biblioteca D E AUTORES CRISTIANOS D eclar ad a de interés n a ci ο n al ESTA COLECCION SE PUBLICA EAJO LOS AUSPICIOS Y ALTA DIRECCION DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA LA COMISI0N DE DICHA PONTIFICIA UNIVERSIDAD ENCARGADA DE LA IN MEDIATA RELACION CON LA B. A. C., ESTA INTEGRADA EN EL ANO 1955 PÙR LOS SENORES SIGUIENTES : PRESIDENTE: Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Fr. Francisco Barbado Viejo, 0. P., Obispo de Salamanca y Gran Concilier de la Pontificia Universidad. VicEPREsiDENTE: limo. Sr. Dr. Lorenzo Turrado, Rector Magnifico. i * Vocales: R. P. Dr. Fr. Agapito Sobradillo, 0. F. M. C., Oecano de la Facultad de Teologia; R. P. Dr. Marcelino Cabreros, C. M. F., Decano de la Facultad de Derecho; Μ. I. Sr. Dr. Bernardo Rin­ con, Decano de la Facultad de Filosofia; R. P. Dr. José Jimenez, C. M. F., Decano de la Facultad de Humanidades Cldsicas; R. P. Dr. Fr. Alberto Colun­ ga, 0. P., Catedrdtico de Sagrada Escritura; reveren­ do P. Dr. Bernardino Llorca, S. I., Catedrdtico de Historia Eclesiâstica. Secretario: Μ. I. Sr. Dr. Luis Sala Balust, Projesor. LA EDITORIAL CATOLICA, S. A. Apartado 466 MADRID ■ MCMLV LA PALABRA DE CRISTO I Repertorio organico de textos para el estudio de las homiltas dominicales ij festivas ELABORADO POR UNA COMISI0N DE AUTORES BAJO LA DIRECCIÔN DE Mons. Angel Herrera Oria Obispo de Malaga TOMS- V BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS MADRID · MCMLV La Palabra de Cristo estv serif; DE LA B. A. C. CONSTAR DE LOS SIGUIENTES VOLÙMEXES : Adviento y Navidad. IL Epifania a Cuaresma. III. Cuaresma y tiempo de Pasiôn. IV. Ciclo Pascual. V. Pentecostes (ι.°) VL Pentecostes (2.°) VIL Pentecostes (3.°) VIII. Pentecostes (4.°) IX. Fiestas (ι.°) Fiestas (20.). Indices generales. ΤΟΜΟ V PE NT EC OS T E S La Santisima Trinidad (dom. desp. de Pent.).— «Sed misericordiosos» (dom. i después de Pent.). — La gran cena (dom. 2 después de Pent.). — La oveja perdida (dom. 3 después de Pent.).—La pesca milagrosa (dom. 4 des­ pués de Pentecostés). Han colaborado en este volumen: D. Luis Vera Ordâs (selection de textos patristicos y teolôgicos, comentarios cxegcticos y guiones). D. Francisco Carrillo Rubio (guiones). D. José Maria Eguaras Iriarte (parte litûrgica, teolôgica y guiones). D. Manuel Diez de los Rios (selection de textos pontificios). D. Alejandro Sierra de Côzar (indices). D. Luis Ortiz Munoz (selection de textos escrituristicos y niiscelânea historica y literaria). D. José Luis Gutiérrez Garcia (ordcnaciôn de materiales). ·. 17?'‘«I NIHIL. OBS1AT: Dr. Justo Novo de Vega Censor. ιλπήιμαί CR j Angel, Obispo de Mâlaga. Malaga, 7 de marzo de 1955 La Editorial Catolica », S v? J SEGRETERIA DI STATO DI SUA SANTITA Num. 308.234 I Vaticano, 2 de septiembre 1953. Excelcntisimo y reverendisimo senor: El Augusto Pontifice ha recibido el tomo primero de La palabra de Cristo, serie de la benemérita Biblioleca de Autores Cristianos, y desea manifester a vuesIra excelencia lu satisfacciôn con que ha acogido tan inleresante obra. En estos dificiles tiempos, en los que la ignoranda religiosa ha hecho tanto dario a las aimas, una publicaciôn como ésta, dirigida a restaurar una predicaciôn auténticamente evangélica, es de excepcional impor­ tanda. El Padre Santo ha visto con viva complacenda que esta colecciôn ne es uno mas de los sermonarios existentes. Su variado y abundante acopio de materiales ofrece al orador sagrado los elementos necesarios para su mejor preparaciôn, una serie de conocimientos que abarcan la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, teôlogos, autores clàsicos y, con gran oportunidad, las enseûanzas pontificias para que su predicaciôn esté sôlidamente fundada y la palabra de Dios pueda penetrar en los corazones de los hombres y dar frutos de vida eterna sin perderse en vanas retôricas. Su Santidad quiere que llegue a vuestra excelencia y a los dodos y diligentes miembros de la comisiôn que ha elaborado este hermoso trabajo el testimonio de su particular benevolencia y su paternal felicitaciôn por la Μ T. rr obra que han realizado, que sera de mucho provecho para todos los sacerdotes, en especial para los dedicados a la cura de aimas, y muy a proposito para format a los jôvenes levitas en el verdadero sentido de la Predicaciôn sagrada. El Augusto Pontifice pide al Seiior que les concéda llevar a cabo el plan que se han propuesto y los ilumine en su ejecuciôn, mientras que, en prenda de celestiales gracias, les da de todo corazôn la bendiciôn apostôlica. Reciba también de mi parte, excelentîsimo senor, mi expresiva gratitud por el ejemplar que me ha enviado, deseoso de que alcance el mayor éxilo y produzca los ■ nuis copiosos frutos. Al reiterarle el testimonio de mi nids distinguida consideration, quedo siempre de vuestra excelencia reverendtsima seguro sevvidor. B. '■ 2 1 • 1 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO Domingo de Penteeostés 1 ■ Λ P<Σ5. SECCION I.—Textos sagrados O I. Epistola ........................................ ........................................... Π. Evangelio ................................................................................ ΙΠ. Algunos textos de la Escritura alusivos al Espiritu Santo .................................................. ....... SECCION II.—Comentarios generales J. B. Môntini, Prosecr. 10 I. Situaciôn litürgica .................... A) B) C) B) Mons. Angel Herrera, Obispo de Malaga. IC Significado y contenido de la fiesta . Su historia ............................................. Cierra el ciclo de la redenciôn .......... Fiesta del amor ..................................... 10 10 II II Π. Apuntes exegétîco-morales A) B) 1 : II Epistola ...................... b) La venida .................. . c) La manifestaciôn .............. Evangelio ................................. a) Consideraciones generales b) Los textos ......................... t « I I SECCION ΠΙ.—Santos Padres / 20 San Cirilo de Jerusalén ...................................... La accion del Espiritu Santo .................................... t I 20 20 San Juan Crisâstomo .................................................. Sobre la presencia del Espiritu Santo en nosotros ni. San Agustin ........................................................ Λ) La fiesta de Pentecostés ...................................... B) Doctrina agustiniana sobre cl Espiritu Santo 31 t 1 1 ■il®1' 4 a ‘S * -··· . - INDICE GENERAL Mgs. San Gregorio Magno ................................... Sobre el evangelio de! dia ........ .............. San Bernardo ............................................... El Espiritu Santo en nuestra santificaciôn SECCION IV.-Teôiogos Santo Tomas de Aquino ................. A) El don de la fortaleza .............. B) La confirmaciôn ........................ II. Guillermo Wilmers ....................... .... Pentecostés cristiano y ley mosaica III. Palmieri ............................................ Carâcter orgânico de la Iglesia en Pentecostés P. Emilio Sauras, O. P. El aima de la Iglesia ... ‘P 48 48 51 51 55 57 57 02 SECCION V.—Antores varios Santo Tomâs de Villa nue Las dos venidas .... Beato Juan de Avila t Ha venido a ti este tal Consolador ? III. Santa Teresa de Jésus ....................... La falsa y la verdadera paz .............. IV. Fray Luis de Granada ........................ Sobre el Espiritu Santo y su venida P. Eusebio Nieremberg, S. 1............. Don incomparable ............................. Bossuet ............................................... Sobre la lev «r nueva ............................ Fray Juan G. Arintero, O. P............ La inbabitaciôn del Espiritu Santo Luis Maria Martinez Los consuelos del Espiritu Santo . 95 95 102 102 105 105 SECCION VI.—Textos pontificios 109 A) B) Cl D) El Espiritu Santo en la obra de Cristo ................ El Espiritu en las almas : templos de Dios ......... Dones y frutos del Espiritu Santo ......................... Conocimiento, amor y oraciôn al Espiritu Santo ... 73 73 So So gz 92 109 112 115 117 -v. Indice general Pàgx. El Cuerpo mistico de Cristo ........................... F) Cristo, fundador y cabeza del Cuerpo mistico G) El Espiritu Santo, alma del Cuerpo mistico SECCION VIL—Miscdânea historica y literaria El lugar donde vino cl Espiritu Santo ......... El primer relato de la fiesta de Pentecostés secuencia y el himno del Espiritu Santo Figuras del Espiritu Santo .............................. V. Los santos y la tercera persona divina .................... A) Voz que amplifica el Espiritu ........................... B) La visiôn de Santa Teresa .................................. C) San Felipe Neri ve un globo de fuego ............ D) La doble visiôn de San Ignacio ................... El Espiritu, dulce lluvia ..................................... F) El don de lenguas ................................................ G) Cômo sintiô Santa Teresita al Espiritu Santo Antologia poélica .............................. A) La mâs inspirada version espanola B) Un poema de nuestros dias ......... SECCION VIH.—Guiones homiléticos 119 121 124 127 127 127 129 131 132 132 133 133 135 136 137 137 138 138 139 140 Serie I : Liturgicos ............................ 140 ' ■ Inhabitaciôn de la Santisima • Trinidad ..... · t ·, » J ’ · ÿ 1 » 261 SECCION V.—Autores varios I. Santo Tomâs de Villanueva La Santisima Trinidad .........·....... ·'·'-··■ * t· "i H. Fray Luis de Granada ...... ......... . La revelaciôn del misterio trinitario ni. Santa Teresa de Jésus • •••••a»···»···· ·«··< Una substancia. un poder, un saber IV San Juan Eudes ............................. La misiôn del predicador ...... . 261 261 i 267 oîrr · 272 272 4. V. Bossuet ................................................. La unidad de la Santisima Trinidad v la unidad dë la Iglesia ............... ..:...................... ·.. ......... ....,L...:.. • i fi »* - *5 278 * VL F. Pral, S. I............................... El bautismo en San Pablo ................. .■..... ............................ V*’ 274 2/4 278 ** \ A 282 282 · VII. A. Boulanger ..................... ... ................................................. Necesidad de la Iglesia .......... .......................................... 287 SECCION VI.—Textos pontificios ^91 A) B) C) D) La Santisima Trinidad ................ .......... La Iglesia, for mada por Cristo. Su jerarquia ... EI magisterio eclesiâstico ..................................... Unidad y unicidad de la Iglesia ........................ Perpetuidad de la Iglesia ..................................... 291 293 296 301 304 SECCION VII.—Miscelanea historica y literaria 307 Doxologias ............................................. El mi'sterio incomprensible .............. El sol, imagen de la Trinidad ........ Εα triple hoja del trébol ................. Los tres circulos del Dante .............. La Ordcn de la Santisima Trinidad .. Extasis en cl loctitorio ............ ......... San Ignacio y la Santisima Trinidad 307 307 308 309 310 310 311 312 II. IV. V. VII. vni. k'· · INDICE GENERAL Su» Francisco Javier y la nao «Santa Cru;» Sor Isabel de la Santisima Trinidad .......... XI. El bautismo de Agustin ............................... SECCION VIH.—Guiones homlléticos Serie I : Litûrgicos .............................. .............. 1. Piedad privada y piedad litnrgica .......... 314 3*4 316 318 3*8 318 Serie Π : Sobre la epistola .................................. 321 2. «Profundidad de la misericordia divina» 321 Serie HI : Sobre el evangelic ............... 3. Potestad de Jesucristo ........... Ante la omnipotencia de Cristo 5· El bautismo ......................................................... Instrncciôn dogmatica .................................. 6. El bautismo ......................................................... 2) Instrncciôn moral ......................................... El carâcter bautismal ......................................... 8. El magisterio eclesiâstico ................................... 9· Cooperaciôn a las misiones ................................ 10. Frutos de la fe en la Trinidad ......................... 11. Obligaciones del cristiano para con la Trinidad 12. La Iglesia de la Trinidad .................................. 23· •Todo cuanto os he mandado» ......................... 14. «Yo estoy con vosotros» ................................... *5- La presencia de Cristo en su Iglesia .............. 16. En la cumbre ..................................................... Serie IV : De actualidad social .......... 17. La inteligencia en la socieda.l 18. Magisterio de la Iglesia ....... Poder indirecto ........ 19. Aclaraciones histôricas 323 323 325 328 328 332 332 335 338 * 34 343 345 348 * 35 354 357 360 365 365 370 376 381 CORDIOSOS* Domingo primero despuis de Pentecostés SECCION I.—Textos sagrados T w. -Z T. Epistola ...................................................................... 389 II. Evangclio .................................................................. 390 m. Texto concordante .......................................................... 39* IV. Algunos textos de la Sagrada Escritura sobre los jui- cios ‘cinerarios * 39 SK mît. •wZi Indice xv general Pàgs. 39= SECCION IL—Comentarios generales ............... 395 I. Situaciôn lilùrgica ..................................... II. A Juntes exegético-morales ...................... 396 A) Epistola ................................................. * 39 a) Argumento ................................... 397 b) Los textos .................................... 401 B) Evangelio ............................................. 401 a) Situaciôn histôrica y argumento 402 b) Los textos ..................................... SECCION III.—Santos Padres ................ 3 I I 405 I. San Juan Crisôstoni-o ...................... La reprensiôn del juicio temerario 405 405 409 II. San Agustin ................................................. 409 A) Jùzgate a ti mismo antes de juzgar 412 Dios es amor ....................................... B) Gregorio Magno ................................. Caridad y perdôn ........................................ SECCION IV.—Teôlogos 431 Santo Tomâs de Aquino ............... 431 Misericordia y juicio temerario 431 SECCION V.—Autores varios 437 Santa Teresa de Jésus ................................. Amor de Dios v * correcciôn fraterna ......... Fray Alonso de Cabrera ............................... Correcciôn fraterna ...................................... Bossuet ........................... '................................. Sobre los juicios humanos ........................... IV. San Francisco de Sales ................................. Remedios para no juzgar temerariamente V. Bourdaloue ............................................. Sobre el juicio recto .................................... 437 437 442 442 456 456 « ■· ♦w — •. 1 · 1 447 «Dios es caridad, y el que vive en caridad permanece en Dios» X- I ■ SECCION 'I.—Textos pontificios ................................................. A) I Λ ΑΜΑ * » · I “ -At -r· ^ h·· TA· 460 460 !; INDICE GENERAL XVI Bi «Tenemos de él este precepto : Que quieu aina a Dios, ame también a su hermano» ................... C) «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» .............................................. SECCIt'N VIL—Miscelânea historica y literaria .................. EJ ejempio de San Dositeo .............. ......λ.. Por fai la de caridad no vcia la hostia cohsagrada ..... «No juzguéis y no seréis juzgados» .............................. Pcnitencia de San Francisco por un juicio temerario ... Por juzgar mal a un pobre .............................................. Todo para todos ................................ ....................... El dinero de la sotana nueva ........ ?.. „................... tDad y se os dard* .............................. ...,................... Le did de lirnosna su propio pectoral .............................. Rasgos de caridad de Santa. Micaela del Santisimo Sa­ cramento ................................................................. 479 XI. La caridad de San Pio X ................. ........................ ... I. IL III. IV. V. VI. VII. VIII. IX. X. SECCION VIII.—Guiones homilêticcs .... ...................... 464 468 472 472 472 473 474 475 475 477 477 4/8 483 4$5 Serie II : Sobre la epistola .................. ,....................... :....... 485 1. «Dios es amor» ............................................................ 485 2. «Dios nos amô primero» ............................................ 487 3. Amor al prôjimo ............................................... 489 4. La caridad de Dios manifestada ............................ ·. 491 5. El temor y la caridad ............................... 494 * Serie III : Sobre el evangelic ................................................ 498 6. La misericordia .......................................... 498 7. La misericordia, sintesis de la religion cristiana ... 5°3 8. La misericordia de Dios ............... 5°6 9. Juicio misericordioso ...... 5°9 10. «No juzguéis» .......... ·................................................... 512 h. Juzgar segûn Dios ............. 5*7 12. El juicio de Dios y el juicio deloshombres ............. 52° 13. Juicio humano, juicio mundano yjuicio divino ......... 524 14. «No os juzguéis mutuamente» .................................. 529 15. «Dad y se os darâ? ..................................................... 533 16. La paja y la viga ........................... ,........................... 535 17. La correcciôn fraterna ............................................... 538 1) Quiénes pueden hacerla .................................... 538 18. La correcciôn fraterna ............................................... 541 2) Obligaciôn y condiciones ...................................... 541 19. La correcciôn fraterna ............................................... 543 3) Proceso ................................................................ 543 Serie IV : De actualidad social .......................................... 20. Obligaciones de la caridad ........................................ 546 546 XVII INDICE GENERAL Domingo infraoctava del Corpus Pàgs. SECCION I.—Textos sagrados .......................... .· 553 I. Epistola .............................................. ....... ·.·"...... ;·· II. Evangelio ......................................................... ......... . III. Algunos textos de la Sagrada Escritura sobre los pobres. 553 553 554 SECCION IL—Comentarios generales 561 I. Situaciôn litürgica .................. II. Apuntes exegético-niorales ..... A) Epistola .................... a) Argumento ....... b) Los textos ......... c) La lecciôn ........ • · B) Evangelio ................. a) Ocasiôn histôrica b) La pârâbola ...... c) Aplicaciones ...... 561 562 565 565 568 SECCION III.—Santos Padres .. I. San Jitan Crisostomo ... El banqueté eucaristico II. San Agustin ............................... A) Explication de la parabola B) La comida eucaristica ..... C) Pobreza y riquezas ............. III. San Gregorio Magno ........ ........ Coinentarios al Evangelio ...... 572 è 572 572 576 579 589 SECCION IV.—Teôlogos ......... 599 I. Santo Tomâs de Aquino La Eucaristia, sacrificio IL Franzelin ........................ Efectos de la Eucaristia 599 599 607 607 SECCION V.—Autores varios ........................ . I· Santo Tomâs de Villanueva ................... Causas de la institucion de la Eucaristia na·· 6i3 613 613 J1 INDICE GENERAL XVIII ?û>$. II. Beato Juan de Avila ......................................................... El banqueté de la uniôn ................................................ *16 *16 III. Fray Luis de Leon ............................................................ La uniôn corporal del hombre con Dios en la Eucaristia. 63 * IV. P. Nieremberg .................................................................. Los bienes temporales y el fin del hombre ................ V. Juan Bautista Scaramelli ................................................. Las très excusas ............................................................... VI. Bourdaloue ......................................................................... Eucaristfa e Iglesia ......................................................... VII. Cardenal Goma ................................................................. El banqueté eucaristico y el banquete de la gloria ...... 6^ 6q 63^ 63^ 6^ 6^ 5^* SECCION VI.—Textos pontificios ................................................. *46 A) La Eucaristia, comida de fuertes ........................... B> Misterio de amor y de uniôn con Cristo y con el prôjimo ................................................................ C) La Eucaristia y la sociedad moderna ..................... D) Necesidad y frecuencia de la Eucaristia ................ *46 SECCION VIL—Miscelânea historica y literaria I. Π. III. IV. VI. VII. Vili. IX. «Es precise que devolvamos Io que no es nuestro·» ...... Vendit} todo su ajuar estudiantil .................................... La pobreza en el tBlanquerna» de Lulio ....................... La caridad de Santo Tomis de Villanueva ................... V. San Ignacio y los pobres ............................. Los pobres en el *iQuijote ............................................. La devocidn de Santo Tomds al Santisimo Sacramento. Cômo oia misa Isabel la Catdlica ................................... San Ignacio y la santa misa ........................................ SECCION VUI.—Guiones homiléticcs ................... ........ 668 Serie H : Sobre la epistola .................................................... 1. El odio en la moral cristiana ................................ Serie IU : Sobre cl evangelio ...................................... 2. La Hamada mesiânica .......................................... 3. Tres lecciones de los invitàdos ......................... 4. Invitad a los pobres ........................................... 5. Las gracias despreciadas ............................... 6. EI uso de las criaturas .................................... 7. Obligates a entrar ............................................ 1) Ia fuerza de la verdad ........................... 668 668 670 670 673 676 679 681 683 683 ί NI HCl·. GENERAL ™gs - 8. Obligalos a entrar ............. 2) La fuerza de ios hechos 9· Los que entran en la cena 10. La cena es el reino ............ 11. El reino es la gracia ....... 12. El reino es la Iglesia ...... reino es la gloria ......... *3El sacrificio de Cristo ................ 15· Riquezas de la misa ................... 16. Frutos de la misa ...................... La misa, sacrificio de la Iglesia La misa por los difuntos ........... 19. El pueblo y la misa .................. 20. Oir misa entera ........................... 686 691 ■ 700 705 708 713 718 720 Serie IV : De actualidad social 21. Jesucristo, bien comiin 726 Domingo tercero después de Pentecostés SECCION I.—Textos sagrados I. I. I. V. /00 Epistola ................................................................ Evan gel io .............................................................. Texto concordante ........................... -.............. . Algunos textos de la Escritura sobre el celo 735 SECCION IL—Ccmentarios generales ........... ’l. Situation litürgica ............................ IL Apuntes exegético-morales ................... A) Epistola ............ ;.............................. a) Argumento ................................ b) Textos ......................................... B) 745 746 746 746 Evangelio .......................................... a) Ocasiôn historica y argumento b) Los textos .................................. c) La lecciôn .................................. 748 748 749 SECCION III.—Santos Padres I. San Juan Crisôstomo ............................. Bios busca al pecador ........................... II. San Agustin ............................................. A) Las ovejas perdidas en la herejia B) Una oveja perdida : la samaritana 753 753 759 759 ij ·. w? · .· IX PICE GENERAL ΠΙ. San Gregorio Magno ........... Angeles y hombres ............ ....................... ................ .·....... SECCION IV,—Teologas .............................................. 7Ô9 769 .... 774 774 78! 781 I. Sanfo Tomas de Aquino ................................... La misericordia .................................................... .’...... H. San Buenaventura ...... .... La paciencia del pastor ........................... ·’-................. SECCION V.—Antores varios .................................... I. IL Π. IV. V. VI. VIL VIII. 774 : 786 *t* Fray Luis de Granada .......................................J............ 786 El camino de la conversion ...'............ i.........786 Beato Juan de Avila ................................................ '........ 790 Misericordia de Cristo para con los pecadores ............. 790 P. Luis de la Puente ....................... 793 El celo por las almas ...................................................... 793 I · · Fray Diego de EsteÎla ..................................................... 796 Como lo mucho que Dios nos sufre nos obliga a amarle. 796 Taulero ............................................................................. .799 La oveja y ia dracma perdtdas ........ ·..................... 79g San Francisco de Sales .................................................. 802 El celo de Dios y el celo de los hombres ................... 802 Bossuet ..................................................................... 810 La gloria de Dios en la misericordia y en la justicia ... Sio Massillon ......................................................................... 81 = Otra oveja perdida : la Magdalena ......... S15 S18 SECCION VL—Textos pontificios ......................... A) B) C) D) E) El sacerdote y los abandonados ............................. El pârroco y las ovejas perdidas ..................... ... Las clases dirigentes y el pueblo ......................... La voz del Papa : 11venit multitudo, et mente confu»a ent, quonliim audiebat unuequlHqiie lingua nua Illo * loqiientoN. 7 Stupebant nutem * , omne et mirabuntur, dlcimtcN; Nonno oc­ co omneN intl, qui loquuntur, (iulllncl Niint, x et quomodo no * niidivlmmt anuNqtilaqUc linguam noNtrnm, in el. 1 1 Cuando llcgô los, • A 1A VENI DK I'FL ESPIRITU SKNTC) EVANGELIC) *», et dixit 23 Respondiô Jesùs y les dijo: ' 23 Respondit I esu Si alguno me ama, guardarâ mi eis: Si quis diligit me, sermomeam servabit, et Pater palabra, y mi Padre le amarâ, y nem diliget eum et ad eum vendremos a El y en El haremos meus veniemus, et mansionem apud morada. eum faciemus: 24 qui non diligit me, sermo­ 24 El que no me ama no guardarû. mis palabras; y la palabra nes meos non servat. Et sermo­ que ois no es mia. sino del Pa­ nem, quem audistis, non est meus: sed eius, qui misit me, dre, que me ha enviado. Patris. 25 Os he dicho estas cosas Haec locutus sum vobismientras permanezeo entre vos­ spud vos manens. otros. 26 Paraclitus autem Spiritus 26 Pero el Abogado, el Espi­ ritu Santo, que el Padre enviarâ Sanctus, quem mittet Pator In en mi nombre, ése os lo ensenarâ nomine meo, ille vos docebit e*, suggeret vobis omnia todo y os traerâ. a la memoria cmnia, quaecumque dixero vobis. todo lo que yo os he dicho. 27 La paz os dejo, mi paz os 27 Pacem relinquo vobis, pa­ doy; no como el mundo la da os cem meam do vobis; non quo­ la doy yo. No se turbe vuestro modo mn^dvs dat, ego do vo­ bis. Non turbetur cor vestrum, corazôn ni se intimide. neque formidet. 28 Habéis oido lo que es diie: 28 Audistis quia ego divi vo­ Me voy y vengo a vosotros. Si me bis: Vado, et venio ad vos. Si amarais, os alegrariais, pues voy | diligeretis me, gauderetis uti­ al Padre, porque el Padre es ma­ que, quia vado ad Patrem: quia Pater maior me est. yor que yo. 29 Et nunc dixi vobis prius­ 29 Os lo he dicho ahora antes que suceda, para que cuando su- quam fiat: ut cum factum fue­ rit, credatis. céda creâis. 30 Ya no hablaré muchas co­ 30lam non multa loquar vosas con vosotros, porque viene el biscum, venit enim princeps principe de este mundo, que en mundi huius, et in me non ha­ bet quidquam. mi no tiene nada; 31 Sed ut cognoscat mundus 31 pero conviene que el mun­ do conozca que yo amo al Padre quia diligo Patrem, et sicut y que, segûn el mandato que me mandatum dedit mihi Pater, sic diô el Padre, asi hago. Levantaos, facio. Surgite, eamus hinc. vâmonos de aqui. I ΙΠ. ALGUNOS TEXTOS DE LA ESCRITURA ALUSIVOS AL ESPIRITU SANTO A) El Espiritu de Dios alumbra y ensena a las almas 12 Ve, pues; yo estaré en tu i 12 Perge igitur, et ego ero boca y te ensenaré lo que has de I in ore tuo, doceboque te quid decir. : loquaris. SIX. J. TEX IOS SAG RADOS 13 At ille: Observo, inquit, Domine, mitte quem missurus es (Ex. 4,12-13). 13 Moisés replied: ;Ah Seflor! Manda tu mensaje, te lo pido por la mano de] que debes enviar. Intellectum tibi dabo, et in­ struam te in via huc, qua gra­ dieris; firmabo super te oculos meos (Ps. 31,8). Yo te haré saber y te enseôaré el camino que debes seguir: seré tu consejero y estarân mis ojos sobre ti. Universos filios tuos doctos a Domino; et multitudinem pacis filiis tuis (Is. 54,13). Todos tus hijcs serân adoctrinados por Yavé y gozarân de mucha paz. Non enim vos estis qui loqui­ mini, sed Spiritus Patris vestri, qui loquitur in vobis (Mt. 10,20). No seréis vosotros los que ha­ bléis, sino el Espiritu de vuestro Padre el que hable en vosotros. Et cum duxerint vos traden­ tes, nolite praecogitare quid loquamini: sed quod datum vo­ bis fuerit in illa hora, id loqui­ mini; non enim vos estis ioquentes, sed Spiritus Sanctus (Mc. 13,11). Cuando os lleven para ser entregados, no os preocupéis de lo que habéis de hablar, porque en aquella hora se os darâ qué habléis, pues no seréis vosotros los que habléis, sino el Espiritu Santo. 11 Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os pre-ccupéis de c6mo o qué habéis de respon­ der o decir, 12Spiritus enim Sanctus do­ 12 porque el Espiritu Santo os cebit vos in ipsa hora quid opor­ ensenarâ en aquella hora lo que teat vos dicere (Lc. 12,11). habéis de decir. 11 Cum autem inducent vos in synagogas, et ad magistra­ tus, et potestates, nolite solliciti esse qualiter, aut quid respon­ deatis, aut quid dicatis. Et scriptum est in Prophetis: Et erunt omnes docibiles Dei do. 6,45). En los Prcfetas esta escrito: Y serân todos ensenados de Dios. 16 Et ego rogabo Patrem, et alium Paraclitum dabit vobis, ut maneat vobiscum in aeternum, 17 Spiritum veritatis, quern mundus non potest accipere, quia non videt eum, nec scit eum: vos autem cognoscetis eum: quia apud vos manebit | et in vobis erit (Io. 14,16-17). 16 Y yo rogaré al Padre y os darâ otro Abogado, que estarâ con vosetros para siempre, 17 cl Espiritu de verdad, que el mundo no puede recibir, por­ que no le ve ni le conoce,* vosotros le conocéis porque permanece con vosotros y estâ en vesotros. 16 Ipse enim Spiritus testi­ monium reddit spiritui nostro, quod sumus filii Dei. 16 El Espiritu mismo da tes­ timonio a nuestro espiritu de que somos hijos de Dios. 26 Y el mismo Espiritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, por­ que nosotros no sabemes pedir Io que nos conviene; mas el mismo Espiritu aboga por nosotros con gemidos inefables. 26 Similiter autem et Spiri­ tus adiuvat infirmitatem nos­ tram: nam quid oremus sicut oportet nescimus, sed ipse Spi­ ritus postulat pro nobis gemiti­ bus inenarrabilibus (Kom. 8,16. 26). f' LA \ENIDA DEL ESPIRIH ' S\NTO Nos ha sellado y ha depositado qui signavit nos, et dedit pig­ las arras dei Espiritu en nuestrcs nus Spiritus in cordibus nostris (3 Cor. 1,22). corazones. 13 En El también vosotros, que escuchasteis la palabra de la verdad, el Evangelio de nuestra salud, en el que habéis creido, fuisteis sellados con el sello del Espiritu Santo prometido, 14prenda de nuestra herencia, rescatando la posesiôn que El se adquiriô para alabanza de su glo­ ria. Guardaos de entristecer al Eapiritu Santo de Dios, en el cual habéis sido sellados para el dia de la redenciôn. 18 In quo et vos, cum audissetis verbum veritatis, Evan­ gelium salutis vestrae, in quo et credentes signati estis Spi­ ritu promissionis Sancto. La unciôn que de El habéis re­ cibido perdura en vosotros y no necesitâis que nadie os ensene. porque, como la unciôn os lo ense&a todo y es veridica y no mentirosa, permanecéis en El, segùn que os ensefiô. Et vos unctionem, quam accepitis ab eo, maneat in vobis. Et non necesse habetis ut ali­ quis doceat vos: sed sicut unc­ tio eius docet vos de omnibus, et verum est, et non est men­ dacium. Et sicut docuit vos. manete in eo (1 Io. 2,27). B) 14 Qui est pignus hereditatis nostrae, in redemptionem aequi, sltionis, in laudem gloriae ip­ sius (Eph. 1,13-14). Et nolite contristare Spiritum Sanctum Del, in quo sijrnati . estis in diem redemptionis (Eph. 4,30). El Espiritu Santo prometido Porque yo derramaré aguas en el desierto, arroyos en lo seco, y derramaré mi Espiritu sobre tu posteridad y mi bendiciôn sobre tus descendientes. Effundam enim aqnas super sitientem, et fluenta super ari­ dam: effundam spiritum meum super semen tuum, et benedic­ tionem meam super stirpem tuam (Is; 44,3). To les daré otro ccrazôn, y pou­ dré en ellos un espiritu nuevo: y quitaré de su cuerpo su corazôn de piedra, y les daré un corazôn de came. Ét dabo eis cor unum, et spi­ ritum novum tribuam In visce­ ribus eorum et auferam cor la­ pideum de came eorum et dabo eis cor carneum (Ez. 11,19). No les esconderé mi rostro, por­ que habré derramado mi Espiritu sobre la casa de Israel, dice el Sefior Yavé. Et non abscondam ultra fa­ ciem meam ab eis, eo quod ef­ fuderim spiritum meum super omnem domum Israel, ait Do­ minus Deus (Ez. 39,29). Después de es to derramaré mi Espiritu sobre tc-da carne y profetizarân vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros ancianos tendrén suefios, y vuestros mozos venin visiones. Et erit post haec: Effundam spiritum meum super omnem carnem: et prophetabunt filii vestri, et filiae vestrae: senes vestri somnia somniabunt, et iuvenes vestri visiones vide­ bunt (loel 238). *· SEC. I. TJXTOS SAGRMOS Hoc autem dixit de Spiritu, quem accepturi erant credentes in cum: nondum enim erat Spi­ ritus datus quin leans nondum erat giorlflcatus (Io. “,89>. Esto di jo dei Espiritu que hablan de recibir los que creyeran en El, pues aùn no habia sido dado el Espiritu, pcrque Jesiis no habia sido gloriflcado. Sed ego veritatem dico vobis: expedit vobis ut ego vadam: si enim non abiero, Paraciitus non veniet ad vos; si autem ablero, mittam eum ad vos (Io. 16,7). Pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque, si no me fuere, el Abogado no vendrâ a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré. C) PROCEDE DEL PADRE Cum autem venerit Paraclitus, quem ego mittam vobis a Patre, Spiritum veritatis, qui a Patre procedit, ille testimonium perhibebit (Io. 15,26). D) Envi ado TAMBIÉN POR EL HlJO Ille me clarificabit: quia de meo accipiet, e annuntiabit vobis (Io. 16.14). E) Se llama Espiritu • Cuando venga el Abogado que yo os enviaré de parte del Padre, Espiritu de verdad, que procetestimonio de del Padre de mi. El me glorificarâ, porque tomara de ]o mfo y os Jo darâ a conocer. de Dios, J del Hijo y de Cristo Vos autem in corne non estis, sed in spiritu: si tamen Spiri­ tus Dei habitat in vobis. Si quis autem Spiritum Christi non ha­ bet, hic non est eius (Rom. 8.9). Pero vosotros no vivis segùn la came, sino segun el espiritu, es que de verdad el espiritu de Dios habita en vosotros. Pero, alguno no tiene el Espiritu de Cristo, ése no es de Cristo. Nobis autem revelavit Deus per Spiritum suum: Spiritus enim omnia scrutatur, etiam profunda Dei (1 Cor. 2,10). Pues Dios nos la ha revelado por su Espiritu, que el Espiritu todo lo escudrma hasta las profundidades de Dios. Quoniam autem filii estis, mi­ sit Deus Spiritum Filii sui in corda vestra clamantem : Abba, Pater! (Gal. 4,6). Y por ser hijos envio Dios a nuestrcs corazones al Espiritu de su Hijo, que grita: ;Abba, Padre! F) Habita en nuestras almas 4 No sabéis que sois templo de Dios y que el Espiritu de Dios habita en. vosotros? 4 No sabéis que vuestro cuerpo An nescitis quoniam membra vestra templum sunt Spiritus es templo del Espiritu Santo, que Sancti, qui in vobis est. quem esta en vosotros y habéis recibido Nescitis quia templum Dei estis, et Spiritus Dei habitat in vobis? (1 Cor. 3,16). ' ; i SIC. J. TEXTOS SAC.RAIXzS ft ft M W.NIDA DEL ESPIRITU SANTO de Dies, y que, por tanto, no os linbetls a Deu, et non estis ves­ tri? (L Cor. 0,10). pertenecéis ? 5 No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvô me­ diante el lavatorio de la regeneraclôn y renovaciôn del Espiritu Santo, 6 que abundantemente derraτηό sobre noactros por Jesucrisfo, nuestro Salvador, 7a fin de que, justificados por eu gracia, seamos herederos, segûn nuestra esperanza, de la vida eterna. G) 5 Non cx operibus lustitlae, qune fecimus nos, sed secun­ dum sunm misericordiam salvos nos fecit per lavacrum regene­ rationis, et renovationis Spiri­ tus Sancti, 6 quem effudit in nos abun­ de per le su ni Christum Salva­ torem nostrum: 7 Ut iustlflcati gratin Ipslns, heredes simus secundum spetn vivae aeternae (Tit. 3,5-7). SU OBRA REGENERADORA1 Yo, clerto, os bautizo en agua para penitencia; pero detriis de ml viene otro mâs fuerte que yo, a quien no scy digno de llevar las sandalias: El os bautizarâ en el Espiritu Santo y en el fuego. Ego quidem baptizo vos in aqua In poenitentiam: qui au­ tem post me venturus est. for­ tior me est, culus non sum dig­ nus calceamenta portare: Ipse vos baptizabit in Spiritu Sancto ct igni (Mt. 3,11). Yo os bautizo en agua, pero El Ego baptlznvi vos aqua, Hie os bautizarâ en el Espiritu Santo. vero baptizabit vos Spiritu Sancto (Mc. 1,8)· Respondiô Jesûs y le di jo: En verdad, en verdad te digo que quien no naclere de arriba no podrâ entrar en el reino de Dios. Respondit illi lesus: Amen, amen dico tibi, nisi quis rena­ tus fuerit ex aqua et Spiritu Sancto, non potest introire in rejjnurn Dei (lo. 3J5). Porque Juan bautizô en agua, Quin Tonnncs quidem baptlaqua, vos autem baptizopero vosotros, pasados no muchos zavlt bimimi Spiritu Sancto non poet dias, seréis bautizados en el Es­ inulto» ho * die» (Act. 1,5). piritu Santo. H) Se CONEIERE POR LA IMPOSICI0N DE MANOS 17 Enfonces impusieron las manos y recibieron el Espiritu Santo. 18 Viendo Simon que por la imposiciôn de las mânes de los apôsfoles se comunicaba el Es­ piritu Santo, les ofreciô dinero. 17 Tunc imponebant manus Miper illo», et accipiebant Spiritum Sanctum. 18 Cum vidisset autem Si­ mon, quia per Impositionem ma. nus apostolorum daretur Spiri­ *tu Sanctus, obtulit eis pecu­ niam (Act. 8,17-18). 1 Sobre la acciôn conwjladora drl Evpfrita San lu co el üma cte km G.i La Palabra de Crittv t ; p ■n Et eum ImpoMulRHct HIIh inunuB Paulua, venit Bplrltua Snnctun super eos, et loquebantur Unguis, ct prophetabant (Art. 19,0). . 1) E imponiendo Pablo las manos, descendiô sobre ellos el Espiritu stLnto, y hablaban lenguas y profetlzaban. MaNIFESTACIONES VISIBLES DE SU VENI DA ItaptizntiiN autem Icsus, confestlm ascendit de aqua. Et ccoo aperti Bimt caeli: et vldlt Spiritum Del descendentem sic­ ut columbam et venientem su­ per bo (Mt. 3,16). Bautizado Jesûs, saliô luego del agua. Y he aqui que vlô abrirsele los cielos y al Espiritu de Dies descender como paloma y venir sobre El. Et testimonium perhibuit loannew, dicens: Quia vidi Spi­ ritum descendentem quasi co­ lumbum de caelo, et mansit Nu­ per eum (Io. 1,32). Y Juan diô testimonio diciendo: Yo he visto al Espiritu descen­ der del cielo como paloma y posarse sobre El. 44 Adhuc loquente Petro ver­ ba haec, cecidit Spiritus Sanc­ tos super omnes, qui audiebant verbum. 44 Ann estaba Pedro diciendo estas palabras, cuando descendiô el Espiritu Santo sobre todes los que oian la palabra, 45 quedando fuera de si los fieles de la circuncisiôn que habian venido con Pedro de que el don del Espiritu Santo se derramase sobre los gentiles, 46porque les oian hablar en varias lenguas y gloriflcar a Dios. 45 Et obstupuerunt ex cir­ cumcisione fideles, qui venerant cum Petro; quia et in nationes gratia Spiritus Sancti effusa est 46 Audiebant enim IIIoh Ιοquentes linguis, et inagiuûcante» Deum (Act. 10,44-46). J) ARGUYE DE PECADO E INSPIRA A LOS SANTOS Et cum ■venerit Hie, nrfiruet mundum de peccato, et de iustltla et hidiclo (Io. 16,8). Y en viniendo éste, argüirâ al mundo de pecado, de justicia y de juiclo. Non enim voluntate humana allata est aliquando prophetia: »ed Spiritu Sancto inspirati, lo­ cuti snnt Sancti Del homines (2 Petr. 1^21). Porque la profecia no ha sido en los tiempos pasados proferida por humana voluntad, antes bien, movidos del Espiritu Santo, hablaron los hembres de Dios. K) CONFIERE EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS 22 Hæc cum dixisset, insuflavlt et dixit cis; Accipite Spi­ ritum Sanctum: 23 Quorum remiseritis pecca­ ta, remittuntur eis: et quorum retinueritis, retenta sunt (Io. 20,22-23). 22 Diciendo esto, soplô y les di jo: Reci bid el Espiritu Santo; 23 a qulenes perdonareis los pecados les serân perdonados; a quienes se los retuviercis les se­ rân retenidos. SECCION H. I. A) COMENTARIOS GENERALES S1TUACI0N' UTURGICA Significaciôn y contenido de la fiesta La fiesta de Pentecostés, antigua en el nombre, es nu?va en enanto a su significaciôn y contenido. En el Antiguo Testamento se celebraba a los cincuenta dias de, la Pascua y tué iustituida por Moisés como recuerdo de la proniulgaciôn de la ley sobre el Sinai. En el Nuevo Testamento se celebra también a los cincuenta dias de la Pascua para conmemorar la proniulgaciôn de la nueva ley, no escrita en tablas de piedra, sino esculpida en los corazones vivos de los moradores del cenâculo por el Espiritu Santo. El, enviado del Padre en nombre de Cristo, coltnô a la Iglesia del don de lenguas y de carismas extraordinarios. La fiesta de Pentecostés ha de consideratse, por tanto, la fiesta de la proniulgaciôn de la Iglesia, que naciô del costado de Cristo durmiente en la cmz, como pndriamo^ decir que en la antigua ley cru le fiesta de ’.a promulgu’tôii de lu Iglesia mosatca. B) Su historia San Pablo meneïona la fesûvidad al hablar a los de Corinto : Permanebo Ephesi usque ad Pentecosten (i Cor. i6,S). Mas no puede demostrarse si se refiere a la cristiana o a la judia. Un fragmento de Tertuliano (ci. De baptismo XIX : PL 1,1331) afinna que tuvo su origen en la época de los apôstoles. Menciônanla también Origenes, lo> Cânones de Hipôlito y las Constitutione^ apostôlicas. La peregrina Eteria nos la describe asimismo en et siglo IV, y dice que se celebraba en Jerusalén uua gran solemnidad, permanentemente instituida con vigilias nocturnas y oficios matu­ tinos eu la iglesia de la Resurrecciôn, cou procesiunes al monte de Siôn, donde se leia el pasaje de los Hechos de los Apôstoles sobre la venida del Espiritu Santo, y con otros actos en el Olivete y en Getsemani. donde se entonalxm las visperas, y desde donde, entraila la noche, se regresaba a la luz de antorchas a la iglesia principal (cf. Galindo Romeo, Eteria [Vitoria 1924] p.92-95). En los siglos de esplendor litûrgico se conmemoraba la solemni­ dad en San Pedro dei Vaticano, sin duda como recuerdo del que fué protagonista en el primer Pentecostés. ^Conforme al rito romano de las majores festividades del ano, se celebraba durante la noche el (OM1.NT MHOS < .1 NEM \LES 11 doble oîicio vîgilar : uno eu el hipogeo, donde se venera ba el area sépulcral, en el cual los canônigos can tab an la primera lecciôn, los cardinales la segunda y e! papa la tercera» (cf. .Schuster, Liber Sa­ cramentorum IV 181). C) Cierra el ciclo de la redenciôn La fiesta de Pentecostés cierra el ciclo litïirgico de la redenciôn, ya que la misiôn del Espiritu Santo constituye el ùltimo acto de Cristo como Redeutor de la humanidad. Por eso en un principio carecia de octava e inmediatamente venian los ayunos de las témporas de verano. La solemnidad liturgica de este dia es mâxima, como la Pascua. Las piezas de la misma entremezclan lo grandioso con lo intimo, lo inerte con lo suave. Junto a la majestad dei introito resalta la ternura dei Veni sancte Spiritus del aleluya ; junto al vigor, hasta en la nielodia, de la communio, la suavidad de la plegaria del ofertorio. Y descollando, por su belleza poética y su contenido teolôgico, la secuencia, atribuida a Inocencio III, que représenta uno de los mâs dulces hiinnos : «Ven, padre de los pobres ; ven, dador de mercedes; ven, j oh luz de las aimas!» D) Fiesta del amor Pentecostés, por ser la fiesta del Espiritu Santo, es asimismo la fiesta del amor. Dia de acciôn de gracias a Jesucristo, que sellô su redenciôn enviândonos al Santificador. Dia de jùbilo, porque todo el mtindo se alegra con gozo desbordante (prefacio). Dia de plegaria : «Ven, ioh Espiritu Santo !» Dia de instrucciôn acerca de la tercera Persona de la Santisima Trinidad. Para muchos cristianos de hoy, como para los de Efeso, continûa siendo el Espiritu Santo el gran descoriocido. Con la explicaciôn de la liturgia del dia, con la solemnidad extrinseca en la ceremonia y canto de la misma, con el esplendor de las mejores galas y luces, con el delicado adorno del altar, penetrarâ suave y efîcazmente en los fieles la vital trascendencia que el divino Espiritu significa para la santificaciôn de las aimas. APUNTES EXEGETICO-MORALES A) Epistola El espiritu litïirgico del dia y la predicaciôn ordinaria nos obli­ ga a centrar preferentemente la atenciôn en la epistola, que hoy se toma de los Hechos de los Apôstoles, y a concederle mâs espacio del acostumbrado. £Λ VENIDA DEL ESPIRITU SANTV Jesûs ha subido a los cielos. Al parecer, la sociedad divinanieumente organizada per Cristo no carece ya de ningùn elemento *»sencial, puesto que ha recibido el depôsito de la doctrina, la autoridad y la mision conferida con las palabras Id y cnstiuid <1 todas las gentes (Mt. 23,19). Sin embargo, la actitud de los discipulos es todavia de timidez ante la empresa. Necesitan el impulso definitivo del Espiritu San­ to, que desciende a complétât la obra de Cristo. Instruidos como estân por el Seâor, le esperan y se preparan para recibirle (cl. c.t v.S y 12-14). 1. Subieron al piso alto Es todo cuanto sabemos, pues que perteneciera o no la casa a Marcos y que ocurriera la venida en una de las edilicaciones anejas al templo, distinta del lugar donde habian permanecido durante diez dias, no pasan de set hipôtesis mâs o meuos aventuradas. 2. Perseveraban unanimes en la oraciôn... con Maria Estaban todos reunidos en compania de la Virgen y orabau. Desde la mâs remota antigûedad, los escritorea ascéticos han visto resumidas en este pasaje las condiciones necesarias para la oraciôn y para recibir las gracias del Espiritu Santo. Orabau porque sabian que las promesas divinas se cumplen y adelantan por medio de la oraciôn, sobre todo si se refieren a bienes espirituales (Le. 11,13). Estaban unânimes, esto es, concordes, jun­ tos, porque la oraciôn de muchos unidos por el amor tiene la promesa de su eficacia (Mt. 18,19). Permanecian cerrados al exterior y ordenaban todas sus facultades y potencias superiores e inferiorew a la oraciôn, con verdadera mortificaciân del cuerpo en servicio del aima, y del aima dirigida a Dios. Cuarenta dias dedicô Jesûs a prepararse para su vida pûblica. Por eso quiso que los suyos consagraran por lo meuos diez diat integros y que fueran también ejcmplo para todos los que intentan dedicarse al apostolado. No sabian cuândo habia de conccdérseles la venida del Espiritu, y multi plicaban sus pleganas como si cada dia lo hubieran de recibir, importunando a Dios para que, cuando no merecieseu alcauzar este don por amigos, siquiera lo alcanzasen por importunos (Le. ιι,β). Maria oraba y, sin jerarquia eclesiâstica humana, présidia. Madré de la Iglesia en el Calvario, lo era también en el cenaculo. ;Qeé mejor intercesora para implorât que venga a nosotros el divino Espiritu? · Fué para los apôstoles motivo de este recogimieuto el mandato del Senor. Pero también el conocimiento de su flaqueza. Del escândalo sufrido durante la pasiôn sacaron el de>eo de ser confortadot, por el Espiritu Santo, y lo pedian unas veces al Padre por los mé­ rites de su Hijo ; otras al mismo Hijo, para que cumpliese su pala­ bra, y otras a la tercera Persona, para que se dignase venir. A medida que suplicaban, el Espiritu Santo ensanchaba su corazôu para que orasen mâs inteasameute. CÜM ENTA R Π/S GENERALES 13 Llegô h fiesta de Pentecostés cincuenta dias despu és de la Pas­ cua. Instituida en principio para ofrecer a Dios las primicias de los frutos dei campo, vino mâs tarde a celebrarse en ella el recnerdo de la promulgaciôn de la ley de Moisés al pie del Sinai. La coiucidencia no puede ser mâs notable, si no fué buscada directamente por Dios. Λ la inmolaciôn del cordero pascual, simbolo de la liberaciôn del cautiverio de los faraones, sucede la fnndaciôn de la anti­ gua ley en el desierto sinaitico. A la inmolaciôn del Cordero de Dios, liberador del cautiverio del pecado, la muerte y el demonio, sucede esta promulgaciôn de la ley definitiva. Notemos que lo que para nosotros constituye un tema de profundidades teolôgicas, para la multitud judia que inundaba Jerusalén era algo vital. Bullian las calles, porque la fiesta representaba una de las très principales, a las que acudian hebreos, procedentes uo sôlo de Palestina, sino de toda la diaspora. Los Hechos de los Apôstoles, con su conocimiento habituai de las costumbres, dicen el dia (v.i), porque, asi como las escenopegias duraban ocho, la festividad de Pentecostés se reducia a una sola jornada. if 1. Estando todos Probabilisimamente no sôlo los doce, sino los ciento veinte de que se hablô en el capitulo anterior (v.15). A partir de este momento, la escena, concisamente narrada, nos describe los signos anteriores a la infusion del Espiritu Santo, los que la acompaûaron y los efectos. i.° Ruido del cielo conio de viento impetwso, y todo ello de repente Taies fueron los signos irjmediatos. Nada de espanto ni de aparatos de asombro. Los apôstoles estaban sumidos en oraciôn, y el Espiritu Santo es el Espiritu de la paz. Si ahora es anunciado por ruidos como de viento, en otra ocasiôn bajô sobre Elias cnal aura suave : Non in commotione Dominus (3 Reg. 19,12). Significaba este aparato exterior la plenitud otorgada, el impetu de amor y la grandeza de Dios, que descendia, y todo ello bajo la forma semiespirirual del viento, al que ya comparô Jesûs con la obra del Espiritu Santo (Ιο. 3,8), y la penetrante y encendida del fuego. Viento de Dios, venido de lo alto y que inunda toda la casa, son las inspîraciones que nos envia el Espiritu, y a las que, si correspondemos, seguirân otras mayores, hasta visitarnos El con la justifîcaciôn o Henarnoî con sus dones y frutos, si es que ya habita dentro de nosotros. Inspiraciones repentinas, porque el Espiritu sopla cuando quiere y donde quiere, como quien obra no por nuestros méritos, sino por su misericordia. Inspiraciones, por onde, que no debemo<; preterir. 2.0 Signos concomitantes Fueron las lenguas de fuego que se posaron sobre los discipulos. No es fâcil imaginar aquel resplandor igneo en la habitociôn, ni saber si fueron muchas llamas las que centellcaron sob: iii i || j ΙΑ VI NIDA DEL ESPIRITU SANTO SIC. 2. COMI.XIARIOS GENERALES 3.0 Figuras Entre las utilizadas por el Espiritu Santo para representar uno u otro de sus efectos, ban de mencionarse las siguientes : una paloma en e! bautismo del Sefior, simbolo de pureza y fecundidad ; una nube en la transfiguraciôn, lluvia y abundancia de dones (gloria de Cristo, segûn otros) ; un hâlito en el cenâculo, para indicar la vûla y poder espiritual que confieren los sacramentos, y, finalmente, el fuego como acabamos de indicar. aus aquellos cfectos que guartian mâs rvlaciôn con el carActer o propiedades tie la misma. Ann siendo esta la doctrina general de la teologia, no quiere decir que no exista algùn que otro autor que, ante la constancia de la misma revelaciôn en atribuir al Espiritu Santo ciertas opera­ tiones eu las almas y en la Iglesia, nu se preguntc si existirâ o no algfiu peculiar efecto eausado ]>or el Espiritu Santo de modo misterioso para nosotros, lo cual ciertainente no seria fâcil de explicar eu para teologia. Notemos, finalmente, que la Iglesia, por no separar nunca a las ires Personas, no lia celebrado ninguna fiesta dedicada al Padre, al Verbo o al Espiritu Santo, pues la encarnaciôn, pongamos por ejeinplo, no es la celebraciôn dei Verbo, sino su venida a la tierra, v esta misma de Pentecostes conmemora no la divinidad del Espiritu Santo, smo su infusiôn a los apôstoles. 2. Quedaron todos Uenos del Espiritu Santo 3. Quedajido todos Es la infusion, simbolizada en aquel posarse, que denota ligo permanente. Nuestra teologia, a difereucia de la de los Padres antenicems, que por carecer de formulas técnicas habia de incurrir a veces en la imprecisiôn, nos explica en qué consistio esta infusion del Espi­ ritu Santo. Dios esta presente en todas partes por esencia, presencia y potencia ; pero, del mismo modo que el rey esta especialmente pre­ sente en aquel lugar en el que pone mayor cuidado, Dios estA presente también de un modo nuevo alii en donde verifica un nuevo efecto, con tanto mâs motivo cuanto que en Dios, donde estA su obra. alii esta su esencia, va que obrar, poder v ser se identifican en El. Dios, pues, que estâ presente en las almas como lo esta en el fondo de los mares, comienza a existir de modo especial cuando créa la gracia dentro de nosotros, por la que, asimilândonos a su naturaleza, produce en nuestra alma una nueva relaciôn a El. El que estaba como Creador comienza a vivir dentro de nosotros como amigo y como don. Los apôstoles antes de Pentecostés vivîan en gracia y, por lo tanto, Dios habitaba en ellos. Ahora bien, ademâs de la gracia con su cortejo de virtudes, Dios puede producir dentro de nosotros nuevos efectos y concedernos nuevos poderes, lo cual supone también una nueva obra y, consiguicntemeute, una nueva entrega y pres°ncia o, por lo menos, una presencia mâs intima. Por esto vemos que a quieues estaban ya en gracia les dice el Sefior en el cenâculo : Rccibid cl Espiritu Santo (Ιο. 20,22), confiriéndoles a continuaciôn un nuevo poder, el de perdonar los pecadçs, y ahora, cuando se trata de una efusiôn superabundante que los convierte en ôrganos de la revelaciôn y columnas de la Iglesia, tiéne lugar otra espléndida manifestaciôn de signos exteriores. No olvidemos que las operaciones ad extra son comunes a las tres divinas Personas, puesto que, como hemos dicho, en Dios la operaciôn se identifica con la indivisa esencia. Son, pues, las très divinas Personas las que descienden e inhabitan. Pero ha sido uso comûn, sancionado por la misma Sagrada Escritura, atribuir de un modo especial a cada una de las très Perso- El Espiritu Santo es el niisino, y sus gracias son mùltiples. He aqui un tema favorite de los Santos Padres y de hondas consecuendas ascéticas. Bajô sobre todos, y a cada uno de ellos le confiriô la gracia imprescindible para su misiôn. Llenô a Maria con la que necesitaba coino Mediadera universal y Reina de los apôstoles ; pero, puesto que ella rebosaba de gracia y de virtudes, no le infundio las que para nada precisaba. Maria no recibiô la gracia peculiar del evangelista. Colmô el Espiritu Santo a los apôstoles, pero fueron distintas las misiones de Pedro y de Mateo, pongamos por caso. También en las almas el Espiritu Santo persigue un objetivo comiin, la asimilaciôn a Cristo, la fîliaciôn divina y la santificaciôu total, mas para cada uno elige diversas sendas. En saber compagiaarlas todas, en seguir el impulso de lo alto, consiste Ia norma jabia de la santificaciôn propia, de la direcciôn espiritual e incluso del gobierno de la Iglesia y de sus asociaciones. de los apôstoles o fucrou sendas sobre ellos. MAs interesante es el simbolismo que todos ban visto en el fuego en forma de lengua. Por ser fuego, calienta e ilumina para amar y entender y pénétrât intimamente, convirtiendo en llama el cuerpo de que se apodere. Por ser lengua, parece indicar la fe y el amor, que han de llenar la palabra, fin y elemento eseucial de todo apôstol. c) La MANIFESTACIÔN Serian como las nueve de la maüana, esto es, la hora tercia (v.15) poco mâs o menos. Los apôstoles se presentaron en los patios del templo, adonde los judios acudian en muchedumbre para orar en la fiesta de Pentecostés. La barquilla de Cristo comenzaba a navegar. iQué piloto de buque humano hubiera podido sospechar tal periplo a lo largo de los siglos y a través de todos los continentes ? ê Hubiese supuesto Pila­ to que, al estudiarse en libros la historia de Roma, persistiria el poder de aquellos gai ileos ? He aqui que en aquella jornada la Iglesia se promulga y coinienza a ser obligatoria. La sinagoga ya ha muerto. Durante el tiempo de sus funerales, dirân los escolâsticos de la Edad Media que .os judios de buena fe podian continuar su rito ; pero era la Iglisia quien otorgaba la gracia, y la antigua ley dentro de poco comenzaria a ser no cosa muerta, sino mortifera. Por el contrario, la Iglesia de Cristo, desde el instante de su constituciôn, de sn manifestaciôn primera, mostraba ya todos Ids caractères que la pcrpetuarian hasta el fin de los siglos. Era catûlica LI < £ \ l • y universal, y asi hablaban todas las lenguas. Era îus predicadores, apôstoles. de el relos 1. Comenzaron a liablar en lenguas extrahas Prometido este don ,Mc. 10,40; 11,16 y 16,17), no Cteemos que deba confundirse con el de la glosolalia de las primeras reuniones cristianas, en las que quien lo recibia podia expresarse en lenguas desconocidas para cl y que otro necesitaba interpretar (1 Cor. 14.28). Pensanios que £ué un don dirigido esenciahnente a los apôstoles para que pudieran propagar la buena nueva entre gentes que no hablaban ni el arameo ni el griego, como era frecuentisimo en el Imperio romano, y que quizâs no poseyeron en otras ocasiones. Mas dificil es saber si hablaban en realidad las lenguas de sns oyentes o utilizaban sôlo una que todos entendian. El versiculo 4 afirma que hablaban lenguas extradas, y el 6, que les oia cada una en la propia. Del texto parece deducirse mejor la primera hipôtesis, pero sin excluir la segunda. Segùn que el Espiritu les daba Z. He aqui el ideal del predicador. Los apôstoles siguieron la mo­ tion del Espiritu Santo, no sôlo en la lengua elegida, sino en el fondo, forma y celo ardiente de su predicaciôn. El apôstol debe aplicar todos los medios y esfuerzos de la naturaleza humana que Dios le ha dado, para abandonarse después al Espiritu, a quien primero ha granjeado con la oraciôn y la penitencia, sin hablar nunca nada que el mismo Espiritu no pueda inspirar. Y lo que inspira ya lo sabemos : la ciencia de Dios y non in persuasibilibus humanae sapientiae verbis (i Cor. 2,4). 8. Estupefactos de admiraciôn La admiraciôn de los judios malévolos, de îos de buena voluutad y de los peregrinos fué mny diversa. ~ La de estos ùltimos nacia del milagro que presenciaban. No estaban probablemente muy enterados de lo acaecido anteriormente. La de los judios sinceros, incluso sacerdotes, les llevô a bautizarse en masa, atônitos al oir a testigos presenciales de la resurrecciôn. El efecto en Anâs, Caifâs y secuaces ya lo conocemos. Fué un ejemplo triste de cômo la ruisma gracia que convierte a unos sirve de argumento de condenaciôn para otros. 4. Judies y prosélitos Esto es, hvbreos creyentes y extranjeros, amigos de la ley de Moisés, a la que eran medio admitidos. 5. Pedro Se ha preseutado la Iglesia al mundo. ;Cômo? Sc levantô Pedro. . Pedro justifica a los suyos y comienza su sennôn, centrado todo en un dogma y una prueba : la divinidad de Cristo es el dogma ; lo hemos visto resucitado. la prueba. SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES B) a) 17 Evangelio Consider aciones generales Cuando en la tercera dominica después de Pascua nos encoutramos por primera vez con el discurso del Sefiog en la ïiltima cena, ya advertimos que, por tratarse de un lenguaje de conversaciôn, en el que se da rienda suelta a Ios sentimientos, hay numerosas repeti­ tiones. La necesidad, por tanto, de insistir varias veces sobre los mismos ténias, nos exime de extendernos hoy. El capitulo 14 comprende el final de la primera parte del sermon. El Seûor parece que va a concluir e invita a los discipulos a lev? ntarse. Pero, como quien no acierta a despedirse, vuelve a reanudar la conversaciôn. Nuestro trozo es a su vez la continuaciôn de lo que iba dicien-io en los versiculos anteriores, interrumpido por Judas Tadeo con escasa oportunidad. ^Nos desanimaremos todavia cuando en nue.stra predicaciôn el pueblo nos entienda a media, si a los très aiios de convivencia Judas Tadeo no habia penetrado en el sentido del reino mesiânico v de la manifestation de Cristo ? Al proseguir el Seûor, responde de un modo indirecto a Judas, declarando cômo se ha de manifestar no sôlo a los doce, sino a todos cuantos le amen. El amor tiene como efecto la observancia de las palabras de Cristo (los preceptos de que hablaba en el v.21), y como premio el amor del Padre, quien, juntamente con el Hijo, se manifestarâ de tui modo nuevo e insospechado, mediante la inhabitaciôn. Basândose sôlo en este texto y sin recurrir a las pruebas teolôgicas, no podriamos deducir sino la presencia de las dos primeras Personas en el alma justa. Pero hay otros muchos pasajes en los que se habla de la venida del Espiritu Santo. Son, pues, las tres divinas Personas quienes inhabitan en el alma santa. Fluyen de esta verdad consideraciones tan abundante, que ni siquiera podemos resumirlas. Tales como la valoraciôn de nuestras almas y de la bondad de Dios ; el aprecio del prôjimo ; el temor de contristar al Espiritu Santo, que habita en nosotros ; la vida divina se gu n el Espiritu y no segùn la carne (cf. infra, Nieremberg sec.V, VJ. b) Los TEXTOS 1. Nosotros El Sefior habla en plan de igualdad perfecta con el Padre cnn snstancial. 2. El que no me ama La conclusion es lôgica. Si no me ama, no observa mis mandamientos. Pero también parece perfectamente lÔgicô anadir : Y mi Padre y yo no vendremos a él. La inhabitaciôn de la Santisima Tridad exige en nosotros la reciprocidad del amor y de las obras en una vida intima, misteriosa e intercomunicada. Quien conficsc que I' 3. La palabra que ois no es mia, slno del Padre, que me ha enviado He aqui otra de las rendijas por las que entrevemos los raudales de luz de la Santisima Trinidad. No es mîa, porque todo lo que tengo es del Padre, de quien lo recibî por la generaciôn eterna. Cristo indicaba, ademâs, a los apéstoles la autoridad de su doctrina. Os he dicho estas cosa> El Senor promulga su testamento. La herencia que os dejo son mis enseôanzas, y enviaré al Espiritu Santo para que os las aclare. Como el Hijo ha sido enviado en nombre del Padre y para revelario, el Espiritu Santo sera enviado por el Hijo para que explique sn mision, sus propôsitos y sus consecuencias. La obra del Espiritu habrâ de desenvolverse dentro de este limite. Todo sueüo de uuevas economias suyas, fuera de la révélation y de los estatutos de Cristo, no pasarâ de ser imaginacién herética. El Padre envia al Verbo, el Espiritu Santo consolida su obra y la Santisima Trinidad coloca a Cristo como centro de los tiempos hasta la consumaciôn. Hasta ese dia, Cristo sera la cabeza de la Iglesia, y el Espiritu Santo cl aima que la gobierna y vivifica. 4. Os traerâ a la memoria todo lo que yo os he dicho Asi lo enseûô a los apostoles y nos lo ensena a cada uno, iluininando los entendimientos con las primeras gracias actuales aun antes de haber conseguido el perdôn de los pecados. Sin El no podemos decir fructuosamente ni aun que Jesûs es el Senor. la iluminaciôn se torna mâs intensa con los dones v frutos, de que hemos hablado en dominicas anteriores. 5. La paz os dejo... En los labios de Jesûs, esta frase significa algo nids que el saludo corriente de los judios. Nos déjà la paz como legado y como don. Ni en el orden espiritnal, ni en el social, ni en el internacional podrâ encontrarse la paz fuera de Cristo, porque solo puede engendrarla su doctrina de orden v de amor. La paz completa exige el orden permanente del hombre para con Dios, para con sus hermanos y para consigo mismo. Nuestrts relaciones con Dios no pueden ordenarse sino a través del que nos réconcilié con El, y por medio del cual podemos elevar al Padre nuestra adoraciéu y nuestras peticiones. Las que deben existir entre los hombres solo serân estables y perfectas cuando nos reconozcamos hermanos en Cristo y cumplanios su ley de amor, ûnica capaz de superar los egoismos econômicos y nacionalistas. Las closes sociales vivirân en armvuia si se saben hijas del mismo Dios y con los mismos derechos ante El, y las naciones, si reconoccn al tribu­ nal de Jésus que un dia juzgarâ a los jueces. Finalmente, la paz interior del hombre, ordenadas la< pariones y les deseos a la razôn, sélo se consigne por la gracia de Cristo. 6. » ·« SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES 19 Si, pues, Cristo es la fuente de la paz, y en su despedida dijo : La paz os dejo, mi paz os doy (v.27), i por qué no la disfrutan jos hombres? <;No sera porque nunca han estado con Cristo, sino con el mundo? Porque el mundo también ofrece otra paz, pero muy distinta de la de Cristo. Son dos poderes que, incapaces de entenderse, aparecen en franca pugna, segùn el discurso del Senor. El espiritu de Cristo es el de la Verdad, y el mundo, opuesto en todo, sirve al espiritu de la mentira. Fruto del uno es el orden tranquilo y per­ manente ; fruto del otro, la alegria bulliciosa de la pasiôn, la ambiciôn de la triple concupiscencia y el desorden con su inquietud no saciada y su triste después. En los bienes que promete Cristo pueden participar todos, y cuantos çnâs participai! mas gozan en ellos ; los bienes dei inundo se disputan, y de ahi el odio y la guerra. 7. No se turbe vuestro corazôn °i. Porque os volveré a ver, y enfonces nadie podrâ arrebataras vuestro gozo. 2.0 Porqne la gloria que me espera es tal, que debierais alev.raros y hasta dar por merecida la pasiôn. 8. Porque el Padre es mayor que yo Unos autores refîeren esta inferioridad a la naturaleza humana de Cristo, mieutras que otros, siguiendo al cardenal Toledo y a San Agustin, la relacionan con el Hijo de Dios, que sc anonadô tornando la forma de siervo (Phil. 2,7). 9. Os lo he dicho ahora La pasiôn imprevista hubiera podido parecer un fracaso ; anunciada, se convierte en criterio de verdad, como toda profecia. Des­ pués de tanto anuncio, los discipulos saben que Cristo muere porque quiere, pues de lo contrario nadie podria arrebatarle la vida, y asi El la volverâ a tomar cuando le plazca (lo. 10,17). Tal es el plan divino. 10. Viene el principe de este mundo Es como si dijera : Ya no puedo hablar mucho con vosotros porqne llega la hora del demonio, y aunque sobre mi no tiene poder alguno, porque no conozco el pecado y soy en todo superior a él, sin embargo, he de permitir que se ensane en mi. La pasiôn fné la hora del demonio. ; Que misterios no envuelve esa lucha de Satanâs contra Dios ? £Y me puede extranar que luche también contra mi quien ha disfrutado de tanto poder? Pero, si soy fiel a Jesûs, no lo tendra tampoco. 11. Conviene que el mundo conczca que yo amo al Padre Μ<· dijo Cristo: Curad a los enfermas (Mt. 10,8); agricultores, porque también les mandô: Yo os envio a scgar lo que no trabajasteis (Io. 4,38), y timoneles, porque los hizo Pesca­ dores de hombres (Mt. 4,19; Lc. 5,10). Nuestra naturaleza habia subido diez dias antes al trono regio y hoy baja a ella el Espiritu Santo; el Senor llevo al cielo las primicias y nos devolviô el Espiritu... Enviaraos al cielo nuestra fe, y el Espiritu Santo nos otorga sus doues; le enviamos la obediencia y recibimos la santidad... C) El Espiritu obra la reconciliacion Cuando el Senor esta airado, retira el Espiritu Santo, Asi ocurriô con Heli por la condescendencia con sus hijos (1 Reg. 3,11). Y lo mismo en tiempos de Daniel, cuando fué negado el don de profecia (Dan. 3,38). El propio Evangelio nos dice que aun no habia sido dado el Espiritu, porque Jesûs no habia sido glorificado (lo. 7,39), esto es, porque no habia subido a la cruz para reconciliarnos con el Padre. Viviamos en el odio, en la ofensa. Aùn no se habia inmolado el Cordero que quita los pecados dei mundo, y como a enemigos de Cristo se nos negaba el Espiritu Divino, serial de réconciliation. Por eso dijo Jesûs: Conviene que yo me vaya, porque, si no me fuere, el Parâclito no vendra a vosotros (lo. 16,17). Si, pues, el carecer del Espiritu Santo es signo de ira divina, cuando veâis que se reparte copiosamente, no dudéis de que ha llegado el perdôn”. D) £ Donde esta hoy el Parâclito? Mas ahora, ; donde esta el Parâclito? . · I.A \ 1.51 DA PEL ESPIRITU SANTO los idiomas, ^no era figura inequivoca de la gran Iglesia de hoy, desde el oriente al ocaso ya difundida, que habla todas las lenguas? Ahora es el cumplimiento de aquella pro­ mesa” (cf. Serm. 267,3: BAC, Obras de San Agustin, t. 7 p.457-459; PL 38,1231). 2. Don de lenguas ayer y hoy “Aquel viento no hincho, sino que alimento; aquel fne­ go no quemô, sino que excitô. Se cumpliô lo que mucho an­ tes se habia profetizado: No hay discursos ni palabras cuya voz deje de oirse (Ps. 18,4). Para que después, al iniciarse la predicaciôn del Evangelio, se cumpliera lo que sigue: Su pregon sale por la tierra toda y sus palabras llegan a los confines del orbe de la tierra (Ps. 18,5). ^Qué otra cosa profetizaba el Espiritu Santo... sino que tod os habian de creer en el Evangelio, de forma que al principio cada uno de los fieles, y después la Iglesia entera, hablara todas las lenguas? ^Qué dicen a esto los que no quieren incorporarse a la sociedad cristiana, que fructifica y crece por doquiera? iPueden acaso negar que viene también ahora el Espiritu Santo sobre los cristianos? Pues ^por qué no habla nadie las lenguas de todas las gentes (indicio de su venida de entonces), sino porque ahora se cumple lo que enfonces se significaba? En aquella ocasiôn un solo fiel hablaba todas las lenguas, y ahora la unidad de los fieles las habla tam­ bién. Asi, pues, también hoy son nuestras todas las len­ guas, porque todos somos miembros del cuerpo que las po­ sée” (cf. Serm. 269,1: PL 38,1234). 3. La diversidad al servicio de la unidad “Aquel viento purificaba los corazones de la paja car­ nal; aquel fuego consumia el heno de la vieja concupiscencia; aquellas lenguas en las que hablaban, Uenos del Es­ piritu Santo, simbolizaban la Iglesia futura... Porque asi como después dei diluvio la impiedad soberbia de los hom­ bres edificô contra el Sefior una torre elevada y se dividiô el género humano en diversas lenguas para que cada raza tuviera la suya propia y no pudiera ser entendida por las demâs, asi la hunfilde piedad de los fieles puso la diver­ sidad de sus lenguas al servicio de la unidad de la Iglesia, para que los elementos dispersos de la humanidad se aunasen como miembros de un mismo cuerpo en la cabeza, que es Cristo, y en la unidad de este santo cuerpo se inflamaran con el fuego del amor. Porque asi como enfonces, al recibir al Espiritu Santo, un solo hombre hablaba las len­ guas de todos, asi ahora habla todas las lenguas la misma unidad a la que pertenecéis, v en la que recibis el Espiritu Santo” (cf. Serm. 271: PL 3*8,1245). SEC. c) 3- SS. PADRES. El Espiritu Santo, SAN AGUSTÎN alma del <33 Cuerpo mîstico 1. Diversas funciones, pero vida comûn “Nadie, pues, interrogue como, habiendo recibido al Es­ piritu Santo, no recibiô el don de lenguas. Si queréis po­ seur el Espiritu Santo, prestadme atenciôn, hermanos mios. Decimos aima al espiritu que hace vivir al hombre y llâmase aima al espiritu que a cada uno de los hombres da la vida, y bien sabéis el oficio del alma dentro del cuerpo: dar vida a todos los miembros. Ve por los ojos, oye por el oido, huele por el olfato, habla por la lengua, y por medio de los pies anda. Présente a todos los ôrganos, a la vez toda entera en todos, presta vida y funciôn peculiar a cada uno. Ni oye el ojo, ni el oido habla, ni la lengua ve; todos, sin embargo, vivent el oido y la lengua. Las funciones son di­ versas, mas la vida es comûn. Asi la Iglesia de Dios obra milagros por medio de algunos santos, por otros predica la verdad; es virgen en unos, en otros guarda la castidad conyugal; en éstos esto y en aquéllos aquello; cada uno tiene su don, su funciôn especifica, pero su vida es la misma. Lo que respecto al organismo humano es el aima, lo es el Es­ piritu Santo respecto al cuerpo de Cristo, la Iglesia; el Espi­ ritu Santo hace en toda la Iglesia lo que hace el aima en todos los miembros de un mismo cuerpo. Ved ahora lo que debéis buir, observar o temer. Acontece a las veces amputar un miembro del cuerpo; digamos un pie, una mano, un dedo. iSigue por acaso el aima en el miembro amputado? Integrando el cuerpo vivia; fuera del cuerpo muere. Tal un cristiano catôlico vive mientras permanece unido al cuerpo de la Iglesia; en separândose del cuerpo, es hereje, miembro cortado y sin vida. Si, pues, queréis viv τ del Espiritu San­ to. guardad la caridad, amad la verdad, manteued la unidad para llegar a la vida perdurable” (cf. Serm. 267,4: BAC, t.7 p.459; PL 38,1231). 2. A semejanza del cuerpo “Contemplad nuestros miembros. El cuerpo estâ constituido de muchos, y una misma aima los alimenta a todos. A través de la propia aima, por virtud de la cual existo yo como hombre, coordino todos mis miembros; les mando que se muevan, empleo los ojos para ver, los oidos para oir, la lengua para hablar, las manos para obrar, los pies para caminar. Los oficios de los miembros son diversos, pero un mismo espiritu los anima . Se mandan y se hacen muchas cosas, pero uno manda y a uno se le sirve. Pues lo que nuestra aima es para nuestros miembros, el Espiritu Santo lo es para el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Por La Palabra de C. c 34 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO T eso el Apôstol, cuando habia del cuerpo, dice: Unum cor­ pus. Mas yo te pregunto: 4 Vive este cuerpo? Vive. Y iquién unifica su vida? Un aima: Et unus spiritus. Observad, her­ manos, nuestro cuerpo y compadeceos de los que se apartan de la Iglesia. Mientras vivimos y disfrutamos de salud, cada uno de los miembros cumple su oficio. Si un niiembro duele, todos los demâs se compadecen; porque estân en el cuerpo pueden compadecerse ; no pueden, en cambio, expirar. Pues 4 qué es expirar sino perder el espiritu? Ahora bien, si se arranca un miembro del cuerpo, ^acaso sigue en él el espiritu? Y, sin embargo, se reconoce qué miembro es: dedo, mano, brazo, oreja, etc. Continûan, si, teniendo la forma, pero no la vida. Asi el hombre separado de la Iglesia. Buscas en él el bautismo, y lo encuentras. Buscas la fe, y la hallas. Posee la forma. Pero, si no esta alimentado por el espiritu, en vano nos gloriaremos de la for­ ma” (cf. Serm. 268,2: PL 38,1232). d) “Si me amâis, 5ÏÏ guardaréis mis mandamientos ” (lo. 14,15) JH Apôstol dice (del Espiritu Santo) : El amor de Dios “El se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Es­ piritu Santo, que nos ha sido dado (Rom. 5,5). iCômo afirma, pues, el Senor: Si me amdis, guardaréis mis man­ damientos; y yo rogaré el Padre y os dard otro Abogado (lo. 14,15-16), refiriéndose al Espiritu Santo, sin cuya posesiôn no podemos amar a Dios ni guardar sus mandamientos? O Reorno guardaremos los mandamientos para recibirlo, si no los podemos guardar sin El? Réstanos, pues, entender como el que ama tiene al Espiritu Santo, y teniéndolo merece tenerlo mâs, y teniéndolo mâs, puede amar mâs. Asi, pues, los discipulos ciertamente tenian el Espiritu Santo, que el Senor les prometia y sin el cual no hubieran podido llamarle Senor; mas no lo tenian tal como se lo prometian. Lo tenian, por tanto, y no lo tenian, porque no lo tenian tanto cuanto habian de tenerlo. Lo tenian menos. Se les habia de concéder mâs. Lo tenian ocultamente. Lo habian de recibir manifiestamente, porque era mayor don del Espiritu Santo el conocer que lo tenian. Mâs aùn, el Senor diô manifiestamente el Espiritu no solo una vez, sino dos. Pues al poco tiempo de resucitar, soplando sobre ellos, dijo: Recibid el Espiritu Santo... (lo. 20,22). Conste claramente que sin el Espiritu Santo no podemos nosotros amar a Cristo ni guardar sus mandamientos. Podemos, en cam­ bio, hacerlo tanto mâs cuanto mâs percibamos al Espiritu Santo y tanto menos cuanto que lo percibamos menos. De aqui que se prometa eficazmente al que no lo tiene y al que - -* PADRES. SAN AGUSTIN 35 lo tiene: Al que no lo tiene, para que lo tenga, y al que lo tiene, para que lo tenga mas” (cf. In lo. tr.74 n.l: PL 35,1826). e) Medida LA DONACIÔN DEL ESPÎRITU SANTO “Cuando San Juan Bautista dice: Dios no da el Espiritu Santo con medida (lo. 3,34), referiase al Hijo de Dios, al cual no se le diô el Espiritu Santo con tasa, porque en El habito toda la plenitud de la divinidad. Sin la gracia del Espiritu Santo, Jesucristo hombre no séria mediador entre Dios y los hombres, puesto que El mismo afirmaba de si que se cumpliô aquella profecia: El espiritu del Senor esta sobre mi, porque me ungiô para evangelizar a los po­ bres (Le. 4,18-21). Que el Unigénito sea igual al Padre no corresponde a la gracia, sino a la naturaleza. Pero que el hombre sea asumido a la unidad de la persona del Unigé­ nito es cosa de la gracia y no de la naturaleza. A todos los demâs, el Espiritu Santo se da conforme a una medida y, una vez dado, se aumenta hasta que cada uno, segun el modo de su perfecciôn, cumple la propia medida. Por eso amonesta el Apôstol: No sentir por encima de lo que con­ vene sentir, sino sentir modestamente (Rom. 12,3). No es que se divida el Espiritu Santo, sino los dones. Existe diversidad de dones, pero uno mismo es el Espiritu (1 Cor. 12,4)” (cf. In lo. tr.74 n.3: PL 35,1828). B) II 11 Doctrina agustiniana sobre el Espiritu Santo a) Misiones divinas “Asi como el Padre engendré y el Hijo fué engendrado, asi el Padre envia y el Hijo es enviado. Pero el que envia y el enviado, asi como el engendrador y el engendrado, son uno, porque el Padre y el Hijo son una misma cosa (lo. 16,30). Y uno con ellos es el Espiritu Santo, por­ que los très son unidad. Nacer es para el Hijo ser del Pa­ dre; por el Padre fué engendrado; y ser enviado es conocer su procedencia del Padre. Para el Espiritu Santo, ser don de Dios es también procéder del Padre, y ser enviado es reconocer que procede de El. Y no podemos afirmar que el Espiritu Santo no procéda del Hijo, porque no en vano se le dice Espiritu del Padre y del Hijo. No veo qué otra cosa pueda significar aquella sentencia que el Hijo de Dios pronunciô al soplar sobre el rostro de sus discipulos y de­ cides: Recibid el Espiritu Santo (lo. 20,22). I '0^' ?·6 LA VENI DA DEL ESPIRITU SANTO Aquel hâlito material, procedente de la substancia te­ rrena y actuando sobre los sentidos corporeos, no podia ser substancia del Espiritu Santo, sino un simbolo para demostrar que el Espiritu Santo no solo procede del Padre, sino también del Hijo” (cf. De Trinitate 4,20: BAC, t.5 p.383-384; PL 42,908-909). b) El envîo del Espiritu 1. Antes de la glorification de Jesûs “Y icômo entender esta frase del evangelista: Aûn no habia sido dado el Espiritu, porque Jesus no habia sido glorificado (Io. 7,39), sino en el eentido de que aquella dâdiva o mision del Espiritu Santo habia en el futuro de comunicarse, después de la glorificacion de Cristo, como ja­ mas lo habia sido antes? Dâdiva ya lo era, pero no como lo fué después. Si antiguamente no se daba el Espiritu San­ to, ipor quién fueron inspirados en sus vaticinios los vi­ dentes? En innûmeros pasajes de la Escritura se dice con claridad que hablaron movidos por el Espiritu Santo. Asi, de San Juan Bautista se profetiza que séria Ueno del Es­ piritu Santo desde el seno de su madré (Le. 1,15); y lleno también del Espiritu Santo encontramos a su padre. Za­ carias, al pregonar las grandezas de su hijo (Le. 1,67-79) ; y llena estaba Maria (Le. 1,46-55) del Espiritu Santo al magnificat las obras del Sefior, que llevaba en sus entranas, como lo estaban también Ana y el viejo Simeon (Lc. 2,2538) al reconocer la majestad de Jesûs en aquel parvulillo. i Como, pues, no habia sido αύη dado el Espiritu Santo, porque Jesus no habia sido glorificado (Io. 7,39), sino por­ que aquella entrega, donation o rnision del Espiritu Santo habia de tener una propiedad muy singular en su venida, hasta enfonces ignorada?” 2. Después de la glorificaciôn de Jesûs “En efecto, jamâs antes se habia oido a los hombres hablar lenguas extrafias al descender sobre ellos el Espiritu Santo, como aconteciô cuando era menester manifestat su venida por medio de signes sensibles, para que en todo el orbe pudiera ser conocido, y las nationes, escindidas y separadas por mil idiomas, habian de creer todas en Cristo mediante la gracia del Espiritu Santo, para que tuviese cumplimiento lo que dice el salmista (Ps. 18,4-5) : No hay discursos ni palabras cuya voz de je de oirse. Su pregân sale por la tierra toda, y sus palabras Tlegan a los confines del orbe” (cf. De Trinitate 4,20,29: BAC, t.5 p.385-387; PL 42,909). ' Λ « ·<**Λ 37 SEC. 3. SS. PADRES. SAN AGUSTIN c) El Espiritu Santo, don de Dios las Escrituras segùn San Agustin hace acopio de numerosos textos demostrativos de qne el Espiritu Santo es un don. El agua que promete el Sefior a la Samaritana después de de'cirle : Si conocieras el don de Dios (lo. 4,10), es la misnia agua viva, el Espiritu que habian de recibir los que crcyeran (lo. 7,37-39). Sau Pablo llama a la gracia don de Cristo (Eph. 4,7). Estos do­ ues repârtelos Cristo después de haber subido llevando cautiva a la cautividad (Eph. 7,8), y de elles se dice también que los obra el mismo Espiritu (1 Cor.’ 12,11). San Pedro habia del don del Espiritu Santo dado a quienes se bautizan (Act. 2,37-38). Don de Dios le llama acusando a Sim6n Mago (ibid., 8,20) (cf. De Trinitate 15,19 : BAC, t.5 p.903-907 ; PL· 42,1083-1085). d) Se llama don del Espiritu misMo Espiritu Santo al “Y pues ven cômo el Espiritu Santo ha sido denominado dnn dp D’os, en consecuencia, cuando oyen decir: don del Espiritu Santo, adviertan que se trata de una locution si­ milar a esta otra de la Escritura: Por el despojo del cuerpo de carne (Col. 2,11). Asi como el cuerpo de carne es sencillamente la carne, el don del Espiritu Santo es el mismo Espiritu Santo. Es don de Dios en cuanto se da a los que se da. En si siempre es Dios, aunque no se dé a nadie, por­ que es Dios coeterno al Padre y al Hi jo, antes de ser a na­ die otorgado, y no inferior al Padre ni al Hijo, aunque éstos den y aquél sea dado. Es dado como don de Dios y da en cuanto Dios. Es imposible que no sea dueno de su poder, pues de El se dijo: El Espiritu sopla donde quiere (Io. 3.8). Y en el pasaje ya citado del Apôstol: Todas estas cosas las obra un ûnico y mismo Espiritu, que distribuye a cada uno seyun quiere (1 Cor. 12,11). No existe dependencia en el dado ni dominio en los que dan, sino mutua concordia entre BAC, o.c., p.909; PL los donantes y el don” (ibid 42,1086). e) El Espîritu Santo se dice PROPIAMENTE AMOR, aunque no lo sea El solo en la Trinidad 1. El don mas exquisito de Dios "En consecuencia, si Dios es caridad (1 Io. 4,8), como la Escritura Sagrada lo proclama, el amor viene de Dios y actùa en nosotros para que Dios permanezea dentro de nosotros y nosotros en El, y si esto lo sabemos porque nos 38 ΙΑ VEMDA PEL ESPIRITU S INTO diô de su Espiritu, entonces este mismo Espiritu es el Dios amor. Ademâs, si entre los dones de Dios ninguno hay mâs exeelente que el amor, y el Espiritu Santo es el don mâs exquisito de Dios, ^qué hay mâs consecuente que el que procede de Dios y es Dios sea también caridad? Y si el amor con el que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Pa­ dre indicio es de la comuniôn inefable de ambos, iqué hay mâs natural que llamar propiamente amor al que es Espi­ ritu comûn de los dos? No solo el Espiritu Santo es en aquella Trinidad amor; esto la razôn lo comprende y saludablemente lo créé la fe; mas, por los argumentes ya aducidos, no en vano se le llama propiamente caridad. Como tampoco sôlo El es en la Tri­ nidad espiritu o santo, porque el Padre es espiritu y espiritu es el Hijo, santo es el Padre y santo es el Hijo, verdad esta de la que no duda la piedad, y, sin embargo, no sin motivo se llama por apropiaciôn Espiritu Santo. Pues es a los dos comûn, se le designa con un nombre comûn a ambos. De otra manera, si en aquella Trinidad sôlo el Espiritu Santo fuese amor, el Hijo seria hijo, no solo del Padre, sino también del Espiritu Santo”. El amor del Padre es su misma naturaleza “En 0’ numerosos pasajes se dice y se lee: “Hijo unigénito del Padre”, sin que esto excluya la verdad que le asiste al Apostol cuando dice de Dios Padre: Nos libro dei poder de las tinieblas y nos traslado al reino dei Hijo de su amor (Coi. 1,13). No dice: “De su Hijo”, cosa que podia afirmar con toda certeza, como con pleno derecho lo hace frecuentemente, sino que aqui le plugo decir: Del Hijo de su amor. Luego es Hijo dei Espiritu Santo si en aquella Trinidad solo el Espiritu Santo es caridad. Y si esto es un absurdo mayûsculo, resta confesar que alii no es solo el Espiritu Santo caridad, mas, por los argumentes ya indicados, se llama asi por apropiaciôn. La frase del Hijo de su amor equivale a esta otra: “De su amado Hijo”, o, finalmente, “del Hijo de su substancia”. El amor del Padre, en su esencia, de una simplicidad inefable, no es otra cosa que su naturaleza o substancia, como queda ya probado y no me cansaré de repetir. Por consiguiente, el Hijo de su amor es el engendrado de su substancia” (cf. De Trinitate, 15,19,37: BAC, t.5 p.909-911; PL 42,1086). SEC. f) Cristo da el SS. PUiKIS, SAX AGUSTIN 39 Espiritu Santo como Dios. Lo recibe COMO HOMBRE 1. Doble donaciôn del Espiritu Santo I “La causa por que otorga el Espiritu Santo, primero en la tierra (Io. 20,22), después de su resurrecciôn, y mâs tarde desde el cielo (Act. 2,4), es, a mi juicio, porque la caridad, que ha sido derramada en nuestros corazones (Rom. 5,5) por el don, nos impulsa al amor de Dios y al amor del prôjimo, segûn aquellos dos preceptos de los cuales penden la Ley y los Profetas (Mt. 22,37-40). Para simplificar esto, el Senor Jesûs diô dos veces el Espiritu Santo: la una, en la tierra, para significar el amor al prôjimo; la segunda, desde el cielo, para indicar el amor de Dios... Como no ha de ser Dios el que da el Espiritu Santo? 0 mejor, ^qué Dios tan grande no sera el que da a Dios? Ninguno de sus discipulos did el Espiritu Santo. Oraban, es cierto, para que descendiese sobre aquellos a quienes imponian las manos; pero ellos no lo daban. Esta costumbre la observa aûn hoy la Iglesia en sus sacerdotes...” 2. La unciôn del Verbo hecho carne "Por esto, el mismo Senor Jesûs no solo diô como Dios el Espiritu Santo, sino que lo recibiô también como hom­ bre; por lo cual se dice Ueno de gracia (lo. 1,14) y del Es­ piritu Santo (Le. 4,1). De El esta escrito con mâs claridad en los Hechos de los Apôstoles: Le ungïô con el Espiritu Santo (Act. 10,38). No es ciertamente con ôleo visible, sino con el don de la gracia, simbolizado en el ungüento visible con que la Iglesia unge a sus bautizados. Mas Cristo no fué ungido con el Espiritu Santo, en el momento de su bautismo, cuando descendiô sobre El en figu­ ra de paloma (Mt. 3,16). Entonces se dignô prefigurar su cuerpo, es decir, su Iglesia, en cuyo regazo reciben los bauti­ zados el Espiritu Santo; sino que ha de entenderse ungido con esta mistica e invisible unciôn cuando el Verbo se hizo carne (lo. 1,14), es decir, cuando la humana naturaleza, sin mérito alguno precedente de buenas obras, se uniô al Verbo de Dios en las entranas de una virgen, formando con El una sola persona. Por eso confesamos que naciô del Espiritu Santo y de la Virgen Maria” (cf. De Trinitate 15, 26,46: BAC, t.5 p.929-931; PL 42,1092-1094). < g) PROCEDE SIN Tj IZH?,IPO DEL PADRE Y DEL HlJO, PERO NO ES HI J O 1. En la etemidad no hay sucesiôn temporal “Donde el tiempo no existe, ipodemos acaso inquirir si el Espiritu Santo procediô del Padre antes del nacimiento del Hijo o si no habia afin procedido y, una vez nacido el Hijo, pudo ya procéder de ambos, a la manera como, donde la duraciôn existe, podemos examinar si es la voluntad la primera en procéder dei alma humana y buscar luego lo que encontrado se llama su proie, y, nacida esta, se perfectio­ ns la potentia volitiva y descansa en su fin, convirtiendo el anhelo de la bûsqueda en el amor gozoso de la posesiôn, amor que procede de la mente que engendra y de la notion engendrada como de padre y de prole? Tales cuestiones no pueden proponerse donde nada se initia en el tiempo y, en consecuencia, nada en el tiempo se perfecciona”. 2. Generaciôn intemporal en el seno de la Trinidad “Por lo cual, el que pueda entender la generation intem­ poral del Hijo en ei seuo oel Padre, entienda también la procesiôn intemporal del Espiritu Santo de ambos. Y quien pueda entender lo que el Hijo dice: Como el Padre tïene vida en si mismo, asi el Hijo debe tener vida en si mismo (lo. 5,26), no lo interprete como si el Padre diese la vida al Hijo, que ya existia, pero carecia de vida, sino que en­ tienda que lo engendrô fuera del tiempo, para que la vida que el Padre diô al Hijo engendrândolo, sea coeterna a la vida del Padre, dador de la vida; quien comprends esto, vea como el Padre tiens en si mismo el que de El procéda el Espiritu Santo; diô al Hijo el que el mismo Espiritu San­ to procéda también de este, y ambos sin intervalo de tiem­ po. Por eso se dice que el Espiritu Santo procede del Padre, para que se entienda que al Hijo le viene del Padre el que procéda también del Hijo”. Si cuanto el Hijo tiene lo recibe del Padre, del Padre recibe el que procéda de El el Espiritu Santo. Pero nadie ima­ gine aqui notion alguna de tiempo, principio y fin, porque alli el tiempo no existe.” 3. Esencia sin principio de tiempo “;No seria absurdo muy grande llamarle Hijo de am­ bos, pues la procesiôn de los dos proporciona al Espiritu Santo una esencia sin principio de tiempo y sin mutation de naturaleza, como la generation proporciona al Hijo una esencia sin indicio de tiempo y sin generation de substan- SIC. 3. SS. .PADRES. SAN GREGORIO MAGNO 41 cia? Por esta razon, aunque no digamos que el Espiritu Santo ha sido engendrado, no osamos llamarle ingénito, para que nadie malicie en dicha palabra dos padres en aquella Trinidad soberana o dos personas sin procedencia de origen. Solo el Padre no procede de nadie; por eso es el ùnico que se denomina ingenito, no en las Escrituras, sino en el lenguaje usual de los que tratan de tan encumbrado misterio y se expresan como pueden. El Hijo es nacido del Padre, y el Espiritu Santo procede principalmente del Padre, y por concesiôn del Padre, sin intervalo de tiempo, procede de los dos como de un princi­ pio comûn. Se le podria llamar hijo del Padre y del Hijo si ambos le hubieran engendrado, cosa que el buen sentido rechaza con horror. De los dos procede el Espiritu de am­ bos, pero por ninguno de ellos fué engendrado” (cf. De Tri­ nitate 15,26,47: BAC, t.5 p.929-935; PL 42,1094-1095). IV. SAN GREGORIO MAGNO Sobre el evangelio del dia Iras una acertada exégesis dei texto evangélico del dia, el San­ to soluciona la dificultad aparente de la pluralidad de formas que ba revestido el Espiritu Santo en sus manifestaciones visibles (cf. Hoin. 30 n.S, in lo. 14,23-31). A) a) Apostillas al evangelio El Espiritu es todo amor “Carisimos hermanos, vamos a exponer brevemente la lecciôn del santo evangelio de este dia, para detenernos después en la contemplaciôn de tan gran solemnidad”. Recibieron los apôstoles al Espiritu Santo y se inflamaron de amor. “El mismo Espiritu Santo es todo amor. Por esta razôn dice San Juan: Dios es caridad (1 lo. 4,8-16). El que desea a Dios con toda su aima, ya tiene a quien amar... Si a cualquiera de vosotros se le preguntase si ama a Dios, responderia terminantemente: “Le amo”. En el comienzo de la lecciôn del santo evangelio habéis oido lo que dice la Verdad: Si alguno me ama, observarà mis palabras. Luego la prueba del amor son las obras. Por eso dice el mis­ mo San Juan en su carta: El que dice: Amo a Dios, y no observa sus mandamientos, es un mentiroso (ibid., 20). i ί 42 ΙΛ VENIDA DEL ESPIRITU SANTO Arnamos, por consiguiente, con verdad a Dios cuando, desoyendo nuestras pasiones, nos convertimos y observamos los mandamientos de Dios”. b) La dicha de hosp ARLE EN NUESTRO CORAZÔN “F mi Padre le amarà, y vendra a él, y en él haremos morada. Considered bien, carîsimos hermanos, la inefable dicha que supone dar hospedaje en nuestro corazôn a Dios. En efecto, si cualquiera persona distinguida o que ocupe algùn puesto elevado, o algûn amigo rico y poderoso, nos anunciara su visita, ;con que solicitud limpiariamos y ocultariamos todo aquello que pudiera ofender la vista de esta persona o amigo! Lave, pues, primero las manchas y suciedades que tiene el que ha ejecutado malas obras, si quiere preparer a Dios una rada en su aima. Atended bien a estas palabras de la Verdad: Vendremos a él y en él haremos morada. Dios viene al corazôn de algunos sin colocar su mansion en ellos, porque llegan a temer a Dios y se compungen; pero en el momento en que son tentados se olvidan de los motivos de su arrepentimiento y vuelven a incurrir en los mismos pecados, como si jamâs se hubieran dolido de ellos. Dios viene y hace mansion en el corazôn del que le ama verdaderamente y observa sus mandamientos, y de tal manera es penetrado por el amor de la Divinidad, que no se desprende ni separa de él ni aun en tiempo de tentaciôn. Luego ama verdaderamente aquel cuyo corazôn no se déjà vencer y no consiente al pla­ cer malo, pues tanto mâs se aleja uno del amor celestial cuanto mâs se deleita en el amor terreno”. c) ‘‘El QUE NO ME AMA, NO GUARDA MIS PALABRAS” “Continua el Seûor por boca de San Juan: El que no me ama, no guarda mis palabras. Examinad bien vuestro inte­ rior, hermanos carîsimos. Mirad si amâis verdaderamente a Dios. Ninguno se créa a si mismo si lo que créé no se co­ rresponde con las obras. Preguntemos acerca del amor de Dios a nuestra aima, a nuestra vida, a nuestra lengua. El amor de Dios jamâs se encuentra ocioso, y obra grandes cosas si existe en nosotros; pero, si rehusamos obrar bien, senal es de que carecemos de él”. “Y la palabra que ois no es mia, sino de mi Padre, que me ha enviado. Sabéis, carîsimos hermanos, que el que ha­ bla es el unigénito Hijo, el Verbo del Padre, y, por consiguiente, la palabra que habla el Hijo no es del Hijo, sino del Padre, porque el Hijo es el Verbo del Padre...” SIC. 3. SS. I‘\I>KES. SAN GREGORIO MAGNO d) El Parâclito “El Espiritu Santo, el Parâclito, que el Padre enviarà en mi nombre, os lo ensenarâ todo y os traerâ a la memoria todo lo que yo os he dïcho. Muchos de vosotros sabéis, hermanos niios, que la voz griega parâclito équivale a la que en latin significa abogado, porque aboga ante el tribunal del Padré por los errores de los delincuentes. De este, que tiene la misma naturaleza que el Padre y que el Hijo, se dice, que ora por los pecadores, porque hace que oren todos aquellos a quienes ha inundado con su amor. Por ello dice San Pablo en su carta a los Romanos (8,26) : El mismo Espiritu pide por nosotros con gemidos que no se pueden explicar. El que pide y suplica es menor que aquel a quien suplica. Enfonces icômo se dice que el Espiritu Santo pide, no siendo menor que ninguna de las otras Personas? El mismo Espiritu Santo suplica, porque inflama con su amor a los que ha llenado, para que pidan y supliquen. Se llama también consolador al Espiritu Santo, porque eleva el aima de los que se arrepienten de sus pecados y los prépara para conseguir el perdôn. Muy oportunamente dijo el Seûor acerca de este Espiritu: El os ensenarâ toda verdad. Si el Espiritu Santo no se halla présente en el corazôn de los que escuchan, son inûtiles las palabras y exhortaciones de los predicadores. Nadie atribuya al predicador lo que le oye, porque, si el Espiritu Santo no estuviere en el interior del que ensena, su lengua se ocuparia en vano de exhortar al bien. Ved, pues, que todos estâis escuchando ahora la mis­ ma voz y no todos percibis el mismo sonido. Luego, no siendo distinta la voz, ^por qué perciben distinto sonido los que la escuchan, sino porque hay un maestro interior que ensens. de una manera especial a algunos, para que entiendan lo que dice el predicador? Acerca de esta unciôn del Espi­ ritu Santo dice San Juan en su primera carta (2,27) : Asi como su unciôn os adoctrina en todas las cosas. Luego la palabra no instruye por la palabra si vuestra mente no estâ ungida por el Espiritu Santo”. B) a) La festividad SlGNIFICACIÔN DEL MILAGRO “Hemos expuesto con la mayor brevedad las palabras del santo evangelio de este dia. Dirijamos ahora nuestro ânimo a la contemplaciôn de tan gran festividad... Habéis oido que J Ii J 44 LA TENIDA DEL ESPIRITU SANTO el Espiritu Santo se aparecié sobre los discipulos en forma de lenguas de fuego y a todos concedié el don de lenguas. , ^Qué significa este milagro sino que la santa Iglesia, llena de este mismo Espiritu, habia de hablar por boca de todos los pueblos? Los que intentaron edificar una torre contra los designios de Dios, perdieron el uso de Ia misma len­ gua (Gen. 11,8); y en los que temian humildemente a Dios fueron unidas todas las lenguas de la tierra. En este dia, la humildad recibié por premio esta gracia, mientras que en la construction de la torre la soberbia recibié como cas­ tigo la confusion. i Por qué razén el Espiritu Santo, coeterno con el Padre y con el Hijo, aparecié bajo la forma de fuego? ^Por qué bajo la forma de fuego y de lenguas a la vez? iPor qué se ha manifestado unas veces bajo la forma de paloma sobre el unigénito Hijo de Dios, y sobre los apéstoles bajo la de fuego, de modo que ni se manifesté sobre el Senor bajo la forma de fuego ni sobre los apéstoles bajo la de paloma? Respondamos, en cuanto sea posible, a estas preguntas”. b) La forma de fuego “El Espiritu Santo, coeterno con el Padre y con el Hijo, se aparecié bajo la forma de fuego, porque Dios es fuego incorporeo, inefable e invisible, como dice San Pablo en su carta a los Hebreos (12,99): Nuestro Dios es fuego que consume. Se dice de Dios que es fuego porque por El se consume la herrumbre e inmundicia de nuestros pecados. Acerca de este fuego dice la Verdad: Vine a poner fuego a la tierra, y ^qué mâs quiero sino que arda? (Le. 12,49). Se comparan con la tierra los corazones apegados a las co­ sas de este mundo. Porque, mientras amontonan en si mismos pensamientos bajos, son pisoteados y hollados por los espiritus malignos. El Senor pone fuego en la tierra cuando infiama los corazones de los carnales con el soplo del Espiritu Santo. Y arde la tierra cuando estos corazones abandonan las concupiscentias del présente siglo y se inflaman en el amor de Dios. Luego con razén se aparecié el Espiritu Santo bajo la forma de fuego, porque el fuego aleja de los corazones la indolencia y la frialdad y los enciende en el deseo de su eternidad”. c) La forma de lengua “El Espiritu Santo se manifesté bajo la forma de lenguas de fuego porque es coetemo con el Hijo, y la lengua tiene estrecha relation de parentesco con la palabra... La SEC. 3. SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO 45 lengua sensibiliza la palabra, y por eso el Espiritu Santo se apareciô bajo la forma de lenguas, porque todo aquel que es tocado por el Espiritu Santo confiesa al Verbo de Dios, esto es, al Hijo unigenito del Padre, y no puede negarle, pues tiene la lengua del Espiritu Santo. O dicho de otra manera, el Espiritu Santo se aparecié bajo la forma de lenguas de fuego porque da valor y hace hablar a todos los que llena. Los maestros en la Iglesia tienen lenguas de fuego, porque, cuando predican el amor de Dios, inflaman los corazones de los oyentes. Séria ociosa y de ningùn va­ lor la palabra del que ensena si no es capaz de prender el incendio del amor. Los discipulos que iban a Emaûs sintieron los efectos de este incendio, producido por las pala­ bras que les dirigié Jesueristo, y decian: &No se inflamaba nuestre, corazôn, cuando hablaba en el camino y nos aclaraba las Escrituras? (Le. 24,32). En efecto, el aima se enardece con lo que escucha, aleja de si la indolencia y la frialdad, se inflama en deseos sobrenaturales y se enajena de las con­ cupiscendas terrenas. El amor verdadero que se apodera del aima la atormenta con lâgrimas, y, al ser atormentada con tai ardor, se alimenta con sus mismos tormentos... El Espiritu Santo se apareciô bajo la forma de paloma y de fuego porque a todos los que llena los hace sencillos y los anima a obrar. Los hace sencillos con la pureza y los anima con el celo. A Dios no puede serie grata ni la sencillez sin celo, ni el celo sin sencillez. De aqui que diga la Verdad: Sed prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas (Mt. 10,16)... iDe qué sirve la sencillez sin la rectitud, y la rectitud sin la sencillez? Como quiera que este Espiritu ensefia la rectitud y la sencillez, debié manifestarse bajo la forma de fuego y bajo la de paloma, a fin de que todo corazén tocado con su gracia sea pacifico con la mansedumbre y se estimule por el celo de la justicia”. d) La forma de paloma 1. El Unigenito del Padre, juez del género humano “Por ùltimo, ipor qué razén se apareciô en nuestro Redentor, Mediador de Dios y de los hombres, bajo la forma de paloma, y en los discipulos bajo la de fuego? El unige­ nito Hijo de Dios es el juez general del género humano. Mas iquién podria soportar su justicia si examinera nuestras culpas segùn el celo de su rectitud, antes de haber procurado con su mansedumbre que nos corrigiéramos? Se hizo hombre por los hombres y se manifesté a ellos lleno de humildad y mansedumbre. No quiso castigar a los pecado- S' ■r. 4G ΙΛ VENIDA DEL ESPIRITU SANTO res, sino atraerlos hacia si. Quiso primeraniente corregir con mansedumbre para tener en el dia del juicio a quien salvar. 2. El Espiritu Santo, espiritu de mansedumbre Por consiguiente, el Espiritu Santo debio manifestarse sobre el Sefior bajo la forma de paloma, porque no venia a castigar celoso a los pecadores, sino a tolerarlos todavia con su mansedumbre. Y debiô manifestarse sobre los discipulos bajo la forma de fuego, para que éstos, que eran simplemente hombres, y, por consiguiente, pecadores, estimulasen a los demâs a reflexionar y castigasen en si por la penitencia los pecados que Dios perdona con su mansedum­ bre. Segûn San Juan, los que siguen los preceptos del Maes­ tro celestial no podian estar exentos de pecado: Si dijésemos que no tenemos pecado, nos seducimos a nosotros mismo3 y no decimos verdad (1 Io. 1,8). Luego el Espiritu Santo se apareciô a los hombres bajo la forma de fuego y en el Sefior bajo la de paloma, porque debemos examinar con detenciôn y escrupulosidad y quemar y borrar con la penitencia los pecados que Dios en su misericordia nos per­ dona por su mansedumbre. Por eso el Espiritu Santo se manifesto sobre nuestro Redentor bajo la forma de paloma y en los hombres bajo la de fuego, porque cuanto mas mitiguemos la severidad de nuestro juez, tanto mâs debe estimularse y robustecerse nuestra flaqueza para con El”. e) La obra del Espiritu Santo 1. En los padres del Antiguo y del Nuevo Testamento “Levantemos los ojos de nuestra fe, y contemplemos las obras de su Autor, y reflexionemos sobre los padres del Antiguo y del Nuevo Testamento. Con los ojos de la fe contemplo a David, Amos, Daniel, Pedro, Pablo, Mateo; quiero considerar de qué manera es el Espiritu Santo el autor de las obras que estos esclarecidos varones hicieron, y al hacerlo desfallece mi ânimo. Llena al joven citarista y le trueca en salmista (1 Reg. 16,18). Llena al pastor de ganados que se mantenia con cabrahigos, y le convierte en profeta (Am. 17, 14). Llena al abstinente joven, y le vuelve juez de los ancianos (Dan. 13,6). Llena al pescador, y le hace predicador (Mt. 4,19). Llena al publicano, y es un evangelista (Le. 5,27-28). iOh, qué artifice es este Espi­ ritu! No se tarda en aprender lo que quiere. Inmediatamente que toca nuestra mente, ensefia, y solo haber tocado es « SEC l’ADRES. SAN G K EGO RIO MAGNO 47 haber ensenado ya. Inmediatamente que ilustra el aima, la transforma. Oculta repentinamente lo que era y manifiesta lo que no era”. 2. Debemos arnar al Espiritu vivificador Vuelve San Gregorio a cantar la obra del Espiritu San­ to y continûa: “^Quién fué el que los elevô a tanta gloria? ;Qué hizo con ellos sino transformarlos de hornbres car­ nales en cielos? Reflexionad, hermanos carisimos, y meditad bien cuân grande es la fiesta de la venida del Espiritu Santo que estâmes celebrando. En la encarnaciôn del Hijo unigénito de Dios, Este tomô nuestra carne; pero en la venida del Espiritu Santo los hombres recibieron a Dios. En el misterio de la encarnaciôn, Dios se hizo hombre. En el misterio que celebramos en este dia, los hombres fueron hechos dioses por adopciôn. Por consiguiente, si no queremos permanecer carnales en la muerte, hermanos carisi­ mos, amemos al Espiritu que vivifica”. 3. Resplandor del Espiritu Santo en les apôstoles “Como la carne ignora las cosas que son del Espiritu, tal vez haya alguno que diga en su interior, impulsado por algùn pensamiento carnal: iCômo voy a amar a quien ig­ noro? También opinamos sobre nosotros mismos de la misma manera, porque... tanto mâs desconocemos al Creador cuanto con mâs familiaridad y apego nos ocupamos y pensamos en las cosas corporales. A pesar de ello, cuando ve­ rnos a algunos obrar maravillas, enfonces nos cercioramos de que Dios habita en sus aimas. Ninguno de nosotros puede detenerse a mirar al sol cuando sale, porque nuestra vista queda herida con sus rayos. Pero vemos las monta­ nas iluminadas por él y nos cercioramos de que ha salido. Tampoco podemos ver al Sol de justicia en si mismo. Procuremos, pues, admirar las montanas iluminadas con su claridad, esto es, los santos apôstoles, que resplandecen por sus virtudes, brillan por los milagros que hicieron, y son inundados por la claridad del Sol naciente, que, invisible hasta ahora, se hace visible por medio de ellos, como la salida del sol material cuando ilumina las montanas con su luz. La virtud de la Divinidad esta en si misma como el sol en el cielo. La virtud de la Divinidad esta en los hombres como el sol en la tierra. Contemplemos, pues, al Sol de iusticia en la tierra, ya que no podemos verlo en el cielo, para que, practicando con su auxilio toda clase de buenas obras, podamos contemplarle algùn dia. AHi esta el descanso verdadero y seguro. Alli es donde reina la paz y la tranquili- ■·* 48 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO . ..... ...... ■ .....a ■ ■ — —— SEC. 3. SS. PADRES. SAN BERNARDO dad perpetua, que nos darâ nuestro Senor Jesucristo, el cual vive y reina con el Padre, en unidad del Espiritu San­ to, Dios, por todos los siglos de los siglos”. V. SAN BERNARDO El Espiritu Santo en nuestra santifîcaciôn Condensâmes brevemente las principales ideas de su primer serπιόη de Pentecostés (cf. BAC, Obras selectas p.5O5 *5o8). A) Manifestaciôn del Espiritu Santo Si celebramos las solemnidades de los santos, ^cuânto mâs debemos celebrar la de Aquel a quien todos deben su santidad? Hoy es el dia en que entrevemos algo dei divino Espiritu. A la Santisima Trinidad sôlo podremos conocerla perfectamente en la gloria, porque, si es cierto que actualmente sabemos del Padre que es el Creador, ^quién, en cam­ bio, puede investigar su eternidad e inmutabilidad? Hemos visto la encarnaciôn dei Verbo, pero ^quién alcanza los misterios de su generaciôn? Del mismo modo nadie conoce la procesiôn del Espiritu Santo, que hoy se nos manifiesta algo por medio de signos exteriores. Senales del Espiritu Santo fueron todas aquellas que acompafiaron su bajada, aparté dei cambio experimentado por los apôstoles, como lo son asimismo lo que ocurre en nuestras aimas. “Asi también ahora lo que el Espiritu Santo obra en nosotros da de El testimonio.” B) Nos separa del mal “Porque todos los preceptos que hemos recibido se dirigen a que, desviândonos de lo malo, hagamos lo bueno, mira como el Espiritu ayuda nuestra flaqueza en lo uno y en lo otro...” Nos separamos del mal por medio de très actos, a saber: la compunciôn, la oraciôn y la remisiôn, y los tres se deben a esa divina Persona. a) 4J La compunciôn la recibimos de Quien, llegando al fuego con frio do, dudarâ que vino del fuego el calor, ner sin él? Asi, si el que, estando antes dad, se enciende luego en el fervor de El y siendo calentaque no podia te­ frio en su iniquila penitencia, no 49 dude que ha venido otro Espiritu que reprenda y juzgue al suyo...” "Tienes esto también en el Evangelio, cuando, hablando el Senor del Espiritu que habian de recibir los que creian en El, dice: El argüirà al mundo de pecado, de jus­ ticia y de juicio" (lo. 16,8). b) La oraciôn también iDe qué sirve hacer penitencia de la culpa, si no se im­ plora el perdôn? Esto lo obra el Espiritu Santo infundiéndonos la dulce esperanza y orando en nuestros corazones, pues ya es sabido que El es quien ora con gemidos inéna­ rrables (Rom. 8,26) y nos ensena a decir: iAbba, Padre! (Gai. 4,6). EL PERDÔN Y si asi ora dentro de nuestros corazones, icômo no orarâ dentro del del Padre? El nos ensena a pedir perdôn y luego El mismo lo concede, de dos maneras, inclinando al Padre a que nos perdone y verificândolo El directamente: Recibid el Espiritu Santo. A quienes perdonareis los pecados, les serân perdonados (lo. 20,22). C) Nos inclina al bien "Amonesta la memoria, ensena a la razôn, mueve la voluntad. En estas très cosas consiste toda el aima. Sugiere a la memoria lo bueno en pensamientos santos, apartando asi de nosotros la pereza y la torpeza. Por tanto, siempre que sintieres tu corazôn algo inclinado a lo bueno, da ho­ nor a Dios y haz revereneia al Espiritu Santo, cuya voz suena en tus oidos. Porque El es el que habla la justicia. Y en el Evangelio tienes: El os traerà a la memoria todo lo que yo os he dicho (lo. 14,26). Y advierte lo que habia dicho antes: El os lo ensenarà todo (ibid.). Por esto dije arriba que ensena a la razôn. Muchos son amonestados para obrar el bien. Pero de ningûn modo acertarân en lo que han de hacer si de nuevo no los asiste la gracia del Espiritu Santo y si esta misma no les ensena a obrar lo mismo que habia inspirado, para que no sea infructuosa la gracia de Dios. Mas ;qué dice la Escritura? Al que sabe hacer el bien y no lo hace, se le imputa a pecado (lac. 4,17). Por tanto, es forzoso que seamos no sôlo amonestados y ensenados, sino también movidos y aficionados a lo bueno por aquel Es- 30 I \ VENI DA DEL ESPIRITU SANTO SECCION II'. piritu que ayuda a nuestra flaqueza, y por quien se difunde en nuestros corazones la caridad, la cual es la voluntad buena”. D) TEOLOCOS Pentecostés final 4 No te parece que, cuando c4 Espiritu Santo viene iluminando y moviendo todas nuestras potencias, es como si llenara toda nuestra casa de lenguas de fuego? Pero no, porque todavia esperamos otro Pentecostés mejor. La vida se divide también en una cuaresma y en un tiempo después de la resurrecciôn. ; Felices aquellos que han llegado al Pen­ tecostés del descanso eterno y después de la cuaresma de la compunciôn y de la penitencia viven ese dia de devociôn al Espiritu y "alleluia” perdurable! Alli se darâ la plenitud del Espiritu, que llenara toda la casa de su Majestad, e incluso nuestro propio cuerpo, si ahora lo sembramos en tierra como cuerpo animal, segun el aviso del Apôstol (1 Cor. 15,44), para que se levante como cuerpo espiritual. I. SANTO TOMAS DE AQUINO Puede extraüar tal vez que en el doming© de Pentecostés no recopilemos la doctrina de Santo Tomas Tomâs acerca del Espiritu Santo. Dice mny muy poco el santo Doctor y y_es es de escasa aplicaciôn, o por nor couocido ο por inuy especulativo.' Es, en cambio, de gran interés presentar su doctrina sobre la obra santificadora de la tercera Per­ sona en las aimas, va ya iniciada en anteriores domingos al ex exponer 1las ideas tomistas 'los dones ' - Cristo t.4 sobre (cf. La Palabra de 11 p.1123 ss.). De este modo se llegarâ al conocimiento y amor de / ·A ΐ "W · ■· Espiritu Santo y a la extensiôn de su devociôn. Por ello estimamos de capital importancia las ideas que siguen. Λ A) * f El don de la fortaleza Uno de los efectos mâs notables en la venlda del Espiritu San­ to sobre los apôstoles es la fortaleza para salir a predicar la doctri­ na de Jesucristo sin tcmor a castigos o amenazas. Por ello exponemos la teologia de Santo Tomâs sobre el don de fortaleza. a) Por la fortaleza se superan los obstâculos para EL RECTO OBRAR “Hay dos cosas que impiden a la voluntad humana seguir la rectitud de la razôn: l.“ Ser atraida por algo deleitable a alguna otra cosa contraria a lo que requiere la recti­ tud de la razôn, y este obstâculo lo vence la virtud de la templanza. 2." El ser repelida la voluntad de lo que es con­ forme a la razôn a causa de alguna dificultad que en ello encuentra, y para quitar este impedimento se requiere la fortaleza del espiritu, por la que résista a semejantes dificultades, asi como el hombre supera y repele por la forta­ leza corporal los obstâculos corporales” (cf. Sum. Theol. 2-2 q.123 a.l c). 1. Es, pues, condiciôn de toda virtud "El nombre de fortaleza puede considerarse segûn que importa en absoluto cierta firmeza del ânimo, y en este con­ cepto es una virtud general, o mâs bien, condiciôn de toda virtud; porque, como dice el Filôsofo (H Ethic. 4,3: Bk 52 L\ VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 1105a32), para la virtud se requiere “obrar de un modo fir­ me e inmôvil” (ibid., a.2 c). Es también virtud especial “Puede considerarse la fortaleza segùn que implica solamente la firmeza necesaria para sobrellevar y rechazar las cosas, en que es mâs principalmente dificil tener esta fir­ meza, esto es, en algunos graves peligros; por lo cual Tulio dice en su Retôrica (Π 64) que “la fortaleza es la aceptaciôn considerada de los peligros y el sufrimiento de los trabajos”. Y desde este punto de vista la fortaleza se considera virtud especial, por tener una materia determinada” (ibid.). b) El objeto DE la FORTALEZA es el temor y la audacia 1. El temor de las cosas difîciles y la victoria sobre las dificultades “Pertenece a la virtud de la fortaleza remover el obs­ taculo por.el que la voluntad se retrae de seguir a la razôn. Mas el que uno se retraiga de algo dificil pertenece al te­ mor, que importa cierto alejamiento de lo malo dificultoso; y por esto la fortaleza tiene por objeto principalmente el temor de las cosas difîciles, que pueden retraer la voluntad de seguir a la razôn". “Ahora bien, es preciso no solamente resistir con firme­ za estas dificultades reprimiendo el temor, sino también atacarlas con moderaciôn cuando es necesario destruirlas para conseguir la seguridad en el porvenir, lo cual parece pertenecer a la razôn de la audacia; por tanto, la fortaleza es acerca de los temores y de ias audacias, como cohibitiva de los temores y moderadora de las audacias” (2-2 q.123 a.3 c). Objeto inmediato y objeto mediato de la fortaleza “Las cosas peligrosas y los actos trabajosos no retraen la voluntad dei camino de la razôn sino en cuanto se temen; y por esto es preciso que el objeto inmediato de la fortaleza sean los temores y las audacias, pero el mediato lo son los peligros y trabajos incluidos en las pasiones indicadas” (ibid., ad 2). 3. Principalmente caen bajo ella los peligros de muerte i.° La muerte, el mal corporal mâs temido “Es preciso mantener firmemente el bien de la razôn con­ tra toda especie de mal, puesto que ningûn bien corporal SEC. 4. TEÔI.OGOS. SANTO TOMAS 53 equivale al bien de la razôn. Y, por tanto, es necesario que se diga fortaleza de aima la que sostiene firmemente la vo­ luntad del hombre en el bien de la razôn contra los mâs grandes males; porque el que persiste firme contra los ma­ les mayores, se mantiene, por consiguiente, fuerte contra los menores, mas no viceversa; y pertenece también a la razôn de la virtud que atienda a lo ùltimo. Pero entre todos los males corporales, la muerte es principalmente el mâs te­ rrible, porque arrebata todos los bienes corporales” (2-2 q.123 a.4 c). ■ 2.0 Peligros de muerte en ta guerra y en la paz “Pertenece a la fortaleza presentar la firmeza de ânimo contra los peligros de muerte..., no solo los que amenazan en una guerra comûn, sino también los que surgen en par­ ticular combate, que puede llamarse guerra en sentido ge­ neral. Y en este sentido debe concederse que la fortaleza se refiere propiamente a los peligros de muerte en la guerra. El hombre fuerte sabe también afrontar los peligros de otra muerte cualquiera, sobre todo porque puede arrostrarlos movido por la virtud, como cuando uno no se retrae de asistir al amigo enfermo a pesar del temor de un contagio mor­ tifero 0 cuando no rehusa por temor de un naufragio o de los ladrones emprender un viaje en pro de algùn negocio piadoso” (ibid., a.5 c). If 4. Principal acto y mas dificil es resistir que acometer i.° El hecho “Aristoteles dicé (LU Ethic. 9,1: Bk 1118a29) : “La for­ taleza tiene mâs bien por objeto reprimir los temores que moderar la audacia”; pues mâs dificil es reprimir el temor que moderar la audacia. Porque el peligro mismo, que es ob­ jeto de la audacia y del temor, por si contribuye algo a contener la audacia; pero contribuye también a aumentar el temor. Acometer, empero, pertenece a la fortaleza, en cuanto modéra la audacia; mas el resistir es consecuencia de la represiôn del temor; y por esto es acto’mâs principal de la for­ taleza el resistir, esto es, mantenerse firme en los peligros, que acometer” (ibid., a.6 c). 2.0 Sus razoncs “Resistir es mâs dificil que acometer por très razones: 1. * Porque resistir supone alguien mâs fuerte que ataca, y el que ataca lo hace como mâs fuerte; y es mâs dificil pelear contra el mâs fuerte que contra el mâs débil. 2. * Porque el que resiste siente ya los peligros inminentes, mas el que acomete los considera como futuros; y es 11! 54 SEC. 4· TE0IOC.OS. SANTO TOMAS IA VENIDA PEL ESPÎRITU SANTO mâs dificil no ser movido por los présentés que por los fu­ turos. *3. Porque resistir implica una prolongation de tiempo, y el ataque puede tener lugar por un movimiento repentino; y es mâs dificil permanecer largo tiempo inmôvil que moverse sùbitamente para algo dificil. Por lo cual dice el Filésofo (LU Ethic. 7,12: Bk 1116a7) que “algunos son muy valientes antes de los peligros, pero en medio de ellos se retiran; mientras que los fuertes se conducen de un modo contrario” (ibid., a.6 ad 1). 5. La fortaleza en la lucha contra nuestros enemigos “Cierta fortaleza de espiritu se manifiesta en el hecho de resistir a las concupiscentias de la came, que le son con­ trarias; pero mayor fortaleza de espiritu se muestra si por su virtud se reprime totalmentt a la carne de poder conspirar contra el espiritu. Y asi esto competia a Cristo, cuyo espiritu habia alcanzado el sumo grado de fortaleza; y, aunque no sufriera la impugnaciôn interior de parte dei fomes, sufriô, sin embargo, la exterior de parte dei mundo y del diablo, a los que venciendo mereciô la corona de la victoria” (3 q.15 a.2 ad 3). c) El DON DE FORTALEZA SE REFIERE A LA VIRTUD 1. Es dirigido por el don de consejo fortaleza se considera como virtud especial o general, con­ forme se ha dicho. Pero, ademâs, el Espiritu Santo rnuevc el ânimo del hombre para que llegue al fin de una obra comenzada y évité ciertos peligros inminentes, lo cual excede a la naturaleza humana; porque a veces no esta en la potestad dèl hombre conseguir el fin de su obra o evadir los males o peligros, puesto que éstos a veces son causa de su muerte; mas el Espiritu Santo obra en él este efecto, puesto que le conduce a la vida eterna, que es el fin de todas las obras buenas y la evasiôn de todos los peligros; y por esto el Espiritu Santo infunde cierta confianza en el aima, excluyendo el temor contrario; y, segùn esto, la fortaleza se considera como un don del Espiritu Santo” (2-2 q.139 a.l c). d) La cuarta 1 ; bienaventuranza y el don de fortaleza “San Agustin (cf. De serm. Dom. in monte 1,4: PL 34,1234) atribuye las bienaventuranzas a los dones segùn el orden de numeration, considerada, empero, alguna con­ venienda; y asi atribuye la cuarta bienaventuranza, esto es, sobre el hambre y sed de justicia, al cuarto don, a saber, el don de fortaleza. En esto hay, sin embargo, alguna conve­ nienda, porque, como se ha dicho, la fortaleza consiste en lo arduo, y es muy arduo el que uno no solamente haga obras virtuosas, que comûnmente se llaman de justicia, sino que las haga con cierto deseo insatiable, el cual puede significarse por el hambre y sed de justicia” (2-2 q.139 a.2 c). > I “El don de la fortaleza se refiere a la virtud de este nom­ bre, no solamente en cuanto que soporta los peligros, sino también en cuanto que realiza cualquiera obra ardua. Y, por lo tanto, el don de fortaleza es dirigido por el don de conse­ jo, el cual parece principalmente tener por objeto los mejores bienes” (2-2 q.139 a.l ad 3). 2. Conflere mayor seguridad y confianza en la evasiôn de peligros “La fortaleza, que es virtud, perfecciona el ânimo para soportar cualesquiera peligros; mas no basta darie confianza de evadirlos, pues esto pertenece a la fortaleza, que es don del Espiritu Santo” (2-2 q.139 a.l ad 1). 3. La virtud obra de modo natural; el don, por el Espiritu Santo “El hombre puede tener, segùn su modo propio y con­ natural, esta firmeza en ambas cosas, para que no desmaye del bien a causa de la dificultad de ejecutar alguna obra ardua o de sobrellevar algùn mal grave; y, segùn esto, la B) La confirmaciôn La confirmaciôn es el sacramento del Espiritu Santo. Como su nombre lo indica, fortalece al cristiano que lo recibe, confiriéndole una como mayoria de edad. La doctrina de Santo Tomâs sobre este punto completarâ el tenia anterior de la fortaleza (cf. La Palabra de Cristo t.3 p.531-536). a) La confirmaciôn robustece y reafirma la vida SOBRENATURAL “La confirmation es sacramento de la plenitud de la gra­ cia, y por esto no pudo tener algo correspondiente a él en el Antiguo Testamento, porque la ley no Uevô nada a la perfecciôn (Hebr. 7,19)” (3 q.72 a.l ad 2). “El hombre recibe la vida espiritual por medio del bautismo, que es la regeneration espiritual; mas en la confir­ maciôn recibe el hombre como cierta edad perfecta de la vida espiritual” (ibid., c). —- ΙΓ 5C LA VENIDA DEL ESPÎRITU SANTO 57 SEC. 4. TEÔLOGOS. WILMERS “En este sacramento se da la plenitud del Espiritu San­ to para el vigor espiritual, propio de la edad perfecta” (ibid., a.2 c). b) El crisma simboliza EL efecto de la confirmaciôn “La gracia del Espiritu Santo es designada en el aceite; por lo que se dice (Ps. 44,8) que Cristo fué ungido con el oleo de la alegria, a causa de que tuvo la plenitud del Espi­ ritu Santo, y por este motivo el ôleo es la materia propia de este sacramento. Mézclase con el bâlsamo por la fragancia dei olor, que esparce sobre otros; por lo cual dice el Apôstol (2 Cor.2,15): Somos para Cristo bucn olor. Y aun­ que otras muchas cosas sean olorosas, sin embargo, se emplea el bâlsamo sobre todo, por tener un principal olor y también porque favorece la incorrupciôn” (3 q.72 a.2 c). c) Las palabras de la forma simbolizan el vigor ESPIRITUAL “La forma dei sacramento debe contener todo lo que pertenece a la especie dei sacramento. Mas, como se ve, en este sacramento se da el Espiritu Santo para producir vigor en el combate espiritual, y por eso son necesarias très cosas, que se contienen en la forma predicha. De las cuales la primera es la causa que confiere la plenitud del vigor espiritual, que es la Santisima Trinidad, la cual se expresa diciendo: In nomine Patris, etc. La segunda es el vigor mismo espiritual que se confiere al hombre para la salud por el sacramento de la materia vi­ sible. cuando se dice: Confirmo te chrismate salutis. Y la tercera es el signo que se da al combatiente, como también en la batalla corporal los soldados estân senalados por las insignias de sus jefes, y por esto se dice: "Consig­ no te signo crucis", en el que triunfô nuestro Rey" (Col. 2,15) (3 q.72 a 4 c). d) POR LA CONFIRMACIÔN EL CRISTIANO ES CAPACITADO PARA EL COMBATE “El bautismo es la regeneration para la vida espiritual, por la que vive el hombre en si mismo, y, por tanto, no se estab’ece en la forma del bautismo sino un acto solo, perteneciente a la santificaciôn del hombre mismo. Mas este sacramento se ordena no solo a que el hombre se santifique a si mismo, sino que le coloca en condiciones de sostener la pelea exterior, y esta es la razôn de hacerse mention no solamente de la santificaciôn interior, cuando se dice: Con­ firmo te chrismate salutis, sino también de afiliarle a las banderas de la cruz para el combate espiritual, lo que se significa cuando se dice: Consigno te signo crucis" (3 q.72 a.4 ad 3). i I I I Π. GUILLERMO WILMERS Pentecostés cristiano y ley mosaica Wilmers pertenece a la exuberante generaciôn de teôlogos del final del ochocientos, y sus brillantes expositiones conservan aùn hoy dia un notable valor en no pocos aspectos fundamentales. Escogernos. entre ellas, la que se refiere al tema del Espiritu Santo, que aborda desde el punto de vista de la termination de la l.-y mosaica y la entrada en vigor de la leyF nueva el dia de Pentecostés (cf. De 'religione revelata 1.4 c.i a.4 [Ratisbona, Pustet, 1897] t.i p.236 ss.). A ) Derogaciôn de la ley mosaica a) La ley ceremonial fué derogada el dia de Pentecostés 1. Porque cesô su fin. Este no era otro que simbolizar y preparar el camino al Cristo futuro. El fin de la ley es Cristo (Rom. 10,4). 2. Porque se tomo falsa. Siendo esencialmente prenunciadora de un Mesias venidero, le faltaba la verdad, una vez llegado éste (cf. 'Sum. Theol. 1-2 q.103 a.3). 3. Porque era incompatible con la ley nueva. Todo legislador, al promulgar una organization contraria, deroga la primitiva. La ley nueva entranaba como nota caracteristica la universalidad de su organization, mientras la judia era estrictamente national. 4. Porque asi lo ensenaron y practicaron los apôstoles. Basta leer la Epistola de San Pablo a los Hebreros, en la que se establece el principio de que, mudado el sacerdotio de necesidad ha de mudarse también la ley (7,12). b) La ley judicial La ley judicial mosaica fué también abrogada con la venida del Espiritu Santo. 1. Desapareciô el fundamento legal que sometia a los hombres a su jurisdiction, y que era la circuncisiôn, la cual fué totalmente abrogada. 58 I \ VEXIDA DEL ESPIRITU SANTO 2. Desapareciô su fin, a saber, dirigir a un pueblo de un modo especial y separado incluso en la vida civil, para que naciera en él el Mesias. 3. Desapareciô el mismo pueblo elegido, en cuanto tal pueblo dirigido y separado de los demâs. En su lugar le sucediô el “pueblo cristiano”, que cuenta con la especial pro­ tection de Cristo, el cual estarà con El hasta el fin de los siglos, formando un solo rebafio bajo un solo pastor. Respecto a esta hay que distinguir: 1. En cuanto a su materia. No fué dbrogada, pues la ley natural vige siempre, sino perfeccionada. 1. ° Extensiv amente. Pues se le afiadieron los consejos evangélicos, se aclarô su sentido y se amplio el campo de la fe obligatoria con el aumento de las verdades reveladas. 2. ’ Intensivamente. Se propusieron motivos y premios mâs excelsos y se animô a los fieles a un mâs perfecto cumplimiento de los principios morales, a imitation del ejemplo de Cristo. Adquiriô, ademâs, mayor autoridad, como derivada de la del legislador, que fué Dios mismo sin ministerio de ângeles, y se confiriô una mayor gracia para cumplirla. 2. Constitutiva mente. Puede decirse que la ley moral juridica quedô abrogada, en cuanto que ya se dirige a otro pueblo, se deriva de otro legislador y no tiene como fin preparar la venida de Cristo. B) Vit alidad de la ley hasta la muerte de Cristo a) y ~v ·' Hasta LA MUERTE DE CRISTO FUÉ OBLIGATORIA Cristo reconociô la autoridad mosaica Iniciada ya la predication del Senor e incoado el reino de los cielos, mandé que se obedeciera a los fariseos y sacerdotes, pues estaban sentados en la câtedra de Moisés (Mt. 23,2), lo cual era un reconocimiento explicito de la autenticidad de su jurisdiction. 2. La naturaleza de la ley mosaica lo exigia Era un pacto o testamento que habia de durar hasta que se inaugurase el nuevo, que se abrié en la cruz. b) Fund ament almente cesô con la muerte del Senor El Consummatum est (lo. 19,30) de Cristo cerrô todo el Antiguo Testamento, cuya razôn de ser convergia en la SEC. 4. TEÔLOGOS. WILMERS 59 r cruz. Desde entonces era inûtil. Ademâs, en ese instante se fundaba el Nuevo. Cesô fundamental y no actualmente, por­ que1 un testamento para ser obligatorio necesita no solo ser dictado, sino promulgarse, y esto no ocurriô en la cruz, sino en Pentecostés. I■ 1 C) La ley mosaica déjà de ser obligatoria en el dia de Pentecostés Hasta el dia de Pentecostés no comenzô a obligar la nueva ley. Al decir esto, nos referimos a sus preceptos ceremoniales, no precisamente a la obligation de creer en Cristo, que comenzô en cuanto se tuvieron las pruebas sufitientes para ello. Antes de Pentecostés no aparece ningûn momento claro en el que se impusiera la obligation, pues hasta su muerte el mismo Sefior obedecia y mandaba obedecer, y desde su muerte a Pentecostés faltaba la publicidad debida a toda promulgation. Este dia, en cambio, se anuncia abiertamente la obligaciôn de separarse de la sinagoga y bautizarse en Cristo. Al imponerse al pueblo judio la necesidad de cumplir la nueva ley, hubo de caducar inmediatamente la antigua, para no verse sometido a ambas a la vez. D) Licitud e ilicitud de los ritos mosaicos Durante algùn tiempo, los ritos mosaicos fueron permitidos, pues lo contrario hubiera escandalizado y retraido a muchos judios, que, siendo incluso fervorosos cristianos, habian sido educados en el respeto a la ley de Moisés. Los mismos apôstoles los guardaron. Era la época de la “inutilidad” de las ceremonias, y equivalia al tiempo en que el cadâver del gran rey estâ expuesto a sus sùbditos. Poco a poco las circunstancias y la prudencia fueron haciendo olvidar las prâcticas mosaicas, las cuales nunca habian sido impuestas de un modo normal a los gentiles que se convertian. Por fin, y transcurrido cierto tiempo, la ley pasô de muerta o inûtil a ser “mortifera”, esto es, pecaminosa, por lo que su observantia suponia de escândalo y menosprecio a la cristiana. I : ■ 60 L\ VEXI DA DEL ESPIRITU SANTO III. PALMIERI SEC. * Carâcter organico de la Iglesia en Pentecostés En los îratados acerca de la Iglesia se demuestra que Jesucristo la fundô una y jerârquica, v a continuation se prueba que los apôs­ toles entendie’ron y ejecutaron estos designios del Sefior. Un aûtor clâsico en esta materia es Palmieri, resuinido por Billot en su tratado De Ecclesia; pero el Diccionario Apologetico de la Fe Catôlica de D’Alès (Paris 1914), t.i art. Iglesia, letra B, col.1251) lo sintetiza con su claridad acostumbrada. A) La opinion de los criticos racionalistas Los criticos protestantes y racionalistas creen senalar un abismo entre Jesucristo y la Iglesia jerârquica al afirmar que la cristiandad primitiva no se parecia en nada a la organization social que aparece a finales del siglo Π. La etapa precatôlica, en su opinion, carece de unidad, es anârquica y esta abandonada al entusiasmo religioso, sin interme­ dia ri ο alguno en sus orationes. Asi piensan, por ejemplo, Harnack y Sabatier. B) La description auténtica de la Iglesia La description auténtica que nos han transmitido los Hechos de los Apôstolfs, nos muestra una Iglesia que, lejos de semejar una pequefia reunion de misticos e iluminados, posee: a) K E Jerarquîa visible Pedro y los otros discipulos se muestran como un verdadero colegio apostôlico. que ensefia y gobierna. Antes de la ascension eligen a Matias para completar su nûmero, después admiten al bautismo a los nuevos conversos el mismo dia de Pentecostés (Act. 2.37-43), administran los bienes, instituyen los diâconos. En rcsumen, Pedro y los once son los jefes permanentes y responsables, y, por lo tanto, constituyen una jerarquîa visible. b) 61 TEOLO(X)S. PALMIERI que, resumida por San Pedro en la frase de su primer dis­ curso (Act. 2,22-36) : Jesus ea cl Senor, porque ha resucitado, se repite despues a lo largo de todos los primeros ser­ mones, donde incluso aparece ya delineado el Credo primitivo con los siguientes articulos: milagros de Jesus (Act. 2,22; 10,36), pasiôn y crucifixion (Act. 2,23-36; 3,13-14), resu­ rrection gloriosa (Act. 2,24-36; 3,13-16) y condiciones y medios de la salvation por Cristo (Act. 2,38; 3,15-26). C) RlTOS ESPECÎFICAMENTE CRISTIANOS Désde el principio, la santificaciôn interna se otorgô me­ diante ciertos ritos claramente definidos, a saber: bautismo, imposition de manos y fraction de pan. Aun concediendo, lo que estimamos hipôtesis sin fundamento, que existiesen ya en Israel, se confieren con una signification especificamente cristiana: el bautismo, en el nombre del Senor; la imposition de manos, para otorgar el Espiritu Santo; la fraction del pan, para recordar la ùltima Cena. El bautismo aparece el mismo dia de Pentecostés (Act. 2,37-41). La im­ position de manos es también rito estable, al que acompanaron ciertas manifestaciones milagrosas de los primeros tiempos y que se ejeCuta siempre por los pastores principales. La fraction del pan hay que unirla con el pasaje de San Pablo a los Corintios en que se habla de la Cena del Se­ nor (1 Cor. ll,17-28). d) Con carâcter autônomo Desde el principio, la Iglesia se manifesto separada de la Sinagoga, si bien, dado el carâcter judio de los primeros cristianos, esta separation en la prâctica fué graduai. Siempre quedô a salvo lo que en todo momento fué independiente de la autoridad de los judios y relacionado solo con Jésus, esto es, la potestad de los apôstoles, su misiôn y su doctrina. La vision de Cornelio (Act. 10,1-48) no anunciô ninguna misiôn nueva, sino diô a entender a los apôstoles que los gentiles podian llegar al bautismo, como ya lo sabian, pero sin pasar antes por la circuncisiôn, en lo que habia algunas opiniones. Régla externa de fe No es una simple inspiration mîstica, sino que desde el principio existe una doctrina concreta que se basa en la tradition o en la ensenanza de los apôstoles (Act. 2,42), y L* 4 LA VEN IDA DEL ESPIRITU SANTO IV. P. EMILIO SAURAS, O. P. Con profunda penetraciôn y âgil claridad de estilo desarrolla el autor la doctrina catôlica sobre el Espiritu Santo como aima de la Iglesia, distinguiendo con exactitud el valor metafôrico de esta ex­ presiôn y la realidad verdadera contenida en ella. Resumimos las pruebas escrituristicas y teolôgicas aportadas por el ilustre domini­ co (cf. El Cuerpo mistico de Cristo: BAC, c.5 p.737 ss.). A) El Espiritu Santo, aima de la Iglesia a) ’Mb •4. ·: Introducciôn J La Iglesia es un cuerpo mistico cuya cabeza es Cristo, y parece natural preguntarse si tendra también aima. Ni los Apôstoles ni los Padres emplean esta palabra, pero si el concepto, en cuanto que atribuyen al Espiritu Santo, dentro de la Iglesia, las funciones vivificadoras y unificadoras que corresponden al aima en los cuerpos fisicos. La imposibilidad de concebir a la tercera Persona como forma inclinô a algunos a decir que el alma era la gracia, pero las enciclicas de Leon XIII y Pio ΧΠ Divinum illud y Mystici corporis nos vuelven a la expresiôn tradicional, que no excluye la existencia de un don creado que desempeüe el oficio de forma y que, junto con el Alma Increada, venga a ser el aima creada. Todas las operaciones “ad extra” son comunes a las très Personas, y para que el Espiritu Santo fuese aima de la Iglesia, no por apropiaciôn, sino en propiedad, se requeria que se hubicse unido hipostâticamente a ella. Ahora bien, estas operaciones, comunes a la Santisima Trinidad, manifiestan a las très Personas participes de la naturaleza di­ vina, “y si estân las très, y se manifiestan las très, y actùan las très, lo hacen como son, o sea, distintas y diferenciales. Supuesto lo cual, no hay inconveniente en que, aun actuando las très, se nos haga mâs perceptible lo de una que lo de las demâs”. Estableceremos los puntos siguientes: l.°, el Espiritu Santo es el alma del Cuerpo mistico; 2.°, por apropiaciôn y no por propiedad; 3.°, a pesar de ello, inhabita real y substancialmente en la Iglesia y el alma dei justo juntamente con las otras dos personas (cf. o.c., p.736-738). SEC, J. TEÔLOGOS. SAURAS b) 63 ESTADO de LA CUESTIÔN Y CONCEPTOS PRELIM1NARES El aima anima a un cuerpo, que en nuestro caso es la Iglesia 0 Cuerpo mistico, cuya cabeza, de la que recibe la gracia, es Cristo, pero cuya alma, vehiculo que la hace descender desde la cabeza a todos los miembros y que une a éstos entre si y con Cristo, es el Espiritu Santo. El aima es forma, en cuanto que da el ser. En este sen­ tido, Dios no puede ser forma de nada, ni aun siquiera accidentalmente, y emplea para conseguir los efectos de la forma la gracia santificante. Pero, ademâs de ello, el aima es el principio motor, unificador y vivificador, funciones atribuibles perfectamente al Espiritu Santo. Para entenderlo, sepamos que todo lo que se refiere al Cuerpo mistico tiene un sentido metafôrico, pues ni Cristo es verdadera cabeza material ni los demâs somos miembros: pero ocurre aqui lo que en toda metâfora, que se aplica a un ser no lo que es esencial de otro, sino sus cualidades anejàs, como, por ejemplo, cuando decimos de una persona que es un leôn, la comparamos solo desde el punto de vista de su bravura. Del mismo modo, al decir que el Espiritu Santo es el aima de la Iglesia, empleamos una analogia ftzncional 0 virturl, considerando que el Espiritu ejecuta en la Iglesia lo que el aima en el cuerpo, aunque no lo sea. Advirtamos también que la palabra aima ha sido utilizada prïncipalmente por San Agustin, que, en su mentalidad platônica, la concibe sobre todo como nrincipio rector. Fueron los aristotélicos los que insistieron en el concepto de forma substancial (cf. o.c., p.738-741). I· 't 1. La Iglesia, Cuerpo mistico La Iglesia puede concebirse como sociedad externa, en cuyo caso no tiene aima, sino forma, o como cuerpo mis­ tico sobrenatural y organismo juridico. “Lo primero es lo que prïncipalmente interesa, y lo segundo, que es también necesario, tiene razôn de ser en cuanto se ordena a lo pri­ mero. Si la Iglesia es sociedad y hay en ella régimen juri­ dico, es porque asi lo exige la mejor vivificaciôn sobrenatu ral de sus miembros” (o.c., p.742). Pues bien, la expresiôn “aima de la Iglesia” es del todo conforme con este concepto de cuerpo vivo. La teologia explica las metâforas usadas; si ensena que Cristo es Cabeza, expone el sentido, o sea, aue tiene fun­ ciones de tal jefe capital. Si afirma que el Espiritu es el alma, determina el modo, a saber, ejerciendo funciones vlvificadoras, unificadoras y motoras. Esto no es hacer teoU 64 SEC. <| ÏA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO logia con terminos vagos. El Papa sistematizô su inmortal enciclica de conformidad con esta, idea de la Iglesia como Cuerpo mistico. Cristo es no sôlo fundador y gobernador de una sociedad jerârquica, sino cabeza de un cuerpo al que comunica su vida y en eJ que habita el Espiritu Santo como principio animador, hasta el punto de que el Pontifice consagra la expresiôn tradicional de que es su aima (cf. o.c., u.741-748). 2. Funciones del aima de la Iglesia e> "Ademâs de la funciôn de informar o ademâs de dar al cuerpo el ser que tiene y de formar con él una unidad subs­ tantiva, el aima posee otras: la de unificar las partes del cuerpo entre si, la de vivificarlo, la de moverlas” (cf. o.c. p.749). Excluida la primera funciôn, quedan las restantes. 1. * El alma unifica uniendo la cabeza y los miembros. De hecho, desaparecida el aima, las partes del cuerpo se disgregan. 2. * El alma vivifica, dando el movimiento, en que con­ siste la vida. 3. * El aima mueve, puesto que la vida es movimiento intrinseco. También suelen compararse aima y cuerpo a la causa principal e instrumental, que no se mueve por si misma, sino a impulsos de la primera. El cuerpo inerte necesita del aima para moverse. En todas estas funciones notemos que el aima es siempre un principio intrinseco, que no mueve el organismo des­ de fuera. sino desde dentro. En nuestro caso, Cris^o, como cabeza, esta fuera de los miembros y los mueve como cau­ sa eficiente exterior (cf. o.c., p.748-754). c) Pruebas No utiliza el vocablo alma, pero expone el concepto. Segûn ella, el Espiritu Santo: 1. ° Es un Principio interno Porque esta, ya que es enviado a nosotros, lo cual supone que ha de estar necesariamente en el término al que se le envia. La misiôn implica estancia. Cristo esta, pero fuera, como cabeza; el Espiritu esta dentro, como Dios en su tem­ plo (cf. o.c., p.754-755). 2. ° Està para algo. San Pablo explica su obra En primer lugar, dando vida, para que vivamos no se­ gûn la carne, sino segûn el Espiritu, ya que el que resucitô a Cristo darâ también vida a nuestros cuerpos por vir- 2. La razôn teolôgica Omitimos, por razones de brevedad y por ser menos oportuna en nuestro trabajo, la prueba de la tradiciôn (cf. o.c., p.758-760) e incluimos, en cambio, la razôn teo­ lôgica, que aclararâ mâs los conceptos. El Espiritu da vida a la Iglesia De las demâs sociedades no se puede decir que sean or­ ganismos vivos con toda realidad, porque su animaciôn les viene de fuera, a saber, del fin que buscan y que les es externo. En cambio, la Iglesia es un o.ganismo realmente vivo, con vida mistica recibida por el influjo sobrenatural del Espiritu Santo, que vive dentro de ella. Del mismo modo que intervino fecundando activamente a Maria, vivifico el dia de Pentecostés a la Iglesia, que, fundada anteriormente por Cristo, no tuvo, sin embargo, vida hasta que recibiô el bautismo del Espiritu, como nos­ otros la recibimos en el nuestro (Act. 1,5), en el que tam­ bién vivifica (Rom. 8,15) desde dentro, esto es, por inhabi­ tation. La Palabra de C. 5 ■ · * y -M! 65 tud del Espiritu que habita en nosotros (Rom. 8,11) y nos da el espiritu de adopciôn, constituyéndonos en enaturas vivificadas en la vida eterna. En segundo lugar, unificando: primero, con Cristo cabeza, hasta el punto de que, si el Espiritu se retira de nos­ otros, nos separamos de Cristo: Pero si alguno no tiens el Espiritu de Cristo, ése no es de Cristo (Rom. 8,9) ; y se­ gundo, unos con otros, como se explica en el conocido iugar de la primera Epistola a los Corintios (12,7-13) sobre el reparto de los diversos dones a los que, siendo miembros distintos, sin embargo, hemos sido bautizados en un solo Espiritu, para constituir un solo cuerpo. En tercer lugar, moviendo, esto es, gobernaudo la Igle­ sia, lo cual se verifies de un modo remoto y de otro directo y prôximo. Remotamente, en cuanto que ilumina las inteligencias con el movimiento de la verdad sobrenatural e inflama los corazones. Asi resulta fâcil gobernar rectamente, puesto que el gobierno es obra de la inteligencia y de la voluntad, dirigida por la virtud de la prudencia, que, no siendo exclusivamente intelectual ni volitiva, reside en el entendimiento prâctico. Pero, ademâs, la Escritura atribuye al Espiritu Santo actos directos de gobierno, como la instituciôn de los pastores de la Iglesia (Act. 20,28), a los que después dirige e inspira (cf. o.c., p.755-758). i.° 1. T-a Sagrada Escritura IHOI.OGOS. SAURAS 3 ·! ■ 6Γ. !A VENHH PEL ESPIRITO SANIO J. TEOLOGOS. SAURAS 2.® Uni/ü’a A pesar de la diversidad de carismas, dones y gracias, constituimos todos aquella unidad proclamada por Cristo en la ûltima Cena, y en la que pone precisamente como modelo la que disfrutan el Padre y el Hijo. Uno de los medios de esta union es el Espiritu Santo, de quien son ûnico prin­ cipio de espiraciôn. Quiso Cristo que nuestra union se verificase por el amor. 4 Y no es el amor del Espiritu Santo quien une al Padre y al Hijo? También nosotros hetnos sida bautizados en un solo Espiritu para constituer un solo cuerpo (1 Cor. 12,13). -» o 67 Muci'C y gabier na Véase la prueba de Escritura (cf. o.c., p.765-768). B) El Espiritu Santo alma por apropiacion a) Obra de las tres Personas Hemos visto las funciones que ejerce el Espiritu Santa en la Iglesia. Pero 4como las ejerce? 4 El solo o juntamente con las otras très Personas? Indiscutiblemente que es toda la Santisima Trinidad la que santifica con su presencia. Pero esto puede ocurrir de très maneras: Una persona obra como tai ejecutando una acciôn propia suya y, por lo tanto, haciéndose presente; pero, come quiera que, en virtud de ia circuminsesiôn, en donde se halla una persona divina se encuentran las otras dos, a donde· esté aquélla vendrân las restantes. Tai ocurre en la encarnaciôn. El Verbo sostiene con su personalidad a la naturaleza humana mediante una acciôn que le es propia, pero junto con El estân el Padre y el Espiritu Santo, si bien no ejecutan nada propio y personal. El segundo modo séria haciendo que cada persona ejecutara una acciôn personal suya. El tercero raoica en concebir la obra de Dios como ejecutada mediante su poder, o lo que es igual, con su natu•raleza. Este poder es ûnico y con él se identifican las très Personas, “y asi tendriamos una presencia trinitaria explicada a través de la presencia de la naturaleza divina y no directamente a través de las propias personas” (cf. o.c.,, p.768-769). b) La doctrina de las apropiaciones En este caso es aplicable la doctrina de las apropiaciones. El aima de la Iglesia lo serian las tres Personas per mo­ dum unius; reales las tres, distintas las tres, pero las tres vivificadoras, y esta acciôn comûn se atribuye al Espiritu Santo por razones de orden lôgico o cognoscitivo. 1. La aproplaciôn se refiere al orden del conocer, no al orden del ser En efecto, todo cuanto las tres divinas Personas realizan dentro del âmbito intimo de la Santisima Trinidad es propio de cada una de allas. Asi, solo el Padre engendra y solo el Hijo es espirado, y los nombres que de estas operaciones se derivan son propios y exclusivos de quien los Ûeva. Solo el Verbo es Verbo y solo el Padre es Padre. Pero, fuera de este âmbito de las procesiones de origen, todo lo demâs es comûn, porque es ejecutado por la esencia divina, y cuantos nombres o aplicaciones se refieren a ello son comunes a las tres Personas. Son nombres de Dios y los très son Dios (cf. o.c., p.770). “4Quiere esto decir que hacemos mal cuando atribuimos una cosa a una persona por apropiacion? No... La apropia­ cion se refiere no al orden dei ser, sino al orden del cono­ cer... Cuando afirmamos, por ejemplo, que la creaciôn es una acciôn del Padre, no queremos decir con esta predica­ tion apropiada que solo el Fadre créa o que crear es propio de El, sino que, por la creaciôn que realiza El con las otras dos personas, se manifiesta mejor lo que es propio y per­ sonal suyo, que es ser principio primero. Lo mismo cuando decimos que el Verbo es la sabiduria divina..., son sabiduria las tres Personas; pero por este atributo comûn se ponc mejor de manifiesto lo que es propio y personal del Verbo, que es procéder por via de entendimiento” (cf. o.c., p.771). Queda, pues, sentado que, a excepciôn del origen de las très Personas, todas las demâs operaciones son verificadas por la esencia divina, en cuanto que es comûn a las très Personas, y que la atribuciôn no quiere decir sino que en determinada obra aparece mâs claramente reflejado el carâcter de una de ellas. 2. Por qué se adjudica al Espiritu Santo el ser aima de la Iglesia Expuesta esta doctrina, podemos entender por qué se adjudica al Espiritu Santo el ser aima de la Iglesia. El pro­ cede por via de amor, por via de voluntad, por lo que recibe los nombres de Amor y Don. Y como quiera que la bondad y la santificaciôn son obras o cualidades de la voluntad, concuerdan con el concepto personal del Espiritu Santo, y por ello se le atribuyen (cf. o.c., p.781-783). Atribûyesele también la vida, porque ésta “es impulso, impetu, expansion, y todo esto rima bien con la^ voluntad, H: 6S LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO que es el primer principio motor de las potencias del hom­ bre” (cf. o.c., p.784). Aun cuando algunos doctores a partir de Petau, apoyândose en los teôiogos griegos, sostengan una influentia personal del Espiritu Santo y no una mera apropiaciôn, la enciclica de Pio XH habia claramente en nuestro sentido (cf. o.c., p.788-790). Ahondando mâs en las causas de la apropiaciôn, diremos: 1) La vivification sobrenatural y divinizadora del hom­ bre se lleva a cabo por medio de la gracia, que es siempre un principio bonificador que tiende a santificarnos. Consistiendo, pues, la santidad en la voluntad, lôgicamente se atribuye la administration de toda gracia al Espiritu San­ to. De la gracia actual dice San Pablo: Nadie puede decir... Jésus es el Senor sino en el Espiritu Santo (1 Cor. 12,3). De la santificante se afirma que descendiô sobre los gen­ tiles al convertirse (Act. 10,44-45), y a la “gratis data” se refiere el Apôstol hablando a los Corintios (1 Cor. 12,8-10). Por ûltimo, se le atribuyen las gracias de gobierno: El. Espiritu Santo os ha constituido obispos para apacentar la Iglesia de Dios (Act. 20,28). 2) Otra razôn particular es la obra realizada por la tercera Persona en Cristo, cuya conception y santificaciôn se le atribuye (Le. 1,35) (cf. o.c., p.786-788) L 1 Sobre la inhabitaciôn do las très Personas hablaremos en la dominica siguiente de la Santisima Trinidad. AUTO RES VARIOS SECCION V. I. SANTO TOMAS DE VILLANUEVA Las dos venidas Insertamos un sermon de Pentecostés que demuestra la profundidad teolôgica de nuestro Santo (cf. Divi Thomae a Vilanova opera omnia [Manilae 1881] en la dom. de Pentecostés). A) Exordio Diremos por qué vino, como vino y como viene a nos­ otros el Espiritu Santo. Sus descensos son visibles o invi­ sibles, segûn que utilice o no signos que se relacionan siem­ pre con los efectos interiores. La infusion visible ocurre todos los dias, porque el Es­ piritu sopla donde quiere y, aunque se oye su voz, no sabes de donde viene ni adônde va, como dijo el Senor a Nicodemo (lo. 3,8). No hay movimiento exterior, pero a veces lo notamos fisicamente dentro de nosotros mismos. Poderosa es la voz de Yavé..., majestuosa...; hace estallar Hamas de fuego (Ps. 28,4-7). Es muy de admirar que el Espiritu Santo, que en cuanto Dios tanto dista de la naturaleza hu­ mana, sea, sin embargo, quien mâs intimamente pueda unirse con nosotros. No hay ângel ni criatura alguna, dice San Bernardo (cf. Serm. 5,8, sobre los Cantares: BAC, Obras selectas, p.773), que se una al hombre como se une Dios. De muchos y muy distintos modos puede conocerse esta union divina: el fervor, la caridad del entendimiento, la dulzura de! espiritu, son algunas de sus manifestationes; pero es mâs fâcil sentirlo que explicarlo. B) iPor qué vino? ;Por qué vino e • · < Si > 72 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO SIC. 5. por la prosperidad o asustarse por los reveses? jOh poder incomparable, oh fervor inmenso de este vino misterioao! Transportados de alegria, cantan las alabanzas del Senor Jesûs en medio de las ascuas que arden y de los punales que amenazan sus cabezas, de los leones que rugen, de las uûas de hierro que los desgarran y de los potros que los despedazan". c) El discurso de ai Pedro y el gozo de la Virgen Seguidamente desarrolla Santa Tomâs de Villanueva el sermon de Pedro, y présenta a los judios llorando al oirle y preguntândose: ;Oh Senor!, 4 como hemos podido blasfemarte y crucificarte? 4Por qué no abriste a tiempo nuestros ojos? iOh Pedro! Abrenos pronto las puertas de la penitencia. Maria salta de gozo. Si se alegrô en la encarnaciôn, 4como no se alegrarâ ahora al contemplar sus frutos? Los cristianos corren para ver ese santuario del Senor, Madré sagrada, ejemplar de perfection. Su vida y sus palabras constituyen una luz para la Iglesia, sus orationes la protegen por los siglos etemos. He aqui el misterio del dia. D) Como viene a las aimas También vendra a nosotros si queremos despojarnos del hombre viejo mediante su ayuda. Mirad que tengo experien­ tia de ello, y asi como no podemos volver blanco ni uno solo de nuestros cabellos negros, cuanto mâs nos esforcemos por adelantar en la vida espiritual sin la ayuda de Dios, mâs nos hundiremos en la came. Desconfiad de vosotros mismos y levantad los ojos a aquel monte de donde vendrà el socorro del Senor que hizo el cielo y la tierra (Ps. 120,1). Para ello debemos primero apreciarlo, porque nadie se esfuerza por lo que no estima, y después pedirlo. Sabed que, ademâs del Espiritu de Dios, existe también el dei mundo y el de la carne, que son opuestos totalmente; y si vosotros os anegâis en los afanes dei siglo y os manchâis de voluptuosidades vergonzosas, podéis estar seguros de que el Espiritu Santo no habitarâ en vosotros. Ofrecedle un alma pura y en paz, y vendra en seguida. Os es necesaria la paz: la paz en vuestra concientia, que conseguiréis con la renuncia dei mundo; la paz con vuestros hermanos, a semejanza de aquellos que estaban unidos en un mismo lugar esperando la venida del Parâclito; la paz con Dios. Buscad primero la paz, y el Dios de la caridad serà con vosotros (2 Cor. 13,11). AUTO R BS VARIOS. ÎIEATÔ AV (LA 73 Π. BEATO JUAN DE AVIDA 4, Ha venido a ti este tal Consolador? Entre Jas obras dei Beato figura» dos tratados que en realidad son dos sermones sobre esta festividad. Trasladamos el segundo (cf BAC, Obras completas del Beato Juan de Avila t.2 p.429-445). A) Exordio “Quien de tierra es, de tierra habia; el que viene dei cielo, sobre todos es (lo. 3,31). 4 Qué harâ el hombre, que le esta mandado que hable cosas del cielo?... Si hubiésemos de hablar de cosas de aqui abajo, dariamos buenas senas; pero hablar del Espiritu Santo... 4Qué haremos para bien hablar? Es menester mucho la gracia del Espiritu Santo. No en balde fué dada a los apôstoles para hablar... Fueron llenos de esta celestial gracia para dar a entender que nadie debe hablar ni predicar de este Santo Espiritu sino lleno y muy lleno de este don celestial y de este santo fuego... No han de ser las lenguas que han de hablar cosas de Dios y sus maravillas de agua, no de viento, no han de ser de tierra. Venimos a oir la palabra de Dios, venimos a oir sus sermones, y venimos como a farsa, sin mâs amor y reverencia. Digoos de verdad que un gran riesgo corremos todos los que oimos sermones; gran peligro corremos si no oimos como debemos oir, con corazôn encendido... Para tan gran negocio menester hemos la gracia, menester hemos el mismo Espiritu Santo, que se infunda en nuestros corazones y los ablande... La oration que no es inspirada del mismo Espi­ ritu Santo, poco vale. iQué remedio? Que nos vayamos a la Sacratisima Virgen. En gran manera es muy amiga del Espiritu Santo y El de ella... Conoce muy bien el Espir tu Santo las entranas de la Virgen; conoce muy bien aquél su corazôn limpisimo... No hizo la Virgen, ni pensô, ni hablô cosa que en un punto Suplidesagradase al Espiritu Santo. En todo le agradô quémosla, pues tan amiga es de este Santo Espiritu, nos comunique su gracia para hablar de tan alto Huésped”. » i l H Λ"ζ * .$,< ·· β) a) Condiciones para su venida Desearla y obrar segùn El “Si recibisteis al Espiritu Santo por la fe, creyendo, dijo una vez San Pablo a unos (Act. 19,2): i Habéis reci­ bido al Espiritu Santo? Respondieron: No sabemos si lo hay, cuanto mâs haberlo recibido... ;Oh si dijésedes ver­ dad! ;Habéislo recibido? ;Amâislo? ;Habéislo servido? ^Deseâislo? ^Tenéis gran deseo que se infunda en vuestros corazones? Ni aun sabéis si lo hay. No aprovecha nada que lo deseéis; no basta que digâis que venga, que lo que­ réis recibir; todo no aprovecha si no hay obras dignas y que merezcan su venida. Factis autem negant (Tit. 1,16)”. ty c) t >. Kr F· 75 dre, hermanos y parientes, y amigos, y todo cuanto asi se pudiera decir, si os aparta del amor de Jesucristo, cortadlo, no lo dejéis, holladlo, pasad sobre ello; que, aunque esto parece género de crueldad, es gran piedad (cf. San Jerônimo, Epist. 14 ad Heliod. 2: PL 22,348). "iCosa reeia!... que no solamento no tome la ha­ cienda ajena, pero que tengo que dar la mia? iY no solaniente no tengo de hacer mal a nadie, pero hacer todo cuanto bien pudiere? Cosa recia y trabajosa es ésta... Poned algùn consuelo, poned algûn premio. Plâceme. Mi Padre le amard; mi Padre le querrâ bien —dice Jesucristo—, y el galardôn que por cumplir mis palabras y guardar mis mandamientos le daré (en esto se les pagarân sus trabajos), que. el Eterno Padre pondra sus ojos sobre él, y a. él vendremos y morada cerca de él hare­ mos. No sera la venida de pasada, pues ha de pararse a hacer morada y mansion...” Gustar de su palabra “Ko me voy, y rogaré a mi Padre que os envie otro consolador en mi nombre (lo. 14,16). Hasta aqui yo os he consolado; yo me iré, y yéndome yo, os enviaré otro consolador, otra persona... Dijo Jesucristo: El que me ama guardard mis palabras, y mi Padre lo amarà, y a él vendremos y morada cerca de él haremos (To. 14,23). Que estudie y rumie sus palabras y las cumpla y guarde; esto os da por seüal y prenda de su amor. Y, hermano, decid, icomo os va cuando ois la palabra de Cristo? ^.Holgâisos cuando os hablan de El? ;Alégraseos el corazôn cuando le ois nombrar, cuando le predican, alaban y bendicen y glorifican en los pùipitos? Mâs os alegrâis con invenciones, con novedades; esto ois de buena gana”. : \t tori s varios. ni vro avh.a si c. Ι.Λ VENIDA DEL ESPÎRITV SANTO Renuncia "El que guardare mi palabra, este me ama. ^Cômo es eso? ;Cômo tengo de guardar sus palabras? ;Cômo le tengo de amar? Habéislo de amar, y en esto mostraréis que verdaderamente le amâis, si por le amar olvidâredes y dejâredes todo cuanto os estorbare para lo amar y verdaderamente servir. Si vuestro ojo derecho, si la cosa que asi la amâis como a vuestros ojos, os escandalizare, si vuestra mano derecha, si cualquiera cosa que mucho la habéis menester os apartare de este santo proposito, cortadla” (cf. Mt. 5, 29; 18,9). —jCosa recia es, padre! —Habéis de tener una navaja tan afilada, que, aunque os pongan delante padre y ma­ C) Efectos del Espiritu en nosotros a) La “espirituaciôn” “Mas icomo la diremos a esta junta que el Espiritu Santo quiere hacer y hace con tu anima? Encarnacion, no; pero es un grado que tanto junta el ânima con Dios, y un casamiento tan junto y tan pacifico, que parece mucho encamacion, aunque por otra parte mucho se diferencien. Por­ que la encarnaciôn fué una tan altisima union del Verbo divino con su santisima humanidad, que la subiô a si a unidad de persona; lo cual no es acâ sino unidad de gra­ cia; y como allï se dice encarnaciôn dei Verbo, se dice acâ espirituaciôn del Espiritu Santo. Asi como Jesucristo predicaba, asi ahora el Espiritu Santo predica; asi como ensenaba, asi el Espiritu Santo ensena; asi como Cristo consolaba, asi el Espiritu Santo consuela y alegra. iQué pides? iQué buscas? iQué quieres mâs? iQue tengas tù dentro de ti un consejero, un ayo, un administrador, uno que te guie, que te aconseje, que te esfuerce, que te encamine, que te acomparie en todo y por todo! Finaimente, si no pierdes la gracia, andarâ tan a tu lado, que nada puedas hacer, decir ni pensar que no pase por su mano y santo consejo. Serâte amigo fiel y verdadero; jamâs te dejarâ si tù no le dejas...” El Espiritu Santo, como Cristo, da vista a los ciegos, oido a los sordos, etc. “Cristo andaba entre los hombres haciendo estas tan santas obras, y asi como estas obras no las pudiera hacer si no fuera Dios, e hizolas en aquel hom- J SIC. 5- AUTORKS VARIOS, IIEUO AVILA 7G 77 LA \IMP\ PEL ESPIRITU SANTO bre, y llamâmoslas obras que hizo Dios y hombre, asi estotras que hace aeâ el Espiritu Santo en el corazôn donde mora, llamâmoslas obras del Espiritu Santo con el nombre como menos principal...” b) CONSUELA “4No os ha acontecido tener vuestra ânima seca, sin jugo, descontenta, llena de desmayos, atribulada, desganada, y que no le parece bien cosa ninguna buena? Y, es­ tando asi en este descontento, y algunas veces bien descuidado, viene un airecico santo, un soplo santo, un refresco que te da vida, te esfuerza, te anima y te hace volver en ti y te da nuevos deseos, amor vivo, muy grandes y santos contentos, y te hace hablar palabras y hacer obras que tù mismo te espantas. Eso es Espiritu Santo; eso es Con­ solador, que en soplando que sopla, en viniendo que viene, os hallaréis tocados como de piedra imân, y con alientos nuevos, y obras y palabras y deseos nuevos; que antes no hallâbades tomo en cosa ninguna, todo os estorbaba, todo os enojaba; ahora en todo hallaréis sabor y mucho con­ tento, en todo os alegrâis, todo os enseûa. Una hierbecita que con atenciôn mirâis, os hace dar mil alabanzas a Dios nuestro Senor, y os da a conocer el Hacedor y Criador maravilloso de todas las cosas, y pone en vuestro corazôn sentimientos devotos y agradecidos al Seîior todopoderoso, y otras cosas ; que, si tuviésedes licencia para hablar, diriades maravillas y grandezas de lo que el Serior de todo lo criado da a conocer...” “Antes que venga el Consolador, antes que sople este viento del Espiritu Santo, estamos sentados, estamos pesados; pesarâ mucho nuestra ânima, todo se le hace dificultoso, todo le parece imposible... 4Como los huesos muertos han de tener vida? 4Como, estando secos, han de cubrirse de came y resucitar? Claro estâ que ellos de su parte, y solos por si, que no podrân nada... Llamô Dios al profeta Ezequiel (37,3-6) y dijole: Hijo de hombre, a tu parecer estos huesos que aqui ves, /podràn tener vida y ser cubiertos de came y nervios? Respondiô Ezequiel: Senor, eso que me preguntâis, vos lo sabéis. Dijo Dios: Dites asi: Huesos secos, yo echaré sobre vosotros espiritu de vida, y os cubriré de nervios, y haré crecer carne sobre vosotros, y extendere peïlejos también sobre vosotros y os duré vida, y sabréis que yo soy el Senor..." Estabas til malo, pesado, sin fuego de caridad, muerto, y no sabias hacer a nadie una poca de misericordia ni ténias ternura; estabas desmayado con flaqueza, sin esperanza do poder hacer cosa buena y pesado como muerto. Estando asi, dicete Dios: Hombre, no desmayes. ^Piensas que no has de poder resucitar? Esfuérzate, que mâs poderoso soy yo para te salvar y para te resucitar y dar vida y alegrarte, que todos tus males para derribarte, perderte y matarte y entristecerte. Mâs bondad es la mia para hacerte bueno que tu maldad mala para condenarte y hacerte malo. jBcndigante, Senor Dios todopoderoso, los cielos y la tierra! jCuântos testigos veremos en el dia postrero en esto, que sus naos iban ya para se perder, iban a se hacer pedazos, estaban para se hundir, y soplândolas tu soplo fueron salvas, y llegaron con tranquilidad y seguridad al puerto!...” d) Alegra “;Qué mâs hace? ^Quién lo dira? ^Quién lo podrâ de­ cir? Echan los apôstoles en la cârcel, azôtanlos y mândales que no prediquen, y ellos sâlense riendo gozosos y sintiéndose por bienaventurados, porque fueron dignos de padecer trabajos y afrentas por Cristo nuestro Redentor (Act. 5,41)· Si no, mira que por miedo de una mujercilla niega y reniega San Pedro très veces de Jesucristo..." (cf. Mt. 26,72; Mc. 14,71; Le. 22,37). “Dice Jesucristo en su santo Evangelio (lo. 7,37) : Quien tuviere sed venga... Viniendo a El, y bebiendo del agua de su Santo Espiritu, y recibiendo este Consolador y este soplo del Espiritu Santo, serâ harto, serâ consolado, sera ensefiado y lleno de abundancia, y guiado sin error y fuera de toda duda...” e) Ensena “Accende lumen sensibus—infunde amorem cordibus,— infirma nostri corporis—virtute firmans perpeti (cf. himno Veni, Creator Spiritus). Alumbrad, Senor, con los rayos de vuestra lumbre y claridad eterna las tinieblas de mi entendimiento, para que pueda con claridad y certidumbre escoger a vos solo por bien eternal mio y olvide y tepga ep poco todas esotras cosas, pues son sombras falsas y apariencias enganosas. Y conociéndoos, haced, Senor y mi •·ς ** * . \ I I. \ VFNIDA DEL ESPIRITU SANTO SEC. 5. Dios, que mi corazôn y toda mi voluntad sc encicndan en amor vuestro y deseo vuestro, para que a vos sôlo arae, a vos sôlo quiera, a vos solo me arrime, en vos sôlo ponga mis ojos, y para siempre no consintâis que sea apartado de amaros. Y porque la flaqueza de estos cuerpos estorba a que esto no se haga tan libremente como es razôn, esforzad, Seûor, con vuestra fuerza la flaqueza de mi cuerpo, la bajeza de mi sensualidad y habilidad, para que todo lo que hay en mi os contente y agrade, y os entienda, ame y sirva...” D) El Espiritu Santo, unico sello de salvacion Quien lo quiere? ;Quién lo quiere, hermanos? ;Quién lo desea y esta metido en pecados? ^Quién lo pide con co­ razôn ocupado en otras cosas? Dice el glorioso apôstol San Pablo (Eph. 1,13) : In quo et credentes signati estis Spiritu promisionis, qui est pignus haereditatis. ;Qué me aprovecha ser bautizado y creer en Jesucristo, si no tengo el Es­ piritu Santo? Si no tengo esta prenda de la promisiôn de nuestra heredad, 4 qué me valen esotros bienes, por muchos que tenga? Ni el ser bautizado ni el llamarme Cris­ tiano es algo sin esto. Asi como la circuncisiôn era seûal para el judio, asi el bautismo es seûal de cristiano en lo de fuera; todo no vale para salvarte, si no tuvieres el Espi­ ritu Santo. Y la seûal en que uno se ha de salvar y alcanzar las promesas de Cristo nuestro Redentor, no es llamarse cristiano, no solamente es ser bautizado. Porque, aunque haya esto, si falta presencia del Espiritu Santo, no bastarâ aquello; hijos son los bautizados, pero no son hijos legitimos, son bastardos; hijos son, pero no heredan a su Padre, porque los bastardos no son hijos que heredan; dones les puede dar su Padre, pero nos les darâ la here­ dad. El que estâ bautizado y no obedece a Dios nuestro Seûor, no es hijo legitimo; el que estâ bautizado y no tiene el Espiritu Santo, no es legitimo; bastardo es, pues no tiene la seûal que hace a los hijos legitimos y herederos de los bienes de su Padre, que es el Espiritu Santo. In quo et credentes signati estis. Cuando te seûalaron con la seûal exterior de cristiano y cuando te dieron el Espiritu Santo, te hicieron oveja de Cristo y te seûalaron por oveja suya y de su rebafio. Si no tenemos el Espiritu Santo, no tenemos concierto sempiterno; aquel que no ha de faltar, que promote Dios por Isaîas (55,3) : Feci vobiscum pactum sempiternum, misericordias David fideles”. E) a) U'TORIS VARIOS. BEATO AVH V 79 No contristéis al Espiritu Santo Atenciôn permanente al Huésped divino El que espera o tiene este Huésped, asi se ata, o para le recibir mejor o con mejor aparejo, o para, si fuere venido, conservarle para que no se vaya... 4Por que no hacéis como los otros? 4 Por que sois tan enojosos? Desenvolveos, sed para algo... —Si viéredes asi alguno que hace esto, y que traiga cuidado sobre si, y no sabe responder por si, no defenderse, aquél lo tiene en el corazôn; con aquél posa este Huésped; senales son éstas del Espiritu Santo. Nolite contristare Spiritum Sanctum (Eph. 4,30). Mira como vives, no entristezcas al Espiritu Santo, que mora en nosotros. Vive con cuidado, como el que tiene un gran seûor por Huésped, que no osa ir a fiestas ni a juegos; luego se acuerda de su Huésped y dice: ^Quién lo ser­ vira?... Quiero ir a mi casa, no me haya menester, no me eche menos, no haga falta... Corres, y juegas, >y burlas, y cornes y bebes sin temor de perderlo y sin ningùn cuidado dele esperar y de lo recibir. ;Oh qué dolor! Si lo esperas, y quieres y deseas que venga, iqué es del cuidado? No hay hombre, por pobre que sea, que si le dicen que ha de venir el rey a reposar en su casa... b) Vida limpia “Cuando te convidaren con algùn pecado, con alguna mala tentaciôn, responde luego: Estoy esperando a la limpieza; ;cômo me ensuciaré? Estoy esperando a mi Seûor, ;cômo me iré fuera de casa?.. Nescitis, quoniam membra vestra templum sunt Spiritus Sancti? (1 Cor. 6,19). Miraos bien, que vuestros ojos, vuestras manos y vuestra boca, templo es del Espiritu Santo; no ensuciéis la casa del gran Seûor. Pasas un deleite en tu carne, luego se va el Espiritu Santo. No se puede sufrir en ninguna manera el Espiritu San­ to en el espiritu sucio; no pueden vivir juntos. No hay medio: 0 has de tomar lo uno o lo otro. Si has de tomar el Espi­ ritu Santo, todo pecado y suciedad has de echar fuera; y si con algo te quieres quedar, irse ha el Espiritu Santo. Mira, pues, ahora cual vale mâs, tener al Espiritu Santo consolador en tu corazôn con limpieza o perder tan gran bien por un deleite que lo pasan las bestias en el campo”. 1 SO ΙΑ VENTDA DEL ESPIRITU SANTO F) Cristo lo envia Espan ta el que Cristo enviase su Espiritu a los mismos que le crucificaron. Por tanto, también nos lo enviarâ a nosotros. “—Es limpio; ;cômo ha de venir a mi, que soy sucio? —Ahi esta el punto. 4 Por qué quiso tanto el Espiritu Santo a Jesucristo? Porque se puso Jesucristo tan de buena gana en la cruz, obedeciendo al Padre Eterno y al Espiritu Santo, por eso vendra en nombre suyo a vosotros, y no tendra asco de nuestra miseria; no dejarâ de venir; no se taparâ las narices de ti. —;Quién junto oro con cieno, limpieza con la basura, rico con extrema pobreza, alteza con bajeza, tan grande bien con tanta flaqueza y poquedad? —Asi es verdad que el hombre no es lugar propio para el Espi­ ritu Santo, ni la cruz era lugar adonde pusieron a nuestro Redentor Jesucristo; mas por esta junta de Dios con la cruz es esotra del Espiritu Santo con el hombre. El Espi­ ritu Santo amonestô e inspiro a Jesucristo que se pusiere en aquel lugar tan bajo y tan hediondo de la cruz, y por eso el Espiritu Santo viene a este otro lugar tan hediondo y bajo, que es el hombre. Rogâdselo, importunâdselo, 11amadle en nombre de Jesucristo nuestro Seüor, que cierto vendrâ, y dârseos ha con todos sus dones; esclareceros ha el entendimiento; encenderâ vuestra vol un tad en amor su­ yo y daros ha gracia y gloria”. m. SANTA TERESA DE JESUS La falsa y la verdadera paz El capitulo de la Santa que transcribimos encierra tesoros de finura psicolôgica, sabiduria ascética v valor practice (cf. Medita­ tiones sobre los Cantares c.2 : BAC, Ôbras completas de Santa Te­ resa t.2 p.592-602). A) La paz de los mundanos “Dios os libre de muchas maneras de paz que tienen los mundanos; nunca Dios nos la deje probar, que es para guerra perpetua. Cuando uno de los del mundo anda muy quieto, andando metido en grandes pecados y tan sosegado en sue vicios que en nada le remuerde la conciencia, esta paz ya habeas leido que es senal que el demonio y él es­ tân amigos; mientras viven, no les quiere dar guerra, por­ que, segùn son malos, por huir de ella y no por amor de SEC. 5. Al’TORES VARIOS. SANTA TERESA 81 Dios, se tornarian algo a El. Mas los que van por aqui, nunca duran on servirle. Luego, como el demonio lo entiende, tôrnales a dar gusto a su placer y tornase a su amistad, hasta que los tiene adonde les da a entender cuân falsa era su paz. En éstos no hay que hablar; allâ se las hayan, que yo espero en el Senor no se hallarâ entre vosotras tanto mal; aunque podia el demonio comenzar por otra paz en cosas pocas, y siempre, hijas, mientras vivimos nos hemos de temer” (o.c., p.592). B) Hay mala paz cuando no remuerde la concienda 9 “Cuando una religiosa comienza a relajarse en unas cosas que en si parecen poco y perseverando en ellas mucho y no remordiéndoles la conciencia, es mala paz, y de aqui puede el demonio tentaria a mil males... Cosillas muchas que se ofrecen, que en si no parecen pecado, y, en fin, hay faltas, y halas de haber, que somos misérables. No digo yo que no; lo que ni ego es que sientan cuando se hace, y entiendan que faltaron; porque si no, como digo, de este se puede el demonio alegrar y poco a poco ir haciendo insensible el alma de estas cosillas. Yo os digo, hijas, que cuando esto llegare a alcanzar, que no tenga poco, por­ que temo pasarâ adelante... Entiéndanme las almas de las que fueren escrupulosas que no hablo por alguna falta alguna vez, o faltas, que no todas se pueden entender ni aun sentir siempre; sino con quien las hace muy ordinarias, sin hacer caso, pareciéndole nonada, y no la remuerde ni procura enmendarse. De ésta torno a decir que es peligrosa paz y que estéis advertidas de ella. Pues iqué sera de los que la tienen en mucha relajaciôn de su Regia? No plegue a Dios haya ninguna...” (ibid.). C) La paz de la sensualidad “Después me ha parecido sera bien deciros un poquito de la paz que da el mundo y nos da nuestra misma sensualidad”. a) La paz de las piquez as 1. Gran descanso es carecer de ellas “;0h riquezas!, que si tienen bien lo que han menester y muchos dineros en el area, como se guarden de hacer pecados graves, todo les parece estar hecho. Gôzanse de lo ACTORES VARIOS 83 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO r- .4 que tienen, dan una limosna de cuando en cuando; no mi· ran que aquellos bienes no son suyos, sino que se los diô el Serior como a mayordomos suyos, para que partan a los pobres, y que le han de dar estrecha cuenta del tiempo que lo tienen sobrado en el area, suspendido y entretenido a los pobres, si ellos estân padeciendo. Esto no nos hace al caso mâs de para que supliquéis al Seiior les dé luz, no se estén en este embebecimiento y les acaezca lo que al rico avariento, y para que alabéis a Su Majestad, que os hizo pobres y lo toméis por particular merced suya. ;Oh hijas mias, qué gran descanso no tener estas cargas, aun para descansar aeâ! Que para el dia del fin, no le podéis imaginar. Son esclavos éstos, y vosotras senoras; aun por esto lo veréis. ^Quién tiene mâs descanso, un Ca­ ballero que le ponen en la mesa cuanto ha de corner y le dan todo lo que ha de vestir, o su mayordomo, que le ha de dar cuenta de un solo maravedi? Estotro gasta sin tasa, como bienes suyos; el pobre mayordomo es el que lo pasa, y cuando mâs hacienda, mas, que ha de estar desvelândose cuando se ha de dar la cuenta; en especial si es de muchos aîios y se descuida un poco, es el alcance mucho; no sé como se sosiega...” (o.c., p.594). 2. Con ten tarse con poco “Lo que es menester, hijas, es contentaros con poco, que no hemos de querer tanto como los que dan estrecha cuenta, como la ha de dar cualquier rico, aunque no la tenga él aeâ, sino que la tengan sus mayordomos. ;Y cuân estrecha! Si lo entendiese, no comeria con tanto contento ni se daria a gastar lo que tiene en cosas impertinentes y de vanidad... Bien sé que lo entendéis, mas es menester que por ellos de’s a tiempos gracias particulares a Su Ma­ jestad” (o.c., p.595). b) La falsa paz de las honras 1. “Pobres nunca son muy honrados” “De la paz que da el mundo en honras, no tengo para qué deciros nada, que pobres nunca son muy honrados... En lo que os puede hacer dano grande, si no tenéis aviso, en las alabanzas; que nunca acaba de que comienza, para después bajaros mâs. Es lo mâs ordinario en decir que sois unas santas con palabras tan encarecidas, que parece las ensefia el demonio. Y asi debe ser a veces, porque, si lo dijesen en ausencia, pasaria; mas en presencia, ^qué fruto puede traer, sino dario, si no andâis con mucho aviso? Por amor de Dios os pido que nunca os pacifiquéis en estas palabras, que poco a poco os podrian hacer dano y creer que dicen verdad, o en pensar que ya es todo hecho y que lo habéis trabajado. Vosotras nunca dejéis pasar palabra sin moveros guerra en vuestro interior, que con facilidad se hace, si tenéis costumbre. Acordaos cuâl paro el mundo a Cristo Nuestro Senor, y que ensalzado le habia tenido el dia de Ramos. Mirad en la estima que ponia a San Juan Bautista, que le querian tener por mesias, y en cuânto y por qué le descabezaron” (o.c., p.595). 2. “Jamas el mundo ensalza sino para abajar” “Jamâs el mundo ensalza sino para abajar, si son hijos de Dios los ensalzados. Yo tengo harta experienda de esto. Solia afligirme mucho de ver tanta ceguedad en estas ala­ banzas, y ya me rio como si viera hablar un loco. Acordaos de vuestros pecados, y, puesto que en alguna cosa os digan verdad, advertid que no es vuestro y que estais obligados a servir mâs. Despertad temor en vuestra aima, para que no se sosiegue en ese beso de tan falsa paz que dé el mun­ do. Creed que es la de Judas; aunque algunos no lo digan con esa intenciôn, el demonio esta mirando, que podrâ 11evar despojo si no os defendéis. Creed que es men ester aqui estar con la espada en la mano de la consideraciôn; aun­ que os parezca que no hace dano, no os fiéis de eso. Acor­ daos cuântos estuvieron en la cumbre y estân en lo profun­ do. No hay seguridad mientras vivamos, sino que, por amor de Dios, hermanas, siempre salgâis con guerra inte­ rior de estas alabanzas; porque asi saldréis con ganancia de humildad, y el demonio, que estâ a la mira de vos, y el mundo, quedarâ corrido” (o.c., p.596). c) El regalo del cuerpo “De la paz y dano que con ella nos puede hacer nuestra misma carne, habia mucho que decir. Advertiros he algunos puntos, y por ahi, como he dicho, sacaréis lo demâs. Es muy amiga de regalo, ya lo veis, y harto peligroso pacificarse en ellos, si lo entendiésemos. Yo lo pienso muchas veces y no puedo acabar de entender como hay tanto sosiego y paz en las personas muy regaladas. ^Por ventura, merece el cuerpo sacratïsimo de nuestro dechado y luz menos regalos que los nuestros? iHabia hecho por qué padecer tantos trabajos? ^Hemos leido de santos. que son los que ya sabemos que estân en el cielo cierto. tener vida regalada? ^De donde viene este sosiego en ella? iQuién nos ha dicho que es buena? iQué es esto, que tan sosegadamente se pasan los dîas con corner bien y dormir y illl LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 84 buscar recreaciones y todos los descansos que pueden tener algunas personas, que me quedo boba de mirarlo? No parece ha de haber otro mundo, y que en aquello hay el menor peligro de él”. “iOh hijas, si supieseis el grande mal que aquï esta encerrado! El cuerpo engorda, el aima enflaquece; que, si la viésemos, parece que va ya a expirar. En muchas partes veréis escrito el gran mal que hay pacificarse en esto, que aun, si entendiesen que es malo, tendriamos esperanza de remedio; mas temo no les pasa por pensamiento. Como se usa tanto, no me espanto; yo os digo que aunque en esto su carne sosiega, que por mil partes tengan la guerra si se han de salvar, y valdriales màs entenderse y tomar la penitencia poco a poco, que les ha de venir por justo” (o.c., p.596). D) La paz y amistad del Senor “Tornando al proposito, seüal es que, pues la Esposa seüala la paz que pide diciendo: Béseme con beso de su boca, que otras maneras de hacer paces y mostrar amistad tiene el Senor. Quiéroos decir ahora algunas... Creed que va mucho en esto, pues hay unas personas que han ya alcanzado la amistad del Senor, porque confesaron bien sus pecados y se arrepintieron, mas no pasan dos dias que ee tornan a ellos. A buen seguro que no es esta la amistad que pide la Esposa. Siempre, ;oh hijas’, procurad no ir al confesor cada vez a decir una falta. Verdad es que no podemos estar sin ellas; mas siquiera mûdense, porque no echen raices, que serân mâs malas de arrancar, y aun podrân venir de ella a nacer otras mu­ chas" (o.c., p.597-598). a) ‘ ! I ■ ! f ! ; ·; ; EVITAR EL PECADO MORTAL “Hay otra amistad mayor que esta, de personas que se guardan de ofender al Senor mortalmente; harto han alcanzado los que han llegado aqui, segûn esta el mundo. Estas personas, aunque se guardan de no pecar mortalmente, no dejan de caer de cuando en cuando, a lo que creo; porque no se les da nada de pecados veniales, aunque hagan muchos al dia, y asi estân bien cerca de los mortales... Es muy gran cosa traer siempre la conciencia tan limpia, que ninguna cosa os estorbe a pedir a Nuestro Senor la perfecta amistad que pide la Esposa. Al menos no es esta que queda dicha: es amistad bien sospechosa por muchas razones, y llegada a regalos y aparejada para mucha tibioza, y ni bien sabrân si es pecado venial o mortal el SEC. 5· AUTORES VARIOS. SANTA TERESA que hacen. Dios os libro do ella; porquo con parecerles no tiencn cosas de pecados grandes, como ven a otros (y éste no es estado de perfecta humildad) juzgarios por rnuy rui­ nes podrâ ser scan muy mejores” (o.c., p.599). b) VOLUNTAD DE NO PECAR EN NADA “Hay otra manera de amistad y paz, que comienza a dar Nuestro Senor a unas personas que totalmente no le querian ofender en nada; aunque no se apartan tanto de las ocasiones, tienen sus ratos de oraciôn; dales Nuestro Senor ternuras y lâgrimas, mas no querrian ellas dejar los contentos de esta vida, sino tenerla buena y concertada, que parece para vivir acâ con descanso les esta bien aquello. Esta vida trae consigo hartas mudanzas. Harto sera si duran en la virtud. Porque, no apartândose de los con­ tentos y gustos del mundo, presto tornarâm a aflojar en el camino del Senor, que hay grandes enemigos para defendérnosle. No es esta, hijas, la amistad que quiere la Es­ posa; tampoco ni vosotras la querâis. Apartaos siempre de cualquier ocasiôn, por pequena que sea, si queréis que vaya creciendo el aima y vivir con seguridad” (ibid.). c) Desprecio El |î i| de la honra mundana “Otros hay que han dejado todas las cosas por el Se­ nor, y ni tienen casa ni hacienda ni tampoco gustan de regalos, antes son penitentes, ni de las cosas dei mundo, porque les ha dado ya el Senor luz de cuân misérables son, mas tienen mucha honra. No querrian hacer otra cosa que no fuese tan bien acepta a los hombres como al Senor; gran discreciôn y prudencia. Puédense harto mal concer­ tar siempre esas dos cosas; y es el mal, que, casi sin que ellos entiendan su imperfection, siempre gana mâs el partido dei mundo que el de Dios. Estas aimas, por la mayor parte, les lastima cualquier cosa que digan de ellas. Y no abrazan la cruz, sino llévanla arrastrando, y asi las las­ tima y cansa y hace pedazos; porque, si es amada, es suave de llevar. Esto es cierto” (o.c., p.601). d) I ESPÎRITU DE MORTIFICACI0N “Hay otras aimas, y con esto acabo (que por aqui, si vais advirtiendo, entenderéis muchas vias por donde comienzan a aprovechar y se quedan en el camino). Digo que hay otras que ya tampoco se les da mucho de los dichos r 86 LA VENIDA DEI. ESPIRITU SANTO de los hombres ni de la honra; mas no estân ejercitadas en la mortification y en negar su propia voluntad, y asi no parece les sale el miedo del cuerpo. Puestos en sufrir, con todo, parece esta ya acaoado; mas en négocies gra­ ves de la honra del Senor, toma a revivir la suya y ellos no lo entienden: no les parecen temen ya el mundo, sino a Dios. Peligros, sacan lo que puede acaecer para hacer que una obra virtuosa sea tornada en mucho mal, que parece que el demonio se las enseûa; mil anos antes profetizan lo que puede venir, si es menester... Asi que, hijas mias, el Senor, si os ha traido a este estado, poco falta para la amistad y la paz que pide la Es­ posa; no dejéis de pedirla con lâgrimas muy continuas y deseos. Haced lo que pudiereis de vuestra parte para que la dé; porque sabed que no es esta la paz y amistad que pide la Esposa; aunque hace harta merced el Senor a quien llega a este estado, porque sera con haberse ocupado en mucha oration y penitencia, y humildad, y otras muchas virtudes. Sea siempre alabado el Senor que toda la da. Amén” (o.c., p.601-602). e) La verdadera paz que DlOS CON’CEDE AL ALMA iOh santa Esposa! Vengamos a lo que vos pedis, que es aquella santa paz que hace aventurar al aima y ponerse a guerra con todos los dei mundo, quedando ella con toda seguridad y pacifica. ;Oh, qué dicha tan grande sera alcanzar esta merced!, pues es juntarse con la voluntad 31 y ella. de Di os, de manera que no haya division entre El sino que sea una misma voluntad: no por palabras, no por solos deseos, sino puesto por obras; de manera que, en entendiendo que sirve mâs a su Esposo en una cosa, haya tanto amor y deseo de contentarle, que no escuche las razones que le darâ el entendimiento ni los temores que le pondra, sino que deje obrar la fe de manera que no mire provecho ni descanso, sino acabe ya de entender que en esto esta todo su provecho’ (cf. o.c., c.3 p.603). I liTuT SEC. 5. AÜTORES VARIOS. GRANADA I IV. FRAY LUIS DE GRANADA Sobre el Espiritu Santo y su venida Escogctnos diversos pasajes de Fr. Luis de Granada relativos al Espiritu Santo v formâmes con ellos dos grupos de ideas. El primero se refiere a la doctrina sobre la tercera Persona de la Santisima Tri­ nidad. El segundo, a la fiesta de Pentecostés. La tercera Persona de la Trinidad Λ) a) Por qué le llamamos Espiritu “El Padre y el Hijo, amândose infinitamente con la vo­ luntad, producen la persona del Espiritu Santo, el cual esencialmente es amor, segùn aquello de San Juan (1 Io. 4,8), que dice: Dios es caridad y amor, y quien està en caridad estd en Dios. Y si preguntâis por qué a esta tercera Persona llamamos Espiritu Santo, pues que cada una de ellas es espiritu, a esto responde que no les llamamos Espiritu Santo por esta razon, porque ya se tiene por sabido que estas Personas son espiritu y que la naturaleza divina no es cosa corporal, sino espiritual; sino llamâmosle Espiritu Santo por la manera de su production. Porque, asi como a la segunda Persona llamamos Hijo por ser engendrado, asi a la tercera llamamos Espiritu por ser aspirado; o por otra razôn mâs évidente y mâs clara para los que no estân ejercitados en estudios de letras, y es por la obra que le atribuimos que en nosotros hace, que es inspirar en nosotros, o para hablar mâs claro, darnos vida espiritual. Porque, si vivimos espiritualmente en la vida que Dios quiere que vivamos, que es en su amor y gracia, es por un aliento y un espiritu de vida que del Es­ piritu Santo nos viene” (cf. BAC, Una suma de la vida cristiana, 1.1, “Tratado de Dios y de la création” p.79). b) Habita li iII 1. εκ el alma del justificado “Y sobre todos estos beneficios anade otro aquella in­ finita bondad y largueza, que es la presencia y asistencia del Espiritu Santo y de toda la Santisima Trinidad, que desciende a morar en el alma del justificado para ensefiarla a usar de toda esta hacienda, como hace el buen padre. I **^r>'*. ·*■ LA VENTDA DEL ESPÎRITU SANTO que, no contento con dar su hacienda a su hijo, dale tam­ bién un tutor y gobernador para que la sepa administrar. De mantra que asi como en el alma del que esta en pecado moran viboras, dragones y serpientes, que es la mu­ ch edumbre de los espîritus malignos que en ella hacen su habitation, como dice el Salvador por San Mateo (12,24), asi, por el contrario, en el alma del justificado entra el Es­ piritu Santo y toda la Santisima Trinidad, y, desterrados todos estos monstruos y fieras infernales, hace alli su tem­ plo y su habitation, como expresamente lo testificô el Sal­ vador diciendo (lo. 14,15): Si alffuno me ama, guardarà mis mandamientos, y mi Padre le amarà, y a él vendremos y en él haremos nuestra morada. Por virtud de las cuales palabras confiesan todos los doctores santos, juntamente con los escolâsticos, que el Es­ piritu Santo, por una especial manera, mora en el aima del justificado, haciendo distinciôn entre el Espiritu Santo y sus dones y confesando que no solo se dan a los taies los dones del Espiritu Santo, sino también el mismo Es­ piritu Santo, el cual, entrando en la tal aima, la hace tem­ plo y morada suya; y para esto El mismo la limpia y san­ tifica y adorna con sus dones, para que sea morada digna de tal huésped” (cf. ibid., 1.2. “Del fin del hombre”, p.282-283).’ c) Acciôn del Espiritu Santo 1. El Espiritu no estâ ocioso “Mas no paran aqui los beneficios y obras del Espiritu Santo. Porque no se contenta este divino Espiritu con ayudarnos a entrar por la puerta de la justicia, mas ayùdanos también después de entrados a andar por los caminos de ella, hasta Ûevarnos salvos y eeguros por todas las ondas de este mar tempestuoso al puerto de la salud. Porque, entrando, mediante el beneficio susodicho, en el alma del justificado, no esta alli ocioso; porque no se contenta con honrar la tal aima con su presencia, sino también la santifica con su virtud, obrando en ella y con ella todo lo que conviene para eu salud. Y asi esté alii como padre de familia en su casa, gobernândola ; y como maestro en su escuela, ensenândola; y como hortelano en su huerta, cultivândola; y como rey en su propio reino, rigiéndola; y como el sol en este mundo, alumbrândola ; y, finalmente, como el elma en su cuerpo, dândole vida, sentido y movimiento, aunque no como forma en materia, sino como padre de familia en su casa”. SEC. 5. AUTOKES VARIOS. GRANADA 89 “Todo lo obra en las almas donde mora” “Pues 6 qué cosa mâs rica ni mâs para desear que tener dentro de si tal huésped, tal gobernador, tal guia, tal compania, tal tutor y ayudador? El cual, como sea todas las cosas, todo lo obra en las aimas donde mora. Porque El primeramente, como fuego, alumbra nuestro entendimiento, inflama nuestra voluntad y nos levanta de la tierra al cielo. El también, como paloma, nos hace sen­ cillos, mansos, tratables y amigos unos de otros. El tam­ bién, como nube, nos defiende de los ardores de nuestra carne y templa el furor de nuestras pasiones, y El, finalmente, como viento vehementisimo, mueve e inclina nuestra voluntad a todo lo bueno y apârtala y desaficiônala de todo lo malo. De donde vienen los justificados a aborrecer tanto los vicios que antes amaban, y a amar tanto las virtudes que antes aborrecian, como claramente lo représenta en su persona el santo rey David (Ps. 198,118), el cual en una parte dice que aborrecia y abominaba toda maldad, y en otra dice (ibid., 14) que amaba y se deleitaba en la ley de Dios como en todas las riquezas dei mundo. Y la causa de esto era porque el Espiritu Santo, como buena madré, le ha­ bia puesto acibar en los pechos dei mundo y su miel suavisima en los mandamientos de Dios” (cf. ibid., p.283-284). B) La venida del Espiritu Santo a) La promesa de Cristo “Cuân grande sea la excelencia de este misterio, aparecerâ claro a quien considerare que todos los otros pasos y misterios de la vida de nuestro Salvador se ordenaron a este, porque todo cuanto El en esta vida hizo y padeciô, a este fin lo ordenô, como quien tanto procurô en todas las cosas nuestra salvaciôn, la cual consiste en morar en nues­ tras aimas el Espiritu Santo. Véase también esto, porque una de las cosas que mâs veces el Salvador nos prometiô en el Evangelio fué esta venida del Espiritu Santo. Y asi podemos decir que una buena parte del Evangelio es profecia de esta venida, y que, como los profetas fueron profetas de Cristo, asi Cristo fué profeta del Espiritu Santo. Por donde entendemos cuân alto sea el misterio, pues tal profeta mereciô tener” (cf. ibid., 1.3, “Jesueristo Redentor”, c.42 p.887 ss). 90 L\ VFNIDA DEL ESPIRITU SANTO b) t·. Perseverancia con Marla en la oraciôn “Y, sobre todo, estaba alii la sacratisima Virgen, como gobernadora y presidenta de aquel sagrado colegio en la ausencia de su Hijo, guiando aquel ganado a lo interior del desierto, que es el secreto del recogimiento y perseve­ rancia de la oraciôn, como la que sabia cuânto importaba la perseverancia de esta virtud para recibir el Espiritu Santo. iQuién fuera tan dichoso que mereciera hallarse en aquella bienaventurada compaûia, y oir aquellos gemidos, y ver aquellas lâgrimas, y perseverar en aquellas oraciones, y mirar el rostro de aquella serenisima reina de los ângeles y aquellas lâgrimas que de sus purisimos ojos corrian, y ver de qué manera aparejaria aquellos pechos catôlicos para la venida del Espiritu Santo! Era ella, su Esposa, secretaria de sus misterios, testigo de sus maravillas, y asi sabia muy bien como se habian de aparejar los corazones para este huésped, y entendia que uno de los principales medios para esto era perseverar dia y noche en oraciôn. Porque si un tahur juega, desde la prima noche hasta la mafiana, sin dormir y sin cansar, con esperanza de desquitarse de lo que ha perdido o de ganar algo nuevo, iqué mucho era hacer los hombres otro tanto por recibir el Espiritu Santo? Porque, sin duda, si gastâsemos parte de la noche luchando y porfiando en la ora­ ciôn con Nuestro Senor, como lo hizo el patriarca Job, cierto es que recibiriamos la gracia de su bendiciôn como él la recibiô" (cf. ibid., p.889). c) Maravillosos efectos de la venida “Creo también que fué tanto lo que alcanzaron de la bondad y claridad y hermosura de Dios y lo que amaron con tan grande amor, que, si tuvieran mil vidas, con grandisima alegria las ofrecieran por El los que antes, por muy pequena ocasiôn, desampararon a su Maestro y lo dejaron solo en poder de sus enemigos. Creo también que fué tan grande el deseo que tuvieron de la gloria de Dios y que los hombres conociesen y amasen esta tan grande bondad, que cada uno de ellos tomara por partido ser anatema de Cristo por la salud de sus hermanos, como San Pablo lo deseaba (Rom. 9,3). Y con este deseo ardian, morian, abrasâbanse y derretianse sus entraâas, con deseo de la honra de Dios y de la salvaciôn de sus prôjimos. Y no fueron defraudados de lo que tanto deseaban, porque con una llama de aquel fuego AUTORIS VARIOS. GRANADA 91 abrasaron alli très mil hombres, y con otra, cinco mil, y asi cada dia iban abrasando el mundo, hasta que llegô esta llama a los ùltimos fines de la tierra e hicieron que el Dios que solamente era conocido, aunque mal servido, en Judea, fuese conocido y adorado en el mundo. De manera que, abrasados ellos, abrasaron los otros; inflamados, los inflamaron, y, santificados por este Espiritu del cielo, santificaron al mundo” (cf. ibid., p.890). d) Comuniôn con Cristo, con el Espîritu Santo I ' I lï·. y con LOS DEMÂS FIELES i 1. Comuniôn con el Espiritu Santo “Los miembros de la Iglesia fueron santificados no solo por la fe, sino también por la caridad y gracia del Espi­ ritu Santo. Porque entre éstos se halla esta maravillosa comuniôn que tienen con Cristo, consigo y con el Espiritu Santo. Con Cristo, porque El es su verdadera cabeza, que comunica sus virtudes y méritos a estos miembros. De donde nacen otras grandes y nuevas prerrogativas y excelencias. Porque de aqui procede que el mismo Hijo de Dios los ama como a sus miembros, y mira por ellos como por sus miembros, y tiene solicito cuidado como de sus propios miembros, e influye en ellos continuamente su virtud como cabeza en sus miembros, y, finalmente, el Padre Eterno los mira con amorosos ojos, porque los mira como miembros vivos de su unigenito Hijo, unidos e incorporados con El por la participaciôn de su Espiritu, y asi sus obras le son agradables y meritorias, por ser obras de miembros vivos de su Hijo, el cual obra en ellos todo lo bueno”. 2. Confianza en la oraciôn “De la cual dignidad procede que, cuando los taies piden mercedes a Dios, las piden con muy grande confianza, porque entienden que no piden tanto para si cuanto para el mismo Hijo de Dios, que en ellos y con ellos es honrado. Porque como sea verdad que el bien que se hace a los miem­ bros se hace a la cabeza, teniendo ellos a Cristo por cabeza, entienden que, pidiendo para si piden para ellos. Porque, si es verdad, como el Apôstol dice, que los que pecan con­ tra los miembros de Cristo pecan contra el mismo Cristo, y el mismo Cristo se tiene por perseguido cuando por El son sus miembros perseguidos, como El lo dijo al mismo Apôs­ tol cuando perseguia a la Iglesia (Act. 9,5), iqué maravilla es que, siendo esos miembros honrados, sea el mismo Cristo honrado en ellos?” i IB t Γ 92 TA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 3. Comunidad de bienes “Con el Espiritu Santo, porque todos ellos viven con este Espiritu y con el aliento y gracia que de El reciben, y El vive, mora y reina en todos ellos y los hace en su ma­ nera mâs unos entre si que lo son los miembros de un mismo cuerpo, por estar animados con una misma aima. Y entre si también estân unidos, porque, participando todos de un mismo espiritu y de la virtud de una misma cabeza y siendo miembros de un mismo cuerpo, de necesidad se sigue que los bienes de los unos han de ser de los otros, porque las oraciones de los unos valen para los otros, y los méri­ tes y penitencias de los unos también valen a los otros, en cuanto hacen mâs aceptas las oraciones que hacen por ellos. Y con esto les comunican su doctrina, ejemplo, socorro y todo lo demâs. Esto es lo que significa la comuniôn de los santos” (cf. ibid., c.43, “De la santa Iglesia catôlica”, p.892-893). ÎH Las conclusiones que el P. Nieremberg deduce de la inhabitaciôn del Espiritu Santo son dificilmente superables. Probado el hecho en otros lugares de esta dominica, reproducimos ahora el capitulo del libro II del /1 prccio y estima de la divina gracia (cf. ed. Apostolado· de la Prensa, 1922, p.215 ss.). v A ) Don incomparable a) Sobre toda riqueza “Si Dios en su inmensidad no estuviera en todo lugar y faltara de sus criaturas, en dando a uno la gracia, luego viniera a él el Espiritu Santo, y estuviera dentro de él, y quadara alli todo el tiempo que durara la gracia. El P. Fran­ cisco Suarez lo explica con el ejemplo dei Verbo divino, que esta présente en la sacratisima humanidad de Cristo nuestro Redentor, con tal manera de presencia, que, si no estuviera en todas las cosas por virtud de la union de su persona di­ vina, estuviera présente intimamente al aima y carne de Cristo... iDônde estàn las dependencias humanas? ^Dônde las consecuencias dei mundo? 4 Qué cosa hay en él que ten­ ga aneja o pueda ocasionar tal bien como es la divinidad del Espiritu Santo?... ;Qué pérdida hay en el mundo que pueda hacer contrapeso a esta ganancia? Ni la pobreza, ni el dolor, ni la afrenta, que es lo que mâs suelen sentir los hombres... SEC. 5. AÜTORES VARIOS. .NIEREMBERG 93 t Oigan lo que dice San Pedro (1 Petr. 4,14) : Si fuéredes afrentados por el nombre de Cristo, dichosisimos seréis; pues lo que hay de honra, de gloria y virtud de Dios y su Espiritu descansa en vosotros. ό Qué importa la honra si por su pérdida se ganasé el Espifitu Santo, con el cual tendremos la honra, la gloria y la virtud de Dios?...” b) Pecado contra el Espîritu Santo “;Qué corazôn hay que no tiemble de perder la gracia? Demos que atropelle con ella y que no estime su pérdida; pero contra el Espiritu Santo, £ quién se ha de atrever? ;Qué corazôn habrâ que diga: Saïga Dios fuera de mi; apârtese mi glorificador ci en léguas de mi aima; vaya fuera de mi pecho el Espiritu Santo; quiero perder a Dios; no quiero tener el Espiritu Santo? Si el decir esto hiciera erizarse el cabello y estremecer los huesos, ^cômo no tiembla el pecador de ejecutarlo? Tiemble de las palabras del Sal­ vador dei mundo, que dijo (Mt. 12,31-32) : Todo pecado y blasfemia se perdonard a los hombres; pero la blasfemia del Espiritu Santo no se perdonard; y cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del hombre, se le redimird; pero a quien la dijere contra el Espiritu Santo, no se la perdonarân, ni en este siglo ni en el futuro...” “Y si, como declaran muchos santos, la blasfemia y pe­ cado contra el Espiritu Santo, por eso se dice que no se perdonarâ, por cuanto es aquella que no tiene excusa, asi de suyo es irremediable; si bien la misericordia de Dios es sobre todo, iqué mayor blasfemia que decir uno que no quiere gracia, aunque traiga consigo el Espiritu Santo?... 4 Como es posible que esto se haga por cosas de tan poca importanda, como se queja el mismo Espiritu por el profeta Ezequiel? (Ez. 13,19): Profandbanme por un punado de cebada y por un cdntaro de pan. £Quién hay que pueda oir esto sin lâgrimas y dolores?...” B) Amor del que da e ingratitud del que lo pierde a) îB DIOS DA LO MEJOR QUE TIENE “iQuién no admira aqui también el infinito amor de Dios, que, como diô a su Hijo para redenciôn de todos los hombres del mundo, dé también para la santificaciôn de cada particular al Espiritu Santo, que es tan bueno e infinito como el mismo Hijo de Dios? iQuién soy yo, que para sôlo mi bien descienda Dios?... 2.A quién no admira que se dé el *· -· T P riA.* <■ LK VENIDA DEL ESPIRITU SANTO cuerpo de Cristo a los que comulgan, aunque no sea si no es por muy poco tiempo que dura en su pecho ? i Por qué no se admira también que se dé la misma divinidad del Espiritu Santo, no para un cuarto de hora o para un dia, sino para que siempre permanezea en el que esta en gracia ?” Dios te da lo mejor que tiene, como es su Espiritu. “Tû no cumples con menos que con dar a Dios lo mejor que tienes; esto es, hacer en cada obra lo mejor, lo mâs perfecto, lo sumo en toda acciôn virtuosa; y eso mismo con todo tu amor y tu voluntad, y dândote sobre todo a ti mismo, cuanto eres y vales, tu aima, tu espiritu y vida. Si Dios te amô tanto que te diô su espiritu, tû, ya que no vales tanto como el Espiritu de Dios, debes darie todo lo que vales”. b) I . ■· ·; r: LO PODEMOS PERDER “Verdadero don es aquel que se da para no tornarlo a quitar. El Espiritu Santo es verdadero don, porque Dios lo da para no quitarlo, don inmutable y eterno de suyo; mas lo que Dios nunca nos quitarâ, el hombre, a quien le esta bien, lo renuncia, desprecia y acaba. ;Qué inhumanidad usa consigo el pecador privândose de tai bien! ;Que irreverencia para con Dios despreciando su don! iQué impiedad para consigo y con Dios, que irreverencia y qué inhumani­ dad arrojar de si al Espiritu Santo, dejarle sin templo y sin su dulce morada! Exhôrtanos el Apôstol que no queramos contristar al Espiritu Santo, en el cual somos santificados (Eph. 4,30). ;Como hay atrevimiento para injuriarle, para arrojarle a la cara sus dones y echarlos a la calle, y a El de su casa? Esto hace con una persona divina quien comete un pecado mortal. Si un sacerdote, llevando el cuer­ po de Cristo nuestro Redentor en las manos, se lo dejara caer adrede o diese con él por las paredes y le despreciase ignominiosamente, ;a quién no temblarian las carnes de solo verlo? Pues ^cômo no es horror pensar que se haga con la divinidad del Espiritu Santo, que tiene quien esta en gracia en su pecho?” C) a) “No Vivamos segûn el Espiritu es amigo de la carne el Espiritu Santo “Reverenciemos, pues, este soberano Espiritu, tratémosle como merece su infinita santidad y bondad. Espiritu es; vivamos en espiritu, no por las leyes de la carne y sangre. SIC. 5. U1ORFS V\kIOS. BOSSUEf 9.5 Dios es; sirvâmosle como Angeles: no es amigo de la carne el Espiritu Santo. Una de las principales causas que senalan los doctores por que se ausentô Cristo nuestro Redentor de los hombres y subiô a los cielos, fué por el grande amor que tenian sus discipulos a su sacratisima humanidad; por lo cual fué menester se fuese al cielo primero que viniese a la tierra el Espiritu Santo. ;Oh, qué puestos en Dios nos quiere este divino Espiritu! ;Qué lejos de afectos de tierra! ;Que celoso es de que sea todo espiritu, pues le vernos aim celoso de aquella carne limpisima, que fué concebida por el mismo Espiritu Santo!...” b) “Limpisimo es este Sencr “Para que se desengancn los hombres que no estarâ el Espiritu de Dios donde hay obras de carne. Limpisimo es· este Sefior, y quiere gran limpieza de afectos; huye de cuerpos muertos y de todo lo que esta muerto en Adân. La paloma que saliô del arca de Noé (Gen. 8,11) tomô un ramito verde de oliva, y, no queriendo poner sus pies sobre algûn cuerpo muerto, muy limpia se volviô al area. El cuervo todo se cebô en corner carne muerta (Gen. 8,7). La pa­ loma es figura del Espiritu Santo, que es todo vida y lim-. pieza; y quien la tiene ha de vivir una vida limpia, pura, espiritual y santisima. No se ha de mirar ya como hom­ bre quien se ha confesado con verdadero arrepentimiento de su vida pasada; no se ha de mirar como de carne y sangre, sino como un ângel, como quien tiene consigo el Espiritu de Dios: de todas las aficiones que antes tenia a cosas de la tierra, ya ha de estar olvidado; las inclinaciones de la carne halas de aborrecer; todas las pasiones desbocadas ha de refrenar; no debe tener otro sentimiento vivo sino de las cosas divinas; no le ha de quedar otro afecto sino de Dios. El Espiritu Santo es el amor de Dios; y asi, quien le tiene, todo ha de ser amor, no de tierra, no de carne y sangre, sino de Dios”. BOSSUET Sobre la ley nueva De los tres sermones que se conservari de Bossuet para el dia de Pentecostés, extractaremos brevemente, prescindiendo de las galanuras del lenguaje, los dos primeros, puesto que el ultimo se refiere a las persecuciones de 1a Iglesia, de las que nemos liablado P6 LA VEN I DA DEL ESPIRITU SANTO en dominicas anteriores (véase La Palabra de Cristo vol.^ p. 1144). El primer sermôn présenta dos exordios, de los que utihzamos el segundo (cf. ed. Firmin-Didot, Paris 1S79, t.3 p.i ss.). A) La ley nueva Bossuet explica la diferencia entre la ley antigua y la promulgada en Pentecostés, y su tema, de interés permanente, es el de que no bastan los mandamientos sin la gracia del Espiritu Santo. a) Exordio y divisiôn La alegria de esta fiesta consiste en que se promulga la ley nueva de Cristo, dejando abolida la anterior. Reconciliados por el Salvador, era necesario que se anunciase la paz. San Pedro la predica en todas las lenguas, puesto que universal ha de ser la nueva ley. El orgullo de Babel dividiô a los hombres; la humildad del Sefior nos vuelve a unir en la divensidad de lenguajes. ;Por qué esta alegria de la nueva ley? Os lo voy a decir con San Pablo: Porque ésta es la ley de la libertad, porque la antigua era la ley de la letra, que mata, y ésta la del espiritu, que vivifica. Los mandamientos, esto es, la ley, por si sola mata; la gracia del Espiritu Santo vivifica. b) Lstra que mata 1. Ministerio de muerte Parece inverosimil que el decâlogo mate. Sin embargo, Pablo le llama ministerio de muerte (2 Cor. 3,7). îMinis­ terio de muerte lo que comienza diciendo: Amarâs ai Sefior tu Dios! Expliquémonos siguiendo a San Agustin en el Li­ bro a Simpliciano y en el llamado Sobre el espiritu y la letra. San Pablo no censura la ley, sino que llora nuestra flaqueza, porque, habiendo sido destinados a muy altos fines, el pecado perdiô la gracia, y ya, en vez de seguir el dictamen del entendimiento, que nos mueve a eometerle las pasiones, permitimos que aquéllas se insubordinen contra la razôn, y la razôn contra su Creador. No se oyen los consejos del entendimiento si no favorecen las pasiones, y si nos dejamos llevar de estas, terminamos olvidando a Dios. 4 No ha sido esta la historia de la humanidad pagana? No nos dé vergiienza confesar nuestras debilidades, por­ que el avergonzarse es propio de los que ignoran el reme­ dio de nuestro liberador. Todos los sabios conocen que el camino del vicio es pendiente, pues los sentidos nos domi- SEC. 5. AUTORES VARIOS. BOSSUET 97 nan. Esta es la causa por la cual el Evangello, que no puede hablar mâs que al entendimiento, sufre la contrariedad de las cosas sensibles. ^No sentis todos, a veces, un misterioso calor cuando se habia del reino de Dios? Pero ;qué poco dura! Hay quien no siente esta lucha, ya lo sé. Es el que se déjà llevar por ello, pues para notar la corriente del rio, se requiere hacerle frente. San Pablo la sintiô, y; cuan­ do se lucha como él, se acaba por confesar que la unica ayuda es la gracia de Dios. 2. La ley sefiala, pero no ayuda Pues bien, la ley fué dada por Moisés, pero la gracia hecha por Jesucristo (lo. 1,17). Aquella ley no produce la gracia, y, por lo tanto, los truenos con que manda no sirven mâs que para aturdir al pobre enfermo y asustar al débil. Haz esto y vivirâs, dice. Pero ide qué sirve ensenar al paralîtico el agua que puede curarle, si llora dicien­ do: No encuentro un hombre nue me. avude? (lo. 5,7). iAcaso la ley no tiene energias? Si. Mas nos son per judi­ ciales. porque aumentan nuestro conocimiento y, por lo tan­ to, crece nuestra responsabilidad y nuestro castigo. “La ley sin la gracia no sirve de ayuda a los que creen, sino de testigo a los que pecan” (cf. San Agustin, Ad Simplicianum I, 1.5-7: BAC, Obras de San Agustin t.9 p.61 ss.; PL 40, 104-105). Conozcamos todavia mejor nuestra enfermedad para que agradezcamos afin mâs la misericordia del médico. La gravedad decisiva es nuestro orgullo, que en cuanto conoce una ley se subleva contra ella. “Tanto mâs gusta cuanto menos se permite” (cf. San Agustin, ibid., 17). Por eso dice San Pablo que el pecado, tornando ocasiôn de los mandamientos, nos engafia v lleva a la muerte, haciéndonos mâs pecadores (Rom. 7,13). 8. La ley nos hace desear la gracia Entonces ;de qué sirve la ley? Pues para hacernos de­ sear la gracia, para que entendâmos “que necesitamos a Dios, no sélo como maestro, sino como ayuda” (cf. San Agustîn, De spiritu et lïtt. 9: BAC, Obras de San Agustîn t.6 p.701) ; para que nrorrumpamos en aquella hermosa oraciôn del Doc­ tor de Hipona (cf. Enarrat, in Ps, 118 n.3) : “Mândame, Sefior, lo que no puedo cumplir, o mejor dicho, mândame lo que no puedo cumplir si no es con tu gracia, para que me arrod’lle delante de ti, y que el que se glorifique, se glorifique solo en el Sefior”. Esta verdadera justicia dd cristianismo que consiste en cumplir la ley, nos viene del Espiritu Santo y la predica por La Palabra de C. 5 u LA VENIDA DEL ESP1RKU SANTO la fe y la caridad que nos infunde. Creer en Jesucristo Sal­ vador y amarle con un amor que lo facilita todo, he aqui lo que el Espiritu Santo traea las aimas. c) El Espîritu vivifica 1. Nuestras relaciones actuales con la ley Lo que era imposible en la ley, lo consiguiô Dios enviando a su Hijo, que llenô nuestra alma del Espiritu de la gra­ cia para απθ la justitia de la ley se cumpliese en nosotros (Rom. 8,3-4). Continuando el pensamiento de San Agustin expuesto en su anterior comentario al Evangelio de San Juan (cf. Tract. 3 2: PL 35.1396-1397), podemos ver nuestras relationes ac­ tuales con la ley. Una cosa es estar bajo ella y otra con ella, porque también la ley produce grandes efectos dirigiendo a los ciue la obedecen y castigando a los que se rebelan. Es­ tes ûltimos se colocan bajo la ley; los primeros son sus amigos, la siguen y aman y estân con ella. Pues bien, el Es­ piritu Santo nos ha dado la gracia para que cumplamos esa ley y de castigo se nos convierta en premio. Ahora si que se puede decir: Haz estas cosas y vivirâs (Le. 10.28), pues tenemos el Espiritu, que vivifica y da fuerzas a una ley que de lo contrario lleva a la muerte. 2. Peeuliaridad de la ley nueva Peculiaridad esencial de esta ley es que esta escrita en los corazones. Es la ley del amor. El miedo no puede cambiar al lobo, que continuarâ deseando arrojarse sobre el rebano, y si es cierto que el concilio de Trento defiende el temor de las penas, cierto es también que termina diciendo que “se debe a un impulso del Espiritu Santo, que todavia no habita en nosotros, pero que nos mueve” (cf. sess.14,4: DB 897). Es un temor que se dirige hacia el amor. Solo el amor y la caridad pueden ablandar nuestros co­ razones duros. He aqui que esta caridad la difunde. Dios por el Espiritu Santo que nos ha dado (Rom. 5,5). Esta es la fiesta de hoy, la fiesta en que se abre la ley del amor. Quien la déjà, vuelve a la cautividad de la Sinagoga, y para él escribiô San Pablo: ^Somos acaso esclavos? No, por­ que no hemos recibido el espiritu de servidumbre por el te­ mor, sino el de adoption de hijos, por el que llamamos a nuestro Padre (Rom. 8,15). ;Llamarle Padre, saber que entregô a su Hijo y no amarle! jSaberle Rey y no obedecerle cuando nos impone su primer precepto! autokbs varios. BOSSUET SEC 3. Motivos de amor ;Queréis otro motivo de amor? Pues ved el don que nos ha hecho el Espiritu Santo, que no es otra cosa sino el amor del Padre y del Hijo. ;Motivos de amor? La ley del Sinai se promulgo entre truenos, y ^hay algo mâs dulce que Jesûs, que promulgo la nuestra? 4Por qué todo ello? Porque quiere llevarte, del temor servil de quien vive en una ley que amenaza, al amor del que subiô a una cruz para fundar la suya. Si alguien no ama a Jesucristo, sea anatema. B) Espiritu de la ley nueva Sermon dirigido a religiosas y inujeres piadosas sobre el espiritu del cristianismo (cf. ed. Firmin-Didot, p.13 ss.). a) Exordio y divisiôn Célébrâmes el nacimiento de la Iglesia, intentemos cap­ tar cuâl es su espiritu para revestirnos de él y evitar se nos pueda decir que hemos apagado el espiritu, porque el que entonces bajo permanece (lo. 14,17). Cada asamblea, reunion y hasta dignidad tiene su espi­ ritu. iCuâl es el de la Iglesia? No nos ha dado Dios espiritu de temor, siho de fortaceza, de amor (2 Tim. 1,7). Espiritu, pues, de resistentia, de violentia, de quien vive en medio de lobos, de quien lleva la espada y no quiere la guerra (Mt. 10,34) ; espiritu de paz, de caridad, de quien es como una oveja (Mt. 10,16). Mirad la Iglesia naciente, y la veréis hablando ârmemente (Act. 4,31), pero con un solo corazôn y una sola aima (Act. 4,32). En resumen, fortaleza y caridad. b) Fortaleza Al cristiano se le educa desde su infantia, como a un pueblo guerrero, para la milicia en que lo alistô el bautismo, y en la que necesitarâ, si ha de vencer a tanto placer y per­ secution como le temarân, ser revestido de la virtud del cielo (Le. 24,42). Porque la vida cristiana propone tres mâximas fundamentales de generosidad. 1. Despreciar al mundo, sus riquezas, bienes y placeres Amamos o despreciamos de acuerdo con nuestras ideas. Las ideas del cristiano son éstas: Nosotros no hemos recibido el espiritu dei mundo, sino el Espiritu de Dios, para que co- .1 :· 10] LA VEXI DA DEL ESPIRITU SANTO nozeamos los dones que Dios nos ha concedido (1 Cor. 2,12). Nuestras ideas, por lo tanto, son el aprecio de la adopciôn de hijos e igualdad con los ângeles, que nos ha traido Cristo y que nos mueve a despreciar los bienes fûtiles dei mundo. 2. No sôlo despreciar, sino sufrir el odio dei mundo 5' K» Quienes le desprecian caen en su desgracia. Los preceptos dei mundo son opuestos a los de Cristo, y el mayor dano que padecemos suele procéder del miedo que tenemos de ofenderle por no provocar su odio. Cierto que nuestra inclinaciôn tiende al mal, pero reconozco que la fuerza de ley que tienen las malas costumbres mundanas se deben principalmente, no a nuestras pasiones, sino a esa complacencia perniciosa. Decimos: Asi se vive en el mundo, asi lo hacen otros, y mientras nuestra flaca naturaleza no hacia mâs que proponer la ley, el miedo a disgustar es quien la establece y le da autoridad. Habéis sido comprados con un precio muy grande, no os convirtâis en siervos de los hombres (1 Cor. 7,23). 3. Sufrir la persecution Γ Hay que subir mâs alto y leer a San Pablo, a quien nada, ni hambres, ni desnudez, ni puüales, puede separar de la caridad de nuestro Senor (Rom. 8,35-37). Para no extenderme en la historia de la Iglesia, sôlo os transmitiré un pârrafo en que Tertuliano se asombra de que pueda haber cristianos que se libren de la persecu­ tion con su dinero: "Un cristiano que se salva con dinero; rico para no padecer, rico serâ contra Dios. Sin embargo, Cristo, si fué rico, lo fué en su sangre” (cf. De fuga 12). Los primeros cristianos desprecian las riquezas y las arrojan, no tan siquiera a las manos, sino a los pies de los apôstoles y después afrontan los poderes judios, predicando en su mismo restro. Bossuet se extiende algo en esta historia y en los efectos consiguientes. c) SEC. 5. \l TORES VARIOS. BOSSUET 103 muchedumbre de los que habian creido tenïan un solo co­ razôn y una sola alma (Act. 4,32). Era natural, porque el Espiritu Santo, lazo eterno dël Padre y del Hijo, une intimamente a quienes lo reciben. Natural también, porque estaban persuadidos de formar parte de un mismo cuerpo, en el cual no se miraban a si mismos sino en funciôn de la unidad total. Es de notar las dos clases de multitudes que se senalan en los Hechos de los Apôstoles. Una estâ confusa en eus pensamientos (Act. 2,6-13) y, abandonândose cada uno a su propio juicio, se burla de los apôstoles, piensan que estân borrachos, se admiran, etc. La otra la conetituyen los de un solo corazôn y una sola aima, porque se consideran miembros de un solo cuerpo. Este es el espiritu cristiano, de cuyos efectos admirables voy a subrayar dos, a saber: 1. Termina con la envidia del bien ajeno Porque, considerando a todos como miembros del cuer­ po de que formâmes parte, nos alegramos y participamos de los bienes de cada uno de ellos. Es la frase de San Agustin: “Si amas la unidad, tendras tù lo que dentro de ella tiene cada uno”. Quita la envidia, y sera tuyo lo mio; quitelo yo, y lo tuyo serâ mio (cf. In lo. 32,8). 2. Destierra la dureza de corazôn Porque nos hace considerar también los males ajenos como nuestros. Ved los ejemplos de caridad y compasiôn de la primitiva cristiandad, y, si me decîs que nosotros ya no vivimos en aquella comunidad, os dire que ésa es nuestra vergüenza. Hay caridad en la Iglesia, pero ;qué pequena! ,Qué limosnas mâs misérables, que socorros tan inûtiles hasta en la necesidad extrema! Con mano avara dejamos caer una gota para apagar una hoguera, y una miga de pan para saciar el hambre. ·· 3 f ; 1 1 Caridad Pudiera sospecharsc que personas tan recias pecaran de duras e insensibles. No. Fueron las almas de la caridad. Pensar lo contrario seria no entender el modo de obrar del Espiritu Santo, que prometiô dar primero un corazôn de carne y después convertirlo en columna de hierro y muralia de bronce (Ex. 36,26; 1er. 1,18); bronces para resistir el pe'igro, corazôn sensible para amar, y aun, si me forzaseis, os diria que es de bronce porque es de carne y ama. La cristiandad primera estâ descrita en una frase: La I L* · 102 LA VI N1D\ DEL ESPIRITU SANTO VIL FRAY JUAN G. ARINTERO, O. P. La inhabitaciôn del Espiritu Santo (Cf. La eivluciôn misi ica I.3, «Desvnvolvimiento y vitalidad de la Iglesia», 3.· cd. [Salamanca 1930] ρ.ι.α c.2 .1.4 p.94 *.) A) 1. > · La gracia y la inhabitaciôn divina La gracia no solo justifica, sino que edifica, asimilândonos a Jesucristo y depositando en nosotros el germon que, desarrollado, sera ia viua eterna. No nos transforma totalmente en Dios—cosa imposible—, pero por de pronto nos trae Dios a nosotros, para que con trato aniistoso, purgândonos de la escoria humana y aumentando en caridad, 11eguemos a unirnos en un mismo Espiritu con El. Asi, viviendo en Dios y de Dios, vamos realizando cada vez con mayor perfecciôn las dos operaciones caracteristicas de la vida divina, cuales son conocer a Dios cual es en si y amarle con el amor con que El se ama. Ya no amamos a Dios como aigo extrinseco, sino en el interior de nuestra aima, donde brota la fuente de agua viva que salta a la vida eterna (lo. 4,14), y que no es otra sino el Espiritu que hemos recibido, y del que brotan todas las gracias. Dios, que esta en todas partes como creador, motor y conservador—esencia, presencia y potencia—, solo esta como amigo en quienes aceptan su familiaridad, que exige una elevaciôn de ia categoria de esclavo a la de dulce huésped. Esta union admite grados, dependientes de la intensidad de nuestra caridad 0 amor, condiciôn indicada por San Juan y el Senor (lo. 14,23, y 1 lo. 4,12-14). Dios llama continuamente a las puertas de nuestro amor, pero también es cierto que a los que le quieren con tibieza cornienza a vomitarlos. B) Inhabitaciôn del Espiritu Santo Esta inhabitaciôn, comûn a las tres divinas Personas, se atribuye de un modo especial al Espiritu Santo, como si desempefiara una misiôn especial. Si me amàis..., os dard otro Consolador, para que more eternamente en vosotros (lo. 14,15-21). Si no me fuere, no vendrd a vosotros el Con­ solador; pero, si me voy, os lo enviaré (lo. 16,17). SEC. 5. AUTORES VARIOS. ARINTERO a) Modo especialîsimo de la presencia del Espîritu Santo Del Espiritu Santo se dice que da testimonio de la ver­ dad (ibid., 15,26-27), condena al rnundo, testifica que Je­ sûs es la verdad (1 lo. 5.6), nos atestigua que somod hijos de Dios (Rom. 8.14-17), imprimiendo en nosotros la imagen viva del Verbo (2 Cor. 3,18) ; nos convierte en miembros vivos de Dios, templos de Dios (1 Cor. 3,16-17; . 4,19) Es el Espiritu de adopciôn, que nos hace clamar: iPadre!, y vivir conforme a nuestra filiaciôn (Rom. 8,15; Gai. 4,5-7). Como Espiritu de revelaciôn e inteligencia, nos descubre los misterios de Dos y los caminos de la vida (2 Cor. 1,22; 5,5; Rom. 8,11), haciéndonos guardar fielmonte el divino deposito (2 Tim. 1,14; 1 Cor. 2,10; Eph. 1,17; 3,5-19). Todas estas expresiones parecen demostrar que el Es­ piritu Santo mora de un modo especial isimo, sentido que los Padres procuran realzar en vez de atenuarlo. es dado por Dios y aceptado POR EL HOMBRE b) El Espiritu Las almas eencillas sienten al Padre y al Hijo reinando en nosotros como en su templo, complaciéndose en ver la obra renovadora que va produciendo el Espiritu Santo, al que quieren atendamos como a director, consejero, consolador y maestro. Ademâs, la Sagrada Escritura nos repite varias veces que la tercera Persona es enviada, de idéntico modo que lo indica también del Hijo. Ahora bien, toda misiôn, ademâs de significar la procedenda original, implica un nucvo y especial modo de presencia de la Persona enviada. Dicese también que es dado, lo cual supone una peculiar posesiôn en quienes lo aceptan. Templos del Espiritu Santo, que El mismo hermosea derr.unando la caridad para consagrarlos como santificador y vivificador, que deifica y coedifica para que podamos crever para digna morada de Dios en el Espiritu Santo (Eph. 2.22). EI vivifica nuestras aimas, y sus dones adornan, embelleccn, fortifican y deifican nuestras potoncias. Parece, pues, indudable que, sogûn el sentido natural de la Escritura y de los Padres, debcmos admitir una donaciôn e inhabitaciôn especialisima del Espiritu Santo, como fuente santificadora. η ! ï Cr £ 104 LA VEN IDA DEL ESPIRITU SANTO C) Poco aprecio de la inhabitaciôn Aunque esta presencia especial del Espiritu Santo sea muy discutida, lo cierto es que la Santisima Trinidad mora en las aimas. Santa Teresa (cf. Camino de perfection c.28) se maravillaba del poco aprecio que hacemos los cristianos de este misterio, descuidândonos de tener preparada la ha­ bitation decorosa a nuestro Senor y Esposo. Nuestra aima es un pequeno cielo. Antiguamente se cuidaba tanto el predicar esta verdad, que eran frecuentes los nombres de Cristôforo, Teôforo, Agiôforo; pero hoy hasta muchos eclesiâsticos suelen hablar de que somos miembros de Jesucristo en un sentido figurado, haciendo caso omiso de nuestro divino Huésped, que intenta nada menos que deificarnos. D) Necesidad del amor al Espiritu Santo Esta deification verificada por el Espiritu Santo requiè­ re nuestra cooperation. Mal podremos secundar sus impul­ sos si no le amamos muy de veras. Por eso nos dice con tanto interés: Dame hüo mio tu corazôn y atiendan tus ojos a mis caminos (Prov. 23,26). Nosotros, en cambio, sole· mos cerrar nuestros oidos cuando nos quiere llevar a la soledad para hablarnos al corazôn y criarnos como una madré a sus pechos (Os. 2,14; Is. 66,13).Leôn Xm, en su enciclica Divinum illud munus, tratô de remediar este mal tan lamentado por las aimas santas, recomendando a los teôlogcw y predicadores que promuevan la devociôn tan saludable a la tercera Persona. E) La inmanencia del Espiritu Santo en nosotros La amigable presencia de la Santisima Trinidad en nos­ otros no puede verificarse por un cambio de Dios, sino nues­ tro, que sustancialmente se verifica por la gracia, en cuanto a nuestras propiedades por las v:rtudes, y acddcntalmente por las gracias gratis dadas. Con estos auxilios contribuimos al desarrollo dpi Cuerpo mistico del Salvador y somos coedificados, credendo en templos santos y vivos del Espiritu Santo. La vida de la gracia y virtudes son el decoro de la casa de Dios, hasta que esa morada y nueva dudad de Dios 11egue a la perfection en la que no brille otra luz sino la que SIC. >. MloRES VARIOS. LUIS M.' MARTINEZ. 105 dimana de las Hagas del Cordero. Lucerna eius est Agnus (Apoc. 21,23). iQué hermosos son, Senor, tus tdbernâculos! (Ps. 83,2). He amado el decoro de tu casa (Ps. 25,8). Este lugar vcnturoso es el centro de nuestras aimas. Dejemos lo sensible y mundano. Dios es inmanente en nos­ otros, y a medida que nos purguemos de los resabios del hombre viejo llegaremos a ver que Dios lo es todo en todos (1 Cor. 15,28). ; · i· LUIS MARIA MARTINEZ Los consuelos del Espiritu Santo Nos honramos transcribiendo ntias pâginas de un predicador hispanoamericauo tau destacado e ilustre como el Excmo. Sr. Arzobispo de Méjico. Nadie podrâ arrebatar a los apôstoles su alegria y gozo, porque es un fruto del Espiritu de Consuelo. El Excmo. Sr. Arzobispo nos lo présenta en un octavario de Pentecostés (cf. El Espitu Santo 4-a ed. [Ediciones Studium-Cultura, Madrid-Buenos Aires 1952] p.3. *, «Los frutos del Espiritu Santo» p.222). A ) Pentecostés, fiesta de consuelo Es la fiesta de la alegria, porque es la fiesta del amor, al que sigue lôgicamente, como la llama al fuego, el perfu­ me a la flor, el esplendor a la luz. El prefacio, sintesis del espiritu de la dominica, nos dice que Cristo, derramando el Espiritu Santo, difundiô el gozo por toda la tierra. Pero el ûnico y completo es el del cielo, porque aqui en la tierra todas son alegrias de destierro, mezcladas con penas. Por eso la nuestra recibe el nombre adecuadisimo de consuelo. Es “la alegria que envuelve al dolor, la alegria que brota de las entranas mismas del dolor. Por eso, el Espiritu Santo se llama el Parâclito, el Consolador, porque derrama en las almas esa alegria del destierro, esa alegria que no es incompatible con el dolor, sino que en cierta manera lo supone”. B) Dolor y consuelo en Cristo y en el cristiano Jesûs no eliminô el dolor. Antes diriamos que vino a hacerlo mâs profundo y universal. Yo no he venido a traer la paz, sino la espada (Mt. 10,34). Tomen su cruz y siganme al Calvario. 11 Ί i ί i 1 106 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO Pero, si no lo suprimiô, hizo algo mas bello. Lo envolviô en gozo e hizo que de los senos profundos del dolor brotase la alegria perfecta. Ese es el consuelo de que hablan las Escrituras y la liturgia y que vierte el Parâclito. Los consuelos del cristiano son un reflejo de los senti­ rai entos del Corazon de Jesûs, en el que se diô el fenômeno maravilloso de la coexistencia del dolor y la alegria. Chesterton tiene una pâgina bellisima (cf. Ortodoxia 9 s. f.). Los estoicos ocuitan sus lâgrimas. Cristo no las ocultô. Llorô cara a cara. Los diplomâticos y superhombres ocuitan sus indignaciones. Cristo no. Sin embargo, algo habia que ocultaba cuando se iba a orar a las montanas, con silendos intempestivos y raptos de aislamiento, “y ese algo, que, siendo muy grande para Dios, no nos lo manifesto du­ rante su viaje por la tierra, a veces discurro que ese algo era su alegria”. En su aima llevô siempre a la vez la alegria de la vision beatifica y, segun la Escritura, dolores de infiemo (Ps. 17,6). ; Contraste de cielo e infierno unidos por el anillo de dolor de su amor! El cristiano, aun sin llegar a esas dimensiones de sufnmiento y gozo, siente uno y otro afecto, si sabe convertir el dolor en consuelo por medio del amor que le infunde el Espiritu Santo. Solo hay una realidad que puede consolar un corazôn desgarrado: el amor divino. iCômo verifica en nosotros este enlace de dolor y alegria el Espiritu de amor? Veàmoslo. C) El consuelo de la libertad El primer consuelo es el gozo de la libertad. No somos felices porque somos esclaves, aun cuando a veces nuestra ignorancia de ello llegue a hacernos besar las cadenas. Las que impiden nuestra felicidad son las cosas a que esta apegado nuestro corazôn: riquezas que materializan, placeres que enervan, soberbia que nos saca fuera de nuestro lugar, obstâculos a nuestra felicidad, aun cuando pensemos que en ellos podemos encontrarla. El esclavo no puede ser feliz. Solo cuando rompemos esas cadenas y purificamos nuestra aima y nuestro corazôn nos damos cuenta de lo que es el verdadero consuelo de la felicidad. San Francisco de Asis, cuando tiro hasta la capa de su padre, y Santa Maria de los Angeles, cuando se desposô con la Dama Pobreza, sintieron brotar en ellos la verdadera alegria. SEC. 5. AUTORF.S VARIOS. LUIS M. * MARTINEZ 107 El Espiritu Santo es el Espiritu libertador. ^No habéis oido decir que el amor es fuerte como la muerte? (Cant. 8,6). La muerte rompe todos los lazos terrenos, y el amor tam­ bién. El Espiritu Santo rompe todas las cadenas y nos da la alegria que siente el libre. ^Corno? Por medio de la alegria del amor. D) La alegria del amor Cuando el corazôn estâ libre de los afectos terrenos, entra triunfante en él el amor celestial. Poseemos a Dios en el punto preciso en que dejamos a las criaturas... El amor son dos seres que se fusionan en uno. Y esta fusion no se realiza jamâs tan perfectamente como en el amor divino. Lo dice la Escritura: El que se adhiere a Dios forma un solo espiritu con El (1 Cor. 6.17). Llevaremos a Dios en nuestro corazôn, y en este océano de amor infinito, por mâs dolores que sobrevengan, encontraremos siempre el consuelo y la felicidad, porque poseemos al Amado, fuente de toda ella. Donoso Cortès decia: “Cuando el amor me llama, yo no lepregunto ni de donde viene ni adônde va; yo lo sigo, por­ que, adondequiera que me lleve, estaremos el amado, yo y nuestro amor, y esto es el cielo”. Claro estâ que no es el cielo, pero es un consuelo solidisimo que envuelve las penas en alegria celestial. Es el consuelo de la union. E) El consuelo de la esperanza Llevamos este tesoro en vasos frâgiles que se pueden romper de un momento a otro. No poseemos la felicidad per­ fecta, pero el Espiritu Santo nos da el consuelo de la espe­ ranza. San Pablo tiene una frase profunda: Habéis sido sellados por el Espiritu Santo de la promesa, que es la prenda de nuestra herencia (Eph. 1,13). El Espiritu Santo inhabitante dentro de nosotros es el cielo no poseido en todo su esplendor, pero del cual la tercera Persona es la garantia de lo prometido. Dlevamos la substanda de lo que esperamos (Hebr. 11,1). No solo tenemos la promesa, sino que nos regocijamos en la esperanza, porque en nuestro corazôn estâ su prenda. VI A 10« LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO SECCION VI. Si Abrahân se gozo solo por una promesa recibida, iqué seguridad y alegria no sera la nuestra, que tenemos como prenda al Espiritu Santo? TEXTOS PONTIFICIOS • · F) El gozo del dolor Parece absurdo. Pero existe un anillo de oro que los une: el amor. “Gran cosa es el amor... Es el ünico que hace ligero lo oneroso..., que a lo amargo hace sabroso y exquisito. El amor es un destello de Dios. Nada mâs du]ce, nada mâs grande, nada mâs excelente... Lleva la carga sin trabajo, dândose no se agota, atemorizândose no ee inquieta”, dice la Imitation de Cristo. “Dadme algui en que ame, y entenderâ lo oue digo”, confirma San Agustin Ccf. In lo. tr. 26, initio). Para el que ama es una dulzura sufrir por el amado. Hab’en las madrés. El amor es la mâs perfecta donation de nosotros mismos. Te amo hasta la muerte, hasta el dolor. Son formulas terrenas. Qnien no las sepa pronunciar no ha llegado a la cumbre del amor. El Espiritu Santo nos ensefia ese amor: Tengo gozo sobreabundante en medio de mis tribulationes, decia San Pa­ blo (2 Cor. 7,4). San Ignacio Mârtir ansiaba ser devorado por las fieras. Santa Teresa sentia el dilema de o n^decer o morir. Santa Teresita dijo poco antes de morir: “Yo en­ contre en el mundo la alegria y la felicidad, pero solo en el dolor”. Y sobre todo aquel hermoso trozo de San Francisco al hermano Leon. La perfecta alegria no consiste ni aun en convertir infieles y pecadores, sino en sufrir por Cristo. Quizâs no lleguemos a comprenderlo, pero ahi estân los testigos mayores de exception. G) Necesidad de dejarse conducir por el Espiritu Los consuelos del Espiritu Santo se encuentran a nuestro alcance, pero no siempre estamos dispuestos a percibir su sabor exquisito. Paladares groseros, que no anretian los manjares delicados, necesitan cierta education. El E^niritu Santo sabe acomodarse a nuestra pequefiez, pero debemos pedirle nos concéda gozar de El. A) a) El Espiritu Santo en la obra de Cristo Jesucristo no QUISO COMPLETAR POR SÎ MISMO EL OFICIO DIVINO QUE DESEMPENÔ PARA LA SALVACIÔN DE LAS ALMAS «El oficio divino que, recibido del Padre, desempenô Jesucristo santisimamente por la sa’.vaciôn del género humano, tanto en la exigencia respecto al fin, de que los hombres fuesen hechos parti­ cipantes de una vida bienaventurada en la gloria eterna, como en lo que concierne a la duration de esta vida, pide que éstos tengan v vivau la vida de la divina gracia, que finolmente florece en la gloria celestial. Por eso el Redentor no cesa de invitar cgh suma benignidad a todos los hombres de cualquier naciôn y lengua a que vencan al seno de su Iglesia : Venid a mi todos (Mt. 11,28). Yo soy la vida (lo. 14,6). Yo soy el bucn Pastor (lo. 10,11). Sin embargo, segûn altisimos consejos, no quiso completar y terminar por si mismo esta misiôn durante su permanentia en la tierra, sino que lo que El habia recibido del Padre, eso mismo entregô al Espiritu Santo para que lo perfeccionase» (Leôn ΧΠΙ, Divin uni illud, 9 de abril de 1897). b) CONVENÎA QUE EL SE FU ER A PARA QUE EL ESPIRITU SANTO CONCLUYERA SU OBRA, COMO DEPRECADOR, CONSOLADOR Y PRECEPTOR «Dignas son de memoria las consoladoras palabras que Cristo, poco antes de abandonar el mundo, pronuntio ante los apôstoles : Os convienc que yo me raya. Porque, si no me fuerc, el Parâclito no vcndrà a vosot'ros ; pero, si me fuerc, os lo enviaré (lo. 16,7). Afirmando estas cosas, diô la razôn principal de su separation y vuelta al Padre y el provecho que habia de seguirse a sus dis­ cipulos de la venida del Espiritu Santo. Demostrô, al mismo tiempo, que el Espiritu era igualmente enviado por El, y, por tanto, que de El procedia como del Padre, y que era el que habia de concluir, como deprecador, conso’.ador y preceptor, la obra reahzada por El en la vida mortal. Providentisimamente, estaba reservada a la multiple virtud de este Espiritu, que en la création adorno los cielos (lob 31,13) y llenô el orbe de la tierra iSap. 1,7), la perfeo ciôn de la obra redentora» dbid.). Ill SEC. O. TEXTOS PONTIFICIOS LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 120 I c) modo particular se atribuye al Espîritu Santo la ENCARNACIÔN, YA QUE ES EL GRAN MISTERIO DEL AMOR De «Ciertamente, entre todas las obras ad extra de Dios, sobresale el misterio de la encornacion del Verbo, en el cual de tal manera brilla la luz de las divinas perfectiones, que no es posible penser nada superior ni puede haber nada mâs sahidable a la naturaleza humana. Obra tan grande, aun cuando es de toda la Trinidad, sin embargo, se atribuye como propia al Espiritu Santo, de tal manera que los Evangelios dicen de la Virgen : Se hallo haber concebido Maria de! Espiritu Santo; y : Lo concebido en ella es obra del Espiritu Santo (Mr. r,iS-2o). Con razôn se atribuye esta obra al que es la caridad del Padre y del Hijo, ya que este gran sacramento de piedad procede de la inmensa carided de Dios para con los hombres, como advierte San Juan : Asi amô Dios al mundo, que le diô a su unigenito Hijo lo. 3,16k Aüâdese que en ella la hu­ mana naturaleza ha sido levantada a la union personal con el Verbo, cuya dignidad no ha 1 Estaciôn en Siôn «Terminada la reuniôn en el Martirio, todo el pueblo acompana con himnos al obispo a Siôn, de tal modo que al cumplirse la hora tercia estén ya en Siôn, donde Inego que han llegado, se lee el lugar de los Actos de los Apôstoles (que narra) cuando descendiô el Espiritu (Santo) para que entendieran todas las lenguas habladas ; luego se termina segûn su orden. Luego los presbiteros—como el lugar en que sucediô lo leido estâ en Siôn y hay aqui otra igle­ sia, donde después de la pasiôn del Senor estaba reunida la multitud con los apôstoles cuando esto sucediô—leen en esta iglesia de los Hechos de los Apôstoles. Terminado el oficio, se ofrece también alli, y, al ser despedido el pueblo, da una voz el arcediano y dice : «Hoy, inmediatamente después de sexta, estad todos preparados en Eleona (para subir) al inbomon». f C) ..1 D) Estaciôn matutina b El B) SEC. 7. MISCELANEA IIISTÔRICA Y LITERARIA Estaciôn en el monte de los Olivos «Vuelve, pues, todo el pueblo, cada uno a su casa, para restau­ rer sus fuerzas, e inmediatamente después de la comida suben nl monte Olivete, esto es, al Eleona, cada uno como puede, de tal modo que no queda ningûn cristiano en la ciudad, sino que van todos alii. Luego que se ha subido al monte Olivete o Eleona, pri­ mera se va al Inbomon, esto es, desde donde subio el Senor a los cielos, y alii, asentados el obispo, los presbiteros y todo el pueblo, se leen lecciones, se dicen himnos, antifonas y oraciones ; todo mny adecuado al dia y lugar. Se lee también aquel lugar dei Evan­ gelio que narra la ascension del Senor ; de nuevo se leen los Hechos de los Apôstoles cuando hablan de la ascensiôn del Senor a los cielos después de su resurrecciôn. Terminado esto, son bendecidos los catecûmenos y fieles, y a la hora noua se baja de alli, cantando himnos, y se va a la iglesia que estâ también en Eleona, esto es, aquelki cueva donde el Senor ensenaba a los apôstoles. Cuando ee liège alli, ya es mâs de la hora décime ; alli se celebra el lucemar, se hace oraciôn v son bendecidos los catecûmenos v los fieles». 129 Procesiôn nocturna «Cuando se baja de alli, cantando himnos, todo el pueb’.o, sin cxcepciôn alguna, va con el obispo ; diciendo himnos y antifonas adecuadas al dia, se va muy despacio hacia el Martirio. Cuando se llega a la puerta de la ciudad, ya es de noche, y delante van encendidas, a causa del pueblo, doscientas candelas de la iglesia. Como desde la puerta hasta el Martirio hay bastante distancia y se va muy lentamente, para que no se fatigue el pueblo, que va a pie, ya es la hora segunda de ’.a noche cuando se llega. Abiertas las puertas mayores que dan a la quintana, entra todo el pueblo al Martirio cantando himnos y acompaûando al obispo. Luego que han entrado en la iglesia, se dicen himnos, se hace oraciôn, son bendecidos los catecûmenos y fieles y de nuevo se vuel­ ve, cantando himnos, al anâstasis. Luego se llega aqui, se dicen himnos y antifonas, se hace oraciôn, son bendecidos los catecûme­ nos v fieles ; e igual se hace en la cruz. Y de nuevo todo el pueblo cristiano, todos juntos, cantando himnos, acompanan al obispo a Siôn. Aqui se leen lecciones aptas, salmos y antifonas ; son bende­ cidos los catecûmenos y fieles v se termina. Besan todos la mano del obispo y vuelve cada uno a su casa a la segunda hora de la noche. Es mucho el cansancio de este dia, pues se vela desde el primer canto en el anâstasis y luego nunca se descansa en todo el dia ; por esto, como todos los ofîcios son muy largos, cuando se termina el de Siôn y se vuelven todos a sus casas, ya es la media noche». m. LA SECUENCIA Y EL HIMNO DEL ESPIRITU SANTO Por su belleza literaria transcribimos aqui la secuencia y el himno del Espiritu Santo que figuran en la misa del domingo de tecostés. La secuencia 1. Veni, Sancte Spiritus, et emitte caelitus lacis tuae radium. 2. Veni, pater pauperum ; veni, dator munerum ; veni, lumen cordium. 3. Consolator optime, dulcis hospes animae, dulce refrigerium. 4. In labore requies, in aestu temperies, in fletu solatium. La Palabra de C. 5 1. Ven, Espiritu Santo, y envia desde el cielo un rayo de tu luz. 2. Ven, Padre de los pobres ; ven, dador de las gracias ; ven, lumbre de los corazones. 3. Consolador buenisimo, dulce huésped del aima, dulce refrigerio. 4. Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto. (λ* 1 «KMrAO 7 i- 130 ΙΑ \ ENIDA PEL ESPIRITU SANTO 5. O lux beatissima, reple cordis intima tuorum fidelium. 6. Sine tuo numine nihil est in homine, nihil est innoxium. 7. Lava quod est sordidum riga quod est aridum, sana quod est saucium. S. Flecte quod est rigidum, fove quod est frigidum, rege quod est devium. 9. Da tuis fidelibus, in te confidentibus, sacrum septenarium. IO. Da virtutis meritum, da salutis exitum, da perenne gaudium. B) 1. Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita : imple superna gratia quae tu creasti pectora. 2. Qui diceris Paraclitus, altissimi donum Dei. fons vivus, ignis, caritas, et spiritalis unctio. 3. Tu septiformis munere, digitus paternae dexterae, tn rite promissum Patris, sermone ditans gutura. 4. Accende lumen sensibus, infunde amorem cordibus, infirma nostri corporis virtute firmans perpeti. 5. Hostem reppellas longius pacemque dones protinus, ductore sic te praevio vitemus omne noxium. 6. Per te sciamus da Patrem, noscamus atque Filium, teque utriusque Spiritum credamus omni tempore. 7. Deo Patri sit gloria, et Filio, qui a mortuis surrexit, ac Paraclito, in sacculorum saecula. 5. ; Oh luz santisima ! Llena lo mâs intimo de los corazones Je tus fieles. 6. Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea inocente. 7. Lava lo que esta manchado, riega lo que es ârido, cura lo que esta enfermo. S. Doblega lo que es rigido, calienta lo que es frio, dirige lo que estâ extravîado. 9. Concede a tus fieles, que en ti confian, tus siete sagrados dones. 10. Dales el mérite de la virtnd, dales el puerto de la salvaciôn, dales el eterno gozo. El himno 1. Ven, Espiritu Creador ; visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia îos corazones que tû mismo crcaste. 2. Τύ eres nuestro Consolador, don del Dios altisimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual uncion. ;. Tu derramas sobre nosotros los siete tu el dedo de la mano de Dios, [dones; tû el prometido del Padre, tû quien pone en nuestros labios los te[soros de tu palabra. Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones, y con tu perpetuo auxilio fortalece nuestra fragii carne. 5. Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, y siendo tû nuestro gnia evitaremos todo lo nocivo. 6. Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo ; y que en ti, Espiritu de entrainbos, creamos en todo tiempo. 7. Gloria a Dios Padre, y al Hijo, que resucitô de entre los muery al Espiritu Consolador, ftos. por los siglos infinitos. SIC. 7. MISCELANEA HISTORICA Y I.1TERAR1A IV. FIGURAS DEL ESPIRITU SANTO La primera figura del Espiritu Santo que aparece en el Evangc· lio es la de la paloma, en el momento del bautismo de Jesucristo. qPor qué precisamente en forma de paloma? Ix>s Padres dan varias razones : 1) La paloma es simbolo de paz ; en el diluvio trajo cl ramo de olivo, que es seûal de paz ; y precisamente en cl nacimiento del Mesias habian cantado los Angeles : Et in terra par... (Le. 3,14). 2) Simbolo de la sencillez : Scd, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas (Ait. 10,16). 3) En cl Cantar de los Cantares (2,10 ; 5,2), la esposa es Hamada por el Espiritu Santo paloma : Columba mea. 4) Santo Tomâs (3 q.39 a.6 ad 4) anade otra razon : Para significar los siete dones del Espiritu Sanio, los males ofrecen alguna semejanza con las propiedades de la palomà? El inismo Doctor cita unas palabras de San Agustin (cf-. In lo. 6,3-.· PL 35,142), quien observa que el Espiritu Santo se mostrô visible· * mente en dos maneras : por la paloma y por el fuego. Por la paloma quiso Dios dar a entender que los que son santificados por el Espiri­ tu no deben abrigar doblez alguna, antes deben estar animados Je la sencillez ; pero que esta sencillez no debe quedarse fria e inactiva, quiso manifestario el Senor por el fuego. En la literatura rabinica, la paloma es considerada como el simbolo del pueblo de Israel. Tal vez era tenida asimismo por simbolo del Espiritu de Dios, bien que esto no aparece con claridad» (cf. Andrés Fernandez Truyols, Vida de Nuestro Senor Jesucristo: BAC, 2.a ed. p.120). Corroborando la razôn de esta simbologia, dice Tertuliano (cf. .4d Valentinian. 2) : «A su sencillez debe la paloma el haber sido elegida para investirla de tal honor : In summa Christum demonstra­ re solita. Estaria fundada, al decir del Crisôstomo (cf. Horn. 2, De Pentecost.), en que, ademâs de ser inocente, fecunda, familiar y amiga del hombre, la paloma retrata admirablemente, por sus diver­ sas cualidades, la naturaleza de las obras del Espiritu Santo en el aima de los fieles. Por ultimo, es lo cierto que siempre, desde un principio (cf. Concil. Constantinopl. a.536 act.5), esta figura fué aceptada religiosamente por la Iglesia, y el arte cristiano no ha imaginado otro tipo para retratar la imagen del Espiritu Santo. B) Fuego y viento «Fuego v viento, como elementos los mâs incorporeos y por la virtnd propia que poseen, simbolizan lo espiritual y divino ; asi en el Antiguo Testamento : Se le aparcciô cl àngel de Yavé en Hanta de fuego, en niedio de una zarza (Ex. 3,2). Y dclante de él pasô un viento fuerte y poderoso que rompia los montes y quebraba las pciujs, pero no estaba Yavé en el viento. Y vino teas cl viento un tcrremolo, pero no estaba Yavé en cl terremoto. Vino tras cl terre- -' * Λ 152 LA VENID1 nt'.L ESPÎRITU santo moto un fuego, pcro no estaba Yai’é en el fuego. Tras el fuego vino un ligero y blando susurro (3 Reg. 19,11-12). Miré y vi venir del septentrion un nublado impetuoso, una nube densa, en torno de la cual rcsplandecia un molino de fuego, que en medio brillaba como . bronce en igniciôn (Ez. 1,4). Del mismo modo en el Nuevo Testa­ mento : El vicnto sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabcs de donde viene ni adônde va; asi es todo lo nacido del Espiritu (lo. 3,8). Didendo esto, soplô y les dijo: Recibid el Espiritu San­ to (lo. 20,22). En este lugar de la fiesta de Pentecostés, el vieqtG impetuoso simboliza la venida del Espiritu Santo, la purificaciôn del aima, la plenitud de la vida de la fe, el celo pronto y deeidido y la fuerza irresistible que da a los apôstoles ; el fuego represents la iluminaciôn producida en ellos, la purificaciôn de todo pecado y de las inclinaciones pecaminosas, la inflamaciôn de los corazones en amor ardiente a Dios ; la figura de lenguas significaba que el conocimiento y el amor se comunican al hombre mediante la perfecciôn, El ruido que llenô toda la casa y se oyô por toda la ciudad significaba la plenitud y generalidad con que se dan el Espiritu Santo y sus gracias en la Nueva Alianza. El ruido vino del cielo, de donde vienen todas las gracias» (cf. Schuster-Holzammer, Histo­ ria Biblica t.2, Nuevo Testamento [Ed. Litûrg. Esp., Barcelona] p.409-410). V. SIC. 7. M1SCELANF.A HISTORICA Y LITERARIA LOS SANTOS Y LA TERCERA PERSONA DIVINA A) Voz que amplifica el Espiritu Uno de los milagros mâs llamativos del gran taumaturgo San Antonio de Padua es aquel en que el Espiritu Santo amplifico la voz del predicador, ya de suyo fuerte y robusta, de suerte que pudo oirse a varios kilômetros de distancia. He aqui cômo Surio refiere el pro­ digio (cf. D. Alfonso Salvlni, 0. S. B., San Antonio de Padua, *3. ed. [Paulinas] p.154). «Una piadosa mujer que ténia enfermo a su marido deseaba ardientemente oir la palabra del Santo, mas se lo impedia la enfermedad del esposo. Un dîa que Antonio predicabo en una iglesia distante olgunos kilômetros, no pudiendo, como de costumbre, asistir al sermôn, se asomô a la ventana y miraba con anhelo a la lejana iglesita. Sucediô entonces una cosa maravillosa. Ella oyô perfectamente la voz del predicador, tanto que estuvo atenta al sermôn hasta que el marido, impaciente, Ια llamô, reprochândole el que perdiera tan­ to tiempo en la ventana. Respondiô que estaba oyendo el sermôn, y, como el marido se burlase de ella, para sincerarse, le invité a que diera algunos pasos. Hîzolo asi el marido, y oyô perfectamente el resto del sermôn, que se predicaba a casi très kilômetros de distancia». B) La vision de Santa Teresa «Estaba un dîa, vispera del Espiritu Santo, después de misa ; fuirne a una parte bien apartada, adonde yo rezaba muchas veces, y comencé a leer en un Cartujono esta fiesta 1 ; y leyendo, las se­ nates que han de tener los que comienzan y aprovecnan y los per­ fectos, para entender estâ con ellos el Espiritu Santo ; leîdos estes très estados, pareciôme, por la bonded de Dios, que no dejaba de ester conmigo, a lo que yo podia entender. Estândole alatxindo y acordândome de otra vcz que lo habia leido, que estaba bien falta de todo aquello, que lo veia yo muy bien, asi como ahora entendu !o contrario de mi, y asi conoci era merced grande la que el Senor me habia hccho. Y asi comencé a considerar el -ugar que ténia en el infierno merecido por mis pecados, y daba muchos loores a Dios, porque no me parecia couocia mi aima segun la veia trocada. Estando en esta consideraciôn, diôme un impetu grande, sin entender yo la ocasiôn ; parecia que cl aima se me queria salir del cuerpo, porque no cabia en ella ni se hallaba capaz de esperar tanto bien. Era impetu tan excesivo, que no me podia valer, y, a mi parecer, diferente de otras veces, ni entendia que habia el aima, ni qué que­ ria, que tan alterada estaba. Arriméme, que aun sentada no podia estai, porque la fuerza natural me faltaba toda. Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferen­ te de tes de aeâ, porque no ténia estas plumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de si grau resplandor. Era grande mâs que paloma. Paréceme que oia el ruido que hacia con las alas. Estaria aleteando espacio de un avemaria. Ya el aima estaba de tal suerte, que, perdiéndose a si de si, la perdiô de vista. Sosegôse el espiritu con tan buen huésped, que, segùn mi parecer, la merced tan maravillosa le debîa de desasosegar y espantar ; y como comen­ zô a gozarla, quitôsele el miedo y comenzô la quietud con el gozo, quedando en arrobamiento. Fué grandisima la gloria de este arrobamiento. Quedé lo mâs de la Pascua tan embobada y tonta, que no sabia qué hacerme ni cômo cabia en mi tan gran favor y merced. No oia ni veia, a ma­ nera de decir, con gran gozo interior. Desde aquel dîa entendi quedar con grandisimo aprovechamiento en mâs subido amor de Dios y las virtudes muy mâs fortalecidas. Sea bendito y alabado por siempre. Amén» (cf. Santa Teresa de Jesûs, Libro de la Vida: BAC, Obras completas t.i 0.38,9-11 p.348-349). C) San Felipe Neri ve un globo de fuego «Llegado ya Felipe a la edad de veintinueve afios y habiendo perseverado, como hemos visto, en una vida celestial mâs bien que terrena, todo su anhelo consistia en avanzar mâs y mâs en la per1 La Vida de Cristo, cscrita en latin por Ludolfo de Sajonia, fué trasladada a nuestro romance en tiempo del cardenal Cisneros por Ambrosio de Monte­ sinos. La primera ediciôn saliô de las prensas de Alcalâ de Henares de 1502 a 1503. El titulo que a la obra diô Montesinos reza : Vita Christi Cartuxano. Divtdida en dos partes, era vulgarmente conocida la obra por el primero y el segundo Cartujano, o los Cartujanos slmpJemente, cuando querian cornprender 1· it- i . * Ή ·'· * ■/· t------- 1 VENUM DEL ESPIRITU SANTO ---- ------------- -------- fecciôn y gracia de su Dios. Aproximâbase, pues, la pascua de Pen­ tecostes, y con humildes y vehementes ruegos suplicô al divino Espiritu (de quien era tan devoto que, siempre que se lo permitia la rubrica, decia en la misa a honra suya la oraciôn Doits, cui omne cor palet, etc.) que se dignase concederle sus dones ; cuando he aqui que viô un globo de brillante fuego, el cual, llegando a sus labios, fué a depositarse en su pecho, como morada y templo del Espiritu Santo. CuAl fuese el ardor que sintiô entonces su corazôn y cuâl el amoroso incendio que dichosamenre abrasô su aima, sôlo H» él podria decirlo ; lo cierto es que, apenas henchido de aquel igneo y celestial globo, sc viô en la necesidad de errojarse en el suelo y, desabrochândose los vestidos, buscar algàn lenitivo a su dulce ar­ dor; pero en vano, pues que mal puede el aura exterior y terrenal templar los interiores y celestiales fuegos. Desmayâbase, por tanto, en aquel incendio, y, no pudiendo sufnrle, paréceme que diria quejândose dulcemente con Jeremias : Factus est in corde meo quasi ignis exaestuans claususque in ossibus meis, et defeci ferre non sustinens; pero al fin, dândole alguna tregua, se sintiô sorprendido al cebo de algfin tiempo de nna sûbita alegria, y, conociendo que el santo amor le habia dirigido aquel golpe, llevô su mono al costado izquierdo para cerciorarse acaso de si estaba herido. Mas como las heridas de amor, aunque penetran hasta el corazôn, no dejan Ilaga ni cicatriz, en vez de herida notô un gran tumor en aquella parte del pecho que cubre el corazôn... La causa de este tumor no se conociô hasta que muriô el Santo, pues abriéndole entonces, pudiexon ver los médicos rotas y enteramente encorvadas dos costillas, que en los cincuenta anos que estuvieron en tal estado jamâs se juntaron, y lo que es afin mâs maravilloso, que ni cuando se le rompieron ni después le causaron dolor alguno, antes bien fué disposiciôn divina ; porque, como afirmaron Andrés Cesalpino, Angel Vittori y otros médicos experimentados, hubiera sido muy daûoso para el Santo que el corazôn no hubiese tenido lugar suficiente para palpitar con la violencia que lo hacia desde que recibiô este favor divino y aspirar con mâs facilidad el aire que necesitaba para templar su ardor. Y esto es tan cierto, que no sôlo se le abrasabe el pecho, sino todo el cuerpo, de tal modo que ni las manos ni aun sus fauces, siempre secas y como abrasadas, perdian algo de su ardor ni por la edad avanzada, ni por el vigor de las estaciones, ni por la flaqueza causada por la penitencia. De aqui es que aun en la vejez se veia obligado en la mitad del invierno a desnudarse el pecho, abrir la puerta y la ventana de su cuarto, quitar la ropa de su cama, y, en mejores términos, a procurar respirar un aire mâs fresco. Esta fué la razôn de que, habiendo mandado el Sumo Pontifice Gregorio XIII que Ιο=> confcsores asistiesen con roquete al tribunal de la penitencia, Fe­ lipe se le presentase, no sé para qué negocio, con todo el vestido desabrochado ; de lo que adnurândose el Papa, le preguntô el mo­ tive, y el santo anciano le contesté con la sumisiôn y gracia que acostumbraba : «Yo no puedo tener abotonada ni aun la almilla, y Vuestra Santidad quiere que tenga ademâs el roquete». Pero asf como aquel incendio en un viejo era superior a las leyes de la naturaleza, siendo la vejez el horrible invierno del pequeâo mundo del hombre, el Papa le exceptuô de la orden promulgada, dicién- i SEC. 7. MtSCELÂNEA HISTÔRICA Y I.ITERARIA 135 Π dole : «No queremos hacer extensiva a vos nuestra orden ; id, pues, como querâis» (cf. Juan Marciano, Vida de San Felipe Ncri [Madrid 1SS8] p.23-35)· 'I < D) La doble vision de San Ignacio ! I^irranaga, S. I., comenta asi la Oportunainente el P. Victoriano Larraüaga, doble vision de San Ignacio en la nota que inserta al pie de! correspondiente pasaje del Santo en el Diario espiritual: «Toda esta nota del dia 11 de febrero, con su doble visiôn del Espiritu Santo y con su «oraciôn al Hijo y al Padre para que me diesen su Espiritu para discurrir v para discernir», nos revela el papel que juega la teologia del Espiritu Santo en la vida espiritual trinitaria de San Ignacion (cf. BAC, Obras complétas de San Ignacio t.r p.689-691). «Del Espiritu Santo. . · 10. Lunes (11 febr.).—En medio de la oraciôn acostumbrada, sin elecciones, en ofrecer o en rogar a Dios Nuestro Senor, le obleciôn pasada fuese por la Su Divina Majestad aceptada, con asaz devociôn y lâgrimas, y después un rato delente coloquendo con el Espiritu Santo para decir su misa, con la tnisma devociôn o lâgrimas me parecia verle o sentirle en claridad espesa o en color de flama ignee modo insôlito, con todo esto se me asentaba la elec­ tion hecha. Después, para discurrir y entrer por las elecciones, y determ:-· nado, y sacadas las razones que ténia escritas, para discurrir por ellas, haciendo oraciôn a Nuestra Senore, después al Hijo y al Padre pera que me den su Espiritu para discurrir y para discer­ nir, aunque hablaba ya como (de) cosa hecha, sintiendo asaz devo­ ciôn y ciertas inteligencias con alguna claridad de vista, me senté mirando casi en généré el tener todo, en parte, y no nada, y se me ibe la gana de ver ningunas razones. En esto viniéndome otras inteligencias, es a saber, como el Hijo primero enviô en su nombre a predicar a los apôstoles, y después el Espiritu Santo, dando su espiritu y lenguas, los confirmô. y asi el Padre y el Hijo, enviando el Espiritu Santo, todas très Personas confirmaron la tal misiôn. A esto, entrando en mi mayor devociôn y quitarme toda gana de mirar mâs en ello, con un lacrimar y sollozos, hice la oblaciôn de no nada al Padre, de rodillas y con tantas lâgrimas por la cara abaio y sollozos, al hacer de la oblaciôn y después, casi no me pu­ diendo levantar de sollozos y lâgrimas de la devociôn y gracia que recibia, y asi tandem me îevanté, y levantado, afin seguirme la devociôn con los sollozos, ellos viniendo habiendo hecha la oblaciôn de no tener nada, dado por rata, valida, etc. Después, de ahi a un rato, andando v acordândome de lo pasado, una nueva mociôn interior a devociôn y lacrimar. De ahi a un rato, para salir a la misa, llegândome a corta ora­ ciôn, una devociôn intensa y lâgrimas. a sentir o ver (en) cierto modo el Espiritu Santo, como cosa acabada cerca la elecciôn, y no ».·Τι poder asi ver ni sentir a ninguna de las otras dos Personas di­ vinas. '' Después en capilla, antes de la misa y en ella, con abundancia de devociôn y de lâgrimas. Después, con grande tranquilidad y -eguridad de ânima, como de cansado quien descansa en mucho ■4.^ 11 ! » H i» I 1 I si 8·· « 1‘ I t 1 4 ’· · > SEC. 7. MISCEl.ANEA HISTORICA V LITEKARIA 136 137 L\ VENIDA DEI. ESPIRITU SANTO reposo, y para no buscar ni querer buscar cosa alguna, teniendo la cosa por acabada, si no fuere por dar gracias, y por devociôn del Padre y de la misa de la Trinidad, segûn que antes ténia pensado de decirla el martes de mafiana». E) El Espiritu, dulce lluvia En la que pudiéramos llamar literatura sobre el Espiritu Santo no puede taltar la bellisima alegoria que insertô San Francisco de Sales en su famoso sermon de Pentecostés (cf. BAC, Obras selecias de San Francisco de Sales t.i P.3S9-390). «éNo os ha ocurrido en algûn caluroso verano ver vuestros jar­ dines sedientos, abriendo las fauces (valga el simii) para recibir la Jluvia, y, al no Hegar socorro del cielo a su sed, por fin palidecer las hierbas y secarse, marchitândose ; y ajarse las flores, y los ar­ bustos parecer, mâs que plantas, haces de lefia seca ? Los campesinos entonces se reûnen, hacea rogatiras y procesiones impetran­ do la compasiôn del cielo y el deseado liquido para los campos. Pero viene un viento impetuoso y caliente que, recogiendo todas las exhalaciones ya apuntadas, hace una grande y negra nube que oscurece todo el cielo ; dentro de ella se engendra el rrueno y brillan los relâmpagos ; pronto, en vez de llegar alivio a los frutos de la tierra, fulminarâ el rayo ; el granizo y la tempested arrasan los pocos bienes que le sequia dejô, y amenaza a los hombres ruina total. Entonces los pobres labradores, con mayores ansias, con mâs suspiros y con rostro mâs afligido, extienden sus callosas manos al cielo ; empuüondo el cirio bendito, ruegan al Creudor que apacigüe su ira, pues si la nube lleva a efecto lo que amenaza, ello representarfa la miseria de las pobres familias. Y he aqui que, gota a gota, la nube rompe en agua y abreva aquellos tan sedientos campos cuanto necesitan, pereciéndose mâs a un gran rocio que a una impetuosa lluvia. Entonces el labrador aleba a Dios, viendo reverdecer sus jardines y sus campos mâs que nunca, las flores enderezarse, y todos los frutos, por decirlo asi, recuperar el aliento que el calor les habia quitado y ofrecer a los pobres sembradores el banqueté pretendido de una abundante recolecciôn. Me parece que ahora os he dado a entender bien el misterio de este gran dia. El jardin de la Iglesia naciente habia estado por olgûn tiempo privado del agua viva quae est vehiti fons aquae salientis in vitam aeternant (Io. 4,14), que es como la de una fuente que broto para la vida eterna, es decir, de la dulce presencia de su bondadoso y amable Sefior ; ei miedo de la persecuciôn judia habia marchitado las sontas flores y dejado sin cultivo todas las pobres plantas; bien se podia decir: Expandi manus meas ad te; anima mea sicut terra sine aqua tibi (Ps. 142,6) : He extendido mis manos hacia ti ; mi alma esta en tu presencia como una tierra sin agua. Exceptuada la azueena singular de la Santisima Virgen, sobre quien, por especial influencia dei divino amor, ,el celeste rocio caia sobreabundante, todos juntos oraban para impetror ese rocio santo dei espiritu consolador, enando he aqui que un viento recio y un estruendo del cielo vienen α colmar de pavor sus temerosos ûnimos y a hacerles lanzar cada vez mâs suspiros y a pedir con mâs ahinco α la Divina Majestad. Pero ese ruido, ese viento, esa impetnosi- dad, de pavor se cambia en dulce lluvia de gracias celestiales para confortai tan completamente sus ânimos, que desde entonces ya no se hablô de sequias ni de arideces ; pues aconteciô lo que se dijo del hombre de bien por el santo rcy David ; Tamquam lignum quod plantatum est secus decursus aquarum, quod frudum suum dabit in tempore suo; et folium cius non defluet, et omnia quaecumque faciet prosperabuntur (Ps. 1,3) : Como ârbol plantado junto ii la corriente de las agnas, el cual darâ fruto a su tiempo y cuya hoja no caerâ, y todas las cosas que harâ prosperarân>. F) El don de lenguas «El maravilloso vaso del Espiritu Santo, San Antonio de Padua, nno de los discipulos escogidos y compaiieros de San Francisco, que lo llauiaba su. obispo, predicô una vez en el consistorio delante del Papa y de los cardenales. Habia alii hombres de diverses naciones : griegos, latinos, franceses, alemanes, eslavos, ingleses y de otras diferentes lenguas dei mundo ; e inflamado por el Espi­ ritu Santo, propuso la palabra de Dios tan devota, clara e inteligiblemente, que cuantos alli estaban, aunque de diversas lenguas, entendieron todas sus palabras clara y distintamente, como si hubiera hablado eu la lengua de cada uno de ellos. Todos se miraban asonibrados, y les parecia ver renovado el antiguo milagro de los apôstoles, cuando al tiempo de Pentecostés hablaban, por virtud del Espiritu Santo, todas las lenguas ; por lo cual se decian, admirados, unos a otros : —«•No es de Espana este que predica ? <;Y cômo es que oimos todos su habla en la lengua de nuestras tierras ? Maravillado también el Papa y considerando la pfofundidad de doctrina, dijo : —Verdaderamente que éste es arca dei Testamento y armario de la Sagrada Escritura. En alabanza de Cristo. Amén» (cf. BAC, Esçritos completos de San Francisco de Asis y biografias de su cpoca, Florecillas de San Francisco c.38, «Cômo predicando San Antonio a gentes de muchas naciones, por. divina gracia le entendiô cada uno como si hubiere hablado en su propia lengua» p. 164-165). G) Como sintiô Santa Teresita al Espiritu Santo «A poco de mi primera comuniôn tuve un segundo retiro, para mi confirmaciôn. Durante él me préparé con toda devociôn para sentir al Espiritu Santo. Me parecia absurdo que no se prestase gran importancia a la recepciôn de este sacramento de amor. No pudiendo confirmâmes el dia prefijado, tuve la dicha de gozar de un retiro mâs duradero. ; Ah ! j Qué dichosa se sentia mi aima ! A imitaciôn de los apôstoles, esperaba con alegria la consolaciôn prometida y me regocijaba de verme en breve cristiana perfecta y de ostenrar perpetuamente impreso el signo misterioso del inefable sacramento. *· LA VEN IDA DEL ESPIRITU SANTO En verdad que no senti el viento inipeiuoso del primer Bentecostés, sino mâs bien el céfiro que el proteta Elias oyô silbante en la cima del monte Horeb. En este dia recibi fortaleza para imponerme al sufrimiento, virtud que habia de serme muy necesarin, porque, no tardando mucho, iba a iniciarse el martirio de mi alma * (Cf. Historia de «h abna, en Obras completas de Santa Teresita del Niiio Jesûs, 2. * ed. [Burgos 1947] p.87-89). VI. A) Pasa visperas el -1 poeta ca de la I ANTOLOGLA POETICA La mâs inspirada version espanola por ser la mâs inspirada version espanola del himno de * · ■· ·la que escribiô * ··· ~ ’ '· * de Pentecostés en flamantes endecasilabos Juan B. de Soroz.âbal, y que, tomândola de la Suma poéti· BAC (P-35^-357) * transcribimos a continuaciôn : «Ven, Espiritu Santo enamorado ; visita de tus siervos las potencias, llena de tus divinas influendas y de gracia las aimas que has criado. Tû eres nuestro abogado y fiel consuelo, don de Dios soberano y excelente, caridad, fuego hermoso, viva fuente, y espiritual unciôn toda del cielo. Tû que con siete dones resplandeces, de la diestra del Padre poderoso eres dedo, promesa, don gracioso, que las lenguas de voces enriqueces. Endende tu luz bella en los sentidos, infundt al corazôn tn amor ardiente, con virtud roborando permanente los desmayos del cuerpo padecidos. Ahuyenta al enemigo mâs perverso, danos pronto la paz firme y constante ; siendo nuestro adalid, yendo adelante, evitemos asi todo Io adverso. Concédcuos que al Padre conozcamos por ti, y al Hijo araado confesemos, y a ti, Espiritu de ambos, veneremos, y en todo tiempo firmes te creamos. Sea gloria a Dios Padre omnipotente, al Hijo soberano, que glorioso rcsucitô triunfautc y victorioso, y al Espiritu Santo eternamente». SEC. 7. miscelanea historica y literaria B) 139 Un poema de nuestros dias En la literatura poética de uuestros dias sobre cl Espiritu Samo ,obresale el bellisimo poema de Fray Justo Pérez de Urbel, insertado por su autor en el comcntario a la fiesta en el Λήο Cristiano (cf. t.5 p.218-219). «jOh placer! Con nosotros la eterna claridad, el fuego de los ojos de Dios, la encan tadora lumbre del sol divino, la suprema beldad que alumbraba el cielo antes de aparecer la aurora! Ven, creador Espiritu ; la gracia perfecciona la vida natural, rompe la criatura sus cadenas, la ley vieja se desmorona y el Hijo de Dios sube gozoso hacia la altura. Ven, muerte de la muerte, victoria de la vida, llama que no nos quema, agua que no nos sacia ; el corazôn doliente aguarda tu venida, y los labios febriles, la fuente de tu gracia. Ven, saludable Espiritu del temor, ansieded del que ama, principio de la sabiduria, aguijôn del que duerme, grito de la verdad, angustia de no hacer lo que uno querria. Ven, piedad, que eres ûtil para todas las cosa?, y tù, celeste instinto, ciencia del bien, y el mal, y tû que pones nimbos de inmarcesibles roses en la sien de los mârtires, i oh fuerza celestial ! Y tû, interior sentido de las cosas mejores, don de conseio, lumbre del mistico aposento ; y tu, sol claro, iris de los siete colores, don de sabiduria v don de entendimiento. Venid, hâlitos santos del santo inspirador ; como Ana a Joaquin en la puerta dorada, os aguarda la Esposa, que, aunque no tiene nada, de su pecho y su boca os ofrece el amor». h ** · " SEC. S. GUIONES HOMILÉTICOS SECCION VIII. CI IONES HOMILETICOS SERIE I: LITURGICOS Ven, ioh Espiritu Santo !» I. Las fiestas del ano no son mero recuerdo. A. Conviene insistir en la idea, fundamental para la comprensiôn del significado litûrgico (cf. su­ pra, sec.H, A, p.10). a) Una fiesta es. si. un recuerdo de un misterio de la vida y obra de Cristo, acaecida en cl tiempo pasado. b) Pero es, ademâs, una actualidad. Mistica, pero real. 1. Actualidad que guarda semejanza con e! recuerdo. 2. Actualidad que consiste en las gracias especiales vinculadas a la fiesta. B. Ensenanza de Pio XII. a) «El aüo litûrgico, al que la piedad de la Iglesia ali­ menta de hechos que perteneccu al pasado, no es una simple y desnuda évocation de realidades de otros tiempos». b) «Es mâs bien Cristo mismo, que vive en su Iglesia * siempre... i. en la misa de Pentecostés). 2. · SabMuria. < Danos saborear en cl Espiritu Santo las cosas sautas» (colcctah 3. · Consuelo. tDanos el gozo permanente de su consue­ * (ibid.2. lo C. Una de las mâs bellas secuencias de Adân de San Victor (siglo ΧΠ) expresa con exactitud los maravillosos efectos de Pentecostés en nuestra aima: Qui procedis ab utroque Genitore, Genitoque Pariter. Paraclite, Redde linguas eloquentes, Fac ferventes in timentes Flamma tna divite. <) iuvamen oppressorum, O solamen miserorum, Pauperum refugium, Da contemptum terrenorum, Ad amorem supernorum Trahe desiderium. Consolator et fundator, Habitator et amator Cordium humilium. Pelle mala, terge sordes. Et discordes fac concordes Et affer praesidium. IV. Aplicaciôn. A. Debemos tener profunda en la acciôn de] Espiritu Santo, en la Iglesia y en las almas. B. Convencidos, ademâs, de que esta accion peren­ ne es susceptible de aumentos, porque caminamos hacia la perfection. Deseando nuevas efusiones dei Espiritu Santo, hemos de acercarnos al altar de Dios, no solamente con el canto de gratitud en el corazôn, sino con la plegaria humilde y ardiente: “Ven, i oh Espiritu Santo!” Y en la eagrada corn union de cada fiel se reproducirâ misticamente la venida de Pentecostés, porque el Espiritu “serâ derramado sobre los hijos de la misericordia”. SEC. 8. GU105LS HOM1LET1COS SERIE II: SOBRE LA EPISTOLA Origen del Espiritu Santo I. El orïgen mds envuelto en el vélo del misterio es el orïgen del Espiritu Santo (cf. supra, San Agustîn p.42, B), y esto por dos motivos: A. Vivimos en la religion fundada por Cristo y so­ bre Cristo. a) La revelation ha sido mâs copiosa Persona, porque es la que ha venido b) En tanto que a esta le damos los de Hijo y Verbo, el nombre de la prcciso: Espiritu Santo. sobre la segunda ' hasta nosotros. nombres cxactos terccra no es tan B. El Espiritu Santo procede de la voiuntad, y esta, aun la humana, es mucho menos conocida en sus operaciones que el entendimiento. Sin embargo, y pidiendo ayuda al Espiritu de Verdad, vamos a preguntar a la teologia lo que nos ensena sobre El. II. El Espiritu Santo procede por via de amor. El amor del Padre y del Hijo le dan orïgen (cf. supra, San Agustîn, p.47, g). A. Que es el amor. a) Es mâs fâcil sentirlo que definirlo. b) El amor es un impulso de una persona hacia otra. Es como un peso que arrastra hacia ella. aAmor meus, pondus meumv. 1. El primer efecto del amor es inclinar hacia la union de los que se aman. Las madrés sienten desgarrarse sus entranas ante el hijo que se mar­ cha. La expresiôn connatural del amor lia sido siempre cl abrazo, simbolo de fusiôn. Los que se aman desean verse juntos. 2. A mâs amor, mayor inclinaciôn de union. B. El amor de Dios. a) El Padre y el Hijo se contcmplan y se sienten atraidos por la propia bondad divina. En cl corazôn de Dios surge esc impulso hacia Si mismo. Es el amor de Dios hacia cl scr mâs digno de ser amado : hacia Dios. . îr · * SEC. 8. GÜIONES HOMILÉTICOS 145 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO b) Pero formait un solo Dios en tan a pre ta da uniôn, que no pueden separarse. b) Pero el amor de Dios es: 1. Tan fuerte como El. En Dios todo es infinito, y el impulso de su amor también lo es. Aquellas onsias de uniôn que en mi no pasan de ser una tendencia cmoaonal, en Dios son tan robustas que constituyeu una nueva persona. 2. Tan duradero como su eternidad. Los amores de Dios no son mudables. Dios se ama eterna mente, porque eternamente se ve bueno. j. Tan santo como es El y como lo es el objeto de su amor, El mismo. c) Y de este amor infinito, eterno y santisimo sale una Persona infinita, eterna y santa (cf. supra, San Agüs- B. No nos imaginemos a las Personas divinas obran do independientemente la una de la otra o ejecutando cada una su parte en la tarea comûn. Las très obran siempre unidas, y el efecto de su operaciôn es exactamente igual y completo por parte de las très. a) Pero cada Persona divina tiene su carâcter especial, y en sus obras lo déjà reflejado, como lo déjà sientpre el artista. 1. Quien ve un cuadro famoso conoce las huellas que dejô el maestro. 2. En las obras de Dios se reconoce siempre la mano de las tres Personas. b) Ahora bien, en alguna de las obras, aun siendo ejecutadas por las tres Personas, se ha traslucido el ca­ râcter o sello de una de cllas con preferencia al de las otras. i. \a creaciôn, por ejemplo, refleja el carâcter del Padre, que fué el principio de origen de las otras dos Personas. 2. La personalidad del Espiritu Santo se ha reflejado especialmente en las obras de la santificaciôu. 4Por qué? Porque el Espiritu Santo es el Amor, y la santidad no es otra cosa que amor. Donde vemos santidad vemos amor ; donde ve­ rnos amor pensamos en el Espiritu Santo. c) Y por esta razôn hablamos del Espiritu Santo apropiândolc la santificaciôn de la Iglesia, con sus sacramentos y tesoros de gracia, y la santificaciôn de las aimas. d) Pero, cuando nos expresamos de esta forma, nuestro pensamiento es el siguienlc: jOh Espiritu de Amor, a quien veo reflejado en la santidad y gracia que derramôis las très Personas sobre la Iglesia e intentàis infundir en mi aima, cnsônchala y hazla dôcil, para que recibiéndola se parezea a ti! ΙΠ. Los nombres (cf. supra, San Cirilo, p.22,2). A. Hemos dicho que el amor es un impulso, como un aliento intimo del amante hacia el amado. Y eso es lo que en latin quiere decir Espiritu. a) Espiritu que también se llama Amor, porque ha procedido como tal. b) Y como el amor tiende a darse, el Espiritu Santo se llama también Don. B. Abismados ante el misterio, adoremos al Amor personal de Dios. Pidâmosle encienda en nuestros corazones ese reflejo suyo que es el amor de Dios, la caridad. Operationes del Espiritu Santo I. iCuales son los secretos de la opération divina? A. He aqui otro de los misterios que no desvelaremos hasta que, présentes ante Dios cara a cara, alcancemos la felicidad en el cielo. B. Sin embargo, para guiarnos hacia El, como a quien se le alienta en su viaje hablândole de las hermosuras de la meta, Dios nos ha dejado entre­ ver algo. Π. Las obras de Di-os son comunes a las tres Personas. A. El Padre no estâ nunca sin el Hijo. Ni uno ni otro puedeh separarse del Espiritu Santo. a) Son très Personas tan distintas, que no pucdcn con- El Espiritu Santo, aima de la Iglesia I. El Espiritu Santo, aima (cf. supra, P. Emilio Sauras, p.62, A). A. Prescindimos de disquisiciones teolôgicas, mâs propias de la catedra que del pùlpito. Si hay que 11a- fundirse en una. f '. - «· . Si 146 ΙΛ VENIDA DEL ESPIRITU SANTO SEC. 8. GUIONES HOM1LÉTICOS mar al Espiritu Santo alma o, como lo hacen mo­ dernos teôlogos, quasi-aim a, no nos interesa ahora. B. Querenios decir con San Agustin que el Espiritu Santo realiza en toda la Iglesia lo que el aima hace en los miembros de un cuerpo (cf. supra, San Agustîn, p.4ü, c). Formâmes un Cuerpo, y un Cuerpo vivo. La vida viene del Espiritu Santo, como al cuerpo de nuestra naturaleza le viene del aima. C. Concepto grandioso, cuya sola proposiciôn nos sobrecoge devotamente, porque nos hace atisbarla a travée de una comparaciôn, el aima y el cuerpo, la intima union que reina entre Dios y el cristiano. Concepto eficaz para alejar de nosotros cuanto pueda destruir el divino principio vital. IL Reladones del Espiritu Santo con la Iglesia. Son anàlogas a las del aima con el cuerpo (cf. ibid., p.40,2). El aima habita en el cuerpo, en él vive y lo pe­ netra todo él, constituyéndolo en una especie determinada dentro de los vivientes (cf. supra, Sau­ ras, p.63, b). El Espiritu Santo habita y vive en la Iglesia, mora en cada uno de sus miembros como en un templo; los vivifica y transforma a todos y hace que vivan, no segûn la carne ni eegûn el es­ piritu de temor, sino segûn el espiritu de filiation por el que llamamos a Dios “Abba, Padre” (Rom. 8,13 ss. ; 1 Cor. 3,16). Como el alma vivifica especialmente la cabeza, por ser ésta principio de direction y gobierno en el cuerpo, asi el Espiritu Santo se derramô principalmente en Cristo, “ungido por el Espiritu San­ to”, y después, de Cristo y por Cristo, a todos los miembros. El aima desempeüa distintos oficios segûn los or­ ganes. La influentia del Espiritu Santo es en unos miembros mayor que en otros. Asi: a) El Espiritu Santo constituye los pastores. «Recibe el Espiritu Santo... Que esta unciôn se extienda abundante sobre su cabeza ; que unja sus vestidos y descienda hasta las extremidades de su cuerpo, a fin de que la virtud de tu Espiri­ tu llene su interior y cubra todo su exterior» (cf. «Ritual de consagraciôn del obispo»). . «Te rogamos, ;oh Sefior!, que nos oigas y que infundas sobre estos tus siervos la benditiôn del Espiritu Santo y la gracia sacerdotal» (cf. «Ritual de ordenaciôn del presbitero»). 147 3. «Recibe al Espiritu Santo para tu fuerza y para resistir al diablo y a sus tentaciones» (cf. «Ritual de ordenaciôn del diâcono»). b) El Espiritu Santo, como Espiritu de Verdad, los asistc en el ministerio de la palabra (cf. supra, Beato Avila, p.77, e). 1. De manera extraordinaria, en las definitiones «ex cathedra» y decretos conciliares. 2. De forma ordinaria, en la enseiïanza habituai, ya del papa y obispos, ya también de sacerdotes. c) Por El han recibido cl poder de perdonar (cf. supra, San Bernardo, p.49, c). «Recibid el Espiritu Santo; aquellos a quicnes perdonareis los pecados, les serân perdonados; a los que se los retuviercis, les serân retenidos» (lo. 20,23 ; cf. «Ritual de ordenaciôn del presbitero»). d) El Espiritu Santo dcscicnde sobre el altar, cuando los sacerdotes celebran misa, para obrar la transubstanciaciôn. Es idea de los Santos Padres, y toi es cl .sentido de la cpiclesis de las liturgias orientales. D. Como el aima para el cuerpo, el Espiritu Santo es para la Iglesia la norma y la ley interna, segûn la cual son regulados todos sus actos. a) «La nueva ley, dice Santo Tomâs, es principalmentc la gracia del Espiritu Santo, que se comunica a los cristianos» (cf. «Sum. Theol.» 1-2 q.106 a.i c). b) «El Espiritu Santo nos lleva a obrar de tal forma, que nos hace obrar voluntariam ente, en cuanto qtte nos constituye amadores de Dios. Por lo tanto, los hijos de Dios son impulsados librcmente por el Espi­ ritu Santo y no scrvilmente por tcnior» («C. Genti­ les» 4,22 ; cf. «Sum. Theol.» 1-2 q.106 a.i ad 2). Finalmente, todo acto vital en los miembros de la Iglesia procede del Espiritu Santo. a) El nos liera a decir: «Sefior, Jésus» (i Cor. 12,3). b) Cuando oramos, El lo hace por nosotros con gemidos inénarrables (Rom. 8,26). c) El nos prépara a la conipunciou y arrepentiniiento. d) El nos da la caridad, que es la vida del cristiano: «La caridad de Dios ha sido derramada en vuestros corazones por el Espiritu Santo que nos ha sido dado» (Rom. 5,5). El comunica los frutos de santificaciôn : «caridad, gozo, paz, etc...» (Gai. 5,22). ΙΠ. El Espiritu Santo, como aima, unifica. Los miembros del Cuerpo mîstico guardan entre si una uniôn, no solo por tener autoridad comûn o idéales comunes. Reina entre ellos también una uniôn interna e intima, porque poseen la misma vida. •i LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO B. De aqui se deduce, en consecuencia, la caridad que debe reinar entre ellos y la comunicaciôn de bienes, ya espirituales, ya corporales, como entre los miembros de nuestro cuerpo, que, por tt-ner aima comûn, viven unos para otros. C. M’embros muertos. Los hay en el Cuerpo mistico. Pertenecen a él por el bautismo y la fe. No los ban perdido. Pero no reciben la vida. El Espiritu no influye en ellos por el obstaculo que supone el pecado mortal. IV. Aplicaciones. Si eres miembro muerto, llévete la fiesta de Pentecostés a la reconciliaciôn con Dios, para que vuelvas a vivir del Espiritu Santo. B. Si vives: a) «Xo apaçuôis al Espiritu» (1 Thés. 5,19). b) Conipadôcete de los miembros muertos y ora para que vuelvan a ser vivificados. Agradecimiento a Jesucristo, porque quiso unirnos a si, dândonos su misma Vida y Espiritu, de for­ ma que en el Cuerpo mistico sea una misma aima la suya y la nuestra. La vida contemplativa del apôstol El cenaculo puede considerarse como la primera escuela de apôstoles. A. El Espiritu Santo transforma aquellos “doce”, de rudos e ignorantes, en instrumentos maravillosos para comunicar el Evangelio al mundo y la gra­ cia a las aimas. B. Mas ellos han presentado antes ciertas disposiClo­ nes, que son indispensables en nosotros, sacerdo­ tes o seglares, para que el Espiritu Santo nos transforme en apôstoles. a) Dispositiones de los apôstoles. Las seüala cl libro de los Hechos (Act. 1,14). * I. «Unanimiter» : mâxima uniôn, concordia y ca­ ridad. 2. «Cum mulieribus et Maria» : uniôn con Maria, madré de Jesûs. SEC. 8. GUION ES HOMILÉTICOS 149 «Perseverantes in oratione» : perseveranda en la oraciôn. Sumisiôn a Pedro, segûn se desprende de los ver­ siculos siguientes, que lo presentan ejerciendo el primer acto de jurisdicciôn en la elecciôn de Ma­ tias (Act. 1,15-22). b) Al verdadero apôstol debe adornar para la eficacia en el apostolado : Un espiritu delicado de concordia y caridad fra­ I. terna para con todos. La devociôn tierna a Maria Santisima. La sumisiôn v ·* obediencia al Vicario de Cristo. Pero, sobre todo, el apôstol debe distinguirse por el espiritu de oraciôn. c. La, oraciôn en el apôstol. No cualquier oraciôn ni de cualquier manera. a) Los apôstoles practican un généra de oraciôn continuada: ^perseverantes» ; con recogimiento y soledad: tencerrados en cl cendculo». Los adoce» se preparan a la acciôn mediante la contemplation. b) San Pablo, que exclama: «Vae mihi si non evangelizavero» (1 Cor. 9,16), se interna en el desierto de Arabia antes de predicar. acciân sin la contemplation. Es clasico el texto de San Bernardo al papa EuaTeino que en medio de ttcs innunterables ocupaciones te desesperes de no poder llevarlas a cabo y se te endurczca el alma. Obrartas con cordura abandoriândolas por algiin tiempo, para que no te dominen ni arrastrcn a donde no quisieras Hegar. Tai vez me prcguntes: '^Adonde?... Al endurecimiento del coraz0m>. b) βΎα ves a dônde pueden arrastrarte esas ocupationcs malditas si continuas entregândote a citas del todo, como hasta ahora, sin reseruarte nada para tiv (cf. «De considerat.a l.i c.2 : BAC, aObras selectas» p.1480). a) decir, segûn el santo Doctor, aun las ocupàciones mâs excelsas, como gobemar la Iglesia, sin reservarse nada para lo interior, son malditas. a) y son tales porque pueden disminuir y aun extinguir el estado de gracia. b) Doctrina fuerte, pero clara, en Santo Tomds. «Si la intensidad del acto es igual o superior a la del hâbito, cualquier acto o aumenta el hâbito o dispone al aumento, porque con frecuencia, para que éste se realice, es necesaria la repeticiôn de actos». 4' ·’ ?.ii( 151 SEC. S. GUIONES IlOMILÉTICOS IΛ \ ENIDA DEI. ESPIRITU SANTO IV. Apôstoles santos. “Hay hoy en la Iglesia de Dios, decia San Bernar­ do, demasiados canales -y pocos depôsitos” (cf. “Serm. 18 in Cant.”: BAC, Obrds selectas, ibid.). Sigue siendo realidad esta frase. z. «Pero, si la intensidad dei acto es menor que la del hâbito, tai acto no dispone al amnento de! hâbito, sino a su disminuciôn» (cf. «Suin. Théo!. * 1-2 q.52 a.3 c). Por tanto: · r t e a) Mâs organizacioncs y movimientos apostôlicas que nunca. Pero se penetra poco y se transforma menas. Pocos apôstoles verdaderamente sanlos. b) Abunda, en cambio, lo que se .ha llamado therejia de las obras o de la acciôn». a) Si las obras, aun bue nas y apostôlicas, se cjecutan sin cl fervor de la caridad, disminuyen y enfrian la misma caridad. Por cl contrario, si sc hacen con fer­ vor de caridad, la acrecicntan. b) Asi podia decir Santa Teresa: aDesde que soy priora, en mis ocupacioncs y frecuentes viajes cometo mâs faltas que antes. Pero, como lueho con generosidad y llezo ml cargo por Dios, siento que cada dta que pasa me uno mâs con El». C. A sacerdotes y religiosos y también a Jos seglares que militan en la Acciôn Catôlica o èn otras organizaciones apostôlicas, habria que reiterar el consejo de San Bernardo a Eugenio HI: “Paréceme hasta recomendaros que no os entreguéis todo y a todas horas a la acciôn, sino que reservéis siqùiera algùn rato de vuestro corazôn a la consideraciôn” (cf. San Bernardo, De consider.’: BAC, ‘Obras se­ lectas” p.1483). contemplaciôn en la acciôn. Es el fundamento, la condiciôn indispensable de todos los apostolados. a) La esencia de este consiste en comunicar la vida de Cristo a las aimas. b) E} apôstol es continuador de A quel. que dijo: «He venido para que tengan vida, y la tengan en abun­ dantia» (lo. 10,10). c) Debe poseer, por tanto, la vida que prétende comunicar, como Cristo, ·οη quien estaba la Vida» (lo. 1,4). Que reproduzean la escèna -del ccnôcuïo en los dias precedentes a Pentecostes. .‘ . b) Que hcrmanen con la ac-cion la contemplaciôn. c) Y serôn colmados del Espiritu, Santo c instrumentas cficaccs de renovaciôn y vida divina. a) ahi que todo apôstol antes de transformer ha de ser transformado. Obra ésta propia de Dios. Pero que necesita la colaboraciôn humana, buscando el contacto con El mediante la contemplaciôn. a) Los tdoce» transformaron la sociedad, pero fueron ellos tirocados por cl Espiritu Santo». Abrasados olios, abrasaron a los otros. Inflamados, los inflamaron, y, santificados por este Espiritu del cielo, santificaron al mundo» (cf. Fray Luis de Granada, «Obra selecta : BAC, p.Sgo). b) Si el apôstol no va Ueno de Cristo, >10 conscguirâ co­ municarlo al mundo. u. : ·· ’ »· V. ’ J » I. < El sacramento de la confirmaciôn sacramento del Espiritu Santo. Por esto es muy propio hablar de él en Pentecostée. a, . ... . - Λ a) Todos los sacramcntos dan, con la gratia y la cari­ dad, al Espiritu Santo. · . · {.n b) Λ/as Ta confirmaciôn se llama sacramento del Espi­ ritu Santo, porque el efecto propio, la gratia sacra­ mental de la confirmation, se atribuye a la tercera Persona de la Trinidad. (>· Por eso son frecuentes las admoniciones de los santos doctores: * ' a) VTodo apôstol, antes de dar suclta a la lengua, debc elevar a Dios con avidcz su alma para cxhalar lo que deba y distribute su plenitud» (cf. San Agustin, «De doct. Christiana» 1,4 ; PL 34,21). . b) «Si sabes obrar, sé concha y no canalv (cf. San Ber­ nardo, «Sermon 18 in Cant.» : BAC, «Obras selectas» p.852). •Mâs perfection se requière para comunicar la pcrrecciôn a otros que para ser simplemente perfecto, porque... toda causa es superior al efecto» (cf. Santo Tomâs, «De perfect, vitae spiritualis»). Por este sacramento, dicen los teôlogos, se da la misma gracia, si bien en distinta médida, que apôs­ toles y discipulos de Cristo recibieroh el dia de Pentecostés. ’ a) En el se dan, afirma en varios lugares el Angélico, •la plenitud" del Espiritu Santôi (çf, 3 q.72 a.i ad 1 ; a.2 c y ad 2). . . .. I» c ..ς* LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO b) El ôleo significa la gracia del Espiritu Santo (cf. su­ pra, Santo Tomas, p.56, b), y asi Cristo se dice un· gido tcon accite de *alegria (Ps. 45,8) por la pienitud de! Espiritu Santo que recibiô (ibid., a.2 c). c) Es, en fin, aque! sacramento que administraban los apôstoles cuando, despues de orar, al imponer las ■manos, tdescendfa el Espiritu Santo sobte *ellos (Act. 8,17). Π. Perfecdona el bautismo. A. El nombre mismo lo indica (cf. supra, Santo To­ mâs, p.55, a). a) Al llamarlo confirniaciôn se queria significar que ci nuevo sacramento era como el sello que se ponia ni rito de la iniciaciôn cristiana. b) ^Confirmatio *sacramenti se llamaba en la liturgia cspariola a la plcgaria por la que se invocaba al Espi­ ritu Santo para que descendieta sobre los dones eucaristicos y ratificara y completara cl sacrificio del altar. B. La confirmation ratifica, complementa y da carâcter definitivo a la filiation divina recibida en el bautismo. a) En el bautismo se da la vida; en la confirmaciôn se robustece. b) En el bautismo se nace, tcomo niiïos rcciân engen*; drados la confirmaciôn los constituyc en adultos. Sucede en cl individuo lo que en la Iglesia. 1. Naciô ésta el. Viernes Santo, pero no fué confirmada hasta la venida del Parâclito en Pentecos­ tés, dia en que dejô su estado de infantia para presentarse ante el mnndo. 2. Por eso antiguamente se administraba la confir­ maciôn inmediatamente despnés del bautismo. HI. Soldados de Cristo. A. El cristiano tiene obligation de confesar su fe en Cristo. a) Ante un mundo que o le niega o se escandaliza de El o no le comprcndc. eA quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesard dclante de los àngclcs de *Dios (Le. 12,S). b) Quizd, a veces, incluso en medio de la perse cuciôn, como los apôstoles. _ · B. En la confirmation recibe las armas eficaces para luchar y vencer (cf. supra, Santo Tomâs, p.56,d). Comunica el derecho a las gracias necesarias para confesar abiertamente la fe de Crieto, tanto en las circunstancias normales como en casos extraordi­ narios. i’* 153 SEC. 8. GUIONES HOMILÉTTCOS ’ · « C. El cristiano es asi constîtuido en “soldado de Cristo”. te serialo con el scllo de la cruz y te confirmo cou el crisma de la saludn, le dice el obispo. Entretanto, le hace en la /rente la serial de la cruz. b) Como cl soldado liera su uniforme, el confirmado rccibe cl suyo: la cruz en la que Cristo triunfô. a) îYo IV. Necesidad de la confirmatiôn. No es medio necesario para la salvaciôn, como el bautismo. Pero nadie debe despreciarlo (can.787). La Iglesia manda que se reciba llegado el uso de razôn, para mejor conocerlo y asi prepararse dig­ na mente. necesita el cristiano, porque: a) Alimenta y confirma la gracia bautismal. b) Se encontrarà frecuentcmente : . i. En ambientes mundanos en los que resuite dificil adoptar la verdadera posture de cristiano ; v. gr. : cuando se rechazan dogmas, se recomiendan libros malos, se habia mal de la Iglesia. Otras veces, un falso respeto humano o el temor a perder un cargo o una amistad pueden crearle un serio peligro. Nada digamos si llega una persecution u opresiôn por parte de enemigos. c) Para todos estas casos se necesila especial fortaleza, que se comunica ordinariamentc en la confirmaciôn. sacramento de la Action Catôlica. La confirmation tiene sus exigentias sobre quien la reciba. Si le da no pocos derechos, le impone una obligation: la de ser apôstol. a) Santo Tomâs cquipara al confirmado con cl mayot de edad, y dice: tCuando cl hombre llega a ser ma­ yor de edad, comienza ya a comunicar sus obras con otros; en cambio, antes vive como aislado para si mismo (3 q.72 a.2 c). * b) En lo espiritual, cl confirmado, por haber recibido la pienitud espiritual, no debe vivir cnccrrado en cl estrccho circulo de su *nyo . Debe comunicar su vida y obras cspiritualcs con otros. i. Pentecostés constituyô en verdaderos apôstoles a los once Pescadores elegidos por Cristo y a San Matias, agregado por éstos al colegio apostôlico (Act. 1,26). 2. La confirmation causa el mismo efecto. El con­ firmado, por el hecho de estar confirmado, es apôstol. . Λ SEC. 8. GUIONES HOM1LÉTICOS LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 154 B. La Acciôn Catôlica es el “ejército organizado de los apôstoles seglares”. Por eso la confirmaciôn es el sacramento de la Acciôn Catôlica. Los que lo han recibido deben pensar en su obligaciôn de militar en la organizaciôn del apostolado catôlico para que este resuite mâs eficaz. .. . < z 1 % ’ · i < · · · · 9 · La gloria de Cristo, fin de la Iglesia I. La primera alocuciôn pontificia. · ·> A. Hoy comienza a vivir la Iglesia. Su primer Papa lanza al mundo la primera alocuciôn. B. ;De qué habia? De la gloria de Cristo. Este es el fin de la Iglesia. II. Cristo, fin de la antigua ley. A. “La ley fué nuestro ayo para llevarnos a Cristo" (Gai. 3,24). a) El valor de todos sus ritos dependia de que prefiguràban y anunciaban a Cristo, de! que rccibian su vigor. b) «Sombra de lo futuro, cùy'a rcalidad (6 'cuerpo que • * la produce) es Cristo» (Col. 3,16). «El fin de la ley es Cristo» (Rom. 10,4}. B. Si, pues, Cristo era el fin de la antigua ley, la cual no pasa de ser sino la introducciôn a la nueva, compendio de todas las obras y carismas de su Fundador, con mucha mâs razôn serâ también el fin de todo cuanto ésta encierre. C. Cristo es, pues, el fin de la Iglesia en sus dos estadios de militante y triunfante, lo cual origina nuevas relaciones entre los que aspiramos a la glo­ ria y los que disfrutan de ella, como asociados que somos a la obra de glorificar a Cristo en coro concertado. III. Cristo, fin de la Iglesia militante. •· A. Cristo, fin de la redenciôn. a) - Cristo redime a la humanidad, y en coul.Ao a su Iglesia; pcro es «a fin de prescntârscla a si gloriosa, sin mancha. ni arruga 0 cosa seme jante, sino santa c intachable», como esposa que sc ha preparado para El, que este es el sentido rca! de las palabras de San Pablo pronunciadas a proposito del matrimonio (Eph. 5,26). b) Por cso los apôstoles, cumpiicndo el oficio del anti­ gua «paraninfo», pueden decir en su predicaciôn : «Os celo con celo de Dios, pues os hc desposado a un solo marido para presentaros a Cristo como casta virgen» (2 Cor. 11,2). c) F considerati a la iglesia rcunida de la gentilidad como sacrificio que ofrendan a Cristo: «Encargado de un ministerio sagrado en cl Evangelio de Dios, para procurar que la oblaciôn de los gentiles sea aceptada y santificada por cl Espiritu Santo» (Rom. 15,16). B. Cristo, fin de los fieles redimidos. aj Los fioles son cl fin prôximo de toda la organizaciôn sobrenatural, ordenada como cstà a su santificaciôn. «Todo es vuestro, ya Pablo, ya Apolo, ya Cefas; ya el mundo, ya la nada, ya la mucrtc; ya lo présente, ya lo venidero. Todo es vuestro» (1 Cor. 3,22). b) Pcro, a su vez, csos fieles, y por endc la Iglesia que componcn, y que es la depositaria de todo aquel or­ den, son para Cristo, y, una vez unidos. con Cristo hombre y cabcza suya, son todos para Dios. Por cso termina San Pablo : «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (ibid.). C) Los fieles, pues, estân consagrados y destinados a Cristo, y no précisant ente en cuanto Dios (lo cual no ncccsitaria prueba especial), sino en cuanto Rcdcntor. «Viviendo o muriendo, del Senor somos, que por esto muriô Cristo y rcsucitô, para dominar sobre muertos y vivos» (Rom. 14,7-9). d) Tien en, pues, los fieles en Cristo su causa cjemplar, meritoria y eficicnte para encontrar en El su causa final, que no es otra sino glorificarle, atribuyéndole y enderezando a su honor toda nuestra santidad y bienes: «Cristo, pues, que ha venido a seros de parte de Dios sabiduria, justicia, santificaciôn y redenciôn, para que, segïin estâ escrito, cl que sc glorio, gloriose en el Scüor» (1 Cor. 1,31). C. Cristo, fin de la Iglesia como manifestation objetiva de Cristo. a) Doctrina teolôgica. 1. aLa encarnaciôn dei Verbo y las ininvestigables riquezas de Jesueristo en la economîa de la salvaciôn de las gentes, son la suprema manifestaciôn de la sabiduria de Dios y de los designios que estaban eternamente ocultos en El®. 2. «Ahora bien, la Iglesia es el efecto dei Verbo encarnado. Es mâs, el resumen de toda su obra so­ brenatural, y el «rico depôsito» (cf. Iren., 1.3 c.4) de las riquezas de Cristo, y la realidad concreta de la economîa de su salvaciôn». 3. rPor lo tanto, la Iglesia sirve de manifestaciôn • V -.V· 156 t L\ VEN ID \ DEL ESPIRITU SANTO SEC. 8. GUION ES HOMILETICOS objetiva de todas estas riquezas de Cristo, incluso a los mismos espiritus celestiales, de forma ta! que, asi como el «finis operis» del mundo creado es el manifester lo invisible de Dios para que pueda ser naturalmente conocido (Rom. 1,20), asi también e! «finis operis» de este mundo santifîcado de la Iglesia consiste en que sea la manifesta­ ciôn de k> invisible de Dios, que, hecho visible en Cristo, es asi conocido sobrenaturahnente». 4. Wl I à . · X LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO — ■ - - ■ ~ — —· —’ ~ ; mente, su gloriricacion, tanto la ineoada en la tierra como la perfecta final. jj. El Verbo. En el Verbo, hecho hombre para que el hombre pudiera llegar a ser Dios, debemos consi­ derar: A. La unidad de persona en la duplicidad de naturalezas. a). En virtud de elle, la divinidad invisible SC manifiesta por medio de la humanidad visible. 1. San Juan decia reâriéndose a la sauta humanidad de Jesus : «Hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre» (1,14). 2. Y para que no quepa duda de que es en la carne en donde ha visto la gloria del Verbo, reitera su aürmaciôn : En cambio, entregarse a una obra predilecta de Cristo, como es la extensiôn de su reino, garantira firmemente las gracias de Cristo sobre todas nuestras obras. al c. Es pensamiento de los papas cuando se refieren a lo mâs indispensable en el apostolado: a) Un texto de Pio XI: *Si se os présenta ocasiôn de esto (de secundar las vocaciones misioncras) por amor de Dios y de las aimas, permitid generosamente en vuestro clero esta pequeüa mernta, si es que tal nombre puede dârsele, porque el que habéis perdido como ayudador y comparera en vuestros trabajos, el divino Fundador de la Iglesia lo suplirà sin duda, 0 con mayor abundancia de gracias sobre la diôcesis 0 excitando vocaciones para el sagrado ministerio» (cf. «Rerum Ecclesiae»). bi De Pio XI es también la sïguientc anéedota i. Poco antes de morir recordabo a un capitulo ge­ neral de una congregaciôn religiosa cômo una vez, siendo él nuncio en Varsovia, acercôsele un provincial de cierta congregaciôn, lamentandose dei descenso alarmante que se notaba en las vocaciones de su noviciado, con peligro de su total desapericiôn. «Pida su congregaciôn una misiôn a «Propaganda Fide», y Dios le bendecirâ», respondiôle e! nnncio. Eu efecto, pidieron a Roma una misiôn y fueron atendidos. Al cabo de unos afios, aquel mis­ mo provincial se acerceba al Santo Padre. Desde que habian enviado misioneros, habian aumentado de modo consolador las vocaciones (cf. GoiUURU, «EI problema misionero» 163 Gratitud a Dios demostrada en la ayuda a las mi­ sions s. 4 A. Pentecostés nos recuerda un gran deber: el de ayudar a la extension de la Iglesia. a) Por la misericordia de Dios, formamos parte, me­ diante el bautismo, de esta Iglesia. Seria injusto y poco miserlcordioso no ayudar a los que todavia no han sido bautizados. b) La gratitud a Dios la deniostraremos pidiendo pot los injieles. En la fiesta de Pentecostés del aûo 1922 lo de cia Pio XI: 35 * 36). a) .· r 166 LA \ EXIDA DEL ESPIRITU SANTO I SEC. 8. GUI0NES HOMILÎTIICOS •■1 c) Ultimo llamamicnto. El Hijo desciende a su vifla y parece repctir las palabras del Salmo : «Si oyereis hoy su voz, uo endurezcâis vuestros corazones como e! dia de la rebeliôn.... donde vuestros padres.... (Hebr. 3,7 y Ps. 94,8). d) El Sefior tiene que exclamor; tjuzgad entre mi y mi vina, jque' mâs he podido hacerle que no lo haya hecho?· (Is. 5,3). Se la quitô a los colonos y se la diô a otros (Mt. 20,28). Es el repudio de Israel. C. Pero notemos que Israel generalmente no renegô de la ley entera. a) Es mâs, en tiempo del Sefior era fidelisimo en los dogmas y exageradamente obscivador de las cere­ monias. b) Se limitô a prescindir de algïm mandato que no le interesaba. Y esta bastô para lleva rie a la ruina. ΠΙ. iEl pueblo cristiano oye a Cristo? A. Circunscribâmonos a los que oyen la palabra, esto es, a aquellos que no dudan en la fe. a) A pcsar de eso, ; la oyen por completo, esto es, la cumplen? No. Todos solemos dividir la palabra en compartimientos: la moral de los solteros, la moral del matrimonio, la moral profesional. b) ;Nos hemos percatado que la palabra de' Dios llega hasta ahi con carâctcr obligatorio ? - O dividimos los mandamientos on practicables y olvidados ? 4El pueblo cristiano oye al Cristo en la tierra? Queremos decir al Papa: “El que a vosotros oye a mi me oye” (Le. 10,16). a) ; Le oyc? jLee las cncicllcas en la parte que a él se rcfieren? Los hombres de cmpresa, ^sc han preocupado de conocer la doctrina pontificia ? 4 Han pensado que sc refiere a ellos persoiialmcntc y en con­ creto * b) La respuesta tendra que ser tristemente negativa en la mayoria de los casos. Hemos llegado a la situaciôn de ver clases numerosas que reproducen la situaciôn del pueblo judio: prâcticos en las ceremo­ nias y olvidados de la palabra en aquello que no les interesa. c) El llaniamiento suena urgente; «Si lioy ois la voz de Dios, no endurezcâis vues­ tros corazones, como lo hicieron vuestros pa­ dres. ..> (Ps. 94,8). 2. Porque los males que nos amenazan parecen una réplica de aquellos que fulminô el Senor sobre Israel por boca de Jeremfas : «Toda la tierra serâ un desierto, consumaré la destrucciôn, llorarâ la tierra» (1er. 4,27). 167 ! · Dones del Espîritu Santo I. Dones y virtudes. A. Fundamental es en toda esta materia el texto de Santo Tomâs, que nos servira de base para consideraciones ulteriores. “Las virtudes se distinguen de los dones, en cuanto que los dones son ciertos habitos que perfeccionan al hombre para que este siga prontamente el instinto y la mociôn del Espiritu Santo; y las vir­ tudes son hâbitos que perfeccionan al hombre para que siga prontamente el imperio y la mociôn de la razôn”. «Hay que considéra) que en el hombre hay un doblc motor, un doble principio de movimiento : uno inte­ rior, que es la razôn; otro exterior, que es Dios. Manifiesto es, pues, que todo lo que se mueve debe ser proporcionado al motor que lo mueve. Y la perfecciôn del môvil, en cuanto môvil, consiste en que esté bien dispuesto para ser bien movido por su motor». b) aPor tanto, cuanto mâs elevado y perfecto sea el principio motor, tanto mâs perfecta y elevada debe ser la disposiciôn de lo movido por él. Y asi vemos que debe ser mâs perfecta la disposiciôn dei disci­ pulo a medida que es môs alta la doctrina del maestro». «Es manifiesto que las virtudes humanas per­ feccionan al hombre en cuanto que el hombre logra ser movido por la razôn en lo que interna o externamente hace . 2. «Conviene, pues, que en el hombre existan perfecciones mâs altas que le dispongan a ser mo­ vido divinamente. Y estas perfecciones son las que llamamos dones, y no sôlo porque son infundidas por Dios, sino también porque, segûn ellas, el hombre se dispone a ser mâs fâcilmente movido por la inspiraciôn divina-» (cf. «Sum. Theol.» 1-2 q.68 a.i c). e) Λ • ÿ II. Coincidencias y diferencias. A. El texto luminoso de Santo Tomâs précisa bien las coincidencias y diferencias entre virtudes y dones, a) Coincidencias. Ambos son hâbitos. Ambos perfeccionan al hombre. • IL — I/ 169 SEC. 8. GUIGNES HOMILETICOS LA VENTDA DEL ESPÎRITU SANTO 3. Ambos inclinan a seguir las mociones experimemadas. b) Diferencias. El motor es distinto. r. En los dones es exterior ; en las virtudes, in­ terior. 2. En los dones es divino ; en las virtudes, humano. 3. En los dones el hombre signe prontamente el instinto y la mociôn del Espiritu Santo ; en las vir­ tudes, el imperio, la mociôn de la razôn. B. Comparaciôn clâsica. Aclara mucho esta doctrina la clâsica comparaciôn del motor de la nave. a) Por el principio. Es mâs alta la mociôn divina que la vela. Si por el remo, la fuerza estâ en los remeros. Si por la vela, la .fuerza estâ en el viento. b) El remo es motor interior, propio, digdmcslo asi; es el musculo y el vigor del hombre. La vela es un motor exterior, es el impulso del viento, que viene de fuera. c) El vigor y musculos de los remeros. motor huma­ no, se asimila a la motion e imperio de la razôn, po' tencia humana. El impetu del viento, que viene de fuera, comparable al instinto y a la mociôn del Es­ piritu Santo, fuerza directamente divina. III. Dones y virtudes. A. Los dones son superiores a las virtudes morales e intelectuales: a) Por principio. Es mds alfa la mociôn divina que la mociôn del entendimiento humano. b) Por cl sujeto. Es nids perfecta el aima que posée los dones que el aima que sôlo posee las virtudes. c) Por el efecto. Los dones, tanto en el orden intclectual como en el orden volitivo, producen efccios su­ periores a los producidos por las virtudes. V 1 B. Pero no son los dones superiores a las virtudes teo­ logales. a) Sc pregunta Santo Tomds si las virtudes han de preferirse a los dones, y contesta: 1. «Hay très géneros de virtudes : teologales, inte­ lectuales y morales». 2. «Por las teologales, la mente hnmana se une a Dios ; por las intelectuales se perfecciona Ια ra­ zôn ; por las morales se perfeccionan las fuerzas apetitivas para que obedezeon a la razôn». 3. «Por los dones del Espiritu Santo, todas les fuer­ zas del aima se disponen a ser déciles a la mo­ ciôn divina». «Y asi como las virtudes intelectuales, que per­ feccionan a la razôn, son superiores a las mora­ les, que son movidas por la razôn, asi también las teologales son superiores a los dones, porque por las teologales el hombre se une al Espiritu Santo, que por los dones mucve nuestra voluntad» (i-2 q.68 a.8 c). b) Entre- las virtudes teologales, la mâs alta es la ca­ ridad. Los doues son ejectos de la gracia y de la ca­ ridad. Y cl don mâs alto, que es el de sabiduria, se rejiere de un -modo mâs directo a la caridad, que la mâs alta de las virtudes. IV. Doctrina de San Pablo. En la Epistola primera a los Corintios (c.12), Apôstol, después de describir los distintos efectos del Espiritu Santo en la Iglesia carismâtica, ter­ mina abriendo la perspectiva de un camino nuevo : “Aspirad a los mejores dones. Pero quiero mostraros un camino mejor” (1 Cor. 12,31). B. El camino mejor que muestra el Apôstol es el de la caridad, a la cual canta en el capitulo siguiente: «La caridad no pasa jamds; las profecias tienen su fin· las lenguas cesardn, la cientia se desvanecerd...» (1 Cor. 13,8). b) îAhôra pernianecen estas très cosas: la fe, la esperanza, la caridad; pero la mâs exeelente de cllas es la caridad» (ibid., 13). a) i V. Conclusion. A. Tanto mayor serâ la influencia del Espiritu San­ to en nuestra aima, cuanto mayor sea nuestra ca­ ridad. B. Y para medir el grado de nuestro amor es norma segurisima la que da el Apôstol en el capitulo citado, en el que describe los efectos de la caridad. a) b) c) sLa caridad es patiente, es benigna». t.No es envidiosa, no es jactantiosa, no se hincha; no es descortés, no es interesada, no se irrita, no picnsa mal; no se alegra de la injustitia». tSe complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera» 170 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 13 Los frutos del Espiritu Santo "Yo os elegi y 03 puse (en la Iglesia) para que vayâis y fructifiquéis y vuestro fruto sea dur adero" (lo. 15,16). A. Estas palabras, aplicadas generalmente al apostolado, pueden también aplicarse a la vida interior de cada cristiano. a) Jesucristo, en cl capitulo citado de San Juan, exponc la alegoria de la vid y del sarmiento; afirma que la rnisiôn de sus discipulos es dar fruto, porque, si no lo dan, serin arrancados y quemados, como Sarmien­ tos estériles. b) San Pablo concreta este fruto que Cristo desea de cada uno, esto es, la santidad: iTenéis por fruto la * santificaciôn (Rom. 6,22). Pero hace consistir esta santificaciôn en la vida del Espiritu: eSi vivimos del Espiritu, andemos también segûn el Espiritu * (Gai. 5,25; cf. Rom. 8,5-11). B. De aqui que la santificaciôn se manifieste en los frutos del Espiritu. El aima que los posee, ha realizado el deseo de Cristo y sera sarmiento fértil. II. Los frutos del Espiritu Santo. A. . Aunque se aprendan de memoria en el catecismo, no todos penetran en su significado ni conocen la relaciôn que guardan con la santidad. B. La palabra fruto se ha tornado de lo corporal para aplicarlo a lo espiritual. a) Fruto es lo que el àrbol produce segûn su propia naturaleza, encerrando en si cierta suavidad. b) En lo espiritual, fruto es aquello que el hombre pro­ duce y que nos causa agrado. 1. Si se produce por el influjo de la razôn. sera fru­ to de la razôn. 2. Si se produce por influjo de otro principio supe­ rior, que es el Espiritu Santo, serâ fruto del Es­ piritu Santo. M' Asi, pues, los frutos del Espiritu Santo son las acciones u obras del hombre en cuanto que son efectos del Espiritu Santo, que obra en él, y pro­ ducen en el hombre cierta satisfaction o deleite. Brevemente los define Santo Tomâs: “Todas las SF.C. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 171 acciones buenas que nos causan deleite” (cf. “Sum. Theol.” 1-2 q.70 a.1-4). III. Virtudes, dones, frutos y bienœuenturanzas. A. Relaciones mutuas. Las virtudes y doncs son la causa. Los frutos y bicnaventuranzas, los efectos. b) las virtudes y doncs son las potencias; los frutos y bienaventuranzas, el ejercicio de estas potencias, el resultado de su operaciôn en el aima. c) Las virtudes y dones, hâbitos; los frutos y bienaven­ turanzas, actos. a) B. Pero existen entre ellos ciertas diferentias: La virtud perfecciona al hombre para que obre imodo , * humano por su propia razôn. El don le perfeccio­ na para que obre tsupra humanum modum . * b) Las acciones producidas por las virtudes se producen con dificultad, lucha, violentia y no pocas veces hasta con repugnanda, y por eso no pueden llamarse frutos. En cambio, las producidas por los dones, como cl aima es gobernada toda y conducida por Dios, producen un bienestar, gocc y dclcite. Por eso se llaman frutos. c) Y cuando estos frutos son perfectos, completos y as­ tables, constituyendo un como estado de goce y deleitc en ellos, se da cntonces la bienaventuranza. a) IV. Numero de frutos. A. Si fruto es toda obra buena producida por influjo del Espiritu Santo, claro es que son innumerables los frutos del Espiritu Santo (cf. supra, San Cirilo, p.26,3). B. Pero todos pueden reducirse a los doce que San Pablo enumera: “Caridad, gozo, paz, paciencia, be­ nignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad” (Gai." 5,2). n) Por el don de sabiduria aprecia el aima las cosas en su rclaciôn con Dios. Le llcva a dcsprcciar todo lo que no sea Dios, para unirsc y entregarse plenamcnlc a El. De aqui nacen los frutos de caridad, gozo y paz, bondad y benignidad. b) Estos mismos frutos derivanse del don de piedad. por el que cl hombre trata amorosamentc a Dios, como al mejor de los padres, y al prôjimo como a sus hcrmanos. c) Por cl don de cientia ve el aima cl lado divino de las cosas o el reflejo de Dios en los seres creados, y asi es conducido a buscar en todo el reino de Dios y su justitia, no haciendo mâs que la voluntad del Padre, que estâ en los cielos. De aqui los frutos de fe, continenda. k-JFi SEC. 8. GUTONES HOMÏLÉTTCOS 173 LX VENIDA DEL ESPIRITU SANTO Las de los justos, sus dejectos de docilidad al Espi­ ritu Santo. de fortaleza engendra: La pacieucia y la longanimidad, para conservar el equilibrio y no perturbarse por la amenaza de los males ni por la dilaciôn de los bienes. La mansedumbre, que reprime la ira, para no danar al prôjimo (cf. supra, San Gregorio, f) V. El don de consejo produce la modestia, *que guar· da el modo en hechos y dichos· (cf. «Sum. Theol.» 1-2 q.70 a.3 c). Finahnente, e! don de- entendimiento, al umbrando y purificando los ojos del corazôn (cf. «Sum. Theol.» 1-2 q.6q a.2), y el ternor de Dios, causando arrepentimiento y Idgrimas, producen cl fruto de castidad, en cuanto que esta es •abstenciôn de lo ilicitot (ibid., q.70). Gust ad los frutos. Es necesario dar a conocer esta bella doctrina a las aimas para inducirlas suavemente a saborear la dulzura de la vida espiritual. Los frutos del Espiritu Santo, por su misma defi­ nition, son algo sabroso y deleitable. Mas para gustarlos se necesitan dos disposiciones : Huir de las obras de la carne. 1. La carne y el espiritu se contradicen mutuameute. Quien desea caminar segun el espiritu, ha de crucificar antes su carne con todos sus vicios v concupiscentias. 2. De aqui el valor imprescindible e insustituible de la mortification para la verdadera vida interior. b) Seguir con docilidad las inspiraciones del Espiritu. 1. Muchas aimas no llegan a producir frutos por­ que oponen resistencia al Espiritu. Se necesita abandonarse a su acciôn. a) r.· «Lof que. tienden a. la perfection por la via de las prâcticas y de los actos metôdicos, sin abandonarse a la direcciôn del Espiritu Santo, no tendrân nuncp esta madurez y suavidad de la virtud que es propia de sus frutos· cf. P. Lulemant, «Doctrina espiritual», 1-4 C.5); «El numéro de personas que no vtven sino para la gloria de Dios es ahora muy escaso. Mas, lay!, nos amamos demdsiado; hay en nosotros un exceso de Prudencia Para no perder nuestros derechos· (cf. San­ ta Teresa, «Moradas quintas» c.4 : BAC, «Obras com­ plétas de• < Santa Teresa» t.2 p.400). · 2. Este «exceso de prudencia», el excesivo câlculo humano, es un formidable obstâculo al Espiritu, que tiene que remover el aima con una constan. te -v exacta fîdelidad. T.· Las faltas de los pccador£s son las desobediencias a loi mandam lent os. c) «Si vivlmos del Espiritu, catnlnemos segiin esc mis· nio Espiritu...» (Gai. 5,2.5). Sôlo asi podremos ver en el aima los frutos que Crlslo qulcre. tOs elegi para que * frucliflquéis (lo. 14 La pax, mundo ha perdido la paz. En la fiesta de Pentecostés de 1954, Su Santidad hablaba angustiado ante la radio, aterrorizado por los peligros que para la especie humana encierra la désintégration del âtomo. Una civilization que se dice discipula de Crisfo, cuya venida fué saludada con el cântico de “paz en la tierra” (Le. 2.14) y en cuya despedida resuenan las palabras de “mi paz os dejo, mi paz os doy” (lo. 14,27), se suicida en guerras civiles, so­ ciales e internacionales. Π. f.Por que? A. Sin embargo, Cristo no se limité a desear la paz, sino que nos la dié y nos la deié. Diénos, pues, los medios para vivir en ella. iPor qué no la disfrutamos? B. Un hecho simbélico. ~ a) · · * · · Los alemanes, rotas las defensas, cabalgaban râpidos sobre el acero y el fuepo ha cia Paris. En vtsperas de su ocupaciôn, la radio transmit fa un acto eniocionante. 1. El pueblo catôlico se habîa congregado en la ba­ silica national dedicada al Sagrado Corazôn en Montmartre. 2. De pronto el locutor interrumpiô el rezo de las letanias con el que la masa invocaba a los santos franceses repitiendo : «iRogad por la patria!» Su voz anunciô el nombre de los politicos franceses que, para levantar los ânimos, venian, quizâs algo tardiamente, a unirse a la oraciôn colectiva. Entraban reunidos los viejos apellidos de una larga tradition irreligiosa y laica de la tercera Repûblica. 3 Podia verse en elln—quizô poco piadosamente— todo un simbolo. L’na humanidad que se ha empefiado en rechazar la «paz de Cristo» y susti- LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO tuirla por «la paz dei mundo», de la mosoneria, del laicisnio, de la civilizacûSn inecânica, y que. cuando lo advierte, se encuentra en medio de 1« guerra mâs cruel. b) /.Va se habrâ alejado la humanidad de Dios y estard comprobando la verdad de la Escritura? ·Νο hay paz, dice Yavé, no hay paz para los impios» (Is. 57,21). tPretenden curar el mal de mi pueblo., y dicen: ;Paz, paz.', cuando no ha de haber paz» (1er. 6,14). c) La causa no puede ser olra que la perdida volunta­ ria y culpable de la 9-i^· C. Falta la paz. a) No hay paz international. En el Extremo Oriente continûa la guerra. 2. La Boisa, la prensa, los gabinetes politicos, las académies..., son otros tantos campos de guerra. Los pueblos vencidos estân oprimidos, pero no pacificados. Enemistad encubierta entre los mismos vencedores. b) No hay paz en cl interior de las nationes. Lucha de clases. Aparecen los pueblos divididos en dos grandes sectores. 1. I.' 2. N· j : El uno ticne ansia de adquirir sin reparar en los me­ dios ni en el derecho ajeno. El otro, tenacidad por retener, sin considerat el origen de sus riquezas, los deberes de justicia, lo Que réclama el bien comûn, lo que demanda la caridad· Lucha de partidos. El interis de paHidos superpuesto al bien social. 20 Cosa bien distinta de una noble discrepanda entre los ciudadanos en cuanto a los medios, pero inspirada siempre la contienda por un sincero deseo de buscar el bien comûn. i.° c) No hay paz familiar. La guerra ha precipitado la di~ solution de la familia. I. Separaciôn de padres e hijos, alejados de su pa­ tria y dispersos a veces en frentes apartados. Multiplicaciôn de los elementos de corrupciôn, especialmente en espectâculos, novelas, revistas, etc. Decadencia de la autoridad paterna. Relajaciôn de los lazos de la sangre. 5· Enfriamiento de la caridad entre amos y criados, que a veces Began a tratarse como adversarios. 6. Frecuente violaciôn de la fidelidad conyugal. Incumplimiento’ de los sagrados deberes para con los hijos. 8. Envenenamiento de las fuentes mismas de la vida, con desprecio de la ley de Dios y del bien social. d) No hay paz individual. Inquietud, acritud, fastidio, descontento en los corazones. La triste ceniza del tedio cubre la tierra. 2. Espiritu de insubordinaciôn contra toda autori­ dad religiosa, politica, familiar, eclesiâstica, la­ boral, etc. Espiritu de pereza. Falta de amor al trabajo has- îtu·? .âc» J 178 SEC. S. GU IONES HOMILETICOS LA VENIDA DEL ESPÎR1IU SANTO ta el limite del incumplimiento de deberes de estricta justicia. Pérdida del pudor, acentuada especialmente en algunas naciones, en la mujer. 5. Miseria e insegnridad social. III. Reitera du par Pio XII. A. No existe la paz1. B. Estân por ponerse las condiciones. a) •Ensena la historia que los tratados de paz eslipulados con espiritu y condiciones en contraste con los dictâmenes morales y con una genuina prudencia po­ litica, no consiguicron mâs de una vida breve y mezquina, poniendo asi en evidencia un error de câlculo, sin duda alguna humano, pero no por eso menas fu­ nesto» (cf. Pio XII, «Radiomensaje Je Navidàd de 1941» n.20 : Col. Enc., p.411). bl •Ahora bien, las ruinas de esta guerra son ya demasiado enormes para anadirles también las de una paz jrustrada y deccpcionantc ; y por eso, para evitar des­ gracia tan grande, convient que con voluntad sincera y cnérgica, con propôsito de generosa contribuciôn, cooperen a ello no sôlo este o aquel pueblo, sino todos los pueblos. Mâs aiin, la hurnanidad enterai, (ibid.). •Con viva y angustiosa ansia nos vemos obligados a contemplar manitiestas ante nuestros ojos las rui­ nas espirituales que se van acumulando a causa de un intenso diluvio de ideas que, nuis o menos intencionadas o veladamente, entenebrecen y déformait la verdad en los ànimos de tantos individuos y de tan­ tos pueblos, se Italien o no cnvucltos en la guerra. Por ello pensâmes que inmenso trabajo sera neccsario—cuando el mundo, cansado ya de guerras, traie de querer rcstablecer la paz—para abatir los muros ciclôpeos del reneor y del odio, que se han alzado tan grandes al calor de la htcha» (cf. Pio XII, «Radiomensaje de Navidad de 1939» 11.9 : Col. Enc., Ρ·3®7)· C. ¥ Pio XII escribe acerca del origen dei desorden: "Debilitada la fe en Dios y en Jesucristo y oscurecida en los animos la luz de los principios mo­ rales, se quito el apoyo al unico e insustituible fundamento de aquella estabilidad y tranquilidad, de aquel orden interno y externo, privado y ρύblico, unicos que pueden engendrar y salvaguardar la prosperidad de los Estados" (cf. Pio XII, “Summi Pontificatus” 16; Coi. Enc., p.360). 1 Viate el radiomvnsaje de Pio XII a! orbe catôlico en la Navidad de 1954 : Ecclesia 15 (1955) 704 179 IV. El mal agravado. Las palabras de Pio XI mantienen su actualidad. Las circunstancias son aùn mâs graves. Los conceptos de Pio XI, escritos hace treinta anos, son aplicables hoy hasta en las naciones mâs ricas, prosperas y poderosas. Baste para probarlo las siguientes ideas de la declaraciôn colectiva del episcopado de los Estados Unidos en el otoiio de 1952. i. Declaran los prelados norteamericanos que «las riquezas materiales han llegado a permitir un ni­ vei de vida y un grado de bienestar como nunca los habian disfrutado tantos hogares en naciôu alguna, y con ello hemos visto el advenimiento de una posiciôn de eminencia en el mundo hasta ahora jamâs alcanzada por medios pacificos». 2. Pero anaden que en los Estados Unidos tampoco existe la paz. Tampoco hay tranquilidad ni orden, porque, oen lugar de existir un gran sentido de seguridad y optimismo nacional, el animo dei pais parece mâs bien cargado por una inquietud abrumadora y una profunda inseguridad». b) Si esto se afirma dei pais, al pareccr, mâs prôspcro y feliz, seguro y astable en la tierra, ;.qué no se podrà decir del resto de las naciones? a) V. Origen de la inquietud y del desorden. I Λ. Volva mos a Pio XI. B. Pio XI termina la primera parte de su enciclica di ciendo que todos los males proceden del interior. a) b) I' La causa de que no haya paz en cl pais es que no hay paz en los corazones. Los corazones no tienen paz porque no existe en ellos la paz de Cristo. 16 Naturaleza de la paz I. Definition de la paz. A. La paz es "tranquillitas ordinis” (cf. De civ. Dei” XIX 13: PL 41,640). "Es un orden sosegado o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el buen orden” (cf. Fr λY Luis de Leôn, "De los nombres de Cristo”: BAC, "Obras completas” p.585). ? 180 U VENTDA BEL ESPIRITU SANTO Π. Elementos de la paz, Dos son, pues, los elementos de la paz: la tranquilidad y el orden. a) Orden es la conveniente disposition de las cosas con relation a algiin principio, por el cual unas gozan de prioridad con respecto a las otras y cada una ocupa el puesto que le corresponde. «Ordo est parium disparlumque rerum sua cuique loca tribuens dispositio» (cf. San Agustin, ibid.). b) Tranquilidad. La tranquilidad nace de la quietud y sosiego de las cosas que no pugtian por salirse del lugar en que se encuentran, ni lo descan. B. El que esta unido con Dios—dice Santo Tomâs— vive en orden perfecto. Puesto que ordena lodas sus potentias, sentidos y facultades a su primer principio y Ultimo fin. Y esta uniôn le produce el descanso interior: aScdatio a fluctuatione desiderii». b) Y, segundo, no es perturbado ni -molestado por ningun enemigo exterior, porque todo lo que no es Dios lo reputa por nada. aSi Dios està con nosotros, ^quién contra nosotros?» (Rom. 8,31). a) IV. Como adqmrir la paz. Puede darse orden sin tranquilidad y tranquili­ dad sin orden, y en ninguno de los dos supuestos hav paz verdadera, aunque externaniente lo parezca. El hombre que esta en paz con Dios, esta en paz consigo mismo y en paz con los demâs. El fundamento, pues, de la verdadera pa està en vivir en paz con Dios Nuestro Senor (cf. supra. Santa Teresa, p.84, D). b) Como la paz es fruto del Espiritu Santo, el funda­ mento de la paz està en la vida de la gracia y de la caridad (cf. Fray Luis de Leôn, o.c., p.588). a) Orden sin tranquilidad. 1. Se da muchas veces en las relaciones sociales. 2. El orden de una sociedad es tanto mâs profundo v verdadero cuanto mâs se acerca a la definiciôn dada de la paz. 3. Y asi en una sociedad puede haber orden pùblico sin orden juridico. Y orden juridico sin orden moral. Λ corazôn dei impio. Por esto el impio, que no goza de la gracia de Dios, no puede disfrutar de paz. b) Jsaias describe elocuentcmente cl corazôn dei impio. «Pero los malvados son un mar proceloso, que no puede aquietarse y cuyas olas arrojan cieno y lodoœ. t r · 2. «No hay paz, dice Yavé, para los impios» (Is. 57, 20-21). R) i.’ Orden pùWco. Supont simplement c la. a use neta de colisiôn material externa. 2? Orden juridico. Exige el fiel cumplimiento· del dere­ cho positivo. 3.· Orden moral. Aüade un elemento nuevo. Exige el sometimiento dei orden juridico positivo a los postulados nrcesarios del recto derecho natural. b) Tranquilidad sin orden. 1. «Una desorden sosegada... parece haber en aqueUos en quien la grandeza de la maldad, confirmada con la larga costumbte, amortiguando el sen­ tido del bien, hace asiento» (cf. Fray Luis be Leôn, o.c., p.588). 2. «El reposo eu la desorden y mal no es sosiego de paz, sino confirmaciôn de guerra ; y es, como en las enfermedades confirmadas del cuerpo, pelea y contienda y agonia incurable» (ibid.). La paz dei justo. El mismo profeta describe elocuentemente la paz dei justo. «Regotijate, Jerusalén. Vosotros, los que la amàis, sea ella vuestra gloria. Llenaos con ella de alegria los que con ella hicisteis duelo». b) «Para inaniar hasta saciaros la loche de sus con­ solationes, para mamar en delicia a las pochas de su gloria». c) «Porque asi dice Yavé: Vov a derramar sobre ella la paz como rio, y la gloria de las nationes como torrentes desbordados. Y sus niîios serân llevados a la cadcra y acariciados sobre las rodillas» (Is. 66, 10-12). a) III. La paz, fruto del Espiritu Santo. verdadera paz es fruto del Espiritu Santo (cf. supra, San Juan Crisôstomo, p.30, a). a) De El procede como de simiente 0 raiz. En el proceso de los fruios, primero τα la caridad; consecuencia de la caridad es el gozo; y de ambqs procede la paz. b) «Sequela caritatis est gaudium; perfectio autem gau­ dii est pax» (cf. 1-2 q.70 a.3 c). 181 SEC. 8. GUTONES HOMTLETICOS V. Cristo, autor de la paz. A. La paz. procede de la gracia. B. Cristo, autor de la gracia, es autor de la paz. • 9 · - * * · *** ■· a) ’ «La gracia 'y ' la verdad vlnieron por Jesucristo (lo. 1,17). · - ’ ·’ *.--r:x· r. 182 LÀ VENUM DEL ESPÎRITU SANTO b) tCristo es nuestra paz» (Eph. 2,14k c) »La paz de Cristo reine en vuestros corazoncs» (Col. 3,15). d) *La paz os dejo, mi Paz os doy» (lo. 14,27), 17 La paz, efecto de la caridad I. Paz, justicia, caridad. A. La paz no es efecto de la justicia. La paz es efecto de la caridad. B. Se dice: “Opus iustitiae, pax”. Y es el lema pon­ tificio de Pio ΧΠ. tornado de Isaias: “Et opus iustitiae, pax” (37,17). C. Pero la paz es propia y especificamente fruto de la caridad. II. Doctrina de Santo Tomds. A. La paz es efecto propio de la caridad, en cuanto que el amor y caridad se extienden a Dios y al prôjimo (cf. 2-2 q.29 a.3 c). B. La paz supone una doble union. a) La uniôn dentro de cada hombre de sus propios apetitos. b) La union de los apetitos propios con los apetitos de los demâs. C. Ambos efectos son propios del mandamiento de la caridad en sus dos partes. a) El que ama a Dios sobre todas las cosas, todo lo refierc a Dios (cf. supra, Santa Teresa, 86). Porque •le ama con todo su corazôn, con toda su aima, con todas sus fuerzas, con toda su mente» (Le. 10,27). 1. Queda, pues, unido con Dios. Lo demâs 110 le importa nada sino en cuanto se refiere o con­ duce a Dios. 2. Practica la fôrinuîa dei «Quidquid Deus non est, nihil est». Todo lo que no es Dios, es nada. Exclama con los santos : «Deus meus et om­ nia». Mi Dios y todas las cosas. b· Y" el segundo precepto de la caridad le une pcrfectamente con cl prôjimo, porque le ama como a si mismo. Procura complacerle en todas las cosas. No busca lo que es suyo, sino lo de los demâs 'Phil. 2, 4). «Sc hace todo a todos para ganarlos a todos» ii Cor. 9,23). * _ ·-· ■ SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 183 D. La paz exterior e interior no existe donde no hay caridad. III. Paz, justicia y concordia. A. Paz y justicia. o) Se dice que la paz es obra de la justicia en cuanto que Ia justicia remueve los obstâculos de aquélla. Sin justicia no puede darse la paz. b) La paz es, pues, indire-ctamente obra dc la justitia. Mas directa 3' propiamente es efecto de la caridad. I f B. Paz y concordia. /ui concordia dice respecto o relaciôn a un terccro. 1» Hay concordia cuando las diversas voluntades o los dif creates corazones convienen en uno. Esta coin­ cidentia. crea una uniôn exterior, a la que llamamos concordia. c) Puede darse esta unidad exterior con lucha externa. 1. Ya sea de los apetitos de cada uuo contra sti razôn, porque han dado el asentimiento por alguna cosa exterior y no por convicciôn y amor interior. 2. Ya de las voluntades concordantes entre si, en cuanto que la concordia es externa y juridica, pero no sincera, real y efectiva. d) Puede haber, puas, concordia sin paz. Pero entre los hombres ve rdad crament e pacificos hay concordia. a) IV. La paz dei mundo. Lo que llamamos paz dei mundo es muchas veces concordia externa y guerra interna. Es pérfida y disimulada guerra, aunque vestida con frases amables de caridad y de paz. B. iCuântas veces los apretones de manos y los abrazos corporales son formas de disimular u ocultar el odio de los corazones! a) b) Cuando sc finge por lo que se terne o por lo que se espéra, tal concordia no es perfecta y puede llegai a ser taimada y vil. Cuando el hombre vive en concordia con otro, no por voluntad espontânea, sino cohibido por el le­ nior de algûn mal inminente, tal concordia no es verdadcra paz, porque no se guarda el orden de dos voluntades concordantes. Puesto que una de las voluntades estâ perturbada por la influentia del temor (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.29 a.r a.ij. Paz y disensiôn. aï Cabe verdadcra paz con disensiôn en Ia opinion. Cabe concordia de voluntades con discrepandas en el orden intelectual. II SEC. 8. GUIONES HOMÏLETICOS LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO 'I b) El hombre vcrdaderamcntc pacifico tlendc a unlrse incluso intelectualmente con los demds. Practica en lo posiblc el ta lia naos a los humildest de San Pa­ blo (Rom. i2,io). c) Doctrina de Santo Tomâs. 1. «Nada prohibe que hombres que estén unidos por la caridad disieutan en ia> opiniones» (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.29 a.3 ad 2). «Porque las opiniones pertenecen al entendimiento, el cual precede el apetito, que es el que se une por la poz. Basra, ya se entiende, que haya concor­ dia en los bienes principales, aunque haya disensiôn en algunos bienes pequeûos» (ibid.). 2. En este sentido debe entenderse también la definiciôn clâsica de la amistad que da Cicerôn : «Est enim amicitia nihil aliud, nisi omnium divinarum humanarumque rerum cum benevo­ lentia et caritate consensio». «La amistad no es otra cosa que el consentimiento en todas las cosas divinas y humanas acompaûado de benevo'encia y amor» (cf. «De amicitia» 20 [ed. Les Belles Lettres] p.19). La paz perfecta. A. Si bien la disensiôn, como queda dicho (cf. IV, C), no va contra la paz que puede darse en este mun­ do, si va contra ia paz perfecta, que no puede ha­ be r en esta vida. B. La perfecciôn de la paz supone la coincidencia plena en el pleno conocimiento de la verdad. Mas ésta es la paz de la gloria. “Donde todos los apetitos por la perfecta fruiciôn del sumo Bien se unen aquietados en uno”. La paz que Cristo déjà a los apôstoles es una lncoaciôn de la paz perfecta, mas no es la paz perfecta. b) El reino de Cristo en este mundo no es mâs que un principio del verdadero reino de Cristo, que no puede darse en este mundo. c) El reino de Cristo se dard en la gloria, donde todos los escogidos gozarân por toda la eternidad de plenisima, completa y segurisima tranquilidad y descanso. En ella vivirân en paz verdadera y perfecta. 18 El origen de la discordia I, Paz y concordia. A. Son incompatibles la paz interior y la discordia exterior. Como la concordia es una relaciôn entre dos agen­ tes, puede quedar rota por causa de uno y sin culpa del otro. b) El hombre pacifico puede no estar en paz con el que no lo es. Si hay hombres que estân en guerra con Dios, cômo no los ha de haber que vîvan en guerra con sus hermanos buenos y pacificos? a) B. Es compatible la concordia externa y la falta de paz interior. C. Pero la discordia no es compatible en quien causa con la paz interior. a) El causante de la discordia no vive en paz. b) La discordia de voluntades supone siempre la guerra interior, al menos en uno de los discordantes. IL La lucha interior. Nace esta lucha de la falta de unidad interior. a) El corazôn del hombre se halla entonces influido por fuerzas contrarias y como desgarrado por ellas. b) El apetito sensitivo lucha contra el apetito racional. c) Los apetitos sensitivos luchan entre si. B La carne lucha contra el espiritu. Cuando el aima se adhiere a la palabra de Dios y comienza a vivirla, se créa en ella cl espiritu. 1. La lucha puede ser entonces mâs viva y sensi­ ble en el hombre espiritual, porque no sôlo pueden luchar los apetitos entre si y 'os apeti­ tos contra la razôn, sino también la razôn o el alma carnal, en el sentido paulino, contra el aima racional (espiritual). 2. Es decir, el aima que pone su fin en los bienes temporales, contra el espiritu, que aspira a la posesiôn de los bienes eternos. b) Esta lucha entre el hombre carnal y cl hombre es­ piritual fué vivamente sentida y elocucntemente descrita por San Pablo (Rom. 7,14-24). a) ΠΙ. Consecuencias sociales. A. Las discordias y guerras sociales son fruto del triunfo del hombre carnal sobre el hombre espit! y/ - > --vr > L\ VENIDA DEL ESPIRITU SANTO ritual. Entre hombres carnales nunca habrâ verdadera paz. a) Santiago describe los frutos de la carne. t^Dc donde entre vosotros tantas guerras y contiendasf jNo es de las pasiones, que luchan en vuestros miem­ bros f> (lac. 4,1). b) V San Pablo escribe a los Gdlatas: tLas obras de la carne son manifiestas, a saber: odios, discordias, envidias, rencillas, disensiones, divisiones, envi*dias (Gal. 5,19-21). ■r B. Importancia de eeta doctrina para la paz social. e) Los papas har. seüalado que el origen de la inseguridad y de las guerras modernas procede del interior del hombre. b) Por eso, tanto para hallar la paz international como la paz social, es preciso poner un fundamento espi­ ritual interno. 1. No bostan tratodos para conseguir la paz in­ ternational. 2. No se lograrâ la paz interior de las naciones ni la paz social sôlo con fôrmulas juridicas o con institutiones Necesario es crear en los hombres la buene voluntad. c) Solo, como dice el papa Leon XIII, con una efusiôn de caridad se podrd conseguir acercar cl inundo a la paz. IV. Misiôn de la Iglesia. De aqui la altisima e insustituible misiôn de la Iglesia en la resoluciôn de la cuestion social. Véase a la luz de la doctrina expuesta en este guiôn cuân sabios, profundos y oportunisimos son los parrafos finales de la “Rerum novarum”: a) tLa Iglesia, por lo que a ella toca, en ningtin ticmpo y en ninguna manera consentirà que se eche de menos su action, y serà la ayuda que preste tanto mayor cuanto mayor sca la libertad de acciôn que sc le deje, y esta enticndanlo particularmente aquellos cuyo deber es mirar por el bien publico·. bl cApliquen todas las fuerzas de su ànimo y toda su industria los sagradas ministros, y, prccediéndolos vosotros, vénérables hermanos, con la autoridad y con el efempio, no cescn de inculcar a los hombres de todas las clases las enseûanzas de vida tomadas del Evangelic; con cuantos medios puedan. trabafen en bien de los pueblos, y cspccialmcntc procurai conscrear en si y excitar en los otros, lo mismo en los de las clases nias allas que en los de las mâs bajas, la caridad. seiiora v reina de todas las vir­ tu des·. SEC. 8. GUIONES HOM1LETICOS c) 187 tPorquc la salud que se desea principalmcnte sc ha de asperar de una grande efusiôn de caridad, es decir, la caridad crlstiana, en que sc cotppendia la ley de todo el Evangelio, y que, dispues\a siempre a sacrificarsc a si propia por cl bien de los demâs, es para el hombre, contra la ajrogancia del siglo y el dçsmedidû amor de si, antidoto ccrtîsimo, virtud cuyos oficios y divinos caractères describiô el apôs­ tol San Pablo con estas palabras: tLa caridad es pacientc, es benigna; no busca sus provechos; todo lo sobrelleva, todo lo soporta (i Cor. 13,4-7)» (cf. • Rerum novarum» n.45 : Col. F.nc., p.580). 19 La falsa paz del mundo I. Una description de Santa Teresa. A. Encierra tesoros de finura psicolôgica, de sabiduria ascética y de valor prâctico el capitulo 2 de las “Meditaciones sobre los Cantares” de Santa Teresa (cf. BAC, ‘Obras completas de Santa Te­ resa” t.2 p.592 ss.). B No hacemos mâs que resumir el pensamiento de la Santa, remitiendo al lector a la secciôn de tex­ tos, donde encontrarâ ampliados los que aqui extractamos (cf. supra, Santa Teresa, p.80 ss.). II. Nueve clases de falsa paz. A. Quietud en los pecados, sosiego en los vicios. «Scùal de que el demonio y cl pecador estân muy .* amigos b) EL ESPÎR1IU SANTO SERIE IV: DE ACTUALIDAD SOCIAL 20 Ascêtica y mistica I. Una sola via. A. Existe una sola via espiritual, la cual en todo su recorrido puede decirse que es ascêtica y misti­ ca; pero prédomina en ella la ascêtica o la mis­ tica, segûn que prédominé en la aetividad espiri­ tual el influjo de los dones o de las virtudes. B. Se caracterizan estos dos periodos de la vida es­ piritual de la siguiente manera: a) En el ascético prédominait las virtudes; en el mistico, tes doues. b) En el ascético, la oraciôn es discursiva; en cl misti­ co, contemplativa y unitiva. ci En cl ascético, la acciôn prâctica esta dirigida principalmcntc por la prudentia; en el mistico, la action prâctica esta influida por el don de consejo. (1) En el ascético prcvaleceu los contentos espirituales; en el mistico, los gustos o gozos espirituales. C. Ambos estados se dan en el curso de toda la vida. a) El aima en estado de gracia goza de las virtudes teologalcs y morales infusas y de los dones. b) Los santos, aun los mâs encitmbrados, viven vida ascética y mistica. Xo siempre estdn dirigidos por cl Espiritu Santo, sino también por su propia razôn y por sus habitos virtuosos. c) Sôlo hay una exception entre las puras criaturas hu­ manas: Maria Santisima. Afirma esta exccpciôn y la explica San Juan de la Cruz. 1. «Taies eran las (obras y ruegos) de la gloriosa Madré de Dios». 2. «La cual, estando desde el principio levantada a este alto estado, nunca tuvo en sa aima impresa forma de alguna criatura que la divirtiese de Dios, ni por ella se moviô, porque siempre su mociôn fuê del Espiritu Santo» (cf. «Subida» 3, 3,10 : BAC, «Obras completas» ρ.7«5). SEC. S. GÜIONES HOM1LÉTICOS 191 II. Valor de esta doctrina. A. Esta doctrina tiene un gran valor prâctico en los tiempos modernos. a) Evidentententc hay un gran espiritu apostôlico en la Iglesia contemporânea. b) Pero no es menas claro que muchos, y no solamentc seglar.es, incurrcn en la herejia prâctica de la acci&n no informada por la contemplaciôn. c) Se ^rescinde prâcticamcntc del Espiritu Santo. B. Esta doctrina: a) Contribuirà a aumentar la dévotion al Espiritu Santo en los hombres de acciôn. Estos deben conslderar la acciôn del Espiritu como un auxilio indispensable, como un motor necesario para el fruto de sus actividades. b) Prevendrà contra el activismo, que, en substancia. consiste en prescindir del Espiritu Santo en la vida apostôlica, en no vivir vida interior en conipaüîa del «dulcis hospes animae», del «dulce huésped del alma». e) Enseûarà a los hombres de acciôn a ser también hombres de oraciôn. La oraciôn debe précéder a la acciôn. El trato con el maestro, abogado, consolador interior, antes que la actividad exterior. d) Y lo mas elemental: notarà con claridad cômo la vida activa y contemplativa estân ligadas. 1. La acciôn debe ser el fruto de la conteniplaciôn «non per modum substructionis, sed per modum aditionis». 2. Todo hombre de acciôn debera hacer suyas las palabras de Santo Domingo : «Contemplata aliis tradere per praedicationem». 3. Y no sôlo por la predicaciôn, sino también por la acciôn y por la organizaciôn (cf. «Suni. Theol.» 2-2 q.182 a.3 y 4). III. Los mistïcos en la vida moderna. A. A la luz de estas ideas se ve cuân cierta es la frase atribuida a Donoso de que son tan complé­ tas y dificiles las cuestiones politicas y sociales modernas, que las soluciones fundamentales de las mismâs sôlo pueden esperarse de los misticos. B. ;Cuân cierta es la exclamaciôn de este gran orador de que el mundo moderno ha cometido el pe­ cado de orar poco! «Si pudiéramos penetrar en los secretos de Dios y de la Historia, tengo para mi que nos habiamos de asombrar al ver los prodigiosos cfcctos de la ora­ ciôn aun en las cosas humanas». b) «Para que la socicdad humana esté en reposa, es necesario cierta equilibria... entre las orationes y las a) - SEC. 8. GU IONES HO.MILF.TICOS 193 LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO acciones, entre la vida contemplativa y la activa». c) tLa clave de los grandes trastornos que padeccnios estâ quiza en el rompimiento de este equillbrio. Mi conviction en este punto es tan firme, que creo que, si hubiera una sola hora de un solo dia en que la tierra no enviara al cielo oraciôn ninguna. ese dia y esa hora serian el ultimo dia y la ultima hora dei Universo» (cf. Donoso Cortés, «Carta a Blanche-Raffin» : BAC, «Obras complétas» t.a p.227). C. Una sentencia de San Gregorio. Terminemos esta materia con la sentencia lapida­ ria de San Gregorio Magno, que el aplica a los obispos y que se debe aplicar a todos los hombres de acciôn que aspban a ser directores y jefes o, por lo menas, a formar parte de minorias selectas: b) tSea cl obispo el primero en la acciôn y el mâs alto en la contemplation». El aspecto mistico de los Ejercicios de San Ignacio I. Mociones espirituales. A. No siempre se pondera lo bastante el papel importantisimo que la mistica desempena en los ejercicios de San Ignacio de Loyola. unos ejercicios bien hechos deben actuar: E) eierci tante. E1 director. El bu en espiritu. El mal espiritu. b) La presencia de los dos ûltimos debe darse necesariamente en el ejcrcitante, segûn la mente del San­ to. tLa sexta: el que da los exercicios, quando slente que al que se exercita no le vienen algunas mociones spirituales en su ônirno, assi como conso­ lationes o dessolaciones. ni es agitado de varios spiritus; mucho le debe interrogar acerca de los exercicios, si los hace a sus tiempos destinados y cômo; asimismo de las additiones, si con diligenda las hace, pidiendo particularmentc de cada cosa déstas» (cf. «Ejercicios espirituales» [6], Anotaciôn 6.a : BAC, «Obras complétas» p.155). a) En 1. 2. 3· B. De las mociones espirituales se habla por lo menos en unos treinta nûmeros dei libro de los “Eiercicios”. Pero no todas son del buen espiritu. Y de las del buen espiritu no todas son misticas, Π. Operationes mistical. A. Parece claro que de esta naturaleza mistica par­ ticipai! algunas de las mociones que el Santo des­ cribe en la tercera de las réglas para conocer es­ piritus. a) Por ejcmplo, la consolation espiritual: a.Mociôn inte­ rior·» que ase causa en el ônima», de forma que ésta vienc »a inflamarse en amor de su Criador y Sciïor, y consequenter quando ninguna cosa criada sobre la haz de la tierra puede amar en si, sino en el Criador de todas ellas» (o.c. [316] «3.» Régla para conocer espiritus» p.227). b) De tal naturaleza parece que es también: «Toda leticia interna que llama y atrac a las cosas celestialcs y a la propia salud de su ônima, quietôndola y pacificôndola en su Criador y Seiior» (ibid., p.228). Gozo que se icorrespondc con lo que Santa Teresa llama gusto espiritual. B. Por el contrario, en esa misma tercera régla hay otros estados que parecen obra no directa del Es­ piritu Santo en el aima, sino fruto de nuestro trabajo o esfuerzo, como son los movimientos de dolor por la consideraciôn de los propios pecados 0 de la pasiôn y muerte de Cristo nuestro Senor. I Î’.l· ΠΙ. Réglas de election. Esta doctrina tiene importantia exceptional para comprender bien las sapïentisimas réglas de election de San Ignacio. A. “De los très tiempos para hacer sana y buena elecciôn”, el primero parece ciertamente mistico. a) «i.° tiempo: El primer tiempo es quando Dios nues­ tro Senor asi mueve y atrae la voluntad que, sin dubitar ni poder dubitar, la tal ônima devota signe a lo que es mostrado; assi como San Pablo y San Matheo lo hicieron en seguir a Cristo nuestro Senor» (o.c. [175] p.194). b) Es mociôn muy extraordinaria. No tiene aplicaciôn muy frecucntc en los casos ordinarios. B. El segundo tiempo. Es importantisimo conocer bien la naturaleza del se­ gundo tiempo ignaciano, que es también mistico y no ascético. b) El texto dice asi: a2.° licmPo : El segundo: quando se toma asaz claridad y cognoscimicnto por experien­ da de consolationes y dessolaciones, y por expe­ rienda de discreciôn de varios espiritus» (o.c. [176] ibid.). c) La iasaz daridad y cognoscimicnto» se producen en el alma na coma consecuencia del ejercicio (Te nuestra a) Ci Palabra de C. 5 fJITi LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO razôn. sino experimentalmente, tpor consolationes y dessolaciones», por ^experientia de discredôn de va­ rios espiritus». d) S’uestras potentias estân en este caso en una actitud predominantemente pasiva. 1 C. El tercer tiempo ignaciano es de évidente carâcter ascético. a) «j.° tiempo..., tiempo tranquilo quando el dnima no es agitada de varios spiritus y usa de sus potencies naturales libera y tranqullamente» (o.c. [177] ibid.). b) En el terccr tiempo son las potentias naturates las que dan a conocer la voluntad de Dios. En cambio, en el segundo tiempo es la acciôn directa del Espiri­ tu Santo la que nos manifesta los designios divinos. c) Y puede ocurrir que las inspirationes del segundo tiempo vayan en contra de lo que dicen nuestras potentias naturales. El don de conscjo no sôlo estâ sobre la prudencia, sino que a veces es contrario a la prudencia humana. c IV. Paralelismo con Santa Teresa. A. Hay un texto de Santa Teresa que arroja mucha luz sobre el pensamiento de San Ignacio. a) Dice la Santa en las ^Meditationes sobre los Can­ tares·»: 1. «Ansi que aqui—como he dicho—obra el amor y la fe y no se quiere aprovechar el aima de lo que la enseüa el entendimiento». 2. «Porque esta uniôn que entre el Esposo y Esposa hay, la ha ensefiado otras cosas que él no alcanza y trâele [al entendimiento] debajo de los piea» (cf. «Meditaciones sobre Ios Cantares» 3,3 : BAC, «Obras completas de Santa Teresa» t.a p.604). Santa condena enérgicamente a los consejeros b) idiscrctos», que se oponen con su prudencia humana a eslos mavimientos divinos porque les parecen tdisparates». c) V contenta gratiosam ente : tCuôn mayor disparate es acabârscnos este sueüo de esta vida con tanto scso» (ibid., p.607). B. Santa Teresa cita dos casos: a) El de San Paulino de Nola, que, siendo obispo y anciano, déjà su diôcesls para irse ta tierra de moros» y trocarse por el hijo de una viuda que estaba en mazmorras. El de un donado de San Francisco, Alonso de Cordobilla, que quiso realizar idéntica hazafïa y que encontrô una enorme oposiciôn entre los tdlscretosi, que lo juzgaron temeraria aventura. Sôlo San Pedro J k SEC, 8. C (HONES fiOMlLETlCOS 1&5 de Alcàntara y Santa Teresa de Jesûs descubrieron la presencia del buen espiritu que tnovia a aquél santo hombre (cf. o.c., p.605-606). 7. Importanda. prâctica de esta doctrina. A. Lo dicho demuestra la importancia prâctica de esta doctrina. La tiene, en primer lugar, para los directores de es­ piritu. Deben ser inuv cautos en materia de vocacioües divinas. Deben estât muy atentos a las mociones del btfen espiritu en las aimas. 2. Puede ser temerario un consejo que se base sôlo en la propia experiencia, ciencia o razôn.. b) La tiene también para el ejercitante. Debe saber que existen estas mociones divinas. Que son mâs frecuentes de lo que él piensa. 2. Y, si las siente, ha de ser generosisimo con Dios nuestro Seôor. Ha de procurer que obre en él el amor y la fe y dejarse muchas veces.de razones humanas. 3· Debe—segùn el consejo dé Santa Teresa—po- . nerse en guardia cuanto a consideraciones de su propia flaqueza y de sus muchos pecados : «No es ahora tiempo de pensar vuestros pecados ; dejadlos aparté, que no es con sazôn esa humildad, es a mala coyuntura» (ibid.). a) 1 Dios quiere la determinaciôn de la voluntad. G ran cosa es en ese momento determinarse a cosas heroicas por Dios nuestro Seûor. b) Siempre, desde luego, con consejo de confcsor cxperimentado y verdaderamente espiritual y confiando en la misericordia infinita de Dios. il) Finalmente, hay que inculcar mucho a los seglares piadosos y de oraciôn, de los que hay tantos en nuestros dias, que este segundo tiempo puede series utilisimo en la resoluciôn de grandes né­ gocies de la gloria de Dios. Las mociones espirituales mis tica s no estân rcscrvadas a los sacerdotes y religiosos. Y cuando Dios nuestro Seûor llama a un aima al apostolado, hay que espêrar que le tiene preparadas gracias extra­ ordinarias, si le .es fiel en tal estado. b) En nuestros dias hay muchos seglares y casados metidos en los negocios de la vida dei mundo que conservati recta y para su iiitenciôn de servir a Dios y que, precisamente por ser fieles a la vocaciôn divina, se cncuentran en el trdfago de los négocias sociales o politicos. Tales almas, movidas por el Espiritu Santo en la aj f ■ LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO oraci&n, pueden dar a Dios una gloria extraordinaria. d) i Quien sabe si a ellas esld rcservado el primer papel en la nueva organization social y politica de las naciones, fruto del espiritu del Evangelio en los tiempos nuevosl Ideal y espiritu I. Un triste fenômeno. Una queja frecuente. a) Λ7 oye con frecuencia decir a educadores v direc­ tores de espiritu que nccesitamos hombres de idéa­ les; que la moderna juventud no los siente. b) Que, al menas, no los siente en tanto grado camo los generationes anteriores. e) Que tal juventud es mas trabajadora, mds seria, mas culta, mds honesta, mds piadosa tal vcz; pero que es mds realista. d) Se dice que cl joven piensa en su propia vida, en su propio bienestar, en su propia felicidad. Y como la vida es dificil y es cara, el j'oven selecto piensa ya desde la universidad en ganar dinero. B. ^Cuâl es la causa? Posible es que sea cierto lo que se dice. Mas 4por qué? iCuâl es la causa de que no haya hombres de idéales? ,:Es que no hay quien los despicrtc? 4N0 hay quien los avive y estimule? ; No hay quien muestre de qué modo sc les sirvc ? cNo hay quien vaya al en­ te sacrificândose por un ideal? b) Posible es que exista algo de todo ello. c) Mas nos preguntamos: ±no serà que lo que falta son hombres de verdadcro espiritu? 1. La concepciôn perfecta de un ideal supone la existencia de espiritu. 2. Nos atreveriamos a decir que un ideal sin es­ piritu puede llegar a ser un estimulo contraproducente y danoso. q) pregunta nos ha llevado a una segunda cuestiôn. iQué es un hombre de ideal? Y iqué es un hombre de espiritu? II. Hombres de idéales. A. Es el hombre que se enamora de una idea grande y realizable y consagra generosamente su vida a realizarla. 197 SEL'. 8. GUIONES HOM1LETICOS a) La grandeza de la patria, la redenciôn del pueblo trabajador, cl triunfo de la justicia social, son otros tantos idéales dignos de un aima joven y grande. b) Don Quijotc, amparador de desvalidos y restaurador de la caballeria andante, fué un nobilisimo tipo de hombres de ideal. % £ Es fuente de energia el ideal? Puede serlo. Pero ^por qué y como? a) En un principio, el ideal no existe fuera de nos­ otros. El ideal lo crcanios nosotros mismos. Lo conccbimos, lo acariciamos, le damos exist en cia en nuestra mente. Prociuamos acercar la realidad al ideal conccbido, .procuramos moldcar la vida segûn nuestro ideal. b) Una idea grande vigorosamente concebida, y nias si por su naturaleza es capaz de despertar amor, es, sin duda, fuente de energia. Tal es, por ejemplo, cl ideal de la patria. c) Los grandes idéales tienen un fundamento en las cosas, pero su vida como ideal es producto de nues­ tro entendimiento. Coloreada la idea por nuestra imagination, vigorizada por la razôn, abrazada y querida por nuestra voluntad. d) Y tanta mâs eficacia tendrà cuanto nuestra intenciôn sea mâs pura. C. Ideal y espiritu. a) El hombre de ideal cultiva y eleva su propio espi­ ritu. por el estudio de la realidad présenté y la conception de la posible y mâs perfecta realidad futura; mas no recibe la influentia vital de otro espiritu. 1. Peligroso puede ser por ello el ideal concebido, porque es hijo nuestro y, asi como nace de nosotros, puede, en ùltima instancia, terminar en nosotros. Puede ser una forma de egoismo. 2. Y si no llega a tanto, puede estar enturbiado por el desorden del amor propio, i Qué deformaciones monstruosas no hemos contemplado en nuestros dias ! 3. Idéales de raza, de patria, de clase, servidos por hombres de aima noble, sin duda, pero desordenada, limitada, apasionada, ofuscada hasta el confin de la locura, ban fomentado en el mun­ do los odios entre las naciones y el espiritu de guerra. b) El ideal humano, por alto que sea, solo, abandonado a si mismo, no es de suyo ordenador. No es, pues, siempre pacificador. El hombre de espiritu. A. El hombre de espiritu lo es no por el cultivo de su propia aima, sino porque a través de la pun- • ♦ *< â LA VEN I DA DEL ESPIRITU SANTO ficaciôn ascética de la misma se ha puesto, guiado por la fe, en comunicaciôn con el Espiritu di­ vino, de cuya vida y amor participa. B. Nueva energia, nueva luz. a) En el hombte espiritual hay nueva Itiz, nueva ener­ gia, nueva fortaleza, nueva caridad y amor universai. b) El hombre de espiritu es, en una palabra, un hom*. bre nuevo, inueva criatura Un principio ordenador. a) El hombre (.spiritual juzga de todas las cosas por principias altisimos. Por su origen y por su térndno en Dios. b) Las rejicre todas a Dios. Les da cl valor que le corresponde en Dios. c) Las ordena segûn un principio, que es Dios. d) Las pacifica en Dios. Ordena los idéales. a| El hombre espiritual sabe que no hay mâs que un verdadero ideal, perfecto, absoluto, total: Dios. b) Da a los idéales humanos el valor relativo que tienen. Y los calibra y ordena en relaciôn a Dios. Ninguno de estos idéales tienc para él valor ab­ soluto. Ni familia, ni patria, ni humanidad, ni ciencia, ni orte, ni progreso, ni técnico, ni fi’antropia, ni amistad. 2. Todo vale en tanto en cuanto conduce a Dios. 3· Todo es maléfico en la misma medida en que separa de Dios. No mueren los idéales. a) Los idéales particulares no mueren en el varôn espiritual. Se dignifican y ordenan. Tu patria para Dios, mas también la patria vecina, a la que pertenece tu hermano. 2. Tu familia para Dios, mas también la otra fami­ lia, y la otra,''y la otra... La ciencia para Dios, el arte para Dios, el pro­ greso para Dios. b) Todo lo debes amar en Dios. De todo debes abomi­ nar en tanto en cuanto te aparté de Dios. tDios estâ sobre todos, por todos y en *todos (Eph. 4,6). consigna de la hora. iLa consigna de la hora? No, la consigna de to­ das las horas, de todos los tiempos. Hombres de espiritu, lo primero. a) Hombres de vida interior, hombres que reclban ener­ gia sobrenatural y espiritual del motor divino. Ηοηι- SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 199 bres que vivan los dones del Espiritu Santo. Aimas misticas, en una palabra. b) Y venga después a estas almas bien dotadas de entendimiento y de voluntad el complemento humano necesario. 1. La educaciôn patriôtica, el conociiniento de la Historia, la sôlida forniaciôn cientifica, la cultura moderna, la destreza en el manejo de la técnica, la educaciôn social, el sentido econômico, los recursos de la psicologia para la formaciôn del carâcter, etc. ; a cada una segûn su propia vocaciôn y profesiôn. 2. Todo esto es la aüadidura, y una aüadidura necesaria para influir en pueblos y naciones. i t - * I Pero lo primero es el triunfo del reino de Dios y de su justicia en el hombre interior. a) Tales hombres son los llamados a pacificar y sosegar ί el mundo. b) Ellos tienen una altisima misiôn que llenar en la noche oscura de la vida publica de la moderna civilizaciôn. c) Mas no deben lanzarse a la empresa sin conseguir primero el sosiego interior y la auténtica altura mistica cristiana. I' I ■ u I I ‘41 .. Xt SAN 7' / S l M A TR I N I D A D Pentecostés después de Domingo -'•■U :<·' SECCION I TEXTOS SAGRADOS EPISTOLA (Rom. 11,33-36) profundidad de 53 O altitudo divitiarum sa­ 33 ;Oh plentlae, et scientiae Dei: quam queza, de la sabidurfa y de la incomprehensibilia sunt ludlcla eiencia de Dios! ;Cuân insondaeius, et investigabiles viae eius ! blés son sus juicios e inescrutables sus caminos! 34 Quis enim cognovit sen34 Porque 2, quién conociô el sum Dominl? Aut quis consilia- pensamiento del Sefior? O i quién rius eius fuit? fué su consejero? 35 O i quién primero le diô, Aut quis prior dedit illi, ct retribuetur ei? para tener derecho a retribuciôn? 38 Quoniam ex ipso, et per at son todas las cosas. A El ipsum, et in Ipso sunt omnia: para El ipsi gloria In saecula. Arnen. la gloria por los siglos. Amén. Π. EVANGELIO (Mt. 28,18-20) 18 Dixit lesus discipulis suis: Data est mlhl omnis potestas In caelo et In terra. 19Euntes ergo docete omnes pentes, baptizantes eos in nomi­ ne Patris, et Filii, et Spiritus Sancti : 20 docentes eos servare om­ nia quaecumque mandavi vobis. Et ecce ego vobiscum sum om­ nibus diebus, usque ad consum­ mationem saeculi. 18 Y acercândose Jesûs les dijo: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; 19 id, pues, ensenad a todas las gentes, bautizândolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y de! Espîritu Santo; 20 ensenândoles a observar to­ do cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre has­ ta la consumacion de los siglos. & I J. II'XIOS HAGIMDOH Il SANTÎslMl TRINIDAD 204 Ill, ALGUNOS TEXTOS DE LA ESCRITURA A LUSI VOS A LA SANTISIMA TRINIDAD A) Expresiones y simbologîas trinitarias a) Plurales de rnajentad Dijose entonces Dios: "Hagamos al hombre a nuestra im.agen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mnr, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bes­ tias de ia tierra y sobre cuantos animales sc mueven sobre olla". Et nit : Eue Ium un hominem nd Imaginem rt similitudinem no». Irum: rt prncslt plsclbu» mu­ rta, rt volatilibus caeli, et bes­ tiis, unlversiu’que terrui·, omul, que reptili quod movetur In ter. Dijose Yavé Dios: "He aqui a AdAn hecho como uno de nosotros. conocedor del bien y del mal; que no vaya a tender «u mano al àrbol de la vida y, comiendo de 41, viva para siempre’’. Et ait: Ecrc Atlum q un ni unus rt nobK factus est, sciens boiium et iniiluin; nunc ergo nr forte mittat ni an uni main, et numat rtiam de Hgno vltae et comedat, et vivat in aetrr· num (Oen. 3/22). Vrnlte Igitur, desccndaniiin, Rajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se cn- rt con fundum iih Ibi llngiinni eo. rurn ut non audiat unuequifiqiiô tiendan unos a otros. vorem proximi nui (Gen, 11,7). b) Los tres Y alzando los ojos, viô parados cerea de él a 1res varones. Cuan­ do los viô, sallôles al cncuentro desde la puerta de la tienda, y sc postrô en tierra. varone» Cumque rlevasset oculos, ap­ paruerunt el tres vlrl stantes prope eum, quos cum vidisset, cucurrit In occursum eorum de ostio tabernaculi, rt adoravit Iu terram (Grn. 18,2), c) lUpctlelôn triple de la imlabra DloA Y aftadié: "Yo soy el Dios AbrahAn, de iHaac y de Jacob, ho. nm jm aparecido y me ha encomendacio que oh dlffa: Oh he vl«4|ηί|0 y hü vluto lo que hacéle en ICglpto. quod up. Ut crrdiinl, Para que cretin que 80 te ha paruerit tlbi Dominas Drus pu- aparecido Yavé, el I>1OH de HUB pa­ trum tuorum, Dims Abruhiun, drefl t>j DloH d(. AbrahAn. el Dioa Drue Isaac, et I)1oh de Jacob. U), 7 Terra dedit fructum OrnrdlcHt non Doua, trr, hiiuih. Deui hoh- 7 l>iô la tierra sus frutoH. lien| dicenos Dios, nuealro Dios; 8 bendiganOH DIori, y térnanle H benedicat non Dciih: et me. tuant eum ornnm flnen ternie I todos 1OS confines de In tierra. (!’·. 60,7-H). Y 1OH unoH a Ioh otroH gritaban Et clamabunt alter nd alto­ rum, et dicebant: Hanetus, y hc rcHpondian: ; Santo, Santo, Sanctus, Sanctus, DornI n us | Sunto, Yavé Sebaot!! iE.stâ la tie­ Ueu» exercituum, plena est rra toda llcna de «u gloria! omni, terra gloria olus (Is. 0,8). B) O-rnos tasajes dei, Anticuo Testamento ^Quién conociô tu coiwejo, «1 Sensum nutem tuum quin sciet, nisi tu dedorla anpion- tu no le diste lia «abidurla y en­ tlum, et miseris spiritum sanc­ viante de lo alto tu Espiritu tum tuum do nltlsslmls? (Snp. Santo ? 9.17). Accedito ad me, et uudlte hoc, non ii principio In abscondito lorntus sum: ox tempore ante­ quam fleret, Ibi erum : et none Dmnlnus Drus mlslt me et splritus cius (In, 18,16). Spiritus Domini nuper me, co quod unxerit Dominus me: nd annuntiandum mansuetis misit mo, ut mederer contritis corde, et praedicarem captivis indul­ gentium, et clausis apertionem (Is. 61,1). C) Acercaos a mi y oid esto: Des­ de el principio no oh he hablado en las sombras; cuando las cosas hc hacian, aJlli cstaba yo. Y ahora yo, cl Sefïor, Yavé, Hoy quien le envia con hu espiritu. El Espiritu del Sehor, Yavé, dcscanHa sobre mi, pues Yavé me ha ungldo. Y mo ha enviaxLo para predlcar la buena nueva a los abatldos y sanar a !Ios de quebrantado corazôn. para anunciar la libertad a los cautivos y la 11! bcraclôn a los encarcelados. TEOFANÎAN TRINITARIAN DEL NUEVO TESTAMENTO a) En el bautlnino de CrIMo 16 Bnptl/.ntus nutem Icsus, .16 Bautizado .Ichuh, καΐΐό lucrnnfestlm ascendit de aqua. Et go del agUU. Y he aqui quo viô rcce aperti sunt cl caeli: et vl- abriTHClf; loti clcloa y al Espiritu .r^A « LA SANTISIMA TRINIDAD 206 de Dios descender como paloma y venir sobre El. 17 Mientras una voz del cie­ lo decia: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis com­ placencies”. I 1. dit spiritum Del descendentem sicut columbam, et venientem super se. 17 Et ecce vox de caelis di­ cens: Hic est filius meus dilec­ tus. in quo mihi complacui (Mt. 3,16-17: cf. Mc. 1,9-11; Lc. 3,21»; Io. 1,31-«). Adhuc eo loquente, ecce nu­ bes lucida obumbravit eos. Et ecce vox de nube dicens: Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi bene complacui: ipsum audite (Mt. 17,5; cf. Mc. Lc. 9,34-35). D) Testbionio de Cristo Non enim vos estis qui loqui­ No seréis vosotros los que habléis, sino el Espiritu de vuestro mini, sed Spiritus Patris vestri, qui loquitur in vobis (Mt. 10,20). Padre el que hable en vosotros. 34 Porque aquel a quien Dios 34 i Quem enim misit Deus, ha enviado, habia palabras de verba Dei loquitur:: non enim mensuram Dios; pues Dios no le diô el es- ' ad -------'dat ,nf Deus splritum. piritu con medida. 51 Padre ama al Hijo y ha 35 Pater diligit Filium: et 35 El puesto en su mano todas las CO- omnia dedit in manu eius (Io. 3,34-35). sas. I Y yo rogaré al Padre, y os darâ Et ego rogabo Patrem, et otro Abogado, que estarâ con vos- alium Paraclitnm dabit vobis, ut maneat vobiscum in aeterotros para siempre. cam (lo. 14,16). Pero el Abogado. el Espiritu Santo, que el Padre enviarâ er. mi nombre, ése os lo enscnaré todo y os traerâ a la memoria todo lo lo qué ouê vo d eho fodo yo os 05 he he dicho. Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espiritu de verdad. que proce­ de del Padre. El dard testimonio de mi. Faraclitus autem Spiritiis sanctus, quem mittet Pater in nomine meo, ille vos docêbit «umia. ft suggeret vobis omnia, quaecumque dixero vobis (lo. 1126). I Cum autem venerit ..Paraciltus. quem eero mittam vobis a Patre, spiritum veritatis, qui a Patre procedit, ille testimonium perhibebit de me (io 15,26). U Λ'» Un pasaje de 207 San Juan Très son las ccsas que dan tesQuoniam tres sunt, qui testi­ monium dant in caelo: Pater, timonio en el cielo: el Padre, el Verbum, et Spiritus Su netus: et Hijo y el Espiritu Santo, y los bl tres unum sunt (1 lo. 5>7 ) '. tres son uno. F) b) En la transfiguraciôn Aun estaba El hablando. cuando los cubriô una nube resplandeciente y salio de la nube una voz que decia: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mi complacenda: escuchadle”. E) IlJvfOS SAG R ADON ALGUNOS TEXTOS TRINITARIOS PAULINOS Non enim acceptetis spiritum servitutis iterum in timore, sed accepistis spiritum adoptioni» filiorum in quo clamamus: Ab­ ba (Pater) (Rom. 8,15). Que no habéis recibido el espi­ ritu de siervos para recaer en el temor, antes habéis recibido el es­ piritu de adopciôn, por el que clamamos: ;Abba, Padre! Nescitis quia templum Dei es­ 4 No sabéis que sols templo de tis, et Spiritus Dei habitat in I y que el Espiritu de Dios vobis? (1 Cor. 4,16). habita en vosotros? 4 4 Divisiones vero gratiarum mot, idem autem Spiritus: 5 Et divisiones ministrationom sunt, idem autem Domi­ nus. 6 Et divisiones operationum sunt, idem vero Deus, qui ope­ ratur omnia in omnibus (1 Cor. 12,4-6). Hay diversidad de dones, pe­ ro uno mismo es el Espiritu. 5 Hay diversidad de ministenos, pero uno mismo es el Senor. 21 Qui autem confirmat nos robiscum in Christo, et qui un­ xit nos, Deus: 22 qui et signavit nos, et de­ dit pignus Spiritus in cordibus nostris (2 Cor. 1,21-22). 21Es Dios quien a nosotros y a vosotros nos confirma en Cris­ to, el que nos ha ungido. 22 Nos ha sellado y ha depositado las arras del Espiritu en nuestros corazones. Quoniam autem estis filii, mi­ sit Deus Spiritum Filii sui in corda vestra clamantem: Abba, Pater (Gal. 4,6). • 5 Non ex operibus iustitiae. quae fecimus nos, sed secun­ dum suam misericordiam, sal­ vos nos fecit, per lavacrum re­ generationis, et renovationis Spiiitus Sancti, Y por ser hijos, envié Dios a nuestros corazones el Espiritu de su Hijo, que gritaba: ;Abba, Pa- 6 Hay diversidad de operacionés, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos. 5 No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvô medi ante el lavatorio de la regene­ raciôn y la renovaciôn del Espi­ ritu Santo, 6 que abundantemente derraβ quem effudit In nos abun­ de per lesum Christum Salva­ mô sobre nosotros por J esucristo, nuestro Salvador. torem nostrum (Tit. 3,5-6). 1 Sobre este versiculo dice NAcar-Colunga (cf. nota a la p.1605 de la Sagrada Biblia. 4.» ed.)-: «Este versiculo... falta en los côdices sntiguos, as! iriezos como latinos, y es esconocido de los Padres. Parece tener orijren esΓό saliendo por via de exégesis dei versiculo prepa fio! y haber ido poco a cedente. Sôlo en el s. xm adquiriô la forma que hoy tiene en la Vulgata. No hay duda de que la supresiôn dei versiculo no dice nada contra el mlsterio de !a Trinidad beatfsima, que en tantas formas se balla atestiguado en la Es­ ori tarn·. SEC. 2. COMENTARlOS GENERALES SECCION IL COMENTARlOS GENERALES 209 dia particular en honor de la Trinidad porque, propiamente hablando, es honrada y venerada todos los dias», declara Alejandro II. lAunque algunos—dice también Alejandro III—han tornado la costimbre de celebrar la fiesta de la Trinidad en la octava de Penrecostés y otros en el ùltimo dia del ano eclesiâstico, la Iglesia ro­ ams uo adopta este uso» (cf. Lettre a l'evêque de Terdon). Jaan XXII, en 1334, la admitiô y mandô celebrarla en toda le Iglesia. El oficio antiguo ha desaparecido, y el d#· hoy se compose en el pontificado de Pio V. 1. SITUACION UTURGICA I C) ) A. La Trinidad, objeto primario del culto La litnrgia, como culto oficial de la Iglesia a Dios por Jesucris­ to, en El y con El, es marcadamente trinitaria. Pocos medios tan eficaces para promover la devociôn a la Santfsima Trinidad como leer atentemente las diferentes piezas litûrgicas, en las que son frecnentes las alnsiones a la Trinidad, ya en forma de plegarias, ya de himnos, ya de doxologias. «La Trinidad es el objeto prima­ rio del cnlto y alabanza. Se glorifica a Cristo para glorificer en El al Hijo de Dios, y por el Hijo y con el Hijo, al Padre y al Espiritu Santo. No re/lexionamos en estas relaciones con la Trinidad por­ que desconocemos el misai y los libros liturgicos; porque no se comprend? la liturgia; porque sc asiste a ella en lugar de partici­ per de ella y alimentarse de sus enseüanzas. La litnrgia proporciona al cristiano el medio de cumplir su pri­ mer deber, la alabenza a Dios, y al mismo tiempo le ayuda a dar a la Trinidad, en su culto y en su piedad personal, el lugar que le corresponde! (cf. Fr. M. H. Lavocat, O. P., Liturgia: Encyclo­ pédie populaire des connaissances liturgiques. La liturgie et la spiritualité [Paris 1935] p.65). B) Historia de la fiesta Pero, ademâs de todo el conjunto de fôrmulas esparcidas por k>s distintos libros, le Iglesia celebra en el cielo litûrgico una fies­ ta solemne en honor de la Trinidad augusta, el domingo siguiente de Pentecostés. Antiguamente este domingo. que seguia a la vigilia celebrada en San Pedro, era de descenso : «Dominica vacat». Alenino (s.vni) habia recopilado en su Liber sacramentorum una colecciôn de mi­ sas votivas, entre ellas una en honor de la Santisima Trinidad, que se asigm * a los domingos. Es, por tento, muy probable que se dijera esta misa en los domingos libres. El sacramentario gregoriano contiene también una misa propia de la Trinidad, con el prefacio que ahora usamos. Esteban de Lieja redactô en el siglo x un oficio en consonancia con la misa, y asi aparecen todos los elementos propios de una fiesta trinitaria que comenzô por establecerse en los Paises Bejos, Inglaterra, Alemania y Francia. Roma en un principio la rechazô : «No acostumbra Roma o consagrar un ;Ί ί L Su carâctei r Estâ fiesta, sin dude, como todas las de la Iglesia, es una efîcaz ensefianza del grandiose y profundo misterio, insondable al entendimiento humano, de la Trinidad. Mas no présenta la verdad absuacta y fria, sino en relaciôn con nuestra vida sobrenatural. Es fiesta de acciôn de gracias a la Trinidad Santa, como causa eficiente de nuestra redericiôn y santificaciôn. Fuera ya del cielo soteriolôgico, después de contemplar todos los misterios de la vida de Cristo, con los que redime al hombre, y luego de celebrar la misiôn del Espiritu santificador sobre su Iglesia, es digno y justo y hasta necesario para nosotros manifester el agradecimiento a Dios en su trinidad e indivisible unidad. Este carâcter prédomina en la liturgie dei dia. Asi el introito, oferlorio y «communio». Igualmente, la epistola, en el marco litûrgico, présenta nuestra acciôn de gracias en la doxologia final : Jpsi gloria et imperium in saecula saeculorum... Excelente ocasiôn para instruir al pueblo acerca de la Santisima Trinidad, dejando a un lado disquisiciones teolôgicas, que el pueblo no puede comprender, para presenter el misterio como la liturgia en su vinculaciôn a nuestra vida. Poca teologia trinitaria encontramos nosotros en este dia : la verdad de fe nada mâs. Pero la liturgia nos familiarize con ella y nos une mediante la oraciôn de alabanza y de acciôn de gracias... Ocasiôn propicia para instruir e! pueblo sobre el dogma de la inhabitaciôn..., para llamar su atendôn sobre la breve doxologia, tan rutinaria como frecuente en el uso cristiano, que debe, no obstante, pronunciarse no ya con la reverencia exterior, cuanto con la humildad y gratitud de nuestro espiritu : «Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espiritu Santo». h. APUNTES EXEGETICO-MORALES A) a) Sentido La epistola litûrgico y literal La Iglesia, abismada en la meditaciôn del misterio que celebra, escoge estas palabras de San Pablo : j Oh Sefior !—viene a decir—, nos has manifestado los misterios dei Verbo a lo largo de los pasos iI 210 SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES LA SANTISIMA TRINIDAD ûltimos capitulos (cf. 9,20). {Tû quién eres para pedirle cuentas a Dios? 0 jes que el barro le ha dado algo al alfarero para que le pueda exigir? de su vida. Nos has mostrado al Espiritu Santo en el dia de Pente­ costes, y ahora, con designio incomprensible, nos invitas a mirar, siquiera sea de lejos, el augustisimo de la Santisima Trinidad. Qué es el hombre para qui de él le cuides? (Ps. 14,3) (cf. San Roberto Belarmino, Opera oratoria postuma t.4 p.149). Sin embargo, el sentido literal y propio de San Pablo es el de un himno a la sabidnria y providencia de Dios. Los judios rechazaron la llamada de Jesûs (c.9-11), y su ceguera ha ocasionado la vocaciôn de las gentes, hasta que ellos a su vez se conviertan algûn dia. j Oh inescrutables designios de la Providencia divina ! j Oh riquezas de la bonded de Dios, que salvas a aquellos que le rechazan ! Y £ quién es capaz de sospecbar sus caminos ? Este es el pensamiento del Apôetol. b) 211 5. Porque de El, por El y para El son todas las cosas Concisa sintesis. De El nos vienen toda la sabiduria y gracia ; por El se mantienen, y ordenadas estân para su gloria. En el orden natural como en el sobrenatural, ése es el cielo que comienza eu Dios y termina en El. No te engrias. Cuida de cerrar voluntaria v felizmente un orden que de todas maneras ha de concluir en Dios. Y recordando que es muy corriente en los escritores fundamenta­ les el decir que todo nos viene del Padre, que nos lo da por el Hijo y en el Espiritu Sauto, hemos vuelto a engarzar nuestras sencillas consideraciones con el misterio de la Trinidad augusta. Los TEXTOS L ;Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduria y de la ciencia! No habia sobre la riqueza de la sabiduria, sino que riqueza, sabi­ dnria y ciencia son tres ideas distintas. La riqueza aparece en la abundancia de gracias derramadas sobre el pueblo judio y actualmente sobre los gentiles (cf. el mismo sentido de riqueza = abun­ dancia de gracia, y ruina = negaciôn de la misma, en Rom. 11,12). La sabiduria y ciencia se relacionan con el plan y ejecudôn providentisima del orden establecido para la salvaciôn del género huma­ no. Puede todavia atribuirse a la ciencia el conocimiento dei futuro, y a la sabiduria la elaboraciôn del sabio plan que cumplen incluso los que se rebelan contra él c) I La lecciôn Pablo, tan hebreo, da gracias a Dios aun en medio de la desgracia de su pueblo, la mayor que pudiera acaecerle. En las nuestras veamos el designio inescrutable de la Providencia. No despreciemos nunca la gracia, pues no sabemos cuâl es el mo­ mento en que Dios ha determinado decir basta y entregarla a quien la supiera aprovechar mejor, al estilo de lo que hizo con los gentiles Cuanto tengo, todo es de El y todo es bueno y gratuito. B) ’•'A El evangelio 2. Juicios y caminos Esto es, decretos de Dios y gobierno del Creador. Profundidad de la ciencia divina y de sus planes, desconocidos incluso para San Pablo, que, subido en rapto al cielo, oyô los arca­ nos de Dios. Desconocidos para todos, porque i quién iba a pensar que el pueblo elegido viniese a ser el pueblo maldito ? Y concretando nuestra meditaciûn a los individuos, j quién sabe por qué el uno persevera y el otro no? Nnestro refugio es el temor de Dios y el miedo a abnsar de sus gracias. Cuanto sobre la tierra se alzan los cielos, tanto se eleva su misericordia sobre los que le terrien (Ps. 102,11). 8. Porque i quién conociô el pensamiento del Sefior? Son très preguntas tomadas de Is. 40,3 y Job 42,3, segûn el texto hebreo, y cuyo sentido es fâcil. L ;O quién primero le diô para tener derecho a retribuciûn? Dentro del pensamiento general de San Pablo sobre la gracia, a la que le debemos incluso el decir que Jesûs es el Senor, la frase que comentamos tiene una relaciôn inmediata con la predestinaciôn de pueblos e individuos, de que viene tratando a lo largo de los dos a) SlTUACIÔN HISTÔRICA Sau Mateo situa el episodic con breves palabras : Los once dis­ cipulos se fueron a Galileo (v.16). La évidente mala fe dei critico heterodoxo ha querido ver dos series, de apariciones, independientes la una de la otra en su ima­ ginative origen. La tradiciôn mâs antigua, representada por San Mateo y por lo que ellos estiman parte primitiva y genuina de San Marcos, ο πσ refiere apariciôn alguna, o sôlo las galilaicas. Mâs tarde el pueblo comienza a hablar de otras apariciones en Jerusalén. Para .quien conozca el estilo de los evangelios, y puesto que ninjjna-de sus autores pretendiô agotar la materia, la objeciôn care­ ts de·· base. Mateo tiene interés eir narrar la apariciôn en que los apûstoies reci ben su misiôn, y por ello pasa directamente del encbeutTO.de.. Jesûs non las mujeres, por medio ’de las cuaies trans­ mite a los :suyos la orden de ira Galilea, al episodio que prétende esaibir. ‘ . - · · · ..................... •r.5i querenros aislar. un r'elato evangélico de los demâs, nos enctatraremos· con casos tan peregrinos "como tener que afirmax que San Lucas creia que resurrecciôn -y ascensiôn ocurrieron el mismo dia, siendo asi que en los Hechos afirma lo contrario. En Galilea, pues, y on el monte que Jésus les habia indicado, ?e verificô -esta apariciôn, probablemente la segixhda segunda entre las que rv». 212 SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES LA SANTISIMA TRINIDAD conocemos de las verificadas en la regiôn norteâa. Precediô una cita, pero por solo este dato es imposible saber el monte elegido. iFné el mismo dei famoso sermôn? jPor qué no? Si eligiô el de los Olivos para su desquite triunfa’. de la ascensiôn, £no es hermoso suponer que para ordenar la predicaciôn de su doctrina esco· geria el mismo en donde la sintetizô como côdigo cristiano? Pero en realidad no sabemos nada, como tampoco sabemos si esta apariciôn es la raisma de la que San Pablo dice se llevô a cabo delante de quinientos discipulos. Las opiniones son variadas, pero una cosa es cierta : que los poderes que se comunican son entregados uni· camente a los once, pues, hubiera o no mâs testigos, Àlateo sôlo habla de ellos. b) Los TEXTOS Postrados al modo oriental, algnnos dudaban (Mt. 28,17), o, conforme rraducen otros el aoristo griego, habian dudado, esto es, le edoraban ohora los que al principio dudaron. Si la duda era actual y de los apôstoles, parece que a estas alturas debia versar, no sobre la veracidad de la resurrecciôn, sino sobre la identidod de la persona que veian en aquel momento. Y acercândose Jesûs Ya recibida su adoraciôn y tranquilizados los ânimos. Me ha sldo dado todo poder en el cielo y en la tierra Este es el principio bâsico de la misiôn que se prépara a conferir, la plenitud de su autoridad de Rey mesiânico proclamado por todos, aqnellas profecias de domination universal, tan mal interpretadas por la genera’.idad de los judios y que comienzan a recibir su cnmplimiento. Cristo, centro de los tiempos por voluntad del Padre, es en derecho ya rey de los mundos. jA quién se le diô el poder A Cristo hombre o a Cristo Dios? Los arrianos se aferreban a esta segunda interpretation, y por cierto que con poco sentido teolôgico, pues también a ta persona del Verbo le ha sido dado por el Padre todo lo que tiene (Le. 10,22). El sentido mâs exacto parece referirse a la humanidad de Cristo, y precisamente después de su muerte y triunfo. «He recibido toda potestad, dice A Lapide citando a San Cirilo, al Niseno y a San Atanasio, incoativamente en la encarnaciôn por la dignided de mi uniôn hipostâtica con el Verbo, y ahora, después de la resurrec­ ciôn, pîenamente por los méritos de mi pasiôn, con la que, vencido el pecado, la muerte, el infierno y el demouio, he odquindo con el precio de mi sangre el total y prôximo dominio y derecho sobre los hombres, para convertirlos eu sùbditos inmediatos mios por la fe y por la gracia, introduciéndolos en la Iglesia, que es mi reino, que regiré y congregare por medio de mis apôstoles en la tierra y coronaré y beatificaré en el cielo. Este es el dominio y reino universal del Senor que describieron ampliamente Daniel Î7»i4). San Pablo (Eph. 1,20; Phil. 2,10), San Pedro (Act. 10,36) v Sen Juan (Apoc. 17,14)·· ___ «Se refiere, por lo tanto, Cristo a aquella potestad que dice el Salmo (2,8) recibida del Padre: Te dari todas las gentes en he· 213 reucia, y lu posesiôn todos los tirmlnos de la tierra. Y el Sftlmo (109,1) : Siéntate a ml diestra mientras pongo a tus enemigos como peana de tus pics. E Isafas (49,6-9)... Refiérese el Sefior a la potestftd de que habla Daniel (1,13-14) : Miraba a la visiôn de la noche, y he aqui que como en las nubes del cielo venia un como Hijo del hombre y se llegô hasta el anliguo de dias... y le diô potestad y honor y reino, y todos los pueblos y las tribus le ser­ viant y su poder es poder eterno, que no sc le quitarâ... Por ûltimo, Cristo alude a aquella potestad, de la cual dice en San Juan (16,33) : Confiad, que yo lie vencido al mundo... Merecida en la pasiôn, porque fui exaltado y se le diô un nombre que es sobre todo nombre (Phil. 2,9)» (cf. Maldonado, Comenlarios a San Ma­ teo: BAC, t.i p.1127). 3. Id El apostolado es dinâmico, y su esencia consiste en îr, a seme· janza del que por buscarnos salvô las distancias infinitas del cielo a la tierra. No podenios decir : «Se nos han niarchado los pueblos». Es necesario acudir a donde estén, lo cual no supone adaptarse a lo malo que tengan, sino llevarles el espiritu de Cristo adondequiera que se encuentren. 4. Enseùad. Ensefiândoles Es la potestad dei magisterio eclesiâstico, conferida «a los once» con relaciôn a todo el mundo y sobre todo cuanto Cristo ensenara, punto sobre el que no insistiremos por haber transerito autores que lo desenvuelven (cf. infra Billot). Una traducciôn ininuciosa distingue el ιια&ητΞύαα-Ξ del v.19 del διδάσκοντες del siguiente. El imperativo se traduciria : «Haced discipulos mios mediante el bautismo a todas las naciones», y la segunda expresiôn : «Ensenadles a observar mis preceptos» (cf. Boylan). Con estos matices resalta mâs un sentido que de todos modos es obvio. El magisterio de la Iglesia encierra dos fines esenciales : ensenar la fe, llevando el bautismo para unir las naciones al cuerpo de Cristo y hacerlas participar de su desarrollo, y a continuaciôn, y sin detenerse en la fe ni en el catecumenado, instruirlas en los mandamientos del Senor, para que sea éste el patrôn de sus vidas segûn el Evangelio. Esta segunda misiôn anade algo mâs al simple evangelizar y exige un contacto perenne entre el predicador y el bautizado, como el de los primeros fieles, que perseveraban en oir las cnseüanzas de los apôstoles y en la uniôn en la fracciôn del pan y en la oraciôn (Act. 2,42). El bautismo es el rito de initiation, que siembra en nosotros la semilla de la vida sobrenatural, la cual debe cuidarse celosamente hasta perfeccionar a Cristo en nuestras aimas. Puede y debe sefialarse también que no basta la fe, sino las obras. 5. A todas las gentes He aqui el derecho de la catolicidad : la responsabilidad del hombre dedicado salidad de la predicaciôn se deriva de la y redenciôn de Cristo, de sus derechos de salvifica. la obligaciôn de misionar, al apostolado. La univeruniversalidad del reinado posesiôn y de su voluntad 214 LA SANTÎSIMA TRINIDAD 6. BautLzAndolas La tarea de convertir a las gentes se desempena, como hemos dicho, mediante una predicaciôn de penitencia (cf. final de San Lu­ cas) que desemboca en el bautismo y la de la guarda de los man· damientos. San Marcos aüade que quien no créa (y consiguientemente no se bantice) se condenarâ. He aqui la fuerza obligatoria del magisterio y la necesidad del primer sacramento. Con necesidad de medio ambas, porque Dios las ha establecido como ûnico medio de conseguir el fin sobrenatural. (Sobre la imposibilidad de salvarse fuera de la Iglesia, cf. infra Boulenger.) En castellano no puede traducirse exactamente la idea, pues me­ jor que en el nombre habria que decir al nombre, indicando una consagraciôn a Dios. En efecto, el que se bautiza, segregândose de la xnasa de ira, queda consagrado a la Santîsima Trinidad, que comienza a habitar en él como en su templo, de lo cual pueden derivarse consideraciones y afectos numerosos. 8. Ensemindoles a observai todo cuanto yo os he mandado El sentido literal es obvio, como obvias son también las dos aplicaciones prâcticas para el predicador y el oyente. Este debe creer y observarlo «todo», sin compartimientos estancos. raros en les mate­ rias dogmâticas, pero, desgraciadamente, frecuentes en las morales. Todo, lo mismo en la moral juvenil que en la matrimonial, que en la de la empresa, que en la social. En cuanto a todos los mandamientos y a todos los vicios. También en cuanto a los consejos evangélicos, a los que se le invita. En su ma, el Evangelio sin mutilaciones ni glosas. Pero el predicador también debe ensefiarlo todo, como médico, que aplica el remedio a quien le hace falta, porque es cosa harto comûn a la prudencia humana fustigar ciertos vicios delante de un auditorio que no los padece y soslayar las mismas cuestiones ante quienes lo necesitan. La mansedumbre y la caridad evangélica, necesaria siempre en la predicaciôn, es cosa muy distinta del paliar o callar la verdad cuando es contraria a los gustos del oyente. El ha­ blar de las obligaciones del rico ante un auditorio hnmilde, salvo alguna excepciôn justificada, conduce a muy poco. El exponérselas al poderoso es lo evangélico. 9. Yo estaré con vosotros siempre ^Quién es ese que encomienda a once hombres sencillos evangelizar a todas las naciones? Uno que puede decir: Yo estaré con vosotros hasta el fin dei mundo. Que puede con estas palabras asegurar el éxito y la infalibilidad (cf. infra Billot). Cristo estuvo visiblemente con Pablo (Act. 22,17), con San Este­ ban en su martirio. (ibid., 7), y desde entonces aeâ con su Iglesia y sus santos, de modo que bien ha justificado su nombre de Dios con nosotros, Emmanuel. como la Iglesia el suyo de Dios en ella (Ez. 48,35). SEC. a. COMENTAKIOS GENERALES 216 No olvide el predicador y el cristiano que, tanto para convencer como para practicar lo oldo, $e necesita esa ayuda de Dios ; pero no olvide tampoco que cuentan con ella hasta el final de los siglos. C) La formula trinitaria del bautismo Fué usada, y por mandato del Senor, desde el principio, y como tal la vemos en la Didaché (c.8 : BAC, Padres Apostôlicos p.84). La expresiôn «bautismo de Cristo» no se refiere sino a su autor, para diferenciarlo del de Juan. Como es un lugar ya clâsico en los tratados sobre la Santîsima Trinidad, vamos a seguir la doctrina de Franzelin (cf. De Deo Trino th.3) sobre su sentido trinitario. Esta fôrmula, usada como sîmbolo en el momento crucial del bautismo, incluye : a) la distinciôn de las personas, y b) su unidad en la divinidad. 1. Distmciôn de las personas En el nombre del Padre y del Hijo. Nombres propios do dos per­ sonas bien conocidas por los apôstoles, que tanto habian oîdo hablar ai Senor de ellos y que, aun aparté de este argumento, no pueden tomarse como distintos apelativos de una misma, porque el articu­ lo el (τού) no se repite en griego mâs que cuando se trata de per­ sonas diversas, como puede comprobarse en mûltiples lugares del Nuevo Testamento. Si, pues, Padre e Hijo son nombres de diferentes personas, del mismo modo lo debe ser el Espiritu Santo. Por lo demâs, este punto es évidente. 2. Unidad en la divinidad Estes très personas aparecen unidas en la fôrmula bautismal, porque las très son Dios, ûnico cierlamente segûn la razôn y revelaciôn. i.° Bautizarse en el nombre significa consagrarse a Dios. Luego, si nos consagramos a las tres personas, es porque las très son Dios. El bautismo, en realidad, tiene dos efectos : uno por parte de Dios, que consiste en limpiarnos del pecado, santificarnos y regenerarnos a nueva vida (Tit. 3,5) ; y otro por parte nuestra, que quedamos consagrados a Dios, al que nos entregamos por la fe, esperanza, caridad y culto sobrenatural. Por el bautismo, la Iglesia queda santificada para ser mostrada a Cristo (Eph. 5,62-27), y quie­ nes mueren para el pecado en adelante aviven para Dios» (Rom. 6,3). Somos de Cristo porque hemos sido bautizados en el nombre, no de Pedro ni de Pablo, sino de Cristo (1 Cor. 12,13 ss. ; 3,21 ss.). Abora bien, es incuestionable que, dentro de la mentalidad judia y le cristiana, entregarse y consagrarse a otro que no fuera Dios supondria idolatrîa ; asi como tampoco puede entenderse que santifique a'.guien fuera de Dios. Luego la palabra en el nombre indica que las tres personas cuyo es el nombre en el que nos bautizamos son el Dios uno. 2.0 El Padre es ciertamente Dios. En nuestro texto se dice en el nombre del Padre, y, por lo tanto, se habla del nombre de Dios. Abora bien, si se estudia la Sagrada Escritura, vemos que la vol 216 t.V SKXlislMA TRINIDAD SECCION III. nombre, refiriéndose al de Dios, indica siempre la deidad, en cuanto que se manifiesta con una especial prateccion. o en cuanto que somos consagrados a ella y le debemos el culto de latrie. Asi, por ejemplo: Protéjate el nombre del Dios de Jacob (Ps. 19,2). Scrân :on él mi verdad y misericordia y en mi nombre se alzarà su poder (Ps. 88,25), 0 IV. SAN BERNARDO Obras de la Trinidad en nosotros He aquî un sermon srntidi’siiuo de San Bernardo. Figura como el segnndo de Pentecostés, pero puede servir para esta don.iuiea ici. BAC, Obras selectas P.50S ssj. a) El Padre envia λ su Hijo "Ea, pues, hermanos, meditemos las obras de la Tri­ nidad sobre nosotros y para nosotros, desde el principio del mundo hasta el fin, y veamos cuân solicita anduvo aquella Majestad a quien incumbe la disposiciôn y gobierno de los siglos de que no nos perdiésemos para siempre. Poderosamente, a la verdad, habia fabricado todas las co­ sas, y sabiamente las gobernaba todas, y tanto de su poder como de su sabiduria teniamos seüales evidentisimas en la creaciôn y conservaciôn de la mâquina dei mundo. Habia, sin duda, bondad en Dios, bondad grande y excelsa sobremanera; pero estaba escondida en el corazôn del Padre, para ser ampliamente difundida algùn dîa sobre el linaje de los hijos de Adân a su tiempo oportuno. Mientras tan­ to, decia el Senor: Ύο medito pensamientos de paz (1er. 29, 11), disponiéndose a enviarnos a Aquel que es nuestra paz, a Aquel que de dos pueblos hizo uno solo, a fin de dar al mundo una paz sobre toda paz: paz a los que estaban lejos y paz a los que estaban cerca. Al Verbo de Dios, colocado en las alturas de la divinidad, le convidô a bajar a nosotros su propia benignidad; la misericordia le arrancô de su trnno; la verdad, puesto que nos habia prometido venir, le constrifiô a realizarlo; la pureza de un seno virginal le recibié, salva la integridad de la Virgen, y su poder le sacé de alli dejândola intacta; la obediencia acompanôle en to­ dos sus caminos; la paciencia le sirviô de potente armadura, y su caridad en palabras, obras y milagros le mani­ festo” (cf. n.2 p.509-510). b) La obra del Hijo Amplisimo tema el de mis males y el de los bienes de mi Senor. La serpiente, hablando al oido de la mujer, introdujo ei veneno en el mundo. El ângel, hablando a Maria, consiguiô que llegara el Verbo al seno de la mujer, para que por el 239 mi-mo camino por donde entré el veneno penetrase la triaca. Concebido por obra del Espiritu Santo, limpiô nuestra îoncepciôn, “no siendo ociosa de esta suerte la vida de Cristo ni en el seno mismo de Maria”, convirtiéndola en ‘el punto central de la tierra” (cf. n.3 y 4 p.510-511). “£Te dignarâs, Senor Jcsûs, darme tu vida, como me ciste tu conccpciôn? Pues no solo mi conception es inmunôa, sino mi muerte perversa, mi vida llena de peligros; y aun después de mi muerte me queda una muerte mâs grave, que es la muerte segunda. No solo te daré mi conception, me responde Jesus, sino también mi vida, y esto por todos los grados de las edades, de la infanda, de la ninez, de la adolescenda y de la juventud; te lo daré todo, anade, dândote ademâs mi muer­ te, mi resurrection, mi ascension y la venida del Espiritu Santo. Y esto con el fin de que mi conception purifique la tuya, mi vida instruya la tuya, mi muerte destruya la tuya, mi resurrection précéda la tuya, mi ascension prepa­ re la tuya y el Espiritu divino ay ude la flaqueza tuya. Asi verâs llanamente el camino por donde debes ir, la cautela con que debes ir y a qué mansion debes ir. En mi vida conocerâs la tuya, para que, asi como yo guardé las sendas rectisimas de la pobreza y obediencia, de la humildad y de la paciencia, de la caridad y la misericordia, asi tam­ bién tù vayas por las huellas mismas, no ladeando a diestra ni a siniestra. Mas en mi muerte te dejaré mi justicia, rompiendo el yugo de tu cautiverio y combatiendo a los enemigos que estân en el camino o junto al camino, para que ya jamâs te causen dano. Cumplidas estas cosas, volveréme a la casa de donde sali y restituiré mi rostro a aquellas ovejas que habian quedado en los montes que habia por ti dejado, no precisamente para hacer que volvieses, sino para traerte sobre mis hombros yo mismo” (cf. n.5 p.511-512). c) La misiôn del Espîritu Santo “Y para que de mi ausencia no te quejes o te contristes, enviaré al Espiritu consolador, que te dé prenda de salud, robustez de vida, luz de ciencia, para que el mismo Espiritu dé testimonio a tu espiritu de que eres hijo de Dios, para que im­ prima y te muestre en tu corazôn seriales certisimas de su predcstinaciôn. El difundirâ alegria en tu corazôn y lo empaparâ de celestial rocio, si no continuamente, al menos muchisimas veces, para fecundar tu aima. Te darâ también robustez dévida, para que lo que naturalmente es imposible, se te haga con su gracia no solo posible, sino fâcil, y en trabajos y vigi- Hlii' I F’ I 240 LA SANTISIMA TRINIDAD lias, en hambre y sed y en rodas las observancias religio­ sas camines deleitablemente, acurauiando sin césar riquczas celestiales. Te darâ, en fin, luz de ciencia, para que, cuando todo lo hayas hecho bien, te reputes siervo inûtil y todo el bien que halles en ti lo atribuyas a aquel Seûor de quien procede todo lo bueno y sin el cual no solo un poco, sino absolutamente nada puedes comenzar y mucho menos perfeccionar. Asi, pues, el Espiritu Santo en estas très cosas te las ensenarâ todas; pero todas las que pertenezcan a tu salvation, porque en ellas estâ la plena y absoluta per­ fectin’’ (cf. n.6 p.512). d) Exhortaciôn “Ya vels, pues, con cuânta verdad se expresô aquel que dijo: El Seûor undo solicita por mi (Ps. 39.18). El Padre, por redimir al siervo, no perdona al Hijo; el Hijo por El se entrega a la muerte gustosismiamente; uno y otro envian al Espiritu Santo, y el mismo Espiritu pide por nosotros con inefables gemidos. iOh duros y erdurecidos y rebeldes hijos de Adân, a quienes no ablanda tanta benignidad, tan abrasadora Uama, ardor tan grande!... ;Qué mâs debia hacer y no lo hizo?... iQué busca de ti el que con tanta solicitud te buscô, sino que andes soiicito con tu Dos? Esta solicitud no te la da sino el Espiritu Santo, que ni la mâs pequena paja sufre en la habitation del corazôn que posee, sino que al punto la consume con el fuego de una sutilisima circunspecciôn; Espiritu suave y dulcc, el cual inclina nuestra voluntad, o mâs bien la endereza y conforma con la suya, a fin de que podamos verdaderamente entenderla, fervorosamente amarla y cficazmente cumpliria” (cf. n.7 y 8 p.512-513). SECCION IV. I. TEOLOGOS SANTO TOMAS Las très personas divinas El Doctor Angélico présenta la trinidad de personas en Dios como algo que escapa al qrden del conocimiento natural. Asi niientras que la naturaleza y existencia de Dios son verdades naturales, la Trinidad lo es sobrenatural, ùnicamente cognoscible por la revelaciôn. De ella arranca el santo Doctor para construir todo el tratado teolôgico De Trinitate. No es posible sintetizar todo el tratado. Ni es siquiera demasiado ûtil para el pûlpito. Por eso preferimos espigar en todas las obras de Santo Toinâs y presentar los fragmentes de su doctrina mâs aprovecbables en la predicaciôn. A) a) La Trinidad, El misterio misterio suprarracional o absoluto “Es imposib’e alcanzar por la razôn natural el conocimiento de ia Trinidad de las personas divinas. El hombre no puede llegar al conocimiento de Dios por la razôn natu­ ral, sino por medio de las criaturas, y estas conducen al conocimiento de Dios en la medida que los efectos permiten remontarnos a sus causas. La razôn puede, pues, conocer respecto de Dios lo que necesariamente le compete, en cuanto que es el principio de todos los seres. Ahora bien, la potencia creadora de Dios es comûn a toda la Trinidad, y por lo mismo pertenece a la unidad de esencia y no a la distinciôn de las personas. De donde se signe que la razôn natural puede reconocer en Dios lo que dene relation con la unidad de su esencia, mas no lo que mira a la distinciôn de las personas” (1 q.32 a.l c). b) Pretender demostrarlo RACTONALMENTE contra ES ATENTAR "El que intente probar la trinidad de las personas por la razôn natural, conwromete ia fe de dos maneras: 1) Deroga su dignidad, que consiste en que tiene por obieto las cosas invisibles, las cuales exceden los limites Λ1 ft y SI C. 4. .TEOT.OGOS. SANTO TOMAS I I SVXTISIMA FRINIDAU 242 do la bondad perfecta no se cïicuentra en una >ola pereona; porque entonces le es necesario para la plenitud del goce de la bondad asociarse a algûn otro que la complete (1 q.32 a.l ad 2). de la naturaleza humana, segùn estas palabras del Apôs­ tol: La fc tiene por objeto las cosas que no aparccen (Hebr. 11,1); y ademâs: Hablamos sabiduria entre los per­ fectos; mas no sabiduria de este siglo ni de los principes de este siglo, sino que hablamos sabiduria de Dios en misterio, la que esta encubierta (1 Cor. 2,6-7). 2) En cuanto a la utilidad de atraer a otros a la fe, porque, cuando alguno, para probar una verdad de fe, aduce razonamientos no convincentes, da margen a la irrisiôn de los infieles, que suponen no tenemos otras razones que estas y que por ellas solas creemos” (1 q.32 a.l c). c) 243 La d) 1. Dos clases de razonamientos 2. Bondad infinita y efectos limitados “En efecto: la bondad infinita de Dios se manifiesta en la création, porque es necesaria una virtud infinita para producir cosas de la nada. Pero, aunque Dios se comunique por su bondad infinita, no por cso es necesario que algo infinito procéda de El. Basta que cada efecto reciba de la bondad divina las perfectiones que su naturaleza réclama. Igualmente, eso de que "no puede ser satisfactoria la posesiôn de un bien sin su coparticipation”, tiene lugar cuan- de aceptarse por la autoridad de Dios “Para probar los dogmas de la fe no deben alegarse otras razones que las de autoridad para los que admiten esta clase de argumentation ; y respecta de los que no creen en la autoridad, nos débemos limitar a sostener que no hay repugnanda ni imposibilidad en las ensenanzas de la fe. Por lo cual dice San Dionisio (cf De div. nom. 2,2: PG 3,640) : “Si alguno rcchaza absolutamente las Santas Escrituras, esta muy lejos de reconocer nuestra filosofia; pero, si las admite, razonamos fundados en su testimonio” (1 q.32 a.l c). razôn solamente puede aducir congruences “Se pueden aducir dos clases de razonamientos o argumentaciôn: una, para probar suficiente y radicalmente una aserciôn cualquiera, como en las ciencias naturales ee prueba que el movimiento del cielo es uniforme en su curso; y otra, para justificar, no una tests fundamental, sino la legitima deduction de las consecuencias o efectos en intima conexiôn con su raiz o base reconocida ya. Asi, en la as­ trologia se da por sentada la teoria de las excéntricas y de los epiciclos, porque por ella se explican algunos de los fenômenos sensibles que se observan en los movimientos de los cuerpos celestes. Mas este género de argumentation no es satisfactoriamente demostrativo, porque a una hipôtesis se pudiera sustituir otra que expiicase acaso igualmente la razôn de tales hechos. Por lo tanto, se puede pro­ bar de la primera manera la existencia de Dios, su unidad y otras verdades de la propia indole; pero los argumentas que se aduzcan para manifestar o cxponer la Trinidad, no pueden revestir otro carâcter que el segundo, es decir, que, admitiendo la Trinidad, es como ùnicamente les compete la razôn de congruentia; no, empero, hasta el punto de demostrar por ellos convenientemente la trinidad de las per­ sonas; y esto es palmario a todos y cada uno de ellos”. Ηλ B) a) i El nombre “Padre” El Padre es propio de la primera persona “El nombre propio de una persona significa aquello por loque tal persona se distingue de todas las demâs... Ahora bien, aquello por lo que la persona del Padre se distingue de todas las otras es la paternidad. Por tanto, el nombre propio de-la persona del Padre es éste: Padre, que signi­ fica la paternidad” (1 q.33 a.2 c). bY Dos CLASES DE PATERNIDAD: ESENCIAL Y PERSONAL "Un nombre cualquiera se predica primero de aquel ser en el que se realiza perfectamcnte todo cl concepto y se dice después de aquel otro en el que solo parcialmente se vcrifica, ya que de este segundo se dice por cierta sernejanza que tiene con el primero; pues lo imperfecto deriva siempre de lo perfecto. Asi, el nombre de leôn antes se aplica al animal que realiza todo su concepto, que es el que prcpiamente se llama Icon, que a un hombre cualquiera en el que se encuentre algo de aquel concepto—por ejemplo, la audacia, la fortaleza o cualidades parecidas—, ya que de éste se dice por semejanza” (1 q.33 a.3 c). 1. La personal respecto del Hijo “En Dios Padre y en Dios Hijo se realiza plenamente el concepto de paternidad y filiaciôn, porque el Padre y el ι· *•3 ·. SBC. 4. TE0I0G0S. SANTO TOMAS 244 I.A SANffSIMA TRINIDAD Hijo tienen una misma naturaleza y una misma gloria” (1 q.33 a.3 c). * 2. La esencial respecto de las criaturas "En las criaturas, la filiation con respecto a Dios no se halla segûn toda su perfection, ya que una es la naturaleza del Criador y otra la de la criatura; sino en virtud de alguna semejanza, que, cuanto mâs perfecta sea, tanto mâs de cerca se aproxima al verdadero concepto de filiaciôn. De aqui, pues, que se Dame a Dios Padre de algunas criatu­ ras, cuales son las irrationales, debido a una semejanza que no es mâs que huella o vestigio, segûn aquello dei libro de Job: iQuién es el Padre de la Uuvia y quién. engendré las gotas de rocio? (lob 38,28). De otras, esto es, de las ra­ tionales. en virtud de una semejanza de imagen, conforme a aqueüo dei Deuteronomio: jNo es él el Padre tuyo, el que te poseyô, te hizo y te creô? (Deut. 32,6). Es, ademâs, Pa­ dre de algunos por la semejanza de la gracia, y a éstos se Dama hijos adoptivos, en cuanto por el don de la gracia recibida estân ordenados a la herenci? de la gloria eterna, segûn dice el Apôstol: El Espiritu mismo da testimonio a nuestro espiritu de que somos hijos de Dios; si, pues, hijos, también herederos (Horn. 8,16-17). Por fin. lo es de algu­ nos por la semejanza de la gloria, en cuanto la poseen ya como herencia. segûn el mismo Apôstol: Nos gloriamos en la esnpra-nza de la gloria de los hijos de Dios (Rom. 5,2)” (1 q.33 a.3 c). Ü' . c) El Padre es “Principio” “La palabra principio no significa mâs que aquello de oue procède algo. pues llamamos principio a todo aquello de que procede algo. cualquier manera que sea. y a la inversa. Si, pues, el Padre es aquel de quien procede otro, siguese que es principio” (1 q.33 a.l c). d) El Padre es “Ingénito” “Ati como en las criaturas hallamos principio nrimpro v princinio segundo. asi en las personas divinas, en las cualos no hay prioridad ni posterioridad. h^llamos un princi­ pio que no tiene principio, y éste ps p! Padre: y un princi­ pio aue tiene principio, y éste es el Hijo. En las enaturas, el primer principio se conoce de dos maneras: una en enan­ to es primer principio, porque dice relation con el que pro­ cede de él. y otra en cuanto es principio primero, porque él no procede de otro. Por consiguiente, el Padre, con res­ 245 pecto a las personas procedentes de El, se conoce por la paternidad y la comûn espiraciôn; mas, en cuanto es principio sin principio, se conoce porque no procede de otro; y esto es lo que corresponde a la propiedad de la innascibilidad, significada con la palabra ingénito” (1 q.33 a.4 c). C) El Hijo Nombres de la segunda persona a) "Para designate como connatural con el Padre, se lla­ ma Hijo; como coeterno, se llama Eeplendor; como del todo semejante, se llama Tmagen; y para significar que es inmaterialmente engendrado, se llama Verbo; y esto porque no ha sido posible hallar un nombre a proposito para designar estas cosas” (1 q.34 a.2 ad 3). b) El NOMBRE PROPIO DEL HlJO ES “VERBO” “El Verbo es nombre propio de la persona del Hijo. La razôn es porque significa una cierta emanaciôn del entendi­ miento, y a la persona que procede en Dios segûn la ema­ naciôn del entendimiento, se llama Hijo. y su procesiôn se llama generation, como antes hemos dicho. De aqui, pues, que en Dios ùnicamente el Hijo se llama con propiedad Verbo” (1 q.34 a.2 c). C) ES NOMBRE PERSONAL Y NO ESENCIAL 1. Sentido primario y sentido figurado “Primaria y principalmente se llama verbo al concepto interior; después, a la misma palabra que s'gnifica el con­ cepto interno; y en tercer lugar, a la imagen de la palabra. En sentido figurado llâmase también verbo, y es el cuarto modo, a lo que expresa o hace de palabra, y asi acostumbramos a decir, designando un hecho s;mplemente enunciado 0 expresamente mandado: Esta es la palabra, lo que yo te he dicho o lo que el rey mandô”. 2. Sentido teolôgico personal de la palabra “verbo” “Pero la palabra verbo se aplica en Dios en sentido pro­ pio, en cuanto significa el concepto del entendimiento. Ahora bien, es de esencia dei concepto mental que procéda de otro, es decir, del conocimiento del que lo concibe. De don­ de se sigue que el verbo, en cuanto se aplica con propiedad en Dios, significa algo que procede de otro, cosa que perte- 3 246 IA SAMISIM' TRINIDAD nece a la razôn o concepto de los nombres personales en Dios, debido a que las personas divinas se distinguen segûn el origen, conforme hemos dicho. Por consiguiente, es necesario que, cuando se aplica con propiedad la palabra ver­ bo, no se la tome en sentido esencia!, sino exclusivamente como nombre personal" (1 q.34 a.l c). D) El Espiritu Santo Nos narece conveniente reproducer la sistematîzacîôn del Angélîco de los efectos que se apropian a! Espiritu Santo, tal como la présenta en el libro IV de la Summa contra Gentiles. a) Apropiaciones 3. Es adenitis vivlficador “La vida se manifiesta sobre todo en cd movimiento, pues decimos que “vive” lo que se mueve a si mismo, y comûnmente todo cuanto se actûa a si mismo para la ope­ ration. Luego, si por razôn del amor le compete al Espiritu Santo el impulsar y el mover, convenientemente también se le atribuye la vida. Efectivamente, dice San Juan: El Espiritu es el que da vida (lo. 6,64) ; y Ezequiel: Yo noy a hacer entrer en nosotros el Espiritu, y viniréis (Ez. 37,5). Y en el simbolo de la fe nosotros declaramos creer en el Espiritu Santo “vivificador” (ibid.). con relaciôn a toda criatura 1. Principio de la creaciôn de todas las cosas “La bondad de Dios es la razôn de que El quiera la existencia de las demâs cosas y de que por su voluntad les dé el ser a las mismas. Por lo tanto, el amor con que ama su bondad es la causa de la creaciôn de las cosas; de aqui que algunos filôsofos antiguos pusieron como causa de todo lo creado el “amor de los dioses”, como se ve en el 1 de los Metafisicos (4.1: Bk 948b); y Dionisio dice que "el amor divino no se résigné a permanecer estéril” (cf. De div. nom. 4: PG 3.662). “El Espiritu Santo procede, como amor, del amor con que Dios se ama a si mismo. Por cons'guiente, el Espiritu Santo es principio de la creaciôn de las cosas. Y esto se indica en el Salmo: Envia tu Espiritu y serân creadas (Ps. 103,30)” (cf. Summa contra Gentiles TV 20). El gobierno de las cosas se atribuye al Espiritu Santo “El gobierno divino de las cosas se interpreta como un cierto movimiento, en cuanto Dios dirige y mueve todas las cosas hacia los propios fines. Por lo tanto, si el impulso y el movimiento pertenecen, por razôn del amor, al E=piritu Santo, convenientemente se atribuye al Espiritu Santo el gobierno y propagation de las cosas. De aqui que Job diga: El Espiritu de Dios me créé (lob 33,4); y el Salmo: Tu Es­ piritu es bueno; llévame por camino llano (Ps. 142,10). “Y como gobernar a los sùbditos es un acto privativo del Sefior, convenientemente se atribuye el dominio al Esniritu Santo. En efecto. dice el Apôstol: El Espiritu es Senor (2 Cor. 3,17)” (ibid.). b) Apropiaciones QUE se refieren al hombre 1. La caridad de Dios “Debido a que de algùn modo nos asemejamos a la per­ fection divina, se dice que Dios nos otorga tai perfeccîôn, como Dios nos da la sabiduria en cuanto que de algûn modo nos asemejamos a la divina sabiduria. Por consiguiente, como el Espiritu Santo procede, como amor, del amor con que Dios se ama a si mismo, por razôn de que amando a Dios nos asemejamos a este amor, se dice que Dios nos da el Espiritu Santo. De aqui que el Apôstol diga: El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espiritu Santo que nos ha sido dado” (Rom. 5,5). “La caridad que hay en nosotros, por mâs que sea un efecto del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo, con todo, por una razôn especial, se dice que estâ en nosotros por el Espiritu Santo” (cf. Summa contra Gentiles IV, 21). 2. La inhabitaciôn de la Tr’midad “Existiendo en nosotros por el Espiritu Santo la cari­ dad, por la que amamos a Dios, necesariamente tcndrâ que estar en nosotros el Espiritu Santo, mientras permanece en nosotros la caridad. Por lo cual dice el Apôstol: îNo sabéis que sois templo de Dios y que el Espiritu de Dios ha­ bita en nosotros? (1 Cor. 3,16). Luego, como por el Espi­ ritu Santo nos constituîmos en amadores de Dios, y como todo amado, en cuanto tal, estâ en el amante, es nc-cesario que por el Espiritu Santo habiten también en nosotros el Padre y el Hijo. De aqui que el Senor diga: Vendremos a él (es decir, al que ama a Dios) y en él haremos morada (lo. 14,22). Y en la primera de San Juan se dice: Y nos­ otros conocemos que permanece en nosotros por el Espiritu que nos ha dado (1 lo. 3,24)” (ibid.). SKC. 4. TB0LOGOS. SANTO 24S ÏQmAs 249 LA SANTISIMA TRINtnAD volvemos hâbiles para el bien obrar, y por El mismo nos es preparado el camino para la bienaventuranza. Estas tree cosas nos declara el Apôstol cuando dice: Es Dios quien nos ha ungido, nos ha sellado y ha depositado las arras del Espiritu en nuestros corazones (2 Cor. 21,22). Y: Fuisteis selïados con el sello del Espiritu Santo prometido, prenda de nuestra herencia (Eph. 1,13). En efecto, la acciôn de sellar parece pertenecer a la semejanza de la configuraciôn; y la unciôn, a la capacitaciôn del hombre para obrar con perfeccmn; y la prenda, a la esperanza que nos ordena a la herencia celestial, que es la bienaventuranza perfecta" (ibid.). 8. “Lumen cord1 uni “Es propio de la amistad que uno revele sus secretos al amigo. Porque, como ia amistad une los afectos y de dos corazones hace como uno solo, no parece que descubre fucra de su corazôn lo que revela al amigo; de aqui que el Seüor diga a los discipulos: Ya no os llamaré siervos, sino amigos mios, porque todo lo que oi de mi Padre os lo he dado a conocer (lo. 15,15). Por lo tanto, como somos constitui­ dos amigos de Dios por ei Espiritu Santo, convenientemen­ te se dice que los misterios divinos son revelados a los hombres por el Espiritu Santo. Por eso dice el Apôstol: Escrito esta: Ni el ojo viô, ni el oîdo oyô, ni vino a la men­ te del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman. Mas a nosotros nos lo ha revelado Dios por su Espi­ ritu (1 Cor. 2,9-10)" (ibid.). 6. La adopciôn de lüjos de Dios “Como por la benevolencia que uno tiene para con otro resulta que lo adopta como hijo, para que asi le pertenezea la herencia, convenientemente se atribuye al E-piritu San­ to la adopciôn de los hijos de Dios, segûn aquello: Habéis reébido el Espiritu de adopciôn por el que clamamos: Abba!, /Padre! (Rom. 8,15)" (ibid.;. 4. “Dator munerum” “No sôlo es propio de la amistad que uno, por la amis­ tad de afecto, revele sus secretos al amigo, sino que la misma unidad exige que uno haga participante al amigo de lo que tiene; porque, “como el hombre tiene al amigo por otro yo" (IX Ethic. 4,5: Bk 1166a), menester es que le ayude como a si mismo, haciéndoie participe de sus bienes; por esto se establece como propio de la amistad “el querer y el hacer bien al amigo” (ibid.), segûn aquello: El que tuviere bienes de este mundo y, viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entraüas, /como mora en él la caridad de Dios? (1 lo. 3,17). Y esto tiene, sobre todo, lugar en Dios, cuyo querer es eficaz para obrar. Y por eso se dice convenientemente que todos los doncs de Dios nos son da­ dos por el Espiritu Santo, segûn aquello: A uno le es dada por el Espiritu la palabra de sabiduria; a otro, la palabra de ciencia segûn el mismo Espiritu (1 Cor. 12,8); y des­ pués, habiendo enumerado varias cosas: Todas estas cosas las obra el ûnico y mismo Espiritu, que distribuye a coda uno segûn qiâere (1 Cor. 12,11)" (ibid.). W perdôn de los pecados "Por el hecho de constituirse uno amigo de otro desaparece todo agravio, puesto que el agravio es contrario a la amistad; por eso se dice en los Proverbios: El amor encubre las faltas (Prov. 10 12). Luego, constituyéndonos amigos de Dios por el Espiritu Santo, es lôgico que por El nos perdone D’os los pecados; y por eso dice el Sefior a los discipulos: Recïbid él Espiritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serân perdonados (lo. 20 22). Y, por esta razôn, a los que blasfeman contra el Espiritu Santo sp les niega la remisiôn de los pecados, pues quedan como privados de aquello por lo que el hombre consigue la remisiôn de los pecados” (ibid.). 8. La contemplaciôn de Dios 5. La perfecciôn espîritual “Para que el hombre llegue a la bienaventuranza de la felicidad divina, que, segûn su naturaleza, es propia de Dios, es indudablemente necesario, en primer término, que me­ diante la perfecciôn espiritual se asemeje a Dios, y en segundo lugar, que obre segûn ella; y asi, finalmente, aicanzarâ tal bienaventuranza. Ahora bien, como se ha deraostrado, los dones espirituales nos son otorgados por el Espiritu Santo. Y asi nos configuraraos con Dios por el Espiritu Santo. Y por El nos I “Lo mâs propio de la amistad parece ser el conversar en compania del amigo. Ahora bien, la conversaciôn del hom­ bre con Dios consiste en su contemplac’ôn, como ya el Apôs­ tol decia: Nuestra conversation esta en el cielo (Phil. 3 20). Luego, como el Espiritu Santo nos hace amadores de Dios, consiguientemente somos constituidos en contempladores de Dios por el Espiritu Santo. Por eso dice el Apôstol: Todos nosotros a cara descubierta contemplamos la gloria del Seüor como en un e&pejo y nos transformamos en la imagen, de gloria en gloria, a medida que obra en nosotros el Es­ piritu del Senor (2 Cor. 3,18)" (cf. Summa contra Genti­ les IV 22), • VNÇ x ·.· λ y-. I 1 pi 1 · i\ swrisTMk τχΓΝτηΛη 250 9. Los consuelos espiritual es "Es propio de la amistad que uno se deleite en presen­ cia del amigo, y se goce en sus palabras y obras, y en él encuentre consuelo en todas las angustias ; de aqui que acudimos a los amigos, sobre todo, en la aflicciôn, en busca de consuelo. Por consiguiente, como el Espiritu Santo nos da la amistad de Dios y hace esté en nosotros y nosotros en El, como se ha demostrado, es lôgico que nos gocemoa de Dios y recibamos consuelo por el Espiritu Santo contra to­ das las adversidades y asechanzas dei mundo. Por eso en el Salmo se dice: Devuélveme el gozo de tu salvaciôri y confirmame en el Espiritu primero (Ps. 50,44). Y en la Epis­ tola a los Romanos: El reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espiritu Santo (Rom. 14,17); y en los Hechos se dice: La Iglesia gozdba de paz y se fortalecia y andaba en el temor del Senor, Rena de los consuelos del Espiritu Santo (Act. 9,31). Y por eso el Senor llama al Espiritu Santo Parâclito, esto es. Consolador: Mas el Espiritu San­ to, el Consolador, etc. (lo. 14,26)” (ibid.). 10. Toda mocïôn interior y sobrenaturai ‘‘También es propio de la amistad convenir con el amigo en lo que quiere. Ahora bien, la voluntad de Dios se nos manifiesta por sus preceptos. Luego pertenece al amor por el que amamos a Dios el cumplir sus mandatos, sesûn anurllo: Si me amâis, guardaréis nris mandamientos (lo. 14,15). Luego, al const’tuirnos el Espiritu Santo en amadores de Dios, nos mupve también, en cierto modo, a cumplir los preceptos de Dios, segûn aqu-ΊΙο del Apôstol: Los que son movidos por el Espiritu de Dios, ésos son hijos de Dios (Rom. 8,14)” (ibid.). SEC. 4. TEOLOGOS. SAN ROBERTO BEI.ARMIXO 251 1! a) El sîmbolo de la fe iCuântos no lo saben o, por lo menos, no lo cnticnden, a pesar de que sus padrinos contestaron cxplicitamente por ellos a los diversos articulos’ Y si, conforme dice San Pabio, Dios ha de habitar en nuestros corazones por la fe, icômo podrâ estar dentro de nosotros? Si, segûn San Pcuro, Dios los purifica con ella, icômo los tendremos de manchados? Los adultos necesitan la fe si quieren alcanzar la vida eterna. Este es el argumento de la Epistola de Sau Pablo a los Romanos. b) Renuncia a SatanAs y a sus pompas iLos aborreces de veras y sigues el camino de Cristo, a quien nadie puede enganar, porque lee los corazones? Meta cada uno la mano en el pecho y vea cuâles son sus deleites y vanidades y si colocô sus gustos en las pompas dei mundo. c) ï El bautismo Nos amonesta de una merced tan singular como la de haber pasado de la esclavitud de Satanâs y hediondez del pecado a la pureza de la gracia por los méritos de la sangre de Cristo. iOh ceguedad lamentable de los hijos de Adân, que, en cuanto abren sus ojos a la razon, prefieren volver a sus antiguas cadenas! Pues desde la ninez se os puso el yugo suave de la gracia, no prefirâis el pesado de la condenaciôn, y si alguna vez lo sacudis, acudid presurosos a la penitencia. I SAN ROBERTO BELARMINO La vestidura blanca y el cirio : Ceremonias y obligaciones del bautismo Profundo doctor, no créé rebaiarse allanândose a la sencillez de la exposiciôn pastoral. En el libro del Arte del bien morir dedica un capitulo a un examen de concienda bosado en las ceremonias del bautismo. Lo extradâmes brevemente (cf. A rte de bien morir, traducciôn del P. Alonso Andrade, oublicado por el P. Antonio F. Ca­ bré, S. I. [Madrid, Aguado, 1881] p.Sj ss.). A) La fe catôlica y la renanda dei mundo Do las ceremonias del bautismo po^râs colpgpr, examinândote, si llevas buena vida para poder alcanzar buena muerte. a) La vestidura blanca iQué lengua podrâ contar los esfuerzos y asechanzas del dcmonio para manchârnosla ? No hay ocupaciôn ni estado que respete; pero, si cuanto mâs dura es la pelea es mayor el peligro, también es mâs gloriosa la corona. Si alguna vez, por desgracia, la manchases, acude prcsuroso a lavarla en la sangre del Cordero y reza el Miserere, diciendo: Reclame, Senor, con el hisopo, y seré limpio; lâvamc, y quedaré mâs blanco que la nieve (Ps. 50,9). f' I -- SEC. 4. TEOLOGOS. BILLOT LA SVXTISLMA TRINIDAD b) El cirio encendido Simbolo de las buenas obras con que debemos ser ejemplo toda la vida, hasta poder cerrarla diciendo que hem os combatido en buen combate. C) Las obligaciones del bautizado Buena batalla he peleado, corri toda la carrera, guardé la fe; ahora me resta la corona de la justicia, que me ha de dur el Senor, como recto Juez universal, en aquel dia (2 Tim. 4,7-8). En estas palabras comprends el Apostol todas las obligaciones de los bautizados, porque primeramente se aiistaron en la milicia de Cristo, obhgândose a pelear con el demonio, que da vueltas en torno nuestro como icon buscando a quien devorar (1 Petr. 5,8). Deben des­ pués obrar perseverantes en el curso de la vida, sin dar un paso atrâs en el cumplimiento de los mandamientos, fieles en la fe y en todas sus obâgaciones particulares, porque, aunque es verdad que Cristo nos hizo en el bautismo herederos de su gloria, quiso que la mereciéramos con su gra­ cia y nuestras obras, de modo que nos la pueda otorgar, finalmente, como corona que entrega un juez justo. Examine, pues, cada uno su conciencia y vea si vive con­ forme a su bautismo para poder morir después como Cris­ tiano. HI. LUIS BILLOT Magisterio infalible y universal Seleccionamos este autor por sus cualidades oratorias, que desde nuestro punto de vista lo hacen mâs ùtil que otros tal vez mâs pré­ cises. El poder magisterial de la Iglesia es fâcil de probar, y casi todos los autores msisteu mâs en su infalibilidad, en la cual va implicito el magisterio (cf. Tractatus de Ecclesia Christi t.i q.io ed. 3. * Prati, t.i p.267 ss.). A) La infalibilidad Consiste en la virtud de no poder incurrir en error cuan­ do se ensehan materias que son objeto de la infalibilidad. El critico no debe preocuparse sobre si la autoridad infalible ha observado o no las debidas cautelas en el estudio de la cuestiôn, bastândole conocer el hecho de que la ensefia. 253 Esta infalibilidad no se deriva de constitutivo alguno humano, ni aun siquiera de la gracia y sus hâoitos, puesto que éstos, al respetar la libertad del nombre, le dejan con la posibilidad de errar. ïampoco es una potestad de revelar dogmas nuevos, sino ûnica c-xciusivamente de custodiar y exponer fieimente la doctrina manifestada por los apôstoles (cf. Cone. Vatic. Couse. Pasior aeternus c.4: DB 1832). a) La infalibilidad en el Antiguo Testamento L Motives de la revelaciôn Es increible que Dios iluminase a los hombres desde el comienzo ue la humaniuad con su revelaciôn y no proveyera ue nieuio aiguno para conservana. hn el actual pmn ue la Providencm, ία reveiacion es neceaana, y no pueue pensarse que Dios negase a la Humaniuad este mémo ue saivacion. Es un nuevo motivo que exige la existencia de aigun ma­ gisterio inialible en la antigüedad saber que toda la economia rengiosa del munao tiene cuino centro a Cnsto y que la reveiacion dei Antiguo Testamento se oruena soio a ia preparaciun qe la veniua del Senor. Ciaro que, si rué necesario en aquei tiempo primero, mucho mâs 10 sera actuanhente, a no aer que ae supunga que (Jnsto, después de haber venciûo al demonio, abanuuna la luena. 2. Unidad de las rovclacionea del Antiguo Tes.aniento En cuanto al Antiguo Testamento, sus distintas y espaciadas reveiaciones lian de ser concebidas como un todo que tiende a perieccionar, explicar y conservar las anteriores. De los patnarcas poco sabemos, pero el Eclesiàstico (44, 1-27) tiene todo un himno a aquellos varones geonosos, consejeros de gran pruaencia, que toao lo veian en visiones prujecicas, como Enoc, L!oé, Abrahân e Isaac, a quienes cita, ban Pedro llama a bloé octavo proreta (2 Petr. 2,15). 3. Los profetas, ôrgaiaos de la revelaciôn Diseminadas las gentes por el orbe, el interés de Dios se centro en el pueblo judio, a quien hizo depositario de su re­ veiacion, y para veiar por elia, auemas del magisterio ordi­ nario ue lus sacerdotes, ue suyo no iniaiibie, nioiituyô como elemento constante y que supnera los detectos del sacerdocio el profetismo, que 110 sôlo era ôrgano de las nuevas revelacioaes, sino con^ervador e intérprete olicial de las ante­ riores, y que nunca faitô en Israel, ni aun siquiera después de la cautividad, como lo demuestran los libros inspirados 2F» ï t r ,·41 six:. 4. TF.oi.OGOs. nu.f.OT 254 255 1 \ S1NTISIMA TRINIDAD de esa época, y que terminan con la llegada del mâs grande de todos ellos, Juan el Bautista. La infalibilidad no residiô en el sacerdocio, sino en los profetas, elemento esencial de la economia mosaica. Aquel magisterio, ûtil cuando se trataba no sôlo de conservar, sino de ir ampliando el deposito de la revelaciôn, fué sustituido por Cristo por el magisterio permanente del sacer­ docio de la Iglesia, una vez que sôlo se trataba de ensefiar lo ya revelado. b) La infalibilidad en el Nuevo Testamento Con palabras solemnes, Isaias describe el futuro estado de Israel, cuando, levantândose de su abyecciôn, se dilate por todo el orbe: Todos tus hijos serân adoctrinados por Yavé... He aqui mi alianza con ellos, el Espiritu mio que esta sobre ti, y las palabras que pongo en tu boca no faltaràn de eUa jamas... Levântate y resplandece, que y a se alza tu luz (Is. 54-60). Esta es promesa tan firme, dice Dios a Isaias, como la que le hice a Noé de volver a arrasar la tierra. La profecia se cumpliô. Israel diô paso a la Iglesia cuan­ do Cristo pronunciô aquellas palabras: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y ensenad a todas las gentes..., ensenândoles a observer todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumaciôn dei mundo (Mt. 28,18-20). 1. Se entrega a los apôstoles Es évidente que se confiere la potestad de ensefiar y referida a las doctrinas del que fué el Maestro. Es también évidente que se confiere hasta el fin dei mundo. La consumaciôn de los siglos (asi en el texto griego) es un aramaismo corriente para indicar el fin dei mundo, y en ese sentido fué empleado repetidas veces por el Sefior (Mt. 13,39 y 49; 24,3). Si, pues, el Sefior confiere el poder de los apôstoles hasta el fin dei mundo, es évidente que no se refiere a ellos personalmente, mortales como son, sino a sus cargos y, por ende, a sus sucesores. 2. Magisterio infalible Es un principio universal que en todos los lugares de la Sagrada Escritura en los que Dios promete su asistencia quiere significar una ayuda especial y eficaz para conseguir la realizaciôn de la misiôn encomendada. Asi le habla a Abrahân (Gen. 21,22), a Isaac (26,3), a Jacob (31,3), a José (39.2), a Moisés (Ex. 3,12), a Jeremias (1,19). Véase tam t:cn lud. 6,12 y lo. 3,2. La asistencia eficaz prometida al magisterio eclesiâstico no puede ser otra que la de ensefiar sin error, esto es, la infalibilidad. A la luz de estas palabras entiéndese perfectamente el sentido de aquella promesa de enviarles, para que permanezca eternamente con ellos, cl Espiritu “de verdad”. Mâs tarde San Pablo, cuando espera que toda la Iglesia 11egue al final de la historia, firme en la tierra y sin fluctuar en­ tre errores y vientos de doctrina, afirma que para eso puso Dios en la Iglesia a los doctores. ^Cômo nos librarân los maes­ tros de la Iglesia de las tempestades del error, si ellos mismos pueden ensefiarnos equivocadamente? (Eph. 4,11-15). ^Ni como podrâ ser la jerarquia de la Iglesia columna y funda­ mento de la verdad si ella puede tambalearse? (Tit. 3,15). B) I Universalidad del magisterio a) LOS GENTILES Abiertamente se refiere el Senor a los gentiles cuando manda predicar a toda criatura, a todas las gentes.. Ni exis­ te otra diferencia entre la ensefianza que da la Iglesia a los catôlicos y la que da a los paganos sino en cuanto que con los nrimeros utiliza, ademâs de su poder magisterial, el de juris­ diction. para imponerles y aun castigarles con censuras y penas si se apartan de sus ensefianzas. La Iglesia es con relation a los gentiles aquella bandera y serial levantada ante los pueblos a que se refiere el Concilio Vaticano (Const, de fidecath. c.3: DB 1794). Evangelizar a los paganos es oficio esencial dei magisterio. b) LOS HEREJES No nos referimos al derecho de ensefiarles, tan évidente 0 mâs que el relativo a los infieles, sino al modo como llega e influye en ellos el magisterio de la Iglesia catôlica. Conservan parte de la verdad, y sobre todo los libros sagrades, lo cual basta para que quienes viven honradamente en el error invencible puedan ejecutar actos de fe meritoria, pues para creer en Dios y su revelaciôn es suficiente con estar cierto de que Dios ha hablado. Sus sacramentos, cuando los administran vâlidamente, y su fe sirven a la Iglesia, segùn el pensamiento de San Agustin (ancillantur). como esclavas que le engendran hijos sobrenaturales. al modo que Bala y Zelfa lo hicieron para Jacob, (H SEC. 4. TEOl.OGOS. EMILIO SAURAS LA SANTISIMA TRINIDAD 256 Pues bien, el deposito de doctrina que conservan les ha venido directamenre dei magisterio de la Iglesia. Quién entregô a los antiguos protestantes los santos evangelios? •Quién la Santisima Trinidad? ^De quién recibieron los orientales los dogmas que conservan? ^De quién fueron los conciüos que admiten? ·· c) yjVKXi·* Se benefician de la Iglesia d) Oasis EMILIO SAURAS Inhabitaciôn de la Santisima Trinidad Continuâmes el articulo del pasado domingo de Pentecostés so­ bre el aima de la Iglesia (cf. El Cuerpo mistico de Cristo: BAC, P-799 ss.). catôlica Y aun hav mâs. El protestantisme ha caido en la disoInciôn. pero nodemos decir que los grunos que se mantienen ortodoxos deben mucho a la Iglesia catôlica, a la que copian en lo que estiman oue puede salvarles, v se benefician del influjo universal de las enciclicas. etc. No proceden de otro modo los orientales, que hasta ntilizan nuestros métodos y textos pedagôgicos de teologia. Cuanto mâs se afprran a los puntos que nos senaran, tanto mâs bu’ean consciente o in· con^c’entemente, el apoyo catôlico en aquellos que nos unen. Nos referimos. ρη todo lo que llevamos djeho. ûnicamente a los medios pubHcos y generales que influven como taies en la sociedad, porque, aparté de éstos, y para cada una de las a’mas. Dins conoce aquellos caminos que no dejaban huella (Ps. 16,20). en' el desierto Existe, pues, un paraiso en la tierra regado con nguas pnrfa’mas dp doctrna. y existen tamb’én regiones fupra de él a la que llegan estas, si bien va rurbias. Fpüz parMso en el que no puede esconderse sierne alguna. segùn lo del profpfa· Lo tierra seca se convertira en estanque. y el suelo àrido en fuentes... El mismo guiarà al caminante, y los sim· pies no s° de *carrioràn. No habrâ aïïi leones, ni fiera alguna pondra los pies aïïi (lo. 35,8.10). 257 A) a) Conceptos INHABITACIÔN No es lo mismo que presencia. Dios, en virtud de su inmensidad, estâ présente con sus tres Personas en todas par­ tes, incluso en las almas de los pecadores (cf. 1 q.43 a.3). Inhabitar quiere decir estar en su propia casa, concepto expuesto por San Pablo diciendo que Dios estâ en su templo. Ahora bien, como quiera que el templo debe ser santo, su inhabitaciôn supone nuestra santidad y, por ende, la gracia. La inhabitaciôn incluye nosesiôn. Dios toma posesiôn de nosotros como de su casa. Pero nosotros somos algo cons­ ciente; luego también tomamos posesiôn del que habita den­ tro de nosotros y nos gozamos de su presencia. Para estar presente no hace falta tanto. Sôlo se requiere estar, dominar. b) Misiôn I La misiôn supone très términos: el que envia, aquel a quien se envia y el lugar a donde se envia. Los dos primeros son el Padre respecto al Hijo, y ambos con relaciôn al Espi­ ritu Santo, todo dentro dei âmbito de las procesiones divinas, pues no puede haber otra dependencia entre ellos. Nadie es enviado a donde estâ, a no ser para desempenar alli un nuevo oficio, en cuyo caso la novedad no estriba en el lugar, sino en el cargo u obra. Todos estos conceptos deben ser purificados de cualquier imperfecciôn para poder aplicarse a la Santisima Trinidad. Las procesiones explican la misiôn, y por ello sôlo pueden ser enviados los que proceden. La nueva presencia se explica por medio de una relaciôn de la criatura a Dios, del mismo modo que cualquier otra relaciôn, con tal que se excluya toda mudanza en Dios. La criatura es la que cambia, quedando unida a Dios (cf. 1 q.43 a.l). La Palabra de C. 5 9 ■·' SEC. 4. TE0LOGOS. EMILIO SAURAS IX SANISSIMA TRINIDAD 258 c) Donaciôn Las très Personas inhabitan. Sin embargo, no son enviadas mâs aue dos. El Padre viene a nosotros a mo^o de don, dândose El mismo. Donar es ceder una cosa gratuita y definîtivamente. de modo que pase a ser posesiôn del que la re­ cibe y comienza a gozarla. Coincide, pues, con la misiôn, de la oüe se diferencia solo en que, mientras que nadie nuede enviarse a si mismo. en cambio, si puede donarse. El Padre no puede ser enviado ni donado, porque no pertenece a na­ die, al ser el primer Principio; pero puede darse a si mismo. Las otres dos personas pueden ser enviadas y donadas (o.c., p. 799-803). B) El hecho de la inhabitaciôn a) Varios modos de inhabitaciôn La Santisima Trinidad habita en p] aima oue esté pn gra­ cia. y en la Iglesia siemnre. Ademâs de esta inhabitacion nor medio de la gracia habituai, exîsten otras menos perfpetas, nue tienen lugar siempre nue Dios onera algo en nosotros. dândonos. v. gr.. las gracias actuales, que nos preparan nara ser miembros del Cuerpo mistico, etc. Ahora no hablamos de éstas. b) Calificaciôn de la tesis Ante ]a constancia de] argumente do los teôlo^os, San­ to Tomâs calificaba a la inhabitacion de cierta. sie^dn su negaciôn υη error teolôgico. Hoy, dpsnués de las enciclicas Divinum illud v Mustici Corn ori s, deb» aeentarse como doc­ trina del matisterio ordinario dp la Iglesia. esto es. como doctrina catôlica. y, si at^ndemos a las fuentes de la revelaciôn, podemos dar un paso mâs y llamarla de fe divina. c) Prueba de la Sage ad a Escritura El argumento es abundantisimo, sobre todo en San Juan y San Pablo. 1. Inhabitan San Juan afirma que, si nos amamos mutuamente. Dios estâ en nosotros (1 lo. 4,12-16). Y no se refiere simplemente a la presencia entendida en el sentido de que nos 259 ame, puesto que dice que nos diô su Espiritu. En San Pa­ blo es usual el llamarnos templos de Dios (2 Cor. 5,16). Y hablan no solo de Dios en general, sino de las per­ sonas. Conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mi, y yo en vosotros, dice Cristo, afirmando su presencia corporal (lo. 14,19-20). Del Espiritu Santo se habia repetidas veces, llamândonos templos suyos (cf. 1 Cor. 3,16 y 6,19). 2. Cômo se hacen présentes El Padre y el Hijo, porque vienen. Si alguno me ama..., vendrejnos a él y en él haremos nuestra morada (lo. 14, 20). Pero el Padre viene sin que nadie lo envie, o lo que es lo mismo, porque se da; y el Hijo porque es enviado, esto es, por una donatiôn-misiôn. Por esto yo doblo mi rodilia ante el Padre, de quien procede toda farnïlia en los ciclos y en la tierra, para que, segun los ricos tesoros de su gloria, os dé... que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, y, arraigados y fundados en la caridad, podâis conocer, en union de todos los santos, cual es la anchura, la longura y la profundidad, y conocer la caridad de Cris­ to, que supera toda ciencia, para que seâis Uenos de toda plenitud de Dios (Eph. 3,14-19). “El pasaje es rico en detalles. La segunda Persona viene a nosotros por donation del Padre; su presencia implica la posesiôn de la caridad, y se nos da para que esta caridad llegue a la plenitud. Es, pues, una presencia de inhabitaciôn o de posesiôn”. El Espiritu Santo también viene porque es enviado o donado: Yo rogaré al Padre y os dard otro abogado... (lo. 14,16-17). Y por ser hijos envié Dïos a nuestros cor ai­ zones el Espiritu de su Hijo, que grit a: Abba! iPadre! (o.c., p.803-807). C) Alcance de la presencia trinitaria La presencia de la Santisima Trinidad admite prepara­ tions y grados. El hombre, al justificarse, recorre un ca­ mino que comienza en aquella simple presencia que D;os tiene en toda criatura y, pasando por todas las gracias actuales e incluso habitos infusos, pero informes, termina en la justification e inhabitaciôn de las très personas (cf. 1 q.8 a.3; q.43 a.3). En estas etapas intermedias, el hombre goza de una presencia de Dios intermedia también, que no es natural, pues estâ ya en el orden de la gracia, pero que tampoco es de posesiôn y fruition inhabitante, porque esta gracia todavia no es santificadora. Existen misiones especiales y Λ U SANTISIMA TRINIDAD 260 SECCION V. presencias especiales distintas de la simple onmipresencia divina. Una vez justificado el nombre, también se dan grados distintos, segûn los de su posesiôn y fruicién de Dios, con­ forme ocurre en la vision beatifica, donde, habiendo un objeto comûn para todos, puede ser poseido y gozado mâs mtensamente por unos que por otros. El hombre justo pue­ de, por tanto, aumentar su union con las tres divinas per­ sonas (o.c., p.807-810). D) I. La inhabitaciôn y la gracia AUTORES C AKIOS SANTO TOMAS DE VILLANUEVA La Santîsima Trinidad Tiene dos sermones sobre la Santîsima Trinidad, predicados, detoute de Felipe II, y cuyo estilc es mâs cnidado y menos espoiitân *^3ue de ordinario. En el primer sermôn anuncia dos partes, pero no esenvuelve la segunda nasta el aùo siguiente, segûn coniiesa en el exordio de este ûltimo. El texto es el famoso «comma loanneum». Las expresiones utilizadas por el Santo sobre la imposibilidad de conocer a Dios se refieren a los misterios o a la imposibilidad moral de la humanidad sin la gracia (cf. Divi Thomae a Vilanova Opera omnia [Manilae iSSi] t.3 «Serin, de la Trinidad»). Con una profundidad teolôgica que estimamos ajena a nuestra intenciôn, el autor pasa revista a las distintas explicaciones y pro­ pone, finalmente, la que estima mâs verosimil. No nos unimos a Dios ûnicamente porque creamos y le amemos. porque también creemos y amamos a la Santîsima Virgen e incluso recibimos la gracia por su mano, sin que por ello la Santîsima Virgen esté présente en nosotros substancialmente. La presencia de Dios exige algo mâs. En efecto, Dios nos infunde la gracia y las virtudes de la fe y caridad, por las que creemos y amamos no simplemente a Dios, sino a las tres divinas personas. Al infundirnos estos dones obra en nosotros; pero como quiera que en Dios operacién, poder, virtud y naturaleza se identifican, alli en donde hay una operacién suya, alli estâ Dios de un modo nuevo. Dios, por lo tanto, estâ con su naturaleza en nosotros. Las virtudes teologales, al dirigirse a las tres personas, “las explicitan”, de modo que el que estaba como Dios estâ también como trino (o.c p.810-820). A) a) Exordio Precauciones en EL estudio de la Santîsima Trinidad 1. La lecciôn de Ezequiel Para atravesar un rio profundo o torrente peligroso, tomamos las siguientes precauciones: 1.‘ No arrojarnos a él temerariamente, sino despacio. 2.a Fiarnos, en vez de nuestros ojos, del apoyo de un bastôn que sondee las aguas. *3. Si es de noche, encender alguna luz que desde la orilla nos ilumine. A Ezequiel (c.47) le guiô un ângel a través de un gran rio que salia del templo. Avanzaron primero mil codos, y el profeta pudo andar con el agua a los pies. Avanzaron otros mil, y el agua le llegaba a las rodillas; continuaron mil mâs, y el agua le llegaba a la cintura; pero a los dos mil siguientes no pudo proseguir. Se encontraba ya demasiado hundido en la corriente. En este rio que sale dei tem­ plo veo la doctrina sagrada emanada del Senor, y que contiene verdades fâcilmente asequibles sobre la virtud y las costumbres, los vicios y los pecados. Encuentro, ademâs, otras mâs profundas, como la creaciôn y la providenda divina; otras ya mâs hondas, como son la redenciôn, sus figuras y profecias, hasta llegar, por fin, a aquellas subli- t 11 1 b — 1 ·■ Pues, entre estas cosas que no sabemos de nuestro Dios, una es el misterio de la Santisima Trinidad... Pues esta distinciôn de personas con unidad de esencia, que es el mis­ terio de la Santisima Trinidad, no se alcanza por la fâbrica de las cosas criadas”. C) Semejanzas creadas “Imposible es hallar en todas las cosas criadas cosa que perfectamente représente lo que hay en el Creador. Porque. como sea infinita la distancia que hay entre las criaturas y El, no puede haber en ellas ejemplos que del todo cuadren y representen lo que hay en El. Mas, con todo eso, para ayuda de nuestra rudeza ponen los doctores algunas seme­ janzas, aunque muy imperfectas, de este misterio”. a) El hombre entexdiéxdose y amandose “Entre las cuales una es la del hombre cuando entiende y ama a si mismo. Para lo cual tomemos por ejemplo un hombre aventajado en sabiduria sobre los otros homüres, como fué Salomôn, a quien Dios otorgô tan grande sa­ ber y prudencia y tan grande corazôn, que lo compara la Escritura con las arenas de la mar (3 Reg. 4,29). SEC. 5. AUTORES VARIOS. GRANADA '% 269 Pônese, pues, este hombre a considerar a si mismo con todas estas excelencias que de Dios recibiô, y, consideran­ do esto, produce en su entendimicnto un Salomôn inteligible. que es un concepto y una como imagen que représenta todo lo que hay en Salomôn. Y como esta perfecciôn asi representada sea tan excelente, siguese luego amor de cosa tan digna de ser amada. Pues en esta inteligencia tenemos très cosas: la primera es Salomôn, que conoce su perfecciôn; la segunda es el con­ cepto que dentro de su entendimicnto forma de ella, y la tercera, el amor que de este conocimiento procede. Pues esto mismo confesamos en aquella altisima emanaciôn de las personas divinas. Mas todavia hay muchas diferencias de lo uno a lo otro, especialmente ésta, que en el hombre este concepto y amor de si mismo son accidentes, mas en Dios no son accidentes, sino substancia, y no otra que la del mismo Dios”. El b) hombre ante el espejo “Ni se debe nadie espantar de lo que aqui decimos, conviene a saber, que el Padre Eterno. entendiendo a si mismo, engendra y produce la persona del Hijo, pues cada dia ve­ rnos una cosa en algo semejante a ésta, y es que, mirândose una persona en un espejo, produce en él una imagen que représenta perfectamente su propia figura. Pues luego ;.qué maravilla es que aquel Padre soberano, cuya virtud y poder es infinito, mirando a si mismo nroduzca dentro de si la imagen perfectisima de su Hijo? Sino que la diferencia esta en que aquella imagen del espejo es accidente, mas ésta es nprcnna subsistente que por si tiene su ser. Mas en esto también corre la comparaciôn aue, si siempre estuviese una persona mirândose al espejo, siempre estaria produci endo aquella figura; v asi, porque el Padre celestial esta siempre mirando su divina esencia. siempre estâ produciendo la persona del Hijo...” c) El ALMA Y SUS POTENCIAS “Otra semejanza ponen de nuestra aima y de sus po­ tentias, que son memoria, entendimiento y voluntad. anlicando la memoria, en la cual esta el deposito de todas las eiencias, al Padre, en quien estân todas las riauezas de la divinidad (Col. 2,3), y el entendimiento al Hijo. el cual. como dijimos. es producido por el entendimiento del Padre, y la voluntad, que es la novennia cnn que amamos, al Es­ piritu Santo, que procede de la voluntad del Padre y del mt SEC. 5- AUTORES VARIOS. GRANADA 270 ΙΑ SANTISIMA TRINIDAD Hijo juntamente. Y estas très potencias del aima no son très almas, sino una sola”. E) Obras atribuidas a cada una de las personas a) “También se pone aqui otro comûn ejemplo del sol, que es la mâs excelente de las criaturas corporales, y asi en muchas cosas tiene semejanza con su Creador, como arriba dijimos. Pues en el sol vemos très cosas, que son el mismo sol. y la luz que nace de él, y el calor que procede de ambos. Por lo cual el Apôstol (Hebr. 1,3) llama al Hijo de Dios resplandor de la gloria del Padre. Y el Sabio (Sap. 7.26) lo lla­ ma blancura de la luz etema y espejo sin macula de la Majestad de Dios. Donde también es de notar que, asi como el sol sin jamâs césar produce la luz, y el uno y el otro el calor, asi el Padre Eterno siempre esta produciendo la luz eterna de su Hijo, y ambos juntos al Espiritu Santo. Y asi como, si el sol fuera etemo, juntamente fuera eterna la luz que de él procediera, y el calor de ambos, asi por cuanto el Padre es db aeterno, asi el Hijo v el Espiritu Smto son ab aeterno, de modo que no hay aqui primero ni postrrro. sino todas las personas divinas abrazan una misma eternidad. Esta es una comparaciôn tomada de esta excelentisima criatura; mas todavia desfallece la verdad, porque asi la luz como el calor son accidentes, que no tienen ser por si, mas las personas divinas tienen su propio y perfecto ser”. D) 271 La grandeza del misterio, prueba de su diüinidad ‘Todo lo que hasta aqui se ha dicho sirve para humillar nuestro entendimiento y para que no digamos que no puede ser lo que nosotros no podemos entender, pues son tantas otras cosas mucho menores y que traemos entre las manos que no entendemos... Porque ^qué cosa hay mâs conforme a razôn que sentir altisimamente del que es altisimo y atribuirle el mâs alto y meior ser de cuântos nuestro entendimiento puede alcanzar? Y cuando hubiéremos alcanzado de El cosas muv al­ tas, creamos que hay otras infinitas que no podemos enten­ der... Asi que el no entender nosotros la alteza de este mis­ terio tiene rastro v olor de ser cosa de Dios, pues por ser, como Opimos, infinito, necesariamente ha de ser incomprensible”. Al Padre, la creaciôn y el poder “Al Padre se atribuye la creaciôn y el poder, no porque el poder y la creaciôn no sea de toda la Trinidad, sino por­ que la persona del Padre es la primera y de mnguna es prouucida, y ella es principio de la producciôn de las otras”. .' b) Al Hijo, la J i redenciôn y salvaciôn “La obra de nuestra redenciôn principalmente es de la Trinidad toda, porque de consejo y de voluntad de todas très personas vino el Hijo al mundo y se hizo hombre, y, heciio hombre, muriô por nosotros y satisfizo por nuestras cuipas, y fué sacrificio para que la Trinidad Santisima quedasé aplacada y satisfecha, y asi nos recibiese en su amor y gracia. Mas porque solo el Hijo es el que se encarnô y solo El fué el sacrificio y la causa meritoria de este perdôn y de esta gracia, por esta manera se le atribuye particularmente nuestra redenciôn y salvaciôn”. c) Al Espiritu Santo, la bondad y el amor “Y porque tener verdadero conocimiento y fe de las co­ sas que el Hijo hizo por nosotros, y de lo que nos dejô dicho y mandado, y tener aquel amor, aquella limpieza y bondad que debemos no es co^a de nuestras fuerzas, las cuales no uastan para esto, por eso atribuimos todo esto a Dios, y particularmente al Espiritu Santo, a quien entre las per­ sonas divinas se atribuye la bondad y el amor, porque de estas fuentes nace querer El tomar este cargo de hacemos buenos y entender en nuestra santificaciôn. Y asi decimos que nuestra redenciôn por primera y prin­ cipal autoridad es de la Trinidad Santisima. Y por haber el Hijo muerto por nosotros, es de Cristo nuestro redentor, como de medianero, y sacrificio, y merecedor de este bien, Y por alumbrarnos para conocer todo esto y darnos fuerzas para agradeccrlo y servirle, decimos que todo nuestro bien .y espiritual vida depende de los dones del Espiritu Santo”. ir i kïGf LA SANTISIMA TRINIDAD in. SANTA TERESA DE JESUS Una substancia, un poder, un saber A J Cômo comprende la Santa el misterio “Estando una vez rezando el salmo Quicumque vult, se me diô a entender la manera cômo era un solo Dios y très personas tan daro, que yo me espanté y consolé mucho. Hizome grandisimo provecho para conocer mâs la grandeza de Dios y sus maravillas, y para cuando pienso 0 se trata de la Santisima Trinidad, parece entiendo cômo puede ser, y esme mucho contento” (cf. Vida c.39 n.25: BAC, t.l p.367). B) Como se muestra el misterio en las séptimas moradas ‘‘Aqui es de otra manera. Quiere ya nuestro buen Dios quitaria las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace—aunque es por una manera ex­ trana—, y metida en aquella morada por vision intelectual. por cierta manera de representation de la verdad, se le muestra la Santisima Trin dad, todas très personas, con una inflamaciôn, que primero viene a su espiritu, a mane­ ra de una nube y de grandisima claridad, y estas personas distintas, y por una noticia admirable que se da al aima, entiende con grandisima verdad ser todas très personas una substancia, y un poder, y un saber, y un soio Dios. De manera que lo que tenemos por fe, alli lo entiende el aima, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo ni del aima, porque no es vision imagi­ naria. Aqui se le comunican todas tres personas, y la ha­ bian, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Seiior: Que vendria El y el Padre y el Espiritu Santo a morar con el aima que le ama y guarda sus mandamientos (lo. 14,23). jOh, vâlgame D.os! ;Cuân diferente cosa es oir estas palabras y creerlas a entender por esta manera cuân verdaderas son! Y cada dia se espanta mâs esta aima, porque nunca mâs le parece se fueron de con ella, sino que notoriamente ve, de la manera que queda dicho, que estân en lo interior de su aima; en lo muy muy interior; en una cosa SEC. 5. AUTORES VARIOS. SANTA TERESA muy honda—que no sabe decir cômo es, porque no tiene letras—siente en si esta divina compania” (cf. Septimas Moradas c.l η.6 y 7: BAC, ibid., t.2 p.475-476). C) Como lo siente la Santa “Las personas veo claro ser distintas, como lo veia ayer, cuando hablaba vuestra merced con el provincialx, saivo que ni veo nada, ni oigo, como ya a vuestra merced he dieno; mas es con una certidumbre extrana, aunque no vean los ojos del aima, y en faitando aquella presencia, se ve que falta. El cômo, yo no lo sé, mas muy bien sé que no es imaginaciôn; porque, aunque después me deshaga para tornarlo a représentât, no puedo, aunque lo he probado; y asi es todo lo que aqui va, a lo que yo puedo entender. Que como ha tantos anos, hase podido ver para decirlo con esta determination. Verdad es, y advierta vuestra merced en esto, que la persona que habia siempre, bien puedo afirmar la que me parece que es; las demâs no podria asi afirmarlo. La una bien sé que nunca ha sido. La causa jamâs lo he entendido, ni yo me ocupo mâs en pedir de lo que Dios quiere; porque luego me parece me habia de enganar el demonio, y tampoco lo pediré ahora, que habria temor de ello. La principal parèceme que alguna vez; mas como ahora no me acuerdo bien, ni lo que era, no lo osaré afirmar. Todo estâ escrito adonde vuestra merced sabe, y esto muy largamente, que aqui va, aunque no sé si por estas palabras. Aunque se dan a entender estas Personas distintas por una manera extrana, entiende el aima ser un solo Dios. No me acuerdo haberme parecido que habia Nuestro Senor, si no es la Humanidad, y ya digo, esto puedo afirmar que no es antojo” (cf. Cuentas de Concienda (Relacïones) rel.5 n.1820: BAC, ibid., t.2 p.529-530). D) El misterio ";0h anima mia!, considera el gran deleite y gran amor que tiene el Padre en conocer a su Hijo, y el Hijo en conocer a su Padre, y la inflamaciôn con que el Espiritu Santo se junta con ellos, y como ninguna se puede apartar de este amor y conocimiento, porque son una misma cosa. Estas so1 Alude a los PP. Rodrigo Alvarez y ol provincial de la Compaûfa de Jesûs en Anda! uda, Diego de Acosta. Ï.· .VfiiJ. .1 273 LA SANTISIMA TRINIDAD 274 beranas Personas se conocen, estas se aman y unas con otras se deleitan. Pues ^qué menester es mi amor? ^Para que ie queréis, Dios mio, o qué ga-ais? ;Oh, bendito seâis Vos! ;Oh, bendito seâis Vos, Dios mio para siempre! Alaben os todas las cosas, Senor; sin fin, pues no lo puede haber en Vos” (cf. Exclamaciones VU: BAC, ibid., t.2 p.645). R’. SAN JUAN EUDES La misiôn del predicador (Cf. El y — sus minislerios E! sacerdote sacerdoti ministerio s p.2.1 «El predicador opostôli■ — A A · * co». L:bro dirigido a'sus misioneros. Trad, de D. German Jnnénez [Editorial Vizcaina, Bilbao 1934] P-210 ss.). A) e/ ·< Grandeza de la misiôn del predicador La principal misiôn de Nuestro Sefior Jesucristo fué la de predicar: Para esto he sido enviado (Le. 4,43). Para esto me ha enviado el Padre, para evangelizar a los pobres (ibid., 18). Pero del mismo modo que nos hizo participes del poder de juzgar y perdonar los pecados, “quiere ahora asociarnos a él en su cuahdad de preuicaaor. Como mi Padre me enviô, dice, asi os envio yo a vosotros. NE Padre me enviô para anunciar a los hombres su divina palabra y para darles a conocer su santa voluntad. Yo os envio a predicar el mis * mo Evangelio y las mismas verdades que yo mismo prediqué. Pero ;en qué consiste que, existiendo hoy tantos predicadores, se conviertan tan pocos cristianos? Ciertamente que una de las causas es la mala disposition y espiritu curioso de los oyentes; pero existe “otra, por parte de los predicadores que se entrometen en este divino ministerio sin una verdadera vocation de Dios, no dândose a él sino por es­ piritu de ambition, o de interés, o por cualquier otro morivo humano o terreno, los cuales, en lugar de predicar a Jesucristo, se predican a si mismos; en lugar de predicar la verdadera palabra de Dios y las verdades c'vangélicas, predican la palabra del hombre y los pensamientos e imagi­ nationes de su espiritu, adulterando, como dice San Pablo, y corrompiendo por este medio la palabra de Dios (2 Cor. 2, 17 y 4,2)”. Predican cosas “mâs propias para apacentar la vana curiosidad de las inteligencias que para alimentar a SEC. 5. AUTORES VARIOS. SAN JUAN EÛDES las aimas fieles con el pan sôlido de la doctrina celestial, predican muy floridas cosas, preparan sermones excesivamente pulidos y recargados de artificio, mâs propios para halagar los oidos del cuerpo que para mover los corazones. Tratan mâs de agradar a su auditorio que de convertirle. Como los fariseos, se contentan con predicar las verdades cristianas sin tomarse la pena de practicarlas: Ellos dicen ynohacen (Mt. 23,3). Sirven a los fieles en la mesa de Dios buenas viandas, es decir, buenas verdades, pero no estân cocidas en el fuego sagrado de la caridad, porque predican solamente con la boca y no con el corazôn, semejantes a aquel que, invitando a sus amigos a corner, les sirviese manjares muy exquisitos, pero completamente crudos”. B) Cualidades del predicador Las resumi remos tomândolas de San Bernardo y de la Sagrada Escritura. a) La gloria de Dios “Los que desempenan la legaciôn de Cristo no deben. cuando fuere necesario, ni rechazar un mandato ni presumir si lo reciben” (cf. San Bernardo, De consideratione, 1.4 c.4). El que busca la gloria del aue le ha enviado, ése es ve­ ras y no hay en él injusticia (lo. 7,18). b) Sencillez sin avaricia Prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt. 10,16). Mansos y humildes para con todos, como el Senor (Mt. 11.29 y Tit. 3.2). Sea vuestra vida exenta de avaricia (Hebr. 13,5). Sin carrer en pos dei oro ni co]ocar su esperanza en las riquezas y tesoros (Eccli. 31,8)‘, buscando sôlo, como hombres de Dios, la justicia, la niedad, la caridad, la yaciencia y mansedumbre (1 Tim. 6,11). c) Oraciôn y luz Dedicados a la oraciôn y al ministerio de la palabra (Act. 6,4) y “confiando siempre en la gracia de Dios mâs que en su propia habilidad y esfuerzo’ (cf. San Bernardo, ibid., l.c.). 276 ΙΛ SANTISIMA TRINIDAD Tan Uenos del espiritu de sabiduria y de entendimiento, del espiritu de conscjo y fortaleza, del de cientia y piedad y temor de Dios (Is. 11,2), que todos los que os oigan reciban de vuestra plenitud (lo, 1,16). Luz dei mundo y sal de la tierra (Mt. 5,13-14), ejemplo de los fieles en la palabra, en la conversation, en la cari­ dad, en la fe, en la castidad (1 Tim. 4,12). Penetrante olor de Cristo en los que se saluan y en los que se pierden (2 Cor. 2,15). d) Entregados al ministerio de la palabra f Predicando el Evans^lio no como quien busca agradar a los hombres, sino sôlo a Dios, que prueba nuestros co­ razones; y no con lisonjas ni con propositos de lucro, ni buscando la alabanza de los nombres (1 Thés. 2,4-6). Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseiia, exhorta con toda longanimidad y doctrina (2 Tim. 4,2). C) Excelencia del oficio Debe considerarla el predicador, no para vanagloriarse, sino para humillarse ante su indignidad e incapacidad, excitândose a no omitir nada por su parte. a) En si mismo consider ado "Considerado en si mismo, es un oficio mucho mâs provechoso y santo que el oficio de los predicadores de la an­ tigua ley, que eran los profetas. Porque entre los predica­ dores de la antigua y los de la nueva ley existe esta diferencia: que los antiguos, que predicaban la ley de Moisés, no suministraban a los que los oian mâs que la letra, y los nuevos, que predican el Evangelio de Jesucristo, administran y comunican a los oyentes el espiritu o gracia, a menos que éstos pongan obstâôulo. El nos capacitô como ministros de la nueva alianza, no de la letra, sino del Es­ piritu, dice San Pablo (2 Cor. 3,6). Y a continuaciôn llama este mismo Apôstol a la predicaciôn del Evangelio minis­ terio del Espiritu (2 Cor. 3.8)”. Ministerio que nos es comûn con los apôstoles y Cristo. Tan distinguido por Dios, que dice: El que recïbe a vos­ otros, a mi me recibe (Mt. 10,40) ; y, en cambio, afirma ser mâs tolerable la suerte de Sodoma y Gomorra que la de los pueblos que rechazan al predicador (Mt. 10,15). SEC, 5. AUTORES VARIOS, En b) SAN JUAN EUDES 277 sus efectos La predicaciôn ha destruido el reino de Satanâs y extendido la Iglesia. La predicaciôn desarrolla la vida recibida en el bautismo, de modo que se nos puede decir: Tü tienes palabras de vida eterna (lo. 6,69). Los predicadores son los heraldos de la Santisima Tri­ nidad, y por ello comienzan a hablar diciendo: En el nom­ bre del Padre y... E mb a j ador es de Cristo (2 Cor. 5,20), coadjutores de Dios en la mayor de sus obras (2 Cor. 3,9). Padres y madrés de Jesucristo, al que hacen nacer en los corazones. Boca por la que habla Jesûs (2 Cor. 13,3). Predicar es hacer hablar a Dios, que, habiéndolo hecho por los profetas y por su mismo Hijo, lo hace ahora por los que son miembros de Cristo. •Ira c) En SU ORIGEN t La predicaciôn tiene su origen en el seno de Dios, puesto que de alli saliô el Verbo, Palabra eterna; y el primero de todos los predicadores es Jesucristo, de cuyo manantial se derivan todas las demâs fuentes. Su fin es hacer a los hom­ bres hijos de Dios. Estando, pues, los predicadores asociados en su misiôn a los apôstoles y al mismo Senor, procuren informar su vida a la de ellos, y, habiendo sido consagrados sus labios al Evangelio y habiéndose convertido su voz en la de Cris­ to y su lengua en la del Espiritu Santo, no hablen nunca mâs que el lenguaje divino, como si fuera el mismo Dios el que hablase (1 Petr. 4,11). D) i Una sentencia de San Pablo Estudien y practiquen cuidadosamente lo de San Pa­ blo: Predicamos la palabra de Dios sinceramente, como de Dios; hablamos délante de Dios en Cristo (2 Cor. 2.17). a) Como de Dios Esto es, como de su parte, no exponiendo pensamientos propios. sino sacados de Dios por medio del estudio de Santas Escrituras y la oraciôn. Φ 278 LA SANTISIMA TRINIDAD b) Delante de Dios Sin mâs mira ni objeto que la gloria de Dios y la sal­ vation de las almas, unicos fines por los que Jesucristo ectableciô la predication en la Iglesia. c) Ex Cristo O sea, con su espiritu, y, segûn El, con las mismas intentiones y dispositiones interiores y exteriores con las que El predicô. ‘Aüadid a todo lo dicho que predicar la palabra de Dios con las dispositiones requeridas es obra mâs grata a Su Divina Majestad que la mâs alta contemplation, porque nada hay que tanto le agrade como cooperar con El en la salvation de las aimas, lo cual mâs eficazmente se obtdene por la predicaciôn que por la contemplation. Aunque Ra­ quel, dice San Bernardo (cf. In Cant, serm.9 n.8), es mâs hermosa que Lia, ésta es mâs fecunda que aquélla. Por consiguiente, no insistas demasiado en pedir el ôsculo san­ to de la contemplation, puesto que es mâs ûtil y excelente el celo de la prédication”. SEC. 5. AUTORES VARIOS. BOSSUET BOSSUET La unidad de la Santîsima Trinidad y la unidad de la Iglesia Sermôn de gran profundidad teolôgica, en el que présenta como modelo de la unidad de la Iglesia a la unidad de vida, inte­ ligencia y amor que reina en la Santîsima Trinidad (cf. ed. FirminD:dot, t.3 p.30 ss.). A) Exordio Cuando pienso en aquel dia en que veremos “al Hijo de Dios salir del seno del Padre, morando eternamente en El· al Espiritu Santo. torremte de fuego, procedi endo de los abrazos mutuos del Padre y del Hijo, o, mejor dicho, siendc El mismo abrazo y amor de ambos; en que admiraremos aquella unidad tan inviolable que el numero no puede divivir. y aquel mimero tan nrHenado oue la unidad no lo confunde, mi alma se maravilla y exclama con el profeta: iCudn amables son tus moradas, oh Dios de los ejércitos! Anhela mi alma y ardientemente desea los atrios de fl: l’ai’é (Ps. 83,1). Dios ha puesto otra trinidad creada en la tierra. Es nuestra alma con su inteligencia y razôn. Para crear esta imagen de Dios comparece la misma Santisima Trinidad, puesto que el Génesis, que habla en singu­ lar al referirse a la creaciôn de la naturaleza, nos dice lue­ go: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza (Gen. 1,26). Pero ;qué penal La imagen de la Santîsima Trinidau us pu. cj por el pecado. Mas he aqui que se establece un sacramento para regenerarla. Ved como cuida la Providenda de los detalles; este sacramento de la regeneration se darâ en ei nomore de la Santîsima Trinidad, como se llevô a cabo la creaciôn. Aun encuentro otro reflejo de la Santîsima Trinidad, del que os voy a hablar. Es la misma Iglesia, y hallar tal sîmil no es cosa mîa, sino voluntad de Cristo, que en las palabras que me han servido de texto pide que los fieles sean uno, con perfecta unidad, a semejanza de la que El tiene con el Padre, y por lo tanto: A) · Unidad de naturaleza. B) Unidad de inteligencia. C) Unidad de amor. B) V. 279 a) Unidad de naturaleza El espejo de las Sagradas Escrituras ;Como explicar la generation inénarrable dei Verbo? Mirad el espejo de las Sagradas Escrituras. Lo primero que os senalarâ es que el Padre engendra al Verbo dentro de si mismo, a diferencia de los padres or­ dinarios, que engendran al hijo fuera de si. La razôn es la siguiente: Al producir una cosa hay que 0 sacarla de la nada o de alguna otra substantia. El Verbo no puede saiir de la nada, porque no es una criatura; luego tiene que salir de alguna substantia, que no puede ser otra sino la de su Padrc. Pero éste es indivisible y no puede ser pararse de si mismo. Luego el Hijo, al salir de la substan­ da de su Padre, tiene que quedarse dentro de él. Es lo que nos dice San Juan: El Verbo estaba en Dios (lo. 1,1), esto es, era Dios y estaba dentro de Dios, que lo habia engendrado. Profundicemos un poco mâs. Todo principio engendrador vive y engendra mediante una funciôn vital. Ahora bien, la vida de Dios es la inteligencia; luego Dios engendra por un acto del entendimiento. Pero el entendimiento trabaja dentro de si mismo, se esfuerza en recoger lo externo den­ tro de si, y por eso, cuando comprendemos una cosa, de- -r. .· 11 280 SEC. ζ. AUTORFS VARIOS. BOSSUET U SANTISIMA TRINIDAD Este es el modo quo el Padre ha tenido de ensenar al Hijo, dândole la misma ciencia. Cuando nosotros ensenamos, comunicamos nuestra ciencia a los oyentes, y todo el método tiende a unificar en la misma doctrina los espiritus de discipulo y maestro, pero sin que pase de ser un esbozo de lo que ocurre en la Santisima Trinidad. Porque ei Padre comunica al Hijo no sôlo la misma doctrina, sino su misma inteligencia. En Dios, engendrar y ensenar es la misma cosa, porque, en Dios, la vida que comunica al en­ gendrar es la misma inteligencia. Por lo tanto, cuando Cristo Nuestro Senor pide que seamos uno, como El lo es con el Padre, pide también que estpmos unidos por el mismo entendimiento. iCômo se verifica esto? cimos que la tenemos ya en nuestro entendimiento. Pues bien, aquel entendimiento infinito, al entender, tuvo la idea, el Verbo, dentro de si mismo. b) La Iglesia, lmagen de la Trlnidad Ved una imagen de ello en la Iglesia. La Iglesia engen­ dra a sus hijos, y los engendra dentro de si misma. Comienza uno a creer, y no estâ engendrado todavïa, sino en vias de ello. Pero, una vez que nace a la vida espiritual, ha nacido dentro de la Iglesia, se ha incorporado a ella, se ha hecho miembro de su cuerpo. 4Por qué? Porque, como el Padre engendra a su Hijo comunicândole su mismo ser, asi la Iglesia ha engendrado a los suyos comunicândoles su misma vida de la gracia. Para que todos sean uno como nos­ otros (lo. 17,11). Os traeré un pârrafo de San Agustin: “En Dios hay nûmero y en Dios no hay nûmero. Cuando contâis las très Personas, encontrâis un nûmero; pero, cuando preguntâis qué es, ya no hay nûmero, porque es un solo Dios. Son très: ahi tenéis nûmero. 4Qué es lo que son? El nûmero se ha disipado, ya no hay mâs que unidad simplicisima”. Lo mismo ocurre en la Iglesia. Contad los fieles y veréis el nûmero. ;Qué es lo que son? La unidad perfecta. Ya no hay griegos ni romanos, sino un solo Jesucristo, que estâ en todos (Col. 3,11). C) a) 2R1 b) 4CÔMO SE VERIFICA ESTO? En el cielo, porque todos ven a la luz del Cordero (Apec. 21,28). Todos ven aquella luz indeficiente que es el Verbo, y en ella ven al Padre y al Espiritu Santo, que le son inseparables, y contemplan todas las cosas de las aue son principio, y todos los santos ven y viven la misma luz via mi^ma vida, realizândose perfectamente la unidad, como la del Hijo con el Padre. En la Iglesia también nosotros vivimos una unidad oarecida. Yo os estov pr^dicando, pero no soy yo el oue hablo, sino el Espiritu Santo, que me mueve, y el Hijo de Din^. oue habia por mi. Si me escuchâis, estâis escuchando al Verbo divino, y tndo'i Iqs hombres s^mos uno en la in­ teligencia de la segunda Persona de la Santisima Trinidad, a quien nos unimos por la fe. Unidad de inteligencia Unidad de vida y de operaciôn D) El Hijo y el Espiritu Santo reciben continuamente la vida e inteligencia dei Padre. El Hijo, directamente, y el Espi­ ritu Santo, del Padre por el Hijo. Decia el Senor que El no podia ejecutar sino lo que veia hacer al Padre y que todo io que hacia el Padre lo hacia El igualmente. No os imaginéis que el Hijo mira las obras del Padre para reproducirlas, porque entonces su acciôn séria distinta de la del Padre. No. La obra es exactamente la misma. El Hijo opera con el mismo poder, la misma sabiduria y con idéntica operaciôn. El Hijo no puede hacer sino'lo que hace el Padre, por­ que la operaciôn de uno y otro se identifica con la esencia, que es comûn a los dos. El Padre se lo diô todo al Hijo, y le diô su misma acciôn. I Unidad de amor Si el Espiritu Santo estâ en nosotros, habrâ caridad y viviremos unidos por el amor. El Espiritu Santo es un amor nuro. sin mezcla terrenal alguna. Amémonos todos sôlo en Dios. Es un amor constante, poraue es etemo. Que nuestra caridad no se enfrie; permaneced en ella (Hebr. 13.1). Es sincero, como que es su misma esencia. No os enganéis los unos a los otros, porque sois miembros entre vosotros mismos (Eph. 4,25). Es un amor desinteresado. No busquéis vuestro bien, sino el de todos. •1 4 LK SAN USINA TRINIDAD E) SEC. 5. AUTORES VARIOS. PRAT c) Como entierro mistico, la muerte del hombre viejo y la union con la muerte de Cristo. d) Como resurrecciôn mïstica, la regeneraciôn y la vida nueva”. Exhortaciôn Si Cristo nos hubiera pedido que fuésemos hermanos, deberiamos respetar su voluntad. Si nos hubiese impuesto la fidelidad de quienes viven en la misma milicia bajo el estandarte de la cruz, debiéramos avergonzarnos de desobedecer a tan divino capitân. Si nos hubiese dicho que éramos miembros de un mismo cuerpo, estariamos obligados a entender que, cuando una parte del cuerpo sufre, todas padecen (1 Cor. 12,26). Pero si nos ha dicho que debemos ser uno, como El mismo, ;cuâl serâ nuestro crimen al romper el lazo sagrado de la caridad fraterna? Y para sellar todavia mâs esta unidad, Cristo fundô la Eucaristia. Después de ello, iqué diré para terminât, sino las mismas palabras del Senor? En esto conocerân todos que sois mis discipulos, si tenéis caridad unos para con otros (lo. 13,35). A fin de que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y tû en mï, para que sean consumados en la unidad y conozca el mundo que tû me enviaste (lo. 17, 22-23). VI. b) F. PRAT, S. I. B) En el evangelio de hov aparece el imperativo de boutizar en el nombre de la Santisima Trinidad. Para explicaciones siuiplemente doctrinales sobre el bautismo, puede verse cualquier tcologia moral 0 dogmâtica. Sobre la regeneraciôn producida por el bautismo nos remitimos a la fiesta de Navidad, en que se liable de la adopciôn divina. Sobre la uniôn del bantismo con la resurrecciôn de Cristo hablâbamos también el domingo de Resurrecciôn. Ahora extractamos un lugar de Praï, que condensa todo la doctrina de San Pablo sobre los efectos bautismales (cf. Théologie de Saint Paul I.5 c.2 a.i [Paris, Beauchesme, 1913] 4A ed. t.2 p.367). Multiples simbolîsmos del bautismo a) CUATRO SIMBOLISMOS “El rito de inmersiôn de la Iglesia primitiva encierra cuatro simbolîsmos: Como bano sagrado. la purificaciôn interna. b) Como vuelta a la luz, la iluminaciôn espiritual. Dos NUEVOS ELEMENTOS "Posteriormente se enriqucciô con dos nuevos elementos: la unciôn, injerto del neôfito al olivo de Cristo, y la vestidura blanca. Naturalmente que San Pablo no trata nunca de estos dos ùltimos. De los cuatro elementos anteriores, el primero, de acuerdo con la etimologia del rito, fué el mâs natural en el siglo I. El siguiente fué muy comùn en el H. Sobre todo después de San Justino, ïluminar equivalia a bautizar. San Pablo no desconoce ninguno de es­ tos simbolîsmos: Ruminando los ojos de vuestro corazôn (Eph. 1.18); hijos de la luz (1 Thés. 5,5). El cristiano es un faro de luz que brilla cotno lüminaria colocada en el mun­ do (Phil. 2,15); luz en el Seûor (Eph. 5,8). Para él el bau­ tismo es también un bano de purificaciôn espiritual: Purificados, santificudos, justificados (1 Cor. 6,11). Porque Cris­ to quiso prepararnos una esposa perfecta purificândola por el bano del agua con la palabra de vida (Eph. 5,26). Sin embargo, les que suele poner de relieve son la muer­ te y la resurrecciôn misticas”. El bautismo en San Pablo A) 283 I Muerte y resurrecciôn misticas El rehabilitar al hombre tuvo por condiciôn esencial una muerte, y Jesûs es Salvador por su cruz y porque nos asociô a la euya: Uno muriô por todos, luego todos son muer· tos (2 Cor. 5,14). Mas, para que su muerte se convierta en salvaciôn, es necesario que se realice en cada uno de nos­ otros una muerte ideal por medio del bautismo. Estos simbolîsmos y todos los efectos dei sacramento han dado lugar a una de las mâs bellas pâginas de San Pa­ blo, que algunos, por haber perdido este punto de vista, han convertido en un insipido galimatias (Rom. 6,38)... “Ser bautizado en la muerte de Cristo es ser bautizado en Cristo moribundo e incorporado a Cristo en el mismo acto por medio del cual nos salvô, esto es, morir misticamente con el que muriô realmente en nombre y para provecho de todos, y esta muerte mïstica es verdaderamente real, porque sus efectos son reales, a saber, morir al pecado, morir al hombre viejo, morir a la ley”. LA SANTISIMA TRINIDAD a) SEC. 5. AUTORES VARIOS. PRAT cf. 2 Tim. 2,11). Esta nueva vida podrâ no aparecer exteriormente, pero necesariamente existe, porque estais muertos, y vuestra vida esta escondida can Cristo en Dios (Col. 3,3). El agua bautismal es la tumba del hombre viejo y el seno materno del nuevo. Con El fuisteis sepultados en el bautismo y en El asimismo fuisteis resucitados por la fe en el poder de Dios, que le resucitô de entre los muertos (Col. 2,12). El bautismo, como sepulcro de Cristo, nos entierra y nos devuelve a la vida. Para apreciar toda la fuerza del lenguaje de San Pablo es necesario recordar aquellas frases suyas de ser bauti­ zados en Cristo y revestirse de Cristo, que para él significan sumergirse en el Cristo mistico como en elemento na­ tural de nuestra nueva vida. Esto es, ser bautizados en el cuerpo de Cristo, incorporados a su Cuerpo mistico; y del mismo modo revestirse de Cristo es ser envueltos por aque­ lla atmôsfera divina. Ser, como miembros suyos vivos, sumergidos en esa fuerza sobrenatural que se llama aima de la Iglesia, y que no es otra que el Espiritu Santo. El Apôs­ tol emplea mil veces la palabra revestirse; por ejemplo: del hombre nuevo, de la inmortalidad, de las armas de la luz, y siempre en el sentido activo, de modo tal que revestirse de Cristo no es cubrirnos con un manto que oculte nuestras miserias, sino ser penetrados de una forma vital que nos comunique su propia vida: Sois todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesûs, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Y a no hav judios ni griegos... : todos sois uno en Cristo Jésus (Gai. 3,27-28)”. Morir al pecado “Para algunos protestantes, esta muerte al pecado no es mâs que una ficciôn real, en la que Dios nos considera como justos, aunque continuemos siendo pecadores. Para otros représenta una voluntad decidida de no pecar, renovada continuamente por el recuerdo de que Cristo muriô por el pe­ cado. Estas explicaciones son fûtiles; la muerte al pecado implica un astado, un cambio interior moral, que San Pa­ blo no llama simpîemente morir, sino estar muerto al pe­ cado. Morir al pecado es despojarse de todas sus reliquias y tiranias, porque el que esta muerto estâ libre de pecado, sin restricciones ni excepciones, sin limitarse a pecado ori­ ginal, actual 0 cualquier otra clase, porque y a no hay nada de condenaciôn para los que estân en Cristo Jésus (Rom. 8,1). Hasta ayer pudieron ser idolâtras, impûdicos, ladrones...; pero, una vez bautizados, han sido purificados, santificados, justificados, en él nombre del Seiïor Jesucristo (1 Cor. 6,11). Es, por lo tanto, una verdadera renovaciôn interior en la que no queda nada del pecado”. b) Morir al hombre viejo ‘Έβ una consecuencia de la muerte al pecado, porque, al ser bautizados en la muerte de Cristo, nuestro hombre viejo fué crucificado con El. Este hombre viejo designa a todo lo que tenemos de comûn con el primer Adân como jefe religioso de la humanidad, y que perece al unirnos con el segundo, con Cristo. Claro esta que esta muerte es pro­ gressa ; pero, aunque hoy subsiste la inclinaciôn al mal en el hombre regenerado, ha recibido un golpe mortal con el antidoto de la gracia, que hace a la concupiscencia inofensiva”. c) Morir a la ley e) Resurrecciôn mosaic a ** - 1. El bautismo es: espiritual “Segûn el Apôstol, es imposible morir al pecado sin comenzar a vivir la vida de la gracia. Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con El (Rom. 6,8). Porque, si hemos sido injertados con El por la semejanza de su muerte, también lo seremos por la de su resurrecciôn (Rom. 6,52; Resumen "Lo hace maravillosamente San Pablo: Dios... nos salvô mediante el lavatorio de la regeneraciôn y renovaciôn del Espiritu Santo, que abundant emente derramô sobre nosotros por Jesueristo nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seam os herederos de la vida eterna segun nuestra esperanza (Tit. 3,5-7)”. "Para San Pablo termina totalmente con el bautismo (cf. Rom. 7,6)”. d) 285 I Un lavatorio o bafio que purifica el aima. 2.° Regeneraciôn, porque es una segunda natividad por el agua y el Espiritu Santo, que nos hace hijos de Dios, como la primera nos constituyô hijos de la ira. ° 3. Renovaciôn, porque, despojado del hombre viejo, se reforma nuestro ser con la criatura nueva. 2S6 LA SANTÎSIMA TRINIDAD 2.87 SEC. 5. AUTORES VARIOS. BOUI.ENGER ill» es un don del Espiritu Santo 2. El bautismo Difundido en nuestros corazones por el Padre median­ te el Hijo. Por lo tanto, las très Personas concurren a producir el efecto total del bautismo: el Padre toma la iniciativa de la gracia, pone en juego la misericordia di­ Arina ÿ envia su Espiritu Santo; el Hijo interviene como Salvador, pues por su medio nos salva el Padre; el Es­ piritu Santo opera la renovaciôn infundiéndose en nuestros corazones y mezciândose intimamente con nuestro ser. 3. El bautismo nos constituye herederos de la vida eterna Al conferirnos la filiation adoptiva, y si hoy no la po­ seemos completa, por lo menos nuestra esperanza es segura. C) La fe y el bautismo San Pablo los une siempre, atribuyendo los mismos efec­ tos a la una que al otro. Las razones son dos. a) Razôn histôrica En primer lugar, existe una razon historica. Bautismo y fe eran casi simultaneos, porque desde que el Serior mando que se creyera y bautizara, al bautismo precedia una pri­ mera y rudimentaria instruction. Très mil fueron bautizados por Pedro después del primer sermon, y el eunuco de la reina de Candace, el carcelero de San Pablo... Se creia y a la vez se era bautizado. No es de extranar, por lo tanto, que el Apôstol una las dos cosas. VII. A. BOULENGER Necesidad de la Iglesia Correlativa al mandato de predicar y bautizar es la obligaciôn de creer y pertenecer a la Iglesia, recogida por San Lucas. El que ho crcn... El présente capitulo es una sintesîs de la doctrina catôlica (cf. Manual de .1 pologclica p.3.a sec.i a.4. Traducciôn del doctor J. Sendra [Ed. Poliglota, Barcelona 1929] ι.α ed. p.405 ss.). A) Necesidad de pertenecer a la verdadero Iglesia La necesidad de pertenecer a la Iglesia verdadera se apoya en dos argumentes, uno de escritura y otro de razon. a) Argumento escriturario “La voluntad de Nuestro Seüor es formai en este pun­ to, pues El dijo a sus apôstoles: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura; el que creyere y se bautizare, sera salvo; el que no creyere, sera condenado (Mc. 16,15-16). De estas palabras se deduce, por una par­ te, que su doctrina serâ transmitida a todo el universo por el intermedio de sus apôstoles y legitimos sucesores, y por otra parte, que hay obligation de adherirse a ella, pues Cristo condena a los que lo rehusan”. b) I Argumento de razôn ■ «2^ I b) Razôn- principal Pero la razon principal es que, para San Pablo, la fe no consiste en un simple asentimiento de la inteligencia a una verdad especulativa, sino que es un amén de la razôn, de la voluntad y de todo el hombre a la economia de Cristo, punto decisivo de la vida de San Pablo y del cristiano que se convierta. La fe es sincera y justificante acompanada de la penitencia y del rito sacramental: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesus, porque todos habéis sido bautizados (Gai. 3,26-27). De aqui que la filiation adoptiva se atribuya a la fe y al bautismo: a la primera, como cau­ sa instrumental; al segundo, como causa formai. En efecto, la union con Cristo, que nos hace hijos de Dios, es operada por la fe y por el bautismo, y ni éste puede producirse ein la fe ni existe una fe verdadera sin el deseo del bautismo. "La necesidad de pertenecer a la verdadera Iglesia se infiere de la razôn. En efecto, no podemos escapar al siguiente dilema: o la Iglesia catôlica posee la verdad religio­ sa, y es la unica que tiene el deposito de la doctrina de Cristo, o no la tiene; si ella la posee y es, por consiguien­ te, la verdad, es manifiesto que se impone necesariamente, porque toda verdad es por naturaleza exclusive. Toda la cuestiôn. pues, se reduce a probar que la Iglesia catôlica es la ûnica verdadera, y esto lo hicimos ya en los articulos precedentes”. * SEC. Ç. AUTORES VARIOS. BOLH.ENGEtl En principio, pertenecer a la Iglesia catôlica se impone como una necesidad. i Como entender esta necesidad y cômo exp’icar el axioma conocido: Fuera de la Iglesia no hay salvaciôn ? ) Teorîas anteriores al siglo XVI De una manera general, hasta el siglo XVI ensenan los Padres y doctores que pertenecer a la Iglesia es de nece­ sidad absoluta, y que aquellos que rehusan someterse a su autoridad doctrinal y disciplinaria, los herejes y los cismâticos pierden todo derecho a la eterna salvaciôn. Mas hay motivos para cre^r que esta intransigencia es mâs aparente que real, y procede de que la cuestiôn no se ha planteado en todos sus aspectos. Prueba de ello es que San Agustin (s. TV), aun «'stableciendo como principio que es necesario pertenecer a la Iglesia para salvarse, agrega que se puede estar en el error, que puede uno equivocarse so­ bre cual es la verdadera Iglesia y, sin embargo, no figurer entre los herejes... En el siglo XVI, Belarmino y Suarez dan mâs amplitud a la cuest’ôn y discuten sefialadamente las condiciones requcridas para pertenecer al cuerpo de la Iglesia. En el siglo XIX. los teôlogos progresan mucho en la explicaciôn del dogma, gracias a las distinciones que establec^n, con mucha razôn, entre los diferentes sentidos de las palabres pertenecer y necesidad. Unos dicen que hay dos maneres de pertenecer a la Iglesia: in re, esto es, realmente, e in voto, esto es. con el deseo. Porque “se puede pertenecer a la Iglesia por el deseo, por la voluntad, por el corazôn. cuando se desea asi, sin ser realmente miembro de la Iglesia en el sentido riguroso. Este deseo puede ser explicito, como sucede en los catecumenos, y puede ser im­ plicito, como sucede a quienes, sin conocer todavia a la Iglesia. desean hacer todo lo que es voluntad de Dios. Estos hombres de buena voluntad pertenecen implicitamente a la Iglesia” (cf. Bainvel, Hors de VEglise pas de salut). Otros, d’stinguiendo entre el aima y el cuerpo de la Iglesia, dicen que es de necesidad de medio pertenecer al aima de la Iglesia, y de necesidad de precepto pertenecer al cuerpo. 1. Pero pertenecen al aima de la Iglesia todos aquellos infielas. herejes y cismâticos, que, viviendo en ignoranda invencible, ob^ervan su relig'ôn de buena fe y se esfuerzan en agradar a Dios segûn los dictados de su conciencia. Dios los juzgarâ por lo que han conocido y cumplido y no segûn lo que han ignorado de la ley. 2. No pertenecen al aima ni al cuerpo de la Iglesia aquellos que estân en el error voluntario y culpable, los que. sabiendo que la Iglesia catôPca es la verdadera, no quieren entrer en ella, por no aceptar los deberes que imde Newmann, “pecan contra la luz”, se aplica la mâxima Fuera de la Iglesia no hay salvaciôn. Aûadiremos, para terminar. que estas dos interpretaciones del dogma catôlico estân conformes con ]as ensenanzas 9 de diciembre de 1854, y en su enciclica Quanto conficia­ mur, dirigida a los obispos de Italia el 10 de agosto de 1863. ‘‘Aquellos—dice él en el segundo documento—que estân en ignorancia invencible respecto de nuestra santa religion y que observan cuidadosamente la ley natural y sus preceptos, grabados en todos los corazones. y que, dispuestos a obedecer a Dios, llevan una vida recta y honrada, pueden, con los auxilios de la luz divina y de la gracia, conseguir la vida eterna. porque Dios... no permite jamâs, en su soberana bondad y clemenc’a, que aquel que no es culpable de ninguna falta voluntaria sea castigado eternamente. Pero también es muy conocida esta verdad catôlica que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia catôlica y que aquellos que a sabiendas se muestran rebeldes a la autoridad y a las decisiones de la Iglesia. lo mismo que aquellos que estân voluntaria mente separados de la unidad de la Igles;a y del Romano Pontifice, sucesor de Pedro, a quien ha sido confiada por el Srfior la custodia de su viüa, no podrân obtener la salvaciôn eterna”. d) Conclu siôn Cualquiera que sea el modo de interpretar la formula Fuera de la Iglesia no hay salvaciôn, es licito sacar las conclusiones siguientes : 1. Por parecer unanime de los teôlogos, es de nece­ sidad absoluta pertenecer al aima de la Iglesia, toda vez La Palabra de C. 5 10 290 U SANTISIMA TRINIDAD que la gracia santificante es aqui el unico medio para alcanzar el cielo. 2. Pertenecer al cuerpo de la Iglesia es también, en cierta medida, de necesidad de medio; y decimos en cierta medida, porque conviene distinguir entre los que conocen la verdadera Iglesia y los que no la conocen; para los primerots, pertenecer al cuerpo, exterior, visiblemente, in re, como dicen los teôlogos, es a la vez de necesidad de medio y de necesidad de precepto; para los segundos, que no pueden estar obligados por un precepto que ignoran, basta el pertenecer implicitamente, y esto significa que deben per­ tenecer por el corazôn y por el deseo, el cual, aunque no esté formulado en palabras, es inherente al acto de caridad y al deseo de conformar su voluntad con la voluntad divina”. SECCION F/. La Santisima Trinidad Λ) a) TEXTOS PONTIFICIOS La Trinidad, substancia del Nuevo Testamento, MISTERIO DE LOS MISTERIOS «Antes de desarrollar el asunto propuesto, sera conveniente y ûtil tratar algo del misterio de la sacrosanta Trinidad. Es llamado por los doctores sagrados substanda del Nuevo Testamento, a saber, el mâs grande de todos los misterios, puesto que es como cabeza y fuente de todos. Para cuyo conocimiento y contemplaciôn han sido creados en el cielo los Angeles y en la tierra los hombres ; que, prefigurado en el Antiguo Testamento, para ensenarle con mâs cla,!dad, descendiô el mismo Dios de los ângeles e los hombres : .4 Dios nadie le viô jamâs ; Dios unigénito, que estâ en el seno del Padre, ése nos le ha dado a conocer (lo. i,i8)» (Leôn XIH, Divinum illud, 9 de abril de 1897). b) Al hablar de la Santisima Trinidad se ha de hacer CON CAUTELA Y. MODESTIA «Cualquiera que escriba o hable de la Trinidad, conviene que tenga ante la vista lo que prudenteinente amonesta el Angélico. Cuando hablamos de la Trinidad, «se ha de obrar con cautela y modestia, pues, como dice San Agustîn, ni se yerra en ninguna parte con mâs peligro, ni se busca algo con mâs trabajo, ni se encuentra algo mâs fructuoso». El peligro procédé de confundir entre si en la fe o en el culto a las divinas Personas o en separar entre ellas la ûnica naturaleza, puesto que ésta es la fe catôlica : «que veneremos a un solo Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la Unidad» (Sîmbolo atanasiano)» (ibid.). c) La Iglesia estableciô la fiesta de la Santîsima Trini­ dad PARA MANTENER A SUS HIJOS EN LA INTEGRIDAD DE LA FE «Por lo cual, nuestro predecesor Inocencio XII negô enteramente algunas cosas solemnes, propias del honor del Padre, a los que las pedian. ¥ si hay ciertos dias festivos para celebrar cada uno de los misterios de la encarnaciôn del Verbo, no hay del mismo modo una fiesta para celebrar al Verbo, segûn tan sôlo la divina naturaleza ; y hasta la misma solemnidad de Pentecostés no fué introducida en la antigüedad simplemente para honrar al Espiritu Santo por si, sino para recordar su advenimiento o externa misiôn. Todo lo cual I 292 SLC. 6. TEXTOS i'OMll ICIOS la santisima trinidad ha sido sabiamente estab'ecido, para evitar que alguno por la dis· tincion de las Personas cayese en el error de disunguir la divina esencia. Por esa razôn, la ig.esie, a fin de mantener a sus hijos en la in.egridad de ".a fe, instituyô la fiesta de la Santisima Trinidad, que Juan XXII mando despues celebrar en todas partes, y pernutiô se dedioasen a este misterio templos y altares y aprobô, por inspiraciôn celestial, la orden religiosa para la redenciôn de ceutivos, que estâ dedicada a la Santisima Trinidad y que goza del mismo ürulo» (ibid.). El culto y las preces litûrgicas termlnan en la Santîsdia Trinidad, y en su nombre se hacen las bendiciones, d) ritos y sacramentos «Muchos hechos confirman esta materia. El culto que se tributa a los santos y ângeies, a la Virgen, Madré de Dios, y a Cristo, re­ dunda y termina en la misma Trinidad. En las preces que se dirigea a una Persona se h-ace menciôn de ‘.es demâs ; en la forma de las sûplicas, al invocar a cada una de las Personas svp>aradamente, se hace la invocaciôn comûn ; en todos los salmos e himnos, la misma alabanza se dirige al Padre, al Hijo y al Espiritu Samo ; las bendiciones, los ritos, los sacramentos, se îiacen eu nombre de la senta Trinidad. Y esto mismo hacia ya macho tiempo que lo habia anunciado el Apôstol en es.a sentencia : Porque de El, y por El, y para El son todas las cosas. .4 El la gloria por los siglos (Rom. 11,36) ; significando en este pasaje la trinidad de las Personas y afirman.lo la unidad de naturaleza, la cual, siendo una e idéntica en cada una de las Personas, procede se tribute a cada una, como a uno y mismo Dios, igual gloria eierna y majestad. Exp.anando este testimonio San Agustin cf. De Trin. 1.6 c.ro) : «No s«= ha de ice—la frase del Apâs.ol : De El, y por El tomar confusamen: y para El; pues dice de El, por el Padre ; por El, por el Hijo y para El, por el Espmtu Samo» (ibid.). e) Las obras de la Santisima Trinidad son indivisibles, COMO SU ESENCIA, AUNQUE, POR CIERTA COMPARACIÔN, SE LE APROPIAN ALGUNAS OBRAS «Con gran propiedad, la Iglesia acostumbra atribuir al Padre lai obras en que se déjà sentir el poder ; al Hijo, aquellos en que brilla la sabiduria ; al Espiritu Santo, aquellas en que se manifiesta el amor. No porque todas las perfecciones y todas las obras ad extra no sean comunes a las divinas Personas, puesto que «las obras de la Trinidad son indivisibles, como indivisible es su esencia» (cf. San Agustîx, De Trin. l.i c.4 y 5), porque, asi como las très Personas divinas son inseparables, usi obran mseparadameiite. Por cierta comparaciôn y como afinidad que se verifica entre las niismas obras y Ια propiedad de las Personas, aquéllas se atribuyen a una mâs bien que a las otras. Asi como de la semejanza de vestigio o imagen que se halla en las criaturas nos va’.emos para manifestar a las divinas Personas, asi también de los atributos esenciales. «Esta manifestaciôn de las Personas por los atributos esenciales se dice apropiaciôn» (cf. Sum. Theal. 1 q.39 a.7)» (ibid.). f) S1END0 TODAS LAS COSAS DE EL, FOR EL Y EN EL «De esta manera, el Padre, que es principio de toda la deidad, es al mismo tiempo causa eliciente de todo lo relativo a la encarnaciôn dei Verbo y a la santihcaciôn de las aimas : Ex ipso sunt omnia: de El y por el Padre. Mas el Hijo Verbo, imagen de Dios, es la causa ejempiar de la que todas las cosas reciben la forma y la bclleza, el orden y el concierto ; el cual es para nosotros camino, verdad, vida, reconciliador del hombre con Dios ; per ipsum sunt emilia, por El, por el Hijo. Finalmente, el Espiritu Samo es la causa ultima de todas las cosas, puesto que, asi como la voluntad descansa en todas elles como en su fin, no de otra manera El, que es la divina bondad y la misma caridad entre el Padre y el Hijo, perfecciona y completa con cierto impulso suave y eficaz la obra niistenosa de la sempiterna salud de los hombres. In ipso sunt omnia. En El, por el Espiritu Santo» (ibid.). B) La Iglesia, por Cristo formada. Su jerarquia a) Directamente Cristo gobierna su Iglesia, reinando en LAS ALMAS DE LOS HOMBRES, FORTALECIENDO A SUS JERARCAS Y VELANDO FOR ELLA «Pero también directamente dirige y gobierna por si mismo el divino Salvador la soctedad por El lundada. Porque El reina en las men.es y en las aimas de los homores y doblega y arrastra hacia su beaep.âcno aun las voluntades màs rebeides. El corazon del rey esta en inanos del Senor; lo inclinarà a donde quisiere (Prov. 21,1). Y cou este gobierno interior no solamente tiene cuidado de cada uno en particular, como pastor y obispo de nuestras aimas (cf. 1 Petr. 2, 25), sino que, ademas, mira por toda la Iglesia, ya iiuminando y fortalecienao a sus jerarcas para cumplir hel y iructuosamente los respecavos cargos, ya también suscitando del seno de la Iglesia, especialmente en las mâs graves circunstancias, hombres y mujeres eminentes en santidad, que sirvan de ejemplo a los demâs fieles pare el provecho de su Cuerpo mistico. Anâdase a esto que Cristo desde el cielo mira siempre con particular atecto a su Esposa inmaculada, desterrada en este mundo, y cuando la ve en peligro,-va por si mismo, ya por sus ângeies (cf. Act. 8,26 ; 9,1-19 ; 10,1-7 ; 12,3-10), ya por aquella que invocamos como Auxilio de los Cristia­ nos y por otros celestiales abogados, la libra de las oleadas de la tempes.ad, y, tranquihzando y apaciguaudo el mar, la consuela con aquella paz que supera todo sentido (Phil. 4,7)» (Pio XII, Mystici Corporis 17 : Col. Enc., p.706). También de una rige a su Iglesia por b) 11 MANERA PATENTE Y ORDINARIA CRISTO MEDIO DE SU VICARIO, AL DARLE LA POTESTAD ANTES DE DEJAR ESTE MUNDO J ·,<βΛ SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 296 f) 297 LA SANTISIMA TRINIDAD ASÎ COMO TAMBIÉN ES ERRÔNEO SONAR CON TINA IGLESIA IDEAL, OPUESTA A LA QUE SE LLAMA JURIDICA «Por lo cual lamentamos y reprobamos csimismo el funesto error de los que sneiian con nna Iglesia ilusoria, a manera de sociedad alimentada v formada por la caridad, a 1a que—no sin desdén—ODoncn otra que llaman juridica. Pero se engafian al introducir semeiante distinciôn, pues no entienden que el divino Redentpr, por este mismo motivo, quiso que la comunidad por El fundada fuera una sociedad perfecta en su género y dotada de todos los elementos juridicos y sociales, para perpetuar en este mundo la obra divina de la redenciôn (Conc. Vat. sess. 4, Const, dogm. de Eccl. prol.l. Y para lograr este mismo. fin, proenrô qne estuviera enriquecida con celestiales do­ nes y gracias por el Espiritu Parâclito. El Eterno Padre la quiso, ciertamente, como reino del Hifo de su amor (Col. 1,13) ; pero un verdadero reino, en el que todos sus fieles le rindiesen pleno homenaje de su entendimiento y voluntad (cf. Cone. Fat. sess.3, Const, de fide cath. c.3) y con ânimo humilde y obediente se asemeiasen a Aquel que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte (Phil. 2,8). No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera ooosiciôn o pugna entre la misiôn invisible del Espiritu Santo v el oficio juridico que los pastores y doctores han recibido de Cristo, pues estas dos realidades—como en nosotros el cuerpo v el aima—se completan y perfeccionan mutnamente y proceden del mismo Salvador nuesFo, quien no sôlo dijo al infundir el sonlo divino : Recibid el Espiritu Santo (lo. 20,22), sino también imperô con expresiôn clara : Como me envié mi Padre, asi os envto yo (lo. 20,21! ; v asimismo (Le. X0.16) : El que a vosotros oye, a tuf me oye·» (ibid., 30 : Col. Enc., p.’iq). depôsito a ella confiado, y dirija e informe a los hombres y a sus asociaciones y acciones en honestidad de costumbres e integridad de vida, segûn la norma de la doctrina revelada» (Pio XI, Divini illius Magistri 10: Col. Eue., p.818-819). I. b) El magisterio eclesiâstico La Iglesia es una escuela sublime, y su misiôn CONSISTE EN ENSENAR Y EDUCAR fj ε ► SI II! I SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 300 M «tVTTSIMX TRIXimn D î) A LOS QUE SE EMPENAN EN SACAR COSAS NUEVAS ES PRECISO REPETIRLES EL “NIHIL INNOVETUR...; NON NOVA SED NOVITER” «Si elgunos maestros y profesores insisten actuahnente con enipeâo y energia en secar a luz cosas nuevas y en desarrollarlas, en vez de repetir «id quod traditum est» ; si no tienen otro intento, les recomendamos que mediten atentamente lo que Benedicto XV en !a ' citada enciclica propone a su consideraciôn : «Qneremos que se guarde inviolablemente la mâxima de nuestros mayores : Nihil innove­ tur, nisi quod traditum est»: por mâs que esta mâxinia tiene su aplicaciôn en cosas de fe, en las cuales hay que observarla invio­ lablemente, debe servir también de norma para regular lo que es susceptible de mudanza, aunque en esto tiene también valor la ré­ gla Non nova, sed noviter» (ibid.). j) 301 Nada En CONTRA HAY QUE DECIR QUE A LOS QUE ASÎ HABLAN Y OBRAN NO LES GUÎA EL ESPÎRITU DE DlOS Y DE CRISTO «Eu contra de esto hay que sostener lo siguiente : No ha habido nunca, ni hay, ni habrâ jamâs en la Iglesia un magisterio legitimo de laicos que have sido substrafdo por Dios a la autoridad, guia y vigiîancia dei magisterio sagrado. Mâs aûn : el mero hecho de rechazar esta sumisiôn es ya un argumento convincente y un criterio seguro de que no guia el Espiritu de Dios y de Cristo a los se­ glares que asi habian y obran. Ademâs, nadie ignora cuân gran peligro de perlurbaciôn y error se encierre en esa «teologfa laica» ; peligro también de que se pongan a instruir a los demâs personas del todo ineptas y aun falaces y dolosas, que San Pablo describe asi (2 Tim. 4,3-4) : Vendrà un tiempo en que..., conforme a sus pasiones, se amontonarân maestros y apartarân los oidos de la ver­ dad para volvcrlos a las fàbulas» (ibid.). de esto esta opuesto a la colaboraciôn de LOS LAICOS EN LA DEFENSA DE LA FE «Es manifiesto que los legitimos maestros pueden llamar y ad­ mitir también a los laicos de uno v otro sexo a colaborar en defensa de la fe. Baste recordar la ensefianza del catecismo, en la que toman parte tantos miles de hombres y mnjeres y otras diver­ sas formas del apostolado seglar. Todo ello es digno de sumo encomio y puede y debe promoverse con todo empeüo. Pero es menester que todos esos laicos estén y se mantengan sometidos a la autoridad, guia y vigiîancia de quienes por instituciôn d’vina han sido establecidos como maestros en la Iglesia de Cristo. En las co­ sas que tocan a la salvaciôn de las almas, no hay en la Iglesia magisterio de ninguna clase que se substraiga a esa autoridad y vigiîancia» (ibid.). ; k) RECIENTEMENTE ha SURGIDO UN A ESPECIAL CATEGORIA DE TEÔLOGOS LAICOS, QUE DISTTNGUEN Y OPONEN SU 3LAGISTERI0 al de la Iglesia «Recientemente ha comenzado a pulular aeâ y alla una que Ha­ man «teologfa laica» y ha surgido una categoria especial de «teôlogos laicos», que se proclaman independientes. De esta teologfa existen ya prelecciones, textos impresos, circulos, câtedras. profeso­ res... Distinguen éstos su magisterio del magisterio pùblico de la Iglesia y. en cierto modo, lo oponen a él ; para cohonestar su modo de procéder, anelan a veces a los carismas de ensenar e interpre­ tar de que se habia reoetidas veces en el Nuevo Testamento, especialmente en las epistolas de San Pablo (v. gr., Rom. 12,6-7 ; 1 Cor. 12,28-30) ·, apelan a la historia, que desde el comienzo de la religiôn cristiana hasta nuestros dias présenta tentos nombres de seglares, los cuales, en bien de las aimas, ensefiaron por escrito v de palabra la verdad cristiana sin heber sido llamados a ello por los obispos y sin haber pedido o aceptado la facultad dei magisterio sagrado, sino movidos por propio impulso o celo apostôlico» (ibid.) D) a) Unidad y unicidad de la Iglesia JESUCRISTO QUISO FUNDAR UNA IGLESIA ÙNICA «Si, ciertamente, la verdadera Iglesia de Jesucristo es una ; los testimonios evidentes y multiplicados de las Sagradas Letras han fijsdo tan bien este punto, que ningun cristiano puede llevar su osadia a contradecirlo. Pero cuando se trata de determinar v establecer la naturaleza de esta unidad, muchos se dejan extraviar por varios errores. No solamente el origen de la Iglesia, sino todos los caractères de su constituciôn pertenecen al orden de las cosas que proceden de una voluntad libre ; toda la cuestiôn consiste, pues, en saber lo que en realidad ha sucedido, y por eso es preciso averiguar no de qué modo la Iglesia podria ser una, sino qué unidad ha querido darle su Fundador. Si examinâmes los hechos, comprobaremos que Jesucristo no concibiô ni instituyô una Iglesia formada de muchas comunidades que se asemejan por ciertos caractères generales, pero distintas unes de otras, y no unidas entre si por aquellos vinculos que ûnicamente pueden dar a la Iglesia la individualidad y la unidad de que hacemos profesiôn en el simbolo de la fe : Creo en la Iglesia una...» (Leôn NUI, Satis cognitum, 29 de junto de i8q6). b) • Π CONSTITUÎDA EN LA UNIDAD POR SU MISMA NATURALEZA «La Iglesia estâ constituida en la unidad por su misma natura­ leza ; es una, aunque las hcrejias traten de desgarrarla en muchas sectas. Decimos, pues, que la antigua y catôlica Iglesia es una, porque tiene la unidad de naturaleza, de sentimiento, de principio, de excelencia... Ademâs, la cima de perfecciôn de la Iglesia, como e'. fundamento de su construcciôn, consiste en la unidad ; por eso sobrepuja a todo en el mundo, pues nada hay igual ni semejante a ella» (cf. Clem. Alex., Stromata I.7 c.17). Por eso, cuando Je­ sucristo habia de este edificio mîstico, nq xnenciona mâs que una e*'·. ;V. ■ y 302 SI C. 6. TEXTOS I*ONTXFIC1OS LA SAXTÎSIMA TRINIDAD Iglesia, que llama suya : Yo edificaré mi Iglesia (Mt. 16,18). Cualquiera otra que se qtnera imaginar fuera de ella, no puede ser la verdadera Iglesia de Jesucristo» (ibid.). I c) a la Iglesia la continuaci0N del mismo mandato que recibiô de su Padre Ya que El quiso transmitir «Esto résulta mâs évidente aun si se considera el designio del divino Autor de la Iglesia. ^Qué ha buscado, qué ha querido Jesu­ cristo Nuestro Senor en el establecîmiento v conservaciôn de la Iglesia? Una sola cosa : transmitir a ella la coniinuaciôn de la misma misiôn, del mismo mandato que El recibiô de su Padre. Esto es lo que habia decretado hacer, y esto es lo que realmente hizo: Como me enviô mi Padre, asi os envio yo (lo. 20,21). Como tû me enviaste al mundo, asi yo los envié a ellos al mundo (lo. 17,18). En la misiôn de Cristo entraba rescatar de la muerte y salvar lo que habia perecido; esto es, no solamente a algunas na­ ciones o ciudades, sino a la universalidad del género humano, sin ninguna excepciôn en e! especio ni en el tiempo. El Hijo del hom­ bre ha venido... para que el mundo sea salvo por El (lo. 3,17). Pues ningiin olro nombre ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos (Act. 4,12). La misiôn, pues, de la Iglesia es repartir entre los hombres y extender a todas las edades la sàlvaciôn operada por Jesucristo y todos los bénéficies que de ella se signen. Por esto, segûn la vo­ luntad de su Fundador, es necesario que sea ûnica en toda la extensiôn dei mundo y en toda la duraciôn de los tiempos. Para que pudiera existir una unidad mâs grande, séria preciso salir de los limites de la tierra e imaginar un género huniauo nuevo y desconocido» (ibid.k d) EXIGIÔ EL ASENTIMIENTO DE ESPÎRITU, SIN EXCEPTUAR NI DISTINGUIR NADA , «Jesucristo prueba, por la virtud de sus milagros, su divinidad y su misiôn divina ; habla el pueblo pera instruirlo en las cosas del cielo y exige absolntamente que se preste entera fe a sus ensenanzas ; lo exige bajo la sanciôn de recompensas o de penas eternas. Si no hago las obras de mi Padre, no me credis (ïo. 10,37). Si no hubiera hecho entre ellos obras que ningun olro hizo, no tendrian pecado (lo. 15,24). Pero si hago esas obras, ya que no me credis a mi, creed a las obras (lo. 10,38). Todo lo que ordena lo ordena con la misma autoridad ; en el asentimiento de espiritu que exige no exceptua nada. nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jésus, si querfan salvarse, tenfan el deber, no solamente de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que ensenaba. Negarse a creer, aunque sôlo fuera en un punto, a Dios cuando habla, es contrario a la razôn. Al punto de vol verse al cielo, envia Jesûs a sus apôstoles y, revistiéndolos del mismo poder con el que el Padre le enviarâ, les ordena que esparzan y siembren por todo el mnndo su doctrina. Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, enscüad a todas las gentes. , enseüadlas a obscrvar todo cuanto os 303 u mandado (Mt. 28,19-20). Todos los que obedezean a los apôstoles seiân salvos, y los que no obedezean perecerân. El que cteyere y tuere baulizado se salvard, mas el que no creyere se condenarà (Mc. 16,16)» (ibid.). e) Y ORDENÔ ACEPTAR RELIGIOSAMENTE LA DOCTRINA DE LOS APÔSTOLES «Ademâs, ordenô aceptar religiosamente y obscrvar santamente h doctrina de los apôstoles como la suya propia. El que a vosotros oye, a mi me oye, y el que a vosotros desecha, a mi me desecha (Le. 10,16). Los apôstoles, pues, fueron enviados por Jesucristo, de la misma nianera que El fué enviado por su Padre : Como me enviô mi Padre, asi os envio yo (lo. 20,21). Por consiguiente, asi como los apôstoles y discipulos estaban obligados a someterse a la palabra de Cristo, la misma fe debia ser otorgada a la palabra de los apôstoles por todos aquellos a quieues instruian en virtud dei mandato divino. No era, pues, pennitido repudiar un solo precepto de la doctrina de k>s apôstoles sin rechazar en aquel punto la doctrina del mismo Jesuttisto» (ibid.). f) La misiôn de los apôstoles no podîa terminar CON SU MUERTE «Pero, ya lo hemos dicho, la misiôn de los apôstoles no era de tal naturaleza que pudiese perecer con las personas o desaparecer con el tiempo, pues era una misiôn pûblica e instituida para la sàlvaciôn del género humano. Jesucristo, en efecto, ordenô a los apôstoles que predicasen el Evangelio a todas las gentes, y que llevasen su nombre delante de los pueblos y de los reyes, y que le sirviesen de testigos hasta en las extremidades de la tierra. Y en el cumplimiento de esta gran misiôn les prometiô estar con ellos, y esto no por algunos anos o algunos periodos de anos, sino por todos los tiempos, hasta la consumacidn de los siglos. Acerca de esto escribe San Jerônimo : «Quien promete estar con sus discipulos hasta la consumaciôn de los siglos, muestra con esto que sus disci­ pulos vivirân siempre y que El mismo no cesarâ de estar con los reventes» (cf. In Mt. 1,4 c.28 v.20). Y 4 ' LA SANTISIMA TRINIDAD 312 MlSfi-I.\\'l \ Salamanca, habia a la Madré sobre el divino misterio. No es, de fijo, una disertacion tria. De promo calla y, como movido por un impu.so irrestsuole, se ponc de pie. h.1 padre Alonso reüere el cuso con el decalie de que el oamo en el impetu se asiô a la ailla y 11evoia iras si en e. aire, nasia que se detuvo en el techo. En ese momento entra una monja, Beairiz de Cepeda y Ocampo, que sorpreîiae .a escena. M maure leresa pregunta a fray Juan si aquei movimiento Orusco na stilo cosa de oraciôn, y fray Juan responde con llaneza ; ΣΗ SOR ISABEL DE LA SANTISIMA TRINIDAD Sor Isabel de la Santîsima Trinidad, carmelita descalza dei mo­ nasterio de Dijon, fué contemporânea de Santa Teresita del Nino Tesûs. Naciô en 1880 ; mnriô ên icrô. Es un alma contemplativa, discipula aventajadîsima de Santq Teresa de Tesûs y de San Juan SEC. 7. MISCELANEA HISTORICA LITERARIA de la Cruz, a quienes cita constantemente en sus escritos. Tuvo una devociôn singular a la Santîsima Trinidad. Atrajo inuchisimas aimas, no sôlo eclesiâsticas, sino seglares, a la vida interior. Sintiô experiinentalmente la inhabitaciôn de Dios en el centro del aima. Su vocaciôn especifica tué dar alabanzas a la Santîsima Trinidad en el cielo v en la tierra. Tornando litcralmente unes palabras de San Paolo, con graciosa incorrecciôn, se llainaba a si misma Laudem Gloriae. El Carmelo de Dijon ha publicado un tomo de recuerdos de la Santa, del que se han vendido en Francia ya mâs de cien mil ejemplares. Del mismo se han hecho varias ediciones en lengua caste­ llana. La tercera, que tenemos a la vista y por la que citamos, es de 1944, publicada en San Sebastian, Grâficas Fides, y traducida por las Carmélites Descalzas de Betono (Alava). A) Su vida intima 1L0 que usted me dice acerca de mi nombre, escribe otra vez, me hace bien : lo estimo tanto, que en él veo compendiada mi vocaciôn. Al pensar en él, mi aima se siente arrebatada con la magna visiôn del misterio de los misterios, en esa Trinidad Santîsima, que es ya desde aqui abajo el claustro en que vivimos, la morada en donde habitamos, el infinito donde podemos movernos por en medio de todas las cosas. Estoy leyendo estos dias las hermosisimas pâginas en que nuestro Padre San Juan de la Cruz habla de la transformaciôn del aima en las tres divinas Personas, i A qué abismo de gloria estamos llamadosl î Ah. ! Ya comprendo los grandes silencios y el profundo recogimiento de los santos, que no acertaban a salir de su contemplaciôn ; por eso, Dios Nuestro Senor podia conducirlos a las cambres divinas, donde se consuma la uniôn entre El y el aima que ha llegado a ser su esposa mistica. i Y pensar que Dios, por nuestra misma vocaciôn, nos lleva a vivir en esas claridades ! i Qué adorable mis­ terio de caridad 1 Yo quisiera corresponder pasando sobre la tierra. como la Santfsima Virgen, «guardando con cuidado todas esas cosas en mi co­ razôn», encerrândome asi en lo mâs intimo del alma, hasta Hegar a perderme y transformarme en la Trinidad, que en ella mora. En­ fonces se verificaria mi lema, «mi luminoso idéal», como usted lo llama, y séria realmente Isabel de la Trinidad». B) '1.7* Su devociôn a la Trinidad «Su especial devociôn a ese augusto misterio le hacia ver en cada domingo del afio una fiesta de la Santîsima Trinidad ; y cuando en el oficio de ese dia rezâbamos el simbolo de San Atanasio, mientras lo salmodiaba, su alma se sentia arrobada «hasta presentir los inefables goces de la bienaventuranza». No dejaba pasar ni una ocasion sin que recordase a los suyos la propia fiesta de la Santîsima Trinidad, que ella celebraba con mayor recogimiento, ya que en lo intimo de su ser se verificaba constantemente el encuentro con su Dios, y alli adoraba el augusto misterio. I I I 316 LA SANTISIMA TRIM DAD ). b) La mayor parte de las fôrmulas trinitarias son doxolôgicas. c) La plcgaria. en fin, por excelencia, los salmos, son testimonio elocuente de la preemincncia que la Igle­ sia concede a la oraciôn de alabanza y acciôn de gracias. IV. Had a una nueva piedad. Se observa un renacer. Una vuelta a la liturgia. Y nos alborozamos. Concedemos todo el valor que tien en los ejercicios de piedad privada, indispensables para nuestra santificaciôn. Pero 03 exhortamoe a que todos, nacidos de Dios, consagrados a la Trinidad, purificados debidamente por todos los ejercicios, descanséis en una ora­ ciôn de alabanza, en la devociôn y entrega a la Santisima Trinidad. SERIE II : SOBRE LA EPISTOLA ((Profundidad de la misericordia divina» I. Razôn. de la epistola. A. No es fâcil ver en un primer momento el motivo que ha determmado la elecciôn de los ùltimos ver­ siculos del capitulo 11 a los Romanos como epis­ tola del dia. Sin embargo, meditando atentamente sobre ellos, encontramos las mismas ideas que aparecen expresadas en el introito, ofertorio y "communio”. a) La expresiôn del dogma. b) La misericordia de la Trinidad con nosotros. c) Nuestra alabanza a la Trinidad. B. La expresiôn del dogma. «De El. por El y en El son todas las cosast (Rom. u, 36). Con estas très distintas preposiclones prucba San Agustin el dogma trinitario. Son ya clàsicas en­ tre los Padrcs de la Iglesia latina para expresar el mistcrio. b) Pueden, elertamente, considcrarse como la expresiôn Paulina de la Trinidad, creadora y ordenadora de todas las cosas. O, a lo tnenos, es un nuevo modo que la Iglesia emplea para proclamar cl augusto misterio. a) U. Misericordia de Dios con nosotros. . Segùn la traduction directa, diremos: "jOh pro­ A. fundidad de la riqueza, de la sabiduria y de la ciencia de Dios! iCuân insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11,33) (cf. su­ pra, Apuntes exeg.-mor. p.210, b, 1). Es muy segura la opiniôn de los que afirman que con la palabra iriqueza» se significa la misericordia de Dios, por la que comunica a los hombres los do­ nes de gracia y de gloria. , b) En este sentido se emplea también en la carta a los de Efcso. San Pablo se admira ante la profundi­ dad y ante la impenctrabilidad e inescrutabilidad de la sabiduria y ciencia de Dios, que ha dispuesto los caminos de comunicaciôn de su misericordia a los hombres (Eph. 1,6-12 y 3,8-12), La Palabra dt r· *·' •'V .... 322 LA SANTÎSTMA TRINIDAD 323 B. El Apôstol lanza su exctemnciôn lu ego de describir a te largo dei capitulo 11 estos caminos. tes de mi linaje y salvo a algunos de ellos” (ibid., 13). a) Dios eligiô a Israel. No ha rechazado Dios a su pue­ blo. .Vas ha permifido que se encallezca, para que su menoscabo sea riaueza de los gentiles, pues gra­ cias a la transgresiôn de aquti obtuvieron éstos la salud (ci. supra, «Apantes exeg.-mor.» p.210, b, 2). b) Pero un nuevo misterio: ese endurecimiento durard hasta que entre la pienitud de las naciones; ent onces todo Israel sera salvo. 1. He aqui «la profundidad de la riqueza, de la sabiduria v de la ciencia de Dios» (Rom. 11,33). 2. He aqui «jeuân insondables son sus juicios e inescrutabies sus caminos!» (ibid.). Hé aqui el misterio one hombre alguno pu do nnnca comprender (ibid.). IV. Nueva profundidad de la misericordia. A. Pensamiento fecundo y consolador para las al­ mas. “Dios nos encerrô a todos en la desobediencia para tener de todos misericordia” (Rom. 11,32). B. Aplicado a nuestra vida, diriamos: C. Mâs profunda es, sobre todo, la misericordia de Dios. a) rSi algu nas de las ramas 4 fueron desgajadas y tû, siendo acebuche. fuisfe injertado en ella y hccho par­ ticipe de la raiz. es decir. de la pinguosidad del olivo, 110 te engrias contra las ramas» (Rom. 11,17). b) tFuiste cortado de un olivo silvestre y. contra na­ turaleza. injertado en un olivo legitimo» (ibid., 24). Considera, pues, la bondad de Dios para contigo. ΙΠ. Correspondence a esa misericordia. A. Despues de leer este capitulo, entiéndese mâe fâcilmente la frase del Apôstol : “On temor y tem­ blor trabajad nor vuestra salud” (Phil. 2,12). B. Esta misma idea es parafraseada aqui: ··’ SEC. 8. GULONES HOMII.ÉTICOS ··· a) iNo te engrias contra las ramas. Si te cngries, ten en cuenta que no sustentas tû a la raiz, sino la raiz a ti». b) tPero dirds: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado». •Bien, por su incredulidad fueron desgajadas, y tû Por la fe estâs en pie. No te engrias, antes terne. Porque, si Dios no perdonô a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonard» (Rom. 11,18-21). mejor correspo^dencia a la misericordia divina es nuestra humildad y nuestro maotenimiento en la voluntad de Dios, pnrqim.. “si no per­ manecps en la bondad, también tû seras desgajado” (ibid., 22). Otra manera de cor respond en ci a =erâ la plegaria por esas ramas desgajadas. San Pablo es remp'o: "Mientras sea apôstol de los gentiles haré honor a mi ministerio, por ver si despierto la emulacion de u) Dios permite nuestras caidas para manifestar su mi­ sericordia. b) Por eso debe desterrarse el pesimismo de la vida espiritual, ya que las fallas y pecados, que ûnicamenle pudicran causario, son en los designios inson­ dables de Dios fuentes de misericordia. V. Alabama a la Trinidad. A. Se contiene en las ultimas palabras de la epistola: “A El la gloria por los s glos” (ibid., 36). I B. El Apôstol, enamorado de la piegaria de alabanzas y gratitud, no puede menos de emplearla después de admirar los tesoros de la misericordia de Dios, que en todo el mundo, y particularmente en él, se habia manifestado de.manera tan extraordi­ naria como oculta (cf. supra, ibid., p.211,5). c. La Iglesia nos invita hoy—la epistola es un motivo mâs—a la consideraciôn de la bondad de Dios con cada uno de nosotros. a) Ella instituye la fiesta de la Trinidad como gratitud a la misericordia de Dios con ella. b) Cada uno de nosotros ha de prorrumpir en alabanzas como action de gracias a cuanto Dios ha derramado sobre nuestras vidas: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espiritu Sanio. A El la gloria por los siglos de los siglos. Amén. SERE III: SOBRE EL EVANGELIO Potestad de Jesucristo I. Pienitud de potestad. A. Jesucristo en el monte Calvario y en el monte fle la Ascension. e) En la tarde del Viornes Santo, Jesucristo cuclga de la cruz como un fracasado, huinillado v destrozado. •1 b) El dia de la Ascension, sobre el monte de los Oli­ vos, auk el t pusillus grex» de la Iglesia, Cristo manifiesta su extraordinario poder: iMc ha sido dado todo poder» (Mt. 28,18). B. Comunicaciôn de la plena potestad (cf. supra, Apuntes exeg.-mor. p.212, b, 2). a) Pudiera algu no decir si fué despues de la resurrcccion cuando se le did a Cristo tal omnipotcncia. b) Santo Tomds resume sabiamente las ideas: La omnipotencia es propia de Dios y, por tanto, la tuvo Cristo 110 en cuanto hombre, sino en cuan­ to Dios. 2. Esto no obstante, Dios comunicô a la naturale­ za humana de Cristo por la gracia de uniôn su omnipotencia, como le comunicô también otros atrtbutos propios y exclusives de Dios. 3· Por tanto, va antes de la resurrecciôn tenia Cristo la plena y omnimoda potestad. 4- Sin embargo, hasta después de la resurrecciôn no dice Cristo el «me ha sido dado todo poder», porque entonces es cuando se manifiesta por vez primera con p’enitud este poder para convertir al mundo entero. 1. · «Cn’jfo sc humillô y muriô, y par eso Dios lo cxaltô y le diô un nombre Que estâ sobre todo nombre, Para que en su nombre se doble la rodilla tanto tn el cielo como en la tierra y en cl abismo .* 2. * De ieual mariera tse le diô todo poder en el cielo y in la tierra» (Phil. 2,7-11). Π. Universalidad del poder de Cristo. A. El adjetivo “omnis” lo explica acabadamente (cf. supra, Apuntes exeg.-mor. p.212, b, 2). a) iTodcn, sin limitation alguna ni en el tiempo ni en el espacio. b) «Todo», tanto en el orden espiritual como en el ma­ terial. tTe daré las gentes en hcrcncia. Y tu posesiôn, todos los términos de la tierra» (Ps. 2,S). . SEC. 8. GUTONES HOMILÉTICOS 325 -- 324 LA SANTISIMA TRINIDAD para que tengan vida, y la tengan abundante» (lo. 10,10). Cristo santifica por los sacramentos, que de El reciben su poder y eficacia. El puede, no obs­ tante, santificar prescindiendo de ellos : «Non alligatur sacramentis» (cf. Sum. Thcol. 3 q.64 a.3 c y a.7 c). poder de gobernar. Santo Tomâs lo ha visto expresado en el evan­ gelio de hoy, en ei «ensefiândoles a observar todo cuanto yo os he niondado». 2. Cristo es rey. Rey de la verdad. Rey de lo es­ piritual y temporal, aunque solamente en el do­ minio de lo espiritual quiera ejercer ahora su realeza. 3· Rey supremo, con potestad omnimoda. Potestad de legislar, de juzgar y de ejecutar. d) El poder de Cristo es eterno. 1. Trasciente los limites del tiempo para abismarse en la eternidad. 2. «Le diô potestad, poder y reino. Y todos los pueb’.os y las tribus le Servian, y su poder es poder eterno, que no se le quitarâ» (Dan. 1,13-14). poder de Cristo en la Iglesia. La Iglesia participa del poder de Cristo. Es su continu adora. B. Por eso se ha mantenido en pie a través de los siglos, a pesar de que olas potentes la hayan agitado. a) «Las puertas del infierno no prevaleccrân contra ella» (Mt. 16,18). b) Porque Cristo vcnciô al infierno y en la Iglesia con­ tinua perenne el mismo Cristo. «Yo estaré con vosotros hasta la consumacidn de los siglos» (Mt. 18,20). B. Cristo ha recibido: a) El poder de ensenar. Es Maestro unico y universal. Es la Verdad. Es la luz dei mundo. 2. Va a proyectarse por todo el mundo, no ya sôlo el judio, sino también el pagano. Y por todos los siglos. b) El poder sacerdotal. Es el Sacerdote sumo y eterno, que con una ob'.aciôn acabô para siempre la obra de la santificaciôn. 2. Unicamente de E! procede la santidad y la gra­ cia : «\o soy la vida» (lo. 14,6). La necesidad de medio de este sacramento lo hace urgente, y es opiniôn comùn que diferir su administraciôn mâs de ocho dias constituye pecado gra­ ve i del que excusa, naturalmente, la ignoranda, pero no el carecer de padrinos. etc.), puesto que en el interrogatorio que los obispos han de contes­ tar en su visita tad limina * se les pregunta si en su diôcesis se bautizan los niiïos tpor lo motos dentro de la semana *. C) Las razones las expone Lcôn XIII en una car tu a los obispos ingleses (13 agosto iSqq): «No hay costumbre mâs inicua que ésta (la de diferir el bautismo largamente), ni mâs opuesta a las prescripciones eclesiâsticos». 2. «Porque no sdlo coloca, con inexcusable temeridad, a tanîas aimes en manifiesto peligro de salvaciôn, sino que, ademâs, les defrauda du­ rante ese tiempo los inefables carisnias de la gracia santificanle infundidos por el lavado de la regeneraciôn, pudiendo incluso Uegarse a que lo que se ha omitidb hacer a su tiempo no se Here a cabo nunca». VI. Padrinos. Son como unos padres espirituales que se comprometen a educar cristianamente al bautizado, caso de que no lo hicieran los natura'es. En el momento del bautismo sostienen al nino o lo reciben una vfz biutizado y lo representan al -con­ testar a la profesiôn de fe, etc. Es obugatoria la existencia dei padrino. Debe ser uno solo, aunque se admiten dos, uno de cada sexo. Para que el padrinazgo sea vâlido se requiere: « · a) Que el padrino tenga uso de razôn c iiitenciôn de aceptar el cargo. SEC. 8. GUION'ES HOM1LETICOS ■ *■■■ ■ — ■ ■ Λ ■■ A .1 ■ ■ ■ ■■■ * M ■ ■ ■■ ■ a ■■ I I—»· 335 i I b) Que no sea licreje, excomulgado o excluldo de los ados legitimos. c) Que no sea el padre o madre del bautizando, pues mal puede» suslitulrse a si mlsmos. d) Que haya sido designado por el bautizando, sits padres o tutores, o, en su dejecto, por el ministro. e) Que en el momento del bautismo sostenga o toque al nino, o por lo menos lo saque de la pila. Para la licitud se requiere: a) Tener catorce aiïos, a no ser que el ministro juzgue que existe causa justa para dispensai· de esta ley, como lo séria el deseo de que ocupara el cargo un hermano, etc. b) Que conozca los rudimentos de ïa Je que se cornpromete a ensenar. c) Que no sea novicio u ordenado, sin permiso de sus superiores. E. El padrinazgo produce entre los padrinos y el bautizado un parentesco espiritual suficiente para que ei matr.monio que se intente coatraer entre ellos sea nulo, por ser un impedimento dirimente de derecho eclesiâstico. Es fâcilmente dispensable. No lo es, en cambio, el ’que nace entre el que bautiza y el bautizado, aunque el bautismo se haya administrado en caso de necesidad. El carâcter bautismal I. "El sello del Espiritu”. X Se habia poco y, por lo tanto, se aprecia menos este hermoso y santificador efecto del bautismo, que équivale casi a un sacramento perenne dentro de nosotros. Es Dios quien “nos ha sellado” (2 Cor. 1,21). "Fuisteis sellados con el sello del Espiritu Santo prometido” (Eph. 1.13). Estas y otras frases parecidas cobran un sentido especial con el pasaje dei concilio de Trento: “Si alguno dijere que por los très sacramentos del bautismo, confirmaciôn y orden no se imprime carâcter en el aima, esto es, cierta serial espiri­ tual e indeleble, por cuya razôn no se pueden reiterar, sea excomulgado” (cf. ses.7 c.9: DB 852). ■ ii LA santîsima trixtdad 336 Π. El carâcter sacramental. A. Su naturaleza. a) Es, pues, el carâcter. como su nombre griego dica, una especic de sello. o sea, algo real y jisico impreso en el aima y visible para los seres cspiritualcs, que distingue a los que han recibido cl sa­ cramento de quienes no lo han recibido y que per­ dura eternamente, para vergüenza o gloria de quie­ nes llevan su marca. b) El concilio, al indicar que se debe a esc sello el que los sacramentos que lo imprimen no puedan repetirse, nos indica que debemos ahondar mâs en su estudio para ver cuâles son sus electes (ibid.). B. El carâcter conf gura el aima a Cristo. a) Las imâgenes empleadas corricntementc en la catequesis desde cl tiempo de los Padrcs son: 1. La del uniforme del emperador, que distingue a los soîdados de Cristo, ejemplo en el que se advierte el deseo de mostrar al aima como portadora de algo que la asemeja al Sefior. 2. El ejemplo mâs intimo, el del sello, comparado al cuiio que imprime en las monedas la efigie de! rey, en este caso Cristo. 3. El carâcter, en efecto, imprime en el alma algo especial que la configura y hace semejante a Cristo. Por lo tanto, en dondequiera que hayu un cristiano, alli se ve en su aima la figura del Sefior. Gloriosa en el cielo. Objeto de mofa de los demonios y causa de remordimiento en el infierno. b) iEn qui consiste esta configuracidn ? 1. La doctrina de Santo Tomâs es hermosa. 1. · Cristo es el sumo sacerdote. Pero todos los crlstianos participamos en cierto modo de cse sacerdocio. Los prrsbltcros, como causas instrumentales que ofrecen en nombre de Cristo cl sacrificio que El ofrenda como représentante de la humanidad. Los cristianos lo ojrccen d λμ rez unldos a Cristo, que los représenta 2. · «E/ carâcter sacramental es espccia'.mente cl cardcter de Cristo, a cuyo sacerdocio son configurados los fie les por mcdio de los caractères sacramentales, los males no son otra cosa sino cierta Participaclôn del sacerdocio de Cristo, derivado de El mismo * kf. cSum. Theol.» 3 q.63 a.3). 2. He aqui la gran dignidad dei bautizado. Sacer­ dote con Cristo. · i. Los no bautizados Pueden intentar recibir los sacra, mentes fn ltilmcnte. Como quiera que no *participa en absoluto del sacerdocio de Ciisto, purs aunque hubicran hechn un ado de perfecta contriciôn o *tdo mdrtires, no poseerian el cardcLr bautismal no pondrïan la parte activa y ministerial que todo bauti­ zado ejercc y hace Poslble la rrcepciôn vd.’fda del sacramento (véase esta explicaciôn en los Su.min- ticenses, «Cursus Theol.· d.5 Santo Tomâs, «Cursus Thcol. d.25 a.2 n.i2Ç>. dub.2 n-<ç; y n< De sacr. in gen.> q.03 SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 337 2.· Y cuando Cristo ofrcce desde cl cielo su sacrificio eterno ante el Padrc, alli unidos por el carâcter PauUsinai estamos con El todos los crlstianos. Y cuanao asistimos a la santa misa sc da la misma difercncta entre los que estân bautizados y los que no lo estdn. ΙΠ. El carâcter, fuente de graciaA. Prcscindimos de las discusiones teolôgicas sobre si es la ùltima preparaciôn para la gracia, etc. Lo cierto es que, segûn todos, la significa y, por lo tanto, debe producirla en algûn modo. Guiller­ mo Altisidoriense propone el ejemplo del recibo eellado con el sello real, a cuya vista el administrador paga. B. Encontramos una frase mâs hermosa y aplicable. El Senor habla con la samaritana y le dice: "El agua que yo le dé se harâ en él una fuente que salte hasta la vida eterna” (lo. 3,14). a) El cristiano, para no volver a morlr por el pecado, para cjecutar los actos propios de la nueva vida a que ha nacido, incluso para desempeûar esas junclones de sacerdocio a que le consagra el carâcter sacramental, necesita frecuentisimamente de gra­ cias actuales. b) Los sacramentos, a mâs de la gracia habituai, conccdcn otra sacramental, que no consiste sino cn el dcrecho a recibir las gracias actuales necesarias para cumplir cl fin dei sacramento recibido. cl Pero idc dônde brotan esas gracias, que hemos visto han de ser tan frecuenfemente necesarias al cris­ tiano en cuanto taLT I. Cristo Nuestro Senor ha colocado en nuestras aimas una fuente que, sin necesidad de nuevas intervenciones sacramentales, la hace brotar. Es el carâcter sacramental, fuente de gracia y 2. santidad que llevo dentro de mi. 3· Es Dios quien las otorga, pero en virtud de esa fuente que las hace manar. Ahora ei que entendemos todas aquellas frases paulinas que nos reconrendan cuidemos nuestro Λ1· bautismo (cf. supra, San Roberto Belarmino , p.252, C). a) Ahora sc entiende por qué no es necesario repetir un sacramento que ha colocado en nosotros la fuenle de la gracia. b) Ahora si que vemos la gloria de esc sello, que, como aqui ha sido fuente de gracia, cn cl cielo serâ fuente de gloria, y conocemos la ignominia de la fuente seca y el remordimiento cterno del condenado. c) Ahora entendemos esos remordimientos, esas conver­ siones a ultima hora, y que no son sino los esfuerzos de la fuente represada, que salta para la vida eterna. ■ 333 U SANTISIMA TRINIDAD IV. Conclusion. A. Ya no nos hace falta recurrir a los ejemplos po­ pulares de Napoleon, que antes de vender su vajilla quiere le borren su sello, ni al del mihtar, que debe honrar su uniforme, porque son ejemplos pâli dos. B. Se trata de que me he revestido de Cristo; soy sacerdote suyo y llevo dentro de mi la fuente de .la gracia deificadora y salvadora. SEC.' S. GUIONF.S HOMII.ÉTICOS 339 f) Su extensiÔH : «.4 todas las gentes». A los no ereyentcs, para enscüarlcs, y a los crcyentes, para Hustrarlos y conservarlos (ci. supra, Billot, p.2$5, B). g) Su obligatoriedad. Sôlo el que qulera oir se salvarâ. D. Pero, hechaS estas indicaciones, extendâmonos mâs en tres puntos: a) Necesidad humana remediada por este magisterio. b) Rcsultados prâctlcos obtenidos con él. c) Postlira que debe adoptar el fiel con relaciôn al ma­ gisterio eclesiâstico. Π. Necesidad remediada. El magisterio eclesiâstico A institution (cf. supra, '‘Textos pontificios”, p.296, . a) "Id, pues, enseüad a todas las gentes..., enseüândoles a guardar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumaciôn de los siglos" (Mt. 28,19-20). “El que creyere y fuere bautizado se salvarâ, mas el que no creyere se condenarâ" (Le. 16,16). Con estas palabras—resumen de toda la vida del Seüor, ordenada a preparar este momento—queda instituido el magisterio infalible, eterno y obligatorio de la Iglesia (cf. supra, "Apuntes exeg.-mor.” p.213,4). El mundo religioso se ha dividido en dos secto­ res, el que ensena y el que oye; division exisiente en todos los ôrdenes sociales y que en éste se llamarâ Iglesia docente e Iglesia discente. Con aquellas palabras quedan indicados: *. a) El magisterio: cEiisciïad b) Su objeto: tCuanlo yo os hc mandado», y, por lo tanto, cuanto sea nccesario para explicarlo, conser­ vatio, etc: Su sujeto: Vosotros los apôstoles, a quicncs me dirijo y conflero este poder, y vuestros sucesorcs, puesto que ha de durar thasta el fin dei mundo», como lo promete el Seüor y como dura la necesidad que pré­ tende remediar. d) Su inlalibilidad : Contenida en la frase tyo estaré con vosotros», que, segün el uso biblico, indica el éxito de la empresa, en este caso ensenar sin error (cf. su­ pra, Billot, p.252, A). Su duraciôn: tHasta el fin dei mundo» (cf. supra, «Textos pontificios» p.304, E, a). A. Es un hecho historico que los pueblos, inciuidos los mâs civiiizados, como el griego y el Tomano, han sido incapaces de conocer perfectamente y conservar sin error aun las mâs esenciales verdades de la religion natural. Ni los filôsofos mâs geniales consiguieron elaborar una teodicea per­ fecta. a) De este hecho universal y constante se deduce que es un imposible moral que la humanidad por si mis­ ma conozca y conserve intégras y sin error las verdqdes de la religiôn natural. ’ b) Santo Tomâs encuentra la razôn de esta imposibilidad en una triple dificuïtad que la masa no puede vencer: 1. La vida humana. Porque muchos son torpes y nunca podrian estudiar ; a otros se lo impide el trabajo que les proporcionan sus asuntos familia­ res y negocios. y a otros, finalmente, la pereza, enemiga de todo estudio arduo y largo. 2. Las verdades religiosas son profundas y requieren un trabajo muy penoso, exigea muchos conocimientos previos y, finalmente, se oponen a las pasiones. 3. La debilidad de nuestro entendimiento, que niezcla siempre errores y opiniones, dejaria a la hu­ manidad en un estado de duda, sin llegar a conseguir la certeza necesaria en asunto tan vital (cf. «Contr. Gent.» 1,4). 1 Dios,. para remediar esta imposibilidad, ha escogido el: medio mâs sencillo de ayudar al hombre: la revelaciôn oral y escrita. Prro aun esta revelaciôn estâ su jeta a los mismon peligros. «) En cuanto a la oral, los hombres desfiguran todo lo que transmileü, mezclândolo con sus propias imagi­ nationes y explicacichies. Cualquiera puede hacer la ’ priieba. ' ■ ' b) En cuanto a là Sagrada Escrit'ura, requière un estu- r .* ΓΡ 340 LA SAXTÎSIMA TRINTDAD dio muy arduo y estd sujeta a distintas interpretaclones, como lo demuestran las herejias. • D. Dios ha remediado este segundo peligro median­ te la institution de un magisterio infalible que conserve y explique la revelaciôn. Le ha bastado para ello con establecer una autoridad docente, con facultad de imponer sus ensenanzas, y con asistir por medio del Espïrita Santo a los ôrganos de ese magisterio para preservarlos del error. HI. Frutos obtenidos. La unidad en la verdad. A. . La verdad. a) Compdrese nuestra fe con las nebulosas y absurdas creencias de pueblos que han sido muy clvilizados: religiones musulmanes, confuciana, budista, etc. b) Compdrese incluso con los dislates de algunas sectas Protestantes ; v. gr.: anabaptistas de Münster, los mormones en sus orfgenes, que rcdimian a la mujer mediante la poligamia, etc. B. La unidad (cf. supra, “Textos pontificios” p.301, D, a y b). a) Compdrese la unidad catôlica con el fragmcntarismo protestante deserito en otros lugares. b) Obsdrvese el mundo de hoy y véase si se encuentran las ideas definidas fuera de dos ciudades : Moscu. la ciudad del mal, y Roma, la ciudad del magisterio de Cristo. IV. Postura del fiel. A. Sumisiôn del entendimiento. a) No se somete a los hombres, sino al mismo Cristo, que los utiliza para continuar ensenando. b, En todos los drdenes de la vida aceptamos la easefianza del que sabe mds que nosotros. En el orden religioso aceptamos agradecidos y cnnoblccidos la de Dios. c) Sumisiôn confiada, pues confia en la verdad suprema y el poder omnipotente, que guiard al magisterio por la senda de la verdad. B. Obediencia de la voluntad. Muchas de las ense­ nanzas de la Iglesia se ordenan a la prâctica, pues Cristo no ensenô solo un dogma abstracto, sino también una moral derivada de él. C. Sumisiôn total. a) La obcdiencia. si no es total, no es obcdiencia. M sumisiôn exlçe ademâs el deseo de conocer las ôrdenes y direcclones que se dan. b) Por lo tanto, el fiel debe procurar conocer las ense­ nanzas de la Iglesia y obedccerlas totalmente en to- SEC. 8. GUIGNES HOMTLF.TTCOS 841 dos los âmblfos de su vida, sin distingué sectores, estudlando unos y desconociendo otros, practlcando aqiu'llos y dcsculdando éstos. 1. Solemos ser muy fâciles en admitir el dogma y estimar que la Iglesia no tiene por qué ensefiar en asuntos humanos, tales como la justicia, pero que, por ser morales, encajan de Ueno en su ma­ gisterio. 2. Incluso cuando, después de sentar los principios, pongamos por ejemplo de la justicia social, la Ig’.esia desciende a alguna aplicaciôn prâctica, recomendando una soluciôn, cose que hace pocas veces, pues lo suele dejar al estudio y prâctica de sus fieles bien intencionados, debemos ver en ello el fruto de una preparaciôn madura y de la doctrina de un ôrgano prudentisimo, ayudado normalmente por el Espiritu Santo (véase la Debemos conocer a la Trinidad. A. Por la profesiôn de fe (cf. supra, San Gregorio Nacianceno, p.226, D). a) Esta es obligatoria desde el momento que sc tiene uso de razon. b) Ha de hacersc con relativa frecuencia y es grave obligation dar en defensa de la misma hasta la propia vida en caso necesario. B. Por el estudio de la verdad revelada. a) El conocimiento de la verdad religiosa, cada dia mâs amplio, es obligatorio para todo cristiano. b) Dcbe procurarlo en un grado mâs o menos intenso en relaciôn con su capacidad y medios. c) La ignoranda religiosa es un grave peligro para la fe y para la prâctica de la vida cristiana. C. Por la iluminaciôn de lo alto. a) Esta luz especial por la actuaciôn en nosotros del don de entendimiento se adquiere mediante la fidelidad a la gracia. b) Las aimas ficles al Espiritu Santo llegan a tenet de los misterios mâs profundos de la fe una inteligencia mâs perfecta que la adquirida con el esfuerzo del estudio. c) El Espiritu Santo deposita en todas las aimas en gracia sus dones y espéra cl momento de actuarios. 9 HT. Debemos invocarla a imitation de la Iglesia. A. En el bautismo la invoca sobre nosotros. B. En las oraciones litûrgicas del Misai, dei Brevia­ rio y del Ritual. C. En las doxologias frecuentes. D. En la bendiciôn de personas y objetos. Todo lo unge y consagra con la seûal de la cruz y la invocation de la Trinidad. E. En las preciosas y densas invocaciones del oficio litûrgico de la fiesta de la Santisima Trinidad. IV. Debemos agradecer los bénéficias recïbidos de la Tri­ nidad. A. El Padre nos ha creado, el Hijo nos ha rescatado, el E-piritu Santo nos ha santificado. a) La Santisima Trinidad nos ha crcado a su imagen y semejanza. b) Desde cl bautismo hasta cl ultimo de los sacramentos, ha nacido y se ha desarrollado nuestra vida in­ terior bafo la acciôn de la Santisima Trinidad. B. Toda esta vida de union con la Trinidad la resu­ me la Iglesia cuando, al fin de la vida del eristiano, le dice en el lecho de muerte: SEC. 8. GUIGNES HOMILETICOS 345 a) Partid * de este mundo, aima crlstiana, en el nom­ bre del Padre todofiodcroso, que os ha creado; en el nombre de Jesiicrlsto, Hijo de Dios vivo, que ha sufrido por vos; en cl nombre del Espiritu Santo, que ha sido derramado en vos...» b) «No entrais, Senor, en juicio con vuestro sicrvo..., que con cl auxilio de vuestra gracia merezea escapar a la venganza, porque mlentras vlvlô ha sido marcado con cl signo de la Santisima Trinidad·» (cf. «Ritual de la recomendaciôn del aima»). V. Debemos conservât la gracia. A. La gracia hace a nuestra aima semejante a Dios, participante de la divina naturaleza (2 Petr. 1,4). a) Comunicôndole la fe, la esperanza y la caridad, im­ prime en ella el carâcter de la Santisima Trinidad. b) El hombre debe poner todo su esfuerzo en conser­ ver esta bclleza y el gran honor de la semejanza divina de la gracia. B. Somos templos de Dios por inhabitaciôn de la Santisima Trinidad en el aima. a) Dice San Pablo : tVosotros sois templo de Dios vivo» (2 Cor. 6,16). No solamcnte nuestra aima, sino hasta el mismo cuerpo merece todo el honor del templo vivo de Dios. b) Este templo conserva y alimenta la presencia de Dios en su interior por el cumpiimiento de la voluntad divina (lo. 14,21). c) Los pccadores mereccrân el castigo que merccen los profanadores dei templo de Dios: i. «^No sabéis que sois templo de Dios y que el Espiritu de Dios habita en vosotros ?» 2. «Si alguno profana el templo de Dios, Dios le destruirâ. Porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» ίχ Cor. 3,16-17). 11 Obligaciones del cristiano para con la Trinidad I. Un nvsterio de vida. A. El misterio mâs profundo de Dios no es en nuestra religion una verdad meramente especulativa. a) No se trata sôlo de algo que hemos de conoccr y adorar, impcrfcctisimamente por la luz de la je en esta vida y de un modo mâs perfecto, aunque nunca comprensivo, en el cielo. b) Es una verdad divina infinitamente dinâmica y llcna SEC. 8. GUIGNES HOMILÊTICOS LA SANTISIMA TRINIDAD de vida, como que constituye la vida infinita de Dios. cl Es verdad llena de todas las delicias para la mente y para la voluntad divinas. d) Pero. ademâs. para nosotros, asi como es fuente de una nueva vida espiritual que se nos comunica, exi­ ge ados vitales y distintos de toda la vida del ordett natural. B. La revelaciôn de este misterio y de todo el orden sobrenatural ha puesto en nosotros las mâs variadas y bellas obligaciones. Π. Adorar a la Trinidad. A. Por la luz natural de nuestra razôn: a) Podemos conocer la existencia de Dios infinito, creador, remunerador. b) Este es el fundamento de una vida naturalmente religiosa. 1. Con el conjunto de verdades de la teologfa na­ tural. 2. Con las obligaciones de una ética que no supera la capacidad del entendimiento humano. 3. Con la esperanza de un premio futuro y defi­ nitivo, pero que dista infinitamente de la vi­ sion de Dios y del gozo del amor sobrenatural. La revelaciôn positiva viene a poner un nuevo sistema de verdades al alcance de nuestro entendimiento y de nuestra vida. a) El misterio mâs profundo de Dios, su vida intima, se nos descubre en el dogma de la Trinidad. Es verdad desconocida en la revelaciôn del Απtigno Testamento. 2. El Hijo nos ha completado realmente la reve­ laciôn (Hebr. i,i) y nos ha manifestado todo lo que en el seno de Dios ha conocido (lo. i,x8) (cf. supra, Fray Luis de Granada, p.267, b) Como es misterio de primera categoria. Ί. Ni podemos conocer su existencia si no se nos revela ; 2. Ni podemos comprenderlo perfectamente des pués de revelado. 3· Estâ sobre todas las fuerzas de nuestra razôn. Sin embargo, lejos de estar contra la razôn. es lo mâs lôgico que en la vida infinita de Dios haya misterios que cxccdan la capacidad de nuestro en­ tendimiento limilado y de cualquier oha criatura. Nos basta con saber que Dios lo ha manifestado y que en la proposition en que se nos manifiesta no hay contradicciôn. 347 J I i C. Ante semejante verdad revelada por Dios, la actitud de nuestro entendimiento no puede ser otra que la de adoraciôn mâs profunda de la gran verdad que se ha dignado Dios manifestarnos. HI. Amar a la Trinidad. A. La vida intima de Dios se nos ha manifestado a través del dogma de la Trinidad como: a) Misterio de amor en si. i. San Juan nos afinna que Dios es amor (1 lo. 4, 16) 2. Sabemos, ademâs, por este misterio, que la Tri­ nidad se consuma con la procesiôn de ''a tercera Persono, que es el amor subsistente. b) Esta Trinidad, que en si misma es amor, en un desbordamiênto de amor hace todas las obras que realiza al exterior. i. En todas v cada una de las obras realizadas por la Trinidad se verifica en su mâxima per­ fection el principio filosôfico «Bonum est diffusivum su:» : El bien es de suyo difusivo. 2. Pero es que, ademâs, toda la revelaciôn nos habla de ello en las acciones apropiadas a cada una de las personas. a.· ô· El Padrc onia al mundo de tal manera, que le da su propio Hijo para que lo redima {lo. 3,16). El Hijo rcaliza la rcdenciôn, sintetizada bellamcntc por San Pablo en el 37)· b) Los paganos tienen dioses que exigen solamente te­ mor, reverenda, desagravios. El nuestro es un Dios que exige amor. • t · I que mâs honra y dignifica al cristiano, siendo al mismo tiempo raiz de su vida espiritual, es el amor a la Trinidad,. Dios ha venido a pedirnos amor. Debemos corresponderle. ^'· Imitar a la Trinidad. A-· Al manifestârsenos la vida de Dios, se nos dice: Como el Hijo es engendrado por el Padre y cômo el Espiritu Santo procede de ambos : -tres Personas realmente distintas en unidad de substanda. b) Y, asimismo, por este misterio sabemos que estas • .· LA santisima trinidad 1res divinas Personas tienen un mismo en tender, mt mismo quercr, un mismo obrar. B. La vida sobrenatural del er stiano no es otra cosa que la inhabitaciôn de la Trinidad en su aima. C. Al cristiano lôgicamente se le debe exigir que conforme su vida individual y su vida de reîaciones con la vida de Dios. a) Reduciendo todos sus ados individuates a una per­ fecta unidad en la variedad de los mismos. Todo su ni undo interior regido por la ley del amor a Dios. b) Viviendo en union perfecta con sus hermanos por el cuniplimiento del mandamiento segundo, que es el amor al prôjimo. Cumpliendo el mandamiento del amor en su doble direction, hacia Dios y hacia el prôjimo, ha cumplido toda la ley, ha ajustado su vivir al de la Santisima Trinidad. La Iglesia de la Trinidad Una Iglesia definitiva. A. Cristo viene a predicar la ultima economia reli­ giosa que ha de régir sobre la tierra antes del juicio final. Esta es su Iglesia. a) Y en el ultimo dia, a punto de subir a los ciclos, re­ sume en la sintesis de las breves palabras del evan­ gelic de hoy toda la vida de Dios y de la Iglesia: el misterio trinilario con su proyccciôn sobre la vida del hombre en la tierra. b) Y no déjà de pronunciar palabras indicadoras de que su Iglesia no dard paso a una nueva instituciôn reli­ giosa, sino que pasarà a ser en el final de los siglos el teino definitivo de los cielos. B. El concepto herético de una Iglesia mutilada. Ya en el siglo Ill se levanta Montano anunciândose como ôrgano del Espiritu Santo para una nueva rovelaciôn; afirmaba que en él se cumplirian las pro· mesas de Jesucristo acerca de la venida de la tercera Persona de la Trinidad. b) En el siglo XIII, con cl abad Joaquin, se présenta de nuevo la misma teoria mâs sistematlzada. 1. El Antiguo Testamento es la revelaciôn del Padre y tiene su mejor représentante en Pedro. 2. El Nuevo Testamento, la revelaciôn del Hijo, tie­ ne su apôstol en San Pablo. a) • V» SEC. 8. GUIONES HONTlÉTICOS 849 Pero San Juan en su Apocalipsis anuncia una revelaciôn futura, la del Espiritu Santo, de la cual el abad Joaquin y sus seguidores se sienten portadores al predicar lo que Haman el «Evangelio eterno». c) Los protestantes en la Edad Moderna vlcnen enscùando la misma trilogia herétlca. i. La Iglesia de Pedro es la de las obras, de la ley y del temor. 2. La Iglesia de Pablo, la de la fe v libertad de los hijos de Dios, fué predicada por Lutero y los pri­ meras reformadores. Pero estâ inminente la llegada de la Iglesia de Juan, que es la de la caridad y del Espiritu. 3. Iglesia de la Trinidad. Sin embargo, nuestra Iglesia es la que encierra en si la revelaciôn completa de toda la Trinidad, cuya vida reproduce sobre la tierra, hasta que perfectisima y gloriosamente la reproduzca en el cielo. Jesucristo asi lo predica. a) Asi comienza su vida piiblica con la manifcstaciôn tri­ nitaria del Jordân. El Padre tiene que decir una sola palabra, la misma que pronuncia eternamente, pero manifestada a los hombres: zEstc es mi Hijo muy amadou (Mt. 3,17). b) Toda la revelaciôn del Padre sobre el Hijo, como enviado a rcdimir el mundo, quedarâ acabada cuando en la transfiguraciôn complete su pensamiento aûadiendo: tOidie a El * (Mt. 17,5). c) El Hijo alii estâ bajando en el Jordân a las aguas purijicadoras ; sobre Cristo han de bajar los pccados de todos los hombres y de todos los tiempos a la juente rcgeneradora del bautismo. No hay ni habrà otro nombre sobre la tierra que proporcione la salvaciôn (Act. 4,12). d) Finalmente, sobre Cristo desciende cl Espiritu Santo. Por Cristo y en Cristo lo recibimos siempre, y la mi­ siôn santificadora del Espiritu Santo consiste en incorporarnos cada dia mâs perfcctamente a El. C. El ccnâculo esta cargado de aromas trinitanos. b) El Hijo ofrcce al Padrc toda su obra redentora en la Iglesia. Le pide que ésta vaya rcproducicndo sobre la tierra la imagen viva de aquella unidad por el amor que se da en las divinas Personas (Ιο. 17,11). Jesucristo Ucna todo su discurso de promesas sobre la venida del Espiritu Santo, cl cual vendrà, no a insliluir una Iglesia nueva, sino a completar, dando un toque de luz y de vida, a la misma Iglesia que El ha constituido entre sus apôstoles (lo. 16,13). II i I ! 1 IH * w 350 SEC. 8." ÔUIONÉS HOMILÉTICOS LA SANTISIMA TRINIDAD D. Mâs aûn: Cristo, antes de la Ascension, exige a los apôstoles que no abandonen a Jerusalén hasta que hayan rec^bido la plenitud del Espiritu Santo (Act. 1,4). a) Por esta, con su venida solemnc y extraordinaria de Pentecostés es cuando la Iglesia de Cristo abre sus puertas oficiahnente. b) Toda la predicaciôn de los apôstoles ira impregnada de esta comunicatiôn del Espiritu Santo, que se re­ parte con profusion (Act. 8,15). Ellos se sentirân ac­ titando juntamente con el Espiritu Santo en la edi­ fication de la Iglesia: 1. El Espiritu Santo les ha hecho colocar a los obispos a! trente de las iglesias (Act. 20,28). 2. El Espiritu Santo esta con ellos en cuantas deci­ siones deban tomar (Act. 15,28). 3. Cuando se pretende enganar a los apôstoles, se intenta enganar al Espiritu Santo, y en el tribunal apostôlico se hace la defensa de la tercera Persona de la Trinidad (Act. 5,3). IH. Relaciones con la Santisima Trinidad. A. Con relaciôn al Padre. a) La Iglesia es su casa, mejor aûn, su familia, Todos las bautizados son hijos de este gran Padre de familia. b) El Padre enviô al Hijo para que redimiese al mun­ do y para que se conslituyese Cabeza de la Iglesia (lo. 1,11-14 ; Eph. i,22). 1. El Padre es el que, juntamente con el Hijo, en­ via al Espiritu Santo para que vivifique su Igle­ sia (lo. 14,15-17). 2. El Padre,' que posee toda la paternidad en el cie­ lo y en la tierra (Eph. 3,15), ha bendecido a todos los hombres en Cristo y los ha predestinado en El para que sean adoptados por hijos (Eph. 1,3-6). c) Por lo cual, Cristo nos enseûa a orar, didendo : ιΡαdre nuestro» ; y nos aconseja que no llamemos a nadie Padre sobre la tierra, porque nuestro Padre es uno, que està en los cielos (Mt. 23,9). B. Con relaciôn al Hijo. a) La Iglesia es su Cuerpo mistico; El es cabeza, cuyos miembros somos nosotros. 1. Asi queda indicado el hecho de la redenciôn en Cristo. 2. El modo de la redenciôn, mâs misterioso que el mismo hecho. 3. Y también por la forma como se difunde la vida a nosotros. bl Este Cristo Rcdentor universal estd con nosotros y en nosotros hasta el fin de los tiempos. 351 C. Con relaciôn al Espiritu Santo. La Iglesia es su templo, ungido y santlficado por la presencia del Amor substantial. . b) Es el aima vlvificadora de este Cuerpo, de cuya vida participai! cuantos reciben algo de Cristo. a) ((Todo cuanto os he mandadoo I. Fe y obras. Oficio del m^onsterio eclesiâstico. a) Cuando el Senor compendia en una sola frase el ofi­ cio dei magisterio cclesiâstico, dice: vEnseüad a todas las gentes...; cl que creyere...; ensenândoles a observar todo cuanto yo os he mandado» (Mt. 28,19-20). b) La fc y las obras. Todo lo que ha enseüado para que lo crcamos y todo lo que ha enseüado para que lo cjccutemos. c) En otros lugares hemos hablado de la necesidad teolôgica de las obras y de la fe. Reflexionemos ahora algo sobre lo que puede ser una cosa sin la otra. (Véase La palabra de Cristo t.4 p.1017 ss.) B. Diverses claces de hombres. a) Hombres que nlegan la fe. b) Personas que se dieen cristianas, pero con su conducta libertina v su descreimiento prdctico so n en realidad apôstatas secretos. c) Personas que, a diferencia de las anteriores, profesan elaramente la fe y la respetan, pero viven como si no creyeran. d) Personas creyentes y buenas, pero que no obran por la fe. El hombre de fe. C. Disposiciôn de la materia. a) En nuestra patria, los primeras abundan menos, pero existen. Nos referiremos a ellos al hablar de las obras sin fe. b) Los segutidos mercccn ser agrupados juntamente. c) Los terceros son mâs abundantes, y les predicarentos al hablar de la fe sin obras. Π. Las obras sin fe. A. Santiago queria juzgar de nuestra fe por las obras. Tenia razôn. Pero también podemos juzgar por la fe y ver si las obras son buenas de­ lante de Dios. ffll 352 SIC. 8. CIHOXIS HOMILÉTICOS LA SAXTÎSTMA TRTNTDAD B. Queremos suponer que esos hombres sin fe observan una conducta irreprensible. a) Modestos, trabajadores, caritativos, discipiinados, etc. El pucblo sencillo se déjà deslunibrar, y a nosotros mlsmos nos cuesta trabafo creer que no tençan fe. b) El laicismo nos ha presentado algunos santoncs de éstos. No queremos examinar su vida interior. Lo damos todo por bueno. C. A estos taies tenemos que decides: a) Vuestras obras son humanas y naturalmentc buenas. i. Séria una herejfa negar que las podâis eieentar. En la Sagrada Escritura hemos visto a Dios premiando «cciones buenas de personas infieles. Si las prerniaba. es que eran buenas ; pero las premiaba sôlo con premios temporales... 2. Sin embargo, vuestras obras no pueden ser de aquellas que nos conceden la herencia de los hi­ jos de Dios. Por buenas que fuesen, naturalmente hablando, no lo son con relaciôn a Dios y a la vida futura, porque no proceden de la fe. No hay que atender sôlo a la calidad de la obra, sino al principio del que procede. La fe es el primer principio y el primer paso necesario para agradar a Dios. Mucho es de temer que vivâis en gravfsimo pe­ cado de infidelidad, puesto que vuestra cultura y situaciôn os han hecho conocer sobradamente îos motivos de credulidad, en cuyo caso estâis negando el asentimiento a Dios. Esta conducta es bella, pero acaso sea sôlo aparente, y extremadamente perniciosa. 1. Los grandes herejes, Arrio, Pelagio, por ejem­ plo, pasaban por personas muy austeras y, ein embargo, no eran sino rebeldes. Su apariencia y virtudes naturales eran perniciosas para el pue­ blo, que jnzgaba por lo que veia exteriormente. Veneno quç engafiaba. 2. Leamos a San Bernardo. Descr^bfa asi a Abelardo: eEs un hombre ambitui, y una contradicciôn perpetua Por futra, Juan el Pau. tista: por dentro, Herodes» (cf. h Sobre Arnaldo de Brescia cscribia: cjOfalà Que su doctrina fuese tan sana como austera es su vida! Ni corne ni brbe : uno de aaucllos Que nos seüalaba el Apôstol: Que poscen todo el exterior de la pie· dad. pero no tienen ni cl fonda ni los sentimientos * (cf. «Ep. ad epî«c. constant »t tCon discursos suaves y belles apariencias de virtud, se insinua en los espfritus v los gana para su Partido» l). *No escucdiéis lo Que os diran .. Os hablardn un len guaie divino. hasta pareceros àn^eles baiados dei cie· lo: pero del mismo modo Que se mezela el veneno en les mds dulces licores, ellos irdn de st Hondo sus nove» (arejas con e' zarandco continuo de que es objeto t>or farte del demouio. bi Pero siemfte que ( tisfo hab'.a de ataques, habla de triunfo. 1. Las piierta-. del infierno no prevalecerân contra la Iglesia (Mt. j6,iS ss.). 2. La fe de Pedro jamas Jesfalk-cera (Lc. 22,31). E. Cristo, permaneciendo en el alma, es el fundamen­ to de la fortaleza en medio de todas las dificultades. a) Con Ctisto son fosibies todas las cosas. for lo que puede exclantar San Pablo: tTodo Io fuedo en aquel que me confortat 'Phil. 4,13). b) Con Ctislo no se tente a ningitn enemigo: *Si Dios csti con nosotros. L quien estard en contra?·» (Rom. 1*3.3 c) Un ejemplo d ■ fortaleza continuado en la Iglesia es el de los indrtires. 1. Todos ellos pueden decir lo que afirmô de si Santa Felicitas. 2. Se habia quejado ante los fuertes dolores de parto en lo prisiôn. Uno de los oficioles le dijo: «Tû, que asi te quejas ahora. los hombres que han de vivir en el mundo. 2. Γη monte banado por resplandores de luz eterna. b) Dijerase que es la tes pues ta a la tercera tentation del demonio a! Senor, que se lee en San Mateo (4,8-9). 1. El demonio pnso a Cristo en lo alto de un monte y le ofreciô los reinos dei mundo y su gloria. 2. Cristo ofrece a los apôstoles no sôlo el imperio so­ bre los icuerpos, sino la vivificaciôn de las aimas ; no la gloria terrena del mundo, que pasa, sino la gloria permanente de los cielos. II. Toda potestad. A. La potestad de Cristo es perfsctisima. a) Por el origen es divina. b) Por la naturaleza es tota! en cuanto a la materia. 1. Es sacerdote 0v rev. * 2. Maestro y juez. Por los titulos. Es Hijo de Dios : «El Padre ha entregado al Hijo todo el 1 er de juzgar» do. 5,22). 2. Por sus méritas : «Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz ; por lo cual Dios le diô un nombre sobre todo nombre, ante el cual doblan la rodilla el cielo, la tierra y los abismos» (Phil. 2,8-10). Como dicen ‘.os teôlogos. ganô el supremo poder «incoattve» en la encarnaciôn» «perfective» en el Calvario. B. Sobre todos. a) Sobre toda nation, en todo tiempo. I. Sobre gentes de toda condiciôn, edad, circnnstancias ; sobre fie’.cs e inficies ; sobre los habitan- ARC. A. C.riOJiEï HOMILÉTÎCÔS 3β1 tes del mundo rntonces, conocido y sobre los ha­ bitantes de nuevos continentes que se descubrieran en lo por venir. «Euntes docete» : «Id y ensenad». Enseùad <1 todos. 2. Tenéis derecho y deber de ensenar a todos, por­ que sois portadores de la verdad. Y dondequiera que hay un hombre hay un entendimiento. Y don­ de hay un entendimiento hay derecho a adquirir la verdad. Y la verdad tiene derecho a residir en él y a iluminarlo. b) Ile aqui el fundamento tcolôglco del derecho de los cspaüolcs a cvangclizar las Indias. ΠΙ. Naturaleza de los poderes. A. Cuatro poderes tiene Jesucristo. a) El Su b) El c) El d) El de maestro. En El, maestro y rey se confunden reino es el reino de la verdad (cf. lo. 18.27). de sacerdote, de pastor, de juez. B. De los cuatro transmite très y se reserva uno. *. a) Sed maestros: «Docete b) Sed sacerdotes : «Baptizantes». . * c) Scd pastores: «Docentes..., screare omnia concede una participation dei poder de juzgar ■ d) tcmporalmcntc. La potestad dc juzgar definitivamente sobre los hombres se la réserva Jesucristo. C. Maestros. La Iglesia es una g ran escucla. Es una comunidad doctrinal perfecta. Se entra en ella por cl hdbito intelcclual de la fe. Su doctrina estâ contcnida en el Credo. La Iglesia es la ûnica repiiblica intelectual (cf. Lacordaire). Es. segûn lo dicho, reino de la verdad. b) En los siglos de intensa influenda tcolôgica en la sociedad civil brotô en cl orden temporal una especie de sociedad acadcmiea universitaria, formada por las principales universidades de la Edad Media. i. Los rectores tenîan verdadera jurisdîcciôn, y en alguna universidad llegô hasta concedérseles el derecho de pena de muerte para inantener la dis­ ciplina. 2. Los estudiantes tenîan carta de naturaleza en su universidad. y con ella entraban en las demâs universidades de Europa. 3· Los profesores pasaban iaeilmente de una univer­ sidad a otra. Tan noble organizaciôn docente estaba poderosamente inFfluida por la teologia. Todas las universidades ten tan una ni is nia alma y un mismo corazôn, trasun- e) SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 363 la santisima trinidad «La verdad os harA libres» (lo. 8,32). 2. «La palabra que yo lie hablado, ésa juzgarA en el û’.timo dia al que me rechace» (lo. 12,48). «El que escucha mi palabra. tiene la vida eterna..., pasô de la muerte a la vida los que escucharen la voz del Hi io de Dios vivirân» (lo. 5>24-25). c) La verdad, dice Bossuet, yace tal vez en el fondo de vuestra aima como una antorcha apagada. ». A la hora de la muerte se encenderâ de nuevo, y a su luz contemplaréis vuestra vida y vosotros mismos os dictaréis la sentencia de muerte. 2. Cuando la verdad venga a juzgar, 110 necesitarâ de sonido articulado. Se dejarâ ofr en el fondo de la conciencia. Ella vive en el fondo del corazôn del hombre mâs pervertido. 3· Terrible sorpresa la de los pecadores cuando las verdades abandonadas en un rincôn de su memo­ ria recobren su imperio y su brillo. Surgirâ con todo el empuje de su virtud avasalladora y efi­ caz tan évidente el contraste entre la vida del pecador y la norma moral, que brotarâ como espontânea y por si misma, irresistible e implaca­ ble, sin necesidad de juez. la sentencia definitiva y eterna. 4· Abrumados y bundidos quedarân los malvados, reconociendo a un mismo tiempo lo vergonzoso de sus acciones y lo justo de su castigo. d) Los apôstoles y sus sucesores, mantenedores y de­ fensores de la verdad, son in directam ente también jueces. 1. to en la vida civil de la perfectisima sociedad doctrinal que es la Iglesia. D. Sacerdotes. a) La Iglesia es reino de la verdad sobrenatural y divina. El entendimiento se adhiere a ella por la fe. La fe se confiere en el bautismo. Sin la influenda del Espiritu Santo no es posible poseer la fe. b) La Iglesia es el reino de la verdad sobrenatural por el objeto, por los medios, por el fin. E. Pastores. a) tEnseüar a guardar». Es una verdad dogmâtlca, de la que se dériva una verdad moral. No basta la fe; hay que pradicar. b) Ta! oficio—ensefiar a pradicar—es lo propio del mi­ nisterio pastoral. IV. Potestad judicial. A. Cristo no transmite ia plenitud de su poder judi­ cial. Cristo se ]a reserva. a) •No fuzguéis y no seréis juzgados», dice el Senor (Le. 6,37). b) San Pablo: «Cierto que de nada me erguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado ; quien me juzga es el Sefior» (i Cor. 4,4). 2. «No juzguéis vosotros antes de tiempo, mientras no venga el Sefior, que ilnminarâ los escondrijos de las tinieblas y barâ manifiestos los propôsitos de los corazones, y entonces cada uno tendrA la alabonzo de Dios» (ibid., 5). c) El côdigo penal que ha de ser aplicado por este po­ der judicia! se encuentra en el texto de San Marcos. Son dos articulos, dos sentencias : «El que cre­ vere, se salvari ; el que no creyere, se condenarâ» (Mc. 16,16). 2. Sentencia eterna, definitiva. jSalvados? Toda la felicidad. <; Condenados ? Toda la desventura. Y ambas por toda una eternidad. Corresponde este incomparable y soberano côdi­ go penal al tono sentencioso, lapidario, rotundo, solemne y magnifico del discurso. B. i Los apôstoles, jueces? a) Cristo se reserva cl juzgar, pero en cl acto del juicio final formarân tribunal con El los apôstoles. b) Con su solidez y elocuencia acostumbradas desarrolla Bossuet el tenia de que el juicio serâ por la verdad. y la verdad ha sido predicada y defendida por los apôstoles y por sus sucesores. V. El nombre de la Trinidad. A. Completa la sublimidad de este cuadro la proclamaciôn solemne que en él hace Jesucristo del mis­ terio de la Santisima Trinidad. Y la invocaciôn de las tres divinas Personas, necesaria en el acto de conferir el bautismo, aqui instituido. B. La Trinidad fué bosquejada en el Antiguo Testa­ mento y en el Evangelio abiertamente designada (cf. supra, Santo TomAs de Villanueva, p.265, c). a) Fué su simbolo la Sagrada Familia. b) Fué, en cierto modo, revclada en el bautismo de Cristo. c) Fué representada en la transfiguraciôn. d) Pero aqui es proclamado solemne y explicitamente cl misterio. Palabras de triunfo y confianza. A. “Estaré con vosotros”. a) Con todos vosotros, los que me confeséis en la tie­ rra. Todos los dias, en todas las circunstancias, has­ ta la consumaciôn de los siglos. ’ •‘■«P i b) Pa.’abms de can fia usa paia fo Tomas completa su doctrina introducienda en cl orden prâctieo la influencja. en cierto modo defi­ nitiva. de un sano tradicionalismo. b) «Eh el terreno de! arte. la eficacia procede de la sola raz/hi. y cuando la razôn nos hace ver una mefora, hay que apiicarla inmedialamente, prescindiendo de que antes se hacia. Pero las leyes no pueden prèscindir de la costumbre. Y por eso no deben modilicarse fâcilmente· ci. eSum. Theol.» 1-2 q.97 a.2 ad 1). c) Γη côdiyo no puede prescindir logicamenle de una concepciôn filosôfica. 1. Iliy que ser progresses en las ciencias y tradictonalistas en politica, «porque las ciencias co­ bran su pureza de la razôn, pero las leyes reciben su virtud de la costumbre» (cf. ibid., 1-2 q.97 a.2 ad 1). 2. I-as costumbres y iradiciones de los pueblos responden a juicios intimos. fundamentales, vitales, • de varias generaciones. ;. En el orden prâctieo no sôlo hay qne tener pré­ sentés los principals, sino las circunstancias. .;. De lo contrario, los juicios prâcticos carecerian de prudencia. Y por eso una anténtica costumbre «contra legem» acaba por prevalecer contra la ley misma (1-2 q.97 a.3). ΠΙ. Conclusion final. A. Esta admirable doctrina tomista nos ensefia claramente dos cosas: ; b -, : Hjl q ' ■ [·,. i; i' |;:···.· H ’· &■/'.! j ? MM · ’’ï ηκ·ί· W · s. H, J. . t li S·’·· ■1mm ||«|i:■/■' {■ ' E|jw · Fl] i ■ V* tjii; ' Ji f- 'ri \ :‘ji; ·’ a) Way que orientât constantementc a la sociedad desde la altura de los principios. i. Y estas orientaciones corresponde» principahnente a îos qne estân en posesiôn de la ciëncia filosôfica y teolôgica. 2. «Jamâs se cimentô un Estado sobre una orgahizaciôn militar o una frnrte organizaciôn administratîva. Donde fait an los principios, todo es inestable y provisional. Todo Como pastor y doctor de todos los Cristianos. c) Con la plenitud de su suprema autoridad apostôlica. d) Con intention de définir. En doctrina relativa a la fe y costumbres. ΙΠ. Objeto dei magisterio eclesiâstico. A. Nunca es proponer nuevas verdades reveladas. La revelaciôn oficial termino con el ultimo de los apôs­ toles . B. La Iglesia, el papa y los obispos son custodies del deposito de la fe. “Depositum custodi”: “Guarda el deposito”, decia San Pablo a Timoteo, obispo (1 Tim. 20). Iglesia lo que hace es defender el depôsito de la fe. las verdades reveladas, contra toda herejia, y cxpianarlas, exponerlas y aplicarlas, condenando todos los errores. b) Mereccn especial atenciân las Hamadas conclusiones teolôgicas y los hechos dogmaticos. a) lui IV. Asentimiento debido. Dïstinguen los teôlogos très clo­ ses de asentimiento: Asentimiento de fe divina. a) Tiene por objeto inmediato la autoridad misma de Dios. b) El que nieguc con pertinacia una de estas verdades incurre en hcrejia. Asentimiento de fe ecles;.âstica. a) El motive· formai de este asentimiento no es inniediatamente la autoridad divina. Lo es tan sôlo de 373 SEC. S. GUIGNES HOMILIEICOS una mancia mediata. El molivo formai inmediato es ki autoridad de la iglesia, que define tal verdad. b) El que niegue taies verdades no comete el pecado especifico de hcrejia, pero si toi gravisimo pecado. C. Asentimiento simplemcnte religioso. a) Se debe a todas las decisiones doctrinales no infalibles, pero dadas con carâcter universal por el Sumo Pontifice o por las Congregationes romanas. b) No es el rèspeto del silendo obsequioso ; es la adhe­ sion sincera, interna, la que se exige a los catôlicos. Adhesiôn de la mente y de la voluntad, con sincero deseo de penetrar bien en la verdad que. se expone, de cumplirla y de aplicarla recta y eficazmentc en la prâctica. C) Este deber nace de la suprema autoridad que goza cl Romano Pontifice y de la asistencia especial del Espiritu Santo. Por eso cl asentimiento es de naluraleza religiosa, porque està basado en un motivo o razôn sobrena­ tural. V. Autoridad de las enciclicas. A. Los documentos que el Romano Pontifice dirige a toda la Iglesia catôlica son uno de los instrumen­ tes mâs importantes de que se sirve el magisterio ordinario del papa. a) Modcrnamcntc se han niultiplicado mucho las enci­ clicas. Sobre casi todas las cucstioncs que intcrcsan a la condenda catôlica moderna, los papas han cxpueslo rciteradamentc la doctrina. b) Exigen, ademâs, la sumisiôn de los catôlicos a ella, como se verà en los casos siguientes. B. Ordenes de verdades. a) En las enciclicas, es pedal ni ente en aquellas que afectan al orden politico, social y cconômico, hay que distinguir bien entre los principios, las normas direc­ tives, los conscjos y las solutiones prudcncialcs. b) Todo ello es de un gran valor para la mente catôlica. La palabra del papa, como la de Dios, se ha de rccibir con mansedumbre y adhesion sincera; pero conviene que los interprétés del documento no vayan mas allà de donde quiere ir en cada caso cl pontifice. Casos prdcticos aclararân cl pensamiento en esta im­ portante materia. VI. Una direction necesaria. A. Aun los no catôlicos reconocen que hace falta una crientaciôn en el mundo contemporaneo, porque las modernas sociedades carecen de principios. o) Hay corrientcs sociales moderadas o rcctificadas por interventiones muy partiales de orden técnico. • ·*;>- > ■ LA SANTISIMA TRINIDAD b) Pero principias directives no existen. A lo menas, en los pueblos libres. En el comunismo hay principios. Por eso es mâs temible. C) Estos altos principios inimitables, ya sean doctrina de la Iglesia, ya constituyan interpretadôn del Dere­ cho natural, que la Iglesia ha hecho suyo, y estas . normas prdtiicas de aplicaciôn constituvcn el tesoro inapreciable de la doctrina social pontificia, poco conocida aûn de los mismos catôlicos. d) •A un las nationes catôlicos—dijo Pto XII en el dis­ curso a los patronos—necesitan abrirse nuis ampliamente a la doctrina social de la Iglesia», es decir, conocerla mejor y aplicarla mejor (Discurso a la IX Conferentia International de Asociaciones Patro­ nales Catôlicos, y mayo 1949). B. Contribuirâ mucho a que esta doctrina penetra en la masa: a) El que los teôlogos en sus articulos y libros de texto b) c) d) e) f) sobre estas materias citen a los Romanos Pontifices con preferencia a los autores de su escuela o de sa grupo. jNo es lamentable que algùn teôlogo haya escrito un libro sobre la sumisiôn al poder constituido sin citar a Leon XIII? Que los predicadores emplcen el pensamiento y con frecuencia las palabras elocuentisimas de los papas. Que los maestros de la juventud ensenen a los jôvenes a conocer ya desde los ultimos anos del bachillerato el tesoro que en la doctrina pontificia se encuentra, del cual ninguna persona culta, aunque no fuera catôlica, debia ser ignorante. Que escritores y periodistas, como por fortuna cada dîa se hace mâs, usen los textos pontificios. Que cconomistas y sociôlogos los conozcan a fondo. Es para llorar el contemplar cômo cconomistas y sociôlogos catôlicos llenan sus obras de una verdadera selva de autores, la mayoria extranjeros, y rarisima ver recogen lo que sobre la misma materia han dicho los papas. Que se forme de un modo especial a patronos y obreros sobre esta doctrina. VU. Solucïones basicas: las indicadas por Pio XII. Se trata de bacer la obra mâs dificil del entendimiento prâctico que es un nuevo Estado. a) Los fundamentos de este nuevo Estado hay que buscarlos en la sociologia y en la tcologia. b) Y por esto la obra bàsica y fundamental es la formaciôn de minorfas sacerdotales que, en plena posesiôn de su cientia teolôgica, conozcan también las cien­ das del Estado: la economîa, la sociologia, cl derecho y la politica. c) Sin esta doble formation, ni entenderân bien el pensa- I SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 375 miento de los papas ni, aunque lo entendicran, sabrfan aplicarlo oportunamente. d) Con este estudio, hecho a fondo, podrdn dlalogar con cconomistas, empresarios, sociôlogos y politicos, e influir sobre ellos. Sin lai estudio, éstos les ne^arân, a veces con injusticia, otras veces con fundamento, toda autoridad para hablar de semejantes materias. B. Necesario es, en fin, que sacerdotes y seglares cumplan fielmente lo que Pio XU dice en el radiomensaje de Navidad de 1954. «Persuâdanse. ante todo, que la posesiôn de la verdad, si qucdase Umitada a ellos solos, como objeto de su contemplation para sacar de ella consolaciôn espiritual, no serviria a la causa de la paz. La verdad tiene que ser vivida, comunicada, apiicada en todos los sectores de la vida». b) «También la verdad, particularmente la cristiana, es un talento que Dios pojte en las manos de sus siervos para que con su industria fructifique en obras del bien comûn». i. «A todos los poseedores de la verdad Nos querriamos preguntar, antes que lo haga el eterno Juez, si han puesto a lucro el talento, de modo que merezcan oir la invitaciôn del Senor a entrar en el gozo de su Padre». 2. «ëCuântos, aun tal vez sacerdotes y seglares ca­ tôlicos, tendrîan que sentir el remordimiento de haber enterrado en su propio corazôn este y otros bienes espirituales, o por indolencia o por insensibilidad ante las miserias humanas?» 3- «De una manera particular se harian culpabies si permitiesen que el pueblo quede casi sin pasto­ res, mientras el enemigo de Dios, valiéndose de su poderosa organizaciôn, destroza las aimas que carecen de formaciôn suficientemente sôlida en la verdad». c) «Asimismo, sertan responsables esos sacerdotes v se­ llares si cl pueblo no experimentase y no recibicsc del amor cristtano la ayuda activa que manda la vo­ luntad divina». i. «Ni cumplirian con su deber los sacerdotes y se­ glares que cerrasen voluntariamente los ojos y la boca ante las injusticias sociales que estân presenciando, dando asi ocasiôn a ataques injustos contra la capacidad social del cristianismo y con­ tra la eficacia de la doctrina social de la Iglesia, que, gracias a Dios, ha dado de ello tantas y tan manifiestas pruebas aun en estos ùltimos decenios». «Donde esto tuviese lucar, recaeria también so­ bre ellos la responsabilidad de que grupos de jôvenes, y aun de pastores de aimas, se dejasen e) •I in: i 376 LA SWTÎ.SIMV TRIXIDH» arrastrar en algïin caso a radicalismes y progresisinos erroneos». d) tConsecuentias nids graves causaria al orden social. y también al politico, la conducta de Los cristianos —ya scan de condition elevada o humilde, ya gocen de mayor o menor blenestar-—que no se resolviesen a reeonocer y ooservar sus obligationes sociales en el tnanejo de los négocias econômicos. Todo el que nu este’ dispuesto a ajustar debidamente al bien comûn c! uso de los bienes priva dos, ya sea libremenle, con­ forme a la voz de su concientia, ya también median­ te formas organizadas de cardtier publico, contribuye, en cuanto de el depende, a impedir la indispensa­ ble preponderance del impulso y de la responsabilidad personal en la vida social * (cf. «Ecclesia» XV [1955] 704). 19 Poder indirecto I. Determination del objeto. A. Importancia del tema. a) El estudio dei poder indirecto del papa sirve para aclarar la position del Pontiflcado en cl mundo como consecuencia de la révélation, contenida parcialmente en cl evangelio de hoy. b) Pero ademâs: ~~ 1. Define y précisa Ia doctrina de la relacion entre ambas potestedes. 2. Desfmye el ùltimo rastro de liberal ismo que aun se alberga en la mente de muchos catôlicos. 3. Ahoga en germen todo género de totalitarisme. 4. Es necesario para no errar en la interpretaeiôn del «A Dios lo que es de Dios y el César lo que es del César» (Mt. 22,21). 5. Para penetrar la doctrina de Ia «Immortale Dei», acerca de las dos potestades. 6. Para medir hasta las ùltimas consecuencias el alcance del «data est mihi omnis potestas» (Mt. 22,18). 7. Y paru lograr, en fin, a la luz de! Evangelio, una suprema y total concepciôn arquitectônica de la vida, del hombre, de la humanidad y de la Iglesia. B. Definicicn. Poder indirecto es el que tiene el Ro­ mano Pontifice sobre todo el orden temporal, en tanto en cuanto este interesa al orden espiritual, a) El orden temporal puede afectar al espiritual cuando en una cuestiân de suyo temporal surfa una de estas très tircunstantias : SIC. 8. GUIONES HOMILF.TÏCÛS 377 Un pecado que evitar. 2 Aimas que sa’var. Libertad de la Iglesia que mantener. b) El autor que prcclsô y sistemalizô esta doctrina, tan antigua como la iglesia, es cl cardenal Torquemada (t iq6S) *. c/ Las dos proposicioncs de. Torquemada son: 1. El Romano Pontifice, por derecho de su principado, tiene cierta jurisdicciôn en las coses tempo­ rales en todo el orbe cristiano. 2. Esta jurisdicciôn no es plena en las cosas tempo­ rales, como lo es en las espirituales,.sino que se extiende sôlo hasta donde lo exige la necesidad de conserver el bien espiritual, ya el suyo, ya el de los otros ; ya por pedirlo la necesidad de la Iglesia, ya por demandarlo el oficio pastoral en la correcciôn de los pecados. Π. Errores que evitar. A. En esta materia conviene evitar los errores sigui en te s: a) Confundir esta jurisdicciôn pontificia con la realeza temporal de Cristo. b) Sometcr en su origen la potestad civil a la potestad eclesiâstica. c) Negar una real soberania a la suprema autoridad civil. d) Llamar poder indirecto a lo que no es nids que con­ secuencia de algûn acto del poder directo del Roma­ no Pontifice. Juzgar que usa de la potestad indirecta el Romano Pontifice cuando intcrviciie en materia mixta, perteneciente a ambas potestades. B. Realeza temporal de Cristo. a) Ιλ. realeza temporal de Cristo es plena sobre lo tem­ poral y sobre lo espiritual. 1. Es plena : 1. " tPor mi rclnan los principes» (Prov. 8,15) ; 2. ·. tToda potcstàil procède de Dios» (Rom. 13,1) ; 3. · «.Vo tendrias nhigrin poder sobre mt st no te hubicra sido dado de lo alto» (lo. 19,11). 2. Y los soberanos temporales, en tanto tienen de­ recho a mandar en cuanto que son représentan­ tes de Dios. b) Cuando damos a Cristo cl nombre de Cristo Rcy, nos referimos a ambas potestades, a la plenitud de la po­ testad que tiene Jesucristo sobre ambas sociedadcs. * Insigne teôlogo cspafiol, fundatior de la Eclesiologfn 1 V. como consecuencia. la suprema autoridad en la soeiedad civil queda supeditado, aun en el usa de los bienes temporales, a la suprema autoridad ecle­ sidstica cuando e! bien espiritual lo réclama. ) Belarmino déclara: »Esta subordinaciôn no se ha de entender como si la potestad civil se derivara de la eclesidstica, sino solo en cuanto que cl fin de una estâ sometido y subordinado al fin de la otra, de la misma manera que. dentro de la misma soeiedad ci­ vil. se subordinan otros fines particulares al bien com:in o fin supremo de toda la soeiedad» (cf. «De po­ testate papae in rebus temporalibus» hoy entra la historia en un periodo en el que los fines y la soberania de las sociedadcs politicas se someten a un bien comûn supranational. Aclaraciones historicas I. La época contemporanea. A. Confirmaciôn historica, a) Los siglos XIX y XX ofrecen numerosos acontcti- micnlos historicos que aclaran la doctrina catôlica del poder indirecto. b) Acontccimicntos que son al propio tiempo una apo­ logia de la prudencîa con que los Romanos Pontifices procedieron en el uso de sus facultades cerca de los gobiernos y de los pueblos, en todo lo concerniente a materia civil. C. Sobcrania absoluta. a) Alguien podrâ decir que esta teoria merma la potes­ tad civil y déjà de ser soberana. b) -Vo es ésta la doctrina de la Iglesia. El poder civil es soberano en su estera. 3. Tna cosa es soberania real, y otra, soberania ab­ soluta. El término «soberania» nunca puede tomarse con todo el rigor que parece indicor su propia etimologia. 3· Dos soberanias absolutas son terminos contradic­ torios, porque el soberano estâ sobre todo. Y dos a la vez. no pueden estar sobre todo al mismo tiempo. B. La “Inimortaie Dei”. Sabido es cl efccto que prqdujo la enciclica dmmortale Dei» en algunos ingenios célébrés (Ollé Laprune, Brunetière, etc.), para los cuales fué una revelaciôn la teoria de las dos potestades, tan claramente defi­ ni da por Leôn XIII. b) Leôn'XIII, con exquisito tacto, no quiso desarrollar la doctrina del poder indirecto en la enciclica. No hizo nias que seüalarla. & Donde? 1. En aquellos palabras : «Todo lo que es espiritual, ya sea por razôn de su naturaleza, ya sea por ra­ zôn de su causa, cae bajo el dominio de la Iglesia». 2. Es decir, lo que por naturaleza no es espiritual, por la causa final puede—en un aspecto formai— convertirse en espiritual. Y esa relaciôn de causa la puede determinar el Pontifice. 3. Sin embargo, el Papa se limité a indicar la teoria. Prejuicios liberales. • a) Estamos seguros de que no pocos catolicos cultos recibirân con reparos esta doctrina. Les parecerà que abre la puerta al clericalismo ; a una intcrvcnciôn exagerada y abusiva del poder eclesiâstico en la esfera civil. b) Los que asi piensan estân bajo la influenda—cons­ ciente 0 insconscienle—de prcjuicios liberales. No tienen formada su mente arquitectônicamente en el orden espiritual. No han comprendido bien la teoria de los dos pnderes de la «Immortale Dei». 3- No participa:! plenamente de La mente de nuestro Sefior Jesucristo al concéder la potestad espiritua! a los apôstoles. 381 c. Aplicaciones prâcticas. Los papas, cspecialmcnte desd: Pio IX a Pio XII, en sus relationes con los gobiernos y con los partidos catolicos, interdenen segûn las circunstancias y la importanda del caso. b) Y, segûn esto, usan distintos grados y formas de autoridad dentro de una gama rlca y sut il cque va a) 4 SWnSIMX ÎRINIDKD desde la simple expiesiôn de un deseo hasta el pre­ cepto o mandaniiento formai, pasando por cl consejo y por la norma directiva» (cf. Marxtai.x, «Primauté du Spirituel»). II. Mirada retrospectives. Sc pueden multiplicae los ejemplos, pero vamos a centrar esta mirada retrospect™ i sobre cuatro grandes naciones europeas: Alemania, Francia, Espana, Italia. A. Leon XIII y Alemania. Bismarck, para obtenir mayorta en cl Parlamcnto en la discusiôn de sus planes militares—el septenado—, necesitaba de los votos del Centro Catôlico alemdn. b) Leon XIII aconsejô a los catôlicos alemanes que vo­ ta ran con el Gobierno. Para la politica general religiosa de Leôn ΧΙΠ en Alemania convenia al Papa aceptar la sugestiôn del emperador. 2. A cambio de ella. el Gobierno aleinân derogetria algunas leyes perseentorias de la Iglesia. Las Ha­ madas leyes de Mayo. 3· El Centro Catôlico no era partidario del plan mili­ ter. No obstante, Winsdhorf, jefe del Centro Catô­ lico eleniân, afinnô en el famoso mitin de Colo­ nia : «El Centro Catôlico obedecerâ a Leôn ΧΠΙ si el Papa lo manda». c) El Papa no diô un precepto. Podia haberlo dado. Tenia derecho. No por moti­ ves militares. Por motivos religiosos. Velando por la libertod de la Iglesia. Leôn XIII respetô la actitud y la libertad de los catôlicos alemanes. ; Hubo desobediencia en este caso ? De ningnna manera. Leôn XIII diô un consejo, no un pre­ cepto. Y el dar un consejo en aquellas circunstancias era un acto de politica sapientisima para robustecer la propia Iglesia en Alemania. Pero el Papa entendiô que no debia pasar, por razones espirituales, adelante. d) jHubiera podido el Papa dar un precepto en este caso? Evident ement e, si él hublera creido que el bien de la Iglesia lo cxigfa. Porque, *por razôn de la cau­ sa», por el fin, la materia afcctaba al orden espiritual. Y el Centro alemdn rcconociô la competentia y auto­ ridad del Papa (cf. Goyau, «Bismarck et '’Eglise * t.4 P.12S-130). a) B. Leôn XIII y Francia. a) Leôn XIII ordenô a los catôlicos franceses que aceptaran los poderes de hecho establcddos en su nadôn: la repûblica. SEC. 8. GUIONES HOMILfrnCOS 383 1. Que actuaran dentro de la Constituciôn vigente en Francia. 2. Combatir la legislaciôn persecutors y sectaria, pero acatar la Constituciôn eslablecido, fué la fôrmula pontificia. jUsô Leôn XIII en este caso del poder indirecto? No. 1. Usô del poder directo. Recordô un precepto cstab’.ecido en la Escritura : «Todo poder viene de Dios. Hay que someterse a la potestad establecido» (cf. Rom. 13,1). 2. Ilabié como depositario de la revelaciôn. Como supremo doctor que expone la doctrina de la Iglesia. 3. Usô, por tanto, de su poder directo espiritual. c) Algunos han creido ver en esta determinaciôn de Leôn XIII un acto de poder indirecto, porque aseguran que obligô a los monârquicos a rcnunciar a sus ideas. No es exacto. El Papa no intervino en esta ma­ teria. 2. Al contrario, explicitamente manifiesta que no obliga a nadie a renunciar a sus opiniones poli­ ticas y que los antiguos poderes no han perdido sus derechos ; que han quedado en suspenso ; que el porvenir decidirâ segûn lo que pida el bien comûn. Y ya se entiende que son los propios ciudadanos los que considerarân qué es lo que el bien comûn pide en su propia naciôn. i Pudo haber exigido Leôn XIII la renuncia ? Ciertamente, si el bien de la Iglesia lo exigiera a juieio suyo. El poder indirecto no tiene limite. C. Leôn XUI Y Espana. La cscena tiene lugar el iS de abril de 1894- Estân icunidos en San Pedro dieciocho mil peregrinos espaùolcs que han asistido a la bcatificaciôn de Juan de Avila y de Fr. Diego de Càdiz. Acompaüan al Papa 19 cardcnales y 22 obispos. b) Leôn XIII hizo entonces las siguientes recomendaciones : i. «Es necesario que todos los catôlicos de Espafia, sin excepciôn, se persuadai! de que el bien su­ premo de la religiôn réclama y exige de su parte uniôn y concordia ; a) 2. Que es précisa que den tregua a las divisiones politi­ cas auc los desgarran y dividen; Que abandonen a la providenda siempre de Dios los destinas de la naciôn; Que trabajen con el nuis perfecto acuerdo, dirigldos por sus obispos, por todos los medios Que las leyes y la honestidad aprueban, para salvar los intereses de la religiôn y de la patria». «Deber de ellos es someterse a los Poderes cons· tituidos, lo cual os pedimos con tanta mâs razôn 384 I \ SA.vrtSLMA TRINIDAD cuanto que a la cabeza de vuestro noble pueblo hey uno retna iluslre, cuya piedad y devociôn a la Iglesia habéis podido admirar. La presencia de algunos de entre vosotros en esta circunstancia nos da, naturalmente, ocasiôn de recordarlo. Por sus altas cnalidades, ella nos es particularmente querida, y nosotros le hemos dado el testimonio publico de nuestro sentimiento paternal, especialmente al tener en las aguas bautismales a su augusto hijo, en el cual nosotros deseamos ver el heredero de las regias cualidades de piedad y de virtud de su madre>. c) EI Pontifice usd de! poder directo en todas las rccomendaciones que hizo a los catdlicos espaûoles alli reunidos. 1. Mas, en aquellos circunstancîas, una gran porte de los espaûoles, y seguramente ruuchisimos de los alli reunidos, no aceptaban la legitimidad de la reina. 2. Por consiguiente, la defensa personal que el Pon­ tifice hace de ella y, en cierto modo, de su hijo Alfonso XIII, se podia considerar como una intervenciôn snavisima—de consejo—del poder in­ directo, puesto que en alguna manera entraba va en el terreno politico. 3. Pero el Papa hace estas observaciones de carâcter politico en consideraciôn al bien espiritual, sin resolver un pleito dinâstico, sin obligar a los legitimistas a renunciar a sus opiniones politicas, j.· El Papa no entra propiamente en politica; subraya lo Que él créé mas conveniente para el bien de la religiân en Espaiïa. 2.· En resutnen, un asunto temporal visto desde el ângulo espiritual o relixioso. Leôn xm e Italia. X,*· » M a) En Italia se ofrece en e! siglo XIX un caso manifiesto del poder indirecto. b) Nos referintos al ·Νοη expedite. 1. Después del despojo de los Estados Pontificios, Ρίο IX y Leôn XIII prohibieron a los catôlicos italianos tomar parte en las elecciones politicas de su pais. 2. La materia es politica. Se cxtîende a todo Italia. Pero la razôn que mueve al Papa es espiritual, es por el bien de la Iglesia, por el prestigio e independencia de la Santa Sede. Esta medida, como es sabido, sc modified en tiempos de Ρίο X y de Benedicto XV, porque el usar mâs 0 menos de este poder indirecto pertenece a la prudencia politica. Y Ρίο X y Benedicto XV estirnaron oporluno ir preparando los dnimos para la conciliation, que afortunadamente sc verified en el pontificado de Ρίο XL ·· ♦ / SEC. 8. GU TONES HOMTi.èrrcos m. 385 El mundo lo necesita. A.. Hay que reconocer y afirmar muy alto que hoy el mundo social y politico necesita do la sabla dirccciôn de los pontifices. a) En caso contrario nos exponenios a que el mundo quede entregado: i. Λ los excesos del totalitarisme dsl pais mâs inerte. 2. A los manejos de las sectas a través de los go­ biernos. 3- O a la inf.uencia egoista y despiadada del capitàlismo internacional. O a la ciega violences del obrerismo organizado. b) Necesita hoy el mundo de algulen que vele por los valores espiritualcs, que los deflenda en la vida pûbllca de las naciones y en el orden internacional y supranaclonal. £ B. Muchas hombres vuelven hoy la vista a la alta direcciôn espiritual de los pontifices, deseosos de salvar de la invalida materialista la civilizaciôn que llaman occidental o cristiana. a) El mundo necesita catôlicos cultos. Catôlicos que den de mano a sus particulares intereses, ya politicos, ya econômicos, y a veces hasta diriamos nacionales. 1. Que seen capaces de participer de la mente pon­ tificia, de vivir el espiritu pontificio, de llevar a la prâctica las altas orientaciones pontificias. b) La Acciôn Catôlica, organizada en su forma mâs madura, es el instrumento crcado por los papas para esta época crucial de la Historia. —TV ; La Palabra dz C $ 13 * V' SECCION l. TEXTOS SAGRADOS ΣΗ EPISTOLA (i Io. 4,8-21) Qui non diligit, non novit Deam: quoniam Deus charitas est. 9 In hoc apparuit charitas Dei in nobis, quoniam Filium sonm unigenitum misit Deus in mandum, ut vivamus per eum. i 10 In hoc est charitas: non quasi nos dllexerimus Deum, sed quoniam ipse prior dilexit nos, et misit Filium suum pro­ pitiationem pro peccatis nostris. 11 Charissimi, si sic dilexit nos: et nos debemus alter­ utrum diligere. 12 Deum nemo vidit unquam. Si diligamus invicem, Deus in nobis manet, et charitas eius In nobis perfecta est. 8 El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es caridad. 9 La caridad de Dios hacia nosctros se manifesté en que Dios envié al mundo a su Hijo unigénito para que nosotros vivamos por El. 10 En eso estâ la caridad, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nes amô y envié a su Hijo, victima expiato­ ria de nuestros pecados. 11 Carisimos, si de esta ma­ nera nos amé Dios, también nos­ otros debemos amarnos unos a otros. 12 A Dios nunca le vio nadie; si ncsotros nos amarnos mutuamente, Dios permanece en nos­ otros y su amor es en nosotros perfecto. 13 Conocemos que permanecemes en El, y El en nosotros, en que nos dié su Espiritu. IS In hoc cognoscimus quoniam In eo manemus, et ipse in nobis, quoniam de Spiritu suo dedit nobis. U Et nos vidimus, et testi­ 14 Y hemos vistc, y damos de ficamur quoniam Pater misit ello testimonio, que el Padre enFilium suum Salvatorem mundi. vio a su Hijo por Salvador del 15 Quisquis confessus fuerit qnonlam lesus est Flllus Del, Deus in eo manet, et ipse in Deo. 16 Et nos cognovimus, et credidimus charltati, quam ha­ bet Deus in nobls. Deus chari­ tas est: et qui manet In charltate, in Deo manet, et Deus In eo. » ; 17 In hoc perfecta est chari­ tas noblscum, ut fiduciam ha­ beamus in die ludlcll: quia slcnt ille est, et nos sumus In hoc mundo. mundo. 15 Quien confiese que Jesûs es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. 16Y nosotros hemos conocido y creido la caridad que Dios nos tiene. Dios es caridad, y el que vive en caridad, permanece en Dios y Dios en él. 17 La perfecciôn del amor en nosotros se muestra en que tengamos confianza en el dia del juicio, porque, como es él, asi somos nosotros en este mundo. •ra Λ 390 «SED MISERICORDIOSOS» 18 En la caridad no hay temor, pues la caridad perfecta echa fuera el temor; porque el temor supone castigo, y el que terne no es perfecto en la caridad. 19 Cuanto a nosotrcs, amemos a Dios, porque :>) nos amô pri­ mero. 20 Si alguno dijere: “Amo a Dios”, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve. nosotros tena ΙΦ s de El este preceptor que quien ama a Dios, ame también a su hermano. Π. 18 Timor non est in charllate: sed perfecta charltus fora· mittit timorem, quoniam timor poenas habet. Qui autem timet, non est perfectus In charitate. 19Nos ergo diligamus Deam, quoniam Deus prior dliexlt nos. 24) SI quis dixerit quoniam diligo Deum, et fratrem saura oderit, mendax est. Qui enim non diligit fratrem suum quem videt, Deum, quem non videt, quomodo potest diligere· 21 Et hoc mandatum habe­ mus a Deo: ut qui diligit Deum, diligat et fratrem suum. EVANGELIO 34 Vino el Hijo del hombre, VU· que come y hebe, y decis: “Es comilôn y bebedor de vino, amigo de publicanos y peca· SRC. 1. TEXTOS SAGRADOS 11 Nolite detrahere alter­ utrum, fratres. Qui detrahit fra­ tri, aut qui iudlcat fratrem auum, detrahit legi, et iudlcat legem. SI autem iudicas legem: non est factor legis, sed iudex. 12 Unus est legislator, et luder, qui potest perdere, et 11brrare. 13 Tn autem quls es, qui illdicae proximum? (lac. 4,11-13). 3Ô3 11 No murmuréis unos de ;tros, hermanos; el que murmu­ ra de su hermano o juzga a eu hermano, murmura de la ley, juz­ ga la ley. Y si juzgas la ley, no eres ya cumplidor de ella, sino juez. 12 Uno solo es el legislador y el juez, que puede salvar y perder. 13 Pero tù, i quién eres para juzgar a tu prôjimo? Il J . B) NO SE DEBE JUZGAR SIN CONOCIMIENTO DE CAUSA Cui dixit: Quis enim iudicaY 2,quién—Qe di jo—te ha hecho vlt tibi quod nudus esses, nisi saber que estabas desnudo? quod ex ligno de quo praecepe­ que has ccmido del ârbol de que ram tibi ne comederes, come­ te prohibi comer? disti? (Gen. 3,11). Non sequeris turbam ad fa­ No te dejes arrastrar al mal ciendum malum: nec in indicio, por la muchedumbre. En las cau­ plurimorum acquiesces senten sas no res^pondas, por que asi restiae, ut a vero devies (Ex pondan otros, falseando la justi­ Î3,2). cia. Venlesque ad sacerdotes Levitici generis, et ad indicem, qui fuerit illo tempore: quaeresque ab els, qui indicabunt tibi iudicil veritatem (Deut. 17,9). Y te irâs a los sacerdotes, hi:os de Levî, y al juez entoncee en funciones, y le consultarâs; él te dirâ la sentencia que haya de dar­ se conforme a derecho. Cumque diligentissime perscrutantes, invenerint falsum testem dixisse contra fratrem suum mendacium reddent ei (Deut. 19,18). Quienes si, después de una escrupulosa investigacién, averiguasen que el testigo, mintiendo, ha­ bia dado falso testimonio contra su hermano, le castigarân. Timor Domini odit malum: Temer a Dios es aborrecer el arrogantiam et superbiam, ct mal; la soberbia, la arroganda, el viam pravapi, et os bilingue mal camino, la boca perversa, las detestor (Prov. 8,13). detesto. Antes de informante no repren­ Priusquam Interroges, ne vi­ tuperes quemquam: et cum in­ das; explora prunero y luego co­ terrogaveris, corripe luste (Ec- rrige. cli. 11,7). Et accusaverunt populum apud regem dicentes: Perdidit ludas, et fratres eius omnes amicos tuos, et nos dispersit de terra nostra (1 Mach. 7,6). Y presentaron al rey muchas acusaciones contra el pueblo, di­ dendo: Judas y sus hermanos han dado muerte a todos tus amigos, y a nosotros nos han expulsado de nuestra tierra. I •ï. ··.·! rSKD MISERIC0RD1OSO9· SECCION II. C) Las opiniones COMENTARIOS GENERALES de los hombres, errôneas en sü MAYOR PARTE Para que les slrva, cuando lo vean, para acordarse de todos los mandamientos de Yavé; para que los pongan por obra, sin irse detrâs de los deseos de su corazôn y de sus ojos, a los que se prostltuyen. Quas cum viderint, recordan­ tur omnium mandatorum Domi, ni, nec sequantur cogitation * suas, et oculos per res variai fornicantes (Num. 15,83). Cuando llegaron a la era de Nacôn. tendiô Oza la mano hacia el area de Dios y la cogiô, por­ que los bueyes daban sacudidas. Postquam autem venerunt ad | aream Nachon extendit Oia manum ad arcam Del, et tenuit eam: quoniam calcitrabant bo­ ves, et declinaverant eam (! Reg. 6,6). I. Via stulti recta in oculis eius: Al necio le parece derecho su qui autem sapiens est, audit camino; el sabio attende a los consilia (Prov. 12,15). consejos de los sabios. Est via quae videtur homini Hay caminos que nes parecen derechos, pero acaban al fin en iusta: novissima autem eius de­ ducunt ad mortem (Prov. 14,12). !a muerte. Omnis via viri recta sibi vi· Al hombre siempre le parecen buenos sus caminos, pero es Ya­ detqr: appendit autem corda Dominus (Prov. 21,2). vé quien pesa los corazones. Vae qui sapientes estis In ocu. ;Ay de los que son sabios a sus ojos y son prudentes delante de lis vestris, et coram vobismetipsis prudentes (Is. 5,21). si mismos! Non enim cogitationes meafl, Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis cogitationes vestrae, neque viae vestrae, viae meae, dicit Domi­ caminos son vuestros caminos, di­ nus (Is. 55,8). ce Yavé. Ita palam verbum loqueba­ Claramente les hablaba de esto. Pedro, tomândole ·>·· aparté, se puso tur. Et apprehendens eum Pe­ trus, coepit Increpare eum (Mc. a reprenderle. A) SITUA CION LITURGICA El udomingo de la misericordia» Al fijarse permanentemente la fiesta de la Trinidad, no queda sino la conmemoraciôn de las oraciones y del evangelio del primer domingo de Pentecostés. Antiguamente, a causa de la gran vigilia que se cejebraba en San Pedro, este domingo estaba vacante. Mas en los monasterios e iglesias fuera de Roma no habia razôn alguna para que fuese aliturgico, porque no se celebraban las vigilias nocturnas de rito papal. Lngares habia donde se conmemoraba en este dia la fiesta de To­ dos los Santos, «Dominica in nativitate Sanctorum», ,ροηιο se habia celebrado en Roma antes dei siglo vm. Pero la generalidad de las Iglesias, siguiendo a Roma, trasladaron esta fiesta al i.° de noviembre. Y celebran la dominica con una misa que fué acogida por el Sacramentario Gregonano y, ademâs, por las iglesias de la ciudad. En el siglo XIV esta dominica quedô suplantada por la solemnidad de la Santisima Trinidad. Se ha llamado a éste el «domingo de la misericordia». En la epistola, efectivamente, se nos muestra la inmensa misericordia o amor de Dios para con el hombre caido, pues nos da a su propio Hijo unigénito. En la misma epistola se nos pide la recîprocidad de amor con el prôjimo, que représenta a Dios. Y el evangelio nos dice sin ambages : Sed misericordiosos, como vuestro Padre celes· liai es misericordioso, para descender a unos consejos, todos ellos encaminados a la caridad fraterna. 8,32). '9 . + ^Por qué este ungllento no se ! Quare hoc unguentum nou vendiô en trescientos denarios y vaenilt trecentis denariis, et dase diô a les pobres? tum est egenis? (lo. 12,5). B) Las formulas de la misa En torno a esta idea central giran las restantes formulas de la misa. El introito (Ps. 12,6) nos présenta el aima atribulada y angnstiada, pero confiada en la misericordia de Dios : «Tengo confian­ za, |oh Yavé!, en tu bondad, y, aun viéndome acosado por la tempestad, ya saboreo de antemano, mediante la esperanza, la alegrïa de tu auxilio». Idea semejante se desenvuelve en la colecta. Junto a la flaqueza humana, el auxilio de la misericordia divina, que al darnos al Hijo nos otorgô la fortaleza y el remedio de todos nuestros males. El graduai fPs. 40,5 v 2) parece una transiciôn de la misericordia 396 «SED MISERICOR uTOSOS» de Dios—a la que se han referido el introito, la colecta y primera parte de la epistola—a la misericordia del hombre, que se insinûa en la epistola para pedirla en el evangelio. «Yo dije : Senor, ten piedad de mi ; sana tni aima, porque he pecado contra ti. Dichoso el que socorre al desvalido y al pobre. En el dia malo le librarâ el Senor». La antifona dei ofertorio 'Ps. 5,3 y 4) es una nueva apelaciôn a la misericordia de Dios para que perdnne nuestras culpas y se nos muestre propicio, y de esa forma escuche nuestras plegarias. De manera mâs genérica, en la secreta repetimos esta misma idea. La «communio» (Ps. 9,2-3) y «postcommunio» son ya acciôn de gracias. Hemos visto la misericordia de Dios sobre el altar. Nos hemos abrazado con ella en nuestros corazones. El aima prorrumpe en un himno de gratitu 1 : «Cantaré a todos las maravillas que has obrado, Dios mfo, en mi favor». Pero el agradecimiento verdadero, fruto principal de este domingo, ha de ser el ofrecimiento de nues­ tra vida como una perenne acciôn de gracias, comnnicândola en bien del prôjimo, mediante la prâctica dr la misericordia para con nue«tros hermanos. a) Argumento Si quisiéramos conden flL “ · JL - ·>> . · ♦· SEC. 2. COMENTAklOS GENERALES —· · . 399 gendra el amor, pero el amor a la vez perfecciona y ahonda el conocimiento, y a veces un alma sencilia, pero amante, ha llegado a conocer a Dios mucho mejor que el teôlogo sabio y frio, porque ha tenido lo que pudiéramos decir el conocimiento de la experien­ da. 4 Un ejemplo? Santa Teresa. 6. Dios es caridad Véase r la prudencia para evitar daflos potiibics, con tal de que no cubramos nuestras suspicacia y poca caridad bajo la capa de previsiôn. San Juan, apôstol del amor, exige estas dos ùltimas cluses de precauciôn (1 lo. 4,1), y el mismo Seflor nos advierte : Guardaos de los falsos projetas (Mt. 7,15). 4. ® Se nos prohibe emitir juicio adverso sobre hechos dudosos y sobre intenciones desconocidas. 5. ° Y aun en casos ciertos y conocidos el actuar de jueces de­ tractores, cuando nuestro» propion defectos nos invitan a cellar y la caridad de Cristo a lamentar sinceramente y disculpar. I-a fâbula del que llevaba sue vicios en la alforja trasera es ya de Esopo. SEC. 2. COMENTAIUOS GENEMALES 403 6° Vol Ivos que nos bicllnan a caer en el juicio temerario son los tau universales del amor propio y la envidia. 7·° .Votivos para Indr del juicio temerario. Por parte de Dios, ftorque El es el unico con potestad de jucz y ciencia sobre los corazones. Por parte del prôjimo, que, a m/is de tener derecho a su fama, lo time también a no ser juzgado por quien no lee su inte­ rior. for parte de nosotros mismos, porque, pecadoree como somos, (lebetno·. compadcccrnos de nuestros compancros de disgracia y temcr el juicio que sobrevendrâ sobre nosotros. Para terminer traigamos alguno * lugares de mâxirna autoridad. San Pablo se apoya en las razonea expuestas : ^Quién eres tû para juzgar al crlado ajeno? (todos lo somos de Dios). Cada uno procéda segûn su propio sentir (esto es, segûn su conciencia ; atien-, de tû a la tuya). Si vlvbnos, para el Seflor vivbnos, y si morbnos, para el .S'etlor morbnos. (Cufdese, pues, El solo de juzgarnos, cuyo fin somos.) Y tû, jcômo juzgas a los herntanos ?... Pues todos hemoj de comparcccr ante el tribunal de Dios...; cada uno darà cuenta de si mismo (Rom. 14,5-12). Tampoco, pues, juzgues... muniras 110 venga cl Seflor, que llumlnarà los escondrijos de las tinleblas y hard manl/leslos los propôsllos de los corazones, y enlonces cada uno recibirâ de Dios... (1 Cor. 4,5). «Muy peligroso nos es juzgar lo que, siendo conocido para Dios, es desconocido para nosotros, y a ello se refiere el Seflor cuando dice : So juzguéis, y no sertis juzgados. En cambio, podemos y debetnos juzgar y reprender los delitos claros y pûblicos, pero siem­ pre con caridad y amor; con odio'al pecado, pero nunca al pecador; al vicio, y no al vicioso ; a la enfermedad, y no al enfermo» (ci. San Agustîn, Serm. de tempore 202). 4. No seréls juzgados Segûn algunos, por los hombres, y el sentido seria : No juzguéis, como no queréis que os juzguen. Pero es mûs atribuible a Dios, que serâ duro con quienes lo hayan sido con el prôjimo. Tal es el sentido del Evangelio en general y dei versiculo 28 en par­ ticular. Existe una serie de frases relativas a la misericordia en las que Je prometc la de Dios para quienes posean esta virtud. Reconozcamos que en muchas ocasiones, como esta misma, se debe en ?ran parle al paralelismo literario hebreo, y que en ninguna se afirma—lo que seria error gravisimo—que baste con estas virtudes naturales para salvarse. Pero 1a insistencia en el motivo, ; no sc deberû también a una especial misericordia de Dios para con los misericordiosos ? l’or algo se conoce como clûsica la frase de los Padres ; «Nulla re sic collitur Deus ut misericordia». En cambio, sin exceder de la justicia, pero quién sabc si usando de menos misericordia, el Seflor a pli car à la misma medida a los duros de corazôn. 5. Dad y se os dard. Una medida buena rebosante Las palabras dad y se os dard no introducen un nuevo argumen­ to, sino que son el principio general de la caridad efectiva, aplicado al que con corazôn benévolo distribuye en este caso la misericordia. 404 «SFD 5nSFRTCOKDTOSOS> Se os darâ con la misma medida, se afirma al final del versiculo; pero antes se indica que esta medida serâ rebosante. Tal es la misericordia de Dios y el premio »de congruo», basado no en el mérito intrinseco de nuestras obras, sino en la generosidad magni, ficente de Dios, que, no contento con la igualdad, quiere aquella proporcionalidad que el Sefior Ihniô el ciento por uno. Perdouad cien denarios y os perdonarân diez mil talentos. i Puede un ciego guiar a otro ciego? Los fariseos, maestros ciegos, de entendimiento entenebrecido, que pretenden guiar al pueblo. E! discipulo, por perfecto que fuere, no llegarâ a saber mâs que su maestro. Por lo tanto, menguada -justicia serâ la de quien imite a escribas y fariseos. G. âPor qué ves la paja...? , * vSon hipérboles que insisten en las razones que hemos aducido. Si somos pecadores, * 4 OS «SED MISERICORDIOSOS» No es que te prohiba juzgar porque sus obras no deban ser juzgadas, sino porque es siervo de Dios y no tuyo. Cae, iy qué? Caerâ o no caerâ; pero, ocurra una u otra cosa, a quien le importa es a Dios, que sera quien reciba el dario de la caida o ia ganancia si se sostiene. Si perde­ mos de vista la intenciôn de San Pablo, que no quiere que scan increpados antes de tiempo oportuno, estas palabras nos parecerân indignas del celo que debe tener un cristiano... Su pensamiento es: Si Dios, que sufre el dafio, estâ quieto por ahora, 2 como no vas a ser tu importuno y curioso en exceso, si le ahogas y atormentas?” Asi trata San Pablo un asunto que le habia preocupado tantas veces. Con les gâlatas se muestra duro, aqui todo es lenidad. ;La causa? Que los judios son todavia débiles y no estân firmes en la fe, por lo cual escoge una reprensiôn suave. b) "Ninguno de nosotros vive para si MISMO” (Rom. 14,7) No somos libres, Tenemos un Senor que quiere que vivamos y no desea nuestra muerte. A El le corresponde ocuparse de ambas coeas. Bien ha demostrado tener mâs interés en ello que nosotros mismos, y que sus riquezas son nuestra vida, y su pérdida nuestra muerte. Claro que esta muerte a que se refiere San Pablo es la muerte a la fe. Si no hubiese sido tal su preocupaciôn, 4para qué habriamos necesitado nuestra economia de la encarnaciôn? 2 Y nos va a despreciar ahora el que antes recib:ô por nos­ otros la forma de esclavo? Somos su tesoro y no amamos nosotros el dinero tanto cuanto El nuestra salud. Por eso la comprô, no con riquezas, sino con su propia sangre, y nunca podrâ despreciar a quien tanto le costô Compra el hombre un esclavo y quiere que le viva para siempre. Nos comprô el Senor y quiere vivamos eternamente. Todo esto lo pone San Pablo ante los ojos del judio para que vea que pertenece ya a Cristo y no a la ley. 2 Has visto qué manera tan suave de convencerle? Pues si San Pab’o se comporté de tal manera en cosa grave. 2por qué obramos nosotros asi en cosas tan pequefias? Me dirâs: ;.Q»’é culpa tengo yo de que él se ofenda por su debdidad? Debes soportarlo con paciencia, porque, si fuera hombre robusto, no necesitaria tantos mimos. e 3EC. 3. II. A) v;.' SS. PADRES. SAN AGUSTIN SAN AGUSTIN Jûzgate a ti mismo antes de juzgar San Agustin da normas muy interesantes a los jueces ; sin em­ bargo, la doctrina es fâcibnente aplicable a todos (Serm. 13 ; PL· 38,107-115). a) La humildad, fund amento del juicio recto I I 1. Servit! al Seflor con temor y alegraos en El con temblor “Alégrate para El, no para ti; para El, de quien tienes el ser hombre y el ser justo, si es que lo eres. Si pensaras que has recibido de El el ser hombre y que la justicia es obra tuya, no sirves al Senor en temor ni te alegras para El en temblor, sino para ti y presumidamente. qué te ocurrirâ entonces sino lo que sigue? No sea que se Uene el Senor de ira y perezcâis dei camino justo. No dice que se llene de ira el Senor para que no entres en la senda de la justicia, sino para que perezcas de ella. Te crees justo por­ que no robas, ni adulteras, ni cometes homicidio, ni profieres falsos testimonios contra el prôjimo, honras a tu padre y a tu madré y a un solo Dios, abandonando idolos y demonios; pues de este camino perecerâs si presumes que esto es tuyo. Los infieles no entran en el camino justo; ]os soberbios se separan de él. iY qué quiere decir lo de Aprended todos los que juzgâis la tierra? Pues que los fuertes y poderosos que la juzgan no se lo atribuyan a si mismos” (cf. ibid., 2: 107). 2. Con temor y temblor obrad vuestra salud ‘‘Sobre las palabras Servid al Senor en temor, tenemos un comentario del Anô=> *ol: Con temor y temblor obrad vuestra salud (Phil. 2,12). iPor qué he de obrar mi sa­ lud con temor y temblor, si estâ en mi potestad? ^Queréis saber por qué? Porque Dios es el que obra en vosotros Por eso ha de ser con temor y temblor, porque lo que el humilde consigne, el soberbio lo pierde. Si Dios es el que obra en nosotros, ipor qué se dice: Obrad vuestra salud? Porque de tal manera obra en nosotros, que nosotros tam­ bién obramos. Sé tû mi ayuda (Ps. 26,9). El que pide ayuda reconoce que él obra Pero me dice alguien: “La buena voluntad es mia”. Lo confieso, tuya; pero ^quién te la diô y quién la excita? No me oigas a mi, pregunta al Apôstol. Dios es, dice, el que obra en nosotros el querer y el obrar 1 fl 410 «SED MISERTCORDIOSOS» en buena voluntad (Phil. 2,12)... El ùnico que no recibe nada es el que no encuentra a nadie que le sea superior. Por lo tanto, tû, ei eres inferior, es mâs, precisamente por serio, alégrate de haber sido creado a imagen suya, para que encuentres en El lo que perdiste tû. Tû solo no pudiste sino perderte, y eres incapaz de encontrarte si el que te créé no te busca” (cf. ibid., 3: 108). b) Normas para juzgar a evangelio de la adûltera “Hablemos, pues, ahora a los que, segûn el modo vi­ sible y popular de entender, juzgan la tierra; a los jefes, principes y jueces... Traigamos a colaciôn aquella frase del Senor: El que de vosotros esté sin pecado, arrojele la piedra el primero (lo. 8,7). ^No padecen los movimientos de la tierra todos los que juzgan en ella? Recordemos el evangelio”. Resume el evangelio de la mujer adûltera y termi na diciendo: El Senor con su pregunta “interroga a los que interrogaban y juzga a los jueces. No prohibo que sea apedreada aquella a quien la ley manda apedrear, pero busco quienes puedan hacerlo. No me opongo a la ley, busco sus ejecutores. Oidme: iQueré’s apedrear segûn la ley? Pues que el que de vosotros esté sin pecado, arrojele la piedra el primero (cf. ibid., 4,108-109). Retirâronse ellos. Quedô la pecadora y el Salvador, la enferma y el médico, la miserable y la misericordia. Y mi­ rando a la mujer, dijo: {Nadie te ha condenado? (ibid., 10) ; y ella: Nadie, Senor (ibid., 11). Pero todavia estaba Ilena de ansiedad. Los pecadores no se atrevieron a condenarla No osaron apedrear a una pecadora los que, al miraree a si mismos, se encontraron semejantes a ella. No obstante, la mujer aûn se creia en peligro, porque se haHaba delante de un juez que no ténia pecado. {Nadie, dijo, te ha con­ denado ? Y ella: Nadie, Senor, y, si tû tampoco lo haces, quedaré tranquila. Preocupaciôn a la que el Senor contesta râpido: Pues ni yo te condeno tanvpoco (lo. 8,11). Ni yo, porque, aunque no tengo pecadô, tampoco te condenaré. A los unos fué su conciencia quien les impidiô la venganza. A mi es ]a misericordia la que me inclina a perdonar” (cf. ibid., 5; 109). 2. Sé juez de ti mismo "Por tanto, para que no ejerzâis inicuamente el poder que deseâis disfrutar entre los hombres, aprended, y asi no juzgaréis perversamente ni perderéis vuestra aima an­ tes de que otro sufra el castigo en su cuerpo... En primer SEC. . ’ 3. SS. PADRES. SAN AGUSTIN · · ·’ * j — * ···.· « lugar empieza a ser juez de ti mismo. Jûzgate a ti antes que a nadie, para asi, comenzando deede lo intimo de tu conciencia, pasar seguro a juzgar a los demâs. Entra dentro de ti, entiéndete a ti mismo, examinate, escûchate. Quie­ ro que seas un juez integro, alli donde no puedes encontrar testigos. ^Quieres actuar con poder y que te digan los demâs lo que tû no sabes de los otros? Puee lo primero juzga cn tu interior. ^No te dice nada tu conciencia de ti'mis­ mo? Si no quieres negar, ciertamente que algo te dira. A buen seguro que te ha dicho lo que has hecho, lo que has recibido, lo que has pecado. Quisiera conocer la sentencia que promulgas. Si has oido bien y rectamente, si al escuchar has sido juez, si te has presentado al tribunal de tu conciencia,* si te has colocado delante de ti mismo en lo* recto de tu corazôn, si has sufrido la grave tortura del temor, entonces habrâs hecho buena informaciôn e indiscutiblemente habrâs castigado tu pecado con la penitencia. Pero ;te has examinado, oido y castigado, y, sin embargo, después has recibido el perdôn? Pues juzga del mismo modo • a tu prôjimo” (cf. ibid., 7: 110). 3. Persigue al pecado, no al pecador “Si oyes a tu prôjimo como te oyes a ti, entonces perseguirâs el pecado y no· al pecador. Y si alguna vez te encontraste con alguien duro para corregirse, impâvido ante el temor de Dios, esa misma dureza sera la que persîgas e intentes corregir, perder y arrancar para salvar al hombre, condenando el pecado. Dos cosas encontrarâs en el hom­ bre: al hombre y al pecado. Al hombre lo hizo Dios, el pecador se hizo él mismo. Perezca la obra del hombre y librese la de Dios. No llegues, pues, hasta la muerte, no sea que, persiguiendo el pecado, perezca el hombre. No llegues hasta la muerte, para que pueda arrepentirse; no sea muerto el hombre, para que pueda enmendarse. Si te llenas de ira, sea contra el pecado, no contra el hombre. Atormenta en él lo que te desagrada en ti y no al hombre, que fué hecho como tû. Habéis salido de la mismo fâbrica, sois obra del mismo artista, el mismo barro es vuestra materia, ipor qué, pues, condenas sin amor al que juzgas? Pierde Fa justicia al no amar cuando la ejerces; apliquese la pena, no lo rechazo, no lo prohibo; pero con ânimo amante, con ânimo carinoso, con ânimo de corregir” (cf. ibid., 9: 110). 412 4 _________________ , - ■ ■ «SED MISER ICORDÏOSOS· — ■ B) ■ ——-—-■ ■ — ■-—- — - —■■ ■■■ ■ ■ - ■ . Dios es amor Los diez sermones de San Agiistin sobre la Epistola i.» de San Juan desbordan los afectos de su corazôn hasta convertirlos en una joya de la oratoria agnstiniana. Seleccionanios abundantes trozos correspondientes a la epistola leida hoy (cf. Tract. 7-10 : PL 35,20202062) a) Dios es amor 1. Pecar contra el amor es pecar contra Dios “Aunque no apareciera otro loor de la caridad en todas las pâginas de esta Epistola, aunque no se dijera absoiutamente nada mâs en las pâginas de las Escrituras, con sôlo oir esta voz del Espiritu Santo: D os es amor, nos bastaria. Ved, pues, como obrar contra el amor es obrar contra Dios. Que nadie diga: “Cuando no amo a mi hermano, peco contra un hombre. Ligera cosa es pecar contra un hombre; . lo que importa es no pecar contra D;os”. ^Cômo que no pecas contra Dios, cuando pecas contra el amor? [Dios es el amor!... Lo estâs oyendo de los propios labios del Es­ piritu de Dios: ;Dios es el amor! Ahora, si te atreves, obra contra Dios y no âmes a tu hermano” (cf. Tract. 7,4-5: PL 35,2031). « 2. Caridad y pecado no pueden coexistir "La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espiritu Santo, que nos ha sido dado (Rom. 5.5). Hemos de entender que el Espiritu Santo estâ en el amor. El es, en efecto, el Espiritu que los malos no pueden recibir. El es aquella fuente de la que dice la Escritura: La fuente de tu agua sea tuya propia y ningun extrano tenga parte en ella (Prov. 5,16). Porque todos los que no aman a Dios, extranos son, anticristos son; y aun cuando entren en las basilicas, no pueden contarse entre los hijos de Dios; no participan de aquella fuente de vida. El malo puede tener el bautismo y hasta el don de profecia... El maio puede recibir el sacramento del cuerpo y de la sangre del Senor, pues de los taies se dijo: El que come o bebe indignamente, se corne y bebe su propia condenaciôn (1 Cor. 11,29). El malo puede llevar el nombre de Cristo, puede 11amarse cristiano y ser un malvado, pues de él se dijo: Han manc'ülado el nombre de Dios (Ez. 36,20). Luego aun el malo puede tener o recibir todos esos sacramentos. Pero, en cambio, poseer la caridad y ser al mismo tiempo malvado es imposible. Este es, pues, el don propio; ésta es la fuente SEC. J. SS. PADRES. SAS AGUSTÎX 413 ùnica y singular. A beber de esta fuente nos exhorta el Espiritu de Dios; a beber de si mismo nos exhorta el tEspiritu de Dios” (cf. ibid., 6: 2032). b) Αμα y haz LO QUE QUIERAS 1. Amor con amor se paga “En esto se ha ?nanifestado el amor de Dios para con nosotros (1 lo. 4,9). iCômo podriamos nosotros amarle si El no nos hubiese amado antes? Si fuimos perezosos en amar, no lo seamos en corresponder a quien nos amo pri­ mero. El nos amo primero, y jni aun asi le amamos nosotros! Amo a los inicuos, mas destruyô la iniquidad... Amo a los cnfermos, mas nos visitô para curarnos. En, esto, pues, se ha munifestado el amor de Dios para con nosotros: en que mandô a su Hijo unigéaito a ente ihmu para que vivam os por El. Como dice el Senor mismo: Eadie puede tener amor mâs grande que el de dar la vida por sus amigos (lo. 15,13). Pues ahi se probô el amor de Cristo para con nosotros, en que muriô por nosotros. Y el amor del Padre, icômo se probô? Enviando a su Hijo ùnico a morir por nosotros, como io testifies el apôstol San Pablo: Quien no perdonô a su pro­ pio Hijo, sino que le entregô por todos nosotros, /como nonos diô juntamente con El todas las cosas? (Rom. 8,32V’. If « J I ·) »■ \ h·.· N 2. El amer santlfica las obras “El Padre entregô a Cristo. También ie entregô Judas. iNo parece un hecho semejante?... La diferencia esta en que el Padre y el Hijo lo hicieron por amor; Judas, por traiciôn... Dios pensô en nuestra salvaciôn, por la que fui­ mos redimidos; Judas solo en el precio con que vendiô al Senor. El Hijo mismo pensô en ei precio que daba por nosotros; Judas pensô solo en el precio que recibia por la ven­ ta. La diversa intenciôn, pues, fué la que especificô los hechos... Tan grande es el valor de la caridad. Mirad que ella sola es ia que separa, ella sola la que discierne y distinguo las acciones de los hombres” (ibid., 7: 2032). 3. Un breve mandamiento “Me he referido solo a los actos que son iguales, por­ que, si tratamos de los hechos contrarios, hallaremos, por ejemplo, que un hombre se irrita y obra por caridad, y otro acaricia y obra por maldad. El padre pega a su hijo, y el tratante de esclaves lo halaga... Entended lo que procuro cncareceros: las acciones humanas se distingue * solo por la raiz de la caridad, puesto que muchas cosas cabe ejecutar que ostentan apariencia de bien, y, sin embargo, no ; • e es r* Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios (ibid.. 4,15)... El que lo confesare no con palabras, sino con obras; no con la lengua, sino con la vida. Porque muchos hay que lo confipsan con palabras y lo niegan con las obras. Y nosotros hemos conocido que Dios nos tiene amor (4,10)... Porque Dios es am or... No era posible encarecerte mâs el amor ciup Ib^ândole Dios. Tal vez nnrlîprng ΗοαΛ«>ήηΓ ]03 dones de Dios. Pero ^desdenarâs a Dios mismo? Pues Dios es el amor”. 3. Tù necesitas a Dios. Dies no necesita de ti “Y el que permanece en el amor. en Dios permanece y Dios en él (4,16). Mutuamente se habitan. tanto el que contiene como el que es contenido... Si se hunde la casa donde SS. SPC PADRES. SAN AGUSTÎN 417 vives. caes; mas, si tu te apartas de Dios, Dios no cap. S^no qupHn cuando 1p abandonna ; sano signe enando te vupIvps a El Tû eres el que se cura, sin que le des a El nada. Tu te limnias. tû te rehacea, tù te corriges. El es medicina pnra el enfermo, regia nara el extraviadn. luz para el que anda a o^euraa. habitaciôn para el abandonado... Tû nece­ sitas del bien de tu eaclavo; tu esclavo necesita de tu bien. El te necesita para que le alimentes: tû le necesitas para que te ayude... Ya ves cômo necesitas de tu esclavo. de su servicio. Lu ego no eres verdadero senor. cuando necesitas de tu inferior. Sôlo lo es el que nada busca de nosotros. Y ;av de posotros si no le buscamos a El ! Nada busca de nosotros y. sin embargo, nos buscô a nosotros cuando nos­ otros no le bncpôbamos a El. Una sola oveja se le babia exfraviado. Hallôla y se ]a cargo gozoso sobre sus hombros. ;Diremos que la oveja era necesaria al pastor, v no mâs b’pn que el pastor era necesario a la oveja?” (ibid., 14: 2044). e) CONFIANZA EN EL JUICIO 1. Del temor al deseo “El confiar en el dia del juicio es sefial de poseer la οπ­ ridad pprfpcta... Hav hombres que no creen en el dia ό el juicio. Estos, naturalmente. no pueden tener confianza en un dia que no esperan. Dejémosles... Mas supongamos que alguien emppzô a creer en el dia del juicio. Si emnezô a créer, pmpezô a temer. Ahora bien, el que todavia temp no ti'pne aûn confianza en el dia del juicio... Mas ;.habrâ nor eso que despsnprar do él ? ;Cô^n? En quien ves el principio. ,:nor aué desesperas de su fin?... Ove a la Escritura: El nrincinio de la sabiduria es e.l tevwr dpi Seiwr (Eccli. 1.16). Emnpzô, pues, a temer el dia del juicio. Por el temor se corrige; estâ alerta contra sus enemigos, es decir, contra sus pecados... Ahora bien, cuanto mâs mortifica sus mipmbros terrenos, mâs se levantan y fortalecen sus miembros celestiales. Miembros celestiales son toda suerte dp buenas obras. Y conforme se levantan los miembros celestiales. empipza el hombre a despar lo que antes tpmia. Temia antes, en pfecto. que viniera Cristo y hallara en él un imnio a nn’cn condenar. Mas ahora desea que venera, noraue ha dp ballar un siervo piadoso a quien coronar. Y anenas el aima casta empieza a desear la venida de Cristo, el a'ma pcno^a que despa el abrazo de su Esposo renuncia al amor adûltero. conviértese interiormente en virgen por la misma fe. la psneranza y la caridad. v tiene confianza en el dia del juicio” (cf. Tract. 9,2: PL 35,2045). fa Palace 4a C. c 14 418 ïI «bhD M1SER1CORDIOSOS» asi tendrâs en ti aquel temor puro que permanece por los sigios ae ios siglos. Amcmosle nosotros, porque Ei nos ha amauo primero. iA quien amas? A Dios. y por que n amas? rorque él nos ama primero y nos conceuio amarle. Anio a los impios, para uacenos piauosos; amo a los injustos, para hacerlos justos; amô a los enfermos, para vulvenos sanos. Amémosie, pues, también nosotros, ya que El nos amô primero” (cf. ibid., 9: 2051-2052). h) 1. Amar al prôjimo con amor de caridad Mandamiento del Sefior “Pngùntale a cualquiera si ama a Dios. A gritos te confiesa: “io le amo. El 10 sabe”. Ütro mono hay de preguntar: Si aiguno aijcre: Yo amo a Dios, y aborrecicre a su hermano, miente (4,20). ^Como pruebas que miente? Escucha: Porque Quien no urna a su hermano, a quien ve, ^cômo puede umar a Dios, a quien no ve? (4,20). iQué se sigue, pues, de ani? quien ama a su hermano ama a Dios.' Si; por fuerza tiene que amar a Dios, por fuerza tiene que amar al amor mismo. ;Acaso puede amar a su hermano y no amar al amor? Por fuerza tiene que amar al amor. i Y què? ^Dor amar al amor ya ama tamoien a Dios? Por eso justamente. Por amar al amor, ama a Dios. iU es que bas oividado que antes dijiste: Dios es et amorî Luego, si Dios es el amor, el que ama al amor ama a Dios... Korzoso es que, amando a tu nermano, âmes al amor mismo, y el amor es Dios... Pues, aunque te empenes, no amas a Dios si aborreces a tu her­ mano. Y ahora te lo pruebo por otro documento. El nos diô el manuamiento de que nos amemos los unos a los otros. ;Cômo amas a Dios, cuyo mandamiento infringes? iHay alguien que diga: iu amo mueno ai emperador, pero aborrezco sus leyes? En eso justamente entiende el tmperauor que se le ama, en que se guarden sus leyes por las provin­ cias. Ahora bien, ^cuâl es la ley de nuestro Emperador. Un mandamiento nuevo os doy: que os améis Los unos a los otros (lo. 13,34). Si, pues, tû dices que amas a Cnsto, guarda su mandamiento y ama a tu hermano. Mas, si no amas a tu hermano, ^cômo puedes decir que amas a Aquei cuyo mandamiento menosprecias?” (cf. ibid., 10: 2052). 2. Despedida “Hermanos, yo, por mi parte, no me harto nunca de ha· blar ne la caridad en el nombre de Cnsto. Por 10 que a vosotros toca, cuanto es el deseo y codicia de tanta beileza, tanto espero que crezca en vosotros y arroje de vuestras ♦ »'ί ■ ■ ■ SFC. ,t. SS. PAGRES. SAN GREGORTO MAGNO 423 aimas el temor y quede sôlo en ellas aquel temor puro, que permanece por los siglos de los siglos. Suframos el mundo, suframos las tribulaciones dei mundo, suframos los escândalos de las tentaciones. No volvamos atrâs dei camino. Mantengamos la unidad de la Iglesia, abracémonos con Cristo, mantengâmonos asidos a la caridad. No nos arranquemos de los miembros de la Iglesia; no nos arranquemos de la fe, a fin de gloriarnos en su presencia, y asi permaneceremos seguros en El; ahora por la fe, luego cara a cara, de lo que tenemos prendas tan grandes en el don del Espiritu Santo” (cf. ibid., 11: 3053). m. SAN GREGORIO MAGNO Caridad y perdôn Escogemos dos lugares sugçstivos, uno sobre el perdôn de los enemigos v otro a proposito de !o Magdalena, sobre el distinto jui­ cio que forman Dios v los bombres respecto a los pecadôres (cf. Horn. 27 in lo. 15,12-16, y Horn. 33 in Le. 7,36-50). Amor a los enemigos a) El precepto de la caridad “Estando Iknas de preceptos del Sefior todas las divinas Emerituras, i cômo es que habia del amor como si fuera el ùnico mandamiento, y dice: Este es mi precepto: que os améis unos a otros (lo. 15,12), sino porque todo precepto se refiere a la caridad, y todos son uno solo, pues todo lo mandado reconoce como fundamento a la caridad? Asi como todos los ramos de un ârbol reciben su solidez de la raiz, asi también las virtudes, siendo muchas, proceden solamente de la caridad. La rama de las buenas obras no verdea absolutamente nada si no nace de la raiz de la caridad. Los preceptos del Sefior son, pues, muchos y uno solo. Son muebos por la diversidad de las obras, y son uno solo por la raiz del amor. El mismo Jesucristo nos ensefia cômo debemos traducir a la prâctica este amor. pues en varios pasajes de la Sagrada Escritura nos manda que amemos al ami­ go en El y al enemigo por El. Tiene verdadpra caridad el que ama al amigo en Dios y al enemigo por Dios; pues hay algunos que aman a sus projimos, pero por afecto de narentesco o de sangre, a lo cual no se oponen las divinas Letras. Pero una es la que produce espon tan earn ente la na- «SED MTAFRICORDTO^OSn 424 turaleza. y otra la que nace de los divinos nreceptos por pmnr a la obediencia. Aman éstos. ciertamente, a su prô­ iimo. y, sin embargo, no son acreedores a los nremios prometidos al amor, porque no aman cnn el espiritu. sino con la carne. Por lo tanto, al decir el Sefior: Este es mi prec^pto: que os améis unos a otros, inmediatamente anade: Como vo os b.p amado (lo. 15.12). que es lo mismo que si dijera: Os d^héis amar con el mismo afecto con que yo os he amado”. b) El amor a los que nos aborrecen "Debemos tener présente en todo esto. hermanos carisimo Sapor habia venido a morir aun por sus enpmisros. y, no ob^tantp. dpcia que habia de dar la vida w sus amigns. para darnos a pptppdpr aue. m’entras podrpnnq s^ear nrAVPcho dpi amor au ° tpnsmmos a nue^trns enr mi g os. tam­ bién son amigos los mismos que nos persiguen”. s te. c) Caridad PA DK LS. SAN GKECXJRlO .MAGNO 426 en la persecuciôn y misericordia en tiempo DE PAZ “Mas he aqui que ninguno nos persigue hasta la muer­ te. iPor dôncle probartmos si amamos o no a nuestros enenugos? En los tiempos de paz y tranquilidad de la Igiesia, existen varios medios para conocer si en la hora de ia persecuciôn nos nalianamos bastante fuertes para morir por amor, En efecto, el mismo evangelista San Juan nos lo inmea cuando dice: El que tuviere bienes de este mundo y, mendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entra­ nts, îcômo mora en él ta caridad de Dios? (lo. 3,17). A esto se reüere también lo que decia San Juan Bautista: El que tiene dos tunicas, dé una al que no la tiene (Le. 3,11). El que en tiempos de paz y tranquilidad no da su tûnica por amor de Dios, ^cômo ha de dar su vida en tiempos de per­ secution? La virtud de la caridad, para que sea invencible en las pruebas, es preciso que esté nutrida por la miseri­ cordia en la tranquilidad; para que aprendamos primero a dar cuanto tenemos por amor de Dios, y después, si es necesario, hasta a nosotros mismos”. d) La oraciôn por los enemigos A continuation, después de hablar del amor que Dios nos tiene, entre cuyas muestras figura la promesa de oir nuestras orationes, repite San Gregorio la idea agustiniana de que no pedimos en nombre de Jesûs Salvador lo to­ cante a nuestra salud, y se detiene, finalmente, a exponer una condition necesaria para ser atendidos: el amor a los enemigos. 1. Una oraciôn convertida en pecado “Le pedimos que quite la vida a nuestros enemigos. Todo el que ora de esta manera, con sus mismas orationes estâ resistiendo a su Creador. De aqui que se diga de éstos loque dijo el Real Profeta: Conviértase su oraciôn en pe­ cado (Ps. 108,7). Convertirse la oraciôn en pecado es pedir aquellas cosas que prohibe la persona a quien se ruega... Por eso dice la Verdad: Cuando os pusiereis en pie para οτατ, si tenéis algo contra alguien, perdonadlo primero (Mc. 11,25)’’. 2. Un testimonio del Antigno Testamento "Vamos a poncr de manifiesto esta virtud del perdôn aduciendo un testimonio del Antiguo Testamento. En efec­ to, como •JW la Judea hubiese ofendido con sus culpas a la jus- I· I rδ il «StD allbEKlLUKDlOSUS» 426 ticia de su Crt-ador, el Senor prohibiô a su profeta quc hiciese oraciôn por ella, diciendo: Y tû no me rucgues yu por este puebio, no hagas por ellos sûpucas ni oraciones (1er. 7,16;. Aunque se me pusieran deiaute àloisès y Sa­ muel, no se voiveria mi aima a este paebzo (ibid., 16,1). ;Como es que, de todos los padres del Antiguo Testamento, soio se menciona a Moisés y a Samuel, cuya maravillosa gracia de alcanzar sus petitiones se mamfiesta al decir que ni ellos mismos bastanan para intercéder..., sino porque solo de éstos se lee en la historia del Antiguo Testamento que orasen por sus enemigos? El uno fué apedreado por el pueblo (Ex. 17,4), y, sin embargo, oraba ai Senor por los que le arrojaban piedras; el otro fué despojado de su manao, y, sin embargo, souci tado para que no orase, dice: Lejos también de mi pecar contra Yavé dejando de rogar por vosotros (1 Reg. 12,23). Aunque se me pusieran deiante Moisés y Samuel, no se volveria mi aima a este puebio (1er. 15,1). Que es como si aijera: No escucho ahora, en favor de sus amigos, ni siquiera a los que sé que por su gran virtud oraban también por sus enemigos. Por consi­ guiente, la virtud de la oraciôn es la excelencia de la ca­ ridad”. 3. La intenciôn en la oraciôn “Para conseguir >o que lectamente pedimos, es preclso que nuestro ânimo no esté ofuscado en la oraciôn por el odio a nuestro enemigo... Nuestros labios oran por los que nos aborrecen, y ojaiâ que nuestro corazôn los amara. Mu­ chas veces oramos por ellos, pero mâs bien por dar cumplimiento al precepto de Dios que por caridad. Porque pedi­ mos por la vida de nuestros enemigos y tememos ser escuchados. Mas. como nuestro juez interior atiende mâs bien a nuestra intenciôn que a las palabras, nada pide en favor del enemigo el que no ora en su favor por caridad...” e) Perdonar para ser perdonados “Pero es que nuestro enemigo nos ha faltado de una manera grave, nos ha inferido daûo. Le hemos auxiliado y nos ha herido, y por el amor que le hemos manifestado nos ha perseguido. Todo esto estaria en su lugar si nosotros no tuviéramos pecado alguno, por el que debemos pedir constantemente perdôn. Nuestro abogado ha compuesto para nosotros la sùplica que debemos alegar en nuestra causa. El es a la vez juez y abogado de ella. Nos indicô la con­ dition que debiera tener nuestra oraciôn con estas palabras: Perdônanos nuestras deudas, asi como nosotros perdona- SEC. 3. SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO 427 mos a nuestros deudores (Mt. 6,12). Como ha de venir a ser nuestro juez el mismo que es abogado, cscucha nuestra oraciôn el mismo que la ha hecho. Asî, pues, o decimos sin practicarlo: Perdônanos nuestras deudas, asi como nos­ otros perdonamos a nuestros deudores, y entonces nos ligamos mâs diciendo nosotros estas palabras; o tal vnz omitimos esta condiciôn en nuestras preces, y nuestro abogado no reconoce la oraciôn que compuso para uso nuestro, y nos dice: Sé lo que he aconsejado, pero no es ésta la ora­ ciôn que he compuesto. iQué es lo que debemos hacer, carisimos hermanos, sino otorgar cl afecto de la verdadera caridad a nuestros hermanos? Vea el Dios todonoderosc nuestra caridad para con el prôjima y tenga piedad y comnasiôn de nosotros por nuestros necados. Recordad las pa­ labras nue se nos han dicho: Absolved y seréis absueltos (Le. 6,37). Se nos debe y también debemos nosotros; perdonemos, pues, lo que se nos debe, para que se nos perdone lo que debemos nosotros” (cf. Hom. 27 in lo.}. B) Juicio de Dios y juicio de los hombres a) La penitencia de Magdalena "Cuando piensô en la penitencia de Maria, siento mâs deseos de llorar que de hablar. 4 Qué pecho, aunque sea mâs duro que una roca, no se conmueve con las lâgrimas de esta pecadora y no se excita a hacer penitencia siguiendo su ejemplo? Maria examinô y meditô bien todo lo que habia hecho, y no quiso poner tasa en lo que hacia. Penetro en el lugar en que estaban reunidos los convidados, vino sin ser llamada, y ofreciô sus lâgrimas en medio del festin. Considerad bien de qué dolor estaria penetrada su aima, cuando no se avergonzô de llorar en medio de un banqueté. Creemos que esta mujer, a la que San Lucas llama peca­ dora, y San Juan, Maria, es aquella de quien dice San Marcos que fueron arrojados siete demonios... Maria tuvo siete demonios porque estuvo manchada con toda clase de vicios. Y. al ver las manchas de sus torpezas, corriô a lavarse de ellas a la fuente de la misericordia, sin ruborizarse ante los convidados. Porque, como se ruborizaba de si misma en lo interior, pensô que no habia cosa alguna externa de que pudiera avergonzarse. ^Quién es mâs digno de admiraciôn, Jbria, que viene a Jesucristo, 0 Jesucristo, que la recibe? ;E1 que la recibe 0 la que viene? Yo creo que el que la atrajo a si y la recibiô, porque toeô interiormente su corazôn para atracrla por su misericordia y la recibiô exteriormente «SED MISERICORDTOSOS* con mucha mansedumbre... Bien conocido es de todos que esta mujer en sus acciones ilici tas usô de los aromas para perfumar su came, pero ahora ofrece a Dios laudablemente aquello de que habia hecho torpe uso. Habia deseado con sus ojos las cosas terrenas, y ahora se aflige con sus llantos y hace penitencia. Se habia arreglado los cabellos para hermosearse, y en esta ocasiôn enjuga con ellos sus lâgrimas. Habia hablado con rostro soberbio, pero ahora, al besar los pies de Jésus, lo humilia ante las huellas de su Redentor. Cuantos habian sido los deleites que habia disfrutado, otros tantos fueron los holocaustes que ofreciô. Convirtiô en virtudes el nûmero de sus crimenes, con el fin de que todo cuanto habia servido para menospreciar a Dios por sus culpas sirviera ahora para hacer penitencia...”. b) La soberbia del fariseo Dos enfermos “El fariseo, soberbio realmente en su interior y aparenmente justo por fuera, reprende a ]a enferma por su enfermedad y al médico por los auxilios que presta, siendo asi que el enfermo verdadero es el oue padece la llaga de la soberbia sin hacer caso de su mal. El médico se encontraba entre dos enfermos. Pero uno de ellos conservaba su cono­ cimiento en el ardor de la fiebre, mientras que el otro habia llegado a perderle. La mujer lloraba lo que habia hecho. El fariseo, engreido con su aparente justicia, exageraba la fuerza de su debilidad. Habia llegado hasta a perder el sentido, ignorando lo lejos que estaba de gozar buena salud”. Kigurosos con el vlclo, pero compaslvcs con el hombre “AI considerar estas cosas, no podemos menos de llorar la conducta que observan algunos en nuestro mismo orden. los cuales, siendo también sacerdotes, si por acaso practican exteriormente la mâs minima obra buena, inmediatamente menosprecian a los débiles, se desdeüan de tra­ tar con los pecadores, no se compadecen de los que les confiesan sus culpas y, a semejanza del fariseo, rehusan ser tocados por la mujer pecadora. En efecto, si esta mujer se hubiera arroiado a los pies del fariseo. con seguridad hubiera sido repehda de alli. El hubiera creido que se manchaba con pecados ajenos: y, como su corazôn no estaba lleno de la verdadera justicia, se quejaba ya de la llaga ajena. Por esta razôn, cuando vemos a ciertos pecadores, es necesario que lloremos nosotros mismos su desgracia, porque tal vez o hemos incurrido en las sec. 3. ss. padres. SAN GREGOR ΓΟ MAGNO 429 mismas faltas o podemos caer en ellas si no hemos incurri­ do. Y si la régla de conducta del maestro debe ser siempre perscguir el vicio para corregirle, es muy conveniente que conozcamos que debemos ser rigurosos con los vicios, pero compasivoa con el hombre. Si el pecador es digno de cas­ tigo, también es digno de alimento espiritual en cuanto prôjimo, y si castiga con la penitencia todo cuanto ha hecho, entonces ya no es pecador, porque se aplica él mismo la justicia divina y se castiga en todo aquello que reprende la de Dios”. c) La sentencia de Cristo “Escuchemos ahora la sentencia con que Jesûs convence al soberbio fariseo. Jesucristo le‘pone el ejemplo de dos deudores, uno de ios cuales H obi a mucho, y el otro poco; y suponiendo que son perdonados ambos deudores, le pregunta: iQuién ama mâs al acreedor? A estas palabras con­ testé inmediatamente el fariseo: Ama mâs aquel a quien mâs se ha perdonado (Le. 7,43). En estas palabras debe­ mos parar nuestra atenciôn, porque el fariseo con ellas no hace otra cosa sino presentar la cuerda para que le aten. Enuméranse las buenas obras de la mujer pecadora y las malas del que parecia justo, cuando se dice: Entré en tu casa y no diste agua a los pies, mas ella ha regado mis pies con sus làgrimas y los ha enjugado con sus cabeUos. No me diste el osculo de paz; pero ella desde que entré no ha cesado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con ôleo, y esta ha ungido mis pies con ungüento (Le. 7,44-46). Des­ pués de haber enumerado las obras de una y otro, anade: Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amô mucho (ibid., 47). Hermanos mios, ,.qué es el amor sino fuego, y la culpa sino orîn? Por eso dice: Le son perdonados muchos pecados, porque amô mucho, como si dijera: Ha quemado perfectamente el orîn del pe­ cado, porque arde mucho por el fuego dei amor. Tanto mâs se consume el orîn del pecado, cuanto mâs abrasado estâ el corazôn del pecador por cl fuego de la caridad. Considerad que la mujer corn viro al médico para que la sanara quedô libre de su enfermedad, pero otros enfermaron con su curaciôn. Pues los que estaban sentados a la mesa con Jesveri^to, empezaron a murmurar y a decir en su interior: iQuién es éste para perdonar los pecados?...” (ibid., 48). •. F.) îi 430 «SU'D MISERTCORTHOSOS» d) El ejemplo de misericordia “Meditemos bien la gran misericordia que usô el Senor con la muier pecadora. no solo admitiéndola a su presencia, sino también ofrcciéndole sus pies para que los tocara. Consideremos la gracia de Dios misericordioso y condenemos la muchedumbre de nuestros pecados. Ve a los pccadores y les permite que vivan. Tolera a los que se le oponen, y, a pesar de ello, los Hama con su clemencia por medio del Evangelio. Desea nuestro arrepentimiento con todo su corazôn, y nos perdona de todo aqdello en que hemos delinquido. Mitiga para nosotros el rigor de la ley con la misericordia. En ella estâ escrito: Si alguno hiciere esto o lo otro, muera de muerte. Si alguno hiciere estas o las otras cosas, sea apedreado. Nuestro Redentor se apareciô en la carne, y promete a la confesiôn de nuestros pecados, no el castigo, sino la .rida. Recibe a la mujer que confiesa sus culpas, y la despide eurada. Ha convertido en misericordia el rigor de la ley. por­ que a los que justamente condena aquella. misericordiosamente los libra... En otro lugar dice por boca de Jeremias a toda aima pecadora, representada en la Judea: Cuando un hombre despide a la mujer y elli'se aparta de él, si viniese a ser de otro hombre. /se volverâ otra vez ella al primero? /No se considérera tal mujer como enteramente y por siempre manchada? Tu, pues, que con tantos amantes fornicaste, fpodrâs vo’ver a mi? (1er. 3.1). Présenta la imagen de una mujer liviana. manifiesta que no puede ser recibida después de sus liviandades, y, a pesar de todo. el Senor se sobrepone con su misericordia al ejemplo pronuesto. cuando dice que no puede ser admitida por su marido la muier que ha fomicado. y, sin embargo. El esnera al aima adûltera nara volverla a recibir. Considerad bien, carhimos herma­ nos. ha^ta donde Ikea su piedad. Dice que no puede hacer=e, y manifiesta que El puede hacerlo contra costumbre. Ho aqui que llama a todos los que se han manebado. desea abraz-»rins. y se queja de que le hayan abandonado” (cf. Horn, 33 in Le.), ■'· C'· '5 .^1 SECCION /r. TEOLOGOS SANTO TOMAS DE AQUINO Misericordia y juicio temerario En Ia Catena aurea présenta Santo Tomas, espigados entre las obras de los San.os Paures, una sene de pcnsanneiitos tac ùtiles como bellos, que juzgamos conveniente insertar aqui. En un segundo üpartado resunnremos la doctrina del Angélico sobre el juicio temerario, reprobado por el Senor en el evangelio de hoy. A) Comentario al evangelio “Sed misericordiosos” (Le. 6,36) A saber, que, considerando los beneficios de Dios, hagamos el bien por El y no por los hombres, en cuanto que de Aquél y no de éstos rccibircmos el premio. b) “No JUZGUÉIS” 1. Prohibe el Senor el juicio temerario, esto es, que no profieras sentencia o juicio respecto de otro, consciente como debes estar de tu propio delito. 2. No juzgues a los que te aventajan. Ni el discipulo al maestro, ni el pecador al inocente. A éstos no se debe juzgar, sino amonestar y corregir caritativamente. 3. Ni juzgues de lo incierto ni de otras cosas que no guardan relaciôn ni semejanza con el pecado, o que no son graves, o no estân prohibidas. 4. Es pasiôn pésima la aficiôn a juzgar, que aqui el Seüor apaga. Pues, aunque convenga que algunos miren a su alrededor y juzguen segûn Dios, esto no se hace, sino que examinan lo ajeno. Y si ven que otros tienen defectos, olvidados de los suyos, hacen de los ajenos materia de murmuraciôn. 5. Es pasiôn universal, porque no encontrarâs fâcilmcnte a ninguno, ni casado ni religioso, libre de este error. Son éstas las asechanzas de la tentaciôn diabolica, pues * SEC. 4. quien juzga severamente lo ajeno nunca merecerâ perdôn de sus cuipas. Por eso continua el Evangelio: Y no seréis juz~ gados. c) “Dad “Con la misma medida” “Con la medida con que se midan las buenas o malas obras se médira el premio o el castigo”. Alguien dira como puede ser la misma, si antes, refiriéndose a ella, dice sobreubundante. A esto se contesta que no dice en tanta medida, sino en la misma. Es decir, al que obra el bien se le darâ el bien, o sea medir con la misma medida. Serâ, sin embar­ go, superabundante, porque mil veces se le premiarâ. Otro tanto en el juzgar. El que juzga y luego es juzgado, ha sido medido con igual medida. Pero serâ juzgado mucho mâs, porque juzgô a un semejante, y, segûn esto, la medida es sobreabundante. e) “Ningùn discipulo estâ sobre su maestro” Si Cristo no juzga, 4 por qué juzgas tû?... Pues El no vino a juzgar al mundo, sino a compadecerse. “Si tû juzgas a otro y caes en los mismos pecados que él, 4 no te asemejas al ciego que guia a otro ciego?... 4 Como va a ser conducido por ti al bien, si pecas tû?... El sentido de esta frase depende de las anteriores, donde se manda dar limosna y perdonar las injurias. Si la ira te cicga contra el que te injuria o la avaricia contra el que te pide, ipodrâs acaso curar su falta, si tû mismo estas enfer­ mo?... Si aun Cristo, Maestro, que pudo, como Dios, vengarse de las injurias, prefiriô sufrir y trocar mansos a sus perseguidores, es necesario que sus discipulos, puros hom­ bres, sigan la misma régla de perfecciôn. f) 436 cometio? Conviene esto a todos, pero de modo especial a los rectores que castigan los pecaaos mâs insignificantes de los sùbditos y dejau sua caSugar 10s suyos (ex. Catena au­ rea in Le. 6 [Marietti, 1925] t.2). y se os darâ” Nos manda aqui perdonar las injurias y hacer el bien para que se nos pvrdunen nuestros pecaaos y se nos concéda la vida eterna. berà una recompensa superabunclante. Dios remunera con mâs generosidad a los que le aman, segûn aquello de una medïaa buena, apretada, colmadu, rebos^nte, sera derramada en vuestro seno (Le. 6,38). d) TEÔLOGOS. SANTO TOMÂS “Hipôcrita” Debe interpretarse esta frase en relaciôn con la anterior, como si dijera: El que estâ cargado de pecados graves, 11amados viga, ^como puede condenar al que pocos o ninguno B) No juzguéis Estas palabras del evangelio de hoy aconsejan transcriber aqui la docirma de oanto Tomas acerca dei juicio temerario. No se encuenua en sus ooras una cuesuôn especia.mente dedtcada a este ténia ; nias en la cuestiôu 60 de la 2-2 habia del juicio en general, como acto de la virtud de la justicia, y expone lo reterente al jui­ cio temerario. a) Naturaleza 1. EJ juidoi en sentido estricto es deter­ minaciôn de lo justo “El juicio implica en su acepciôn primitiva la definiciôn 0 determinaciôn de lo justo o del derecho” (2-2 q.60 a.l c). 2. Pertenece, por tanto, a la justicia “Que alguno defina bien algo en las obras virtuosas proviene propiamente del hâbito de la virtud, asi como el casto determina rectamente las cosas que pertenecen a la castidad. Por consiguiente, el juicio, que importa la recta deter­ mination de lo que es justo, pertenece propiamente a la justicia” (ibid.). 3. En sentido lato, es cualquier determinaciôn “El nombre de juicio, que, segûn su originaria acepciôn, significa la recta determinaciôn de las cosas justas, se ampliô a significar la recta determinaciôn en cualesquiera cosas, tanto especulativas como prâcticas” (ibid., ad 1). 4. Asi considerado, es acto de la razôn y de la prudencia “En cualquiera determinaciôn se requieren dos condicio­ nes, de las cuales una es la facultad misma que profiere el juicio, y en este concepto el juicio es acto de la razôn, pues decir 0 définir a]go es propio de ella; y la otra es la disposiçiôn del que juzga, por la que éste es idôneo para juzgar rectamente. Asi, en lo relativo a la justicia, el juicio proce­ de de ella, como, en lo pertcneciente a la fortaleza, el juicio procede de la misma. Por tanto, el juicio es en verdad acto de justicia, por ser esta virtud la que inclina a juzgar rectamente; y de prudencia, por requerirse ésta en quien pronuncia el juicio” (ibid.). «SED M1SER1CORDIOSOS» 494 * b) Clases 1. Juicio injusto "El juicio en tanto es licito en cuanto es acto de justicia. Para que el juicio sea acto de justicia se requiere en primer lugar que procéda de la inclinaciôn de la justicia. Cuando es contrario a la rectitud de la justicia, es vicioso o ilicito, y se llama perverso o injusto” (2-2 q.60 a.2 c). 2. Juicio usurpado “Para que el juicio sea justo y licito se requiere también que procéda de la autoridad de quien preside. Y asi serâ vicioso o ilicito cuando el hombre juzga de cosas sobre las que no tiene autoridad. Lo cual se llama juicio usurpado” (ibid.). 3. Juicio temerario “Para que el juicio sea justo se requiere, por fin, que sea pronunciado segùn la recta razôn de la prudencia. Sera vicioso o ilicito cuando falta la razôn; como si uno juzga de las cosas que son dudosas u ocultas por algunas ligeras conjeturas. De este modo se dice juicio temerario o suspicaz” (ibid.). 4. Juicio pxohibido “El Sefior en Mt. 7,1 prohibe el juicio temerario, qut versa sobre la intenciôn dei corazôn o de otras cosas inciertas..., o bien prohibe en ese texto el juicio sobre las cosas divinas, de las que, como superiores a nosotros, no debe­ mos juzgar, sino creerlas sencillamente; prohibe, por ùltimo, el juicio, que no se hace por bcnevolencia, sino por amargura del ânimo” (ibid., ad 1). c) TRES CAUSAS DEL JUICIO TEMERARIO "El juicio temerario puede provenir: 1) De que uno es malo en si mismo, y por esto, como consciente de su malicia, fâcilmente opina de otros lo maie, segûn aquello (Eccl. 10,3) : El necio, undando en su camino, siendo él insipiente, a todos los juzga necios”. 2) De que uno tiene mal afecto a otro; pues, cuan­ do uno desprecia u odia a otro o se irrita o le envidia, piensa de él lo malo por ligeros indicios, porque cada cual *crc fâcilmente lo que apetece". 3) “De la larga experienda, por lo que dice el Filôsofo (Rhet. Π 4,7: Bk 1132a20) que “los ancianos son principal- TTÔT.OGOS. SANTO TOMAS 435 mente suspicaces, porque muchas veces han experimentade los defectos de otros”. "Esta tercera causa disminuve la razôn de la sospecha, en cuanto que la experiencia aprovecha para la certeza, que es contraria a la esencia de aquélla” (2-2 q.60 a.3 c). d) 1. Mali cia del juicio temerario Diversos grados "El primer grado eomience a dudar de pecado leve y venial. es que el hombre, por leves indicios, la bondad de alguno. En este caso es El segundo grado se da cuando alguno, por indicios leves. juzga como cierta la malicia de otro; y esto, si recae sobre materia grave, es pecado mortal, en cuanto que se hace con desprecio del prôjimo. El tercer grado es cuando un juez procede a condenar a alguno por sospecha, y esto pertenece directamente a la injusticia, y por tanto es pecado mortal” (2-2 q.60 a.3 c). 2. Todo juicio temerario es injuria para el nermano "Por lo mismo que alguno tiene de otro mala opinion sin causa suficiente, le desprecia indebidamente y, por tanto, le injuria” (ibid., ad 2). 3. El justo no juzga temerariamente “El'hombre espiritual, por el hâbito de la caridad, tiene inclinaciôn a juzgar rectamente de todo, segùn las réglas divinas, por las que pronuncia el juicio mediante el don de sabiduria, como el justo, por la virtud de la prudencia, pro­ nuncia el juicio por las réglas del derecho” (2-2 q.60 a.l ad 2). e) Consejos practicos 1. En caso de duda, inclinarse hacia el bien “Por el hecho de tener uno mala opinion de otro sin causa suficiente, le injuria y le desprecia. Mas ninguno debe des­ preciar o inferir a otro dano alguno sin una causa probativa; y, por tanto, donde no aparecen manifiestos indicios de la malicia de alguno, debemos tenerle por bueno, interpretan­ do en el mejor sentido lo que es dudoso” (2-2 q.60 a.4 c). "En el juicio, por el que juzgamos de los hombres, se considera principalmente lo bueno y lo malo por parte de aquel de quien se juzga, el cual es tenido por honrado cuan­ do se le juzga bueno, y por despreciable si se le juzga malo. Y por esto debemos tender mâs bien a juzgar bueno en tal . - * '» 43β *sm XfîAFR TCORDTOSOSb juicio al hombre a no spr que hnva una razôn manifiesta para lo contrario” (2-2 q.60 a.4 ad 2). Importa monos en«rafiarso juzerando bien que acertar juzgando mal “Pupde sucedpr que el que interpreta en el mejor sentido, se engane mâs frpcuentpmente: ppro es mejor due uno se engane muchas veces teniendo buena opinion de algun hom­ bre malo que el que se engane rara vez teniendo mala opin’ôn de un hombre bueno: nups nor esto se hace injuria a otro, y no por lo primero” (2-2 q.60 a.4 ad 1). 8. •Œ Los pecadores no deben juzgar a los demâs "Los que estân en graves pecados no deben iuzgar a los oue tienen los mismos neeadns o menoms. como dicp el Crisôstnmo sobre aoupllo (Mt. 7.1) : No querâis iuzgar (cf. Hom. 23 Od?/s imp..in Mt.: PL 57.310): y esto deb° entenderse principalmente cuando aouollns pecados son publicos, norque de esto se produce escândalo en los corazones de los otrbs; mas, si no son pûblicos, sino ocultos, y la necesidad de juzgar apremia por razon del cargo, puede con humildad y temor argüir o iuzgar. P^r 1^ nnni A.gustin (cf. De serm. Dom. in monte 2 J9· PL 31 1299) : “S’ nos encontrâsemnq ese mismo vicio, deplorémoslo e invitemos a los demâs a unirso a nuestros esfuerzos”. Mas no nor esto p! hombre se condemn a ângeies, cuyo aibeano es puerta de goipe, que no vuelven pie atras ni se mudan de lo que una vez aprenden; lo que ua.i vez aman, siempre lo aman, y lo que aborrecen, siempre 1<> aborrecen..., pero nu α^ι, sino como hombres, cuyo aïoeario es vertible y mudable para el bien y el mal. λο hay camaleôn que mude tantos colores, ni veleta que se vuelva a tantos vientos. Lo que ahora quiere, luego no quie­ re; ahora le agraua u .:.xu, eu aqui a poco le desagradarâ y amarâ la virtud. Cambia el tiempo desde el amanecer nasta la tarde (Eccli. 18,26) : De la manana a la tarde se muda y trueca el tiempo. Y en Madrid, de una hora a otra, y aim màs en breve, se muda el hombre. Y en todas puede el hom­ bre estar de otro parecer, y asi al que estâ en pecado, co­ rripe eum”. c) Correcciôn sin venganza “Mas sea pura la correcciôn; no pretendas avergonzarle dândole en el rostro con su pecado, ni vengarte de él, si acaso te ofendiô; ni ganar honra con él, haciéndote celosc •· · < AUTORES VARIO». BOSSUET I 447 y reformador, porque ésa es correcciôn de fariseos. cuan­ do fucron a argüir a Cristo de que sus discipulos quebrantaban las tradiciones de los viejos, pues no se lavaban las manos cuando comîan... Esto no era corregir, sino litigar y contender y envidiar. Pues sea correcciôn que sôlo os mueva el celo de la honra de Dios y el amor del prôjimo. y que en vuestras palabras nn se vea otra cosa que caridad y misericordia y deseo de ganar su aima. Para esto importa mucho el secreto. Que vea que no tratan de afrentarle, sino de enmendarle. El pecado oculto que tû solo sabes, es pecado mortal publicarle. Rcnegad de hombres que hacen alharacasde pecados ajenos. que ése no es espiritu de Dios. sino propio de 'vanagWia. Y asi suele Dios permitir, para hum’ilarlos. oue caigan ellos en otros mayores... Aquel mal hijo de Noé ve a su padre desnudo y descubierto en su tabernâculo. y va a llamar a sus hermanos que lo vean y burlen de él (Gen. 9.22). Despierta el viejo y écbale su maldiciôn. Si hacéis plaza del pecado oculto, y el otro halla sus faltas en la calle, ;.aué maravilla que no se enmiende, sino que os maldiga y se indigne con vos?” BOSSUET I Sobre los juicios humanos Extractamos el sermon sobre la mujer adultera, predicado por Bossuet el sâbado ,de la tercera semana de Cuaresma (cf. ed. Firmin-Didot [Paris 1877] t.2 P-457 ss.). A) Severidad para el prôjimo e indulgencia para nosotros Se retiran todos confundidos, y ya no veo mâs que el médico con la enferma, la castidad con la impûdica, la grande y extrema miseria con la grande y extrema miseri­ cordia (cf. San AgttstW 13 n.5: supra, p.410 ss.). La mujer, “viendo delante de sus ojos a la justicia mis­ ma, terne ser llamada a su tribunal; pero Jesûs, siempre fâcil e indulgente, no por conciencia de pecado propio, sino por bondad infinita, tranquiliza a aquella aïma temblorosa con sus palabras amables... Parece que decîa: Si la maldad no te ha condenado, yo, que soy un Dios paciente, que perdono gustoso las iniquidades. que odio los crimenes, mas "o las personas; que soporto los pecados para salvar al pe­ cador, te digo: Vete y no peques mâs”. - V r ·· ♦·· f · Nuestros dos vicias suelen ser un exceso de severidad para con el nrôiîmo v de indulgtmcia con nosotros mhmos (cf. San Agustîn, Confesiones 10 3) ; condenarlo todo v perdonârnoslo todo. Jesûs, en cambio, en este evangelio reprime la facilidad en juzgar al prôjimo y despierta la conciencia dormida para que juzgue sin misericordia sus propios pecados. Hace callar a los acusadores y busca que la mnjer se acuse a si misma delante de su conciencia. Este sera el asunto de mi sermon. B) Todos los juicios pertenecen a Dios Todos los juicios pertenecen a Dios soberano, y, cuando nos atrevemos a juzgar a nuestros .hermanos, nos igualamos a nuestros suneriores y nos hacemos superiores de nues­ tros iguales, violando las leyes de la sociedad y de la au­ toridad. a) Pecados abiertamente malos y pecados susceptibles DE INTERPRETACIÔN Hay acciones manifiestamente criminales y hay otras que pueden interpretarse en buen o mal sentido, distinciôn que el mismo San PaVo senalaba al escribir a Timoteo (1 Tim. 5,24): Los pecados de los hombres, unos son ma­ ni fiestos aun antes de ser juzgados, otros lo son después de juzgados. San Agustin ilustra este o^curo nasaje diciendo que hay pecados tan abiertamente malos que lo son antes de que juzguemos sob’'° ellns. gm πηρ d£ nosibilidad de iuicio temerario, mientras que otros muchos son susceptibles de interpretaciôn. no tienen en si mismos el juicio, antes lo reciben de nosotros, que normalm^nte no acomodamos nues­ tro pensamiento a la realidad, sino la realidad a nuestro pensamiento. Por eso se dice que el juicio precede a la cosa. Esperemos el dia en que Dios descubra los corazones y ejerza su juicio. îCuântos excesos al juzgar las conductas claras y las dudosas! Para que lo conozcâis, os voy a dar una antorcha aueilurmne vuestra conducta. Debéis juzgar segûn D’os, pnrnue este hermoso mandamiento, tan r^netido en el Evangriio. de oue no juzguemos, no nos prohiba condenar lo que D’os condena, sino que nos impone la obligaciôn de acomodar nuestros juicios al de Dios. No queria Cristo convertirnos en un asilo del vicie. Quiere que lo hostiguemos y lo condenemos fuertemente cuando se trate de crimenes pûblicos y escandalosos e instaurarse sino por la violencia ?» (ibid.). Y ENTRE LOS HIJOS DE LA IGLESIA HAY QUIENES SE DEJAN INFLUIR POR ESTOS PUNTOS DE VISTA ENGANOSOS f) «Ahora bien, entre los hijos de la Iglesia, unos, inipulsados por las duras realidades de la existencia, han podido aqui o alli dejar.se influir por estos pantos de vista engafiosos y minimizar con ello el papel social de la caridad ; otros, no viendo esta virtud sino desde el ângulo restringido del sentimiento individual, del gesto generoso o de la iniciativa filantrôpica, corren el riesgo de corromper la sal del mensaje cristiano. Los unos y los otros desconocen igualmente en la caridad la fuente de ague vivo de la verdadera justicia social» (ibid.). g) Sin amor no pu MB E HABER JUSTA COMPRENSIÔN DEL PRÔJIMO NI VERDADERA COMUNIDAD CRISTIANA «Serâ fâcil, ademâs, demostrar que sin amor no puede haber jus­ ta comprensiôn del prôjimo, acercamiento duradero de las voluntades, profunda comuniôn de los corazones ; es decir, que sin verdadera caridad se puede comprobar bien el orden aparente y enganoso de una colectividad o incluso reconocer el valor abstracto de sns instituciones juridicas ; pero, de la misma manera que un cuerpo sin Iria ser una verdadera comunidad huaima, esta colectividad no mana, y menos todavia cristiana» (ibid.). h) Toda pu; Ml E actitud moral, esencial al orden social, no DESARROLLARSE SI LA CARIDAD SOBRENATURAL NO LA FECUNDA «La estima de la persona y el respeto de la vocaciôn de cada cual sin discriminaciôn de pueblo o de clase ; el deseo de la justicia para todos, sin resentimientos contra nadie, y la entrega a la comunidad, profesional o civica ; el espiritu de sacrificio y el sentido de la moderaciôn tanto entre aquellos que poseen como en las exigendas de los menos favorecidos, todas estas actitudes morales, esenciales para el orden social, j podrian en nuestro mundo, herido por el pecado, desarrollarse de manera permanente si la virtud cristiana de la ca­ ridad no las fecundase con su savia sobrenatural?» (ibid.). î) UNICAMENTE LA CARIDAD SOBRENATURAL PUEDE APRETAR NUDOS QUE RESISTAN A TODOS LOS GOLPES, Y DE ELLA TIENE NECESIDAD EL MUNDO «Unicamente la caridad sobrenatural, vinculo de amistad entre Dios y el hombre, puede apretar nudos que resistan a todos los golpes, a todas las vicisitudes, a todas las pruebas inevitables du- SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS rante una larga vida comûn ; ûnicaniente la gracia divina puede haceros superiores a todas las pequenas miserias cotidianas, a todos los nacientes contrastes y disparidades de gustos o de ideas que brotan, como malas hierbas, de la raiz de la pobre naturaleza humana. Y esta caridad y gracia < no es aquella fuerza y virtud que habéis ido a buscar al gran sacramento que acabâis de recibir ? j De caridad divi­ na, mayor que la fe y que la esperanza, tienen necesidad el mundo, la sociedad y la familial» (Ρίο XII, A los recién casados, 29 de enero de 1941). j) La caridad para con EL prôjimo ignora lîmites y se EXTIENDE A TODOS LOS HOMBRES, LENGUAS, NACIONES Y RAZAS «Pero esta caridad del prôjimo, ignorando los limites, se extiendé a todos los hombres, lenguas, naciones y razas. Asi, pues, carisimos hijos, usad la deseadisima y singular oportunidad que os ofrece vuestra estancia en Roma, de ejercer vuestra caridad con una multitud tan grande de jôvenes, que, aunque procedan de las naciones mâs diversas y mâs lejanas, son. sin embargo, todos del mismo tiem­ po, de la misma fe, de la misma vocaciôn, del mismo amor a Jesucristo y, sobre todo, del mismo derecho, absolutamente igual para todos, en la Iglesia. Aprovechad, os instamos, esta ocasiôn para fomentar esa caridad ; que nada digâis y nada hagâis que pueda herirla lo mâs minimo. Dejad a los demâs las disputas de los partidos politicos, que no os pertenece a vosotros tratar estas cosas. Vosotros, por el coutrario, comunicad mutuamente todo cuanto conduzca y pueda servir para ayudar al apostolado y al cuidado de las aimas, al estado actual de la Iglesia y a su futuro desarrollo» (Ρίο XII, A Ios alumnos de los Institutos de formaciôn cclesiastica en Roma, 24 de junio de 1939). k) Sin la caridad, o no hay virtud alguna o sôlo VIRTUDES ESTÉRILES «Ante todo se debe fomentor y mantener la caridad, fundamen­ to el mâs firme de la vida cristiana, y sin la cual o no hay virtud alguna o sôlo virtudes estériles y sin fruto. Por eso San Pablo, exhortando a los colosenses a que se guardasen de todo vicio y se hiciesen reconiendables con la prâctica de las virtudes, aüade : Sobre todo esto, esmeraos en la guardâ de la caridad. porque est el mâs perfecto lazo de uniôn (Col. 3,14). Y en verdad que la caridod es vinculo de perfecciôn, porque une con Dios estrechamente a aquellos entre quienes reina y hace que los taies reciban de Dios la vida del aima, vivan la vida del aima, vivan con Dios y dirijan y ordenen a El todas sus acciones» (Leôn XIII, Sapientiae Christianae 51 ; Col. Enc., p.213). 4 $3 1) «SFD MISERTCORnïOSOS» El mandamiento del amor lo llamô “nuevo” el divino πη Legislator PORQUE ES NUEVO Y NUNCA OÎDO EL MODO DE AMARSE «A’ con la caridad y amor de Dios debe hermanarse el amor de los prôjimos, ya que los hombres participai! de la bondad infinita de Dios, de quien son imagen y semejanza. Este mandamiento nos ha dado Dios: que quien le ama a El. aine también a su hermano (1 lo. 4,21). Si aigu no dijere que ama a Dios y aborrece a su her­ mano, miente (ibid,, 21). Y este mandamiento de la caridad lo llamô nuevo el divino Legislador, no porque hasta enfonces no hubiese ley alguna, divina o natural, que mandata se amasen los hombres unos a otros, sino porque el modo de amarse que debian tener los cristianos era nnevo y hasta entonces nnnca oido. Porqne la caridad con que Jesucristo es amado de su Padre, y con la que El ama a los hombres, ésa consigniô El para sus discipulos y seguidores, a fin de que sean en El un corazôn v una sola aima, al modo que El y el Padre son una sola cosa por naturaleza. Bien sabido es cuân hondas reices echo la virtnd de este precepto en los pechos de ’.os primeros cristianos y cuân copiosos y excelentes frutos diô la concordia, mutua benevolencia, piedad, paciencia y fortaleza> (ibid., 52 : Col. Enc., p.213-214). m) Que los catôlicos no amen sôlo de palabra SINO DE OBRA Y EN VERDAD «Que, al adquirir conciencia de sus responsabilidades sociales, los catôlicos no dejen de escuchar la advertencia de San Juan : No amemos de palabra y de boca, sino de obra y en verdad h lo. 3,ï8). Solo a este precio, que a veces es costoso, merecerân llevar en la sociedad canadiense, en que le Providenda les ha colocado, el testimonio enténtico de su pertenencia a la Iglesia de Cristo (lo. 13,25) : Es por el amor que os tengàis los unos a los otros por cl que todos reconoccrân· que sois mis discipulos * tPio XII, .-Il présidente de las Semanas Sociales del Canadâ. 10 de agosto de 1951). C) a) La Sed misericordiosos, como vuestro padre es misericordioso» (Le. 6,36) MISERICORDIA CONSISTE EN AMAR EL REFLEJO DE DlOS AUN EN LA MISERIA DE LAS CRIATURAS «Amar a Dios en su adorable majestad y en su paterna bondad ; amar su reflejo aun en ia miseria de las criaturas. Esto es lo que da a la caridad la impronta particular de la misericordia. Ver a Dios, su Autor, Creador y Padre, muchas veces desconocido e injuriado por las criaturas ; ver en ellos la imagen de Dios contaminada, profanada. desfigurada por el vicio ·■ el pecado ; ver a los hijos de Dios sufriendo abandonados, manchados dei contagio del V *w H ’’ SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 469 h JF mal ; ver a la Iglesia, Cuerpo mîstico de Cristo, ignorada, despreciada, odiada» (Pio XII, En la canonizaciôn de Santa Maria Jose­ fa Roscllô, 14 de junio de 1949). cfl '9 b) El mundo pagano se caracterizô por una falta DE AFECTO Y DE MISERICORDIA «Ahora bien, cuando volvéis la mirada desde estas familias pa­ ganas a aquellas familias plenamente, grandemente, esp’.éndidamente cristianas que todos conocéis, sentis instintivamente que a las primeras les falta algo, algo mâs fuerte que la vieja fuerza de los quirites, mâs intimamente fuerte y al mismo tiempo mâs ardiente, mâs penetrante y bueno, mâs profundamente humano. jNo consistiria acaso esta falta—irremediable miseria de las sociedades paganas o paganizantes—precisamente en la incapacidad de permanecer enérgicas y fuertes, conservando a la vez un corazôn verdaderamente humano, capaz de verdadero y puro afecto y piedad ? Mirad aquellas antiguas familias romanas cuyas austeras cualidades acabamos de recordar. «El dia en que se pusieron en contacto con las delicadezas y refinamientos de la civilizaciôn griega y oriental y fueron presa de la avaricia de las perlas, de las piedras preciosas y dei oro (cf. Horat., Carm. 3,24,48), relajada la disciplina, «labente paulatim disciplina», se precipitaron en gran nûmero, «ire coeperunt praecipites» (cf. Tit. Liv., Ab Urb. cond. libri praef.), hacia aquella corrupciôn de la que el Apôstol de las Gentes fué testigo indignado (Rom. 1,24). Al desaparecer la rigidez, no la sustituyô el verdadero afecto—sine affectione, sine mi­ sericordia, caracterizaba San Pablo el mundo pagano de su tiem­ po—, sino el desencadenamiento de las mâs bajas pasiones, a las qne el gran emperador Augusto, justamente preocupado del pùblico bien, intentô en vano (cf. Tacit., Ann. I.3 n.25) con sus leyes —entre las cuales han sido célébrés las leyes Julias «de meritandis ordinibus» y «de adulteriis coërcendis», y la ley Papia Poppaea— poner frenos para restituir a la familia una fuerza y une cohesiôn qne sôlo la fe en Jesucristo habria hecho recuperaro (Pio XII, .4 los recién casados, 30 de julio de 1941). c) La ’· i'".) [·« i.’ti CARIDAD Y LA MISERICORDIA NO CHOCAN CON EL DEBER DE LA ADMINISTRACIÔN DE LA JUSTICIA «Quien quiere ser sinceramente cristiano debe saber perdonar. Siervo inictio—amonesta la parâbola evangélica (Alt. 18,33)—> ino debes hi también tener piedad de un consiervo tuyo, como yo lie tenido piedad de ti? La caridad y le misericordia, cuando hay motivos justos, no chocan con el deber de la recta administraciôn de la justicia, pero si la intolerancia imprudente y el espiritu de represalia, sobre todo cuando la venganza es ejercida por el Poder pûblico contra quien ha errado, mâs bien que pecado, o cuando la misma pena infligida merecidamente se alarga mâs ollâ de limites razonables. Inspire el Sefior consejos de reconciliociôn y de concordia a enantos estân investidos de responsabilidad pùblica, y, sin menoscabo del bien comûn, pôngase fin a aquellos residuos de leyes ex- Κι .4» 470 «SED MISERICOK DIOSOS» traordinarias, que no afecten a los delitos coni unes, merecedores de justo castigo, y que, después de largos anos de la terminaciôn dei conflicto armado, provocen en tantas familias y en tantos indi­ viduos sentimientos de esasperacidn contra la sociedad -n *a que se ven obligados a sufrir» (Pio XII, Radiomensaje de Navidad de d) De LA MISERICORDIA QUE TENGAMOS CON EL DEPENDER. LA SENTENCIA QUE SE NOS DICTE EN EL JUICIO FINAL PRÔJDIO »^.\’o dependen, acaso, de las obras de misericordia, dar de corner al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a! enfermo y al encarcelado—| oh cômo re>nenan en la hora présente en nuestros oidos todos estos dolores-y afanes de la vecina realidad !—, no dependen, segûn la solemne aserciôn de Cristo, la bendiciôn o la maldiciôn del juicio final, la alegria o el dolor para toda la eternidad ? (Mt. 25,34-46). Si ; el descuido o el acto de misericordia llevan a la infelicidad eterna o a la gloria ; y eso mismo creemos poder afirmar en lo que respecta a las obras cmnplidas u omitidas de la justicia social» (Pio XII, .4 los predicadorcs de Cuaresma, de Roma. febrero de 1944). e) La fraternidad es algo interior y depende de nosOTROS EL DAR A CADA UNO SU DERECHO «La fratemidad, en cambio, por su misma naturaleza, es algo in­ terior y depende de nuestra voluntad. ;Qué significa y qué comprende ? El respeto a la dignidad y al honor de los demâs, el dar a cada uno la ayuda en sus necesidades. Donde esta fraternidad vive y se alimenta en la fe de Jesucristo y en su amor por nosotros, nos da una fuerza mâs poderosa que la miseria y que la muerte ; nos con­ duce de nuevo, a pesar de los golpes exteriores de la adversa for­ tuna, al nuevo bienestar o, por lo menos, a condiciones de vida mâs tolérables» (Pio ΧΠ, .4 los emplcados y obrcros de la Fabrica de la yioncda, de Ronia, 12 de mayo de 1948). f) La caridad es distinta de cualquier otro amor HUMANO, PORQUE ES UNA RÉPLICA DEL AMOR de Cristo a los hombres «La caridad es una palabra que a veces se usa indebidamente para calificar cualquier clase de actividad benéfica o filantrôpica. Pero, para vosotros, la caridad tiene una significaciôn sagrada y consagrada. La caridad es distinta de cualquier otro amor humano, porque es una réplica del amor de Cristo hacia los hombres. Un nuevo mandantienlo os doy, y es que os atnéis los unos a los otros. como yo os he amado To. 13,34). Esto es la caridad. San Pablo escribe a los Romanos 115,7) ■ amigos los unos de los otros. como Cristo fué vuestro amigo por el honor de Dios. Esto es la caridad» (Pio ΧΠ. Al Congreso de la National Conference of Catholic Charities, de Nueνα Orleans, 12 de octubre de 1947). t/^β « SEC. 6. Tl XTGS lON'TIFICIOS g) Por 471 ESO, NUESTRO AMOR A LOS HOMBRES HA DE SER COMO el que Cristo nos tiene «Os amaréis los unos a los otros, dijo Cristo, como yo os he amado. No como aman aquel los que corrompe» la inocencia o la ie», comenta el imnortal San \gustin (In lo. Evatig., t.65,13 : PL 35,iSoS-iSoq), «no como los hombres se aman los unos a los otros, simpîemente porque son miembros de la misma raza humana, sino como se aman oquellos que saben y profesan que todos los hombres son afines a Dios, hijos del Altfsimo, en quien debe formarse y perfeccionarse una semejanza fraternal con su ûnico hijo». .-Imuos los nnos a los otros como yo os he amado (lo. 13,34). Y jqué amaba Cristo en el hombre sino a Dios? No en el sentido de que encontrase ya a Dios en todos los hombres, sino en el sentido de que esperaba, por medio del amor, restaurar a Dios en el corazôn de todos los hombres. Se dice que un médico ama a los enfennos ; pero ^qué es lo que ama en el enfermo? Seguramente que no es la enfermedad. No ; ama la salud, que espera devolver al paciente. La caridad significa que os améis los unos a los otros de esta manera : con la iutenciôn de introducir a Dios cada vez mâs eu las vidas de los otros, de manera que, unidos los unos a los otros por el Espiritu dei divino amor, podâis cooperar, como otros tautos miembros, en la formaciôn de un cuerpo que sea digno de una cabeza divina» (Pio Nil, ibid.). h) caridad no mira hacia atrAs, sino adelante Y LOGRA en el hombre la entrega de si MISMO La MlSKRk’ORIHOSOSn mana hubo de preguutarle : «ubiera por mi. no fuera que me dieran nn golpe o me encerraran a mi también. Cuando Uegué, todas las gentes de las tiendas salicron a la calle de Jardines a mirar quién bajaba del coche. Yo iba de negro y bien vestida, para que se conociera que era una senora, pues no salia aûn con traje de religiosa. Me diô tal vergüenza, que me temblaban las piernas. Iba rezando por la esca’.era y cogida a mi crucifijo. Llamo, y sale el ama y le digo : . . . —-Necesito ver a una joven que se llama... y que la robaron... Me llevô a un cuartito interior donde habia una joven de diecisiete afios, que al vernie se echo a mis pies llorando : «Sâqueme . usted de equi, seriora...» La joven me enterô de cômo la robaron de su cosa con nn engano, y nadie sabia de ella. Al salir llamé a la patrona y le dije que aquella joven estuviera en mi colegio a las doce, y, de no (estar), la Policia vendria por ella ; me ofrecié que si, qne no faltaria. Y me rogô la patrona fuera con ella a la sala ; yo dudé, pero ella me dijo qne no temiera... Esta mujer, joven aûn, me conté su vida ; Ια hablé con tanta energia que me daba susto y no sé qué temor y vergüenza de hallarme a1li, que lloré con tanta amargura... que Ια coumovi y me rogô salvase a una hija que ténia con ella y la querian perder... Dije que, si cerraba la casa, yo cuidaria de su hija. Tomé a ésta y puse en la clase de Micaela, des­ pues que la tuve en un colegio pagando ocho renies... Se quité Ια casa, y una joven que se oponia y rabîaba de coraje por ello, fué muerta a puüaladas en el portai por el mismo que vivia mal con ella. Otra mujer que vivia en e! enarto segundo quiso, por curîosidad, conocerme, pues ellas mismas admiraban que yo hubiera tenido valor. En estos casos, por ruda que una sea, habia un lenguaje inspirado por Dios, y asi las palabras tienen una fuerza su­ perior y divina. Quedô tan prendada de mi, que de rodillas juré a Dios dejer la mala vida y no separarse un punto de lo que yo la dijese. i Oh bondad de Dios, que con tanto amor buscas ni pe­ cador para que se convierta y se salve!... — Voy a ser pobre—decia— ; tendre que pedir limosna. — No, hija, no; yo cuidaré de usted.—Y asi fué. La busqué una casa enfrente de mi colegio con SPC. 7. MI5CELÂNEA HLSTÔRTCA Y LITERARM 481 una familia hourada ; la vesti muy bien, segûn su clase, y cmpecé a enseâarle la doctrina, pues no se habia confesado jamâs. Se confesô cou D. Gregorio, capullân de casa, e iba muy bien a k>a veinticinco aüos, y segufa mi tarea para ensenarla para la primera comuuiôn. La condesa de Humanes venia a menudo a buscarme para confiarme sus penas, y siempre me hallabe con esta mujer. j, dijo : —Guârdalo como recuerdo mio. I Imeginese ! A veces, riendo, me llamuba «San Rinaldo bendito» (cf. José .M.‘ Javierre, Pio X, j.a ed. [1954] p.310-311). SECCION VIH. SERIE II: GUIGNES HOMILETICOS SOBRE LA EPISTOLA «Dios es amor» I. Caridad y misericordia. A. La epistola de hcy nos dice: “Dios es amor (cf. supra, “Apuntes exeg.-mor.” p.3 evangelio: “Dios es misericordioso”. B. Hay, sin duda, diferencia entre ambos textos. a) La caridad es virtud absoluta. La misericordia, re­ lativa. b) Si se prcscinde del hecho de la creaciôn. Dios scrà amor, pero 110 sera misericordioso. c) La misericordia supone necesar lamente otros sujetos, necesitados 0 dcfectuosos. El amor, no. Pero, considerando los textos en el ambiente escrituristico de la epistola y en el litûrgico del domingo, se observa una estrecha relaciôn. El apôstol San Juan habla del amor de Dios, pero el amor manifestado en la misericordia (cf. su­ pra, San Agustîn, p.412, B, a). a) Tratândose del hombre, puede distinguirse la mise­ ricordia de la caridad y considérai- a aquélla como efecto de êsta. b) Tratândose de Dios, se confunde el amor »ad extra» con la misericordia. II. En Dios la misericordia es el amor al hombre. El amor de Dios, dicen los teôlogos, no presupone sino que comunica perfecciôn. Ahora bien, comunicar una perfecciôn supone desterrar un defecto. Por eso el amor de Dios es misericordioso. Y siem­ pre, en cualquier obra de Dios, aparece la mise­ ricordia como primera raiz de la misma (cf. Sum. Theol. 1 q.21 a.4 c). La misma creaciôn podria decirse obra de la mi­ sericordia de Dios, aunque mâs propiamente dire- IH l ! i «SED MISER ICOR DIOSOS» 486 mos obra de la bondad de Dios, porque el comunicar una perfecciôn absolutamente considérada se atribuye a la bondad, mientras que se dice misericordia si dicha perfecciôn subsana un de­ fecto existente. III. Dios es misericordia. A. Hemos de referirnos al amor de Dios para con el hombre. Y hemos de reconocer que Dios es mise­ ricordia. En los Salmos se celebra frecuentemente esta misericordia de Dios. a) La tierra estâ llena, sobresalurada de ella: tLa tierra estâ llena de la misericordia dei Scitor» (Ps. 33,5). b) Llega hasta los mismos cielos: uSobrcpasa a los cielos tu misericordia» (Ps. 57,11). c) Antes que el hombre, la misericordia que lo creô: or cl ejemplo y gracia de Cristo, surge cl obrar sobrenatural, pa­ ra cl que nos ayuda también con el mismo ejemplo. •No debiamos seguir a los hombres, quo se vefan, Sino a Dios invisible; asi, pues, para moStrarsc •SED MISER ICOR DIOSOSj» al hombre·, ser visto y seguido po.r el hombre, Dios se hizo hombret (cf. San -Agustîn. «Serni. 22 de tempore, De Nativ.»). IV. Fuerza îgualadora del amor. ΗΛ amor encuentra o hace iguales. a) Λ ama a los semejantes porque en cierto modo me amo a mi en ellos. b) Si amo a uno diferente, procuro hacerlo igual a mi, porque mi deseo es comunicarle lo que yo tengo de bueno. llevado por aquel primer efecto del amor, que hace que amante y amado se considéré» como uno solo. B. Dios nos encontre diferentes y nos hizo, median­ te su encarnaciôn y redenciôn, iguales a El. a) Eorrô las diferencias con el perdôn y alejamiento del pecado. b) Deificô nuestra naturaleza por la gracia sobrenatural, hasta podemos llamar hermanos y coherederos suyos. ’ ί C. Nosotros nos encontramos ya semejantes a Dios. a) Nuestra obra debe ser primero conservar y no Pcrder esta semejanza. -b) Desarrollarla y perfeccionaria después hasta conseguir la maxima uniôn con El por medio del amor en el cielo. El temor y la caridad I. Dos escollos. Cuando se habia del temor de Dios, hay que huir de dos escollos. a) De sumir a las aimas en una oscuridad calvinista o janscnista, haciéndolas vivir abrumadas bajo el peso de la predestinaciôn, etc. b) Y de un absurdo menosprecio hacia el temor de Dios, propio d de personas ignorantes de los caminos espirituales o de ciertas corrientes pseudomlsticas. 9 ■ B. Prescindiendo de los primeros, hablemos de Jas excelencias del temor y de sus relaciones con la caridad. 1 Vêase «SinieAn, hombre temen.so 4c Dios», en osible castigo. b) Estos herejes snelen predicar una santidad soberbia y acostumbran a desembocar en la sensualidad, a la que no consideran pecado, porque, movldos por Dios, estân muy por encima de todas estas miserias del cuerpo. û) camb’O, los santos han temido. a) Cuéntase de San Jerônimo que temblaba con el pensamiento del juicio. b) Santa Teresa nos dejô pâginas admirables sobre el infierno, cuya vision Dios le enviô ^después mucho tiempo que el Senor me habia hecho grandes mercedes». Y aunque çonfiesa *que por temor no se llevaba bien mi aima», sin embargo, afirma que a los seis aiïos todavia tiembla al re~ cordarlo, y ique fué una de Las mayores mercedes que el Scüor me ha hecho, porque me ha aprovechado muy mucho, asi para perder el miedo a las tribulationes y contradictiones de esta vida como... para dar gracias al Senor. que me librô...» (cf. «Li­ bro de la Vida» c.22 : BAC, «Obras completas de Santa Teresa» t.i p.722). c) San Ignacio hace consister el segundo predmbulo dei quinto ejercicio de la primera semana, sobre el infierno, en esto: iPedir interno sentimiento de la pena que padescen los dahados. para que, si del amor del Senor eterno me olvidare por mis faltas, a lo menos el temor me ayude para no venir en pecado mortal» (cf. «Ejercicios» [65] : BAC, «Obras completas» p.174). Luego supone que la meditaciân sobre el infierno se hace cuando se tiene amor. Todos estos santos predicaban un gran amor y una virtud humilde. temor y la justification. El temor, principio de la sabiduria. El temor es cl principio de la sabiduria, tcomo los cimientos son el principio del arte de la arquitectura, puesto que por ellos se cômienza a trabajar» (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.19 a.6). _ b) La conversiôn cômienza por el santo tenior de Dios, a) 1: ida, pues a ella se refiere el Eclesiastés cuando, para préservantes del pecado, dice: tAcuôrdate de tus postrimerias» (28,7). d) La predicaciôn del Seiïor y la Iglesia lo confirmait. B. Nunca temor sin esperanza. a) El temor que no lleva a la conversiôn no es temen de Dios. Tal fué el de Judas. b) El concilio de Trento dice: tDlspônense para la justlcia cuando excitados y ayudados por la gracia dt Dios..., pasando del temor de la justicia divina, que tan ûtilmente les aflige, a considerar la misericor­ dia de Dios, se levantan a la esperanza, conflando que Dios ha de series propiclo en atenciôn a Cristo» (cf. ses.6 c.6 : DB 798). c) El temor y la esperanza cristianos no sôlo no se oponen, sino que se complemenlan. El temor no es miedo ante un mal inevitable, sino cierto temblor ante el castigo que sobrevendria si yo pecase, unido a la certeza de que Dios puede ayudarme eficazmente para no pecar y que lo hard si se lo pido y coopéra. IV. El temor y la caridad. A. El cristiano ha dejado de ser pecador, ha recibido y crecido en la caridad, que es amor. ;Desaparece el temor? a) No desaparece, sino que se transforma. Al principio consideraba a Dios como a juez ; ahora le mira como a Padre, a quien ama sobre todas las cosas. ahora terne otro daûo : el perder a un padre a quien ama (cf. supra, San Agustîn, p.420,3). 3. Aquél se llamaba amor servil, porque los siervos temen al castigo ; éste se llama temor filial, por­ que los hijos temen ofender a su padre, pues se atribulau y sufren cuando le ven distanciado. b) El amor considera la separaciôn como el mayor mal. Tente perder su objeto si le ofendlere. c) /1 mayor amor, mayor deseo de uniôn, mayor temor de separaciôn. Luego a mayor caridad, mayor te­ mor filial icf. tSum. Theol.» 2-2 q.19 a.10). d) Cierto que el santo conoce que Dios le ama y ayuda, pero también conoce su flaqueza y la posibilidad de pecar y perder a Dios. SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 457 B. La caridad y cl témor servii (cf. eupra, San Agustîn, p.419,2). · a) Y aqucl otro temor a las penas del infierno, esto es, a nuestro propio daüo, jdesaparece cuando llega la caridad a ciertos grados ? b) Antes de proseguir adclante, Indiquenios lo tuoso que seria el no querer pensar cn los novisimos. Supondria que hos créé mos en un grado lo suficientemente alto para cllo, lo cual por si solo es Indicio de que quizàs no hemos comcnzado a ma rchar con pic seguro por la ascética. Como siempre, Santo Tornâs nos da la soluciôn en unas lineas: dEste temor disminuye a medida que crece la caridad, sobre todo en cuanto a su acto, porque cuanto mâs se ama a Dios, menos se terne al castigo: primero, porque piensa menos en su propio bien, al que se opon-e la pena, y segundo, porque cuanto mâs se une {a Dios), tanto mâs confia en el premion. i, Disminuye. No dice desaparece * · 1. Inocencio XII condena la doctrina de Fenelôn: Æxiste un estado habituai de amor de Dios, Que es la caridad Pura'y sin mezcla alguna de motivos del Pro· Pio xyterés. Ni el trmor de las penas ni el deseo del premio tienen nada que ver allia ( propos, i : DB 1527). □.· No tiene Por qué dcsaparecer, pues el temer un mal tan grave es cosa muy racional. · 3. No puede dcsaparecer, pues la caridad bien ordena· da comienza por cl amor ordenado a uno mismo, y, Por lo tanto, aun el santo, que, por otra parte, no esté evidentemente cierto de su estado de gracia, debe temer lôgicamcnte el infierno, Por lo que supone de mal para él. 2. Disminuyen, si, sus actos, porque piensa mâs en Dios que en si mismo y porque se siente cada vez mâs unido a El y, al crecer la esperanza en la ayuda divina, se acuerda menos de la posibilidad de condenarse. Esto es, tiene un temor habi­ tuai, que se traduce menos en actos. caridad, pues, expulsa el temor. a) Es frase corrientc en San Agustîn, tajante como su oratoria. Y doctrina de Santo Tomds en la forma explicada. Expulsa el temor servilmente servil, es decir, aquel que consiste en no odiar el pecado, sino sôlo el castigo que acarrea. 2. Disminuye los actos del temor servil, por el que terne el castigo, y de ahi pasa a odiar el pecado, que merece esa pena. 3· Aumenta el temor filial, que es efecto del amor. b) En otras palabras: El santo siente el temor del in­ fierno. Pero el santo no obra por temor del infierno, porque cn él domina otro sentimiento mâs noble. Terne el castigo, pero, cuando se trata de no pecar, 4£8_ >· ■ 504 miser icor ninsos» sacrificio: "Prefiero la misericordia al sacrificio" (Os. 6,6; Mt. 12,7). a) Dios no necesita de nuestros sacrificiels. b» Pero quiere que los ofrezcantos por nosotros y por nuestros prôjimos. c) Como la misericordia socorre los detectos ajenos, ts para Dios el sacrificio mâs grato y mâs acepto (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.30 a.4 ad 1). D. Mâs aun: en la misericordia, segûn Santo Tomâs, esté, la sintesis de la religion cristiana (ibid., ad 2). ‘IL La misericordia, companion de la miseria ajena. A. Mas iqué es la misericordia? al Segûn la definen San Agustîn y Santo Tomâs, tes la compasiôn de nuestro corazôn por la miseria ajena, en virtud de la cual somos como impulsados a socorrerla*. b) Uno es misericordioso porque tiene «miserum con para con la miseria o defectos d-e- los otros. 1 I I I I I B. Profunda es la definiciôn y densa en contenido ascético. El misericordioso se da cuenta, ante todo, de las necesidades del prôjimo. de sus defectos 0 faltas, de sus debilidades. I b) Aias no basta eso. El misericordioso considera ·>$α necesidad como suya, la stent e y se duele de ella como cosa propia. 1. Llega a padecer con aquel que en verdad la sufre. He aqui el primer acto de la misericordia. 2. Como consecuencia, es conducido a socorrer la necesidad ajena cual si fuera propia. No oniitirô medio alguno para atenderla y socorrerla. Es el segundo acto o efecto de la misericordia. h) | 1 ΠΙ. La misericordia brota de la caridad. A. Tanto en Dios como en el hombre. a) Dios no puede entristecerse ni compadccerse de la miseria o mal del hombre, porque esto es propio de la pasiôn, y la pasiôn no existe en Dios. 1. «Dios no tiene misericordia sino por el amor, en cuanto que nos ama como algo ^uyo» (2-2 q.jo a.2 ad 1). J 2. Y esto le lleva a socorrer la miseria humana. b) En el hombre nace la misericordia cuando se entristece y duele de la desgracia ajena como si fuera propia. i. Esto supone que hay un vinculo de amor que le une estrechamente al prôjimo, hasta e! extremo de sentir su mal como propio (ibid.). & SF.C. 8, Gt HONES HOMILETICOS 305 J. Es, pues, consecuencia del amor. Sin él séria el prôjinjo como un extrano y no podria en mariera alguna compadecerse de lu desgracia de éste. B La misericordia es la mayor virtud. En Dios elertamente, dice Santo Tomâs, porque »o tiene superior, y, paia cl que no tiene superior, la màxima virtud es aquella por la que su pie el defecto del inferior. b) Para el hombre hay una virtud superior, que es que le une con Dios: la virtud teologal de la caridad. Mas de las virtudes que se refieren a los hombres, la misericordia es la mayor, porque nada hay tan grande como socorrer la miseria o defecto de otro icf. Qué hay tan humano como no poder ver el corazôn del hombre y, por tanto, no poder pers­ crutar su reconditez sin equivocarnos con frecuencia, sospechando cosa distinta de Jo que alii sucede ?»... ? «Aunque en estas tinieblas de las coses humanas, es decir, de los pensamientos humanos, no pode­ mos detener las sospechas, porque somos hom­ bres, sin embargo debemos contener los juictos, esto es, las afirmaciones ciertes y definidas, y no juzgar nada antes de tiempo, hasta que venga el Senor e ilumine lo escondido de las tinieblas y manifieste los pensamientos del corazôn» (cf. c 7 [ed. Marietti] t.i p. io8 ss.). b) La hipocresia. .4 veces los que juzgan de otros quieren manifestar que estân libres de aquel pecado v que lo detestan. Este es el hipôcrita, a que se refiert el evangelio de hoy. <·) Corrigea con odio. El pccô por debilidad. tu le co­ rriges por odio. Por conslguiente. tû cometiste mayor pecado. El tiene la paja en el ojo, tû la viga del odio en el corazôn. oportuno recordar a este propôsito la escena de la mujer adùltera: “El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra" (lo. 8,7) (cf. supra, San Agustîn, p.410, b, 1, y Bossuet, p.447, A SEC. 8. GUION ES HOMH.ETICOS 513 III. Prudencia en el procedimiento. Para juzgar hace falta competenda en el juez y prudencia en el procedimiento. Es dificil precisar un hecho. Es mucho mâs dificil determinar la imputabilidad. La imputabilidad dei delito se determina por el dolo o la culpa del delincuente. C. Actuan como elementos determinantes de la im­ putabilidad: a) Ser autor moral o fisico del hecho y de las consecuencias que de él se derivan. b) Que el ado sea humano, es decir, realizado voluntaria y librcmentc. c) Con conocimiento de la ley y de que al realizar cl acto se quebranta la ley, ο por lo menos con igno* rancia culpable de la disposiciôn legal. d) Es decir, que debe haber culpa o dolo. Los grados de una y de otw dependen de un conjunto de circuns­ tancias que déterminait los canonistas. : Imputabilidad moral. a) La imputabilidad moral depende de la intenciôn. b) La intenciôn sôlo la conoce Dios: aTampoco, pues, juzguéis vosotros antes de tiempo, mientras no venga el Seüor, que iluminarâ los escondrijos de las tinieblas y hard manifiestos los propôsitos de los corazo­ nes, y entonces cada uno tendrd la alabanza de Dios * (i Cor. 4,5). c) La falta moral puede procéder de: 1. Debilidad ; 2. Ignorancia vencible ; Malicia. d) Esta ultima causa es mucho mds rara de lo que se créé. Y, sin embargo, es frecuente que nosotros achaquemos a malicia el acto que puede procéder de igno­ randa culpable o de debilidad. Los actos prudenciales. a) Hay actos que ho sou intrinsecamente malos. Pue­ den serlo por razôn de las circunstancias ; pero, al tencr que aprcciar las circunstancias, entramos en cl terreno de la prudcncia. ;Con cudnta facilidad juzgamos las dcterminacioncs prdcticas de otros hom­ bres, sin saber qué razones o niotivos han tenido para adoptarlas! b) Esta doctrina es, especîalnicntc, aplicable a las cri­ ticas de los hombres publicos o constituîdos en auto­ ridad. 1. La gravedad de este pecado es mayor, porque influve en el orden social. e 2. Rara vez o nunca un simple fiel o un simple ciudadano conocen los niotivos que han .deter17 Palabra de % »7 * •••wÇ* * * - · I· «SF.D MÏSF.RICORDTOSOS» 514 minado un acto de la autoridad eclesiâstica o de la autoridad civil. 3. I«os que habîtualmente jnzgan sin fundamento los actos de la autoridad. estân conietiendo externa e internamente un doble pecado : por el juicio in­ justo y por las consecuencias sociales disolventes que del mismo se derivan. TV. Justicia en la sentencia. A. No basta que el juez sea competente ni que haya prudencîa en el procedi mien to. Es preciso que el juzgador dicte el fallo segûn justicia. B. Infl’iyen en el juicio injusto las très pasiones tris­ tes de que se habia en otro guiôn, a saber, la soberbia, la ira y la envidia (cf. guiôn 12, p.523). a) Soberbia: 1. Jnz.gamos en relaciôn a nosotros, no en relaciôn a Dios. Condenamos todo lo que nosotros creemos en algùn modo contrario o disconforme con nos­ otros, con nuestros criterios o gustos. 2. Nos hacemos nosotros mismos norma de la monlidad. cuandn la suprema norma es la voluntad de Dios. Por eso, las aimas humildes son siempre benévolas en su juicio. b) Odio: tPosible es que Λ peque Por ira y que tu le ccrrijas por odio·» (cf. San Agustîn). c) Envidia. de que se ha hablado largamente en otro lugar (cf. La Palabra de Cristo t.3 p.396 y 774 ss.l. C. Influyen en el juicio falso, ademâs, otros de­ ment os: La acepciôn de personas: nids benevolos para cl mas allegado tn cualquier sentido que sea. b) Las pasioncs naturales del hombre : el amor y cl odio. el temor y la esperanza. 1. Insensiblemente se es mâs benévolo para juzgar a los ricos, de los que se puede esperar algo. aunque la esperanza sea vaga e incierta. 2. Es mâs benévolo de ordinario el juicio sobre ’.os amigos que el que damos sobre los enemigos. a) i.· Por eso en cl Deuteronomio se dice: tOfd a vuestros hermanos. juzgad segûn justicia las diferencias qui pueda haber entre ellos o con los extranjeros. No aienderéis en vuestros juicios a la apariencia de los personas. Oid a los Pcqucfios como a los grandes, sin temor a nadie. porque de Dios es cl juicio * (Deut. 1,16-17). La misma sentencia se repite en otro pasaje: «Yev/, vuestro Dios. es el Dios de los dioses, el Sefior de los srfiorcs, cl Dios grande, fut rtc y terrible, Que no hace accbciôn de personas ni recibe obsequies * tDeut. 10,17). i Hallen en ti, Sancho, mâs c.ompasiôn las Idgrimss del pobre, pero no mâs justicia que las informatio­ nes de’. rico. Procura descubrir la verdad por entre 7’ • * · ·■ SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 515 las promesas y dâdlvas del rico como por entre los sollozos y lâgrimas del pobre» (cf. Cervantes, ■ I 520 rSEP MISERICOXUIOSOS * 12 El juicio de Dios y el juicio de los hombres I. La parâbola, dei hijo prodigo. A. Dice Renan de esta pâgina de San Lucas que es la mâs bella que se encuentra en la literatura universal. a) Cierto. La narration es de una concision, de un vi­ gor, de un sentido intimo, de una rapides descriptiva incomparables. b) ; Quien podrà medir el bien que esta pâgina ha he­ cho a la humanidad ? ;.-l cuântas aimas habrà franqueado las puertas de la gloria! ^Cuintos pecadores se han levantado, como el prôdigo, dei barro de sus lii'iandades para arrojarse en los brazos del Padre? c) Menas estudiado ha sido el aspecto que en ella vamos a considerar hoy: el contraste entre el modo de juzgar del padre y el del hcrmano mayor. B. Texto évangélico. a) La huida y retorno del hijo menor. 1. «Y aüadiô : Un hombre tenia dos hijos, y dijo el mâs joven de ellos al padre : Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde. Les dividiô la hacienda, y, pasados pocos dîas, el mâs joven, reuniéndolo todo, partiô a una tierra lejana, y alli disipô toda su hacienda viviendo disolutamente» (Le. 15,11-13). 2. cDespués de haberlo gastado todo sobrevino una inerte hambre en aquella tierra, y comenzô a sen­ tir necesidad. Fué y se puso a servir a un ciudadano de aquella tierra, que le mandô a sus cam­ pos a opacentar puercos. Y deseaba llenar su estômago de las algarrobas que comîan los puer­ cos, y no le era dado» (ibid., 14-16). 3. «Volviendo en si, dijo : ; Cuântos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo aqui me muero de hambre ! Me levantaré e iré a mi padre y le diré : Padre, he pecado contra el cieio y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo ; trâtame como a uno de tus jornale­ ros» (ibid., 17-19). b) El encuentro con el padre. 1. «Y, levantândose, se vino a su padre. Cuando aun estaba lejos, viole el padre, y, compadecido, corriô a él y se arrojô a su cuello y le cubriô de besos. Dijole el hijo ; Padre, he pecado contra r » SEC*. 8. GÜÎONKS MOMII.ETICOS 521 el cielo y contra ti ; ya no soy digno de ser lkt· mado hijo tuyo» (ibid., 20-21). 2. «Pero el padre dijo a sus criados : Pronto, traed la tûnica mâs rica y vestidsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies, y traed un becerro bien cebado y matadle, y’comamos v alegrémonos, porque este mi hijo, que habia muerto, ha vuelto a la vida ; se habia perdido, y ha sido hallado. Y se pusieron a celebrar la fiesta» (ibid., 22-24). conducta del padre. Analicemos esta escena conmovedora. a) El padre va al encuentro del hijo. Sc arroja a at cuello, le cubre de besos. b) El padre no permite que termine la conjesiôn. Dijcrase que 110 quiere otrla. , * c) Sc vuclve a los criados y pronuntia el sublime icito que trac San Lucas: iPronto, prontov. d) No quiere tener delante de los ojos los andrajos del hijo. Nada que recuerde la pasada vida pecadora. La mejor tunica, las sandalias, el anillo, el mejor becerro. Se organisa inmediatamentc el banqueté. ; Se ha salvado la justicia? Parece que no. Parece que aqui no hay mâs que una explosiôn de amor y misericordia por parte del padre. b) Pero la justicia se ha salvado, porque el hijo estâ arrepentido. 1. El evangelista hace constar que dijo : «Surgam et ibo ad patrem meum» : dtormcnfa al inocente: pr.ro justa, porque castiga al culpable. Injusta eres, iOh envidia', porque molestas π todo el gênero humano; 11 5' «SED MISERICORDIOSOSï Pero justa. Porque comte nzas tu amargo castigo en el pobre corazôn que te concibe * (cf. San Gregorio N ac uncino, ci t ado por Bossuet, o.c., 5,201). <;Oh desventura de nuestra pobre naturalcza caida! Xo$ sentimos ofendidos por los de nids, sin que los otros lo hayan intentado, sin que tengan conocimiento de que nos han ofendido, sin que nos conozean siquiera, sin conocerlos...» 2.· «Sôlo porque son nuis rlcos que nosotros, mâs sa­ bles que nosotros, nos causan una molestia cual si nos ojendieran, y les queremos mal. i Triste condlciôn la del hombre!· (cf. o.c., 5,201). Todos somos propensos a este desorden. ‘ 1. · «Todos los hombres tienen en el fonda de su almi un miserable germen de envidia', fecundo en pleitos, en querellas, en ma! diciones· icf. o.c., 3,105). 2. · tDesarraiguJmosla y extirpêmosla hasta las ultimas raiciUas, Porque ella ha sido la causa de que nues­ tro Senor Jesucristo fuera Puesto en la crus· (cf. o.c., 5»20i)· La ultima raiz. a) La ultima raiz de todos los juicios amargos es el amor propio desordenado. de! mismo modo que la savia vivificante del juicio de misericordia es el amor de Dios. b) Y por esto todos los juicios tienen que ser nccesariamente misericordiosos, porque Dios es caridad. III. El juicio de misericordia. El juicio de amor lo poseen en la tierra palmente dos categorias de hombres: los cuando juzgan a sus hijos y las aimas para juzgar a sus hermanos. a) En el Evangelio es constante cl contraste principadres santas entre el juicio de los fariseos y el juicio de Jesucristo (cf. su­ pra, San Gregorio Magno, p.427, B, a). b) Los padres en la tierra, por efecto del amor desordenado, juzgan a veces con execsiva bcnevolcncia a sus hijos. 1. Pero, en muchas otras ocasiones, e] juicio pater­ no, influido por el amor, es el juicio verdadero ; el que probablemente existe en la mente divina. 2. Este juicio de paternidad se recomienda a todos los que mandan, y especialmente a los que tie­ nen gobierno eclesiâstico, a los pastores de aimas. B. La equidad civil esta imperada por el bien comùn. La equidad canonica esta imperada mâs bien por la caridad. a) La Iglesia juzga siempre con amor. Por esto, salvan­ do la justicia, ateniia en lo posible la pena que im­ pone al pecador o al criminal. b) El juicio de misericordia es gratisimo a Dios y saludablc para el hermano. El condcnado advierte en seguida el sentimiento de amor, y se cncuentra pronto SEC. 8. GUIGNES HO.MlLETlCOS 527 a reconocer la culpa y a consideror leve el castigo bnpuesto como pena, y se siente fâcil al arrepentimiento y a corrcsponder con gratitud amorosa al juez que juzga con corazôn divino (cf. supra, Bossuet, p.450, C). c) El juez misericordioso ama antes de juzgar y sufre al condenar. Este es cl secreto de esta justicia perfecta. C. El juicio de misericordia edifica y eleva. a) El juicio misericordioso no solo eleva individualmentc, sino que edifica socialnicnte. Por el contrario, la justicia sin misericordia desgarra y divide al Cuerpo mistico de Cristo. b) -Vo se puede prescindir aqui del recuerdo de las pala• bras de Santa Catalina de Siena a Clemente VI, hom­ bre iracundo, aunque virtuosisimo y ejemplar en otros aspectos: «Santo Padre, reprimid las violentias de vuestro carâcter; que justicia sin misericordia, mâs serà injustitia que justicia». Y, en efecto, la falta de misericordia del Pontifice fué una de las causas ocasionales y secundarias del grati cisma de Occi­ dente. IV. Una bella leyenda. A. Existe en Noruega una bella leyenda, fiel interpretaciôn de este evangelio dentro de las pecu­ liares caracteristicas del género. B. Una manana muy de manana, el ângel vigilante nocturno del paraiso presentése delante del trono de Dios y pidié permiso para hablar. —iOcurre alguna novedad?—le dijo el Altïsimo. —Senor—contesté el ângel—, un grupo de san­ tos se ha levantado iracundo de sus tronos, ha arrojado violentamente la corona que llevaban en la cabeza y, en actitud de protesta, se han ido al confin del paraiso. —4 De qué protestan? —Dicen que a un aima santa se la ha sepultado en el infierno. —Veamos—dijo el Senor. C. Levantése el Senor y, precedido del ângel, cruzé, con asombro de los bienaventurados, todas las estancias celestiales hasta llegar al confin del cie­ lo, desde cuyo brocal se atisbaba, en el fondo tene­ broso, el lugar horrible donde sufren eternamente los condenados. Junto al brocal estaban los santos en actitud de protesta y rebeldia. Pregunté el Senor la causa de su conducta. Por todos hablé uno, repitiendo exactamente las palabras del ângel. 1 ·< * K La correcciôn fraterna 1. Quiénes pueden hacerla I. El fin de la correcciôn. A. Para comprender quiénes estân obligados y quié­ nes pueden corregir, debemos considerar el fin a que se dirige la correcciôn, que no es otro que poner remedio al pecado cometido por otra persona, B. El pecado puede considerarse: a) Como un daüo para cl que peca; él es el primer perjudicado con su mala acciôn. b) Como daüo para los demâs que se han escandalizado con tal pecado. Este, en efecto, cuando ha sido pu­ blico. lleva consigo frutos de perdiciôn mayores por ser nocivo a la sociedad. Los pccadores pûblicos son una verdadera plaga social. c) En cuanto que cl pecado siempre es nocivo al bien comûn, cuya integridad queda quebrantada por el pecado. · · j M II. La correcciôn hecha por el superior. Esta obligado el superior a corregir al pecador por una doble virtud. A. Por la justicia: a) Al superior corresponde procurar el bien comûn; este bien comûn ha sido quebrantado por el pecador. b) El superior no solamente estâ entonces obligado en justicia, en cumplimiento de su deber. a la correc­ ciôn fraterna, sino que en ocasioncs deberô imponcr el castigo conveniente, a fin de que los demâs desisfan de cometer nuevos pecados retraîdos por el temor dei castigo. c) Esta correcciôn pertcnece exelusivamente al superior. 1 Véase para este sruiôn y Iqecadores se han de corregir piiblicamente. c) Por lo cual dice San Pablo : «X los que fatten, corri­ geas delantc de todos, para infundir temor a los demâs» (i Tim. 5,20). Cuando îos pecados son ocultos, pero nocivos a los demâs. a) Hay pecados ocultos que no pcrjudican solamente al que los comete y al que los conoce'. Taies son lot pecados que lesionan al bien comiin: v. gr., el pe­ cado de quien ocultamcnte proyecta entregar la elu­ ded a un enemigo. cl del hereje que hace una labor privada de prosclilismo. b) En este caso. siendo el pecado contra otros. el pccador debe ser denunciado inmediatamente, a fin d: cortar el daiïo que causa. Bastaria con la correcciôn privada. si con dicha amonestaciôn secreta fuese suficiente para impedir io» danos que produce. Cuando el pecado es simplemente oculto. 5e supone que cl pecado solamente es en perjuicio de quien lo hace y del que lo conocc, bien porque cl pecado es contra este, bien por e! solo hecho de la noticia que es para él escandalosa. b' En este caso. sôlo hay que atender al bien de quien ·'(> comete. Sc Irata de aplicar tm remedio medicinal. __ ....................... ........... »■ » ** SEC. 8. GOTONES HOMILÉTICOS 545 El buen médlco procura dar la salud al enferma evi­ tando la ampulaclôn de los miembros o, si esto no puede ser, amputando el que tenga menor Importan­ da (cf. San Agustîn, «Serm.» 82,9-10 : BAC, «Obras> t.7 p.614-618). c) Del mismo modo, el que corrige a su hermano debe procurar su enmienda, salvando, si es posible, su bue­ na /ama. D. Esta correcciôn privada es sumamente beneficiosa. a) Para el pecador; b) En sus bienes temporales, ya que, perdida la fuma, pierde muchas veces el hombre en sus mismos negocios temporales. En sus bienes espirituales. Porque a muchos el 2. temor de la infamia los retrae de cometer el pecado, por lo cual, cuando ya se saben, con la fama perdida se entregan desenfrenadamente al vicio. La conccciôn privada es también beneficiosa para los demâs. i. Porque, con frecuencia, cuando se difama a uno por su pecado, los demâs de su mismo estado o close suelen quedar difamados. De aqui que cuanto mayor es la influenda y relieve de la persona que comete el pecado oculto, nids no­ civa serta la difamaciôn. 2.9 No solamente el bien Particular, por ejemplo, del sacerdote que llcga a cometer una falta, sino cl bien de todo cl estado sacerdotal y, consiguientemente, el bien de todas las aimas, Pide que su correcciôn sea lo mâs privada posible. · i. 2. Un segundo perjuicio nace para la sociedad de la publicaciôn del pecado de uno : que los de­ mâs se sienten mâs fâcilmente alentados para el pecado. HI. Correcciôn ante testigos. A. Cristo nos manda que entre la correcciôn privada y la denuncia ante la Iglesia se interponga la co­ rrecciôn delante de algunos. a) Por mâs oculto que sea el pecado, una vez que ha sido insuficiente la repetida amonestaciôn secreta, se ha de seguir adclante, usando los testigos, no sea que, abandonado el pecador en su pecado oculto, lleguc a corrompcrse su corazôn. b) Siempre quedaria excusada la correcciôn delante de testigos si se estima que lui de ser mâs bien nociva que provcchosa. En tal caso no solamente habria que evitar la correcciôn ante otros, sino incluso la amonestaciôn privada. B. Très motivos para usar testigos en la correcciôn. a) En primer lugar, para demostrar que realm ente «s pecado aqucllo que se corrige en el hermano. Axi l,a Palcbra dt C. ! 54β «SED MISERTCORDTOSOS» llegarâ al convencimiento de la malicia de su acte en si y verd que no depende de una aprecladôn per­ sonal del que corrige. b) Para convencer al pccador de oue en realidad ha comelido el mismo pecado repetldas veces. Verâ asi el Pellgro mayor en que se encitenlra cada dîa, c) Finalmente, para que los testigos scan garantie de que cl hermano que amonesta hizo cuanto estaba de su parte. C. Quiénes deben ser los testigos usados. a) Estos deben revestir las mismas condiciones que d mismo que hace la correcciôn (véase guiôn prece­ dente). b) Deben ser, de ordinario, testigos en cl mismo piano Privado en que se encuentra el que corrige y el que peca. c) Alguna vez puede ser utilizado como testigo el pro­ pio superior, pero leniendo en cuenta que sc llama como a persona privada y no como a autoridad Pùbllca de la Iglesia. SERIE IV: DE ACTUALIDAD SOCIAL 20 Obligaciones de la caridad Una seria dificidtad prâctica. A. Obligation grave ineludible. a) La caridad y cl amor se prestan a pàrrafos fâciles. La dificultad comienza cuando en la teorta o en Ια prâctica se quieren aplicar a nuestros actos, y en es­ pecial al socorro del prôjîmo. b) Obligadân muy peculiar del fiel cristlano cuando examina su condenda—jciiântas veces somos »πίπ«· ciosos sobre otros defedos y pasamos de largo po' esta oblipacidn esencialmcnte crlstiana!—, es oblinociân perentorla. sobre todo, del confcsor, que anti un pénitente sincero conoce el caso particular. c) En forma mâs general lo es también del predicador. 1. Cristo reprochô durfsimamente a los fariseos, no el que iemoraran la lev, sino el que, conociendo la verdad, no la tradncîan en obras. 2. «No oyentes, sino * , eieentores dice el apôstol Santiago (1,22). Y sin permitir que nuestra comodidad interprete la ley para ejecutarla a nues­ tro gusto. SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 547 B. La norma prâctica de la caridad es la del amor al prôjimo. hombre ama a Dios. I. Se ama a si mismo porque se ve unido a Dios ; y a los demâs hombres, porque son participes de esa uniôn, incoada por la gracia y perfeccionada por la visiôn. 2. Es doctrina de Santo Tomâs (2-2 q.26). b) En otra Jorma: Amamos a Dios por ser quien es, y a los hombres y a nosotros mismos, por reflejar a Dios mediante la gracia. Consortes de su naturaleza e hijos suyos. Este amor ha de traducirse naturalm ente en obras. I. Y aquî es donde comienza la dificultad, porque siempre terminamos por amarnos mâs a nosotros mismos. a) 1. · Cuando nos preferhnos a Dios, llega el pecado. 2. · Cuando nos anteponenios desordenadamente al Prô/C mo, /alla la caridad. 2. Por eso conviene que dejeraos sentada claramente la doctrina del orden de la caridad, sobre todo en lo tocante al prôjimo, puesto que en cuanto a Dios no existe cuestiôn alguna. Dios sobre todo. La caridad bien ordenada comienza por uno mis­ mo. Principio cierto, al que Santo Tomâs dedica un articuio (2-2 q.26 a.4). Pero veamos en qué sentido. a) Es indiscutible que, en general, el hombre debe atnarse a si mismo mâs que a los demâs. Lo contra­ rio seria antinatural y, por lo tanto, imposible y malo. tLas inclinationes del amor de caridad, obra de la. gracia, no son menos ordenados que las in­ clinaciones del apetito natural, obra de la naturale­ za, puesto que unas y otras proceden de Dioss (2-2 q.26 a.6). b) Ahoia bien, salvada esta norma, el amor de caridad ama a Dios en dondeqniera que lo ve. Y alli en don­ de lo ve mâs prôximo y claro, lo ama mâs. c) Luego la norma del amor es clara: preferir lo que esté mâs cerca de Dios y, en igualdad de circunstanclas, preferirme a mi. H. Hemos llegado al nudo de la cuestion. A. 4 Qué esta mâs cerca de Dios, mi alma o la de mi prôjimo? Exactamente igual. Pues debo preferir la mia, y, por evitar que otro peque, nunca debo pecar yo (ibid., a.4). B. 4 Qué estâ mâs cerca de Dios, el aima de mi prô­ jimo o mi cuerpo? Su aima. a) Pues debo preferir su alma a mi cuerpo (ibid., a.5). I «SED MISER ICORDIOSOSi b) jY qué apiicaciones no puede tener este principio cuando yo vea a las aimas de mis prôjimos en grave peligro debldo a las necesidades materiales que yo pudlera remediar con moleslia propial C. iQué esta mâs cerca de Dios, el cuerpo de mi prôjimo o el mio? Los dos igual. a) b) •w- Entonces puedo, en igualdad de clrcuustancias, prefer inné a mi. Notemos que no se ha dicho tdebo , * sino tpuedot, porque a veces el sacrijicarme yo por salvar α mi prdjimo, que se encuentra en circunstanclas seme, jantes a las mias, puede servir de gran provecho a mi aima, que es lo primero que dentro de lo humano debe ser amado (ibid., a.4 ad 2). HI. Norma prâctica. A. Hemos estudiado la ley del amor. a) b) Los hombres querrian codificarla y clasificarla. Quizds moviô a los leôlogos en esa labor el deseo de salvar aimas y cxonerarlas en parte de las obligatio­ nes no cumplidas. B. Se ha habiado de tantos por ciento de la propia fortuna, cuyo reparto en hmosnas es obligatorio. Se nos dice que demos lo superfluo. a) jPero son soluciones oporlunas y cristianas totalmente T 1. {Quién ha de juzgar lo que es superfluo?, preguntaba Bourdaloue en la corte. {Τύ mismo? {Te lo parecerân esos lujos y carretelas, esas diversiones y alhajas que bastarian para sostener ana familia durante nrncho tiempo ? (cf. sermon del viernes de la 2.4 sem. Cuaresina [ed. Fermin Didot] t.2 P.27S). 2. {Qué tanto por ciento? {Pensô en ellos San Juan cuando mandaba que el que tuviese dos tûnicas diera una ? {Y el Senor cuando nos amô liasta dar la ùltima gota de su sangre ? Pues ése e» el modelo de amor que presentan el Evangelio y San Juan en los textos de hoy. b) Doctrina de San Agustin. suntuodigens pane (Prov. 12,9). so que carece de pan. Mejor es el pobre que anda en Melior est pauper, qui ambu­ lat in simplicitate sua, quam sene liez de corazôn que el de ladives torquens labia sua, et in- I foios perversos y fatuo, sipiens (ibid., 19,1), J Homo indigens misericors est: La misericordia es al hombre et melior est pauper, quam vir provechosa, y mejor es ser pobre mendax (ibid., 19,22). que menesteroso. j Mejor es el pobre que anda en Melior est pauper ambulans in simplicitate sua, quam dives | integridad que el rico de perver in pravis liiueribus (Prov. 28,6). sos caminos. * <· · ·♦.! LA GRAN CENA 55S Mellor est pauper et sapleni Mâs vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no t?a- rege sene et stulto, qui nescit praevidere in posterum (Eccles. be escuchar los consejos. 4,13). Melior est pauper sanes, et Mejor es pobre sano y inerte fortis viribus, quam dives Im­ que rico enferma y débil. becillis, et flageiiatns nialilla (Eccli. 30.11). Beati panperes spiritu: quo­ Bien aven tura dos los pobres de niam ipsorum est regnum cae­ espiritu, porque suyo es el reino lorum (Mt. 5,3). de los cielos. F) El MesîàSj defensor de los pobres y El mismo pobre Sino que juzgarâ en justicia al pobre y en equidad a los humildes de Ia tierra. Y herirâ al trano con los decretos de eu boca. y con su aliento matarâ al impio. Sed ludicabit in iastitia pau­ peres, et arguet in aequitate pro mansuetis terrae: et per­ cutiet terram virga oris sui, et spiritu labiorum suorum interficiet impium (Is. 11,4). He aqui que reinarâ un rey en justicia y gobernarân gobernaderes en juicio. Alégrate con alegria grande, hija de Siôn. Salta de jùb'lo, hija d·Jerusalén. Mira que viene a ti tu rey. justo y Salvador, pobre, montado en un asno, en un pollino hijo de asna. 2,No es acaso éste el car_intero hijo de Maria y el hermano de Santiago, de José, de Judas y dSimôn? sus Hermanns no ven aqui entre noootros? A loo hambrientos los Ueno dr bienes y a los ricos los despidio vacios. Eece in iustitia regnabit rex, et principes in iudicio prae­ erunt (Is. 32,1). Pues conocéis la gracia de nues­ tro Sefior Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por gu pobreza. I G) Exulta satis filia Sion, iubila filia Terusalem. Ecce rex tuus veniet tibi isstus, et salvator: ipse pauper, et ascendens su­ per asinam, et super pullum, filium asinae (Zach. 9.9). Nonne hic est faber, filius Ma­ riae. frater ïaeobl. et Joseph, et ludae, et Simonis? Nonne et sorores eius hic noblscum sunt? (Mc. 6,3). Esurientes implevit bonis; et divites dimisit inanes (Lc. 1,53). Scitis enim gratiam Domini nostri lesu Christi, quoniam propter vos egenus factus est. cum esset dives, ut iiliss inopia vos divites essetis (2 Cor. 8,9). LOS POBRES SON EVANGELIZADOS Los ciegos ven, los cojos anCaeci vident, claudi ambulant, dan, los leprose s quedan limpios, leprosi mundantur, surdi au­ los sordos oyen, los muertos re- diunt, mortui resurgunt, pau­ sucitan y los pobres son evange- peres evangelizantur aurum non deficien­ tem in caelis: quo fur non appropiat, neque tinea corrumpit (Lc. 12,33). dadVended vuestres bienes los en limosna; haceos boisas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos, adonde ni el ladrôn llega ni la polilla roe. Possessiones et substantias Pues vendian sus posesiones y vendebant, et dividebant ina haciendas y las distribuian entre omnibus, prout cniquc opus erat todos, segûn la necesidad de cada (Act. 2,45). uno. 2 Etenim si introierit in con2 Porque si entrando en vuesventum vestrum vir aureum an­ tra asamblea un hombre con aninutum habens in veste candida, llos de oro en los dedos, en traje introierit autem et pauper in magnifico, y entrando asimismo sordido habitu, 3 et intendatis in eum, qui Indutus est veste praeclara, et dixeritis ei: Tu sede hic bene: pauperi autem dicatis: Tu sta illic: aut sede sub scabeiio pe­ dum meorum. 4 nonne ludicatls apud vos. metipsos. et facti estls iudices cogitationum iniquarum? un pobre con traje raido, 3 fijâis la atenciôn en el que lleva el traje magnifico y le decis: Tû siéntate aqui honresamente; y al pobre le decis: Tû quédate ahi en pie, o siéntate ba­ jo mi escabel, ino juzgâis por vosotros mismos y venis a ser jueces per­ versos ? 4 seo LA GRAN CENA 5 Escuchad, hermanos mios carisimos: i No esccgiô Dios a los pobres segûn el mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos dei reino que tiene prometido a los que le aman? 6Y vosotros afrentâis al pobre. iNo son los ricos los que os oprimen y os arrastran ante los tribunates ? 5 Audite, fratres mei dilec. tlsslmi, nonne Deus elegit pau­ peres in hoc mundo, divites in Ode, et heredes regni, quod re. promisit Deus diligentibus se? β Vos autem exhonorasth pauperem. Nonne divites por potentiam opprimunt vos, et ipsi trahunt vos ad iudicla? (lac. 2.2-4J). SECCION IL C0MENTAR10S GENERALES SITUACION LJTURGICA Infraoctava del Corpus Llama la atenciôn en este Segundo domingo después de Pentecos­ tés el color blanco de los ornamentos con que se celebra la santa misa, y no el verde de los domingos ordinarios después de Pente­ costés. Este domingo es extraordinario por ser la infraoctava del Corpus Christi. Pero, si exceptuamos el color litûrgico, la segunda oraciôn y el prefacio, no queda otra cosa propia de la octava del Corpus Christi en la misa. La composiciôn de las fôrmulas litûrgicas son muy anteriores a la instituciôn de la fiesta del Corpus. De aqui que muchos comentaristas liturgicos han prescindido plenamente de este carâcter de in­ fraoctava de la Eucaristia y explicado todas las fôrmulas en su sentido literal. Puede, no obstante, la liturgia de hoy acomodarse muy bien a la Eucaristia. Schuster, en el Liber sacramentorum, dice que «la misa de hoy podria ser considerada como un bello canto de acciôn de gracias al amor de Dios». Se manifiesta este amor de Dios en la lectura de la epistola, donde San Juan nos dice que Dtos por amor nos diô a su Hijo, y en la del evangelio, donde se nos muestra preparando un banqueté para los elegidos. Pero el mismo amor deserito en la epistola y evangelio podemos verlo en la Eucaristia. Ella es la sintesis mâs acabada del amor, porque perpetâa la encarnaciôn y la redenciôn y habia a los hombres no solamente del amor de un Dios que envia a su Hijo, sino del amor del Hijo, que se entregô por la Iglesia. Por otro lado, cualquiera que viva de la Eucaristia poseerâ el amor al prôjimo, porque es «simbolo de unidad y vincul· de caridad». Y aqui estâ la relaciôn de la epistola con la Eucaristia. B) Evangelio Otro tanto diremos del evangelio. Es cierto que literalmente se refiere al banqueté del cielo, al que fueron invitados primeramente los judios y luego, al rechazar ellos la invitaciôn, los gentiles. Pero ·A Aplicaciôn a la Eucaristia A la luz de estas dos piezas centrales, epistola y evangelio, pueden también acomodarse todos los otros textos a la Eucaristia. En ella estâ el Senor, nuestra fuerza y protecciôn. Mirando el altar y el sagrario podremos repetir las palabras del introito : Hizose cl Sefior mi prolector y me saeô a la llanura y me salvô, porque me quiere (Ps. 17,19-20). Es la verdadera escuela del amor de Cristo, que debemos frecuentar para no ser abandonados y vivir en posesiôn del amor y temor del santo nombre de Dios. Nos purifica desligândonos de esta miserable tierra y elevândonos hacia el cielo (secreta). Por eso debemos manifestar nuestra profunda gratitud a Dios nuestro Sefior con las palabras de la «communio», tomadas del Salmo (12,6) : Canlaré al Sefior, que me diô bienes, y alabaré el nombre del Sefior Altisimo; y pedirle que la Eucaristia complete cada dia mâs en nosotros y realice el plan magnifico de la predestinaciôn de Dios sobre nosotros. Es, por tamo, muy propio de este domingo predicar a los fieles sobre las grandezas que se contienen en el misterio del sacramento, centro de nuestra vida cristiana. Al puebio hay que hablar mucho acerca de la Eucaristia. Y hay que presentaria en su relaciôn con toda la liturgia, porque ella constituye principalmente, bajo el aspecto de sacrificio, el cen­ tro de la misma. APUNTES EXEGETICO-MORALES A) a) Epistola Argumento Si subrayâramos los principales pensamientos del cuarto evange­ lio, tendriamos la Epistola primera de San Juan y toda una doctri­ na sobre el amor. En el capitulo 3 venia exponiendo la diferencia entre los hijos de Dios, observantes de la justicia y del amor, y los hijos de Satanâs, que, amigos del pecado, desconocen el «mandamiento nuevo» y se consumen en odios fratricidas, como Cain. No os extrade, pues, que nos odien (v.13). Podemos estar ciertos que ellos son los hijos de Satanâs y nos­ otros los de Cristo, porque nosotros amamos y ellos odian (v. 14-15). SEC. 2. COM ENT ARTOS GENERALES 563 Pero no nos contentenios con un amor de sôlo palabras, porque la verdadera caridad nos la ensenô Cristo al morir por nosotros. Socorramos, pues, al necesitado (v. 16.18). b) LOS TEXTOS 1. No os maravilléls, hermanos, si el mundo os aborrece Se desprende del versiculo anterior como deducciôn lôgica. Cain y los mundanos odian las virtudes ajenas. SI el mundo os aborrece, sabcd que me aborreciô a mi primero (lo. 15.18). San Juan recordaba el sermôn de la ùltima cena. En realidad, la lucha entre mundanos e hijos de Dios no es sino una proyecciôn terrena de la nids antigua entre los padres de uno y otro, de aquella que tuvo dos momentos culminantes en el paraiso y en el Calvario, y encontrarâ su desenlace cuando el Padre ponga a todos los enemi­ gos de Cristo como escabel de sus pies (Ps. 109,1). ^Causas naturales de esta enemistad ? No bastarian para explicar el odio perenne a Cristo y a su Iglesia. Pero dan la razôn psicolôgica de la envidia del malo al bueno, que ya viô el autor de la Sabiduria : Pongamos garlitos al justo, que nos fastidia y se opone a nuestro modo de obrar y nos echa en cara las infracciones de la ley. Prétende tener la ciencia de Dios y llamarse hijo del Senor. Es censor de nuestra conducta. Hasta el verle nos es insoportable, porque su vida en nada se parece a la de otros, y sus sendas son viuy distintas de las nuestras... Se aparta de nuestras sendas como de irnpurezas (Sap. 2,12-16). La semejanza engendra amor, y la oposiciôn, odio. Pero hay algo mâs hondo. El malo siente la nostalgia del bien y en su interior se avergüenza del pecado, aun cuando no lo confiese. La presencia del bueno, su necesario alejamiento de los senderos viciosos, son una ley viva que le echa en cara sus infracciones, una correcciôn iinplîcita permanente y un recuerdo de los bienes celestiales que pierde. Desea ineficazmente y, en vez de esforzarse, envidia y cubre con la apariencia de odio su deseo. 2. Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos San Pablo suele utilizar preferentemente los términos de hombre nueva. renatividad, etc., para referirse a la justificaciôn mediante el don ffsico, interno v permanente de la gracia. San Juan emplea la palabra vida con idéntico significado. Sabemos, pues, que vivimos en gracia, porque amamos a nues­ tros hermanos. (Es un signo de ello? Es efecto y signo. Efecto, porque San Juan se refiere (cf. epist. de la dominica anterior) no a un amor de filantropia, sino a la caridad, no poseida mâs que por quienes viven en gracia. Pero a la vez es signo. ; Acaso porque podamos comprobar fâ- 564 LA GRAN CENA cilmente si cl amor al prôjimo es elevado al orden sobrenaturdl por la gracia ? Algo pudiéramos colegir de ello, puesto que el objeto del amor de caridad nn es simplemente el prôjimo, sino Dios en él. Pero este anâlisis del objeto amado es lo suficientemente dificil para no poder servir de serial, a lo menos para todos. Hav otro camino mâs fâcil, el de la experiencia. En donde no reina el amor de Cristo no existe el de los hermanos. Para Juan era évidente. En su tiempo, el amor del judio se encerraba en las fronteras de su raza, y aun entre ella misma ni era equitativo ni universal. Para los romanos fué necesario que llegara el Evangelio a borrar las diferencias de esclavo y senor, etc. En el mundo de Juan, el amor era distintivo del cristiano. (Y en el nuestro? Al separarse de Cristo, 4 vive en el amnr? Capitalismo y comunismo. He aqui la respuesta que dan dos odios. La razôn teolôgica explica el hecho. No se puede ni aun cumplir toda la ley natural sin la gracia de Dios. Ahora bien, el amor al prôjimo, tal y como lo pide San Juan, £ no es uno de los mandamientos mâs dificiles y que en ocasiones llega a heroico? S. Quien aborrece a su hermano es homicida Para la lengua semita no hay términos medios : el que no ama, aborrece ; y para Juan tampoco creemos los hubiese. Por lo tanto, do parece exagerado suponer que Hama homicidio no sôlo al odio, que lo es en potencia, sino a la falta de amor. Dejar de socorrer al necesitado es dejarle morir. Y, siendo e! homicidio gravisimo pecado, quien lo comete no vive en la gracia de Dios. 4. En esto hemos conocido la caridad Conocimos el amor de Cristo por sus obras, y hemos conocido lo que es la caridad al ver cômo la ejerciô Jesûs. El diô la vida y nosotros debemos darla sin buscar beneficio propio. Si, pues, estamos obligados a arriesgar la vida, 4 qué no debemos hacer con nuestros bienes? Segûn A Lapide, la palabra substantiam de la Vulgata (bienes en Nâcar-Colunga) debiera haber sido victum, comida. «De este lugar deducen muchos doctores que el precepto de la limosna es obligatorio, y no sôlo en los casos de extrema, sino de grave necesidad, hasta el punto de que el rico debe dar no sôlo lo que le sobra, sino lo que es necesario para su estado en el caso de que pudiera librar al prôjimo de una grave incomodidad sufriendo él otra menor, pues la palabra griega β·/>ς no se restringe sôlo a lo que sobra. sino que abarca también lo necesario». Leontino cuenta en la vida de Juan el Limosnero que, si ere alabado por la abundanda de sus iimosnas, contestaba : «Aun no he dado la vida por él, como me lo mandô el Senor». 5. No amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad Palabras del apôstol «carifioso», que definen exectomente el amor, el cual no se traduce necesariamente en devociôn sensible, pero es inseparable de las obras, muy distintas de las «buenas razones». SEC. 2. COMENTARTOS GENERALES c) La 565 LECCIÔN 1. Il amor y las obras El amor tiende a consideror al amado como o su propia persona, de donde fluye como el primer efecto, que se le desee todo lo que yo apetezco como bien y se intente librarie de lo que juzgo mal (cf. Sum. Thcol. 1-2 q.2S a.2 y q.66 0.6). Por ende, donde hay verdadero amor debe haber efectividad. El amor egoista no es un amor de omistad. Quien orna o Dios y a sus hermauos, si ama en verdad, debe amar en obras. 2. Dar U vida Si el amante considera al amado como a su misma persona, el niôdnlo de la beneficencia debe ser ceomo a ti mismos. No mâs que a ti mismo. Por ello podremos estar obligados a poner en peligro nuestra vida, pero no a entregarla. Ahora bien, donde no llega la obligaciôn pnede llegar la caridad, como llegô la de Jesûs. 3. Dar los bienes Es dificil y no aconsejable andar con tantos por cientos que midan obligaciones. La mejor medida es la caridad y leer con sinceridad la Épistola de San Juan. odio, pecado gravisimo Sobre estos puntos véanse los textos. iH B) a) Evangelio OCASIÔN HISTÔRICA Terminada la evangelizaciôn de Galilea, el Senor recorriô duran­ te algunos meses, y acechado siempre por sus enemigos, la Judea. En cierta ocasiôn, estando en la comarca de Perea, al este del Jor­ dan, fué invitado por un fariseo principal, probablemente jefe de la sinagoga y observante de la costumbre rabina de invitor a los maes­ tros de la ley. San Lucas nos hace ver cômo actuaba el Senor en los actos comunes de la vida. Atento a todo, aprovecha cualquier ocasiôn para dejar caer su doctrina. Al sentarse los invitados, por ejemp'.o, comienzan, como buenos fariseos, a discutir sobre la primocia en sus asientos respectives, y el Senor, que los ve, se dirige a los suyos y les dice : cCuando os inviten, no busquéis nunca el primer puesto». A continuaciôn, y quizâs porque los asistentes hubieran oido algo, se dirige al anfitriôn : «Y tû no convides sôlo a personas que te puedan corresponder, sino también a los pobres, para que tengas tu recompensa en la resurrecciôn de los justos». Oyendo esto y, por tanto, refiriéndose al banqueté celestial, y como qu:en pretende decir también su palabra piadosa, uno de los asistentes interviene : Dichoso el que conic el fan en el reino de Dios. Naturalmente que él pensaba comerlo. La respuesta de’. Senor es otra lecciôn. No basta ser judio para entrer en ese banqueté. Es 555 LA GRAN CENA necesario cooperar a la llamada y vencer los obstâculos que normalmente se suelen presentar. La pregunta nos ha dado, por lo tanto, el sentido genuino de la parâbola, pero no ha excluido, ni mucho menos, el mesiénico. El banqueté puede muy bien referirse al reino futuro, antesala e incoaciôn del celestial, que lo ha de continuar. Los llamados y elegidos pare uno y otro son los mismos. San Mateo transcribe otra parâbola gemela en la que se afiade algùn nuevo detalle. El que invita es un rey, cuyos repetidos mensajeros son asesinados, y al final uno de los pobres que acudieron es expulsado de la sala por no llevar el vestido en condiciones. En San Mateo, le parâbola es por completo mesiûnica y se refiere al repudio del pueblo judio, formando un todo con la de los vinadores homicidas, etc. iSon una sola? ^Son diferentes? Se ha discutido mucho, pero ^qué inconveniente hay en que el Sefior repitiera sus ensefianzas y, al hacerlo, variase algûn detalle, segûn que el momento lo exigiera? En cuanto e nosotros, como quiera que el texto de San Mateo se lee en la dominica décimonona después de Pentecostés, prescindiremos dei aspecto mesiânico al seleccionar los diversos autores, cifiéndonos a los demâs sentidos admisibles, y en cuanto al texto seguiremos escuetamente a San Lucas. (Véase La Palabra de Cristo t.8 p.3 ss.) b) La parAbola 1. Un hombre hizo un gran banqueté Una cena, segûn el texto de San Lucas, δείπνον. De la magnificencia de estas cenas orientales tenemos ejemplos sobrados en la Biblia. Véase, v. gr., el banqueté de Asuero (Esth. 1,1-8) y el del hijo prôdigo (Le. 15,23). A mayor senor, mayor nûmero de invitados, y se media la largueza del huésped por eî nûmero de ellos, y se consideraba serial de desafecto el no asistir. Por eso invitô a inuchos. 2. A la hora del banqueté enviû a su siervo Era costumbre general, y no exclusive de los hebreos, invitar dos veces, una con antelaciôn y otra inmediatamente. Suprimir una persona en la segunda invitaciûn constitute una ofensa, que equivalia a borrarle del nûmero de comensales, como también lo era, y muy grave, rechazar este segundo mensaje. San Lucas, aunque no tan claro como San Mateo, indica esta dnplicidad de mensajeros. 3. Todos unûnimemente comenzaron a excusarse La descortés ingratitud resalta : porque se excusan cuando ya estâ preparado todo y después de haber aceptado las primeras invitaciones ; porque lo hacen unânim emente, lo cual indica que, si no se pusieron de acuerdo explîcitamente, por lo menos concordaban en su modo de pensar ; y, finolmente, por lo vano de las excusas, que no pasan de pretextos fûtiles. SEC, 2. CUMENTARIOS GENERALES 567 I 4. Ile comprado un campo y tengo que salir a verlo. La fôrmula te ruego me des por excusado no puede enganar a na­ die. Siquiera el recién casado fué mâs franco : No puedo ir, a secas. El benor uo adujo los motivos de excusa sin haoerlos ponderado. En très frases, tomadas de la vida corriente, sintetizô los cuidados temporales y sensuales, que, sujetando al hombre a la tierra, le impiden pensar en el cielo. ^Cuâles, si no ellos, impidieron a ‘.os fariseos seguir al Senor ? Eran soberbios, pero ademâs amaban el dine­ ro y, con pretexto de rezar, esquilinaban a las viudas. Se hace dificil suponer en ellos una castidad integérrima, que desde luego faltô a otros perseguidores del Senor. 5. El amo de casa, irritado Comienza el segundo acto de la parâbola. El primero contrapone la munificencia del Senor y la ingraritud de sus amigos. En el se­ gundo, la esplendidez no desaparece, pero cambia de objeto. El ami­ go es raido del recuerdo del Senor, y la invitaciôn se extiende a los mâs lejanos y desconocidos. Justo es que la niagnificencia céda el peso a la ira. 6. Sal a prisa a plazas y calles Si ha llegado la hora de la cena en la que quiero demostrar mi largueza, no es cosa de que los manjares se desperdicien. Busca por las esquinas a los tullidos..., a los que nadie creia dignos del lujo de mi casa, pero que por lo menos viven cerca de ella, y hazlo de prisa, que mi buen deseo no consiente demoras. El cotejo de los principes de los judios con el pueblo sencillo salta a la vista. 7. Estâ hecho lo que mandaste y aûn queda lugar Estâ hecho: rapidez de los apôstoles en predicar el banqueté. 4tin queda lugar: empeûo de Jesûs en recalear la amplitud de la cena y esplendidez del dueâo. 8. Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar Esto es, fuera de Israel, fuera del pueblo, y obliga, no forzando su libertad, sino con tal insistencia de ruegos y fuerza de rezones que acudan todos. 9. Para que se llene mi casa i Quién le autoriza al pueblo judio para reducir de tal modo el reino mesiânico? Aûn qucda mucho lugar y ha de llenarse todo. La generaciôn de Abrahân sera tan numerosa como las estrellas del cie­ lo, el reino de David no tendrâ limites, ^cômo, pues, coartarlo a una raza diminuta en la extensiôn dei mundo? 10. Ninguno de a quelles que habian sido invitados gustarâ mi cena Generoso el Sefior, tiene, sin embargo, conciencia de su digni, SEC. 2. COMÇNTARIOS GENERALES 571 es el que dice : Pues os he Uaniado, y no habéis atcndido..., antes desechastels todos mis consejos y no accedistcls a mis requerhnientos, también yo me rciré de vuestra ruina (Prov. 1,23-26). Y retirândonos el talento que no quisinios hacer producir, se lo darâ a otros que pueden y quieren aprovecharlo. I Ay de nosotros si, como el criado que volviô para contar al senor que habia sido despreciado su aviso, tenemos un dia que presentarnos ante Dios para decirle que tantes gracias externas e interiores como hemos recibido han sido inûtiles ! '.· · ·.· -, : -■*· . . SECCION III. SANTOS PADRES SAN JUAN CRISOSTOMO I. El banqueté eucaristico Uno de los puntos en que mâs insiste San Juan Crisôstomo es en el impedimento que representan las riquezas para ir a Dios ; pero, como ya hemos insertado numerosos lugares acerca de este asunto, hoy no insistiremos sobre él. Preierimos escoger la Hornilia 24 sobre la Epistola primera a los Corintios (PG 33,203-206' y la H< milia 83 sobre el Evangelio de San Mateo (PG 30,743-746). A) a) El cuerpo de El gran banqueté Cristo, vencedor de la muerte “A este cuerpo le cabe, no ser ya polvo y ceniza ni cautivo, sino libre; por él espero el cielo y los bienes que alii me aguardan, la vida inmortal a modo de los ângeies y en la compafiia de Cristo; este es el cuerpo que, azotado y crucificado, no pudo ser vencido totalmente por la muerte. Cuando el sol lo vio en la cruz, escondiô sus rayos, el vélo se rompiô, las piedras saltaron y la tierra temblô. Este és el cuerpo que, abierto por una lanza, manô fuente saludable de agua y sangre para todo el mundo”. iQuieres conocer su poder? Preguntasselo a aquella mujer que fué curada con solo tocar la orla de su vestido; pregùntaselo al mar, que lo sostuvo sin hundirse sobre su superficie; pregùntaselo al demonio, a quien ha hecho perder su poder y fuerza; pregùntaselo a la madré tierra, que estuvo ansiosa por devolver al mundo lo que no era capaz de sujetar, porque no habia nacido de ella. b) La caridad y el fervor en la comuniôn eucarîstica Acerquémonos con fervor y caridad para no ser castigados, porque, si fuésemos indignos del beneficio, cuanto mayor sea éste, tanto mayor serâ el castigo. Los Magos le adoraron reverentes viéndole en un pesebre. Imita a aquellos hombres, venidos de tan lejos, tû, que encuentras a SEC. 3. SS. PADRES. CR ISOS ΓΟΜΟ 573 Cristo no en un tugurio, sino en un altar; no en brazos de una mujer, sino ante un sacerdote, mientras el Espiritu Santo vuela sobre la reuniôn repartiendo bienes abundan­ tes. "Acerquémonos prudentemente, porque, asi como acercarse sin cuidauo es nano peugroso, también jcd a^udir a esta mistica cena es hambre y muerte”. Comes a tu Dios y Senor “Esta mesa es la fuerza del alma, la robustez del enten­ dimiento, la causa de nuestra confianza, esperanza, salud y vida nuestra. Si de este sacrificio subimos al cielo, entra­ remos por las puertas confiados y como vestidos con âurea armadura. Pero 4 para qué voy a hablar del futuro, si este misterio convierte en cielo a la misma tierra? Abre las puer­ tas del cielo y mira... 4Qué es lo que encuentras alli de mâs hermoso? Pues yo te lo enseûaré en la tierra. Porque asi como en la casa del rey no son los muros ni sus techos, sino la persona real la que la embellece, asi en el cielo lo mâs hermoso es el cuerpo del Sefior. Pues aqui lo tienes en la tierra. No te ensefio en el altar los ângeies ni los arcângeles, sino al Senor de todos ellos... Lo ves; no sôlo lo ves, sino lo tocas; no sôlo lo tocas, sino lo comes y con El dentro de ti vuelves a tu casa” (cf. Hom. 24 sobre la prime­ ra a los Corintios 5: PG 33.204). d) Cristo, el gran Sacerdote “No son obras del poder humano. El que preparô aquelia cena (la ùltima) prépara también ahora ésta. Porque aun cuando utilicemos el orden sacerdotal, el que santifica y transubstancia el pan es el mismo Cristo. No haya, pues, ningùn Judas, ningùn avaro; si hay alguno que no sea dis­ cipulo, mârchese, porque el Senor celebra con los suyos esta Pascua. Esta es nuestra cena, que no se diferencia en nada de aquella otra; y si alli la hizo Cristo, no es aqui un hom­ bre el que convida, sino el mismo en una y otra”. Se levantaron los apôstoles para ir de alli al monte de los Olivos; levantémonos nosotros de este banqueté para ir a buscar las manos de los pobres, que son las olivas de la Iglesia (cf. Hom. 82 in Ml.: PG 3O,Ï44,5). LA QRAN CENA yri B) Los deseos mundanos y la Eucaristia a) Prépara tu casa Limpia tu aima, prépara tu mente para recibir este mis­ terio. Si te entregasen al hijo del rey, con su pùrpura y diadema, para que lo llevaras en brazos, arrojarias cuanto tuvieses en ellos. No es el hijo del rey, es Dios mismo el que recibes. “Dime, 2, no aborrecerâs, no arrojarâs todo deseo y amor de cosas seculares para gloriarte sôlo con El? 4T0davia miras a la tierra, todavia amas el dinero y suspiras por el oro? 4Y quieres encontrar perdôn y excusa? 4No sabes cômo aborrece Dios toda magnificencia secular? 4No lo has visto nacido en un pesebre, de madré humilde...? Si lo pensamos sabiamente, veremos que este mundo no es digno de nosotros. Por lo tanto, adornad vuestra aima, preparad vuestra casa” (cf. Horn. 24 sobre la primera a los Corintios: PG 33,204,5). “Obedezcamos, pues, a Cristo y no le contradigamos, aun cuando lo que nos dice parezca opuesto a nuestra inteligencia. Prevaiezca su palabra sobre la razôn, y, aplicando taies cosas a este misterio, no miremos sôlo lo que se ve con los sentidos, sino recordemos las palabras del Senor. Estas no pueden euganar; nueatros sentidos si; ellas no pueden fallar, nuestros sentidos si, y puesto que El dijo: Este es mi cuerpo, aceptemos, creamos y miremos con los ojos espirituales”. Cnsto utiliza cosas sensibles para administrar gracias espirituales. Si hubiésemos sido incorporeos, no hubiera necesitado unir la gracia al agua bautismal. 4 Qué me dices, que quieres conocer la figura y fisonomia del Senor? Algo mâs puedes hacer: comerle. Deseas ver sus vestidos, y El se te da a si mismo. C) a) La union eucaristica Uniôn hipostâtica y uniôn eucaristica En la union hipostâtica se uniô con la naturaleza hu­ mana; en la eucaristica, con todos y cada uno de nosotros. i Quién podrd contar el poder del Seüor y hacer oir sus alabanzas? (Ps. 105,2). “4 Qué pastor hay que alimente a SEC. 3. SS. PADRES. CRISOSTOMO 575 sus ovejas con su cuerpo?... Considera cômo Cristo naciô de nuestra substancia. Me dirâs que esto no se refiere a to­ dos. aun cuando si que se refiere en cierto modo, porque, si vino a nuestra naturaleza. vino a todos, y si vino a todos, vino también a cada uno. Pero £cômo—seguirâs preguntando—no recibieron todos el fruto? De eso no hay que cul­ per al que vino por todos, sino a los que no le quisieron recibir. A todos los fieles ha venido y se uniô por este misterio, v a los que engendré los alimenta con su nropia car­ ne”. àPor qué, pues, no corremos a Cristo? 1No ves con oné impetu buscan los ninos el pecho de sus madrés? (cf. Hom. 82 in Mt.: PG 30,743,4-5). b) Separaciôn de los indignos Piensa cuânto nos indignamos contra Judas y los verduços del Senor. Pues ten cuidado no te hagas tu reo del mismo delito, poraup ^«nélloq dp^tmzaron el sagrado cuer­ po. v tû lo haces también después de haber recibido tantos beneficios. Quieres otro mavor que no haberse contentado cnn sufrir con nosotros y llegar a darnos su propio cuerpo? 2Y no temprâs recibïr de cualquier manera al que los ângeles temen? (Ibid., 743.5). Esto se lo digo no sôlo a los fieles, sino a los sacerdotes. Recibiréis gran castigo si admitis a pecadores publions a la sagrada comuniôn. “Se os τ-eclamarâ la sangre de Cristo de vuestras manos. Aunque el que se acerque indignamente fuese un jefe 0 un prefect©, aunque llevase la misma dia­ dema mal, tu tienes en esto un poder mayor oue él... Esta es tu dignidad, tu spguridad y tu corona: haber sido honrado nor Dios con el careo dp iuez y no ir vestido con tu alba blanca v brillante... Me refiero a los pecados conocidos, no a los ocultos, y os he de decir algo mâs horrible todavîa, a saber, que no es tan grave permitir que entren los endemoniadn«s como consentir que ésfos. a quienes se refiere San Pablo ÎHebr. 10.29). pisoteen a Cristo, traten como a co^a b^ia la sangre dei Testamento e injurien la gracia del Es­ piritu Santo. El que comulga en pecado es peor que un endemoniado. norque éste no pasa de ser un pprseguido del dnmonio... Terne a Dios, no a los hombres: si tpmes a éstos, El se rpirâ do ti; si ternes a Dios, hasta los hombrps te hnnrarân. Si no te atreves, llâmame a mî. que vo lo impediré. Antpg perderé la vida que dar la sangre del Senor a un indigno, v antes derramaré la mia que dârsela al qup no la merece. Nada de esto lo digo para asustar o atemorizar, sino nara enmendar y corregir a aouellos cuyo cuidado me ha sido encomendado” (ibid., 743,5-6). LA GRAN CENA 576 Π. SAN AGUSTIN Explication de la parabola A) El santo Doctor ve en la triple excusa de los invîtados a la cena un simbolismo espiritual, cuya fuerza aleccionadora desenvuelve en el sermon que transcribimos, pronunciado probablemente entre el 412 v el 420 (cf. Serin. 35 : BAC, Obras de San Agustin t.7 p.436-448). a) La granja: la soberbia “Los invîtados rehusaron venir con diversos pretextos. 2Qué pretextaron? Très cosas... 4 No son los mismos pré­ textes que detienen hoy a los que rehusan venir a esta cena? 4L0 son o no? Busquemos, indaguemos, para ver de hallarlos y guardarnos de ellos. La compra de la granja es el espiritu de dominaciôn. Aqui, pues, el Salvador flagela el orgullo; porque tener una granja. vivir alli, consagrarse a ella y hacer de capataz y de senor es cosa de orgullo, vicio malo, vicio capital. El primer hombre quiso, en efecto, dominar; no quiso tener senor: pues ; qué significa do­ minar sino gozar de autoridad propia? Por cima de nos­ otros, sin embargo, hay un poder mayor. Sujetémonos a él si queremos vivir seguros. He comprado una granja; te ruego que me des por excusado... (Le. 14,18). Este habia tropezado en la soberbia y rehusô la invitaciôn”. b) Las cinco yuntas: la curiosidad de los sentidos 1. Fe y sentidos "Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes (ibid., 19). 4N0 hubiera sido bastante decir: He comprado unos bueyes?” Hay, sin duda, aqui un misterio, cuya obscuridad es acicate para desentranarle; puerta cerrada que nos estâ diciendo: Llamad. Las cinco yuntas de bueyes son es­ tos cinco sentidos corporales... qué decir yuntas de bueyes? Porque los sentidos carnales se ocupan de las co­ sas terrenas, asi como los bueyes en remover la tierra. Hay hombres tan alejados de la fe, dados a lo terreno y entre· gados a lo camal, que se niegan a creer cosa alguna si no les entra por alguno de los cinco sentidos corporales, que para ellos son las cinco normas ùnicas de gobierno para la voluntad. “Yo—dice—no creo sino lo que veo. Esto es blanco, aquello es negro; esto, redondo; aquello, cuadrado. Si es un color u otro, eso lo conozco, lo percibo, estoy ee- SEC. X. SS. FABRES. SAN AGUSTÎN 577 guro, porque la misma naturaleza me lo ensena. Ninguna fuerza me harâ creer asî lo que no puedas meterme por los ojos...” 1 . 2. Impedimento de la fe “Del mismo pie cojeaba Tomâs el apôstol, que a nropôsito del Senor Cristo, es decir de la resurrecciôn de Cristo, ni de los propios ojos queria fiarse... Bienaventurados, dijo el Seiior, los que no vieron y cr.eyeron (lo. 20,25-29). Por lo oue a nosotros hace, no hemos encontrado en ello dificultad alguna para asistir a la cena... Diô a sus discipulos una cena, consagrada por sus propias manos. Nosotros no asistimos al festin aqupl. nero tnHos los dias comemos con fe la misma cena. No tengâis a dicha grande haber asistido a la cena aquella sin fe. Mejor es la fe ahora que la perfidia de entonces. No estuvo alli Pablo, mas creyô; estuvo alli Judas, que le vendiô...” 3. El testimonio de los sentidos, msuficiente para la salud “iDe donde le vino al Senor tan de molde la ocasiôn de hablar de esta cena? De haber dicho uno en un festin adonde habia sido él convidado: /Dichosos los que comen pan en el reino de Dios! (Le. 14.15). Susniraba éste por algo, a su parecer, lejano, cuando el pan mismo estaba delante, a la mesa. El pan que se corne en el reino de Dios, ;.no es el mismo que dice: Yo soy el pan vivo que bajô del cielo? (lo. 6.41). No apercibas la boca; apercibe el corazôn. La verdadera entidad de nuestra cena estâ en que nosotros, cuando recibimos a Cristo, creemos recibir a Cristo; la recepciôn es la exteriorizaciôn de nuestra fe. No le pedimos su testimonio a los sentidos. El deseo de comprobar y ver serian nuestras yuntas. Las de la parâbola no simboüzan el placer, sino la curîosidad... No se dice: "Comprado he cinco yuntas de bueyes y voy a pacerlas”, sino a probarlas. Quien trata de probar quiere salir de dudas por medio de las yuntas—o sentidos—, como Tomâs por medio de las suyas...” *. , c) La sensualidad de la carne Esta es la sensualidad de la carne, que retrae a muchos de asistir a la cena, y ;ojalâ fuera solo exteriormente y no aleiase también sus corazones! Algunos, en efecto. dicen: ";No hay modo que un hombre lo pase bien si le faltan los placeres de la carne!” Son los aue dicen, segûn el Apôstol: Comamoa y bebamos, que manana moriremos (1 Cor. 15,32). :Quién ha venido de alla? £ Quién nos ha dicho lo que allâ La Piïdbra de C. 5 LA GRAN CENA 578 pasa? Solo llevamos por deiante lo que disfrutamos aca. Quien tai dice, ha tornado mujer. Abrazado a la came, no siente mâs deleites que los sensuales y excùsase de asistir a la cena. Mas £no perecerâ de hambre interior? Escuchad a Juan, apôstol y evangelists santo: No querâis amar el mundo ni las cosas que hay en el mundo (1 lo. 2,15). ;0h vosotros los que venis a la cena del Senor, no querâis amar al mundo ni a las cosas dei mundo! No di jo: “No querâis tenerlas”, sino: “Nn «up’-nîq ambrins”. Τύ las tienes, las guardas y las amas. El amor de lo terreno es liga para las alas del espiritu. iLo deseaste con avidez? Te pegaste. i Quien te darâ unas alas como de paloma? ^Cômo has de volar al reposo verdadero si, para tu mal, quieres reposar en la liga que te aprisiona? No querâis amar el mundo. Trompeta divina que resuena incesantemente e incesantemente estâ diciendo al universo: No querâis amar el mun­ do ni lo que hay en el mundo. Quien ame al mundo, la ca­ ridad del Padre no esta con él, porque todo lo que hay en el mundo es concupiscenda de la came, y concupiscenda de los ojos, y ambidôn dei siglo (1 Ιο. 2,15-16). Este apôstol comienza por dond» termin'1 d Evaneelio: concupiscencia de la carne: He tornado mujer; concupiscencia de los ojos: He comprado dnco yuntas de bueyes; ambiciôn dei siglo: He comprado una granja”. d) Nadte tarde en acudir a la cena "Dejémonos, pues, de malas y vanas excusas y vayamos a esa cena que nos engruesa interiormente. No sea la altaneria dei orgullo impedimento para ir al festin, elevândonos jactanciosamente, ni una curiosidad ilicita nos apegue a la tierra, distanciândonos de Dios, ni estorbe la sensualidad a las debcias del corazôn. Acudamos y nutrâmonos. ^Quiénes vinieron a la cena sino los mendigos, los enfermos, los cojos, los ciegos? No vinieron a ella los ricos sa­ nos, es decir, los bien hallados, los listos, los presuntuosos, tanto mâs sin remedio cuanto mâs soberbios. Vengan los pobres. Los invita quien, siendo rico, se hizo pobre por nos­ otros, a fin de enriquecer con su pobreza a los pobres (cf. 2 Cor. 8,9). Vengan los enfermos, porque no han de tener médico los sanr»s. s>no lo<; que andan mal de salud (Mt. 9 12), Vengan los cojos y diganle: Acomoda mis pies a tus caminos (Ps. 16,5). Vengan los ciegos y digan: Alum· bra mis ojos para que nunca me duerma en la muerte (Ps. 12 4). Taies fueron los que llegaron a la hora en punto, mientras, por sus excusas, eran rechazados los primeramente llamados. Cuando, pues, a la hora en punto llegaron de SrtC. 3. SS. PADRES. SAN AGUSTIN las plazas y suburbios y entraron, el siervo enviado a buscarlos dijo: Senor, hecho se ha lo que mandaste, y aun sobra lugar. Sal, le dice, a los caminos y a los cercados, y a los que hullares obligalos a entrar (Le. 14,22-23). A los que hallares, no esperes se dignen venir. Obligalos a entrar. He aderezado una gran cena, he dispuesto una gran casa, y no sufro quede lugar alguno vacio. De las plazas y de los euburbios vinieron los gentiles; vengan de sus cercados los herejes; aqui hallarân la paz. Cercar, ^no es dividir? Trâigaselos por la fuerza de sus cercados, que se los arranque de los espinos. Se han enredado en las bardas y no quieren se les haga fuerza: “Ya entraremos—dicen—si queremos”. No. No es ésa la imperiosa voluntad del Senor. Fuérzalos, dice, a entrar. Si entran por necesidad, ya les nacerâ la voluntad”. B) La comida eucaristica Trasladamos parte de los tratados 26 y 27 de los comentarios al Evangelio de San Juan, algunos de cuyos pârrafos figuran en el breviario durante la octava del Corpus. Las expresiones que leemos en San Agustin no quieren decir que el comer del cuerpo de Cristo sea algo simbôlico, que consista en unirse a El por la fe, etc., sino que se refieren a la distinciôn existente entre comulgar provechosa o nocivamente. CornuIga en el primer sentido el que se une a Cristo. Por eso dice que comer a Cristo consiste en unirse a El (cf. PL 35,1611-1619). a) COMUNIÔN NOCIVA Y COMUNIÔN PROVECHOSA “Vuestros padres, dice el Senor, comieron el manà en el desierto y murieron... (lo. 6,49). i'Cômo comieron y murieron? Porque creian lo que veian, pero rechazaban lo que nu veian, y por eso son vuestros padres, porque os asemejâis a ellos. Pues decidme, hermanos, ^acaso nosotros, los que comemos este pan que bajô del cielo, no morimos también visible y corporalmente? En cuanto a la muerte corporal, visible y carnal, murieron ellos y moriremos nos­ otros. Pero en lo que toca a aquélla otra muerte con la cual nos amonesta el Senor, y que alcanzô a los padres de los judios; en cuanto a esa muerte, comiô el manâ Moisés, comiôlo Aaron, comiéronlo muchos de los que compiacian al Senor, y no murieron. ^Por que? Porque comieron aquel manjar visible de un modo espiritual, y lo comieron espiritualmente y espiritualmente lo gustaron, para saciarse espiritualmente. También nosotros hoy tomamos una comida visible, pero distingamos el sacramento y la virtud dei sacramento. jCuân- I ( I I I. 580 tos comen de este altar y mueren, y comiendo mueren! Por eso dice el Apôstol: Comen y beben su propio juicio (1 Cor. 11,29). iNo fué acaso el bocado dei Senor veneno para Ju­ das? Y, sin embargo, lo recibiô, y, cuando lo recibiô, entré dentro de él el enemigo, pero no porque recibiese algo malo, sino porque el que era malo recibiô malamente lo bueno. Cuidad, pues, de comer el pan celestial espiritualmente y acercaos inocentes al altar” (cf. Tract. 26,11: PL 35,1611). b) INCORPORACIÔN A CRISTO Cristo, vida dei mundo “Yo soy el pan vivo bajado del cielo (lo. 6,51). Y precisamente vivo porque he bajado del cielo. Bajô del cielo el mana, pero era una sombra, y este pan es la verdad. Si alguno corne de este pan, vivird para siempre, y el pan que yo le duré es mi carne, vida dei mundo (lo. 6,52). iCômo podrâ entender la carne que ai pan se le llame carne? Se le llama carne, y la carne no lo entiende... Asustâronse de ello y, pareciéntloles exormtante, dijeron que no podia acaecer. Y el Senor dice: Jfi came es la vida dei mundo." 2. Para vivir de Cristo hay que pertenecer a su Cuerpo mîstico ‘‘Los fieles conocen el cuerpo de Cristo si no descuidan pertenecer a él. Convertirse en cuerpo de Cristo es querer vivir del espiritu de Cristo. Del espiritu de Cristo no vive 3' mâs que el cuerpo de Cristo. Entended, hermanos mios, lo que os digo. Eres hombre, tienes espiritu y cuerpo... Dime quién vive y de quién. £ Vive tu espiritu del cuerpo o el cuerpo del espiritu? Me responderâ todo el que esté vivo, y si no me respondiere, dudaria yo de su vida. iQué me res­ ponderâ, pues, el que vive? Me dirâ ciertamente: Mi cuer­ po vive de mi espiritu. ^Quieres tu vivir del espiritu de Cristo? Pues has de pertenecer al cuerpo de Cristo, <,Acaso mi cuerpo puede vivir de tu espiritu? El mio vive de mi es­ piritu, y el tuyo del tuyo. Pues del mismo modo el cuerpo de Cristo no puede vivir mâs que del Espiritu de Cristo. Por eso San Pablo, hablando de este pan, dice: Somos mu­ chos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese ûnico pan (1 Cor. 10,17). iOh sacramento de la piedad, oh signo de la unidad, oh vinculo de la caridad! El que quiera vivir ha encontrado la vida. Acérquese, créa, incorpôrese, y sera vivificado. No aborrezca unirse al conjunto total de loe miembros. No sea miembro gangrenado que merezca cortarse, no sea dislocaciôn de que hay que avergonzarse. Sea herraoso, sea apto, sea sano, ùnase al cuerpo vivo de Dios SEC. 3. SS. PADRES. SAN AGUSTÎN 581 y para Dios, trabaje ahora en la tierra para reinar después en el cielo” (ibid., 13: 1612). 3, No hay vida eterna sin el pan de Cristo “Disputaban entre si los judios diciendo; &Cômo puede este (larnos a corner su carne·) (lo. 6,53). Disputaban entre ellos porque no entendian este pan de la concordia ni querian tomarlo, pues el que lo come no disputa, porque somos un solo part, un solo cuerpo, y por medio de él da Dios casa a los desamparados (Ps. 67,7)” (ibid., 14: 1613). El Senor no les explica el modo, smo que insiste en 6ii afirmaciôn. Ignoran cômo habrân de comerle; pero, si no lo hacen, no tehdrân la vida. "No hablaba el Senor a cadâveres, sino a gente viva, y, por lo tanto, para que no crean que se refiere a la viua terrena, les dice a continuation : El que come mi came y bébé mi sangre tendra la vida eterna (lo. 6,55). No tiene esta vida el que no corne este pan o bebe esta sangre, pues ciertamente que sin hacerlo pueden los hombres gozar de la vida temporal, pero de ningun modo de la eterna. Asi, el que no coma esta carne ni beba esta sangre no tendra la vida, y el que la coma o la beba la ten­ dra. Una y otra cosa se indican con la palabra eterna. No ocurre lo mismo con la comida que tomamos para sostener la vida temporal, porque el que no come de ella no vive, pero el que la come no por eso vive, pues puede ocurrir que por vejez, enfermedad u otra causa cualquiera, mu­ chos de los que comen mueran. Pero en esta otra comida y bebida, a saber, en el cuerpo y sangre de Cristo, no ocurre lo mismo, porque el que no la come no tiene vida, pero el que la corne la tendra ciertamente y eterna” (ibid., 15: 1613). 4. El sacramento de la unidad “Quiere (el Senor) que entendamos por esta comida y bebida la union Bel cuerpo y de sus miembros, formada por la santa Iglesia con los predestinados, llamados, justificados, glorificados y fieles. Lo primero, esto es, la predesti­ nation, ya ha tenido lugar; lo segundo y lo tercero, a sa­ ber, la vocation y la justification, ocurre y seguirâ ocurriendo; lo cuarto, la glorificaciôn, lo poseemos en la es­ peranza ahora y en la realidad en el futuro. El sacramento de todo ello, 0 sea, de la unidad, el cuerpo y sangre de Cris­ to, es recibido algunas veces a diario, otras a intervalos en los domingos, en que se prépara la mesa del Senor y comulgamos de ella, para la vida unos, y otros para la muerte. El objeto (res) de este sacramento, en cambio, sirve a to­ dos los que participan de él para la vida y a ninguno para la condenaciôn” (ibid., 15: 1613). LA GRAN CENA 5. Pan de vida incorruptible “Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre ver­ dadera bebida (lo. 6,56). Come y bebe el hombre para no tener hambre ni sed, pero no se logra tal deseo sino con esta comida y bebida, que a quienes la reciben torna inmortales e incorruptibles, esto es, los lleva a la compaûia de los santos, donde se halla la paz y la unidad plena y perfecta. Por eso, como lo han entendido muchos hombres de Dios antes que yo, Nuestro Senor Jesucristo entregô su cuerpo y su sangre a ciertos elementos que se componian de muchas co­ sas reducidas a la unidad. De muchos granos se hace un solo pan, y de muchos racimos un solo vino’* (ibid., 17: 1614). ' « < c) Condiciones de la buena comuniôn 1. Permanecer en Cristo “Finalmente, explica como ocurre aquello de que hablaba, y que consiste en corner su cuerpo y beber su sangre-. El que corne mi carne y bebe mi sangre, esta en mi y yo en él (lo. 6,57). Fa esio consiste ci cuiuer de aquella comida y beber de aquella bebida, a saber, en permanecer en Cristo y tenerle en nosotros de un modo permanente. Por eso, el que no permanece en Cristo y aquel en el cual Cristo no permanece no corne (espirituaimeaie; su carne ni bebe su sangre (aunque carnal y visiblemente tenga entre sus dientes el sacramento del cuerpo y sangre de Cristo), sino que, por el contrario, corne y bebe el sacramento (simbolo) de cosa tan grande para su condenaciôn, porque, siendo inmundo, se atreve a acercarse al sacramento de Cristo, que nadie recibe dignamente si no estâ limpio” (ibid., 18: 1614). Por la participacién eucaristica · iS “Asi como me enviô mi Padre a mi y vivo yo por mi Pa­ dre, asi también el que corne vivirà por mi (lo. 6,58). No dice: "Asi como yo como al Padre y vivo por él, el que me come a mi vivirâ por mi”, porque el Hijo no se hace de me­ jor condiciôn participando del Padre, ya que naciô igual a El. Nosotros si que mejoramos al participar del Hijo, uniéndonos a su cuerpo y sangre, significados en aquella comida y bebida. Vivimos, pues, nosotros por El cuando le comemos, esto es, recibimos en El la vida eterna, que no tenemos de nosotros. El vive del Padre porque fué enviado por El y se aniquilô a si mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y rnuerie ae cruz (pmi. 2,8)... Como si dijera: Yo, para vivir por el Padre, esto es, para referir mi vida a El, SEC. 1. SS. PADRES. SAN AGUSTIN 583 como a mayor, me aniquilé segûn el mundo. Para que vos­ otros vivais nor mi. es necesario que participéis de mi comiéndome" (ibid.. 19· 16151. ‘'La senal de haber comido y bebido es saber si Cristo permanece y nosotros permanecemos en El, si El habita y es habitado, si se une a nosotros y no le abandonamos... Pero como habia muchos que por no entenderlo se escandalizaban y pensaban dp la eamn dpi mismo modo que tenian ellos la suya, por eso el Apôstol dice, y con razôn: El anptitn de la carne es muerte (Rom. 8,6)” (cf. Tract. 27,1: PL 35,1616). • ·r *· : ■ ? 3. La carne no aprovecha si no es vivificada por la caridad “El mismo Senor dice también: El espiritu es el que da la vida, la carre no nnrovpcha vara nada (lo. 6.64). ;Oh Senor. maestro bueno! iCômo dices que la carne no apro­ vecha para nada, si nos acabas de decir: El que no corniè­ re mi carne y bebiere mi sangre no tendra en si la vida? ;.Es que la vida no aprovecha para nada? ;.Por qué, pues, somos y para qué vivimos, sino para conseguir la vida eterna, que ri nos prometes por medio de tu carne? iQué es eso de aue la came no aprovecha nara nada? No aprovecha para nada, ciertamente, en el sentido en que ellos lo entendian, imaginândose una carne que se corta y vende en la carniceria, como la de un cadâver, en vez de una carne vivificada por el Espiritu. Por eso se ha dicho que la carne no aprovecha para nada, como también se ha dicho que la ciencia hincha. ;.Es que. acaso, debemos odiar la ciencia? Jamâs. ;. Oué sig­ nifica enfonces que la ciencia hincha? Pues que hincha sola, sin la caridad. por lo cual se anade que la caridad edifica (1 Cor. 8.1). Anade la caridad a la ciencia, y la ciencia serâ ùtil. no por si misma, sino por la caridad. Del mismo modo, la carne tamnoco anrovecha si estâ sola. Unase al E^niritu como se une la caridad. y enfonces aprovecharâ muchirimo. Pues, si la carne no aprovechase, el Verbo no se hubiera encarnado para vivir entre nosotros. y si Cristo. nor su medio, nos ha aprovechado tanto, icômo decir que la car­ ne no anrovecha nada? El Espiritu obrô nuestra salud por su medio. La carne fué el vaso. Mira lo que habia dentro v no lo que ella era: El espiritu es, pues, el que vivifica; la carne no sirve para nada, pero en el sentido que ellos enfpndieron v nn en el que yo le doy para que la comâis (ibid., 5: 1617). 4. Neces idad de la fe “Alejâronse, pues, y no pocos. sino muchos. Quizâs ello ocurriô para consolarnos, porque mâs de una vez acaece ί BS4 LA GR KN CFXA que el hombre dice la verdad y los oyentes no entiendcn lo que dice, se escandalizan y se marchan. Entristécese enfon­ ces el hombre por haber dicho la verdad y piensa: No debi decirla de tal forma, o no debi decir tal cosa. Lo mismo ocurriô al Senor. Hablô. perdiô muchos y le quedaron pocos. Sin embargo, no se turbo, porque sabia desde el princinio quiénes eran los creyentes y quiénes los incredulos. Si a nosotros nos acaece algo parecido, nos turbamos. Encontremos consuelo en el Senor, pero procuremos hablar prudentemente. Diio el Senor a los pocos que le habian quedado: xQueréis iros vosotros también? (lo. 6.68)... Respondiô Simon Pedro: Senor, /a quién iremos? (ibid., 69). ;.Nos rechazas de ti? Pues danos otro tû. /A quién iremos? Si te dejamos, ;.a quién acudiremos? Tû tienes palabras de vida eterna (ibid., 68). Ved como Pedro, por habérselo dado Dios y baberlo vuelto a crear el Esnîritu Santo. lo ha entendido. ^Por qué. sino poroue ha creîdo? Tienes palabras de vida eter­ na. Tienes palabras de vida eterna cuando administras tu cueroo v sangre. Nosotros hemos creîdo y sabemos. No dice: “sabemos y hemos creîdo”. sino hemos creîdo y sabemos. Creemos para saber, porque, si quisiéramos saber primero y después creer, no podriamos ni creer ni conoeer. ;.Oué creemos v qué sabemos? Que tû eres Cristo, el Hijo de Dios vivo (ibid.. 69). Que eres la misma vida eterna y no nos das en tu came v en tu sangre sino lo que eres” (ibid 9: 1619). C) Pobreza y riquezas Lvvitaciôn a la pobreza 1. Bienaventurados los pobres de espiritu “Con nosotros oisteis como, habiéndose llegado los dis­ cipulos a nuestro Senor Jesucristo, El, abriendo su boca. les ensenaba dicip^do: Bievnvevturados los pobres de espi­ ritu, porque de eTlos es el reino de los cielos (Mt. 5,2-3). El ûnico verdadero Maestro ensenâbales a los discipulos, pueetos a la redonda, esto de que hemos hecho mencion brevemente; y vosotros, con su ayuda, os habéis llegado a Nos para que os hablemos y ensefiemos. î Podemos hacer algo mejor que deciros lo que un tal Maestro expuso y dijo?” (cf. Serm. 11,1: BAC, Obras de San Agustîn t.10 p.57). 2. Los pobres séanlo de espiritu “Sed, por tanto, pobres de espiritu, y sera vuestro reino de los cielos. ^Por qué teméis la pobreza? Traed el al ·* · 1 SEC. 3. SS. I-ADRES. SAN AGUSTIN 585 pensamiento las riquezas del reino de los cielos. Témese la pobreza, y lo temible es la iniquidad, porque tras la pobre­ za de los justos vendra una felicidad inmensa, una segundad perfecta. Mas entre nosotros, a medida que aumentan esas que Hainan riquezas, y no lo son, crece el temor, sin menguar la codicia. Ricos puedes darme muchos; ^puedes darme uno seguro? Arde por adquirir, tiembla de perder. iCuando es libre un tal esclavo? Esclavo es quien sirve a cualquier senora. 4 Sera libre quien sirve a la avaricia? Bienauenturados los pobres de espiritu. 4 Qué significan los pobres de espiritu? Los pobres en deseos, no en bienes. E) pobre de espiritu es humilde, y Dios, que oye los gemidos de los humildes, no desoye sus ruegos. Por ahi, por la hu­ mildad, 0 digamos por la pobreza, comenzô el Senor su ser­ mon. Hâllanse hombres religiosos, abundantes en bienes de la tierra, mas no hinchados por el orgullo, y se hallan menesterosos sin un maravedi, pero también sin resignation; éste no tiene mâs esperanza que aquél; aquél es pobre de espiritu por ser humilde; este segundo es pobre, mas no de espiritu. Por eso, habiendo dicho nuestro Senor Cristo bienaventurados los pobres, anadiô de espiritu. Luego los oyentes pobres no debéis ambicionar las riquezas. Oid y ved lo que aice el Apostol, no yo...: Los que anhelan hacerse ricos (no dice los que lo son, sino los que anhelan serlo), caen en tentaciôn y en el lazo del diablo y en muchos deseos inutiles y perniciosos, que hunden a los hombres en el abïsmo de la muerte y de la perdiciôn. Porque la raiz de todos los males es la avaricia; de la cual arrastrados alyunos, desviâronse de la fe y se metieron ellos mismos en muchos dolores (1 Tim. 6,6-10). El nombre de riquezas suena dulcemente a los oidos, pero i también es dulce caer en tentaciôn? 4También son dul­ ces los muchos deseos inûtiles y perniciosos? Muerte y perdiciôn, ^suenan apaciblemente a los oidos? No te ciegue un falso bien que te llevaria a tantos males verdaderos. Mas, pues estas palabras no se enderezan a los ya ricos, sino a los no ricos, para que no ambicionen ser lo que no son, veamos como habla el Apôstol a quienes lo son... Si entre vosotros hay algùn rico, escuche también al mismo bienaventurado Apôstol” (cf. o.c., 2-3: p.57-58). 3. Los ricos sean pobres de espiritu I.’ El rico soberbio 110 posée, es poseido "Escribiendo a su discipulo Timoteo, entre otros avisos le dice: Mandales a los ricos de este mundo... que no sean orgüllosos ni esperen en las riquezas caducas, sino en Dios vivo, que nos provee abundantemente de todo para nuestro ' I uso. Sean ricos en buenas obras, den con facilidad, comu­ niquen sus bienes, atesoren un buen fondo para lo par ve­ nir , a fin de alcanzar la vida eterna (1 Tim. 6,17-19). Pon· deremos algo estas breves palabras. Ante todo, dice, man­ dales a los ricos no sean soberbios. Nada engendra tanto la soberbia como las riquezas. Si el rico no fuere soberbio, pon­ dra debajo de sus pies las riquezas, asirâse a Dios; ei rico soberbio no posee, mâs bien es poseido. El rico soberbio es semejante al diablo. El rico soberbio, iqué tiene si no tiene a Dios? También aüadiô: Ni pongan la esperanza en las ri­ quezas caducas. Tenga sus riquezas como quien sabe lo perecedero de cuanto tiene. Tenga, pues, lo que no puede perder. Habiendo dicho: Ni en las riquezas caducas, aüadiô: sino en Dios vivo. Porque las riquezas ciertamente pueden perderse, y plegue a Dios se pierdan de modo que no te pierdan a ti... Cosa es averiguada haber sido hecho el hom­ bre a imagen de Dios; reconozca, pues, en si el hombre aquello que fué hecho; pierda lo hecho por él, quede lo he­ cho por Dios. Pues aunque el hombre lleva la imagen de Dios, con todo, se inquieta vanamente (Ps. 38,7). ;Que sig­ nifica se inquieta vanamente? Atesora, y no sabe para quién junta sus tesoros... Ved como dejaron aqui eus bie­ nes; no habiendo hecho con ellos lo mandado por Dios, 4 con qué rostro se habrân presentado a El? Sean, pues, las tuyas riquezas verdaderas, sea tu riqueza el mismo Dios, que nos provee de todo abundantemente para nuestro uso". 2.0 Ejempio del agricultor "Sean, dice, ricos en buenas obras. Muéstrense ricos en eso, siembren ahi. A estas obras aludia el Apôstol cuando dijo: No desmayemos en hacer el bien; a su tiempo recogeremos (Gal. 6,9). Siembren; aûn no ven la cosecha; crean y sigan sembrando. 4 Por ventura el sembrador ve ya delante cogida la mies? El trigo con tanto esmero guardado lo saca y lo esparce. Confia él su grano a la tierra, y tû, ino confias tus obras al que hizo el cielo y la tierra? Sean, pues, ricos, pero en buenas obras. Den con facilidad, comuniquen. Comuniquen vale tanto como decir: “No lo tengan ellos solos”. iOh Apôstol, cuyas palabras ensenan a sembrar, muéstranos la mies! La muestra. He ahi también la mies. iOh avaro! No seas remolôn para sembrar. He ahi, digo, también la mies. Habiendo dicho: Sean ricos en buenas obras, den con facilidad, comuniquen, lo cual sôlo es de­ cir que siembren, y debiendo decir también que van a recoger, aüadiô: Atesôrense un buen fondo para lo por venir, a fin de alcanzar la vida eterna. Esta falsa vida, donde las riquezas deleitan, ha de paear, y en pos vendrâ la vida ver­ dadera. Si amas lo que tienes, depositalo en lugar bien se- SS. PADRES. SAN AGUSTIN SEC. 587 guro para no perderlo... Oye un conseio de tu Senor. La tierra no es lugar sin riesgos, trasnâsalo al cielo. Si encomiendas lo que juntaste al mâs leal de tus siervos, mucho mâs debes hacerlo a tu fiel Senor. Tu siervo, aun supuesta ia fidelidad, puede perderlo contra su voluntad. Tu Dios no puede perder nada. Cuanto en sus manos deposites lo hallarâs en El cuando le tengas a El” (cf. o.c., 4-5: p.59-61). 4. Los pobres son los portadores o mozos de cuerda del Seflor. a quien llevan tus limosnas Dale al Senor. ;Pero si no necesita nada! Lo necesitan los pobres y es como si lo necesitara El (cf. La palabra de Cristo t.l p.41). “La Cabeza, que estâ en el cielo, tiene sus miembros en la tierra; socorra el miembro de Cristo al miembro de Cris­ to; quien tiene, al necesitado. Miembro eres tu de Cristo, y que tienes para dar; miembro es él de Cristo, y necesita le des. Los dos vais nor igual camino; dale parte de tu carga, dale al indisrente algo de lo que te agobia, con lo que te alivias tû y alivias al companero. La santa Escritura dice: El pobre y el rico se hallaron en el camino; mas a los dos los ha hecho el Sailor (Prov. 22,2). Donde se hallaron sino en esta vida? Va el uno bien vestido. andrajoso el otro; pero esto aqui, donde uno a otro se hallaron... Hay pobres, hay ricos, y mutuam^nte se hallaron; mas al rico y al pobre los hizo el Senor. Hizo rico al rico por que tenga de donde avudar al pobre. Hizo pobre al nobre para eiercicio del rico. Bienaventurados. pues, los pobres de espiritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Tengan riquezas o no, sean nobres de espiritu. y el reino de los cielos suyo serâ (cf. o.c., 6: p.63-65). b) Ricos y pobres 1. Los bienes temporales, para el uso; los eternos, para el gozo '‘Mandales a los ricos de este mundo no ser altivos (1 Tim. . 6,17) Eliminando el vicio, ensénenos el uso. No ser alti­ vos. ^Por que no han de serlo? Por esto que sigue: Ni esperar en la incertidumbre de las riquezas. Quienes no esperan en la incertidumbre de las riquezas no son altivos. Teman los altivos, teman; si temen, no serân altivos. ;Cuântos ricos ayer son pobres hoy! ;Cuantos se acuestan ricos y amanecen pobres!... Luego no se ha de esperar en la in­ certidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que abundantemente nos da todas las cosas para gozarlas; las tem- 588 L \ GR\N CF\’\ norales y las eternas, aunque para gozarlas mâs bien son las eternas, y las temporales. para usarlas. Las tempora­ les. como a viadores; las eternas, como a moradores; las temporales, para hacer el bien; las eternas, para hacemos buenos... Dm con faciHdnd. nuns tienen de donde. Comuni· quen, es decir. vean en los mortales a iguales suyos. Comuniquen y atesôrense una buena base para lo por venir. No porque lo diga vq, sino el Apôstol: Den con facilidad, co· muniquen sus bienes. quiero despojarlos a ellos, de.iarlos desnudos y vaeios... Porque la vida de ahora es vida falsa. Consignn la vida verdadera. Vanidad de vanidades y todo vanidad (Eccl. 1.2). ;Qué abundanda especial saca el hom­ bre de sus fatigas deba.jo del sol? Hay, pues, aue lograr la vida verdadera, v nuestros haberes pasarlos al pais de la verdadera vida. Allf encontraremos lo que aqui demos” (cf. Serm. 61: BAC, Obras de San Agustin t.10 p.141). 2. Advertencias a los ricos . Los escribas y fari­ seos daban la décima parte. Y ;qué! Interrogaos a vosotros mismos. Ved lo que hacéis y de cuanto lo hacéis. Qué dais y qué os réservais, oué gastâis en misericordia y qué guardâis para el vicio. En resoluciôn: Sean largos en repartir y amigos de comunicar sus bienes. atesorândose un excelente fondo para lo por venir, a fin de lograr actueUa. que verdaderamente es vida” (cf. Serm. 85,5: BAC, Obras de San Agustin t.10 p.327). 3. Advertencias a los pobres “Mis advertencias fueron para los ricos; oîd ahora los pobres. Vosotros, los ricos, debéis dar; vosotros, los po­ bres, no querâis robar. Vosotros, los ricos, usad bien de la opulencia; vosotros, los pobres, frenad la concupiscenda. ’ * /4' ! ’’j * SF.C 3- SS. PADRES. SAN GREGORÏO MAGNO 589 Oid los pobres al mismo Apôstol: Es ciertamente la piedad ganancia grande. Ganancia es adquisiciôn de lucro. Es cier­ tamente, dice, ganancia grande la piedad con suficiencia (1 Tim. 6,6). Tenéis con los ricos el mundo en comûn; no tenéis comûn la casa, pero tenéis comûn el cielo y comûn la luz. Buscad la suficiencia, buscad lo bastante, y no querâis mâs. Lo demâs es agobio, no alivio; apesadumbra, no encumbra. Ganancia grande la piedad con suficiencia. La pie­ dad ante todo. Piedad es culto de Dios. Piedad con suficien­ cia. porque n^a hemos traido a este mundo (1 Tim. 6,7)” (ibid., 5: p.329). 4. Ricos y pobres en el camino de la vida “Se os ha dicho lo que debéis hacer; habéis oîdo lo que debéis temer; como se gana el reino de los cielos y qué es lo que nos estorba llegar al reino de los cielos. Avenios unos y otros a la palabra de Dios, que hizo al rico y al pobre. La Escritura dice: El pobre y el rico se encuentran, pero al uno y al otro los hizo Dios (Prov. 22,2). El rico y el pobre se encontraron. £Donde sino en el camino de esta vida? Naciô el rico, naciô el pobre, y os hallasteis yendo de camino. Τύ. rico, no aplastes al pobre; tû, pobre, evita el fraude. Necesita éste. aquéi Ηρπρ· mas a entrambos los hizo el Se­ rior. Valiéndose del que tiene, acude al necesitado; valiéndose del que no tiene, pone a prueba al potentado. Con lo dicho y oîdo. temamos, precavâmonos. oremos, lleguemos” (ibid., 7: p.331). SAN GREGORIO MAGNO Comentarios al Evangelio Pieza homilética de primer orden, tanto por su contenido doctrinal como nor su valor oratorio, es el sermôn que insertamos a continuaciôn. Tras un contraste hâbilmente subravado entre los gozos del esniritu y los deleites de la carne, expone San Gregorio Magno el simbolismô del evangelio de hov dentro de la linea agustiniana, acentaando el papel de la adversidad en la vuelta del pecador a Dios. Un profando sentido de humildad de su pronia oersona v una clara visiôn de la grandeza del oficio del predicador se advierten en el sermôn. A) Saciedad y deseo en los placeres sensibles y en los goces espirituales DlFERENCIA ENTRE LOS GUSTOS DEL ESPIRITU Y LOS PLA­ CERES DEL CUERPO “Entre los placeres espirituales y los corporales, carieimos hermanos, hay la diferencia de que los segundos, mien­ tras no se tienen, in^piran al aima un fuerte deseo de poseerlos; mas cuando, alcanzados, se los saborea, producen luego hastîo por su saciedad. Los placeres espirituales, por el contrario, cuando no se experimentan, causan fastidio; pero cuando se poseen producen deseo; y tanto mâs hambre tie­ ne de ellos p! que los iru=ta 'manto mâs los gusta el que los desea... Asi, pues, las delicias espirituales aumentan en nuestra aima el deseo. al paso que sacian; porque cuanto mâs se percibe su sabor. tanto mâs se las conoce y se las ama con mayor avidez. De aquî que, mientras no se tienen, no pueden ser deseadas, por cuanto se desconoce su sabor. Pues îquién puede amar lo que desconoce? Por esta razôn nos dice el salmista: Gustad y ved cuân suave es el Senor (Ps. 33.9). Lo cual équivale a decir: No conocéis su dul­ zura, y ésta es la causa, porque no la gustâis...” b) La misericordia de Dios sacude nuestra pereza “Mas el hombre perdiô estos gozos cuando pecô en el paraîso. Saliô fuera de él cuando cerrô su boca al manjar de dulzura eterna. De aquî que nosotros, nacidos en la desgra­ cia de esta peregrinaciôn, venimos ya a este mundo desdeûosos y no sabemos lo que debemos desear. Y.tanto mâs se aumenta nuestro fastidio, cuanto mâs se aparta nuestra aima de la comida de aquella dulzura, y no apetece ya los deleites interiores, porque perdiô la costumbre de comerlos, sino de tarde en tarde... Pero la suprema misericordia no nos abandona ni aun cuando la abandonemos”. Porque trae ante nuestra memoria aquellos deleites que despreciamos y nos los ofrece. Sacude nuestra pereza con promesas y nos invita a que arrojemos de nosotros ese fas­ tidio. Pues dice el Senor: Un hombre hizo un gran banqueté e invitô a muchos (Le. 14,16). SEC. 3. SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO B) 591 El mensajero: el predicador '•Llamo a muchos, pero vienen pocos; porque algunas veces los mismos que estân unidos a El por virtud de la fe, con su mala vida, se oponen a su convite etemo”. La cena es la conversion antes de la muerte. No esperéis. Pero 4 a quién sino a la jerarquia de los predicadores re­ présenta el criado mandado por el padre de familia para que invitase? De cuyo orden, aunque indigno, oprimido por el peso de mis pecados, soy miembro, y cuando os hablo al­ guna cosa acerca de vuestra edificaciôn, soy criado del pa­ dre de familia. Cuando os aconsejo que despreciéis el mun­ do, vengo a invitaros a la cena del Senor. Nadie me desprecie en este lugar por mi persona. Y aun cuando tampoco soy digno para invitar, sin embargo, grandes son los pla­ ceres que os prometo. Muchas veces, hermanos mios, suele suceder que una persona poderosa tenga un criado despreciable. Y cuando aquél manda por este una respuesta a sus parientes o a los extranos, no se desprecia la persona de) criado que habia, porque se respeta la del amo que envia. Y los que escuchan, no piensan en la persona que les habia, sino en lo que se les dice y en la persona de quien procede lo que se les estâ hablando. Por lo tanto, carisimos herma­ nos, obrad del propio modo. Y si acaso nos considérais in­ dignos, esto no obstante, reverenciad al Senor, que es quien os llama. Procurad haceros gustosamente convidados del gran padre de familia”. C) a) Las excusas INGRATITUD HUMANA "Todos unânimem&nte comenzaron a excusarse (Le. 14, 18). Ofrece el Senor aquello mismo que se le debia pedir. Quiere dar sin que se le suplique lo que apenas podia esperarse que diera rogado, y se le desprecia. Dice que ya es­ tân dispuestas las delicias del convite sempiterno, y, sin embargo, todos a una se excusan de asistir a él... Si un poderoso invitase a corner a un pobre, os ruego, hermanos, que me digâis, 4 qué es lo que haria aquel pobre?... Y, sin embargo, nos excusamos cuando somos invitados por Dios. Pero ya estoy viendo vuestra respuesta. Presumo lo que sentis en vuestro interior. Ya os estoy oyendo decir: No queremos excusarnos. Nos congratulamos de ser llamados y de concurrir al convite de la eterna refeccion. 592 LA GRAN CENA Vuestro corazôn os habia la verdad al deciros taies co­ sas, siempre que no ame mâs a las cosas temporales que a las ceiestiales, siempre que no esté dominado mâs por los bienes terrenos que por los del espiritu”. b) Codici a y curiosidad vana “4Qué significa la finca. sino las cosas corporales? Sale, pues, a ver sus tierras el que solo piensa en las cosas exte­ riores por el interés que le reportan. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y tengo que ir a probarlas; ruégote que me des por excusado (Le. 14,19). iQué es lo que vemos en las cinco yuntas de bueyes sino los cinco sentidos corporales?... Los cuales, porque no pueden comprender las cosas espirituales y solo conocen las externas y materiales y, * dejando a un lado las primeras, se ocupan solamente de las otras, simbolizan la curiosidad. Esta, en tanto que procura saber las vidas aje­ nas, desconociendo siempre sus interioridades, gusta ocuparse de lo exterior. Grave y pernicioso es el vicio de la curiosidad, que, mientras incita la mente de cualquiera para que averigüe la vida del prôjimo, a él le oculta siempre su interior, a fin de que, conociendo lo ajeno, se desconozca a si mismo, y sea tanto mâs ignorante en todo aquello que le concierne, cuanto mas instruido esta en el mérito ajeno... Tengo que ir a probarlas, a satisfacer la curiosidad”. ./Aü · i c) Hipocresu de las excusas “Pero debemos advertir que tanto el que se excusa de asistir a la cena por el terreno que comprô como el que hace lo mismo por tener que prooar las yuntas de bueyes, pronuncian palabras de humildad; pues ambos dicen: Ruégote que me des por excusado. Mas al decir te ruego y al mismo tiempo no querer asistir, hay humildad en las palabras y soberbia en las acciones. Y ved que todos los malos condenan este procéder cuando se les dice, y, sin embargo, practican aquello mismo que condenan. Pues cuando deci­ mos a uno que obra mal: “Conviértete, sigue a Dios y déjà al mundo”, iqué otra cosa hacemos sino invitarie a la cena del Senor? Y cuando contesta: “Ruega por mi, que soy pe­ cador y no puedo hacer esto”, iqué otra cosa hace sino rogar y excusarse? Pues al decir: “Soy pecador”, demuestra humildad; mas al aiiadir: “No puedo convertirme”, manifiesta soberbia. Excùsase, pues, rogando, el que manifiesta humildad en las palabras y soberbia en las acciones”. ■< SK. 3. SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO d) 593 Sensualidad "Otro dijo: He tornado mujer y no puedo ir (Lc. 14,20). ;Qué debemos entender por mujer sino el deleite de la carne? Pues... no hay inconveniente en representar una cosa in­ justa por una justa... Asi, pues, el que se entrega mâs de lo justo a los negocios terrenales se niega a ir a la cena del Senor. El que se dedica a saber vidas ajenas desdefia los alimentes de vida que se le preparan, y, por fin, el que se entrega a los deseos carnales rechaza los manjares del convite espiritual”. D) a) Le Hamada al humilde fortalece en la flaqueza “Pues ya que no quieren asistir a este convite los soberbios, son elegidos los pobres. Y «ipor qué? Porque, segûn expresiôn de San Pablo, Dios eligiô la flaqueza dei mundo para confundir a los fuertes (1 Cor. 1,27)”. Pobres y débiles son los que reconocen su flaqueza, pues si en medio de ella se sienten soberbios, serân tratados como ri cos. “Es claro que, asi como fueron pecadores los que, 11amados, no quisieron asistir, asi también son pecadores los que son invitados y concurren al convite. Mas el Senor re­ chaza a los pecadores soberbios y elige a los pecadores humildes. Eligiô el Senor a los que el mundo desprecia, porque con mucha frecuencia sucede que el mismo desprecio de que son objeto los hombres por parte dei mundo, los lleva al conocimiento de si mismos”. b) El desprecio de los mundanos y la conversiôn DEL PECADOR El hijo prodigo no recordo a su padre hasta que su es­ tado miserable le hizo entrar en si mismo. Ciertos bandoleros amalecitas abandonaron en_ medio· del camino a uno de los suyos seriamente enfermo. Encontrôlo David, lo atendiô y, restablecido, le eirviô de guia para exterminar la banda. Viéronse asi humillados por el mis­ mo a quien despreciaron (1 Reg. 30,11 es). “Todo pecador, tan pronto como empieza a enfermar de este mundo, cae en el desprecio de los mundanos y pervertidos. Pero, encontrândole David, le da de corner y de LA GRAN CENA * beber, porque el Seûor, poderoso, no abandona a los despreciados por el mundo, y muchas veces convierte a su gracia y da la comida y bebida de su palabra a los que, no pudiendo seguir al mundo, quedan como en el camino; y los elige para guias suyos en esta vida, haciéndolos predicadores. Y segun que infunden a Cristo en el corazôn de los pecadores..., vencen a los soberbios, que les habian despreciado en este mundo”. E) La tribulaciôn obliga a acudir a la cena a) Diversas clases DE INVITADOS Salieron los criados a buscar a los gentiles. “Observemos, ademâs, por qué en esta tercera invitaciôn no se dice al criado que invite, sino que oblïgue a entrar (Le. 14,23). En efecto, unos son llamados y no quieren venir; otros son llamados y vienen; y, por ultimo, otros no se dice que sean llamados, pero se los obliga a que entren. Son llama­ dos y no quieren venir los que, habiendo recibido el don del entendimiento, en modo alguno obran segùn sus prescripciones. Son llamados y vienen los que con sus obras perfeccionan la gracia sobrenatural que recibieron. Pero hay algunos a quienes se les llama de manera que se les obliga a asistir. Pues hay ciertos hombres que comprenden perfectamente el bien que deben hacer y no lo hacen. Ven lo que deben obrar, mas no lo solicitan con el deseo”. b) La tribulaciôn como llamamiento de Dios al hombre DISTRAÎDO “A estos es a quienes ocurre con mâs frecuencia, como anteriormente hemos dicho, ser heridos por las adversidades de este mundo, precisamente en sus deseos carnales. Procuran alcanzar la gloria mundana y no pueden conseguirlo, y mientras se proponen navegar por alta mar en pos de los grandes negocios de este mundo, siempre son arrojados por olas contrarias hacia la costa de la humillaciôn. Asi que, viéndose contrariados en todos sus deseos, se acuerdan de lo que deben a su Creador y vuelven a El Uenos de vergüenza los que, ensoberbecidos por el amor al mundo, le habian abandonado. También se da el caso de que algunos, deseando llegar a la cumbre de la gloria tem­ poral, o son victimas de una larga enfermedad, o caen agobiados por las injurias, o son afligidos por graves males, ί—ir SEC. 3. SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO 595 y llegan a comprender por esto que nunca debieron confiar en sus delicias, y, reprendiéndose sus propios deseos, convierten a Dios su corazôn”. DICHO EL SeNOR EN LA Escritura “De estos dice el Senor por boca del prof eta: Por eso voy yo a cercar su camino con zarzas y a alzar un muro para que no pueda hallar ya sus sendas. Ιτά en seguimiento de sus amantes, pero no los alcanzard; los buscard, mas no los hallarà, y se dirâ: Voy a volverme con mi primer marido, pues mejor me ïba entonces que me va ahora (Os. 2.6-7). El varôn de toda aima fiel es Dios, por cuanto estâ unida a El en virtud de la fe. Un aima que estuvo unida a Dios, sigue a sus amadores cuando, ya creyente por la fe, se prosterna aûn por sus obras ante los espïritus inmundos, busca la gloria mundanal, se entrega a los deleites carnales y se recrea en refinados placeres. Pero mu­ chas veces el Seûor se compadece de esta aima, y mezcla las amarguras con sus deleites. De aqui es que diga: Voy a cercar su camino con zarzas. Pues nuestra vida estâ rodeada de zarzas cuando encontramos las punzadas del do­ lor en aquello que malamente deseamos. Voy a alzar un muro para que no pueda ya hallar sus sendas. Estân cercados de setos nuestros caminos cuando en este mundo se oponen a nuestros deseos graves dificultades. Y no podemos encontrar nuestras sendas porque se nos impide alcanzar lo que malamente deseamos. Ira en seguimiento de sus amantes, pero no los alcanzard; los buscard, mas no los encontrard; porque el aima de ningùn modo alcanza a los espïritus malignos, a quienes se sometiô por realizar sus deseos”. d) La vuelta del corazôn a Dios “Cuân grande sea la utilidad y provecho espiritual que resulta de esta saludable adversidad, lo dice luego cuando afiade: Y se dira: Voy, pues, a volverme a mi primer marido, pues mejor me iba entonces que me va ahora. Luego después que encuentre su camino rodeado de espinas, cuan­ do no puede alcanzar a sus amantes, vuelve al amor del primer marido; porque muchas veces, cuando no podemos conseguir lo que queremos, cuando nos cansamos por la imposibilidad de realizar los deseos terrenales, entonces volvemos nuestro corazôn a Dios, empieza a agradar el que desagradaba, y de repente recuerda con gusto a Aquel çuyos prçceptos nos habian sido desagradables anterior- mente; y el aima pecadora que intentô ser adûltera, pero no pudo serlo de hecho, se decide a ser esposa fiel. Ahora bien, hermanos mios, a aquellos que, heridos por las ad­ versidades de este mundo, se convierten al amor de Dios y se corrigen de sus vicios, iqué otra cosa les sucede sino ser obligados a entrar?” F) Sentencia terrible "Os digo, que ninguno de aquellos que habian sido tnvitados gustarâ mi cena (Le. 14.24). Observad que Dama por si mismo, Dama por los ângeles, llama por los patriarcas, por los profetas, por los apôstoles, por los pastorés, y Dama también por medio de nosotros. Algunas veces Dama por los milagros, otras por los castigos, algunas por las prosperidades de este mundo, y, por ûltimo, en otras ocasiones Dama por las adversidades. Ninguno desprecie el llamamiento, no sea que, excusândose al ser invitado, no pueda entrar cuando quiera. Oid lo que dice la Sabiduria por Salomon: Entonces me Uamarân. y yo no resnonderé; me buscarân, pero no me hallarân (Prov. 1.28). Por esto, pues, es por lo que las virgenes fatuas, que llegaron tarde, daman y dicen: Senor, Senor, dbrenos (Mt. 25,11). Pero entonces se dice a los que buscan la entrada: En verdad os digo que no os comozco (ibid.. 12). Ante esta septencia, iqué otra cosa nos resta, carisimos hermanos, sino abandonar todas las cosas de este mundo, posponer todos los cuidados terrenales y aspirar sôlo a los des°os eternos? Pero esto solamente a pocos les ha sido concedido”. G) Poseed el mundo, pero no os dejéis poseer a) Tened SE . PERO STN SER RETENIDOS “Quiero aconsejaros que dejéis todas las cosas terrenas, pero no me atrevo a esperarlo. Por lo tanto, si no podéis abandonar todo lo terrenal, tenedlo de manera que no seâis retenidos por ello en el mundo; que lo terreno no os posea, sino que sea poseido; conservadlo de modo que esté bajo el dominio de vuestro corazôn lo que tenéis, a fin de que no se deje vencer por el amor de las cosas y sea po­ seido por ellas. Tengamos las cosas temporales para uso, y las etemas en el deseo; sirvannos las cosas terrenas para el camino, y deseemos las etemas para el fin de la jomada. Miremos como con indiferencia todo lo que se hace en este SEC. -V SS. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO 597 mundo. Mi ren adelante los ojos del aima, fijândose con toda su fuerza en aquello a nue nos f,irigimos. Extirpemos de raiz los vicios, arrancândolos no sôlo de nuestras obras, sino también de nuestro pensamiento. No nos dejemos alejar de la cena del Senor, ni por el deleite de la came, ni por la curiosidad, ni por el ardor de la ambiciôn. Por el con­ trario, tratemos con santa indiferencia aun lo bueno que hacemos en este mundo, para que de tal modo sirvan a nues­ tro cuerpo las cosas terrenas agradables, que en manera alguna dafien al corazôn. No nos atrevemos, hermanos mios, a deciros que dejéis todas las cosas que poseéis; pero, sin embargo, si queréis, aun reteniéndolo, dejâis lo que tenéis, siempre que administréis lo temporal de modo que aspiréis con toda vuestra aima hacia lo eterno”.. Tened como si no tuvierais b) “Por eso nos dice el apôstol San Pablo: El tiempo es corto. Sôlo queda que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los hup compran, como si no poseyesen; los que disfrutan d°l mundo, como si no disfrutaren. porque pasa la apariencia de este mundo (1 Cor. 7,29-31). Tiene muier, pero como si no la tuvîese, el nue sabe pagar el tribu­ to de la carne, dp manera nue no e* obügado por ella a adherirse al mundo con todo su corazôn. Y puesto que en otro lugar dice lo mismo el antes citado Anôstol: El casado ha de cuidarse de las cosas dei mundo, de cômo agradar a su mujer (ibid., 33), se dice que tiene mujer, pero es como si no la tuviera, el que procura agradarla, pero de modo que no desagrade a su Creador”. c) Us AD COMO SI NO USASEIS “Llora, pero es como si no llorase, el que se aflige por los danos temporales de tal suerte que se consuele siempre su aima con los bienes eternos. Goza, pero como si no gozase, el que se alegra con los bienes terrenos, de modo que siem­ pre tenga présentes los tormentos eternos y, en aquello que salta de gozo su aima, la modéré con el peso continuo de un miedo previsor. Compra, pero como si no poseyera, el que exteriormente reûne todo lo necesario para su uso, pero prevé cautamente que presto lo ha de dejar. Usa de este mundo como si no usara el que dispone exteriormente todo lo ne­ cesario para vivir, pero no dejando que domine su corazôn. para que todo ello sirva sujeto exteriormente, pero nunca tuerza la marcha del aima, que tiende a cosas mâs altas. Los que son asi no tienen las cosas terrenas para satisfa- - ’Μ 598 LA GRAN CENA cer sus deseos, sino para su uso, puesto que usan. si. de las cosas necesarias. pero no quieren tener nada con ppcado. Y aun de las mismas cosas que poseen reciben recomnensas, v se alegran mâs con las buenas obras que con las buenas posesiones”. H) Ejemplo conocido por el santo “Por si esto parece dificil a alguno, vov a rpferir un ejpmnlo de un hombre que muchos de vosotros habéis conocido, de cuvo hecho tuve vo conocimiento nor personas fidedismas, en la ciudad de Civitavecchia, no hace un tripnio. Poco tiempo hace existiô en aquella ciudad el conde Teofanio, varôn dedicado a obras de misericordia, nrincipalmente a la de la hospitalidad. Ocupado en las obligaciones de su condado, desempenaba asuntos terrenos y cor­ porales... Desnués de muerto, cuando se descubriô su cuer­ po para lavarle. segûn costumbre. se observô que sus mano=: v pies estaban perfectamente limpios v como si jamâs hubieran tenido una herida. Al cuarto dia de haber sido sppuitado. le pareciô conveniente a su mujer mudar la losa de mârmo) que se habia colocado sobre el senulcro. Al ser levantada la losa, saliô de su cuerpo un olor tan agradable, que parecia como si de aquella came en putrefacciôn brotasen exquisitos aromas en vez de gusanos. He referido este caso para poder manifestar con un ejemplo reciente que hay algunos que. teniendo el hâbito secular y mundano, su aima en manera alguna es secular. Aquellos a quienes liga en d mundo la necesidad. de modo que no pueden desentenderse de él por completo, dehen poseer las cosas terrenas de suerte qup no se someta a ellas su corazôn... Si se ama el bien, deléitese el aima en los bienes mejores. esto es, en los celestiales. Si se terne el mal, propongamos a nuestro entendimiento los males eternos, para que, viendo alli lo que mâs debe amar y lo que mâs debe temer, no se adhiera completamente a pste mundo. Para poder hacer esto tenemos en nuestro auxilio al mediador entre Dios y los hombres, por el que lo conseguirpmos todo si ardientemente amamos a Aouel que vive y reina con el Padre v el Espiritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén”. SECCION IV. I. TEOLOGOS SANTO TOMAS DE AQUINO La Eucaristia, sacrificio La dominica segunda después espués de Pentecostés es, al mismo tiem tiem-­ po, infraoctava del Cor us. No debe parecer extrano que acomoderâbola evangélica a la .tucaristla, Eucaristia, viendo en la «gran cena» nios la parâboia el sacrificio de nuestros altares,i- a cuya participaciôn son invîtados los cristianos. Por tal motivo exponemos a continuaciôn la doctrina de Santo Tomâs sobre el sacrificio de la misa. Teniendo présente que ya hemos transerito las ensefianzas del santo Doctor referentes al sacramento de la Eucaristia (cf. La Palabra de Cristo, dom de Cuaresma, t.3 p.610-619), queda completada asi la ensenanza Angélico acerca del gran misterio. A) Obligation universal de ofrecer sacrificios a) El sacerdote en SENTIDO ESTRICTO “Los sacerdotes ofrecen los sacrificios que estân ordenados especialmente al culto divino, no sôlo por si, sino también por otros” (2-2 q.85 a.4 ad 3). b) Los hombres, en sentido AMPLIO “Hay, sin embargo, otros sacrificios que cada uno puede ofrecer a Dios por si mismo” (ibid.). c) Son sacrificios también los actos de otras virtudes “Otro sacrificio exterior tiene lugar cuando se aplican actos exteriores de otras virtudes a la reverenda divina, de los cualee unos son de precepto y, por lo mismo, obli­ gatorios a todos; pero otros son de supererogaciôn, a los que no todos estân obligados” (ibid.). “El hecho mismo de que queremos unirnos a Dios por cierta sociedad espiritual pertenece al divino amor; y, por lo tanto, el acto de cualquiera virtud recibe el carâcter de sacrificio, por hacerse con el fin de que nos unamoe a Dios en santa sociedad” (2-2 q.85 a.3 ad 1). IJ LA GRAN CEN A B) Très especies de sacrificio en la antigua ley “Habia très clases de sâcrificios en el Antiguo Testa mento". a) El holocausto “Llamado asi porque todo se quemaba, y este sacrifi­ cio se ofrecia especialmente a Dios por reverenda a su majestad y amor a su bondad, y correspondia al estado de perfecciôn en el cumplimiento de los consejos; por lo cual quemâbase todo, para demostrar que, asi como todo el animal convertido en vapor se elevaba hacia el cielo, asi también el hombre y todas sus cosas estân sometidas al dominio de Dios y deben serle ofrecidas” (1-2 q.102 a.3 ad 8). b) El sacrificio por el pecado “Se ofrecia a Dios por la necesidad del perdôn del pe­ cado, y convenia al estado de los penitentes en satisfacciôn de sus culpas. Este sacrificio se dividia en dos partes, siendo una de ellas quemada y la otra destinada al uso de los sacerdotes, para significar que la expiaciôn de los pecados se hace por Dios mediante el ministerio sacerdotal, salvo el caso de ser ofrecido el sacrificio por el pecado de todo el pueblo o en especial por el dei sacerdote, en cuyo caso ee quemaba in­ tegro, porque no debia quedar para el uso de los sacerdotes lo que se ofrecia por el pecado de los mismos, a fin de que nada de pecado quedase en ellos, y porque esto no séria satisfacciôn por el pecado; pues, quedando para el disfrute de aquellos por cuyos pecados era ofrecido, pareceria lo mismo que si no se ofreciera” (ibid.). c) La hostia pacîfica “Es la que se ofrecia a Dios, ya en action de gracias, ya por la salud y prosperidad de los oferentes, a causa de un beneficio recibido o que se esperaba recibir. Convenia al estado de los que progresaban en el cumplimiento de los mandamientos. Este sacrificio se dividia en très partes: una se quemaba en honor de Dios; otra quedaba para uso de los sacerdotes, y la tercera, para uso de los oferentes, significando con esto que la salvation del hombre proviene 'i* βοι SEC. 4. TEÔLOGOS. SANTO TOMAS de Dios bajo la direcciôn de sus ministros y con la coopé­ ration de los miemos hombres que se salvan; y lo que generalmente se observaba era que la sangre y la grasa no sirviesen ni al uso de los sacerdotes ni al de los que ofrecian el sacrificio, sino que la sangre se derramaba sobre el borde del altar en honor de Dios, y la grasa se consumia por el fuego” (ibid.). C) Agradaban a Dios et\ cuanto que figuraban el sacrificio de Jesucristo “Por causa dei sacrificio de Cristo se ofrecian todos los otros sacrificios en la ley antigua, para significar este ûnico, singular y principal sacrificio, a la manera como (se représenta) lo que es perfecto por cosas imperfectas. De aqui lo que dice el Apôstol (Hebr. 10,11 y 12) : que “el sacerdote (de la antigua ley) ofrecia muchas veces unos mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; mas Cristo ha ofrecido uno solo por los pecados para siem­ pre. Y, como de lo figurado se toma la razôn de la figu­ ra, he aqui por qué las razones de los sacrificios misticos de la antigua ley se deben tomar del verdadero sacrificio de Cristo” (1-2 q.102 a.3 c). D) El sacrificio de Jesucristo es el mayor a) El don mayor de Dios al hombre "Entre todos los dones que Dios ha otorgado al género humano después de haber caido éste en el pecado, el mâs principal es el haberle dado a su Hijo, segûn lo que se dice (lo. 3,16) : De tal manera amô Dios al mundo, que le diô a su Hijo unigénito, para que todo el que créé en El no perezca, sino que tenga la vida eterna. Y, por lo tanto, el ma­ yor de todos los sacrificios es aquel por el cual el mismo Cristo se ha ofrecido a Dios en olor de suavidad” (1-2 q.102 a.3 c). b) La pasiôn de Cristo fué verdadero sacrificio "Se dice realmente sacrificio algo hecho en honor debido propiamente a Dios; y de ahi viene lo que dice San Agustîn (De civ. Dei 10,6: PL 41,283): “El verdadero sacrificio es toda obra que se hace para unirnos a Dios en santa socie­ dad”, es decir, el referido a aquel fin bueno con el que podemos ser verdaderamente dichosos. Ahora bien, Cristo “se 602 LA GRAN CENA ofreciô a si mismo en la pasiôn por nosotros”; y el sufrir voluntariamente la pasiôn fué muy acepto a Dios, como proveniente de la mayor caridad. Por lo cual es évidente que la pasiôn de Cristo fué un verdadero sacrificio” (3 q.48 a.3 c). c) Eue sacrificio de reconciliaciôn “La pasiôn de Cristo es causa de nuestra reconciliaciôn con Dios..., en cuanto que es un sacrificio muy acepto a Dios; pues el efecto propio del sacrificio es aplacar a Dios, al modo que un hombre perdona la ofensa que se le ha inferido por causa de algûn obseauio grato que se le tributa. Por lo cual se dice (1 Reg. 26,19) : Si eZ Senor te incita con­ tra mi, recïbe el olor de este sacrificio. De la misma manera fué un bien tan grande el haber padecido Cristo volunta­ riamente, que, a causa de este bien encontrado en la natu­ raleza humana, ha sido aplacado Dios respecto de toda ofensa del género humano con relaciôn a los que se unen a Cristo, quien Dadeciô conforme al modo anteriormente dicho” (3 q.49 a.4 c). d) La carne de Cristo fui E también decirse sacrificio “La figura de este sacrificio, mediante el cual se ofrece la carne de Cristo por nosotros, fué la carne, no de los hom­ bres, sino de otros animales, que significan la carne de Cristo, que es sacrificio perfectisimo: 1.· Porque por ser carne de la naturaleza humana es ofrecida conveni entem en­ te por todos los hombres y tomada por ellos bajo la forma de sacramento. 2.° Porque, por lo mismo que era pasible y mortal, era apta para ser inmolada. 3.° Porque, estando sin pecado, era eficaz para purificar los pecados. 4.° Porque, siendo la came del mismo oferente, era acepta a Dios a causa de la inefable caridad del que ofrecïa su carne” (3 q.48 a.3 ad 1). E) La Eucaristia es sacrificio en cuanto que conmemora la pasiôn del Senor a) Hostia y sacrificio “Este sacramento se llama sacrificio en cuanto repré­ senta la misma pasiôn de Cri^to; llâmase, empero, hostia en cuanto contiene al mismo Cristo, que es hostia de salud, segûn la expresiôn de San Pablo (Eph, 5.2)” (3 q.73 a.4 ad 3). SEC, 4. TEÔLOGO6. SANTO TOMAS b) 603 ES EL MISMO SACRIFICIO DE LA CRUZ Έ1 sacrificio que todos los dias se ofrece en la Iglesia no es distinto del que el mismo Cristo ofreciô, sino una conmemoraciôn de este. Por esta razon dice San Agus­ tin (De civ. Dei 10,20: PL 41,298): “Cristo es el mismo sacerdote que ofrece y la oblaciôn; de lo cual quiso que el sacrificio de la Iglesia fuera signo cotidiano’’ (3 q.22 a.3 ad 2). c) Se debe PARTICIPAR DE ÉL “La Eucaristia no solamente es sacramento, sino tam­ bién sacrificio; y todo el que ofrece un sacrificio debe hacerse participe de él, puesto que el sacrificio exterior que se ofrece es signo del sacrificio interior, por el que uno se ofrece a si mismo a JDios, como dice San Agustin (De civ. Dei 10,5: PL 41,282-283). Asi, al participar del sacrificio (el sacerdote) demuestra que el sacrificio interior le pertenece. Asimismo, también, al dispenser el sacrificio al pueblo, manifiesta ser dispensador de las cosas divinas, de las que él mismo debe en primer lugar ser participe, como dice San Dionisio (Eccl. hier. 3,3,14: PG 3,445). Y por esto el sacerdote debe tomarlo antes de dispensarlo al pueblo. Por lo cual también en el predicho capitulo (cf. Cone. Tolet. XU, De consec, dist.2 cn.ll) se lee: “2 Cûâl es el sacrificio del que no participa aquel que le ofre­ ce?” Y por recibir este sacrificio es por lo que se hace uno participe, segûn aquello (1 Cor. 10-18) : Los que comen las victimas, îpor ventura no tienen parte con el altar? Y, por tanto, es necesario que el sacerdote suma integramente este sacramento cuantas veces consagre” (3 q.82 a.4 c). d) ES UNA VERDADERA INMOLACIÔN “Este sacramento se dice inmolaciôn por dos razones: 1. “Porque, como dice San Agustin (cf. Ad Simpiic. 2,3: PL 40,141), suelen llamarse las imàgenes con los nom­ bres de las cosas de que son imàgenes; como cuando miramos un cuadro o una pared pintados decimos: “Aquél es Cicéron, y aquél Salustio”. Mas la celebraciôn de este sa­ cramento es cierta imagen representativa de la pasiôn de Cristo, que es su verdadera inmolaciôn. Y por esto la celebraciôn de este sacramento se dice inmolaciôn de Cristo”. 2. “En cuanto al efecto de la pasiôn de Cristo, esto es, porque por medio de este sacramento nos hacemos par- LA GRAN CENA θ(Η ücipes del fruto de la pasiôn del Senor. Por lo que se dice en una oraciôn dominical secreta: “Todas las veces que se celebra la conmemoraciôn de esta hostia, se ejerce la obra de nuestra redenciôn” (Dom. 9 post. Pentec.). En el primer sentido se podria decir que Cristo era inmolado incluso en las figuras del Antiguo Testamento. Por lo que se dice también (Apoc. 13,8): Cuyos nombres no estan escritos en el Ubro de la vida del Cordero, que fué muerto desde el principio del mundo. Mas, respecto al se gundo sentido, es propio de este sacramento que en su celebraciôn se inmole a Cristo” (3 q.83 a.l c). F) Explicaciôn de las ceremonias de la misa a) Preparaciôn y ofrecimiento 1. Introito “Puesto que en este sacramento se comprende todo el misterio de nuestra salud, por esto se celebra con mayor solemnidad que los demâs sacramentos. Y como estâ escrito: Guarda tu pie al entrar en la casa de Dios (Eccli. 4, 17); y antes de la oraciôn prépara tu aima (Eccli. 18,23), por eso, antes de celebrar este misterio, se coloca en pri­ mer término cierta preparaciôn, para hacer dignamente las cosas subsiguientes. La primera parte de esta prepa­ raciôn es la alabanza divina que se hace en el introito, segûn aquello: El que me ofrece sacrificios de alabanza, ése me honra; el que ordena sus caminos, a ése le moitraré yo la salud de Dios (Ps. 49,23). Este introito se toma la mayor parte de los Salmos, o se canta con un verso de ellos, puesto que, como dice San Dionisio, “los Salmos comprenden por modo de alabanza todo lo que se contiene en la Sagrada Escritura” (De Eccl. hier. 3,4-5: PG 3,429) (3 q.83 a.4 c). 2. “Kyrie eleison” “La segunda parte contiene la conmemoraciôn de la présente miseria, cuando se pide misericordia, diciendo très veses: Kyrie eleison, por la persona del Padre; tres por la del Hijo, cuando se dice: Christe eleison, y tres por la del Espiritu Santo, cuando se anade: Kyrie eleison, contra la triple miseria de la ignorancia, de la culpa y de la pena, o para significar que todas las personas estân unidas entre si” (ibid.). Ml SEC. 4· TEÔLOGOS. SANTO TOMÂS 3. 605 Gloria “La tercera parte recuerda la gloria celestial, a la que tendemos despues de la présenté vida y miseria, diciendo: Gloria in excelsis Deo, que se canta en las fiestas en las que se conmcmora la gloria celestial. Omitese, no obstan­ te, en los oficios tristes que pertenecen al recuerdo de nues­ tra miseria” (ibid.). 1 Oraciôn, epistola, gradual y tracto “La cuarta parte contiene la oraciôn que hace el sacer­ dote por el puebio para que sea digno de tan grandes mis­ terios. Se dirige previamente una instrucciôn a los fieles, puesto que este sacramento es misterio de fe, segûn se ha demostrado (q.78 a.3). Esta instrucciôn se hace dispositivamente por la doctrina de los profetas y de los apôsto­ les, que se lee en la Iglesia por los lectores y los subdiâconos; después de cuya lectura el coro canta el graduai, que significa el progreso de la vida espiritual, y el Alle­ luia, que significa la espiritual alegria, o el tracto en los oficios tristes, que significa el gemido espiritual; pues estes sentimientos deben producirse en el puebio de la predicha doctrina” (ibid.). 5. Evangelio “Instrûyese el puebio perfectamente por la doctrina de Cristo contenida en el evangelio, que leen los ministros superiores, es decir, los diâconos, puesto que creemos a Cristo como a la verdad divina, segûn aquello: Si os digo la verdad, ipor qué no me creéis? (lo. 8,46)” (ibid.). 6. Credo “Leido el evangelio, se canta el simbolo de la fe, en el cual muestra el puebio que se adhiere por la fe a la doctrina de Cristo. Cântase este simbolo en las fiestas en que se hace menciôn de él, como en las de Cristo y de la bienaventurada Virgen Maria y de los apôstoles, que estableciernn esta fe, y en otras tales” (ibid.). 7. Ofertorio “Acerca de la oblaciôn se hacen dos cosas, a saber: la alabanza del puebio en el canto del ofertorio, por el que se significa la alegria de los que ofrecen, y la oraciôn del sacerdote, que pide que sea aceptada por Dios la ofrenda del puebio. Por lo cual también dijo David (1 Par. 29,17) : Yo con sencillez de corazôn he ofrecido alegre todas estas cosas, y he visto que tu puebio, reunido en este lugar, te G06 LA GRAN CENA ha ofrecido con gozo sus présentés. Y después ora dicien­ do: Senor Dios..., conserva perpetuamente esta voluntad" (ibid.). 8. Pre facio ‘‘En seguida, respecto de la consagraciôn, que se realiza por virtud sobrenaturai, primeramente se excita al pueblo a la devociôn en el prefacio, por lo que se amonesta tener levantados hacia Dios los corazones, y, en su consecuencia, terminado el prefacio, el pueblo alaba devotamente la divinidad de Cristo, diciendo con los ângeles: Santo, santo, sunto; y la humanidad, diciendo con los nifios: Bendito el que viene, etc.” (ibid.). b) 1. Canon de la misa Canon ‘‘Después el sacerdote conmemora en secreto, en prique se ofrece--------------este sacrificio, mer lugar, a aquellos por los n —-----------, esto es, por la Iglesia universal y pro his qui in sublimi­ tate sunt constituti (1 Tim. 2,2), y especialmente por los que lo ofrecen o por quienes se ofrece. Después hace conmemoraciôn de los santos, cuyo patrocinio invoca por los antedichos cuando dice: Communicantes et memoriam ve­ nerantes. En tercer lugar termina la peticiôn diciendo: Hanc igitur oblationem..." (ibid.). 2. Consagraciôn “Acércase después a la consagraciôn misma, en la que se pide: 1. ° Su efecto cuando dice: Quam oblationem tu Deus, etcétera. 2. ° Verifica la consagraciôn por medio de las palabras del Salvador cuando dice: Qui pridie, etc. 3. ° Excusa su presunciôn con la obediencia al mandato de Cristo, diciendo: Inde et memores, etc. 4. ’ Pide que sea acepto a Dios el sacrificio hecho cuan­ do dice: Supra quae propitio, etc. 5. ° Pide el efecto de este sacrificio y sacramento: en cuanto a los que le reciben, diciendo: Supplices te roga­ mus, etc.; en cuanto a los muertos, que ya no pueden recibirle, diciendo: Memento etiam Domine, etc.; y especialmen­ te en cuanto a los mismos sacerdotes que le ofrecen, di­ ciendo: Nobis quoque peccatoribus” (ibid.). 8. Preparaciôn a la comuniôn “Después viene la recepciôn de este sacramento, y pré­ para al pueblo para recibirlo: •Λ i SEC. 4. TEÔLOGOS. FRANZELIN 607 1. ° Por la oraciôn comûn de todo el pueblo, que es la oraciôn dominical, en la que pedimos que nos sea dado el pan nuestro de cada dia, y también por la privada que ofrece el sacerdote especialmente por el pueblo cuando dice: Libera nos, quaesumus, Domine, etc. 2. ° Es preparado el pueblo por la paz que se da di­ ciendo: Agnus Del, etc., pues este sacramento es de unidad y de paz, segûn se ha dicho (q.75 a.4 y q.79 a.l). En las misas de difuntos, en las que se ofrece el sacrificio no por la paz présente, sino por el descanso de los muertos, se omite la paz” (ibid.). 4. Comuniôn “Siguese después la recepciôn dei sacramento, que recibe primeramente el sacerdote y después lo da a todos, puesto que, como dice San Dionisio (Eccl. hier. 3,14: PL 3.445), “aquel que da a otros las cosas divinas debe ser primeramente él participe de ellas” (ibid.). 5. Acciôn de gracias “Por ùltimo, se termina toda la celebraciôn de la misa por la acciôn de gracias, manifestando el pueblo su alegria por el sacramento que ha recibido (la cual significa el can­ to después de la comuniôn), y el sacerdote ofreciendo por la oraciôn las gracias, como también Cristo, celebrada la cena con sus discipulos, dijo el himno, como se lee en Mt. 26,30” (ibid.). Π. FRANZELIN Efectos de la Eucaristia Con sn profundidad acostumbrada aclara unes ideas no siempre explicadas con precision (cf. Tractatus de S. Euchar. sacramento et sacrificio, ed. 5Λ [Roma 1899] p.293-297). A) La Eucaristia nutre al aima perfeccionando la caridad a) Posesiôn y conservaciôn de la vida sobrenatural "El mismo Cristo Nuestro Senor declara el efecto pro­ pio de este sacramento, a saber, el de que poseamos y conservemos la vida (lo. 6,48). Su modo especial propio de comunicar la vida consiste en que el mismo autor y fuente A se nos da como comida y bebida, que nos sostiene y ali­ menta, de lo que se sigue que permanezcamos en El y El en nosotros. Esta eu permanencia la consigue Cristo comunicândonos una vida sobrenatural y duradera, de modo que, asi como El recibe la vida del Padre, asi nosotros la recibamos de El como de la fuente y principio”. ■ b) La uniôn fîsica con Cristo es causa y no efecto ‘‘Los sacramentos, debido a nuestra doble composition de aima y cuerpo, constan también de dos elementos, a sa­ ber, el material sensible, que, elevado al orden santificador, se aplica exteriormente, para que su virtud sobrena­ tural pénétré al aima y la santifique, que es lo que constituye el segundo elemento. Ahora bien, en este sacramento de los sacramentos no solo se aplica el elemento santificado y santificador, sino que el mismo autor de la santidad es recibido interiormente en estado sacramental de comida y de bebida, hasta el punto de que, segûn los Santos Padres, su cuerpo y sangre preciosos se mezclan con los nuestros. Pero es de notar que esta union sacramental (del cuer­ po de Cristo con el nuestro) no es un efecto dei sacra­ mento, sino que constituye precisamente la aplicaciôn del sacramento en cuanto signo, siendo, en cambio, la causa de aquella otra unidad con Cristo en virtud de la cual E! permanece en nosotros y nosotros en El”. c) La uniôn de la caridad, efecto del sacramento “La unidad con Cristo descrita por San Juan (c.6), y que es significada y causada por la union sacramental con El bajo la forma de comida y bebida, es esa otra union espiritual de la caridad que nos une y conserva estrechamente unidos con la Cabeza y miembros”. Esta doctrina, clara en las Escrituras, es propuesta en diversas formas por los Padres, que describen nuestra uniôn sacramenta! con Cristo como causa de la union con la Cabeza v de la unidad entre los hermanos ; que nos hablan de una vida derivada de la came de Cristo, la cual por su uniôn con el Verbo es carne de vida y vivificadora. y que nos exolican cômo los dones de la gracin. que constituyen esa vida, v a la que llaman nnestra transmutaciôn en Cristo, se derivan del cuerpo y sangre del Senor. d) La gracia sacramental de la Eucaristîa es la caridad en si MISMA Pudiera, pues, creerse que este sacramento no tiene un efecto peculiar suyo, puesto que todos conceden la gracia y caridad. “Pero es de senalar que, aunque la gracia santifi- SEC. 4. TFÔLOGOS. FRAX77IT.\ 609 cante conferida por I03 sacramentos sea' ontolôgicarrente igual en todos ellos, sin embargo, recibe en cada uno cierta relaciôn especial, a la que se le llama gracia sacramental. Asi en los sacramentos rie mucrtrs. mediante el bautismo se conflere la prmera union con Cristo y su cuerpo. la Igle­ sia, a mâs de la primera generaciôn a la vida ecpiritual; y mediante la penitencia. la remi’iôn y cura de los p^cadoe. De los sacramentos de vivos, unos ordenan v fortalecen para determinadas Inches crstianas, como Ja coniirmaciôn y extremaunciôn, mientras que otros constituyen al cristiano en un estado peculiar de la Ig’esia, como el orden y matri­ monio. Por lo tanto, los sacramentos de muertos han sido institnidos nara exniar el pecado e incoar la cnridad. mas no para perfeccionar la ya ex;stente. Los de vivos aumentan ciertamente la gracia, pero mirando a otro fin especial y d'Stinto de la caridad. Por el contrario. Cristo en la Eucaristïa. al unir’eno^ internamente como eomida, ln hace para perfeccionar la vida y union de la caridad con El y mutua entre no=ofroa. v esto, no nam cnn^eguir otro fin distinto, sino por la union de la caridad buscada por si misma”. e) Π Centro de la caridad "Por e^o este sacramento es el centro intimo de la uniôn de la caridad, centro al cual se dirgen todos lon> demâs cnmo radios, one no hacen sino préparât una union con Cristo que eerâ consumada en éste. En los demâs sacra­ mentos, Cristo. Dios y hombre. conôere la gracia, anlicando por medin de sus ministros los signos santificadores; pern en este El mismo es el sacramento v. n^r irmdio de su uniôn intima en forma de comida y de b^bida. derrama en las aimas la abundancia de sus gracias. Sacramento pues, de sacramentos. y no sôlo por su excelente santidad. sino muy nrincipalmente porque todos se le ordenan y subordinan”, ' B) Efectos de la Eucaristia en el cuerpo de quienes la reciben a) El hecho Los Santos Padres se refieren a formas : 1. Dicnn explicitamente aue "es mento santificar cl aima v el cuerpo” Paedag. Π 2 p.151; Niseno, Or. cat. estos efectos en très nficio de este sacraP’f Clemente Alej., 37). La Palabra de C. 5 v >· V LA GRKV CFNK 610 Hablan de una especial afinidad de Cristo con noeotros, conseguida mediante la uniôn de su cuerpo con el nues­ tro; union que aprecian no sôlo mientras permanecen en nosotros las especies sacramentales, sino de un modo permanente, constituyéndonos en concôrporeos y consanguineos suyos. 3. Explican que la uniôn con el cuerpo de Cristo. prin­ cipio y causa de la incorruptibilidad, nos traslada del estado de pecadores caidos, restaurando la inteari^ad nrünitiva (cf. NiSENO. Or. cat. 37. donde comnara la Encaristia *■on el bocado de Adâu). Esta restauraciôn comnrende. segun los Padres, dos elementos: el temnlar y restrindr la concupiscenda (Crisôst.. In lo. hom.46.4; Ctril. Alej.. In lo. 14: San Bernardo. In serm. de coena Dam. 3) v «1 ser medicina de inmort alidad. término frecuentisimo desde Ignacio de Antioquia (Ad Eph. 20). “Nuestros cuerpos, que han recibido la Eucaristîa. ya no son corruptibles. nues tienen la esperanza de la resurrecciôn” (cf. San Τ»ε\το, Advers. impugnatores 4,18,5) (o.c., thés.19 p.302-306). 2. b) 1· EXPLICACIÔN DEL HECHO Sedante de la concnD’scencla y preparaciôn para la resurrecciôn La primera consecuencia de esta doctrina es eue la Eucaristîa produce este efpeto mediante la gracia v Ins Ho­ nes conferidos al aima “Como aidera que el sacranWo confiere un aumento de la gracia habituai, ordenado psiwîaImente a las gracias actuales, nor las cuales pnrsoveramns pp la vida de la gracia para nermanecer en Cristo v Cristn en nosotros, estos dones rof ren an los deseos de la concuniscencia, v cuanto mâs abundantes sean, mâs pficazment? d°rivan del aima al cuerpo. de modo nue el hombrp. santificado en su natural compuesto. sea hecho también participe de alguna forma, en su parte material, de la vida nue nosee la espiritual. La pr^naracion para la resurreeciôn riori osa se con tiene del mismo modo en la gracia habituai y actual que el sacramento nos confiere para perseverar”. 2. Consagraciôn sacramental de nuestros cuerpos “Sin embargo, esta explicaciôn no es suficiente si nose le afiade algo oue alcance la profundidad v amplitud de sentido que contienen la promesa de Cristo Senor y las ex· plicaciones de los Padres. Semin uno v otras. parece que debemos exnlicarlo asi: Cristo Nuestro S^fior considera etmo came propia suya, por una especial afinidad, la de aque­ llos que recibieron dignamente el sacramento, y que puede SEC. φ TEÔLOGOS. FRANZELI5 611 considerarse consagrada por el contacto del cuerpo sacratiswio. Aunque, en reaiiuad, nuestros cuerpos, por el estauo ue la gracia, son tempios del Espiritu Santo, y por ello miembros ue Cristo, parte de sus huesos y de su carne..., sin embargo, esta uniuad mistica del cuerpo ue Cristo y ei nuestro reciben una mâs plena consumacion, y, como si dijéramos, consagraciôn sacramental, por medio de la union de su cuerpo y sangre glonficados con los nuestros, union en la que se celebran las bodas dei Eoposo con su JEsposa la Igiesia, peregrina todavia en cada uno de sus miemoros, que soio en ia patna ceiebrarâ alegre la union total (Apoc. 21,2-3)”. 3. Conformation de nuestra carne a la carne glorificada de Cristo "Asi, pues, de la union sacramental nace una afinidad peculiar, por la que Cristo, esposo, considera, por un ti­ tulo especial, como cuerpo suyo el de aquellos que le comen y le beben dignamente. Y, en atenciôn a ello, conforma nuestra carne a la suya incorruptible y glorificada, no por medio de la incorruptibiîidad e inmunidad de la concupis­ cenda, sino por medio de los auxilios internos y externos que nos delienden de las tentaciones de la carne y del diablo, en cuanto que nuestra condition es capaz de ello y el defec­ to de nuestra cooperation no lo impide, y algunas veces in­ cluso disminuye directamente ia concupiscentia en el cuerpo de sus santos por medio de cierto temperamento eobrenatural de los humores. Aunque no podamos decir que esto ocurra ciertamente en virtud dei sacramento, sin embargo, no parece improbable si lo comparâmes, v. gr., con el efecto de la extremaunciôn, que obra en el mismo cuerpo, y tene­ mos muy présente a la vez que estos efectos sacramentales obrados sobre nuestra parte corporal han de entenderse siempre atendiendo no solo a la medida de nuestra disposi­ tion, sino a las razones de la Providenda divina y subordinândolos al efecto y fin principal, que es la santificaciôn del aima y la salvaciôn eterna”. L Auxilios y carismas especiales "Fuere lo que fuere, ciertamente que la gracia sacramen­ tal dada ex opere operato se refiere a auxilios especiales para resistir las tentaciones de la carne, los cuales, si encuentran coopération, son suficicntes para conformar en esta vida nuestra carne a la de Cristo. La historia nos ensena, sin que podamos dudarlo, que el cuerpo de algunos santos, amados y amantes de un modo especial, recibiô de la Eucaristia, y con frecuencia, carismas extraordinarios, que incoaron en esta vida su incorruptibiîidad y glorification. 612 LA GRAN CENA En cuanto a la resurrecciôn glor osa..., basta adrnitir que Cristo Nuestro Senor, dada la afiaidad surgida en nues­ tro cuerpo gracias a la union eucariïtica, io considera de un modo especial como cuerpo suyo, que ha de ser conformado a la causa ejemplar en la gloria de la resurrecciôn, y que nuestro cuerpo toma de la Eucaristia,' constituida por Cris­ to, un titulo y una aptitud especial para la resurrecciôn”. ■ ' · · ·■? · “ SECCION V. AUTORES VARIOS I < I. SANTO TOMAS DE VILLANUEVA Causas de la instituciôn de la Eucaristia (Cf. Divi Thomae a Vilanova opera omnia t.3 [Manilae 1881] doni. II post Pentec.) A) Exordio: predicar las grandezas del Serior El predicador no tiene por qué cenirse a predicar solo verdades morales; debe también manifestar las grandes obras de Dios. Proclamarân La obra de Dios y pensardn que es EL el que lo hace (Ps. 63,10)· Un sermon de verdades especulativas y cientificas puede producir, a veces, el mismo fruto que otro totalmente prâctico, porque la contemplacion de las obras divinas tiene grandes ventajas, iluminando la inteligencia, inflamando la voluntad, llevândonos a admirar la sabiduria y majestad divinas, de lo cual nace el temor y respeto, y haciendo-uos emender la grande obligaciôn de amar, servir y alabar a Dios. Por eso, vamos a cantar las grandezas del Santisimo Sacramento, no adentrândonos en aquellas cosas que es necesario dejar para el estudio de las escuelas, sino intentando investigar los motivos del Senor al instituir la Eucaristia. Recemos antes a aquella Virgen santa, de donde naciô el que se contiene en este augusto sacramento. B) Cuatro causas de la institucion Las dos obras mâs grandes de Dios han sido la Encar­ nacion y la Eucaristia. De la primera conocemos el final: "Por nosotros, hombres, y por nuestra salud”. Pero de la segunda no suele ser tan vulgar el conocimiento. Los santos doctores acostumbran reducir las causas a cuatro. Λ 9 , *1 61 LA GRAN CENA a) Consolar al hombre Por eso se instituyô en el momento en que Cristo se despide de los suyos. A\o îos ueja nuerfanos. iQué séria de la iglesia y de nosotros si no tuviésemos el consuelo del sagrario? Memorial de su b) pasiôn Hacedlo en memoria mia. No era justo que se olvidase la pasiôn del Seûor, y todo en la santa misa, desde los vestidos y gestos del sacerdote hasta la presencia eucaristica real, todo debe recordârnosla. Este es el Cordero de nues­ tra Pascua. c) Un sacrificio nuevo Abolidas las figuras, se nos da este nuevo sacrificio, ofrecido por Cristo cuando en el seno de su Madré dijo a Dios: Rechazas las of rendus y victimas, pero me has dado un cuerpo (Ps. 39,7). Lo anunciô Malaquias, como que ha­ bia de ofrecerse puro e inmacuiado en todo el mundo (Mal. 1,10), cual si quisiera indicar que todos los sacnficios del Antiguo habian sido susticumos por esta nueva ofrenda. Notad que la sangre de los antiguos sacrificios no se ofrecia sôlo en culto de adoraciôn, sino que servia para punîicar y santificar, puesto que con ella se ungia a los sacer­ dotes y reyes y se rociaba al mismo pueblo. Segùn la ley, casi todas las cosas han de ser purificadas con sangre (Hebr. 9,22). También la sangre del Senor en la Eucanstia es algo mas que un sacrificio de adoraciôn, porque, al unirse con nosotros en forma de sacramento, nos santifica y asimila a Cristo. d) Sacramento que santifica Hemos llegado a ello. Si la sangre de animales (Hebr. 9,18) lo hacia antiguamente, ^qué no harâ este pan, que alimenta la vida del hombre (Ps. 103,15), pan y vino, simbolos de sustento? El pan que yo os dare sera mi carne, vida del mundo (Ιο. 6,51). AUTORES C) VARIOS. 615 VTI.T.\NUF.VA Union hipostâtica y union eucaristica a) Un nuevo milagro Todas estas razones son de gran valor, pero, a pesar de ello, el Senor hubiera podido conseguir los mismos efectos con cualquier otro sacramento. Este que celebramos hoy es un nuevo milagro que completa el de la encamaciôn. Dios enviô a su Hijo para vivificar al mundo, para que tuviera vida, y la tuviera muy abundante (lo. 10,10). iCômo podrâ ser vivificado el mundo si no es uniendose con Dios, que es vida, del mismo modo que el cuerpo la recibe al unirse con el aima? Cierto que la gracia y la caridad nos comunican esta vida divina, pero el principio y fuente de toda gracia y caridad es la union hipostâtica de Dios con el hombre en Cristo Jesus. De esta primera gracia manan to­ das las demâs, originadas de aquella plenitud (Ιο. 1,10). b) Plenitud participada por medio de la Eucaristîa Pero esta plenitud de gracia solo ha sido derramada en la Cabeza del Cuerpo mistico, aunque de ella la recibamos todos los miembros. Mas ;.por qué no fué comunicada plenamente a todos éstos? Ciertamente, porque no convenia. Si hubiera convenido, Dios lo hubiera hecho; mas no déjà de parecer absurdo que Dios se uniera hipostâticamente a todos los hombres, como tomô el cuerpo y el alma de Cris­ to. Pero la sabiduria divina ha encontrado un medio para salvar esta imposibilidad y nos ha hecho participes de su divinidad por el sagrado banqueté de la Eucaristîa. Convirtiô su came en alimento inefable y nos lo diô, y, al comerlo, Cristo nos une a El, nos transforma en El, nos in­ corporé a El, para que la union que no ha podido cumplirse de una manera hipostâtica se lleve a cabo por una manducaciôn divina. Comemos una carne deificada y nos unimos a la divinidad, nos convertimos en hueso de los huesos y came de la came de Cristo. Ya no somos dos, sino uno solo; ya no somos un solo espiritu por la gracia, sino un mismo cuerpo por Jesucristo, y del mismo modo que un car­ bon encendido prende fuego a todos los demâs, la carne de Cristo nos ha comunicado su divinidad (cf. San Juan Da­ masceno, De fide orthod. 4,14). I . 616 LA GRAN CENA c) UNTÔN REAL, NO SÔLO MfsTICA No se contento el Snnor con uniones misticas; ha querido uniones reales. Podemos aplicar aqui aquella parâbola de la levadura que fermenta toda la masa, y si ahora no anarece nuestra fermentaciôn, es porque hoy, aunque seamoe hijos de Dios, no se ve todavia lo que seremos; pero, cuando aparezca, nos veremos spmpînntes a El (1 lo. 3,2), brillaremos como el sol, porque Jesûs es un hombre celeste (1 Cor. 15,44). No son entusiasmos mîos; oïd al Senor: Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirâ para siempre (lo. 6,51); y para razonarlo afiade: El que corne mi carne y bebe mi sangre, esta en mi y yo en él (ibid., 56). iHabéis visto una union mâs intima que la del alimento y el que lo corne? Por eso, asi como me enviô mi Padre vivo, y vivo yo por mi Padre (ibid., 58), porque ten­ go con El una vida comûn y una sustancia comûn, el que me come participari de mi vida y naturaleza. Después de extenderse en afectos, aduce el ejemplo que el abad Puiperto cuenta de si mismo en su libro 12 sobre San Mateo (c 26). La noche que precediô a su primera misa se le apareciô el Senor en forma humana, y, rodeândole de un modo misterioso y como si fuera un vestido, sintiô el abad que Cristo se le imprimia mâs intimamente que un sello en la cera, con taies dulzuras, que de no ser râpidas hubiera muerto. Este debe ser el fruto de nuestra incorpo­ ration a Cristo en la sagrada comuniôn. ΙΊ. BEATO JUAN DE AVILA El banqueté de la union En el tratado io de su Libro del Santisimo Sacramento dice ei Beato que el Verbo es el pan intelectual one da vida en el cielo, inientras que la Eucaristia da la vida sobrenatural en la tierra, pensamiento que puede servir al explicar el banquete. En el tra­ tado i3, que extractanios, snpone. mas que prueba, que la comuniôn nos mie con Cristo. v se extiende en consecuencias y afectos (cf. Li­ bro del Santisimo Sacramento. en Obras espirituales del Padre Maes­ tro Beato Juan de Avila. ed. Apostolado de la Prensa, Madrid 1953). SEC. 5. AUTORES VARIOS. BEATO AVILA 617 A) Fiesta de nuestra union con Cristo a) Gran honor para el hombre “El misterio de que somos redimidos por Cristo y el des­ precio de nuestra bajeza ceiébrase en el Adviento y celébraseen la Seonana Santa, que se trata de la Pasiôn, y en otras fiestas particulares. Mas el dichoso misterio que célébrâmes en estos dias, del cuerpo y sangre de Jesucristo nuestro Sefior debajo de accidentes de pan y de vino, muy diferente es del otro, y que aûade miel sobre miel, honra sobre honra y amor sobre amor. Acullâ celebramos que somos hechos salvos por Cristo, y aqui que somos hechos salvos en El. Alli, que Dios se abajô a hacerse hombre y morir por los nombres; aqui, que el hombre es levantado a ser unido con el Verbo encarnado, que muriô por los hombres". Si la gloria, como herencia de Abrahân, se prometiô a Cristo, 4qué esperanza es la nuestra?... b) Cristo, esperanza del hombre “La respuesta es que los hombres estân excluidos de la gracia y de la gloria mirados en si mismos, y en ninguna manera son de ello capaces; mas si se juntan con Cristo, por ser cosa de El, recibirân la gracia y la gloria, si por ellos no queda. Lo cual maravillosamente lo diô San Pablo a entender cuando dijo (Gai. 3,16) : No a simientes como en muchos, mas a simiente como en uno; como quien dice, que la gracia y la gloria no se niega a los muchos; mas estos muchos no han de estar en si mismos, sino en uno, el cual es Cristo; y ésta ha de ser la esperanza de los que se quieren salvar, que, como dice el mismo San Pablo, sean de Cristo, y asi serân simiente de Abrahân y herederos segûn la promesa. Mas, aunque dice que somos de Cristo, no dice en qué grado puede ser uno de Cristo. En grado de siervo, puede ser casa suya, puede ser vestidura suya; y subiendo mâs, mede ser pariente, y hermano, y esposa; y, sobre todo, aûn lay otro grado de union, por el cual llega el hombre a ser hecho, como declararemos, no sôlo cristiano, mas aun Cris­ to. Y de esta manera le convendrâ el ser simiente de Abrahân y heredero del cielo”. Esta union que nos convierte en Cris­ to es la eucaristica (cf. o.c., tr.13,10 p.1228-1229). fe B) Incorporados a Cristo como a nuestra cabeza Ezequiel (47,3-5) vio un rio en el que pudo entrar poco a poco, hasta que perdiô pie. Tratando de los efectos de la comuniôn, podemos siquiera entrever la union que ocasioaa con Cristo como Senor, hermano, padre y aun esposo; pero se pierde el pie cuando sabemos se une a nosotros “como cabeza con miembros, que hacen una persona” (cf. ibid., 1 p.1211). Dios constituyô a Adân en cabeza, y como cuando esta comete un delito se castiga toda la persona, nosotros padecimos el de su pecado. Aüâdanse a esto nuestras faltas personales, con las que, unidas a las de Adân, nos hicimos siervos del demonio. Compadecido Dios al vernos miembros de taies cabezas, decidiô darnos una santisima, cuya dignidad fuera la de Dios y que fuese a la vez causa meritoria y distribuidora de la gracia (cf. ibid., 2 p.1212-1213). Los méritos de Cristo serân nuestros, y no como los dei senor que comunique mercedes para su siervo, ni el padre o esposo para su hijo y mujer, sino como de la cabeza para sus miembros. ;Que levantes del polvo... al pobre y lo coloques no solo entre los principes de su pueblo (Ps. 112,7), mas con el Principe de los principes! iCômo pueden ser hechas aquestas cosas? (lo. 3,9), preguntô Nicodemo al Seüor. Una de las mayores dificultades que encontraron los apôstoles fué la de convenccr al mundo de las grandes mercedes que Dios le habia hecho (cf. ibid., 5 p.1218). C) La comuniôn, medio para la incorporacwn a) UNIÔN ESPIRITUAL Y UNIÔN CORPORAL “iMaravillosa cosa! Que ccme al Seüor el pobre, y el siervo, y el bajo; y por juntarse con El suben a tanta dig­ nidad, que participan de ser amados y mirados del celestial Padre con tales ojos, que son todos llamados por nombre de Cristo. Todos los que habéis sido bautizados, dice San Pa­ blo (Gal. 3,27-28), vestido os habéis a Jesucristo. Ya no hay siervo ni libre, ni judio ni griego, ni varân ni mujer; mas Cristo nuestro Senor es todas las cosas en todos. Esto se hace en el bautismo espiritualmente; mas hâcese por virtud de aquel Seüor que alli estâ debajo de especies de pan; y aquello se llama comerlo espiritualmente, y SFC. AUTORES VARIOS. BEATO AVTLA 610 el nitar corporalmente y sacramentalmente, para ir bien hecho. Y la union que se hace en el bautismo invisiblemente, aqui en el altar se représenta visiblemente; porque, com>endo a Cristo, somos comidos de El, unidos a El como miembros con la cabeza”. ρπ b) Sacramento de la perfecciôn ‘Ύ también el que se hautiza o recibe cualquier sacra­ mento... no ha de parar alli, mas recibir sacramentalmente p] cnprno de nuestro Senor, como el fin y consumaciôn de los otros sacramentos. Y aunque en los otros sacram entos se représente alenm «M’pcto particular de la gracia, como es rpnacer nor el santisimo bautismo. ser perdonados por la absnluciôn sacramental, y asi en los demâs; mas en este dignisimo sacramento, donde reside el mismo Senor, fuente de todas las gracias, es significado el fin de toda la ley y la nerfpcciôn de todas las obras, que es la union del amor (cf S Tttom., Opusc. 5) ; y que estos bienes, oqe en los otros sacramentos se dan, aunque se dan por Cristo, se dan por via de estar unidos con Cristo”1 (cf. o.c. tr.12,7 p.1208-1209). Esta es la fiesta de las maravillas, “que no sôlo somos salvos por Cristo, sino en Cristo...; oue no solamente se Haman Cristianos, sino Cristo” En la Iglesia se dan diversidad de oficios, pero la dignidad de este nombre conviene a todos (cf. o.c., tr.13,6 p.1219). c) El Verbo, alimento del hombre “;0h bocado divino, que ahi estas encerrado!... ;Cuân verdaderamente cumples lo que Job (31,17) dijo: Si comï mi bocado de pan a solas y no di parte de eUo al huérfano, esto y esto me venga. El bocado de pan que fué dado a la sacra humanidad de Jesucristo nuestro Senor fué el Verbo divino, para que uniese consigo aquella sacratisima ânima y cuerpo en unidad de persona... Bien pudiera Jesucristo nuestro Senor quedarse con su honra y con sus riquezas a solas y decir como el rico avariento (Le. 12,19) : Anima mia, muchos bienes tienes para muchos anos; corne, y bebe, y descansa. Mas no le supo bien comer a solas del bocado honroso y provechoso y deleitoso que le fué dado, sin que también fuese el huérfano—que es el género humano—convidado por El y participase de tan excelente manjar... Estas 1 EI Beato, con verdadero instinto teolôgico, apunta a la tesis désarroi laso), después de tratar de la un.on de CnsLo cou nuestras a.mas, pasa a demostrar como eu en u el banque.e eucaiisv.co al comer a Cristo, nuestro cuerpo se hace uno cou el suyo (cf. BAC, Obras completas castellanas 2.a ed. p.022-6jo). Uniôn a) de ambos cuerpos “Esto, pues, es lo que hace en el aima; y no es menos maravilloso que esto lo que hace con el cuerpo, con el cual ayunta el suyo estrechisimamente. Porque... también esta misma carne y cuerpo suyo, que tomô de nosotros, lo ayunta con el cuerpo de su Iglesia y con todos los miembros de ella que debidamente le reciben en el sacramento del altar, allegando su carne a la carne de ellos y haciéndola, cuanto es posible, con la suya una misma (Eph. 5,31-32) : Y serân, dice, dos en una caine. Gran sacramento es este; pero entiéndolo yo de Cristo y de la Iglesia. No niega San Pablo decirse con verdad de Eva y de Adân aquello: Y serân una carne los dos, de los cuales al principio se dijo; pero dice que aquella verdad fué semejanza de aqueste otro hecho se­ creto. Y dice que en aquello la razôn de ello era manifiesta y descubierta razôn; mas aqui dice que es oculto misterio...” b) Uniôn de asimilaciôn “Quedarâ muy entendido si yo hiciere ahora clara la verdad de dos cosas: la primera, que, para que se diga con verdad que dos cosas son una misma, basta que sean muy semejantes entre si; la segunda. que la carne de Cristo, tocando a la carne del que le recibe dignamente en el sacra­ mento. por medio de la gracia que produce en el aima, hace en cierta manera semejante nuestra carne a la suya...” 1. La semejanza équivale a la union “De dos, cuando mucho se aman, ipor ventura no deci­ mos que soq uno mismo, y no por mâs de porque se conforman en la voluntad y querer? Luego, si uuçstra carne se desnojare de sus cualidades y se vistiere de las condiciones de la carne de Cristo, serân como una ella y la carnp de Cristo; y, ademâs de muchas otras razones, sera también por esta razôn came de Cristo la nuestra, y como parte de su cuerpo, y parte muy ayuntada con El. De un hierro muy encendido decimos que es fne« *v no porque en sustancia lo sea. sino pofque en las cualidades, en el ardor, en el ene.endimiento. en la color y en los efectos lo es; pues asî. para que nuestro cuerno se diga cuerpo de Cristo, aunque no sea una sustancia misma con El, bien le debe bastar el estar acondicionado como El. Y para no traer a comparaciôn le que mâs vpcino es y mâs semejante, ;no dice a boca llena San Pablo (1 Cor. 6.171 que el que se ai/unta con Dios se hace un espiritu con El? i Y no es cosa cierta que el ayuntarse con Dios el hombre no es otra cosa sino recibir en su aima la virtud de la gracia, que, como ya tenemos dicho otras veces, es una cualidad celestial que. puesta en el alma, pone en ella mucho de las condiciones de Dios y la figura muy a su semejanza? Pues si al espiritu de Dios y a nuestro espiritu los dice ser uno el Predicador de las gentes, por la semejanza suya que hace en el nuestro el de Dios, bien bastarâ, para que se digan nuestra carne y la carne de Cristo ser una carne, el tener la nuestra, si lo tuviere, algo de lo que es propio y natural a la carne de Cristo...” 2. Nuestro cuerpo, semejante al de Cristo “Un guante oloroso, traido por un breve tiempo en la mano, pone su buen olor en ella, y apartado de ella, lo déjà alli puesto; y la came de Cristo, virtuosisima y eficacisima, estando ayuntada con nuestro cuerpo e hinchiendo de gra­ cia nuestra alma, '6 no comunicarâ su virtud a nuestra car­ ne? 4Qué cuerpo, estando junto a otro cuerpo, no le comu­ nica sus condiciones? Este aire fresco que ahora nos toca, nos refresca; y poco antes de ahora, cuando estaba encen­ dido, nos comunicaba su calor, y encendia... No es obra de naturaleza aquésta, mas es muy confor­ me a ella y a lo que naturalmente acontece a los cuerpos cuando entre si mismos se ayuntan. Y si, por entrar la came de Cristo en el pecho no limpio ni convenientemente dispuesto, justamente se le destempla la salud corporal a quien asi le recibe, cuando, por el contrario, estuviere bien dispuesto el que la recibiere, 4 cômo no sera justo que, con maravillosa virtud, no sôlo le santifique el aima, mas tam­ bién, con la abundancia de la gracia que en ella pone, le apure el cuerpo y le avecine a si mismo todo cuanto pur SEC. 5. AUTORES \ \R1OS. IR. LUIS DL LEON 623 diere? Que no es mâs inclinado al dano que al bien el que es la misma bondad, ni el bien hacer le es dificultoso al que cou el querer solo lo hace...” c) El cuerpo de Cristo, vida del nuestro "El demonio, inspirando espiritualmente al aima y dando un manjar al cuerpo, desconcertô la una y emponzonô al ûtro. Asi como en Aaân muneron todos, asi cobraron vida en Jesucristo (1 Cor. 15,22). Pues si el remedio ha de ir por las pisadas dei dano, necesario es que Cristo produzca vida en el aima con su espiritu y en el cuerpo con el suyo... San Cirilo lo dice muy bien (cf. Ciril. Alej., In lo. Evang. 1.4 c.14 y 15) : “No podria—dice—este cuerpo co­ rruptible traspasarse por otra manera a la inmortalidad y a la vida sino siendo ayuntado a aquel cuerpo a quien es como suyo el vivir. Y si a mi no me crees, da fe a Cristo, que dice (lo. 6,54-55): Sin duda os digo que, si no comiéredes la carne del Hijo del hombre y si no bebiéredes su sangre, no tendréis vida en vosotros..." Y en otro lugar, el mismo doctor dice asi (cf. In lo. Evang. 1.4 c.14) : “Es de advertir que el agua, aunque es de naturaleza muy fria, sobreviniéndole el fuego, olvidada de su frialdad natural, no cabe en si de calor. Pues nosotros, por la misma mane­ ra, dado que por la naturaleza de nuestra carne somos mor­ tales, participando de aquella vida que nos retira de nuestra natural flaqueza, tornamos a vivir por su virtud propia de ella. Porque convino que no solamente el aima alcanzase la vida por comunicârsele el Espiritu Santo, mas que también este cuerpo tosco y terreno fuese hecho inmortal con el gusto de su metal, y con el tacto de ello, y con el mantenimiento. Pues como la carne del Salvador es carne vivifica por razôn de estar ayuntada al Verbo, que es vida por na­ turaleza, por eso, cuando la comemos, tenemos vida en nos­ otros, porque estamos unidos con aquello que esta hecho viua Y por esta causa, Cristo, cuando resucitaba a los muertos, no solamente usaba de palabra y de mando como Dios, mas algunas veces les aplicaba su carne como juntamente obradora, para mostrar con el hecho que también su carne, por ser suya y por estar ayuntada con él, tenia virtud de dar vida”. Esto es de Cirilo. Asi que la mala disposiciôn que puso en nosotros el pri­ mer manjar nos obliga a decir que el cuerpo de Cristo, que es su contrario, es causa que haya en el nuestro, por se­ creta y maravillosa virtud, nueva pureza y vida”. r , .ÈW p» ‘L : % I 624 LA GRAN CENA d) El àr amor le pedîa esta uniôn 1. 'Έ1 amor es unidad” “Y lo mismo podtmos ver si ponemos los ojos en lo que se puso por bianco Cristo en cuanto hizo, que es declararnos su amor por todas las maneras posioies. Porque el amor, como piaticâbades ahora, Juiiano y Sabino, es uni­ dad, o todo su oficio es hacer unidad; y cuanto mayor y mejor la union, tanto es mayor y mâs excelente el amor. Por donde, cuanto por mâs particulares maneras fuertn uno mismo dos entre si, tanto, sin auda ninguna, se tendrân mâs amor. Pues si en nosotros hay carne y espiritu y si con el espiritu ayunta el suyo Cristo por tantas maneras, ponienuo en èi su semejanza y comunicândole su vigor y derramando por él su espiritu mismo,· 6 no os parecerâ, Juliano, forzoso el decir, o que hay falta en su amor para con nosotros, o que nva ayunia lamuién su cuerpo con ei nuestro, cuanto es posible ayuntarse dos cuerposï... El mismo Cristo dice rogando a su Padre (lo. 17,2±-22): Se­ nor, quiero que yo y los mios seamos una misma cosa, asi como yo soy una misma cosa contigo. No son una misma cosa el Paare y el Hijo solamente porque se quieren bien entre si ni solo porque son asi en voluntades como en juicios conformes, sino también porque son una misma sustancia, de manera que el Padre vive en el Hijo y es un mismo ser y vivir el ue tairauioos'’. 2. “La m-yoT unidad que se puede hacer o pensar” “Pues asi, para que la semejanza sea perfecta cuanto ser puede, conviene, sin duda, que a nosotros los fieles entre nosotros y a cada uno de nosotros con Cristo, no solamente nos anude y haga uno la caridad que el Espiritu en nuestros corazoaes derrama, sino que también en la manera dei ser, asi en la del cuerpo como en la manera del aima, seamos todos uno, cuanto es hacedero y porible. Y conviene que, siendo muchos en personas, como de hecho lo somos, empero, por ηζόη de que mora en nuestras aimas un Espiritu mismo y por razôn que nos mantiene un individuo y solo manjar, seamos todos uno en un espiritu y en un cuerpo divino; los cuales espiritu y cuerpo divinos, ayuntândose estrechamente con nuestros propios cuerpos y espiritus, los cualifiquen y los acondicionen a todos de una misma mane­ ra, y a todos de aquélla condiciôn y manera que le es propia a. aquel divino Cuerpo y Espiritu, que es la mayor unidad que se puede hacer o pensar en cosas tan apartadas de suyo. De manera que, como una nube en quien ha lanzado la fuer­ za de su claridad y de sus rayos el sol, llena de luz, y (si Λ SEC. 5. AUTORES VARIOS. FR. LUIS DE LEÔN 625 squesta palabra aqui se permite) en luz empapada, por duuaequieia que se mire es un sol, asi ayuntanuo Cristo, ne so.amenie su virtud y su luz, sino su mismo espiritu y su mismo cuerpo, con 10s fieles y justos, y como mezclando en cierta manera su aima con la suya de ellos, y con el cuerpo de ellos su cuerpo, en la forma que he dicho, les broia Cristo y les sale afuera por los ojos, y por la boca, y por los sentkios; y sus figuras todas, y eus semblantes, y sus movimientos, son Cristo, que los ocupa asi a todos y se ensenorea de ellos tan intimamente, que, sin destruirles ni corromperles su ser, no se verâ en ellos en el ùltimo dia ni se descubrirâ otro ser mâs del suyo, y un mismo ser en todos. Por lo cual, asi El como ellos, sin dejar de ser El y ellos, serran un El y uno mismo”. B) El deleite del banqueté continuacion de ae lo 10 transerito, rray cuis se extiende, exnenae, en uno A continuaciôn Fray Luis de los ïugaies mas nondos y senudos de su libro, sobre el deleite de .a uu.un con Dios. rueue servir auemâs, pu.ia eump.cuai ia materia del gozo del cielo (cf. BAC, Obras complétas castellanas p.biz ss.). a) Motivos del deleite en general 1. Definiciôn del deleite “Deleite es un sentimiento y movimiento dulce que acompafia y como remata todas aquellas obras en que nuestras potencias y fuerzas, conforme a sus naturalezas o a sus deseos, sin impedimento ni estorbo se emplean. Porque todas las veces que obramos asi, por el medio de aquestas obras alcanzamos alguna cosa que, o por naturaleza, o por disposition y costumbre, o por elecciôn y juicio nuestro, nos es conveniente y amable. Y como, cuando no se posee y se conoce algûn bien, la ausencia de él causa en el co­ razôn una agonia y deseo, asi es necesario decir que, por el contrario, cuando se posee y se tiene, la presencia de él en nosotros y el estar ayuntado y como abrazado con nuestro apetito y sentidos, conociéndolo nosotros asi, los halaga y régala. Por manera que el deleite es un movimiento dulce del apetito...” 2. Causas del deleite “Es, pues, necesario para el deleite, y como fuente suya de donde nace, lo primero, el conocimiento y sentido; lo segundo, la obra, por medio de la cual se alcanza el bien deseado; lo tercero, ese mismo bien; lo cuarto y lo ûltimo, su presencia y el ayuntamiento de él con el aima”. 626 LA GRAN CENA b) MOTTVOS DEL DELEITE DE LA UNIÔN CON DlOS 1. Mayor perfection del conocimiento “El a conocimiento, cuanto fuere mâs vivo, tanto, cuanto es de su parte, serâ causa de mâs vivo y acendrado deleite”. Los seres que no tienen conocimiento no pueden gozar. Dentro de la misma especie de seres, el que conoce mâs goza mâs, y viceversa. Un mismo hombre, si ha perdido ei sentiuo en una mano, aunque la tenga tria y la llegue ai fuego, no gozarâ del calor. “Por donde, si esto es asi, quien no sabe ya cuân mâs subido y agudo sentido ee aquel con que se comprenden y sienten los gozos de la virtud, que no aquel de quien nacen los deleites del cuerpo? Porque el uno es conocimiento de razôn, y el otro es sentido de carne; el uno penetra hasta lo ùltimo de las cosas que conoce; el otro para en la sobrehaz de lo que siente; el uno es sentir bruto y de aldea, el otro es entender espiritual y de aima. Y conforme a esta diferencia y ventaja, asi son diferentes y se aventajan entre si los deleites que hacen. Porque el deleite que nace del conocer del sentido es deleite ligero, o como sombra de deleite, y que tiene de él como una vislumbre o sobrehaz solamente, y es tosco y aldeano deleite; mas el que nos viene del entendimiento y razôn, es vivo gozo, y macizo gozo, y gozo de eustancia y verdad...” 2. rerfecciôn de los actos unitivos “Porque las obras por cuya mano metemos a Dios en nuestra casa, que, puesto en ella, la hinche de gozo, son el contemplarle y amarle y el ocupar en él nuestro pensa­ miento y deseo, con todo lo demâs que es santidad y virtud. Las cuales obras, ellas en si mismas, son, por una parte, tan propias de aquello que en nosotros verdaderamente es ser hombre, y por otra tan nobles en si, que ellas mismas por si, dejando aparté el bien que nos traen, que es Dios, deleitan el aima, que con sola eu posesiôn de ellas se perfecciona y se goza. Como al rêvés todas las obras que el cuerpo hace, por donde consigne aquello con que se deleita el sentido, sean obras o no propias del hombre, o asi toscas y viles, y nadie las esûmaria ni se alegraria con ellas por si solas, si o la necesidad pura o la costumbre danada no le forzase. Asi que en lo bueno, antes que ello deleite, hay deleite; y eso mismo que va en busca del bien y que lo halla y le echa las manos, ee ello en si bien que deleita, y por un SEC. 5. AUTORES VARIOS. FR. LUIS PF. LEON 3?7 gozo se camina a otro gozo; por el contrario de lo que acontece en el deleite del cuerpo, adonde los principios son intolerable trabajo; los fines, enfado y hastio; los frutos, dolor y arrepentimiento”. S. La infinita perfecciôn del bien poseido “Si lo blando 0 dulce, si la pintura y la musica “pueden iar gusto al sentido, injuria serâ que se hace a Dios poner en cuestiôn si deleita o qué tanto deleita al alma que se abraza con El. Bien lo sentia esto aquel que decia (Ps. 72, 25): iQué hay para mi en el cielo, y fuera de vos, Senor, qué puedo desear en la tierra? Porque, si miramos lo que, Senor, sois en vos, sois un océano infinito de bien; y el mayor de los que por acâ se con oc en y entienden, es una pequena gota comparado con vos y es como una sombra vuestra oscura y ligera. Y si miramos lo que para nosotros sois y en nuestro respeto, sois el deseo del aima, el ùnico paradero de nuestra vida, el propio y solo bien nuestro, para cuya posesiôn somos criados, y en quien solo hallamos descanso, y a quien, aun sin conoceros, buscamos en todo cuanto hacemos. Que a los bienes del cuerpo y casi a todos los demâs bienes que el hombre apetece, apetécelos como a medios para conseguir algûn fin y como a remedios y medicinas de alguna falta 0 enfermedad que padece: busca el manjar porque le atormenta el hombre; allega riquezas por salir depobreza; sigue el son dulce y vase en pos de lo proporcionado y hermoso porque sin esto padecen mengua el oido y la vista”. Por lo estrecho de la union I.’ Intimidad incomparable de esta union “Y si esto es por ser Dios el que es, iqué serâ por razôn del querer que nos tiene y por el estrecho fiudo de amor con que con los suyos se enlaza? Que si el bien présente y poseido deleita, cuanto mâs présente v mâs ayuntado estnviere, sin ninguna duda deleitarâ mâs”. Pues iquién podrâ decir la estrecheza no comparable de aqueste ayuntamiento de Dios?... Los sentidos sôlo ven los accidentes, "mas Dios, abrazado con nuestra alma, pe­ netra por ella toda y se lanza a si mismo por todos sus apartados secretos hasta ayuntarse con su mâs intimo ser, adonde. hecho aima de ella y enlazado con ella, la abraza ~trechisimamente. Por cuya causa en muchos lugares la E'critura dice oue mora Dios en medio del corazôn. Y David £n p! Salmo (132,2) le compara al aceite, que, puesto en la cabeza del sacerdote, viene al cuello, y se extiende a la r 628 LA Γ.Κ ΑΧ CFNA barbi, y desciende corriendo por las vestiduras todas hasta los pies. Y en el libro de la Sabiduria (Eccl. 24,6) por aquesta m;sma razôn es comparado Dios a la niebla, que nor todo penetra". ° 2. Totalidad de esta uniôn “Y no solamente se ayunta mncho Dios con el a'ma. sino avùntase todo; y no todo, sucediéndose unas partes a otras, sino todo junto y como de un golpe y sin esperarse lo uno a lo ntro: lo nue es al rêvés en el cuerpo a quien sus bie­ nes, los que él llama sus bienes, se le allegan dpspacm y rpnartidamente y sucediéndose unas partes a otras, ahora una, y después de ésta, otr« : v cuando goza de la segunda, ha pprdido ya la primera. Y como se reparten y se dividcn aauéllos. ni mâs ni rppnos, se corrompen y acaban; y cuales ellos son, tal es el deleite que hacen: deleite como exprimido por fuerza, y como regateado, y como dado b’anca a blanca, con escasez, y deleite, al fin, que vtmla ligprisîmo y que se desvanece como humo y se acaba. Mas p1 deleite que hace Dios viene junto y persevera junto y estable. y es como un todo no divisible, présente siempre todo a si mis­ mo: y por eso dice la Escritura en el Salmo (45.5) que delcita Dios con rio y con impetu a los vecinos de su ciudad, no gota a gota, sino con todo el impetu del rio asi junto". c) El deleite en Dios .supera sin comparaciôn al deleite EN LAS COSAS “Y nor esta razôn, los deleites que nos dan estos bipnes son deleites menguados v no miros; lo uno. noraue se fundan pn mengna y en necesidad y tristeza; y lo otro. porque no duran mâs de lo que ella dura, por donde siempre la traen junto a si y como mezclada consigo. Poroim. si no hub’ese hambre, no seria deleite el comer, v en faltando ella, falta él juntamente. Y asi no tienen mâs bien de cuanto dura el mal para cuyo remedio se ordenan. Y, por la mi=ma razôn. no puede entregarse ninguno a ellos sin riendas, antes es necesario que los use, el que de ellos usar quisiere, con tasa, si le han de ser, conforme a como se nombran. deleites; nornue lo son hasta llegar a un punto cierto, y en pasando de él no lo son. Mas vos, Senor, sois todo el bien nuestro y nuestro sobprann fin verdadero; y aunque sois el remedio de nuestras necesidades y aunaue hacéis llenos todos nuestro * vacios, para que os ame el aima mucho mâs que a si misma. no le ps necnsario que padezca mengua; aue vos, por vos. merecéis todo lo que es el querer y el amor. Y cuanto el quo ί: SEC. 5. AUTORES VARIOS. NIEREMBERG 629 os amare, Seiior, estuviere mâs rico y mâs abastado de vos, os amarâ con mâs veras, Y asi como vos, en vos. no tenéis fin ni medida, asi el deleite que nace de vos en el aima que consigo os abraza dichosa, es deleite que no tiene fin y que, cuanto mâs crece, es mâs dulce; y deleite en quien el deseo, sin recelo de caer en hartura, puede alargar la rienda cuanto quisiere, porque testificâis vos mismo (Eccli. 24, 29 y Ps. 45,4): Quien bebiere de vuestra dulzura, cuanto mâs bebiere, tendra de ella mâs sed...” P. NIEREMBERG Los bienes temporales y el fin del hombre El apetito desordenado de los bienes temporales impidiô a losinvitados acudir al banqueté. La santidad estriba en saber apreciarlos segûn la norma sentada en el «principio y fundamento» de San Ignacio, que el P. Nieremberg desenvuelve' con profundidad (cf. Diferencia entre lo temporal y lo eterno I.5 c.i [ed. Apostolado de Ia Prensa, 1944] p.484-496 ss.). A) Lo eterno, fin; lo temporal, medio Lo eterno es fin del hombre, y el hombre, fin de lo tem­ poral. Lo eterno es para que el hombre encuentre en ello su perfecciôn y bienaventuranza; lo temporal, para que lo use como medio para conseguir lo eterno. En lo cual hay una diferencia grandisima, porque el fin se ha de amar por si micmo, y el medio no se ha de amar sino en cuanto conduce B) a) Dios, fin del hombre Hemos nacido para Dios Tndas las cosas tienen algùn fin, para el cual son. Tû también lo debes tener, porque no estâs en el mundo para nada. El caminante piensa en la meta, v el artista se pro­ pone una idea que imitar en su obra. iCômo vives sin pen­ sa r para qué te dieron la vida? Naciste para Dios y no para nada que sea menos que Di^s. Para esto te sacaron del no ser al ser. Mira lo que debes sôlo por haberte creado, dejando entre los posibles a tantas criaturas que pudieran haber sido mucho mejores 630 LA GRAN CENA aue tû. Quiso Dios que celebraran los judios el trânsito dei Rp-'n con una fiesta perpetua. Mira tû el paso que has dado. Mira qué le debes a Dios por haberte dado el pmw* fin que es posible ni puedes imaginar. Por sôlo haberte criado Dios, y aun cuando no lo hubiera hecho, para que le sirvieras, te deberias todo a El. El hijo debe a su padre respeto y reverencia. El ârbol es todo dei agricultor que lo planté. El b) hombre es de Dios Pero si. ademâs. es tu fin. debes considerar que el fin es como el senor de las cosas que se ordenan a él. Por eso lo es el hombre de todas las cosas, y Dios del hombre. “Pues si a Dios, por ser causa eficiente tuva. le debps lo aue eres, por ser tu causa final le debes aûn mâs de lo que eres, • porque esta obligaciôn no se mira por lo que recibiste, que es tu ser finito y limitado, sino por aquello a que te ordenô, que es el ser divino, infinito y sin tasa”. Aun el mismo Dios se sirve a si mismo. 4 Qué no deberâs hacer tû? C) a) Fuerza del fin En la naturaleza Cuando un ser natural tiene un fin determinado, tiende a él con todas sus fuerzas. ;Qué impetu tiene la piedra para buscar el centro de gravedad sin reparar en fuego ni agua! ;Cuâl el del fuego por subir! Derecho, pups, debes ir tû a Dios, sin que te detenga criatura alguna. Si te dan ocasiôn p nue Deques con los ojos, arrâncatelos; si el pie o la mano, côrtatelos, que mâs vale entrar en el cielo cojo o ciego... Si venimos a las cosas artificiales que no son ajustadas a su fin, ^qué son sino un borrôn y confusion desordenada? Si el pintor no ajusta pinceladas y colores al fin que se propuso, ^qué saldrâ? Estropearâ instrumentes y lienzo. Pues tû, cuando obras sin mirar a lo eterno, no haces sino “un borrôn de tu vida y echarte a perder a ti y perder a las criaturas”. Dios te creô a su imagen para que la fueras perfeccionando cada dia mâs semejante a El, y si no le miras, te convertiras en un monstruo ein sentido. I SIC. 5- c) AUTORES VARIOS. NUREMBERG En las acciones 631 morales Pues si miramoB a las obras morales, en no ajustândose a su fin, no eon sino imprudencias y locuras, como la del que, pretendiendo calentarse, se desnudara. Este es el engano humano, que, deseando la felicidad, por no saberla buscar, nos hace misérables. ^Quién sino un frenético o loco de atar, teniendo gran sed, se hartaria de sal? Esto hace quien busca cosas temporales para satisfacer la sed de su apetito, con las cuales se irrita mâs. Todo estriba en que no buscamos los medios debidos para el fin, como el sediento busca el .agua. El hombre para su sosiego no debe buscar sino a Dios. D) Hay que conocer el fin En tanto valen las cosas en cuanto que se adaptan a su fin, y si se las destina a otro, por muy superior que éste sea al suyo natural, dejan de valer. Un azadôn aprovecha al labriego, pero, si se lo llevâis a un pintor, habrâ dejado de ser cosa ûtil. Una medicina amarga la paga cara el enfermo, y hasta las cosas mâs despreciables son buenas y ùtiles en su sitio y fin. Al rêvés también, por preciada que sea la cosa, déjà de serlo en cuanto que se la aparta de su fin. El sediento cambiarâ un tesoro por un charco. Piensa, pues, lo que te va en conocer tu fin. Es Dios, que no te pudo crear sino para que le sirvas. La reina de Saba (3 Reg. 10,8) estimé dichoso el servicio de un rey tan grande como Salomon. Pues si, ademâs de ser criado para servir a Dios, lo has sido para gozarle... Tu fin te asemeja a Dios, el cual, como tû, no tiene otro fin ni bienaventuranza que si mismo. Las plantas y elementos son para los seres vivos; éstos, para el hombre, y el hombre, solo para el que estâ por encima de toda la naturaleza. Tu fin es mayor que el mundo, y tu ignominia en apartarte de él correrâ parejas con la honra de alcanzarle. Vive como ângel, pues tienes su mismo fin. Ô32 LA GRAN CENA E) Naturaleza y uso del medio ♦, a) Su RAZÔN DE SER Lo temporal vale en cuanto conduce a Dios. El soldado sano no busca medicinas, y el enfermo no pide las armas. El caminante no escoge el camino mâs agradable, sino el que le lleva a su meta. Côn esta mira debemos usar de las criaturas. Si la pobreza te lleva a Dios, abrâzala... b) El medio no se ha de gozar El medio no se ha de gozar, sino usar, porque en el gozo se sosiega el aima y no busca mâs, y asi, supuesto que las criaturas no son tu fin, no has de querer gozar, sino solo usar de dias, sin buscar mâs que el provecho que nos pue­ den dar de llevarnos a Dios. Este es el sentido de la frase de los Padres, y particularmente de San Agustin: que las cosas temporales solo las hemos de usar, y las eternas gozar. Con esto podemos resolver la muy antigua controversia sobre cuâles son los bienes. Lo son los que nos llevan a Dios. F) El desprecio de las criaturas es su mejor uso Un gran uso de las criaturas para llegar a su Creador es despreciarlas, porque de tal manera nos quiso Dios ha­ cer fâcil la consecution de nuestro fin, que hasta la falta de todas las cosas nos puede ayudar. qué afligirnos, pues, por las faltas de esta vida? 4 Eres pobre, sufres do­ lores? Abrâzate a ellos y que te lleven al cielo. El que va a las Indias no escoge un buque carcomido si halla otro bien pertrechado y fuerte. Pues siendo el des­ precio de las cosas terrenas el medio mâs seguro para ir al cielo... El Senor te lo demostrô con el género de vida que escogiô para El. Esta vida es un paso estrecho y dificil, en el cual im­ porta no apartar la vista de una lucecilla que seîiala la direction resta. Fijate, pues, en Dios y no mires nada de lo creado. SEC. 5. 633 AUTORES VARIOS. SCARAMF.LLI V. JUAN BAUTISTA SCARAMELLI Las très excusas La finca, las yuntas y la mujer son el sfnibolo de la ambiciôn de honores y de "niando, del deseo de riquezas y de la sensualidad. Scûramelli, con sus condiciones ocostumbradas de cloridad v abun­ danda, expone la razôn por la que estas très pasiones se oponen a la santidad y dificultan lo solvaciôn de los hombres. Resumimos de su obra Directorio ascético y mistico (ed. Gregorio del Anio, Ma­ drid 1900). A) a) La ambiciôn Ambiciôn y vanagloria El honor es la reverencia que se nos presta en rpconocimiento de nuestra exeelencia (cf. Sum. Theol. 2-2 q.191 a.l). La gloria es la manifestaciôn de alguna prenda, cuya pu­ blication sirve de alabanza (cf. ibid., q.132 a.l). La ambiciôn consiste en un apetito desordenado de bonras. taies como saludos, sumisiôn, etc., que denoten la po­ sesiôn de excelentes dotes. La vanaglori-a es el apetito des­ ordenado de que sea conocida alguna acciôn o buena cualidad. Este desorden consiste en cuanto a la ambiciôn, en apetecer honores desproporcionados al mérito; querer para si la honra sin referirla a Dios. como si no proviniera de El todo don. En considerarla como nuestro ùltimo fin. Una persona constituida en autoridad puede exigir los honores justos, puesto que los impone la misma ley de Dios, cuyo lugarteniente es. Pero, en cambio, quien no fuere dig­ no no debe aspirar a tales puestos, por ser muy fâcil ineurrir en ambiciôn y presunciôn si no es merecedor del car­ go que ocupa. La vanasflnria manifipsta su desorden en buscarla sobre prendas que no se poseen; en buscar la de los hombres falaces en sus juicios; en no atribuirla a Dios ni dirigirla a la salud de los prôjimos, sino a nuestra propia embriaguez (cf. o.c. 1 p.217). b) L r Tentaciôn de los espirituales *nS Ambrosio (cf. In Le. 1,4) y San Juan Crisôstomo (cf. Hom. 43 ad pop. ant.) coinciden en afirmar que mueM hombres espirituales que han vencido las demâs tentaciones caen en ésta. Es fâcil, dice el Crisôstomo, des- A . Si ’ A? L * LA GRAN’ CPNA 534 preciar las riquezas, pero no los honores. San Cipriano (cf. Serm. de ieiunio et ten *. > reconoce ser pecado de muchos sacerdotes. Y San Bernardo la llama polilla de la santidad, peste oculta del aima, causa de envidias, madré de hipocresîas. ceguera del corazôn, herrumbre de la santidad. Perfectamente entendieron este peligro tantos santos que. como San Gregorio v San Ambrosio, huyeron al ser nombrados jerarcas de la Iglesia. A la luz de esto, iqué dicen tantos seglares y sacerdo­ tes que enderezan todos sus trabaios y estudios a conseguir honor y gloria? (cf. o.c., c.2 p.220). c) 1. Enemiga de la perfecciôn y salvaciôn Mata a la virtud verdadera Mntar un hombre es separar su alma del cuerno. de modo que ext^riormente carezca del ser del hombre v pu rpalidad va nn lo spa. Esto hace la vanagloria con la virtud. Uno da una limosna; entra la vanagloria, y. parecipndo virtud por defupra. no es mâs que un cadâver de obra muprta. Dios la renuta abominable, porque ha perdido su santidad v méri­ to. Las obras son himne * ««ponvn pl fin que mueve al que las hacp. y la vanagloria sustituye el bueno nor otro vicioso. Por esto el Red^ntor aconseiaba a los limosnpros oue no s’mipra la mano izquierda lo que daba la derecha. nues si buscab^n las alabanzas de los hombres, habian recibido va su merced. Ezeouïas fué r^nrendido por Dios nor vanagloriarse de sus riquezas ante los emisarios de Babilonia (4 Reg. 20.17) (cf. o.c., c.3 p.223). 2. Ueva hacia la condenaciôn Ademâs de destruir los caminos de la perfecciôn, nos Ueva por los de condenaciôn. Santo Tomâs no incluye a la soberbia entre los vicios canitales por considerarla reina de todos ellos. y en su lu­ gar coloca a la vanagloria, presentândola como hidra, de cuvo seno salen otros siete vicios ordenados a alla, trps de los cuales manifiestan directamente la propia excelencia, a saber, la jactancia en palabras, la presunciôn en obras, la hipocresia del entendimiento en sus propios juicios, para no suietarse a los ajenos; la discordia de la voluntad, que no code en sus empefios; las contiendas en el hablar y la desobpdiencia a los superiores en los hechos (cf. Sum. Theol. 2-2 0.132 a.4). Juzgue el lector cômo puede seguir a Dios el que se ve dominado por un vicio confederado con otros siete. SEC. 5- AUTORES VARIOS. SCARAMEELI 635 Por eso, el Salvador, cuando vio a sus apôstoles ufanados porque habian dominado a los demonios, les aconsejô que se alegrasen de otras cosas espirituales (cf. o.c., c.4 p.225). d) VlCIO DIFÎCIL DE VENCER Es tan pérfido, que no se abate ni aun con los actos de perfecciôn. La sensualidad se vence con la castidad, pero la vanagloria no es derrotada por la humildad, porque “nace de los mismos actos de virtud y de humillaciôn que se hacen para vencerla. Si por huir de la vanagloria ee dejan los vesddos lucidos, ella os asaltarâ debajo de los viles” (cf. Casia­ no, Inst. 1.11 c.7). “Porque todo mal nace de otro mal, pero solo la vanagloria nace del bien, y por eso no se apaga con las buenas obras” (cf. Crisôstomo, Hom. 15 in Mt.). Es la sombra que sigue a la virtud (cf. San Jerônimo, In Epist. 22 ud Eust.). Esta es la razôn del miedo que los santos han tenido. e) Remedios 1. En primer lugar, la oraciôn, necesaria para reprimir todos los vicios, pero mucho mâs en un caso en que no sirve el ejercicio de las demâs virtudes. Asidua y cuidada, “pues aun ella misma puede engendrar vanagloria si no eres cauto y circunspecto” (cf. Crisostomo, Hom. 15 in Mt.). 2. Pensad cuân contraria es al espiritu de Cristo, que la rechazô diciendo al tentador: Vade retro, Satana (Mt. 4,10), y rehuyô toda gloria mundana. Incluso mandaba que silenciaran sus milagros. 3. Hay que persuadirse que todo lo que tenemos natu­ ral y sobrenatural viene de Dios. 4. Dirigidlo todo a la gloria de Dios, excluyendo cualquier motivo de la propia (1 Cor. 10,31). 5. Escondamos nuestras prendas y obras virtuosas, como tesoro que puede ser robado (cf. San Gregorio, Hom. 11 in Evang.) (cf. o.c., c.6 y 7 p.233). LA GRAN CENA 636 B) a) Se oponen Las riquezas a la perfecciôn. • salvaciôn Peligro para la Son el veneno de la caridad. Distraen el ânimo, privândole de dedicarse a su santificaciôn, porque el amor a la hacienda lleva consigo gran solicitud para juntanas, gran temor de perderlas y mayor dolor si se pierden (cf. San Bernardo, Serm. de convers. ad cleric. c.12). Son las espinas que sofocaron la semilla. Después de extenderse en explicaciones sobre estos puntos, propone los ejemplos paganos de Lucio Vareüo y Cincinato. . No es de extrahar que Giezi, en lugar del espiritu de Elias, recibiese la lepra, pues tenia mancnado el corazôn con el amor al dinero (4 Reg. 5,27). Ananias y Safira (Act. 5,1-10) (cf. o.c., c.l p.186). > 2. Sirven de lazo al demonio Quien las ama desordenadamente cae en los lazos del demomo, tan funestos que acarrean la perdiciôn (1 Tim. 6,9). En efecto, son madré de la infidehdad, segûn el Apôstol en el mismo lugar. San Ambrosio da como causa la de que el ansia de dinero ofusca la razôn hasta dejaria sin luz para cono­ cer a Dios (cf. Serin. 59, de avant.), y San Agustin lo expli­ ca diciendo que los perversos sirven a las nquezas como a fin, y a Dios como a medio, pues lo honran con miras de obtenerlo (cf. De civ. Del 1.11 c.25). Contratos ilicitos, usurarios, hurtos, fraudes, opresiôn del pobre, perjurios, homicidios, querellas, pérdidas de la honestidad... Estos males son la causa de que sean amenazados los ricos con la condenaciôn en las Sagradas Letras. jAy de vosotros, ricos avarientos!, decia el Senor (Le. 6,24). Obsérvese que la palabra jay! en boca del Senor supone condenaciôn. Segûn San Gregorio (cf. Moral. 1.4 c.8), se requiere un milagro moral para que se salve un rico. b) Remedios “Total despego de la hacienda y del dinero, se tenga o no se tenga”. Esto es lo esencial de la perfecciôn de la pobreza asequible a los seglares. Sed semejantes a una estatua, que lo mismo le da estar vestida de seda que desnuda, y SEC. 5· AUTORES VARIOS. SCARAMELLI 637 estad dispuestos a dejarse dcsposeer de todo si Dios lo quiere, ban Gregorio se pregunta: i Qué dejaron los apôotoies? Nada, contesta, porque eran pobres. Pero a continuation rictifica y dice: Lo dejaron todo, porque dejaron el afecto a lo poco que poseian. Ecce nos reiinquimus omnia (cf. Hom. 5 in Evang J. Teman, pues, los religiosos y adviertan que un seglar puede ser mâs pobre que ellos. No es fâcil conocer si amauaw aquello de lo que poseemos solo el uso, como pobres que somos, porque el amor a las cosas no aparece tan ferviente como ei de las personas, sino que se esconde y disimula. Para saber si una venda esta pegada a la herida, es menes­ ter quitaria... Sacando una consecuencia de esta ùltima observaciôn, deduciremos que la limosna es el mejor medio para ver si estamos apegauos a las nquezas y, a ia vez, para irnos desprenüiendo de ellas. Los primeros cristianos eran grandes limosneros. El voto de pobreza puede ser el ùitimo paso (cf. o.c., c.3 y 4 p.198). C) La sensualidad E! autor recorre los cinco sentidos, pero nos limitaremos a los articulos destinados a la comûnmente Uamada sensualidad. a) El deleite sensible El alma toma de los sentidos las especies de sus conocimientos y con ellas sus malas inclinaciones, pues le presentan las cosas no como son, sino desde su punto de vista, que es el deleite sensible. Apacentados de cuanto les es mâs na­ tural, y de ordinario menos conforme a las leyes del espi­ ritu, enamoran al aima de falsos bienes, que la pierden. El primer impedimento que expérimentâmes, no solo para la perfecciôn, sino para la salvaciôn, proviene de ellas. En cualquier sentido encontramos deleites licitos e ilicitos. La mirada, santa cuando se recrea en la contemplaciôn dei universo para alabar a Dios, puede ser pecaminosa si se deleita en objetos inmundos. Aqui esta escondido el escollo, pues toda la dificultad versa en no traspasar los li­ mites detidos. “Si somos incautos para tomar semejantes placeres iiicitamente cuando son vedados 0 para mero desahogo de la pasiôn y no por fin honesto, manchamos la pureza de nuestra aima y la matamos o herimos con el pecado venial". LA GRAN CENA 638 b) El pecado deshonesto El pecado deshonesto es el mâs tirânico y brutal de to­ dos. A todos supera en sus efectos, porque, mientras que los demâs son como tijeras que cortan el tallo de la virtud, a la que se oponen, este acaba con todas las virtudes, ya que su delectaciôn transforma el entendimiento, pervierte la vo­ luntad, ofusca la razôn y pone en desorden las potencias del alma. Por lo cual no es maravilla que la que fué antes fe­ cunda en santas operaciones se torne inhàbil para el bien. Triste ejempio ce eno lue ouiomon, que, constructor del tem­ plo mâs hermoso, termino levantando también tempios a los idolos. El mercader defiende celosamente sus mercancias de aquellos agentes que pueden arruinarle. Cuidadosa debe ser la circunspecciôn con que evitemos nosotros este pecado (cf. ibid., c.l p.315 ss.). VI. BOURDALOUE Eucaristia e Iglesia Este sermon tiene dos partes. En la primera, que suprimimos, dice que la Eucaristia fué tundada para glorificar el cuerpo de Cris­ to ; en la segunda, que escogemos, porque el banqueté del evan­ gelio de hoy simboliza directamente el reino mesiânico y, por lo tanto, la Ig'iesia, el autor expone que la Eucaristia es la gloria de esta misma Iglesia (cf. Sermon sobre el Santisimo Sacramento [ed. Firmm-Didotj t.a p.374). A) La Eucaristia, gloria de la Iglesia < “Si el Hijo de Dios estaba interesado en honrar su cuerpo, no lo estaba menos en honrar este otro cuerpo suyo mistico, que es la Iglesia. Vosotros sois el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12,27). Jesucristo, en cuanto Salvador, es nues­ tro jefe, y nosotros, en cuanto justos, somos sus miem­ bros; y asi como es honra de los miembros tener un jefe coronado de gloria, asi es honor del jefe repartir entre sus miembros toda la gloria de que sean capaces. Esto es lo que hace Jesûs al instituir la Eucaristia, que podemos llamar fiesta de la Iglesia, o fiesta del Cuerpo mistico de Jesûs, esto es, fiesta del Corpus Christi. iPor qué? Porque es un misterio que honra a la Iglesia mâs que otros... No podia el Salvador hacer nada mâs grande ni que mejor cumpliese el deseo de tener una Iglesia ilustre que 5 SEC. 5. AITORFS VARIOS. BOURDAT.OUE 63» ofrecerse a si mismo (Eph. 5), porque la posesiôn de sir cueroo da a la Iglesia todas las ventajas y excelencias.” ^Sabéis por qué? Dios entre nosotros a) Los judios decian que no habia otra naciôn tan grande ni que tuviese a Dios mâs cerca, y esto sôlo porque poseian el area de la alianza, que no pasaba de ser una figura, y, sin embargo, marchaba en medio de las doce tribus y de sus eiércitos. 4 Qué es esto comparado con la Eucaristia? “Un Dios en su propia eustancia, con toda la plenitud de su divinidad, vive corporal y realmente entre nosotros, ha­ bita en nuestros templos, viene hasta nuestra misma casa y permite no sôlo que nos acerquemos, sino que le toquemos, y no sôlo que le toquemos, sino que le comamos. So­ mos nosotros los que podemos decir: “No hay naciôn tan grande ni que tenga tan cerca a sus dioses”. Ezequiel nos habia de una ciudad misteriosa, cuya riqueza y grandeza describe y cuyo ùnico nombre era: Esta es la habitaciôn de Dios y Dios esta alli (Ez. 48.35). Esta ciudad no puede ser sino la Iglesia. Aqui es donde Dios vive y, por una promesa irrevocable, se ha obligado a permanecer hasta la consumaciôn de los siglos. ;,Cuâl es esta promesa? La Eucaristia. que le ata a su Ififlesia para no eepararse jamâs de ella. Y el nombre de la ciudad... Dios esta alli” b) Posesiôn de Dios “Ser honrado por la presencia de Dios es grande, pero ser honrado por su trato, por su familiaridad mâs intima, es una gloria mayor”. Dios, en la Eucaristia, habia a los hombres, les visita, escucha sus quejas y pleitos. Esos hom­ bres forman la Iglesia, y a la Iglesia le corresponde el honor, Guillermo de Paris, al comentar el libro de Daniel, capi­ tulo 2. dice que los sacerdotes de Babilonia no pudieron in­ terpretar los suefios del rey, excusândose con que los dioses no tenian trato con los hombres. ;Ah! Es que no habian entendido que llegaria un momento en que Dios pudiera de­ cir refiriéndose a su Iglesia: Mis delicias son ester con los hijos de los hombres (Prov. 8,31). “Somos iguales aqui en la tierra y disfrutamos las mismas ventajas que los santos en el cielo, porque la felicidad de aquellos es poseer a Dios, 4 y acaso no le poseemos nos­ otros en la Eucaristia? Jesucristo, dice el Crisôstomo, ha sido repartido entre la Iglesia triunfante y la militante. Disputaban ellae quién habia de tener eu cuerpo adorable, y ambas pleiteaban. pero este nuevo Salomon hizo lo que el primero, con toda su sabiduria, no pudo llevar a cabo. Sin dividir su cuerpo, se lo diô a las dos: a la Iglesia triunfante, descubierto y sin vélos; a la militante, bajo las especies sacramentales”. C) ENCARNACIÔN PERPETUA Y es una idea capaz de arrebatar a los ângeles y a los hombres: este sacramento es una perpetuaciôn de la encar­ naciôn. Asi lo explican los Santos Padres. Ya conocéis el honor que supuso para la humanidad unirse al Verbo, que, al entregarse a nosotros en este sacramento, hizo que todos los miembros de la Iglesia participasen de su gloria, puesto que vino a nosotros y se hizo uno con nosotros. a lo que se debe el nombre de comuniôn. Sîguese de abi que el Salva­ dor renueva, pudiéramos decir. su encarnaciôn en las ma­ nos del sacerdote. ;Oh venerable y augusto carâcter del sacerdocio, que hace que el Hijo del Padre Eterno, que se encarnô una vez en el seno de Maria, se encarne sin césar en sus manos! Juzgad de ello por el honor que concedemos dichosos a la santa Madré. d) ALIMENTO DE la CARNE DE DlOS Pero ipara qué detenernos en consideraciones, si nos basta pensar en lo que la Eucaristia es, armento para nos­ otros del cuerpo y la sangre de Cristo? “Era cosa reservada para la Iglesia, para la hija de Siôn. como esposa que es del Rey de la gloria y cuerpo mistico de Cristo, el ser alimentada con la carne de un Dios, porque la esposa debe ser­ io conforme a la grandeza del esposo, la hija con relaciôn a la nobleza de su padre, y los miembros del cuerpo, segùn la dignidad del jefe. Ahora bien, no bay alimento digno para la esposa de Dios, para la hija de Dios, para los miembros de Cristo, mâs que la carne de Dios”. Los judios, esclavos de Dios, comieron el manâ, y se le llamô pan de los ângeles; la Iglesia, engendrada por la sangre de Cristo, hija adopti­ va de Dios, no considéra suficiente el pan de los ângeles. necesita el pan de Dios. M C. ï. B) a) UTTOWES VARIOS. GOMA 641 Consecuencias Veneraciôn a la Iglesia Veneraciôn por la Iglesia, honrada de esta forma, depo­ sitaria y administradora del cuerpo de Cristo, manâ reparrido por ella sola, a semejanza de Maria, que lo trajo al mundo. Fidclidad para obedecerla, celo para defenderla, pie­ dad para amarla. * llenamos de ira al ver a los herejes penetrando denNo trode las Iglesias e injuriar loi sacramentos santos, y nos­ otros con nuestras irreverencias, con nuestros pensamientos en el templo, incluso con nuestras comuniones sacrilegas... b) Honrar nuestros propios cuerpos C ·' Segunda consecuencia es la de honrar nuestros propios cuerpos. ;.Por qué? Porque no son ûnicamente templos del Espiritu Santo, que ya es mucho; porque no son sôlo santuarios vivos donde el cuerpo de Cristo descansa, sino que, en virtud de la sagrada comuniôn. nos convertimos en miem­ bros del Senor. Esta es la conclusion que San Pablo sacaba de nuestra incorporaciôn a Cristo. Profanador de tu cuer­ po, advierte que estas profanando el de Cristo e incurriendo en la sentencia de San Pablo: eres reo del cuerpo y de la sangre del Senor. CARDENAL GOMA El banqueté eucaristico y el banqueté de Ia gloria Ch hombre prépara un gran banqueté v llamô a muchos. El banqttte es la Eucaristia. Véase La Eucaristia y la vida cristiana c.22 : la Eucaristia y la bienaventuranza (cf. 3.» ed. [Barcelona, CasuHeras] p.373 ss.). A) La Eucaristia, sintesis Los beneficios de Dios son prendas y dones, y el mayor, la Eucaristia, debe ser arra del mayor beneficio. La gracia nos hace ciel os, dice Origenes (cf. In Hier, hom.8,3), y espeeialmonte la gracia de la Eucaristia. Ij Pjfabrj dr C j ■ 642 r \ GRAN CENA La Eucaristia es una sintesis, no sôlo del dogma, sino de la rida cristiana: “;Oh sagrado convite—dice la Iglesia—, en p! que se recibe a Cristo, se renueva la memoria de la pasiôn, se colma de gracia al espiritu y se nos da como una prenda de la gloria futura!” Entra, pues, en el mismo piano de los grandes factores sobrenaturales, cuyo fin es la rida eterna. Para entender su relaciôn expondremos primero el concepto de la beatitud en la vida cristiana. B) Qué es la bienaventuranza La bienaventuranza ps la ultima Ptana, paz y estado de­ finitivo de la vida cristiana, cuyos ialones son predestinaciôn. vocaciôn, justificaciôn y glorificaciôn. Entre los muchns nombres que el sentido teolôgico de los «siglos pa«sadnq Jiô al cio1o. el de gioria résulta de la mararillosa exaltaciôn de la vida mediante la nosesiôn de Dios; el de bienaventuranza se rpfiere a la fplicidad. y el de vida eterna. a la duraciôn sin fin de la posesiôn divina. Ta bienaventuranza, considerada como aeto. ps la operaciôn ùnica y continu» icf. SI·»» *» Th^ol. 1-2 q 3 a.2 ad 4). en oup entra en juego todo principio de la actîvidad humana, fipcrie hq altas cumbres del pensamiento ha«ta la iriw vida orgânica. s^bre qu» mbo^a la fe^cidad del espiritu. Acto mâs vital e inmanante que el del pensador nrofundo o artista. ininterrumpido y sin fatiga, cuvn ob.ietn ee Dios. La criatura tiene una tendencia incontestable a Dios, en el que unicamente encuentra su reposo. C) Jr· ■ La Eucaristia y la bienaventuranza como estado La relaciôn profunda entre Eucaristia y bienaventuran­ za aparpcp en las palabras de Jesûs. 1. Cuando la promete. 2. Cuando la instituye. 3. En los mismos principios de la doctrina cristiana. La vida eri=tiapa sprin me'znuina si =p pudiera pncprrar en el paré^tpsis de la vida mortal. La Sagrada Escritura, los Evangehos en especial, habian de la vida pfpma como de una realidad fundamental en orden al espiritu y en la que se centran todos los fines y aspiraciones. Sobre todo para San Juan, el evangelista que mâs ha penetrado en el profundo misterio de la vida de Dios, y que da este nombre s tv. 5· AUTORES VARIOS. GOMA a todo el orden de la gracia, no hay otra vida que no sea la eterna, ùnico adjetivo que emplea. Cuando no se la tiene, no se vive, y mientras estamos en este mundo, es una semilla que se desarrollarâ en el otro con toda su lozania. El Sefior conexiona la Eucaristia y esta vida. 1. En la promesa En unos momentos en los que el escândalo producido por la afirmaciôn de Jesûs de que la manducaciôn de su car­ ne causaria la vida eterna exigia un cuidado extremo en medir el sentido exacto de las palabras, el Senor repite una y otra vez que el que comiera oe oste pan viuird eternamenteyposeerà la vida eterna (lo. 6,50-59). Inciuso nos da la razôn: El que come mi carne y bebe mi sangre, esta en mi y yo en él (ibid., 56). En efecto, si el Padre, vivo, comunica su vida al Hijo, de modo que éste vive por El (ibid., 57), y le ha dado tal po­ der sobre todo hombre que El a su vez comunica a todos cuanto ha recibido como suyo (lo. 17,2), ^cômo podrâ morir el que vive en El 2. En la Cena Jesûs pone su sangre en un câliz y lo da a beber, dicien­ do: Esta es mi sangre del Nuevo Testamento (Mt. 26,28). Pero ^qué quiere decir con ello? Pues que nos entrega no ya la sangre de los ritos antiguos, caducos y simples figuras, sino la que funda un Testamento nuevo, cuya esencia es te­ ner eficacia para la vida eterna. Es el mediador de una nue­ va alianza, a fin de que reciban las promesas de la herencia eterna. Taies son las palabras de San Pablo hablando de la sangre de Cristo contenida en ese câliz (Hebr. 9,15). 3. Conceptos fundanteniales de la vida cristiana j ! I I . ι El reino que el Padre tiene preparado a los suyos y el del demonio son dos reinos contrapuestos, de los cuales el uno es el de la vida, y el otro el de la muerte. Pues bien, San Pablo los ve en relaciôn con la Eucaristia y arguye a los que comulgaban y a la vez comian los manjares ofrecidos a .os idolos : No podéis corner de la mesa de Cristo y del demonio (1 Cor. 10,14-22). Y todavia mâs claro: Quien corne d pan y bebe el câliz del Senor indignamente, sera reo del cuerpo y de la sangre del Senor..., comiendo su propia condenaciôn (ibid., 11,26-29), porque rompe la incorporaciôn a Cristo y la participaciôn de su vida. Tan embebida estâ la Iglesia en esta idea, que al administrar el sacramento dice: “Que el cuerpo de Nuestro βε­ nor Jesucristo custodie tu alma hasta la vida eterna”. I L A t . R VN CENA ecmunion de los mârtires, el viâtico, tienen el mismo senti­ do. “Es propio de este sacramento causar la vida eterna", dice el Angéiico (cf. Suzn. Theol. 3 q.79 a.2). Cristo se esconde en mi pecho para cncerrar en él su propia vida. b) 1. Las razones La Eucaristia, causa de la gracia y de la vida 1. ° Dos modalidades de una misma vida Gracia sobrenatural y gioria bienaventurada no son en la teologia sino dos modalidades de una misma vida divina, vocablos expresivos de una elevaciôn gratuita. La gracia es la gloria incoada (cf. Sam. Theui. 2-2 q.4 a.3 ad 2). La flor y el fruto. A cada aumento de gracia corresponde uno de gloria. Es como la concepciôn dei artis ta y la consumaciôn de su obra, pasando por los detalles de la ejecuciôn. Pues bien, la Eucaristia es el sacramento causativo de la gracia por antonomasia, el pan de vida, por lo que fué instituido de manera que pudiera reiterarse fâcilmente, encerrando como encierra al Autor de la gracia. Crece la fuerza dei argumento si considérâmes la posi­ ciôn de la Eucaristia en el plan divino de la redenciôn y glorificaciôn de la humanidad. a.0 Desde Dios hacia Dios. La misiôn de Cristo es un cielo que comienza y termina en Dios. El es la vida recibida del Padre (1 Ιο. 1,2-5). Viene al mundo y vuelve al Padre después de haber recogido la vida humana para hacerla entrar con gloria en el seno de Dios. La Eucaristia représenta en este plan total la visita personal de la Vida eterna, que viene del seno del Padre al pecho de la criatura, completando individualmente aque­ lla primera venida en que asumiô una sola naturaleza con­ creta. En Belén, a la humanidad; en la Eucaristia, a todos y cada uno de los individuos. En cl cielo expondrâ a su Pa­ dre, para gloria suya, los millones de hijos suyos que for­ mo con este pan candeal. 2. Sacramento consumativo de nuestra ado;:ciôn en este mundo La adopciôn se inicia en el bautismo, se perfecciona en la Eucaristia y se consuma en la gloria. La adopciôn de hijos se verifica por cierta conformidad de semejanza al Hijo de Dios natural, realizada en esta vida per gratiam viae y de un modo perfecto en la gioria SEC. 5. autores varios, go.mâ 645 pcrgraliam putriac (cf. Saw. Theol. 3 q.45 a.4). En la vida, esta nuestra conformaciôn no encuentra otro medio mâs eficas que el embeberse en Cristo, que supone la asimilaciôn jucaristica. Ella nos plasma paulatinamente, segûn El, en esas comuniones que pasan, pero dejan huella profunda y preparatoria para la definitiva conformaciôn. J. Sacramento de la caridad Los grados de la vision beatifica dependen de la caridad, arranque y meduia de toda la vida espiritual. La Eucaris­ tia es sacramento “factivo” de la caridad. Jesûs viene para encender una hoguera de amor. » h D) Los actos beatificos y la Eucaristia En medio de la oscuridad en que nos movemos con rebeion a aquella v^da suprema, sabemos que sus actos prin­ cipales son ver, amar y gozar. La vision sucede a la fe y es como su transformaciôn. Para comprobarlo no hay sino leer los discursos del Senor, en los que tan repetidas veces anunciaba como premio la vida futura a ios que creyeran. La Eucaristia as el sacra­ mento de la fe, que la robustece y afirma, segûn se suele probar en otros lugares. El amor es la caridad, union de amistad, fruto esential de la sagrada comuniôn, tanto mâs perfecto cuanto con meiores disposiciones se recibe. Finalmente, el gozo que experimentan las aimas santas, Bodelo de comuniones, es un trasunto y simiente del que ændremos cuando la fe en la Eucaristia. descorridos los vélos, haya sido sustituida por la vision. • ! SECCION Vi, A) a) TEXTOS PONTIFICIOS La Eucaristia, comida de fuertes EL SACRAMENTO EUCARÎSTICO ES ESENCIALMENTE MISTERIO DE FE, GALARDÔN DE VENCEDORES ESFORZADOS .o dei valle, y su misma denominaciôn, bajo e: patioaato augusto de la pecadora couvertida del Evangelio, ejerda un poder de atracciôn irresistible sobre el corazôn del peni­ tence peregrino. Eran administradores del hospital por aquellos dias los virtuosos esposoa don Pedro Lopez de Garin y dona Emilia de Gov az, «que, siendo perbonas principales que no se padescîan necesidad alguna, como se lee en los procesos informativos de Azpeitia, por servicio de Dios se encargaron de la a.hninistraciôn del dicho hospita·, en el cual en el dicho ttempo habia niuchos pobres, asi naturales de la dicha villa como de fuera de ella. Y el dicho Ignacio se aposentô en el dicho hospital, sin que fuesen partes para le llevar a la dicha casa y solar de Loyola Manin Garcia de Onaz y Loyola, su hermano, y otros sus deudos, y panenles, y personas principales, ni a otra posada alguna, aunque lo pretendieron, paresciéndoles mal que, siendo hijo de sus padres y de la dicha casa de Loyola, posase en el dicho hospital e pediese limosna, pues era de familia que la podia cl dar ; y sabe esta testigo que en el dicho hospital posé obra de ires meses pocos mas o menos, tratândose en todo este tiempo con mucha aspereza, e salien­ do a pedir limosna de ordinario de puerta en puerta ; y la que c^gia, con lo demâs que por via de regalo o en orra manera le enviaban personas devotas, repartia entre los pobres del dicho Hos­ pital, con los cuales comia en una mesa, repartiéndoles de su comida, dando en todo grande ejemplo de humildad, pobreza y paciencia como hombre de grande espiritu y santidad» (cf. Proceso de Azpeitia. Testimonio de Ursuta de Arizmendi: Mon. Ign.. ser.IV t.2 p.201). VI. A) σι QUIJOTE LOS POBRES EN EL La misericordia del Caballero del Verde Gabon «Yo, senor Caballero de la Triste Figura, sov un hidalgo natu­ ral de un lugar donde irenios a coiner hoy, si Dios fuere Servido. Soy mâs que medianamente rico v es mi nombre don Diego de Miranda... Alguna vez como con mis vecinos y amigos, y muchas veces los conv:do ; son mis con vites Ihnpios y aseados y no nada escasos ; ni gusto de murmurar ni consiento que celante de mi se murmure ; no esctidriâo las vidas ajenas ni soy lince de los hechos de los otros ; o:r *o misa ca«!a dia ; reporto de mis bienes con los pobres, sin haccr alarde de ’as bncaas obra-:, por no dar entrada en mi c razôn . la hipocr sia v van-gioria, ei.emigos que blandamente se at cr. : d 1 corazcri mas rec?.:ado : procuro poner en paz los qu? sé que e ..a.; des \c’.;do$ ; sov devoto de Nuestra Senora y contio sien pre i la m?er: ordia ;.i e a de Dios nne^tro Senor.: Ici. Mæ-ü£L de Cl:·: .mrs. Dcn (XJü.V de la Mancha p.2.a c.x6 Ted. Montaner y Simôn, Barcelona f t.2 P.X42). SEC. 7. MISCFÎ.ÇnEA HISTÔRTCA Y LITERARIA 665 B) Solo llevaba cuatro reales para los pobres y suplica a vuesa merced se le haga de hacerla saber cômo estâ ; y que, por estar en una gran necesidad. asimismo suplica a vuesa merced cuan encarecidamente puede sea servido de prestarle sobre este faldellin que aqui traigo, de cotonia, nuevo, media docena de reales 0 los que vuesa merced tuviere ; que ella da su palabra de volvérselos con mucha brevedad». Suspendiôme y admirôme el tal recado, y, volviéndome al senor Montesinos, le pregunté : «^Es posible, senor Montesinos, que los encantados principales padecen ne­ cesidad?» A lo que él me respondiô : «Créame vuesa merced, senor Don Quijote de la Mancha, que esta que llaman necesidad adondeqniera se usa, y por todo se extiende; y a todos alcanza, y aun has­ ta a los encantados no perdona ; y pues la seiïora Dulcinea del To­ boso envia a pedir esos seis reales, y la prenda es buena, segûn pa­ rece, no hay sino dârselos, que sin duda debe de estar puesta en algùn grande aprieto». ePrenda no la tomaré yo—le respondi—, ni menos le daré lo que pide, porque no tengo sino sôlo cuatro reales». Los cuales le di (que fueron los que tû, Sancho, me diste el otro dia para dar limosna a los pobres que topase por los caminos...)» (cf. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha p.2. fibid.] p.211). C) Consejos de Don Quijote a Sancho «Torna con discreciôn el pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus criados, dâsela honesta y prove· chosa mâs que vistosa y bizarra, y repârtela entre tus criados y los pobres ; quiero decir que, si has de vestir seis pajes, viste très y otros très pobres, y asi tendras pajes para el cielo y para el suelo ; v este nuevo modo de dar librea no le alcanzan los vanagloriosos» (cf. ibid., c.43, nueva ed. critica de Rodriguez Marin [Madrid 1Q4S] t.6 p.245-246). D) Consejos del Ama «A lo que aüadiô el Am a : —Y (cf. A cia quaedam P. N. Ignatii; Mon. Ign.» ser.IV t.i p.472). B) Con un rostro y semblante resplandecientes «Levantâbase nuestro Pedre ya en este tiempo—se refiere al aûo 1555—un poco mâs tarde que los hermanos, porque asi se lo ha­ bia mandado el médico en atenciôn a sus continuas enfermedades. r Rezaba luego las avemarias que ténia en conmutaciôn del Oficio divino, los cuales acabadas, entraba en una capilla que estaba junto a sn oposento a oir misa los dias que no celebraba. Después de la misa quedâbase en oraciôn mental por espacio de dos horas ; y para que nodie le estorbase, mandaba que todos los recados me los dieran a mi, que era ministro ; y siendo algunos de ellos de importancia y de personas a quienes convenia que él luego respondiese, llevâbaselos yo mismo a la capilla. Y acuérdome que todas las veces que a esto entré, que fueron muchas, le hallé con un rostro y semblante tan resplandeciente, que, con llevar la atenciôn e imaginaciôn puesta sôlo en el recado, nie quedaba espantado y como fuera de mi, porque lo que en él observaba no era lo que habia visto muchas veces en otras personas devotas cuando estân en oraciôn, sino que cluramente parecia cosa celestial y muy extraordinaria» (cf. Memo­ rial de Câniara 179 p.637). C) Llegô a punto de muerte «Solia orar coq tanto fervor y vehemencia, que de la mucha atenciôn y fuerza grande de espiritu que ponia le acaeciô caer enfermo ; y el oûo 1550 llegô a punto de muerte, por haber celebrado dos mi­ ses una tras otra, sin intermisiôn, el dia del Nacimiento de Nuestro Redentor» (cf. Ribadeneira, Vida de San Ignacio 5,1 p.323). /■?·■* *»* * SECCI OS VIII. GUIONES HOMILETICOS SERIE il: SOBRE LA EPISTOLA El odio en la moral cristiana I. Jfalicia del pecado de odio. A. Es notable que los moralistas no suelen dedicar especial atenciôn en sus tratados a la exposition del pecado del odio. Al referirse a él, lo hacen bajo el epigrafe del ‘‘amor a los enemigos”. a) La razon de este procéder es sencilia. No hay por que hablar rspecialmenle del odio, porque sobre este no hay cuestion. Es intrinseca y radicalmente malo. b) Pero, adcmàs, esta la perfection de la 'ley del que predicô: 1. «Mas yo os digo : Ainad a vuestros enemigos» (Mt. 5,44). 2. «Si no perdonareis a los hombres, tampoco os perdonarâ el Podre vuestros pecados (ibid., 6,15). B. La razon fundamental que nos prohibe odiar al prôjimo es el mandato divino de amarle. II. Dos cuestiones morales. A. Ahora bien, esta prohibition de odiar al hombre engendra diversos problemas morales. a) Es cosa sencilla condenar al que odia a los bucnos, bien sea porque le répugna la virtud de estos, bien porque le mueve la envidia. Es un odio totalmentc inadrnisible aun entre los paganos. b) Pero cuando el prôjimo se convicrte in just ameute en enernigo nuestro, podremos odiarle? La cuestion se encona en este supuesto. t Cuàl debc ser cnionccs nuestra conducta? i. Aun en ese cûso debemos distjnguir el prôjimo y el enernigo, esto es, el hombre" y su pecado para conmigo, el hombre y sus cualidades. · i. Hay que separar con clarîdad la obra de Dios. el ;· ·::;!> v ■ '■ nuf. y destinado al clelo; y la obra del liumbrc, ·.» el pecado. SEC. ». GU1O.XLS HOM1LÉTICOS 669 -.· La naturaleza humana es siempre buena y no puede scr 0diada. El pecado es malo y debe odiarse. · 3, Aborrecc, por lo tanto, rl pecado, pero no la Persona dei pecador, cuyo arn pcnlimiento y vida Dios desea. Grave fué el que la oveja dejara el rebano y hnyera. Gravisiino fué el delito de los que injuriaban a Cristo en la cruz (Mt. 27,29-30.39-44),/ 1. · Pero cl Seflor odiô los males que ptidlcran/aearcerlr <1 la oveja por los bosques. 2. · Odiô el pecado de blasfemla, pero amando lodavia a _ la ovejucla -------- _ -----......................... corriô a buscarla yf compadccido d( que le injurlaban, rczii por ellos al Padre (Lc. 25,34; B. Por pecador y perverso que sea tu enernigo, es, sin embargo, un hombre, unido a ti por los lazos de la naturaleza humana y unido a Dios con los vinculos de toda criatura racional, destinada a un fin sobrenatural. a) Hay que distinguir, por tanto, entre el odio y la aniistad. * No podemos odiar al prôjimo. No podentos ncgarlc nada de aqucllo a que tenga derecho conio tal per­ sona humana, ni en el orden sobrenatural, ni en el natuial, ni en cl social. Nuestro enernigo signe siendo hombre con todos los derechos inhérentes a su condiciôn humana. No podentos excluirle de las oraciones ni de las limosnas colectivas. 2. Tampoco de aquellas obligaciones de la caridad, como son salvor al prôjimo en necesidades gra­ ves, prestarle auxilio, etc. Ni aun siquiera de las corrientes en la sociedad, como devolver el saludo, a no ser que nuestra condiciôn de superior o circunstancias especiales lo aconsejen como remedio o correcciôn, buscando el bien del enernigo. c) Ahora bien, hay un grado de amistad particular que repartîmes en cl mundo como queremos y que pode­ mos retirar al que nos ofende, puesto que no tenemos obligaciôn de conccdérsclo a ninguno. Es mâs, podemos decir que no hemos sido nosotros los que hemos roto csos lazos. En este caso ha de procurarse, sin engaàos propios, no odiar, perdonar la ofensa, aunque se re­ tire la amistad y se exija la reparaciôn que se tenga derecho a pedir en justicia. 2. Incluso se puede llegar a diferir durante algûn tiempo la concesiôn de la venia si fuese oportuno. 3· Nuestro injusto enernigo no tiene derecho alguno a que le demos las muestras de afecto reservedas para los amigos, como, v. gr., el saludo en las grandes ciudades, etc. bl r. U\ GRAN CENA 1H. Obligaciôn y consejo. A. Pero del mismo modo que hemos distinguido en­ tre el odio y la amistad, hemos de distinguir tam­ bién entre la obligaciôn y el consejo, el no pecar y la perfecciôn. B. Salvo los casos en que nuestra autoridad o circunstancias especiales lo aconsejan sinceramente, Iquién dudarâ que la devoluciôn de la amistad y el perdôn total nos asemejan mâs a Cristo Nues­ tro Senor, quien se encarnô y muriô por sus enemigos? SERIE III: SOBRE EL EVANGELIO La Hamada mesianica I. Exordio y proposition. A. La parâbola, ademâs de sintetizar la historia del pueblo judio, nos da una lecciôn a todos. B. Si los ritos hebreos eran figuras de lo futuro (1 Cor. 10,11), la historia de Israel es un ejeraplo en que mirarse. C. San Pablo, en su Epistola a los Romanos, expo­ ne esta lecciôn. Π. El gran banqueté. A. La bendiciôn anunciada. a) Dios preparô el reino mesiânico no sôlo para el pue­ blo judio, sino para todos los que quisieran creer. b) Dirigiô sus promesas a Abrahàn, constituyéndolo en padre universal dei mundo cristiano, presidido por Cristo. c) Judios y no judios hubiéramos jormado un solo pue­ blo para rccibir la bendiciôn anunciada. i. «Padre de todos los creyentes no circuncidados. y padre de los circuncidados». 2. Pero no sôlo de ellos, «sino de los que siguen los pasos de la fe de nuestro padre AbrahAn» (Rom. 4,ii ss.). 3· Pues «Dios es Dios de judios y gentiles» (ibid., 3,29)· - SEC. 8. GUIGNES HOMILETICOS 671 Los primeros invitadera. a) Mas para prebarar la venida de Crlsto v que encon- trara un pueblo con 1e en el verdadero Dios. pucbln depositario de b? revelaciôn v de las profectas. Dio * escoglô al iudfo, que un dia habia de abrlr sus but­ tas y predicar el reino de Crlsto a todo el mundo. b) De ese pueblo aes la adopclôn y la legislaciôn, y ci culto y las promesas, y cuvos son los batriarcas y de quienes, segûn la came, procede Crlsto» (ibid., 0,4/. c) Esta es la gloria del pueblo hebreo, al que debemos mirar siempre con respeto y pena, como San Pablo. 1. «; En qué, pues, aventaia el judio?» 2. «Mucho en todos los asnectos, porque primera ** mente les ha sido dada la palabra de Dio (ibid., 3,1). C. Los mensajeros maltratados. El pueblo judio fué siembre de corazôn duro. Apedreô a los projetas (Mt. 23,37). entre ellos reniias. c) Dcsoyô la predicaciôn, olvidô los castigos. d) Ultimamenle, el mismo Scüor qulso recogerlo come la gallina recoge a sus polluelos, pero inûtilmenle (Mt. 23,37). e) Negôse a asistir al banqueté. Matô al ahijo ama don (Le. 20,13). a) b) D. La reprobaciôn. a) Enfonces se cumpiieron las profectas que anunciaban el repudio de Israel. b) El reino se predicô sôlo a los gentiles. porque los judios lo rechazaban. i. «Como dice Oseas (Os. 2,21 y 25) : os son medios. I. El aima no debe detenerse en ellos, sino usarlos para conseguir el fin ; «Usar es reierir una cosa al fin que se ha de gozar· (cf. Santo Tomâs, or otro, diametralmente opuesto, que ha de converlirle en su mâs celoso apôstol (Act. 9). b) El hijo prôdigo se ve impulsado a volver a los brazos misericordiosos del padre, compelido por cl làllgo de la miseria y cl hambre (Le. 15,11-32). c) El azote de la hcrcjia y de la pcrsecuciôn sobre la Iglesia hace florecer a los verdaderos cristianos en frutos extraordinarios de fe y santidad. IV. C&ncl usiôn. A. Que el Espiritu Santo abra nuestros ojos para no pecar contra la luz de los milagros permanentes en la Iglesia. B. Para no pecar contra la mano amorosa de Dios que nos castiga. David entendiô todo el significado de la tribulaciôn cuando se vuelve a Dios para dar­ ie gracias por la humillaciôn que le ha proporcionado (Ps. 118,71). SEC. δ. GUIGNES HO.MlLÉncOS Los que entran en la cena I. Una lecciôn. sorprendente del Evangelio. A. Jesucristo no ha venido a destruir la Ley y los Profetas, sino a darles su cumplimiento (cf. Mt. 5,17). a) En cuanto al deslino de la misma, estaba reducida a los limites de Israël y habia que darle su medida universal. b) El pueblo de Dios la habia adullerado con sus farisaicas inlcrptelaciones, y era necesarlo devolverle su luz y pureza. c) Habia de perjcccionarse con nuevas verdades afiadidas y con una santidad llevada a cambres incotnparablcmcnte mâs allas. d) Por fin se habia de hacer luz y realidad lo que era sombra y profecia en el Vicjo Testamento. £ ! η: J Evangelio rompe asi una doble concepciôn. a) La judia, que se créé en situaciôn de privilegio espirilual cxclusivo. Los judios se juzgaban como los arislocratas de la religion. b) La pagana, que defiende la supremacia de los valores de la tierra. fe-r·· C. Cristo no se cansarâ de dar golpes de muerte a estas concepciones del reino de Dios. ai Frente a la concepciôn placentera y cômoda de la vida : Busca para nacer lo estrecho de un establo, de madré pobre y virgen. 2. Se abraza al trabajo, y en absoluta pobfeza realiza su misiôn apostôlica. 3· Se rodea de hombres rudos y de ningùn modo privilege ados. El leino que predica no es de preponderance politica. Es reino principalmente espiritual. 5· Triunfa muriendo en una cruz. b) Y a los judios les dirà: De los ninos es el reino de los cielos (Mt. 18,3). 2. Que al fin habrâ hasta pecadoras pùblicas que alcancen puesto mâs alto ante Dios (Mt. 21,31). 3· Que no ha encontrado tanta fe entre los hijos de Israel como en algunos gentiles (Mt. 8,10). Mâs aùn. que se les quitarâ el reino para dark) a otras naciones (Mt. 21,43). 1 69ΰ LA GRAN CENA » Π. El pueblo gentil entra en el reino. A. En ellos se cumplen todas las condiciones de los pobres que entran a la gran cena. • a) Errantes. Esparcldos por todos los caminos de la tierra. I'erdaderamente como ovejas sin pastor. b) Pobres. 1. Sin una ley que les indicara el camino y los obligara a abrazarlo. 2. Sin proteins que les proporcionaran el pan de la palabra de Dios. 3. Sin * sacramento que les proporcionaran el tesoro de la justiûcaciân. 4. Sin buenas obras que les sirvieran como riqueza para alcanzar el reino de los cielos. 5. Sin esperanza que los enrfqueciera con la alegria del premio iuturo de la gloria. 6. Sin Dios, porque vivian alejados de El en todos los seulidos. c) Débiles. i. Abandonados a las fuerzas de la naturaleza, trastornada por el pecado primero y corrompida por los pecados del paganismo. C. La lepra del pecado, sumamente contagiosa, habia llegado a constituir al hombre gentil en un plano tan inferior, que dificilmente podia ni vislumbrar dônde se encomraba el remedio de su mal. d) Ciegos. 1. No conocian al verdadero Dios. Tanto mâs se apartaban de El, cuanto mâs multiplicaban sus dioses. 2. Ni la inmortalidad del alma. 3. Ni la resurrecciôn de la carne. 4. Ni la ecciôn del demonio sobre el hombre. e) Cojos para andar por el camino del bien. 1. Algunos conocian la verdad, la hermosura de la virtud, la torpeza del pecado, la vanidad de sus idolos. 2. Sin embargo, vivian al modo que la sociedad pagana acostumbraba a vivir, sin hacer caso de las mayores exigencies que les debia imponer su conocimiento de algo mâs digno y elevado. B. Recibieron los gentiles, en una palabra, la embajada de Cristo para la gran cena. a) Los apôstolcs Jiicron a predicar a toda la tierra el mensaje de salva clou de Cristo (Mt.·28,19). b) La dijusiôn râpida del Evangclio por todo el pueblo gentil, con la creaciôn de cristiandades cjemplarcs y con la floraciôn de innumerables santos, fué la lecclôn mâs dura para cl pueblo de Israel, invitado el primera y abandonado después. XK SEC. 8. GUIGNES HOMILÉTICOS GDI HL Las pobres entran en el reino (cf. supra, San Grego Rio, p.598, D). A. Los pobres de bienes materiales. Las riquezas haeen que el hombre viva ocupado en sus tlcrras, en sus amblclones y en sus placeres, desprcocupado de su aima. b) El pobre, el enfermo, el imbedido, cuando Dios los ha colocado en semejante sltuaclôn, deben conside­ rate como mâs libres de impedimentos para caminar hacla los clclos. e) A vcccs Dios usa de misericordia extraordinaria con un aima alejada, rcducléndola a la pobreza para conseguir que se le accrque entrando por el verdadero camino. a) B. Los pobres de bienes espirituales. Estos si que propiamente son los que entran en el reino de Dios. a) Los pobres de espiritu, de los cuales es el reino de los clclos (Mt. 5,3). Pobres porque dejaron las riquezas por amor de Dios, o pobres de espiritu, en cuanto que lion matado su amor propio para que sea el espiritu de Dios el que viva en ellos. 2. No sôlo entrarân en el reino futuro, sino que ya viven en la bienaventuranza que es posible en la tierra. b) Los débiles. Son los humildes que no confiait en sus propias fuerzas, sino en las de Dios, a quien sirrcn. c) Ciegos. Los que viven de fe en los bienes eternos y en cl rcconocimicnto de la providencia de Dios sobre ellos. d) Cojos. Los que no andan sobre los bienes de la tierra, sino que se elevan a los del delà. IV. Conclusïôn. He aqui la nueva doctrina que Cristo viene a predicar. B. Estudiemos y sigamos los caminos que conducen a la intimidad de su cena. * ÉL 10 La cena es el reino I. La cena es el reino. A. La parabola evangélica de hoy se refiere al reino de los cielos (cf. supra, "Apuntes exeg.-mor. p.568, c.l). A . «92 LA GRAN CENA a) En San Lucas no aparece la frase trcino de les delost. En la parâbola audloga de San Maleo, si 122, 1-14). b) Pero en Lucas la ocasidn se toma del reino de los cielos, y preclsamcnte figurado como un banqueté. B. Jesucristo habia entrado en casa de un fariseo para corner su pan. a) Y dijo al que le habla invitado : x. «Cuando hagas una comida o una cena, no Ha­ mes a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a ’os parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos a su vez te inviten y tengas ya tu récompensa» (Le. 14,12). 2. «Cuando hagae una comida, llama a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos, y tendrâs la dicha de que no puedan pagarte, porqne recibirâs la recompensa en la resurrecciôn de los justos» (ibid., 13-14). b) Fué enfonces cuando uno de los invitados dijo: iDichoso el que coma pan en cl reino de Dio<» (ibid., 15). Y la respuebta del Senor fué la parâbola que estamos comentando : «Un hombre hizo una gran cena e invité a muchos». C. El reino de los cielos es tema constante del Evan­ gelio y argumento de muchas parabolas. Resumiremos hoy la doctrina sobre esta materia, aplicable a muchos domingos. a) El adjetivo tsemcjantct que se repite en el evançelio quiere decir que hay semejanza entre la parâbola y el reino de los cielos. b) Y la semejanza unas veces es: 1. En cuanto al objeto, es decir, la parâbola repré­ senta de alguna manera los bienes en que con­ siste la vida eterna. 2. Otras veces, en cuanto a la conducta que los hombres siguen con Dios nuestro Senor en la • consecuciôn de la vida eterna. 3. Y, por ultimo, respecto a los procedimientos que Dios nuestro Senor emplea con los hombres en lo referente a la vida eterna. Π. El reino de los cielos en el Antiguo y en el Nuevo Testamenta. A. Antigun Testamento. a) En todo el Antiguo Testamento se anuncia el reino de los cielos. i. Dice agndamente Lagrange que la raiz del reino de los cielos estâ en el decreto eterno de Dios nuestro Siüor. SEC. 8. GOTONES HOMTLÉTICOS Lo que se inicia en el Antiguo Testamento y se cumple en el Nuevo no es mâs que la «ejecuciôn de una idea eterna, el progreso, sin duda °xtraordinario y maravilloso, pero de una cosa 5a comenzada». b) La esperanza del reino ilumina todo el Antiguo Tes­ tamento. Esa esperanza sirve de consuelo y fortalcza al pueblo de Israel en sus tribulacioncs. Los Salnios lo expresan muchas veces. Por tomar uno, tomemos cl 102 (V. 101). i. Después de una sentidisima descripciôn de su propia tristeza y desamparo, el salmista levants los ojos al cielo y contempla a Yavé en su trono (102,13) y se conforta con la consideraciôn de su venida y su triunfo. 2. «Temerân todas las gentes a Yavé». «Yavé reedificarâ a Siôn ; escucharâ el gémir de los cautivos ; librarâ a los destinados a la muerte ; se reunirân todos los pueblos y todos los reinos para servir a Yavéb. 2. *< B. Nuevo Testamento. a) Infanda de Jesûs. I. Para algunos, el Evangelio de la infancia de Je­ sûs, especialmente como se encuentra en San Lu­ cas, es como una transiciôn del Antiguo al Nuevo Testamento. 2. El reino de los cielos estâ anunciado en todos !os cânticos del tercer evangelio. Un gozo expansivo Uena sus primeras pâginas. Se ha dicho con ra­ zôn : Todo canta jubilosamente en San Lucas. Cantan los ângeles, canta Zacarias, canta Simeôn, canta Marfa Santisima. 3· En estos cânticos se descubren ya las notas caracterfsticas del reino concebido en el Nuevo Tes­ tamento. Se levanta el vélo de lo que estaba oculto en la Ley y en los Profetas. b) anunciaciôn. i. El ângel anuncia a Maria que el Hijo que ha de concebir serâ llamado «Hijo del Altfsimo», y tendrâ un reino, porque El serâ Rey. 2. «Le darâ el Senor Dios el trono de David, y reinarâ en la casa de Jacob por los siglos». 3· Y termina : «Y su reino no tendrâ fin» (Lc. 1, 32-33). c) «El «Magnificat». El cdntico triunfal del «Magnifi­ cat·» describe los triunfos de un gran rey. i. Dios «es el Salvador» (Lc. 1,47). 2. Es el «Poderoso» (ibid., 49). Bastô una mirada suya a su sierva para que todas las generaciones la llamaran «bienaventurada» (ibid., 48). Es misericordioso. «Su misericordia no tendrâ ί: 694 LA GRAN CENA fin» (ibid., 50k «Se extender^ de generaciôn en generaciôn» (ibid.). 4. Es un canitân «que desplegô el poder de su brazo y derribô a unos, a los potentados, y ensalzô a otros, a los humildes» (ibid., 52). d) El cdnlico de Zacarias. También Zacarias, Ueno del Espiritu Santo, profetizo. Su profccla es militar, de triunfo, de constituciôn de un reino. 1. Levantô Dios un «cuerno de salvaciôn» en la casa de David, un ejército libertador ; en una pala­ bra, un Salvador. 2. «Nos salvô de nuestros enemigos». «Hizo miseri­ cordia con nosotros». «Nos concediô la libertad». Nos alcanzô el que le sirvamos en «santidad y justicia». 3. «Iluminô a los que estaban sentados en las tinieblas». Diô vida a los que habitaban «las sombras de la muerte». Puso «nuestros pies en el caruino de la paz». e) El cdnlico de Simeôn. 1. Simeôn anuncia también el triunfo del Nino que tomô en sus brazos. 2. El es «la salud para todos los pueblos». El es la hiz que va a iluminar a todas las gentes. El es la gloria del pueblo de Israel. 3. Palabras de India, de victoria y de triunfo. f) Predicaciôn del Baulista. 1. El Bautista emplea ya explfcitamente la palabra reino : «Arrepentios y haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos» (Mt. 3,2). 2. Mâs tarde dirâ Jesûs del Bautista : Hasta Juan, la Ley y los Profetas ; desde Juan, el reino de los cielos (Mt. 11,13). 3. Con Jesûs, pues, llega el reino de los cielos a la tierra. Empieza la rea'.izaciôn temporal de los designios eternos del Senor. HL Naturaleza del reino. A. Nad:e niega que Jesucristo vino a fundar un reino. B. Pero ha sido muy diferente la interpretaciôn del mismo. e) Reino moral. Los protestantes liberales dicen que el reino de los cielos es un reino moral, un reino inte­ rior, inmanente en las aimas. Jesucristo es simplemente un doctor de moral (Harnack). b) Reino politico-social. Jesucristo es un caudlllo revoluclonario que accpta, sin modi/icarlas, las esperanzas polilicas 0 sociales de los judios. Jesucristo vino a reslableccr cl reino nacional Judaico (Reimarus). c) Reino escatolôglco 0 final. El cielo se establecerà al SEC. 8. GUIONES HQMILÉTICOS 695 final del inundo. Todo serâ transformado con la 3Cgttnda venida del Salvador. Enlonccs comenzard el reino. La moral del Evangelio no llene otro objeto que preparar a los hombres para el magno aconteciniicnto futuro (Loisy). C. Exegesis catôlica. La palabra “reino de Dios” tie­ ne très significados en el Evangelio. Los très, intimamente relacionados entre si. Los très, aplicables a la parâbola de la gran cena. a) Lo cual nos permite considcrar en cierto modo, en una sintesls suprema, en una sola palabra, el reino universal, permanente, elerno, manifestado externamente en diferentes formas. La palabra ùnica, que todo lo sintetiza, es Jesucristo. b) Los très significados del reino de los cielos en la Escrilura son: cl reino es la gracia, el reino es la Iglesia y el rclno es la gloria. 1. Significodo espiritual interior. El reino de los cielos es la vida de la gracia. Es la inhabitaciôn de la Santisima Trinidad en el aima. Es la participaciôn por el alma humana de la vida divina. Es el comienzo de la vida eterna. Es el conoci­ miento y amor de Jesucristo. 2. Aspecto social externo. Es la Iglesia catôlica. La Iglesia externa y la Iglesia interna. i.· La Iglesia externa, como soeiedad visible, juridica, kislôrica, organizada. s.· La Iglesia interna, como Cuerpo mistico de Cristo, Participacïôn de Los fieles, de la gracia, que descicnde de la cabeza, y mutua comunlcaciôn de mâritos. Es ser miembro vivo de cse CucrPo por la uniôn por la fe y la caridad, con su cabeza, que es Jesucristo. Miembro vivo y desempenando una funciôn propia en relaciôn con todo el Cuerpo, 3. Sentido escatolôgico. Vida futura. Reino de los cielos en sentido estrictisimo. Paraiso de Dios, gloria eterna, ciudad nueva, Jerusalén santa. c) Se' puede, pues, sintetizar toda la doctrina del rclno de los cielos en una palabra: Jesucristo. Nuestra vida interior es la participociôn de la gracia de Jesucristo, que es nuestra Cabeza. 2. La Iglesia en este mundo participa de 'a vida de Jesucristo, que es su cabeza invisible. En la vida futura, Jesucristo, que es el Cordero, es la lâmpara que ilumina toda la Jerusalén ce­ lestial. d) El reino de los cielos es verdad y vida. El banqueté es festin de verdad y de vida divinas: ιΥο soy el ca­ mino, la verdad y la vidât (lo. 14,6). IV. Aplicaciôn de la parâbola. A. Concebido asi el sign:ficado de la parâbola, la cena a que invita Jesucristo es, en primer lugar, la vida de gracia. • ■I 696 LA GRAN CENA a) Nos invita a participar de su vida divina. b) Para vivir la vida de gracia hay que renunciar al pecado. El pecado es la adhesion desordenada a las criaturas, que nos aparta de Dios. B. No merecieron la vida de gracia los que, adheridos a sus riquezas—los cinco bueyes—, a sus ho­ nores—la granja—, a sus placeres—la mujer—, despreciaron la invitaciôn de Dios. a) Estos quedaron fuera dei camino, sentados en las tlnieblas de muerte. en las sombras del pecado. Para éstos no hubo redenciôn, para éstos no hubo Sal­ vador. b) Estos no se arrepintleron e hicieron penitencia, y, por conslguiente, pasô vanamente por delante de ellos, sin que ellos lograran alcanzarlo, el reino de los cielos. c) Y por no vivir la vida de gracia, se exponen a no morlr en el seno de la Iglesia, aunque sean catôlicos, Porque les falta uniôn por la caridad con la Cabeza, que es Cristo. d) Y, como consecuencia, se exponen a estar eternamente desterrados del reino de los cielos, a no f>articipar de la gloria, a que caiga sobre ellos fulmi­ nante la terrible y airada sent en cia de este gran Scüor que preparô una gran cena: iYo os dlgo que nlnguno de aquellos que despreciaron mi llamamiento, gustarà de mi cena» (Le. 14,24) (cf. supra, San Gregorio, p.596, F). C. Jesucristo dira un dia a los pobres, cl egos y cojos: “Venid, benditos de mi Padre, al reino que os tengo preparado desde el principio del mundo" (Mt. 25,34). Y a los malos, ricos, licenciosos, car­ nales, soberbios...: “Apartaos de mi, malditos..." (Mt. 25,41). 11 El reino es la gracia I. Vida de gracia. A. En su primera signification, el reino represents la nueva vida del aima. a) Supone un nuevo naclmlcnto. Nos hace hijos de Dios. tDiôlcs poder de venir a ser hijos de Dios a aque­ llos que creen en su nombre» (lo. 1,12). b) El reino procede de la partklpaciôn d-e la vida de Jesucristo. El apareciô lleno de gracia y de verdad. SPC. 8. GUIGNES HOMILÉTICOS «97 Pues de su plcnitud recibimos todos nosotros» (lo. 1, 16-17). c) Todo es espiritual: origan, fin, medlos, vida. ·Υο ha venida para que tengan vida, y la tengan abundan­ te· (lo. 10,10). El reino—la cena—comunica vida eterna. g. Nicodemo. a) Los fariseos y doctores de la Ley no habian com- prendldo este concepto del reino. b) San Juan présenta muy clara esta idea en el sublL me diâlogo entre Jesucristo y Nicodemo (lo. 3,1-21). Nicodemo parece no haber visto en Jesûs mâs que un «maestro» que llega «de parte de Dios» (lo. 3,2), al cual Dios le habia concedido la facultad taumatûrgica. 2. Jesucristo le plantea inmediatamente la cuestiôn del reino de los cielos. La Vulgata dice : «Nisi quis renatus fuerit denuo non potest videre reg­ num Dei». 2/ pi : •A pesar de tu ciencia, Nicodemo—parece decir Jé­ sus—, no puedes ver el reino de Dios. Hay que nacer otra vez para ver el reino de Dios, para ver a Jesu­ cristo, para ver al Mesfas. A Dios se le ve por la fe. La fe supone la gracia. La gracia supone cl bautismo.» Nicodemo con toda su ciencia farisaic-a, no habia visto a Jesucristo. Este era un ser muy superior al concebldo por él. h < las preguntas de Nicodemo contesta Jesucristo: no «renaces», no podrâs «entrar» en el reino de Dios. 4. Es reino espiritual, interno, que se inicia eu esta vida con la fe en el Hijo Unigénito y que fer­ mina en la vida eterna (lo. 3,16). 3· C. La samaritana. a) En la bellisima escena dei capitulo 4 de San Juan, ‘ Jesucristo repitc bajo otra forma las mlsmas ideas. b) Jesucristo ofrece un agita viva a la samaritana, agua viva que produce una fuente en cl interior del alma que salta hasta la vida eterna. 1. El agua viva es la gracia. «Si alguno tiene sed, venga a mi y beba» (lo. 7,37-39). El agua es la adoraciôn de Dios «en espiritu y en verdad». La fe viva en Dios y en su enviado Jesucristo. 2. El agua représenta la comida ûnica de este ban­ queté, la que se sirve en la gran cena. Aqui es agua de gracia. Después serâ agua de gloria. 3. San Juan conserva la comporaciôn del agua en el Apocalipsis. •Al que tenga sed le daré gratis de la fuente de agua viva * (Apoc. 21,6). 2.· • Un rio de agua viva, clara como el cristal..., salfa del trono de Dios y del Cordero. En medio de la callc, y a un lado y otro del rio, habia un drbol de vida que daba doce frutosQ (Apoc. 32,1-2). La gracia tnercada. : »- 698 LA GRAN CENA D. El “Pater noeter”. a) Jesucristo en persona puso en labios de los apôstoles la oraciôn del reino (Mt. 6,9-13). b) Todas las ideas capitales del mismo estân encerradas en el «Padre nuestro» (cf. «La Palabra de Cristo» t.4 p.921 ss. y 103S ss.). 1. «Venga a nos el tu reino». Un reino que existe ya desde la eternidad y cuya realizaciôn en la mente del Padre habia de tener lugar por la venida de Jesucristo al mundo. 2. Venga a nos internamente, a cada uno de nos­ otros. 3. Venga a nos por la gracia y seamos fie’.es hijos del reino por las obras, por el cumplimiento de la voluntad divina. 4. Venga a la tierra el reino que existe en el cielo. Cùmplase en la tierra tu voluntad como en el cielo se cumple. Π. El sermôn eucaristico. A. En el gran sermon eucaristico, que pronunciô Je­ sucristo en Cafarnaùm, aparecen todas las ideas del reino espiritual, como reino de vida nueva en el corazôn del hombre. a) Jesucristo vino a dar un alimento que permanece has­ ta la vida eterna (lo. 6,27). 1. El manâ del desierto no era mâs que una figura del pan del cielo (6,32). Ese pan de Dios bajô del cielo y da la vida al mundo (6,33). 2. «Yo soy el pan de vida» (6.1 5). «Y el que créé en mi, jamâs tendrâ sed» (ibid.). b) Son las mismas ideas del dïâlogo a la samaritana expuestas bajo la coniparaciôn del pan. 1. Alli se dice qne el agua saltarâ hasto .la vida eterna, y aqui en forma mds explicita. 2. «Todo el que ve al Hijo del hombre y créé en El, tendrâ vida eterna, y yo le resucitaré en el ùltimo dia» (6,40). c) En este pasaje. el reino comienza en este mundo con la nueva vida del aima y termina en el reino de los cielos después de la resurrecciôn de la carne. B. La Eucaristia. a) Es oportuno dcsarrollar la idea de la Eucaristia en rclacldn con el reino interior, con la cena, por ser esta dominica in/raoctava de la fiesta del Corpus. b) El capitulo 6 de San Juan ofrcce abundantes textos para exponcr esta idea directamcnte relacionada con la pardbola, puesto que se habia de una cena en la que estâ todo preparado. La cena puede ser el pan eucaristico, puesto que en éste se encierra la sinte- SEC. 8. GUIONM HOMILÉTICOS 699 sis de todas las gracias que sc nos comunican por los sacramentos. «Yo soy el pan de vida» (lo. 6,48). 2- «Este es el pan que baja del cielo, para que el que come no muera» (6,50). «Si alguno corne de este pan, vivirâ para siem­ pre» (6,.si). «Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vos­ otros» (6,53). c) El reino interior, pues, es la vida de gracia. La gra­ cia se nos comunica por los sacramentos, principalmente por cl de la Eucaristia, sfntesls de todos. La cena, pues, a la que invita el Senor, puede ser la cena eucaristica. i. La Eucaristia excede a todos los sacramentos de la vieja y de la nueva ley (cf. «Sum. Theol.» 3 2. La Eucaristia es condiciôn de todos los sacranvmtos (3 q.65 a.i). 3. Es fin y consuinaciôn de todos ellos (3 q.63 a.5). 4. En este sacramento se comprende todo el miscerio de nuestra salud (3 q.83 a.4). 5. Bastaria una buena comuniôn bien hecha, dice San Francisco de Sales, para hacernos santos. IH. Manifestaciôn exterior del reino. A. El reino es esencialmente vida de gracia. Pero por la gracia se nos conceden: a) Las virtudes teologales. ·' ■ b) Los dones del Espiritu Santo. Las virtudes infusas sobrenaturales. El don mâs precioso, efecto de la gracia, son las virtudes teologales, superiores a los mismos dones del Espiritu Santo. a) Entre las teologales, la primera es la caridad. La vida de gracia es, por consiguiente, vida de caridad. La caridad supone cl amor a Dios y al prôjimo. Y la prueba mâs cicrta de que tenemos amor a Dios es que tenemos amor al prôjimo. b) Por esto la epistola de la misa de hoy es la epistola del reino, en la que vuelven a jugar los conceptos de vida y muerte, de luz y Linieblas, en relaciôn con la caridad hacia el prôjimo. «Sabemos que hemos sido trasladados de la muer­ te a la vida, porque amamos a los hennanos». 2. «El que no ama permanece en la muerte» (lo. 3,14). No es hijo del reino. Nosotros, en cambio, somos hijos del reino. Invitados y comensales de la cena. * c 700 LA GRAN CENA c) 5e initia, pues, en nosotros cl nuevo reino, que es nueva vida, por la gracia y por la caridad. Conoce· mos que tenemos caridad por el amor al hermano. 1. iCômo se manifiesta el amor al hermano? i.· tDcbemos dar nuestra vida Por nuestros herinanwt (i lo. 3.16), conto El di<5 su vida por nosotros. a.· «Λ Jortion» debemos repartir los bienes entre los hermanos necesitados, y tel Que tuvlcre bienes de este mundo y, viendo a su hermano Pasar necesidad. le cierra sus «rntraflos, Jcômo nuira en il la caridad de Dios f· (1 lo. 3,17). 2. Eso es amar «de obra y de verdad», no «de pala­ bra ni de lengua» (ibid., 3,18). Por estas obras se conoce «qne somos de la verdad» (ibid., 3,19). IV. La invitaciôn a la cena. A. La cena, pues, a que se nos invita, no es comida ni bebida. a) «El reino de Dios, dice San Pablo (Rom. 14,17), no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espiritu Santo .* b) 7-a palabra * tjusticia tiene aqui la significaciôn de virtud general, que puede ser entendida como ca­ ridad. B. Invitar a la cena es invitar a la vida de desprendimiento de las criaturas, a las que debemos amar en tanto en cuanto nos llevan a Dios y nos permiten socorrer a los hermanos. a) Los primeros invitados, demastado adheridos a las cosas de este mundo, no fueron dignos de participai de esta vida. b) Los pobres, los ciegos, los cojos, etc., los que tienen menos bienes de este mundo, y aun los que estân Privados de bienes de naturaleza, tienen una mejor disposlciôn para la vida Interior, para la vida de la gracia. Fueron por eso mâs déciles al llamamlenlo. c) Pero la invitaciôn es a todos; a ricos y pobres. SI los ricos, primeros llamados, hubieran dado- gencrosamente de sus bienes, no sôlo hubieran sido admltidos ql banqueté, sino que seguramente hubieran tenldo en él un lugar de preferencla. El reino es la Iglesia Reino universal. A. Fâcil es hallar en el Antiguo Testamento pasajes relativos al reino que indican la universalidad del mis; SEC. 8. GUIONES IIOMlLÉriCOS 701 a) La utilvcrsalldad se dcsprcndc lôglcarnente del monotcismo. Un solo Dios; todos los hombres adoradorcs del mismo. b) Los judios lenian prlorldad en el reino. Por su infidelidad la perdleron, y vlnleron gentes de Oriente y de Occidente a sentarse en los pueslos reservados a los hijos del reino. I. «Os digo, pues, que del Oriente y del Occidente vendran y se sentarân a la mesa con Abrahân, Isaac y Jacob en el reino de los cielos» (Mt. 8,nL 2. «Mientras que los hijos del reino serân arrojalos a las tinieblas exteriores, donde habrâ lianto y crujir de dientes» (ibid 12). B. Los que algùn dia se sienten en el reino de la gloria—a la que se refieren los versiculos anterio­ res—, se han sentado antes con Jesucristo en el reino de la Iglesia. I a) Muchos de los judios, de los Israelites, ccuya es la adopclôn, y la gloria, y la alianza, y la legislaclôn, y el culto, y las promesast (Rom. 9,4), quedaron fuera del reluo. b) Este hecho ha niovldo a San Pablo a escriblr los ca­ pit ulos 9 y 10 de la Epistola a los Romanos, profun­ dos de sentido, empapados en amargo llanto. C. El Evangelio claramente dice que el reino es para todos los pueblos (Mt. 28.19) : “Id, pues, ensenad a todas las gentes, bautizândolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo” (Mt. : 28,19) x Û». , Reino externo, L· Las parabolas evangélicas referentes al reino in­ dican, con frecuencia, que el reino es exterior. Hay una relaciôn especial entre todos los llama­ dos a la vida de gracia. Unas veces el reino es un campo donde se ha sembrado trigo (Mt. 13). b) Otras veces, una. red donde se han cogldo peces (ibid.). c) Otras veces es la sala de un banqueté de bodas, donde estân reunidos los invitados (Mt. 22). d) Otras, una cena donde todos los aslcntos estân llcnos, como en el evangelio de hoy (Le. 14). e) Otras, un rcdil, donde se amparan las ovejas (lo. 10,16). a) No se habla propiamente en esta parâbola de una soc:edad, sino de una uniôn o reunion. a) Pero cl lenguaje parabôllco nunca es de una exactitud fllosôfica. NI la parâbola desclende al desarrollo minucloso de la idea. ; b) El reino de los clclos es una cosa externa, donde es­ tait congicgados hombres que tiene» una rclacldii especial entre si y con el Sciïor, que les invita, o con los pueslos, o con el padre de familias. c) Propiamente, la idea de socledad tainpoco es exacta, ni mucho menas. En et orden de la analogia, mâs se acerca a la verdad la idea de cuerpo que la idea de socicdad. ΙΠ. Dignos e indignos. A. Todas las parabolas del reino coinciden en un as­ pecto: forman parte del reino, en un primer mo­ mento, personas dignas y personas indignas, y en un segundo momento, soiamente quedan en el reino los que merecen permanecer en él. a) Si cl reino es cl banqueté de bodas, uno no tiene la veste nuficial y es expulsado (Mt. 22,11-13). b) Si cl reino es el campo de trigo, con cl trigo estâ la cizaüa, y a! final la cizaüa scrà arrojada y cl trigo rccogido en el horreo, que aquî représenta el reino celestial o la gloria (Mt. 13,24-30). c) Si el reino es la red, hay en ella pcces buenos y ma­ los. y los malos son arrojados otra vez al mar {Mt. 13, 47-52)d) Si la primera selccciôn del reino son docc apôstoles, hay entre ellos unç> que es demonio (lo. 6,70). B. Por tanto, la presencia simultânea de buenos y maloe es inevitable en la situation del reino du­ rante la vida présente. Es por eso una caracteristica que cesarâ tras el juicio final (cf. “La Pa­ labra de Cristo” t.2 p.575 ss.). IV. El reino en San Juan. A. El reino como Iglesia tiene una expresiôn bellisima en San Juan, de profundo sentido, que mâs tarde recogiô San Pablo. El reino es la esposa. a) Los discipulos del Baulisla, al ver crecer el grupo de los discipulos del Senor, alarmados, mczquinaincntc celosos. sc lo anuncian a su maestro. •Maestro, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordân, de quien diste tu testimonio, estâ ahora baulizando, y todos se van a Elt (lo. 3,26). 1. Los discipulos se alorman porque su partido mengua. Juan les dice metafôricamente que Jesûs no viene a fundar un partido, sino la Iglesia, sociedad incomparable a ningùn partido. 2. Y San Juan les contesta : «El que tiene esposa, esposo es». La Iglesia es la Esposa. b) San Juan habia de la colcctlvidad que habia de seguir a Jesueristo, y vivir con Jesueristo, y ser santl- Μ· SEC. 8. GUIONES HOMTLÉTÏCOî 703 ficada por Jesueristo, que era la Iglesia, que es la Esposa. c) Y esta concepcldn se mantiçne en los ultimas versicu­ los del Apocalipsls : «Ven y te niostraré la novia, la esposa del Cor­ dero» (Apoc. 21,9). 2. «Me llevô en espiritu a un monte grande y alto y me mostrô la ciudad santa, Jernsalén» (ibid., 10). 3· El Espiritu y la Esposa aparecen en e’. canftulo 22 : «Y el Espiritu y la Esposa dicen : Ven» (Apoc. 22,77). B. Mâs adelante, San Pablo, en eu Epistola a los Efesios, compararâ el matrimonio del hombre con la mujer a la union que tiene Cristo con su Igle­ sia. La mujer es la esposa del hombre, como la Iglesia lo es de Cristo. a) «Y como la Iglesia cstd sujeta a Cristo, asi las mujeres a sus maridos en todo·» (Eph. 5,24). b) «Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujcrcs, como Cristo αηιό a la Iglesia y se entregô por ella» (ibid., 25). V. El reino en San Pablo. La sociedad establecida entre las personas que vivpn la vida de gracia, estâ muy analizada en San Pablo. En cita aparece como una sociedad organizada, o me­ jor como un cuerpo, en el que cada miembro tiene distinta funcidn, pero cada uno en beneficio de todos. b) Las caractcristicas de esta soqiedad, anallzada por San l’ablo, son: Diversidad de funciones. 2. Mulna comunicaciôn de vida. 3. Fuente ùnica de vida, que es la cabeza del cuerpo. C) En la Carta a los Romanos dcsarrolla ampliamente esta idea: Asi, todos tenemos dones diferentes, see/tn la I. gracia que nos fué dada : ya sea la profecia, segfin la medida de la fe ; ya sea el ministerio para servir». 2. «El que ensefia, en la ensenanza; el que exhorta, para exhortar ; el que da, con sencillez ; quien preside, présida con solicitud ; quien practica la misericordia, hégalo con alegrfa». «Vuestra caridad sea sincera, aborreciendo el mal, adhiriéndoos al bien». «Amândoos los unos a los otros con amor fraternal, honréndoos a porffa unos a otros» iRom. 12,6-10). a) Para ]a edificaciôn de los santos. a) El reino estâ organizado como un ejército en orden de batalla, mejor dlriam-os. de conquista. LA GRAN CENA «Y El constituyô a los unos apôstoles, a los otros profetas ; a éstos evangelistas, a aquéllos pasto­ res y doctores» (Eph. 4,11). 2. «Para la perfecciôn consuinada de los santos, para la obra dei ministerio, para la edificaciôn del cuer­ po de Cristo» (ibid., 12). b) Todo esta organizado en cl reino en orden a la edijicaclôn. Los ministros del reino estân representados en el C) siervo fiel que sale varias veces a buscar invitados. «Senor, estâ hecho lo que mandaste y aun queda lugar» (Le. 14,22). 2. «Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar para que se llene mi casa» (ibid., 23). El crecimiento del reino. a) El reino crece por la gracia y por la caridad. El manjar que se sirve en esta cena es la gracia y la caridad, que proceden de Jesucristo. 2. Jesucristo no sôlo es la cabeza del reino, sino la ùnica fuente de vida del reino. b) El apôstol San Pablo desarrolla esta idea en el ca­ pitulo cuarto a los Efesios. 1. «Sino que, al contrario, abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, llegôndonos a aquel que es nuestra cabeza, Cristo» (Eph. 4,15). 2. «De quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operaciôn propia de cada miembro, crece y se perfecciona en la caridad» (ibid., 16). Los min’stros de Dios. a) Todos debemos sentirnos representados en el siervo fiel que va a buscar invitados para el reino. i. Podrian hacerse aplicaciones al deber de cooperar con la Iglesia en la Acciôn Catôlica. Pero las aplicaciones môs estrictas son para los 2. sacerdotes, ministros del reino. b) El sacerdote tiene en sus labios tla palabra de rcconcillaciôn·. Los sacerdotes tson embajadores de Crist09 para llantar a los demâs. «Porque, a la verdad, Dios estaba en Cristo re­ conciliando al mundo consigo y no impntândnle sus delitos, y puso en nuestras manos la palabra de reconciliaciôn (2 Cor. 5,19). «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros. Por Cristo os rogainos : Reconciliaos con Dios» (ibid., 20). Pablo sc llamaba a si mismo icmbajador encadenadoi (Eph. 6,20). ] Ojalâ todos los siervos del Sefior, especialmente todos los sacerdotes y religiosos, sintieran pro- SPC. K, GIHOXF.S HOMII.ÉTTCOS 705 fundamente las palabras que, ahondando en esta misma idea, expone aqui San Pablo en el capitu­ lo 3 a los Filipenses! 2. Ellos deben invitar a 1a cena. r.· Cena en In que se sirve tel sublime cnnocimirnta de Cristo Jesûs·. 3.· En la que se gaza a Jesûs. eomfrrcndiendo que todo «lo que no es Jesûs es esUircûl·. Por ganar invita­ dos a la cena de Jesûs, bay que sacriflcarlo todo (Phil. 3.8). VI. La union de los dos reinos. A. Aparece en San Pablo una tendencia a unificar el reino con Jesucristo. San Pablo describe de modo solemne la union del reino temnoral, que es la Iglesia. con el reino eterno, que es la gloria (1 Cor. 15). a) Jesucristo, Rcy vcnccdor, entrega a Dios Padre el r’ino después de haber reducido a la nada toda potes­ tad, todo poder (1 Cor. 15,24) ; después de haber vencido al ultimo enemigo: la muerte (ibid., 26). b) Y Cristo, al reino plenamente buro, brobiamentc espiritualizado y divino, presidido y dirigido t>or El. como cabeza, lo sujeta al Padre «para que Dios sea todo en todas las *cosas (ibid., 28). El reino es la gloria I. El reino en San Pablo. A. Comenzamos nor el Apôstol de las Gentes para unir este guiôn con el anterior. a) En su primera Carta a los Corintios. cabttulo T5, se­ nala el enlace del reino terrestre, la igle sia, con ’? reino celestial, la gloria; la entrada en la gloria de todos los elegidos, bresididos por Jesucristo ; en una palabra, la perfecciôn del reino. En este mundo nunca se goza y se asimila picnamente cl alimento Que se sirve en esta cena de la parâbola. El alimento es Cristo. Pablo puede decir: «Vivo yo, ya no yo; Cristo vive en wï» (Gai. 2,20).. Mas la expresiôn no tiene un valor absoluto. 2. San Pablo goza en el banqueté de la gracia. Su grito no es expresiôn de hartura. La hartura es relativa. El propio San Pablo exclamarâ : «Deseo morir para estar con Cristo» (Phil. 1,25). 3· Pablo ansfa la muerte para unirse completamente a Cristo en el banqueté de la gloria. b) c' La Palabra de C. s _ *· B. Cristo, alimento unico. a) El alimento en el banqueté de la gloria es pura y linicamente espiritual. 1. En la tierra, el cuerpo reclama un alimento cor­ poral. En la gloria, el alimento espiritual mantendrâ perfectfsima la vida del cuerpo. 2. E! alimento espiritual de la gloria serâ el espiri­ tu de Cristo, que transformarâ nuestro hombre, de carnal y terreno, en espiritual y celestial. b) AUI veremos claram ente cômo el ûnico inanjar del banqueté que nos promote la parabola es Cristo, man. jar que es comido por los fieles en très etapas. 1. Se inicia en la tierra con el banqueté de gracia. 2. Se perfecciona para el aima en el cielo después de la muerte individual con el banqueté de la gloria. 3. Y alcanza su ùltima y completa perfecciôn en la tercera etapa, cuando resucite el cuerpo, tal como lo ha deserito el Apôstol, y, vencida la muerte, a él se transmita, para adornarle de inmortalidad, la vida misma de Cristo a través del aima que le contempla. c) El banqueté- en esta vida es imperfecto, porque el banqueté, por ser espiritual, es p-ropiamente visiôn intelectiva. 1. Mas aqui es por espejo y en enigma la visiôn. Entonces serâ cara a cara y conoceremos y seremos conocidos. 2. Cuando Pablo clama : a los vivos como remedio» Ici. Schuster, «Liber sacramentorum» p. 136-137). misa por los difuntos hoy. Forma parte de las exequias. La Iglesia ha introducido la costumbre de cclebrar el aniversario, asi como los dias tercero, séptimo y trigc'simo, con misas especiales. b) En el dia de la Conmemoraciôn de. los fieles difuntos, cada sacerdote puede decir très misas. pueblo se ha percatado de la trascendencia de la misa por las aimas de los muertos. a) Las iglesias suelen verse llenas el dia de los Di­ funtos. b) Machos son los que no oyen una misa este dia, sino las très. En todas las familias cristianas existe la coslutnbrc de ofrecer, ademâs de la misa funeral, el octavario de misa, o una misa mensual, o las misas gregorianas. d) Debemos formar al pueblo, diciéndole que fomente la prâctica de ofrecer la misa en sufragio de las ai­ mas dei purgatorio, insistiendo que sean caritativos con ellas. mejor recuerdo, sin duda, en memoria de los fieles difuntos, es el sacrificio de la misa. Las flo­ res y luces y adornos de tumbas y cementerios son mâs bien, dice San Agustin, para consuelo de vivos que para provecho de los difuntos. 19 El pueblo y la misa I. Sacrificio de la Iglesia y sacrificio del cristiano. A. Por ser la misa sacrificio de la Iglesia, puede decirse que todos los bautizados, como miembros del Cuerpo mistico, son sacerdotes y estân con Cristo y participan, ademâs, de los frutos de to­ das las misas. B. Pero cada cristiano en particular debe prestar en -I SEC. 8. GUIONES HOMILF.TICOS 721 ella una participaciôn incomparablemente mâs per­ fecta y ventajosa. Es la participaciôn activa. Aqui se exige nuestra cooperaciôn. a) Puede ser ésta interna, consistente en la intenciôn, por la que volunlariatnenle el cristiano ofrece con Cristo Sacerdote ei sacrificio y se ofrece a si mismo con Cristo Victima. Y esta cooperaciôn interna podria darse aim sin asistir a la misa. b) Pero la cooperaciôn mâs perfecta es aquella en la que, ademâs de la interna, se da la externa: asistir a la misa, unirse a los ritos y ceremonias y tener, al mismo tiempo, la intenciôn de ofrecer a Cristo con el sacerdote que celebra y ofrecerse también con Cristo, en Cristo y por Cristo, y por los mismos fines, como victima al Padre. cristiano, participe del sacerdocio de Cristo. Si el cristiano ha de ofrecer y ofrecerse con Cris­ to, dejemos, ante todo, establecido que goza de una participaciôn en su sacerdocio. En el domingo de Pasiôn se hablô de este sacerdocio de los fie­ les (cf. “La Palabra de Cristo” t.3 p.817 y 888). En un reciente discurso a los cardenales y obis­ pos, Pio XH ha expuesto sencilla y claramente la doctrina sobre este punto, saliendo al paso del error protestante sobre la democracia sacerdotal. a) iNo faltan quienes atribuyen a todos, aun a los se- glares, que asisten al sacrificio de la misa, verdadera poder de sacrificar... Sostienen... que el pueblo goza de una verdadera potestad sacerdotal, mientras que el sacerdote actûa ûnicamente por oficio delegado de la comunidad». b) F rente a este error, el Sumo Pontifice fija la verda­ dera doctrina: ιΕΙ sacerdote celebrante, y él solo, representando a Jesucristo, es quien sacrifica; no son ni el pueblo, ni los clérigos, ni aun siquiera los sacerdotes que pia y religiosamente sirven al sacer­ dote que celebra, aunque todos puedan tener y ten­ gan parte activa». c) tNo debcmos, por lo demâs, negar ni dudar que los fieles participai! de un cierto sacerdocio, que no seria licito ni menospreciar ni rebajar... Pero, cualquiera que fuere la realidad y significado verdadero de titulo tan honorifico, ha de sostenerse firmemente que este isacerdocio», tan sublime y misterioso, comûn a todos los fieles, se difcrencia en su grado y esencia del sacerdocio verdadero, que consiste en el poder de realizar, representando la persona de Cristo, Sumo Sacerdote, el sacrificio del mismo Cris­ to» (Pio XII, «Alocuciôn a los cardenales y obispos reunidos en Roma», 2 noviembre 1954 ; cf. «Eccle­ sia». 20 noviembre 1954). LA GRAN CENA El cristiano tiene que ofrecer su sacrificio. El cristiano que participa, en el sentido dicho, del sacerdocio de Cristo, tiene que participar tam­ bién de su victimaciôn ofreciendo su propio sa­ crificio. Afirma Ρίο ΧΠ en la “Mediator Dei” que se ha de asistir a la santa misa: iTeniendo los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesiis». b) «Esto exige que todos los cristianos reproduzean en si mismos, cuanto lo permite la naturaleza humana, el mismo estado de ânimo que ténia el mismo .Re­ dentor cuando hacia el sacrificio de si mismo: la luiniilde sumisiôn del espiritu, la adoraciôn, el honor y la alabanza y la acciôn de gracias a la divina majestad de Dios». c) «Exige, ademâs, que reproduzean en si mismos las condiciones de victima: la abnegation de si mismos, segûn los preceptos del Evangelio; el voluntario y espontâneo ejercicio de la penitencia, el dolor y la ex­ piation de los propios pecados-a. <1) tExige, en una palabra, nuestra muerte mïstica en la cruz con Cristo, de tal forma que podamos decir con San Pablo : lEstoy crucificado con Cristo» (Gai. 2,19) (cf. «Mediator Dei» ιοί). a) Cada cristiano, por tanto, en la santa misa tie­ ne que ser victima y ha de ofrecer su sacrificio, o mejor, ha de ofrecerse él en su sacrificio. El ofertorio. A. No debe pasar inadvertido para los fieles. a) Es el momento en que debe ofrecer y ofrecerse juntamente con los dones que el sacerdote levanta en el altar. La gota de agua que pone éste en cl câliz, simboliza el sacrificio del pueblo. b). Cada uno de los que asisten a la misa debe poner alli sus sacrificios y trabajos, sus sufrimientos, etc. Todo ese conjunto de sacrificios pequeüos de que estâ labrada la exislencia diaria de cada hombre. Pero, sobre todo, debe poner su propio corazôn, su aima y su vida. B. Antiguamente cada fiel llevaba su ofrenda al ofer­ torio. a) Era cl simbolo de la ofrenda agradable a Dios que iba a hacer de si mismo y de los suyos. b) Hoy ha desaparccido esto, mas consércase todo el carâcter simbôlico del ofertorio en la gota de agua que cl sacerdote mezcla con el vino. - ' ? - * SEC. 8. GUIGNES HOMILÉTICOS 723 Ademâs, debe fijarse el cristiano en la oraciôn que aigue al ofertorio: “Con espiritu de humildad y corazôn contrito seamos recibidos por ti, ioh Seftor!, y preséntese asi nuestro sacriâcio en tu presencia hoy, de forma que te sea agradable a ti”. Son las palabras précisas de nuestro propio ofrecimiento. V. La consagraciôn. Los dones de pan y vino ofrecidos por el sacer­ dote se transforman después en el sacrificio infi­ nito del Calvario. a) Alli estâ también nuestro propio sacrificio. Las cosas pequenas que hemos llevado al altar son transformadas y adquicren un valor infinito unidas con Cristo. b) Victima con Victima. Se forma de ambas una sola, la de Cristo, que llega hasta la presencia del Padre. iQué fuerzas da al cristiano para acometer des­ pués la lucha diaria de la vida, el saber que lo poco que haga durante el dia ha sido transformado por el sacrificio de la misa! VI. Conclusion. A. Mejor que decir “oïr la misa”, habremos de de­ cir “hacer la misa” o “decir la misa”. B. Cada cristiano ha de decir su misa. a) Cada cristiano ha de acercarse ofreciendo su sacrificio. b) Cada cristiano, en fin, debe hacer de la misa el centro de su vida, de manera que toda su actividad, sus preocupaciones, sus trabajos, etc., giren en torno al augusto sacrificio del altar. Oir misa entera I I. Introduction. A. En la cena que hoy nos présenta el evangelio puede verse simbolizada la santa misa. El hecho de instituirla es ya una invitaciôn a todos los Cris­ tianos para que se aprovechen de tan alta y es­ timable grandeza. B. El objeto de este guiôn es precisar bien los con­ ceptos en torno a la obligation del primer manda­ miento de la Iglesia. Es, por ello, guiôn puramente moral. * h 724 Π. Obligaciôn de asistir a la misa. A. Es obligaciôn. El hombre tiene obligaciôn de adorar a Dios, no so­ iamente como individuo privado, sino también como miembro de la colectividad. b) Por esta obligaciôn, el hombre ha de participai en el sacrificio, que es el acto oficial y externo de adoraciôn que la sociedad, como tal, rinde a Dios a tra­ vés de sus legitimos ministros. c) Hoy este sacrificio es la santa misa. No hay otro aceplo a Dios Nuestro Senor. d) Por lo tanto, el hombre debe ofrecer a Dios, no ya frutos dei campo, animales o victimas humanas, como la historia de las religiones demuestra que se ha he­ cho en otros tiempos, sino el sacrificio ûnico’ de Jesucristo, reproducido diarianiente en la santa misa. B. Obligaciôn grave, pero grata. a) J esta obligaciôn natural, dictada por la misma ra­ zor. del hombre, aüâdesc el precepto positivo de la Iglesia, que prescribe, bajo pecado mortal, que todos los domingos y fiestas de guardar oiga misa el cristiano. b) No es enojosa esta obligaciôn. No es carga insoportable. Debemos mâs bien dar gracias a la Iglesia, que. cual madré buena, mira de este modo per el bien de sus hijos, para que ellos no se aparten de la fuente principal de culto a Dios y de santificaciôn de sus aimas. ΙΠ. Interpretaciân del precepto. A. Domingos y fiestas de precepto. La misma Igle­ sia determina cuâles son estas fiestas. B. Misa entera. a) La misa entera comprends desdc el introito hasta después de la bcndiciôn. Quien falta a alguna parte de ella, ya no oye la misa entera. b) Pcro en éste coma en otros muchos preceptos se da la parvedad de materia; es decir, que, segûn la parte o partes de la misa que se omitan, serà grave o leve el pecado. c) Y asi establecen los moralistas que: 1. Quien no llega. antes del ofertorio neca mortalmente. 2. Quien omite una parte al principio de la misa, llegando siempre antes del ofertorio, pero des­ pués se sale terminada la comuniôn dei sacerdo­ te, peca mortalmente. 3- No peca, en cambio, mortalmente quien llega an­ tes del credo y permanece hasta el final. 4. Ni tampoco quien, llegando al principio, se sale terminada la comuniôn dei sacerdote. SEC. R. GUIONKS ITOMH.ÉTÏCOS 725 ■ 5. Si se llega después del ofertorio y antes de la consagraciôn, se puede cumplir el precepto supliendo con otra misa la parte perdida de terior, con tal de que la consagraciôn y la cornuniôn seen de una misma misa. IV. Condiciones para oir bien la santa misa. Para cum· plir con el precepto hacen falta dos cosas: A. Presencia corporal. a) Si por cualquier molivo no pudiera tenersc la pre­ sencia fisica, debe haber por lo menas una presencia moral, es decir, estar incorporado moralmcnte al nû­ mero de oyentes, de forma que se pueda decir que. era uno de los asistenles. b) Y asi, si por el exceso de personas no pudiera uno entrar en una iglesia y tuviera que oir la misa desde la calle, cumpliria con el precepto con tal de que siguiera los movimientos y se diera cuenta de que se estaba celebrando misa. c) La misa oida por radio o television no es suficicnle para cumplir el precepto. atenciôn. a) Se requiere la atenciôn externa, es deci·., no hacer nada que sea incompatible con la atenciôn interna que debe ponerse a la misa. Y asi, no oiria misa quien fuera a la iglesia y se quedara completamente dormido o estuviera pintando o leyendo novelas, bordando, etc. b) Basta la atenciôn externa, aunque para el fruto ej>piritual de la misa se requiere la atenciôn interna. V. Causas excusantes. A. Hay un principio en teologia moral que establece que las leyes puramente eclesiâsticas no obligan cuando su cumplimiento ocasiona algùn gra­ ve inconveniente. B. Hay que aplicar este principio al precepto de oir misa. a) La Iglesia, que pone la obligaciôn, es muy buena madré, y ella quiere que se cumpla siempre que razonablemente se pueda cumplir; pero excusa cuando hay razones por las cuales uno se ve imposibilitado. b) Las razones son: i. Tmposibilidad. 1. · Si estds enfermo..., convole dente... (En estos casos hay Que estar al criteria del médico, del conf esor, de los padres bien formados religiosamente.) 2. · Si tu casa dista mucho de la iglesia... Suelc senalarse, v. gr., cinco o seis kilômetros, o distancia menor, pero con tiempo muy dcsapacible. k-·’ 726 LA GRAN CENA 2. Cost timbre. 1. · Hay lueures donde las viudas acostumbran no ir a misa por c 1erto cspacio de tiempo después de fa muerte del marido. 2. · Las prometidas en los dias de proclama. Oficio. Puede ser que el deber le imposibilite a uno ; v. gr., el soldado que ha de hacer guardia..., la uinera que no puede abandonar los ni­ nes, o el criado a quien el amo le ha prohibido (en este caso la responsabilidad serâ entera del amo). La caridad, v. gr., para atender o cnidar a mi entermo. VI. Oir misa entera por gratitud a Dios. A. El cristiano que no va a misa manifiesta un co­ razôn pequeno y estrecho para con nuestro Senor. Dios le da todos los minutos de todos los dias. A cambio, le pide media hora cada semana. B. 4 No es cierto que es postura mezquina no darle al Senor, como muestra de agradecimiento, lo poco que El nos pide? C. Ademâs, el cristiano que no oye misa los domingos se priva de muchïsimos bienes, tanto de orden espiritual como de orden temporal, que la santa misa le proporciona. SERIE IV: DE ACTUALIDAD SOCIAL Jesucristo, bien comûn I. La doctrina del bien comûn. A. Del bien comûn se habia mucho en los tiempos modernos. a) Hay un doble bien comûn: cl bien comûn de la so­ ciedad politica y el bien comûn de la sociedad espi­ ritual. b) Ambos, en ûllimo termino, sc resumen en uno solo, porque el bien comûn de la sociedad politica esté subordinado al bien comûn de la sociedad espiritual. c) Por esto, la doctrina del bien comûn, tomada en sen­ tido amplio, mâs que social es tcolôgica. d) Los papas, especialmente los dos ûltimos, Pio XI y Pio XII, han iluminado mucho esta doctrina a la luz de la teologia. SEC. 8. G U ΙΟΝ ES HOMILÉ'HCOS TXl B. Bien comûn temporal, a) A doptamos la definition de bien comûn expuesla por Pio XII. Bien comûn son taquellas condiciones ex­ ternas... necesarias al conjunto de los ciudadanos para el desarrollo, de sus cualidades, de sus o/icios y de su vida material, intelectual y religiosa * (cf. «Kadiomensaje de Navidad», 24 de diciembre de 1942, n.16 : Col. Eue., p.423). b) Bien comûn, como se ha dicho, pues, es un orden, es un clima en el cual los individuos pueden desarrollar su propia vida potencial. c) El Estado no comunica vida a los ciudadanos. Fa­ cilita que se desarrolle la vida potencial, preexistente: la vida intelectual, la vida moral, la propia vida fisica. C. Bien comûn en la Iglesia. a) Este es propiamente la gracia, o sea la participation de la vida de Jesucristo, autor de la gracia, la cual algùn dia se convertirà en gloria. b) Parangonando Iglesia cou Estado, advertimos una diferencia substantial entre ambas sociedades por lo que al bien comûn se refiere. I. Ambos coinciden en que procuran vida. Pero el principio vital de la Iglesia no reside en los fieles. En cambio, el principio vital del Estado se encuentra en los ciudadanos. 2. La Iglesia comunica vida. El Estado no la comunica. 3· La Iglesia infunde virtudes nuevas. El Estado facilita el desarrollo de las que ya potencialmente existian en el individuo. Al entrer en la Iglesia por el sacramento del bau­ tismo, el hombre recibe la gracia, vida sobrenatural del aima ; las virtudes infusas y los dones del Espiritu Santo. Al ingresar en una sociedad politica, ningùn nuevo principio de acciôn pe­ netra en el aima. Se nos conceden derechos, ga­ ranties, medios y oportunidades para desarrollar las energias preexistentes. El miembro perfecto de la Iglesia lo es en cuan­ to esta en comunicaciôn, unido por la caridad, con su Cabeza invisible y de ella se alimenta : «pues de su pienitud recibimos todos gracia so­ bre gracia» (lo. 1,16). Nada analogo se da en el Estado. El ciudadano no tiene relation intima, espiritual y viva con la suprema representaciôn del Poder. Π. Formula de Leon XIII. A. Dice la “Rerum novarum”: “Esto supuesto, los que gobiernan un pueblo deben primero ayudar en general, y globalmente, con todo el complejo LA GRAN CENA de leyes e instituciones; es decir, haciendo que de la misma conformaciôn y administraciôn de la cosa pùblica espontâneamente brote la prosperidad, asi de la comunidad como de los particulares” (cf. “Rerum novarum” 26: Col. Enc p.562). a) Formula felicisima que nos permite en dos palabras b) presentar cl contraste entre el bien comûn del Es­ tado y el bien comûn de la Iglesia en cuanto a su substanda. Las palabras que tomamos de Leôn XIII son las pa­ labras tbrote espontâneamente». El Estado hace brotar la vida. La Iglesia la comunica. jQué valor filosôfico, casi diriamos biologico, tiene el ibrotar espontâneamente» ? 1. j Con cuanto acierto indica la idea central que venimos desarrollando : la existences de una vida latente, que son las energias vitales de los ciudadanos, la cual debe procurar el Estado que saïga a luz, que por si misma brote ! 2. Es decir, que el Estado no créa vida. Hace posible, facilita el desarrollo de las energias vitales que existen en la misma sociedad con anterioridad a la acciôn del Estado. B. Justicia distributiva. a) El bien comûn del Estado consta, por tanto, de dos eleinentos : Abundancia de bienes y de servicios. 2. Sabia organizaciôn de la comunidad para que los bienes creados puedan llegar fâcilmente a todos y todos puedan utilizar los servicios organizados. primera condiciôn de esa sabia organizaciôn es b) que sea justa la distribuciôn de la renta nacional, a fin de que todos participen de una porciôn de dinero con el que puedan comprar los bienes o utilizar los servicios. perfecciôn del reino de Dios. a) Como el bien comûn del reino de Dios es la gracia, el fin que se persigue inmediatamente es que los in­ dividuos participen del modo mâs abundante de esa tplenitud de la cual todos recibimos». b) Mas para esto, en lugar de facilitar cl desarrollo de todas las energias naturales, hay que destruir aquellas que sean desordcnadas e influycn en el entendimicnto apartândole de la comunicaciôn con la fuente de virtud y de vida. c) Por eso hay que lograr que el entendimiento, libre de la influenda de las pasiones, purificado de la sensualidad, inmune dei contagio espiritual diabôlico, goce lo mâs perfectamente posible del bien comûn, es decir, comprenda y aine y sirva a Jesucristo. ü) tLa verdad os luira libres» (lo. 8,32). La verdad alo- SEC. 8. GUIGNES HOMTLÎTICOS 729 jada en vuestro entendimiento, libertado de la in­ fluencia de las paslones desordenadas. D. Los très estadios. En esta participaciôn de la verdad de Dios hay très estadios, que la teologia reduce a très frases brevisimas: a) iLumen naturae». Es la luz natural de la razôn no desordenada, por la que el hombre puede llegar a conocer y amar a Dios tanto cuanto le muestran e in­ dican las propias criaturas, puesto que por el conoci­ miento de lo visible podemos llegar al conocimiento de lo invisible (cf. Rom. 1,19). b) «Lumen gratiae». Es ya, en sentido propia, el bien comûn de la Iglesia, puesto que la gracia se comunica por el bautismo, puerta de entrada en la Iglesia. En el «lumen gratiae», nuestra potencia natural queda robustecida por la influencia directa de Dios en virtud de la denominada potencial obedencial, es decir, que «la potencia queda reducida a un acto superior al de su naturaleza por la acciôn del agente primero». 2. Tal es la influencia d.e los dones del Espiritu Santo. C) tLumen gloriae». En el tercer estadio se aüade a nues­ tro entendimiento el tlumen gloriae», por el cual queda robustecido por una disposition stiperior a su naturaleza, a fin de que pueda contemplar la esencia divina. IH. Subordination de bienes. A. En un Estado catôlico, todo el bien comûn tem­ poral se ha de subordinar, en ûltimo término, al bien comûn espiritual. El Estado ha de proporcionar bienes temporales a los individuos, puesto que éste es el fin inmediato de la sociedad temporal. b) Pero de manera que estos bienes temporales no les impidan gozar del bien eterno, antes mâs bien los preparen para él. c) Al Estado corresponde proporcionar, segûn el simbolismo de la parâbola evangélica de hoy, los bueyes y la casa de campo y las posibilidades de la vida de familia; pero no puede quedar organizada de tal modo la sociedad civil que, por lograr estos bienes tempo­ rales, se perfudique a los individuos en los bienes eternos y dejen de acudir asi a la cena que preparô el gran Senor. a) B. Ejemplos. a) Sobreviene un desorden cuando, con la intenciôn de producir abundantemente bienes materiales, se organiza el trabajo en las fôbricas o en el campo con 5** LA GK\N CENA desprecio de los bienes espiritualcs de los obreros. Se les causaria un grave daiio espiritual a éstos, por. que la propia organization del trabajo impediria la obtendôn de los bienes sobre naturales. b) Séria un error la atracciôn del turismo que fomentase la sensualidad y la vida fâcil e inmoral. Se perderian enfonces muchos bienes de orden espiritual. por el escdndalo que se daria a los ciudadanos a cambio de algunos bienes de orden material que se producirian en la sociedad. c) Séria un error el fomento del arte, la literature, los espectâculos, de tal manera que se hiciera daiio a la moral pûblica y a la moral de los individuos. En todos estos casos, estamos ya de Ueno en los efectos condenados en la parâbola. a) El Estado, por su organizadôn, contribuye a producirlos. Y asi separa de hecho a los ciudadanos de la gran cena. a la que los invita el Senor; los separa de la vida de la gracia. b) Se supeditaria el bien comûn de la Iglesia al del Es­ tado. El bien eterno al temporal. valor de las consagraciones. Es corriente en nuestros dias consagrar las eociedades politicas al Sagrado Corazon de Jesûs, de Maria, a Cristo Rey o al Santisimo Sacramen­ to del altar. a) Ceremonia bella, edificante. pero no siempre bien comprendida en toda su hondura teolôgica. b) La subordinaciôn del bien comûn temporal al bien comûn espiritual, la rediicciôn de todo el bien comûn espiritual a la vida de gracia en Jesucristo, muestran limpia la linea clara del valor de una consagraciôn de un pueblo al Corazôn de Jesûs. Debe procurarse la abundanda de bienes materiales, Pero que éstos sirvan para aumentar la vida de gra­ cia y la vida de caridad entre los ciudadanos. ;Cuântas veces han sido los Estados modernos los culpables del extravio de las muchedumbres! a) Los magnates de la tierra. los magnates del poder y los magnates del oro, ciegos sôlo por dominar los unos y por producir los otros, han apartado los pue­ blos de la ccna del Cordero. b) A ellos se pueden apiicar las palabras que aplica el Apocalipsis a Babilonia, la gran ciudad. T. «Un ant'd poderoso levanto una piedra, como una Ttieda grande de molino, y la arrojô al mar, diciendo : Con tal impetu serâ arrojada Babilo­ nia, la gran ciudad, y no serâ hallada» (Apoc. 18,21). SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 731 •Nunca mâs se oirâ en ella la voz de los citaristas, de los niùsicos, de los flautistas y de los trompeleros, ni artesano de ningùn arte serâ hallado jamâs en ti, y la voz de la muela no se oirâ ya mâs en ti, la luz de la lâmpara no lucirâ mâs en ti, ni se oirâ mâs la voz del esposo y de la esposa, porque tus comerciantes eran magna­ tes de la tierra, porque con tus maleficios se han extraviado todas las naciones y en ellas se hallô la sangre de los profetas y de los santos y de to­ dos los degollados sobre la tierra» (ibid., 22-24). 3· «Gritd con poderosa voz, diciendo : Cayô, cayô la gran Babilonia, y quedô convertida en morada de demonios, y guarida de todo espiritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y abominable ; porque del vino de la côlera de su fornicaciôn bebieron todas las naciones, y con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los comerciantes de toda la tierra con el poder de su lujo se enriquecieron» (ibid., 18,2). «Cuanto se envaneciô y entregô al lujo, dadle otro tauto de tormento y duelo. Llorarân, y por ella se herirân los reyes de la tierra, que con ella fornicaban y se entregaban al lujo, cuando vean el humo de su incendio. Llorarân y se lamentarân los mercaderes de la tierra por ella, porque no hay quien co ni pre sus mercaderias» (ibid., 7.9.11); «Y arrojaron ceniza sobre sus cabezas y gritaron llorando y lamentândose, y diciendo : j Ay, ay de la ciudad grande, en la cual se enriquecieron todos cuantos tenîan navios en el mar, a causa de su suntuosidad, porque en una hora quedô devastada!» (ibid., 9). c) Palabras de la ciudad grande que pueden aplicarse projéticamente a los grandes imperios modernos, a casi todo el mundo moderna, basado en el capitalismo, en el ansia de riquezas y de goces, en los que lia puesto el bien comûn de la sociedad, y de los que han gozado solo las clases privilegiadas, con gran dano del bien comûn espiritual del pueblo. C. Terminemos con las palabras de San Pablo. a) iNadie puede poner otro JJundamcnto) sino el que esta puesto, que es Jesucristo» (1 Cor. 3,11). b) Jesucristo, jundamenlo de la sociedad y fin de la mis­ ma: ^Jesucristo ayer, y hoy, y siempre» (Hebr. 13,8). r ■ TEXTOS SAGRADOS SECCION EPISTOLA (i Petr. 6 Humiliamini igitur sub potenti manu Del, ut vos exaltet in tempore visitationis: “ omnem sollicitudinem ves­ tram proficientes in eum, quo­ niam ipsi cura est de vobis. 8 Sobrii estote, et vigilate: quia adversarius vester diabo­ lus tamquam leo ruglens cir­ cuit, quaerens quem devoret: 9 cui resistite fortes in fi­ de: scientes eamdem passionem ei, quae in mundo est, vestrae fraternitati fieri. 10 Deas autem omnis gra­ tiae, qui vocavit nos in aeter­ nam suam gloriam in Christo lesu, modicum passos ipse per­ ficiet, confirmabit, solidabitque. 11 Ipsi gloria, et imperium, in saecula saeculorum. Amen. 5,6-xi) G Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os ensalce. 7 Echad spbre EI todos vuestros cuidados, puesto que tiene providencia de vosotros. 8Estad alerta y velad, que vuestro adversario el diablo, co­ mo leôn rugiente, anda rondando y busca a quién devorar, 9 al cual resistiréis firmes en la fe, considerando que les mismos padecimientos soportan vuestros hermanos dispersos por el mundo. 10 Y el Dios de toda gracia, que os Hamo en Cristo a su glo­ ria etema, después de un breve padecer os perfeccicnarâ y afirmarâ, os fortalecerâ y consolidarâ. 11 A El la gloria y el impe­ rio por los siglos de los siglos. Amén. I H. EVANGELIO (Lc. 15,1-10) 1 Erant autem appropin1 Se acercaban a EI todos los quantes ei publicani, et pecca­ publicanos y pecadores para oirle. tores ut audirent ilium. 2 Et murmurabant Pharisaei. 2 Y los fariseos y escribas et Scribae, dicentes: Quia hic murmuraban diciendo: Este acopeccatores recipit, et manducat ge a los pecadores y come con cum Illis. ellos. 3Et ait ad illos parabolam 3 Propïïsoles esta parâbola. di­ istam, dicens: ciendo : 4 Quis ex vobis homo, qui 4 ·6 Quién habrâ entre vosotros habet centum oves : et si per- que, teniendo cien ovejas y hadlderit unam ex illis, nonne di­ biendo perdido una de ellas, no mittit nonaginta novem in de- < dele las noventa y nueve en el i 36 1\ OVEJ A PERDI DA desierto y vaya en busca de la perdida hasta que la halle? 5. Y, una vez hallada, alegre» la pone sobre sus hombros, 6 y, vuelto a casa, convoca a los amigcs y vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja perdida, 7 Yo os digo que en el cielo serâ mayor la alegria por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. 8O i qué mujer que tenga diez dracmas, si pierde una, no enciende la luz, barre la casa y busca cuidadosamente hasta hallarla? serto, et vndlt nd illam, quite perierat, donec inveniat eam? 5 Et cum Invenerit eam, Imponit in humeros suoe gaudens: 6 et veniens domum convo­ cat amicos, et vicinos, dicens illis: Congratulamini mihi quia inveni ovem meam, quae perie­ rat? 7 Dico vobis quod ita gau­ dium erit in caelo super uno peccatore poenitentiam agente, quam super nonaginta novem lustls, qui non indigent poeni­ tentia. 8 Aut quae mulier habens drachmas decem, si perdiderit drachmam unam, nonne accen. dit lucernam, et everrit domum, et quaerit diligenter, donec in­ veniat? 9 Et cum Invenerit, convocat amicas, et vicinas, dicens: Con. gratulamini mihi quia inveni drachmam, quam perdideram? 9 Y. una vez hallada, convoca a las amigas y vecinas, di ciendo: Alegraos conmigo, porque he ha­ llado la dracma que habla perdido. 10Ita dico vobis, gaudium 10 Tal os digo que serâ la coram angelis Del super alegria entre los ângeles de Dios erit peccatore poenitentiam por un pecador que haga peni­ uno agente. tencia. HI. TEXTO CONCORDANTE (Mt. 18,12-14) 12 '4 Qué os parece? Si uro tiene cien ovejas y se le extravia una, i no dejarâ en el monte las noventa y nueve e irâ en busca de la extraviada? 13 Y, si logra hallarla. cierto que se alegrarâ por ella mâs que por las noventa y nueve que no se habian extraviado. 14 Asi os digo: En verdad que no es voluntad de vuestro Padre, que estâ en los cielcs, que se pierda ni uno solo de estos pequefios. 13 Quid vobis videtur? SI fuerint alicui centum oves, et erraverit una ex eis: nonne re­ linquit nonaginta novem In montibus, et vadit quaerere eam, quae erravit? 13 Et sl contigerit ut Inve­ niat eam: amen dico vobis, quia gaudet super eam magis quam super nonaginta novem, quae non erraverunt. 14 Sic non est voluntas ante Patrem vestrum, qui in caelis est, ut pereat unus de pusillis Istis. SEC. I. TEXTOS SAGRATXy. 737 IV ALGUNOS TEXTOS DE LA ESCRITURA SOBRE EL CELO Pneden uti’.izarse paro esta horiulfa los textos sagrados relativos a la misericordia (cf. Palabra de Crlslo t.3 p.560 ss.) y los reiaciunados con la caridad (cf. ibid., t.2 p.1097-1105). A) a) Dios, celoso de nosotros El mismo se llama celoso Non adorabis ea neque coles: ego sum Dominus Deus tuus fortis, zelotes, visitans iniqui­ tatem patrum in filios, in ter­ tiam et quartam generationem eorum qui oderunt me (Ex. MJ). No te postrarâ.3 ante ellas y no las aervirâs, porque yo soy Yavé, tu Dios, un Dios celoso, que cas­ tiga en los hijes las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generaciôn de los que me odian. No’.l adorare Deum alienum. No adores otro Dios que yo, Dominus zelotes nomen eius. porque Yavé se llama celoso. es Deus est aemulator (Ex. 34,4). un Dios celoso. b) Nos pide amor perfecto DIUkcs Dominum Deum tuum Amarâs a Yavé, tu Dios, ccn ex toto corde tuo, et ex tota todo tu corazôn, con toda tu al­ anima tua, et ex tota fortitudi­ ma, con todo tu poder. ne tua (Deut. 0,5). Nemo potest duobus dominis servire: aut enim unum odio habebit et alterum diliget: aut unum sustinebit, et alterum contemnet (Mt. 6,24). ? Nadie puede servir a dos sefiores, pues o bien, aborreciendo al uno, amarâ al otro, o bien, adhiriéndose al uno. menospreciarâ al otro. r Alt illi Jésus: Diliges Domi­ dijo: Amarâs al Sefior, num Deum tuum ex toto corde tu Dios, con todo tu corazôn, con tuo, et in tota anima tua. et toda tu alma y con toda tu In tota mente tua (Mt. 22,37). mente. c) Per nuestro amor quiere que le amemos Duo enim mala fecit populus mens: me dereliquerunt fontem aquae vivne, et foderunt sibi ditemas dissipatas, quae con­ tinere non valent aquas (1er. 2.13). Ya que es un doble crimen el que ha cometido ml pueblo: dejarme a mi. fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua. β Pone mo ut signaculum 6 Ponme como sello sobre tu *aper cor tuum, ut signaculum super brachium tuum; quia for- corazôn, ponme en tu brazo ccmo La Palabra dtf C. < 24 LA OVEJA PER DI DA 738 sello. Que es fuerte el amor co­ mo la muerte y son como el se­ pulcro duros los celos. Son sus dardos sautas encendidas, son lla­ mas de Yavé. 7 No pueden agruas copiosas extinguirlo ni arrastrarlo los rios. Si uno ofreciera por el amor toda su hacienda, seria despreciado. d) tls est ut mors dilectio, dura sicut Infernus aemulatio: lam­ pades eius lampades Ignis at­ que flammarum. 7 Aquae multae non potue­ runt extlnguere charitatem, nec flumina obruent illam: el dede­ rit homo omnem substantiam domus suae pro dilectione, qua­ si nihil despiciet eam (Cant. 8,6-7). celo terrible de Dios Quoniam zelus domus tuae Porque me consume el celo de tu casa; los denuestos de los que comedit me: et opprobria expro­ brantium tibi ceciderunt super te vituperan caen sobre mi. me (Ps. 68.10). Vsquequo Domine irasceris In i Hasta cuândc, oh Yavé? ;Habrâs de estar airado para siem­ finem: accendetur velut ignis pre? ^Ardera siempre como fue­ zelus tuus? (Ps. 78,5). go tu furor? Accipiet armaturam zelus il­ Se armarâ de su celo como de armadura. y arnrnrâ a las cretu­ lius, et armabit creaturam ad ras todas para rechazar a sus ene- ultionem Inimicorum (Sap. 5,18). migos. Y se revistiô de la justicia co­ mo de coraza, y puso sobre su cabeza el casco de la salvaciôn; y se vistiô de vestiduras de venganza, y se cubriô de celo como de manto. Indutus est lustitia ut loricp, et ealea salutis In capite eius; indutus est vestimentis ultio­ nis. et opertus est quasi pallio zeli (Is. 59,17). Cumpliré md furor y saciaré en ellos mi ira, y tomaré satisfacciôn, y sabrân que yo, Yavé, he hablado en mi indignaciôn cuando desfogué en ellos mi furor. Et complebo furorem meum, et requiescere faciam indigna­ tionem meam In eis, et consola­ bor: et scient quia ego Domi­ nus locutus sum in zelo meo, cum implevero indignationem meam In eis (Ez. 5,13). Por eso, asi habia el Senor. Yavé: Si, en mi celo y en mi furcr hablé contra los escapados de los pueblos y contra la Idumea toda entera, que se apropiaron mi tierra, con corazôn alegre. y el desprecio en el aima, para despoblarla y depredarla. Propterea haec dicit Dominus Deus: Quoniam In Igne zeli mei locutus sum de reliquis genti­ bus et de Idumaea universa, quae dederunt terram meam si­ bi In haereditatem cum gaudio et toto corde, et ex animo: et ejecerunt eam ut vastarent (Ez. 36,5). Para derramar sobre ellos mi Et effundam super eos Indig­ ira, porque la tierra toda serâ nationem meam, omnem iram SLC. 1. TEXTOS SAGRADOS furoris mei: in igne enim zciii consumida en el ardor de mi cômel devorabitur omnis terra ■ lera. (SOph. 3,8). . ’ ’r e) La redeneiôn, obra de su celo Multiplicabitur eius imperium et pacis non orit finis: super solium David, et super regnum eius sedebit; ut confirmet illud, et corroboret in ludicio et lus­ titia, amodo et usque in sempiternum: zelus Dominl exerci­ tuum faciet hoc tis. 9,7). Para dilatar el imperio y para una paz ilimitada, sebre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y consolidarlo en cl de­ recho y la justicia, desde ahora para siempre jamâs. El celo de Yavé Sebaot harâ esto. Miserationum Domini recordator, laudem Domini super omnibus, quae reddidit nobis Dominus, et super multitudi­ nem bonorum domui Israel, quae largitus est cis secundum Indulgentiam suam, et secun­ dum multitudinem misericordia­ rum suarum (Is. 63,7). Cantaré las misericordias de Yavé, ensalzaré la gloria de Yavé, todo cuanto ha hecho per nosotros, lleno de piedad hacia la ca­ sa de Israel. Lo que ha hecho en su misericordia, en la inmensa muchedumbre de su piedad. SENTIMOS HACIA Dios a) Celo de combatif me la contrario a su voluntad Tabescere me facit zelus El celo me consume porque dan meus: quia obliti sunt verba al olvido tus palabras mis enetua inimici mei (Ps. 118,139). migos. Iniquitatem odio habui, et Odio y abemino la falsedad y abominatus sum: legem autem amo tu doctrina. tuam dilexi (Ps. 118,163). Nonne qui oderunt te, DomiiCdmo no odiar, ;oh Yavé!, a ne, oderam et super inimicos los que te odian? no tuos tabescebam? (Ps. 138,21). aborrecer a los que se levantan E ■■--·-■ contra ti? b) Celo por la pureza de las aimas Quotidie morior per vestram Os lo aseguro, hermanos, per gloriam, fratres, quam habeo in la gloria que de vosotros tengo Christo lesu Domino nostro en Jesucristo nuestro Senor, que (1 Con 1531). cada dia muero. Porque os celo con celo de Aemulor enim vos Dei aemu­ latione. Despondi enim vos uni Dies, pues os he desposado a un viro virginem castam exhibere solo marido para presentaros a Christo (2 Cor. 11,2). Cristo como casta virgen. a· LA O VEJ A PERD I DA 740 Quis Infirmatur, et ego non i Quien desfallece que no desfallezca yo? ^Quién se escandali- infirmor? quis scandalizatur, et ego non uror? (2 Cor. 11,29). za que yo no me abrase? c) Por los hijos, por los hermancs, por los prôjhnos 32 Aut si non facts, dele me 32 Pero perdônales su pecado o bôrrame de tu libro, del que de libro tuo quem scripsisti. tienes escrito. 33 Cul (Moysi) respondit Do33Yavé dijo a Moisés: “A él que ha pecado contra ml, es al minus: Qui peccaverit mihi de­ lebo eum de libro meo (Ex. 32, que borraré de mi libro”. 32-33). Cuando se completaba Ja rueda de los dias de convite. iba Yavé y los purificaba, y, levantandose de madrugada, ofrec'a por ellos holocaustos segûn su numero: pues decia Jcb: “No sea que hayan pecado mis hijos y hayan bendecido a Dios en su corazôn”. Asi hacia siempre. Cumque in orbem transissent dies convivii, mittebat ad eos lob, et sanctificabat illos, consurgensque diluculo, offerebat holocausta pro singulis. Dice­ bat enim: Ne forte peccaverint filii mei, et benedixerint Deo In cordibus suis. Sic faciebat lob cunctis diebus (lob 1,5). (Jerusalem Jerusalén. que ma­ tas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ;Cuântas veces quise reunir a tus hijos a la manera que la gallina retine a sus polios bajo las alas, y no quisiste! Jerusalem, Jerusalem, quae occidis prophetas, et lapidas eos, qui ad te missi sunt, quo­ ties volui congregare pullos tuos, quemadmodum gallina congregat pullos suos sub alas, et noluisti! (Mt. 23,37). Optabam enim ego ipse ana­ Porque desearia ser yo mismo anatema de Cristo por mis her­ thema esse a Christo pro fratri­ manos, mis deudos segûn la came. bus meis, qui sunt cognati mei secundum carnem (Rom. 9,3). d) Celo de no amar bastante Dime tû, amado de mi alma, dônde pastoreas, dônde sesteas al mediodîa, no venga yo a extraviarme tras de los rebanos de tus compafieros. C) Indica mihi, quem diligit ani­ ma mea, ubi pascas, ubi cubes in meridie, ne vagari incipiam post greges sodalium tuorum (Caut. 1,7). CÔMO HA DE SER EL CELO SANTO a) El celo airado Moisés 19 Cumque appropinquasse» 19 Cuando estuvo cerca dei campamento, viô el becerro y las ad castra, vidit vitulum et cho­ danzas, y. encendido en côlera. ros: irutusque valde proiecit de i. rnXTos saürados 741 tiré las tablas y las rompiô al pie de la montafta. 20 Cogiô el becerro que habian hecho y lo quemô, desmenuzândolo, hasta reducirlo a polvo, que mezclô con agua, haciéndosela be­ ber a los hi je s de Israel. 21 Moisés dijo a Aarôn: i Qué SI Dixitquo nd Aaron: Quid tibi fecit hic populus, ut indu­ te ha hecho este puebio para aue ceres super eum peccatum nia- tù hayas echado sobre él tan gran xlmum? (Ex. 32,19-21). pecado ? manu tabulas, et confregit eas ad radicem montis. >0 Arrlpiensque vitulum quem fecerant, combussit, et contrivit usque ad puiverom, quem sparsit in aquam, et dedit ex eo potum filiis Israel. 2. Dixltque Elias ad eos: Apprehendite prophetas Baal, et ne unus quidem effugiat ex eis. Quos cum apprehendissent, duxit eos Elias ad torrentem Cison et interfecit eos ibi (3 Re?. 18,40). Elias Y di joies Elias: "Coged a los profetas de Baal, sin dejar que escape ninguno”. Cogiéronlos ellos y llevôlos Elias al torrente de Cisôn, donde los decapitô. 3. Jesucristo 16 Et his, qui columbas ven-| 16 Y a los que vendian palodebant dixit: Auferte ista hinc, mas les dijo: Quitad de aqui todo et nolite facere domum patris eso y no hagâis de la casa de mi mei, domum negotiationis. Padre casa de contratacion. 17 Recordati sunt vero disci­ 17Se acordaron sus discipulos puli eius quia scriptum est: que estâ escrito: "El celo de tu Zelus domus tuae comedit me casa me consume". (lo. 2,16-17). b) El celo, como blando susurro 10 At ille respondit: Zelo ze­ latus sum pro Domino Deo excr cltuum, quia dereliquerunt pac­ tum tuum filii Israel: altaria tua destruxerunt, prophetas tuos occiderunt gladio, derelic­ tus sum ego solus, et quaerunt animam meam ut auferant eam II Et ait el: Egredere, ct stain monte coram Domino: et ecce Dominus transit, et spiri­ tus grandis et fortis subvertens montes, et conterens petras an­ te Dominum: non in spiritu Do­ minus, et post spiritum commo­ tio: non In commotione Domi­ nus, 10 El respondiô: He sentido vivo celo por Yavé Sebaot; poriue los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus al­ tares y han pasado a cuchillo tus profetas, de los que solo he queci ado yo, y me estân buscando para quitarme la vida. 11 Di joie Yavé: Sal afuera y ponte en el monte ante Yavé. Y he aqui que va a pasar Yavé. Y delante de él pasô un viento fuerte y poderoso que rompïa los montes y quebraba las penas; pe­ ro no estaba Yavé en el viento. Y vino tras el viento un terremoto; pero no estaba Yavé en el terremoto. Γ ά l.A OVtJA PE Roi DA 742 12 Vino iras el terremoto un fuego, pero no estaba Yavé en el fuego. Tras el fuego vino un ligero y blando susurro. 13 Cuando lo oyô Elias, cubriôse el rostro con su manto, y, saliendo, se puso en pie, a la entrada de la caverna, y oyô una voz que le dirigia estas palabras: iQué haces aqui, Elias? 14 Y él respondiô: He sentido vivo celo por Yavé Sebaot... 12 Et post commotionem Ignis: non in igne Dominus, et post ignem sibilus aurae tenuis. 13 Quod cum audisset Elias, operuit xultuin suum pallio, et egressus stetit in ostio spelun­ cae, et ecce vox ad eum di­ cens: Quid hic agis, Ella? Et ille respondit: 14 Zelo zelatus sum pro Do­ mino Deo exercituum... (3 Reg. 19,10-14). c) Celo prudente 28 Y él les contesté: Eso es obra de mi enemigo. Dijéronle: iQuieres que vayamos y la arranquemos ? 29 Y les dijo: No, no sea que, al querer arrancar la cizaâa, arranquéis con ella el trigo D) El 28 Et ait illis: Inimicus ho­ mo hoc fecit. Servi autem dixe­ runt ei: Vis, imus, et colligimus ea? 29 Et ait: Non: ne forte col­ ligentes zizania, eradicetis si­ mul cum eis et triticum (Mt. ! 13,28-29). celo generoso de Cristo a) Celo de su misiôn redentora LrUdens in orbe terrarum: et Recreândome en el orbe de la tierra, siendo mi delicia los hijos deliciae meae esse cum filiis ho­ minum (Prov. 8,31). de los hombres. 42 Llegado el dia, saliô y se fué a un lugar desierto: las muchedumbres le buscaban, y, viniendo hasta El, le retenian para que no se partiese de ellos. 43 Pero El les dijo: Es préci­ se que amincie también el reine de Dios en otras ciudades, que para esto he sido enviado. 52Y enviô mensaje ros delan­ te de si, que en su camino entraron en una aldea de samaritanos para prepararle albergue. 53 No fueron recibidos porque iban a Jerusalén. 42 Facta autem die egressus ibat in desertum locum, et tur­ bae requirebant eum, et vene­ runt usque ad ipsum: et deti­ nebant eum ne discederet ab eis. 43 Quibus ille ait: Quia et aliis civitatibus oportet me evangelizare regnum Del: quia ideo missus sum (Lc. 4,42-43). 52 Et misit nuntios ante conspectum suum: et euntes in­ traverunt in civitatem Samari­ tanorum ut pararent illi. 53 Et non receperunt eum, quia facies eius erat euntis In Jerusalem. 54Viéndolo los discipulos, San­ 54 Cum vidissent autem dis­ tiago y Juan dijeron: Sefior, cipuli eius lacobus et loannes SEC. I. TEXTOS SAGRADOS dixerunt: Domine, vis dicimus ut ignis descendat de caclo, et consumat Illos? δΰ Et conversus increpavit Illos, dicens: Nescitis cuius splritus estis. 56 Filius hominis non venit animas perdere, sed salvare. Et abierunt in aliud castellum (Lc. 9,52-56). 743 i, quieres que digamos que baje fuego dei cielo que los * consuma ’ 55 Volviéndose Jesûs, los γρprendiô diciendo: No sabéis de qué espiritu sois. 56 El Hijo del hombre no vino a perder las almas, sino a salvarlas. Y se fueron a otra aldea. Ego in hoc natus sum, et ad Yo para esto he venido a) hoc veni in mundum, ut testi- mundo, para dar testimcnio de la monium perhibeam veritati: verdad; todo el que es de la veromnis, qui est ex veritate, au­ dad oye mi voz. dit vocem meam (Io. 18,37). b) CeJioi por la fe de los gentiles Audiens autem lesus misera-, Oyéndole Jesûs, se maravillô y tns est, et sequentibus se di­ dijo a los que le seguian: En ver­ xit: Arnen dico vobis, non In-1 dad os digo que en nadie de Is­ veni tantam fidem in Israel i rael he hallado tanta fe. (Jit. 8,10). Tunc respondens lesus ait il­ Entonces Jesûs le dijo: ;Oh muli; 0 mulier, magna est_ fides jer, grande es tu fe! Hâgase contua: flat tibi sicut vis. Et sa- tigo como tû quieres. Y desde nata est filia eius ex illa hora aquella hera quedô curada su hija. (Mt. 15,28). c) Celo misericordioso para con los pecadores Et factum est discumbente eo Estando, pues, Jesûs sentado a in domo, ecce multi publicani, la mesa en la casa de aquél, viet peccatores venientes discum­ nieron muchos publicanos y peca­ bebant cum lesu, et discipulis dores a sentarse con Jesûs y sus eius (Mt. 9,10). discipulos. Propter quod dico tibi: Re­ Por lo cual te digo que le sen mittuntur el peccata multa, perdonados sus muchos pecados. quoniam dilexit multum (Lc. porque am6 mucho. 7,47). 22Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, traed la tûnica mâs rica y vestidsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies. 23 Y traed un becerro bien cebado y matadle, y comamos y alegrémonos, este mi hijo, que 24porque 24 quia hic filius meus mor­ tuos erat, et revixit: perierat, habia muerto, ha vuelto a la vi­ da; se habia perdido, y ha sido et Inventus est (Lc. 15.22-24). hallado. 22 Dixit autem pater ad ser­ vos suos: Cito proferte stolam primam, et induite illum, et da­ te annulum in manum eius, et calceamenta in pedes eius: 23 et adducite vitulum sagi­ natum, et occidite, et manduce­ mus et epulemur: I 744 LA OVEJA PERDIDA Et rum videront omnes mur. Viéndolo. todos murmuraban de que hubiera entrado a alojarso an murabant, dicentes quod ad ho­ minem peccatorem divertisset casa de un hombre pecador. (Le. 19,7). Qune dixit: Nemo, Domine, Dijo ella: Nadie, Seftor. Jésus dijo: Ni yo te condeno tampcco; Dlxlt autem losus: Nec ego te condemnabo: Viulo, et lam am· vete y no peques mfts. I pilus rioll peccare (lo, 8,11). ïesus autem dicebat: Pater, Jésus decia: Padre, perdonalos, dimitte illis: non enim sciunt porque no saben lo que hacen. quid faciunt (Le. 23,34). Et dlxlt 1111 ïesus: Arnen dlco El le dijo: En verdad te dlgo, hoy séria conmigo en el paraiso. tibi: Hodle mecum eris In pa­ radiso (Le. 23,43). d) Celo abnegado hasta la muerte Pero fué El, ciertamente. quien tomô sebre si nuestras enfermedades y cargô con nuestros dolo­ res, y nosotros le tuvimos por castigado y herldo por Dios y humillado. Vere languores nostros Ipse tulit, et dolores nostros ipse portavit: et nos putavimus cum quasi leprosum, et percussum a Deo, et humiliatum (Is. 53,4). Maltratado y afligido. no abriô Oblatus est, quia Ipse voluit, la boca, como cordero llevado al et non aperuit os suum: sicut matadero. como oveja muda ante ovis ad occisionem ducetur, et quasi agnus coram tondente se los trasquiladores. obmutescet, et non aperiet os suum (Is. 53,7). * 7 Antes se anonadô tornando la ferma de siervo y haciéndose semejante a los hombres, y en la condiclôn de hombre 8 se humillô, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 7 Sed semetipsum exinanivit formam servi accipiens. In si­ militudinem hominum factus, et habitu Inventus ut homo, 8 humiliavit semetlpsiim fac­ tus obedlens usque ad mortem, mortem autem crucis (PhlL 2, 7-8). SUCCION H. COMENTAIUOS GENERALES SITUA CION LITURGICA A) Infraoctava del Corazôn de Jésus La misa de hoy es anterior o la introducciôn de la fiesta del Corazôn de Jesûs, y sus textos, independientes de ella. Sin embargo, si hubiéramos de elegir entre todos los domingos del ano una misa para la infraoctava del Corazôn de Jesûs, no encontrariamos otra tan propia como ésta, porque todas las fôrmnlas de hoy nos habian de la misericordia de Cristo, por un lado, y de nuestra confianza en El, por otro. Misericordia y confianza, que son notas muy peculiares de la devociôn al Corazôn de Jesûs. B) Misericordia para con el pecador En el evangelio, mediante dos parâbolas, se nos expone la misericordia de Dios para con el pecador. Ambas fueron dichas para re­ bâtir el espiritu farisaico, que censuraba a Jesûs el trato con los pecadores. Al igual que Cristo con su predicaciôn niisericordiosa infnndia confianza en cuantos le cscuchaban, los cuales se acercaban a El después con fe profunda, asi hoy la Iglesia en torno a este pasaje ha querido acoplar textos para excitar en nosotros la con­ fianza y acercarnos a El. Tales son el graduai y el ofertorio. La epistola es también una rccomchdaciôn de San Pedro a la confianza. Echad sobre él todos vuestros cuidados, puesto que tiene providencia de vosotros (i Petr. 5,7). Como resultado aparece la plegaria de un aima confiada que im­ plora humildemente la misericordia de Dios : «Mirante y compadécete de mi, Senor...s (introito). « Multiplica sobre nosotros tu misericordia para que caminemos por los bienes temporales, de forme que no perdamos Ios eternos». Por fin, en la «postcommunio» se nos habla de la Eucaristîa como medio de garantia para hacenios participes de la misericordia eterna. Mc. 2 ; Le. 5,29 ; 19,1). 2.0 Se acercaban a El Las personas comûnmente despreciadas snelen estar ansiosas de carino, y si lo ven sincero, sin ânimo de engano ni medro personal de cuaiquier close, se acercan. El toque del apôstol estâ en conseguir que a los pecadores les guste ocercarse, y es cosa probada que las clases mâs bajas, social y espiritualmente hablando, se sienten satisfechas al ver que son considerodas dignas de que se les hable de la virtud aun en los casos en qne carezcan de ella. La misma novedad del trato y la doctrina les atroen. Claro estâ que la predicaciôn ha de parecerse a la del Senor. que no opagnba la mecha por poco que humease. Nunca airado, caritativo siempre. No sôlo es una lecciôn para el apôstol, sino también para el pecador. Debe acercarse. 3.0 Para oirle Los fariseos no debieron limitarse a ver quiénes se acercaban, sino para qué y cômo volvian. Se acercaban para oir una predicacôn, cnyo centro era r Haccd penitencia, porque se acerca el reino de los ciclos. Esta es la norma que debe observarse en el trato con los peca­ dores. El apôstol no convive con el mundo, sino que pcedica al mnndo, y San Pablo no era un simple esterero, sino un apôstol mientras tejia esteras. Con este espiritu, constantemente sostenido, los peligros casi desaparecen. Sin él, las obras asistenciales y mar­ ginales son puro recreo (cf. infra, Santo Tomas). La conversaciôn del Senor con la samaritana es un modelo. Las que tuvo en sus comidas con los publicanos no se diferenciarian mucho. '■ VW ; c» r 4.® /.os fariseos y escribas murmuraban Los pseudosantos y los sabios. Murmuraban de que hablaba v hasta jcnmiese! con imnuros. El soberbio desprecia al pecador. El santo se acerca a 61. El apôstol es criticado casi siemnre. Y la verdadera justicia es nrisericordiosa (cf. infra, Santo Tomâs y San Gregorio). No hay por qué censurer al pecador. sino procurer convertirle (cf. infra, CrisOstomo). No era realmente celo por la pureza. Eran celos del Maestro, al que deseaban acusar de pecado. 2. . ' S j ; i î • ’ ■·; , * Jm ; .f 1 r i ri S ! .:·> * >·- ï î . H B : : · La oveja perdida r.° La parabola En la dominica del Buen Pastor hemos hablado suficientemente sobre las costumbres pastoriles hebreas, y no creemos sea necesario ni ann remitirnos a aquel lugar, dada la sencillez del asunto, que pudiera acaecer en cualquier pais. 2.° Teniendo cien ovcjas No era muy grande un rebafio de esta categoria en las tierras de Palestine, pero lo que el Sefior pretende es un nûniero redondo que contraponer a la ûnica oveja que se pierde. No tenemos por qué însistir sobre la cuestiôn de a quiénes representaban las oveias, pnesto qne la comparaciôn se estabiece sôlo entre el interés del pastor por una de las cien y el de Dios poi uno entre muchos. 3-° Habiendo pcrdido una .Segundo término del contraste. Una sola que, animal de instinto escaso, se quedô ramoneando en la estepa. 4.0 Deje las noventa y nueve en el desierto Desierto o campo deshabitado del pastorco. Continûa la contraposiciôn. 5·° Vaya en busca... La escena bncôlica de silbidos y voces llamando a la oveja por su nombre es fâcil de imaginar. Sale: a) Tnmediatamente qne nota la falta. b) Sin descanso. c) Sin preocuparse de la incomodidad de la noche v dei camino. 6.° F una vez hallada ; Por qué irritarse con la oveiuela ? j Pobrecilla ! La soledad y peligros de que se ha visto rodeada, ; no son castigo mâs que sobrado de la debilidad de su instinto de orientaciôn, que la hizo extraviarse ? El pastor la quiere demasiado para ello. Al rêvés, la coloca sobre los hombros, porque la ve ngotada. y, desnnés de dejarla segura en el aprisco, corre a recibir parabienes de sus ai/igos. 7.° La aplicaciôn Dios se parece a ese pastor. Como él, tiene rebâties, que rige y apacienta y que a su vez le devuelven carino v fru‘os. La ove’a se extravin porque, entretenida con bocadillos agradables, pierde al Pastor «Porque falta en las propiedades de leal y fiel oveja ; es a saber : porque no conoce a su Pastor ni los bienes ιτ^·τ SEC. 4. CO.MLNTARIOS GENERALES 751 que tiene El, ni hace estima de lo que es estar debajo de su protecciôn y en compafiîa de los justos. Item, hâce»ele pesado oir su voz y guardar sus mandamientos, tcniéndolos jx>r duros ; siente mucho seguir los pasos del Pastor, que son escabrosos, de cruz y mortificaciôn. Tiene hastio dei pasto de doctrina y sacramentos y gusta de los pastos del mûndo y de la carne, y, finalmente, quiere para si la lana, la leche y las crias, ordenando la hacienda, d.gnidades, oficios y todas sus obras para su honra y provecho, amândose a si mismo con amor propiô y desordenado, rehusando dar algo de esto a Dios. Por estas causas, o algunas de ellas, se sale del rebano y se pone en peligro de condenaciôn eterna, dando en las bocas de los lobos internales, que andan rabiando por despedazarla y tragarla» (cf. La Puente., Mcdltaciones cspiriluales p.j.» m.48). La oveja es la humanidad, cualquier pecador, yo... El Pastor lo déjà todo. ^Tendremos que repetir la historia del Verbo? <0 recordar a Mateo, la sainantana, la Magdalena, Zaqaeo?.. No le detuvieron los abrojos del camino ni aun las espinas de una corona tejida por el odio, trabajos fisicos, cansancio, ingratitu­ des, la cruz... Nada. Ejemplo de pastores y Iccciôn para las ovejas. Cuando la encuentran por fin, todo son mimos para la fugitiva, con dulzura, ale­ gria y compasiôn. La coloca sobre sus hombros. Pero el Senor hizo algo mâs con nosotros. Cargô con nuestras mismas iniquidades y su castigo. 8.® La alegria de los ângeies No olvidemos nunca que el Senor habia con el estilo e hipérboles corrientes en los hombres, y nos ahorraremos tener que resolver fal­ sos problemas teolôgicos. Su pensamiento no es el de que prefiera el arrepentimiento a la inocencia, sino aquel otro que expresa exactamente el padre del hijo prôdigo cuando habia con el mayor : Tû tslàs siempre conmigo, y todos mis bicncs son tuyos...; mas este lu hermano estaba muerlo y ha vuelto a la vida (Le. 15,31-32). Se trata sôlo de resaltar con énfasis la alegria del cielo por la conversiôa de un pecador, valiéndose de un simil tan humano como el del regocijo de encontrar lo perdido. 3. La dracma Es tan similar esta parâbola a la anterior, que apenas si necesita comentario. La pérdida, la busca diligente y la alegria. Como datos histôricos indicaremos que la dracma, cuarta parte de un staler, pesaba 4,366 gramos de plata, y, por lo tanto, su valor no era ni grande ni exiguo. Lo esencial en la parâbola es la contraposiciôn entre una y diez. Precision descriptiva del Sefior la de presentarnos a la mujer con la lâmpara encendida, cosa natural en la casa judia, sin mâs claridad que la que permitia la puerta. • Los Santos Padres han solido comentar que, asi como las monedas llevan impresa la efigie dei César, el alma lleva la de Dios. c) La lecciôn Ante todo, la que pretendiô el Senor : al pecador se le debe cornpadecer, buscar y regocijarse en su conversiôn. La santidad es la caridad, y el caritativo ama a su hermano jus­ to, porque ve la gracia de Dios en él, y al pecador, porque desca que la tenga. La caridad es amante y cotnpasiva. Para dvsarrollar el juicio benévolo sobre el prôjimo, hemos dado material suficiente en la dominica primera después de Pentecostés y en la présente, sobre todo en los articulos correspondantes a Santo Tomâs y San Agustin. (jposiciôn total entre el espiritu de Cristo y el farisaico soberbio, despreciativo y murmurador No despreciéis a nadie. En el pecador de hoy puede esconderse el gran santo de maôana, y cualquier Sau’.o puede ser un San Pahlo. Èsfuerzos del apôstol. Amor a Cristo, que corre tras mi. Méditaciôn sobre sus pasos. La conversiôn es obra de Cristo y su gracia. Nôtese que la oveja y la dracma son elementos pasivos. Nosotros también lo somos en las primeras inspiraciones. Pero después hay que dejarse llevar por Cristo. Cosa fâcil después de dado el primer paso, pues iremos sobre los hombros del Senor. SECCION III. I. SANTOS PADRES SAN JUAN CRISOSTOMO Dios busca al pecador En la dominica cuarfa de Adviento (cf. La Palabra de Cristo t.i D.4S4) copiâbamos copiâbainos a a'.gùn ’.gùn pârraio de las cartas del Crisôstomo a Teouoro, odoro, amigo suyo, que por aquel auuel tiempo vivia sacrilegamente con Hermiuna. bruto de ellas lué la vuelta al redii de Teodoro, que después, -- -, deb:dq —-- — -a— la ----sede — WJa .. W.que «WW.fué elevado, * VK.4MIV recibiô V-4 el HWIHM4S. nombre VI< de 9Jlopsuestauo. La primera carra se abre exponiendo los motivos de espêranza que debe tener Teodoro por grande pecador que fuera. Eicogeremos los principales pensamientos (cf. PG 47,288 *ss.). •■ h- A) Motivos de esperanza para el pecador a) A PESAR DE LOS MUCHOS PECADOS El que midiera la altura de que caiste y la profundidad del abismo en que yaces, creeria ser imposible levantarse; pero para Dios no hay nada que lo sea. EL levanta del polvo al pobre y alza del estiércol al desvalido, dejàndole Qsiento entre los principes de su pueblo (Ps. 112,7-9). “Si el demonio pudo derribarte desde la cumbre de la virtud a lo hondo de la malicia, Dios ha de ser lo suficientemente poderoso para devolverte a tu pristina iibertad y confianza... No es la muchedumbre de los pecados la causa de la desesperaciôn, sino el querer aferrarse a ellos..., que, como una argolla forjada al cuello, impide levantar la vista hacia el Senor. El hombre animoso quebranta la coyunda y arroja lejos de si al verdugo” (n.3). Por dificil que parezca la conversion, cuando se estâ encenagado en el pecado, después, al comenzar el camino hacia arriba, resulta fâcil, porque "mientras se permanece en el horno de los deleites, por mâs que tenga aquéllos a miliares, le parece imposible este negocio; pero, en cambio, eôio con que comience a avanzar algo separândose del fue­ go, lo dejarâ detrâs de si y advertirâ que camina pisando suave rocio”. Lo interesante es no cerrarse el camino de vuelta con la desesperaciôn. ’r b) 1. Justicia sin ira en Dios Dios eastiga para atraernos a si No importa que los pecados hayan sido sin cuento, por­ que “la ira de Dios no es una pas.ôn, en cuyo caso habria que desesperar ante el fuego encendido por tanto delito nues­ tro. Pero no. La divinidau es impasible, y, aunque castigue, aunque vengue, no lo hace llevada de la pasiôn de la ira, sino con gran solicitud y amor al hombre”. Para entenderlo conviene saber que Dios no nos casti­ ga porque ie hayamos privado de aigùn bien—'c qué padece la luz porque un hombre no la quiera mirar?—, sino por restablecer el orden perturbado. “Dios no amenaza ni cas­ tiga para vengarse, sino para arrastrarnos hacia si” (n.6). Ejemplos ne esta actitud divina son Nabucodonosor, Manasés, Acab, etc., perdonados después de deiitos enor­ mes (3 Reg. 21,29; 2 Par. 33,13). ». La lecciôn de las parâbolas de la misericordia Y si io que quieres es ver personas perdonadas, a pesar de no haber sido simp’emente impios, sino santos perverndos, te ios podré enseâar muy abundantes en la vida y pa­ rabolas del Sefior. “Aquella oveja perdida (Le. 14,4)... no nos da a entender otra cosa que la caida de los fieles y su conversion, por­ que no era oveja de otro rebano, sino apacentada por el pas­ tor, y se extraviô con extravio no vulgar, sino por montes y selvas, esto es, por camino muy lejano y apartado del verda­ dero. Ahora bien, ipor ventura no hizo caso de que anduviera extraviada? De ninguna manera, antes la redujo, y no empujândola y golpeândola, sino tomândola sobre los hombros”. El médico tiene mâs cuidado con los enfermes mâs graves. Otra parabola con igual intento es la dei hijo prôdigo (Le. 15,11-32), que, si hubiera desconfiado de la bondad de su padre, no hubiera retornado a casa (n.lO). Aduce también el Crisôstomo el ejemplo de San Pablo con el incestuoso de Corinto y con los gâlatas judaizantes después de haber recibido a Cristo (n.ll). 3. El camino hacia Dios no es tan dificil Comienza a acercarte a Dios, y verâs cômo el camino es mâs fâcil de lo que supones. Quizâs por eso el demonio hizo que se ahorcara Judas (Mt. 27,5), induciéndole a desesperaciôn al ver que habia comenzado a volver sobre sus pasos (n.13). SEC. v SS. PADRES, CRÏSÔSTOMO “No descuidemos, pues, tesoro de felicidad como esta, sobre todo siéndonos tan fâcil voWcr a aouella hermosura, por la esperanza de los bienes venideros. Porque lo momentwo y leve de la tribulaciôn obra un peso eterno de g'oria (2 Cor. 4 17). Si San Pablo llamô leve v llevadero a todo loque tù sabes, mucho mâs tiene que serlo el desistir de la liviandad...” Aunque hayas recaido muchas veces, muchos mcrcaderes han naufragado en distintas ocasiones, y, sin embargo, insisten en su empeno... Pero, sobre todo. ya que nohagamos nada, por lo menos nn nos perjudiquemos a nos­ otros mismos, asemejândonos al pùgil que, en vez de golpear al adversario, se diese golpes en su propio rostro. Ya que el demonio nos ha sacudîdo tan reciamente, siquiera no caigamos en la desesperaciôn. B) La bùsqueda del pecador Alçunos cristianos liobian observado el avuno judio, y el Crisôstomo, o pesar de nredicar contra ellos. dedica un discurso a la ca­ ridad qne debe practicarse con los judaizantes (cf. Contra ludaeos orat.S: PG 26,297 ss.). a) Procurar su conversiôn 1. Misericordia con el caido Antes de que hubiesen ayunado, convenia no dejar piedra sin remover por evitarlo: pero ahora. cnmrtido va el pecado. ;.de qué nos anrovecha el esfurrzo? “Nadie piense de tal forma, porque, si alguien conoce lo que es prpocuparseporsu hermano. sabrâ también oue en estas circunstanC'is es cuando debemos trabajar mâs y con mavnr emppfio. Es un absurdo preocuparse ûnicamente de prévenir la caida del hermano, poroue no hav oue procurer tan sôlo conser­ vai indemne, sino también alargarle nuestra mano cuan­ do ha caido. Si Dios hubiese obrado con nosotros de esta manera, cuidândo30 px-^hrd valante d» que no necâramos y abandonândonos después de la prevaricaciôn, hubiera tenido aue consentir nuestra ruina eterna, y no nos hubiéramos salvado ninguno”. % 2. A ejemplo del Sefior Dios no obrô asi. Recordad el ejemplo de Adân. Antes de oue cavpse le amonestô y aviso con todo detalle. amenazândnlp incluso con la muerte para el momento mismo en que hubiese aucbrantado su precento. Sin embargo, cuando, ? nesar de taies exhortaciones y de tantos bienes rnmo hn bia recibido, Adân fué desobediente, “Dios no di jo: ^Que 756 LA OVEJA PERDTD \ provpcho voy a sacar ni qué utilidad se me va a spsniir? Comiô, quebrantô la lev. desnreciô mi precepto, recibiô la berida. ostâ muerto, entregado a la mortalidad y a la condenaciôn eterna, ipara qué voy a preocuparme mâs de él? Nada de eso. Se acercé a Adân. le hablô, le consolé e inclusn le facilité un remedio: el trabajo y el sudor. Y no pamciéndole esto bastante. se esfo»-zô en restitui rie a aquel es­ tado de que habia caido, en librarie de la muerte. llevar’e al cielo y devolverle mayores bienes que los pprdidos, convenciendo al demonio de que no le aprovechaban nada sus insidias, puesto que habia de ver en el cielo. mezclados con los Angeles, a los bombres due intenté perder”. Lo mismo acaecié con Caïn. Primero le advirtié que no tuviera envidia de su hermano. asegurândo^ que le séria siemnre superior como nrimogénito. Y aun después dei fra­ tricidio. el Sefior todavia se esforzé en arrancarle una confesién sincera, y los remordimientos en que le dejé vivir fupron mâs bien purificadores para Caïn y un ejemplo para todos. Otro ejemplo es el de Pedro, cuyo llanto le restituyé la primacia entre los apéstoles. 3. No debemos descuidar a los pecadores "Volviendo a lo que hablâbamos. v de cuyo asunto no me quiero apartar. creo que con mi discurso os he demostrado que no conviene descuidar, ni mucho m°nos decpreciar, a los hermanos caidos. sino cuidarnos de ellos antes del pecado y mucho mâs desnués que lo havan cometido. Este es el procéder de los médicos; recetan a los bomber lo nnp creen necesario para que se conservpn sanos: npn si éstos. decruidandn pus nrpscrinHones. pnfprman, no por clin 1ns abnndonan. antes al contrario, se cuidan mas de sus rbentps para curarles”. Tal fué la norma de Pablo con el jnrostuosa de Corinto. No omitiô nada hacta oup niHo 11°varle de su estado de obcecaciôn al conocimiento del pecado. b) Obligaciôn DE LOS seglares I. Obllgaciôn de todos Imita al samaritano (Le. 10.30-36'). Habian pasado el levita y el fariseo sin detenerse ante el hprido. cuando llegc aquel samaritano, cuyos cuidados describe el Evangelio. Bien pudo babcrse dicbo: 2 Qué me importa a mi de este, si yo soy extraniero? O ;en qué peligroa me voy a meter 11evando un herido que puede morir en mis brazo-, lo que daria ocasiôn a que me achacasen su muerte? “Pues si tan misericordioso y humano fué un samaritano hacia un des- I Λ···_·Λ·_£ΐ. SEC. 3. SS. PADRES. CRTS0STOMO 757 conocido, iquién nos perdonarâ si descuidamos a nupstros hermanos en males mayores?... Es el alma la one tienpn herida por multitud de golnps. Se marcharon (los indfos oup Ins habian inducido) y los dejaron tendidos en el suelo dp la imniedad... No disimulemos el mal ni pasemos de largo ante esppctartdo tan miserable. Aunnqe otro lo hava hpcbo. no lo imites y no digas nunca: “Yo soy hombre de mundo, caaado y con Hjos. E^tas cosas son para los sacerdotes o reli­ giosos”. El samaritano no se preguntô: ;,Dônde estân los sacerdotes y fariseos y doctores?... No digas tampoco: “;Por qué no lo curaron ellos?” Cûrale tû y no pidas a nadie cupnta de su neghgencia. Si encontrasps una moneda de oro. a buen spguro que no pensarias: ;.Por nué no la ha copidn otro? Al contrario, correrias a cogerla enanto antes. P"ps has dp saber que, cuando encu°ntras a tti hermano hprido. has hallado algo que vale mas nue un te°oro. el podpr cuidarle; porque si unges sus heridas con p1 aceite de la buena doctrina, si las vendas con la mansedumbre v las curas cnn tu naciencia, Dios te harâ mâs rico que pueda hacerte el dinero”. 2. Medio de obtener indulgencia “Ni el avuno. ni dormir en el suelo. ni nasar la noche en vpla. ni ninguna otra cosa puede enriquooorte tantn cnmo devoiver la salud a uno de tus hermanos. Piensa cuântn has pppaHn tu. cuéntas nalabras obscenas bas prorumpiado, cuântas discusiones bas nromovi^o. cuanta * m^diciones has lanzado, y pso tp moverâ a cuidar al cme ha caido, poroi'p con una sola obra de bien puedes limmar todas tir· ; Qué dîsro limqiar? Haras que tus labios sean como los labios dp Dios (Ter. 15 19Ί” Pnr lo tanto, hermanos. no dp«cuidéis la convprsiôn de los one han ayunado: no nos drdinuemos a dividgar esta co'amidad oourrida en nuestra Iglesia, sino a curnrla. -v si plguien te dice haber sido muchos los pecador°s, hazle co­ llar para que no se propague el hecho, contestandole: “Yo no he conoojdo a nadie. me parece que te enganas v nue, por haber visto uno u otro, aspguras que son muchos”. Procurad el bien de la Tglpsia. haciendo que no sea difamada y devolviendo a su rebaüo los que han huido. p LA OVE T A PFKDTP A 758 c) Algunas recomendaciones pastorales 1. No divulgar, sino corregir los pecados del prôjimo “No paséis, puas, contando los pecados ajenos; bu^cad a los que hayan caîdo para procurar su enmienda, porque es muv mala costumbre eso de acu^ar al hermano en vez de corregirlo, divulgar las enfermedades en vez de sanarlas. Arranquemos de una vez tan pernicioso habite, hermanos mîos, v alejemos de nosotros esta no pequpna peste”. Ved lo que suele ocurrir. Cierta persona oye que alguien ayunô con los judîos: «o lo cuenta a otro, y poco a poco la fnma crece de tal manera, que llega hasta a padecer la Iglesia, y. ademâs. los mie rnalmente avunaron, se afîrman en su n^cado. convencidos de ser muchos los que obraron como ellos. ' ' · 2. No alegrarse del pecado ajeno “No te alegres nunca dpi ppcado ajeno... No debps decirte que son muchos los que ayunaron, sino corregirlos a todos cuantos fueren”. Cuando David conociô la ruina de Saul, a pesar de ser un hecho pûbhco, mandô oue no se dijpra en narte alguna. nara que no se alegrasen los enemigos de Israel (2 Reg. 1,19). 3. Curiosidad perniciosa y curiosidad sana “Y no me refiero exclusivamente al ayuno que lamentamos. sino a tantos otros pecados innumerables. porque no debiéramos dedicarnos a considérât si son muchos los que caen. sino a como se pueden convertir, va qu< * es triste coca emplearnos en exagerar el triunfo del enernigo olvi dando nuestro provecho... La fama suele levantar o deprimir los ânimos y hace valiente o cobarde al que no lo era. Por lo tanto, procurad no haceros eco de los rumores nue pxageran nuestros pecadnq... Si oimos alsro bueno, contémoslo; si hav sien malo, callémoslo y entreguémonos de lleno a co­ rregirlo”. ‘'7^ En vrz de andar curioseando inûtilmente, os recomiendo otra curiosidad. Averiguad quiénes son los nue han caîdo, y si es npcesario entrar en sus casas, no os dé vprgüanza al­ guna. Si no conocéis a nadie. curiosead con mâs ahinco y averiguad que personas de influencia sobre ellos os pueden acnmpaûar. y entonces, sin reparo alguno. nuesto que no vais a pedir dinero, sino a llevar la salvaciôn entrad en aquélla casa y exponed los argumentes convenientes para llevar a todos al arrepentimiento. SEC. 3. LI. SS. i’AURliS.' SAN AGUSTIN 759 SAN AGUSTIN A) Las ovejas perdidas en la herejia El sermon 46 es muy largo y hemos trasladado ya parte de él en la homilia del Buen Pastor (ci. La Palabra de Cristo t.4 p.407411). Nos referiremos ahora a aquellos lugares en que San Agustin considera a las ovejas como perdidas en los montes de la herejia (cf. PL 38,281-294). Necesidad a) de buscar a las ovejas Se busca a las ovejas porque Cristo desea salvar a los que quieren perecer, pero, ademâs, porque la oveja perdida es perniciosa para las noventa y nueve que quedan en el rebano. "Si descuidamos a las que, vagabundas, estân a punto de perderse, también el error llegaria a deleitar y pervertir a los fuertes que quedan dentro. Deseo ganar a los de fuera, pero temo todavia mâs el daiio interior”. Si los buenos cristianos no me ven reprender y buscar a los herejes, terminarân por no distinguir la verdad del error (cf. o.c., 15: ibid., 278). b) Por los montes de la herejia “Andan perdidas mis ovejas por falta de pastor, siendo presa de todas las fieras del campo; andan errantes por montes y collados (Ez. 34,5). Las roban los lobos con emboscadas, las arrebatan los leones con rugidos, porque las ovejas no estân junto a su pastor. El pastor estâ presente; pero para los malos, como si no estuviera. Y van tras los pastores que no lo son, porque se apacientan a si mismos y no a las ovejas, de donde se sigue un error mortal. Corren hacia las bestias, que las destrozan deseosas de saciarse en su muerte. Y las bestias bajan de los montes y collados, que es la hinchazôn terrena de la soberbia de este siglo. La soberbia levanto a Donato; le siguiô Parmeniano, que confirmé su error. Aquél era el monte, éste el collado. Todos los auto­ res de errores, hinchados con su terrena soberbia, prometen a las ovejas el descanso y los buenos pastos, y es cierto que algunas veces los encuentran, porque los herejes tam­ bién tienen las Escrituras y los sacramentos; pero no son pastos propios del monte aunque se encuentren en él. Ma) poseen los taies montes esos pastores. 760 LA O U.J A HLRIHUA Errando por montes y collados dejan el rebano, abandonan la unidad, pierden la defensa de las cohortes arma­ das contra los leones y los lobos. Llâmelos Dios desde alli, llâmelos El mismo” (cf. o.c., 29: ibid., 279). c) 1. La catolicidad, signo del reb ano La soberbia engendra la discordia “Derramados por toda la haz de la tierra. iQué quiere decir por toda la haz de la tierra?... No todos los herejes se encuentran en toda la tierra, pero, sin embargo, hay herejes en toda ella. Unos aqui, otros alli, en ninguna parte faltan, aunque no se conozcan unos a otros. Una secta estâ en Africa, otra herejia en Oriente; ésta en Egipto y aque­ lla en Mesopotamia, por ejcmplo. Diversas en los diversos lugares, como engendradas por una sola madre, la soberbia, del mismo modo que una soia madre, la Catôlica, engendrô a los fieles cristianos, repartidos por todo el mundo. No es, pues, de admirar que la soberbia engendre la dis­ cordia, puesto que ia caridad engendra la unidad”, 2. La Iglesia catôlica es la vid. Las herejias son sarmicntos inûtiles “Sin embargo, esta madre... catôlica busca por toda la tierra a los que vagan perdidcs, conforta a los enfermos, cura a los lânguidos, une a los que viven separados unos de otros sin conocerse mutuamente. Pero ella si que los conoce a todos, porque se ha extendido por todas partes. Por ejemplo, en Africa estân los de Donato; los de Eunomio no estân en Africa, pero donde existen donatistas, alli estâ la Iglesia catôlica. En Oriente viven los eunomianos; alli no estân los de Donato, pero con los eunomianos estâ la Iglesia catôiica. Es como una vid, que creciendo se difunde por todas partes; ellos no. Ellos son como sarmientos in­ ûtiles, cortados por la hoz dei agricultor en castigo a su esterilidad, que donde cayeron alli se quedaron. La vid, en cambio, crece por todas partes y conoce a los sarmientos suyos dondequiera que cayeron cuando se los cortô. Por eso llama a los que se pierden, porque, refiriéndose a los ra­ mos rotos, dice el Apôstol: Poderoso es el Senor para volvcr a unirlos (Rom. 11,23). Llâmense ovejas perdidas del rebaüo, llâmense lenos separados de la vid, Dioe no es menos poderoso para llamar a las ovejas que para volver a unir los sarmientos, porque es el sumo Pastor y el verdadero Agricultor. Andan perdidas mis ovejas, sin que haya quien las busqué y las congregue (Ez. 34,6), sin que haya quien SIX'. 3. SS. PADRES. SAN AGUSTÎN 7®1 las busqué, si nos referimos a los pastores malos; pero hay quien las busca y las congrega” (cf. o.c., 18: ibid., 280). 3. La Iglesia, extendkla por todo el orbe t "iBusca el enfermo y el perdido la Iglesia? 4Qué me dices tû? La fracciôn de Donato es la Iglesia. Pues yo quie­ ro oir la voz del pastor; léeme el Salmo, recitame la Ley, recitame el Evangelio, recitame el Apôstol. Ahi encontraras a una Iglesia difundida por todo el orbe y a un Senor que dice: Aiis ovejas oyen mi voz y me siguen (Io. 10,4). 4Y qué continûa diciendo la voz del Pastor? Se predicard en su nombre la penitencia y remisiôn de los pecados a to­ das las gentes, comenzando por Jerusalén (Le. 24,46). Es la voz del Pastor, conôcela y siguela si quieres ser oveja” (cf. o.c., 32: ibid., 288). “Pero es que aquéllos adoraron a los ïdolos 0 su con­ ducta no es digna del buen pastor, continûa el hereje. ;Qué me importa! Tû aduces documentos humanos, yo divinos: La bendecirân todos los pueblos de la tierra (Gen. 22,18). Pideme, y haré de las gentes tu heredad y te daré en po­ sesiôn los confines de la tierra (Ps. 2,8)”. Cita también los sa’mos 2 28. 95,1 y 71.11. Quién podrâ contar todos los textos? No hay una sola pâgina que no cante a Cristo y a la Iglesia, extendida por todo el orbe. Levântese, pues, una voz que deflenda la facciôn de Donato. Es tan grande lo que pido? Me dicen que la Iglesia, difundida por todo el orbe, habrâ de perecer. 4 Que habrâ de perecer aquella a quien tantos testimonios anuncian su permanencia? No hay una voz siquiera en la Ley y en los Profetas que lo diga" (cf. o.c., 33: ibid., 288). Lo mismo nos asegura el Pastor. (Se refiere a las palabras del Senor al centurion afirmando que vendrân muchos de Oriente y de Occidente.) iQuieres, pues, conocer el rebano de Cristo? Mira si se extiende hasta esos puntos cardinales (cf. o.c., 34: ibid., 289). d) Obligaciôn del Pastor de buscar las ovejas Aduce el conocido texto de Ezequiel (33,2-9) : Si el pecador muere después de haberle predicado, se castigard al pecador; pero, si muere impénitente por no haber oido la predicaciôn, él recibird su castigo, pero Dios tomard cuenta de su sangre al misionero perezoso (cf. o.c., 20: ibid., 281·). »4 762 LA «IVF.JA PERDTDA e) La doctrina apostôlica, distintivo del redil Las lie viré a su tierra, las apacentaré sobre los montes de Israel. Yo mismo anacentaré a mis ovejas, yo mismo las Uevaré a la majada (Ez. 34.13-15). “Los montes de Israel estân formados por los autores de las Escrituras. Venid, apacentaos ahi. donde estaréis seguros. Todo ]o que oyereis alli, os saldrâ bien; rechazad lo de fuera. No querâis estar entre nieblas; oid la voz del pastor y reunïos en los montes de la Sagrada Escritura. Haced de ella las delicias de vuestro corazôn, porque alli no hay nada venenoso, nada extrano, sino pastos ubérrimos. Venid, pues, sanas y apacentaos sanas en los montes de Israel y en los vaTles y to­ das las regiones del pais (ibid.). De estos montes que os muestro han manado los arroyos de la predicaciôn evangélica. cuya voz se ha oido por todo el mundo, hasta que la tierra entera se constituya en pasto alegre y fecundo para las oveias”. San Agustin entiende por montes de Israel a los apôstoles y sus sucesores (cf. o.c., 24: ibid., 284). f) Unidad de rebano y pastores 1. “Si hay buenas ovejas, habrâ también pastores buenos” Yo mismo apacentaré a mis ovejas. “Encuentro muchos pastores en un solo pastor. No es que falten los pastores buenos. sino que forman uno solo. Son muchos los que viven divididos, pero aqui se habia de uno solo porque se recomienda la unidad. No se hab’a de un solo pastor omitiendo a los demâs, porque el Sefior no encontrase a quien encomendar sus ovejas, ya que precisamente se las encomendô a Pedro; pero en el mismo Pedro instituvô la unidad. Muchos eran los apôstoles, y a uno solo se le dice: Apacienta mis ovejas. Dios nos guarde de que nos falten buenos pastores; no nos falten nunca, ni la misericordia de Dios deje de engendrarlos y constituirlos. Ciertamente, si hay buenas ovejas, habrâ también buenos pastores, porque éstos salen de aquéllas. 2. Caridad y unidad “Pero todos los pastores buenos estân reunidos en uno y son uno solo. Apacientan ellos, y es Cristo el que apacienta... Dice yo apaciento porque la voz de ellos es la suya mis­ ma, porque en ellos estâ su caridad. Asi, cuando cncomendaba sus ovejas a Pedro como a otra persona, queria hacerlo uno consigo mismo y encomendarle las ovejas, de tal SEC. 3. SS. PADRES. SAN AGUSTÎN 7Θ8 manera que el uno fuese la cabeza y el otro llevase la fi­ gura del cuerpo, esto es, de la Iglesia, y como esposo y exposa fuesen dos en una sola carne. Por eso, cuando le encomienda el rebano, 4 qué es lo que dice antes para no entrégârselo como a persona ajena? Pedro, ^me ornas? El contesta: Te amo. ï pur »Lgunua vez: ^Me amas? Contesta: Teamo. Y por tercera vez: &Me amas? Y contesta: Te amo (lo. 21,15-17). Confirma la caridad para consolider la uni­ dad. JE1, pues, ùnico pastor, apacienta en ellos y ellos en él, y por eso no se habia de los pastores... Glorieuse los pastores, pero et que se glorie, gloriese en el Senor (1 Cor. 1,31). Esto es apacentar para Cristo, esto es apacentar en Cristo, esto es apacentar con Cristo" (cf. o.c., 30: ibid., 287). Os ruego, pues, hermanos, que aprendâis y que no hayu entre vosotros cismas (1 Cor. 10,10). Oigan las ovejas esta voz limpia de todo cisnia, purgaua de toda herejia; ôiganla ysigan al pastor suyo, que les dice: Mis ovejas me oyen y me siguen (lo. 10,4). g) Celo del verdadero rebano “^Quieres comprobar, ;oh herejeî, cômo no signes la voz del pastor y cômo tus ovejas te siguen a ti, vestido de pieles y por dentro lobo rapaz, con peligro para ellas?” Pone San Agustin el caso de un catôlico que se acerca a una igle­ sia herética y le preguntan, al ver un rostro nuevo, si es cristiano; pero, al saber que es catôlico, lo echan de su iglesia. Esto mismo ocurnô unos dias antes del sermon. “Comprobad, hermanos mios, la diferencia que existe entre la confianza de la verdad y el miedo de la falsedad. Cuando vosotros veis algunos de ellos entre la gente, os alegràis, porque entre vosotros vive el que busca lo que ha perecido. A veces se os sugiere y dice: Oirâ y se marcharâ. Y vos­ otros contestâis: Pues que oiga y se marche. Oirâ y se burlarâ. Pues que oiga y se ria. Quizâs alguna vez conozca, entre dentro de su corazôn, renuncie al error y dé gracias a Dios. Ellos, por el contrario, preguntan: ^Quiénes sois? Cristianos. ;No, sois espjas! Somos catolicos. Entonces comienzan las injurias hasta que los echan. quiénes echaron? A los cristianos, a los fieles, a los catolicos. No quieren decir quiénes quedan entre ellos. Yo veo quiénes expulsaron; digan ellos a quiénes conservan” (cf. o.c., 31: ibid., 288). B) Una oveja perdida: la samaritana San Agustin trata de la samaritana en su libro De diversis c.6a (PL 37,53), donde compendia el tratado 15 de sus comeutarios al Evangei.o de San Juan, que son los que extractamos (PL 35, 1510-1523) a) El can sancio de Jesûs 1. Fortaleza y debilidad de Crlsto “Jesûs, cansado dei camino... (Ιο. 4,6). Ya comienzan los misterios. No se fatiga en balde Jesus; no se fatiga en balde el poder de Dios; no se cansa en balde aquel por quien los cansados somos creados otra vez; no se cansa en balde aquel cuya ausencia nos fatiga y cuya presencia nos robustece. Sin embargo, Jesûs se cansa; se cansa dei camino y se sienta junto al pozo a la hora de la siesta. Algo nos quiere indicar y representar. Atendamos, aniemos y obremos... Para ti se fatiga Jesûs en el camino. Hemos encontrado a Jesûs poder y encontramos a Jesûs debilidad; Jesûs poderoso y Jesûs débil ; poderoso y fuerte, porque en eZ prin­ cipio era el Verbo, y el Verbo era Dios, y Dios era el Ver­ bo (lo. 1,1). iQuieres entender su poder? Todo ha sido he­ cho por El, y nada se ha hecho sin El (ibid., 3), y ein trabajo lo hizo todo. î Puede haber alguien mâs fuerte que aquel que lo hizo todo sin esfuerzo? 4Quieres conocer lo débil? Y el Verbo se hizo carne y hâbito entre nosotros (ibid., 14). La fortaleza de Cristo te diô la debilidad de Cristo y te volviô a crear. El poder de Cristo hizo que fueses lo que no eres; la debilidad de Cristo hizo que no pereciese lo que ya era. Nos creô con su fortaleza, nos buscô con su flaqueza" (cf. o.c. 6: ibid., 1512). 2. La debilidad de Crlsto, fortaleza del hombre “Débil, alimento a ios débiles como la gallina a los po« llitos, a quien quiso asemejarse (Mt. 23,37)... Asi, pues. Jesûs, débil, estaba cansado por el camino. Su camino es la carne que tomé por nosotros. Pero '6 cômo camina el que estâ en todas partes y nunca falta? Donde va; de donde viene, si no es para venir a nosotros tornando la carne de siervo? El tomar la carne es su camino, porque se dignô venir a nosotros tomândoia para aparecer en la forma de siervo. Débil es Cristo en la carne, pero no te debilites tû; robustécete en su flaqueza, porque la debilidad de Dios es la fortaleza del hombre (1 Cor. 1,25)” (cf. o.c., 7: ibid., 1512). * SS. PADRES. SAN AGUSTIN SEC. 3. b) La 7B6 samaritana 1. Figura de la Iglesia "Vino una mujer, figura de la Iglesia, no ya justificada, sino que va a serio, puce de esto trata el discurso. Se acerca ignorante, lo encuentra, y El habla con Ella. Veamos el qué y veamos por qué. Vino una mujer de Samaria a sacar el agua (lo. 4,7). Los samaritanos no pertenecian ai pueblo judio... Bâstenos, pues, considerar a la samaritana como extranjera..., porque forma parte de la alegoria consi­ derar asi a esta mujer que représenta el tipo de la Iglesia. la cual habia de venir de los gentiles, pueblos extrarios al judaismo. Oigâmonos a nosotros en ella, conozcâmonos en ella y demos en ella gracias a Dios por nosotros”. 2. El don de Dios Pide el Senor agua (cf. ibid., 8), y ella se extrana, por­ que era un pecado para ios judios hasta usar un vaso Sa­ maritano. “El que pide agua tiene sed, pero era de la fe de la mujer” (cf. o.c., 10-11: ibid., 1513). “Respondiô Jesûs y dijo: Si conocieses el don de Dios y quién. es el que te dice dame de beber, quizds tu le pidieses a El que te diese agua viva (lo. 4,10). Pide de beber y promete dar de beber; necesita como si hubiera de rec.ibir, y mana çomo si hubiera de saciar. Si conocieras, dice, el don de Dios. Este don de Dios es el Espiritu Santo, pero todavia estâ oculto a la mujer y poco a poco va entrando en su corazôn. Quizâs ya lo estâ presagiando. 4 Hay algo mâs suave ÿ bello que estas palabras: Si conocieras...?" Agua viva es la que corre de una fuente..., es la que habia alli, icômo, pues, promete lo que pide? (cf. o.c., 12: ibid., J.514). ‘‘La mujer, suspensa, dice: Si no tienes tû con qué sacarla y el pozo es hondo (ibid., 11). Mirad cômo entiende que se refiere al agua viva que brotaba de aquella fuente. Quieres darme agua, y eoy yo la que traigo lo necesario para sacarla. Si el agua estâ aqui, 4 cômo me la puedes tû dar? Entiende, si, de un modo carnal, y, sin embargo, en cierto modo llama al Maestro para que le abra lo que estaba cerrado; llama todavia, ignorante, no deseosa, digna aûn de compasiôn” (cf. o.c., 13: ibid., 1514). c) La promesa del Senor 1. Promesa espiritual “El Senor comienza a hablar mâs claro. Dentro de El manarâ una fuente de agua que salta hasta la vida eterna, y el que bebe de ese agua no tendrâ sed jamâs (lo. 4,14). IA OVEJA PERDI DA 706 i Podia indicar mas evidentemente que sus promesas no eran de agua visible, sino invisible; que no hablaba carnal, siuo espir.tuaimente?” La mujer a quien preocupaba su sed ma­ terial lo entiende de un modo material, e iiusionada con Va promesa pide que le den el agua viva. 2. De agua de Aida eterna “Sin embargo, no olvidemos que el Senor prometia agua espiritual. ;Qué significan las palabras el que bebe este, agua tendrd sed otra vez? Verdad es refiriéndose al agua alii présente y verdad es también segûn lo que aquélla sighificaba. Porque el agua dei pozo représenta la voluptuosidad de este siglo, recogida en tenebrosas profundidadea, de donde la sacan los hombres con el cântaro de su deseo... Imagina el cântaro dei deseo y el agua dei placer alla en lo hondo. iQué? El que consigne el placer de este siglo, bien de la comida o de la bebida, del bano, del espectâculo o de la fornicaciôn, 4no volverâ ciertamente a tener sed? Por lo tanto, el que bebe de este agua volverâ a padecer sed; pero, si aiguien bebiese la que yo doy, no tendra sed jamâs. Nos saciaremos, dice, en la dicha de tu casa (Ps. 64,5). 4 De qué agua nos va a dar sino de aquella de la que se dijo: En ti esta la fuente de la vida y nos sacias de la abundantia de tu casa? (Ps. 35,10-9)” (cf. o.c., 15: ibid., 1515). . ' 3. Promesa incomprendida “Promete las provisiones y saciedad de la Emeritura Santa, pero ella no lo entiende todavia, y sin entenderlo, 4qué contesta?: Senor, dame de ese agua para que no tenga spd y no haya de venir aqui a sacarla (lo. 4,15). Su necesidad le obligaba al trabajo, y su flaqueza lo rechazaba. i Ojalâ oyese aquello de: Venid a mi todos los que estâis fatigados y cargados, que yo os aliviaré (Mt. 11,28)” (cf. o.c., 17: ibid., 1515). d) Una explicaciôn alegôrica original 1. Necesidad del entendimiento Llama a tu marido (lo. 4,16). San Agustin tiene una ex­ plicaciôn original. Por marido entiende al entendimiento, porque es el que debe habiar, ya que, segûn doctrina del Apôstol, las mujeres han de callarse en la igleeia y escuchar después en sus casas al marido, a quien deben preguntar. Supuesta esta interpretaciôn alegôrica, continuemos con el Santo. RADIUS. S\N AGUSTIN 767 “Llama, pues, a tu marido. No entiendes ]o que te digo, porque tu entendimiento no estâ présenté; yo hablo segûn el espiritu. y tû me oyes segûn la carne. Mis palabras no tienen nada que ver con el placer de los oidos, de los ojos, del gusto ni del tacto; sôlo las comprende el entendimiento. Si no lo utilizas, ^cômo podrâs entenderlas? Llama, pues, a tu marido, trae tu entendimiento. iQué me dices, que tienes a'ma? No es gran cosa, también los animales la tienen. ;Por qué les eres tû superior? Porque tienes entendimiento, del que ellos carecen... Ausente estâ tu entendimiento, llama a tu marido”. 2. El entendimiento, luz del aima "No quieras ser como el caballo y la mula, que no tie­ nen entendimiento (Ps. 31 9). Luego, hermanos mios, no tener aima ni entendimiento, esto es, no usarlos, no vivir conforme a ellos, es una vida de bestias. Cierto que hay en nosotros a1 go animal, por lo que vivimos en la carne; ppro ha de ser dirigido por el entendimiento... ;.Quién debe 11amarse varôn, el que dirige o el dirigido? Indiscutiblement.e que, si la vida lleva buen orden, el entendimiento ha de dirigir al aima a la que pertenece”. El entendimiento es la luz del aima, pero a la vez “él es también iluminado por una luz superior, y esta luz superior que alumbra a la men­ te humana es D;os. Era, si, una luz verdadera que ilumina a todo hombre q' da cumplido el nûmero de nueve clases de ângeles. “Como su naturaleza es mucho mâs sutil. se encuentra en ella mejor impresa la imagen de Dios”. b) SUS MINISTERIOS Los nombres de las jerarquias no designan su naturale­ za, espiritual en todos, sino sus oficios, y “ûnicamentp merecen el nombre de ângeles cuando por ellos se anuncian algunas cosas... Cuando estas son pequenas, llâmanse ânge­ les; cuando las anuncian grandes, arcângeles” (cf. Le. 1,26). Los ângeles a veces reciben nombres, no porque no puedan distinguirse entre si, sino porque los llevan cuando reciben algûn encargo entre nosotros. Asi, Miguel, significa Fortale. za de Dios, y cuando se verifica aiguna obra portentosa del poder de Dios, es enviado él, y serâ el vencedor en las ulti­ mas batallas, para que el demonio, derrotado, “aprenda que ninguno se hace semejante a Dios por la soberbia”. Rafael quiere decir Medicina de Dios. “Llâmanse virtudes aquellos por medio de los cuales se hacen con mâs frecuencia los milagros, y potestades, los que en su orden redbieron mayor poder que los demâs para reprimir a los enemigos, a f n de que no puedan tentar a los hombres como desean. Principados, los que presiden a los ângeles buenas y les dan ôrdenes para que cumplan los divinos ministerios. Las dominationes son superiores s estos ûltimos, pues el principe es el primero de todos; pero 9 -J*. - SEC. PADRES. SAN GREGORIO MAGNO el que domina, ademâs de serlo, tiene sùbditos... Los tro­ ues son los ejércitos angelicos presididos por Dios cuando ejerce su juicio..., colmados de gracia divina, como si Dios se sentara sobre ellos. Los querubines estân pletôricos de ciencia..., porque contemplan la caridad de Dios, y co­ nocen tanto mâs perfectamente las cosas, cuanto mâs se acercan al Creador por el mérito de su dignidad. Conôcese con el nombre de serafines a los que estân animados de un amor vehemente a Dios, encendido por su proximidad a El”. c) i , i I ! ■ j I Vida angelica DE LOS HOMBRES De nada nos servi ria conocer las jerarquias angélicas si no pudiéramos aplicarlas a nuestra vida, lo que sera muy conveniente, puesto que hemos sido llamados a sustituir a los que perdieron sus puestos en la re'beliôn pri­ mera. Nos conviene, pues, imitar las virtudes que debieron tener ellos. Vida de ângeles es la de los sencillos de entendimiento que, siendo capaces solo de entender las cosas pequenas, rentmcian a ensenârselas a sus hermanos, en tanto que otros, auxiliados por la gracia de Dios, imitan a los arcàngeles, procurando ensenar los arcanos que han llegado a conocer. Virtudes, los que tienen el don de hacer milagros; potestades, los que arrojan o dominan a los demonios; prtncipados, los que por sus méritos superan a todos los her­ manos, y dominationes, los que llegan a dominarse a si mismos. Los que han recibido como premio poder juzgar sabiamente a los demâs serân asemejados a los tronos, que rigen y gobiernan a la santa Iglesia. Querubines son los que tienen la plenitud de ciencia, que no consiste en otra cosa sino en el amor de Dios y del prôjimo, plenitud de h ley (Rom. 13,10). Serafines, los que, abrasados de amor de Dios,9 sôlo a El desean y, alimentados con su amor, * desprecian todo lo terreno, remontados mâs allâ de lo temporal. Recogeos en vuestro interior y ved si tenéis alguna de las virtudes angélicas. “jAy del aima que no reconoce en si ninguno de los bienes que anteriormente os he citado, y ay de ella si, privada de tales dones, no lo llora!” Anhelemos las gracias de los elegidos, pero sin envidiar las muy grandes que adornan a otros por pura liberalidad do Dios. . SECCION IV. TEOLOGOS SANTO TOMAS DE AQUINO La misericordia Santo Tomâs no trata expresamente de la misericordia de Jesucnsto, maniriesta a través ue las parâbolas del evangelio de hoy, llamadas de la misericordia. No obstante, las ideas del Angélico sobre la virtud de la misericordia en general y sobre la misericor­ articular serân muy ûtiles para la mejor dia de Dios en particular ’ explicaciôn de las parabolas referidas. Λ) a) La virtud de la misericordia La misericordia es compasiôn de la MISERIA A JENA “Segûn dice San Agustin (cf. De civ. Dei 9,5: PL 41,261), “la misericordia es la compasiôn que experimenta nuestro corazôn por ias miserias ajeaas, y que nos compele a socorrenas si podemos”. Llâmase misericordia porque uno tiene el corazôn afhgido (cor miserum) por la miseria de otro” (2-2 q.30 a.l c). Por eso, a mayor miseria, mayor misericordia “La miseria es opuesta a la felicidad. Ahora bien, se incluye en la razôn de beatitud o felicidad el que uno goce de aquello que quiere..., y, por el contrario, a la miseria pertenece el que uno sufra lo que no quiere. Esto supuesto, el hombre puede querer una cosa de tres modos: 1. " Con apetito natural, y asi es como todos los hom­ bres quieren existir y vivir. 2. “ El hombre quiere algo por elecciôn después de cier­ ta premeditation. 3. ° Puede querer algo no en si mismo, sino en su cau­ sa; como el que quiere cosas nocivas, decimos en cierto modo que quiere enfermar. Lo que nos mueve, pues, a compasiôn pertenece en cier­ ta manera a la miseria: sec. a. teOlocos. santo tomXs 775 1. * Reqpecto de aquello que contraria al apetito natu­ ral de la voluntad, como son los males corruntivos y que eontristan, cuyos contrarios apetecen los hombres naturalmente. 2. * E^tos males excitan mâs la misericordia si son contranns a la voluntad de elecciôn, por cuva razôn dice cl Fi· lô’ofonup “aquellos males son miserabas nue reconoc^n por causa la-fortuna. v. gr.. cuando procédé aigùn mal de donde se p«ner»ba un bien” (cf. Rhet. Π 8,10: Bk 1386^5). 3. · Son todavia mâs misérables si son totaimente contrpdns a la voluntad, como si a uno que ha hoo^n siempre el bien Ip snh^pvienen mnlpq Pnr pato dice el Filôsofo que “la misericordia se excita princinalmente con los males del one los sufrp «in merecerlos” (cf. Rhet. III 8,16: Bk 1386 b2) (2-2 q.30 a.l c). Γ- ’ Las scales de los males son también objeto de la misericordia “Asi como de la esperanza y memoria de los bienes se ague la delectaciôn, igualmente de la esperanza v del recuerdo de los males sîguese la tristeza. no tan vehemente. sin embargo, como la tristeza provocada nor el sentimientc delos males présentes. Por lo cual. los signns de los males, en cuanto nos représentantes males misérables como pré­ sentes, nos mueven a compasiôn” (cf. ibid., ad 3). ι* b) El misericordioso considéra la miseria ajena como PROPIA 1. EI hecho “Siendo la misericordia la compasiôn de la miseria ajena, como se ha dicho (a.l), resulta de esto que uno es misericordioso en cuanto se duele de la miseria ajena; y, puesto que la tristeza o el dolor se refieren al mal propio de uno mismo, en tanto uno se entristece o duele de la miseria ajena en cuanto la considera suya” (2-2 q.30 a.2 c). l “Esto sacede de dos modos” “Segûn la union afectîva, lo cual se efectùa por el amor, porque el que ama reputa al amigo como a si mismo y el mal de éste como propio, y por eso se conduele del mal del amigo como de] suyo. De aqui es que Aristoteles (cf. Ethic. IX 4.1: Bk 1166a7) coloca entre los otros signes de las amistades el condolerse con el amigo; y el Apôstol dice fôom. 12,15) : Gozaos con los que gozan, Uorad con los que Itoran, LA OVFJA VER DI DA Y segùn la uniôn real, por ejemnlo, cuando el mal de algunos estâ nrôximo a nasar de ellos a nosotros, y nor esto dice el Filôsofo (cf. Rhet. Π 8,2: Bk I385b13) que “los hombres se compadecen de aquellos que les estân unidos y se les asemejan, porque de aqui les proviene la idea de que pueden sufrir anâlogos males” (ibid.). 8. La misericordia no se reflere ni a si mismo ni a los nuestros “Como la misericordia es la compasiôn de la miseria de otro. propiamente se refiere a éste y no a si mismo. sino segùn ciprta semejanza... Luego. asi como la misericordia no se refiere propiamente a si mismo, sino que es el dolor el que se refiere a uno mismo. v. gr., cuando experimentamos un sufrimiento cruel, de igual modo, si algunas per­ sonas nos estân tan unidas que sean como algo nuestro, como hijos o padres, no tenemos misericordia de sus males, sino que nos dolemos de ellos como de las heridas propias. y, segûn esto, dice el Filôsofo que “lo cruel ps incompatible con la cnmpasiôn” (cf. Rhet. II 8,2; Bk 1385bl3) (2-2 q.30 a.l ad 2). c) Misericordia hacia los pecadores “Es esencial a la culpa ser voluntaria; y en tal concepto no es digna de compasiôn, sino mâs bien de castigo. Pero, como la culpa puede ser dp aWin modo pena por incluir algo que contraria a la voluntad del que peca, desde este punto de vista puede tener razôn de compasiôn. Y, segûn esto, tenemos misericordia y nos compadecemos de los pecadores, cnmn dice San Gregorio (cf. 1.2 Hom. 34 in Evang.: PL 76, 1246) que la "verdadera iusricia no tiene indignaciôn (es decir. contra los pecadores), sino compasiôn”; y (Mt. 9,36): Viendo Jesûs aauellis gentes, se compadeciô de ellas, ροτque estaban fatigadas y decaidas, como ovejas que no tienen pastor” (2-2 q.30 a.l ad 1). 1. Los ancianos y déb’Ies son mâs misericordiosos “Los ancianos y prudentes, que consideran que pueden caer en males, son mâs misericordiosos, como también los déb;les y timidos; y, por el contrario, los que se consideran febces y tan poderosos que juzgan no les pu^de sobre· venir mal alguno, no son tan compasivos” (2-2 q.30 a.2 c). SEC. Ψ lEUl.OGOS. SAMO TO.MÂS 777 î, Los irascibles y soberbios no son misericordiosos !.· ha y misericordia “Los que se hallan en una disposiciôn injuriosa, ya porque han sufrido una injuria o porque quieren inferiria, son provocados a la ira y a la audacia, que son pasiones viriles excitadoras del ânimo del hombre a cosas arduas; por lo cual les hacen no pensar en los males que les pueden ocurrir en lo futuro. Asi que los taies, mientras permanecen en esta disposiciôn, no se compadecen, eegùn aquello (Prov. 27,4) : La ira no tiene misericordia, ni et furor que Walle" (2-2 q.30 a.2 ad 3). j.4 Soberbia y misericordia “Los soberbios no son compasivos, pues desprecian a los otros y los reputan malos; por io cual los juzgan dignos de sufrir los males que experimentan ; y de aqui San Gregorio dice también que “la falsa justicia, es decir, la de los soberbios, no tiene compasiôn, sino desdén” (cf. 1.2 Horn. 34 in Evang.: PL 76,1246) (2-2 q.30 a.2 ad 3). d) La misericordia es VIRTUD "La misericordia implica el dolor de la miseria ajena. Este dolor puede designar, por un lado, el movimiento del apetito sensitivo. Se gun esto, la misericordia es pasiôn y no nrtud. Puede designar, por otro lado, el apetito intelectivo, en cuanto que a uno desagrada el mal de otro. Este movi­ miento puede ser regulado segùn la razôn; y puede regu­ lars? a su vez el apetito inferior segûn el movimiento ra­ cional. Por lo cual dice San Agustin que “este movimiento del ânimo (la misericordia) sirve a la razôn cuando le inspi­ ra la misericordia, de modo que se conserve la justicia, ya sea socorriendo al necesitado, ya perdonando al penitente” (cf. De civ. Dci 9: PL 41,260). Y, puesto que la razôn de la virtud humana consiste en que el movimiento dei acto sea regulado por la razôn, como resulta de lo expuesto (cf. 1-2 q.60 a.4 y 5), siguese que la misericordia es virtud” (2-2 q.30 a.3 c). 1. Es virtud moral “La misericordia, en cuanto que es virtud, es una virtud moral, que tiene por objeto las pasiones; y se reduce a aquella mediania que se llama némesis, porque “proceden de la misma disposiciôn moral”, como dice Aristoteles (cf. Rhet. Π 9,1: Bk 1386b9). Mas estas medianias no ias establece el Filôsofo como virtudes, sino como pasiones, F* r 778 LA OVLJA PE R DI DA .-. - J" Τ’ ■" — —-| r ^, ,,^ porque aun en este concepto son laudables. Nada impide, sin embargo, que provengan de un hâbito electivo, y <4 tal concepto asumen la naturaleza de virtud” (2-2 q.30 a.3 ad 4). 2. La nuis excelente de todas las virtudes en si nus ma conside rada “Una virtud puede eer la mayor de todas en dos con­ ceptos: Primero, en si misma, y en segundo lugar, por comparaciôn al que la tiene. En si misma, la misericordia es la mayor de las virtudes; porque pertenece a ella difundirse a los demâs y (lo que es mâs) sobrellevar sus de­ fectos, y esto es propio de una virtud superior. Asi que la misericordia es propia de Dios, y por ella, sobre todo, se dice que manifiesta su omnipotencia” (2-2 q.30 a.4 c). e) Caridad y misericordia 1. En Dios es la virtud mayor; en nosotros, la caridad es mâs excelente que la misericordia “Respecto del que tiene, la misericordia no es la mayor virtud, a no ser que quien la posee sea el Ser supremo, que no tiene superior a si y a quien estân sometidos todos los seres. Porque para el que tiene a alguien sobre si, mayor y mejor cosa es unirse al superior que soportar el defecto del inferior. Y, por lo tanto, en cuanto al hombre, que tiene a Dios como superior, la caridad, por la cual se une a Dios, es mejor que la misericordia, por la cual soporta los defectos de sus prôjimos” (2-2 q.30 a.4 c). 2. De las virtudes que se refleren al prôjimo, la mayor es la misericordia "Mas, entre todas las virtudes que pertenecen al prô­ jimo, la misericordia es la mâs excelente, como también lo es su acto, puesto que tolerar el defecto de otro, en cuanto tal, es propio del superior y del mejor” (2-2 q.30 a.4 c). 3. La caridad aventaja en nosotros a la misericordia "La suma de la religion cristiana consiste en la mise­ ricordia en cuanto a los actos exteriores; mas el interior afecto de la caridad, por la cual nos unimos a Dios, prepondera sobre la dilecciôn y misericordia para con el prô­ jimo" (2-2 q.30 a.4 ad 2). “Por la caridad nos asemejamos a Dios, como unidos a El por el afecto; y, por lo tanto, es mejor que la mise­ ricordia, por la cual nos asemejamos a Dios segûn la se­ mejanza de la operaciôn” (2-2 q.30 a.4 ad 3). SEC. 4. f) La misericordia TSÔI.0GOS. SANTO TOMAS 77Π Dios es el sacrificio mâs acepto a “No honramos a Dios con sacrificios exteriores o con obsequios a causa de El mismo, sino por causa de nosotros y de nuestros prôjimos, porque El no necesita de nuestros sacrificios, sino que quiere que le scan ofrecidos p^ra excitar nuestra devociôn y para ser ûtiles a nuestros prôjimos. Asi, pues, la misericordia, por la cual socorremos las miserias de otros, es e) sacrificio a El mâs acepto; pues es Dios mismo quien nos induce mâs inmediatamente al servicio y utilidad de nuestros prôjimos, segûn aquello: No olvidéis hâ­ ter bien y comunicar con otros vuestros bienes, porque con taies ofrendas se merece a Dios” (Hebr. 13,16) (2-2 q.30 a.4 ad 1). B) La misericordia de Dios ■ a) La misericordia es perfecciôn de Dios “Debe atribuirse principalmente a Dios la misericordia, no como un afecto de pasiôn, sino segûn los efectos de ella. Para demostrarlo es preciso observar que se dice misericordioso aquel que tiene el corazôn compasivo icor miserum), es decir, como afectado tristemente por la miseria de otro, cual si fuera suya propia. De donde se sigue que, cuando cualquiera procura remediar la miseria de otro, como si fue­ ra la suya propia. hace una obra de misericordia. Ahora bien: Dios no puede entristecerse por la miseria de otro, pero le conviene por excelencia aliviarla. entendiendo por miseria un defecto cualquiera. Los defectos no se corrigen sino por la perfecciôn de alguna bondad, y el primer origen de la bondad es Dios” (1 q.21 a.3 c). b) LA MISERICORDIA DE DIOS ES COMPATIBLE CON SU JUSTICIA "Dios obra por misericordia sin faltar a la justicia, pero obrando una cosa por encima de esta justicia, como, si uno da doscientos dineros a un individuo a quien no debe sino ciento, no obra contra la justicia, sino con liberalidad y mi­ sericordia. Sucede lo mismo cuando se perdona una ofensa recibida; porque el que perdona un agravio, hace una especiededon. Por lo cual San Pablo llama a la remisiôn de las ofensas donaciôn: Condonaos reciprocamente, asi como Cris­ to 03 ha perdonado (Eph. 4,32). Es, pues, évidente que la *<·>- t * l> ·; L\ OVF.JA PERDIDA 780 misericordia no destruye la justicia, sino que es cierta pienitud de ella; por lo cual dice Santiago que la misericordia sobreexcede al juicio (lac. 2,13)" (1 q.21 a.3 ad 2). C) En TODAS LAS OBRAS DE DlOS BRILLAN SU MISERICORDIA Y SU JUSTICIA “En todas las obras de Dios se encuentran necesariamente la misericordia y la verdad, si bien por la palabra mise­ ricordia se entiende la remociôn de cualquier defecto, aunque no todo defecto pueda decirse propiamente miseria sino en la naturaleza racional, creada para ser feliz; pues la mi­ seria es contraria a la felicidad” (1 q.21 a.4 c). 1. La justicia “La deuda que a la justicia divina se debe pagar se refiere o a Dios o a alguna criatura, y ni en uno ni en otro con­ cepto puede faltar la justicia en toda obra de Dios. Dios no puede hacer cosa alguna que no sea conforme a su sabiduris y su bondad; en este sentido hemos dicho que a Dios es debida alguna cosa. De igual modo, todo lo que Dios hace en sus criaturas lo realiza en el orden y en la proportion con­ veniente, que es lo que constituye la razôn de la justicia en las cosas. Luego no puede menos de haber justicia en todas las obras de Dios". 2. La misericordia “Toda obra de la justicia divina presupone siempre una obra de misericordia y se funda en ella. Porque la criatura no puede tener derecho sino por razôn de algo que en ella préexiste o se prevé; y, ademâs, si esto es debido a la cria­ tura, sera por razôn de algo anterior. Y, como no puede procederse al infinito en esta gradation, habrâ de llegara necesariamente a algo que dependa de la bondad sola de la voluntad divina, que es el ultimo fin. Asi, en todas las obras de Dios se encuentra la miseri­ cordia en cuanto a su primer origen, cuya virtud ejer.ce su influentia sobre todas las cosas consiguientes, y aun obrando en ellas con mâs intensidad, aï modo que en la causa primera hay siempre mâs energia que en una causa segunda. Asi, Dios del colmo de su bondad da las cosas que se deben a las criaturas, con largueza mayor que lo que estrictamente exige su naturaleza (proportio rei) ; porque, para corservar el orden de la justicia, bastaria que otorgase menos de lo que concede la bondad divina, la cual excede toda . ’ proportion de la criatura" (ibid.). SEC d) La 4. TEÔI.OGOS. SAN BUENAVENTURA 731 justicia y misericordia de Dios respecto DE JUSTOS Y PECADORES "Hay obras que se atribuyen a la justicia de Dios, y otras a su misericordia; porque en unas resalta mâs la jus­ ticia, y en otras la misericordia” (1 q.24 a.4 ad 1). 1. En el castigo de los pecadores brilla la misericordia "La misericordia se muestra incluso en la condenaciôn de los réprobos, no porque se les perdone el castigo por en­ tero, sino ba jo el concepto de que el castigo es menor del quemerecen (citra condignum)”. 2. En la reconcillaciôn del pecador, la justicia "En la justificaciôn dei impio se muestra también la justi­ cia, puesto que Dios no remite las culpas sino en considera­ tion al amor que su misericordia infunde en el corazôn del culpable. Asi se dice de la Magdalena: Le han sido perdonados muchos pecados porque ha amado mucho” (Le. 7,47). 3. En el castigo terrenal de los buenos, entrambas “En el castigo de los justos en este mundo brillan t?.mbién la justicia y la misericordia, porque estas aflicc tones los purifican de sus ligeras faltas y los’elevan mâs^. D os, separândolos de los afectos terrenos, conforme a Vô que dice San Gregorio: “Los males que nos agobian rn este mun­ do, nos impeien a dirigirnos a Dios” (cf. Moral. 26,13: PL 76,360) (ibid.).· jÉF Π. SAN BUENA’ŒNTURA La paci^ncia del pastor ohci- Los textos que inçhnmos estân tornados de la obra de·) QuéDoctor titulada Las^fcis alas del serafin c.4 (cf. BAC, O San Bticiiavciilura^^y , r 4 p.515 t a ο ss.)> Λ> obrar xas veces A ) Las espinas dei camino .icias, con­ ii debe, en a) La Paciencia del prelado es nect parecer, es .nterpretacio“La tercera ala del serafin eclesiâstico, q-hisimos actos do. es la paciencia y longanimidad a toda p’que aea objeto nifiestan principalmente très cosas, entre ot, asimismo que -reia haber hecho LA OVEJA PERDIDA b) Por sus muchos tkabajos y preocupaciones “En primer lugar, requieren paciencia los trabajos y cuidados y ocupaciones que de diversa manera vienen ai prelado. Le apremia, en efecto, un cuidado continuo, ya en cuanto mira por la disciplina espiritual, ya en cuanto procura sustento corporal; y esto ocurriô con los apôstoles, afanosos no solo por las necesidades cspirituales de los fieles, sino también por las necesidades temporales de los mismos, entre los cuales eran cuidados en especial los po­ bres; y. segûn esto. se dice en el capitulo 2 de la Epistola a los Gâlatas: Santiago. Pedro y Juan nos d'eron a mi y a Bernabé la mono en senal de comuniôn, para que nosotros nos diriaiésemos a los gentiles y ellos a los circuncisos (Gai. 2,9), con el fin de propagar la predicaciôn evangélica. Solamente nos pidieron que nos acordâsemos de los pobres, cosa que procuré yo cumplir con mucha solicit ud (ibid., 10). Ademâs, apremian al prelado las varias oeupaciones que se le derivan, ya por razôn de cuidados domesticos, ya por ra­ zôn de asuntos extranos, en los cuales, mal que le pose, se halla algûn tanto metido, y de los cuales desea con ansias verse libre por completo. Asimismo son cosas que apremian al prelado muchirimos trabajos, tales como viajes, vigilias, asuntos y otras tareas...” c) Por EL A VECES E^CASO PROGRESO ESPIRITUAL DE SUS HIJOS “En segundo lugar, el prelado neces’ta paciencia en vis­ ta del moro’o aprovechamiento de aquellos para cuyo bien , a causa de esto y demâs dificultades e impedimentos, ■gos del medro espiritual. llevan camino de resultado con como la semilla. que siembra mucha y brota poca; infliînalmente, cumplidos y observados con negVgencia do ennes y mandatos, y como el mal, so color de bien, fcunrimer.ndose a hurtadillas. ein que se atreva a censurar i, Dns como mal lo que aparece en la corteza como crique a la postre queda anulado un bien mayor y '.1 ige a males aûn mâs manifiestos”. 5n de la pobreza religiosa o: Demos que, para salvar a muchos, se ren muchos mâs de los que convenientementi· SEC. 4. TEOl-OCOS. SAN hUENAVENTURA 783 pueden atendense. Pues bien, a la postre, esa misma mucheilumore Ikgara a oscurecer el brillo de la pobreza, dado quo seran muciios los que uesearân no privarse, sino iioigarse de muciios bienes. De aqui les viene salir con mâs frecuencia tn busca de 10 necesario, adoptar métodos insomos de postulacion, procéder mâs incauiamente contra la Regia en materia ue limosnas, extinguir el recogimiento devoto, rele­ gar las coslumbres religiosas al olvido, hacerse con agrado a la vida vagabunda, yendo a caza de diversas comodiuades corporaies; contraer amistades pronibiaas por la Regia, so­ licitor regaios de los penitentes. traiicar con dinero en el ne· goeio de las almas, adular a los ricos, ensanchar los cam­ pos, levantar paiacios suntuosos, sin preocuparse de qua eseandaiicen a los demâs; y asi queda pisoteado el Έοπογ de Dios, fruto que debiera nacer de la santa vida y de ia edificaciôn del prôjimo”. 2. El descuido de las virtudes interiores "Anâdanse a esto otras muchas obras que tienen cierto esplendor a Iob ojos de los hombres, pero a los de Dios oscurecen la pureza interna de la religion; y, de hecho, los ignorantes en materia religiosa, que nada entienden en co­ sas interiores, por pensar que la substancia de la conviven­ da espiritual consiste en estas virtudes externas, las defienden con gran tesôn, descuidândose de las virtudes espirituales y verdaderas. Y, viendo todas estas cosas, el prelado de almas se abrasa y se consume, y, no pudiendo corregirlas segûn fuera su deseo, se ejercita admirablemente en la virtud de la paciencia. Dice el Salmo (68,10) : EL celo me consume. Me devora el celo de tu casa, etc.” d) Por la ingratitud de algunos fieles “Y en tercer lugar, el prelado necesita paciencia, a cau­ sa de la ingratitud de aquellos en cuyo beneficio tan solicitamente trabaja. Primero son las continuas quejas. Quéjanse, en efecto, los sùbditos, sin que apenas nunca queden satisfechos, de que el prelado podria, si lo quisiera, obrar con ellos de otra manera y mejor; por eso muchas voces queda perplejo entre si debe ceder a sus impertinencias, condescendiendo con ellos en todos sus deseos, o si debe, en cambio, mantenerse inflexible en lo que, a su parecer, es mâs conveniente... Segundo, son las torcidas interpretaciones. Interpretan, en efecto, torcidamente muchisimos actos suyos, echândolos a la peor parte; y de ahi que sea objeto de visitas, murmuraciones, detracciones; y asimismo que haya dado motivo de escândalo alli donde creia haber hecho -■‘«-J s; 784 LA OVEJA PERDIDA gran servicio a Dios y a ellos mismos, de suerte que no haya mandato o acto suyo que esté al resguardo de las con­ tinuas displicencias o perturbaciones de aigunos. Y vienen, por ûltimo, las resistencias. Algunos, en efecto, le resisten abiertamente, le censuran por escrito y le desprecian, e instigan a otros para que se le insubordinen, o, llenos de astucia, le impiden la ejecuciôn de las cosas de su oficio". B) a) La paciencia del pastor Debe evitar toda impaciencia "A estas y otras contrariedades con que de muchas ma­ neras se ve combatido, procure oponerse el prelado, escudândose con triple género de paciencia. Escudese, en pri­ mer lugar, contestando modcSta, madura y benignamente a cada una de las cosas que se le oponen, y réprima los impe­ tus del genio, sin mostrar impaciencia en la voz, en el ros­ tro ni en los ademanes... En el capitulo 8 del libro de los Jueces y en el capitulo 15 de los Proverbios se lee: La- res· puesta suave quebranta la ira; la palabra dura aviva ia sana (Prov. 15,1). Y es que el furor no se caima con el furor, ni el vicio se cura con el vicio. En cuanto a la impaciencia de! prelado, hase de decir que desbarata los bienes que pudie­ ra promover, y es de diversas maneras. Primero, los desba­ rata en cuanto escandaiiza a los demâs... Segundo, los des­ barata en cuanto hace al prelado despreciable respecto a los sùbditos... El que es vano y sin cordura, estarά expuesto al desprecia (Prov. 12,23). Tercero, los desbarata en cuanto hace al prelado aborrecible y temible: Terrible es er. la ciudad el hombre lenguaraz, y el precipitado en hablar se hard aborrecer (Eccli. 9,25). Cuarto, los desbarata en cuan­ to provoca a impaciencia a los demâs. Se dice en el capi­ tulo 15 de los Proverbios: El iracundo promueve contiendas; el que tarde se enoja aplaca las rencillas (Prov. 15,18). Quin­ to, los desbarata en cuanto hace al prelado inaccesible a la confianza de los sùbditos, que no se atreven a manifestarie sus necesidades... Sexto, en cuanto llena la casa de murmuraciones y rencores... Séptimo, en cuanto ahuyenta a los tiernos de corazôn y los hace pusilânimes. Se lee en el ca­ pitulo 18 de los Proverbios: iQuién podrd aguantar un es­ piritu fâcil de irritarse? (Prov. 18,14). Y, por ultimo, en cuanto lo aislan, de suerte que no puede ser avisado respec­ to de las cosas que debieran corregirse"... SEC. 4. 785 IEÔLOGOS. SAN BUENAVENTURA b) Sea pacîfico “En segundo lugar, escudese siendo pacifico; y procure serlo, de modo que no se vengue de las injurias recibidas, ni aborrezca en su corazôn a los ofensores, ni descuide su interés por ellos, ni trate de apartarlos de si; antes bien, téngalos con mâs gusto, para edificar por este medio a ellos y a los otros, haciendo bien a los ingratos, y para que por ellos tenga ocasiôn de ejercicio de virtud... Porque, siendo propiamente el oficio de pastor ensenar las virtudes, si aparta de si a los viciosos, '6a quiénes ensenarâ? Si el médico huye de los enfermos, ^a quiénes curarâ? Si el soldado valiente huye de los que le combaten, ^cômo conseguirâ el triunfo de la gloria? Si el comerciante desprecia las mercancias en las que puede ganar mucho, icômo se enriquecerâ? De aqui es que, entre otros, se hayan santificado tan­ tos obispos y prelados, porque, ya practicando obras buenas, ya sufnendo adversidades, ya edificando a los demâs con ocasiôn de su oficio, llegaron a las altas cumbres de la perfecciôn”... c) Sea sufrido 9 “Y, por ûltimo, debe escudarse siendo sufrido; y procu­ re serlo de manera que ni el cansancio en el trabajo, ni la morosidad en el progreso, ni las impertinencias u otras mo­ lestias procedentes de los sùbditos sean motivo para cumplir con menos decision y empeno las cosas tocantes a la solicitud pastoral; y advierta que por este camino se llega a grandes méritos”. ; .? : » SECCION V. I. AUTORES VARIOS FRAY LUIS DE GRANADA El camino de la conversion Los trabajos del 'Pastor pertenecen la vida cristiana (cf. t.4 : BAC, Obra el res:o a la misma obra (t.4 : BAC, describe el proceso de la justification cilio Triden tino. a A diciones al Memorial de selecta 1.3 c.20 p.288 ss.), y I.3 c.g p.949 ss.). x-ray Luis siguiendo los pasos del con­ A ) Los trabajos del Buen Pastor a) Por montes y valles "iQuién podrâ explicar los trabajos que este Senor padeciô buscando, como buen pastor, la oveja perdida por mon­ tes y valles para atraerla al aprisco sobre sus hombros?... iQué de caminos echo para esto, qué de ayunos, qué de peregrinaciones, caminando de castillo en castillo, de ciudad en ciudad, de provincia en provincia! ^Qué aldea hubo tan pobre que no quedase honrada y esclarecida con su presencia, y donde no amaneciese este nuevo Sol de justicia, y don­ de no dejase rastro y memoria de sus virtudes?... Testigos son de esto los discipulos, que de pura hambre estrujaban las espigas aun en dia de sâbado para corner (Mt. 12,1). Testigos los de Cafarnaùm, que una vez lo quisieron despenar, y los de Judea, que tantas veces lo quisieron prender y apedrear. Testigos los genezarenos, y también los samaritanos, que en su tierra no le quisierori recibir ni hospedar. Donde, como los discipulos con celo, sin discre­ tion, le preguntasen: Senor, jqueréis que mandemos que vengu fuego del cielo que los queme?, el Senor de los ângeles, con inestimable suavidad y mansedumbre, respondiô (Le. 9,55): No sabéis cuàl sea el espiritu que mora en vuestras aimas, pues eso decis. El Hijo del hombre no vino a destruir almas, sino a salvarlas... Pues 4, qué padeceria un tan delicado cuerpo con tantos y tan trabajosos caminos y con tan pobre aparejo y pro- .·> SEC. ACTORES VARIOS. GRANADA 787 vîsiôn para caminar? Encarece el Apôstol los trabajos de sus caminos en una epistola (2 Cor. 11,23), muchos de los cuales padeceria el Salvador, como los padecian sue disci­ pulos, porque quien quiso padecer mâs trabajos a muerte que ellos no habia de buecar vida mâs regalada que ellos”. b) Deshonras y persecuciones "Pues de las deshonras y persecuciones que padeciô, iqué diré? En unas partes, como ya dijimos, lo querian prender; en otras apedrear, en otras despefiar, en otras atar como a furioso, y en otras lo echaron de la sinagoga y pùblico ayuntamiento” (cf. o.c., BAC, p.288). B) Los silbidos del Pastor "Porque asi como el arte y la naturaleza no hacen sus obras en un instante, sino van poco a poco disponiendo la materia y, después de ya dispuesta, en un instante se in­ troduce la forma, asi aqui primero dispone y modifica Dios el corazôn del hombre con algunas inspiraciones con que secretamente le dice dentro de su alma: Mira cuânto tiempo ha que vives mal; mira cuântos miliares de pecados tienes hechos contra Dios; mira cuânto te ha sufrido y esperado, y, con todo esto, cuântos bénéficies te ha hecho y de cuân­ tos males te ha librado... Acuérdate que fulano muriô sùbitamente... Mira no se cause Dios de esperarte, como lo hizo con esos otros... Mira que la pena del infierno no es asi como quiera, porque es pena eterna... Estas son las aldabas y representaciones con que nuestro Senor comienza a alterar el aima y sacarla de aquel abismo y de aquellas tinieblas en que estâ. Siente el hombre estos movimientos, por una parte, y por otra ve lo que esto le importa. Mas, por otra parte, se pone en armas toda la malicia de la carne, representândole las dificultades de esta mudanza y del divorcio que ha de hacer de todos los gustos y contentamientos dei mundo, u los cuales ha de dar libelo de repudio, que es cosa muy dura”. C) • . r-· El hallazgo "De esta manera anda el alma batallando fluctuando con estas ondas; una la trae y otra la lleva, hasta que, fi­ nalmente, en medio de esta batalla, acude Dios con parr’ ♦ '■v 783 LA OVEJA PERBTDA ticular socorro, que es como un poderosisimo movimiento, el cual de tal manera ahimbra el entendimiento del hombre y mueve su voluntad, que le hace decir un “quiero” muy de veras y muy dcterminado. Esto ea, quiero volver a Dios, quiero enmendar mi vida... Pues en este instante, obrando Dios juntamente con el hombre, es él justificado y recibido de Dios por hijo y ungido con su gracia. Y asi parece que es como cuando uno quiere encender fuego en lefia verde, que primero sopla una vez y otra, y se cansa, y Dora con el humo, hasta que después, finalmente, viene a dar un grande soplo y luego sûbitamente levàntase una llama con que se enciende el fuego. Pues ese mismo orden, regularmente hablando, guarda Dios en esta obra. Porque primero os envia una inspiracién y después otra y otra, y como con éstas no se acaba el né­ gocie, acude con otra poderosisima, la cual levanta una clarisima llama en el entendimiento, que es principio de toda esta obra tan. admirable; porque de esta luz, como de una raiz. nace todo lo demâs que se refiere para esta obra de ia justification”. D) Sobre los hombros a) Luz NUEVA “Y si alguno preguntare qué cosa sea esta luz, digo que es un conocimiento sobrenatural que Dios de nuevo infunde en el entendimiento del hombre; el cual, por una manera maravillosa, le da a conocer la bondad de Dios, la hermosura de la virtud, la fealdad del pecado, la vanidad dei mun­ do, el peligro del engafio en que hasta entonces vivié; cl cual lleva en pos de si la voluntad y le hace dar de mano a las vanidades y engafios dei mundo, amar a su Creador y aborrecer sobre todas las cosas el pecado... Asi como cuan­ do Dios creo el mundo la primera cosa corporal que hizo y la primera palabra que hablô fué ésta: Hàgase la luz, y luego fué hecha la luz (Gen. 1 3), asi en la regeneration del hombre, que es en su justification, ia primera cosa que hace y la primera palabra que dice es: Hâgase la luz. Como si dijese: Esta aima esta envuelta en las tinieblas de Egipto, las cuales hacen que no vea el despenadero y peligro en que estâ. Pues amanezea aqui un nuevo rayo de luz para que vea como estâ”. SEC. b) La S· 789 Al TORES VARIOS, GRANADA amargura de la penitencia "Pues quien quisiere llegar a este monte ha de pasar por el otro monte; quiero decir que el que quisiere recibir el espiritu del amor, primero ha de sentir el del temor, y quien quisiere sentir en su aima la obra y consolaciôn del Evangelio, primero ha de pasar por la obra y el temor de la ley. Y al aima que asi estâ dispuesta se prometen y ofrecen todas las gracias y tesoros del Evangelio, como lo significo el profeta cuando hablô en persona del Salvador y dijo: El espiritu del Senor estâ en mi, porque él me ungiô con su gracia y me envié a predicar a los mansos, para que curase a los que tenian quebrantado el corazôn y anunciase a los cautivos redenciôn y a los encarcelados lïbertad; para que consolase a los tristes y diese fortaleza a los que lloran a Siôn, y les diese corona por ceniza, y ôleo de alegria por llanto, y palio de alabanza por el espiritu de su tristeza Gs. 61,1-3). Mira aqui por cuântas maneras de metâforas se significan: por una parte, las obras de la ley y de la peniten­ cia, y por otra, la del Evangelio y de la gracia, y como las unas ee prometen por las otras. Y, por tanto, quien quisiere entrar en el palacio de Cris­ to y en la celda de los vinos preciosos del verdadero Salo­ mon, sepa que la puerta es la amargura de la penitencia y la aflicciôn de los trabajos, y que, si por otra quisiera en­ trar, serâ salteador y ladrôn”. c) ASCENSIÔN DEL ESPÎRITU "Sube, pues, hermano, primero con la Esposa al monte de la mirra, que es a la amargura del dolor y mortificaciôn, y oirâs aquellas palabras que se siguen luego: Toda eres hermosa, querida mia, y no hay mâcula en ti... (Cant. 4,7). Y es mucho de notar que este mismo orden que aqui hemos declarado que comûnmente se guarda para hacer murlanza de la vida y subir del pecado a la gracia, ese mismo, generalmente, ^e guarda para subir de una gracia menor a otra mayor.’ Porque, cuando nuestro Senor quiere levantar un aima a cosas mayores, primero la dispone con gemidos, y deseos, y temores, y dolores, y con aflicciones de espiritu, y tra­ bajos de cuerpo para darle sus dones, queriendo que siem­ pre précéda este invierno Uuvioso y tempestuoso al verano florido y fructuoso de sus dones y gracias. Y cuanto ma­ yores han de ser las gracias, tanto suelen ser mayores las aflicciones y deseos que para esto han de précéder”. f* i λ nvrn pfrptbk 790 Π. BEATO JUAN DE AVILA Misericordia de Cristo para con los pecadores (Cf. Servi. iQ, Γίηο el Scûor a btiscar la o v e ia p c rd i da: B AC, Ôbras complétas del Bcalo Juan de Avila t.a P.29S-309.) A) Juzgar segun Dios y no segun los hombres a) JESÛS RECIBE A LOS PECADORES PORQUE VINO A BUSCARLOS En aiguna ocasiôn los judios se dejaron llevar por la mociôn del Espiritu Santo, como en aqimlla' en que confesaron: Nunca ha habido un hombre como este do. 7.46). En otras la desobedecieron. pr-.tendiendo dar a las palabras que el Espiritu Santo nonîa en sus labios un sentido diametralmente opuesto al insnirado, como en nuestro evangelio, cuando murmuran: Este hombre acoge a los pecadores (Le. 15.2). ;Senor!, y si no los recibierais, iqué fuera de nosotros ? No deb’éramos tener parecer alguno propio, sino aceptar el de Dios. Por no haberlo entendido asi los fariseos en este caso y los gentiles después, ponian gran dificultad a la predicaciôn de los apostoles, y era motivo del mayor escândalo la misericordia de Dios, que no acababan de entender posible. Por eso San Pablo muebas veces comienza sus sermones diciendo: Mirad que credis esto. Fidelis sermo (1 Tim. 1,15: 4,9; 3,1). Dice San Agustin: “La fingida santidad echa de si a los pecadores. y la verdadera los recibe”. Ha? una frase parecida en San Gregorio (PL 76.1246) : “Vera iustitia compas­ sionem habet, falsa iustitia dedignationem”. Volved, Seiior, por vuestro honor, que murmuran de vos. Y el Seiior, sin deiar su recto sentir por el mal parecer, se defendiô nroponiéndoles la parabola. iQué hombre de vosotros tiene cien ovejis...? (Lc. 15.4). Por codicia la buscaria cualquier hombre, porque codicia y hombre son una misma cosa; pero yo la bu^co por amor. Cristo vino al mundo a buscar las almas pprdidas. “Si, pues, vino a ello, ^por que le reprendéis que los reciba *LC. 5. AUlOkEb VARIOS. BEATO AVILA b) 791 Objeciones La confianza lleva al perdon. —Padre, mirad lo que decis, porque los mâs que se pierden es por confiar demasiado. —Pues yo os digo al rêvés. Porque dicen: ^Como saldré ahora, que ha tamos aûos que estoy amancebado, y como dejaré este trato? 4 Veis cômo por no confiar en Dios no se atreven a romper con el vicio? —Y icômo saldremos del pecado con tanto trabajo como nos ha de costar? —Haciendo lo que los hebreos cuando se encontraron con el niar delante de ellos y el ejército de Faraôn detrâs (Ex. 14,14). Confiar en Dios. —Pero, ya que Dios me lleve, habrâ de castigarme mucho. —No lo creas. Si temias sus manos duras, miralas ahora horadadas por amor a ti y por pagar tus malos pasos. Si Jesùs nos justifica, iquién nos podrâ condenar? O ^acaso no ha muerto por nosotros e interpela al Padre? (Rom. 8,33-34). Cuando José vio a sus hermanos aterrorizados, les dijo: No os afiijàis y no os pese de haberme vendido, pues para vuestra vida me ha traido Dios aqt» (Gen. 45,5-8). “Asi ex­ cusa Cristo a los pecadores. No os pârezca duro que me vendisteis a los mercaderes. Y si El te excusa, ^quién habrâ que te ose condenar?”... ^Por qué dudas venir a El? Cristo, Esposo despreciado, nos ronda esperando que recordemos su amor. iQué otra cosa es la predicaciôn?... c) VUELVA LA OVEJA A SU PASTOR “Mira que vives por mano del demonio... y el rîo de los deleites de la carne cada dia se seca mâs. Cada dia te vas envejeciendo”... “iPor ventura piensas que te ha de venir Cristo otra vez a redimir y buscar? Redimido estâs; mas si no te vienes a El por fe ni le sigues con obras, ni El muriô por ti, ni El padeciô por ti, ni El pagô por ti. Para ti no ha venido Cris­ to; quiero decir que, si tù no te aprovechas de ella, no te aprovecha mâs su muerte y su pasiôn que si no fuera muer­ to por ti”... iQué hombre, pudiendo pagar sus deudas, dejaria crecer la usura? Y iquién no agradeceria al que se las hubiere pagado aun antes de nacer? LA OVEJA PERDIDA 792 4 d) MOTIVOS DE ALEGRÎA CELESTIAL Tiene el padre varios hijos mayores todos y que habian sabiamente, y, sin embargo, su alegria es porque el pequeno infante pronunciô mal su primera palabra. “Asi, cuando Dios ve que el pecador que estaba mudo habia confesândose, Horando..." Empero, la causa principal paréceme ser la de que, cuan­ do se convierte un pecador, es como si se presentaran los méritos de Cristo, que se le aplican. Entonces aparecen en toda su eficacia la corona de espinas, los azotes, etc., mas preciados al cielo que todos los coros de los ângeies, y viene a la memoria la medicina que fué bastante para curar tanto mal. B) a) Paciencia Aplicaciones con nuestros hermanos "iVeisme venir con la ovejita en mis hombros? Pues quiero decir que vosotros os llevéis unos a otros las cargas y los trabajos y ma.as condiciones”. b) Caridad con los pobres Cristo dice al Padre: Si le quieres castigar a pesar de ser criado mio, piensa que es mi hermano, mi esposo y aun miembro mio. Y si no se puede castigar a la cabeza sin que se duelan los miembros, asi al contrario... Pues, si todos somos miembros de Cristo, recibamos "a estos pobrecitos, que son cosa suya. Y como El nos llevô sobre sus hombros, asi nosotros llevemos a nuestros herma­ nos y no tengamos los hombros de cera”. c) Senal de haber sido sellados por Cristo Tal es el sentir deseo de correr tras El. Si os hiere, luego os veréis preguntando por El y corriendo en pos suyo como el ciervo desea el agua (Ps. 41.2). Porque el Senor en este punto es de los que dicen: “Dejadla, que lo que me hizo pasar por traerla, ahora me lo pagarâ, que yo haré que sepa por experienda lo que yo pasé por ella. Ego ostendam ilh quantum oporteat eum pati pro nomine meo (Act. 9,16)... Tu llamarâs y parecerte ha que no te oigo”. SEC. 5. AUTORES VARIOS. LA PUENTE 793 Cuando te veas con ansias de Cristo y como si no le encontraras, sefial es de que te hallô y quiere que le pagues con tu constancia el trabajo de tu llamamiento. ΙΠ. P. LUIS DE LA PUENTE El celo por las almas El P. La Puente, en su obra Guia espiritual, présenta las obras de celo como âpice de la contemplaciôn (cf. tr.4 c.20-22). Hace nna herniosa sintesis de todas las razones que-deben movernos a él, asf como de los medios de traducirlo a la prâctica (cf. o.c. [ed. Apos­ tolado de la Prensa, 1924] p. 1003-1008). A) Motivos y actos del celo “En estas très celdas que se han puesto, aunque mâs particularmente en la tercera (la contemplaciôn), comunica Nuestro Sefior aquel excelente afecto que llamamos celo de la gloria de Dios y de la salvaciôn de las âlmas. El cuai tiene dos principales fines 0 motivos: uno de amor de Dios, por que su gloria se dilate, y otro de amor del prôjimo, para que todos se salven y alcancen aqui los dones de la gracia y después la vida eterna”. a) OCHO MOTIVOS “Los motivos que Nuestro Senor descubre con su luz... podemos reducir a estos ocho, conviene a saber: la infinita bondad de Dios, que por si misma y por los beneficios que nos hace merece sumamente ser amada de los hombres; el grande amor que Dios nos tiene por ser criaturas suyas, hechas a su imagen y semejanza; y el gran valor de las almas, por haber sido redimidas y compradas con la sangre de Je­ sucristo, habiendo venido del cielo solo a redimirlas; el grande caso que hace aun de los muy pequefios, poniéndolos en su lugar y dici endo que lo que hiciéremos por ellos es como si lo hiciéramos por su divina persona; el rigor con que nos manda que los amemos, no solo como a nosotros mismos, sino como El mismo nos amo; la necesidad que tie­ nen de ser ayudados en sus peligros y trabajos, como se ve por la que nosotros tenemos de semejante ayuda en los nues­ tros; los terribles males de culpa y pena temporal y eterna en que pueden caer, y los admirables bienes de gracia y gloria que pueden esperar y poseer, por ser todos capaces de unos y otros, como lo somos nosotros”. 3 - > LA OVFJA PFRPIDA 794 b) ACTOS INTERIORES DEL CELO Dolor por los pecados "Los actos interinrp·*** 1 819 SPC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS SECCION Jl. TENTOS PONTiFICIOS C) I A) a) ha de observât escrupulosamente cuanto prescribe!! la caridad y la justicia, sino que de manera especial debe mostrarse verdadero padre de los pobres» (ibid., 63 : Col. Enc., p.672-673). f) EL SACERDOTE, ATACANDO EL VICIO CON VIGOR, DEBE AMAR A LOS QUE YERKAN Y DIRIGIRLOS A LA SALVACIÔN CON ARDIENTE CARIDAD «Brille, ademâs, vuestro celo apostôlico con caridad benigna ; porque, si es absolntamente necesario refutar los errores y oponerse à los vicios—a lo cual estamos todos obligados—, es preciso, sin embargo, que el alma del sacerdote esté animada siempre por la compasiôn ; porque es necesario atacar los errores con todo vigor, pero hay que amar a los hermanos que yerran y dirigirlos a la salvaciôn con ardiente caridad. jCuântos bienes, cuântas obras admi­ rables pudieron realizar los santos por su benignidad de espiritu! Y esto en circunstancias tales y con tales hombres, que todo parecia estar Ueno de falacias y de vicios. Sin duda, faltaria a su deber quien para agradar a los hombres halagara sus depravadas intenciones o secundase su modo desordenado de pensar y obrar, con detrimento de la doctrina cristiana y de la rectitud de las costumbres. Pero cuando los preceptos del Evangelio estân salvaguardados y los pecadores estân ani mados por un deseo sincero de vol­ ver al buen camino, entonces recuerde el sacerdote la respuesta del divino Maestro al Principe de los Apôstoles, que le preguntaba cuântas veces debia perdonar a los hermanos (Mt. 18,22) : No te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Pio XII, Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950). g) Que los sacerdotes salgan al encuentro de los ne- CESITADOS, DE LOS POBRES Y DE TODOS LOS QUE SUFREN «Los sacerdotes, siguiendo las huellas dei divino Maestro, salgan al encuentro, en cuanto les sea posible, de las necesidades de los pobres, de los trabajadores y de todos los que sufren, entre los cuales deben contarse, como todos saben, muchos de la clase media y también muchos sacerdotes. No descuiden, sin embargo, a aquellos que, aunque muy ricos en bienes de fortuna, tienen un aima pobre, y que deben ser invitados a cambiar de vida, siguiendo el ejemplo de Zaqueo, que dijo (Le. 19,8) : Daré la mitad de mis bienes a los Pobres, y si a alguno he defraudado, le devuelvo el cuddruploi (ibid.). 821 SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS h) Para llegar mo, ES LABOR a un mundo recaîdo casi en el paganis­ DEL SACERDOTE BUSCAR LOS APÔSTOLES DEL MISMO AMBIENTE «El camino por donde se debe marchar, venerables hermanos, esta seàalado claraniente por las présentés circunstancias. Como en otras épocas de la historia de la Iglesia, hemos de enfrentarnos con un mundo que en gran parte ha recaîdo casi en el paganismo. Si han de volver a Cristo esas clases de hombres que le han negado, es necesario escoger de entre ellos mismos y formar los solJados auxiliares de la Iglesia, que los conozcan bien, y entiendan sus pensamientos y deseos, y puedan penetrar en sus corazones snavemente con una caridad fraternal. Los primeros e inmediatos apôstoles de los obreros han de ser obreros ; los apôstoles dei mun­ do industrial y comercial, industriales y comerciantes. Buscar con afân estos apôstoles seglares, tanto obreros como patronos ; elegir!os prudentemente, educarlos e instruirlos convenientemente, os toca principalmente a vosotros, venerables hermanos, y a vuestro clero» (Pio XI, Quadragesimo anno 58 : Col. Enc., p.627-628). B) El pàrroco y las ovejas perdidas El pArroco se encuentra con el problema alejadas, que huyeron, que no ACEPTAN SER a) DE ALMAS BUSCADAS 0 QUE TAL VEZ BUSCAN LA ENTRADA «Amados hijos, no olvidéis que cada uno de vosotros es pârroco 7 pastor para todos aquellos que viven en el territorio de su parroquia, y a él corresponde una tremenda responsabilidad por el bien de todos ellos. No serâ, pues, diffcil reconocer que hay ovejas que no estân en su rebano : Tengo otras ovejas que no son de este »ebjiio (Io. 10.16), para conduit sin vacilaciones que también a ésas es necesario reunîrlas : 1" tengo que atractlas (ibid.). Es el problema, como veis, de las ovejas que iamâs entraron en el redii ; el proble­ ma de las que huyeron, abandonando la fuente de aguas vivas para buscar alimento y fango en cisternas resecas. Abandonaron la fuen!e de agua viva y abrieron para si cisternas, cisternas resecas Iler. 2,13). Ovejas perdidas, que ni siquiera aceptanan ser buscadas; otras que, por el contrario, agradecerian tropezar con la mirada amable que las descubra y la mano piadosa que las recoja y lasalivie; otras, en fin, que ya se disponen a volver y qtiizâ temen ser ma! recibidas» (Pio XII, A los predicadores ctiarcsmales de Roma, 27 de marzo de 1953). b) Por todas ellas debe permanecer en un estado DE SANTA Y PERENNE ANGUSTIA, ACUDIENDO A BUSCARLAS «Nos os— conjuramos, amados hijos, . ·para que permanezcâis en — ■ « · Λ nn estado de santa y casi perenne angustia por 1as ovejas todavfa lejanas, porque jamâs tuvieron fe o la han perdido. No dudamos ■ que en verano o en invierno, de noche o de dia, cuando vengan a llaniar a vuestra puerta, la encontrarân ya abierta o preparada para abrirse. Y aquellas que no vienen, buscadlas ; y aquellas que quisieran permanecer lejanas y hostiles, reunidlas con el apostohdo de la oraciôn y dei sacrificio, que no conoce obstâculos y es el mâs eficaz de todos» (ibid.). c) haberse alejado, PERMANECEN MUER. TAS DENTRO DEL REDIL, Y EL P.ÂRROCO DEBE PROCURAR SU RESURRECCIÔN Otras ovejas, sin f) Un CRISTIANO CONVENCIDO DEL ESPÎRITU DE CRISTO Y DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA, NO PUEDE PERMANECER EN UN CÔMODO AISLACIONISMO ANTE LAS NECESIDADES DEL IIERMANO «Por el contrario, el espiritu y el ejemplo del Senor, que vino para buscar y salvar lo que estaba perdido ; el precepto del amor y, en general, el sentido social que irradia de la buena nue va ; la historia de la Iglesia, que demuestra cômo ella ha sido siempre el mâs firme y constante sostén de todas las fuerzas del bien v de la paz; les ensenanzas y las exhortaciones de los Romanos Pontifices, especialmente en el decurso de los ùltimos decenios, sobre la con­ ducta de los cristienos para con el prôjimo, con la sociedad y el Estado, todo ello proclama la obligaciôn del creyente de preocuparse, segûn su condiciôn y sus posibilidades, con desinterés y con valor, de las cuestiones que un mundo atormentado y agitado debe resolver en el campo de la justicia social, no menos que en el orden internacional del derecho y de la paz. Un cristiano convencido no puede encerrarse en un cômodo y egofsta «aislacionismoi cuando es testigo de las necesidades y de las miserias de su hermano ; cuando le llegan los gritos de socorro de los desheredados de la fortuna ; cuando conoce las aspiraciones de las clases trabajadoras hacia unas condiciones de vida mâs razonables y justas ; cuando se da cuenta de los abusos de una concepciôn econômica que pone el dinero por encima de los deberes sociales ; cuando no ignora las desviaciones de un intransigente nacionalismo que niega o conculca la solidaridad entre uno y otro pais, solidaridad que impone a cada uno multiples deberes para con la gran familia de las naciones» (Pio ΧΠ, Radiomcnsaj'e en la vispera de Navidad de iqjS). E) a) El Corazon de Jesus y los pecadores El Corazôn Jesûs es fuente de justicia, DE CARIDAD Y de PAZ de «Mâs que nunca, el mundo, turbado, tiene necesidad de justicia, de paz y de caridad ; pero la mayor parte de los hombres buscan en vano esa triple felîcidad lejos de su verdadera fuente, que es el Sagrado Corazôn de Jesûs. Fuente de justicia, ya que este Corazôn, cou sola su vista y con el recuerdo de sus sufrimientos, apacigua de continuo la côlera vengadora y justamente irritada de su Padre... Fuente de paz, pues hasta en la agonia de Getsemani y en su ùltirao latido en el Calvario, ese Corazôn permaneciô inalterablemente sometido a los designios de su Padre, regia suprema de todo or­ den..., y se abandonô apaciblemente en sus manos... Fuente de caridad, pues que este Corazôn fué traspasado, vaciado de toda su sangre, para darnos testimonio Je su amor» (Pio ΧΙΓ, .4 las Reli­ giosas del Sagrado Corazôn, 19 de julio de 1939I. 829 SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS b) I ■ ! ; i Fuente también de celo «El celo es la voluntad ardiente de hacer reinar a Dios por doquiera, la adhesiôn activa de la criatura a la voluntad esencial del Creador, que uo puede tener otra finalidad que a si mismo ; Todo lui hecho Yave para sus fines (l’rov. 16,4). El Verbo divino, cuando toinô carne semejante a la nuestra, sintiô y concentre, como cada uno de nosotros, en su corazôn, con los lalidos de la vida fisica, la reacciôn de los movimientos que experimenta el aima : Btreccioues y repulsiones de donde nacen harto espontâneamente, en le mayoria de los hombre, los deseos desarreglados ; pero que en El, siempre sometidos al aima y ordenados en armoniosa concordancia con la voluntad divina, resultaban el motor y el alimento mismo de su vida moral : Mi alimento es hacer la voluntad del que me euviô (lo. 4,34). De este movimiento interior brotaba, como una llama roda, este ardiente deseo : Padre, venga a nos tu reino, hàgiïc tu voluntad (Mt. 6,10). Con razôn es llamodo el Sagrado Corazôn de Jesûs hoguera de amor : «Cor lesu, fornax ardens caritatis» (cf. Lit. Ssmi. Cordis). Pero quien se aproxima a un horno se abrasa ; quien a él se lanza, se consume ; pues cl fuego jamâs dice: Basta (Prov. 30,16). Entrar en el Sagrado Corazôn es entregarse como una presa voluntaria a las Hamas de su celo» (Pio ΧΠ, I las religiosas y alumnas de los Institutos del Sagrado Corazôn, 15 de mayo de 1940). c) La devociôn al Sagrado Corazôn EXIGE AMOR REPARACIÔN «Jesûs mismo determinô la finalidad de esta devociôn tan predilecta cuando, en la mâs célébré de las apariciones a Santa Mar­ garita Maria Alacoque, rompiô en aquellas doloridas palabras : «Mira este Corazôn que tanto ha amado a los hombres, que los ha colmado de tantos bénéficies, que nada ha perdonado hasta agotarsî y consuinirse para testimoniales su amor ; y, en cambio, no recibe de la mayor parte de ellos sino ingratitudes.» Amor y reparaciôn. Ved lo que en modo especialisimo exige esta devociôn : amor, para corresponder a quien tanto nos amô ; reparaciôn, para resarcir los ultrajes inferidos a tan infinito amor» (Pio XII, A los recién casados, 14 de junio de 1939). ri) Frente al orgullo y la depresiôn moral de hoy, se DEBE FOMENTAR EL CULTO DEL S.AGRADO CORAZÔN, PARA LA GLORIA DE DlOS Y LA SALVACIÔN DE LAS ALMAS . Creo que fué esta explicaciôn la que marcô el estribillo de aquel dia y de todos los siguientes. Fué un dia en que mi corazôn se llenô de alegria y dicha. Cuando las nubes de la duda se hubieron despejado, comprend! que pôr esta capilla habia entrado en casa. Por eso todo me parecia natural. Era de alii. No era un extrano dentro de casa o un huésped recibi­ do con cortesia. Por fin estaba en casa de mi Padre, y El la habia hecho mia» (cf. John O’Brien, Los prodigios de la gracia. Conver­ siôn de la insigne novelista americana Frances Parkinson Kayes, p.61-63). • ·. >· * * * SECCION VIII. r <* ■ GUIGNES HOMILETICOS SERIEI: LITURGICOS La Resta del Corazôn de Jesûs I. La liturgia conduce a la piedad confiada y gozosa. A. Nuestra piedad depende en gran parte de la idea que habitualmente tenemos de Dios. Très clases de piedad podrian seiïalarse: de temor, de esperanza, de caridad amorosa y confiada. De la diferentc manera de considcrar a Dios brota la clase de piedad. b) Cuando se considéra a Dios Padrc, su bondad, pro­ videnda, amor..., brota en nosotros la confianza ciega, cl abandono absoluto en sus brazos. a) B. Tal es la piedad que infunde la liturgia. ’ Nos muestra a Dios como el Padre de todo consuclo, de quien todo bien procede; a Cristo, amândonos y perdonândonos; y al Espiritu Santo, como tdulce Huésped de las aimas . * b) Por esto, quienquicra que recorra las fôrmulas litürgicas y estudio los sentimientos en ellas manifestados enconlrarà que uno de los mas abundantes es nuestro amor y confianza en el Padrc, Hijo y Espi­ ritu Santo. Asi, en la colecta de la misa «in die obitus» de I. difuntos, la Iglesia suplica a Dios la compasiôn por el alma del difunto y parece éxeusar incluso las faltas y pecados para resaltar ante el Seüor lo bueno : «Para que el que creyô y esperô en ti... no soporte las penas del infierno». Mâs claramente se insiste en esto en 1as preces 2. de la recomendaciôn del aima al decir ; «Pues aunque pecô, no negô al Padre y al Hijo y al Es­ piritu Santo». De El corazôn de Cristo I. El amor de Cristo. Las dos parabolas del evangelio de hoy nos en­ senan la misericordia de Jesus. a) No es lo mismo misericordia que amor. b) Aquilla es la manifestaciôn inconfundible de isle. De aqui que las pardbolas de hoy descubran el SEC. 8. GUIONES HOMILETICOS 849 amor de Jesûs, aunque sôlo sea en un aspecto par­ tial (cf. supra, Fray Diego de Estella, p.797, b). B. Este amor de Cristo serâ objeto del présente guiôn. Tema muy propio para el actual domingo infraoctava de la fiesta del Corazôn de Jesûs. Π. Todos los misterios de Cristo predican amor. A. En la parâbola primera, a) La ovcja perdida représenta al género humano, caib) C) do en el pecado original. El pastor al Verbo, que se hace hombre para redimirnos. La redenciôn fué la gran obra de misericordia y de amor. B. El amor de Cristo puede considerarse como fuen­ te inagotable de dones: la encarnaciôn, la pasiôn, los sacramentos. Todo este amor se puede considerar como si a ml particularmente se refiriese. b) Todo él estâ simbolizado en cl Corazôn de Jésus. Una puerta se abriô en él por la Lanza del soldado para que por ella pudieran entrar todos, por peca­ dores e ingratos que Jueran (cf. lo. 19,31-37). c) El Corazôn de Jesûs simboliza, ante todo, su amor humano; pero, ademâs, es también manifestaciôn del amor divino. III. Nuestra correspondencia. A. Amor con amor se paga. Por tanto, la correspon­ dencia mejor al amor de Cristo serâ nuestro amor. B. Para que este amor sea completo ha de ser afectivo y efectivo. a) Amor afectivo. I. Consiste en los sentimientos del aima ante la persona amada : complacencia, admiraciôn, gracia, etc. Este amor engendra después la alabanza. Se necesita amar a Jesucristo con afecto. 2. r.· Por un lado, nuestro propio amor Ίο necesita, pues 2. al amarlo asi, no puede rcsistir a la admiraciôn y complacencia que experimenta. Por otro lado, Cristo lo dice, Cuando los fariseos Pc· dfan a Jésus que reprendiera a las turbas que grita· ban: iBendito sea cl que viene en nombre del Serior», les respondiô: iEn verdad os digo que, si ellos se callan, hablarân las piedras» (Lc. 19,37-40). Los santos han tenido este amor afectivo. 1. · San Francisco de Asis hasta por los caminos las divinas alabanzas (cf. Joergensen, «Vida Francisco» t.2 c.r). 2. · Santa Maria Magdalena de Pazzis gritaba claustros de su monasterio: tiOh amor! iQh cantaba de San Por los amor!» n la oveja perdi da b) Xo basta el amor afectivo. Ha de traducirse en las obras. i. Amor efectivo. «Si me ûinâis—dice Jesûs—, guar dad mis mandamientos» (lo. 14,15). 2. Esta es la piedra de toque del verdadero afecto. Aimas kay que se derriten en Idgrintas y Que, sin embargo, no se preocupan de marti/icar sus pasiones, destruir sus habitos malos y apartarsc de las ocasiones de Pecar; les desalicnta la tentaciôn y murmuran en presencia de cualquier contratiempo. No aman bien al Seflor. Se le ama de verdad cantando sus per/ecciones con todas las fuerzas del aima. Es cierto. Pero, ademis, lamentando las injurias que se hacen a su corazôn, ojreciôndole humildes reparaciones y, sobre todo, pro­ curando obcdecerle, aceptar las disposiciones de su providcncia y gastdndonos por su gloria, si Juera Pre. ciso. El ejemplo de San Pablo. Ha comprendido “cual es la anchura, la longura, la altura y la profundidad de la caridad de Cris­ to” (Eph. 3,18). B. Por eso exclama: “;Quién nos arrebatarâ el amor de Cristo?” (Rom. 8,35). Pablo le ama, y por El: a) tCinco veces reeibt de los judios cuarenta azotes menos unos (2 Cor. 11,24). b) tTres veces fui azotado con varas, una vez fui apedreado, très veces padeci naufragio, un dia y una noche pasc en los abismos del mart». c) tMuchas veces en viaje me vi en peligros de rios, peligros de ladrones, peligros de los de mi Una je, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, pe­ ligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos». d) tTrabajos y miserias en prolongadas vigilias, en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en frio y en desnudez·». •Esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados de cada dia, de la preocupaciôn por todas las iglesias» (2 Cor. 11,24-28). Falta de amor. No hay amor en el mundo. a) En las relaciones de unos pueblos con otros, de gobernantes con siibditos, de patronos con obreros. b) En el desarrollo de la vida social, donde imperan los egoismos, envidias, odios. B. Los cristianos aman poco a Cristo. Hablamos de amor efectivo. El Senor mismo se quejaba a San­ ta Margarita Maria: "He aqui este corazôn que tanto ha amado a los hombres, y en correspondencia solo recibe ingratitudes”. I SEC. 8. GUIGNES HOM HJ’.TI COS 851 ai El tiempo de verano, sobre todo, es'tiempo de escândalos. cSe ama a Cristo en las playas, fiestas, modas.f Sin embargo, las organizan y frccuentan los cristianos. b) Muchos fieles se formait una doble concienda. Para el verano y para todo otro tiempo. Se hace una mo­ ral acomodaticia, sin Evangelio, a gusto y capricho. c) Pio XII ha reprobado el cxistcncialismo ético, segûn cl cual la moral varia con las distintas circunstancias en que sc encuentra el sujeto. C. El amor verdadero a Jesucristo ha de ser incondicional. “El cristianismo es el amor de Dios manifestado al mundo por Cristo, y toda nuestra re­ ligion cristiana puede reducirse a contemplar este amor en Cristo y responder al amor de Cristo para unirnos a E]” (cf. Columba Marmiôn, “Jesucristo en sus misterios” c,19). Las dimensiones del corazôn de Cristo Medio de conocerlas. A. El apôstol San Pablo: a) Ha recibido gracia particular para conocer y misiôn b) c) especial para propagar entre los gentiles «.las inson­ dables riquezas de Cristo?. Sin embargo, encuentra tan sobrehumano el poder vislumbrarlas siquiera, que dobla sus rodillas ante el Padre y le suplica nos concéda la gracia de «poder comprcndcr la anchura y la largura, la altura y la profundidad y cl inmenso amor de Cristo, que sobrepuja a todo entendimicnto? (Eph. 3,18-9). Es, por tanto, necesario la luz de lo alto para comprender cada dia mâs cl valor del amor que Cristo nos tiene. B. Por los frutos: a) Esta es la norma para conocer hasta dônde ha llegado el amor de Cristo al hombre. Hasta dônde ha tenido que ir y va caua dia Iras la oveja perdlda. b) Estas frutos sc conocen por la revelation sobrcnatural y, consecucntemente, con la je. c) Cada dia, no obstante, puede crccerse en el conoclrniento de su amor y jamâs llegaremos a desentraiiar no sôlo la caridad que se cncicrra en el corazôn de Cristo, pero ni siquiera el valor infinito de sus me· nifestaciones mâs çlaras. Sri M *11· v- LA OVEJA PE K DI DA — II. Medidas de la misericordia. A. Se nos han ofrecido por Dios las manifestaciones mâs claras de su misericordia en estos hechos de profundidad insondable: a) Misterio infinito de condescendenda encerrado en las b) c) d) f) palabras.· *El Verbo se hizo carne y habitô entre * nosotros (lo. 1,14). Misterio de infinitas propordones de una vida divina reducida a voluntaria pobreza, anonadamiento, trabajo cotidiano, humildad, mansedumbre, obediencia has­ ta la muerte, para dar ejemplo de vida al hombre (cf. supra, Fray Luis de Granada, p.ySô, A). Misterio sorprendente de su predicadôn. Busca al enfermo, al pobre, al pecador. 2. En las parabolas de la misericordia hace el retrato vivo de su corazôn. Junto a la samaritana, la pecadora pùblica, la Mag­ dalena, Judas y otros, se presienten las dimensio­ nes inacabables de la misericordia del Salvador (cf. supra, Fray Diego de Estella, p.ÿpô, A). La instituciôn de la Sagrada Eucaristia, de propordones tan inauditas, que llcga la tradiciôn catolica a llamarla: •Mysterium fidei», por la profundidad del mismo. 2. «Mysterium amoris», por el amor que en él nos da y manifiesta. Pero siempre misterio, porque excede la capacidad de la criatura. tMc amô y se entregô» (Gai. 2,20). He aqui, declarada por San Pablo,, la sintesis del mâs profundo mis­ terio de la misericordia de Dios hacia el hombre: su pasiôn y muerte. 1. Su aima, triste hasta la muerte. 2. Su cuerpo, envuelto en sudor de sangre, azotado, coronado de espinas, crucificado. 3. Su honor, ultrajado ante los tribunales. El, tratado como malhechor y blasfemo. 4. No escatimô nada al hombre. Ningûn acto de sus potencias espirituales, ningûn miembro de su cuerpo. Todo él fué campo de prueba del amor que nos tuvo. Toda su sangre la diô ; no hubo dolor y afrenta que no recibiese. Para cada uno en particular ha tenido Dios: i. El llamamiento a la Iglesia, a la gracia, a la par­ ticipaciôn en los sacramentos, a la bienaventuranza. 2. Las gracias particulares con que conduce a cada uno, y que pertenecen al campo del conocimiento privado ; todas constituyen la historia del amor intimo a mi aima. SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 853 B. Sabiamos de antemano que en el corazôn de Cristo se habian dado cita dos abismos insondables de amor. a) b) c) Todo el amor de Dios, infinito, que aporta su perso­ na divina. Todo el amor de su corazôn humano, de proportiones inauditas y de valor infinito también. Pero, aun asi, nos sorprenden cada dia las manifes­ tationes que ha tenido dicho amor. ΙΠ. Manifestationes que sobrepujan toda inteligencia. A. En su raiz, esta no es otra çfue la esencia misma de Dios. a) tDios es amor» (1 lo. 4,8), y Jesucristo es Dios. b) Su esencia es amor, y sus manifestationes son amor inefable, que supera la capacidad intelectual de toda criatura. B. En los efectos que producen. a) El amor hace una cosa al amante con el amado : tTodo lo mio es tuyo, y todo lo tuyo es mio» (Io. 17,10). i. Cristo nos ama y hace esta misteriosa unidad. Por el bautismo se nos comunica la gracia. 2. La gracia santificante destruye la barrera que nos separa de Cristo y nos incorpora al mismo con una perfecta unidad de vida. b) En virtud de esta unidad mistica se establece una corriente perfecta de méritos, de satisfactiones, de orationes que bajan de la Cabeza a los miembros. 1. Y todo lo nuestro es de Cristo. Sufre, se humilia, padece hambre, se mortifica, alaba al Padre en cada uno de sus miembros. 2. La mâs misteriosa corriente de los miembros a la Cabeza es que se apropia nuestros pecados para satisfacer por los mismos. IV. Conclusion. Pidamos con San Pablo un conocimiento cada dia mâs profundo de las dimensiones del corazôn de Jesucristo. El Apôstol lo conociô, se entregô a su amor y se dedicô a buscarle amadores. LK OVEJA PERDI DA 854 Gozo del Corazôn de Jesûs I La fiesta del Sagrado Corazôn. A. Estâmes dentro de la octava de la fiesta del Sa­ grado Corazôn de Jesûs. e) Eh esta fiesta se da culto a Jesucristo, que nos ama tan entraùablemente y que, en cambio, ha recibido de parte del hombre la paga de la ingratitud. b) Para preparation eficaz de esc amor no corresponâido y positivamentc ofendido veamos; 1. Cnâles son los gozos que alegran su corazôn. 2. Qué debemos hacer en nuestra vida individual para ser gozo suyo. 3. Qué medios utilizaremos para que los demâs tariibién lo sean. B. El evangelio de las parabolas de la misericordia nos da la respuesta del mismo Jesucristo sobre estos extremos. II. Gozo por la conversiôn del pecador. A. Lo afirma el mismo Jesucristo en el Evangelio. a) Cuando encucntra la oveja perdida y la dracma, «u regoeijo especial llcna el corazôn de quien la btisca. b) El es cl Bucn Pastor (lo. 10), que ha venido a buscar la oveja que se habia perdido (lo. 10,16), para que tenga vida, y vida sobreabundante (lo. 10.10). c) La conversion del pecador causa la alcgria de Jesucristo, y, por el contrario, la pcrditiôn de la misma es fuente de su dolor (cf. supra, San Gregorio Magno, p.770, b). B. Aprendamos: a) l-a verdadera justicia de Cristo. 1. La que odia el pecado y se compadece de los pecadores. 2. Esta debe ser la actitud del cristiano ante el pecador: x.· No contaxiarse de su preado. 2. * Usar, cuando sea conveniente. amonestaciones caritativas y severas al mismo tiempo. 3. · Apartarse de él cuando lo pidc la verdadera virtud. 4. · Pero siempre con humildad, anteponiendo en su co­ razôn al pecador, con un verdadero celo por su con­ versiôn b) La falsa justicia de los fariseos: 1. Se apartan del pecador. 2. Se enorgullecen de su falsa justicia. w · - r SEC. 8. GUIONES HOMÎLÉTICOS 855 Desprecian a los pecadores y no tienen compasiôn de los débiles. i C. Tengamos los mismos sentimientos de Cristo. Esta escena nos enseôa: a) Ixi auténtica alegria del cristiano. Los verdaderos amigos y jieles servldores de Cristo dcbcn regocijarse, con el Salvador, del bien espiritual de las aimas, lo mismo que debcn contristarse de su pérdida. b) Jesûs dice; tHc hallado mi oveja». I. La oveja perdida, el pecador, es siempre oveja de Cristo, tanto mâs suya cuanto entonces necesita mâs del médico que la cure (Le. 5,31). 2. Luego todo el celo y trabajo que se consagra a la conversiôn del pecador, el Salvador lo recibe como consagrados a El. c) Si un vaso de agua fria dado en su nombre al sediento es un obsequio que merece el ciento por uno y la vida eterna (Alt. 25,37), la recompensa del apostolado, que ojrece el agua de la gracia a las aimas, ha de tener necesariamente la paga mâs subida en jrutos de propia santijicaciôn y de gloria eterna. R ■' J t fi r III. Gozo que se comunica. A. El pastor que encuentra la oveja, lo mismo que la mujer al hallar su dracma, convocan a los ami­ gos para hacerles participes de su gozo. a) No les habïan hecho saber su tristeza, que reservaron para si; pero el gozo lo comunican en seguida. b) Es un ejemplo exacto del dogma de la comuniôn de los santos: uno s fieles tienen parte en los bicncs espirituales de los otros como miembros que son de un mismo cuerpo. Comunicaciôn del cielo con la tierra en el corazôn de Cristo. B. Asi se derrama del corazôn de Jesucristo en Ιο­ das direcciones, la alegria del pecador que vuelve a los brazos del Padre. a) Alegria del cielo (cf. supra, Beato Juan de Aviea, p.792, d). Se alegran: Dios, a quien se le devuelve una criatura muy ί. querida. 2. Jesucristo, porque sti redenciôn ha fructificado en un aima. Maria Santisima, porque ha recobrado un hijo. Los ângeles, porque aprecian el valor de un aima. Los bienaventurados, porque reciben a su hermano. 6. El ângel de la guarda, que ve los frutos de su misiôn cumplida. :·■ LA OVEJA PERDIDA — b) Alegria en la tierra. 1. En el corazôn del pecador que se convierte. El pecador que se convierte tiene experiencia de que las lâgrimas de su arrepentimiento son un tesoro de verdadera y sana alegria, que supera con creces a cuanto pensaron encontrar en su vida de pecado anterior. 2. En el corazôn de todos los que ven este dichoso cambio y son verdaderos cristianos. IV. Conclusion. Una doble aplicaciôn. A. Para cuantos somos pecadores: pensar en el evan­ gelio de la oveja perdida y proporcionar gozo al cielo y a la tierra con nuestra sincera conversion. B. Para cuantos viven en gracia: esforzarse en ha­ cer participantes de ella a los que viven alejados de Dios, proporcionando con ello dias de gozo al cielo y a la tierra. El pecador, oveja perdida I. Las parabolas de la misericordia. A. Se complétai! entre si para darnos una doble imagen. a) La de Cristo en el ejercicio de su misericordia. b) La del pecador en su desgracia. Este es la dracma y la oveja perdida y el hijo prôdigo, que déjà la casa paterna. B. Encierran la vida de cada uno de los hombres. To­ dos en ellas tienen el resumen de su propia histo­ ria (cf. supra, Taulero, p.799, A). Bustran y alientan para detestar el pecado y para volver confiados a los brazos del pastor. Veamos la imagen del pecador. pecador se aleja. A. De Dios. Como la oveja perdida y el hijo prôdigo (cf. supra, Bossuet, p.811, b). a) Necesarianiente vive lejos de Dios. 1. Porque no se puede servir a Dios y a las rique­ zas (Mt. 6,24). 2. Ni puede existir alianza entre Cristo y Belial (2 Cor. 6,15). SEC. 8. GUIONES HOMXLETICOS 857 bi El pecador se aleja. Es el primero que rompe su comunicaciôn con Dios, y, como consecuencia, Dios se aleja de él. El jK'cador dice a Dios: «Retlrate de mi, no quie­ ro saber nada de tus mandamientos» (lob 21,14). Es el clamor del pueblo judio. Piden a Barrabâs ; no quieren que Cristo reine sobre ellos (Le. 19,14). c) Dios no abandona a nadie si no se le abandona pri­ mera a El. d) Pero tampoco quiere retener a la oveja a su pesar. Dios déjà al hombre su libertad. α. B. De la sociedad, es decir, de la Iglesia, en un grado mâs o menos intenso. a) Por cl pecado -mortal: 1. Se aleja de la vida sobrenatural. 2. Cierra el paso a los beneficios de la gracia santificante, que continuamente aumentarfa en su aima si viviera en caridad. b) Por la herejia y el cisma se aparta tataïmente aun del mismo cuerpo visible de la Iglesia (cf. supra, San Agustîn, p.759, b). c) La excomuniôn perfecta también hace al pecador alejarse de la Iglesia. Es castigo impuesto por ella, pcro el pecador vivia ya alejado por el pecado, que ha motivado la pena eclesiâstica. ΙΠ. Causas de esa huîda. A. Por ignorancia. No tiene conocimiento perfecto: a) De la bondad del Pastor. b) Ni de los biencs que éste posée. c) Ni de las ventajas de que goza en la sociedad de los justas. B. Porque le cuesta trabajo: Obedecer los mandamientos, que le imponen limi­ tationes en los deseos de su corazôn. b) Scguir las huellas de Cristo por el camino de la cruz y de la mortification, que es el ûnico para caminar bajo el cayado del Buen Pastor. a) C. Porque prefiere los pastos del mundo, que halagan sus pasiones y cautivan sus sentidos; y je disgustan los pastos de Jésus, que son su doctri­ na y sus sacramentos. Porque lo retiene todo para si. a) b) c) I^as ovejas que sc alejan del pastor no dan leche, ni lana, ni corderas. El pecador no quiere sacrificar nada a Dios. Todo lo rclaciona con su amor propio, sus facultades, sus obras, sus bienes (cf. supra, Bossuet, p.813, c y d). IV. Pierde los pastos verdaderos. A. Disipa todos los tesoros do naturaleza y gracia que se le han concedido (cf. supra, Massillon, p.815, b). a) La gracia de Dios con la caridad y todas las virtti­ des y dones sobrenaturales. b) Se embota su inteligencia, que no conoce ya a Dios, ni las riqitczas de la virtud, ni la infamia y fealdad del vicio. c) La memoria se debilita y no recuerda la ley de Dios, los bénéficias recibidos del Creador ni los deberes propios. d) 5w voluntad se pervierte, hasta el punto de Hegar a preferir la criatura al ^reador, el demonio a Dios, el infierno al cielo. e) Incluso las fuerzas corporales se emplean cn servicio del pecado. B. Vive en la penuria y el hambre. a) .41 fin, la oveja llega a tener concienda del hambre que padece lejos de Dios. b) El hijo prddigo es la imagen perfecta de esta situacion espiritual (Lc. 15,14 ss.). c) La razon la da San Agustin: Henios sido creados para Dios, y nuestro corazôn està inquieto hasta que descanse en Dios. C. Se debilitan sus fuerzas. La virtud es fortaleza del espiritu, mientras la pasion y cl pecado lo cnervan y le quitan el vigor. b) Los remordimientos que siguen a la culpa abaten el animo del pecador. c) Al pecador le /alla la gracia, que es la fortaleza de los màrtires, de los apôstolcs y de los santos. d) Llega a minarse incluso su salud corporal. a) V. Cae en poder del demonio. A. El que no quiere permanecer en el rebano de Cris­ to debe pasar al rebano del demonio, que es re­ bano de esclavos. B. Las fieras de sus pasiones también lo esclavizan. C. El mundo se ensenorea del pecador. D. Y si no vuelve al rebano de Cristo, quedarâ eternamente bajo el yugo de Satanâs en el infierno. SEC. 8. GUJtONES HOMILÉTICOS La oveja perdida: el pueblo I. El gran escândalo de nuestros tiempos. A. Al decir pueblo, significamos la masa obrera -de las ciudades y de muchos lugares del campo. Incluimos también parte de la clase media de empleados, si bien en proporciôn mâs reducida. B. No es necesario insistir en que el gran escândalo de nuestros tiempos consiste en la apostasia de esa masa. a) En unas naciones mâs y en olras menas. En algunas casi totalmcntc, hasta necesitar que su apostolado reciba el nombre de amisiôn». b) En nuestra Patria, en unas regiones mâs, hasta Yonvertirse en hostilidad ; en otras menas, pues conscrvan todavia un uago sentir cristiano. c) En unos lugares, perdida la nociôn de la moral; en otros conservândola casi integra. d) La ignoranda religiosa en todos los paises. il. Ante la masa pueden tomarse varias posturas. A. El selecto Horacio: “Odi profanum vulgus et ar­ ceo” (cf. “Odas” Π 1,1), encuentra la traduction de su exquisitez literaria en la comodidad ele­ gante burguesa, que puede muy bien Hegar al sacerdote. Eirir en las propias comodidadcs y ambiente cultu­ ral y olvidar, si no repugnar, al pobre y humildc, aun cuando a veces se hable en teoria de él. b) Postura cruel, pero real. Las comodidadcs y el bienestar separan del pueblo. El mismo pobre, cuando se cnriquece, suele ser una prueba de ello. Postura anticristiana. a) B. Otra postura, a veces reaction contra la primera, a veces prurito de llamar la atenciôn o de conquistar positiones: la de ir al pueblo para incen­ diario, predicando odios. a) Es la postura del revolucionario y del orador fâcil. b) Eh aquél puede existir intcncion recta, aunque equivocada; el pecado de este, en cambio, es grande. La tercera postura es la de ir al pueblo para buscar su bien. Pero aun en ésta existen modalidades distintas. a) El modo laico. j. La masoneria, el laicismo, a veces el protestan­ tisme, buscan un bien sin Dios, al que dan diver­ sos nombres, segûn las etapas politicas. 2. Tienen también sus «figuras inolvidables», nom­ bres que ha hecho populares cierta literatura ex­ tra njera. 3. Y sus hospitales, obras de asistencia y civilizaciôn, pedagôgicas, etc. 4. Admitamos la buena intenciôn. S π pongamos la constancia en los seguidores del primer impulso. Pero éste no puede ser el verdadero bien. b) El· modo cristiano. . 1. El pueblo es la oveja de Dios. Amor de Dios a los hombres, redenciôn, etc. 2. El pueblo encuentra su bien supremo en el cielo, y el primer objeto de la caridad para con los hombres es desearles ese cielo. 3. El pueblo es la oveja extraviada del redii del Se­ nor, que la ama. Por lo tanto, yo la amo mâs, precisamente porque lo necesita mâs. vagar sucia y csauilmada, sin redit donde cobijarse caliente y segura? 1* Quien no se lance a las obras para encontrar las ove· jas, no diga aue ama de veras al pastor. 3.· J La abandonaremos en sus circunstancias de miseria, saledad e ignorancia, sabiendo aue, si se lia extraviado, ha sido Precisamente por esas circunstancias T x.· »·Ζ.α dejarrmos 4. Vengan, pues, todos los adelantos y remedies del filântropo, pero infundâmosles la vida de la cari­ dad y ordenémoslos hacia el fin supremo. Si no, ezotamos el aire (cf. supra, San Juan Crisôstomo, p.756, b). c) Pero aun dentro de este modo cristiano pueden darse ilusiones. 1. Una de ellas es la de creer que hacemos algo por el obrero limitândonos a fundar pequeôisimas instituciones, en las que vemos a una decena de ellos, educados por sus padres cristianamente y sin brio alguno. Eso es bueno, pero no es ir al pueblo. 2. Otra la de imaginarnos que vamos hacia el pue­ blo cuando queremos que él venga a nosotros. Queremos que él sea como nosotros, sin preoenparnos de ser nosotros como él, de traducir al tiempo présente el «hacerse todo para todos». Hi. Ir al pueblo es amarle. A. El que ama siente como el amado. Nosotros de­ be mos considerar como el primer paso en pos de la oveja procurar sentir como ella. a) Captar la mcntalldad del pueblo y en lo bueno sen­ tir como él. A veces ni conocemos los problemas del SEC. 8. GUIGNES HOMILETICOS 861 pueblo sino de un modo general y vago. Otras creemos que él no conoce las soluciones anticristianas ni los defectos présentés, y lo conoce todo p crje cla­ ment e. b) Para sentir como él, no hace falta vivir como él en todos los ôrdenes de trabajo, domicilio, etc. Pero hace falta vivir mis con él. Aprender de él para desp-ués poder trabajar sobre él. Un grave error seria el -de no hacer nada por creer que hay que hacer demasiado: el no ir al pueblo imaginândose que para ir hay que emprender grandes empresas, fundar magnificas escuelas técnicas, etc. Π ’ a) Todo esto la Iglesia lo bendice, pero no es posible ni en todas partes ni para todos. b) En cambio, la Iglesia tiene sus medios de siempre. Los oficiales, que, practicados con toda sinceridad y Poniendo toda el aima, son un medio eficacisimo de ir al pueblo. i. La visita de los enfermos, la de pésame y compafiia en las circunstancias tristes, la caridad, el catecismo, la visita domiciliaria, no del amigo, sino del feligrés. He aqui un verdadero ir al pueblo. a. ·α no guardan la Pureza de su vida o lecho con· yugal, pues unos a otros se matan con asechanzas o con adulte fio se infamant. 3. · «F : Celo misericordioso del apôstol celo de Jesucristo. Las parabolas del evangelio de hoy reflejan el celo de Jesûs. Senalan, ademâs, una caracteristica esencial del buen celo: su misericordia. Cristo, modelo de vida cristiana, lo es también, y de modo especial, de apôstoles. Han de imitarle éstos en su celo misericordioso (cf. supra, San Francisco de Sales, p.807,3). al Principalmente los sacerdotes. b) Pero ademâs todo cristiano, porque cualquiera que ame a Dios y a Jesucristo ha de estar adornado del verdadero celo (cf. supra, La Puente, p.795, B). celo malo. El de los fariseos. a) A parent emente se muestran afanosos por la gloria de Dios y su reinado en las aimas. Es, sin embargo, celo tamargot, falto de misericordia y, por ende, /also. b) Arrancaba de su orgullo. 1. Tenian ideas equivocadas de su propia perfecciôn y no concebian otro ideal que el suyo. 2. Acusaban y censuraban a cuantos no se conformaban con ellos. 3. Pretendian mâs la exteriorizaciôn de su falsa vir­ tud que la gloria de Dios. c) Cuantos les imitan no estân animados del verdadero celo. 1. «Ejercemos sobre nuestros hermanos cierta tirania, les manifestâmes acritud y desprecio, nos convertîmes en sus censores y olvidamos su calidad de hermanos». 2. «Tal era el vicio de los fariseos ; no era la compasiôn por las humanas flaquezas lo que les hacia reprender los pecados de los hombres ; se creian los unicos impecables, y asi desdenaban tratar con pecadores y publicanos». 3. «Se constituian en censores publicos, no para la­ mentar y corregir los pecados, sino para encumbrarse sobre los demâs y mostrar orgullosamente su santidad» (cf. Von Hildebrand, «Nuestra transformaciôn en Cristo» [1953] t.2 p.238). Falso es también el celo impetuoso, turbulento, apasionado. SEC. R. GUIONES TIOMTT.F.TÏCOS Como cl deserito en la parôbola de la cizafia : Quie> res que vayamos y arranquemos la cizaüaT» (Mt. 13.28). Como el de los discipulos Santiago y Juan, que, in­ dignados al no ser redbidos por los Samaritanos, ex­ daman: tScüor, 4 quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma T... Jésus les reprendiô» (Le. 9,54-56). HI. El celo bueno. A. Es clâsico y muy comcntado el texto de San Bor­ nardo acerca del celo bueno. a) tA prende, cristiano, de Cristo cômo has de amarle. A prende a amarle dulcemente, a amarle prudenteniente, a amarle valerosamente...» b) «La caridad inflame tu celo..., la ciencia lo ordene.... Ia constanda lo afirme». c) tSca fervoroso esc celo; sea circunspedo, invencible. No sea tibio ni carezca de discreciôn ni de fortale­ za...·» (cf. «Sermones sobre el Cantar de los Cantares» 20,4 : BAC, «Obras escogidas» p.862). B. Son muchas las cualidades que debe revestir el buen celo. a) Fâcilmente se aprecia que, entre todas, sobresale la caridad. b) A ella queremos limitarnos, bajo el aspecto de mise­ ricordia, por ser la cualidad rcsaltada en el evangelio de hoy. IV. La misericordia en el buen celo. A. La misericordia, rectamente entendida, con lo que supone o exige, es caracteristica esencial del buen celo. B. Incluye, diriamos, toda otra cualidad. La misericordia es una forma peculiar del amor. El amor ante la miseria. Un amor activo que impulsa a inclinarnos ante ella para remediarla y socorrerla. b) Mas, si el misericordioso descubre la miseria en el prôjimo, no menos descubre a Dios. Su mirada profundiza mâs allô de la miseria, considera al hombre tin conspectu Deh, ten la mirada de Dios·», descubriendo su grandeza y nobleza, como imagen y semejanza e hijo de Dios. Esto, y no otros titulos, empuia al misericordioso al ado de su virtud. c) Un pensador ha dicho que tsôlo puede participar en esta virtud especificamcnte divina de la misericordia aquel que haya alcanzado la sobcrania sobrenatural, que deriva de la verdadera libertad; la soberania caraderistica de quien sôlo busca el reino de Dios y su justicia, que no aguarda nada de las propias fuerzas. a) U' S86 TA OVEJA PERDIDA sino de Dios» (cf. Von Hildebrand, «Nuestra transforniaciôn en Cristo> [ed. Patmos, 1953) t.2 p.243). 1. Si pretendemos analizar esta soberania espiritual, podemos decir que estâ constitufda : 2. De humildad. El encastillado en su amor propio o soberbia es duro de corazôn, ambicioso y des· preocupado e indiferente ante las miserias ajenas. 3. De magnanimidad. 1. · La convlcciôn de nuestra suPerioridad respecto del miserable es obstdeulo a la autfntica misericordia 2. * El misericordioso nunca ha de explotar su posiciôn superior Ha de cchar mano de cuantos esfuerzos y sacrifices scan nccfsarios para no hacer ver al mise­ rable su situaciôn inferior. 3 · Esto es propio de la magnanimidad. 4. De vida en Cristo. Si la misericordia es sello inconfundîble de la vida de Cristo, que pasô por la tierra haciendo misericordia, es también cierto que ünicamente quien vive de Cristo puede poseerla. C. El celo misericordioso. a) Es el celo de Cristo. El que ünicamente debeinos imitor nosotros. b) Resumiendo lo onterionnente dicho, aüadiremos que, para que se dé, es nccesario que exista lo slguicnte: 1. Se haga por Dios, amando a El en el prôjimo. 2. Se sobrelleven con paciencia las miserias, delec­ tos, pecados ajenos. 3. Se entreguen al servicio del prôjimo para reme­ diar la miseria v llevarle a Dios. V. La fuente del verdadero celo. A. No puede ser otra que Dios por Jesucristo. La misericordia es virtud divina, y Dios la da cuando las aimas se ponen en contacto con El. B. De aqui que la mejor fuente de celo sea la vida interior, que nos liga mâs a Dios y a las aimas por Dios. ’ C. Fuente de celo serâ también volver con frecuencia nuestros ojos al corazôn de Jesûs y considerar que estamos rodeados de su misericordia como del aire que respiramos: “De la misericordia de Yavé estâ llena la tierra” (Ps. 32,5). SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 887 17 Celo y tristeza: Elias I. Un hecho corriente. A. Es un hecho corriente acogido por la historia el que los hombres de gran celo padezean en su vida momentos de tristeza. a) No decimos crisis, porque propiamente en ellos no hay crisis espiritual, si por crisis entendemos camblo subito que determina un momento culminante, decL sivo para el bien o para el mal. b) Son momentos de decaimiento o abatimiento. c) Se dan incluso en los mâs grandes santos. Los sufrieron los mismos apôstoles y los projetas. Y los hallamos en la propia persona de nuestro Sefior Jesucristo. KX B. Dos figuras. a) De tantas figuras como podrlamos escoger, elegimos dos figuras, sin duda lus de celo mds ardiente; una del Antiguo y otra del Nuevo Testamento : el profeta Elias y el apôstol San Pablo. b) Ofrecen ambas no sôlo la ventaja de su magnitud, sino la de que nuestra argumentaciôn puede basarse en la palabra revelada. c) En este guiôn nos limitâmes al santo profeta, dejando para el guiôn siguiente el ejemplo del Apôstol de los Gentiles. U Π. El profeta Elias. A. Elias, condenado a muerte por Jezabel, “terni ό y se levanto, y huyô para salvar su vida, y Uegô a Berseba” (3 Reg. 19,3). tSiguiô él por el desierto un dia de camino y sentôse bajo una mata de rétamas. b) Deseô morirse, y dijo: Basta, Yavé! Lleva ya mi aima, que no soy mejor que mis padres·» (3 Reg. 19,4). a) B. Causas de la tristeza de Elias: a) Fisica: el cansancio del largo camino. b) Moral: Elias huia de la muerte decretada contra él. c) El dcsaliento, nacido principalmente de lo infecundo de su apostolado. d) Las causas se resumen asi: eEl respondiô: iHe sen­ tido vivo celo por Yavé Sebaot; porque los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus projetas, de los que sôlo he quedado yo, y me estân buscando para quitarme la vida». ri 888 la ovf.ja perdida e) El profita estaba tan atrlbulado, que deseô morirse (3 Reg. 19.4)· C. Remedies contra 'la tristeza. a) Dos son los que restaurati el -celo del projeta Elias; el sueno y la comida. 1. «Se quedô dormido» bajo la mata de rétama, y el ângel le despertô y le dijo : «Levântate .y corne». Comiô y se durmiô de nuevo, y por segunda vez le dijo el ângel : «Eevântate y corne, porque aun te queda mucho camino» (3 Reg. 5,6.7). 2. Algunos ven en la «torta cocida» un simbolo del Sacramento del Altar. 3. El texto dice : «Levantôse, comiô, bebiô y anduvo con las fuerzas de aquélla comida cuarenta dias y cuarenta noches», aunque, segûn San Agustin, esta cifra no se lia de tomar al pie de la letra. b) Elias en el monte Horeb représenta el refugio de la soledad, donde en el silendo y oraciôn restaura el hombre activo sus fuerzas agotadas. 1. En la soledad Dios habla al aima ; en la soledad y en la oraciôn se vigoriza el espiritu por la comunicaciôn con el espiritu divino. 2. Dios hablô a Elias, que se hallaba escondido en la cueva. Hl. La teofania del monte Horeb. A. Dijo Yavé a Elias: a) tSal fuera y ponte en el monte ante Yavé. Y he aqui que va a pasar Yavé». b) «Y deiante de él pasô un viento fuerte y poderoso, que rompia los montes y quebraba las peüas; pero no estaba Yavé en el viento». c) «Y vino Iras el viento un terremoto, pero no estaba Yavé en el terremoto» (3 Reg. 19,11). d) tVino iras el terremoto un fuego, pero no estaba Yavé en el fuego». e) iTras el fuego vino un ligero y blando susurro. Cuan­ do lo oyô Elias, cubriôse el rostro con su manto, y, saliendo, se puso en pie a la entrada de la caverna» (ibid., 12-13). B. Significado de la vision. a) Comenta Vigoroux (cf. «Dictionnaire de la Bible», s. v. «Elias»). I. «Esta magnifica teofania quiere decir que, si el viento huracanado, el terremoto y el fuego purificador, que desciende del cielo, son manifestaciones de la justicia divina irritada y précédai muchas veces al Senor, no representan ni nos dan a conocer la esencia divina, que prefiere, en su 889 SEC. 8. GUrONES HOMTLRTICOS trato con los hombres, usar de la suavidad, de la mansedumbre y de la misericordia». 2. «Dios quiso darle a entender con aquélla brisa vi­ vificante, en la que cl profeta sintiô el paso de la Divinidad, que debia moderar su celo intempé­ rante y resistir pacientemente. No debia descorazonarse. Ni condenar a todos los culpables». b) Elias, cuando pasô Dios, por temor y por respeto, se cubriô con su manto el rostro. Dios manda al profe­ ta que comience de nuevo su ministerio. c) Coincide con este significado profundo de la teofania del monte Horeb una pâgina de San Francisco de Sa­ les que queda transcrita en el guiôn ig (cf. supra, p.894-895). 18 Celo y tristeza: San Pablo I. La tristeza del apôstol San Pablo. A. También en San Pablo fué constante la tristeza. Y en ocasiones se sintiô abrumado, porque se le acumulaba “tristeza sobre tristeza” (Phil. 2,27). a) Nos dice con énfasis al comenzar el capitulo g de la Epistola a los Romanos: e —- μπ ι^ι ι»·| 1. «Os digo la verdad en Cristo, no miento, y con­ migo da testimonio mi conciencia en el Espiritu Santo» (Rom 9,1). 2. «Que siento una gran tristeza y un dolor conti­ nuo en mi corazôn» (ibid., 2). b) Y en la segunda a los Corintios: «No queremos, hermanos, que ignoréis la tribulaciôn que nos sobrevino en Asie, pues fué muy sobre nuestras fuerzas, tanto que desesperâbamos ya de salir con vida» (2 Cor. 1,8). 2. «Ita ut taedere nos etiam vivere», dice la Vulgata. acaso con mâs elocuencia en su carta a los Fic) lipenses. I. Pablo escribe desde la prisiôn de Roma a los Filipenses y, hablando de Epafrodito, mensajero y delegado de Filipos, dice : 2. «Ciertamente que estuvo a punto de morir, pero Dios tuvo misericordia de él, v no sôlo de él, sino también de mi para que yo no tuviera tris­ teza sobre tristeza» (Phil. 2,27). d) El aima de San Pablo se veia asi con frecuencia transida del tedio de la vida. ιτ· ■■η υ IA OVEJA PER ΓΗ TH Causas de esta tristeza de San Pablo: a) Espirituales, por lo que se refiere a sus hermanos los judios CRom. g). b) Fisicas y morales, por lo que se refiere a las tribulactones de Asia (2 Cor. 1,8). Causas debidas a motivos muy diversos en la prisiôn de Roma. El sufrimiento propio de la prisiôn. soledad. 2. 3- El contemplar la perfidia de los falsos hermanos. El espiritu carnal de otros discinulos—«flens dico» : «lo dîgo llorando»—, enemigos de la cruz de Cristo. La ausencia de comoofieros queridos. 6. Là enfermedod de Epafrodito... reacciôn de San Pablo. La tristeza de Pablo en la cârcel de Roma era real v verdadera, poro no total. En el fondo dr· su aima con gozo. El habia escrito ya el ‘‘quasi tristes semoer autem gaudentes” : “como tristes, nero enriqueciendo a muchos” (2 Cor. 6.10) v el “sunerabundo gaudio”: “reboso de gozo” (2 Cor. . 7.4) Asi. en esta su bellisima enistola a los Fihnenses. intima y tiema, s»1 desborda en los versiculos siguientes el gozo de Pablo, que es comunicativo. •Os envio a Epafrodito para que os alegrâis * (Phil. *» 28). «Recibidle con toda alegria» (2,29!. «Por lo demâs, hermanos mios, alegraos en el 2. Senor» (3,1). 3· «Los que servîmes en el Espiritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesûs y no ponemos nuestra confianza en la carne» (3,3). «Por causa del sublime conocimiento y amor de Jesucristo, todo lo sacrifiqué v lo tengo por estiércol con tal de gozar a Cristo» (3,8-9). * (3.17). b) •Sed, hermanos, imifadores mios 1. «Porque somos ciudadanos del cielo. de donde esneramos al Salvador y Serior Jesucristo. one reformarâ el cuerpo de nuestra vileza, conforme a su cuerpo glorioso» (^,20-21). 2. «Asi que, hermanos mios amadisimos y muv deseodos, mi alegria v mi corona, perseverad fir­ mes en el Seûor» (Phil. 4.1). tAleçraos siempre en el Seûor. De nuevo os digo: * Alegraos (4,4). «Por nada os inquietéis, sino que en todo tiemno. en la oraciôn y en la plegerie, sean presentadas a Dios vuestras peticiones, acompaôadas de acciôn de gracias» (4,6). a) . v ■■HH • ·»· HJ: 7? * ‘ * Λ' SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 891 2. «Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendi. miento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesûs» (4,7). C. Hemos copiado este largo texto porque, después de la nota de la tristeza aparente, se ve el fondo del corazôn de San Pablo, Ueno de confianza en Dios, de gozo desbordante y de paz impertur­ bable. in. Explication de la tristeza de San Pablo. A. Explication teologica. Q) Es la expuesta por el mismo Pablo en su segunda carta, a los Corintios : tLlevamos este tesoro en vasos de barro para que la cxcelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra * (2 Cor. 4,7). 1. Para que a los ojos dei mundo y del propio sier­ vo aparezca o se muestre claro que el poder es de Dios, y la debilidad, del hombre. 2. Alabanza a Dios. Humillaciôn para el hombre. 3. Y con la humildad adquirirâ nuevos brios el hombre, al considerar que a través de su vileza y por medio de ella opéra la potencia divina. b) «Si es menester glorificarse, me gloriaré en lo que es mi flaqueza * (2 Cor. 11,30). c) La gloria del Apôstol es el testimonio de nuestra concienda de que 010 en sabiduria carnal, sino en la santidad y sinceridad de Dios, hemos vivido en el * mundo (2 Cor. 1,12). B. Explication mïstica : a) La aparente contradicciôn del estado de espiritu de San Pablo se resuelvc si distinguimos bien entre alegria y gozo. b) Santa Teresa expresa felizmente la difercncia con el simil de los dos pilones iquc se hinchen de agua por diferentes maneras , * de que nos habian las cuartas moradas (cf. «Cuartas Moradas» c.2 : BAC, «Obras completas de Santa Teresa» t.2 P.3S0 ss.). 1. El pilon que se llena del agua de la a'.egria re­ cibe «por arcaduces y artificios». El agua viene de fuera. De las circunstancias que nos rodean, o de los estados de nuestra naturaleza sensible o del alma inferior. 2. El pilon que se hincha del agua del gozo la re­ cibe dei secreto y misterioso manantial que en el fondo del propio pilôn existe ; es decir, la recibe el aima en el «hondôn» del espiritu, que esta en comunicaciôn con Dios. Pueden darse ambas cosas en cl Apôstol: I^a tristeza en la parte baja, por las circunstancias de la vida, y la paz y el gozo perenne c 3 i 892 LA OVEJA PE RDI PA inimitable, en la parte superior, por la coniumcaciôn divina. 2. (Ps. 19,10). El abandon© en que le dejaban los amigos : «Bus­ qué quien me consolera, y no lo cncontré» (Ps. 68,21). Las ofensas a su divino Padre por los pecados dei mundo. El sentirse cargado con esos pecados en presencia de toda la corte celestial. M OVEJA PERDIDA V. Consuelos. A. Cristo buscô el consuelo de los amigos: "Susti­ nete hic et vigilate mecum": "Quedaos aqui y velad conmigo” (Mt. 26,38), y no lo hallô. B. Cristo buscô el consuelo en la oraciôn para ensenarnos. Y Dios le envia el ângel que le consuela. Confortado en la oraciôn, Cristo—después de practicar el celo de mansedumbre con sus discipu­ los dormidos. a los que amonestô con dulce iro­ nia—saliô al encuentro de los que venian a prenderle (Lc. 22,43-46). SERIE IV: DE ACTUALIDAD SOCIAL ... y noventa y nueve perdidas I. La apostasia del obrero. Pocos fenômenos tan tristes en la historia de la Iglesia como la moderna apostasia de una gran parte del mundo obrero. por varias razones: B. Lo extensa que es geogrâficamente. Afecta a todas las naciones civilizadas : b) Por el numéro de los obreros que se han apartado de la Iglesia; c) Por el valor individual y social de los individuos. Es clase social trabajadora, culta, enriquecida por las virtudes propias de la vida disciplînada ; d) por el sentido moderno progresivo de que en gene­ ral disfruta, lo que la hace muy apta para la organizaciân y para la influencia en la vida social y pùblica ; Porque, a consecuencia de esto, ha conscguido en muchos paises la influencia y hasta la direcciân del Gobierno. a) Lejos del redii. a) Estas muchedumbres viven, con frecucncia, sin con­ tacto con el clero. Le conocen a veces a través de sus calumniadores. b) De hecho no estân en el redll de la Iglesia, aunque estân bautizadas. Se las puede considerar como ove­ jas perdidas o descarriadas. i. Y ante el fenômeno de que todas las clases so­ ciales menos necesitadas gozan mucho mâs del apostolado eclesiâstico, se ha dicho que en los tiempos modernos el espiritu de ciertos pastores SEC. S. GUIONES HOMILÉTICOS 2. 897 se lia invertido y que, en lugar de abandonar las noventa y nueve para ir en busca de la perdida, se han abandonado las noventa y nueve perdidas para cuidar una que se mantiene en el redil. Frase exagerada evidentemente. Pero feliz, en cuanto que puede poner muy de relieve un mal, inviter a la seria reflexiôn y sacudir eficazmente las conciencias. Π. jSe han alejado? iO nos hemos alejado de ellas? A. Nos hemos alejado: a) Ffsicaniente. En las grandes ciudades. 3· 2- Descuidando el apnstolado de los suburbios. Las pa­ rro Quia s, los templos, las casas de residendas religiosas, los colegios, suelcn estar en los barrios cén~ tricos o aristocrdticos. Basta para comprobarlo marcar sobre el piano de cualquier poblaclôn el lugar que ocupan los centras religiosos citados. Modernamenta se inicia una reacciôn contra este abandono. En las grandes concentraciones obreras. 2. Fâbricas, minas, de., donde ni en templos, ni en viviendas, ni en cscuelas, ni en parques o campos dé­ partiras la poblaclôn obrera habia sido debidamente atendida. Tambiân aqui la reacciôn y el deseo de reparar el error pasado son evidentes. En los obreros del campo. Ei mal es aqui mucho mayor, aunque no se pone 2. tan de bulto, porque la poblaclôn estâ dispersa. Comarcas extensas del campo donde no hay ni Igle­ sias, ni cscuelas, ni moradas dignas, ni descanso do­ minical, y a veces los propietarios son catôUcos y tal vez gentes que practican la Acciôn Catôlica en la capital. b) Morahnente. i. Mâs triste es el alejamiento moral de esas masas. 2. El corazôn se pone mâs bien en otras clases so­ ciales. Para ellas el tiempo, las visitas, la organizaciôn de los minîsterios. c) Intelectuabnente. i. Desconocemos los problemas, los deseos, las as­ piraciones de ese sector preterido. 2 No nos son conocidos sus idéales ; ignoramos el tesoro que guadan en sus corazones. B. La causa mâs grave. Consccucucia de lo dicho anteriortnente es que ha perdido la confianza en nosotros la clase que vive de su trabajo. b) No hemos sido sus abogados naturales, como debiéramos haberlo sido. a) Γα Palabra de f1: ’*<· *·' 898 L A OVEJA PER DI D A 1. Ocupan en la sociedad un lugar injusto. Injusto en jornales, en viviendas ; en una palabra, in­ justo en el reparto de la renta nacional. 2. Se han ido redimiendo por su propio esfuerzo. c) Ni siempre les hemos facilitado cl que ellos se dcfiendan por la asociaciôn, siendo apologistas de sus derechos ciudadanos. Todo esto explica cl alejamiento. C. ^Perdida la fe? a) En algunos paises si, sobre todo en las nuevas ge­ nerationes, que ni se bautizan ni asisten a escudos catôlicas. b) Eh otras—como Espaiia—aun conserva la mayorfa de ellos la fe y no han perdido plenamcnte la confianza en el sacerdote. c) Es mâs, una parte considerable ama filialmente a la Iglesia y desea recibir de su mano e! beneficio de la redcnciôn social. D. Generalizaciôn injusta. Lo dicho se puede aplicar al catolicismo de algunos paises; pero seria injusto el generalizar. b) Hay pueblos, de gloriosa historia cristiana, en que no hay proporciôn entre su fe tradicional y su actuaciôn social catôlica moderna. iNo se han abierto —como dice Pio XII—a las posibilidades de la doc­ trina social de la Iglesia». c) Pero cl catolicismo social tiene en otras nationes una historia brillantisima no sôlo en el orden doctrinal, sino en el prâctico y de la organizaciôn y de los frutos. 1. Holanda, Alemania, Bélgica, etc., han creado fuertes organizaciones obreras cristianas ; 2. Han ofrecido sacerdotes para ministros de Tra­ bajo al Gobierno ; 3. Han redactado, sostenido y aplicado programas sociales amplîamente progresivos. a) ΠΙ. Los pastores supremos. A. Esas ovejas nunca han sido abandonadas por los pastores supremos, antes han merecido de ellos, especial mente desde los dias de Leon ΧΠΙ, una p referente atenciôn. a) El programa social de este Papa es la redcnciôn del proletariado : la clevadôn econômica, social, cultural y politica de los obreros y, en general, de cuantos viven de su trabajo. b) Pio XI y Pio XII han conservado y ampliado el pro­ grama de Leôn XIII y urgido su cumplimiento. c) Citamos, entre tantos textos como podriamos elegir, los siguientes: ■ SEC. 8. GUION ES HOMILETICOS 899 «Es verdad que la condiciôn de proletario no debe confundirse con el pauperismo ; pero es cierto que la muchedumbre enorme de proletarios, por una parte, y los enormes recursos de unos cuantos ricos, por otra, son argumentas perentorios de que las riquezas multiplicadas tan abundantemente en nuestra época, Hamada de industrialis­ me, estân mal repartidas e injustamente aplicadas a las distintas clases» (Pio XI, «Quadragesimo anno» n.26). 2. «La Iglesia no puede ignorar o dejar de ver que el obrero, en su esfuerzo por mejorar su condi­ ciôn, tropieza con un cierto mecanismo que, lejos de estar conforme con la naturaleza, pugna con el orden establecido por Dios y con el fin que El lia seûalado a los bienes terrenos» (Pio XU, cMensaje de Navidad de 1942» η.30). 3· «Hay necesidades que tienen que ser satisfechas urgentemente : los alimentes, el vestido, la habitaciôn, la educaciôn de los hijos, lo necesario para el aima y para el cuerpo» (Pio XII, «Dis­ curso a las A. C. L. I.®, 29 de junio de 1948). 4. «La Iglesia no titubea en deducir las consecuen­ cia s prâcticas que se derivan de la nobleza mo­ ral del trabajo y en apoyarlas con todo el nom­ bre de su autoridad. Estas exigencias comprenden... la conservation y el perfeccionamiento de un orden social que haga posible una segura, aunque modesta, propiedad privada a todas las clases del pueblo, que favorezea una formaciôn superior para los hijos de las clases obreras particularmente dotados de inteligencia y buena vo­ luntad» (Pio ΧΠ, «Mensaje de Navidad de 1942» n.43)· B. El plan de Pio XI. El plan eficaz y practico de redenciôn para los paises mâs atrasados en ma­ teria social es el de Pio XI: las minorias. a) b) C) La primera: la minoria social sacerdotal; después, la de obreros, industriales, cornerciant es. Un principio que debe ten erse muy présente es el siguiente: toda clase social que no sepa dejenderse serâ clase social preterida, -olvidada, injustamente tratada. 1. Los obreros deben defenderse a si mismos. 2. El mayor beneficio que puede hacerse a la clase obrera es facilitar la formaciôn de jefes obreros. Los sacerdotes sociales, con respecto a ellos, deben: 1. l'ormarlos religiosa y sotialmente en materia fun­ damental ; después, en el orden practico, ellos sabrân pronto mâs que sus mismos formadores. 2. Mantener en ellos su espiritu de fe, de piedad, de justicia y caridad. 3. Moderar sus excesos demagôgicos. ■ ; fe-j 900 UK OVEJA PE RDI DA Defender ante los poderes publicos sus derechos individuates. 5. Crear una conciencia social favorable a los dere­ chos, en todos los ôrdeues, de los que viven de su trabojo. C. Institutos sociales. a) Una de las causas y sinto ma a la vez del alejamicnto de estas masas ob reras es la poca atenciôn prestada en las universidades eclesidsticas a la teologia social. b) El mismo tratado iDe iustitia», como se lia dicho, debe ser tpenilus revidendus» : irevisado por com­ pleto» (P. Zeiger). Revision que se ha de hacer en beneficio del trabajo. 2. Conviens ademâs : x.· *2. y* Suprimir cucstiones tnenos ntctsarias para aUndcr mils a la moral social. Segu:r mas de ccrca el pensamicnto pontificio, Crcar en las universidades de la Iglesia institutos sodales, donde los sacerdotes estudien sociologist, eco­ no τη ia y derecho. TV. Devociôn al Sagrado Corazôn. Estamos dentro de la octava del Sagrado Cora­ zôn de Jesûs. a) Esta devociôn felizmente se ha extendido mticho en la Iglesia. bj Esta devociôn, bien comprcndida, puede ser un mag­ nifico elemento para atraer las ovejas alejadas del redii. ;Qué decir de las consagraciones de pueblos, co­ marcas, centros fabriles al Sagrado Corazôn? Buena cosa son y laudable. b) Mas para que sea plenamente grato al divino Cora­ zôn es preciso procurar que los centros o actividadcs vitales, presididos por El, estén saturados de espiritu de justicia y de caridad. A veces se consagra al Sagrado Corazôn toda una comarca donde evidentemente los trabajadores del campo son injustamente tratados. 1. Al pie de la imagen se pone ireinas ya». 2. Séria mâs propio poner : ôle compadezco de esta muchedumbre», eporque son como ovejas que carecen de pastor». La sustancia de la devociôn al Sagrado Corazôn ha de ser en toda circunstancia el amor mutuo proyectado con eficacia sobre el piano real da las obras. Domingo cuarto después de Pentecostes M i’ SECCI OK l. TEXTOS SAGRADOS EPISTOLA (Rom. 8,18-23) 18 Existimo enim quod non sant condignae passiones huius temporis ad futuram gloriam, quae revelabitur In nobis. R| 1 19 Nam expectatio creaturae, revelationem filiorum Dei expectat. 20 Vanitati enim creatura sublecta est non volens, sed propter eum, qui subiecit eam In spe, 21 quia et ipsa creatura li­ berabitur a servitute corruptio­ nis in libertatem gloriae filio­ rum Del. 22 Scimus enim quod omnis creatura Ingemiscit, et parturit usque adhuc. 23 Non solum autem illa, sed et nos ipsi primitias spiritus habentes: et ipsi intra nos ge­ mimus adoptionem filiorum Dei expectantes, redemptionem cor­ poris nostri. 18 Tengo por cierto que los padecimientos dei tiempo présente no son nada en comparaciôn con la gloria que ha de manifestarse en nosot roe; 19 porque el continuo anhelar de las criaturas ansia la manifestacidn de los hijos de Dios, 20 pues las criaturas estân sujetas a la vanidad, no de grado, sino por razôn de quien las sujeta con la esperanza 21 de que también ellas serân libertadas de la servidumbre de la corrupcion para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios, 22 pues sabemos que la crea­ tion entera hasta ahora gime y siente dolores de parto, 23 y no sôlo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espiritu, gemimos dentro de nosotros mismos, suspirando por la adopciôn, por la redenciôn de nuestro cuerpo. EVANGELIC) (Lc. 5,1-11) 1 Factum est autem, cum turbae irruerent in eum ut au­ dirent verbum Del, et ipse sta­ bat secus stagnum Genesareth. 2 Et vidit duas naves stan­ tes secus stagnum: piscatores autem descenderant, et lava­ bant retia. 3 Ascendens autem in unam savim, quae erat Simonis, roga-i 1 Agolpândose sobre El la muchedumbre para oir la palabra de Dios y hallândose junto al lago de Genezaret, 2 viô dos barcas que estaban al borde del lago; los Pescadores, que habian bajado de ellas, lavaban las redes. 3 Subiô, pues, a una de las barcas, que era la de Simôn, y le 904 LA PESCA MI LAG ROSA rogô que se apartase un poco de tierra, y, sentândose, desde la bar­ ca ensefiaba a las muchedumbres. 4 Asi que cesô de hablar, dijo a Simôn: Boga mar adentro y echad vuestras redes para la pesca. 5 Simôn le contestô y dijo: Maestro, toda la noche hemos es­ tado trabajando y no hemos pescado nada; mas, porque tu lo di­ ces, echaré las redes. 6 Haciéndolo, cogieron una gran cantidad de peces, tantos que las redes se romnian, 7 e hicieron seôas a sus compafieros de la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron, y llenaron las dos barcas, tanto que se hundïan. 8 Viendo esto, Simon Pedro se postrô a los pies de Jesûs, dicien­ do: Sefior, apârtate de mi, que soy hombre pecador. Pues asi él, c •JM o todos sus compafieros, habian quedado sobrecogidos de espanto ante la pes­ ca que habian hecho. 10 E igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simôn. Dijo Jesue a Siτηόη: No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres. 11 Y, atracando a tierra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron. ΠΙ. vit euni λ terra reducere pusil­ lum. Et sedens docebat de na­ vicula turbas. 4 Ut cessavit autem loqui, dixit ad Simonem: Duc In al­ tum, et laxate retia vestra In capturam. 5 Et respondens Simon, dixit illi: Praeceptor, per totam noc­ tem laborantes nihil cepimus: in verbo autem tuo laxabo rete. β Et cum hoc fecissent, con­ cluserunt piscium multitudinem copiosam: rumpebatur autem rete eorum. 7Et annuerunt sociis, qui erant in alia navi, ut venirent, et adiuvarent eos. Et venerunt, et impleverunt ambas navicu­ las, ita ut pene mergerentur. 8 Quod cum videret Simon Petrus, procidit ad genua lesu, dicens: Exi a me, quia homo peccator sum, Domine. 9 Stupor enim circumdederat eum, et omnes qui cum illo erant in captura piscium, quam ceperant: 10 Similiter autem lacobum et loannem, filios Zebedael, qui erant socii Simonis. Et ait ad Simonem lesus: Noli timere: ex hoc iam homines eris ca­ piens. B j, « aMC Î? 11 Et subductis ad terram navibus, relictis omnibus secu­ ti sunt eum. ο* TEXTOS CONCORDANTES A) Mt. 4,18-22 18 Caminando, pues, junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simôn, que se llama Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran Pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mi y os haré Pescadores de hom­ bres. 18 Ambulans autem lesus luxta mare Galileae, vldlt duos fratres, Simonem, qui vocatur Petrus, et Andream fratrem eius, mittentes rete in mare (erant enim piscatores). 19 Et ait illis: Venite post me, et faciam vos fieri piscato­ res hominum. 905 SEC. I. TEXTOS SAGRADOS 20 Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron. 21 Pasando mâs adelante, viô a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano, que en la barca con Zebedeo, su padre, componian las redes, y los llamô. 23 1111 autem etatlm relictis ΣΗ 22 Ellos, dejando luego la bar­ rttibiu et patre, secuti sunt ca y a su padre, le siguieron. 20 At 1111 continuo relictis retibus secuti sunt eum. ♦1 Et procedens Inde, vidit illos duos fratres, luco bum Zcfcdael, et loannem fratrem eius, In navi cum Zebedaeo pa­ tre eorum, relidentes retia sua: et vocavit eos. eam. ■ B) r. r. Me. 1,16-20 16 Et praeteriens secus ma­ re Galilaeae, vidit Simonem, et Andream fratrem eius, mitten­ tes retia in mare (erant enim piscatores)· » · 17 Et dixit eis lesus: Venite post me, et faciam vos fieri pis­ catores hominum. 18 Et protinus relictis reti­ bus, secuti sunt eum. 19 Et progressus inde pusil­ lum, vidit lacobum Zebedaei, et loannem fratrem eius, et ipsos componentes retia in navi: 20 Et statim vocavit illos. Et relicto patre suo Zebedaeo iu navi cum mercenariis, secuti sunt eum. 16 Caminando a lo largo dei mar de Galilea viô a Simôn y a Andrés, hermano de Simôn, que echaban las redes en el mar, pues eran Pescadores. 17 Y Jesûs les dijo: Venid en pos de mi y os haré Pescadores de hombres. 18 Al instante, dejando las re­ des, le siguieron. 19 Y, continuando un poco mâs allâ, viô a Santiago, el del Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban también remendando sus redes en la barca. 20 Y los llamô. Ellos, luego, dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros, se fue­ ron en pos de El. IV. ALGUNOS TEXTOS DE LA SAGRADA ESCRITURA SOBRE LA OBEDIENCIA A) Obediencia a Dios y a su Dicens: SI audieris vocem Do­ mini Dei tul, et quod rectum est coram eo feceris, et obedieris mandatis eius, custodierisque omnia praecepta illius, cunctum languorem, quem po­ sui In Aegypto, non inducam super te: ego enim Dominus, sanator tuus (Ex. 15,26). ley Les dijo: Si escuchas a Yavé, tu Dios; si obras lo que es recto a sus ojos; si das oido a eus man­ datos y guardas todas sus leyes, no traeré sobre ti ninguna de las plagas con que he afligido a Egipto, porque yo soy Yavé, tu sanador. Sl In praeceptis meis ambula­ Si cumplis mis leyes, si guarveritis, et mandata mea custo­ dâis mis mandamientos y los po dieritis et feceritis ea: dabo vo­ néis por obra, yo mandaté las llubis pluvias temporibus suis vias a su tiempo. (Lev. 26.3). * It 906 LA PESC A Ml LAG ROSA Guarda sus leyes y sus manda­ mientos que hoy yo te prescribe, para que seae feliz tû y tus hijos después de ti y permanezeas lar­ gos aûos en la tierra que te da Yavé, tu Dios. Custodi praecepta eius atque mandata, quae ego praecipio ti­ bi: ut bene sit tibi, et filiis tuis post te, et permaneas mul­ to tempore super terram, quam Dominus Deus tuus daturus est tibi (Deut. 4,40). 27 Benedictionem, si obedle27La bendiciôn, si cumplis los mandamientos de Yavé, vuestro ritis mandatis Domini Del ves­ tri, quae ego hodie praecipio Dios, que yo os prescribo hoy; 28 la maldicién, si no cumplis los mandamientos de Yavé, vues­ tro Dios, y, apartÆndoos dei ca­ mino que yo os prescribo hoy, os vais tras otros dioses que no ha­ béis conocido. vobis : 28 maledictionem, si non obedierltis mandatis Domini Del vestri, sed recesseritis de via, quam ego nunc ostendo vobis, et ambulaveritis post deos alie­ nos, quos ignoratis (Deut. 11, 27-28). Hoy has hecho que Yavé te diga que El sera tu Dios, y has prometido seguir sus caminos, guar­ dar sus leyes, sus mandamientos, sus preceptos y obedecer su voz. Dominum elegisti hodie, ut sit tibi Deus, et ambules in viis eius, et custodias caeremonias illius, et mandata atque iudicla, et obedias eius imperio (Deut. 26,17). B) Por el gracia y mover la gloria de naciones. Ob: Wl iencia al Evangelio Per quem accepimus gratiam, cual hemos recibido la el apostolado para pro- et apostolatum ad obediendum in omnibus gentibns pro obediencia a la fe, para fidei su nombre en todas las nomine eius (Rom. 1,5). Pero gracias sean dadas a Dios, porque, siendo esclavos dei peca­ do, obedecisteis de corazôn a la norma de doctrina a que os disteis. Gratias autem Deo quod fuis­ tis servi peccati, obedistis au­ tem ex corde in eam formam doctrinae, in quam traditi estis (Rom. 6,17). Porque no me atreveré a hablar de cosa que Cristo no haya obrado por mi para la conversion de los gentiles, de obra o de palabra. Non enim audeo aliquid loqui eorum, quae per me non efficit Christus in obedientiam gen. tium, verbo et factis (Rom. 15,18). Por cuanto, experiment ando es­ ta suministracién y por la comunicacién de nuestra largueza a ellos y a todos, glorifican a Dios por vuestra obediencia al Evan­ gelio de Cristo. Per probationem ministerii huius, glorificantes Deum in obedientia confessionis vestrae ïn Evangelium Christi, et sim­ plicitate communicationis In illos, et in omnes (2 Cor. 9,13). ;Oh insensatos gâlatas! 2, Quién O insensati Galatae, quis vos os fasciné a vosotros, ante cuyos fascinavit non obediro veritati, SEC. I. TEXTOS SAGRATJOS 907 ute quorum oculos lesus Chrls- ojo« fué presentado Jesucristo co­ tu praescriptus est, in vobis mo muerto en la cruz? auciflxus? (Gal. 3,1). Corriais bien: iquién os ha imCurrebatis bene: quis vos Im­ pedivit veritati non obedlre? pedido obedecer a la verdad? (Gal. 5,7). OBEDIENCIA A la AUTORIDAD (Cf. La Palabra de Cristo t.8 p.618-619) C) D) Pero E) hay que obedecer a Dios antes que a los HOMBRES (Cf. ibid., p.620) OBEDIENCIA DE LOS HIJOS A LOS PADRES (Cf. ibid., ρ.196-200) F) De los criados a los amos 5 Servi, obedite dominis car­ 5 Siervos, obedeced a vuestros nalibus cnm timore, et tremo­ amos segTln la came, como a Cris­ re et simplicitate cordis vestri, to, con temor y temblor, en la sicut Christo: sencillez de vuestro corazôn; ί non ad oculum servientes, 6 no sirviendo al ojo, como quasi hominibus placentes, sed buscando agradar al hombre, sino ut servi Christi, facientes vo- como siervos de Cristo, que cumluntatem Dei ex animo (Eph. plen de corazôn la voluntad de <Λ-β). Dios. G) De la mujer al marido Mulieri quoque dixit: Multiplicabo aerumnas tuas et con­ ceptus tuos: in dolore paries filios, et sub viri potestate eris, et ipse dominabitur tui (Gen. U6). A la mujer le dijo: Multiplicaré los trabajos de tus preneces; parirâs con dolor los hijos y buscarâs con ardor a tu marido, que te dominarâ. Perfruere vinum cum uxore quam diligis, cunctis diebus vi­ tae instabilitatis tuae, qui da­ ti sunt tibi sub sole omni tem­ pore vanitatis tuae: haec est enim pars in vita, et in laboro tuo, quo laboras sub sole (Eccl. U). Goza de la vida con tu amada compafiera todos los dias de la fugaz vida que Dios te da bajo el sol, porque ésa es tu parte en es­ ta vida entre los trabajos que padeces debajo dei sol. La concordia entre hermanos, Concordia fratrum, et amor proximorum, et vir et mulier la amistad entre prôjimo's y la arbene sibi consentientes ( Eccl. monia entre mujer y marido. S4). 3 El marido pague a la mu­ 3 Uxori vir debitum reddat: jer, e igualmente la mujer al ma­ rhnlliter autem et uxor viro. rido. LA PESCA MI LAG R OSA -e· 4 Muller sui corporis potev 4 La mujer no es duefia de su propio cuerpo: es el marido; e, tntem non habet sed vir. Simi. igualmente el marido no es duefioI ni»f Ht ® p “ lltcm et \ r . e “ l CÜ 'P Ufl » ® rtiif ♦ A * r»· non hllhnt uo>l »... potestatem non hubet, sed mu. de su propio cuerpo: es la mujer. lier (1 Cor. 7,3-i). 22 Las casadas estén sujetas a sus maridos como al Sefior ; 23 porque el marido es cabeza de ]a mujer, como Cristo es cabc-1 za de la Iglesia y Salvador de su cuerpo. 24 Y como ’.a Iglesia estâ su­ jets a Crieto, asi las mujeres a sus maridos en todo. 22 Mulieres viris sub subdi­ tae sint, sicut Domino: 23 quoniam vir caput est mu. 1,. ► 1 I- 018 LA PESCA MILAGROSA Pero, a la vez que dispone los Animos de la masa, selecciona la minorfa que la habrâ de fermentar, y en uno de aquellos dfas de efervescencia ante el taumaturgo aparecido, de madrugada, cuando los Pescadores limpian las redes que les han servido durante la faena nocturna, Jesûs desciende a la playa, decidido a comenzar el reclutamiento definitivo. Ya hemos deserito en otras ocasiones el Iago, del que ahora nos cnmple sôlo decir que es uno de los mâs abundantes en pesca, hasta el pnnto de que numerosos viajeros cuentan, sorprendidos, la facilidad con que se Henan las redes, si bien no debiera ser tanta la facilidad en aquella época, en la que, a diferencia de la nuestra, las aguas estaban continuamente surcadas por Pescadores. Las artes pesqueras no han variado mucho desde los tiempos en que aparecen esculpidas en Egipto. Dunkel, en un articulo de Biblic-a, que se ha hecho clâsico (cf. Die Fischerei am See Genesareth, diciembre 1924), describe los métodos de aquel tiempo, cana, copo y red, exactamente iguales a los sencillos de nuestras riberas mediterrâneas. Las sociedades, compuestas por el patrôn de la barca y los jabegotes, con su reparto proporcional de la pesca, se siguen practicando en las playas del sur de Espafia. b) Las dos escenas El evangelio nos describe dos escenas, una deliciosamente apostôlica, con sus apuntes realistas de los Pescadores que arreglan sus redes, probablemente simultaneando su trabajo con la atenciôn al discurso, y la segunda, la dei milagro, conexo intimamente con la vocaciôn al apostolado. Surge una cuestiôn sinôptica, porque San Mateo y San Marcos colocan la llamado de los cuatro al principio de la misiôn de Jesûs en Galilea, en tanto que Lucas déjà transcurrir algo mâs de tiempo. omitiendo, ademâs, aquellos dos el dato de la pesca milagrosa. Ello moviô a comentaristas antiguos y a alguno moderno a distinguir dos llamamientos distintos. Pero no hace falta recurrir a tal industria, porque, en cuanto a la cronologia, sabido es oue Mateo y Marcos no son muy escrupulosos, y en cuanto a la dife­ rencia de datos no existe contradicciôn que exija duplicidad de asuntos, pues son perfectamente compatibles, perfeccionândose am­ bas narraciones mutuamenre. La historia, por lo tanto, de las Hamadas apostôlicas puede concretarse diciendo que a orillas del JordAn los cuatro se «pasaron» espontâneamente a la escuela del Senor, al que Pedro llama ya hoy Maestro, pero que, sin embargo, y aun cuando le acompanaron eu momentos como el de Canâ y en su viaje a Jerusalén, no fueron admitidos ni llamado- todavia a seguir al Sefior, cuya vida andariega debfan conocer previamente antes de alistarse de un modo definiti­ vo. Ahora, Uegado el momento, Jesûs los asocia y decide completar el nûmero de doce, facilitândosenos detalles sobre la vocaciôn de alguno de ellos. La pesca milagrosa y la vocaciôn se enlazan por tan estrecho simbolismo, que no deben separarse en el relato evangélico, como dos acciones separadas por el tiempo. SEC. 2. COMENTARIOS GENERALES c) 1, 919 LOS TEXTOS Agolp&ndose sobre él la muchedumbre para oir la palabra de Bios Es muy de notar la relaciôn establecida por el evangelista entre el agolparse de la gente y el oir la palabra de Dios. La gente, cuan­ do se aglomera para oir la predicaciôn, siempre lo hace buscando la palabra de Dios. Para oir la elocuencia pura, el arte por el arte que diriamos, busca otros locales y oradores. ^No es en ocasiôn de mi­ siones o actos similares cuando los templos se abarrotan como uunca ? Dicho esto al predicador, también el cristiano debe juzgar de la salud de su aima por el hambre que sienta de oir la palabra divina, porque, lo mismo en el orden espiritual que en el material, el apetito es signo de salud. La obligaciôn de predicar Ueva aneja la de oir ; obligaciôn que se ha tenido muy en cuenta al establecer el descanso dominical. El desdén por escuchar la doctrina de Cristo conduce poco a poco a la indiferencia, la ceguera o la ignorancia espiritual y, desgraciadamente, al endurecimiento. Para sentir es necesario el ôrgano, y el ôrgano de la fe se forma mediante la pa­ labra oida. El pueblo galileo déjà sus casas al amanecer en busca del Maes­ tro. La menor incomodidad nos retiene a nosotros en nuestras Se agolpaban los oyentes. También hoy en misiones, jubileos, etcétera. Sin embargo, j cuân pocos apôstoles ayer y hoy ! Mucho depende también, si no todo, de las disposiciones del oyente (cf. la parâbola de la sementera, la semilla que cayô en tierra sobre piedra, La 'Palabra de Crist-o t.2 p.949 ss.). 2. Viô dos barcas Mucho se ha hablado de la condiciôn social de los apôstoles. Eran sencillos, ignorantes, como Pescadores ; pero, a lo menos los cuatro llamados en esta ocasiôn, no vivïan miserablemente. Simôn y el Zebedeo, socios en un negocio que solia ser remunerador, dado que la pesca era alimento frecuentisimo en Galilea, poseian barcas y redes. El Zebedeo alquilaba criados, y uno de sus hijos, Juan, era conocido en Jerusalén en circulos tan herméticos como el del pontifice, en cuya casa entré libremente e incluso consiguiô que fuera franqueada la puerta a sus amigos con sôlo hablar a la por­ tera (lo. 18,5). Representaban, pues, a una clase media tabajadora, que pasaba la noche surcando el lago y por la manana arreglaba personalmente sus redes. Esta es, pues, una de las ocasiones que brinda el Evan­ gelio para que el predicador se extienda sobre la excelencia, necesidad y utilidad del trabajo, que, ademâs, si se hace in nomine tuo serâ fuente caudalosa de santificaciôn. 3. Lavaban las redes IQuién no ha visto esta faena y cômo las suelen extender al sol para secarias y remendarlas ? Una interpretaciôn mistica nos dice que, después de haber trabajado por nuestras propias fuerzas y an- i Otra interpretacibn (la del cardenal de Lucerna) nos habia del predicador que, terminado su trabajo, emplea las horas del deseanso en preparar las armas para nuevas empresas. 4. Subiô, pues, a una de las barcas, quo era la de Slmôn La Iglesia y Pedro. Desde el primer momento del Evangelio, Jésus prefiere a este apôstol. Los simbolismos de la barquilla de Pedro y la Iglesia del Papa son sencillos. Jesûs se dirige a Pedro como al patrôn de la barca. La primera invitaciôn se le hace a él ; la segunda se nos hace sôlo a los que estamos con él. Le rogô que se apartase ■ïi poco de tierra Amabilidad del Senor en el trato con sus amigos. No exige, ruega. Vno de los pocos detalles fisicos sobre el Senor. Todo el que haya intentado hablar en lugar tan abierto como una playa, conocerâ la potencia y timbre de voz que se requieren para ello, por tranquilas que sean sus agnas. Predicadores, apartaos un poco de la tierra, puesto que hablâis del cielo. 6. >1 isefiaba a las muchedumbres No se queja de la importunidad de las gentes. Para el Senor, toda la naturaleza es un templo en que puede predicar. Hoy lo ve­ rnos enseâando en la playa ; hace unos dias, en un banqueté. El oficio de predicador ocupa el primero .entre los grados de perfecciôn, a pesar de que a primera vista pudiera clasificarse entre los oficios de la vida activa. Pero la doctrina de Santo Tomâs es clarisima. La vida activa es la que se dedica a la caridad ; la con­ templativa, a la oraciôn, y la ensenanza es una exuberancia de lo contemplado en la oraciôn. Esta excelencia del oficio de predicador constituye a los obispos en el estado superior de perfecciôn, y es tal, que, colocado por encima del de bautizar, los obispos pueden delegar la administraciôn de este sacramento, pero no la predicaciôn (cf. infra, Santo TomAs). Dedûcese de ello la necesidad de la vida contemplativa en el predicador. Este debe sobresalir en celo, a semejanza de su Maes­ tro, predicador siempre y en todas partes, en paciencia ante las importunidades de la muchedumbre, en compostura exterior (^quién no se deleita imaginândose la figura de Jesûs algo apartado de la gente, sentado en la popa de la barquichuela ?) e incluso en aquella amabilidad que hemos comentado. 7. Dijo a Slmôn Se va concretando el personaje principal. 8. Mar adentro Las interpretaciones misticas y alegôricas son abundantisimas. Hacia la oraciôn perfecta (cf. Taulero). A obrar con decisiôn en los mares dei mundo (invitaciôn corriente a la A. C.). SEC. 2. COMENTARTOS GENERALES 9. Toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada La hora mâs oportuna para muchas clases de Pescadores es la nocturna ; pero hasta en los lagos abundantes, los peces suelen te­ ner sus rutas caprichosas, y en aquella noche debieron andar jx>r aguas profundas. La noche y sin Cristo, el trabaio inûtil. No es necesario insistir sobre el trabajo baldio en la santificaciôn o el apostolado cuando se prescinde del Sefior, contrapuesto con aquellas redes llenas cuando se arrojan en su nombre. 10. Porque tû lo dices echaré las redes Bien traducido ; pero, sin embargo, el in nomine tuo de la Vul­ gata se presta a muy jugosas meditaciones. De todos modos, el sentido es el mismo : trabajar con Cristo y como El lo manda. Pedro obedece al Sefior. Nosotros ofmos la voz de Cristo cuando la Iglesia nos manda o recomienda un apostolado o medios espe­ ciales. Los superiores representan a Cristo, y aun cuando se equivoquen, nuestra obediencia granjearâ la protecciôn de Cristo. El que obedece no se equivoca. El poco éxito de nuestros esfuerzos no debe desanimarnos. In­ sistâmes en arrojar las redes, porque Cristo lo ordena y en su nom­ bre. Trabajar como si todo dependiera de mi, orar como si todo dependiera de Dios, ése es el lema. 11. Cogieron una gran cantidad de peces Arrojarfan la red dejândola deslizar por la popa, y cuando la boisa que la remata quedase formada por la parte inferior, arrastrada hacia abajo por los plomos, y la superior sostenida por los corchos, la barca continuaria halando hasta que en un momento dado cambiase totalmente de rumbo, completando un circulo para regresar al punto en donde habia comenzado a arrojar la red. Esta vez la serial es manifîesta. Ni aun los corchos pueden sostener la boisa final. Estâ llena por completo, y el Evangelio nos darâ los datos que prueban lo extraordinario de la captura. Es el éxito de trabajar con Cristo. Comenzar con la sola inteneiôn de glorificar el nombre de Dios ; continuar con esfuerzo, y a1 final dar gracias humildemente, como San Pedro. Tal es el secreto del éxito y el programs apostôlico La pesca milagrosa fué el premio de un acto de obediencia bien sencillo. Dios galardona siempre no conforme a nuestro mérito, sino de acuerdo con su magnânima grandeza 12. Las redes se rompîan El alma sin ayuda especial no es capaz de la plenitud divina, de que se ve invadida en los estados mfsticos o en la gloria. Las redes de la Iglesia se han visto rotas por cismas y herejias. Dos explicaciones algo lejanas del sentido literal, pero frecuentes. 13. E hicieron se fias a sus otros compafieros Debian estar en la playa y lo bastante alejados para que fueran las senas, y no la voz, el medio de comunicaciôn. Los compafieros 922 LA PESCA MILAGROSA vinieron luego. La ayuda del hombre al hombre. En nuestro siglo parece como si se sintiera el ansia de esta cooperaciôn humana, e incluso hay quien la busca fuera de Cristo, en un ambiente ateo. Nosotros, que la debemos sentir como nadie, miembros del Cuerpo mistico como somos y sabedores de que no puede darse fecunda y cierta fuera de él, i pondremos manos a la obra Dara hacerla desear y practicar a todos los cristianos ? 14. Simôn Pedro se postrô a los pies de Jesûs El mejor testigo del milagro. Su asombro lo comprueba. Habia visto otros, pero éste le toca tan de cerca... Y, generoso, compara la grandeza omnipotente con su pequefiez pecadora. La exclamaciôn de Simôn es la del hombre ante Dios y, con mucha mâs razôn, la del pecador ante el juez. Pero puede pronunciarse con una humildad oportuna, que convierte el apârtatc en un 50 LA PESCA Mil .AG ROSA de no haber rechazado Esaû su vocaciôn, convirtiéndose en réprobo, le hubiese dado también el querer y el correr. Dios da de una manera el que queramos y de otra el que hayamos querido (voluerimus). El que queramos es obra suya y nuestra: suya, llamândonos, y nuestra, siguiéndole. El que hayamos querido es sôlo de El. El que hayamos querido, esto es, el poder obrar bien y vivir siempre santamente, es cosa exclusi va de El. Ahora bien, Esaû no habia nacido y no pudo querer o no querer. Entonces, ^como se le rechaza en el seno de su madré? Volvemos siempre a la misma dificultad, y no solo a la misma oscuridad, sino ya al cansancio con tanta repeticiôn mia” (cf. o.c., 10: ibid., 116). 8. Un texto paulino coïncidente “Si consideramos atentamente aquellas palabras de no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios, que se com­ padece, podemos comprobar que el Apôstol no las dijo solo para indicar que llegamos a donde queremos gracias a la ayu­ da de Dios, sino que su intenciôn es la misma de aquel otro lugar en que escribe: Con temor y temblor trabajad por vuestra salud, pues Dios es el que obra en vosotros el que­ rer y el obrar, segûn su beneplacito (Phil. 2,12-13). En esta frase nos demuestra claramente que nuestra misma buena voluntad es obrada por Dios en nosotros. Si hubiese dicho que no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios, que se compadece, basândose en que la voluntad del hombre no es suficiente para vivir justa y rectamente sin la ayuda misericordiosa de Dios, también podriamos decir que no es de Dios, que se compadece, sino del hombre que quiere, puesto que la misericordia sola de Dios no basta­ ria, si no se le afiadiese el consenti mi ento de nuestra vo­ luntad. Es claro que nosotros queremos en balde si Dios no se compadece, pero no sé cômo podrâ decirse que Dios se compadece en balde si nosotros no queremos. Si Dios se compadece, nosotros también queremos, puesto que toca a su misericordia hacer que queramos, pues Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar, segûn su beneplacito. No precediendo la voluntad buena a la vocaciôn, sino la vocaciôn a la buena voluntad, atribuyese rectamente a Dios el que queramos; es Dios quien llama, y a nosotros no se nos puede atribuir el que seamos llamados” (cf. o.c., 12: ibid., 117). “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” “Pero entonces, si esta vocaciôn es la causa de la buena voluntad, hasta el punto de que todo llamado la siga, icômo SEC. 3- SS. PADRES. SAN AGUSTIN 951 puede ser verdad que son muchos los llamados y pocos los escogidos? ^No serâ en realidad porque muchos de los que son llamados de una manera no consienten y, en cambio, hubieran podido acomodar su voluntad a la fe si hubieran sido llamados de otro modo? Si esto es asi, resulta cierto lo de que muchos son los llamados y pocos los escogidos, porque, habiendo sido llamados muchos de un mismo modo, • sin embargo, no todos se impresionan de igual manera, y solo siguen la vocaciôn aquellos que son capaces de captar]a. Y en ese caso no es menos cierto que no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios, que se compadeciô y que llamô del modo que era apto a aquellos que siguieron su vocaciôn. Los otros también fueron llamados; pero, como lo fueron de una forma por la que ellos no podian ser mo­ ndes ni eran aptos de entender, puede decirse que fueron llamados, pero no elegidos, y que es por completo falsa la frase de que no es de Dios, que se compadece, sino del hombre que quiere y que corre, porque los efectos de la mi­ sericordia de Dios no pueden estar en la mano del hombre, de modo que aquel se compadezca en balde si el hombre no quiere; pues, si Dios quisiera compadecerse de ellos, podria también llamarlos de un modo que les fuese congruo para que se movieran a entender y le siguieran. Verdad es que muchos son los llamados y pocos los escogidos; esco­ gidos que fueron llamados congruamente; en cambio, aque­ llos que no se adaptaban ni atemperaban a su vocaciôn, no •fueron elegidos, porque aunque llamados no siguieron. Y en este sentido resulta también verdad que no es del que quie­ re ni del que corre, sino de Dios, que se compadece, por­ que, aunque llama a muchos, se compadece sôlo de aque­ llos a quienes llama del modo conveniente para que le sigan... De quien se compadece le llama en la forma que sabe le es congrua para que no rechace al que le llama” (cf. o.c., 13: ibid., 118). 5. Otra objeciôn ,rPero, dira alguno, * lAr· w <■ SEC. 3. SS. PADRES. SAN BERNARDO 953 la misericordia de la justification a algunos de los que pe­ can, a lo cual llamamos endurecer a los pecadores, no por­ que los impulse a pecar, sino porque no se compadece de ellos". 3, Los juicios de Dios son inescrutables “No se compadece de aquellos a quienes, con equidad ocultisima y muy remota de la capacidad humana, juzgô que no habia de concederles misericordia. Inescrutables son sus juicios e ininvestigables sus caminos. Quéjase justamente Dios de los pecadores como de personas a quienes El no ha obligado a pecar; quéjase también de ellos para que estos otros de los que se ha compadecido y ha otorgado su miseri­ cordia, al oir las quejas divinas exhaladas por los pecadores, se compunjan en su corazôn y se conviertan a su gracia. Dios, pues, se queja justa y misericordiosamente. Y si todavia signes didendo que nadie resiste a su voluntad, por­ que a quien quiere le ayuda y a quien no quiere le abandona, y tanto el socorrido como el abandonado pertenecen a la misma masa de pecadores, y que, aunque es cierto que a uno y a otro se les debe el suplicio, sin embargo, al uno se le exige y al otro se le perdona, habrâ que decirte: iOh hombre!, &y tû quién eres para contestar a Dios?” (cf. o.c.. 17: ibid., 123) R I »1 SAN BERNARDO La santidad de vida en el estado sacerdotal Conocidos son los pecados de la Edad Media v cômo la reforma tuvo por pilares de sus cimientos a Cluny y a Claraval. En la obra de San Bernardo aparece su preocupaciôn por la cuestiôn de las invesüduras, la sinionia v la castidad. A) Condiciones del pescador a) Santidad propia “Al meditar en estas palabras de la Esposa, no pocas veces tengo que echarme en cara no haber sabido guardar la mia, el haber tornado a mi cuenta la cura de aimas, que 1 En el nûmero iS habia lanramente sobre un pensamicnto que hemos ex tmesto vîi al tratar de la misericordia y cl perdôn de nuestros ofensores, y que, eu e55 vigilante de lo que fuera menester a la mia! No me es dado cercarla de muros ni edificar en ella un lagar. ;Ay! Su cerca esta toda caida, y cuantos pasan por el camino la vendimian. Abierta esta y expuesta por todos los costados a las incursiones de la ira, de la tristeza y de la impatientia. Las necesidades urgentes, cual raposillas, la destruyen y saquean. La opresiôn del espiritu, los recelos, las inquietu­ des, entran de tropel en ella por doquier. Apenas esta una hora sin verse turbada por tantos como tienen entre si diferencias y sin hallarse expuesta al tumulto y agitaciôn de los negocios. Y lo peor es que, si quiero cumplir los deberes de mi cargo, no puedo substraerme a esas inquietudes ni evitar que acudan a mi los que necesitan mi consejo, aun­ que a veces apenas me dejan tiempo para orar. ;Qué to­ rrentes de lâgrimas bastarân para regar la esterilidad de mi alma? (Ps. 34,12). Quise decir la esterilidad de mi vina; pero la costumbre de rezar estas palabras del Salmo ha puesto en mis labios alma en lugar de vina. Y no me pesa de la equivocation, pues me hace caer en la cuenta de la se­ mejanza de estas dos cosas, porque el Salmo no habla de vina, sino del aima. Que se piense, pues, en el aima cuando se habla de la vina; porque bajo la figura y nombre de vina se llora aqui la esterilidad del aima. iCon que lâgri­ mas, pues, podré yo regar mi vifia, tan estéril? Todos sus pâmpanos estân secos por falta de agua. Estân tirados por tierra, sin fruto alguno, faltos de humedad. ;Oh buen Je­ sûs! Tû me eres testigo de que el fuego de la contrition que arde en mi pecho, todos los dias consume grandes manojos deesos sarmientos al ofrecerte el santo sacrificio de la misa. Ruégote con todas veras te dignes aceptar el sacrificio de mi espiritu compungido y que no deseches mi corazôn con­ trito y humillado” (o.c., 7: ibid., p.216). 2. El cuidado de los demâs y el cuidado de si mismo “Asi aplico yo a mis imperfectiones las palabras de la Esposa. Mas aquel serâ perfecto que pueda decir: No lie guardado mi vina, en el sentido en que el Redentor dice en el Evangelio: Quien perdiere su vida por mi amor, la volverà a hallar (Mt. 10,39). Cierto, merece le confien la guar­ da de las vinas del Senor aquel a quien el cuidado que debe tener de la suya propia no le estorba velar sobre las de los demâs con toda diligenda y exactitud, sin buscar sus propias ventajas e interés, sino solo lo que mira a la glorificaciôn de Dios y salud de las aimas. Por eso, sin duda, confia­ ron a Pedro el cuidado de tantas aimas de judios conver­ sos, por ser hombre siempre dispuesto y preparado para ir t f 956 LA PESCA MIL AGROSA a la cdrcel y a la muerte (Lc. 22,33). Tan poco era lo que ei amor a su propia vina, es decir, a su aima, le distraia de velar sobre las que le estaban confiadas” (ibid.). B) a) Dejar las redes Reprende a los que temeraria e indignamente usurpan LAS SAGRADAS FUNCIONES DE LA IGLESIA 1. Ansia de prelacias y espiritu de ambiciôn “Hijitos, iqulén os ensenarâ a huir de la ira venidera? (Mt. 3,7). Nadie hay que merezca tanto esta ira como el enemigo que simula ser amigo, jjudasl, &con un beso en­ trevus al Hijo del hombre (Lc. 22,48) ; tû, que parecïas te­ ner una misma aima conmigo, y comias de mis dulces manjares, y ponias la mano en mi mismo plato? No seras tu de aquellos por quienes ora al Padre y dice: Padre, perdônalos porque no saben lo que hacen (Le. 23,34). ;Ày de vosotros los que no sôlo os alzais con la Have de la cien­ cia, sino también con la de la autoridad! No contentos con dejar de entrar vosotros, impedis de mil modos que entren los demâs, a quienes debierais empujar por razôn de vuestro cargo a que entrasen. Habéis arrebatado las llaves en vez de recibirlas. De vosotros se quejaba el Senor por el profeta: Ellos reinaron, pero no por mi; y levantdronse como principes, y yo no los habia Tlamado (Os. 8,4). ;De donde nos viene esa ardodosa ansia de prelacias, ese desenfreno de vuestra ambiciôn, esa frenética locura por arrebatar prebendas? iHay alguno entre vosotros que sea osado hasta el punto de desdeüar la autoridad del mâs pequeno de los principes dei siglo, de modo que sin orden suya y aim contra su voluntad se arrogue las funciones de ministro, se apodere de sus rentas y dirija sus nego· cios? Pues no penséis que Dios aprueba lo que hacen en su vastisima casa y dominios esos vasos de ira, destinados a perecer. Cierto que son muchos los que se llegan aqui, pero considerad el nûmero de los verdaderamente llamados”. 2. Limpieza de corazôn y desint erés apostôlico “Para eso bâstaos meditar cm el orden que sigue el Se­ nor en su sermôn de las bienaventuranzas. Dice: Bien· aventurados los limpios de corazôn, porque ellos verdn a Dios (Mt. 5,8); y luego prosigue: Bienaventurados los pa­ cificos, porque ellos serân llamados hijos de Dios (ibid., 9). Limpios de corazôn llama el Padre celestial a los que no buscan sus intereses, sino los de Jesucristo, y en todo pro- SEC. 3. SS. PADRES. SAN J1ERNARDO 957 curan no lo que· ha de ser ùtil a ellos mismos, sino lo que ha de redundar en bien de muchos. Pedro, i?ne amas? Senor, tùsabes que te amo. Pues apacienta mis ovejas (lo. 21,16), le contesta. ;Cômo iba a confiar la guarda de sus amadas ovejas a un hombre que no fuera verdaderamente amante? Porque ciertamente, para desempefiar el oficio de administradores, lo primero que se exige es probada fidelidad. ;Ay de los siervos infieles que, sin estar todavia reconciliados ellos mismos, se atreven a reconciliar y arreglar los negocios ajenos, como podrian hacerio si efectivamente fueran justos! jAy de los hijos de ira que se Daman ministros de misericordia! ,Ay de los hijos de ira que no se avergiienzan de usurpar el nombre y la dignidad que corresponde a los varones pacificos! ;Ay de los hijos de ira que se fingen fieles medianeros de paz para engordar con los pecados del pue­ blo! iAy de los que viven segûn la carne, y, siendo eUos incapaces de agradar a Dios, presumen que le pueden volver favorable a sus hermanos!” 3. El estado de la Iglesia “A los que gemimos por el actual estado de la Iglesia no nos extraria que de una culebra nazea un escorpiôn. No nos pasmamos tampoco de que vendimien la vifia del Sefior hom­ bres que quebrantan las leyes que el Sefior impuso. Hemos visto que con manifiesta desvergüenza se alzan con el rango que corresponde a los varones pacificos, y aun se entremeten en funciones que solo competen a los hijos de Dios, hom­ bres que jamâs oyeron la invitaciôn del Sefior para que entraran en su corazôn, o que, si la oyeron, en vez de seguirla, corrieron a las frondas para esconderse debajo de eUas. Por eso no han parado de pecar, sino que arrastran tras si la larga red que los tiene cogidos. Todavia no han abierto los ojos para contemplar su indigencia y pobreza, sino que dicen: “Ricos somos; de nada necesitamos”; cuando en realidad son pobres, desnudos, misérables y dignos de lâstima” (cf. Sobre la conversion de los clérigos c.19: BAC, Obras completas t.2 p.735-736). b) REPRENDE A LOS INCONTINENTES, QUE NO TEMEN DESHONRAR CON SUS TORPEZAS LAS ÔRDENES SAGRADAS 1. Interesa la calidad, no el nûmero “No acusamos a todos, pero tampoco puedo excusaros a todos. El Sefior se ha reservado muchos miles de ministros fieles; que, si la santidad de ellos no nos excusara y si esta santa semilla plantada por el Senor Dios de Seabot no renaciera entre nosotros, tiempo ha que hubiéramos caido como Sodoma y hubiéramos perecido como Gomorra. La Igle­ sia, en efecto, parece dilatarse, y el mismo sacratisimo orden clerical también; el numéro de hermanos se multiplica sobre todo nûmero. Pero aun cuando ha crecido tu Iglesia, Senor, no se ha magnificado su alegria, pareciendo haber perdido en méritos lo ganado en nûmero. Corren de todas partes a las ôrdenes sagradas, y vemos algunos que cargan sobre si, sin respeto ni consideraciôn, ministerios temibles para los mismos ângeles. No temen empuüar en sus manos el cetro del reino celestial ni cenir la corona del imperio, avasallados como estân por la avaricia, dominados por la soberbia, esclavizados por la iniquidad y sujetos a la tirania de la In­ juria... i Quién ha reedificado las ciudades de la torpeza y de la inmundicia?” 2. Estado sacerdotal y celibato eclesiiistico “jAy! ;Ay! El enemigo del hombre disperso por doquier los funestos rescoldos dei incendio de azufre, y con las exé­ crables cenizas apestô todo el cuerpo de la Iglesia, alcanzando a muchos de sus ministros con las salpicaduras de aquella cloaca fetidisima y sucisima. jAy, raza elegida, sacerdocio real, gente santa, pueblo de adopciôn! 4 Quién al ver los principios de la religion cristiana. tan regalada por el chorro de carismas espirituales, pudo nunca creer que con el tiempo podias aparecer asi? Manchados con todo linaje de desôrdenes, entran en el mismo tabernâculo del Dios vivo y habitan con todas sus inmundicias en el templo del Senor, manchândolo con su presencia y provocando con­ tra ellos mil sentencias de condenaciôn por llevar sobre su conciencia tan gravisimas culpas y atreverse a entrar con taies disposiciones en el santuario del mismo Dios... jOjalâ que antes de ponerse a edificar la torre se hubiesen sentado a tentar sus fuerzas por si acaso no tenian bastantes para terminarla! ;Pluguiese a Dios que los que no se sientan fuertes para guardar siquiera continenda, temiesen y no abrazasen temerarios el celibato! Porque el celibato es verdaderamente torre suntuosisima y nombre excelso que no to­ dos son capaces de entender. Fuera mucho mejor, sin duda. casarse que quemarze (1 Cor. 7,9), y mayor dicha salvarse en un grado humilde, como el comûn del pueblo, que vivir desastradamente en la sublime dignidad clerical, para luego ser juzgado con justicia inexorable” (o.c., c.20: ibid., p.737-738). SEC. Λ. C) SS. PADRES. SAN BERNARDO 959 SERIA EXHORTACI0N A LA PENITENCIA 1. El cdibato y la austcridad de vida “Respetad, os ruego, hermanos, respetad a vuestras al­ mas, respetad la sangre por vosotros derramada. Guardaos del horrendo peligro y salvaos del fuego dispuesto a devorar a los pecadores. Vuestra profesiôn de fe cristiana cese, al fin de parecer una irrisiôn, y la virtud resplandezca, al cabo, en las demostraciones de piedad. No sea el celibato una vana apariencia, vacia de realidad. Y ^como no ha de peligrar la casti dad en las delicias, y la humildad en las ri­ quezas, y la piedad en el estruendo de los negocios, y la ver­ dad en vanas parlerias, y la caridad, en fin, viviendo en me­ dio de este mundo perverso? Huid de en medio de Babilonia, huid y salvad vuestras aimas. Acogeos a las ciudades de re­ fugio, donde podâis hacer penitencia por los pecados de la vida pasada, alcanzar gracia para las luchas de la présente y esperar confiadamente la gloria de que gozaréis en la fu­ tura. No os retarde la conciencia de los pecados, porque alli donde éstos abundaron solid sobreabundar la gracia. No os aterre la austeridad de la penitencia, pues todos los sufrimientos de este mundo nada son comparados con las culpas perdonadas. Todavia valen menos frente al consuelo que ya en la tierra nos dan, y ni admiten parangon con la gloriosa vida por ello prometida. En fin, no hay en el mundo tanta amargura que no la suavice aquella harina (Is. 47,2) de que habia el profeta y no se nos haga dulce y sabrosa al paladar, yendo condimentada con la sabiduria, que es p1 verdadero ârbol de la vida”. 2. El ejemplo de los simples fieles “Si no creéis a mis palabras, creed a las obras y rendios ante los ejemplos de la mayor parte de los cristianos. Corren por doquier los pecadores a la penitencia, y aun siendo delicados por su educaciôn, no les asustan rigores a trueque de calmar los remordimientos de su conciencia. Nada hay imposible a los creyentes ni dificil a los amantes, como nada hay tampoco bastante âspero para los mansos ni ar­ duo para los humildes, porque la gracia de Dios -les ayuda y la devociôn que sienten en obedecerle alivia el peso de la misma obediencia. Hasta cuando andaréis tras de las grandezas y os hincharéis con altos pensamientos sobre vosotros mismos?... ;Ojalâ que todos los que se adelantan por semejantes medios fuesen tan fieles en cumplir con su deber como fueron arrogantes en querer exaltarse! Pero dificil es, por no decir imposible, que de la amarga raiz de la ambiciôn brote el sabroso fruto de la caridad” (cf. o.c., c.21: ibid p.739-740). r II SEcc.ioy ir . I. teologos SANTO TOMAS DE AQUINO La obediencia Entre las virtudes que refleja el evangelio de hoy en la persona de Pedro, resplandece, mâs que otra alguna, la obediencia. Por eso exponemos ’.a doctrina de Santo Tomas acerca de ella. Nos limitâ­ mes a la Sunia Teolôgica, por ser compléta su doctrina. Sera de gran aplicaciôn prâctica en este y en otros domingos. A) La obediencia del inferior al superior es de derecho natural “Como las acciones de las cosas naturales proceden de sus potencias naturales, asi también las operaciones huma­ nas proceden de la humana voluntad. Y, puesto que en las cosas naturales precisamente las superiores mueven a las inferiores a sus actos por la excelencia de la virtud natural otorgada por la divinidad, también es menester que en las humanas las superiores muevan a las inferiores por su vo­ luntad en virtud de la autoridad delegada por Dios. Mover, empero, por la razôn y la voluntad es mandar; y, por consiguiente, asi como, por el mismo orden natural instituido por la divinidad, los seres inferiores en la naturaleza tie­ nen que someterse necesariamente a la mociôn de los supe­ riores, de igual modo también en las cosas humanas, segûn el orden del derecho natural y divino, los inferiores estân obligados a obedecer a sus superiores” (2-2 q.104 a.l c). a) Es VIRTUD ESPECIAL “A todas las obras buenas, que tienen una razôn espe­ cial de alabanza. se atribuye una virtud especial, porque lo propio de la virtud es hacer buena la obra. Mas el obe­ decer al superior es debido, segûn el orden divino estable- TFÔI.OGOS. SANTO TOMAS 961 cido por Dios en las cosas, y, por consiguiente, es bueno, dado que lo bueno consiste en el modo, la especie y el or­ teil. Pero este acto tiene especial razôn de alabanza por su especial objeto; nues, debiendo tributar los inferiores mu­ ltes (defercncias) a los superiores, entre otras hay una es­ pecial, y es que estân obügados a obedecer a sus preceptos. Luego la obediencia es virtud especial (2-2 q.104 a.2 c). b) No TEOLÔGICA "La obediencia no es virtud teolôgica, porque no es Dios su objeto per se, sino el precepto de cualquier superior, ya expreso, ya interpretative, es decir, la simple palabra del superior indicando su vohmtad. a quien obedece el buen obediente, segiin aquello (Tit. 3,1) : Amonestadles que es­ tes sujet os a los principes y a las potestades, que obedezcan sus ôrdenes” (2-2 q.104 a.2 ad 2). c) Es VIRTUD MORAL “Es, empero, virtud moral, como parte que es de la jus­ ticia; y es un medio entre lo excesivo v lo defectuoso. El exceso en esta virtud se atiende no segûn la cantidad, sino wgùn otras circunstancias, esto es, en cuanto alguno nbedece a quien no debe o en lo que no debe” (ibid.). d) Consiste en un término medio “Asi como en la justicia hay exceso en el que retiens lo ajeno. y falta por parte de aquel a auien no se paga lo que se debe, como dice el Filôsofo (cf. Ethic. V 4.5J3: Bk 1132310), asimismo la obediencia es un término medîo en­ tre lo excesivo, nue se considera por parte del que substrae al superior el débito de la obediencia, porque hace con ex­ ceso su nronia voluntad; y el defecto, que se considéra por narte del superior, a quien no se obedece. Luego, segûn esto. la obediencia serâ un medio entre dos malicias. como se ha dicho de la justicia” (ibid.). e) Es menor que las virtudes teologales “Asi como el pecado consiste en que el hombre se anegue a los bienes mutables con desprecio de Dios. asi el mérito de los actos virtuosos consiste en oue el hombre, desoreciando los bienes creados, se una a Dios como a su fin. Mas el fin es mejor que los medios a él conducentes. Si, pues. La Palabra de C. 5 31 962 TA PESC\ milagrosa son despreciados los bienes creados con el fin de unirse a Dios, mayor es la alabanza de la virtud por unirse a Dioe que por el desprecio de los bienes terrenos; y, por lo tanto, aquellas virtudes por las cuales nos unimos a Dios, es decir, las teolôgicas, son mâs excelentes que las virtudes mo­ rales, por las que se desprecia algo terreno para unirse a Dios” (2-2 q.104 a.3 c). La mayor, f) empero, de las morales “Entre las virtudes morales,’ tanto mâs noble es una cuanto uno desprecia algo mayor para unirse a Dios; y nues hay très géneros de bienes humanos, que puede el hom­ bre desnreciar por Dios, siendo el infimo de ellos los bie­ nes exteriores, el medio los bienes del cuerpo, y el supre­ mo los bienes del aima, entre los que es, en cierto modo, el principal la voluntad, esto es. en cuanto por ella el hom­ bre nsa de todos los otros bienes, por esto, hablando en ge­ neral, es mâs laudable la virtud d^ la obediencia, que des­ precia por Dios la voluntad pronia, que las otras virtudes morales, que desprecian por Dios otros bienes mâs inferiores” (ibid.). C) a) El mérito de la obediencia Obedeciexdo triunfa el hombre de si MISMO “Dios deiô al hombre en manos de su propio consejo, no rorque le sea permitido hacer todo lo que ouiera, sino porque nn ohiigado a ejecutar por necesidad de naturaleza lo que debe. como las criaturas irracionales, y si por libre elecciôn pmopHpnte.del consejo propio: y. a la manera que para hantrnq co'm's debe procéder por su propio conseio. asi también para obedecer a sus superiores, nues dice San Grego­ rio aun. “al obedecer humildemente a la voz de otros. triunfnmns dn nosotros mismos en nuestro corazôn” (cf. Moral. 35,14: PL 76,765) (2-2 q.104 a.l adl). b) La obediencia da mérito a las obras debidas “La obra bâcese virtuosa. y laudable, y meritoria, prinCipalmente nor su procedencia de la voluntad; v. por tanto, aurque obedecer sea lo debido, si alguno obedece con nronta voluntad. no nor esto se disminuye su mérito, principalmente ante Dios, quien no solo ve las obras exteriores, sino también la voluntad interior” (2-2 q.104 a.l ad 3). SEC. 4- TEÔLOCOS. SANTO TOMAS 063 c) SIN ELLA NADA VALEN ANTE DlbS LAS OBRAS BUENAQ “Cualesquiera otras obras de las virtudes son merito­ rias ante Dios, en cuanto se ejecutan para obedecer a la voluntad divina. Porque, aunque uno sufriera el martirio orepartiese todos eus bienes a los pobres, si no lo ordenase todo al cumplimiento de la divina voluntad, lo cual pertenece directamente a la obediencia, no podrian ser estos actos meritorios; como tampoco, si se hiciesen sin caridad, la cual no puede existir sin la obediencia, pues se dice que “el que dice que conoce a Dios y no guarda sus mandamientos es mentiroso... ; mas el que guarda sus palabras, la caridad perfecta de Dios esta verdaderamente en él” (1 lo. 2,4-5). Y esto es asi porque la amistad hace querer y no querer lo mismo” (2-2 q.104 a.3 c). La d) obediencia es mayor en lo dificil “La obediencia, como asimismo cualquiera virtud, debe tener pronta voluntad para su propio objeto, mas no para io que la contradice. Anora bien, el objeto propio de la obediencia es el precepto, que procede de la voluntad de otro, por lo que la obediencia hace pronta la voluntad del hom­ bre para cumplir la voluntad de otro, esto es, del que man­ ca. fero, si io que se le manda le es querido por si mismo, aun sin razôn de precepto, como sucede en lo favorable, nende a ello por su propia voluntad, y no parece cumplirlo por causa del precepto, sino por la propia voluntad; mas, cuando lo que se manda no es en modo alguno querido por si, sino que, considerado en si mismo, repugna a la voiuntad, como sucede en lo dificultoso, entonces es completamente évidente que no se cumple sino por causa del pre­ cepto, y por esto San Gregorio dice que *‘la obediencia que aiguno tiene de si en las cosas favorables es o nula o meuur" (cf. Moral. 35,14: ’PL 76,765), esto es, porque la voluntad propia no parece tender principalmente al cumplimiento del precepto, sino a conseguir su propio querer. "Mas en las contrarias o difidles es mayor” (o.c.), porque la voluntad propia a nada tiende sino al precepto q.104 a.2 ad 3). e) Mas meritoria cuanto mâs sumisa “Segûn el juicio de Dios, que escudrina el fondo de los corazones, puede suceder que también en las cosas favora­ bles la obeuiencia, que encuentra su interès en la sumision, 964 LA PESCA MILAGROSA no sea por esto menos laudable si por la voluntad del que obedece no tiende con menos abnegaciôn al cumplimiento del precepto” (2-2 q.104 a.2 ad 3). f) La obediencia pronta previene al mandato expreso DEL SUPERIOR “Su objeto especial es el precepto tâcito o expreso; pues de cualquier modo que se dé a conocer la voluntad del su­ perior, hay un precepto tâcito, y tanto mâs pronta parece la obediencia cuanto previene obedeciendo al expreso man­ dato una vez conocida la voluntad del superior” (2-2 q.104 a.2 c). D) La obediencia esta incluida en otras virtudes “La obediencia procede de la reverencia, que da culto y honor al superior, y en este sentido se contiene bajo diver­ sas virtudes, aunque considerada en si, esto es, referida a la razôn de precepto, es una virtud especial. En cuanto pro­ cede, pues, de la reverencia a los superiores, se contiene de algun modo en la observanda; si de la reverencia a los padres, en la piedad; si de la debida a Dios, en la religion, y pertenece a la devociôn, que es el acto principal de la re­ ligion” (2-2 q.104 a.3 ad 1). E) La obediencia debe anteponerse a otros bienes “Hay dos clases de bienes : uno que el hombre estâ obligado necesariamente a hacer, como amar a Dios o algo semejante, y tal bien no puede ser omitido en manera algu­ na por causa de obediencia; y otro, al cual no estâ obligado por necesidad, y tal bien debe- el hombre omitir algunas veces por obediencia, a la cual estâ obligado necesaria­ mente, porque no debe el hombre hacer algiïn bien incurriendo en culpa” (2-2 q.104 a.3 ad 3). F) Obediencia a Dios y obediencia a los hombres a) Hay que obedecer a Dios siempre y en todo “El que obedece es movido por el imperio de aquel a quien obedece, como las cosas naturales son movidas por sus motores. Mas, asi como Dios es el primer motor de to- SEC. 4. TEÔLOGOS. SAN’TO TOMAS 965 das las cosas que se mueven naturalmente, asi también es el primer motor de todas las voluntades, segûn resulta de ’o expuesto. Y, por lo tanto, asi como por natural necesidad todas las cosas naturales estân sometidas a la mociôn divina, igualmente, por cierta necesidad de justicia, todas .as voluntades estân obligadas a obedecer al divino imperio” (2-2 q.104 a.4 c). ; '‘Aunque el nombre no siempre esté obligado a querer lo que Dios quiere, no obstante, siempre estâ obligado a querer lo que Dios quiere que el hombre quiera, y esto es io que principalmente se da a conocer al hombre por el prectpto divino. Por consiguiente, el hombre estâ obligado a obedecer los preceptos divinos en todas las cosas” (2-2 q.104 e.l ad 3). Λ b) NO SIEMPRE SE DEBE OBEDECER A LOS HOMBRES 1 Cuando mandan algo contra Dios “Puede suceder que un sûbdito no esté obligado a obe­ decer a su superior en todas las cosas: l.°, por causa del precepto de un poder superior; pues, como dice la Glosa soore aquello: Los que resisten a lu potestad adquieren su si el procurador manpropia condenacïôn (Rom. 13,2) dare algo, i debes acaso ejecutarlo, estando en oposiciôn con lo mandado por el proconsul? Y, si el proconsul manda una cosa y otra el emperador, i es dudoso que se debe despreeiar al primero y servir al segundo? Luego, si el empe­ rador manua una cosa y Dios orra, despreciando a aquél, debemos obedecer a Dios” (cf. Lombardo: PL 191,1505; cf. San Agustîn, Serm. 62,8: PL 38,421) (2-2 q.104 a.5 c). 2. O mandan aigo en lo que no se esta sometido “No estâ obligado a obedecer el inferior a su superior si le manda algo en lo que no le esté sometido; pues dice Séneca (cf. De benef. 3,20) : “Yerra el que juzga que la servidumbre pesa sobre el hombre todo, porque la parte mejor estâ exceptuada; los cuerpos estân sometidos y adjuaicados a los senores, mas el aima es libre”. Asi, pues, tn las cosas que pertenecen al movimiento interior de la voluntad, el hombre no estâ obligado a obedecer a otro hom­ bre, sino solamente a Dios” (ibid.). 3. Hay que cbedecer en la disposiciôn de los actos humanos “En las cosas que pertenecen a la disposiciôn de los ac­ tos y cosas humanas estâ obligado el sûodito a obedecer a su superior, segûn la razôn de su supenondad, como el sol­ dado al capitân del ejército en las cosas pertenecientes a la guerra, el siervo al senor en la ejecuciôn de las cosas ser­ viles, el hijo ai padre en las que pertenecen a la education y cualidades domesticas, y asi de los demâs” (ibid.). c) 1 El cristiano ha de obedecer al poder civil En general “La fe de Cristo es principio y causa de la justicia, segûn aquello: La justicia de Dios por la fe de Jesucristo (Rom. 3,22), y, consiguientemunte, por la fe de Jesucristo no se quita el orden de ia justicia, sino que se afirma mâs. Ahora bien, el orden de la justicia requiere que los infe­ riores obedezcan a sus superiores, pues de otro modo no podria conservante el estado de las cosas humanas. En con­ secuencia, por la fe de Cristo no se excusan los fieles de su obligation de obedecer a los principes seculares” (2-2 q.104 a.6 c). 2. El aima es libre “La sumisiôn por la que un hombre estâ sometido a otro pertenece al cuerpo, no al aima, que permanece libre. Mas al présente, en el estado de esta vida, por la gracia de Cristo somos librados de los defectos del aima y no de los del cuerpo, como se ve segûn lo que de si mismo dice el Apôstol, que con la mente sirve a la ley de Dios, mas con la carne a la del pecado (Rom. 7,23) ; y, por tanto, los que son hechos hijos de Dios por la gracia son libres de la esclavitud espiritual del pecado; mas no de la servidumbre corporal, que los encadena a ia voluntad de sus sehores temporales, como dice la Glosa (ordin.) sobre aquello: Todos los siervos que viven bajo el yugo... (1 Tim. 6,1)” (2-2 q.104 a.6 ad 1). 3. Excepciôn “En tanto el hombre estâ obligado a obedecer a los principes seculares en cuanto lo requiere el orden de la justicia. Y asi es que, si no tienen un principado justo, sino usurpado, o si mandan cosas injustas, no estân obligados los sûbditos a obedecerles, a no ser per accidens, para evitar escândalos o grave peligro” (2-2 q.104 a.6 ad 3). SEC. Λ. G) TEÔLOGOS. SAN BTIENAVF.NTUR A 967 Triple obediencia “Puede distinguirse una triple obediencia: una suficiente para la salvaciôn, esto es. que obedece en las cosas a que se estâ obligado; otra perfecta, que obedece en todas las licitas; otra indiscreta, que obedece aun en lae ilïcitas” (2-2 q.104 a.5 ad 3). H) La desobediencia es pecado mortal a ex genere suo» “Pecado mortal es el que contraria a la caridad, por la que existe la vida espiritual. Mas por la caridad se ama a Dios y al prôjimo. y la caridad de Dios exige que se obedezcan sus mandatos, segïin lo dicho (q.104 a.3). Por esta razôn, el ser inobediente a los divinos preceptos es pecado mortal, como contrario al divino amor. En los nreceptos divinos se contiene asimismo la obligaciôn de obedecer a los superiores: v asi también la inobediencia, nor la que uno es inobediente a los preceptos de los superiores, es pecado mortal, como contrario al di­ vino amor, segûn aquello: El aue resiste a la potestad re­ siste a la ordenaciôn de Dios (Rom. 13,2V Contraria, ade­ mâs, al amor del prôjimo, en cuanto substrae al prôjimo superior la obediencia que le debe” (2-2 q.105 a.l c). SAN BUENA\ŒNTURA Dejandolo todo Gerardo de Abbeville escribiô un lîbelo contra los frailes mendicantes, al que contesta el Doctor Serâfico con su obra Apologia de los Pobres, en la que defiende v explica la pobreza evangélica. Selercionaremos algunas ideas de las expuestas a partir dei capitulo 3 (cf. BAC, Obras de San Buenaventura t.6 p.48g). A ) La pobreza voluntaria, raiz de perfecciôn a) Cristo, fundamento de la religiôn cristiana Cristo es el fundamento de la religion cristiana, segïin San Pablo: Otro fundamento no puede ponerse sino el que esta puesto, Cristo Jesûs (1 Cor. 3,11)» qne se colocô en 96R r\ PFSC\ Mil. \GROS\ nuestros entendimientos por medio de la fe y en la voluntad nor la caridad: En la caridad radicados y fundados (Eph. . 3,17) La avaricia se opone a este fundamento, porque es la rais de todos los males; apeteciéndola algunos, erraron en la fe (1 Tim. 6.10). Raiz que lleva aneja la soberbia y con ella todo pecado. b) Cristo, origen de todo bien, se abrazô con la pobreza Ahora bien, el desorden de la avaricia radica en los afectos del aima, pero su ocasiôn e incentivo son las cosas exteriores. Lu ego, para mejor y mas radîcalmente extirnar esa raiz. lo mas conveniente sera renunciar al afecto espiritual a las cosas y a su misma posesion material. “Si. pues, esta doble renuncia, a saber del mundo y de sus concupiscencias. la cual llaman también pobreza de esDi'ritu. es tal aue con plia se corta perfectamente la raiz de todos los males..., puede conchiirse con razôn Herta que es la raiz y fundamento de la nerfecciôn evangéb'ca, por la cual somos configurados con Cristo” (cf. o.c., 1-3). B) a) Dos closes de pobreza actual Pobreza individual y pobreza colectiva La pobreza actual puede ejercerse de dos modos, a saber, no poseyendo nada individualmente, pero poseyendo la comunidad. o viviendo todos de limosnas, sin que ni siquiera la colectividad posea. Ejemplo de la primera fueron los fieles de Jerusalén; de la segunda, Cristo v los apôstoles, a quienes enviô el Seüor sin alforja ni bâculo, pues digno es el operario de su sustento (Mt. 10.9), y a quienes imnuso la pobreza absoluta y carencia incluso de bienes muebles, con los cuales suele sustentarse la vida comûn de los hom­ bres. “Cristo guardô para si esta norma perfecta de po­ breza como especial prerrogativa, y mandô a los apôstoles aue la guardasen, y la aconsejô, recomendândola, a los que desean seguir las pisadas de aquéllos”. Se extiende largamente el santo Doctor en la demostraciôn de la pobreza de Cristo: “Pobre en el nacimiento, pobre en el curso de la vida, pobre en el término” (cf. o.c., 4-8)· ’· fl 4· : SEC. 4· TEÔLOGOS. SAN BUENAVENTURA 9Ô9 CONVENIENCIA DE LA POBREZA EN EL PREDICADOR b) E1 Cnsôstomo (cf. Horn. 90,4) resume todos los motives diciendo: “Primero, hacer confiados a los apôstoles; segundo, liberarlos de toda solicitud, para que dedicasen todo el tiempo a la palabra; tercero, ensenarles su poder. Por esto les dice después : &Acaso os faltô algo cuando os envié desnudos y descalzos? (Le. 22,35)... Si, pues, a los que... van a pais ignoto no les conviene pedir mâs que el alimento co­ tidiano, mucho mâs a los que pertenecen a la misma casa”. Si predican sin recibir precio alguno, no habrâ nunca duda de que predican por la salud de los hombres y no por su propio interés. "Tanta debe ser la confianza en Dios del predicador, que, aunque no provea a los dispendios de la vida présente, sepa, sin embargo, con toda certeza que no le han de faltar, no sea que, mientras su espiritu se ocupa de las cosas tempo­ rales, provea menos a otros de la eterna” (cf. o.c., 10).’ C) Grados de perfecciôn en la pobreza a) El consejo de Cristo “Lo que Cristo aconseja a los que quieren seguir las pisadas de ellos (los apôstoles) o del mismo Cristo, claramente se colige del consejo que diô al adolescente que se lee en San Mateo: Si quieres ser perfecto, ive, vende todas las cosas que tienes y dalo a los pobres y ven y sigueme" (19,21). Exponiendo Rabano este pasaje, dice (cf. Lïb. 4 in Ht. 19,23) : “En nuestro poder esta ser perfectos si lo queremos; pero el que quiera ser perfecto debe vender todo lo que tiene y no solo parte, como Ananias y Zafira. ... Entre tener dinero y amar el dinero hay alguna distancia. Muchos que lo tienen no lo aman, y muchos que no lo tienen lo aman, y otros lo tienen y lo aman, y otros se gozan en no tenerlo ni amarlo. El estado de estos ultimos es el mâs seguro, pues dice el Apôstol: Para nosotros esta crucificado el mun­ do" (cf. o.c., 13). b) Las riquezas en si mismas no son malas Pero no todos los cristianos estân obligados a este ûltimo grado de perfecciôn, pues las riquezas en si mismas no son malas, como ensenan los maniqueos (cf. o.c., 20). La diferencia de desnudez es grande, pues puede serlo en cuan- 970 LA PESCA MILAGROSA to al corazôn, a la que se nos llama a todos, porque, de lo contrario, el denioiuo nos derribarâ presto, y puede serio en cuanto al corazôn y al cuerpo, renuntiando a la posesioa de las cosas (cf. o.c., 21). rero esta intima es variada, pues hay una que es grande, y consiste en renunciar a toda superfiuidad y position, vivienuo, como decia San Je­ rônimo a Nepociano (cf. Epist. 52,5), solo de los diezmos y servicio del altar, puesto que el Senor es nuestra heredad. Esta forma de pobreza es propia del orden clerical. Pero hay otra que consiste en reaunciarlo todo, la cual pertene­ ce a los monjes (ci. o.c., 22). c) La culpa esta en el afecto La culpa no estâ en la riqueza, sino en el afecto; pero, a pesar de ello, es ocasiôn de pecado, de avaricia, soberbia, olvido de Dios, y esto aun para los perfectos (cf. o.c., 23-25). En medio de esta doctrina general, el Santo deïiende a los mendicantes y arguye contra los que quieren poseer en los monasterios mayores bienes que los que disfrutaban an­ tes de decidirse a seguir a Cristo. No solo el monje, sino el monasteno entero uebe ser pobre. Sobre este tema vuelve en el capitulo 7, numero 17, auueiendo textos de San Ber­ nardo. ΠΙ. « PREDICACION UNIVERSAL El copo de los Pescadores de hombres fué una pesca milagrosa. En otras dominicas se expone el milagro moral de la expansion de la Igiesia con los datos proporcionados por la historia a primitiva » β (véase La Palabra de Cristo t.2 p.720-729). Hoy nos limitumos a présentât la dispersiôn apostôlica de los discipulos, trasladando las noticias dei capitulo 6 : «El primer con­ tacto" de la Iglesia con los pueblos bârbaros», de la Historia tacto Histôria. general de la Iglesia, de Fernando Mouchet, profesor de San Sulpicio; iraducciôn de Echalar, U. M. C. (Barcelona, Bloud y Gay, 191S) p.172 ss. Prescindimos de los capituios destinados a los viajes de ISan Pabio y la estancia de San Pedro en el imperio romano, por ser mas co'nocidos. 9 A) a En todo el mundo entonces conocido a) Santo TomAs Segûn Eusebio, que aduce la tradiciôn, predicô a los par­ tes. Segûn San Jerônimo, a los persas. Lo que parece deducirse es que evangeüzô la parte oriental y meridional del imperio que solia designarse con el nombre de India. Los monumentos descubiertos en Oodeypura, de la actual India oriental, parecen. referirse a un nestoriano Hamado Tomâs. SEC. 4. TEÔLOGOS. MOUCHET b) 971 San Mateo Es mâs incierto el lugar de su predicaciôn, que San Gre­ gorio el Grande y Socrates colocan en Etiopia, después de haber residido quince anos en Palestina. c) San Matîas Una tradiciôn le hace morir en Judea, y otra mâs verosimil en Etiopia. d) San Bartolomé Segûn todos los autores, trabajô en la India, sin que pueda determinarse en qué regiôn de las que recibian tal apelativo. El breviario acepta la que indica Armenia. e) San Simôn y San Judas Patentes del Senor, estân asociados por el breviario a la Mesopotamia. San Simon debiô de ir particularmente a Egipto. f) San Andrés Eusebio y Nicéforo dpscriben su viaje, a través del Asia ,Ψπογ, a la misteriosa Escitia, al norte del mar Negro, dond« rlpsapareoe dedicado a misionar en la futura Rusia entre el Don y el Danubio. Vntyr» a anarecer por Macedonia, para niorir crucificado en Patrâs de Acaya, cerca del golfo de bmanto. Sus ardientes anhelos ante la cruz y su predica­ te? desde ella constan en una "Carta do los sacerdotes y diâconns de Acaya”, cuya autenticidad ha sido defendida por criticos de nota. B) La penetracion intensiva Si a esto anadimos los viaies de San Pablo, podremos concretar la historia de los apôstoles diciendo que “setenta arins después de la muerte del Salvador parece ohp la excur­ sion evangelizadora no solamente habia recorrido Europa de un extr°mo a otro, de oriente a occidente, sino también Asia y Africa habian sido penetradas profundamente, mu­ cho mâs alla de las fronteras dei imperio”. Harnack enumera cuarenta y una ciudades en las oue existfan ciertamente cristiandades en tiempo de los apôs­ toles; pero, segûn las Epistolas de San Pedro y San Pablo, 972 LA PESCA MILAGROSA se sabe posîtivamente que habia otras muchas ademâs de aquellas cuyos nombres se citan. El milagro de Pentecostés se verificaba en un sentido nuevo: ‘’Todas las naciones que estân debajo del cielo oirân a los galileos hablar en sus lenguas”, y San Clemente de Roma podia decir en hermosa oraciôn: “El Senor del universo guarde intacto el nûmero de los elegidos esparcidos por todo el mundo”. A esto habria que anadir lo que el mismo Harnack ha llamado la “penetracion intensi va”. Si San Pablo dijo al principio: No hay entre vosotros inuchos sabios, al poco tiempo, junto a Dionisio, convertido en el Areopago, pue­ den numerarse los adeptos de la casa del César en tiempo de Néron y aun la famida imperial en los de Domiciano. Alejandria, que pronto se sintiô lo bastante fuerte para defender la fe con las armas de la ciencia, fué el foco pos­ terior para Oriente, mientras Roma lo era en Occidente. “Es licito avanzar mâs y decir que dos de las naciones destinadas a desempenar un papel prépondérante en la historia de Occidente, Espana y Francia..., el “reino catôlico” y el “rei­ no cristianisimo”, pueden gloriarse de un origen apostôlico”. El autor se extiende sobre los viajes de San Pablo a Es­ pana y Marsella. SECCION V. AUTORES VARIOS FRAY LUIS DE GRANADA I. Grados de obediencia (Cf. Guta de pecadores 1.2 p.2.a c.17: BAC, Obra selecta p.589 ssj A) De cômo hemos de obedecer a Dios "La octava virtud que para con este celestial Padre nos ordena es una general obediencia a todo lo que El manda, en la cual consiste el cumplimiento y suma de toda jus­ ticia. Esta virtud tiene tres grados. El primero, obedecer a los mandamientos divinos; el segundo, a los consejos; el tercero, a las inspiraciones y llamamientos de Dios”. a) OBEDIENCIA A LOS MANDAMIENTOS Es de todo punto necesaria para la salud; la de los con­ sejos ayuda para la de los mandamientos, sin la cual mu­ chas veces suele correr peligro. “Porque el no jurar, aun­ que sea verdad, sirve para no jurar cuando sea mentira; el no pleitear, para no perder la paz y la caridad; el no poseer cosa propia, para estar mâs seguro de no codiciar la ajena, y el hacer bien a quien nos hace mal, para estar mâs lejos de procurarle 0 hacerle mal”. b) Obediencia r·- 1 a los consejos “De esta manera, los consejos sirven como de antemuro a los preceptos ; y por esto, el que desee acertar no se con­ tente con la guarda de lo uno, sino trabaje, segùn le fuere posible y segùn la condiciôn de su estado, por guardar lo otro. Porque asi como el que pasa un rïo impetuoso no se contenta con atravesar por medio del rïo, sino antes sube hacia arriba y contra la corriente, por estar mâs eeguro de irse tras ella, asi el siervo de Dios no sôlo ha de poner los ojos en aquello que puntualmente basta para salva rse, sino debe tomar el negocio mâs de atrâs; porque, si no sa- fe «74 T' VISCA MOAGROSA liere con lo que pretende, que es lo mejor, a lo menas lle. gue a lo que cumple para su salud, que es lo que basta". c) Obediencia λ las inspiraciones divinas “El tercer grado dijimos que era obedecer a las inspira­ ciones divinas; pues los buenos servidores no solo obedecen a lo que su sefior les manda por palabras, sino también a lo que les significa por seriales. Y porque en esto podria haber engano tornando por inspiraciôn divina lo que podria ser humana o diabolica, por esto nos conviene hacer aqui aquello que dice San Juan (1 lo. 4,1) : No querdis creer a todo espiritu, sino probad los espiritus si son de Dios". B) a) Antes la obligaciôn que la devocion “Dos MANERAS DE SERVICIOS DE DlOS” “Y para esto, ademâs del contraste de la Escritura di­ vina y de la doctrina de los santos, en el cual se han de examinar estas cosas, podrâs guardar esta régla general, que, como haya dos maneras de servicios de Dios, unos voluntarios y otros obligatorios, cuando éstos acaeciere encontrarse, siempre han de précéder los obligatorios a los voluntarios, por muy grandes y meritorios que sean. Y asi se ha de entender aquella sentencia tan celebrada de Sa­ muel, que dice (1 Reg. 15,22) : vale la obediencia que el sacrificio, porque primero quiere Dios que el hombre obedezca a su palabra y después le haga los servicios que quisiere, sin perjuicio de su obediencia”. b) Cosas de obligaciôn “Y por servicios necesarios entendemos primeramente la guarda de los mandamientos de Dios, sin la cual no hay salud. Lo segundo, la guarda de los mandamientos de aquellos que estân en su lugar, pues quien a éstos resiste, resis­ te a la ordenaciôn de Dios (Rom. 13.11). Lo tercero, la guar­ da de todas aquellas cosas que estân anejas al estado de cada uno, como son las obligaciones que tiene el prelado en su estado, y el religioso y el casado en el suyo. Lo cuarto, la de aquellas cosas que, aunque no sean absolutamente ne­ cesarias, ayudan grardémente a la conservaciôn de las ne­ cesarias, porque también éstas participan alsruna manera de necesidad por razôn de las otras”. RFC. 5. AÜTOfcfcS VARtoS. GRANAtlA c) Ô?Ô Ejeïuplos “Pongamos ejemplo. Tienes tû ya la experienda de mucho tiempo que, cuando cada dia tienes un pedazo de rewgimiento para entrar dentro de ti mismo y examiner tu oonciencia y tratar dei remedio de ella, traes la vida mâs concertada, y eres mâs senor de ti y de tus pasiones, y estas mâs hâbil y pronto para toda virtud; y, por el con­ trario, que, cuando faltas a esto, luego desfalleces, y desbarras en muchas faltas, y te ves en peligro de volver a las costumbres pasadas, porque aûn no tienes suficiente caudal dégrada ni estâs aûn del todo fundado en la virtud; y por esto, como el pobre, que el dia que no lo gana no corne, asi tù el dia que no te den este socorro de devocmn quedas ayuno y flaco y fâcil para caer en las cosas menores, que disponen para las mayores. Pues en tal caso debes entender que Dios te llama a este ejercicio, pues ves que, comûnmente, por este medio te ayuda y sin él sueles desfallecer. Esto digo no para que entiendas aqui necesidad de precepto, sino necesidad de un muy conveniente medio para mejor responder a tu profesiôn. Item, si eres regaïado, y amigo de ti mismo, y enemigo de cualquier trabajo 0 aspereza, y ves que por esto se impide mucho tu aprovechamiento, porque por esta causa dejas de entender en muchas obras virtuosas, por ser trabajosas, y desvarias en muchas culpables, por ser deleitables, en este caso entiende que el Senor te llama a la fortaleza, y a la aspereza y maltratamiento de tu cuerpo, y al trabajo de la mortification de todos tus gustos y apetitos, pues ves por experienda lo que te importa este negocio. De esta manera puedes discurrir por todas aquellas obras cuyo ejercicio te hace mayor provecho y cuya falta te hace mayor falta, y a ésas entiende que te llama Nuestro Senor, aunque en esto y en todas las cosas debes siempre seguir el consejo de los mayores”. d) No LO MEJOR EN SÎ, SINO LO QUE PARA UNO ES MEJOR 9 “De lo dicho parece que, para acertar a escoger, no ha de poner el hombre los ojos en lo que de suyo es mcjor, sino en lo que para él es mejor y mâs necesario; porque muchas obras hay altisimas y de grandisima perfecciôn que no serân por eso mejores para mi, aunque sean mejores en si, porque no tengo yo fuerza para ellas ni soy llamado para eso. Y, por tanto, cada uno permanezca en su llamamiento, y se mida consigo mismo, y ponga los ojos en lo que mâs le arma, y no los extienda a lo que de todo en todo » 976 LA PESCA MLLAGROSA excede eus fuerzas, como lo aconseja el Sabio diciendo (Prov. 23,5) : No levantes los ojos a las riquezas que no puedes alcanzar, -porque tomarân alas como de àguilas y volarân al cielo. Y a los que haeen lo contrario reprende el profeta diciendo (Ag. 1,6) : Mirastcis a lo mâs, y convirtiôseos en menas; abarcasitàs mucho, y apretasteis poco". C) Dîscreciôn en las obras de consejo I “Esta es la ley que se ha de guardar entre los servicios voluntarios y obligatorios; mas entre los que son voluntarios podrâs tener la siguiente. Entre esta manera de servicios, unos son publicos y otros secretos; de unos se nos sigue honra, interés y deleite, y de otros no. Puts entre éstos, si quieres no errar, siempre debes te­ ner un poco mâs de receio de los pùbiicos que de los secre­ tos, y de los que traen algun interés que de los que no lo traen. Porque, como ya muchas veces dijimos, la natura­ leza del amor propio es muy sutil y siempre busca a si mis­ ma, aun en los mâs altos ejercicios. Por lo cual decia un religioso varôn: iSabéis donde estâ Dios? Donde no estâis vos. Dando a entender que aquélla era mâs puramente obra de Dios donde no se hallaba interés propio; porque aqui no parece que se busca ni se pretende otra cosa que Dios. Y no digo esto para que de tal manera declinemos a este extremo, que siempre hayamos de acudir a él, porque en el otro puede haber, y hay muchas veces, mayor mérito y ma­ yor razôn de obligaciôn con todos esos contrapesos, sino para dar aviso de las malicias y resabios del amor propio, para que no todas veces se fie el hombre de él, aunque venga con mâscara de virtud”. D) Cuarto grado de obediencia “A estos tres grados se aûade el cuarto, que es una perfectisima conformidad con la divina voluntad en todo lo que ordenare de nosotros, caminando con igual corazôn por hon­ ra y por deshonra, por infamia y por buena fama, por salud o por enfermedad, por muerte o por vida; bajando humildemente la cabeza a todo lo que El ordenare de nosotros y tornando con igual corazôn los azotes y los regalos, los favores y los desfavores de su mano; no mirando lo que os da, sino quién lo da y el amor con que lo da, pues no con menor amor azota el padre a su hijo que le regala cuando ve que lo cumple”. ■■v SkC. 5. AUTORES VARIOS. GRANADA 977 E) Como cera blanda en las manos del artifice a) Resign aciôn en Dios Έ1 que estos cuatro grados de obediencia tuviere, habrâ alcanzauo aquella resignation que tanto engrandecen los maestros de la vida espiritual, la cual de tal manera sujeta y pone un hombre en las manos de Dios como un poco de cera blanda en las manos de un artifice. Y llàmase resignation porque, asi como un clérigo que resigna un beneficio totalmente se desposee de él y lo entrega en manos del prelado para que disponga de él a su voiimtad, sin contradiction del primer poseedor, asi el varôn perfecto se entrega de tal manera en las manos de Dios, que no quiere ya ser mâs suyo, ni vivir para si, ni corner, ni dormir, ni trabajar para si, sino para gloria de su Creador, conformândose con su santisima voluntad en todo lo que dispusiere de él y tornando de su mano con igual corazôn to­ dos los azotes y trabajos que le^vmieren, desposeyéndose de si y de su propia voluntad para cumplir enteramente la de aquel Senor, cuyo esclavo conoce que es por mil titulos que para esto hay”. b) DlSCRECIÔN Y PRONTITUD “Asi muestra David que estaba resignado cuando decia (Ps. 72,23) : Asi corno un jumento soy, Senor, ante ti, y yo siempre estoy contïgo. Porque asi como la bestia no va donoe quiere, ni descansa cuando quiere, ni hace lo que quiere, sino en todo y por todo obedece al que la rige, asi también lo ha de hacer el siervo de Dios, sujetândose perfectamente a El. Esto mismo significo el profeta Isaias (50,5; cuando dijo; EL Senor me tiablô al aîdo, y yo no le contradigo ni day paso atrâs, rehusando lo que EL me man­ da, por muy âspero y dificuLtoso que sea. Esto mismo nos ensenan por figura aquellos misteriosos animales de Ezequiel (1,12), de quien se. escribe que adoquiera que sentian el impetu y movimiento del Espiritu Santo, luego se movian con gran ligereza, sin tornar atrâs; para significar en esto con cuânta prontitud y alegria debe el hombre acudir a todo aquello que entendiere ser la voluntad de Dios. Para lo cual no solo se requiere prontitud de voluntad, sino también dis­ cretion de entendimiento y discretion de espiritu, como dijimos, para que no nos engaûemos abrazando nuestra pro­ pia voluntad por la suya. Antes—regularmente hablando— ♦. ' · I Û73 LA PESCA MILACROSA ----------------------------- ------------------- »---------------- Λ todo aquello que fuere muy conforme a nuestro gusto debemos tener por sospechoso, y lo que fuere contra el, por mas seguro”. F) La obediencia, sacrificio agradable al Senor ‘‘Este es el mayor sacrificio que el hombre puede hacer a Dios, porque en los otros sacriiicios ofrece sus cosas, mas en éste ofrece a si mismo; y cuanto va del hombre a las co­ sas del hombre, tanto va de este sacrificio a los otros sacrificios, Y en este tal se cumpie aquello que San Agustin dice, conviene a saber: que aunque Dios sea Senor ae to­ das las cosas, mas no es de todas decir aquellas palabras de David (Ps. 138,9) : Tuyo soy yo, Senor, sino ae todos aquellos que, desposeidos de si mismos, totalmente se entregaron al servicio de este Senor y asi se hicieron suyos. Es, ademâs, ésta la mayor disposiciôn que hay para alcanzar la perïecciôn de la vicia cristiana, porque, como Dios Nuestro Senor, por su infimta bondad, este siempre aparejado para enriquecer y reformar al hombre, cuando éste por su parte no le resiste ni contradice, antes se entrega todo a su obediencia, fâcilmente puede obrar en él todo lo que quiere y hacerlo—como a otro David—hombre segûn su corazôn”. II. BEATO JUAN DE AVILA La obediencia, medio de santificaciôn (Cf. Audi, filia c.100-102 [ed. Apost. de la Prensa, Madrid 1951] P-35O-358.) A) El obstaculo de la propia voluntad La mala 3N voluntad, morada del demonio “Siguese otra palabra que dice:· Y olvida la casa de tu padre”. “Este padre el demonio es; porque, segûn dice San Juan (1 lo. 3,8), el que hace el pecado, dei diablo procede, porque el diablo pecô desde el principio. No porque él crié 0 engendrô los malos, mas porque imitan sus obras; y de aquel se dice ser uno hijo, segûn el santo Evangelio (lo. 8,39-41), cuyas obras imita... En las ânimas ajenas de estos carnales deseos no halla el demonio posada, mas en las codicias, hon- qfC. ζ. AUTOURS VARIOS. RF ΑΤΟ XVTLA 979 ras y deleites es su aposento. Por lo cual se dice el principe de este mundo (lo. 12,31) y regidor y senor de él... Y si bien considérâmes cual sea esta casa del demonio, hallaremos que es la propia mala voluntad de los malos, en la cual se asienta el demonio como rey en silla, mandando desde alii a todo bombre. Olvidar, pues, la casa de vuestro padre, no es otra cosa sino olvidar y quitar la voluntad pro­ pia. en la cual algùn tiempo aposentamos a este mal padre, vabrazar con entero corazôn la divina, diciendo (Lc. 22,42) : Yo mi voluntad, Seüor, sino la tuya. sea hecha. El cual amonestamiento es de los mâs provechosos que se nos pueden hacer, porque, quitada nuestra voluntad, auitaremos los pecados que nacen de ella, como ramos de raiz...” b) La negaciôn de la voluntad propia ,cMas. asi como es la cosa mâs provechosa de todas nepar nuestra voluntad, asi es la cosa mâs trabajosa que hay. Y. aun por mucho que trabajemos, no saldremos con ello si aouel Senor que mandô quitar la piedra de la sepultura de Lâzaro muerto no quita esta dureza que tiene muertos a los que debajo toma, y si no mata a este fuerte Goliat. al cual no hay quien le pueda vencer sino el que es invencible. Mas, aunque nosotros no podamos librar nuestro cuello de estas cadenas, no por eso debemos dejar de esforzarnos. segûn las fuerzas que el Senor nos diere. llamândole con corazôn v considerando los males oue de seguirla nos vienen y los bienes que de no seguirla. Itm-n, los altos ejemnlos de Cris­ to, el cual dice de si (To. 6.38): Descendi del cielo, no para hacer mi voluntad. mas la de Aquel que me envio; y esto no en cosas de poea importanda, como algunos hacen. mas en las cosas de afrenta. y que llegan, como dicen, al ânima: tal erg p] nadecer Cristo pasiôn por nosotros” (cf. o.c., c.100 p.350-353). B) La obediencia en la familia a) LlBERTAD CRISTIANA “Y porque no se puedn subir a lo alto si primero no comienzan de lo baio, os aviso nue, para subir a esta alteza de negar vuestra voluntad en cosas mayores. os acostumbrarèis a negarla en cosas minores: y no para quedaros en plias, mas para pasar nor ellas a lo que es mavor. Ninguna cosa hagâis, penséis ni babléig que vava guiada por rumplir con vuestra gana o voluntad; mas, en sintiéndoos aficio- a SEC. 5. AUTORES VARÏOS. BEATO KVU.A nada a algo de esto, entended que no estais para lo hacer, Porque las cosas no os han de llevar a vos cautiva hacia si mismas, mas vos con libertad cristiana traedlas a ellas a vos. Antes que cornais habéis de mortificar el apetito 'de la gula y ordenar la comida a obediencia de Dios, que manda que cornais para sustentai· vuestra vida... Y por estos ejemplos entenderéis que en todas las cosas habéis de quitar la propiedad de vuestra voluntad y hacerlas porque Dios lo manda o vuestros mayores... Y a quien mâs os ayudare a esto, mâs le amad y agradeced, porque os ayuda a vencer vuestros enemigos, que son vuestro parecer y vuestra vo­ luntad”. b) Ob 041 IENCIA A LOS PADRES “Haced, pues, cuenta que vuestra madré es vuestra abadesa, a la cual obedeced con profunda humildad, sin cansaros. Y no seâis como algunas, que, en tornando tocas ho­ nestas, se desmandan y echan de si la obediencia de sus padres y mayores, no obedeciéndoles estando en casa. Y al­ gunas salen de casa sin licencia, y todo con titulo de ser­ vir a Dios; como en la verdad no haya cosa mâs contraria de ello como lo que estas hacen. Cristo, obediente fué a su Padre en vida y en muerte; y también obedeciô a su santi­ sima Madré y al santo José, como cuenta San Lucas (2,51). Y no piense nadie de poder agradar sin obediencia al que tan amigo fué de ella, que, por no la perder, perdiô la vida en la cruz...” c) Obj 301 3NCIA A LOS MAYORES “Y por eso no os contentéis con obedecer a vuestros pa­ dres, mas también lo haced a los mayores que en vuestra casa estuvieren. Y si del todo queréis ser obedientes, tam­ bién obedeced a los menores, si la orden de casa no se perturba por esto. Mas, si es menester que vos los mandéis en lo de fuera, teneos por sujeta a ellos en lo de dentro. Y para hacer esto con mayor esfuerzo, acordaos de cuando el soberano Maestro y Serior (lo. 13,14) se hincô de rodillas, como si fuera sujeto a menor, a lavar los pies de aquellos que bien le querian, y de aquel que empleô los pies lavados para ir a entregar a la muerte al que con tan­ ta humildad y amor se los habia lavado. Acordaos muchas veces de aqueste paso y traed en nuestra anima aquellas palabras que entonces dijo: Si yo, siendo Senor y Maestro, os lavé los pies, jcuanto mas debeis vosotros lavarlos unos a otros? (lo. 13,14)”. . i d) Amor 981 a los menores "Y asi amad a los menores que estuvieren en vuestra casa, como si fuérades padre o madré de ellos. Y trabajad por ellos en lo que os hubieren menester, como si fuéredes esclava, llevando con paciencia la pesadumbre de sus con­ diciones, y demasia de sus palabras, y aun las injurias de obra. No seâis humilde para los de fuera de casa y soberbia para los que estân en ella. Ejercitad la virtud con los que tenéis mâs cerca y mâs a la mano, y ensayaos en vues­ tra casa para saber conversar fuera de ella. Y acordaos de aquella santa mujer ensefiada por Dios, Santa Catalina de Sena, cuya vida deseo que leâis, no para desear sus revelaciones, sino para imitar sus virtudes. Que, aunque sus padres la estorbaban el camino que ella tomaba para servir a Dios, no se turbô ni los dejô. Fuera de la celda la echaron, donde ella tenia sus santos ejercicios, y, en lugar de ella, la pusieron que sirviese en la cocina; mas, porque se humillô y obedeciô, hallô a Dios en la cocina tan bien o mejor que en la celda. No os ahoguéis vos si al tiem­ po que querâis rezar os mandaren vuestros padres o prelados hacer otra cosa; mas, ofreciendo vuestro deseo al Se­ nor, haced. lo que por vuestros mayores os fuere mandado, con mucha humildad y sosiego, teniendo confianza que, obedeciendo a vuestros mayores, obedecéis a Dios, pues que estâ mandado por El en su cuarto mandamiento” (cf. o.c., c.101 p.353-356). C) Cômo conocer ία voluntad de Dios “Cerca del cumplimiento de la voluntad del Seîior, en que estâ nuestro bien, me podréis preguntar: iEn qué la conoceréis? A lo cual os digo que, donde hay mandamiento y palabra de Dios o de su Iglesia, no tenéis mâs que inqui­ ri r, sino tened por averiguado que aquello es voluntad del Senor. Y cuando esto no hay, habéis de tener por lo mismo lo que manda vuestro superior, si claramente no consta qué manda contra la ley de Dios o de la Iglesia o contra razôn natural. Que, pues San Pablo dice (Rom. 13,5) que, aun­ que el superior sea infiel, le ha de obedecer el cristiano, no sôlo por evitar el castigo, mas por obligaciôn de la con­ ciencia, ^cuânto mâs serâ esto verdad en los superiores cristianos, de los cuales hemos de pensar que Dios les ayu­ da a mandar lo justo? Y, cuando todo esto faltare, tomaréis por voluntad del Senor el consejo que os diere persona de quien se debe tomar. I \ VESCA MILAGROSA Y no penséis por esto que estâis sin necesidad de pedir la lumbre del Espiritu Santo para acertar a agradar al Se­ nor. Porque nuestras necesidades son tantas y tan en par­ ticular, que, sin este Maestro, otro no basta” (cf. ibid., c.102 p.357-358). SANTA TERESA DE JESUS La perfecta obediencia Aunque son abundantes Ios pasajes de la Mistica Doctora rela­ tivos a la obediencia, especialmente en la Vida y en el Camino de perfection, resplandecen por su sentido prâctieo v hasta por sd crracejo los qne se hallan en el capitulo 5 de las Fundationes (cf. § 3-11 : BAC, Obras de Santa Teresa t.2 p.699-703). A) La obediencia, virtud excelente a) La obediencia es lo primero “2, Cômo se adquirirâ este amor? Determin and ose a obrar y padecer, y haeerlo cuando se ofreciere. Bien es verdad que del pensar lo que debemos al Senor, y quién es, y lo que somos, se viene a hacer un aima determinada, y que es gran mérito, y para ]os principios muy conveniente; mas entiéndese cuando no de por medio cosas que toquen en obe­ diencia y aprovechamiento de los prôjimos. Cualquîera de estas dos cosas que se ofrezcan, piden tiempo para dejar el que nosotros tanto deseamos dar a Dios, que, a nuestro parecer, es estar a solas pensando en El y regalândonos con los regalos que nos da. Dejar esto por cualquîera de estas dos cosas, es regalarle y hacer por El, dicho por su boca: Lo que hicisteis por uno de estos pequenxtos, hacéis por mi (Mt. 25,40). Y en lo que toca a la obediencia, no querrâ que vaya por otro camino que él quien bien le quisiere, obediens usque ad mortem (Phil. 2,8)”. b) Hay que preferir la obediencia al descanso Y GUSTO PROPIOS “Pues si esto es verdad. ;.de qué procede el disgusto que por la mayor parte da cuando no se ha pstado mucha parte de] dia muy apartados y embebidos en Dios, aunque andemos empleados en estotras cosas? A mi parecer, por dos razones: la una, y mâs principal, por un amor propio que SEC. 5. AUTORES VARIOS. SANTA TERESA 983 aqui se mezcla, muy delicado; y asi no se deja entender que es querernos mas contentar a nosotros que a Dios. Por­ que esta claro que después que un aima comienza a gustar cuân suave es el Senor (Ps. 33,9), que es mâs justo que estarse descansando el cuerpo sin trabajar y regalada el aima. [Oh caridad de los que verdaderamente aman a este beüor y conocen su condiciôn ! ; Qué poco descanso podrân te­ ner si ven que son un poquito de parte para que un aima sola se aproveche y ame mas a Dios, o para darle algûn consuelo, 0 para quitarla de algûn peligro! jQué mal descansarâ con este descanso particular suyo! Y cuando no puede cou obras, con oraciôn, importunando al Senor por las muciias aimas que da lâstima de ver que se pierden. Pierde ella su regalo, y le tiene por bien perdido, porque no se acuerda de su contento, sino en conocer mâs la voluntad del Seùor, y asi es en la obediencia. Séria recia cosa que nos estuviese claramente diciendo Dios que fuésemos a alguna cosa que le importa, y no quisiésemos sino estarle mirando, por­ que estâmes mâs a nuestro placer. jDonoso adelantamiento en el amor de Dios es atarle las manos con parecer que no nos puede aprovechar sino por un camino!” B) Dios nos guia por donde mâs nos aprovecha “Conozco a algunas personas que de vista (dejado, como he dicho, lo que yo he experimentado), que me han hecho entender esta verdad, cuando yo estaba con pena grande de verme con poco tiempo, y asi las habia lâstima de verlas siempre ocupadas en negocios, y cosas muchas les manda­ ta la obediencia; y penaba yo en mi, y aun se lo decia, que no era posible entre tanta baraûnda crecer el espiritu, por­ que entonces no tenian mucho. jOh Senor, cuân diferentes son vuestros caminos de nuestras torpes imaginaciones y cômo de un aima que estâ ya determinada a amaros, y dejada en vuestras manos, no querâis otra cosa sino que obedezea y se informe bien de lo que es mâs servicio vuestro y eso desee! No ha menester ella buscar los caminos ni escogerlos, que ya su voluntad es vuestra. Vos, Senor mio, tomâis ese cuidado de guiarla por donde mâs se aproveche. Y aunque el prelado no ande con ese cuidado de aprovecharnos el aima, sino de que se hagan los negocios que le parece convienen a la comunidad, Vos, Dios mio, le tenéis, y vais disponiendo el aima y las cosas que se tratan de manera que, sin entender cômo, nos hallamos con espiritu y gran aprovechamiento, que nos deja después espantados”. ’'1 V LA PESCA MI LAG ROSA C) a) Algunos ejemplos Nadie le puede quitar la paz “Asi lo estaba una persona que ha pocos dias que hablé, que la obediencia le habia traido cerca de quince anos tan trabajado en oficios y gobiernos, que en touos éstos no se acordaba de haber tenido un dia para si, aunque él procuraba lo mejor que podia algunos ratos de oraciôn, y de traer limpia conciencia. Es un aima de las mâs inclinadas a obe­ diencia que yo he visto, y asi la pega a cuantas trata. Haie pagado bien el Senor, que, sin saber como, se hallo con aque­ lla libertad de espiritu tan preciada y deseada que tienen los perfectos, adonde se halla toda la felicidad que en esta vida se puede desear; porque, no quenendo nada, lo poseen todo. Ninguna cosa temen ni desean de la tierra, ni los trabajos las turban, ni 10s contentos las hacen movimiento; en fin, nadie la puede quitar la paz, porque ésta de sôlo Dios depende. Y como a El nadie le puede quitar, solo temor de perderle puede dar pena, que todo lo demâs de este mundo es, en su opinion, como si no fuese, porque ni le hace ni le deshace para su contento. ;Oh dichosa obediencia y distracciôn por ella, que tanto pudo alcanzar!” b) “Entre los pucheros anda el Senor” “No es sola esta persona, que otras he conocido de la misma suerte, que no las habia visto algunos afios habia, y hartos; y preguntândoles en qué se habian pasado era todo en ocupaciones de obediencia y caridad. Por otra parte, veiales tan medrados en cosas espirituales, que me espantaban. Pues jea.’, hijas mias, no haya desconsuelo cuando la obe­ diencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda el Senor, ayudândoos en lo interior y exterior”. C) Le JIANDÔ TOMAR EL AZADÔN Y CAVAR LA HUERTA “Acuérdome que me conto un religioso que habia determinado y puesto muy por si que ninguna cosa le mandase el prelado que dijese de no, por trabajo que le diese; y un dia estaba hecho pedazos de trabajar, y ya tarde, que no se podia tener, e iba a descansar sentândose un poco, y topôle el prelado, y dijole que tomase el azadôn y fuese a cavar la huerta. El callô, y aunque bien afligido el natural, SEC. ζ. AUTORES VARTOS. SANTA TERESA 985 que no se podia valer, tomô su azadôn, y, yendo a entrai * por un trânsito que habia en la huerta (que yo vi muchos 8Üos después que él me lo habia contado, que acerté a fun­ dar en aquel lugar una casa), se le apareciô Nuestro Senor con la cruz a cuestas, tan cansado y fatigado, que le diô bien a entendpr que no era nada el que él ténia en aquella comparaciôn”. d) La suma perfecciôn en la obediencia “Yo creo que, como el demonio ve que no hay camino que mâs presto lleve a la suma perfecciôn que el de la obe­ diencia, pone tantos disgustos y dificultades deba.io de co­ lor de bien. Y esto se note bien, y verân claro que digo ver­ dad. En lo que estâ la suma perfecciôn, claro estâ que no es en regalos interiores, ni en grandes arrobamientos ni vi­ siones. ni en espiritu de profecia, sino en estar nuestra vo­ luntad tan conforme con la de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra voluntad, y tan alegremente tomemos lo sabroso como lo amareo, entendiendo que lo quiere Su Majestad. Esto pare­ ce dificultosisimo, no el hacerlo, sino este contentâmes con lo que de en todo en todo nuestra voluntad contradi ce con­ forme a nuestro natural; y asi es verdad que lo es. Mas esta fuerza tiene el amor si es perfecto: que olvidamos nuestro contento para contentar a quienes amamos. Y verdadera· mente es asi, que, aunque sean grandisimos trabajos. en­ tendiendo contentâmes a Dios, se nos hacen dulces. Y de esta manera aman los que han llegado aqui las persecucionesv desh on ras y a gravi os. Esto es tan cierto y estâ tan sabido y llano, que no hay para qué detenerme en ello. Lo que pretendo dar a entender es la causa que la obe­ diencia, a mi narecer, hace mâs presto, o es el mayor medio que hay para llegar a este tan dichoso estado. Es que. como en ninguna manera somos senores de nuestra voluntad, para pura y limpiamente emplearla toda en Dios, hasta que la sujetamos a la razôn, es la obediencia el verdadero camino para sujetarla. Porque esto no se hace con buenas razones: que nuestro natural y amor propio tiene tantas, que nunca llegariamos allâ. Y muchas veces, lo que es mayor razôn. si no lo hemos gana. nos hace parecer disparate, con la gana que tenemos de hacerlo”. > , T Λ PrSC\ MTT.AGROS^ IV. SAN IGNACIO DE LOYOLA Elecciôn de estado y disposition de aima El evangelio de hoy se presta a una nieditaciôn sobre la elecciôn de estado y correspondencia a la vocaciôn, pnnto esencialfsimo de los Ejercicios de San Ignacio, que establece las normas en el Preâmbulo para hacer elecciôn y «très tiempos para hacerla sana v bueua». Para évitai los posibles ênganos ordena después très meditaciones, a saber, los tres binarios/las dos banderas y los tres grados de humildad. Nos limitaremos por hoy a exponer la doctrina ignaciana sobre el primer tiempo de elecciôn, de que son modèles los apôstoles, v los très binanos (sobre el segundo y tercer tiempo, cf. guiôn 15 de» dom. tercero de Adviento en Là Palabra de Ciisto t.i p.437). Para la primera parte utilizaremos la obra del P. Jaime Gutie­ rrez, S. I., Manual de los efercicios, selecciôn de los mejores comentaristas. t.2 c.32 (Bilbao, El Mensajero, 3. * ed., 1930) p.344-354. El P. La Pnence es clâsico en la meditaciôn de los tres binarios. A) La vocaciôn y elecciôn de estado a) Texto de San Ignacio 1. PreAmbuIo para hacer elecciôn "1.· punto. En toda buena elecciôn, en quanto es de nues­ tra parte, el ojo de nuestra intenciôn debe ser simple; solamente mirando para lo que soy criado; es a saber, para alabanza de Dios nuestro Senor y salvaciôn de mi ânima. Y asi, cualquier cosa que yo eligiere, debe ser a que me ayude para el fin para que soy criado, no ordenando ni trayendo el fin al medio, mas el medio al fin; asi como acaece que muchos eligen primero casarse, lo cual es medio, y secundario ser­ vir a Dios nuestro Sefior en el casamiento, el cual servir a Dios es fin; asimismo hay otros que primero quieren haber bénéficies y después servir a Dios en ellos. De manera que éstos no van derechos a Dios, mas quieren que Dios.ven»a derecho a sus afecciones desordenadas; y, por consiguiente, hacen del fin medio, y del medio fin; de suerte que lo que habian de tomar primero, toman postrero; porque primero hemos de poner por objeto querer servir a Dios, que es el fin; y secundario tomar beneficio, o casarse, si mâs me conviene, que es el medio para el fin; asi ninguna cosa me debe mover a tomar los tales medios o privarme de ellos, sino solo el servicio y alabanza de Dios nuestro Senor y salud eterna de mi ânima”. SEC. 5. AÜT'JRES VARIOS. SAX IGNACIO &87 2, "Para tomar noticla de que cosas se debe tracer elecciôn; y conticne en si cuatro puntos y una nota” “1.’ punto. El primer punto: es necesario que todas ca­ sas de las cuales queremos hacer elecciôn sean indiferentes buenasen si... y no malas ni repugnantes a ella [la Iglesia]. 2. “ punto. Segundo: hay unas cosas que caen debajo de elecciôn inmutable, asi como son sacerdocio, matrimonio, etcetera; hay otras que caen debajo de elecciôn mutable, asi eomo son tomar beneficios o dejarlos, tomar bienes tempo­ rales o lanzallos. 3. ° punto. Tercero: en la elecciôn inmutable, que ya una vez se ha hecho elecciôn, no nay mâs que elegir, porque no se puede desatar; asi como es matrimonio, sacerdocio, etc. Solo es de mirar que si no se ha hecho elecciôn debida y ordenadamente, sin afecciones desordenadas, arrepintiéndose, procure hacer buena vida en su elecciôn, la cual elec­ ciôn no parece que sea vocaciôn divina, por ser elecciôn desordenada y oblicua: como muchos en esto yerran, haciendo de oblicua o de mala elecciôn vocaciôn divina ; porque toda vocaciôn divina es siempre pura y limpia, sin mixtion de carne ni de otra afecciôn alguna desordenada. 4. ° punto. Cuarto: si alguno ha hecho elecciôn debida y ordenadamente de cosas que estân debajo de elecciôn mu­ table, y no llegando a carne ni a mundo, no hay para qué de nuevo haga elecciôn, mas en aquella perfeccionarse cuan­ to pudiere. Nota: Es de advertir que, si la tal elecciôn mutable no se ha hecho sincera y bien ordenada, entonces aprovecha hacer la elecciôn debi dam ente, quien tuviere deseo que dél salgan fructos notables y muy apacibles a Dios nuestro Senor”. 3. Très tiempos para hacer sana y buena elecciôn en cada uno de ellos “l.° tiempo. El primer tiempo es cuando Dios nuestro Senor asi mueve y atrae la voluntad, que sin dubitar, ni poder dubitar, la tal ânima devota sigue a lo que es mostrado: asi como San Pablo y San Mateo lo hicieron en seguir a Christo nuestro Senor. 2. ° tiempo. El segundo: cuando se toma asaz claridad y cognoscimiento por experienda de consolaciones y desolaciones y por experienda de discreciôn de varios espiritus. 3. ° tiempo. El terce.ro tiempo es tranquilo, considerando primero para qué es nacido el hombre, es a saber, para alabar a Dios nuestro Senor y salvar su ânima, y esto deseando elige por medio una vida o estado dentro de los limites de la Iglesia, para que sea ayudado en servicio de su Senor y salvaciôn de su ânima. Dixe tiempo tranquilo cuando el anima no es agitada de varios spiritus y usa de sus potencias naturales libera y tranquilamente” (Ejercicios Espirituales [169-178]: BAC, Obras complétas de San Ignacio p.192-194). b) COMENTARIO AL PRIMER TIEMPO 1. Requisitos de toda buena eiecclôn 1. ° Objetu bueno y recta intenciôn “El texto de los Ejercicios, de ordinario tan conciso, en este tratado de la elecciôn es, por el contrario, dilatauo y copioso; quien aqui ande a oscuras, no podrâ seguramente decir que es por ïaita de luz”. “Para que una elecciôn sea buena, debe serlo no solamente respecto al objeto, que es la materia sobre que versa, sino también respecto de la intenciôn en que estâ el motivo y como la razon de ser de la misma elecciôn. Con una intencion no recta, aun supuesto el caso de haber elegido una cosa de suyo buena, en aquel caso no lo séria, ni a los ojos de Dios ni a los de nuestra conciencia; es decir, que babriamos elegido viciosamente el bien...” 2. ” Pureza de intenciôn “El ojo de nuestra intenciôn debe ser simple. Esta bella locuciôn trae a la memoria cierta irase del Lvangeiio. Bien puede decirse la intenciôn ojo del aima. Mas para que este sea simple y perlecto, es indispensable que la mirada sea una, que se dinja a un punto, solamente mirando para lo que soy enado. Y ;cuan repetidamente nos va a recordar el banto aqui nuestro intimo fin!... Y asi cualquier cosa quu yo engiere debe ser tal que me ayude a salvarme. ^Què cosa mas racional que esta consecuencia practica? Luego cuaiquier cosa que yo determine habra de estar en consonancia y subordinaciôn como medio al fin...” 3·° Ordenacion de lus médius ai ]in “Fijémonos también en estas expresiones tan profundamente verdaueras: "iw ordenanuo ni trayendo el un al me­ dio, mas ei mcdio al na . ne aqui el gran desorden, he aqui ei abandono, por no decir desprecio, hoy tan généralisado, de lo unico que verdaderamente importa, y la causa principal de todos los extravios: cnvilecen los nombres su un coiocândolo al nivel de los medios, es decir, que remincian al térnuno para quedarse en el camino. A la verdad, no puede darse cosa ni mas irecuente ni menos racional por desgracia”. SEC. 5. AU TU k ES VARIOS. SAN IGNACIO Ô89 2. Tree obstâculos y très mediùvclone» “Très obstâculos se nos présentait ordinariamente para que en nuestras elecciones no procédâmes con esta pura y recta intenciôn. El primero viene de fuera, y es el espiritu maligno. No pocas veces, en efecto, se créé que procede del espiritu de Cristo lo que en realidad sôlo procédé del demomo. Y para conocer estos enganos y defendernos de ta­ ies asechanzas, nos valemos dei ejercicio de las banderas. El segundo obstâculo es interno y estâ un nuestra propia voluntad, la cual, o pervertida o ialta de resoluciôn, se re­ siste a abrazar lo que debe. Y para sujetarla, enderezarla 0 inclinarla al bien sirve admirablemente el ejercicio de los tres binarios. El tercer obstaculo, finalmente, se toma de las mismas cosas sobre que la elecciôn ha de versar, las cuaies creemos algunas veces que estân conformes con la doc­ trina de Cristo, y de hecho distan mucho de serlo. Porque, cuando la pasiôn se interesa, es muy fâcil la alucinaciôn, y tomamos sin darnos cuenta la naturaleza por la gracia, ue cuyo peligroso yerro nos libramos también mediante la consideraciôn de las très maneras de humildad, que en tanto grado aprovechan "para hombre afectarse a la vera doctri­ na de Christo nuestro Senor”. Nôtese la habilidad de San Ignacio cuando habia de la elecciôn inmutable, pues hablando de los que la han ejercido, se dirige a los que estân para hacerla, para que recapaciten en ei peligro a que se exponen, caso de hacerla mal. 3. Primer tiempo. Llanmda. directa de Dios San Ignacio senala très tiempos o modos que Dios tiene de llamar, el primero de los cuales consiste, no en las mociones de la gracia comunes a los très, sino en una “sobre­ natural intervenciôn desacostumbrada y milagrosa, hacien­ da una dulce fuerza con suavidad irresistible..., rarisima, y que el hombre ni debe desear, ni por consiguiente pedir”. El aima se da cuenta “sin dubitar” de que es Dios quien le llama. Sobre este primer tiempo que, segûn el directorio (c.20), no se debe pedir ni desear, el P. Kegono advierte dos co­ sas. La primera, conforme a la doctrina de San Alfonso Maria de Ligorio (cf. T/ieol. mor. 1,4,78), es la de que la tal vocaciôn (y digase lo mismo du cualquier otra rectamente conocida por el segundo y tercer tiempo), aun cuan­ do no obligue bajo pecado mortal, debe ser seguida, colocândose el que la desprecia en grave peligro de condenarse, porque Dios, que conoce bien ci valor de sus gracias, puede retirarlas a quien tan mal las corresponde, y ademâs siem- nr»n LA I'ESCk Ml LAG ROSA pre ha de résultat mucho mas dificil salvarse fuera de la senda que Dios nabia elegido. La segunaa advurtencia recomienda la elecciôn de un director que sepa disunguir si la Hamada proviene reaimenie de Dios, pues siempre pueuen darse casos en que confundamos nuestras iiusionea o sugestiones diabolicas con claros uamamientos divinos. Conhândose a tal persona se ejercita la prudencia, la sincenaad, la humilaaa y la obediencia, ultima virtud que para ser ejercitaaa requiere se haya confendo al director una cierta junsdiceion. Para ello iSanta Teresa, segun Ban Francisco de Saies (ci. V ida aeuoca, 1/ c.4), hizo veto de obediencia a un varon de gran virtud. B) Meditacion de los tres binarios a) Texto ignaciano “El mismo cuarto dia se haga meditaciôn de tres bina­ rios ae nombres, para abrazar el mejor”. 1. Preâmbulos “Oraciôn. La sôlita oraciôn préparatoria. 1/ preâmbulo. ±ui primer preambuio es la historia, la quai es ae tres binarios de homores y cada uno dellos ha adquindo diez nui aucaaosΛ, no pura o debidamente por amor de Dios; y quieren toaos saivarse y hallar en paz a Dios nuestro Suaor, quitanao de si la gravedad e impedi­ mento que tienen para ello en la aieccion de la cosa acqui­ sita. 2. ° preâmbulo. El segundo, composition viendo el lugar; sera aqui ver a mi mismo, como estoy delante de Dios nuestro Senor y de toaos sus santos para desear y conocer lo que sea mâs grato a la su divina bondad. 3. " preâmbuio. El terceio, demandai lo que quiero: aqui sera pedir gracia para elegir lo que mâs a gloria de su divina Majestad y saïud de mi ânima sea”. 2. Las très disposiciones de voluntad “1.· binario. El primer binario querria quitar el afecto que a la cosa acquisita tiene, para hallar en paz a Dios nuestro Seùor, y saberse salvar; y no pone los medios hasta la hora de la muerte. 1 No se trata de diez no hay duda, sino de uicctû puede impedir la los ducudos, sino en cl t antes. mil ducados adquiridos ilegitimaniente, en cuyo caso cualquter criutura, incluso nuestra comodidad, cuyo elecciôn recta. Debcmos tijar la consideraciôn no en estado de uninio de cada parcj a o binario de ejerci- - Xfix TV · el Ατττηρρς VARïnq. qw TGNACTO 901 2. ’ binario. El segundo quiere quitar el afecto, mas ansi le quiere quitar que quede con la coea acquisita, de manera que allî venga Dios donde él quiere; y no determina de deiarla para ir a Dios, aunque fuese el mejor estado para él. 3. " binario. El tercero quiere quitar el afecto. mas ansi le quiere quitar que también no le tiene afecciôn a tener la cosa acquisita o no la tener: sino quiere solamente quererla o no quererla, segùn que Dios nuestro Senor le pondra en voluntad, y a la tal persona le narescerâ mejor para el servitio y alabanza de su divina Majestad; v entre tanto ouiere bacer cuenta que todo lo déjà en afecto. poniendo fuerza de no querer aquello, ni otra cosa ninguna, si no le moviere solo el servitio de Dios nuestro Senor: de manera aue el deseo de mejor poder servir a Dios nuestro Senor le mueva a tomar la cosa o dejarla”. S. Coloquios y nota “3 colonuios. Hacpr los mismos tres coloauios aue se hici^on en la contemplation precedente de las dos banderas. Nota.—Es de notar que quando nosotros sintimos afecto o renugnancia contra la pobreza actual, cuando no somoc indiferpntps a nobreza o rioueza. mucho aprovecha. para extinsruir el tal afecto desordenado, nedir en los coloouios (aunaue sea contra la carne) oue el Senor le elija en pobre­ za actual: v que él quiere, nide v sunliea. sélo que sea ser­ vitio y alahenze de ]a su divina bondsd” (Ejercicios Espirituales [149-157]: BAC, o.c., p.188-189). b) Copient Απτό “Por su carâcter emin en terrente prâctico. el eiercicio de los binarios ha sido llamado “la niedra de toque”, porque nnnp dp manifipsto y nos hace distinguir entre la perfec­ tion solo conocida v la verdaderamente adauirida.... que muchas nprsonas confundpn. v son las oue se imaginan es­ ta»· adornadas de virtudes. por solo haberlas leîdo o meditado”. Su fin ec aserurarnos de la indiferencia no ideal, sino r^al v efpptiva. Su forma ps muv semoiante a la que proniiFO el Senor en la parâbola del sembrador y las cuatro tiases de nprsonas nue oyen la palabra de Dios y la reciben con tan diversos afectos. “Este mismo ejercicio se puede platicar en materia de honra o de regalo u otras semeiantes”. Unos, por ejemplo. ouieren ser humildes. pero lo dejan para la hora de la muerte; otros desean serlo, pero a condition de no sufrir in- ζΛ -W. I \ TFSCA MTT.AGROSA 992 jurias de persona determinada, o no admitir tal oficio; otros, finalmente. estân dispuestos a todo sin condiciôn (cf. p. La Palma, Prâctica dei camino espiritual, dia 6) (cf. P. Gu­ tierrez, S. I., o.c., t.2 c.21 p.310). Sobre la vida mixta '.r Contînunmos la materia comenzada en la dominica anterior (cf Guia espiritual tr.4 c.21 a. 2-4 [ed. Apostolado de la Prensa, Madrid 1929] p.1008 ss.). De la vida mixta, que junta la contemplativa con lo mas heroico de la activa a) Dos CELOS UNIDOS “Como el perfecto amor y celo del bien de los projimos, que nace de la vida contemplativa, no es de solas palabras, sino de obras, suele traer consigo aquel excelente modo de vida one llamamos mixta o compuesta, porque abraza las dos vidas, activa y contemplativa, en las meiores obras de entrambas. La cual, como advierte Santo Tomâs (cf. 2-2 a.179 a.2 ad 2; 3 q.4O a.l ad 2; 2-2 q.188 a.6), escogiô Cristo nuestro Senor para si por ser mâs perfecta, y el es­ tado religioso que las abraza es de suyo mucho mâs perfec­ to. Para cuva declaraciôn se ha de nresuponer que es muv propio del divino Espiritu, como deciamos al final dei capi­ tulo pasado, juntar en los varones perfectos los dos celos, del aprovechamiento nropio y del ajeno, sin que se nerjudiouen uno a otro... Y la causa es porque luego el Legislador celestial le infunde su copiosa bendiciôn, dândole deseos de que otros también crezcan en las virtudes, ayudândole para que les ayude a crecer como él crece y a que los lleve a su paso y en su compania. subiendo de virtud en virtud hasta llegar a ver a Dios con ellos. Porque es tanta la fuerza de su fervorosa caridad, que no se puede estrechar ni contentar con su sola ganancia espiritual; y pareciéndole poco ir solo al cielo, querria llevar muchos consigo; y como ama mucho a Dios, tiene grande celo y deseo de que otros muchos le sirvan; y como también ama a sus prôjimos, tiene semejante celo de que medren en las virtudes; todo lo cual es fruto de la perfecta contemplaciôn”... SEC. S· b) Fruto AUTORES VARIOS. LA PUENTE 993 de la contemplaciôn perfecta En ella "se descubre la fineza de la caridad, y crece con ellas (las obras) al supremo grado que puede. De suerte que, deseando la caridad crecer en si misma, alcanza esto, dilatàndose a las obras de amor con los prôjimos, porque con esto se hace mâs semejante a la caridad eterna, que se em­ plea en amar y hacer bien a los hombres... Respiandece la misericordia en compadecerse de los pecadores, procurando libraries de las mayores miserias que pueda haber, que son pecado e infierno. Respiandece la obediencia en cumplir la voluntad divina, no solamente en lo que manda, sino en lo que aconseja para bien de otros. Respiandece el hambre y sed de la justicia, no hartândose con la perfecciôn propia, sino deseando también la ajena. Respiandece la fortaleza y paciencia, porque se ofrece a grandes trabajos y peligros, y si es menester a la misma muerte, no tanto por su propio provecho, porque esto no fuera mucho, sino por el provecho espiritual de otros, que estima en mâs que su propia vida”. B) Tres medios comunes de apostolado “Para cumplir este deseo de nuestra parte, tiene el celo cuatro caminos, y los très pueden ser comunes a todos los justos, ayudando a sus prôjimos, como dice San Bernardo (cf. Serm. 3 de Advent.'), o con fervorosas oraciones y pe­ titiones o con excelentes ejemplos de virtudes... El tercer camino es ayudando en particular a los prôjimos con quie­ nes tienen amistad, o a otros cualesquiera, en las ocasiones especiales que se ofrecieren, con hablarles de las cosas de Dios y de la virtud, con darles algunos buenos consejos y blandas reprensiones. Porque taies palabras, salidas de corazôn encendido en fuego de amor y juntas con el buen ejemplo, son muy eficaces para convertir al pecador, afervorar al tibio, mejorar al imperfecto, hacer correr al jus­ to... Ninguno, dice San Gregorio (cf. Hom. 6 in Evang.), se excuse con decir no sé predicar, no soy suficiente para ensenar. Lo que puedes, eso te pedimos que hagas. Pues no solamente el que recibiô cinco talentos y el que recibiô dos tenian obligaciôn de granjear con ellos, sino quien re­ cibiô uno solo... Si has oido en tu espiritu la voz de la ce­ lestial inspiraciôn, has de convidar a otros que la sigan, y decirles que vengan a cumplir lo que Dios manda”. La Palabra de C. 32 t; 994 LA PESCA MILAGROSA ____________________________ C) El apostolado sacerdotal y la oraciôn a) CONTEMPLACIÔN Y ACCIÔN “El otro camino de ayudar a los prôjimos es propio de los prelados y maestros de espiritu y de los obreros evangélicos, con los ministerios y obras propias de sus oficios, ejercitândolas con grande amor y celo de la gloria de Dios y de la salvaciôn de las aimas. Estas son los frutos mâs excelentes de la oraciôn y contemplaciôn, aunque son los ul­ timos que producen. Porque estilo es de nuestro Senor levantar primero a sus siervos a la alteza de las virtudes, que les hacen perfectos en si mismos, y después levantarles a las obras con que ellos hagan perfectos a otros. Porque ser padre de hijos espirituales presupone haber sido padre de obras muy perfectas... Y si quieres saber el modo como esto pasa, sube con el espiritu al monte Tabor, y verâs alli a Jesucristo nuestro Senor orando gran parte de la noche, transfigurarse con grande resplandor, asistiendo con él Moi­ ses y Elias (Mt. 17,1; Le. 9,28), diciéndoles ambos el exceso que habia de cumplir en Jerusalén. Y aunque Pedro, engolosinado de tanta gloria, quisiera quedarse para siem­ pre en aquel monte, mas no sabia lo que se decia, porque era menester bajar a Jerusalén para poner por obra el exceso de que se habia alli tratado. Y î,qué fué todo esto sino avisarnos que la fervorosa oraciôn alcanza la perfecta con­ templaciôn en que el aima se transfigura en Dios por grande semejanza, y entonces la acompanan dos fervorosos afec­ tos: uno figurado por Moisés, el legislador, que es el encendido deseo de cumplir la ley de Dios y su eanta volun­ tad, en que estâ su vida y su propia perfection; y otro fi­ gurado por Elias, el celoso, que es un abrasado celo de la salvation de las aimas para gloria del que las creô?”... b) CUMPL] •ill ÎENTO DE LA LEY Y SALVACIÔN DEL PRÔJIMO “^Quién hizo que Cristo nuestro Sefior bajase de aquel monte tan glorioso y fuese después a Jerusalén, donde hizo y padeciô cosas tan prodigiosas, hasta morir crucificado en el monte Calvario? Moisés y Elias, sin duda, fueron la cau­ sa; quiero decir, el deseo de cumplir la ley y voluntad del Eterno Padre y el celo de la salvaciôn de los hombres. Estos que le acompanaron en un monte, le acompafiaron espiritualmente en todos sus pasos hasta morir en el otro, para que entiendas que los afectos que tuvieres en el monte santo de la oraciôn te han de acompafiar espiritualmente en cuan- •y’A AUrOKES VARIOS. I.'· .’TEXTE »95 to hicieres y padecieres, para tu provecho y para provecho de tus hermanos, y de esta manera la vida contemplativa acompaûa a la vida activa, para que sea provechosa a ti y a otros, y la vida activa no impedirâ a la contemplativa cuan­ do hubieres de volver a ella”... c) SÔLO PUEDE TRANSFORMAR EL QUE VIVE TRANSFORMABO "No sin causa decia San Dionisio (cf. De ecclesiast. hierarchia c.3) que ninguno se habia de atrever a ser guia y maestro de aimas, si no es que en todas las cosas sea muy semejante a Dios y esté transformadisimo en el mismo Dios, revestido de sus divinas propi edades con la mâs alta seme­ janza que pueda haber en la tierra, juntando lo supremo de la contemplaciôn con lo supremo de la acciôn, siendo en si muy perfecto, y procurando que otros lo sean, sin perder por esto punto de su perfecciôn. Y con mucha razôn dicceste santo, ninguno ha de tomar tan alto oficio si no es que por inspiraciôn y aprobaciôn de Dios sea escogido y declarado, porque sôlo Dios puede dar caudal tan copioso, y sola su divina inspiraciôn puede hacer esta junta y levantar a tan gloriosa semejanza... Y aun por esto dijo el Salva­ dor que la mies era mucha, y los obreros pocos (Mt. 9,37). Y que era menester rogar al Senor de la mies que enviase obreros para cogerla. Y iqué obreros son éstos sino los va­ rones apostôlicos, que son perfectos en las obras de ambas vidas, activa y contemplativa, y con ellas siegan y cogen para si copiosa mies de excelentes virtudes, y para Cristo la mies de muchas aimas, ordenando uno y otro para glo­ ria del Sefior, cuyas son las mieses?”... D) a) Dos extremos viriosos LA ACCIÔN PREMATURA “De lo dicho podemos sacar que todos los que tratan de oraciôn y contemplaciôn han de huir de dos extremos muy perjudiciales. Uno es de aquellos que, con celo indiscreto de aprovechar a otros, quieren antes de tiempo hacerse maestros y predicadores, no teniendo virtud fundada ni partes para ello, y, por consiguiente, sin ser llamados de Dios, el cual para semejantes ministerios no llama a los que no han alcanzado taies partes. Y de aqui es que por donde piensan crecer, decrecen y pierden su propio aprovechamiento y también el ajeno. Porque, como maravillosamente pondera San Gregorio (cf. Moral. 1.3 c.29), los polluelos de las aves que salen del nido a volar antes de tiempo. pretendiendo subir a lo alto, caen de golpe en el suelo; y cuando quieren volver al nido, no tienen alas ni fuerzas para ello, y vienen a perecer sin remedio... Asi los que con celo indiscreto, sin tener alas de virtud y ciencia y sin caudal de espiritu, salen de su recogimiento para ensenar y ejercitar los ministerios con los prôjimos, vienen a perderse; porque, derramados en las cosas exteriores, son presa de sus enemigos, y cuando quieren volver a su quietud antigua, no atinan con ella. Y los hijos que engendran son tan vanos como ellos; porque, si un ciego guia a otro ciego, entrambos caen en el hoyo...” b) La huîda injustificada “El otro extremo es de aquellos que estân ejercitados en oraciôn y trato interior y tienen caudal bastante para ayudar a los prôjimos con estado y vocaciôn o inspiraciôn que les mueve a ello, y con esto no quieren producir este glorioso fruto: unos con titulo de humildad, teniéndose por indignos de ministerios tan altos, cubriendo con esta capa su pusilanimidad ; otros con celo de su mayor pureza, diciendo como la Esposa (Cant. 5,3) : Desnudéme la- tunica de los cuidados de otros para atender a mi sola; icômo volveré a vestirme de dios? Lavé los pies de mis afectos, ;.cômo me pondre en ocasién de mancharlos? Otros con titulo de discreciôn, no queriendo poner en peligro la per­ fecciôn propia por cuidar de la ajena, por que no les succda lo que dijo la Esposa (Cant. 1,6) : Pusiéronme por guarda de las viüas y no guardé la mia. Otros, finalmente, por demasiado amor de su quietud, huyendo los trabajos, enfados, contradicciones y batallas que tiene la conquista de las aimas... No es contraria la humildad a la magnanimidad (Prov. 21,28), ni se perderâ por la obediencia a la inspi­ raciôn de Dios, el cual libra a los obedientes de los peligros y les da esclarecidas victorias contra todos sus enemigos. Y si la Esposa entonces no guardô su vina, es porque no la puso en este cargo el Esposo, sino sus émulos, los hijos de eu madré. Mas si tû, por divina inspiraciôn, y no por carne y sangre, entras a ser guarda de las vinas, ella te ayudarâ a guardar la tuya. Si el misericordioso en la limosna cor­ poral nunca pierde, antes da a Dios a logro y recibe cien veces tanto de lo que da, ^cuânto m'enos perderâ el mise­ ricordioso en la limosna espiritual ? Antes quedarâ con tan­ ta mayor ganancia cuanto fuere mâs copiosa su dâdiva, movido de caridad... SEC. 5. AUTORES VARIOS. SAX JUAN EUDES VI. ÔÔ7 SAN JUAN EUDES Los eclesiâsticos deben renunciar por entero al mundo De la abutidantisima doctrina sobre la vocaciôn v el sacerdocio dei libro El sacerdote, tomamos una meditaciôn sobre los motivos Îne taerzaii al sacerdote a abandonar el mundo (cf. p.i.a c.14 med.14: sacerdote y sus misterios en su aspecto ascético-pastoral. se.çun San Juan Elides, preparaciôn y traducciôn de D. Germân Timénez [Ed. Vizcaina, 1936] p.I79 ss.)i J A) Sentimientos de Jésus con respecto al mundo "Punto l.° Adora y considera a Jesûs, soberano sacer­ dote, en las disposiciones y sentimientos que siempre tuvo yeternamente tendrâ en cuanto al mundo. Son cuatro: a) Desprecio "El primero es un sentimiento de desprecio, procedente del conocimiento clarisimo que tiene de cuanto hay en el mundo, que todo ello no es mâs que humo, vanidad y nada: Vanidad de vanidades, y todo vanidad (Eccl. 1,2)”. b) Aversiôn, odio e indignaciôn “El segundo es un sentimiento de aversion·, de odio y de indignaciôn, porque sabe que el mundo es el enemigo de su Padre y el objeto de su ira; de aqui que diga el disci­ pulo amado: Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o amor del Padre (1 Ιο. 2,15)”. c) Paciencia “El terccro es un sentimiento o disposiciôn de paciencia para con el mismo mundo; porque, por mâs que siempre haya abrigado en su corazôn una muy fuerte inclinaciôn a abrasarlo y reducirlo a cenizas, como lo harâ el ultimo dia, lo sufre, sin embargo, y lo sufrirâ hasta aquel tiempo con una paciencia infinita . 998 L\ PESCA MI LAG ROSA d) De NADA USÔ SINO FOR VOLUNTAD DEL PADRE “El cuarto es el sentimiento o disposition con el que hizo uso de todas las cosas del mundo mientras en él viviô, que consiste en que de nada usô sino por voluntad de su Padre, para la gloria de su Padre, bajo la direction del Espiritu de su Padre, por pura necesidad y con un desprendimiento perfecto, sin poner en ello complacentia al· guna... Date a Jésus para hacerte con estos sentimientos y dis­ positiones”. B) Sentimientos impresos en su Madré y en los santos “Punto 2.” Considera que el Hijo de Dios ha impreso esos mismos sentimientos y dispositiones en los corazones de su santa Madré, de todos sus santos, especialmente de los santos sacerdotes. Porque de los primeros sacerdotes, que son los santos apôstoles, y por consiguiente de todos los demâs sacerdotes, dijo por dos veces hablando a su Padre la vispera de su muerte: No son dei mundo, como ni yo tampoco soy dei mundo (Ιο. 17,16). De aqui viene que San Pablo diga hablando de todas las cosas de este mundo: Todo lo tengo por perdida y lo miro como basura (Phil. 3,8). De aqui también que todos los demâs apôstoles, todos los santos sacerdotes y todos los demâs santos hayan vivido con un gran desprendimiento, menosprecio y aversion de este siglo maligno y de todas las cosas que en él hay. Por­ que le miraban como a enernigo de Dios..., sabian muy bien que todas las cosas que tanto estiman los hombres munda­ nos no son mâs que locura, vanidad, tonteria, segun esta palabra del Espiritu Santo: El hechizo de vanidad dei siglo (Sap. 4,12)...” C) Malicia y locura dei mundo “Punto 3.° Considera que el mundo tiene, sobre todo, dos cualidades que le haeen detestable y despreciable. La primera es su malicia; la segunda, su locura... Su malicia se echa de ver en todos los vicios que en él reinan, hasta el punto de querer pasar por virtudes. Su locura se hac? patente en muchas cosas, pero en especial en sus modas y continuos cambios que impone en vestidos, muebles, etc.. SEC. 5. AUTORES VARIOS. BOSSUET. 999 y en todas sus maneras de hablar y de obrar; verdadera senal de locura, segûn estas sagradas palabras: El necio se muda como la luna (Eccli. 27,12)”. D) Exhortaciôn “Detesta la malicia dei mundo y desprecia su locura; y para guardarte de una y otra, huye de los lugares y per­ sonas en que reina su espiritu, y toma una firme resoluciôn de renunciar por completo a todas las modas dei mun­ do: en tu persona, vestidos, muebles, en tu modo de hablar y de obrar y en toda otra cosa, considerando que Nüestro Senor ha dicho hablando a los sacerdotes: Vosotros sois la sal de la tierra (Mt. 5,16), es decir, la sabiduria y los sabios de la tierra... Considera que, procediendo de semejante manera, renuncian los taies a esta hermosa cualidad que Nuestro Senor Jesucristo les da cuando dice: Vosotros sois la sal de la tierra, y que vienen a hacerse “sal infatuatum”, como dice San Agustin, una sal que ha perdido su virtud y ya no vale sino para arrojarla y pisotearla... Por esto, si en tu vida pasada seguiste la ligereza y locura de las modas dei mundo, confûndete por ello y pide a Nuestro Senor que te concéda la gracia de saber apartarte enteramente dei mundo y de hacer efectivas en ti estas santas palabras: Ellos ya no son dei mundo como yo tampoco soy dei mundo (Ιο. 17,16)”. VIT. BOSSUET Humildad de los apôstoles Al predicar este evangelio se suele insistir en la pobreza y liumildad de los apôstoles, los cuales siguieron siendo pobres y humildes en su predicaciôn. Bossuet nos da hermosamente la razôn de ello en un panegirico sobre San Pablo, que, para ser acmnodado a k)3 apôstoles en general v o nuestro mismo evangelio, no necesita sino sustituir la palabra Pablo por la de apôstol (cf. ed. FirminDidot, en la fiesta del apôstol San Pablo). A) Flaqueza de los apôstoles He encontrado una sintesis de la historia de San Pablo en esta frase que me ha servido de texto: Mc complazco en las enfermedades..., pues cuando parezco debil, entonces es * Mt 1000 L\ PESCA MILAGROSA cuando soy fuerte (2 Cor. 12,10)· San Pablo sabla que el mundo y cuanto encierra en su vasto seno era una obra de la omnipotencia divina, pero veia también un mundo nuevo rescatado por su sangre y su muerte, esto es, la Iglesia, que es una obra de su debilidad, y después, vol­ vi endo sus ojos sobre si mismo y admirando su propia vo­ caciôn, débil como es en las manos de un Dios que lo utiliza como instrumento, sintetiza su vida diciendo: Cuan­ to mâs débil soy, mâs valgo, porque consagro al Salvador mi debilidad. La obra de los apôstoles fué predicar, combatir y gobernar, y en las très cosas podemos ver su debilidad, tal y como, nos lo explica San Pablo: Flacos en su predicaciôn sencilla, no en persuasivos discursos y humana sabiduria (1 Cor. 2,4) ; débiles en medio de las pensecuciones, como ovejas destinadas al matadero (Rom. 8,36), y, por fin, sua­ ves y caritativos, débiles humanamente, en el gobierno de su grey. B) Flaqueza en la palabra El espectâculo de un San Pablo conquistando las naciones lo desearian ver los hombres de la antigüedad, pero no esperéis en ello ninguna pompa magnifica al estilo hu­ mano, porque era cosa harto seria para encontrar delicadezas. San Pablo estaba demasiado enamorado de las glo­ riosas humiliationes del cristianismo para querer corromper con las vanidades de la elocuencia secular la venerable simplicidad del Evangelio de Cristo. a) TRES CUALIDADES DEL ORADOR Très cosas suelen contribuir a hacer agradable y eficaz a un orador, n saber, su persona, la belleza de los asuntos que expone y lo ingenioso de la exposition. A San Pablo le faltaban las très. Si era el exterior, la presencia corporal es poca cosa (2 Cor. 10,10). Pobre, ganândose la vida en oficios de artesano, en debilidad, temor y temblor (1 Cor. 2,3). Las verdades que expone, un Cristo crucificado (1 Cor. 2,2), que escandaliza a los unos y parece locura extrava­ gante a los otros. Su’elocuencia, nula (1 Cor. 2,3). SEC. b) s. AUTORES VARIOS. BOSSUET 1001 SABIDURÎA ESCONDIDA ;Por qué escogiô Dios medios tan humildes para llevar su doctrina, no solo a los bârbaros y pequenos, sino a mun­ do tan refinado como gricgos y romanos? San Pablo nos da la razôn. Ensenamos una sabiduria divina, misteriosa, es­ condida (1 Cor. 2,7). Sabiduria escondida, iqué quiere de­ cir? Pues Jesueristo mismo, Sabiduria del Padre, pero es­ condida en la flaqueza de la carne humana, que vela su luz a los grandes de la tierra. No os extraüe, pues, que, predicando una sabiduria escondida, los discursos no brillen con la luz de la elocuencia, porque esta maravillosa flaque­ za de nuestra predicaciôn es una consecuencia de nuestro Salvador aniquilado. c) El Evangelio, como el segundo cuerpo del Senor Jesueristo apareciô en la verdad de su carne al pueblo judio y quiso aparecer en la verdad de su palabra al mundo entero. La palabra del Evangelio es una especie de segundo cuerpo que el Senor ha tornado por nuestra salvaciôn (cf. Orïgenes, Coment, sobre San Mateo n.85). Son, por lo tanto, los santos Evangelios, Escrituras y predicaciôn como el segundo cuerpo de que se ha revestido el Verbo, y es lo­ gico que sea humilde y sencillo, como lo fué el primero que tomô. En el uno era la flaqueza de la carne; en el otro, la sencillez de la palabra. No esperéis que venga el Apôstol a agradar los oidos con cadencias armoniosas ni a encantar los espiritus con curiosidades vanas, porque predicamos una sabiduria escondida, un Dios crucificado. d) La fuerza impetuosa del Apôstol Su estilo ofenderâ los oidos delicados de la tierra, pero sus pensamientos son divinos. “Este hombre ignorante del arte de bien decir, de elocuciôn ruda y frase extranjera, 11egarâ a la Grecia esmerada, madré de filôsofos y oradores, y, a pesar de la resistenda mundana, fundarâ mâs iglesias que Platon discipulos. Predicarâ a Jesûs en Atenas, y el mâs sabio de los oradores pasarâ dei Areopago a la escuela de este bârbaro. Seguirâ mâs adelante en sus conquistas, y abatirâ a los pies del Senor la majestad de las âguilas romanas en la persona de un proconsul, y harâ temblar en sus tribunales a los jueces delante de los que ha sido citado. Pvoma oirâ su voz, y un dîa aqudla vieja maestra se « ‘•-% ’■ -, I \ PESCA MI LAC,ROSA sentira mâs honrada con una sola carta del estilo bârbaro de San Pablo, dirigida a sus ciudadanos, que por todas las famosas arengas que otro dia oyera de Cicéron”. Palabra sencilla, pero lo mismo que el rio caudaloso conserva, cuando corre por la llanura, la fuerza impetuosa que adquiriô en las montanas, la palabra sencilla del Apôstol con­ serva el vigor del cielo, de donde ha bajado. Dentro de la sencillez de los apôstoles veamos a Dios. C) a) Debilidad en la persecution estuvo, mAs que en su palabra, EN SU SANGRE La fuerza de Cristo La fuerza principal del Salvador estuvo, mâs que en su palabra, en su sangre, porque en vida consiguiô pocos dis­ cipulos y desde la cruz atrajo al mundo. La razôn de ello estriba en que el Hijo de Dios debiô hablar al mundo, pero antes debiô hablar al Padre para moverle a perdôn y a con­ céder la gracia. Al mundo le hablô predicando, y a Dios muriendo. De poco te sirve, ;oh sembrador!, esparcir la semilla en tierra seca si la lluvia del cielo no la fertiliza. Sembrô nuestro Seüor en tierra seca y tuvo que llamar a su Padre con voz de sangre para que enviase la lluvia de la gracia. Desde la cruz lo hizo y desde ella atrajo a todo (lo. 12,32). b) Razôn por la que sufrieron persecuciôn los apôstoles Esta es la razôn por la que los apôstoles tuvierôn que sufrir por todo el mundo, llevando siempre en nuestro cuer­ po la mortification de Jesûs, para que la vida de Jesûs se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, estamos siempre entregados a la muerte por amor de Jesûs, para que la vida de Jesûs se manifieste también en nuestra carne mortal (2 Cor. 4,10). Quizâs fuera esta la razôn por la que dice en otro lugar (Col. 1,24): Suplo en mi carne lo que falta a las tribulationes de Cristo. Qué dices, Pablo? ;Puede faltar algo a tu Maestro? No, no es ése mi pensamiento. Lo que le falta es que, como le han visto morir en Jerusalén y como quiera que su fuerza estâ en su cruz, es nece­ sario que sufra por todo el mundo para atraerlo a El. Los judios le han visto; yo quiero ensenarlo en mi cuerpo a to­ dos los gentiles. 15 SEC. 5. c) AUTORES VARIOS. BOSSUET Ejemplos de la vida de Pablo iQueréis ver un ejemplo de la sangnenta impresiôn de la cruz de Pablo? Pues un dia estaba su cuerpo destrozado en la cârcel, y alli hubo también, como en la muerte de Cristo, un terremoto (Act. 16,26). La prisiôn se abriô, como las tumbas; los mismos carceleros repitieron el grito de Verdaderamente era Hijo de Dios, arrojândose a los pies de Pablo, i Sabéis lo que ocurriô después? Pues que, al marcharse de Filipos, nos dice en una carta escrita a los de Tesalônica que estaba seguro de que su entrada en aquella ciudad habia de ser provechosa (1 Thés. 2,1), por­ que llegaba alli después de sufrir mucho y soportar muchas afrentas en Filipos, como sabéis, y por ello, confiados en nuestro Dios, os predicamos el Evangelio. Nunca un vencedor se ha erguido ante la gloria de sus triunfos como Pa­ blo al recuerdo de los padecimientos. “La corona cubre las heridas, la palma vela la sangre; tanto mayor victoria cuan­ to mâs sufrimientos” (cf. Tertuliano, Scorp. 6). Por eso, cuando faltaba humi'llar a los pies de Cristo la majestad imperial de Roma, Jesûs envia alli a dos illus­ tres capitanes y, a la vez, levanta un tirano cruel que no se contentarâ con perseguir a medias, Néron, que derramarâ la sangre de ambos. Murieron los apôstoles, y Roma se entregô. He aqui la debilidad vencedora del Apôstol en la perse­ cution. D) Suaüidad en el gobierno Las columnas de la Iglesia la gobernaban, pero su ley era la caridad, que puede existir en el pastor que gobierna y en el pueblo que obedece, siempre dulce, paciente y compasiva. El gobierno eclesiâstico debe apoyarse en la caridad, sin violencia alguna. No es dominio el suyo, sino minis­ terio. Es mâs, en vez de levantarse sobre los demâs, debe humillarse y convertirse en siervo de todos, por lo que San Pablo se hace enfermo para los enfermos (1 Cor. 9,22), hasta el punto de trabajar con sus propias manos para no ser oneroso (ibid., 4,12). No se envanezca la antigua Roma de aquellos gobemadores que dejaban el arado para subir al Capitolio, porque aqui tenemos nosotros a los apôstoles. iQueréis ver la suavidad de su gobierno? îQuién enferma y no enfermo 5» Z Γ \ PISC\ Mu KG ROSA yo? iQuién se escandaliza y yo no ardo? (2 Cor. 11,29). Sufre no sôlo por los que estân junto a él, sino por los miembros de la Iglesia entera. Permitidme que os lo diga, Pablo; he meditado toda vuestra vida y os puedo afirmar que en medio de vuestras persecuciones no llevabais sobre vos mâs que vuestra propia debilidad, pero aqui habéis cargado con la de todos, amigos y enemigos, hermanos y perseguidores. Ahora si que decis con razôn: Cuanto mâs débil, mâs fuerte nie siento. SECCIOX I /. TEXTOS PONTIFICIOS A) a) uToda la noche hemos estado trabajando...» : El cumplimiento dei deber Recordando a San Pedro, debemos estar firmes en NUESTRA FE, SIN MIEDO ALGUNO ANTE LOS DEBERES «No tengâis, pues, miedo ante vuestros deberes, por muy graves que puedan pareceros. Recordad que el dia en que Pedro, pescador de Galilea, sin auxilio humano, después de haber fundado la Igle­ sia de Antioquia y recorrido muchas regiones, vino a fijar en Roma su câtedra y la de sus sucesores, era, segûn comparaciôn de San Leôu 3Iagno, como un hombre que entraba en una selva de bestias salvajes o que avanzaba por el océano revuelto por las mûltiples corrientes dei paganismo, que confluian en Roma desde todos los àngulos de! Imperio, y, no obstante, caminô sobre tal mar con mucha mayor seguridad que antaîïo sobre el lago de Genesaret, porque su fe estaba ya divina mente fortalecida» (Pio XII. En la vigilia de la festividad de la Câtedra de San Pedro en Roma, 17 de enero de 1940). b) El CRISTIANO DEBE IR AL ENCUENTRO DE LAS PENAS Y LOS DEBERES DE NUESTRO TIEMPO CON FORTALEZA Y SERENIDAD DE ESPIRITU «Ser cristiano significa ir al encuentro de las penas y de las pruebas, de los deberes y de las necesidades de los tiempos, con aquel coraje, con aquella fortaleza y serenidad de espiritu que bebe en la fuente de las eternas esperanzas el antidoto contra todo hu­ mano desaliento. Humanamente grande es el fiero dicho de Hora­ cio : «Si fractus illabatur orbis, impavidum ferient ruinae» (Od. 3,3). Pero jcuânto mas bello, mâs confîado y feliz es el grito victorioso qne surge de los labios cristianos y de los corazones llenos de fe ihimn. Te Deum): Non confundar in aeternum !» (Pio XII, A Ia nobJeza y patriciado romanos, 11 de onero de 1951). c) Todos necesitan fortaleza para cumplir constante- MENTE EL PROPIO DEBER ANTE LAS DIFICULTADES DE NUESTRO TIEMPO «Todos necesitan fortaleza de alma, especialmente en nuestros dias, para soportar animosamente el sufrimiento, para superat victoriosamente las dificultades de la vida, para cumplir constante- - 1006 1\ PESC* MI LAG ROSA mente el propio deber. é Quien no tiene algo que sufrir? i Quien no tiene algo de que dolerse? ^Quién no tiene que luchar? Sola­ mente el qne se rinde y huye. Pero vosotros tenéis menos derecho que otros para rendiros o para huir. Hoy los sufrimientos, les diâcultades y las necesidades son ordinariemente comunes a todas las clases, a todas las condiciones, a todas las familias, a todas las personas. Y si algunos estân exentos, si nadan en la sobreabundancia y en las satisfacciones de la vida, esto deberia estimularles a tomar sobre si las miserias »v las estrecheces de los demâs. êQuién podrâ encontrar contento y reposo, quien no sentirâ mâs bien inquietud y vergüenza de vivir en la ociosidad y en la frivolidad, en el lujo y en los placeres, en medio de la casi general tribulaciôn ?» (Pio XII, Al paMciado y nobleza. ro manos, 15 de enero de 1949). ’ . j> d) El SENTIMIENTO DEL DEBER NO ES PROFUNDO E IMPERATIVO SI NO TIENE SUS RAÎCES EN DlOS «Vosotros, amados jôvenes, sois para los amplios cielos, pare las alturas sin limites, para los vuelos libres ; pero, si todo esto sonrie a vuestro entusiasmo juvenil, no podréis gozar plenamente si no estâ vivo en vosotros el sentimiento del deber. Ahora bien, este sentimiento no es profundo, no es imperativo, si no tiene sus raices en Dios, fuente de la moral, de la justicia, lo mismo que de la verdad que de la belleza. Con Dios debéis caminer en la vida, con Dios voler a vuestras metas, afrontando todos los obstâculos y preocupados del trabajo que hay que cumplir mâs que por su feliz suceso ; os sentiréis libres aun bajo la mâs austera disciplina y recogeréis en vosotros mismos, en vuestra conciencia cristiana, el premio de vuestra fatiga. Falta que a Jesucristo, que es autor de la verdadera justicia, como es para vosotros sabiduria, justicia, santificaciôn y redcnciôn (1 Cor. 1,30), le confiéis vuestra vida, dé­ ciles a sus enseûanzas, las cuales no ligan, imponiendo luchas y restricciones, sino para haceros libres y no siervos del mal. Con El solamente reconoceréis las verdaderas alturas—las del espiritu—, y con El, ascendidos a lo alto, en la verdad y en la justicia, 11evaréis en vuestro corazôn el secreto de una felicidad que ninguno podrâ quitaros» (Pio ΧΠ, A los alumnos de la Academia Italiana de Acronâutica, 6 de diciembre de 1950,'. e) En EL EJERCICIO DEL DEBER ES PRECISO REACCIONAR CONTRA EL EGOÎSMO Y EL ORGULLO, CONFLANDO MAS EN DlOS QUE EN NOSOTROS «A vosotros, como a todos los que estân colocados en posiciôn de superioridad o de mando, pueden aplicarse las palabras de Jesucris­ to : Filius hominis non venit ministrari, sed ministrare (Mt. 20,zS). La superioridad es un servicio ; el mando no es un arbitrio, sino un acto de obediencia a las leyes eternas de la verdad y de la justicia. Y vosotros sentis, ademâs—como todos deben sentir—, cuânta fuer­ za nos viene de Dios para reaccionar firmemente en el ejercicio del deber contra el egofsmo y el orgullo y anteponer siempre a las ven­ tajas particulares—del individuo, del grupo, del partido—las venta- SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 1007 jas comunes, y esto unicamente a la luz de la justicia, de la caridad, de la fe. Vosotros debéis, por tanto, tener présente en el trabajo de vuestra misiôn y de vuestra responsabilidad la advertencia dei Sal­ mo, que estâ confirmada por la experiencia universal (Ps. 126,1) : Si el Seiïor no cdijica la casa, en vano se fatigan los que la edijican. Si el Seiïor no custodia la ciudad, en vano vigila el que custo­ diat (Pio XII, A una pcregrinaciôn de par lamentario s italianos, 13 de diciembre de 1950). f) Debemos abandonarnos dôcilmente a la acciôn de Dios, trabajando, sin dejar estéril el talento recibido (ibid.). c) POR OBEDIENCIA HA DE SER INMOLADA LA VOLUNTAD, ACATANDO A LA IGLESIA COMO BALUARTE IMPRESCINDIBLE DEL ORDEN SOCIAL Y RELIGIOSO «Este espiritu de humildad, ilustrado por la luz de la fe, impele al hombre a una cierta inmoiaciôn de la voluntad por medio de la obediencia. El mismo Jesucristo ha instituido en la sociedad por El SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 1011 fundada una autoridad que perpetûe la suya ; por lo cual, quien obedece a los superiores eclesiâsticos obedece al mismo Redentor divino. En los présentes tiempos, cuando el fundamento de la auto­ ridad es atacado con temerario atrevimiento, es necesario que el sacerdote, firme en los principios de la fe, reconozca y acate esta autoridad, no s61o como baluarte imprescindiblc dei orden social y religioso, sino también como base de su propia santidad. Mientras los enemigos de Dios, con mal vada astucia, se esfuerzan en incitar y fomeiitar las inmoderadas ambiciones de algunos para lanzarlos courra los mandatos de la santa madre Iglesia, nos complacemos en ensalzar con justas alabanzas y alentar con ânimo paternal a la gran nmltitnd de ministros sagrados que, por confesar abiertamente su cristiana obediencia y por guardar incolume su fidelidad integérrinia para con Cristo y la autoridad por El constituida, han sido hallados dignos de sufrir por el nombre de Jesûs (Act. 5,41), y no sôlo injurias, sino también persecuciôn y cârceles y aun la muerte» (Pio XII, Menti nostrae, 23 de septembre de 1950). d) El yugo de LA OBEDIENCIA SOBRENATURAL ES EL PESO DE LOS FUERTES, Y POR ELLA PROSPERA LA SOLIDEZ DE LA VIDA «Ciertamente importa en gran manera que la obediencia sobrenatural, alimentada por el fuego del amor de Dios, se cultive y florezca con ânimo estricto y voluntario empefio, segûn la norma de las leyes estatuidas en las casas religiosas. (No es asi como prosperarâ la disciplina religiosa y la solidez de la vida? ^No es cierto que las grandes empresas que llevaron y llevarân a cabo los reli­ giosos sôlo pudieron tener y podrân tener éxito feliz por la union de fuerzas que nace de la obediencia ? Reconoced, pues, y venerad y recibid con gusto el saludable yugo de la obediencia como peso de los fuertes. Pero en este tiempo, en que por todas partes dominan las mâquinas y la técnica todo lo invade, lo penetra y lo hace a su imagen, cuiden los superiores de no tratar como mercancfas 0 como piezas de mâquina a quienes estân a sus ôrdenes, sino respeten siempre en ellos una persona humana» (Pio XII, Λ los Carmelitas Descalzos, 23 de septiembre de 1951). e) El deseo ΣΗί de obedecer siempre, es necesario a todo CRISTIANO PARA NO SER IIALLADO EN FALTA «Mejor lo entienden aquellos que no rehusan salir al palenque siempre que sea nienester, en la firme persuasiôn de que la fuerza injusta se irâ debilitando y acabarâ por rendirse a la santidad del derecho y de la religiôn. Éstos, ciertamente, acometen una empresa digna del valor de nuestros mayores cuando se esfuerzan en defen­ der la religiôn, sobre todo contra la secta audacisima, nacida para la vejaciôn del hombre cristiano, que no déjà un momento de ensafiarse contra el Sumo Pontifice, sometido por fuerza bajo su poder ; pero guardan cuidadosamente el amor a la obediencia y no acostumbran emprendcr nada sin que les sea ordenado. Y como quiera que ese deseo de obedecer, junto con un ânimo firme y constance, sea necesario a todo cristiano para que, suceda lo que sucediere, no sean en nada hallados en falta (lac. 1,4), mucho quisiéramos fe » que en los ânimos de todos se hallase profundamente arraigada la que San Pablo llama prudencia del espiritu (Rom. S,6). Porque ésta modera las acciones humanas, siguiendo la regia dei justo medio, haciendo que ni desespere el hombre por timida cobardia ni confie temeroriamente mâs de lo que debe» (Leôn XIII, Sapientiae Chris­ tianae 44 : Col. Enc., p.210). D) a) Casos particulares de la obediencia No SERA OBEDIENCIA A DlOS SI SE PRETENDE PONER LÎMITES Y MODO A SU POTESTAD LEGISLATIVA «Porque si, como ellos admiten (los fautores del libéralisme) y nadie puede negar con derecho, se ha de obedecer a la voluntad de Dios legislador, por estar el hombre en todo en la potestad de Dios y tender a Dios, siguese que a esta potestad legislativa suya nadie puede ponerle limites ni modo sin ir, por el mismo hecho, contra la obediencia debida. Y aùn mâs, si el hombre llegara a arrogarse tanto que quisiera decretar cuâles y cuântas son sus propias obligaciones, cuâles y cuantos son los derechos de Dios, aparentarâ reverenda a las leyes divinas, pero no la tendra de hecho, y su propio juicio prevalecerâ sobre la autoridad y prudencia de Dios. Es, pues, necesario que la norma constante y religiosa de nuestra vida se derive no solo de la ley eterna, sino también de todas y cada una de las leyes que, segùn su beneplâcito, ha dado Dios, infmitamente sabio y poderoso, y que podemos seguramente conocer por sefiales claras e indubitables. Tanto mâs, cuanto que estas leyes, por tener el mismo principio y el mismo autor que la eterna, concuerdan del todo con la razôn, perfeccionan el derecho natural e incluyen el magisterio del mismo Dios, que, precisamente para que nuestro entendimiento y nuestra voluntad no caigan en el error, rige a entrambos benignamente, guiândolos al mismo tiem­ po que los ordena. Quede, pues, santa e inviolablemente unido lo que ni puede ni debe separarse, y sirvase n Dios en todo, como la misma razôn natural lo ordena, con toda sumisiôn y obediencia» (Leon XIII, Libertas 20 : Col. Enc., p.iyS). b) Se DEBE OBEDIENCIA A LA IGLESIA, PUESTA POR DlOS PARA ENSENAR, LIBRE DE ERROR «Λ esta sociedad quiso que quedaran encomendadas cuantas verdades ensenô, con la condiciôn de que las guardase, las defendiese y con autoridad légitima las enseûase ; y a la vez ordenô a todos los hombres que obedecieran a su Iglesia no menos que a El mis­ mo, teniendo segura los que asi no lo hicieran su perdiciôn sempi­ terna. Consta, pues, claramente que el mejor y mâs seguro maestro del hombre es Dios, fuente y principio de toda verdad, y también el Unigénito, que estâ en el seno del Padre y es camino, verdad. vida, luz verdadera que ilumina a todo hombre, y a cuva enseüanza han de prestorse todos dôcilmente : Et erunt omnes docibiles Dei (Ιο. 6,45). 1WL SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 1013 Pero eu punto de ie y de costunibres hizo Dios a la Iglesia par­ ticipe dei magisterio divino, libre de error ; por lo cual es la mâs ûlta y segura maestra de los mortales, y en ella reside el derecho inviolable a la libertad de ensenar. Y, de hecho, sustentândose la Iglesia con la doctrina recibida del cielo, nada ha antepuesto al cumplimiento exacto del encargo que Dios le ha confiado ; y mâs fuerte que las dificultades que por todas partes la rodean, no ha aflojado un punto en defender la libertad de su magisterio. Por este camino, desterrada la supersticiôn miserable, se renovô el orbe segùn la cristiana sabiduria» (ibid., 34 p.184). C) La OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD CIVIL NO ES ESCLAVITUD, SINO SUMISIÔN A LA VOLUNTAD DE DlOS «Eu la esfera politica y civil, las leyes se enderezan al bien comûn, debiéndose dictar, no por el voto apasionado de las muchedumbres, faciles de seducir y arrastrar, sino por la verdad y la justicia ; la majestad de los principes reviste un carâcter sagrado y sobrenatural, y estâ resguardada para que ni decline de la jus­ ticia ni se propase a mandar lo pernicioso e ilicito ; la obediencia de los ciudadanos tiene por compafieras la honra y la dignidad, porque no es esclavitud o servidumbre de hombre a hombre, sino sumisiôn a la voluntad de Dios, que reina por medio de los hom­ bres. Una vez que esto ha entrado en la persuasion, la conciencia er.tiende al momento es deber de justicia acatar la majestad de los principes, obedecer constante y lealmente a la pùblica autoridad, no obrar nada con espiritu de sediciôn y observar religiosamente las leyes del Estado» (Leôn NUI, Immortale Dei 24 : Col. En., p.151). d) NO ES SERVIDUMBRE LA CONFIADA Y HONESTA OBEDIENCIA DE LA MUJER A SU ESPOSO «Todos los que empafian el brillo de la felicidad y castidad conyügel, como maestros que son del error, echan por tierra también îacilmente la obediencia confiada y honesta que ha de tener la mujer a su esposo, y muchos de ellos se atreveu todavia a decir, con ma­ yor audacia, que es una indignidad la servidumbre de un cônyuge para con el otro ; que son iguales los derechos de ambos cônyuges ; defendiendo presuntuosisimamente que por violarse estos derechos, a causa de la sujeciôn de un cônyuge a otro, se ha conseguido y se debe llegar a couseguir una cierta emancipaciôn de la mujer» (Pio XI, Casli connubii 45 : Col. Enc., p.Sga). θ) LOS HIJOS DEBEN SOMETERSE Y OBEDECER A LOS PADRES Y H0NRARL0S POR MOTIVOS DE CONCIENCIA «En cuanto a los hijos, deben someterse y obedecer a sus padres y honrarlos por niotivos de conciencia, y éstos, a su vez, consagrar sus pensaniientos y cuidados a la defensa y educaciôn de aquellos en la virtud. Vosotros, padres, cducadlos en la disciplina y correc­ tion del Seüor (Eph. 6,4)» (Leôn NUI, Arcanum divinae sapientiae y: Col. Enc., p.750). w·· 1014 LA PESCA MILAGROSA f) El SACERDOTE NECESITA DE LA OBEDIENCIA, LA CUAL PROMETIÔ EL DÛ DE SU ORDENACIÔN, PARA ESTAR UNIDO CON LOS DIVERSOS MIEMBROS DE LA JERARQUÎA «Pero de esta misma condiciôn del sacerdocio carôlico, de ser milicia âgil y valerosa, procede la necesidad del espiritu de disci­ plina, y, por decirlo con palabra mâs profundamente cristiana, la necesidad de la obediencia. De aquella obediencia que traba herniosamente entre si todos los grados de la jerarquîa eclesiâstica, de suerte que, como dice el obispo en la admoniciôn a los ordenandos, la «santa Iglesia aparece ordenada, adornada y gobernada con variedad verdaderamente admirable al ser consagrados en ella unos pontifices, otros sacerdotes de grudo inferior..., formândose de mu­ chos miembros y diversos en dignidad un solo cuerpo de Cristo» (cf. Pontif. Rom.; De ordinat, presbyt.). Esta obediencia prometieron los sacerdotes a su obispo en el momento de separarse de él, fresca afin la sagrada unciôn ; esta obediencia, a su vez, juraron los obispos en el dia de su consagraciôn episcopal, a la suprema cabeza visible de la Iglesia, al sncesor de San Pedro, al Vicario de Jesu­ cristo. Tenga, pues, la obediencia constantemente unidos entre si y con la cabeza los diversos miembros de la sagrada jerarquîa, ha­ ciendo asi a la Iglesia militante de verdad terrible a los enemigos de Dios, como ejército en orden de batalla (cf. Cant. ό,3)> (Pio XI, .4d catholici sacerdotii 43 : Col. Enc., p.939). g) Que la obediencia senale a cada uno su lugar, y que ESTE SEA OCUPADO SIN RETICENCIAS, QUE NO VALEN SINO PARA ENTORPECER «La obediencia modéré el celo, quizâ demasiado ardiente, de los unos, y espolee la tibieza o cobardia de los otros ; senale a cada uno sn puesto y lugar, y ése ocupe cada uno sin reticencias, que no servirian sino para entorpecer la obra magnifica que la Iglesia desarrolla en el mundo. Vea céda uno en las ôrdenes de los supe­ riores jerârquicos lâs ôrdenes del verdadero y ùnico jefe, a quien todos obedecemos, Jesucristo nuestro Senor, el cual se hizo por nosotros obcdientc hasta la muerte, y muerte de cruz (Phil. 2,8)» (ibid., p.940). il') El divino y sumo Sacerdote nos manifesto de muchas MANERAS SU RENDIDA OBEDIENCIA «A la verdad, el divino y sumo Sacerdote quiso que nos fuese manifiesta de modo singularisimo la obediencia suya rendidisima al Eterno Padre ; y por esto abundan los testimonios, tanto pioféticos como evangélicos, de esta total y perfecta sujeciôn del Hijo de Dios a la voluntad del Padre : Al entrar en el mundo dice: Τύ 110 has querido sacrificio ni ofrenda, mas a mi me has apropiado un cuer­ po... Entonces dije: Heme aqui que vengo, segûn estâ escrito de mi al principio de libro, para cumplir, joh Dios!, tu voluntad (Hebr. 10,5-7). Mi comida es hacer la voluntad del que me ha cn­ viado (lo. 4,34). Y aun en la cruz no quiso entregar su aima en las manos del Padre antes de haber declarado que estaba ya cumplido SEC. 6. TEXTOS PONTIFICIOS 1015 todo cuanto las Sagradas Escrituras habian predicho de El. es de­ cir, de toda la misiôn que el Padre le habia confiado, hasta aquel ultimo, tan profundamente misterioso : Sed tengo, que pronunciô para que se curnpliese la Escritura (lo. 19,28) ; queriendo demostrar con esto cômo aun el celo mâs ardiente debe estar siempre regido por la obediencia al que para nosotros hace las veces del Padre y nos transmite sus ôrdenes, esto es, a los legitimos superiores jerârquicos» (ibid.). i E) a) «.Senor, apârtate de mi, que soy hombre pecador» (Lc. 5,8): Humildad y obediencia La humildad cristiana no es vileza, sino que se com­ pagina BIEN CON LA SEGURÏDAD DE SI MISMO Y EL HEROÎSMO «La humildad en el espiritu del Evangelio y la impetraciôn del auxilio divino se compaginan bien con la propia dignidad, con la seguridad de si mismo y con el heroismo. La Iglesia de Cristo, que en todo tiempo, hasta en los mâs cercanos a nosotros, cuenta mâs confesores y heroicos mârtires que cualquier otra sociedad moral, no necesita, ciertamente, recibir de ciertos medios ensefianzas so­ bre el sentido y la acciôn del heroismo. Al mostrar neciamente la humildad cristiana como vileza y mezquinded, la repugnante soberbia de estos innovadores no consigue mâs que hacerse ella misma ridicula» (Pio XI, Mit brennender sorge 25 : Coi. Col. Enc., p.339). b) La wv HUMILDAD NI ES EMBOTAMIENTO MENTAL NI DEBILIDAD DE LA VOLUNTAD, SINO VIRTUD VERDADERA «Fué ella suavisima v humildisima, pero con aquella cristiana humildad de espiritu, que no es embotamiento mental ni debilidad de voluntad, sino virtud verdadera. Aquella virtud, decimos, que trente a las injurias, por mâs atroces que sean, sabe dominar, regular, encauzar los movimientos perturbadores del espiritu ; aquella virtud que confrere al hombre el dominio propio, que procura tranquilidad, serenidad y paz ; que en lo prôspero y en lo adverso vuelve los ojos al cielo, en donde después del destierro de este mundo todos podremos obtener un premio tan excelso que, en su comparaciôn, todos los rangos y dignidades humanas aparecen como cosa efectivamente caduca, vana y vacia» (Pio XII, Homilia ch la canonizaciôn de Santa Juana de Francia, 28 de mayo de 1950). c) NADIE ES GRANDE A LOS OJOS DE DlOS SINO EL QUE SE TIENE POR PEQUENO E INÛTIL «A propôsito de lo cual, venerables hermanos y amados hijos, cabe advertir que nadie a los ojos de Dios puede ser en verdad grande, sino el que se tenga por pequeûo e inûtil. Pues no es Dios quien necesita de nosotros, antes nosotros en todo momento necesitamos de su gracia y de su ayuda ; no somos, en efecto, capaces de «pensar algo por nosotros mismos, como de nosotros mismos, i. i % .M sitio que nuestra capacidad viene de Dios (2 Cor. 3,5)» (pio χπ, Eh la ι-ationizaciôn de Santa Maria Josefa Rosellô, 12 de junto de 1949). d) EX CONTRAPOSICIÔN AL ORGULLO DEL MUNDO, EL AMOR DE SER IGNORADOS TRAE A NUESTRAS ALMAS PAZ SERENA Y COMU NIC ATI VA «Desde las primeras pâginas de su incomparable obra maestra, el autor de la Imitaeiôn de Cristo déjà caer de su pluma esta l>cciôn, toniada de su propia experiencia ; este secreto de su paz. sere­ na y comunicativa : «/Qnieres aprender y saber una cosa ùtil? jAnta el ser ignoradol» (l.i c.2). A ma nesciri! Dos palabras prodi­ giosas, asombrosas para el mundo, que no puede comprenderlas, pero llenas de santidad para cl cristiano, que sabe contemplar su luz v saborear sus delicias. Ama nesciri!... i Que lecciôn para el orgullo dei mundo y para su hambre de ostentaciôn ! El amor propio hace como que se disimula y se viste de las apariencias dei celo, pero es siempre el mismo, quien, como en otros tiempos junto a Jesucristo, susurra al oido el (lo. 7,4) Manifesta teipsum mundo!» (Pio XII, En la canonizaciôn de Sauta Catalina Labouré, 27 de agosto de 1947). e) EL SACERDOTE HA DE RENUNCIAR A SUS PROPIOS MODOS DE VER Y, B AS ADO EN LA HUMILDAD, SOMETERSE EN TODO A LA VOLUNTAD DE DlOS «EI sacerdote de nuestro Senor Jesucristo debe, por anior al divino Maestro y para imitarle, renunciar de corazôn tanto a las honras dei mundo cuanto a las comodidades de la vida. En el estudio, en la oraciôn, en cualquier apostolado, no ha de buscarse a si mismo, sino solamcnte a las aimas. Ahora bien, la renuncia a si mismo, a sus propios modos de ver, al deseo de sobresalir y haceise admirar, se adquiere tan solo con la oraciôn, con la meditaciôn de la vida de Jesûs y de las palabras por El proferidas para todas las generaciones, con el ejercicio pacientc y controlado por frecucntes exâmenes de si mismo. Sin la victoria en este sector del combate espiritual no se llega a la humildad cristiana necesaria para someterse en todo a la voluntad de Dios» (SaGrada Congregaciôx de Semixarios, Al Episcopado del Brasil, 7 de marzo de 1950). f) YA QUE, CON LA HUMILDAD, LA OBEDIENCIA A TODOS LOS SUPERIORES SE TORNA FÀCIL «Con la humildad, por el contrario, también la obediencia tôrnasc fâcil, y eu tanto desaparece el espiritu de contradicciôn, de criti­ ca a todas lus cosas, de resistencia mâs o me nos consciente a las di­ rectrices de las antoridades. Entonces el primer movimiento no sera jamâs reprobar o censurer cuanto se ha hecho antes de nos­ otros o sin nosotros y de querer mudarlo todo, sino antes de reconocer y utilizar, cou animo agradecido, el bien que va existe, pro­ curando solameute, con modestia, perfeccionarlo en lo que esté a r'i.· sec. 6. textos noNTiFrcros 1017 nuestro alcance. Enfonces aparecen las senates de una buena forinaciôn clerical, que son las siguientes : una sôlida piedad, inante nida por los ejercicios comunes y por las devocioncs tradicionales a la Santisima Eucaristia, a la sagrada Pasiôn, al Sagrado Corazôn de Jesiis, a la Santisima Virgen, a San José, a los santos patronos de la jnvenlud eclesiâslica ; una conducta regular y disciplinada ; un rcspetuoso afecto hacia los superiores, para con el propio obispo y toda la jerarquia, y particularmente un entranable amor al Vica­ rio de Jesucristo, el Papa reinante, ayudândole con la oraciôn, to­ rnando parte en sus alegrias y en sus penas y siguiendo con fervorosa tidelidad sus directrices» (ibid.). g) Que EL SACERDOTE NO CONFÎE EN SUS PROPIAS FUERZAS NI SE DELEITE EN SUS CUALIDADES, SINO QUE CONFÎE sôlo en Cristo tfMas la perfecciôn cristiana se inicia en la humildad : Aprcndcd de mi, que soy manso y hiimilde de corazôn (Mt. 11,29). Consideran­ do detenidamente, de una parte, la excelsa dignidad a que por cl beutismo y la ordenaciôn sagrada hemos sido elevados y reconociendo, por otra, nuestra miseria espiritual, meditemos las divinas pala­ bras de Jesucristo : Sin mi nada podéis haccr (lo. 15,5). El sacerdote no confie en sus propias fuerzas, no se deleite exageradamente en sus cualidades, no busqué las alabanzas y la estima de los hombres, no aspire insaciable a puestos mâs elevados, sino imite a Cristo, que vino <1 servir, no a que le sirviesen (Mt. 20,28) ; uiéguese a si mismo, segûn la doctrina evangélica (Mt. 16,24), y no se pegue demasiado a las cosas de la tierra, para que pueda seguir mâs fâcil y expeditamente a su divino Maestro. Cuanto es y cuanto tiene le ha venido de la bonded y poder de Dios. Si, pues, quiere gloriarse, recuerde las palabras del Apôstol de las Gentes (2 Cor. 12,5) : En cuanto a mi de nada me gloriaré sino de mis flaquezas» (Pio XII, Menti nostrae, 23 de septembre de 1950). F) a) tiLo dejaron todo y le siguieron» (Le. 5,11 ): La vocaciôn LOS APÔSTOLES PUSIERON EN MANOS DEL DIVINO MAESTRO SUS ESPERANZAS PARA LO POR VENIR «En pocas lineas compendia cl Evangelic la llamada que Jesûs les dirigiô a él y a Juan, y su respnesta : Ellos inmcdiatamcnle, defadas las redes y a su padre, le siguicron (Mt. 4,21-22). Poco es en upariencia ; pero en realidad, mucho. Porque Santiago (no menos que su hermano), dejando a su padre Zebedeo en la barca, que se mecia en la orilla mientras las redes de la pesca sccâbansc colgadas de unos palos, sumergia para siempre en las aguas del lago las ternuras de su pasado y ponia incondicionalmente en monos del divino Maestro sus esperanzas para lu por venir» (Pio XII, A los rccien casados, 24 de julio de 1940). ! ·? lois b) LA PESCX M1LAGROSA La llamada de Dios — no puede someterse a experiaien- TOS Y JUICIOS DE ORDEN NATURAL Y PAGANO cPero mucho peor es la pretension falsa, irreverente y peligrosa, ademâs de vana, de querer someter a investigaciones, expérimentes y juicios de orden natural y profano los hechos de orden sobre­ natural tocantes a Ια educaciôn, como, por ejemplo, la vocaciôn sacerdotal o religiosa, y, en general, las arcanas operaciones de la gracia, que, aun elevando las fuerzas naturales, con todo, las sobrepuja innnitamente y no puede en manera alguna someterse a las leyes fisicas, porque el Espiritu sopla donde quiere (lo. 3,8)» (Pio XI, Divini illius Magistri 40 : Col. Enc., p.839). c) La vocaciôn sacerdotal, mâs que por un sentimiento SENSIBLE, SE REVELA EN LA RECTITUD DE INTENCIÔN, UNIDA AL CONJUNTO DE DOTES NECESARLAS c) Cristo aprovecha la cmociôn dei momento y, sobre aquella montana de fe, hace la invitation para el apostolado. Desde ahora Pescadores de 'hombres. a) β “Tû eres Cristo, el Hijo de Dios vivo”.· a) Pedro dcscuella entre los apôstoles. T. Corrige los falsos juicios dei mundo entero acerca de Jesucristo. Los demâs lo creen un profeta ; para Pedro es el Hijo de Dios vivo. 2. Es una fe sobrenatural. No es la carne ni la sangre la que ha encendido semejante luz en Pe­ dro, sino que el Padre se lo ha revelado.' b) V ante esa confesiôn compléta, Cristo encuentra el fundamento firme de su Iglesia; firmeza de roca, que no podrà vencer ninguna adversidad. 1038 It HtSCA .Mll.tGKuSA C. “Senor, quién iremos? Τύ tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creido y conocido que tù eres el Cristo, el Hijo de Dios” (Io. 6,69). e) Fueron pronunciadas por San Pedro en un momento de desilusiôn del Maestro ante la huida de todos los que le rodeaban y aun de sus mismos discipulos. Se habian escandalizado por el anuncio de! misterio de la Eucaristia. b) Pedro, una vez mâs. sobresale entre todos y hace profesiôn de fe en Jesucristo. El conforta la fe de sus hermano s. c) Pedro es un temperamento y un carâcter propio para ser cabeza visible de la Iglesia. Fe viva y ardiente. a) La fe de Pedro en Jesucristo es viva. Se traduce en obras; a ella se entrega toda su vida. 1. Todo lo déjà ; le signe por el camino de la santidad personal. 2. Y no vive en adelente sino para consagrarse al apostolado. b> Da su misma vida en el martirio para poner al servicio de su fe el mdximo de los teslimonios, cual es el de su sangre. i. Con esta fe, Pedro ha podido realizar su misiôn. 2 Y ha realizado el milagro de la difusiôn del Evan­ gelio en la noche dei paganismo, donde todos lo> esfnerzos hnmanos por si solos hnbieran sido insuficientes. Obediencia y piedad I. La obediencia de Pedro. A. Aparece claramente en el evangelio la obediencia de Pedro. a) Este piensa que es inûtil echar las redes. b) Somete, no obstante, su juicio al de Cristo y pro- nuncia las palabras de obediencia : tPorquc tu lo di­ ces echaré las redes·». B. Sin detenemos en el estudio atento y especifico de la virtud de la obediencia, objeto de otros guiones, queremos hacer ver la relaciôn -* strechisima de la obediencia con la piedad. SEC. 8. i.('IONES HO.MXLÉncOS 1039 [I. La piedad y la voluntad de Dios. A. No es raro observai· una confusion lamentable. a) Sa confunde fâcilmente la piedad con el conjunto de actos mâs o manos religiosos; o sc la hace consister en un extrano e interno fervor o en un indefinito sentimentalismo. b) De modo que las aimas creen uon frecuencia que, cuando van macho a la iglesia y se emocionan o derraman lâgrimas, estân en posesiôn de la auténtica piedad. B. Mas no es asi. Esto es una desviaciôn de la piedad. a) h) Esta consiste en el homenaje que el hombre tributa a Dios como a su Creator, Senor y Padre. Este homenaje consiste, ante todo, en la voluntad pronta y decidida de hacer lo que Dios quiere. Por eso la devociôn es el acto primero y principal de la piedad. De aqui que nadie puede ser piadoso si no conforma su voluntad con la divina. C. Por tanto, la verdadera piedad comprende: Conocimiento de la voluntad de Dios, manifestada eu los mandamientos, consejos y deberes particulares del propio estado. Un conocimiento mâs bien del es­ piritu que de la letra, porque ésta mata y aquél vi­ vifica. b) Amor. 1. La obligation concreta que impone la voluntad de Dios es con frecuencia dura, dificil. Amar la voluntad divina es convertir lo dificil en fâcil y lo duro y ôspero en agradable. 2. No debe mirarse el precepto o deber ni el supe­ rior que lo manda, sino que, por entima de elles, el corazôn puro ha de unirse con Dios, amando su santa voluntad. Ejecuciôn. 1. A ella se encaminan los anteriores actos. 2. La ejecuciôn exige generosidad para identificarse con la voluntad de Dios aun en los detalles mâs insignificantes. a) D. Es, pues, piadoso el que conoce, ama y ejecuta la voluntad de Dios. ΠΙ. Sin obediencia no puede haber piedad. A. La virtud que nos une con Dios y nos lleva a ejecutar generosamente cuanto El quiere de nosotros, es la obediencia. a) De aqui que no sc puede couccbir la verdadera pie­ dad si no va acompaùada de la obediencia. X· 1040 LA FbSCA Ml LAG ROSA b) Cristo, que nace, segûn el Apôstol, enscùândonos «a vivir * piadosamente (Tit. 2,12), se hace lobediente hasta la *inuerte (Phil. 2,8). c) Los espiritus rebeldes no pueden, mientras pemianezean en su rebeldia, ser piadosos. Se puede busear a Dios por elevaciones subjetivas de fe, esperanza y caridad. Pero no hay duda de que estas muestran todo su valor cuando llevan a la voluntad a rendirse ante Dios. IV. El bien de la obediencia. San Benito en su Régla monâstica llama a la obe­ diencia “un bien” (cf. “Santa Régla” c.71: BAC, “San Benito, su vida y su Régla” p.68O, y supra, sec.VH, IV, p.1023). Lo es en verdad, porque ensena el camino trazado por Dios, que nos conduce a la felicidad. Lo por las ventajas que en si misma encierra. > a) Es el camino nids seguro para la santîdad. 1. Mâs exactamente, es el unico camino, porque a la santîdad no se llega si no es obedeciendo. 2. Por eso aquellas frases de Santa Teresa : «El camino que mâs presto lleva a la suma perfec­ ciôn», «hace mâs presto o es el mayor medio que haya para llegar a ese dichoso estado» (cf. «Las Fundaciones» c.5,3-4 : BAC, «Obras completas de Santa Teresa» t.2 p.699-700). b> Encierra todas las otras virtudes. Santa Matilde «viô cierto dia el cortejo de las vir­ tudes personificadas por virgenes en pie ante el divino acatamiento. Una de ellas, mâs hermosa que sus hermanas, sostenia un câliz de oro, en el cual las demâs derramaban un licor aromâtico, que la primera virgen ofrendaba arrodillada ante el Senor». î. Maravillada de este espectâculo, ansiaba comprender su signifîcaciôn, cuando el Senor se dignô decirle : «Esta es la obediencia ; ella sola me sirve de beber, porque la obediencia contiene en si mis­ ma les riquezos de todas las otras virtudes ; el verdadero obediente ha de tener necesariamente el conjunto de todas las otras virtudes, y a continuaciôn el Senor fué pasando revista a todas las diversas virtudes, demostrando como coda una se encuentra en el perfecto obediente» (cf. C. MarΛΠ0Ν, «Jesucristo, ideal del mon je»). ci La obediencia es un homenafe de perjeela sutnisiôn todo nuestro ser a Dios. Dios es el ductio absoluto de nuestra vida y dispone de todo lo nuestro, bienes interiores y exteriores, salnd, existencie, etc. Hay algo que SEC. 8. GUIGNES HOMILETICOS 2. 10-11 respeta : nuestra libertad. Desea darse a nosotros pero la acciôn de su gracia la subordina a nuestro consentimiento. Ahora bien, por la obediencia rendimos nuestra libertad a su voluntad. En esto radica el homenaje de nuestro ser, de lo mâs valioso que en él existe. V. Vivid en obediencia. A. La obediencia es virtud dificil, porque exige renunciar a la propia voluntad. i a) b) uDejar el mundo, renunciar a los bienes exteriores es cosa fâcil; pero renunciarse a si mismo, inmolar lo que se tiene en mâs estima, la libertad, es un sa­ crificio mucho nids arduo». «Abandonar lo que uno tiene es poco; pero dejar lo que uno es constituye la donation stiprema» (cf. San Gregorio, Hom. 32 : PL 76,1233). B. Por eso debemos pedirla constantemente a Dios. Conviene, ademâs, ejercitarse en rendir el propio juicio, voluntad y corazôn a los représentantes de Dios. Incluso en obedecer a los semejantes sin esperar las ôrdenes del superior. b) Asi nos desprenderemos mas de nosotros mismos y viviremos en mâs estrecha uniôn con Jesucristo, «nuestro camino». a) i La obediencia ‘"Maestro, en tu nombre..." A. Pedro, en la escena referida en el evangelic de hoy, realiza varios actos de obediencia. Aparta la nave, de la orilla Porque se lo manda el Senor. b) Sale a aha mar a echar la red, a pesar de que en vano habian trabajado toda la noche. c) A la indicaciôn del Scüor, que él comprendc en seguida, lo déjà todo y le signe. a) B. En Pedro se cumple la sentencia de la Escritura: “Vir obediens loquetur victoriam” (Prov. 21,28). Por la obediencia al triunfo. Pedro ascen- y J 1 Este guiôn estA inspirado en la carta de San Ignacio de Loyola a loe Padres y Hermanos de la Compafifa de Jcsûs en Portugal, τ de febrero de τ553 (cf. BAC. Obras completas P.833SS.). I \ 1042 IIVU Mil diô de humilde pesçador a primer pontifice por la fidelidad y obediencia al divino Maestro. II. Naturaleza de la obediencia. A. “La obediencia es una virtud moral que hace prou­ ta la voluntad para ejecutar los preceptos del su­ perior, en cuanto éste es représentante de Dios” (cf. “Sum. Theol”. 2-2 q.104). Es virtud funda­ mental (cf. supra, Santo Tomâs, p.960, B, y 961, byc). B. No es virtud teologal; es inferior a las teologales. En cierto modo ocupa el primer lugar entre las virtudes morales (cf. supra, Santo Tomâs, p.961, e). Las virtudes teologales son superiores a las morales, porque par las teologales nos uniinos a Dios (cf. ibid., p.962, f). b< Por las virtudes morales despreciamos las cosas te­ rrenas para unirnos a Dios. 1. Y por eso, «hablando en absoluto, mâs laudable es la virtud de la obediencia, por la que alguien déjà su propia voluntad por amor de Dios, que todas las otras virtudes morales, por las cuales se dejan otros bienés cualesquiera» (cf. ibid., 2-2 q.104). 2. «Las obras de las demâs virtudes son meritorias en cuanto que por ellas se obedece a la voluntad divina. Tal se puede decir del mismo martirio, de la entrega de todos los bienes, etc.» (ibid.). 3. Incluso la verdadera caridad se conoce por la obediencia. «El que guarda su palabra, en ése la caridad de Dios es verdaderamente perfecta» (1 lo. 2,5, ibid.». a' III. Grados de obediencia. A. Tres grados sehala San Ignacio. B. Es la division clâsica de la obediencia. Primer grado : obediencia de ejecuciôn : «Es muy bajo...; consiste en la ejecuciôn de lo que es mandado y... 110 merece el nombre (de obediencia) por no Hegar al valor de esta virtud si no se sube al se­ gundo (gradop» (cf. BAC, o.c., p.836). b> Segundo grado : obediencia de voluntad. Consiste «en hacer suya la voluntad del superior; en manera que no sôlo haya ejecuciôn en el efecto, pero conformidad en el afecto con un mismo querer y no querer... Y como esta voluntad es en el hombre de tanto va­ lor, asi lo es mucho el de la oblaciôn, en que ella se ofrece por la obediencia a su Criador y Senor » (ibid.). a) SIA. H. GIHONIS HOM III-IJ COS ‘ c) 1043 Tercer grado: obediencia de entendimiento. cual consiste en sometcr el juicio *e.n muchas cosas en que no le fuerza la evldencia de la verdad conocida». «No soiamente teniendo un querer, pero lenien­ do un sentir mismo con su superior, sujetando el pro­ pio juicio al suyo, en cuanto la devota voluntad pue­ de inclinar al entendimiento» (ibid., p.837-838). obediencia de entendimiento. San Ignacio dice de esta obediencia de entendi­ miento que es: a) Posible, pues la voluntad puede influir en el enten­ dimiento en determinadas circunstancias. b) Justa. Es razonable conformar el juicio propio con el del superior, pues asi confovmamos también la vo­ luntad propia a la de Dios. C) Necesaria. Para hacer la subordinaciôn perfecta. o Para preservarse de las ilusiones del amor propio. Para que quede tranquilo el que obedece. 4. Para conservât la uniôn. d) Perfecta. 1. El hombre inmola lo que es mâs excelente. 2. Completa el holocausto. 3. Implica una admirable victoria (cf. o.c., p.834). La obediencia de entendimiento es, por consiguiente, muy razonable. a) En el orden natural. Todos la practicamos constantemente. T.· · 2. Obedecemos al médico, al arquitecto, al técnico, al superior, militar. Y obedecemos convencidos de que ellos tienen razôn, aunque a nosotros nos parezea otra cosa. El faltar a esta obediencia es propio de personas tcrcas y rudas. Cuanto mayor es la cultura, nids fâcil es la disposiciôn para obedecer a los que saben mâs que nosotros de aquella materia. •r En un orden ciudadano, los pueblos mâs cultos son mâs prontos a la obediencia que los pueblos mâs atrasados y que los salvajes. Tienen ya he­ cho el hâbito de comprender que el superior ve mâs que ellos, porque dispone de mâs elementos de juicio, porque tiene mâs experiencia, porque tiene mejores consejeros, porque estâ situado en un piano superior. ... 3. En las comunidades se observa que los mâs inte■' ligentes', como no estén tocados de soberbia, son los mâs obedientes hasta en el entendimiento. Practican la representaciôn al superior, es decir, le exponen sus pnntos de vista cuando tienen motives prudentes para creer que pueden ilustrar la' prudencia del superior. Λ -VI b) la sumisiôn de entendimiento es mucho mâs lôgica en cl orden sobrenatural, porque, sobre las razones dadas para cl orden natural, hay que aùadir estas otras: 1. Que el superior tiene gracia de estado. 2. Que puede estar movido por virtudes infusas sobrenaturales—la prudencia sobrenatural—o por los doues del Espiritu Santo, como el don de consejo. 3. Que, aunque se equivoque él, nosotros nunca nos equivocamos, porque nosotros no obedecemos al honibre ; obedecemos a Dios. Eh el orden sobrenatural. <-4 * , fortiori :.· Y, al obedccer a Dios. hemos conformado nuestra voluntad <2 la suya. 2. ‘ Por conslguier.te. ganamos siempre, perçue hemos practlcado la sustancia, el àpice de la santidad. 3.· »Con cansarme y acrecentar el mal de cabeza por obe­ diencia quedaré con ganancia aunque de lo que dijere no se saque ningiin provecho» (cf. Santa Teresa, prôlogo de las cMoradas» : BAC, «Obras complétas» ta p.340). 4. Porque Dios Nuestro Senor puede concedernos a nosotros gracias extraordinarias para que cumplamos lo que a primera vista nos puede parecer C. Si no hay obediencia de juicio..., peligran: a) b) c) dj » e) • . La perseveranda: aNihil violentum * . durabile Ύ hay un estado de violencia interior cuando nuestro juicio persiste en separarse, en rebelarse contra el juicio del superior. La perfecciôn de la obediencia. Esta pide amor y ale­ gria, porque a una obediencia con repugnanda le falta alacridad. Im prontitud y presteza. Porque el juicio contrario del superior puede ser origen de vacilaciôn 0 duda. La simplicidad. Virtud tan evangélica, propia de los que llamamos en lenguaje vulgar ahombres de una *, pieza que no tienen el exterior de un metal y el in­ terior de otro mâs bajo, sino que son hasta el fondo del alma tal como aparecen. r. Dijérase que obedece el hombre todo, con gene­ rosa y alegre entrega total de su persona. 2. De lo contrario, como dice San Bernardo, puede llegar a ser la obediencia velo de malicia (cf. «Sermôn 3 de Circunc.» 8.8 ; BAC. «Obras com­ pletas» t.i p.306). La humildad. r. Piérdese la humildad porque estâ uno lleno de su propio espiritu y no del espiritu del superior. 2. Por el contrario, el que obedece con humildad es . el pobre de espiritu, a que se refiere la primera bienaventuranza. Como dice San Agustin, «pobre del espiritu propio, rico del espiritu de Dios». SEC. 8. GUIONES HOMH.ETICOS 1045 La fortaleza. Piérdese la fortaleza cn cosas dificiles porque le falta el apoyo firme de la voluntad, que es cl entendimiento convencldo. f) V. Imperfecciones de la obediencia. A. La obediencia imperfecta es una virtud triste. a) b) c) Los religiosos que no son obedientes no son felices. Los sacerdotes que no son obedientes, generalmente estân amargados. Los ciudadanos que no tienen la virtud de la obe­ diencia se reiinen para la critica, la murmuraciôn, tal vez la conspiraciôn. / ** B. Las imperfecciones de la obediencia son: Descontento. Pena. Tardanza. d) Flojedad. Murmuraciôn. f) Excusas. a) b) Très maneras de seguir a Cristo I. Très tipos de vocaciôn. A. No por el que llama, que es Cristo. Ni por el fin que pretende, que es nuestra perfecciôn: “Estote ergo perfecti” (Mt. 5,48). Tres tipos, por la mane­ 3Û ra de responder a Cristo. En los très parece haber generosidad para con Cristo y deseo de seguirle. B. Sin embargo, es muy distinta, en el fondo, la disposiciôn de su espiritu. Estos très tipos estân personificados en tres figuras del Evangelio: ’ a) El escriba (Mt. 8,19). b) El joven rico (Mt. 19,16-26). c) San Pedro, en el evangelio de hoy. Π. Primer tipo: el escriba. A. Los Padres niegan unanimes buena intencion al escriba. Dice San Mateo (8,19) : “Le saliô al encuentro un escriba, que le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas”. B. El escriba parece seguir a Jesus por los milagros que ha visto y la popularidad que éste ha ganado. La compama del Maestro le puede dar riquezas, honores, influencia, posicion. • ’t 1046 l.\ r£SCA MILAGROSA C. Jesucristo le contesta (Mt. 8,20) : “Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. D. A este género pertenecen los que en Roma afligian el corazôn de San Pablo: “Todos buscan lo que es suyo y no lo que es de Jesucristo” (Phil. 2,21). a) Predican a Jesucristo, pero por el provecho que de El esp eran. b> Estos son mercenarios. No buenos pastores. Cuidan del ganado por la merced. c) iCuantos cn todas las épocas se acercan a 'a Iglesia, tal vez a la Acciôn Catôlica, y, consciente o inconscientemente, estân pensando en el provecho, en la re com en dation, en la influenda, por lo menos en el honor! d) Purifiquemos nuestra intenciôn. Volvamos a examiηατ nuestros propositos. ^Buscamos la gloria de Cris­ to o la cruz de Cristo? Cristo no tuvo dônde reclinar su cabeza. LU. Segundo tipo: el joven rico. (Véase el evangelio de San Mateo citado y los pasajes correspondientes de Lucas 18,18-27 y Marcos 10,17-27). A. Se acercô a Cristo con buena intenciôn. a) Es opinion general de casi todos îos Padres. b) Se arrodillô a los pies de Cristo. Hay un arranque generoso. c) Era bueno: «Habia guardado los mandamientos». d) Jesucristo le mirô amorosamente: «Le amô». e) Jesucristo le invita a la perfecciôn. B. Falta de generosidad. No fué perfecto su genero­ so arranque. o· El Evangelio nos dice que ténia muchas riquezas y que, al oir que tenia que desprenderse de ellas, Cris­ tatus est»; «Se entristeciô». Y lo que mâs afligc. «abiit mocrens»: «se fué triste». bi Una de las figuras que inspirati mâs compasiôn y lâstima en el Evangelio es el joven rico alejândose. triste, de Jésus, que le llama a la perfecciôn. c) jCudnto se ha de repetir en la historia! 1. Unos no dejan las riquezas. 2. Otros, los honores. 3. Otros, sus afîciones perticulurés : estudio, arte, lîteratura. · ' .. . 4“ Otros, la familia ·5. Otros, los amigos. Λ B Todos se unen cn la tristeza por ta tnfidelidad a la vocation divina SEC. 8. GIHON’ES HOMIJ.ETICOS 1047 IV. La generoaidad de Pedro. He aqui el tercer tipo. A. La escena, maravillosamente descrita por Lucas, pone con vigoroso relieve a la vista lo que es el alma del verdadero apôstol. B. En breves lineas pasan cinematogrâficamente por delante de nosotros escenas impresionantes, rebosantes de vida, que comprenden y desarrollan un verdadero draina. Primer cuadro: La multitud se acerca al Senor; va aumentando; le rodea; le oprime para otr ia palabra de Dios. b) Segundo cuadro: Los Pescadores lavando las redes; las barcas en la orilla; diâlogo de Jésus con Pedro. ci Tcrcer cuadro: Jésus sentado cn la barca; la muchedumbre oyendo en la orilla. d) Cuarto cuadro: «Duc in altum». e) Quinto cuadro: Las redes llenas; las barcas se sumergen; el estupor les cubre y rodea. f) Sexto cuadro: Pedro a los pies de Cristo : «Apdrtate, Senor». Séptimo cuadro: Llamamiento del Seûor. h) Octavo cuadro: Abandonadas las redes, la pesca, la barca. Noveno cuadro: Très hombres, completamente trans­ for mados, hasta entonces profesionalmente Pescado­ res, desde hoy discipulos de Jesucristo, siguen al Senûr. a) V. El arrance de Pedro. El momento mâs sublime de este cuadro es el instante en que Pedro cae a los pies de Jésus, diciéndole: “ Apart ate de mi, que soy hombre pecador”. A. Ahi estâ el aima de Pedro. Ante la barca llena, Pedro no reacciona por la codicia, por el inmenso valor de la pcsca. b) Tampoco reacciona por la vanidad: un gran projeta en su barca y cl milagro producido en ella. c) Pedro reacciona por la humildad. La humildad, dicen los santos, solamente puede conseguirse por la humillactôn y por la oraciôn. Por la oraciôn, porque, al acercarnos a Dios y contemplar su grandeza, nos damos cucnta de nuestra pequeüez. «Somos la piedra negra cabe la piedra blanca» (Santa Teresa). a) B. Y Pedro se arroja a los pies de Jesûs al ver claramente la magnitud de sus pecados. VI. Virtudes de Pedro. No sôlo aparece en él la humil­ dad, sino también: A. El trabajo. Estaba cumpliendo con su deber. B. La hospitalidad. : 1Ü4S LA l’KSCA .M11AGROSA C. La obediencia de voluntad. 0Π tu nom­ D. La obediencia de entendimiento: “En bre...”. El desprendimiento de las riquezas. La pesca no importa. F. La fe: “Seüor”; le reconoce por Dios y cae de ro­ di lias. La humildad. Puesto que pùblicamente confiesa el pecado. ûltimo fruto. El fruto ûltimo de todo fué ya ia obediencia perfectisima, la renuncia a todas las cosas para seguir a Jesûs. Es la segunda llaniada de Pedro. Cuatro son las Hamadas de Cristo a Pedro en el Evangelio. Cua­ tro las etapas ascensionales de la carrera del pri­ mer Papa. a) La primera, en San Juan (lo. 1,41-42), cuando Jesu­ cristo le hace discipulo suyo sin obligarle a dejar su vida de pescador. b) La segunda es la del evangelio de hoy, en la que ya déjà el oficio de pescador y se hace discipulo profesional, que va a dejarlo todo por seguir a Cristo y va a vivir constantemcnte con Cristo. c) La tercera es el llamamiento al apostolado, cuando Cristo, al descender del monte, eligiô doce apôstoles. El primero fué Pedro (Lc. 6,12 ss. ; Mt. 10,1-4 ; Mc. 3,13-19). d) La cuarta, la descrita por San Juan en el ûltimo ca­ pitulo (lo. 21,15-19), cuando le hace pastor de las ovejas, es decir, pastor supremo de la Iglesia. pri­ mer pontifice. VTH. La verdad en la vida espiritual. jCuântas veces en la vida espiritual nos enganamos a nosotros mismos! A. Nos falta el espiritu de verdad. a) No llevamos en el corazôn lo que tenemos en los labios. b) Decimos estar dispuestos a abandonarlo todo por Cris­ to y a buscar con Cristo los oprobios. las injurias, los menosprecios. Y no es verdad, no estâmes dispuestos. B. Aimas verdaderas como las de Pedro hay muchas, sin duda. Pero no tantas como parece. C. Pidamos al Senor por medio de este admirable apôstol. "V > SEC. 8. GUJONES HOMILETICOS 1049 El verdadero abandono I. Pedro lo déjà todo y sigue a Cristo. A. He aqui la sintesis de la perfecciôn cristiana. a) Primero, dejarlo todo. b) Segundo, seguir a Cristo. B. Santo Tomâs da la razôn de ello en muy breves palabras. «El mérito de la virtud consiste en que el hombre, despreciando todo lo creado, se una a Dios como a su fin. El fin es mâs importante que los medios; luego, si los bienes crcados se abandonan para buscar la uniôn con Dios, la virtud superior serâ aquella que procura tal uniônv (cf. «Sum. Theol.a 2-2 q.104 a.3). b) Por lo tanto, el criteria para juzgar de abandonos y abnegaciones serâ: i. En primer lugar, ver si se abandona o no todo lo creado. 2. Y en segundo lugar, ver si se abandona para se­ guir a Cristo. a) Π. En el mundo han sido muchos los que han vendido fal­ sos abandonos y falsas pobrezas. Comencemos por Diogenes y los antiguos filô­ sofos. Bajo sus harapos aparecia una gran vanidad, y el cinico que buscaba con su linterna un hombre, presumia de serlo él. b) èQué habian dejado? Los bienes exteriores. &Para qué? Para gozar de la fama. Ni se dejaron a si mis­ mos ni buscaron a Dios. c) Es el abandono de la soberbia, pecado mayor que la Posesiôn dei avaro. a) B. También la Iglesia ha visto nacer y expulsado de su seno a pseudo-reformadores que, predicando una pobreza extrema en el exterior, dejaban sin el despojo de si mismo al hombre intemo. Los valdenses (1184) se dieron el nombre de pobres y recorrian Francia despreciando toda posesiôn. Grupos de franciscanos rebeldes a su Orden se agruparon en Baviera hacia cl 1325, en torno a su rey Luis, renuntiando hasta al uso de las cosas. b) Pero tse negaron a si mismos? Guillermo Occam, franciscano amigo de ellos, decia a Luis: 'Defiénde· a) 1050 tA PhSLA MH AU ROSA me con ia espada y te defender^ con la palabra». Donosa negaciôn de si mismo. c) jSiguieron a Cristo? No; sn soberbia era incompati­ ble con tal seguimiento, y todos ellos terminaron en la herejia o en el cisma. C. El laicismo también nos présenta sus santon es. a) Filôsofos y pedagogos son cantera abundante Pero, aun sin citar nombre alguno, bàstenos recomcndaciôn : No hurgue'is la vanidad o de esos * , ^maestros porque debajo de sus naturales y filantropicas os cncontraréis con cio mâs desmedido de si mismos. b) Falsa austeridad de muchos politicos, etc. de ellos. dar una soberbia virtudes el âpre- ΙΠ. En frente de todas estas tergiversationes, la Iglesia présenta sus santos, con la interpretation correcta y heroica del “lo hemos dejado todo y te hemos seguido". A. Los bienes terrenos se dejan para abandonarse en las manos de la Providencia (cf. supra, San Buenaventura, p.967, A). a) Santa Teresa renuncia por ello a toda renia. b) San Francisco de Asis, despojândose de la capa de su padre, da este nombre a Dios. c) San Ignacio de Loyola elige para si y para las casas profesas de su Orden la pobreza absoluta. B. Para trabajar en el reino de Dios desligados de todo cuidado temporal, puesto que Dios se cuida de quienes buscan su reino y justicia. Magnifico ejemplo el de Cottolengo. C. Y, entregados a la mano de Dios, se abandonan a si mismos. a) éUay algo mâs intimamente sentido que una orden o congregaciôn para quien la funda? b) A San Ignacio le hubieran bastado unos minutos para sosegarse en caso de que el Papa disolviera la Compaiita, pensando que séria ésa la voluntad de Dios. 8 Las ascensiones de Pedro I. Cuando vemos a Pedro abandondndolo todo para ir en pos de Cristo, seria cosa de creerle ya en las cam­ bres de la perfection. Sin embargo, nos espera el gran escândalo de sus negationes. A ;Fué aquella una apostasia y un gran paso dado SEC. 8. GUIGNES HOMIÏ.ETICOS 1051 atrâs? Quizâs no pasô de ser una de las caidas posibles en una ascensiôn progresiva hacia Dios. B. La perfecciôn es una obra graduai, pues la gra­ cia se acomoda a la naturaleza y en ésta no se pro­ cede por saltos. a) Salvo en los casos de verdadero milagro espiritual, el altna se perfecciona en sucesivas purificationes, por las que va eliminando lo terreno y acercândose a Dios. I>) La ascética no contiene otro programa, y las etapas de la mistica no son otra cosa. C. La gracia consiste en iluminaciones del entendi­ miento y mociones de la voluntad. Unas y otras se reciben constantemente para que obremos el bien y evitemos el mal; pero de vez en cuan­ do, si hemos sido fieles a las anteriores y Dios en su generosidad lo quiere, un como relâmpago mâs in­ tenso hace ver al entendimiento nuevos senderos y la vanidad de aquellos por los que camina. b) La primera intuiciôn de la gracia la decide a seguir a Dios; otras iluminaciones sucesivas van ensenândole los diversos obstâculos que le quedan por franquear. G). Si en cada una de esas iluminaciones la voluntad co­ rresponde a la motion que simultâneamentc recibe, el aima sube un grado de perfection. d) La historia de todos los santos nos lo enseüa, y los que escribieron su vida abundan en frases como ésta: tEn aquel dia se me diô a entender...O a) II. Veàinoslo en la historia de Pedro. El Senor le dijo : “Te haré pescador de hombres”. Pedro vio cuâl era su camino y lo dejô todo. Es la gracia de la vocaciôn y su correspondencia primera. B. La fe de Pedro. La fe es el comienzo de la perfecciôn; don de Dios y de su gracia. En la escena de Cesarea de Filipo (Mt. 16,13), Pedro confiesa decididamente la filiaciôn divina de Cristo. Habia recibido ciertamente las iluminaciones del cie­ lo, puesto que el Senor mismo se lo afirma (ibid., 17), y Pedro fué fiel y creyô. b) Fué su gran ascenso de la fe, no tan fâcil en gentes que quizàs ni aun suponian la posibilidad de que Dios se encarnasc. a) Pero 4I0 habia dejado todo Pedro en realidad? Parece que no. No habia dejado todavia ni su amor carnal ni sus propios criterios, subordinates siempre a los de Dios. b! Porque por enfonces comcnzô Cristo a anunciar su a) •.*S••IHtae/ ■i LA PESCA MIL UiROSA 1052 pasiôn, y Pedro, tomândole aparté, tcomenzô a antonestarle» (ibid., 21,23). La respuesta de Jésus fué tajante: tNo sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres». c) «Las cosas de los honibres» de que Pedro debia desprenderse eran probablenicnte el amor humano a Jé­ sus, la ambiciôn de triunfos terrestres, etc. D. Y aun le quedaba a Pedro otro obstâculo mâs dificil que veneer: el amor al propio yo, su vanidad y presunciôn. lAunque todos se escandalicen de ti...» Después en el huerlo, en vez de orar y vigilar, se duerme (Mt. 26,33 y 40). b) Dura purification la que le faltaba. Neccsitô caer para conocerse. c) Pedro cae. Pedro recibe la iluminaciôn : tY vuelto el Senor, mirô a Pedro, y Pedro se acordô». Pedro coopéra: «Y', saliendo fuera, Uorô amargamente» (Lc. 22,61). d) En un momento Pedro use ha acordado», esto es, ha entendido lo que antes habia oido sin entender. Ha visto su flaqueza y ha comprendido el amor de Cristo. a) E. La pasiôn fué toda ella una nueva iluminaciôn que abriô ante sus ojos la infinita bondad de un Dios para que la cotejara con su pequenez y miseria. ITT iResultados? Las grandes ascensiones de Pedro. iMe amas? Pedro llora. Ama y es humilde. a) El Senor le ve lo basiante fuerte para anunciarle su martirio, y Pedro lo acepta. b) El que se escandalizaba de la muerte de Cristo, entiende ya que el supremo Pastor tiene una cruz por câtedra. ;Queda algo mâs? a) La venida del Espiritu Santo. b) Prescindiendo del resto de la historia, desde aquel Pedro que lo déjà todo. pero que no quiere aceptar la pasiôn de Cristo; que se pavonca de su fidelidad, pero que después no ora y niega al Senor, hasta el Pedro que, Ueno ya del Espiritu, escribe en las Epis­ tolas : 1. «Bienaventurados vosotros si por el nombre de Cristo sois ultrajados» (1 Petr. 4,14). 2. «Estad alerta y velad, que vuestro adversario el diablo, como leôn rugiente...» (1 Petr. 4,8). {Cuântas habian sido las iluminaciones y purificatio­ nes sucesivas de San Pedro? {Cuâl su cooperaciônf SEC. δ. GUIONES HOMILEHCOS 1053 Obediencia a Dios I. San Pedro, que boga mar adentro ante un ruego del Senor y le sigue a su primer mandato, es un modelo de obediencia a Dios. H. Obedecer a Dios es obligatorio. A. Dios Creador es Seûor de todo lo creado, y a su derecho de seûorio corresponde en las criaturas la obligation de reconocerlo, cada una segûn su modo de ser: los seres inanimados, fisicamente; los irracionales, instintivamente, y los racionales, como taies (cf. supra, Fray Luis de Granada, p.973, A). a) Dios es el Senor de todas nuestras facultades, y seüaladamente de las mâs sobresalientes, como entendimiento y voluntad. La voluntad le acata con la obediencia. b) Como los mares se sujetan en su movimiento a la ley de las marcas, que Dios les puso, ad hombre estâ obligado a querer lo que Dios desea que * quiera (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.104 a-4 ad 3)· B. Esta obediencia es el armazôn de todo el plan di­ vino de la creaciôn, conjunto ordenado de fuerzaA que influyen las unas en las otras, subordinândo· se las inferiores a las mâs poderosas y eficaces y dirigido todo por la Causa de las causas. a) Ahora bien, dentro del cosmos de causas segundas hay que enumerar a la voluntad humana, que para conservar el orden establecido debe concatenarse ella misma librementc con la de Dios por mcdio de la obediencia (cf. ibid., a.i y 4). b) obediencia del hombre podriamos decir que es la pcrfecciôn final del orden côsmico. obediencia, virtud la mâs agradable a Dios. No la podemos colocar por encima de las teologales, porque, siendo la esencia de la perfection despreciar lo terreno para unirse a Dios, esta uniôn conseguida por la fe, la esperanza y, sobre todo, por la caridad, serâ siempre superior a la renuntia de lo terreno, que no pasa de ser medio para conseguirla (cf. supra. Fray Luis de Granaoa, p.976. F). a) Ahora bien, entre estas medios, la obediencia es el mâs râpido, porque, en tanta que las demâs virtudes nos apartan de los bienes exteriores o de los del cuerpo, la obediencia nos lleva a la ren uncia de lo mas cntraûablemcnte infimo, como es nuestro pro­ pio parecer y gusto. b) Por eso, San Gregorio, sobre la conocida frase de «obediencia quiero y no sacrificio», dice (cf. «Moral.» c.io) : «Los sacrificios inmolan la carne ajena, y la obediencia la propia voluntad» (ibid., a.4). T. El «fiai» de Maria rayô en los alturas mâs subli­ mes de la santidad, porque convirtiô la voluntad de Nuestra Senoro en «esclova» de Dios. 2. La obediencia de Cristo le mereciô un nombre sobre todo nombre, porque consistio en una re­ nuncia basta de la vida. B. Virtud agradabilisima a Dios, porque con ella practicamos la devociôn o entrega, acto el mâs noble de la religion y muy por encima de los sa­ crificios u ofrendas (ibid., a.3 ad 1). C. Y virtud altisima, sobre todo, por su union esencial con la caridad, de quien es efecto y signo in­ separable. «Ei que dice que le conoce y 110 guarda sus mandamieiïtos, miente...; pero el que guarda su palabra, en ése la caridad de Dios es verdaderamente perfecta * (i lo. 24). b) Como nada aprovecha ai que no tiene caridad, asi no hay virtud alguna que siraa de mérito si no se ejecuta por obedecer a Dios. «Ni sufrir el martirio ni distribuir a los pobres todos los bienes gozan de mé­ rito alguno si no se ordenan al cumplimiento de la voluntad divina», que lo desca (ibid., a.3). a» IV Y esta virtud, precisamente por ser tan provechosa, es la mâs fâcil de cumplir. A. Puede simultanearse con cualquier otro acto de virtud, al igual que el soldado, al pelear, conjuga la virtud de la fortaleza y la del patriotisme (ibid., a.2 in c.). B. Puede ejercerse en las obras de nuestro agrado, con tal de que las llevemos a cabo por cumplir la voluntad de Dios, convirtiendo en obediencia hasta la misma conservation de la vida (ibid., ad 1). C. Y llegarâ al âpice del mérito cuando contrarie nuestros deseos, puesto que entonces si que obraremos por sola obediencia y podremos decir que nueetra voluntad ha sido la de Dios (ibid.). SEC. 3. (SUIONES IIUMILETKUS a) b) 1050 Meritorios y obedientes jucron todos los pasos de la vida de Cristo. Pero, sin embargo, cuando se nos dice que mereciô un nombre glorioso, no es al presenldrnoslo sumiso a sus padres ni transfigurado en el Tabor, sino al aceptar la voluntad de Dios hasta la muerte en Gctsemani. V. He aqui, pues, un medio de ordenarnos dentro del concierto universal y convertir en altamente virtuosos todos los momentos alegres o tristes de nuestra vida. 10 Cualidades de la obediencia I. La obediencia, para ser agradable a Dios debe reunir ciertas cualidades, resumidas todas por San Buenaventura:. “ Pronta, senciïla, perseverante, alegre, animosa y universal”. II. Pronta. A. Todo cuanto tenemos es de Dios, incluso nuestra voluntad. B. La tardanza en obedecerle implica en nosotros un usufructo injusto de sus bienes (cf. supra, Fray Luis de Granada, p.977, b). Digase lo mismo de la obediencia a los senores de la tierra, en cuanto représentantes de Dios. b) La obediencia tardia supone sumisiôn escasa de jui­ cio y reconocimiento débit de la autoridad. Sen Pablo dice : cAmonéstales que viven sumisos I. a los principes y a las autoridades ; que las obedezean ; que estén prontos para toda obra buena» a) ■■ · San Pedro se interna mar adentro a la primera indicaciôn v lo abandona todo en cuanto es lla­ mado. III. Senciïla. A. Sin examinar ni discuti r razon es. b) c) •• Si es Dios el que manda, sus juicios no necesitan justijicarse. Si es el hombre, cl conoce sus motivos mejor que el inferior. Aun cuando fuesen errados, una vez expuestas, respectivamcnte, las razones contrarias, si hubiera lu gar, el que obedece no se equh'oea. 1056 LA PESC λ ΜI LAG ROS A B. La razôn de la autoridad no es la superioridad intelectual ni moral del que la ostenta, sino el cargo que disfruta. San Pablo a los siervos: “Obedeced a vuestros amos segùn la carne como a Cristo..., en la sencillez de vuestro corazôn” (Eph. 6,5). C. La obediencia es necesaria si el engranaje social ha de funcionar sin rechinar y a punto. a) San Pedro y Sa» Andrés echan las redes a pesar de su oplniôn contraria. b) Siguen al Senor sin discutir los motivos que podian retenerlfs en sus casas. IV. Perseverante. A. La virtud que comienza y no continûa...: ΣΗ que persevere hasta el fin, serâ salvo” (Mt. 10,22). La autoridad es una causa constante, y sus efec­ tos en el sùbdito (la obediencia) deben serlo tam­ bién. B. El comenzar es fâcil. El mérito estâ en la perseverancia. a) jiDe qué sirve comenzar la carrera si no se llega a la meta? b) Pedro y Andrés siguicron al Seüor en todos sus pasos. No fué flor de un dia su primera obediencia. El Senor tué tobedienle hasta la * muerte (Phil. 2,8). Alegre. A. La obediencia forzada es la del esclavo no cris­ tiano. B. El que obedece debe sentir la alegria del que sirve a Dios. ht <. a) Si hasta el que da limosnas debe hacerlo alegremente (2 Cor. 9,7), cuânto mâs el que le obedece y sirve in­ mediatamente. b) Pedro, cuando Uegô la hora de la obediencia mâs di­ ficil, la de sufrir azotes por Cristo, testaba alegrc delante del *concilio (Act. 5,41). VI. Animosa. A. "Esforzaos cuantos espérais en Yavé y robusteced vuestro corazôn” (Ps. 30,25). El que obedece cuenta con el apoyo del que manda y en cuyo nom­ bre obra. El que manda mediata e inmediatamen­ te es siempre Dios. B. Una obediencia alieaida y sin entusiasmo inutiliza la obra ordenada. a) La fortaleza es necesaria en el que impera y en el que ejecuta. SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS b) 1057 Pedro, superado aquel desfallecimiento de las negaciones, fué lo suficientemenle animoso para remar amar adentro» hasta cl corazôn de Roma, a pesar de la insufI ciencia total de los medios humanos. VII. Universal. A. Hasta donde alcanza la autoridad alcanza la obligaciôn de la obediencia. Dios es el Senor en todo. Los hombres estân dentro del âmbito de su jerarquia. B. Pero la perfecciôn avanza mâs allâ de la obligaciôn, y el que aspira a ella obedece no solo en lo estrictamente exigible, sino en todo (cf. Sum. Theol. 2-2 q.104 a.5 ad 3). C. “Hijos, obedeced en todo a vuestros padres” (Col. 3,20). 11 La obediencia humana I. Obligation de obedecer a los superiores. A. Las operaciones de la naturaleza proceden de sus potencias naturales; las operaciones humanas tie­ nen su origen en la voluntad. a) b) Dios ha seguido la misma pauta en la organizaciôn de ambas. De modo que, asi como las causas fisicas superiores mueven y actiian a las inferiores en virtud de la fttrrza que recibieron de El. asi en cl orden humano existe una situaciôn social y juridica en virtud de la cual los hombres son superiores e inferiores entre si, debiendo éstos sujetarse a los primeros libremente por medio de la obediencia (cf. «Sum. Theol.» 2-2 q.104 a.i c.). B. Dios es ciertamente la causa y régla primera a la que todos deben acomodarse; pero, al distribuir las jerarquias humanas segûn ese orden de superioridad, entre las causas eoloeô la voluntad de los superiores lo suficientemente cerca de la suya, para que sus mandatos puedan tomarse por ordenaciones divinas (ibid., ad 2). II. Ambito de la obediencia. A. Continuando nuestra comparaciôn del orden fisico de las causas con el orden moral de las voiuntaLa Palabra de C. 5 •VJ ΙΛ J’ESCA ΜI MG ROSS 1558 des, podemos observar que en las primeras se da el caso de que una fuerza potente no ejerza, sin embargo, influjo alguno por impedirlo otra supe­ rior, como acaece con el fuego, que pierde su capacidad comburente ante el agua. Aun fuera de este caso, ninguna fuerza va mâs alla de su pro­ pio campo de actividad, y seria necio pedirle al viento, por ejemplo, que quemase. B. En la obediencia humana encontramos las mismas limitaciones. û) . No hay autoridad que subsista cuando sus preceptos se oponen a los de Dios. t. Ni la autoridad humana lo es tampoco fuera del âmbito de su jurisdicciôn. 2. Séncca (cf. «De benefic.» 3,20) senalaba que no era todo el esclavo, sino sôlo su cuerpo, el que estaba sujeto al senor. b) Por lo tanto, siendo el aima solo de Dios, solo El tiene autoridad sobre los actos internos de ella. 1. Y, siendo la naturaleza humana comiin e igual en todos los hombres, tampoco existe en la tie­ rra autoridad alguna que pueda imponernos sus preceptos en lo relativo a la sustentaciôn y reproducciôn del cuerpo. 2. Ni aun siquiera los hijos estân sujetos a sus pa­ dres cuando se trata de elegir entre virginidad o matrimonio. c) Ahora bien, hechas estas salvedades de orden gene­ ral. el resto de nuestros acciones estâ sujeto al su­ perior, a quien cumple mandar, como lo estân todas las del soldado en lo que se refiere a la guerra, y las del criado en lo concerniente a los trabajos domesti­ cos (ibid., β.5 c.). C. Mâs alla de los limites de la autoridad y de la obediencia necesaria, la perfecciôn puede hacernos mâs exquisitos en ella. ^Cômo? a) Cumpiiendo la voluntad del superior no solo en lo obligatorio, sino también en todo lo que fuere licito. b) Y' as!. por ejemplo. el religioso que sôlo se obligé en cuanto a las réglas de su vida, alcanzard la perfec­ ciôn sometiéndose minuciosamcnte en todo lo que no sea malo, aunque no se refiera a su regia (ibid., ad 3). III. Las autoridades civiles. A. Cristo Nuestro Sefior abolie toda la ley antigua con sus preceptos positivos, etc. a) Sin embargo. Conservé integra aquélla otra tley hu­ mana por la que el hombre debe estar sujeto a otro *. hombre F.'K- SEC. b) H. GUIOHES HOM1LÉTÎCOS 1059 Es mâs, al robustcccr el orden de la justicia, afirmô los jundamentos de la obediencia, fruto de esa virtud que obliga a dar a cada uno lo suyo, y, por lo tanto, obediencia a la autoridad. B. El cristiano, al obedecer a los jefes civiles, obedece a Dios, cuya instituciôn son (Tit. 3,1; 1 Petr. 2,13) (ibid., a.6). IV. Obediencia de entendimiento y voluntad. A. Es principio repetido que la sujeciôn del hombr ha de ser conforme a su naturaleza racional y, por lo tanto, libre en su determination. Pero iqué decir del entendimiento? ^Habremos de obedecer cuando la razen nos muestre la inutilidad de lo preceptuado? B. Es necesario distinguir entre la obediencia a Dios y la debida al hombre. Nuestro entendimiento debe someterse al de Dios, pues sabemos que ni puede equivocarsc ni quercr ei mai. Pedro arrojô las redes a pesar de su experienda contraria. 2. Abrahân estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo, porque sabia que Dios es Senor de la vida y de la muerte. b) En cuanto a la autoridad humana, es necesario distinguir todavia entre la Iglesia y las autoridades ci­ viles. 1. La Iglesia tiene autoridad magisterial sufîciente para imponer a nuestros entendimientos una nor­ ma de fe y de doctrina, pues Cristo la constituyô en maestra, y debemos asentimiento interno y externo a las verdades que nos proponga. 2. La autoridad civil no puede imponerse a nuestros entendimientos, cambiando el juicio que estimamos cierto o évidente. i.’ Pero tiene derecho—prescindiendo de a quel los casos 2* en que mande algo inmoral—a que, al poner en prdc. tica sus leyes. obremos con toda sinceridad, procu­ rando obtener el fin. que cl legislador dispuso. Aun en estas casos obraremos conforme al dictad’ del entendimiento. auc. aun cuando nos diga que la ley es inûtll. sin embargo, nos ensefia que es recto obedecer. Y. en vez de obedecer una Icy inütil. ûbcdecercmns a la autoridad rnstitufda por Dios. i λ : L\ PESCA MILAGROSA 20^0 12 Tres binarios o tres modos de seguir a Cristo I. Tres conductas. A. El evangelio nos présenta a los apôstoles abandonando las redes al oir la llamada del Sefior (cf. su­ pra, La Puente, p.994, B). a) Es el modela de obediencia pronta a la voluntad di­ vina. b) Pero no todos los hombres la escuchan con igual prontitud biconditional. B. San Ignacio, al estudiar la correspondencia a la vocaciôn y los obstâculos que nuestro propio gusto puede presentar, divide a los hombres en tres parejas, de las que encontramos ejemplos en el Evangelio (cf. “Ejercicios espirituales” [149-157]: BAC, “Gbras completas de San Ignacio” p.188189). II. Primer modo de seguir al Senor (Mt. 8,13; Lc. 9,57; Mt. 19,16; Lc. 18,18 y Me. 10,17). A. La narration evangélica. à) Un escriba se acerca a Jesûs y quiere scguirle. Ha oldo la llamada de la vocaciôn. El Senor le expone cual ha de ser su vida; «Las ra posas tienen madri* gueras... b) Un joven que ha cumplido todos los mandamientos y que nierece que el Sefior le mire con agrado, ove la invitation tan clara; «Si quicres ser perfecto, ven­ de lo que lienes...t c) El escriba se queda atônito. El joven se marcha triste. B. Uno y otro sintieron la llamada, y ambos quisieran seguirla. Pero con tal de que no se opusiera a sus gustos. La comodidad atô al escriba. las riquezas al joven. Y. pensando en seguir a Cristo en la hora de su muerte o en seguirlc solo de lejos, se volvicron a sus casas. b) Quisieron escoger el medio mâs seguro para su sal­ vaciôn, pero no pusicron los medios. jEl resultado? Presumiblemente triste, porque el Senor comentô la dificultad que tienen los ricos para salvarsc (cf. snpra, San Ignacio, p.990,2). a) ii. SEC. 8. GUIGNES HOMILETICGS 1061 C. La lecciôn. a) b) Comodidadcs y riquezas. 1. porciôn dei ciento por uno los nledios necesarios para su apostolado. 2) Al que ha renunciado a los hijos de la carne, se le multiplican los del espiritu. U Desprendimiento sacerdotal 2. El ejemplo y la voz de la Iglesia I. Los apôstoles. A. . Termina la escena del evangelio con una frase que recoge todo el fruto del milagro y marca la nor­ ma de una vida apostôlica: “Y, atracando a tie­ rra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron”. B. Para ser Pescadores de hombres, los apôstoles a) Dejan todo cuanto poseen. Poco tienen, pero en dejarlo todo y totalmente reside el mérito ; al fin era cuanto poseian y cuanto podian esperar. Esta acciôn es el comienzo de una vida nueva, 2. desprendida de todo lo creado. b) Siguen a Jésus. Santo y amable es el Maestro, pero despojado de toda riqueza humana. Es cierto qùe vislumbraban la riqueza interior 2. que en su corazôn se encerraba, sobre todo recién obrado el milagro de la pesca milagrosa. siguen con toda perfecciôn (cf. supra, San Agüstîn, p.944, b). ’ · v: 1. Con prontitud, de modo incondicional y absoluto. Le siguen irrevocablemente, uniéndose para siempre a El como a su ûnica esperanza. 2. La vida de los discipulos comprobarâ que, aparté del natural paréntesis de la desbandada en los mo mentos desconcertantes del preudimiento, siem­ pre estarân con Cristo en la vida y en la muerte. La voz de Pedro. a) Sabe que la virtud de Jesûs les asiste cuando pueden presentarsc sin oro ni piata; entonces tienen a su servicio aquella misma omnipotencia que sobre el mar hizo la pesca milagrosa y puede devolver la salud al enferma de la puerta dei templo (Act. 3,6). b) El apôstol, que preguntaba sobre la récompensa que ■ SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS c) 1067 Cristo iba a darlc por tanta renuncia (Mt. 19,27), se enciende en celo, que recuerda el lâtigo en las manos de Cristo arrojando a los vendcdores del templo, que han converlldo en lugar de tràfico y comercio la casa de la oraciôn j. Pero :às consecuencias de la actuaciôn de Pedro son mâs terribles en este caso. Simon el Mago quiso comprar a Pedro con dinero para que le diera el poder de imponer las manos sobre los demâs, de modo que recibiesen el Espiritu Santo. 2. · «Dijole Pedro : Sea ese tu dinero para perdiciôn tuya, pues has creido que con tu dinero podria comprarse el don de Dios» (Act. 8,20). Pedro no puede olvidar que sc ha dcdicado a un comercio superior, en el que no cucntan sino muy indirectanrente los medios humanos; un comercio en que la mercanda son las aimas, y la moncda no es el oro ni la plata. sino la preciosa sangre de Cristo (i Petr. 1,9). D. San Pablo. Lo que busca. «He ahi que esta es la tercera vez que me dispongo para ir a veros, y tampoco os causaré gra­ vamen». «Porque a vosotros busco yo, no vuestros bienes» (2 Cor. 12,14). b) Lo que desca para si. No otra cosa que lo su/iciente para comer y cubrirse (cf. i Tim. 6,9). El medio de conseguir lo necesario: tEs justo que quien sime al altar coma del altam (i Cor. 9,13). 1. Sin embargo, advierte a los de Efeso : aCuanto ha sido menester para mi y para mis compaheros, todo me lo han suministrado estas manos». 2. «Yo os he hecho ver en toda mi conducta que trabajando de esta suerte es como se debe sobrellevar a los flacos, y tened présente las pala­ bras del Senor Jésus cuando dijo : Mucha mayor dicha es el dar que el recibir» (A-ct. 20,34-5). II. Los papas. A. Aunque es abundante la documentaciôn de concilios y pontifices, nos fijamos soiamente en los dos ùltimos papas: B. Pio XI. Sobre el desinterés dei sacerdote en rela­ tion con los bienes terrenales dice Pio XI (cf. “Ad catholici sacerdotii’’: Col. Enc., p.762-763): a) El desprendimiento debe ser nota distintiva dei saceraote catôlico (cf. supra, San Basilio, p.931, 3, i.°). «En medio de un mundo corrompido, en el que todo se vende y todo se compra, debe vivir aleja- k. i . ·, LA CESC \ MILAGROSA 1058 b) c) d) e) do de todo egoismo», desdenando los bienes de la tierra y buscando la gloria de Dios». 2. No es un mercenario o un empleado, sino el buen soldado de Cristo, que no se implica en ne­ gocios seculares (2 Tim. 2,4). No les esta prohibido lo necesario para la alimentaciôn v sustento. Pero, como su mismo nombre tclérigo» indica, ninguna otra merced ha de buscar sino la prometida por Cristo a los apôstoles, la del reino de los cielos (Mt. 5,12). El sacerdote interesado ha de soportar el desprecio del pueblo. Porque éste vc en él una contradicciôn manijiesta entre la doctrina que prcdica y la vida que lleva. El interés material arrastra a todos los pecados, como arrastro a Judas, y hace que el sacerdote contagiado de él se una a los enemigos de Cristo y de su Iglesia. El sincero desinterés dei sacerdote concilia los ànimos de todos. C. Pio XII. a) El desprendimiento sacerdotal realiza las grandes obras en la Iglesia, como lo ha demostrado la histo­ ria de los grandes santos. Dios no falta nunca en lo necesario cuando con celo y desprendimiento se emprenden obras para su gloria (cf. «Menti nostrae» : ed. «Santidad Sacerdotal» [Madrid 1952] p.m-112). b) Si no siempre el sacerdote tiene voto, al menos debe tener el espiritu y virtud de la pobreza, demostrândolo: 1. En la sencillez v modestia del tenor de vida. 2. En la austeridad de su habitaciôn. 3. En la generosidad para con los pobres. 16 Una formula de apostolado I. La formula del apôstol. A. En el evangelio de hoy aparece simbôlicamente definido el apôstol: “Pescador de hombres”. B. Aparece también la formula del apostolado que vamos a desarrollar: “In verbo autem tuo laxabo rete” (Le. 5,5). SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 1069 II. “In verbo tuo”. A “Porque tû lo dices, echaré las redes”. a) b) c) 4 B. San Pedro ha trabajado inûtilmente durante toda la noche. Sus fuerzas naturales se han visto impotentes para cpnseguir el efecto apetecido de la pesca. Mas, cuando se lanza a la mar porque Cristo lo ha dicho, fué tan grande la pesca, que se rompian las rodes y se hundia la barca. La unica razôn en el cambio operado es que ahora Pedro, al obedecer al Senor, se ha unido con su po­ der. Ya no estâ solo. Cristo, el omnipotente, estâ con él. Por eso pesca ahora y antes no. apôstol, si quiere conseguir fruto, ha de trabajar unido a Cristo (cf. supra, San Basilio, p.933,3). a) b) La doctrina filosôfica de la causalidad instrumental tiene aplicaciôn perfecta en este caso. El instrumento nada opera si no es en virtud I. de la causa principal. A ésta y no a aquél ha de atribuirse su efecto, aunque inmediatamente se produzca por el ins­ trumento. En el apostolado. Cristo es la causa principal, y el hombre, el instrumento. Por eso nada puede operar el apôstol sin Cristo; aSin mi no podéis hacer nada * (Io· 15,5)· mismo Jesucristo se vale de la alegoria de la vid para significarnos esta idea. Aunque el racimo aparezca en el Sarmiento, no lo Produce éste, sino la vid, y en tanto el Sarmiento da fruto en cuanto que permanece unido a la vid. b) Asi, el apôstol en tanto darà fruto en cuanto >que permanezca unido con Cristo, que es la vid: <Υο soy la vid y vosotros los * sarmientos (ibid.). a) La pesca milagrosa es la expresiôn simbôlica de la verdad que Cristo dira al fin de su vida a los doce: “El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto” (lo. 15,5). “In verbo tuo” es lo mismo que permaneciendo en Cristo, unidos, fundidos con El. III. “Bete”. A. Exponiendo la citada doctrina de la causalidad instrumental, dicen los filôsofos que la causa prin­ cipal tanto mejor produce su efecto cuanto mâs perfeccionado esté el instrumento. a) El hombre no puede escrlbir sin pluma ni pescar sin redes. 1070 LA PESCA MI LIG ROSA b Γ tanto mejor escribird cuanto mâs perfecta sca la pluma, como pescard tanto nias cuanto mâs enteras tengo las redes. B. Cristo ha querido realizar una empresa divina con medios humanos. Para comunicarse a las al­ mas necesita del hombre y de lo humano. Tiene, pues, esto su valor para el apostolado. Que no se debe despreciar, sino cultivar. b) El hombre es aqui el instrumento. El hombre actuando a través de sus facultades. Por tanto, cuanto mâs acabadas scan estas, mayor serâ el fruto. c) De aqui la importanda de la formaciôn del apôstol. Lo mismo de la formaciôn intelectual como de la moral. d) Habrd. ademâs, de cultivar toda la gama de valores humanos internos o externos, como amabilidad, simpalfa, energia. El apôstol no puede descuidar el cultiva de si mismo •v de sus 9facultades. Son las redes con las que pes­ card el Senor. a) IV. “Lavabo”. Hay que trabajar. No basta cultivar las propias perfecciones. Ni basta solo con la vida de oraciôn. a- El apôstol como tal. ademâs de lo anterior, debe reunir otra cualidad que le constitute propiamente en enviado. b) Ha de adentrarse en alta mar: iMar *adentro... En la Iglesia y en la calle, en la Jdbrica y en el taller, en el trabajo y en la diversiôn, dondequiera que se cncuentre, el apôstol no puede dejar de trabajar. Ese echar las redes no es sino aplicar sus cualidades a la empresa grande, fiado en el poder de Cristo, con quien estâ unido. No se puede concebir a! apôstol con las redes piegadas. b) Siempre ha de vivir en afenciôn continua para llevar las aimas hacia Cristo. a) V. El apostolado de la Acciôn Catôlica. Pio XI, en su primera enciclica, al hablar te la Acciôn Catôlica y trazar como su programa, tiene un pârrafo que no es sino la doctrina simbolizada en la pesca milagrosa, que él llama “espiritu de sagrado apostolado” (cf. “Uti arcano Dei" 25: Col. Enc., p.1017). a) sAquel celo ardentisimo de procurar, primero con la oraciôn frecuente y con el buen ejemplo, luego con la propaganda de palabra y por escrito y también i·. SEC. 8. GUIGNES I10.M11.ÉHCOS b) 1071 con las obras y socorros de caridad, que de nuevo se tribut en al corazôn divino de Cristo Rey, lo mismo en los corazones de los individuos que en la familia, y en la sociedad, cl amor, el culto y el imperio que le son debidos . * Segûn esto: j. I/j primero en que ha de nianifestarse el celo e.< en la oraciôn frecuente. Es ni mâs ni menos que el ain verbo tuo» de San Pedro. Por la oraciôn conseguimos la uniôn con nuestra Ca­ beza. Mds que el acto oracional, habrâ que entendez esto por vida de oraciôn. Con sus consccucncias y exigencias de sacrificio, renuncia, despego de bienes ternporales o de aficiones sensuales. apunta es la forOtra de las cosas que Pio niaciôn : en la virtud, en la palabra y en la pluma, en el entendimiento. Son las redes. 3- Por fin la acciôn. La acciôn incesante. 2. T.° El vivir cchando las redes. Propagar mediante la pa­ labra y la pluma a Cristo, dar buen ejemplo, practicar la caridad. 2. ° Estas dos mancras, principalmentc, son las que han de procurarse en todo momento. Con ellas hay que afrontar la conquista de las aimas. 3. · A veces nos lamentamos de la incficacia de la Ac clôn Catôlica. 4. · Pero en parte somos nosotros los culpablcs. Perde­ mos cl tiempo en asaniblcas, jornadas, espectacularidades, actos clamorosos, y apenas hay aimas que se laneen a un plan de conquista individual. B. La figura de Pedro. Sobresale en este domingo, llamado en otro tiempo aantc natale * , apostolorum porque servta para preparar la fiesta, que, mas 0 menos, venta a coincidir. b) El, que es principe de todos los apôstoles, nos alcanzarà de Dios la gracia de imitarle en nuestra labo» de llevar aimas al cielo. a) 17 Pescadores de hombres I. Finalidad del milagro. A. El milagro se realiza después de una predication de Cristo y antes de hacer el llamamiento para el apostolado. Ademâs, la invitation de Cristo ba jo este simii, didendo “os haré Pescadores de hom­ bres”, manifiesta explicitamente la conexiôn existente entre el milagro y la vocaciôn apostôlica. B. Dos causas mueven a Cristo a realizar el milagro p revio. • «« p ■ LA PESCA .Μ I LAG ROSA a) Coït un milagro extraordinario ante los cuatro elegidos abre el camino para que le sigan con mayor fa­ cilidad. Para que se liguen a él de tal modo que no tengan ya otro cuidado que servir a Dios y anunciar su Evangelio. Realiza el milagro mâs apropiado a la inteligencia de unos Pescadores y e! mâs eficaz para convencerlos. x.· .Vo tenian que inquietarsc ya por su alimento y conscnaciôn. 3." Situer» a Jesûs, que, a pesar de la pobreza con que se presentaba, ténia la omnipotencia. * *·> Dios instruye y llama a cada uno por lo que le es familiar y conocido ; a los Magos, por la estrella ; a la samaritana, con el simil del agua ; a los Pescadores, con el milagro de la pesca milagrosa. b) El milagro daria a aquellos Pescadores un conocimiento profético de su futura misiôn. 1. De los frutos admirables que estaban llamados a producir. 2. De la necesidad de su union con Cristo para con­ seguir dichos frutos de apostolado. 3. Del mar dei mundo, en que viviau encenagados los hombres y del que debian ser trasladados a la barca de la Iglesia en las redes de la palabra de Dios, arrojada con la virtud de lo alto. Π. Pescadores. A. He aqui un oficio que es imagen del hombre apostôlico. a) Hombres humildes, laboriosos, que no tcmen los pe­ ligros, vigilantes, pacientes en las prolongadas vigi­ lias, constantes en repctir sus salidas al mar, pru­ dentes en usar todas las precauciones para atracr los peces y sacarlos del agua (cf. supra, sec.VII, II, p.1021). b) Todo este conjunto de cualidadcs son necesarias para la fecundidad de una vida apostôlica. B. Cada vez que el pescador sale al mar, ha prepa­ rado cuidadosamente las redes, restaurando las mallas rotas; ha estudiado el lugar concreto don­ de se encuentra la pesca, busca el cebo a propo­ sito. a) Todo ello es ejemplo del cuidado dei sacerdote en preparar con todo detalle c interôs su prcdicaciôn y actos de apostolado. b) De esbozar y desarrollar sus aplicaciones oportunas y concretas. SEC. 8. GUIGNES HOMILF.TICOS C) SU la a) b) C) 1073 Que estudia una a una todas las aimas de su parroquia, con la prcocupacion de encontrar cl tiempo y el lugar oportuno de conqulstarlas para Jesucristo. pescador es hombre que se limita a poner todo esfuerzo en el trabajo y esperar después a que pesca espontâneamente entre en las redes. Lo mismo que el sacerdote ha de consagrar todas sus energias al apostolado, viviendo al mismo tiempo convencido de que ho es nada ni el que planta ni el que riega, sino que cl incremento lo da Dios (i Cor. 3,7). Tanto mâs cuanto que la misiôn de salvar a los hom­ bres es una pesca siempre milagrosa, y en este sen­ tido el éxito depende menos de la cooperaciôn y del trabajo del hombre que de la virtud de Cristo. Dios es quien da el elemento sobrenatural indispen­ sable de la gracia para que las aimas se conviertan. ni. De hombres. Ellos estân arrojados por nacimiento en el mar profundo del pecado; no solamente esto, sino que el mundo, enemigo irréconciliable de Cristo, extiende como un mar, del que dificilmente se puede salir, la ignorancia y el pecado. B. El que precisamente sea de hombres la pesca que ha de realizarse, tiene un inconveniente y una ventaja. El inconveniente de. la libertad humana, en pugna con la ley del pecado, que reside en nuestros miembros. b) Con la ventaja de que su entendimiento esta hecho para la verdad y su corazôn para el amor; tierra naturalmente preparado para la siembra de las verdades sobrenaturales; peces cuya entrada en la red tiene cl gozo y el mérito de hacerse con libertad. a) Esta imagen de los hombres como peces se en­ cuentra en las primeras pâginas de la literatura cristiana. Cristo es el gran Pez. Los hombres son pececillos que recobran vida en Cristo en las aguas bautismales. Para la vida. El texto siriaco dice: “En adelante pescaréis hombres para la vida”. ·' a) b) La pesca natural lleva de suyo los peces a la muerte. La pesca apostôlica de los hombres los arranca de las aguas muertas del pecado para darles nueva vida: la vida de la gracia. IV. Hechos por Cristo. A. Cristo es el que forma a los Pescadores por el llamamiento que les hace; porque, segûn dice San Pablo, nadie puede arrebatar el honor del sacerdo K LA PESCA MI LAG ROSA 1074 cio si no es que esta llamado por Dios (Hebr. 4,5). B. No es pecado desatender el llamamiento a una vida mâs perfecta, cual es la del sacerdocio; pero es pecado gravisimo arrebatar de las manos de Dios un don que excede a toda capacidad de las fuerzas humanas. V. Conclusion. He aqui una imagen perfecta del pescador de aimas en el origen de su vocaciôn, en las funciones que ha de desempeîiar, en su campo de trabajo y en el objetivo que se propone alcanzar. SERIE IV: DE ACTUALIDAD SOCIAL 18 Frutos de la obediencia I. La obediencia, virtud arquitectânica. A. La obediencia es, como dicen, virtud arquitectônica o social, porque permite edificar, ya que en el superior la prudencia esta como el piano en la mente del arquitecto, y en el sùbdito la prudencia esta como en el obrero manual, que realiza lo proyectado. B. Obediencia y Cuerpo mistico. a) El fundamento de la obediencia, como queda dicho mâs aniba, esta en que el obediente obedece a Cristo. b) La obediencia es una virtud que adquiere relieve es­ pecial en la concepciôn y en la vida del Cuerpo mis­ tico de Jcsucristo. c) 'San Pablo desarrolla esta doctrina en el capitulo 3 de la epistola a los Colosenses. 1. Basado en «nuestra resurrecciôn en Jesucristo» (3,1) y poniendo nuestra vida en la gloria, «don­ de estâ Cristo sentado a la diestra de Dios» (3,1), el Apôstol nos invita «a esconder nuestra vida con Cristo en Dios». Lo cual nos obliga a que todo cuanto haganios, «de palabra o por obra, lo hagamos en el nombre del Senor Jesûs» (3,17). 2. A continuaciôn desarrolla el Apôstol distintas clases de obediencia. i. · Afujerrs; * Estén sometidas a sus mavidos en cl Sertor» (3,18). j. · Hijos: lObedeced a vuestros padres en todo, porque esto es grato al Seilor» (3,20). r r - * SEC. 8. GUIONES HOMILÉTICOS 1075 3.· Siervos: * Obedcced a vuestros amos por tcmor del Seiior: todo lo que hagâis, hacedlo de corazôn. como obedcciendo al Seiior, Servld, pues, al Sefior, Crist η» (3,22-24). Epistola a los Romanos. a) Esta conccpciôn arquitectônica de la obediencia la desarrolla San Pablo en varias epistolas con relaciôn al Cuerpo mistico de Jcsucristo. Lo que se edifica es el Cuerpo mistico. «Que todo sea para edificaciôn» (1 Cor. 14,26). 2. Y, en esta edificaciôn, cada cual tiene su propio ministerio. Cada cual su propia vocaciôn. Cada cual es pieza hecha a la medida : «Segûn Dios le repartiô la medida de la fe» (Rom. 12,3). Este es el sentido profundo de los versiculos del capitulo 12 de la Epistola a los Romanos. 3· r.· El Apôstol nos pldc que seamos hostias vivas, San­ tas, gratas a Dios; que nos ofrezeamos en holocaus­ to (Rom. El holocausto de la voluntad y del entendimiento sometidos a Dios. 2. Ofrecernos en holocausto es conocer y practicar la evoluntad de Dios, buena, grata, perfecta * (12,2). 1’ cada cual idebc sentir de si modestamente, segûn le repartiô Dios la medida de la fe * (12,3). 4. Como los miembros en el cuerpo, cada uno de nosotros tiene una funciôn, y estamos todos al servicio de los demâs (12,4-5). Es decir, no disponemos de nuestra voluntad. Dios la tiene ordenada. Y la régla mâs segura para cono· cerla es obedecer a los que estân colocados Por Dios para mandar. A los que en el cuerpo tienen funciôn de cabeza. 2,a Por esto decimos que es arquitectônica la virtud de la obediencia, porque sin ella serâ imposible construir el edificio, t.° b) San Pablo, en el capitulo 12 de su carta a los Roma­ nos, se refiere especialmente al Cuerpo mistico.· Pero en el capitulo siguiente, el 75, aplica la obediencia a la sociedad civil. Y comienza por el versiculo «Todos debéis estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios...t (Rom. 13,1). Π. Frutos de la obediencia. un “atajo para la perfection1' (cf. supra, SanTA Teresa, p.985, d). Dice la Santa que a las almas que por obediencia cstdn siempre ocupadas en négocias y muchas cosas ties crecia cl espiritu, de modo que sin entender côrno, aunque el prclado no pretendiera cso, se hallaban con gran aprovechamiento que nos espantabat (cf. «Fundaciones» 5,6 : BAC, «Obras completas» t.2 p.700). b) «No hay camino que mâs presto lleve a la suma perfecciôn que el de la obediencia» (cf. o.c.. 5,το : îb:d., p.702). a) 5 1076 SEC. LA PESCA MILAGROSA B. Libertad de espiritu. Por las vias de la obedien­ cia, “algunos han llegado a aquella libertad de es­ piritu tan deseada y preciada que tienen los per­ fectos” (cf. o.c., 5,7: ibid.). C. Camino seguro. 1 los espirituales que aspiran a la perfeceiôn y han llegado a las terceras moradas, para pasar fâcilmente a las cuartas, les aconseja la Santa, «porque les haria mucho provecho», que «estudien mucho en la prontitud de la obediencia» (cf. supra, Santa Teresa, p.983, B). b) Y, aunque no scan religiosos, les recondenda que tengan a quien acudir, «para no hacer en nada su voluntad, que es lo ordinario en que nos daûamos» (cf. «Moradas terceras» 2,12 : BAC, «Obras comple­ tas» t.2 P.372J. a) ΠΙ. La obediencia antes que la soledad. A. Tan grande es el valor de la obediencia, que por ella los espirituales deben dejar la soledad. f B. En la soledad habia Dios al aima, pero es mâs grato a Dios que abandonemos el retiro y entremos en el trâfago del mundo si a ello nos llevan la obediencia o la caridad. C. Y, aunque en los ministerios tengamos alguna quiebra o falta. “vale mâs un dia de propio y humilde conocimiento que muchos de oraciôn”. a) b) B. El sacerdote tiene derecho a la sumisiôn y disci­ plina de los fieles. GUIONES HOMILETICOS 1077 Les manda en nombre de Cristo. Como tal se pre. senta, como tal quiere ser recibido. .Mas icon qué titulo el sacerdote que no obedece a sus superiores puede pretender que sus inferiores le obedezean? V. Ejemplos insignes. A. Abrahân. I Hay nada mâs absurdo para una mente naturalisas que el sacrificio de Isaac, unico hijo de Abrahàn? l’a contra el corazôn, contra la razôn, contra la pro­ mesa que Dios le habia hecho, el sacrificar a su hijo. b) Pero Dios lo puede mandar, porque su voluntad es régla que estâ por encima de todos los mandatos. Y Abrahàn 110 duda en obedecer (Gen. 22). /Que gloria tan grande no le ha venido al santo patriarca de aquella sumisiôn de entendimiento! a) B. San Pablo. a) b) El Santo tiene bastante campo en Asia para la evangclizaciôn. Pero una vision le invita a pasar a Ma­ cedonia. El Santo lo déjà todo, desembarca en Neôpolis, toma la via Egnaciana, llega a Filipos y comienza la evangelizaciôn de Europa... San Nicolâs de Fliie. a) IV. La obediencia, virtud sacerdotal. A. La obediencia es virtud especialmente sacerdotal, por la relaciôn que tiene con el Cuerpo mistico de Jesucristo. El sacerdote debe ser obediente, ya mirando a Cristo, ya mirando al puebio. El sacer­ dote debe decir: "Mi superior es Cristo; Cristo me lo manda”. a) ; Cômo me voy a presenter en cl templo, acercarme al Sagrario. tener a Cristo en las manos, si no soy obediente al que représenta a Cristo. al que para mi es Cristo en la tierra: mi superior eclesiâstico, mi obispo, el papa? b) Edificador ères de! Cuerpo mistico de Cristo. Mâs perfecto en lo humano sera cl Cuerpo mistico de Cristo. cuanto mâs obedientes scamos todos a los que en nombre de Cristo mandan. c) Crece todo el Cuerpo compiiesto y conexo, recibiendo por las junturas la savia vital que procede de la cabeza, que es Cristo (Eph. 4,16). 8. b) • Vivia el Santo en su cueva, como es sabido, sin co­ rner. Estuvo veinte aüos sin tomar mâs alimento que la Eucaristia. El obispo de Ratisbona quiso conocer la realidad de aquel ayuno, y enviô a su vicario ge­ neral a visitor al Santo. Llevô consigo pan, carne, otras viandas, vino, etc.' Nicolâs quedô sorp-rendido ante la orden de corner con cl vicario. Pero lo intentô con santa obediencia. No pudo pasar la comida y estuvo a punto de morir. El vicario le dijo: «Basta; mi obispo sôlo queria probar vuestro espiritu de obe­ diencia». ;Qué gloria no se ha seguido para San Nicolâs de aquel acto de obediencia, que ha venido histôricamenle a confirmar el portentoso milagro de su vida! (cf. «La palabra de Cristo»- t.3 p.117). Santa Teresa de Jesûe. a) Léasc la introducciôn a las «Moradas». «Pocas cosas que me ha mandado la obediencia se me han hecho tan dificultosas como escribir aho­ ra cosas de oraciôn». 2. «No tenia espiritu para hacerlo ni deseos para hacerlo, y la cabeza con ruido y flaqueza tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena». i la pesca m iiag rosa 1078 b) Pero la Sonia entendia tque la obediencia da fuerzas·» tpara allanar cosas que parecen *imposables . Y se determina a escribir tde muy buena gana». Y. confiando en Dios, la Santa se puso a escribir, y compuso las *iMoradas (cf. «Moradas» prôl. 1-3 ; BAC, «Obras complétas» t.2 p. 339-340). c) He aqui el verdadero espiritu de obediencia y el fruto de entregar la voluntad a Dios nuestro Seüor a través de sus superiores. VI. El modelo sublime de obediencia es lu Virgen San­ tisima. 9 A. Tanto mâs admirable es Maria cuanto que obedece con la mayor sencillez y naturalidad. Prôxima a dar a luz, emprende el camino de Judea a Belén. A ella y a su esposo les guia .a obediencia. Lo ha mandado el César. B. Dijérase que tienen ansia de obediencia. Podrian encontrar discretas disculpas. Maria va a Belén llevada por Dios. El César es un instrumento de Dios. El superior es un instrumento de Dios. C. El César buscaba el empadronamiento. Dios tomô el edicto del César como instrumento para que se cumplieran las Escrituras: el Mesias habia de nacer en Belén de Judâ... (cf. Le. 2,1-8). 19 ( Duc in altum I. “A alfa mar”. Los hombres de acciôn, de mirada am­ plia, de corazôn decidido y generoso, deben ver en este evangelio una invitaciôn a realizar grandes obras. A. Los tiempos modernos piden en la Acciôn Catô­ lica empresas extraordinarias, ambiciones. como dicen ahora, temerarias al esfuerzo humano. B. Realizables, empero, si existen en ios hombres dp acciôn las virtudes de un San Pedro. a) b) c) d) e) f) Humildad. Obediencia. Generosidad. Abnegaciôn. Desprecio de todo. Confianza en el Maestro. SEC. 8. GUIGNES HO.MILETICOS 1079 Orden cientifico. La gran Acciôn Catôlica moderna debe procurer oewpar el primer puesto en el orden cientifico. . A. Necesitamos apôstoles en el campo de los estudios, que cnlacen toda la actividad social, econômica y politica con las ciencias, con la filosofia y, sobre todo, con la teologia. B. Debemos aspirar a dirigir el pensamiento nacional. C. Debemos procurar satisfacer las necesidades de las clases intelectuales mâs exigentes en el orden de las ciencias morales. D. Debemos conquistar los centros universitarios del Estado. E. Debemos crear centros de cultura superior. Orden politico. “Due in altum”, en el orden politico. A. No contentarse con menos que con la aspiraciôn de crear un nuevo orden politico. B. El “instaurare omnia in Christo” de San Pio X pide lo primero una restauracion intelectual de las verdades fundamentales del orden politico, relacionândolo con el teolôgico, para que sea ver­ dad que Cristo es el fundamento que estâ puesto en la sociedad y no puede ser otro. C. Necesitamos construir desde los cimientos el nuevo Estado, como dice Pio XI en la “Quadragesimo anno” y ha repetido Pio XH. D. Debemos revisar todas las ideas sobre democracia, libertad, autoridad, tradicionalismo, etc. E. Eso supone mucho sacrificio, mucho estudio, mu­ cho trabajo, mucha decision para meter la nave en mares dif idles. IV. Orden social y econômico. Acaso sea todavia mds dificil de ordenar que el orden politico. A. Hay que ir a fondo por el estudio teôrico y por la técnica, por la sociologia positiva, por la actividad ordenada y continua a la redenciôn del proletario. B. A una nueva organizaciôn de la empresa. A una reforma a fondo de la propiedad rural. A intentar la organizaciôn corporativa de la 60ciedad. Institutiones. Debemos intentar lo mâs moderno y lo mâs perfecto. A. En las institue! on es docentes. B. En la prensa, en la radio, en el cinematôgrafo. 1080 LA PESC K MILAGROSA C. En las éditoriales. D. Todo adelanto y todo progreso técnico es nues­ tro. “Omnia vestra sunt; vos autem Christi” (1 Cor. 3,23). VI. Gteogrâficamente. En la extension no oontentarse con obras locales ni provinciales. A. Ni siquiera con obras nacionales. B. Muchas instituciones deben buscar su publico en Espana y en America. a) Institutiones de cultura superior. b) Institutos sociales. c) La gran prensa, o diaria ο de revista ; las grandes éditoriales. d) Las empresas cincmatogrdficas. La radio. f) Organizar, con un plan de conjunto, la enseiianza pri­ maria en toda una diôcesis o, con la ayuda del Gobierno, en toda la nacidn. g) Organizar la caridad, técnicaniente, en campo am-Plisimo. Que no quede escuela sin cantina escolar; y para eso: cantpaiia de prensa, colaboracidn del Gobierno, colaboraciôn extranjera... h) Hay que ensanchar los corazones por el estudio, por la lectura, por los viajes, por el contacto con hom­ bres de alma grande. Por la creaciôn de auténticos lEstados Mayores» para dirigir las grandes bata­ lias estrate'gicaniente. Minorias auténticas apostôlica, cientifica y técnicaniente dispuestas al trabajo en cquipo. Virtudes individuates. Siempre el fundamento de la humildad. B. Siempre el fundamento de la obediencia. De no darse estas virtudes, haremos una obra hu­ mana, no una obra divina. Pero después: a) La santa audacia y la uniôn de fuerzas. Es consig­ na de San Pio X: *Hacen /alta ànimos audaces y union de fuerzas». Por emplear la palabra gràficamente castellana, hay que tianzarse». b) Es decir, ir unas veces mâs alla de donde va la pru­ dentia humana, no por vicia y precipitatiôn. sino por confianza en la Providenda divina. "Conditio sine qua non”. Hay que superar el espiritu del siglo XIX y de la primera parte dei siglo XX en un punto import antisimo : la union de todos. Hay que vencer el espiritu particularista. Hay que superar todo espiritu exclusivista, sea de diô­ cesis, de parroquia, de orden o congregaciôn, de F SEC. 8. GUIONES HO.MILÉTICOS 1081 grupo. Tener ânimo universal, exento de miopias particularistas. Las grandes obras necesarias hoy dia exigen la colaboraciôn de todos y la dôcil sumisiôn de la jerarquia. a) b) u Las grandes empresas que pide nuestro tiempo exi­ gen una aportacîôn cuantiosisima de elementos, ya scan personales, ya scan materiales. Exigen un cam­ po amplisimo para desarrollarse. Debemos evitar el fragmentarismo excesivo y la dispersiôn dolorosa de los esjuerzos. Mâs que multiplicidad innumera de revistas, pequeûos centras de formaciôn, nucleos de acciôn inconexa y aislada, debe­ mos procurar unificar los esfuerzos por la coordinaciôn acertada de los distintos grupos de acciôn. Procuremos la union de todos. a) b) c) Mâs diremos, en muchas empresas esa colaboraciôn debe trascendcr del ânibito national para adquirir el carâcter universal, tan propio de las obras de la Iglesia > El «.duc in altum», jiie un dia dijo el Seüor a Sa/i Pedro, debe resonar en el corazôn de los seglares Cristianos deseosos de hacer algo grande par Cristo. «A alla mar». A abrir el snrco y quedar esperando que baje el rocio del cielo. A arrojar la red en el nombre del Seiior. a M INDICE DE SAGRADA ESCRITIRA1 E Ex. Cant. Eccli. 1er. Os. Mt. Me. Lc. Io. 20.5 8.6 11.7 2.13 2,6-7 5.2 18.15 28.18 28.19 2820 16.15 5,1 52 5.3 5.4 5.5 5.6 5.8 5.10 5.11 6.36 6.37 S04 805 443 804 595 58 F 442 212; 324 213 354; 357; 214 341 919 919 920 920 921 921 922 922 922 402, 1 402. 2; 405: 431 509 403 . 5: 432 6.38 43° 6.40 404. 7; 406 6.41 6.42 406 14 16 566 14,17 ÜW 566; 576; 591 14.18 14.18-20 569 14,19 576: 592 577; 593 14,20 749 15.1 15.2 750 15.4-5 750 751: 770; 792; 15,7 874 16.21 567 567 16.23 35 3.34 4.6 ss. 764 ss. 6 64 583 36 7.39 14.15 34 42; 165 14 23 42; 17, 2 14.24 18. 3 14 25 18. 5: 43 14 26 14 27 18. 6 lo. Act. Rom. 1 Cor. 2 Cor. Er»h Phil. Col. 1 Pet. 1 Io. 14,28 14.29 14.30 14,31 1.14 2.1 2.2-3 2.3 2.4 2.6 2.13 2.15 8.18 8.19-22 8,23 8.26 9,11-13 11.33 11 34 11.35 11.36 14,13 6.11 7 29-31 2.17 4 30 2 12-13 1.13 5.6 5.7 58 59 5.10 5 11 3.13 3.14 3.15 3.17 4 ft 49 4 10 4.11 4.12 4.13 14 4.17 4 18 4.19 4.20 19. 8 19. 9 19. 10 19, 11 12, 2 13. 1 13. 1 44 14 2; 16. 1 16. 3: 31. 1 31, a: 71 24 915 915 916. 2.“ 43 946 210. 1; 321 210. 3 210. 4 211 529 329 597 277 79. E 950 38 746 746 747 747 747 748 563 563 56-1 561 398 399 . 7 399. 8 399, 9 400. 10 400. 11 400. 12 4C0. 13 419 421 4C0, 14 ; 422 1 Nos limitâmes a consignar los textos que estân comentados en el présente volumen. Acciôn: uniôn de le vida activa con la contemplativa 148; 191. II; 992 ; 994, a; perjuicios de ia ■acciôn no fundamentada en oraciôn 995, a; condenaciôn de la ^herejia de la acciôn” 1008, c (cf. Apostolado). Acciôn social: la mistica y la ac­ ciôn soclad 190. Acciôn Catôlica: ambiciôn y am­ pli tud de su apostolado 10/8: condiciones de su eficacta apostôdica 1070; sus armas de cornbate 827. d ; una consigna del Papa : “id a los aband ondos" 826; su 'misiôn apostôlica en el campo cientiflco, politico, econômico 1079. Aislacionismo: no es justo permanecer en un cômodo aisla­ cionismo ante las necesidades de üa hora présente 828. Alegria: el Espiritu Santo, fuente de ajegrîa 77; cômo conseguir alegria en la hora de la muerte 418 (cf. Gozo). .Alma: funclones del aima en ei cuerpo 64, 2;· uniôn del alma con Dios (cf. Union). Ambiciôn: ambiciôn y vanagio■ria 633; es vicio incauso de al­ mas espirituales 633 (cf. Ava­ ritia, Codicia), Amistad; la amistad con el ene­ migo: principles de moral 669, c; grados de la amistad y union del hombre con Dios 84 (cf. Uniôn, Amor). Amor: excelencias del amor 463, 1; tlende a la igualdad del amante y el amado 494. IV; 624; es el motor de todas nues­ tras acetones 882 ; 491; hace gozar en medio del dolor 108; engendra la misericordia 504: se demuestra con obras 565; el espiritu de amor. esencia de la ley evangélica 98, 100. c; el precepto del amor es el funda­ mental 423: 441; el amor—a Dios y al prôjimo—, causa de la paz 182; e! amor. causa del celo 802, 1 ; 877 ; arnor y ce­ los 881. —de Dios al hombre: el amor sin limites de Dios al hombre y nuestra carresTondencia 848; dimensiones del Co- [Amor : de Dios al hombre] razôn amante de Cristo 851; amor de Dios aJ pecador 845; cômo Dios ama a los pecadores con e] deseo de que se corrijan 415; Dios nos ama no porque somos buenos, sijio pa­ ra que lo seamos 492, B; es tan grande, que i lega a tener celos por nosotros 804; uniôn mistica que engendra entre nosotros y El 853. ιΒ ; este amor exige nuestra completa entrega a Dios 805; Dios comunica bie­ nes a quienes ama 421, 1; ia Eucaristia, su expresiôn mâxima 650; sus manifestaciones 491 ; sus pruebas: la gracia santificante 461, c; la encornaclôn 491, I; la creaciôn del hombre, su obra maestra 460. b: el ba_ bernos hecho nijos suyos y par­ ticipes de su misma .naturale­ za 460, a; la santé misa 712. —del hombre a Dios: amor y te­ mor de Dios 494; na de ser efectlvo y afectivo 849 : 41. a; io que nbs exige efectivamente 866; en correspondencia al que El nos tiene 413, 1; 421, f'· 849; procurer que le amemos es la finalidad de toda ia obra de Dios 399, 8; la intcnsidüd de nuestro amor a Dies v ,·« acciôn del Espiritu Santo en nosotros 34; tiene una primera etapa indispensable en el amor al prôjimo 398.4; el que verdaderamente ama a Dios slen'e como propias las ofensas oue se le hacen 443, 1-2; santiflra nu°stras obras 413; nos engen­ dra un gran gozo en medio del dolor 463. h; perfecciona el conoclmiento que tenemos de EJ 398. 5; para amar a Dios necesitarnos el auxilio de la gra­ cia 397. z; -es incompatible con el pecado 412: ama y baz ?o qne quieras 413, 3; amemos efectivamente a Dios v entreguémonos a El, que nos amô primero 864; no hay amor a Dios en el mundo 850; e] te­ mor le prépara el camino 419. —al prôjimo: amor natural y sobr enatura! 489; se ex tien de a todos los hombres, naciones D·.· Λ-·: SSrh- i.T' 1034 INDICE DE MATERIAS l.Anior: al prôjimoj lApostoiadG] y-razas 467; su medida ha de 191, U; perjuicios de la ac­ ser el amor que Cristo nos ciôn apostôlica no fundamentiene a nosotros 471; este amor tada en la oraciôn 995, a; la es verdadero cuando se an» •’nerejia de la acciôn" 1C08, c ; por Dios v θη Dios 423; se deampli tu-d y profundidad del muestra con obras: el ejemplo apostolado moderno 1078 : de los santos 475 ss. ; obligagrandes y pequeûi eûas obras ciones que nos impone aun a apostélicas 861, B;; la acciôn costa de nosotros mismos 546; apostôlica en -el campo de la si lo tenemos, es serial de la la politica, de la ciencta, de i economia 1079; métodos apo spresencla de Dios en nosotros 400, 12 ; 416; amar al hermano tôlicos 993; es necesarlo bu es amar a Dios 422 ; 412; 398. car al extraviado y no con­ 4; 441; 463. g; sin él no puede tentasse con los que se acercan espontâmeamente S18· 821haber comprensiôn ni espiritu de comumdad entre los nom­ 2; 872; ante el hermano oaido. bres 466; debe ser una norma el apôstol debe olvider los pe­ esencial de vida social 465; uno cados y preocuparse sôlo de la de sus efectos es desterrar la conversiôn 758 ; 863, D; 880, V: necesidad de atender a la juenvidia y abrir el corazôn a la misericordia ICI: emar al prô­ ventud 826; es parti cul arm en te jimo no es dejar de corregirle necesarlo ir al obrero v al po­ cuando esto sea necesarlo 414; bre 818, b-d: necesidad de es él remedio eficaz para no apt s toi es segiares que ectùen en SJ propio ambiente 821 ; es juzgar mal al hermano 453 : se aumenta oor medlo de la reprobable el cultivo excesivo Eucaristîa 648. b. de minorias con olvido de la masa S73: la acciôn aoostôli—de si mismo: el amor a si m.sca en nombre de Cristo 921; mo en oposiclôn al amor a' su e Acacia, condiclonada por la ?» r ô j i m o : prefexencias 546 uniôn con Cristo 1069, II: ICC'/.· cf. Caridad, Prôjimo, Enemi­ papel de la fe en el apostola­ gos). do 1C33; le obediencia. condlAngeles: sus nueve ôrdenes 772; ciôn para su eAcacia 1010: posus ministerios 772; su irni’abreza v deswendlmiento de ciôn por el hombre 773. quienes se de-diquen a él 1063; Apdogética: valor apologético 1065 : 819. e; su eAcacia en redel mllagro 686, II. j laciôn con la preparaciôn y Apôstol: instrumento débil de la cualldades del apôstol 1068: virtud divina 999 ss. ; ICO. III; divisiones y band os e>n las el apôstol. “pescador de hom­ obras apostélicas 879: 1080 bres" 1071; la persecuciôn del VIII ; necesidad de mâs apôs­ apôstol 1002; a el verdadero toles entregados 836 (cf, Ac­ apôstol se caracteriza por su ciôn. Apôstol). misericordia con el pecador Apôstoles; su generosa respiies­ 769: 880. V; programa de acta a] llamamiento de Cristo tuaclôn apostôlica 932. b; el 1C47: modèle de cobreza y desapôstol de Cristo ha abendoprendimiento 1066; ausencia de nado a le clase obrera 897 : es valores humanos en su actuanecesarlo que se acerque espeelôn 999 ss. ; su distri bu cdôn clairnente a los pobres v aban. nor la tierra para predlcar el donados 826: 827, e: sus armas Evangelio 970. de combate 827. d: ha de eer Aristocracia: debe preocuparse manso y sufrido 785: le es nede! bienestar de los hurnildes cesaria‘!a paciencia 781: su po­ y nunca obrar de modo que los der de atracciôn sobre los pe­ perjudique 823; funciôn social cadores 749, 2.o; celo miseri­ de las des es el evades es pecordi oso de! apôstol 884: celo netrar en el pueblo v ausculy tristeza 1887 ; 880 : 893 tar su malestar y asniracio(Cf. Apostolado. Sacerdote). nes 825; las cJases elevadas Apostolado: obligator! edad 99β tienen me h-os excusa si claula obligaciôn de ser apôstol. dican ante el deber 1C05. c. exigida por la conbrrna^lôn Arrenentimiento: cf. Penitencia. 153. V: es esennalmente dlnâAscética: diferenclas entre ella mico v activo 213. 3: su fuerza y la mistlca 190. I. divina 1008: excel enclos del Audacia: moderar la audacia, apostolado misericordioso con obje‘0 de la fortaleza 52. los pecadores 755 ss. : hav que A ti s t eridad: cf. Mortificaciôn, entregarse a él con fe: el fru­ Penitencia. to tal vez no acarezca abora. pero aparecerâ en el futu­ Autoridad: todos cuantos de nlgiïn modo participem de ella ro 823; la vida contemolativ.-i. exigenda del apostolado 148; deben dar ejemplo a los de- J.MMCL 1)3 MATERIAS lAutoridad] mâs 824; funciôn importante suya es penetrar en eu pueblo y auscultar sus aspiraciones y maiestar 825; razôn y ârnolto de la obediencia que sc­ ie debe 1(57 ; 965-6; obedecerla no es esclavlzarse, sino someterse a Dios 1013; pierde su fuerza coacüva cuando se opone a tla ley de Dios 1058, B; soberania de la autoridad civil y su dependenda indirecta de ία eclesiâstica 376; 381; hemos de abstenernos de juzgar a la autoridad 457, b; 513, E (cf. Estado). Avaricia: inuitilidad apostôlica dei sacerdote avaro 820, e (cf. Codicia, Riquezas). Bautismo: naturaleza teoJôglcu 328; ia doctrina paulina sobre el bautismo 282 ss. ; es obra de las tres personas divinos 286; la fôrmula trimtaria de! bautismo 215; la réuni si ôn del pecado original, necesariamente vinculada a su recepciôn 329, III; eJ carâcter bautismal 335; muerte y resurrecciôn m is­ ti ca, simbollzadas en el sacra­ mento 283; la regeneraciôn y la santiôcaciôn por el bautis­ mo 330; principles morales so­ bre la materia, el ministro, su­ jet o, padrinos, etc. 332; se complementa y perfecciona por el sacramento de la confirma­ ciôn 152, H; sâmbolismos de este sacramento 282; simbolos y figuras en el Antig.uo v Nuevo Testamento 329, I; exigendas de las promesas y ceremonias del bautismo 250. Beneficencia: cf. Misericordia, Caridad, Limosna. Bénéficies: un modo de agradecerlos a Dios es la ayuda a ia extensiôn misionera de la Igle­ sia 163, IV. Bien: el bien tiende a dlfundlrse 748, a; la derrota del bien y el trlunfo eparente del mal en esta vida 939, Bienaventuranza : en qué consiste 642: la Eucaristîa y la bienaventuranza ■e t e r n a 641 (cf. Cielo). Bienaventuranzas: la c u a r t a bi enaventu ranza ir el don de fortaleza 55. Bien comûn·. definlclôn 727: na­ tu releza: la Iglesia y el Es­ tado cooperando a engendrarla 726; subordination del bien comûn temporal ai espiritual 729. Bienes materiales: su pequenez y mezquindad 807: su despre­ cio por Cristo 1049; su posesiôn y uso han de estar su- 1085 IBienes materiales] bordinados a la voluntad de Dios 597 ; nernos de poseerlos de modo que no nos dominen ellos a nosotros 596; no nos preoc-upemos demasiado de ellos, pues no los potiremos sacar de este rnundo 926; qué canti dad de bienes hemos de dar en limosna 548, m (cf. Riquezas). Carâcter: el carâcter que ιιηραmen ciertos sacramentos: na­ turaleza 336. Caridad: es distinta de cualquier otro amor humane 470; es el principal efecto de la gracia santideente 699, T ; misericordla y caridad: coim-ûraclôn 778; orden de preferêneia entre nosotros y el prôjirno &4o; la caridad bien ordenada comi enza por uno mismo 54/. C; los enemigos de la Iglesia deforman el concepto de cari­ dad,, desconociendo su utili­ dad como fuente de justicia so­ cial 465 e, f ; es fecunda en obras que fundam en tan el or­ den social 466, -h; su pape! al juzgar al hermano 536. B ; cômo se arrepienten los santos de sus faltas de caridad 472, I (cf. Amor, Misericordia, Limosna, Gracia). Castidad: para su conservaclôn. austerldad de vida 959; casti­ dad sacerdotal 958. Celibato: el celibato eclesiâstico 958. Catequesis: cf. Apostolado. Catôlicos: cf. Cristianos. Celo: celo y celos 802 ; 881: celo humano y celo cristiano 808: celo de concupiscenda v cede de amistad : êfectos apostôlicos 877; celo y tristeza del .apôstol 8S7 : 889 : 893; carecter iis tic as del celo sant-o 807; prudencia y celo 808; celo y misericordia 884; condenaciôn del celo orgulloso, apasio.nodo 884; celo de Ira y celo de mansedumbre en Cristo 894 : es causado por el amor 802, 1; 877: la vida interior, fuente de celo 886: 892, IV: el Corazôn de Jesûs. foco ardlente de celo 829 : el c-elo ardiente suavi4 o.uv ’por ^zvi la cari nad 820, f ; zado rs propio de las aimas perfec795: engendra dolor por los pecados de los demâs y deseo de oue se arrepientan 794: una de les consecuencias es el deseo de padecer con tal que los demâs se salvem 794· sus rnedlos para ayudar al prôiimo espiritu al mente 993; moti­ vos que determinan el espi­ ritu de celo 793: el celo de los santos 838 (cf. Apostolado). >y 1086 indicé de maiçrias Celos; amor y celas 881 ; celes y envldia 803; Jus celos de Dios por el hombre 804. Cielo; sus goces son inefabdes 568, 3; los suf ri ml entes para conseguirlo no son nada comparauos con sus goces 915; 9-11. e; solamente alli se encu entra la paz perfecta 184, V : no se puede consegutr sin es­ ter en gracia de Dios 695. IV : los pobres tendrôn su parte en el cielo 691; el “relno de los ciel os"; doctrina de la Sagra­ da Escrllura y de la teologia ®1; 705. * Cieneia: necesidad de la ciencia para ei sacerdote y ed apôslol 217; la acciôn npostôllca en e! campo cientlfico 1079. Clases sociales: el becno de ia divtsiôn de clases, que llega hasta las mismas pr Ac tu cas re­ ligiosas 676. I; ed aceroamiento de los ricos a los pobres, a imitaciôn de Cristo 676; una clase debe bajar un poco de poslciôn en beneficio de la otra 549. IV. Comodidad: falsa paz y conten­ to que engendra la comodidao y regtdo del cu-erpo 83. Cômpasiôn: compaslôn y miseri­ cordia 500. Comuniôn: cf. Eucaristia. Cornu nittn de los santos: el Es­ piritu Sento, vinculo de esta unidad y comumcaciôn entre ios fleles 92; cf. Cuerpo mistico. Concordia: paz y concordia 183. B; 1&5. I; la toleranda, principio de concordia en Jo opinable 529 (cf. Uniôn). Conçuptscencia: la Eucaristia, sedante de la concupiscenda 610 (cf. Pasiones). Uonfianza: es una caracter'.stica de le piedad lilùrgica 843; la contianza. arma a e 1 apôsto. ; nuestra conflanza en Cris­ to 326 ; 845; a pesar de los muenos pecados nunca desconfiemos de la misericordia de Dios 848; motives para con­ fia? 1C34, III (cf. Esperanza». Confirniaciôn: naturaleza y efectos 151; complementa y perfecciona los efectos del bauùsmo 152. IL; sacramento de la pleni lu d de la gracia y el Es­ piritu Santo 56: 113. e: 151, I; neceddad de reeiblrla 153. IV; exige del que la reel be su cooperaciôn al apostoladc 153. V. Conocimiento: su mayor o me­ nor perfecciôn condicione la intensi dad d-el gozo que nos produce e! objeto conoetdo 62n (cf. Entendimiento). ('onocimiento propio: es medio eficaz para juzgar con caridad al prôjimo 535; la numildad. efecto del conocimiento de [Conocimiento propio) nuestra. miseria y de ia gran­ deza de Dios 1062. Consejos evangélicos : segulrloe as garantie de )a obediencia a los mandamientos 073. Consuelo: el spiritu Santo Consolador 21 ; 76; 105; los consueios esplriluales( nos vlenen del Espiritu Santo 250. Contemplaciôn: sus frutos 993; la uniôn de la vida activa con la contemplaUva 148; 191, EL; 192; 994, a; no deben hulr los contemplativos de la acciôn apostôlica G96. Conversun: siempre es poslble. a pesar de los inucnos peca­ dos 753; nunce hemos de desesperar de la conversiôn de un pecador 830; con la ayuda de Dios se nos harâ. fâcil 754. 3: las Hamadas de Cristo ai peca­ dor para aue ee convier ta 787. B; las oojeciones del pecador que no se decide a convertirse 791; alegria en el cie­ lo por la conversi6n de un pecador 770; 792; 874 . 855; para encazmente ~penseprocurarla eficazmente la misericordia ae mos en L Dtos 450. C; lo que exigei una sincera conversion 815; si hu5 se converbiera mâs a pecadores e tirian much! infieles 836. Corazôn de Jesùs: las dimensio­ nes del Corazôn de Cristo 851; es fuente de justicia, de cari­ dad y de paz 828; foco ardlen­ te de celo 829: gozos del Co­ razôn de Cristo 854; la devociôn al Corazôn de Jesûs exi­ ge amor y reparaciin 829 ; 866: propagar su devoclôn es medto para conserva? la paz en las aimas 829 j su fiesta, mensaje de •conflanza y misericordia 843: valor electivo de las consagraciones al Corazôn de Jésus 900. Correcciôn fraterna: sus fines 538. I; no se opone al amor al prôjimo 414; ooligeciôn v cualidad-es 541; 443 ss. ; qulénes deben y pueden corregir 538; cuândo se puede omillr 541. C; normas para hoceria 442 ; 445: proceso evangélico de la co­ rrecciôn 543: prudencia al corregir 516. D; 407 : 437 ss.; cômo pueden hacer gran dafio los celos indiscretos para co­ rregir al hermano 439, I. Creaciôn: la creaciôn del hom­ bre, obra maestra de Dios 460. b; la creaciôn refleja las perfecclones de Dios, pero no todas 268; la bondad de Dios. causa de la creaciôn 246. I: el Espiritu Santo, principio de la creaciôn 246. 1. daturas: todas tienden a su fin. establecido por Dios 630; INDICE DE MATERIAS l Criât u ras J y, por tanto, tienen valor en cuanto se ad apt an a su fin, perdléndolo si se destlnan a otro 631, D; tienen razéh de medlo, no de fin; nuestra con­ ducta con ellas 632 ; 681; despreclarlas es el mejoj modo de usarlas rectaanente 632. Cristianos; son sojdedos -do Cris­ to 152. ΙΠ; cômo deben segutr e Imitar a Cristo 943; su postura fuerte y serena ante el CG no pueden encerrardeber 1005; se en un cômodo alsdacionlsmo ante las necesidades de la ho­ ra présente 828; Cristo estâ junto a nosotros los crlstianos 363 ; 354-357: odio de] mun­ do a jos auténticos crisuanos 563; la fortaleza en oponerse al mundo, caracteristica del crlstiano 99; su prop» a condlciôn de crlstiano le impone el deber de cooperar a le obra misi onera 341; su obligaciôn de obedeccr al poder civil 966. Cristo: unidad de persona en la duplicidad de naturaleza 158, Π; pleni tu d de la potestad de Cristo y nuestra sumislôn a elle 323-325; 360; su poder ju­ dicial 362; es olgno de toda gloria y alabanza 327, IV: Cristo, fin de la ley mosaica 154, II. —Redentor: la pasiôn de Cristo fué verdadero sacrificio 601; el sacrificio de Cristo daba vuloi a los de] Anti gu o Testa­ mento en cuanto tipos de elles 601; el Espiritu San’o combletô la obra redentora de Cristo 70; 109: ias gracias aue nos mereciô nos la comunlca par medlo de la Iglesia 119, a; su sacrificio redentor, medida de su misericordia 852. e; su sacrificio reconclllô al hom­ bre con Dios 602; su sacrificio en la cruz se reproduce por medlo de la santa misa 709. —y la Iglesia: la Iglesia, espos»a de Crlsto 702, IV : Cristo foblerna directacnente a su glesia; de un modo visible lo hace por medio de su Vica­ rio, el Papa 293; su presencia perpetua en la Iglesia 363. VI; 354-357; transmlte sus poderes a su IgiesJa 360: Crislo, efemplar de la Iglesia 157; Cabeza de su Cuerpo mîstlco, la Igle­ sia 121; cômo Cristo en su funclôn de Cabeza de la Iglesia necesita la cooperacién de sus miembros 123, c; la gloria de Crlsto, fin de la Iglesia 154. —Rey: realeza temporel de Cris­ to 377. B; Crlsto. Rev univer­ sal en cuanto hombre 212.2; errores v doctrina cierta so­ bre el slgnificado de la frase 1087 [Cristo Reyl ‘'relno de Cristo” 894; qulénee entran a form a r parte de su relno eterno 689; el “relno de Dios": doctrina de la Sagrada Escritura y de la teologla 691; 696-700 ; 705· el relno de Crls­ to en San Pablo 703; la Igle­ sia, relno de Cristo 700. —en la vida del hombre: Cris­ to, modelo de pobreza 1063: de misericordia 502; de humildad 944; de obediencia 1014: en el perdôn de les ofensas 944 ; lo que Cristo nos ha dado a los hombres 238; fundamento de nuestra esp&ranza 1030 ; 326; es el ilnlco capaz de traer la paz a las aimas y a la sociedad 18, 6; 181, V ;* Crlsto reclbe a dos pecadores 764 ss. ; 790 : 869· sus trabajos x>ar encontrar a la oveja perdida 786 ; 862; 868; amigo de los pobres 677; su giorfficaclôn mediante la conversiôn de un pecador 876; ce­ lo y tristeza de Jesucristo 893; todos podemos y debemos seguir-le 943; tres modos de res­ ponder a su llamami&nto 1045; Crlsto, présenté en nuestros prôjlmos 359, D. Cuerpo; veneracâôn y resneto a nuestro cuerpo 641; 114. h-i ; es templo de J a Santisima Trini­ dad 345, V; sus cul dados no deben perjudicar ai aima 927; efectos que en éj produce la Eucaristia 609; la infonmaclôn del cuerpo por el aima 64. 2. Cuerpo mistico: su cabeza es Crlsto 121; el aima es el Es •ni tu Santo 33; 62 ss. ; 111; 1 145; su organlzaciôn segûn San Pablo 703, V; la Eucaristia, vinculo de uniôn 618; 649. d; 650, f-j; 657; el Cuerpo misti­ co de Crlsto es la Iglesia 119; dos miembros participâmes de los mérltos de la Cabeza. Cris­ to 618; cômo ios pecadores formen parte de éJ 121 ; la obe­ diencia dentro del Cuerpo mis­ tico 1074, QB; nuestra inserclôn en él nos obliga a cooperar en la obra misionera 342, b: fun­ damento de nuestros deberes de misericordia 792, b; nuestra vital comunicaclôn con Crls­ to fundamenta la eïicacla de nuestra oraciôn 91, d. Cuestiôn social; mlslôn de la Iglesia en su resoluclôn 186, IV. Cultura: la ouîtu.ra de un pue­ blo, exponente de su carde ter 824, b. Curiosidad: perjulclos de 1 na curiosidad 592. Deber: bay que curnpflirlo por end ma de! egolsmo v el orgu. ilo 1006; nadie se puede substraer & une obllgaciôn y deber i I DeberJ en esta vida 1007. f; Uene sus raie es y fundamento en Dios 1006; ei cristiano ante el deber 1005. b; las clases mâs e!evadas tienen menos excusa si claudlcan ante el deber 1005, c; antes la obligaciôn que la devociôn 074. Demonio: asechanzas que pone al hombre procurando su cal­ de 925. Devociôn: antes la obligaclctn que la devociôn 974. *vociones: De la misa, la mejor devociôn 710. Difuntos: la misa por los difuntos 718. Dios; dlficul’.ades de la razôn humana para conocer! o 262; les per feed ones divinas se reflejan en ’a creaciôn, pero no todas 268: omnipresencia di­ vine 14, 2; 114, f; Dios, pré­ sente entre los hombres: la Eucaristia 639; es Padre de los ângeles. hombres y de todo el universo 461. d-e;’ es el ulti­ mo fin del hombre 629; su plan eterno sobre el hombre 875, II; cômo invita e impele al nom­ bre para que entre por los ca­ minos de la verdad 683 ; 686; Dios no necesita del hombre 416, 3; amor de Dios al hom­ bre, cf. Amor: Dios Creador, cf. Creaciôn; Dios misericordioso, cf. Misericordia; uniôn con el aima, cf. Iniôn; Dios Redentor, cf. Cristo. Direcciôn espiritual: cualidades de un bu on director 930: el di­ rector espiritual ha de ser hombre de oraciôn 995. c ; por todos los medios procura ei demonio estorba-r la influencia de un santo director 930. 2. Dogma: su aceptaciôn se basa en la autoridad de Dios 243. Dolor: el gozo en el dolor 1C8: 463. h; e! dolor cristiano es fe­ cundo 465. c (cf. Sufrimiento, Tribulaciones). Dones del Espiritu Santo: dones y virtudes 167; instruyen y fortalecen al aima 116. c; los dones como causa de los frutos del Espiritu Santo 171, IV; don de fortaleza: naturaleza 51 ss. Educaciôn: las clases dirigentes son responsables de la educaciôn general del pueblo 824. Ejemplo: su gran influencia 437. b. Ejercicios espirituales: principio v fundamento; Dios. nuestro fin; las cria'utras, medios pa­ ra alcanzarlo ss. ; 681; la elecciôn de estado 986 ss. ; as­ pecto mistico de las réglas de elecciôn de estado 192; medlta- [Ejercicios espirituales! ciôn de tres binarios 1060 ; 990. Elecciôn: requisitos de toda bue­ na elecclôm 988; vocaciôn y elecciôn de estado 986 ss. ; la elecciôn de estado v las mociones de! Espiritu Santo 192; meditaciôn de tres binarios 990; 1060. Encarnacion: prueba del amor de Dios 491; se apropta al Es­ piritu Santo 110; la Eucaristia es su prolongaciôn perpetua 640. Enciclicas: su autoridad y asentlmiento que se les debe 373. Enemigos: es necesario perdonar. les para ser perdonados 426; amar a los enemigos, prueta suprema del amor 424; hemos de amarles con el deseo de que se corrijan de sus faltas 415: amarlos serâ. motivo de confianze an el juicio final 418; la amistad con el enemigo: doctrina moral 669. c; el odio a los enemigos: principios mo­ rales 668; la oraciôn por elles 425. Entendimiento: sus limltaciones cuando pretende conocer a Dios 262 ; 241; 307, II; su sumi­ siôn a la obe-diencie 1043· 1059. Entrega a Dios: exigencias de una total entrega a Dios 865: es efecto de la perfecta obe­ diencia 977; el amor que Dios nos tiene exige que nos entre­ gu emos por completo a El 8C5: 864. Envidia: celos y envidia 803; su influjo al juzgar al prôjimo 525. Escritura (Sagrada): la miseri­ cordia de Dios en sus textos 846; el reino de los ciel os en el Antlguo y Nuevo Testamentos 692. Esperanza: naturaleza 1031; sus efectos 1032. VI: esneranza y temor de Dios 496, B; Cristo. fundamento de nuestra espè­ re nza 1030. IV; es fuerza que nos sostiene en la lucha con­ tra las pasiones 917 (cf. Con­ fianza). Espiritu Santo: naturaleza: por qué le llamamos Espiritu 87; origen del Espiritu Santo 143; cômo procédé del Padre y del Hijo 40; misiôn tri ni tari a del Espiritu Sento 35: diversos nombres con que se le désig­ na en la Sagrada Escritura 22; el Espiritu Santo como don de Dios a! hombre 37 ; espiri­ tu de amor 37 ; alma del Cuer­ po mistico. la Iglesia 33 : 62; 111; 124. 145; figuras del Espi­ ritu Santo: la pialome; fuego y viento 131. —su obra: historia de su obra en el Antiguo y Nuevo Testa­ mento 21; 46. e; oficios del v- INDICE DE MATERIAS E. Santo: su obraj Espiritu Santo en las aimas.20; 43. d; 88; 239; sus dones a las aimas en las que mora 115; medida de la donaclôn del Es­ piritu Santo 35; su inhabitaciôn en el aima 87; 102; 112; 14; 92; su comunicaciitn plena por el sacramento de la confirmaciôn 56; 113, e; transforma. clôn de] aima bajo su influjo 75, a; cuanto mâs ptrofundainente actùe en nosotros, tanto mâs amaremos a Dios 34; poco aprecio que hacemos de su presencia en nosotros 104; condiciones pana su veni­ da y actuaciôn plena en las aimas 72. D; 74; carâcter d-e sus inspiraciones 13, l.o; la presencia del Espiritu Santo en nosotros debe impulsâmes a una gran limpieza de con­ ciencia 79; 94. C; 114, h-j; su influenda en la adminiistraciôn de la gracia 68, 1; su ac­ ciôn milagrosa en los santos : casos diversos 132; Cristo da y recibe al Espiritu Santo 39; complété la obra de Cristo 70 ; 109; intensificaciôn de la obra de] Espiritu Santo después de la glorificaciôn de Cristo 36; 113, c; es fuente de alegria 77; as prenda d'e paz entre Dios v e! hombre 30; es maestro 70, b; 77; comunica fortaleza al aima 71, b; vivificador del piritu Santo realize. nuestra reco-nciliaciôn con Dios 29; el Espiritu consolador 21; 76; 105: nos separa dei mal v nos incli­ na al bien 48; vinculo de la unidad v comu nic aci όη de bie­ nes espirituales entre los fie­ les 92; 125, b: es prenda y seftal de salvaciôn. —apropiaciones; se le apropia el ser principlio de la creaciôn 246. 1; también el gobierno de las criaturas 246, 2: y la i-nhabitaciôn de la Trinidad 247; igualmente se le apropia la distribuclôn de los bienes de Dios 248, 4; asimismo la per­ fecciôn espiritual 248, 5; tamerdôn de los peca peca-­ blén el perdôn dos. la filiaciôn adoptiva, y las mod ones v consu-elos espiri­ tuales 249-uO; se le atribuye la bondad y el amor 271 ; v la encarnadôn dei Verbo 110. —frutos del Espiritu Santo: na­ turaleza 172; son fuente de dulzura y gozo 117, e. —devociôn: ha de intansificarse la devociôn y la oraciôn al Espiritu Santo 119; nay que amarle mâs profunda v eficazmentfc 118; desconocimiento de la teologia del Espiritu Santo, que es necesario predicar 117. | La Palabra de C S 1089 LE. Santo] —fiesta del Espiritu Santo: slgnifleado, historia y contenido 10 ss. ; 43; el primer relato de la fiesta de Pentecostés 127; Pentecostés, recuerdo y actuelldad 140; el cenâculo, lugar de le venida del Espiritu San­ to 127; la oraciôn, medio para prepararnos a su venida 90, b. Esposos: sumislôn de la esposa al marido 1013; también a ellos obligan las nommas de la per­ fecciôn evangélica 928. Estado: cornparaciôn entre Igle­ sia y Estado en torno al bien comiin 727; e] poder indirecto de la Iglesia en asuntos tem­ porales 376; 381 (cf. Autoridad). Eucaristia: naturaleza: la Euca­ ristia es verd&dero sacrificio 602; es el mismo sacrificio de la cruz 603; es una verdadera inmolaciôn d-e Cristo 603; cômo hemos de perticipar de él 603; es una prolongadôn perpetua de la encarnaciôn 640; Dios, poseido por el hombre 639; es la expresiôn niâxima dei emor d-e Cristo 650; grandeza de la presencia corporal de Dios en­ tre nosotros 639; es el gran banqueté que Dios ofrece a to­ dos los que quieren 570; es una gram dignaciôn de Dios bajarse nasta uni-rse intimamente con el hombre 620, D; Cristo mis­ mo es el Sacerdote que trans­ forma el pan en su cuerpo 573, d; la Eucaristia, gloria de la Iglesia 638; las causas de su instituclôn 613; la Eucaristia y le bienaventuranza eterna 641. —efectos: pod-er santificador del cuerpo de Cristo 572, a; comu­ nica y conserva la vida sobrenaturol 619; 649 ; 652, k; G58: 607 ; 623; -la gracia sacramental de lia Eucaristia es la caridad en si misma 608 ; 618, a; me­ diante ella se une el aima c-on Cristo 358, A; 608 ; 574, a; 580: 615-6: 617; 621 ss.; es también vinculo de uniôn en el cuerpo mistico 624.2; 648: 649. d; 650. f-j; 657; uniôn eue ar is tic a y uniéln hipostâtica 615; es sacra­ mento de la niedad, vinculo de la caridad, signo de la unidad 649; su prime el odlo entre los hombres 655; principio v fun­ damento de la paz verdadera 653; aum-enta la f-e y enciende la caridad 648; el que la reci­ be convenientemente conseguirâ la vida eterna 581; nos con­ flere un titulo especial para la resurrecciôn 612; fortaicza nara soportar las tribulaciones y luchar nor la fe 646. b-c ; âuxlllos especiales contra las tentaciones de la cerne 611; es sedante de la concupiscenda 35 •M 1090 INDICE DE MATÇRIAS [E. Santo; efectos] 610; da fuerzas en ia lucha contra el pecado 647; efectos peculiares de ia Eucaristîa en al cuerpo 609; nuestro cuer­ po se hace semejante ul de Crlsto 622 : 611; operândose una consagraclôn sacramenta! de nuestros cuerpos 610: su vir­ tu alidad en el campo social ®>4--5 ; en ella estân las reser­ vas de energias para a! restobleclmlento de la vida crlstiana 654, e; con las fuerzas que de ella dim an an ha podido desarroliar la Iglesia su ingente obre 654; no nos aprovt\.u.arâ si su recepciôn no va acompafiada por *la caridad 5S3; he­ mos dé pedir sin reparo a Cris­ to. en la Eucaristîa. todo !o que necesltemos 659. —rtcepciôn de la Eucaristîa: necesidad de preparaciôn para reclblrla 574: cornu niôn nociva y comunlôn provechosa 579: 582. 1: la sensùalldad, gran impe­ dimento 577 : se ha de negar a los Indignos 575: los prétextes de quienes rehusan acercarse a ella 576. ! —necesidad: como alimento del aima, lo mismo que es nece­ sario el alimento da! cuerpo 658; para el cumpllmiento del propio deber individual v famular 655: han de acudir a ella los espi ri tual mente pobres v enfer­ mes 578. ; —devociôn eucarîstica: adoraciôn pûblica y privada de la Euca­ ristîa 65Ô, c-f: devociôn de los santos a Crlsto sacramentado 666 ss. ; el florecimiento de la piedad eucaristico aumenta las vooaclones sacerdotales 1019. Evangelio: el espiritu de amor. esencia de la ley evangéllca 98: 100. c; su doctrina sobre las rîquezas 1064. . ! i ■ ' Filiaciôn adoptiva: la fiitaclôn adoptiva divina del hombre no se predica de él sino en sentido analôgico 244, 2; se inlcla en el bautismo, se per fecciona en ia Eucaristîa y s>e consuma en la gloria 644. 2; es obra alnLuida a! Espiritu Santo 249. Fin: fuerza atractlva de! fin 630. Fortaleza: es virtud especial y condlclôn de toda virtud 51; su objeto es el temor y la auda­ ce 52; sa necesidad en nues­ tros tiempos para cumpltr ed deber 1005; la fortaleza en oponarse al mundo, caracteristica del cristiano 99; ed Espiritu Santo, fuente de fortaleza 41. b; tamtien la Eucaristîa 356. Fraternidad: en qué consiste 470; el rico es ihermano del pobre: deberes que este hecfio le im­ pone 677, III. b (cf. L’niôn). Frutos del Espiritu Santo: cf. Esoiritu Santo. Λ Gentiles: su lamentable estado espiritual antes de la venida de Crlsto 690. Gloria de Dios: hemos de glori­ ficor y honrar a Crlsto 327, IV ; cômo la converslôn de un pe­ cador glorifica a Dios 874. I Gobierno: cf. Autoridad, Estado. Gozo: su naturaleza 625; su in­ tensi dad depende de la mayor o menor perfecciôn del conoci­ miento que le precede 626; dlferencia esencial entre los goces del cuerpo v los del espi­ ritu 50; imperfecdôn del gozo que nos pror>orclonan las cosas materiales 626, 2; el que signe a la posesiôn de Dios es perfectislmo 627-8; el gozo en el deber 108: el gozo ae los sen­ ti dos. opuesto a la perfecciôn 637 (cf. Consuelo). Gracia: es un don gratuito; no la merecemos con nuestras obras 945; fundamento de las virtu­ Fanillia : dlsoluciôn de la femi­ des 489, I; es el mayor don de Dios y prueba de su amor 461, lift que no se alimenta con el c; as semllla e incoaciôn de ia pan de la Eucaristîa G56: eaubienaventuranza 644, 1; necesi­ sas de la moderna dlsoluciôn dad de responder a sus impul­ familiar 177. c. sos 5Gd, 5; 596, F; la corresFc: su concepto para Son Pablo pondencla a ella, intimamente 286. b: el aspntimlento a las •igada con le santidad 1051. B; verdades exige la su despreclo conduce a que ayuda de Dios 264: el âsentlDios nos la retire 570; 596. F; miento a las verdades de la fe 672. IV; 679: especial presencia v el testimonio de las sentidas de Dios en el hombre por me­ £>76: le fe y las obras &e comÎdementan mutuamente; una sin dio de la gracia 14. 2; la in­ a otra no nos Jus 1 fie a 351; la habited ôn del Espiritu Santo fe. arma del apôstol 1033: mo­ en nosotros por medio de la dèles de fe viva: San Pedro gracia 87; 102: 112; influende Kir los apôstoles 1033: 1037. del Espiritu Santo en su adIl: Maria Santisima. 1034. mlnistraciôn 68. 1; sus frutos: Fiestas; les fiestas litûrgicas no las virtudes y los dones 699. son mero recuerdo, contienen Ill; es impresclndible para salun valor actual 140, I. varse 695, IV; la necesitamos ' · * ’ ** *· I ‘’· INDICE DE MATERIAS [Gracia] para poder amar a Dios 397 , 2; la gracia actuel se nos da por medio de llumlnaciones y mo­ ciones 1051 C: ia gracia san ti­ tle ante y el "reino de Dios" 696 Herejes; son las ovejas que se descarrlaron de! rebefio de Crls­ to; también a ellos hay que atraenlos de nuevo 759 ss. ; si proceden con buena voluntad tienen que reconocer sus erro. res, pues la verdad se Impo­ ne 684. Hijos: su deber de sumisiôn n sus patines 1013. Hombre: su fin ultimo es Dies 629; plan de Dios sobre el hom­ bre 875, II; el hombre necesita de Dios 416, 3. Hombre viejo: la muerte al hom­ bre viejo por el bautismo 28i. Honores: el deseo de honores, vi­ olo aun de las almas ©spiri­ tuales 633; la falsa paz v con­ tento que engendram 82; 188, (. la ambiciôn de honores en cl sacerdote 956. Humanidad: su corrupeiôn mr'ral, efecto de! pecado origines Humildad: .en qué consiste 1031. D; su valor humano 1015, a: se fundamenta en que todo lo -hemos recibldo de Dios 409, 2; efecto del conocimiento de nu«Gtra miseria y de la grandeza de Dios 1062; nadie es grande ante Dios sino el humllde 1015: Di< s escoge a los hu ml Ides para evr. grandes obras 941. d; ayuda a obedecer 1016. f; conflere do­ minio propio 1015, b; fuente de paz Interior 1016, d; su neces dad para ej sacerdote 1017; es necesarla al pecador para con segujr el perdôn 593, a; Orls'.ô. modelo de humildad 944. Ι deal: ideal v vida interior 1SC. Iglesia: naturaleza y misiôn: es el reino de Crlsto 700; Ια Igle­ sia. esposa de Crlsto 702. IV: Crlsto, fund ador v Cabeza de Ja Iglesia 121; es el Cuerpo mis­ tico de Cristo 119; ia presencia perpetua de Crlsto en su Igle­ sia 354-357; Crlsto, ejempUo de la Iglesia 157; por su med-i se nos comunlcan las graciais que Crlsto nos mereclô 119, a: Crlsto transmlte sus poderes a Ja Iglesia 360; la gloria de Cristo, fin de la Iglesia 154; la organlzaciôn de la Igiesla—rei­ no de Crlsto—segûn San Pa­ blo 703: el Esolrltu Santo, ai­ ma de la Iglesia 62; 111; 124: 145 : 33; la Iglesia catôlica Iglesia auténtica de la Santi- 1091 [Iglesia: naturaleza] si me Trinidad 348; la Iglesia, Imogen de la Trinidad 280; es apostôllca 303; es universal 700, I; es esenclalmente mlslonera 161; su caiollcidad, sig­ no do su autentJcidad 760; es jerârqulca por su misma natu­ ral eza 120; 60; Crlsto la goblerna dlrec lamente ; de un modo visible lo hace por me­ dio de su Vicario 293; las comunldades particulares cristlanas son gobernadas por los obispos bajo la dependenda dei Papa 294; unicidad de la Igle­ sia de Cristo 301-3; ia unién de las Iglesias 163; su perpe­ tui dad 304-5; es sociedad so­ péri or a todas les demâs por su especial vinculaciôn ai ογden sobrenatural 295; su râcter espiritual en nada se opone a su contextura juridi­ ca de sociedad perfecta 296; pero no es una sociedad la­ tente, sino externa y visible 295 ; 701; necesidad de pertenecer a la verdad era Igûesla 287: "Extra Ecclesiam nulla sa­ lus" 288 ; 937; el que se aparta de ella se convierte en mlembro muerto deJ Cuerpo de Cris­ to 34; tiene miembros buenos y malos 702; quiénes per ten ecen «1 cuerpo y al aima de Ja Iglesia 289; también los peca­ dores pertenecen a ella 811, 1; 121; a todos admlte en su seno, no rechaza a nadie 769, g; 832; la Iglesia y la sinagoga 935; la Eucaristîa, gfloria de la Iglesia 638; veineraclôn que le debemos 641: el sacrificio oficial de Ja Iglesia: ία santa misa 715; trascendencla de su misiôn orientadora de la so_ cieded 367, B; misiôn de la Iglesia en el campo social 186, IV. —magisterio de la Iglesia: el po­ der magisterial de la iglesia 296. a-c ; 304, h; 338 ; 370: 1012. b; es maestra de la verdad 361. C; Infalibilldad de su ma­ gisterio 252 ; 271; tal poder ma­ gisterial gozarâ de la aslstencla perpetua de Cristo 304; unlversajldad de su magiste­ rio 255; necesidad moral de dicho magisterio 339. Π; su magisterio tiene dos fines: ins­ trui r en la fe y ensefiar a adaptar la conducta a lo que exige el Evangelio 213. 4; de­ ber de sumisiôn v obediencia 340, IV; 372; 1010, c; 1012. b; fuera de los legitimos suecsores de los apôstoles no hav otros maestros nor derecho di­ vino en la Iglesia 298: la Igle­ sia puede Hamer a los seglares para que colaboren en la •r»- • -. , · ' - [Iglesia: magisterio] tar ea magisterial, pero éstos no se pueden orrogar un potier de magisterio propio 300-1; ya que no ejercen el oflcio en nombre propio, sino sometidos a la direcciôn e inspecciôn dei magisterio legitimo 298-9. —la Iglesia y el Estado: comparaciôn entre Iglesia y Estado en torno al bien comûn 727: su poder indirecto en tas cosas temporales 376: 381. Indiferencia: es necesarla ante los bienes de este mundo pa­ ra aue no nos dominen 596. Infalibilidad: el magisterio de ’a Iglesia es infalible 252: 371. Injurias: Cristo. modelo en per­ donar 944. Intenciôn: la rectltud de intenciôn. fundamento para una recta elecciôn de estado 986. Ira: perjuicios que causa 784; se opone a ia misericordia 777; el carâcter colérico e iracun­ do: ventajas e inconvenientes SCO; no juzguemos al prijamu cuando estemos airados 518. Israël; su reprcbaciôn 671-2: 568, 1; eù pueodo judio y el rei­ no mesiânico 670; Cristo reenaza su concepçiôn del reino mesiânico y admits a los gen­ tiles 689; d llamarniento cons­ tante de Dios y ia negativa de Israel 165. Il; el castigo de Dios sobre Israel debe ensefiarnos a no desprecâar su mi­ sericordia 322; !a Iglesia y la sinagoga 935: ia restau raciôn de Israel 672, B. Juicio: natuiraleza del juicio en general 433; clases de juicios 434; condiciones para la rectl­ tud de un juicio 512; intluencia de las pasiones en nuestros julcios 514; 523- la imputabilidad dei delito que se juzga 513. III. —sobre el prôjimo: abstengâmonos de juzgar el prôjimo 509; 512; 529; mucho menos hemos de juzgar a quienes estân constituldos en autoridad 457, b; 513, E; no podemos juzgar al prôjimo jforque nos falta auto­ ridad, ciencia e imparcialidad 456 ss.; juzgar al prôjimo y atribuirnos una funciôn que so­ lo a Dios pertenece 456 ; 512. II; 531; juzguemos al prôjimo como 10 juzga Dtos 448; 517; cuân distintos son nuestros jui­ cios de los de Dios 427; o20: nuestros juicios se basan en apariencias y sospechas, no en la cer-teza, porque desconoceraos las Intenciones del prôji­ mo 457. C; 510. D; cuando no podamos excusar el pecado de1 I ! i | lJuicio sobre el prôjimo 1 hermano, excusemos por lo me­ nos lu intenciôn 454; al enjulciitr al prôjimo, procuremos ver lo bueno que tiene y olvidarnos de lo malo 437;’ 511, IV; nay que juzgar y condenar ai pecado, no ai pecador 411; 428: nuestros juicios sueJen llevar estas dos caracteristicas: seve­ ridad para el prôjimo e indulgencia para nosotros 447 ; 535. i ; propension a juzgar al prô­ jimo en quienes mâs vicios tie­ nen 404; es necesario juzgarse a si inlscno antes que a los de­ mâs 410; pensemos siempre al juzgar a otros que también nos­ otros vamos a ser juzgados 450; el propao conocimiento, medio para juzgar con caridad al hepmeno 535; condenaciôn de! jui­ cio heeno bajo la pasiôn de la ira 518; ia envidia en nuestros juicios 525; la ceridad en ios juicios 536, B; el juicio de mi­ sericordia 526; juicio mundano y juicio divino 524; causa gran dano a las aimas de oraciôn el preocuparse constantemente de juzgar a los demâs 437. —temerario: duda, sospeena y juicio temerario 455; mallcia 435 ; 516. VI; sus causas 434; 452; sus remedios 452; un me­ dio de cortarlos es ocuparse de su propia vida y enmienda 45ô, c; normes prâctlcas sobre ios juicios temerarios 402 ; 4C5; 431; 435. e; 448; los juicios temera­ rios de los santos 473 ss. —final: temor y deseo dei juicio 417; alli aparecerâ si nuestra vida se acomoda o no a la ver­ dad 362 B; su sentencia depen­ deri de nuestra caridad con ei prôjimo 470; un motivo de co-nfianza en aquel momento se­ râ nuestro amor a los enemi­ gos 418. —propio: sumislôn del propio jui­ cio a la obediencia 1043: 1C59. Justicia: la justicia, causa de la paz 183, A; su recta administraciôn no impide los sentimientos de misericordia' 469. —divina: es compatible con su misericordia 779; cômo se muestra al perdonar los pecados 814; Dios es mâs amigo de perdonar que de castigar 797 ; en todas las obras de Dios bri­ lla su justicia y su misericor­ dia 780. Justificacibn: no se obtiene ni por la fe sin obras ni por las obras sin fe; exige ambas co­ sas; 351: contribuciôn del te­ mor de Dios para alcanzarla 495, ΠΙ. Justo: odio de los malos al va­ rôn justo 563. Juventuti: necesita especialmente INDICE DE MATERIAS [Juventud] ue el sacerdote se preocupe e ella 826. 3 Ley: obedecerla no es esclavizarse, sino someterse a Dios 1913; pierde su fuerza cuando se opo. ne a la de Dios 1058, B ; 965. —mosaic»: diferencla entre la ley antigua y la nueva 71; 96; su derogaclôn con la venida del Espiritu Santo 57 ss. ; la gloria de Cristo era su fin ûltimo 154, iBI. Limosna: excelencias 533; nos hace semejantes a Dios 533; es una exi»gencia de nuestra mis­ ma naturaleza humana 534, d; la euantia de lo que hemos de dar en limosna 548, III; 564, 4; santos limosneros 661 ss. Liturgia: la piedad litûrgica 318; 843; la Santisima Trinidad, ob­ jeto primario del culto litûrgico 208; 292; las fiestas litûrgicas no son un mero recuerdo, contienen un valor actual 140, I; explicaciôn de la liturgia de la misa 694; la dominica de la Misericordia : sus fôrmulas litûrgicas 395. Lujuria: sus perniciosos efectos 638. Magisterio de la Iglesia: cf. Igle­ sia. Magnanimidad: naturaleza 1031, D. Mal: su triunfo aparente en es­ ta vida 939. Mandamientos : obediencia que se les debe 1012, a ; la obediencia a los consejos ayuda a la de los mandamientos 973; su ne­ cesidad para el sacerdote y el apôstol 784-5: 880. V. Maria Santisima: modelo de fe 1034; modelo de obediencia 1078. Masa: la apostasia de las masas 859 ; 896; cf. Obreros. Pueblo. Matrimonio: idéales que el joven ha de llevar al matrimonio 676, C; la perfecciôn evancélîca también es para los casados 928 : es camino de penfecciôn 675 (cf. Esposos). Mesîas: el reino mesiânico y el pueblo judio 670; Cristo rechaza la concepciôn mesiânica de los judios v admite en él a los gentiles 568. 1; 689. Milagro: su valor apologético Minor ias: el cultivo excesivo de minorias con olvido de la masa es reprobable 873: necesidad de la minoria sacerdotal preparada en lo social y politico 374. VII: la formaciôn de minorlas 1093 [Minorias] de sacerdotes y obreros, medio de redenciôn del proletarlado 899, B. Misa: reproducciôn dei sacrificio de la cruz 709; la misa, sacri­ ficio de la Iglesia 715; el sacri­ ficio de la misa, continuaciôn de los sacrificios imperfectos de Israel 708; recuerdo del amor de Cristo 712; explicaciôn de sus diversas partes 604 ; sus riquezas y valores espirituales y humanos 711 ; su valor infi­ nito 710; sus frutos 713; de sus frutos participan todos los fie­ les cristianos 717; la misa por los difuntos 718; necesidad de la santa misa en la vida cris­ tiana 715; el precepto de air misa entera 723; cômo olan mi­ sa los santos 667 ; la participa­ ciôn efectiva del pueblo en la santa misa 720; es la mejor devociôn para el cristiano 710. Misericordia: naturaleza de esta virtud 816, B; 498 ; 504, II; 774; 468, a; caridad y misericordia: comparaciôn 778; misericordia y compasiôn 500; es virtud mo­ ral de gran excelencia 777 ; 499, C; 505, B; nace del amor 504; la soberbia y la ira se oponen a la misericordia 777. —de Dios: Dios es misericordioso 485 ; 499 ; 506; es una perfec­ ciôn en El 779; es compatible con su justicia 779 : todas las obras de Dios son manifesta­ ciôn de su misericordia y su justicia 780; su expresiôn en el Antiguo y el Nuevo Testamen­ to 846; su expresiôn en la 11turgia 395; su exponente en la fiesta del Corazôn de Jesûs 844; sus pruebas 852; un ejemplo: la samaritana 764 ss. ; S69; pro­ fundidad de la misericordia di­ vina y nuestra correspondencia 321; la penitencia, sacra­ mento de la misericordia 847; 810 ss. ; 755; es tan grande que perdona a los mayores pecadores 754, 2; 430; ademâs de perdonarnos llega al extremo de ofrecernos premlos para que volvamos a El 771, e; cômo la demuestra al juzgarnos E20: debe sernos ocasiôn eficaz para convertirnos de verdad 450, C; el castigo de Dios a Israel de­ be ensenarnos a no despreclar su misericordia 322; Dios es mâs amigo de perdonar que de castigar 797 ; aun cuando nos castiga, muestra Dios su mise­ ricordia 798 ; 688, B. -con el prôjimo: el precepto de la misericordia 503: hemos de tenerla coco Dios la tiene con nosotros 402, 1 ; es el sacrificio r L • ·· r IMisericordia con el prôjimo] mâs acepto a Dios 779; celo y misericordia 884; espiritu de misericordia con el hermano pecador 752 ; 755; 769 ; 834, III; 863, D; el misericordioso consi­ dera la miseria ajena como pro­ pia 775; el dogma del Cuerpo mfstico fundamenta nuestros deberes de misericordia 792, b; de ella dependerâ nuestra sen­ tencia el dia del juicio 470; la prâctica de la misericordia no choca con la justicia 469; su papel en nuestros juiclos 526; el premio de los misericordiosos 403, 5; 501; 477, VIII; Cristo, modelo 502 (cf. Amor, Caridad Limosna). Misiones: la Iglesia, esenciaknente misionera 161 ; todo cristiano tiene el deber de cooperar a la obra misionera 341; a pesar de nuestras necesidades, es ne­ cesario ayudar a las misIone;· 161, H; la ayuda a las misiones, como gratitud a Dios por sus beneücios 163, IV ; la ac­ ciôn mislonal no debilita n; impide otros apostolados 162, III; oraciôn y limosna, formas de cooperacion a las misiones 343; necesitan mâs apôstoles entregados S36 (cf. Apostolado). Mistica: diferencias entre ella y la ascétlca 190. I; papel fun­ damental de los misticos en la vida moderna 191, III; la mis­ tica y la acciôn social 190; as­ pecto mistico de los Ejercicios de San Ignacio 192; cômo loi que se hallan en las séptlmas moradas entienden el cnisterio de la Santisima Trinidad 272. Moral: sus leyes se han de cum­ plir integramente, sin mutilaciones 214, 8; necesidad de una revlsiôn de los principios mora­ les para dar cabida a la mora, social 900, C; la corrupciôn mo­ ral de la humanidad, efecto del pecado original 867. C. Mortlflcacién: de nada vale si no se somete a la obedien- Muerte: cômo conseguir alegria en la hora de la muerte 418, 2; el simbolo de la muerte misti­ ca en el bautismo 283. Mundo: su malicia y locura 998 falsa paz del mundo 19; el odio del mundo a los discipulos de Cristo 563; perjuicios que su trato causa a las almas espi­ rituales 931, 2.°; la fortaleza en oponerse a su espiritu, caracterfstica del cristiano 99; lo que el mundo debe significar para el sacerdote 997. Naturaleza: partlclpaclôn de la naturaleza material en el pe­ cado y en la gloria del hombre 915, 2 Negaclôn propia: ejercicio de gran provecho y dlficultad 978; se aaquiere con el continuo ejercicio en cosas pequehas 979, a (cf. Mortlficaclôn). Xobleza; of. Aristocracla. Obediencia: naturaleza y grados 1041; 960-1; 973; sus cualidades: pronta, perseverante, alegre, animosa, universal 1055; encierra otras muchas virtudes 1040, b; sus excelencias 982 sus relaciones con otras virtu­ des 964; es la virtud mâs agradable a Dios 1053; 978; obede­ cer, medio para integrarnos en el orden universal y convertir en meritoria nuestra vida 1053: la sumisiôn del inferior al su­ perior es de derecho natural 960; sumisiôn del entendimien­ to 1013; 1059; obligaciôn de obe­ decer a Dios 1053; 1012; a Dios hay que obedecerlo por encima de todo otro mandato 964; ra­ zôn y âjnbito de nuestro deber de obedecer a los hombres 1057 ; 1013; cuândo hay que obedecer a los hombres 965; la sumisiôn a la autoridad de la Iglesia 1010, c; 1012, b; la desobediencia es pecado mortal “ex genere suo" 967 ; es virtud difiicil 1041 ; la obediencia dentro del Cuer­ po mistico 1074, B; imperfecciones que pueden darse en ella 1045; es camino seguro de perfecciôn 985 ; 978, F; 1040, B; 1075, II; facilidad de su prâc­ tica 1054; su mérito sobrena­ tural 962-3; su mérito es mayor en lo dif 1 cil y en lo que nos contraria 963; engendra una to­ tal entrega a Dios 977 ; la obediencia como ejercicio de negaciôn propia 979, B ; engendra paz interior 984; la obediencia llega mcluso a obrar milagros ; obedeciendo se encuentra a Dios aun en las cosas mâs materiales 983. B-C; 981. d; su gran necesidad para la eflcacia del apostolado 1010; su necesidad en las casas religio­ sas 1011, d: es virtud necesaria al sacerdote 1076; 1014; la humildad ayuda a obedecer 1016. f : vale * mâs que la peni­ tencia 1022. Ill ; la obediencia practicada a desgana 1010, b; la obediencia perfecta se adelanta incluso al mandato expreso 964: antes la obligaciôn que la devociôn 974: soledad y INDICE DE MATERIAS [Obediencia] obediencia 1076; piedad y obedlencia 1038; Cristo, modelo 1014; los santos, modelo 1025. Obispo» : son los verdaderos pastores de su grey, a la que apaclontan en nombre de Orlsto 294; ban de ser mansos y sufirldos 785; perjulctos que causan sus iras e impaciencias 784 ; la paciencia les e>s necesaria 781. Obras buenas: para realizarlas necesitamos la gracia, que se nos da .gratuitamen te 945; cô­ mo se valorizan con la obediencia 963; pierden su mérito si nos gloriamos de ellas 634, 1 ; necesidad conjunta de la fe y las obras para la justificaciôn 351; cuâles hemos de preferlr 976; las buenas obras son la demostraciôn de nuestro amor a Dios 41, a. Obreros: la masa obrera, perdi­ da para Cristo 859 ; 896; no son ellos quienes se han apartado de Cristo, fueron sus ministros quienes se alejaron 897 ; lo que la Iglesia exige para ellos 898, III; han de ser campo apostôlico preferido dei sacerdote 818, b-d; distintas posturas ante sus necesidades : el burgués, el revolucionario, el apôstol 859; como clase desamparada, necesitan mâs de protecciôn y ayu­ da 825, g; la formaciôn de minorias de sacerdotes y obreros, medlo para elevar su condiclôn 899, B. Odio: el odio en la moral cristia­ na 668; la Eucaristia suprime los odlos 655. Opiniôn: la dlsensiôn de opinio­ nes y la paz 183, C. Oraciôn: nuestra vital comunicaciôn con Cristo la fundamenta 91 ; el egocentrlsmo en la oraciôn 319, Ι1Π ; es medio para : prepararnos a la acciôn del Es. pirltu Santo 90, b; eficecla de la oraciôn por los pecadores 831; 833; especial eflcacia impetra toria de la santa misa 713, H ; belleza de las fôrmulas lltûrgicas de la misa 712. Orden: es elemento esenclal de la paz 174, B-IV ; 180, H. Pablo: San Pablo, apôstol débll y fuerte en manos de Dios 999 ss. ; modelo de pobreza 1067 ; modelo para el predicador 217 ; celo y trlsteza de San Pablo 889; su amor a Cristo: pruebas 850; su concepto de fe 286. b ; sus doctrinas sobre el bautis­ mo 282 ss. ; su concepciôn del reino de Cristo 703; su doctrina sobre la obediencia 1074, B. 10Ô5 Paciencia: virtud necesaria al apôstol 781. Padres: su postura ante la vocaclôn sacerdotal o religiosa de sus hijos 1018. Paganos: bajo indice moral del paganismo antiguo 469, b (cf. Misiones). Palabra de JDios: air y cumplir la palabra de Dios 165; 919 (cf. Predicaciôn). Pârroco: es pastor responsable de todas las aimas de su parroquia, las que se acercan y las que viven alejadas 821; su misiôn esencial es dar vida so­ brenatural a todas y cada una de sus aimas 822; ha de ir a buscar a las extraviadas y no contentarse con las que se acercan espontâmeamente 818: 821-2; en busca de las ovejas descarriadas 872; y entre las enormes dificultades de su ta­ rea no debe perder la paz interior y confianza en Bios 822- 3; muchas veces su acciôn no tendrâ. fruto visible, pero si lo darâ. en el futuro 823; es re­ probable el cultivo excesivo de mlnorias con olvido de la masa 873; su celo misericordioso 88-1 (of. Sacerdote, Apôstol, Apostolado ). Paz: naturaleza 174, III; 179; 653. a; el orden. elemento esencial de la paz 174, B-LV; 180, II; paz y concordia 183. B ; 185. I ; paz y disensiôn de opiniones 183, C. —interior: la paz, fruto del Espi­ ritu iSanto 180, III; QaEucarist a, fuente de paz 653, a; es efecto de la caridad 182; el Es­ piritu Santo, prenda de paz en­ tre Dios y el nombre 30; se encuentra en el cumplimiento fiel del deber 1007, f; es engendrada por la obediencia perfecta 384; la humildad la produce 1016, d; la falsa paz del peca­ dor 80; 187; falsa paz interior que engendran las riquezas, los honores y la sensualldad 81 ; 187, II; falsa paz dei mundo 19. —social: el mundo ha perdido la paz 173, I; 176; condiciones pa­ ra volverla a encontrar 173; sôlo puede hallarla en Cristo 18. 6; 181, V; la paz con Dios, condiciôn de la paz social 181, IV; 185; cômo contribuye a restablecerla la devociôn al Co­ razôn de Jesüs 829, d; la paz, engendrada por la justicia 183, A; la paz perfecta se encuentra en el cielo 184, V. Fecado: causas que impulsan al hombre al pecado 857; la muer Ii ecadoj te ai pecado por el bautismo 284; renuncia al pecado y comienzo de la amistad con Dios : grados 84 ; las oïensas que se hacen a Dios hemos de sentirlas como propias 443, 1-2. —original: su remisiôn. vincuiada a la recepcion del bautismo 329. III; la corrupciôn moral de la humanidad es efecto su­ yo 867, C; sus efectos en la naturaleza material 915, 2. —electos: bienes que pierde el hombre con el pecado 858: aleja de Dios y de la Iglesia 856. ni; es incompatible con el amor de Dios 412; arroja al Espiritu Santo, que inhabita en el aima SI, b; Dios castiga en esta vida los pecados para atraer al pe­ cador al buen camino 754. —perdôn: es funciôn apropiada al Espiritu Santo 249; grandeza del poder de perdonar los pe­ cados 831, h; por muchos que sean, Dios estâ dispuesto a perdonarlos 430; al perdonar el pecado, Dios muestra su mise­ ricordia y su justicia 810 ss.; necesidad de hacer penitencla por él 771, 2; 789; valor propiciatorio de la santa misa 714. Pecadores: como los pecadores pertenecen al Cuerpo mistico 121; 811, 1; su triunfo aparente en esta vida 939; la falsa paz del pecador 80; 187; los bie­ nes que pierden con sus. peca­ dos 858: Cristo recibe a los pe­ cadores 764 ss.; 790 : 834, III ; 869; Cristo siempre buscando al pecador 862 : 868: las Hamadas de Cristo para que se convier­ tan 787, B: el pecador. oveja perdida 856 : 750. 7."; Dios los ama: pruebas 845; 415. 4; Dios no les abandon» en sus peca­ dos 755; justicia y misericordia de Dios con ellos 781; Dios los castûga para atraerlos al buen camino 754; a pesar de sus mu­ chos pecados, siempre les es posible la conversiôn 753; 830: nunca deben desconllar de la misericordia de Dios 848; procurar su conversiôn. modo * de obtenez indulgencia para nues­ tras propias faltas 753; cuidar espirituâlmente a un pecador es magnifica obra de misericor­ dia 756. b; elicacia de la ora­ ciôn para su conversiôn 831 ; 833; ante ellos hemos de olvidar sus faltas y preocuparnos sôlo de su conversiôn 758 : 863: 880, V : alegria en el cielo por la conversiôn de un pecador 855 ; 770: 792; 874: las objecio■nes del pecador que no se de­ cide a convertirse 791; causas I Pecadores] para seguir en sus pecados «57 ; para conseguir el perdôn han de mostrarse humildes 593; a; la postura del cristiano ante ellos 854, B; espiritu amplio y cunprensivo con ellos 752; 755; 169; 83-1. III. Penitencla: es necesaria para expiât el pecado 771, 2; 789; lo que exige una sincera penitencia por los pecados 815; la penitencia, sacramento de la mi­ sericordia de Dios 847. Perfecciôn: consiste en amar a Dios y al prôjimo 439 ; 441; esenciâlmente e s obediencia perfecta a la voluntad de Dios 985; es obra graduai, que avanza conforme vamos correspondiendo a ia gracia 1051, B; el adelantamiento en la perfec­ ciôn, obra del Espiritu *anto 248; consejos a quienes aspiran a ella 931; la obediencia. camino seguro 1010, B ; 1075, II; 985 ; 978, F; la indulgencia con nuestras pasiones es un obstâculo para alcanzarla 637 ; las almas perfectas se distinguen por su celo 795 (cf. Santldad). Piedad: en que consiste 1039, II: piedad privada y piedad litûrgica 318; piedad conûada de la liturgia 843; el egocentrismo, desviaciôn de la piedad privada 319, III ; obediencia y piedad 1038; la misa, el mejor acto de piedad 710. Placer: diterencia esencial entre los placeres de la carne y los del espiritu 590. Pobres: bienaventurados los po­ bres de espiritu 584; su parte en el reino de Cristo 691; han de ser campo apostôlico preferido por el sacerdote 818, b-d; deben aspirar a ia suficiencia de vida, no a nader en la abundancia 588, 3; pobres y ri­ cos van juntos por esta vida; trâtense como hermanos 589; ios poores m iestan en la socieriud acomodada 677; 927, c; Ci-is'o. amigo de los pobres 677; vivir con los pobres a inutacion de Cristo 676. .’obreza: la doctrina del Evange­ lio 1064; la pobreza efectiva y la pobreza de espiritu 58-4-5; pobreza individual y colectiva 968; grados de perfecciôn en ella 969: la pobreza voluntaria, raiz de perfecciôn 967; la po­ breza de espiritu, remedio con­ tra los males de las riquezas 636; nunca la pobreza deoe ser causa determinante de inferioridad en la jerarquia de valû­ tes sociales 677, III, B ; el ver- INDICE DE MATERIAS [ Pobreza] dadero despreclo de los bienes materiales por Cristo 1019; la pobreza dei sacerdote y dei apôstol 1063; 1066; doctrina pon­ tificia sobre el desprendimiento sacerdotal 1067 ; su convenien­ da para el predicador 969; re­ lajaciôn de la pobreza religiosa 782; Cristo, cnodelo 1063; los apôstoles, modelo 1066. Poder: el poder civil es sobera­ no; no depende de la potestad eclesiâstica 378 (cf. Estado, Autoridad). Politica: la acciôn apostôlica en el campo politico 1079; predominio e intlujo de lo Ideolôgico sobre lo prâctico en eJ orden politico-so ci al 365; el sano tradicionalismo politico 368. Pontifices: son los legitimos sucesores de los apôstoles 303; el Papa es el Vicario de Cristo, por medio del cual gobierna su Iglesia 293; su poder indirecto en las cosas temporales 376; 381; las enoiclicas: autoridad y asentimiento que exigen 373; medios para dar a conocer su pensamiento 374, B; sus doctri­ nas, olvidadas por el pueblo cristiano 166, ΙΓΙ ; su doctrina sobre 1 a pobreza sacerdotal 1067 ; lo que exigen para los obreros 898, ΙΠ. Predestinacion: predestinacion y reprobaciôn 945 ss. Predicaciôn: es ministerio esencial en la Iglesia 685; sus excelencias 920, 6; 276; cualidades que deben acompaüarla 685; no se debe ceôir a expo­ ner las normas morales, olvidando el dogma 613; necesidad de predicar con sencillez la teologia del Espiritu Santo 117; ejercer este ministerio con las debidas condiciones es mâs grato a Dios que dedicarse a la contemplaciôn 278; necesidad del estudio para dedicarse a ella 217 ; 223, b ; la verdadera elocuencia sacerdotal 221; cômo deben oir los fleles la pala­ bra de Dios 221; universalidad de la predicaciôn apostôlica 970 (cf. Predicador, Palabra de Dios). Predicador: sus cuolidades y vir­ tudes 275 ; 22. 3; 685: grandeza ■ de su misiôn 274; participa do la dignidad y autoridad de Dios, que le envia 591; la ùnica mira ha de ser mgradar a Dios. despreciando la alabanza humana 223: el que predica buscândose a si mismo y no a Dios, poco fruto cosecha 274: necesita la iluminaciôn del Es­ piritu Santo, después que él 1097 [ Predicador] ha puesto lo que estaba de su parte 16,2; no nard. todo el frulo con sôlo su ejemplo, necesi­ ta también la clencia 220; debe exponer la verdad infegra, «in dejarse llevar de la prudencia humana 214, 8; cuânto le conviene la pobreza 969; San Pa­ blo, ejemplo para los predicadores 217. Profetas: los profetas del Antiguo Testamento, ôrganos de re­ velaciôn 253. Progreso: su concepto para San­ to Tomâs 366. Prôjimo: Cristo présente en nues­ tro prôjimo 359, D (cf. Amor, Enemigos, Caridad, Misericor­ dia) . Prudencia: modera los impetus del celo 808. Pueblo: el pueblo, oveja perdida para Cristo 859 ; 896; la cultura de un pueblo, exponente de su carâcter 824, b; la auscultacién de su malestar y aspiraciones es funciôn de la autoridad y de las clases elevadas 825: los responsables de su educaciôn 824; diversas posturas ante las necesidades del pueblo: el burgués. el revolucionario, el apôs­ tol 859; ir al pueblo y amarle 860. Purgatorio: la santa misa aplicada por las almas del purgatorio 718. R edenciôn: el may o r don de Dios al hombre 601 (cf. Cristo Redentor). Religiosos: un programa de vida religiosa 932, b ; consejos ascéticos 931; perjuicios que les causa el contacto con el mun­ do 931, 2.°; deben ser fuertes en mantener su renuncia gene­ rosa a todas las cosas del mun­ do 929; relajaciôn de su pobre­ za 782: han de someterse a la obediencia 1011, d. Remordimiento: cuando la conciencia no remuerde a pesar de frecuentes faltas, aunque sean pequehas, es sefial de una falsa paz engendrada por el demonio 81. Reparaciôn: el amor a Cristo exige que reparemos las ofensas que recibe 866. Resurrecciôn : la Eucaristia nos confiere un titulo especial pa­ ra nuestra futura resurrecciôn 612; resurrecciôn espiritual por medio del bautismo 234. Revelaciôn: su necesidad moral 339, II; el asentimiento a las verdades reveladas exige la ayuda de Dios 264; en el Anti- IRevelaciônJ guo Testamento fueron los pro­ fetas los ôrganos de la reve­ laciôn 253. Ricos: mientras ellos gozan, el pobre esta incluso descartado de la soeiedad 927, c; ricos y pobres van juntos por esta vi­ da; trâtense como hermanos 3S9; 677, III; han de ser po­ bres de espiritu y usar sus ri­ quezas para conseguir el cielo 395; cuando dan a los pobres dan a Cristo, representado en ellos 587; han de vivir con los ngbres, a imitaciôn de Cristo Riquezas: doctrina del Evangelio sobre ellas 1064 ; la falsa paz de las riquezas 81; 187. B: en si no son malas; lo pernicioso es el afecto desordenado a ellas 969; su injusta distribuciôn 899, 1; impiden al aima dedicarse a la santificaciôn 636; engen­ dras soberbia 586; sus peligros para la vida espiritual 674. II; el mejor remedio contra sus ' males es la pobreza de esp ri tu ί 636; son camino de condenaci6n 636. 2 (cf. Biene-. materiaIts). Sacerdocio: el sacerdocio particlpado de los fieles 721 (cf. ! Sacerdote). Sacerdote: es ministro del reino : de Cristo 704; el sacerdote, “pescador de hombres” 1071 ; grandeza de su poder de perdonar los pecados 831, h; caracteristicas de una buena formaciôn eclesiâstica 1017, f ; no interesa tanto el numéro como la calidad 957; eximia santidad que se le exige 953; en medio de toda su acciôn apostôlica . no deje de preocuparse de su santificaciôn 1008, c: ha de ser hombre de oraciôn 995, c; cômo j ha de unir la oraciôn con el apostolado KH ss. ; ademâs del I ojemplo de su vida santa. ne­ cesita la ciencia tara conse­ guir fruto en las alrnas 220; su obligaciôn de obedecer 1014 ; 1076; le es necesaria la humil- 1 dad 1017 ; el ejemplo de su vida . nobre y desinteresada es la me- , jor arma apostôlica 819; ha de I ser manso y sufrido 785; le es 1 necesaria la paciencia 731: perjuiclos que causan sus iras e impaciencias 784 : pobreza y des- j prendimiento sacerdotal ’ 1063; 1066: inutilidad apostîlica dei sacerdote avaro 820. e; el celibato ecleslâstlco 958: para la uarda de su castidad. austeridad de vida 959; reprobaclôn [Sacerdote] del espiritu de ambiciôn de ho­ nores 956; su postura ante el mundo 997 ; programa de actua. ciôn sacerdotal 932; el celo mlsericordioso del sacerdote 881; su celo ardiente debe estar siempre suavizado por la cari­ dad 820, f ; el sacerdote ante los pecadores: espiritu de man­ sedumbre 8b0, V; en toda su actuaciôn no busqué mâs que el bien de las aimas 1009; toda su acciôn debe estar unida a Cristo para ser fecunda 1007, a; ha de ir a 'buscar a los extraviados y no contentarse con los quiï v.ehen esçontâ-neamente 818; 821-2; particularmente ha de acercarse al obrero y al po­ bre SIS b-d; 820; 826; 827, e; han abandonado a la clase obrera 807; necesidad de atender espirltualmente a la juventud 826; necesidad y misiôn de una minor.a sacerdotal preparada en lo social y politico 374, VIII; 899, B (cf. Apostol, Apos­ tolado, Pârroco). * Sacramento : el carâcter sacra­ mental 336; naturaleza de la gracia sacramental 608, d ; la gracia sacramental especifica de la Eucaristia 608 ; 618. Sacrificio: obligaciôn universal de ofrecer a Dios sacrif_cios 599; diversas clases de sacrificios en el Antiguo Testamento 600; los del Antiguo Testamento eran aceptables a Dios en cuan­ to figuraban el de Cristo 601: el sacrificio redentor de Cristo (of. Cristo Redentor) ; el sacri­ ficio de la santa misa (cf. Misa). . alvaclôn: el Espîritu Santo, prenda y sefial de salvaciôn 78; "Extra Ecclesiam nulla salus" 288; la muerte en gracia es Imprescindible para salvarse 695, IV. : antidad: el proceso sobrenatural de la santidad; un modelo. San Pedro 1050; la obediencia. ca­ mino seguro 1040, B ; 1075, II ; 985; 978. f; oculta goces que sôlo experimentan los que se entregan de veras 538, 3; las riquezas, impedimento para alcanzarla 636"; las tribulaciones pueden ser el llamamiento de Dios a la santidad 688 (cf. l’orfecciôn). Santos: acciôn milagrosa que so­ bre ellos e j e r c e el Esp ri tu Santo. casos diversos 132 ss.; cômo los santos temlan a Dios 495. C ; su respuesta pronta al llamamiento de Dios 1026 ss. : su celo ardiente 838; los santos ante el misterio de la Gantisi- fNDÎCE DE MVTERIAS ISantosJ mu Trinidad 272; 311 ss. ; los santos ante el misterio eucarlstico 666 ss. ; santos limosneros 661 ss. ; modelo de obedienela 1025. Satisfacclôn : valor satlsfactorlo de la santa misa 715. Seglures: el sacerdocio de los fie­ les 721 ; su particlpaciôn efectiva en la santa misa 720; tie­ nen una gran misiôn que cumplir, como apôstoles, en su pro­ pio ambiente 821. Sensualldad: es gran impedimen­ to para la recepciôn fructifera de la Eucaristia 577 ; la indulgencia con nuestros apetitos impi de la perfecciôn 637. Scnudcs: no podemos buscar su tes.lmonio cuando se trata de asentir a las verdades de la ife 576. Soberbia : el soberbio no es misericordioso 777. Social (cuestiôn) : el Pa:a condena a quienes cierran los ojos a las modernas injusticias socia­ les y no cumplen los deberes impüestos por el bien comûn 375, c; contribuciôn a su soluciôn de las minor!as sacerdota­ les y de obreros 899, B; contri­ buciôn de la Eucarist a a su soluciôn 654-5. .Soeiedad : la soeiedad moderna ha perdido la paz 173. I; 176: condiciones para volverla a encontrar 173; su corrupciôn mo­ ral, efecto del pecado original 867, C; ante los males que hov sufre no es licito encerrarse en un cômodo aislacionismo 828; predominio de lo ideoJôgico sobre lo pnâctico en el or­ den de valores sociales y poli­ ticos 365; necesidad de princi­ ples que dirijan su evoluciôn 373. VI. Soledad: obediencia v soledad 1076. Sufrimiento: su extensiôn uni­ versal 9)7; los de esta vida no s>n nada en comparaciôn con la gloria que nos alcanzan 915: 941, c; el celo engendra en e! ' :6s toi deseos de su fri r 794 (cf. Trib: laciones, Dolor). Superiores: su concepto en la ascéttca franciscana 1024. VI: razôn y âmbito de la obedien­ cia qu'c que se les debe 1C57; 1057; la sumisiôn de nuestro lui cia sus mandats 1043: 1C59. Templo: ne?esidad de acudir al temrlo con frecuencia y no sô’o en las grandes fèstividad«S 27. Temor: reprimir ei temor. objeto de la fortaleza 52; temor a 1099 ITemorl Dios: su fundamento y eidcacia 327 ; temor servi] y temor lilial 419; temor y amor a Dios •107: el tumor abre el currnno ai amor 419; temor y esperan­ za 496, B; es -el principio de la justillcaclôn 495: cômo los san­ tos tern.an a Dios 495. C. Teologia: influencia de la teo­ logia sobre la politica 369. Tibieza : Dios reohaza a los ti­ bias 799, c. Tolerancia: la tolerancia, prin­ cipio de concordia en lo opinable 529. .Tadicionalismo: valor de la tra_ diciôn en el gobiarno politico de la soeiedad 368. Tribulaciônes: son un modo de llarnar Dios a quienes estân eupartados de El 594-5: 688: me­ dio usado por su miseadcordia 628, B; la esperanza nos las hace lîevadenas 917; el ejemplo de Cristo paciente debe sostenernes cuando las suframos 942 (cf. Dolor, Sufrimiento). Trinidad (Misterio de la Santisi­ ma): naturaleza: en qué con­ siste 225; sôlo hay un solo Dios, no très 228: unidad de operac, DE I B1BLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, EL DIA iS DE MARZO DE 1955, VISPE­ RA DE LA FESTIVI DAD DE SAN JOSE, EN LOS TALLERES DE LA EDITORIAL CATOLICA, S. A., ALFONSO XI, 4, MADRID