4. 20. Placeres: el mundo actual los busca sin criterlo moral ; cuando lie. gue la decadencia de este error se comprobarâ la doctrina de Cristo (TP) IV, 647, d (1102 110S) ; diferencia entre los espirltuales y corporales en cuanto a bu deseo y goce (PP) V, 590, a (1093) ; los del mundo son vanos, amargos, breves, esclavizan (G) IV, 707, 15 (1198-1203) ; causan preoctipaciones y no paz (PP) III. 273. 3; crâpula y lujo ; levântate a lo que permanecv (PP) I, 482-484; causa de egoismo y olvido de los pobres (A) VIII, 82, D. Véase Concupiscenda, Fe­ licidad. Gozo, Pasiones. Pobres: su dignidad: su evangel! zaclôn slgno del reino mesiânico (CG) I. 163, 3; (A) I, 200, 3; evangelizados por Cristo; su co­ rrespondencia; imitémosle (G) I. 282, 15; dignidad sobrenatural (TP) VII, 87. D (137-140); predilectos de Cristo (TP) I, 396, F); por qué figuran los primeros en las bienaventuranzns (A) IX. 1568; la Iglesia instituïda para ellos: los ricos a su serviclo (A) II. S68, III (1460-1469) ; su mi­ seria y desprecios; représentai! a Dios (A) VI, 042, d (963975) ; reciben a Cristo mejor que los ricos; ejemplo del dia de Ramos (PP) III, 977, III (1743-1749); esperan mâs intensamente la otra vida (G) VIII, 178, V; su premio: nos reclbirân en el cielo (PP) VI, 602. b (926928). —jtu ÿoeorro: consejos sobre la li­ niosna; no sean oprimidos; pre­ mio a la misericordia; Dios cuida de ellos; elogio del pobre; el Mesias y ellos ; la pobreza evangélice (TB) V. 554, III (1029-1036); I Pobres] son los duefios de lo superfluo (A) III, 836, a (1108) ; id a ellos, especialmente a los pobres (TP) VIII, 122, B; vlvimos scparados de ellos; en qué consiste vivir con el pobre (G) V, 676, 4 (12721275); la liniosna ayuda a la salvaelôn (TP) VI, 605. g-h (10101011); Jesucristo esté en nues­ tros prôjimos y especialmente en los pobres (G) I, 445, 18; pide liniosna en ellos (PP) I, 174, 4; los reyes ofrecleron al Nifio oro; i qué le ofreces tù en los pobres? (PP) IX, 225; el agua bendlta a las puertas dei templo (PP) I, 171. 1; (PP) I, 488, d; son mi prôjimo; sus defectos; Cristo no los tiene; el pobre y Cristo (A) VII (114-118); no nos detenga su ingratitud; suele ser culpa nues­ tra ; doctrina de Séneca y del Ihnngelio (A) VII (324-327) ; ayù. dales personalinente; no investi­ gues su vida (PP) I, 172, 1-2; su nûinero; pecado de quienes presentan a la Iglesia como su enemiga (TP) I, 236, A; la buena voluntad del papa choca con la inercla y la voluntad de los catôlicos explotadores (TP) I, 99, b-c; causa del poco interés que nos tomamos (G) VII, 120, 7 (180-183) ; olvidados por el que se entrega a los placeres (A) VIII, 87 D. Véase Limosnn. —Vario»: procuren serlo también de espiritu (PP) V, 584, 2 (1085) ; Jecciôn que se les da en Belén (G) IX, J07-19S; sus vicios; solemos ser la causa (A) VII (327) ; consejos de San Agustîn sobre el robo, la paciencia, etc. (PP) V. 588, 3 (1091) ; nosotros mâs enfermos de aima que ellos del cuerpo (PP) III, 589, B (10131014) ; la pobreza en el “Blanquerna” de Lulio (Μ') V, 662, III (1248) ; en el “Quijote” (Mt) V, 664. V (1251-1254). Pobres de espiritu: clases de po­ bres; pobreza de espiritu; gra­ dos de precepto y de consejo; su premio (2D IX, 1563-1569; man­ dato de Cristo (PP) VII (518520) ; pobres y ricos procuren serlo (PP) 584, c (1084-1088); dlsfrnta mâs de las cosas que el rico (A) VII (016). Pobreza: necesaria para el reino de Dios por tres razones (T) VIII, 1043, b: temida por el hom­ bre; apreciada por Dios; privi­ légiés y consuelos del pobre (G) VI, 709, 9 (10S1-10S4) ; sefial de Cristo; snntidcada en Belén (G) IX, 197-198; la voluntaria, rafz de perfecclôn; individual y colectiva: grados (T) V, 967, V (18441850); no es santa sin Cristo; la de espiritu da libertad paraamar; ÎNDICE GENERAL DE MATERIAS t. 1165 I Politica] (Pobreza] . mas de obediencia y caridad (G) la efectlva librn de peenr; por si VI, 513. 22 (813-848); causa de misma no sautlflca ; pobreza. cruz division entre catôBcos (G) II. y providenda (A) Vil (612-618) ; 678, 9 (li 13-1148); los catôlicos esfuerzos de Santa Teresa por debon unir se por eiicimn de banlmpon<*rln en su vida (Λ) VII, derfas politicas (TP) VII, 955, d 400, II (586-589) ; San Pedro Al(1386) ; véase Catôlicos; ambiciôn cântnra escribe sobre la de sus politica (G) III, 185, 18 (318monasterios (A) VII, 411, IV: 327); partldos; licitud; divisiôn de espiritu en medio de las rlentre los catôlicos; normas pon­ quezas (G) I, 281, 16; no es slem. tificias (G) VI. 543, II (84-1); el pre signo de buen espiritu; los mundo en los partldos politicos vnldenses (G) VI, 526, e (817, e) ; (G) IV, 888, B (1518); peligro falsa de herejes y verdadera de para los sacerdotes; normas (G) los santos (G) V, 1050, 7 (2026IV, 895, B (1527); la politica y 2028); de los justos; ha de tener la Iglesia; unos quioren unirla una razôn especial en Dios (A) a su politica; otros verla neutral III, 643, d (1121-1123) ; la del en asuntos morales (TP) IX, 327obrero, fuente de dnilo (TP) I, 330; doctrina pontificia; necesi101, b; el demonio se apoya on dnd de predicarla y practicarla la miseria para apartar de Cris­ (G) VIII, 753, 10. to (TP) III, 466, e (802); la de Polonia: su sltuaciôn (TP) IV, Maria; sus motivos (G) I, 721, 3. 1168 C (1997-2000). Poder: no da la felicidad, aspire­ Portugal: efectos de la devociôn a mus al eterno (2V) VII, 419, B la Santisima Virgen de Fâtima (602-606). Véase Autoridad, Go­ (CG) X, 1016; (TP) X. 1029. ber nantes. Poses! 6n diabôlica: estudio teolôPoder civil: es soberano; no derigico-histérlco (T) III, 436, III vado del eclesiâstico ; subordina(749-754) : ejemplos (Μ) III, 483, ciôn indirecta a la Iglesia (G) V, 376, 19 (708-718). Véase Es­ Positivisme juridico: nociôn (G) I, tado, Autoridad, Gobernantes. 748, b; doctrina pontificia (TP) Poder judicial: debe protéger a los I. 231, b. individuos de los abusos de la Popularidad: sana j’ nociva (G) autoridad (G) VI, 929, III, D III. 712. 14 (1242-1245). (1410). Predestinaciôn: su existencia segûn Poderosos: instituidos para que Santo Tomâs (T) II, 858, f (1439slrvan a la ley de Dios, la jus1440) ; su causa ejemplar es Cris­ ticia y a los poivres (2V) VI, 271. to (G) IX, 347, 355-356; cinco ac­ IV (408-413) ; Cristo su modelo tos divinos desde la presciencia (G) VII, 863, IV (1269); diiicula la gloriflcaciôn ; Cristo ejem­ tad de darles consejo por parte plar y cabeza (G) IX, 345-349; del que lo recibe y del que lo da predestinaciôn gratuita; repro (G) X, 1646-1649; 16-16-1649; no siguen na bacién negativa; la gracia y la Cristo (A) II, 1161, A-B (2017voluntad; no hay injusticla en 2018) : mâs propensos a la ira Dios; estudio· de San Agustin (T) VI (85) ; su triunfo en este (PP) V, 945, c (1796-1809) ; sefiamundo; en la bora de la verdad les (A) II, 867. Il (1454-1459) ; triunfan los humildes; ejemplos ipuntos esenciales y doctrina de Maria y de la Iglesia (G) V, prftc.tica (G) II. 927, 14 (1591387-393; gobernantes y plutôcra 1596) ; la oraciôn (T) II, S60, 4 tas han apartado al pueblo de (.14-14). Dios; maldiclones del 2\.pocalipPredicaciôn;. lu palabra: segûn el sis (G) V, 730, B (1377) ; nadie Evangelio; naturaleza, v i r t u d , me lia dicho la verdad; Nicolâs V (Μ) I, 107, IV. Véase Ricos, Goefectos en el aima y espiritu ; transformaciôn de éste (G) II, bernantes. 1053, 4 (1819-1S26) ; importanda; Policnrpo do Esmirna, San: actas de su martirio (Μ) IV, 1176, II eficacia; asuntos, fuente» (G) I. 423, 8; efectos en malos y buenos (2010). (G) II, 1054, 3, C (1820); princi­ Politica: prudencia politica; doc­ pio •· 1168 ··.■ cabe­ necesidad ; coopéra a la redenza es causa de la espiritual y eiôn (G) VII, 132, 10 (194-198) ; de la corporal (PP) I, 43-45; elemento esencial en la devociôn (PP) VII. 544. II (810); (T) IV. al Corazôn de Jesûs. doctrina de 64, I» (118-122) ; (G) IV. 145, 10 Pio XI (G) IX, 1362-1363. (268-272) : triunfo de Cristo so­ Reprensiôn: nos enseüa a conobre la muerte.; la suya causa de. cernos; nos corrige; dimana del la nuestra (PP) I, 32-34; Cristo cielo (A) IV. 802, c (1368-1370): •causa meritoria de la de todos; contraria a la naturaleza huma­ ejemplar de los predestinados na; normas para el superior (G) (A) I, 813, a. Véase Crlsto, ReV. 516. VI (963-964). surreciôn. Reprobaciôn: nociôn (T) II, 859, g —Resurrecciôn y gracia: nuestros (1441-1443); la Providencia no se euerpos llevan la semilla de la cuida de los malos; los castiga resurrecciôn : modo de convertirairadamente y los abandona a los en templos del Espiritu San­ sus deseos (A) III, 838, A (1452to (A) IV. 79, D (147) : (d. de 155S). Véase Pecado. no convertirlo en instrumento del Reputaciôn: la humildad desea cl pecado (G) IV. 128, 4 (243-247) ; honesto buen nombre; pero la la gracia deposita en el cuerpo proocupaclôn excesiva es perjuun germen do vida inmortal (A) dicial : la virtud vain mâs (A) IV, 84, c (158-160); el Espiritu III. 846, IV (146R-1476) . Santo prenda de la misma (PP) Resignaclôn: una hace desaparecer I, 34, 3: preparada por la Eu­ la tristeza: otra permite la turcaristia (T) V. 610. B (.1139-1143); baciôn en ella: otra coexiste con los hombres reclben de Dios la la tristeza sin turbaciôn: Marin vida do modo mAs fAcil que Dios al pie de la cruz (A) IX, 706reclbiera la muerte de los h om­ 710. VéàSO Tribulaciones. bres (PP) IX, 1251. Respetos humanos: eontradicpn a —Consecucncias : nos doré la paz, Cristo (PP) I. 637, D: en las per. hoy nunca perfecta (PP) I. 46sonas entrogadas a Dins; texto 47; medios para conseguirla fede Santa Toresa (Μ) IV, 827, e liz; ser templos do Dios; resucl(1425) ; prudencia que quita a tar <4 aima y crucificar 1ns pu­ Bios su honra ; que cl mnndo no siones (T) IV. 66. II (123-128) ; aprueba v que oscandaliza (A) aprovechar el sufrimiento (TB) IV. 1151. C (1957). I, 28, A; aliento para el martlResurrecciôn : domîngo de: IV, 3 ss. ; rio y muerte (PP) VIII, 1171 conientario exepétiro-moral (CG) I 1175: consuelo en las penas y la III. 17, B-c (23-57) ; apostillas muerte de los amigos (PP) de San Gregorio Magno (PP) 34, C. IV, 45, III (77-S3) ; véase Cria. l - · Λ H >4 · 1172 Indice general de 1173 materias INDICE GENERAL DE MATERIAS I Resurrecciôn] —Del aima: en nuestra mano estâ cômo ha de resucitnr segûn quien hagamos que r*'ine ella (G) IV. 130. 5 (24S-251); el aima y el cuerpo resneitan para vida o muerte eternas segûn se ha· yan asimilado la resurrecciôn de Cristo (A) IV. S9 VIII (16917S) ; supone un morir progresivo al pecado y un aumentar la vida divina (A) IV. 86. R (162163) ; después de los sepnlcros del bautlsmo y la sepultura, las dos resur recci ones del aima y Cuerpo (G) IV. 135. III (254) ; en el bautismo muere y reeucita. operaciones que deben continuar hasta la perfecciôn de! cielo (G) IV. 125. 3 (240-242). Véas«* Cris­ to: resurrecciôn; valor ascétlco y Justi iicaciôn. Retire : externo e interno: caracterfstlcas de éste: necesidad: prActicae (G) VI. 1226, 11 (17771781). Véase Sociedad. Rcvelatiôn: natural y sobrenatu­ ral; personal a nosotros mismos (G) II. 1965. Il (1854-1856); la razôn humana sin revelaciôn ex­ tra viô sus caminos (G) IV, -480. Π-ΙΙΙ (842-843) ; su necesidad (PP) VI. 1128. d-e (1640-164-1); necesaria moraîmente para cono­ ce r las verdades religiosas (G) VI, 131, 6 (2(K>-210) ; doctrina agustiniana sobre la fe y la cien­ cia: amor a la verdad; la reve­ laciôn: la fe es razonable (PP) VI. 1125. II (1635-1654); véase Fe; valor de los crlterlos Intrinsecos y extrinsecus; el milagro (T) VIII, 245: demostrada por el tes­ timonio de los môrtires, santos. unidad de la Iglesia y sus efec­ tos intimos (A) VIII, 275-284. Véase CrUtianismo. Iglesia. Rcvoluciôn: ocasionada por la pérdida del sentido moral (TF*) I. 191. a: .v por la falta de cari­ dad (A) II. 4.80 (778-781); proviene de la desesperaciôn do los que no tlenen nada que perder (TP) I. 539, d: no revoluciôn, sino evjluriôn (TP) I. 514. û. Reyes Magos: véase Epifania. Reyes santos: extracto de guio­ nes (G) X 1611. Ricos: admitidos en la Iglesia gracias a los pobres: se salvan mediante estes (A) II. 868. III (1460-1469); triple error sobre la riqueza. la propiedad y su uso: rend ici ôn de cuentas: .a iimosna (G) VI. 705, 8 (1077-1080); son San Basilio (PP) II, 9M), c y 981, c (1071 y 1674); (TP) VI. <1 ( 70S) ; administradoreg de sus bienes: su ingratitnd: rendiciôn de cuentas; rtad para agradécor a Cristo ; el juicio y la administradons de los pobres ; [ Ricos] iimosna (PP) VI. 582, II (896906) : el cpie no da es un laiirôn · (PP) II, 982, C (1674); lecclones que el Seilor los da en Belén (G) IX, J 97-198; procuren ser pobres de espiritu (PP) V, 585, 3 ( 1086-1087) ; nven en un estado opuosto al de Cristo; en necesidad de pecar e imposibllidnd de saivarse; la Iimosna lo remedia (A) VI. 644, C (076-978); no les trusta el Cristo de Belén ni la clase de salvaciôn que pré­ dira (G) IX, J73-175; no se concebirfa su poca misericordia si comulgaran mAs. (TP) V. 655, h (1234) ; peligro en que estAn de caer en viclos (PP) III, 978. B (1744) ; no suelen seguir a Cris­ to como los pobres; caso de] do­ mingo de Ramos (PP) III, 977, III (1743-1745); pueden parecerse a Cristo· nuis que los pobres (G) IX. 175; amados de Dios (G) I, 284, 16; gran gloria del bueno (PP) III, 978. C (1745); su existencia y oficios en Palestina (Μ) VI, 673. C (1031); jui­ cio terrible sobre elles (TB) I, 14. 0. Rtquezss: peligros, fin y uso; poco valor; ompleo laudable (PP) VII (521-524); son viles; exter­ nas. perecederas (A) VII, 398, B (5S2-585) ; son inestables, para que pensemos en lo eterno (PP) III, 589, C (1015-1017) ; no libran del dolor; cierran el corazôn a la justicia. daflos del capitalis­ me (TP) I, 379, C: cuAles son las verdaderas; no lo es el di­ nero: su valor real; uso prudente; la muerte; los pobres nos recibirdn en el cielo (PP) VI. 592, III (910-935) : prometidas co­ mo premio en el A. T.; no· se confie en ellas; los malos las poseen ; ricos v pobres; modo de usarlns (TB) VI. 554, III (852); representan un peligro de condenaclén (A) VI. 259. D (395); su peligro en la parAbola de los invitados a la cena (G) V, 674, II (1269); avidez y placeres son sus peligros (PP) II. 977 (1664) ; invitan al placer y c-lvido de los pobres (Λ) VIII. 87, D; con lo «•ual sofocan la palabra (PP) II. 91 [Vida] elles y el pueblo (G) I, 744J, 15; vida mixta: su excelencia; es fruto de la caridad y contemplaciôn ; hùyase de la acciôn prematura y do rehuir la acciôn (A) V. 992, V (1912-1919) ; es nece­ saria aunque sea mAs expuesta y menos cômoda’ (PP) IX, 470-473; santos de vida contemplativa; in. dice de guiones sobre la lucha con el mundo y el seguir a Cris­ to (G) X, 1251-1258; plan de vida dei vlzconde Foucauld (Μ) III, 122, VIII (217). Viornes prlmcros: véase Corazôn de Jesûs. Vigilanda: la muerte y flaqueza propia, mo-tivos de vigilanda (G) II, 648, 6 (1083-1084) ; vigilanda interior y exterior del aima (G) II, 645, 5 (1080-1082) ; vigilanda ascética (PP) II, 583, III (956); figuras agricolas y castrenses en San Pedro y San Pablo (CG) VIII, 407, a ; vigilanda de la Igle. sia; véase Educaciôn, EspectAculos, etc. ; do obispos y predica­ dores contra la herejfa (PP) II, 571, I (937-940) ; de los padres sobre los hijos: véase Padres Hijos, Juventud; ejemplo de Da­ vid (PP) II, 313 (492-493). Viïiadores: parAbola de los Ha­ mados a la vifia, Dom. de Sept. II, 459 ss. (813 ss.). Virgenes, santas; extracto de gulonés (G) X, 1637-1638. Virginidad: y matrimonio; ambos buenos (PP) II. 179 ( 268) ; estudio de Santo TomAs (T) VI, 805, e; texto paulino 1 Cor. 7,425-39 (TB) II, 152, 5 (230); excelencia; fecundidad; don de Dios; inmolaciôn (G) VII, 456, 4 ( 685 688); castidad perfecta, consagraciôn a Dios, renuncia total (G) VII. 452, 3 (679-684) ; sus excelencias; ejem­ plo de José y Maria (PP) IX, 1395-1396; (A) IX, 1406-1408; gran. deza y fecundidad; la de Maria (G) X, 285-291 ; por qué interve­ ne esta virtud en la encarnaclôn (A) IX, 1406; (G) IX, 1460-1462; es mAs bella la humildad virgi­ nal (PP) X. 249: extracto de guiones (G) X, 1637-1638; de Ma­ ria: véase Maria: virginidad. Virtudes: Arbol bueno (PP) VI (610) ; su poder no gusta de ser honrado (A) VII, 763, D (11261129) ; compatible con el buen nombre, vale mAs que la reputaciôn (A) III, 846, B y D (14681469 y 1473) ; creer que existen es tentaciôn funesta (A) III, 74, b (116) ; el mundo la llama lo­ cura (A) IV, 796, b (13561 ; fal­ sas virtudes dei mundo (A) III, 1015, c (1834-1838) ; sôlo las in­ fusas son perfectas (T) II, 1156, [Virtudes] 5 ( 2000) ; las teologales fundainentadas en la resurr'TClôn de Cristo (G) IV, 151, 12 ( 278-281); fe activa, esperanza constante, ca­ ridad con trabajo segûn San Pa­ blo (CG) II, 693, 24 (11631165) ; el grailo de su dignidad depende de su fuerza unitiva a Dios; la mayor la caridad (T) II, 1156, f (2001-2002) ; las mo­ rales: imperadas por la caridad (CG) II, 16, 3 (21); todas las vir­ tudes son imperfectas sin la ca­ ridad (A) VIII, 80, b; todas estAn comprendidas y perfeccionadas por ella (A) VIII, 76-83; véa­ se Caridad; coincldencias y diferencias con los dones (G) V, 167, 12 (316-320) ; quiénes crecen en virtud y cômo debe crecerse (A) II, 51, a y b (60-07) ; crecimien­ to ; de observât la cruz al deseo de estudiarlo; frutos (A) II, 730, A (1235-1239). Viudas: respétense; obligaciones y oficios (TB) VII, 516, III (766770) ; normas de San Pablo (TB) II, 11, 2 (12) ; merecen compa­ siôn y caridad ; estado de per­ fecciôn; doctrina sagrada; plan de vida (G) VII, 660, 14 (959963). Vivienda: las familias la necesitan suficiente (TP) II, 78, e-1 (124-125) ; deber del Estado (TP) II, 78, e-f (124-125) ; papel del sacerdote en su construcciôn (G) VI, 351, III (552-554). Vocaciôn: procede de Dios, que prépara los caminos desde la eternidad; en Cristo (G) IX, 352355; llamamiento de Cristo, rey eterno, a hombres y mujeres (PP) V, 932, C (1768-1773) ; lla­ mamiento del rey temporal; tex­ to ignaciano (A) VIII, 1051; Dios llama a cada uno· de modos dis­ tintos, como lo hizo con los apôs­ toles (CG) V. 924, 1 (1752); (G) II. 925. 13 (1588-1590) ; acomodAn. dose al modo de ser de cada uno, co-mo a los pastores y A.tagos (T) IX, 258; medios mAs frecuentes: la palabra, el ejemplo, la enfermedad, la desgracia, la humillaciôn (G) IX, 370-374; la misma fuerza de la verdad nos llama a ella (G) V, 683, 7 (1283-1287) ; los milagros y tribulaciones también (G) V. 686, 8 (12881292) ; la Providenda la sefïala, contrariando nuestros proyectos; ejemplos (G) IX, 372; San José de Calasanz slente una voz in­ terior (Μ) V. 835, IV (1598); ejemplos de santos llamados en todas las edades (Μ) II, 894, II (1532-1535). —Su conocimiento y eeguimiento: tiempos ignacianos; doctrina de [Vocaciôn] Santa Teresa; los Magos (G) IX, 364-369; segundo y tercer tiempo de elecclôn de San Ignacio (G) I, 437, 15; véase Elecclôn, Dïecreclôn de espirltus; condiciones pa­ ra segulrla: buena disposldôn, prontltud, confianza, paciencia, constancia, generosidad (G) IX, 345-349; tres modos: el escriba con mala voluntad, el joven rico sin generosidad. Pedro decldldamente (G) V, 1045, b (2018-2024); con prontitud ; ejemplos bfblicos; con generosidad, amor y perseve­ randa (G) IX, 359, 363; seguirla sin impaciencla en el momento oportuno, no como Pedro (PP) IX, 524-525; acudir cuando se es llamado, no sea que no vuelvan a llamar (PP) II, 840, b (1404) ; la desesperaciôn y presunciôn Lmpiden acudir (PP) II, 841, d (1406-1408). —Eepecies: vocaciôn natural y so­ brenatural ; general y especial (G) I, 434, 14; a la fe; Cristo llama gratuitamente, seg-ûn su voluntad (PP) II, 832, I (13911396) ; véase Fe; a la gracia y gloria; de la presencia a la glorificaciôn ; cinco actos divinos; Cristo cabeza de los predestinados (G) IX, 345-349; peligro na­ turalists; la vocaciôn es en Cris­ to y sus hermanos (G) IX, 354357; comûn para la perfecciôn; es muy diversa en los caminos; San José y los apôstoles (G) IX, 1453-1455; Maria, la de los Ma­ gos y la nuestra (G) IX, 349; los santos se santificaron median­ te las obligaciones de su estado (G) IX, 1652-1655. —Sacerdotal: consiste en la recta intenciôn y dotes necesarias (TP) V, 1018, b (1971); suele ser combatida por los padres; la voca­ ciôn contrariada es fuente de 1Agrirnas (TP) V, 1018 b-c (19721973) ; la religiosa y las o-bligaciones para con los padres en Santo TomAs (T) II, 30 (54) ; obediencia a la vocaciôn de Santa Catalina de Siena, San Francisco Javier, San A. M. Ligorio (M“ V, 1026, 9 (1983-1985) ; los padres deben fomentar la de sus bijos (PP) V, 934, d (1774) ; no torcerla (A) II, 57, B (74-75) ; encauzarla (PP) II, 26, a (31); (A) II, 58, c (76) ; conducta de pa­ dres e hijos ante la vocaciôn de éstos (G) II. 137, 19 (217) ; al matrimonio; de los padres de Santa Teresita (Μ) II, 369; de pueblos: el Imperio romano (M) I. 402, III; Espafia (Μ) I, 403, IV; (G) I, 561. 4; dogmâtlca y social de Espafia (G) IV, 1213, III-VI1I (2091-2090). a S? *5c. w* ► £ •'.'Λ1 Λ Qj II’· Γ* 1188 INDICE GENERAL DE MATERIAS Voluntad: unida al hâbito infu­ so por Dios es el principio de la caridad (T) II. 1152, a (10041995) : negrar la propia le- mds provechoso y dlfïcll ; comiéncese por la obediencia a los mayores (A) V, 978, II (1869-1875) : el hombre de carâcter en Balmes (A) I, 224-226; podemos conver- [Voluntad] tlrla en el drbol malo (PP) VI, 398. 2 (027) ; desvlada por la In­ juria (G) VIII, 355, 9; de Dios: para cumpllrla lo mejor es obedecer los mandamiento» y a nues, tros padree y superiore» (A) V, 978, II (1869-1875); de Dlo»; véase Dios, Voluntad. ACABOSE DE IMPRIMIR ESTE DÉCIMO Y ÙLTIMO VOLUMEN DE “LA PALABRA DE CRISTO”, DE LA BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS EL DÎA 30 DE MAYO DE 1959, FIESTA DE SAN FERNANDO, EN LOS TALLERES DE rivadeneyRA S. A., MADRID LAUS DEO VIRGINI QUE MATRI _______________________